OCIOS Jle Qtupañolcss Qtmtgrabos~ EN LONDRES. PERIODICO TRIMESTRE. AÑO DE ...
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OCIOS


Jle Qtupañolcss Qtmtgrabos~
EN LONDRES.


PERIODICO TRIMESTRE.


AÑO DE


1827.


. . Vitanda est • .
desidia • • • • • •


FlOR. SAT. 11. 3


LONDRES.
SE VENDE EK CASA DE LOS Ss. DULAU y COMPAÑli\; TREUTTEL


, y WURTZ, SOHO-SQUARE; Y BOOSEY E HIJO, OLD
BROAD-STREET.


hnj.lreuta e!ipañola de M. CALERO, 17, Frederick. Place, G08well Ruad.






DE LOS ARTICULOS QUE CONTIENE ESTE TOMO.


NUMERO l.
Los EDITORES........................ • ••••••••••••••••••••••••••••••••


APARATO HISTÓRICO
Dictámen de la comision de las cortes de 1823 sobre el reconozimiento


de la independencia de las Américas................................ 3
CIENCIAS POLíTICAS Y MORALES.


Observaciones sobre el discurso pronunciado por Mr. Canning en la cá.
mara de los Comnnes, el dia 12 de diciembre de 1826 .... :......... 7


Si la mayoría de los eSllañoles qniere gobierno despótico............. 31
Arreglo de las prisiones......................... • '.......... •.•. • . • . . 39
Reflexiones acerca del mal que en el dia atlije á la Inglaterra....... 51


, LITERATURA Y BELLAS LETRAS. ,
Epítome de la historia de América................................... 84
Espagne poétique por D. Juan Maury: juizio de esta obra............ 97
Antigua marina y comercio de España: analísis de la Coleccion de na·


ies y descubrimientos kecltOs por los españoles, publicada por el Sr. Na.
varrete ................................ :............................ 111


MISCELANEA.
Conaturalizacion de la cochinilla en el medio dia de España............ 122
Beneficencia para con los emigrados españoles........................ 124
Cartas de un emigrado: primera, sobre el gobierno municipal de Lóndres. 125
Estracto dé una carta de Madrid del 3 de Enero de este año........ 130
Noticias científicas y literarias........................................ 134
Reseña política........................................................ 136
Annncios... • . . • . • . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . .. .••......................•.... 143


NUMERO 11.
,,"PARATO HISTÓRICO.


Correspondencia diplomática del gabinete británico en 1822 y 1823 sobre los
asuntos de España. . . . . .. ... . .. .. .. .. • ... .. . . . ... ....... ............. 144


CIENCIAS POLI'rICAS y MORALES.
Arreglo de prisiones......... .• . . . . . • . . . • . . . . . . • • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
Carácter del actual gobierno de España .. , ..... .. . ... .. •• . ..•.. .......... 176
Jesuitas: verdaderos enemigos del altar y del trono.. • .. • .. .. .. ... . .. .. .. 190
Estado -doctrinal del clero de Francia.................................... 193


ARTES Y CIENCIAS FíSICAS Y NATURALES.
Medios de fomentar la agricultura..... .. ... • ... .. . . .. .... ... .. .... • ... .. . 195
Inventos nuevos.. • .. • . ... .. . . . .. • .... • .. .. . • . . .. . .. • .. . . . . .... . .... . .. • .. 199
Navegacion y viajes á 109 polos.......................................... 204
Cria de los gusanos de seda en España. . . . . . . .. . . . .. . . . . •..... .. . • ... . ... 208
Si de los indios pueden esperarse progresos en las artes. ... • . . • . . . . • . . • . • • . . 218


LITERATURA Y BEU.AS LETRAS. ..
Viajes y descubrimientos de los españoles.... ........................... 214
Noticias secretas de D. Jorje Juan y de D. Antonio de Ulloa sobre América. 283
Poesía, canto del Tiber................................................ 246
Situacion económica y política de Méj ieo á principios de 1827... . .. . . . . . • •• 251


'IISCELANEA.
El Mejicano ocupado, folleto impreso en Méjico ........................ '. . .. 259
Carta de un emigrado ,.,obre la fuerza militar de Lóndres ...•....• '" . •...•. 260
Necrologia: conde de Taboada... ..................... ........ ........... 261
Emigrados españoles en Portugal .......•...........•.••••...• " . . . . . • . . . 263
Benefizencia de los ingleses liara con los españoles refujiados... ... . .... ... 264
N olicias cient4ficas y literarias........................................... 265
Rejistrü bibliográfico ........................................... '..... ... 272
Reseña política ................................................. , 281




IJ I


INDICE.
NUMERO 111.


APARATO HISTÓRICO.
JtepresentadGn del obispo de Oviedo al Sr. D. Fernando VII.............. 289
Riego al Ayuntamiento de Algeciras el 81 de enero de í820 ..•••••.••••••.. ,'293
Decreto, dado en Andújar por el duque de Angulema..... •.•.• •••• ...•.•.• 294
Proposicion hecha en Cortes sobre la renta de los diputados................ 295
Voto particular de algunos diputados sobre la misma •••.... '" ..•.•••• , • • . 296
Proclama del general Quiroga en enero de 1820 ••.••••••••••••••• '.. • •••••• 299


CIENCIAS POLITICA~ y MORALES.
Sobre el establezimiento de una cámara alta en España.. ••.•. . . .••. ••.• ••. SOl
Resultados de las enseñanzas primarias sobre la proslleridad públka...... . . 316
Combinacion teocrática en Europa coutra las libertades públicas... • • •• •• • . . 818
Bulas de extincion y de restablezimiento de J elluitas cotejadas..... ••••••••• 846
Quebrantamieuto del plácito r\'jio en Francia y sus resultas....... ..••••••. • 345
La educadon 'considerada como alivio del pobre y del laborioso. . . . •.•• •. •. 348
Ensayo de nI!' catecismo moral para el pneblo ................ " ..... , • • . . • 351


ARTES Y CIENCU.S FÍSICAS y NlI.TURALES.
Medios de promover la agricultura ........... '. • . . • .. • • .. . • . • • • . • • • . • .. • . . 3M
Cria de los gusanos de seda en España ••...••. , . • • . . • . .. • . .. . . . . • .... • • • .• 864


LITEATURA y BELLAS LETRAS.
Poetica de D. Francisco Martinez de la Rosa.... .. . .••• ...... ... .... ..... 870
Espagne poéti'lue por D. Juan Maria Manry ......... '" ............... , ... 876


MISCELANEA.
Inventos nuevos .................................... -..... . ..... .... .••. . 382
Cartas tercera y cuarta de un Emigrado.................................. 386
Bazaar en Londres para el socorro de emigrados. . ••• .• • • • • • •.••• . • •• • • • • • 892
Si los españoles tienen talento para la música.. .. . .. •. • . • .. . .. • .. .... .• . • • 896
Avel'llÍon de los hispano. americanos á la metrópoli........................ 897
Necro1ogla: D. Franciso Gaseo-D. Simon de Rojas Clemente.......... 299-401
DocUIIlentoll sobre la iutervencion del rei de N ápoles en el congreso de Laiback. 414


NUMERO IV.
APARATO HISTÓRICO.


Actas del parlamento de N ápoles relativas á la intervencion de S. M. el rei
de las Dos Sicilias en el congreso de La, back ....................... '"


CIENCIAS POLIT[CASY MOR.~LES.
Documentos relativos á la lei del senado de Venecia de 1768 sobre no con-


sentir en la república regulares que no esten sujetos á 108 obispos ..•..•••
Observaciones sobre la influencia que las máximas del clero católica ejerzen


en la prosperidad de la península española ....... , ....•.•....•..••..•.
Visilas domiciliarias de los pobres ..................•.....•••..••...••.•
Viaje á Madrid en el mes de agosto de 1826 por Adolpho BiancIJi .... oo ....
Observaciones dirijidas á las potendas de Europa, y en especial á la nazion


británica, de resultas de Jos sucesos escandalosos de la Península ......... .
LIT_ATURA y BELLAS LETRAS.


Diccionario de Hacienda por D. José Canga Argüelles,juicio de esta obra ...
Elementos de la Ciencia de Hacienda por D. José Canga Argüelles, juicio


de éste. obra ............................................ " •...••.•. " .••
Ocios de emigrados españolea juizio que los sabios estranjerOJl han formado
de de este periódico •.•••••••.••...•.••.••••••..••....•...••..•••...•.


, IIJISCELAIlrEA.
E.p.ai'loleB e""igrados y Sir. R. W ilson ........... " ••• ". • . . . . . .. • ..•...•..•


,.Establecimiento del juicio por jurados en Ceylan .............. -•••••...•..
"'rta V de Uu emigrado. Periódicos ingleses ••••...........••...•........
éarta VI id. Constitucion inglela •..••.....•.......•.••••..•.•...•..... ·
Bxposicion pública de la industria española en Madrid... ..• • .••..••.••.•
Codices de rabillOS españolea que se conservan en la biblioteca del Escorial •..
Reseña politica ...... oo .. oo •• oo •• ' ............................. ~ ....... .


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M6
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OCIOS
Q¡;tJpanolru


SEGUNDA EPOCA.


ENERO, 1827.
="--~~-~"T,:CC".===================


LOS EDITO¡tES.


Precisados desde luego por un incidente imprevisto "'sus-
pender la publicadon de nuestros Ocios en medio de; las
pruebas mas lisonjeras de aprecio que. almi~lJlt)- fiem,pó se
n.os repetían por la bondad de nuestros lectl1res,_ i'pol""el
juicio de algunos de los mas acreditados periódicos de Inglaterra
y primcia, tenemos toda vía la satisfaccion de poder corresponder
á estos favores, continuando por algun,tiémpo laimpresi<J11 del
nuestro, si bien dándole otra forma cómoda y ventajos~, cuanto
ser pueda, para el público. .- . - '


Será pues el presente cuaderno el primero de la nueva serie de
los Ocios, y á este seguirán de tres· en tres meses 'otro'8 tres hKsta
fines de 18~, impresos en el mismo tamaño y carácter, y de tal
modo redactados' que, cerrándose en el cuarto todas las materias
principales en que se ejerzite nuestra pluma, formen' tos ctlatto
un volúmen completo de 576 pp. entero 6indepéiIlientede otros
que podamos dar á hiz, si nuestra situacion nos anima ó habilita
á continuar publicando algúnos otros mas. .


Deseosos de mejorar en lo posible"el plan de la redaccion, y
prestándonos en esto con agradecida docilidad á las observacio.
Jles que nos han hecho algunos maestrós en la. materia, como
'8dn, entre otros, los redactores de la Revue Encyclopédique, Ú
continuarémos guardando el órden de materias ó principales
secciones, que de algl1n tiempo á esta parte habiamos adoptado,


A




2


comprendiendo en ellás los artículos mas interesante~e nos sea
dado escojeT, para formar el aparato de la historia moderna de
España; para tratar las cuestiones de aplicacion mas inmediata
á la política de la Península y de América, consultando siempre
el bien de nuestros compatriotas y hermano~, y nunca el desao-
go de ningun partido ni personalidad; para dar noticia de los
frutos mas útiles con que las luzes del siglo vayan enriqueziendo
las artes y ciencias; para presentar las humanidades y la historia
política y literaria de España bajo los diferentes aspectos en que
pneda considerarlas la crítica á favor del progreso en tan intere-
santes ramos; y para dar, finalmente, noticias sucintas y metó-
dicamente dispuestas de los sucesos politicos mas notables, de
los descnbrimientos, curiosidades y nuevas producciones de la'
prensa, qne parezcan mas dignas de mencionarse segun el plan
qne nos proponemos.


No podemos ménos de advertir con este motivo que, adop-
tando el discreto consejo de nuestrQs benévolos censores arriba
citados, usarémos de severidad rigoTosa, así en orden á insertar
poesías inéditas, como respecto al modo de tratar las cuestiones
sobre materias eclesiásticas,paraque de ellas resulte la primera
utilidad, no tanto á la controversia meramente teológica ó disci.
plinaria, cuanto á los derechos de las naciones considerados en
contacto con la relijion, y en la lid con las máximas y preten-
siones que á su sombra intentan menoscabarlos.


El precio de la nueva suscricion es 18sh. por un año, que
.e pagarán por cuartas partes al entregarse cada cuader-
no, á razon • 4sh. 6d. Los números sueltos se venden á 5sh.
cada uno.




3
APARA. TOHISTORICO.


Dictámetf de la comision de 1m cortes erpañotal de 18~3 sobre el
reconocimiento de la independencia de las Américas.


La comision ha examinado la memoria ·del secretario del despa-
cho de Ultramar, y su contenido ha debido'1:larla el triste conven-
zimiento de la posicion aislada en que el gobierno se encuentra de
hecho respecto á aquel dilatado hemisferio, ya por el atraso de no-
ticias que contiene, y ya tambien por la contrariedad que á ellas
presentan muchos acontencimientos posteriores que muestran bien el
espíritu de aquellos pueblos.- Su conclusion indica que el secreta-
rio del despacho, penetrado de esta misma idéa, se preparaba á pre-
sentar á la deliberacion de las cortes datos fijos y definitivos, que
imprimiesen á aquellas provincias un estado de paz y de utilidad
mutua para ambos continentes, y la comision que se lisonjeaba de
ser así ayudada para conseguir tan grande objeto, ve con dolor frus-
tradas sus esperanzas por causas que no ha estado, ni está en su
alcam:e el evitar.


En tales circunstancias la comision no puede ménos de manifestar
al congreso que el sistema de espectativa y de fortuna que hasta
ahora se ha observado, necesariamente nos conducirá á la pérdida
hasta de la esperanza de cualquiera clase de ventajas en nuestras re-
laciones con aquellos paises, y que los comisionados ad riferendum
sin autorizacion alguna, probablemente. no harán mas que perder el
tiempo, sufrir desprecios, y volver diciendo simplemente lo que to-
dos sabemos: que lolls americanos quieren ser independientes, y cuan-
do mas, (aunque la comision lo duda) agregarán que han oido al-
gunas proposiciones tan enteramente contrarias á los intereses de la
península, que desde luego serán inadmisibles, pues siendo ellos los
promotores, es casi cierto que no las harán de otro modo. Ten-
drémos pues la negociacion paralizada y perdido el tiempo. Entre-
tanto que nosotros dormimos, las naciones estfanjeras están muí en
vela,! y el co~reso debe recordar que en todas las comunicaciones
del ministro frances con el embajador ingles en Paris sobre los
asuntos de España, siempre jugó el negocio de América de un mo-
do principal, que parece no se les olvidaba un momento, y que aca.
so influye poderosamente en nuestra situacion actual. No olviden




4
las cortes, que en la nota tIel gabinete ,de las TuBerías que prece-
dió á la invasion, se ofrecia expresamente el auxilio de la Francia
con sus ejérzitos para la reconquista de América, y tampoco debe
olvidarse que, como manifestó un Sr. diputado en la. célebre discusion
de 11 de febrero, son mui antiguas las pretensiones de la Francia,
que se renovaron hace poco para coronar a un príncipe dé su casa
en Buenos Aires. Verdad es que esta pretension es ya ridícula,
pero marca la tendencia de aquel gabinete, y mucho mas cuando la
tal 1I0ta, y las insinuaciones sobre América acompañaban á las de
sus aliados, y todos pedian, nada ménos que nuestra esclavitud, co-
mo si dijeran: sed vosotros ;y los americanos e8clavos,que es lo que
conviene á los déspotas. La opinion pública va descorriendo ya este
velo demasiado, y ya vemos en papeles de Lóndres, que la santa
alianza habia señalado á la Rusia su departamento en el oriente, mién-
tras que Luis se ocupa en sojuzgar la España y la América meridional.


No perdamos de vista el sistema de neutralidad que observa In-
glaterra en nuestra lucha, que es decir, en la lucha de la liber-
tad contra los tiranos : lucha en que toma parte abiertamente la opi-
Dion pública del pueblo ingles: lucha en que se interesan todas las
almas libres y generosas: lucha en fin, qne en otras circunstancias
hubiera sido, evitada por un gobierno esencialmente libre, y el mas
poderoso de la tierra. Existe pues un grande interes de por me-
dio, y es máxima de los gabinetes medir la justicia por la utilidad,
y esta no por el verdadero bien de los pueblos, sino por el mayor
influjo y engrandezimiento de los gobiernos.


Es innegable, que por muchos años debe renunciar la España á toda
tentativa hostil contra las provincias insurreccionadas de América, pues
concluida nuestra actual lucha, cuya duracion no sabemos, será pre-
ciso, si se quiere afianzar la libertad, no dividir nuestra fuerza, que
nunca será mucha, por el estado de decadencia en que se halla y
debe quedar b. nacion. Es preciso desengañarnos; prescindiendo de
la absoluta inutilidad de una agresion, que solo daria ventajas efí-
meras, despues de enormes gastos que no seria posible sostener pOI'
mucho tiempo, debemos confesar que no podemos practicarla, y que
105 americanos tienen bien poco que temer, si nos consideran como
opresores, y mucho que esperar si nos miran como amigos y aliados, ~
mejor dicho, como hermanos suyos. La América insurrecCionada ya
nQ se pazifica; será preciso subyugarla, y para esto se necesitaría Ull




5


grande ejérzito que no se separase ni un momento' de allí, pues en
el mismo' instante las pasiones maúmcendidas por la misma opresion
producirian BU efecto, i el resultado puede inferirse. IJa' esperien-
cia ya lo ha acreditado, pues repetidas vezes' ha sucedido que los
pueblos que ya se creian pazíñcos no' han tardado mas tiempo en
insurreccionarse, que lo que tardaban en perder de vista las tropas
que los dominaron.


Los. hombres irreflexivos que acaso han creido que los estranjeros
servirian para reconquistar la América, y que' tal vez se han dejado
alnzinar con estas p~omesas ¿ creen que podrian realizarlas, y que en
todo caso lo harian para utilidad de la España, y no para apode-
rarse de lo que hubieran conseguido, ó para dejar á España los costos
y el nombre de poderosa siendo de 'ellos toda la utilidad?


Por mas encarnizada que sea la guerra y el odio eñtre aque-
llos habitantes y los pf>ninsulares, es preciso no equivocarse, no du-
rará mas tiempo' que el que tardemos en transijir con ellos. En
el dia mismo tenemos una prueba en la indignacion que sabemos ha
causado en aquellos paises las Ilotas con que nos insultaron los ga-
binetes estranjeros. }.os americanos conocen que su interes está uni-
do al de la España constitucional, y nunca tendrá partido entre ellos
el sistema despótico, cnya tendencia seria á reducirlos al miserable
estado de colonias, bien que sus esfuerzos . fnesen impotentes. La
propension casi innata de los americanos á la independencia no pro-
cedfl únicamente de resentimientos, sino del natural deseo que tie-
nen los hombres cuando se reunen en grandes masas, de gobernarse
por sí solos, cuando acertada ó equivocadamente se consideran ca-
pazes de ello ; y mucho mas, cuando una enorme distancia de sus
actuales gobernantes,108 priva de muchas ventajas, y los provoca ála
separacion. Rotos sin embargo los vínculos de los gobiernos, jamas
lo estarán los de unos pueblos enlazados estrechamente por la natu-
raleza, la religion, el idioma y las costumbres.


Estas reflexiones conducen á la comision á inferir, que si no entra-
mos directamente á tratar este asnnto, DO solo perderá la Españá
cuanto pudiera conseguir, sino que la sobrevendrán gravísimo s males,
pues el término ha de ser, ó consolidar ]a América su independen_
cia, y desatender toda proposicion de España, ó caer en manos de
alguna ó algunas de las potencias estranjeras, ya sea por verdadera
ocupacioll, Ó ya por ulIa tutela que equivalga á lo mismo; y en este




6
caso, aumentada la fuerza en las demas potencias, y disminuida en
España vendrá, á ser esta insignificante en la balanza política, y ro-
busteciendo el poder de los déspotas, perecerá la libertad aquí y en
América, ó mejor dicho, en el mundo entero.


Désengañémonoll, sea cual fuere la transaccion que se haga con
los americanos, 11010 perderá la España lo que ya no puede conser-
var, que es el gobierno y admiuistradon de algunos de aquellos pai-
ses, pero no las de mas ventajas del enlaze de dos pueblos, no co-
mo quiera amigos, sino identificados; y si dejamos, como hasta aquí,
que el tiempo decida, es hacer la causa de los estranjeroli, quitar
á nuestro comercio hasta la esperanza de alguna ventaja, privarnos
de toda cooperacion con todos los paises de América, que si ahora son
impotentes, no lo serán en bre~e tiempo, pues la naturaleza en su
juventud se repone mui pronto de las pérdidas que le causan
las enfermedades, y un pais que vale mucho siempre puede algo.


No por esto se crea que es -el ánimo de, la comision que se pro-
ceda ó. declarar la independencia de América, ni á establecer desde
este momento sus bases: quiere sí que se empiezen los tratados
de un modo positivo y eficaz, ya sea para pazificar aquellos paises
volviendo al seno de la madre patria por convenios mutuos, ya sea
paraque, en caso de no haber otros recursos, se haga la emancipa-
don del modo mas ventajoso para ambas partes, y no rompamos de
una vez los vínculos que la misma naturaleza nos inspira conservar.
La comision opina que el decoro nacional y la prontitud en este
negocio, exijen que los tratados se hagan, ó bien en la península, ó bien
en un punto de una potencia europea y amiga que elija nuestro gobierno,
y que á esto debe preceder un armisticio con aquellos paisesque'actualmen-
te se hallen en guerra, siempre que quieran enviar sus comisio-
nados, continuando la guerra en los que se nieguen á entrar en
este convenio. Son mui obvias las razones que ha tenido la comi-
SiOD para este dictámen, pues no hai duda qne la menor dificultad
que se ofrezca á nuestros comisionados en América (aunque ahora
se les facultase para lo que no lo están), las visicitudes de la guer-
ra y otros infinitos acontecimientos dilatarian sobremanera una negocia-
cion, que haciéndose en la península, ó bien en un punto de Euro-
pa perteneciente á una potencia amiga, se facilitaria enteramente por
la rapidez de las comunicaciones, que están igualmente fáciles pa-
ra los paise5 de América que para nosotros. Las cortes con su




alta penetraoion inferirán otras razones de política para adoptar este
partido, que acaso es el que nos queda: razones que la comision
no cree desenvolver mas estensamente, pero que son de gran mo-
mento para el que las medita.


En virtud de lo espuesto, la comision, aunque llena de la mayor
desconfiauza del acierto en materia tan grave, pasa á exponer Sil
dictámen á las cortes en los artículos siguientes. Primero, se in-
vitará á los gobiernos de hecho de las provincias disidentes á en-
viar comisio~ados con plenos poderes á un punto neutral de Eu-
ropa, que designará el gobierno de S. M., siempre que no prefiriesen
venir á la península, estableciéndose desde luego un armisticio con
los que se avengan á enviar dichos comisionados. Segundo, el go-
bierno de S. M. nOTIlbrará por su parte uno ó mas plenipotenciarios ,
que en el punto designado, estipulen' toda clase de tratados sobre
las bases que se considere~ mas á propósito, sin escluir las de in
dependeucia, en caso necesario. Tercero, estos tratados no tendrán
efecto ni valor alguno hasta que obtengan la aprobacion de las
cortes. Las cortes determinarán lo mas acertado.-Cadiz 31 de
julio, de 1823--Firmado.-Sanchez.-Isturiz.-Florez Calderon.-.
Vizmanos.-Santos Suarez.-Melendez.-Varela.


* * .-


A vista de este documento, de cuya antenticidad respondemos,
los que en las Américas se dempeñan en descarriar la opinion sobre
los liberales peninsulares, se convencerán de que estos no resistie-
ron el reconocimiento de la independencia ultramarina, con el em-
peño que el autor del Diario de Vera Cruz y otros de su laya su-
ponen. Si la imparcialidad y el juicio abandonan á los periodis-
tas, su noble ocupacion, léjos de ser útil, producirá daños irrepara-
bles á la sociedad.


CIENCIAS POLITICAS y MORALES.


Observaciones sobre el discurso pronunciado por el H. G. Canning
en la cámara de los Comunes, el día 12 de diciembre de 1826.


El carácter del presellte periódico nos obliga á hacer algunas ob-
¡'Iervaciones sobre el elocuente discurso pronunciado por S. E. el Sr.




8
secret¡¡rio de estado y del despachode los negocios estranjeros, en la se.


SiOD del parlamento ingles el dia 12 de diciembre próximo pasado, al
discutirse en él la contestacion al mensaje del rei, de resultas de
los escandalosos acaecimientos de Portugal.-Ciudadanos d'l la nacion
española, y arrojados de ella por el impulso fementido de una fac-
cion temeraria que mancilla su honor, destruye su poder, y sacrifica
á los furores de una grosera cabala teocrátil'a, la probidad, el saber
y las riquezas; desde el asilo generoso en que nos hallamos, nos
creemos obligados á sostener la fama y los derechos de la patria que
nos dió el ser, rectificando los estravíos que padezca la opinion so-
bre los sucesos pasados en ella, sobre el verdadero carácter nacional,
y sobre las probabilidades de utilidad que aun ofrece España á los
pueblos que caminan á la prosperidad, á la sombra de leyes protec-
toras de su libertad y bienestar.


El amor de la patria disculpará el atrevimiento de añadir nues-
tras reflexiones al discurso del altamente distinguido y n. G. Can-
ning, y este ilustre personaje oirá la débi.l voz de unos emigrados,
que si toman parte en un debate que de lleno les pertenece, lo ha-
ceD COD la timidez que les inspiran Jos respetos debido9 á la sabidu-
ría, honradez y patriotismo de tan célebre político. Confiamos en.
que el infortunio que injustamente nos rodea, no disminuirá el peso
de nuestras razones, ni las hará aparecer ante un ministro filósofd con
otro aspecto que el inocente que eu sí llevan, de desaogos decoro~
sos de unos corazones tan dilacerados por los reveses que sufre su
nacion, como ansiosos de su mejora.


l.
El H G. Canning demuestra c~mvincentemente que la nacíon in.


glesa debe sostener .al Portugal en la lucha á que le provoca la des-
acertada conducta de una potencia vecina, porque está obligada á ello
por los tratados. ¿ Pero la invasion que aquel reino acaba de sufrir
de parte de unos rebeldes portugueses, organizados en España, tiene
por objeto agregar el todo ó parte del terrUorio portugues á la co-
ron~ castellana, como reyes mas poderosos que Fernando VII en
circunstancias mas favorables que las presentes, lo han inteIÚado r
~ Se trata de dilatar la esfera de las conquistas hechas en el año de
1801? Es constante que los invasores reducen los tiros de su osadía
á derribar la constitucion dada á los portugueses por el rei D. Pe-
dro, y á restablecer el absolutismo. El aprieto en que se encuen-




9
tra la infanta regenta de Portugal, y el cual la obligó á reclamar el
apoyo de la Gran Bretaña, nace de los progresos que en el país
sometido á su mando, hacen unos facciosos patrocinados en su ínoM
hediencia por el gobierno oculto de la Península, del mismo modo
que Besieres,. Eroles, Capapé y Mosen Anton lo hicieron en Espa-
iía, fomentados por el club oscuro que dispone de los destinos de la,
Francia, para acabar con la constitucion que el rei Fernando habia
reconocido y jurado, y hecho jurar y reconocer á sus súbditos.


II.
La completa semejanza de los dos sucesos nos trae á la memoria,


que cuando los jefes de la faccion predicaban en España el perjurio,
organizallan la insubordinacion á las autoridades lejítimas, y holla-
ban las virtudes sociales con igual encarnizamiento que lo ejecutan
Silveira y sus seCllazes en Portngal, apenas hubo quien apoyara los
derechos de E~paña, quieu protejiera su causa, quien escuchara sus
razones, y se pusiera de parte de la justicia. Las potencias que dispo-
nen en el dia del equilibrio europeo; ó miraron pasivas los atentados, ó
directa ó indirectamente los protejieron, persuadidas que con ello pro_
movian sus intereses) y aseguraban el esplendor y el poder de los
tronos. Sola la Gran Bretaña, no contenta con aconsejar á todas la
conducta paúlka ilue debian observar, y con disentir en Verona de
los acuerdos del congreso que abrian la puerta á las hostilidades, me-
dió con el gabinete frances encargado de la empresa de atácar la Es-
paña, procurando apartarle del empeño desgraciado que tomaba á su
cargo de intervenir con la fuerza en el arreglo de los nego-
cios interiores de una naeion independiente. Pero sns gestiones,
en las cuales el señor secretario de estado y del despacho de
negocios estranjeros el H. Canning, descubrió su destreza y la
liberalidad que le distingue, haciendo la defensa de la conducta de
los españole, constitucionales, no produjeron efecto, siguiendo la Frau-
cia animosa su marcha, porque conoció que el gabinete británico, no
contento con ofrecer su mediacion, se encerraba en el cÍrcúlo de una
neutralidad estricta. De suerte que, miéntras la Gran Bretaña respetó
escrupulosa lo~ principios mas sanos de la moral, la Francia, burlán-
dose de ellos con descaro en medio de las luzes del siglo XIX,
atacó denodada las bases de los gobiernos moderados, dió brios al des-
potismo, alentó á los fanáticos, y sirvió de capa á los excesos mas
criminales. Oh! Y si el ~abinete de las TuBerías hubiera conocido


R




10
elltónces que el británico estaba dispuesto á. dispensar á España un
apoyo, si no igual, en algo parecido al que hoi concede al Portugal!
Con esto solo se hubiera evitado la invasion de la península, el mundo'
no seria triste espectador de los escándalos que en ella pasan, . la
Francia no se veria en el compromiso en que se encuentra des pues
de haber consumido inmens03 tesoros, y la Gran Bretaña habria sa-
cado ya mayores utilidades políticas y pecuniarias que las que hasta
aquí le han procurado el giro de su política, y los nuevos rumbos que
ha abierto á sus especulaciones mercantiles.


III.
Mas la Inglaterra, se nos dirá, ¿ podia dilatar el círculo dé sus


gestiones en favor de España, no mediando los deberes de una
alianza, como la que la liga al Portugal? Nosotros responderémos
decididamente que sí, p~rque estamos persuadidos á que entre las dos
naciones, si no hai una alianza escrita, existen relaciones, si se quiere
tanto 6 mas sagradas, mas poderosas, y mas augustas que las que median
con POI:tugal. y cuando así nos explicamos, será. bien se entienda que
no hablamos de nexos de casas reinantes, como los que forman el pacto
de familia de los BQrbon¡s, resultado de la sangre derramada para
asegurar á dos famiÍias en dos solios poderosos, sino de empeños y de
ligas de una nadon con otra, dirijidas á asegurar la tranquilidad, la
prosperidad y la libertad de ambas.


La nacion española y la britá.nica, en vez de tratados sugeridos por
la maña!y estendidos sobre pergaminos que destruye el tiempo, y cuyo
contesto desaparece con las circunstancias, ó el influjo de la voluntad
de un monarca; en los anales honrosos de la guerra contra N' apoleon,
terminada con su vencimiento, tienen el monumento de una alianza
eterna, fundada sobre recíprocas conveniencias, y contraida en las lides
que ambas sostuvieron en favor de su independencia, de su honor y su
llienestar.


Las banderas españolas é inglesas, matizadas aun con la noble sangre
de los valientes de ambos pueblos, y las divisas que oman el pecho y
atestiguan las proezas de los que militaron bajo tan ilustres enseñas, son
unos diplomas, si se quiere nuevos, pero no ménos sagrados ni de me-
nor valía que los que encierran las colecciones diplomáticas de la alianza
que desde el año de 1808 contrajo la nacion española con la nacion'
inglesa, que apoyó la opinion pública, (*) y robusteció el decreto de


(") Véase la nota primera.




11
Jas cortes estraordinarias dé Madrid de 1814, y el que' las mismas
dieron en el marzo de 1823, relativo al pago de ciertas deudas que el
ingles reclamó sin' fruto, del poder arbitrario. Cualquiera: que re·
cuerde la situacion de la Gran Bretaña "1 de la Península en la
época á. que nos referimos, convendrá en que solo cerrando los ojos
á las desgracias, y los oidoi á la seduccion, pudieron los españoles
mantener la alianza; la cual como que no se ha formado segun las reglas
ordinarias de la política, no puede perder su fuerza por los medios que
esta reconoce como bastantes para anularla. (*)


IV.
¿ Y cómo se desconocerá la perpetuidad de esta alianza, si 50


recuerda la conducta observada por la nacion española en el momento
en que, al terminar la lucha con N apoleon, la prosperidad discul.
paba la indif!lrencia? ¿ Cómo negar el "igor á. una alianza que
se ratificó cuando parecia que cesaban las circunstancias que la ha-
bian producido? Si Inglaterra reputa vigentes los convenios ajus-
tados con Portugal en 1661 y 1703, con motivos ménos po-
derosos y cuya trascendencia es mucho mas débil para los que hoi
"ivimos que la alianza peninsular, ¿ podrá. avenirse con los sentimien-
tos nobles que distinguen al pueblo ingles, reputar muerta una alian-
za nacional que en la época en que debió haber desaparecido, si
motivos pu~amente temporales la hubieran creado, recibió nueva fuer.
za? Cuando en el año de 1814, las armas inglesas y españolas
corrian victoriosas COD la velozidad del rayo el territorio frances,
protejiendo los movimientos combinados de los ejércitos de Austria,
Rusia y Prusia; y cuando BODaparte, cediendo al fin de su em-
presa firmó en Valencey UD tratado con Fernando~ y restituyéndole
al trono, se prometió poner fin á la guerra de la Península; los di •


. p;tados de la nacion española reunidos en las cortes ,de Madrid,
solo porque consideraron comprometida la seguridad del, ejérzito bri- ..
tánico en este paso, inexorables en mantener la alianza resis.
tieron el _ convenio, desecharon las propuestas del emperador de
los franceses, y llegaron á. suspender la obediencia á Fernando, miéll.
tras este no les diera seguridades de no estar inJiuido por aq~el, y
de respetar los acuerdos de la nacion, entre los cuales se hallaba el


/
(*) Véase la nota segunda.




12


de tao amistad con la nacion inglesa. El decreto que con este ob-
jeto espidió el congreso español el día 2 de febrero de 1814, dió
nuevo vigor á la alianza ajustada en el de 1809: la nacion británica
aplaudió la hidalga resolucion de las cortes, y' conoció por esperien-
cia propia citan invulnerables son las palabras de los españoles cuando
las pronuncian sus sentimientos, libres de las trabas y disfrazes CaD
que las desfigura la política del gabinete; el pueblo español recibió
con entusiasmo el acuerdo de sus representantes; la trav('sura de
N apoleon se estrelló contra la honradez peninsular: y un lazo eterno
unia á las dos naciones, cuando al sentarse Fernando en el solio
que ambas le habian recuperado, anuló lo ejecutado, dió sensibles.
y repetidos desengaños á los ingleses, sufocó la voz de la nacion'
aherrojando á sus diputados: y desatendiendo sus intereses, la envol-
vió en laRlesgracia sin sacar para ella las ventajas á que la hacian
acreedora su valor y sus sacrificios.


Sangre y tesoros derramados sin medida para lograr un solo
objeto; fiel correspondencia de parte de España en las coyunturas
mas críticas para la Inglaterra, y una franca y sincera fidelidad en
Henar sus empeños, son títulos mas robustos á los ojos de la razon
que los que pueda dar un frio, y á las vezes caviloso tratado, para
merecer la consideracion, el interes y el auxilio de un pueblo co-
mo el británico, que, siendo el peninsular libre, y gozando una for-
ma de gobierno igual ~n sus bases al de la Inglaterra, puede sacar
de su amistad inmensas utilidades. Es pues innegable' que desde el
año de 180S, existe una nacional, sincera, ventajosa, y no abolida
alianza entre la nacion inglesa y la española: y si, mal pecado, que-
dó como adormecida en los 6 años del absolutismo que mediaron
desde el de 1814 al de IS20, restablecido el imperio de la mode-
radon; y recobrado por el pueblo el ejerzicio de los derechos sacro-


'4- santos que uua fatal combinacion de circunstancias le habia arrebata-
do, volvió á renacer la alianza, como no derogada por el consen-
timiento de los contrayentes.


v.
¿ Pero en dar la Inglaterra á la DacioD española en el año de IS]4


ó en el de 1823 un apoyo parecido al que actualmente dispensa al
Portugal, consultaba á sus intereses? ¿ Los podia tener en que aque_
lla disfrutara de un régimen liberal? ¿ Reconocia ventajas efectivas
en impedir que las demas potencias interrump·ieran la marcha de su




13
regeneraoion ? La historia coetánea contesta á estas cuestiones. ¿ Tuvo
la Gran Bretaña interes en apoyar á los españoles en la guerra contra
Napoleon? ¿ Sacó ventajas de su alianza? ¿ Para lograr el fin de sus
sacrificios en la guerra con el emperador de Francia, le bastaron la
amistad y los recursos de Portugal? ¿ Hizo" con ellos solos los pro-
gresos que des pues de haberse unido á la España? ¿ Y hubiera
disfrutado tan de lleno la cooperacion de esta, sometida á la direc-
cion de un gabinete absoluto, como la gozó durante los años corridos
bajo el imperio de un gobierno nacional? "Los reveses que sirven
siempre de pretesto para hacer convenios pazíficos con el enemigo,
y pára abandonar á los aliados: sirvieron en España para alentar
los ánimos, para entrar en nuevos combates, y para hacer mas firmes
los lazos de la amistad con los ingleses. Que se compare la situa-
cion de estos ~n España miéntras duró el gobierno nacional, con la
que gozaron en la época del absolutismo y con la que hoi disfrutan,
y esto les dará á conocer las inmensas ventajas que deberán prometerse
en sostener á una nacion, que solo aspira por término de sus sacri-
:licios á gozar las benéficas influencias de un régimen semejante al
que disfruta su aliada.


Por otra parte sabemos que la firmeza con que la Inglaterra man-
tiene la alianza con Portugal, nace de los medios que ella le pro-
porciona para influir sobre el continente europeo. ¿ Cuanta mayor
sería su accion, unida la de toda la península? El peso de 14.000,000
de habitantes es infinitamente mayor en la balanza de las combina-
cionésque el de 3.000,000; ¿ y la palanca que el gabinete británi-
co tiene en sus manos no obrará con mas eficacia sobre el grande es-
pacio de la 'Península, que sobre el pequeño recinto que reconoce
por aledaños al Duero, al Miño y al Guadiana? La alian~a de
las dos naciones apoyada por la proteccion de la Gran Breta-
ña con igual vigor en los años de ] 814 Y siguientes, que lo fuera
en los corridos desde el de 1808, hubiera opuesto un dique á las
miras ambiciosas que desde el año de 1814 descubrieron ciertas po-
tencias: Inglaterra hubiera animado los progresos de la civilizadon :
y aherrojado el feroz fanatismo, dispondria hoi del poder irresistible
de las luzes del mundo, y adquiriendo las riquezas y la union de la parte
mas respetable de la familia europea, no se" veria en la n'ecesidad de
hacer los desembolsos á que, en medio de las estrechezes domésti-
cas, la obligan los sucesos del Portugal.




14
Con solo el apoyo moral de su amistad, la Francia no habria acome-


tido á )a España.; esta hubiera arr~glado tra~quilamente los vicios de
su gobierno; los capitalistas ingleses hubieran dirijido á la península
los cnantiosos fondos que han invertido en especulaciones hasta aquí
infructíferas, seguros de retornar cuantiosas utilidades; la versatilidad
y el doblez no habrían hecho la base de lacouducta del gabinete es-
pañol; la atroz venganza, la asquerosa supersticion, la estúpida igno-
rancia y las asesinas maquinaciones del hipócrita fanatismo, compri-
midas por la mano del genio, del saber y el. patriotismo, no hubie-
ran venido á inundar de crímenes el suelo español ennoblecido hasta
aquí con.las virtudes, el honor, y las proe,as de sus hijos; y la Inglaterra,
altamente recompensada y gloriosamente ufana de haber cortado los
pasos del despotismo, y de haber' conseguido uno de los objetos prin-
cipales que se propusiera el año de 1808, cuando volviendo los ojol
á España, se decidió á formar con ella una alianza con cuyo
apoyo pudiera contener los male, que sufria la Europa, recibiria de
parte de la Península el tributo eterno é inagotable de un agra-
decimiento ilimitado, que no serian poderosos para debilitar los
manejos de la 'política; porque en el carácter de los peninsu-
lares sobresale tanto la gratitud, como el odio irreconciliable á
las injusticias, cuaudo van mezcladas con el desprecio y el insulto.


VI.
Si tantas y tan poderosas razones debian hacer esperar de parte


del gabinete británico un apoyo ménos dispendioso que el que hoi
concede al Portugal, ¿ porque cerrando en :n de Marzo de 18~3
su interesante correspondencia con el de las TuBerías, .protestoodo18
el vivo deséo que le animaba de poder mantener, durante la gfJer-
ru con España una estricta y exacta neutralidad invariable ••••
miéntras que el honor y los intereses de la Gran Bretaña se res.
petúran por ambas partes, dejó que la Francia bajo pretestos, cuya
fuerza desconoció la Inglaterra (*) invadiera la península, reali.
zando en el año de 1823 el proyecto concebido por Luis XIV,
y aumentando su poder? El ilustre G. Canning descubre el motivo
que, si hace el elogio de sus principios y de su filantropía, no cree-
mos .que por esto destruya los argumentos qne puedan presentarse.
"El no mezclarse en una guerra de opiniones, que con razon ape-


(*) Véase la carta de G. Canning á Sir Stuart 31 de marzo de 1822.




ll>
llida S. E. tremenda." Pero los aprestos militares que hace la
Inglaterra, y las tropas que dirija á Portugal, ¿ no van á sostener
en este rei~o una guerra de opinion igual á la de que se huyó en
el año de 1823? La obligacion que imponen á la Gran Bretaña los
tratados de 1661 y 1703, es relativa á defender al Portugal de las
invasiones estranjeras, dirijidas á atacar su integridad é independen-
cia. ¿ Silveira acaso ataca el territorio portugues para ponerlo á
la merced de una potencia estranjera? ¿ Amenaza tÍ. la familia rei-
nante en la posesion d~l mando? De modo alguno. Silveira hace
guerra al sistema constitucional: quiere que prevalezca el absolutis-
mo sobre el gobierno moderad9 : pone al trance de los combates el
triunfo de las opiniones de la política; mas claro, hace la guerra
á los principios. Y los ingleses amparando con la fuerza al gobier-
no constitucional no entran de lleno en ella? "Guerra es de opinion,


• dijo el H. Canning, la que ahora se mueve entre España y Portu-
gal, por haberla declarado los enemigos de las nuevas instituciones:
y aunque, añade, " si Inglaterra se VI! ya precisada á entrar en ella, lo
hará con el deséo sincero de mitigar y no de exasperarla, toman-
do parte solo en el conllicto de las armas, y no en el de las opi-
niones." No podemos concebir cómo pueda verificarse esta segrega.
cion en una lid que está unida á la opinion, por mas que la meta-
física la presente fácil. " N osotros,continúa el H. Canning, no intentaré-
mos mantener por la fuerza la constitucÍon portuguesa; pero cuidarémos
que nadie impida llevarla á efecto. Déjese á aquellos arreglar sus propios
intereses; pero con respecto á las intenciones de la fuerza estranjera, mÍen-
tras la Gran Bretaña tenga las armas en la mano, las empleará en impedir
que se (uerze el giro de la opinÍon de los portugueses." i Con cuanto
placer mezclado de un triste sentimiento, vemos anunciados por un
labio ilustre 10$ deseos que en el año de 1823 manifestaba, y qne
en el dia descubre el verdadero pueblo español! "Déjeseme deci-
dir por mí la forma de mi gobierno, decia, aléjense de mi vista las
armas estranJeras : condénese al silencio la abusiva interpretacioD de
la voz de lejitimidad, y sin alterar la paz continental, desaparecerá
el pretexto que para romperla presenta la opresion de un pueblo ino-
cente." Lo que hoi proclama el H. Cauning, es lo que solicitaba
España cuando la Francia, puesta al frente de las facciones, soltó los
diques á los crímenes, se alió con las hezes del pueblo, y procuró
hacer pasar por opinion nacional los ecos horribles de la inmoralidad




16 ,


ydel perjurio ••• -. Esto pretendia entónces España, y por no haber-
lo logrado, yaze en,. la desgracia, sirviendo de juguete á la cabala
teocrática; de triunfo á los que se gozan en la ruina de las justas
libertades, y á los que, transijiendo con los opresores la condenaron
al escarnio; de compasion á las naciones cultas, y de ejemplo lasti-
moso á la posteridad.


VII.
¿ Mas cómo la política inglesa resistió tomar en el año de ] 823 el


giro que en el de 1826? ¿Cómo el gabinete británico que, en nóta dirijida
~I Sr. Stuart fecha 30 de setiembre de aquel año, decididamente ma-
nifestó al gobierno frances" que si las es presiones del rei cristianí-
simo á las cámaras se entendian bajo el concepto de que las ins-
tituciones del pueblo español no eran lejítimas á no recibirlas como
don gratuito de mano del soberano, despues de restablecido en el po-
der absoluto, ni la nacían española lo podia reconocer como princi- •
pío ni ningun hombre de estado ingles defender:" dejó que prevale-
ciera al fin esta herejía, ¿ Cómo, habiéndose enunciado en este pasaje la
guerra de principios, se abandonó al momento?


El respetable secretario de estado nos descubre con la franqueza.
propia de su noble honradez lo que la sagazidad liberal columbraba.
Perdidas las esperanzas, dijo, de una reconciliacion entre España y
Francia, roto. el vínculo que unía las provincias de América á la corona
de España, y que el tiempo y los sucesos parecia hetber decidirlo su
separacion de la metrbpoli, y partiendo del supuesto de que hacia mucho
tiempo que la España tenia noticia de las opiniones de S. M. B. en
la materia, protestando que no era su intencwn. apropiarse la parte mas
pequeña, y exijiendo que la Francia no intentara adquirir para sí
posesion alguna en el nuevo mundo, por título de conquista b de ce-
sion, (*) el ministerio ingles se apresurb á dar existencia á las Amé-
ricas para correjir los errores del mundo viejo, y cont1'arestar los
males que le ajligian.(+) Por manera que, al comprometerse España
en una guerra que, debiendo serIe gloriosa, le fué desgraciada, porque en
vez de emplearse en ella el hierro y el Juego, el enemigo puso en
movimiento la corrupcion y la inmoralidad y el engaño; la Gran
Bretaña buscó en el nuevo mundo nuevos amigos. Buscó en la América,


(*) Carta id.
(t) Discurso del H. G. Canning en la cámara de los comune1i.




l'
lIaciones nuevas, á las cuales tuvo .. ue dar exütt'ncia nueva, miéntras
perdia la que tenia. una nacioO' antigua, que reune títulos llenos
de gloria, garantes ~e un poder inmenso. ¿ Y las nacientes naciones
americanas, podrán reemplazar actualmente á la española, y proporcional'
ála Gran Bretaña los medios conducentes alloglO de los-sublimes objetos
que se propuso al volver sus ojos sobre las regiones ultramarinas, cuando
el incendio de la Península, la obligó á trasladar al mundo nuevo
los penates venerables de la alianza y de la amistad española?


Convengamos en que todo el precio de las relaciones diplomá-
ticu con la América depende de la consolidacion de su independen-
cia, y en que esta sufrirá ataques violentos ó amenazas, mltlll-
tras el reconocimiento de la an tigua metrópoli no le ponga el sello,
y dando una vigorosa consistencia á. las repúblicas, aleje de ellas las
convulsiones, ahogue los partidos, y haga desaparezer las esperanzas de
los poco afectos i la libertad, afianzando su tranquilidad interior de
la cual pende la opinion y el poder de aquellos gobiernos y la pros-
peridad de - los paises que dirijen: elementos necesarios paraque la
Inglaterra pueda contar de seguro con ellos como con unos agentes
útiles para sus combinaciones. N adie desconoce que es casi quiméri-
co esperar que Fernando reconozca la independencia siempre que se
deje á su libre espontaneidad, porque su resistencia es superior á
todos los esfuefzos que puedan hacerse en contra, y porque aun ven-
zida ¿qué seguridad inspira la conducta de un gabinete que vul-
nera con frialdad la fe de sus palabras, ó que sabe alterar os-
curamente la quietud de las repúblicas, corno' que se ha hecho en
la península y lo está. haciendo con Portugal? El reconocimiento.
de la independencia amer:'';Ulta, solo puede ser sincero é invulnerable
cuando _ le haga la nacion, es decir, cuando descanse sobre convenios
que ajuste un gobierno liberal. ¿ Y podia esperarse que este lo
realizara en el año de 1823? En la época en que la Gran Bretaña
parece que habia perdido la esperanza de que se verificara, las cortes
de Madrid preparaban el reconocimiento de la independencia, del
cual aquella hubiera sacado grandes ventajas sin sacrificios, porque
tenia pruebas nada equívocas de la disposicioll del gobierno español
á compl:l,c\rla en todo lo que fuese compatible con el honor: de lo
CUál fuéron buenas pruebas el reconocimiento de las deudas cuyo
pago reclamó, y la reforma de los aranceles de las aduanas hecha
en Cadiz en 1 de julio de 1823, de la cual Inglaterra sola sacó el
provecho.


e




18
VIII.


Pero velllo~ ,que esta voh"ió los ojos á las Américas, para correjir
los errore6 del mundo viejo, :y refrenar I08:.males que le aflijen. No·
sotros demasiadarnente pequeños para atrevernos á profulldizar las mi.
ras de ~n gobierno que tiene vinculada en sí la destreza en el
manejo de los negocios 'públicos, no creemos vulnerar los respetos que
le profesamos, manifestando que la combillacion de las actuales cir.
cunstancias, y la situacion de las nuevas naciolles americanas nos hacen.
reputar dificil de cOllseguir, por este medio, los filantrópicos fines que
se ha propuesto el ministerio ingles, cuando al abismarse España en
a depresion del absolutismo volvió los ojos al nuevo mundo.


La Inglaterra, en nuestra humilde opinion, hubiera logrado correjir
101 errores del mundo vi~jo, y contrarestar los males que le qflijen,
si se hubiera mantenido unida á. la España constitucional. Si en los
años de 1814 y 1815 hubiera dado á la política europea la direc.
don que inspiraban las circunstancias, y que señalaba el curso de
los sucesos de los 20 años anteriores, y empleado la inmensa fuerza
m()fal qlle le daba la posesíon del augusto prisionero que la fort.una
babia puesto en sus manos, ¿ quién hubiera resistido su impulso?
~l prestigio que acompañaba á los españoles en aquella épota, iba
unido á la fama de las proezas inglesas y peninsulares: y el derecho
qne estas daban para exijir 10 que reclamaba el sólido bien. de la
Europa, y la un ion de las fuerzas y de los respetos de las dos na·
dones, hubieran conseguido establecer el órden que se necesitaba, en;-
cadenando la discordia, debilitando las pretensiones del absolutismo,
y: limpiando al mundo de las' hezes religiosas que le degradan, cor.
rijiendo eficazmente los errores,!I conteniendo los mate' del ,mun.
do 'Diejo.


A la voz de la España é Inglaterra unidas con los vínculos de sus re-
cíprocos intereses, de sus victorias; y de las bases de su política interior
y esterior, los potentados que acababan ele rescatar sus tronos por los
esfuerzos de las ~os naciones, sumisos como lo habían estado á Napa.-
leon, hubieran cumplido á los pueblos las palabras que les dieran de
mejorar sus instituciones, haciéndolos disfrutar este bien en premio de
l~s pasados trabajos; y no habrían pensado en organizar el despotismo,
exijiendo la obediencia pasiva de sus súbditos, fomentando el odio á las
justas reformas, olvidando los servicios, y deprimiendo al linaje huma.
n.o. Pero por desgracia huyó la ocasion, y despedazada España por




19
-sus gobernantes, perdió la consideracion que habia logrado á. costa de
su sangre, y la Gran Brefañá: tuvo que dar otro giro á sus planes, que-
da'ndo franco el territorio de los errores, y el curso de los males. Ani-
mado entónces el jenio desolador de la súpersticion, sopló S'obté los
príncipes el aliento de la arbitrariedad, puso espuelas á sus deseos, DO
,muertos sino contenidos : y apoderados del Vaticano, y viendo libre de
competidores el campo de su dominacion, puso en armas al clero, li.
sonje6 el amor propio de los potentados, hizo correr como inconcusas
las máximas mas debaeertadas, predicó la intolerancia, declaró la guer-
ra á las llizes, vilipendió el patriotismo, 8tldujo á los incautos con el
nombre de la divinidad, aterró á los valientes con la fuerza que con
indiscrecion le entregaron los soberanos, y para renlacbar los grillos de
la esclavitud, perpetuando 108 errare" 9 aumentando lo. males del 'lJif'jo
mundo, sacó con mano intrépida al hipócrita jesuitismo del sepulcro
dó le, habian confinado la entereza de los monarcas y la ilustracion
de un pontífice filósofo, y al hacerle renacer de sus cenizas: "td, le
dijo,que sabes aumentar los prosélitos á costa de lá relajacion de la
moral, que enseñas á los hombres á burlarse de sus pa1abras y á des-
preciar sus juramentos, qlJe reputas justo todo lo que es útil, y pones
en contribucion el sudor del pueblo laborioso enriqueziendo á los secta-
rios de tus optniones á costa del trabajo ageno, y disponiendo á tu plaoer
de'los imperios: tú que sabes atar á tus manos la política de los gabinetes:
lIomete de una vez las naciones al férreo yugo del dominio teocrá.
tico, haz enmudecer la razon, que sean vanas las ideas consoladoras
de la sana política, y que el clero, sobrepuesto á los tronos, disponga
lÍsu arbitrio de la vida,' del llonor, y de la riqueza del mundo ente-
ro. No haya mas diplomacia que la que plazca á', los oligarcas teo-
cráticos establecer, y no encuentre el hombre apoyo en las leyes,' mién-
tras no' le comprare con la humillacion á la 'voluntad omnipotente
del sacerdocio."


i Ojalá que la historia viva de nuestra edad no nos hiciera ver en
España, en Alemania; Francia é Italia el cumplimiento de este fatal
decreto! i Ojalá que no fuera la que acabamos de describir la situa-
Cioll del mundo civilizado, y la imájen de la suerte que nos cabe!
Este es el cuadro que ofrecemos, este 'el resultado de la lucba de
tantos años, en esto vinieron á terminar las esperanzas formadas
por los hombres sabios y por los patriotas, y este el estado en que se
encuentran los mismos soberanos que han dejado engrandecerse




á los que debieron· haber mantenido sumisos y dependientes. ¿ Y
qúien sabé· si la osadía de los ilusos y de los perversos enmascarado!l
con el antifaz de la religion, no llevará mas adelante sus planes ho-
micidas? Si los que formó N apoleon alarmaron en gran manera á los
gabinetes europeos, ¿ cómo no los pone en armas los que lleva tan al
cabo la liga teocrática, mas desastrosos que aquellos? ¿Cómo no di-
~isan que despues de haberlos ensayado con buen éxito en la penín-
sula, en Francia, en Alemania y en Italia, amenazan quizas á. la Ir-
landa, '1 cuentan con triunfar en las regiones ultramarinas?


y en tan triste coyuntura la Gran Bretaña protectora de la civi-
lizadon y de la libertad de los pueblos, ¿podrá. cortar la cabeza á.
la hidra, detener los males, y arrancar los errores que los nutren JI
robustez en, con sola la cooperadon de las Américas? El mal es tan
urgente, y tan grande la arrogancia y denuedo de los campeones del
fanatismo y de la arbitrariedad, que DO dan lugar á. esperas. Las re-
públicas americanas, merced á. la índole del carácter de sus habitan-
tes, á la naturaleza de sus gobiernos, y á las circunstancias que IQs
favorecen, podrán sin duda dentro de algunos años prestar apoyos
respetables á la Inglaterra, é influir en la política de Europa, dismi-
nUgendo los males que padece y destruyendo los errores que la ani-
quilan; mas en el dia (debemos decirlo con franqueza y sin que por
ello pierda en lo mas mínimo el precio de las nuevas repúblicas) no
es dado lograrlo. El reconocimiento de la independencia por la. me-
trópoli aceleraria la época, porque dejaria á las repúblicas enteramente
libres de los cuidados con que siempre llama su atencion la enemistad
del gabinete de Fernando, el cual no declarará la independencia de un
modo franco, espIícito y seguro, porque en sus consejos prevalece el in-
flujo de la cabala teocrática absoluta, y domina el Vaticano que mira con
horror las novedades de la América y emplea todas sus arterías para
desbaratarlas.


¿ y las Américas estarán en el dia en disposicion de ayudar á la
Inglaterra á resolver el problema de acabar con los errore8~ 9 de
dulcificar los mateB de la Europa, cuando vemos que la intolerancia
religiosa. sirve de base á las co.nstituciones de aquellos paises; cuando se
debate con encarnizamiento y con sangre el pUDtO de la eda~ para la
profesion monástica; cuando se guardan miramientos delicados con la cu-
ria..romana; cuando las consecuencias de la. guerra y los efectos de la
revolncion impiden á algunas repúblicas satisfacer las deudas con-




21
traídas; cuando en algunos paises hombres ilustrados desacreditan
la libertad de imprenta y el jurado, proclamando formas monstruo-
sas de constitucion que solo pueden preparar el camino al despotis-
mo; cuando en alguno se discnte la claBe de gobierno que entre los
republicanos debe dirijirla; y cuando otro, apurado por las fU9rzas
estranjeras, apenas puede mantener su posiciono En el estado inevi-
table en que las coloca la suerte actual, no pueden dilatar las
combinaciones políticas al estranjero, y necesitan de la mediacion '1
del amparo de Inglaterra para acabar de consolidarse: ¿ y miéntras esto
se verifique serán poderosas para arrancar los errores, y aliviar lo.
mate, del mundo viejo.'2


¿ Y las utilidades pecuniarias que ha sacado la Gran Bretaña de
las Américas suplen acaso á los fallos que pueda haber sufrido
su política, dándole medios abundantes para realizar los planes
que se ha formado sobre el nuevo- mundo! En esta parte no titu-
beamos decir que en el día son mucho ménos importantes que los
que hubiera facilitado á la Inglaterra la amistad y alianza con la Es-
paña constitucional. La opinion demasiadamente exajerada de las
riquezas del nuevo mundo que refluian en la península, rué sin duda
la causa que impulsó al gabinete briiá!nico para mirar como una ad.
quisicion grande, conseguida sin efusion de sangre, la del traspasb de
las relaciones ultramarinas, de ~anos de una metrópoli incapazitada
de mantenerlas, á las de los ingleses. Pero la historia económica
le decia que el importe de todo el comercio de ida y vuelta en
los años mas florecientes entre España y sus colonias, no habia ex-
cedido de 1,469.441,695 rs. (14.699,476&), entrar.do e~ valor de
los géneros estranjeros con 223.174,717 rs. (2.231.747&); y los na-
cionales con 206.584,113 rs. (2.065,841of)s que el total de los cau-
dales .que venia n cada año para el tesoro público no pasaba de
160.000,000 rs. (1.600,000&); que la extraccion lejítima de pesos que
se hacia de la península á las demas naciones, apenas pasaba de
7~OOO,000 de duros (1.400,000&); que la acuñacion total de las ca-
S8S de moneda de las provincias ultramarinas sujetas á España, en los
años mas felizes, no pasaba de 659.000,000 rs. (6.590,000&), y que
la ~el opulento Méjico que en año comun de los diez y nueve cor-
ridos desde el de 1790 á 1819 llegaba á 20.056,564 pesos (4.009,123&),
bajó á 3'.!9,S92 duros (65,978&) en cobre en los años de 1814,




1815 Y 1816, Y en el de 1825 ascendió la en plata 1 oro á 7.889,044
pesos (1.577,808&); que el producto de las minas de eltos precioBOS
metales en Méjico, Perú, Chile, Buenos Aires 'y Nueva Granada era
de 75,~17 marcos del primero, y de 3;460,840 del último, compu-
tándose su valor en 43.500,000 duros (8.700,000&); que la de la Va-
lenciana, la mas rica de Méjico, rinde 360,000 marcos de plata, dejan-
do una utilidad líquida de 12.000,000 rs. (120,000&); Y que la po_
blacion de las regiones hispano-americanas no pasa de '18.0000,000
de habitantes.


Estos resultados descubrian bien á las claras que los errores fisca-
les de la metrópoli, y el' sistema vicioso de su gobierno, habian COD-
denado á las regiones ultramarinas á la miseria, impidiendo sacar de
ellas todo el partido qne ofrecen sus ricos terrenos y sus climas fe-
lizes; que el fomento de los manantiales de la rique~a ultramarina
necesitaba tiempo y constancia; y de consiguiente que la Inglaterra
no podia- prometerse, de pronto, que tan vastas paises recompen-
saran el precio de su proteccion ni le produjeran las incalcu-
lables utilidades que á ella y á las Américas les hubieran pro-
porcionado el amparo de la Península y el triunfo de su causa. A
este iban unidas el reconocimiento de la independencia, las francas
comunicaciones mercanti,les de lastres naciones, la adquisicion por
Íos ingleses del conocimiento que la experiencia de tres siglos habia
proporCionado á los peninsulares sobre la índole del comercio ultra-
marino, sobre el método con que debia conducirse acomodado á loi gustos
del pais y á las costumbres de sus naturales, y sobre la perspectiva fa-
vorable ó adversa que debía presentar la explotácion· de las DÍinas;
atendidas las innovaciones justas, introducidas por el nuevo sistema
político que hadan desaparecer en mucha parte los· principales agen-
tes de aquella industria .. Por no haberse consultado estos datos, que·
á la verdad no eran comuues, y por haber faltado· la cooperacion de
España, el erario de las nuevas repúblicas, sobrecargado con el pago
de los gastos de· una guerra que no hubiera existido siendo aquella
constitucional, y estando unida la Gran Bretaña; padece escase-··
zes que le imposibilitan satisfacer á los acreedores ingleses los rédi-
tos de los caudales que á préstamo le fiaron; el consumo de los gé;'
neros peninsulares, entorpecido por los efectos de las hostilidades,
imposible de llenarse con }lroducciones inglesas, se incJina hácia




23
ulla nacion que las rivaliza; las especulaciones de la millería
han burlado los cálculos alegres q.ue formaron los capitalistas de
la Gran . Bretaña ; varias expediciones mercantiles han salido ,falli-
das por haberse realizado con escasas nociones de las circunstan-
cias ; y todo el comercio de la Gran Bretaña con las provincias de
Hispano-América no ha excedido de la débil suma de 263.735,700 rs.,
(2.377,257 &), en el año pe 1824, que es un importe siete vezes
menor al del comercio que hizo la península.


Si 'en los años 1814 y 1823 hubiera logrado la Península un apoyo
en algo parecido al que hoi da al Por.tugal, con la viétoria de los prin-
cipios liberales hubieran adquirido las naciones ultramarinas una base
sólida para su polí~ica, y los tratados ajustados con· ellas, dictados por.
la conveniencia mutua, apoyados por las relaciones de la sangre que
median entre los peninsulares y los de ultramar, y robustecidos por la
estrecha union con la nacion inglesa, hubieran producido una poderosa
alianta constitucional de 9 naciones, que sirviendo de contrapeso á la
alianza del despotismo, enfrenase sus demasÍas, corregiendo los errores,
y aliviando los males que sufre el mundo viejo.


La oacion inglesa no miraria perdidos 2,000.000,000 rs. (20.000,000,&)
que bajo la buena fe ha prestado á la España constitucional, y cuyo
pago le niega 4escaradamente el gobierno absoluto; porque aquella
hubiera encontrado recursos con que responder á sus obligaciones; y
dirijida por un gobierno ¡moderado, tendria tan religioso miramiento
al crédito, cuanto le trata con desden ei poder arbitrario: sacaria
un partido inmenso del tráfico con las A méricas, porque España, al
arreglar sus aranceles con ellas, la hubiera dejado llevar las utilidades
en 103 géneros que ella 00 produce; daria salida al sobrante de su
poblacion, cuya ~ndigencia le aflige, dirijiéndole á la península, y formando
colonias agrícolas en los deliciosos campos de la Aodaluzía, en los
desiertos de la Mancha, y en las llanuras de Castilla, las cuales.
estrechando los vínculos de la amistad con los lazos de la sangre,
darian inmensos provechos á los especuladores; y finalmente, habria
facilitado á los dueños del dinero medios seguros en que emplear-
le con gigantescas utilidades, y sin los riesgos inevitables eo las
especulaciones lejanas; porque uo gobierno libre haria desaparecer de
España las barreras ominosas que á la industria y al genio oponen la
supersticion y la ignorancia;


y á la verdad, si los grandes tenedores de capitales ingleses qui.




24
I[eran dirijirlos á las operaciones de bancos de iocorros y de auxi"
}jos en las reliquias respetables del nacional de Madrid, saqueado por la
insaciable voracidad del gobierno absoluto, tienen aun una base de cré.
dito capaz de lIenar sus deséos. Si apetecen minas, sin citar las de
oro y plata que se dice existir en la Península, en la de. plata de Gua-
dalcanal, explotada con fruto en otros tiempos, encontrarán empleo
para sus fondos. Reconocida en el año de. 1822 por D •. Fausto Elhu-
yar, director que fué de la minería de Méjico, halló este sabio pro-
fesor, que un quintal de mineral producia nUeve marcos de plata.; pro-
ducto que calificó de asombroso y desconocido en las ricas minas de
América. El mismo calculó necesarios para el beneficio 12.000,000
de rs. (&120,000). Se sabe 'lue esta mina en tiempo de F!llipe II
producia á los explotadores 3.000,0000 de rs. anuales; de don¡Je es
visto, que no contando con las mejoras inmensas que han recibido la
metalúrjica y la maquinaria desde aquella época, y con que rindie·
ra mayores productos que entónces, ofrece un rédito de mas de
20 por ciento. . Si los mismos quieren dedicarse al beneficio. del
azogue, del plomo, del cobre y del cobalto, Almaden, Almade-
nejos, Valencia, las Alpujarras, Rio tinto, y Gistau, en Aragop., les
ofrecen con que satisfacer sus deseos con tanta abundancia, como que en
el estado imperfecto en que hoi se hallan, rinde la mina de azogue
16.000,000 rs. Cf163,000): las de plomo 20.000,000: la de cobre
2.000,000; y la de cobalto, si nada produce, es porque faltan capi-
tales para hacer en grande las operílciones que en. pequepo pre-
sentaron asombrosos resultados, bajo la ilustrada proteccion de Carlos nI.


Si los especuladores quieren sacar partido de las nuevas aplic;acio-
nes del vapor, y de los caminos de hierro; Asturias, Aragon y Sev:-
Ua con sus abundantes minas de carbon de piedra, y Vizcaya,
Asturia», Galicia y Cuenca con las de hierro que encierran SUil
~ontañas, presentan los llIate¡'iales necesarios para llevarlo á efecto. Fi.
nalmente, si quieren dirijir los capitales á. la agricultura, inmensos
terren?s dotados de todas las proPo.rciones necesarias para el cultivo
se presentan portadas partes, ofreciendo. recompensar eOIl usuras los cui •.
dados y los fondos que se emplp,aren en su beneficio, sin mas .au-
xilios que los que faciliten los capitales y las leyes protectoras d~
la propiedad que dieron las cortes últimas, y las que solo pueden
dimanar de un gobierno constitucional. Finalmente, si la aficiop de los
dueños del dinero los lleva á las emptesas de canales por los alicien.




25
tes que promete uno que citarémos, se podrán 'conocer las utilida-
des que deberán prometerse de los demas los que invirtieren en ellos
sus capitales. El canal de riego, proyectado desde Córdoba hasta
Sevilla, tendria de coste 22.000,000 de I'S. (222,000of) y los productos
agrícolas, que rendirian dentro de pocos años las tierras que se regaran
con sus aguas, se regulan en 1,126.549,590 rs. anuales.


VIII.
Tantas, tan indisputables y efectivas ventajas políticas y económicas


dejan de disfrutar la Inglaterra y las Américas, de resultas de las
desgracias que sufre España desde los años de 1814 y 1823: desgra
cias que des pues Q.e hacer derramar lágrimas á los hombres sensibles
amantes de la libertad y de la justicia, pueden quizá tener un influjo
terrible sobre la suerte del continente européo y americano si la
nacion británica no contiene los progresos del absolutismo civil y re-
ligioso que amenaza sumerjir al género humano en el abatimiento de
que le habian rescatado las luzes de tres siglos. La Gran Bretaña
destinada para protejer la civilizacion y la libertad de las naciones,
tiene en su mano una palanca poderosa, y dispone de recursos ba.tan-
tes para resolver en el año de 1827 un problema ménos difícil, aunque
mas .fecunao en resultados útiles, que el que comenzó á. desatar en
en el de 1808.


Con solo dispensar á su fiel aliada la España~ la proteccion para
que consiga un gobierno liberal, dará un paso grande hacia la redencion
p~lítica del continente europl:o, asegurando la libertad de América;
porque restablecida aquella á la justa libertad que apetecen sus hijos,
y que no hai razon paTa disputarles, reuacerá la Íntima y no dero-
gada alianza de las dos naciones, y con ella una nueva y consoladora
política remplazará. la tortuosa y opresora que aflije al mundo. I.a •
Gran Br~taña conservará en este una poderosa influencia, las.naciones
ultramarinas asegurarán sus gobiemos; aliadas estas con una parte
tan respetable del viejo mundo opondrán un muro impenetrable
á las invasiones del absolutismo, y una balanza de poderelJ se es-
tablecerá entre las naciones, nueva pero gloriosa: porque afirmará su
justa Iibertad·y bien estar.


Cuando deseamos que la Gran Bretaña dispense la proteccion á
España para el logro de un gobierno moderado, no tratamos de que
intervenga directamente en la designacion de este; porque apoyamos
el principio que ha recordado elH. G. Canning, y que respeta al-


D




26


tamente el gobierno británico, de q1le debe abstenerse de interoenir
en las imtituciones interiores de una nacion, sino que aludimos al
empléo de aquellos recursos que proporcionan el poder, la opioion
y las conexiones de una potencia tan respetable, para que una nacioo
amiga salga al fin de la desdicha en que está sumerjida, y vuelva á
presentarse con la dignidad y gloria que le son debidas. El gabinete
ingles en su comportamiento actual con Portugal, hace ver que sin
vulnerar las máximas de ]a sana política, sabe emplear los grandes
medios de que dispone en favor de sus amigos. ¿ Y los nega-
rá á España, cuando esta solo desea gozar de una moderada libe,'-
tad? ¿ Podrá desconocer á su fiel aliada por verla desfigurada y sin
los atavíos de su antigua fortuna? ¿ Reputará excesivo ó peligroso,
un deseo de imitar á la Gran Bretaña en el disfrute de las ventajas
de un réjimen igual al suyo? El honor nacional, y los inteseses
abogan en su favor.


IX.
i Pero detiene su mano bienhechora la persuasion de que Españá


bien avenida con el despotismo, ni puede ni apetece sacudir las ca-
denas, ni es digna de la libertad moderada.2 Esta apinion, si acaso
pudo prevalecer por un momento, la creemos rectificada con las-vic-
torios as razones que ha alegado nuestro digno compañero de infor-
tunio, el Sr. Alcalá Galiano (*). Fuera de que, preguntarémos nosotros
á los que la sostengan ¿ qué entienden por nacion, cuando tal concep-
to forman de la española? ¿ Acaso llevan este 110mb re las tropas tu-
multuarias de venales proletarios, que siguiendo el irnpulso de los fa-
náticos, gritan y blasfeman contra lo que 110 conocen, y se entre-


• gan maquinalmente á los desmanes y á las venganzas? Los ingleses
saben bien que los pueblos son siempre lo que quieren que sean sus
directores; y cuando en su misma historia no haIlasérnos datos en
que apoyar esta verdad, la de ]a Europa moderna y ]a actual de ESA
paña nos los facilitarian con abundancia. El nombre verdadero de pue-
blo ó nacion, le lleva siempre la parte ilustrada, la de los propieta-
rios, en una palabra, ]a de los hombres de algo. ¿ Y esta acaso en
España apetece el desconcierto del despotismo? Si los franceses quie-


(*) Véase la carta de este distinguido español en el Times del día 26 de
diciembre de 1826, y el artículo siguiente, en el cual procuramos hacer ver
lo infundado de esta imputacion eon demoatraciones las mas convincentea.




27
ren de bueua fe confesar la verdad, y referir imparcialmente los he •.
chos que presencian, no podrá~ negar qne la masa abatida, la aban-
donada, y la delincuente del pueblo español, es la que entonó los him.
nos groseros de la ovacion, cuando los hijos de S. Luis penetraron
el Pirinéo; la que sublimó las cádenas de la opresion á la alta ca.
tegorÍa que solo corresponde á los emblemas de la gloria; la que
forma el ejérzito de las llamadas juntas apodólieas; y la que, con
el apellido de la religion, quiere absolutismo, mientras este por
provecho de los coriféos del desorden interesados en sostenerle,
necesite su apoyo. Los franceses mismos no han visto sobresalir en
las órgias de horror y de depresion que afean á la península, á
las clases distinguidas ni al verdadero pueblo, que sobrecojido á
vista de la inundacion desoladora de la plebe grosera sobre el terri.
torio de la razon y la justicia, se lamenta en el silencio de su si-
tUl!cion, sufre las demasías de la canalla, y sucumbe bajo los ru-
dos golpes de un sanguinario sacerdocio y ó emigra á otras na-
ciones, ó suspira por el establecimiento de un sistema moderado de
gobierno.


X.
Esta ansia, este ardiente deséo, rectificado con los infortunios


y con las terribles lecciones de la esperiencia, es el que ocupa el co-
razon de todos los españoles amantes del honor y del bien estar de
Sil nacion: todos apetecen un gobierno moderado, y sin empe-
ñarse en sostener los principios violentos y exajerados, se darian
por conteutos con lo que se pueda, prescindiendo de lo que se
,deba hacer, siempre que se asegure con invulnerables garantías la
justa libertf!d, la seguridad individual, y la prosperidad del pueblo el.
pañol. A tan reducidos y justos límites se circunscribe el anhelo
de los verdaderos españoles: sin escluir de este catálogo honJ1)So á. los
emigrados, á quienes algunos, sin razon, miran como peligrosos, por
suponérseles inquietos y descontentos, sedientos de . sangre, y deposi.
tarios exclusivos de la caja fatal de las calamidades de la penínsu-
la .•.. j Cuan mal los conocen los que así discurren! i Cuan poco COD·
ceden á los estímulos de los nobles sentimientos que abrigan en su
pecho los que así se explican! y ¡ cuan pronto se han olvidado los ejem-
plos de, virtud de que dieron muestras esos mismos, á quienes un ter-
ror pánico producido por las absurdas y fatales imputaciones de sus
encarnizados enemigos, hace mirar cou una injusta prevencion!




Los españoles emigrados, (lo dirémos con la sinceridad que (orma
nuestra divisa,) tienen sobradísimos motivos para vivir inquietos y de.·
contentos, al ver el falaz engaño con que el "monarca comprometió
su honradez para sacrificarlos: el prescindiminto inmoral con que
se han recompensado sus servicios: la sevicia atroz con que se han di-
lacerado sus buenas opiniones, se han atropellado sus familias inocen-
tes, y se han saqueado sus propiedades: la negra frialdad con que
se les condena á la miseria: y la indiferencia i"nhumana con que los go-
biernos continentales les niegan el asilo que el derecho de gentes
ha concedido siE'mpre al infortunio; pero los emigrados peninsula-
res que se precian de pertenecer al verdadero pueblo español, devo-
rados del amor de la patria y llenos de los principios de probidad
y de honor que desconocen los verdugos de ella, solo abrigan sen-
timientos de paz, de reconciliacion y de órden, olvidan sus padeCi-
mientos, sofocan los movimientos irresistibles de la represalia, y desde
61 primero hasta el último, si es que se puede formar escala entre
personas que tienen un grado igual de honradez y de cordura, están
prontos á sacrificarse por la tranquilidad y el bien de su nacion ..••
La memoria del año de 1820, es un garante de lo que deci-
mos. ¿ A pareció en aquella época esa saña vengativa que ahora se
supone gratuitamente reconcentrada en el corazon de los emigrados,
¿ No sobraban injurias qué vengar, y daños qué resarcir? Los per-
seguidos, á quienes el anuncio del imperio de las leyes rompió
los grillos que los tenían presos en los calabozos y presidios, y los
que, franco el camino, vinieron desde los 'paises estranjeros á la penín-
sula, ¿ por ventura la mancharon con crímenes? ¿ La atemorizaron con
calamidades? ¿Pues por qué temerlo en el dia, siempre que en Es-
paña prevalezca un sistema político, que haga triunfar las leyes, y que
descanse sobre respetables garantías?


Déose estas de una vez á la península; sea la Gran Bretaña la que
influya en ello, y las resultas coronarán sus esfuerzos. Decídase esta
nacion grande, ilustrada y poderosa á poner término á los escánda-
los: y con su opoyo desaparecerán los obstáculos que puedan opo-
nérsele, y que la imagínacion abulta. El honor nacional, la conve-
niencia, y las circunstancias parece la estimulan con eficacia. Un
año mas que se pierda tal vez se pierde todo, sin esperanza de
recobro. Las maquinaciones de la teocracia caminan orgullosas á ha-
cer dependientes á J05 reyes y á los pueblos de la voluntad abso-




29
..


luta de los ministros del santuario: y la desgracia y la incauta sen-
cillez de los pueblos, favorecen el logro de la empresa temeraria de
la supersticion y de la ignorancia. La libertad del pueblo español,
apoyada ('n la union con la Gran Bretaña y con el nue'Oo mundo,
basta para desbaratar proyectos tan desoladores. La nacion que se
apresure á protejer la causa justa de la península, atrayéndose la afi-
cion y la fuerza de los hombres ilustrados, de los honrados y de
los hombres útiles, adquirirá en el mundo una influencia eterna.


La presteza es la que debe decidir: ¿ y quien sabe si conocién-
dolo la Francia se adelantará á dar á las idéas moderadas, y á la
razon oprimida en España, la proteccion que se apetece, y que le es
tan fácil dispensar? ¿ Y ~i esto sucede, la Francia no baria pasar á.
sus manos la palanca que el gabinete británico ha anunciado tener á
su disposicion? ¿ Y cual será eutónces el resultado? Y dueña aque-
lla nacían valiente é intrépida de la fuerza de un gigante, ¿ dejarla
de emplearla como gigante·'! ••••••


NOTAS.
(1) Para prueba de que la opinion española apoyó y robusteció esta alian-


za, qnl" tiene el verdadero cáracter nacional, insertarémos dos documentos
que casualmente poseemos; y nos seria mui fácil aco~pañarlos iguales de
todas las provincias de España, si nuestra situacion no nos pusiera obstáculos
poderosos para hacerlos llegar á nuestras manos.


En las páginas 50 y 51 del manifiesto que de sus servicios hizo y publicó en
Yalenci't el año 1809 la junta de observacion y defensa de este reino, se lee lo
siguiente:


" Como la enemistad con la Gran Bretaña pusiese obstáculos al logro de
los santos fines que se ha propuesto el pueblo con su memorable revolucion,
de aqui la necesidad de hacer cesar una guerra, que las intrigas del gabinete
débil de nuestros reyes, mas bien que el odio nacional, habian encendido contra
una naciou noble, consiguiente en sus planes, fiel á sus amigos, y de un ca-
rácter análogo al nuestro.


" El pueblo valenciano manifestó claramente su cariño á los ingleses, dando
lugar en la junta á D. Pedro C. Tupper: é impaciente por comunicar
con ellos, corre al puerto del Grao, se apodera del primer buque que se
le presenta, en él se embarcan aquellos sujetos que se creyeron mas apro-
pósito para el caso; entran mar adentro, y abordando al primer barco ingles
que se les ofreció á la vista, parlamentan con su capitan, le hacen venir
á tierra entre las aclamaciones de la alegria, y los afectos de la fraternidad
mas cordial, y echan las ¡Irimeras líneas d la alian.a que media entre las
dos t1adoncs.


"En la historia política de España 1111 se encuentra un tratado de amis-




30
tad mas sincero ni mas solemne, que el que Valencia ajustó con la Ingla-
terra el dia 25 de mayo de 1808. Sin aparato, siu formas diplomáticas, BO-
bre la simple cubierta de un buque eorsario, á la faz del cielo y de la tierra,
un corto número de valencianos patriotas, estrechan entre sus· brazos á los
iJ¡lgleses, piden su amistad, les des€Ubren las horribles tramas con que la
Francia intentaba esclavizar á España, y la decision del pueblo á morir Antes
que ceder; y el pueblo desde la orilla lo confirma con entullÍasmo, jura
eterna union con la Gran Bretaña, y pide la aprobacion de sus votos al gobier-
no establecido.


" Este examina al capitan, le descubre la negra prefidia del emperador de
los franceses •••••• y silIuiendo 108 deseos del pueblo, los. ratifica solemnemente."


Habiéndose presentado en Valencia el año 1809 el H. Frederick Nortb,
individuo de la cámara de los comunes; la junta que gobernaba á aquel
reino, le cumplimentó por medio de una diputacion, cuyo presidente pronun-
ció el sigúiente discurso:


" Exmo. Sr. La junta superior de observacio!) y defensa de este reino, que
en 25 de mayo de 1808, echó los primeros cimientos á la feliz alianza que
media entre Inglaterra y España, tiene el honor de presentarse á V. E.


"Testigo de los sentimientos del pueblo, manifiesta á V. E. el alto aprecio
que Valencia hace de su distinguida persona y de la gran nacion á que per-
tenece. Dígnese V. E. admitir la oferta de nuestros servicios, y de creer,
que si la generosidad con que !a Gran Bretaña ha auxiliado nuestros es-
fnerzos, empeña nuestra gratitud; la nobleza con que sus hijos han derramado
su sangre en Galicia y eu los campos de Talavera hará eterna nuestra amis-
tad, y Valencia será quien diga con entnsiasmo á sus biijos: "esta es, la
nacion de los héroes que se han sacrificado por romper las cadenas con que
el tirauo de EUlopa queria esclavizaros; respetadla, vivid en estrecha union
con ella, y si algun dia el gobierno débil ó corrompido intentare deshacer lazos
tan sagrados, contrarrestad sus ideas, JI acordandoos del año 1809: dad la .ida por
'luien supo morir por asegurar vuestra independencia.


Oficio de '.a junta á dicha diputacion.
"V. SS. han llenado, cual la junta superior se prometia, la comision que


les dió la misma, paraque en su nombre cumplimentaran al H. Frederick
N orth, manifestándole los sentimientos de amistad y gratitud de que está pe-
netrada por los esfuerzos con que la Gran Bretaña sella su union con Es-
paña; y ha acordado que un acto de tanta ternura_se anuncie en los papeles
públicos, para ,terna memoria de nuestros inviolables juramentos.-Dios &ct.
-Valencia 25 de Agosto de 1809.-José Caro.-Manuel de Villafañe.-Sres.
D. José Canga Argulles.-D. Pedro La Riva.-El Baron de Petrés y D. José
Roa, vocales de esta junta.


(2) En número otro iusertarémos una demostracion de la directa influencia
que este célebre decreto ha tenido sobre la libertad de Europa, sacado de
la defensa que preparó uno de los diputados de las cortes de Madrid de
1814, para la vista de la causa criminal que se le formó de árden I de
Fernando VII. j Así se recompensan los servicios de nuestra edad! ! ! !


...




31
Si la mayoría de los españoles quiere gobierno despótico.


Como pudiera ser funesta á la futura prosperidad de la nacion
española la opinion que circula estos dias, de que es menor el nú-
mero de españoles que desean la templanza del poder real de sus
monarcas, y mayor, el de los que desean el mando despótico; me
creo obligado, como español, á esponer al superior juizio de este res-
petable público, lo que acerca de esto he observado por mí, oido á
personas dignas de todo crédito, y sabido por conductos seguros des-
pues que me separé de la Península.


Ante, todas cosas, cebo recordar que consta de nuestros códigos
legales y de nuestras crónicas que el gobierno orijinaríO' de las mo-
narquías 'de I~eon, Castilla, Aragon y Navarra, unidali ahora en una
sola corona, fué templado desde su principio, con espresa exclusion
de todo poder despótico. Las cortes de estas monarquías, en que
desde su fundacion se hacian las leyes, se autorizaban y se acorda-
ban los tributos y se resolvian los negocios árduos del estado, se re-
fundiéron en las cortes generales que comenzó á celebrar la nacion
en tiempo de los reyes católicos D. Fernando y Doña Isabel, desde
el momento en que se agregaron ~ Castilla los reinos de Aragon y
Valencia y el principado de Cataluña, de que se com ponia la mo-
narquía aragonesa. Estas cortes, compuestas unas vezes de los bra-
zos de la nobleza, del clero y del pueblo, y otras del clero y de
diputados de las ciudades, y otras de estos solamente, se conservaron
en España, aunque con alguna variedad, en toda la época de la di-
nastía austríaca, no habiendo ejemplar de <lue, sin el concurso de los
procuradores de la nacion, se hubiesen sancionado ó publicado leyes
ó impuesto contribuciones.


Esta observancia de nnestra lei fundamental llegó á perderse de
hecho y contra derecho en la ,dinastía de la casa de Borbon, cuyos
reyes se arrogaron la potestad de hacer las leyes por sí solos, aña-
diéndoles la claúsula formularia inventada poco ántes: valga como
si fuese publicada en cortes; cláusula que prueba no haber podido
desconocer est9s reyes que era orijinariamente templado por las
cortes su poder, y que era ilegal y usurpado su mando absoluto.


Desengañada la nacion de que la ninguna intervenCÍon de sus cor-
tes en l(}s negocios públicos del reino habia dado lugar á la invasion
de Bonaparte, por los medios que son harto públicos, clamó por-




32
que se precaviese este riesgo para lo sucesivo, restaurando las le-
yes fundamentales que cierran las puertas al mando real despótico,
porque si estas hubieran estado en vigor, no pudiera haber salido de
España el rei sin el consentimiento de las cortes. Este fué el cla-
mor general de España desde aq¡;.ella época hasta que las cortes de
Cadiz sancionaron la constitucion en virtud de espreso mandato de
la junta central, con amplios poderes de todas las provincias', y
con presencia de los concilios toledanos, del Fuero-juzgo, del Fue-
ro real, de las Partidas del rei D. Alfonso el sabio, de los fueros
de Aragon y Navarra, y de las leyes posteriores recopiladas en
nuestros códigos. Que esta fué una de las mas poderosas armas
que descon\!ertaron los planes de N apoleon y de su constitu-
cion de Bayona, apenas hubo en aquella época quien lo desco-
nociese. Este convenzimiento, y el de que aquella era sustancial-
mente la lei fundamental de España con algunas modificaciones ac-
cidentales favorables al poder real, facilitó el reconocimiento de ella
de parte de los gabinetes aliados. El haberse fijado en este códi-
go el período de ocho años para observar si cenvenia alterarle en
alguno de sus artículos, le hizo recomendable á la sabia Europa, la
cual reconoció en documentos auténticos que sus autores habian con-
cordado con el decoro del trono, el zela de la futura independencia
y libertad de su patria.


Que la nacion abrazó esta restauracion de sus leyes fpndamentales
con sincero júbilo, es nn hecho innegable; lo es tambien el haber
durado esta aceptacion general hasta que las cortes, con flresencia de
los espedientes sobre don~cionos reales, restituyeron al trono los de-
rechos jurisdiccionales concedidos con profusion incautamente por al-
gunos reyes á ciertos grandes y caballeros titulados, abolieron la in-
quisicion y dieron muestras de que iban á reformar el excesivo nú-
mero de eclesiásticos, restrinjir sus privilegios en lo perjudicial á la
causa pública y reducir las riquezas, notoriamente incompatibles con
la prosperidad nacional, á los términos de una decorosa sustentacion.


Entónces se declararon abiertamente contra las cortes dos clases
de enemigos: los señores jurisdiccionales, y el clero secular y regu-
lar; enemigos, empero, no de la constitucion, que muchos de ellos
habian firmado, y todos aceptado y aplaudido, sino de las medidas-
adoptadas ó anunciadas por las cortes, contrarias á sus pl'ivados
intereses.




33
Mas como este encollo no podia series fl'Uctuoso miéntras no tu-


viesen á su favor el brazo del rei, creyeron necesario para ello.
presentársele como apologistas del trono, cuya máscara eni invero8í':"
mil, sin pintarle como contraria á su real autoridad la restauracion
de las leyes fundameptales. p, sí estas dos clases resentidas, por con-
servar lo que habian perdido ó temian perder si continuaban los pla-
nes de las cortl's, á trueque de atraer al rei á. su bando, le ayu-
daron á la usurpacion del mando absoluto, contra el cual habian cla-
mado como los demas españoles desde la pérfida entrega del reino á
Eonaparte.


De los grandes y títulos de Aragon y Castilla han llegado á des-
engañarse algunos hasta el punto de merecer la persecucion de Fer-
nando VII. El partido q~e no desiste, y probablemente no desisti-
rá, es el de la parte funática de ambo~ cleros, la cual, f('zelando que
para -salvar sus intere5es temporales, no alcanzaba la mano fuerte del
rei, agregó á ella la máscara de religion, apellidándose defensores,
no solo del trono, esto es, del despotismo, sino del altar, que para
ellos es la opulencia del clero; con lo cual lograron aluzinar gran
parte del pueblo sencilto, hacirndole creer que es incompatible el
catolicismo con las monarquías templadas.


l'or este rápido bosquejo puede rastrearse quienes son los que en
España desean despotismo, y quienes un gobierno moderado bajo una
forma prudente, conforme á las primitivas leyes de la monarquía.


Quieren despotismo, en primer lugar el rei y sus ministros esco-
jidos; los individuos de la llamada camarilla, que se reparten como
buenos hermanos el mando absoluto; sus domésticos, los empleados
de varias clases, cuyos destinos dependen del actual sistema. De es~
tos deben exceptuarse los que, aun en medio del atraso de sus suel-
dos, conservan pundonor para no robar ni dilapidar los fondos que
pasan por sus manos, ni dejarse corromper con cohecho ó soborno.
Porque estos, no hallando medios honrados para remediar su indi-
gencia, se duelen de haber comprado, y de sostener á costa suya; la
ignominia y desolacion de su patria.


En segundo lugar, gran parte de los señores jurlsdicionales, clIyos
derechos restituyeron las cortes á la corona. De este número deben
excluirse tambien los grandes y nobles perseguidos actualmente, en-
carcelados ó expatriados, que son muchos, y otros descontentos con
el rei, por haber aprobado los decretos de las cortes ,favorables al
trono sobre los señoríos.


E




34


En tercer lagar, la parte fanática del clero secular y regular, que
por las medidas de las cortes vió amenazada su opulencia y el in-
flujo que habia tenido hasta entónces en el gobierno temporal. A
este bando pertenecen, en cuanto al clero secular, los obispos y los
prebendados de las catedrales, que en España suelen llamar alto ele.
ro. En los cuales, sin embargo, no deben comprenderse muchos ilus-
trados y desinteresados, que prefieren á su riqueza y dominadon personal
la prosperidad del reino. No hai en España cabildo ninguno que no
cuente algunos de estos individuos virtuosos; yo pudiera señalar muchos.
De la turba de los fanáticos se exceptúan tambien los curas párrocos, ó
por lo ménos las tres cuartas partes de los veinte y dos mil á que
asciende su número. No solo porque esta clase, como mas sabia,
oonoce mejor las ventajas que trae para nuestro pais el imperio de
la lei, sino porque, hallándose generalmente dotada con escasez, y
aun con miseria, respeto de los grandes arcedianos y canónigos, se
prometían mejorar en rentas con la reforma establedda por las cortes.
y asi se vió en los años 21 y 22, que á pesar de ]a infame apli-
cacion que hizieron de parte del medio diezmo algunas juntas dioce-
sanas para fomentar y mantener á los precursores de la invasion, en
varias diócesis excedieron las rentas de los párrocos á las de los ca-
nónigos.


Al bando de los partidarios que tiene el despotismo en el estado
regular, pertenecen los generales y provinciales que suelen ser dés-
potas de sus súbditos, y proporcionalmente los prelados locales, y los
demas que tienen interes en que duren los abusos y los desórdenes
que trataron de correjir las cortes, declarando que no consentirian
sillo regulares sujetos á los obispos. Fuera de estos frailes ó de los
adictos á ellos, en que hai tambien excepciones, todos los demas odian
por l() comun el mando absolut(); porque con las medidas que iban
adoptando las cortes al tenor de la lei fundamental, se prometial!
librarse de la opresion de algunos prelados, y verse libres de parcia-
lidades domésticas, premiados segun su mérito, y mejor asistidos.
De estos frailes amaIl;tes del órden se secularizaron muchos en los
años 1822 y 23, los cuales han aumentado el número del clero ilus-
trado que ama la lei, y .lamenta los desafueros del despotismo. Es-
tos alt()s p()tentados de amb()s cleros han formado en España la actual
faccion variamente manifestada con los títulos de Junta Apostólica,
el Ancora, y el .drigel exterminador, probablemente aliadas con otras




iguales familias de Francia y de Italia, dependientes acaso y siervas
de otro cuerpo formidable que manda al mubdo, y que tal vez, si no
se le ataja el yuelo, acabará con los derechos esenciales de las ná-
ciones, asi como aspira á usurpar el señorío temporal sobre los prínci-
pes, y á sepultar las libertades canónicas de las iglesias.


En cuarto lugar, los llamados familiares de la inquisicion, que eran
las alguaciles que tenia esparzidos este tribunal en los pueblos del
reino; los cuales con su abolicion han perdido las prerogativas y privi-
lejios que disfrutaban sobre los demas vecinos. Entre estos hai mu-
chos que solo conservaban apego al despotismo miéntras por su medio
se prometian el restablecimiento de la inquisicion. Mas habiendo
perdido la esperanza de que Fernanao VII la restablezca, yiendo
expuestas sus personas y bienes á los estragos del mando absoluto, han
perdido el aliento que ántes tenian para romper lanzas en su defen-
sa. Al lado de estos familiares pueden colocarse en las ciudades
catedrales los subalternos y dependientes de los cabildos, que viven
de su dotacion, los cuales, como interesados en la conservacion de su
riqueza, son enemigos de quien trataba de moderarla.


En quinto lugar, aman el despotismo los rejidores perpetuos, por-
que las cortes les quitaron el manejo de los fondos públicos y el
mando despótico municipal. Los majistrados de las audiencias, por-
que desterrada la arbitrariedad por la lei, no les quedaban pretextos
para vender la justicia, ni convertir en propia utilidad el influjo que
les daba el antiguo réjimen en la parte gubernativa de los pueblos;
y sobre todo, ''porque pesaba sobre ellos una efectiva responsabilidad
de que apenas queda rastro en el gobierno despótico. Y los escri-
banos, porque perdieron las socaliñas que les proporcionaba su influen-
cia en el éxito de los procesos. De este número deben exceptuarse
los hombres justos que se conservaban en cada una de estas clases;
no diré que fuesen muchos, mas yo conozco á algunos.


En sexto y último lugar, se presentan como defeusores del despo-
tismo los facciosos acaudillados, fomentados ó mantenidos por el clero
farisaico, ilustre vanguardia del cordon que nos trajo la salud. Mas
esta vanguardia se componia en parte de ladrones y facinerosos que
tienen sobre su cabeza el cuchillo de la lei, muchos de los cuales,
[obre no haber sido premiados, han sido desatendidos y uespedidos ;
y en parte, de paisanos seucillos, unos pobres que se alistaron en esta
cruzada apostólica por no morirse de hambre, y otros infatuados eon




36
el error de que eran soldadolJ de la fe. Los hambrientos son siem-
pre del que les da pan: y no forman partido: los aluzinados retroce-
den con el desengaño de que no son mensajeros de apóstoles; y este
desengaño le tienen ya. Porque han visto que no es de J esu-Cristo
la religion á cuyo nombre se les ha predicado la devastacion, la san-
gre y la venganza, y que ningun español honrado puede mirar sin
horror un desgobierno, que á pasos gigantescos los arrastra á la irre-
ligion, y á ser la befa y el escarnio de la Europa civilizada.


Tales son las lejiones con que cuenta el despotismo de ¡España para
su apoyo. Veamos ahora quieneos son los que quieren en' aquel reino
un gobierno legal y templado.


En primer lugar: todos los que actualmente sufren en sus ,personas
y,en sus haciendas los horribles efectos del espionaje, casi inquisito-
rial, del enfurecido fanatismo, de la frenética avaricia, de la sacrílega
profanacion de los juramentos y de los sacramentos, de la venganza,
de la calumnia, de la perfidia y de los demas vicios que desdoran ac-
tualmente y degradan al clero y al trono español.


En segundo lugar: los hacendados, que ven espuestos sus capitales á
la rapazidad de un despotismo cruel y famélico.


En tercer lugar: los comerciantes de todas clases, cuyo giro está
casi extinguido, y á cuyas especulaciones mercantiles opoue el réjimen
arbitrarió las trabas y los obstáculos que habia quitado la lei.


En cuarto lugar: los que viven de su industria, á quienes se obs-
truyen ó se ciegan las fuentes de su subsistencia. Sirvan de verbi-
gracia los fabricantes de papel, los fundidores de letra, los impre-
sores y libreroil y los oficiales de todos estos artistas, que con la li-
bertad de imprenta habian tomado en España un vuelo increible; y
ahora se ven en gran parte sin giro, sin obra, y muchos convertidos
en pordioseros.


En quinto lugar: los artesanos, porque con el despotismo han per-
dido la consideracion que tenían como cuidadanos, y la esperanza de
ser honrados con las alcaldías, rejidurías, y otros empleos munici-
pales, como lo fueron en la época del gobierno constitucional, aun en
las capitales de provincia y en Madrid, de cuyo ayuntamiento fué
rejidor un honrado y virtuoso zapatero el año de 1821, al tiempo
que era alcalde de barrio de su cuartel, esto es, dependiente suyo, el
duque de Medinaceli.


En sexto lugar: los labradores aliviados por las cortes PJI el medio




37
diezmo, y gravados ahora con el diezmo entero y con el pago de los
atrasos. Y estos son la tercera parte de póbladores del reino.


En sétimo lugar: los pueblos de una gran part~ de la monarquía,
oprimidos por el mando absoluto con los derechos del señorío terri-
torial y con el llamado voto de Santiago, de que habian sido exo-
nerados por las cor~es. En sola la provincia de Valencia son de se-
ñorío mas de las tres cuartas partes de los pueblos.


En octavo lugar: los médicos, en quienes desde el año 1812, se
ha observado una constante decision por la monarquía templada, que
tiene pocas excepciones. De estos profesores puede calcularse que
habrá en España de ochenta á cien mil. Nace esto, así de la na-
turaleza de sus estudios, como de la independencia en que están de
los empleos del gobierno; á que se añade el que les consta por el
trato interior de las familias, cual es el modo de pensar de la ma-
yoría de todas las clases.


En noveno lugar: los que fueron milicianos constitucionales, cuyo
número en el año de 1823 ascendia á doscienlos mil. Este cuerpo
se componia de hacendados, comerciantes, labradores, y artesanos en
los cúales, como he dicho, está arraigado por su propio interes el odio
del despotismo; y ademas; de gran parte de la alta nobleza, inclu-
sos algunos grandes de España, como lo eran en Madrid el conde
de Oñate y su hijo, el duque de Abrántes, y el marques de Villa-
franca, y otros en varias provincias, los cuales quisreron dar esta prue-
ba ostensible de su amor á. las leyes fundamentales, para cuya defensa
se instituyó esta milicia.


En décimo lugar: el ejército entero de la nacion, á excepcion de
pocos jefes detestables por su cobardía y por su estupidez; porque
no me toca á mí llamarlos traidores. Aun estos se dejaron seducir
ó corromper con las dolosas promesas de que iba á darse á. España
un gobierno representativo. Prueba clara de" que ni aun ellos desea-
ban contribuir con su necia credulidad á que usurpase el rei el man-
do despótico, y de que les constaba que este era el deseo general
de la nacion, de cuya causa se hizieron ó se finjieron defensores. Y
así es, que la voz que hizieron correr por sus ejérzitos, de que iban
á establecerse en España cortes, aunque bajo otro plan, aluzinó á. las
tropas que aun en este caso creyeron ser leales á la nacion ; los cua-
Jes lamentan ahora y detestan la felonía de los que les ven-
daron los o.ios para convertirlos á su salvo en sostenedores del
despotismo.




38
En undécimo lugar: deben agregarse á estos amantes de la leí


constitucional un sin número de personas ilustradas y despreocupadas
de todas las clases, que por principios y por espariencia de los males
presentes, conocen los horrores y las calamidades á que será. inevita.
blemente conducida la nacion por el actual despotismo, mas atroz
aun y mas bárbaro que el que la puso al canto del precipicio á fi-
nes del reinado de Carlos IV. Porque Fernando VII, á trueque de
ser déspota de los españoles, se ha hecho á. sí mismo y á su pue-
blo esclavo de los franceses; cuyas falanjes, al paso que disimula-
damente parecen lisonjear los planes. crueles del monarca, y contri.
buir á la perpetuidad de su yugo férreo, acaso amenazan á la na.
cion con la servidumbre á que hace años y aun siglos pretende re.
ducirla la Francia. Son muchos los que en España por solo este
temor desean ver destruido un despotismo, que así compromete la
independencia y el honor nacional.


En duodécimo lugar: prueba es de que la masa general de la
nacion española odia el gobierno arbitrario, y desea y ama la tem-
planza del poder real, la conducta que observó cuando, á princi.
pios del año 1820, proclamaron la lei constitucional las tropas de la
Isla de I~eon. Este pequeño cuerpo militar, perseguido tenazmente
y en parte batido, bastó. paraque sobre su débil apoyo alzasen to-
dos los pueblos un general clamor contra el mando absoluto, DO ha-
biendo habido uno solo que le defendiese ó abogase por él. Resta-
blecida la lei fundamental, y jurada por el reí; se estrellaron en la
resistencia de los pueblos todas las facciones que se fueron alzando
contra ella; y no prevalecieron hasta que las sostuvo á eara des-
cubierta, cuando se quitó la máscara, el mal disimulado invasor ar.
mado de una fuerza á que no .podian resistir los pueblos invadidos
sin auxilio de nuestro ejérzito. Burlada la esperanza que tenian en
este poder nacional incomparablemente superior al de los agresores,
y ,venzido por ellos, no con el poder de las armas, sino con la .tic-
cion, con la falsedad y la superchería, se vieron obligados á sofocar
bUS sentimientos patrióticos, viendo ya desnudo sobre sus cuellos el
alfanje de la mas desaforada tiranía.


Siendo pues evidente que una inmensa mayoría de la nacíon espa-
ñola ha deseado y desea con sinceridad el restablecimiento de sus
leyes fundamentales: ¿ en qué consiste que calla arrastrando las duras
cadenas de la actual esclavitud, y no precaviendo la otra mas infame




de que se ve amenazada? Si la masa general del reino desea eA res-
tablecimieuto de sus leyes fundamentales, ¿ cómo es que no manifies-
ta si quiera este deseo, y su aversion al mando despótico? ¿ Có-
mo no hace España para sacudir el despotismo, lo que hace Portu-
tugal para no consentir que se le ponga este yugo? Mas este que
parece enigma no lo es para el que conozca el actual estado de aquel
desgraciado reino. Entre la mayoría de España y la ae Portugal
hai una enorme diferencia: la mayoría de España tiene sobre sí al
gobierno y al ejérzito frances, cuyas bayonetas, habiendo invadido al
reino so color de darle un gobierno moderado, no han hecho sino
cooperar con los enmñigos domésticos á que subsista el mando ab-
soluto. La mayoría de Portugal cuenta para el establecimiento de
su gobierno moderado con el brazo fuerte del gobierno británico, y
con su ejército. La mayoría de Portugal tiene á su favor al rei
y á su regencia: la mayoría de España tiene contra sí al rei y á
los ministros de su afrancesada é iuquisicional policía. Esta sola re-
ftexion descubre la causa porque la mayoría de Portugal, y no la
de España, puede mostrar su amor al gobierno moderado, y su odio
y horror al despotismo. Luego el .que del actual silencio y sufri-
miento de la nacion española oprimida con dos fuerzas irresistibles,
colijiese que ama la tiranía, sería semejante al que de la paciencia
de un esclavo aherrojado con dos fuertes cadenas, infiriese, que está
bien hallado con la esclavitud, y no desea ser libre. Quítensele á
este esclavo sus cadenas, y pregúntesele á la faz del mundo si pre-
fiere la libertad á la servidumbre, y entónces se echará de ver cual
era el verdadero deséo que ocultaba en su corazon. Eu igual caso
se halla la masa general del pueblo español. Salgan de su suelo
las tropas que le esclavizan, ó esté cierta esta mayoría, cuando mé-
nos, de que nose aumentará el número de ellas para protejer la tirá-
nica opresion del actual sistema, y entónces aparecerá en todo su
esplendor el ardiente amor de las leyes fundamentales que está ahora
sofocado en los pechos de los españoles.


ARREGr.o DE LAS PRISlbNES.


Solo un hombre insensible á la compasion ó amamantado con la
leche del mas feroz dt:spotismo, ó que no haya sufrido el rigor y
las incomodidades de una cárcel, podrá mirar con ojos serenos la
miseria de sus desgraciados moradores. Convencidos por las luzes




40
de la razon y por Una tan amarga como costosa esperiencia de las
desgracias de los qne gimen en las prisiones, creemos' hacer un ser-
vicio á. la humanidad en dedicar una parte de nuestros Ocios al ali-
vio de los seres desgraciados que habitan las mansiones destinadas á
la seguridad de los que han tenido la fatalidad de cometer algun
crímen, ó de provocar contra sí las sospechas de su fatal perpetra.


I


cion, y non ignara mali miseria succurrere discimus.
La beneficencia ~s tan característica de ]a estirpe española, como


su honradez y el ejercicio de tan noble virtud siguió entre no-
sotros el compas de la libertad. Miéntras la península conservó el
gobierno moderado, las cárceles fueron un lugar de rletencion y se-
guridad, y no de ajliccion y de tormento. Cuando declinó en abso-
luto, la d~reza y la miseria se apoderaron dé las prisiones, y el
número de las víctimas creció á. la merced del capricho; mas no
bien se volvió á respirar el aire de la libertad nativa, tornaron á
triunfar los principios de la moral y de la equidad en puuto tan
importante.


La leí 4 tito 5 lib. 4 del fuero real, impuso la multa de 1'.! mrs.
al que sin derecho prendiese á otro, y de 300 sueldos al que le lle-
vara á la cárcel.


Por el artículo 287 de la constitucion española, se prohibe pren-
der á oingnn español sin que preceda ínformacion del hecho, por el
cual merezca pena corporal y un mandamiento del juez, por escrito.
Por el 290 se manda tomar declaracion al arrestado ántes de ser
puesto en prision: por el 295 se exime de la cárcel al que diere
fiador, en los casos en que la lei no prohiba expresamente que se
admita la fianza: y en el 296 se dispone que se le haya de poner
en libertlld con caucion al preso, en cualquier estado de la causa
que aparezca que no se le pueda imponer pena corporal: el
artículo 297 mandaba disponer las cárcl'les de manera que sirvan
para asegurar, y no para molestar á los presos, teniéndolos en bue-
na custodia, mas nunca en calabozos subterraneos y mal sanos. El
alcaide, segun la letra del artículo 293, no puede recibir en cIase
de preso en la cárcel al que no acompañare un acto motivado del
juez. Finalmente, en el 298 se mandan visitar las cárceles con fre-
cuencia,sin que haya preso alguno que deje de presentarse por nin-
gun pretexto.


La constitucion de la república federal del Centro-Am.írica, ha es-




41
tablecido las bases de la libertad individual de un modo el mas se.
guro, cuando no contentos sus sabios lejisladores con adoptar iguales
principios que los peninsulares, les han dado la mayor amplitud. En
efecto, en dicha república no puede el juez dar órden para la pri.
sioo de un ciudadano, á no resultar al ménos por el dicho de un
testigo quién es el delincuente. Todo preso debe ser preguntado
á las 48 horas, y el juez á las 24 siguientes decretar la libertad ó
permanencia en la cárcel; y ningun arresto impuesto como pena
correccional puede pasar de un mes (art. 156, 158, 160 Y 162, tit. X).


Dentro de las 24 horas se le hará saber á todo individuo, dice el
artículo 117. cap. 8 de la constitucion del Perú, la causa de su prision
y cualquiera omision en este punto se declara atentatoria de la libertad
civil. !)roduce aecion popular contra los juezes fodo procedimiento
ilegal contra la libertad personal y la seguridad del domicilio, arto lOD,
y se mira como garantía constitucional la conservadon de la buena fama
Ú opinion del individuo miéntras 110 se le declare delincuente, conforme
á las leyes arto 193 cap •. V .


• , Nadie p1o1ede ser detenido sin que haya semiplena prueba ó indicio
de que es delincuente, ni detenido por indicios mas de 60 horas; arto
150 y 151. scecion 7~ título V. de la constitucion de Méjico.
Finalmente, en la del estado de Chile se dispone, que nadie pueda
ser preso sino en los casos que determine la lei y segun sus formas,
y en su casa ó en los lugares públicos destinados á este objeto; que
ninguna incomunicacioll' pueda impedir que un senador ó el majis-
trado encargado de .la prision visite al considerado como reo, y que
nadie pueda estar preso mas de 48 horas sin saber la causa y con.
tarle las gestiones . que sobre ella se hubiespn practicado. arto 123,
121~ 126 Y 128. tít. XII.


He citado con el mayor placer estos documento~, porque, al paso
que descubren la dulzura filosófica de los lejisladores españoles de
todos los siglos, y los rectos principios que los han dirijido, bastan
para establecer el arreglo de las cárceles de un modo sólido, hon-
ran las luzes de nuestra edad, ya que no aparten del delincuente ó
del presunto reo la pena á que le sujeta el delito, ligan la compa-
sion á su suerte, y haciéndole mirar la pérdida de la libertad y
las aflicciones, como pago de lo que debe·á. la sociedad ó como
una mortificacion inevitable que al cabo se ha de compensar con


F




42


la declaracion de inocencia, sin que en su persona aparezcan las
huellas ominosas de la miseria y de la violencia. En las naciones en donde
se respete en tan alto grado como las, que hemos citado, la seguridad
individual, en donde esté tan reprimida la accion funesta de encarce-
lar al .ciudadano: en donde se prorure con tan laudable escrupulosidad
su buen tratamiento, y cuya legislacion inspire tan alto respeto á
los derechos insprescriptibles del hombre, cortando los vuelos á la
arbitrariedad, poniendo freno á la saña judicial, barreras impenetrables
á los hambrientos curiales, y enseñando á los hombres á respetar el
infortunio de los detenidos, el número de estos no podrá exceder del
que legalmente deba poblar las cárceles. Primer elemento para el
arreglo de estas. Miéntras sea tan facil como en los paises goberna-
dos por la arbitrariedad la facultad de emprisionar ; miéntras todo hom-
bre constituido en autoridad se crea con derecho para prender, y las
leyes miren como juguete los encarcelamientos, las prisiones rebosarán
en infelizes desgraciados; y su número unido á la frialdad de los
majistrados, á las ideas políticas equivocadas, y á los errores lejislativos,
aumentará el infortunio de .los encarcelados, convirtiendo una mansion
esencialmente triste en un lugar, de hediondez y de depravacion.


Odiar el delito y compadecer al delincuente: mirar al preso 'como
á un desgraciado: no reputarle reo hasta que el majistrado lo de-
cida: y no olvidar que, á las vezes el hombre justo padece al lado
del reo, son las máximas que, impresas en el corazon de ,todos, obligan
á hacer ménos molesto la carcelería. El que creyere que con ello se alen-
taría á los hombres á sel: delincuentes, ó está dotado de insensibilidad, ó
el influjo de los errores groseros aleja de su alma los encantadores
estímulos de la compasion. i Ojalá no existieran en las sociedades
cultas seres tan degradados! No hace muchos años que al tratarse
en Madrid del arreglo de las cárceles, un majistrado que hoi ocu-
pa un puesto eminente en premio de sus atrozidades, esclamó que
se harían estas tan c6modas, que el hombre cometerla delitos por ir á
eUál. Los anglo-americanos pudieran responder á este menguado, si
hombres I\e su jaez fueran capazes de oir la razon y de conocer los
sentimientos propios de la filantropía y de la ilustracion.


Ní la razon ni la esperiencia, dicen los sab,ios y generosos individuos
de la sociedad de L6ndres en su cuarta esposicion, apoyan las ideas
de los que así discurren. J.as reformas de las cárceles, léjos de de-




43


bilitar, cooperan á hacer mas salüdables y eficazes los efectos de las
-penas. El trabajo corporal, la parsimonia en la comida, y el apar-
tamiento de los compañeros en los vicios, son castigos, no solo cor-
reccionales, sino ejemplares.


