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MEl\[ORIAS BISTORICAS


1; FERNANDO VII,
publicadas .en ingle" y en Frauees


POR MICHAEL J. QU)N:
Síguense el


EcsámencríticodelarevoluciondeEspaña de 1820 á 1823~
e YEspaiia en el siglo. die:z·y nueve ~


'tre.& tomos .en 8.0 moyor.


1'l\.ADllCID08 AL CASTELLANO


---~¡¡¡¡;;:.---




Esta ubra es propierlad del Edilm', quien demandará an-
te la ley los ejemplares que no lleven la contraseña que
á su tiempo manifestará.


VALENCIA':; UIFUEN'1'A DE GUlEl\;O. 1840.
,.


.. ."'"'.. ...-....




Razones de prudencia, que comprenderá
fácilmente el que atienda al estado actual
de Espaiía (1), impiden á su autor poner
el nombre al frente de esta obra. Dester-
rado de la península como m uchos de sus
compatriotas á causa de los funestos acon-


(1) Publicáronse por vez primera estas MEMOUI,,~
en los días aciagos del despotismo, cuando aun ec-
sistía el rey Fernando,




IV


tecimientos de que ha sido teatro, ha de-
jado en ella parientes y amigos qne no
quiere esponer á los rigores del gobierno.


El objeto de estas MEMOI\IAS es pre-
sentar una pintura fiel del carácter de
Fernando VII. No solamente las alterna-
tivas de su vida, sino hasta las propensio-
nes de su corazon y las cualidades de su
espíritu, han ejercido una influencia suma
é inevitable sobre el destino de sus estados
desde su edad viríl hasta el momento pre-
sente. En un pais como la Inglaterra, don-
de el soberano ecsiste Laja el poder de las
leyes, es raro que su carácter personal
tenga consecuencias políticas de importan-
cia: mas no sucede asi.en las monarquías
absolutas como la española. Las pren-
das personales del soberano influyen po-
derosamente sobre todas las ramas del go-
bierno: todo emana de su única voluntad:
y cuanto puede obrar, de cualquier modo
que sea, sobre esta voluntad debe ocupar




v


un lugar en la historia política de la na-
cion.


Como el cuadro de los seis años que
siguieron á la restauracion del rey Fer-
nando en 1814, es de los mas deplorables
qne puedan presentarse á la vista de un
filósofo y de un historiador, no es muy
fácil al autor usar del lenguaje de la tem-
planza y de la moderacion. Se ha impues-
ta sin embargo sumo respeto en este pun-
to: y ha conocido la necesidad de hacerse
superior á las pasiones del momento y de
referir los hechos de que tratan las ME-
l\lORIAS qlle publica, con la misma impar-
cialidad que usaría al describir la época
de Felipe 11. Si ha cometido algunos er-
rores, sus numerosos compatriotas que ac-
tualmente residen en Inglaterra podrán
fácilmente cerrejirlos.






ME~IORL\S HISTORICAS'
sonna


REY DE ESPAÑA.


F ernando de Borbon nació en el Escorial el 14
de octuhre de 1784. Desde sus mas tiernos aüos
fue víctima de dos circunstancias que influyeron
poderosamente sobre los sucesos de su vida; su
temperamento débil y delicado , y el odio que le
profesaba su madre María Luisa (1); odio que se


(1) Teresa María Luisa, esposa de Cárlos IV, na..
ció en Par-na en 17,5,1 y murió en Roma en 1819: era
bija del infante don Felipe. En 1765 se casó con el
príncipe de Astllrias, y apenas se hubo firmado su
contrato matrimonial .narufest ó la princesa el carac-,
ter imperioso con que se distinguió mas tarde. Ecsijió
que le tributasen los honores dtJhidos á su nuevo ran-
go, ocasionando de este modo continuas reuci.llas eu-
tre ella y su hermano el duque Fernando, Un d ia arre.
hatada de cólera le dijo: »Yo te euseñ rré á respetarme
Como debes , ponilla llegará el dia en qlle seré reina




8
aumentó ~ proporción del incremento que tomaba
su amor á don Manuel Godoy, principe de la
Paz (1). '
de España, mientras tu telldrás qne contentarte con el
ducado de Parma." Su hermano le respondió; D En ese
caso el duque de Parma tendrá el honor de dar un ho-
feton á la reina de España:" y asi lo hito acto contf-
n uo, Cuando vino á España á reunirse con su esposo,
Carlos III la recibió con una frialdad mhy notable; y
dispuso v ijil ar sus p1S0S cuidadosameute , sobre todo
desde que descubr-ió que daha de incó¡;nito sus paseos
por las calles de Madrid acompañada de dos darnas jó-
venes de la córte, y algunas v e aes sola, Gradmdmente
tomó sobre su marido un ascendiente irresistible que
conservó hasta el fin de sus dias. S us re laciones Ínti.
mas con Godov tuvleron tambien días de borrasca:
y una vez inten'tó perderle en el ánimo del rey; pero el
cariño ele Carlos IV á su favorito destruyó esla tenta-.
ti va de la reina, <jue en el fondo procedía de un acceso
de celos. En sus líltimos años se hizo devota.


(1) Don Manuel Godoy nació en Badajos en
1764. Dicen que su Familia era noble; lo cierto es
que estaha en las puer tas de I~ indijencia. Env idron ,
Ie muy jóVetl á Ma'.ll·id en compañía de su hermano
Luis , sin otros recursos quela capa yla espada, muy
buena este tura , rostro interesante y tina suma habilla
dad en el arte de tañer la guitarra. Vencidas alguna~
dificultades, ambos hermanos entraron en el cuerpo de
guardias de corps , donde tuvieron que atenerse por
mucho tiempo al escaso sueldo que allí gozaban y que
era su ünico recurso. En esta época ele la vida de Ma-
nuel que tan singularmente contrasta con los encum s
hrad os destinos qúe le.aguardaban 7 sufrió algunas ve-




9
Confiaron esclusivarnente la educaeion de Fer-


nando á hombres escojidos por el favorito, y que
le dehian toda su fortuna por la protección que


ces la escasez mas absoluta: su hermano Luis fue el
primer escalon de su rápida fortuna. Tenía cierta intriga
amorosa con una dama de la reina, y conociendo Sil
enamorada el talento de Luis para la rndsica quiso que
Ie oyese su augusta señora. Apld~dió su habilidad la
reina y Luis se a provech6 de este momento para decir:
liAr, señora! qué diría vuestra Majestad si oyese á
mi hermano?" Al instante fue llamado Manuel y no
volvió á tr-atarse de Luis; sin que por eso se menosea ..
base la amistad que los unía. Luis murió en 1801 ca pi-
tan jeneral de Estre~\adura. No tardó la reina en dar
pruebas de la pasion que la dominaba y que la subyugó
todo el resto de su vida. Hizo al rey su esposo part íci ..
pe del entusiasmo que la poseía por Godoy, quien fue
nombrado luego mayor de' cuerpo de que era simple
guardia, y á poco tiempo consejero de Estado. Carecía
de grandes talentos y de instrucciou; pero espllcábase
con gracia y soltura, eesistiendo muchos puntos de se-
mejanza entre este favorito y Buckingham, que suce-
sivamente gozó la privanza de Jacobo 1 y de Cárlos 1
de Inglaterra.


Cuando comenz6 la revolucion francesa pronuncié»
se contra ella don Manuel Godoy, y el viejo conde de
Aranda que tomó el partido contrario sufl'ió un pronto
destierro. Al dla siguiente recayó en Godoy el nombra-
miento oe secretario de Estado, y á Jos pocos dias el
ele primer ministro con el título de doque de la Alcu-
dia. En 1795 mu dri de rumbo político y firmó la paz
con FralJcia; porque comenzaba á conocer que debía
buscar en el ester inr un apoyo contra el descontento
[eneral que despertaba su administracion, Veíase eo-




10
les había dispensado. Uno solo se dist.inguía por
sus conocimientos literarios; era este don J uan
E3coiquiz , conónigo de Toledo, que á sus talen-
tos añadía un carácter em prendedor y osado (l).
touces el favorito en la cumhre del podar. Creado prín_
cipe dé la Paz , colmado de dOlles y de ril]uezas casóse
eu fin con una par ierit a del rey, no ohstaute sus rela-
ciones cnn la señorit aTudó , hija de un jenl.il hombre
á quien hahía nomhrado gobernador del Ret iro , pala-
cio contiguo á Madrid. Con la induljencia que los ca-
raoter-iz a en todos los paises los jenealojistas probaron
que Godoy descendía de Motexo ma,


Ad ve r t enci a á la nota anterior: Cuando el autor
publicó csta obra aun no habi an visto la luz púhlica las
Memorias del príncipe de la Paz, impresas reciente.
mente en lengua francesa y castellana.


(1) El canóuigo Esnoi q uiz comenzó su carrera siendo
paje ell la cérre de Cárlos IIl, Había recibido una educa.
ci o n esmerada, y nunca cesó de cultivar la literatura,
traduciendo algunas obras inglesas de Mílton y de Youllf\,
y publicando varios folletos y escritos sohre la i nst ruccion
de la juventud. Dedicóse á la educaciou del príncipe
Fernando, cuyo preceptor era y fue en las ocasio.res
mas irnport autes uno de sus consejeros mas celosos, y si
se quiere lilas Geles: pero de siniestro augurio para
Es paü a causando sus mayores infortunios. La historia
conservará su conversacion en Bayona con Napoleon•
..CanÓn igo, us ted sabe mncho" le dijo el Emperador
con aire de zumba. Fernando le desterró á Murcia, le
v olvró á llamar á la córte y después le desterré segun-
da vez á Andalucia. Es autor de un poema, titulado:
La conquista de Méjico; y t.radu]o en verso español,
como arriba indicamos, Las noches de Young y el Parai-
$0 perdido, del cétebre é inmortal poeta juolt::s Milton.




11
Al plantear el curso de educación del príncipe


de Asturias, Godoy adoptó principios semejantes
á los que habían seguido en otros paises Mortimer,
Richelieu y Bute. Su interés ecsijia que el herede-
ro de la corona no saliese de la dependencia, de
la sumisión y si posible era, de la nulidad: porque
su permanencia en el poder era incorn patible con
las ideas que el príncipe debía naturalmente adqui-
rir: asi que no 01 viló ninguno de los medios pro-
pios para llegar al fin que se proponía. Los pre-
ceptores de Fernando veíanse obligados á seguir
la linea de conducta que les había trazado el prín-
cipe de la Paz, quien había rodeado al augusto
jóven de espias J y hahía formado su córte con los
hombres mas ignorantes que no tenían otro desti-
no que perpetuar su infancia y alejarle de los ne-
gocios públicos del reino.


El principe de Asturias vivía pues en la córte
de su padre en una absoluta dependencia. Ni la
mas lijera satisfaccion suavizaba la aspereza de su
suerte ; y ninguno le recordaba la importancia po-
lítica que debía darle el lugar que ocupaba cerca
del trono, En efecto, las consideraciones de esta na-
turaleza cedian al poder absoluto, al lujo oriental
y á la influencia ilimitada del príncipe de la Paz.
La reina qrle preveía los infortunios que amenaza-
ban á su favorito, si el príncipe de Asturias abría
una vez los ojos sobre su situación y procuraba
recobrar el rango y la influencia que le pertene-
cían de derecho, serviase con actividad de todos




12
los medios que podian suministrarle su carácter
intrigante , sus tesoros y el poderio sin limites
que ejercía en la córte de Cárlos IV I para perse-
guir á su hijo primojénito , para turhary empon-
zoñar el curso de su vida. De aquí se orijinó Una
guerra doméstica de la que los españoles no podian
permanecer espectadores indiferentes. Aunque no
podamos decir con ecsactitud que el pais se divi-
dió en dos partidos políticos, sin embargo ecsis-
tian dos opiniones distintas que se manifestaban
con señales claras: la una era favorable al prín-
cipe de la Paz y la otra al príncipe de Asturia, En
torno del primero habíanse colocado naturalmen-
te el maJor número de los ambiciosos, los jefes
del ejército , y algunos optimistas políticos que es-
peraban que el ministro obraría en las institucio-
nes de la monarquía el cambio y las reformas ne-
cesarias para la ventura del pais : pero la masa de
la nacion que por una parte veía el desórden y las
desgracias de que era víctima el Estado desde que
Godoy empuñaba sus riendas, y por otra parte se
lastimaba con la suerte desventurada de un prín-
cipe destinado á ocupar un dia el trono de Espa-
ña, cobrábale de dia en dia mayor afecto, y aglo-
merábanse poco á poco esos elementos de ecsas-
peracion y de odio que debian necesariamente
producir pronto Ó tarde una esplosiou decisiva.


No desdice de nuestro objeto el echar una mi-
rada rápida sobre el estado moral de la nacion es-
pañola en la época de que tratamos. El hombre




13
que dirijía entonces sin opinión ni obstáculos los
destinos de Iberia, habíase encumbrado al puesto
brillante que ocupaba pOI' unos medios que se 01'0-
nian á los mas simples deberes del decoro públi-
co y á las obligaciones mas sagradas que impo-
nen á la sociedad las leyes divinas y humanas.
Este funesto gérmen de corrupcion produjo en
poco tiern po las mas terribles consecuencias; y
las altas clases de la sociedad olvidaron Ó trastor-
naron las ideas de la moral. Arrastrados por el de-
seo desenfrenado de engrandecerse, y por el ansia
de incensar al ídolo del dia, sacrificaban los cor-
tesanos todos los miramientos: y el soberano que
parecía á los ojos de sus súbditos condenado á esa
especie de desgracia que tan dificil mente soportan
hasta los hombres de la mas ínfima clase, sancio-
naba con su tolerancia ó su neghjencia los desór-
denes mas incompatibles con el bien del Estado.
1..3 corrupcion caminaba Con pasos rápidos y de-
testabIes , y venia á ser el único medio de satisfa-
cer la ambician, y algunas veces también de con-
seguir justicia. El marido vendia á su mujer, el
padre á su hija, el hermano á su hermana, Los
empleos públicos, las riquezas del Estado, el fa-
vor del rey todo estaba en manos de un solo hom-
bre, que disponía de ellos segun los caprichos de
su imajinacion, ó el impulso de sus pasiones. Los
tribunales no pronunciaban sentencia alguna sin
haber consultado antes ó sus intereses Ó sus incli-
naciones, y el clero colocaba en el altar el retrae




14
to de Godoy al lado de la imájen del hijo de Dios.
El curso de los negocios públicos y la administra-
cion de todos los ramos que componen el sistema
de gobierno seguían la irnpulsion que recibían del
centro de estos desÓrJenes. La confusión que rei-
naba en la hacienda, los actos arbitrarios de
los que ejercían alguna autoridad, la necesidad
de sostener un poder ilejitirno por medios violen-
tos y pérfidos, el s¡¡queo del tesoro nacional por
un hombre insaciable de riquezas, y en fin las
persecuciones crueles ejercidas contra las perso-
nas distinguidas que procuraban oponerse á los in-
fortunios que abrumaban el reino, eran para un
observador atento otras tantas señales ciertas que
indicaban la prccsirnidad de una de aquellas crisis
que rejeneran ó destruyen las naciones.


Iba á llegar una época que despertaba nuevas y
consoladoras esperanzas, y que parecía debía der-
rocar sin violencia el poder inmenso levantado so-
bre las ruinas del honor y de los verdaderos inte-
reses de la nacion. El matrimonio entre Fernan-
do y María Antonia de Barban, hija del rey de
Nápoles, estaba á vísperas de concluirse; y Espa-
ña entera esperaba los mas felices resultados de
esta union , deseándola ardientemente el príncipe
mismo como que le presentaría ocasion favorable
para libertarse de la penosa esclavitud en que [e-
mía, y para tomar en fin entre los hombres el ran-
go que hasta entonces le habían rehusado sus con-
trarios. Celebráronse en Barcelona con pompa y




15
Con grandes dpmostraciones de alegria estas bo-
das, y lns de la hermana de Fernando la prince-
sa Isabel con el heredero presuntivo de la corona
'de Nápoles, No obstante que un acor.tecirnie nto
de tanta importancia escitó naturalmente la aten-
sion jl neral , no bastó á eclipsar pOI' un momento
el esplendor de Godoy ni causó el menor del ri-
mento á su omnipotente influencia. Llegaron Jos
príncipes á la capital, y cuantos deseaban una mu-
danza en la direccion de los negocios publicos,
fijaron sus observadoras miradas en la princesa de
Asturias.


Hallábase adornada esta bella princesa de un
espíritu brillante .y de un carácter decidido: y la
educacion que había recibido de su madre era al
propósito para desarrollar y aumentar sus cuali-
dades naturales. Poseía familiarmente las princi-
pales lenguas de Europa, y conocía la literatura
antigua y moderna: ni tampoco ignoraba las teo-
rías lejislalivas y políticas que en el discurso de
tantos años han fijado la atencion de los varones
mas eminentes en d mundo filosófico. La inde-
pendencia natural de su caráctel' habíase fortaleci-
do y acrecentado con UD corazon en que Il-JS reglas
despóticas de la etiqueta habían sufrido modifica-
ciones muy considerables: y los conocimientos
que había adquirido de la situacion funesta de su es,..
poso, le inspiraron la noble ambicion de restituirle


.á la dignidad de que hasta entonces le habían pri-
vado. La familia real de Nápoles, educada en la




16
escuela del infortunio, había luchado contra la
suerte, y esperirnentado todas las consecuencias de
las vicisitudes humanas. Habíase pues despertado
del letargo en que yacen ordinariamente los prín-
cipes mientras que sucesos estraordinarios no vie-
nen á turbar su tranquilidad, y á disipar las ilusio-
nes del poder y del esplendor que los rodean. La
reina Carolina que había gobernado el Estado du-
rante los peligros á que la revolucion francesa y
la invasion de Italia habian espuesto su trono,
preveyó clarame-nte las humillaciones que amena-
zaban á su hija en una córte en que el !>DIo titulo
de esposa de Fernando bastaba para suscitarle mu-
chos y poderosos enernigos : habíale pues dado to-
dos los consejos que creia necesarios para que lo-
grase destruir á sus contrarios y apoderarse de su
caida.


Ningun efecto produjeron sin embargo los dones
de la naturaleza y de la educacion y las previsiones
de la política: porque la influencia y las intrigas
de Maria Luisa desvanecieron tan lisonjeras y bien
fundadas esperanzas, y Antonia lejos de· ser la li-
hertadora de su esposo fue la compañera de su
servidumbre y de su desgracia. Al cabo de algu-
nos años quedó rota esta unían desventurada bajo
todos conceptos con la muerte prematura de la
princesa J atribuida jeneralmente alodio de sus
perseguidores. El suicidio cometido algunos meses
después de este suceso por el boticario de pala-
cio, y el afan conque la policía biza desaparecer




17
prontamente Una carta que habia escrito antes de
quitarse la vida, fortalecieron las sospechas, au-
mentaron la ecsasperacion de los españoles y es"
citaron UI1 deseo [eneral de poner término á 111a'"
les de naturaleza tan grave y tan terrible.


El príncipe habla adquirido en la conversacion
con su esposa algunas ideas que le dieron á Conocer
toda lo estension del deg¡;atl(lllte estado en que le
ÍJ<lbian sumirlo; y le inspiraron el deseo de salvarse.
Entreteuia sus esperanzas la discordia que reinaba
en el real palacio. El cuarto del príncipe era el
plinto de ..eunion de Un gran número de cortesanos
que aun no habian perdido el sentimiento de su ho-
nor y de su virtud. rjscoiquiz no se lomaba el tra-
bajo de ocultar su irhlig::wcion, y t rabajuba pura en-
cender la de Fernando ¡ de esta efervecencia resul-
tó que otras muchas personas se declaruron contra
el Iavorito. Mezdáronse, en los dos partidos, chis.
rnosos é int¡'igalHesj y concibiese COn suma irnpr-u..
dencia la espf'ranza de un triunfo que mirahan co.
mo indudable. Así despertaron \.1\ ateucion del ban-
do mas fuerte J y no tardó en quedar completa-
mente aniquilado el mas débil ¡ Escoiquis rué en-
viado ~ su catedral de toledo acompañado d~ una
escolta. Desterraron á todos los criados del prfn-
cipe , y redujeron su corte á cuatro ó cinco iudi-
viduos los mas estúpidos , dándoles las instruccio..
.nes mas minuciosas y que se estendian á las diver-
siones; que dehian permitirse al prlnci pe y á LIS
.couversaciOl1es que uo le estaban prohibidas, Por


TOM. t. 2




18
sete tiempo D. Manuel Godoy fué nombrado al-
mirante y general en gefc del ejército español, No
satisfecho con el poder inmenso (lue acumulaba
sobre sus hombros, hizo firmar al rey un decreto
en que concediéndole menos atribuciones, casi le
igualaba Con el monarca. E~Laba á sus órdenes el
ejército entero, y el cuel'po de artillería que siem-
pre se ha mirado como el mas respetable de las
fuerzas militares de España, pintó las armas de Go-
doy en sus banderas.


Así se abusaba de la paciencia de los españoles',
de un pueblo ya irritado, no solo por la ambician
desmesurada de este hombre, sino tambien por la
facilidad con que se violaban y destruian las leyes
y las costumbres del reyno para contener la sed
de honores que lo devoraba. Las criaturas del prln-
eipe de le Paz que ejercian el poder militar y po-
lítico en las provincias, orgullosas con la proteo-
cion poderosa que las sostenia , oprimian al pueblo
y le escandalizaban COn su insolen cid , su audacia
y les desórdenes de su conducta. El tesoro estaba
agotado apesar de las sumas inmensas que propor.
cionaban las Colonias: y para recurrir á las nece-
sidades imperiosas del Estado y satisfacer la avari-
cia insaciable de Godoy rué preciso recargar al pue-
blo COIl nuevos impuestos, que llegaron á ser tales
que en muchos establecimientos de comercio se
desconocieron abiertamente los derechos de pro-
piedad. Cada uno de estos abusos aumentaba el mí.
mela de los descontentos, que no tardaron en es-




19
presar en alta voz sus quejas á pesar de los esfuer-
zos de una poli ~ía muy activa que se babia or-
ganizado únicamente para asegurar el poder del fa-
vorito. Los amigos del príncipe de Asturias vieron
estenderse de dia en dia la esfera de sus esperanzas,
y reunieron sus fuerzas para intentar un nuevo es·
fuerzo.


Escapóse Escoiquiz de Toledo á favor de un
disfraz y regresó á Madrid, donde en medio de !lIS
mayores precauciones logró tener al:.;unas entrevis-
tas Con varios personajes que podian ayudarle en el
negocio que intentaba en favor de Fernando. El
conde de Beauharnais , emhajador de Francia , se
mostró principalmente favorable á los intereses del
heredero de la corona de Esparta, y como veremos
mas adelante, se comprometió personalmente pro-
curando ser Mil. EL duque del Infantado á quien
la enemistad de Godoy habia desterrado de la cnr-
te y despojado de tojos los cargos que en ella obte-
nía, ofreció su crédito y fortuna. Otros grandes de
España, como Orgaz, Ayerbe y San Carlos entra-
ron en sus miras; y distintas personas de un ran-
go inferior en la servidumbre de Fernando prome-
tieron cooperar á la empresa con todas sus fuerzas.


Fernando deseaba en estremo que sus amigos
tomasen algunas medidas decisivas antes de la ce..
Iebracion de su matrimonio con la hermana de la
princesa de la Paz, hija del infante D. Luis, her-
mano de Carlos III. Godoy habia concebido el pro-o
yecto de este enlace; y el desventurado Fernando




~o
Jlabia ya prestado su consentimiento. En el instan-
te en que todo estaba dispuesto para llevarlo á efeo-
to , Fernando dirijió á Napoleon una carta desde
eL Escorial Con fecha de II de octubre de 1807,
en la que despues de haber expresado en los térmi-
nos mas enérjicos 105 sentimientos de respelo , de
estimación y de afecto « que profesaba á un héroe
que eclipsaba á todos los que le habian precedido,
y que la Providencia habia enviado para libertar la
Europa dela anarquía que la amenazaba," pinta-
ba la desagradahle situación en que se enconl raba,
atribuyéndola al egoismo y á la perfidia de los hom-
bres que rodeaban el trono de su padre. Concluía
esta carta manifestando el deseo que tenia de unir-
se á la augusta familia de Napoleon: rogándole que
le concediese este favor, por el que se mostrarla hi-
jo reconocido, y declarando que estaba deterrni-
nado á desechar toda alianza que no obtuviese la
aprobación de su majestad imperial. (Apéndice mí.
mero 1").


Pasemos á esplicar el plan que hahian Iorrnado
los partidarios del príncipe de Asturias. Uno ó dos
días despues de escrita la carta de que acabamos
de hablar... debia Fernando pasar al cuarto del rey
su padre y entregarle una memoria en la que pin-
tase el estado de su nscion y los males que la abru-
maban, y que provenian indudablemente del pode.
río sin limites que ejercia el príncipe de la Paz,
Fernando debia leer esta memor-ia á su padre y ha-
blarle con este motivo de una manera firme y de-




2.
eidida. En el caso en que el rey no se rindiese á
íus instancias,lIamaria para atestiguar sus asertos
y apoyar sus ruegos, á las personas distinguidas con
éuyo acuerdo obraba: mas no se presentó ocasión
propicia para ejecutar pi plan convenido. Habiulo
descubierto todo Godoy, y habia instruido al rey
del proyecto representándoselo como una conspira-
cion contra su vida y la de la reina. Carlos 1V sor-
prendido dolorosamente con un acontecimiento
tan imprevisto y tan horrible, y fascinado mas que
nunca con la confianza que dispensaba al enemigo
declarado de su hijo, dejase guiar enteramente por
IlUS consejos. Por sujestion del ministro púsose á la
cabeza de sus guardias, dirijióse al cuarto de su
heredero en el Escor-ial el 29 de octubre de 1807,
Y le mandó conducir en fin á un aposento que qu~"
dó trasformado en verdadera prisión, Allí en pre...
sencia de sus ministros le pidió su espada; le anun..
ció que quedaba arrestado, y le dejó custodiado
por dos centinelas y cercado de personas entera-
mente vendidas á Godoy. Apoderáronse de todos
los papeles del príncipe, y verificárcnse numero...
sos arrestos en el Escorial y en Madrid.


Entre los papeles que:.e encontraron en el cuar-
to del príncipe figuraba la memoria cuya lectura
y preseutaoion habian de servir de odjen á la pre~
tendida conspiracion ; y estaba toda entera escrita
de puño de Fernando, conteniendo verdades amar-
gas, espresadas en el lengua¡e mas enérjico. A mas
l;\eesle úocumento )lallal'on un pa¡lel en el que se




2'l
hablaba bajo nombres supuestos de la alianza pro-
yectada entre Fernando y su cuñado el príncipe de
la Paz; una carta escrita por Escoiquiz; la clave
que bahia servido para la correspondencia de la
princesa de Asturias Maria Antonia Con su madre,
y en fin un despacho de generalísimo en favor del
duque del Infantado, dsndole amplios poderes pa.
ra obrar en norn bre de Fernando, en el caso en
que muerto Carlos, quisiera alguno oponerse á su
elevaciou al trono.


Al dia siguiente Fernando sabiendo que su pa-
dre hahia salido á caza, envió á un individuo de la
servidurnbre á su madre rogándola que pasara á su
prisiou, 11 que le permitiese visitarla parJ correr el
velo á muchos secretos de la maJar importancia. La
reina mandó responderle que no le era posible ac-
ceder á sus deseos; pero que podia comunicar cuan-
to juzgase oportuno al marques Caballero, minis-
tro de gracia y justicia. Presentóse en seguida Ca.
ballero en el cuarto del heredero del trono, qUIen
escribió y firmó cn su presencia una relacion en
que revelaba espontáneamente todos los detalles
del suceso por el que habia perdido su libertad.
Dió cuenta de la carta que habia escrito al empe-
rador de los franceses; descubrió la parte que ha-
bia tomado Escoiquiz en la redaccion de la memo-
ria que habla de panel' en manos del rey, y las
otras medidas relativas ;Í la conspiraciou, y espresé
Jos nombres de los que hahian servido de confi-
dentes ea la empresa. En virtud de esta declaracion




23
fueron arrestadas algunas personas que hasta en-
tonees habian estado al abt'igo de las sospechas.


Carlos IV participó á Napoleon este suceso en
términos que demostraban fácilmente el ascend ien-
te que habia tomado sobre su ánimo el príncipe de
la Paz. La carta escrita toda de puño del monarca
encerraba la terrible acusacion contra Fernando
de haber intentado destronar á su padre, y haber
tenido el designio de hacerle morir juntamente Con
su madre. A mas declara (Iue la ley de sucesion al
trono debe .ser revocada, y que debe ocupar el lu-
galo de Fernando en el sólio y en el corazon de sus
parientes un hermano suyo. (Apéndice número :¿O).


Al propio tiempo el rey mandó publicar un
manifiesto dirijido al pueblo español , en que decia
que la Providencia acababa de salvarle de un peli-
gro inminente; que su vida servía de obstáculo á
la elevacion de su sucesor, que violando los prin-
cipios de la religion habia formado el proyecto de
destronarle ; que su majestad habia querido con-
vencerse por sí mismo de la verdad de los hechos;
que habia descubierto la clave de la corresponden-
cia que mantenia Fernando con sus parciales; y fi-
nalmente ... que no queria ocultar á sus súbditos una
desgracia tan cruel, y que le harian soportar mas
fácilmente las seguridades de su amor al monarca.


Mandaron cornparecer á Fernando en presen-
cia del rey .Y la reina, de los ministros y del pre-
sidente del consejo de Castilla, y quisieron hacer-
le confesar que habla tenido el designio de asesi-




24
tllliotO!l y da destronados. Mas fueron vanos tantos
esfuerzos: el príncipe de Asturias sostuvo con cons-
tancia y fortaleza que 110 Iiahia abrigado otros prQ-
Jectos que los contenidos en los papeles c¡ue Se ha..
Íiian encontrado en su cuarto.


Sin embargo'. luego que volvi6 ~ su prision, al..
gunos perSO~la[es de la corte que habi ..n ido á visi-
tarle, le manifestaron que no ecsistianotros medios
de libertarse del castigo mas severo, que confesar
franc¡Jnlente el crimen qlle le imputahan. Siguien"
do sus consejos Fernando lo confesó con las pa la-
hras mismas c¡ue le dictaron; y escribió dos cartas,
una para su padre y atta para su madre, pidiéndo..
les pcrdon del modo mas surniso , declarándose
culpable 110 solo del crimen enorme de que le acu-
fiaban contra los autores de sus dias , sino tambien
ue culpable obstinacion por haber hasta aquel mo..
mento persistido en negar la verdad. Concluia ro-
gando á sus padres que le permitiesen an:oj¡nse a
MIs pies. (Apéndice número 3°). Otorgáronle J¡) gra..
ci , solicitada, en presencia del príncipe de la Pa?l~
(Jue intercedió con el rey y con la reina para ql.le
le perdonasen sin restriccion : así es que Fernando
<lió á Godoy las maJoloes seguridades de su estima-
cion y de su confianza, Carlos 1V mandó publ icar
al otro clia las dos cartas en toda Españ¡¡"; decla-
r,\[~do al propio tiempo que aunque hahia perdona-
do á SU lujo, no por eso dejarla de continuar el
curso de la causa, y que insi ruiria á la nacion de
sus resultados para disipar la alarma que habla ori-




25
\lnado el peligro del monarca. En su consecuencia
continuóse el proceso; mas los [ueces á pesar del
terror que les habia inspirado la omnipotencia del
príncipe de la Paz, no .encontraron motivos sufí-
eientes para imponer á los acusados el mas lijero
castigo: no obstante el monarca los desterró gu~
hernativameQle á diferentes puntos del reino.


D. Manuel Godoy envió al gran duque de Berg
una ralacion detallada de estos acontecimientos pa~
fa que la enseñase al emperador Napolcon: na es
difícil adivinar la aspere~a y el espíritu de parcia-
lidad que caracterizaría su relato. Sin embargo·
apuntó una circunstancia propia para dar pie á irn..
portantrs resultados; esto es, la intelijencia que
ecsistla entre Esoúiquiz y el ernba[ador Irances
Beauharnais, can la promesa que este hahia hecho
á Fernando de la proteceiou del emperador. Des-
agradó en alto grddo á Napoleón el último estre-
mo , y riiló severamente áBeauharnais, privándole
del conocimiento confidencial y auténtico de los
planes que formaba su amo sobre España.


Tenian su orijen estos planes en los artículos
secretos del tratado de Tílsit , en el qQe se habían
concluido estipulaciones pura destronar la rama de
)3ol'ban que reinaba el) la Península, y para colo..
ear en el sólio á uno de los hermanos de Napoleon.
Para llevar á cima semejante empresa, Napolcon
fingia prestarse á los designios que la ambician de
Godoy babia hecho adoptar al gabinete español;
y en 27 de octubre de 1807 Iirmóse en Fontaine-




26
bleau un tratado secreto (Apéndice número 4°),
entre el emperador representado por el mariscal
Duroc y Carlos IV, representado por D. Eugenio
Izquierdo, consejero de Estado (1): tratado que
debe mirarse como el manantial de los espanto-
sos acontecimientos de que no Lardó en ser tea.
tro la nación española.


En virtud de este convenio el rey de Austria de-
bia ceder á Napoleon sus posesiones en Toscana, y
recibia en cambio la provincia de entre Duero y
Miüo y la ciudad de Oporto en Portugal, ccn el
título de rey de la Lusitauia Septentrional. l ..a pro-
vincia de Alentejo y el reino de los Algarves en
el mismo Portugal, debian pasar al dominio del
príncipe de la Paz con el título de príncipe de los
Algarves: las otras provincias portuguesas queda-
rian en depósito hasta la paz general, firmada la
cual Carlos IV J" Napoleon podrian disponer de
ellas como juzgasen mas conveniente. Contenia
tambien el tratado otros arreglos que tendian todos


. á favorecer el vasto proyecto que había concebido


(1) D. Eugenio Izquierdo, natural de Zaragoza..
pertenecia á lIIJa familia pobre y ()SCUI'~. Encargóse de
los gastos de lIU t'c1ucacioll el conde de Fuentes, quieu
le presentó despues en la corte á título de protector. N o
tard6 en ser consejero de Estado y ajente confidencial
del pr-íncipe de la Paz Despnes del tratado de FolJtai~
nebleau no tomó ),a parte en los negocios políticos: pue_
de colocarse á Lrquierdo en el catálogo de los espa ñ o-,
les (lue hau coutribu.ido á las desgracias de su pátria.




27
Napoleon para hacerse dueño de la Europa. Mas el
convenio unido á aquel era de mayor importancia
que el tratado mismo (Apéndice número 5°). En
efecto, para poner en planta lo estipulado, firma.
ron el mismo día un convenio, en virtud del cual
las tropas francesas y españolas habian de ocupar
á Portugal; concediendo á las primeras el paso
por el territorio de la Península; medida que de-
bia considerarse preparatoria para un gran cambio
en la ecsistencia política de España , si se tomaba
en cuenta la ambicion desmesurada de Napoleon
y la ninguna importancia que dab.aála eleccion
de los medíos propios para lograr el objeto que se
propollla.


Tal era la situación de los españoles y la ecsas-
peracion de los espíritus á consecuencia de los des.
órdenes á que se entregaba el gobierno, .Y del dé-,
ficit que habia en las rentas, cuando los franceses
comenzaron á ocupar la Península Ibera para eje-
cutar el convenio, siendo recibidos como liberta-
dores y como amigos. Habíase [eneralrnente es.
tendido la instrucción por las clases elevadas de
la sociedad, no obstante la poderosa oposicion del
clero y las severas prohibiciones de la inquisición,
y vagos deseos de grandes reformas poI íticas ají-
tahau poco á poco los espíritus. La perspectiva de
las riquezas y de la preponderancia de la nacion
francesa despertó el orgullo nacional; .Y de allí
emano la opinion comun de que sus ejércitos no
podían conducir sino á circunstancias favorables




28
Y á mudanzas útiles y de importancia Los es-
pañoles instruidos deseaban ardientemente ver es-
tablecida en su pátria la libertad de cultos; desea-
han igualmente una representación nacional, un
sistema económico y judicial fundado en la sabi-
duria, en una palabra, todas las mejoras del es-
tado social que la cultura de la razon habia pro-
porcionado á los pueblos modernos. Y alimenta-
ban la esperanza de que todos estos bienes serian
una consecuencia necesaria de la presencia de los
soldados franceses.


Los ejércitos imperiales, mucho mas nume-
rosos de lo que se habia estipulado en el conve-
nio , se derramaron por Castilla la Vieja, Navar-
ra, Vizcaya y Cataluña, y se posesionaron de ellas
sin esperimentar la menor resistencia, apoderáu-
dose de las principales ciudades fortificadas de es-
tas provincias. En todas partes donde se presenta-
han los franceses eran bien recibidos de los habi-
tantes, principalmente de las clases elevadas, que
los trataban magníficamente y vivian con ellos en
las mas perfecta armonía. Al principio el pueblo
no tuvo motivo para quejarse de violencias ni de
falta de disciplina¡ porque si un soldado frances
eornetia el menor esceso , acto continuo le casti-
gaban severamente sus oficiales. Procuraban estos
IJor todos los medios posibles captarse el afecto
del pueblo y del ejército español, que lejos de re-
cibir las tropas francesas con animosidad aguar.:la.
ha que su organizacicn y su disciplina servirla de




29
modelo al ministerio español para arreglar las
fuerzas nacionales bajo el mismo pie.


Al propio tiempo la impaciencia natural de
Napoleon, y el veemente deseo que le ajitaba de
cumplir prontamente sus proyectos sobre la Pe-
nínsula, estimuláronse aun mas con la discordia
que reinaba en la fa milis real y con la siluacion
moral en que ésta discordia colocaba el país. No
ignoraba el Emperador que apesar de la huen a in~
telijencia que hasta entonces habia reinado entre
sus tropa'! y los espaüoles , la ocupación militar
del territorio hispano podria con el tiempo encon-
trar poderosos obstáculos. Conocia igualmente que
el interés [eneral que inspiraba el príncipe de As-
turias desperlaria un dia el carácter nacional y sa-
caria la ERpaña del profundo letargo en que yacia.
No dudaba que la carta' que el principe le habia
escrito, y la conducta que el marques de Beau-
harnais su embajador, babia observado en Madrid,
hacian creer k los españoles y á la Europa entera
que la córte de Francia estaba dispuesta á favore,
cer y patrocinar las ideas y lag esperanzas del he.
r~dero de la corona; y por resultado de todas es·
tas consideraciones preveis las grandes dificultades
que se opoud rian IÍ su proye?lO de ceüir á un Bo-
napart e la hrillante diadema de las Españas.


Habíase ya pueslo en plauta, en parte, el trata,
do de Fontainehleau con la entradade las tropas
francesas ,c:uando destronada la familia real de
Etruria llegó á Madrid buscando un asilo en el




"30
'palacio de sus antepasados. Napolecn no podia di-
ferir por mas largo tiempola ejecucion de su gran
proyecto, sin esponerse al peligro de que se frustré-
ra en todos sus puntos. Sintió vivamente la vio-
lencia de la crisis á que se veia arrastrado; y asi
es que nunca pareció ni mas ajitado ni mas irreso-
luto. Los ministros franceses Ilamaban-de continuo
al principe de Mnsserano , embajador de España,
y á don Eujenio Izquierdo, ajeute de Godoy, pa-
ra que aclarasen las dudas é incertidumbres de
8U espíritu. En fin no le fue posible ocultar por mas
largo tiempo sus peusarnientos ; y sin miramiento
á los tratados ecsistentes que habian sido 'ya san-
cionados por la reunion de la Toscana al imperio
frances, envió á Izquierdo á Madrid en el mes de
febrero de 1808, para declarar á Cárlos IV que
en el estado actual de Europa, el interés de la
Francia ecsijía imperiosamente la reuniou al irn-
perio francés de las provincias situadas entre los
Pirineos y el Ebro. »EI Emperador esperaba, mane
dibale decir, que el gabinete español Se coufor-


"maria con sus deseos, y ofrecia en compensación
á S. M.C., Portugal entero y todas las ventajas
que le pareciesen compatibles con la seguridad y


"la dignidad del solio imperial."
Napoleón otdenó á Izquierdo partir á Madrid


en posta y traerle la respuesta con toda la cele-
ridad posible: porque de esta respuesta debían de-
pender las medidas ulteriores que irrevocablemen-
te tomaría segun las circunstancias. No contento




31
con esto, despachó á la villa y córte madrileiía
un correo tras 01ro; y en el intervalo mandó á
su guardIa imperial que se acercase á los Pirineos.
La Francia entera se puso en movimiento, lJaGien-
do nuevos sacrificios de hom bres y de dinero.


Antes de la llegada de Izquierdo, el principa
de la Paz habia conocido las fatales consecuencias
de su docilidad y preveido los resultados que de-
bían necesariamente seguir á las medidas estraor-,
dinarias que se tomaban relativamente á España.
»Tengo muy grandes temores, decia escribiendo
á Izquierdo: el tratado no ecsiste ya; el reino se
ve inundado de tropas; están á punto de ocupar
las fronteras de Pcrtugal ; Junot manda en jefe, y
el gabinete frances ha ecsijido el coutinjente de
nuestras tropas que van á unirse á las del empera.
dor Napoleón. Todo es intriga y falsedad. ¿Cual
ser~ el fin de tanta incertidurnbre] " ,


No tardaron en desvanecerse las tinieblas. El
mensaje de que era portador Izquierdo no dejaba
dudas sobre las verdaderas intenciones de Bona-
parte. Por otro laja sus propias observaciónes y
las noticias que habiaadquirido en Francia de
hombres muy al corriente de los públicosnego-
ocios y de las intenciones del gobierno de Ías Tu-
lIerias, eran todavia, si cave J mas alarmantes.
Efectivamente; demostró con toda iclaridad que
el Emperador deseaba una respuesta negati va para
tener un pretesto de tomar medidas fuertes y de-
cisivas; que los comandantes de las tropas france-




32
sQs en España habían recibidoinstrucciones parti..
culares relativamente á la familia real ¡ que el es-
tablecimiento de un príncipe de la familia de Na.
poleon en el trono de España era el único objeto
importante que podía desear en el estado actual de
Europa, y con el sistema que el Emperador habla
seguidú hasta entonces ; que los intereses de su po·
Íitica no podian conformarse Con la ecsistencia de
tina rama de la familia de los Borboues en el con-
tinente; y por fin que la ~ituacion geográfica de
la Península Ibera J el número y la comodidad de
SUs puertos, y los recursos i 11l portantes que podia
ofrecer en una guerra marítima, eran muy propios
para facilitarle la estension del bloqueo continen-
tal, primer principio y fundamento de su politi-
ca contra la gran Bretaña. A estos argumentos
añadió Izquierdo algunas observaciones que le su-
ministraba el conocimiento de los negocios po-
Iiticos y que había meditado durante su larga per-
manencia en Paris. Aseguró que de la resolucion
que adoptase el ministerio español en tan difici-
les circunstancias , iba á depender 110 solo la suer-
te d~ la Península, sinó la de todo el continente.
Observó que si el rey resolvia resistir al torrente
y permanecer en su reino, corria el riesgo de ir..
ritar á Napoleon y arrastrarle á medidas viulen-
tas: que si por otra parte tornaba el partido de
retirarse á sus estados de América; las tropas
francesas ocuparían el territorio hispano como lo
habian hecho en Portugal con un pretesto serue..




33
jante; que ante todo requeríase necesariamente,
y lo mas pronto posible , sondear el espíritu del
pueblo J' del ejército; y que cualquiera que fue-
se el partido que se abrazase debia ser la resolu-
cion pronta,. pOl'que Napoleon era tan activo en
la ejecución de sus planes cuanto osado en conce-
birlos. Dc dia en dia aurnentáronse los temores y
no quedó duda sobre el asunto; en semejante es-
tado .. y po~o después de la llegada de Izquierdo,
Napalcon envió al rey de España un [entil hombre,
con el presente de catorce caballos normandos y
U:IJ carta en la que le prevenia que habia resuelto
visitar la Península, no solo para tener el placer
de conocer personalmente á su augusto aliado, si-
nó tambíen para terminar amigablemente, y sin
el ausilio de las formas diplomáticas, las negocia-
ciones relativas al estado político de España y de
Portugal.


Ved aqui en sustancia ]0 que con tenia la res-
puesta al mensaje de Izquierdo, S. M. C. censen-
tia en la reunion al imperio frances de las provin-
cias situadas entre los Pirineos y el Ebro; y en
cuanto á la compensacion que ecsijian esta renun-
cia y la del reino de Etruria , la España se en-
comendaba á la justicia y á la magnanimidad dal
Emperador, y esperaba que no miraría Con ojos
indiferentes los intereses de un gobierno que le
hahia dado tantas pruebas de fidelidad, de adhe-
sion y de afecto.


La respuesta de Carlos IV no dió á conocer
TOM. 1. 3




34
al público el motivo del viaje á España que pro-
yectaba Napoleon ; pero se sabe que regresado Iz-
quierdo á París comenzaron de nuevo las negocia-
ciones entre este enviado y los ministros Iranceses,
a los últmros ignoraban los verdaderos designios
de Bouaparte sobre la Península, ú obraron con
perfidia continuando en representar el papel de
negociadores. Y positivamente presentaron nuevas
proposiciones sobre la division territorial del rei-
no hispano, sobre una alianza ofensiva y defen-
siva, y entraron en la discusion de pormenores ab-
solutamente incompatibles con la invasión de la
tierra española , que se verificaba en aquellos mo-
mentos en que se discutian tamaños intereses.


Tiempo era ya de que Cárlos IV adoptase su
partido; desgraciadamente no podia hacer Una
huena eleccion y de la que resultasen de algun rno-
do felices consecuencias, Godoy apremiado por la
procsimidad de los franceses, y por el odio del
pueblo madr-ileño que se manifestaba ya con de-
masiada claridad y enerjía para que se engañase
sobre sus ideas, PI'OPUSO á la familia real retirar-
se á Sevilla, y de alli darse á la vela para Méjico.
El rey y la reina adoptaron el plan, y convinie-
ron en mantenerlo secreto hasta el momento de
ponerlo en planta. Comunicáronlo únicamente á
Soler, ministro de hacienda , que debla acompa-
ñar al monarca en su viaje: mas los cortesanos
no tardaron en penetrar su inteuto , y el mar-
ques Caballero, secretario de gracia y justicia,




35
despues de una larga conferencia con Cárlos IV,
en la que le manifestó los desastrosos resultados
que acarrearia su ausencia necesariamente, legró
la revocacion del decreto del 'Viaje que estaba ya
preparado, y aconsejó al monarca aguardar con
firmeza la llegada del que debia mirar desde en-
tonces como enemigo, y de confiar en la provi-
dencia y en el amor de la nación, Este fue un
golpe funesto al príncipe de la Paz, no sol0 por-
que eclipsaba el ascendiente que hasta aquel dia
hahia ejercido sobre el espíritu del rnouarca , si-
no tambien porque conoció que cualquiera que fue-
Se el .jiro que tomasen las cosas, nunca llegaría
el Caso de que se mostrase la suerte próspera á
sus deseos. Por iguales razones euusó sumo placer
al príncipe de Asturias y á sus partidarios el con-
sejo ciado por Caballero al rey Cárlos j yasi es que
llenaron de repetidos elojios al ministro, y
prornetiéronse los mas lisonjeros resultados del
triunfo que acababa de obtener.


Sin embargo el ejército, cual si hubiesen que-
rielo arrebatar esta esperanza, permanecia á las
órdenes inmediatas de Godoy: y como habia da-
do varias disposiciones militares para secundar el
viaje proyectado, los movimientos de las tropas
escitaron la atención pública é inspiraron los mas
fundados recelos. Hallábase á la sazon la corte en
Aranjuez, donde comenzaron á llegar, contra la
costumbre que reinaba en tules ocasiones, no 80·
lo los rejirnientos españoles de la gual'Jia sino tam-




36
bien los rejimientos valones y otros muchos cuer-
pos del ejército. Al mismo tiempo fueron llama-
das las tropas que marchaban á Portugal Con la
órden de que se dirijiesen á Córdoba .. Sevilla y
Cádiz.I.a administracion de la marina en esta úl-
tima ciudad recibió un decreto para que apresta-
se y tuviese dispuestos muchos barcos de guerra.
El pueblo de Madrid, compuesto en su mayor
parte de personas que viven de los gastos escesi-
vos de la córte, no podia mirar con indiferencia
un suceso que alejando á la familia real cegaba
el manantial de su prosperidad. El descontento
público comenzó á manifestarse con mas fuerza
y enerjia de la que naturalmente debia e~perarse
de uu pueblo que pOlo tan largos años yacía en-
corbado bajo el yugo del poder absoluto. Esta
sorda ajitacion, estendióse de Madrid á la Mancha,
provincia situarla cerca de Araujuez donde residia
la rejia familia, y que en la época de que se tra-
ta era la mas rica, la mas populosa y la mas flo-
reciente parte de la Península. Por otro lado nu-
merosos ajentes secretos del partido de Fernando
se habían derramado por los contornos y villas
inmediatas; distribuian dinero á los habitantes
y les piutaban con los mas vivos colores el estado
de opresión á que el priucipe de Asturias se veia
condenado..)" la tirania que Godoy, su mayor ene-
migo, ejercia sobre todos los ramos del gobier.
no, El pueblo de la Mancha que había mostrado
su carácter ardiente y noble en todos los sacudi-




37
mientes políticos de su pátria, resintióse viva-
mente con la funesta discordia de la familia real.
Reunióse una inmensa muchedumbre y se enea-
minó á Aranjuez; su presencia y las intenciones
que parecian animarle inspiraron á Godoy y á los
ministros de su partido las mayores alarmas, y
re501v-iéronles á persuadir á la familia real la sa-
lida para Sevilla, durante la noche del 17 de mar-
zo de 1808, sin guardia y sin servidumbre. Pre-
teudian evitar de este modo, si era posible, el
que fuesen reconocidos por el pueblo que ocupa·
ha las avenidas de palacio.


Fernando, informado de este proyecto y esti-
mulado con las señales de amor que principiaba á
recibir del pueblo, comunicó la mañana misma
de este dia á distintos personajes del alcázar, la
noticia de que se habia fijado la partida para aque·
Ha noche y que estaba resuelto á no abandonar
Aranjuez. Sus palabras corrieron de boca en boca
entre los guardias y los cortesanos, acrecentando
la conmocion popular, y dieron á entender que el
príncipe de A~turias contaba con su apoyo. Nume-
rosos grupos armados de palos se formaron yatra.
vesaron en silencio las calles del sitio real y los
jardines del palacio. Poseidos de la idea de que el
monarca queria abandonarlos, los descontentos
convinieron en el acuerdo de oponerse al viaje
proyectado. Las Lropas de línea y la mayor parte
de la guardia real participaron de este deseo y rna,
niíestáronse animados de los propios sentimientos.




38
A las siete de lanoche , la guardia del príncipe de
la Paz que se babia hecho odiosa al pueblo y al
ejército á causa de los privilejios que disfrutaba,
se puso en movimiento. Un soldado de este cuer-
po quiso reconocer el semblante de cierta dama que
li:.llia u(~1 alcázar del príncipe, y habiendo opuesto
aquella alguna resistencia disparó un tiro al aire.
El t.rompeta de guardias creyendo que era la señal
de comenzar el viaje , en el que la gu¡¡rdia del
príncipe habia de servir de escolta, hizo resonar
sus croas; y los descontentos persuadidos de que
habia llegado el momento propicio de oponerse á
un suceso que desaprobaban altamente, mostraron
intenciones hostiles. Rodearon pues el palacio, se
apoderaron de todos los pasos por donde era posi-
ble salir del sitio y atacaron la casa de Godoy, que
logró ocultarse y evitó por el momento el furor
de sus enemigos. El rey se presentó en el balcon
y ofreció al pueblo que no se verificaría el viaje;
con esta certidumbre retiráronse todos, persuadi-
dos de que el favorito habia emprendido la fuga al-
gunas horas antes, y que se hallaba ya á larga dis-
tancia de Aranjuez (Apéndices número 6).


Al dia siguiente aparecieron nuevas señales de
inquietud; el pueblo no estaba satisfecho Con lo
que hahia logrado hasta entonces, y el ensayo que
acaba de hacer de su fuerza le inspiró el deseo
de servirse de ella de un modo mas decisivo. Ins-
truyeron á Cár los IV de que no cesaban los prepa-
rau vos IJara escitar nuevos tumultos durante la no-




39
che; Jos ministros intentaron obligar á Jos coman-
dantes de las tropas á que se opusiesen á los des-
contentos y los reprimiesen por la fuerza; mas los
jefes militares se negaron todos á encargarse de
Una mision tan peligrosa, de la manera ma~ positi-
va, y declararon que solo el príncipe de Asturias
podia hacerles renunciar á sus deseos. Fernando
fue llamado acto continuo á la presencia de sus
padres abrumados de pesares y de temores; afirmó
que no tenia el menor conocimiento de los pro·
yectos de la muchedumbre sublevada: no obstan-
te, ofreció enviar algunas personas que ejercian
sobre ella suma influencia, y que les rogaria que
compeliesen al pueblo á entrar en lJ camino del
deber. Aüa:lió que estaba dispuesto á tomar todas
las medidas necesarias para asegurar la tranquili-
dad y la dignidad de los autores de sus dias.


Mas mientras trabajaba Fernando para cum-
plir sus promesas sobrevino un acontecimiento
que aceleró el desenlace del drama: Godoy que se
habia mantenido oculto entre esteras desde el 17..
en que fue atacada su casa, se vió precisado á des-
amparar su escondite agoviado por la sed que
le devoraba. Pidió un vaso de agua al primer ceo-
tinela que encontró, ofreciéndole en recompensa
un magnifico reloj de repetición y algunas mone-
das de oro. El soldado en vez de aceptar la oferta
prorumpió en grandes gritos, diciendo que allí es-
taba el traidor, J en el momento rodeó al príncipe
una muchedumhre inmensa que le bajó arrastran-




40
do por la escalera, Mallralároule é hiriéronle re-
petida, veces, y hubieraule asesinado infaliblemen-
te, si Fernando á ruego> de Cárlos IV no se hu-
hiese presentado acompañado de algunos indiví-
duos de la gual'dia. Manifestó á los amotinados
que habia respondido de la persona de Godoy y
qu::) era necesario dejarle la vida para poder des-
cubrir los cómplices de sus delitos , instruyendo el
conveniente proeeso. El pueblo obedeció con res-
peto y el desventurado favorito fue conducido á la
prisión entre dos filas de guardias y atravesando
por medio de una multitud de cerca de cuarenta
mil personas que le abrumaban á insultos y á mal-
diciones. Encerrado en la cárcel no tardó en pre.
sentarse un juez á dar principio al pl'oceso reci-
hiéndole declaracion.


Fernando regresó á palacio en medio de los
gritos del pueblo que le saludaba con el nombre
de rey, y cercado de muchos individuos que el
dia antes eran los aduladores de su enemigo. E.I rey
y la reina, á cuyo rededor solo habían quedado
algunos antiguos y fieles servidores , yacian en el
mas profundo desconsuelo: Fernando procuró sua-
vizar sus penas asegurándoles que na babia resona-
do una sola palabra contra ellos y que no tardaria
Aranjuez en verse libre del inmenso vulgo que
alli se h ibia reunido. Cdrlos IV cargado de aüos
y de enfermedades, y viéndose privado del apo-
yo de un hombre á quien por tanto tiempo habia
entregado su coufianza; naturalmente enemigo de




41
Jos negocios , ~ incapaz de tomar medidas enér·
jicas en tan dif'í·ciles circunstancias, consult ó á los
ministros)' á algunas personas de su córte sobre
la conducta que debía observar en el estado ac-
tual de las cosas. Todos le aconsejaron unánime-
mente abdicar en favor de su hijo: y Maria Luisa
que habia perdido la esperanza de que Godoy vol~
viese á cobrar el poder que habia disfrutado por
tantos años, no alimentaba otro deseo que el de
libertarle de las gal'ras de sus enemigos .Y pasar en
su compañía el resto de sus dias en cualquier rin-
COIl del mundo: asi es que no se opuso á semejante
resoluoion. Cárlos IV , pues, firmó el 19 de mar-
zo el decreto de abdicacion en favor de Fernando
su hijo.


El anciano monarca en una carta dirijida al
Emperador de los franceses dándole cuenta de es-
te importante acontecimiento, dice q'le como su
salud de dia en dia era mas débil, habia juzgado
oportuno retirarse á un clima mas suave y abando-
nar el gubernalle de la nave del Estado: que en
virtud de tal acuerdo habia abdicado la corona en
favor de su amado hijo el príncipe de Asturias; y
que esperaba, que en consideracion á los vínculos
que unían entrambos paises, y del objeto particu-
lar que profesaba á la persona de S. M. I. , se dig-
naria aprobar la medida adoptada. Arladía que
abrigaba esta esperanza tanto mas confiado, cuan-
lo mas profunda era la impresion que habian he-
cho en el ánimo de su hijo los sentimientos que




42 ,
habla procurado inspirarle á favor de S. M.; y que
no cabia duda en que emplearía todos los medios
posibles para estrechar aun mas los lazos que
unjan las dos naciones.


Fl!rnando fue, pues, proclamado rey por un
pueblo éhrio de alegria y colmado de risueñas es-
peranzas. El propio entusiasmo reinó en Madrid,
donde los habitantes 8aquearon las casas de Godoy
y de sus prmcipales partidarios, Todavía creció el
gozo hasta el mas alt.o punto cuando dias después
vieron al jóven monarca encumbrar á los prime-
ros puestos del gobierno á los hombres mas ilus-
trados y mas liberales de España, desterrados Ó
perseguidos á causa de la severidad con que habían
censurado las medidas y los abusos del poder del
favorito.


Godoy, aunque encerrado en una estrecha pri-
sion , cubierto de heridas y rodeado de espias no
se dejó abrumar con el peso de sus infortunios.
No abandonó un instante el hábito de superiori-
dad que mostraba en los dias prósperos de su for-
tuna, y con el que le habian familiarizado tantos
años de favor. Sabia que los acontecimientos que
habian sobrevenido en Aranjuez d ebian acelerar
la marcha de las tropas francesas á Madrid y tenia
poderosos motivos para fundar sus esperanzas en
la persona de Joaquin Murat , gran Juque de Bel'g
Con quien habia mantenido por alguu tiempo ínti-
ma correspondencia. O bien sea que apesar de la
vijilancia de sus carceleros hallase medio de co-




43
municar sus ideas á la reina Maria Luisa, ó bien
que la reina misma, que conccia perfectamente
el [énero de negociaciones que seguia el príncipe,
concibiese los mismos proyectos, ó bien Iinalrnen-
te que la reina de Etruria , enemiga declarada de
Fernando é intima amiga de Godoy, considerase
el estado de las cosas bajo un punto de vista dife-
rente del rey y la reina, y desease sacarlos victo-
riosos de la lucha, lo cierto es que Cárlos IV fir-
mó el 21 de marzo una solemne protesta contra
su ahdicacion. Declaró que. este acto debía mirar-
se como nulo, pues se habia visto forzado :\ adop-
tal' semejante medida para precaver las mayores
desgracias é impedir la efusion de sangre de-sus
gobernados.


En su consecuencia escribió á Napoleon para
anunciarle la resolución que habia tomado de ir. á
arrojarse en sus brazos y de ponerse enteramente
á su disposicion ; porque solo el Emperador podía
asegurar su ventura, su tranquilidad y la de su fa-
milia y de su reino, Aseguraba que habia firmado
el acto de abdicacion en medio del estruendo de
las armas y de los clamores de una guardia suble-
vadu , y con el convencimiento íntimo de que te'
nia que escojer eutre la vida y la muerte suya y
de la reina; y que considerándose ahora mas se.
guro habia determinado dejarlo todo á la uecision
del Emperador pOI' lo que tocaba á la reina, al
príncipe de la Paz y al rey mismo.


Mientras que tan estraordinarios sucesos des-




44
pertaban la atenciou de los españoles y los sacaban
del estado de una obediencia ciega y pasiva, á
que por largo tiempo se habian acoslumbrado,
Mural que mandaba en jefe las tropas francesas en
España aceleraba su marcha á Madrid. En Aranda
de Duero había sabido la insurreccion de Aranjuez,
y Maria Luisa y su hija aguardaban con impacien-
cia su llegarla. Deseaban no solamente sacar á Go·
doy de la funesta situacion en que se encontraba,
sino tambien hacer que naciese la .livision entre
los franceses y Fernando, é impedir que el Empe-
rador le reconociese por rey lejitimo de España.


Con este doble objeto, Maria Luisa entabló
Con Murat una correspondencia que continuó por
muchos dias con actividad J tanto por su parte
como por parte de su hija la reina de Etruria y
quizas tambien pOI' la de Cárlos IV. En su prime-
ra carta, fecha de 21 de marzo en Aranjuez, la
reina anunciaba que su esposo no podia escribir á
causa del mal estado de su salud; pero que desea-
ba ardientemente saber si el gran duque de Berg
se hallaba dispuesto á emplear su influencia con el
Emperador para asegurar la vida del príncipe de
la Paz. Pedia en seguida que se concediese al prín-
cipe el tener en su prision algunos criados y cape-
'llanes , y que el gran duque le visitase y le con-
solase puesto que eran íntimos amigos, En cuanto
á ella y al rey, decia , solo deseaba obtener del
Emperador un honesto retiro y el permiso de
acabar su vida con el príncipe de la Paz. Afirma-




45
,ha que DO debían esperar de Sil hijo sino desgra-
cias y persecuciones; que se habian fl'aguado las
mas grost:I'as imposturas para hacer odioso el prín-
cipe de la Paz al Emperador, pero el gran duque
QO debla dar crédito á tales imposturas. Couctuia
espresando su reconocimiento y el del rey á Bo-
naparte, por las tropas que había enviado; y de.
claraba que se ponian enteramente bajo su proteo-
cion, persuadidos que un héroe tan grande y un


. monarca tan [enerosc no les rehusarla el favor que
imploraban.