Correjida por las leyes la facilidad y licencia en prender:
determinados con exactitud filosófica los casos en que proceda la pri-
sion del ciudadano: escaseada la 'imposicion de la pena de muerte:
acomodadas con exactitud las penas á. los crímenes; y establecido
el jurado; con esto solo se reducirá á la menor espresion el núme-
ro de los encarcelados: se facilitarán los medios de introducir el órden
en las cárceles; y se convertirán en establecimientos útiles, las que
en el dia son solo escuelas de laceria y de infamia. Cuando la cons-
titucion estableció como una de las principales obligaciones de los
españoles la de ser Justos y benéjicos, quiso arraigar en su corazon
los sentimientos filantrópicos, sin exceptuar de su participacion á. 108
que por sus crímenes ó por una desgracia no merecida, yacen en las
prisiones espiando sus delitos, ó esperando que el fallo de majistra-
dos decida de su suerte. Tan acreedores como los enfermos y los des-
validos á los cuidados de los hombres sensibles son los· encarzelad~s.


J .. a seguridad de la vida, la proteccion de la sociedad, la adminis-
tracion de justicia, la fuerza del gobierno y la conservacion del órden
.público dependen· esencialmente de los medios que se. adopten para
correjir y mejorar á los delicuentes, segun lo asegura la filantrópica
sociedad de la mejora de las prisiones de Lóndres en su sext'i espo-
sicion. El fin, continúa,de las penas legales no es el de la vengan-
za, sino el de la correccion de los delitos. Para lograrlo, deberán
adoptarse tales expedientes, que sean poderosos pll,ra alejar á los hom-
bres de cometerlos. Con este objeto el castigo deberá ser de tal
índole, que esencialmente responda al fin; que su rigor produzca el
mayor efecto sobre la sociedad, y la menor afliccion al delincuente.
Todo rigor intempestivo es inpolítico, excita la compasionen favor
del que le sufre, y es injusto, porque quebranta el precepto que obli-
ga al hombre á no hacer á otros)o que él no quisiera para sí.


Son incalculables, añade, los servicios que hizo á .la nacion el filan-
tróprco Howard desde que decididamente se empeñó en mejorar el es-
tado de las prisiones que hasta su tiempo eran mazmorras de dolor,
almacenes de pestilencia y escuelas de maldad. Estoi seguro" decia
este hombre eminente, que los que conozcan la situacion de las cár.




44
celes, convendrán conmigo en que sin la lima del sentimiento, la tris·
teza' de la: miseria, la corrupdon de la atmósfera, la falta de ejer-
zicio, y la escasez de alimento, el contajio de las enfermedades con-
tra el que no hai defensa, la crueldo.d de los alcaides, y todos los
horrores de las prisiones hacen perder la vida á un veinte y cinco
por ciento de los detenidos en ellas.


Mas como la opresion produce sus efectos contra el que la em-
plea, resulta que las cárceles,. cuyo abandono se ha hecho el azote
de los presos, se convierte en castigo de la sociedad. Los des-
trozos de. este desórden que ejerzen sus efectos sobre los inquilinos
de las cárceles, derraman sus pestilentes influencias en el estado, cuan-
do vueltos estos á la libertad, se convierten en propagadores de la in-
moralidad y del vicio. ¿ Y que otros efectos pueden esperarse de
la fria y mortífera indiferencia con que se hunde á los desgraciados
en calabozos inmundos, cargándolos de hierro, escaseándoles el ali-
mento, la luz y el aire? Como si ]a incomunicadon necesaria para
asegurar las pruebas' del delito en el' detenido, no fuera un tormento
atroz, se le agrega el mal tratamiento, la dureza y hasta el insulto
para condenar á la desesperacion al reo, y para acabar· con la resig-
nacion de la inocencia. ¿ Y que consecuencia debe esperarse sino
las de la depravacion, de la union acinada de detenidos? Delicuen-
tes y reos, hombres depravados y otros que solo tienen contra sí la
acusacion de desarreglo, hombres sin juzgar, á quienes las leyes su-
ponen inocentes, y hombres ya convencidos y fallados por sus crÍ.
menes, delitos y debilidades, ladrones y desgraciados, deudores
de mala y de buena fe, mo2.0S y viejos, niños y jóvenes, hombres
y mugeres viven juntos, se comunican sus ideas, y sumidos en la
ociosidad sin oir mas voz que las de los cómitres, ni mas ruido que
el de las cadenas y los látigos, sin que se les hable al corazon, se
abandonan á la perversidad, los que están en los primeros pasos de
la carrera del vicio se hacen consumados en él; Y un veneno des.
tructor de la sociedad fermenta en las cárceles, y prepara sus influ-
encias desoladoras á la merced del abandono, y de la faIta de filoso-
fía de los gobemantes.


Reservado estaba á .la sabiduría de la edad que alcanzamos,
ocuparse de lleno en la suerte de los presos, en los cuales se ha
reconocido un der.echo para reclamar los auxilios de la justicia y de
la humanidad. Las investigaciones filosóficas de los que han dedi-




45
Ilado sus tareas á un objeto tan digno de consideracion, han hecho
ver que las miserias de las cárceles que se han creido caraCterísti-
cas de ellas, son efecto inevitable del abll.ndono de su arreglo: que
debe alejarse de ellas todo mal tratamiento personal que no sea pre-
ciso para realizar el justo castigo impuesto 111 reo: dando á las pri-
siones toda la ventilacion y claridad necesaria: que un plan de tra-
bajos mecánicos, acompañados de una sobria y parca comida, basta
para convertirlas en pena saludable de los delitos: que el conta-
gio moral se evita con la clasificacion de -los detenidos y su re-
conocimiento: y la reforma de sus costumbres con las máximas re-
ligiosas. Todas estas medidas biEln combinadas, son suficientes para
inspirar temor, para correjir las malas inclinaciones, ilustrar el en-
tendimiento, y dar una buena direccion al corazon.


¿ Pero y cómo se lograra tan noble objeto? ¿ Cómo logrará la
filosofía uno de los triunfos mas dignos de su poder? Poniendo en
ejecucion los medios que han adoptado las naciones mas cultas, en-
tre las cuales,como en todo cuanto lleva impreso el noble carácter
,de la beneficencia, sobresalen los ingleses. Las sociedades filantró-
picas formadas en el N orte.América y en Lóndres, auxiliadas por la
sabiduría del gobierno, y la patriótica eficazia de los congresos na.
cionales, han logrado mejorar las cárceles y conquistar para la so-
ciedad á los infelizes, que sin su auxilio hubieran acabado en el patíbulo
su funesta carrera, despues de perturbar el ,órden público. Vemoll
con el mas vivo interes, que en las nuevas naciones libres de Amé-
rica han empezado á producir sus felizes influencias las luzes de las
sociedades consagradas á las' mejoras de las prisiones, y que en el
Perú están ya echados los cimientos para competir en esta parte
con las naciones que le han servido de maéstras. Solo falta que
aprovechándose las repúblicas de la paz que gtineralmente disfrutan,
dén al proyecto la estension que él mismo reclama, generalizando
su ejecucion, y haciendo que los verdaderos principios de la cien-
cia criminal venzan los errores del antiguo sistema.


El sexo bello, á quien la naturaleza, repartió como patrimonio la
compasion y la dulzura á la par de los encantos que acompañan á
la hermosura, debe tomar parte en una empresa tan análoga á sus
sentimientos, y tan conforme á los movimientos de su corazon, co-
mo lo son la piedad y la beneficencia. "Grandes son las ventajas,
dice la sociedad de Lóndres, que han producido las asociaciones de




46
<lamas en varias partes del reino unido. En. la casa de correccion
de Liverpool, las presas se ocupan, bajo la inspeccion de las damas,
y las utilidades de su trabajo se aplican, como premio, á las que
mas sobresalen en laborioliidad y en buena conducta. Todos los pre-
sos de esta gran cárcel están vestidos con la obra que hacen las
presas. Iguales noticias se tienen de Bedford, Bristol, Carlisle, Col-
cbester, Derby, Dunfries, Durham, Exeter, Glasgow, Lancaster, Not-
tingham, Plymoutb y York." ¿ Y quien podrá recordar 108 he-
roicos esfuerzos de la asociacion de señoras de Madrid hechos en
medio de la indiferencia del absolutismo en favor de la mejora de
las cárceles, sin derramar bendiciones sobre su zelo, y sin ha-
cer votos porque semejantes cofradías se multipliquen y se protejan?,
Los nombres de las difuntas condesa de Castroterreño y Mootijo, y
el ardor filantrópico de la actual condesa de Villamonte, digna hi-
ja y sucesora en las virtudes de esta eminente señora, bastarían
para enoblecer el establecimiento, y para recomendarle á los gobiernos
libres é ilustrados, cuando faItaran documentos ilustres domésticos y
estranjeros con que apoyar la idea. ¿ Qué ocupacion mas digna de
las señoras republicanas? ¿ Cual mas propia de las que están desti-
nadas á perpetuar la existencia de los nuevos gobiernos, dando á la
patria bombres dotados de las virtudes sociales, que las que las po-
nen en ejercicio de un modo tan decisivo? Cuando las cárceles abran
sus hórridas mansiones á la filantropía femenil, los infelizes que en
eBas mueren en medio de la afl.icccion, tendrán el consuelo de saber
que los ojos tiernos de una piedad desinteresada ven sus miserias: que
labios dotados de una persuasion irresi!;tible á los hombres mas du-
ros, se emplean en hacer valer sus q¡¡ejas: que seres cuidadosos por
su misma Índole y susceptibles de las impresiones del do¡,or, agitan
sus justas pretensiones; y al fin estarán seguros todos de que con ze-
ladores tan exactos, hasta las mas lijeras faltas serán advertidas, y
que los lugares destinados á la correccion no son abreviados in-
fiernos, como un déspota subalterno llamaba en el frenesí de su
feroz ignorancia, á los calabozos que él mismo construyó para sa-
crificar á los que no tenian mas delito que el no convenir con sus
opiniones políticas.


Pero cuando tratamos del arreglo de las prisiones y de mejorar la
suerte de los destinados en ellas, al paso que no dejalllos de conocer
que las diferentes clases de estos pueden y deben influir en la con-




47


ducta que se deba tener con ellos, convenimos en que hai ciertos cá-
nones ó reglas invariables que deben observarse cou todos sin per-
juicio de la diversidad de su condiciono "Rai personas, dice el be-
néfico Thomas Fowell Buxton, acusadas de delincuentes que pueden
ser inocentes, y tales se reputan á los ojos de la leí hasta que re-
ciben el fallo; mas miéntras esto se realiza, deben estardeteni-
das en las cárceles y privadas de libertad. La prision en este caso,
que es el de todos los que tienen causas pendientes en los tribuna-
les, no es una pena, ni como tal la sufren; sino únicamente un me.'
dio de asegurar la existencia del presunto reo, hasta el día en que
la voz' del juez le condene ó le absuelva. Fundada en estos princi-
·pios la leí británica y las de las repúblicas americanas y la egpañola,
relevan de pasar á la cárcel dando fianza, á todo el que fuere reo pre-
sunto de crímenes que no merecieren pena aflictiva, negando dicho
beneficio á los que se hallaren en este caso, porque es de creer que
procurarán con la fuga evitar el castigo, y dar al público la debida
satisfaccion." Hai otros á quienes las leyes condenan á la prision por-
que no pueden pagar sus deudas. Esto puede ser efecto de maja
conducta ó de una desgracia inevitable. La prision en esta caso es
consecuencia de la deuda, y debe reducirse á la material detencion
del desgraciado, á la verdad tan perjudicial al mismo como infructuosa
para, su acreedor, el cual nada logra con la falta de libertad del preso
sino imposibilitade de cubrir su alcanze. Rai casos en que la cárcel
es pena del delito cometido y probado, y resultado de la sentencia
dada por el juez, el cual castiga el crÍmen mandando detener al
desgraciado en la prision, y señalando como descargo de su culpa
el tiempo de esta y el modo con que deba ser tratado en ella."


¿ y todos estos diferentes casos deberán ser mirados como de igual
naturaleza? Y los ciudadanos que puedan incurrir en ellos han de
ser tratados de un mismo modo? Oigamos lo que dice el sensible y
filantrópico Buxton; y ójala que sus palabras se impriman de un mo~
do indeleble en el corazon de todos los que dirijen á las naciones,
y de todos los majistrado&' criminales, á quienes la falsa idea de la
'Dindicta públú:a, matizada con los colores de ]a saña de la veugan-
za, ha hecho hasta aquí sus corazones mas duros que el bronce!
"La sana razon,dice aquel hombre benéfico, y las reglas de la
justicia nos enseñan, que el hombre que se hallare en el primero
de los casos citados, deberá ser tratado con la posible dulzura, pnes




48
que harta mortificacion sufre .con la pérdida de su libertad ántes de
ser juzgado, y con la indulgencia razonable compatible con la seguridad
le hará sufrir con resignacion su suerte. Todo acto de inútil
a6iccion, es opresivo é injusto. i.as leyes pueden ser tan duras
como las de Dracou contra los delitos, pero los lejisladores se
engañan si creen que este sistema de dureza pueda ser garante de
la inocencia; ningun principio de justicia podrá justificar la impo-
sicion de penas :i los que no esten convenzidos de algun delito. To-
dos podemos evitar el (;astigo absteniéndonos de cometer crímenes,
pero ninguno está libre de una falsa acusacion, y condenarle á mas
que á la detendon de la persona sin otros fundamentos que la sos-
pecha, es empezar castigando sin que aparezca el motivo justo."


"La prision que sufren los deudores no debe estenderse á mas que lo
que reuna la voz, sin que la acompañen otros no necesarios y fatales
agregados. N o hai lei alguna en Inglaterra que autorize el que se les
mortifique con rigores, fuera del que lleva en sí la privaciou de la li-
bertad. Es injusticia disgustarIos con malos tratamientos, é injusti-
cia tanto mas chocante, cuan~o recae sobre una clase de hombres que
casi siempre se ven abrumados con el peso de la desgracia.


" No diré lo mismo respecto á la dureza que deberán experimen-
tar en su tratamiento los reos ya convencidos y condenados á la cár-
cel en pena de sus delitos. El rigor es parte del castigo. Auonque
la lei d·etermine la naturaleza del crímen, y los juezes designen la
calidad de la pena que deba imponerse con arreglo á las circunstan-
cias del delito, nadie debe aumentar la que se imponga. Cuando
la leí condene á un hombre simplemente á la prision, y le ponga
por castigo únicamente la suspension del goze de su libertad, solo
esto, y no mas, deberá sufrir; agravar su situacion con tratamientos
regularmente peores que la pérdida de la libertad, es lo mismo que
agravar y alterar las disposiciones de la lei, y añadir rigores no com-
prendidos en la sentencia. Yo sé bien que en algunos casos la mis-
ma lei agrava la prision expresamente mandando que .105 complicados
en asesinatos, solo se alimentarán con pan yagua, estando sin comuni-
cacion con los demas presos." Esta severidad reservada para ciertos
delitos no debe extenderse á otros de quienes no hace mérito la lei.


" Partiendo de este principio, digo, que el preso por pena no debe
sufrir mas incomodidad física y moral, que la que le imponga la senten-
cia; que su situacion no deberá ser peor, excepto la pérdida de la




49
libertad, que la tenia antes de iU reclusion. Consideremos ahora la
liuerte de un desgraciado desde que el alguacil le afianza, sin
olyidar, que no es reo hasta que el fallo lo declare. N o hai
derecho para conducirle por las calles atado, ó encadenado, ni para
presentarle como espectáculo de una pública ignominia á la faz del
pueblo que quizás hasta alli le ha tenido por hombre honrado. La
infamia podrá si se quiere ser parte de la pena de un delito, mas nun-
ca debe convertirse en consecuencia de una sospecha: asi que deberá.
conducirse á los ciudadanos á la carcel COIl todo el decoro, secreto y
atencioD posibles, y COD la que se debe á sus respetos. Una vez dentro
de la prision no hai derecho para cargarle de hierros-; ni para hacerle
slIfrir mas pena que la que le cause su desgracia. Por eso dice Blak-
stone (lib. 4 cap 22.), que la ley no autoriza al alcaide para pouer
grillos al preso, á no ser un hombre desenfrenado, ó á. 110 ser
que intente escaparse;" y Lord King, supremo juez, contesta á. los
que creen necesarias las cadenas para la seguridad de los encarcelados,
que esto se evita haciendo mas altas las paredes de las prisiones: el no to-
mar esta precaucion legal no puede justificar el castigo ilegal. La ver-
dad del caso es, que el hombre mui rara vez sufre los grillos por efecto
de su mala conducta, y siempre los lleva por los delitos agenos; pues
es mas barato cargarle de hierro que aumentar las dimensiones de las
murallas que le encierran. De este modo disimulamos nuestra negli-
gencia mortificando á los presos.
"Tamp~co hay derecho para escasearles el goze del aire puro, para


cercenarles los alimentos sanos y suficientes, ni para embargarles el ejer-
cicio corporal: ménos le hai para prohibirles ejerce.' los oficios ó profe-
sionescon cuyos provechos se mantiene la familia. Ni se les debe hacer
sufrir los rigores del frio por falta de mantas en la cama, ó de fuego du-
rante el dia. La razon es obvia. Al preso se le ha arrancado de su casa,
privándole de los recursos de proveerse de lo necesario para la vida,
y hai una obligacion de facilitarle los recursos moderados, pero nece.
sarios para sn subsisteucia.


Ni se deben destruir sus hábitos, sumiéndolos en la holgazanería: ni
corromper su moral, haciéndolos vivir en compañía de desalmados
y convencidos delincuentes: ni su salud, encp.rrándolos por las noches
en calabozos húmedos y sin ventilacion, mezclados con una multitud de
desgraeiados que con sus alientos corrompen la atmósfera; ó haciéndo-
los dormir con hombres contagiados de enfermedades asquerosas ó en




50
medio de los mortíferos efluvios de suciedad y corrupcioll. En una
palabra, todos los presos, no sentenciados, tierien derecho indisputable
á que se les trate con compasion; á que se les acuda con lo necesario
para vivir; se les aparte de las malas compañías, y se conserve su salud
y sus buenos hábitos. A los que sufren la prision en pena de sus delitos,
no se les ~be afligir con mas, que con lo que la sentencia indi-
care; y la razon y la justicia les conceden el derecto de gozar de
una atmósfera sana, de vestidos y cama regulares, y de una comida
suficiente para su mantenimiento.


"Pero ade'mas de estos derechos, la sociedad tiene que cumplir,
segun el sabio Buxton, para con los presos otros deberes. Parum
est ímprobos coercere poma, nisi probos efficacias disciplina. Es pre~
ciso que los detenidos por castigo, no se hagan peores, mas holga-
zanes, ménos sóbrios y ménos regulares que lo eran antes. Una
buena política aconseja que al dejar las cárceles, se hallen corregidos
y mejorados en sus costumbres.


El trabajo en un preso antes de su fallo debe mirarse como una
recompensa del perjuicio que le causa la detencion, convirtiendo la
sospecha del crimen en una ventaja suya, pues que se' logrará mu-
chas \"ezes hacerle adquirir tales hábitos, tales principios é instruc-
cion que le indemnizen el perjuicio que le ocasionare la prision.,


El trabajo es ventajoso á los presos por deudas, porque las causas
regulares de su desgracia son las enfermedades, la holgazanería y los
vicios; y se evitará la reincidencia por todos aquellos ~edio.s que
sean capazes de asegurar la salud, el espíritu industrioso, y la sobrie.
dad en Jos presos. La sociedad de Londres en· la 5~ esposicion
de sos taréas, publicada el año de 1823, recomienda como un objeto
de la mas alta importancia el trabajo de los presos detenidos ó de
los ya sentenciados. "Los vicios que han inundado nuestras circeles,
dice, han nacido mas de la ociosidad que de otra causa. El trabajo
de manos en los condenados á la prision IJor sentencia, debe ser
forzado, y ~unque á los demas no se les pueda obligar, conviene
estimularlos á las tareas por medio de un premio, reducido á aumen-
tarles la comida, ó darles parte de las ganancias.


"Los castigos, concluye Buxton. se imponen para prevenir los de-
litos, y estos no se evitan sino con la reforma de las costumbres
de los criminales. A tan noble objeto deben reducirse lo. cui.
dados del lejislador. Una vez separado el preso por sentencia de




51


la compañíá de sus· camaradas, deja de pensar como ellos, y esto
soló le hace entrar en cuenta consigo, y ie conduce al arrepentimiento.
La incomunicadon con los compañeros de sus desórdenes ha humi.
liado á los mas pertinazes, y mucha~ vezes ha hecho buenos 1\ los.
mas ,desalmados. Deberá dormir solo, y permanecer solo una gran
parte del dia.


"Siendo la ociosidad la madre de la mayor parte d~ los vicios,
la industria y la laboriosidad serán sus eficazes correctivos; por ello
se deberá cuidar de que los presos por condena esten continuamente
empleados, y á fin de animarlos se les dejará una parte de lo que
rindan sus faenas. Debe prohibírseles el uso de licores como origen
de grandes desórdenes. Como la falta de educadon es el manantial
perenne de los crímenes, de aqui la necesidad de suplirla por los
medios religiosos. Los sacerdotes deberán ocuparse en visitar diariaA
mjlnte á los encarcelados y en recordarles los deberes sociales: en ha-
cerles orar y en exortarlos á la virtud, despertando las ideas de esta
en los olvidadizos é imprimiéndolas en el corazon de los que las
desconozca~." (Se continuará).


Reflexiones acerca del mal extraordinario que en el dia ajlije á
la Inglaterra, y que 'mas b ménos incomoda ya á las naciones mas


industriosas de la Europa:" por D. Alvaro Flore::; Estrada.
I Sin que se perciba ninguna de las causas á que los políticos suelen atri.


buir la decadencia de una nacion, la prosperidad de la Gran Bretaña se
halla en el dia amenazada de una manera, que no puede menos de alar-
mará.cuantos se interesen por ella. Al cabo de un periodo de doce años
de paz sin temor de que un enemigo exterior tratase de interrumpirla:
cuando su industria habia llegado al grado mas alto de perfeccion co-
nocida: cuando en las cuatro partes del Globo tenia mas plazas fuertes
que en época alguna anterior, es decir, mas medios de protejer y
dar salida á sus manufacturas y de tomar á precios mas cómodos las
primeras materias que no produce su suelo: cuando por haber su
gobierno reconocido la independencia de la América Española, era la
única nacion Européa que disfrutaba exclusivamente el comercio de
aquel vasto continente, en donde se recoge la principal cosecha del
oro y de la plata, que desde el descub,rimiento del nuevo mundo




drcula en todol los paises: cuando las contribuciones que súfrian sus
habitantes eran mucho menores que las que pagaban durante la úl~
tima guerra: cuando por.fin la libertad política y mercantil, que tan-
to contribuyen á la prosperidad y riqueza de las naciones, acababan
de recibir (gracias á, las luzes y esfuerzos del actual ministerio)
lluevas garantías y .ensanches de importancia: en estas circunstancias,
al parecer de fundadas esperanzas de mayor alivio de cargas y de mas
medios de sostener las que restasen, su perspectiva económica, co-
mercial y fabril es mucho mas penosa y dificil que cuando su mas
temible enemigo, con el bloqueo continental y con .un aparente ó
verdadero proyecto de desembarco, disminuia sus recursos "1 aumen-
taba considerablemente sus gastos. El número de sus pobres cada
dia se engruesa con una rapidez extraordinaria, ne pudiendo méno8
de pasar á la clase de mendigos los muchos artesanos diariamente
despedidos de las fábricas: el producto de estas se disminuye con
una progresion muí sensible por falta de salida, cuando esta debe-
ría ser mayor por haberse ensanchado el círculo de sus mercados:
el comercio en un corto periodo de este año sufrió mas bancarrotas
de importancia que en años de ninguna época anterior: el crédito,
que es el que lo vivifica, anima y extiende, ha desaparecido y no
es fácil restablecerlo: las rentas del erario no pueden ser tan pro-
ductivas romo deberían serlo en un orden regular de cosas: la di-
ficultad de satisfacer las cargas públicas cada dia tiene que aumen-
tarse en razon del número de brazos, que dejan de ser productivos
y por consiguiente contribuyentes: finalmente, miéntras no se des-
truya el origen del mal, este debe ir en aumento, no pudiendo me-
nos de convertirse cada uno de los efectos indicados en una .nueva
causa, que lo agrave mas y mas, y que reproduzca otros aun des-
conocidos. Tal es el estado actual de esta nacion, sin que hasta
ahora en mi concepto se haya descubierto la verdadera causa de re-
sultados tan repentinos, tan tristes y tan imprevistos, y sin que por
consecuencia se haya podido indicar el medio capaz de contener
el progreso.


Atribuir los actuales males á empresas temerarias de los comer-
ciantes, es suponer loca 6 infatuada la mayor parte de una clase,
precisamente la mas babituada á obrar con prudencia, y á calcular
mejor BUS intereses. A~n ~uando este dato, enteramente gratuito,
fuese cierto, sus efe~tos rJi h.ul:Jieran podido ser tan repentinamente




53
tl'fJ.$Cendentales á las demas clases del estado, ni podrían pasar de
ser momentáneos.


Suponer que la insolvencia de los bancos provinciales, y la dificul-
tad de restablecer su crédito es el motivo del mal, es confundir el
efecto con la causa, es por mejor decir, presentar un efecto sin causa
ó una causa sin resultado.


Decir que la Inglaterra agotó su nnmerario en los empréstitos he-
chos, ya para sostener la independencia de los nuevos estados de la.
América meridional y de la Grecia, ya para establecer las muchas
compañías de minas, que se han formado en Lóndres, y que son sus
consecuencias las que incomodan, verdaderamente es buscar el orijen
del mal en lo que por su insignificancia de ningull modo podia ha-
ber producido efectos tan considerables y duraderos. Aun suponien-
do que estas cantidades ascendiesen á la suma de 26 millones
de libras, á que poco mas ó menos monta la nominal de todos estos
empréstitos, y que rebajados el descuento, los intereses de dos años,
que quedaron depositados, las letras jiradas y satisfechas en Lóndres
y el importe de géneros manufacturados admitidos como dinero en-
trllgado, calculando por largo, no pasa seguramente de 8 millones de
libras, es hacer consistir en una cantidad mui insignificante la pros-
peridad de la nacion mas industriosa del mundo; idéa que de algun
modo debe herir el orgullo J.nacional, y que por otra parte está des~
mentida por la experiencia, pues sin qne se sintiese ninguno de los
efectos, que en el dia se sienten, la Inglaterra en cada uno de los
cuatro últimos años de la guerra. de la independencia, para mante-
ner su ejército y el Portugues, que tenía á su sueldo, á pesar de
ser entonces mas limitado el mercado de su comercio y de no estar
su industria tan perfeccionada como en el dia, enviaba á la Penín-
sula 24 millones de libras en dinero efectivo.


Ses tener que los males provienen de la perfeccion de las máqui-
nas, porque estas disminuyen el número de operarios, es un error que
de algun modo hace discupable la conducta de los artesanos, que in-
fluidos de esta preocupacion cometen el atentado de despedazar las
máquinas de las fábricas. Siendo indudable que la nacion mas rica
ó en posihilidad de satisfacer mas neceeidades, será siempre la que
con igual poblacion en una determinada extension de terreno, presente
mayor cantidad de productos de tan baena ó mejor calidad adquiri-
dos á menos costo, y no pudiendo dejar de contribuir á este re8ul-




tado la perfeceion de la maquinaria, por mas que algunO$ individuos
queden' sin trabajo en las manufacturas á que se aplican las máqui-
nas,es evidente que en general una nacion será mas rica y podrá
mantener mayor poblacion, cuanto mas se perfeccione la maquinaria,
ó lo que es igual, cuanto mas se multipliquen los medios de aumen-
tar, mejora¡¡. y abaratar sus productos. ¡A flue estado' de pobreza y
de barbarie )lO llegaría mui pronto la nacion mas adelantada, si des-
terrase el arado y carro, cuyo uso, si el, argumento fuese fundado,
Bería necesario prohibir, por ser las dos máquinas que ahorran mas
brazos en la sociedad! Si, como sabiamente dic~ un economista In-
gles, por un medio sobrenatural pudiese conseguirse, que todo lo que
trabajan dos millones de Bretone3 10 pudieran trabajar solamente mil,
e! 1.999,000 pudieran emplearse en crear nuevos productos, ó en
,proporcionar diferentes medios de riqueza. A un cuando la perfeccion
de la maquinaria pudiese producir un mal, sería una idea equiyo-
cada suponer, que los primeros efectos de esta causa pudiesen ser la
insolvencia de los bancos y las bancarrotas' del comercio. Ademas,
sin nuevas máquinas inventadas de dos años acá, 101' fabricantes no
pueden ofrecer trabajo á igual número de operarios, prueba evidente
que el mal no procede de esta' causa. Parece increible, que á lo
mismo que constituye el caracter distintivo de la sociedad civilizada
y rica, se atribuya el oríjen de su decadeneia y penuria.


Atribuirlo á no poder rivalizar ya la industria Inglesa con la de
otras naciones por haberse mejorado la de estas, por estar aUi mas
barata la mano de obra, y por haberse rebajado por el gobierno
Británico los impuestos de internacion á los artículos de manufactu-
ras extranjeras, es una idea desmentida con lo que ocurre en estas
mismas naciones. Si fuese cierto lo que se supo\le, la industria de
estas progresarm en la misma proporcion que decae la Inglesa, y es
indudable que comienza á sufrir igual decadencia, lo que' ademas de
hacer sospechar que la cansa es una mism~ manifiesta que el ori-
jen del mal es mui diferente del que se supone.


Cuando 101f primeros síntomas del mal comienzan á sentirse en las
clases mas acomodadas, ó que. á lo ¡nenos solian manejar mas capi-
tales, atribuir la cansa del mal á la excesiva poblacion en mi con.
cepto es otro error, pues en este easo el resultado comenzaria á sen-
tirse por la clase menos acomodada y no por la de comerciantes y
f¡Lbricantes como ha sucedido.




Decir que la causa del mal es la excesiva produccion, 10 considerQ
COmo un error clásico, que envuelve un dilema cuyos extremos son
igualmente falsos; á saber, "ó. el trabajo y la abundancia pueden
producir el hambre y la penuria, ó toda la dase fabricante de la
Inglaterra es tan necia que no sabe elegir otro trabajo que el que
ocasiona la mendicidad de un gran número de habitantes." Prescin-
diendo de que en el periodo anterior al mal, no se aumentaron con ex-
ceso ni las fábricas, ni las máquinas, ni el número de los artesanos,
por una razon mui sencilla debe conocerse, á no dudarlo, que la
excesiva produccion no podia causar los resultados que eñ el dia se
sienten. En este caso el terreno, los ganados, y todos los artículos
que no son manufacturados, en vez de abaratarse subirían de precio
ó cuando menos conservarían el que tenian, y el valor del dinero no
hubiera subido sino con respecto á los artículos manufacturados que
se fabricasen con demasía.


Si, com~ algunos pretenden, el mal hubiese procedido de haber
emitido los bancos mucho papel moneda, ó por el contrario de ha..,
ber intempestivamente retirado mayor porcion del que se necesitaba
para la circulacion, los efectos del mal no serian los que se sienten.
En el primer caso, en lugar de haberse encarecido el papel moneda,
hubiera caido en desprecio: en el segundo caso, el remedio del mal
sería pronto y facil, y en mi concepto una de las mayores equivoca-
ciones en economía, es la de suponer que con papel, arréglese su
cantidad como se quiera,· se mejore la suerte de las naciones, cuya
industria comienza á estar en decadencia.


Poner' finalmente en duda la gravedad del mal, atribuyéndolo va-
gamente á causas mui transitorias. que pronto desaparecerán, sin que
se le aplique remedio alguno, es una idéa tan inexacta, que en mi
concepto apenas es creible tenga mas partidarios que el mismo que
ha tratado de sostenerla. No solo es desconocer el estado de la In-
glaterra, sino el del continente entero, en donde por las naciones
mas industriosas comienzan á septirse iguales síntomas; lo que prueba
hasta la evidencia, que la callsa que los produce ninguna conexion
tiene, como se dice, con las operaciones de este gobierno dirijidas á
impedir la baja de los fondos, ni con las circunstancias en que se
vió el comercio del imperio Británico en el tránsito de la guerra á
la paz por hallarse sin poder emplear sus grandes lcapitales, ni con
las operaciones del banco tle Inglaterra, operaciones que cuando mas




56
pudieran haber influido en acelerar el mal, maS no en producirlo. A
estas \ 8e reducen las ca\1sas á. qne he oido atribuir el mal extraor~
dinario que en el dia aflije á la Inglaterra.


De lo dicho en mi sentir resulta, que la verdadera causa, siendo
extraordinarios los efectos, no puede ménos de ser extraordinaria, y
mui diferente de todas las que anteriormente causaban otros males de
que yo no trato. Averiguar cual sea, limitándome á indicar el re-
medio es el objeto que me propongo. Aun cuando me equivoque, creo
que este escrito á lo ménos debe producir el interes, de que se ex~
mine con 111. detencion, que merece la gravedad del asunto, cuales
podian ser los resultados del suceso, á que la atribuyo; ~uceso que,
no pudiendo ménos de corresponder siempre los efectos á las causas,
con precision tiene que producir las consecueneias mas importantes,
que jamas se hayan visto, y que no sé que hayan sido calculadas ni ocu-
pado la atencion de ningun escritor ni funcionario. Estoi persuadido,
que cou dificultad podrá hacerse este examen sin que se convenga
conmigo, si no en el todo, á lo menos en la causa del mal extraño
que se sufre, el cual no solo agrava todos los anteriores, sino que
por sí solo amenaza la vida social de todas las naciones Europeas.


En mi concepto el orijen de este mal desconocido no es otro que
el resultado de la disminucion en la cantidad de numerario que .anual-
mente se importaba á la Europa, disminucion que no podia menoS
de seguirse: de la importante crisis de la independencia del pais co-
sechero del oro y de la plata. Digo que esta disminucion no podia
menos de ser el resultado de la independencia del continente Ame-
ricano, porque ni la Europa atrajo jamas esta cosecha por su comer-
cio é industria, ni jamas la podrá atraer por este medio, circuns-
tancia que no se tuvo presente por los que creian, que todas las
naciones Européas, excepto la España, iban á aumentar su riqueza con
el nuevo mercado, que se les abriría indepeudiente la América. To-
das calcularon lo que tenian que ganar, mas ninguna calculó lo que
con precision tenian que perder. La preocnpacion general, que na-
turalmente debia nacer de la falta de este cálculo, es la que, en
mi concepto, aun en el dia hace que se desconozca la verdadera
causa del mal. Procuraré desarrollar la idea.


Desde el descubrimiento del nuevo mundo, y principalmente desde
que Felipe 11 suspendió I!l privilegio concedido por su padre al fla-
menco conde de Fugger, llamado por los castellanos, de Fucar, pro-




57


bibi6 beneficiar en Eiipaiía las minas de metales¡ preciosos, ó ya por
una intriga de los cortesanos contra el Conde, ó 10 que es mas ve-
rosimil, con el objeto de agotar primero las del pais recien con-
quistado, como mas expuestas á dejar de ser pertenencia suya, es
indudable que 111 principal capital, que alimentaba el comercio y la
industria Européa no era otro que el dinero acuñado con el oro y
la plata extraida de las miuas de América. Este instrumento unÍ-
vrrsal de todos los cambios y de la mayor parte de los contratos
no se estancaba en la Europa. Aunque se aumentaba la cantidad
de. estos metales destinados á muebles y objetos de lujo, la plata
acuñada en dinero se rellO~'aba anualmente exportándose á Levante
una igual ó aproximada, á la que se importaba de América. En
los treinta últimos años la que se CX!lortó, segun los mejores cál-
culos, fué mucho mayor que la que se importó. De esta verdad, por
mas objecciolles que contra ella se traten de bacer, no puede dudar-
se, pues que á no ser asi cada seis ú ocho años se hU8iera dupli-
cado €l dinero, que circulaba en la Europa, y en esta misma razoo
en cada uno de estos periodos hubiera bajado su valor. Sin que se
hubiese sent.ido igual efecto tampoco hubiera podido establecerse el
sistema de papel-moneda adoptado por la mayor parte de los gobier-
nos, sin exceptuar el mismo, que era el cosechero de los metales
preciosos. La historia no ofrece un periodo, en que el curso del
dinero, por mas leyes severas que se hici esen en contrario, y por
mas difíciles que fuesen las relaciones mercantiles cntre las diferentes
naciones de la antigüedad, se detuviese en otra parte tIue en el
Oriente. Es decir, la cantidad de este artículo de absoluta necesi-
dad para crear, fomentar y conservar la industria, á pesar de ser
de naturaleza de no consumirse nunca fué fija y permanente, ni tal
vez era posible inventar una lei, que la fijase, para asegurar en la
sociedad el instrumento, de que tanto pende su prosperidad. No
siendo la Europa cosechera de est03 metales no podia snspenderse
su importacion periódica, y continuar al propio tiempo su exporta-
cion, sin que inmediatamente se sintiesen los efectos de una nove-
dad tamaña, y nunca anteriormonte ocurrida. Los comerciantes y fa-
bricantes como eran los primeros á recibirlo y distribuirlo, y los que
á este efecto no podian ménos de tener hechos algunos desembolsos
anticipados, fueron pOr esta razon los primeros á sentir las conse-
euencias de esta falta. Si en todos los actuales sufrimientos públi-


JI




58
cos no se echa de \'er otra falta que la de numerario, y si es
indudable, que se obstruyó su importaci'on periódica ¿ cómo puede
desconocers~ la verdadera causa del mal cxtraordinaro, que mas ó mé-
nos comienza ya á incomoda~ á las principales naciones de la Europa?
Sintiéndose el mal en el contir.ente y' aun en la América del norte,
¿ cómo puede suponerse, que la causa sea una parcial á la Ingla-
terra, como por ejemplo la contribucion de pobres, la que se nece-
sita para pagar el interés de la deuda, ó la leí (seguramente mal
entendida) por la que se prohibia la introduccion de granos? Yo
me circunscribo á tratar de descubrir la causa del mal, la que, por
ser este ya general, 'no puede ser una aplicable solo á esta nacion,
aventurándome á decir que aunque se remedien los males anteriores,
sin duda de mucha importancia, los efectos del mal extraordinario
seguirán sin interrupcion, mientras la causa, que los produce, no
sea descubierta y destruida.


Durante el quinquenio, que precedió á la invasion de Kapoleon en
España, época del mayor producto de las minas, contando setecien-
tos mil pesos en oro, se acuñaron anualmente en la casa de moneda
de Méjico 21) millones de pesos fuertes, regulándose, que en las
restanteS casas juntas de moneda, que habia en la América Espa-
ñola, inclusos veinte y nueve mil marcos de oro, que producían las
mi las .del Pe¡ ú y de Chile, se acuñaba igual cantidad. Las minas
del Brasil con corta diferencia producian anualmente treinta y nueve
mil marcos de oro. Que el cálculo de estas sumas sea ó no ente-
ramente exacto, aunque por haberlo yo tomado (el que se refiere á
las minas de la América Española) de documentos oficiales existen-
tes en la Secretaria de Hacienda, no puede dudarse, que sea el mas
aproximado á la verdad, en lnanera alguna debe destruir mi racioci-
nio. Para mi intento basta saber, que esta fuente, fuese su canti-
dad la que fuesc, sino era la única, era la principal, que alimen-
taba toda la industria Europea, no solo proporcionando al comerciante
y fabricante los fondos anticipados que necesitan tener, sino prove_
yendo igualmente á las demas clases del artículo, por cuyo único
medio en toda sociedad civilizada se adquiere con facilidad cuanto es
objeto de trabajo ajeno: y que de repente sino ha desaparecido por
entero, á lo méllos ha menguado en mas de siete octavos de su an-
terior corriente. Aunque sin datos para anunciar á punto fijo, cual
sea desde la total independenc\a de la América Española la cantidad




59
anual de numerario importado á Inglaterra, el único punto de Euro-
pa, en que podia desembarcar, por ser la sola nacion de ella en
relaciones mercantiles con el nuevo mundo, no _ creo equivocarme si
afirmo, que no pasa de una octava parte, de la que se importaba
anteriormente: es decir que no pasa en cada un año desde dicha
época de seis á siete millones de pesos. Sentados estos datos, acerca
de los cuales no puede caber la menor duda fundada, á HO ser algu-
na pequeña equivocacion en el mas ó ménos del último cálculo ¿ como
era posible, que se verificase una disminl1cion tan considerable en la
importacion periódica de numerario traido á Europa, sin que pro-
dujese los efectos, que en el dia siente la Inglaterra, y que comien-
za ya á sentir la Francia, .,la Holanda, el Austria y la Prusia? Si
en toda la Europa ha menguado la cantidad de llymerario en circu-
lacion, tí que estaba habituada, por haber disminuido la entrada pe-
riódica en mas de siete octavos ~ como las naciones, que eran con-
sumidoras de los géneros manufacturados en Ingl aterra podrán com-
prarle una cantidad de productos igual, á la que acostumbraban tomar-
le? Cómo podrá el consumo interior dejar de sufrir igual disminu-
cion? Presentar este ú otros efectos del mal como procedeutes de
la rebaja de impuestos acordada por el gobierno Britáuico á -las ma-
nufacturas estranjeras, ó por la mejora, que. estas han adquirido, ó por
la mayor baratura de la mano dc obra, ¿ no es desconocer el ver-
dadero origen del mal, y contribuir á que no se acuda al oportuno
medio de destruirlo, dando lugar á medidas, que no siendo las con-
venientes no pueden menos de aumentarlo? Tal lo imagino. En 1818
yo habia anunciado al público este mismo resultado, haciendo ver que
la Inglaterra por ser la nadon mas· industriosa y comerciante sería
la que primero sufriria los terribles efectos de una crisis tamaña y
tan equivocadamente caleulada, y que en seguida los sentiría la Fran-
cia, y por último el continente todo, siendo el resultado final un
trastoruo general extensivo al sistema político existente en la Eu-
ropa incompatible con la faIta de la cosecha COlllUll de metales
preciosos.


Para hacer mas patente que la verdadera causa del mal no es otra
que la que indico, no creo por demas satisfacer á las muchas per-
sonas, á quienes oigo afirmar que en ninguna época hubo en Europa
y sobre todo en Inglaterra mayor abundancia de oro y de plata
que p,n la actualidad, asercion, qne, si fuese cierta, destruiría com-




60
l'letamente mi raCIOCInIO. Trataré de responder haciéndome cargo de
los datos, en que se fundan y de otros, de que se desentienden.
Apoyan su asercion, en que jamás se compraron uno y otro metal
en Europa á precio mas bajo que al presente, y en que nunca las
provisiones de boca estuvieron mas caras en Inglaterra que en la
actualidad.


Si el oro con respecto á la plata está hoi barato, la plata (:on res-
pecto al oro no puede menos de estar cara. Lo eontrario sería una
contradiccion imposible de que se realizase. Si, como lo creo, se
compra hoi en el mercado á 86 chelines la onza del mejor oro,
por la que pocos años hace se pagaban 115 chelines del mismo peso
y calidad, este dato aislado no prueba qne hoi abunde el oro mién-
tras no se haga ver, lo que no juzgo posible que en el dia exjste
una cantidad de plata igual á la que existia en la época anterior .


. Para regular la abundancia del dinero ó de cualquiera de .est08 dos
metales no basta tomar á uno de ellos por tipo del otro. Es nece-
sario ver lo que cada nno de ellos representa de todas las demas
cosas, y hacer la comparacion con lo que repre~entaba en otra época.
Asi eomo estos metales nos hacen conocer le abundancia y escasez,
ó el valor de otros artículos, asi estos nos hacen regular el valor
ó abundancia y escasez del oro y de la plata. Cuando es notorio
que una vara de tela de algodon, que hace dos años se vendia por
30 peniques y hoi sin que desde entonces se hubiesen aumentado
ni mejorado las fábricas, en qne 8e trabaja este género, se vende
por ocho: cuando un operario, que hace dos años ganaba por su tra-
bajo diario 30 peniques no gana hoi mas que ocho: y cuando 5ere-
gula, que el precio de toda propiedad territorial ha bl\iado en estos
dos años un treinta por ciento, ¿ podrá dudal'se, que el dinero se ven-
de hoi mui caro, ó lo que es lo mismo, que escasea con respecto al
que habia, y por consiguiente que esc.asean los metales preciosos, de
que se fabrica? La causa de la baja repentina del precio anterior
de todos los artículos que no son dinero, (puedp. ser otra que la que
por la inversa produjo en España los efectos contrarios á los . pocos
años del descubrimiento del nuevo mundo? Garcilaso el Inca en su
historia del Perú para probar las grandes cantidades de dinero, que
habían venido de su pais á la Península, asegura que cuando él lle-
gó á España compraba en Sevilla á 6 cuartos el mejor par de za-
pPltos, y flue en la época, en que eseribia su hi5toria (pocos años




61


despues) tenia que pagarlos á cinco reales y., en igual propol'cion las
demas cosas: es decir, el valor del dinero habia bajado inas de seis
tantos con respecto dI que tenia -cuando el descubrimiento del nue-
vo mundo. De lo dicho resulta sin que en mi sentir pueda ·caber
duda, que no solo no es cierto el dato, en que se apoya el argu-
mento, sino que sucede todo lo contrario, de lo que por él se supone.


La baratura actual del oro con respecto IÍ. la ',;plata precisamente
es una prueba de mi asercion en todas sus partes. La plata, que
circulaba en Europa toda era traida de Amériea. El oro que habia
en circulacion, no solamente era el que producian las minas del Brasil,
Perú y Chile, cuya total cantidad, como se ha visto, se calculaba
hacer la suma de 8.000,000 de pesos, sino que tambien se impor-
taba otra cantidad igual ó tal vez mayor del Africa y del Asia.
Obstruida la importacion del oro y de la plata que producian las
minas del continente Amrricano, y continuando en Europa la expor-'
tacion de la plata el resultaoo no podia dejar de 5er el escasear
uno y otro metal con respecto á la cantidad, que, antes solia circu-
lar, pero como debia escasear mucho mas la plata por haber que-
dado c.orriente una de las dos fuentes, que producian el oro, este
debia abaratarse con respecto á la plata, y encarecerse COIl respecto
á. todos los demas artículos, corno es el caso.


Sí las provisiones de boca están boi en Inglaterra' tanto ó mas
caras que en época algnna anterior, lo que dudo, este dato por sí
solo no prueba la abundancia de los metales que se dan en cambio
por ellas. En un pais, en que las contribuciones son mui crecidas
los artículos de primera necesidad para la subsistencia con precisioll
tienen que ser los últimos á abaratarse, mas no pudiendo bajar mu-
cho su precio á causa del recargo, que llevan consigo, cuando prin-
cipia. á escasear el numerario, baja el consumo. De esta verdad no
puede dudarse con solo que se atienda á la situacion, en que se
hallan los muchos artesanos despedidos de las fábrica~. Si el dinero
abundase, esta clase que en el dia se halla sin tener donde ganar
uu jornal, y en el estado de mayor indijelicia. consumiría los mis-
mos artículos que antes solia consumir.


Trataré de los datos, de que no se hacen cargo los que aseguran
esa abundancia de metales precios03 suponiendo gratuitamente que la
importacion del dinero es la misma qne era. Estos datos deben de-
jar poca duda de que su a8ercion es equivocada. La Europa no es




62


cosechera de· oro y de plata, sino en una cantidad mui in!lignifican-
te con respecto á la á que estaba habituada. La importacion ha dis-
minuido cuando mCnos en siete octavos. La exportacion de la plata,
metal, que en razon de cantidad se regulaba circular en proporcion
de sesenta y cuatro á uno con respecto al oro, ha continuado como
anteriormente. ¿ Con qué datos pues podrá apoyarse esa mayor ó
igual abundancia de dinero en la Europa, cnando para pagar el
solo artículo té, consumido en toda ella, se exportaba acaso mas de
una mitad del que producían todas las minas del nuevo mundo? Si
se calcula la diminudon que hubo en la entrada del dinero· desde
el año de 1821, en que se verificó la independencia total de Me-
jicoJ no podrá dudarse que en Europa debe actualmente escasear mu-
cJ;lO la cantidad necesaria para conservar su industria. Aunque sin
datos oficiales que no tiene el único gobierno que tiene reconocida la
independencia de la América, porque no se toma en sus aduanas
razon del dinero que se introduce, no creo equivocarme, si 'computo
que solo en estos cinco años ha menguado la importancia usual de
de este artículo en mas de trescientos y cincuenta millones de pesos.
Supongo que ascienda á cincuenta millones el capital traido por los
Españoles residentes antes en América, emigrados por la variacion del
sistema político, suma mayor de la que he oido calcular á varios de
los mas ricos, que eran los que podian est.ar mas enterados. Supongo
que. ascienda á treinta y cinco millones, lo que se ha recibido durante
este tiempo en Inglaterra por el comercio hecho con todo aquel con.
tinente, descontado el importe de las producciones que de alli se ha-
yan traido. Supongo por último que monte á otros treinta y cinco
millones lo que se haya recibido por las demas naciones Europeas, que
tienen posesiones contiguas, habituadas á hacer el contrabando; sumas
todas abultadas y que juntas, componen la total de ciento y veinte·
millones. El producto oficial de las minas, que antes pertenecian á
España y Portugal; producto, que se importaba íntegro á Europa,
montando á la cantidad anual de sesenta millones, en los cinco años
debia formar una entrada de trescientos millones. A esta suma hai
que agregar veinte millones de pesos, que c:itlculo ser el dinero efec-
tivo, que por sus empréstitos hayan sacado de Inglaterra los nuevos
gobiernos de la América Española, primera cantidad de este artículo,
que haya vuelto al pais cosechero. De todo re~\1lta, que por la di-
minucion verificada en estc solo periodo, sufre la Europa un deficit




de doscientos millones de pesos, que hubieran entrado, si la impor-
tacion periódica hubiese continuado, cual era antes de las inquietudes
de la América. Si á, esto se añade un tercio mas del producto ofi-
cial de las minas del nuevo mundo, que tambien venia á Europa, que
era lo que, segun 108 cálculos de los inteligentes en la administracion,
no pagaba el impuesto del quinto, que exigia el gobierno al coseche-
ro, ten.drémos que el deficit total sube á la suma cuando menos de
trescient.os y cincuenta millones. Sí en este cálculo se comprende la
diminucion, que desde HnO, en que comenzaron las inquietudes en la
América Española, hubo en el producto mismo de las minas, halla-
rémos que el deficit que sufre la Europa es muy considerable. Su-
poniendo (cálculo á mi ver mui moderado), que desde aquella época
no haya menguado la importacion periódica, mas que treinta milloues
de pesos por año, es decir, con corta diferencia una tercera parte de
la cantidad comUDínente beneficiada é importada; el deficit total re-
sulta ser de cuatrocientos y ochenta milloues de pesos, suma cuya falta
en la circúlacion, no puede ménos de influir extrao~dinariamente en
la industria y el comercio de Europa.


Palio á examinar el resultado mas interesante, que hai que calcu-
lar en el suce~o de la independencia del nuevo mundo, á saber, si
la Europa podrá en lo sucesivo atraer la cosecha de los metale\! pre-
ciosos, á, q~e estaba habituada, y sin la cual no creo que ninguna
nacion de esta parte del globo pueda consei'var su industria, soste-
ner sus cargas, satisfacer las comodidades, con que todas se habian
conaturalizado, y sobre todo impedir el desnivel repentino de los
precios de todas las cosas, desnivel, que verificado de repente no
puede dejar de producir consecuencias \ muí tristes, y que considero
como la Gausa de todas las desgracias que me persuado tienen que
seguirs~. El no haber ocnrrido la menor duda acerca de la posibi-
lidad de atraer la Europa la cosecha, que ántes atraia, es en mi con-
cepto el motivo de que ni un solo escritor ó político Ingles, ni de
otra nacion, á, lo ménos que yo sepa, haya indicado ni aun indirecta
ó accidentalmente la verdadera causa de la actual situacion de la
Inglaterra, y lo es iguall!lente de que asi en el Parlamento como por
los escritores se haya hablado con tanta obscuridad y divergencia en
un asunto tan sencillo y de tanta gravedad.


Para hacer mas palpable la imposibilidad, de que la Europa atrai-
ga en lo sucesivo esta cosecha, no juzgo superfluo detenerme á, ma-




64
nifestar los medios, de que para atraerla se sirvió España. En se~
guida trataré de hacer ver que la Europa no podrá conseguirlo por
su comercio é industria debiendo ser el resultado, si no se suhstitu-
ye pronto un equivalente, la decadencia total de estos ramos de
pública prosperidad, que tienen· que ir en una disminucion progresiva
miéntras que el interes, que produzcan, no sea proporcionado al ca-
pital ya invertido, lo que no es posible, á ménos que á la pérdida
de la cosecha, que los alimentaba, reemplazca otra igual, ó á no ser
que se restablezca el nivel destruido, nivel que no se reparará. en
muchos siglos sobre todo si la América, á tantos alicientes como
naturalm~nte tiene para atraer la industria, añade el de una ~'erda­
dera libertad.


La España no atraia esta cosecha por sus producciones y manufac-
turas, ni, como se ha creido, por el monopolio, que hacia de la in-
dustria de las demas naciones Europeas, pues los artículos qe indus-
tria Enropea que se enviaBan á la América no eran ni con mucho
suncientes á satisfacer la prodigiosa cantidad de los productos natu-
rales, que de alli retornaba el comercio Español. La atraia por me-
dios meramente opresivos. La atraia, porque el gobierno despues de
tomar el precio de la propiedad del terreno mineral exigia por el
permiso de benenciar las minas un quinlo del producto total de los
metales elaboradoll, contribucion tan excesivamente crecida que sí no
hubiese medios de eludirla haría al nsco dueño de éasi toda la uti-
lidad. El gobierno atraia el oro y la plata obligando á los coseche_
ros á presentar en la casa de la moneda una cantidad de metales
proporcionada á la de azogues, que les yendia, y que era, la que se
contemplaba necesaria para su elaboracion. El gobierno atraia este
producto exigiendo el impuesto de fabricacion, qne aunque no cre-
cido en la apariencia daba lugar á muchos fraudes, y de este modo
venia á serlo. El gobierno arrancaba de la América todo este pro-
ducto, porque 105 mas de los grandes cosecheros, á quienes se con-
cedia el privilegio de serlo, eran Españoles que remitian á la Península
sus nuevos caudales. El gobierno paraque estos metales no se de-
tuviesen en el pais, en que se extraian, ejercia un monopolio mer-
cantil, que no se consideraba como contribucion, v~ndiendo á precios
njos y dictados á medida de su codicia los géneros en que él eJ¡.clusi-
vamento traneaba. El gobierno para conseguir el mi.mo objeto no
permitia el comercio de los demas artículos sino por medio de un




65
monopolio concedido durante' el primer siglo del descubrimiento del
nuevo mundo solo á los Españoles de la corona de Castilla, exten-
dido des pues á los de la corona de Aragon. El gobierno con el
intento, de que el oro y la plata del nuevo mundo viniese á la Pe-
nínsula, babia probibido cultivar las cosechas aun mas conaturales
y de uso el mas comun, cuyos frutos pudiesen llevarse de España,
cuales eran la de vino, aceite, lino, y otros frutos, la cual probibi-
cion solia variar respecto de algunos frutos siendo respecto de otros
general para todas las provincias. El gobierno bin perder nunca de
vista esta idea habia prohibido establecer fábricas de toda especie
de manufacturas. no exceptuadas aun las de géneros mas groseros, y
de mas comun consumo, como lienzos, paños, papel, &c. El gobierno
no concediendo ningun destino de consideracion á los naturales del
país, señalando grandes dotaciones á los públicos funcionarios, y no


,


siendo jamas mui escrupuloso en contener los abusos introducidos por es-
tos para acrecentarlas, habia descuPierto otro medio mui eficaz de
transportar á la Península el numerario de América. El gobierno por
medio de los supremos tribunales y secretarias establecidas en Ma-
drid para decidir y arre~lal' los derechos, disensiones y solicitudes
particulares de mayor interes de los súbditos Americanos lograba ex-
traer grandes cantidades de dinero. El gobierno agotaba gran parte
de esta cosecha por medio de una multitud de preocupacionefl reli-
giosas, con que al propio tiempo creia consolidar y conservar BU do-
minacion en aquellos ~distantcs y va~tos paises. El gobierno final-
mente atraia el 01'0 y la plata por medio de contribuciones (llamadas -
donativos) para ooras, que se hacian en la Península, y que nunca
se suponian acabarlas con el objeto de que el impuesto continuase,
tales como el palacio de Madrid, el puente largo de Aranjuez, la
catedral de Cadiz, y otras. El gobierno Portugues atraia por iguales
medios, y por otros, si eabe, aun mas opresivos, la pedreria y el oro
de las minas y lavaderos del Brazil, cosecha iguallllente perdida para
la Europa una vez independiente aquel pais. Por demas sería dete-
nerme mas tiempo á probar, que el gobierno Español no podia atraer
por otros medios que los que fue~en opresivos la cosecha, de que
se trata, cuando voi á manifestar, que el comercio y la industria
Europea no solamente no son suficientes para atraerla por entero, pero
ni aun para atraer una fracciono


El Continente Americano, la parte mas vasta del Globo y la mejor




66
situada para 'hacer el comercio, es tambien la mas felizmente dota-
da por la 'naturaleza. Mas feraz que ninguna otra produce artículos
preciosos, exóticos varios de ellos de todo otro clima, y que hoi son
poro menos que de primera necesidad por el uso general, que de ellos
se hace, tales como la grana, añil, algodon, café, azucar, cacao, palos de
tinte, maderas, quina, zarzaparrilla, carey, platina, vainilla, y otros varios
artículos, sin que le falte una sola produccion, de cuantas son indí-
genas de nuestro coutinente. Destruidos por el simple hecho de la
independencia de la América, los. medios opresivos con que se le
arrancaba la cosecha Íntegra de los metales preciosos ¿ cómo será
posible que en lo sucesivo deje de estar en su favor la balanza
del comercio, cuando las producciones sobrantes de su suelo son de
mncho m~yor valor que las nuestras, en mucho mayor cantidad, y
sobre todo, cuando tienen en Europa un número incomparablemente
mayor de consumidores qud el que puedan tener en el nuevo mun-
do los productos Europeos? La América aun sin industria siempre
tendrá una cantidad mucho mas grande de artículos mas preciosos que
enviarnos que la que pueda enviarlé la Europa de géneros mui in-
feriores en valor. La América independiente ofrece una uueva sali-
da á sus metales preciosos, por medio de la cual sin necesidad de
que vengan á Europa, no llegarán jamás á envilecerse, en cuyo úni-
co caso esta p,odría hacerse con una parte de ellos. Destruidos los
medios opresivos, con que se le arrancaban, y en libertad para cul-
tivar todos los ramos, que producen la verdadera riqueza, ¿ no tiene
que disminuirse la representativa, y aun cuaudo esta no se dismi-
nuyese, aumentándose la representada no tiene aquella que adquirir
mayor valor, y 'Por consiguiente ser para la Europa mas dificil su
adquisicion r Suponer pues que Ía Europa sea capaz con su indus-
tria de pagar la- cantidad prodigiosa de producciones Americanas, que
solia consumir, y ademas la cosecha Íntegra de sus metales pre-
ciosos en mi concepto es un cálculo, qne no puede sostenerse con
ningun fundamento. Si la industria y el comercio por sí solos fue-
se.!! capazes de atraerla ¿ por que hoi la Inglaterra, la nacíon mas
comerciante é industriosa del Globo, haciendo exclusivamente el co-
mercio de la América no puede ni aun atraer el numerario suficien-
te á mantener sus fábricas, y mas cuando la América no ha tenido
todavía tiempo para establecer las cosechas, que se le llevaban de
España, ni para formar una marina mercantil, que exporte sus pro-




67
ducciones al punto del mundo en que mas valgan? (De que me-
dios se servirá en lo futuro la industria Inglesa para conseguir lo
que en el dia no consigue? ¿ Cómo podrán atraerla aquellas otras
naciones, cuya industria, comercio y;' marina no están tan adelanta-
dos? Cómo podrán atraerla las que absolutamente carE'cen de fábri-
cas y de marina? ¿ Cómo estas podrán consumir á la Inglaterra
la..'1 manufacturas qne le consumian, y que mas ó ménos le pagaban
las mas con un producto Americano? Lo que sucede ya en el dia
¿ no acredita practicamente mi cálculo, y no hace ver cuan vanas
é infundadas son las aserciones y esperanzas de los que sostienen
otra opinion? Aun cuando se quisiese suponer, que la América ade-
lantada su iudustria ha de consumir mayor cantidad de productos
nuestros, sin que en esa misma proporcion se consuma en Europa
mayor cantidad de producciones Americanas, el periodo, que debe trans-
currir, antes que llegue ~sta época, aunque no excediese de veinte
años, ¿ no sería suficiente para que desapareciese por entero, cuanto
constitu)e la prosperidad de la Europa? No atrayendo esta la co-
secha, que alimentaba su industria, ¿ podrá dejar de trastornarse su
actual sistema político, cuyos gastos no podian soportarse ni aun por
las naciones mas industriosas? La repentina independencia de la
A~rica verificada sin las anteriores disposiciones, que debian tomar-
se á fin de precaver la crisis, que amenaza á la Europa, ¿ dejará de
producir igualmente una retrogradacion en las luzes, cuando estas son
el resultado de las comodidades y riqueza de la sociedad perfeccio-
nada? Las naciones mas comerciantes siempre fueron y serán aque-
llas, en las que mas progresen las ciencias, porque no pueden me-
nos de ser las que tengan mas productos sobrantes, ó, lo que es un
equivalente, las que tengan mas medios de mantener mayor número
de personas dedicadas exclusivamente á cultivarlas. j Sncesos de me-
nos importancia no causaron igual trastorno en los imperios mas flo-
recientes de la antigüedad!


Paso á la última parte, en que trato mas bien de indicar que de
examinar, cual sea el remedio. La independencia de la América está
dictada por las leyes de la naturaleza, que jamas se contrarian sin
perjuicio de los que lo intentan. Cualquiera esfuerzo á resistirla no
serviría sino para agravar mas y mas los males de la Europa ente~
ra. Los verdaderos intereses de las naciones están tan ligados entre
sí que solo la irreflexion ó las pasiones pueden creerlos opuestos. Es-




• 6S
pafía iududablemente -es de todas las naciones Europeas, la que mas
debe ganar- en este suceso. Para convencerse de esta verdad, basta-
ría cotejar el poder y la prosperidad de la Península durante los dos si-
glos anteriores al descubrimiento del nuevo mundo con el poder y
prosperidad, que disfrutó desde esta época, e11 la que principió la
decadencia de su industria por una consecuencia necesaria de susnue-
vas posesiones. Prescindiendo de la inju.~ticia y de la opresion, que
necesariamente han de acompañar á las disposiciones de un gobierno,
que manda á pueblo8, que se hallan á tres ó cuatro mil leguas de
distancia, la historia de la Europa moderna no ob:ece el ejemplo de
un solo establecimiento de colonizacion, que haya producido á la Me-
trópoli otra verdadera ventaja que la de satisfacer un vano orgullo
á costa de grandes sacrifieios sin ninguna ventaja real. Los que ha
cost.ado á la España la conservacion de sus colonias, á pesar de no
ser Sil, sistema mas defectuoso que' el adoptado por las otras nacio-
nes, que tenian establecimientos ultramarinos, son demasiado notorios
para que pueda dudarse, que es de su interes la independencia del nue-
vo mundo. Lo único en mi modo de ver que exijia una política
bien entendida, ó, lo que es igual, el interés general asi de Eu-
ropa como de América, era que un suceso de tanta trascendencia se
hubiese verificado precediendo un tratado, por el cual reconociendo
solemnemente la España la independencia de la América Española se
arreglase al propio tiempo lo suficiente á evitar, el que quedase com-
prometida, como lo está en el dia, la prosperidarl de la Europa.
Interesados todos SUB Gobiernos en precaver los males, que deben
resultar de la pérdida comun de la cosecha en cuestion, en mi con-
cepto deben apresurarse á que se repare esta falta, lo que no pue-
de verificarse sin que ante todas cosas se haga el reconocimiento
Ilolemne de la independencia del nuevo mundo. Convencido de que
la Europa no podrá atraer el oro y la plata de América en la. can-
tidad á que estaba habituada, y que sin ella es necesario, que sn in ....
dustria sufra una total decarlencia, no resta otro medio de destruir
el mal que descubrir dentro de la misma Europa la fuente, que pro-
duzca la cantidad de metales preciosos suficiente á suplir la pérdida,
que ha sufrido. El remedio no puede ser tachado con fundamento
de insuficiente: podrá serlo de dificil ó de impracticable. Acerca de
la probabilidad de poder ser realizado me limitaré á decir, que á.
menos que resistamos el testimonio asi de los antiguos como de los




69
sabios modernos, que se ocuparon de este asunto, nO puede dudarse.
Lo único que hai que hacer, para que se descubra el manantial ee
destruir los obstáculos, que se oponen á que el individuo tenga el
verdadero interés que debe tener en descubril'lo, dandole una sólida ga-
rantia. En mi concepto ni hai otro remedio, ni sin él en la parte
mas ilustrada del Globo deja de verificarse el cambio mas peligroso
y funesto, que jamas produjo acontecimiento alguno.


Aunque el asunto, objeto de este escrito, no se extiende á ningu-
no de los males, que son parciales á Inglaterra, sino que se limita á.
tratar del extraordinario, que incomoda á la Europa entera, con to-
do confieso, que me arredra la idea de publicar mis observaciones
acerca de una materia, que tanto ha ocupado y tiene que ocupar á
los sabios de esta nacion tan ilustrada igualmente que á los sabios
del· Continente entero. Lo que me hizo prescindir de este temor, ha
sido 13 consideracion de que, aun cuando me equivoque acerca ue la
verdadera causa del mal, en su indagacion no puede darse á la ma-
teria la claridad que requiere, mientras no se analizen los resultados
que debia producir el importante suceso de la independencia de la
América considerado bajo el punto de vista, en que lo presento al
público.


SEGUNDA PARTE


o SEA


Contestado n á los argumentos hechos contra lo que se acaba de
exponer.


Publicado el anterior escrito traducido al Ingles y al Frances por
varios Escritores de estas dos Naciones se hicieron muchas impugna-o
ciones, en que se trata de manifestar, que la causa del mal extraor-
dinario, que en el dia incomoda á la Europa, y principalmente á la
Inglaterra, no puede ser, la que yo indico. A tres se reducen los ar-
gumentos, de que hasta ahora tengo noticia. Primero: que en el mer-
cado de Europa el premio del dinero está mas bajo que en ninguna
época anterior, prueba indudable de su abund_cia. Segundo: que la
causa no puede ser la que yo ~nuncio no habiéndose sentido sus efec-
tos en catorce años, pues que segun mi cálculo, la diminucioD en la




70
entrada periódiea del dinero, que venia de América, comenzó en 1810,
y el mal no se sintió hasta 1824. Que si la no usual entrada, que
de· este artículo hubo en la Península hizo á los pocos años del des,
cubrimiento del nuevo mundo bajar el valor del dinero seis tantos con
respecto al que tenia antes de dicha época, siendo cierta la dimin~ucion
actual, no hubieran podido pasarse catorce .años Bin que se hubiesen
sentido los efectos contrarios, y que por lo mismo los hechos, en que
me apoyo, sacados de lo que refiere Garcilaso en su historia del Perú,_
lejos de corr()borar mi idea deben servir para hacer la deduccion contraria.
Tercero y último: se reduce á decir, que el oro y la plata son com-
pletamente suplidos por las Notas ó papel-moneda de los Bancos, por
las letras de crédito, y por otros agentes de la circulacioD, y por con-
siguiente que la falta del dinero, como que nada importa, no puede
ser la causa del mal, que yo trato de descubrir.


Respuesta al argumento primero.


El dinero puede venderse ó alquilarse, como se vende ó alquila un
caballo, una casa ó cualquiera otro artículo, mas como al devolver el
género alquilado es necesario, que al propietario del caballo se le en-
tregue idénticamente el mismo, que habia salido de su poder y al pro-
pietario del dinero, aunque es necesario devolverle igual cantidad no
hai que eutregarle las mismas idénticas monedas que habia desem-
bolsado, á causa de esta diferencia entre el alquiler del dinero y de
lo que no lo es, suele comunmente confundirse el alquiler Con la venta
del dinero. Así es que en este sentido equivocado, aplicando á los
efectos del alquiler, ó llámesele locacion, el principio que solo puede
convenir al contrato de compra y venta, generalmente se dice, que
el premio ó interes del dinero es el termómetro de su abundancia ó
escasez: que el interes baja cuando el dinero abunda, y que sube cuan-
do el dinero escasea, porque con este artículo sucede lo que con to-
da otra mercancia, que se abarata en razon' de su abundancia, ó se
encarece en razon de su escasez.


Para poder satisfacer al argumento creo necesario exponer ciertos
principios, que aunque no ignorados de ningun economista deben servir
á demostrar mis r¡tzones y á desvanecer el raciocinio, con que se pre-
tende destruirlas. El dinero se alquila cuando el dueño por un pre-
mio ó interes estipulado lo entrega durante Un cierto periodo á otra




71
persona 'llara que haga uso de él con la obligacion dé devolverle no
las mismas idénticas monedas sino igual cantidad. Bien que algunos,
por la circunstancia de no devolverse las mismas monedas, califiquen
este contrato con el nombre de mútuo y no con el de alquiler, es
indudable, que difiere esencialmente del de compra y venta,' en
cuyo caso el propietario, que se deshizo del dinero, no vuelve á reoo-
jerIo, y en nada sustancial difiere del contrato de alquiler, por cuanto
al propietario, aunque no se le devuelven las mismas monedas, se le
devuelve una cantidad, que tiene garantido por la lei y por la opi-
nion igual valor que tenia, la que habia salido de su poder. El di-
nero se vende cuando, el que lo tiene, lo cambia por una tierra, una
casa, un vestido, el trabajo diario de un operario, cuando en fin se
deshace de este artículo en cambio de otra cosa, que no sea preci-
samente dinero. Está. barato cuando por la tierra, la casa, el vestido,
ó el trabajo diario del operario se da mayor cantidad de la que so-
lia darse en otra época teciente. En la actualidad todos se qut'jan
de que el precio de la tierra, de la casa, de los géneros 'manufactu-
rados, y de los salarios de los artesanos, está. muy bajo. Si, como
es la, verdad, el valor de todas las cosas cambiadas por dinero está.
muy bajo, el, dinero no puede menos de estar mui caro, ó, lo que
es lo mismo, no puede menos de escasear mucho. ¿ Como pues sin
detenerse en confesar lo primero, ó á lo menos, sin atreverse á negarlo,
para sostener que hai en Europa 'mayor abundancia de numera'fio que
en ninguna época anterior, confundiendo el alqui!er de este artículo con
su venta, se incurre en la contradiccion de decir, que todo está boi
barato, dinero y lo que se compra pOI" dinero? ¿ Puede dudarse de
la mala aplicacion del principio, cuando en cambio de otros artículos
se recibe en el dia mucho menos dinero que el que se solia recibir
por otros iguales en cantidad y calidad, es decir cuando el dinero se
vende mucho mas caro que en ninguna época anterior reciente?


¿Estos mismos datos no destrnyen completamente la asercion de un
escritor Frances, uno de los mas célebres economistas dé la Europa,
cuandÓ al impugna~ mi escrito asegura, que la crisis de la Ingla-
terra lejos de qué proceda de la escasez del dinero, al contrario pro-
cede de que su dinero, gracias á. los Bancos de Londres y de las pro-
vincias ~e ha multiplicado excesivamsnte ~ ¿ Puede haber un testimonio
menos equívoco de la a¡;tual escasez de numerario que el haberse en-
carecido este artículo y haberse abaratado todas las cosas; que con




72
él se compran ~ Si fuese cierto el dato de haberse multiplicado ex·
cesivamente los medios de la circulacion, justamente esta medida hu-
biera producido los efectos contrarios: se hubiera abaratado con pre-
cision el papel ó el dinero, y se hubieran encarecido todos los de-
mas artículos. En Inglaterra no es el dinero ni el papel, .el que ca-
yó en desprecio, sino todo lo que estos agentes de la circulacion re-
presentan, prueba evidente de la escasez, que yo aseguro, pero deje-
mos esta digresioll para acabar de satisfacer al argumento, que nos
ocupaba.


Aunque es inegable que en un· orden natural de c?sas el premio bajq
del dinero indiea su abundancia, tambien lo es que nunca puede in-
dicarla, cuando en la sociedad los tratos son violentados por algun
accidente ó circunstancia particular, que contribuya á disminuir ó au-
mentar' el número de los que toman á interes el dinero. Trataré de
demostrar esta verdad. Los ónicos que toman en el mercado el di-
nero son los comerciantes y alguna vez los fabricantes, que lo alqui-
lan con el objeto de destinarlo de una manera, que segun sus cál-
culos con la venta de los artículos, en que piensan emplearlo, han
de recoger una cantidad ig1lal al capital alquilado, que tienen que
reintegrar y al illteres que han estipulado pagar, y ademas otra su-
ficiente á. recompensar su trabajo, sus gastos y los riesgos, que tie-
nen que correr. Cuando calculan que no hai probabilidad, de que el
capital, que se alquilase, produciría estos dos intereses, se abstienen
de alquilarlo por barato que esté el precio de su alquiler. Estas cir-
cunstancias, por escasa que Rea la cantidad de dinero presentado en
el mercado, siempre sobrará, ó hablando mas exactamente siempre
faltará.n, quienes lo soliciten, sin que su sobra deba ser un testimo-
nio de su abundancia, como tampoco debe serlo de su escasez el pre-
mio alto, ni el qne se alquile todo el presentado en el mercado. Es
solamente la probabilidad del segundo interes y de ningun modo la
abundancia ó escasez, lo que constantemente regula la baja ó la su-
bida del premio, que se le da en el mercado. La experiencia, de lo
que sin interrupcion acaf'ció en España desde el descubrimiento del
nueyo mundo, no puede dejar la menor duda de esta teoría. En Es~
paña desde dicha época entraba casi todo el dinero, que circulaba
en Europa, y á pesar de esta abundancia en ninguna otra nacion el
interes del dinero fue tan subido sin que pudiese dejar de serlo mien-
tras los Españoles hiciesen el comercio exclusivo del nuevo mundo,




73
pues en este comercio los que alquilaban el dinero, hallaban l)fO-
babilidad de satisfacer el interes estipulado no obstante &er mucho
mas subido que en el resto de Europa, é igualmente le hallaban de
satisfacer con mayor exceso que en otra parte el interes ó premio,
que merecen el trabajo, intelligencia y riesgos de los que lo alquilan.
Por desgracia tan cierta y notoria es esta asercion que el premio
excesivo, que por la causa indicada se daba en España al diner{l.
fue lo que de repente destruyó la a¡!'ricultura y las fábricas, no siendo
p6IIible emplearse ni en aquella ni en estas un capital, que produjese
un interes tan alto, ni hallarse á premio mas bajo, mientras el co-
mercio de América fuese tan lucrativo que pudiese alquilar el dinero
á precio tan subido y desproporcionado, al que podian pagar los otros
ramos de industria. El comerciante que antes en Sevilla y despues en
Cadiz, los dos únicos puertos, que alternativamente hasta en 1778
hubo habilitados para las expediciones de América, empleaba 1,000 pe-
!i0s en mercancías para remitir á Veracruz, tenia todas las probabi-
lidades, que caben en un negocio de esta naturaleza, que á la 111:-
gada al puerto de su destino las vendería en tres mil. Aunque es-
tipulase' pagar á la vuelta del viage, que se suponia ser en un prin-
ci'pio al año, y posteriormente á los seis meses, un cincuenta por ciento
á riesgo de mar, como se expresaba siempre en el documento del con-
trato, que fue el premio comun en los dos primeros siglos de cono-
cerse la América, 6 el treinta y seis por ciento, que fue el de la
época sucesiva, le quedaba una ganallcia mucho mayor que la que so-
lian obtener los comerciautes de las otras naciones, aunque tomasen
el dinero á un tres por ciento. En razon de esta mayor ganancia
debia aumentarse alli el número de los que solicitasen alquilar el
Mne,ro, y que ofreciesen mayor premio para conseguirlo, siendo el
resultado final, que nada quedase sobrante, aunque en aquel merca-
do hubiese, como en realidad habia, mayor abundancia de este ar-
tículo que en ningun otro de Europa. Es pues evidente que el pre-
mio del dinero no es el termómetro de su abundancia ó escasez.


Si hoi está al uno y medio ó al dos por ciento, cuando jamas en
otra época bajó del tres al cuatro, ¿ por qué en vez de atribuirl() á
la abundancia de este artículo, cuando no puede dudarse, que se dis-
minuyó su importacion, no se ha de atribuir á la escasez de los que
lo 801ieitanl' motivatia por la dificultad de hacerle producir? Dismi-
nuido el dinero, 'lue salia haber en circulacioll, mientras el valor del


J




74


que queda existente, se nivela con el predo de todos los otros artí-
culos, que solian comprarse, por el pronto tiene que disminuirse el
consumo: disminuido este tiene que disminuirse el comercio: dismi-
nuido el comercio tiene que aminorarse el número de los que solici-
tan tomar dinero en alquiler: y siendo menos los postores de este
artículo con precision o.ebe bajar el premio ó interes, que por él se
dé en el mercado.


Si no hai guerra, ni peste, ni' hambre, y todos los artículos abun-
dan sin exceptual' el dinero, ¿ qué mal es el que aflige á la Inglaterra
actualmente? Si todos los géneros están baratos y lo está igualmente el
dinero, ¿ qué es lo que está caro, siendo lo uno correlativo necesario de
lo otro'? ¿ Cómo es que en medio de tanta abundancia millares
de individuos, que dos años hace gozaDan de una subsistencia, aunque
frugal, con que estaban contentos, pasan á un estado de mendicit!ad
que no pueden soportar} ¡ En que renuncios y contradicciones no. se
incurre por sostener una preocupacion, principalmente si una vez nos
ha lisonjeado, y nos puede aun lisonjear! No habiendo menguado la
poblacion de .la Europa, ni en sus habitantes el deseo de gozar, la
diminucion en el consumo, quc es lo único, que causa la ruina del
comercio y de las fábricas, ¿puede proceder de otro origen que de
la dificultad ó imposibilidad de pagar los artículos que solian consu-
mirse? Faltan quienes alquilen el diuero, porque los que acostumbra-
ban tomarlo, calculan no poder recojer con el capital, que alquilasen
otro mayor, y suponer, porque haya lo menos, que es el dinero ofre-
cido en el mercado, que haya lo mas, que es el dinero, que de-
bia recojerse de los consumidores, si hubiese en circulacion la canti-
dad acostumbrada, en mi sentir es una deduccion igual á la de su-
poner, que porque exista la cantidad de grano suficiente para hacer
una sementera, dcbe existir una cantidad tan grande, como la que re-
sultaría de su bnena cosecha. El interes del dinero,. invencion del co-
mercio, mengua á proporcion que este desaparece.


Prescindieno.o de las razones, que acabo de exponer, citaré un tes-
timonio oficial, que no solo destruye completamente el argumento sino
que comprueba todos mis anteriores cálculos, pues que hace ver el
gran déficit que hubo en la importacion usual de los metales pre~
ciosos. Segun la memoria de 1826 presentada por el Gobierno de
Méjico al Cuerpo Representativo, el producto de las minas del año
anterior no excedió de 7.000,000 de pesos. Si pues al cabo de cinco





años de paz y de independencia las minas de la Nueva España, las
principales de toda la América, no producen Ull8 cuarta parte de los
metales preciosos que de aquella sola parte se importaban á· la Pe-
nínsula, ¿ como es posible q.ue haya en circulacion en Europa una
cantidad. de dinero como la que habia anteriormente? La escasez
general de este artículo ¿ podia 'menos de paralizar la industria, de
disminuir el consumo, y de aminorar el nÍimero de los que solicitasen
el dinero para emplearlo? El estado pues oncial del presento pro-
ducto de las minas del nuevo mundo hace irrecusables todos mis cál-
culos y patentiza la verdadera causa del mal, á menos que se haga
ver que la industria, el comercio y la agricultura de Europa pneden
conservarse con igual prosperidad con una octava parte del dinero
que antes empleaban.


Respuesta al argumento segundo.


Sin duda este argumento tendría toda la fuerza, que suponen los
que lo hacen, si una circunstancia, de que se desentienden, ó de
que no hacen atencion, no hubiese paralizado temporalmente el efecto,
que sin ella antes hubiera debido producir la diminucion en la en-
trada del dinero. En Europa habia fuera de circulacion lin repuesto
de numerario mayor que la cantidad, qué debia venir de América en
los catorce años, y los Gobiernos inventaron el medio de sacarlo de
los ·cofres, en que se hallaha. Los empréstitos hechos por la mayor
parte de ellos principalmente por el de Inglaterra y el de Francia
desde 1810 hasta 182Í, en que supongo la casi total falta de la
importacion de dinero, que venia de América, componen una canti-
dad, que excede con mucho á la de 480.000,000 de" pesos, en que yo
computo el déficit total, que hubo en la usual comun entrada de este
artículo hasta en el dia. El dinero puesto por los capitalistas en un
empréstito nunca es ni puede ser el que tienen en circulacion, sino el
que tenian guardado en sus cofres. Por poco que se reflexione acer-
ca del dato de los muchos y crecidos empré8tito~ públicos, que se
hicieron en tan corto periodo, el solo deberá disipar toda duda sobre
la verdadera causa del mal, y corroborar mis deducciones acerca de
ella. Sin que en este periodo de once años hubiese bajado el valor
del dinero mui considerablemente no podia haberse puesto en circu-
lacion una suma de esta entidad, si 'la importacion periódica de este'




76


artículo 110 hubiee8 sufrido la baja, que supongo, y si la· importacioD
no hubiee6 crecido en razon del aumento, que con respecto á la can-
tidad, que debia importarse, tuvo el dinero desenterrado por los em.,.
préstitos. Ademas de estas cantidades no puede dudarsc, que otras
varias de importancia, aunque mucho menores, se pusieron tambien
en circulacion en este periodo. Algunos Gobiernos echaron mano de
la plata de las iglesias para acuñarla, y aun alguno exijió para el
mismo tlbjeto, la que tenian los particulares para el servicio domés-
tico. El clero Español, la corporacion tal vez mas rica de Europa,
para sostener el sistema, de que pende su opulencia y predominio, tu-
vo que agotar sus tesoros henchidos durante muchos años. El hom-
bre adinerado habituado á cierto tren y comodidades, cuyas rentas ó
prodnctos principiaron á menguar por una consecuencia del mal gene-
ral ó por otra causa parcial, antes de disminuir considerablemente el
gasto y tono, á que se habia acostumbrado su familia, regularmente
habrá. hecho uso del dinero que tenia ahorrado y fuera de circulacion~
Todas estas cantidades, y algun aumento de papel. moneda, que tam-
bien tuvo lugar en esta misma época, puestas en giro, no podían
dejar de ser un equivalente muí completo del dinero, que faltó en la
importacion usual, que anterionnente se hacia de América. Yéase
como los efectos de este déficit no debieron sentirse durante los ca-
torce años, de que se trata en el argumento. Los empréstitos cesan
y la importacion del dinero queda enteramente obstruida en 1821,
Y los efectos comienzan á. sentirse mui luego. A menos de ponerse
en contradiccion con sus mismos principios los autores del argumento
no pueden menos de convenir, en que, si; bien sus razones serían in-
destructibles sin la circunstancia de los empréstitos, siendo esta ¡ne-
gable, el argumento DO puede menos de convertirse en una demos-
tracion de mi raciocinio. Si como dicen, y como es indudable, el
efecte, que en catorce años hubiera causado la falta, que supongo
en la importacion de la moneda, sería alzar el ~alor de esta con-
siderablemente, los empréstitos, por cuyo medio se duplicaría 6 tri-
plicaría el dinero en circulacion, si su entrada de América hubiese
continuado como antes, hubieran producido el efecto contrario, lo que
tampoco se ha verificado. La diminucion pues, que yo anuncio, que-
da acreditada por el mero dato de los cuantiosisimos empréstitos, que
se hicieron en tan corto periodo sin que el valor del dinero hubiese
bajado. Causas tan diametralmente diversas y tan simultaneas no po-




77


dian menos de neutralizarse mutuamente, y contener... los efectos, que,
cualquiera de ellas hubiera producido por si sola.


Respuesta al argumento tercero.
Si los autores del argumento quieren suponer, que el papel-moneda, ó


las letras de créJito, sin tener el que lo emite, ya sea un Gobierno, ya un
particular, medios de des contarlo en dinero efectivo á voluntad del porta-
dor, no puede ser un equivalente completo de este artículo, en este caso
no pueden menos de reconocer la total falacia de su raciocinio, ó mas
bien no pueden menos de reconocer, que no hai objeccion en lo que dicen.
Mas si con el argumento quieren suponer, que el papel ya de un Gobierno
ya de un particular, sin probabilidad de poder estos des contarlo en dinero
efectivo á voluntad del portador, esun medio supletorio del oro y de la plata,
en tal caso ¿ porque no se aceptan las letras de un banquero puesto en quie-
bra, y porque el papel del Gobierno Español no tiene en el dia el mismo
ya]or que el papel del Gobierno Ingles, y el papel de este porque no tiene
el mismo valor que si fuese dinero? Semejante argumento, por respeta-
bles que sean sus autores, ¿ no equivale á decirnos que han descubierto la
piedra filosofal sin necesidad de grande8 ni complicados aparatos? ¿ Podrá
un Frances ilustrado, que conozca la triste historia del papel moneda de
su pais estar convencido de que el oro y la plata se suplen completamente
con estos agentes de la circulation, sin que el portador de ellos esté se-
guro de su descuento en dinero efectivo? ¿ Será creible que un hombre


• de la probidad y de la opinion del que me hace el arguolento, conociendo
el secreto de suplir completamente el oro y la plata con papel-moneda no
hubiese remediado los embarazos y el descrédito del Gobierno de su
Patria, por haber este emitido un papel, COll el que ningun oro ni plata se
llegó á suplir? Me sorprende ciertamente ver entre los escritores que
me hacen este argumento, al sabio economista Juan Bautista ~ay, que
acababa de criticar la Obra de Mr. Sismondi titulada Nuevos principio.
de Economía, en cuya illlpugnacion presenta como una de las principa-
les causas de la actual situacion de Inglaterra, el que precisados lo,
BancoI de Londres y de las Provincias á pagar sus empeños (es decir
á descontar su papel) y no teniendo verdadero. capitales se han hallado
en insolvencia. Si como es indudable 108 citados Bancos se acaban de
ver en insolvencia por falta de verdaderos capitales, ¿ no se deduce evi-
.dentemente que el oro y la plata no pueden ser suplidos completamente
por las Notas de Banco, ni por otro jénero de papel-moneda? Si fuese
cierta la aBercio~ que fO\'ma el argumento ¿ á que necesitarían los Bancos




78
de verdaderos capitales para salir de sus apuros? Y si este desastre pro-
vino de no tener verdaderos capitales las corporaciones Inglesas, que mas
obligadas estaban á conservarlos, ¿ como puede ser cierto que "la crisis
de la Inglaterra lejos de proceder de"la escasez de la moneda, proviene
de que esta se ha multiplicado excesivamente?" Semejantes racioci-
nios en boca de un economista del mérito de Say, en mi concepto son el
testimonio menos equívoco de lá exactitud de cuanto expongo, pues que
no cs verosimil, que hubieran podido ocultársele objeciones mas sólidas, si
se pudiesen hacer contra mi escrito.


Ademas de estos argumentos por aquellas mismas personas, que recono-
cen no ser otra que la que yo descubro la causa del mal, se sostiene que
no puede convenirse conmigo en los res"ultados, que preveo. De ningun
modo se conforman cou la idea, de que la Europa no atraerá en lo suce-
sivo la plata, que atraia por la intervencion de España. Sin tomarse el
trabajo de satisfacer á las mzones, que en apoyo de mi opinion yo babia
expuesto, y ,sin atender á lo que hoi eatápasando, pues si la industria
Europea por si sola fuese capaz de atraer una cantidad tan grande como
anteriormente se atraia, en la actualidad lo "erificarÍa ya la de Inglaterra,
la cual uo ha :podido conseguir el atraer ni aun la suficiente para alimen-
tar sus fábricas, se lisoujean pronosticando resultados contrarios, á los que
-yo preveo. Los unos ayoyan su opinion, en que habiéndose formado en
Londres muchas sociedades para trabajar las minas, no puede dejar de
venir á Europa por este medio una gran parte de la cosecha de los meta-
les preciosos. Otros aseguran, que por los medios, por los que las demas
naciones Europeas extraían de España toda la cosecha, que venia del
nuevo inundo, que por los mismos la podrán extraer directamente del pais
cosechero, pues de otro modo llegarían á envilecerse alli los metales pre-
ciosos, ó á ser enteramente inútiles. Otros por último afirman, que si el
impuesto del quinto sobre el producto neto de las minas arrancaba á la
América una gran parte de esta coseeha, haciéndola venir prematura-
mente á España, semejante impuesto no podia menos d ... e hacer que fuese
"mas caro este metal. Que siendo el efecto del diezmo sobre lacosecha
-del trigo hacer que este artículo se venda á precio mas alto, con la aboli-
ciQn del quinto, doble diezmo, que pagaba la cosecha de la plata, esta
tiene que abaratarse, y que de consiguiente la Europa deberá comprarla
mas barata, y recibir por esta razon mayor cantidad sin la intervencion de
España. Responderé por el mismo orden, en que acabo de referir estas
opiniones.


...




79
Aun cuando las minas de oro y plata beneficiadás por cuenta de


una sociedad establecida á muchas leguas de distancia, y en una na-
cion diferente pudiesen dejar igual ganancia que al propietario, que
diariamente inspecciona los trabajos, lo que no es verosimil, y mucho
menos si se atiende á que en poco bulto, se puede extraviar mucho
valo~, la cantidad de metales, que pudiesen recibir las compañías In-
glesas, aun contando que estas fuesen dueños de todas las minas, sería
tan insignificante con respecto á la que antes venia á Europa, que
ciertameni:e no merece entrar su cálculo en la cuestion, quc se dis-
cute. Los economistas Españoles, que han tratado de esta materia
regnlan, que el interes, que solia producir el capital empleado en be-
neficiar minas de oro y plata, computadas las ricas y las estériles, no
excedia de un cuatro á un cinco por ciento. Sería pues superfiuo de-
tenerme mas tiempo en rebatir un cálculo, que solamente puede aluci-
nar á los que carezcan de todo conocimiento en la materia.


Por ,-arias razones mui poderosas conjeturo, que la Europa no po-
drá extraer de América por los mismos medios una cantidad igual á
la que sacaba de España. Los grandes desaguaderos, por los que se
escurrieron los inmensos caudales, qu~ le vinieron de América, no
fueron la industria y el comercio de las otras naciones. Aunque es
inegable que la industria en la Península llegó á sufrir la mayor de-


• cadencia, efecto de una reunion de causas, que no pUE,den dejar, de
acompañar á un sistema de gobierno, que tiene por bases la intole-
rancia política y religiosa, tambien es igualmente cierto, que en ninguna
nacion de la Europa el pueblo disfruta de menos comodidades artifi-
ciales, ni conoce menos necesidades facticias, á causa de lo apacible
de 511 clima. Sus producciones agrícolas de mejor calidad en lo co~
mun que las de lo general de la Europa, y aun algunas exclusiva-
mente indígenas de la Península, eran _ suficientes para pagar los pocos
artículos de manufacturas extrangeras, que sus naturales solian con-
sumir. Los grandes desaguaderos por donde saliero~ todos sus cauda~
les fueron las guerras, que por tantos años sostuvo el gobierno en Flan.
des é Italia manteniendo en estos paises crecidos ejércitos, que ago-
taban la poblacion y - el dinero; fueron 10R favores y los privilegios
concedidos á los extrangeros durante la dinastía de la casa de . Austria,
favores, de tal entidad, que la opinion de Jos sabios Españoles· de
aquel tiempo los consideró como una de las principales causas del
empobrecimiento de la Nacion, y que no poco contribuyeron áencen-




80
der la guerra civil de las Comunidades de CastilJa: fueron la am-
bicion, ó si se quiere el fanatismo de Felipe n, quien con el pretexto
de religion para promover y sostener las inquietude3 interiores de la
Francia, y para destruir las reformas religiosas de la Inglaterra, y de
una parte de la Alemania no reparaba en dejar á la Nacion entera-
mente exhausta de dinero: fueron los inumerables impuestos, con que
la COrte de Roma supo constantemente recargar á España por m~diQ
de la multitud de abusos, que constituyen el dominio espiritual, que
sobre' ella ejerce. Sin contar las inmensas sumas de dinero, de que
en el tránsito á España se hicieron presa otras naciones, aun sin estar
en guerra y mas principalmente con ella, fueron por último los de-
saguaderos, por los que se eseurrió el dinero de España, los crecidos
subsidios concedidos á varios Gobiernos ya para empeñarlos á una guer-
ra, de que ningun fruto podia sacar la Nacion, ya para comprar una
paz vergonzosa, ó para formar una alianza, que no tenia otras ba-
ses que los sacrificios pecuniarios, que se estipulabau pagaría la Ka-
cíon Española.


La América por su distancia y por sus diferentes intereses jamas •
podrá ofrecer á la Europa como le ofreció la España estos medios dp.
adquirir el dinero. La Europa en lo sucesivo no puede contar con
otro medio de extraer el dinero de América que el de su industria,
y esta, como se ha dicho, no es creible, que sea suficiente á pagar
las ricas producciones de aquel pais, que mas ó menos consumen dos-
cientos millones de Europeos, cuanto ni mas para atraer toda su cosecha
de oro y de plata. La independencia y los intereses de América tienen
que producir una revolucion completa en el comercio del globo entero,
y que hacer variar el curso del dinero, circunstancia, que por si sola
d(:be alterar todo el sistema económico de Europa. El mercado del
Asia, por cuantos respectos se mire, no puede menos de ofrecer á la
América muchos' mas alicientes que los que le ofrezca el mercado Eu-
ropeo, y sin los riesgos y temores, que por algun tiempo tiene que
inspirarle la Europa. ¿ Con qué fundamento puede conjeturarse que
libres los Americanos, para hacer el comercio en todos los puntos de
la tierra, para cultivar y obtener de su suelo á menos costo todos los
frutos, con que les snrtia la España, y para establecer las fábricas,
que la opresion no les habia permitido formar, y para llls que tienen con
abundancia, y de excelente calidad primeras materias, la Europa, la
parte menos importante del globo, por lo que mira á su extensioIl




81
y á la calidad de sus producciones naturales, haya' de recoger como
hasta aqui la cosecha íntegra de sus metales preciosos, y que
los Americanos no hayan de darle otro giro? ¿ Por qué lei descono-
cida en la naturaleza el pais, que eu último resultado absorbia toda
la plata Americana, á pesar de tener esta que dar la vuelta al globo
entero, de pasar por inumerables manos, y de vencer muchas barre-
ras, dejará de atraerla en lo sucesivo no existiendo ninguno de
estos obstáculos y habiendose acortado la distancia en mas de dos
tercios: Yo jamas he sostenido ó indicado, como se supone en una
impugnacion, la quimérica idea, de que la cosecha Íntegra del oro y
~e la pIafa debería detenerse en el pais, que los produce. Calculo
si que el mercado del Asia, aun cuando la cosecha de la plata lle-
gase á ser llIas abundante que hasta aqui, la atraerá en mucha ma-
yor cantidad que el Europeo, y que por este motivo no vendrá á Eu-
ropa, ni con mucho la que yenia. Calculo por las razones que luego
diré, que la cosecha de los metales preciosos debe disminuirse por mas
que se mrjoren los métodos de beneficiarla, y por mas que queden abo-
lidas las contribuciones que sufria este ramo de industria. Calculo, que
con la 801a independencia la América debe aumentar muchísimo su pobla-


,cion, y que en razon de este aumento tieue que detenerse alli en circu-
lacion mayor cantidad de dinero, sin que el valor de este artículo
decaiga. Calculo, que los Americanos con industria ó sin ella podrán
retener fuera de circulacion cuantas cantidades de dinero sean imaginables
sin que su valor decaiga. Calculo que la América independiente tiene
que aumentar muchísimo su verdadera riqueza, y que en esa misma razon
tendrá menos necesidad de desprenderse de la representativa, Calculo,
que aun cuando los nuevos Gobiernos 'Americauos por efecto de la misma
preocupacion que padeció el Gobierno Español, tratasen desde hoi de
fomentar las m'iI¡as, estas en muchos años no producirán tanto como pro-
ducian. Calculo que los medios opresivos, de que se valia el Gobierno
Español para atraerá Europa los metales preciosos, no se pueden reem-
plazar con los productos sobrantes de esta teniendo la América en mayor
abundanCia y de mayor valor otros productos con que pagar los Europeos.
Repitiendo lo miomo que se halla en mi escrito, y no lo que en la impug-
nacion de Juan Bautista Say se me atribuye haber dicho, que aunque
hoi los Ingleses y los comerciantes de torta Europa traen algun dinero de la
América del Sur, que antes no traian directamente, todo él 110 excede de
una octava parte del que autes se importaba por la intervellcion de EspJ'l~


K




82
ña, calculo finalmente, que con solo verificarse algunas de estas conje-
turas, sí la Europa dentro de su mismo suelo no se asegura una cosecha
equivalente á la perdida, sufrirá en su industria y en sus luzes una deca-
dencia, cuyos resultados son incalculables. Causas grandes producen
efectos grandes. El suceso de la independencia de la América, el mayor
en mi concepto; de que hai noticia en la historia de las naciones, no puede
men03 de producir novedades de la mayor importancia en el comercio y
por consiguiente en el sistema político. El nuevo mundo, bajo cuantos·
sentidos se mire, es mucho mas privilejiado por la naturaleza que el
antiguo. Si llega á consolidarse 'alli la libertad, y si llegan á goza:rse los
frutos que esta produce, la América tieue que obtener inmediatamente
sobre las otras partes del Globo aquella influencia, que necesariamente
ejf'rcen los seres poderosos sobre los que no lo son tanto.


Afortunadamente para la América sus minas no producen la cuarta
parte de lo que producian, y no es probable que jamás su cosecha lle-
gue á ser tan.. abundante COmo lo fué bajo del sistema del Gobierno
Español, el que al mismo tiempo que prohibia todo ramo de ver-
dadera riqueza, fomentaba el beneficio de las minas aun á· costa de •
una conscripcion la mas injusta, llamada mita, por la cual eran des-
tinados á trabajos forzados hombres, que no eran delincuentes, y á
quienes se les daba no un salario estipulado, sino dictado por el mis-
mo Gobicrno. AUIl suponiendo que la aplicacion del efecto, que pro-
duce la contribucion del diezmo sobrc los frutos, que no se consu-
men, debiese admitirse en una cnestion, en que se trata de la co-
secha de nn artículo, que no se consume, 110 por eso debe calcular-
se, que abolido el quinto, que pagaba la de la plata, esta se abarate,
por cuanto con quinto ó sin él no puede menos de disminuirse con-
siderablemnnte. El capitalista Americano, que emplee sn caudal en
un establecimiento agrícola ó fabril, con muchos menos riesgos y cui-
dados debc sacar un producto incomparablemente mas crecido que si
lo emplease en beneficiar minas de oro y de plata. No digo que
no haya nn caso particular, en que suceda otra cosa: calculo
resultados generales. Prescindiendo del interes pecnniario, móvil de-
masiado poderoso, el aliciente q'W el hombre tiene en dar un testi-
monio de su poder y riqueza, no puede menos de inclinar por mucho
tiempo los caudales de aquellos naturales ácia semejantes estableci-
mientos en un pals en estado de infancia, sin los cuales desaparece to-
da idea de verdadera civilizacion y grandeza. Aquellos gobiernos, si




83
consultan el intercs público, no pueden dejar de penetrarse, de que la
riqueza de América. nunca será mayor porque lo sea la cantidad de
metales, que se extraigan de sus minas. El valor de esta cosecha,
á diferencia de la de productos, que se consumen, no se aumenta
por aumentarse su consumo y cantidad, sino por aumentarse los artÍcu-
los que ella tiene que representar. Deben penetrarse, de que siendo
igual el valor de una cosecha, como de ciento al que tendría si fuese
de doscientos, no puede convenir ni á sus mejoras económicas, ni á
¡;u libertad misma fomentar este ramo. Finalmente deben conocer,
que siendo la mayor poblacion útil de un pais una de las primeras
bases de su prosperidad y riqueza, y que no pudiendo haber un tra-
pajo mas perjudicial á la salud, y por consiguiente á la reproduccion
del hombre que el de las minas, no puede convenir el fomentarlas
en un pais tan despoblado, y que mas bien que ningun otro, aun en
igualdad de terreno, puede dar subsistencia á mayor poblacion.


Algunos recordando males, que mas ó menos sufrian anteriormente
todas las naciones Europeas, y cuyos efectos no podian dejar de hacer-
se mas sensibles con los del mal extraordinario, á que me he contraí-
do, aseguran, que la causa, que yo descubro no es la úuica. Si se
conviene en que la diminucion en la entrada periódica del dinero 'es
en parte origen del mal de que se trata, ¿ cómo podrá serlo lo que no
tenga una intima analogia con la no importacion actual de este "artí-
culo ~ Si se desea hallar el verdadero remedio es necesario no equi-
vocar el origen del mal.


No se trata de una cuestion de literatura: se examino. un nego-
cio de interes general, el mas grave, en que jamas se ocupó Gobier-
no alguno. Procurar desconocerlo ó disimular su importancia no puedo
concebir que produzca interesá ninguna nacion. De lo que se adopte
ó no se adopte en orden á reparar la pérdida comun de la cosecha
de los metales preciosos, con que se sostenia la industria Europea,
en mi sflntir, pende la prosperidad, ó decadencia de esta gran sociedad.


----000---




LITERATURA Y BEl,LAS LETRAS.


Epiwme de la historia de A.mérica desde su descubrimiento hasta '"
..emancipadon. (*)


Miéntras duró la lucha contra Inglaterra, las treze provincias que com-
,


ponian la nueva república de Norte América habian obrado de concierto,
y los intereses particulares de cada estado nunca prevalecieron sobre el
interes general. Supliéronse los gastos de la guerra con empréstitos, con
la emision de papel moneda y con los sacrificios voluntarios de losciuda-
danos, quedando contraida una deuda de 60 milloues de duros. Para pa-
garla y hacer frente á los gastos del gobierno, se necesitaban impuestos y
un sistema rllgular de administracion. Esto fué caysa de que los intereses
particulares recobrasen su imperio. Se manifestó un partido cuyas pre-
tensiones eran que cada estado conservase la plenitud de la soberanía;
que no hubiese ejército, y que una banearrota general removiese la nece-
sidad de establecer contribuciones. Contra este partido, llamado demo-
crático, se form6 el federalista, cnyo principio fundamental se esplica,
por sn mismo noÚlbre. Al fin vino á triunfar este, porque así debia
suceder en medio de la total ruina del crédito público é individuaJ,
de la suspension del comercio y de las estrechezes que por todas
partes importunaban. El año 1787 se reunió en Filadelfia una jUlltá,
la cual, á los cuatro meses de asiduo trabajo, presentó á la nacion
americana la constitucion federal que todavía la gobierna, y que ha
fundado su properidad. Conservó cada estado la administracion de sus
intereses locales; el gobierno central se ·compuso de un presidente y
de un vice-presidente elejidos para tiempo de cuatro años, y de UII
congreso con dos cámaras: la de representantes, que se renueva por
entero de dos en dos años: y la del senado, que en el mismo pe-
ríodo recibe de nuevo una tercera parte de sus individuos. Esta
constitucion, adoptada desde luego por onze de los treze estadosj"ué
proclamada en 17t:l8, y mas despues se adirieron tambien á ella el
de la Carolina septentrional y el de Rhode-Island. La presidencia
recayó en Washington, quien desempeñó por dos vezes esta supre-
ma maj istratura; se repnso el crédito de la república con la fidelidad


(*) Coutiriuad .. de la pago 347 del tomo VIde la primera serie de este
periódico.




85
en cumplir las obligaciones contraidas durante la guerra; las inva.
siones de los indios del Oeste fueron rechazadas por un cordon de
tropas arregladas; se fund6 la marina americana; se engrandezió el
territorio de los Estados Unidos por medio de adquisiciones de . tier-
ras inmensas habitadas por los salvajes del Oes.te; la administracion
de los terrenos nacionales quedó arreglada, y se puso entre las atri-
buciones del gobierno central; y se ajustó un tratado de comercio
con la Inglaterra. Todas estas mejoras se hizieron luchando CO'Iltra
la fuerte resistencia que opuso el partido democrático. Los emineu-
tes servicios de Washington y sus virtudes no pudieron eximirle de
la censura, ni aun de los tiros de la calumnia, y se retiró de los
negocios públicos lleno de disgusto. En la eleccion de su sucesor,
que fué Mr. Adams, tambien triunfó el l>artido federalista; pero no
fué reelejido para la presidencia, i desde 1802 han sido nombrados
dos vezes por la mayoría democrática los ciudadanos Jefferson, Ma·
di son y Monroe.
Baj~ la presidencia de Madison se encendió la guerra contra la


Gran Bretaña, y en ella conoció la república, por una parte sus fuer-
zas y recursos, y por otra los vicios de su sistema de administra-o
cion. Viéronse los Estados Hnidos precisados á declararla p01' los in-
sultos hechos al pavellon americano, y sobre todo por el derecho de
visita y de leva de marineros que se arrogaban los buques ingleses (*).
La marina se componia oe un corto número de fragatas y berganti-
nes; el ejérzito estaba sin fuerza y mal mandado; las costas, sin
defensa. Esto proporcionó al principio grandes ventajas á los ingle-
ses: en el Canadá tuvo que capitular todo un ejército americano;
la indisciplina de las milicias por todas partes acarreó desastres y
quebrantos, y no se pudo ménos de consentir en que se volviese á
formar un ejérzito de línea, que sirviendo de centro y de apoyo á
las miljcias nacionales, las hizo en efecto mui útiles. Los pocos bu-
quee de guerra americanos se ilustraron con heroicas acciones; pero
no los habia bastantes para defender las costas, y asi fueron tilladas
desapiadadamente por las escuadras enemigas. Los ingleses se inter-
naron agua arriba por el Potomac, y derrotando al general Winter,
que no habia podido reunir los continjentes de los estados, entraron


(*) El 19 de junio de 1812, declaró la guerra el presidente, despues de
Haberse· decidido la CUBStiOIl por el congreso.




86
en la ciudad de Washington é incendiaron t.odos los ediflci08 públi-
cos. Pero aquí pararon todos los triunfos que consiguieron en esta
guerra. Los americanos se mostraron todos á cual mas enérjicos y
zelosos en rechazar á un enemigo, que al parecer quería competir con
los mismos salvajes en lo bárbaro. La ciudad de BaItimore, defen-
dida por el yecindario rechazó á los ingle$es de sus muros; los la-
gos Champlain y Erie presenciaron la derrota de las escuadras y de
los ejércitos del Reino Unido. La Luisiana, que en 1803 fué comprada
por los Estados Unidos á la Francia en 80 millones de francos, y
que pel'tenecia al territorio de la Union, se vió atacada por un ejér-
cito de 20 mil ingleses; pero el general Jackson, que voló á la
defensa de la Nueva Orleans con las milicias de Tennessee, alcanzó
la gloria de obligar al enemigo á: retirarse matándole 2 mil hom-
bres (*). En aquella ocasion los colonos de oríjen frances dieron
muestra de aquella aptitud militar que todas las naciones reconocen
en la francesa.


Escarmentado con tantos reveses, renunció el gabinete ingles al em-
peño de recolonizar la América; tirmóse la paz en Gante (t), y
el 22 de febrero de 1815 fué proclamada en los Estados Unidos.
A Madison sucedió Monroe en la presidencia, y con su moderacion
y prudente conducta contribuyó á que se olvidasen las denominaciones
de federalistas y demócratas. La república se ha resarzido fácilmen-
te de los daños causados por la guerra, y son inmensos los progre-
sos que ha hecho en la pr?spel'idad. En 1819 la España tuvo que
cederles las dos Floridas, cuya defensa no estaba en su mano, y que
servían de albergue y punto de retirada á los foragidos indios, .ne-
gros 6 ingleses, que formaban un cuerpo bajo el nombre de semino-
les. En lo tocante á los asuntos de Europa, se estableció para con
tildas las potencias el sistema de reciprocidaa en punto á relaciones
de comercio. El· gabinete de Washington se ha mantenido rigoro-
samente neutral; pero ha anunciado que no Fufriria interveneiOlt al-
guna estranjera en la cuestion de las antiguas colonias españolas (:j:).
Las nuevas repúblicas de Hispano-América han sido reconocidas como
estados independientes por aquel gobierno, ajustando con ellas trata-


(*) El 8 de enero de 1813.
(t) El 24 de diciembre de 1814.
<t) Téngase presente que despues acá la política del gobierno de Washing-


ton ha retrocedido de e¡;te paso tan avanzado. (Notlil del traductOl·.)




87
dos de comercio y amistad. Ha tomado' varias dispoaiciones para la
destruccion del tráfico de negros. La deuda nacional va disminu-
yéndose rápidamente por medio de la amortizacion. Las rentas pú-
blicas se componen casi en el todo de lo que producen 10~ derechos
de importacioD, y la marina ha recibido un fomento considerable. El
sistema de defensa se ha completado, y' todos los años se hacen
nuevas compras de territorio á los indios. Nunca se ha visto un pue-
blo que presente un cuadro de incremento y prosperidad como el
que ofrecen los Estados U nidos.


Actualmente comprende esta república una superficie de 2.076,400
millas cuadradas. Conforme á un artículo de lao constitucion, el cen-
so de la poblacion se saca de diez en diez años : hízose el primero
en 1790 y la presentó de 3.210,326 habitantes. El segundo la au-
mentó á 5.219,762: en el tercero llegó á 7.239,903; en el cuarto,
que {:s el de 1820, ascendió á 9.638,2] 6, de los cuales eran escla-
vos 1.538,118. Por donde se ha visto que la poblacion de Jos Esta-
dos Unidos tiene de 20 en 20 años un aumento progresivo del do-
ble. Desde que se adoptó la constitucion federal, se han admitido
otros nueve estados en el gremio de la Un ion, y disfrutarán de este
mismo derecho otros tres territorios mas, luego que su poblacion lle-
gue al número que se requiere para poder enviar un representante
al congreso (*). Las posesiones inglesas de la América del Norte
nnnca podrán rivalizar con los Estados Unidos, estando romo están
diseminadas en una inmensa extension de terreno, donde el rigor del
frio se opone á la fuerza reproductiva y estorba los progresos de la ,
poblacion. En el Canadá. se cuentan 400,000 habitantes; el Cabo-
Breton, la Acadia, las islas de San Juan, Terra Nova, Labrador y
la Nueva Gales, no son mas que unos establecimientos para la pesca
ó para el comercio de pieles, y suponen mui poco en punto á po-
blacion. Los indios que aun son independientes no pueden ya atajar
los 1lrogresos de los aJiglo-americanos; en el dia se hallan alongados
detrae de los montes de roca "iva al occidente, y se calcula que no
pasan de cuatrocientos mil, divididos en una multitud de naciones que
se miran COIl un odio llereditario. Por el tratado de Gante se acor-


(") Los nuevos estados son: Alabama, Misisipí, Lllisiana, Tenessee, Kentucky
Ohio, Indiana, Illines y Missollri. Los territorios son los de Michigan, Ar-
kansllS y las Floridas,




88
dó entre la Inglaterra y los Estados Unidos el no molestarse' mn-
tuamente para' el comercio de pieles con aquellos indios' por término
de diez años;


Si los Estados Unidos fueran las únicas colonias que se hubiesen
emancipado de la autoridad de la metrópoli, los enemigos de la liber-
tad podrian ver la causa d~ ello en las' instituciones que desde el
principio gozaron' los establecimientos ingleses; pero las metrópolis
que no concedieron instituciones han perdido igualmente sus colonias,
y la América del Sur al cabo ha seguido el ejemplo de la del Nor-
te (*). En aquella parte del nuevo hemisferio se principió la revo-
lucion en un pais y'por unos hombres de quienes se creia estar irre-
vocablemente y para siempre sujetos al réjimen coloniaL La isla de
Haití, primera tierra americana ocupada por européos, tambien ·fué
la primera que sacudió el yugo. Antes de 1498 ya éxistiaen ella
una colonia fundada por Cristóbal Colon.' Los españ'oles destruyeron
coa las armas ó con el ímprobo trabajo de las minas toda la pobla-
cion illdíjena que se cree llegaba á un millon; tiempo despues me-
nospreciaron aqllella poses ion por atender á· las minas mas abundan-
tes del continente; desde 1630 se establecieron en ella algunos
colonos franceses, y en 1697 la España cedió á la Fraucia la parte
occidental de la isla que Colon llamó Hispaniola, y que vino á que-
darse; con el nombre de Santo Domiago, que era' el de su capital.
La colonia francesa tuvo grandes crezes; el año de ! 789 habia euella
11 ,500 plantaciones de azúoar, añil y café; su' p~lacion se 'com-
ponia entónces de 303 mil esclavos negros y 131 mil.'mulatosy
blancos. La condicion de los esclavos era desgraciadísima;' los '!Uu·
latos nacidos del comercio de los colonos con las negras, eran mu-
chas vezes reconocidos por SUB padres por herederos de sus bienes,'
mas no por eso dejaban de e8tar privados ele todo derecho político.
Mucho tiempo hacia que aguantaban con impaciencia la inferioridad
de su suerte, cuando la revolucion francesa, comunicándose á las tolo-


(*) Cualquiera que fuese la predisposicion que ya se hacia sentir en to-
dos los dominios españoles para una reforma de instituciones, y que la pre-
sentaba necesaria, cl'cemos que, tanto en la Península como en América, se
adelantó la revolucion por circunstancias tan imprevistas como' cstraordÍ:la-
rias, y que por consiguiente muchos de sus resultados no han podido propor-
cionarse á la justa medida de 10convenHmte, pasada la cual, los riesgos y
las dificultades son muí gran(\<,~ y de larga duradon, (Nota elel ¡raeluctor) ,




89
nias, les prometió que Se les aplicarian los principios de libertad é
igualdad. En efecto, recibiérollse favomblemeute en la Convencion
las reclamaciones de los mulatos de Santo Domingo, y por decreto
de 15 de mayo de 1792, se les concedió el derecho de poder per-
tenecer á las asambleas coloniales; mas era tal la influencia de los
criollos, que este derecho llegó á revocarse por el de 24 de sep-
tiembre del mismo año. Los mulatos, léjOil ;de renunciar al de.cecho
que habian adquirido y que sostenian los negros, rompieron en una
bruerra de las mas crueles contra los blancos, y se apoderaron de
Cabo-Frances el ]3 de junio de 1793. Desde entónces los colonos
blancos se declararon contra ·la revolucion francesa; se negaron á re-
cibir las tropas que iban á socorrerlos, y ayudaron á los ingleses á
conquistar algunas plazas. El 4 de febrero de ] 794 la libertad de
los negros fué proclamada por la Convencion. Los ingleses fueron
echados de la isla, y los blancos degollados ó forzados á la fuga.
Toussaint Louerture, cabeza de este movimiento, dió una constitu-
cíon á la isla el 9 de mayo de 1801 j la esclavitud qued6 para sient-
pre abolida, } la autoridad de la metrópoli desconocida enteramente.