Otras muchas cartas espresaban ideas y senti-
mientas en un lodo semejanies , entre las que se


·distinguian las de la reina de Etruria por la fuerza
de las instancias y por el tono de ternura y de fa-
miliaridad que en ellas reinaba, como tambíen por
lo áspero de las acusaciones contra su hermano
Fernando (Apéndice número 7). Antes de JJegar
á Madrid , Murat despachó á Cárlos IV Uno de sus
ayudantes, y des pues le envió un cuerpo de tropas


. francesas que le acompañaron al Escorial. Tiempo
despues pidió que se le entregase la persona del
príncipe de la Paz, y cuando lo hubo conseguido
le hizo partir en seguida para Francia, bajo la sal-
vaguardia de una escolta francesa.


El jeneral llegó á Madrid el 23 de marzo á la
cabeza de numerosas tropas y de un brillante es-
tado maY{1r , en medio del cual descollaba por sus
ventajas personajes y por una magnificencia medio
asiática y medioeuropea. Las tropas francesas ocu-




46
paran los cuarteles que les hahian sido señalados,
dejando la guardia de la villa en manos de los es-
pañoles -' como si el [eneral mandase las tropas
de arn has paises. Desopues de permanecer algunas
horas en el palacio del Retiro, lo abandonó para
trasladarse al alcázar de Godoy, convertido des-
pues en saIon de las Córtes,


Los franceses fueron recibidos en Madrid con
las demostraciones mas sinceras y mas ardientes
de amistad y de entusiasmo, no solamente á causa
de la admiracion que escitaban su aire marcial, su
brillante aspecto y la perfecta disciplina, sino
tambien porque se creía [eneral mente que tan
solo haLian venido á ausiliar al nuevo rey y á es-
trechar de este modo los vínculos que hermanaban
las dos naciones. Asi es que todos vivinn persua-
didos de que iban á cesar p:Jra siempre las desgra-
cias de la Monarquía, y solo hablaban de [a fideli-
dad y de la gloria que esperaban á la nacion espa-
ñola, cuando bajo los auspicios de Napoleon , re-
cobrase sus riquezas y su antigua preponderancia.


Fernando verificó su entrada al dia siguiente
en medio de una multitud inmensa ébria de ale-
gria, y que proclamaba en altas voces el afecto que
profesaba al nuevo soberano. El rey espidió al ins-
tante varios decretos en los que se traslucian mi-
ras benéficos y patrióticas: y los habitantes de Ma-
driJ no cesaban de admirarle y aplaudirle. Los
varones instruidos y virtuosos, desterrados y per-
se'buil\Qs en. el te\n.ad.1) an.\,et\ot ) cot\:ieton. á la ca-




47
pital de todos los puntos del reino, para recibir allí
la recompensa debida á su constancia y á Jos pa-
decimientos que hahian pesado sobre ellos. No
obstante, un acontecimiento estraord inario vino á
oscurecer tan brillante perspectiva: el jeneral en
jefe de las tropas francesas, cuñado de Napoleón,
y depositario de sus secretos sobre la Península
Ibera, no solo no habia reconocido á Fernando
como rey, sino que ni aun le habia visitado. A los
ojos de los que conocian la política y el carácter
del Emperador, semejante circunstancia parecia
muy importante y digna de llamar la atencion , y
presajiaba para lo futuro sucesos que bajo ninaun
aspecto podian ser satisfactorios. Conduela tan es-
traordinaria motivó y dio pie á negociaciones y
esplicaciones entre las personas que gozaban de la
confianza Íntima del rey y de Mural. Finalmente,
el [eneral confesó que aguardaba instrucciones del
Emperador para obrar en Caso tan imprevisto;
mas aseguró que debia recibirlas de un dia para
otro, y con ellas amplias facultades para veriticar
el reconocimiento del rey Fernando.


Engailado con tal esperanza el hijo de Carlos
IV , dirijió al Emperador una carta en la que le
daba cuenta circunstar-ciada de los sucesos á que
debia su prematura elevación al trono; reiteraba
la firmeza del deseo que tenia de unirse con una
princesa de su familia, y le suplicaba que cum-
pliese tan luego como le fuese posible la promesa
que habia hecho á Cárlos IV de verificar su viaje




48
á España. Fernando vivia entonces tan persuadido
de la prócsirna llegada de Napoleon , que dió las
órdenes mas terminantes para prepararle magnÍfi-
cas habitaciones en el palacio, y mandó formar
el programa de las fiestas que debian celebrarse en
Madrid durante su permanencia.


En la misma época entabló Murat con el an-
ciano rey y con la reina secretas conferencias , y
recibió por conducto del ¡enrral Monlhion el acto
de protesta de que hemos hablado y cuantas noti-
cias é instrucciones podian poner en duda la lega-
lidad de la elevacion de Fernando ai trono. El
objeto principal que parecia estimularle ahora era
adquirir datos para poder demostrar á la Europa
que la familia real de España ,despedazada por la
discordia, se presentaba de todos modos indigna
del rango elevado que ocupaba. Por esta razon,
las cartas y relaciones que pasaron por sus
manos y que se publicaron después en los perió-
dicos de Europa, hacian tan poco honor á Cárlos
IV , á María Luisa y á Fernando.


Para desvanecer en el corazon del nuevo rey
toda especie de temores, Mural continuó repitien-
do cada dia las seguridades de la prácsima llegada
del Emperador; y Fernando la creyó hasta tal
punto, que envió tres grandes de España á reci-
birle en la frontera. ToJOS tres personajes iban igual.
mente autorizados con los poderes necesarios para
hacer formalmente la demanda de una princesa de
la familia imperial. En resolucion , el infante don




49
Cárlos tomó el camino de Francia con la esperan-
za de encontrar 'ya al Emperador en territorio his-
pano.


y unos y otros llegaron á 13 raya sin observar la
menor apariencia de tan importante viaje; y sin que
en la córte se recibiese esplicacion Illguna de su
estraño proceder. Solamente Murat podia darlas;
mas uegáb3se á ver al rey, porque se hubiera vis-
to obligado á tratarle con el título de majestad que
le era debido. En este tiempo llegó á Madrid el ¡c-
neral Savary , encargado de una mision especial
para visitar al monarca y conferenciar con sus mi.
nietros de órden de Napoleon : y obtenida por con-
secuencia una audiencia del rey, anunció que ha.
hia venido á felicitar al monarca en nombre del
Emperador, quien no tardaría en reconocerle co-
mo rey de España y de las Indias, si S. M. conti-
nuaba mostrando por lo tocante a la Francia los
mismos sentirnientns quP, habian guiado ásu <Jugus-
to padre, Fernando respondió en 'os términos mas
afectuosos y citó en prueba de sus sentimientos y
de la conducta que deseaba seguir, la demanda que
ya habia hecho de su alianza con una sobrina
del Emperador. Savary respondió que S. M. L se
hallaba ya en los contornos de Bayona , y que no
tardaria muchos dias en pisar Madrid.


El astuto enviado, despues de haber lisonjea-
do á Fernando con tan brillantes esperanzas J re-
novó su visita y le persuadió que sería convenien-
te salir al encuentro del Emperador) que por la vez


TOM. l. 4




50
primera abandonaba sus estados sin tomar el ade-
rnan de conquistador. Aseguróle que una prueba
tan terminante de afecto sería muy grata á Napa-
leon, y que facilitaria los medios Olas eficaces y
mas favorables de terminar las disensiones relati-
vas á la familia real de Espalla en favor de un mo-
narca que parecia llamado al trono por el voto [e-
neral de la nación, en cuyo trono le sostendria sin
duda alguna el regulador de los destinos de Euro-
pa.


Conformábase esta proposición con los intere-
ses y los deseos de Fernando y de sus consejeros:
Escoiquiz , San Cárlos é Infantado dijeron á S.M.
que era preciso no perder momento y que la oca-
sion que se presentaba era la mas feliz que podia
proporcionarse en las circunstancias criticas en que
se hallaba el reino. Con sumo disgusto del pueblo
de Madrid, ordenaron al instante los preparativos
para el viaje con la m<lyor precipitacion ; y cundió
la opinion de que el monarca no pesaría de Bur-
gos; en cuya creencia estaban S. M. y sus pro.
pios consejeros. Savary corroboraba también la
idea esparcida por todas partes en las tertulias que
frecuentaba, que habia recibido cartas del Empe-
rador que no dejaban duda alguna de que estaba
ya en caOlIOO.


Fernando, instruido de las intrigas que se ur·
dian en la córte de su padre, resolvió antes de
partir no dejarle ningun protesto rara disputarle
la lejitimidad de sus derechos al trono. Con este




51
objeto envió á Cárlos IV Una carta muy respetuo-
S8, con fecha 8 de abril , en laque le decia que
estaba muy satisfecho de la entrevista que habia
tenido con Sav¡¡ry , de la buena fe que manifesta-
ha el enviado imperial, y de la perfecta armonía
que reinaba entre su persona y la de Napoleon.
Hepresentábale que le era necesario el que su au-
gusto padre le diese una carta para el Emperador
de los franceses felicitándole sobre su viaje y ase.
gUl'ándole que su hijo abrigaba respecto á S. 1\1. l.
los mismos sentimientos que el padre. Fernando
añadia que deseaba le remitiese esta carta lo mas
pronto posible, porque habia decidido partir den.
tro de dos dias , y quedaban dadas las órdenes
oportunas. María Luisa indujo á su esposo á que
respondiese á esta carta de una manera evasiva é
insignificante; y acto continuo trasladaron al Du-
que de Berg copia de la respuesta, rogándole que
les dictase la conducta que en este asunto delnan
observar. El príncipe Mural respondió que Cárlos
IV no debia , hajo pretesto alguno, acceder á la
peticion de su hijo; de este modo fomentaba el
odio que la reina babia tenido siempre á Fernando,
é inspiraba nuevas esperanzas á sus cortesanos, quie-
nes divulgaron la voz de que Napoleon venia á res-
tablecer á Cár\os 1V en el trono y libertar á don
Manuel GoJoy de las garras de sus enemigos. Ta..
les noticias cundieron rápidamcnte por Madrid,
y aumentaron considerablemente la ajitacion que
reinaba ya en la capital.




5'1
Estos acontecmnentos , cuya importancia se


ecsajeraba en el interior del real palacio á Causa
de la diverjencia de opiniones que allí reinaba...
no dejaron de despertar la atención de Fernando
y de los que le aconsejaban que emprendiese el
malogrado viaje. Las circunstancias se presenta-
han tanto mas graves, cuanto cada dia se recibian
nuevos detalles de la conducta casi hostil de las
tropas francesas que ocupaban el norte de España.
Femando llamó por consiguiente á Savary y le
representó francamente sus temores, no solamen-
te sobre el viaje del Ernperador , sino tambien
sobre las intenciones de este soberano pata reco-
nocerle ó no por rey de España. Savary replicó
que réspondia con su cabeza si S. M. 1. no cum-
plia sus promesas; y añadió que si en la primera
entrevista que el rey le hubia concedido le habia
dado solo el tratamiento de alteza, habia sido á
causa de la etiqueta, pero que no tardaria en pro-
digarle el título de majestad,


Seguridades tan positivas no destruyeron, sin
embargo, las sospechas enjendradas en el ánimo
de Fernando , na obstante que partió para Burgos
el f O de abril despues de haber confiado el gobier-
no de sus estados á una junta presidida por su tia
el i;lfante don Antonio. El pueblo madrileño vió
la partida de su idolatrado príncipe con el silen-
cio que manifiesta el temor y la sospecha; y aun-
que su presencia en los lugares por donde pasaba
escitase las aclamaciones mas ardientes, fácil era




53
conocer que estas demostraciones de alegria iban
mezcladas con el sentimiento de compasion que
escitaha el jóven monarca, destinado probable-
mente á ser la víctima de la mala fe del mas ambi-
cioso de los conquistadores.


Savary acornpaüaba á Fernando en uno de los
coches de la comitiva, y no le perdia de vista·
sino en los instantes precisos. A su llegada á BUl'-
gas admirado en estremo el rey de no encontrar
allí al Emperador, ó al menos una carta que des-
marañase el misterio ó diese señales del punto don.
de se hallaba, titubeó en su acuerdo. El doloso
¡eneral persistió con veernencia en sus últimos
asertos, y aseguró que el Emperador Bonapart6
se encontraba en aquel momento eu la ciudad de
Vitol'ia: rogó á Feruando que siguiese el camino
y se acercase al punto indicado, Consintió el prín-
cipe Con repugnancia, aunque sus obstinados cor-
tesanos le alentaban en tan funesta empresa, por-
que no preveian los infortunios que acarreaban.
Jamás concibieron el mas mínimo temor de las in-
tenciones del Emperador de los franceses, y por
el contrario alimentaron las esperanzas mas lison-
jeras, y juzgaron que Fernando no tardaria en
estar de vuelta en Madrid enteramente afirmado en
BU trono, y enlazado por los vínculos del matri..
monio , con una dinastía que progl'esivamente se
apoderaba de todos los cetros de Europa.


ElÍ Vitoria el negocio comenzó á tomar un
rumbo distinto, porque no ecsistia en la ciudad




54
el menor indicio del viaje del Emperador. Detú-
vose Fernando para deliberar la conducta que de-
bia tener en tan difíci\es circunstancias, {mes
no le parecia licito pasar adelante sin recibir dalas
positivos sobre el estado real de las cosas, y sin
obtener esplicaciones claras sobre los sucesos os-
euros y contradictorios que hasta entonces habían
sobrevenido. No halló mejor medio de salir de la
inctlrlidumbre en que estaba, que entrar franca-
mente en correspondencia con el Emperador de
Jos franceses.


Con este intento dirijió el f 4 de abril una car-
ta á Napoleon , en la que le decia que habiendo
sido encumbrado al solio por la abdicacion libre
y espontánea de su augusto padre, habia observa-
do con el mayor sentimiento, que ni el gran du-
que de Berg ni el Embajador frances , le habían
felicitado por su ascenso al trono. Semejante con-
ducta no podia atribuirla sino á la falta de instruc-
ciones; y sin embargo podia asegurar en alta voz
que desde el principio de su reinado no babia dejado
escapar ocasión alguna de dar al Emperador los testi-
monios mas sinceros de su fidelidad y de su afecto.
Uno de los objetosdequesehabia ocupado desde lue-
go, hahia sido el suministrar á las tropas [rancesas
alojamientos y provisiones, apesar de la estrema-
da penuria del tesoro. Eu todas sus carlas al Em-
perador habia manifestado el mas vivo deseo de


.est rechar y de hacer indisolubles los lazos que
unian á su augusto padre y á S. M. 1. Con esta




55
mira habia enviado al Emperador una diputacion
de tres grandes de España , y en seguida al infan-
te don Cárlos , su hermano. Rogaba que le per-
mitiese espresar su pesar por DO haber recibido
todavia respu~sta alguna de S. M. I.; Ysu pesar,
decia , era tanto mas vivo) cuanto el [eneral Su-
vary le habia preguntado si su advenimiento al
trono ocasionarla alguna mudanza en las relaciones
amigables de entrambos paises) y que le habia
contestado en los mismos términos de que se ha-
bia servido siempre en sus cartas. Con la propia
confianza habia aceptado voluntariamente la invi-
tacion de salir al encuentro de S. M. l. para an-
ticiparse el placer de conocerlo personalmente.
Concluía suplicando al Emperador le sacase del
penoso estado en que le habia sumido su silencio,
y asegurándole que una respuesta favorable de su
parte, disiparla sin duda alguna todos los temores
que no podia menos de orijinar entre sus súbditos
una incertidumbre por tanto tiempo prolongada.


Savary se encargó de poner esta carta en rna-
DOS del Emoerador, que aquel mismo dia habia
llegado á Bayona, Al despedirse de Fernando le
reiteró sus protestas, ordinarias y al propio tiempo
dejó las órdenes secretas que creyó oportunas pa.
ra impedir el regreso á Madrid, Ó que tomase el
príncipe otro camino que el de Bayona. Enla épo-
ca de la llegada de Savary á Madrid dos perso-
nas, Macanaz y Vallejo, gozaban de la amistad y
de la confianza de Fernando y de Escoiquiz. Pe-




56
netraron estos las intenciones del Emperador fran...
ces y de su córte can respecto á Fernando, y pre.
vf'yeron la procsimidad de la borrasca que por to~
das partes le amenazaba. En su virtud escribieron
á Vitoris , y advirtieron á sus amigos que se pre...
parasen á sufcir los mayores infortunios, y la rui-
na total del partido que hahian abrazado.


A tan funestos augurios uniéronse otros de ma-
yor importancia en tan críticas circunstancias. Don
Mariano Luis de U rquijo (1), ministro de Jlego~
eios estranjeros bajo el gobierno del príncipe de
la Paz, .y que despues habia sido perseguido pOI'


(1) Don Mariano Luis de Urquijo era nativo de
Castilla~ y habíase educado en hlglaterra, por la flU\,!
conservó slempre suma aficiono D~ vuelta de SUB via ..
jes fue elevado al ministerio en 1798, Y no tardó en
dar á conocer la marcha política que intentaba se ..
glJir. Puso trabas á la inquisiciolJ; y SlIS inmensos
bienes dehi an contribuir á crear establecimientos dlJ
ufilidad püblica. Los fanáticos alz aron su voz contra
'U'rquijo ; J' algunas agudezas intempestivas le priv ....
ron de la prot eccion de don Manuel Godoy, J fue
encerrado en un castillo por espacio de dos años, y
despues desterrado. Orr¡ u jjo fue secretario de Esta ..
00 en tiempo del rey José Bonaparte, y le siguió á
)?ranpi;¡, donde permaneció durante la rest auracion
de Fernando, A sus gqndes talentos, ~ sus profun s
dos y variados conocimientos, unía u n arrojo á to-
da prueba y suma sencillez e n sus modales. Mudó en
Paris el! 1817. Algunos segundos antes de espirar di.
jI) á su criado. ~,V as á ver como muere un hombre.'~




57
el favorito y desterrado á la provincia de Guipúz..
coa, supo con pesar durante su corta permanen.
cia en Vitoria , la ilusión en que vivia el rey y sus
consejeros sobre la suerte que les esperaba. En una
larga conferencia que tuvo á este propósito con el
duque del Infanta Jo, Escoiquiz y algunos otros
personajes que disfrutaban de la confianza del mo-
narca, pintó con viveza los peligros de la falsa po.
sicion en que se habian colocado. Urquijo estaba
muy versado en la política estranjera, y no partici-
paba del optimismo político de los demas españo-
les. Llamó principalmente su atención sobre la
manera conque el Monitor habia dado cuenta del
levantamiento de Aranjuez, y sostuvo que el len-
guaje de este periódico oficial indicaba claramen-
te los designios del Emperador. La intencion de
Napoleon, decía, desde 1805 era arrebatar el ce-
tro hispano de manos de la dinastía actual, como
incompatible con la estabilidad de su poder. Aña·
dió que tales proyectos esplicaban la ocupacion de
la Península por lag tropas francesas, y que no du-
daba que en el sitio mismo en que se encontraba,
allí, en la ciudad de Vitoria , el rey y los que le
acompañaban debían considerarse prisioneros, y
que estando Jos puntos de parada ocupados por
las tropas y las personas que las mandaban, no de·
[aban duda alguna sobre el asunto. Urquijo dis-
cutió en seguida cual podia ser el ohjeto del vía-
[e de Fernando: preguntó corno era posible tole-
rar semejante atentado público Contra su dignidad,




58
Y permitir que le condujesen á un reino estranje-
ro, no solo sin las formalidades de costumbre,
sino tambien sin haber sido reconocido por rey
de España.


Los consejeros de Fernando replicaron que el
viaje no tenia mas objeto que satisfacer la arnbi-
cion de Napoleon Con algunas concesiones mercan-
tiles y territoriales. Si el Emperador abrigaba in-
tenciones hostiles, la guerra seria eterna entre am-
bas naciones, porque la España podia levantar en
los Pirineos formidables fortificaciones y mantener
siempre sobre las armas ciento y cincuenta mil
hombres. Facilmente destruyó Urquijo ideas tan
quiméricas, y sus observaciones causaron una irn-
presión mas profunda en el duque del Infantado
que en las demas personas; así es que espresó con
señales de abatimiento su sorpresa de que cómo era
posible creer que un héroe tal como NapoJeon fue.
se capaz de eclipsar su nombre con Un acto de pero
fidia. En respuesta Urquijo le dijo que abriendo
las obras de Plutarco encontraria que todos los hé-
roes de Grecia y de noma habían adquirido su glo-
ria pasando por encima de miles de cadáveres; que
no debia ponerse en olvielo cuántos reyes había
destronado Carlos V, Yla violencia que habia em-
pleado contra los monarcas que cayeron en m
poder, lo que no habia impedido sin embargo que
se le prodigase el título de héroe. Los españoles,
continuó, han tratado elel mismo modo á los in-
dios, á los emperadores y reyes; y lo que en aque-




59
Uos tiempos se habia hecho bajo el preteslo de re-
lijion, podia repetirse ahora por motivos de pohti-
ca. La histe-ria de España abunda en ejemplos de
reyes asesinados por los usurpadores de su trono:
y muchas dinastías de Europa deben su orijen á
iguales acontecimientos. Bajo cualquier punto de
vista que considerase las circunstancias presentes,
preveia la procsimi.Iad de una crisis terrible, que
probablemente destrouaria para siempre Ja familia
real de Iberia.


El diestro político pasó en seguida á 011'0 obje-
to que en el momento actual merecia la mas pro-
funda atencion ; á saber, la abdicación de Carlos IV
en Aranjuez , abdicacion que debia mirarse como
nula é ilegal, tanto mas cuanto se hahia verifica-
do en medio de la ajitacion y del desórdeu de un
levantamiento popular. Citó el ejemplo de las ab-
dicaciones de Carlos V y de Feli pe V, verificadas
remando la mas completa tranquilidad, y manifes-
tó en seguida el temor de que Bayona no fuese el
teatro de las quejas del padre contra el hilO,Yque
resultase de ellas la pérdida del cetro de sus ante-
pasados para ambos.


A tan sólidos y convincentes argumentos, los
que habian aconsejado el viaje juzgaban responder
de una manera victoriosa diciendo que si Napoleón
cometía semejantes atropellos, la Europa entera y
la misma Francia se levan tarian simultáneamente
contra el tirano, y que España podria hacerse for-
midable al usurpador uniéndose á Inglaterra.




80
Urquijo respondió á tales objeciones manifes-


tando que la Europa estaba pobre y sin medios pa-
ra emprender nuevas guerras, y que I...:s diferentes
naciones se hallaban separadas unas de otras por
las miras ambiciosas y aisladas de sus monarcas.
La oposicion de los gabinetes del continente á los
proyectos de Napoleón no habían producido hasta
entonces sino planes mal combinados y vergonzo-
sas derrotas, resultado necesario del aumento de
poder del enemigo comun, Únicamente el Austria
se hallaba en estado de oponerse á las empresas de
BOnJpal·te sobre España j mas esta petenera uo sig-
nificaba mucho en comparacion de la Rmia y de
los estados de Alemania que parecian estrechamen-
te ligados con la Francia, y resueltos á ausiliarla
en todos sus proyectos y á seguir enteramente la
conducta que se dignase prescribirles. Demostró
'en seguida que no debia esperarse cosa alguna de
los franceses, nacion entusiasta por la novedad y la
gloria, y cuyo espíritu público depende entera-
mente del impulso que recibe del gobierno. Me-
diaba por otra parte el interés de los franceses de
que ambas diademas perteneciesen á dos soberanos
de la misma familia á causa de las mutuas venta-
jas que las dos potencias reportarían para su co-
mercio. Habíanse arraigado en Francia lluevas in-
tereses ya consolidados, y enteramente opuestos á
la dinastía de los Borbones. La jeneracion actual
debia contemplar con regocijo la caida de la rama
española de esta casa, y así venia á ser á cada puna




61
to mas probable que un miembro de la familia im-
perial la succediese en el trono,


En cuanto á los medios con que contaba Espa-
ña para sostener una guerra con la Francia, Ur..
quijo observó que la nación española habia desgra-
ciadamente dejado de ecsistir desde Carlos V, por-
que carecia de un cuerpo representativo para discu-
tir y coordinar los intereses comunes. Debia consi-
derarse la península como un edificio gótico forma,
do de partes incoherentes J heterojéneas, tales por
ejemplo, como Jos derechos, Jos privilejios , las
leyes y las costumbres de diversas provincias, No
tenia espíritu público j y el gobierno no contaba
con bastante solidez, ni fuerza. La ajitacion y el le.
vantamiento del pueblo debian ser de corta dura-
cion ; y los desórdenes de las provincias produci-
rian los mas funestos resultados en las colonias es-
paüolas, porque el gabinete de Saint-Jarnes se apro.
vecharía de las desgracias de España para separar
de la metrópoli sus posesiones de Ultramar. En fin
Urquijo concluyó proponiendo se le enviase de ern-
ha [ador á Napalean pa~a procurar poner fin con la
menor desventaja posible á las negociaciones, en-
yo principio habia sido tan mal dirijido. Insistió
principalmente en la necesidad en que se hallaba
el monarca de escaparse de Vitoria, aunque fue-
se disfrazado -' y se obligaba á proporcionar los
medios de ejecularlo. Estaba, decia , persuadido
que si Napoleon veia á Fernando en libertad, se
encontrarla precisado á mudar de política y á con-




62
sentir-en medidas ausiliadoras y definitivas.


Sus esfuerzos fueron infructuosos porque los
cortesanos que cercaban á Fernando no quisieron
escuchar sus consejos tao esactos como prudentes.
Solo aguardaban para continuar el viaje la respu"s-
ta de Napoleoll á la carta de que habia sido porta-
dor el general Savary. El artificioso diplomático
no la hizo esperar largo tiempo, y puso en manos
de Fernando la siguiente carta que debe colocarse
entre los documentos mas importantes de la histo-
ria moderna; por esta razon la copiamos á la letra.


«Hermano mio. he reciLido la carta de V. A. R.:
ya se habrá convencido V. A. por los papeles que
habrá visto del rey su padre, del interés que
siempre le he manifestado: V. A. me permitirá
que en las circunstancias actuales le hable con fran-
queza y lealtad. Yo esperaba, en lIegalAdo á Ma-
drid , inclinar á mi augusto amigo á que hiciese en
sus dominios algunas reformas necesarias, y que
diese alguna satisfacciou á la opinion pública, La
separacion del prínci pe dc la 11~IZ me purecia una
cosa precisa para su felicidad y la de sus vasallos.
Los sucesos del Norte han retardado mi viaje: las
ocurrencias de Aranjuez hall sobrevenido. No me
constituyo juez de lo que ha sucedido, ni de la
conducta del príncipe de la Paz; pero lo que sé
muy bien es que es lIIuy peligroso para los reyes
acostumbrar sus pueblos á derramar la sangre ha-
ciéndose justicia por sí mismos, Huego á DJOs que
V. A. no lo esperimente un dia, No seria coníor-




63
me al interés de la España que se persiguiese á un
príncipe que se ha casado con una princesa de la
familia real, y que tanto tiempo ha gobernrdo el
reino. Ya no tiene mas amigos: V. A. no los ten-
drá tampoco si algun dia llega á ser desgraciado.
Los pueblos se vengan gust0.50S de Jos respetos que
nos tributan. Ademas, ¿cómo se podria formar
causa al príncipe de la Paz sin hacerla tam bien al
rey y á la reina vuestros padres? Esta causa lomen-
taria el odio y Ias pasiones sediciosas; el resultado
seria funesto para vuestra corona. V. A. R. no tie-
ne á ella otros derechos sino los que su madre le
ha transmitido: si la causa mancha su honor, V. A.
destruye sus derechos. No preste V. A. oídos ~
consejos débiles y pérfidos. No tiene V. A. derecho
p:Jra juzgar al príncipe de la Paz; sus delitos, si
se le imputan, desaparecen en los derechos del tro-
no. Muchas veces he manifestado mi deseo de que
se sepal'ase de los negocios al príncipe de la Paz:
silla he hecho mas inst ancias ha sido por un efecto
de mi amistad por. el rey Carlos , apartando la vis-
ta de las flaquezas de su afecciono ¡Oh miserable hu-
manidad! Det.-ilidad y error, tal es nuestra divisa.
Mas todo esto se puede conciliar : que el príncipe
de la Paz sea desterrado de España , y yo le ofrez
co un asilo en Francia.


En cuanto á la abdicación de Carlos IV, ella
ha tenido efecto en el momento en que mis ejérci-
tos ocupaban á Espaüa , y á los ojos de la Europa
y de la posteridad podría parecer que yo he envía-




64
do todas esas tropas Con el solo objeto de derribar
del trono á mi aliado y mi amigo. Como soberano
vecino debo enterarme de lo ocurrido antes de
reconocer esta abdicacion. Lo dIgo á V. A. R. , á
los espaüoles , al universo entero; si la abdicacion
del rey Cárlos es espontánea, y no ha sido forzado
áella por la insurrección y motin sucedido en Aran-
juez, yo no tengo dificultad en adrnitirla , y en re-
conocer á V. A. H. como rey de Espufl3. Deseo
pues conferenciar con V. A. R. sobre este partí..
cular,


La circunspeccion que de un mes á esta parte
he guardado en este asunto, debe Convencer á V. A.
del apoyo que hallará en mí, si jamás sucediese
que facciones de cualquiera especie viniesen á in-
quietarle en su trono. Cuando el rey Cárlos me
participó los sucesos del mes de octubre prócsimo
pasado, me causaron el maJor sentimiento, y me
lisonjeo de haber contribuido por mis instancias
al buen écsito del asunto del Escorial. V. A. no
está esento' de faltas: basta para prueba la carta que
me escribió, y que siempre he querido olvidar.
Siendo rey sabrá cuán sagrados son los derechos
del trono: cualquier paso de un príncipe heredita-
rio cerca de un soberano estranjero es criminal.
El matrimonio de una princesa francesa con V.
A. R. le juzgo conforme á los intereses de mis
pueblos, y sobre todo como una circunstancia que
me uniria con nuevos vínculos á una casa, tÍ quien
no tengo sino motivos de alabar desde que subí al




65
trono. V. A. R. debe recelarse de las' consecuen-
cias de las emociones populares: se .podrá cerne-
ter algun asesinato sobre mis soldados esparcirles¡
pero no conducirán sino á la ruina de España. He
visto con sentimiento que se han hecho circular
en Madrid unas cartas del capitán general de Ca..
taluña , y que se ha procurado ecsasperar los áni..
rnos. V. A. R. conoce todo lo interior de mi Cl?.,
razón : observará que me hallo cónlpatido' .porva-
rias ideas que necesitan fiiár5~; pero puedej'eslíH'
seguro de que en todo caso me. conduciré con SJJ
persona del mismo modo que lo he hecho .con¡el
rey su padre. Esté V. A. persuadido de mi.deseo
de conciliado todo; y de encontrar ocasiones de
darle pruebas de mi afecto y perfecta estirnaeion,
Con lo que ruego á Dios 08 tenga, hermano- mio,
en SI1 santa y digna guarda. En Bayona 16 de abrid:
de 1808.=Napoleon." ~;#,


Si la mas estraña ilusión no hubiese cegado IÍ,-
Fernando y á sus cousejeros , lo anterior carta de-
bió bastar para desengailar)o" y demostrarles el er-
rol' en que se habian precipitado. Considerando el
caracter de Napoleon , recordando que sus tropas
ocupaban la mayor parte de EsplliJa, y que su iete..
rés estribaba en derrocar de los tronos de Eürop~
á cuantos príncipes llevaban el nombre de Borbon,
era fácil conocer que la carta equivalia á un mani-
fiesto contra Fernando. Las Judas y las oscilaciones
que en ella manifestaba eran evidentemente los pre..
cursores del golpe decisivo que queria descargar


TOM. 1 $




66
sétlrela casa reinante, patoa el engrandecimiento de
tfll¡\familia que habia dado ya tan ajigantados pasos
:hácia elpoder-ilustrado. Fernando sin embargo in-
sis~ió"e.n'su aé'Mrdo) 'i lé jos de preveerTas lunes-
ffi{'e'Onsecuenclas de su error escribió á su tia y á
la junta partieipándoles que estaba muy satisfecho
de 'la conduela del Emperador por lo tocante á su
persélna.;; ., .i"; ¡ • .
. .:Tar~hi'énesbribi'Ó'¿~sdBVitoriaá Napoleon anun-
ciáindole que 'IYdbia recibi.lo -Ia carta que S. M. I.
Sf;lha'bia.dignadoenviarle por conducto de Savary,jo espres'ando la confianzaque le inspiraba y el de-
~eó que tenia de convencer al Emperador de que
la: abdicación del rey su padre había sido entera..
niente voluntaria .. y que por lo mismo habia re-
suelto seguír el comenzado camino hasta Bayona.
Añ~diaque estaba á punto de salir de la ciudad pa oe


.rjl llegar dentro de tres dias á Marac donde resi..
Aia' entonces S. M. I.
-~.: Los habitantes de Vitoria veian acercarse la
partida con general disgusto, y cm picaban todos los
Ínedios posibles para estorbada. Llevados de su en-
tusiasmo llegaron á cortar los tirantes de las mulas
preparadas para el coche de Fernando: muchos
vecinos, los mas respetables y íos mas influyentes


. de la- provincia ofrecieron á todo trance y en va-
rios ·proyectos sus servicios para proporcionar la
fuga' del rey, no obstante la estrerna vijrlancia de
las tropas francesas y los movimientos sospechosos
que habían verificado los tres dias anteriores. Fer..




67
nando desde el coche arengó al pueblo en la plaza
de Vitoria, asegurándole que por su propio im pulso
iba á ver á su amigo el Emperador de los franceses,
porque tenia razones muy poderosas para fiarse
de I'U sinceridad y de su proteccion, y que no tar-
daria en regresar á Vitoria despues de haber ter-
minado completamente, y de una manera sutisfac-
toria los negocios pertenecientes á su reino. En se-
guida salió de Vitoria (1) con toda su servidumbre
y tomó el camino de Francia.


El mismo dia llegó :í Irun y se alojó á alguna
distancia del pueblo en una casa que pertenecía á
Uno de lO!1 hombres mas distinguidos de la provine
cia. Aun allí se renovaron los ruegos para disuadir-
le de su entrada enFrancia, y proporcionarle re-
petidos proyectos para fugarse con la mas perfec-
ta seguridad. El dueño de la casa cfreció poner en
pocas horas á Fernando á bordo de Un barco en la
bahía de san Sebastian , y muchas personas del ve-
cindario, que rnantenian relaciones en Bayona, au ..
mentaron los temores que generalmente se habjan
concebido, Con numerosos detalles [nas ó menos
alarmantes, sobre los preparativos militares que se
observaban en la frontera y en toda Francia, so-
bre las intenciones de Napoleon y sobre los rumo-
res á que daban rnarjen semejantes circunstancias.
Añadieron aun otras consideraciones propias para


(1) 19 de abril.




68
justificar las medidas que adoptase Fernando por
mas violentas que fuesen para sustraerse de una ca.
tástrofe de que se hallaba advertido por hechos tan
numerosos y tan convincentes. Mas Fernando per-
manecia inecsorable en su resolución , y para que
Napoleon no pudiese sospechar que se habia aleja-
do, escribióle el 19 desde Irun , previniéndole que
saldría de allí á las ocho horas de la siguiente rua-
ñana para trasladarse á Marae, residencia del Em-
perador frances , con el objeto de tener la satisfac-
cion de conocer á S. M. I., si se dignaba conce-
derle su permiso.


Fernando , acompañado de una comitiva poco
numerosa, entró el 20 en Bayona, siendo luego
visitado por Napo1eon. Esta entrevista que duró
breves minutos, se gastó enteramente en cumpli-
mientos sin pronunciar una sola palabra que tuvie-
se analojia Con los asuntos políticos. Cuando el Em-
perador se hubo retirado, llegó el [eneral Duroc, y
en nombre de su amo convidó á Fernando á comer
en Marac. No hubo en la comida cosa alguna notable
sino su corta duracion ; y habiendo partido Fer-
nando al alojamiento que se le habia preparado,
presentóse algunos instantes des pues el [eneral Sa-
vary, anunciando en nombre del Emperador que
la dinastía de los Barbones habia cesado de reinar
en España; que dehia ser reemplazada por la fa-
milia de Napoleon Bonaparte ,y que en consecuen-
cia Fernando habia de renunciar por sí y pOI' to-
dos los príncipes de su familia á la corona de Es-




69
paña en favor ele S. M. l., al tenor de las condi-
ciones de un tratado que dehia celebrarse para es-
tipular las compensaciones y demas arreglos que
eran necesarios en una medida de tanta impor-
tancia.


Fernando perma neció por espacio de algunos
minutos sin fuerza para responder: tanta fue la
sorpresa que le causó comunicacion tan inespera-
da. Cuando consiguió recobrar su ánimo ,respon-
dió gruvemel1te y con dignidad que veia á las
claras la situación en que se encontraba :¡ la vio-
lencia empleada con su persona; y que apesar del
respeto que le inspiraban los deseos del Empera-
dor, y cualquiera que fuese su resolucion por lo
tocante á sus derechos personales, no podía dispo-
ner de los de los otros príncipes de su familia, y
que por lo mismo le era imposible aceptar seme-
jante proposicion.


Napoleon , que todavía no estaba en el caso de
descargar el golpe decisivo, recurrió á la seduc-
cion y' á las negociaciones. Despuee de haber pro-
digado las mas hrillantes promeslls á todos los es-
pañoles de distincion que residían actualmente en
Bayona, ordenó á Champagny , su ministro de
negocios estranjeros , que entablase conferencias
sobre el asunto con don Pedro CebaHos (t), mi.


(1) Don Pedro Caballos nació en Santander en
1764, Y se consawó desde muy temprano á la car-,
rera diplomática; Godoy. para atraerlo á sus miras,




70
nistro de estado español. No contento con esto..
asistió en persona á la conferencia; y viendo que
Cebollas insistia con Ilrrneza en la negativa, ale·
gando. por razón no solo su afecto á la familia ac-
tualmente reinante, sino también su amor á la
pátria , Napoleón le dijo qu~ debía sacrificar al úl-
timo de estos sentimientos el primero, que solo
dependía de un afecto personal. Aseguró que sus
intenciones eran hacer la felicidad de España,


lo casé con una prima suya. Ejerció el cargo de mi.
nist ro de Estado; mas el pr íucipe de la Paz le ocul-
tó cuidadosameute sus negociaciones secretas con N3"
poleon. Cuando Savar,r llegó á Madrid para perslJa-
dir á Fernando su viaje á naJQna~, Ceballos se opu~
so con enel'jía: y durante las conferencias en aque-
Ila ciudad desplegó una fuerza de car:íeter y un ta~
lento que le hicieron notable á 105 ojos mismos de
Napoleon. Para libr-arse de la especie ele cautiverio
en que se veja envuelto, hizo parte del ministerio
formado por el rey José; pero á Sil llegada á Ma-
drid rompió el eli&imulo,. se lIeparó de los negocios
y se retiró á su provincia, dando á luz e.1J' 1808
uua memoria titulada: "Man16esto de los medios em-,
pleados. por el Emperador Napoleon para usurpar la
corona de España." Napoleon se irritó basta tal pun_
to que le mandó declarar traidor á ambas coronas.
Durante la guerra de la Península llenó con buen
écsito distintas comisiones diplomáticas. Fernando en
tiempo de la restauracion le volvió á su servicio, y
en seguida le desterró á Santander, y por fin le con-
fió la Embajada de Viena en 1817.





71
dándole instituciones semejantes á las de los de,·
mas paises ilustrados, y arrancando el jérmen de
los males que la consumían; que todos los horn-
hres sabios y despreocupados habian de aplaudir tal
medida, y que Cehallos debia por lo mismo ausi-
liar con toda su influencia el pacífico cumplimien-
t.o de tan estraordinario cambio político, á fin de
que ningun obstáculo se opusiese al venturoso des-
tino que aguardaba á una nación tan digna de ocu-
par un rango importante en la jerarquía europea.


Escoiquiz , que habia conocido aunque tarde
lo aéreo de sus esperanzas, intentó reparar los de-
sastres que su terquedad habia causado. Consiguió
una entrevista con Champagny, y procuró probar-
le que el Em perador eclipsaria su gloria destronando
á un príncipe que con tan ciega confianza habia ve-
nido á arrojarse. en sus brazos. Continuó diciendo
que entraba en los intereses de la Francia que Fer-
nando reinase en España; que el resultado necesa-
rio seria una estrecha alianza entre ambas córtes;
y que este sería un golpe mortal para la política
de Inglaterra. Apoyó sus argumentos en los peli-
gros q~e correrianlas tropas francesas en España,
si la nacion justamente irritada ee levantaba en fin
para vengar á su monarca, y para sacudir un yu·
go estranjero que intentaban imponerle por la
fuerza de las armas y violando todas las leyes res-
petadas por el [énero humano.


La única respuesta que dió Champagny al ve-~01c~iscurso del canónigo de Toledo, fue .co-
#' .




72
municarle una nueva proposieíon que estaba auto..
rizado para presentarle de parte de S. M I. He-
ducíase esta en sustancia, á dar á Fernando el tro-
no de Etruna , cuya sucesión se arreglaría por la
ley sálica. Garantizaba la integridad del territorio


. español bajo el gobierno de Napoleón , y concedía
6 Fernando en matrimonio una princesa de la fa-
milia imperial. Sino aceptaba las proposiciones
enunciadas, quedaba Fernando condenado á no
tecibir indemnidad alguna por el trono de Espa..
jía , perdido irrevocablemente para los Borbones,


Quedó Escoiquia IDllY satisfecho del lluevo ji..
ro que se daba á la negoeiacionq mas no pensa.
ron del mismo modo los demás consejeros de Fer-
nando. Y como Champagny ecsijia una pronta
respuesta de Fernando, autorizó á don Pedro La-


. hrador para que tratase tan delieado negooio con
el ministro. Labrador recibió por escrito las ins-
trucciones á que debia arreglar Su conducta: en
primer lugar habia de pregllntar si el rey era libre
de vol ver á sus estados; y si la respuesta fuese ne-
gativa, debia declarar nulo y sin efecto cuanto SQ-
cediese en Bayona. Estaba autorizado para decla-
rar que el rey habia resuelto no acceder á los de-
seos del Emperador, y que los españoles no po·
dian ser obligados por potencia alguna estranjera
á reconocer otra dinastía , ni privados del derecho
qQe les asistía de elejir monarca en QOa nueea fa-
rnilia en el caso de estinguirse la rama reinante,
Por fin, las iastruooiones determinaban q.ue el rey




73
no podia aceptar la corona de Etruria porque per-
tenecia de derecho á otro príncipe, y que si el
Emperador babia recurrido á medios violentos, el
rey confiaba en la divina providencia.


Entonces Champagny presentó al emperador
una relacion circunstanciada de los asuntos de Es-
paña. Principiaba afirmando que este pais se veia
amenazado por la mas horrorosa anarquía, á cau-
sa de las maniobras del gobierno ingles: observaba
que pertenecia al Emperador el salvar la España del
largo catálogo de males qUe iban á caer sobre el pais,
sentando en el trono á un príncipe de su familia.
De todos los estados de Europa ninguno estaba tan
íntimamente unido Con la Francia como la Penín-
sula: odios sangrientos habian reinado entre ambas
naciones, hasta tanto que Luis XIV reunió entram-
bos tronos con los lazos de la sangre. La revolú-
cion francesa habia roto tales nudos, y desde este
suceso el gabinete hispano habia obrado con su-
ma perfidia uniéndose en secreto con la Inglater-
ra, apesar de sus amigables relaciones con la Fran-
cia, al menos en la apariencia. El momento ha-
bia llegado de dar á esta potencia límites fijos y
seguros á la otra parte de los Pirineos. El minis-
tro descendía despues á describir circunstanciada-
mente el estado interior de. Esparla, ecsaminando
los males que la aflji,\ll , la decadencia de su ma-
rina , el desórden de su hacienda y la enormidad
de la deuda pública, y sostenia que no era posi-
ble remediar tan numerosos y tan complicados




74
males sino adoptando medidas violentas y vigoro-
sas, Recordaba al Emperador, que su objeto prin-
cipal era la guerra con la Inglaterra, porque este
gabinete se negaba á toda especie de vias conci-
liadoras , y porque continuarla obrando del mis-
mo modo mientras pudiese sostener la guerra. Es-
paña, proseguía, cuenta con muchos recursos ma-
rítimos que en este momento están perdidos para
los franceses, y es necesario restablecerlos con la
ayuda de un buen gobierno, acrecentarlos con
una organizacion juiciosa y dirijirlos contra el ene-
migo cornun. Los mismos intereses reunirán las
dos Iarnilias reinantes en Francia y en España, y
de otro modo la que empuñase el cetro en la Pe-
nínsula seria siempre la enemiga secreta del go-
hierno de las Tullerias. Si la política ecsije una
medida grande y decisiva, la justicia autoriza al
propio tiempo esa misma medida. El comercio
frances ha esperirnentado toda clase de vejaciones
por parte de las aduanas españolas (1), y las cir-
cunstancias en que se encuentra el Emperador no
le permiten guardar neutralidad en los negocios
del pais. El rey de España ha sido derribado de
su trono, y al Emperador pertenece decidir entre
el padre y el hijo. No es posible dejar á Fernan-


(1)' !\fr. Chsmpagny se queja de la conducta de
algunos ·a¡)uanéros españoles. ¡Frívolo pretesto para
una guerra tan larga y tan desastrosa!




75
do sentado en e\'so\io \)ispano siri el!:poner\e a\ mis-
mo tiempo al pesado yugo de la Gran Brelaila , y
tampoco se conseguirá poner otra vez la corona
en las sienes de Carlos IV sin inundar de copio-
sa sangre el desventurado reino. Finalmente, des-
pues de otras muchas observaciones con~ue ci-
mentó las anunciadas opiniones, concluyó el mi-
nistro , advirtiendo al Emperador que velase so-
hre la seg uridad de sus Estajlos , y sustra jese la
.Península de la influencia de los ingleses.


Cha:npagny en sus conferencias con Labrador
no faltó nunca á los principios contenidos en su
memoria anterior, y como el plenipotenciario es-
pañol no salia de la letra en sus instrucciones, las
negociaciones fueron infructuosas, y no tardó en ve-
rificarse su rompimiento,


Los consejeros de Fernando preveyeron que .
era necesario salir prontamente de tan funesta cri-
sis; y Napoleon por el contrario, como igualrnen-
te sus ministros, procedían Con una lentitud calcula-
da adivinando en cuanto era \)osÚ)'e la marcha de
los acontecimientos. Aguaruábase la negada del rey
y de la reina, de quienes necesitaba Napoleon para
ejecutar sus proyectos, y de aquí dimanaba la cau-
sa de la variedad de su conducta. Fernando c1e#~~-'­
temerlo todo de las disposiciones que c9rii~a .~ -:.' ..
persona habian manifestado, y esto le da~~w~dQ-·~.~
hle píe para salir de tanta illcertjdumbreh~~l~'~s- . :'i
te con~epto Ce~~Jlos escribió á Cha~l.pa.g~,el 28. '.~ ~,~~
de abril, anunei.indola que el rey habla resue~ ..... '. .>;




76
gresar á España á fin de calmar los temores de sus
súbditos: y rogó al ministro frances que participa-
se su resolueion al Emperador, añadiendo que el
rey de vuelta á sus Estados no cesaria de ocuparse
de las proposiciones que se le habian hecho sobre
los puntos en cuestiono


El Emperador no dió respuesta alguna, y los
ministros de Fernando conocieron abiertamente
que Napoleon había tomado su acuerdo, y que nin-
guna atencion prestaría á las promesas que habían
arrastrado al monarca á emprender el funesto via..
je. Desde aquel punto el alojamiento de Fernando
se convirtió en un teatro de turbacion y de tribu-
laciones; continuamente se veian entrar y salir en
la casa españoles de alta dignidad, que se interesa-
han en la causa de su rey, y que deseaban vivamen-
te poder libertar su persona del no dudoso cauti-
verio en que comenzaba á jemir por la impericia
de sus cortesanos. Unos referían noticias mas ó me·
nos alarmantes; otros proponian planes, en los que
no siempre consultaban la prudencia; y muchos
espías, que pasaban por personas seguras y adictas
á la causa de España, rodeaban sin cesar al rey y
á sus consejeros. Una guardia importante se habia
colocado inmediata á su alojamiento. El rey ma-
nifestó en estas circunstancias un carácter firme y
determinado, quo. todavía se aumentó con las noti-
cias 'CIue recibió de la Península de que la nación
corneosabs á cansarse de los franceses ,y á mani


..,iestar el odio que les profesaba. Para aprovechar




77
tan dichosa coyuntura quiso enviar á Madrid dos
correos con despachos para el infante D. Antonio
y para la junta; mas las autoridades de Bayona se
opusieron á su salida (Apéndice número 8). Ceba-
Has pidió esplicaciones-sobre tan estraña conducta;
y le respondieron que el Emperador no reconocia
mas rey de España que Cárlos IV; y así que Ceba-
llos como ministro de Fernando no debía autori-
zar pasaportes en su nombre, y que en cuanto á las
cartas de que debían ser portadores los correos es-
traordinarios, se habian confiado á la direccion ge 4
neral de correos para que llegasen con seguridad á
8U destino.


Pasáronse algunos días en tanto que acontecian
Jos sucesos referidos; y el rey CárJos y la reina lle-
garon á Bayuna el 30 de abril. Habíales precedido
un breve espacio de tiempo el príncipe de la Paz,
escoltado por tropas francesas, y casi restablecido
de las heridas que había recibido en Aranjuez. Cár..
Jos IV y María Luisa habian escrito desde Aranda
á Napoleon en los términos de la mas Íntima y con-
fiada amistad. Al instante que hubieron fijado la
planta en Bayona aseguráronJe boca á boca los sen-
timientos q,ue los animaban, y concertaron con el
Emperador de Jos franceses el plan de conducta
que habían de observar todos con Fernando. En
su consecuencia en la primer entrevista que tuvo
con su híjo, Cárlos le mandó en un tono decidí-
do y perentorio que renunciase en su favor todos
los derechos que creyese tener á la diadema espa-




78
ñola en virtud de las actas de 19 de marzo. Fer-
nando respondió respetuosamente que le era impo-
sible en aquel momento tomar Un acuerdo difiniti-
vo ; pero que se aconsejaria de las personas qu~ le
habían dado pruebas de afecto, y se apresuraria á
dar la respuesta por escrito.


En efecto, Fernando al día siguiente envió á su
padre una carta,en la que despues de algunas oh-
servaciones generales para justificar su proceder) le
decía que estaba dispuesto á cederle la corona con
las condiciones síguientes: Que Cárlos IV regresa-
ria á Madrid, donde Fernando le acompañarla con
el mas profundo respeto: Que serian convocadas
las cortes en aquel punto, Ó en su lugar los tribuna.
Ies y los diputados del reino : Que la renuncia de
Fernando al trono se comunicaria oficialmente á
Ia asamblea: Que Carlos IV no volvería á Espa-
fía acompañado de las personas que se habian atrai-
do el odio de la nacion : Que en el caso que S M.
rehusase regresar á la Península Fernando goberna-
ria el pais en nombre suyo: y que si tales condi-
ciones quedaban aceptadas, Fernando se mostraria
á los españoles diciéndoles que prefería su tran-
quilidad y Jos intereses de sus súbditos á la gloria
de gobernarlos.


Cárlos IV y María Luisa comunicaron al pun-
to estas cartas al Em perador, rogándole por su par-
te que se dignase dictar la respuesta que debían
dar á su hijo. No aguardó Napoleon que se lo pi-
diesen segunda vez; y determinado á descargar el




79
último gol pe contra la dinastía de los Borbones
que reinaba á la otra parte de los Pirineos, y te-
niendo á su disposicion cuanto necesitaba para eje-
cutar proyecto tan importante, creyó que no de-
hia disimular por mas tiempo. Por otra parle po-
seia la certidumbre de que el rey y la reina no
opondrian obstáculo alguno al destronamiento de
su familia del solio hispano; y sabia que Maria Lui-
sa no alimentaba deseos de volver á ver un pais en
el que su favorito era el objeto del odio [eneral,
Cárlos IV , abrumado por los años, los padeci-
mientos físicos y las turbulencias de su reinado,
no debia mirar como un gran sacrificio el.abundo-
no de un cetro que hahia llenado su vida entera
de amargura. Arnás , la antigua córte y cuantos
habían permanecido adictos á Cárlos IV y á su es-
posa, verian con placer el trono ocupado por un
príncipe estranjero , como medio el mas seguro de
alejar para siem pre á Fernando, objeto de su ines-
tinguible odio.


El Emperador envió al rey y á la reina la mi-
nuta de la respuesta á la carta de su hijo. Cárlos
IV la mandó traducir en el acto, y habiéndola {ir.
mado , la remitió á Fernando. Su contenido era
el siguiente (1).


(1) Esta carta, escrita por Napoleon para servir
á sus miras, se encuentra en el lIfonilor y en todas
las colecciones de piezas oficiales de aquella época.




80
»Hi]o mio: los consejos pérfidos de Jos hom..


hres qne os rodean han conducido la España á una
situaciou crítica: solo el Emperador puede sal..
varia,"


»Desde la paz de Basilea, he conocido que el
primer interés de mis pueblos era inseparable de
la conservacion de buena inteli [encía con la Fran-
cia. Ningun sacrificio be omitido para obtener es-
ta importante mira; aun cuando la Francia se
hallaba dirijida por gobiernos efímeros, ahogué
mis inclinaciones particulares para no escuchar si-
no la política, y el bien de mis vasallos."


»Cuando el Emperador hubo restablecido el
órden en Francia, se disiparon grandes sobresal-
tos, y tuve nuevos motivos para mantenerme fiel
á mi sistema de alianza. Cuando la Inglaterra de-
claró la guerra á la Francia, logré felizmente ser
neutro, y conservar á mis pueblos los beneficios
de la paz. Se apoderó después de cuatro fragatas
mias J y me hizo la guerra aun antes de habérse-
la declararlo; y entonces me vi precisado á opo·
ner la fuerza á la fuerza, y las calamidades de la
guerra asaltaron á mis vasallos."


»La España, rodeada de costas , y que debe
una gran parle de su prosperidad á sus posesiones


Advertencia d la nota. El autor se equivoca atri-
buyendo á Napoleon la carta. Por no alterar el tes-
to 6lrijillal, y á ley de trad uctores , dejamos pasar
esta y otras opiuioues de qlle no participamos.




81
ultramarinas, sufrió con la guertli mas que cual-
quiera otro estado: la interr upcion del comercio,
y todos los estragos que acarrea, aílijieron á mis
vasallos, y cierto número de ellos cometió la in.
[usticia de atribuirlos á mis ministros."


»Tuve al mena'! la felicidad de verme tran-
quilo por tierra, y libre de inquietud en cuanto á
la integridad de mis provincias, siendo el único
de los reyes de Europa que se sostenía en medio
de las borrascas de estos últimos tiempos. Aun go-
zaria de esta tranquilidad sin los consejos que os
han desviado del camino recto. 08/ habeis dejado
seducir con demasiada facilidad por el odio que
vuestra primera mujer tenia á la Francia, y ha-
heis participado irrcflecsivarnente de sus injustos
resentimientos contra mis ministros, contra vues-
tra madre y contra mi mismo."


»Me creí obligado á recordar mis derechos de
padre y de rey: os hice arrestar, hallé en vuestros
papeles la prueba de vuestro delito: pero al aca..
bar mi carrera, reducido al dolor de ver perecer
á mi hijo en un cadalso, me dejé llevar de mi
sensibilidad, al ver las lágrimas de vuestra madre.
No obstante, mis vasallos estaban ajitados por las
prevenciones engañosas de la faccion , de que os
habeis declarado caudillo. Desde este instante per-
dí la tranquilidad de mi vida J Y. me vi precisado
á unir las penas que me causaban Jos majes de
mis vasallos, á los pesares que debí á las disen-
siones de mi misma familia."


TOM. l. 6




82
»Se calumniaban mis ministros cerca del Em-


perador de los franceses, el cual, creyendo que
los españoles se separaban de su alianza, y viendo
los espíritus ajitados (aun en el seno de mi fill11i.
lia), cubrió ha jo varios pretestos mis estados con
sus tropas. En cuanto estas ocuparon la ribera de.
recha del Ebro, y que mostraban tener por objeto
mantener la comunicacion con Portugal, tuve la
esperanza de que no abandonaría los sentimientos
de aprecio y de amistad que siempre me habia dis-
pensado; pero al ver que sus tropas se encamina-
ban hacia mi capital, conocí la urjencia de reunir
mi ejército cerca de mi persona, para presen-
tarrne á mi augusto aliado corno conviene al rey
de las Españss. Hubiera yo aclarado sus dudas, y
arreglado mis intereses: di órden á mis tropas de
salir de Portugal y de Mad"iu , y las reuni sobre
varios puntos de mi Monarquía, no para abando-
nar á mis vasallos, sino para sostener dignamente
la gloria del trono. Adema'>, mi larga esperiencia
me daba á conocer que el Emperador de los fran-
ceses podía muy bien tener algun deseo conforme
á sus intereses, y á la política del vasto sistema
del continente, pero que estuviese en contradic-
cion con los intereses de mi casa. ¿Cual ha sido
en estas circunstancias vuestra conducta? El haber
introducido el desórden en mi palacio, y amoti-
nado el cuerpo de guardiar. de corps contra mi
persona. Vuestro padre ha sido vuestro prisioue-
ro: mi primer ministro, que habia JO criado y




83
adoptado en mi farnilia , cubierto de sangre, fue
conducido de un calabozo á afro. Habeis desdo-
rado mis canas, y las ha beis despojado de una co-
rona poseida C\H1 gloria pcr mis padres, y que ha-
bia conservado sin mancha. Os hubeis sentado so-
bre mi trono, y os pusisteis á la disposicion del
pueblo de Madrid y de tropus cstranjeras que en
aquel momento entraban."


»Ya la conspiracion del Escorial habia obteni-
do sus miras: los actos de mi administracion eran
el objeto del desprecio público. Anciano y agovia-
do de enfermedades, no he pedido sobrellevar es-
ta nueva desgracia. He recurrido al Emperador de
los franceses, no como un re)' al frente de sus
tropas, y en medio de la pom pa del trono, sino
como un rey infeliz y abandonado. He hallado
proteccion y refujio en sus reales: le debo la vi.
da; la de la reina, y la de mi primer ministro,
'He venido en fin hasta Bayona , y habeis conduci-
do este negocio de manera que todo depende de
la mediacion de este gnm príncipe.'


»El pensar en recurrir á ajitaciones populares,
es arruinar la España y conducir á las catástrofes
mas horrorosas á. vos, á mi reino, á mis vasallos
y mi familia. Mi corazon se ha manifestado abier-
tamente al Emperador: conoce todos los ultrajes
que he recibido, y las violencias que se me han
hecho, me ha declarado que no os, reconocerá [a-
mas por rey -' y que el enemigo de su padre no po-
drá inspirar confianza á los estraños. Me ha mos-




84
trado además cartas de vuestra mano, que hacen
ver claramente vuestro odio á ,la Francia,"


»En esta situacion , mis derechos son claros,
.y mucho mas mis deberes. N o derramar la san-
gre de mis vasallos ~ no hacer nada al fin de mi
carrera que pueda acarrear asolamiento é incendio
á la España, reduciéndola á la mas horrible mi-
seria. Ciertamente que si fiel á vuestras primeras
obligaciones y á los sentimientos de la naturaleza,
hubierais desechado los consejos pérfidos, y que
constantemente sentado á mi lado para mi defensa,
hubierais.esperado el curso regular de la natura-
leza, que deLia señalar vuestro puesto dentro de
pocos años , hubiera yo podido conciliar la políti-
ca y el interés de España con el de todos. Sin du-
da hace seis meses que las circunstancias han sido
críticas; pero por mas que lo hayan sido, aun hu-
biera obtenido de las disposiciones de mis vasa-.
Ilos , de los débiles medios que aun tenia, y de la
fuerza moral que hubiera adquirido presentándo-
me dignamente al encuentro de mi aliado, á quien
nunca diera motivo alguno de queja , un arreglo
que hubiera conciliado los intereses de mis vasa-
llos Con los de mi familia. Empero arrancándome
la corona, habeis desecho la vuestra, quitándola
cuanto tenia de augusta y la hacia sagrada á todo
el mundo."


»Vuestra conducta conmigo, vuestras cartas
interceptadas ~ han puesto una barrera de bronce
entre vos y el trono de España; y no es de vues-




85
tro interés ni el de la pátria el que pretendáis rei-
nar. Guardaos de encender un fuego que causaria
inevitablemente vuestra ruina completa, y la des-
gracia de España."


nYo soy rey por el derecho de mis padres: mi
abdicacion es el resultado de la fuerza y de la vio-
lencia, no tengo pues nada que recibir de vos,
ni menos puedo consentir ninguna reunion en jun-
ta: nueva y necia sujestion de tos hombres sin
esperiencia que os acompañan;'


»He reinado para la felicidad de mis vasallos,
y no quiero dejarles la guerra civil, los motines,
las juntas populares y la revoluciono Todo debe
hacerse para el pueblo, y nada por él: 01 vidar es-
ta mécsirna es hacerse cómplice de todos los deli-
tos que le son consiguientes. Me he sacrificado to-
da mi vida por mis pueblos; y en la edad á que
he llegado no haré nada que esté en oposición con
su relijion , su tranquilidad y su dicha. He reinado
para' ellos; olvidaré todos mis sacrificios: y cuan-
do en fin esté seguro que la relijion de España, la
integridad de sus provincias, su independencia y
sus privilejios serán conservados, ha jaré al sepul-
ero, perdonándoos la amargura de mis últimos
años."


»Dado en Bayona , en el palacio imperial lla-
mado del gobierno á 2 de mayo de 18Ü8.-Cárlos."


Esta carla sembró la consternacion entre los
amigos de Fernando J y al punto que conocie-
ron el verdadero oríjen de donde habia dimana..