Despues de la paz de Amiens, el primer cónsul se empeñó en
reconquistar á Santo Domingo euviando un ejército de 25,000 hombres
á las órdenes del general Le-Clerc. Este guerrero y la mayor parte
de sus soldados_ sucumbieron á los rigores del clima, y el único fruto
de aquella espedicion fué el apoderarse por medios vergonzosos de la
persona de Touflaint Louverture, para traerle á Francia á morir en un
calabozo; En 1803, las l'eliquias del ejército que mandaba Rochambeau
lIe rindieron á. los ingleses por no caer en manos de los nl!gros, y
desde aquella época ha sido independiente la isla de Santo Domingo.
Dessalines, hombre sanguinario, uno de los caudillos en la última
lucha, se proclamó emperador, de Haiti, en 1804 con el nombre de
Jacobo I. El año de 1806 pereció este ambicioso en un movimiento
popular, y tres lugartenientes suyos se dividieron la vacante. En 1811
vió el Cabo-frances á Cristóbal coronarse emperador con el título de
Enrique 1, organizando su corte al remedo de la imperial de Fran-
cia (*). En la parte montuosa de la isla se mantuvo Felipecapita-


(4) El almanaque de la corte de Cristóbal ha sido ocasion de risa y buila
para la vieja Europa, que, al ver los títulos de duque de Limonada y de
Mermelada, le ha olvidado de que sus propios títulos feudales no son ménos
ridícl:lol.


L




90
neando á los negros que le seguían. Petion, mulato instruido, fundó
una república, y puso todo su conato en pulir é ilustrar al plleblo
en la parte meridional de la isla. Despues de su muerte, acaecida
en 1816, el general Boyer, homhe de un carácter elevado y noble,
sucedió en el mando; y tuvo la dicha de afianz~r para siempre la
independencia de la república de Haiti. El ridículo imperio de Cris-
tóbal desapareció con su jefe, á quien asesinaron sus propios soldados;
muerto Felipe, no, hubo nadie que le sucediese ; la parte española
fué conquist~da, y el rei de Francia reconoc~ó eu 1825 la indepe.n-
dencia de Haiti mediante una indemnizacion de 150 millones de fran-
cos. En el dia toda la isla es Tejida por un, mismo gobierno, que
se Ilompone de dos cámaras representa~ivas y del presidente, cuyo cargo
es electivo y de por vida. La isla de Haiti, llamada con razon reina
de las Antillas, tiene 30,000 millas cuadradas de superficie: reune las
producciones. mas ricas del globo, y hai en ella minas de toda espe-
cie; su poblacion va creciendo con rapidez, y actualmente pasa ya de
un millon. En virtud de un tratado con 108 Estados Unidos, los ~e­
gros que viven en el territorio de esta república puede» estable«;:erse
en Haiti, la cual por este medio logrará tener muchos, habitantes in-
dustriosos y mas instruidos que una gran parte de 108' suyos.


Bien pueden las casualidades precipitar las grandes revoluciO,nes de
los estados,· pero la primera cansa de ellas siempre se encontrará en
la necesidad absoluta de las cosas. Así puede decirse que la revo-
lucion de los Estados Unidos no fué. motivada por ,el impuesto sobre
el té, ni la de Santo Domingo por el decreto de la. Conven~ion na-
cional; y así tambien es evidente que la separacion de las colonias
españolas de su metrópoli se apresuró ciertamente por el tratado de
:Sayona de 1808, pero la causa de este acontecimiento' está, por una
parte en el desarrollo y madurcz. á que. habian llegado aqueUas c()-
lonias, y por otra cn el sistema vicioso Y absurdo del gabinete de
Madrid, del cual hubiera sido ridículo esperar la menor mejora. (*)


(") M~cho decir es esto; Si en tiempo de Carlos 111 se h~cieron, como áu-
tes hem06 Dotado, considerables mejoras eu el sistema colonial, ¿ por qué no
le hubian de esperar dp una revolucion, cnyo ipteres era aventajar la suerte
de 109 españoles de ambos bemisferios? Los peninsulares en la misma cons-
titncion sancionaron sus derechos y los de sus hermanos de ultramar. Otras
que las que aquí se insinúan son las razones que justifican la independen-
cia de Hillpano-América. Perdónesenos la repeticion de la defensa, por la re-
peticion del ataque. (Nota de! traductor).




91


Cuando llegó á América la noticia de 1m! sucesos de Bayona, el primer
sentimiento que se manifestó en aquellos habitantes fué el de una justa
indignacion contra la alevosía con que el emperador de Francia habia
logrado la cesion d~ la corona de España. En la península misma se
formó nna jnnta bajo el título de junta suprema de gobernacion de
Esptlña é Indias, la cual envió diputados á todas las provincias de Amé·
rica reclamando la obediencia á sus órdenes, y anunciando haber sido re·
conocida por toda España. Pretendia al mismo tiempo igual supremacía
la regencia que, al salir para Bayona, dejó Fernando VII establecida en
Madrid; finalmente, la junta de Asturias se declaró con derecho á ser la
reguladora, y fallÓ que á ella pertenecia ejercer la autoridad suprema en la
ausencia y cautividad del monarca. (*)


Miéntras que cada español pretendia tener derecho de ~obeTllar los
reinos de las Ir;dias, sobrevino una circunstancia que· aumentó las dificul·
tades en las colonias. Siguiendo el ejempio de los altos funcionarios de
todos los paises, los vireyes y capitanes generales, ménos el virei de
Méjico, se mostraron dispuestos á reconocer la abdicacíon de Bayona
y los derechos de José Napoleon. Pero el pueblo estaba mui ajeno
de pen5ar así; ecbó á los enviados franceses, quemó públicamente
las órdenes firmadas por el consejo de Indias, y obligó á los gober.
nadores á proclamar solemnemente á Fernando VII. Para no verse
engañados, y no sabiendo á qnien obedecer en España, los americanos
siguieron el ejemplo de la península, formando en cada estado una junta
compuesta de lo&' ciudadanos mas recomendables (t); y al mismo tiempo
para sostener á la metrópoli en la lid contra la Francia, enviaron


(*) En todas las provincias de España libres de franceses, no solo en la
de Sevilla, se formaroIi juntas provisionales de administracion, mas Iiinguna
se llamó suprema de España é India$. Qniso la de Sevilla abrogarse este tí.
tulo, mas no le "fué reconocido, y desistió de él. Ninguna eDvió diputados
á reclamar exclusivo reco.lOcimieDto de parte de los americanos, púo todas
los excitaron á la union Con los peninsulares para rechazar la invasión, y al
en vío de subsidios por los conductos acostumbrados: La de Asturias tampoco
pretendió ser reguladora; en lo que se adelantó á las· otras fué en pedir
cortes generales y que se celebraseD en su territorio, foindándose á la verdad
en razones mas especiosas qne sólidas para esta prefereDcia. j Ojala. que desde
luego se hubiese podido establecer en la Península UDa autoridad central para
todo-s los dominios españoles! De. este modo acaso' hubieraD tomado otro rumbo
los aSlInto's de América, y arregládose sin venir á nD rompimiento ni perju-
dicar los derechos de ninguDa de las partes. (El traductor.)


(+) Tan· á los principios DO bubo UDa junta en cada estado de América;




en el espacio pe u~ . mes á. l~, juUt::l ~~ntral; que se h~l>iaJOI;mado; en
Sevilla, ja .ca~tidad de 90 ~iIlQn~$ de pel!9s (~"). Aq1j.t;lla jun,til Co/"
respoIÍ!1i~ con tanpo,ca gratitud á. este rasgc;¡ dll generQ$idad,q~,;~llvió
ll11.eVOS gobernadores á. AlI!éric;a" con. elen~~rgo de. suprilllir l~ jll~ta!l
coloniales, y los comisjonado~ .10 ~ograron valiéndqse de .lapf!r&diay
de la, mano que les. dieron los españoles <;le. nacimiento. Eu varias
partes fueron presos y quitados del.medio los voCllles deaqu~las juntas,
y se restableció el. de!,potismo mas completo.(t).


1 mposible . era qne durasen. las cosas en tal esta.do. .llaMaus.e. l\COSp
tumbrado los criollos á examinar sus derechos y á. convencerae de lo
absurdas que erau 11\s pretensiones de los españoles; así fué que
á las. primeras noticias de haberse dispersado la junta central en 1810.
e~talló de nuevo la revolucion y se hizo general. A fines. ·(le aquel
misllloaño,. ya se habian formado juntas americanas en CaracaA, en
Sa~ta Fe :de Bogotá, en Chile .. y en MéjicQ. Gobernaban, todavia .en
nombre del rei, y aun quedaban mnchos medios tW:conciliacipn; pel'()
fueron desechados ~u términos. absurdos por la. r~encia, ~sta.blec~da e11
Cadiz, y por las cortes que despues seconvqcaron bajp¡,llt. aut'U"iJiad
de la misma (t). I,.a condllcta de los americap.os fu,é@l.iñ~¡;hu"~ re·


estl,l fué dos I1MS de'pues. . Quizá 00 .pallarán de tres los que las fumaron
en ]a. época á que se alude en este lugar del te~t,o. (El t"aductor).
, (.) La' junta central (entiéndase que no es la. dI! Sevilla. que mendon.a .. el
párrafo anterior del texto) no. se forri:.ó, sino que s~ refujió en' Sevilla cuando
los fnluceses se internaron en las Castillas, (El traductor).


(t) Establecida la junta central, justo y for~80 era que en'todos los do-
llIinios españoles bll}¡iese unidad de accion y de mando. Debieron pues su-
bordinárst>le las juntas de las provincias de América, así como lo hicierou
las .de España. Lllego no fué la ingrl,ltitud ni ningun siniestro contra Amé.
rica lo que motivó la medida de la' supresion de sus juntas. Que se hubiese
abusado en el modo de efectuarla, es otra cuestion que nosotros no disputamos;
pero III qlll! SI! restableció no fué precisamente el despotismo mas completo,
sino el Qrdl!n de cosas anterior, como sucedió en la Penínsu!l\. Este no
era. tan bueno cOmO para ambos mundos lo deseaban los amantes de la li-
berlad, pero tampllcll bahia habido tiempo ni medios de mejorarlo. (El traductor).


(t) El orijen. de los disgustos fué ]a discusion sobre el computo de pobla.
cion que hal¡ia de servir de pie paraque los americanos fuesen representados
en las cOrtes. Preteudían estos que los blancos y las casta~ formasen la base
para fijar el número de diputados, y los peninsulares admitian solo á los crio-
llos y españoles residentes en aquellos pais'3s. Encendillos una vez los ~nimo8,
en pna cuestion que por ambas partes podia sostenerse con mui buenas ra-




belion; 'y se enviaron tropas' españolas á Montevidéo, Veracrllz, Coro~
Panamá, T Santa' Marta, á- pesar de la mucha falta' que_ hacian para
la defensa -de' la Península. En las cortes se trataron con despredo
las reclamaciones de los americanos. Diputado hubo que -decia: "si 10R
americanos se quejan de haber estaño tiranizados por trescientos 'años,
ahora sufrirán el mismo tratamiento portres mil años." Otro se explic~ba­
así: «Si por algo me alegro de la tictoria de Albufera, es porque
ahora podemos enviar tropas para sujetar aquellos rebeldes." Y 'alguuo
56 atrevió á proferir estas palabaas': ce Yo no sé á qne clase de bes-
tias pertenecen lus ameriCanos (*)." Se desechó con desden la me-
diaeion de la Ingllfterra, porque, aegun decian las cortes, no habia sido
solicitada, y se ofrecia con miras siniestras' (-t). Ya desde entónces
no les quedó á las colonias nrngun miramiento que guardar, y el :>
de julio de 18'10, el congreso de Venezuela proclamó la indepen-
dencia de aqupl pais, 'y IU ejemplo fué imitado por la confederacion
de la Nueva Granada y por la' del Rio de la Plat., igualmente que
por las '{imvincias -insurreccionadas dt' Méjico. La guerra contra 1011
españoles tomo .\m eárácter de encarnizamiento, que con propiedail pu-
dO' llamarseguefl'a á. muerte. Pocas vezes se daba cuartel por nin-
guno de los dos partidos, y despues de la 'victoria se mataban los
prisioneros á nngre fria. Los elipañoles diéron el primer ejemplo
de estas crueldades, y las nuevas repúblicas fueron las primeras én
reponer el, resp'eto á los principios de humanidad,


La restauracion de Fernando VII en 1814 no produjo mudanza
alguna en las' cosas de América, Abrazó el rei la tema de .Ia su-
mision absoluta de los colonos, y envió al general Morillo con 10,O()O


zones, . no era difícil que se fomentase la discordia por los intereses an;ílogM
á los que favorecieron la independencia de los anglo-americanos. (El traductor).


(*) Estos vulgares dicharachos, si es que alguna vez se profirieron, ñunca
encontraron cabida en los debates del congreso nacional. La cuestion' de la
independencia de América se ha tratado con el . decoro y gravedad correspon_
diente, salva·la libertad de opiniones, qne ninguno deja de reclamar para
si, y que no todos llevan á bien en los que no piensan como eUos. Si por
el. desentono con'que hablan de nosotros algunos americanos, 'juzgáBemos de la
dignidad :t del seso de BUS compatriotas, cierto que no dan_os una muestra
aventajada de nuestra cordura, ni de nuestra justicia.


(t)" Y las cortes, en buena politica debian proce4er en aquellas circuns-
tancias, con el mas escrup~o50 y aun desconfiado miramiento en aceptar fa
mediacion de una potencia marítima tan preponder.nte.




94
veteranos á rééonquistar 1:\ Nueva Granada y la capitanía de Cara-
cas~ Al principio alcanzaron grandes ventajas; las trópas de ,los' pti-
triotal! quedaron destrozadas, se riridieron todas las },lazas fuertes, y
murieron en loe suplicioe mas de mil individuos de' lo mMluzido de
la poblacion de aquellas provincias. Ya parecia -que todo se habia
perdido, cuando Bolívar volvió ¡\; tremelar el estandarte ·de 'la inde-
pendencia. A pesar de los refuerzoS que recibia de España, Mori.
llo fué perdiendo á palmos todas sus conquistas, y 'el resultado de,;,
ñnitivo de su espedicion (en diciembre de 1819) fué la 'fulldacion
de la república' de Colombia con el territorio del reino de Santa Fe
de Bogotá y de la capitanía general de Caracas. Esta república ha
adoptado un gobierno ele::tivo modelado por el de 108 Estados Uni-
dos; el poder legislativo reside en el senado_yen una cámára de
representantes, ye} ejecutivo se ejerce por un presidente elejido para
tiempo de cinco años (*). Bolívar" uno' de los caractéres mas he'-
roicosde nuestra .. época, hombre superior á los reveses y superior á
la fortuna, fué electo primer presidente yha sido reelejido el año
pasado. . Despues de expelidos los españoles, la república de Colom-
bia ha adelantado mncho en el camino de la prosperidad y. del ór,¡,
den; se ha puesto en estado de enviar un ejército al mand(j de
Bolívar para socorrer á los patriotas del Perú, y aquella vas".a re-
gion tambien sé ha librado del yugo español, y forma en d dia dos
repúblicas bajo el título de Alto y Bajo Perú; esta. última ha tomado
el nombre de su libertador y se llama ahora república de Bolivia.


La república de Buenos Aires sufrió largos disturbios por ,las ve..;
Ilalidades. de algunos hombres de mucho influjo, y por las discofllias
inseparables dt> una revolucion que se agita en un teatro tan ex-
tl!llll0. Pero, aun en medio de estás discordias, Buenos Aires pudo en-
viar un ejército al mando del genf'lal San Martin para libertar á
Chile. Aquel jefe derrotó á los españoles en dos batallas campales,
y t1lmbien los echó del Perú y de Lima su .capital en 1821; pero
este último ,país, reconquistado por los españoles despues de la sali·
da del general San Martin, no recobró la libertad hasta que se la
afianzaron la6' .. ietariaS de Bolívar. Buenos Aires ó la confederacion


(*) No és tan etada la conformidad eon el modelo, que no exista á lo
menos la diferencia de ser federal la república de Anglo.Americá y uuitariá
la de Colombia. (El ú>aducior).




95


del Rio de la Plata, ha: triunfado al fin de todos los ostáculos y di~
ocultades que podian 9ponerse á su prosperidad •. Su gobierno 'se ha
establecido sobre principios fijos, y la república es administrada. por
un congreso y un director. Rivadabia, hombre de un 'mérito y de un
carácter mui distinguido, fué elejido director en 1825, y desde en~
tónces cada dia se van haciendo nuevos progresos. en la civilizacion
y en la prosperidad. En aquel vasto y bello territorio todavía se
encuentran inmensos llanos que brinda!! al trabajo del hombre para
enriqueller nUflVRS generaciones, por lo cual se han tomado disposicio-
nes tan sabias como liberales para excitar la emigracion de los hom-
bres industriosos de Europa.


En Chile, donde la ambicion de la familia de O'Higgins ha cau-
sado largas agitaciones, se ha restablecido por fin la tranquilidad bajo
la adminiBtracion prudente á ilustrada del general Freire .. Este pais
puede aspirar por sus minas y por sus producciones á un punto mui
alto de pr08peridad. Sus habitantes con razon son tenidos por los
mas ilustrad.,. de la América meridional.
.. La: reVOlucl\ln tambiell se ha terminado en Méjico ó Nueva Espa-
aa. Un .cura tIe la grande hacienda de Dolores, llamado Hidalgo,
dió principio á la. insurreccion el año de 1810; las tribus de indios
que son mni numerosas en aquellos paises auxiliaron muí eficazmente
á los criollos; ¡>dO despues de haber logrado grandes ventajas, Hi-
dalgo fuá venzido, hecho prisionero y pasado por las armas el. 27 de
julio de 1811. Su ilucesor MoreIos, cuya pérdida lloran todavía los
patriota" mejicanos, co1l.\'ocó una junta nacional y sostu~o la insurrec-
cron hasta 1815. La t$iQion le paso en mallOs de los españoles, y
el reino de Méjico estab. al parecer del todo pazificado, cuando ha-
biéndose proclamado la coastitucion de las cortes (en 1823) volvió
á dar grandes llamaradas el fuego que ardía debajo de la ceniza (*).
Don Agustin Iturbide, puesto á la cabeza de algunas tropas, sitió al
virei Apodaca .en la . capital. . Llegó poco despues el nuevo vil'ei1Jon
Juan O'donojú, quien viendo que era imposible lidiar contra la fuer-
za de los acontecimientos, hizo eOft los insurjeates un ajust2, en cuya
virtud se estableció una rejencia compuesta del mismo virei, de Itur-


(") La tentativa del jóven D. Francisco ~Il.vier Mina, que en 1817 selló
con su sangre los malogrados ~sfnerzos qu~ bizo por la libertad de los me-
jicanos, bien mcrecia mencionarse en este epitome, siquiera por lo que tiene'
de bistórico. (El traductor).




00
bi&~y de:N'Ilgí'été.; La 'tnu'et1:eM O'donojú fué '"lilde la' autoridad
españ'ola eh 'aqrlel' iMperio, y se coIÍvoc6 un coiÍgreso mejicano.' Lbs
proyectos' de lturbide no se enderezaban á establecer uná república.
En '1'82l disolvió las 'cortes,' hizo' presos á treinta diputados de
los' dé" más 'influjo, y' se proclamó emperador. ' Cuatro obispos le un-
jierob lioletnúement8'; pero á principios' de 1824 se levant6el pue-
blo por todas partes, el nuevo emperador se vió preci'S'ado á des-
ceñirse la corona y á espatriarse, recibiendo una pension de 25,000
pesos fuertes. Animado por algunos de su partido, y acaso por al-
gun gabinete europeo, se embarcó el año de 1824 en Southampton
y volvió á Méjico; pero no halló ni un solo partidario, 'y no" bieÍi
desemba,rcó, cllando fué preso y pasado por las' armas.' Desi:lé'eri-
tónces la confederacion mejicana es rejidacon grande ,una~imJ({ad bajo
un gobierno formado por la' norma del d~ los Estados trnid~s'.'


Guatemala fu~ el último pajs que se separó de la madre patri~:'
habiendo estallado la revolucion en 182], ejecutada 'por, una "reunion
de ciudadanos pazífic.os sin ninguna efusion de sangre. ÚÍlrbide quiso
incorporar este pais al Imperio mejicano, y aun cóilqúistóalgu~
nas provincias; pero luego que él cayó, el general Tillasolá ¡¡lit; man-
daba las tropas mejicanas, se retiró accediendo al voto universal lié
los guatemaltecos, y estos se constituyeron en república el año de 1'824.
En principios de 1825 se verifIcó la instalacion de las dos 'cámaras
del congreso, y desde aquella época todas las noticias' de aquel'jiiiilf
anuncian que sus habitantes entienden bien la' libertad, y que 'van.
difundiéndose sus beneficios. La república de Guatemala, ó cl.e 'Cen-
tro:-América, no es de las ménos interesantes entre lás que' existen
en el Nuevo-mundo.


Esta última revolucion, la toma de Vera Cruz en M~jico y la del
Callao. en el Perú, .han lanzado definitivamente á los españ6\es-del con':
tinente de América. De todas SIlS antiguas posesiones solo les 'q11edá
la isla, ge Cuba (*), situada á la entrada del golfo de Méjico. ' Las
nuevas repúblicas deben poner la mira en conquistar esta posicion:
militar que los españoles han fortifIcado considerablemente 'de algun'
tiempo á esta parte, y desde donde todavía se lisonjea su gobierno
de reconquistar unos estados, que dentro de poco serán mas podero-
sos que su antigua metrópoli.


(*) y la d" Puerto Rico.




E;pagne Poétique: c}wix ,de poesie castillanes depuis Charles.Quint
jU'Pu'a 1106 jours, mins en ven; franfaiG ~tc. España poética: poesias
selectas castellanas ·desde el tiempo de Carlos V hasta el presente, traduzi-
das en verso fl'ances: con una disertacion comparada sobre la lengua y
la versificacion española: una introduccion en verso y varios artícnlos
biográficos, históricos y literarios. Por D. Juan Maria M;ury. Adór-
nanla algunos retratos. Tomo 1 Paris 1826. 8vo. de 450 pp.


L'ouvrGge de D. Maur9 manquait el nos besoing, dice con exul-
tante aprobacion de esta obra, uno de los muchos periódicos france-
ses que la han examinado, y que á una voz la han prohijado en la
literatura francesa, salvo algunas diferencias accidentales en lo severo
de la crítica ó en lo espresivo del encomio que de ella han hecho.
Oon igual razon pudiéramos decir nosotros que nos hacia suma falta
~ trabajo de esta cIase, y felizitarnos de lo bien que lo desempe-
ña el Sr. Maury .


.. En efecto: los franceses, que son acaso los que mas deben á 'la
literatura española entre todos los estranjeros que han beneflziado su
rica mina, son tambien los que, en el ramo que nuevamente aca-
ban de adquirir por la dilijenoia y habilídad de un español, la habían
conozído y cultivado ménos. Los italianos han tenido un Contí que,
en elegantí~imos versos, les ha presentado la flor de nuestros mejores
]lgetas¡.los ingleses hallan en la Antología E'pañ(¡}la· de Mr. Wiffen,
cura próxima publicacion he.mos visto anunciada, una seguridad de po-
der disfrutar la misma ventaja, puesto que ~e la proporciona el acre-
d.i~ 'traductor del Taso y de Garcilaso; los alemanes cuentan entre
sus profundos críticos y esploradores de la literatura. meridional, una
honrosa lista de los que han descubierto, analizado y hecho sentir á.
sus compatriotas Iaa .bellezas de la poesía castellana; miéntras queén-
t~e los franceses, las bibliografÍl!5 mas completas, los diccionarios mas
copiosos, los cursos de literatura mas universales, dejan el brillante'pun-
tQ del parI\aso español, cuando no agraviado Con reparables equivoca-
ciones y estrañas injusticias, á lo ménos abandonado á un olvido
desairoso. Fácil nos seria presentar pruebas de esto, que tal vez pa-
re;¡;erá exajerado resentimiento del amor á nuestra gloria literaria;
pero baste citar el Diccionario universal, histórico crítico 9 bibliográ-
fico, impreso en Paris pocos años h~ze, que en el artículo de Fr.
Lui, de Leon, apenas le cita como poeta, para decir que es mas


M


I




98
conozido por sus libros teológicos, y que el principal de estos es
el tratado De utriusqui agni, typici et ver;, inmolationis legitimo
tempore.


¿ Qué estraño es pues, que sorprendidos, por decirlo así, los' li tc-
ratos franceses con el don espléndido que les haze el autor de la
España ¡mética en los trozos ~electos de este grande injenio y de otros
muchos que van con él á la par del mérito en sus respectivas clases,
lo reciban con aplauso y agradezimiento? ¿ Y cómo no han de apre-
ciar tanto mas este rico presente, cuando se les ofreze ataviado en
versos franceses, que, sin ajar ninguna de las gracias del orijinal, án-
tes bien realzando muchas de ellas, guardan en lo esencial los prin-
cipales miramientos que, á lo ménos á lei de galantería, son debidos
á las melindrosas musas del Sena? I.a moderna lengua castellana
que hasta aquí estaba em~ñada para con la Francia por las obras
con que el sabio Cabarrus la enriquezió, paga por fin esta deuda
con usuras, proporcionándole en la España poética, no solo una tra-
duccion aventajada de lo mas sobresaliente de nuestro parnaso, sino
tambien la indicacion de nuevos rumbos por donde, con un pequeño
y prudente sacriñzio de ese rigorismo displicente que distingue á
la escuela francesa, podria, en nuestro concepto, dilatarse el vuelo
de sus injeriios.


Mas no solo para con los franceses, sino tam bien para con los es-
pañoles ha adquirido el Sr. Maury títulos mui justos á la gratitud
y al aplauso, pues ademas de ganarnos el puesto de honor de que'
estábamos privados en una de las principales concurrencias de la re-,
pública literaria, nos da un bellísimo ejemplo de cómo deben ha-
zerse las traducciones, escribiendo al mismo tiempo un libro que,
aun prescindiendo de su mérito distinguido como traduccion~ debe mi-
rarse por los mismos españoles como una de los mas útiles y me-
jor . trazados para entender la historia de nuestra poesía, y sacar de
ella el fruto con que brindan sus primores al que atinadamente sa-
be desbastarlos para verlos en su verdadero pulimento. Por esta ra-
zon creemos que no estará. demas el que . nos detengamos en dar una
noticia mas individual de su contenido, y aun el hazer de paso al-
gunas observaciones que nos sujiera el mérito mismo de la obra.


Empieza esta por una epístol¡. dedicatoria en verso ffalices, escrita
~ajo los auspicios de antigua amistad á. los dos celebrados poetas
Arriaza y Quintana, á quienes dice:




99
" RivauJ: á plus d' un titre, opposés trop 80uvent.
"Maia de notre amitié tous les deux recevant
.. Un sentiment commun qui domina les autres,
"Je vons offre un travail oú mes vceu:¡: sont les votres."


Delicado pensamiento, que nos lamentamos de ver en cierta manera
desmentido cuando mas abajo, hablando con Arriaza y de sus poe&ías~
le recuerda.


" Et bient8t, dans Cadix, d'un asccndant moqueuT
" Bravant les tactlons, ta mordante· logique,
"Depe~ait, enjouant, )'ceuvre démagogique."


Pero no acibaremos el grato sabor que nos ha dejado la lectura de
esta lindísima pieza, formando quejas que, si bien pueden disculparse
con lo fáciles de sentirnos lastimados que nos haze nuestra desgracia
aCtual, pueden tener otro sentido en la inteqcion inocente del autor, aeas()
no bien entendida por nosotros.


La maestría con que, en nuep>tro dictámen, apoyado en el de los.
críticos franceses, está escrita la dedicatoria, es un preludio de que
la empresa del Sr. Maury; por ardua y atrevida que pueda parezer
á. primera vista, no tiene nada de presuntuosa en quien la abraza fiado
en tamañas fuerzas.


Sigue un prólogo mui apreciable, y ql1e no es la parte ménos i~­
portante de la obra, en el' cual espone con singular sagazidad y tino
las ventajas de la lengua castellana, los puntos mas notables de com-
paracion entre varias versificaciones, 'muchas y mui oportunas obser-
vaciones sobre la poesía española, y el sistema de la obra. Desde
luego entra dando resueltamente á nuestra lengua la preferencia sobre
las modernas latinas; y en verdad que las razones que presenta, (aun-
que en nuestro concepto no están esforzadas como pudieran, si los
límites de un prólogo lo permitiesen), son decisivas, mal que le pese
á un crítico ingles (*)~ que no se muestra satisfeche, volviendo la
cuestion acia otro punto, cuando nos acusa de redundantes, sin ha-
zerse cargo de que este defecto no es de la lengua ni de sus elemen-
tos constitlltivbs, sino de nutlstras cabezas. Ni se pie'nse que la pa-
sion priva al Sr. Maury de reconozer las ventajas que ofrezen las
demas lenguas puestas en parangon con la nuestra, pues mas de una
vez suspende la atencion del lector cuando las pinta con espresiones
semejantes á estas, vertidas en obsequio de la. s. y la j. francesas.
H Ces consonnes effieurent les e e faibles avec une delicatesse qui nous


(*) 1flonthly R,view, enero 1827.




100
charme long tems avant que nOU8 pul4l10nS en approcher. Les ter-
minaisoDs, par excmple, tenes que rose, áge, ont, 'pour ainsi dire,
quelqlle chose d'áérien."


A algun literato de ~an juizio y de profundo conozimiento en ]a
lengua castellana, hemos oido lamentarse de la superabundancia de vo-
zas . de muchas síl~bas y de la escasez de monosílabos que hai en ella,
resultando de aquí una desproporcion mui notable para traduzir, so-
bre todo en versos, composiciónes de otros idiomas que, como el in-
gles y aun el frances, abundan mucho mas en monosílabos y en disílabos;
pero la respuesta que da el Sr. Maury haziéndose cargo de la mis-
ma dificultad, nos pareze couvinzente y razonable. ce On pourrait
(dice) á la rigueur n'y voir qu'une économie de rimes et de papier;
l'essentiel n'est pas l'espace. que tient chaque mot, pourvu qu'il soit
a sa place." ¿ Y acaso no tiene eu .desventaja esa misma abundan-
cia de monosílabos? ¿ Aglomerados en un versO no le harán insopor-
tablemente duJ,"o! ¿ Y si en ciertos casos pueden ser provechosos, de-
jan de ser incómodos en otros muchos mas ~ ¿ y cuantos de estos mo-
nosílabos se hazen del todo inútiles para la completa version de la. idea
en castellano, porque en ingles DO son mas que una especie de muletas
en que tienen que apoylL.fse las ideas para tenerse en pie y dejarse
ver? Así es que por propia esperiencia nos at~evemos á decir que,
c;le pros!\ 4 prosa, una obra cualquiera de cierto número de páginas.
!,lerá J;Ilas (:orta traduzida del ingles al castellano.


Reconozemos .;:on el Sr. Maury al italiano y al ingles la ventaja de po-
der suprimir en muchas palabras una de las sílabas del centro, y otros
;:u-bitrios de esta especie; pero hubiéraJ;Ilos deseado que antes de decir de
nuestra lengua: "le versificateur, bien moins heureux avec lé fran<;ais.
rest encore moins avec l'espagnol. o o .l'espagnol nOen a aucune; pas la
moi~dre souplesse", se hubiese acordado de que ademas de poder decir
feliz)" felize. troj y troje &tc. tenemos mucho mas á melwdo la facultad
de acortar 6 alargar las vozes oriente oroiente: leon lijo n y otras muchísi.
mas de este jaez 6 ja-ez.


Hablando del sistema. métrico de nuestra poesía, comparán.dolo tam-
bien con el de otras lenguas modernas, esplica los dos usos principales
que ha tenido el hemitiquio en los versos alejandrinos y en los de arte
mayor, hasta que adoptamos el endecasílabo italiano. Descubre en este
ritmo, dos modos distilltos, sobre los cuales versa su varia cadencia y
grata flell;ibilidad, siendo el¡lfimero el de la cesura ó reposo en la sesta,




101
y el segundo en'lá . cuarta y octava. Si· bien el! eiertó que son estas ]as
diferencias radicales, no deja de serlo tambien que entre las dos hai otras
muchas que las modifican y les dan nuevo jiro, segun reeonoze el mismo
Sr~ Maury; por ·10 mismo somos de sentir, que sin quitar nada de lo
mas injenioso, y MIn verdadero, que tiene su observacion, acaSO seria pre:"
ferible por mas cómoda y fácil de ejecncion en la practica, la distinción
mas jeneral de nuestro endecasílabo; diciendo que su variedad caracte-
rística consiste en poder hazerfle la cellura ó el reposo desde la cuarta
hasta la octava sílaba inclusive; resultando de aquí el ser tambien cierto
que en este ritmo se conserva el constante y perceptible corte del verso
en dos hemistiquios; pero que la ventaja que lleva á los demas está en
que nunca son iguales, sin escluir por eso la facultad de hazer versos
de esta medida que en una serie dada se corten del mismo modo, si así
ronviene al designio del poeta en modificar el ritmo, como sucede en los
sálicos, que son endecasílabos cuya cesura, reposo ó hemistiquio se halla.
e6nstantemente en la quinta.
. El Sr. Maury da mui buenas razones para demostrar lo imposible que es
la introduccion de los ritmos de las lenguas antiguas en las modernas,
miéntras no ~e fije de un modo claro y universal y uniformemente enten-
dido por todos los que usamos diferentes reglas prosódicas, en qué con-
sistia el sistema métrico de aquellos. Estamos de acuerdo con él en este
puntó; mas nos pareze que, sin perjuizio de deberse mirar como impracti-
cable la imitacion inventada por algunos, y particularmente esforzada 'Por
nuestro Villegas en este punto, no se puede ménos de confesar que estas
tentativas enriquezen los modos de versificar, y contribuyen á añadir nue-
vas cuerdas á la lira española, aunque nunca resulte que sea idéntica con
la antigua. Prueba de esto es la adquisicion del ritmo que llamamoil sáli-
co y adónico, el cnal no será, si se quiere, el mismo con que eH la Grecia
se celebraba á Adonis ó suspiraba Safo sus ternezas, pero es grato al


. (¡ido y mui' gracioso y nuevo, y debido á la imitacion de 10B metrOi anti-
goos,de que por lo mismo seria lástima disuadir á los que la intenten ó la
miren con aficiono A esta misma circunstancia se deben recientemente al-
gunas modificaciones métricas mui felizes que el Sr. Moratin nos muestra en
la primera edicion completa de sus poesías líricas, y que son de añadirse á
las cuarenta que' presentan las fábulas de Iriarte. No dudamos que, cnl-
tivando con gusto y discernimiento este nuevo campo, pueden cojerse
flores de peregrinas formas y matizes en el jardin de nuestra poesía.
Apenas hai un crítico entre nosotros que al hablar de las Latinas de




102
Villegas, ó de sus poesías castellanas en metro latino, no repita que lué
poco feliz en su tentativa; y á nadie hasta aora le ha ocurrido examinar
sí los versos que presenta con la idea de imitar el metro latino, podrian
produzir, cuando no este, otros resultados capazes de enriquezer nuestro
sistema métrico. A noaotros nos pareze que 'Unos ensayos en los cuales
se leen versos como los siguientes, bien podt:ian sujerir combinaciones en
cuya adopcion no perderia nada nuestra poesía.


"Páramos de Arcadia que mirais de mi dulce Licóris
LoS' ojos, la blanca mano, la frente serena,
Con ramas, con verdes hojas, con blando susnrro,
Al viento que os brinda pio, celebradla siaves.


Praderas del verde suelo que el Ménalo cria,
Filis os ha pisado: mirad que mi Filis amena
A.I mayo produce flores; si os obliga su planta.
Al viento que 08 brinda pio celebradla süaves.


Seis vezes el verde soto coronÓ su cabeza
De nardo, de amarillo trébol, de mora<':a viola,
En tanto que el pecho fria de mi casta Licóris
Al rayo del ruego mio deshizo 8U hielo.
Seis vezes la florida V éuus con afeite de nácar
Discreta fOl'mó la rosa, y discreta mi Filis
Seis vezes oyó mi queJis, seis vezes, y dijo:
Venziste, Coridon;' tn voz de sirena me venze."


El Sr. Maury, al delinear la fisonomía moral de la poesía castelIa.
na, dice bien cuan rica es en todos los jéneros, y añade: ., l'épopée seu le a
résisté a de nombreuseS tentatives; le génie de nos grands poetes n'a
pu s'y conformer: ils ne savaient marcher que par élans." En esta
disculpa hai mas agudeza que verdad, mas brillo que conviccion. Nues-
tros grandes poetas, en otro jénero acaso no ménos difícil que el épico,
lIan sabido mas que andar par élam, como lo acredita el teatro an-
tiguo, en cuya pro,digiosa abundancia de piezas y de primores, se en-
cuentra mayor número de dramas perfectos de lo que comunmente
se cree. En este jénero fueron orijinales, y no les ocurri6 que en
lo que escribian para la masa del pueblo debian atenerse á la imita-
cion de griegos, latinos é italianos, que se impusieron en sus poesías
destinadas á ser leidas y juzgadas por la ,clase culta y erudita de la
sociedad. La epopeya, en que hizieron tantos ensayos, era de esta
última. clase y en la que mas se sujetaron al yugo de la imitacion servil,




103
y por eso no tenemos llingun poema equiparable á la lliada tii á
la Eneida. Hubierau en este JeDero, como en el dramático, de-
jádose llevar de sus propias inspiraciones, y del inagotable caudal
de invencion que en él ostentan, y á buen seguro que no estaría
tan escaso nuestro parnaso, pues las demas dotes accidentales que
deben concurrir en una composicion de esta' clase bien á menudo se
encuentran en las demas producciones que tambien las requieren ó
las admiten. . N o se objete que tambien imitaron servilmente en la
poesía llrica, en la bucólica &c. en cuyos jéneros hai sin embargo muchas
piezas maestras; porque es necesario hazernos cargo de que el nú.
mero de ensayos fué infinitamente mayor y en composiciones mas fá.
ciles, y así produjo mas aciertos, los cuales todavía son muí pocos respecto
del inmenso fárrago en que se hallan envueltos, pero en la epopeya
son contados los ensayos, la empresa mucho mas difícil, y asi ninguno
el acierto.


Esta observacion nos da una oportunidad para contestar al crítico
iHgles ántes citado, sobre el cargo que DOS haze de que no tenemos
un Moliere. ¿ Cómo pudimos tenerle en la época á la cual se re.
fiere este reparo, si los que desplegaban disposiciones DO inferiores
á las del cómico frances, se hallaban colocados en circunstancia
enteramente contrarias á las de aquel en la corte de Luis XIV: ¿ En
qué se parezia á esta la de Felipe IV? Si Moreto, v. g. en vez
de entretener en el teatro á un vulgo, cuyos gustos é inclinaciones crea-
ron y sancionaron las dimensiones y el carácter de nuestro drama,
hubiera tenido que hablar únicamente delante de refinados corte.
sanos para pintar sus brillantes vicios, sus elegantes intrigas, es
bien cierto que no habria ido en zaga á Moliere, así como no le
envidia en ninguna de las cualid'ldes comunes á los argumentos mui
div~rsos en que se ejerzitaron estos dos graudes injenios. Ayudé.
monos con la historia y la filosofía á reflexionar sobre las épocas en
que florezieron los hombres eminentes de que blasona cada nazion,
y verémos hasta qué punto fueron sus obras maestras hijas de las
circunstancias.


Cuando el Sr. Maury habla del plan y principales regias que se
ha propuesto para la ejecucion de su obra, no podemos ménos de
copiar sus propias palabras; porque. ellas encJerran la contestacion
mas concluyente á algunos de los principales reparos que le ha he·
cho la crítica, acaso por no haber tenido presente ó aprí'ciadobas.
tante el peso de estas razones.




104
" JJasvelltajaa pecnliares de la lengua castellana han dado á la


poe¡ía española un prestijio, y adoruádola con un sin número de en-
cantos que no puede ménos de perder en las traducciones. Ademas
de esto, sea que la satisfaccion de verse tan ricos haya hechq á ~ues,
tros poetas mirar con indiferencia otros medios de luzir: sea que, viéndose
dueños de Ull instrumento tan poderoso, no hayan querido malograr
ninguna de las ventajas que les proporcioDftba, suelen cuidarse mé-
nos del pensamiento, y solo se esmeran en acendrar el lengullje. .Son
brillantes por sus combinaciones rítmicas, por lo bien sazonado ,de los
jiros, por lo audaz de las locuciones; distínguense especialmente pOr
los efectos armónicos, para lo, cual encuentran maravillosos. recursos. ~n
la estructura de las mismas palabras. lAS que re8pira~ las influen-
cias meridionales, nos sentimos embelesados con el encanw d,e ~9S
sonidos, así como en la música puede' un simple motivo que: na-
da espresa, produzir sensaciones mui agradables. En cuanto á esto,
pues que el mérito del poeta consiste en agradlU', los nuestros han
podido merezer justos elojios, aun en aquella parte de sus composi-
ciones ménos sustancial por lo que haze al sentido. Pero. con tO¡;}Q
es necesario confesar que nuestra' literatura, especialmente ,.la ~"tig~
no está esenta de ser prolija.


"Por estas razones nuestros poetas orijinales presentarán muqhas
vezes al traductor esta cuestion mui delicada de resolver.; ¿ se . ha
de modificar ó decirse todo? ¿ Se han de tener con. ellos mas,mi.,.
ramientos que con los lectores? Yo me he decidido á fuor d-e
estos, y en general presento abreviados los originales. En algu~as
piezas he cargado bastante la mano para el esquilmo, salva la venia
de quieDes no aprueben esta libertad; pero sobre ser imposible traS-
ladar las bellezas de los pormenores, hubiera habido sobrado arrojo
en dar cabida á prolijidades' que no se pudiesen resarzir con otras
ventajas. "


Los que con esta franca protesion de principios todavía DO se dieren
por satisfechos, examinen los títulos que los autorizan á pedir mas
de un traductor de poesías selectas. Este no se obliga ni se de-
dica á traduzir obras completas de autores clásicos·; mui distinto
seria su plan en taL caso, y los que así lo desean para conozer lo
bueno, malo y mediano de cada uno, engólfense, si tal les plaze ó
conviene para sus miras. en las versiones literales y en las glosas y
comentarios de los expositores. Lo que se ha propuesto el Sr. Maury,




105
lo que realmente faltaba, es asociar al parnaso español con el frau-
ces en Jo mas sóbresrtliente y acomodado al gusto literario de nues-
tros tiempos, paTaque de su trabajo resulte la recíproca utilidad que
debe buscarse en el comercio de las musas. Si Lop e de Vega y Que-
vildo, enterados de los progresos y refinamiento que ha alcanzado en
este siglo la literatura, se viesen invitados á presentar algunas mues-
tras de sus mejores obJ"lls ante un areopago literario de 108 cultos
parisienses, se guardarian mui bien de no escojer las mas susceptibles
de ser limadas y cercenadas de manera que, siendo las mismas del
siglo en que fas escribieron, pareziesen dignas de elogio en el pre-
sente; ¿ por qué pues no ha de ser esto lícito, y aun loable, en un
traductor que haze por ellos lo que indudablemente harian por sí
ptopios tri estuviesen en su lugar?
. En medio de esta justa libertad de que el Sr. Maury ha usado


en sus traducciones, no dejan de ser estas harto fieles, no solo. en
cuanto á la imitacion de los ritmos, reproducidos con inesperada se-
mejanza, sino tambien en cuanto al color nazional, y aun al indivi-
dual de cada poeta, en la novedad de los jiros, en la orijinalidad de
la espresion, y en algunos lunares que á vezes se convierte en ma-
tizes de la misma belleza. Esto ha dado lugar, á que un crític()
frances haya dicho: que aunque es lícito amar á un poeta cojo, no
por . eso es permitido cojear con él. Pero tambien hai cojeras gra-
ciosas, y cojeras debidas á honrosos accidentes; y no sabemos por
qué razon no se han de dar á conozer ~stas por quien se propone
sacar un retrato que sin agravio de la verdad haga amar el orijinal.


Habiendo desenvuelto en el prefacio un precioso caudal de crítica,
de erudicíon y de profundo conozimiento de las principales lenguas
vivas, y Jejitimada así su persona para entrar ~n la demanda de su
obra, al Sr. Maury nos ofrece en una introduccion escrita en :verso
frances la historia de los tiempos primitivos de nuestra poesia: con
notas críticas y biográficas que abrazan todas aquellas particularida-
des, difíciles de colocar en el poema, pero que son de grande auxi-
lio para completar el cuadro histórico. DivÍdese este en dos épocás:
desde el poema del Cid hasta D. Alonso el Sabio; y desde el Ar-
cipréste de Hita hasta Garcilaso. La parte relativa á los árabes está
tan hábilmente enlazada con la mezcla de la literatura y de la his-
toria, que 'puede mirarse como un epílogo de lo mas curioso que hai
que saber de este interesante trozo de los fastos peninimlares, coor-


N




106
dinados y puestos en mejor luz desde que se publicó la obra del
sabio D. José Antonio Conde, á quien sigue juiciosa y atinadamen-
te el Sr. Maul'y. No han perdido de vista esta circunstancia l~s crí-
ticos franceses, apreciando debidamente un trabajo que les ofrece en
pocas páginas de prosa y poesía francesa, un cuadro bien caracteri-
zado de la primitiva literatura moderna española. Al tratar en esta
intro<luccion de la época turbulenta y brillante del reí D. Juan n, di-
ce el Sr. Maury, que ni de este monarca, apasionado á las musas,
ni de su infeliz favorito D. Alvaro de Luna ha quedado ninguna de
las composiciones en qne se ejerzitaron. Acerca de lo cual nos atre-
verémos á decir qne en el cancionero de Hernando de Castillo hai algu-
nos motes de D. Alvaro, y qne en nna de las ediciones de las obras
de Juan de Mena, y en alguna otra coleccion cuyo título no recorda-
mos. se leen los siguientes versos del rei D. Juan:


Amor, yo nunca pensé
Que tan poderoso eras,
Que podrias tener maneras
Para trastornar la fe,
Fasta agora que lo sé.


Pensaba que conozido
Te debiera yo tener,


\'


Mas no pudiera creer
Que fueras tan mal sabido;
Ni jamas uo lo pensé,
Aunque poderoso. eras,
Que podriaa tener manerall
Para trastornar la fe,
Fasta agora que le sé.


Tambien cita al enamorado Macías, espresando no haber llegado á
su noticia ninguno de sus versos; y teniendo n080tros á mano 108
siguientes que copia el P .. Sarmiento, nos atrevemos á iusertarlos, para
que con los precedentes contribuyan, en cuanto es dado á nuestra
débil cooperacion, á llenar un vacío de que pareze lamentarse el Sr Maury


El gentil niño Narciso,
En una fuente gayada
De si mismo enamorado,
Mui esquiva muerte priso.
Sennora de alegre riso
E gracioso lindo brio,
A mirar fuente nin rio
N o se atreva vuestro viso.


Engannaron sotil mente
Con imjinacion loca
Fermosura e edat poca
Al niño bien paresciente.


Estrella resplandeciente,
Mirad bien estas dos vias,
Pues beldat y pocos días
Cada cual en vos se siente.


Prados, verduras y flores
Otorgo que las miredes;
Otro sí que escuche des
Dulces cantigas de amores ;


Mas por sol nin por calores
Tal codicia non vos ciegue,
Vuestra vista siempre niegue
Las fuentes e sus dulzores.




Deseando vuestra vida,
Aun vos dó otro c onseio,
Que Don se mire en espeio
Vuestra faz clara .gar·rida ;


107
Ca sabed que la partida
Seria dende tan fuerte,
Que non vos fuese la muerte
De Narciso repetida.


Permítasenos aSimismo echar de ménos el nombre de Juan de la
Encina entre los poetas contemporáneos de D. Jorje Manrique, y uno
de los que mas brillaron en la corte de los reyes católicos. Su can-
cionero, ó coleccion de poesías, es uno de los mas raros, al par que
de los mas apreciables por lo vario de los jéneros en que se ejerzitó,
por lo festivo y delicado de mochas de sus composiciones, y porque
fué el primero que traduziendo las églogas de Virgilio, empezó en-
tre nosotros á dar el verdadero tono á la poesía bucólica, y con sus
coloquios adornados de algun artificio y aparato escénico, adquirió un
derecho á ser mirado como uno de los fundadores de nuestro teatro.


Conduzida la historia de nuestra poesía con tanta amenidad como
buen tino en lo selecto de noticias y en lo juizioso de la crítica hasta
principios del siglo XVI, empieza desde esta época la hermosa ga-
lería de los poetas mas sobresalientes hasta el tiempo de su decadenCia
y ruina á mediados del siglo XVII. Está dividida en dos grandes
intervalos desde el tiern~ Garcilaso hasta el indefinible y admirable
Góngora; y desde el fecundo Lope de Vega hasta el arrogante y des-
igual Villegas. Comprende el primero las biografías y los trozos se-
lectos de Garcilaso, Sta. Teresa, Fr. Luis de Leon, Herrera, Cer.
vántes y Góngora; y en el segundo se dan á conozer Lope de Vega,
los dos Argensolas, Quevedo, Rioja y ViIlegas. Gran placer ten-
dríamos en podernos detener en esta parte de la obra, si el espa-
cio nos lo permitiese; aunque, siendo la principal para el designio del
autor y para los estranjeros á quienes está destinada, es para noso.
tros de una importancia secundaria considerada como traduocion. Pero
no ostante se recomienda mui particularmente por la exactitud y gra-
ciosa amenidad con que están narradas las particularidades biográficas,
y por la maestría con que están ejecutadas todas las traducciones. Don-
de no iguala al original es sin duda porque no alcanzan á tanto los me-
dios de ninguna traduccion, pero lo presenta con toda la perfeccion
posible. En casi todos los pasajes mas señalados lucha con valentía,
y defiende á la poesía francesa de un modo mui diestro y honroso,
aunque con armas mui desiguales. En no pocos lugares, y no de los




lOS
m:lS ventajosos, aclara, exorna y perfecciona el orijinal. Finalmente,
en todo el conjunto de las traducciones tiene el raro acierto de pre-
sentar diá.fanas, perceptibles y con un realze admirable de poesía fran-
cesa las bellezas mas disimuladas y encubiertas de la española"en
diccion, en estilo, en pensamientos y en formas rítmicas.


Véase un ejemplo de la oportunidad con que esplica un pasaje que
en el modelo no deja percibir bastante la idea del poeta, que.es el
marques de Santillana en su serranilla de la Vaquera de la Finojosa.


En un verde prado
De rOBas e flores
Guardaba ganado
Con otros pastores.
La dije:" donoBa,"
Por saber quien era
Aquella vaquera
De la Finojosa.


Dans cette prairie
Gardait ses troupeaux
Assise en repo!
Sur I' herbe Heurie.
"Ecollte ma voix"
¡'Ili di!!," nymphe belle"
" Vachere" dit-eIle,
"De Fenonil-aIlX- Boia."


La profezia del Tajo de Fr. Luis de IJeon es uno de los trozos
en que con mas teson ha mantenido la difícil lucha con el orijinal:


A4:ude, corre, vnela AccourB, raise la plaine;
Traspasa el alta sierra, ocnpa el llano Franchis les monts, pOllrsuis, harcelIe


N o perdones la espuela Ton couraier hora d' baleine; barassé
No dés paz á la mano D'un brasjamais lassé


Menea fulminando el hierro insano. Exerce incessament ton glaive delassé
j Qué lástima que de. este endiosado poeta no nos haya presenta-


todo el Sr. Maury, si quiera una de aquellas sublimes composiciones
filosófico-religiosas que ~aracterizan su númen, en nuestro concepto
por nadie igualado en este jénero ! ¿ Por qué no haber procurado de-
cir en la lengua de Bossuet y de Fene)on:


i Qué descansada vida
La del que huye el mundanal ruido,
y signe la escondida
Senda por don4e han ido
Los pocos sabios que en el mundo ban sido! &c.


Cuando contemplo el cielo
De innumerables lnzes adornado,
y miro háela el suelo
De noche rodeado,
En sueño' y en olvido sepullado & c.




109


2 No hubiera podido quedar airoso en la traduccioo de estas dos
excelentes odas el que con el mismo poeta sabe competir diciendo:
y tú, Betis divino, Oh tleuve am:: sources puresl
De sangre ajena y tu.ya amancillado. Rougi du yng arabe et du notre mélés,
Darás al mar vecino Que de débris d'armures,
j Cuanto yelmo quebrado! Que de corps mutilés,
Cuanto cnerpo de nobles destrozado r Bétis dans l'océan par tes ondes ronlés I


Uno de los sonetos mali justamente celebrados es el siguiente de
f ... upercio Argensola:


Yo os quiero confesar, Don Juan, primero,
Que aquel blanco y carmin de Doña Elvira
No tiene de ella mas, si bien se mira,
Que el haberle costado su dinero.


Pero tambien que me confieses quiero
Que es tanta la beldad de su mentira,
Que en vano á competir con ella aspira
Belleza ig'u!ll en rostro verdadero.


¿ Mas qué mucho que yo perdido ande
Por un engaño tal, pues que sabemos
Que nos engaña asi naturaleza?


Porque ese cielo azul que todos vemos,
Ni es cielo, ni es azul. j Lástima grande
Qne no sea verdad tanta belleza!


y dice el traductor rompiendo ufano todas las trabas con expedi.
to desenfado:


Je I'avouerai, Don Juan, puis qu'il faut vous le dire:
Les lis et I'incaroat dont mes yenx sont épris.


Appartienneut a Donne Elvire,
En cela seulement qu'elle en paya le prix.


Mais convenez aussi qu'on n'a vu nulle fable
D'un si joli mensonge orner la fausseté,
Et qu'en vain cherchel"ai-je une egale beanté


Sur un visage véritable.
De mon illusion que J'on s'étonne. peu;
Telle cbarme en trompant .Ia nature elle méme :
Leve les yeux, et vois comme I'on aime
Ce bleu du ciel qui n'est ni ciel ni bleu.


Con sentimiento nos vemos precisados á poner fin á nuestras citas
cerrando este artículo con la muestra de una trllduccion de las mas
ajustadas al orijinal, y sin embargo de las de mayor mérito en nues-
tro entender. Es la celebrada - oda de VilIegas al Zéfiro, que
dice así:




110
Dúlce vecino de la verde selva,
Húesped eterno del abril florido,
Vital aliento de la madre Vénus,
Z~firo blando.


Si de mis ansias el amor supiste,
Tú que las quejas de mi voz llevaste,
Oye, no temas, y á mi ninfa dile,


Dile que muero.
Filia un tiempo mi dolor sabia,
Filia un tiempo mi dolor lloraba,
Quísome un tiempo; mas ahora temo,


Temo sus iras.
Así los Dioses con amor paterno,
Así los dioses con amor benigno
Nieguen al tiempo que feliz volares


Nieve á la tierra.
J amas el peso de la nube parda,
Cuando amaneze en la elevada cumbre,
Toque tus hombros, Ili su mal granizo


Hiera tus alas.
Véase ahora la traduccion con la gracia la ternura, la armonía y


la delicadeza del original, en cuanto puede permitirlo la lengua fl'ancesa.
Doux précnrseur du priutems et des ris,


Róte assidu des bosq uets refleuris,
Chastes amours de V éuus et de Flore,


Fils de I' Aurore.-
A ma bergere, oh suave Zéphyr,
Sur ton duvet nuancé de saphir;
Toi qui pour elle as connu mel alarmes,


Porte ces larmes.
N ise autrefois ecoutait mes donleurs,
Nise autrefois a pleuré de mes pleurs,
Mais aujourdhui mon amour pour salaire


Craint sa colére.
Pui!!!lent les dienx, de ta gráce charmés,
Puissent les cieux, par ton souIDe embauméli,
Calmes sourire aux terrestres espaces,


Lorsque tu passes.
SaRS que jamais le nuage du soir
Sur ton duvet ait le tems de s'asBeoír;
Saus que jamais le frimas ni la gr~le


Touche ton aile.


Quien así traduze, quien así compone, quien así versifica en una len.
gua estranjera, mucho debe á las musas patrias, y mucho pueden estas




111


prometerse de UI! talento tan idóneo. Satisfaga pues el ansia con que el
primer tomo de su Espagne poétique haze esperar el segundo, en que
5e propone dar traduzido lo mas sobresaliente de nuestros cancioneros
y romanceros, cuyas composiciones encierran nuestra verdadera poe.
sÍa nazional. Y persuadido de que con esto solo no se desempeña para
cOn la patria de la deuda que le imponen las feUzes disposiciones que
de sus influencias ha recibido, apresúrese el Sr. Maury á pagarle un:
homenaje mas directo con. la publicacion de su poema de Esvero y
.J.lmedora, destinado, segun dice en la dedicatoria de la España poética~
á cantar la amistad, la valentía y el amor.


ANTIGUA MARINA Y COMERCIO DE ESPAÑA.


CQleccion de los viajes y descubrimientos que hizieron por mar los
españoles desde fines del siglo XV, con varios documentos inéditos con-
cernientes á la historia de la marina castellana y á los establecimien-
tos españoles en Indias: coordinada é ilustrada por D. Martin Fernan-
d~z de Navarrete, de la órden de S. Juan, secretario de S. M. minis~
tro jubilado del consejo supremo de la guerra, director interino del
depósito hidrográfico, individuo de número de la real academia es-
pañola y de la historia, consiliario y secretario de la de S. F ernan.
do. 2. tomo 40. de CXI-455 y 456 pp; con un mapa del oceano at-
lántico septentrional y de las derrotas que siguió Colon hasta su re-
calada á las primeras islas, que descubrió en sus cuatro viajes desde
1492 hasta 1504; Y otro de las costas de Tierra-firme desde el Ori-
noco hasta Yucatan, y de las Antillas y Lucayas con los derroteros
que siguó Colon en estos descubrimientos.-De órden de S. M. Ma-
drid, en la imprenta real, año de 1825. El tomo 1 contiene: viajes
de Colon; almirantazgo de Castilla. Tom. II: la coleccion de los
documentos concernientes á la persona, viajes y descubrimientos del
Almirante D. Cristóbal Colon, al gobierno y administracion de los pri-
meros establezimientos de Indias y de la marina castellana.


Tal es la descripcion bibliográfica, que hemos creido deber dar
puntualmente de una obra tan interesante para la historia de España.
Nuestro ánimo es analizarla toda tan rápidamente como lo exije la
premura con que se disputan unos á otros el espacio los artículos de
un periódico, y al mismo tiempo con el posible esmero para no dejar
de notar nada de lo esencial, haziendo de paso algunas observaciones
que nos vaya sujiriendo el testo.




,


El primer tomo, que es el que por ahora tenemos- á la vista, el)'-
mi enza pár la dedícatoria al Rei quien,á prO'Puesta del Sr. Navarrete
aprO'b6 el plan de la O'bra, encargándO'le la ejecuciO'n, y mandando que
se imprimiese á costa de S. M.


Sigue una introduccion escrita con gran <:Qpia de curiosísimas noticias so-'
bre los prO'gresO's que la geO'graf.ía y la naútica por medio de las espediciO'nes
bechas en diversas épocas para esplorar varios puntos del globo, y para
buscar un nuevo camino á la India oriental; la gran parte que en
eUas tomó la na~ion española; el fO'mento que por este medio recibió
su marina militar y mercante; los auxilios que se han tenido á la
manO' para fO'rmar esta preciosa coleccion; y la diluzidacion de algu-
no~ puntos dudosos Ó cO'ntrovertidos en la vida de Cristóbal CO'lon, á
lá cual se refieren muchO's de los dO'cumentO's.


Desde el tiempo del grande AlejandrO' pueden señalarse los viajes,
de que se tiene noticia mas pO'sitiva, sin embargo de haber precedi-
dO' los de lO'S ejipcios, fenicios, judíos, cartajineses y griegos; y aun
áutes que estos, hechO's con los auxilios de una civilizaciO'n ya ade-
lantada en estas naciO'nes, deben contarse los que prO'bablemente ~
harian al principio por tierra para esplO'rar los confines de cada pue-
blO' reunido en sociedad, y mas adelante por tierra yagua PO'r las
orillas y confines de rios y mares, y prO'gresivamente por las costas
y mar adentro.


CO'nquistadO' el oriente PO'r el valiente MacedO'n, llegó á ser <:Qna-
zido por lO'S europeO's, y su ejemplO' y estímulo á la dominaciO'n ani-
maron á lO'S romanos á hazer lo mismo con lo hasta entónees des-
conozido en occidente, y á Mitridates con las rejiO'nes del norte. En.-
gO'IO'sinados los romanos con los tesoros, curiosidades y regalos de la
molicie oriental, activarO'n por dos caminos el comercio en la India:
el uno por Alejandria navegandO' el Nilo hasta Berenice y atrave-
sando el golfo arábigo hasta Canna, en la Arabia feliz, de donde trans- .
portaban las mercancías -á Musiris, primer depóiito de la India; el
otro por los puertos de la Siria á doude bajaban los jéneros desde
Palmira, en el tiempo de su esplendor, que fué despues sustituido
por Alepo. ValÍanse de pilO'tos griegos y egipcios, quienes fueron los
primeros en abandonar la navegacion costanera, para dejarse llevar por
mediO' del oceanO' al favor de los mO'nzones, ó vientos periódicO's, hasta
MusiIis en la costa de Malabar.


La navegacion mas allá del estrecho de Gibraltar era mirada por




118


los romanos como estéril y penosa, pero el cartajines Hanoo, valido
de los auxilios que le facilitó la destreza de los pilotos andaluzes,
descubrió las costas occidentales del Afríea, y segun se vé por Sil
Periplo ilustrado por nuestro sabio Campo manes, los españoles tuvie-
ron una parte mui principal.en aquella atrevida espedicion. Tambieu
88 debe á los españoles la uuegaciou que los romanos aprendieron
de ellos á las islas Sorlingas en busca del estaño. En el año 94
antes de J. C. emprendieron el primer viage al oceano atlántico, que
frecuentaron despues en naves gaditanas; y desde entonces se difundió
6n España el gusto al lujo y á la ostentacion, cebados sus naturales
COn 108 jéneros ultramarinos que nuestros comerciantes tomaban en Ro-
ma en cambio de los frutos peninsulares.


Con la ruina del imperio romano r.ayeron las ciencias y las artes,
8e olvidaron los útiles resultados de' los viajes, se suspendieron estos,
y. llegó la ignorancia en la geografía hasta el estremo de· negar la
existencia de .los antípodas y la esfericidad de la tierra, contra la
opini()n que en los huenos tiempos. de Grecia y Roma habia sido
wrriente.


En medio de este universal retroceso vinieron Jos árabes á restaurar
las luzes, escribiendo tratados de geografía astronómica y descriptiva
&obre observaciones hechas por sí mismos en los viajes á las tierras
mas recónditas dr. Africa y Asia, y fundando eu estas· sólidas bases
m tráfico que les era mas provechoso; La historia de le8 árabes es-
pañolea escrita por D. José Antonio Conde da noticias de varios via-
jeros y escritores geógrafos, que en 108 siglos VJII, IX y X hicieron
espediciones importantísimas, estableciendo relaciones con Sumatra y
otras islas del archipiélago Índico, y avanzando hasta la China, apesar
de no conocerlle todavía, ni aun en este imperio, la aguja de marear.
Por otra parte los soldanes de Egipto, dueños del comercio de la India
. por el mar Rojo, atrajeron á los mercaderes italianos, especialmente á
los venecianos, desde principio del siglo IX, y excitada la rivalidad
de los' genoveses y pisanos, llegaron estas repúblicas á conservar el
comereio de levante hasta el siglo XII, en que ya frecuentaban los
puertos de Cataluña. Entóncés, y sobre todo desde el recobro de
lAs Baleares, la ciudad de Barcelona, no sQlo competia con ellas en
lll8!'ina y comercio, sino que llegó á. tenerlas como en feudo, nece-
sitadas de su alianza y proteccioIl: opulencia y primacía que conservó
hasta principios del siglo XVI.


o




114


A la influencia de los árabes, promovedores del comercio y nave·
gacion de la edad media, vino á juntarse la de las cruzadas, que por
espacio de dos siglos mantuvieroll á Europa en iumediato y no in·
termmpido contacto· con el Asia. Los viajes del fam()so judío Benja·
min de Tudela, en que empleó treza añQ,S consecutivos, dieron á co-
nocer una gran parte de nuestro globo; y las piadosas espediciones de algu·
nos misioneros al imperio del Mogol, cuyo soberano se conocia en el siglo
XIII con el nombre de Preste Juan, contribuyeron muchQ al. mismo ob·
jeto. No se descuidaba entretanto el comercio en es tender sus re·
laciones en los nuevos paises esplorados por el zelo relijioso. En 1250
Nicolas, padre de Marco Polo, y Mafeo su tio hizieron un viaje á
Comtantinopla y á la corte del Gran Can. Repitiéronlo ~n ] 270 con
su hijo y sobrino, quien lo prolongó por tiempo de 26 años hasta la
China é islas del mar de las Indias, habiendo servido á los tres de
grande auxilio los viajes y I}escripciones que muchos años ántes habian
hecho los árabes españoles. Ni fué estt: solo el. influjo que desde
lluestrapatria recibieron la geografía, comercio y la navegacion, pues.
los castellanos, aragoneses y navarros tuvieron tambien una p.arte mui,
principal en las cruzadas, poniéndose ademas en comunicacion con los
pueblos del norte que habían concurrido al Asia, segun puede verse
en la. sabia memoria que sobre esto escribió cl mismo Sr. Kavarrete,
y se incluyó en el tomo V. de las de la Academia. de la historia.


Hasta aquí hemos visto. c~mo en miniatura y bajo lineamentos mui.
jenerales, el grandioso cuadro de la civilizacion del univ~rso por medio
de los viajes. del comercio y 4e la, comunicacion de unos pueblos con
otros, indicando la parte '1ue como ajentes ó instrumentos, como pro-
movedores ó pr{)movidos, han tenido en ella los españoles desde los
tiempos mas remotos, hasta que, puesta en movimiento casi si~ultá­
neo y uniforme la Europa toda con la¡¡ cruzadas, cada uno de los
pueblos que la componen se asentó, fenecidas aquellas, por decirlo así .
á mirar solo por sí mismo, y formó por consiguiente un ramo sepa·
rado y mas distinto en la historia progresiva de la civilizacion. De-
jemos pues aquí, como lo hace el Sr. Navarrety, á las demas nacio·
nes, y sigamos la marcha de la nuestra, considerada particularmente
¡,ajo la direccion de la corona de Castilla hasta el glorioso reina·
do de D. Fernando y de Doña Isabel, bajo el cual se abrieron las
puertas del Nuevo.mundo por el inmortal .Colon, sujeto principal de
108 dos primeros tomos de esta obra.




115
Miéntras que los reyes de Aragon estaban como á la cabeza de la gran


liga mercantil del Mediterraneo, haziélldosc respetar de las repúblicas
italianas por su poder marítimo, por la productora industria de sus súbdi-
tos y por sus poderosas relaciones con opulentos y lejanos paises, los de
Castilla, superiores tambien á los moros que hasta poco ántes los habian
tenido siempre sujetos con la fuerza ó con el miedo, iban zanjando su po-
der y fomentando todas las semillas de la prosperidad nacional dentro y
(uera del reino. El santorei Fernando III debe ser mirado como el verdade-
ro fundador de la grandeza que llegó á tener Castilla, y que se conservó
hasta el enlaze de esta corona con la de Aragon, apesar de ló bor-
rascosos y turbulentos que fueron casi todos los demas reinados. Ci-
ñéndonos aquí con el Sr. Navarrete á indicar alge de lo mucho que'
debió á aquel monarca el fomento de la prosperidad nazionil por
medio del comercio y de la marina, recordarémos los fueros que dió
á la villa de Zaranz en Guipuzcoa, y á la de Pontevedr¡¡., á Noya
y á Cartajena, todos en beneficio de la industria de mar, de la pes-
ca y marinería. El aprestó en los puertos de la costa de Cantabria la
escuadra que tan eficazmente contribuyó á la toma de Sevilla. El fa-
moso repartimiento que hizo de las tierras de este reino y ciudad, y
las sabias ordenanzas de policía y comercio con que animó la in-
dustria y la actividad del pueblo, la elevaron en poco tiempo á ser
rival de Barcelona, y una de las ciudades mas ricas y comerciantes
que entónces habia en el mundo. Las r~lacionelO provechosas que ,unian
á- Castilla con los paises estranjeros, se estrecharon y aumentaron con
los enlazes que concertó entre su familia y las de los emperado-
res de Constantinopla y de Alemania, y con el rei de Jerusalen Juan
de Briena.


Su hijo D. Alonso el Sabio estendió estas conexiones con las de
las casas reinantes de Dinamarca, Sicilia, Bohemia, Francia y Ara-
gon. En su reinado llegó á tener la monarquía un esplendor que
ninguna de las de Europa podia disputarle; efecto, no tanto d~l ca-
rácter magnífico de este príncipe, cuanto de los medios con que uni-
versalmente supo aumentar el lustre que tenia su corona cuando la
heredó de su gran paure, á pesar de los muchos sinsabores de fami-
lia, de' las guerras' con los moros y de la discordia civil á que tuvo
que hacer frente. La pompa y grandeza con que celebró las bodas
de su hermana Doña Leonor con el príncipe Eduardo ue Inglaterra,
las de su hijo con la infanta de Francia, las vistas de los embaja-




116
dores de Alemania cuando fueron á ofrecerle la corona imperial {!omo
al príncipe mas sabio y poderoso de Europa, y las de los enviados
del Soldan de Egipto, movido á solicitar' su amistad por la ilustre
fama de tan brillante monarquía, fueron un testimonio irrefragable del
auje que tomaba la probperidad nazional, prometiendo llegar en breve
á lo sumo del poder y del engrandezimiento, si en los reinados su-
cesivos no hubieran continuado prevaleciendo las mas desastrosas di-
sensione9 intestinas. En medio de ellas y dr. la atencion que dedicaba
D. Alonso á las letras, artes y ciencias, á las armas y á la lejis-
lacion, la marina ,. el comercio no sacaron la parte menor de 8U
infatigable solicitud. Confirmó, amplió y concedió nuevos privilejios
á los buques catalanes é italianos, que hacian el tráfico de levan-
te. Aumentó y protejió la pobla.cion de la costa septentrional, con-
firmando á. Bermeo el fuero de Logroño, y muchas gracias y fran-
quezl\o1 á los activos guipuzcoanos de Motrico. La marina militar cre-
cia á la par de la mercantil, y así se pudo aprestar en Sevilla la
fuerte escuadra que combatió á Cartagella, se hizieron los extraor-
dinarios preparativOll para la expedicion de Afríca, se arn\C~ la formi-
dable escuadra de 104 naves mayores y graa número de galeotas,
leños y b;,\jeles para el sitio de Algeciras, se estableció la obra magní-
fica de las atarazanas de Sevilla, y se instituyó la órden militar de
Santa Maria de España para premiar los fechos de mar.


LaL villas marítimas de Guipuzcoa, especialmente Deba y Gueta-
ria, acrecentaron su poblacion y comercio en el siguiente reinado de
D. Sancho IV por medio de los notables fueros y privilejios con que
estimuló su industria en la construccion de navíos, y la de .los na-
varros que llevaban su tráfico á Flandes y otros paises del norte.
Igualó á los comerciantes catalanes en franquizias á los genoveses,
que eran los mas favorecidos. Aumentó asombrosamente la fuerza
d~ sus armadas, y con ellas cerró el paso á España. al rei de Mar-
ruecos, tomándole é incendiándole las suyas, y años despues se apo-
dcróde Tarifa, derrotando ántes en Tánjer la escuadra de los moros.


D. Fernando IV, ademas de confirmar y ampliar los privilegios de
que gozaba el comercio de Sevilla, estableció juzgado particular para
la gente y causas de mar, cimentó el comercio de Bilbao confirman-
do el privilejio para su fllndacion; facilitó el tráfico interior ponien-
do el rejistro y reconocimiento de las estraccioncs en los puertos de
mar; y sus escuadras hizieJlOn importantes servicios en el cerco y
toma de Gibraltar.




111
Las leyes suntuarias que se publicari>n en las cortee de Alcalá de


1348, prueban el estraordiaario lujo y profusion de jéneroe preciosos
ultramarinos que habia en el reinado de D. Alonso XI, y la crónica
de este príncipe, al describir su coronacion y la triunfante e~ttada
que hizo en Sevilla, da razon circunstanciada de la suntuosidad en
adornos y vestidos que era jeneral en todas las clases. Este monar-
ca éstendió los privilejios de los cómitres . de Sevilla á sus viudas
é hijos menores, acabó de plantar el juzgado marítimo, reclamó de la
Inglaterra el resarzimiento de los daños que sus corsarios habian he-
cho al comercio de los castellanos durante las treguas, dió, varios
reglamentos y órdenes mui acertadas para la lejislacion mercantil,
facilitó el establecimiento de una lonja nacional en Brujas y de una
compañía de comercio con la Rochela para fomentar el que los bas-
congados hacian en los paises del norte; permiti6 que los buques cas-
tellanos S8 ajustasen para el servicio del· rei de Francia; quien los
solicitaba de preferencia para formar sus escuadras y defender sus es-
tados; hizo reconocer la concha de S. Sebastian y el canal 4e Pa-
sajes para proporcionar fondeaderos cómodos y seguros, igualando á
los comerciantes de aquella ciudad con los favorecidos genoveses en
.sus contrataciones con Sevilla; aplicó al fomento de la armada todas
las escribanías del reino, y con ella quebrantó las fuerzas del' reí
de Marruecos y del de Portugal, y realzó la gloria naval de los cas-
tellanos en el famoso cerco de Aljeciras y otras muchas acciones-me-
morables. En vista de este poderío, confesó la Inglaterra que los
españoles caminaban á 8et' dueños absolutos de los mares, y así se
apresuró á negociar la paz, como en efecto lo consiguió, ajustando
en Lóndres el tratado con los cómisionados de las villas marítimas de
Castilla y Vizcaya.


El reí D. Pedro, que á pesar del odioso dictado de Cruel con que le
señala la historia, ocupa en ella algunas páginas gloriosas, fué el primer
reí de, Castilla que se embarcó en sus bajeles, y mandó sus propias escua-
dras. Presentóse delante de Barcelona con mas de ciento veinte naves,
.se hizo á la mar con' otra de treze aprestada en Sevilla con asom-
brosa prontitud en perseguimiento de la del reí de Aragon, que in-
festaba aquellas costas; y tambien se embarcó en una flotilla para.
apoderarse de su hermano D. Tello que huia de la muerte. Gusta-
ba de presenciar las maniobras navales y la pesquería de los atunes,
y dejó consignada su decidida aficion á las cosas de mar en algu-




lIS
"


nas preciosas alajll8 que mandó fabricar en forma de naves, cuya pri-
morOBa ejecucion acreditaba no ménos el progreso de la artes en su
tiempo.


En los dos reinados siguientes la marina castellana mantuvo su re-
nombre y poderío, especialmente destruyendo en las aguas de la Ro-
chela con el auxilio de la altiflerÍa, usada por primera vez en la mar,
treinta y seis naos i{lglesas; tomándoles prisionero eI.jeneral con 8,000
hombres y todo· el tesoro que conducian. No mé~os formidable fué
contra los portugueses en las bocas del Tajo y del Guadalquivir. En
las cortes de 1371 se dieron varias disposiciones . favorables al tráfico-
de los puertos de Castilla, Vizcaya y Guipuzcoa con los de Asturias
y Galicia. D. Juan 1 continuó los triunfos navales contra Portugal en
1381 y 84. La jenerosa intercesion en que entró con el soldan de
Babilonia á favol' del rei de Armenia !!ID prisionero, abrió por medio
de los embajadores que envió á aquellas remotas rejióhes, nuevas re-
laciones al comercio y nuevos caminos tí la ilustracion de los c~te­
llanos. Casó á su primogénito con Doña Catalina, hija del duque de
Alencaster, atajando así la ambicion de Portugal; y la introduccion del
ganado merino que en sentir de algunos se verificó entónces, y que
tanto se mejoro en España, proporcionó' un nuevo ramo ce comeJcio
y fomentó las fábricas de paño.


La prudente economía de Enrique 111, sus fe1izes disposiciones para:
gobernar, y el acierto que tuvo en la eleccion de ministros y amig!fS,
contribuyeron en gran manera á desembarazar á la industria y al
comercio de las trabas que sufrían por el excesivo abuso del lujo. En-
vió embajadores á Bayaceto, al soldan de Babilonia, al Preste Juan y
al gran Tamorlan, por dos vezes, segun consta del curioso itinerario
que de este importante viaje, alongado por el Enfrates, la Armenia,
Persia y la India hasta Sumarcante, escribió Ruiz Gonzalez de Cla-
vijo, uno de los de la embajada, y que, publicado por Argote de Mo-
lina en Sevilla año J 582, fué· reimpreso en Madrid por el Sr. Lla-
guno y Amirola, año 1182. Confirmó los privilejios de Bilbao, supri-
miendo ciertos derecllOs que entorpezian su comercio con otros pue-
blos. Fué el primer rei que fomentó la construccion naval, dictando
la famosa lei de preferencia en fletes y cargamentos á favor de los
buques nazionales, aun por los mercaderes estranjeros establezidos en
España. Quebrantó tambien las fuerzas marítimas de Portugal, y es-
carmentó á los moros en el Mediterráneo; y las atrevidas empresas de




119


D. Pedro Niño, que hflStilizó á los ingleses dentro de sus mismos puer.
tos, despojándolos de naves y repuestos, serán siempre otros tantos
timbres de gloria en la historia de nuestra marina militar. En el rei-
nado de este príncipe, y por los años de 1393 Ó 1399, se hizo bajo
'Sus auspicios por varios aventureros andaluzes, vizcainos y guipuzcua-
nos la primera espedicion á las Canari¡¡.s, que pocos años después re-,
pitió Juan Betancourt, conquistando aquellas i~as bajo el pleito hom~
llaje que rindió á Enrique lB, y que renovó á BU hijo D. Juan II en
Valladolid el 25 de junio de J412. Hízose pues la conquista con la
proteccioR y auxilios del rei de Castilla, y en su nombre recorrió tam-
bien el mismo Betancourt, ántea de concluir la conquista de las islas,
la costa de Africa hasta el rio del Oro, que está mas allá del cabo
Bojador. Desde entónces los castellanos frecuentaron aquellas costas
adquiriendo en ellas grandes conozimientos y una larga posesion de sus
principales puntos, ánte$ que los portugueses biziesen por aquellos pa-
rajes las primeras ~pediciones, cuyos resulta'dos revelaron á Vasco de,
Gama el paso á la India doblando el cabo de las tormentas. La ra-
pidez de esta analísis solo nos permite insinuar así la cuestion que
tan clara como estensamlmte ilustra el Sr. Navarrete sobre la perte-
nencia de las Canarias, disputada sin razon á Castilla por Portugal.


Los cronistas y otros escritores coetáneos del reinado de D. Juan
I1, al paso que refieren los largos disturbios que durante él desgar-
raron la monarquía, tambien dejan trasluzir pruebas inequívocas del
alto grado de opulencia, esplendidez y finura que usaban los corte-
'sanos y otras personas de algun rango; y hazen mérito de varias dis-
posiciones que, en el desórden y tumulto de la discordia que toca-'
ha á rebato, se dieron á. favor del comercio y de la industria, de que
no se descuidaban los gallegos, castellanos y vizcainos, haziendo, no solo
el comercio del norte, sino el de levante, con frutos propios y mer-
caderías estranjeras. En laa cortes de 1422 se decretó la construc-
cion de nuevos navíos y galeras y la reparacion de las fuerzas na-
vales existentes para emplearlas en protejer el comercio y defender
las costas. En las de 1434 se notó y remedió la falta de naos gran-
des. La ciudad de Sevilla, en los últimos años de este reinado, flo-
recia, segun Ortiz de Zuñiga, con la mayor opulencia de vecindario,
comercio y riqueza que tuvo desde la conquista: llena de industrias
mecánicas y de muchas fábricas de todo jénero de ropa: abundosa
en cosechas de vino, aceite y lanas que se exportaban, a~í como




120
todo jénero de sedasj brocados y telas ricas: la nobleza opulenta d~
rentas de 8US heredades y tierras, en ellas ejerzia la labranza por sus
mayordomos, haziendo abundar la tierra de frutos y ganados. En me-
dio de este auje no decayó el de la marina militar, como lo espe-
nmentaron los venzidos reyes de Tunez y Tremecen, los franceses
socorridos por sus fuerzas, y todas las naciones teniéndole gran con-
sideracion y respetO.


Esta bella perspectiva, que fácilmente hubiera podido consolidarse
despues de llevada á. un alto punto la pública prosperidad, toda des-
aparezió, toda se malogró en el siguiente reinad\) de Enrique IV, aun-
que á los principios de él todavía dieron algunos frutos las acerta-
das providencias de los antedores, y a1gu1l3S que se tomaron para
facilitar el tráfico y circulacion. En prueba de que todavía se man-
tenia floreziente el comercio, dice la crónica de este príncipe: "que,
cuando se confederó con los ingleses contra la Francia, el rei. Luis
y los de su reino recibian, no solamente daño, mas grand pérdida,
porque los mercaderes de Castilla no iban á. Francia con sus mer-
caderías:' Y en la provincia de Guipuzcoa flofezian tanto la nave-
gacion y el trato, que el rei Enrique VI de Inglaterra recibió bajo
su proteccion á. los navíos de los bascongados que arribasen á sus
reinos, y mandó resarzirles los daños que les habían lircho sus cor-
sarios, valuados en 11 mil coronas.


Nada de esto existia ya cuando entraron á reinar los reyes cat6-
licos D. Fernando y Doña Isabel, verdaderos restauradores de la mo-
narquia española. No es del presente propósito el referir los fastos
de este glorioso reinado; pero siguiendo el que hemos abrazado, de-
bemos indicar el especial conato que se puso en hazer revivir el
tráfico de Guinea, é aun adelante de Sierra Leona: la real provi-
sion de 17 d~ Febrero de 1478, mandando que el oro y otros res-
cates adquiridos en· la mina y en las costas de Guinea~ se condu-
jesen á. España y no se sacasen para otras partes, y que se hizie-
sen armamentos marítimos, paraque los naturales destos reinos anden
!I estén· pujantes por la mar, los un08 para ir á fazer dichos resgIJ-
tes, ;y los otros para los defender ;y segurar: la renovacion de varias
leyes propicia;; al comercio, á la ~avegacion y á la industria: la con-
ñrmacion á favor de los mareantes de Galicia, de los usos, costumbres
y libertades que tenian de tiempo inmem9fial: la prohibicion deére-
truJa á solicitud de los· guipuzcoanos de que los (''6tranjeros estrajesen




121


el valor de sus mercancías en oro, plata ó moneda, sino en frutos
de la Península; el señalarn.iento de premios para los que á su costa
construyesen navíos desde mas de mil toneladas hasta seiscientas, te-
niéndolos aparejados y dispuestos para todo;"la proteccion dispensada
á todos los comerciantcs, bien manifiesta en las ordenanza¡¡ pl!-ra el
arreglo de la jurisdiccion, privativa del prior y cónsules de la uni-
versidad de mercaderes de Burgos; y otras muchas atinadas dis-
posiciones en materias de cambios, ¡!irDS y ferias como la famosa de
Medina., del Campo, y favorables al gran comercio que hacian los es-
pañoles en Flándes, Francia, Inglaterra y otros estados, donde tenian
cónsules y factores naturales del reino, paraque quedasen en él, y no
en los estranjeros, las grandes utilidades que produze un comercio ac-
tivo. Fácil es ya inferil" cual seria el poder de la marina militar en
un reinado que tanto promovió la mercante, atendiendo al mismo tiem-
po al constante cuidado de abrir y mantener perenes todRIIlas fuen-
tes de la riqueza y prosperidad pública. Así se ve en el año de
1482 armarse e~l Vizcaya un~ escuadra de treinta l!avíos, reforzada COIl
otros veinte de Andpluzí~ y Galicia, para combatir á los turcos que
se habian apoderado de la plaza de Otranto; en 1486 salir de Se-
villa para socorrer al rei de Napoles otra armada al mando de Mel-
chor Maldon.ado: en 1483, pasar ~ Vizcaya la reina Doña Isabel en
persona para alll'esurar el apronto de las formidables fuerzas maríti-
mas, -que en breve se presentaron en el Medi'terráneo, é hiziel"On el
importante s.ervicio de cortar á los granadinos los socorros de Africa,
contribuyendo así directa y eficazmente á la relldicion de aquellaciu-
dad: en 1496, asegurar las costas de Rosellon .,y Cataluña amenaza-
das POI" los franceses, y aprestar al mismo tiempo en Laredo una
escuadra de 130 velas, graudes ó pequeñas, en la cual se embarcó
para- Flandes la infanta archiduquesa Doña .Juana, .acompañada de mas
de 20 mil hombres de guerra': y finalmente, salir á la mar el Gran Ca-
pitan, á instancia de los venecianos, puestos en ahogo por Bayaceto,
con una armada de 50 buques, 4 mil illfaLtes, 300 lanzas y .otros
tantos caballos, volar á Sicilia, dirijirsc al Archipiélago; apoderarse
de Cefalonia, escarmentar á los turcos y restituir la isla á aquella
república.
'Tal es' en bosquejo el cuadro que nos propusÍmos trazar en esta


parte de nuestra historia nazional, poco conozida generalmente, por ser
difícil hallada reunida y coordinada en, el discurso de un solo trata-
. .


p




1~2
do. i Qué tristes reflexiones nos afljen al concluirle! La marina es-
pañola desde el siglo XIII respetada y temida por las naziones mas
poderosas; y en el siglo XIX comprando de un pueblo recien puesto
en el catálogo de los civilizados, y con el dinero que hacia falta para
socorrer la miseria pública, unos cuantos mal construidos buques, des-
tinados á. recobrar las posesiones de América, con tanta gloria con-
quistadas en el siglo XVI por unos pocos aventureros desprendi-
dos de los ejércitos, de quienes se temió que estableziesen la monarquía
universal. Y la obra en cuyas páginas se lee este doloroso contraste,
está dedicada al monarca que dos vezes ha sido brindado en vano por
la fortuna y por la lealtad de sus súbditos con los medios seguros
é incruentos de levantar á España de su decadencia espantosa! ••••


---..... 0----
MISCELANEA.


Conaturalization de la cochinilla en el medi~dia de España. (~rtÍcuIQ
comunicado por D. Mariano La-Gasea).


Podemos asegurar ya como un hecho positivo la conaturalizaCÍon del
precioso insecto americano que produce la grana, en las provincias
meridionales de la Península, y con particularidad en la isla Gadi-
tana. Lo creemos así fundados en una carta de Cádiz fecha 23 de
noviembre pasado, eacrita por un individuo de la sociedad de amigos
del pais de dicha ciudad, digno de todo crédito por sus conocimientos
en la materia. Dice así: "en el verano inmediato hemos cojido en
el jardinillo que V. vió, una arroba de grana buena, buena, amen de
haber repartido ~a sociedad á cuantos la han pedido, á Valencia, JV[ur-
cia, Motril, Málaga, Sevilla y por estos contornos. En varios de estos
pueblos ha prosperado. Hemos sido feliz es en este asunto." Noso-
tros, que tambien hemos visto el jardinillo en donde se ha criado
di~ha cochinilla, opinamos que el producto de una arroba del insecto
es una gran cosecha, y nos hace creer ya efectiva y fuera de toda
duda su aclimatacíon. Esta se fijará indudablemente en la Península,
si la sociedad de Cádiz al zelo é intelijencia que ha mostrado en este
asunto, añade la publicacion de una cartilla agraria en la cual sr ex-




123


ponga sencillamente todo lo que hace relacion al cultivo de las plantas
que alimentan al insecto, y los pormenores de la cria, recoleccion y
conservacion de este. Esta nueva adquisicion, debida á la sociedad
de amigos del pais de la patria esclarecida de Columela y Mutis,
y en gran parte á los conocimientos y filantropía del ilustrado socio
D. Antonio Cabrera, promete ventajas de mucha consideracion á la
agricultura del mediodia de la Península, si los propietarios ricos sa-
ben aprovecharse de ella. Sus productos resarzirán, y acaso con usu-
ra, el gTan desfalco que ha sufrido la industria agrícola por la casi
ninguna estraccion de las barrillas y sosas, que pocos años ha forma-
ban uno de los mas pingües ramos de comercio. Las cortes de 1822
conocieron toda la importancia de semejante adquisicion, y la promo-
vieron por su parte, concediendo á la referida sociedad de Cádiz la
propiedad del jardinito en donde se han hecho los primeros ensayos,
y en donde se ha cojido ya la cosecha arriba espresada; y ademas
la suma de 30,000 rs. vn. por una vez, y 15,000 rs. anuales para dicho
objeto; y el de conaturalizar plantas exóticas de utilidad conocida.


Es de esperar que dicha sociedad económica y otras del reino
no olvidarán los felizes resultados que tuvo años ha en Valencia y
en Aranjuez, el cultivo y elaboracion del añil; que en uno de los
jardines de Málaga vejeta con lozanía, y lleva fruto abundalltÍsimo
el café; que el té oriental requiere aun ménos calor que el naran-
jo; 1ue en Málaga vejeta tambien al aire libre el árbol de Cuba, lla-
mad!> quiebra-hacha por su madera durísima (*) ; y creeemos que igual-
mente prosperarían el cedro de América, las caohas, y otros muchos
árboles útiles por sus ¡naderas preciosas, ó por otras cualidades no
ménos importantes. El sabl.:Osísimo chirimoyo y la planta ó aguacate,
conatnralizados ya en varios puntos del mediodia de España, deberian
propagarse con abundancia, pues estamos persuadidos firmemente que
sus productos recompensarian los trabajos del labrador con ganancias
considerables. Los arenales de las costas del mediodía, y acaso tam-
bien de las del poniente, debieran estar convertidos ya en praderas
de precioso heno con la yerba de Guinea (Panicum jumentarum) si es
cierto lo que acerca de esta planta he leido. En fin, las sociedades
económicas y los grandes propietarios ilustrados verán en estos he-


(") Este árbol forma un .iénero nuevo de la familia natural de las Legumbro-
sas, muí afine al Hymenttla, del cual se distingue principalmente por carecer
de c~rola y por su legumbre seca y SíD pulpa. El hábito es parecido al de
la Hyment1!a.




124


cllos, y en . otros muchos que omitimos aquí, y pueden verse en otros
papeles (*), la gran probabilidad, por no decir evidencia, de poder
conaturalizar en España las productos mas preciosos de 1a Améri-
ca. Esta se ha separado de la metrópoli llabiendo adquirido los
productos mas preciosos de su agricultura, y los peninsulares nos ve-
rémos, gracias á la estúpida ignorancia del réjimen que ha aniquilado
la nacion cn estos tres últimos siglos, en la precision de principiar
de nuevo á conquistar los de la agricultura americana, si querernos
lmcernos independientes de estos nuevos estados. En la actualidad es
absolutamente indispensable una revolucion en la agricultura penin-
sular, porque los nnevos estados Hispano-Americanos cultivarán en
grande la vid, el olivo &c. y no necesitando de los productos de la ,
agricultura española, esta se verá en la prccision de cambiar de co--
sechas, si quiere no ser c~c1ava de sus hijas.


Beneficencia para con los emigrados españoles.
Entre los benéficos ingleses que han contribuido eficazmente al socorro


de los infelizes emigrados españoles, se han distinguido mui particular-
mente algunos habitantes del hermoso pueblo de Hampstead cerca de 'esta
capital. No contentos con los nonativos particulares que muchos de ellos
están continuamente haciendo para socorrer con dinero, vestidos, provisio-
nes y medicinas á un gran ,número de nuestros compañeros de infortunio,
acordaron que se predicase eu la iglesia parroquial de aquella poblacion un
Bermon en favor de los refugiados. El Reverendo Dr .• 1. Rudge, que es
tan acreedor al reconocimiento de'todos los emigrados poI' los infatigables
esfuerzos que ha hecho para aliviar su desgraciada suerte, se ofreció libe-
ralmente á predicar el sermon, y el éxito corresr,ondió á las esperanzas de
las personas caritativas que habian sujerido este medio de llenar objeto
tan piadoso. La colel"Cion ascendió á cien libras esterlinas; y nada prue-
ba mas el efecto que produjo el sermon en los oyentes, que el haberse
recojido una libra, nueve chelines, nueye peniques y tres farthings) de
los donativos hechos en cobre por los pobres que no podian contribuir sino
con algunos peniques. Nosotros aprovecharnos esta ocasion de dar, en
nombre de nuestros desgraciados compañeros, un sincero, aunque débil,
tributo de agradezimiento á los habitantes de Hampstead, y en particular


(*) Entre otros puede verse mi papel inserto en el número 3:' y siguien-
tes del periódico titulado The Gardener's Magazine, en el cual encontrará el
lector muchos datos concernientes á este importante obJeto.




125


á Mr. Simpson, cura de aquella parroquia, y al Dr. Rudge, cuya bon-
dad jamas se borrará de ]a memoria de Jos emigrados; y esperamos que
()tras parroquias sigan el hermoso ejemplo de Hampstead, y sean socorri-
das tantas víctimas de la persecucion mas atroz, que gimen sumidos en
una miseria tan honrosa como terrible.


CARTAS DE UN EMIGRADO.
CARTA l.


Del gobierno municipal de Lóndres.
Amigo mio: difícil me será complacer á V. de un modo cabal ~obl'e


lo que V. me pide. La inmensa estension de esta gran corte, y la
situacion penosa de un emigrado, me impiden reconocer todos los ob-
jetos que justamente llaman la atencion de un estranjero en la capi-
tal de} imperio británico, depósito grandioso de riquezas, de luzes y
de industria. Sin embargo, por satisfacer la curiosidad de V. y con-
sumir útilmente mis ocios, procuraré dar á V. una ligera idea de lo que
yo mismo he visto acerca de los puntos que comprende su aprecia-
ble carta del 10 del pasado, que acabo de recibir.


En 'cuanto á la poblacion, bástele á V.saber que se compone en
el dia de 1.400,000 habitantes, que es como si dijéramos de uu número
casi igual al que se cuenta en Galicia. Es de nQtar que la pobla-
cion ha crecido en el espacio de un siglo en cerca de una mitad,' y
que diariamente se aumenta, como lo demuestran las muchas casas que
se están construyendo. Efecto inevitable de la justa libertad que aquí
se disfruta, del orden público, de la rigorosa observancia de las leyes,
y de las riquezas que refluyen en esta gran metrópoli, como COlise-
cuencia precisa de las ,sabias instituciones que disfruta el pueblo ingles.


La ciudad de Lóudres se divide en 26 cuarteles, )' estos en 236
,distritos, cada uno de los cuales tiene el derecho de nombrar un re-
presentante para el consejo municipal, cuya elecciou se hace del
mismo modo que la de los re ji dores (Aldermen), con la diferencia de
que así como el jefe político (Lord Mayor) preside la asamblea del
cuartel en la eleccion de un rejidor (Alderman), este preside las reu-
-nion~s que se celebran para la eleccion del consejo municipal.


El gobierno civil de esta gran ciudad se desempeña: primero, por
un jefe político (Lord Mayor), 26 rejidores (Aldermen), dos sherifes;




126
Y' segundo, d eons-ejo municipal, compuesto de 236 vocales nombrados
por los distritos de cada cuartel. La estructura del gobierno muni-
cipal de Lóndres es mui parecida á la del cuerpo soberano que diri-
je ,la nacion, porque el consejo municipal represeata á los habitantes
y compone parte de la lejislatura de la ciudad. Así como esta consta


. del Rei, de los Lores y Comunes, el municipal se compone del jefe
político, Lord Mayor, los rejidorcs y consejo municipal, formado de
los representantes del pueblo, por serlo de un diputado de cada distri-
to. Rai la diferencia entre ambos de que el jefe políticO' no tiene
como el Rei el veto, del cual disfrutan los rejidores del consejo.


Una respetable asamblea compuesta del Lord Mayor, Sherifes y Re-
jidores, del consejo municipal, y de individuos de los gremios de Lóndres,
elijen en el día 29 de setiembre de cada año, dos de los rejidores
y los presentan al ayuntamiento de estos y del Lord Mayor, los cuales
elijen al mas anciano y queda nombrado Lord Mayor, de cuyo cargo
toma posesion el dia 9 de noviembre con la mayor pompa y osten-
tacion, gastándose en el gran co~vite, que se da con este motivo,
3.000,000 rs.


El destino de los rejidores (Aldermen) es vitalicio. Los nombran
las cabezas de familia de cada cuartel. Son los majistrados principa-
les de estos, y juezes perpetuas de paz de la ciudad. Tienen varios
tribunales para fallar los pleitos de los habitantes de Lóndn:s por.
medio de juezes y empleados del Ayuntamiento. El Lord Mayor el
archivero Recorder, el common sergeant y los rejidores; Aldermen,
son los juezes que oyen y fallan las injurias y crímenes que se co-
in~ten en la ciudad y condado de Middlesex.


El consejo municipal, ó llámese el parlamento de la ciudad, consta
. del Lord Mayor, de los 26 rejidores y los 236 individuos que anual-
mente elijen las cabezas de familia" de cada barrio. Sus sesiones son
públicas y mui interesantes: se celebran en la casa de ayuntamiento
(Guildhall), cuantas vezes el Lord Mayor tiene por conveniente convo-
carlas para hacer acuerdos sobre negocios relativos al gobierno de
Londres. El consejo nombra cada año 12 de sus individuos y 6 AI-
dermen, á cuyo cargo corre el arriendo de las tierras de la ciudad,
y se reunen en la casa de ayuntamiento todos los viernes. Otra co-
mision nombrada por el' mismo y formada de 4 Aldermen y 8 indivi-
duos, tiene á su cargo los negocios del colegio de Gresham, en donde
se estudia teolojÍa, leyes, física, astronomía, música y retórica; y se




121


reune en la sala de los mazeros cuando lo dispone el Lord Mayor
que la reside. Nombra ademas el secretario de ayuntamiento, el al.
guacil mayor, comon sergeant, los juezes del tribunal de los sherifes,
el pregonero, el coronario (á cuyo cargo corre averiguar si los cuer-
pos que fallecen lo han sido de muerte natural ó violenta), al algua-
cil del barrio de Southwarck y el garbillador de la ciudad.


De lo dicho deducirá V. la sencillez que guarda el ól'dell munici-
pal de esta gran ciudad, en el cual se ha reunido felizmente el plan
p'opular con la perpetuidad de unos oficios que requieren gran prác-
tica para' su ejercicio. Con él se maneja del modo mas acertado este
inmenso pueblo, en donde disfrutan sus moradores la mas dulce tran-
quilidad, la seguridad mas completa y las ventajas de una sociedad
bien organizada. En Lóndres no se encuentra un cuerpo de guardia
ni una bayoneta empleada en mantener la quietud, y sin embargo no
se ven los robos, las picardías ni los desmanes que en otras cortes,
.en las ~uales se tropieza á cada paso con los esbirros de la justicia.
En Lóndres es invisible la policía, apesar de que existe y ejerze sus
fnnciones ( del modo mas eficaz, Es tal la seguridad que se disfruta
en esta ciudad, como que las ventanas de muchas casas no tienen
mas cierro que los cristales: las puertas de la calle son senciilas y
se aseguran con un picaporte :,. en los corrales y patios se . dejan ten-
didas las ropas dia y noche, sin que falte jamas prenda alguna, y los
jarros de estaño. en que se lleva la cerbeza á las casas, se quedan
colgando á las puertas de ellas, sin que ninguno se atreva á. robarlos.
Nadie pregunta á V. de qué vive ni cómo vive: la casa es -un sagra-


-do impenetrable: nadie molesta á V., Y sin embargo la vigilancia se
ejerze con esmero, y el bribon, el díscolo, el fullero y el intrigante
encuentran el castigo con mayor prontitud que en los paises oprimi.
dos por los FoucMs, los Marquinas y D. Rufinos.


A Lóndres deben venir á tomar lecciones en el arte de gobern~r
los viejos togados españoles, que creen que un gran pueblo no puede
tener abundantes abastos, á no entretenerse ellos en amasarle el pan,
en proveerle de tocino, de carbon y de carne, que Bolos rejidores aris-
tócratas que vinculan el mando en sus familias, pueden dirijir con
acierto á los pueblos, y que elórden público se establece y conserva
solo con el, brutal espionaje y la opresion. Aquí deben venir
nuestros alcaldes de la real casa y corte á conv~ncerse de que los
vecinos de una gran ciudad pueden divertirse en la comedia, sin que




128
el majistrado civil se empeñe én decorar grotescamente la funcion
con la toga, con el escribano, los alguaciles y la tropa, azibarando
el plazer de la diversion con el aparato del tribunal.


No crea V. por esto que los que vivimos en medio de una tan
completa libertad, seamOd víctimas de ella. Yo quisiera que Madrid
CQn sus patrullas militares, con sus cuadrillas de hambrientos algua-
ciles, con sus serenos, con los sátelites numerosos de la policía opre-
sora, y con tantos alcaldes, y tantos y tantos como disfrutan el fu-
nesto privilegio de prender, ofreciera á sus moradores tanta seguridad,
tantas comodidades y tan diestros y prontos administadores de justicia,
como la inmensa capital del imperio británico. No hai callejon, por
escusado que sea, que no dé el mas seguro paso á los vecinos en lo
mas alto de la noche: los zeladores nocturnos, interviniéndose unos
á otros con una feliz combinacioll, previenen los delitos, aseguran el
sosiego y guardan las casas con el mayor cuidado; y otros ministros
públicos derramados de un modo invisible por las calles desempeñan
iguales funciones durante el dia.


Para oir y providenciar lo conveniente sobre quejas de agravios é
injurias, hai en Lóndres 11 oficinas con sus respectivos majistrados.
En la calle de Bow está la de policía general, bajo las órdenes del
sccretario de estado y del despacho interior. Se compone de 4 ma-
jistrados con 3 escribanos y 8 oficiales, 5 de los cuales recorren el
reino para el descubrimiento de los crímenes de su incumbencia. Cien-
to cincuenta patrullas de infantería y caballería mantienen el órden
en las calles de la capital y en todos los caminos hasta 10 millas,
de distancia de ella.


Los individnos de esta jurisdiccion conocen todos los excesos que
Be cometen en la aduana, en los derechos de la accisa, en el papel
sellado, contra las leyes de la caza, en Jos que incurren los buho-
neros, los prenderos, las compañías amistosas, los cocheros y carre-.
teros; los cuakaros que resisten al pago de diezmos &c. La policía
de Lóndres sostiene sus providencias por medio de una fuerza com-
puesta del número siguiente de empleados.


En la ciudad: mariscales, bedeles y condestaHes..... 319
Patrullas y serenos.............................. 808
En Westminster: condestables..................... 71
Patrullas y serenos.. . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 302
Barrio de Finsb6.ry: cOndestables................... 69




129


Patrullas y serenos.............................. 135
La parte oriental de la ciudad: condestables........ 218
Serenos y patrullas.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208
Torre de Lóndres: condestables................... 17
Serenos y patrullas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
Holborn: condestables.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
Patrullas y serenos.............................. 377
Kensington y Chelsea: eonde~tables................ 82
Patrullas y serenos.............................. 66
Parte del sur: condestables....................... 88
Serenos y patrullas.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . 79
Empleados en las 6 oncinas de policía de la calle de Bow. 150


Número totaL ....................... 3,077


En sitio proporcionado hai establecidas casas de detencion en donde
un condestable parroquial vigila el órden, y encierra á los delincuen-
tes para presentarlos luego al majistrado.


Qué tal, amigo mio? Las libertades inglesas no se ofenden con la
policía y sabia organizacion dirijida á prevenir los crímenes y ase-
gurar la tranquilidad; no está' en oposicion con la guarda nl'l de
los derechos del ciudadano, ántes bien se convierte en conservaddJ:a'
de ellos.. ¡Cuan estraviadaestá en esta parte la opinion de los pe-
ninsulares! Resistieron el establecimiento de la policía en la época
del sistema constitucional por creerle contrario á la libertad. ¿ Pero
qué mucho que esto sucediera cuando los españoles jamas vieron otra
policía que la opresora? Los nombres de Marquina, de Sartin. de
Chavarri y de Gonzalez recuerdan tropelías, atrozidades y desacatos
capazes de estremecer al hombre mas insensible.


Páselo V. bien huyendo de los golpes de la sanguinaria policía que
hoi molesta á ese pais desgraciado, y mande cuanto quiera á quien
es todo s~yo. y goza de la mas completa libertad en medio de la sabia
policía inglesa y B. S. M. N. el emigrado.


Lóndres 6 de noviembt'e de 1826.




130


Estraclo de una carta de 1ll(ldrid del 3 de Enero de 1827.


Cuando recibí tu carta del 17 anterior, en la cual pronosticabas con la
mas completa seguridad que así que el rei recibiese las noticias del men-
saje del de Inglaterra ,á su parlamento y la venida de tropas á Portngal, con-
cedería cuanto ese gobíerno puede desear, no pude ménos de admirarme,
al ver cuán poco conoceis la verdadera posicion de Fernando. Es un he-
cho que el miedo es su pasion dominante; mas en este caso el miedo de
las consf,Cuentias, que tarde ó temprano han de resultar del estableci-
miento de la constitucion portuguesa en la Península, es mui superior al
miedo que le puede producir Una guerra, y te puedo asegurar que delante
de ...... el 27 del pasado, dijo el Rei las siguientes espresionEs: " Será
todo lo peligrosa que se quiera una guerra, pero á lo ménos saldrémos
una vez del mal paso." Por otra parte, los apostólicos trabajan con el
ardor mas increible; desde el dia 10 de noviembre ha habido sesion per-
manente de la junta directora, y aunque en cuanto á secreto hai poco
mas ó ménos el mismo que habia cuando en 1823 teníamos la ses ion per-
manente en la plazuela del Angel, por lo que respecta á union y actividad
es necesario confesar que nos ganan. Yo te habia dicho en una de mis
cartas anteriores que Inguanzo y algunos otros apostólicos de inflnencia
se habian separado de los rabiosos, y habian formado u,na especie de alianza
con los moderados, lo que habia heeho concebir esperanzas de que el poder
de ese partido violento ces aria de reinar tan despóticamente y tan sin opo-
sicion Como lo habia hecho hasta ahora. Estas esperanzas se han desva-
necido completamente; Inguanzo y los disidentes se han vuelto á unir
con los de S. Francisco, y desde que se determinó favorecer á los Migue-
listás, todos forman un cuerpo, y aun Inguanzo preside á menudo las
sesiones, donde se manda á los ministros de un modo descouocido hasta
aquÍ aun, en las sociedades mas sujetas á la obediencia pasiva. La sesion.
del 19 ~el pasado en que se discutió lo que se habia de hacer á consecuen-
cia del mensaje del rei de Inglaterra, fué extraordinariamente violenta;
se trató en ella de mudanza de ministerio, de declaracion de guerra á
Inglaterra, de un armamento de la nacion en masa &ct. &ct. y aunque no
resolvieron nada, porque el presidente sujirió la idea de que se suspen-
diese la. sesion hasta que se pudiese leer el discurso de Canning, y se
tuviesen noticias seguras de lo que pensaba Villele, la opinion unánime
de los de la junta fué que era necesario no dejarse aterrar por las amenazas
de los ingleses, y que el gobierno debia decir que bien á. todo sin com-




131
prometerse mucho, al mismo tiempo que se preparaba á formal' cordones
sanitarios en la frontera. Los ministros desde entónces han seguido este
plan, y en {OS últimos quince dias no se ha visto otra cosa que prepara-
tivos de guerra en Madrid y en las provincias, al mismo tiempo que Sal-
mon está dando continoomente las mayores !lrOmeSas de que no se turbará
la paz. El único ostáculo que se creyó generalmente que encontraría el
ministerio á la continuacion prolongada de este plan, era la oposicion de
Mr. Lamb; mas los apostólicos pronosticaron desde luego que este minis-


. tro ingles nc;¡ amenazaba de velas, y los hechos han probado que su espe-
ranza 110 era infundada. Mr. Lamb ha enviado repetidamente notas ame-
nazadoras, y cuando esperábamos que el ningun efecto de estas notas le
hiciese salir de aquí, el hombre ha desempaquetado y aparece en la corte
como si consiguiese todo lo q~e pide. Los !lpostólicos citan triunfante-
mente este hecbo como una prueba de la impotencia en que se halla Ingla-
terra para bacer guerra, y se burlan de Mr. Lamb, siendo la primera pre-


. gunta que se hacen comunmente "¿ ha enviado el Ingles otro ultimatum r
Cuantos van ya r' El partido moderado considera de mui diverso modo
esta paciencia del ministro ingles, y creen que no haze mas que estar
adormeciendo al gobierno, miéntrai el suyo prepara todas las cosas nece-
sarias á dar un golpe contundente. Yo no puedo juzgar de la política de
Canning, mas despues. que he leido su discurso, me he convencido plena-
mente de que es inevitable la guerra, 6 el gobierno ingles tendrá que
retroceder vergonzosamente de la carrera que ha principiado á seguir.
Es locura creer que los apostólicos teman una guerra, y que se cran ellos
sin fuerzas para salir bien del paso: causa admiracion el oirlos hablar de
esta materia; y paraque puedas juzgar de los fundamentos en que estri-
ban una ceguedad al parecer tan extraordinaria, te copiaré algunos trozos
de una especie de proclama que ha;n enviado á sus afiliaciones con fecha del
26, y que no pude copiar en~eramente, porque solo la tuve doce minutos,
y lo que copié fué taquigráficamente.