86
do, perdieron enteramente las esperanzas que has-
la entonces habian alimentado. No obstante, Es-
coiquiz redactó una larga respuesta que firmó Fer-
nando: diri [íase á refutar uua por una las acusa-
ciones contenidas contra el príncipe heredero, y
á renovar la proposición de abJicar en favor de su
padre, y de administ.rar el reino en su nombre, si
S. M. se negaba á tomar otra vez las riendas del
gobierno. Concluía esta respuesta COIl dos obser-
vaciones muy notables, y espresadas en los tér-
minos mas enérjicos. La primera se referia á la
residencia de Cárloe IV en la Península, y la se-
gunJa al proyecto que evidentemente habian con-
cebido de despojar del trono la familia á que per-
tenecia , para sentar en su silla á un príncipe de
Ia casa de Napoleon. Fernando declaraba que nun-
ca suscribiria á semejante medida sin la ap1'obacion
de todos los que tenia n derechos á la corona, y el
consentimiento solemne de la nacion española,
representada por sus diputados. (Apéndice núme-
ro 9.)


Mientras que las negociaciones seguían su cur-
so en Bayona, sobrevenian en Madrid aconteci-
mientos, cuyas consecuencias no debían ser de
menor importancia. Desde la revolucion de Aran-
juez el pueblo de la capital continuaba tomando
una parte activa en los negocios públicos: las es-
peranzas que hahian inspirado el arresto del prín-
cipe de la Paz, la procsimidad de las tropas fran-
cesas, y la elevación de Fernando al trono) ha.




87
bianse disipado con la proteccion concedida por
los franceses al favorito, con su conducta equívo-
ca, y principalmente con el viaje de Bayona, que
habia orijinado serios y bien fundados temores. La
junta de gobierno vió por otra parte Con indigna-
cion ~ que el duque de Berg quería que recono-
ciese á Cárlos IV por rey ,y (lue sus soldados
se conducian mas bien como enemigos que co-
mo aliados. Conoció por las primeras noticias que
recibió de Bayona, que todo debia temerse dé
parte de un hombre ambicioso, que habia violado
descaradamente las leyes de las naciones y las re-
gIas de la probidad mas cornun. Por lo tanto,
resol vió consul tar á Fernando sobre la conducta
que Jebia observar en tan difíciles circunstancias.
Impulsada por tales miras, envió á Bayona á dos
personas de su entera confianza, el mariscal de
campo don José Zdyas 'i don Evaristo Perez de
Castro, para que recibiesen las órdenes de Fer-
nando sobre tres puntos importantes. La junta pe-
dia: primero, que S. M. la autorizase par,a dele-
gar sus poderes á una ó mas personas sacadas de
su seno, ó de fuera de él: segundo ... que decidie-
se si dehian ó no comenzar las hostilidades contra
la Francia: tercero, y que si quería que se convo-
caren córtes, El rey encargó la respuesta al [ene-
ral Palafox , reducida, áque estando privado de li-
hertad ,y no pudiendo ejercer en persona su po·
del', autorizaba á la junta. de la manera mas so-
lemne , na solo para obrar en cuerpo J sino tam-




88
hien para transferir sus facultades á uno ó mas in-
dividuos que la representasen, á retirarse al pun.
to que creyese conveniente, y en fin á desernpe-
ñar en nombre del monarca todas las funciones
de la soberanía. Deseaba que principiasen las hos-
tilidades tan luego como fuese internado S. 1\1. en
Francia por órden del Emperador, hecho á que
únicamente se sujetaria obligado por la fuerza. En
tal caso, ordenaba que la junta emplease todos
los medios que estuviesen á su disposicion para
impedir la entrada de nuevas tropas en la Penín-
sula. Al propio tiempo, Fernando dió un decreto
dirijido al consejo de Castilla, por el que le auto-
rizaba para convocar las córtes en el sitio que le
pareciese mas á propósito, y recomendaba que
Una vez reunidas, Se ocupasen de las medidas ne-
cesarias para la defensa del reino, despues de lo
cual podrían continuar en sesión para arreglar los
demas negocios que sobreviniesen.


Semejantes prevenciones llegaron demasiado
tarde 'o porque en el entretanto el príncipe Mural,
gran duque de Berg , habia resuelto apoderarse de
la autoridad que hasta entonces había ejercido la
junta, El primero de l'nayo el príncipe Murat es-
cribió al infante D. Antonio, diciéndole que toma-
se las medidas necesarias para que el infante DaR
Francisco y la reina de Etruria partiesen al dia si-
guienteáBayona,á donde los llamaba elEmperador.
Las tropas franeesas hicieron a1 propio tiempo al.
gunos movimientos «¡ue denotaban la resolución de




89
apoyar con la fuerza una medida que estaba en opo-
sicion directa con los sentimientos del pueblo ma-
drileilo. Los habitantes se reunieron al otro dia en
número muy grande en la plaza de palacio para
presenciar la partida de los augustos personajes. La
reina de Etruria subió en el coche y atravesó la in-
mensa muchedumbre sin encontrar obstáculo al-
guno; mas á la vista del infante D. Francisco el
pueblo no pudo contenerse por mas tiempo y co-
rnenzó á dar señales no equivocas de su ajitacion,
Varios hombres atrevidos se acercaron al coche y
cortaron los tirantes de los caballos ; las tropas
francesas que componian la escolta hicieron fuego
al pueblo, y al momento se levantó en masa la vi-
lla de Madrid. Perecieron algunos franceses en las
calles, como igualmente muchos españoles asesi-
nados por 10& invasores, y un número mucho ma-
yor rué fusilado en el Prado, donde los soldados
imperiales conducian á cuantos encontraban dis-
parando sin cesar contra ellos (1).


Tales sucesos precursores de un sistema de vio-


( 1) Las consecuencias del combate que se di6 el2
de mayo en 139 calles de Madrid, han sido en estremo
ecsajeradas. El consejo de Castilla en su proclama no
cuenta por parte de los españoles sino ciento y cua-
tro muertos y cincuenta y cuatro heridos; mientras
que los franceses perdieron mas de quinientos hombres.
Sin duda no fueron estos los l{ue provocaron tan san-
srientas escenas que dieran la señal á la guerra.




90
lencia y de despotismo, esparcieron en un instante
por toda España el horror á Jos franceses y la resn-
Iucion de declararles una guerra de" 'esterminio. El
duque de Berg publicó un decreto en el que se pro-
clamaba presidente de la junta en virtud de las fa-
cultades que le habia concedido ClÍrlos IV , único
rey lejítimo de España; y Jos consejos y las <lemas
autoridades de la capital se sometieron á su de-
creto.


La ecsasperacion era profunda y [eneral entre
los habitantes de Madrid que algunas veces la ma-
nifestaban con sus murmullos, aunque otras les im-
pusiese silencio el terror que inspiraba el ejército
estranjero preparado siempre para ejecutar cou vio-
lencia las órdenes de su gefe. Hetiráronse á las pro-
vincias un sinnúmero de personas Ilevando.consigo
y derramando por los pueblos el espíritu de ven-
ganza y la esaltacion del patriotismo que habia en
sus pechos. El clero que preveia su ruina si los im-
periales gobernaban uu dia la Península, unió su
causa á la de la nacion ; el ejército aunque disper-
so se puso en movimiento, y en la juventud del
pais rebosaron el ardor y la indignacion. La rela-
lacion de la autoridad producida por la violencia
ejercida contra los jefes del Estado comunicó nue-
va fuerza á las pasiones, y dió á conocer al pueblo
sus fuerzas y su impnrtaucia, Todo anunciaba la
procsimidad de una de las grandes crisis que reje-
neran ó destruyen los reinos, que los encumbren
al pináculo de la gloria y de la independencia ,Ó




91
que los sumerjen en el abismo de la esclavitud y
del oprobio.


Aunque Napoleon no preveyó la enerjia que de-
hia resultar de tantos elementos de resistencia, es-
peraba sin embargo encontrar algunas dificultades,
y para vencerlas resol vió , enlazando los intereses
de su dinastia con los del pueblo en que pretendia
reinar, hacer cesar la incertidumbre de los espí-
ritus y revestir de formas legales la mas violenta é
inicua de las usurpaciones,


Con este objeto concluyóse en Bayona una con-
vencion el 5 de mayo entre Napoleon , representa-
do por el general Duroc , por una parte, y por
otra C~rlos IV, á quien representó el príncipe de
la Paz. Por este tratado Cál'los IV cedia al Empe-
rador todos sus derechos al trono de España y de
las Indias, con la condicion de mantener la inte-
grida-l del reino, y de que la relijion católica si-
guiese siendo la relijion dominante del pais. Ann-
lábanse las medidas tomadas contra los españoles
que habían contribuido á la revolucion de Aran-
juez: se concedia un asilo á Cárlos IV, á su esposa
Maria Luisa, á su familia, al príncipe de la Paz, y
á las demas per,sonasde su servidumbre. Cárlos de-
bia durante su vida poseer el palacio de Compieg-
ne, y gozal' de una renta anual de treinta millones
de reales, inscrita en la lista civil: En caso de so-
brevivirle la reina debia cobrar durante el tiem,
po de su viudez dos millones de reales; señalábase
igualmente á los infantes una suma de cuatrocientos




92
mil francos por año, cediendo á Cárlos el palacio
de Chambord.


Napoleón propuso los articules de este tratado,
y el rey Cárlos, MarÍa Luisa , Godoy, y los demas
individuos de la corte los aceptaron sin repugnan-
cia, sin discusion, y sin la menor enmienda ni mu-
danza alguna en sus cláusulas. Mas mientras se llena-
han las formalidades necesarias para la aprobacion
del tratado, llegó á Bayona la noticia de los suce-
sos ocurridos en Madrid el 2 de mayo. No eS facil
describir el efecto que produjo en los diferentes
personajes que ocupaban entonces aquel recinto..y
en los distintos partidos políticos que habia orijina-
do la marcha de los negocios públicos. El Empera-
dor sintió sus tropas amenazadas, el prestijio de su
nombre destruido, y vió nacer terribles dudas so-
hre el écsito de una empresa que miraba ya como
la base principal de su política. Cárlos y su corte
conocieron, aunque tarde, el inmenso partido con
que contaba Fernando.


Conociendo por esperiencia el caracter espa-
ñol, su tenacidad ysu horror á un yugo estranje-
ro, y sabiendo por otra parte los recursos de que
podia echar mano la nacion , temieron una guer-
ra cruel é interminable. Fernando y sus amigos
confesaron la enorme falta que habían cometido,
y las ventajas que hubieran podido sacar de un
pais que. acababa de despertarse de su estupor,
y que parecía dispuesta á recobrar la antigua
enerjía,




93
Napoleon pasó al alojamiento de C~rlos para


comunicarle la noticia que acababa de recibir y
acelerar el fin de las negociaciones comenzadas,
para que su hermano pudiese partir sin dilaciones
á sentarse en el trono español, y destruir de es-
te modo para siempre las esperanzas de los que ha-
bian tomado las armas por Fernando. Cárlos lla-
mó en el mismo acto á su hijo, y en presencia
del Emperador y de la reina le dió en rostro amar-
gamente con los infortunios que su precipitado
proceder babia ocasionado;' díjole que era el único
responsable de la sangre que fe habia vertido, y
de la que en adelante se derramase en lucha tan
desigual. Concluyó mandándole en el tono mas
absoluto, que le enviase enseguida su ahdicacion
pura y simple bajo pena de ser tratado como un
conspirador.


Fernando, confuso y ajitado no respondió sino
con frases que nada significaban y se retiró al mo-
mento: no tardó en escribir al Emperador trasmi-
tiéndole copia de una carta que se proponia dirijir al
dia siguiente á su padre , en la que le declaraba que
abdicaba la corona. Suplicaba tambien á S. M. I.
que le tomase hajo su proteccion..como igual mente
á su hermano D. Cárlos, y proveyese á su seguri-
dad personal y á la conservacion de las propieda-
des de los que le habian acompañado en su viaje.
La carta de abdicacion se reducia á cortas líneas;
renunciaba la real diadema en favor de su padre
para darle esta nueva prueba de su afecto, de su




94
obediencia y de su sumision , y recomendaba á su
indul [encia á los que le hahian servido desde el19
de marzo. Fernando envió uua copia de la carta á
su tio D. Antonio, creyéndole todavía presidente
de la junta de Madrid; y revocaba después los po.
deres que le habia dado antes de su salida de la ca.
pital de la monarquia , ordenándole que se some·
tiese á las órdenes de su padre, y recomendando á
la nación que le obedeciese así como al Emperador
Napoleón, cUJo poder y amistad podian solos man-
tener la independencia de la Península y la ir.te-
gridad de su territorio. Terminaba advirtiendo á la
nacion que viviese alerta contra los lazos de nues-
tras eternos enemigos, (los ingleses) evitando la
efusion de sangre, y finalmente libertándose de los
males que el estado actual de las cosas le acarrea-
ría si cont.inuaba en dejarse guiar por el espíritu de
revolucion y de discordia.


Despues de los hechos referidos, Cárlos publicó
una proclama en BaJona con fecha de 8 de mayo,
dirijida á la nacion española: decia en ella que en
las circunstancias estraordinarias en que se encon-
traba, quería dar una nueva prueba de afecto á sus
pueblos, cediendo todos sus derechos á la corona
de ambos mundos en favor de su augusto amigo el
Emperador de los franceses, y encargándoles que
se uniesen estrechamente con aquel monarca, y so-
bre todo que evitasen los desórdenes y la rebelión,
El anciano monarca habia perdido casi del todo sus
fuerzas cuando firmó esta proclama, porque los




95
acontecimientos estraordinarios de los meses ante-
riores hahian causado una impresión funesta en su
salud. Su esterior manifestaba claramente el aba-
timiento y las angustias del espíritu: María Lui-
sa por el contrario parecía rejuvenecida en aquellos
días. Cercábanla de continuo sus cortesanos, y se
adornaba con el mayor cuidado colmando de mues-
tras de atencion y de consideraciones al príncipe
de la Paz, como si quisiese recompensarle de sus
padecimientos en Aranjuez y resarcirle del odio
que le profesaba la nacion entera.


Algunos días después el Emperador de los fran-
ceses y Fernando concluyeron un tratado que fir-
maron el general Duroc y el canónigo Escoiquiz,
Estipulébase allí que el príncipe de Asturias con-
firrnaria la cesion hecha al Emperador por el rey
Carlos de sus derechos á la corona de España y de
las Indias, y que Fernando renunciaria por su par.
te los derechos que reunia á dichas diademas en
calidad de príncipe de Asturias: El Emperador le
otorgaba el título de alteza real, con el tratamien-
to y las prerogativas de que gozaban los príncipes
de su rango, y á sus descendientes los de príncipe
y alteza serenísima. Conccdia y daba en propiedad
á Fernando y sus descendientes los palacios, par-
ques, bosques y dominios de Navarra, para que
pasasen á falta de hijos sucesivamente á las fami-
lias de los infantes D. Cárlos , D. Francisco y Don
Antonio, y les señalaba ademas una pensión anual
de cuatrocientos mil francos, con las mismas con.




96
dieiones de sucesion , y á laque añadía una renta
eventual de seiscientos mil francos. Losidernas ar-
tículos ordenaban el rango, los bonores y el trata-
miento de los señores infantes, etc. (1).


(1) Diez y seis años han trascurido , cuando esto se
'escribe, desde que acontecieron los memorables sucesos
de Bayona, y está ya pronunciado el juicio sobre la
conducta de Napoleon. El mismo Emperador ha consig.
nado en el diario de santa Elena una especie de manifies ,
to justificativo. Había sacado frecuentemente partido de
la credulidad de la masa de los hombres, y parecia con«
tar aun con ella; mas los tiempos erau distintos y el
prestijio se hahia desvanecido. Copiaremos para que los
ecsaminen nuestros lectores algullos trozos de este sin-
4;ular discurso: nuestras observaciuues serán cortas , 1
quizás innecesarias.


Habla el Emperador.
"Me abrumaron entonces Con cargos que no merecía:


la historia me defenderá. Me acusaron en este negocio
de perfidia, de asechanzas y de mala fé, etc, y todo
era falso. N unca , aunque lo hayan dicho, falté á la fé,
ni violé palabras dadas, mucho mas á Espaüa que á
otra potencia alguna.


"Algun dia se sabrá con certidumhre que en los
grandes negocios de España permanecí enterarnent e es.
t.'año á las intrigas interiores de su corte; que no falté á
la palabra, u] á Cárlos IV, ni á Fernando VII j que no
quebranté empeño alguno ni con el padre ni con el hi.
jo: que no empleé la mentira para atraerlos á Bayona,
sino que ambos corrieron á aq uella ciudad en solicitud
y acecho el UllO del otro. Cuando los ví á mis plantas,
cuaudo pude juzgal' pGr mi mismo de su incapacidad,




97
Fernando y su hermano D. Cárlos que no se


habian separado desde su encuentro en Bayona,
como igualmente su tio D. Antonio que aoababa de
llegar de Madrid, permanecieron estrechamente
unidos, y obtuvieron de Napoleon la promesa de
que nunca se separarian, Los tres mencionados per-
sonajes se hallaban tan profundamente convenci-
dos de la imposibilidad de volver á entrar en Es..


me compadecí de la suer te de nn a nacion numerosa, y
así de los cnhellos la ocas ion -única qne me presentaba
Iafortuna de rejenerar la España, arrebatar su iníluen-,
cia á la Inglaterra, y unirla íut imarneute á nuestro sis«
tema. A mi modo de ver, esto era panel' una de LIS bases
fundamentales al reposo y á la seguridad de Europa.
M¡¡s léjos de emplear ignobles y miserables rodeos ,co_
mo ~e ha dicho, si falté, rué al contrario por una osada
franqueza y un esceso de enerjía, Rayona no sirvió de
teatro á una alevosía, sino á u n golpe de Estado.... "
(Memorial de santa Elena en 1:l°, tomo 4', pá~. 237).


Los proyectos de Napoleon fechaban de antiguo, y
el mismo Emperador lo confiesa en su conversacion
con Escoiquiz ~ y por otra parte todo lo demuestra. La
proclama del príncipe de la Paz durante la guerra de
Prusia, le habi a probado, decia ,.q ue los Borbones de
Espacia serian siempre sus enemigos encubiertos. Eu
virtud del conveniode Foutaineblean habia enviado tro_
pas á España si u OCUP:HSP. de la ejecucioll de otros ar-
tículos del tratado: parte del ejército ('spañol habia si-
do enviado á Alemania, y habia tomado medidas pllra
asegul'arse de SlIS intelijencias en América. Todo en fin
probaba la premeditaciun mas fria y mas calculada. Y


TOM. 1. 7




98
paña , yde la falta de enerjía y de luces en el go-
bierno de su patria, que se conformaron con su
suerte con una facilidad y una presteza admirables.
En todas sus conversaciones, sea entre sí ~ sea con
los que los rodeaban, y con algunos españoles de
distinción que se encontraban á la sazón en Bayo-
na, manifestaron la buena fé mas perfecta, una
sincera admiración por el Emperador de los Fran-
ceses, y la mas ciega confianza en su apoyo y en


no IJ'abia ni perfidia ni aset-bansas! Y el viaje de Sava-
r)" á Madrid ~'sns protestas en nombre de Napoleon, de
reconocer pOI' rey á Fernando: la fuerza indirecta y las
falacias empleadas para hacerle llegar á Bajona : las
amenazas de qtle se valieron enseguida para obtener la
;¡bdicacion forzada de Fernando: la violencia hecha al
duque del Infantado para obligarle á reconocer al rey
José en Hombre de los grallJes de España, ¿qué son?
Estos hechos y otros muchos que no admiten dudas, nos
dan derecho para afirmar que hubo perfidia y ase-
chanzas.


El Emperador pretende que todo pasó amigable_
mente, y en seguida nos dice: "EI príncipe de Astu-
rias llO resistió de una manera estraordinaria sin que
se empleasen contra su persona ni la v iolencia ni las
amenazas: y si el miedo le decidió, como creo, á él de-
bedarse la culpa."


En resúmen, M. de Las Cases pOlle en boca de Na-
poleon: "Me atreví á descargar el golpe desde las nu-
bes: quise obrar como la ProvidenciJ."


É'l enemigo mas encarnizado del Emperador no hu_
hiera escrito con mas acierto su acusacion.




99
sus promesas. Mostraban al propio tiempo una tran-
quilidad y una fuerza de alma, que en otros hom-
bres hubieran podido atribuirse al esfuerzo mas su-
blime de fa razan y de la filosofía.


Hechos positivos y notorios no dejan duda so-
bre esta disposición del espíritu de Fernando: pa.
ra preveer las consecuencias de las órdenes secre-
tas que babia dado á la junta, y cuyo contenido
era enteramente opuesto á Jos tratados que acaba-
ba de firmar, despachó en secreto á D. Evarrsto
Pcrez de Castro para que las revocase. Encargaha
á los individuos de la junta, que se sometieran al
nuevo estado de cosas que se. preparaba , que no
continuasen en una resistencia inútil y que debia
tener funestos resultados. Envió tamhien á Aragon
al marqués de Lazan para que Se avistase con su
hermano D. José Palafox, y Íe indujese á romper
las medidas que habia adoptado para sublevar la
provincia aragonesa contra Jos franceses. Ambas
misiones produjeron efectos Illuy distintos: la jun..
ta presidida por el duque de Berg , cedió á las cir-
cunstancias, y convirtióse en instrumento dócil de
las miras políticas del Emperador. Palafox por el
contrario no abandonó sus nobles designios; .Y el
impulso y entusiasmo que comunicó á Jos aragone-
ses se manifestó con el tiempo en la heróica de-
fensa de Zaragoza, que la historia ha colocado al
lado de las mas brillantes hazañas de Jos tiempos
antiguos y modernos.


El 11 de mayo, Fernando y Jos dos infantes,




fOO
acompañados de una comitiva poco numerosa,
compuesta mas bien de amigos [nt irnos que de cor-
tesanos, tomaron el camino de Valencey , y alo-
[áronse en una casa de campo magnífica , pertene-
ciente al príncipe de Talleyrand, que solicitó el
honor de dar alojamiento á tan ilustres persona-
jes (1).


Al dia siguiente detuviéronse en Burdeos, y los
príncipes aprovecharon esle momento para hacer
un nuevo esfuerzo con el fin de asegurar la tran-
quilidad de España.


Guiados por tales intentos, publicaron Una pro.
clama, en la que declaraban que llenos de reco-
nocimiento á la fidelidad y al afecto que el pue-
hlo español les habia testificado, veían con el mas
profundo pesar á la nación prócsima á precipitar-
se en el desórden , y amenazada por los mayores
infortunios. Constábales, segun decian , que tales
desgracias nacerian de la ignorancia en que estaba
el pueblo de los motivos que habian impulsado á
sus altezas reales y serenísimas para obrar como
habían obrado, y de los proyectos que se habian
trazado ya para la felicidad de los españoles. llar
esta razón miraban como un deber sagrado dar-
les saludables consejos para remover cuantos obs-
táculos pudiesen oponerse á su ejecucion. Sus al.


(1) Nota de la edicion francesa. Es falso que lo so-
licitase el príncipe de 'I'allejrand.




101
tezas reales 'y serenísimas hahianse visto en la ne-
cesidad de e1ejir entre varias medidas la que me-
nos males produjese, es decir, el via je á Bayoua,
Fernando despues de su llegada á esta ciudad, ha-
hia sabido que su padre protestaba contra la abdi-
cacion de Ar,mjuez : su respeto filial le habia indu-
cido á restituir el cetro al rey Cárlos , quien lo
habíapuesto en manos del Emperador de los fran-
ceses , para que S, M. I. atendiendo al interés de
la nación española, nombrase una persona que lo
empuñase. En este estado de los negocios, sus al-
tezas [leales y serenísimas consideraban las tentati-
vas hechas por el pueblo ibero, no solo como inú-
tiles , sino tambien como injuriosas, tendiendo á
la efusion de sangre y á la pérdida segura de va-
rías provincias de la Península, como tambien á
la ernancipacion de las colonias de ultramar , El
medio menos dudoso qne hahian encontrado sus
altezas reales y serenísimas de evitar tamaños in..
fortunios lera suscribir á la renuncia que había he--
cho Carlos IV de sus derechos. al trono de España¡
porque en este caso el Emperador de los franceses
se hallaba obligado á sostener la independencia ah-
soluta de la Península , y la integridad del reino y
de sus colonias. Veríase igualmente precisado á
mantener la unidad de la relijion católica, las pro-
piedades ~ las leyes y las Costumbres del pais. Sus
altezas reales y serenísimas habían sacrificado al
bien [eueral sus intereses personales, consintiendo
en esta cesion sin restricción alguna. Bedimian 4\




102
los españoles de cuantas obligaciones habian Con-
traido con sus altezas, y los ecsortaban á que se ocu-
pasen únicamente de los intereses jenerales de su
patria, perruaneciendo sumisos y aguardando el
complemento de su ventura, de la sabiduría y del
poder del Emperador Napoleon. Concluían decla-
rando que los españoles no podian dar una prueba
mayor de fidelidad á sus altezas, que el someterse
á los referidos t.ratados , ya que los infantes les ha-
hian dado el testimonio mas auténtico de su afecto
paternal haciendo el sacrificio de sus derechos y de
sus intereses personales á la felicidad de su pais.
Con motivo de su renuncia el duqne del Infantado
en un discurso de ceremonia reconoció al rey Jo-
sé 1 en nombre de los grandes de España (1).


(1) El duque del Infantado pasé su primera juven.
tud en Francia, y en 1793 levantó un rejimieuto á sus
espe lisas y sirvió en Cata'ulla. Declaróse desdo el prin-
cipio contra Godoy, y rué uno de los apoyos del parti-
do de Fernando. En Rayana vióse obligado á pronun_
ciar en nombre de los grandes de España un discurso
que debla coutener el recouoci miento formal del rey
José, y el duque procuró eludir el compromiso no pro.
nunciaudo, silla frases insignificantes. El Emperador que
no realizaba sus proyectos con palabras, no se conten-
taba con arengas llenas de te r nura y de esperauz a, y así
acalorado se encolerizó contra el duque: del sa lon in-
mediato se oían distintamente todas sus palabras: "No
es pcrmi tido terjiversar, caballero: ó reconocer franca-
mente ó rehusar' del mismo modo el reconocimiento.




103
Fernando y su .comitiva llegaron á Valencey


el 18 de mayo, y el príncipe y la princesa de Be.
navento los recibieron al apearse del coche y los
introdujeron en el palacio, que desde aquel dia se
convirtió en una especie de plaza fuerte,guardada
pOI' una gua.rnicion numerosa y mandada por un
jefe militar. Los príncipes desde el momento de
su llegada conocieron que no se ejecutaría muy fiel-
mente el tratado de Bayolla; que el palacio que
habitaban sería en adelante su morada; y que sola-
mente serian considerados como simples iudivi-
duos , y alejados para siempre de los negocios pú-


¿Quiere usted regresar á España y ponerse á la cabez a
de los sublevados! Doy á usted mi palabra de que lIe-
1;3rá con seguridad: pero no lo niego, usted hará de
modo que será fusilado dentro de ocho dias ;.•.• no , ..••
dent ro de veinte y cuatro horas." El duque ño parecia
seducido por la oferta del sal va- conducto , y habiendo
vuelto Napoleon á la carga triunfó, y plegóse el duque
á su voluntad, De aquí resultó el discurso que se en-
cuentra en el Monitor de 18 de junio de 1808. (Péase
la obra de M. de Pratd.¡ Aceptó el mando de un reji-
miento de la guardia real del rey José, mas luego que
-ell\".1;(l en España se unió á los patriotas, y N apoleon le
hizo condenar á muelle por contumas, Mandó una di-
visiQIJ del ejército y solo esperimentó reveses: envia-
ronle á Londres en calidad de embajador, y mas tarde
fué nombrado presidente elel consejo de rejencia.Fué
'uno de los primeros que abandonaronlas cortes, y en
'181~ llenaba las altas funciones de presidente del eOIl-
-lt\l!.q de C"atiUa.




104
hlicos. Con este convencimiento adoptaron un 113-
nero de vida conforme con sus inclinaciones y su
situacion actual. Los deberes relijiosos ocupaban
una gl'an parte de la mañana ; la lectura, el p¡.¡.
seo, las conversaciones con algunos habitantes de
Jos contornos, el teatro y otras diversiones llena.
han el resto del dia,


Poco tiempo después de Su llegada, Fernando
Ia participó al Emperador en una carta lll!1Y res-
petuosa: escribióle otra vez pasados algunos días,
felicit~lldole en su nombre y en el de su herma"
no y de su tia por la instalacion del rey José enel
trono de las Españas, Era imposible, segun decia,
babel' colocado al frente de esta nacion un rno-
narca á quien sus virtudes hiciesen mas propio pa..
ra labrar la dicha de sus dignos ciudadanos. Faro-
nando añadia que deseaba ardientemente verse hon-
rado con la amistad de aquel príncipe, y suplica-
ba á S. M. 1. que le comunicase su carta. Los que
eomponian la comitiva de Fernando escribieron el
JlliSQ10 dia al rey José, diciéndole que la vo~ pn-
hlica les habia revelado su ascenso al sólio español;
y que deseando someterse á las leyes de su país, y
considerando como un deber sagrado el canfor-
marse con el sistema adoptado por la nacion , se
apresuraban á presentar á S. M. el homenaje de su
adhesión y de su respetQ. Ofrecian servirleconel
mismo celo que, al gobierno anterior; y le rogaban
que les pernuuese permaneceral lado de los prín-
cipes, á cuyo servicio hahiau estado hasta enten-




105
ces, sin perder por eso el carácter de fieles v~~
salios de S M. C. , prontos á obedecer á sus me-
nores mandatos. Regocijábanse al ver la nacion es-
paüola en vísperas de ser Feliz para siempre bajo
las leyes de un monarca tan justo, tan humano y
tan grande en todos conceptos: concluian dirijien-
do á Dios los mas fervientes ruegos por el cum-
plimiento de sus esperanzas y la conservacion de
S. M. durante Una larga serie de años (1).


. Napoleon respondió á la carta de Femando , y
entró en algunos pormenores sobre su nueva situa..
ciou ha]o el punto de vista económico. Mucho li-
sonjeó al príncipe semejante eorrespondencia, y así
es que no olvidó ninguna ocasión de continuarla;
y que llenó sus cartas de las espresiones de su ad-
miracion , de su entusiasmo y de su afecto. El 23
de julio de 1809 pidió al Emperador permiso pa..
fa correr á su encuentro cuando regresase de Ita...
lia , para tener de este modo la satisfaceion de re-
novar personalmente sus homenajes. EI6 de agos-
lo del O1iso10 año 1809 le felicitó en los térmi-
nos mas respetuosos por las victorias con que la
Providencia coronaba sus armas; y el 21 de agos-
to de 1810 despues de haber dado gracias al Ero-
peradorcomo un hijo reconocido por los bensfi-


.. (1) 'Eitulabase este documente: Acta de obediencia
y juramento de fidelidad al rey José 1" de los señores
duques de sao Cárlos, D. Juan Esco iquis , el marqués
'de Ayerhe', D~ Pedro l\'Iacanaz y otros.




106
cios de que le habia colmado, le aseguró que su
conducta no desmentiria nunca sus sentimientos, y
que jamás faltaria á la ciega obediencia que debia
á la voluntad y á la.. órdenes del monarca que em-
puñaba el cetro de las Tullerías. (Apéndice núme-
ro 10). .


De hecho , su conducta parecia en un todo
conforme con su lenguaje; y lejos de atestiguar al-
gun pesar por la pérdida de un trono tan gloriceo
cornoel de España, y de conservar la mas leve es-
peranza de recohrarlo un dia , manifestaba en sus
acciones que habia renunciado completamente á
ellas; quelle sornetia á los decretos de la Provi-
dencia, y que habia tomado el jeneroso acuerdo
de sacrifica.' sus intereses personales á la ventura
y á la gloria nacional. Esta ti anquilidad de espí-
ritu ejerció suma influencia sobre todos sus actos,
y jamás habia disfrutado dias tan serenos, ni nun-
ca habia vivido mas libre de las pasiones y de los
digustosque le habian perseguido tantos años; y
su almadesembarazada de los pesares pasados y de
los temores futuros, se entregó toda entera al ejér-
cicio de la beneficencia. Los pobres del departa-
mento estaban seguros de encontrar en Valencey
consuelo á sus padecimientos. La anécdota siguien-
te prueba que Fernando babia adquirido cierta ele-
vacion de ánimo, que rara vez se encuentra en las
personas que han esperimentado grandes iufortu-
nios y un cambio tan repentino de situación.


Al pasar por Vitoria , Fernando recibió. en el




107
número de sus criados á un sugeto llamado Ame";'
zaga, que Escoiquiz le recomendó como pariente
suyo, aunque en grado remoto. Durante la per-
manencia de la corte en Bayona, Amf'zaga se ven-
dió enteramente á la policia francesa, y al punto
que los príncipes llegaron á Valencey , obtuvo del
gobierno frunces el nombramiento de intendente
del palacio En el desempeño de su destino, con-
clújose con Fernando mas bien como un carcelero
y un tirano que corno un criado: trazóleen elto-
no mas imperioso el plan de vida que debia seguir;
seüalóle los límites de los paseos y las diversiones
á que podia entregarse. Descendia igualmente á la~
particularidades mas minuciosas y despreciables;
y tanto rigor, unido al modo duro y poco respe-
tuoso conque se portaba, irri taren al ilustre cau-
tivo y le incitaron á quejarse amargamente á Na..
poleon de un tratamiento tan cruel. Napoleon in-
dignóse [ustameute ; destituyó en el acto á Ame.
zaga de su empleo y lo desterró á otro departa-
mento. Sin embargo, sabiendo Fernando que ca..
recia de medios de subsistencia, le mandó dar
antes de su partida una suma suficiente para que
pudiese comprar algun terreno.


No obstante cuanto acabamos de decir de las
inocentes ocupaciones de Fernando y de su nuli-
dad política durante su estancia en Valencey, no
dejaba Napoleol1 de concebir temores por su segu-
ridad, y la policía le vijilaha con el mayor cuida-
do. Una mujer que conservaba los vestijios de su




108
belleza, y que de la clase mas humilde de la so-
ciedad habia subido á un rango elevado, adqui-
riendo en su nuevo estado sumo talento para la in-
triga, tomó á su cargo la empresa de inspirar áFer-


. nando las pasiones naturales en su edad, y que con-
ducen ordinariamente á una confianza ilimitada
con la persona que es el objeto del culto. Fernan-
do rechazó sus seducciones con nobleza y digni-
dad: mas el duque de *t cayó en el lazo tendido
á su amo, y cedió á las insinuaciones de la astuta
Cortesana. No obstante, los secretos que le confió,
aunque sinceros , eran tan insignificantes que úni-
earnente sirvieron para confirmar al Emperador
en la idea que del carácter de Fernando había
formado algun tiempo hacia.


La importancia que se daba al nombre del
príncipe cautivo en la lucha que se habia empeña-
do en la Peninsula , era uno de 108 ajentes mas po-
derosos en tan memorable crisis. Mientras que los
españoles combatian por la libertad de su menar-
ca lejítimo , despojado de sus derechos por la vio-
lencia , y arrancado á sus estados por ·Ios medios
mas pérfidos, la política inglesa señalaba entre
las causas que la obligaban á hacer la guerra á la
Francia, el ultraje cometido contra la dignidad
real, y el golpe descargado en la persona de Fer-
nando contra la seguridad de 108 tronos en [ene-
ral, Su nombre habíase convertido en el grito de
guerra de ambas naciones, y el gabinete de Saint-
James estaba íntimamente convencido de la im-




109
portancía que adquiririan Jos derechos que Jos es·
pañoles defendian , si conseguian que Fernando
entrase en el seno de sus estados. Si este príncipe
fuese arrancado de las manos de Napoleon y colo.
cado en Una situación donde pudiese espresar alta-
mente sus verdaderos sentimientos, no podía me-
nos de manifestar á los ojos de la Europa entera
la violencia ejercida contra su person8, protestan-
do contra semejante acto de tiranía y represen-
tando á Napoleón como un osado usurpador, pa.
ra quien ninguna cosa era sagrada, cuando hahia
resuelto ejecutar los planes que le dictaba su arn-
hicion desmesurada. Fácil era de este modo irri-
tal' á los soberanos del continente, inspirarles temo-
res, sacarles del estado de pasiva SUI111Sl0n J' des-
cargar de este modo un golpe de muerte sobre el
poder continental de la Francia. Grandes diíicul-
tades presentaba la empresa; sin embargo ; en-
centraron una persona que se encargó de reali-
zarla: era este el baron de Kolli (1), natural de


(1) Nota de la edicion francesa. El baron de Ko-
)Ii, desp ues de escrita esta obra, publicó u na memo-
ria sobre tan interesante episodio, de la vida de Fer_
nando. Los detalles que contiene están en contr-adic-.
cion en algnnos puntos con la relacion de nuestro
autor l que ha seguido al pie de la letra el testo de
los partes puhlicados en el lJ'Ionitor, pe riód ico ofi-
cial. Si las memorias de Kolli contienen asertos muy
atrevidos, tamhien es digno de observarse que hasta




110
Irland~, acostumbrado á desempeñar misiones se.
cretas y peligrosas, y muy astuto para encontrar
Jos medios de plantificadas. Protejido y recomen-
dado por el duque de Kent , el baron espuso bUS
ideas á los ministros ingleses y obtuvo su aproba-
cion ; porque sus medidas parecian tan bien to-
madas y sus cálculos tan infalibles, que los mi.
nistros pusieron á su disposicion todos Jos medios
que pidió , tanto-en dinero como en letras de cam-
bio y diamantes. Una escuadra inglesa que debia
cruzar por las costas de Francia, fue puesta á sus
ordenes para trasportar á Fernando: tambien oh-
tuvo el título de embajador de Inglaterra cerca
del príncipe cautivo. Sus credenciales consistían
en UDa carta autógrafa en latin, de Cárlos IV á
Jórje III , escrita en 9 de setiembre de 1802 , que
anunciaba el matrimonio de su hijo Fernando con
la princesa Maria Antonia de Austria: en una co-
pia de los poderes del embajador ingles Sir Enri-
que Wellesley, cerca del gobierno de Fernando


el ,lía no han silla desmentidas formalmente, Por otra
parte, el baron se apoya en documentos oficiales, cu-
Ja autenticidad ninguno ha puesto en duda.


Kolli es un hombre astuto, y segun su propio di~
cho, apenas podríamos creer que el ministerio ingles
hubiese escojido tal ajellte para llenar una mision tan
delicada y tan tlifícil, sino nos constase que de trei 11.
ta años á esta parte, aquel gabinete se ha servido
siempre de hombres semejantes en el continente. Ko·}




fll
VII, escritos en latin; yen una carta de Jorje III al
príncipe .. en la que le daba las mayores segurida-
des de su arnistad , le recordaba los esfuerzos que
la Gran Bretaña habia hecho en favor de España,


1Ii, dice, que hacia ya tiempo que desempe ñ aba mi.
sienes secretas, y q'} e lord We lIesley le bol J)ia dado
la singular recompensa de un sable de honor. Halla-
hase en Ambcres cuando le encargaron poner "en li-
hertad á Fernando, y para ocurrir á los gastos del
proyecto y su ejecucion, remitieronle diamantes e n
valolfde mas de doscientos mil francos, Esperaba el
momento de partir á Inglaterra, cuando trabó amis_
tad con MI'. Alberto de Saint.B*", cUJa fisonomia uul.
ce y llena de franqueza le inspiré desde luego una
confianza sin límites. Nombróle su secretario y le pre-
sentó en calidad de tal al duque de Kent, al mar.
fIues de Wellesley y al almirante Cockburrr. Verifi«
cáronsealguoas citas misteriosas con estos persona.
jes, y pasado algun tiempo, el baron se llenó de ad~
miracion al ver que la policía francesa estaba ente.
ramente instruida de los pormenOl'es de ta les con ~
ferencias, Kolli partió en fin cargado de diamantes,
COD pasaporte falso, falsos itinerarios, vasos y orna-,
mentes de iglesia, y acompañado de 1111 sacerdote
para celebrar la misa. Habíase provisto igualmente
de instrumentos de astronomía para enhetenimiento
del monarca: y llegado á la bahia de Qlliberon • en.
contró otro baron emisario llamado Ferriet, que le
propuso el asesinato de Napoleou. No aprobó Kolli
la propuesta y desconfiando de su cofrade ,cometió
no obstante la imprudencia de descllbride el motivo
de su viaje. Ferriet desembarcó el primero y se




112
Y suplicaba ~ Fernando tomase las medidas mas
acertadas y eficaces para volver á entrar en su
reino.


El baron frustró la vijilancia de la policiafran-


apresuro a comunicar á \a poúcia de Paris las luces
que acababa de adquirir ~ el haron y su amigo Al.
herto saltal'on á tierra y comenzaron su peregrina_
je á Valencey. La noche era OS';Ul'a, los camiuos
dificultosos, y el secretario declaró .qne no le era po-
sible pasar arle laute . Kolli le hizo beber inútilmente
un vaso de vino de Madera, se despidió con el mas
v iv o pesar y le entreg6 diamantes en valor de vein-
ticinco mil francos; y la primera persolJa que encon-
tró en la cabaña donde se paró fue Alberto, sentado
tranquilamellleal fuego.


El secretario se le reune para dej8l'Je de nuevo, y
cuando el baron fue arrestado Alberto continuó en
Iihertad.. Sea lo que fuere, cada vez que su pluma
traza el nombre de Albedo, manifiesta tauta sen si.
hilidad que el leclor no sabe que pellsar.


Kolli se dirije eu seguida á reconocer el palacio
de Valencey y cornete toda clase de imprudencias..
propias para despertar la atencion de las autodda ..
des: habia dejado en diferentes puntos cnhallos <le Ola.
no y carruajes con las cort inas corridas. Toma Juego
el camino de Paris , se une al señor Richard, á quien
confia su secreto , porque Richard hablaba en favor
de los Borboues , y decia haber sido herido en la guer_
ra de la Yend ee. En fin, en la mañana del 24 de
m arz o le entrega dosmil setecientos francos para ha-
cer los preparativos del viaje, y algunos momentos
despues , el referido Richard abre la puerta á once




113
cesa hasta su llegada á Paris; mas Juego que pisó
la capital del imperio fue descubierto y arrestado.
Apoderóse la policia de sus papeles y de otros efec-
tos, y encerráronle en el castillo de Vincennes,


ajentes de policía qne se apoderan ele I:¡ persona del
haron. No se hizo de rogar para declarar cuanto sa ..
hia , mucho mas cuanto no tardó en conocer que no
podia clecir liada nuevo á la policia: propusiéroule
que sigui e se desempeñando su papel, con la seguridad
de (Iue conservaria para sí las riquezas de que ve-
lIia cargado: negóse el barón y fue sepultado en un
calabozo elel castillo de Vincennes. El asunto tornó
desde entonces un jiro enteramente oblicuo: Fou-
cllé encargó á Richard que remedase la persona de
Kolli yse trasladase á Valencey. Debia procurar
hacer entrar á Fernando en sus miras para que ca-
yese en tan horrible lazo, Confiamos en hcuor de la
especie humana J que las instrucciones dadas á Richard
por el duque de Otranto, y que se encuentran en
las memorias de Kolli que analizamos) son apócri-
fas, Entre otros pasajes curiosos copiamos los siguien-,
tes .


• Descubrid á Fernando los medios conqne cuen-
ta para facilitar su fuga y conducirle á las costas de
Normaudía, donde le espera la armada. Insistirá ea
que el príncipe parta solo, ó cuanto mas acompaña-
do de una sola pel'solla: en uno y otro caso el go·
hernador le dará dos ó tres hombres de su con/iau-
za que pasar.iu por ajelltes suyos. Si es necesario
favorecerá la fug:t por medio de órdeues falsas, que
el gobernaJor tendrá cuidado de snmi nist rar-la , &c."


»EII vez de conducir al príncipe á la costa, será
TOM. l. 8




114
donde permaneció hasta la entrada de los aliados:
el gobierno frances quiso valerse de este descubrí-
miento.


Con este objeto enviaron á Valencey un falso


encaminado directamente al castillo de Vincennes, &c."
El falso baron debía pJnerse de acuerdo con M.


de Be rthemy sobre lo; pormenores de la ejecucionr
si hemos de dar crédito á Kolli , el emisario no co «
nocieudo personalmente á Fernando , se dirijió e1lui-
vocadamente á su tio don Antonio que avisó al ins-
tante al gobernador, y la policia suplantó una carta
de Fernaudo para dar á entender que estaba satis-
fecho de su suerte.


Por mas estracrdinaria que parezca esta relación..
lo es auu mas el certificado dado á Kolli por el du»
que de Otrauto en 1814.


mEI duque de Otranto certifica, que el haron de
Kolli, encargado de una mision del gobierno ingles
cerca del rey Fernando VII, ha hecho cuanto ha es-
tado de su parte para desempeñarla con celo, honor
y Iide.idad , que el arresto del haron estorbó solamen-
te su ida á Valeucey , que fue enviado 'en su nom«
hre un sujeto llamado Richa· d : Y que los efectos,
la plata y los dia mautes de Kol1i quedaron de poai-
t ados en el ministerio de la policia jeneral. El duque
de Otranto cer-tifica por otra parte> que cuanto se
ha impreso relativo al barou y á su misjou , es una
fábula inventada para ocultar la verdad. El duque de
Otranto se ha prepuesto no hacer prihlico este ne_
gocio, y enviar á Kolli al IDarrjUeS de Wellesley , pa .•
ra darle UD nuevo testimonio de su cOlllsidel'acíon."


mFirmado el duq uede Otrauto,"




1f5
baron de Kolli j para persuadir á Fernando que se
escilpase del palacio y se refujiase en la escuadra
inglesa que le esperaba. Lejos de consentir' el
príncipe en lo que le proponían j se negó abierta•


• Paris 20 de mayo de 1814."


Nos abstenemos de manifestar nuestra OpIO Ion so-
bre la autenticidad de este relato impuro, advirtien-
do no obstante, que el señor Richard afirma bajo ju-
ramento, que tales eran sus instrucciones, cuyos ori-
jinales dice Kolli poseer.


El resto de las memorias se parece en estremo á
las elel baron de Trenck. El pobre Kolli conoció pron-
to qlle era mas fácil hacerse er.cerrar en Villceulles
que pl'ocurarse la salida, y sus esfuerzos, dur;¡nte
cuatro años, para romper los hierros de su prision
pueden compararse con los del prisiot.cro de l\1ag.
debourgo. A semejanza de este, abre paso á la luz por
entre las mural/as, después de haberse ar rancado 110
sin dolor una barba de diez meses. Esto 110 impide
que le p reud au en los fosos del castillo, no obstan.
te de haber burlado la v ijil an cia de dos gralldes per..
ros, cUJo afecto se habia conciliado arrojándoles de
tiempo en tiempo una parte de su comida. Au men,
t ar-ouse entonces los rigores de su cautivcr io , Sil es-
píritu se abatió, y ahri ése alg(lI1['s heritlas COII unas
tijeras. S,l initacion subió á tal punto ... que habién-
dole cierto dia hecho esperar la comida un carcelero,
el baro» le dejó moribundo con un golpe de trouco,
Semejallte desgracia pLISO el colmo á su ajitacion, yator..
mentáronle por mucho tiempo horribles eusue ños,


Los aliados se acerca han á Vincenlles, y la hora




"6
mente á dar un solo paso, y escribió en el mismo
acto al gobernador de Valencey , partici pándo-
le el proyecto. El gobernador se present ó en el
cuarto del príncipe y le encontró tan turbado y


de la libertad iba á sonar para el baron: entonces
le trasladaron á Sanmur con los demas prisioneros
de estado. Pretende haber visto con sus propios ojos
las instrucciones dadas por el duque de Rovigo en
la parte que le pertenecia. "Como el llamado Kolli,
escribia Savary, es uno de los prisioneros de esta-
do mas peligrosos, quiero mejor que me comuniquen
su muerte que su fuga." Quizás el baron en esta oca-
sion, como en otras, ha sido víctima de alguna bur-
la demasiado pesada.


Rompiéronse últimamente las cadenas de Kolli y
apresuróse á reclamar sus diamantes: contentáronse,
segun Sil dicho, con devolverte quince mil francos
en oro que le habian tomado ~ y prometiéronle en-
tregarle 51¿ sable de honor si lograban encontrarle.
En cuanto á los diamantes fueron declarados buena
presa, y acusa sin vacilar á UII personaje poderoso
de haberse utilizado de ellos.


Partió en el acto á España, y afirma que las
sonrisas del monarca le han recompensado ampliamen-
te de sus padecimientos en Vincennes.


Llegó la época de los cien dias, y púsose el ba-
roo á la cabeza de un cuerpo franco en las fron-
teras españolas para defender la lejit imidad. Los fran-
ceses batieren al desventurado Kolli , le hicieron pri.
sionero y estuvo á punto de ser fusilado: su vida
publica termina en la segunda resta uraciono Retira.
do al seno de su familia .. complácese con los recuer»




117
tan ajitado que no es fácil describir su situacion,
»Los ingleses, dijo Fernando, han causado mu-
chos males á la nación española y se sirven de mi
nombre para hacer derramar la sangre, El minis-
terio ingles, seducido por la idea de que estoy aquí
á pesar mio, y detenido por la -violencia , me ha
ofrecido el medio de salvarme. Me ha enviado un
emisario que bajo pretesto de venderme objetos
artísticos, no llevaba mas fin que entregarme un
mensaje del rey de Inglaterra." El falso harón,
que no ¡se apresuraba mucho á ponerse en salvo
después del descubrimiento del proyecto, fue de-
tenido, enviado á Paris y en seguida puesto en li-
bertad, Fernando se aprovechó de esta ocasion
para escribir al Emperador, y suplicábale se digo
nase adoptarle por hijo ; le concediese en metri-


dos de su brillante y romántica carrera.
Advertencia del traductor español, Kolli escribió


y publicó sus fabulosas memorias despues de haber
est ado en Esp a ñ a y recibido de F'er n-mdn repetidos
dones y gracias; entre ellas un pr iv i lejio para intro.
ducir granos en la isla de Cuba por espacio de al-
gun tieu.po , cuyo monopolio le produjo sumas de irn-
portancin , En agradecí miento á las mercedes recibi-,
das, dió á luz su inverosímil relacion , que se opo-
ne no solo á los partes de oficio puhlic ados en el Mo.
nitor frunces , sino á cuanto dijeron en aquel tiem,
po los periódicos ingleses, y á lo que han consig-
nado en sus memorias respectivas los personajes del
imperio que tuvieron parte en aquellos hechos.




118
monio una princesa de su familiia, y confiase á su
hermano Cárlos un mando en sus ejércitos. Inú-
til es advenir que Napoleon no respondió palabra
á semejantes demandas, que solo causaron risa en
las Tulleriaa, .


Despues de este suceso no vuelve á encontrarse
ya en la historia el nombre de Fernando, hasta la
époc'l en que la fortuna comenzó á abandonar al
guerrero á quien hahia por tanto tiempo favoreci-
do, y á levantar y engrandecer á los que tantas
veces aquel habia vencido. (Apéndice núm. 11.)


Los infortunios de Napoleon tornaron princi-
pio en España: los prodijios de valor de sus ejp.r-
citos no habian bastado para someter Una nacion
[lena de entusiasmo y de patriotismo, defendida
por unos oiu.ladanos tan valerosos como ilustra-
dos. La Inglatel'ra ,en efecto, tenia el mas alto
interés en sustraer la España del yugo que pasaha
sobre el contineute , y en disminuir la omnipoten-
cia del hombre q1le habia esclavizado la parte mas
interesante de Europa. Los franceses habian COn-
seguido victorias en la Península , se habian "po-
derado de plazas fuertes, habiaQ conquistado pro~
vincias j pero habian siJo derrotados en los corn-
bates parciales. No podian contar con la fjdeH'iad
de una nación conquistada, y pOlo otra parte te-
rrian qQe defenderse de esos actos horribles. de os-
tilidad } que el odio fl!qdudQ en tan [ustos moti-
vos podia solamente inspirar. Hahia llegado el Q10-
mento f.worllble para las operaciones mas impor-




119
tantes y decisivas; la primera que produjo mas
felices resultados fue la batalla ganada por los es-
pañoles y los ingleses contra el mariscal Marrnout,
Por consecuencia de esta jornada, los franceses
con el rey José á su cabeza, se vieron obligados
á abandonar la capital de la monarquía y á reti-
rarse á Valencia, donde el mariscal Soult na tar-
dó en reunírseles con todas las tropas que ocupa-
ban las provincias meridionales. El rey José re-
gresó á Madrid en el mes de octubre de 1812, y
de alli marchó sobre Salamanca con un ejército nu-
meroso: Lord \V ellington se retiró á Portugal don-
de supo mantenerse hasta que los desastres de Hu-
sia forzaron á Napoleon á disminuir el número de
tropas que tenía en España. Quince mil homhres
de la guardia imperial abandonaron la Penínsu-
la, seguidos después de cincuenta mil de tropas
de línea, de los que ocho mil eran de caballería.
El rey José y los mariscales del imperio recihie-
ron órden de atenerse á la defensiva , h',.:ta tanto
que supiesen el resultado de las operaciones del
Norte.


Tan inesperados sucesos enardecieron el valor
y las esperal17;a~ de los españoles , y dieron á sus
aliados Jos medios de consumar la obra que ha-
bian comenzado. El 21 de junio de J8 J3 se llena-
ron de gloria los ejércitos de la Península con la
famosa batalla de Vitoria: los franceses fueron com-
pletamente derrotados y obligados á evacuar el país,
y tan señalado triunfo despertó el patriotismo y el




120
entusiasmo del Norte contra el hombre que COI.
tanta frecuencia lo babia vencido. Al ver que Na-
poleon rehusaba las proposiciones que le hicieron
despues del congreso de Prada , proposiciones que
de hecho eran enteramente incompatibles, no so-
lo con sus miras ambiciosas, sino tambien con los
principios fundamentales de su politica ; el Austria
tomó parte en la lucha y se unió á la Prusia y á
la R-usia. La defección de la Baviera, de Wurtem.
berg, de Westfalia .Y de la Sajonia, ejerció la ma-
yor influencia sobre el écsito de esta campaña, que
puso fin al poder de Napoleón sobre el continente,
y le obligó á cambiar de rumbo y á sacrificar á la
seguridad de su imperio 108 planes inrnensos , pa-
ra cuya ejecucion hahia traba jada hasta entonces
con tanto suceso. Tales circunstancias le obliga..
ron á comenzar á ceder por España, cuyos dere-
chos tan injustamente hahia atacado y á la que ha..
bia hecho tan pérfida guerra, Así es que el 12 de
noviemhre de f813 escribió á Fernando anuncian-
dole que deseaba poner término á los asuntos de la
Península: porque la Inglaterra, decia J, fomenta
la anarquía y eJ jacobinismo en aquel pais, y pre-
tende destruir la monarquía, acabar con la noble-
za y fundar una república. Deseaba vivamente qui-
tar á los ingleses los prelestos de ejercer su iníluen-
cia, y restablecer los lazos de amistad y de alianza
que hahian ecsistidc por tanto tiempo ent re ambas
naciones, Envió pues á Fernando el conde de Lafo..
rest bíljo un nombre supuesto 1 y le previno que




121
diese fé á cuanto le dijese dicho enviado.


El conde de Laforest se presentó á Fernando,
pero esperimentó dificultades que no esperaba: el
príncipe y sus consejeros eludieron las proposicio-
nes del diplomático, y la respuesta se redujo en
sustancia á que no podia hacer nada sin el consen-
timiento de la nacion española y de la rejencia que
la gobernaba: que S. !\l. 1. podia tratar con aquel
cuerpo, Ó bien enviar la rejencia diputados al prín-
cipe para darle á conocer la situaciou de Jos nego-
cios y ayudarle á encontrar los medies de asegurar
su prosperidad. (Apéndice número 12).


Sin embargo, habiendo descendido á nuevas
esplicaciones , lograron entenderse y quedó con-
cluido un tratado en Valencey el 11 de diciembre
entre el conde de Laforest en nombre del Empera-
dor, y el duque de san Cárlos en el de Fernando.
Los principales artículos de este tratado determi-
naban: Paz y amistad debian ecsistir en Jo futu-
ro entre ambos monarcas: y el Emperador de los
franceses reconocia {lor reyes de E~'\laüa y de las
Indias á Fernando y á sus succesores. Reconocia
del mismo modo la integridad del territorio cspa-
ñol ; las provincias s las plazas fuertes que se halla-
han entonces en poder de los franceses, debían pa-
sar en el estado que tenian á poder de los goberna-
dores y de las tropas españolas que el rey designa-
se. Fernando por su parte se comprometia á man-
tener en toda su integridad el reino hispano, las
islas, las plazas fortificadas J sus guarnjcjolles res~




122
pectivas, principalmente Mahon y Ceuta, y ~ hacer
retirar las tropas inglesas de las provincias y de los
puntos fuertes que ocupaban. Dos comisarios, uno
frances y otro español, debían ponerse deiutelijen-
cia sobre los medios de hacer salir simultáneamen-
te de la Península las tropas francesas é inglesas.
Ambos monarcas ofrecian sostener la independen-
cia de sus derechos maritimos del mismo modo y
en los términos mismos estipulados en el tratado de
Utrecht, y como lo hahian verificado las dos na-
ciones hasta el año 1798. Los españoles que habian
servido al rey José y desempeñado en su reinado
empleos civi\es, politices ó militares , debían con-
servar sus honores, derechos y prerogativas: y ha.
hian de entregarse en el estado que tenian antes de
la guerra, los bienes muebles ó inmuebles situados
en España que perteneciesen actualmente á fran-
ceses Ó italianos. Del mismo modo se restituirían á
sus dueños las propiedades españolas secuestradas
en Francia ó en Italia, y se nombraban comisarios
de las naciones interesadas pai a allanar y resolver
las dificultades que se encontrasen en la ejecución
de tales medidas. Obligáhanse ambos paises h dar
libertad & los prisioneros: la guarnicion de Parn-
plena y los prisioneros de Cadiz , de la Coruña, de


las islas del Mediterráneo, y los que habian sido
cojidos en otros puntos y enviados á Inglaterra,
volverian á su pais, El rey Fernando se obligaba á
pagar á Cárlos IV y á la reina su esposa la suma
anual de trein ta millones de reales) y en caso de




123
ocurrir la muerte del rey Cárlos , dos millones de
francos, tarnbien anuales , á la reina mientras vivie-
se. Debia concluirse un tratado de comercio entre
España y Francia.y mientras SE' estahlecian los nue-
vos lazos mercantiles , seguirian bajo el mismo pié
de 1792. El último artículo del tratado de Valen-
cey, establecía tlue seria ratificado en Paris den-
tro de un mes Ó antes si era posible.


Fernando pidió permiso par.. escribir á la re-
[encia que gobernaba la Península en su nombre,
y que habia sido establecida pOr las cortes ordina-
rias en virtud de las facultades que para este caso
les habla concedido la constitucion política de 19
de marzo de 1812. Consintió NapoJeoll en que Fer-
nando diese este paso: y el 18 de diciembre de
1813, el príncipe escribió una carta á la rejeucia,
en la que decia ,que la Providencia le había con-
cedido la salud, la fuerza y el consuelo de no ha·
herse separado un instante de su hermano y de su
tia los infantes D. Cádos y D. Antonio; que habia
recibido la mas [euerosa hospitalidad en el palacio
de Valeucey j qlle su permanencia en este sitio ha-
bla sido tan agradable, cuanto perrnitian las cir-
cunstancias , y que babia empleado el tiempo de la
manera mas ventajosa á su nueva situacion ; que
ningun conocimiento tenia de los negocios de Es-
paña, sino el qll3 habla podido adquirir con la lec-
tura de los periódicos franceses, lo cual le bastaba
para formarse una idea de los sacrificios que la na-
cion habla hecho en IlU favor, de la constancia mag-




f24
n'nima é inflecsible de sus fieles súbditos, de los
socorros que habia suministrado la Gran Bretaña,
y en fin, de la admirable conducta del jeneral en
jefe de las tropas inglesas lord Wellington, como
igualmente de la de los oficiales españoles y es-
tranjeros que se habían distinguido. Añadia que el
ministro inglés habia declarado públicamente en
su comunicacioll de 23 de abril del año anterior,
que la Gran Bretaña se hallaba dispuesta á escu-
char proposiciones de paz, y que no obstante las
desgracias de la patria se prolongaban j que elErn-
perador de los franceses le habia hecho reciente-
mente proposiciones fara llegar á un acomodamien-
to por medio de su embajador el conde de Lafo-
rest , proposiciones cuyas bases eran su restableci-
miento al trono, la integridad é independencia de
sus estados, sin condiciol1 alguna incompatible con
el honor, la gloria y los intereses de la nación es-
paüola j que convencido de que despues de una
larga serie de victorias no podria jamás la Penín-
sula obtener una paz mas ventajosa, habia auto-
rizado al duque de san Cárlos para discutir un pun-
to tan interesante con el embajador frances; que
se habia concluido felizmente dicho tratado, y que
habia encargado al duque presentarlo á la rejen-
cia para que lo ratificase y lo volviese á enviar en
el acto revestido Con las fórmulas necesarias; que
la felicidad mas apetecida de S. M. era contener
la efusion de sangre y poner un término á tantos
infortunios; y que aguardaba con impaciencia el




125
momento de verse rodeado de una nacion que aca-
baba de dar al mundo entero un ejemplo de su
amor al monarca, y de su caracter tan noble y tan
jeneroso.


Las cortes y la rejencia no podian aprobar el
tratado de Valencey sin violar una ley promulgada
en la isla de Lean el 10 de enero de 18JI; ley ori..
jinada por las circunstancias en que se encontraba
el pais entonces , y fundada sobre los principios
mas ciertos del derecho público, y sobre las cap.
diciones mas indispensables á la independencia y
á la seguridad de las naciones. En efecto, despues
de referirse al decreto de 24 de setiembre de 18í 0,
por el que se declararon nulas las renuncias hechas
en Bayona, las cortes proclamaron por esta ley que
no reconocerian acto alguno, tratado, convenio ó
arreglo de ninguna especie aprobados por el rey
ó concluidos durante su cautiverio, ora fuese en
pais estranjero , ó bien dentro del territorio espa.
[101; Y ordenaron que todo acto contrario á esta
medida seria mirado como una hostilidad contra
el pais, y el culpable entregado al rigor de las leyes.
A~el{,u~abau po~ ot~a pa~te que la naciou \euerosa
que representaban no dejaria las armas ni escucha-
ria proposicion alguna hasta que las tropas francesas
hubiesen evacuado enteramente España y Portugal;
porqne habían resuello por voto unánime de la na-
cion entera no abandonar el campo de batalla hasta
dejar asegurada la reli ¡ion de sus abuelos, la liber-
tad del monarca y la independencia del reino.