"Cuando todos creiamos que el término de nuestros heróicos sa-
crificios estaba cercano, se ha dignado la Providencia hacernos clara-
mente ver que aun no están expiados nuestros pecados, y que aun nos que-
da mucho mas qne sufrir. Hn ministro ingles, cuyo nombre será eterna-
mente un nombre dI/: execracion para todos los que no estén inficiollados
con las pestíferas ideas que ha vomitado el infierno en nuestros desgracia-
dos tiempos, envidioso de ver· que el sistema mal llamado liberal iba á
desaparecer de la culta Europa, no solo ha procurado darle un asilo




132


en la desventurada América, sino que ha cncendido cerca de nosotros
la llama que él espera se estienda con la mayor rapidez por la ca-
tólica España. Fiado en un poder adquirido á costa de atrozes crÍ-
menes, quiere imponernos leyes, quiere hacernos esclavos de su capri-
cho, quiere en fin humillarnos, como el primer paso que él cree ne-
cesario para preparar el camino á nuestros enemigos. ¿ Lo sufrirémos
¿ Cederémos ahora mostrando una debilidad que valdria á los enemigos
del altar mas que cien ejércitos? No ciertamente ..... .


"y no es tan grande el peligro como lo suponen nuestros enemi-
gos, ó como lo temen algunos cobardes entre nosotros. Acuérdense
estos que en las contiendas políticas el principiar á ceder es confesarse
venzido, y aprendan del ejemplo tie los liberales que apresuraron su
ruina por cometer esa falta imperdonable en las revoluciones. Dejcn
á un Ballesteros, á un Abisbal, á un Villacampa la triste gloria de
confesarse engañados; á nosotros no nos engañarán; no...... In-
glaterra no es tampoco tan poderosa como lo pretenden nuestros ene-
migos, y tiene dentro de sí misma los elementos de su ruina. El


• ministerio ingles conoce bien su debilidad, y quiere cubrirla con fan-
farronadas que serian risible~ si fuesen ménos atrozes .... Por otra
parte ¿ deberémos temer los esfuerzos que pudieran hacer los libera-
les? No hai duda ninguna que en su corazon están ansiando el mo-
mento de ver banderas inglesas desplegadas en nuestro suelo para unir
con ellos las suyas exterminadoras ; mas no son ciertamente mui temi-
bles. Nada mas fácil que poner fuera de combate á los pocos que
abriga nuestro suelo; y nuestra propia seguridad, y lo que es mas,
el intere!l del altar y el trono exije esa medida con las víboras que
abrigamos en nuestro pecho. Y por lo que toca á los prófugos ¿ quién
puede temerlos? Cuhiertos de iglltlminia, aborrecidos por todos los parti-
dos, hambrientos, obligados á mendigar el pan del desprecio, solo pudieran
ser temibles por su desesperacion, si la misma desunion que mostraron
al acabar su carrera tenebrosa, no les impidiera para siempre hacer
útiles sus locos esfuerzos. Nada, nada puede unirlos. ¿ Habrá poder
en la tierra que una á M. G. Y G. con A. C. y V. aun cuando
todos eran fracmasones ¿ ¿ Podrá nada en el mundo unir á R. A., T.
y F. E. con P. S. Y R. V., aun cuando todos eran comuneros} Ellos,
ellos mismos bastan á destruirse mutuamente, y si el gobierno ingles
confía en sus. maquinacione~, cara le costará su confianza ..... .


" No hai medio: ó perder el triunfo de todos los enormes sacri.




138
fIcios que hemos estado haciendo por, tantos años, ó hacer otros nue~
vos, bastantes á, ahogar la hidra de ]a revolucion, que levanta una de sus
cabezas en el vecino reino. No hai transaccion, compacto ni medida
media que no nos traiga inmediatamente la ruina mas deplorable. Des-
engañémonos : los leales españoles, los defensores del altar y del
trono no pueden pisar el mismo suelo que los secuazes de la licencia;
el que venza tiene por su seguridad propia que aniquilar á, los ven-
zidos ; no Jl11ede haber cuartel, y las escenas que el año de 1822
vió Cataluña serian escenas de blandura, comparadas con las que aho-
ra vería la triste y desventurada España." ••.•.. ,', ••.


Siento no haber podido copiar mas de esta proclama, ó monitorio,
que he notado no está tan bien escrita como 10 están comunmente los
papeles apostólicos. Tanto ella como su' conducta, sus conversaciones
&c. muestran, á no poderlo dudar, que desean guerra, aunque no por eso se
puede decir que no la temen, apesar de la afeetacion con que siem-


• pre ponderan lo poco que pueden hacer los liberales; por el contra-
rio, el nombre de Mina les hace el mismo efecto que el trágala en
otros tiempos, y el ansia con que, en medio de toda aquella afecta-
cion, investigan cuanto puede pertenecer á, ese general, muestra de-
n¡¡asiado cuanto le temen. Ayer mismo corria entre los corifeos de
esta canalla la noticia de que Miua habia ya dejado el pueblo donde
vivía fuera de Lóndreli, y habia ido á, esa capital con intencion de em-
barcarse dejando en ella á su muger. Solo esta noticia ó rumor bastó
para hacerlos tener anoche una gran sesion extraordinaria en San
Francisco.


Los apostólicos confían mucho en Francia, apesar del discurso de
Damas, que aquÍ fué recibido con la indignacion mas profunda, y re-
ciben continuamente dinero de allí; pero lo que te admirará mas es
el caso nuevo en la historia del mundo, de que Roma ha remitido
dinero á. España. Es un hecho que en los últimos tres meses han
recibido estos realistas por excelencia, como ellos se llaman, mas de
dos millones de reales de Roma; yeso os probará cuan dispuesto es-
tá ª hacer sacrificios todo el clero católico, y cuan unidos están los
de las diversas naciones.


En mi dictámen particular, la guerra es inevitable tarde ó tem-
prano. Hubo un tiempo en que habia una especie de partido mo-
de\'ado aquí, y en que todos creiamos posible el que se oyese la ra-
zon y no se llevasen las cosas al extremo j mas en el dia el parti-




134
do moderado es casi nulo, y á pesar del favoritismo con que el Rei
mira al general España, es casi seguro que no será nombrado jefe
del ejérzito, porque los apostólicos no gustan_de éL ... Yo me per-
suado á que el Rei no muda el mini~terio ahora, solo porque se lo
han pedido amenazándole; y aquí todos creen que Calomarde hubiera
caido á consecuencia del vergonzoso tráfieo que se ha hecho en su
secretaría con Lamb, de los papeles mas interesantes, si este minis-


. tro no fuese el blanco de las quejas de Inglaterra y Francia.
NOTICIAS ClENTIFICAS y LITERARIAS.


Datos estadísticos de la Gran Bretaña. Los cálculos hechos' última-
mente presentan los resultados siguientes sobre la poblacion de la Gran
Bretaña. El número de individuos de edad de 15 á tiO años capazes de
tomar 11\S armas es de 2.744,847. El de los matrimonios anuales es
de 98,030, habiéndose notado que de 63 de estos consorcios solo 3
son estériles. El número de mujeres casadas está con el total del
de hombres casados en la relacion de 1 á 3; Y el de los hombres casa-
dos está con el de todos los individuos del sexo masculino en la pro-
porcion de 3 á 5. Para 3 viudas no hai mas que un viudo, pero se
calcula que los que contraen segundas nupcias Son 4 hombres por 7
mujeres. Fuera de las ciudades el término medio de hijos en cada
matrimonio es 4, y en las ciudades corresponden 7 á cada dos fami-
lias. El número de jemelos es al de los nacimientos ordinarios co-
mo 1 á 65; Y los nazimientos de varones son á los de hembras como
96 es ·á 95. El número de muertos sale á 332,708 en un año,
25,592 en un mes, 6,391 en una semana, 914 en un dia, y 40 pOI'
hora. Los muertos del sexo femenino están con los del masculino
en la relacion de 50 á 54. Segun cómputos fundados en el r~cuento
de la mortalidad, la mitad de los hombres llegan é la edad de 17
años, y. de 3,126 individuos solo uno cumple 100 años.


Comercio de granos de Europa: noticia sacada del informe de 1lfr.
William Jacob, impreso de órden de la cámara de los comunes. De
los cálculos exactos hechos en Prusia y publicados por Mr. Jacob,
encargado oficialmente de recojer estos datos, resulta que la cantidad
de cereales de toda especie que actualmente, esto es, despues de la
cosecha de 1826, existen almaeenados en toda la Europa, no pasa de .
3 millones 680 mil cuarteras, Ó, 12 millones de hectólitros, repartidas
como sigue:




En Alemania ..... .
En Prusia ....... .
En Polonia ........ .
En Dinamarca .... .


581,000
775,000
581,000
194,000


135
En Inglaterra .......
En los Paises Bajos.
En Francia, España,


Portugal y puertos
del mar Negro ..


580,000
388,000


581,000


Total en cuarteras. . . . • . . . •. 3.680,000


La cuartera de trigo pesa unas 440 libras, peso de marco; y equi-
vale á 3, 2 hectólitros poco mas ó ménos.


El consumo anual de la Europa es de unos 600 millones de hec-
tólitros de granos, á razon de 200 millones de habitantes, y de 3
hedólitros por cabeza. 558,OUO cuarteras representarán segun estt;)
con corta diferencia el· consumo diario en Europa, y la provision arri-
ba indicada servirá solo para unos siete dias. Este documento prueba
.eRan infundada y exajerada es la opinion en que muchos están de
que hai Un sobrante de cereales sobre el consumo. Puede haber amon-
tonamiento parcial y local por falta de salidas fáciles y de suficien-
tes comunicaciones mercantiles; pero en el todo apenas hai motivos
para dejar de temer la escasez. Una sola maja cosecha en uno de
los grandes estados de Europa, bastaria para provocar necesidades y
pedidos superiores á lo que podria suplir el trigo que actualmente hai
almacenado. Por lo que respeta á la Inglaterra en particular, MI'.
Jacob calcula que en los puertos del continente habrá. 500,000 cuar-
teras escasas de granos, que podrían importarse ventajosamente en
Inglaterra, es decir,' que á lo sumo habria con que atender al con-,
sum() de diez días.


Ejica,zia de la corteza de la raiz del granado contra la lombriz
IQlitaria. . Este remedio, que se conoce mucho tiempO' hace, era al-
I{unas vezes ineficaz, sin poderse atinar las causas ó circunstancias que
impedian su acciono Pero este punto acaba de resolverse por el Sr.
Boiti, cirujano mayor de la familia del gran duque de Florencia. Por
un gran número de hechos constantes ha llegado á cerciorarse de que
todo consiste en escojer las raizes de los árboles tiernos, nacidos de
'semilleros espontaneos en terrenos montuosos é incultos, y en no to-
mar sino las raizes que no sean ma~ gruesas que el dedo pulgar. A
esta se les quita todo el palo y se deja secar la corteza sin el calor
del sol ni del fuego. Para administrar este remedio, se ponen en in~




136
fusion diez dramas de corteza en veinte onzas de agua pura; se cueze
todo en una, vasija de barro bar,nizada hasta que merQle la mitad,
y se deja macerar por tiempo de doce horas. Se cuela la decoccion
para administrarla al paciente, á quien ántes se le hace tomar una
purga suave. La decoccion debe darse en tres tomas con intervalo
de una hora de una á otra.


Pesquerías de Terra-Nova y de Labrador. Los anglo-americanos
envían á estas pesquerías al pie de dos mil buques, y cada uno de
ellos vuelve con 50 toneladas de pesca ... lo ménos. De forma que los
productos de la pes;::a en estos dos puntos llegim á cien mil tonela-
das. En este comercio se ocupan 24 á 30,000 marineros, ademas de
los trajinantes que llevan esta enorme masa de bacalao á los varios
mercados donde se despacha. La Francia y la Inglaterra juntas
no igualan las empresas de los anglo-americanos en este ramo.


RESEÑA POLITICA.


España y Portugal. Digno es de considerarse que, á la primera
insinuacion que recibe el pensamiento para ocuparse en el aspecto
político del mundo, ocurre ante todas la cllestion peninsular habiendo
tantas otras de grande importancia y trascendencia en ambos hemis-
ferios. En vano se han querido persuadir algunos que el estado de
abatimiento y la excentricidad del gobierno en que al parecer se halla
España, la ponian fuera de la línea en que están comprendidas. las
naciones que afestan la balanza política; la España por una singu-
laridad debida á muchas causas cuya enumeracion no es del caso, ha
sido el teatro de las lides mas ostinadaH para fijar los destinos del
univerao desde tiempos. muy remotos: y en los nuestros, que no han
dejado de presentar su ejemplo bien ruidoso de este fenómeno, todavia
vemos que se prepara el mismo campo con un aparato tanto mas
formidable, cuanto que las fuerzas de los dos partidos han estado re-
presadas por ei equilibrio de los intereses encontrados que al fin han
tenido que sacudirse de todos los miramientos que con dificultad los
teniau á raya. El ,espíritu de reforma en las sociedades modernas
SI:' manifestó enérjicamente en la revolucion fra~cesa. Sus largas con-
secuencias alarmaron á la clases privilegiadas de mas de un 'pueblo,
de mas de una opinion, de mas de una crep.ncia relijiosa, á cuya
costa tiene qne verificarce aquella; y de aquí la coalizion contra la




137
Francia gobernada por la república y por Napoleon: la unanimidad
de 108 Castlereaghs, de los Metternichs y de 108 Pozzo-di-Borgos en
el sistema político que se sobrepuso en 1814: la fundacion de la
Santa Alianza: las hostilidades entre el réjímen antiguo y el nueV9,
mal sobresanadas en los diez últimos años con la independencia de
Hispano-América favorecida en parte, y en parte contrariada por los
gabinetes europeos; con la invasion de ambas penínsulas audazmente
ejecutada por .los unos y débilmente consentida por otros; con los
esfuerzos de los griegos escandalosamente desatendidos en los consejos
de los príncipes cristianos; con el jesuitismo reinstalado por el Va-
ticano, centralizado en Francia, mal contenido en aquel reino por la
resistencia aislada de la opinion pública, intrepretada por los tribu-
nales y respetada por la cámara de los pares; y por fin, con las des-
caradas pretensiones de la aristocracia civil y relijiosa abiertamente
decidida á aumentarlas, á sostenerlas, á afianzarlas, á perpetuarlas á
costa de dinero, de intrigas, de sangre, guerra, discordia y desola-
cion, en España y Portugal, punto el mas ventajoso por la posicion,
la naturaleza del terreno, la ignorancia de las clases bajas, y la in-
fluencia de un clero numeroso y rico.
o Guerra es pues de principios y opiniones, y no de meros intereses
de dominacion ó supremacía política la qne iminente, y nos atrevemos á de-
cir, inevitable, amenaza de nuevo á España, por mas que el disimulo
diplomático profese lo contrario, en la hipótesis de venir á estallar.
Pero tambien es necesario reconocer que estos principios y opiniones
que han traído á los contendientes de la contradiccion á la ira, y
de la ira á las espadas, no son vanas sutilezas escolásticas como las
que, en la edad media, desgarraron y al fin destruyeron el imperio


• griego, sino los verdaderos signos representativos de toda la. masa de
intereses materiales, cuya posesion y goze se disputa. La reforma
política, la reforma que en realidad nada tiene de relijiosa sino el
nombre y el pretesto de parte de los que la resisten, es sobre lo
que se litiga. En este litigio entran de pronto todos los recursos
disponibles de los dos campeones en cuyo denuedo está comprome-
tida la suerte de los dos partidos; y entrarán en él con el tiempo los de-
mas aderentes del uno y el otro, hasta llegar á hacerse jeneral el
combate, si el primer golpe no es contundente y decisivo, lo cual
si bien no es imposible, tampoco es nada seguro que suceda.


Los dos campeoneE que h~n saltado á la arena son la. Inglaterrtl,
R




138
y la Junta Apostólica dc la Península. La soberbia Albion precisa-
da á medir sus fuerzas con un conciliábulo de clérigos fanáticos!
El pregOIJ del reto, el manifiesto del combate, los recursos con que por
ambas partes se cuenta para el 'caso necesario, los hemos visto en
el m~nsaje que el rei de Inglaterra dirijió al parlamento el dia 11
del pasado diciembre y en el discurso improvisarlo ó revisado del
ministro Mr. Canning en apoyo de aqnella importante comunicacion;
y por parte de la Junta Apostólica en la exposiciou hecha al rei
de España por el arzobispo primado D. Pedro Illguanzo con fecha
25 del mismo mes. Ambos documentos son importantísimos, y en
cuanto á valor diplomático, no hai entre ellos para nosotros mas di-
ferencia, que la de estar el mensaje revestido de todas las formas
parlamentarias, y haber sido la exposicion dil'ijida y publicada segun
las que sus autores están en el caso de observar. Porque, sin em-
bargo de haberse dudado dc la autenticidad del manifiesto arzobis-
pal, no puede negarse que tal es el espíritu, el deseo y el ultima-
tum de los apostólicos, si nos hacemos cargo de lo que hemos visto y
oido de ellos, y de lo que consignan en el monitorio copiado en la
carta de Madrid que se inserta en las precedentes pájinas de este
peródico, y de cuya autenticidad y existencia efectiva respondemos, por
habernos llegado por un conducto tan extraordinario y casual como
fidedigno. COlll.párese su contenido con el de la fulminante exposicion
del primado de las Españas, y se verá quc uno y otro documento
están fundidos en una misma turquesa.


El del arzobispo Inguanzo, adornas de estar suplido por lo que se
copia en dicha carta, es demasiado largo para tener cabida en este
lugar; pero como mas corto y de tan grandc importancia histórica,
no podemos ménos de dárselo al mensaje en la siguiente traduccion
literal.


"S. M. pone en notiCIa de la cámara que ha recibido una urjente
solicitud de la princesa rejente de Portugal, reclamando en virtud
de las antiguas obligaciones de alianza y amist¡\d existentes entre
S. M. y la corona de Portugal, auxilio de S. M. contra la agrcsiou
hostil de parte de la España,


"Hace tiempo que S. M. en union con su aliado el rei'de Francia,
ha procurado impedir semejante agresion, y son repetidas las segu-
rÚlade;¡. que la corte de Madrid ha dado de la determinaciol1 de S. M. C.
de no cometer, ni permitir que se cometa desde su territorio agre-
sion alguna contra Portugal.




139


," Pero, S. M. ha sabido con profundo sentimiento, que, uo obstante
las tales seguridades, se han concertado en España incursiones hos-
tiles sobre el territorio de Portugal) y que se han ejecu~do á la vista
de las autoridades españolas, por rejimientos portugueses que habian
desertado á España, y á cuyo desarme y dispersion se habia obli-
gado el gobierno español repetida y' solemnemente .
. "S. M. no ha omitido ningun medio de hacer que el gobierno es-


pañol abra los ojos sobre las peligrosas consecuencias de esta apa-
rente conivencia.


"S. M. hace esta comunicacion á la cámara con la plena )' en-
tera confianza de que sus fieles comunes se unirán á S. M. con
su cordial coopera~ion y apoyo en mantener la fe de los tratados, y
en preservar contra las hostilidades estralljeras la seguridad é inde-
pendencia del reino de Portugal, el mas antiguo aliado de la Gran
Bretaña."


A este mensaje se siguió el célebre discurso de Mr. Canning, tan
notable por sus fogosas espresiones, acaso lanzadas de intento, y acaso
tambien desprendidas corno centellas por el repentino golpe del mar-
tillo sobre un hierro escandecido; y tan digno de atencion al mismo
tiempo por el estudiado giro de las frases en que con respecto á la
cuestion habla de la política francesa, y de las relaciones con el mo-
narca, á cuya mesa acababa de sentarse en Paris.


Miéntras que en esta capital se abre la legislatura con un dis-
curso del trono, en cuyo remate se hace alusion al humor guerrero
de los franceses, contestado por ambas cámaras con claras demostra-
ciones de aficion al mantenimiento de la paz, los facciosos avanzan
al corazon de Portngal, se embarcan apresuradamente tropas ingle-


• sas para l';sboa; los afiliados del Sena repiten los furiosos ahullidos de
los apostólicos del Manzanares; de mancomun reunen, arman, apres-
tan el ejérzito que el gabinete de Madrid llama de observacion; el
embajador frances en Madrid es llamado á Paris por su corte con
apariencias de descontento, y llega y es recibido con agasajo por el
rei Carlos, y se le da un cargo tan importante como honroso. La opi"
nion jeneral se persuade que Fernando cederá al amago de la Gran
Bretaña, y pasa mes y medio, y el embajador ingles en Madrid nada
consigue que merezca ó convenga publicarse por el gabinete de S. J a-
mes; el embajador español conde de Casa-Flores es recibido por la
corte de l,isboa; el ejérzito del rebelde marques de Chaves se en~
gruesa con desertores del de observacion dirijido por los apostólicos;




140
los suizos salen de Madrid y en España resuena el grito de una nueva
cf'Uzada; el ministro de la guerra Zambrano circula una órdeo mili-
tar que algunos periódicos se empeñan en llamar pazífica, sin embargo
de que prodiga elojios al ardor de los desertores portugueses, invoca
los derechos de la legitimidad, y apela á los voluntarios realistas para
sostenerlos; la Inglaterra se prepara á enviar mas y mas tropas á Por-
tugal, donde se repugna obedecer á lord Beresford como jefe del
('jérzito; corre por válida la voz de que el marques de Hertford lleva
á Irlanda la importante misioo de ajustar la emancipacion de los cató-
licos, que dejaria mui desahogados los engorros domésticos para cual-
quier evento; algunos periódicos de los que llevan voz de ministe-
riales hablan contra la Rusia con declarada suspicazia Robre la guerra
de Persía, suponiendo posible que aquella diversion, que no puede
ménos (dicen) de reclamar á favor de los persas los mismos efectos
del casus f(l!den~, que acaban de aplicarse á Portugal, se dé la mano
con los movimientos de la Península y' con la inesperada entereza de
Fernando; los Estados Ünidos del Norte-América se esplican con
entono en las diferencias existentes con el gabinete de Londres, y
este rezela, que en vista de las ocurrencias de Portugal, eleven mas
sus pretensiones y se alejen de 10R medios conciliatorios; finalmente,
todo es hasta ahora misterios en los procederes, anfibología en las
palabras, aparato en todas partes, y contradicciones y amaños diplo-
máticos en los gabinetes unos con otros.


Difícil podrá parecer segun esto el anunciar en qué vendrá á pa-
rar el deselllaze de este nudo; mas, si uos es permitido enunciar
una opinion segun nuestros limitados alcanzes, el nudo no admite
desatarse, sino que necesita cortarse con la espada. La política mas
hábil, toda las destreza del gabinete británico no es ya capaz.,1li de arre-
drar, ni de conciliar, ni de deslumbrar el fanat.ismo desencadenado,
í1ue cree y propala haber llegado el tiempo de obrar con la fuerza.
Bs pues inevitable el combate con los apostólicos, cualquiera que sea
el éxito de la invasion capitaneada por el marques de Chaves, y
aunque sus tropas, segun se asegura últimamente, hayan sido batidas
y arrojadas de nuevo á las fronteras de Bspaña. Si la guerra to-
mará mas vuelo? Si la Francia tomará parte en ella? Si será je-
neral el incendio? Si la Inglaterra podrá á tiempo contar por au-
xiliares á. los pueblos agobiados contra sus opresores? Estas cuestiones
requerman un largo comento que no es de este lugar ni de nuestras
fuerzas. Solo uos atrevemos á. decir: que si la Gran Bretaña debe




141


desear la paz y hacer por ella cuantos sacrificios quepan en la me-
dida de sus intereses esenciales, ]a Francia, es decir,. la actual dinas-
tía francesa, debe temblar de solo el nomore de una guerra" que
no pudíendo ménos de ser mui antipopular entre sus súbditos, la ex-
pondría á perder por tercera vez el trono. Por lo mismo creemos
que la Francia, ó acabará por declararse contra los apostólicos si
estos l~evan lo peor en los priIII.eros choques, ó si. se declara por
ellos, será. con tal oportunidad que haya poco ó nada que temer para
ella, y mucho para la Inglaterra; y tambien estamos firmemente per-
suadidos de que el actual gobierno frances está. y continuará. traba-
jando diestramente en preparar esta oportunidad.


Inglaterra. El 5 de enero á. las nueve y media de la noche, fa-
lleció S. A. R. Federico, duque de York y de Albany, hermano ma-
yor de S. M. Jorge IV, á los 64 años de su edad. Por su muerte per-
tenece el derecho hereditario de la corona de Inglaterra á S. A. R.
el duque de Clarence, como heredero presuntivo, y muriendo este
príncipe sin dejar sucesion, entrará en su lugar la princesa Alejan-
drina Victoria, sobrina del rei, é hija del difunto duq'ue de Kent.
El supremo jeneralato del ejército ingles, vacante por la muerte del
duque de York, se ha conferido al duque de Wellington y de Ciudad-
Rodrigo. En las exequias del ilustre difunto, que se celebraron en
1Vindsor, se suscitó entre sus albazeas y el dean y cabildo de aquella
catedral, una disputa, en la cual cedieron los primeros bajo protesta,
sobre la pertenencia del precioso baston de jeneral puesto en el fé-
retro, que los canónigos reclaman, sin duda por derecho de espolios,
á pesar de haber merecido el real desagrado por una tentativa se-
mejante que hizieron en el entierro de la reina Carlota.


Las reptas de la Gran Bretaña correspondientes al último trimestre
del año de 1826 presentan un aumento de ,&142,996 sobre las del
mismo trimestre del de 1 ~25; pero el total del año comparado con
el anterior da una baja de &1.923,148. Aun así resulta todavía un
excedente de cerca de 2 millones de esterlinas sobre el importe de
los gastos, que snben á 50 millones, de los cuales se afectan muí
cerca de 30 millones al pago de intereses de la deuda nacional. ¿ Al-
canzará el sobrante de dos millones de esterlinas para hacer frente
á los gastos de Portugal ~


Francia. Los jesuitas denunciados por el impertérrito Montlosier
como ilegalmente restablecidoS en aquel reino, acaban de ser venzid08
en la Cámara de los pares, donde por una mayoría notable se ha




142
deddiao haber. lugar á que la denuncia sea tomada en consideracion
por el gobierno. El proyecto de lei sobre la represion del tráfico de
l1egrOl!, y otro de inaudita' osadía contra la libertad de imprenta, son
los principales trabajos que hasta ahora se ban presentado á las cá-
maras por los ministros. Uno de estos ha tenido la franqueza de de-
clarar que la intencion del gobierno es que no haya en Francia mas
que dos periódicos, órganos de sus máximas y pretensiones. Esta ten-
tativa ha excitado el descontento mas expresivo de los mismos ul-
tras, y por todas partes se dirijen enérjicas representaciones contra el
proyecto. La Academia francesa ha hecho tambien su recurso, el cual
ha sido llevado tan á mal por el gobierno, que ha privado de sus
pensiones á tres de los miembros que las disfrutaban, y que pertene-
cen á la categoría de los realistas mas exaltados. En la cámara baja
se atrevió un diputado á hacer una mocion paraque tambien quede
abolido el derecho de peticion, expresamente garantido por la carta.
Ha sido desechada; pero esto manifiesta las ulteriores miras del par-
tido apostólico, idénticas en todos los paises donde puede levantar la voz.


Todos los periódicos de Paris repiten estos últimos dias la relacion
del estraño lance acaezido al príncipe TaIleyrand, quien al salir de
la funcion fúnebre celebrada el 20 de enero en sufragio del desgra-
ciado Luis XVI, fué acometido en presencia de las personas reales
por un tal Maubreuil, hombre de historia en los sucesos de 1814 á
1816, con tan fuerte puñada en la cabeza, que dió con él en tierra
dejándole mal trecho á los pies del duque de Angulema.


Grecia;y Turquía. El Gran Señor lleva adelante la organizacion del
ejérzito á la europea y otros planes de reforma en sus dominios, sin


. que en estos últimos meses se haya declarado síntoma alguno capaz
de hacer creer que encuentre ya ninguna resistencia seria, ni aun la
de los extinguidos jenízaros, de cuyas demostraciones de descontento
no se ha vuelto á hablar de una manera digna de llamar la atencion.
J~os asuntos de la Grecia se hallan todavía en el mismo pie de funda-
das esperanzas á favor de su feliz terminadon segun lo desean los
amantes de la independencia, tan merecida como justa, de aquel ~ale­
roso pueblo. El haber vuelto á tomar tierra las tropas turcas que se
habian embarcado para otra espedicion contra la Morea, y el no ha.
cerse ulteriores aprestos por el bajá de Egipto, corrobora la confia~za
de que las negociaciones pendientes entre el divan y los embajadores
de los príncipes cristianos tendrán en breve un buen éxito.


Norte-.dml:rica. El estado de las rentas de aquella república á fines




143
del año de 1826, ofrece los siguientes resultados, muí dignos de con'"
sideracion. El ingreso anual imp0l'ta :n.087,582 pesos, y la suma de
los gastos no pasa de 24.662,043 pesos, habiendo por consiguiente un
sobrante de cerca de seis miilones y medio, es decir, 1.200,000 pesos
mas que el año de 1825. La renta de correos ha tenido en todo el
año pasado un aumento de 136,000 pe'sos. En el año 1817 la deuda
pública importaba 123 millones y medio de pesos; y en enero de
1827 queda disminuida en 74 millones, habiéndose extinguido en diez
años 50 millones de deuda, y pagádose mas de tres millones de inte-
reses. La marina de la república cuenta doce navíos de línea, veinte
fragatas, y los correspondientes buques méDores.


Hispano-América. El 12 de setiembre llegó Bolivar á Guayaquil
con ánimo dQ continuar el viaje á Bogotá, precedido del rumor
de que iba á conferÍrsele la dictadura en Colombia, así como se lc
habia investido la del Perú mui á disgusto de los amantes de la li-
bertad, quienes por fin tendrán que abrir los ojos, acaso para ver
únic\\mente males mui difíciles ó imposibles de remediar. Paez ha
convocado por su parte el congreso de Venezuela para el 15 de ene-
ro, ha habido alguno~ choqucs entre sus tropas y las del Llbertador,
y es mui de temcr sean preludios de sangrientas y largas disensio-
nes. La república de Buenos Aires no está en buena artnonÍa con
la de Bolivia, y se halla estrechamente apurada por la guerra contra
el Brasil. La de Chile se manifiesta quejosa y resentida contra los
peruanos, ó contra los que los dirijen. En Méjico se han gravado
tanto los géneros europeos de algodon, que deben considerarse como
absolutamente prohibidos, lo cual ha hecho grande sensacion en los
comerciantes ingleses. Se habla de una remesa de 1.800,000 pesos


• con destino á Inglaterra, siendo los 400,000 por cuenta del gobier-
no mejicano, y los restantes por la de particulares. Segun noticias
recientes llegó á Veracruz el dinero destinado á pagar en· Londres
los dividendos que venzerán en primero de marzo.


ANNUNCIOS.


Hortus SiCCU8 Londinensis; or a Collection of dried specimens
of plants, growillg wild within twenty miles round London, named
on the authority of the Banksian Herbarium, and other original col.
lectiolls. By Don Mariano La.Gasca, late professor and director of




144
the Botanical Garden, foreign memb('r oC the Horticultural Society
of Loudon, and of many' other scientific Academies in Europe.


El dia 1? de Febrero se publicará el 2? fascículo de esta obra,
que se halla venal en casa del autor, en Ca.mden Town, Camden Place,
N'? 2-5; en las Librería de D. Vicente Salvá, Regent Street, N? 1'.M;
de G.B. Sowerby, N? 156, é,n la misma calle; en la de Messr3.
Treuttel, Wurtz, Treuttel jun. and Richter, Soho Square, N? 30,
Y en la de Callow and Wilson, Princes Street, N? 16. El precio
de cada fascículo es de ;&1 esterlina. Se vende solo por suscripcion.


De la administracion de la justicia criminal en Inglaterra !} espíritu
del sistema gubernativo ingles: obra escrita en frances por Mr. Cottu,
traduzida arcastellano por elllutor del Español y de Las Variedadel
ó Mensajero de Londres. Segunda edicion en todo conforme á la
primera. Londres, 18~6. 8vo.


La reimpresion de esta obra se ha hecho para satisfacer el deseo de
muchos americanos que, por haberse agotado la primera edicion, ansia-
ban por tener un escrito tan recomendable por su bien desempeñado
asunto como por la bondad de la traduccion. Débese esta al dis-
tinguido literato D. José Blanco White, quien se movió á hacerla
porque la creyó la mas adecuada para imponerse un estranjero en
la parte mas útil y admirable del sistema gubernativo ingles. La
primera edicion fué costeada por D. Francisco de Borja Migoni,
quien la regaló á su gobierno de Méjico; y no por D. Bernardino
Ribadavia, cómo dice el Sr. Mora, al anunciar esta reimpresion en su
periódico intitulado Corréo literario !} politico de L6ndres. Esta equi.
vocacion ha sido rectificada por la siguiente carta del traductor, que
hemos visto impresa: "Sr. Editor del Correo Literario!} político de
Lóndres. He visto por casualidad que al anunciar V. mi traduccion
de la obra de Mr. Cottu sobre la justicia criminal de Inglaterra, dice
V. que la primera edicion de esta obra se hizo a espensas del ilustrado
patriota americano D. Berna+dino Ribadavia. En esto se halla V. en·
gañado. La primera edicion de mi traduce ion so hizo á expensas del
Sr. D. Francisco de Borja Migoni, á quien dí el manuscrito paraque
hiciese de él lo que gustase, y quien lo imprimió exclusivamente para
regalar los ejemplares á su gobierno de Méjico. En insertar esta espli-
encion del caso hará V. justicia al Sr. Migoni, y un favor á su atento
servidor .J. Blanco White. Oxford, 30 de Nov. 182tl."




OCIOS
1Br <!e1lpañolrtS Qemigtabo1l,


SEGUNDA EPOCA.


A!JRIL, 1827.


APARATO HISTORICO.


Correspondencia diplomática del gabinete británico en Verona y Pa-
rís sobre los asuntos de España en los años de 1822 y 1823.


Los siguientes documentos diplomáticos, que traducimos fielmente
de un"- obra francesa que acaba de llegar á nuestras manos, titula-
da De l'Etat actuel de l'Espagne ~ des ses colonies. A Paris chez
C. J. Trouvé, rue des filtes Saint Thamus, n~ 12, mars 1824 bro-
chure 8. 12.1 fol.: nos parezen mui importantes llara completar la
historia moderna de l~ Península. En ellos se descubren la negra
perfulia del gabinete frances, la noble y previsora conducta del ga-
binete británico, y los principios liberales y benéficos del Sr secreta-
rio de negocios estranjeros G. Canning, y del Sr. duque de Wellington.


Carta .del duque de Wellington á Mr. Canning, fecha en Pari, á
·21 de setiembre de 1822 (fol. 75).


"Tuve ayer una larga conferencia con el Sr. Villele acerca de las
relaciones de su gobierno con España.


H Haze tiempo; y yo creo que desde la alarma que causó la fiebre
amarilla en España, que el gobierno frances ha l'eunido tropas en los
departamentos meridionales de Francia. Con todo no hai en la fron-
tera mas tropas que las que se necesitan para llenar los fines de un cordon
sanitario, miéntras fuere preciso precaverse contra la continuacion de
la epidemia en las provincias vecinas á España j ni una masa de
fuerza mayor que la que se considera del caso para observar un pais


s




146


que es el teatro. de la guerra civil, y para protcjer la frontera francesa
de lo.s insulto.s que cometen algunas partidas armadas que operan en
sus inmediaciones.


"El Sr. Villcle cree que la reunion del congreso en esta época
no es una cosa indiferente á los negocios de España, ó á la sitnacion
eu que se eilcuentran esta nazion y la francesa entre sÍ. Es indudable
que, tanto en España como fuera, se esperan las resultas de las de-
liberaciones del congreso sobre' sus negocios, y que si este se disuel-
ve sin acordar cosa alguna acerca de ellos, el mal actual crezerá, y
las dos naciones se comprometerán en una guerra.


"El Sr. Villele desea que el congreso examine la posicion actual
del gobierno. frances respecto. á España, así como la hipótesis en
que esta pudiera verse obligada á declararle la guerra; manifestando
las cuatro potencias aliadas la línea que deberán seguir en su con-
ducta, siempre que llegare á verificarse alguno de los sucesos, que
en opi~on de la Francia, la obliguen á declarar la guerra.


"Contesté al Sr. Villele, que nos seria imposible declarar anti-
cipadamente cual seria nuestro. porte en caso de verificarse la hipótesis.,


"Deseo recibir instrucciones de:.' S. M., tanto sobre lo que debo.
hazer, como acerca de los argumentos de que deba valerme, siempre
que el gobierno frances haga al congreso las proposiciones que Vi-
llele me ha anunciado, relativas á exijir una declaracion de parte de
los aliados."


-11- '* -11- *


11.
Cuestiones que los plenipotenciarios franceses hizieron á los de Ru.
sia, Austria, Prusia y la Gran Bretaí'ía, comunicadas á Mr. Canning


por el Sr. duque de Wellington. (fol. 77).


1. Caso que la Francia se vea precis3.da á retirar de Madrid á
su ministro y á romper las relaciones diplomáticas con la España,
¿ los altos aliados adoptarán igual medida y retirarán á sus ministros
respecti vos?


2. Si llega á romperse la guerra entre España y Francia, ¿ en qué
forma y de qué modo las altas potencias prestarán á la Francia un
apoyo moral capaz de dar á estas medidas el peso y la autoridad de
la alianza, y de infundir un miedo saludable á los revolucionarios de
todos los demas pai ses?




147


3. ¿ Cual es, en fin, la intencion de las altas potencias respecto á.
la forma y extension de los favores materiales que están dispuestos
á dar á la Francia, siempre que esta los requiriere?


* * * -¡¡.


m.
Carla del duque de 1Vellington á Mr. Canning, fecha en rerona


á 5 de noviembre de 1822. (fol. 78)


En la tarde del miércoles el príncipe de Metternich ha celebrado
una conferencia con los cinco ministros del gabinete, en la cual los
de Rnsia, Alemania y Prnsia contestaron á las preguntas hechas con
fecha de 20 del mes anterior por los de Francia. Yo he dado la
siguiente.


Conte,tacion dada en 30 de setiembre de 1822 por el duque de
Wellington á las pregunlas de los plenipotenciarios franc,eses.


El gobierno británico no ha perdido oeasion desde el mes de abril
de 1820, para conjurar á los aliados de S. M. que se abstuvieran de
tomar parte en los negocios interiores de España.


Sin recordar los principios que el gobierno de S. M. mirará siem-
pre como la regla de su conducta con respecto á los negocios in-
teriores de otras naciones, es de parezer de que, se desapruebe cuanto
se quiera el oríjen de la revolucion española, el sistema establezido
ó la conducta de los que en consecuencia han tomado á su cargo la·
direccion de los negocios interiores de España, todas las mejoras que
se pueden esperar en el sistema de esta nazion, deben, por amor á ella,
ser resultado de las medidas interiores adoptadas en ella, y no de
la intervencion estranjera j apoyadas sobre la confianza que deberá
inspirar al pueblo el carácter y la conducta del rei.


Mi gobierno entiende que una intervencion empleada en ayudar
al monarca reinante á trastornar lo establecido bajo sus garantías, ó
para facilitar con la fuerza la promulgacion de otra clase de gobierno
ó de constitucion, no baria mas que poner al monarca en una falsa
posicion, imposibilitándole de emplear los medios interiores de mejora que
puedan estar á su alcanze.


Siempre ha creido el gobierno británico, que. una intervencion se-
mejante traeria sin necesidad una grande responsabilidad, la cual debe




148
es poner al rei de España á grandes riesgos, haziendo á las nazio-
nes que intervengan, víctimas de la calumnia, y sujetándolas á ries-
gos ciertos, á desastres posibles, á enormes desembolos, y á un mal
resultado,


Tales son los principios que han gobernado á S. M. y los que
han prevalezido en 'los consejos que dió á sus aliados desde el año
de 1822.


Los protocolos y demas actuaciones del congreso de Aix-la-Chapelle,
que han establezido la liga, feliz para el mundo, de las cinco pot.en-
cias, señalan como base de ella la confianza y las comunicaciones
mas ilimitadas entre todas. En consecuencia S. M. nunca ha dejado de
comunicar á sus aliados, y especialmente á Francia, todas las instruc-
ciones que ha dado á su ministro en Madrid y cuantas comunica-
ciones ha hecho al ministro de esta residente en Lóndres: todo con-
forme al sentimiento de buena correspondencia que le asiste respecto
al rei de España y á la nazion española.


Ne es posible examinar las relaciones de España y Francia rela-
tivas á lo ocurrido desde el año de 1820 hasta el dia, sin echar
de ver la falsa posicion en que desgraciadamente se encuentra el rei
de España: así como que la irritacion de esta contra la Francia, de
que ha hablado S. E. el Sr. ministro de esta potencia, es obra del
espíritu de partido que en ambas naziones ha agravado la ojeri-
za nazional debida á las pasadas ocurrencias. Conservar la paz entre
las naziones es el grande objeto de la política exterior de S. M.,
(fui en toma el mas vivo int~res en el bien estar de S. M. C., y en
el honor de su gobierno; y desea sinceramente contribuir á que se
calme esta irritacion.


El gobierno británico no puede ménos de decir que una declara-
cion de su parte sobre algunos de los estremos que ha presentado el
ministro de Francia, sin tener ántes un conozimiento preliminar y
exacto de todas las circunstancias que han mediado entre ambos paises,
sobre prematura é injusta, seria probablemente inútil, é impediria á
S. M. el poder discutir y acordar las medidas de su propio go-
bierno cuando estuviera mejor informado. S. M. se vería en tan
lastimosa situacion, y ademas seria aflictivo á sus sentimientos el exi-
jir de su amigo y aliado el rei de Francia que hubiera de some-
ter su conducta á IO~l, dictámenes y juizio de S. M.


El gobierno de S. M. no cree ,necesaria ninguna de estas dos al •





149


ternativas, pero juzga que examinando las circunstancias evidentes
de la situacion de Francia y España, se deduze con claridad que, sean
los que se quieran los males que hayan podido haber hecho á la
Francia los que gobiernan la 'España, estos no están en disposicion
de realizar plan alguno de una real hostilidad.


Sin mas que saber que existe una guerra c(vil en toda la fron-
tera que separa las dos naziones, que ejérzitos enemigos se hallan en
movimiento en todos sus puntos, y que no hai una ciudad ni un pue-
blo en la frontera de Francia que no esté expuesto á ser insultado,
se deduze que es justa la precaucion que ha tomado S. M. C. de
formar un cuerpo de ejérzito de observacioll, con el fin de prote-
jer sus fronteras, y de conservar la tranquilidad de la nazion.


S. M. británica desea sinceramente que esta medida llene el ob-
jeto que la ha motivado, y que la sabiduría del gobierno frances
consiga explicarse en Madrid en términos que le convenzan de la
necesidad en que se ha visto S. M. C. de tomarla,


Una esplicacion semejante conseguirá quizá mitigar la irritacion
contra la Francia, y se debe esperar que esta por su parte conce-
da alguna cosa al estado de efervescencia de España durante la
crÍsis de una revolucion y de una guerra civil.


Un momento de reflexion sobre el poder relativo de las dos na-
ziones bastará para demostrar, que el mal real á que S. M. C. es-
tá espuesto es el que resulta de la guerra civil en las fronteras de
España, y que la providencia que el gobierno de S. M. ha adoptado
es la mas apropósito para evitarle.


La locura revolucionaria no podrá prometerse un éxito feliz de
promovcr un ataque serio de España contra Francia, sean las que
se quieran las (;ircullstancias que pucdan suponerse existentes en el
dia en este último reino. La atencioll actual del gobierno español
se encuentra en el dia ocupada con la guerra civil, y no es proba-
ble que este gobierno quiera romper con Francia en tales coyunturas.


Tampoco es de presumir que el ministerio español deje de va-
lerse del apoyo que pueda dar á su sistema 'la presencia del emba-
jador de Francia cerca de él.


Por estas razones S. M. reputa como mui improbable un rom-
pimiento por parte de España, ni medida alguna de su parte que
pueda hazer necesaria la cesacion repentina de las relacione3 políticas
de Francia; y como S. M. ignora absolutamente cuanto haya pasa-




150
do entre Francia 'j España desde el mes de abril de 1820, igno-
rando por esta causa la razon que asiste al gobierno de S. M.' C .
. para creer conveniente la suspension de BUS relaciones diplomáticas
con España, y el motivo que deba hazer romper la guerra entre
ambas naziones, de aq'lí naze el no ser posible á los ministros de
S. M.declarar cnales sean los consejos que crean dar á S. M. bri-
tánica, siempre que se realizare uno ú otro de los dos sucesos.


S. M. desea ardientemente que estos no se verifiquen, y se ha-
lla convenzido de que el gobierno de S. M. C. hallará el medio de
evitarlos.


'* '* *" '*
IV.


Memorandum del duque de fVellington para el Lord ]J'itzroy So-
merset, fecha en Lóndres á 6 de enero de 1823.


V.
Lord Fitzroy Somerset al Sr. secretario de estadu Canning. Madrid


2S de enero de 1823 (*).


VI.
Carta del Sr. Canning al caballero Stuart, fecha en Lóndres á 3


de febrero de 1823 (fol. 91).


En el mismo dia en que me llegaron los despachos de V. de 18
del mes pasado, con inclusion del discurso del rei de Francia á la
apertura de las cámaras, el Sr. Marcellus se me presentó para po-
ner en mis manos un traslado de este documento.


Con este motivo el Sr. Marcellu8 me descubrió el constante de-
seo de iU gobierno de mantener la paz, habiéndome renovado del
modo mas preciso y formal la súplica de los buenos oficios de
S. M. B. en su favor, descubriéndome qne esperaba que nuestra
intervencion eon la corte de Madrid podria evitar el llegar á un
estremo que (es preciso decirlo), parezia aumentarse de un modo
tan decisivo en el discurso del rei, que no necesitaba comentarios.


Una invitacion semejante de parte del ministerio frances en ~1 mo-


(*) Hemos insel'tado ya estos dos documentos en los fol. 232 y siguientes
10m. 5 de la primera é lloca de este periódico.




151
mento en que la resolucion del rei de Francia para la guerra es
materia de un sentimiento y alarma general, llena de embarazos al
gobierno de S. M: embarazos tanto mas notables, cuanto que nos
vemos precisados á dar alguna opillion sobre el caso en el discurso
del reí á la apertura del parlamento.


Por una parte el gobierno de S. M. no querria correr el riesgo
de una desgracia, ni verse comproruetido en una responsabilidad cer-
rando por su parte la puerta que el gobierno frances dice hallarpe
aun abierta; y por otra el sentido de la partícula suspensiva y c0'l!-
diciQ'qol contenida en el discurso del rei de Francia, á la cual se
supone estar unida la posibilidad de la paz, tiene tal oscuridad
por lo ambiguo de la condicion que abraza, que es dificilísimo com-
prender su significado. ,


En estas circunstancias es preciso examinar nuevamente y con ma-
durez, la posicion en que se encuentra el gobierno de S. M. con
respecto al de Francia.


El gobierno británico constantemente ha respondido á las pregun-
tas que le hizo la Francia con relacion á la conducta que observa-
ria S. M. en caso de guerra entre España y Francia, diciendo que
no podia formar opinion alguna en la materia, miéntras no conoziera
la causa de las quejas que tenia Francia contra España.


Acerca de este particular no hemos logrado alguna contestacion
precisa. La suma de los agravios que el gobieruo frances ha des-
cubierto contra España hasta el dia de la publicacion del discurso
del rei de Francia, se reduze al peligro general que naze de la na-
turaleza de las instituciones políticas de España; al particular en
que está el rei de España y su familia; ~ las tentativas hechas
para corromper la opinion del pueblo frances, y á la sedlleciou in-
tentada en las tropas del ejérzito de observacion; unido al hecho
incontestable de tres ó cuatro violaciones del territorio frances.


El gobierno de S. M. creyó que esta clase de quejas, cuando,
como suc<!dió en Verona, sirven de base á un sistema de precancion
defensiva, no podian presentar ostáculos para un acomodamiento.
Españ~ tambien por su parte echa en cara á la Fraucia que ha


iníentado seduzir al pueblo y al ejérzito, y añade que este gobierno
ha animado las disensiones y el disgusto en Madrid, fomentando con
dinero y con otros medios el tumulto del 7 de julio.


El gobierno británico se persuadió que semejantes acusaciones de-




152


bian dar lugar á. \lDa discusion en la cual se diluzidaran las dos cue!Y-
tiones, siguiéndose á ello la reconciliacion, un compromiso y una muo'
tua concesion.


En este estado la Gran Bretaña ofreció su mediacion, y en con- '
secuencia empleó sus buenos oficios.


La cuestion versaba esclusivamente sobre hechos, y no se pre-
sentaba declaracion alguna de principios que cerrara la puerta. á·
DegoclaclOnes. Pero como la índole de las instituciones políticas
de. España se presentaba preliminarmente como el manantial de los
peligros que temia la Francia, y al mismo tiempo como suscepti-
ble de modificaciones hechas por un acto libre de España, las cua-
les alejaban el rezelo 'de los peligros, abriéndose con ello el camino
á una \omposicion amigable sobre los demas puntos, el gobierno
británico se apresuró á. indagar de la Francia qué clase de modifi-
caciones en la constitucion española podrian afianzar su tranquilidad
y seguridad; y no nos hemos detenido en aconsejar al gabinete. de
Madrid cuanto convendria hazer dichas modificaciones, ó al ménos
declarar que se tomaria en consideracion, y aprovecharia el momento
favorable para realizarlas.


No hai razon alguna plausible para temer que, si la inftoencia
del consejo británico se hubiera abandonado á sí misma, considerando
el peso de la autoridad bajo cuyo influjó se ofrezia, este consejo se
habria ofrecido en vano, aun despues de haber recibido el gobierno
español las notas de las potencias continentales. El ministerio es-
pañol descubrió positiva y formalmente el deseo que tenia su go-
bierno de que el británico empleara sus buenos oficios para con el
de Francia; y nosotros no dejábamos de espresar una respuesta fa-
vorable á las insinuaciones hechas por Lord Fitzroy Somerset, cuando
recibimos el discurso del rei de Francia.


El principio establezido en este documento como base de lo que
se exije de España, puede interpretarse de dos maneras. Si, como
debemos creerlo, la opinion que se ha tratado de hazer valer es la
de que, para dar firmeza á cualquiera modificacion en el sistema
actual de España, dando á Francia bastante seguridad para justifi-
car la suspension de sus preparativos milítares, es preciso que el
reí de España participe y consienta libremente en dicha modifica-
cion; y si V. E. logra del ministerio frances una declaracion de
cual es la idea del discurso, el gobierno hritánico tendrá la n\a-




153
yor 8atisfaccion en continuar interviniendo amistosamente con la cor-
te de Madrid, haciendo todos sus esfuerzo~, para asegurar 105 me-
dios, y para recomendarle la conveniencia de un acomodamiento ..


Pero no conviene dejar de decir al gobierno frances que gene-
ralmente se interpreta de otro modo el párrafo á que me refiero;
y que se cree que en él se .asegura que las libres instituciones
del pueblo español no pueden ser lejítimas, miéntras que él no lai
reciba como un don gratuito del soberano, despues de restablecido
el poder absoluto, y renunciando en' seguida aquella parte ele poder
que le plazca abdicar.


Ni la naziOll española puede reconocer este principio, ni llingull hom-
bre de estado ingles defenderle.
Podem~s sin escrúpulo recomendar á España que modifiqlíe la


cOllstitucion de 1812. El derecho público autoriza á ulla potencia
amiga paraque sujiera á otra consejos dirijidos á establecer mejo-
ras interiores en su gobierno, siempre que se ejecute de bucna fe
sin aire de exijellcia y no se traten de sostener con la fuerza; mas
el gobierno británico jamas podrá aconsejar á Ilingun pueblo que
haga alteracion alguna, por ventajosas que fueren, partiendo del prin.
cipio que se enuncia en el discurso del rei de Francia; y el cual
toca á la base de la constituc;on británica.


El gobierno ingles no tiene la vanidad de proponer sns institu-
ciones políticas COIIlO el único sistema practicable y útil para la-
brar la libertad y el bien de alguna nazion. No duda que la Fran-
cia goza estos beneficios como efecto de las instituciones que han
derivado de la voluntad del rei, y él ha otorgado graciosamente;
pero no podria aprobar la pretension de que la Francia hiziera de su
política una regla jeneral para los demas pueblos; y ménos aun
podria reconocer en ella un derecho particular para obligar á España á
imitarla en virtud del parentesco de las familias reinantes en los
dos reinos. La última razon por el contrario recordaria memorias
y consideraciones que imposibilitarian á la Gran Bretaña de acce-
der á cualquiera pretcnsion que se apoyara en una hase semejante.


Jorje Canning.
VII.


. Sir Carlos Stltm't á J.~f. Canning.
Paris JO de febrero de 1 ti 23 (fuI. 98).


Apenas recibí el despacho de V. de 3 del corriente me presenté
T




154
á Mr. Chateaubriand, con quien tuve una larga conferencia acerca
de su contenido. Sin debilitar el efecto de los buenos oficios de
S. M. en favor de la paz, encontré á Mr. Chateaubriand mui afer-
rado en la idea de que el tono del discurso del rei de Fran-
cia era mui propio 'para hacer que los españoles cedieran; y re-
suelto, á pesar de cuanto yo pudiera decirle, á fundar sus espe-
ranzas de evitar la guerra sobre el resultado presumido de este
discurso.


Cuando manifesté á S. E. la interpretacion que pudiera darse al
discurso de S. M. C. á las dos cámaras, convino en que la op¡nion
de V. sobre las val'Ías modificaciones que de él podian hacerse, ma-
nifestaba claramente las dudas que se habian suscitado en el pú-
blico acerca de tan importante cuestion; y añadió que fuese la que
se quisiera la interpretacion que se hiziera de las palabras de S. M.
por los que se empeñan en mirar las medidas propuestas por esta
corte corno pruebas de su deseo de restablecer el gobierno absolu-
to en España, nunca podria creer que las comunicaciones que han
tenido lugar con el gabinete ingles puedan entenderse de un \ modo
que se crea autorizar tales supuestos; y no ha titubeado en ad-
mitir "que á fin de hazer establecer cualquiera modificacion en el
sistema actual del gobierno de España, dando á la Francia' garan-
tias bastantes para justificar llJ. suspension de los peparativos hos-
tiles, era preciso que el rei de España tomara parte y consm-
tiera en dichas modificaciones."


Sobre este principio, el cambio que dimane de un entero acuerdo
entre S. M. C. y las cortes se mirará como paso preciso á las modifica-
ciones indispensables. á la seguridad de los estados vecinos. Abriendo
con una revolucion tal como la de establecer una segunda cámara, un
medio de completar el gobierno constitucional en España con la in-
tervencion del gobierno británico, no solo quedará contento el go-
bierno frances, sino que, sin esperar otras pruebas de .la sinceridad
del gobierno español, considera este acto como bastante para obligarle
á suspender sus .aprestos militares, y á reHovar las relaciones entre
los dos paises como en tiempo de paz; aunque no se deba estrañar
que continuaran los preparativos guerreros á pesar de las seguridades
de la paz.


Mr. Chateaubriand no se ha esplicado sobre la calidad de los ae-




155


tos á quealudia; y yo he llegado á columbrar que aprobaba el pro-
yecto de que se concediera al rei el nombramiento de un consejo de
estado, dándose la facultad de deliberar segun el principio' bajo el
cual se ha constituido el senado americano; á lo cual se podrán
añadir las disposiciones reglamentarias sobre el resultado del conse-
jo para poder arreglar el número de Jos individuos de la cámara
representativa.


Con el objeto de evitar la posibilidad de alguna equivocacion, he
leido á Mr. Chateaubriand la parte del despacho relativa á las es-
peranzas que aun conservaba el gobierno frances; y he visto que s:S
ideas eran iguales. La comunicacion .del mismo estracto á N .... (un
español resiriente en Paris) nos da lugar á decir que contiene ideas
que se pueden\ considerar admisibles en España segun el dictámen
de este sujeto, y que podrá dar lugar á comunicaciones ulteriores
de parte de Sir Guillermo A'Court con el gobierno español.


VIII.
Despacho de Mr. Canning á Sir Carlos Stuart. (fol 101).


Ministerio de negocios estranjeros, 31 de marzo de 1823.
Habiéndose perdido desgraciadamente la esperanza de una recon-


ciliacion entre España y Francia que 8. M. ha conservado por mu-
cho tiempo, á pesar de las apariencias desventajosas, me manda el
rei hacer á V. E. paraque la haga al ministerio frances, la siguien-
te explicacion de la opinion de nuestro gobierno sobre el estado ac-
tual de los negocios públicos entre las dos naziones.


El rei ha empleado todos sus esfuerzos para conservar la paz de
la Europa.


La cuestion de una intervencion en los negocios de España, dima-
llada de los disturbios y desórdenes que han aparezido en este rei-
no de algun tiempo á esta parte, no era de una índole tal que pu-
diera hacer titubear á S. M. acerca de su solucipn. Si el plenipo-
tenciario de S. M. en Veroua no ha querido tomar parte en las de-
liberaciones de los gabinetes aliados acerca de ella, ha sido porque
S. M. debia dar, á sus aliados, así sobre esto como sobre cualquiera
otro objeto, una declaracion sincera de sus opiniones; y porque se
prometía que una franca y amistosa comunicacion pod'ria influir en la
duracíon de la paz general.


J.,a naturaleza de los rezelos' que habian obligado al rei de Francia




156
{L reunir un ejérzito en su propio territorio sobr~ las fJontel'as de Es-
paña, se habia indicado en un principio con el nombre de Cordon
sanitario, La mudanza de este nombre en el de ejérzito de obaer.
vacion, que se verificó en el último mes de setiembre, no parecia sig-
nificar otra cosa, sino que el sistema defensivo opuesto en un prin-
cipio á la epidemia física, se mantendria contra los inconvenientes
morales políticos que pudiera causar á la Francia una guerra civil,
suscitada en un pais separado de ella por una simple línea de deo.
marcacion convencional. Los riesg'os de la vecindad, las intrigas po-
líticas, y una violacion accidental del territorio eran suficientes moti-
vos para justificar los preparatiyos de una defensa militar.


En este estado se hallaban las cosas entre Francia y España á la
apertura del congreso de Verona, Las proposiciones que hizieron los
plenipotenciarios franceses en las conferencÍas de los gabinetes alia-
dos, se fudaban sobre este estado de los negocios; no se refirieron
á proyecto alguno de im'asion en el corazon de la monarquía «¡lspa-
ñola; reduciéndose á simples preguntas relativas: l? al apoyo que
pudiera esperar Francia de sus aliados en el caso de que se viese
precisada á romper sus relaciones diplomáticas con la corte- de Ma-
drid: Z? que especie dc socorro podria recibir en la hipótesi su-
puesta de ultrajes ya cometidos, ó de que España la amenazara con
alguna violencia. Todos estos eran casos fortuitos, y por via de pre-
caucion, Las respuestas de las tres potencias continentales fueron igua-
les en el fondo,


El resultado de las discusiones de VeroDa fué el convenirse los
aliados de S. M., á. saber: el emperador rle Austria, el de Rusia y
el de Prusia: l? én h'lcer presente al gabinete de Madrid por me-
dio de sus respectivos ministros en esta corte, sus opiniones acerca
de la necesidad de hacer una variacion en el sistema actual del go-
bierno español, y en caso que no se accediera á ello, retirar sus
ministros respectivos, rompiendo todas las relaciones políticas con Es-
paña: y 2? hacer causa comun con la Fraucia contra España, en
ciertos casos ,supuestos, los cuales, segun dije, er¡lll accidentales y de
pura pl'ecaucion.


El plenipotenciario de S. M. se negó á tomar parte en estas de-
liberaciones, no solo porque no estaba autorizado para cmpeñar la fe
rle su gobierno en obligaciones hipotéticas, sino porque este, desde
el mes de abril de lR20, ¡labia recomenclado uniformemente {L las po-




157


tencias aliadas que se abstnvieran de tomar parte en los asuntos de
la península; y porque, no habiendo tenido despucs de esta época no-
ticia alguna de las transacciones que pudieran haberse hecho entre
Francia y España, su gobierno no podia formar juizio de los fun-
damentos que el gabinete de las Tullerias tenia para creer posible
un rompimiento en las relaciones diplomáticas con la corte de Ma-
drid, ó qué motivos habia para creer posible un suceso, en la apa-
riencia tan improbable como el del principio de las hostilidades de
España contra Francia.


El plenipotenciario de S. M. no veia pruebas de la existencia de
algun proyecto por parte del gobierno español, de invadir el terri-
torio franel';, de tentativas para corromper la lealtad de las tropas,
ni de intencion de minar sus instituciones políticas; y miéntras que
los debates y disturbios de España permanecieran circunscritos al
recinto de su propio pais, el gobierno británico no podia aprobar que la
Francia rec1amara la intr,rvencion estranjera. Si al fin del último
siglo y principio del presente, la Europa se ligó contra la Francia,
no fué por la.s mudanzas interiores que esta creia necesario realizar
para su propia reforma política y civil, sino porque al principio se
empeñó en propagar sus principios, y luego en estender su imperio con
el apoyo de las armas.


IUlposibilitado S. M. de tomar parte en las medidas acordadas en
Verona relativas á España, su plenipotenciario declaró que lo que el
gobierno ingles podia hacer, era espresarse por medio de su minis-
tro cerca de la corte del rei católico, para dulzificar la fermen-
tacion que aquellas medidas podian suscitar en Madrid, haziendo todo
el bien que estuviera á su alcanze.


Hasta esta época no habia habido c~municacion alguna entre S. M.
y' la corte de Madrid con referencia á las discusiones de Verona;
pero acia la época oe la llegada del plenipotenciario de S. M. y de
su regreso de Verona á Paris,España de~cubrió sus deseos de la
mediacioll de S. M. afin de alejar las calamidades de la guerra, li-
mitándolos distintamente á la interposicion de los bnenos oficios de
parte de la Gran Bretaña, que no fueran incompatibles con el sis-
tema de la mas estrecha neutralidad; y durante el curso de las re-
lacioues del gobierno ingles con el español, este en época alguna pu-
do creer por sugestiones del de Inglaterra, que la política de S. M.
en caso de rompimiento entre Francia y España, pudiera ser otra que
la IIclItral.




158
Consiguiente á esta reclamacion y á la declaracion hecha en Verona,
el plenipotenciario de S. M. en Paris recibió instrucciones para ofre-
cer al gobierno frances la mediacion de S. M., Y al dar este paso,
el gobierno ingles pidió que, por consideracion de justicia y por mo-
tivos de conveniencia; se abstuviera de usar con España un lenguaje
altivo ó recriminador; haciéndole presente ademas que no era cosa de
poca importancia el primer ataque que cualquier nazion diera á la
paz general, recientemente establecida á (~osta de tantas penas y sa-
crificios. Tampoco se le ocultó al gobierno frances la alarma que cau-
saban al gobierno ingles las consecuencias posibles de una guerra en
Europa una vez declarada.


Ademas de estas indicaciones, el gobierno británico sfdempeñó en
saber del gabinete de las Tullerías cuales fuesen el número y natu-
raleza de los resentimientos particulares de S. M. C. y cuales los
pasos particulares de reparacion ó de conciliacion de parte de Es-
paña, capazes de detener el curso de los preparativos de guerra por
parte de S. M. C.


El gobierno frances desechó formalmente la mediacion de 8. M.,
alegando en sustancia que la necesidad de sus aprestos guerreros no
se apoyaba en· algun motivo directo de queja que tuviera contra Es-
ña, capaz de una exacta especificacíon, y de un ajuste practicable,
sino en la situacion gener;;.l en que se hallaban recíprocamente los
dos reinos; sobre el efecto q ne lo que pasaba y habia pasado en
España de poco acá producia en la paz y quietud de los dominios
de S. M. e; sobre el gravámen de el armamento defensivo que la
Francia habia creido necesario hacer sobre la frontera de España, y'
que era igualmente gravoso mantener ó disolver, á no mediar algunas
nuevas circunstancias capazes de justificar la variacion de su dictámen;
enfin, sobre el estado de las cosas mas fáciles de conocer que de
esplicar, y las cuales eran de todos modos tan insoportables para la
Francia, que le hacian preferible las hostilidades abiertas. La guerra
al ménos conducirá á una terminacion cualquiera, miéntras que las
relaciones en el estado en que se encontraban entre Fránci~ y Es-
paña podian continuar durante un tiempo indefinido, aumentando cada
dia las dificultades de España, y propagando la inquietud y la alarma
en el ejérzito y la nacÍon francesa. Mas aunque el gobierno de 8. M. C.
reusaba por dichas razones admitir una mediacion formal, manifes-
tó un vivo deseo de la paz, y aceptó los buenos oficios de S. M.
para lograrla.




159
Al confesar los malelf quc la guerra podia ocasionar á la Fran-


cia, y aun á toda la Europa, y los que debia producir mas inmediata
é inevitablemente sobre España, en la cual la invasion estranjera
exasperaria y prolongaria las animosidades y agitaciones interiores,
el gobierno ingles se convenció íntimamente de la necesidad que am-
bos reinos tenian de la paz; y en consecuencia, sin reparar en si
tenia ó no el carácter de mediador formal, resolvió hacer todos los
esfuerzos posibles, y aprovecharse de todas las circunstancias para
evitar la guerra. La cuestion entre España y Francia era sencilla,
y lo que habia que hazer no era examinar el modo con que las rela-
ciones de los dos gobiernos habian llegado á complicarse desgraciada-
mente, sino únicamente procurar si era dado resolver las dificultades,
sin dejarlo al trance de las armas, conduciendo las cosas á un ajuste
amistoso, cimentado sobre mutuas esplicaciones y concesiones.


Solo la amistad de S. M. pudiera haberle empeñado á proponer
á la nazion española la necesidad de reveer sus instituciones polí-
ticas. Los españoles de todos los partidos conocían la indispensable
necesidad de hazer algunas modificaciones en la constitucion de 1812;
Y á no haber sido la crÍsis tan fatal como la en que se hallaba
España, víctima á un tiempo dc los males de la guerra civil y del
miedo de una invasion estranjera, la adopcion de las modifica-
ciones, que se creian precisas en sí mismas, podla dar esperanzas
de ver desaparecer las disensiones interiores, presentando al gobier-
no frances la ocasion de retroceder de la actitud amenazadora qne
habia tomado respecto á España; y el gobierno ingles, prescindiendo
de los escrúpulos de delicadeza, por el temor de alguna sinies-
tra interpretacion, no se detuvo en manifestar el mas vivo interes
en lograr que los españoles se convinieran libremente en hazer las
modificaciones, ó al ménos en declararse dispuestos á realizarlas con
el tiempo.


Es inútil descubrir cual hubiera podido ser el resultado de los ar-
dientes esfuerzos de S. M. para traer á la Francia y la España á
un aco~odamiento, si no hubieran mediado otras cosas en la interrup-
eion de sus progresos." Séase la que se quiera la repugnancia del
gobierno español á dar los pasos primeros aeia un tal ajuste, no
podemos ocultar quc los principios' enunciados y las pretensiones in-
dicadas por el gobierno frances, como preliminares, en el discurso
del trono á la apertura de las cámaras en Paris, opusieron nuevo¡¡




160
ostáculos al éxito de una intervencion amistosa. Es verdad que al
comunicarse este discurso al gobierno ingles, se descubrieron nuevas
seguridades de las disposiciones pazíficas de la Francia, y que los
ministros frauceses dieron al pasaje de este discurso, el mas propio
para hacer una impresion fatal sobre la España, un sentido que le
quitaba parte de su carácter hostil, pero se inutilizaron todas las
tentativas del gobierno ingles para hacer valer en Madrid estas mis-
mas seguridades y semejantes esplicaciones; las esperanzas de un
buen éxito se debilitaron gradualmente, y en el dia han llegado á
desaparecer.


No queda ya mas que hacer que el manifestar la conducta que
S. M. desea y se propone observar en la guerra entre las dos' na-
ciones, á cada una de las cuales está S. M. unido por los lazos de
la amistad y de la alianza.


La repetida confesion que ha hecho el gobierno de S. M. C. dc
que no abriga ideas de ambicio n y en~randezimiento, aleja las sos-
pechas de que la Francia lleve el designio de realizar nna ocupacioll
militar permanente en España, ó de obligar á S. M. Católica á to-
mar alguna medida derogatoria de la independencia de la corona, Ó
de 'las relaciones que median con las demas potencias.


Las seguridades repetidas que ha recibido S. M. de la determi-
nacion de la Francia de respetar los domÍnios de S. M. F. no dejan
lugar ti temer que S. M. tenga que verse obligado á cnmplir los
deberes propios de la Íntima alianza defensiva, que tan largo tiem-
po hace existe entre las coronas de la Gran Bretaña y de Portugal.


En cuanto á las provincias de América que han roto el vínculo
que las unia á la corona de España, el tiempo y los sucesos parece
haber decidido realmente su separacion de la metrópoli; allllque el
reconocimiento formal de estas provincias como naciones independicn-
~es de parte de S. M. pueda acelerarse ó retardarse por diversas
circunstancias esteriores, no ménos que por los progresos mas ó ménos
satisfactorios en cada estado aeia una forma de gobierno establecido
y regular. Hace ya mucho tiempo que la España tiene noticia de
las opiniones de S. M. en la materia. Protestando, como protesta~
mos del modo mas solemne, que no es nuestra intencion apropiarnos
la parte mas peqneña de las posesiones españolas de América, S. M.
se persuade que la Francia no intentará adquirir para sí posesion
~lguna de cstas, ora por título de conquista ó por cesíon de España.




161


V. E. hará presente al Sr. Chaleaubrialld esta franca esplicacion
sobre unos puntos que son los únicos capazes por su índole, de ba-
cer tal vez creible la posibilidad de UII choque entre Francia y la
Gran Bretaña en la guerra entre Francia y España; dictada por el
vivo deseo de podl'r mantener durante esta guerra una estricta y
exacta neutralidad, invariable respeto á alguna de las partes conten-
dientes miéntras que el honor v los intereses de la Gran Bretaña se
respeten por ambas partes.


Ultimamente sp me manda prevpnir á V. E. declare al !llinistro
frances q Ile S. M. siempl'e se hallará pronto á renoyar la interpo-
sic ion de sus - buenos oficios, á fin de terminar estas hostilidades que
8. M. ha procurado evitar con tanto esmero eo;no mal éxito .


• Torje Canning.


--000--


CIEl\CIAS POLITICM; y MORALES.


A,'reglo de las pr·isiones. el(-)
Sentados estos principios, y teniendo á la vista los feJizes resulta-


dos que los trabajos de las sociedades filantrópicas han producido en
los Estados Unidos del Norte-América y en Inglaterra, es ya mui fácil
establecer las mejoras de las cárceles. En ellas influye eficazmente
la disposicion material del edificio, y la política eeonórnica y moral de
su manejo interior.


Las prisiones deberán constar de un edificio central, en donde re-
sida el jefe, alcaide ó gobernador de la prision. De él partirán otroS-<
edificios, formando un pentágono unido al centro con sus patios res-
pectivos y las habitaciones de los presos, salones de los trabajos y
lo dernas necesario para su cómoda asistencia y seguridad.


Los presos se custodiarán separados. En- las cárceles de Filadelfia
se dividen en cinco clases, á saber.


l? Los detenidos y aun no sentenciados.-2? Los convenzidos y
juzgados por delitos atrozes.-3? Los convenzidos y juzgados por
crimenes rnellores.-4? Los yagos.-5? Los deudores.


(") Concluye el artículo elel n" anterior desde la pág 51.
u




162
1.


Los hombres estarán separados de las mujeres. Es tan absoluta-
mente necesaria esta incomunicacion, como que en nuestro modo de
sentir convendrá destinar edificios distantes entre sí para las cárce-
les de detencion y para las que sirvan de pena. Las casas de cor-
reccion, las penitenciarías y los asilos erijidos en Inglaterra con el
noble fm de correjir á los delincuentes, están en entera independen.
cia las unas de las otras y de las cárceles, únicos receptáculos de los
acusados y aun no sentenciados.


n.
Aunque á los detenidos y no juzgados no se les debe obligar al


trabajo, se les animará á él, facilitándoles las herramientas y ma-
terias primeras que pidieren y necesitaren para las labores. !


En la cárcel de Filadelfia hai una fábrica de alfileres, hai herreros,
carpinteros, pulimentadores y aserradores de piedra y madera; mo-
linos para moler grano y para preparar el yeso. Se conducen los
trabajos con tal órden y actividad que Mr. Turnbull asegura que' al
observar la aplicacion y alegría que reinaba ea los obradores, apenas
se puede creer que sean hombres forzados los que allí trabajan, ofre-
ciendo la imájen de unos operarios acostumbrados desde la niñez á
las fatigas.


III.
A cada preso se le debe llevar cuenta corriente eu la cual se


anotará en la partida del cargo, la cantidad que hubiere robado ó
disipado, y por cuya falta hubiere sido preso; el importe de las cos-
tas del proceso y de la multa impuesta por el tribunal, con el
coste de su manutencion y ve~tido. En la partida de data se le
acreditará el valor de todo cuanto produjere su trabajo personal.
Cada tres meses se presentará el resultado á cada preso, y al con·
cluirse la época de la detencion, se le entregará el alcanze que hu-
biere á su favor. Si resultare en contra, continuará detenido hasta
que con su industria salde la cuenta. De este modo se les interesará
en ser aplicados, y los delitos cometidos por falta de industria ó
por relajacion de costumbres en una época de la vida, se compensarán
con la laboriosidad de otra.


IV.
Los inspectores de las cárceles darán cuenta al gobierno de las


mejoras que notaren en las costumbres y en la aplicacion de Jos




163


detenidos, y en vista de sus informes se podrán mitigar las penas.
En el acto de recibir en la cárcel al que pasare á ella por pena, se
le instruirá en las ordenanzas de la casa; y no se omitirá dilijen-
cia para hazcrle conozer la gravedad del crÍrnen que ha cometido,
el daño que con él ha causado á la sociedad, y la obligacion en
que está de indemnizarla con la enmienda de sus costumbres. Al
mismo tiempo se le animará á cumplir exactamente sus nuevos de-
beres, haziéIidole esperar algun alivio en premio del buen comporta-
miento que observare.


V.
Reeonozido el estado de su salud, y vestido con el traje de cárcel


que construirán las presas, se le dedicará al arte ú oficio en que
estuviere diestro, dando maestro á los Ilue carezieren de alguno para
que los instruya en él.


VI.
Durante las horas de trabajo se les prohibirá hablar y cantar. El


silencio, continúa Turnbull, que advirtió en los presos de Filadelfia
durante sus tareas, es lo que mas llama y causa admiracion en el
que los observa.


VII.
Un número de zeladores ó inspectores, proporcionados á la mag-


nitad de la prision, elejidos entre los mas respetables individuos del
pt'leblo, visitarán por turno todos los dias á los presos, y los exor-
tarán y animarán al cumplimiento de sus respectivas obligaciones.


VIII.
La comida será frugal y arreglada á los us~s de cada pais.


IX.
Se tendrá gran cuidado en inspirarles máximas de buena mo-


ral; y al efecto, ademas de las exortaciones de los ministros de la
relijion, se harán circular entre ellos libros de una sólida devocion
y piedad, que les pongan en evidencia y les enseñen los deb~res
rclij iosos y sociales.


X.
Los presos se levantarán al amanezer, y despues de hazer sus


camas y lavarse, empezarán el trabajo. Durante el dia se les da-
rán ciertas horas para comer y solazarse, y al anochezel' se les
volverá á sus aposentos, y el carcelero hará la requisa personal.




164
XI.


Los alcaides no podrán apalear á los presos, III cargarlos de hierro.
XII.


Cuando cometieren alguna falta, se les correjirá por la vez pri~
mera; a la segunda se les apartará de la mesa, y se les quitará
parte de la comida; y si fueren incorrejiblcs, se les ,encerrará,
dejándolos sin comunicacioll con los demas. No hai correctivo mas encaz
qlle este, y en Filadelfia se ha notado que ninguno ha sufrido dicho
castigo, que no haya mejorado completamente y correjido sus costumbres.


XIII.
Cuando el preso sufra esta pena, el carcelero le llevará por la


mañana la comida mas escasa que lo regular, y se la dejará sin ha-
blarle una palabra. Abandouado á ,~u imajinacion, el cncarcelado re-
flexionará sobre d motivo de su incomodidad, y estimulado por el
remordimit'nto y por la falta de comunicaeion y de trato, con un
sincero arrepentimiento comprará el alivio de su pena. S~ ha ad-
vertido que los mas duros y pertinazes se han hecho dulces y SI1-


_ misos por el influjo de esta pena. .
Desde el año de 1791 se ha comutado en ,Pensilvania la pena de


muerte por la de prision, SiR comunicacion por algun tiempo; y este
castigo ha produzido los resultados mas felizes.


Adoptando este sistema en la policía carcelera, se alejará de las 50- .
ciedades el espectáculo horrible que hoi ofrezen las cárceles; se
convertirán en escuelas de moral, las que cn el dia son inmundas
sentinas del vicio: la lejislacion criminal produzirá ventajosos efectos:
desaparezerán les asesiuatos carceleros, y las costumbres recibirán
mejoras correspondientes á la diminucion de los crímenes.


La experiencia hecha en Filadelfia basta para acreditar el acierto
del sistema de prisiones adoptado en ella, y para estimular á todos
los gobiernos libres á adoptarle.


El importe anual de los gastos de medicinas de las cárceles de
aquella ciudad, ántes de su nllevo arreglo, ascendía á 1,200 duros, y
á 120 despues. En los 4 años anteriores al nuevo arreglo 104 pre-
60S se escaparon de las cárceles, y ninguno en los 4 años posteriores.


Desde el año de 1787 al de 1791 entraron en las cárceles
por todos delitos ..................... "....... 592 presos.


Desde el de 1791 á 1795 ..... "., ... ,.", ... 243


DiminucioJl .. , , ............ 34fl




165


Reos tIc robos, asesinatos y tIemas crímenes atrozes durante
el vicjo sistema.............................. 129


En el nuevo.. . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . .. 24


Diminucion ............. '. .. 105


Deduziéndose de todo, como asegura el conde de Liancourt, que
los efectos del nuevo plan de cárceles se han esperimelltado de un
modo indisputable en la diminucion de los delitos, y en la correc-
cion 'de los criminales: únicos fines' que la lejislacion criminal debe
proponerse en sus csfuerzos.


Nota del importe anual de las manufacturas trabajadas por los de-
tenidos en varias cárceles de la Gran Bretaña, Francia '1) España.


Nombres de las prisiones.


Casa de correccion de Abingdon ....... .
Cárcel de Cambridge ................ .
Cárcel de Knutsford ................ .
Cárcel y casa correccional de Gloucester ..
Cárcel de Herefordshire ........ o •••••
Casa de correccion de Preston ....... .
Penitenciaría de MiJlbank ............ .
Cárcel y casa correccional de Northampton-


shire ........................... " .•....
Id. de Worcester .................. o'
Id. de Wakefield ................... .
Casa de correccion de Belfast ....... .
Id. de Dublin ....................... .
Cárcel de Ches ter " ............... o •
Casa correccional de Knutsford ....... .
Id. de Dorchester .................... .
Cárcel de Gloucester ............... o
En Paris .............. o •••••••••••••
En Nladrid ..... ; ................... .


Valordelas Núm. de
manufact. presos.
10,005 rs o


5,240
23,270
36,990
84,720


125,900
605,100


14,400
33,000


112,100
10,300
51,750
70,600
97,900
55,500
72,900


1.011,300
37,347


12á50
150
300
320
202
723


200
240
200


150
150
130


2U,000
1,400




lOO
Distribucion que se haze del importe del trabajo de los preso. en


las cárceles de Inglaterra.
Casa de correccion de Abingdon.


Las ganancias del trabajo de 108 presos se distribuyen del modo
sigui€'nte. Las de los no sentenciados, una mitad para ellos y la otra
mitad para el carcelero y el condado. Las de los sentenci'ados, una
quinta parte para ellos y lo demas para el carcelero y el condado.


Cárcel de Aylesbury.
A los no sentenciados se les abona un peni diario, en recompensa


de su trabajo.
Cárcel de Durham.


A los presos se les abona 3 penis diarios en remuneracion del
trabajo; y de ellos les entregan una parte para sus necesidades, y
el resto cuando salen de la cárcel.


Cárcel de Chelmsford.
Nada se da á los presos de lo que ganan COII su trabajo, y todo


se entrega al condado.
Cárcel de Gloucester.


Solo se da una parte de lo que ganan con su trabajo á los pre-
sos no sentenciados.


Cárcel de Herefordshire.
Los presos 110 sentenciados reciben la mitad del valor de lo que


trabajan, el carcelero un dozavo y el condado cinco dozavos. Los
condenados á la prision una sexta parte, otra el carcelero y el con-
dado cuatro sextos.


Cárcel de Maidstone.
A los presos en ella se les abona la mitad de lo que les pro-


duze el trabajo, y una tercera parte á los de la penitenciaría.
Casa de correccion de Worcester.


La quinta parte de los productos del trabajo se da á los presos,
la sexta al carcelero y el resto al condado.


Cárcel de York.
A los presos se les entrega el importe de lo que han ganado con


el trabajo al valor de la prision. A los presos por condena se les
abona una cuarta parte; al carcelero otra y dos cuartas partes al
condado: á los puramente detenidos, doti cuartas partes, y otras dos
al condado y carcelero.




167


Cárcel de Chester.
Una cuarta parte á los presos; de ella se les entrega cada sema~


na la mitad y .. 1 resto cuando salen de la cárcel; 10 por ciento al
gobernador, 5 por ciento al maestro de labores y el resto al condado.


Cárcel y casa de correccion de Dorchester.
A los detenidos se les abona una sexta parte de lo que ganaIl' y


á los presos por pena, nada.
Cárcel de Gloucester.


La mitad de las ganancias perteneze al alcaide y la otra al condatlo.
Casa de correccion de Lawford's Gate.


A los presos de la primera y segunda clase se les deja una ter-
cera parte, y á los de la tercera la mitad de lo que ganan con su
trabajo.


Cárcel de Kent.
A los sentenciados á la cárcel por pena se les abona una tercera


parle y á los dernas la mitad de lo que ganan.


Alim'ento que se da á los presos en Inglaterra, Francia, Portugld,
España :y Rusia.


Cárcel de Cambridge.
A los puramente deteuidos, libra y media de buen pan, y 3 á los


que trabajan en el molino de pie.
Cárcel de Durham.


Una libra de pan diaria. Para almorzar y cenar, gachas de harina
de avena y leche. La comida del domingo y juéves, 4 onzas de pes~
cado salado y una libra de patatas. Lúnes, miércoles y sábados 4
onzas de potaje de harina de avena: en la temporada en que no
hai patatas, 4 onzas de arroz.


Cárcel de Gloucester.
Los presos ántes de la sentencia reciben libra y media ele pan dia-


ria y un peni. Los sentenciados: para almorzar, una pinta de gachas
de harina de avena; pinta y media de sopa de guisantes para comer dos
dias ála semana, y una libra de patatas los demas, y siempre libra y me-
dia de pan.


Cárcel de Hereford.
La manutencion de los presos cuesta 9 rs. YIl. cada semana.


Casa de correccion de idem.
Dos libras de buen pan diarias.




168
Cárcel de Lancáster.


Veinte onzas de buen pan: para almorzal', 4 onzas de potage de
l¡arina de avena: para comer, dos dias á la semana media libra de
carne y una libra de patatas, y dos dias 4 onzas de estofado de ca-
beza de buei.


Newgate en Middlesex.
Una libra de pan, una pinta de gruell, 4 onzas de sopa y media


libra de carne alternativamente.
Casa de correccion de North-Allerton en Yorkshire.


Libra y m~dia de pan, desayuno 4 onzas de gachas de harina de
avena: domingo y juéves, 6 onzas de carne cozidR de vaca, y 4 onzas.
de patatas con sal: lúnes y viérnes 4 onzas de estofado de vaca, de
cabeza de buei, huesos, yerbas, harina de avena y cebollas con pi-
mieu'ta y sal: mártes, 4 onzas de arroz hervido y leche, ó 4 onzas
de estofado: lo mismo el lúnes, mártes, miércoles y sábado 4 onzas
de caldo espesado con harina de avena, cebollas, yerbas, sal y pimienta.


Casa de correccion de Ely.
Dos libras de pan.


Cárcel de Derby.
Libra y media de pan diaria.


Cárcel de Ashborne.
Cuatro onzas de pan diarias.


Cárcel de Plymouth.
Una libra de pan y 2 penís diarios.


Cárcel de Barking.
Libra y media de pan y cierta cantidad de cerbeza.


Casa de correccion de Littledon .
. Para almorzar, onza y media de gruell de harina de avena: para


comer, una libra de patatas, la cuarta parte de una onza de sal y
libra y media de pan.


Casa de correccion de Lawford's Gate.
Libra y media de pan, onza: y cuarto de gruell, una libra de pa-


tatas y media onza. de sal.. I
Casa de correccion de vVinchester.


Libra y media de pan, una pinta de gruell y tres cuarterones de
carne los domingos.


Cárcel de Rochester.
A los cl'iminales se les dan 6 penis diarios, 3 á los deudores.




169
Casa de correccion de Preston.


Cada semana un sheIling 8 penis y 3 farthings cada preso.
Cárceles de Madrid.


Una libra de pan, 6 onzas de garbanzos, aceite, sal y leña: prest
diario un real y 6 mrs.


Cárceles de Paris.
Dos r8. y 16 mrs.


Cárceles de Lisboa.
Un real y 4 mrs.


Cárceles de Riga.
Dos libras de pan, y agna
La nazion británica, que entre todas las de Europa sobresale por


su jenio filantrópico, llevando á efecto los principios de la mas sana
política, y que no contenta con castigar los delitos, procura eficazmente
evitarlos, se ha dedicado con el ardiente zelo que la distingue á pro-


.mover la creacion de dos establezimientos consagrados á suplir la edu-
cacion de los hijos de las clases mas desgraciadas dc la sociedad,
altamente convenzida de que aquella es la que directamente influye en
los vicios que trastornando el órden de la sociedad, conducen á las
cárceles á los que desgraciadamente se entregan á r~los, afoandonando
las máximas de la ruoral y los dictámenes de la propia conveniencia.


SOCIEDAD


cuyo objeto deberá 8er el de dar ocupacion y reformar las costumbres
de los muchachos que salen de las cárceles del condado de Berkshire.


Setiembre de 1824.
l. Se formará una asociacion que atienda á la subsistencia y re-


forma de los muchachos que salen de las prisiones y casas de correc-
cíon del condado de Berkshire.


2. Los objetos de su instituto serán: primero, llevar una corres-
pondencia con los parientes y amigos de los muchachos menores de
21 años, para conozer cuales son las ideas que hayan formado sobre
la suerte futura de estos, luego que han cumplido su condena: se-
gundo, corresponder á sus deseos, facilitándoles los medios para
regresar á sus casas, para buscarles algun acomodo, ó para buscarles
trabajo y subsistencia hasta que este se consiga: tercero, dispensar su .
proteccion para encontrarles destino, cuando cn la prision hayan dado
pruebas inequívocas de la reforma de sus costumbres. Los cuidados


y




170


de la sociedad no se extende¡'án ii los de mayor edad, á no ser que
merezier.en una especial recomendacion á los majistrados por la bue-
na conducta que hayan . observado en la prision.


3. Se establezerá un fondo para los gastos con los productos de
las suscripciones y donativos.


4. El suscriptor anual de 105 rs. y los que regalaren 315 rs., se-
rán individuos de la socieda d.


5. El Sr. lugar teniente del condado será el presidente, y vice-
presidentes los majistrados visitadores de las prisiones. Los sherifes
y mayores de los pueblos son individuos natos de la sociedad.


Reglamento de cárceles aprobado por ltfaximiliano 1. rei de Baviera
en 31 de junio de 1822


OCUPACION DE LOS PRESOS POR PENA.


1 ~ Los tribunales cuidarán de que á los presos de esta clase se
les faciliten los utensilios necesarios para el ejerzicio de sus respec-
tivas profesiones.


2 ? Si el preso fuere un maestro en su oncio, se le obligará á
llevar consigo los instrumentos de este.


3? Si fuere un jornalero Ú oncial, se le permitirá tomar la
obra en casa de su maestro, ó caso de estar distante, de alguno que
residiese cerca de la prision.


4 ? Si el oncio del preso no se pudiere desempeñar dentro de
la cárcel, se le dedicará á otro compatible con sus talentos.


5 ? Cuando no se pudiere emplear en algun arte mecánico, se
ocupará al preso en los menesteres de la cárcel, como en cortar leña,
lavar ropas y guisar en la cocina, tomando todas las precauciones
necesarias para evitar su fuga.


6 ? Los presos que pertenezieren á las clases altas, y que por ello
no tuvieren oficio alguno mecánico, se ocuparán en leer, escribir y dibujar.


7 ? En las cárceles en las cuales no puedan estar separados los
presos se les ocupará en trabajos que pudieren hacerse en comun
por varios:


8? A los presos de .quienes pueda rezelarse que deseen escapar
de la cárcel, no se les ocupará en oficios que por la ~lase de ins-
trumentos que emplearen, les faciliten la fuga.




1'11
§. JI.


Ocapaciones de los presos miéntras se les siga la causa.
l? ·2? Se les empleará en ofrcios compatibles con su seguridad;


y que no sean capazes de impedir ó entorpezer la averiguacion del
crÍmen, ni el exámen del presunto reo.


3 ? No se les dará ocupacion sin el permiso del juez de la causa.
4 ? No se hará trabajar á los acusados de crímenes que merezie-


ren pena corporal, mas no así á los de delitos menores; estos podrán
voluntariamente dedicarse á las labores 'lue les fueren conozida~~


5 ? Aun en este caso se les dedicará á aquellos oficios que puedan de-
sempeñarse en la cárcel, y nunca en compañía de otros presos ni con ins~
trumentos peligrosos.


6 ? Cuando se les hizieren encargos por sus amigos ó parro-
quianos, se rejistrarán con cuidado las materias primeras que se les
remitieren, y lo mismo los víveres y ropas que les enviaren.


7 ? Podrá.n recibir encargos y trabajar en su encierro los reos
durante la época del sumario, pero no se les permitirá comunicarse
con el que se los hiziere; ni se les dará nunca el nombre del que
les demandare obra, y siempre se observará lo prevenido en el §. 1.


§. m.
Prevenciones generales.


1 ? Los majistrados promoverán el establezimienfo de sociedades
para el socorro de los presos; y recomendarán al público y á los
fabricantes y artesanos á los encarcelados á. fin de que les procuren
facilitar trabajo en que ocuparse.


2 ? El tesoro público responderá de pagar cualesquiera menoscabo,
averias ó pérdidas que ocurrieren en las materias primeras facilitadas á
los presos por su impericia; cargándole el importe al reo cuando


, naziere el daño de culpa suya. .
3 ? Cuando los esfuerzos de las sociedades y de los tribunales no


lograren facilitar trabajos á los encarcelados, los recibirán de mano y
por cuenta dd gobierno.


4 ? Con este objeto los tribunales quedan autorizados para inver-
tir los fondos públicos necesarios para facilitar á los presos objetos
en que ocuparse, especialmente los de corto valor.


5 ? Para dar salida á los obrajes, se les señalará el precio mas
bajo; cargando el de las materias primeras, y el ordinario de los




112


jornales, pero 110 el interes del capital invertido en la compra de
aquellas, ni lo que se hubiere gastado en reparar algunas pérdidas.


6 ? El producto de la venta se aplicará. 10 primero á retntegrar
al tesoro los gastos que hubiere hecho en las anticipaciones; el
resto se aplicará á indemnizar á los presos; y si sobrase alguna
cantidad, se invertirá. en compra de materiales.


7 ? Los presos que durante el seguimiento de la causa no tu-
vieren de que 'vivir, recibirán un tercio de SUB jornales ó trabajo á.
la vista; un tercio al salir de la cárcel; y el resto quedará para cubrir
sus gastos.


8 ? Los que sufrieren la priaion por pena, y no tuvieren de que
vivir, pagarán con el importe de su trabajo, primero el valor de las


, materias primeras, y el resto se entregará á RUS familias, ó á elloa
mismos al salir de la cárcel.


CANTON DE GINEBRA.
Lei de 13 de marzo de 1822 relativa al establezimiento de una


casa de correccion.
Primero: se establecerá una casa de correccion: segundo, se construirá


en el fuerte de Hesse : tercero, tendrá cuadras diferentes para el encierro
de los sentenciados segun sus clases: cuarto, los presos se dedica-
rán al trabajo de manos: quinto, una lei señalará 10i principios que
deberán observarse en el arreglo de la casa: sexto, se autoriza al
consejo de estado para gastar en esta obra 450,000 florines: sétimo,
esta sUIIla se compondrá de las cantidades siguientes.


1 ~ De 75,680 florines sobrantes de las rentas anuales.
2~ 'De un préstamo de 374,319 que se levantará. al rédito del


4 por ciento.
3~ Se dividirá en accIOnes de á. 2,500 florines, reembolsables en


el diciembre de 1830, á razon de 40 cada año.
4~ Las acciones se inscribirán en un libro que residirá en la cá-


mara de cuentas. El endoso se hará en virtud de declaraciones in-
sert.as en dicho rejistro.
5~ Podrá anticiparse el reembolso avisándolo tres meses ántes.
6~ La, anticipacion se hará por el órden natural de los números


que lleven las acciones.




173'


Sociedad jilantrbpicu para el alivio de los presos establezida en
Prusia.


Se establezió en Berlln una asociacion para el cuidado !I mejora
de las cárceles y casas de correccion de la monarquía prusiana. Sus
tareas se dirijen á procurar el buen tratamiento y la correccion de
rodos los presos, y á facilitar los alivios necesarios á los detenidos
por deudas. Se exceptúan las prisiones y fortalezas militares en las
cuales no tiene lugar su proteccion.


1.
La sociedad desempe~ará una zelosa snperintendencia sobre la COll-


ducta de todos los encarcelados, tomaudo un conozimiento .exacto de
su carácter y de la causa que les hizo cometer el delito, y no omi-
tiendo dilijencia alguna para l'ectilicar su moral y hazerlos útiles á
la sociedad.


n.
Separar á los presos segun la clase de sus delitos, á fin de ca-


nozer mejor su indole.
III.


Instruirlos y asegurarlos en los principios de la relijion, haziéndo-
les concebir una idea exacta de los pallados desaciertos y de la con-
veuiencia que deben sacar de una buena conducta. Tambien se encar-
ga la sociedad de la educacion de los hijos de 105 presos durante
su encierro.


IV.
Solicitarles ocupaciou y trabajo correspondiente á su situacion, y ha-


zerles adquirir conozimientos industriales capaz es de mejorar su esta-
do cuando recobraren la libertad.


V.
Mediar con las personas, corporaciones ó autoridades, paraque fa-


ciliten trabajo á los encarcelados en el momento en que recobraren
su libertad.


VI.
Cuidar de la buena asisteucia de los enfermos en las prisiones y'


del vestido, abrigo y manutencion de los encarcelados.
VII.


Examinar el ól'den interior de las cárceles, su limpieza, ventilacion
y el buen trato de los desgraciados, y yijilará sobre la conducta de
los carceleros.




I"i4
VIlI.


La sociedad estará' bajo la proteccion dc 8. A. el príncipe reato
IX~


La sociedad abrirá una subscripcion en todo el reino, á ñn de SU~
plir con ella los gastos que no pueda: cubrir la tesorería jenellal y
los fondos PfQvinciales.


X.
La sociedad tiene subcomisiones en toda.'! las provincias, para llevar


á efecto sus planes de benefizencia ..
XI.


La sociedad solicitará del gobierno el permiso para visitar las pri-
siones cuando quiera examinar las cuentas, dando cuenta de sus r~
suItas á las autoridades superiores.


XII.
Tambien se establezió una sociedad de señoras con iguales atribu-


ciones, dedicada al alivio y mejora de las cárceles de nlUjeres.


Nota del importe de la contribucion jeneral que se cobra en Ingla-
terra para sostener á los vagos en las casas de correccion-.


En Inglaterra. En Wales.


. Año de lSI 6 .... ,&25,S44 lIs. 6d . 1: 946 lOs. 7d.
Año de IS17 .•.. 40,086 12 3 1,358 8 5
Año de 181S ... . 45,28v 3 4 1,459 8 6
Año de ISI9 ... . 50,S66 2 9 1,201 1 4
Año de IS20.· .. 5S,950 1 1,876 1
Año de IS21. .. . 5S,.345 6 1,423 19 6
Año de 1822 ... . 26.516 425 3


Número de presos en Inglaterra desde el año de 1815 á 1822.
Predos en los 6 años...................... 85,487
Hombres .•................................ 71,319
Mujeres... . . . .. . . .. . . . . . . .. .. . . . . . . . . . . . . .. 14.1/18
COllvenzidos y sentenciados. . . . . . . . . . . . . . . . .. 50,3 ~ O
A muerte..... .. . . .. . . . . . . . . . . .. .. . . . . . . . . . . 7,683
A trasportacion vitalicia...................... 837
A azotes y multas .............. : . . . . . . . .. . . 1,684
Sufrieron la pena capital.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 693




175


En EscfJcic, desde 1821 á 1824.
Presos .................................... .
Convenzidos ................................ .
Sentenciados á muerte ..................... .
Ejecutados ................................. .


Presos por la marina en el año de 1823.
Número de detenidos .............. " ..... ,
Pasaron á Nueva Gales .................... .
A Bermuda ....•..........................


8Z1
717
49
28


5,169
1,402


300
Indultados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 468
Fugados.. . .. . . . . .. .• . . . . . . . . .. . . . . .. .. .. 3
Murieron.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • 43
Gasto que causaron ........................ 2.883,200rs. vn.
Importe de lo que han ganado con su trabajo .... 2.425,500


Númer() de vagos !J mal entretenidos que se recojieron en las casas
de correccion de Inglaterra desde 1820 á 1824.


Recojidos . . . . .. .. . . .. .. . . . . .. . . . . . . . . . . 48;351
Gastos.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 15.808,800 rs. vn.
En Wales detenidos...................... 460
Gastos......... .... .. .. .... ...•........ 332,400 rs. vn.
Número de presos en l(/J cárceles de Paria en 1820.


Número de prisiones........... ........ .. 11
Id. de presos........................... 20,687
Proporcion de los enfermos.... . • . . . . . . . . . . 10p%
Número de muertos..................... 358
Gastos que causaron..................... 5.127,300 1'S. vn.
Coste diario de cada preso............... 4
Importe de lo que han trabajado.......... l.()l1,300


Número de presos en la cárcel pública de S. Petersburgo en 1821.
Hombres.. .. ...... .. .... .. .. .... .... .... .. 1,210
Mujeres... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177


1,387


Importe de lo que han trabajado..... . . . . . . .. 75,000 rs. vn.
Se ¡es entregaron á los presos................ 12,000




176
Número de presos juzgados en Noruega el año de 1821.


poblacion ............................... o' 9701000
Número de presos ................ o o • o o • • • • • 7'37
Entre ellos: asesinos... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
Ladrones ...................... " .. .. .... .. 1


L Delicta carnis .......... '. . . . . . . . . . • . • . . . • . • . . 12
Incendiarios. ............... o • • • • • • • • • • • • • • • Z
Perjuros .•. o ••••••••••••••••••••••••••••••
Policía ...... O" " ••••••• o o ••••••• o' • • • • • • • • 149
Casas de correccion.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . --1
Penitenciarías .•............ o., • • • • • • • • • • • • • • 7
Presos ........ , . .• . . .. . . . . . . . • . . . . . . . . .. . • 101
Idem ........ , . . . . . • . . . . . . . . . . . . .• . . . . . . . . 189


Resúmen comparativo de las máximas fundamentales proclamadas p:n.
el Sr. D. Fernando VII, en. documentos públicos de fe irrecusable
qru: han salido de sus manos, 9 las cuales descubren el verdader;o


carácter del gobierno actual de la península. '


"Una de las cosas que mas descrédito causan· á los gobiernos, 'es
. la variacion de las providencias; pues la versatilidad eñ las determi.
naciones arguye que se han' tornado sin la madurez y circunspección
que df'ben caracterizarla-s." ' •


Decreto de S. M. el Sr. D. 'Fernando VII de 2 de noviembre de lilli,
fol. 729, tom, 2 (*).


Si las personas de los reyes son sagradas é inviolables, los actos
de sus gobiernos están sujetos al exámen crítico de la coetánea y de las
futuras edades, sin que por ello se vulneren BUS augustos respetos.
El extracto de las máximas palÍticas contenidas en los decretosa,q-,
torizados por el· Sr. D •. Fernando VII .en los ) O años de su man<lo:
absoluto, descubre el- verdadero carácter del sistema político que pr~~ :
valeze en la península, y justifica los ardientes des,eos de los liber~,;
en quererle reemplazar ('.on un órden estable. Nosotros, queriendo ¡
dejar al juizio aislado de nuestros lectores la deduccion de las con- ,l
lecuencias que naturalmente se derivan del simple exámen, de}o8 ,1:


(*) Las citas sucesivas se refieren á una obra impresa en Madrid en')II.i
imprenta real en 9 tomos, por D. Martín Balmaseda con el título de decrB.:.
tos de! R.¡ N. S.




177
.prmClplOS reconocidos por el gobiernQ español, nos limitarémos á in-
sertar en forma comparativa las sentencias . contenidas en Jos decre~
tos, anotando las palabras literales de los que ba expedido S. M.
en las épocas de su mando absoluto.


Sobre la naturaleza del gobierno.
"Yo os juro y prometo, verdaderos y leales españoles, no queda-


réis defraudados en vuestras nobles esperanzas; vuestro soberano quiere
serlo para vosotros. Aborrezco y detesto eL depotismo, ni las luz es
del siglo y cultura de las naciones de Europa lo sufren ya, ni en
España fueron déspotas jamas sus reyes, ni sus buenas leyes y C07l6-
títucion lo han autorizado." (a)


, H Desaparezca para siempre del suelo español hasta la mas rem(}o
ta'idea de que la soberanía reside en otro que en mi real persona." (b)


ce No haré jamas varÍacion alguna en la forma legal de mi gobier-
no, ni permitiré que se establezcan cámaras ni otras instituciones, cual-
quiera que fuese su denominacion. La promulgacion de un si~tema
répresentativo en Portugal pudiera baber alterado la tranquilidad pú-
blica en otro pais vecino que no estuviese animado de una le,altad
mas acendrada; mas en' España pocos babrán' osado fomentar en la
oscuridad esperanzas de "er cambiada' la forma de gobierno. (c)


"Los decretos é instrucciones que se me han comunidado (por
el gobernador del consejo de S. M.) tienen por objeto el mantener
,el órden y tranquilidad que el abloluto y paternal gobierna de S. M.
ha establezido, y cuya consen'acion recomienda el rei bajo su respon-
sabilidad personal." ( d)


t< He oído vuestros votos y cual tierno padre he condescendido á
lo que mis hijos reputan conduzente á su felizidad; he jurada la
constitucion por la que suspirabais, y seré siempre su mas firme apo-
9 0 • Marchemos, y yo el primero, por la senda constitucional." (e)


" Son nulos y de ningun valor todos los actos del gobierno lla-
mado constitucional, que ha dominado désde 7 de marzo de 1820 bas-
ta boi 1 de octubre de 1823: declaro que en toda este, época he


(4) Decreto de 4 de mayo de 1814, foI. 6, tomo l.
(b) Orden de 1 de junio de 1824. Gazeta de Madrid de 30 de octubre.
(e) Decretos de 19 de abril de 1825, y 15 de agosto de 1826 en las gazetatl


de Madrid.
(d) Bando del eapitan general de Valencia D. José O' donelJ.
(.) Gazeta de 12 de marzo de 1820 n. 87 IJag, 263.


x




178
cdrezido de libertad, obligado á sancionar tes leyes, vrdenes wdecre.
tos que contra mi ",oluntad 8e meditaban y expedian." (a)


"Mi alma se tranquiliza con el sentimiento Íntimo de que mis
operaciones no se han separado un punto de la jidelidad de :nis ju.
ramentos, lisonjeándome de ser y haber sido un verdadero constitu-
cional sin dolo ni perfidia." {h)


" La 'Violencia con que me impelieron varios cuerpos del ejérzito
á reco1l0::er y jurar en·7 de marzo de 1820 la constituc;ion política
de la monarquia, no podia méno~ de llamar la alencion de todos los
soberanos de Europa." (c)


"S. M. ha ofrezido unas leyes fundamentales hechas de acuerdc;l
con los procuradores de las provincias." (d)


"Al tiempo que yo preparaba y meditaba con zeta infatigable el
establezimiento de un sistema general, uniforme y arreglado que com-
binando los intereses, y reconciliando todos los espíritus pudiese lle-
var al alto grado de esplendor á que es llamada esta monarquia." (8)


"Quiero que mis vasallos conozcan la intencion en que estoi de
que mi trono deMcanse sobre su amor." (f)


"La guardia real sirve para mantener 101 derecho. del trono." (g)
Sobre celebracion de cbrtes.


" En· cortes lejítimamente congregadas de procuradores de España
é Indias, con sU acuerdo se establezerá sblida y lrjitimamente cuan-
to convenga al bien de mis reinos." (h)


"Se suspende la eleccion de los diputados de América, hasta que
preparado y arreglado lo que parezca mejor para la reunion de cor.
te, se ajianzen las bases de la prosperidad."(i)


" La convocatoria de cbrtes compuestas de procuraclores de las pro-
vincias de España y América, de la cual se ocupa una cOtltision
nombrada al intento, se hará sin tardanza."


(a) Decreto de 1 de octubre de 1823, fol. 149, tomo 7.
(b) Billete de puño de S. M. de 3 de julio de 1822, dirijido al cousejo


de estado.
(e) Decreto de 2lJ de diciembre de 1823, fol. 255, tomo 7.
(d) Circular de 24 de mayo de 1814, fol. 100, tomo 8.
(e) Decreto de 3 de marzo de 1824, tomo 7, ápendice.
(f) Decreto de 22 de enero de IS24, fol. 100 tomo 8.
(g) Decreto de 2 de mayo de 1814, fol, 337, tomo 8.
(") Decreto de 4 de mayo de 1814, fol. 1, tomo 1.
(i) Orden de 24 de mayo de 1814, fol. 10 tomo 1.




179
"Habiéndome consultado mis consejos, real y de estado, lo con-


veniente que seria al bien de la monarquía la celebracion de cor"
te~, conformándome con !U dictámen, por ser con arreglo á las leY!18
fundamentales que tengo juradas, quiero que inmediatamente se ce-
lebren cortes." (a)


Ninguna de estas promesas se han cumplido, ántes se establecieron
opuestos principios en los decretos citados en el §. 1.


" Restituido, dijo S. M. en 1 de mayo de 1824, á la plenitud de los de-
rechos de la lejítima loberanía que heredé de mis gloriosos projenitores."


En el decreto de organizacion de los ayuntamientos, que roen-
éionarémos luego, enearga S. M. "que al constituir estas corporacio-
nes se evite todo lo que tenga tendencia á la popularidctd." (h)


* * ,. * *
Sin embargo, el afan de adquirir caudales no impidió que el rei


dijera poco des pues "que deseando la estabilidad y cumplimiento de
los fueros de Navarra, había resuelto en uso de su soberana auto-
ridad, conceder á este reino, desde aquel año, cortes anuales, con el
fin de que, restiluido á su total práctica el fuero, se atienda á re-
parar con adecuadas providencias los vicios y desórdenes .... 9 que
le puedan proporcionar un servicio extraordinario."


De suerte que Navarra tiene cortes .porque lo dispone su fuero:
y Castilla y Aragon no las tienen, aunque lo previenen sus fueros
y leyes que el reí dice ha jurado observar.


Sobre libertad individual
"La libertad y seguridad individual quedarán firmemente asegu-


radas por medio de leyes que dejen á todos la saludable libertad,
en cuyo goze imperturbable, que distingue á un gobierno moderado
de un gobierno arbitrario 9 despbtico,deben vivir los ciudadanos:' (c)


Ú Los juezes de policía procederán á la calificacion de las perso-
nas contra quienes haya pruebas de abuso en la conducta que hu-
bieren tenido hasta entónces." (d)


H He resuelto que vuelvan y continuen por ahora el consejo de la
inquisicion y los demas tribunales del santo oficio al ejerzicio de su
jurisdiccion." (e)


(a) Decreto de 6 de marzo de 1820, fol. 31, tomo 7 ápendice.
(b) Decreto de 16 de febrero de 1824, fol, 195. tomo 8.
(e) Decreto de 4 de mJlYo de 1~14. fol. 1, tomo l.
(d) Circular de 1 de juuio de ~814, fol. 53, tomo lo
(e) Decreto de 21 de julio de 1814, fol. 132, tomo I~




« -El pl'-unel":.,delJerde 16s. soberanos es dar calma y tra~\li1idad á
sus vasallos." (a) ,


", Cu,ando estos Ion juzgados por los trihunales estahlecidos por la
leí de~cansan lJajo Sil proteccion; pero cuando las causas se juzgan por


comisiones, ni mi conciencia puede estar libre de toda responsabilidad,
ni mis súbditos pueden disfrutar de la confianza en la administra-
cion de justicia. Para evitar un mal de t~nta trascendencia, es mi
voluntad que cesen desde luego las comisiones que entienden en cau-
s~ criminales: que estas se remitan á los tribunales respectivos, y
que los delatores queden sujetos á las resultas del juicio."


"No habiendo sido mi ánimo alterar de modo alguno la corilÍsion
especial, ¿ tribunal creado en esta corte para entender en laS causas
de estado," quiero que continúe sus tareas, hasta jinalizar las cau-
sas pendientes y sus incidencias. Quiero tambien . que no se admita,
cOllllulte ni se me dé cuenta de reclamacion al~una de s~ntenciado~
óprovidencias tomadas contra los que han sido procesados por di-
cho tribunal, cuyas sentencias ó providencias hubieren merezido mi
realnprobacion, por ser mi soberana voluntad (lue se cllmplan y He"
veo á delJido efecto." (b) .


C( Conozielldo S. M. la necesidad que hai de sacar las cosas de
su órden natural y ejecutar cr1stigos, se ha servido resolver, que
cualquiertl que s.ea envuelto en conspiraciones, que se dirijan á res"
tablezer el sistema anárquico, felizmente abolido, inmediatamente sea
entregado á una comisiol1 militar." (e)


C( Se establezen" comisiones militares ejecutivas para formar CaRsas
á los que alteren la tranquilidad, ya profiriendo espresiones contra los
derechos del trono, y en favor de la abolida constitucioll, ya for-'
jaudo noticias falsas." (d)


". Se. cren una superintendencia de vigilancia pública. Su principal
objeto es el de .velar sobre la conducta de las personas que se ha-
yan hecho sospechosas por sus opiniones. Cuando á juicio del su-
perintendente los juezes no procedan con toda hrevedad, dará cuenta
al gobierno." (e)


(a) Decreto de 26 de enero de 1816, foJ. 28, tomo 3.
(h) Decreto de 3 de febrero de 1816, foJ. 46, tomo 3.
(e) Orden de 14 de agosto de 1824, fol. 153, tomo 8.
(d) Orden de 17 de enero de 1824, foJ. 64, tomo 8.
(.) Decreto de 8 de junio de f823; fol. 27, tomo 'j,




«En adelante no podrán los jl1ezessuperiores ni ,inferiores usar
apremios, ni jénero alguno de tormento para las declaraciones y con-
fesiones de los reos y tesiigos, quedando abolida la práctica -q11e ba-
bia de ello." (a)


Desde el año de 1815 al de 1820, los tribunales de illquisic.ion die-
ron tormento á cuantos llamados reos tuvieron por conveniente suje-
tar á este bárbaro medio de sacarles la confesíon de sus supuestos
crímenes: y en' la causa de Richard, que siguió en Madrid el al-
calde de corte Galinsoga, se diá tormento en virtud .de órden especial
delrei á algunos sugetos.


* * * * *
<c Ha llamado mi atencion vor el amor que profeso á mis pueblos,


la formacion de un código criminal, rn que clasificando con propie-
dad y exactitud las diversas especies de delitos, se determinen .de
un modo claro y positivo las penas correspondientes para el castigo
de los reos. Algunas leyes penales de las partidas, hechas segun las
opiniones y circunstancias de aquellos tiempos de continua agitacion,
adolezen de severidad nada compatible con la civilizacion y costumbres
del dia. Señala las que tienen este defecto del modo siguiente: la
conflscacion de bienes, y la trascendencia de infamia á los hijos por
delitos de su padre." <b) .


"Todos los .diputados á cortes que, han teuido parte en el nom-
bramiento de la rejellcia, quedan por estc hecho. declarados reos de
lesa magestad, y lo. tribunale~ les aplicm'án, sin mas diligenciel que
el conozimiento de la identidad de las personas, las penas señaladas
por las leyes." Entre ellas se encuentra la de la confiscacioll, que se
acaba de llevar á. 'efecto con el mayor rigor. (e)


"Las secretarías del despacho de gracia y justicia no están cal-
culadas para decidir en los negocios contenciosos. Tengo tribunales
en quienes 'está delegada mi autoridad, para sustanciarlos y clecidir-
los con arreglo á la leí." (d)


Por resoluciones espontáneas del rei dadas por las secretarías de
gracia y justicia se mandó lo siguiente.


"Que se prendieran \'arios diputados á. cortes y patriotas, y se


(11) Cédula de 25 de julio de 1814; fol. 141, tomo J.
(b) Decreto de 2 de ~iciembre de 1819, foJ. 50, tomo 6.
(e) Decreto de ~3 de junio de 1823, fol. 45, tomo 7.
(d) Decreto de 26 de Junio de 1816, fol. 237, tomo 3.




182
reconozleran los papeles condu::entes á calijicar su conducta, sin otros
hechos que "los que pudieran sacarse de los papeles ocupados, porque
en las secretarías del despacho no se tenia noticia que existieran do"
cumentos que pudieran influi r para la debida instruecion de lo;
procesos." (a)


fe Enterado el rei de la causa seguida contra D. N. (uno de los
diputados) (b) ha resuelto S. JJf. que se le notifique la sentenda !J que
el fiscal suplique ele ella (e)."


Al 'devolver el rei á la comision de causas de estado las de los
diputados en que se les absolvia, las acompañó con un billete
de su puño que dice asÍ. Arteaga. (d) quiero que vuelvan á verse es-
tas causas en la nue-oa comision."


No habiendo sido condenados en ella, <r S. M. resolvib pór sí los
procesos, imponiendo á los inter6&ados las penas que fueron de su
Iwberano agrado. (e)


Puestos los sacrificados en castillos y presidios en virtud de la .an4
terior resolucion, S, M. agravó por sí la pena, mandando "que pu-
dieran palear por el recinto de las plazas sin salir de las m'uraUas,
qu~ no les -oisitara ningun amigo, ni se les permitiera escribir, ,ni
se les entregara ninguna carta. (f)


"Qlleriendo dar una pública demostracion de mi justicia, que sir ..
va de· escarmiento en mi reinado á los vasallos que abusando de mi
confianza y ardientes deseos del acierto en procurar la felizidad de
mis pueblos, se atreven á acercarse á mi real persona para levan ..
tarcalumllias, darme falsos informes, y proponerme bajo la aparien-
cia del hien de la nazion providencias 0p'lestas á. él, llevados solamen~
de odios personak.s: -oengo en mandar que D. Felipe Gonzale: Va-
llejo (secretario del despacho de hacienda) por haber abu,ado en estos
términos de: mi confian::a, pase, usando de comiseracion, á ,la·pla'Za de
Gema, !J subsista confinado en ella por el término de 10 años, sit¡
poder salir aun despues de cumplidos sin obtener mi real permiso (g)."


(a) Orden de 4 de mayo de 1814, en el proceso.
(h) En el proceso.
(e) Esto eS igual á detener con el nombre del rei el cumplimiento de las


sentencias y hazerse el rei juez y acusador.
(d) Capitan general de Madrid, presidente de la comision de causas de estado.
(e) Decreto de 15 diciembre de 1815, en el proceso,
(/) Real órden de 10 de enero. de 1816.
(g) Decreto de 28 febrero de 1816, fol. 30, tomo 3.




18!3
"Sin embargo de que los crimenes contestados en las diligencias,


no pueden hazer á Ostolaza (a) reo de inquisicion, por no ,ser per ...
tenezientes á. materia de su conozimiento: no obstante S. M. la auto-
riza por esta vez, paraque sobre ello forme la correspondiente CltU$a
sea ó no d(J su competencia ."


Es bien público que S. M. personalmente prendió, formó causa y
sentenció á D. Pedro Macana::, secretario de gracia 9 justicia, con-
denándole á?tn encierro en el castillo de S(I,n Anton de la Coruña.


"Ningun individuo que durante el sistema constitucional haya si-
do ,d,iputado á. cortes, los secretarios de estado, ,consejllros, vocale~.
del tribunal supremo de justicia, comandantes generales, jefes pollti,,:,


,cos, oficiales de secretaría y oficiales de la milicia nacional, pp,edap.,
entrar por siempre en Madrid 9 sitios reales al radio de .15 kgllas." (b) .


Libertad de Imprenta.
"De la misma libertad gozarán todos para comunicar por memo 'de


la imprenta, sus ideas 9 pensamientos, dentro de los lÍmites que· la
razon prescribe." (e)


"Reservándome, como me reservo, proveer mas adelante sobre la,
libertad de imprenta." (d) ,


"Aunque el rei está persuadido de las grandes ventajas que debe
produzir la libertad de imprenta, desea S. M. que se eviten 10$' gra-
ves males que produziria el abuso de ella: con este, no, miéntras le'
arregla tan importante punto, ha resueltQ S. M., que 1'10 se prtecla·im.
primir escritq alguno, sin que preceda la prt1sentacion á la persona
á cuyo cargo esté el gobierno político, quien dará ó negará el per-
miso,oido el dictámen de personas doctas." (e) -


"Se restableze el antiguo juzgado de imprentas y librerías del
reino." (f)


"Ha resuelto S. M. que no se publiquen mas papeles periódicos
que la Gazeta y el llamado Diario de Madrid y los periódicos de


Ca) Este sujeto fué uno de los mas enemigos de los constitucionales, con-
decorado por el rei con varias cruzes, capellan de honor, cQnfesor del Sr.
Infante D. 'Cárlos y dean de la santa iglesia de Cartagena.


(b) Decreto de 4 de octubre de 1823, fol. 153, tomo 7.
(e) Decreto de 4 de mayo de 1814, tomo 1, fol. l.
(d) Cédula de 15 de junio de 1814, fol. 96. tomo l.
(e) Decreto de 4 de mayo de 1814, fol. 11, ~!,m. l.
(f) Orden de Il de noviembre de IRI4, fol. 349, 10m. l.




184
Comercio, . agricultura !I artel, que en la corte 1 en las provincias
acostumbraban á publicarse." (a)


Sobre la formacion de ¡al leNes.
"Las leyes que en lo 8uccesivo hayan de servir para las accionei


de mis sú~ditos, serán establezidas con acuerdo. de las cortes." (b)
"Ademas de haber hecho el rei todas las leyes que creyó conve-


nientes, sin mas acuerdo que el del consejo, derogó la lei 3. lib. 1
tit 26 de la novísima recopilacion, sin mas acuerdo que por haber
llegado á convenzerse de que los verdaderos enemigos de la relijion
y los tronos, fuerUh los que tanto trabajaron N minaron con crúum-
nías, ridiculezes N chismes por disolver la compañia de jeau" habién-
dose visto desaparezer muchos tronos, lo que no habría podido veriti-
e&rseexistiendo la compañía." (c)


, Sobre gobierno interior de los pueblo,. ,
"El arreglo del gobierno interior de los pueblos, es uno de los ob-


jetos en· que se han de ocupar las cortes." (d)
"Sin esperar á que hubiera cortes, se restableció el consejo de Cas-


tilla (e)como medio para que se verifiquen 1(J,S intenciones de S. ,1I. del
mas acertado gobierno (le sus pueblos. (f)


"k propuesta de solo el consejo, se dió forma á los ayuntamien-
tos (g): se restablezieron al pie antiguo: se volvieron á crear cor-
rejidores y se organizaron los cuerpos municipales, de modo que las
elecciones de justicia y ayuntamientos sean uniformes en todo el rei-
no, evitándose lo que tenga tendencia á la popularidad (h)."


Sobre contribuciones.
Las rentas con acuerdo de la naziol', se impondrán y asignarán pa-


ra ]a const'rvacion del estado en todos los ramos de la administracion (i)'
Se restablezeo las rentas provinciales, miéntras con arreglo al de-


(a)·~Real órden de 80 de enero de 1824, foh 101, tomo 8.
(b) Decreto de 4 de mayo de 1814, fol. 1, tomo l.
(e) Decreto de 29 de mayo de 1815 fol. 613 tomo 2.
(d) Cédula de 24 de mayo de 1814, fol., tomo 8.
(e) El gobierno interior de los pueblos, es una de las atribncioues de .-


té consejo.
(f) Decreto de 27 de mayo de 1814, fol. 46, tomo l.
(g) Cédula de 25 de junio de 1814, 1"01. 95 Y 164, tito 1.
(h) Cedula de 17 de octu¡jrc de 1824, gazeta de Madrid de SO de id.
(i) Decreto de 4 de mayo de 1814, fa). 1 tomo lo




.ueJode 4 de mayo, se .fija el sistema mas convtmümte(a)
. Se reslablezen los antiguos arbitrios municipales con: WcllU'ion·. de


lo arbitrado sobre valdíos (b). "-
,Se, estableze un derecho de 30 rs~ en barril de harina estranjera,
á propuesta del marques de Gasa.lrujo (e) •
. A propuelta de la· comision de reemplaz08, se mandó cltbrar Un 5


por .ciento de extraccion: exijir el derecho de reemplazos impuesto
el año de 1811, y. se impuso una contribucion sobre tiendas, almace-
nesy botillerias (d) .


..4. instigacion del secretario del despahco de hazienda, se derogó
el sistema de llazienda establezido por el Sr., D. Carlos IV el· año


. de 1799 (e).
"Las dificultades embarazosas de la hazienda, que desde luegn. pa-


rezian insuperables, van á desaparezer mediante una nlleva forma que
se va á dar á las contribuciones (f)."


" Estas reflexiones movieron naturalmente al consejo á manifie.starme
que el sistema actual de las rentas provinciales era suml1ment~ im··
péÍ'f~to, falto de equidad é incapaz de extension (g). "Que l\ls lien-
tas provinciales traen un oríjen de épocas lejanas, .en qqe .s.e peSi:Q-
Dozían en E~ropa los sistemas regulares de hazienda. En su f:.onse-
euencia se extinguen aquellas:y se restabl,ze una contríbllCiondire~t~." : ,


,.. *' *' *' *'
'. Un convenzimiento absoluto de los. ostáculos que al f~.~~to y


"prosperidad de los plleblos oponia el sísteIllR de contribuci.Qn~ pro-
vinciales. decidió el ánimo del reí N. S. á SU extincion, y resta-
blezar' en II'U lugar una sola. Esta medida tranqúi~b mi espíril1l y
los parabienes que muchas ciudades ,'1/ corporaciones :¡ne dif,m>ln ,cOn
este' motivo, acabaro:u .. de persuadirme mas :y mas del "cifi,.to (~)."


* * "', * *


"A. el gobierno revolucionario no le hizo cauto la experien~ia, y


(a) Decreto de 23 de junio de 1814, fol. 87,tít. l.
(b) Cédula de 18 dejulio de 1814, fol. 115, tít. l.
(e) Orden de 9 de setiembre de 1814, fol. 247, tít. 1.
(d) Decreto/de 4 de marzo: órden de 15 de julio de ISIS. fol. 15li, tom.
y 495, tomo 2.
(e) Decreto de 31 de agosto de 1815, foI. 608, tomo 2.
(J) Carta autógrafa de Fernando al emperador de Rusia de 25 de marzo de 1817.
(g) Decreto' de 30 de mayo de 1818, fol. 224, tomo 4.
(h) Orden de 24 de noviembre de 1819.


y ,




186
consiguiente en sus principIOs de desórden é inovacion, ha vlIriado 108
medios: desde 1 de junio manda que se restablezcan las rentas pro.
vinciales (a). "


"U no de mis primeros cuidados ha sido dar á mi real hazienda el
órden que ha perdido durante el gobierno de la rebelion de que con
sus novedades le habia destruido hasta los cimientos. Las consecuencias
funestas de este trastorno, nazidas de los mismos principios de aquel
desorganizado gobierno, los inconvenientes que ántes habia presenta.
do el establezimiento de la contribucion general en el año de 1817,
3 el deseo con que los contribuyentes se han decidido en favor de la
antigua forma de contribuir, enseñaban bastante lo peligroso que es
siempre cambiar las bases de los impuestos. Convenzido de la cer.
tidumbre de estos fundamentos, he resuelto derogar, como derogo el
real decreto dado por mí en 30 de mayo de 1817, mandando que
las rentas vuelTJan, en cuanlose.aposible, al método que ántes tenian eb )."


" Se destanque el estanco del aguardiente por los fune~'tos golpes que
con este sistema desastroso recibia la industria (e)."


"Fázil es conozer que unas cuotas arregladas lijeramente hace 20
años para un ranlO que ha tomado mucho incremento" no pueden cor.
responder á sus valores ni á los crezidos productos que mi real ha-
zienda tiene derecho á exijir. Para conciliar tan buen resultado con
los intereses de la industria, se restablece á beneficio y por cuente, de
la real hazienda, la venta de aguardientes y licores e d)."


"La real hazienda por el trastorno, el desórden y efecto de los
tiempos, adoleze en su sistema,· sin embargo de cuanto se ha tra-
bqjado con noble ardor para re mediarlo (e)."


"El gobierno revolucionario suprimió una eontribucion antigua, á
la que estaba acostumbrado el pueblo, subrogando en su lugar otras
muchas (f)."


"El gobierno revolucionario, léjos de minorar, aumentó de una mane-
ra escandalosa los gastos públicos (g)."


(a) Decreto de 9 de noviembre de 1823, fol. 27 y 28, tomo 7.
(b) Decreto de 16 de febrero de 1824, e n la gazeta.
(e) Decreto de 5 de noviembre de 1817, fol. 875, tomo 4.
(d) Decreto de 16 de febrero de 1824 en la gazeta de Madrid.
(e) Decreto de 3 de marzo de 1820, fol. 35, tomo 7 ,apendize.
(f) Decreto de 6 de junio de 1823, fol. 18, tomo 7.
(g) Decreto de 6 de juniD de 1823, fol. 18, tomo 7.




187


Tomando 2 años de pajI para comparar los gastos del gobiernQ
absoluto y del constitucional, resulta que los presupuestos del año
de 1817 fueron de 713.929,000 rs. época del absolutismo, y de
702.802,304 en el de 1820, época constitucional: entre ellos apareze.


Real casa •.•.••••
Estado .......... .
Guerra .........••
Marina .....•...••
Hacienda ........ .


\


Año de J819, Año de 1822,
época absoluta. época constitucional.


56.963,600
17.615,692


472.660,416
83.985,637


186.986,423
Crédito público.


45.212,000
15.760,917


328.633,983
80.502,590


148.894,076


ce Los principios de eterna justicia, que reclaman tantos acreedo-
res, víctimas inocentes sacrijicadas tÍ las promesas del gobierno, y
el convenzimiento de que si en todos tiempos el crédito ha contri-
buido al poder de los estados, en ]a política moderna forma su prin-
cipal base (a)."


"A mí el inexplicable gozo de convenzerme que el poder y lee
autoridad pública que afianzan el vigor de la lei, el cumplimiento de
las estipnlaciones entre particulares apoyadas en súplicas, haze ilu-
sorias las que contrae el gobierno, si no se dirije en todas sus ope-
raciones por las máximas de la moral y de la conveniencia pública,
que son la suprema lei de que ·no le eximen sus altas funciones."


"Solo un sistema fundado sobre bases sólidas dictadas por aque-
lla suprema lei, y una exacta y escrupulosa observancia puede dar
abundantes medios para consolidar el crédito del estado:'


C( Se estableze una junta, (b) á la que se le comete entre otras co-
, sas: que reconozca las disposiciones tomadas para restablezer el cré-


dito público, y manifieste su opinion sobre los medios de conseguirlo,
y de que los acreedores del estado tengan en lo succesivo la debi-
d.a seguridad de que será" exactamente cumplidas las promesas:'


* * * * *
Demasiado públicas son en Europa las invariables resoluciones del


gabinete de Madrid dadas en el octubre de 1823, para no reconozer ni
pagar los capitales y réditos de las deudas contraídas en nombre uel


(a) Decreto de 5 de agosto de 1818, fol. 383, 384. tomo 6.
(b) Decreto de 24 de Dovie~bre de 1820, tomo 7, fol. 33 apcndice.




188
Sr. D. Fernando VII en las plazas <le comercio estranjeras, y de
cuyas resultas S6 calcula la ~érdida que en el dia sufren los capi-
talistas de solo Inglaterra en 8.020,000 libras sterlinas (802.200,000 rs. vn.)


Sobre el estado de la nazion ántes del levantamiento del año de 1820.


"La organizacion del éjerzito y armada que imperiosa y peren-
toriamente píden las circunstancias; el arreglo de la real hazienda,
la cual adoleze en su sistema; el entorpezimiento que sufre la ad·
ministracíon de justicia, la decadencia que experimentan la agricul-
tura, el comercio y la industria, todo ha llamado y llama mi pa-
ternal atencion en gran manera (a)."


H Mi corazon (b) siempre ansioso de la felizidad de mis pueblos,
ha querido hallar 10$ medios de restablezer el órden perdido, y de
cicatrizar las llagas que abrió una guerra destructora, y cual nunca
sufrió semejante:" cita S. ~!. las causas que lo impidieron, y entre
ellas pone "la dificultad en desterrar abusos envejezidolJ y arraiga-
dos, y en reprimir innovaciones inmaturas y peligrosas, que algunas
cun loable zelo fomentaron el espíritu de partido."


"(e) El genio 'del mal inquieto y revoltoso inspirando idéas de-
magógicas y revolucionarias, hace sentir sus terribles efectos en tu-


. das las Ilílciones, aun las IPas ilustradas •••• veo con gUBto que en el
pueblo español, siempre fiel, no ha podido tener entrada, á pesar
de las instigaciones de algunos pocos seduzidos, y otros que siguién-
dolos, mal de su grado, lo han procurado en vano y sin efecto."


* '* '* * *
"La indiscreta pasion de la novedad, !J el maligno empeño de


acabar con todas las antiguas instituciones han _produzido en la ad-
ministracíon pública un trastorno de que no hai ejemplar en la his"
toria (d)."


<r Si en algun tiempo hubo nece~dad de echar mano de reCllrsos,
en el presente en que todo ha venido á ménos por efecto de los
pasados trastornos de la rebelion (e)"


(a) Decreto de 11 de marzo de 1820, fol. 35, tomo 7, álJendice.
(b) Idem.
(e) Idem
(d) Decreto de 9 de jnnio de 1823, fol. 2, tomo 7.
(e) Decret() de 16 dc febrero de ltl2'1, rol. 164, tomo 8.




189


A vista de' -esta tan triste como verídica coleccion de resolucio- /'
nes lejislativas, preguntarémos á los que hoi se apellidan esclusivos
sostenedores de la lejitimidad. Primero, ¿ cnn un sistema tan cons-
tantemente contradictorio de principios, puéde existir un gobierno!
Segundo, ¿ la versatilidad misma no influye en el de5crédito! Ter-
cero, ¿ el gobierno español no ha preparado, provocado y acelerado,
con su l¡aladina confesion de los desbrdenes del gobierno las que él
llama innovaciones! Cuarto, ¿ el gobierno español absoluto no hizo


. alarde de las mismas máximas que hoi condena por revolucionarias
y que Jos liberales recibieron y propagaron con entusiasmo porque
jamas creyeron que pudieran salir de los labios augustos como aña-
gaza para engañarlos? Quinto. ¿ las solemnes y repetidas promesas
de reform:;ls que hizo el monarca, no pusieron espuelas al aneJo de
su realizacion, incitaudo Jos nobles deséos de los patriotas! Sexto,
¿)a faita de cumplimiento de ellas y la cruda y encarnizada perse-
cucion de los que las creyeron sinceras y en esta p'ersuacioll las re-
comendaron á sus conciudadanos, no deprimen la autoridad real, pro-
vocando la paciencia de los sometidos? Sétimo, ¿ si las ideas de-
mocráticas (segun el mismo rei lo aseguró) no habian tenido acojida en
España á principios del año de 1820, por qué se achaca á la in.,.
fluencia jacobínica de ellas, la explosion ocurrida en la misma época,
y no se atribuye á la necesidad de las reformas combinada con los
efectos del pundonor nacional, ofendido por la falta de su realiza·
cíon? Octavo, ¿ y una fluctuacion tan vergonzosa de contradicciones ,
de inconsecuencias, de perfidias, de venganzas y de buenas y malas
ideas anunciadas por el gobierno como anzuelo para cojer incauto s
patriotas, ha de merezer la proteccion decidida de los gabinetes eu-
ropeos: i Potentados que componeis la liga santa 'de las naziones
mas civilizadas, ved en el pequeño resúmen que antecede, y que la
razon oprimida, la buena fe escarnezida y el patriotismo defraudado
en sus nobles esperanzas, dirije á vuestra augusta sensatez para exci-
tar Jos impulsos del decoro; y en la calma de la razon decidid!




190


JEiÚI8TAs: VERDADEROS ENEMIGOS DEL ALTAR T EL TRONO.


AviNO á IOB católicos sobre la fe de los jesuitas.


Nada llai mas respetable para los católicos, que los exactos y
terminantes decretos dd concilio de Trento en órden á la fe. ¿ Cómo
es pues que estos mismos católicos se entregan de buena voluntad
á la direccion y educacion de los jesuitas, constando auténticamente
que estos religiosos se tjuejan, como de nna cosa contraria á sns
constituci.ones, de que se les obligue á enseñar el dogma perteneziente
á la fe católica, al tenor de lo~ decretos de aquel concilio 1 Como
la ignorancia de este hecho puede ser funesta á los alumnos de los
colegios jesuíticos, creo hazer uu importante servicio á sus familias,
con csponerle sencillamente.


En la tercera congregacion de la comp(tñia se 'halla un decreto
(Decret. 30 Institut. Soco Jesu. I'ragre t. 1. p. 514), en que se
encarga al general que en la primera ocasion que juzgue favorable,
procure que se relaje, en favor de su órden, todo lo que los indi-
viduos diputados de aquella congregacion habian echado de ver
(annotarunt) en el concilio de Trento contrario á las constituciones
y privilegios de la compañía.


Entre estos artículos del concilio que parezian entcramente con-
trarios á los privjlegi~s y usos de la compañía, (quOJ plane pugnare vi-
dentur) se rdieren nueve (Instit. Societ. Jesu. t. 1. p. 529), el
último de los cuales, hablando sobre un decreto' del mismo concilio
de la sesioIl 25. cap. 11. dice: "Los maestros, doctores y otras
personas pertenezientes á las universidades, están obligarlas á enseñar
los dogmas de la fe católica conforme á los decretos del concilio
de Trento, y deben comprometerse á hazerlo todos los años por me-
mo de un solemne juramento."


De una obligacion de esta naturaleza, no ménos que dE' los otros
ocho artículos relativos á la disciplina, pidió la compañía que se la
eximiese; repugnándole enteramente el juramento de conformarse
con ella. En la misma página 529 col. ,2, se repite que estos
nueve artículos combaten abiertamente las leyes y costumbres de la
compañía: HOJc de locis concilii Tridcntini manifeste pugnantibus
cum lcgibus el consuetudinibus nostrre societatis. Ninguna excepcion
se hace del artículo 9? concerniente á los decretos del concilio so-




191


bre la fe. He aquí la idea que da de sí misma la compañía
respecto de su adhesion á la fe católica.


No se sabe que hasta ahora hayan intentado siquiera vindicarse
de esta nota los jesuitas. Mas si alguno contestase que la compa-
ñía solo trató de reclamar contra el juramento prescrito á todos
los doctores, de enseñar la fe conforme á los decretos del concilio
de 'l'rento, le preguntariamos ¿ cómo es que en un punto de tanta
importancia, se alegó por entero el decreto del concilio como ma-
nifiestamente repugnante al instituto de los jesuitas, en vez de
notar sola la parte de él relativa al juramento, como que era la
única de que se pedia relajazion r Ademas: si la compañía no dis-
tinguió nada en el decreto que cito del concilio, que no fuese con-
trario á su instituto, ¿ cómo es que sobre el apoyo de una distin-
cion se pretende ese usarla apelando á. intenciones desconozidas, y
ocartando á la obl'gacion del juramento la queja que formó contra
el deccreto íntegro? Se preguntará tambien con qué derecho una
compañía que de mas de un siglo á esta parte ha exijido firmas y
juramentos sin número sobre simples cuestiones de hecho, ha per-
severado, como lo manifestó en 1757 por la nueva edicion de sus
constituciones, en prestar un voto, escandaloso para exonerarse del
juramento de enseñar la fe conforme. á los decretos del concilio de
1'rento ? Por lo demas, si se desease saber la~ razones que promo-
vieron las reclamaciones de la compañía contra las reglas de fe del
concilio, pudierau descubrirse cotejándolas con un decreto que hizo
expedir el general Lainez en la primera congregacion celebrada en
1558 (como apareze en el t. 1 pago 468, decreto 65). Dice este
decreto que se elijiese con preferencia el maestro de las sentencias,
para la teología, á no ser que con el tiempo se hallase un autor,
una suma ó un libro de teología escolástica mas útil para los es-
tudiantes, y mas acomodado á nuestros tiempos. Antes de ahora,
advierte el decreto, se kia en el testo de las constituciones (Part.
IV. cap. 14. p. 397): á no ser que con el tiempo se halle otra
teología mas útil para los estudiantes, que no sea contraria á la
del maestro de las sentencias: huic non contrariam. En la nueva
l'cdaccion, hecha á la sombra de Lainez en 1558, se refundió la mis-
ma frase, y advirtiendo que era necesario leerla de 'otra suerte, se
suprimieron las últimas palabras, huic non contrariam. Por donde
és claro <lile desde aquella época, esto es, desde 1558, meditaba el




192',


general Lliinez' un' nuevo cllerpo d~ doCtrina para.11 socie~djl'¡(Ip_
to al del maestro de la~ ~entencias, (Pedro Lombardo. obi1llW¡).
Pa1'isen J J60»' cuyo apoy6 es-la antiguadootriDa"dew.·pad~.'¡y
de : la tradicion. De los jesuitas Lainez y Salmeron se' cuentlt, ,q}t8
h:ibiendo proferido en elconcillo de Trento ciertas, .pr~sWiOMs
sobú· la gracia, . análogas á las que desenvolvió maS. adelan~; LJLis
de Molina, clamaron los padres, del concilio:, á tUeTa ·lQ1lpe~gia.u9' !
{aria pelagiani. Podrá. no ser cierta esta aneooota,mas ,no.,(p~4e
negarse qlle la meditada omision de las palabrás, huic 'IlOt/, IfwM~~
riam, dan gran l.,z al citado decreto en que declarór la;t~pajlil\,~
repugna á 'su instituto la enseñanza del dogma conforme,-' á,,·IOjJ,.,a,,-
cretos del concilio de Trento. Estos son sin embarg~i ls>s¡ que ,j,,-
cesantemente calumni~n de herejes á. los enemigos de;., su; ,Wfr()Jppjtla
moral, persiguiéndolos' encarnizadamente, y provocando cpntJ;/l eUost:,~s
anatemas de la corte romana.


,{ ,". ?4
Obligaciones que deben los jesuitas á la c()r~ dI! &m.u,-¡"!,,


El ansia con qne ha procurado la corte de,Rqma,~gmlljq~ da
cooperacion de los jesuitas con preferencia á las demasórdenes' re-
gulares, para la propagazion y defensa de susrnáximas, apareze
en la estraordinaria prodigalidad con que desde su oríjen los ha
colmado de privilegios. Gregorio XIII en su bula de· ;3, ¡de mayo
de 1575 les eoncedió "todos los privilejios, imllBnidadel} .. eS6nqiooes,
facultades presentes y futuras; de todos los frailes y IIWnjas :,~­
cantes: de todall las otras órdenes relijiosas: f;le tQdas ,la~,( .COAif~­
gIlCiones, comunidades, eapítulos, monasterios, casas, igle~\as.,?cqi{_­
días, hospitales, lugares pios, y generalmente de tod1,l$ ,lAS ,.pe~§QQ!Hl,
así sec~lares como religiosas." Cuenta la eompañía Hlas de· ~Q'i bw.~s
atestarlas de derechos, concesiones, privilegios, que oc~pan i'Q.DÁg~8
de uii tomo en folio (lnstitl,lt. Soco Jesu. t. 1. p .. 9 . ....,..7,9.); ~
contar' otros privilegios secretos, que se dice .no haber W1bli(;ado~lq¡¡
jesuitas por prudencia. , :" "


Este cúmulo de, rescriptos y leyes es la base. Q,c las, Wl\St\W~
ciones de la compañía :. amenazado es. coQmuy graves penas.cllólJ-
quiera que pretendiese modiúcarlas ó restrinjirlw;; (Ibid. Bul.4e,.$.
Pio V de 1571 p. 40.-Bu1. de Gl'cgorio XIV d~ 1591., ,p. l~)
Hai en estas bulas .la notable circunstancia de que IGS papas {fue




193
las espidieron, coartan, cuanto es ele su parte, la autoridad de sus
iucesores; de suerte que, en el caso en que, por la fuerza de las
circunstancias, padeziesen alguna alterazion estas leyes fund.unentales,
queda expedito y con derecho el general para restablezer las cosa!!
en su primer estado cuanoo lo juzgue conveniente (Ibid. p. 10., col.
2. bula de Paulo HI de 1543, y bula de Paulo V de 1606 p.
114.) Y tantas vezes cuantas se hubiese hecho semejante alteracion.
Los reyes mismos deben ser reprimidos, correjidos y castigados, si
osaren intentar cosa alguna contraria á las constituciones de los
jeauita..q (Bula dePaulo V de 1606 p, 113). Por la bula de Gre~
gorio XIII de 1.576 (COnstitllt. t. 1. p. 53 et 58) están autoriza~
dos para establezerse en los estados de cualquier príncipe, á 'Pesar
de la renuncia de la potestad temporal, pudiendo ser tr~o como
pertllrbador y dejando de ser inviolable el soberano que se empeñase
en sostener respeto de esto los derechos de su suprema autoridad.


Es tal la importancia que da la compañía á estos privilegios, que
el último de sus jeuerales Ricci, que lo era al tiempo de su extin~
don, dijo que ántes queria verla disuelta, que modificado ó reformado
el plan de su gobierno.


Estada doctrinal del clero de Francia.


Fragmento de una carta de Paris.
" i Oh cuan triste espectáculo nos presentall muchas oe nuestras


diócesis! En unas se arrrancan de las manos de los jóveues eele.
I!iá.stieos los discursos del abate Fteury, y se les pone de mala fe con-
tra su Historia eclesiástica. En otras es denunciada como s08pe~
ehosa la Biblia de Sacy, tan jústa y universalmente estimada; y
así ruismo el excelente compendio de ella conozido bajo el nombre
de Royuumont. Elt otras se llega al extremo de celebrar un auto
de fe contra los Emayol y las Instrucciones del sabio Nicolte. En
otras se' ha distribuido con profusion á los párrocos la disertacion
ultramontana de Muzarelli: eu la cual estableze este exjesuita como
principio canóuico, que la absoluta ~ independiente autoridad del ~pa
es la fuente de la disciplina de la iglesia: que el papa para el
f>jerzizio de su autoridad no necesita del concurso de ninguno de
sus cólegaa: que es superior á los concilios generales, y que los
cánones de ellos DI) tienen otra fuerza obligatoria sino la que les


z




194
comunica :e1 -papa . confirmándolos: que el papa es único árbitro de
la· promocion y de la destitucion de los obispos.; que puede exal~'
tar á unos y rebajar á otros, y hazer· de un arzobispo un obis-
po, y de un obispo un arzobispo, segun lo tenga por conveni~nte.


¿ Qué diré de los libros elementales que sirven fiebase á la edu-'
cacion literaria de nuestro clero? Entre todas las in~tituciones teo-
lógicas obtienen hoi la primacía las del curialista y jesuiti,o!ante.'
Baylly. Este escritor á cada paso saca á colacion las insulsas y
fmjidas suposiciones del jansenismo, que . por espacio de dos siglos
han tenido eh comhustion este reino; y este cuadro le adorna con
la3 falsedades y calumnias forjadas por los socios de su cofradía.
De e'.sta leche que maman ahora les alumnos de los seminarios, naze
el espíritu'!6e discordia y de cisma que los ajita, y que de estas
escuelas. pasa al ejel'zicio del ministerio eclesiástico, y aun á la so-
ciedad política y ·'doméstica. Los incrédulos ven esta .discordia teo-'
lógica con _ befa y escarnio, y de ella se apro,-echan para poner eli
ridículo nuestra rdigion, burlándose de los teólogos católicos, que
se tratan unos á otros de herejes, y se muerden y destrozan si.,.-
rastro de caridad como perros rabiosos."


rr No ha faltado quien intente sustituir en los seminarios á e8ta
rapsodia jesuítica de Bally las Instituciones teológicas de Lyon, obra
digna del sabio oratoriano Valla, adoptada ya ántes de ahora en
m~chos seminarios, congregaciones y casas reliji¿sas, donde se con-
servaba el buen gusto en los estudios eclesiásticos; mas como est.
obra JlO era del agrado de los jesuitas por haber evitado su autor
todas las cuestiones que atizan el fuego de su partido, .hizieroll
fU,elza de. vela paraque se prohibiese en Roma bajo. los ,anspizfus
de, Pio VI, declarado enemigo de las doctrinas del clero galicano.
Frustróse pues por ahora, y acaso para siempre, la mejora de nues,..
tros estudios teológicos, quedando dueños del campo los .jesuitas para
si:JD.brar en. él á su salvo la zizaña, que tanto abunda en sus m.o-
linistas y casuistas. En fin, no hai medio ninguno que no hayan
tentado poner en práctica algnnos :zelanti, incIusa la escandalosa De-
ga#va de los sacramentos, que tantas inquietudes y alteraciones caus6
en el siglo pasado. Este bosquejo pudiera aumentarse con ou-os mu-
chos msgos no ménos aflictivos. Mas indico este corto número, para
que se tche de ver cuan necesario y urjente es un vivo y eficaz
remedio de tan horribles desórdenes."


---000---




ARTES Y CIENCIAS FISICAS y NATURALES.
De lo:; medioN de promover los adelantamientos de la. agricultura


en una nazion.
Con la mira de difuBdir ·los· conozimientos conduzentes á acele.rar


los progresoll de la . agricultura é industria en· las naziones ultrama-
rinas, iusertarémos en el presente periódico las máximas mas acre-
ditadas . y que se enCuentren esparzidas en las obras luminosas que
corren en el pais de nuestro asilo, sin dejar de hazerlo con las de
otras naziones que llegaren á. nuestras manos. Esperamos pues á rea-
lizarlo por las que comprende el tratado del Sr. Juan Sinclair, inser-
to en BU predoso cbdigo rural.


O bs ervacione, preliminares.
La prosperidad de una nazion que disfrute de un dilatado territorio


suficiente para mantener á sus habitantes, depende principalmente: pri-
~ero, de la abundancia de frutos produzidos por la tierra en canti-
clad superior á los gastos del cultivo: segundo, de que el precio en
el.mercado Sea tal, que anime la reproduccion: y tercero, que ellabrad,of
~ea Ul;l., capital suficiente para conduzir sus labores sin ahogos.


r.
La superabundancia de frutos dimana de la ventajosa calidad de los ter-


I:e]lOll, á los cuales un buen cultivo los haga rendir artículolr;'en
cantidad superior á la que reclamare un número de personas ma~r
que las que se emplearen en él. El producto superabunda.nte' que
sale al mercado, es la fuente verdadera del poder naúonal y~ ~e
los.gozes personales. En los pueblos que no ofrezen productos
sobrantes, no hai prosperidad.


Para formar una idea de á cuanto ascienden Jos productos supér:'
abunda~tes de los terrenos de diferentes clases, siempre que se la:..
braren .con jnizio é inrelijencia, basta reconozer el resultado en dos
nnCllll, una propia del Sr. Brown de, Markle de 670 acres ingles~s,
y la otra del Sr. '\Vaker de Mellendean de 2,866. La primera (i~tá
cultivada por 91 labradores que viven y se mantienen en' ella, 'se
compone de tierra gredosa, y da por cada acre lIn sob~ante vendi.
ble en el mercado, de 1I! bushels de trigo, y 24! libras de carne'
!le á 16 onzas. Es decir, que calculando el precio de cada lmsheI
á 8 chelines valen.,......................... 4& lOs.


La carne ................................ ~ .. .. .. .... .. .. .. .. • 7
Total producto de cada acre •••• 4 J7
Id. el) rs. vn............................ 485




. La," seguooll''Il'lanejadapor25(} labradores que viven ea. dla, caD-
ptW9ta:. 'd&,trerra' lij et'3,' suelta y' arcillosa, . rinde un prOdUido! .o.brq1Ittl
dedQ:·iushele, de grano y35libras ()e carne por acre. vaiuado.·áI,'
8 cada 'tin.o, I ,de aquellos ..................... "... 4¡f ,,~\~ 1


'.La· L <:arne io ••• ti • • • • •• ... • • ... ... • • • • •.• • • • ,lOs.


4 10
450 rs. vn.


Esto. sin bazef mérito de las pieles, de la lana; del sebo y de otros
artículos' 'menudos. . ¿ Pueden competir con tan . ventajosos resultados 108
del comércio v de la industria?


, .


n.
Pero . U<1,' basta tener. prod:act08 sobranieK''DendWlel en tl'mercado;


es preciso que el precio favorezca su produccion. A esto debió la
Ihglatérra Jos recursos co~ q~e siu arruinarse sostuvo los' gastos 'de


I .' " .1' l ,j
la última guerra. El alto precio de los productos agrícolas, propor':
cionó al labrador y al propietario los medios necesarios para pagar
las conh-it:ihciones ál gobierno, y para hazer mejoras consider~bles en
la industria.


III. . ,


Tampoco se coilseguirá el objeto con lo hasta aquí iudicado, mién-
tras el Jiibrador no tenga un capital sunziente para conduzir sus ne-
gocios 81h ~ e'strechezes. La prosperidad de un pais será general, cuando
se reunan lo! capitales y la dest.reza en el manejo de las labores
del campo. Es indudable que 100 personas pueden padezer graves
incOn~e'nientes, cuando uno de ellos, puesto á la cabeza de las de
lri' circulttcion, se vea imposibilitado de aprontar 500 duros: faem.:
tése el pago, y todos 103 que le sigan caminarán sin tropiezo éd
sus·cí especulaciones. El labrador es el primer eslabon de la cadena
de la circulacion; cuando tiene dinero á la mano paga corriente la
~tÍta al dueño; este, no solo se halla con facultades para aumentar
lOIF'trabajadores, sino para comprar géneros al artesano naziorial y al
estranjetO',' loir cuales, seguros de la demanda de sus mercancías, sa-
can las inglesas en cambio. La circulacion facilita el pago de las
COntribuciones públicas, aumenta los medios de satisfazer los dividen-
dos á los acreedores del estado, favoreze el crédito nazional, é influye
en la prosperidad pública. Todos estos rcsrtltados proceden del que
cultiva' el campo, primer eslabon de la cadena cuya hase es el arado.




19':1


.... s asombr~os progresos que ha he¡:ho en ,e¡¡tQ$, 41t_·: tiempos
la, agricultura, ,inglesa, se han manifestado, bien 4 }p;s $ras, e~lId()
durante la última gu,erra, se cobró la contribucion' diret;~r· 1.01 es-
tados de la~orería noS hazen ver ,que ascendió el imp9rte.


,Primero, de la contribucion de las tierras á ... 4.257,247t?
Segundo, de los colonos y labradores á...... 2.176,228


Total pago hecho por las clases agrícolas .. 6.433,-175


Tercero, de la contribncion comercial á.... 2.000,000,&
:', Cuarto, de la que pagaron las demas clases ..... 1.021,187


3,02)~187


, " 'Diferencia en mVQr de las clases agrícolas;;.. 3.4L2,~8
,",-}- "


,En el' añó de 1814, el importe de 10 que cada cIase satisfizp,R~r,
c~,ntribucion directa,' ascendió á las sumas siguientes. " ' " , " ,,'
, ,PrimerO, la clase agricult:>ra.............. 6.433A75,&
~. .Segundo, los comerciantés................. 2.000,.oOq'_1-
'1'~rcero, los artesanos y pr~fesores..... . • . • 1.021,187'
Cuarto, las casas........................ 1.625,939
Quinto, los capitalistas •.. __ ....... , . . . . . . 3.004,861
Sexto, los ~ficios principales ........ _ . . . . . . 188,932'"
~étimo, los empleados civiles y militares.. 924,3 f2 "


Total .......... _ ..•... 15.191,706


. De, aquí se infiere: primero, que durante aquella éJlOCil, las,re-
cursos de la agricultura sostuvieron los empeños de la nazioll; Yo sq~
gundo, que los hombres que se emplean en cI cultivo de l,a tierra,
son mas en número y mas útiles al ,erario que los dem~~: :El!f.o
se demuestra con el siguiente estado.~~; } ,


Primero, número de labradores cuya renta es inferior A SQJ2
anuales, que estaban exentos de la contribucion. 1l;,h7i~ ,;ipdiv,


Segundo, id. cuyas rentas llegaban de50 á i50J2.. 4$2,5M ..
Tercero, id. cuyas rentas excedian de esta cuota. . 42:,.062
Número total de propietarios territoriales, sil),


contarlos artesanos que se emplean en la agricI,lltura... 589,374
Contando los jornaleros, artesanos y criados, y


las familias de los labradores, el total llega á.... . .. 5.400,000




198
. Primero,' numero de comerciantes y artesanos cuyas ganancias


son 'inferiores á 50,& anuales ....•.......•.•.• 100,760'¡ .
Segundo, id. cuyas rentas llegan desde 50 á 150,&. 117,3().6.,,¡
Tercero id. desde 150 á 1,0002 .•.... '.. ...... 31,928


" Cnarto, id. de '1,000 arriba.. . . . . . . . . . . . . . •• . . 3,692


Total.. .... , ....... , . . .. 253,686


Se infiere Jo ter-cero, que para 474,596 contribuyentes á la direCta
de los individuos perteuezientes á las clases agricultoras, solo habu-iJ
152,926 de las demas; y cuarto, que ia verdadera fuerza y Jos fe.j¡l
cursos' de la Gran Bretaña, penden de su agricultura. Nada, dice'.!
Sinclair, es mas. impolítico que mirar con indiferencia las medidatí j
conduzentual fomento de la agricultura, ni nada mas fatal que 101{1
providencias contrarias á su prosperidad, ó las que roouten á la1lli,.l'
¡ería á los labradores. Conviene en que peor que dejar abandonada ~
sí misma la agricultura, es protejerla con leyes mal combinadas. La
principal proteccion que niI gobierno debe dispensar á la agricultura.
se reduze á los ariJculos siguientes.


l.
Remover los ostáculos que puedan oponerse á sus mejoras. 'q


n. ,¡
Aliviarla de los gl"avl1.mencs y trabas que la opriman.,;¡


m. .,'ij
Promover la adquisicion y comunicadon de los conozimientos útiles(''''


IV.
Dar preferencia en los mercados nazionales á las producciones do"'!


mésticas. j j
V.


Animar la salida de los productos soltrantes des pues . de satisfe-
chas las necesidades del pago.


VI.
Extender por medios prudentes el cultivo de las tierras baldías, á. fil1::;,


de que constantemente se yaya aumentando la parte productiva del terri··,
torio de la nazion ..


VII.
Animar á costa del público los adelantamientos de capitales por medio


de caminos, de puentes, de canales, de los cuales p/lnde esencialmente la
prosperidad agrícola y general del pais.




100
VIIL


Favorézer la creacion de corp0l"aciones, cuyo objeto sea proporcionar
... '


los medios para nevar á ejecucion aquellas mejoras qúe fueren com-
patibles con las fuerzas y la riqueza individual. (Se concluirá en el
liguiente número.)


Inventos nuevos .
. Para proporcionar á los que leyeren el presente periódico .las no-


ticias y observaciones mas enlazadas con la prosperidad pública, da-
IDOS un lugar preferente á los inventos y mejoras en la agricultura
y artes que mas llamen. laatencion en los anuncios de esta espe-
cMNque diariamente hazen los papeles públicos de la nazion inglesa,
que COIt· jilsticia debemos llamar tierra cltÚica de los adelantamientos
agrícolas !J fabriles.


EN LA AGRICULTURA.


1.
Arboles pluviales.


En las relaciones de los antignos viajeros de América confirmadas
por Thevet en su cosmografía, seha~e mérito de unos árboles que tienen
la propiedad de atraer 10i! vapores de la atmósfera, y resolverlos en
forma de lluvia que se derrama por los áridos desiertos. Esta no-
ticia se tuvo por fabJlosa, mas en el Brasil se ha encontrado un
árbol qUA Decandolle clasifica en el genus cQ1salpinia~ cuyos retoños
destilan gotas de agua que á las vezes· caen en forma de lluvia. Otros
vegetales, corno el calamuI rotang, la hiedra, la cepa, y otras plári-
tas farmentarías, destilan agua con abundancia, especialmenteew Iá
época de subir la savia y cuando están podadas.


n.
Inseelos útiles á la agricultura.


Del mismo modo que en la América y en otras partes se cría el
insecto de la cochinilla, los ingleses -han conseguido criar- . el illfiécto
que' produze la laca de la India. Hai otro en la Chinaqúe lleva
el nombre de Pe-la, el que produze una rica cera de la cual se
bacen bujías.




2UO
IU.


Método nuevo de preparar la cebada.
Ha sido recibido con mucho aplauso en Lóndres. Se reduze á lo


siguieute. Se limpia perfectamente la cebada: se estiende sobre ce-
dazos de una pulgada y tres cuartas de alto, y se meten en un cuarto
caliente por medio del vapor, en donde permaneze tres horas, es-
tando la atmósfera á los grados de 160 á 170 de Fah. Con csto
se le quitan los principios de la germinacion, y queda enteramente
seca la cebada sin tostarse. La parte acuosa separada de ella por
la evaporacion se conduze por medio de tubos que se colocan en la
cámara ó aparato caliente. Seco el grano, se enfria poniéndole al
aire en vasijas chatas, y se muele cn molinos de acero, y la arina
se adereza por medio de las -máquinas ordinarias. Los cilindros de
esta deberán ser de hilos de gasa de á 36 cada pulgada. El pan
hecho con la harina preparada por este medio, pierde el gusto crudo,
es enteraul,entc soluble en ag~a, y con ella se puede haller nna pas-
ta blanda en la décima parte del.tiempo que regularmente se gasta
siguiendo los medios ordinarios.


IV.
Molinos-económico. de viento.


Desde la introduccion de los injenios de vapor en Inglaterra se
tia abandonado el uso del viento como fuerza motriz de las má-


quinas. Los franceses acaban de hazer ulla utilísima aplicacion de
este ajente para los usos del campo. La sociedad de agricultura
de Chartres acaba de dar un premio de 4,000 francos al 81'. de la:
Molere por la invellcion de un sólido y económico molino de viento
capaz de adaptarse á los trabajos rurales. El autor los vende á los
precios siguietltes. Uaa máquina equivalente á la fuerza de un caba-
llo que maneja nna piedra de 30 pulgadas de diámetro, 16 libras.
Con regulador 24. Equivalente á la fuerza de dos caballos y pie-
dra de 32 pulgadaS, 24 libras. Con reguladol' 36 lib.-Estas máquinas
son portátiles y se llevan á cualquier parte del campo para sacar
agua. Máquinas equivalentes á 3 Y á, 4 caballos que dan vuelta oí
piedras de 42 y 43 pulgadas, cuestan 32 y 48 lib.; Y con regulador
un tercio mas. A la mayor de estas máquinas se agrega un pequ~­
ño molino para machacar y misturar el grano que han de comer los
ganados, y para moler el que sc necesita para el alimento de ulla
corta familia.




201


V.
Máquina para serrar tablas.


Acaba de obtener patente el inventor de este IllJenio, el que des-
empeña del modo mas exacto todas las operaciones que hasta aquí
se hazian, convirtiendo las trozas de madera en tablas labradas con
mayor perfeccion )' presteza que se hazia hasta aquí por los méto-
dos ordinarios.


VI.
Máquina para p'reparar la harina.


Tomas Rogers Ila inventado un método nuevo de preparar la hari-
na, para hazcl' pan, pastas y otros artículos del art.e del panadero.


VII.
Preparador! de las patatas para el alimento de los animales.


Cuando estas útiles raizes se hayan de cozel' para cebar los co-
chinos ú otros animales, se colocarán en sacos paraque se hinchen, y
cuando estuvieren hastuntemente cozidas, se quitarán los sacos, y se
las dejará secar; porque el agua queda tan impregnada de las par-
tículas venenosas de la raiz, que es lIIui dañosa á los ani'l!a!cs. Esto
Be advierte para desengaño de los que lcs dan de comer las pata-
tas mezcladas con el agua en que se han hervido. Siguiendo este
método, resulta que se convierten en una comida mui pro\'echosa á
los animales; siendo mucho ménos nutritivas en su estado natural,
porque manteniendo las propiedades vcnenosas que les quita la ebu-
Ilicion, las pri \'a de las ventajas que resultan de la parte farinosa
que contienen.


E:>f J,AS ARTES E INDUSTRIA.


I.
Cuerdas de Hancoc.


Esta invencion se reduze á cubrirlas con goma elástica (caoutcho~c)
líquida; y con esto solo se precave la parte vegetal de ellas de
los daños de la humedad que las destraye.


Tambien se pueden untar el cáñamo, cn hilo ó en cuerdas, con el
zumo que destila un árbol que sc cria en la América del Sur, y en
algunas partes de las Indias Orientales, conozido con el nombre de
Revoa, que Hancoc cree ser de igual calidad que lo que llamamo;;
paño indiano. Estc tronco, en su. primer estado dc destilacion, se pre-
senta en forma de crema. Se usa C0l110 la brea, aunque no tan
caliente.


l




202


IL
Cuerdas de algodono


Un vecino de Rhode Island en el Norte América ha logrado un
premio en la exhibicion de las manufacturas de aquel estado, por
baber fabricado cuerdas de algodono Asegura el inventor que son de
mayor duracion que las de cáñamo; que los cables hechos de ellas
durarán mas que los de este, siendo, como son, mas finas; y al¡;-ullos
hilos juntos serán mas fuertes: y como no necesitan hrea, y el pe-
so es la mitad menor que el de los cables ordinarios, se pueden
vender mas baratos.


III.
Método frances para platear botones.


Se disuelve en ácido nítrico ulla onza de plata, se mezcla una
onza de sal amoniaco en polvo, ulla libra de cremo de tártaro, me-
dia onza de sal muí blanca, 8 onzas de sulfato de zinck y 2 on-
zas de muriate de sosa. Todo esto se pone á hervir en una va-
sija de barro vidriado, en la cual se hallen los botones preparados
de antemano con haberlos salpicado con agua fu('rte; se les remue-
ve con una vara por algunos minutos, se limpian metiéndolos en.
una lijera solucion de nitro, y luego se lavan y se enjugau.


IV.
Nueva man'lffactum de botones.


En el diciembre próximo terminó el plazo de la patente concedi.
da á Benjamin Sander el mayor, botonero que vive en Granby Place
Surrey, por un método que ha descubierto de hazer botones.


V.
Nuevo mortero para construir edificios.


Mr. Beavan acaba de hazer un importante descubrimiento en esta
parte. Se compone Sil mortero de mármol, pedernal, greda, cal y
agua en las proporciones siguientes: una parte de mármol en polvo,
otra de pedernal bien molido, y otra de greda se mezclan entre
~í. Se cierne todo en una criba mui fina, luego se añade otra parte
de cal que se haya apagado tres meses ántes al ménos, se le echa
una cantidad de agua suficiente para reduzir el todo á. una pasta
filia. En este estado se estieude en capas delgadas sobre una tierra
gorda y se estiende con la llana sobre la superficie lisa de las pa-
redes. Dicho mortero una vez bien seco, despues de dilatado sobre
estas recibe el mayor pulimento por medio df'l talco pulverizado de
Venecia.




203


Para aplicarle á los edificios, es preciso preparar ántes las pare-
des con una capa de hierro preparado del modo siguiente. Se po-
nen partes iguales de la arena mas gorda de rio y de arena pnlve-
rizada en los molinos de piedra, se le áñade una tercera parte de
cal que haya estado apagada tres meses ántes, se le echa el agua
suficiente paraque resulte una pasta; al tiempo de aplicarle al edi-
ficio se le añade una octava parte de cal finísima.


VI.
Nuevo método de hazer vidrio.


El Sr. Segnay acaba de descubrir unos métodos para hazer vi-
drio sin el álkali: 100 partes de muriate seco de sosa: 656 de
silícea, y 340 de cal, que haya estado al aire libre. Todos estos
ingredientes se mezclan con gran cuidado. El horno y los utensi-
lios ó vasijas se calentarán hasta que se pongan rojos, en las cua-
les se introduzirán poco á poco en bolitas los materiales, se cerrarán y
colocarán dentro del horno. Cuando se advierta que los materiales
han caido en la vasija, se le añadirán mas hasta que esta se llene de
una sustancia vidriosa espesa. Se continuará aplicando un fuego mui
vivo para conseguir una. fuerza completa en el menor espacio posi-
ble de tiempo. Cuando se disminuyau los vapores, se sacarán algu-
nas cortas porciones de los ingredientes para observar si están su-
ficientemente refinados, 10 que regularmente sucede al cabo de 24
horas.


Otro método propone y es el siguiente: 100' partes de muriate
de sosa bien seca, 123 de silícea, 92 de cal que haya estado al
aire libre, se mezclan y funden por el órden indicado, y á. las 16
horas se consigue tener un buen vidrio.


Se puede seguir otro método: 100 partes de muriate seco de sosa,
100 de cal apagada, 140 de arena, de 50 á 200 de cercenaduras
de vidrio de igual clase, Otro método: 100 partes de sulfate seco
de sosa, 12 de cal apagada, 19 de polvo de carbon, 225 de arena,
50 á 200 de vidrios rotos. Otro método: 100 partes de sulfate se-
co de sosa, 269 de cal apagada, 500 de arena y de 50 á 200 de
vidrios rotos.




204


Nl¿vega/;ioll y VUlJCS tÍ los polos.
Acaba de verse el océano ártico por la cuarta vu al Dorte del


continente de América, y tambien es la cuarta en que se le des.
cubre limpio de hielo. El Dr. Richardson que,. en el viaje
que hizo por tierra el capitan Ji'rankli.l. para esplorar el paso
por el N. O. al mar Pazífico, evitó mui difícilmente la suerte
de otros compañeros suyos consumidos por el hambre, no por
eso se ha retraido de hazer nuevas tentativas para reconozer el
océano polar. Durante el pasado ~es de agosto, despues de atra-
vesar nuevamente los helados escalones de la América septentrional,
ha bajado por el rio Makenzie en un barco que llevaba otros seis
marineros, un intérprete esquimal, y al intrépido Franklin, cuya per-
severancia no se ha cansado á pesar de los desastres padezidos. En
seis dias llegaron desde el. fuerte Norman hasta la embocadura del
rio en el mar del polo ártico. De allí se adelantaron hasta la isla
Garri, que está á 9 ó 10 leguas de la boca, y desde este punto pu-
dieron tomar vistas mui lejanas del océano polar entre los paralelos
69~ y 70~ El mar no establl helado, y se descubrian en él mu-
chedumbre de ballenas y marsopas. La posicion de la isla de Garri,
en la cual se detuvieron un dia, se determinó y fijó astronómicamente.
Esta estremidad del Nuevo-Muudo se halla á los 69~ 29' lato y
135~ 4' long. O. de Greenwich. El dia 6 de setiembre estaban ya
de vuelta en el fuerte Franklin, despues de haber regresado rio arri.
ba por el Makenzie, y para este año proyectaban una nueva esplo-
racion geográfica de las rejiones polares.


Desde el mes de 1I0viembre del año anterior de 1825 se asegura-
ban ya los progresos que se han hecho en esta espedicion, cuando
UllO de los que iban en ella escribia con fecha de 5 desde el fuerte
Franklin en estos términos á sus amigos de Lóndres.


" Nuestro primer ensayo ha tenido un resultado que no se espe-
raba, y de consiguiente ha produzido el efecto de hazernos mas atre-
vidos, que no lo hubiéramos sido sin esta circunstancia, para com-
pletar nuestro último objeto. Todos gozamos de buena salud cor-
poral y mental, metidos en nuestro establezimiento de invierno de-
signado con el nombre de fuerte despues de nuestro feliz arribo.
Debió haberse llamado Fuerte del Alivio, pero no hizimos cargo que
la compañía tiene algunos puertos con nombres semejantes á este, y
por eso el Dr. Richardson le puso el que ahora tiene. Ahora que




205
uo llueve est<Í. bastante templádo, y el fuego interior y el efecto del
yelo de fuera hazen que la leña verde cruja continuamente y ad-
mita viento suficiente para arder sin necesidad de soplarla. Aguardamos
con ansia, los despachos de invierno que nos los traerán por enero
ó febrero, los cuales nos aliviarán el disgusto de vernos privados
de toda relacíon con el mundo civilizado. Con el capitan Franklin
nos hemos embar~ado en uno de nuestros botes, el cual ha corres-
pondido mui bien á nuestro intento. Por su construccíon particular
son capazes de resistir á un mar bastante tempestuoso, como lo he-
mos esperimentado en una salida que hizimos á 20 millas, y en la
cual nos sobrevino un temporal que nos arrojó contra una isla, don-
de en cinco minutos nos hubiera sepultado el mar si hubiésemos
estado en una canoa. N o son tan buenos para los rlos por lo mu-
cho que calan, pero á pesar de esto los hemos pasado todos, escepto
el Makenzie, el cual tiene bastante agua. Toda nuestra gente es
mui activa y desea con ardor llegue la época de ir adelante."


La nueva esploracion intentada para este año de 1827, perfeccio-
nando los botes á que se alude en la carta precedente, es sin du-
da al::¡una la que el eapitan Parry, que lleva ya hechos tres viajes
marítimos al océano polar en busca del paso por el N. O. ha pro-
puesto y conseguido que se apru~be y costee por el almirantazgo
británico, como uno de los proyectos mas atrevidos que se conozeIl para
completar la exploracion del globo. El plan fué apoyado desde luego por
la real sociedad de Lóndres, como no podia ménos de serlo por un
cuerpo tan sabio, y mas viniendo de concierto presentado y ofrezi-
da su ejecllcion lJOr el intrépido Parry y por el animoso Franklin,
célebre por sus dos viajes terrestres á las rejiones árticas hasta to-
car el mar del polo. Así pues, el navío Hecla volverá á hazerse
á la vela en este verano desde Inglaterra, no ya directamente á re-
petir las tentativas de abrir el paso al Pazífico por el N. O. aun-
que el eapitan Parry está léjos de tenerlo por impracticable, á pesar
de no haberlo adelantado en su tercero y último viaje mas de lo
que ya habia conseguido. en los dos primeros, sino á ponerse por
todo el mes de mayo en la cstremidad norte de Spitzberg anclando
en la abra de Cloven-Cliff, que está á los !)9~ 52' lato El capi-
tan Franklin ha de salir de este punto con dos barcos de tal ma-
nera apropiados por su coustruccion para vellzer los ostácul05 del
hielo y de las aguas, '¡He puedan, srgun lo exija el caso, surcar las




206
olas y drslizarsc por el hielo, sirviéndose para lo primero de las ve·
las, y para lo segundo de yuntas ó tiros de renjiferos que los arrastren.
En cada uno de ellos han de ir dos ofiziales y diez marineros con
provisiones para 92 dias. Se calcula que andando á razon de solas
tres leglias por dia, podrán, á. ménos que sobrevengan ostáculos
insuperables y no previstos segun el conozimiento que los dos hábiles
caudillos de la expedicion tienen ya de aquellas rejiones, llegar al
polo en este tiempo y volver á Spitzberg. Entretanto, las barcas del
Hecla, y varios sabios que son de ir á. bordo de este buque, se
ocuparán en espIorar las tierras de Spitzberg, especialmente en la
banda oriental, que es la parte ménos conozida.
~o solo el polo ártico, sino tambien el antártico, por ambas es·


tremidades del Nuevo-Mundo, está hoi dia siendo objeto de las es-
ploraciones mas importantes, cuyos resultados pueden mui bien darse
la mano en algunos puntos: como, por ejemplo, en cuanto á lo pro-
bable que pareze ya, que el mar de ambos polos es despejado, limpio
de hielos y por consiguiente navegable desde derta latitud. Las es-
ploraciones de Franklin y Parry en el norte presentan esta suposi-
cion como verosímil, segun se ha visto; y las que el capitan Weddell
ha hecho en el sur desde 18Z2 á 1824, cuya relacion ha publicado
él mismo, lo comprueban igualmente respecto del océano antártico.
Dice este atrevido navegador que desde los G5,! grados de lato em-
pezaron á descubrir, no solo témpanos, sino tambien gruesas masas
de hielo, cuyo amontonamiento y tamaño iba creziendo en una pro-
gresion considerable hasta pasar los 69~ lato Aquí ya hallaron viento
ménos destemplado, mar mas sosegada, atmósfera lilas limpia, y casi
ningun témpano de hielo. A los 73~ la temperatura era tan lle-
vadera como la del mes de diziembrc en los 61 0 lato (34 á 36 del
termóm.) el tiempo sere~o y templado, el mar ~ui quieto y cubierto
de muchísimos pájaros de un hermoso esmalte azulado, las masas de
hielo habian desaparezido totalmente, y continuaron navegando con el
mismo desembarazo hasta el 20 de febrero, en que hallándose á los
74~ 15' lato y 34~ 17' long. llegaron á descubrir hasta cuatro is-
lotes flotantes de hielo; lo cual determinó al capitan á aprovecharse
para el regreso de un viento favorable del sur, ántes que, sobreco-
jido por las largas noches del polo en medio de mas de mil millas
de un mar sembrado de islotes ele hielo por donde tenia que vol-
ver, se viese imposibilitado de hazerlo. El célehre Cook tarnbien




207
espiorá estos mares, y no pasó de los 7l~ de lat. quedando desde
entóllces por sentado. que mas allá no habia mas que una barrera
fija de hielo, impenetrable á todo esfuerzo humano; el captian We(l~
del!, no solo ha adelantado 3~ y 5' hacia el polo, sino que tam-
bicn ha descubierto la posibilidad de navegar mas adentro en aquel
océano, ó bien tornando á tiempo un punto avanzado \ para aprove-
char la estacion ménos rigorosa, ó bicn preparando co~ las debidas
precauciones un imbernadero entre aquellos hielos, así corno lo ha
hecho el capitan Parry en la ensenada del Príncipe Rejente á los
74~ lato O.


El viaje del capitan 'VedJell ha sido tambien mui importante
bajo el respeto de las noticias y rectificaciones hidrográficas á que
se ha dedicado con laudable esmero y feliz resultado en aquellos
parajes del océano antártico. A estas observaciones suyas se debe el
desengaño acerca de la no existencia de las islas Auroras. Snpo-
lIiase que estas eran un grupo de tres millas descubiertas al levan_
te de las de Faekland en el rllmbo que se lleva para doblar el caho
de Hornos, y cuya posicion se ha tenido por exacta desde que la
fijó el navío de guerra español ta Atrevida, que en el año 1796 sa-
lió de las islas Falkland con este especial objeto. Pero el capitan
WeddelJ demuestra despl1esde un maduro rebusco que duró diez
dias, arreglado á los datos que se señalan en el diario de la Alre_
r;iáa, que las que se tuvieron por islas, no eran sino otros tantos
islotes flotantes de hielo, cubiertos en parte de una capa de tierra
que los haze parezer grandes peñascos, segun se ve á menudo en
aquellos mares.


Otra de las particularidades notables que se encuentran en la re-
lacion del capitan Weddell, es la semejanza que de ella resulta exis-
tir entre los natura:"s del cabo de Hornos y de la Tierra del Fuego,
donde tambicn hizo algunas correrías, y los esquimáles del cstremo
opuesto del continente americano, segun se describen en los viajes del
capitan Parry. ["nos y otros son mui 1lequeños de estatura, con el
rostro a¡llastado y ancho, vestiduras de pieles de la misma forma,
igualmente aficionados á regalarse con la grasa de ballena, provistos
de las mismas armas para la caza de animales marinos con dardos,
chuzos y flechas, y del mismo modo inclinados á remedar con prontitud y
viveza cuanto ven y oyen. Estas y otras observaciones interesanteil
han induzido al almirantazgo britá~üco á enviar una expedicion com-




208
pue~ta de 'dos navíos de guerl'a con el destino de esplorar menuda·
mente las costas y las islas de la tierra Patagónica, á las órdenes
del capitan Ki¡g, proveyéndole de todos los instrumentos y auxilios
que pueden apetezerse en las empresas de esta naturaleza.


Cría de los gusanos de seda en España.
Desde la mas remot.a antigüedad se conozia en la China el uso


de los gusanos de seda; desde ella se estendió á la Grecia, atra-
vesando la India trescientos veinte y tres años ántes de nuestra era;
y despues de mui entrada esta, al resto de Europa, y con particu-
laridad á. Granada, Valencia, Murcia y otraS provincias de España,
donde le propagaron los árabes,


Tiene el gusauo de seda nueve anillos; siendo el último la aber-
tura por donde escrementa. Todos están señalados con unas manchas
de color ma~ oscuro, que el de la piel, y en ellos hai Ullas abertu-
ras llamadas estigmas, que sirvcn para la respiracion. Tiene patas,
de que haze uso, y en su boca dos órdenes de dientezillos con que
muerde y tritura las hojas.


Son cuatro las llamadas mluias o dormidas que indican sn edad.
La primera principia á. los nneve ó diez di as ¡le su nazimiento, ó
mas tarde si el tiempo es frio, y las otras se repiten de siete en
siete, segun el mayor ó menor grado de calor. Las señales de es-
tas dormidas son ponerse algo mas gordos, en especial por la cabeza,
mas luzios y frios, y no andar ni comer; permalleziendo ~sí cuatro
horas, pasadas las cuales mudan el pellejo y se les acaba el color.


Despues elijen el lugar que les conviene para formar su capullo:
en el primer dia fijan los puntos de apoyo, prendiendo en ellos la
seda que sacan de su cuerpo por la abertura que tienen debajo de
la boca: ,el segundo forman el principio del capullo, y se encierran
en él; el tercero se ocultan, y en los siguientes, sirviéndose siem-
pre de la misma hebra, siu romperla, forman enteramente su sepul-
cro, y sepultados se convierten en crisálidas: en este estallo cousel"Van
un licor disolvente de la seda, el que derraman siendo mariposas en
el rincon por donde han de salir, y agujereándole se plantan sobre
el capullo húmedo todavía con dicho licor: apenas salen se juntan
los machos con las hembras, y de allí á poco mueren aquellos, y
feeundadas. estas desovan y se mueren á los cinco días. Segun al-
gunos observadores se puede decir que cada ulla pone cuatrocientos




209
huevos, los cuales son mui pequeños, al principio blancos cenicientos,
despues amarillos blanquizcos, y por último les comunica el aire un
color moreno, mas ó ménos oscuro, y constituyen lo que se llama
simieute 'de gusanos de seda.


bu la (;llin3 se asegura {lue hai dos espec.ies de gusanos de seda
silvestres, que dan el provecho de su seda sin necesidad de cuidar-
los, la cual consiste en unos hilos largos que atan á las ramas, co-
mo las arañas, para colgarse ó condnzirse de unas á otras.


Hai adema s otra especie ó variedad algo semejante á la 1iomésti-
ca, y que puede considerarse como silvestre, pues no exije su crianza
al parezer, mas que avivar la semilla, distriuuir los gusanos sobre
una morera, tamuicn peculiar á la China; y recojer los capullos cuan-
do ya estan concluidos.


l\ uestro gílsano doméstico igualmente vive de continuo, en los pai-
ses calientes, en 106 morales ó moreras, lo mismo que otros gusanos
ú orugas en los olmos, encinas y otros árboles; pero hasta ahora
no 8é que se les crie de este modo en ninguna parte. En su es-
pecie no se halla ninguna variedad notable y constante, pues los que
se difen>¡ncian por el color, ó porque produzen capullos blancos, á
vezes, si son negros, produzelJ hijos ulancos, y si se etnplean capu-
llos blancos para sacar semillas, los gusanos que llazen de ella, la-
uran pocos capullos blancos y muchos amarillos.


Se pueden criar los gll.sanos en cualquiera casa ó lugar que no sea
húmedo, frio ó demasiado caliente. ~ean las pi.ezas q"ue se les des-
tinen 110 mui grandes, bien blanqueadas, con vidrieras en las venta-
nas, ó á lo ménos con bastidores de lienzo ó papel, y con puer-
tas que cierren bien; las ventanas sean grandes y no acia el norte,
y el pavimento bien embaldosado paraque no puedan entrar insec-
tos. Si el país es frio y algun aficionado quiere, mas por gusto
que por utilidad, criar g'usanos, convcndrá poner ulla chimenea ó una
estufa proporcionada á la pieza, y un termómetro para regular el ca-
lor en que debe estar, ni mas ni ménos que al grado Aiez y seis del
de ReaulII u l', pues en todas ocasiones y paises el buen temple de la
pieza en que se crian, preserva á muchos de la muerte; la hume-
dad les perjudica tanto como el frio y el calor excesivo. Nuestros
cosecheros de seda en España regulan el calor segun la práctica que
tienen; pero no seria malo que usasen del termómetro.


La buena semilla se cow.oze en que sale de los granos ó hueveci-
'2 H




210


Hos, si se comprimen entre las uñas, un humor transparente visco-
\


so, ni poco ni demasiado fluido; en que sean dc color gris que tire
á negro, y con la superficie lisa; pues si frotada queda desigual y
de color de ceniza claro ú oscuro, se ha de reputar por mala: Re-
pruébese la de color amarillento suuido.


No hai tiempo fijo de avivar la simiente, pue8 esto d~pende del
clima; cuídese principalmente de no hazerlo hasta que las moreras
principien á brotar.


La cantidad que se ha de avivar aea proporcionada al espacio que
los gusanos ocuparán en adelante, suponiendo que estén á sns an-
churas, lo que es mui necesario, pues vizian mucho el aire; y se
ha csperimentado que si se aviva una onza de semilla, y se tiene en
llaraje estenso donde ir colocando los gusanos á su tiempo, se sa-
cará muchas vez es un quintal de capullos, miéntras que en paraje bajo,
pequeño y estrecho, apenas se sacarát~ treinta libras por onza, si se
han puesto lIluchas á avivar, y criado todos los nazidos.


El modo lIlas seguro, sencillo y cómodo de avivar la scmilla, es en-
volviendo cada onza aparte en lienzo usado, dejándola . holgada; así
se pondrá en una especie de faja hccha de paño por fuera y coto-
nía por dentro, y se rodeará á la cintura de alguna muchacha de ca-
torze á diez y seis años, sana, quieta, y que lIO trabaje en cosas
de fuerza: de dia la llevará junto á la ropa interior, y de noche
la pondrá entre las sábanas de su cama: los envoltorIOS se recollo-
zerán todos á-medio dia, y se pondrán al sol paraque se vivifique
mas pronto la simiente, que nunca suele tardar mas que llueve Ó diez
dias. Igualmente se puede avivar al calor aItificial¡ y se ha pro-
bado quc se consigue esto mui bien espolliélldola al ambiente á la
temperatura de catorze grados, aumentando poco á poco el calor hasta
los diez y ocho. Notorio es que tambien se aviva espontálleamell te
en los paise5 calientes, pero en el nuestro pocas vezes es útil es-
perar á que el calor nat\ll'al lo haga, por temor de que ya estén las
hojas de las moreras demasiado duras para lo gusanos recien nazi-
dos, ,á quienes les convienen siempre tiernas.


Luego que la simiente J?nda su color ceniziellto ú oscuro en blanco,
es scñal de haber nazido el gusano. ElItólIces sc pasará del envol-
torio á unas cajas de pino redondas bien secas, sin olor, y forradas
(le p3pd, Ó mejor á unos arneritos de mimbre fino, y bien tupidos
~On hoñiga; en ellos s!' estendcrá la simicnte, dc modo que no (llle-




211


den unos gusanillos sobre otros, y encima se pondrá un papel fuerte
mui agujereado con recortes, por los que salen á comer las hojas de
morera tiernas que se ponen sobre él; si uo las hubiese mas que
secas del año anterior, se les humedezerán. Se tendrán en un am-
biente que tenga no ménos calor que aquel en que se han avi"ado,
sin aumentarlo mucho; pues se observa constantemente, que ;¡vivados
despacio, y recibiendo el calor por grados, prosperan mejor, y que sa-
len mal los que se avivan apresuradamente.


Al paso que los gusanillos salen, las hojas mas tiernas de mo-
rera se cJnduzen con ellos á los zarzos ó tableros dispuestos á este
fin unos sobre otros, intermediando la altura de un hrazo, sin dejar
de poner hojas sobre el papel hasta la total vivificacio'ñ de la si-
miellte.


Los primeros dias des pues de nazidos se les dan las hojas mas tier-
nas, C0ll10 las de los planteles &c. de los que no se han de cojer
sillo las necesarias para el día, porque se marchitan prontamente) y
no las quiere el gusano; nunca se les dará m~ada, y si el tiem-
1)0 fuese lluvioso, enjúguense en casa con paños, y no con fuego. Los
que cojan las hojas, han de tcner las manos limpias, y que n.o hue-
lan á ajos, almizcle ú otros olores fuertes.


Conviene picar la hoja; esto es casi necesario, cuando es ancha y
algo dura, ya porque los pedazos presentan mas circunferencia, y es
sabido que los gusanos la roen por ella, y ya pOlque se reparten mas
fácilmente con igualdad; pues una hoja dividida en muchas partes, pre-
senta mas orillas, y cada gusano encuentra sin trabajo lugar donde
colocarse para comer. Segun van creziendo se van dejando mayores
los pedazos de las hojas, y despucs de la segunda muda ya no es
necesario dividírselas. Lo mas comun es darle de comer dos vezes
al dia desde que nazen hasta el primer sueño. Se necesita del ma~
yor aseo y delicadeza para quitarles, despues que han comido, la hoja
qne se ha mezclado con su basura, pues es mui perjudicial tocar con
las manes á los tiernbs gusanillos. 'Por eso aconsejan algunos valerse
de redes en vez de zarzos, como dicen que hazcn los chinos muchos
siglos ha. Estas redes han de tener las mallas estrechas; sobre ellas
se estiende la hoja fresca, y suben los gusanos por entre ellas á co-
merla j entre tanto hai lugar para limpiar el cañizo, y volver á co-
locar en él los gnsanos sin tocarlos: esta práctica es algo engorrosa.


Al acercarse la primera muda, se les aumcnta el apetito por' espa':




do de veinte y cuatro horas, y á vezes por algo mas: á este au~,'
mento de apetito es á lo que se llama freza, durante la cual es,
necesario añadir otro cebo mas de hoja, y que tonos sean mayores,.
porque lleno el euerpo del gusano ele alimento, engruesa, y la muda
se ejecuta con facilidad.


Así que empieza la dormida, se disminuye la cantidad de la hqj~,
arreglándola al apetito de la mayor parte de los gusanos, y despues a\.
de los tardíos, que son los últimos que se duermen. Sin esta pre-,
caucion los primeros dormidos se hallarian entre dos eapas de ho-
jas ó dos lechos, de lo que no dejarian de resentirse tarde ó temo,


• I prano. Para eVitar que los lechos engruesen, luego que las dos tero,
ceras partes están dormidos, se dejará de cehar enteramente, aven.·
turándose á que padezcan los tardíos por el bien del mayor número;'
estos tardíos, ademas del ayuno forzado que esperiruentan, están
espuestos á quedarse sepultados debajo del lecho. Si se han quitado
gusanos para aclararlos, ó para mudarlos de lecho, habrá pocos tar-
díos, pues todos los que están canos mudan á un mismo tiempo so·
bre poco mas ó méños.


Miéntrafl están en la dormida les fatiga el calor demasiado fuerte:
la mejor temperatura es desde el diez y ocho al veinte grados de
Reaumur; pero si es menor del quinze, la muda es penosa. La
buena muda no ha de durar sino treinta horas, ó treinta y seis á lo
mas. La señal de que va á finalizarse es el nuevo color blanque-
zino que toma el gusano, y el a1 mento de volúmen, particularmente
en la cabeza.


Pasada la primera muda se les cchará mas hoja, y se les reno·
vará la cama con mas frecuencia, pues del aseo depende la buena
cosecha; la hoja será tierna, ó partida si es dura, con especialidad
al acercarse la segunda dormida.


En esta época comen los gusanos mucho mas, y es preciso que
los cebos sean mas abundantes; pero cuídese al echarlos que no quede.
la hoja mui espesa, lo que se evitaria COII facilidad dándoles un
cebo mas. Durante este tiempo se colocarán sobre los tableros ó
zarzos, cuya cstension será proporcionada á la cantidad de gusanos.
Los que salen de una onza ocuparán en adelante un espacio de se.
senta pies cuadrados cuando la cria vaya bien; ya queda dicho que
cuanto mas anchos mejor prevalezerán.


Cnanto mas crezen, tanto mayor es la necesidad de renoyarles el




213


aire. Se han de mudar los lechos todos los dias, ó á lo mén06
cada dos; y es menester repetirlo: con cuanto mayor anchura y aseo
estén, tanto mas sanos se hallan, y mas y mejores capullos fabrican.


En los dos ó trcs primeros dias se darán los cebos mas abundan-
tes y de cuatro en cuatro horas. Algunas yezes el hambre grande
del gusano se manifiesta al segundo dia despues de la dormida, la
que se les debe satisfazer dándoles cuantas hojas quieran; pero cui-
n.ando de mudar á menudo los lechos.


Esta hambre estraord:naria es siempre proporcionada al grado de
calor de su habitacion .. si es mui grande, devoran; y en este caso
se abrirán las ventanas que caen al norte paraqne entrc fresco, se
regará muchas vezes al dia el piao de la habitacion ó barraca, y se
les darán hojas que hayan estado en sitio fresco. Esta hambre debe
durar de seis á siete dias, y cuanto mas se prolonga, tanto mejor
es el capullo, y por consiguiente conviene oponerse á que el calor
la apresure. (Se continuará).


Si de los indios pueden esperarse progresos en las artes.
A cierto escritor de nuestros dias que ha puesto en duda si de


los indios pueden ó no esperarse progresos en las artes, bastaria pre-
sentarle tejidos preciosos de lana y de lino, y aun de cáñamo, la-
brados en telares toscos, comparables con telas de igual clase de las
manos mas diestras de Europa. En algunos pueblos y aduares de los
Andes se fabrican ricas alfombras; en el dibujo admiten mejoras,
mas no en el colorido. En los tintes han hecho progresos admira-
bles. Tienen suma facilidad en imitar las obras mas primorosas. No
baze muchos años que un indio de nueva España en solos dos dias
que tuvo prestada una excelCnte flauta, hizo otra tan parezida á ella,
que al volvérsela al dueño, viendo las dos no supo distinguir cual
era la suya. De las plumas de las aves hazen esquisitas labores.
Pintar con pincel y con colores artificiales, fruto es del estudio; mas
bazer esas mismas imájenes de pluma, imitando con los varios colores
de ella los dibujos de buenos cuadros, obra es á que deben concur-
rir grande injenio y muchos conozimientos. Refiere el P. Acosta que
á Felipe 111 sicndo príncipe dió su maestro tres pequeñas estampas
como para rejistros de un dinfIlo, hechas por los indios de plumas
entretejidas; las cuales llenaron de admiracion á los mas hábiles
profesores de las bellas artes. Otro cuadro mayor, labrado tarnbieu de




214
plumas en que estaba retratado San Francisco, fue presentado ,á. Sixto Y.
y diCiéndole que aquello hazian los indios, quiso probar si era de
plutiÍá, trayendo sobre él los dedos, pues con la vista le parezia
hecho con pincel. . Distínguelise en esta aptitud para las bellas artes
y para todo género de manufacturas en 'la Nueva España los indios
dé'Machoacan y de Méjico; y en p,l Perú los de Quito yel éuzco.
Los que sin maestros hazen tan admirables progresos, ¿ á qué grados
de perfeccion • no pudieran llegar, si fuesen dírijidos por academias
semejantes á las establecidas en Europa? ¿ Si se les enviasen mo-
delos de, máquinas ( ¿ Si fuesen estim ulados con premios?


-000---


LfTERATURA y BELLAS LETRAS.
Continúa la analísis de la obra del Sr. Navarrete titulada: 'Coleccwn
de los viajes y descubrimientos que hb.ieron por mar los Españolel


desde fines del siglo XV (*).
Hasta aquí solo hemos estractado, r con mucha rapidez, la pri-


mera parte de las cuatro en que el Sr. Navarrete divide la apreciable
introduccion de su obra; ahora pro~eguirémos notando entre los mu-
chos puntos mui 'curiosos de que habla en las tres restantes, aque-
llos que nos parezcan de mas importancia, y que, segun la division
indicada, se refieren á exponer las ventajas que de tales colecciones
pueden sacarse, á dar poticia de los auxilios que el autor ha tt!nido
para formar la suya, y á diluzidar algunos sucesos dudosos ó contro-
vertidos en la vida de Colon, con algunos otros particulares que por
incidente se tocan.


Varias son las opiniones acerca del modo en que este inmortal na·
vegador llegó á tener noticia del Nuevo-mundo; pero la masacre-
dit~da entre nuestros escritores, por haberla tomado del inca Garcilaso,
quien la oyó contar á Sil padre, servidor de los Reyes Católicos y
contemporáneo do los primeros descubridores y conquistadores, es la
de que un piloto de Huelva, llamado Alonso Sanchez comunicó á
Colon en la isla Tercera el viaje y derrotero forzoso quc, arrojado
por una tormenta, habia hecho hasta la de Santo ?omingo. No falta
autor de mui buena nota en lá materia, cual es Gonzalo Fernandez
de Oviedo, de quien tenorémos ocasion de hablar mas adelante, que
califica esta narracion de cuento vulgar, y la da por falsa; pero lo


(*) Desde la página 122.




215
cierto es, qne ai no el Alonso Sa.nche¡¡:, tUeron otros navegantes es-
pañole& y portvguezes. Jos que sujirieron á Colon la grandiosa illea de
abrir paso á .. la India por el poniente, y 103 que con las relaciones
de lo que habian visto y observado por aquellos remotos mares, die-
ron á. sus conjetnras fuerza de conviccion, animá.ndole esta á 'perais-
tir en su proyecto de buscar al occidente las rejiones desconozidas,
cuya existencia llegó á. mirar casi como evidente. En efecto: cor-
riendo el año 1484, se establezió Colon en Portugal, acaso com') mer-
cader de lib,'os de estampa, que fué su primitiva profesion, segun
el respetable testimonio de Bernaldez, quien añade que ell esto
mismo comerciaba en AndaluzÍa; y Fr. Bartolomé Las-Casas lo con-
firma diciendo: "qne en los primeros años que Colon estuvo en la
corte, llegó á tanto su escasez, que p:lra sustcntarse, trazaba cartas
de marear y las vendia á. los navegante3, hasta que le recojió en
su casa el duque de Medinaceli." En aquel reino casó con Doña·
Felipa Muñiz, hija de Bartolomé Muiíiz Perestrablo, criado del in-
fante D, JUJ.ll, y que, por mandado del infantc D. Enrique. hizo
varios viajes y deseubrimientos marítimos, habiendo sido nno de los.
pobladores de la isla de Puerto-Santo, donde dejó heredamiento. Mll,erto·
el suegro, su viuda, que notó la grande ancion del yerno á las co-
sas de mar, le dió hLrgas noticias de la~ espediciones de su marido,
le fl'allllueó sus papeles é instrumentos naúticos, y encendió mas y
mas la curiúsidad y ansia de saber en estas cosas, excitada en él
por los progresos de los portugueses en la costa de Africa. N~vegó
c~n ellos hasta Guinea J Etiopia, residió algun tiempo en Puerto-Santo,
y pasó tambien á la isla dc la Madera que se descubrió entó nces, .
y con tales estímulos comenzó su gran jenio á discurrir sobre la po-
sibilidad de hallar un rumbo á la India por el occidente.· Ya en 1474
consultaba este provecto con su amigo Panlo Toscanelli en la corres-


I •


pondencia que mantenia cou él desde Lisboa; y habiendo pasado á
Andaluzía á fines de 1484, se corroboraron sus prespicaZes raziozi-
nios con los datos que, en apoyo de ellos, recojió de varios nave-
gantes españ~les, quc en aquella sazon llevaban el pabellon nazional
á. los paises mas remotos, surcando mares desconozidos á i~pulso del
auje estraordinario· á. que habian- llegado el comercio y la marina
Fr. Bartolomé Las-Casas que tuvo á la vista unos libros de mem~ria~
escritos por el mismo Colon, dice, refiriéllnose á. ellos: que entre. otros
navegadores cuyas relaciones citaba en- apoyo de sus conjeturas ' sobl'e




216
la existencia de tierras al occidente, bue mendon de un Pedro Ve-
,lasco, vecino de Palos, "quien le afirmó en su m!lnasterio de la Habida
haber partido del Fayal y andado 150 leguas por la ma~, descubrien·
de á. la vuelta la isla de Flores; á. un marinero tuerto que, hallán-
dose en el puerto de Santa María, y á. otro gallego que estando en
Muro;a, le hablaron de un viaje que habian hecho á Irlanda; y que,
desviados de su derrota, navegaron tanto al N.O.' que avistaron una
tierra que imajinaron ser la Tartaria, y era Terrano\"a, ó la tierra
de los bacalaos." Añade Casas que los primeros que fueron á des-
cubrir y poblar la isla Española (á quienes él trató) habian oido
á los naturales, que pocos años ántes que llegasen, habian aportado
allí otros hombres blancos y barbados como ellos :" (Introd. p. XLVIII)
Que los vascongados, principalmente los guipuzcoanos, y entre estos
con especialidad los naturales de S. Sebastian, descubrieron los bancos
de Terrallova y establezicl'on en ellos pesquerías de bacalao muchos
años ántes que se descubriese el Nuevo-mundo, es opinioD mui acre-
ditada entre los críticos mas escrupulosos; pero el que esto escribe
puede asegurar haberla visto demostmda hasta la evidencia en una
historia M. SS. de aquella ciudad, que como por UDa feliz casualidad
se salvó de la horrorosa catástrofe del año de 1813, y que dejó
inédita el Dr. Camino, hijo de aquel desgraciado é ilustre pueblo,
quien murió silmdo canónigo de Lugo; obra de las ma3 apreciable8 para
ilustrar gran parte de las antigüedades de Cantabria y muchos fas-
tos de la marina española, á cuyos progresos contribuyeron los na-
turales de aquella costa por tantos medios y laudables esfuerzos, Me-
rt-zen entre estos particular mencion sus tempranas espediciones á
GroeDlandia para pescar baIlpnas, y conservar por mucho tiempo casi
esclusivamente la costumbre de hazerlas todos los años en períodos
determinados.


Dos autores italianos, A ntonio Gallo y Agustin J ustiniani, que á.
principios del siglo XVI escribieron sobre la vida del almirante, aseguran


, 'que estando Bartolomé Colon en Lisboa, y oyendo las relaciones:
de los navegantes, fué el primero que concibió la idu de los des-
cubrimientos de occidente, y la comunicó á su hermano Cristóbal, que no
era tan hábil ni experto, pero que'luego la promovió con constancia
y buen éxito." (lbid. p. XLIX). Pero el Sr. Navarrt'te demues.
tra cuan infunda~a y errónea e. esta suposicion, con el testimonio de
los Reyes Católicos, que en varias cartas escritas al almirante se con-




grátu'fáit 'ton él· de haber sido la empresa im,enlaúíl, p<tindp!ad.\l' hll-:
bida'~Ol" S1l mano, 'trabajQ 'é industria: con el de' Balllo<'l',~caI"l\lti
que cOn1irma esto 'mismo en las' suyas:,.:on el del obispo" .~a&~!l1'
saS, ' que' habiendo conozido y tl'atado' á los dos hermanos, ,,!"e(ierg ..
aCorde en ello con' O; Rernando Col()n, que escribió la, vid¡¡. ,de I?>,"
padre, haber sido Crist6bal quien ,enseñó á su hermano Bart{)loPl'
l~ profesi'on naútica: y con el de varios documentos, por loo eualtl!!
constan los estudios hechos por Cristóbal en todalJ escrituras, c()$mogrq-
jíd, his(ÓrilU, c01ónictllf, filosqfía" y de otras artes; en ma"ineria Q$..
trológía,gcometria y aritmética: su habilidad en el dibujo, y, para
trázarcartas y esferas: IU tralo con gentes sabias de varias ,sectas y
:riaii~nes; ñilalmente, sus propios escritos sobre las profecías; sus Ite"
laciones,cartas y derroteros, léjos de presentarle in¡\octo, y falto"I\~
habilidad y experiencia, prueban que poseia erudición y c:oDtqimi.en~
fo~ no mui generales en su! tiempo. Quédelepues intacta la gloria
imperezedera de primer investigádor y de~cubridor del Nuevo-mundo."
"'Co'ri ra~on nota el Sr. N avarrete la impropiedad é injusticia que \mi ~D
)I~~a~' .A.mérioa á una rejiones, cuyo descubrimiento se hizo 'porCor
l~ny si adeÍ~nt9 por' el ~oble valor y constancia de otras españQ ..
les, solo' porque un Américo Vespucio quiso' defraudarle la glol'.ia d~
haber' desc'ubierto tambien la tierra firme de Paria', y logró per.su.a~
dirIo al vulgo, 'y mas á' los' estranjel'os, esparziendo para'éllo tabll\i.
geográficas y cartas de marear que dibujaba con primor, y ,pOI1WollGe
el} ellas su hombre á dichas tierras y otras r¡ue despues Se deseu"
brieron. Los anglo-americanos, y despues de- 'ellos los hispano"'llfRe"
'~ica~!~s, hari vuelto contra esta injusticia poniendo er nombtedé'(;'(J}.
l~mbi~, aquellos á uno de los distritos de la" Union,y elÍb)g·'Qt
t~'r~itorio de una de las nuevas repúblicas que se han fórfuadÓ':.sobl'e
las ruinas de la, dóminacion de los españoles; pero ya estos 'eu',thlni ..
p,~s muí ~~terlores, no solo se negaron á adopta)' el nombre' de' !AmiAca,
l1a~a.ndo· ~iempre ~I Nuevo-mundo Indias Occidentalel,' oo' 'Sólo:'Sdstu-
vier~n la honra de Colon en contradictorio 'juizio ante el cooséjo ~ dé


. las Jndias" con éxito y decIaracion favorable ; sino qUé't<fdós sml att-
, , " J~ . " • i ~


: :t()fe~" antig~os, irritados' con que los estrimje'rós le ¡'dieSen 'el ''n'óRi'bre
4¡') .4rTU':rfC.~" prQPon~an, que' ,se' denominase CdlMtia ,& {JíJlo1nMr'-"Il,''1
.Fe~~~ndo Pizarro intentó llamarlo' Fer~Iúibélíc(t én m'éinoriil dé los
~e~e~ Católicos que ta~ gloriosam'ente loadqiÍirierorf (Ibid. p; GX·x:,y:IJ.


Acerca (le 'la 'utilidad que la publicRc,ion ,le documentos's'eTfiejfln\.
e




218
tes á los' de esta obra puede acarrear á la política, á la historia y
á las ciencias, y con especialidad á la naútica y á. sus auxiliares,
se esplica así el autor: "por ellos sabemos cómo los portugueses
aplicaron en el sigl~ XV el astrolabio para tomar á bordo las altu-
ras del sol, y arreglaron las tablas de su declinacion; có~o Colon
observó el primero las variaciones magnéticas; cómo Andres de s.
Martin aplicó las observaciones de las distancias del sol á la luna y
á, otros planetas, así como las de sus eclipses y conjunciones para de-
duzir la longitud; cómo Alonso de Sta. Cruz inventó las cartas es-
féricas, las de variaciones y las agujas azimutales; cómo Quiros y otros
navegantes españoles desalaron el agua del mar para el consumo de
sus tripulaciones: y á este tenor se presentarán otros inventos en que la
necesidad Y.. el injenio se adelantaron á los que en nuestros tiempos
pretenden la primera orijinalidad." ([bid. p. UII).


En una de las ilustraciones puestas al fm de la introduccion, con-
firma y amplifica esta última idea, señalando varios inventos cnriosos
y utilísimos debidos á 103 españoles. El de los barcos de vapor,
imajinado por Blasco de Garay, capitan de mar, que hizo los prime-
ros e¡,perimentos en Barcelona el año de 1543 con anuencia y á gran
satisfaccion del emperador, Carlos V, de un modo exactamente con-
forme al que hoi se usa en esta clase de injenios, ha sido en esta
última. temporada tomado en mui particular consideracion por los
periódicos mas acreditados ingleses y fl'anceses, que han copiado ó
dado á. conozer la carta que el mismo Sr. Navarrete escribió sobre


'esto al sabio baron de Zach; por cuya razon no hai paraqué nos
detengamos en repetir su contenido.


Desde el año 1566, en que los españoles sufrieron las 'agonías de
la sed eD el estrecho cerco de los Gelves por los turcos, se tiene noticia
de que usaron de un injenio de sacar agua de la mar lambicada ...•
9 era buena agua !J delicada. Por aquel mismo tiempo el Dr. An·
dres Laguna propuso la destilaeion para lograr igual resultado. En
1597 Miguel Martinez de Leiva se daba por autor de Rn método de
hazer dulce el agua del mar. Los descubridores españoles del océano
Pazífico usaban de este expediente en sus largos y penosos viajes,
y los, del capitan Pedro Fernandez Quirós, ántes nombrado, se refie-
ren á los años 1605 y 1606. Finalmente, de una exposicion hecha
á Felipe IV el año 1610 por la casa de la contratacion de Sevilla,
consta que un Fernando de los Rios trajo de Filipinas un injenio




219


de cobre del costo de 300 rs., que, puesto al fuego con el agua
salada por espacio de media hora, con mui poca leña y ocupando
poco lugar, sacaba tres azumbres de agua de mui buen gusto.


Tambien fueron los españoles los primeros que usaron planc:has de
metal para forrar las naves y preservarlas de ]a broma y darles ce-
leridad, como se practicó desde el año 1514 €:on una de las de la
armada que llevó Pedrarias Dávila á Tierra-firme. Así mismo los
monjes gobt'rnadores de la española y sus autoridades municipales
fueron los primero~ en sujerir la idea del comercio libre de Indias
con todos los puertos de E,spaña, cuando desde el año 1517 llasta
el de 1527 decian al emperador: repetimos la súplica que no sea
menester ir á Sevilla los navíos en que enviamos nuestras haziendas,
lino á cualquiera puerto libremente.


Por último, en el mismo año 1527 se ve dado por el gobierno
español el mandato de llevar los diarios los ofiziales de mar para
coadyuvar los progresos de la naútica é hidrografía, cuando el em-
perador prevenia al presidente de la audiencia de la misma isla: que
se tuviese particular cuidado en mandar á los maestres y pilotos que
viniesen de la Española y de las demas partes de las Indias, que
escribiesen el viaje que hiziesen á la ida y á la vuelta; !J que lo
mismo se ordenase á todos los navíos qne partiesen de Sevilla, paraque
de una 'Vez S8 acabase de entender la razon de eata navegadon ~c.


u Son tantos, los inventos de esta clase que se deben á los es-
pañoles en todas las artes y ciencias, que esta Ínisma coleccion de
viajes ofrezerá sucesivamente ocasiones de referir algunos que se han
renovado despues con la gloria de la orijinalidad, y otros que acaso
se abandonaron y son ahorá desconozidos." (Ilustr. VI, p. CXXXI.)


Cuanta dilijencia y perseverancia haya sido necesaria para reunir
los datos preciosos que contiene esta colf'ccion, bien se deja conozer
por cualquiera que tenga alguna nocion de la copia de estas noticias
que hai derramada en los archivos y bibliotecas p-áblicas y particu-
lares de España, y del desórden y confusion en que estos venerables
monumentos de nuestras glorias han yazido arrinconados hasta baze
pocos años.' .La autenticidad de los que publica el Sr. Navarrete está
acreditada con la mayor escrupulosid'ad, no solo con la indicacion de
los códizes y matrizes de donde se han trasladado, sino tambien con
la de los depósitos mas autorizados donde, desde el año 1789, ha
continuado con laudable teson haziendo las investigaciones mas pro-




2~O
lijas. En Madrid, la sala de manuscritos de la biblioteca real, los
archivos de los marqueses de Santa Cruz y Villafranca y del duque.
de Medina Sidonia, la biblioteca de los estudios reales de S. ~sidro
y la biblioteca alta del Escorial: en Sevilla, el archivo general de
Indias, enriquezido con gran número de pape,les llevados de Siman-
eas 'Y con los antiguos de la corte, tribunales y casa de contrata-
cion, la biblioteca de S. Acasio, las de algunos conventos y particu-
lares, especialmente la del conde del Aguila, una de las. mas ricas. en
manuscritos y preciosidades literarias: muchos documeutos y papeles
entresacados de la Real Academia de la historia, de la. coleccion de'
D. Juan Bautista Muñoz, y de los franqueados por la amistad de
varios literatos: el archivo de la ilustre casa del duque de Vera-
guas, rico en cartas y documentos de puño propio de Colon y de
su hijo D. Fernando: el archivo y la bibliote.ca colombiana de la
catedral de :-levilla: el archivo general de la corona de Aragon en lo
perteneziente á las noticias que en él existen del recibimiento que
los Reyes Católico3 hizieron al almirante en la ciudad de Barcelona
cuando volvió de su primer viaje; tantos y tales son los auxilio!' con
que se ha contado para dar á los yiajes de Colon la auteuticidad
é ilustracion que reclamaban, y con los mismos se cuenta para con-
tinuar bajo el mismo plan esta importantísima obra, publicando en
los tomos siguientes cuanto pertenezca á los descubrimientos de Costa-
firme y la Florida, las relaciones de Hernan Cortes con las que aun
no se han publicado sobre sus grandes empresas, las espediciones al
Rio de la Plata, al estrecho de Magallanes, á las costas de Chile,
del Perú y de Californias, las que se despacharon para hazer nuevos
descubrimientos en el mar del Snr, y las que se dirijieron al Ma-
luco y Filipinas. ¡ Ojalá no se tarde el dia. en que podamos ver
feliimente terminada esta noble empresa literaria, una de las mas in-
teresantes, no solo para los españoles de ambos inundos, sino tam-
bien para todas las naziones que hagan alguna figura entre las .. so-
ciedades civilizadas!


Aunque nuestros historiadores de Indias han tratado con particular
esmero é individualidad de los primeros establezimientos de los cas-
tellanos en el Nuevo·mundo, teniendo la mayor parte de sus relaciones el
mérito de estar hechas por propia ciencia y por lo sabido de testi-
gos coetáneos, estos documentos son de la mayor importancia, y mas
publicándose Íntegros y en su ser natural y primitivo, para concordar




221
á los mismos historiadores entre sí, para suplir sus omiSIOnes y pa-
sajes oscuros, para sacar la verdad pura y sin ningun velo de entre
las sombras con que á vezes pueden oscurezerla las pasiones de aqnellos
mismos que mas de buena fé procuran preservarse de su influjo; fl-
nalmente, para dar á la historia el verdadero cimiento y' cOllsistencia,
sin los cuales sus testimonios mas acreditados nunca pueden llegar de
todo punto al grado de irrecusables, ni sus retratos á tener la fuer-
za del natural para conozer á los varones célebres, cuyos hechos y
caractéres le pintan en ella. Pero aun entre los escritores mas fi-
dedignos hai algunos cuya autoridad es propiamente clásica en lo re-
lativo á la vida y á los sucesos del gran Colon, por ser de los que
le conozieron y trataron, y aun presenciaron mucha 'parte de lo qu~
refieren, tales como Andres Bernaldez ó Bernal, Pedro Mártir de Angle-
ría: D. Hernando Colon, Fr. Bartolomé de Las-Casas y Gonzalo Fer-
nandez de Oviedo.


Andres Bernaldez nazió en la villa de Fuentes, no se sabe en qué
año; pero sí que murió en el de 1513, siendo cura párroco de la
villa de los Pal;¡clos, habiendo sido ántes capellan del arzobispo de Sevilla
D. Diego Deza, gran' protector de Colon. Escribió con gran senci-
llez y candorosa verazidad la Historia de IOB Reyes Catblicos, y rea-
sumió los acontezimientos y observaciones principales de los dos pri-
meros viajes de Colon, á quien hospedó las dos vezes á su regreso
'~on la jente de su comitiva, y recibió de ~l algunas de sus escri-
turas, "de donde yo saqué (dice) é cotejélas con las otrás que es-
cribieron el honrado Señor el Dr. Chanca, é otros nobles caballeros
que con él fueron en los viajes ya dichos, que escrillieroll los que
fueron, de donde yo fuÍ informado y escribí esto de las Indias,"
, . Pedro Mártir de AnglerÍa trató con intimidad á Colon aun ántes
de la conquista de Granada, se halló en Barcelona cuando le recibie-
ron los Reyes de vuelta de su primer viaje, se informó del mismo
y de otros que le acompañaban acerca de las ocurrencias de sus es-
pediciones, y escribió con estos a~xilios sus Déoadas en latino Se-
gun Casas, mereze el primer créd~to en las cosas que refiere de oi-
das al mismo almirante y á sus compañeros; pero" en las otras pertene-
zientes al di~curso y progreso destas Indias, algunas falsedades sus Déca-
das contienen." Así lo demostró D. Juan Bautista Muñoz en órden
á algunos errores y equivocaciones, consiguientes á la facilidad y li-
jereza con que escribia diariamente lo que oia y observaba delide que
vino á España el año ] 488.




D. Hernando Colon aun no tenia catorle años cuando aC8IIiI.Qailó á
BU padre en BU cnarto y último viaje, con disposiciones mui' venta-
josas que se vieron despues confirmadas en su aplicacion y doctrina.
Tuvo mucho tino y discernimiento en manejar los libros y documen-
tos de su padre para' escribir la historia de su vida y de, sus glo-
riosas empresas. 'En lo que refiere habla siempre con verdad ye:Kactitud,
salvo alguna lijera equivocacion fácil de discernir y de poca monta.
Su obra, cuyo orijinal castellano no se b,a encontrado, fué tradnzida
al italiano' por Alfonso de UlIoa, y de ella se trasladó al español la
que publicó Barcia con harta neglijencia. Gu~rdó una misteriosa re.
serva sobre el orijen de la familia y sobre la patria del almirante
su padre, dejando dudoso este punto tan controvertido aun en nues~
tros dias, hasta que, publicado su testamento, se ba visto que en dos
lugares de él confiesa baber nazido en la ciudad de Génova ..


Bartolomé de Las-Casas, cuyo nombre será eternamente grato á la
memoria de las almas caritativas y benéficas, nazió en Sevilla el año
1474. Sl1Iamilia descendia de uno de los aventureros franceses que
militaron contra las moros en la conquista de Sevilla por S. F er·
nando. Hizo sus estudios en Salamanca, y en 1498 se embarcó á
una con su padre para el tercer viaje de Colon. Regresó á Espa-
ña á los dos años, y en el de 1582 volvió á la, isla de Santo Do-
mingo. Obtuvo el grado de licenciado en ambos derecuos, fué orde-
nado de p,resbítero y teólogo profundo. Estuvo en la isla de Cuba de ase-
sor de Diego Velazquez, en cuyo puesto desplegó su temprana y ardiente
inclinacion á protejer á los oprimidos indios. Los simabores que tuvo
por esta causa le determinaron el año 1522 á tomar el hábito en
la órden 'de predicadores. Hizo hasta siete viajes de ida y vuelta
á España y América y por todas las provincias hasta entónces des-
cubiertas del Nuevo-mundo, siempre ocupado en su ferviente empeño
de defender á los indios á costa de los mayores trabajos y disgus-
tos. En 1544 renunció la rica mitra del Cuzco, y á poco tiempo
aceptó la de los Llanos de Chiapa, pobremente dotada y de mu-
cho mayores atenciones. En 1547 renunció este obispado y regresó
á Madrid, donde murió en ]566, á la edad de 92 años, coronado de
sus heroicas obras de c¡¡ridad, y de la reputadon que le granjearon
sus muchos escritos, cuya noticia, con otras mucbas sobre este in-
signe varon, ha ilustrado el laborioso D. Juan Antonio Uorcnte, pu-
blicando una coleccion de los tratados d e este virtuoso obispo. No




223
se encuentra en ella la Historia general de las India, que en tres
volúmenes inéditos están depositados, los dos en la real academia de
la historia, y el tercero en la biblioteca real (*)., Muestra pródi-
gamente en esta obra su vasta erudicion, y aunque en lo que dice
de lo que otros le contaron no mereze entera y absoluta fe, porque
la escribió' desde los 53 hasta los 85 años de su edad, y porque
era nabll'almente crédulo y propendía sobradamente á la exajeracion en
cuanto no se acomodaba con su piadoso y exaltado empeño de fa~'orezer
á los indios, estando en perpetua oposicion con los que los goberna-
ban, sin embargo su historia, q'le alcanza basta el año 1520, ha mere-
zido y mereze ser tenida por una de lag fuentes mas puras y abun-
dantes, de donde han bebido mui claras noticias nuestros principales
escritores ne las cosas de América; especialmente por los muchos
documentos orijinales que copió á la letra y estractó con puntuali-
dad, y por haber presenciado gran parte de los sucesos que refiere.


Gonzalo Fernandez de Oviedo nazió en Madrid el año 1478. Se
halló en el cerco de Granada" siendo paje del príncip~ D. Juan, y
tambien en Barcelona cuando Colon fué recibido por los Reyes Ca-
tólicos en aquella ciudad de vuelta de su primer viaje. En 1513
pasó á Tierra-firme con empleo de veedor de fundiciones, volvió á
España á los dos años, y en el' de 1519 estaba de teniente de Pe-
drarias Dávila en el Daríen. Regresó á la corte en 1523;· en el
26 fué nombrado capitan y gobernador de Cartajena de Iridits y sus
islas, y en el 35, alcaide de la. fortaleza de Santo Domingo, capi-
tal de la Española. Murió en Valladolid en 1557, á la edad de
79 años, siendo cronista general de Indias, con mas de 40 años de
'servicio en casa real y treinta y cuatro en América. Escribió varias
obras; pero la principal es la Historia natural 9 general d~,<J.U6 In-
dias, Islas ~ 9 Tierra-firme del mar 'Océano, en 50 libros div;Qidos
en tres partes, de las cuales solo la primera se ha impreso y reim-
preso, y aun traduzido al frances por Poleur, y al italiano por Ra-
musio .. 'de á Pedro Mártir y á. Las-Casas en erudicion, mas no
en puntualidad y esmero en indagar, recojer y coordinar cuanto veia
ó sucedía en su tiempo, y lo que llegó á saber por la correspon-
dencia que mantuvo con los descubridores. Unicamente peca por


(.) Entre los manuscritos del Mnseo Británico hemos visto dos COpi1l1l in-
completas de esta historia, pues solo alcanzan hasta fines del año de 1500.




esceso de candor y credulidad y por falta de criterio en 111gunM ~,.
ticias sobre los prímeros tiempos, de los que no tuvo' tantosdocirlij
mentos corno de los posteriores.'" ,,'


• Aunque el Sr Navarrete declara que no se propone escribii"'W
historia del almirante, sino publicar noticias y documentos paraf~
cribirla con verazidad, no por eso deja de tocar en algunos puntÓl;
que por pequeños que parezcan, figuran COII gran valía en la vid~ de
tan ilustre varon, procurando fijarlos con crítica juiziosa. y nraddnJ
exámen de las opiniones ~ncontradas. Así, por ejemplo, despnes de
bazerse cargo de todos los datos mas autorizados. para apoyro- díver.¡
50S,. aunque fundados, parezeres acerca del año en que' nazi6,' da 'con-
mui buenos fundamentos por la mas probable la opinion de que fu~'
en el año de 1436, ajustando esta época con la de su muerte acae-'
zida en Valladolid año 1506 á los 70 de su edad, como lo asegura
el cura de los Palacios.


Tambien se desentiende de "desvanezer todas las imposturas y ca~
lumnias con que algunos escritores modernos intentan deprimir á 108
españoles en sus descubrimientos y conquistas de ultramar;" pero no
puede ménos de detenerse á responder á algunas de las mas graves,
aunque no en todas lo haze con igual tino en la eleccion de .los 'ar-
gumentos, y en el uso de los resultados históricos. Vamos á,cQm-
probarlo.


Respotdiendo al traductor frances de la vida de Colon escrita pur
el Sr. Bossi, cuando este dice: "que por todas partes no ve· sino
monstruos dovorados á un tiempo de la sed del oro y de la sangre;
y que si nuestras miradas no encontrasen á Cristóbal Colon y Las-
Casas, lIO veriamos, en medio de las escenas abominables que han ensan-
grentado á la América, nada que pudiese consolar á la humanidad de
la horrorosa conquista de los españoles:" para responder á esta dia-
triba tan inconsiderada como violenta é injusta, el Sr. , Navarrete, en
nuestro entender, se deja llevar demasiado de BU empeño en desmen-
tir á nuestros acusadores con las mismas autoridades que ellos vene-
ran, y esto le haze faltar al juicio y crítica mas impercial que pro-
mete usar en la defensa. En efecto: ¿ qué necesidad habia, para desmentir
la vulgarísima y vaga imputacion de Bossi, de produzir contra Colon
á quien él, mismo Navarrete disculpa en seguida, lo~ fuertes cargos
de injusto, cruel, tirano y codicioso que le haze Las-Casas, ese mis-
mo Las-Casas, de quien páe;inas atras acaba de decir que como his-




225
toriador, "aiempre se le nota diriJido, mas que por un JUICIO recto,
por ulla illlajil1aciol1 acalorada; mas que por la s~na crítica, por un
ze10 importuuo y acre; mas qlie por la política r cono~imiento del
mundo, por cierta austeridad propia del claustro; y mas propenso á
reprender, zaherir y vituperar, que á referir los hechos, pesando su
valor y consecuencias, axaminando sus circunstancias y graduando su
verdadero mérito r' (Introd. p.LXXIV) ¿ Por qué valerse contra el al-
mirante de Ull testigo á. quien él mismo que le cita puso poco án-
tes las mayores tachas y escepciones, precisamente en aquello mismo
para lo cual le cita ahora! sobre todo cuando dice / "La mansedumbre
evalljélica, la dulzura caritativa, la pazÍfica predicacion, eran las úl1i-
C3s armas que deseaba el obispo (Las-Casas) se empleasen en esta
conquita espiritual. Por cOllsiguiente, cuanto se desvía de este prin-
cipio es á sus ojos un crÍmen, una usurpacion, una tiranía, un des-
6rden. Si el almirante propone los medios que juzgaba mas prudentes
para dominar la isla Español¡t, el obispo' no ve en ello sino la Qpre-
sion y destruccio[1 de los indios; si escoje algunos paraque sirvan
de intérpretes, ó para presentarlos á los reyes, mira como una injus-
ticia y como uua ofensa de Dios y del prójimo el llevarlos contra su
voluntad y separarlos de sus familias, aunque temporalmente; si les
impone obligaciolle8 de pagar algun tributo para sufragar los gastos
de la empresa, y que los reyes viesen la riqueza ó las llroducciones
de aquellos paises, califica estas operaciones de tiránicas y violentas."
(Ibid. p. LXX[[f). La honrosa escepcion que el Sr. Bosfl¡ haz e á.
~avor del almirante ¿ es fundadada, ó no es fundada! Si lo pri-
mero, el empeño de desmentirle es incon!!ebible: el hazerlo con el
testimonio de Las-Casas, es contl'adiccion chocante; el valerse de él


__ 010 porque su autoridad es v<lnerada de . los ad\'ersarios, es ·compro-
mete"r la: ~verdad y la buena lógica en una cuestion de mero desfog~e.
Si es infundada, el juizio y ta critica imparcial exijian que la defen-
sa respecto de Colon se limitase á disculparle legítimamente, 'para
lo cual no faltan razones ,; y que respecto del cargo en geueral he-
cho á los españoles por el Sr. Bossi, se le desmintiese con la histo-
ria y con el testimonio de escritores estranjeros de la mejor nota,_
que ademas de las de Colon y Las-Casas, ensalzan otras muchas acciones
de que ee. glorÍan la justicia y la humanidad, no solo en los prime-
ros descubrimientos y conquista de América, sino tambien en épocas
posteriores y durante la dominacion de mas de tres siglos : acciones,


2 D




cuyos resultados están vivos todavía; acciones que el mismo Sr. Navarrete.'
señala y recuerda con honor eu' otros lugares de su introduccion, y que eR.
nuestro entender lo hubieran tenido mas oportuno en este de que ha..
blamos ahora.