126
La reiencia trasmitió á Fernando una copia de


la anunciada declaracion , y le devolvió el tratado
tle Valencey sin ratificar, con UnaCarta muy enér-
jica y respetuosa, en la que le felicitaba por su per-
fecta salud y por la dicha que le habia cavido de
vivir en compañía de sus augustos hermano y tio;
dábale las gracias en nombre dela nacion por los
sentimientos de afecto y de reconocimiento que
contenia su carla; escusábase de no poder ratificar
el tratado porque no debia contravenir á las dispo-
siciones del poder lejislativo de las Españas. Con-
c1uia asegurando á S. M., que aunque la rejencia,
las cortes y la nación deseahan ardientemente Ver-
le restituido á sus fieles súbditos, preferian sin ern-
ha.·go deher tan dichoso acontecimiento antes al
valor y patriotismo de las tropas, que á un trata-
do propuesto por el enemigo grande de S. M. y
del pueblo; tratado por 01 ra parte CUYllS condicio-
nes no podian aceptarse en las circunstancias en que
se hallaba la Península.


La respuesta de la rejencia tenia la fecha de 8
de enero de 1814. Algunos dias antes, Napoleon
que deseaba arreglar prontamente los asuntos de
España y sacar de ella todas sus tropas á la vez,
mandó que el conde de Laforest entregase á Fer-
nando una nota diplomática relativa á la suspen-
sion de hostilidades y á la ejecucion del tratado.
El príncipe envió la nota á la rejencia Con el jene-
ral Palafox , portador de una carta en la que es-
presaba en los térruinos mas fuertes su deseo de




127
que la rejencia aceptase las proposiciones que se le
hacian , y se conformase con las instrucciones se-
cretas que habia dado á este [eneral, Las instruc-
ciones se concretaban áque se diesen acto contínuo
las órdenes necesarias para una suspension jeneral
de hostilidades; que se nombrase un comisario pa-
ra la ejecución del tratado, y para presidir á la en ..
trega de las plazas fuertes ocupadas por les france..
ses J y en fin ~ que se verificase en seguida el cam..
bio de prisioneros.


El cardenal de Borbon respondió en nombre
de la rejencia de que era presidente: felicitaba cor-
dialmente al rey por los sucesos que anunciaban
su prócsirna vuelta al seno de su pais , y prodiga-
ha á S. M. los mayores elojios por la conducta
que había observado en tan difícil é importante
crisis. En cuanto al objeto de la mision del [ene-
ral Palafox , la rejencia se releria á la respuesta
que habia dado al duque de san Cárlos: solamente
añadia que hahia nombrado un embajador est raor-
dmario con plenos poderes para asistir en nombre
de S. 1\'1. al congreso que las potencias beli [eruntes
iban á celebrar para pacificar la Europa: que en
este congreso se concluiria un tratado de paz [ene-
ral que seria ratificado, no por la rejencia sino por
S. M. misma en su palacio de Madrid, ó en el pun~
to donde se encontrase absolutamente libre para
ocupar el trono que el heroísmo de los españoles
le habia conservado.


Olvidaremos por un momento á Fernando pa-




'128
ra ocuparnos de Jos grandes acontecimientos poli..
ticos enlazados Con su nombre y con sus intereses,
y que habian cambiado la situacion y los destinos
del pueblo español.


Las cortes estraordinarias , á quienes se babia
devuelto el poder soberano despues de la disolu-
cion de la junta central, habian proclamado una
constitución. Los principios populares que conte-
nia, la costumbre de vivir sin rey, ni corte, ni
aparato de realismo, habian inspirado á los que
amaban á su patria el amor de la libertad y el te ..
mor de verla destruida por la restauracion del rey
y el restablecimiento de los antiguos abusos del po-
der absoluto. Los representantes de la nacion y los
depositarios del poder ejecutivo obrando segun Jos
principios de la nueva coustitucion , habian salvado
Ja España de Jos males que la amenazaban, y no
podían soportar la idea de perder en un momento
el fruto de tantos trabajos, y renunciar la perspec-
tiva de la felicidad pública que les ofrecian Jostriun-
fos que habian conseguido. Con estos temores la
noticia del prócsimo regreso del rey despertó la
atención yel celo de los diputados de las cortes y
de los miembros de la rejencia, y reunieron sus
esfuerzos para asegurar la couservacion del nuevo
órden de cosas por las condiciones que impusieron
al rey , pretendiendo que reconociese una autoridad
superior á la suya.


La rejeneracion de España y el establecimiento
del sistema constitucional se verificaron en Cadiz,




129
Y así es que los habitantes del puerto estaban im-
huidos de ideas favorables á aquel sistema, y ha-
hian recibido con entusiasmo los principios de la
soberanía del pueblo, de la responsabilidad de los
ministros, de la representación nacional, .Y los de-
más principios políticos que naturalmente resultan
de ellos. Evacuada la Península por las tropas fran-
cesas, el pueblo de Cadiz Se opuso á que las cortes
se trasladasen á Madrid, convencido por una par-
te del peligro que corrian en la capital, y por otra
de la tranquilidad de que gozarian en Cadiz á can-
sa de m posicion intomable, y del valor y buen
espíritu de su numerosa milicia nacional. Los di-
putados no hicieron caso de un aviso tan prudente
y se diri ¡ieron á Mad rid, donde continuaron sus se-
siones, mientras que la rejencia mantenia con Fer-
naudo la correspondencia de que hemos hablado.


Los rejentes presentaron al congreso las cartas
del monarca ... y la asamblea resolvió deliberar so..
bre la conducta que debia observarse COn el rey si
entraba en España antes de la conclusion de la paz
leuera\. Las cortes decretaron el 8 de febrero, des-
pues de haber oido al consejo de Estado, que no
cousiderarian al rey como libre, ni le obedecerían
hasta que S. M. hubiese jurado observar la consti-
tucion , en medio del congreso nacional, conforme
al artículo 173: que los jenerales que mandaban
en las fronteras debian tornar todas las medidas ne-
cesarias para participar á la rejencia por correos es-
traordinarios cuanto supiesen sobre la venida de


TOM. 1. 9




130
S. M. para que pudieran disponerse los preparati-
vos para recibirle en la raya: que no dehiau per.
rnitir que entrase con el monarca fuerza armada,
y que si algunas tropas in.entaban traspasar los lin-
des, debían resistirse y rechazarlas segun las leyes
de la guerra. En el caso en que las tropas que
acompañasen á S. M. se compusiesen de soldados
ó de oficiales que hubiesen sufrido la suerte de pri-
sioneros, los [enerales que los mandasen debían
conformarse con los decretos ecsistentes sobre el
particular. El ¡eneral en jefe que tuviese el honor
de acompañar al monarca, le daria la escolta con-
veniente: ningnn estranjero, cualquiera que fuese
su rango, podria seguir al rey, ni en clase de em-
pleado subalterno, ni de criado. Los españoles que
hubiesen aceptado destinos de Napoleon ó de su
hermano José, no podían regresar á España con Fer-
nando bajo pretesto alguno: Ja rejencia determi-
naria el camino que S. M. habia de seguir, y los ho-
nores que se le deberian hacer. El presidente de la
rejencia saldria á recibir al príncipe á la frontera
para acompañarle á Madrid, y le entregaria una
copia de la constitucion para que S. M. pudiese
enterarse y jurar su observancia con perfecto co-
nocimiento de causa. El rey, á su llegada á la ca-
pital de la monarquía, iria en derechura al salon
de las cortes para jurar el código de 1812 con las
ceremonias prescritas en el reglamento: hecho lo
cual, S. M. se encarninaria á su palacio seguido de
treinta diputados para recibir de mano de la re-




131
[encia el depósito del poder ejecutivo. Finalmen-
te, las cortes instruirían á la nación de esfe suceso
en un decreto que enviarian al rey por medio de
una cornision compuesta de otros treinta miembros
de la asamblea.


Al propio tiempo las cortes publicaron una
proclama en la que declaraban, que únicamente se
habían propuesto precaverse coutra la influencia
perniciosa de la Francia; consolidar las bases de
una constitución universalmente adoptada: preser-
var al rey cautivo, en el momento crítico de su
restauración al trono de sus antepasados ~ de los
consejos pérfidos de los estranjeros y de los traido-
res, y libertar la nación de las desgracias que la
prudencia humana pudiese preveer.


Mas la asamblea no acompañó tales declaracio-
nes y acuerdos con las medidas necesarias para ase-
gurar los resultados de estos cambios potiticos. Co-
mo las tropas france!>as habian ocupado por espa-
cio de seis años la mayor parte del territorio espa-
ñol, la cousritucion promulgada en Cadiz no era
conocida al tiempo de partir los estraujeros , sino
de los habitantes de Cadiz y del ejérci to (1). El in-
tervalo que medió entre esta partida y la llegada del
rey, fue demasiado corto para que el pueblo pudiese


(1) Nota del traductorfrances , El autorse engaña:
sin duda ha copiado en esta parte á M. Pradt: debió
haber sabido que antes de la restauraciou de Feruau»




132
enterarse bastante de las nuevas instituciones. Las
cortes hubieran salvado tamaño inconveniente, y
suplido á la falta de popularidad que tenia la cons-
titucion, haciéndola amable á los soldados, y con-
fiando su defensa á unos hombres que acababan
de abandonar el campo de batalla que habia sido
teatro de sus victorias. Mas en vez de obrar así,
descontentaron y acabaron con el entusiasmo de
las tropas, condenándolas á toda especie de priva-
ciones " y manifestando opiniones poco favorables
á la milicia en el congreso nacional. Un diputado
célebre por su influencia, dijo públicamente, que
nunca quedaria asegurada la independencia de la
nación mientras ecsistiesen en España cuatro sol..
dados y un cabo mercenarios. Si á esta circunstan-
cia añadimos la poderosa influencia del clero, ene-
migo mortal de las nuevas instituciones que ame-
nazaban sus riquezas y privilejios; si observamos
cuán poderosamente habia contribuido á ecsaltar
los ánimos en la lucha que espiraba, las intrigas de
este cuerpo dando á la guerra el carácter relijioso
que tan formidable la había hecho; si atendemos
á que el mismo clero se atri buia todo el honor de la
victoria, y que por cOl1~iguientedeseaba recojer en-


do, la constitucion promulgada por las cortes no solo
era conocida, sino que tambien estaba en v ígor en to-.
das las partes de España que no ccupabau las tropas
francesas.




J33
tero el fruto , podremos formarnos una idea de las
causas queintluyeron en la conducta de Fernando en
el momento de su entrada en el territorio español.


Mientras habia permanecido en Valencey, no
babia adquirido mas ideas de la constitucion gadi-
tana , que las que suministraban los periódicos fran-
Ceses que la impugnaban. Sin embargo, era eviden-
te que habia reconocido su validez, como igual.
mente los poderes que de ella emanaban, puesto que
rehusó ~ como hemos visto mas arriba, responder
á las primeras proposiciones de Napoleon antes de
consultar á la regencia, cuya autoridad dimanaba
de las cortes, y la de éstas de la constitucion. La
primera copia auténtica del código político que lle-
gó á las manos de Fernando} fué la que le entregó
el ¡enel'al Palafox (1). Fernando la leyó en el coche


(1) D. José }Ielzi y P alafo x, el menor de los tres her-
manos, de una familia noble de Aragon , entró muy jó.
ven en la servidumbre milita)' del rey, Habíase pronun.
ciado ardientemente en favor de Fernando, y cuando ea-
yó el favorito en Aranjuez, confiaronle su custodia á las
órdenes de Castellar. Fué uno de los pr-imeros que se
escaparon de 'Bay on a cnando Na poleon se apoderó de
la corona de España. Vivia hacia algun tiempo ret ira-,
do en sus tierras, cuando el consej o de Aragon cono-
ciendo la influencia qne t eu ia sobre sn s compatriotas,
le invitó á trasladarse á Zaragoza para contribuir con
sos esfuerzos á la defensa cornun : algunos paisanos ar--
mados le comunicaron la órden en su casa de campo y
le acompañaron á la capital de Al'agon. Snblevóse el




134
al atravesar [a Francia, y manifestó varias veces á
las personas que le acompañaban que aprobaba la
mayor parte de los principios establecidos en ella,
y que los encontraba en armonía con las antiguas
leyes y costumbres de la monarquía. Mas luego
que llegó á la raya, lo primero que hizo fué mu-
dar el camino que le habían seüalado las cortes, y
dirijirse á Zdragoza sin miramiento alguno á los de-
cretos de la asamblea. gn esta ciudad, los enerni-
gos de la constitución comenzaron á valerse de los
medios que habian imajinado para destruir de ar-
riba á abajo un sistema, al que daban el nombre
de código del jacobinismo, y de la impiedad, de
estandarte de la discordia, y de la anarquia , y de
presajio para el rey de una suerte semejante á la
que cupo á Luis X VI. Desgraciadamente cuanto


pueblo, y oblig6 á la junta á nombrar á Palafox capi-
tan jeueral de la provincia, no obstante que solo contaba
veinte y ocho años, y que no pasaban de la mediania
sus conocimientos militares 1 porque siempre habia vi-
vido en ellaberiuto de la corte. No podia hacerse el
nombramiento en un instante mas crítico, pues las tro-
pas francesas marchaban contra Zaragoza en distintas
direcciones 1 y Palafox solamente tenia á su disposicion
doscientos veillte hombres de tropa de línea. Su activi-
dad r enerjía suplieron la debilidad de los medios; arm6
los vecinos: formó cuerpos de esto d iantes: su hermano el
mar-qués de Lazau le proporcionó un refuerz o ; en fin,
hizo uo alistamlento en la provincia, y no tardé tu Cae
meuaar un sitio comparable con el de la antigua Sagun.




135
habia visto el monarcay cuanto presenciaba todos
los dias con sus propios ojos, contribuia á confir-
marle en aquella opinión, y á hacerle creer que la
constitucion era la obra de un partido débil y ais-
lado, rechazado por la masa de la nacion. En too
das las ciudades por donde pasaba el monarca, el
vulgo escitado por los frailes y por el clero arran-
caba la piedra de la constitución , y profería con-
tra ella los mas denigrantes insultos, y contra las


too La intimacion fué brev e , y hreve la respuesta: la
iuvitacion par'a que capitulase no cou teu ia mas que es-
tas pa lahras . Cuartel [eneral de santa Engracia. Capi-
tulacion. Palalo x respo nd ió : Cuartel [eneral de Zara.
goza Guerra á muerte, Los fr au ceses 110 t ard arou en
penatrn r en la ci ud ad r pero cada calle era un campo de
batalla; cada casa uu a fortaleza. Al cabo de sesenta y
un dias de tan sangrienta lucha, los sitiadores se retiraron,
y Palafox. , cuyas fuerz as recibieron entonces aumento,
arriesgé la suerte de una hatalla , quedando venc ido en
Tude!a, El sitio comenzó de nuevo: la ciudad se defen-
dió con el arrojo de la desesperacion ; el bombardeo el u-
ró mas ele un mes l y el paso de cada puerta, de cada
escalera, disputábase cuerpo á cuerpo. Era preciso ca-
pitular; Palafcx no pudo resolverse, y dió sn di misiou
dejando al succesor tan penoso encargo. Cincnenta y
cuatro mil personas habían perecido durante el sitio; y
'Napoleon se m ost eé poco ¡eneroso, ó por mejor decir,
injusto endemasía al mandarle encerrar en el castillo
de Viocennes. Permaneció prisionero hasta el tratado
.de Valencey, y e ut ró en Españ a con el monarca ,OC"-
'Pando después un raugo entre los adictos al príncipe.




136
cortes y los liberales. En Valencia pusiéronse en
movimiento otras maniobras no menos eficaces pa-
ra mover el ánimo del rey: allí se habian reunido
los escritores, los intrigantes, y los miembros mas
osados del partido anti-constitucional. Algunos, co-
mo eljeneral Elío, sedujeron la tropa para que
proclamase al rey absoluto: y otros, como el pu-
hlicista , encubierto bajo el nombre de Lucindo,
publicaron las mas sangrientas sátiras, las diatri-
has mas violentas , y las calumnias mas absurdas
contra las ideas liberales y con! ra los que las pro-
fesaban. Muchos miembros de las cortes que per-
tenecian á la misma faceion , habian enviado cier-
to número de individuos á Valencia parapresen-
tal' á Fernando la famosa representacion llamada
de los Persas, porque comenzaba con una alu-
sion á las costumbres de aquel pais: en cuya re-
presentacion un gran número de diputados del
pueblo protestaban contra la ecsistencia legal del
cuerpo mismo á que pertenecian, y contra los actos
de él emanado. Por otra parte los que habian acom-
pañado al rey en su cautiverio, y en quienes de-
positaba su mayor confianza, procuraban con to-
dos sus esfuerzos apartarle del sistema constitucio-
nal, y le aconsejaban que lo derribase enteramen-
te, y castigase á sus autores y á cuantos eran su
sosten.


El presidente de la regencia en vez de ir á la
frontera al encuentro del rey, conforme al decre-
to de que hemos ya hablado, le recibió en Valen-




137
cia , porque el monarca habia tomado un camino
diferente del señalado por la asamblea: presentóse
en aquellos contornos á S. M., Y después de ha-
berle tributado el debido homenaje, se abstuvo en
virtud de las instrucciones que habia recibido de
las cortes, de besar la mano real segull la antigua
costumbre de la corte española. El monarca, pre-
venido secretamente de 8U intencion , y resuelto
á recobrar todo el poder de sus antepasados, man-
dó en t0l10 áspero al cardenal que le besase la ma-
no. Luego que obedeció, Fernando le volvió la
espalda sin prestar oido al discurso que el cardenal
habia comenzado. Aquel mismo dia le despojó del
arzobispado de Sevilla para que estaba nombrado,
y puso en su lugar á un hombre, que entre todo
el clero español era el que se veia animado del es-
píritu mas violento de fanatismo y de persecucion.


Semejantes acontecimientos no eran sino el
preludio del golpe decisivo que estaba á punto de
descargar para destruir por su base el nuevo órden
de cosas, creado y sostenido por las cortes. El 4
de maJO publicóse en nombre del rey un decreto,
obra del ministro Macanaz, de quien no tardare-
mos en hablar. S. 1\1. declaraba que la asamblea
de las cortes de Cadiz era ilegal, .Y por consiguien-
te la constitucion que habian proclamado nula, y
á mas viciosa y perjudicial; que las luces del siglo
no le permitían gobernar á sus súbditos despótica-
mente, y que por lo mismo S..1\-1. ofrecia congre-
gar Legalmente las cortes de España y América) y




138
de acuerdo con ellas dar al pueblo una constitu-
cían que precaviese el reino contra los peligros del
despotismo; que concederia por este acto a los es-
pañoles la libertad de publicar sus opiniones por
medio de la prensa, y solamente con las precau-io-
Des necesarias para impedir sus abusos; que S. ~1.
aborrecía la tirania, y que no queria gobernar sino
segun las leyes, respetando la libertad individual:
que quedaban disueltas las cortes; y finalmente,
que seria castigado con la pena de muerte el que
hablase en su favor Ó tomase la defensa de la cons-
titucion,


La importancia de este documento es tal que
nos obliga á trasladarlo aquí integra mente.


»Desde que la divina providencia por medio de
la renuncia espontánea y solemne de mi augusto
padre me puso en el trono de mis mayores, del
cual me tenia ya jurado sucesor el reino por sus
procuradores juntos en córtes , segun fuero y cos-
tumbre de la nacion española , usados de largo
tiempo; y desde aquel fausto dia en que entré en
la capital, en medio de las mas sinceras demos-
traciones de amor y lealtad con que el pueblo de
Madrid salió á recibirme, imponiendo esta maui-
festacion de su amor á mi real persona á las hues-
tes francesas, que con achaque de amistad se ha-
bian adelantado apresuradamente hasta ella, sien-
do un presajio de lo que un dia ejecularia este he-
roico pueblo por su rey y por su honra, y dando
el ejemplo que noblemente siguieron todos los de-




139
mas del reino: desde aquel dia, pues, puse en mi
real ánimo para responder á tan leales sentimien-
tos, y satisfacer á Ias grandes obligaciones en q.ue
está un Rey para con sus pueblos, dedicar todo
mi tiempo al desempeño de tan augustas funcio-
nes, y á reparar los males a que pu,lo dar oca-
sion la perniciosa influencia de un valido durante
el reinado anterior. Mis primeras manifestacio-
nes se dirijieron á la restitucion de varios majis-
tracias y de otras personas á quienes arbitraria-
mente se habia separado de sus destinos; pero la
dura situación de las cosas y la perfidia de Bita-
napurte , de cuyos crueles efectos quise, pasando
á Bayona , preservar á mis pueblos, apenas dieron
lugar á mas. Reunida alli la real familia, se co-
metió en toda ella, y señaladamente en mi perso-
na , un tan atroz atentado, que la historia de las
naciones cultas no presenta otro igual, así por sus
circunstancias, como por la série de Sucesos que
alli pasaron; y viajado en lo mas alto el sagrado
derecho de [entes , fui privado de mi libertad, y
de hecho del gobierno de mis reinos, y traslada-
do á un palacio Con mis muy caros hermano y
tia, sirviéndonos de decorosa prision casi por es-
pacio de seis años aquella estancia. En medio de
esta afliccion siempre estuvo presente á mi memo-
ria el amor y lealtad de mis pueblos, y era gran
parte de ella la consideraciou de los infinitos ma-
Ies á que quedaban espuestos: rodeados de enemi-
gos j casi desprovistos de todo pJra poder resistir-




140
les; sin rey y sin un gobierno de antemano esta-
hlecido , que pudiese poner en movimiento y reu-
nir á su voz las fuerzas de la naeion y dinjir su
impulso, y aprovechar los recursos del estado pa-
ra combatir las considerables fuerzas que simultá-
neamente invadieron la Peuinsula , y estaban ya
pérfidamente apoderadas de sus principales plazas.
En tan lastimoso estado espedi, en la forma que
rodeado de la fuerza lo pude hacer , como el úni-
co remedio que quedaba , el decreto de 5 de ma-
yo de 1808, diri ¡ido al Consejo de Castilla, y en
su defecto á cualquiera Chancillería Ó Audiencia
que se hallase en lihertad, para que se Convoca-
sen las Cortes ; las cuales únicamente se habrian
de ocupar por el pronto en proporcional' los arbi-
tries y subsidios necesarios para atender á la de-
fensa del reino, quedando permanentes para lo
demas que pudiese ocurrir; pero este mi real de-
creto por desgracia no fue conocido entonces; y
aunque despues Jo fue, las provincias proveye-
ron, luego que llegó á todas la noticia de la cruel
escena provocada en Madrid por el jefe de las
tropas francesas en el memorable dia 2 de mayo,
á su gobierno por medio de las juntas que crea-
ron. Acaeció en esto la gloriosa batalla de Baylen;
los franceses huyeron hasta Vitoria; y todas las
provincias y la capital me aclamaron de nuevo
rey de Castilla y de Lean, en la forma con que
lo han sido los reyes mis augustos predecesores.
Hecho reciente, de que las medallas acuñadas por




14f
todas partes dan verdadero testimonio, y que han
confirmado los pueblos por donde pasé á mi vuelta
de Francia con la eíusion de sus vivas, que COD~
movieron la sensibilidad de mi corazon , adonde
se grabaron para no borrarse jamas. De los dipu-
tados que nombraron las juntas se formó la Cen-
tral, quien ejerció en mi real nombre todo el po-
der de la soberanía desde setiembre de 1808 hasta
enero de 1810, en cuyo mes se estableció el pri-
roer Consejo de llejencia , donde se continuó el
ejercicio de aquel poder hasta el dia 24 de se-
tiern bre del mismo año, en el cual fueron instala-
das en la Isla de Lean las Cortes llamadas jenera-
les y estraordinarias , concurriendo al acto del
juramento, en que prometieron conservarme to-
dos mis dominios, como á su soberano, J04 di-
putados , á saber, 57 propietarios y 47 suplentes,
como consta del acta que certifió el secretario de
Estado y del despacho de Gracia y Justicia don
Nicolas María de Sierra. Pero á estas Córt.es con-
vocadas de UI1 modo jamas usado en España, aun
en los casos mas árduos , y en los tiempos turbu-
lentos de minoridades de reyes, en que ha. solido
ser mas numeroso el concurso de procuradores
que en las Cortes comunes y ordinarias, no fueron
llamados los estados de Nobleza J Clero, aunque
la Junta Central lo habia mandado, habiéndose
ocultado con arte al Consejo de Rejencia este de-
creta, y tarnbien que la Junta le hahia asignado
la presidencia de las Córtes , prerogativa de Ia so..




142
herania ~ que no habría dejado la Rejencia al ar-
hitrio del Congreso, si de él hubiese tenido noti-
cia. Con esto quecló todo á la disposicion de las
Córtes , las cuales en el mismo dia de su instala-
cion, y por principio ele sus actas, me despojaron
Je la soberanía poco antes reconocida por los mis-
mos diputados, atrihuyéndola nominalmente á la
nacion para apropiársela á sí ellos mismos, y dar
á esta des pues sobre tal usurpación las leyes que
quisieron, imponiéndole el yugo de que forzosa-
mente las recibiese en una nueva Constitucion,
que sin poder de provincia, pueblo ni junta, y
sin noticia de las que se decian representadas por
Jos suplentes de España é Indias ~ establecieron
los diputados ~ y ellos mismos sancionaron y pu-
hlicaron en 1812. Este primer atentado contra
las prerogativ6s del trono, abusando del nombre
de la nacían, fue como la base de los muchos
que á este siguieron; y á pesar de la repugnancia
de muchos diputados, tal vez del mayor número;
fueron adoptados y elevados á leyes, que llama-
ron fll1u{amentales, por medio de la grilería, ame-
nazas y violencias de los que asistían á las galerias
de las Cbrtes , con que se imponia y aterraba ; y
á lo que era verdaderamente obra de una faccion ,
se le revestía del especioso colorido de voluntad
[eneral ~ y por tal se hizo pasar la de unos pocos
sediciosos, que en Cádíz, y después en Madrid,
ocasionaron á los buenos, cuidados y pesadum-
bre. Estos hechos son tan notorios, que apenas




143
hay uno que los ignore, y los mismos Diarios de
las Cortes dan harto testimonio de todos ellos. Un
modo de hacer leyes , tan ajeno de la nacion espa.
ñola, dió lugar á la alteracion de las buenas le-
yes con que en otro tiempo fue respetarla y feliz.
A la verdad casi toda la forma de la antigua cons-
titucion de la monarquía se innovó; y copiando
los principios revolucionarios y democráticos de
la Constitucion francesa de 1791 , Y faltando á lo
mismo que se anuncia al principio de la que se
formó en Cádiz , se sancionaron, no leyes funda-
mentales de una monarquía moderada, sino las
de un gobierno popular, Con un jefe ó majistrado ,
mero ejecutor delegado, que no rey, aunque allí
se le dé este nombre para alucinar y seducir á los.
incautosy á la nacion. Con la misma falta de li-
bertad se firmó y juró esta llueva Constitucion ; y,
es conocido de todos, no solo lo que pasó Con
el respetable Obispo de Orense, pero tambien,
la pena con que á los que no la firmasen y ju",:.
rasen se amenazó. Para preparar los ánimos á
recibir tamañas novedades.. especialmente las fES-
pectivas á mi real persona y prerogativas del
trono, se procuró por medio de los papeles pú:
blicos.. en algunos de los cuales se ocupaban di-
putados de Córtes , y ahusando de la libertad de
imprenta) estahlecida por estas) hacer odioso el
poderlo real; dando á todos los derechos de la
magestad el nombre de despotismo , haciendo
sinónimos los de rey J' déspota, y llamando ti.




144
ranos á los reyes, al mismo tiempo en que se
per:>eguia cruelmente á cualquiera que tuviese fir-
meza para contradecir, ó siquiera disentir de este
modo de pensar revolucionario y sedicioso; y en
todo se afectó el democratismo , quitando del ejér-
cito y armada, y de todos los establecimientos
que de largo tiempo habian Jlevado el título de
reales, este nombre, y sustituyendo el de nacio-
nales, con que se lisonjeaba al pueblo; quien á pe.
sal' de tan perversas artes conservó, por su natu-
ral lealtad, los buenos sentimientos que siempre
formaron su carácter. De todo esto luego que en-
tré dichosamente en el reino, fui adquiriendo fiel
noticia y conocimiento, parle por mis propias ob-
servaciones, parte por los papeles públicos, don-
de hasta estos dias con impudencia se derramaron
especies tan groseras é infames acerca de mi ve-
nida y mi carácter, que aun respecto de cualquier
otro serian muy graves ofensas, dignas de severa
demost racicn y castigo. Tan inesperados hechos
llenaron de amargura mi corazon , y solo fueron
parle para templarla las demostraciones de amor
de todos los que esperaban mi venida para que
con mi presencia pusiese fin á estos males y á la
opresion en que estaban los que conservaron en
su ánimo la memoria de mi persona, y suspiraban
por la verdadera felicidad de la patria. Yo os juro
y prometo á vosotros, verdaderos y leales españo-
les, al mismo tiem po que me compadezco de los
males que habeis sufrido, no quedareis defrauda-




145
dos en vuestras nobles esperanzas. Vuestro sobe-
ralla quiere serlo para vosotros) y en esto coloca
su gloria J en serlo de una nacion heroica, que
con hechos inmortales se ha granjeado la admira-
cion de todas, y conservado su libertad y su hon-
ra. Aborrezco y detesto el despotismo: ni las lu-
ces y cultura de las naciones de Europa lo sufren
ya, ni en España fueron déspotas [amss sus ¡'eyes,
ni sus buenas leyes y constitucion lo han autori-
zado, aunque por desgracia de tiempo en tiempo
se hayan visto, como por todas partes, y en todo
lo que es humano, abusos de poder que ninguna
constitucion posible podr4 precaver del todo; ni
fueron vicios de la que tenia 'a nacion , sino de
pe¡'sonas y efectos de tristes, pero muy rara vez
vistas, circunstancias que dieron lugar y ocasion
á ellos.


Todavía, para precaverlos cuanto sea dado á·
la previsión humana: á saber, conservanrlo el de-
COl'O de la dignidad real y sus derechos, pues
los tiene tIc snyo, y los que pertenecen á los pue-
blos, que Son igualmente inviolables; Yo trataré
con sus procuradores de España y de las ludias;
y en córtes lejítimamenre congregadas, compues-
tas de UIlOS y otros, lo mas pronto que, restable-
cido el órden y los buenos usos en que ha vivido
la nacion , y con su acuerdo han establecido los
reyes mis augustos predecesores, las pudiere jun-
tar; se establecerá sólida y lejítimamente cuanto
convenga al bien de mis reinos, para que mis va-


lOTM. 1. 10




.46
salles vivan prósperos y felices en una relilion y
un imperio estrechamente unidos en indisoluble
lazo; en lo cual, y en solo esto consiste la felici-
dad temporal de un rey y un reino, que tienen
por escelencia el titulo d~ catolicos ; y desde lue-
go se pondrá mano en preparar y arreglar lo que
parezca mejor para la reunion de estas córtes,
donde espero queclen afianzadas las bases de la
prosperidad de mis súbditos, que habitan en uno
y otro hemisferio. La libertad y seguridad iudioi-
dual v real quedarán firmemente aseguradas por
medí; de las leyes que, afianzando la pública tran-
quilidad y el órden, dejen á todos la saludable
libertad, en cuyo goce imperturbable, que distin-
gue á un gobierno moderado de un gobierno arbi-
trario y despótico , deben vivir les ciudadanos que
están sujetos á él. De esta justa libertad gozarán
tambien todos para comunicar por medio de la
imprenta sus ideas y pensamientos, dentro, á sa-
ber, de aquellos límites que la sana razon sobera-
na é independientemente prescribe á todos para que
no dejenere en licencia; pues el respeto que se
debe á la relijiou y al gobierno, y el que los hom-
bres mutuamente deben guardar entre sí, en nin-
gun gobierno culto se puede razonablemente per-
mitir que impunemente se atropelle y quebrante.
Cesará tambien toda sospecha de disipacion de las
rentas del estado, separando la tesorería ele lo que
se asignare para los gastos que ecsijan el decoro de
mi real persona y familia, y el de la nación á quien




147
tengo la gloria de mandar, de la de las rentas que
Con acuerdo del reino se impongan yagignen ra-
ra la conservación del estado en todos los ramos
de su administracion. Y las leyes qne en lo suce-
sivo hayan de servir de norma para las acciones
de mis súbditos, serán establecidas con acuerdo de
las córtes. Por manera que estas bases pueden ser-
vir de :;eguro anuncio de mis reales intenciones en
el gobierno de que me voy á encargar, .Y harán
conocer á todos no un déspota ni un tirano, sino
un rey y un padre de sus vasallos. Por tanto ... ha-
hiendo oido lo que unánimamente me han infor-
mado personas respetables por su celo y conoci-
mientos, y lo que acerca de cuanto aquí se con.
tiene se me ha espuest.o en representaciones, que
de varias partes del reino se me han dirijirlo , en
las cuales se espresa la repugnancia y disgusto con
que a"i la constitucion formada en las cortes [ene .
rafes I estraordinarias , como los demás estable-
cimientos poluicos de nuevo introducidos son mi-
rados en las provincias; los perjuicios y males que
han venido de ellos, y se aumentarian si Yo auto.
rizase COIl mi consentimiento, y jurase aquella
constitucion ; confirmándome con tan decididas y
lenf'rales demostraciones de la voluntad de mis
pueblos , y por ser ellas justas y fundadas, decla-
ro que mi real ánimo es no solamente no jurar ni
acceder á dicha constitucion ni á decreto alguno
de las cortes [enerales y estraordinarias , y de las
ordinarias actualmente abiertas, á saber, Jos que




'f48
Sean depresivos de los derechos y prerrogativas de
mi soberanía, establecidas por la constitucion y las
leyes en que de largo tiempo la nacion ha vivido,
sino el declarar aquella constitucion y tales decre-
tos nulos y de ningun valor ni efecto, ahora ni
en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado
jamas tales actos, y se quitasen de enmedio del
tiempo, y sin obligacion , en mis pueblos y súb-
ditos, de cualquiera clase y condicion , a cumplir-
los ni guardarlos,


y como el que quisiese sostenerlos, y contra-
dijere esta mi real declaracion , tornada con dicho
acuerdo y voluntad, atentaría contra las preroga-
tivas de mi soberanía y la felicidad de la nacion,
y causaria turbación y desasosiego en mis reinos,
declaro reo de lesa Majestad á quien tal osare ó in-
tentare, y que como á tal se le imponga la pena
de la vida, ora lo ejecute de hecho, ora por es-
crito ó de palabra, moviendo ó incitando, Ó de
cualquier modo eshortando y persuadiendo á que
se guarden y observen dicha constitucion y de-
cretos. Y para que entretanto que se restablece
el árdeo, y lo que antes de las novedades intro-
-ducidasee observaba en el reino, acerca de lo
cual sin pérdida de tiempo se irá proveyendo lo
que convenga, no se interrumpa la administracion
de justicia, es mi voluntad que entretanto con ti-
nuen las justicias ordinarias de los pueblos que se
hallan establecidas, los jueces de letras adonde los
hubiere, y las audiencias, intendentes y demas




149
tribunales de justicia en la administracion de ella;
yen Jo político y gubernativo los ayuntamientos
de los pueblos segun de presente están, y entre-
tanto que se establece lo que convenga guardarse,
hasta que, oídas las cortes que llamaré, se asiente
el órden estable de esta parte del gobierno del
reino. Y desde el dia en que este mi decreto se
publique, y fuere comunicado al presidente que
á la sazón lo sea de las córtes que actualmente se
hallan abiertas, cesarán estas en sus sesiones; y
sus actas y las de las anteriores, y cuantos espe-
dientes hubiere en su archivo y secretaría, ó en
poder de cualesquiera individuos, se recojan por la
persona encargada de la ejecucion de este mi real
decreto, y se depositen por ahora en la casa de
ajuutamicnto de la villa de Madrid, cerrando y
sellando la pieza donde se coloquen: los libros de
su biblioteca se pasarán á la real , y á cualquiera
que tratare de impedir la ejecución de esta parte
de mireal decreto, de cualquier modo que lo ha-
ga, igualmente le declaro reo de lesa majestad,
y que como á tal se le imponga la pena de la vi-
da. Y desde aquel dia cesará en todos los juzga-
dos del reino el procedimiento de cualquier cau-
sa que se halle pendiente por infraccion de cons-
tiuicion ; y los que por tales causas se hallaren pr~
sos, ó de cualquier modo arrestados, no habien-
do otro motivo justo segun las leyes, sean inme-
diatamente puestos en libertad. Que así es mi vo..
luntad , por ecsijirlo todo así el bien y la felici-




150
dad da la nacion.-Dado en Valencia á 4 de ma-
yo de f814.-YO EL REY.-Colllo secretario de
del rey con ejercicio de decretos, y habilitado
especialmente para este.-Pedro de Macanaz.


El mismo dia apareció otro decreto sobre la
libertad de la prensa, ordenando que mientras
no se publicase una ley definitiva quedaban lodos
los escritos su jetos á la censura previa,


Publicados ambos decretos en Madrid, las
córtes reunidas en la capital de la monarquia, que
celebraban sus sesiones como en los tiempos mas
tranquilos sin haber tomado la menor precaucion
para sostener el sistema constitucional, fueron
disueltas por los que vinieron de Valencia á apo-
derarse de las riendas del gobierno autorizados
por Fernando. El ejército que ocupaba la provin-
cia de Valencia declaróse abiertamente á favor del
ahsolutismo , y Una de sus divisiones, mandada por
Un jeneral estranjero; ofreció reducir Madrid á
Ia obediencia, si era neeesario, Pero la oferta
era inútil; pues aunque ecsistian en la capital
bastantes tropas para oponer resistencia, la ningu-
na esperiencia del [efe que las mandaba, 1::1 des-
contento que entre ellas reinaba, y el entusiasmo
jeneral de la clase mas baja y mas numerosa del '
pueblo de Madrid en favor del rey, hubieran bas-
tado para paralizar los esfuerzos que pudieron ha·


-cerse para salvar una causa tan mal defendida
hasta entonces.


La entrada del rey en Madrid y los trasportes




151
de alegria con que sus vecinos le recibieron au-
mentaron todavía la ecsasperacion contra las cór-
tes y el sistema representa ti va, Presentóse Fe¡'.
nando en la capital de su reino rodeado de los
hombres que durante su cautiver-io nada habían
hecho para merecer su reconocimiento, y que le
aconsejaban medirlas tan violentas como ilegales.
Asi sancionaron el triunfo de uno de los partidos
que haLian dividido la España en el período que
habia espirado: y desgraciadamente entre todos
los bandos el vencedor era el mas desprovisto de
hombres de mérito. Muchas personas distinguidas
se habían alistado bajo las banderas de Napoleon
ó de la representación nacional; y la faccion que
sosteuia Ja Causa del despotismo se componia por
el contrario de la parte menos ilustrada de la no-
hleza y de los conventos, y de las heces del vulgo,
que en España depende enteramente de las dos
primeras clases.


Este triunfo del partido enardeció hasta el mas
alto punto la ambician de los serviles, y los arras-
tro á los mas violentos escesos: cercaron á Fer-
nando una muchedumbre de [entes tan oscuras co·
mo insolentes, clue reclamaban abiertamente su pa-
ga por las denuncias, las acusaciones y por todo
lo que habían hecho en favor del nuevo órden de
cosas. El único tít.ulo para conseguir los empleos
de cualquiera clase que fuesen, era no una adhe-
sion leal á la persona del rey, sino el odio mas in"
veterado contra las instituciones libera les.




152
En un brevísimo espacio de tiempo fueron se..


parados de sus destinos cuantos habian servido
hajo el gobierno constitucional, y los negocios
públicos confiados á las manos de una multitud de
entes oscuros, incapaces de desempeñar sus fun-
ciones, desprovistos de toda especIe de conoci-
mientos, y que pOI' lo tanto no podian sostenerse
en los puestos de que se habian apoderado sino
continuando en hacer una guerra cruel y pérfida á
las opiniones que habian causado la ruina de sus
antecesores, El mal era [eneral y sin escepciones,
Los tribunales, las iuteudencias , el ministerio,
las catedrales, el ejército, todo cedía al espíritu
de partido que se había sentado en el trono , y lo
peor de tantos males; y lo que mas contribuyó á
desmoralizar á los españoles , fue que el espionaje,
la delacion, la persecuc ion y la intolerancia ser-
vian de escalones para el logro de grandes recom-
pensas. El oficio de espia no solamente se veia au-
torizado , sino que al propio tiempo á los ojos del
gobierno era honrado y lucrativo: y asi es (lua
loejercian descaradamente y á la luz del dia. Has-
ta el mismo confesonario en su santo retiro fa-
vorecia tan perniciosa doctrina , cuando lo ocupa-
han hombres virulentos y ecsajerados. .


Entre los personajes osados que rodeaban al
rey y eran las principales causas de la conduela que
observaba, Macanz y Ostolaza se diElinguieron
por la confianza que en ellos babia depositado el-
monarca , y por el modo escandaloso con qu~ abu.




153
saban de ella, lo que al fin produjo su propia ruina.


Macanaz era el autor del famoso decreto de
Valencia, y el principal instigador de las persecu-
ciones de que no tardaremos en hablar: y al pun-
to que llegó Fernando á Madrid, fué nombrado
ministro de graciay justicia. (Apéndice núm. 13).
Tenia por consiguiente á su disposición todos los
empleos de la Ola [istrutura y de la iglesia: y solo
pensó en venderlos al que mas diese, sin mira-
miento alguno á las dernas consideraciones , sino á
la suma que el nombramiento dehia producirle.
Tan escandaloso tráfico se hacia público y abier-
tamente por el intermedio de cierta señora llama-
da P***, que dcspues de haber estado en Paris , en
Palais-Hoyal , vivía sin misterio con Macanaz ; la
cual desde la clase mas humilde del pueblo habia-
se encumbrado á ser la dispensadora de Jos desti-
nos de un gran reino. La publicidad y el escánda-
lo de semejante conducta fueron tales, que Fer-
nando, á pesar de su afecto á Macanaz, recono-
ció que le era absolutamente necesario poner un
término á tanto desórden , y acordó tomar sus me-
didas sobre este asunto : mas el modo con que eje-
cutó su designio, manifestó que la causa real de la
desgracia de Macanaz , era mas bien alguna ofensa
personal. En efecto, el rey mismo acompañado de
su mayordomo se dirijió al aclarar el dia á casa
del ministro, y acercándose á la cama en que dar-
mia Macanaz , le pidió la llave de cierto escrito-
rio. Sacó todos los papeles que contenia ,y ponién..




154
dolos en un pañuelo se retiró á palacio , dejando
al ministro lleno de admiracion y custodiado por
una guardia numerosa.


Al dia siguiente Macanaz fué encerrado en el
castillo de san Antonio, y publicóse en la gaceta
un decreto enigmático, que soló hablaba ele algu-
nas sumas de dinero que debía restit uir. Difícil es
saber ecsactarnente qué papeles eran estos que tan-
to alteraban al rnonarca : díjose en aquella época


.que se reducian á su correspondencia con Napo-
leon el UI'a r.te la permanencia en Valencey , y que
el favorito se habia alabado desacordadamente de
que podia causar grave daño al rey si la pubhcaba,
Otros pretendieron que el principal objeto de su
inquietud dimanaba solamente de una carta de
que se habia hablado mucho ,y era aquella en que
felicitó á José Bonaparte por el écsito feliz de la
batalla de Ocaña, Sea lo que fuere, Macanaz per-
maneció encerrado en el castilio de san Antonio,
que es una de las prisiones mas seguras de Es-
paña , hasta que el restablecimiento del sistema
constitucional rompió sus hierros. Recobró enton-
ces la libertad y regresó á Madrid, donde no es-
perimentó ni insultos ni persecuciones, La señora
P*** le habia precedido y obtenido de las autorida-
des constitucionales la restitución de ljlgunos efec-
tos que babian sido confiscados juntamente con las
propiedades de su protector, y que probó perte-
necerle,


Ostolaza , otro favorito de Fernando, durante




155
Jós primeros meses de su reinado era un eclesiásti-
co americano , que á todos los vicios que degra-
dan al hombre unia las pasiones mas violentas,
y una audacia que le hacia capaz de utilizarlas en
los proyectos mas vastos .Y mas importantes. Era
confesor del rey en Valencey; mas escapóse de
aquel punto, y logró introducirse en Cadiz y ha-
cerse nombrar miembro de las cortes. Descolló en
la asamblea declarándose cabeza de los serviles, y
es dIgno de notarse que aunque se oponia á la abo-
licion del santo oficio)' á cuantas medidas tendían
á disminuir la infiuencia y las riquezas del clero,
lomó parte en las discusiones sobre la forma de la
constitucion , votó en favor de algunos artículos
muy liberales, y juró defenderla como los dernas
diputados, Al regreso del rey apresuróse á pedir
Una recompema por los ultrajes con que le habian
abrumado en Cadiz cuando se hallaba al frente de
los serviles: colrnáronle al momento de bienes y
honores haciendo participes á sus parientes y ami.
gos. Sin embargo, Fernando que no gustaba de
lecciones ni de eshortos , Ji~gustóse pronto de los
que no cesaba de dilijirle Ostolaza , y le privó de
la confianza que hasta entonces le había dispensa-
do (Istcluza tijó pues los ojos en el infante D. Car-
los, que le nombró su confesor: y de tal suerte lo-
gró llenar su espíritn de terrores, escrúpulos yen·
sueüos ascéticos, que el mal parado infante destruía
de dia en día su salud con las privaciones y las pe-
nitencias á que se entregaba. Al mismo tiempo Os-




156
tolaza procuraba con sus intrigas volver á la gracia
del monarca; mientras que los nuevos favoritos
habiau resuello desembarazarse á todo precio de
tan peligroso rival. Las inmensas rentas que saca-
ha de sus beneficios le proporcionaban los medios
de vivir con esplendidez j mas habiendo sido norn-
hrado superior de un colejio de niñas, sus desen-
frenadas pasiones corrieron Una carrera sin lími-
tes, y le atrajeron una desgracia estrepitosa. Qui-
so convertir en serrallo el colejio de que era direc-
tor, y empleó todos los medios que el espíritu mas
diabólico supo inspirarle, para seducir á las jóve-
nes mas bonitas que allí habitaban, Con las unas
recurrió á la violencia, con las otras finjió el amor
mas ardiente y mas indomable, COIl aquellas en fin
se valió de la impostura y de los medios místicos
que herían su imajinacion, La preñez de algunas,
el escándalo que resultaba en la provincia de una
conducta tan abominahle , las quejas de otras , la
fuga de muchas , despertaron en fin la atencicn de
la autoridad eclesiástica. Ostolaza fué arrestado
por órden del obispo, mas la inquisición llamó la
causa á su tribunal, porque descubrió que uno de
los medios de seduccion consistía en enseñar á las
jóvenes doctrinas heterodoxas é impías sobre la
inocencia de ciertas acciones que la relijion y la
moral condenan. Destináronle al famoso conven-
to de las Batuecas , donde sigió entregándose á las
pasiones que lo dominaban, y de allí rué condu-
cido á un monasterio de Andalucía. Puhlicáronse




157
después de restablecida la constitucion las piezas
de su proceso, que ofrecen un cuadro muy curio-
so aunque deplorable de la pasion, de la dehilidad
y del crimen. Semejantes detalles no necesitan co-
mentarios ni carecen de utilidad,


Mientras que Jos ministros españoles se entre-
gahan á todos Jos eseesos del despotismo, y á todos
los desvaríos del capricho, la faceion á cuya ca-
heza se habian colocado y que gobernaba en nom-
bre del monarca, fulminaba la mas rigurosa per-
secucion contra cuantos se habian distinguido en
el período anterior. Los tribunales sin uúrnero ,
restablecidos al tenor del antiguo sistema, no po~
dian suministrar á los autores de la persecucion los
medios ele satisfacer su veng~lI1za; creóse pues una
cornision de estado ,compuesta de los miembros
mas implacables de la majistratura , cornision que
no seguia mas código ni mas regla que las pasiones
que la animaban. Hallábase al frente de este cuer-
po el famoso conde del Pinar, firme sostenedor del
partido anti-constitucional durante la permanen-
cia de las cortes en Cadiz. El embajador ingles sir
Enrique Wellesley , habia pedido y obtenido en
Valencia, en nombre de su gobierno, que no se
impusiese la pena de muerte por delitos políticos,
Así es que la cornision no podia enviar víctimas al
cadalso J pero en cambio prodigaba presidios, des.
tierras, mult.as, confiscaciones y arrestos.


No solamente sufrian el odio del partido dorni-
nante los diputados, los escritores políticos y los




158
jefes del bando liberal, sino tambien los ciudada-
nos mas inactivos é insignificantes que únicamente
habian sido espectadores. Castigábase á los (Iue 11a.
bien convidado á comer á un diputado, Irecuen-
tado las galerías del salon de cortes, leido habitual-
mente los periódicos y folletos; á los actores que
habian representado papel en los dramas patrióti-
cos; á los abogados (lile en los pleitos hablan sos-
tenido las nuevas doctrinas ; y á los jueces que se
habian guiaJo en las sentencias por los principios
de la constitución que juraron observar. lnútil es
advert.ir que la comision de estado nunca tuvo mas
miras que satisfacer el resentimiento personal de
los jueces que la cornponian y el de los jefes del
partido á quien serv ia : cada personaje de es!os en-
vió á la comisión una lista de los individuos que
habian caído en su desgracia, y al punto se pro-
nunció contra ellos una condenacion. No se obser-
vaban en estos procesos ninguna de las formas que
las naciones civilizaJas han adoptado para ilustrar
la eoncieucia de los [ueces y defender los derechos
del inocente. El encarcelamiento y las deporta-
ciones eran las únicas medidas del tribunal, que
llenaba de este modo los calabozos y los presidios
de varones sin tacha y honrados: gran número de
familias viéronse privadas de su jefe, y reducidas
á la miseria.


Para dar un pretesto plausible á tantas cruel-
dades, necesario era inventar crímenes, pon1ue no
ecsistian : creyeron pues los consejeros de Fernan-




·'59
do que el mejor medio de encender el odio de la na.
cion contra los acusados, era suponer que tenian
un proyecto para establecer la república. Para co-
lorar tales acusaciones con alguna aparrencia de
verdad, anunciaron en los periódicos que un co-
ronel frances que desertó al retirarse el ejército
imperial hahia despertado las sospechas de la au-
toridad, Llamábase Audinot, y reducido á prisión
confesó al juez que le interrogaba, que juntamen-
te con Argüelles babia trazado el plan de una re-
pública. Trasladáronle á Madrid, en cuyos calabo-
zos yacia D. Agustin Argüelles: el falso coronel ca-
yó en tales cont.radicciones y vomitó tales absur-
dos, que el conde del Pinar, juez de la causa y uno
de los inventores de la pretendida trama, no pudo
por mas tiempo sostener la acusacion. El cor-one],
Audinot , que era un mozo de cocina de la conde-
sa de Benavente, causó entonces bastante embara-
zo al partido que lo babia empleado. Reducido á
la dcsesperacion al ver que no le ponian en liber-
tad, y que nunca le cumplirian las magníficas pro-
mesas con que le habian arrastrado á la impostu-
ra, descubrió á cuantos fueron á visitarle á la cár-
cel la verdad sobre la pretendida repú blica , y los
nombres de los verdaderos autores. Aun hizo Olas:
logró escapar del calabozo donde eslaLa ,y subien-
do á una torre del edificio, y llamando desde allí
á grandes gritos á los que pasaban pnr la calle, re-
pitió las revelaciones que ya habia hecho, y aña-
dió que podía asegurar que le restaban pocas horas




160
de vida: cumplióse su profesion, y divulgóse la
voz de que se habia degollado con una navaja de
afeitar, aunque muchos atribuyeron su muerte á
los efectos del veneno.


Terminados en fin tan bárbaros procedimien-
tos, comenzó entonces para España una época en-
teramente nueva en los fastos de la historia mo-
derna, época que caracterizan rasgos particulares
que en vano buscaría el lector en los siglos mas re-
motos. Mas como los aconte cirnientos que perte-
necen á esta época van enlazados naturalmente á
las diversas ramas de la adrninistracien , juzgamos
útil para el órden y la claridad de la narraccion,
clasificarlos bajo sus diferentes jefes. As! la histo-
ria de los seis años que trascurrieron desde la res-
tauracion de Fernando hasta el restablecimiento de
Ia constitucion en 1820, Se dividirá en artículos
que llevarán los títulos siguientes: Ministerio de es-
tado: gobierno del interior: ministerio de gracia y
justicia: hacienda: ministerio de la guerra y mari-
na: y por fin, la última seccion contendrá una
porcion de hechos aislados, y anécdotas propias
para dar una idea de las costumbres y del carácter
de la época que nos ocupa.




MEMORIAS DISTORICAS
SOBRE


H¡ll'IST:m~IODE ESTADO.


Cuando los reyes se vieron restablecidos á la
tranquila posesion de sus tronos por la enerjía y
el arrojo de los pueblos, debieron naturalmente
temer una reacción de su parte, si, en recornpensa
de su patriotismo y de sus sacrificios querian con-
tinuar sujetándolos al yugo de un goLiernoabsolu-
too Por esta razon , moderaron tanto su lenguaje
los reyes y dieron á sus súbditos las mas .brjlllan-
tes esperanzas. Los diplomáticos mas ilustrados de
Europa creyeron que era preciso hacer algunas
concesiones á la clase media de la sociedad, que
tan poderosamente habia contribuido á destruir el
enemigo cornun ; y el que se hubiese atrevido á
proponer en los consejos de Jos monarcas reinan-
Les la esteusion del poder real (lue despues adqui-


TOM. l. "




162
rió en Europa, hubiera sido mirado indudable-
mente como un consejero terrierario , ó como el
enemigo de las testas corona-les. La Santa Alianza
se encontraba entonces precisamente en el caso de
aquellos que, deseando llevar á cabo una grande
ernpresa , temen dar el primer paso, y encuentran
otra persona menos prudente ó menos tímida que
se espone á los peligros de la esperiencia , y mues-
tra con su ejemplo los males ó los bienes que de
ella pueden esperarse, Los monarcas vieron en Es-
paila el sitio idóneo para verificar el fatal esperi-
mento, y dejaron obrar á Fernando para asegu-
rarse del grado á que podía llegar la docilidad de
las naciones,


Fernando, pues, fue considerado como el ins-
trurnento mas útil á sus designios; y no tardó en
ser el objeto de sus mas señaladas atenciones. Las
relaciones diplomáti-ias entre las grandes potencias
y lácórte de España, llevaban el sello de la mas
fina benevolencia y de la amistad mas Íntima: J'
los embajadores enviados á Madrid gozaban de la
confianza particular de sus respectivos monarcas.
Fernando los recibió con la misma confianza y los
trató además con la mayor familiaridad: el go-
bierno ingles mostró en este caso tanta prudencia
como sabiduría y moderación, No cahia duda en
que ejercia secretamente en .Esp¡¡iJa grande in-
fluencia , y sin embargo su ministro fe rnantenia
apartado de las intrigas políticas en que tan activa
parte tomaban sus compañeros. En una sola oca-




163
sion intervino directamente en los negocios públi-
cos , para reclamar el cumplimiento de la prome-
sa hecha en Valencia de no castigar con la pena
de muerte á los q~le fuesen acusados sr-lamente
de opiniones liberales. El famoso cojo de Málaga
hubiera sido sin duda alguna arrastrado al cadalso,
si MI'. Vaug han no hubiese despl egado en este ca-
so una enerjía y una actividaJ que le honran en
estremo. Ecsijió de Ceballos el perdon del preso,
le amenazó con la justa indignacion del gabinete
de Saint James, y fijó la hora para recibir una
respuesta del ministro; sería de desear que la po-
lítica eUl'Opea nos suministrase rasgos semejantes
á éste.


El Austria no mantenia Con España otros la-
zos que los que se derivaban de la semejanza de
sus principios políticos; el ministro de est a po.
tencia era U3 veneciano sin talen lo y sin inílucn-
cia, pero en cambio enemigo formidable de la
libertad.


El conde de Werther, hombre muy ilustrado,
era el representante de Prusia, y fue reem plazado
por un aventurero hanoveriano que hahia sido sim-
pie soldado en un rejimiento español y se había
distinguido por su bravura en la guerra de la in.
dependencia. La historia de semejante hombre no
pertenece á los negocios pollticos , á menos que
no se considere su perrnaneucia en España como
una prueba de la indiferencia de la Prusia por la
corte á que enviaba tan insignificante personaje.




164
Las negociaciones que mediaron en esta época


con el gobierno de los Estados U nidos tenia n una
alta importancia: tratábase de la cesión de la Flori-
da, y se concluyó el asunto con muchas ventajas
para el gabinete Washington. Creyóse [eneralmen-
te que debia atribuirse el resultado á un diplomá-
tico español que no fue inaccesible al oro de los
americanos, y que despues descifró su equívoca
conducta faltando á los deberes que la nacion le
hahia impuesto.


La Francia acreditó de embajador en la córte
de Fernando á un Montmorency ,esclusivamente
consagrado á la familia de los Borbones , y para
recompensarle de su fidelidad á toda prueba, el
rey le concedió el título de grande de España y
las decoraciones de la órden del Toison de oro y
la gran cruz de Cárlos III. Sin ernbargo , debe-


.mos confesar que mientras permaneció en Espa-
ña conservó este embajador una conducta siempre
franca y noble. Su nombre no figura en ninguna
de las intrigas diplomáticas de que fué entonces
teatro la Península: así el duque de Montrnoren-
cy abandonó su puesto al punto que se resolvió
destruir el sistema constitucional, y que para He·
gar á este objeto se emponzoñaron con la cormp-
cion todos los manantiales de la felicidad del pais;
se organizó la traición , y se fomentó la guerra
civil por todos los medios posibles. Reemplazóle
un hombre que profesaba principios muy dis-
tintos.




·165
Aunque la Rusia parezca tan separada de Es-


paña pOI' sus intereses políticos y por su posicion
geográfica, sin embargo, sus relaciones con el
gabinete de Madrid eran mucho mas íntimas y
gozaba de mayor inftuencia que \a!'> dema5 nacio-
nes, La Europa habia silla testigo de la humilla-
cion á que las armas de Napoleon redujeron el
imperio ruso: la córte española habia visto la de.
ferencia que Alejandro mostró despues al capitan
del siglo; y sabía en fin que el emperador de Ru-
sia habia consentido en la servidumbre de España
y en la elevacion de José al trono. Es probable
que la vigorosa resistencia de los españoles para
rechazar tan injusta invasion , fue una de las cau-


. sas que inspiraron á Alejandro el deseo de sacu-
dir el yugo que Napoleon le queria imponer ..y el
proyecto de rejenerar el mundo civilizado. El go-
hierno constitucional encerrado dentro de las mu-
rallas de Cádiz y sosteniendo una guerra tan por-
fiada como atrevida, resolvió entonces utilizarse
de este principio. Con tal objeto, envió á San
Petersburgo á don Francisco Cea Bermudez , va
ron tan distinguido por la elevación de sus senti--
mientas como por su tacto en el manejo de los
negocios mas delicados. Sin embargo, los conseje-
ros de Alejandro consideraron su misión como una
tentativa criminal: rehusaron reconocer el carác-
ter diplomático que le habia conferido un gobier-
no lejitirno , y negándose á escuchar sus proposi-
ciones le prohibieron residir en la capital del im-




f()6
perio ruso. No por eso se amilanó Cea Bermurles,
y conociendo perfectamente la mudanza que es..
perimentaban las opiniones del norte de Europa,
adivinó que se acercaba el momento en que su
presencia debía ser útil y en que su rnision seria
considerada bajo un punto de vista mas favorable.
No se engañaba: los pueblos fatigados de una guer-
ra continua, tomaron las armas para la defensa
cornun , y el ejemplo de España despertó Ias na-
ciones de su letargo jeneralizando la guelT3. Ale-
Jandro reconoció entonces la lejitirnad del gobier..
no español y el carácter de su embajador, como
habia reconocido hasta entonces la lejitiruidad de
José y el carácter de su plenipotenciario PaLio
Figueroa. Mr. de Tatistcheff fue nombrado re-
presentante de la córte de San Petersburgo en 1\1a·
drid, y con la llegada de este ministro á la capi-
tal de la monarquía princi pia una nueva época en
los anales de la diplomacia.


Fernando, mucho mas juicioso que sus igno..
rantes consejeros, conoció pronto la necesnlad de
los socorros estranjeros para ponerse en estado de
resistir á los ataques· que la opiuion pública pudie-
se dirijir contra su sistema de gobernar. La Eu-
ropa había reconocido la constitucion proclama-
da en Cádiz J y la indignacion de los hombres mas
ilustrados contra la marcha que habian adoptado
los ministros de Fernando espresábase con vigor
en los periódicos ingleses y franceses. La mayor
parte de los liberales españoles que habian logra-




167
do huir de su patria, residían en Lóndres ó en Pa-
ris , donde su presencia sola bastaba para condenar
á sus perseguidores. Mas de una vez resonaron las
invectivas mas violentas contra los ministros de
Fernando en las asambleas de ambas naciones, y
la apolojía que hacia el Correo dictada y pagada
por un diplomático espuñol , que cuando esto se
escribe representa á su nación en una de las cór-
tes del Norte, servia solamente para ilustrar mas
y mas la opinion pública sobre la tiranía que afli-
jia á los desgraciados españoles. En tales circuns-
tancias, Fernando consideró la amistad de Alejan-
dro corno un consuelo que le enviaLa la provi-
dencia. El emperador de Rusia comenzó con su-
ma satisfacción su correspondencia íntima con U11
prÍncipe cuya historia habia interesado á todos los
corazones sensibles. Tatistcheff sabia muy bien
cuanto partido podia sacarse de estas disposi-
ciones recíprocas, y hahia penetrado prontamente
el carácter de Fernando y reconocido la facilidad
con que cedia al impulso ajeno. En su vista pro-
curó descubrir el mejor modo de utilizar tales re-
cursos, no solo en beneficio de sus ventajas parti-
culares, sino tarnhien para favorecer el sistema
jeneral que se había propuesto la Santa Alianza.