Pero aun el piadoso obispo de Chiapa, aun este héroe de la ca ..
ridad se ve gravemente vuluerado en su gloriosa reputacion por este
mal entendido empeño de probar demasiado. Las-Casas, dice el Sr. Nava.
rete, tampoco mereze la escepcion que á su favor haz e el Sr. Bossi.
a y por qué no la mereze"i Porque establezió !J autorizó el tráfico
de los negros para las islas del Nuevo-mundo. ¿ Y es Posible que todo un
Navarrete profese y Ile esfuerze en demostrar, á título de una im-'
parcialidad exajerada, y nos atrevemos á decir, indiscret~, una impu.
tacion tan errónea, sobre todo des pues de ser tan notorias las apo..-
lojías que contra ella han triunfado en las plumas de Mr. Gregoire,
del Dr. Funes, del Sr. Mier, y de D. Juan Antonio Llorente ~ Las-Casas
no establezió el tráfico de negros para América, porque ya lo estaba
por otros desde el año 1498, mucho ántes de pasar él á aquellas
rejiones, mucho ántes que diese principio á sus benéficos desvelos á.
favor de los indios. Se dice "que en su memorial para el remedio
de lfl8 Indias, propuso que para las cuatro islas se permitiese á .to-
dos los vecinos llevar francamente dos negros y dos negras;" y de
este hecho, que nadie niega ni hai para qué se niegue, se quiere deduzir
que Las-Casas autorizó el tráfico. Pero la consecuencia es del todo
contraria: si se tiene, como debe tenerse presente el otro hecho de
que ántes de esta proposicion de Las.Casas, ya el gobierno habia da-
do y vendido multitud de licencias de introduzir negros en América,
ya lo habian solicitádo los monjes comisarios de la Española, ya ha.
bia pensado en com·ertir este odioso tráfico en recurso financial, su-
jetándolo á derechos y aranceles de permisos. Por donde se \-e que
Las-Casas lo que hi~o fué restrinjirlo con su proposicio,\> limitarlo á
un corto número de esclavos y coartarlo en ventaja de una sola clase de
personas; finalmente, practicar aun en esto la benéfica máxima del. mal
el ménos. Así acaba de, demostrarse. mas por estenso en una noti-
cia del obispo Las-Casas, inserta en el tomo 2 del Repertorio Ame-
ricano (*), llevando en este punto la defensa del piadaso obispo aun
mas allá de lo . que) ya en grado sufiúente para vindicar su glorio-




227


5a memoria de tan injusta imputacion, la esforzaron los sabios apo-
lojistas ántcs citados. Sirva esta nuestra impugnacion pal'a prueba de
cuan fázil es que aun los hombres mas ilustrados y circunspectos se
equivoqueu, si se dejan llevar de los primeros y disimulados impulsos
de la animosidad, ú otras pasiones que se no¿ disfrazan con el afeite
de motivos laudables; y téngase presente para cuando, en este mismo ar-
tículo, hagamos ver algun otro desliz del Sr. Navarretc.
Ma~ fundado nos pareze que va este caballero cuando haze ver


que el descubrimiento de América no perteneze á la Italia, como
pretende el traductor de Bossi, sino á la España, demostrando esto
último con la esposicion de hechos inconcusos, reconozidos por los
estranjeros mas émulos de nuestras glorias, y referidos por el mis-
mo Colon; de los cuales resulta, cuan vanos fueron sus esfuerzos para
lograr que las demas potencias de Europa, inclusas las repúblicas de
Italia, adoptasen ó tomasen en consideracion su proyecto, ni aun en-
tendiesen las razones en que lo fundaba: y cómo desde que vino á
Castilla lo había favorezido y deseado su honra, el M. Fr. Diego
de Deza, maestro del príncipe D. Juan, y que él fué causa que
SS. AA. tuviesen la, Indias, segun dice el mismo Colon en sus
cartas.


Tambiell se satisfaze con razones mui plausibles, y tanto mas- fuer_'
tes, cuanto que se esponen con moderacion y juizioso criterio, á la
otra~p08icion gratuita del mismo traductor cuando dice: <C que la
España no hizo mas que prestar á Colon un auxilio solicitado por
largo tiempo, y perseguir al que la habia enriquezido:,' Consta en
efecto por los documentos de la coleccion y por lo que refiere el
mismo almirante, que desde que vino á España, fugitivo de Portugal
á tines de 1484, halló acojida y proteccion en el duque de Medi-
naceli quien le tuvo en su casa dos años: que en el de 1486 fué
admitido al ,servicio de los Reyes Católicos: consta que cuando pasó
á Salamanca á "esponer y discutir su proyecto, recibió hospedaje y
dinero para el gasto de sus jornadas de los relijiosos dominicos del
convento de S. Estéban, por cuya mediacion se conformaron con sus
opiniones los ,mayores .letrados de aquella escuela: consta que el obis-
po de Palencia le 'franqueó tambien el año de 1487 varias cantida-
des de dinero para sus gastos: consta que los reyes expidieron cé-
dulas el año 1489 parque por donde quiera que transitase fuese
aposentado gratis, y que le honraron teniéndole á su lado en los si-




225
tios de Málaga y Granada: y nnalmente, consta que, en el mislIlQ ro&;
en que con la toma de f'.8ta última ciudad quedaron libres de tangrav..
atencion, que absorbía todas las demas, pensaron 'ya en _ enviarle. ~
la> . ludia por la via de occidente, como lo habia. proplle~to., "Así se
ve que' no hubo dolo, engaño ni entretenimientos _ pér{¡d~ con Colon,
pues 'sabia bien que los reyes no entrarianá realizar 'sus p~'oyectol
hasta dejar á sus reinos y á la Europa libres de la domin.a.cion ,ma-.
hometana.


En cuanto á la supuesta persecucion que sufrió despues el almiran.
te,solo puede aludirsecon ella al procedimiento duro que U$ó (:on
él D. Francisco Bobadilla juez comisionado para entender enJas que·
jas y repetidos recursos que contra él se dirijian al trono;,: porque'
hasta su llegada á España preso y con grillos ,en: una ¡carabela, :p.or
disposicion de aquel juez, é inmediatamente despues de, -!tu llegada, filé,
llOllrado, condecorado, favorezido y tratado con"cariio, respeto y mn-
nifieencia por los reyes, quienes á la primera noticia mandaron po-
nerle en libertad y que se le proveyesede dineros paraque al instante
pasase á la corte, ~onde, oidas que hubieron sus disculpas en los yerros
que se le imputaban, con palabras mui cariñosas y eflcazes, '(dice Casas)
le prometieron deshazer sus agravios y guardarle en todo BUS privilejios y
mercedes, y así lo cumplieron. Hubo pues motivos justos para enviar
á la isla Española un juez pesquisidor, á quien dijeron: "la infor-
macion ~abida y la verdad sabida, á los que por el~a halláredes culpan-
tes prendedl~ los cuerpos y secuestra~es los bienes." Acerca de esto ob-
serva con juizio el Sr. Navarrete: "como Colon ejerzia allí ent6n-
ces un mando superior, era fácil prever que la ambicion de un juez
nuevo que podria sustituirle por mucho tiempo en caso de ser culpa.
do, era grande ostáculo para obrar con rectitud é imparcialidad en sus
procedimientos; y esta circunstancia quizá no fué bien examinada y
ponderada." Tal es en realidad el único cargo que en nuestro sentir,
pueda hazerse contra el proceder de los Reyes Cat6licos en aquel grave
negocio; porque bien merezian á la verdad los eminentes servicios del
almirante que en su obsequio, por, fuertes que fuesen contra él las
presunciones, pues conviccion no podia haberla todavía, se hubiese sal-
vado á lo ménos el decoro de la persona con una escepcion bien me-
rezida; á. f~lta de la cual el arrojo ó la pasion del juez atrope1l6 to-
das las consideraciones, dejando á la posteridad el eco desapazible de
aquella ruidosa prision como un mormullo odioso contra la buena me-
moria de 108 Reyes Cat6licos.




Antes de fijarnos en el último, punto de los que nos ban parezido
tmIl! digno8 de mencionarse en esta anaIÍsis de la introduccion, no es-
tará demas el que se haga mérito de la equivocaciou rectificada por
el ·Sr. Navarrete acerca de haberse creido e;eneralmente hasta ¡thora
que la primera tierra descubierta por Colon, y donde desembarcó el
12 de octubre de 1492, fué la de Guanahani, denominada en las cartas
S. SalDador Grande; siendo así que, segun consta de la vcriticacion
del derrotero, fundada en el diario de Colon, y en las señas que de la
primera tierra descubierta da con individualidad y concuerdan con la
descripcion que de ella hazen D. Fernando Casas y Herrera, es evidente
que no fué aquella isla sino la llamada del Gran Turco la primera que des-
ollbri6 y donde tomó tierra, y' por estas razones se señala ('-Omo tal en la
cil.ta·'Y derrotero del primer viaje de Colon.


El Sr. Navarrete haze frecuentes alusiones á la importante cuesti(ln de
la independencia de América, mezclándola, por efecto sin duda del influ-
jo bajo el cual se ha compuesto y publicado su importante obra, con otras
que verdaderamente desdicen hoi dia de los consejos de la sana política,
y de los de la jUliticia y sensatez que debieran hermanarse con aquella
para 'esti'nguir~el odio de los partidos y refrenar el furor de las pasiones
que dilaceran el seno de la patria.


n Todo lo que la primacía en los descubrimientos (dice el sabio
.;!.cadémico) y_ el derecho de primitiva poses ion vale é influye en las discu-
siones políticas_o ó en las negociaciones diplomáticas con las naziones
cultas, se acredita por los documentos coetáneos orijinales. De consL
guiente creemos no será inútil á la Españ~ la coleccion que publicamos,
respectivamente á la razon que puede alegar sobre el dominio de tantos
paises que descubrieron sus naturales, y de que se apoderaron á nombre
de sus soberanqs: derecho yposecion qne si el trastorno de los siglos,
los intereses encontrados de la política y del comercio, la rivalidad y las
pRsiones han logrado amortiguar Ú oscurezer, jamas podrán borrar ni
estingnir de los principios de una justicia recta é imparcial. Tampoco
será ciertamente la primera vez que en circunstancias· favorables han
servido semejantes documentos para recobrar derechos snfocados por la
fuerza y por el orgulloso imperio que la eminencia del poder da á una
nazion para deprimir á las demas." (pág. LVIII) ,


H Creímos (continúa) que uno de 1<7!l medios de corresponder á la
soberana confianza y de acreditar nuestra gratitud, era- el de aplicarnos
á una tarea en que ,-eiamos enlazados los derechos del trono y la gloria




230
nazional sobre bases ydocumentos irresistibles; y que, por desgraeia-
das que pareziesen las. circunstancias de los tiempos, no dejaban de ser
oportunas para reclamar lo usurpado, apoyar la verdad y la justicia,
sellar los labios á la maledicencia, y manifestar las sofisterías de la
deslealtad y de la ambicion; y en fin, para arrancar la máscara á ciert~
escritores venales, que con apariencias de filosofismo, contribuyen á difun-
dir y sostener la corrupcion de . costumbres de este siglo." (pág. LXIV)


" La venalidad, la corrupcion de costumbres, el libertinaje, los vicios
mas soezes se han enlazado con los principios de cierta falsa y dañosa
filosofía liue ha perturbado el mundo entero, sumiéndole en revolnciones
y ,trastornos espantosos, y sembrando odi,es y discordias eutre hermanOB,
á quienes deberían siempre unir la conformidad de oríjen, de relijioD,
de costumbres, de idioma, de leyes y de intereses l·ecÍprocos. Se in-o
tenta no ostante aluzinarlos y dividirlos." (pág. LXXXII).


" Los mayores horrores que ha conozido el mundo f~eron fruto de la
revolLlcion francesa en los últimos años del siglo anterior ..... ¿ y qué se -
hizo al fin esa fatal revolucion francesa que intentó apoderarse del
mundo como Mahoma con su cimitarra, llevando á todas partes la deso-
lacion y la miseria? ¿ Qué se hizieron las centellas que salieron de aquel
volcan desolador, y deslumbraron rápidamente á España, á Nápoles, al f
Piamonte y á Portugal? Todas se desvanezierou como'una sombra sill
dejar mas que dolores y arrepentimientos. Estos ejemplos deben hazeli
cautos y prudentes á los españoles-americanos para no dejarse aluzinar
ni seduílÍr de fantasmas é ilusiones ya desacreditadas y aborrezidas en
Europa." (pág. CXII y CXHI).


i Qué contradictoria mezcla de razon y desvarío, de verdades y sofis-
mas se acumulan en las cláusulas que a<.abamos. de citar! ¿ Y es posib!e
que un escritor de las luzes y del juizio dd Sr. Navarrete no se ,haya
desdeñado de emplear su pluma en las vulgares declamaciones del espí-
ritu de partido? . ¿ No es lamentable que su apreciabilísima obra, cuyo
principal adorno . es acaso la sabia introduccion que hemos analizado,
h~ya de correr salpicada de unas manchas ajenas de las mismas materias
que en ella se tratan, y de la ilustracion del autor, y que por lo mismo
no pueden ménos de atribuirse, cuando no á esa venalidad contra la cual
tanto se desfoga, á lo ménos á una débil y vituperable condescenden-
cia en incensar el ídolo, cuyo prestijio supersticioso ciega á los igno-
rantes, proporciona á los malvados pretestos y medios para tiranizar,
y sirve d~ base á un poder exterminador?




231


Mili útiles para la historia y mui gratos á la gloria de la nazion espa·
ñola serán indudablemente los documentos cuya publicacion ha empren-
dido el Sr. Navarrete; pero si alguna vez hubiesen de servir de pre-
testo á una fatal ostinacion en recobrar un dominio, cuya desaparicioil,
sean cuales fueren las causas, es ya de hecho, y cuyo restablezimiento
es imposible y de funestos resultados en solo intentarlo, valiera mas
que nunca hubieran salido de los polvorosos estantes que los encerraban.
Ese dominio que, en cuanto á' validez y aun lejitimidad, en nada cedia
en efecto á otros muchos que las demas naziones hanreclama?o y de·
fendido para sí miéntras una prudente razon de estado las ha movido á
ello, 110 solo..se haJamortiguado por la poderosa accion del tiempo, de
los intereses opuestos de la política, de la rivalidad y de las pasiones, sino
que despues de defendido con harta efusion de sangre é infinitos desastres
contra tan poderosos enemigos, ha quedado reduzido á la clase de las cOsas
humanas que pasando por los trámites prescritos por la providencia,
lIeg!ln por fin á su término y acabamiento.
'No es esto renunciar á los justos títulos que pueden alegar los espa-


ñoles para ser tratados por los americanos segun las reglas de buena
correspondencia á los benefizios que han recibido de los peninsulares.
Porque, como dice el Sr. Navarrete, ct no el deseo de dominar tan dilata-
dos y nuevos paises ocupaba exclusiYamente el ánimo de aquellos heroi-
~s españoles, siendo innegable que los mismos caudillos, los simples
soldados, y en especial los eclesiásticos y los empleados civiles en las
empresas de ultramar, cuidaban de llevar consigo animales, plantas, se-
millas, operarios é instrumentos europeos, con cuyo auxilio comenza-
ron aHí la agricultura y las artes propias de un pueblo civilizado:"


Ni las malif:iosas y sofísticasexageraciones con que la ambicion y la
envidia de los estranjeros procuran borrar estos títulos y arraigar en
los americanos un odio nazional contra los españoles, podrán ser aten-
didas desde el momento en que el tiempo ó una fraternal reconciliacioll
fundada sobre la base de la indtp€ndencia y de la atencion debida á los
intereses recíprocos, pongan fin á una lucha que afortunadamente ya
esta reduzida á ser casi una mera cuestion de palabras; porque ultra-
jando la memoria de los españoles ,actuales ó de sus antepasados, solo
intentan ct adular y seduzir á sus descendientes y herederos, que go-
zan en larga y pazífica poseiion las encomiendas, repartimientos y
mercedes que obtuvieron SUB abuelos;" y si estas y las' demas ventajas
que disfrutan los actuales hispano-americanos son, COlllO se pretende




debi.tasl J.a'usnrpacion y á la tirábíll, no'loS'e&paiioles':peniaubtres,
sino lóS ultratnÍlriuos, no los qúe ninglÍn-fí1iW;dire(!tohiut!ftdld8'~'"
elllÍ8~ ~ino los que las gozan en toda plenitud; sea' que 13ll huyaa h«~
dadb' ó-; labrado por sí mismos, son ros 'responsables del la ,legalidad dé
los'medios á los indfjenas, cuyos derechos, ó se d6scollozell óse delta-
tienden éón fria indiferencia por los que afectan tanto amor á. la huma-
nidad,: "flanto odio . á la tiranía. "', :,


'C¡¡>tl'ó 'es que nada" tiene de filosóficO' esteempeU.o,de .,",itlIIlbNE
'odiO's' )"'. discordÍllS entre bennanos, ni estas tentativas ,dirijida.áral"
ziulttiO's' y dil'idirIO's," pero tampO'cO' nos pareze justo el akibuitll l.
tey01úcion' de Hispano-Améiieay los esfuerzO's hechos pora ~euqlJR~
far 'su independeneia á. ésa falsa 9 dañosa filotofla,que:es el,-.e"5pau:-
tajó' dél cual se sirven por otra parte los ministros dél despotismo
}»Ira -éohdellar las vindióacionesmas fundadusd(j' 108 deI'echos de. los
pueblos á ser gobernados por leyes justas, y' para sumir á la multi-
tud ignorante en la ciega y servil dependencia. del mandodespético.
Concederémos al Sr. Navarrete que ., Hernan Cortes no es compara-
"ble con Robespierre, ni Pizarro cO'n Marat;" ffiai'tambieohabri.de
collcedérsenosque Marat y Robespiérre eran tan filósofos en-sUs crímenes
d'etésta'bles, como Pizarro y Cortes eran cristianos ell los enormes abusos
tftVsu falso' zt\io contra la idolatría: y que los escesos de la revolu,-
clinl "ft'aRt;éSll'puedeu imputarse á. la filosofía y á. los Ji berales, con.1
tnisfflo'fundamento 'que 108 horrores del partido que se llama lIJIO'4ó-'
l1éo pueden atribuirse á la relijiouy al espíritu del evanjelío.


f Se; pregunta' qué se hizo la revolucion francesa? DígalolaFran-
éÍa rején'erada con su monarquía representativa, oon sus códigos-re ..
gulañudos, ,con ·su administracion arreglada, con sU tQlerancia garaú'-
tida, :'~'Su prosperidad progresiva, y con so actitud Í1npollente·que
~clNza '1081 ~taques mas violentos de 108 que' intenta.u ea. valt~· rei~
tablezer el antiguo réjimen. men sabe el Sr. Návarre~,.6 bjeD~$':
lo pueden decir aquellos á quienes desea cO'mplazer con semejantes
preguftta~/'qlleIO!!-:efectos de la revoluciO'n francesa,· esto 'es, el,deséo
ife':l relorlhlW\11oS" caduéos abU60S del' absolutismO',se hau convel1tido
en '·uff éentitlrooto 'profundo que, va consolidando mas· y mas la. !llian ..
~'If'~ 16s""puebIO'sccontra los trouos despóticos en toda Eutopa; y
'lúe pMtitmlllrmenté. en la;PenÍasula, no han sido rápidas centell~ qu.e be
fflm ~vilnel;íoo- como~i uAwlIO.mbra,.: sino un f ut'g.o', ou yas ,UalJll!.@l4s
ifÓ ,nrefiie~tan:::ptI" Q()ra;pero .que1eatiÍ ,veul(io "1',sobresanado ,ce~~~o,..
sÍf e"d' matel'Ías' subterráneas para 'eslaHar·coHiluns, \'iolellcia~ 'f"




D$)o que hapaaado eltos últimos años 6nloB (lQebloJ,q,ue,nohau
visto eoronados sus prillleros esfuerzos por ser gobernados. constitu-
ciOllahnente, no tanto han venido á quedar dolores!) arrepentilllien.-
tOl de los queinsinlÍa el Sr. Navarrete, cuanto lecciones útiles yd~senga­
ños, que en realidad los harán mas cautos 9 prudentes para evitar 1()S
lazos de la perfidia y las instigacion~s de la discordia, mediante la
cual los enemigos de la libertad consiguieron que sus defensores co-
metiesen yerros capazes. de paralizar su marcha. Los hispano-ame ft
rieaDos, si han deponer cilDa á su noble empresa, sabrán aprovecharse de
esto! ejemplos, cerrarán los oidos á las sujestiones de los que inten-
ten di~idirlos, despreciarán las falsas alarmas que se les déu toman-
do sacrilegamente la voz de la relijion y de la lealtad, y camina..
rán por la senda ue la justicia y de la prudencia, para no dejanse (JIu-
_Uf'! ni uduzir de juntas mas é ilusiones 9(' desacreditadas 9 . alJorrezidas
en Europa, por mas que se valgan de ellas los hipócritas declama-
dores contra el filosofi~mo, el libertinaje y la corrupcion de costumbres.


NotiGias secretas de América sobre el estado naval, militar 9 po-
lilicod. 101 reinos del Perú!) provincias de Quito, custas de,;Nueva
Granad" 9 Chile: gobierno JI réJimen particular de los pueblo$. de
Indio.: cruel opresion 9 estorsiones de sus correjidor~s 9 curas • . abu-
sos escaudalolos introduzidos. entre estos habitantes por los misianer.08 :
oauáns de BU oríjen :y motivo~ de su continuacion por el upado: de
tres ,iglos,. escritas fielmente segun las instrucciones del E:»ClJlo. Se.
iJor Marque. de la Ensenada, primer secretario de estado,·9 preun-
tadas en informe secreto á S. M. C. el Sr. D . . Fernando. r:I. Por
D. Jorje Juan y D. Antonio de UlIoa, tenientes jenerales de. 111 r.eal
armada &c. &c. Sacadas á luz para el verdadero con~imAeuto.d!l'l
gobierno de los "spañoles en la América meridional por D., J;)¡tv.ld
Barry. Londres, 1826 4to. mayor de XIII-707 pp. . :.', .


Ibamos á poner la pluma en el exámen de esta curi.,Sa.,.pr9~­
clon encerrada hasta ahora entre los impenetrables 5ecl~.de~ uua
política reservada y cautelosa, cuando ha llegado á nuestras" D1aD(lS ~l
n ~ LXX del Qua'rterl!} Review, que destina sus primeraa pájinu
á estractarla y dar conozimiento de ella en lo mas sustalleial, .coa
atinada eleccion en 108 puntos mas sobresalientes, con un órda ~
tódico en la disposkion de las materias, y con entera fide¡ida~ en laa
citas. Esto~ y el haber encontrado por otra parte en el mismo 81'-


'! E




234
tículo alguna~ reflexiones de su _ autor que requieren contestadon de
parte de quien se propone tratar del mismo asunto, nOi ha movido
á tomarlo por guia en cuanto á la noticia que nos proponemos dar~


I
y por objeto de algunas observaciones segun vayan motivándolas en
el discurso de este estracto, las que acerca de nuestras cosas se de.
tiene á hazer el escritor del QuarterllJ Review.


Por los años de 1735 se emprendieron varias espediciones científicas
con el objeto de medir los grados del meridiano_ en varios puntos
del globo, y miéntras que Maupertuis y otros se diriJieron al norte
Bouguer, Goudin y La Condamine hizieron sus útiles trab.ajos en
Quito; y allí se les agregaron los sabios autores de estas Noticias
Secretas. Interrumpiéronse sus tareas cuando, teniendo que acudir in-
cesantemente como militares á la defensa de aquellas dilatadas cos-
tas contra los ingleses que las inquietaban, se vieron p~ecisados á tras-
ladarse repetidas vezes de un punto á. otro en grandes distancias y
varias direcciones, lo cual les fazilitó el tomar de aquellos vastos
paises un conozimiento personal y minucioso, que sin estas propor-
ciones les hllbiera sido difÍzil adquirir. Esta ventaja se haza pre-
sente por los mismos autores cuando dicen: "los mismos ministros
del Rei que han sido comisionados á aquellos parajes, no han exa-
minado estos asuntos sino mui superfizialmente: unos porque no -ha-
llarían oportunidades para ello; y otros, porque no pensaban- mas que
en aquello que les tenia cuenta, ocupados solamente en' hallar medios
para adelantar su fortuna. Estas circunstancias no militaban en no-
sotros, porque -nuestro conato no aspiraba á hazer mas caudal que el
de las noticias, ni teniamos otro fin que el de investigar la verdad
para la mayor seguridad de nuestra informacion, pudiendo decir .con
toda confianza que logramos nuestro objeto con tan completa sati,s-
faccion como apeteziamos. Nuestro pequeño y reduzido tren IW in-
fundia á los indios sobresalto paraque á su vista evitasen la familia~
ridad q.ue buscábamos, y el agrado con que los tratábamos mirándolos
como hombres y personas de nuestra especie, los desahogaba y _hazia
cobrar aliento en la pusilanimidad de sus corazones para hazernos
relacion de sus sentimiént()l. La caridad que usabámos con ellos (y
le mismo los franceses nuestros compañeros) les infundia confianza para
ha2ernos-partícipes de sus quejas; la puntualidad de la paga á los que
llml' asistian, les daba motivo á qlle nos refiriesen la mala con que
lés cbrréspondian los- demas á quienes habian servido ántes. Ultima-
mente, la continuacion de transitar por espacio de mas de llueve años




de unas provincias á. otras, nos presentó sobradas ocasiones para con ..
firmarlo todo, y aun para observar mas de lo que ellos DOS decian."
(pág. 295).


Ya era pues tiempo de que saliese á luz la verdad descubierta á
resta de tantas fatigas y por tan humanos é impll.rciales investigado-
res; ya era tiempo de que se publicase, no precisamente para dar
á conozer el gobierno, de los españoles en aquellos paises, como lo
anuncia el editor de e8ta obra, ni tampoco para tomar de ella oca-
sion' de hazer incnlpaciones y gratuitas ofensas como algunas de las
en que se detiene el escritor del Quarterly Review que la analiza; ofen-
sas propias únicamente de miras y pasiones poco generosas; sino para
saear' á favor de la humanidad todo el partido posible en unas rejio-
Des donde los abusos de las autoridades locales se han arraigado por
siglos prevaliéndose de la distancia del supremo gobierno: y para
indicar á los nuevos gobiernos que han sucedido al de España los
males que sufren BUS súbditos, las largas causas de donde proceden,
y los medios mas eficazes para remediarlos. Si la rectitud de estos
fines no preponderase para con nosotros sobre el disgusto que na-
turalmente nos causa' el recuerdo de los yerros é injusticias cometi.
das por los que nos tocan tan de cerca, tampoco hubiéramos contri-
buido á dar á conozer estas Notícias, á pesar de que, si se fllesen
á rejistrar á la luz de la verdad los anales de la administradon co-
lonial de otras naziones, habría sobrados motivos, ya .'lue no para
eximirnos de culpa, á lo ménos para recusar el juizio y el testimo.
nio de los que tanto nos la afean. Ademas, son tambien dos espa-
ñoles los que toman la defensa de los oprimidos, los que en favor de
ellos descubren sin espíritu de partido, sin interes nazional, sin preo-
cupaciones de ninguna especie, todo cuanto puede ser mas útil para
la causa de la. justicia, y que en vano se bus caria en ese fárrago de
declamaciones estériles de los estranjeros; asi que, confesamos de bue-
na fé que en nuestro deseo de dar á conozer esta obra de nues9'0S d08
insignes marinos, tiene tambien alguna pa~te el amor nazional y la
afizion á nuestros' dignos compatriotas.


Este importantísimo apéndice á la historia",del continente america-
no está escrito en un estilo sencillo y de mucho atractivo; abunda
en juiziosas y nobles ideas sobre la sociedad civil, y en mui útile~
reflexiones, sujeridas indudablemente por el noble carácter de los au-
tores, que no solo son admirables en sí mismas,sino tarobien de la,




236
maJor u,tiHd¡ul pura el que las lea, Divíd~$e la obra en dpa.pllfte.ll~1
Iap,.I~,era, se emplea casi toda en describ5.r el. miserable ,es~dQ,~
defe~sll:, de Jos pueblos y puntos de la costa, el desmantel~mieot~~,
los presidios y guarniciones, y la mala condicion de las fuerzas q~
mar y tierra. Estos pormenores, aunque curiosos bajo ciertos res par,;
tos que pueden interesar á los que poseen conozimientos 10cales",1lp.
son de grande importancia para lo jeueral de los' lectores. Don Anrr
tonio de Ulloa tuvo por lo mismo buen cuidado de arrojar ,á. la, D!íUl
una copia dt> esta parte de sus memorias al tiempo de caer pri~iot
nero de los ingleses en su regreso á Europa. La seguoqa par;ta abu~
da tanto en materias y noticias á cual mas importantes y de.ieo~/I,L


,interes, que es mui embarazoso el fijarse eo la eleceion de lo ·mlfA
digno. de extracto. l .. os cuadros que á cada paso se pre~elltaD SQJil
tan lastimosos, que ft vezes no puede ménos el lector, de ~~n.tir u,na.
fuerte repugnancia en contemplarlos; pero. todQ amaute d~ la liberta,d
y justicia debe venzerla ~onsiderando que, ,para remediar el mal~"e,s
indispensable cooozerlo, y que removida la principal causa orijinada
de una dependencia lejana en que tenia á aquellos paises ulJ,gobier.,
no tiránico y supersticioso, poco diferent~ del gue hoi oprime ,á.. E¡¡..
paña, puedeu con fazilídad cesar desde luego gran parte de los efec-
tos y prepararse la estirpacíon absoluta de tanto daño, je~erali:¿~nd!»
la lectura de una obra que descubn> sus mas ocuItos jérmenes indi.
cando los medios de sofacarlos.


En la América meridional, todas las cJases del estado desde lQs vireyes
abajo, estaban corrompidas hasta lo sumo~ y mas que ¡,Iingunas otras
lo estaban precisamente aquellas cuyo ejemplo debiera servir de freoo ÍI.
la multitud. V éase la pintura que en el capítulo sexto de la segUI)f.l~
parte se da del estado civil y político del Perú. "El abuso d,el P,~pí
einpie~a desde aquellos que debieran correjirlo, y si inmediat¡lI~ent~
no se' c~mprende á la caheza principal ó á los de mayor jeJ\3rquía,
á 'lo 'ménos lo consienten todos en sus dependientes con tanta1ibQr~
tad, que ,ll? '(IUe dejan de ¡>ecar por sí se convierte en culpas de ()mi.
sion, porque l~ disimulan en sus subalteroos, de snerte que" no, ser mayor
'el d~ño que resulta de ello, no es nada menor. .El Per,ú ofreze á los
Q.ios de lo~ q~~ io:~ol>~~rnan el ejerzizio lisonjero de, uua autoridad
desRótica,eleng~~,nd,~zj~j~llto d~ riqueza ron que los metales prJl-
cf~so's;palade!m ,al,~~s~~,1,~ la, codicia, y el atra<;tivo de aquella(!
jtmte,s ~~,e encaJ?-ta~, emQelesa y ,haze qUes,e yem;a á los aplausos el




237
que ménoll'ptldiera apctezerlos. En estas tres circunstandas l!stá enroel ..
to todo el veneno' que atosiga y mata albiJen'gobierno de aquéllos
Jein~.·' (Pag.' 453). La autoridad real se columbraba tan' confusa-
mente en todos los' puntos del Nuevo-mundo, que no' 'sóllJ no
se sentía el influjo' directo de 'sus rayos, pero ni aun indifecta:'
mellte causaban el ,menor efecto. ' Ari'ogábanse los vireyeslos atribu-
tos de la majestad, y slendo ellos la suprema autoridad en las co-
lonial!', no era mucho' que todos los imitasen, cada cual én su esféra.
Todo, el que estaba revestido ds algun poder, lo empleaba en des-
airar ,las" órdenes de España para darle mas latitud, para atesorar, ó
para servir á sus paniaguado s, y esta táctica se comu.:'¡¡caba como cos-
tumbre lícita y recibida hasta los dependientes mas íófimos en to-
dos los: 'millOS deadministracion. Por este mismo estilo las audien-
cias eludian inpuDemente, no solo las cédulas reales, sino tambíen
las órdenes de los mismos vireyes, consistiendo Ja diferencia -6nic~­
mente en el grado de cortesía con que se t'spresaba la' desobedi'en_
cia. Si era órdeo del monarca, la distinguian con la circunstancia
de besarla, ponerla sobre las cabezas, y añadir despues la fórmula dé:
"Obedezco, pero no la ejecuto, porqué 'tengo que representar sobre
ello." Son varios los ejemplos y lances que se refieren del modo escan-
daloso con que Be traficaba con la justicia, y de lo poco que servia
el mérito, ni la recomendacion, ni aun á vezés el-nombramieo'to <'te
,la corte, para la obtencion de emplt'os, los cuales se daban ál' m'e-
jor postor, como si se vendi(,.sen en almoneda.


Si en lOA ramos principales era tan grande la corrupcion y el des6rden,
no lo eran inénos en todos los demas de lá administracion p6-
Mica, y particularmente en el sistem~ finaneial. Nnestr'osdóS"au_
tores lo pruéban menud~mente refiriendo una multitud de c~~os' q'u~
á 'no versar sobre ácciones ten vituperables, pudieran llamarse 'éririo-
60S.- La desorganizadon en el 'ramo de aduanas era "la mas co~:pl~~
ta, porque, de~preciándose con el mayor descaro los aranú;le~ y' I~s
órdenes del gobierno, se hazia con toda libertad y 'á í~sci~ra's 'e-l
-eootrabando ~as ilimitado. El escritor del Quarterly il~view haze en
~ste lugar el estraño reparo de que á nuestros dos aútores n-ole~o~~rra
ron este motivo hazer alguna refiexion sobre ,el comerCio I¡'bred~
América, y de aquí toma asidero para acusa~ K los'ésPl!iíole~ d~')~'­
justos y tercos en su empeño _ de no recon,ozer'íos d~rechos, Jó~' de-
seos de sus colonias, suponiendo que ,ii au~ 'h¿idia 'h~i mcif;'a ii~~~~'(1,




238
de espáñoles que no se lamenten con mas dolor de la libertad-de
comercia que goza la América, que de la opre!!ion en que jhrie 'la
peitínwla bajo tas bayonetas estranjeras. Aquí se descubre' el ver-
dad'ero espíritu que mueve á los estranjeros á esas eternas incul¡:llt.
clones que nos hazen en nombre de la justicia, y que solo son dic-
tadas por una envidia y rivalidad hijas de la ambician. Los derechos,
y attn' la independencia de los amencanos han tenido y tiene)} . gi'\1h
número de' defensores entre los peninsulares. ¿ Y qué diríamos na-
sotros si entrásemos á examinar todos los absurdos que Contra l'03iIi~
teres de las demas naziones y de gran parte de la sociedad inglesil',
resultaban del sistema prohibitivo que apenas acaba de moderarse pO!'
la sabiduría del actual gobierno? 1 Cuánta materia á la declamacion
podria darnos ese espíritu de monopolio impregnado en tódo'elréjimen


económico de Inglaterra;' que impide la justa distribuclon de la pro-
piedad, que la vincula en un corto número dé señores opulentos, y
mediánte el Cual solamente los mui adinerados y grandes capitalis.
tas pueden ejerzer el alto comercio y los principales ,ramos de in~
dlistria ! Ahora, en nuestros dias, e~ cuando las luzes y la' fuerza
de la esperiencia han obligado y están obligando á los ingleses á pen-
sar seriamente en la reforma de estos abusos, en la correccion de es-
tos vicios administrativos; y sin embargo se nos acusa de que en
tiempo' de Fernando VI, haze cerca de un siglo, no hubiésemos he~
cho nosotros lo que ellos no han hecho todavía. ¿ Y qué di riamos
tambien del manejo político en la cuestion de la independencia de
América? ¿ Es oro, es desinteres, es j"?nerosidad todo lo que reluze
de parte de los estranjeros?


El cuadro de la relajacion del clero secular y regular y de la fu-
nesta influencia que tenia en las costumbres del pueblo americáno',
está pintado con' la viveza de colores y con la relacion de lances tail
chocantes y escandalosos, que casi es imposible estradar adecuada ..
m'ente el c,apítulo en que se habla de esta materia; véase sin embar';'
go una lijer!! muestra de esta pintura. "El estado del Perú debe
dividirse en secular y regular: uno y otro vive tan licenciosamente,
con tanto escándalo y tan á su voluntariedad, que aunque hai flaquei.
zas en todos los hombres ,yen todos los paises, y yerros de frájil na-
turaleza en los habitantes del Perú, no pareze sino que es iostinto
peculiar en aquellos eclesiásticos el sobresalir á todos los demas ért
las pervertidas costumbres de su desarreglada vida •.. , . . J~os eclé-




289
siásticos seculares viven mal; pero, ó bien sea que en estos es ménos
notada cualquiera flaqueza, ó porque con pudor procuran disimuladas,
ó por lo uno y lo otro, que es lo mas seguro, aunque las resultas
no dejan de ser escandalosas, con todo no llegan al grado. que la!I de
los regulares, en quienes desde el primer paso que dan, aun sin sa-
lir de s~s conventos, es tan notado y tan público, que escandaliza y
llena el ánimo de horror. Entre los vicios que reinan en el Perú, el
coneubinaje, como mas escandaloso y mas jenera!., deberá tener la
primacía. Todqs están comprendidos en él: europeos, criollos, solte-
ros, casados, eclesiásticos seculares y regulares.... EIi tan comun el
vivir las gentes de aquellos paises en continuo amancebamiento, que
en los pueblos pequeños llega á hazerse punto de houor el estarlo;
y así, cualldo algun forastero de los que llegan á ellos y residen al.
gun tiempo, no Ilotra en la costumbre del pais, es no~ado, y su con-
tinencia se atribuye, no á virtud, sil)O á efecto de miseria y de eco-
nomía, creyendo que lo hazen por no gastar. . .. J"a libertad con que
viven los reJijiosos es tal, que ella misma abre la puerta al desór-
den. En las ciudades. grandes la mayor parte de ellos vive fuera de
los. cohventos en casas particulares.... Los conventos están sin clau-
sura, y así viven los relijiosos en ellos con sus concubinas dentro de
las celdas, como aquellos que las mantienen dentro de sus casas par-
ticulares, imitando exactan,ente á los hombres casados. . . . Es tan
poco ó tan ninguno el cuidado que ponen en disimular esta conduc-
ta, que pareze hazer ellos mismos alarde de publicar su incontinen-
cia; así lo dan á entender siempre que viajan, pues llevando consigo
la concubina, hijos y criados, van publicando el desórden de. su vi-
da. . . . Pero lo que se haz e mas notable es que los conventos estén
reduiidos á públicos burdeles, como sucede en los de las poblaciones
cortas, y que en las grandes pasan á ser teatro de abominaciones inau-
ditas y execrables vicios, de suerte que hazen titubear el áQimo .~o­
bre .qué opinion tienen formada acerca de la relijion, ó si viven con
temor y cOllozimiento ele la católica.. . . Heredando allí los nombres
de los empleos distintivos de sus padres, se ven, no S,iD admiracion,
en una ciudad como Quito, una infinidad de proviucialas de todas
relijiones, prioras, guardianas, lectoras, y á este tenor de cuantos ejer-
zicios hai en la relijion; de modo que los hijos conservan siempre
comO título de honor los de la dignidad de su padre, y en lo pú-
blico cuasi no son con6zidos por otros." Cítase entre' otros ~uéhos




ejemplos de esta relaja¡:ion el de un relijioso que ," pasaoo ya de 8~
años, pero con todo hazia vida maridable con ulla concubina moza y-
de buen parezer, de suerte que esta se equivocaba con las hijas der
relijioso tenidas en otras mujeres, porque esta era la cuarta ó qllint~
que habia conozido de asiento; y como hubiese tenido hijos en ca~~
todas, era uo enjambre de ellos el que habia, unos pequeños y otro,s,
grandes. Toda esta familia se ponia á oir misa en el oratorio, y lal
concubina actual en el lugar premineote haziendo cabeza. El relijiQs~
decia la misa y uno de sus hijos se la ayudaba .... , Puede hazerse
estraño que los superiores de las relijiones disimulen y no ~or.gaQ.,
remedio en este punto.. .. pero ¿ qué reprension podrá dar el superior,
á un súbdito en un delito que comprende á entrambos igualmente, y,
que, cuando llega el caso, van de compañeros á las casas de sus con~.
eubinas sin la menor reserva?... Aunque este desarreglo de vida
comprende á eclesiásticos seculares y regulares, sou los seculares ma.~
contenidos, y no de tanta nota, y. entre unos y otros no deja de
haber sujetos que vivan mui ejemplarmente." (Pág. 490 Y sigg.)_,


El capítulo que trata de la antipatía entre españoles y criollos haze,
ver la fatal division entre los habitantes de aquellas ,ejiones. "Basta'
ser europeo ó chapeton, como le llaman en el Perú" para declararse
inmediatamente contrario á los criollos; y es suficiente el baber na~_
zidoen las Indias' para ahorrezcr á los eurQpeos. Esta mala volullta~
se levanta á grado tan alto, que en algunos respetos excede á la
rabia flesenfrenada con que se vituperan y ultrajan dos naziones en
guerra abierta) porqlle si en estas suele baber a!gun término, cutre
los españoles del Perú Ilunca se encuentra; y en vez de disiparse con
la mayor comunicacion, con el enlaze del parentesco ó con otros moti~
vos propios para conc~!iar la union y la amistad, sucede todo lo con~
trario, pues cada vez creze mas la discordia, y á proporcio!\ del mayor
trato cobra mayores alientos la llama de la disension, y recuperand!>
los ánimos el encono algo amortiguado con los asuntos que se pr()~
mueven, toma cuerpo el fuego y se vuelye inextinguible el incendio."
(Pág. 415) Pero ¿ de donde el oríjen de tan fuerte enemistad? Lo,s
autores lo señalan en la alta vanidad de descendencia qu~ ensober-
beze al criollo mas ,miserable, y en lo frecuente que es ver entre
los europeos muchos bombres de oscuro linaje llegar al paill .con ~os
andrajos de la pobreza y con las muestras de su tosquedad, hazer
en poco tiempo buenos caudales, solicitar y obtener matrimonios con




241


criollas de 1011 mayores humos, y tener por el dinero y por IIlll1 relacione.
un~ influe~cia y 1m poder que excita la envidia y el encono de liHI
que no gozan estas ventajas· teniéndose por mas dignos deellas~ El
edit~r en una de sus notas añ ade á. esta causa, como mas verdadera,
el abuso de poder de parte dtlf. gobierno peninsular, que no solo pro~
veía ('asi todos los empleos en europeos, sino que para llenarlos des-
tinába frecuentemente el desecho· de los sujetos mas ineptos, ó que se
habian gi'anjeádo el favor por caminos odiosos,


La parte destinada á. esponer el estado de abatimiento y opresion
de lós· infelizes indios por las autoridades locales civiles y eclesiás-
ticas, es una de las IDas importantes de la obra, no solo para la his-
toria, sino· especialmente para empeñar la atencioll de los nuevos go-
giernos independientes en el alivio de una clase tan digna de CQn-
sideracÍon por justicia y humanidad, i Cnantos de los males que nuestros
atitóres describen agobiarán todavía· á aquellos infelizes! rr Tal es
(dicen) el asunto que empezamos á tratar en este capítulo, que no.
puede entrar en él el discurso, sin quedar el ánimo movido á com-
pasion; ni es posible detenerse á pensar e1l él, sin dejar de llorar
edil l~stiIDa la miserable, infeliz y desventurada suerte de una nazion,
qtt~ sin otro delito que el de ia simplicidad, ni mas motivo que el
de una ignorancia natural, han venido á ser esclavos, y de una e$-
clavitud tan opresiva, que comparadamente pueden llamarse dichosos
aquellos africanos, á quienes la fuerza y razon de colonias han con-
deuado á la opresion servil.; la suerte de estos es envidiada con razEm
por áquellosque se llaman libres, y que los reyes han recomendadQ
ttt:iIto ¡¡aTaque sean mirados como tales, pucs es mucho peor su es-
tado, 5ujecion y miserias que las de aquellos •••• La tiranía que -pa-
dezen los indros naze de la insaciable hambre de riquezas que llevan
lóS que van á gobernarlos; y eOIDo estos no tienen otro arbitrio, para
cónseguirfo, que el de oprimir á los indios de cuantos modos puede
suministrarles la malicia, no dejan de practicar ninguno,·y comba~
tiéildolos por todas partes con crueldad, exijen de ellos mas de lo que
pudieran sacar de verdaderos esclavos suyos; y como -la sed de la
eMicia no atiende mas que á ~u fin, se abandona.n á. la ambicion,
DO miran á. otra cosa sino á saciada de cualquif'r modo que sea, con-
tando con que, terminado el tiempo del gobierno y llegando la re¡Y,-
dettcia, quedan purgados de todo á. costa del obsequio que' hazea
ir j~z que VI! á. recibirlá." (P1Ig'. 230 Y ~ig.)


2 F




242
¿ A qué detenemos ya en la enumeraclon de las inauditas veja-


ciones cometidas en la exacclon del tri bato, en la ejecucion de los
repartimientos, y en la perpetuacion de la mita ó del servicio cor-
poral impuesto á los malhadados indios para trabajar en las hazien-
das y en los obrajes ~ No basta lo odiblJo de estas cargas en sí mismas,
sino que lo mas insufrible de ellas resulta del modo de exijirlas y
realizarlas. Ni lo ingrato de la materia ni la estrechez de este artí-
culo nos permiten entrar en el estracto de los pormenores que con mu-
cha viveza y verdad se refieren en esta parte de la obra; pero no
podemos ménos de recomendar que mediten sobre su lectura los que
en aquellos paises y en medio de sus desventurados aboríjenes, han
entrado en la carrera de la libertad proclamando los fueros de la
justicia y los derechos del hombre á ser gobernado por ella.


Pudiera creerse que despues de tantas extorsiones no habia de en-
contrar la avaricia objeto en que ejerzer su rapazidad; pero todavía
vienen los curas á hazer el último rebusco de los desperdicios que
han dejado los correjidores. Son innumerables las socaliñas piadosas,
ó á título de piedad, inventadas por ellos para chupar la sangre de
los inocentes indios; y no contentos con despojarlos por sí mismos del
dinero, y á falta de este, de los frutoS' de la tierra y ganadería, sus
concubinas entran tambien á la parte por separado poniendo en con-
tribncion á las mujeres para hilar, coser, tejer y hazer otras labores
en sus obrajes, y haziendo que las que no pueden prestar este ser-
vicio personal, lo compensen con cierto número de gallinas ó huevos
correspondientes al trabajo que debieran hazer. Estos obrajes de las
señoras amas de cura se solian montar no poca~ vezes en la misma
iglesia) donde, para no perder tiempo, andaba el huso y la lanzadera
en las numerosos corros de las pobres trabajadoras, miéntras que se
celebraban los divinos ofizios, si tal nombre puede darse á semejante
profanacioll. Ni la muerte misma suavizaba esta inaudita tiranía; por-
que si no habia con qué pagar el entierro, se abandonaba el cadá-
Ver insepulto á los perros y á los buitres; y si el difunto dejaba
algo, se le hazian por fuerza suntuosas exequias contra la voluntad
de sns parientes, obligados despues á pagar la enorme cuenta, contra
la cual no era admisible ningun reparo. La instruccion cristiana que
unos pastores tan codiciosos y disolutos daban á sus feligreses, bien
~ 'puede colcjir cual seria. Todos ~llos estadan en la ignorancia mas
deplorable acerca de los principios ,mas .sencillos de la .fclijion, . y




243
apenas sabian responder á. una sola pregunta de las mas comuncs del
catecismo. Es dolorosa, pero mui cierta la conclusion que de esto
sacan nUestros juiziosos autores, cuaudo dicen: "si bien se exami-
na, se hallará que aunque aquellas gentes se llaman convertidas, es
tan poco el progreso que han hecho en la relijion, que será difícil
discernir la diferencia que hai del estado en que se hallaban cuando
fueron conquistados, al estado en que se hallan al presente." (Pag.353)


Con lo dicho hasta aquí hai bastante, y aun sobrado para dar á
nuestros lectores una idea de esta singularísima produccion;' pero nos
creemos obligados á contestar brevemente, aunque con repugnancia á
las reflexiones que con ocasioll de analizarla haze al fin de su ar-
tículo el escritor del Quarlerly Review.


Despues de indicar las utilidades (iue de su lectura pueden y deben
sacar los llispano-amerieanos tanto en benelizio de los indios, como de


"sí mismos para prosperar en la nueva existencia que les ha dado la
separacion .de la madre patria, se esplica así acerca de esto último.


"Confesamos en verdad que á vezes vienen, á inquietarnos los re-
zelos mas desagradables en este punto; porque los americanos, digan
10 que quieran, al cabo son españoles: su lengua, su relijion, y sus
costumbres, y su educacion j)olÍtica y moral son idénticas; mucha
mas confianza nos inspirarian, si las tachas que les ponen sus anti-
guos dominadores en cuanto á la mezcla de la sangre, fuesen mas
fundadas de lo que en realidad puede admitirse. Ciertamente que
es imposible ver á un español ó á alguno de sus descendientes sin
sentir un movimiento involuntario de aprecio; hai en su exterior un
atractivo y una gentileza con cierto lijero tinte de orientalismo en
BUS. modales heredado. de los moros, que el individuo irresistible-
mente nos gana la \'oluntad, haziéndonos olvidar 108 defectos de Sil
carácter, que son la causa verdadera de la decadencia de su nazion.
Pero los americanos, lo mismo que los españoles, están destituidos de
aquella costumbre y afizion al traoajo que á este pais y al Nortfl-
América dan tanto ascendiente sobre los demas pueblos del mundo;
tienen un verdadero deleite en la dejadez; la puntuaJidlld para ellus
es un penoso trabajo, y casi siempre quieren mas sujetarse á. cual-
quier molestia, que dar un paso por evitarla. Esta indolencia, cual-
quiera que sean las causas de donde se orijine, es la que en rea:-
lidad produze la estrema desgracia que ha caido sobre ellos, y miéntras
no dén mas señales de actividad· y enerjía, es preciso que vayan muí




244
en zaga oÍ las demas nazi-ones. Creemos J¡ue en lnglatena no se tie.
na· todavía una idea exacta de esto que decimos, porque no éesamOlf
de oir -en muchas concurrencias grandes elogios de la paciencia y re··
signada fortaleza con que los refujiados de la Península sufren su
suerte .. No quisiéramos nosotros decir nada que entibiase el fervor
de ·]a caridad pública que sostiene á estaS pobres gentes, pero es
imposible negar que solo esa indiferencia con quc miran el bren-
estar personal y el luzimiento que da al individuo el presentarse de
un modo correspondiente á su clase, es la verdadera causa de sus des-
gracias nazionales. Cuando media dozena de f,spañoles viven en Lón-
dres en una guardilla con lo que no bastaria para el sustento de
dos ingleses, y no solo viven, sino que t:enen un uuen pasar, ó á, lo
ménos sufren y callan, es que, en nuestro entender, los sostiene ca-
balmente la misma clase de sentimientos que haze que la gran masa
de sus compatriotas aguanten la tiranía estaulezida en España. En-
castellano dan á esto el nombre de altivez ó dignidad, pero en in ..
gles se llama apatía. Supongamos por un instante cambiadas las .suer-
tes, y que hai en Madrid otros tantos refujiados iugleses como es-
pañoles hai en Londres: t se contentarian los ingleses con _ fumar su
cigarro y decir qu~ ¡'uede la bola! habiendo en ~u patria un gobierno
como el de Fernado VII ó nn ejérzito protector como el de del
Delfin ?"


Así el del Quarterly Review (núm. LXX p.346) á quie~, salva la
correspondiente venia, contestarémos en pocas palabras, porque la na-
turaleza de esta su mal rebozada diatriba nos da 3rqlas tan ventajo-
sas, que nuestra generosidad no permite que nos prevalgamos de ellas;
pero á lo ménos mostrarémos esta vez, y todas cuantas se nos dé oca-
sion para ello, que no somos tan indiferentes ni tan sufridos como se nos
supone. Sin embargo tan poco quisiéramos nosotros por cuanto hai en
el mundo, que nuestra respuesta diese lugar á que sus com,patriotas
tuviesen á este docto, circunspecto y bien intencionado escritor por
hombre de malas entrañas, ó por cabeza lijera, ó por uno de aquellos
sabiondos á quienes arrastra el prurito de querer acertar con el por-
qué de todas las cosas. El no quiere privarnos de los benéfico!t efec-
tos de la compasion de los ingleses,. aunque les dice que no tenemos
por qué ser compadezidos; luego tampoco debemos nosotros perjudi_
carle en su reputacion de infalible y recto, aunque demostremos que
es falso é injusto Jo que dice sohre la materia.·




245


No sabemos cuándo ni lH~5ta qué punto llegará.n 101 nuevos esta-
dos hispano-americanos á consolidar los gobiernos libres ,en que.lJe han
constituido; pero aseguramos que serán otras tantas grande~ naziOlllls,
virtnosas, ricas y felizes, si ayudados de los progresos de la raZoD, y
de las ventajas con que están situados, siguen los impulsos de la san-
gre que corre en sus venas imitando las gloriosas acciones dE" muchoi
españoles sus antepasados, los cuales en tiempos ménos favorables que
los que ellos alcanzan, hizieron grandes servicios á la patria y al li-
naje humano en todo género de laudables empresas. Entóllces la Es-
paña, con tan plausibles títulos como hoi la Inglaterra y el Norte Amé-
rica, tenia grande ascendiente sobre todo el resto del mundo; si hoi
no le tiene ya, ·es aca~o porque filé demasiado temprana en tenerlo,
y no por la propension de sus hijos á la dejadez, pues han dado prue-
bas bien relevantes de poseer virtudes bien contrarias á este vicio.
Si nosotros usásemos la perversa lójica de disculparnos culpando á las
demas, podriamos citar las oprobiosas pájinas de la historia de otras
naziones, hoi libres y opulentas, que han dejado el ejemplo de la apa-
tía mas vergonzosa en "tedio de la opresion mas degradante por es-
pacio de muchos reinados. Con harto dolor reconozemos que en la
era presente ha cabido á nuestra patria la triste suerte de ocupar el
lugar Ínfimo en la rueda de la fortuna; pero en verdad que, si se
consultan imparcialmente los sucesos de los últimos veinte años, no
permite la buena fé que los males que padezemos se achaquen á nues-
tra indolencia y desidia para emprender cosas arduas; rejístrense Jos
misterioso~ archivos de la diplomacia de las que hoi se llaman gran-
des naziones, y en ellos, se encontrarán algunas causas harto mas in-
mediatas de nuestra actual decadencia.


En cuanto á los españoles refujiados, precisamente el estar aCQS-
tumbrados á los gozes y conveniencias para los cuales se les supone
sin apego, cabalmente el verse repentinamente privados de este COll-
horte y decoroso luzimiento en medio de un pueblo fioreziente, don_
de por desgracia abunda en todas las clases (ann en la de los escri-
tores) el vulgo que so Jo juzga por las apariencias: justamente por esto
mismo se aumentan sus padezimientos; y sufriéndolos en paciencia se
hazen mas dignos de la generosidad con que los trata el gobierno y
la, noble nazion inglesa, que sí dejándose llevar de la impresion que
pudieran hazer en ellos uuas invectivas' tan irritantes como la del es-
critor del Quarlcrl!j Rcvicw, prorUmpiE'riln Cll" clamores inmodestos y




246
demostraciones estrppitos.a~. De los españoles que en r.óndres viven
en guardillas, muchos han ocupado suntuosas habitaciones, y casi to-
dos han desconozido hasta aora la indijencia, merced á los medios
decorosos que les han proporcionado sus propiedades, sus nobles pro-
fesiones, ó sus respetables empleos, y no á·las escandalosas estafas con
que los ya viciados en UII lujo ilícito vienen á formar, al arruinarse sus
mal adquiridas fortunas, esa clase de hombres que, viéndose abando-
nados de la virtud, no tieuen fortaleza para luchar con la adversidad,
la pobreza, y las privaciones. ¿ Qué estraño. es pues que. dos de estos
miserables no puedan resignarse á vivir con lo que sostendria á doce
honrados españoles, ingleses 6 tudl'scos, pues la virtud es de todos
los paises, y las comparaciones, como dice el mismo escritor á quien
respondemos, son odiosas en lodos los idiomas? ,< Comparisons, our
author seems to forget, are as odioua in spanish as in other idioms",
dice el del Quarterly á la pág. 348 impuguando un pasaje del Sr.
Navarrete: olvidado sin duda de que en la pág. 346 acaba de sacar á
plaza la ridícula comparacion entre españoles refujiados en Lóndres,
é ingleses que lo estuviesen en Madrid bajo las mismas circunstan-
cias. Por mas que hemos buscado la diferencia á que se afecta alu-
cir con este curioso juego de cubiletes, no hallamos otra que la de
'lue los ingleses eu Madrid probablemente se distraerian vaciando al-
gunas botellas de buen vino de Valdepeñas: recurso barato en nues-
tra tierra,. á pesar del gobierno de Fertlando VII y del ejérzito pro-
tector del Delfin, y mas eficaz para esplllltar males, y aun para em-
prender grandes hechos, que no el humo del tabaco, á que los espa-
ñoles refujiados en Lóndres se hallan por ahora reduzidos para efec-
tuar la contra-revoluciono Perdonen nuestros lectores si al llegar á·
este pasaje, nuestra indignacion se ha convertido en risa. ¿ Qué me-
jor respuesta podriamos dar á una provocacion tan insidiosa como des-
preciable?


CANTO DEL TIBER.


Al recibir las lláos
Del Tíber el tesoro
Que apresta la política rumana,
Para hundir en un Cá08
De esclavitud el Ínclito decoro
De la libre familia lusit.ma:




247


Viendo este desvarío
De la santa ciudad, le habl6 asi el rio:


¿ Qué intentas, qué maquinas,
Ciega corte ostinada ?
¿ Aherrojar al orbe con cadenas?
¿ La cruz sobre ru·inas
Quieres de libertad ver arbolada,
y en lóbregas mazmorras sarracenas
Católicos estados
Sumerjir, con templanza gobernados?


i Ai! Esa tu rabiosa
Sed de terreno imperio
Qué desastres, qué luto no acarrea!
¿ No ves triste, .llorosa
La Iglesia henchir de llanto el suelo esperio,
Al relumbrar la lanza qlle blandea
I3razo que deberia
Darle la paz que el Salvador cm"ia?


y el ansia con que alanza
'fu furibunda liga
De5de la Carpetania espanto y muerte,
Para tomar venganza
Del noble hispano que en su pecho abriga
De su patria el amor, y del que vierte
La sangre por el fuero
Que se diera al fundarse el pueblo ibero?


Tan sin pudor profauas
El sacro Apostolado,
Que apostóticas juntas apellidas
Las gavillas insanas
De un mísero divan enmascarado,
Caudillo de lejiones forajidas.
¿ Asi los nombres mudas?
¿ No hai mas apóstol para tí que .Túdas?


Júdas, que hácia el collado
Que á. la Verdad guareze,
En alas vuela de cruel perfidia,
Conduziendo un armado




148


Tropel del Sanhedrin que la aborreze,
Llevándola á la muerte por envidia:
y á traicion la prende
Despues que con vil ósculo la vende.


¿ Viste acaso en sus dias
A Pedro alzar bandera
Al frente de guerreros campeones?
O de estas aguas mias
Escuadras env'iar ó una galera
Sola á oprimir pazÍncas rejiones
De isla ó continente
Do fuera el pueblo libre, independiente?


i Oh! cuál, por el abuso
De tu poder, te expones
Al escarnio! i Cuál manchas el decoro
Del que la vida puso
Por hazer libres reinos y naúones!
Por negro hierro el esplendor del oro
Cambias del alma esposa
Que es por la lei de libertad hermosa.


Llamas de los altares
A los facinerosos
Defensores; del trono, á los perjuros:
En dolosos cantares,
Do se exhorta á la sangre, los facciosos
Se dau en la matanza por seguros;
y la gente perdida
Clama que por la fe va á dar la vida.


Grata la acometida
De . esta hueste inhumana
Es para tí: sagrada la bandera
Que desde tu bastida
Atrajo esta cuadrilla por tí ufana:
De tí el aplauso y el laurel espera.
De la Tarpeya roca
La cruzada salió que la convoca.


y el furor con que impele
A ser,uir esta guerra




H:9


Oro de tus entrañas arranCMio:
Oro qne no te duele,
Porque si logras sojuzgar la tierra,
Recobrarle confías tresdoblado:
y la tenaz porfía
De un ingrato monarca y su falsía.


Tuyo es el hollamiento
Del público derecho
Que enlaza con sus reyes las naziones:
Tuyo el asolamiento
De orijinarios pactos, que el cohe::ho
y el engaño snjeta á intenencioues.
Por tí el lazo disuelto
De los príncipes es, y el pueblo absut'lto.


Porque así te entronizas
Sobre estados estraños,
y avanzas tu soñado poderío;
y la discordia atizas
Que encona rabadanes y rebaños,
Cismático llamando, y aun impío,
Al que desenvainadas
Ko sufre ver por tí las dos espadas.


y al que solo en los .beyes
y Czares, desafueros
Tiránicos arlmite, que no atienden
A sacrosantas leyes
Por do el regio poder á sus linderos
Torna, ni de los códigos dependen
Do la pauta es prescrita
Que el mando de los déspotas limita.


Ya, ya ~a trompa suena
Que á una campal batalla
Llama contra tí el orbe: el arco asesta
Desde su sacra almena
De morrIon guarnida y fuerte malla
La religion que tu :::.ltivez ctetesbt:
Derrocada la. furia
Va á. ser ya y el orgullo de tu curia.


G 2






150
Porque con suelta rienda,


Por mas que el furor dores,
Acosas de tu plan á los rivales:
Desconozes la senda
Derecha por do fueron tus mayores,
y enturbiando los célicos raudales,
A Gregorio primero
Del séptimo antepones el acero.


¡ Oh! no dés la victoria
Al quc de tí blasfema,
Oh Dios de los ejércitos! El muro
No asalte de tu gloria
Quien para daño en tu barquilla rema,
Guiándola er:tre escollos á seguro
Naufragio, si no fueras
Con ella tú hasta el fin, v la rijieras.


Ya de hói mas no se di~a
Que de súbditos siervos,
Por despóticos tronos sojuzgados,
Solo es tu Iglcsia amiga:
y que arroja de sí como protervoH
A los que son por pacto libertados,
Y no admite en su seno
Sino el derecho público agareno.


De improviso tu ira
Caiga sobre este engaño:
Salva á la sencillez de los anlidcs
Del padre oe mentira:
En tu viña no cause ya mas daño
La infiel langosta que taló tus yides:
Sea el rebaño cierto
De que cs tu aprisco de las leyes puerto.


y el Ímpetu ferino
Contén de mayorales
Convertidos en lobos carnizeros,
Que con pecho sanguino
Exhortan en tu nombre á los za\\":'lle~
.'" destrizar ü .. ,~j:\s y eonl.:ros;




251


Tu rcdil cn sentina
Convirtiendo de estrago y de ru·ina.


Aquí el rio llegára,
Cuando en el Vaticano
Suena de alarbes hordas alarido,
Que avanzando una algara,


'A entrar va al orbe libre á. sacomallO.
Párase á oir el súbito ru'ido
El rio, y se estremeze;
y en su cauce se hunde, y enmudeze.


---0---
MISCELANK\.


Estado en que se encontraba la hazienda federal de la república de
Méjico en el dia 1 de enero del presente año de 1827.


Durante la impresion del presente número, ha llegado á nuestras
manos la memoria que el Sr. D. Ignacio Esteba, secretario de esta-
do y del despacho de hazienda de Méjico, leyó eu los di as 3 )" 4
de enero de este año á la cámara de los diputr,do~ del congreso
general de la república y al senado. Su contenido es de tal impor-
tancia, que nos obliga á hablar de ella en este Jugar, aunque alte-
rando el que debía haber ocupado en la clase de las ciencias polí-
ticas y morales.


El Sr. Esteba demuestra documentalmente la situacion bri-
llante de la hazicnda pública de Méjico en el año que con-
cluyó en 1826. Es tal, que despues de cubierta's todas las obli-
gaciones corrientes y el pago de muchos créditos atrasados, han que-
dado sobrantes ... _ .. _ . . . . . . . . . . . ... . 1.658,fl22 pes. 2 rs. 2 granos
adcmas de las existencias en b renta
del tabaco que llegail á.............. 10.276,492 7 6


Es á la verdad mui oportuna la comparacion que se haze de los produc-
tos de las rentas de la república desdc el año de 1823 !>asta el dia, por
ser el medio mas seguro de apreciar el estado de la hazienda pues, como
dice S. E., "las demostraciones' son el idiuma que debe usar todo


funcionario público cuando da cuenta de sus operaciones á la nazion.
De ellas resulta que los pr'odllctos de las rentas ascendieron.


En el año de 182.3 á.. .. .. .. . 5.409,722 pesos.
En el de 1824 á ...................... " 8,452,828
En el de 1825 á ..
En ('1 (le IR2fi a ..... .


1.3.16-1,644
lU:'i(),3::)




252
Tan feliz resultado da un derecho inconte ;table al Sr. ~eci'etario


Esteba para gozarse en la satisJaccion que le cabe, de que en el
tiempo que ha estado á su cargo la adminislracion y direccion de
la hazienda, se hayan conseguido unos progresos tan crezidos, que ha-
zen desaparezer los anteriores apuros ó escase:::, y cubrir con des ao-
go todas las cargas; así como han enjugado las lágrimas de mu-
chos desgraciados, pagándoles de sueldos atrasados del tiempo de sus
antecesores mas de 1.000,000 de pesos.


Si dicho Sr. le lisonje1. ¡;n prese¡dar á la cámura resultados tan
gratos, y únicos en nuestn. opinion, para consolidar la libertad de
la república, y para alejar de ella las convulsiones y los trastornos,
compañeros inseparables de las penurias del erario; nosotros no po-
demos rnénos de congratularnos con aquel personaje y con la nazion
mejicana, tomando una parte tan inmediata en su próspera situa-
cian financiera, cuanto la hemos vaticinado en el mes de setiembre
de 1825, cuando osamos conortar á S. E. con la dut~ esperanza de
que los apuros que le rodeaban tendrian un pronto término (*), y
cuando creimos que los productos de las rentas serian casi iguales á
los que, segun las cuentas que hoi se presentan, IJan rendido en el
año último (t).


Los datos de fe irrecusable que se contienen cn la memoria del
Sr. Esteba, descubren la abundancia del erario de Méjico. Segun
ellos.


1.
Los valores líq;.lidos de todas las rentas, derechos, donativos y arbitrios


en el año corrido desde 1825 á 1826, ascendieroll á. 1.'3.667,637 p. 5 2 (:1:)
sobre un producto íntegro de ............... ,.. 14.770,733 1 11


Los rendimientos líquidos de las rentas fijas, y digámoslo así, es-
tables de la república fueron, á saber:


Continjente de los estados ............. .
Aduanas marítimas .................... .
Id. de los territorios ................... .
Id. interiores ....................... " .
Tabaco ............................. '" .


1.368,452
6'414,333


198,193
243,056


1.356,127


pesos.


(4) 'Folio 260, n. 18 del presente periódico; época primera: folio 321 n.
25 ídem.


(t) Idcm folio S81,
(t) Folio 20 de la memoria.




253
;:)u alcabala ............................. .
P6IYora ................... , ............ .
Correos ................................ .
Lotería ..... " .......................... .
Salinas ................................. .
Casas de moneda ....................... .
Inqnisicion ............................. .
Temporalidades ......................... .
Dos por ciento de plata ................ .
Directa ........ " ...................... .
Papel sellado .......................... .
Pulques ............................. " ..
Derechos de ensayes .................... .
Id. de plata y oro ..................... .
Diezmos eclesiásticos .................... .
AyerÍa ................................ .
Peajes ........................ " ...... .


5,499
]32,522
87,462
49,153
44,921
15,607
15,010
21,475
48,525
7,056


434
29,353


1,321
17,807


194,679
b28,850


45,542


10.826,727


Lae aduanas marítimas tuvieron un aumento
de..... . .. .. .. . . . .. . .. .. . .. .. .. . .. . . .. .. .. 824,296 4 4


Las dc los territorios, de................. 179,439
Valores liquidas que han rendidu las aduanas marítimas.


La de Acapulco.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... 408,271
La de Alvarado ....................... " 565,172
La de Bacabar .......................... .
La de Campeche ........................ .
La de Guaimas ......................... .
La de Gualacoalcos ...................... .
La de Hllatllco ......................... .
La de Manzanillo ........... " ........... .
La de Mazatlar ...............•.........
La de Pueblo Viejo .................... .
La de Refujio .......................... .
La de Han BIas ......................... .
La de Sisal ............................ .


H9,550
10,913


2,303
2,889


117,172
467,566
144,203


87,i81
75,119




254
La de Soto la Marina ................ ,
La de Tabasco ........................ .
La de Tampico ............. , ..... " ... .
La de Vera Cruz ..................... .
La de la Isla del Cármen .............. .


220,339
31,185


374,627
1.731,087


17,799


6.404,437


Valores liquidas que han rendido tas aduanas ele los territorios.


La de Colima ................. " ....... .
La de Méjico ......................... .
La de Nuevo Méjico .................... .
La de Tlaxcala ........................ .
La de Comitan ...................... " .
Aduanas interiores ..................... .


Suma .................. .
Total valor íntegro ....... .


7,153
169,393


12,976
7,975


695
243,056


6.845,624
7.04:¡,S36


Los estados, á cuenta de 1.573,756 pesos de sus continjentes, han
aprontado. . . • . . . . . . . . . . . . . . . . .. . .. . . . .. . .. . .. . 1.368452 fi 2
quedando á deber............................ 205,303 1 10


La renta del tabaco aumentó los valores en. . 559,695 2 5


Renta del tabaco.


Recaudado en 1826 por ventas.......... 1. 577,1l 7 6 11
Gastos de administracion ............... .
1(1. de fletes y conducciones ......••.•...


55,194
lfi5,79fi


6
2 10


Líquido producto........ 1.056,127 3 7


La de pólvora en .. : ................... . 33,86fi 6
La de correos ..................... , ..... ' 103,Olfi 2 8
La de salinas .................... ' .... . 7,896 2 ;)
La de pulques ....................... . 27,158 4 2
La cas a de moneda dió un au men to de ..... . 3,390 3 4


LJ. república de Méjico tiene en el día 5 casas de moneda en
,




255
las cuales se acuñaron desde setiembre de 1825 á junio de 1826 las
sumas siguientes.


Casas. Oro Plata Total. pesos. pesos.
------- ------


Méjico ....... 573,024 2.733,221 3 6 3.306,245 3 6
Guanajato ... " 539,978 539,978
Zacateca s .... 2.427,844 2.427,844
Guadalajara ... 30,047 369,078 6 400,025 6
Dl'fango ...... 789,207 789,207


----


603,971 6.859,329 1 6 7.163,3001 6
------


Epoca. desde las cuales corren las ca.sas por cuenta del gobierno,;y
cantidades que se acuñaron desde dichas épocas hasta el año de 1826.


Año de 1733, Méjico, {en oro •...•••• 63.365,406
en plata ...•.. 1,318.853,130 :3


Año de 1812, Guanajllato, en plata ..•• 3.024,194
Año de 1810, Zacatecas, en plata ..••.. 32.108,185 1 ti


Año de 1812, Guadalajara, ~en oro .... 225,632
en plata ... 5.659,159 7 9


Año de 1811, Durango, en plata ....... 7.483,6'26 4
Año de 1811, Chihuaga, en oro ........ 3.603~6GÜ
Año de 1810, Sombrerete, en plata ••.. 1.561,2·19 2


Total acuñado en 93 años.. .. 1,455.658,611 2 3


Acuí'iacion hecha en la casa de Méjico desde setiembre de 1825 tÍ
junio de 1826.


Utilidad de la labor de 321,021 marcos, 6 onzas, 7 ochavos, 3
tomines de plata acuñada, á razon de 2 rs. marco.... . 80,255 3 5


t


Febles de id.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4,535 4 5
Utilidad de la labor de 4,206 marcos, 7 onzas,


7 ochavas, 4 tomines y 2 granos de oro á dos rs.
marco ................................... .


Febles de id ......................... .
Descuento por fundicio/l y otros ........ .


1,051 5 i
874 1
08,271:~ 7




256


Id. p:lr manufacturas de apartado en los me-
tales llJixtos de oro y plata, á '2 rs. marco .....•


Total producto ....... .


Gastos de labor, sueldos, jornales y compra


15,61 I 6


170,670 ,


de materiales... . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155,362 2 4


Producto líquido ....... . 15,607 5 8


Los ga5tos públicos de la nazion llegan á .... 13.363,091 7 10
Primero, en ellos el ministerio de relaciones


exteriores entra con ...•.............•....
La Iegacion de Lóndres COIl ...•.•..••.•
Id. la de los Estados U nidos con ........ .
Id. la de Colombia con .•................
Id. la de Roma con ................... .
Segundo, el ministerio de justicia JI negocios


234,082 6
20,000
14,700
12,000
15,000


con eclesiásticos..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 226,098
Tercero, el ministerio de guerra con... . . . ... 7.787,233 J 9
Cuarto, el ministerio de marina con... . . . ... 1.309,045 3 2


Fuerza.-12 batallones de infantería perrnanente.-8 de rnilicia.-
12 rejimientos de caballería permanente.-33 compañías id.-JI id.
de infantería y caballería.-3 escuadrones y 3 compañías de guarda
costas.-15 compañías de ¡nilieia activa de eaballcrÍa.-2 compañías de
inválidos.-3 brigadas de artillería.


Armada.-l navÍo.-2 fragatas.-4 bergantines.-l corbeta.-4 ea-
ñoneras.-7 goletas.


Quinto, el ministerio de hacienda con.. . .. . 5.085,685
En los artículos del gasto se present;~ el que hazen las dos


cámaras con............................... 402,061 pesos.
El presidente y. vice-presidente con.. . . . . . . . . . 46,000
La tesorería general con... . . . . . . . . . . . . . . . . . 44,623
Compra de la cosechadeltabaco de Orizaba, Cór-


doba y Jalapa, 20,000 tercios de á 172 libras
á 21's. 6 granos .........................•


Gastos de fabricacíon ..................... .
Réditos del préstamo de Goldsmith al5 por ciento ..
Id. de Barday, Herring al 6 ............. .


1.075,000
356,553
973,603


1.136,000




251


Resultan suprimirlas \·arias eanongías, cuyas rentas anuales ascienden
á 240,000 pesos.


Faltariamos á la inflex.ible imparcialidad que nos caracteriza, si al
terminar este artículo 1\0 reprodujéramos con mayor fuerza que lo
hizimos el año próx.imo pasado (*), el tributo de nuestra alabanza
y de nuestros respetos al supremo poder ejecutivo, y al señor secretario
del despacho de la hacienda de Méjico, á cuyos e,fuerzos é inteli.
jencia se debe el aspecto lisonjero de esta parte tan preciosa del go-
bierno. Cuando el curso del tiempo y las circunstancias paJíticas lle-
guen á realizar algunas reformas en los gastos, que aun pueden ha-
zerse y que son obra de la tranquilidad, se podrá esperar con funda-
mento que la república mejicana, libre de la deuda actual que boi
reconoze y que es mui pequeña atendidos sus recursos, y aumentando
los ingresos de su erario al compas de los progresos que hará su agricul-
tura y su industria, rivalizará. con la nueva y grande nazion america-
na, que enseña con su ejemplo á. las demas el camino de la verdade-
ra grandeza. Y Méjico tIue ha adoptado sus bases constitucionales,
y que en los primeros momentos de su Iiberta[l ofreze ya en el te-
soro público la imájcn de la abundancia, del órden y del concierto,
¿ no podrá lisonjearse de competir con la repúhlica fundada por el
inmortal 'Vashington?


Discurso de apertura del congreso mejicano, pronunciado por el
presidente de aquella república elIde enet'o de ] 827.


Este supremo jefe se eongratula de la progresiva prosperidad en qu~
va caminando el estado. Anuncia que los tratados con Inglaterra, de-
finitivamente aclarados por el enviado estraordinarÍo qUI! al efecto
pasó á ,Londres, ocuparán la atencion del congreso este año. Las
relaciones amistosas con los paises estranjeros se estienden y consoli-
dan, habiéndose nombrado un cónsul para Gibraltar, y autorizádose
un encargado de negocios cerca del rei de los Paises Bajos, cuyo cón-
sul general y vice-cónsul han recibido el exequaiur de la república.
Las relaciones con Francia se presentan bajo un punto de vista li-
sonjero, asegurándose que aquel gobierno ha empleado sus consejos
amigables para hazer que la España reconozca la independencia de
América; "resta sin embargo (dice el presidente) que estas relacio-
Des acahen de fijarse en términos' mas francos, que inspiren absoluta


(*) 'Folio. 315 y 3Hl. 11. 2:3, ~l'nr~ p"imera del prc~ente periódico.
Q !f




confianza á los súbditos de ambas naziones, para estréchar definiti-
vamente los intereses recíprocos." Las ciudades anséaticas tienen en
Méjico un comisario jeneral de comercio, en cuya virtud reside en
Hamburgo un ajente mejicano. Los ajentes comerciales de Prusia,
Baviera y W urtemberg, están próximos á instalarse ~egun las últimas
jestiones hechas por sus respectivas córtes. Los tratados de amistad~
navegacion y comercio con la república de Norte-América se han pa-
sado á las cámaras para su exámen, y la comision científica de límites
con aquellos estados emprenderá sus trabajo. luego que se autorize el
presupuesto de sus gastos. Tambien se presentarán á las cámaras los
tratados ajustados con lo~ plenipotenciarios de otras repúblicas, en el
congreso de Panamá, cuyas sesiones han de continuarse en TaculJaya.
Se han estrechado las conexiones con Guatemala y Chile, y las enta-
bladas con Colombia continuarán bajo la mas estrecha abstinencia de
intervenir en el cambio de la constitucion de aquella república, que
el presidente de la de Méjico presenta como mui probable que su-
ceda próximamente. En cuanto á la sÍtuacion interior de la repúbli-
ca, se presentan sus rentas mas que duplicadas desde el año 1823,
resultando disminuido el presupuesto general por hallarse ya cubiertas
muchas de las principales atenciones: se meditan mejoras en el sis-
tema de aduanas, se atiende á afianzar mas y mas el crédito lIazio-
Dal en los paises estranjeros; se anuncian felizes resultados en las em-
presas de minas; se han asentado las bases para establezer un museo
nazional; el beneficio de la vacnna se ha jeneralizado en todo el ter-
ritorio de la república; se va á poner en práctica la benéfica lei de
caminos; se recomienda la urgente promulgacion de la de instruccion
pública, cuyos progresos son mui lisonjeros; se forma y organiza un
archivo general; se llama la atencion del congreso sobre la necesidad
de tijar con madurez los límites de la libertad de imprenta; se tra-
baja en el establezimiento y circunscripcion de los tribunales segun
laconstitucion; se ha disminuido el número de malhechores; se in-
siste en la reasuncion del t'jerzicio del derecho de patronato por el
gobierno de la república; finalmente, el ejérzito, la marina', la in s-
truccion militar y demas ramos de prosperidad pública se presentan
bajo un pie de fund;das esperanzas y de actual mejora, que da una
idea mui lisonjera de la situacion en que se halla la república de
Méjico.




2-59


El MEJICANO OCUPADO, folleto impreso en MéjicO'.


Contestaríamos gustosos al autor de un cuaderno impreso en Mé.-
jico en la imprenta de Rivera con el título de: 4 los españole9
ociosos en Lóndres un mejicano ocupado, alegando nuevas pruebas pa-
ra robustezer cuanto dijimos en los números 18 y 20 de la serie primera.
de este periódico, sobre la memoria del Sr. Esteva, rebatiendo los
argumentos de nuestro impugnador con la calma moderada de que ha-
zemos alarde, si no nos contuviera el l'ezelo de distraer inútilmente
á nuestros lectores con una materia, que segun el mejicano ocupado,
está ya concluida, y que solo sirve para dctr vida á las frias ceni-
'Zas del venzido, y si decididos por educacion y por lo que nos de-
bemos á nosotros mismos y al público, á. tratar las cuestiones con
la urbanidad que exije la decencia, no hubiéramos adoptado por base
invariable de nuestra conducta, como periodistas, responder con el
silencio de la compasion á los desahogos del desacato, que juegan
mui mal en materias literarías y políticas. Los sabios, á la verdad
imparciales, que colman de elogios superiores á su mérito, á. nuestro
periódico, sin mas que cotejar lo que hemos dicho y el modo con
que nos hemos csplicado sohre la ohra financiera del Sr. Esteva, con
el estilo y los datos con que se procura contestarnos, conozerán de
qué part;.e está la razon, la cual huye siempre de las banderas de la
injuria y de la chocarrería.


Cuando escribimos el artículo á que se refiere el mejicano ocupado,
hemos usado del derecho que todos tienen para dar su dictámen so-
bre las. operaciones de los ministros, del mismo modo que lo ejecuta
el impugnador de la memoria que el Sr. Canga Argüelles leyó á las
cortes de Madrid en 1820, y que lo haze el mejicano copiando va-
rios pasajes de esta insustancial censura, aunque sin hazerse carg()
de las respuestas concluyentes que se le han dado.


Protestamos, que ni la venganza, ni la personalidad, ni el resen-
timiento, ni la imitacion á Balaan, ni las ofertas del rei de Moab~
ni el estímulo de las pasiones ajenas, han movido nuestras plamas.
El Sr. Esteya no nos está. ligado por injurias ni por beneficios, por
amistad, por odio, ni por re\aciones públicas ni secretas, oficiales, ni domés-
ticas de alguna especie. No hemos tenido noticia de su persona ni hemos
visto produccion alguna de su notorio talento, hasta que le vimos al
frcnte del ministerio de la hazienda del Hanahuac, ni la conciencia
nos acusa de haberle mortificado con nuestra conducta anterior al in-




260
fwtunio que 'úru¡ rodea: siendo á nuestros ojos altamente pllcl'il el1'e-
stlnt~tniento que se nos atribuye, á saber: de que ~ste naze <t de la
diffiateBcion del supremo gobierno' mqjicano á la súplica estampada
poli los, españoles cmigrados al folio 252, n? 1 S, de conseguir UlZ asilo
ge11&TOSO en dicha república para muchos de sus antiguos hermanos,"
SieJnpre, que el impugnador nos demuestre lo que dice acerca de
lHlestra. súplica, con las literales espresiones de mlestro pel'iódico,
así ,coOloque el Sr. Esteva ha sido el ajente impulsivo de su repulsa,
cPllfc¡¡arelllUS que su delicadeza tuvo motivos para poderlJos creer ofen-
didos; bien que aHU en este caso mas bien seguiría su opillion ,que
la nuestra, que no conoce estos melindres, propios de bombres mé-
nos injuriados que nosotros por la fortuna, Los editores de los Ocios,
por, su propio impulso y sin gestil)n alguna de sus hermanQS, no ban
hecho súplica alguna en nombre de estos, y únicamente se limitaron
á m,aIiifestar su opinion en la materia, creyendo bazer un bien á
las Américas, mas sin pretender atraer la de los gobiernos de ellas,
que mas sabios y entendidos que nosotros, conozerán mejor lo que
mas pueda convenir á las nuevas repúblicas,
, Disimulamos al mejicano la injuria que uos haze en suponer, 'que
nos hemos dejado arrastrar por el aliciente de la oferta del rei de
Moab. Nnestros principios resisten una vileza tal cual gratuitamente
Se ,n,os atribuye, porque no se nos conoze. Si el 1llqjicano hubiera te-
nido noticia de nuestra biografía, sabria que ni el rei de Moab, ni
el emperador de la China, ni el poder de los Incas y de Analmac,
ni < el moro Tarfe son bastante poderosos para doblegar nuestra entereza, <
que es hija de nuestro carácter, y si se quiere del honor propi0 de los
qJl~ el mejicano con sarcasmo llama Iberos envanecidos, derramando
sin querer, el ridículo sobre sí mismo, pues que seguramente se pre-
c~ará de deber su oríjen á esta raza que el supone vana, y otros
apellidan noble y honrada.


--o--
CARTAS DE UN EMIGRADO.


CARTA IJ.


Sobre la fuerza militar de Lúndres.
Amigo mio: no me causa admiracion el que V. se. resista á creer


lo que le dije relativo á que el inmenso pueblo de Lóndres se ma-
rn,:'ja sin el opresivo aparato de las hayonetas, porque igual sorpresa
<Jue á V. el oirlo, nos causó á los emigrados el observarlo. Acos-
tumbrados á disfrutar los inocentes plazeres de la sociedad, mezcla-




261
dos con el recuerdo perenne que la fuerza pública nos ha'lé dé la lle·
cesidad en que estamos de guard'¡r las reglas del decoro y' del orlo
den en medio de los festines públicos, nos llenábamos de admiraeion
al Tecorer las callea sin encontrar un soldado; y en un prindptot noS
creiamos 'es puestos á sufrir mil males por efecto de esta, parano8o:'
tras, nueva policia. Pero i lo que puede la educacion apoy41<la en
leyes sabias exactamente ob~rvadas! En Londres no se oye el ruidó
pavoroso de los tambores, no se tropieza con las armas, no se en-
cuentran lns inútiles' rondas que en España no pocas vezeS incomo-
dan a los vecinos, y jamas impid('n el exceso. El inmenso número
de sus habitantes recorre las caBes dia y noche con entera seguri.
dad: nadie grita, nadie insulta á otro, no hai perros vagamundos
que alteren como en Madrid el sueño, no se hallan asquerosos é im-
portunos pordioseros, y no se cometen robos con el descaro que en
otras capitales . Nada tan frecuente como ver á las señoras recorrer
solas las calles á todas horas, sin que les ocurra la idea de sufrir al-
gun desacato.


Enfin, amigo mio, bástele á V. saber que toda la fuerza militar
de Londres se reduze á dos rejimientos de milicia de 2,200 hom.
bres, sacados á la suerte. Los oficiales los nombran los comisarios
de la lugartenencia del rei. U no de ellos puede ponerse en cier-
tos CllSOS bajo el mando de algun general y ~alir de la capital hasta
12 millas. El otro permaneze siempre en Lóndres. Hai ademas
3 rejimientos de la guardia real de infantería con' 7,000 hombres, y


. 2 de caballería de 1,'100. Estas tropas no pueden entrar en la ciudad
sin el permiso del lord mayor.


De aqui colejirá V., que toda la fuerza militar para el resguardo
de la grande capital de Inglaterra no pasa de 10,200 hombres, cuando
la de Madrid suele exceder de este número, resultando que á cada
11 9 moradores de Lóndres corresponde un soldado, y otro á cada
1 9 madrileños. Resultado que da lugar á tristes reflexiones, que
omito porque le serán á V. mui obvias.


Queda de V. afmo. q. s. m. b.
~óndres 20 de enero de 1827.


Necrologia.


N. -el emigrado.


Ha fallezido en París en l'.lla edad octagcnaria, el écxmo. señor D.
Felipe Gil de Taboada, conde de estc nombre. Hijo de una familia
ilustre dc GaJicia, se dedicó á la carrera de la jurisprudenefa, en la




cuál hizo desde su juventud los mayores progresos. Recibió la beca
de colejial en el célebre colejio español de S. Clemente de Bolonia,
en donde acabó de perfeccionar sus conozimientos. En seguida fué
nombrado por el rei alcalde del crimen y oidor de la real chancillería
de Granada, alcalde de real sala de ca!ta y corte, y fiscal del consejo
de las órdenes, cuyo cargo continuó desempeñando hasta que en el año
de 1808, la heroica firmeza que mantuvo en no reconozer por rei al
intruso José, permaneziendo fiel á la causa del señor D. Fernando VII,
llamó la atencion del emperador Napoleon, que lé arrestó haziéndole·
pasar en clase de prisionero de estado á Francia, en donde perma~
nezió hasta el año de 1814, en que hecha la paz, regresó á la península
lleno de nueva gloria, y de muchos y grandes conozimientos literarios
adquiridos en su honrosa proscripcion.


Permanezia tranquilo en Madrid disfrutando del aprecio de cnantos
le trataban, cuando proclamada la constitucion en el año de 1820, la
fama de sus prendas y virtudes le llevó por aclamacion general y
mediante la aprobacion del rei, á ocupar un asiento en la junta su-
prema provisional, que se creó para auxiliar al nuevo gobierno en sus
arduas tareas hasta la rcunion de las cortes. Verificada esta, y di-
suelta la junta, el rei premió los servicios que el conde hiziera en
ella, confiriéndole primero los honorei, y despues á propuesta del con-
greso nazional, plaza efectiva en el consejo de estado. En el desem-
peño· de un cargo tan importante, acreditó como siempre una profunda sa-
biduría, un zelo ardiente por el bien de la patria, y la entereza invul.
nerable de su cáracter; habiendo resistido con dennedo la intervencion .
estranjera, y seguido al gobierno á Sevilla y Cadiz, hasta que vol-
vió el rei á recobrar la que los absolutistas llaman sin razon libertad.


Abandonando entónce!l el conde de Taboada á sn patria, se tras-
ladó á Gibraltar, en pos á Lóndres y últimamente á Paris, poniendo
su respetable persona á cubierto de la sangrienta persecncion q'lC le
sncitaron los enemigos del honor nazional; habiéndole formado causa
criminal y embargádole sus bienes, sin mas delito que el de haber si-
do vocal de la junta suprema, en donde habia hecho relevantes ~er­
vicios á la patria y al rei. Por manera, que este digno majistrado á
la edad en que mas de lleno necesitaba de los tiernos cuidados de su
familia, y las comodidades que le fazilitaba su fortuna doméstica, se vió
perseguido, calumniado, errante, abandonado, pobre, é ingratamente cor-
respondido por un monarca cuyos derechos tan á Sil costa habia de-
fendido.




Sin embargo, el infortunio no fué poderoso para doblegar su noble
entereza. Nosotros que le hemos visto tranquilQ desafiar á la desgracia
que le rodeaba; que hemos admirado la dulze jovialidad que le acom-
pañaba en medio de las privaciones, mezclada con el mismo ar~or pa-
triótico que pudiera abrigar en el pecho en sus mas verdes años; y
que le hemos pagado en vida el tributo desinteresado de un profundo
respeto, mezclamos nuestras lágrimas con las de sus amigos y parien-
tes, deplorando la pérdida irreparable que ha sufrido la España con
la muerte del coude de Taboada. Ella ha arrebatado á la emigracion
peninsular uno de sus mas ilustres individuos: á la toga un dechado
de integridad y sabiduría; á la nazion un ciudadano altamente intere-
sado ell su prosperidad y honor; y á la nobleza gallega, un hijo que
con sus relevantes prendas, dió un nuevo realze al lustre que la
distingue.


España sufre silenciosa este menoscabo; miéntras la cabala teocrá-
tica, gozosa en medio de su férrea dominacion, aumenta sus descala-
bros, y multiplica las víctimas que su ferozidad sacrifica al triunfo de
los errores y de la arbitrariedad, desconoziendo el mérito, insultando
la probidad y ensabando el perjurio ..


Emigrados españoles en Portugal.


En el periódico que con el nombre de Portugues se publica en
Lisboa, 12 de febrero del corriente año, n. 87 del volúmell 1, se lee
lo siguiente.


Santaren febrero 2.-L03 infrascritos pedimos al Sr. redactor del
Portugues se ~irva hazer púhlico el comportamiento que observan los
emigrados españoles residentes en San taren, paraque la capital, y si
es posible el mundo, sepa: que aun en los mayores reveses se con-
duzen con el honor y probidad que era de esperar de los princi-
pios liberales que los condujo á Portugal.


Gobernados y dirijidos por su ilustre comandante el Sr. Cova, que
en todas ocasiones ha descubiert? el mayor interes por la suerte de
sus subalternos, los emigrados españoles siempre st¡, han portado de
un modo, no solo irreprensible, sino superior á todo elojio. En medio
de las mas crudas desgracias, las resisten con denuedo i y á pesar de la
estrechez de su fortuna, no se les puede echar en cara una sola accion
que los deshonre, siendo maravillosa la resignacion con que esperan
el momento de manifestar su gratitud al Portugal.


Gracias á los desyclos y cuidados del Sr. Cova, ningun ~ motivo de




264
disgusto hai entre los españ.oles emigrados, que por /lU respe(o mm
/lido admitidos en diferentes casas de e.te pueblo. Esta decIaracioll
que hazemOfl es gratuita y verdadera. Syfra el bombre malo ademas
de sus delitos y de la pena legal, las maldiciones del mundo; mas
yózese el honrado con el consuelo que deben cau:tarle los elogios y
las bendiciones que le son debidas. A este fin, paraque á todos conste
la conducta de los emigrados españoles que están bajo las órdenes
de su ilustre jefe el Sr. Cava, los abajo firmados pedimos al Sr. redac-
tor que tenga la bondad de insertar en su periódico lo que acaba-
mos de esponer, seguro dc que todo ea te pueblo está dispuesto á
confirmar su verdad.-Siguen 24 firmas ,de vecino!! de Santarcu, .le-.
galizadas por el escribano público Francisco José de Fouseca.


Benefizencia para con los españoles rifujiados.
Las esperanzas que nos inspiró el favorable resultado del scrmon


predicado en Hampstead en favor de nuestros COmIJañeros de infor ...
tunio, de que se dió cuenta en el número antcrior, se han realizado.
completamimte cu el mismo pueblo. El Rever~ndo MI'. E. G.
Marsh, eclesiástico tan cOIlozido por su :Iustracion como por sus VII".
tudes, que es director de una congregacion compuesta de muchas de
las primeras familias de aquella parroquia, predicó otro sermOIl con
el mismo objeto en 14 de cnero, y no solo empleó todos los re-
cursos de la elocuencia para bazcr }Jroductivos sus esfuerzos en favor
de los desgraciados objetos de su benefizcncia, sino que tampoco per.
donó medio alguno para escitar la generosidad de sus oyentes. 1 .. a
coleccion ascendió en el mismo dia á 100 libras, y con los donati~
vos bechos despues, ha subido á 140. De acuerdo con su congre-
gacion, el Sr. Marsh tomó sobre sí la molestia de repartir entre los
españoles mas IHwesitad~s una parte de la coleccion, habiendo puesto
lo restante en el fondo general de suscripdones públicas, y el intereli
y zelo con que ha desempeñado este digno eclesiástico su trabajo,
es ciertamente superior á todo elogio. El sennon ha sido impreso
con el objeto de aplicar el producto total de Sil venta al socorro
de los emigrados, y nosotros no presentamos aquí algunos extractQs
de esta produccion que haze tanto honor al entendimiento como a~
corazon de su autor, porque seria disminuir su valor el presentarla en
trozos separados. La pintura que en ella SI'· hace del estado de una
gran parte de los emigrados es tan verdadera como triste, y creemos
que la publicaeion del sermon será altamente útil á nuestros des-




265
graciados compañeros, porque har:í. mas conozida que lo eS gtmerak
mente su situacÍon lamentable. No coucluirémos esteartíenlo sin
expresar al Sr. Marsh el vivo agradezimiento de los emigrados, por
los inapreciables esfuerzos que ha hecho y haz e continuamente eu. Sil
favor, cuya memoria durará impresa en su alma tanto como la de
su no merezida desgracia.


NOTICIAS CIE!I1TIFICAS y LITERARIAS.


Sociedad marítima de las Indias orientales. Fué instituida en Sa-
lem, estado de Masachusetts, uno, de los de la federacion de Norte-
América, con el objeto de recojer observaciones relativas á la histo-
ria natural del Océano. Para pertenczer á ella es necesario ser pa-
tron ó sobr<;cargo de un buque, y haber navegado hasta la estremidad
meridional de Africa ó América. Cuando un miembro de esta sociedad
se dispone á hazer algun viaje, recibe un libro en blanco para po-
ner en él, sus notas sobre todo lo que interese á la historia natural,
geografía y navegacion; y á la vuelta presenta el libro al exámen
de la sociedad. ' Por este medio ha llegado esta á poseer en el, dia
mas de sesenta y siete de estos diarios, y á reunir en Sil museo muchos,
miles de objetos de historia natural, comprendidos en un catálogo que
se publicó en J 821.


Plan 9 dib'eño de un cementerio. En una obra interesante de MI'.
A. Levade, ministro evangélico dc Lausana, intitulada: Reflexiones
sobre la inatruedon religiosa, sobre los templos, Robre la muerte fJ
sepulturas, se lee la siguiente pintura de cómo deben ser los' ce-
menterios. " La idea que yo me formo de un cementerio es la de
un lugar espacioso, de fácil acceso, en el cual las generaciones que 'se
suceden puedan ser depositadas con órden, con respeto y con algu-
nas señales religiosas; de un lugar donde, por un cálculo, fácil y
por medio de una inspeccion vigilante, pueda cada cadáver, segun las
leyes de la descomposicion, estar libre de ser perturbado en su re~
poso, pues la voz cementerio significa lugar de sueño; de un lu-
gar cerrado con decencia, no con tapias cuyo aspecto siempre es triste
y que se afean mui pronto; no con meras' tablas, que son incentivo
al robo para el pobre, sino ceñido de un foso cuyas dos orillas es-
tán coronadas por una cerca de espinos, y que por la. parte de aden-
tro tiene dos ó tres hileras de álamos bien juntos. A la entrada ,hai


2 1




266
tina puerta de hierro, y encima leo estas palabras: descansandu
están de sus trabajos, y en pos de ellos ,iguen iUS obras. Apoc.
XIV. 13. Al lado de la puerta está el cómodo albergue de un hon-
rado custodio que á todas horas puede abrir aquel pazífico asilo al
aflijido que quiera poner algunas flores ó derramar algunas lágrimas
sobre el sepulcro de un padre, de una madre, de una esposa, de un
hijo ó de un amigo. En aqúel sagrado recinto eS'pero encontrar mu-
chas señales de recuerdo religiosamente respetadas; aquí una modesta
lápida con una inscripcion cristiana; allí un arbolillo, una flor, una
estaca, una cruz, un montoncillo de yerba, ó cualquier memoria que
dé á conocer el sitio de nuestro duelo. Quiero que una aflijida Ma-
ría pueda ir á llorar en el sepulcro, y que cuando pregunte: ¿ donde
le pusisteis ? el guardador de aquel precioso depósito pueda responder
lo que el ángel respondió á las santas mugeres: venid y ved. Mat.
XVIII. 6. Al entrar en aquel templo de la muerte, le hallo divi-
dido en compartimientos separados por sendas tan limpias y desem-
barazadas como las de un jardin, por donde pueda recorrerlo· todo
sin pisar las cenizas de mis conciudadanos. Dos calles de árboles
de doble hilera dividen en cruz el cementerio, y convidan al hom-
bre á entrar en ellas para alimentar tal cual vez su alma con los
grandes pensamientos de la muerte, y para pagar un tributo de res-
peto, de reconozimiento ó de amor á los que le han precedido el!
el camino de toda la tierra. Josué XXIII.


Biblioteca popular. En Erfurt, ciudad de Prusia, hai un estable-
zimiento, que acaso podria plantificarse con buen resultado eu otras
partes, donue mas se necesitan los medios de propagar la iustrucion con
facilidad y poco dispendio. El objeto es instruir divirtiendo {. los ni.
ños cuyos padres care2ien de medios para proporcionarles libros, offe-
ziéndoles una biblioteca ó sala de lectura para la clase pobre.


U na sociedad de amigos de la juventud y de los progresos de las
luaes ~e ha reunido para formar una coleccion de libros, que se pres-
tan á los niños bajo la responsabilidad de sus padres, á razon de
ocho maravedis por tomo, y de diez y seis maravedís los que tienen
láminas. El producto de esta moderada retribucion se invierte en los
pocos gastos que exije el establezimíellto y en comprar libros nuevos. La
eleccion de estos se haze cuidadosamente por los directores, quienes
han recurrido á los padres de familia de las clases acomodadas, supli-
cándoles que cooperen á la prosperidad del estahlezimiento ha¡¡Íendo




donaciones de los libros comprados para sus hijos, y que hayan dejado
de ser necesarios para el uso de estoS.


Comercio de Persia. Sin embargo de lo importante que es el co-
mercio de la Persia, son mui incompletas las noticia~ que de él se
tienen en Europa. Los mercaderes de Constantinopla lo conozen poco;
y los ingleses son los úuicos que trafican directamente con aquel rei.
no por el puerto de Bendel'buchir, situado en el golfo Pérsico, ven-
diendo en él los géneros á dinero contado ó trocándolos por seda,
y es de gran monta la masa de negocios que siempre tienen pendien.
tes en aquel punto.


La fiesta llamada Nourouz, quc se celebra en Tauris, en Teheran
y en toda la Persia á fines de febrero, es el tiempo mas favorable
para la venta de géneros europeos, durañdo un mes largo la feria que
hai con motivo de la festividad. El viaje á. Sultatlieh suele hazerse
por junio, que es cuando el Schah tiene su residencia anu;!.l en aque-
lla ciudad, única plaza donde se hazen los pagos al contado, sin que


" haya ninguna permuta. En Tauris, por el contrario, los principales
tratos se hazen en trueques, aunque suelen pagarse con dinero en mano"
las telas de oro y plata y algunos otros artículos ménos preciodos de
Europa. La Pcrsia recibe de Constantinopla la seda, los tejidos de
oro y plata y demas objetos de fábrica francesa, cuyo acopio se baze
por mas de trescientos mercaderes "taurinos que van todos los años
á aquella capital. El príncipe Abbas-Mirza invierte por lo regular
20,000 tomanes (320,000 rublos) '"en este género de especulaciones.


Desde Tiffis á Tauris se cueutan unos 600 verstes de distancia.
Este camino que los convoyes de los mercaderes suelen hazer en 22
á 23 jornadas, y que yendo á caballo podría hazerse en 6 á 10 dias,
está cortado por gran n(mero de corrientes y riachuelos que hai que
vadear, lo cual es mui embarazoso y difícil en la temporada del
deshielo en aquellos montes; pero nunca es peligrosa la travesía, y
en todo el camino se encuentra vitualla con abundancia. Las cara-
vanas tardan diez dias desde Tauris hasta Sultanieh, distancia que en
caballería puede andarse en tres dias.


Los 'americanos despachan anualmente desde Rusia para Persia por
Tiffis y el Ghilan jéneros rusos por valor de mas de 1.600,000 ru-
blos, y los principales envíos son en vidrios, cristales, muselina or.
dinaria que llaman mitcale, azúcar refinado, nanquines é indianas, pa-
ños comunes &c. Estos jéneros se llevan por mar desde Astrakan
á. Lcnkoran, de donde se transportan á Tauris en acémilas,




268
, Todos los años llegan á 'l'auris por Erzerum diez á doze earava·


nas de Constantinopla. Segun los asientos de las aduanas, la Persia
recibe por esta via un 'valor de 6 á 8 millones de rublos ó 4 á
500,ilOO toman es, en jéneros ingleses y franceses, y en cambio da
seda en rama, chales, de Cachemir y de Kerman, tabaco, añil y pi-
mienta. Es poco lo que se saca de Esmirna, porque allí hai que
pagar al contado las mercancías.


Desde Trebizonda á Tauris se emplean anualmente 200 á 300 ca-
ballerías en la conduccion de cristalería, vajilla de loza, porcelana y
paños ordinarios.


De Benderbuchir ~e recibe azúcar, café, añil, indianas, mantas y
colchas inglesas por un valor mui considerable. Se estima en un
millon de tomanes (16 millones de rublos) el de los jéneros que por
esta via entran en Tauris y en Teheran. Tambien llegan por Ben-
derbuchir los chales de Cachemir, porque el camino por tierra es
peligroso.


Finalmente, por Bagdad se introduzen tambien grandes partidas de
mercancías inglesas y francesas. Solo en la ciudad de Tauris entra
por este conducto un valor de 100,000 tomanes, ó de 1.600,000 ru-
blos. (Boletin de ciencias).


Pesquerías de Terra.Nova y de Labrador. Los anglo-americanos
envían á estas pesquerías al pie de dos mil buques, y cada uno de ellos
vuelve con 50 toneladas de pesca, lo ménos. De forma que los pro-
ductos de la pesea en estos dos puntos llegan á cien mil toneladas.
En este comercio se ocupan 24 á 30,000 marineros, ademas de los
trajinantes que llevan esta enorme masa de bacalao á los varios mer-
cados donde se despacha. La Francia y la Inglaterra juntas no igua-
lan las empresas de los anglo-americanos en este ramo.


Provincias que ha adquirido la Gran Bretaña por su última guerra
con los Birmanes. En el diario oficial de la India británica acaba
de darse una noticia estadística del territorio y de la poblacion, que
tienen las provincias desmembradas del imperio de los Birmanes en
virtud del tratado de paz ajustado despues de las ventajas obtenidas
por el ejérzito ingles. La superficie de estas prol'incias tiene tres mil
leguas poco mas ó ménús, que viene á ser lo mismo que la de Por-
tugal. La poblacion de cada una de ellas se regula del modo siguien-
"te: Arracan, 100,000 habitantes: Tavai, 20,000: Ye, 5,000: y Mer-
qui, 8,000; en todo, 133,000 habitantes. De los que corresponden




269


solo 44 por legua cuadrada; miéntras que hai paises en la India in-
glesa, como en el distrito de Bufdawn, donde sale á 5,400. A fin
de remediar prontamente esta despoblacion atrayendo á los morado-
res de las tierras adya'lentes, acaba de fundarse una ciudad nueva
con el nombre de Amherstown. Está situada sobre el rio Mal'taba-
110, y en su puerto pueden fondear los buques de mas alto bordo.
Se espera que dentro de poco será el centro del comercio para los
paises indo-chinescos, como' que ya empezaban los de Pegú á tras.
ladarse á bandadas para establezerse en ella.


Específico contra el cllOlera rnorbus. Cuando á fines del verano
pasado hazia esta plaga sus horribles estragos en Calcuta, un médico
armenio se presentó al primer majistrado de aquella ciudad para in-
dicarle un remedio que tiene la virtud de salvar la vida á los que
se ven acometidos de esta espantosa enfermedad. Este específico es
el fruto de una planta de las islas Filipinas, llamada vulgarmente
calambrt papila, y conozida en Europa con el uombre de hava de
S. Ignacio. Es la pepita de una fruta del tamaño y figura de pera,
y ruyas propiedades participan de las del strynos. El buen efecto
que su uso produjo en Manila hizo que pasabe á Bengala, donde se
asegura que ha tenido mui felizes resultados en muchos casos. Cuan-
do la enfermedad se descubre en su mayor incremento y violencia, se
compone cada dósis de la mitad de una haya en agua fria, y se re.
piten las tomas hasta que se empieze á notar la mejoría. Cuando los
síntomas no son fuertes, basta la sesta ó la octava parte de la hava.
Al uso de este remedio se atribuye la curacion de cuarenta caleute-
ses. Ya estaba en práctica en los establezimientosportugueses de
Goa, donde Jos médicos lo miraban como un poderoso antelmítico;
pero no se atrevian á administrarlo en grandes dósis, porque sUE'le
produzir efectos parezidos al del opio. Gran benefizio seria para la
humanidad la propagacion de este remedio.en las rejiones de levante,
y que los gobiernos cuyos buques frecuentan aquellas costas lo intro-
dujeran en ellos para evitar los estragos del cholera morbus, que aun
están frescos desde el año pasado, y que es de temer se repitan el
verano que viene.


:Muerte de Pesialozzi. Eurique Pestalozzi nazió en Zurich el 12
de enero de 1746, Y ha muerto despues de una corta y dolorosa en-
fermedad, el 17 de febrero de este año, en N euhof, cerca de Brugg,




270
canton de Argovia. Pestalozzi era el primero de los filántropo! de
estos tiempos, que ha emprendido la reforma del pueblo por medio
de la educacion. Sus altas virtudes, un zelo ardiente por el bien, su
incesante aplícacion á las benéficas tareas que habia abrazado vo-
luntariamente, y varias obras y escritos útiles le han granjeado los tí.
tulos mas lejítimos á la gratitud del jénero humano, y se le debe
de justicia el tributo del homenaje COII que las almas rectas se com-
plazen en honrar la memoria de los bienhecheres mas ilustre.. De al-
gunos años á esta parte habia visto Pestalozzi la decadencia progre-
siva, y al fin la ruina completa, de su instituto de !vendan, que fun-
dó en otro tiempo con las mejores esperanzas; pero si no ha podido
acabar su vida en medio de los amigos y discípulos cuyo afecto "1
tierna solicitud hubieran dulzificado sus últimos instantes, á)o ménos
ha bajado al sepulcro con la consoladora satisfaccion de que sus ejem-
plos y lecciones no se habrán prodigado en vano, pues ya hoi día
muchos discípulos suyos, repartidos por varios pu"ntos de Europa y
América, han conseguido de la aplicacion de su método de educa.
cion resultados mui felizes, que al venerable Pestalozzi no se le pro-
porcionaron en su patria durante su larga carrera.


Es.tado de la inslruccion popular en Irlanda. Resulta, de los in-
formes publicados por los comisionados á cuyo cargo está el vijilar
sobre la instruccion pública en Irlanda, que á fines de 1 8'24 habia
en aquel ;'eino 11,823 escuelas repartidas del modo siguiente en las
diversas provincias de: Ulster 2,449: Leinster, 3,492 : Munster, 3,359 :
Connaught, 1,523: Total, 11,823.


Contábanse en ellas hasta 12,530 maestros ó maestras que perte.
nezian á las siguientes sectas relijiosas: protestantes, 3,098: disiden-
tes, 1,058: católicos, 8,300: otras sectas, 74: total 12,530.


Por donde se ve que el número de maestros católicos es mas
que doble del de protestantes.


El número de alumnos que se instruyen en estas escuelas es de
!16O, 548, á saber: Ulster, 141,862: J .. einster, 158,740: Munster,
188,205: Connaught, 71,721: total, 560,548.


De los cuales son: 93,452 de la relijion anglicana; 45,304 pres-
biterianos; 3,411 de otras sectas disidentes; 10 ,096 cuya relijion no
se dice cual sea; 408,285 católicos; resultando que los protesta.ntes
se hallan con los católicos en relacion de uno á tres.




2'11
De las escuelas arriba indicadas, 226 pertenezen á la sociedad para


la supresion del vicio, y cuentan 12,769 alumnos; 113 son de la
institucion de Erasmo Smith, y dan instrnccion á 9,0 11 individuos j 919
se sostienen por la sociedad de Kildare Street, y cuentan 51,205 edu-
candos; 618 corren á cargo de la Sociedad hibérnica de Lbndres,
y contienen 37,507 discípulos; 88 dependen de la sociedad Bautista,
y reunen 4,566 niños; 32 se costean por los protestantes de Char-
ter Schools, "'! cuidan de 2,255 pupilos; y otras 123 que juntas
componen 1,550 jóvenes, corresponden á la sociedad irlandesa, á la
de los misioneros de Lóndres, á la sociedad-irlandesa-evangélica, á
la de Señoras hibérnicas, y á la de Señoras inglesas é irlandesas.


Las varias escuelas establezidas por las sociedades que se acaban
de nombrar, son concurridas casi todas por alumnos protestantes; pero
á las siguientes asisten pOI' la mayor parte niños católicos segun el
objeto principal de la fundacion: 46 se sostienen por algunos esta-
blezimientos de relijiosas, y cuentan 7,136 alumnos; hai otras 352
costeadas por particulares para 38,825 educandos; y finalmente los
Hermanos cristianos dirijen otras 24 y dan enseñanza á 5,454 niños.


Las escuelas particulares que no tienen dependencia alguna de nin-
guna sociedad llegan al número de 9,352, y cuidan de 394,732 in-
dividuos. Las de las parroquias son 827, y hi en ellas 40,758
alumnos.


Ademas de todas estas, hai en Irlanda 1,640 escuelas dominicales
que proporcionan 108 benefizios de la educacion á. 157,184 niños; 332
de ellas están sostenidas por simples particulares, y otras 2,332 por
varias sociedades de beneficencia.


En 18 I1, el número de la~ escuelas en Irlanda no pasaba de
4,600, y en ellas no se instruian mas de 200,000 alumnos. A fi-
nes de 1824 llegaban á 11,824 las escuela~, y los alumnos á 560,548,
siendo por consiguiente' el aumento de dos terceras partes. Esta me-'
jora, que continúa progresando, da esperanzas de que la Irlanda, li-
bre de la ignorancia que. al presente aun tiene ahatida gran parte de
su poblacion, merezerá bajo todos respetos la emancipacion que re-
clama, porque entónces no habrá. pretesto alguno para podérsela ne-
gar. (Rev. Ene.) ,




272
R&JISTRO' BIBLIOGRAFlCO.


Ciencias físicas y naturales.
Astronomical tables and formula. Tablas y' fórmulas astronómicas,


reuliidas á un gran número de problemas para demostrar el uso ,de
ellás, y á las constante~ de los varios elementos del sistema solar';
por Francisco Baily, miembro de la real sociedad y presidente de la
sociedad astronómica de Lóndres. Lóndres, 1827. 8 ~ de 267 pp.