Fernando se convenció de que la estabilidad
del trono que .ocupaha y de su familia dependian
de la voluntad del Emperador, y por consiguien-
te que sus relaciones Íntimas con aquel monarca y
una deferencia ciega á todas sus insinuaciones,




16&
eran los únicos medios de evitar los infortunios
que le amenazaban por todas partes. Muchos cor-
tesanos de Fernando estaban interesados en entre"
tener y prolongar su ilusion , unos á causa de su
odio á la Inglaterra que, gobernada por institucio-
nes liberales, infundia terror á los fanáticos y á
los perseguidores: los otros á causa de su ambi-
cian y de su interes personal; aquellos, en fin,
obligados por las relaciones que hablan ya forma-
do Con el embajador ruso y pOI' los ausilios que
le habian prestado para concertar los planes que
despues ejecutaron. Ponian de COlltÍ(JUO á la vista
de Fernando los números del Times ; de el Edin-
burgh. review , de la Minerva, del Constitucional
y de otros periódicos que hablaban de su persona
del modo mas satírico, y le acusaban de los desig-
nios mas sangrientos. Hacianle creer que tales in-
vectivas eran la espresion de las opiniones, no so-
lo de los pueblos sino tambien de algunos reyes y
grandes personajes de Europa; que los desconten-
tos de la Península contaban can los socorros es-
tran jeras; que las sociedades secretas de todos los
paises habian jurado su pérdida, y que la Rusia,
cuya influencia continental Se hahia aumentado de
Una manera tan estraordinaria por los últimos
acontecimientos políticos, podia solamente prote-
jerle contra tantos enemigos y tan poderosos. El
embajador ruso no despreció ocasiOll alguna de
prevalerse de estos temores y esperanzas conque
habiau preocupado tan fuertementeelespíritu del




169
rey, y muchos grandes funcionarios de España se
consagraron enteramente á Tatistcheff. Eguia, mi-
nistro de la guerra en esta época, vino á ser el
instrumento ciego de su voluntad, y prevalida de
este ministro la camarilla (1), poder formidable
é invisible de que tanto se ha hablado en Europa,
y que tan grande influencia ejercía en los destinos
de España, na se movia sino á impulso de la vo-
luntad de Alejandro.


Con el fin de hacerse dueño absoluto de este
consejo secreto, colocó á su cabeza á un hombre
que gozaba de toda su confianza, y que no hubie-
ra salido de la oscuridad en que había nacido, si.
no á favor de la anarquía que reinaba entonces en
la Península española.


Antonio Ugarte fue esportillero de Madrid, y
despues ajente de negocios, en cuyo desempeño
desplegó mucha actividad: empleáronle en clase
de tal el ministro ruso á su llegada á España, y
algunos jenerales franceses durante su permanen-
cia en la Península. Las funciones que desernpe-


(1) La camarilla, sala donde aguardahan al pie
de la campanilla los criados de la servidumbre que
estaban de servicio. De aquí se llamó camarilla á
la reuu ion de los hombres que alli se juntaban para
árreglar los negocios mas importantes de la mona r-,
quía. En Inglaterra se ha darlo á esta accion secre-
ta el nombre de influence bchind the throne (iullucn»
cia de detras del trono).




170
ñaba Ugarte eran de mi órden tan inferior , que
Tatistcheff le trató mucho tiempo como uno de
sus últimos criados: viéronle mas de una vez en
el cuarto del portero hablando familiarmente
con el, mientras esperaba una audiencia de su
amo. No tardó la política en tornar parte en estas
iutrigas , que al principio parecian insignificantes;
y el ojo diplomático descubrió pronto que un
hombre tal como Ugarte, podia serie útil en el
gabinete español : finalmente, por los esfuerzos y
Ia influencia de Tatistcheff , Ugarle llegó á ser el
amigo y el consejero Íntimo de Eguia. Ejerció su
despotismo en el ministerio de la guerra.1 y logró
despues ser admitido á la intimidad del monarca:
por espacio de algunos meses, su favor tanto mas
poderoso cuanto mas ocultos eran los medios que
lo sostenían , no pudo compararse sino al de Go-
doy en su mas brillante período ; sin embargo, la
ambicion de Ugarte no se hallaba satisfecha COIl
un estado equívoco que le ponia á cada instante
en la necesidad de guardar ciertos miramientos
con los ministros: creóse pues·, á propósito, un
nuevo poder de que se encargó esclusivarnente,
siendo nombrado director [eneral de las espedi-
cioues destinadas á conquistar y á pacificar la Amé-
rica,


Es imposible echar una mirada sobre la época
de que hablamos, sin penetrarse de la mas vive
indignaciou contra los ambiciosos y cobardes qUE
fomentaron guerra tan cruel y antisocial. La Pe




171
ninsula habia salido apenas de una crISIS violenta
que la babia debilitado; sus manantiales se veian
agotados; sus habitantes comenzaban entonces á
reparar sus pérdidas y solo pediau la paz y el re-
poso. El estado político de Europa daba e~p~ran·
zas de tranquilidad por algunos años, yen lan de-
licada coyunlura el gohierno Cl'pañol, fasciuado
por ideas quiméricas, obligaba á la nación á ha-
cer los mayores sacrificios y á enviar la flor de su
juventud á enterrarse en las savánas de América,
sin perspectiva de gloria ni de recompensa. A los
ojos de los consejeros de Fernando, la empresa
de someter de nuevo al yugo de la esclavitud las
naciones que lo habían sacudido era Justa; y en su
delirio pensaban facilmente reconquistar con Un
puñado de soldados descontentos, un pueblo nu-
meroso y valiente, en el que las ideas de indepen-
dencia habian despertado el entusiasmo que tal1
invencible hace la bravura, y tantos medios su-
ministra para crearse recursos. La espedicion que
se preparaba con este objeto en España se campo-
nia de las mejores tropas del ejército, y para ocur-
rir á los gastos de su equipo tomáronse por el mi-
nisterio dé hacienda las medidas maro¡ violentas y
mas absurdas. Cuando se hubieron agotado el te ..
soro público y el comercio de Cádiz, impusieron
en toda la Península é islas adyacentes contribu-
ciones arbitrarias , sin regla alguna de justicia,
para hacerlas mas soportables, y ecsijióse su pago
Con estraordinario rigor. La suma inmensa que




172
produjo, como todos los fondos destinados &
espedicion, debían pasar por las manos de Ugar
que no estaba obligado á rendir cuentas á nadi ,
del destino que desempeñaba" ni á consultar á 1 ~
ministros sobre las medidas que ecsijiau tan vas
tas operaciones. Sostenía comunicaciones directa
con los jenerales, los intendentes y demas funcio-
narios que dependian de su adrninistracion , y que
no teuian mas recurso que obedecer ciega y esclu-]
sivamente sus mandatos.


Al parecer, los servicios de U garte en el em.~
pleo singular á que Se veia encumbrado, no d~sa-;
gradaron al Emperador Alejandro" porque S. M.J
1. le concedió la cruz de Santa Ana, y en cambio j
Tatistcheff fue creado caballero del Toison de oro,
y recibieron la cruz de Cárlos III los indi viduos
que componían la legacian rusa.


La influencia de la Rusia no se limitaba á los
salones de palacio: dominaba igualmente en los
oficios y despachos de la policia de Madrid. Las,
recomendaciones del diplomático ruso eran siern-
pre eficaces y producian una decisión favorable á
la persona recomendada, cualquiera que fuese el
asunto de que se trataba: y así mientras que los
ejércitos españoles obedecian, por conducto de
Egaia las órdenes de Tatistcheff, las cárceles se
abrian para dar libertad á aquellos á quienes pro-
tejian sus subalternos.


En esta época se concluyó el famoso convenio
para la compra de las fragatas rusas J convenio en




173
que la córte de san Petersburgo I'lanifestó los mas
vivos deseos de suministrar á la Península los me-
días de continuar la guerra contra los america-
nos, y al propio tiempo desembarazarse de tres
barcos podridos en pago de los que recibió una
suma considerable (1). No tardaron en reconocer
en Cádiz la inutilidad completa de tales barcos,
y Alejandro ofreció al gobierno español otras dos
fragatas en mejor estado: tan propicias circuns-
tancias suministraron á su representante nuevas
ocasiones de ejercer su influencia sobre el ánimo
de Fernando.


Tatistcbeíf se trasladó á Cádiz, y los minis-
tros Pizarra y Garay quisieron aprovecharse de
su ausencia para verificar la rejeneracion política
del pais , Ó 'al menos para libertar al rey de la
especie de tutela en que se hallaba. El primero
de estos dos ministros era detestado por el parti-
do que dominaba en el palacio, y al segundo
temíanle los que vivian á espensas del tesoro y
del desórden que en él reinaba. En efecto, Garay
habia procurado introducir en la adrninistracion
de la hacienda un nuevo plan fundado principal.
mente en el sistema de una contribución directa.
Toda la faceion, á cuya cabeza se encontraban


(1) M'lc!Jos niegan que haya pagado España Jos
referidos harcos: lo cierto es, que se prohibid hahlar
mal de la flota rusa; y los l1ue murmuraban eran
mirados COIllO herejes.




174
Tatistchf.'ff , EgtJ~:l Y Ugarte, babia resuelto Ja
ruina de dos enemigos tan poderosos, y le fue en
estrerno fácil llevar á cabo su proyecto. Habien-
do trabajado cierta noche el monarca hasta una ho-
ra muy adelantada con los dos ministros Pizarra y


. Garay , se despidió de ellos con 'la fan.iliaridad
que le caracteriza. Algunas horas despues fueron
arrebatados de su cama por mandato del rey, y
en medio de las tinieblas de la noche, y sin dar-
les tiempo para hacer preparativo ¡¡lguno 'de via-
je , recibieron órden de partir con una fuerte es-
colta de caballeria el uno á Aragon y el otro á
Valencia. No paró aqui la persecución : escitó el
interés [eneral la esposa de PiZélITO, señora de
mucho mérito y muy adelantada en su preñez..
por el modo inicuo con que la trataron. Como si
á los ojos de los enemigos de su maridofuese un
crímen el ser espesa de Pizarra, mandáronla sa-
lir de Madrid en e: mas breve espacio de tiempo,
sin dar oidos á sus ruegos y sin miramiento á los
peligros que iba á correr su vida. Entrelanto Ta-
tistcheff habia negociado en Cádiz con el marques
de Casa Irujo (1), Y ofrecídole la secretaria de esta-
do á precio de una ciega obediencia. El marques


(1) El marques de Casa Irujo se portó con mu «
cha templanza en las dos épocas en que fue miuis «
tro, y estaba adornado de apreciables circunstan-
cias.




175
poseia todas las cualidades necesarias para ser com-
pañero de Eguia y dependiente de Tatistcheff, y
asi no tardó en tomar posesion del ministerio, lle-
nando y cumpliendo escrupulosamente las condi-
ciones con que lo habia obtenido.


Podemos afirmar sin temor de que nos contra-
digan, que mientras permaneció Tatistcheff en la
Península no se tomó medida alguna sin su asenti-
miento, por poco importante que fuese. Los que
están enterados de la época de que hablamos sa-
ben que el embajador ruso nunca ejerció su in-
fluencia sino para favorecer los proyectos que ten-
dian á degradar la nacion española. Encumbraba
en los destinos públicos á hombres ignorantes y
fanáticos, con el fin de sostener el sistema ruino-
so de las espediciones lejanas y de destruir toda
esperanza de reformas útiles en la esencia del go-
hieruo ,


Este período de la historia de Fernando ofre-
ce un manantial fecundo de observaciones. Por
Una parte vemos al monarca ruso proclamar en
Polonia el triunfo de las ideas liberales; y por
otra vemos á su ministro perseguir con encarniza-
miento las mismas ideas en un país en que babian
salvado la independencia. No es fácil esplicar por
que la Rusia procuraba consolidar en Mauríd el
gobierno absoluto y estrechar los lazos que la
unian á Fernando á proporcion que este príncipe
aumentaba la esclavitud de sus snbditos , y se alia-
ba en Italia con los descontentos ,penetrando en




176
el seno de las sociedades secretas, ofreciéndoles
toda especie de socorros y designándoles el hom..
hre mas digno de ser colocado a su cabeza para
unir las provincias de la hermosa Italia bajo un
gobierno liberal y representativo. Las relaciones
íntimas del príncipe de Carignan con el Embaja-
dor ruso, en la córte de TUNn, contribuyeron
en estremo á alucinar á los italianos que creian
que el gabinete de Rusia deseaba espulsur á los
austriacos de la Lombardía. Digno es de notar..
se que el espíritu de libertad y de patriotismo que
mas tarde resonó en las Cabezas de San Juan,
nació en medio de las espediciones desastrosas de
Ultramar. Desarrollóse rápidamente el contajio
liberal entre un pueblo que ha amado siempre la
independencia, y ocasionó con el tiempo las mas
vivas alarmas, al que habia reunido los materia-
les de tan vasto incendio. Podemos pues mirar á
la Rusia como el instrumento de que se valió la
Providencia para Sacar la España del estado de
letargo en que yacía, y darle á conocer, aunque
por corto espacio, la libertad.


Tatistcheff fue llamado á san Petersburgo po..
cos días antes de verificarse la revuelta de la isla
de Leún , ó bien porque el Emperador necesitase
emplear en otra parte su destreza diplomática, ó
bien porque llegase á sus oídos el clamor de algu..
nos españoles celosos. Las relaciones Íntimas que
hablan ecsistido hasta entonces entre las dos cór-
tes, cesaron en gran parte con su ausencia, por-




177
que su sucesor tenia poca ambician y menos tacto
para las intrigas de palacio. Procedió hasta cierto
punto con suma reserva, y aun se decia que des-
aprobaba el sistema que había hecho tan odioso
en la Península el nombre de la Rusia.


Por esta época se verificó el matrimonio de
Fernando con Maria Isabel, J' el de su hermano
don Cárlas con Maria Francisca de Braganza, hi-
jas del rey de Portugal. Un fraile oscuro de san
Francisco fue el negociador de esta alianza, cuyas
consecuencias políticas eran tan importantes. Las
turbulencias de América habían obligado al buen
fralle á refujiarse en el Brasil, donde hallando
medio de introducirse en la familia real, propu~o
ambos casamientos y vino á España á pedir á los
príncipes las albricias. Fray Cirilo Alameda fue
perfectamente recibido, su propuesta aceptada,
y en recompensa da un servicio tan importante
nombráronle [eueral de la órden de los francisca-
nos, )' grande de España de primera clase (1).
Aciharó tan feliz suceso una circunstancia digna


(1) Siempre ha sido en España un destino de la
mayor importancia el de [eneral de los franciscanos;
por la iufluencia sin límites '1ue ejercia sobre la mu-
chedumbre de frailes mendicantes: componía parte
de su renta una coutrjbucion hebdomodaria, que con-
sistia en pagar cada convento de la orden una pe-
seta diaria, Aseguran que antes de la entrada de los
franCeses en España, llegaban á doce mil los COI1-
ventes de franciscanos que en ella habla,


TOM. 1. 12




178
de notarse : Acercábansc ya las princesas á la cos..
ta de España, cuando llegó á Madrid la noticia de
que los portugueses se habian apoderado de Mon-
te-Video. Irritóse el orgullo español, y ardió de
nuevo el antiguo odio que los castellanos profesa-
ban á los portugueses El consejo de estado opinó
que el matrimonio proyectado no debia verifi-
carse , y el infante don Antonio fue de dictamen
de que se retuviesen en rehenes las princesas basta
que quedase restituido el territorio usurpado: mas
la reina no tardó en desarmar tan justa cólera COn
su hermosura, sus gracias y la dulzura de sus mo-
dales. Cuando la bella Isabel se sentó en el trono
concibióse jeneralmente la esperanza de que liLer..
taria el pais del yugo que lo oprimía : y esta espe-
ranza crecia á medida que la reina desarrollaba
las cualidades amables de que la había dotado la
naturaleza. La ilusion fue breve, y el dolor de los
españoles tan grande como sincero cuando supie-
ron que S. M. estaba prócsima á espirar. Su her-
mana que gozaba de mejor salud, y cUJo casa-
miento prometia considerable aumento á la Iarni-
lia real, nunca despertó en la Península los mis-
mos sentimientos de admiracion y de amor, por·
que enemiga de la libertad, y no menos orgullosa
ni menos emprendedora que su madre, incitó con
frecuencia á Fernando á tornar medidas violentas
contra el sistema constitucional , que tantas veces
babia ofrecido observar: en tales circunstancias la
presencia de la -princesa Francisca en el palacio




179
no contribuyó poco á aumentar los disgustos con-
tinuos que abrumaban á Jos hombres distinguidos
que lo habitaban.


El marqnes de Cerralbo negoció el tercer ma-
trimonio de Fernando con Maria Josefa Arnalia de
Sa¡onia, princesa tan notable pOl' las gracias de Sil
persona, corno por la elevación relijiosa de su es·
piritu, y que nunca quiso tomar parte en los ne-
gocios políticos sino para suavizar la violencia de
ciert~s medidas.


El cuadro que acabamos de trazar, nos de-
muestra cuan débiles é imprudentes Son los pro-
yectos qne se fundan en intereses incompatibles
con el bien [eneral , y en una política egoista y
esclusiva que no toma en cuenta la ventura plíbli.
ca. Los esfuerzos hechos por la política estranjera
para sostener el gobierno absoluto de Fernando,
resultaron en perjuicio de este princi pe, y en el
momento mismo en que mas vivamente le apre·
mia hao para que avanzase en la carrera desastrosa
que le habían trazado, tratábunle con menos mi-
ramient.o que á las demas potencias, En el arreglo
concluido en Paris por las naciones helijerantes
para arreglar las indemnidades, no solamente no
señalaron parte alguna ;Í España, que era sin duda
la que mas habia sufrido, silla que no le permitieron
tornar parte en el congreso que dehia decidir de Jos
destinos de Europa. Tampoco le consintieron en.
vial' un comisario á Santa Elena á semejanza de
los monarcas que .:le hahian convenido en París.




180
Como las relaciones que ecsisten entre la Pe..


ninsula y la Santa Sede pertenecen naturalmente
á los negocios eclesiásticos, hablaremos con esta
ocasion de aquellas; únicamente añadiremos qne
el partido que en la córte de las Tullerias sostenia
los principios que Fernando pouia en práctica,
admiraba la conducta del mal aconsejado príncipe,
y proponia á toda Europa su gobierno como un
modelo digno de imitarse. El vizconde de Cha-
teaubriand publicó en diciembre de 1819 un es-
crito muy elocuente, en el que procuraba probar
la solidez, la belleza , la justicia y los grandes re-
sultados de semejante sistema de gobierno. Hallá-
hase Fernando leyendo este folleto cuando recibió
la noticia del pronunciamiento de las Cabezas de
San Juan.




GOBIERNO INTERIOR.


Por espacio de muchos siglos el gobierno de
España había sido puramente municipal, y por
consecuencia suave y popular. Las guerras contí-
nuss , las frecuentes divisiones del territorio y el
carácter de la nacion muy inclinado al gobierno
federauvo , fueron las causas principales que con-
tribuyeron jeneralmente á que se adoptara seme-
jante sistema, que sostenido por 111 influencia de
los ayuntamientos, que aunque aislados eran muy
útiles, propendia á remontar al mas alto grado de
prosperidad a la agricultura y á las artes. Cuando
el despotismo de la casa de Austria vino á des,
truir este sosten de las libertades públicas, fue ne-




182
cesarlo concentrar el poder soberano para que pu-


.diese oponer mayor resistencia, porque si las ciu-
dades hubieran conservado sus antiguos privilejios,
jamás hubiese podido consolidarse la tiranía. Por
una convinacion mal calculada, el consejo de Cas-
tilla (1) se hallaba casi esclusivarnente revestido
de la autoridad administrativa. En UIlOS casos ha-
cia las veces de tribunal de primera instancia, y
en otros de tribunal de apelacion que juzgaba en
último resultado: cornponiase de hombres educa-
dos en la Iejislacion de las escuelas, que habian
encanecido el) la rutina, en la lentitud y en las
trabas de ·los tribunales inferiores. No era posible,
put's, colocar tales majistrados al frente de los
negocios públicos sin paraliza.' su ~Ul'SO y estable-
cer en la administracion la marcha arbitraria que


(1) 1<;1 gohierno español, convertido en absoluto,
p~octl"6 suprimir gradualmente las instituciones que
tienden mas ó menos á defender las libertades de los
pueblos; y asi sobre las ruinas de las cártes levan-
tóse el consejo de .Cast.illa, Aun(lue la autoridad de
las eórtes fuese reconocida nominalmente, siuem ba r»
go desaparecieron casi del todo desde que el hijo mu-
1101' de Luis XIV subió al trono de Esp añ a. Felipe
V creyó, no obstante, que su autoridad era necesa-
ría para consag.-ar la mudanza que intentaba esra-
btecer en el órden de sncesion al trono. La última
vez (Iue se reunieron las córt.es fue en 1789. Com »
pouiause de los grandes de España, del clero 1 de




183
acompaña siempre á un poder sin freno.


La dinastía de los Borbones trató de consoli-
dar este sistema, que sinembargo sufrió lijeras
alteraciones bajo el reinado de Cárlos Tercero: su
ministro J Floridablanca J estendió las facultades
del ministerio á espensas del consejo de Castilla.
Asi introdujo en este caos de reglas arbitrarias un
nuevo elemento de discordia y de rivalidad: ver-
dad es que los ayuntamientos conservaban toda-
via algun poder en las provincias , mas en todas
partes cedian á los mandatos del capitán jeneral,
especie de ba já que reunía en su persona Una 3U·
toridad Ilimitada. En efecto J mandaba la fuerza
armada en su provincia, presidia la audiencia
que allí residía J y era jefe absoluto de todos los
tamos de la administracion J de la policia y del
gobierno civil. Godoy aumentó todavia el poder


Jos diputados de las ciudades que representaban el
estado llano. NJanifesló esta asamblea que no care-
cia de vigor ~ y al instante fue disuelta : el consejo
de Castilla vino á ser entonces el primer cuerpo del
estado. Desempeü aba al mismo tiempo las funciones
de gran consejo de adm inistraciou del reino y de tri-
hunal snpremo de apelacion: como consejo tenia la
iuspeccion de todas las operaciones interiores que in-
teresan al bien publico. Di v idíase en cinco cámaras
que gozaban diferentes at r ibucioues r los miembros
del consejo, y principalmente eJ presidente, tenían
JJll\ch.as prerogati vas.




184
de estos Iuncionarios, mas la constitucion de 181'1.
puso dichoso fin á tantos abusos, creando los je-
fes políticos y las diputaciones de provincia, cu-
ya autoridad, como la del ayuntamiento, dehia
encaminarse á la felicidad del pueblo.


Cuando el sistema constitucional quedó des-
truido , vol vieron á aparecer los antiguos desórde-
nes y aumentáronse, si es posible, por las pasio-
nes horribles de aquellos á quienes Fernando con-
fió 105 destinos públicos: parecía que el gobierno
español no tuviese ni mas objeto, ni mas deberes
que cumplir que perseguir á los liberales, á los
francsmasones, á los afrancesados, en una palabra,
á toJos los ciudadanos apreciables é ilustrados.
Desde los ministros hasta el último subalterno de
policia, los numerosos ajentes de la autoridad no
se ocupaban de otra cosa que de llenar de victimas
las prisiones, y de buscar en las acciones mas
inocentes y aun en los mas nobles rasgos de pa-
triotismo, pretestos para intentar procesos tan
largos como rigurosos. Tan vasta y sorda pers~..
cucion , recibió todavía mayor estension yactivi.
dad por 105 nombramientos imprudentes 'de capi-
tanes jenerales de las provincias, que recayeron
en personas conocidas por su carácter inmoral y
sanguinario, Rivalizaron en celo para lograr el
agrado de la faccion J á quien servian J y para ha..
cerse notables en su nueva carrera: entre todos
distinguiéronse principalmente el conde del Abis-
hal en Cadiz , y don Francisco Javier Elio en




185
Valencia. Dos escenas importantes de la época de
que hablamos, ecsijen de nosotros que entremos
en algunos detalles.


Enrique Odonell ('), hijo de un oficial irlan-
des, que se habia distinguido al servicio de Espa-
ña , era coronel de un rejimiento de infantería
cu.mdo comenzó la guu'ra de la Independencia.
Descolló por su hrillante denuedo y por la destre-
za y la actividad que desplegó en la organización
de su cuerpo: prornoviéroule pues al grado de [ene-
ral, y obtuvo el mando de un cuerpo considerable
del ejército de Cataluña; mas en este nuevo pues-
to no pudo sostener su primera reputacion. Igno-
raba corn plctarnente la estratejia , y Ialtabale aquel
golpe de vista militar, tan necesario para conducir
las operaciones, y la fuerza de espíritu que se re-


(1) El conde del Abisbal rué el objeto de las mas gra-
ves acusaciones durante su carrera política. Pretenden
que no contento cou haber ejercido los actos de tiranía
de que hahla el autor de la~ presentes memorias , y de
haber representa doel papel de ajente intrigado!", in-
tentó en les acontecímienlos de la isla Je Leon engailar
á un mismo tiempo al rey y á los constitucionales. Han
llegado á acusarle tarnhien de haber quer-ido levantar-
se al poder Supremo: una carla insertada e n el Espa-
ñol constitucional, que se publica en Loudres , cootie-
ne det a lles muy curiosos sobre este asunto. Abisbal ha
poseido el arte de encubrir Sil conducta 130 el laberin-
to de los misteeios . á I:¡ historia toca dar á conocer la
verdad,




.86
quiere para las concepciones vastas y bien eombi-
nadas: así comprometia sin cesar la seguridad de
su ejército, esperimentando pérdidas de mucha
importancia. Confiriéronle las cortes el título de
conde del Abisbal, nombre del pueblo donde con-
siguió una ventaja de poca consiJeracion, y le nom-
hraron por otra parte rejente del reino. En tan
encumbrado puesto dió tantas pruebas de amor á la
constitución y mostróse tan celoso partidario de
las ideas liberales, que los patriotas se convencie-
ron de que era uno de sus mas firmes apoyos- Mi-
rábanle como á Un [enerul que seria en estremo
útil, si en época alguna tratase el despotismo de
levantar su cabeza: mas al regreso de Fernando
apresuróse el conde á abjurar sin restriccion sus er-
rores políticos, y en recompensa de esta muestra
de adhesion á la persona del rey, revistiéronle
con el mando del ejército que debia entrar en Fran-
cia durante 105 cien dias. Por resultado de tan bre-
ve é insignificante campaña, Q·DonelJ fué nom-
hrado capitan [eneral de Andalucía ,y gobernador
de Cadiz.


Para comprender la importancia de semejante
nombramiento, debe tenerse presente que el go-
bierno no cesó nunca de concebir los mas vivos te-
mores de Cadiz , cuna de las ideas liberales. En el
momento de la vuelta del monarca, hallábase el
puert:> ocupado militarmente, y sus habitantes en-
tregados del todo al comercio, habíanse manifes-
tado siempre enemigos de los abusos y de los esce-




187
sos: imposible parecia que tantos elementos de re.
sistencia y tantas causas de indignacion perrnanecie-
sen tan largo tiempo inactivas 1;05 funcionarios pú-
hlicos enviados á eadiz desde el establecimiento
del poder absolutista , tuvieron mucho cuidado en
prolongar los temores del gobierno, no solo para
eternizar el sistema de venganza que cada emplea-
do habia adoptado, sino tambien para obtener el
favor del re)T y de los ministros, haciéndoles creer
que su celo y actividad habian contribuido á pre-
caver una revolucion. Q·Donell, animado de los
mismos sentirnientos , rnostróse del propio modo
eu una ciudad donde anteshabia hecho alarde de
sus opiniones liberales con toda la fuerza del entu-
siasmo, y su presencia llenó de terror al pueblo
entero. Ni el conde, ni la multitud de hombres
in morales que le rodeaban, ocultaban en modo
alguno sus designios: decían en alta voz que venian
á desenmascarar á los conspiradores, castigarlos, y
esterrninar á Jos impíos liberales que habian en-
contrado un refujio en Cadiz.


Lejos de conspirar contra el gobierno los veci-
nos de\ puerto, no pensaban sino en Iibertarse ue
Jos males que los habían amenazado: y O-Denell
que no se acomodaba con la tranquilidad de Jos
gaditanos, quiso turbarla forjando una conspira-
cion , U na-noche que yacia Cadiz sepultada en el
mas profundo reposo, mandó tocar jenerala, po-
nCI' sobre las armas á los cuerpos que la guarne-
cian , y colocar cuatro cañones en la magnífica pla-




188
~ de san Antonio, que sirve de paseo público:
tarnbien situó una numerosa guardia de caballería
en los salones del café de Apolo , abierto en la
misma plaza. Dió á su dueño órdcn de levantarse
de la cama (1), donde estaba gravemente enfer-
mo , y le previno que enviase á buscar en el acto
un pintor que mudase la inscripción de cofé de
.Apolo en el de café del re.r. Llenó las calles de
patrullas, y al amanecer publicó las órdenes mas
severas, acompañadas de las mas sangrientas ame-
nazas y de redículos reglamentos contra las reu-
niones. No es posible pintar el horror que se apo-
deró de Cádiz cuando sus habitantes se enteraron
de las medidas sancionadas, y ninguno podia adi-
vinar las causas que habian dado pie ~ tan impo-
nente aparato. No se notaba en el puerto la me-
nor señal de sedicion , mas por la misma razón de
que faltaban los pretestos para escojer las victi..
mas, cada uno temia naturalmente por su persO'"
na. Por fin disipóse la borrasca, sin mas resultado
que el conceder á O·Donell la gran cruz de Cár-
los IlI, para recompensarle del celo que habia
desplegado, precaviendo la catástrofe que amena-
zaba á la nacion.


Réstanos hablar de su carácter sedicioso: el
santo oficio habia solicitado la cooperac~on de las


(1) Esle desgraciado murió de resultas del terror
que le iuspiré el conde.




189
autoridades públicas contra el libertinaje y la im-
piedad, y quejábase amargamente del ningun
respeto y de la indecorosa conducta que algunos
jóvenes observaban en la iglesia. El consejo de
Castilla que había perdido hasta la sombra de sil
antigua consideración , y no era ya sino el ciego
instrumento de las pasiones y de los caprichos
del despotismo, publicó una circular encargando
á las autoridades que hiciesen guardar severarnen-
te el respeto debido á las iglesias, y ordenándoles
imponer los mas rigurosos castigos á los que con-
traviniesen á la circular. El conde del Abisbal
buscó las ocasiones de esta clase para mostrar su
adhesion , y estando un dia en misa en la iglesia
parroquial de san Antonio de Cádiz, observó á
dos hombres que perrnanecian en pie en el mo-
mento de la elevacion, y mandándoles prender en
el acto fueron condenados á algunos años de en-
cierro en una fortaleza. Los desgraciados reos ha-
bian probado hasta la evidencia que padecian do-
lores que les impedian arrodillarse; mas su justi-
ficacion no suavizó la suerte á que estaban desti-
Dados.


La conducta de Elío (') en Valencia fue to-


(1 ) Elio , antes de mandar en Valencia, habia
sido gohernador de Monte- Vídeo, y siendo atacado por
el ¡elleJ,a1 Al'tigu:u no mostr6 talentos militares, y
aun d~jó en duda su valor, pues aUlllIue sostenido




190
davia mas cruel y mas sanguinaria. Ejercía suma
influencia en el ánimo del rey después de su vuel-
ta á España, y hemos visto ya el uso que de ella
hizo en una ocasión memorable. Puesto á la cabe-
za de un partido que tan completamente habia
triunfado, dueño absoluto de una provincia ajita-
da de contÍnuo, y que durante el corto espacio
del gobierno representativo habia manifestado con
tanta enerjia su amor á la libertad, hall.ibase Elío
en las circunstancias mas favorables para satisfa-
cer á la vez sus resentimientos públicos y particu-
Iares, y asi lo hizo con toda la violencia y la cruel-
dad que eran propias de su carácter. No es posible
comparar el sistema de policia que estableció en
Valencia, sino á las persecuciones continuas de
los dictadores romanos ó de los decernviros france-
ses: poblaban la ciudad numerosos espias , cuyo
empleo consistia en ir á caza de víctimas, y que
para este objeto interpretaban de un moilo crimi-
nal las acciones mas inocentes, convirtiendo en


por 1M portugueses firm6 la paz con el gobierno [le
Buenos Aires. En 1814 ofreci6 á Fernando el apo}o
de Sil ejército para destruir la constitucion ; y ma n-,
tüv ose siempre firme sosten del poder absoluto, po_
n ie ndo un término á sus crueldades y á su vida la
r ev olucion de 1820. E lío , que habia mandado en Va-
lencia como un sultán, file condenado pclr el crí-
me n de alta traicion á morir en el cadalso ler anta-
do delante de un jardin (lue habia plautado•.




191
crímenes las relaciones de la amistad y 10& desaho-
gos de la confianza. Los jueces de aquella audiencia,
los individuos del ayuntamiento, el inr endeute,
los oficiales de la guarnicion, y en una palabra
cuantos dependían de Elío , servían de ajen tes de
sus injusticias. De dia en dia las cárceles rebosaban
mas y mas de hombres honrados, cuyos delitos
nadie conocia ; y á consecuencia de sentencias iní-
cuas, motivadas jeneralmente por la acusacion de
un enemigo ó de un ajente secreto del gobierno,
lrasladábanlos á los presidios de Africa, consuman-
do su pérdida con la confiscacion de los bienes
que poseian, Violóse ~entre las tinieblas de la no-
che el domicilio de los vecinos mas respetables y
mas pacíficos: hombres del mas infame carácter
arrancaban los secretos de las familias y penetra-
ban en el retiro mas sagrado de la vida domésti-
ca. El servicio militar se ejecutaha como en Una
ciudad sitiada; ningun forastero podia residir en
ella sin ser conducido antes delante de las autori-
dades subalternas, las que le ecsaminaban riguro-
samente, y algunas veces bajo los pretestos mas
frívolos le negaban la entrada y le mandaban acom-
pañar por la policia fuera de las murallas. Todos
Jos días se anunciaban nuevas conspiraciones, y á
tan fatídicos anuncios seguian siempre nuevos ul-
trajes y nuevas medidas de policia las mas riguro-
sas y absurdas: por fin hasta la apariencia misma
de la alegl'ia , de la tranqui.lidad , de la seguridad
desaparecieron de aque\ pueb~o; y no ecsistia un




192
solo vecino que no temiese á cada instante la lle-
gada de la orden fatal que debía arrancarle del
seno de su familia, y privarle de sus bienes y de
su libertad.


El resultado que se proponia EHo con sus vio-
lentas medidas era cansar la paciencia de los va-
lencianos, para obligarlos á precipitarse á algun
acto de sedicion y valerse de aquel pretesto ipara
mavores crueldades, como en efecto sucedió. Al.
gu~os jóvenes entusiastas, aburridos con tan pesa-
do yugo, formaron el plan de asesinar á Elio , y
ganaron con SUi promesas parle de la guarnicion
que ofreció favorecer la trama. Elijieron á. Valen-
cia como punto céntrico de una revolucion polí-
tica, que con el tiempo debia eslenderse á todo el
reino. El plan estaba bien concertado, y guarda-
ron relijiosamente el secreto los conjurados, hasta
que la víspera de la ejecucion uno de sus indivi-
duos, espoleado ppr el aguijon del miedo ó hala-
gado con la esperanza de la recompensa, se pre-
sentó á Elío y se lo descubrió todo. El [eneral .. á
quien no es justo negar el mérito de su arrojo
personal, se dirijió en el acto seguido de una guar-
dia poco numerosa al sitio donde se hablan reuni-
do los conspiradores. ALurdidos estos saltaron unos
por las paredes del huerto .. y Vidal, que era un co- .
ronel que se habia puesto al frente de la trama,
salió al encuentro de Elío y trató de dispararle una
pistola, cuyo tiro no salió: entonces Elío metién-
dole la espada por detras le pasó de parte á parte.




193
Los dentas conjurados que no se habian escapado,
Be entregaron á la tropa y fueron conducidos á los
calabozos, á escepcion de un capitán que se suici-
dó. Concluido el Pl'OCf'SO, cuya precipitacion y
falta de formas legales cuentan pocos ejemplos,
fueron ahorcados junto á las murallas de Valencia,
muriendo con un arrojo indecible, principal.
mente el [óven Beltran de Lis, hijo del banque-
ro de este nombre. Muero contento, gritó cuando
marchaba al suplicio, muero couteuto porque mi
muerte sed vengada, Algunas horas despues de la
ejecucion, Elío vestido, de gala', se presentó á
cerciorurse con su" propios ojos de la muerte de
los reos, insultando asi impíamente sus cad;~vc~
rrs. Vidal, moribundo , hubia sido conducido al
cadalialso en una parihuela, mas espiró antes de
subir (¡ la horca,


De tal suerte se habían multiplicado y compli.
cado las diversas ruedas del gobierno, que ya casi
no se conocía la autoridad sup,"ema. El conse]o de
Castilla, con su presidente el duque del Infanta-
do, los alcaldes de casa y córte , el correjidor de
Madrid, el ayuntamiento, el capitán jeneral de
la provincia, el gobel'nndor de la plaza y lo, d03
tribunales de la inquisición que alli residían, eran
otros tantos centros de autoridad que J 8111lqUC Sé


-]Jallase repartida en diferentes ramos, cada cual
pr ocuraba usurpar-la lurisdiccion del otro y obra..
ha sepnradnmente con igual grado de poder -' Cuan-
do s.e trataba de los negocios políticos ó reli [iosos,


TOM. l. 13




194
Eguia (1) ~ durante su ministerio, aumentó toda..
via el desórden ~ introduciendo en el ejército un
sistema de intolerancia relijiosa y una amalgama
de leyes militares é inquisitoriales ~ que forma
uno de les caracteres mas marcados del presente
período. Egllia ha encanecido en la rutina militar,
sin haber abierto nunca un libro, ni adquirido
ideas ó conocimientos que le sacasen del nivel de
la clase mas ínfima de la sociedad. Su odio á la-
da clase de novedades subia tan alto, que en sus
últimos años aun llevaba el cabello sin cortar,
como en tiempo de FedericoIl ; dando lugar á
cJue le apodasen coletilla, con cuyo nombre era [e-
neralmente conocido. Supersticioso, enen igo del
saber y de la juventud, implacable en su venganza


(1) D. Francisco Ramon de Eguia, nacido en Da-
rango en 1751 ~ sobresalió en la gt1erra de la iu deperr-
dencia , y al termina-se la última campalía mandaha
una division en el ejél'cito de Elio. Eguia marché el pri-
-mero á Madrid, y encarceló en may., de 1814 un ntime-,
ro considerable de diputados y de otras personas distin-
guidas. Fuéelevado al ministerio de la Guerra, qne era
incapáz de desempeñar, á causa de su espíritu minucio-
so, duro y fanático, y nomhraroule UeS!lUeS ¡eneral de
Castilla. Por consecuencia de las oscilaciones que ca-
racterizan la épuca de que hablamos, fué llamado de
nuevo al ministerio, de donde uo tarl!cí á ser separado
segunda vez. Su presencia en el reino de Grallada, cuya
capitanía ¡eneral ohtuvo pasado algun tiempo, fué la
señal de las persecucioues , y las cárceles de la ioquisi-
ciou no tardaron en rebosar de presos.




195
Y dominando el ánimo real, no era dificil que
se abandonase enteramente á sus opiniones y á sus
paSlOnei favoritas : para satisfacerlas , sirvióse de
torios los medios que tenia en su mano. La inqui-
sicion le ofreció sus calabozos, y sus tormentos
cuya oferta aceptó regocijado , y de allí se orijinó
una [urisdiccion llueva, secreta , tortuosa, cuyo
objeto era perseguir y castigar á los soldados sos-
pechosos de impiedad, de liberalismo y de franco
masonerra.


El proceso que en tales casos se instruia era
digno de los siglos mas bárbaros. Al momento que
se recibia una acusacion de este [éuero , eucerra-
han al presunto reo en los subterráneos de la in-
quisicion: nombraban despuos dos ajentcs fisca-
les, el uno militar y el otro miem bro del santo
oficio, que comenzaban dos distintos espedieutes
tan arbitrario el uno como el otro. C<'ncluidas las
declaraciones sin número , las acusaciones , las in-
jurias, y los golpes descargados por los jueces mis-
mos (1), el acusado no volvia á oir hablar de su
proceso, ni veía mas que á su carcelero que le


('2) El juez Galinsog3, en 1:1 cansa dEl un j(iven 11.1.
mado Belda ~ ljue des pues fué diputado á Córtes , lIer6
su crueldad al estremo , r mandóle encerrar yencade-
nar en ti 11 ca la bozo estrecho y htimedo ; llegó á veces
su barbaridad hasta golpear y maltratar gravemen-
te al preso.




196
presentaba una miserable raciono Tan cruel en-
cierro, que hacia amable la muerte, no tenia tér-
mino señalado, y sin duda alguna no hubiera ce-
sado sino con la vida de las víctimas, si la revolucion
de I .o de enero de 1820 no hubiese abierto las puer-
tas de las cárceles, y vuelto á la sociedad mas de
cuatrocientas personas que habían desaparecido de
la capital de la monarquía sin saher como. La ma-
yor parte de ellas habian sido aprisionadas como
individuos de una vasta sociedad masónica, des-
cubierta en Granada, cuya historia aclarará en su-
mo grado las tinieblas de la época que describí-
rnos.


La francmasoneria se habia introducido en
España desde el reinado de Cárlos 111, pero obli-
gada á precaverse de las persecuciones de la inqui-
sicion , mucho mas irritada contra esta sociedad
que contra las herejias mas señaladas , su ecsisten-
cia fue precaria y careció de importancia. Al pun-
to que las tropas de Napoleón invadieron la Es-
paña, estendióse esta sociedad rápidamente, y Con-
taba ya Un gran número de prosélitos, cuando las
córtes abolieron el tribunal de la fe. El restablecí-
miento de la inquisicion y las persecuciones ful-
minadas contra' las ideas liberales, y contra las
luces del siglo, comunicaron á las reuniones de la
francmasoneria cierto carácter político y una apa-
riencia de conspiracion; mas los francmasones 10-
gral'on al principio evitar las miradas escudriña-
doras de sus enemigos. Su primer triunfo les dió




197
mayor consistencia, inspirándoles poco á poco tanta
confianza, que vino á dejenerar en imprudente osa-
dia: Ol'ganizáronse en fin, en un solo cuerpo) diriji-
do por el Gran Oriente, que se estahleció en Gra.
nada. Contahan en sus lójias muchos personajes de
alta categoría, y muy distinguidos por sus talentos,
BUS riquezas y su influencia; y el Oriente de Gra-
nada, confiando en las ideas liberales que dorni-
nahan en aquella ciudad, llamada entonces la Ate.
nas espuüola , no tomó las precauciones necesarias
pal'a asegul'ar la eosistencia de toda sociedad se-
creta, en un pais en que gran parte de sus habi-
tantes las miraban con malos ojos, aunque sus
miembros desafiaban hasta cierto punto las autori-
dades, jactándose de que poseian un poder mucho
mayor que el suyo. Todos los individuos del Gran
Oriente , á escepcion de dos ó tres que lograron
escaparse, y un gran número de iniciados disemia
nadas en la Península, y principalmente en las
provincias de Andalucia , fueron presos á un mis.
mo tiempo, sepultados en los calabozos y tratados
con suma crueldad, En este número se contaba
donJuan Vanhalen .. cuyas singulares aventuras no
carecen de ínreres bajo muchos aspectos.


J..os crímenes de que acusaban á Vanllalen,
parecieron á Eguia y á sus consejeros de naturale-
za tan gl'ave y tan importante, que aunque habia
sido preso en Murcia, cuya inquisicion era mas
severa que las restantes de España, juzgaron con-
veuiente mandarle trasladar á Madrid" donde I~




198
sepultaron en uno de los calabozos mas oscuros
del santo oficio. En SU3 interrogatorios, Vanhalen
mostró desde el principio una firmeza y una osa-
Uta de que hay pocos ejemplos en la historia de
aquel tribunal: no s¿ presentaba en la actitud de
uu hombre abruma.lo con el peso de una terrible
acusacion , sino mas bien con la de un entusiasta
que hace la apolojia de un crimen , cuyas conse-
cuencias carga sobre sus espaldas : erijióse en após-
tol de las ideas liberales y patrióticas, y acusó
con euerjia á sus perseguidores}' á sus enemigos.
Fatigado de tantas preguntas, que sus jueces re-
novaban á cada instante, para descubrir' sus pla-
nes y SIlS cómplices, respondió que á la verdad
ecsistian vastos proyectos., y una muchedumbre
inmensa y formidable de conspiradores; pero que
nada declararla sino al. rey en pel'sona; y que si
S. M. se dignaba concederle una audiencia parti-
cular, 110 solamente le revelaría cuanto deseaban
saber los jueces, sino otras muchas cosas de Ja mas
grave importancia.


Fernando instruido de tales circunstancias ac-
cedió á la demanda, y manió conducir á Vanhalen
á su presencia: mostró aquel delante del monarca
tanta calma y firmeza como habia desplegado de-
lante de los jueces: declaró que la frac masonería
habia echado raices tao profundas en España que
todo el poder del gobierno, y aun el terror dela
muerte, no bastaban á estirparlas; que los destinos
de la capital de la monarquía y de Ias provincias,




199
los rejimientos del ejército, y hasta los conventos
y el clero de las catedrales estaban ocupados y mi-
nados por una multitud de fracmasor.es, Que su
objeto era in! roducir en el pais una forma de go,
hierno que guardase armonía con las ideas del si.
glo, apagar el espíritu de fanatismo y de pl.'rsecu-
cion que habia oprimido y degradado el reino, y
colocarlo así al nivel de las naciones mas ilustra.
das y mas Ilorecieutes de Europa. Sostuvo que le-
jos de abrigar la intencion de cometer el menor
ate ntado contra la persona del rey, ó de querer dis-
mi nuir d e modo aIguno su legÍlima autoridad, se
hallaban dispuestos a defenderle contra toda clase
de peligros, y á otorgarle un poder mas elevado y
mas firme clue el que entonces ejercía: que S. M.
debia imitar el ejemplo de algunos monarcas de
Europa que en circunstancias difíciles, convenci-
dos de la utilidad y venta ¡as de las sociedades
masónicas, se habian colocado á su cabeza y ro-
deádose por este medio de partidarios ilustrados.
Vanhalen añadió que si las opiniones relijiosas de
S. M. se oponian á la frac m asoneria á causa de
las diferentes bulas que fulminaban anatemas con-
tra los individuos de aquella sociedad, sería fá-
cil obtener del Papa reinante y del cardenal Gon-
zalvi, que estaba al corriente de lo que pasaba en
Europa, la abolición de las bulas realmente iluso-
rias j en el estado actual de los negocios; en fin
que S. M. debia persuadirse de que cuanto mas
persiguiese á los Iracmasones , y mayores rigores




200
emplease contra ellos, mas estension tomaría la
secta, y adquiriría fuerzas suficientes para llegar al
objeto político (Iue se habia propuesto. El reyes-
cuchó su discurso con suma utencion, .Y qujz~s le
hubiera causado una impresion profunda, si los ti-
sonjeros (I'IC le rodeaban no le hubieran rlistraido
insinuando en su ,ínimo errores fatales é inspiráu-
dale una ciega seguridad. Sin embargo no puede
llegarse (Iue trató á Vunlwlen con mucha bondad,
y al saber que lo que mas habia sentido en el cala-
bozo era la privacion del tabaco, le regaló una
porción de cigarros de la Habana de los reservados
para su uso.


Vuelto Vanhalen ~ su calahozo, sus enemigos
atormentáronle mas (lue nunca con lluevas cruel-
dades, porque el atrevimiento conque hahia habla-
do al rey era imperdonable á los ojos de Eguia y de
los inquisidores. Poco satisfechos de las primeras
respuestas que habia dado sobre sus cómplices, re-
produgeron de nuevo las mismas preguntas con mas
encarnizamiento; y viendo que todos sus esfuerzos
eran inútiles mandaron aplicar á Vanhalen el ter-
mento del brazalete, que consiste en colgar al acu ..
sado de un brazo y atormentarle al propio tiempo
por medio de un brazo de yerro vacío en el que se
introduce el de el paciente. Vanhalen sufrió sin
proferir una sola queja tan bárbaro suplicio} del
que todavía conserva las dolorosas señales,


En vista del encono de los inquisidores, era
muy probable que tuviesen la intención de entre-




201
garse á los últimos estrernos contra el preso que
babia escitudo su cólera, ó al menos de dejarle pe·
recer lentamente en su horrible calabozo. Así hu-
hiera sucedido sin duda alguna, si la divina Provi-
dencia no le hubiera suministrado los medios de li-
bertarse de un fin tan miserable. La cárcel inqui-
sitorial en que estaba encerrado es un edificio
construido de tal suerte, que un solo hombre basta
para su custodia: las galerías'y los corredores for.
man laberintos oscuros y difíciles, y todos los pa-
sos vienen á desembocar en el aposento del caree-
lero, que es necesario atravesar para salir á 1.1 calle.
El sugeto que en esta época desernpeñaba el oficio
de carcelero vivía perfectamente tranquilo sobre
los presos confiados á su guarda, y esta tranquili-
dacl se fundaba en el conocimiento completo que
tenia de las dificultades que presentaban aquellos
tortuosos corredores, Servíale una [óven de 13
años , que arrastrada por la curiosidad natural en
su edad y en su sexo} ó quizás por un sentimiento
de compasiou, acechaba cuantas veces podía por el
agujero de la llave del calabozo á Vanhalen. No
tardó este en conocer que eesistía en el mundo un
ser que se interesaba por su suerte, y habló á la
[óven y le pidió ausilio para salir de su desventu-
rada situaciou. La niña deseando vivamente ser-
vir á su protejido , le procuró los medios de escribir
Una carta} y se encargó de entregarla á la persona
á quien iha dirijida. Así comenzó su larga corres-




201
pendencia con los frac masones de Ma::1riil, concer-
tando un plan diestramente concebido para liber-
lar á Vanhalen del abismo en que se veía sepulta-
do. Inmensas eran las dificultades de la tentativa,
mas todas cedieron al arrolo Y á la prudencia. Era
necesario que el preso conociese perfectamente la
disposición interior del edificio, que no babia podi-
do observar bastante las pocas veces que lo había
atravesado, y las instrucciones minuciosas de la
[óven que servía de confidente salvaron la dificul-
tad. Preciso era tambien que se enterase de las lo-
calidades esteriores , para que supiese por donde
debía dirijirse en el caso en que lograse pisar la ca-
lle: para esto sus amigos le enviaron un mapa ec-
sacto de los contornos de la inquisicion, y le traza-
ron el camino que habia de seguir para encontrar
á los encargados de acompañarle y .protejerle , Mas
el obstáculo principal consistía en salir, y no podía
verificarlo sin abrir muchas puertas y sin pasar por
la ha bitacion en que vivía el carcelero con toda su
familia. Este hombre se prestó felizmente á Jos in-
tentos del preso, sin saberlo, allanando de este
DIodo la parte mas difícil de la empresa: rogó á
Vanhalen que le diese algunas lecciones de lengua
francesa, y fácil es adivinar el gozo conque el pre-
so aceptó la propuesta. Las lecciones contribuye-
ron á inspirar al discípulo mayor confianza en su
maestro, y á darle el tiempo suficiente para concer-
tarse con sus amigos sobre todos los puntos del




203
proyecto, y para fijar el dia de la ejecución. '


La manera conque el preso logró escaparse era
tan diestra como atrevida: una noche de invierno
ocupab inse Vanhalcn y el carcelero en su leccion,
teniendo el segundo la espalda vuelta á la puerta,
que permanecía ahierta : de l"l:'pente asiéndole el
preso le echó en la cama con fuerza, ahalanzóse
acto continuo fuera del calabozo, cerró la puerta
con llave, atravesó los corredores siguiendo las
instrucciones de la jóven, y llegó á la hahitacion
del carcelero, sorprendiendo á su mujer y á su hija,
únicas personas que allí se hallaban en aquel mo-
mento. Las mujeres en vez de perseguir al fujit'ivo
irnajiuaron qu~ habría sucedido algull descalabro
al carcelero, y corrieron á socorrerle, mientras
que Vanhalen logró pisar la calle y encontrar á sus
amigos. Algunos meses después mandaba Vanba ..
len un escuadro n de caballeria rusa en Jos confi-
nes del Cáucaso.


Fernando no se servia largo tiempo de unos
mismos hornbres , DI concedia esclusivarnente su
confianza á un partido: así es que las diferentes
facciones que en el secreto inte r ior del pa lacio se
disputaban el poder, se veían sucesivamente ven..
cedoras ó vencidas segun las esperanzas ó los te·,
mores del monarca. Cada vaiven producia una
mudanza completa en la administracion ,de lo que
resultó que en el trascurso de los seis afIOS que
me liaron hasta el restablecimiento de la Constitu-
cion, contó Fernando mas de treinta ministros




204
(1). Algunas veces desaparecían súbitamente de la
escena política los que parecían mas sólidamente
arraigados y sostenidos mas tenazmente por la ca-
marilla: otras veíanse colocadas las riendas prin-
cipales de la adrninistracion entre las manos de
hombres oscuros, cuyo encumbramiento era un
enigma para el público. A este número pertenecía
D. Juan Lozano de Torres, que sin haber cursado
los estudios necesarios al que ha de desempeñar la
secretaría universal de Gracia y Justicia, sin mas
esperiencias de los negocios que la que pudo ad-
quirir en un empleo subalterno de hacienda, fué
elevado al referido ministerio, es decir, á jefe su-
premo de la iglesia y de los tribunales españoles.
Lozano de Torres fué uno de los que por mas
largo espacio de tiempo se sostuvo en el poder, y
de los que mas confianza merecieron á Fernando.
Imposible seria describir el desorden que introdu-
jo en todos los ramos de su secretaría.


España yacia, pues, sumerjida en un abismo


(1) La suerte que esperimentaban entonces en la
Península los miuiatros que caían en desgracia , pare-
cíase en grau manera á la qne les cave en las córtes
orientales. En España desde 1814 á 1820 la caida de
un ministro era casi siempre segu ida de su destierro,
algunas veces de la prision y otr-as de la confiscaciou de
sus bienes. Por este punto de comparaciou entre los
africanos y los peninsulares, y otros (lue encontró 1.\'1, de
Pradt dijo I que en los pirineos comeusaba Afrioa.




205
de ignorancia y de desórden , é inútil es añadir
que nadie se acordaba del bien público ni de em-
prende.' cosa alguna por el pueblo , permanecien-
do cegadas "las fuentes de la prosperidad nacio-
nal. La educacion, confiada enteramente á las uni-
versidades, conservaba los sistemas de la edad
media (1), y desprectábanse las ciencias moder-


(1) No hay en Europa pais alguno donde ecsistan
mas estudiantes y mas ignorancia. En 1788 segun un
estado formado {le órden del rey contábanse 4:'312 estu-
di a ute s matriculados, aunque muchos de ellos fallos de
subsistencia tenían que enlregarse durante una parte
del dia á las ocupaciones mas humildes: J otros mendi.
gal)an pOI' las calles Parece que no se ha disminuirlo su
nrirner o desde 1'793 en las diez y siete universidades
que cuenta Espa ñ a. La mas célebre desde los tiempos
r-emotos es la de S a lamanea que lenia 15,000 i1lumnosy
sesenta y un eatedrádicos. lIa decaido en est reruo á úl.
timos del siglo pasado, y ni sus profesores, ni su opinion
eorrespoudian ya entonces á su fama, La de Valencia
prolejida pOI' Cárlos IV es la que mas ilustrada se ha
mostrado en la e itada época. y de ella h:J11 salido alga.
110S hombres que la honr-an con sus escritos J t a leut os,
Refil'iéndonossiempre al periodo citado hahia universl-,
da des que tenian profesores de astronomía, pero que
cal'ceian de instrumentos y de observatorio. Un viajcro
nos asegur6 que en 1783 todavía se enseñaba en algu-
nas el sistema de Ptholomeo por órden de la inqoisicion:
que algunos profesores no conocian ni habían visto Ilun.
ca ciertas esper iencias ni aun sabian montar las máqui.
nas recieu venidas de París. La inquisicion se opuso á




t06
nas y los estudios útiles, persiguiendo á los que
los cultivaban, Se prohibía con el mayor· ri-
gOl' la lectura de 109 periódicos estranjeros ; y la
censura previa encadenaba la libertad de la pren-
sa J pues no era permitido imprimir obra alguna
sin que antes pasase por las manos de un inquisi-
dor y de un consejero de Castilla. Los medios de
comunicacion eran de dia en dia mas difíciles á
causa de la destruccion de los caminos: y las espe-
diciones de América J las proscri pciones .Y la pes-
te habían disminuido estraordinariamente la po-
hlacion (1). La fortuna privada se veia aniquilada


que la Academia insistiera en el proyecto que hlllia
concebido de traducir cuid adosamente y dar á la est am-
pa la hermosa historia de América escrita por el ill::,lés
Robertson. Sin emhargo SI'" dignos (le elogio los traba.
jos literarios de la Academia española y su Diccionario,
no obstante tantas. trabas. ¿ Cómo ha de adelantar Es-
paña?


(1) Daremos aquí algunas noticias sobre la pobla-
cion de Espaila J sobre sus medios de subsistencia. Va_
r ios autores han sostenido con veroain-ilitud fine la Pe-
nínsula era antiguamente el pais mas poblarlo de Euro«
pa. Sin embargo en el reinado de Fernando y de Isahel
la poblacion no pasaba de quince millones de habitantes,
CllYO mimero fué disminuyendo hasta el fin del reinado
del primer BOl hon.en cuya época quedaba reducido á seis
millones. Creció después de un morlo prodijioso , y el ceu-
so de 1197 prolUJce ya doce millones. eálculo verdadel'a~
mente ecsajerado, parque el de 1802 hecho con mas cui-




207
casi del todo por un sistema de rentas y de con..
tribuciones complicado, tiránico y absurdo. Los
tribunales estaban vendidos al poder, y los mi-
nistros anulaban segun su capricho las decisiones
jUI'ídicas, y creaban al mismo tiempo comisiones
que [uzgasen las CaU5[lS en que se hallaban intere..
sados, Mientras que los hombres de mérito se
veian obligados á buscar en la oscuridad y el reti-


dado y ecsactitud, l1ápor resultado diez millones cuatro..
cientos nueve mil ochocientos setenta. Contáhanse eu
este nlÍmero entre celibes, relijiosos y viudos 3 257.022:
y 3262.196 relijiosas y viudas. De donde resulta que
ecsistiau entonces cerca de seis millones y medio que no
contribuían al aumento tle la pobtacion. Si recapitula_
mos los elementos de que se compone dicha pohlacion..
veremos cuan difícil es cultivar un nürne ro de tierras
proporcionado al de los ha bitan tes. Los 5/8 de estos com-
puestos de mujeres, niños y ancianos 110 contribuyen
casi á los trabajos ele la agricultura: quedan cerca de
3.803 991 hombres: de elIJO número restando 1 :l21 799
individuos del clero, el ejército de tierra y m ae , los
criados &c. quedará reducido el número pos ihle de
agricultores á 2. 582.212.; J en último ana lisis tomando
en cuenta los que pasaban á las colonias de Vltl'amar,
los mendicantes, los vecinos j r eflecsiouando sobre la
pereza inveterada del español, su; numerosos dias de
fiesta, que en la Diócesis de 'I'oledo por ejemplo solo
dejaban 27l. dias hábiles de trabajo, conoceremos fá.
eilrnente que la agricultura no podi a bastar á las ne ..
cesidades de España.Si» embargo, Osorio y otros escri.




208
ro un refugio contra las sospechas y las delacio-
nes, la muchedumbre de los ignorantes y de los
viles ocupaban los empleos públicos, Los regla-
mentos prohibitorios habian destruido el comer.
cío yestendido el contrabando de un modo es-
traordinario; los caminos aparecían infestados de
ladrones, cuyo número y audacia los hacia n tan
temibles, que el gobierno mismo se veia algunas


tores de fines del siglo décimo séptimo, formaron un
cálculo enr-io-o y v e rosj mi l, 11 allanse soh:e el suelo his_
pano 150000.000 de hanegadas de tiprr;IS Iahorables
que producir ia n en un año cornu n 500000 (lOO tle me-
didas, que contienen cada un a sobre 122 á 125 li-
bras de trigo ó de centeno, y otra tanta echada. Con-
tando libra y media de pall diario á cada persona re-
sulta, que España puede alimental' 85 millones de ha-
bitantes: j y este pais no puede proveer en el di a á
12 000 000 escasos! En cuanto al déficit ecsiste un a no-
tahle diferencia entre los cálculos de MM. Bourgoiug y
de Lahorde: el primero v a lti a la importacion del trigo
estl'anjero al necesario para alimentar 1/30 de la pobla-
cion t mientras que el segulJdo sostiene que España no
alimente sino las 2/j de sus habitantes. Los cálculos ele
:M. Bourgoing se fundan en el número de barcos, "Y en
el cargamento que entraban cada a ño en los pue rtos es-
pañoles. A primera vista pa,"ecen mas riglll'osuS que los
de M. de Laborde , cuya escelente obr-a nunca se medi.
tará bastante por los qne desean adquirir uot icias ecsac-
tas sobre el desgraciado país que 1105 oellpa , donde las
cosas mas sencillas se hallan envueltas en ias riuieblas,




209
veces ohligado á negociar con ellos. No debe
pues admirarnos el que tan las y tan poderosas
causas de corrupcion , hayan ejercido suma iu-
Iluencia sobre el carácter nacional, y que sumido
el pueblo en el cieno de las pasiones, haya perdido
algunas tic las brillantes cualidades que le distin-
guian en las primeras épocas de su historia.


TOM. 1. 14




--_._-----_...•_---


NEGOCIOS ECLESt~STICOS.


Uno de los manantiales mas fecundos en impor-
tantes observaciones, es el ecsárnen de las causas
que han contribuido á consolidar y á estender el
fanatismo relijioso , y á comunicarle el carácter
de persecucion é intolerancia que tanta sangre ha
hecho derramar en España , y tIue la ha reducido
al estado de ignorancia en que al presente se en-
cuentra. En todos los paises católicos de Europa
los progresos de las luces, de la civilizacion y de
la industria, han disminuido la intolerancia reli-
liosa: únicamente debe esceptuarse la Península




211
de esta regla [eneral, La inquisicion (' ) Se ha con-
servado en ella en todo su vigor en el periodo ci-
tado, y á la influencia del clero y de los confeso-
narios, y al impulso de la supersticion se han pos-
pueslo los intereses de la sociedad. Propio es de
nuestro objeto ecsaminar brevemente las causas
que tales resultados han producido ~ porque le.
niendo que hablar muy pront.o del uso hecho de
Ías opiniones relijiosas en el reinado de Fernando,
es necesario recordar las circunstancias que oriji-
naron tan estraordinarios acontecimientos.


En los siglos duodécimo y decimotercero, la


(1) En las guerras civiles se desnaturalizan las
palahras; en otro tiempo la inrlnisicioll era el ¡Ils.
trurnellto de [as persecuciones re lij ios as ; ahora. caur-
hiando de naturaleza, es el instrumento de la po-
lítica, como lo pr'! eba II todos sus actos desde 1814.
Di.fícil es concebir como MM. Dourgoillg,de Labor-
(le, y el mismo M. Clausel de' Coussergne, se hall
cOllv~l·t,ido hasta cierto punto en defeusor ss oficio-
sos de la in q uis ic ion moderna. ]\f. Claussel de Cons-
serg"e afirmó en la tribuna, que los escesos de la
revolucion francesa habian sncrifica do mas víctimas
en un día que la iu q uisiciou en tres siglos: pero el
señor Llorente ha destruido tan est ra ñ a nsercion, En
el reinado de Felipe IV huho 140~O condenados por
el santo oficio. de los (lue fueron quemados vivos
2852: en el de Cárlos U, 6512. de los que murie_
ron en las hogueras 163~: en el de Felipe V, 9120,




2,12
España no estaba mas adelantada que las demás
naciones (le Europa en las ciencias, ni en los otros
ramos de los conocimientos humanos, que consii-
tuyen la civilizacion jeneral, PCl'O se desarrolló en
su seno un mal inveterado que minó la nación por
espacio de muchos siglos, y que influyó en sus
principales acontecimientos: tal fue la guerra re-
lijiosa que desoló el reino entero, yen la que to-
maron parte todas las clases de la sociedad. Prin-
cipió esta guerra en los montes de Asturias y á
las órdenes de Pelayo , y se concluyó en las mon-
tañas de Granada y en el reinado de Fernando y


pereciendo en el fuego 1600; en el de Fernando VI,
170 sentenciados t de los cuales 10 fueron quema-
d08: en el de Cárlos Ll I, 56 Y 4 quemados: en el de
Cárlos IV, 42 sentenciados, mas ninguno á mnerte.


Cuando restablecieron la inquisicion en 1814 Os-
talaza felicitó con este motivo á Fernando del modo
siguiente:


"Apenas ha vuelto V. M. de so cautiverio, ya
quedan curados los males de su pueblo. La sabido-
ria y el talento salen á la luz del dia, recompensa-
dos con los mayores honores ~ y la relijiou sobre to-
do protejida por V. M., sale de las tinieblas como
el astro luminoso del di'a, j Cuán honroso es para
mí ~ señor, el ser admitido á la presencia del mas
grande de los monarcas t del mejor padre de sus
vasallos, del soberano mas amado de su pueblo!"




213
de Isabel. Mientras duró tan prolongada lucha,
fue necesario poner en juego las opiniones relijio-
8a~ para inflamar hasta el mas alto grado el arrojo
de los soldados, y tocar así el blanco propuesto,
que era la espulsion de los Mauros: y de semejan-
te acuerdo resultaron la intolerancia y el espi-
ritu (le persecucion , que tan poderosamente influ-
yen en el destino de las naciones. El triunfo de
Fernando y de Isabel aumentó el mal lejos de dis-
minuirlo, porque ambos monarcas se pusieron en-
teramente bajo la tutela del clero. Los sacerdotes)
con el pretesto de impedir la vuelta de las cre-
encias falsas, y de conservar el cristianismo en
toda su pureza, entretuvieron constantemente la
ignoranoia del pueblo, aumentaron el rigor de la
inquisicion y acrecentaron en estreruo el número
de los monasterios, difundieron las prácticas pue·
riles de devocion , las opiniones dudosas y las cere-
monias faustuosas , sosten ordinario del fanatismo.
No goz.ó menos poder el clero en los reinados si-
guieotes : Cárfos V empleó cuantos medios pudo
en resarcirle en España de las pérdidas que la
confesion de A~sb.urgo le habia causado en Ale-
mania: asi es que trabajó con nuevo ardor para
dilatar su poder. J-lOS reinados de Felipe 111 y de
Felipe IV , Y el de Cárlos U, sobresalen por el
estado de humillacion en que cay6 la nacirín es-
paño-la , abrumada con el Jugo de un despotismo
sanguinario y de una administración relijiosa, que
qisfIgurah.a con chocantes errores Iasverdades de la




214
relijion (1). El primer príncipe de la familia de Bor-
han que subió al trono Hispano, hubiera podido
efectuar Una grande revolucion en la opinion pú-
hlica, si hubiese abrigado como su abuelo el amor
á la'! letras y á las ciencias, el gusto á las bellas
artes y el instinto de la civilizaciou que distin-
guían el siglo de Luis XIV. Mas en vez de obrar
asi Felipe, llevó á la Península nuevos elemen-
tos de corrnpcion. Fernando VI y Cárlos III eran
devotos en toda la estension de la palabra ; yaun-
que en el reinado de Cárlos IV. las opiniones re-
[ijiosas hubiesen perdido una gran parte de la eS-
pecie de idolatría que las! rodeaba." no obstante
puede decirse que en esta época la gran mayoria
de la nacion española, conservaba en cierto modo
las preocupaciones y los sentimientos del siglo ano
tcrior , y que los, progresos hechos en tiempo del
princi pe de la Paz, se limitaron á la alta clase de
la sociedad.


Imposible era que las ideas relijiosas no tomasen
parte en la esplosion jeneral de 1808, esplosion
que los acontecimientos y las pasiones habian pre-
parado de tal suerte, que no podia dejar de sobre-


(1) El autor de estas memorias espera que sus es-
presiones 00 se considerarán como no alaque ni aun
Indirecto , contra los principios fundamentales de la
relij ion de su patria, pues 5010 se trata de los abu-
80S eu ella introducidos.




215
venir, como en efecto sobrevino. Amás de que el
pueblo español se inclina naturalmente á mirar
cuanto pertelJece á los estranjeros como irrelijio-
so, incrédulo Ó herético, el clero que veía su
influencia y sus propiedades amenazadas, se puso
á la cabeza del partido que rechazaba las nuevas
ideas, y fué uno de los ajentes mas poderosos para
sublevar la muchedumbre. Aurnentóse la ecsaspe-
racion COn los escesos que los franceses cometie-
ron en los conventos, y con las medidas que tomó
el gobierno del rey José para conservar el clero
dentro de los límites circunscritos.


La asamblea nacional de las córtes encendió en
Cádiz otra especie de guerra, que el clero se vió
obligado á sostener , sino quería perder la mayor
parte de sus riquezas y de su influencia: el desar-
rollo de las ideas liberales fué la señal de una nueva
lucha. Las medidas que por una y otra parte se adop-
taran, llevaron el sello de estrernamente violen-
tas, aunque de corta duraoion , porque el regreso
del monarca les puso un término. La supresion del
santo oficio arrastró tras las banderas de la resis-
tencia al ejército de frailes y al clero secular. Mu-
chos obispos se negaron á obedecer aquella ley: el
cardenal Gravina , nuncio del Papa cerca del go.
hierno constitucional, se declaró tan enér\lcamen-
te COntra la medida adoptada, qlle se vieron obli-
gados los ministros a mandarle salir del reino. Así
cuando el monarca volvió á entrar en su patria, el
clero se presentó á S. M. como instrumenta de su




216
conservacion , pidióle venganza de sus enemigo! y
recompeusas por los sacrificios que había hecho.
Aunque el rc.y no fuese ni crédulo, ni supersticioso,
sin embargo unió con mucho gozo sus intereses á
los de tan poderosos aliados; y las primeras medi-
das de rigor que tomó, estaban revestidas de un
color que dejaba entrever nuevos obstáculos á los
progresos de la civili?;acion ,y nuevos triunfos á la
. .


19ooroncm.
Apenas regresó á M~drid Fernando, restable-


ció el santo oficio, y el decreto por el que se
ahrian hUS puertas fué recibido , segun dicen, en
casi toda España COn entusiasmo y con las mas
vivas demostraciones de alegría y de reconocimien-
to. Verdad es que este tribunal carecía ya de fa.
eultades para imponer la pena de muerte; mas
apesar de lal restriccion restábanle abundantes me-
dios dd venganza. Conservo en toda su pureza sus
procedimientos tenebrosos, sus encarcelamientos
arbitrarios y su intervención en un sin número de
delitos que nada tienen que vl!lr con la relijion, y
los hombres puestos á la cabeza del odioso tribu-
nal , no dejaron escapar ocasión alguna para ser..
virse de tales instrumentos.


El decreto del restablecimiento del santo ofi-
cio es de aquellos documentos que llevan consigo
el sello de la época, y que deben pasar íntegros á
la posteridad.




217


REST ABLECIMIENTO


IlE LA INQUISICION.


El glorioso título de católicos, con que los re-
yes de España se distinguen entre los otros príncipes
cristianos por no tolerar en el reino á ninguno que
profese otra relijion CJue la católica, apostólica,
romana, ha movido poderosamente mi corazon á
·que emplee, para hacerme digno de él , cuantos
medios ha puesto Dios en mi mano. Las turbulen-
cias pasadas, y la gu~r ra que aílijió por espacio de
seis años todas las provincias del reino: la estan-
cia en él por todo este tiempo de tropas estranjeras
de muchas sectas, casi todas inficionadas de abor-
recimiento Y odio á la relijion católica; y el des-
órden que traen siempre tras sí estos males .. junta-
mente con el poco cuidado que se tuvo algun tiem-
po en proveer lo que tocaba á las cosas de relijiou,
dió 4 los malos suelta licencia de vivir á su libre
voluntad, y ocasion á que se introdujesen en el
reino, y asentasen en muchos opiniones pernicio-
sas por los mismos medios con que en otros paises
se propagaron. Deseando, pues, proveer de re- .
medio á tan grave mal, y conservar en mis rlorni-
nios la santa relijion de Jesucristo, que aman, y
en que han vivido y viven dichosamente mis pue-
hlos , así por la obligacion que las leyes Iundamen-




218
tales del reino imponen al príncipe que ha de rei-
nar en él, Y Yo tengo jurado guardar y cumplir,
como por ser ella el medio mas á propósito para
preservar á mis súbditos de disensiones intestinas,
y mantenerlos en sosiego y tranquilidad; he creído
que seria muy conveniente en las actuales circuns-
tancias volviese al ejercicio de su jurisdiccion el
tribunal del santo oficio. Sobre lo cual Me han re-
presentado prelados sábios y virtuosos, y muchos
ene.'pos y personas graves, psi eclesiásticas corno
seculares, que á este tribunal debió España no ha-
herse contaminado en el siglo X VI de los errores
que causaron tanta afliccion á otros reinos, flore-
ciendo la nación al mismo tiempo en todo jénero
de letras, en grandes hombres .Y en santidad y
virtud. Y que uno de los principales medios de
que el opresol' de la Europa se valió para sembrar
la corrupcion y la discordia, de que sacó tantas
ventajas, fué el destruirle so color de no sufrir las
luces del dia su permanencia por mas tiempo; y
que despues. las llamadas cortes [eoerales y estra-
ordinarias Con el mismo pretesto , y el de la Cons-
titucicn que hicieron, tumultuariamente, con pe~
sadurnbre de la nación le anularon, Por lo cual
muy ahincadamente me han pedido el restahleci-
miento de aquel tribunal ; y accediendo Yoá sus
ruegos, y á los deseos de los pueblos, que en des-
ahogo de su amor á la relijion de sus padres han
restituido por sí mismos algunos de los tribunales
subalternos á sus funciones, he resuelto qee vuel-




219
van y continúen por ahora el consejo de inquisi-
cion y los demas tribunales del santo oficio al
ejercicio de su jurisdiccion, así de la eclesiasrica ,
que á ruego de mis augustos predecesores le dreron
Jo! po-itifices , juntamente con la que por su mi.
nisterio los prelados locales tienen, como de la
real que los reyes le otorgaron; guardando en el
uso de una y otra las ordenanzas con que se go-
bernaban en 1808 ,y las leyes y providencias, que
para evitar ciertos abusos, y moderar algunos pri-
vilejios ,convino tomar en distintos tiempos. Pero
corno además de estas providencias acaso pueda
convenir tornar otras, y mi intencion seamejorar
este establecimiento de manera que venga de él la
mayor utilidad á mis súbditos, quiero que, Jue-
go que se reuna el consejo de inquisicion , dos de
sus individuos, con otros dos del consejo real,
unos yotl'os los que Yo nombrare, ecsaminen la
forma y modo de proceder en las causas que se
tiene en el santo oficio, y el método establecido
para la Censura y prohibicion de libros; y sien
ello hallaren cosa que sea contra el bien de mis
vasallos y la recta administracion de justicia, Ó
que se deba variar, Me lo propongan y consulten
para que acuerde Yo lo que convenga, Tenclreislo
entendido, y lo comunicareis á quien correspon.
da.-Palacio 21 de julio de J814.-Yoelrey~
- A D. Pedro de Macanáz.


LIJ primero que hizo el santo oficio despues de
su restablecimiento, fué publicar una numerosa




220
lista de libros prohibidos. Entre las obras proscri-
tas bajo pena de la mas terrible escornuniou ( lato:
selltentire) figuraban la constitucion de la monar-
quía española , los diarios de córtes y los folle-
tos y escritos periódicos puramente políticos dados
á luz durante el tiempo que estuvo en vigor la
constitucion de Cádiz. La persecucion contra lo!
frac masones comenzó poco despues, y hemos di-
cho ya que se fulminaba de concierto con Eguia,
ministro de la Guerra, llegando á tal punto que el
canónigo Riesco, uno de los inquisidores que ba-
bia intentado envano suavizar tan terrible rigor,
se arrojó á los pies del rey y habló con suma ener-
[ía contra aquel abuso de la reíijion y del poder.
Renuució la plaza de inquisidor, advirtiendo áS. M.
los males que le amenazaban como igualmente á
la nacion, si no los precavia prontamente por me-
dios eficaces.


Al propio tiempo el clero y los frailes de la ca-
pital rodeaban á Fernando y le abrumaban á fíes-
tas , á elojios y á presentes: atribuían esclusi va.
mente al clero secular y regular, la restauración
del rey y el triunfo de lo que ellos llamaban reli-
[ion, Las ceremonias del culto se celebraban con
la mayor pompa, repitiéndose todos los dias, prin,
cipalmcnte en Madrid, y asistían á ellas los miern-
bros de Ia familia real llevando colgados del cuello
estampas, medallas, escapularios y otros emblemas
de devoción. Por lo comun seguia á estas fiestas un
magnifico banquete, al que invitaba el rey á los in-




221
dividuos del clero y ~ los frailes, y en el que S. M.
se abandonaba á la alegría. Rara vez sucedia el que
se terminasen tales asambleas sin que el prior del
convento pidiese al monarca algun destino deterrni-
nado para su sobrino ó para sus protejidos ,el cual
se le concedia sin tardanza y sin que los ministros
tuviesen en ninguna parte su nombramiento. Fre-
cuentemente acontencia que despachando Jos mi.
nietros con el rey le presentaban la lista de los can-
didatos pal'a algun empleo vacante, y S. M. sin fi·
[ar la atención en las personas que le"proponían,
nombraba al individuo que le habían recorúendado
en las asambleas relijiosas (1).


Los frailes eran tan fértiles en recursos, que el
prior del convento de Atocha de Madrid pidió al
rey le concediese permiso para crear cierto núme..
ro de condes y de marqueses, y habiéndoselo con-
cedido, el prior vendió á muy alto precio aquellos
títulos... que algunos juzgaron muy honoríficos. Se-
mejante especulación produjo al convento sumas
considerables. \


Sostenidas por una proteccion tan decidida y


(1) Nos vemos obligados como en otras ocasiones á
sua v izar las espresiones aIgo duras del autor o,igin a1,
que dejándose llevar algunas veces de las ideas que se
ha formado vé los objetos con la imajinaoiou , que es
vidrio de aamento, y UII hecho verdadero en Ja esencia,
abultado se hace sospechoso en Ja historia.




222
tan poderosa las dos órdenes del clero, tomaron so-
hrp el estado J sobre la soc.edad UII ascendiente
de que hablan carecido en el reinado de lo'! últi,
timo'! re.res (1). P<lgábame los diezmos con la ma-
yor regularidad, y no lardó lél i¡;lesia en resacirse
de las pérdidas que habia esperimentado Con la in-
vasion de los franceses; y üunque durante aquel
período borrascoso , la falla de cruarnentos hizo
decaer la pompa de las fiestas relijiosas , no por
eso dejaron de nadar en la opulencia yen las deli-


(1) Jenera Imente se tienen ideas eq u ivocadas sobre
el clero es pañ ol ; Sil influjo es mJS poderoso que el que
ha pMlido hacer sosrechar e l minse ro de sus individuos.
El estado en que se hallaba poco antes de la revolucion
francesa, dará una' iilea del que tenia en el periodo de
que se trata. Eu aqu ell a época, no av eut ajalra la Pe-
nínsula á las demas naciones eUlopeas en postsiolles
relijiosas y monásticas, porllue el clero 'I'JlJcés era pro-
porcionalmente Olas nlHIlCI'OSO)' mas rico. EIl ]';88 se-
l!-Ull los documentos oficiales, el clero regula,- J se e .. lar
de Españ a ascendí" á 14~687, Y en Francia á 46007~;
(le modo qlle el clero de Francia en una pohlacion de
cerca de 25000000 compoui a la quinonujésim a segun-
da parte, micutras queen Esna ñ a solo llegaba á la sestua-
jésima non a parte de SllS 11.000000 de habitantes. Las
riquezas que poseía el clero de Fr-aucia , eran tamhien
mayores á proporcion r y v aluabase su renta en ,O mi-
llones de libras; mas en España se hallaban las rentas
repartid~s con mas desigualdad. El arzobispado de '1'0-
led() valía mas de once millones de reales , y el de otras
diócesis uo llegaba á la tercera parte &c. <




223
eias los canónigos de las catedrales. Tampoco per-
dieron el tiempo los frailes para reponer sus arcas
del menoscabo sufrido en la guerra de la indepen-
dencia , y reedificaron con admirable presteza los
conventos destruidos por los invasores, dando una
nueva prueba , pUl' si era necesaria, de la supers-
ticion del pueblo español, pues para escitar el zelo
y la jenerosidad de los fieles" habían recurrido á
las profecías y á los supuestos milagros. Abriéron-
se seminarios en todas partes , y los obispos confi-
rieron las órdenes sagradas tan pródigamente, que
transcurridos seis meses desde la vuelta de Fer-
nando á su patria , ya se habian consagrado al esta-
do eclesi.istico mas de seis mil individuos.


Las nuevas relaciones que se establecieron en-
tre las córtes de España y de Roma (1) , contribu-
yeron en gran manera á consolidar el poder que
acababa de recibir la iglesia. Pio VII de vuelta á


(1) Por largos años rué la Península' tributaria de
la córte de Hom a j mas libró se en fin de tanta humi lla.,
eion por un coneorda to firmado en 1753. El nornhra.,
miento de beneficiados hahia sido por mucho tiempo un
objeto de discordia , y á escepciou de 52 heneficios re-
tu vo la facultad el rey P ri vad" de este modo la córte
de Boma de un manantial inagotahle de recursos, de-
hia recihir en resarcimiento un millon de escudos ro-
manos, pJgan<fo el interés á raz nn del 3 por ciento. El
Papa se reservó el producto delas dispensas matrimo-
niales &c. que valían unaño con otro treinta mil duros.




224
sus estados despues de la caida de Napoleon, puso
en movimiento todos los resortes para recobrar la
soberanía y el influjo moral de que le habia despo-
jado el conquistador. U no de los primeros actos de
su gobierno, fué el restablecimiento de las órde-
nes relijiosasque miraba como los mas firmes apo-
yos de su poderio. La bula en que asi se ordenaba,
y que se distribuyó profusamente en España, acre-
centó el triunfo del partido dominante. El segundo
paso que dió el Papa, rué restablecer las relacio-
nes íntimas que en otro tiempo ecsistian con la
Península española, medida que era para Roma de
la mas alta importancia, porque ninguna de las
naciones catóiicas, sin esceptuar Italia, suministra
tanto dinero como España al tesoro de San Pe-
dro, á causa de la propagación de las doctrinas ul-
tramontanas en el país y de la ignorancia de sus
habitantes. Habia una multitud de acciones indi-
ferentes en sí mismas ó únicamente prohibidas por
las leyes eclesiásticas, que no estaban permitidas
sin comprar la dispensa de la córte romana. La
secularizacion de un fraile ó de una monja, el ma-
trimonio entre parientes, el permiso para Lener un
oratorio en casa, el de llevar peluca Jos eclesiásti-
cos calvos, y otros muchos, tan poco importantes,
necesitaban de la sancion de la Santa Sede. Como
el .eiercicio de este poder permaneció suspendido
mientras reinó Napoleon, muchos españoles se
hallaron á la caida de aquel coloso con necesidad
de impetrar la absolucion del Papa por alguna de




'2~5
las causas referidas : y tales personas tenían U11 d~.
seo tan vivo de recurrir- al jefe de la iglesia y
comprar las Lulas absolutorias, que en el primer
alío del r'eirrado de Fernando, sacó Roma de la
Península muchísimos millones de reales pagados
por personas privadas, sin contar la cuntribucion
anual que á ejemplo de los reinados anteriores se
comenzó de nuevo á satisfacer Con la mas escru-
pulosa ecsactitud , vuelto el tey á su trono. Fel"-
nando dió al cardenal Gonzalvi, ministro de estado
del Papa Pio VII; una prebenda en la catedral de
Sevilla que valía entonces 111a8 de ocho mil duros
anuales.


El Nuncio de su Santidad cerca de la córte de
Marlrid en el momento de la invasión francesa, era
como hemos dicho el cardenal Ora"ina, arzobispo
de Palerruo , quien siguió el gol)iel'no á Cádiz y sé
puso á la cabeza del clero de aquella ciudad que
era numeroso. Declaró una guerra abierta y obsti-
nada ;í las ideas liberales, ton luego como COmen-
zuron á manifestarse en las cortes y entre el pueblo:
la supresión del santo oficio escité su ihdignacioli
llasta la\ puuto que se espresó sobre este particular
en los términos mas violentos. Las cortes ordena-
ron que el decreto por el que quedaba abolida la
inquisicion se leyese públicamente en todas las ig le·
sias , y habiéndose negadoel clero á obedecer, unió-
se á el Gravina para coordinar la resistencia, Esta
circunstancia unida á otras muchas que probaban
que el Nuncio hahia resuelto contrariar las ideas


Tolli. J. 15




226
dominantes r el nuevo órden de COMS, que algt1no~
monarcas de Europa habian reconocido ya, ubli-
~aroli á las córtes á espulsarle del reino. Hefujióse
Gravina en Portugal, desde donde mantuvo muy
activa corr-espondencia con los jefes de los serviles,
dirijiendo todas las inir.gas de la faccion. Apenas
regresó el rey, present óscle el cardenal como á
enviado de la córte del santo Padre y como una
víctima del partido liheral , adquiriendo con este
doble título sumo influjo en el ánimo de Fernan-
do. Aprovechóse de tan favorable coyunlura para
vengar 8US injurias personales y activar la perslcu-
cion ejercida contra los vencidos: el monarca Je
trataba con mucha familiaridac1,y tarnhien se valió
de la bondad del príncipe para aplacar la sed de
sangre {fue le devoraba, ilegando al estrerno de
presentar á S. M. listas de proscripcion,


Solo faltaba dar un paso para completar el
triunfo de lo que los hombres furibundos se at.re-
vian á llamar relijion ireduciase este á restablecer
los jesuitas, empresa muy importante para el par-
tido proscritor , pero que no dejaba de presentar
grandes dificul tades,


Los jesuitas supri midos por eBrIos Il] babian
poseido bienes inmensos que se habian vendido en
utilidad del estado, destinando las iglesias á distin-
tos usos, que no obstante conservaban todas el ca.
rácter relijioso, La de San Isidro en Madrid , que
habia sido f-uya, fué cedida á un cabildo de canóni-
gos que profesaban [al> doctrinas mas ilustradas,




227
Y que eran conocidos por la pureza ejemplar de
5US costumbres. Estableciese en el convento con-
tig-uo á la iglesia un colc]io que era uno de los me-
jores de la Peninsula , aúudiéurlole la biblioteca
pública tan notable por el número como por la
eleccion de las obras. En IdS provincias no eran ni
menos derlicaJos ni menos importantes les int ere-
Ses que habian reemplazado á jos de la sociedad de
Jesus destruida, y por consiguiente oponíanse otros
tantos obstáculos insuperables á su restablecimien-
to. Sin embargo, la córte romana tocó resortes
muy porlerosos , y presentaron el proyecto al, re'),
que nombró una ccmision de obispos y de majis-
trados para que lo ecsaminasen. Aprobado por la
comision sin mudanza alguua, sometió!e al CO!!-
se]o de Castilla , doode solamente obtuvo un voto
en su CaVOl', Es un hecho digno de notarse <lue el
individuo que emitió este voto,di~tin;.;u¡éndosecon
tal motivo, fué justamente el fiscal del consejo,
Huerta, hombre conocido por su irrelijion y que
como miembro de las cortes habi,! man.festado la
mayor ecsaitacion por las ideas liherales hasta el
momento en que se vendió al partjdo contrario, y
subió así al elevado puesto que ocupaba, y que era
UIlO de los mas importantes de la majistratura es-
pañola.


Finalmente se decretó el restablecimiento de
los [esuitas y la devolución de los bienes que les
habiau perteneculo , encargando la ejecucion de la




228
órden á la misma comision que babia ecsaminado
la propuesta.


Véase en su integridad el decreto digno de fi-
gurar ea esta obra, para que /JO lo olviden Jos ve.
nideros por las mácsimas y absurdas doctrinas 'lue
contiene.


RESTABLECIMIENTO
DE LOS JESUITAS.


"Desde que pOI' la infinita y especial misericor;
dia de Dios nuestro Señor para conmigo J' para con
mis muy leales y amados vasallos, me he visto en
medio de ellos restituido al glorioso trono de mis
mayores, Son muchas y no interrumpidas hasta
ahora las representaciones que se me han dirijido
por provincias, ciudades, villas y lugares de mis
reinos, por arzobispos, obispos y otras personas
eclesiásticas y seculares de los mismos, de cuya
lealtad, amor á su patria é interes verdadero que
toman y han tomado por la felicidad temporal y
espiritual de mis vasallos me tienen dadas muy
ilustres y claras pruebas, suplicándome muy estre-
cha y encarecidamente me sirviese restablecer en
todos mis dominios la compañía de Jesus , repre-
sentándome las ventajas que resultarán de ello á
todos mis vasallos, y escitándorne á seguir el
ejemplo de otros soberanos de Europa que lo han
hecho en sus estados, y muy particularmente el




229
respetable de S. S., que no ha dudado revocar el
hreve de la de Clemente XIV de 2 r de julio de
1773, en que se estinguió la órden de los regula-
res de ]a compañía de Jesus , espidiendo la céle-


.bre Constitucion de 21 de agosto del año último:
Sollicitudille omnlum ecclesiarum etc.


Con ocasiou de tan serias instancias, he pro-
curado tomar mas detenido conocimiento que el
que tenia sobre la falsedad de las imputaciones cri-
minales que se han hecho á la compañía de Jesus
por los émulos y enemigos , no solo suyos, sino
mas propiamente de la relijion santa de Jesucristo,
primera ley fundamental de mi monarquía, que
con tanto tesón y firmeza han protejido mis glo-
riosos predecesores, desempeñando el dictado de
católicos, que reconocieron y reconocen todos
los soberanos, y cuyo zelo y ejemplo pienso y de-
seo seguir con el ausilio que espero de Dios; y he
llegado á convencerme de aquella falsedad, y de
que los verdaderos enemigos de la relijion y de
los tronos eran los que tanto trabajaron y minaron
con calumnias, ridiculeces y chismes para des-
acreditar á la compañía de Jesus , disolverla, y
perseguir á sus inocentes individuos. Así ]0 ha
acreditado la esperiencia , porque si la compania
acabó por el triunfo de la impiedad, del mismo
modo y por el mismo impulso se ha visto en la
triste época pasada desaparecer muchos tronos,
males que no habrian podido verificarse ecsistien-
do la compañia , antemural inespugnable de la re-




230
Hiion santa de Jesucristo, cuyosdogmas , precep-
tos y consejo'> son los que solos pueden formar tan
dignos y esforzados vasallos como han acreditado
serlo los mios en mi ausencia, con asombro jene-
ral del universo, Los enemigos mismos de la coro-
paillu de Jesus que HUS descarada y sacrilegamente
)11In hablado contra ella, contra su santo fundador,
contra su gobierno interior y política, se hun visto
precisados á confesar que se acreditó con rapidez;
la pru.Ieucin arlrnirahle con que fue gobern;,da;
que hu producido ven:aias importantes por la hue-
UéI educación de la juventud puesta á su cuidado,
por el grande ardor con que se aplicaron sus indi-
viduos al estudio de la literatura anligua, cuyos
esfuerzos uo hall contribuido poco á los pt'ogl'€SOS
de la hel la literatura: que prorlu]o hábiles maes-
tros en diferentes ciencias , pudiendo gloriarse bao
her tenido un mas grande número de buenos escri-
tares que todas las otras comunidades relijiosas jun.
tas : que en el nuevo mundo ejercitaron sus talen-
tos Con mas claridad y esplendor, y de la manera
mas útil y benéfica p:ll'a la humanidad : que los so-
üados crímenes se comet ian por pocos: que el mas
grande número de los jesuitas se ocupaba en el es-
tudio de las ciencias, en las funciones de la reli-
jion , teniendo por norma los principios or.linarioa
que separa á los hombres del vicio, y les con-
ducen fÍo la honestidad y á la virtud. Sin embargo
de todo Como mi augusto Abuelo reservó en sí 109
justos y graves motivos que dijo haber obligado á




23f
su peMfsu real ánimo á la providencia que tomó
de estrañar de todos sus dominios á los [esurtas , y
las demas que contiene la pragmática-sancion de
2 de abril de 1767 , que forma la ley III , libro 1,
titulo X.XVI de la novísima Recopilacion; y como
me consta su relijiosidad , su sabiduría, su cspc·
riencia en el delicado y sublime arte de reinar; y
como el negocio pOI' su naturaleza, relaciones y
trascendencia debía ser tratarlo y ecsaminado en el
mi consejo para que con m parecer pudiera Yo
asegurar el acierto en su resolucion , he remitido á
su consulta con diferentes ordenes varias de las es·
presadas instancias, y no dudo que en su cumpli-
miento me aconsejará lo mejor .Y mas conveniente
á mi real Persona y Estado, y á la felicidad tem-
-porul y espiritual de mis vasallos. Con todo no
pudiendo recelar siquiera que el consejo desconoz-
ca la necesidad y utilidad pública que ha de seguir-
se de! restablecimiento de la compañia de Jesus,
y siendo actualmente mas vivas las súplicas que se
me hrcen á ellLe lin ; he venido en mandar que se
restablezca la relijion de los jesuitas por ahora en
todas las ciuJadesy pueblos que los han pedido,
sin embargo de lo dispuesto en la espresada real
pragmálicas:Jncion de 2 de abril de 1767 , Y de
cuantas leyes y reales órdenes se han espedido con
posterioridad para su cumplirniento , que derogo,
revoco J anulo en Cuanto sea necesario, para que
tenga pronto y cabal cumplimiento el restablecí..
miento de los colejios I hospicios, casas profesas y




23~
de noviciado, residencias y misiones establecida.
en las referidas ciudades y pueblos que los hayan
pedido; pero sin perjuicio de estender el restahleci-
miento á todos los que hubo en mis dominios, y
de qQe así los restablecidos por este decreto , como
los que Se habiliten por la resolución que diere á
consulta del mismo consejo, queden sujetos á las
leyes y reglas que en vista de clip tuviere 4 bien
acordc r , encaminadas á la mayor gloria y pros·
peridad de la mouarquia , corno al mejor réjirnen
y gobicrno de la compañía de Jesus 1 en uso de la
proteccion qlle deho dispensar á las órdenes reli-
jiosas instituidas en mis estados , y de la suprema
autoridad económica que el Todopoderoso ha de-
positado en mis manos para la de mis vasallos y
respeto de mi corona. Tendreislo entendido, y lo
comunicareis para su cumplimiento á quien COl'''
responda. En palacio á 2Q de mayo de 1815.= A.
p. Tomás. Moyana."


De todos los jesuitas desterrados de la Pe..
ninsula por Cárlos Uf, quedaban ya muy pocos
retirados en Italia, y de edad muy avanzada; rnan-
daron pues reunir estos ancianos septuajenarios
para que volviesen á España, recobrasen sus bienes
y resucitasen una sociedad enteramente descono-
cida de la [eneracion actual, No siendo posible di-
serninarse á la vez por todos los puntos del reino,
reuniéronse en Madrid, d01~Je entraron luego en
p osesionde Ja magnífica iglesia de San Isidro, mi.
¡'¡'AdQ este suceso corno una hr illante victoria oh..




233
teni~ sobre los discípulos de Jansenio, Los lesuitaa
se apoderaron también del eolejio, y suprimieron
en el acto las cátedras de química y de historia na-
tural J y cuantas tendiau á estender la instrucción
y el buen gusto, como incompatibles con sus pro-
pias doctrinas, porque la ignorancia de los buenos
frailes era entonces tal, que ninguno de los que ha-
bían llegado de Italia pudo encargarse de ramo al-
gUllO de educacion,


En seguida comenzaron 101l recienllegados 4
maniobrar para aumentar su número y hacerse
prosélitos. Para conseguir mas fácilmente su obje-
to establecieron noviciados, en lasque los alumnos
en Ve2; de esperimentar mortificaciones, llenar
deberes penosos y entregarse á la aplicación y al
estudio continuos corno en las dernas comunidades
relijiosas ,se veían al contrario rodeados de place.
res y tratados con suma induljencia, Su OlCS!, po.
dia competir con las mas bien provistas: con..
cedianles con frecuencia ir á pasar días ente.
ros á las Casas de campa de la sociedad de Je-
sns , situadas en los contornos de la corte, don..
de se entregaban á la fervescencia natural en su
edad y á los placeres poco compatibles con los
deberes de una profesión relijiosa.


Pronto se reunieron noventa novicios jóvenes y
robustos , pero ni las seducciones que los rodea-
ban ~ ni la esperanza del ascendiente que dehian
adquirir un dia, bastaron á confirmar su vccacion:
y mas de sesenta se escaparon en un solo dia del




~34
convento de San Isidro, sin que en aquella época
se presentase despues de este suceso pretendiente
alguno al noviciado. Por otra pal'te, los jesuitas ve.
nidos de Italia nunca lograron popularizarse, por.
que habian olvidado durante su ausencia el idioma
y las costumbres de -su pais, El vulgo no radia
acosturn brarse áun'! sociedad relijiosa, cuyos indivi-
daos cornian macarrones y bebian sorbetes; y los
pocos sermones que predicaron solo sirvieren
para desacreditarlos, desalentando al auditorio
Con sus frases estranjcras y la novedad de su esti-
lo Y como trabajaron en vano para introducirse
en la clase alta de la sociedad, la victoria conse-
guida por sus protectores no produjo ventajas sino
á algunos individuos, ni causó en [eneral impresión
alguna sobre jos ánimos ni sobre la orinion pú,
hliea.


Recurrió el partido servil á medios mas efica-
ces para cimentar su triunfo: tales fueron las re-
compensas concedidas á cuantos eclesiásticos secu-
J(jI'CS y regulares se habían distinguido porsu ardi-
dimJeato en oponerse á las doctrinas de las córtes,
desde I'U iustalacion hasta que fueron suprimidas.
L1S mejores mitras, los canonicatos, las plazas del
couse]o de estado, las decoraciones mas hononfi-
cas y las pensione s mas lucrativas fueron el precio
de sernea ntes servicios. La nacían entera se escan-
dalizó al ver conferido el obispado de Ceuta á Ve-
Jez. capuchino, hombre de costumbres relajadas,
solo porque habia puhlicado con el título de De-




235
fensa del altar .r del trono, una larga sériede"
calumnias contra los liberales á quienes acusaba de
rerublicanismo, de at eisrno, de impiedad y de toda
especie de vicios y desórdenes. 0,1'0 folletista Ila-
majo Martin~'z~de un carácter no menos odioso, y'
cuyo'> escritos respir-aban el espíritu mas atróz y
[a venganza mas enea rn izada, fué nom hrado pre-
dicador del rey é individuo de la inquisición. Por
otra parte los diputados eclesiásticos que lubian
abrazado tan ardientemente el p;:¡rtido de los ser-
viles en la' asamblea nacional, y firmado la f:lfllosa
representación llamada de los Persas, fueron con-
decorados con las principales mitras de España.


Protejido X halagado tan abiertamente por el
poder , elevado sobre las ruinas de sus enemigos,
y dueño absoluto de los ánimos de la muchedum-
bre, el clero adquirió un influjo ilimitado en to-
dos I.)s negocios [ndiciales , administrativos y pa-
lílic('s ..y se puso á la cabeza dela sociedad. Acu-
muló sobre ':Ji solo los honores 'Y las riquczas , y
enlazando íntimamente su ecsistencia con la del
trono de' Fernando, convirtió en instrumentos po-
derosos el confesonario y el púl pila, dos manan..
tiales fecundos de influencia, Por medio del pri-
mero penetraba los secretos de las familias, y por
medio del segundo sembraba la discordia ~el1tre
sus individuos, estableciendo como una olJligaciOIl
sagr.lila elque el hi [o debia delata.' á su padre, la
rnuier á su marido, el hermano::l su lrerrnano J el
amigo á su amigo, si profesaba ideas liberales, si




236
leía libros prohibidos ó frecuentaba las reuniones
de los fracrnasones. Oyerónse anunciadas en el púl-
pito doctrinas en oposicion directa Con los precep-
tos del Evanjelio: encarecían y propagaban los
frailes las preocupaciones mas vergonzosas I é in-
culcaban en el espíritu del pueblo un horror sin
límites á todas las inovaciones políticas ó científi-
cas como incompatibles con la relijion , y que ten-
dian á relajar las costumbres y á introducir el
ateísmo.


A pesar de su elevacion, el clero nunca pudo
aprender los modales que distinguen por lo co-
muo á las clases privilejiadas; yen la época de que
hablamos muchos de sus miembros eran ignoran-
tes, groseros, de conducta poco honrosa, dando
pie de este modo á deducir consecuencias poco
favorables á los serviles. Los clérigos y los frailes
no frecuentaban sino las casas de las clases mas
humildes de la sociedad, mas numerosas en la
Península que en los dernas paises: las personas
distinguidas por su rango, su educacion ó su des-
tino, afectaban por el contrario el mayor desden
por el clero, á cuyos individuos rara vez admi-
tian á su confianza. Asi es que aunque en los seis
años del reinado absoluto de Fernando, la masa
de la nación estuvo reducida á un estado ver-
gonzoso de ignorancia y de envilecimiento; sin-
embargo la civilizacion que tantos progresos habia
hecho en los otros puntos de Europa, comunicó
sus nuevas luces á los hombres distinguidos de




237
España. Los libros prohibidos circulaban con la
mayor facilidad ~ á despecho de las amenazas y de
los anatemas ~ y se devoraban con ansia los perió-
dicos estranjeros igualmente prohibidos, no solo
en Madrid sino también en las provincias. En el
recinto mismo del real palacio se estudiaba la quí-
mica, de cuya ciencia bahia fundado una cétedra
el infante don Antonio: y plantificó el sistema de
enseñanza mútua una sociedad de grandes de Es.
paña , que Ja divulgó y protejió con una atención
y un celo digno de los mayorel} elojios,


Desgraciadamente apenas se percibían en la
masa de la nacion tan laudables esfuerzos: la in-
fluencia del partido contrario hahia causado una
impresión demasiado fuerte en el ánimo del pue·
hlo, y apenas es creible hasta que punto llegaron
los infortunios de un pais , donde los fanáticos
convertian la reJi[ion en instrumento de sus mal-
vados designios y de sus pasiones. La poblacion
disminuia tauto , cuanto mas se llenaban Jos con·
ventes de hombres separados de la sociedad, y
despreciábanse las profesiones útiles para gozar
de las gallerías del estado eclesiástico. Las cla-
ses íntimas eran de día en día mas estúpidas,
y siu disfrutar de los beneficios que proporcio-
na á los pueblos la práctica de una fe pura, devo-
raban la Península todas las plagas que provie-
nen del fanatismo y de la superstición.




--','--------------


HACIENDt


De cuantas administraciones ecsistian en Espa-
ña antes de 1808, nir;guna presentaba uu cú-
mulo tan grande de abusos, de errores y de mar-
cas de ignorancia.


Las guerras civiles que hahian desolado la Pe·
nínsula , la diferencia de leyes, de háhitos y de
costumbres en las diversas provincias, la falta de
una representación nacional fundada en leyes po.
sitivas' y revestida de derechos legalmente recono-
cidos , la distribucion viciosa y desigual de las pro-
piedades) la ignorancia de los principios elementa-




239
les de la economía política, y quizás mas que todo
la corrupcion de los funcionarios públicos , eran
otras tantas causas poderosas que contribuían mas
Ó menos á dejar la España at ..ás de las demás na-
ciones en un punto tan delicado y tan importante
de! sistema social. Las contribuciones ecsijidas á 105
españoles del tiempo de Cárlos IV ,se reducian á
los mismos recursos que en el reinado de Carlos V,
de los Felipes y de sus succesores ; pero habianse
aumentado á proporcion de las necesidades del eS-
tado sin fijar la atencion en mas consideraciones
que la ecsijencia del momento. Tales impuestos
habian de ser pues arbrtr... rios porque no se funda-
han en leyes fijas, en principios ciertos ni en bases
razonables; porque se imponían al pueblo de una
manera t iranica á medida que apremiaban los ¡¡PU-
ros del gobierno. La aplicacion del producto de las
alcabalas era tan irregular como el modo de co-
brarlas, y lejos de aplicarse al servicio del estado,
únicamente aprovechaban para enriquecer á las
personas qqe viven de los abusos. Asi Españs con
un suelo fértil, un clima templado y una multitud
de primeras materias tan variadas y abundantes
como útiles y preciosas , Espuüa cUJos habitantes
aacrilicsban la mayor parte de sus riquezas al te·
soro público, Se veía en la época de que hahlamos ,
sin .íuiero , sin crédito y abrumada por una deuda
Iurnensa.que lodos los dias se creía obligada á au-
mentar en vez de disminuir, Puede decirse que
durante la guerra de la independencia carecía de




240
tésoro público: 139 provincias pagaban las Cótltrl~
huciones que los vencedores y los vencidos les irn-
ponian en virtud de leyes militares, y el gohierno
que defendía la causa de Fernando recibía de Amé-
rica y de los ingleses el dinero con que hacía freno
te á las necesidades mas urjentes. Por otro lado el
gobierno del rey José sacaba cuanto podia de las
provincias que dominaban sus armas, y que vi-
nieron á un aniquilamiento tan grande que fié
vió obligado el tesoro imperial de Francia á sil-
mmistrar á José el dinero necesario para sostener
su córte y pagar las jentes empleadas en sil ser-
vicio.


Durante su corta ecsistencia, las córtes carecie..
ron de tiempo y de ocasion para ocuparse en la
mejora de esta parte de las instituciones públicas;
y es probable que aunque se hubiese presentado
una coyuntura propicia j la carencia absoluta· de
hombres capaces de emprender tan árdua tarea les
hubiera impedido llevar á Caha la obra. No será
inútil indicar aquí la causa de la falta de conocí-
mientes económicos en Esparla , como tambien la
ninguna importancia que los gobiernos que se ha-
bian succedido en aquel pais dieron á Un sistema
regular de rentas j y al destino que se daba á Las
contribuciones del estado.


Entre todos los pueblos de Europa ninguno tie-
ne menos necesidades físicas que el español : na-
turalmente sobrio, dotado de una constitucion
vigorosa y robusta, viviendo en un clima muy




241
suave y sobre un suelo fértil que en un corto espa.-
cio produce muchas sustancias nutritivas, nece-
sita muy poco para vivir, y se halla bien sin las


. precauciones y las comodidades que el rigor del
clima, los pl'ogresos del lujo y el refinamiento de
las ideas han hecho indispensables en el dia en las
otras naciones.


De donde proviene que los españoles sienten
mu}' poco las privaciones, y por consiguiente la
canea que las produce no irrita vivamente los áni-
mas, ni escita sérios descontentos como en otros
paises. Los empleados del gobierno permanecen
algunas veces arIOS enteros sin recibir el sueldo, y
no se oyen quejas: los rejimientos viven en algu-
nas ocasiones únicamente de la racion , y sin embar-
go 110 desiertan de sus banderas. Semejante espíri-
tu de paciencia hace á la autoridad perezosa, y co-
mo el peligro no sea muy inminente ó muy grave
no opone esfuerzo alguno para precaverlo: así se
perpetúan los males de toda especie qua aeompa-
ñan siempre á la indolencia y á la pobreza.


Fernando :1 su vuelta al suelo patrio, no adop-
tó plan ó principio alguno capéz de poner un rér-
mino á tantas calamidades. La nacion habia soste..
nido la carga de una gU€rra desastrosa, y sin ern-
hargo no estahan enteramente agotados susrecur-
sos. Las tropas francesas habian esparcido por el
reino una cantidad muy grande de dinero entre
las clases industriosas , y las vicisitudes de los ne-
gocios políticos hahian producido notables mu..


TOM. 1. 16




24~
danzas en las propiedades, haciéndolas pasar de
una en otra mano. Amás la afluencia de los estranje-
ros en algunas ciudades, el comercio que habían
establecido, la sucesion rápida de los aconteci-
mientos y la propagarion de las ideas liberales, des-
pertaron el espíritu de industria que ocasionó la
creación de ~51'andes establecimientos Con emision
de los capitales, y suministró trabajo á numerosos
brazos. De aquí resultó que no obstante el desór-
den que ecsistia en la administracion , los elemen-
tos de prosperidad que todavía restaban hubieran
bastado para levantar la nacion , sino hubiesen
ecsist.ido entre las manos de hombres avaros é ig-
norantes. El objeto único que pareció fijar esclusi-
varnente la atencion del ministerio de Hacienda;
despues de la vuelta del rey, fué procurarse tan-
tos recursos pecuniarios como fuese posible y por
todos los medios imajioables. Así el desórden lle-
vaba tras sí el desórden : la anarquía que reinaba
en Ios negocios políticos se complicaba con la de
hacienda, y acababa de gangrenarlas llagas de la
patria.


No toca á nosotros enumerar las medidas que
sobre el ramo de Hacienda adoptó el gobierno de
Fernando: tarea imposible, de cumplir, porque no
hay un hilo que pueda guiarnos en el laberinto os-
curo é inescrutable de las diversas' ramas de la ad-
ministracion , y porque tales consideraciones no
ofrecian interés alguno,· reducidas á una larga
serie de decretos, reglamentos , esplicaciones,




241
revocaciones é insigniflcantes detalles producidos
por las circunstancias, y dictados muy frecuente-
mente por la ignorancia y la necesidad. Nos limi-
taremos, pues, á trazar algunos. rallgos propios
para caracterizar el sistema de hacienda del pais
que nos ocupa.


LOII primeros ministros de este ramo nombra..
dos por Fernando después de su regreso, no pell-
saron sino en ocurrir .á las necesidades del 1110--
mento, sin inquietarse de las deudas ya contrai-
das , Y sin tomar medidas p:ua lo futuro. Las con-
tribuciones eran casi todas indirectas, y cohrá-
Lame bajo la iuspeccion de los intendentes que
babia en las provincias, Su autoridad era ilimita-
da; y aunque ecsistia un consejo de hacienda des.
tinado á juzgar las dificultades que sobreviniesen,
como estaba compuesto enteramente de hombres
que dependian del gobierno, rara vez decidía á
favor de los recurrentes cuando se trataba de los
intereses del tesoro, como acontecía de ordinario,


Entre los medios empleados para procurarse
dinero J hay uno que merece citarse: elijiéronse
un cierto número de artículos de primera necesi-
dad ,que juzgaron deber someter á un impuesto,
y concedióse el monopolio á un individuo, ó á
una compañía que adquirian el derecho esclusivo
de vender aquel artículo en un pueblo determina.
do, privando asi de UIl ramo de comercio á to-
dos los dernas individuos de la sociedad. Así el
habitante industrioso de aquella comarca no podía




244
vender en ella el producto de su tierra sin p3gar
una enorme retrihucion al arrendador del ramo,
obteniendo antes su permiso. De aqui proviene
que la palabra contrabando, que en otros países
se aplica á las mercancías estranjeras , cuya irn-
portacion se halla prohibida, denotaba en la Pe-
nínsula los productos de la tierra mas Comunes y
mas indispensables. En Jerez era contrabando el
vino, y para impedir su introduecion establecióse
Un sistema de aduanas, tan riguroso como el
que Napoleon organizó en Francia para estorbar la
importación de telas de algodon de las manufac-
turas inglesas.


Estas manufacturas eran principalmente el ob-
jeto del rigor de 105 ministros españoles, que pro-
hibían los productos il1g leses mas severamente que
tojos los demas artículos pernicioso, ála industria
del pais, En vano representaban de continuo á la
autoridad superior, manifestando que las clases
inferiores del pueblo, y principalmente los ha bi·
tantes de las provincias marítimas no podian vi·
vil' sin tales manufacturas; en vano probaban has-
ta la evidencia, que á pesar de las aduanas y de
los presidios, la Península entera se vestia con te-
las de algodon; nada bastaba á abrir los ojos de
los gobernantes alucinados, no obstante que el
tráfico del contrabando se hacia con la mayor
publicidad y de un modo desacostumhra io hasta
el dia, El motivo b , por mejor decir, el pretesto
de las prohibiciones era favorecer las fábricas de




245
Cataluña. Y como si se hubiesen preparado á pro-
pósito los acontecimientos para dar al gobierno
una leccion útil, los catalanes despreciando los
reglamentos prohibitivos dirijidos á protejer sus
manufacturas, disminuyeron poco á poco su afi-
cien á este ramo de industria, para entregarse á
la fabricación de pailas en una época en que era
permitida la importacion de paüos estranjeros,
pagando un derecho moderado.


Las provincias de Vizcaya, que todavia con'
servaban sus antiguos privilejios , consiguieron al-
gunas modificaciones en el sistema prohibitorio,
principalmente por lo respectivo á las telas ingle-
sas. Mas en cambio desempeñaba en Bilbao la pla-
za de director de las aduanas , un hombre tan cruel
como avaricioso, llamado Lanza, que rué largo
tiempo el azote del comercio de aquel industrioso
pais. Durante la guerra de la independencia, había
salido Lanza de la clase mas Ínfima de la sociedad,
para colocarse á la cabeza de una guerrilla, en la
que se distinguió por su audacia y su destreza en
interceptar convoyes. Su odio al gobierno consti-
tucional que manifestó con toda la grosería de un
hombre sin educacion , le concilió la proteccion
de los favoritos de Fernando: algun tiempo des..
pues obtuvo el empleo de que acabamos de hablar,
el que esplotó como una mina abundante de rique-
Zas. Su plan principal era perseguir á 105 contra-
han distas , y cou este pretesto apoderábase fre-
cuentemente de las propiedades de los habitante»




146
Yde las mercancias estranjeras, legalmente impor-
tadas, constándo le que conseguiría siempre una
decisión favorable del tribunal qlle fallase el nego-
cio. Después de haber arruinado de este modo va-
rias casas de comercio de Bilbao, intentó destruir
nna compañía de ingleses. Supuso que ocultaban
en 'sus almacenes jéneros de contrabando venidos
de Manchester , y en su virtud aprehendió cuanto
en ellos ecsistia , sin esceptuar las mercancías per-
mitidas y que habian satisfecho los derechos ordi-
narios. Ven.Iiólos eo pública subasta y obtuvo
lnra este acto de injusticia la sanción de la au-
toridad enteramente sometida á sus órdenes. El
propietario inglé3 recurrió sin pérdida de tiern-
po al ministerio y á los tribunales de la ca-
pital, y conaiguió que el embajador inglés y el
consejo [eneral representasen enérjicamenle contra
Lanza.


Los comerciantes de Bilbao habian presentado
ya al monarca varios escritos pintando las malas
artes del director, y esperaban una medida vigoro-
sa contra el que se habia burlado de un modo tan
escandaloso de la opinion pública, del 11000r na-
cional y de los derechos de las naciones. Sus pro-
tectores mismos parecian tan escandalizados que
hablaban de abandonarle al castigo que su couduc-
ta merecia : mas Lanza supo dar al negocio un
jira que le salvó y escitó su risa á espensas de sus
enernigos. Partió repentinamente á Madrid: pidió
y obtuvo uua audiencia particular del rey J que




247
aprobó su conducta enviándole otra vez á su desti-
no. Regresó triunfante á Bilbao, donde siguió ejer-
ciendo su tiranía y acrecentando sus riquezas.


Semejantes abusos eran muy comunes en todos
los ramos de la administracion; se quería dinero y
Jos gobernantes no reparaban en los medios de ad-
quirirlo. Los apuros que se esperimentaban eran
proporcionados á los gastos escesivos de palacio,
á la rapacidad del partido que gobernaba al rey y
á la necesidad en que se hallaban de recargar de ri-
quezas á cuantos se decian víctimas de su adhesion
al absolutismo.


El tesoro público solo pagaba ecsactarnente á
la guarnicion y á la guardia real, para precaver los
peligros del descontento y de la sublevacion de los
soldados: el resto de los fondos ingresaba en el
tesoro particular de I palacio. Por otra parte los di-
versos establecimientos públicos de la capital, como
la ad ministracion de correos, de loterías, del cré-
dito público (1) vaciaban igualmente en el tesoro


(1) En los seis años del reinado <le Fernando de
que hahlamos, los fondos en que debia estribar el cré-
dito piiblico , eran las propiedades eclesiásticas que se
conservaban íntegras, aunque se habia determinado su
venta en tiempo de Cárlos IV j las minas de la costa de
Granada y las famosas de Almaden &.c. Todo lo demás
era aer ao , consillerados 105 recursos del pais y su des-
proporcionada deuda.




248
real sus productos, que eran muyconsiderables. Y
como no bastaban las sumas referidas hahíanse apo-
derado de los fondos particulares de las provin-
cias destinados al paso del ejército y de los em-
pleados; de suerte que apenas recibian los inten-
dentes dinero de las contribuciones, tcnian ya que
satisfacer las letras libradas en Madrid para el con-
sumo del real alcazar. Tampoco alcanzaban estos au-
silios estraordinarios , y los dilapidadores recurrie-
ron al banco de San Cárlos, á los cinco gremios
y á la compañia de Filipinas, que enviaban alguna.s
veces á palacio carruajes cargados de dinero (1).


A pesar de tantos gastos, el palacio del monar-
ca en Madrid carecia del esplendor y de la ruagni-
ficencia que rodeaban á los dernas príncipes de Eu-
ropa. En efecto, el desórden que allí reinaba" la
profusión y la avaricia de los nuevos favoritos que
mudaba Fernando cada dia , hubieran bastado á
agotar las minas del Perú: así es que la córte con-
sumía inmensos tesoros y se veía sin brillo) sin


(1) El establecimiento del banco de San Carlos,
honra el injenio económico de Cabarnís.. que lo fundó
sobre un principio que no podin convenir á otro pais de
Europa, que á España, El hanco de San Cárlos des-
contaba el ¡por ciento de las letras de cambio libra-
das sobre Madrid, y solda ha el precio de las lanas en-
viadas fuera. POI" su medio pagaba el gobierno sus CI"é.
ditos en pais estraujero ; pero su manantial mas Iecuu-




249
pompa y deslustrada. Los que manejaban las rentas
del estado aumentaban sus riquezas de un modo
escandaloso, y nadie desconocia que Fernando
daba muchas veces órdenes con el único fin de
enriquecer á los que debían ejecutarlas. Gastáion-
se muchos millones de reales en los jardines del
Rellro, en fuentes, en montañas artificiales, en
pagodas, en imitaciones de obeliscos indios y en
otras mil bagatelas sujericlas por el mal gusto: al
propio tiempo ornabau con los mas costosos mue-
hles , con tapices, .con arañas y Con otros objetos
de lujo, los palacios que poseía Fernando en Ma-
drid y en los sitios reales. Todos estos objetos ve-
nian de París, donde el rey tenia un ajente destina-
do á comprarlos. D. Isidro Montenegro, ayuda de


do de riquezas cifrábase en el privil~jil) esclusivo, que
gozaha de proveer los ejércitos de mar y tierra. Como
todos podian adquirir acciones , distribuíanse las veu-
tajas entre unsin mirnero ,le individuos.


Solam'eúlé' el) -la' operacion de estraer el dinero de
América, ganó erbanco mas dp 12000 000 de reales.
Su primer dividendo en 1784 fué de 9 1/? por ciento;
lo en al elevó en Eraucia , y en los de mas paises las ac-
ciones de 2000 á 3040 reales: aumentóse despues el
mim ero de las acciones. y disminuyó e u seguida el favor
de qlle gozaba el establecimiento. Prendieron á su fun.
dador, y estu"o cinco años en la cárcel. El sistema mi.
nistcrial de Fernando dió un golpe fatal al banco do
San Carlos,




250
cámara y favorito del rey, tenia la intendencia de
tales gastos y vivia COn un lujo oriental, despues
de haber procurado á todos Jos individuos de su
familia empleos elevados y lucrativos.


El desórden llegó en fin á tal punto que el rey no
rué bastante poderoso para poner remedio. Los mi-
nistros de hacienda se sucedian Con mucha rapidez,
sin que ninguno alcanzase á desarraigar un mal
que hacía tantos progresos, y cuyas consecuencias
llegaban ya á todas las clases de la sociedad. Los
cortesanos mismos comenzaron á temer que llegase
un dia en que les faltase el dinero para sostener tan
grandes gastos.


En esta coyuntura la intriga cedió á la nece-
siJad, y Fernando buscó un hombre capáz de des-
empeñar empleo tan difícil y tan importante como
era entonces el ministerio de hacienda. Recayó su
eleccion en D. Martin Garay .. que gozaba de suma
r eputaeion de probidad, y que habia mostrado mu-
cho celo por los intereses públicos en los dife-
rentes puestos que habia ocupado. Poseía ade~
mas los principios de la economía política, ciencia
enteramente desconocida de los necios que has-
ta entonces hahian manejado el gubernalle del es-
tado.


Garay aceptó el ministerio de hacienda con el
Íntimo convencimiento de que no le era posible
salvar la nacion de los males que la amenazaban,
sino con una medida vigorosa, cuya ejecucion re-
quería mucha osadía. Desde que entró en el minis-




251
terio trabajó con ardor para conseguir su objeto:
inclináhase al sistema de contribuciones directas,
que basta entonces habia suscitado repetidas discu-
siones entre los economistas españoles. Los obstá-
culos que se oponían á la realiiacionde la medida'
proyectada eran inmensos; mas no le desmayaron,
y reunió 'con uncelo iufatigablé cuan los datos es-
tadísticos pudo procurarse. Con estos datos y los
consejos de muchas personas instruidss , estableció
un sistema de impuestos que no podemos conside-
rar como perfecto, pero que al menos era infinita..
mente superior al que habia prevalecido hasta en-
tonces. Algunos creían que produciria felices resul-
tados, y que era un paso muy im portante para la
reforma de las rentas.


Los que ansiaban las reformas por lentas que
fuesen, saludaron con un vivo entusiasmo la publi-
caciou del nuevo plan, que atrajo á Garay el odio
de la camarilla y de los ministros que de ella de-
pendinn. Por consiguiente hiciéronse insuperables
las dificultades que Garay t.enia que vencer para
llevar á cabo sus ideas, y Jos ministros Lozano de
Torres y Eguia determinaron la pérdida de un horn-
hre que solo era peligroso porque queria introdu-
cir la reforma y el buen órden en la hacienda. No
tardó el rey en firmar el decreto de d estitucion de
G<lray y de Pizarra, á la sazon ministro de estado,
y pusiéronlo al instante en práctica.


Con este suceso aumentó rápidamente el des-
órdeu de las rentas y el estado se hizo insolvente.




252
Es pues muy cierto que si no-hubiese destruido al
gobierno de Fernando el espíritu de independencia
que se manifestó en España á consecuencia deIa
insurreccion de las Cabezas de San Juan, el estado
del tesoro hubiese bastado por sí solo paraprodu-
cir la catástrofe y ocasionar una esplosion tan [ene-
ral y tan decisiva como la de J.o de enero de 1820.




--------_. -----------


MINISTERIO DE GUERRA YDE )IARINA.