Toda·la Europa sabia conoze el mérito de M. Baily, que ocupa
un lugar distinguido entre los astrónomos mas ilustres de . nuestros
dias. La obra que anunciamos es digna del autor, y mereze ser mi-
rada como· el manual de todos los que observan los movimientos
celestes. ,DivÍdese en cuatro partes; la primera contiene los elementos
de nuestro sistema planetario con todo el grado de precision de que
son susceptibles las observaciones mas modernas. La segunda es una
coleccionde todas las fórmulas útiles á los astrónolnos, clasificadas
por órden y sin ninguna demostracion. La tercera se compone de
tablas que ofrezen á la vista, para los diversos casos, los cálcu-
los resultantes de estas fórmulas, con la explicacion del uso que se
debe hazer de ellas. La cuarta parte se compone de UDa serie. de pro-
blemas astronómicos cuya solucion se presenta, ora por medio. de .las I
tablas precedentes, ora hazü,udo cálculos especiales. Esta excelente
obra debe ser de una inmensa utilidad para los astrónomos; geógra_
fos y navegantes, á quienes puede ayudar muchísimo para facilitar
las investigaciones y para aliviar la memoria .
. Leltres sur la revolutions du globe. Cartas sobre las revolucio-


nes del globo, por M. Alex. Bertrand, alumno de la escuela poli-
técnica. Segunda edicion. Paris, 1826, lSvo. de 360 pp. con una
lámina.


En esta obra tan interesaute como divertida y curiosa, escrita con
el mismo tono agradable que la de Fontenelle sobre la blisma mate-
ria, se da con tanto gusto como claridad, la historia de las revoluciones
y de las catástrofes que han trastornado la superficie del globo ter-
ráqueo. En la introducíon se esponen los principales sistemas sobre la
teoría de la tierra desde principios del siglo X VII hasta nuestros
dias. Las diez y seis cartas que siguen tratan de la masa interna
del globo, de los terremotos, volcanes, corteza mineral, tierra de .traQs-
porte y de sedimWlto, masas fósiles, elefantes, mastodontes, hipopa·
tamo, rinoceronte, caballo, tapir, perezoso &c. los ruminantes, las be.




~'3
tas huesosas y las cavernas que servian de guarida á los 'animales fe~
roces de) antiguo mundo &c. la masa de las aguas, la atmósfera y su
accion sobre el continente. En esta segunda edicion hal algunos re-
toques y correciones, y tam'bien se ha añadido algo segun lo exijian
los progresos de la ciencia y el reciente sistema sobre las creaciones
succesibles de los seres. -


Geométrie des artistes et des ouvriers. Geometría de los artistas
y de los artesanos, en 20 lecciones, que contienen un epílogo de
las teorías mas útiles de esta ciencia, con las aplicaciones que pue-
den recibir, entre las euales hai muchas que todavía estaban por des-
cribirse, como son ': los procedimientos para levantar reglas, y entl'al"
mecánicamente prismas, cilindros, COIlOS, esferas, copiar adornos, bajos


.... eJieves, estatuas, haze~ el busto de una persona. Obra especialmente
destinada á las escuelas de geometría aplicada á las artes y ofizios,
con 24 láminas; por A. 'fpyssere. Paris, 1827. 12v(). de 464 pp.


Esta obra será útil, y mui útil, principalmente para, las aplicaciones
matemáticas, que el autor lu variado muchísimo, escojiendo siempre
las mas usuales.


Manuel d'histoire nalurelle: manual de historia natural, que com-
prenden los tres reillos de la uaturaleza, ó los jéneras completos de
los animales, vejetales y minerales ,; por M. Boitard. Paris, 1827.
2 tomo l8vo. que hazen 872 pp.


El autor de esta obrita no da Pll elh mas de lo que anuncia su
título,. pero lo da completo y bien desempeñado. Su utilísimo tra-
bajo abre la entrada de una carrera inmensa, donde el observador'
jamas está ocioso, donde su atencion, excitada por todas partes, apenas
puede bastar para la diversidad y la complicacioll de los objetos, si
no se ayuda con los métodos. Es pues de desear que los jóvenes que
quieran entregarse al estudio de la historia natural, sigan la direc-
cíon que les señala esta obra.


Traité abregé de chimie: curso abreviado de química, y de sus
aplicaciones á las artes, por M. Desmarets. Paris, 18'16. 12vo.


Este tratado se distingue ventajosamente de todos los demas Iibro~
del mismo género que con tanta profusiofl se han compuesto de al-
gun tíempo á esta parte. El plan bajo el cual está. trazado viene á.
ser casi el mismo de FOUlcroy, que consistia en estudiar sucesivamente
los cuerpos simples, y .simultáneamente su combinacion con los cuer-
pos que se hayan ido estudiando. Esta march¡¡, ménos metódica 'lile


2 J




274


la de M. Thenard, tiene sin embargo la gran ventaja de reduzir mu-
cho el cuadro de la ciencia y de desembarazarlo de inútiles repeti-
ciones. M. Desmarets se ha propuestc) en el trabajo que ha em-
prendido, presentar los cuerpos compuestos que son de una utilidad
indispensable para la intelijencia de los fenómenos químicos, ó de una
aplicacíon directa á las arte5; ,. aun no pocas vezes ha entrado en algu-
Das aclaraciones sobre esta última parte. Atendido el conjunto de la
obra, no puede negarse que, en su clase de curso compendiado, es
lo mejor que sobre esta materia ha salido á luz hasta el dia en Fran-
cia, y aunque todavía pudieran hazerse algunos reparos, no hai lugar
á tacharla de ningun defecto esencial, pues no pueden considerarse
como tales, por ejemplo, el habel' dado lugar á ciertas nociones de
física que ya en el dia DO pueden mezclarse con la química, ni al'
gunas lijeras desconformidades con el estado de los, conozimientos
actuales.


Ciencias morales, politícas y relijiosas.
Definitions in political economy: definiciones en economía política


precedidas de observaciones sobre las reglas qUl~ deberian guiar á los
ec~nomistas políticos en la definicion y uso de sus términos; con al-
gunas advertencias sobre los desvíos de estas reglas que se notan
en sus escritos: por el rev. Maltheus &c. Lóndrcs, 18~7., 12vo. de
261 pp.
Aperfl~ philosophique des cormaissances humaines: JUlZIO filosófico


de los conozimientos humanos en el siglo XIX; por Carlos Farcy.
] 8vo. Paris, 1827.


Este librito no es de los que discuten sino de los que tratan las
materias estableziendo axiomas y senteucias bien meditadas. Guarda
mui buen órden en la clasificacion, y procede con gran tino en omi.
tir cuestiones ociosas é insolubles, especialmente en metafísica. En
moral y política sigue la doctrina de Bentham, adoptando como prin-
cipio la utilidad. En ciencias naturales y físicas, adopta los resulta·
dos de la esperiencia, y traza el cuadro de cada ciencia segun es
en el dia, dando definiciones y resumiel1llo los hechos principales. Puede
ser útil especialmente para los jóvenes, porque fija con desemoarazo
grandes cuestiones, haze pensar mucho, y está escrito con pulcritud
y precision.


Mémoire en fllveur de la liberté des cultes: memoria á favor de




275
la libertad de cultos; obra que ganó el premio en el concurso abier-
to por la sociedad de la moral cristiana; por Alejandro Vinet. Pa-
ris, 1826 8vo. de XX y 340 pp.


En un tiempo en que las cuestiones relijiosas ocupan mas ó ménos
á todas las clases, la publicacion de este cscelente libro, tiene, ade-
mas de su mérito intrínseco, toda la oportunidad de una obra pro-
pia de las circunstancias del dia. Sin embargo, no hai en él una
sola pájina que no le presente como efecto de un convenzimiento
largo y bien meditado. El autor es un sincero creyente que no al-
canza cómo puede ser relijioso el pensamiento humano sin ser del
todo libre, ni cómo la relijion que no es otra cosa que persuasion,
connanza y amor, podria en cierta manera prevalerse de las gazmo-
ñerías esteriores impuestas por el miedo y por la coacciono No es
de los que miran con indiferencia todas las relijiones, y sí de los
que quieren "que la suya reiné en el corazon, sin que atine á en-
contrar ningun puesto que le corresponda ni en el estado civil, ni
en el político, doude es realmente una estraña. Hazer de la relijion
un resorte de polizía, ó de la polizÍa un resorte relijioso, creer en
la verdad con tal tibieza que se la tenga por necesitada de la fuer-
za para imponerla, ó bien estraviarse en el culto idólatra de la fuerza
hasta el estremo de ver en ella una prueba ó una sancion de la
verdad, son otras tantas inconsecuencias impías, que M. Vinet des-
cubre y haze detestar con gran fuerza de raziocinio.


Biblotheque d'instruction élementaire: biblioteca de instruccion ele-
mental, lecciones de moral práctica para el uso de la clase industrial,
por M. Abel Dufresne: obra premiada por la sociedad de instruccion
elemental. Paris, 1826. 18vo" de 36 pp.


Esta cartilla, destinada á la clase industrial, llena perfectamente el
objeto del autor, que es instruir y agradar. Puesque las clases de
la sociedad que ántes se hallaban condenadas á yejetar en la igno-
rancia, sienten hoi los benenzios de la instruccion y adquieren por
ella el derecho de tener parte en los plazeres del entendimiento, ag-ra-
dézcase "este trabajo al escritor que consagra su pluma á poner-en
claro con brevedad y dulce persuasion las lecciones de moral y
virtud.


Disertacion sobre la naturaleza;y los límites de la autoridad ecle-
siástica: ohra premiada en el concurso abierto sobre esta cUf'..stion por




276


elllong~eso constituyente de Méjico. Méjico 1826, un folleto de 69
pp. impr~so de órden del gobierno. Su autor D. Norberto Perez Ca-
yado eapone con solidez y claridad la independencia de la autoridad
espiritual en lo concerniente á la fe, á la moral, á la disciplina in-
terior; pero haze ver que cuando el ejerzicio del culto llega á estar
en cOntactü con el órden' civil, este tiene derecho de intervenir. Los
dere~hos de la primacía pontitlcial se deslindan juiziosamente, pero
se demuestra que el mismo papa, como todos los fieles, está sujeto
al. cuerpo entero de la iglesia, como lo declaró el concilio de Cona-
tallza. En cuanto á las preten~iones de Roma sobre lo temporal,
acumula. gran número de ejemplos para probar con qué vigor se han
cercenado y reprimido en "arios estados católicos. Congratulémonos
de que Méjit.:o á lo ménos 110 vendrá á ser una tierra clásica de
ultramontanismo.


Geografía y Viajes.
1'he present state of Colombia: pintura Je la situacion aetual de


Colombia j por un ofizial que ha estado al servicio de aquella repú-
blica. Lóndres, 1827. 8\'0. 336· pp. con un mapa.


Los que han leido las obras de Hall, Cochrane y Mollien no
encontrarán mucho de nuevo en esta, que es un resúmen de cuanto
de dos ó tres años á esta parte se ha publicado acerca de Colombia.
El mérito del ~utor consiste en haber sabido escojer con discernimiento
y haber desempeñado su trabajo con mucha imparcialidad, honradez
y buena fe., . ../


Vo:yages et découvertes Hans le nord et dans les partics centrales
de fA/rique: Viajes y descubrimientos en el norte y en las rejio-
lIes centrales del Africa, atravesando el gran desierto hasta los ] O?
de latitud N. y desde Kouka en el Bomou hasta Sackatou, capital
del imperio ~'ellatnh; ejecutados durante los años] 822, 1823 Y 1824,
por el mayor Denham, el capital Clapperton y el difunto Dr. Oud-
ney; sigue un apéndice que contiene un ensayo sobre la lengua de
Bomou, los vocabularios de las lenguas de Timbouktou, de Mandara
y de Begharmi, varias traducciones de manuscritos arábigos sobre la
geografía del interior del Africa &c. y algunos documentos sobre la
historia natural de aquellos paises: t.raduzidos del ingles por M M.
Eyriés y de la Rcnaudiere, miembros de la comisioll ccntral de la




277


&Jcieclad de geografía. Paris, 1826. 3 tomo 8vo. de 400 pp. . cada
urto, con 11 n atlas en 4:-


Este título da á conozer bastante por sí solo la importancia de los
Documentos geográficos contenidos en esta obra, una de las más cu-
riosas que de muchos años á esta parte se han pubicado en su gé-
nero. Todos los que se interesan en los progresos de los conozimien-
tos humanos aguardaban con impaciencia que saliese á luz, y la cir-
cunstancia de estar traduzida al franees, qne es la lengua mas uni.
versal Qntre las modernas, se le debia de justicia para fazilitar mas
su lectura en todos los paises, siendo por lo mismo mui digno de
celebrarse el que hayan emprendido esta tarea dos profesores como MM.
Eyriés y La Renaudiere, tan benémeritos de la ciencia qne cultivan.


Diario del tercer viaj~ en busca de un paso por el N. O. desde el
Atlántico al Pazífico, hecho en los años 1824 y 18'25, bajo las br-
denes del capitan Parry. Lóndres 1826.


Las atrevidas empresas de la nnvegacion por el polo ártico para
resolver el gran llroblema de la comunicacion entre los dos hemis-
ferios, han sido el objeto de la intrepidez de los mas célebres esplo-
rador~s desde el descubrimiento de América. Entre tan.tos como se
han distinguido en esta carrera, ninguno ha adelantado tanto como el
capitan Parry, cuyos redoblados e~fuerzos, si bien no han logrado to- .
davía el objeto principal, á lo ménos han allanádo una gran parte de
las dificultades que hasta l!.ora arredraban á los mas animosos, mediante
lo cual es' de esperar con fundamento llegue el dia en que se rea-
lize tan importante descubrimiento. Entretanto los viajes del capitan
Parry siempre serán leidos con grande ¡nteres é indisputable utilidad
por los que siguen con atencion los progresos de la geografía, de la
naútica y de las ciencias naturales. '


Viaje al polo antártico, hecho en los años. ]822 á 1824; contiene
la esploradon del océano ]Jolar hasta los 74 ~ lal. y una correría
por la tierra del Fuego, con noticias acerca de sus habitantes &c.
Por el capitan J. 'fVeddell. Lóndres,] 825.


Esta relacíon, unida con las de los viajes de Parry, forma un cuer.
po de noticias de primera utilidad sobre la gE!ografía y navegacion de
las dos. estremidades del globo. El célebre Cook fué el último que
se internó en los mares antárticos hasta los 71:', drsde cuyo punto
volvió desesperanzado de pasar adelante, creyéndolo imposible. El




278
capitan Weddell cQn su compañero M. Brisbane han adelantado' cerca
de 4 ~ grados mas, dando en la relacion de lo que observaron fun-
dadas esperanzas de que aun puede penetrarse mucho mas adentro,
haziendo la expedicion con precauciones y preparativos, que no les
fué dado disponer; lo cual ha movido al almirantazgo británico á
tomar por su cuenta esta importante empresa, confiándola al capitan
King con dos navíos de alto bordo y todos los auxilios uecesarios
para asegurar los grandes resultados que se esperan.


Biografía é historia.
Narrative of the Burmese war: Relacion- de la guerra coutra los


Birmanes, en que se da noticia menuda de las operaciones del ejér-
zito del mayor-general Sir Archibaldo CampbelI, desde su desem-
barco en Rangon en mayo de 1824, hasta el ajuste de la paz de
Yandabon en febrero de 1826; por el mayor Snodgrass, secretario
militar del general en jefe de la expedicion. Lóndres, 1826. 8vo.
de 319 pp.


Esta obra es interesante, pues da conozimiento y noticias curiosas
de unos paises de los cuales se sabe mui poco en Europa. J.Jas ope-
raciones militares, cuyo boletin diario pare~e que ha querido formar
el autor, se presentan libff~s de aquella exajeracion que es tan comun
en este jénero de relaciones; y aunque es cierto que pintan con co-
lores poco gratos la nazion con quien peleaban los ingleses, mereze
disculpa un conquistador que habla del pueblo á quien ha venzido,
y por lo mismo tambien es justo rebajar algun tanto los elojios que
da á sus compañeros igualmente que" las inculpacioncs dirijidas contra
los que fueron enemigos suyos.


Resumé de l'hisioire des papes: resúmen de la historia de los pa-
pas, dedicado á los manes de Clemente XIV, por A. J. Bouvet de
Cressé. Paris, 1826. 18vo; de 390 pp.


De tres ó cuatro años á esta parte van ya publicados solo en
lengua francesa y por editores de reputacion anti-jesuÍtica, cuatro com-


"pendios mui notables de la hJs.toria papal, contando el primero el del
célcbre Llorente. Cada una d~ estas obras tiene cualidades mui apre-
ciables y tambien defectos que las caracterizan; pero b que aora
anunciamos tiene dos ventajas que la recomiendan. Su autor se mues~
tra cristiano de buena fe, y al mismo tiempo zeloso defensor de las




279


libertades eclesiásticas. Tamuien ha sahido apmvecharse con disere-
cion del trabajo de los que le harl precedido en la empresa, y ha
conseguido componer un libro útil é interesante, aunque redactado,
como los otros tres con demasiada precipitacion y siguiendo las hue-
llas de otros compendios. U na obra de esta especie, para ser per-
fecta, exijiria el c()nozimiento y el estudio de mouumentos orijinales,
el sacrificio de mucho tiempo, un raro discernimiento, un talento dis-
tinguido, uua grande imparcialidad, un grande amor de la. justicia y
de todas las virtudes.


Atlas historique, généalogique &c. Atlas histórico, genealógico,
cronológico y geográfico, y particularmente de la Europa política en
1826, para '-compararla con la Europa política en 181:2: por A. Le
Sage (conde de l<ls Casas). Paris, 1826.


La justa celebridad de que goza esta obra en todas las naziones exije
que se divulgue por cuantos medios sea posible la noticia de esta última
edicion que acaba de bazer el mismo autor acomodándola á las mu-
danzas polÍticas y á los progresos geogr.ificos que han sobrevenido
desde que la primera vez la dió á la prensa, y aun desde [os au-
mentó s y modificaciones parciales que se han hecho en ella en estos
últimos años. En cuanto á geografía, sale aora enriquezida con otras
cartas geográficas y políticas que la completan y no dejan nada que
desear en ella. Las de la América general y la de [03 Estados-Uni.
dos del norte, nos dan idea de los intereses y de_ la política de ese
Nuevo-mundo, que tantos anuncios contiene sobre la suerte futura
del universo. La geografía es el mérito menor de [as cartas de Eu·
ropa en 1812 y en 1826, pues Sil verdadera utilidad resulta de las
importantes notas estadísticas é históricas qne en ellas están reparti-
das. En Ulla de las colunas del testo de la de la Europa en 1812, ha-
bla el autor de los grandes sistemas políticos que han gobernado {'sta
parte del mundo, clasificándolos en cuatro divisiones: monarquía uni.
versal; feudalidad; equi[ibrio; fpderacion, cuando el imperio frances
mandaba en ca,j toda la Europa. Házense injeniosas observaciones
sobre las ventajas é inconvenientes de cada uno de estos sistemas, y
sobre las causas que los han produzido haziendo que se sucedan el
uno al otro. Cada estado en particular ocupa UDa co[una del testo,
y en ella se habla de sus producciones, comercio, situacion física
y política. En h carta de 1826 i qué de mudanzas y visicitudes !
Abrese la campaña de 1812, y siguiéndose la línea roja que señala




280


los sucesos y lugares, se descubren y abrazan de una ojeada iodo.
los grandes resultados que se explican en las márjenes. En estll;
como en la de 1812, ca~a nazion tien¡a !lna coluna del testo des,i-
Dada en particular á su historia y demas particularidades. Es D1U.
curioso el ver la línea de conducta adoptada por cada una de ellas desde
la era de la revolucion francesa, sus procederes en medio de las convul.
siones políticas de aquella época y los resultados que han tenido. Los
de Sajonia y Dinamarca, por ejemplo, hazen ver que, en polítioa la
sinceridad y la buena fe no siempre son virtudes recompensadas por
el destino y por los hombres.


Literatura y bellas letras •


.Arte de hablar en prosa !J verso, por D. José Gomez Hermosilla,
secretario de la inspeccion general de instmccion pública. Madl'Íd~
1826. 2 tomo 8vo. de XII-400 y de 281-CXXIV pp.


Esta obra es enteramente nueva en España en cnanto al plan, q11í\
ofreze nn escojimient·) juizioso de todo lo mejor que se ha escrito
sobre la materia. Tambien lo es por la s~tma exactitud cOn que &e
es ponen las reglas. llajo este aspecto, acaso parezerá demasiado ah~­
tracta para jóvenes, pero por lo mismo será de grande utilidad para
los maestros, quienes hallarán cn ella, no solo ,los principios del. buen
gusto yde una sana crítica, sino tambien Ulla filosofía profunda y
algunas aplicaciones de una lógica vigorosa á los vuelos de la ima~
jinacion y á los arrebatos de los afectos. Su autor la divide cn dos.
partes: las. reglas comunes á todo jénero de composieion, y IUli .pe-.
culiares de cada uno de e~tos géneros; las subdivisiones son naturíl~
les, claras y completas. Ofreze un desempeño satisfactorio en cuanto
al. método, mas 110 es seguro que todos digan lo mismo de eiel'ta~
doctrinas que en ella se profesan y del modo en que se presentan.1M!
poodllccÍones de la literatura española. El autor es un clásico e.:¡;.¡
elusivo, y lo es únicamente en favor de los griegos y~ latinos.· G~~
adrede ejemplos- de Lope de Vega y de llalbuena para mo.,tl'ar J<t
que se- debe evitar; pocas vezes cita pOi' modelos á Leon, Riuj~.jfi
Cerv.ántes, y pareze que se desdeña de mentar los escritores prosi%<
tas de su nazion, pues el nombre de Saavedra es el único lIue se menciQ~ll
una. ó dos vezes. ¿ Es una obatinacion sistemática la que le ha \l~­
cllO abrazar este rigorismo que no le permite escribir sillo sobre l.
fe de griegos y latinos, ó acaso, será esta misma ostinacÍoll la t)l.UJ




281
Jí!' ha 'retráido o de leer, examinar y apreciar de unmodo!mériti&irijUit'to
Ji\litetatura española. Sea de esto lo que o fliere, su obra, e~buen"
en;co-antO puede serlo UI1 arte de hablar en prosa y verso idead\)
segun el ceñido significado que el autor da á este títul% Bien' }nt ..
hiera podido, y aun acaso debido, agradar mas á los españolea;"¡¡
quienes destina su trabajo; dando en él á la literatura penil1sulál'ufI
poesto ménos secundario; pero á pesar de este vacío, es entre lQS'ti·
bros de este jénero el mas completo, el mas metódico y el mas bien
razonado de -cuantos hasta el dia se han publicado cn España.


RESEÑA POLlTICA.
España y Portugal. Los cnemigos de la constitucion otorgada por


el rei D. Pedro han debido conozer que III via de las armas á cue~po
descubierto no es la mas ventajosa para sostener ni llevar al cabo
la empresa que han abrazado de destruir todo gobierno representativo,
00 solo en Portugal, sino en la Península, y si ser pudiese en Europa,
en el universo. ! Se ha peleado en el campo de batalla de poder á poder.
sin que el ejérzito ingles haya tenido durante la lid otra actitud qu"
la de mero espectador. Cualquiera que sea el influjo que su presencia
ha podido tener para alentar á los unos y desanimar á los otros,
es necesario confesar que los liberales son superiores en el campo,
así como sus enemigos lo son en la intriga y en" los medios sordos
de dividir, quebrantar, y si no se les ataja, de destruir con" el tiem'-
po las fuerzas de sus adversarios. El golpe que llan llevado ha sido
contundente, pues de resultas se ha visto al partido apostólico con ..
sentir en el desarme, en la internacion de los fugitivos, y aun en la
conduccion acia Francia de algunoli jefes principales; á lo mén06 ta"
les son las disposiciones que se han aparentado por parte del go ..
biemo espaDO\. Coincide con esto la circunstancia de haberse ale';'
jado de la frontera de o Portugal el ejérzito de ohservacion," que. por
mas de una analogía debiera llamarse cordon sanitario; y este· mo-
vimient~ se atribuye por la voz pública á la ~sconfll':nza Qll,6 el es- ,
píritu de la tmpa inspiraha al gobierno de Madrid. De todo esto
infIeren, ó afectan' inferir ciertos periódicos, cuyo lenguaje se ha' di.,.
l'ijido o desde el principio i persuadir que la España se conformaría'
eon la política adoptada respecto de Portugal, que todo está concltIido..
y aun hai entre ellos quien ,se adelante á vaticinar que dentro dé
poco aquella potencia 3eparará sus intereses de los de Francia para:
IIdunarlos con los de Inglaterra; pero otros piensan, y nosotros tam-


'iK




282
bien con ellos, que I el golpe, aunque recio, está todavía léjos .de ser
decisivo, y en prueba de ello se citan las últimas noticias de Por-
tugal,' segun las cuales el partido apostólico maneja con mas actividad
J esfuerzo que nnnca, su arma favorita de la seduccion, de la dis-
cordia y de todo jéllero de intrigas, hasta el punto de tener puestas
la..'\ bases de la corrupcion en el ejérzito constitucional. Esto en
nuestro entender es tanto mas verosímil y temible, cuanto mas com-
pletas han sido las derrotas de los facciosos. No hubo una sola de las
facciones de España que hasta mui tarde evitase el ser acorralada y
ahuyentada por las fuerzas constitucionales; pero extirpadas y aniqui-
ladas, jamas lo fueron, porque no se emplearon para ello medios ade-
cuados á la naturaleza de semejantes h()stilidades. Hasta aora lo
mismo ha sucedido en Portugal, y estamos firmemente persuadidos de
que, miéntras no se mude de plan de 'Operaciones, el peligro estará
en pié, la lucha será ventajosa á los rebeldes, y estos al fin, ó lo-
grarán su objeto, ó harán indispensables los remedios mas extremados.


En medio de ser esto cierto, no deja de ser mui posible por otra parte
que el gobierno español se vea sumamente perplejo; porque al fin
es necesario reconozer que no todos los que le componen ó tienen
parte en sus c~nsejos, han de estar tan ciegos como los capataz es del par-
tido apostólico, para dejar de ver que, empeñada la Inglaterra en la
lid, habiendo en E&paña tanto elemento de disgusto contra el actual
estado de cosas, conservando tanto influjo el gabinete de S. James
sobre todos los demas de Europa, nada es mas posible que una final
resolucion mediante la cual, sin comprometer, á lo ménos por el pronto,el
apego á la paz que se tiene en Inglaterra, puede ponerse en suma
estrechez al gobierno y aun á la dinastía actual de España. Perió.
dico hai en Lóndres, y no de reputacion indiferente, que, no una,
sino varias vezes, ha indí'cado que el remedio de los males de 'la
península se lograría con el establezimiento de la casa de Braganza
para rejirla toda con un mismo cetro. Entre tanto es mui de n~tar
la conducta que está observando el Austria, cuando envia al conde
de Niemen con una mision de importancia al JaDeiro, cuando con-
tinúa en la misteriosa tutela del infante D. Miguel, y cuando, se·
gun es fama, aconseja al gabinete de Madrid que acceda á los de-
seos y planes del de Lóndres. La venida del conde de Ofalia á es-
ta capital, que se anuncia inmediata á su estancia en Pal'Ís nego-
ciando durante algunos dias, debe corroborar, si se verifica, las pre.
Ilunciones de que se trae entre manos algun negocio mas importante




que el de ajustar un empréstito ú cancelar las cuentas procedentes
de las reclamaciones inglesas sobre presas: objetos señalados por algu-
n.os á la mision extraordinaria de dicho pe~sonaje.


Por otra parte es bien digno de atencion el proceder del gobier-
no, digámoslo así, material, que abandonado, sumiso ó deseoso de con-
tentar á los obc!'cados apostólicos, sigue en sus actos públicos una
línea de conducta distinta de la diplomática, y aun opuesta á ella,
dando disposiciones semejantes á las de mandar p<1f baudo que se
manifieste toda correspondencia con los españoles que se hallan en Por'";
tugal so pena de las mas duras al que contravenga,ó al que sabien~
do que hai contravencion no la delate. ¿ De qué servir.í pues que la
prudencia, ó el miedo dirijan los consejos de la diplomacia, si el
terror mas iminente que inspira un partido desenfrenado y poderoso
no se cura de raiz? Siempre vendrémos á parar en esta dificultad.


Inglaterra. La grave indisposicion del Lord .Liverpool, primer
miembro del gabinete, y el áncora por decirlo así que sostenia la
política desplegada por Mr. Canning, ha estado á pique de introdu-
zir UDa mudanza de principios, de la cual auguraban mui mal los
que llevan la voz de las opiniones liberales; pero estos últimos días
han calmado casi totalmente los rezelos, sucediendo á ellos la espe-
ranza fundada de que, ó Mr. Canning remplazará en la primera si-
lla del ministerio á Lord Liverpool, ó de que el sucesor será el qu~
se designe por aquel ilustre diplomático. Se espera con impaciencia
que pase la próxima pascua, para ver la resolucion definitiva de este
grave punto, acerca del cual hubo en una de las últimas sesiones de la
cámara baja interpelaciones mui directas, que precisaron á Mr. Can·
ning á decir que S. M. habia resuelto nombrar un sucesor del Lord
Liverpool, en vista de que su salud no dejaba esperanza de recobro.


Los asuntos que han ocupado y ocupan al parlamento en medio de la
lentitud ocasionada por este accident~ y por la indisposicion del mismo
Mr. Canning y de Mr. Huskisson, alma de las grandes resoluciones
administrativas, son á cual mas graves y dignos de observarse: emanci-
pacion de los católicos ue Irlanda: arreglo de las leyes sobre ¡rranos:
revision del código penal: reforma de procedimientos en el tribunal del
Lord Canciller: objetos todos que tocan, cual mas cual ménos, los intereses
de las clases mas poderosas y las opiniopes mas encontradas entre los es-
tadistas mas respetables, y entre los hombres mas ilustrados de la nazion.


El dia 6 de marzo se resolvió en la cámara baja la gran cues-
tion de los católicos de Irlauda de un modo que á la verdad no se




Q¡l;pl,lrllba. J~l número de votantes fué el mas pleno (lue hasta este
di". se ~abia visto, habiéndose desechado la proposicion favorable que
l1i~~ Sir Francis Burdett por una mayoría de 276 contra 27'l. El mar~
ques de Lansdowne que iba á hazerla en la cámara de lores, la retiró en
vifitu.de este resl!ltado, por no arriesgarla á una nueva repulsa en medio de
.l;¡. irri tacion en que naturalmente estarian. los irlandeses con la pri-
mera noticia de lo que se acababa de votar en la de diputados. Mucho
y vario es lo que se ha discurrido por ambos partidos en esta gran
~Plltroversja ántes. y despues de la última votacion ; y como el! nues-
4'0. entender los que opinan en contra prescinden de los principios
generales de ju~ticia y equidad, atendiendo únicamente á los de la
política é intere~ particular de la nazion inglesa, 6 de las cIases mas
iniluyentes en ella, nos abstenemos de enunciar sobre esto nuestro
hwpilde c:Úctámen, pero no podemos ménos de observar que lo único
que pedia Sir Francis Burdett, era H se declare spr urjente el que se
tGmasen desde luego en consideracion las leyes relativas á 103 católicos."


. La . discusion duró dos largas noches con estraordiuario empeiio
¡>9l". ambas partes; pero contra los vehementes ataques de. Sir John
.Copley y de Mr. Peel no prevalezieron ni las póderosas razoues
alegadas por Mr. Pluukett, ni la victoriosa defensa de Mr. Brou-
gham, ni la con~iIiadora mediacion de lVlr. Canning; ni aun bastó
que_ 111 autor de la proposicion consintiese en poner la palabra COll~
v:c~ie7lte en lugar de ur}enie, y en suprimir el adv~rbio desde luego.


c. La cuestion sobre los granos, no ménos delicada que la auterior pues
rp_zan con ella los intereses .¡nas eseuciales del clero y de los gran-
des ,propietarios, está siendo un incesante objeto de profundas re~
iJ;exiones, pesquisas y disertaciones entre los economistas ingleses.
NI() se crea que segun está pendiente en el parlamento ofreze para
d~ pronto una resolucion definitiva; esto es todavía imposible en el
ail.t¡;d estado ellollómico de la Inglaterra. La medida iudicada por
MI'. Cauing á nombre del gobierno, sobre la cual' versan los deba.
tes, profesa y reconoze en teoría el libre comercio de granos, pero
~n sustancia yprácticamellte su resultado es impedir la importacion
por medio de un. aumento gradual en los derechos de entrada, se-
gun sea la abnndáncia de la cosecha ó de las existencias, bajándolos
tamb,ien en proporcion de la escasez, En suma, los puertos de In.
glatera estarán ·abiertos al grano estranjero,pero este quedará constaDo.
temente sujeto á nn derecho alterable, seguri sea el resultado de los
precios en el mercado por el informe que se ha de tomar sema-




285
milmeote. Así, por ejemplo, cuaudo el trigo llegue á estllr á 705.'.111


-cuartera, el derecho de importacion no será mas que un chelin; si está
oí ménos de 70 s. se aumentan 2 s. de derecho por cada chelín d~ baja
en el precio: el precio de 60s. supone un derecho de 208 ;el de 50s.
impone un derecho de40s; y si llegase á bajar á 40s., los derechos subí·
rán á. 60s. por cuartera. El trigo del Canadá y demas posesionesbritá-
nicas ultramarinas pagará segun la propuesta 5 s. por cuartera miéntras no
pase el precio del mercado de 65, y solos 6d. cuando pase de dicho precio •
. El zelo y la ilustracion del ministro Mr. Peel en la revisionde


las leyes penales le granjearán el agradezimiento de todos los amantes
de la humanidad. El constante esmero cou que conti~úa proponiendo
al parla¡:nento varias disposiciones que aunque parciales, son mui
importantes; haze esperar que á la reforma del jurado especial,' de-
bida tafubien á sus conatos desde el año ¡Jasado, y á la metódica
y razional graduacion de delitos 'y penas para ciertas materias qué
ahora está pendierite, y que aunque no tuviese otros mayores méri.
tos, 'seria recomendable por la fusion que se haze en ella de un gran
número de eStatutos contradictorios, oscuros y prolijos, sucederá pro"
gresivamente la rerotma total de este importante ramo de la lejis-
lacion inglesa, ahogado con la broza de leyes impracticablei por lo
prolijas, lo antiguas é incoherentes que se muestran.


Francia. Miéntras que en Inglaterra el gobierno y el parlamento
trabajan de consllno en la mejora de las instituciones segun el espí-
ritu del siglo, en Francia el ministerio y la mayoría de la cámara de
diputados se dan la mano para retroceder á pasos largos de lae con·
cesiones otorgadas en la carta hazia el réjimen antiguo abiertamente
sostenido por el partido jesuítico, que con estraño teson va estendien'-
do, no ya sus raizes, sino sus ramos sombríos y mortíferos por to-
das partes, á pesar de la resistencia vigorosa que le opone la' opi-
nion de las clases mas útiles, apoyada eu la magistl'atura y en la cá-
mara de pares. Tratóse al principio de la actual lejislatura de dar
'simultáneamentelos dos golpes atrevidos contra la institucion del ju-
rado y contra la libert¡td de imprenta, guardando el ministerio tan
poco miramiento aun con las formas constitucionales, qUA habiendo
sido' enmendado cOllsiderablemente su proyecto de lei sobre el jurado
en' la cámara de pares, tuvo el descaro de presentar en la de dipu-
tados el mismo proyecto orijinal á una con el enmendado P9r los pa-
res, insistiendo en que se discutiese sobre el primero. Esto dió lu-
gar á uu alboroto de los mas estrepitosos f'n la cámara, donde se trató
á 'los mitli~t.ros, y especialmente al guarda-sellos en términos que fué




286
necesa.rio todo el aguante de la verdadera desfaclJ~tez para no Cfsar
de serlo en el acto. El resultado fué que se nombró una comision
especial para examinar la cuestiono No por eso dejó de llevar su
curso el proyecto de leí sobre la libertad de imprenta, el cual, á pe ..
sar de las modificaciones que se le han hecho en la cámara de di-
putados, puede decirse que ha salido mui al gusto del ministerio y
.mui peljudicial para esta preciosa garantía.


La opinion pública sostenida por casi todos los periódicos y escri-
tores de autoridad que hai en Francia, c1ílma, raziocina, ataca el
proyecto con folletos, discurso!! y representaciones llenas de enerjía 'j
huena doctrina, miéntras pasa el proyectQ á la cámara dc pares, donde
queda la última esperanza contra tan grande atentado. Entr~ las mu-
c};las producciones apreciables que toda esta temporada se han publi-
cado y están publicando con estos motivos, es mui digna de aten-
don la intitulada Revue potitique de la France en 1826 con el si.
guiente epígrafe, mui confot:me al espíritu y al tono de la obra. "Im-
píos son eS03 ministros cuya política consiste en el misterio, en la
a~tucia y la hipocresía: esos ministros que se muestran empeñados en
sostener 'el poder sin conservar nna conciencia pura, que se creen
adictos al monarca únicamente para cuidar de sus intereses persol1a-
les, y no para aconsejarle lo justo." Este folleto señala los riesgos
que amenazan á las lii;lertades públicas de los franceses, la fuerza y
carácter de los enemigos qne las combaten, y únicamente pone las es-
peranzas del rfmedio en la cámara de pares, en la magistratura y
en el espír~tu nazional. Cuenta con que este prevalezerá contra la
faccion jesuítica, pero en verdad que el modo en que el autor señala
loS síntomas del mal, le presentan mui grave y de largo y difícil reme.
dio, si no sobreviene algun sacudimiento estraordinario de aquellos que
en semejantes crÍsis cambian de repente la marcha regular de las cosas:


En medio de esta lucha encarnizaua entre la nazion y un partido
anti.liberal, es mui digno de notarse el ange en que se va poniendo
la administracion pública. Por el presupuesto presentado oí. la cáma.
ra de diputados para el año entrante, se ye el estado floreciente de la
}¡azienda. El ingreso de 1826 subió á 983.940,350 fr. dejando UD
sobrante de 5.119,365 fr. Mr. de Villele fija los gastos de este año en
915.279,742 fr. yel ingreso en 93U.091,361 fr. y calcula que para el añQ
de 1828 el ingreso excederá á los gastos en mas de 22.000,000 de fr. c~
los cuales se tratará de aumentar el pago de varias atenciones públicas.


Otra de las cosas que hazen contraste con el espíritu servil qu~~
anima ó arrastra al gobierno franccs, se está viel1do en la conductíl




287
que observa con España y América en la cnestion de la independen-
cia. Ya hemos visto por el discurso del p1'csidente de Méjico las ius-
tancias que el gabinete de las TullerÍas ha hecho al de Mádrid á fa-
vor del reconozimiento de aquellos nuevos estados, despues de admi-
tir SUll pabellones en los puertos de Francia; posteriormente ha 'ocur-
rido· el viaje desde Lóndres á Paris de D. Sebastian Camacho, pleni-
potenciario de Méjico, verificado pocos dias haze, con el objeto de
arreglar las bases de las !Dutuas relaciones, llevando un pasaporte del
príncipe de Polignac, embajador de Francia en esta corte, en el cual
virtualmente se reconoze la independencia de aquella república, pues
se le denomina ministro plenipotenciario de ella, en virtud de ins-
trllcciones recibidas de Paris.


Greciay Turquía. Las noticias de Grecia han sido mui contradictorias
esta temporada en cuanto al resultado de las negociaciones para poner fin
á aquellos desastres. Tan pronto se han presentado allanadas todas las
dificultades con la Puerta, como se ha dicho 'que esta hacia nuevos y for-
midables armamento3 contra la Morea. Esto último pareze por desgracia
lo mas probable, aunque se dice que de resultas de haberse renovado
con mas ardor lashosti1idades, los griegos han recobrado á Tripolizza,
despues de derrotar á los turcos cerca de Atenas. Tambien se ase-
gura la llegada del lord Cochrane á, NapoJi de Romanía con siete buques
dispuestos á entrar en campaña como auxiliares de los helenos.


Hispano-América, El Libertador Bolivar llegó á Bogotá el 14
de noviembre, de donde salió el 25 para Maracaibo y Venezuela.
IIa puesto mui particularmente la mano en la reduccion de los gastos de
Colombia, mediante lo cual se espera que los recursos alcanzarán sin aho-
gos á cubrir todos los gastos y á reponer el crédito público. Los rezelos
de que, si no en el nombre, sea en el hecho un verdadero dictador, pasan
ya casi á ser evidencias segun lo escriben sin rebozo de América, y visto
el estraordinario poder con que va estendiendo sus facultades, en medio
de la avenencia en que pareze hallarse con Paez, quien se presenta por al-
gunos co~o instrumento ó como cómplice de los planes dél Libertador.
Se cree que este volverá á Bogotá para mayo, para cuyo tiempo es proba-
ble se hayan descubierto mas sus miras. "Yo estoi persuadido, dice una
carta el" Bogoü, de que Bolivar está meditando una confecleracion entre
Colombia, el Perú y la república de Bolivia en cuyos estados manda
pn jpfe."


Las noticiás de Guatemala hasta mediados de noviembre pintan
el pstado de cosas en aquella república con colores nada lisonjer05 para
los amantes del órden y de la concordia. Las provincias de Honduras




288
'1 Nicaragua eran las mas ajitadas, y habia tal c{)ufusion, que el general
que manda las tropas del estado se apadéiIÓ de sus caudales, sin cuidarse.
mucho de la acusacÍon intentada «ontra él por el gobierno.


A principios de este mes de abril se han recibido en Lóndres no~
ticias mui satisfactorias sobre la próxima pazificacion entre el Brasil
y Buenos Aires. Asegúrase estar ya nombrados losplellipotenciarios
y que estos llegaron al Janeiro desde Montevideo en el paqut'te la
Cinfia. Acerca de esto y del estado de América en jeneral copia~
rémos, como dignas de tenerse presentes, algunas claúsulas del dis~
curso del presidente de Méjico. "Todas las probabilidades (dice)
anuncian un próximo cambio en la constitucion de Colombia.' .....
Sean las que fueren las causas que hayan obrado un tan inesperado
movimiento, ninglln influjo, ni aun ~l mas remoto, ha de' ejerzer en
la suerte de la repúhlic~ de Méjico, donde son amadas sus libru
instituciones con el mas ardiente entusiasmo .... Pareze que se acerca
el momento de una transaccion que termine definitivamente las des·
graciadas diferencias que nazieron sobre la posesion de la banda orien-
tlll del rio de la Plata entre la república Argentina y el gobierno
de S. M. el emperador del Brasil. ... La amigable composicion de los
gobiernos del Brasil y Buenos Aires, es un deseo de la América paraque
se desvanezcan los temores que pudieran aliruentarse sobre el final resul.
h.do de la guerra en que se han comprometido dos naziones americanas.
J~os disturbios y ajitaciones de Guatemala desaparezerán tan presto como
sus habitantes escuchen 110. voz imperiosa de la patria y del Nuevo.mundo,
que reclaman el sacrifizio y desprendimiento de las pasiones é intereses
privados en obsequio de la paz universal. Afortunadamente se descubre
en los nuevos estados una tendencia mui activa hacia el órden y estabili-
dad, que fustra las consecuencias de choques momentáneos."


* • *
. Despues de escrito el artículo que antecede, hemos alcanzado acerca


de España y Portugal noticias que confirman nuestra opinion respecto á la
poca confianza que deben inspirar las dem05tra~iones conciliatorias por
liarte de los apostólicos. Dícese pues últimamente con referencia á
avisos de Madrid que son mui equívocas las intenciones de aquel gabinete:
que los caudillos rebeldes que estaban ya en Burgos, camino de ¡"rancia,
ban logrado permiso de volver á Zamora, y que no es cierto que se haya
retirado el ejérzito de observaeion. Se añade que el general Monet, qu.e .'
mandó fuesen desarmados los portugueses rebeldes en la frontera ne Es.
paña, ha sido destituido.




OCIOS
!le Ql;upañoleG <!tmígtabou t


SEGUNDA EPOCA.
-----_._--_._--~ ---- -


JULIO, 1827.


APARATO HISTORICO.
Repreunlacion del R. Obispo de Oviedo al Señor D. Fernando VII,
en 12 ele diciembre de 1826, á consequencia de lo que se le prevenia en


la real óráen siguiente rJe 29 de noviembre del mismo año.
Habiendo llegado á noticia del rei ~. S. (Q. D. G.) que por disposicion


de V. E. se hallan confinados en distintos conventos de relijiosos de esa.
capital y de la provincia, varios canónigos y dignidades de esa santa
iglesia catedral, y algunos otros eclesiásticos de su diócesi, á quienes no
solo privó V. E. de su libertad sin la previa formacion de causa, siDO
tambien del sagrado ejerzicio da su mini~terio, y de' toda3 las ,-entajas,
emolumentos y consideraciones que gozaban por sus empleos y gerarquías,
cuyo hecho escandaloso ha dado hlgar, ántes de ahora, á reiteradas que-
jas por parte de los recluidos, y á diferentes disposiciones de la real
cámara de Castilla, que V. E. desestimó; se ha servido S. M resolver
que en el término de ocho dias, despnes del recibo de esta su soberan.a
resolucion, manifieste V. E., en forma legal, el fundamento que haya
tenido para tomar tan severa providencia; en la firme inteligencia que si
pasado el tiempo preciso para recibirse en esta secretaría de estadÚo y del
despacho de gracia y justicia de mi cargo la contestacion requerida á
V. E. no hubiese llegado á las Rs. manos de S. M., es su soberana vo-
luntad, que los canónigos, dignidades y demas eclesiásticos comprendi-
dos en la adjunta lista, que remito á V. E. de surea! órden, sean pues-
tos inmediatamente en.libertad, y restituidos á sus antiguos emple.os y
consideraciones, reintegrándoles religiosamente todas sus rentas y.emo-
lumentos venzidos en el tiempo de su r~clusion, eomo si hubiesen estado
presentes, siendo tanto mas desagradable á S. M. la conducta arbitraria
de V.E. en este asnnto, cuanto ni en esta secretaría de mi cargo, ni en
su real cámara de Castilla, que es á quienes esclusivamcnte toca entender
en todos 108 negocios ecl~siásticos del reino, consta que ninguno .. d.~


2 J.




290


dichos confinados haya dado el menor motivo de reprension en su con-
ducta como ministros del altar, ni ménos manifestadu en público ó
en secreto la mas leve desafeccion á su real persona y paternal go-
bierno. De órden de S. ~1. lo comunico á V. E. para su inteligencia y pun-
tual cumplimiento. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 29 de
noviembre de 1826.-Tadeo Calomarde.-Reverendo obispo de Oviedo.


Representacion del obispo de Oviedo á S. M.
Señor.-Si el conocimiento que tengo del modo con que suelen des-
pachar~e los negocios en vuestras secretarías de estado y del despacho,
en que con tanta frecuencia se abusa del sagrado nombre de V. M.
no viniese en este momento á ilustrarme, y á servirme de guia se-
gura en el extraordinario caso que mótiva esta reverente exposicion
que dirijo A. L. R. P. de V. 'M., ereeria, Señor, no sin sorpresa, que
ó V. M. se habia olvidado de los preceptos que me impuso parti-
cularmente luego que fué restituido segunda vez al trono absoluto de
sus mayores, para arreglar en lo sucesivo mi cOllducta y operaciones
en la diócesis de mi obispado, ó que los enemigos ocultos del altar
y del trono, esforzando sus inicuos recursos, habian logrado nuevamente
apoderarse del real ánimo de V. M. sugiriéndole medidas conocida-
mente destructoras de la felizidad y tranquilidad pública, y del reposo
que gozan todos vuestros fieles y católicos vasallos. Pero, Señor, co-
mo afortunadamente sé por convenzimicnto práctico que lo que los
ministros del despacho dicen ser la voluntad sobcrana no es sino la suya
propia, aunque indehidamente revestida con vuestro augusto sello, no va-
cilé, Señor, un instante en dar el merecido valor á Ulm que se dice real
órden de 29 de noviembre último subscrita por el, encargado del mi.
nisterio de gracia y justicia D. Tadeo Calo 1lI arde, persuadido como lo
estoi que ni aun tuvo V. M. una ligera idea de su contenido sor-
prendente é indecoroso á mi alta gerarquÍa y ministerio divino. Por
consecuencia, Señor, yo pudiera mui bien desentenderme de acusar el
recibo de aquel extraño documento, y despreciar las amenazas y fal-
tas de consideracion de que están llenas todas sus lí.neas, sin que
por esto fuese tachado de criminal mi silencio, que era ciertamente
la contestacion mas propia (lue pudicra dar á quien, escudado falsa-
mente con vuestra voluntad suprema, tuvo la arrogancia de insultarme
por e5crito, y de entrometerse sin autoridad en los negocios eclesiás-
ticos, que solo á mí como vicario de J. C. en la diócesis de Oviedo,
me incuml)/~ decidir detiniti\"amente. Ma,~ cOllsiderando 'fue p"ede ser




291
de algun provecho á la iglesia de Dios y á vuestra augusta real per-
sona elevar á la alta consideracion de V. M, las observaciones á que
ha dado lugar aquella pretendida real órden, dígnese V. M., Señor,
oirlas con la bondad que siempre escuchó los sinceros acentos de los
ministros del santuario, que mas de una vez han sabido arrostrar los
peligros mas iminentes por colocar á. V.M. en el trono esclarecido
de ~an Fernando, ya por en medio de las bayonetas traidoras de un ti-
rauo estranjero, ya por entre los ensangrentados puñales que la
impiedad mas desen~renada hizo empuñar á algnos hijos espúreos de
vuestra católica nacion. Tiempo ha, Señor, que desde mi retirado
gabinete observo la marcha tortuosa que dan á la administracion del
estado los encargados del gobierno supremo, y tiempo ha tambien que
me dirigí á V. M. lamentándome de e,to mismo, y de la lenidad
que con escándalo ejerzian los tribunales de justicia del reino con
los reos acusados y convictos de alta traicion á la. relijion y al tro-
no, patentizando á V. M. hasta la evidencia la incompatibilidad de la
exi~tencia de uno solo de Estos criminales con la ~erdadeJ"a relijion
de J. C. y con la seguridad tan nccesaria de vuestra real persona
y soberano poder: avisos, á la verdad, saludables que de haberse adop-
tado debieran por lo ménos hah~r producido resultados mui felizes á
vuestra nacion, y provechos incalculables á vuestros fieles y cristia-
nos vasallos. Pero, Señor, ó bien fuese porque los comisionados par-
ticulares encargados de poner en ,nestras reales manoS estas extra-
judiciales esposiciones, no lo hubiesen hecho oportunamente, ó bien
porque se hubiesen adherido al sistema !le algunos de YllCstros pri-
vados consejeros, ó como' puede suceder, porque ya no ejerziesen los
altos ministros de la relijion la influencia que ántes ejerzian en vues-
tras reales determinaciones, el hecho es, Señor, que la nave del es-
tauo corre aun de riesgo en riesgo bajo la direccion !le vuestros fun-
cionarios públicos, y se estrellará indubitablcmente sin que nuestros
esfuerzos, aunque enormes, puedan evitar el fatal naufragio que se
aproxima. Y cntónces señor ¿ podrá V. M. acu~ar con razon de inex-
pertos ó tibi()s á los que con tanta anticipacion y encarecimiento le
señalaron el rumbo cierto que debia seguir para salvarla? ¿ Y le
bastarán á V. M. para librarse del peligro que le amenaza particu-
larmente, los dictados que se esmeran en atribuirle sus falsos conse-
jeros de bondadoso, caritativo y humano.2 Ah Señor! cuan erróneos
son estos principios, y cuan perniciosos en las convulsiones políticas.
La boodad de un monarca es solo útil y provechosa cuando la ejer-




292
ze con sus leales y obedientes vasallos y nada mas, pues es tendiéndose
de im mismo modo á los que le son constantemeute buenos servido-
res, como á aquellos que tan léjos de serlo son sus mas irreconci-
liables enemigos, pierde toda SU virtud y eficazia por la generalidad
con que se distribuye, y enagenando siempre á los buenos jamas atrae
á los malos; principios de eterna justicia y de conveniencia pública
que nunca debieron apartarse de la real mente de V. M. y de sus
ministros, pero que desgraciadamente vemos menospreciados ó sumi-
das en un fatal olvido! De aquí es, Señor, precisamente de donde traen
su primitivo oríjen los acerbos males que hoí aquE'jan á la católica Es-
paña, y yo estoi íntimamente persuadido que si V. M. no se hubiese
separado de la senda tlue nos ofreció seguir cuando nos autorizó y
alentó para sublevar los pueblos contra el gobierno democrático de
los años anteriores, ni V. M. se viera ahora expuesto á perder una
corona dos vezes restituida con torrentes de sangre inocente, y otros
sacrificios no ménos caros á los ministros de la religion, ni lo que
debe ser á V. M. mas sensible, próximo, mas de lo que parece,
á lo que mis labios no tienen aliento para pronunciar, ni fuerza mi
mano para escribir!!! Yo me estremezco, Señor, al considerar el
estado calamitoso á que han reducido la nacion las manos ineptas
de vuestros ministros y consejeros, quienes aparentando un amor ar-
diente á vuestra sagrada real persona, la van conduciendo rápidamente
al borde de un precipicio espantoso!!! Señor, preciso es ya decirlo
de una vez. El momento es llegado de descorrer el horrible velo
al crÍmen mas atroz, bajo la apariencia de la virtud mas pura! No
se estremezca V. M. al oír las terrible~ palabras que voi á pronun-
ciar: ahora mas que nunca neces~ta V. M. de aquella alma grande
y fortaleza de espíritu que en Qtras ocasiones distinguió tanto á V. M.
Pero, Señor, que no sean en vano estos últimos avisos como' lo fue-
ron cuantos le dirijí anteriormente con el zelo mas acemlrado por
la religion de J. C., Y por el bien de la monarquía. Sepa pues,
V. M. y sépalo el mundo católico apostólic.o romano, ante quien loa
delato, q"ue los pérfidos consejeros que hoi tienen aprisionado á V. M.
abrigan en sus desleales pechos planes de inaudita maldad, en que tam-
bien quisieron comprometer mi fidelidad á V. M. nunca desmenti-
da! !! Si V. M. quiere que le manifieste los datos irrecusables que
tengo para probar hasta la evidencia este horrendo atentado, ordé,.-
neme V. M. que parta inmediatamente á presentarme ante su augusta
real persona, y tendré la inexplicable complacencia de ponerlos en




293
las reales manos de V. M. paraque la cuchilla de la lei caiga .. ins-
tantáneamente sobre las miserables cabezas de los que intentan per-
petuarse en los destinos con la perpetracion de tamaño crÍmen. Es-
tos males, Señor, ya debieron ser conocidos de V. M. ántes de ahora
cuando en HH5 se vió V. M. precisado á destituir de sus desti-
nos á varios funcionarios públicos, entre los cuales lo fué tambieu, y
ademas desterrado, de la corte y sitios reales, el mismo que por mo-
tivos que no alcanzo mereze hoi la confianza de V. M. para de-
sempeñar el árduo encargo de ministro de estado y del despacho de
gracia y justicia.-De lo expuesto, Señor, puede V. M. colegir cual
seria la causa que motivó la injusta providencia de que me quejo al
principio de esta sumisa exposicion, pareciéndome oportuno incluir á
V. M. una copia exacta. de ella para su real conocimiento, conclu-
yendo con suplicar á V. M. con todo el encarecimiento que me es
dable se sirva adoptar en bien de la religion católica, de la monar-
quia, y de vuestra sagrada real persona, como en justo desagravio de
mi elevada dignidad episcopal ultrajada, las medidas enérjicas que
reclama la importancia de los hechos qne dejo referidos. Así lo es-
pera de V. M., cuya vida guarde Dios N. S. muchos años.-Señor.-
A.' L. R. P. de V. M. vuestro fiel y humilde vasaIlo.-Gregorio
Ceruelo de la Fuente, obispo de Oviedo, conde de Noreña.-Ovie-
do, 12 de diciembre de 182.6.


Riego al ayuntamiento de .Algeciras, 31 de enero.
Primera division, ejército nacional.


Deseoso el general en jefe del ejército nacional de que los pueblos
que bajo el abrigo de sus armas han podido manifestar los sentimien-
tos que los animan, publicando la constitucion de la monarquía espa-
ñola, disfruten en cnanto esté en su mano las ventajas que dimanan
de tan sagrado córligo, y se alivien de las pesadas cargas que los re-
du:ten á un estado de nulidad, exigen remedios tan eficaces como prontos,
ha determinado en nombre de la patria.


Primero, que dichos pueblos queden exentos, desde primero de este
año, de pagar la contribucion general, miéntras la nacion determina lo
mas conveniente acerca de las rentas del estado, y el modo de pagarlas.


Segundo, que los géneros de manufactura estranjera, inclusos los
tejidos de algodon, queden de entrada libre, pagando solo un derecho
único de 12 por ciento, acerca de cuya percepcion y cobro se formará
el correspondiente reglamento.




Tercero, que sea libre la introduccioIl de todos los géneros de comllstible.
Cuarto, que el tabaco, cuyo desestanco se verifica desde abora, pa-


gue en su introrluccion un real de' vellon por cada libra.
Todo lo que harán V. SS. entender á este vecindario por medio de


un bando, mañ:ma á las nueve de ella, fijando copia en los lugares públicos
paraque llegue de esta snerte al conocimiento de todos; debiendo
darme testimonio de su ejecucion.-Dios guarde á V. SS. muchos años,
Algeciras 31 de enero de 1820.-SS. individuos del ayuntamiento de
esta ciudad.-Rafael de Riego.


Decreto de S. A. el Sr. duque de Angulema, dado en Andújar á 8
de agosto de 1823.


"Nos Luis Antonio d'Artois, hijo de Francia, duque de Angule-
ma, comandante en jefe del ejército de los Pirineos.


Considerando que la ocupacion de España por el ejército frances bajo
nuestro mando, nos po~e en la indispensable obligacion de proveer á
la tranquilidad de este reino, y á la seguridad de nuestras tropas, he
dispuesto y mando lo que sigue •


.Art. primero, las autoridades españolas no podrán hacer arresto al-
guno sin la autorizacion del comandante de nuestras tropas dentro
del distrito en que se hallen.


Segundo, Los comandantes en jefe de los cuerpos de nuestro ejér-
cito, harán poner en libertad todos 10& que hayan sido presos arbi~
trariamente y por motivos políticos, singularmente á los milicianos que
regresan á sus casas: exceptuándose aquellos que despues de entrados
en ellas hubieren dado justos motivos de queja.


Tercero, los comandantes en jefe de los cuerpos de nuestro ejérci-
cito están autorizados para hazer arrestar á Jos que contravengan á la
presente órden.


Cuarto, todos los periódicos y periodistas quedan sujetos á la vi.
gilancia de los comandantes de nuestras tropas.


Quinto, el presente mandato se imprimirá y fijará por todas partes.-
Dado en nuestro cuartel general de Andújar á 8 de agosto de 1823.-
Luis Antonio.-Por S. A. R.-El mayor general conde de GuilIeminot."




295
Proporicion hecha. á [tis cortes e1I 7 de julio de 1823 por el diputado
Albear, ,obre que se procediera á señcllur las rentas propias que debe-


rian tener los ciudadanos españoles para ur diputados á cortes.
El señor Oliver ocupó la tribuna, y leyó el dictámen dé la ma-


yoría de la comision de legislacion sobre la proposicion del señor Albear,
relativa á las rentas que deben disfrutar los que sean elejidos dipu-
tados á cortes, é igualmente se leyó el voto de la minoría de la co-
mision, cuya proposicioll, dictamen y voto son los siguientes:


Removidos los estorbos y sueltas en lo posible todas las trabas que
encadenaban la libre circulacioll de las propiedades territoriales en el
año de 1812, principal ó único motivo por el que á juizio de la co-
mision encargada de estende.· el proyecto de constitucion, se suspendia
y suspendió el efecto del artículo 92 de ella, pido á las cortes se sir-
van en la actualidad decretar lo siguiente.


Primero, se d eelara haber !legado ya el tiempo de que pueda y
deba tener efecto el artículo "92 de la constitucion de la monarquía
promulgada en esta ciudad en el año de 1812, por el que se requiere
ademas de lo prevenido en el 91, que para ser diputado de cortes
se tenga una renta anual proporcionada, procedente de bienes propios.


Segundo, la cuota de la renta será de mil ducados, ú once mil
reales vellon, y los bienes de que haya de provenir, de los de pre-
dios rústicos y urbanos; pero si el ciudadano, ademas de propietatio
fuese agricultor, ó ejerziese constantemente algun otro género de indus_
tria ú ocupacion útil, de la que perciba tambien sueldo} haber é intere-
ses, bastará que aquellos le puedan producir en arrendamiento, ó le
produzcan la mitad de la cuota referida para ser elejido.


Tercero, lo que estos artículos expresan se tendrá por constitucio-
"ual, como si estuviese puesto al pie de la letra en el 93 de la cons-
titucion, segun allí se previene, y empezará á regir para la eleccion
de diputados en las legislaturas de los años de 1824 y 25 Y siguien-
tes} para lo cual el gobierno expedirá las órdenes y reglamentos con-
ducentes. Cadiz 7 de julio de 1823.-Albear.


La comision de lejislacion, des pues de haber conferenciado entre
sí y con el señor Albear, sobre la pToposicion que a~tecede} ha tenido
el disgusto de ver que todo~ sus individuos no convienen en una mis-
ma opinion; por lo que la mayoría de ella es de parecer, que en
atencion á que en dicha proposicion se trata de un hecho que tiene
dos puntos de vista mui importantes; á saber, uno político por la
época en que se presenta, y otro eonstitucional, es ele opinioll y pro-




296
pone al congreso que paie esta proposicion al gobierno paraque in-
forme lo que crea conveniente, despues de haber oido el consejo de
estado. Las cortes lo resolverán así, 6 como crean mas conveniente.
Cadiz 25 de julio de 1823.


Voto particular de los señore. Ruiz de la Vega, Posada y Olivero
Los individuos que subscriben este voto particular han meditado de-


tenidamente sobre la proposicion antecedente del señor Albear, por
la cual se suscitan cuestiones extraordinariamente delicadas; pero con-
sideran queá pesar de ello no debe esperarse para su resolucion el iuforme
del gobieruo dado por escrito, y que una vez presentadas aI congreso, es
conveniente no retardar la decision. Sin escuchar informe alguno,
juzgan que hai suficientes datos para desecharla sin vacilar. Cuando
hubiera razones para resolverla en los términos que el señor Albear
apetece, siempre repugnaria al pundonor de la nacion española dic-
tar un decreto, que pareceria arrancado por la fuerza de las bayo-
netas estranjeras, y sancionado por una cobarde y débil condescenden-
cia. Es necesario que las determinaciones de esta especie nunca se
presuman arrancadas por la fuerza ni adoptadas por complazer á los
enemigos de nuestro bien, que pretenden darnos consejos con los·
fusiles y los cañones. Por otra parte, ó no debi6 aprobarse el ar-
tículo 93 cuando se- discutió la constítucion, ó debe subsistir en toda
su fuerza por algunos años, porque las circunstancias no Son mas
favorables. Invadida estaba entónces la nacion como lo está. en el
dia. La propiedad de los bienes raizes estaba acumulada en mui
pocab manos y en el dia casi sucede lo mismo: el crédito público
conserva la mayor parte de los bienes que se le han adjudicado; sub-
sisten todos los conventos de relígiosa&; lo:! cabildos retienen la~ fin~
eas; S. M. no ha tenido á bien sancionar la lei sobre la pronta·
desamortizacion de las capellanías de sangre; para los ramos de ins-
truccion pública y de beneficencia se van creando dos nuevas cla-
ses de manos muertas que sacarán de la circulacion muchos biene~;
algunas encomiendas reconocen oí. los mismo dueños; ahora se empie-
zan á repartir en porciones mui pequeñas con prohibicion de enll-
genar por cuatro años una mitad de los baldíos, y la otra mitad ha
de pasar al crédito público, y se ha de ellagenar despues; tampoco
se han desamortizado todos los predios de los propios; los poseedores
actuales de los mayorazgos no pueden disponer de la· mitad de ellos,
y probablemente serán lJOCOS los que dispongan de la otra mitad.




297


Ultimamente . no hai caminos ni canales que dén valor á las tier-
ras, é inspiren aficion á. la agricultura, facilitando la trasportacion
y venta de sus productos. Así es que en muchos años no podrá.
dividirse la. propiedad del modo que conviene, paraque las ideas del
señor Albear pudieran llevarse á efecto sin producir gravÍsimos m'l-
les á la nacion. P~ra lo mismo contribuyen las actuales circunstan-
cias de la guerra, la cual ha de arruinar gran número de propietarios,
y con particularidad á los amantes de la lei fundamental.


Si ofrece dificultad¡>s la proposicion del señor Albear en cuanto
á estimar ll¡>gado el caso de llevar á efecto el artículo 92 de la
constitucion, las ofreCl~ mayores en cuanto á que á lo ménos la mitad
de la renta proceda de bienes raizes. El citado artículo 92 solamente
exije que los bienes sean propios, y nadie dirá. que únicamente po-
demos tener propiedad sobre bienes raizes, ni negará que son de la
clase de propios los buques, Jos censos, las fábricas, las acciones de
banco, las obras literarias, las imprentas y otros semejantes. Por
el contrario, es difícil seguir la opinion del señor Albear, cuando co-
loca entre las rentas procedentes de bienes propio., los sueldos que
proceden de la riqueza nacional, en cuyo caso se hallan tambien las
rentas eclesiásticas.


Si se admitiera la proposicion del señor Albear, se excluirian de ser
diputados dc cortes casi todos los eclesiásticosf los militares, los em-
pleados, los comerciantes, los fabricantes, los magistrados, los juezes,
los letrados, los médicos, la mayor parte de los lahradores y otros
que son de los mas ilustrados, que poseen un gran caudal de <:0110-
cimientos prácticos, y que han recibido la mejor educacion. La na-
cion debe esperar mucho mas de estas bcnémeritas clases del estado,
que de aquellos á quienes la fortuna hizo· herederos de padres opu-
lentos y se han acostumbrado á vivir del sudor ageno, mirando con
fria indiferencia la miseria de sus semejantes.


No es tampoco de temer que las juntas electorales de pl"Ovincia
abusen de lo dispuesto en el artículo l;3, colocando en el congreso
personas poco á propósito para tan augusto encargo. La experiencia
demuestra .lo contrario y que todos 108 nombrados hasta ahora han te.
nido establecimientos y rentas suficientes para mantenerse con decoro,
á lo ménos miéntras no se han visto ohligad06 á salir de su domi.-
cilio. Ignoramos por qué razon se desconfía de las juntas elec-
torales, queriendo estrechar demasiado el círculo· de las personas en
cuyo favor pueden dar 8u8ufragio, cuando es deesperjir que al i)f~-


2 M




298


tarlo lo harán del ~lOdo mas conveniente para la lIazion, y preferirán
á los propietarios, aunque la leí 110 lo ordene, siempre que lo juzguen
ventajoso para la patria. Por las razones esplicadas, fundadas sobre
hechos demasiado notorios y conocidos, no solo creemos que no puede
ser admitida la opillion del señor Albear, siuo tambien que para re·
solverlo así no es necesario ni coIÍveniente oir el informe del gobierno
que no puede añadir ilustracioll sobre uua materia tan clara; y mé-
nos sobre heehos que no pueden ponerle en duda. Sin embargo con-
vendríamos en la opinion de nuestros dignos compañeros de comision,
si no nos obligasbn á separamos de ella dos razones que considera-
mos de mucho peso. La primera es, que describiendo la eOllstitueion
en el títnlo 10 todas las fo¡:malidades necesarias para dictar leyes
constitucionales, no exije el informe del gobierno, y no siendo ne-
cesario, pudiera introducirse la práctica de pedirlo, y debilitar la fuer.
za del artículo tercero de la constitucion, dándole al gobierno alguna
parte en el establecimiento de las leyes fundamentales.


No nos hubieramos opuesto á. que los señores seeretarios del des-
pacho concurriesen á la comjsion para ilustrarnos con sus luz es, segun
lo propusimos, pero sí á que se les pida de oficio la ilustracion. La segunda
razon que para lo mismo hemos tenido presente, consiste en que po-
dria creerse que pidiendo el informe del gobierno se trataba de elu-
dir la cuestion, porque no habia tiempo para resolverla en el corto
término que resta de la preseute legislatura. No puede echarse en
olvido que cu-ando se tratara de admitir la proposicion del señor Al.
-J.¡ear, seria necesario descender á otros muehos pormenores, fijar cua-
les son los bienes raizes, á qué clase pertenecen los censos, las ins-
cripciones, las acciones de banco &c., quién habia de calificar la suficiellcia
de las l'enta~, qué solemnidades dcberian observarse para la califica-


:cion, si convendria graduar las rentas por los amillaramientos, si de·
beria atenderse á la cantidad pagada por contribuciones, si los sueldos
y las rentas eclesiásticas podrian considerarse procedentes de bienes
propios, y otras muchas cuestiones de esta especie, que no pueden re-
solverse COIl precipitacion cuando se trata de una lei constitucional.


Por todo ello opinamos, que las cortes se sirvan declarar no haber
,lugar á deliberar sobre la proposicion del señor Albear. ~in embargo,
resolverán como siempre lo mas acertado. Cadiz 26 de julio de 1823.-
Domingo Ruiz de la Vega.-Juan Oliver y García.- Vicente de Posada.


Se acordó á peticion del señor . Galiano que se imprimiese con ur-
gencia, y se anunció que el señor presidente señal aria dia para su disclIsion.




299


Proclama del general Quiroga y del ejérzito· de su mando cuando su
levantamiento en la ciudad de San Fernando, en enero de 1820.


Milicianos provinciales.
¿ Contra quienes tomais las armas? Y·osotros destinados á la de-


fensa del suelo patrio, pazíficos ciudadanos que solo debeis empuñar
la espada contra un enemigo invasor, vosotros considerados en todas
las naciones corno la milicia de la libertad, vosotros no venis á hacer
armas contra nosotros, españoles que siguen vuestras mismas bande-
ras, y que protejen la causa vuestra y de vuestras familias.


Milicianos: nosotros os aseguramos que no son otras nuestras miras que
las de afianzar la felizidad de la España bajo aquella constitncion ya
jurada por la nacion entera; ni atentamos á la religion de nuestros
padres, ni á las propiedades,ni á los derechos lejítimos del rei. Pre-
guntad á los pueblos entre quienes vivimos, ellos os dirán cual ha
sido nuestra conducta; leed nuestros manifiestos, ellos os declararán
cuales son nuestras intenciones.


Milicianos: hermanos nuestros, compatriotas nuestros, amigos, qui-
zás parientes, y deudos de muchos de entre vosotros: venid á par-
ticipar de nuestra gloria: siempre los milicianos provinciales tuvieron
parte en las del ejérzito. Venid á la libertad de la patria á hacer
la felicidad de nuestros hijos, á acabar con un sistema de emulacio-
nes mísero y opresivo, y pronto y pronto volveréis á vuestras labo-
res á vivir en paz bajo un gobierno justo, que en vez de oprimiros
proteja vuestra noble ocnpacion de cultivar la tierra de la libre
España.-Cuartel general de San Fernando, 15 de enero de 1820.-
Como jefe y órgano del ejérzito.-Antonio Quiroga.


Quirog(t á Gadiz 11 de enero de 1820.
Cadiz ! Cadiz! ¿ Donde está. tu patriotismo? ¿ Donde están las


virtudes cívicas que te distinguian? ¿ Eres tú el glorioso asilo donde
refugiada la nacÍon hace años promulgó leyes qne debian hacerla di-
chosa para siempre? ¿ Esta memoria tan grande no te inflama? ¿ ves
con indiferiencia la ocasion de llenar los gloriosos destinos que te
aguardan?


¿ Qué esperas? la libertad está á tus pnertas, y vacilas? ¿ Oyes
sns gritos generosos y estás mnda? La constitucion se ha publicado
en la ciudad de San Fernando ¿ y no te enardeces ~ ¿ Qué suerte aguar-
das de tu apatía, tan funesta como incomprensible? ¿ Qné disculpa
das al mundo de verte en ese letargo de indolencia? ¿ Qué fuerzas




300
te oprimen?· ¿ Qué bayonetas atajan tus gritos generosos 1 Ay! tú
misma te fOljas tus cadenas, y repeles los brazos que te tienden los
hijos de la patria.


Cadiz, sal del abismo adonde te conduce tu funesto sueño. Al-
zate y atrévete á ser Cadiz. Cadiz esclava es el dechado de la
humillaciou y la miseria; Cadiz libre será. el primero de los pue-
blos opulentos. Alzate y rompe esas débiles barreras que te cer-
can. Unete á nosotros, abre tus puertas á. los que juraron morir por
la libertad civil de su pais, y rcspirarás al cabo de siete años su· aire
tan puro y delicioso.-Cuartel gcneral de San Fernando 11 de enero
dc 1820.-Como jefe y órgano del ejército.-Antonio Quiroga.


Habitantes de Algeciras.
Los gritos de satisfaccion ., de la alegría con que recibisteis ayer noche


las tropas nacionales de mi mando, me indican vuestros buenos sen-
timientos y ardientes deseos de que no continúe por mas tiempo un
sistema de opresion que os reduce á un estado de nulidad, de aba-
timiento y de miseria.


Este estado va á acabarse. El grito generoso pronunciado por el
ejérzito nacion.al, ha sido la aurora de las felizidades de la patria.
Los pueblos que la abrigan, han' vuelto á las leyes que hizieron su fell.
zidad en otro tiempo. De esclavos agoviados b~.jo el yugo, se han
convertido en hombres libres. Las trabas de su industria desapare-
cieron, y la espel'anza de sus futuras glorias y prosperidades, tiene por
apoyo el reinado de la lei que debe ser la voluntad de la. nacíon, é
igual para todos los individuos que componen un estado.


Habitantes de Algeciras: desde anoche habeis entrado en tan di-
choso número. La constitucion tan suspirada va á resucitar en vues-
tros muros. Vuestra voluntad os dará los majistrados que deben go-
bernaros. La leí os regirá tan solamente, y no el capricho. Iguales
delante de ella, no temais las arbitrariedades que cuestar; tanto á los
pueblos infelizes. Respirad por fin, y atreveos á ser hombres. No
creais las sugestione s de los que son demasiado interesados en la causa
del despotismo para ser oidos. I~os que predican la servidumbre, ó
son malvados 6 insensatos. ExáminadlQs bien, y veréis que viven de
vuestros llantos y miseria. Su bien esta,r se halla en oposicion con
el bien público. '¿ Será estraño que traten de prolongar un estado de
cosas tan triste á los ojos de la raZon ~omo funesto al reposo y
prosperidad de 105 pueblos?




301


Si habeis leido las proclamas y manifiestos del ejército nacional,
ya sabreis su resolucion y sentimientos. Hijos de la patria, quieren
que la patria misma decida sus destinos. Sus padres van á. congre-
garse. I.os pastores de los pueblos formarán las leyes que crean
mas convenientes á su prosperidad y á su grandeza. Aguardad estos
momentos tan felizei. Aguardarllos con la firme resolucion de no re-
troceder en vuestra empresa, seguros de que la constancia será un muro
incontrastable contra los tiros de los malos. Ellos se disiparán como
humo al aspecto de los que siguen la senda del honor y de la gloria.
Viva la nacion! viva la religion de nuestros padres! viva el gobierno
que la baga feliz y libre !-Cuartel general divisionario de Alge-
ciras, primero de febrero de 1820.-EI comandante general de la
primera divisioll, el ciudadano Rafael de el Riego.


---000--.-


CIENCIAS POLITICA~ y MORALES.


i El establecimiento en España de una cámara atta ú de un senado,
ofrece obstáculos invencibles?


Aunque en el folio 207, número 30, época primera del presente
periódico, hemos manifestado nuestra opinion sobre esta materia, su
importancia nos obliga á consagrarle algunas páginas, sin otro objeto
que el de aclarar la verdad. Rezelosos de que nuestras esplicaciones
anteriores hayan podido ocasionar algun escándalo político, sin atri-
buirlo á otra causa que á un movimiento siempre respetable de ar-
diente patriotismo, reclamamos en nuestro favor la tolerancia, así co-
mo protestamos tributar el mas alto respeto á los agenos dictámenes,
por mas que discreparen de los nuestros.


l.
UlIa vez que la razon y la experiencia demuestran la necesidad de


un cuerpo que haciendo parte del legislativo, temple en los gobier-
nos moderados las efervescencias populares, corrija los arranques á
las vezes impetuosos del zelo de la libertad, é imprima á las leyes
el carácter de la imparcialidad y del detenimiento q!le consolidan su
fuerza, vigorizando la mano encargada de su ejecucion: ¿ cómo es que
Jos eopañoles que baio el imperio de su antigua constitucion recono-




302
cieron ~sta base, la abandonaron en el año de 181'! cuando trataron
de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la nacion, ase_
gurando de un modo estable y permanente el entero cumplimiento de
sus antiguas leyes fundamentales? (*) Los legisladores reunidos en
Cadiz no podían ignorar que las leyes fundamentales de la monar-
quía castellana daban asiento en sus córtes á los grandes y á los obispos,
ya en union COII el pueblo, aunque votando el señor de la casa de
J __ ara por los hidalgos, el condestable por los ricos homes, el arzobispo
de Toledo por el clero~ y ya separadamente, como se verificó en
las de Segovia de 1407 y de Medilla de 1431. Sabian ademas que
segun las leyes fundamentales, las cortes de Aragon constaban de 4
brazos, á saber: obispos, nobles, hidalgos y ciudadauos : de 3 las de
Cataluña: prelados, grandes, caballeros y ciudade~; y de igual número
las de Valencia y Navarra. Pues si todas las leyes fundamentales de
la monarquía española sancionaban como necesaria para el acierto de
las deliberaciones la existencia de una cámara alta, ¿ cómo se pres-
cindió de ella? ¿ Acaso los legisladores despreciaron la inlluencia de
la aristocracia sobre una nacion pobre y poco ilustrada, ó un espíritu
fatal de innovacion los arrastró á establecer una sola cámara popular,
monumento en su clase único en las modernas repúblicas, y en I~s mo-
narquías constitucionales?


Testigos de la inmaculada probidad, admiradores de la sabiduría, y
reconozidos á los grandes servicios que hizieron á la patria los di-
putados en las cortes de Cadiz, sin cometer una atroz injusticia, 'no
pudiéramos atribuirles ignorancia ni torcidas intenciones. El egoismo,
la ignorancia y el crÍmen estubieron tan distantes de su alma bien-
hechora como la virtud del vicio, y la consagracion ¡nas generosa por
la patria que les habia dado el ser, del vil egoismo y de la nefanda
traiciono Causas mui poderosas influyeron en el ánimo de aquellos
respetables ciudadanos para adoptar una resolucion, que provocó la crí-
tica de los políticos, y que quizas no ha dado resultados capazes de
recomendarla á la perpetuidad.


¿ Pero, y cuales fueron los obstáculos que impidieron el estableci.
miento de una cámara alta, ó de un senado en la península, que no
se han haIlado en Inglaterra, en Francia y en los Paises Bajos, en
donde existen gobiernos constitucionales? El estado, se contesta, á


("') Preámbulo de la constitucion de Cadiz.




303


que ie ve reducida la grandeza española, el carácter peculiar del alto
clero, y los límites estrechos de la propiedad. Estos fueron los esco-
llos que se opusieron al establecimiento de una cámara alta en España.
Rezelosas las córtes de que en ellos se estrellara el bajel de la li-
bertad, le dejaron exclusivamente entregado á manos del patriotismo
popular, esperando sin duda que los efectos del nu~vo sistema político
corrigieran los vicios de la nobleza, enfrenaran las pretensiones del clero,
y multiplicando el número de los propietarios disolvieran el monopolio
de la riqueza territorial, que ejercen los magnates, facilitando al cabo
el logro de la idea.


Nosotros demasiadamente humildes para atrev(;'rnos á contradecir á
unos personajes tan distinguidos, nos c(;'ñirémos á presentar algunas
reflexiones hijas de nuestro :l:elo, para apoyar una opinion que si en
parte discrepa de la de estos, en otra se conforma con ella.


JI.
Convenimos en que la desigual distribucion de la riqueza territorial


acumulándola actualmente en un corto número de manos, cierra la en-
trada de la cámara alta b senado á muchos individuos, que dotados de
prendas relevantes ocuparian con honor sus augustos escaños. ¿ Pero
y este inconveniente no debia desaparecer á la merced de las sabias
leyes que dictaron las cortes para puner en circulacion las fincas· hoi
estancadas: y sobre 10,000.000,000 rs. importe de la deuda nacio-
nal interior equivalentes á la vigésima parte del capital de la penír:.-
sula, que rápida é instantáneamente se debian convertir en fincas que
boi amortizadas, pasaban á manos activas y laboriosas siempre que el
congreso aprobara la providencia, que su comisiOR de crédito público
le propuso en 19 de mayo de 1822, reducida á qUe en el término de
4 años todos los acreE'dores al estado debian cambiar sus créditos por
fincas, en el supuesto de que la nacion suspenderia, pasado el pla<!o,
el reconocimiento de los créditos que no se hubieran convertido en bienes
raizes, no habilitaban en un corto espacio de tiempo á un número con-
siderable de ciudadanos para entrar en la cámara alta?


¿ Y esta misma entrada no se podia facilitar ademas, acomodando
las cuotas de la propiedad que debia poseer cada senador, á las cir-
cunstancias locales de las provincias? ¿ Por ventura la renta que in-
dica el buen acomodo de una familia en Cadiz y en Valencia, es igual
á la que le da esta opinion en Asturias, Santander y Castilla? ¿ Y
una designacion que ha sido fá.cil en las Américas, habia de haber sido im-




304
practicable en España? La poses ion de 500 acres de tierra abre en
la república anglo-americana las puertas del senado y de la cámara po-


. pular á los ciudadanos: en Méjico basta poseer 800 pesos en fincas,
ó un!!. industria que rinda 1,000: y en Colombia para ser diputado
se exigen 2,000 pesos en fincas, ó 500 en renta: y 4,000 en aquellas y 500
de este para ser senador.


III.
Si el estado en que se encueutra la grandeza de España, es uu motivo


bastantemente poderoso para abolir la cámara alta, ¿ por qué las cortes le
dieron lugar en el consejo de estado, débil simulacro de un senado?
Si tales eran sus vicios y sus defectos, ¿ por qué le concedieron la quinta
parte de los votos de un cuerpo que tan inmediata intervenGion te-
nia en las deliberaciones mas importantes 1 Sin duda P?rque no la re-
putaron tan envilecida que desconfiaran encontrar en ella hombres dignos
de los altos cargos. El ensayo hecho en las personas de loa señores
marqueses de Astorga, Villafranca, y Cerralbo, en el duque de Frias,
príncipe de Anglolla y señor de Rllhianes, acreditó de un modo incon-
testable que entre los ricos hornes de Castilla los hai mui acreedores
á la confianza públic'a.


Mas aun suponiendo que todos los grandes fueran absolutamente inú-
tiles, imputacioll que nunca debe hacerse á una clase entera, noso-
tros preguntarémos: ¿ y la cámara alta organizada COIl arreglo á las
luzes del siglo, debería componerse precisa y esclusivamente de toda
la grandeza actual? ¿ Xo se podia crear tambiell una grandeza moderna
como se ha hecho en Francia, sobre las base~ de los servicios públicos
y de la ilustracion r Al organizar la cámara alta ¿ no se podian de-
signar las calidades personales que ademas de la nobleza, debieran ador-
nar á los que entraran eu ella, y que alejaran de tan augusto re-
cinto el vicio, la ignorancia y la pcruiciosa ociosidad? ¿ 1\0 se podia
fijar el número de los senadores como se hizo en el Norte Amé-
rica, y se ha imitado en las nuevas repúblicas ultramarinas con pro-
porcion al de los de la cámara popular (*), ¿ y no se podia dar á
esta, como se hizo para el nombramiento de consejeros de estado, el
derecho de presentar al rei listas de candidatos tomados en la an-
tigua y nueva Grandeza para que de ellos escojiera los que hubieran
de componer el senado?


(*) En la república fundada por Washington, 157 diputados componen el
congreso y 40 el senado.




a05


IV.
El orgullo que distinguió en los tiempos antiguos á la grandeza


española, y que forma la base de su carácter, no nos parece que pue-
da justificar la supresion de la cámara alta, porque las circunstancias
actuales hacen pulos sus efectos. Por mas que nuestros grandes se
acuerden que deben su orÍjen á reyes y á héroes, las costumbres del
dia condenan al pais de las quimeras las pretensiones que puedan fun-
dar sobre esta remembranza. ¿ Pagaria hoj el pueblo los llamados ma-
lo. usos, que resignadamente satisfizo el catalan en las épocas del or-
gullo de nuestra grandeza? {Hubo en los siglos fatales grandes de
España que hicieran alarde de protejer las artes, y de anotar sus nom-
bres en las nóminas respetables de los fabricantes y comerciantes, como
lo hizieron en nuestros dias el conde de Aranda, y los duques del
Infantado, de Osuna, y Frias? ¿ Hubo entónces quien mirara' con afi-
cion la agricultura como en nuestros dias lo hizieron los duques de
Arcos y de Hijar, y el inmortal Pignateli 1 ¿ En las épocas que se ci-
tan, se ennobleció un grande con el nombre y calidad de soldado raso,


como á nuestra vista lo han hecho los duques de Abrantes y de Ri-
bas, el conde de Oñate, y los marqueses de "ilIafranca, de Aleañi-
zes, del Rafal y otros? Las circunstancias, las opiniones y las cos-
tumbres han sufrido una total mudanza, y es lastimoso suscitar mie-
dos, á la verdad pueriles, á un poder que si fué colosal, ya no
exist~. Si la ignorancia, el desenfreno y el Ol'gUIJO que desplegaron
lo~ grandes en los siglos medios, bastarán para anular la cá.mara alta
del, siglo XIX, apenas quedaria habil clase alguua del pueblo para
ejerzer los atributos de la soberanía en la cámara comun, porque
todas estuvieron cubiertas de barbarie, de atrozidades y de miseria en
la época á que se alude.


v.
Los ilustres lejisladores de Cadiz creyeron quizas que la ambicion de


la grandeza desde que domino sn fiereza el cardenal Cisneros, limitada
á ser criados del rei, la inhabilitaba para cjerzcr con entereza las fun.
ciones lejislativas en un senado. Pero este defecto, si tiene tan gran
'poder, sien'do comun á las demas clases, á las cuales perdona el genio
exaltado de la libertad, las inutilizará para compober la asamblea le-
jislativa. Dícese que los grandes se abismaron en el abatimiento y
la depresion á impulsos del orgulloso poder de Cisneros: ¿ y qué su-


2N




306
cedió á los tribunales? ¿ qué á los pueblos? y ¿ que a sus represen-
tantes, des pues qoo el atrevimiento de este fraile altivo, humillando
á los ricos homes frauqueó á la arbitrariedad alemana el camino para
esclavizar á la, nacion ? Los envenenados efectos de un gobierno opre-
sor, las cruentas atrozidades de la inquisicion, y otras causas que des-
graciadamente combinadas acometieron á la infeliz España en los siglos
corridos. desde el XVI '11 XIX, produjeron el abatimiento de la nobleza
y del pueblo, borraron del pecho del denodado aragones el amor á
su antigna libertad: y encorbaron al.honrado· castellano, al sufrido y
valeroso gallego, al independiente asturiano, al bravo extremeño yal
festivo andaluz bajo el lát1¡!"o desolador de la servilidad. La nacion
entera sucumbió á la desgracia, y no hai porqué hazer eminentemen-
te odiosa á una clase, cuando todas han sufrido igual suerte.


El que la ambicion de los grandes se reduzca hoi al corto recinto del
palacio, es mi efecto del sistema político que prevalece. Sin in.
mediata participacion en el gobierno, porque el gabinete arbitrario co-
-noció que ellos podian contener sus demasías con mas eficazia y mejor
éxito que el pueblo, y encarzelados en la corte, sufren el disimulado peso
de unos grillos, dorados con el prestigio de ciertos destinos aplicados
exclusivamente á su clase, y cuyo ejerzicio no impidió á sus mayores
desempeñar en otros tiempos con entereZa y honor sus deberes en los
campos de la gloria y en los consejos de los monarcaS. Sin embar-
go, no bien la política cortesana miró sin susto á los grandes, y en
nuestros dias empezó á llamarlos á los puestos de influencia, que los he-
mos visto ocupar con honor los de la mas alta importancia. Los nombres
del conde de Aranda, de los duques de Almodóbar, Frias, ViIlaher-
mosa, Osuna, Alburquerque, Parque, Anglona, San Carlos y San Fernan-
do~ de'los marqueses de Santa Cruz, de Cerralho y del señor de Rubianes,
han aparecido en los primeros empleos militares y políticos, con un brillo
bastante para desvanecl'r las i~putacion('s que se hacen á los de su cIase.


¿ Pero y esa a'nsia que se les atribuye por los destinos palaciegos, no
es un vicio radical 'de la nacÍon entera, y un resultado de ,las leyes
que la gobiernan? ¿ Todas las clases no caminan precipitada; á los
empleos que están á su alcanze? ¿ N o se prefiere una capellanía ó
una plaza de guarda á un oficio honrado?¿ Los artesanos mas hábiles
no cambian sus talleres por la portería de una oficina? El respe-
table labrador, el fauricante, el propietario y el abogado ¿ no men-
digan el favor de los frailes para que admitan en sus congregaciones




307


á sus hijos? Desengañémonos, el absolutismo civil y el religioso h(m en ve·
nenado la masa de la nacion, hasta el grado mas lastimoso; y si el ar·
gumento que se haze á la grandeza ha de tener toda la fuerza que
quiere dársele, de él sacarémos consecuencias tristes con respecto
al pueblo.


Pero sea el que que se quiera el grado d(' envilezimiento en que
háya caido la grandeza, desde que le dió el golpe el intrépido Cis-
neros: aun despu~s de esta época ha dado ejemplos de entereza poco
imitados de las demas clases, á las cuales interesaba mas que á ella
el triunfo de los principios liberales. Esos grandes que tan deprimi-
dos se suponen; dpspues de su abatimiento, se resistieron á reconocel'
por rei á Carlos V miéntras viviera su madre: se negaron á aprobar
el establecimiento de trib~os onerosos: solicitaron la supresion de
Wi conventos mendicantes y la reforma del clero-: despreciaron las con- '
decoraciones estranjeras: y supieron alguna vez impedir la ejecucion
de órdenes violentas. En medio de las revueltas de Cataluña bajo
Felipe 1 V, esos grandes envilezidos se explicaron ante el monarca con
la mayor franqueza, desplegando las ideas mas democráticas; y úl.
timamente, la inquisicion persiguió á. un conde de Benalcázar, á D·
Jaime de Navarra, á. la hija de los marqueses de Alcañizes, al conde
de Morata, al duque de VilIahermosa, y al último conde de Aranda, por
haber dado pocas muestras de servilidad. ¿ Y la historia nos conserva
un documento de entereza igual á la que desplegó el último per-
sonaje, en una de las sesiones del consejo de estado del año de 1793,
cuando por defender brioso los intereses de la nacion, incurrió en la
desgracia del monarca, y se concilió el edio del favorito; pasando á I
purgar en la fortaleza de la Alambra, el pecado imperdonable en que
le hizo caer su hidalga franqueza?


¿ Y la historia, al paso que nos conserva tan ilustres datos de parte
de los grandes, a~n en el tiempo de su depresion, los ofrez,e seme-
jantes en los supremos consejos? Ella nos dice que el consejo de Cas-
tilla, compuesto de letrados que pertenecian á la clase ilustrada del
pueblo, influyó eficazmente en que un extranjero ciñera I~ corona española
en competencia de un nacional, contrarrestando los deseos patrióticos
del viejo rei Fernaudo; que él mismo ad~lando bajamente al poder, hizo
que entre los dictados de Carlos, 1, precediera en España el título de
emperador de Austria al de rei católico: que intervino eficazmente
en que nn estranjero desempeñara la rejencia dI" l reino durante la Íl.u-




308
senda, de aquel: que individuos de su seno insultaron y amenazaron
de muerte al diputado Zuonel, porque sostenía con vigor las liber-
tades patrias: á que los mismos pidieron que se castigára ásperamente
á los procuradores de cortes que resistian el viage de Carlos á: Flan-
des. Los anales de la península nos descubren que el consejo de Cas_
tilla, en el año de 1632, persuadió al rei que limitara 6 extendiera
los poderes de los diputados como dueño soberano: que al consejo per-
tenecia un Ronquillo encarnizado enemigo de los pueblos que recla-
maban sus derechos, el cual empleó los castigos en sufocar la voz de
la razon, y en sentar la arbitrariedad sobre bases eternas. El con-
..sejo al dar cuenta al reí de los movimientos de las comunidades" ¿ qué
servicios, le dijo, puede hacer el que, por su autoridad y en menos-
precio de la real, quiebra la paz?: esta es la astucia, añadió, que
108 malos de estos reinos han tenido y tienen de ser quejoso,; del que
al presente reiDa." Lenguage igual al que en el dia emplea la mis-
ma corporadon, para desacreditar los rectos principios de la política.
La historia nos dice que el alcalde de corte Leguizama puso en la
cárcel á los diputados de Guadalajara y Segovia, y los hizo degollar
por comuneros, conduciéndolos al cadalso sobre asnos, y con sogas al
cuello (*), y que el consejo y las audieneias han levantado el po-
der absoluto de los reyes, humillando á los grandes y á los nobles, y
esclavizando al pueblo (n.


Nos abstendrémos de recordar otros hechos de igual naturaleza, re-
lativos á la conducta de las demas clases: porque como el naufragio
de los nobles sentimientos fué tan ,completo en los siglos XVI y
XVII, Y como el despotismo se ocupó todo en acabar con los úl-
timos destellos del hOllor y de la libertad nacional: no ,es estraño que
el pueblo, sobrecojido con la desgracia, y atemorizado con la férrea
conducta de sus directores, besara humillado la manoensangreI1tdda
de sus opresores; prosternándose á los pies de los ministn¡s de la re-
lijion, que alzados con el poder arbitrario, hizieron de las máximas
opresoras nuevos articulos del símbolo relijioso.


VI.
La apática nulidad de la grandeza para influir en el bien gene-


ral de la naeÍon se deduce de haberse mantenido pasiva en los rui-


(*) Puente, his!. de Carlos V, 1iJ¡. 9, ~ 6.
(+) Idem.




309
dosos acaecimientos de esta. " Durante las comunidades de Castilla, 'se dice,
no se levanto para defender sus libertades: los grandes al principio huyeron
de ellas, y al fin se unieron al partido del rei, que premi6 sus servicios ar-'
rojáGdolos de las cortes: desman que súfrieron con bajeza, y sin quejarse."
Quisiéramos que los de opiuion opuesta á la nuestra, hubieran sacrili ..
cado este argumento, porque con ello nos habrian evitado el disgusto de
traer ~ cuento para combatirlos, hechos que los ardientes patriotas de-
searian que quedaran cubiertos con el velo del olvido: porque su me,-
moria podrá robustecer los errores que prevalecen actualmente sobre el
amOr de los españoles á la moderada libertad. Pero nuestros lec-
tores atl'ibuiran los hechos á que harémos alusion, al imperio de las
circunstancias, sin que sean poderosos para mancillar el honor del pue-
blo peninsular.


Tan léjos estuvieron los grandes de haber mirado con ceño los movi-
mientos de las comunidades, como que la historia refiere que el duque de
Frias, á quien como condestable tocaba contener los con la fuerza, pro-
cedió con lentitud apesar de las ahincadas instancias que hacia su
esposa para avivar su actividad. Padilla y Giron, jefes de los alzados,
pertenecian á la clase de los nobles: los cuales, en vez de haber influido
en las medidas de rigor que los regentes emplearon contra los levanta-
dos, sujeridas y aceleradas por el consejo, trataron con los comuneros,
convinieron en muchas de las reformas que estos deseaban, para hacer
mas invulnerable la constitucion: entraron en negociasiones con ellos,
no exijiendo de su parte mas que el sacrificio de algunos puntos, que
parecieIldo á primera vista favorables al pueblo, robustecian el poder
monárquico; y se comprometieron á obtener la aprob'acion de todo del
emperador, ofreciendo que en caso que este; dejándose llevar de
sus malo,," consejerotl, no accediese á sus demandas, los ayudarian con
sus recursos é influencia al pueblo al logro de sus idéas.


Despues de mil debates y altercados, los comuneros careciendo como
dice Robertson, de un hombre de genio capaz de dirijirlos, inflexi_
bles en no acceder á la!> propuestas de la grandeza, empeñados en
despojarla de muchos bienes que poseia, para trasladarlos al monar-
ca, olvidaIido que ella misma' en- el año de 1480 se habia allanado
á devolver todas las fincas qne habia 'adquirido por donaciones rea-
les(*): se negaron á entrar en acomodamiento con ella, y esta


(') Pulgar, cronica de los' Re~es Católicos.




3to
desengañada del espíritu que domiuaba en Castilla, y alarmada
con el giro que tomaba en Aragon, en donde se encaminaba á.
exterminarla, dejó que los pueblos corrieran la suerte que les pre.
paraban sus desa.certados gobernantes. A vista de lo referido, en vez.
de acriminar á la grandeza, estamns autorizados para decir con Ro.
bertson (*) "que en la desgracia tuvieron la parte, principal la falta
de un ion y de concierto de las provincias, nacida de la ojeriza que,
mediaba entre ellas, y la ignorancia y las secretas desuniones de los
jefes de los comuneros, los cuales no supieron aprovechar las circuns-
tancias para establecer un ol'den fundado en un plan sólid~ de go.
bierno ;" y para anadir que no ha sido culpa de la grandeza el que
su influjo no hubiese producido entónces algunos bienes á la nazion.


Aun despues del triunfo del partido realista sobre el comunero, con-
tinuaron celebrándose cortes en Aragon, Valencia y Cataluña con asis-
tenciá de los grandes, hasta que el peso homicida de las armas de toda


, la nazion, cayendo sobre la enérjica entereza con que los pueblos y los
nobles de aquella parte de España se resistieron á recibir reyes de la
casa de Francia, haziéndoJa pasar por pais conquistado, y sufrir los ri-
gores de esta, despedazó sus fueros, y dió en tierra con s.u representa.
cion nazional, refundiéndola en la verdadera sombra á que en Castilla
redujo los congresos el despotismo flamenco, 'con mayor aquiescen-
cia de los pueblos que de los grandes, los cuales aunque no tenian de.
recho para concurrir á las cortes en cuerpo, fueron sacados de ellas
por Carlos V, no en premio de los servicios que le habian hecho, si.lW
en despique de la resistencia que pn;staron á dejar establecer el tri-
buto ominoso de la sisa, que poco despnes se recibió y aprobó por
los diputados de los pueblos.


VII.
Para acusar á la grandeza de haber permitido pasar la corona de España


á la familia de Borbon sin estipular algunas garantías, es preciso olvidarse
de la forma que habia tomado ya en dicha época el gobierno de la Ilaúon.
Segun la que tenia ya á la muerte de Carlos 11, los grandes bizicron cuan·
fo estuvo de su parte para contener el paso del cetro español á manos de
una. casa rival y vecina; y demasiado sabemos cuánto costó á Aragoll
la resistencia, en la cual hizieron un papel mui principal los grandes.
El pueblo castt:llano, ¿ por qué no se unió al aragones? ¿ por qué al


oC') llislory of the reign 01' (he ellljleror Charles V, lib. 3.




311
ver la indecision del consejo de estado compuesto todo de grandes, in-
decision nacida de la opinion que prevalecia en él, contraria al paso
del trollO español al delnn de Francia, no ayudaron con sus Irtanifes-
taciones sus ideas? ¿ Por qué no repitieron el voto del marques de Vi-
llena, que reclamó la celebracion de las cortes? No lo hizieron porque
por desdicha nuestra, las cabalas palaciegas protejidas por Luis XIV,
de acuerdo con nuestros togados, pusieron la decision en manos del papa,
y su fallo confirmó los deséos del gabinete frances, y arrastró á. la nacion
al punto de donde debiera haberse alejado.


VIII.
Se quiere que los grandes de España pierdan el derecho de compone.·


la cámara alta, por el crírtlen que cometieron en haberse apresurado á.
pasar á llayona á hazer la corte al rei intruso, habiendo debido la nazion
su independencia al simultáneo alzamiento de las clases ínnmas del pueblo.
Estamos en mayor disposicion de 'Contestar á. este argumento, que se
funda sobre hechos que hemos presenciado, que á los que se hacen apo-
yadossobre datos antiguos.


Nos consta primero, que los grandes se vieron obligados á. presen-
tarse eñ Bayona por órdenes del rei, á diferencia de no pocos de los
que pertenecían á las demas clases, que acudieron á aquella ciudad, que
lo solicitaron y miraron como una gracia la designacion de sus. per-
sonas para autorizar las deliberaciones de aquel congreso: segundo, que
algunos de loS grandes fueron conduzidos con escolta, que llevando el
título de guardia de honor, lo era de afianzamiento: tercero, que algu-
nos, apesar de la vigilancia de sus custodios, huyeron desde el
camino, presentándose á servir á la nazion en sn levantamiento: y
cuarto, que los que asistieron á la junta de notables, hizieron en ella
un papel mui pasivo.


Si el haber concurrido á Bayona algunos grandes fuera causa suficiente
para negar á toda la clase la entrada cn la cámara alta, por igual razon
deberian excluirse de lí.1 del pueblo á algunas clases, dejándola franca
á una que no tiene en su favor la razon y la experiencia. De 90
individuos que asistieron á la junta de Bayona, 11 eran grandes, 28
consejeros, militares y empleados, y solo 9 eran obispos, regulares y
eclesiásticos. Luego segun el argument? que se haze contra la gran-
deza, deberá cscluirse del congreso nazional á los majistrados yem-
pleados, y llamar ansiosamente á ocupar sus sillas á los eclesíásticos.


No negamos quc el generoso movimiento dc la nacion el'! el año




312


de 1808, se debM á las clases que, léjos de perder, ganaban mucho
con seguir los planes de Napoleon; mas al mismo tiempo pedimos .se
recuerde que en la guerra de la independencia que siguió ro levan ..
tamientode las provincias, han tenido una parte mur activa no po.:.
cosgrandeS, partiendo con sus conciudadanos .las fatigas y ·108
riesgos; o y que no se echen en olvido las privaciones que losdemas
sufrieron en la emigracion, á que voluntariamente se condenaron~ por
no transijir con los opresores de la nazion.


IX.
La grandeza no podia. haber quedado airosa como ¡{ratuitamente se


supone en el año de 1814, presentándose medianera entre Fernando
y los conatit"Qcionales; por.que el c)ero~ cuya influencia es ma.yor qú.e
la o suya, empleó todas sus artes para obligar al reí á que anuhJra
un código, que detestaba, porque ponia nn freno á sus desmanes.; y Ii~qutl
69 vocales de las cortes reunidas en Madrid, pedian ahincadamente o al ¡:ei
que-, derogara las que ellos maliciosamente llamaban leyes fluez)(lg,
que aherrojara á sus compañeros en el congreso, que disentian de #0
opinion: alarmando su real ánimo con exageradas pinturas del riesgo
que corria su sagrada persona, á no haler crugir los pátibulos· con
el peso de los amantes de las justas libertades! que. cou sus. seryi.
cios .acababan de restablecerle en el trono que haIJia perdido! y por~
que. algunas., si no todas las audiencias, ántes de publicarse el decreto d~
4 de mayo de 1814, hizieron secretas pleitesías al rei, ofreciéndoresta-
Wecerle eU el mando absoluto, faltando sus vocales de lleuo á su~ ju-
rameutos por el mezquino aliciente de un ascenso en su ignomi~io¡¡l't
cafrera, siendo traidores al gobierno que á la sazon los marulaba, y
cometiendo una yil bastardía con la naziou. La historia CQet¡\nea,: ¡¡,lo
paJo que 110S recuerda estos l.echos horrib.1es, nos dice que en ~"
reunion que ántes del 4 de ·mayo de 1814 tuvo Fernando yn éti
Valencia (;on los grandes allí existentes, para saber su opiníon, ap6r
nas hubo uno que no le aconsejara que debia jurar la consti~ucioll:
almisloo paso que nos dice que varios individuos de los viejos .COI\~
sej9s, fieles retratos de los que en el siglo XVI ayudaron á su~
m\r la Ilazion en la esclavitud, ba11derizarlos por el prófugo y cq~
barde diputado Mozo Rosales, que logró encumbrarse á o la categoríá
de los títulos de Castilla en premio de su villano comportamip.nto,:
instigaron al monarca paraque . señalara la entrada en el reino cro
uu rasgo de la mas atroz perfidia: venzieroll s~ voluntad cOIl c~.




313
lnmnias y con argumentos fundados Cn una lógica falsamente' perver-
sa: estendierou el aciago decreto: condujeron la augusta mano pa-
raque le autorizara con &u firma, y ocuparon las suyas en derrocar
las libertades: en asesinar á. los representantes de la nazion, solemnizando
con injusticias, con atrozes sentencias, con sarcasmos y desacatos, el


'triunfo de la maldad, del perjurio y de la lJlas escandalosa aposta-
sía de los principios de la moral.


X.
Lqs grandes, se añade, que so mantuvieron pasivos durante la lucha


de 101;1 realistas y los constitucionales en el año de 1820, y que esta
conducta ¡(lS haze illcapazes de componer la cámara álta .. .. tY qué
tlase del estado se unió á los 'contendientes desde el dia primerorle
enero hasta el 9 'de marzo 1 Cuando el iiltrépido Riego recorrió con
"" «oJuna parte del !IueIo andaluz, ¿se engrosaron susñlas al compas
que avanzaba en su mai'cha denodada? Sial 'entrar en los pue-
bl~ , resonaban 'los himnos dé la ovacion al dejarlos, el . silencio
4e laopresion volvia 'á ocupar el lugar del ruidoso estruendo de la
al!lgrfa: todos los españoles aplaudian al jóven que tan hidalgamente
desafiaba" él poder arbitrarió; pero le aplaudían en" el secre«i de SlÍs
coflllones" y el miedo á los opresores les impedia seguir la9 bande-
r<IB de los .libres con el entusiasmo ardiente' con' que 12 años ántes
lo habian hecho, cuando los patriotas levantaron la voz có'ilfra:'el
usurpador.


¿ Yen aquellas 'difíciles circunstancias podia' sUcede¡' otra cosa? . La na"
don toda veia que un pequeño número de valientes correspondido' 'lar::.-
gíls dilitancias por otro no mui grande dé patriota'!!, proélamaban 1a liber-
tad á. la faz del gobierno absoluto: que la masa general del ejército
léjos de seguir el impulso ó se mantenía indecisa"como simple y'1;O'-
brecogido expectador de lo~ sucesos que presenciaba, ó cumpliendotós
deberes de la profesion, y las 6rdenes de sus jefes, perseguía" á
los alzadoli: la naúon observaba las ¡'Ígofosas y multiplicadas' 'or':'
denes ,que salian de la corte, y se obedeciaíi por las autoridades
subalternas, dil'ijidas á contener el progreso de la Ínsurreeeiou: veía
que el santo. oficio en aquellos momentos engullia en sus negras maz·
morras 'á cuantos osaban aprobar la conducta de los' libres: y todas
las. Clases, si bien cansadas con la arbitrariedad; y deseosas de mejo-
rar su fortuna, recordaban los cruentos 'é infructíferos sacriticios 'de
Porlier, Lacy, Richard y Vid al, y el aboi·to qüe pocos meSes' ánt'es


2 o




314
ilIIbii\ -s~ldo Él rnotimientofraguado en e} ejérzito; que á las Ol,ilIas
de'(}adiZ':se'dispónía á pasar á América; y o~setvaba que un.ge,.
neral que á 'la "aúon debia todos sus grados yelevacion. se, ofrC'úll
á sostener el trono del despotismo. En tal conflicto la ansiedad, er
temor, y la' irresolucion ocupaban los corazones dc t.odos; y fijos los
ojds':de todos en ··la corte, de ella esperaban la señal de su' pronnn ..
ciamiento, ó el fallo de su eterna desg.racia: y la esperaban de t'al-
íoooo; como que al Correr la noticia de que el reí habia jurado inte-
rifiatnente la constitucion, un' gozo inefable se 'derramó con la velo-
zidad ,de rayo' por toda la península: y abiertos los pechos á 'los' lUo~'
"imientos del houor) la opinion en' favor de la ·moderada liQertadse
proolUllció sin obstáculos, y fqé el voto de todo el' pueblo. ·Esta fiel
r~lacion ·,de.lo ocurrido en los primeros meses del año de 1820, basta:
para' 'desvanc'Zer la imputacion que se haze á la grandeza; con la
idea' de condenar al desprecio la del establecimiento' de una :¡;ámara
alta. Ademas de que, léjos de haber3e opuesto esta clase á.la de-
clsion . del;rei, como con solapado artincio y rateras mañas lo hizo . el
tíOilsejo·'dé Castilla: uno de sus individuos que ocupaba un puesto de'
itlt1t'i'ntJuencia al lado del monarca, apoyó el juramento, habielldó te-'
nido'pol' esta causa. que alejarse del reino, lo mismo que IHlllejecu-
lado . otros varios grandes, por no ser víctimas de la persecucion que
,los absolutistas les han suscitado.


XI.
¡;"HenU1S dicho en otro lugar y repetimos aquÍ, que la representacIDn


'dé" 'los grandes al duque de Angulema no es suficiente' para condellar
Ja·:i!,!ea de úna cámara alta, ni para, apartarlos de ella cómo' se in-
tenta.· Porque aunque el funesto cisma que en aquella sazondividia


'¡Í, lo¡¡ liberales, los acaloramientos poco prudentes que manife~
"tIlban algunos patriQtas, y .Ias. defecciones de' los . generales, en cny'a
probidad y leal comportamiento descansaban las esperanzas de 'las
asociaciones en que se dividia la grei constitucional, disculpan la de-
'bilida~, de .una pequeiía parte de la .grandeza, cuyos iudividuos' no
';h¡IDian .t~oido parte en los negocios públicos, ni estaban; tall, Hgaoo8
á,la. causa· como otros que debiéndole su existencia y CQnsidCfacion
la '.llabian, abandonado: ~ Rcaso la conducta de solos 31 basta: para
oondenar, á. toda una clase? El que la opinion pública señale á cieIfu
indi,ádl1o de los que mas fervientes se luostl'aron ántes del año de
1820 por el establecimiento de la libertad, COIUO uno 'de 108 agentes




315
activos de la defeccion, ¿ será suficiente .para arr()jar.delt;Ongt:eai:l.~~oda
la!clase á que aquel pertenecia? ¿ Por que BaUestel'OltiAb!sbal. ~o,
cilio y ViUacampa se hayan envilecido con su fatal co.mporta~ient-o,
ha de quedar, euvilecida to.da: la ilu$tre clase lnilitar? . y. por. que el
obispo de Osmay el togado Cllldcronhayan sido individuos:·de la re-.
gencia .. estranjera de Madrid, hemos de reputar para siempre degra-
dado al sacerdocio y á la magistratura?
.. Mas aun cuando la grandeza española adoleziera de los vicios que


le a~riQuye el patriotismo exaltado hasta el grado mas alto., ¿ 111 ~1Ul1l
imparcialidad . y la razon no ohliga á aplicarle el argumento con
que los patriotas defienden al pueblo. españo.l, cuaudo se le aCUSa de
IJlIcno es digna ni susceptible de las instituciones libres? ." Pq¡:que
el pueblo, dicen, sea en el día incapaz de go.zar de. la libertad,¿ .. sc
la ha de tener esclavizado hasta que adquiera todas. las prendaEl:.,y
cualidades que se necesitan para disfrutarla, y de qIJC, lamiSPl3 es-
clavitud le priva?"
. i Cuando así discurrimos, tenemos presente que la euestion actu.alre..
oae,,, no· sobre una nazion nueva.á quien se trate de constituir Illle-
yalllente,· sino sobre una nazion vieja, .que tiene' pábito& ellve,k.zid9fl:
opi,nio.nesantiguas: y si se quiere, rancios errores: hablamos. de úna
na~oo cUy0 ga1>ierno ha sido. siempre monárquico, y que tiene C~(lS
y gerarquías que está avezada á respetar. En estecstl\d<l depri~
mir á la que obtiene entre ellas el primer rango, y apartarla de in·
Wfv.enit. en . .la .sancion de las leyes, sirviendo de contrapeso <Í .laJ'ipa.
!Üo.n~. lo, c.reemosimpolítico. y desacertado. Por lo mismo., rcputamQS
absolutllmente preciso el. establecimiento de una cámara alta en Eilpai.a,
.forPlada sobre bases que eviten los daño!! que puedan tomel'llc: .y.61!1·
ta.m~. persuadidos que la grandeza.no· preseDtaohstáculoscapa~es (je
<letener. una. medida tan útil, y que en otras Dazione~ proQl/.;Z.e íelÚles
. resultados.. . '¡",.,


;l.' , .~.' XIJ.
, . No,ruremos 10.9 mismo del alto clero. Aunque ha tenido. lágar.dn
.l3s. antiguas cortes españo.las, un crítico exámen sohl'e el; détecho.ic¡ne
,pJl!!da,!a1egar á mantenerlo, y sobre su conducta y opiniones., nO/! en~
,M1\aqlle no puede permitirse su permanencia en él, .sin .que peligren
J.a¡·¡mooerarla libertad,. yel .. l:¡ien de la Ilazioo •. Los eclesiásticos :espa·
·.oles.en·eL€stado.á que. los reduzen las -leyes porque sedirijen,
1!9I).¡"jJ~10s"iler;€6,aiBlados. 'por el <:eli\Jat<r, sin nexos con los de~ai"cill.
darlauos y con intereses opuesto á ello.s. Dcpendientemente ~umisos sus




316
jefes. á el obispo de Roma, apellas reconozen subordillacion, á l~'auto­
ridíld ~ivil:: enriquecidos con, lotJ bienes tempo~ales qne este les' bar
dispensador poagradezen sus favores: descoupzen la fuente -de" sn fol'':'
tuna terrena, miran con ojo indiferente el trabajo, se' reputan ddeñó!!>
de 8US productos como debidos á Dios, de quien son ministros, y abu-
sando de la moral y del dogma que predican, se sobreponen á IOIi
trQllos, persiguell á. los que no admiten sus máximas, y váliéndose de
una metaflsica desorganizadora, se burlan de la buena fe dé aquellos
ceyas conciencias dirijen: se desentienden de los juramentos malllló";
lemnes :' patronizan á las vezes el perjurio, acaloran los desmanes de¡
]a arbitrariedad, porque á su sombra mantienen sus riquezas' y sá1
poder temporal: enseñan á los príncipes el camino del despotisiño~y
lisonjeándolos con el título de vicarios de Dios en la tierra, dátile úli
sentido rontrario al que en sí encierra: haciéndoles romper: los dulzes
lazos que los unen á los pueblos y que limitan su autotidad.·'


Miéntras la nazion española no reduzca al clero á los estreclíos :Uiílites
quecelevangelio señala á su influenCia, apartando con mano fuerte de
la"igleftia' lo' que" es realmente de oríjen divino, de 10 . que' lIam ~
una fuente 1m malla : mientras no aleje el lujo , riquezas·de láíg]ciJiá'
de J. e, que estableció las bases de su moral celestial sobre la ca-
ridad, la pobreza. y la obediencia á, las potestades temporah~s; y aun
mejor, miéntras una absoluta y benéfica tolerancia religioáa, '110' ]br-
nJela base 'tIe la~ leyes fundamealale, de la península: proscribienHo
lctí¡tléade hazer dominante á un culto sobre los demas, se' co~rl
gt'andespeligros de admitir en los congresos nacionales' 111 clero.