A unque la guerra sostenida por la Península para
repeler la invasión de los eslranjerosfué [eneral-
mente popular, sin embargo los actos de crueldad
cometidos contra los franceses provenian mas bien
de la sed de vfllganza y de la ecsaltacion del pa-
triotismo, que de combinaciones regulares y es-
tendidas) ejecutadas por tropas disciplinadas. No
obstante al regreso de Fernando ecsistian todavía
algunos reji mientes bien organizados, y notables
POI' su disciplina y por el arrojo que habían acre-
ditado en varias ocasiones. Las ideas'liberales DO




254
habian echado raices todavía entre las tropas, que
acostumbradas á combatir por Fernando y por la
independencia nacional, solamente tenian un de-
seo vago de reformas políticas concretadas á aque-
llos dos grandes objetos de su culto. De aquí es
que sin encontrar diferencia alguna entre un mo-
narca despótico y un rey constitucional, apenas
divisaron á Fernando pasando la raya, lo acojieron
con entusiasmo, destruyeron á su vista la lápida
de la Constitueion, dándole á entender de este
modo por las demostraciones menos equívocas de
afecto á su persona, que pcdia contar Con ellas
para sostener su sistema, político cualquiera que
fuese. Halláhase 'entonces en Valencia una de las
principales divisiones del ejército mandada por
Elio , y que obedeciendo el impulso dado por
aquel [eneral, abrazó vivamente sus opiniones J se
declaró sin rebozo contra el sistema constitu-
cional.


J.Ja: conducta del conde del Abisbal en este
caso merece. particular atención. Mandaba enton-
ces una división del -ejército , la única quizás que
manifestaba síntomas de liberalismo y habiendo sa-
hido la entrada del rey en España, pero no el par-
tido ,á que se inclinaba S. M. de los dos que di vi-
dian la nacion , envió un coronel de toda su con-
fianza con órden de seguir al rey por el camino
que hubiese tomado, y de entregarle segun la opi-
nion que hubiese seguido el monarca, una de las
dos felicitaciones de que era portador, escritas en




255
sentido contrario. Si el rey se declaraba por la
Constitucion , la felicitacion que debia entregarle
contenia los elojios mas pomposos de este código
político, y las promesas mas brillantes de contri.
buir á la consolidación del nuevo sistema. En el
caso en que se resolviese por el bando opuesto, el
conde en su segunda felicitacion se espresaba en
los términos mas enérjicos contra las peligrosas
novedades de los liberales, y ofrecia su persona y
su ejército al rey para derrocar un órden de cosas
tan incompatible con los intereses del reino, y,
pal'a restablecer el trono en el libre ejercicio de
sus antiguas prerogativas.


El coronel no menos diestro que su jefe eje ..
cutó la comision con la mayor ecsactitud , J' puso
en manos de Fernando el segundo escrito, siendo
ámpliamente recompensado por el celo que habia
manifestado en tan espinosas circunstancias.


La disposicion [eneral de los soldados en favor;
del rey absoluto, y la larga série de combates glo-
riosos en que habían tomado parte para librarle
de su cautiverio, dió al ejército derechos incon-
testables á la benevolencia del monarca. I ...as pri-
meras medidas de su nuevo gobierno respecto á las
tropas, fueron pues seguridades reiteradas y pú-
blicas de su gratitud, espresadas en los términos
mas pomposos, y acompañadas de las promesas
mas magníficas. Propusiéronse los ministros reor-
ganizar completamente el ejército, con cuyo obje-
to nombraron una comision de oficiales [enerales,




256
Publicóse un decreto mandando erijir un edificio
para los soldados inútiles , que en nada dehia ce-
der al famoso cuartel de los inVhlidos de Paris. Al
propio tiempo el monarca recibía á los militares
del modo mas afable; conceJíales pensiones, de-
coraciones y grados) tratando siempre con no-
table deferencia á Jos que habian permanecido fie-
les á los principios de la antigua monarquía) y á
los que hahian aprobado las novedades en materia
de gobierno: recibia con mas agrado y colmaba
de mas importantes favores á los primeros.


Mas al cabo de algunos meses, el ejército en-
tero comenzó á resentirse de los efectos de un mi-
nisterio sin plan) y que en vez de las recornpen-
sas prometidas, solo enviaba órdenes dictadas por
el espíritu de estravagancia , ,y propias para con-
vertir en soldados fanáticos y afeminados á los que
tanta gloria habian adquirido. Prohibiéronse los
cantos bélicos que habian entonado con tanto en-
tusiasrno en los pasados combates: rnandóse resu-
citar la olvidada costumbre de reunirse á la caida
del sol las compañías para,rezar el rosario (i), y
que las músicas militares cesasen de asistir á la


(1) Si Fernando hubiese hecho so ejército verdade-
ramente relijioso, 110 sería justo CCI1SUl'arle tales medi-
(las: el trozo mas sublime del T'asso , es aquel en que
pinta al ejército de los cristianos en oracion en el mon-
te de los Olivos.




TOM. l.


257
misa de los rejimientos ~ como lJ:lsta entonces.
Por otra parte, organizaron en el ejército un sis-
tema de espionaje que indignó hasta á los mismos
tambores.


Los oficiales que se babian distinguido en la
últirna campaña quedaron olvidados en las pro-
vincias, mientras que colocaban á la cabeza de Jos
rejimientos á sugetos enteramente desconocidos,
que 110 hahian tomado parte en la gloriosa lucha
qu" acababa de decidirse, y que solo debiau su
elevacion á la intriga y al favor.


El ¡coeral Mina (1), que desde la promulga.
cion del código de C~diz se habia mostrado su
filas celoso defensor ~ había observado atentamen-
te la marcha de la op:nion pública y la conduela
de Fernunrlo desde su vuelta á España, Hallábase
en NClvarra, á la cabeza de una division del ejér.
cuo , cuando recibió el decreto dado en Valelleia
en 4 de Mayo. Al'l'ebdtado por la iudiguacion que
sintió ¡JI leerlo , escribió en el acto á todos los 06-


(1) Es tan conocida la conducta heróica de Mina
Jnrallte la guerra de la independencia, fIue los lecto.
res nos clisrcns~ráll el cn trar en detalles sobre este
punto. En 1814 prno uuciósn en favor del gohierno li-
bre y const ituciou al , y vióse ohlig~<Io á buscar un
asilo en la vecina Francia, El g(,hierno español puso
en juego multiplicados resortes para conseguir su en-
tregd, pero Francia que h a sido siempre el ;,silo de los
proscrit os no quiso dar oidos á aquellas hajas ill1¡'igas~


17




2.';3
ciales superiores de los rejimientos que militaban
bajo su mando, proponiémlol es un plan de resis-
tencia á tales medulas, y respondiendo del écsito
con su ca beza, si se le reunian f rancamente para eje-
cutar tan noble designio El mal resultado de este
paso le demostró que la fuerza armada en que fun-
daba sus esperanzas, iba á ser uno de los principa-
les obstáculos de sus deseos. Mas cuando las medi-
das del gobierno llegaron al estrerno de irritar á
los mismos que habian contribuido á sostenerlas,
Mina creyó que ecsistian motivos bastante poilero-
sos para euarbolar el estandarte de la revolucion,
Jefe del ejército de Navarra, aunque el ministro le
habia quitado oficialmente el mando, púsose en co-
mumcncion con la mayor parte de los rejimientos
de que se componía, y trazó el plan de una vasta
conspiración que habia de estallar apoderándose
de la ciudadela de Pamplona.


La vijilancia del partido contrario, ayudada
por la influencia del clero y de los frailes, y por la
destreza del conde de Ezpeleta , espitan jeneral de
Navarra, descubrió la trama urdida, y Mina esca-
pó de los peligros que le amenazaban, refujiándose
en Francia.


El Empecinado (') hizo otra tentativa para po-


(1) El Ernpeclnado es un sobrenombre dado á Ios
del pueblo de que era natural; el d ist inanido guerrero
ee llamaba D. Juan Martill. Era hijo de un pobre la.




259
ner un t~rmjno á los infortunios que abrumaban la
patria. Dirijió al re)' una representacion corta, mas
cnérjica, lIena'le verdades severas V dictada por
el mas noble patriotismo. Observaba en ella que
los monarcas que habían merecido el reconoci-
miento de los hom bres , eran los que habian escu-
chado los ruegos de sus súbditos con la firme re-
solucion de remediar las desgracias. Los espaüolea
pensaban [eneralrnente que S. M. abrigaba seme-
jantes intenciones, y que así oiría favorablemente
las súplicas que le dirijian con la intencion de po-
ner término á los abusos de su gobierno. S. M. es-
taba entonces á merced de los hombres que habian
contribuido á las medidas opresivas de Godoy, y
qlle en vez de tomar las armas en la última guerra,
habian permanecido espectadores tranquilos de los
sucesos , mientras que miles de españoles morian
ea defensa de su independencia. No le movia por
parte suya mira alguna de partido; ni pretendía


hrador, y f\irv:ó durante mucho tiempo en clase de
simple soldado: en 1808 se puso á la cabeza de una
gnerrilla> y se dió á conocer por sus talentos para este
jénero de guerra. Fernando le confirió en 1814 el grado
(le mariscal de campo> y le antorizó para que 11, mara
con el sobrenombre de ~mpecinado. Su reputacion se
había este ndirlo tanto, que hasta un pobre cura t1P. las
Islas Eilipin as le envió en HlJ 7 una cadena de bastante
valor corno un tp.stimOllio de Sil admiraciou, MIlI"ió en
el patíbulo por liberal.




2(iO
aCU!3r á 105 serviles ni defender á los líberales : su
único objeto se reducia á dar á conccer al re}' la
necesidad de una amnistié jenera}, tanto mas ur-
jente cuanto los partidos qne dividían la nacion
eran el resultado de las circunstancias en que aque.
lIa se habia encontrado. Acompañaba una minuta
de proclama, que á su [uicio debia dar el monarca
á. sus súbditos) y afirmaba que los que hablan
aconsejado á S. M. que siguiese el camino opuesto
no hahian logrado sino hacerle perder las colonias
de América, cuya poblacion en masa) ecsaspera-
da por la persecucion , habia resuella perecer mil
veces antes que perder su libertad. SJ S. 1\1. se dig-
naba dirijir una mirada sobre el estado de la ha..
cienda , encontraría en ella un laberinto indifini-
Lic. Para cumplir la promesa solemne que habia
hecho al pueblo era necesario convocar las córtes,
{mico medio de restablecer la confianza y el eré-
dito del estado. Imposible parec ia no conocer que
el clero habia manifestado mucha ingratitud al
pueblo, que con tanto arrojo habia defendido sus
intereses , cuando la dominacion de los Iranceses
amenazaba con una completa ruina. Multitud de
procesos aflijian el pais : y la justicia parecía des.
terrada de España, porque babia desaparecido bajo
las formas arbitrarias y los odios mas inveterados.
Los abusos habían llegado á tal punto, que los (lue
deseaban la ruina de un parieute , de un amigo ó de
Un vecino, no necesitahau hacer otra cosa que di-
rijirse á un juez y acusar al objeto de su odio de




26J
un crimen supuesto. Al momento se mandaba )a
prisión del acusado y se le privaba de comunicar
con su familia, y cuando trascurridos muchos
meses se recouocia su inocencia, el acusador no
tenia que temer castigo, y al contrario algunas ve-
ces el gobierno le recompensaba Con Un empleo.


Esta pintura atrevida de los males que desola-
han Id Espnñu , se divulgó profusamente por el
público: el Empecinado permaneció en lVladrid en
presencia de sus enemigos, y cuando lo juzgó con-
veniente se retiró á 5U pueblo. Allí se consagró eu-
teramente á la agricultura, viviendo como un sim-
ple particular , satisfecho de haber llenado su de-
her de una manera tan noble y tan distinguida,
des pues de haber hecho servicios tan eminentes á
su. pa tria,


Aunque esta leccion parecerla fuerte á Fernan-
do y á sus consejeros, y aunque la aprobación [ene-
ral que tuvo el escrito del Empecinado demostró
que eosistia un gran número de descontentos, sin
embargo en nada se varió el sistema que producía
tantos padecimientos al ejército. El desorden de la
hacienda se couocia principalmente entre los mili-
lares, pues los sueldos devengados que se debían
hasta á los soldados mismos ascendían á una suma
considerable. Los proveedores viendo que no se
les cumplían las contratas, suspendian con fre-
cuencia la entrega de sus provisiones. Los jefes
del cuerpo y los comandantes que estaban de guaro
nicioa se veían entonces obligados á implorar el




26~
socorro de los ciudadanos ricospara prec3\'er que
las tropas se muriesen de hambre, Aconteció mas
de una vez 'lue los soldados tomaron las armas y
atacaron las casas particulares para procurarse co-
mida. Las gual'niciones de algunas ciudades, prin-
cipalrnent e la de Ceuta ~ se hallaban reducidas á
tal estado de desnudez que por falla de vestidos y
para DO ofender la decencia pública, les prchibian
salir á la calle, y algunos hubieran muerto de frio
sino les hubiese ocurrido la idea de calentarlos en
los hornos euque se cccia el pan.


A medida que tales males se acrecentaban, y
que se perdia la esperanza de verlos remediados,
d esarrollabanse rápidamente en el ejército los sen-
timientos de odio contra el gohlerno, Los guerre-
ros que se habían distinguido en la guerra de la in-
dependencia y que se hablan encumhradc ui los
mas altos grados, comenzaron á ser el objeto de
Ia atencion y de las esperam;as de los desconten-
tos, y todos los ojos se fijaron en Morillo, que
había sido nombrado jeneral en jefe de un ejérci-
to de 10,000 hombres, destinados á someter las
colonias americanas. Las tropas estaban en estr e-
mo descontentas: engallaron á varios rejimientos
los jefes, y bajo falsos pretestos los condujeron al
punto donde debian embarcarse: tarnhien se vie-
ron obligados á desarmar otros para lograr que se
diesen á la vela. La repugnancia á UDa guerra colo-
nial unida al temor de los peligros de un largo VIa-
je y de un clima mal sano J se apoderó de tal suer..




263
te del espíritu de los soldados que desde el prime.
ro hasta el último hubieran suscrito y se hubieran
entregado Con alegria á cualquiera otra empresa
por arriesgada que fuese, con tal que los librase de
la espedicion,


Les descontentos que tomaban el nombre de
liberales y tendian á restablecer la Constitución de
·1812, hahian organizado una sociedad secreta,
cuyas ramificaciones se estendian por toda Esparla
y minaban la mayor parte del ejército. Antes de
entrar en comunicucion intima con Morillo, ini-
ciáronle en Cadiz en los misterios de esta sociedad,
y afirman, cJue iniciado en ella le propusieron po-
nerse á la cabeza del movimiento revolucionario,
y que los comerciantes del puerto le ofrecieron
grandes sumas de dinero para facilitar la revuelta.
Sea lo que fuere, lo cierto es que habiendo tenido
Morilio la indiscrecion de corresponder á una se-
ñal secreta que ie hizo uno de los afiliados en aquella
numerosa asamblea, divulgóse por Cádiz la voz
de que era liberal y fracmason. En su vista juzgó
conveniente hacer una especie de penitencia por la
falta cornetida , inscribiéndose en una de las nu-
merosas cofradias del puerto, y asistiendo á la pro-
cesion con una vela en la mano. Pasados algunos
días la espedicion se dió á la vela desvaneciendo las
esperanzas que se habían fundado en ella.


Desde entonces fijáronse las esperanzas en UQ
nuevo objeto J' se concentraron en Galicia, pro-
vincia que habia ejercido siempre suma influencia




264
sobre los aeontecirnieutos políticos de España. Ani-
mábala el espíritu de independencia: disposicion
debida á la presencia del [eueral Lacy que habiá
mandado en ella antes del regreso de Fernando.
No tardó eu manifestarse de un modo inequívoco
el sentimiento que dominaba principalmente en-
(re los soldados. Estaba ya organizada la insurrec-
cíon y tomadas todas las medidas preparatorias:
lo único que faltaba era elejir un íefe que gozase
de la confianza ¡eneral J que fuese capaz de llevar
á.cabo tan delicada empresa. El único hombre de
la provincia que reunía tales condiciones era don
Juan Diaz Porlier, conocido con el nombre del
l\'1arqucsito en la guerra de la independencia, en la
que se habia distinguido por su valor J sus conoci-
mientos en clase de jefe de guerrillas. Mas hallá-
hase entonces encerrado en el castillo de San An-
tonio de la Coruña á consecuencia de haber sido
condenado á cuatro años de encierro por liberal
declarado, y por tener relaciones Íntimas con los
miembros mas señalados de este partido.


Sobrevino una circunstancia favorable á las
miras de los descontentos : Porlier , cuya salud se
habia alterado con las fatigas de la guerra y con la
insalubridad y las incomodidades de la prision,
solicitó y obtuvo el permiso de ir á tomar baños
minerales á Arteyo , donde fue conducido escolta-
do. Apenas llegó á Arteyo , el oficial que manda-
ha la escolta, y que respondía del presa , le ofre-
ció el mando de todos los liberales del ejército de




265
Galicia, y la direccion del movimiento revolucio-
nario que proyectaban para restablecer en aquella
provincia, y des pues en toda España, la constitu-
cion política que el gobierno de Fernando habia
destruido.


Porlier aceptó el encargo, trazando en el acto
el plan de las primeras operaciones, y en la no-
che del 18 de setiembre de /815 entró en la Co-
ruúa acompañado de su escolta. Guardaban las
puertas de la ciudad amigos de Porlier, que le re-
cibieron con entusiasmo y le llevaron en triuufo á
los cuarteles , donde las tropas le aguardaban con
la mas viva impaciencia. Areugóles Porlier y los
electrizó con la fuerza de su discurso; los solda-
dos le reconocieron unánimemente por jefe, y ju-
raron obedecerle. Su primer cuidado fue colocar
hábil mente las tropas en los puestos mas impor-
tantes, dar libertad á los presos constitucionales y
asegurarse de la persona del capitan [eueral y de
)015 damas funcionarios públicos, que habian dado
frecuentes y no dudosas pruebas de su aversión al
código de Cádlz. Dirijió una proclama al ejército
y un manifiesto á la Europa entera, cUJos escri-
tos eran en estremo notables, porque en ellos ha-
cia resaltar el contraste de los males que abruma..
han la nacion , con la ventura de que gozaria bajo
el suave imperio de un gobierno representativo.
Mandó en seguida proclamar con Ia mayor so-
Íernnidad 1" Constitucion de 1812, que fue salu-
dada con los testimonios de la alegria mas pura




266
por la guarnicion, cuyo gl'ito unánime era, pwa
Fernando / pipa el reJ constitucional!


Enviaron circulares al momento á todas las
autoridades de la provincia, invitándolas. á lomar
parte en un pronunciamiento tan felizmente co-
menzado. Aunque sus respuestas no fueron satis-
factorias, na por eso desmayó Porlier, mucho
mas cuando vió llegar destacamentos de diferen-
tes puntos de la provincia, y cuando supo que la
guarnicion de Santiago, capital de Galicia, y su
colegio militar solo aguardaban su presencia para
declararse en favor del gobierno representativo,


Habia entre las tropas que guarnecían la plaza
algunos granaderos de la milicia provincial de Ga-
licia. Esta especie de tropas no prestan constante-
mente el servicio en España: reúnense únicamen-
te cuando las circunstancias lo ecsijen , y cuando
han pasado, los soldados vuelven á las labores de
la agricultura, de donde resulta que cuando están
con las armas en la mano Conservan los hábitos
de paisanos, y principalmente la docilidad y cie-
ga obediencia al clero que caracterizan al pueblo
español, El clero de Santiago, que era en estremo
rico, se puso en movimiento tan luego como su-
po las primeras noticias de la insurreocion de la
Coruña, y recurrió á todos los medios de seduc-
cion, principalmente con los milicianos provin-
ciales, quienes prometieron no solamente no se-
guir el ejemplo de la guarnicion de la Coruña, si-
no tambien resistir á Porlier con todas sus fuerzas.




267
Los jefes del partido realista prefirieron sin em-
hargo á la resistencia el soborno y la intriga, y
la suerte midió sus deseos. Porlier habia salido
ya de la Coruña á la cabeza de ochocientos horn-
hres , y acercábase á Santiago sin encontrar el
menor obstáculo, cuando se detuvo en Ordenes,
pueblecillo que dista dos leguas de la ciudad. A-
provechóse el enemigo al punto de esta circuns-
tancia , para ponerse en relaciones con las tropas
que hahian proclamado la Constitucion, y despues
de haber derramado entre sus individuos mucho
oro, persuadióles que la intencion de Portier era
atacar á Jos granaderos de la milicia. Divulgóse
rápidamente por toda la division tan pérfida voz,
y los sargentos que habian recibido la mayor par·
te de! dinero, tuvieron una junta secreta, en la
que uno de ellos, llamado Chacon , declamó lar-
gamente contra la guerra civil y contra el hor-
ror de una empresa que arrnaria los unos centra
los otros, á los ciudadanos y á los hermanos. El
resultado de esta conferencia fue resolver el arres-
to del [eueral y de los oficiales, y entregarlos al
rigor de las leyes. Los jefes, poco esperirnentados
en operaciones de tan delicada naturaleza .. ha-
hi inse reunido por su parte, escluyendo con suma
imprudencia de la reunion á los soldados, á quie-
nes dejaron de este modo entregados á las manió-
hras de los que deseaban ganarlos. Procedieron
COn tanta neglíjencia que los sarjentos tuvieron
bastante tiempo para apoderarse del mando, reu-




268
.nir las tropas y colocarlas al rededor del pueblo,
de modo que no pudiese escapar ninguno de los
jefes del movimiento. Tomadas estas medidas, Cha-
con, á la cabeza de los sarjentos , entró en la casa
donde se hallaban cenando Porlier y los oficiales:
las voces que oyeron les dieron tiempo para tomar
las espadas, con las que opusieron una resistencia
heroica: mas al fin, precisados á ceder al número, .
Porlier y sus amigos fueron encadenados juntos y
conducidos á la cárcel de la inquísicion de San-
tiago.


La noticia de los sucesos referidos produjo en
la Coruña el efecto que era de esperar: los scrvi-
les triunfaron , el sistema constitucional Quedó
~


otra vez destruido y disipáronse enteramente las
esperanzas de un porvenir mas dichoso. Los hom-
bres reílecsivos veian en esta conspiracion el pre.
sajio de otras muchas, mientras que los que se .
gozaban con su mal écsito y tenia n interés en pro· .
longar los abusos, persuadian al rey que habia lle-
gado el momento favorable de desplegar la :na-.
yor severidad, y de desarraigar para siempre el
espíritu de liberalismo y de descontento. Con esta
mira, espidieron la órden á Galicia para que se
formase en seguida el proceso á los presos que ha-
bian sido trasladados á la Coruña. En el curso de '
la causa vicláronse abiertamente, no solo las re.
gla5 de la humanidad, SiDO que hasta olvidaron
las formas del código criminal de España , el mas
severo de Europa. Trataron principalmente á Por-




269
Iier con crueldad estremada: pusiéronle unos
grillos que pesaban mas de cincuenta libras; yacia
casi desnudo en el calabozo, y despues de haber
dormido varias noches en el suelo, consiguió
por fin con harto trabajo, y á causa del estado
de su salud una estera húmeda y podrida.


Por mas crueles que fuesen tales procedirnien-
tos, Porlier no cesÓ de manifestar deseos de que
le enviasen una persona á quien pudiese revelar se.
cretas de la mas alta importancia para el rey y
para la nacion. Sin duda queria manifestar que
ecsistia en el reino y en el ejército un manantial
perenne de revoluciones y de descontento, que no
era fácil contener con el sacrificio de millares de
víctimas, y que solo cesaria con reformas útiles y
prontas. Los jueces de Porlier no accedieron á su
demanda, porque temian que sus revelaciones des-
cubriesen Jos abusos que cometían las autoridades
de la Coruña : y el 2 de octubre fué condenado á
la degradacion y á la horca, ejecutándose la sen-
tencia al dia siguiente. Porlier mostró una firmeza
poco comun: antes de llegar al cadalso, el escriba-
no que habia instruido el proceso le leyó !'cgun
costumbre la sentencia, y cuando le dijo que ha-
hia sido condenado por traidor, Portier interrum-
piéndole con viveza esclamó: ,,¡traidor, ha dicho
usted! mejor diria el hijo mas fiel de la patria,"


En el testamento pidió que en su sepulcro gra.
vasen esta inscripcion: "Aquí yacen las cenizas de
D.Juan Diaz Porlier , jeueral de los ejércitos es-




270
pañoles ; filé dichoso en cuanto emprendió contra
los enemigos de su pais y murió víctima de las
disensiones civiles. Almas sensibles, respetad los
'restos de un desgraciado."


Porlier rué juzgado solo; y tambien fué el úni-
co que pereció. Abrieron contra sus cómplices un
largo proceso,cuj'O resultado consistió en sentenciar
á muerte á catorce individuos que felizmente se ha-
bian refujiado eu Inglaterra, y en cuyo número se
contaba el [eneral Romay que conservó siempre su
amor á las instituciones liberales.


El funesto écsito de la oonspiracion de Porlier
produjo , como era de esperar, efectos bien dis-
tintos en los partidos que divid ian la nacion : lGS
liberales se unieron mas estrechamente; creció su
despecho; multiplicáronse en número, consoli-
dáronse sus planes y concibieron nuevas e~per::m­
ZaS, Alihonse casi tojos los guerreros que habian
combatiJo por la independencia, y no se conten-
taron con desear un cambio , juraron vengarse.


Los serviles ebrios con sus triunfos vieron en
la conspiracion de Pcrlier nn nuevo pretesto á sus
persecuciones. Infunrlian constantemente terror á
Fernando, diciéndole que los liberales atentaban
contra su vida; y sometiendo así á sus pasiones
dominantes el áni mo del monarca, lograban su.
sanción á las medidas de violencia que adoptaban
para libertarle, segun decian , de los peligros que
corría mientras quedase un liberal en España. De la
ecsistencia de la conspiracion de Galicia y del triun..




271
fo momentáneo que obtuvo en la Coruña, deduje-
ron que el partido que hahia levantado el pendon
era Illuy fuerte y que se hallaba en estado de hacer
tentativas ulteriores y mas importantes. Por esta
razon afirmaban que no debian dar cuartel á sus
contrarios; que debían declarar la guerra á toda
especie de innovaciones mientras ecsistiese la me-
nor sombra de ellas en el pais, y que era preciso
destruir cuanto no llevase el sello de la surnision y
de la obediencia pasiva.


Las medidas tornadas por el gobierno fueron
una consecuencia necesaria de tales principios. El
canónigo Escoiquiz que habia dado tantas pruebas
de amor á Fernando; que habia espuesto su vida
por salvar la del príncipe del resentimiento de
Godoy; que hahia permanecido fiel en medio de
los infortunios, y había hasta entonces lisonjeado
sus pasiones favoritas, salió de la córte dester rado
á Andalucía. Su crimen consistia en haber dicho
al rey con motivo de los sucesos de Galicia, que
los procesos criminales, las persecuciones y los
castigos no lograrian estirpar el [errnen de la in.
surreccion , sino las reformas saludables, y las
medidas de dulzura y de templanza qU"l dictaba la
prudencia. Babia representado principalmente al
monarca, que si no se adoptaba un plan de ha-
cienda que pusiese término á las depredaciones y á
la confusion que reinaba en la adrninistracion , la
revuelta de Porlier seria el preludio de una con-
moción [eneral,




272
Desempeñaba á la sazón el ministerio de la


guerra el ¡eueral Ballesteros (1) que habia inspira-
do al rey un sentimiento de benevolencia mani..
festado por S. M. públicamente y de la manera
mas distinguida en varias ocasiones. La única cosa
notable de su ministerio rué el proyecto presentado
al rey, y sancionado por el mismo de establecer
en toda la Peninsu!a comandancias militares á se-
moianza de la [endarrnet-ia francesa, aunque con
mucha masIatitud en los poderes civiles de Jos
comandantes: el objeto del lluevo sistema era, al
menos en la apariencia, librar el pais de las bandas
de ladrones que infestaban los caminos reales, y
que habian cometido hasta entonces repetidos 1'0-
has con la mas escandalosa impunidad. La faccion
de los serviles que detestaba al ejército, juzgó este
proyecto como un paso inmenso en favor de las
ideas revolucionarias, y IHlr consiguiente el plan
fué descchado , y Ballesteros desterrado, sufrienrlo
igual suerte el Empecinado. Enviáronse ,1 todas las


(1) D. Francisco Ballesteros fue sucesivamente ca-
pitan, aduanero, consejero de estado y ministro. Cuan ,
do el duque de vVellingtoll fné nornbrado jeneralísimo
de las fUCl'Zas españolas, Ballesteros rehusó servir hajo
sus órdenes y fué desterrado á Cent a Suponen que
reunia couocimientos militares , pero lo cierto es que
pJcas veces dejó de ser batido. Antes de entrar en el
ministecio, acusáronle de haberse utilizado de algunos
miles de raciones.




273
provincias numeroses órdenes ; ci rculares é ins-
trucciones las mas severas contra los que gozaban
fama de liberales.


Poco tiempo despues de los referidos sucesos,
don Vicente Richard organizó otra conjuracion
mucho mas osada que la anterior: era comisario
de guerra, y estaba dotado de las cualidades que
se requieren para dar esos grandes golpe8, que
cambian en un instante el aspecto político de las
naciones.


El blanco de la conspiración era apoderarse
de la persona del rey y hacerle jurar y promulgar
la Constitución de 1812. Nada mas fácil de ejecu-
tar que la primera parte de este plan, porque el
rey acostumhraha á pasearse por el camino de
Madrid á Alcalá, acompañado de Una escolta y
de una comitiva numerosa. A cierta distancia
de Madrid de¡aba el coche y la escolta para pa-
searse á pie COn la reina, los infantes y sus espo·
sas , .Y .Iirijirse aeornpañado de muy pocos ~ un
edificio que descollaba en medio del campo , 113 9
ruado la venta. Cuando se hallase, pues, en aquel
sitio, cierto número de hombres á caballo debían
precipitarse de repente sobre el rey, obligarle á
monta... á caballo yconducirle sin perder tiempo
á Aleal", guarnecido por un rejimiento entera-
mente decidido en favor de la Coustitucion. No se
sabe Con certeza la causa que impidió la ejecu-
cion- del proyecto, mas los autores tuvieron la
ocasion y 1010 medios necesarios para realizarlo.


TOM. 1. rs




274
Parece, sinembargo, poco dudoso que abando-
naron la primera idea, y en su lugar deiermilla.
ron asesinar al monarca. El mismo Richard se
encargó de dar el golpe cuando el rey volviese de
paseo y concediese, como acostumbraba, la au-
diencia pública. AforlulHHlamellte uno de los con-
jurados descubrió la trama, y Richard fue preso
en las galerias mismas de palacio: eucoutráronle
el puñal de que debia servirse y á poco tiempo
le ahorcaron en la plaza de Madrid. En sus últi-
mos momentos manifestó suma firmeza, demos-
trando con ella que habia puesto el acero en sus
manos el fanatismo político y no' la vengélnza per~
sODaL .


Apenas se babia calmado la ajitacion , causada
por un suceso de tanta importancia, cuando se
formó otra trama en Cataluña , t rama suficiente
para desvanecer las nubes que ofuscaban los ojos ~
de Fernando sino le hubiera cegado una fatalidad
inesplicable,


Cuando el rey volvió á España, el jeneral Lacy
que hahia desplegado en la gnerra de la indepen-
dencia las prendas de un oficial esperimcntado , y
de Un buen patriota , era capitan jeneial de Gali·
cia, Su aclhesion al sistema constitucional le obli-
gó á desaprobar altamente las medidas tomadas
despues por el gobierno,.y comprendióle por'
consiguiente la proscripcion ¡eneral, siendo en-
viado á Cataluña sin empleo. Alli vivia pobre y
oscuro, pobre, porque su fortuna se limitaba al




27',5
sueldo que no le pagaban 1 oscuro, porque su
modestia natural no le dejaba aprovechar las oca-
siones de darse á conocer. En un viaje que hizo
á Madrid en l816 tuvo varias conferencras sobre
Jos infortunios de España con algunos oficiales ele
mérito, y mostró la indígnacíon de que se halla.
ban po seidos los liberales, adoptando con sus arn i.
gos diferentes medios para acelerar la reforma del
estado. '


Contábase en el número de susnrnigos , .Y de
Ios oficiales iniciados, el conde del Abisbal que
asistió á las reuniones en que se encontró Lacy ,
y juró ayudarle en tan dificil empresa no
obstante que no asustaba á taey el del'gtaciado
écsito de las operaciones de Galicia. En el mes de
marzo de 18j7 fue á tIomar las aguas minerales á
Calddes en Cataluña , .v liabiet1do encontrado á
algunos amigos que participaban de sus opiniones
y de sus esperanzas, creyó que había llegado el
memento de poner en planta en Una provincia
tan favorahlemente dispuesta como Cataluña; el
plan que babia abortado en Otl;05 puntos de la Pe-
nínsula. Las personas que ea Calddes se reunie-
ron á Lacy y ofrecieron ayudarle en sus dt'síg-
nios , gozaban suma influencia en el priliciplldo y
y entre las lropas que lo ocupaban. Reunieron
tocios sus esfuerzos para poder contar Con una
fuerza imponente y no dejar duda alguna sobre el
resultado : hechos estos preparativos" fijaron el
día de la esplosiou [eueral , que debia ser el 5 de


,




2ft;
abril. Mas ya entonces estaba resuelto denunciar-
los: dos oficialesllamados Appentel y Naudin que
sabiau el secreto, y en quienes Lacy confiaba par.
ticularmente, descubrieron todo el plan de la
conspiraciou.


El rejimiento de Tarragona era uno de los que
debian tomar parte en la iusurreccion , y el te.
nientecoronel don José Quer reunió dos compa.
'üías del cuerpo y partió can ellas á Caldetes pa-
ra reunirse al jeneral. Lasala, coronel del re-
[imiento , advertido por los traidores que ha-
bian vendido á Lacy, reunió otras dos compa-
ñias y logró á fuerza de amenazas y de castigos
que salieran en persecucion de los rebeldes. Los
primeros llegaron á su destino y testificaron al
lenera\ Lacy e\ mas vivo QtllUS\aSmo: púsose á su
cabeza el guerrero, y marcharon á la casa de cam-
po del [eneral Milans, uno de Jos principales cons-
piradores, donde pasaron la noche no sin grandes
inquietudes. Al apuntar el dia, algunos oficiales
que venian de Mataró y de Barcelona, anuncia-
ron que el plan estaba descubierto y que era ne-
cesario no perder tiempo. Creyendo que podian
contar á todo trance con las tropas que allí te-
nian, y no desesperando de conseguir otros re-
cursos, resolvieron dirijirse á Matará para suble-
var la guarnicion y los habitantes, y en caso de
frustrarse su esperanza. acercarse á la raya y refu-
[iarse en Francia. Algunos instantes después de
haber tomado el anterior acuerdo , introdujéron..




277
se los emisarios de Lasala , persuadieron á los sol.
dados que abandonasen á Lacy y á sus oficiales... y
volviéronse en seguida á Areñs del Mar. Milans
tocó todos los resortes imajinahles para oponerse
á la seduccion; "mas fueron vanos: los ajentes
de Lasala J y principalmente uno llamado Cuero,
triunfaron: entonces-Lacy. y los que le acompa-
ñaban no debieron pensar ya eh otra cosa sino
en salvarse.


El [eneral Castaños (1) que mandaba en Bar-
celona J no habia tomado hasta aquel momento me-
dida alguna; por babel' creído que la insurreccion
Se derramaria por toda la provincia J y que en tal
caso habría contraido con su neutralidad un méri-
to estraordinario. Mas al ver descorrido el velo
de la conjuracion , despachó un oficial superior
pal'a que se reuniese á Lasala J y obrasen de con-
cierto, cuyos jefes enviaron diferentes destaca-
mentos en varias direcciones para que persiguiesen
á Jos fujitivos. Milans y otros compañeros se es-
caparon; mas no fueron tan felices Lacy y algunos
amigos suyos: seguidos de cerca por los paisanos


(1) Castañ os mandaba el ejército español cuando
capit uló Dupont: sin embargo algunos estranjeros han
atribuido Ia victoria de Baylen al jeneral suizo Reding.
Hallábaseá la cabeza de los españoles en la batalla de
Vitoria: y es reputado por horabre de mas espíritu C]U6
tll¡llln~Q. '




278
que babia enviado el gobernador (le Mataró ~ refu-
[iáronse ~ uua casa ele campo. Ap~nas salieron de
ella con rumbo á la frontera, el dueño los denun-
ció é indicó 4 los paisanos.el camino que habían
tornado: no tardaron los fujitivos en verse rodea-
dos por sus enemigos, que les amenazaban con
hacerles fuego sino se rendían. El [eueral que no
perdió ni un instante su presencia de espiritu , res-
pOI1Jió que 110 entregaría la espada sino ti un sol-
Judo: los paisanos intimidados con el aire impo-
nente de Lacy retrocedieron en tumulto j mas tra-
yendo IUf:Ogo á la memoria la recompensa que les
haLiaQ ofrecillo si prendían al jefe de la conspira-
cion , cout.inuarou prorumpiendo /111 amenazas.
Entretanto llegó un destacamento militar ; y Lacy
jba~ entregar la espada al oficial que lo mandaba,
cuando este le di jo: u V. E, me dispensará qut:no
reciba la espada , pues en ninguna mano estará
mejor que en la suya."


Encerraron áJ~acy en la ciudadela de Barce-
lona, y·condenóle á muerte el consejo ele guerra:
Jl1i1& conociendo Castaños que no era fácil ejecl.t:lr:


"1éI sentencia en Barcelona , sin correr el riesgo de
esperirnentar resistencia por parte de! pueblo y de
la guamicion, en estrerno dispuesta á seguir las
huellas de L3CY, á quien tanto venera1Ja á causa
de sus hazaüas en la última guerra, consultó á 'la
córte lo que debia hacer para salir de su inoerti-
durubre. La opinion pública de tal suerte se "pro ..'
nunciaha en favor del acusado c¡ue ninguno imaji-'




279
nabs que le sacriñcaria el gobierno: y estas espe-
ranzas tomaron Illayor incremento cuando se supo
que habia llegado la órden de trasladar á Lacy á
bordo de un barco que se haria á la vela para Ma-
llorca. El preso mismo creyó desde aquel punto
que le hacian gracia de la vida: mas llegado á la
isla rué encerrado en el castillo de Bell ver, y á
la media noche del cuarto dia que allí estaba
presentóse en el encierro el fiscal para leerle la
sentencia de muerte que hahia de ejecutarse den.
tro de algunas horas. Al dia siguiente al amanecer
fué fusilado en el foso del casti 110, Y recibió la
muerte con firmeza sin desmentir un instante la
magnanimidad que siempre le habia distinguido.


La muerte de Lacy, y principalmente la espe4
cie de intriga con que se habia ejecutado, pusieron
el colmo ála aji.tacion del ejército: el desconten-
to se difundió luego por todas las clases: las socie-
dades secretas Se multiplicaron: en vano los ofi-
ciales superiores desplegaban la vijilancia mas ac-
tivay la mayor severidad; el objeto único que
ocupaba los pensamientos era libertar al rey del
yugo de la faccion que lo dominaba. La conspira-
cion fraguada después en el puerto de Santa Ma-
ría, descubierta por Odonell, denotaba que la lla-
ma no se estinguia tan prontamente; y los aconte-
cimientos de enero de 1820, cuyos detalles no per·
tenecen á esta parte de \a obra, hicieron ver que
los padecimientos de los soldados hablan cansado


, . '


su pacienCia.




280
Digno es de observarse que en el trascurso de,


los seis años que duró el gobier'uo absoluto de
Fernando, no tomaron los ministros una sola me-
dida militar que llQ fuese contraria al honor y al
bien estar del ejército, no obstante que era el mis-
mo que había libertado á Fernando de su cautive.
rio de Valencey ,y le habia vuelto el poder ilirni-
tado que 103 representantes de la nación le hahian
cercenado. Amas parecía natural que buscase en él
III apoyo para sostener' el sistema que sus conseje-
ros y sus ministros hablan de antemano adoptado.


Los males que abrurnaban la marina no eran
menos graves que los del ejercito de tierra: lbs
ministros de Fernando despreciaban hasta tal pUIl'
to esta parte importante de la defensa del estado,
que llegó á verse completamente desorganizada.
Las descabelladas espediciones de América hahian
causado la pérdida de los pocos harcas de guerra
que restaban á España: algunos, como el San Pe-
dro de Alcántara, el mas grande de la espedicion
de Morillo, se perdieron por neglijencia ó por ma-
licia: otros fueron tomados por los insurjentes,
entre ellos la fragata Alejandro, una de las que
la Rusia babia dado á España para indemnizarla de
los barcos podridos que le habia vendido. Los ar-
senales se veian abandouado's y los almacenes des-
provistos ; mas lo peor de todo era la irregularí-
dad de la paga, ó por mejor decir la carencia to-
tal de ella, que la armada naval sufria por espacio
de seis años, pues le dehian setenta años de sueldo.




281
Así sucedía con frecuencia que los comandantes 1
capitanes de navio se veían reducidos á la necesi-
dad de pedir limosna por las calles, y un oficial
murió de hambre en el FerroI. El diario de aquel
pueblo publicó oficialmente este hecho..y el go-
bierno no tomó medida alguna para poner reme-
dio á tantos males.




,.........--...


/~'" <'1 :.;;...._
~ v ,






M'EMORIAS HISTORICAS
~ODnE


ANECDOTAS.




F ernándo , ~ su vuelta á España , abolió en gran
parle las ceremonias de' 'la etiqueta que reinaba
antes en la córte , é introdujo en su lugar una fa-
miliaridad bestaentonces desconocida. En tiern-
pos de susantepasados cada individuo deJa fami-
lia realicornia en su cuarto separado: los' servi•


. cios eran nurnerosos , y las formalidades Con que'
Íoseeompafiahan tenían Ia t'razad~ una especie de
fie~ta 'quellUtlCa variaba. -8ervíanse' los inaniá~
res, procesionalrnente 'y escoltados ,por losguar-
dias ,ytds que se hallaban á su'paso cuando tras-




284
ladaban la' comida ,á la mesa , estaban obligados
á quitarse' el sombrero y á apartarse respetuosa-
mente á un lado. Fernando puso final ceremo-
nial referido, estableciendo la manera mucho mas
cómoda de comer en familia, y convidaba indis-
tintamente ;Í los grandes y á los miembros del ele-
rQ.•.4-costumbrabatambien dar. en, su cuarto al-
gunas di versiones, como conciertos, fantasma-
gorias y otros 'juegos, concediendo á un número
limitado de cortesanos el permiso de poder asis-
tir. El rey no se chanceaba ni divertia en com-
pañía de sus cortesanos; mas en cambio mostrá-
hase muy alegre y decidor en la de sus criados,


. á quienes trataba con suma familiaridad, consin-
tiendo que se tomasen en su presencia las mayo~
res libertades. Descollaba entre ellos el llamado
Chamorro, conocido por las gracias vulgares con
que entretenía en estremo á Fernando, habiendo
logrado tanta influencia sobre el espíritu del rey,
que no era inútil á los que solicitaban destinos.


Esta disposición del ánimo real habiainfluido
en muchos negocios de la mas alta importancia,
porque el monarca escuchaba con complacencia
los cuentos y las anécdotas que sus criados le re-
ferian.relativas á los personajes de mas importan-
cia. Y aconteció mas de una vez, que los indivi-
duos de su servidumbre, interesados en el écsito
de algun asunto, preocupaban tanto su ánimo,
que cuando los ministros se presentaban al despa-
cho, anuuciébales el rey el acuerdo que habia to~




285
mado , y que regularmente era del todo contrarie
al que esperaban,


Grande era él número de los que "se aprove-
ehahan de estas ocasiones favorables y abusaban
con largueza de las bondades del rey; no obstante
que cuando alguno habia llegado á cierto grado de
favor y de confianza, su situacion se hacia dificil',
porque Fernando na quería que creyesen que te-
nia favoritos, y sacrificaba al instante á aquellos ¡$
quienes el público daba semejante titulo, Por esta
razon desaparecieron con tanta rapidez de la esce-
na de palacio, Macanaz, Vargas, Ostalaza y tan'..
tos otros: únicamente dos supieron mantenerse en
su benevolencia hasta la revolucion de 1820 : el
duque de Alagan y don Isidro Montenegro,


El duque de Alagan, soldado, sin mas rnéri-
tos que su cuna, habiaadquirido grande repu-
tacion de galanteria en la córte de Cárlos IV:
Fernando le colmó de bondades J y le confió el
mando de los guardias de su persona, proporoie-
nándole de este modo la ventaja de estar contí-
nuamente á su lado. El duque echó mano de to-
dos los medios para dar a la guardia que mandaba
el esplendor de que era susceptible, y los admi-
nistradores de la hacienda, 'que sabian aprove-
char el crédito de que gozaba, nunca le rehusaban
.el dinero. Han dicho algunos escritores con mu-
ella apariencia de verdad, que las sumas consu-
midas por este cuerpo durante Jos seis años de
que hablamos, hubieran bastado para sostener un




286
ejército numeroso, El 'vulgo creia que el duque
era el a [ente de los amores secretos de Fernando'


. ,


sin embargo.es bien' cierto, que el I'CY nunca tu-
.vo, amantes públicarneute reconocidas por tales;
y sin duda motivaron estas habladurias , algunos
paseos nocturnos que daba el monarca de incóg-
nito. con el duque.


Es un hecho incontestable que Alagon dispo-
nia á su placer del tesoro púhlico , como Jo p:'ue-
ha la anécdota siguiente, qu:e en SU tiempo circuló
rápidamente por Madrid. Un fr~íle. escapado de su
.couvento, y que viviaoculto en Madrid con el te-
.mor de (}ue le persiguieran sus hermanos , Se pre-
sentó UII dia con uniforme de alabardero en casa
de Estéfany, que era director de loterías. Entregó-
le una carta en la que el duque rogaba á E1ltéfiJlJY
que le enviase lo mas pronto posible cierta caní.i-
dar! en oro ,.y el director que solo tenia en caja
plata, pidió al alabardero que volviese dentro de
una hora pues necesitaba salir pUl'a procurarse 01'0.
No le fué fácil conseguir en tan corto espacio todo
el que necesitaba, y se dirijió á casa del duque para
manifestal'le lo que pasaba, Alagon admirado le
respondió que no había enviado á pedir semejante
dinero; finalmente, se descubrió que la carta era
falsa y prendieron al fraile. El suceso demostraba
que no era la vez primera que Estéfany cumplía
mandatos de aquella especie, y para disminuir la
publicidad del caso Se mandó sobreseer en el pro"
ceso.




287
'M ontenegro era individuo de la servidumbre


de Fernando mientras permaneció en Valencey,
y á la vuelta del rey á la Península se vió colma~
do de honores y de dignidades, y nombrado ade-
mas administrador de los reales palacios. Corria á
su ~argo el arnueblaje , ordenaba los paseos del
rey á la campiña, sus diversiones, estaba encar-
gado de la guardarropía y de otras minuciosidades.
Demostró en el desempeño de tales empleos, su
mal gusto y su prodigalidad, sin inquietarse del
contraste escandaloso que hacia su profusion con
la miseria pública. . ,


La reina María Isabel participó á su IIp.gada á
Espafia I del afecto que su esposo profesaba á Mon-
tenegro, cuya circunstancia ocasionó una escena
que movió mucho rudo en, palacio. Ataba la rei-
na un dia la cruz de Cár!os Ill á la banda de la
misma órrlen que dcbia llevar su marido -' y rogó
á Montenegro que sostuviese Uno de los cavas de
la cinta : el cortesano pal'a desempeñar su corui-
sion del modo mas respetuoso, dobló una rodilla
en tierra. De repente entró el rey por una puerta
secreta, y sin saber lo que hacia Montenegro vió
solamente que estaba arrodillado al lado mismo de
la reina. Arrastrado por un movimiento súbito de
celos, y sin tomarse tiempo para asegul'arse de lo
que era, se precipitó sobre el favorito y le separó
con tanta violencia que cayó en el suelo, La reina
dió un grito , los criados corrieron en su ayuda,
Montencgro se levantó todo .confuso y sin profe-




288
rir una palabra se retiró á su aposento. El menar-
ca reconoció luego su error" le mandó llamar en
-el acto y le ofreció un regalo magnífico, volvién-
dole toda su confianza. .


No era cornun que los ministros de Fernando
lograsen inspirarle un afecto durable, aunque la
mayor parle no vacilasen en sacrificarlo todo al
deseo de captarsesu benevolencia con toda esre-
~ie de adulaciones. El único á quien estimó ver-
daderamente rué á D. Juan Lozano de Torres,
cuya historia merece particular atencion, Era so,;
briuo d~l relojero Lozano, bien conocido en Lón-
dres, é hijo de un carpintero de C,idiz. Pasó su
juventud en el puerto vendiendo chocolate, r 'se
le proporcionó ocasion de viajar por Inglaterra,
Suiza y otros paises, mas sin adquirir conocimien-
tos y sin desvanecer sus preocupaciones, corno
aconteciade ordinario á los viajeros españoles. En
la guerra dela independencia logró el empleo de
comisario del ejército, y adquirió cierta repuLacion
de habilidad. Cuando el rey llegó á Valencia, Lo-
zano que se hallaba entonces en Badajoz, le dirijió
una carta tan llena de protestas de afecto á su real
persona, y de invectivas amargas contra los libe-
rales, que Fernando mandó 'le siguiese á Madrid,
Allí se mostró enteramente consagrado al rey, á
quien rendía una especie de culto , y cuyo retrato
llevaba habitualmente pendiente del cuello, condu-
ciéndose al propio tiempo con Fernando, como
un consejero desinteresado que solo ansiaba el




289
bien de su soberano. Ofreciéle el monarca dife-
rentes destinos de allá categoría, que rehusó toza"
no COnstantemente hasta que en Una de las rnu-
danzas de ministros tan frecuentes en el reinado de
Fernando, fue nombrado secretario del despacho,
que aceptó despues de Una afectada resistencia.


Los destinos subalternos del ministerio de es-
tado, los desempeñaban regularmente en España
los que habían ejercido comisiones diplomáticas
en las córtes esrranjeras , y ·hallábanse unidos eh-
tre sí por un espíritu de cuerpo que las vicisitudes
políticas nunca lograron destruir. Su union y sus
relaciones los hicieron tan poderosos, que siempre
quedaron victoriosos en sus querellas con los mi-
nistros , con el rey y con la nación,


Miraron; púes, como un insulto prodigado ul
cuerpo entero; el nombramiento de Lozano del
empleo de ministró de estado, que juzgaban de.
hia pl'oveerse en uno de ellos. Así es que cusndo
(JI nuevo secretario se presentó eh el despacho,
los empleados subalternos en vez de reconocerle
por su jefe, declararon de [a manera mas formal
que no queriau trabajar bajo sus órdenes , )' que
era preciso que el ministro ó ellos renunciasen el
destino. Lozano conoció que todavía noeta bas-
tante fuerte para hacer rostro á la borrasca , y
creyó mas prudente ceder enviando su dimisioh.
Mas el partido que le sostenia no se asustó por etm,
y alglJli tiempo despues fue nombrado ministro
Glegracia y justicia.


TOM, l. 19




29()
Admiróse en' estrerno la, nacion al ver coloca..


do á la cabezacle la iglesia y de la majistratura á
Un hombre sin ta lentos y sinesperieucia. Lozano
resolvió aprovecharse en cuanto pudo de las ven-
tajas inmensas que le proporcionaba el alto,puesto
á que se habia encumbrado, y llevado de estas
miras, mientras que por un lado colmaba de favo-
res á .los fanáticos mas furicsos , empleaba por
otro su crédito para perseguir á los que sospecha-
ha propagadores de las- opiniones liberales ó ins-
truidos. .


Habían persuadido l;acía mucho tiempo al rey
que el objeto principal de los liberales era quitar.
le la vida, y nunca se borraba de su imajinacion
tan horrorosa idea, Lozano se aprovechó hahil-
mente de su temor; lo entretuvo y aumentó du-
rante el tiempo de su ministerio, con una des-
treza y una perseverancia que hubieran honrado
ciertamente su carácter y sus talentos, si las hu-
biese empleado de otro modo. Sabiendo que el
rey no podia dedicarse largo rato á Jos asuntos
serios, procuraba divertirle refiriéndole .las.anéc-
dotas quercco]ia desde el lugar queooupaba: asi
es q~e cuando Lozano despachaba con el rey, el
despacho duraba por lo común algunas horas con
gran admiración de Jos cortesanos, cuya sorpresa
no ,cesó hasta que conocieron Jos medios que em-
p1t:ab,a el astuto favorito.


La causa principal de S11 crédito se fundaba en
IlU amor á. la. ~et~()na. del tey J "út\.ud d.~ n,.)uua en




291
aquella ~poca, yd~ la que sabia utilizarse mas
que ni.oguno. Por este medio Se había apoderado
de tal suerte de la voluntadde Fernando, que in-
tentó hacerle creer que ecsistia entre ambos la
semejanza de temperamento mas extraordinar-ia, y
que la naturaleza habia tenido guste en darles Una
canstitucion física tan ecsactarnente igual, (Iue
debian tener las mismas inclinaciones y los mis-
mos sentimientos.


Presentóse una ocasión favorable para confir-
mar tan estraña idea y sorprender en estrerno al
fascinado monarca. Acostumbraba Lozano á en-
v.iar todas las marianas un criado á palacio para
informarse de como lrabia pasado S. M, la noche:
díjole un dia el cr.iado que el rey había padecido
un cólico violento, y le describió las circunstan-
cias que lo habiun acompañado. Lozano no se ha-
bia vestido torlavia , lo que ordinariamente hacia
eon sumo cuidado; y en su traje de por la rna-
ñsna corrió á palacio y solicitó una audiencia es.
traordinar ia para un asunto ,á su decir , muy im-
PQr1ante. EL rey que se encontraba mejor, y que
nunca se negaba á recibir á sus.ministros , dió ór-
deo que le dejasen entrar , y al ver alteradas sus
facciones l~ preguntó la causa. Lozano de Torres
respondió , que la noche anterior habia sufrido u-o
violento ataque de cólico, é indicó .tods ]0 que
}¡abiil esperirnentado. Fernando pasmado de. la se-
1l)tlianza, de aquellos síntomas COn los que habia
o~eryado, manifesté la admiración que 1~ causa-




292
ha tan singular coiucidencie. »V. M.se admita-
rá quizas , 'replicó T...ozano de Torres; pero yo no:
porque estoy moralmente seguro de que cualquie-
ra cosa que suceda á V. 1\1, me sucederá también
á mi; y que V. M. no puede ser feliz Ó desgra-
ciado sin que yo lo sea igualmente."


Lozano, sin embargo, vió estinguido el afec-
to de Fernando y cayó de su gracia algunos me-
ses antes de la revolución. El monarca mandó
ecsaminar sus papeles), se apoderó de algunos que
importaba mucho á Lozano que no hubiesen cai-
do entre sus manos. Desterróle en seguida de Ma-
drid y habló frecuentemente de él con sumo des-
precIo.


La anécdotaanterior nos recuerda lo que acon-
teció á Ballesteros antes de esta época. Fernando
iba á verle casi todos los dias cuando era minis-
tro de la guerra, y pasaba con él horas enteras
en un pueblecillo de las cercanias de Madrid,
donde el [eneral se habia retirado á causa de su
salud. Un dia díjole el rey, que habia muchos ne-
gocios que despachar y que no' pu.liendo verifi-
cario sin la asistencia del ministro , le rogaba que.
volviese á Madrid. Trasladóse Ballesteros á la cór-
te., y en vez de los negocios que creia, encontró'
Un decreto que' le ecsoneraba del ministerio y le
desterraba de la capital de Id monarquía.


Cárlos IVy Maria Luisa vivian espatriados en
Roma después de la caida de Napoleon , y el res ..
tableeirnientó de 1<>5 Borhones al trono de' Frari..:




~93
eia, Poseía. la reina MoriaLuisl'l muchos y mag-
níflcos diamantes, y Fernando mandó á su emba-
.jador Vargas que los reclamase como pertenecien-
tes á la corona, Vargas ejecutó su comision con
poca delicadeza para m~s agradar á su amo, por-
.que no cabía en isu pecho la idea de l'espetar el
infortunio. La reina se llegó á entregarlos , y de-
claró enpresencia del cardenal Gonsal vi y de otros
personajes distinguidos .de la córte de Roma, que
solamente los abandonaria cuando muriese y que
preferiria arrojarlos al Tibe.. á enviarlos á su hijo,
En efecto _.Jos conservó toda Su vida: lnasapenas
cerró los ojos , Vargas se apoderó de ellos y llevó


.SU celo al estrerno de arrebatar del dedo de la
reina un anillo de ·01'0 de poco .valor, que habia
manifestado querer llevar consigo al sepulcro.


Cárlos y 1\'IoriaLllisa legaron en su testarnen-
topensiones considerables á los que les habian se-
guido á su destierro, y Fernando las recon-oció
todas, á escepcion de las que pertenecianá indivi-
duos que hahian manifestado afecto á Godoy.


Aunque todas las medidas del gobierno de Fer-
nando llevan el sello de-l mayol' rigor, el carác-
ter del monarca no era cruel; mas tenia la des ..
gracia de ceder con demasiada facilidad á las su-
jestiones de los que fe rodeaban. Copiaremos al~
'5'U"fl'C>" ~~\q\\~~ b\)'uye bU -V\08 p-l'1vaua, sacaüos de
la obra.de Mr. Blaquiere , cuyo testimonio r~o es
sospechoso, y que prueban la falsedad de algunas
hahlillas que circulaban relativas á Fernando.•




294
,..En el trato es dulce i afableen pli'acio;',


sus criados, á quienestrata siempre con bondad,
le adoran. La reina Amalia , corno muchas belle..
.zas sajonas, es rubia y blanca ,y tiene una fisono·
mía encantadora: forma un contraste agr"dable
con sU:ictlñadas doña Car40ta y doña Francisca,
á las que distinguen sus negros cabellos y sus her..
-nlO,OS o ¡<Y.:!. Fernando :tieneveinte años mas que
su eSpOS¡I,.,'y sin embargo la reina le ama en estre-
n10:l toda la familia realvive en lit mas completa
armenia. Veamos como emplea-el: rnoúarca espa-
ñol el día: se levanta á las seis Y' se consagraenlas
primeras horas de la mañana ,ti'lbs ejercicios reli-
jimos: se desayuna en compañia de la reina; ha-
hlando familiarmente, mientras lo verifica con su
UJédiGO Ó COn el capitan dd gua"cHas' que está de
servicio, y pasa en seguida Un a Ó 'dos horas arre-
glando los asuntos de su casa yde la administra-
cion interior. Sale despues en su berlina con un
solo criado y sin escolta alguna: visitando en sus
paseos a!gun establecimiento p'Úblicoó sus casas
de campo. De tiempo en tiempo consagra esta par·
te del día al recibimiento de Jos embajadores , de
los grandes de España etc. A las cuatro come S. M.
rodeado de la familia, y se, retira en el acto á fu-
mar sus eigarros : síguese despues un corto paseo
en coche con la reina, y vuelto á palacio d~ una
audiencia pública, á la que nunca falta ~y en Ja
que admite á toda clase de personas iudistintamen-
te, habiendo observado algunas veces en ella á in-




295
dividuos quepedian limosna por .las calles. Cuan.
do Jos dernandantes se retiran, 'pasa á un gabinete
con sus secretarios paraecsarninar los memoriales
que ha recibido. No trascurre un solo dia sin que
despache con los ministros. En las horas restantes
el monarca leeú oye música :el príncipe es aman-
te -de la Iectura, y ducante' supermanencia en
Valeuoey tradujo en lenguaespañolaalgunas obras
frances,!s." (1)


Era Fernando de mediana estatura, el rostro
largo, el color pálido, y pudecia habitualmente
ataques de gota muy violentos: á esta enfermedad
y á los padecimientos de su niñez , debia el ¡,lpa...
rentar mas años de los qu~ realmente tenia. Sus
facciones eran muy marcadas, y quiz is algo des-
medidas: su mirada no carecian de viveza. El h6bi-
to que habia contraído de fumar continuamente,
comunicaba mal olor á su aliento: la movilidad
de sus facciones era tal, que los mejores artistas
hallaban dificultades para sacar la semejanza de su
cara: sus [estos eran sIempre vi vos y algunas ve.'
ces violentos. Hablaba aprisa, y en todas sus ac-
ciones se veía el sello de su [énero de conversa-
cien: no le dominaba pasión alguna, y aborrecia la
caza tanto como la habia amado su padre. Sus
modales con los que gozaban de su intimidad tras-


(1 l. Véause Lettr, de Blaquiere sur l'Espagno,
tOID. n 11321.


,




296
pasaban los límites ordinario. del trato familiar;
y aun en las audiencias particulares que concedía
á las personas que le recornendahan SQS favoritos,
scutáhase en UD sofá , fumaba su cigarro y hablaba
sin ceremonia con aquellos á quienes veía por vez
primera. En último resultado J su carácter era tan
dificil de definir, que las personas que le trataron
una gran pUfte de su vida PQ U~gafon á, conocerle
, fonda.


,




DOeuMENToSO.F1el ALES.


Carta del príncipe €k Asturias Fernando, al. eni ..
perador Napoleon/ ,en j j de octubre de 1807.


"Señor: el temor de incomodar á V. M. I. en
medio de sus hazañas y grandes negocios que lo
ocupan sin cesar, me ha privado hasta ahora de
satisfacer directamente mis deseos eficaces de ma-
nifestar á lo menos por ~scrito Jos sentimientos de
respeto, estimacion y afecto que tengo al héroe




,'. ..298 .
mayor que cuantos Iehen.precedido , enviado por
la providencia para- sa-I-var la Europa del trastorno
total que le amenazaba, para consolidar los tronos
vacilantes, y para dar á las naciones la paz y la fe-
Iicidad,


Las virtudes de V. 1\I. l., su moderacion , su
bonda:I' ap1c~n ~~~~ma~.iniu.s'to~:e h~lplaFables
enemigos, todo en fin me hacia esperal' que la es-
presion de estos sentimientos seria recibida como
efusion de un corazon lleno de admiracion y de
amistad mas sincera.


El estado en que me hallo de mucho tiempo á
esta pal'le incapaz de ocultarse á la grande pene-
tracion de V. M., ha sido hasta hoy ~egundo obs-
táculo que ha contenido mi pluma preparada
siempre á manifestar mis deseos. Pero lleno de
espe ranzas 'de :lialb.i<' ea:- l:il üiágnaníiDidadde
V. M. 1. la protección mas poderosa, me deter-
mino no solamente á testificar los sentimientos de
mi corazon pat'a con su augusta persona, sino á
A~,posit~r los secretos. mas íntimos .en el pecho de
Vd\~. comoeu el de un tierno padre.