Re.ultados de lasen,eñanzas primarias sobre la prosperidad púóJicf.lt.
"La'demolítracioll que ha decho el, Sr .. Dupillen su discuNo,-,(j{jte


108 efectos de las enseñamas populares en la pública prosperidad" óIl;
tan etWtvincente; qlle nos ha parezido del caso formar de ella un ar-
tículo,T6comendando 8U l~ctura á los encargados de los nuevos go-
bie1lrióslrasatiánticos.


H La Fnl1lcia se divide en 86 departamentos, siendo supoblacion
de 3J.OOO,00ft de habitantes.


La patte ddsur contiene 5-. departamentos con 18.000,000 de ha-
bitantesy la del norte 32 departamentos con 13.000,000.


Núnutó dé muchacho; que frecuentan las enseñanzas PQPulam.,
En los depoartamentotl del norte 740,846, y en los del mediodía




317


375,931. Luego cada millon de habitantes tiel norte, envi!\ á las es-
cuclas primarias 56,988 muchachos, y cada millon de los del :mediG-
dia 20,885. La enseñanza primaria está triplemr.nte estendida eu' el
norte que en el medio dia.


Efectos que resultan.
I.


Los departamentos del norte, á pesar de la ingr,atitud del clima.
que no les permite cultivar el olivo y el naranjo, 'que solo en ,1M
fronteras del mediodia pueden hazel'lo cón el maiz y la morera, y de
que en muchas partes no se da el vino, produzen una retlta anual~
fruto de la instruccion y actividad de sus moradores, que los haze
acudir al pago de la contribllcion territorial con 127.634,765 francos,
en una superficie de 18,692,191 hectares.
. Los departamentos del mediodia, dotados de todas las proporciOl.lCls
necesarias para ser mas ricas, solo contribuyell con 125.412,969 sobre
una superficie de 34.841,235 héctaros. Resultando de aquí que el era-
rio público saca de cada 1.000,000 de héctaros en 'los departamentos.
el) que mas se frecuentan las escuelas 6.820,000 francos, y en. los
que ménos 3.529,600 de la contribucion tenitorial.


II.
Los productos de la contribucion de patentes, que es igpal e~ sus


cootas .en todo la Francia, han seguido la siguiente proporciono
En 10B departamentos del norte, donde hai mas aplicacion 15.274,456


francos: en los del mediodia donde hai ménos 9.623,733. Es decir,
que á la, merced ~e los progresos de la indast.ria debidos 4. losefec-;
tos de las instruccion pública derramada en el pneblo, 1.000,000 de
franceses del norte contribuyen en las patentes con 1.174,958 fran-
cos, y un millon de. franceses del mediod'ia 534,652. "
Reasu~iendo lo dicho tenemos que un millon de héctaros' paga,~I1'


Francia por contribuciones directas é ~ndirectas. " ,
En el norte. En el rnedifl(liu •.
-----


! '.:


Por territorial ......... 6.820,000 3.539';00 ft~c.'
Por patentes ........... 817,00Q 276,216


----


7.637,000 3.875,9-16
--
~--


¡'~sto equivale á decir que un milloll de l.éctarosdel DQXle .paga




318
d~lc }l\le . otro en el mediodia, y hemos visto que el nor.t.e mantte.·.
ne en la~. escuél!l8 un número d[)ble de muchachos que .el mediodia~:'


De 1,923 alumnos que en el espacio de 13 años entraron f'n la<
escuela p()litécnica, venidos de toda ji'rancia, pertenezieron á los d.e·' ,
partamentos del norte 1,233, y á los del mediodia 700.


La academia de ciencias, establecimiento que .. lije sus individuos
con independencia y justicia entre los sabios del reino, ofreze un
resultado favorable á los habitantes de la parte del norte. De 6'1'
académicos 48 pertenezen á los departamentos de este, y solo 17 á,:
los del mediodia: de consiguiente para dar· un individuo á la aca .. 1
demia francesa se necesitan 15,434 muchachos en las escuelas pri.'
marias del norte y 22,113 en las del mediodia.


Dupin toma otro término· de comparacion en los premio! que· el
gobierno distribuye en las exposiciones periódicas de los productos de!
la industrianacwnal. J)e Iqs concedidos el año de 1819 aparece ha,;
bar consignado en los 32 departamentos del norte 63 medallas d~'
oro, 136 de plata, 94 de bronce, total 293; Y en los 54 departa-
mentos del mediodia 26 medallas de oro, 45 de plata, 36 de bron}
ce, total 107.


Todo nos demuestra las inmensas vpntajas que la instruccion po';
pular produze á la agricultura, á las artes, á las ciencia~, á la ri.
queza individual, al público y al tesoro.


(Sacado uel folio 52 Revue Enc!JclopMique, .Janvier 18'17).


Combinacwn teocrática en Europa contra las libertades pÚblica" ·el¡
poder !J la independencia de lal naziones civilizadas.


Cuando escribimos el artículo inserto eu el folio 7 del presente periodi:
co (enero de 1827), estabamos mui distantés de que la serie de suces6s'
de> la 'península hubiera venido presuroSa á confirmar de un modo in-
destl'uctible lo que allí hemos !lllundado. "Las maquinaciollei 'tlet~'
teocracia. dijimos, caminau orgullosas á hazer clependientes á los reyes'
y ,los pueblo~ de la voluntad de los ministros del santuario ;" y la re-
pre~tacjQn del obispo de Oviedo al Sr~ D. Fernando VIf, ÍOd 'últimos
acaecimientos del Portugal, y la marcha de la co'rte romaná, 'ri6s 'tP.~
"da el secreto de la conducta' de los doctores de un evanjelio tan¡)éiio'
de' las máximas mas puras de la moral, cuanto desastroso éllsUS lliJ¡
biós, y cuyas· ideas se dirijen á sepultar las naziones culas tiniebJif'
de 'IU8 siglos bárbaros, para dominarlas· con entera seguridad. 'l", ,>


i Pero cuan equivocados 80n sus cálculos, por mas cIue cuenten con




319


la incauta sencillez y la ignorancia'de l()~ pueblos! El espíritu de
exámen, que es el de la edad presente, protejido por la sana· ftloso~'
fía y por la imprenta, desbarata los proyectos del absolutismo 'relijíoso.
Podrá, si se quiere, prevalecer este ell naziones en la3 cuales' ligado!!
los monarcas con el clero, por un interes mal entendido, pongan á s1idis~
POSiCWH, como en la península española, la fuerza y la autoridad que
la Dazion depoaitó e[l sus manos; pero la enérjica lucha. qué los hom~
ln,esilustrados, y la fermentacion sorda quc apesar de la vijiláncta de
lQS opresores ocasionan las verdades en el alma de los oprimidos, lograd,'
der.OI:ar el coloso, cuyos despojos inspirarán tal horror á nuestros hijos,
que ni' la, avaricia, ni la curiosidad, se ocupará en sacarlos del cieno
del desprecio, por no volver á. inficionnr el munQo con S11 contttcto;"


Las' J,lazione¡¡ venturosas donde prevalece.. la libertad,burlando lasma-
quinaziones de la maquiavélica política romana, con sus esfuerzos y Sil
ejt1upJo, ,romperán al cauo las cadenas bajo cuyo peso jimen lasménos
aiortlluadas, siempre que á la firmeza en contrarrestar los 'ardides de'
lac;abala teocrática; reunan el conocimiento de las ideas que la dirijen.'
Es preciso no olvidar que la corte del Tíbel' tiene por enemigos, y nada,
omite para destruir á los que no le rinden las parias vergonzosas de
una depresora esclavitud: que con igual violencia insulta al honrado pa.
tl~otismo español, que al genio de la libertad británica; y que con el
mismo calor condcna á la execracional inmortal \Vashington,y al al-'
tamente distingnidoCauning, que al malogrado Riego, Para los corifeos
de la cruel liga sagrada, no hai medio: ó rendirse, ó tarde ó tem-
pr-lmo sufrir 108 resultados de sus venganzas: que son desastrosas, ]lor4 •
que los pueblos deslumbrados con los respetos del Ser supremo, siguen
desgraciadamente los impulsos de los sacerdotes, dejá.ndose enredar in.
ca?tos en los lazos que tienden á su sencilla hOlll'adez.


l'ero repetimos: son \'anos sus esfuerzos: porque los fanáticos de Es-
paña :,eQ la embriaguez de, su fortuna nos descubren el hilo de la trama,
Y~llo3 ~nseñau .el euemigo con quieu se debe luchar, y el campodóse
ha de sostener la, lid. Conozemos que es altamente vergonzoso tener
que combatir eu medio del siglo XIX con las tropas asalariadas del papa,
Y- "lastimosamente ridículo á los ojos, de la sana razon emplearnos ,en
contt;;restar en el año de 1827 los planes de nna corte, que si en. el
de, 1200 se creía dueña del m undo, el gir/} de las luzes la, habia redu-
cido, y;¡. á los estrechos cotos de su poder espiritual. Mas tal es la
desgracia que nos rodea y tal el abatimiento. miserauleen que hemos Caído!




320
Cerrando los ojos á las l<!cciones de la experiencia, .hemos dado .Imelta
al gigante que nuestros padres encadenáran; y lt' dejamos que volviese
á. vestir la vieja armadura con la cual en otros siglos hizo temible su
poder •. Renovando sus viejas pretensiones, pisa con planta osada los
pueblos que obedientes no responden á su voz, tiende la vista amenaza-
dora sobre los que yazen. tras eloceano, tira de las riendas con que
e~ otros tiempos dirijia á BU arbitrio el freno de su pasiva obedien-
cia, ,y .al encontrarlas debilitados por la tolerancia, ó rotas por el
inftujode las opiniones, se agitan nutre en su pecho atrozes ven-
ganz!\S. y aumenta á su carro nuevos anillos, y do aerrojar á la~ nacientes
repúblicas, despues flue consiga encadenar á las naziones que di.
"iden el lIJundo viejo •


. Tan! humillante es la perspectiva que nos ofrece el mundo civiliza-
do. Este es el término de los esfuerzos de las lnzes difundidas entre
lOil~ombres por el largo período de tres siglos, y este el premio que
ban sacado los europeos de los inmensos sacrificios de sangre y
dj3 riquezas, hechos graciosamente durante la serie de 26 años, para asegu-
rar los derechos de la legitimidad. Hundióse en el sepulcro la flor de
la juventud, y con ella perecieron los gérmenes preciosos de una larga
posteridad :. la guerra y las desgracias arrebataron el fruto del trabajo
y de la industria; para volver á levantar' el trono de la arbitrariedad:
en una palabra, la Europa caminando por entre arroyos de sangre para
a.iegurar una justa y moderada libertad',· ha caido en las mallos deso-
ladoras de la teocracia, que solo le ofrece la depresion y el abatimiento
en cl!-mbio de sus esfuerzos. El que lo dudare, que examine con fria
imparcialidad la conducta del obispo de Roma, y dé sus agentes en
España, y se convencerá.


I.
Las nuevas constituciones que han aparecido en estos últimos tie¡n-


pos en Europa, alarman á la iglesia y ocasionan fiuctuacioÍl en. los
dictámenes sobre los medios de evitar su influcncia. I Alarmarse
la iglesia de J. e, por la promulgacion de unas leyes, puramente ci-
viles, que deslindan las atribuciones dé la autoridad temporal! ¿ Acaso
la iglesia de .J. C. está tan ligada á los tl"Onos rlespóticos dc la tierra,
que se conmueva porque reyes justos se declaren protectores de las
libertades de los pueblos, reconozcan y señalen los límites de su au-
toridad,· prometan con solemne juramento no traspasarlos, y exijan de
sus súbditos un relijioso cumplimiento de los sagrados deberes que loa




321
imponen la razOIl y la justizia? Lo~ maestros del evanjelio B~Jl?nen
á la iglesia llena de anxicdad y de angustias, porque' sobre los' hu;,'
mea1ltes destro7.0s del fanatislÍlo se proclame al fin' la iolerait'étd'';~li:.'"


jiosa tan recomendada por Jesus, se ponga á cubierto la inocenda cOiÍ~ra"
los átalJuesde la malicia: se escude al débil contr~, la ositda fi:~teia1
del poderoso: se fomente y se honre el trabajo como fuente 'd'{lil;
riqúeza y sosten de las virtudes; y se dé al Ser Supremo lo que lié'
le debe, y á Ja sociedad civil lo que no puede negárfiele, á no qúel'er'
convettir lós hombres eu unos seres embruteCidos, destinados 'pata!a'


,esclavitud y el oprobio. ' ,
Estas 'son las bases sobre q oe descansaba la cOllstitucion espaD:ola,:'f\


la que reconoce lá portuguesa, cuya promulgacion, segun la parte ilúsa :deP
clero romano, alarma á la iglesia, cuyo fundador predicó 'con ~l ejem~/
p10 'y eOil la voz la tolerancia, condenó el despotismo, afeó-tu SÓbettii'a,
miró cori enfado la opresion, inculcó la igui\ldad, loó el trabajo, "?léj&1
de ligarsE1con los' príncipes seculares, aseguró que su reino no 'd~ ¡te:
este mundo, estableciendo una separacion tan gra11de eritre anlboscoinlji!
la"que 'media cntre lo que es' puramente temporal y lo qtie "'es -eS";;'
piritual. Pues' si las máximas del maestro Dios se conforman tÍl't'ri de'!
Ileuó con las de la cdnstilucion portuguesa, y si las' base~ de la igIe<:-i
sia por él fundada guardan con los principios de aquella leí' tan pet.lj
recta consonancia, ¿ á qué iglesia pertcneceran los. que' sostengRl1:huf
opiniones contrarias? "', o,, ,:'.


lI.
La equivocacion de las ideas, hija de la mala educa::ion literaria mas'


bien qO:e tIe perversidad del corazon, hace que 'una gran parte de los'
que 'animan las actuales desgracias' de la naciOll española, crt'vez'"''4e'
pertenecer á la verdadera iglesia católica, sean parte de una:, red'nioa'
desgraciada de homhres que aman el despotismo y el desconcierto; des-
co'bocen los lazos'del amor, los encantos de la dulzura 'y de la éari<lad,
Y' miran con odio encarnizado á los que no siguen' Sl1S máximas 'Y 'á';
lós que' reclaman una estri,cta conform'idad, de 'su conducta con la 'del' i ,
Salvador' y sus dls'cípulos. Seducidos cón ;el fanatismo cmúlrllJhablan J
de dilatar el territorio de la iglesia, realmente tratan' 8010 de sujetár'
nÍle,;ospaises aldomillio absoluto de su inllucncia, de laque sacan'
inmensos 'gozes temporales. y á la' verdad que si solo trataran de'
ganar los corazones, 'Únicas conquistas que hizo Jesus, hOlle, alarlnll~;
rian' con los arreglos temporales qne hizierall los pueblos y'los,;re,es'


2 P ,',,',




pará asegurar su bien estar y su felizidad temporal. Luego su agita.
cion es un indicante de los planes que acobijan en sus pechos age·
nos de su mision espiritual.


III.
Si el reino de J. C. no es de este mundo, si el Salvador se resistió


á mezclarse en los negocios seculares, y si sus discÍlJUlos establecieron
la iglesia sin tomar parte en los negocios mundanos, i porqué se amotina
el clero español en el siglo XIX, á vista de las constituciones civi-
le~, producto tan exclusivo del siglo actual, como lo fueron las fun·
claeiones de los conyentos en los siglos anteriores? ¿ Cómo es que no
teniendo su autoridad mas apo;"o en el mmido que el que l~s da el
evanjelio, que es todo espiritual, hazen un objeto principal de su zelo
de los negocios puramente civiles?


Lo diremos de una vez. Se alarma }Jorque rezela que al sólido
establecimiento de. una moderada libertad, el espíritu analítico ocupe
todo el lugar de la cicga obediencia: que un pueblo que se gobierna
por leyes por él discutidas y sancionadas, no permitirá que á pretesto
de una religion toda espiritual, se le condene á la miseria para nu-
trir en una perniciosa opulencia á los ministros del culto; porque
sabe que en lasnaziones que disfrutan los beneficios de un gobierno
libre, no ejerze impunemente su imperio un gabinete estranjero por
mas que se encubra con los velos de la religion, y porque no se le
oculta que el influjo de las constituciones llegará á reducir al sa-
cerdocio á sus justos límites.


Estos rezelos, hijos del débil apoyo que reconoce el poder abu-
sivo del clero católico, hazen que 110 pudiendo este contestar á los
argumentQS con que la razon ilustrada ataca sus pretensiones, alarme
la blanda docilidad de los pueblos acusando de atéos é impíos, á los
que exijell una exacta conformidad de su conducta con las máximas
de J. C. Estos rezelos, unidos al hidrópico afan de COIIseryar la fa-
tal influencia que ejerze en el mundo, hazen que el clero católico
derrame en el corazon de los príncipes las mas negras sospechas contra
los que él llama enemigos: y el rezelo de que puedan descubrirse sus
ideas, lo lleva á condenar las doctrinas mas sanas, y á pedir la muerte
de los que las profesan, haziendo triunfar la iguorancia y no dejando
cundir en el mundo otras opiñiones que las quc merecen la aproba-
cion del secreto areopago, que en los retretes del Vaticano fOIja las
cadenas del mundo, y abre exclusivamente las puertas del paraiso álos
que siguen ciegamente sus impulsos.




323


V.
Las maquinaciones de los jacobinos é impíos son, segun estos ilu-


sos, las que difnnden las in ovaciones actuales de Portugal, obligando
al clero á resistirlas por cuantos medios están á su akanze. ¡ Hor-
rible ce/,'1ledad, producto de la pa,ion que agita al sacerdocio! Este,
condenando la constitucion española, por no haberla formado el reí
lejítimo, y resistiendo y desacreditando la proclamada en un reino vecino
por un monarca cuya obediencia se apoya en las leyes, nos haze ver
con evidencia que todo arreglo que modere el poder abusivo de los
reyes, está en contradiccion con la moral y con el ¡nteres del clero,
el cual se vanagloria de ser revo!ucionario, y se proclama agente de
la destraccion de todo cuanto se proycctc y acuerde en bien ne las
naciones, miéntra5 no se combine ántes con sus opiniones, ó mejor di-
remos, con su conveniencia.


VI.
Que la parte ilusa del clero católico es re"olucionaria, y está dis-


puesta á fomentar la anarquía en los paises en que ejerze su influen-
cia, no es una neduccion voluntaria nuestra, sino una verdad descubierta
desgraciadamente por un célebre obispo español de nuestros dias. El
de Oviedo en la última rcpresentacion que hizo al Sr. D. Fernando
VI[ (*), dice sin rodeos: "que este babia autorizado y alentado á los
obispos para sublevar los pueblof contra el gobierno democrático de los
años anteriores;' Esta espresion nos presenta á los prelados eclesiás-
tiCOd convertidos en instrnmentos de las revoluciones, por ser mas á
propósito para promoverlas por el lugar que les da su carácter, y
1'0r el fondo de las opiniones que profesan: á los vicarios de J. C.
que dl'bieran predicar la paz y la mansedumbre, ocupados en conmover
los pueblos contra lo mismo que habían jurado en sus manos; y como
si la España fuese un estrecho recinto para sus desmanes, los ve-
rnos mezclane en los ncgocios domésticos de un pueblo vecino, ho-
llar los respetos debidos al príncipe que le gobierna, y atrueque de
que la arbitrariedad civil y religiosa triunfen contra la razon, desde
el centro mismo del santuario, é invocando al maestro de la caridad,
de la paz y la dulzura, piden la sangre y la matanza de los qlle no
convienen con ellos en puntos opinables de la ciencia política.


" Me he lamentado ante V. M. añade el prelado de Oviedo, de


(") Véase en el folio 289, del presente número.




H24
la lenidad que COII escándalo. ejerzen los tribunales con los reos acu-
Sfldos y convencidos de alta 'traicion á la religion 9 al trono, paten-
tizando á V. M. ha,sta la evidencia la incompatibilidad de la exis-
tencia de uno solo de estos criminales con la vertlader"a religion de
J. G." " Nada mas fácil, dice la junta apostólica de Madrid en su
circular de 26 de diciembre de 1826, que poner fuera de combate
á los pocos liberales que abriga nuestro suelo. Nuestra propia segu-
ridad 9 lo que es mas, el inleres del altar y el trono exije esta medida
con las vívoras que abrigamos en nuestro pecho. No hai transacion,
pacto ni medida, que no nos traiga inmediatamente la ruina mas de-
plorable; los defensores del altar y el trono, no_pueden pisar el mismo
suelo que los sectarios de la licencia j el que venza tiene que aniquilar
á los venzidos: no puede haber cuartel (* )." ¿ Puede descubrirse mas
paladinamente el plan subversivo del clero, de destruir á. cnantos re.
sistan .los desmanes dEl despotismo, y á cuantos amen la moderada
libertad? No hai cuartel con las opiniones opuestas á las nuestras; el
venzedor debe despedazar al venzido, son las divisas ferozes de la guerra
que el clero declara á las repúblicas y á las monarquías moderadas,
porque hasta la mas débil sombra de libertad perjudica á sus pre-
tensionE's, tan deboladoras como opuestas á las máximas de la religion
de que se dice maestro.


¿ y quien conocerá por un lenguage tan atroz el carácter dulce,
benéfico y consolador de la iglesia á. quien se dice pertenecen los
que le emplean con tal descaro en medio del siglo XIX: ¿ Se dirá
que los que así se emplean son d"iscípulos del maestro Dio~ que per-
donó á sus enemigos, y estableció el amor del prójimo por base fun-
damental de su religion? Pero si estos fatales desahogos de la mas,
encarnizada venganza no se avienen con las máximas del evanjelio, se
conforman con las que hace siglos dirijen la marcha mundanal de la
corte romana, que sabe sacrificar impávida á sus proyectos, la re-
ligion, la quietud, el honor y las riquezas del mundo entero.


VII.
Roma tan orgullosa en la edad presente como en tiempo de los


Césares, lleva adelante sus ideas de domiuHcion. Disimulada cuando
el viento de la fortuna DO las favorece, toma el lenguaje del.acomo-
damiento, acaricia á los que aborrece, y recorre con ojo avizorado la


(') V éa~e el" folio 133 del número 1, de este Ileriódico, época 2.




325
hitoria antigua de su domillacion con el fin de mantener siempre viva
la base de sus pretensiones. Si las luzes del siglo XVIJI armando
de entereza á los monarcas impusieron silencio a sus demandas, sin
abandonar por ello sus aciagos proyectos, puso en mañosa accion á
los inmediatos colaboradores, y contando con su zelo, con sus opinio-
nes' su actividad y su influencia, esperó tranquiló el momento en que
adormecidos los príncipes con el beleño de la arbitrariedad, I'e con~
fiaran la fuerza que reside en sus manos, desgraciadamente persua-
didos de que su coopc;acion sagrada seria podero~a para hazer in-
vulnerable su poder. Dueña de la vara encantadora del dospotismo
ciyil, atacó denonada las libertades populares, sufocó los movimien-
tos de la independencia, en pos encadenó á los monarcas, y se arro-
jó á proclamar la monarquía universal religiosct, único objeto de sus
planes, formados en el seno de la ignorancia fatal de los siglos me-
dios, y á. cuya realizacion camina la curia por entre los destrozo s
de la mora~ y del bien público.


VIII.
En las decretales pontificias que forman el cnerpo legal de la iglesia


de Roma, están ratificados estos proyectos al' travcs de las máximas
sobre que descansan. Segun estas, J. C. cometió á S. Pedro clava-
do de la vida eterna, los derechos del celestial f¡ terreno imperio; la
esp"ada temporal:y la espiritual están en manos del sacerdote la una,
:y de los príncipes le, otra; mas al arbitrio del papa, siendo conve-
niente que la una esté sometida á la otra, es decir, la autoridad tem-
poral á la espiritual. Por esta razon los jurisconsultos españoles del
siglo XIV llamaban á Roma sacra pontijicatura é imperante iglesia.
En aquel cuerpo legal, mo-struosa compilacion de documentos apócri-
fos y -subversivos, pero que el Vaticano intenta hazer pasar como un
libro semidivino, se encuentran canonizadas las opiniones revoluciona-
rias llevadas á ejecucioll por S. Gregorio VlI, el que con la idea de
sobreponer la autoridad pontificia á las autoridades del mundo, ase-
guró que los reyes debian su oríJen á los cqudillos que llenos de so-
berbia :y avaricia, de homicidios :y maldades y ayudados por el diablo,
habían dominado á los hombres, qne eran sus iguales,:y que los romanos
pontífices tenian una descendencia absolutamente celestial.


Apesar de esto, la revolucion relijiosa que en el siglo XVI experi-
mentó la Europa, amenazó á la curia romana con la pérdida _del al-
tivo poder que habia cjerzido á la sombra de las decretales, y que sc




326
esforzaba por conservar á toda costa. .En tan terrible apuro, redobló
f!U5 conatos para mantener 3U influencia, y no creyendo poderosos para
el logro á los obispos, apesar de que el atentatorio juramento que les
exije al tiempo de su, consagracion los haz e esclavos feudatarios de la
silla pontificia, levantó un cuerpo numeroso de tropas diestras y saga-
zcs vendidas á su voluntad, y las cuales apareciendo en el mundo con
el cará.cter lleno de mansedumbre, se insinuaron cou maña en el seno
de las familias, aumentaron el número de su~ amigos con la relaja-
cion de la moral en la parte que coincide con las pasiones mas vio-
lentas, tomaron á su cargo la primera educacion, y apoderándose del
tierno corazon de los niños y del afecto del pueblo aluzinado con la
voz de los que con arrogancia se llaman eompañeros del Sálvador, sem-
braron en los unos y mantuvieron perenes en los otros las opiniones
fa\'orablcs á la abusiva supremacía temporal de los papas, preparando
por este medio la opinion, paraque produjera Su efecto en la época en
que la corte del Tíber creyera mas á propósito para ejerzer con buen
éxito su mando.


Las nuevas tropas de la curia, li~adas á ella con los votos mas sa-
grados y dirijidas .por unas ordenanzas misteriosas, llenas de hipocre-
sía se apresuraron á difundir con astucia en las naziones cnltas los princi-
pios mas anárquicos y mas opuestos á las máximas de la iglc8ia de
J. C. con menosprecio de las leyes, escarnio de los gobiernos y burla
de la soberanía de las naziones. . . .Estos satélites del sistema teocrá-
tico predicaron, sostuvieron, enseñaron é hizieron pasar en el mundo
como verdades evanjélic1l:s: primero, que el pap a puede deponer á los
reye,s por ciertas causas, cuya designacioll queda á su arbitrio: se-
gundo, que ninguna víctima es mas agradable á Dios que el asesina-
to de un rei injusto, cuando el papa le declara tal: tercero, que este
.es dueño de todas las coronas, que las puede dar y quitar á quien quiera,
así como puede deponer á los monarcas cuando cometan faltas contra
la fe ú por otra cualquiera: cuarto, que puede mudar los tronos á otras
manos !J venderlos: quinto, que los reyes reinan por concesion revo-
cable del papa, de quien son vasallos:' sexto, que el papa puede der-
ramar tributos sobre los pueblos como dueño absoluto de todo lo tem-
poral: sétimo, que el poder temporal de los papas empezó el dia en
que S. Pedro cortó la oreja á .'lfalco: octavo, que la lraicion en un
clérigo no es delito de lesa majestad, porque no es súbdito del reí:
y noveno, qu. los clérigos no están sujetos á las leyes civiles. Este




321
es es el resúmen de las bases actuales de la política romana, y estos
los elementos de su peculiar derccho público, .que está identificado con
sus intereses, y del cual no desiste ni desistirá, segun nos lo acredita
la negra I,istoria de los siglos XVI y XVII, Y los anales ycrgonzosos
de nuestra edad.


IX.
Tan perniciosas doctrinas, despues de haber encontrado una heroica


resistencia de parte de algunos monarcas virtuosos é ilustrados, de mu-
chos tribunales y de algun clero, ocasionaron al fin la supresion de
un instituto relijioso que tan abiertamente atacaba la autoridad inde-
pendiente de las naziones, alterando su tranquilidad y desfigurando
la fIsonomía dulze, obediente y divina de la iglesia. rero si la entereza
de los príncipes alejó de sus estados la ponzoña, no arrancó las rai-
zes del mal, porque depositadas en manos del papa, cundieron secreta
mas eficazmente por el mundo á, la mcrced de la proteccion, ya sola-
pada y ya descubierta, que estos dieron á los diestros cultivadorcs de
de una planta tal\ mortífera. ~i desde el dia de su extincion hasta
el año de 1815, no se "eian lJor Europa jesuitas con sus trages pro-
pios, los árdides jesuíticos y la combinacion maquiayélica de los qne
sobrevivieron á la tmprcsion de la compañía, se emplearon por espacio
de un siglo cn minar los cimientos de la autoridad temporal y en atisvar
las circunstancias favorables para volver á esclavizar los pueblos, y so-
meter los trollos al mando absoluto de los romanos.


Nicolao 1 V al ajustar un concordato con el rei de Portugal, le ame-
nazó con la escomullion si no le cumplia, y de que absolveria á sus
vasallos del juramento de fidelidad que le tenian prestado. Clemente
II, en un breve dirijido el l'.ño de 1711 al rei de Francia, estable-
ció como principio inconcuso que no era lícito á ninguno tomar el nom-
bre de rei sin el consentimiento del papa.-En el año de 1760, otro pa-
pa intentó destronar al duque de Parma, y no lo logró por la enérjlca
defensa que hizo el gabinete de España.-Pio VI, en el año de 1801, for-
mó el proyecto de residenciar la conducta de Carlos IV en materias
puramente temporales, y no lo logró por la enérjica destreza con que
el ministerio español le desbarató sus ideas y le recordó lo que no
le convellia eseuchar.-Pio VIf, que siendo obispo de Inmola, en su
sermon predicado el año de 1794 habia recomendado los principios
republicanos como enteramente conformes á los del evangelio, hecho
papa, dirijió el año de 1805 á sus nuncios una instruecion en la que,




328


despues de traerles á la memori~ las sentetlcias de deposicion pronun.
ciadas por sus antecesores y los concilios contra los príncipes obsti·
nadas en la heregéa, añadió: "que habiamos llegado á unos tiempos
calamitosos, en los cuales no era posible practicar, ni había medios para
renovar tan santas máximas, viéndose la iglesia ceñid(~ á interrumpir
la serie de sus justos rigores contra los enemigos de la fe, sil; poder
ejerzer su derecho de deponer de ~us tronos!J declarar privados de sus
bienes á los partidarios de la herejía."-Pio VII, no contento con
c@ndenar con esta nota las doctrinas que en el congreso español ma·
nifestaron los diputados en favor de los derechos de la nazion, niega las
bulas del obispado á los·que habian sido presentados .por el rei, querien.
do que compraran la posesion del b(culo con un perjurio y con la degra-
dante recantacion de los principios mas incollcusOS de la moral pública de
las naziones; y el actual pontífice reinante Leon XII, despues que cre-
yó adormezer la vigilancia de los nuevos gobiernos de América con
muestras al parecer sinceras de amistad: concitó secretamente á los
obispos paraque conspirasen contra la autoridad, auxiliando con sus
armas la destruccion del sistema civil allí establecido; y esto lo eje-
cutó casi al mismo tiempo en que el obispo católico de Lóndres, el
R. Poynter, órgano inmediato de la curia, en el libro que con título
de órden parq rezar el oficio divino, hizo circular en el año de 1824
entre sus obejas, no titubeó en asegurar calumniosamente: que los cons-
cituciIJnales españoles !J portugueses haMan ocupado la soberanía, des-
truido las iglesias !J los conventos, asesinado !J desterrado los obispos,
JI tiranizado el dogma!J la disciplina de la iglesia: que habían sido
vencidos, !J restablecidos el altar !J el trono por l(e sabiduría!J valor
del duqufJ de Angulema; y en la misma época en que el cardenal ar-
zobispo de Tolosa se negó á contestar á la circular del gobierno, en
la cual le mandaba exijir de sus subalternos el juramento de adhe·
sioo á las declaraciones hechas por el clero galicano el año de 1682,
-que destruyen las pretensiones de la curia, añadiendo que no lo hacia
por no disgustar á Roma,!J por qüe la potestad civil no tiene de-
recho para indicar á los obispos lo que deben haz-er con respecto á
la instruccion de sus seminarios, siendo la medida un nuevo ataque
tí los derechos de los obispos. Fundamento enteramente igual al de
que se acaba de valer el R. obispo de Oviedo D. Gregorio Ceruelo,
para dejar sin cumplimiento una órdcn del Sr. D .. Feruando Vll, en
que le mandaba poner en libertad á unos sacerdotes injustamente per.
seguidos por él por opiniones puramente temporales.




¿ Pe¡'o qué mucho que esto sucediera en '1'olosa, cuando Francia, la
nazion mas culta del mundo civilizado, vió con respetuosa aprobacion
en el año de 1825 la escena teatral de la consagracion de su actual
monarca, la que por eutre los disfrazes religiosos á los ojos de la ra-
ZQn se presenta como el ensíIYo mas solemne del ejerzicio de las máxi-
mas de la curia, y el hecho mas augusto é irrecusable que citará
siempre el clero, del poder reconocido que ejerze sobre las autorida-
des temporales? hecho ocurrido, tolerado, y aun aplaudido á la faz
de las luzes del siglo XIX, y ante la nazion qne en el siglo XVII supo
contrarestar nohlemellte sus injustas pretensiones,


Si la Francia ha presenciado entre el bullicioso estruendo de las
aclamaciones militares las lisonjas seductoras de los aduladores del
poder, y el brillo de la corte á la consagracion de su actual monarca,
sin detenerse á examinar el espíritu que la animaba: si la Europa
ha sido indiferente espectador: y si los reyes se han apresurado á
engalanar la festividad con el aparato de sus embajadores extraordi-
narios, testigos de la gloria del jefe de la Flancia; la crítica halla
en este suceso, al parezer insignificante, motivos de amargas reflexio-
nes. La filosofía y la razon ven en la consagracion de Reims, el
abatimiento de la autoridad real, la ratificacion solemne de las escan-
dalosas usurpaciones de Roma: y reproduzida en medio del siglo XIX
la memoria lastimosa de las escenas de horror que han cubierto de
vergüenza á los que vivieron en las épocas de la ignorancia •••• Ana-
lizado el rito q~e santificó en Reims la devocion de CirIos y auto-
rizaron los magnates, los diputados, los tribunales y el ejérzito, en
él descubrimos pasages tan humillantes, que nos hazen oIYidar hasta
el punto que ocupamos en la voluble rueda del tiempo •••• Desde el
primer paso hasta tJ último de los que compusieron la solemnidad,
se presenta el clero como depositario de los derechos del trono.' El
clero recibe á su rei como á un hombre comun: le saca de esta clase
y la eleva á la de noble: le da el poder de castigar á los delin-
cuentes: le entrega ei gobierno: le ciñe las sienes con la corona:
el diviniza con -el ungüento santo: le sienta en el trono, y le pro-
clama reL A su voz responde el pueblo: la artillería símbolo de la
fuerza nacional asegura la obra, las banderas saludan al monarca, y
á presencia de los represent~ntes de la nazion, el clero se arroga sus
derechos, ejerze sus funciones; y haziendo tomar parte á la divini-
dad, exclnye al pueblo de intervenir en un acto que es todo suyo.


2 Q




330
Por este medio, robustezido con la aquiescencia de la nazion, la fiera
Francia que en el siglo XIX ha dispuesto de los tronos agenos, y
ha dado la lei al mundo, reci))e hoi su .monarca de manos del
clero, el cual á costa ue la revolucion logró restablecer en cl año
de 1825 del modo mas anténtico las máximas que sometieron en otros
siglos la autoridad temporal de los reyes á la espiritual de la iglesia. Los
que tacharen de exagerada esta opinion, que se detengan á examinar
la ceremonia de Reims segun se ninere en los periódicos, y se
desengañarán.


No bien llegó el rei á Reims, qne el clero se apoderó de su per-
sona, le condujo á la iglesia, le hizo oir vísperas: un cardenal pro-
nunció un sermon relativo á la ceremonia preparada. En él no ol-
vida recomendar su antigüedad é importancia, la llamó espectáculo
divino y monárquico, en el cual se distingue la accion tutelar de la
re ligio n que consagra las obligaciones' de los monarcas para con los
pueblos, y afianza los deberes de tos pltc:blos para con los monarcas.
Si la consagracion se hubiera reducido á fortalezer los vínculos so-
ciales, y si no se hu))iera dado mas parte á la religion que la de
hazer mas fuertes los empeños de los reyes para con los pueblos,
y los deberes de estos para con ellos, no hallaríamos motivo para
ejerzer la censura, pero el cereg.lollial de la funcíon fué de tal jaez,
que alarma la fidelidad, y pone en cOllsteruaeion al mundo civilizado.


En la mañaua del dia señalado para la colIsagracion real dos cardenales
del S. R. 1. que en calidad de asistentes jamas abandonaron el lado del mo-
narca, siendo los mas inmediatos á su per~ona eutre les personages de la in-
mensa cOIllitiva que le acompañaba, segllido~ ue los prelados y del cabildo
de Reims, pasaron al palacio, llamaron á la puerta dc la cálllam del rei, y á
la demanda del sumiller de qué quieren vmds? contestó ti cardenal
mas antiguo: á Carlos X á quien su divina majestad nos ha dado
por rei. Incorporado este con ellos se dirijió á la iglesia. Antes
de pasar adelante, debemos advertir que la Francia, representada por
sus diputados y por sus pares, no concurrió á este p~saje: quc el
clero solo fué quien huscó al monarca, diciendo que i))a á encontrar
á su rei: que el cardenal solo, y no el prelado, ni algun lego dió
la respuesta; y (1 ue el rei, e"coltado inmediatamente por cl clero, apa-
reció ante su na:¡;ion reunida en el templo, conducido por la mallO
eclesiástica. ¿ Puedc decirse de Hll lllodo mas claro 1\lIe la alltoridad
augusta pende del clero 1 Esta ceremonia en la táeti¡;a del gabiuete
romallO equivale á un decreto invulnerahle de la supremacía del po-




331


der espiritual sobre el de los reyes. Pero por si no bastara la muda
declaracion de este pasage en el rito romano, hubo otros maS explícitos.


El rei se presentó ricamente vestido, pero como uu ciudadano, y
tomó asiento fuera del trono, aunque en el paraje mas distinguido.
El arzobispo lE' bendijo con agua santa, preparó la ampolla milagrosa
del aceite, y acercándose ~ 1 monarca con los santos evanjelios y la
vera cruz, le presentó la fórmula del juramento que hizo en los si.
guientes términos.


"Prometo á Dios y á mi pueblo mantener y honrar nuestra santa
religion como debe hazerlo un rei cristianísimo hijo primogénito de
la iglesia; administrar recta justicia á mis súhditos; gobernarlos con
arreglo á las leyes del reino, y á la carta constitucional que juro
observar fielmente. Así Dios me asista y estos santos evanjelios."


y nosotros preguntarémos ¿ para quién es el rei r ¿ no lo es para
la nazion entera ¡ ¿ no la ha de mandar? ¿ A quién sino á la nazion
entera interesa que se la dirija con justicia y bondad? Luego la
nazion y no una clase de ella, cuyos intereses están en oposicion con
los suyos es la única que debe asegurarse de las promesas efe su ca-
beza, intervenir en ellas y robustezerla con el voto de su obediencia.
Luego cI clero monopolizando esta ceremonia se declara superior al
rei y á la nazion, se erije en excl'lsivo tutor de sus derechos, y
juez sin apelacion de su futura suerte.


Los antiguos si(llliera mezclaban de un modo decisivo la areion po-
pular con la religiosa, acreditando con ello que el sacerdocio, invo-
cando á la divinidad, consagraba los deberes del pueblo y del monarca.
A la uncion santa y á los ritos religiosos de ella precedia l:-t pre-
gunta al pueblo: de si querirt á aquel por rei: si se sometia á su
mandato.2 y en vista de la afirmativa se pasaba al juramento y á la
consagraeion: suprimida esta fórmula, todo quedó á la merced del clero,
el cual, sin hazer caso del pueblo, recibió el juramento y consagró
al monarca.


¿ Yacaso da mayor fuerza á esto la mano eclesiástica? El juramento
la recibe de la promesa del que le haze, y de la imprecacion de que
va acompañado paraque Dios le castigue si la quebranta: el obispo
ó el cardenal no le da ni le quita vigor, de consiguiente su exclu-
siva intervencion es tan agena del acto, como lo seria la aproxima-
cion de un lego al sacerdote en el momento de la consagracion de
la hostia. Mas. esta, al parezer fórmula de pura pompa, envuelve
la misteriosa idea !le que el papa es 'lllÍen puede "elr{jar del Cllm·




332
plimienio de un voto hecho ti Dios por Sil mano ó la de 108 prelados
sus súbditos. En Aragon se uJJjian los reyes por mallO de los pre-
lados; mas el gran justicia les exijia el juramento, y jamas se dudó
de su firmeza porque no se hubiera hecho en las manos del clero.


Carlo!> X puesto de pies ante el lwelado dcjada su vestidura se puso
UIlOS botines; el delfin tomó de sobre el altar las espuelas y las en-
tregó al monarca que las volvió á dejar en aquel. Bendice el ar-
zobispo la espada" se la ciñe al rei y se la vueh e á quitar: la vuelve
á bf:ndecir y de rodillas este la recibe de sus manos. AqUÍ tene-
mos la ceremonia de armar caballero, al rei, casi igual á la que se
usó en Europa en los siglos de la feudalidad. El resultado es que
el rei de Francia ~s caballero porque le hizQ tal el clero, y si se
lla de dar á este paso toda la tra~endenl'ia que le atribuian las le-
yes de la caballería que pareze se tratan de renovar; el rei queda
ligado al que lo ha armado caballero con los vínculos de una fide-
lidad, incompatible con la independencia del poder soberano.


¿ y poner y quitar dos vezes la espada, símbolo de la fuerza y
emblema de la administracion de la justicia, no envuelve en sí una
degradacion de la majestad real? ¿ Y no descubre quc el clero es quien
le da y le quita aquella suprema facúltad? máxima romana que ha
ocasionado males horribles al lipaje humano, que la sana razon habia
proscrito, y (Inc en el año de 1825 vuelve á aparczer en medio de
la ruidosa funcion de Reims, en la época en que tanta proteccion se
dispensa á los jesuitas, natos propagadores de tan suversiva doctrina.


Unjido el rei en el pecho y las espaldas, y vestida la dalmática
y el manto, sc arrodilló ante el prelado, el cual le nnjió las manos,
le calzó los guantes, le ciñó el anillo, le entregó el cetro y la ma-
no que tomó de sobre el altar. Tomó luego la corona, y colocán-
dola sobre la cabeza del mouarca, sin dejarla descansar en ella la ben-
dijo y se la puso diciendo: recibe la corona en nombre del padre,
elel hijo lfc.


La cntrega de los guantes y del anillo es un resto de la antigua
investidura de los feudos; por manera que con esta fórmula Roma
logró lo que cara á cara le ha costado graves desengaños obtener en
siglos ménos ilustrados. El clero le dió el cetro y hasta le ciñó la
corona, queriendo sin duda adquirir por este medio la posesion de
una regalía que algunos monarcas le negaron en otros tiempos. Los
reyes de Aragon tom;¡ban del altar la corona por su mano, y ellos mismos
Sl coronauan; porr]ne ~abian '111(' de la inll'rposicioll {k la milllO cele-




333
siástica deduzia Roma el derecho de dar y quitar el mando. Y la
precaucion que en el siglo XV tomaban reyes ménos poderosos que
Carlos X, la abandonó este, seduzido quizás con la esperanza de ase.
gurar el mando. ¿ Y el rei de Francia no conoce las artes de la cu-
ria! ¿ IglJ.ora que esta nunca abandona susplanc$ de dominacion, y
que da á las fórmulas el valor que la razon tributa solo á las de-
liberaciones mas meditadas?


Acabada la coronacion, el rei se dirijió al solio, y estando en pie
llevándole el arzobispo del bra;w, vnelto hácia el altar y dicha: nna
oracion, se sentó; y cojiéndole el prelado la mano, le dijo: confír-
mete Dios en este solio, se la besó y grito tres vezes viva el reí,
á cuya voz se rompió el velo que separaba la iglesia del pueblo, y
este repitió los ecos, y la alegría y el entusiasmo llegaron al colmo.
Por manera que el pucblo uo vió á su rei hasta que el clero lo dis-
puso: la grita de viva el rei, indicante de la obediencia de los súb-
ditos, no se escuchó hasta que el prelado la lanzó de su pecho; y
el obispo sentando al rei en el trono, asiéndole del brazo, y dando
el saludo, acabó de asegurar la supremacía de su clase sobre la anto-
ridad monárquica.


¿ Podrá dudarse ya de que la ceremonia de Reillls que ha llamado
la curiosidad de los viajeros, ha excit¡tdo las emociones de los de-
votos, ha irritado las pasiones de los cortesanos, ha sido una solem.
nÍsima declaracion hecha á la faz del mundo en el siglo XlX dé la
dependencia de los tronos á la autoridad eclesiástica, y de un snceso
que Roma" habrá anotado en los rejistros de su pulítica para contra-
restar el daño que pudo causarle la escena que el pontífice autorizó
eu la misma Francia, cuando obedecia al general del siglo quc supo
separar con mano fuerte los límites de las dos potestades! Si los
aduladores del poder absoluto, y los ministros franceses han lisonjea-
do á Carlos X con la idéa ventajosa de que la uncion sagrada le
hacia invulnerable á. los tiros de la filosofía, nniendo servilmente el
pueblo á. su voluntad, nosotros tenemos la desgracia de ver en esta
ceremOllla la carta degradante que convierte al monarca en súbdito
de Roma (*).


(lO) N oS hemos detenido algun tanto sobre este pasaje, porqne en nuestra
opinion ha sido dirijído y consumado por Roma como un acto solemnísimo de
sus llamados derechos sobre las naciones, y como IIn acto ilustre del poder de
la cábala teocrática que ", propone dominar al mundo á costa de su libertad.




834
Lo dicho hasta aquí U08 demuestra.


I.
Que la curia romana, auxiliada por la eficaz coopel'ucion de los sa-


cerdotes subalternos, haz e siglos camina á sojuzgar religiosa y civil-
mente al mundo, sometiendo á, sn voluntad sobemna los pueblos y los
reyes, disponiendo de su frágil credulidad y de su opinion para ro-
bustezer su imperio.


11.
Que el Vaticano, haziendo de la religion el talisman de su políti-


ca mundana, abusa de los respetos debidos á la humanidad para in-
sinuar cntre los hombres sus idéas, acallar los clamores de la razon
ofendida, y sacrificar á cuantos no le prestaren sumisos sus servicios
y humilde deferencia.


IJI.
Que constante la corte del Tíbcr en su plan sin arredrarse con


los obstáculos, marcha á su objeto, desconoze el influjo de las cos-
tumbres, prescinde de las relaciones políticas, las cuales mudan la faz
moral Jel globo, del mismo modo que las naturales alteran 'no pocas
vez es su aspecto físico: sc COllUUZC cn el siglo XIX cual pudiera en
el XII: intenta detener los efectos del tiempo: cortar con mano osada.
sus alas vagorosas; y sentarla sobre la piedra dc sus cálculos, de la.
cual nada es poderoso para apartarla, si en las épocas para ella de
infortunio calla disimulada, busca las ocasiones de m<ejorar de suerte, y
lograda camina al logro de sus miras con una velozidad y violencia,
ignal á la compres ion q uc s u orgullo ha sufrido en las épocas que
ella llama de humillacion y abatimiento.


IV.
Finalmente, que el señor de la ciudad de las siete colinas, ha gran-


jeadado en el corto espacio de 12 años corridos desde la caida de
Napoleoll hasta el dia, el inmenso terreno que habia perdido desde
el de 1516: en el año de 181 9 desafía á la libertad del mundo,
que lograria destruir si los hombres amantes de su dignidad no con-
tienen con mano fuerte el torrente que amenaza sumerjirlo en el
océano insondable del despotismo civil y religioso.


. v.
La historia de nuestra edad, tan poco honrosa com parada con la de los si.


glos medios, confirma estas desconsoladoras deducciones. Ella nos dice
que I'n nuestros mismos dias, á la merced de las providencias acordadas




335
por algunos príncipes ilustrados, Roma toleró resignada la pérdida
momentánea de muchos de sus derechos, aduló á los mismos que mor-
tificaban su ambicion, y cedieudo á sus insinuaciones no pocas vezes
previno sus deseos con su anticipada aquiescencia. L:J. historia coetá-
nea nos enseña que cuando la combinacion de los sucesos púbHcos
obligó á los pueblos á reclam:J.r sus derechos, atemorizados los prín-
cipes, en vez de ponerse al frente de sus ideas, se empeñaron en con·
trarestarla~, y á las vezes venzidos y al fin venzedores al cabo de una
lucha de 37 años consiguieron restablezerse en sus trollos. Roma,
aprovechando la ocasion que le ofrecia el miedo de los monarcas, y
sus deseos de asegurarse en el mando absoluto, les ofreció disponer
á su antojo del mundo entero, sin mas título que el que le da el
ser vicario de J. C. en la tierra. Este es el cuadro que ofreze la
culta Europa en aquellos paises, en donde merced á la desgracia de
sus soberanos, domina el clero católico; este el término á donde van
á parar las persecusioncs que el genio arbitrario ejerze sobre los hom-
bres amantes de la libertad y del hOllor del linaje humano; y esta
la suerte que espera á las nazientes repúblicas ultramarinas, si con sa-
bia prevision y enerjía no procuran precaverse.


Al llegar aquí tal vez algunos de nuestros lectores escandalizados
con nuestra franqueza, atribuirán lo que decimos á un exceso de aca-
loramiento nazido de la triste posicion que nos cabe en suerte. ¿ Pero
por ventura 110 aseguran la exactitud de nuestras opiniones el com.
portamipnto de los prelados españoles, ¡as maquiavélicas maniobras de
los jesuitas en Francia, para cautivar la opinion de los que se dedi-
can al estudio, fijándola exclusivamente sobre las máximas destruc-
toras de su política civil y religiosa (*); las ma(juinaciones del sa-
cerdocio de Portugal, las negociaciones de la corte romana dirijidas
á fijar para siempre el clavo á la rueda de su fortuna, con el es~
pecioso pretexto de hazer que todas las naciones vivan bajo una misma
creellcüt. ¿ A qué otro objeto que al de asegurar la dominacion teo_
crática en el mundo, se han dirijido 105 pasos que Roma dió en estos
dias para atraer á su comunion al ruso? ¿ á qué otro fin se encaminan
los escándalos de Irlanda? ¿ A qué se dirije la envenenada perse-
cucion que aquella acalora contra los que profpsan opiniones políti.
cas contrarias á las suyas? ¿ qué se intenta cuando se atr€Ve á condenar


(*) Véase lo que se dice en el foI. 193, de este periódico, época 2.




336
las obras del inmortal y sabio Jovellanos, que en piedad y en .sen·
timientos verdaderamente religiosos pudo disputárselas al mismo c61ega
sacro?, ¿ Qué nos. revela la no acostumbrada liberalidad de la corte
del Tíber en remitir fondos á España para mantener las tropas apos-
tólicas, y en ceder temporalmente al reí los productos de las ,contri-
buciones vergonsozas que exije al pueblo español con pretextos re: i-
giosos? Nos descubre de un modo inequívoco, que no la caus:! de
Dios, sino la mundanal del mando es lo que ocupa á los altos direc-
tores del clero católico; los cuales, no satisfechos con la humillante
servilidad de los reyes, insultan su autoridad descarados, y resisteu
con ncg-ra osadía sus man(bmientos, haziéndoles experimentar los ri.
gores de su poder divino, y preparando al mundo la mas negra es-
clavitu~.


" Estoi altamente permadido, dice el obispo de O viedo al Sr. D. Fer-
nando VII, con toda la fuerza réncorosa del despecho y la arrogancia que
nace de la atentatoria permasion de la supremacía de su autoridad,
de que si V. ]1,1. no se hubiera separado de la senda que ofrezió seguir
cuando autorizó á los obispos y los alentó para sublevar los pueblos,
ni V. lVI. se vería expuesto ahora á perder una corona dos vezes res-
tituida, ni lo que debe ser á "V. M. mas sensible, próximo mas de lu
que pareze, á lo que inis labios 'no tienen aliento para pronunciar. La
nave del estado corre gran riesgo, porque ya no ejcrzen los ministros
de la religion la influencia que ántei en lus reales determinaciones."
¿ Prescindiendo de la especie de gitanesco chalanismo que envuelve
este lenguaje, puede decirse mas abiertamente que el poder del trono
es nulo á no apoyarse en el clero? ¿ puede amenazarse mas cruda y
desvergonzadamente á un monarca? ¿ Puede insultarse de un modo qJas
atrevido á la soberanía de las naciones? ¿ Y pudiera aventurarse á
hazerlo un va6allo del mismo rei, á no estar bien asegurado? á no
contar con sus auxilios, como mas eficazes para el logro de la em-
presa por apoyarse sobre el prestigio divino que la rodeaba, y que pre-
sentándoles la de(~ntada concordü, del sacerdocio y del imperio, como
el sólido sosten de sus coronas, logró amalgamar sus intereses con los
de los reyes absolnlos, yestablezer con ellos una alianza que llevando
por objeto oculto la depresion del pueblo y el enzalzamiento del poder
temporal, al cabo conclniría haziéndole recaer en manos del clero?
Dado este paso sagaz, cumplió Roma sus promesas, haziendo apart'_
zer de nuevo '(;ll ejérzito jesuítico poniendo en armas á los obispos,




337
atemorizando á. los pueblos con los castigos reservados por Dios á los
que procuraban perderlos, inculcándoles las máximas de la moderad,l
libertad, persuadiéndoles que la causa de la religion interesaba en la
ruina de sus seductores; que la arbitrariedad agradaba al Ser supre·
mo, y que la obediencia pasiva y el embrutecimiento eran los caminos
mas seguros para el logro de la vida eterna. Los pueblos fatigados
de la larga lucha que acababan de sostener por huir del despotismo,
escarmentados con la apostasía de algunos de los que creyeron amigos
sinceros de su libertad, olvidados de los inmensos sacrificios que aca·
babande hazer, aterrados con las exageraciones de Jos sacerdotes,
COl! las fantasmagoría5 religiosas de las misiones que en estos últimos
años se hau multiplicado para auxiliar la consumacion de la obra de
la curia, á fuer de causados, se rindieron al clero: hiziéroule dueño
de sus fueros, de su razon y del fruto de sus sudores, y abanderizH.-
dos por él, recibiendo la absolucion de sus peeados en camhio de la
abjuracion de las má.ximas que habian sostcnido cou 811 sangre, renun-
ciaron á su libertad, maldijeron á sus mayores, escarnezieron á los
hombres zelosos que solo deseaban su prosperidad, y llegaron á enga-
lanarse con 108 asquerosos atavíos de la ~erl'ilidad eiyil y religiosa.


X.
Los príncipes, léjos de contencr el curso de unos desórdenes que


amenazan sumir el mundo en las tinieblas del tiempo de las cruzadas
y de los flajelantes, los fomentaron por creer que I1na \'ez humillados
los pueblos á los pies oel sacerdocio, le seria á ello~ mas fácil man-
tenerlos sometidos á su absoluta voluntad; y porque se persuadierou
que el clero hazia para ellos la conquista. Pero este, que llevaba el
objeto oe convertirla en su provecho, vendió sus sen"ieios á los mo-
narcas á costa de su decoro: les echó en cara su impotencia, les ame-
nazó con que de él pendia la consen'acioIl del trono. "V. M, está
expuesto, le dice el obispo Ceruelo al Sr. D. Fernando VII, á perder
una corona dos vezes restituida con torrentes de sangre, y otros sa-
crificios no menos caros á los ministros de la religion": seguros
de su miserable dependencia, pues en ella se habian puesto al buscar
su cooperacion, se apoderaron de sus consejos, tomaron parte en las de-
liberaciones de sus gabinetes, y ensoberbezidos con el poder que la fa-
t.alidad puso en sus manos, contando con la necia deferencia del pueblo,
dieron el paso de debilitar el de los reyes j en po~ Jos humillaron y
altin acabaron con convertiflo~ en tril'ltes feudatarios del monarca um-


2 R




'iJersat, que deide las orillas (Id Tíhcr se propone que la fuerza ecle-
siástica que él reputa infinitamente superior oí la de su rd, ha de sostener
su~ respetos.. Este es el término ya bien descubierto de la hipócrita re-
ligiosidad, y este el punto donde vicne á parar la alarma que se su,
pone agitar á la religion á vista de la~ constituciones.


¿ Un obispo que se condujera por las reglas del evangelio, y que no
prefiriera á la doctrina sacrosanta de este la subersiva de la dataría
y que en vez de hazer miserablemente la corte á!~s famélicos dependien-
tes del gabinete romano, se modelara por los ejemplos de J. C. se atre.ve,
ria á decir ~ara á cara al unjido de Dios, como lo hazeel obispo de Oviedo.
con su reí: e' que sus órdenes son la eXl'rcsion de los caprichos de sus se-
cretarios de estado: á llamar in~ulto la re!;olucion del monarca en que
le recuerda los deberes de juez y de obispo con r¡~specto á unos in-
feHzes presos que tiene aherrojados sin razon? ¿ Y sobre toJo, llegaría
hasta el lastimoso término de vulnerar las leyes y hollar las regalías
de la corona, que 110 ~on mas que la dedaracion de los derechos
nacionales, cuaudo aparentando desconocer la proteccion que el rei debe
á sus súbditos, y la santa influencia de los recursos de fuerza, dice
con una decision que en tiempo de Cárlos In le hubiera costado un
estrañamiento : "que el min"istro se babia eutrometido sin autoridaú en
los negocios eclesiásticos, que solo á él como vicario de J. C. en h
diócesis de Oviedo, le i[Jculca decidir definitivamellte?" Esto haz e
el obispo Ceruelo, porque cree que ha I!pgado ya el tiempo de ar-
rojar la máscara, y de dar el último asalto al poder civil. La com-
binacion teocrática á que pertenece, y de la que es ca,rnpton ilustre,
cree que ha llegado el momento de trpmolar la bandera (le su Jo-
minacion uesde el capitolio, y [lo\' eso atrevida, kVili1ta COll orgullo.
el pendon de su fatal imperio 'en aquellas áspera~ Illoatauas do se
conservó l"a monarquía espauola, y do la gente aSluri¡\11il con noble
valor supo por des vezes restablecer el reino de ks leyes y resc~tal'
con brillo nuevo el esplelido!' del trollo e:,pauol. Llo cer.i:t.as de los
Ínclitos varones Ilue en Ara·gon establecieron el antemuro'! de la Ji,
bertad ellel fuero de manifcstacion, y las de los sabios c:¡.stelluuos
que con leyes acertadas supieron contener los desafueros del poder,
aun cnando se ubroquelarall con los atayios de la· religion~ se agitan
en el sepulcro nI resonar en su l'L'cinto la trompeta de la teocracia
jactanciosa, movida por la osadía ¡]el prelddo de Oviedo: y las som-
bras, .respeiab!e. tle Cárlos JI I,de MacaBul y de Camrom~lIes COD-




movidas, vienen de la region dPl descanso, glorioso dondw vagan, á
at~usar nuestra miserable debilidad y cobardía.


¿ Pero para qué reconvenimos por lo que no debemos responder?
Los desmanes de la teocracia son obra exclusiva de los soberanos que
desgraciadamente engañados, en vez de unirse al pueblo de donde les
viene el verdadero poder y majestad, se han lanzarlo indiscretamente
en lIlanos de la parte ilusa del cll'ro católico, que sagaz y astuta, obe-
dece ciegamente á, un jefe estranjero, el cual en el siglo xrx tra-
ta de vengar los agravios que supone haber recibido de mano de los
príncipes ilustrados, aherrojándolos para siempre en los grillos de su
obediencia. La política de Jo~ gabinetes -europeos, suspicaz con sus
sometidos, y empeñada en contrarestar el espíritu del siglo, se obs-
tina en hazer retroceder los pueblos á los siglos de la barbarie, y pu~s­
ta para conseguirlo á la merced del sacerdocio, corre el riesgo imi-
nente dc verse envuelta en la ex plosion general que amenaza, pa-
sando en el entretanto rol' la ignominia de sucumbir al yugo del fanatismo,
sirviendo de adorno al triunfo de la curia, cuyo jefe se complace en
pisar, como en las épocas de la ignorancia, las coronas y los monarcas,
dictando decretos exterminadores para sUmir en el abatimiennto y la
desgracia á las naziones que se atrevan á, resistir sus de masías.


¿ y dejar~n los reyes, y consentirán las repúblicas que se les so-
breponga el que Hingun derecho tiene á subyugarlas? ¿ Será ta~ nues:
tra desgracia que hayamos de \'el' á los pueblos seguir envilecidos
el carm funesto de la ovacion teocrática? ¿ Las naziones cultas ol-
vidando lo que les enseña la historia, sufrirán tal mengua? ¿ Y los
príncipes y los pueblos libres dejarán arrebatarse el poder que
reside en sus mallos cuando tan fázilmente pueden asegnrarlc? U nan-
se de ulla vez los reyes á los pueblos, abandonen los miedos pueri-
les que los aquejan y cuya gravedad abulta el sacerdocio iluso - vara
oprimirlos: promulguen de una vez las leyes conservadoras de la mo-
derada libertad que deben á sus sometidos, y colocados al frente de
la revolucion que haze 30 años amenaZll al continente, dirijan, en b-
gar ,le reprimir, los esfuerzos de la independencia, y robustecida su au-
tori,lad con el amor y el interes de los que deben obedecer su voz,
su poder adquirirá nuev1l: fuerza, y drsterrará al p~is dc las quirnera~
las pretensioues del clero, haziéndole entrar para siempre en el estre-
cho recinto de sns dcberes puramente espirituales. Con esto, se pondrá
fin al escándalo que ;!tÓllitO presel~cia el mundo civilizado, se lim-
piará á la ig.lesia católica de las manchas con 'lue \a ,¡fea la conducta




340
desac~rtada de' SUlí ministros, y nuestra edad verá. al Iin escri~o con
caractéres tan luminosos como indestructibles, el decreto consolador
qUe establezca la verdadera concordia entre el cielo y. la tierra, fun-
dada sobre la tolerancia religiosa~ sobre el crítico deslinde de ló que
eS temporal, de lo que es puramente divino, y sobre la sumision de
los hombres á las leyes.
, No hai que adormecerse, pues que Roma, tan atrevida para llevar


á cima sus proy€ctos cnando la fortuna la favorece, como circunspecta
cuando conoce que se detiene su curso con mano fuerte,aprovechando
las co..yunturas que en el dia animan su aecion, empleará todas sus artes
y sus recursos para impedir que las naziones se pongau en el camino
que conduze á asegurar su independencia; y ¡ ai de las que cerraren
los ojos á la evidencia! ¡ ai de los príncipes que seducidos con las
dulzes y engañosas vozes del Vaticano, dejen por mas tiempo las
riendas del gobierno en manos del jefe sacerdotal que 1'11 los miste-
riosos retretes de sus consejos, tiene haze siglos levantado el mapa de
su imperio que se dilata hasta los últimos confines del mundo! y ¡ai
de los pueblos y de los monarcas moderados y absolutos! y ¡ ai de
las repúblicas que no opongan un muro de bronce á las maquinacio-
nes maquiavélicas de los sucesores de Gregorio VII, Jos .cuales no
pueden mantener el ran¡ro y la influencia que ocupan entfe los po-
tentados, sino á costa de los sudores, del embrutecimiento y de la moral
del linaje humano!


Cotejo de tu bula ·del restablecimiento de los jesuitas con la de su
extincion.


El papa Clemente XIII gran protector de los jesuitas, elitrechado
llor las cortes de España, Francia, Portugal y Nápoles, á que ex-
tillg.niese la compañia, tenia convocado para el dia 2 de febrero de
1770, el consistorio Em que debia exponer las razones que le habían
determinado á acceder á las instancias de aquellos príncipes. Mas
hallándose nuevamente acometido del asma, falleció la noche ántes en
medio de las mas violentas convulsiones.


Solicitado por las mismas cortes Clemente XIV su sucesor,se tomó
cuatro años de término para informarse radicalmente de este negocio,
y examinar con madnrez las buenas ó malas resultas que pudiera traer
á la iglesia su decision. Para este efecto nombró una congregacion
de [) cardenales y de algunos prelados, á Jos cuales agregó los mas
hábile~ canonistas.




341
De las indagaciones y discusiones de ('sta junta, rt'sultó averiguado


que la compañia de los jesuitas, casi desde su oríjen, por su viciosa
orgallizacion, habi~ sido ajitada de toda especie de intestinas disen-
siones; que habia sostenido una guerra perpetua contra todas las or-
denes regulares, contra el clero secular, las academias, las, universi-
dades, los colejios, y aun contra los príncipes que los acojieron en
sus estados: que ~us turbaciones internas nacian del poder absoluto
de su jeneral, y de los vicios de su gobierno: que sus discordias
con los de fuera, tenian apoyo en el particular sistema de doctrina
que se habia formado, en su reprensible conducta respecto de las
otras escuelas, en el abuso que hazia de sus privilejios, en el menos-
precio de la jurisdiccion de los ordinarios, y de las personas seglares
eclesiásticas constituidas en dignidad. Se convencieron asimismo de
que esto habia dado ocasion á graves acusaciones y contiendas, fo-
mentadoras de disturbios, capazes de comprometer la paz y la tran-
quilidad de la c,ristialla república. Observaron que á la Silla apos-
tólica habian llegado quejas de todas cIases, apoyadas por príncipes;
y que aumentáudose diariamente estas acusaciones, trataron seriamente
varios papas de atajar este daño. Sixto V murió en el momento en
que iba á acordar una enérjica medida en vista de las reclamaciones
de Felipe n. Paulo V obligó al capítulo jeneral de la compañía,
á que por un especial decreto prohibiese á todos los jesuitas injerirse
en negocios ajenos de su ministerio. Inocencio XI y Inocencio XIII,
convenciaos de la imposibilidad de sujetarlos á una saludable refor-
ma, les prohibIeron la admision de novicios. Benedicto XIV intentó
en vano reformar las casas suyas de Portugal: igual suerte tuvieron
otros semejantes proyectos de varios papas.


A pelaban los jesuitas á la autoridad del concilio de Trento, alegando
que habia áprobado su piadoso instituto. Mas Clemente XIV, hizo
observar que aquel concilio se habia limitado -á exceptuarlos del de-
creto jeneral que obligaba, á todas las demas órdenes Tegulares á ad.
mitir sus novicios á la profesion religiosa inmediatamente despues del
ueviciado, caso de ser juzgados dignos. Escudábanse ademas con la
bula de Clemente XIII, que~abia aprobado uuevamente su instituto
y confirmado sus privilejios. Mas Clemente XIV advirtió que la
tal bula, mas bien_ arrancada que obtenida, léjos d~ remediar el daiío,
le habia aumentado por el abuso que hizieron de ella los jesuitas,
de suerte que desde aquella época €Can mas graves y frecuentes las
quejas y las denuncias contra la compañía.




De- pste triste cuadro de lo~ oesórdeueli causados por Jos jesuitas,
los cuales expuso por exteuso Clemente XlV, en la bula Dominus
ac ,-edemplar, concluía este papa que esta órden nO"' podia ya dar lo;; ,
frutos para que habia sido fuudada y apro,bada: que su existencia era'
incompatible con el establecimiento de una paz, sólida, y permanente
en la iglesia; y por con&iguiente que en su extincion estaba intere.
sada la salud pública. Esta extincion se rca,izó por medio de la hula
de 21 de julio de 1773, y del breve de- 13 oe agosto del mismo año.


Clemente XIV justificó esta medida con hechos calificados y graves
consideraciones apoyadas en ellos. N o pudieran pues ser restable.
cidos 105 jesuitas sin que ántes se sujetasen á un nuevo exámen es·
tos hechos y consideraciones. Mas ni d~ lo uno ni de lo otro ha-
bla una sola palabra la bula de Pío VIL No entra este papa en la'
discusion de si son verdaderos ó dudosos ó f¡lIsos los tales hecho~.
Solo tiene á hien rest\lblecer el edificio destruido por Clemeute XIV
en virtud de ciencia cierta, y de la plenitud de su potestad apostblica.
Cierto es que asegura haber procedido con consejo de los cardena--
les. mas se sabe que esta 110 fué sino una vana formalidad. Cuando
el papa haze una proposicion en el consistorio, dice nn sabio cano-
nista, la termina con estas paJadl'as :- Quid voúis videtur, venerabiles'


fratres j y sin darles tiempo para que contesten, pronuncia el Placet,
y levanta la se5iol1. El cardenal Ganganelli incurrió en el desagrado
de Clemente XIII, por haber osado oponerse rápidamente á una pro-
posicíon hecha por este papa. A~í esta fórmula es de la misma na-
turaleza del propio motu, palabras que bastan para hazer inadmisibles'
las bulas, en algunos estados católicos.


A los mismos jesuitas acriminados tan gravemente por Clemente
XIV, los llama Pio VII los mas vigorosos remeros de la barca de
San Pedro. Si por esta barca entiencle este papa la iglesia, injuria
con semejante elojio á todo el clero seclllar y regular. -Si solo en-
tiende el sistema de la coree de Roma organizado sobre la pauta de,
las falsas decretales, inspira contra estas tropas auxiliares suyas nue·
vas sospechas á los gobieruos que viven urm,ldos contra los asaltos
del ultramontanismo.


Esta resureccion de la compañía efectuada por Pio VII, la espe-
raron los jesuitas desde el momento mismo de su extincioll. Muerto
Clemente XI V con las sospechas de ,veneno que S01l harto públk
cas, la facclon ,R~'zzolJico elevó al trono pontificio áPio VI, ha-




348
biénuole e_,-ijido áTltes (¡¡ promesa de revocar la bula d¡>su extlncioñ.
No determinálHlo,e el nuevo papa á chocar de frente con los prÍn-
cipes que la habian solicitad,), se limitó á expedir un breve á favor
de los de la Rusia-blanea. Pio VII temió tambien este compromiso
al principio, cOllte~ltálldose COII restablecerlos en ~icilia : y estaba dis-
puesto á extenderles esta proteccioll respecto de otros estados, á no
haberle salidc al pncuentro con terribles amenazas el que m'ereció ser
ulljido emperador por mano apostólica.


Llegó pOl" fiu la época en qlle este papa se creyó sin obstáculo
ninguno para ll·~var {t cabo e,~t.a obra cntr"liada en lo Íntimo de su co-
razono Mas el plan de su ejecacion corrcspondió á la naturaleza de
la causa. Contentitldose con pro:ligar clojios ampaioso~ y vagos á los
jesuitas, dejó ¡utacta la bula de su predecesor, y suiJsistentes y en
toda su fuerza I.tS rfl.wues que le h~oia!l movido á exting'lirlos. De
suerte que á pesar (10 la lIl11l1Cld,t por Pio V 11 cierta deuda y pleni-
tud de potestad, y del respet,) debidu á una y otra, despaes de su
llueva bula, que,hrlln 103 jesuitas cü!Ilv e,taÍlan autes sub reall6; por no
haberse desllleutido ni disuelto en clla las causas canónicas expuestas
por Clement.e XIV, para justifIc:ll' á la faz de la iglesia y del mundo
su extincioll. La billa dominlts (te redemptur de este paln fué expe-
didaen vista Je hechos y documentos califtcados por una congrega-
cioll de cardenales, prelados y te.:ílogvs. ~o pudiera pues anularse sino
dcspues dé un juizio contritdictorio, en (rle ex*iuad03 Il!E~,'alllellte
estos hechos y documentos, apal'eziese que todo ello hahia sido Lll! cú-
mulo de falsed~des y c:tlulllllias: y por cousigni;;ntc que en aqnellrt de-
cisioll prollllllciaLla ex ClIlhedra por Clemente Xl\T, le había abandonado
la infalibilidad personal, trasladándose 'á. Pio VIL'


Pero á. los ~gclltes de la compañía les era mas fleil derribar 'de
un golpe y de monto n las gra,Tes y ealifle1das ell'lSa5 alegadas por
Clemente XIV, que reflltrtrlas por me-lio de una seria discllsion, su~
jeta á las reghs de la salla crítica. Guardáronse los jesuitas de este
compromiso, cuyo éxito hubiera empeorado su causa, y adoptaron el
primer partirlo, mas conforme al estilo moderno de la curia, mas co~
modo, m:ts expedito y el único que pudiera asegurarles su triunfo. ¡ Qué
importa qne este procedimiento sea contrario al plan callónico y franco
d¡~ la iglesia? Los q\1~ saben esto son pocos, y aun e~tos cdlau por
110 exponerse sin fruto á. la~ iras riel jesuitismo y del curialismo. En-
tretanto e~t()~ (i()~ bandos predican á la- gente sencilla qnc eÍerrell los




344
ojos á la evidencia de las caUSas alegadas por Clemente XIV, gober-
nándose por la fe implícita en la cierta ciencia y en la plena po-
testad de Pio VII. Por donde no será extraño que estos vigorosos
remeros de la barca de San Pedro, alentados con la nueva osadía
que les inspira la curia, preparen nuevos ataques á la doctrina y á .
la paz de la iglesia, y al órden y á la tranquilidad dt? las socieda-
des políticas.


Los jesuitas para ennoblezer su caida, é inspirar odiosidad á los
que la procuraron, pintan su causa como aliada con la de la religion
y de los estados políticos. ¿ Mas qué es en boca de ellos la reli-
gion? Un sistema qUft toma toñas las formas que quiere darle su
propio intereso "En Europa, en Asia, en América, decia Clemente
XIV, se amalgamaba este sistema jesuítico COII la práctica de ciertas
ceremonias gentílicas, en desprecio de las aprobadas universatnente por
la iglesia: con ciertas máximas justamente proscritas por la santa sede
como escandalosas y atentatorias de la regla de las costumbres: y con
otras cosas sobre manera importantes para cOlIservar en . toda su pu-
reza los dogmas de la religion cristiaua. En todos los demas cuer-
pos la religion era el fin; en manos de los jesuitas no era sino un
medio para llegar á su fin. Lo de adentro y lo de afuera, todo lo
tenian envuelto en su plan de dominacion, cuyo secreto estaba encer-
rado en el réjimen que comunicaba el impulso á todos sus individuos.
Cierto es que no faltaron en la compañía miembros prudentes y de
recta intencion y de firme carácter; mas la resistencia que hallaron
estos en el constante sistema del cuerpo, promovió las intestinas dis-
cordias de que habla en su bula Clemente XIV.


Notorio es el cisma que excitaron en la misma compañía los erro-
res de Harduino y Berruyer; el poderío á que llegó este vando
á cuyo frente estaba Forestier, asistente general en Roma: el des-
afecto con que fué mirado el sabio Tournemine por haberse decla-
rado contra las profanas novedades df'. sus dos hermanos: la prohi-
bicion que se le intimó á Bertier de que los impuguase, de la cual
di6 noticia él mismo en uno de los últimos diarios de Trevoux. Por
las notas manuscritas de Toumemine sobre la Ilistoria del pueblo
de Dios, consta que los errores de esta obra habian pervertido á mu-
chos jesuitas.


¿ Qué diré de otro linaje de persecuciones
expuestos muchos de sus dignos teólogos?


literarias á que se vieron
El célebre Petat,io á al-




345
terar el plan de sus dogmas teolbgicos, despues de haber publicad"
los primeros rol úmenes. En los sermones del zeloso Borclaloue ,hizo-
Bretonneau alteraciones é intercalaciones que los desfiguraron en ,gran
parte. El cáustico D'Avrigny dicen haber muerto de pesar por las


-mudanzas que hizo Laltemant en sus memorias cronológicas. Una ex-
presion laudatoria de Pascal que apareció en el Ensayo sobre l(t be-
lleza del P. Andres, fué borrada sin noticia suy'a, no habiendo te-
nido Iibntad para restablecerla hasta que fuée1ttinguida la CompañÍa_
La correspondencia impresa de este P. Andres con Marbeuj, des-
cubre parte de las arterías á que se rió expuesto, por no haber apro-
bado la animosidad y lús procedimientos de sus hermanos contra el
venerable cardenal de Noailles. Otros ejemplos de esta clase pudiemn
lllegar los que tengan á mano los documentos de la historia secreta
y literaria de los jesuitas.


Uno de los grandes cargos hechos á la Compañía en la bula de
Clemente XI V, era la codicia de los bienes terrenos. ¿ Cómo es pues
que en el momento de su destruccion se les halló gravados d~ una
enorme deuda? Es. que parece enigma, le aclara un hecho noto-
rio. Los jesuitas estaban obligados á enviar anualmente á Roma el
fruto de su economía y de sus ahorros, poniéndolo en manos de su
general. Porque este prelado, segun sus constituciones; era el único
propietario y administrador de los bienes de sn órden. Por medio
de estos secretos canales iban á la curia romana una gran parte de
las riqueza de las uazie>nes á engrosar un tesoro e strallj ero, ,y á con-
vertirse tal vez en usos dañinos, ó cuando [ménos sospechosqs.


Quebrantamiento del plácito regio en Francia, y sus result([$.
No hai estado ningnno en el orbe cristiano que con mayor zelo


que la Francia haya sost~nido los derechos de ,la suprema potestad
temporal, sobre el dar ó negar el pase á las bulas ó breves 6 res-
criptos de la curia romana. Llenos están los códigos de aquel reino
de decretos y reglamentos expedidos en diversas épocas para no dar
entrada á la menor relajacion de esta que se ha respetado en él como, una
de sus leyes fundamentales. A la vista tenemos los decretos de 4
de octubre de 1580, de 18 de setiembre de 1641, de 6 de mayo
de 1655, de 9 de mayo de 1703 y de 26 de febrero de 1768. El
objeto y el espíritu de todos ellos se echa de ver en la declaracion
del reí de 6 de mayo de 1772, que ñjó la jurisprudencia de aquel
reino. Queremos, dice, y es nuestra voluntad que no puedan ser pu-


2 s




346
blicadas JI ejecutadas ell 1mestros estados bulas ningunas, breves, res-
crito.', constituciones, decretos y otras expediciones de 1(1 corte de Roma,
sin ser acompañadas de nuestras letras patentes,y l'ejistr'adas en nues-
tros tribunales.


¿ "Qué consecuencias tan perniciosas resultarian de las máximas
contrarias, decia en 1768 el abogado general Seguier, y ántes de él
en 1716 Joly ,ele Fleury, si sin el concurso de la potestad secular
tuviesen fuerza de lei en los estados católicos todos los decretos ema-
nados de la corte de Roma' Leyes serian en tal caso ohligatorias
para todos los fieles las censuras, las excomuniones, los entredichos
sobre lo temporal y sobre la autoridad de los príncipes.- Ataríanse-
les las manos á ellos y á los magistrados cÍ\'iles para contener este
torrente de novedades que sin contar con ellos, y á pesar de elloa
se introducirian en sus mismos estados. En vano se hubieriln resis-
tido nuestros reyes á recibir muchas bulas de papas q'le no estaban
acordes con las máximas de nuestra iglesia; ins~ficicntes hubieran sido
para conservarnos en tranquilidad la sabiduría y la prevision de nues-
tros mayores."


En virtud de estas leyes y medidas no p¡¡eden los obispos de Fran-
cia (igualmente que los de España, donde está en plena observancia
el plácito regio) pedir ó solicitar, y ménos admitir bulas ó rescriptos
del papa sin -que medie en ello la suprema potestad civil. Cotéjese
con estas leyes la carta circular del obispo de la Rochela, fecha en
17 de setiembre de 18 14, dirijida á. lo~árrocos de Sil diócesi, en
la cual lel! haze saber que por un decreto del papa Pío VII que aca-
baba de recibir, estaba autorizado para volver á los dias respectivos
del calendario las fiestas que habian sido trasladadas al domingo. Co-
téjese con ellas tambien otro decreto del mismo papa expedido á l!i
de noviembre del mismo año á instancia del obispo de Limoges, y
comunicado por él á sus párrocos á primero de enero de 1815 en el
cual le permite, lo primero que restablezca para la emeñanza públic:\
el antiguo catecismo de su diócesi, que estaha en uso ántes del ca-
tecismo imperial (*)? segundo, que coloque en el calendario de SH
diócesi las festividades quc h<\bian sido suprimidas (t). En este de-


(*) Catbecismum, qui anlea in diocesi sua eral in usu, itel'um proponere
libere poterit,


(t) Fe.ta .•.. ad pro¡lios die s revocentnr, el in kalt'ndario dioecesano des-
criban!u)' .




347


creto uo imponia Pio VII á los fieles la obligacion de oir misa y no
trabajar en tales fiestas, dejándolos en órden á esto en plena liber-
tad, hasta que otra cosa determinase la santa sede (*).


Nada digo contra el restablecimiento de las antiguas prácticas; soi
el primero á venerarlas, así por lo que ellas se merecen de suyo, co-
mo por su oríjen. Mas en el modo de restablecerlas aparece una efee-
tiva y directa contravencion á la autoridad del gobierno supremo, á las
leyes de aquel reino y á los derechos y libertades de su iglesia.


Debieran ademas no olviuar aquellos prelados que una de las mas
preciosas prerogativas del episcopado, esp ecialmente en aquella nazion,
es el derecho de establecer ó suprimir fiestas en sus diócesis de acuer-
do con la potestad civil. Otro defecto notable de estos decretos de
Roma circulados por aqueHos obispos, era restablecer el papa por su
sola autoridad, un órden de cosas, que habiendo sido dispuesto por
el concurso de ambas potestades, no podia alterarse sin conocimiento
y anuencia de una y otra. Reservábase ademas el papa el derecho de
permitir á ¡¡s fieles la ccsacion de las obras serviles en ciertas festi-
vidadcs, segun 10 tuviese por conveniente la silla apostólica; medida
que 110 es ménos de la competencia de la autoridad temporal, que de
la espiritual.


Esta conducta ilegal y degradada de aquellos obispos, unida á otros
hechos de la historia moderna de la iglesia galicana, muestra la mise-
rable tendencia de una gran parte de aquel clero á abrazar en toda
su extensioll las novedades del ultramontanismo. ¿ Qué idéa tendrá de
los derechos de su carácter un obispo, que cree necesitar de la auto-
ridad del papa para suprimir en su diócesis un catecismo esc¡\ndaloso
y rest.ablecer para instruccion de sus feligreses el que habia sido ex-
cluido por una extraña é incompetente autoridad? Llega esta dege-
neracio? del clero galicano hasta el punto de haber envidiado á Es-
paña muchos de su~ individuos el restablecimiento de la inquisicion en
aquel reino el año 1814, doliéndose de su suerte porque no les alcan-
zaha tambien á ellos este tesoro.


¿ Podrá esperarse que restauren la antigua sabiduría de este clero,
los jesuitas que circulan como la sangre por todo aquel cuerpo polí-
tico? A esta pregunta podrá contestar el uso que hizieron en Roma
de la resureccion de su compañÍ:l, que fué declamar al momento en


(") Suspensa ¡nterea remanente obligatione audiendi sacrum, et vacalldi a
scrvil¡bus operibuH, douec ab npostolica sede aHter statutum fuerit.




348
SUd cát.edras contra la doctrina de las cuatro proposIciones. Contes·
te asimismo la felonía del ex-jesuita Proy(jrt que en el compendio
de la historia eclesiástica de Lhomond, suprimió el capítulo que con-
tenía la exposícion de los artículos del clero de Francia, para subro-
gar en vez de ella las indecentes rapsodias de 108 jesuitas sobre las
batallas suscitadas por elios, socolor del jansenismo. Buen quilo cria-
rán los párvulos, á cuyo uso se dcstina este libro, mayormente en las
escuelas llamadas cristianas, con estas fábulas iuveutadas para promover
la discordia de los teólogos.


La educac¡'on considerada como medio de aliviar las necesidades del
pueblo pobre y laborioso.


Nada influye mas eficazmente, segun el célcbre economista ingles J.
R. M. Culloch, en el alivio de las necesid;ldes del pueblo pohre como
nA sistema bien entendido de educacion pública. "o será exagerado
suponer que las nueve décimas partes de las miserias y crímenes que
afligen la sociedad, nazen de no conocer cl pneblo pobre las circuns-
tancias que influyen sobre su estado, Todos los que hasta aquí han
tratado de su educacion, generalmente hablando, limitaron los efectos
de su zelo á enseñarle á leer, escribir y contar, abandonando lo mas
importante. La destreza en leer, escribir y contar pueue hermanarse
con la mas crasa ignorancia de ciertos principios, de los cuales con-
viene tanto á los pobres como á la nazion el tener ideas exactas. Si
la educacion ha de producir las ventajas qne fieben esperarse en esta
parte, ademas de enseñar á los pobres á leer y escribir, será preciso ins-
truirlos en los deberes relijiosos y morales, y cn las circunstancias que
ocasionan la graduacion dcsi~llal de las riqlwzas.


Es absolutamente necesario inculcarles desde sus mas tiernos años la
importante é indisputable verdad de que de ellos depende su bienestar:
que lo que los demas hagan en su favor, es nada comparado con lo
que ellos mis mus son capazes de réalizar por sí : y que el gobierno
mas tolerante y mas liberal y las mejores instituciones, no pueden sao
carlos de la miseria ,'1/ degradaciun, si no emplean para conseguir'lo la
prudencia, la premeditacíon, la fi'ugalidad y una buenlt conducta, 1'\0
cabe duda ClJ que las resultas de un sistema de educacion que reco-
nozca estas bases, produdrá grandes ,"entajas, porque no son incura-
bles los errúrcs ni los vicios de 103 pobres; ántes por el contrario,
se les fazilitará el que diluziden por sí COIl grande saga~idad y pene-
traLÍon estas cue:,tiúue5 prácticas} tau intimamclltc cnlaladas ¡;UlI ~us




340


propios iutcreses, y que deum:can COII seguridad sus últimas consecuencias.
A lo dicho añadimos, que si la educacion se dispone de modo que


abraze los objetos de verdadera utilidad, facilitando á los pobres los me-
dios conducentes á conocer tas circunstancias que influyen en la alzct
y baja del precio de los jornales, punto íntimamente unido á su si-
tuacion, no hai duda de que una inmensa mayoría se apresurará á apro-
vecharse de sus ventajas.


"La ignorancia, dice MI'. Sommer, es el obstáculo mas poderoso para
promover la prosperidad pública, porque cl único y verdadero secreto
de socorrer la indigencia, se reduce á hazer que las clases pobres sean
agentes de la mejora de su condicion, dotándolas con una energía per-
petua, en vez de socorrerlas con auxilios temporales pecuniarios. A
medida que se dilata la esfera de los conozimientos, los pobres ad-
(Iuicren mas fazilidad para cooperar al buen éxito de los planes que
se formaren para su bien, se hazen mas dóciles á los consejos, mas
diestros para su ejecucion, y mas deseosos de llevarlos á cima. De
aquí se sigue, que cualllto se venze la grosera ignorancia del pueblo
llObre, introduciendo en él los buenos principios, se adelanta mucho para
combatir la -escuálida pobreza. ~in mas que dilatar y poner en ac-
cioll las facultades de un individuo se le fazilitan los caminos paraque
mejore su eondiciotl, porque con esto solo conoce con mas claridad S'lS
intereses, y los fomenta con mas clúJado: no saca prontas recom pen-
sas á costa de amargos arrepentimiellto~, ni hipoteca el trabajo de BU
vida venidera sin obtener un premio proporcionado. La indijencia rara
vez e:ltá unida á la buena educacion."


"No podemos lisonjeamos, dice MI'. eulloc, de que la masa general
del pueblo reciba una profunda ilustracion, porque ni puede leer las grandes
obras en donde se desenvuelven los nuevos priucipios, ni leyéndolas
es capaz de l;omprenderlas." ¿ Pero quién impide que los resultados de
las teorías y de las verdades que en ellas se contienen, puedan com-
prenderse en unos tratados elementales, haziendo que se lean en las
escuelas y que circulen en los talleres y en las aldeas? Esto se hizo con
las ciencias físicas y matemáticas; mas hasta ahora no se ha verifi-
caelo con las (lue ofrecen ménos dificultades para su realizacion, y que
son incomparablemente lilas importantes, pues dan á conocer el me-
canismo de la sociedad y manifiestan las fucntes de la opulencia in-
dividual, (k la pública pro;;peridad y de la pobreza y abatimiento
4le la nazioll. (y 4Juién duda (Iue la seguridad del gobierno y la tran_




quilidad del estado, el alivio y bienestar del pueblo dependan prin-
cipalmente del conocimiento que este tieue en dichas ciencias?


Si el pueblo ignora las circunstancias que realmente influyen en su
eShdo, forzosamente han de conducir ciega y caprichosamente las cabe.
zas de familia en sus casas, y con respecto al público los ciudadanos.
U na piebe ignorante y sin educacion, no conoce regla fija para su
conducta, y es necesariamente presa de sus errores, de sus imaginarios
miedos, y de los desigaioi fatalps de astutos y falazes demagogos. El
doctor Smith, asegura que un pueblo instruido siempre obra con mas
decoro y órden 4ue otro ignorante y estúpido. Los cindadanos del
primero se respetan mas á sí mismos, respetan mas á sus legítimos
superiores y son tratados por estos con mayor consideracÍon. La ex-
periencia apoya la exactitud de esta opinion. I..:J.s conmociones po-
pulares son mas Ó. ménos violentas y atrozes en ralOn de la eficazLt
de los errores del pueblo, ó lo que eS' igual, en razon de su igno-
rancia. ¿ A qué otra causa se podrán atribuir las matanzas y persecuciones
relijiosas que han desolado la Europa, sino ála ignorancia de los pueblos
que los ha hecho víctimas de los mas groseros errores de la barbarie
y del fanatismo? ¿ Si el pueblo ingles llubiNa tenido instruccion, el
gran pensionario de "Vit y ~u infeliz hermano hubieran recibido tan
ignominiosos y crueles desacatos com9 los qu~ han experimentado, si
la plebe hubiera tenido idea de los insignes servicios que bizieron á
la patria? ¡ Hubieran aparecido en r.óIldrf~s los desgracictdos motine~
del año de 1780, promovidos de resultas de Lt modificacioll heclu en
el código penal de los católicos? ¿ L'l revo!ucioll franc2sa hubiera
dejado tras sí la memoria de tau enormes atentados como los que se
han cometido á la sombra de la ignorancia popular? ¿ Y la peóÍnsula
española daría en medio de las luzes del siglo XI X tan grandes es:
cándalos como los de que es teatro lastimoso desde el ano de 1823,
á no contar los corifeos de los desórdenes con la crasa ignor,mcia y
el estúpido embrutezimiento de una plebe feroz?


Se pudieran alegar otros muchos ejemplos de los mortíferos efectos
de la ignorancia sobre la tranquilidad y la conducta pública de las na_
ziones, si los citados no bastaran para demostrar que, en ve/, de ser
verdadera la opinion de algunos sofistas de que la ignorancia e., la
prenda mas segura de la obediencia de las clases ínfimas á la auto-
ridad suprema, es por el contrario el manantial mas prolífico de la
confusion y del de5órden. De aquí se infiere que los gobiernos eótán




351


obligados á promover el estable;o;imiento de un sistema verdaderamente
útil de instruccion pública, como olljeto absolutamente necesario para
promover el. alivio y la felizidad de lo> súbditos, y para asegurar su au-
toridad contra los ciegos y peligl'Osos ataques de un pueblo ignol'ante
y qne carezca de educacion.


Deseosos de contribuir al logro de una idea tan benéfica, nos en-
'. sayarémos en presentar unos brevísimos elementos de moral, acomodados


á la inteligencin del pueblo pobre y lnboTÍoso. Partiendo del supuesto
de que en los gobiernos moderados y en los republiea,nos, léjos de te7
merse, se procuran difundir las luzes en el pueblo, y de que con cste
objeto se generaliza, por medio de las escuelas mútuas, la instruccion
en el arte de escribir y de lrer, hemos creido que se podria difun-
dir en el alma de los niños de las clases ménos acomodadas, las se-
millas de una instruccion moral propia de ellas, de uu modo insensi-
ble, y sin causarlcs fastidio ni gasto alguno.


Los maestros de primeras letras acostumbran prescntar á sus dis-
cípulos el modelo qnc dcben imitar cn un renglon escrito de su mano,
ó impreso: los discípulos, al imitar la letra, repiten lo que aquel con-
tiene tantas vezes cuantas caben en la hoja de papel ó eu la pizarra.
En lllgar de ponerles vozes que nada significan, ó máximas el'l'óneas,
nada mas útil que snstitn:rlas una serie de preceptos y de nociones
políticas,! morales, que reunidas formen un pequeño catpcismo ; é im-
presas pn el corazOIl sirvan de rcgla á la conducta succsiva del na-
ciente ciudadano. El niño las aprende sin sentir, al mismo tiempo que
habitua la mano á imitar los caractéres que se le ponen por modelo.


Ensayo de un surinto catecismo ele moral, acomodado á la inteligen_
cia del pueblo pobre y laborioso.


PARTE r.


Art. l. El cielo adornado con la brillantez de sus astros, la tierra
desplegando la variada extension de sus campiñas colmadas de frutos,
y la mar agitanno SIlS olas bramadoras, nos' demuestran ia existencia
de un Dios.


Art. 2. A Dios debemos el tributo de lIuestra adoracion y reco-
nocimiento, acomodado á su augusta voluntad.


Art. 3. Solo se agrada á Dios acomodando Iluestra contlucta á sus
altos atributos de hondad, de misericordia y liheralidad.


Art. 4. La religion es el medio por el Ojal manifestamos á Dios




35~
nllestro amor y rellonocimicnto, y nos esforzamos en conformar nues-
tra conducta con su voluntad.


Art. 5. La religion es la lengua con la cual lo.' hombres
hablan con Dios, y le manifiestan su reconocimiento á sus bene-
ficios.


Art. 6. Los sacerdotes ó mllllstros son los órganos que arreglan
nuestro lenguage para con Vios, y nos esplican S!lS atributos; y de
aquí nace el culto.


Art. 7. Así como un hombre no debe mirar como enemigo á otro
hombre porque se esprese en un idioma distinto del suyo, del mis-
mo modo debe procederse con cl qne tenga otra religioll.


Art. 8. Contento cada uno con la religion que hubicre recibido de
sus padres, ó con la que su razoll le recomendare; debe mirar con
tolerancia á los que uo se conformarcn eou clla, teniendo por hermanos,
y dispensando á los de diferentes scctas religiosas los socorros y
deberes que la humaniuau y la razon aconsejan qlle sc dispensen á
los hombrt's.


Art. 9. De los atributos de la divinidad nacen las leyes quc arre-
glan nuestra conducta, ó sea la moral; que es la norma de nuestra
conducta, y el sólido cimiento de' nuestro bienestar.


Art. 10. Toda moral que no se conformare con la rccta razon
es un error, de que deberemos huir; porque no puede venir del ser
supremo lo que nace de una fuente de corrupcion.


Art. J l. La moral nos enseña las obligacione3 que tenemos qlle
llenar para con Dios, para COll nosotros mismos y para con los demas
hombres: su exacto cumpliento está tan Íntimamente ligarlo con nues-
tros intereses, como que de su observancia penden nuestra felizidad y
bienestar.


Art. 12. El hombre debe á Dios el tributo de alabanza, de amor,
de adoracion, y de reconocimienllto et~rno: porque él nos ama, y
porque de su mano nos vienen los bienes que disfrutamos.


Art. 13. El hombre está obligado á modelar su conducta por la
voluntad de Dios, que no puede Sépararse de lo que dicta la recta
razon; y á. promover su bienestar, empleando los medios de que le
dotó el ser supremo para lograrlo.


Art. 14., El hombre, con respecto á sí mismo debe ser justo; es
decir, debe vivir segun la lei; porque la equidad sostiene al género
humano: debe ser bueno, porque la bondad cautiva los corazones;




353
modesto porque el orgullo irrita á los demas: reconocido porque el
reconocimiento nos adquiere el aprecio y nutre la bondad.


Art. 15. Entre las obligaciones que tiene el hombre que llenar
para consigo se cuenta: primera, la de no ejecutar en secreto lo
que se avergonzaria de cometer en público: segunda, de ser veraz en su~
dichos, porque la mentira aleja la confianza: tercera, de ser parco en
las palabras, porque la locuacidad procluze el desprecio; y cuarta,
derramar la felizidad sobré los que le rodearen, porque no puede
ser desgraciado el que haze á otros felizes.


Art. 16. }<;l hombre con respecto á los demas hombres, sin que
en ello puedan influir diferencia~ de colores, ni las crencias religio-
sas, debe ser complaciente, esforzándose para agradarles, benélico, ó
séase inclinado á hazerles bien y evitarles el mal, no queriendo pura
los demas lo que para sí no le agradare; indulgente, ó lo que el
igual, dispuesto á perdonar los agravios y las injuriall agenas, porque
la venganza eterniza las enemistades y llena de yeles la vida.


Art. 17. Los padres deben á los hijos amor, manntencion, edu-
cucion y corr~ccion.


Art. 18~ Los hijos deben á los padres amor, respeto, obediencia
y obsequio.


Art. 19. El amo debe al criado, y el maestro de un arte á Su apren-
diz ó discípulo, el cumplimiento exacto del contrato que hubieren
celebrado al obligarse aquellos á enseñanza, ó á valerse de sus ser-
vicios; debénles tambien buen trato, y un comportamiento dulze y
cariñoso.


Art. 20. El criado debe tributar al amo un profundo respeto, ser-
Ie fiel, y prestarle los bueno~ oficios á que se obligó para con él.


Art. 21. J~os discípulos deben á sus maestro! amor, respeto y do-
cilitlad, acompañadas de aplicacion á instruirse.' (Se continuará).


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:354
ARTES Y CIENCIAS FISICAS y NATURALES.


De los medios conducentes para promover los adelantamientos de la
agricultura en Ilmt nazion (*).


~. 1.
Remucion de los obstáculos que se opongan á las mejoras.


Nada es mas propio de un gobierno, ni le ofrece mayores ven-
tajas, que el conocimiento de los estorbos que al progreso de la agri-
cultura opongan las leyes viciosas. En Inglaterra las tierras conce-
jiles no se pueden reducir á propiedad particular, á no consentirlo
unánimemente los interesados; y ni la corona, ni las corporaciones,
ni los tutores de los menores pueden acceder á ello, á. no mediar
la aprobacion del parlamento. Es altamente impolítico mantener se-
mejantes trabas que impiden los adelantamientos de h agricultura;
una lei las apartaria, permitiendo el cierro y division de los ter-
renos con Íntervencion de los interesados. Varias vezps se ha pro-
puesto esta medida al parlamento, pero sil! éxito por la l'E'sisten-
cía que han puesto los interesados en mantener el actual sistema y
sus abusos. Es ya tiempo de abandonar la manía dc haza leyes
para los pormenores, y de seguir los principios de la política ge-
neral.
~. n.


Alivia/' tÍ la agricultura de los gravámenes que s¿![ria.
El pago de los diezmos en especie, y la contribndon de pobre~


incomodan grandemente á los labradores ingleses, y si continuan bajo
el pie actual, acabariÍn de destruir ('1 valor de la propiedau terrÍ-


. toria!, ó cuando ménos detendrán sus Ilwjol'as. X aJa padecerian en
opinion del autor los intereses de la iglesia en conmutar el pago
de los diezmos por una cantidad alzada de trigo. Debe tratarse de
aligerar el enorme peso de la contribucion de Jlobres, que oprime
mas que los otros gravámenes que sufre la agricultura. Estos .son
dE' tal magnitud E'n la Gran Bretañ'l, C0l110 que segun la cuenta
dE' Jlwn :!1Ud{efon, un labrador cuya industria agrícola lE' produzca


(*) Cu.lcluye d ar,íc;ilo i,¡;erto en el f"lio 195 del presente periódico, época
segunda., m9i de abril de ISi7.




355


500 libras esterlinas cada año (50,000 r,;. Ó 2,500 duros), tiene que
pagar las siguientes contribuciones.


Los diezmos se regulan en ............... &100 s.
Contribucion de pobres á 5 chelines cada .2 ... . 125
Id. de lit iglesia ......................... . 6 5
Id. para los caminos .. : .................. . 13 10
Id. de casas y ventanas .................. . 10
Id. de perros y caballos .................. . 7 10
Papel sellado para recibos ................ . 15


Total. ... : . 264
----


que equivale al 53 por ciento.
§. UI.


Promover la adquisicion y circulacion de los descubrimientos útiles,
J.a prosperidad de una nazion depende de la division de los co-


nocimientos útiles, y no hai arte en la cual estos sean mas impor-
tantes que en la agricultura. Pero no bastan los conocimientos es-
peculativos, si no los acompaña la experiencia, y la comparacion de
los varios métodos que se observan en el cultivo en las provincias.
Estos preciosos objetos se consiguen.


Con institutos erijidos al intento.
Con campos destinados á hazer experiencias.
Con el establecimiento de cátedras de agricultura.
Con animar la division de conocimientos de la veterinaria.
Institutos para adquirir y difundir los conocimientos agrícolas.


El departamento de agricultura apesar de sus cortos recursos ha
producido tan felizes resultados á la Inglaterra, como que el número
de cédulas (bilis) expedidos por el parlamento para el cierro de


'terrenos en los 20 años anteriores á su creacion, fué de 749 ó sean
37 cada año, y de 1,883 en los 20 años siguientes, es decir 94 cada
año. La nazion adquirió por su med io un conocimiento exacto de
todos los métodos, que hasta aquí arrinconados en un lugar ú otro, se
han generalizado. La publicacion de sus memorias ha produzido los
resultados interesantísimos: primero, de promover las discusiones so-
bre la agricultura: segundo, de excitar el espíritu de una cmulacion
laudable: tercero, de hazer circnlar los descubrimientos útiles: Guarto,




3:>6
haber dado á conocer verdades importantes; y quinto, haber comba-
tido los errores que las desacreditaban. El f'jemplo y los resulta-
dos animaron á los hombrps zelosos á propagar el establecimiento
de sociedades agrícolas, y apenas hai provincia ó distrito de alguna
extension en el reino unido, que no tenga alguna. Se descubrió en
consecuencia un gran zplo pn favor de la agricultura, y hecha asunto
de las eouversaciones familiares, se hizieron utilísimas observaciones,
se deseubrieron resultados no conocidos, y Be derramaron por todas
partes conocimientos interesantes, hijos de la experiencia. Aun ha-
brian sido mas grar:des los resultados ventajosos de esta, sociedades,
si en el depart(¡mento de agricultura de Lónures se hubieran concen-
trado los trabajos de todas, dispensándole la franquicia de las cartas
del correo.


Campos para experiencias.
Sola la-experiencia hecha con el mayor cuidado, y consignada en


memorias, puede conducir la agricultura al grado nns sublime de per-
(ecdon, por medio del establecimiento de principios seguras. Un
inve,tigador infatigable fluctúa por mucho tiempo en med io de las
opiniones vagas que no se afirman sobre alguna autoridad respetable,
y solo puede decidir la suya por resultados que produzcan los cam-
FOS destinados á experiencias hechas de euenla del gobierno; esto
en el caso que este no prefiera el medio de dar recursos al depar-
tamento de agricultura para premiar á los (liJe hiziereu uuevos des-
cubrimientos, ó perfeccionaren alguólOs de los ramos de que se compo-
!le el arte del campo.


En Inglaterra hai altos ¡WrSolluges que á su costa y por curio-
l>idad hazen experimentos, siendo su ejemplo de grande utilidad; pero
esto no quita el que establezcan campos para expariencias, cuyo ob-
jeto se ciña á asegurarse de los resultado,. y á darles publicidad.
N o debe esperarse que hombres de alta clase, cuya ateucioll necesa-
riam'!nte debe emplearse en otros objetos, renuncien á sus intereses
para dedicarse exclusivamente á hazer experimentos agrícolas. U na
vez establecidos los campos de que ,'amos hablando, se sabrá.' qué
métodos se deben reprobar y cuáles seguir. Paraque sean general.
mente útiles deberian: primero, estar francos á cuantos quisieran exa-
minarlos: segundo, deberá publicarse la relaciolJ de cada experimento:
tercero, lo mismo ,e pjecutará con cu~l(illiera nllevo método quP ~.e




357


introdujere; y cuarto, las mejoras en el cultivo de alguna parte COIl-
siderable del reino deberán reconocerse con la mayor 11J'olijidad, re-
pitiéndose las pruebas por diferentes personas, y en diversos parajes
y terrenos.


Sain-Clair tiene por mui conveniente á una llazion rica aplicar á este
oujeto por espacio de 10 ó 20 años la suma anual de &5,000 (500,000 rs.
ó 25,000 duros), la cual se compeusará cou el grande aumento que re-
cibirán los productos, las riquezas y las rentas de la nazion.


Cátedras de agricultura.
No haze muchos años que á expensas del caballero Guillermo Pultney


se fundó en Edimburgo una cátedra de agricultura. Es tan incontes-
table la utilidad de dicho establecimiento, que deberia introducirse en
las demas unircrsidades. Los jóvenes adquirirían nuevos conocimicntos
útiles que aplicarian despues á las tierras que heredaran de sus padres, ó
á las quc cllos adquiriescn eon los productos de la industria á que
se aplicaran. Para llc\'ar á efp.cto estas amenazas, no hai nccesidad
de gravar al erario, bastando aplicarles las rentas d~ las cátedras, hoi
sin ejercicio, ó que son de corta utilidad.


Fomento de la veterinaria.
La falta de eonozimientos en e~ta cicncia, es peljudizial al público:


no scrá exajerado sostener que por cada 5 ·duros que dc la tesorería
nazional se inviertan en promover Sil estudio, dejaran de gastarse 1,000
solo en los artículos de caballos empleados en el ejérzito y la arti-
llería. Será mui conveniente establezcr escuelas de veterinaria en las
capitales de provincia, con lo que se conseguirá hazer quc la conscr-
vacion de las mejores razas de los animales domésticos no se fie á la
ignorancia y al charlatanismo, sino á la práctica de la curacioll de sus enfer_
medades apoyada Bobre los priucipios científicos.


§. IV.
Preferencia en los mercados nazionales á las producciones domésticas.


Esto es absolutamente necesario, ya para libertar á la nazion del azote
del hambre, y ya para hazerla independiente de las dernas en las cosa,
necesarias para la vida. Esto se logra-rá estableciendo un derecho de
aduana sobre todas las producciones de la agricultur" estranjera, que
}longa S:l precio al nivel del que lleven los frutos nazionales en la
época de nna moderada fertilidad, disminuyéndole por' grados al com-
pas del alza que recib<l el precio; pero dando siempre preferencia á
los frut.o, naziotlalcs.




§. V.
Animar [a extraccion de los productos sobrantes, satisfeclws que sean


las necesidades del pais.
Es absolutamente conveniente promover la saca de los frutos nazio-


nales cuando hai un sobrante de ellos, despucs de cubiertos los con-
sumos domésticos. No basta animar la exportacion, es preciso que los
frutos propios puedan concurrir á un precio igual ó menor que el de
los estranjeros en los mercados tambien estraujefos; y esto se logra
con la concesion de Ull premio al tiempo de la salida. Esto se funda en
que los labradores y propietarios territoriales tiecell que pagar mu-
ellas vezes ciertas contribuciones domésticas que no sufren en sus res-
pectivos paises sus competidores en la venta; así quc, conviene con-
cederles por via de premio al tiempo de la extraccion, un abono igual
al importe de las contribuciones interiores que hubieren satisfecho.


§. VI.
Extender el cultivo de las tierras valdÍas é improductivas, es de la


mas alta importancia para una llazion, aumentando el número de sus fincas
productivas, al compas que fuere creciendo su poblacion. Estu se conseguirá.


Primero, facilitando el repartimiento, desagüe y cultivo de las tierras
cOIlcejiles, prados y otros tcrrenos iguales.


Segundo, . eximiendo del pago ue diezmos y de la contrioncion de
pobres ú otras iguales, á los que se rledicaren á romper tierras, por
un número de años proporcionado á los gastos qu(' esto les ocasionare.


Tercero, fijando el precio que deben llevar los granos para permitir
ó negar la entrada libre de derechos, Ó COII pago de moderarlos á los
estranjeros, procediendo con el cuidado de facilitar al labrador Ilazio-
nal el reintegro de los descmbolsos (lue le ocasione el cultivo de las
tierras malas, ó las mejoras hechas en las incllltas. Jvliélltras no se
observe esta regla, dice Saino Clair, es imposible que los esquilmos de
las coseehOis de los terrenos estériles de IlIglatel'l'a, puedan competir
con los de los campos fértiles de otras naziotles, en donde es mucho
menor comparativamente el gasto del cultiyo.


§. \'II.
Animal" las mejoras permanentes ;y capitale5 de la agricultura,


La riqueza y prosperidad dc la agricultura de una nazion dependen
materialmente de que se promuevau los capitales adelantamientos de
ella; y e8to se logra por medio de los caminos y de los puentes, de 105
calJales, de 105 call1ino~ de yerro, de lo, puertos y de los diques.




Cuando el gobierllo no esté en disposicion de auxiliar la coustruccioll,
deberá protejer el establecimientodr compañías pal'a<luc la lleven á efecto.


Caminos y puentes.
Son absolutamente precisos para promover las mejoras de una nazion.


Cuau<lo e3 corto el número de sus habitantes y estos son pobres, no
pueden llevarse á cabo estas empresas sin los auxilios del gobierno.
Dos medios hai de conseguirlo: el primero, podos ebfuerzos de las tropas
empleadas en ello en tiempo de paz, y el segundo, por medio de co-
misarios nombrados al efecto, pagáudosc los desembolsos la mitad por
el tesoro, y la otra mitad por los propietarios. Son mnchas las co-
mnnicaciones que en la Gran Bretaña se han puesto espeditas por estos
dos medios, y el público se recolllpensa de lo que ha invertido en ello
eOIl el aumento que recibe la riqueza territorial de distritos hasta aquí
miserables. Del infllrme que dieron los comisarios para la eonstruccion
de caminos por tierras montañosas y puentes, se deduce qne desde
el año de 1 tlO;¡ al de J 817, es decir en H año;:, se gastaron en di-
chas otras p'200,000 (20.000,000 rs. ó 1.000,000 de eluDS) de teso