Yo soy bien infeliz de hallarme precisado por
circunstancias particulares á ocultar como si fuera
erímen una accion tan justa y tanIoable; pero
tales. suelen se¡' las consecuencias funestas de un
esceso de bondad, aun en los mejores reyes. '


Lleno de respeto y de amor filial para con mi
padre (cu.ro corsean es el mas recto y [eneroso},
no me atreveriaá decir sino á V ~ M. aquello que




299
V. M. conoce tméjor que yo; esto es, qué estll
mismas calidades suelen con frecuencia' servir dé
'instrurnentoalás personasustutas y malignaspara
confundir laverdad á los ojos' u'el soberano, pür
mas propia que sea esta virtud de caracteres se"
mejantes a1 de' riii respetable padre. '


Si los lío 111 bres que lé rodean aquí le dejasen
conoceráfondo elcaráctér de:V~ M. I. como yl)
lo conozco; ¿con qué ansias pt'ócurarían,lipfld re
estrechar los nudos-que deben 'unir nuestras dbS
naciones? Y'¿ha brárlledi()'¡nas' proporcionado' que
J'ogal' á V .1\K 1: el, 'hotldr"de' que -rne concediera
por esposa"U~ja í)fínces~'l1e'su (Ong'á:stá;' f'&m iI¡al
Este es 'eIJ:¿¡~seo\itláhrme delodos los vasailos de
mi padre ~ y no dudo que tambien el suyo rnisrnu
(á 'pesar'ae lOs·esfuérzOs'd.e'uo corto número de
malévolos ) así' q'u:esepala~1ntenciones de' V.d\L F:
Esto es cuanto micorazoa-ápetece; pero-no suce-
diendo así á los egdi'slas 'p'érfr(1ós qué rbdeahá ;riH
padre, y que pueden sor'p~enderJeporun mOllleh4
to, estoy lleno' de terneres-en este puntó, t".


Solo el respeto de V. M. 1. pudiera desconcer-
tar sus planes, abriendo los ojos á mis buenos y
amados padres, y haciéndolos felices al mismo
tiempo que á la nacion española y á mi mismo.
El mundo entero admirarú cada día mas la bon-
dad de V. M. I., quien tendrá en mi persona el
hijo ruas reconoc ido y afecto.


Irnploro pues Con la mayor confianza la pro-
tecciou paternal de V. M., á fin de que no sola-




300
.ente se. digne concederme el honor de dar~
por esposa una princesa de su familia, sino alla-
nar todas las dificultades y disipar todos los obs-
táculos .que puedan oponerse en este único objeto
de mis deseos.


Este esfuerzo de bondad de parte de V. M. l.
es tanto .mas necesario para mi, cuanto yo no
puedo hacer ninguno de mi parte mediante á qu~
seinterpretaria insulto á I~ autoridad paternal, es-
tando ·~Olno estoy reducido al solo arbitrio de re-
sistir (y lo haré con invencible constancia) mi ca..
sarnieuto con otra per~ona, sea la que fuere, sin
el consentimiento y aprobacion positiva de V M.,
de quien yo espero únicamenteIa elección de es-
posa para mi •


.Esta es la felicidadique confio conseguir de
V. M. L, rogando á Dios que guarde su preciosa
vida muchos años. Escrito y firmado de mi propia
manoy sellado con mi sello en el Escorial á 11 de
octubre de 1807. ..,... De V. M. 1. Y R. su mas
afecto servidor y hermano, =;:; Fernando.




El rey de España al emperador Napoleon,


»HERMANO MIO:"


.)En el momento en que me ocupaba en los mea
dios de cooperar á la destruccion de nuestro ene-
migo cornun , cuando creía que todas las tramas
de la ex-reina de Nápoles se habían roto con la
muerte de su hija .. veo con horror que hasta en
mi palacio ha penetrado el espíritu de la mas negra
intriga. ¡Ah! mi corazón se despedaza al tener que
referir tan monstruoso atentado. Mi hijo primo.
jénito, el heredero presuntivo de mi trono, hahia
formado el horrible designio de destronarme, y ha-
hia llegado al estremo de atentar contra los días de
su madre ..Crimen tan atroz debe ser castigado con
el rigor de las leyes. La que le llama á sucederme




· 302.
debe ser revocada , uno de sus hermanos será mas
digno de reemplazarle en mi corazón y ·en el tro-
no. Ahora procuro indagar sus cómplices para
buscar el hilo de tan increible maldad, y no quie.
ro perder un solo instante en instruir á V.M.l.y H.
suplicándole .rue ayudeconsU8 luces y~onííei()s;"


Sobre lo que ruego etc• .:.:..... Cáflós.':- En Sán
I ..orenzo á 29 de octubre de 1807.




Decreto primero.


»Dios que vela sobre las criaturas no permite'
la ejecucion de hechos atroces cuando las vícti ..
mas. son inocentes. Así me ha librado 8U om..'
nipotencia de la 'mas ináudita catástrofe. 'Mi pue-
blo, mis vasallos todoscooocen muy bien mi
cristiandad y mis costumbres arregladas; todos
me aman y de todos recibo pruebas de vene-
racion , cual ecsije el respeto de un padre amante
de sus hijos. Vivia yo persuadido de esta verdad,
cuando una mano desconocida me enseña y des-
cubre el mas enorme y el mas.ináudito planque
Se trazaba en mi mismo palacio contra mi perso-
na. La vida mia que tantas veces ha estado en ries-
go , era Ja una carga.para mi sucesor, que preocu.
pado , obcecado y enajenado de todos los prínci-




304
pios de cristiandad que le enseño mi paternal eul..
dudo y amor, liabiaadmitido un plan para destre.
narrne, Entonces yo quise indagar por mi la Ver-
dad del hecho, y sorprendiéndole en su mismo
cuarto hallé en su poder la cifra de intelijencia é
instrucciones que recibía de los malvados. Convo-
qué al ecsárnen á mi gobernador interino del con-
sejo , para q~e asociado con otros ministros prac-


. ticasen las drtijeneias de indagaeion. Todo se hizo,
y de ella resultan varios reos, cuya prisión he de-
cretado , así como el arresto de mi hijo en su ha-
hiracion, Esta pena quedaba á las muchas que me
aflijen ; p~ro así como es la mas dol orosa , es tarn-
hien la mas importante de purgsr , é ínterin man-
do publicar el resultado, no quiero dejar de ma-
nifestar á mis vasallos mi disgusto! que sel'á me-
nor con las muestras de su lealtad. Tendréislo en-
tendido para que se circule en la forma conve-
niente. En San Lorenzo á 30 de ~clubl'e de 1807.
s= Al gobernador interino del consejo."


Decreto. segundo. "


»La voz de la naturaleza desarma el brazo de
la venganza, y cuando la inadvertencia reclama
la piedad, no puede negarse á ello un padre amo-
roso. Mi hijo ha declarado ya los autores del plan
horrible que le habian hecho concebir unos mal-
vados: todo lo ha manifestado en forma de dere-
cho, y todo consta COD la escrupulosidad que ecsi-




305
[e tll leJ'en tales pruebas: su arrepentimiento y
asombro le han dictado las representacicnes que
me ha dirijido y siguen.


Sl:ÑOR:


Papá mio :he delinquido , he fallado Q V. M.
tomo rey y como padre; me arrepiento y ofrezco
á V. 1\L In obediencia mas humilde. Nada dehia
-hacer sin noticia de V. M•.; pero ruí sorprendido.
He delatado á los culpables, y pido á V. M. me
perdone por haberle mentido la otra noche , per-
mitiendo besar sus reales pies á su reconocido hijo.
= Fernando. = San Lorenzo 5 de noviem1re de
1807.


Mama mia : estoy muy arrepentido del gran-
disirno delito que he cometido contra mis padres
y reyes, y así con la mayor humildad le pido El
V. M. se digne interceder con PilptÍ para que per·
mita ir á besar sus reales pies á su reconocido hijo.
= Fernando. = San Lorenzo 5 de noviembre de
1807.


En vista de ellos y ~ ruego de la reina mi ama.
da esposa pe rdono ri mi hi jo, y le volveré tÍ mi
gracia cuando e011 su conducta me dé pruebas de
una verdadera reforma en su frajíl manejo , y
mando que los mismos jueces que han entendido
en la causa desde su principio; la sigan, permitién-


TOM. 1. 20




306
,dotes -asoéiados si los necesitaren ;.y que coneluida
'me consulténla sentenciaajustada á la ley segun
fuesen la gravedad de delitos y calidad de perso.
nas en quienes recaiga; teniendo por principio
para la formacion de cargos las respuestas nadas
por el príncipe á las demandas que se le han he-
cho ;' paes., todas ,: est~n,;rubri'Cad'as· yfirinadas de
mi puño ,así .eerno.dos papeles aprehendidos-en
sus .mesas , escritos: 'por ·SU! mano; y esta providen-
oiasecomuniqueá¡~isikonsejosytribunales ,:.cir-
culñndola-ámis pueblos, ,pava que reconozcan en
ella mi piedad y justicia yy alivien la aflicciony
cuidado eoque les pusomi primer decreto; pues
en él verán el 'l'ieSgo de su soberano y 'padre, que
como hijos los ama, y así me corresponden. Ten-
dréislo entendido para su cumplimiento. = San
Lorenzo 5 de noviembre de 1807."




.'


Tratado secreto entre el rej de España y el em-
perador de los franceses, relativo ála suerte
futura del Portugal.


N apoleon , emperador de los franceses etc. Ha-
hiendo visto y ecsarninado el tratado concluido)
arreglado y firmado en Fontaiuebleau ,í 27 de oc-
tubre de .t 807 por el jeneral de dí visiou MIguel
Duroc, gran mariscal de nuestro palacio etc. en
virtud de los plenos' poderes que le hemos confe-
rido á este efecto, Con D, Eujenio Izquierdo, Con-
sejero honorario 'de estado y de guerra de S. M. el
rey de España, igualmente autorizado Con plenos




30S
poderes de su soberano, <le cuyo tratado es el te-
nOI' corno sigue:


S. M.EI emperador de los franceses y S. M.
el rey de España queriendo arreghlr de común
acuerdo los intereses de 10s dos estados, y deter-
minar la suerte futura de Portugal de un modo
que concilie la política de 108.008 paises, han
nombrado por 'sus' ministr'ós plenipotenciarios, á
saber: S. M. el emperador de los franceses al [e-
neral Duroc , y S. M. el rey de España á D. Euje-
nio Izquierdo, los cuales despues de haber can-
jeado sus plenos poderes, se han convenido en lo
que sIgue:


1.o La provincia de Entre-Duero y Mino con
la ciudad de Oporto, se dará en toda propiedad y
soberanía á S. M. el rey de Etruria con el título
de rey de la Lusitania septentrional.


2.0 La provincia delAlentejo y el reino de
los Algarbes, se darán en toda propiedad y sobe-
ranía al príncipe de la Paz, para que los disfrute
con el título de príncipe de los Algarbes.


3. 0 Las provincias de Beira , Tras-loa-Mon-
tes y la Estremadura portuguesa, quedarán en de-
pósito hasta la paz [eneral para disponer de ellas
segun las circunstancias, y conforme á lo que se
convenga entre las dos altas partes contratantes.


4. o El reino de la Lusitania septentrional será
poseido por los descendientes de S. M. el rey de
Etruria hereditariamente , y siguiendo las leyes




309
que están en uso en la familia reinante de S. M. el
rey de Espana. '


5.° El principado de Jos AIgarbes) será po-
seido por los descendientes deJ príncipe de la Paz
hereditariarnente, siguiendo las reglas del artícu-
lo anterior.


6.o En defecto de descendientes ó berederos
lejítimos del rey de la Lusitania septentrional, ó
de! pnincipe de los AIgarbes , estos paises se darán
por investidura por S. M. el rey de España, sin
que jamás puedan ser reunidos bajo una misma
cabeza, ó á lá corona de España.


7.0 El reino de 'la Lusitania septentrional Y'
el principado de los AIgarbes, reconocerán por
protector á S. M. el rey de Espaüa , y en ningún
caso los soberanos de estos paises podrán hacer ni
la paz ni la guerra sin su consentimiento.


8. 0 En él" caso de que las provincias de Bei-
ra, Tras-Íos- Montes J la Estrernadura portuguesa
tenidas en secuestro, fuesen devueltas á la paz [e-
neral á la casa de Braganza en cambio de Jibrahar...
la Trinidad y otras colonias que los ingleses han
conquistado sobre la España y sus aliados, el nuevo
soberano de estas provincias tendria COn respeto
á S. M.el rey de España los mismos vínculos que
el rey de la Lusitania septentrional y el príncipe
de los Algarbes, y serán poseidas por aquel bajo
las mismas condiciones.


9.o S. M. el rey' de Etruria cede en toda




JIQ
propiedad y soherania.el. reino de E,~ru.rja ,~ S. M,.,.
el emperador de los franceses.


f.J. Cuando seefectúe.la ocupacion definitiva
de las provincias de Portugal , los diferentes prín-
cipes que deben poseerlas nombrarán de acuerdo
comisarios para {ipr sus límites naturales.


·jl. S. M. el emperador de los franceses sale
garante á S. M. el rey de España de la posesion de
sus est ados del continente de Europa, situados al
medioiliade los Pirineos.
. 12. S. M. el emperador de los franceses se


obliga á reconocer á S. M. el rey de España como
emperador de las dos Américas, cuando todo esté
preparado para que S. M. pueda tomar este título,
J(} que podrá ser, Ó bien á la paz jeneral J Óá mas
tardar dentro de tres afias.


13. Las dos altas partes contratantes ,se ~n­
tenderán para hacer Un repartimiento igual de las
istf,}.~, colonias y otras propiedades ultramarinas
del Portugal.


14. El presente tratado quedará sec~eto , será
ratificado, y las ratificaciones serán canjeadas en
Madrid veinte días á mas tardar después del dia
en que se ha firmado.


Fecho en Fontainebleau á 27 de octubre de
1807.=.Du.roc.=Izquierdo.


Hemos aprobado y aprobamos el precedente
tratado en todos y en cada uno de los artículos,
~pl1.lel\idoseuél; decl·,}.taro.\)~q,\l~ \:.~\.i acep\\\d.Q,




, ""'. ' ... , , , .,31 ,f , '. .Ó " •••• ~ t lO' "
ratificado y; cdli6rmadó "y, prómefeinós':qtili':sérá
observado inviolablemente. Enfé de lo cualihe-
mos dado la presente , firmada de nuestra mano,
refrendada y sellada con nuestro sello imperial en
Fontainebleau á 29 de octubre de 1807. = Fir-
mado. = Napoleon. = El ministro de relaciones
esteriores. = Cham.pag.11yr~pOr.:·~1:eiiipéra-dor·)
el ministro secretario de estado. = Ilugo Maret.




Convencion aneja al tratado anterior, aproba-
da 1 ratificada en las misuio« términos.


AR.TICl/140 t.o Un cuerpo de tropas imperia-
les francesas de 25000 hombres de infantería y
3000 de caballería, entrará en España y marcha.
I'á en derechura aLisboa : se reunirá á este cuer-
p.o otro de 80QO hombres de infantería y 3000 de
caballería de tropas españolas, con 30 piezas de
artilleria,


2.\1 Al mismo tiempo, Una division de tropa»
esp3ñolas de 16000 hombres tomará posesión de
la provincia de Entre-Duero y Miño, y de la ciu.
dad de Oporto; y otra division de' 6000 hombres,




313
compuesta jglialme~ta de tropas españolas, toma.'
rá posesión de la provincia de Alentejo y del rei-
no de los AIgarbes.


3.o Las tropas francesas serán alimentadas y
mantenidas por la España, y sus sueldos pagados'
por la Francia durante todo el tiempo de su trán-
sitopor España. ' ,


4. o Desde el momento en que las tropas com..
binarlashayan entrado en Portugal" las provin-
cias de Beira , TraslosMontes y la Estremadura
portuguesa ( que deben quedar secuestradas }, se-
rán administradas y gobernadas por el [eneral co-
mandante de las tropas francesas, y las contribu-
ciones que se les impondrán quedarán á beneficio
de la Francia. Las provincias que deben formar
el reino de la Lusitauia septentrional y el principa-
do de los Algarbes, serán administradas y gober-
nadas por los jenerales comandantes de las divi-
siones españolas que entrarán en ellas, y las Con-
tribuciones qne se les impondrán quedaran á he-
neficio de la España.


5.° El cuerpo del centro estará bajo las órde-
nes de los comandantes de las tropas francesas ... y
á él estarán sometidas las tropas españolas que se
reunan á aquellas: sin ernbargo , si el rey de Espa-
ña ó el príncipe de la Paz [uzgaren conveniente
trasladarse ~ este cuerpo de ejército, el jeneral
comandante de las tropas francesas y estas mis-
mas estarán bajo sus órdenes.


6.° Un nuevo cuerpo de 40000 hombres de




3J4,
trQpa¡;', francesas, sereuniré :en -Bayona , ~. mas tar-
dar., el 20 de :nqvie'ln~.r~,prócsimo" para estar,
pronto á entrar en España para .trasferiese á Por-.
tugah,n .e],~a~o ,¡;J.e. que los, ingleses enviasen re-
fuerzos; r~q¡el~azas~n atacarlo, Estenuev0 1Gqer ...
Po,uq e.l1tra,rá ,,~in embargo ,en l}:~p!lña hasta ql,le;
las dos altas potencias contratantes se.hayan pues-.
to .de.acuerdo á·este efecto, ,.


,7.°., La pr~sentl;l:convencioA será ratificada, etc.'


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·,r.


Cr(rla del r~J' Cárlos 1p· al emperador Napoleon.
eILA/'al/juez tÍ lB de marzo de 1<:s08.. 1:


»Señor mi ]le~n~ano: hacia bastante tiempo que
el prÍncí'Pe de. la .Pazme habia hec hoirejteradas
instaucias , p<\,:a que Je. admitiese la xlimision de
los enca,rgos de.jenerallsimo ,y almifapte,y he
accedido á. sus megos; pero como norleho p'o~er
en olvido los servicios ,que me ha hecho, y parti-
cularrnente los de haber cooperadoá mis deseos
constantes ~ invariables, de mantener la alianza y
la amistad íntima que me une á Y. M. L. y R.)
yo. le cOllserv~ré mi gracia,




3."6
.. Persuadid~yo de que será muy agradable á mis.


vasallos, y muy conveniente para realizar los im-
portantes designios de nuestra alianza, encargar-
me yo mismo del rnando de mis ejércitos de tier-
ra y mar, he resuelto hacerlo asi , y me apresu-
ro á comunicarlo á V. M. 1. y R., queriendo dar
enesto muevas pruebaadeafecto á la persona de
V. M., de mis deseos de conservar las Íntimas re.
laciones que nos unen , y de la fidelidad 'que for-
ma mi carácter, del que V. M. 1. YR. tiene re-
petidos y grandes testimonios.


La continuacion de los dolores reumáticos que
de un tiempo á esta parte me impiden usar de la
mano derecha, me privan del placer de escribir
por mi mismo á V. M. L Y R.
,Soyco~ los sentimientos de la mayor estima-


cion y delmas sincero afecto de V. M. 1. Y R.
su buen hermano. = Cárlos."


Carta de Cárlos 117 á Napoleon•


. »Señor mi hermano: V.M. sabrá sin duda con
pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas; y no
verá con indiferencia á un rey que, forzado á re-
nuneiar la corona, acude á ponerse en los brazos
de un: grande monarca aliado suyo, subordinán-
dose totalmente á la disposieion del único que
puede darle su felicidad, la de toda su familia y
la de sus fieles vasallos;"


»Yo no he renunciado en favor de mi llijo si..




3t7
.DO por la fuerza de las circ.unst,ancias, .cuando el
estruendo de las armas y los clamores de una guar-
dia sublevada me hacían conocer bastante la ne-
cesidad de eseojer la vida ó la muerte, pues esta
última hubiera sido seguida de la de la reina."


» y o fui forzado á renunciar; pero asegurado
ahora con plena confianza en la magnanimidad y
el [enio del g.raqde.hoJ;upre que.sieQ1pl;~.h~ mps-
trado ser ainlgo' mio, he lOili'adola:resdluciorr''de
conformarme con todo lo que este mismo grande
hombre quiera disponer de nosotros y de mi suer-
te, la de la reina y la de el príncipe de la Paz."


"Dirijo á V. M. 1. Y R. una protesta contra
los sucesos de Aranjuez y contra mi abdicacion,
Me entrego y enteramente confio en el corazon y
amistad de V. M. , con lo cual ruego á Dios que
0& conserve en su santa y digna gU\lrda."


llDe V. M. I. Y R. su .mas afecto hermano y
amigo. = Cárlos. = Aranjuez 23 deunarso de
1808."


Protesta.


»Protesto y declaro, que mi decreto de '19 de
marzo en el que he abdicado la corona en favor
de mi hijo, es un acto á que me he visto obligado
para evitar mayores infortunios y la efusión de
sangre de mis amados vasallos; y por· consiguien-
te debe ser considerado como nulo. == Cárlos.=
·Aral1juez 21 de marzo de !808."




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~~ 1 t .., \' \,., ;, •


Nota escrita por la:pet11l7. rleE.fpatirtpara el gran
. {díi'qiie'tÍeBerg,jrél/litidapor la reina de Etru-


"" rids'iii {eC!ta;'


"E1 rey mi esposo (que ~e hace escribir por no
poderlo hacer á causa de los doloresé hinchazon
de su mano) ,desea saber si el gran duque de J3erg
llevaría á bien enc.argarse de tratar eficazmente
con el emperador , para asegul'ar la vída del prín-
cipe de la Paz, y que, fuese asistido de algunos
criados suyos ó de capellanes.


Si el gran duque pudiera ir á librarle, ó por
lo menos darle al.gun consuelo} el tiene todas sus




319 .
esperanzas 'en'el gran;-duqne-, por"ser~u' griltlde
amigo.· Eliespera: todo-de; S."~A;.· y:'del;empera;.
dor, á quien' siempre hasido áfecto~' '. , 'c ••


Asimismo"que 'el gran duque 'consiga' del ern-
'perador que' :ltlrey' miespose, ,11 !rtíi- yál prÍri'tipe
de la Paz, se dé lo necesario pa·rapodervivirlo.
dos tres junlos donde convenga para nuestra salud
sio"mando' ni- intrigas,pues nosotrosno Iasted-
dremos, " \ .:'


.El emperador esjeneroso, es un héroe'IY ha
sostenido siempre á sus fieles aliados.. y aun á los
que son pdrseguidos. Nadie lo-es. tanto como nos-
otros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempreíie..
les á la alianza.


De rniln]o no podemos esperar jamás sino mi-
serias· y persecuciones. Han comenzado á forjar y
se continuará finjiendo todo lo que pueda conlri..
buir á que el· príncipe de la Paz (amigo inocente y
afecto al emperador , al graQ duque y á tcdos los
franceses) pa,rezca criminalá los ojos del público
y del emperador. Es necesario que no se crea na-
da. Los enemigos tienen la fuerza y todos los me-
dios de justificar como verdadero lo que en sí es
falso.


llEI rey desea igualmente que yo ver y hablar
al gran duque, y darle por sí mismo la protesta
que tiene en su poder. Los dos estamos agradecidos
al envio que ha hecho de tropas 6uyas y á todas
las pruebas que nos dá de su amistad. Debe estar
S. A. 1. bien persuadido de la que nosotros le he-




32,0
mos tenido .siempre y ~pnser,vaQloilahoF8. Nos 'Pfl-
nemos el}. ,!,,US' manos y,las del emperador , ycon-
fiamos que nes .concederé Io que pedimos.
_ i' Jj:s~O&~P»'"\O~Os nuestroa.rlcseos cuando esta-
mos rp~sto~ en-las manosde tan grande y [enerosc


1 ' "monarca.y ieroe•.


.ÚJr~qd61a reina de-Etruria al gran duque di
Berg , en Aranjuez ti 22 de marzo de 18U8,
con-una posdata del reyerlrlos lF.'


»Señor mi hermano: acabo de ven.al edecán co-
.mandante ,quien me ha entregado vuestra carta,
por la cual veo Con mucha pena que mi padre y
mi madre no han podido tener el gusto de veros,
aunque lo deseaban eficazmente, porque toda su
confianza tienen puesta en vos, de quien esperan
que podl'eis contribuir r. su tranquilidad.


El pobre príncipe de la Paz cuhiertode -heri-
das y contusiones estádecaido en la prision , y no
cesa de invocar el terrible momento de su muer-
te. No hace recuerdo dc otras personas que de su
amigo el gran duque de Berg , y dice que este es
el único en quien confía que le ha de conseguir su
salud.


Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con
vuestro edecan comandante. El os dirá todo. Yo
fío en vuestra amistad y que por ella nos salvareis
á los tres y al pobre preso.


No tengo tiempo de deciros mas: confio en




321
vos. Mi padre añadirá dos líneas á esta carta: J'á
soy de corazon vuestra afectísima hermana y ami-
ga. = María Luisa."


Posdata de Cárlos 11/,


»Seüor y muy' querido hermano: habiendo
hablado á vuestro edecan comandante, é informá-
dale de todo )0 que ha sucedido, yo os ruego el
favor de hacer saber al emperador que le suplico
disponga la libertad del pobre príncipe de la Paz,
quien solo padece por haber sido amigo de la Fran-
cia , y asimismo que se nos deje ir al país que mas
nos convenga; llevándonos en nuestra compañia
al mismo príncipe. Por ahora vamos á Badajos:
coníio recibir antes vuestra respuesta, caso de
que absolutamente carezcáis de medios de verr.os,
pues mi ccufianza solo está en vos y en el empe-
rador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto
hermano y amigo de todo corazón. = Carlos."


Carta de la reina de Esp-aña al gran duque de
Berg , en .draniuez á 22 de marzo de 1808, jun.
ta con la anterior de su hija,


Señor mi querido hermano: yo no tengo mas
amigos que V. A. I. El rey mi amado esposo os
escribe implorando vuestra amistad. En eUa está
únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos
una prueba de (lue sois nuestro amigo, y e:) la de


TOM. l. 21




322
hacer Conocer al emperador lo sincero de nuestra
amistad y del afecto que siempre hemos profesado
á su persona, á la vuestra i á la de todos los
franceses.


El pobre príncipe de la Paz que se halla encar-
celado y herido por ser amigo nuestro , apasionado
nuestro y afecto á toda Id Francia, sufre todo por,
causa de haber deseado el arribo de vuestras tro-
pas y haber sido el único amigo nuestro perma-
nente. El hubiera ido á ver <Í V, A. si hubiera te-
nido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar
á V. A. Y de manifestar deseos de ver al empe-
rador.


Consígnnos V. A. que podamos acabar nues-
tros dias tranquilamente en un pnis conveniente á
la salud del rty, la cual está delicada como tarn-
bien la mía, y que sea esto en compañia de nues-
tro único amigo, (Jue tambien lo es de V. A.


Mi hija será mi intérprete si yo no logro la
satisfacción de poder conocer personalmente y ha-
blar á V. A. ¿Podriais hacer esfuerzos para vernos
aunque fuera un solo instante dp, noche Ó como
quisierais? El comandante edecan de V. A. con- .
tará todo lo que hemos dicho.


Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo
que deseamos, y que perdonará las faltas y olvidos
que haya cometido yo en el tratamiento, pues no
sé donde estoy, y debeis creer que no habrán si-
do por faltar á V. A. ni dejar de darle seguridad
de toda mi amistad.




323
Ruego á Dios guarde á V. A. J. muchos años.


Vuestra mas afecta. = Luisa.


Carta de la reina de Etruria incluyendo otra de
Sil madre la reina de España , para el gran
duque del3erg, en ,Madrid á 26 de marzo de
1808.


»Seüor mi hermano: mi madre me envía la
adjunta carta para que os la remita y la conser-
veis. Hacednos la gracia, querido mio, de no
abandonarnos: todas nuestras esperanzas están en
vos, Concedme el consuelo de ir á ver á mis pa.
dres. Respondedme alguna cosa que nos alivie y
no os olvideis de una amiga que os ama de cora-
zon. ~-"María Luisa."


P. D. II Yo estoy enferma en la cama con al-
go de calentura, por lo cual no me veréis faera
de mi habitación,"


Carta inclusa en la antecedente.


»Querida hija mia: decid al gran duque de
Berg la situacion del rey mi esposo, la mia y la
del pobre príncipe de la Paz.


Mi hijo Fernando era el jefe de la conjuracion:
las tropas estaban ganadas por él; él hizo poner
una de las luces de su cuarto ea una ventana para
señal de que comenzase la esplosion, En el instan-
te mismo los guardias y las. personas que estaban á




3'U
la enbeza de la revoluciou hicieron tirar dos fusi-
lazos. Se ha querido persuadir que fueron tirados
por la gU3rdia del principe de la Paz, pero no es
verdad. Al momento los guardias de Corps , los de
infantería española y los de la walona 58 pusieron
sobre las armas y sin recibir órdenes de sus pri-
meros jefes convocaron á todas las jentes del pu~
hlo y las condujeron á donde les acomodaba.


El rey y yo llamamos á mi hijo para decirle
que su padre sufria grandes dolores, por lo que no
podia asomarse á la ventana, y que lo hiciese por
sí rnismo á nom bre del rey para tranquilizar al
pueblo: me respondió con mucha firmeza que no
lo baria, porque lo mismo seria asomarse á la ven-
tana que comenzar el fuego, y así no lo quiso
hacer.


Despues á la mañana siguiente le preguntamos
si podria hacer cesar el tumulto y tranquilizar los
amotit;ados, y respondió que lo haria , pues en-
viaria á buscar á los segundos jefes ele los cuerpos
de la casa real, enviando tambien &Igunos de sus
criados con encargo de decir en su nombre al pue-
blo y á. las tropas que se tranquilizasen: que tarn-
bien baria se vol viesen á Madrid muchas personas
que habian concurrido de allí para aumentar la
revolucion , y encargaría que no viniesen mas.


Cuando mi hijo babia dado estas órdenes fue
descubierto el príncipe de la Paz. E! rey envió á
buscar á su hijo y le mandó salir á donde estaba el
desgraciado príncipe r.que ha sido v.íclJimapor ser




325
amigo nuestro y de los franceses, y principalmen-
tI] del gl'an duque. Mi hijo fue y mandó que no se
tocase mas al príncipe de la Paz y se le condujese
al cuartel de guardias de Corps, Lo mandó en norn-
hre propio, aunqueIc hacia por encargo de 8U
padre, y como si él mismo fuese ya rey dijo al
príncipe de la P"z »Yo te perdono la vida."


El príncipe á pes.li' de sus gra'1I1cb heridas le
dió gracias preguncindole si era ya rey. Esto alu-
dia á lo que ya se pensaba en ello, pues el rey, el
príncipe de la Paz y yo teníamos la intención de
hacer la abdicaciou en favor de Fernando cuando
hubiéramos visto al emperador y compuesto todos
los asuntos, entre Jos cuales el principal era el ma-
trimonio. Mi hijo respondió al príncipe: »No, hasta
ahora no soy rey; pero lo seré bien pronto." Lo
cierto es que mi hijo mandaba todo como si fuese
rey 'sin serlo, y 'sin saber si lo sería. Las órdenes
que el rey mi esposo daba no eran obedecidas.


Después debia haber en el dia 19 en que se ve-
rificó la abdicacion , otro tumulto mas fuerte clue
el primero contra la vida del rey mi esposo y la
mia, lo que obligó á tomar la resolucion de ah.
dicar.


Desde el momento de la renuncia mi hijo trató
á su padre con todo el desprecio que pued e tratar-
lo un rey, sin consideracion alguna para COn sus
padres. Al instante hizo llamar á todas las perso-
na"! complicadas en su causa, que habian sido des-
leales á su padre, y hecho to do 10 que pudiera




326
ocasionarle pesadumbres. El nos dá prjcsa para
que salgamos de aquí, señalándonos la ciudad de
Badajoz para residencia, Entretanto nos deja sin
eonsitleracion alguna, manifestando gl'aN contento
de s,er ya rey, y de que nosotros nos alejemos de
oqu 1,


En cuanto al príncipe de Ia Paz, no quisiera
que nadie se acordara de él. Los guardias que le
custodiau tienen árden de no responder á onda
que les pregunte, y lo han tratado con la mayúr
inhumanidad.


1\11 hijo ha hecho esta conspiracion para des-
tronar al rey su padre. Nuestras vidas hubieran es -
tndo en granue riesgo, y la del pobre príncipe de
la Paz lo está todavía,


El rey mi esposo y yo esperamos del gran du-
que que hará cuanto pueda en nuestro fa VOl' , por-
que nosotros siempre hemos sido aliados fieles del
emperador, grandes amigos del gran duque, y lo
mismo sucede al pobre principe de la Paz. Si él
pudiese hablar daria pruebas, y aun en el estado
en que se halla no hace otra cosa que clamar
por su grande amigo el gran duque.


Nosotros pedimos al gran duque que salve al
príncipe de la Paz, y que salvándonos á nosotros
nos le dejen siempre á nuestro lado p:lra que poda-
mos acabar juntos tranquilamente el resto de nues-
tros dias en un clima mas dulce, y retirados sin in-
trigas y sin mandos, pero con honor. Esto es lo
que deseamos el rey y yo, igualmente que el prín-




327
cipe de la Paz, el cual estaría siempre pronto á
servir á mi hijo en lodo. Pero mi lii jo (que no tie-
ne carácter alguno, y mucho menos el de la sin-
ceridad) jamás ha querido servirse de él y siem-
pre le ha declarado guerra, como al rey su padre
yá mí.


Su ambician es grande y mira á sus padres
como si no lo fuesen. ¿Que hará con los demas? Sí
el gran duque pudiera vernos, tendríamos grande
placer, y lo mismo su amigo el príncipe de la
Paz, que sufre pOl'que lo ha sido siempre de los
franceses y del emperador. Esperarnos todo del
gran duque, recomendándole tarnbieu á nuestra po-
bre hija María Luisa, que no es amada de su herma-
no. Con esta esperanza estamos prócsimos á veri-
ficar nuestro viaje. = Luisa."


Nota de la reina de España para el gran duque de
Berg, en 2') de marzo de 1808.


»Mi hijo no sabe nada de lo que tratamos, y
conviene que ignore todos nuestros pasos. Su ca-
rácter es falso: nada le alecta : es insensible y no
inclinado á la clemencia. Está diri [ido por hom-
bres malos, y hará todo por la ambiciou que le
domina; promete, pero. no siempre cumple sus
promesas.


Creo que el gran duque dehe tomar medidas
para impedir que al pobre príncipe de la Pazse
le quite la vida, pues los guardias de Corps han




328
dicho que primero lo matarán que entregarle
vivo, aunque lo manden el emperador y el gran
duque. Están llenos de rábia contra él, é inflaman
á todos los pueblos ~ á todo el mundo y aun á mi
hijo que defiere á ellos en todo. Lo mismo sucede
relativamente al rey mi esposo J á mi. Nosotros
estamos puestos en manos del gran duque y del
emperador: le rogamos que tenga \<1 complacen-
cia de venir á vernos : de hacer que el pobre prin-
cipe de la Paz sea puesto en 831\'0 lo mas pronto
posible, y de concedemos tOQO lo damas que tene-
mos supli ual1o.


El embajador es lodo de mi hijo; lo cual me
hace temblar, p,orque mi hijo no quiere al gran
duque ni al emperador, sino solo al despotismo, El
gran duque debe estar persuadido que no digo esto
por venganza ni resentimiento de 18" malos tratos
que nos hace sufrir , pues nosotros no deseamos
sino la tranquilidad del gran duque y del empera-
dor. Estamos totalmente puestos en manos del
gran duque, deseando verle para que conozca todo
el valor que damos á su augusta persona y á sus
tropas, como á todo lo que les sea relativo,"


Carta de la reina de Etruria para el gran dflr¡ne
de Berg, en Madrid á ~9 de marzo de 1808J con
una nota de la reina 'de Espuña su madre.


»Mi señor y querido hermano: mi madre os
escribe algunas lineas. Yo os incluyo Id adjunta




329
mia para el emperador, rogándoos dispongais que
llegue prontamente á su destino. Recomendadrne
á S. M. y prometedme, como os suplico, ir después
de mañana á Aranjuez , Tomad en mis asuntos el
interés que yo tomo en lo relativo á vuestra perso-
na , y creed que soy de todo mi corazón vuestra
afecta hermana y amiga, =" Maria Luisa."


Nota de puño J letra de la reina de España.


»No quesiérarnos ser importunos al gran du-
que. El rey me hace tomar la pluma para decir
que considera útil que el gran duque escribiese al
emperador insinuanuo que convendria que S. 1\1.1.
diese órdenes sostenidas con la fuerza', para qué
mi hijo ó el gobierno nos dejen tranquilos al rey,
á mi y al príncipe de la Paz hasta tanto que S. M.
llegue. En fin, el gran duque y el emperador sa·
hr.iu tomar las medidas necesarias para que se es·
peren su arribo Ú órdenes, sin que antes seamos
víctimas. = Luisa."


Carta de la reina de Etrurla al gran duque de
Berg ..en Madrid tÍ 30 de marzo de 18U8, con .
otra de Slt madre r un articulo escrito de mano
propia de Carlos '1r.


»Señor y hermano: os -remito una carla que
mi madre me ha enviado, y os suplico que me Ji-
gilili si vuestra guardia Ó vuestras tropas han pasado




330
á guardar al príncipe de la Paz. Deseo tambien sa..
her cual es el estado de la salud del príncipe, y
que opina vuestro médico en el asunto. Bespon-
dedme· al instante porque pienso visitar- á mi rna-
dre uno de estos dias, sin detenerme alli mas que lo
preciso para hablar y volver aquí. Id pronto, pUtS
solo vos podéis ser mi defensor, y vuelvo á roga-
ros que me respondais sin detencion : entretanto
soy de corazón vuestra afectísima hermana y ami-
ga. = María Luisa."


Carta de la reina de España citada en la anterior.


»Si el gran duque DO toma á su cargo que el
emperador ecsi¡a prontamente órdenes de impedir
los progresos de las intrigas que hay contra el
rey mi esposo, contra el príncipe de la Paz su
amigo, contra mi y aun contra mi hija Luisa, nin-
guno de nosotros está seguro, Todos los malévolos
se reunen en Madrid al rededor de mi hijo : este
los cree corno á oráculos, y por sí mismo no es
muy inclinado á la magnanimidad ni á la cle-
mencia. Debe temerse de ellos toda mala resulta.
Yo tiemblo, y lo mismo mi marido, si mi hijo ve
al emperador antes que este haya dado sus órde-
nes, pues él y los que le acompañan contarán á
S. M. I. tantas mentiras que lo pOlJgan por lo me-
nos en estado de dudar de la verdad. Por este
motivo rogamos al gran duque consiga del em-
perador que proceda sobre el supuesto de que nos-




331
otros estamos absolutamente puestos en sus rna-
nos, esperando que n05 dé la tranquilidad para el
rey mi esposo, para mi y para el príncipe de la
Paz , de quien deseamos que nos lo deje á nuestro
lado para acabar nuestros días tranquilamente en
un pais conveniente á ruestra salud .. sin que nin-
guno de nosotros tres les hagamos la menor sombra.
Rogamos con la nJayor instancia al gran duque
que se sirva mandar darnos diariamente noticias
<le nuestro amig o cornuu el príncipe de' la Paz,
pues nosotros ignoramos todo absolutamente."


El siguiente artículo está escrito de letra de
Cárlos IY.


Jl Yo he hecho á la reina escribir todo ]0 que
precede, porque no puedo escribir mucho á causa
de mis dolores, =Cárlos."


Sigue escribiendo la reina.


JlEI rey mi marido ha escrito esta línea y me-
dia y la ha firmado para que os asegureis de ser él
quien escribe,"


Nota de la reina de Espatia para el gran duque
de Berg -' remitirla por medio de la reina de
Etruria sin fecha en 18u8.


)IEl rey mi esposo y yo no quisié ramos ser irn-




332
portunos ni enfadosos al gran duque que tiene
tantas ocupaciones, pero no tenemos otro arnigo
ni apoyo que él y el emperador, enqulen están
fundadas todas las espel'anzas del rey, las del prin-
cipe de la Paz amigo del gran duque é Íntimo
nuestro, las de mi hija Luisa y las mias. Mi hija.
me escribió ayer por la tarde lo que el gran du..
que le habia dicho, y nos ha penetrado el cora-
zon dejándonos llenos de reconocimiento y de
consuelo , esperando todo bien de las dos sagra-
das é incomparables personas del emperador y del
gran duque. Pero no queremos que ignoren lo que
nosot ros sabemos, á pesar de que nadie nos dice
nada, ni aun responden á lo que preguntamos, por
mas necesidad que tengamos de respuesta. Sin
embargo mirarnos esto con indiferencia y solo nos
interesa la buena suerte de nuestro único é ino-
cente amigo el príncipe de la Paz, que tambien lo
es del grtlD duque como él mismo esclamuba en
su prisionen medio de los horribles tratos que se
le lracian , pues perseveraba llamando siempre
amigo suyo al gran duque lo mismo que lo habia
hecho antes de la conspiracion , y solia decir
»si yo tuviera la fortuna de que el grao duque es..
tuviese cerca y llegase aquí, no tendría nada que
temer." El deseaba su arribo a la córte y se lison-
jeaba con la satisfaccion de que el gran duque
quisiese acepl nr su casa para alojamiento. Tenia
preparados algunos regalos para hacerle; yen un,
no pensaba sino en (lue llegara el momeuto, y des-




333
pues presentarse ante el emperador y el gran
duque con todo el afecto imajiuahle ; pero ahora
nosotros estamos siempre temiendo que se le quite
la vida, Ó se le aprisione mas si sus enemigos lle-
gan á entender que se trata de salvarle. l No seria
posible tomar por precaucion algunas medidas an-
tes de la resolución definitiva? El gran duque pu-
diera enviar tropas sin decir á qué, llegar á la pri-
sion del príncipe de la Paz y separar la guardia
que le custodia, sin darle tiempo de disparar una
pistola ni hacer nada contra el príncipe ; pues es
de temer que su guardia lo hiciese, porque lodos
6US deseos son de que muera , y tendrán á gloria el
matarle. Así la guardia seria mandada absoluta-
mente por las órdenes del gran duque: y sino, pue-
de estar seguro el gran duque de que el príncipe
de la Paz morirá si prosigue bajo el poder de los
traidores indignos y á las órdenes de mi hijo. Por
lo mismo volvemos á hacer al gran duque la mis-
ma súplica de que haga por sacarle del poder de
las manos sanguinarias, esto es de los guardias de
Corps , de rm hijo y de sus malos lados, porque
sino debernos estar siempre temblando por su vi.
da, aunque el gran duque y el emperador la quie-
ran salvar, mediante que no lo podrán conseguir.
De gracia volvemos á pedir al gran duque que to·
me todas las medidas convenientes para el objeto,
porque como se pierda tiempo, ya no está segura
la vida, pues es cosa cierta que seria mas fácil de
conservar, si el príncipe estuviese entre las manos




334
de leones y de tigres carnívoros.


Mi hijo estuvo ayer despues de comer con In-
fantado, con Escoiquiz , que es un clérigo ma-
ligna, y con San Cárlos ~ que es peor que todos
ellos; y esto nos hace temblar , pOI que duró la
conferencia secreta desde la una y media hasta las
tres y media. El [entil hombre que va con mi hi-
jo Carlos, es prmlO de San Cárlos; tiene talento
y bastante instruccion; pero es un americano ma-
ligno y muy enemigo nuestro, como su primo San
Carlos, sin embargo de que todo 10 que SOH Jo
han recibido del l'ey mí marido a instuucias del
pobre príncipe de la Paz, de quien ellos decian
ser parientes. Todos los que van Con mi hijo Cár-
los, están incluidos en la misma intriga, y son muy
propios para hacer todo el mal posible, y que
sea reputado por verdad 10 que es una grande
mentira.


Yo ruego al gran duque que perdone mis bor-
rones, y defectos que cometo cuando escribo fran-
cés, mediante hacer ya 42 años que hablo españo]
desde que vine á casar en España á la edad de trece
años y medio, motivo por el cual aunque hablo
francés no sé hablarlo bien. El gl'<ll1 Juque COllO·
cerá la razón que me asiste, y disimulará los de-
fectos del idioma en que yo iocurra.s-- Luisa."




335
Nota de la reina de Esp-aña pala el gran duque


de Berg, por medio de la reina Etruria su hija,
sinfecha en J803.


Ayer recibí un papel de un mahonés que que-
ria tener una audiencia secreta conmigo, después
que el rey mi marido estaba ya en cama, dicién-
dome que me daría grandes'luces sobre todo lo
que sucede actual mente.


El quería que yo le diese por mi misma seis ú
ocho millones, diciendo que yo los podría pedir á
la compañia de Filipinas, y que él haria Una Con-
tra-revolucion que librase al prínaipe de la Paz) y
fuese lambien contra los franc-eses.


El rey y yo lo hicimos prender sin permitirle
comunicacion , y permanecerá preso hasta que se
averigue la verdad de todo lo que hay en este asun-
to; pues creemos que sea un emisario de los ingle-
ses para perdernos, supuesto que el rey y (1 prín-
cipe de la Paz siempre han SIdo únicamente ami-
gos de los franceses, del emperador, y en particu-
lar del gran duque, sin haberlo sido jamás de los
ingleses, nuestros enemigosnaturales.


Creemos tambien por muy necesario, que el
gran duque haga asegurar al pobre príncipe de la
Paz, que siempre ha sido y es amigo del gran du-
que, de quien (asi como del em perador) espera-
ba su asilo en la forma que lo tenia escrito por
medio de Izquierdo al mismo grnn duque, y aun
al emperador mismo, bien que no sé si estas car-




336
tas habrán llegado á sus manos.


Convendría sacar de las manos de los guardias
de corps y de las tropas de mi hijo, al pobre prín-
cipe de la Paz su amigo, pues es de recelar que se
le quita la vida ó se le envenene, y se diga que ha
muerto de sus heridas; y por cuanto no tendrá
seguridad de vivir , mientras estén á su Jado algu-
np~ de estos malignos, será forzoso que el gran
duque, después de asegurar la persona ziel prínci-
pe de la Paz en su poder, tome medidas bien
fuertes para conservarle, pues las intrigas -cada
dia crecen contra ese pobre amigo del gran duque,
y aun contra el.rey mi marido, cuya vida tampo-
co está bastante segura.


Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es
oficial de la secretaria de relaciones esteriores, Es,
tuvieron presentes á la sesión Infantado y todos
los ministros. Mi hijo le preguntó qué haLia de
nuevo en el sitio, y qué hacia el rey mi marido:
Biergol respondió lo que hahia de verdad, dicien-
do: » no hay nada de nuevo: el rey sale IllUY po-
ca: la reina no ha salido: se ocupan en prelxlfar
una habitacion para el caso de que el gran duque
y el emperador vayan allí." Mi hijo le dió órden
de volver aqui y de estar al servicio de su padre
hasta que este emprenda su viaje, porque es uno
que interviene en nuestras cuentas com.o tesorero.
A todos los que nos siguen aplican el titulo de de-
sertores, Yo recelo que traman alguna grande in-
triga contra nosotros, y que estamos en grande




337
riesgo, pórque Infantado y los otros son tan rna-
los y peores que los dernus, Me persuado que el
rey) y yo; y el poLre príncipe de la Paz estamos
muy espuestos, pOl'que no manifiestan sino mala
voluntad contra nosotros, y nuestra vida no está
segura sino lo remedian el gran duque y el empe·
rador, Es necesario q'le tomen algunas medidas
para contener las abonnnahles intenciones de estos
ma!igt1Os, y para que mi hijo se canse de dedi-
carse á pensar todo )0 que sea contra su padre y
contra el príncipe de la Paz. Nosotros liemos te-
nido esta noticia despues que salió de aqui el ede-
can. El clérigo Escoiquiz es tambien de los mas
malos. = Luisa."


Caria del rey Cárlos J¡/ ai gran duque de Berg,
con otra de la reina sil esposa en .dranjuez á
1.o de abril de 1808.


) Mi señor y tnl1y querido herrnano : V. A.
'tet'á pOi' el escrito adjunto que nosotros nos inte-
resamos en la vida del príncipe de la Paz mas que
en la nuestra.


Todo lo que se dice en la gaceta estraordina-
ria sobre el proceso del Escorial, ha sido COn,-
puesto ~ gusto dé los que lo eublican, siu decir
nada de la deelaracion qile mi hi jo hizo espontá-
neamente, la cual habrán mudado sin duda : ella
está escrita poi' Un jentil hombre, y firmada su-


-lamente pot mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos
ToM. l. 22




338
para que el proceso se suspenda hasta la venida del
emperador, temo mucho que quiten antes la vi-
da al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con
el afecto de V. A. para nosotros tres, fundados
en la alianza y amistad con el emperador. Espero
que V. A. me dará una respuesta consolatoria que
me tranquilice, y comunicará al emperador esta
carta mia, con espresion de que yo descanso en
su amistad y jenerosidad. Escusadme lo mal es-
crita que va esta carta, pues los dolores que pa-
.dezco son la causa. En este supuesto , mi señor y
muy querido hermano, de V. A. 1. Y R. soy su
muy afecto. ==. Carlos."


Carta de la reina.


» Señor mi hermano: yo junto mis sentimien-
tos á los del rey mi marido, rogando á V. A. la
bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y espe-
ramos que su amistad y humanidad tomará á su
cargo la buena causa de su intimo y desgracia-
do amigo, el pobre príncipe de la Paz, así como
nuestra propia causa, que está unida á la suya., pa-
ra que as i cese y se suspenda todo hasta que la [e-
nerosidad y grandeza de alma sin igual del empe-
rador nos salve á todos tres, y haga que acabe-
mos nuestros dias tranquilamente yen reposo ..No
espero menos del emperador y de V. A. que nos
concederá esta gracia, pues es la única que desea-
mos. En este supuesto) ruego ~ Dios que tenga á




339
V. A. en su santa y digna guarda. = Seiíor mi
hermano: de V. A. I. Y R. muy afecta hermana
y amiga. = Luisa."


Nota de la reina de Esparta para el gran duque
de Berg, remitida por medio de la reina de
E truria en 1.0 de abril de 1808.


»Habiendo visto la gaceta estraordinaria que
habla solamente de haberse encontrado la causa
del Escorial entre los papeles del pobre príncipe
de la Paz, veo que está llena de mentiras. El rey
era quien guardaba la causa en la papelera de su
mesa, y la confió al pobre príncipe de la Paz pa-
ra que la diera al gran duque con el fin de <Jue
la presentase al emperador de parle del rey mi
marido. Como esta causa se halla escrita por el
ministro de la guerra y de [usticia, y firmada por
mi hijo, este y aquel mudarán lo que quieran co-
mo si fuese orijinal y verdadero; y lo mismo su-
cederá en lo que quieran mudar relativo á los de-
mas comprendidos en la causa, pues todos están
abara al rededor de mi hijo, y harán lo que es-
te mande .J y lo que quieran ellos mismos.


Si el gran duque no tiene la bondad y hu-
manidad de hacer que el emperador mande pronta-
mente hacer suspender el curso de la causa del
pobre príncipe de la Paz, amigo del mismo gran
deque , y del emperador y de los franceses, y del
rey y mio, van sus enemigos á. hacerle cortar la




340
cabeza en público , y Jcspues :\ mi ,pues Jó de-
sean tambien, Yo temo mucho que no Jen tiem-
po para que pueda llegar la respuesta y resolucion
del emperador; pues precipitaráu la ejecucion
p"ra ~ue cuando llegue aquella no pueda surtir
efecto favorable, por estar ya decapitado el prín-
cipe. El rey mi marido y JO, no podernos ver
con indiferencia un atentado tan horrible contra
quien ha sido íntimamente amigo nuestro y del
gran duque. Esta amistad, y la que ha tenido en
favor del emperador y de los franceses, es la cau-
sa de todo lo que sufre; sobre lo cual no se de-
he dudar,


Las declaraciones que mi hijo hizo en su causa
no Se manifiestan ahora, y Caso de que se publi-
quen algunas, no serán las que de vúas hizo en-
tonces. Acusan al pobre príncipe de la Paz de ha-
her atentado contra lá vida y trono de mi bi jo;
pero esto es falso, y solo es verdad todo lo con-
trario. No tratan sino de acriminar á este inocen-
te príncipe de la Paz, nuestro único amigo cornun,
para inflamar mas al público y hacerle creer con-
tra él toda.'! las infamias posibles. .


Después harán ]0 mismo contra mi, pues tie-
Den la voluntad preparada para ello. Asi conven-
drá que el gran duque haga decir á mi hijo que se
suspenda toda causa y asunto de papeles hasta que
el emperador venga, ó dé disposiciones i) tomar
el gran duque bajo sus órdenes la persona del' po·
bre principe de la Paz, su amigo, separando los




341
guardias y poniendo tropas suyas para impedir
(pIe lo maten, pues esto es lo que quieren, ade-
mas de infamarle , lo que tambien proyectan con-
tra el rey mi marido y contra mi, diciendo que
es necesario formarnos causa, y hacer que despues
demos cuenta de todas nuestras operaciones.


Mi hijo tiene muy mal corazon: su carácter es
cruel: [amás ha teni.lo amor á su padre ni á mi:
sus consejeros son sanguinarios, no se complacen
sino en hacer desdichados, sin esceptuar al padre
ni á la madre. Quieren hacernos todo el mal po.
sible , pero el rey y yo tenemos mayor interés
en salvar la vida y el honor de nuestro inocente
amigo, que nuestra misma vida.


Mi hijo es enemigo de los franceses, aunque
Jiga lo contrario. No estraüaré que cometa un
atentado contra ellos, El pueblo está ganado con
dinero, y lo inflamará contra el príncipe de la
Paz, contra el rey mi marido y contra mi, por-
que somos aliados de los franceses, y dicen que
nosotros les hemos hecho venir.


A la cabeza de todos los enemigos de los fran-
ceses está mi hilo, aunque aparente ahora lo COn-
trario, y quiera ganar al emperador, al gran duo
que y á los franceses para dar mejor y seguro su
golpe.


Ayer tarde dijimos nosotros al [eneral coman-
dante de las tropas del gran duque, que nosotros
siempre permanecemos aliados de los franceses, y
que.nuestras tl'opas estarán siempre unidas con las




34'l
suyas, Esto se entiende de las nuestras que tenernos
aquí, pues de las otras no podernos disponer; y
aun en cuanto á estas, ignoramos las órdenes que
mi hijo habrá dado; pero nosotros nos pondría-
mos á su cabeza para hacerlas obedecer lo que
queremos, que es que sean amigas de los france-
ses. = Luisa."


Nota de la reina de Espafia para el gran duque
de Berg, por medio de la reina de Etruria su.
hija ~ en abril de )808.


»Nosotros remitimos al gran duque la respues-
ta de mi hijo á la carla que el rey mi marido le
escribió antes de ayer, cuya copia fue remitida
ayer al gran duque. No estamos contentos con el
modo de esplicarse mi hijo, ni aun con la sustan-
cia de lo que se responde; pero el gran duque por
su amistad con nosotros, tendrá la bondad de com-
ponerlo todo y de hacer que el emperador nos
salve á todos tres; es decir, al rey mi marido, al
pobre príncipe de la Paz, su amigo ~ y á mi. El
gran duque debe estar persuadido, y persuadir
al emperador, que habiendo puesto nuestra suer-
te en sus manos, solo pendemos de la [enerosidsd,
grandeza de alma y amistad que tenga para noso-
tros tres, que siempre hemos sido sus buenos y
fieles aliados, amigos y afectos, y que sino, nues-
tra suerte será muy infeliz.


Se nos ha dicho que nuestro hijo Cárlos va á




343
partir mañana , ó antes para recibir al emperador,
y que sino lo encuentra , avanzará hasta París. A
nosotros se nos oculta esta resolucion, porque no
quieren que la sepamos el rey ni yo, lo cual nos
hace recelar un mal designio ; pIeS mi hi]o Fer-
nando no se separa un momento de sus hermanos,
y los hace malos con promesas y con los at racti-
vos, que agradan á los jóvenes que uo Conocen al
mundo por es periencias etc.


Por esto conviene que el gran duque procure
que el emperador no se deje engailar por medio
de mentiras, que lleven las apariencias de la ver-
dad, respecto de que mi hijo no es afecto á los
franceses, sino que ahora manifiesta serlo porque
cree tener necesidad de aparentarlo. Yo recelo de
todo, si el gran duque, en quien habernos puesto
nuestras esperanzas, no hace todos sus esfuerzos
para que el emperador tome nuestra causa como
suya propia. Tampoco dudamos que la amistad del
gran duque sostendrá y sal vará á su amigo, y nos
lo dejará á nuestro lado para que todos tres juntos
acabemos nuestros dias tranquilamente retirados.
Asimismo creernos que el gran duque tomará to-
dos los medios para que el pobre príncipe de la
Paz, amigo suyo y nuestro, sea trasladado ;Í un
pueblo cercano á Francia, de manera que su vida
no peligre y sea facil de trasportarlo á Francia y
librarlo de las manos de sus sanguinarios enemigos.


Desea mosigualrnente que el gran Juque envíe
al emperador alguna persona (lue le informe de




3H
todo á fondo, para evitar que S. M. 1. pueda ser
preocupado por las mentiras que Se f['aguan aquí
de día y de noche, contra nosotros y contra el
pobre príncipe de la Paz , cuya suerte preferimos
á la misma nuestra, porque estarnos temblando de
las dos pistolas que hay cargadas para quitarle la
vida en Caso necesario, y sin duda son efecto de
alguna orden de mi hi jo, que hace conocer asi
cuál sea su corazon ; y deseo que no se verifique
jamás un atentado semejante cou ninguno, aun
cuando fuese el mayor malvado, y "Oi deheis
creer que el príncipe no lo es.


En fin , el gran duque y el emperador son los
únicos que pueden salvar al príncipe de la Paz,
asi como á nosotros, pue., si no resulta salvo , y
si no se nos concede su compaüia , moriremos el
rey mi marido y yo. Ambos creemos que si mi
hijo perdona la vida al príncipe de la Paz, será
cerrándolo en una peision cruel, doude tenga
una muerte civil; por lo cual rogamos al gran du-
que y al emperador que lo salve enteramente , de
manera que acabe sus dias en nuestra compañia,
donde se disponga.


Conviene sahcr que se conoce que mi hijo te-
me mucho al pueblo; y los guanlias de eorps son
siempre sus consejeros y sus tiranos. = Luisa."


Aunque esta correspondencia contiene muchas
Partas mas, hemos irnsertado las mas interesantes,




· ;.-
\ '


Carta de Fernando PIl al infante don Antonio.


MI QUERIDO ANTONIO.


He recibido tu carta del 24, Y he leido la co-
pia de la de Murat y tu respuesta , que me ha sa-
tisfecho. Nunca dudé de tu prudencia y de tu
adhesion á mi per~Qlla , y no sé corno recompen-
sarte, Ignoro corno acabará todo esto; deseo que
Sea pronto y á satisfacciou de todos. Te preven-
go que Napoleón tiene una carta de Maria Luisa
que dice, que la abdicaciou de mi padre fue for-
zada. Haz como quien lo ignora, pero obra en




346
su consecuencia, y guárdate no sea que los mal.
ditos franceses te jueguen alguna de sus felonías.


Soy tu apasionado hermano. = Fernando.::::lI
Bayona 28 de a bril de 1808.


Carta de Fernando JI'11 á su padre Cárlos 1V.


»Venerado padre y señor: V. M. ha convenido
en que yo 'no tuve la menor inlluencia en los mo-
vimienl.os de Aran juez, diri [idos como es notorio,
y á V. M. consta, no á disgustarle del gobierno y
del trono, sino á que se mantuviese en él , Yno
abandonase la multitud de los que en su ecsisten-
cia dependian absolutamente del trono mismo.
V. M. me dijo igualmente que su abdicacion habia
sido espontánea, y que aun cuando alguno me ase-
gurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás ha.
bia (¡rmado cosa alguna con mas gusto. Ahora me
dice V. M. que aunque es cierto que hizo la abdi-
cacion con toda libertad, todavía se reservó en su
ánimo volver á tomar las riendas del gobierno
cuando )0 creyese conveniente. He preguntado en
consecuencia á V. M. si quiere volver á reinar; y
V. M. me ha respondido, que ni queria reinar, ni
menos volver á España. No obstante me manda
V. M. que renuncie en su favor la corona que me
han dado las leyes fundamentales del reino, me-
diante su espontánea abdicación. A un hijo que
siempre se ha distinguido por el amor, respeto y
obediencia á sus padres, oingunaprueba que pue·




347
da calificar estas cualidades; es violenta ~ su piedad
filial, principalmente cuando el cumplimiento de
mis deberes con V. M. como hijo suyo, no están
en contradiccion CO:1 las relaciones que como rey
me. ligan con mis amados vasallos. Para que ni
estos, que tienen el primer derecho á mis atencio-
nes, queden ofendidos, ni V. M. descontento de
mi obediencia, estoy pronto, atendidas las circuns-
tancias en que me hallo, á hacer la renuncia de
011 corona en favor de V. M. bajo las siguientes
limitaciones.


J.8 Que V. M. vuelva á Madrid, hasta donde
le acornpnüaré , y serviré yo cerno su hijo mas
respetuoso. 2. a Que en Madrid se reunirán las
córtes; y pues que V. M. resiste una congrega-
cion tan numerosa, se convocarán al efecto todos
los tribunales y diputados de los reinos. 3. 8 Que
á la vista de esta asamblea se formalizará mi re-
nuncia, esponiendo los motivos que me condu-
cen á ella: estos son el amor que tengo á mis va-
sallas, y el deseo de corresponder al que me pro.
fesan , procurándoles la tranquilidad, y redimién-
doles de los horrores de una guerra civil por
medio de una renuncia dirijida á que V. M. vuel-
va á empuñar el cetro, y á rejir unos vasallos
dignos de su amor y proteccion. 4.a Que V. M.
no lIevar4 consigo personas que justamente se han
concitado el odio de la nacion. 5. a Que si V. M.
como me ha dicho, ni quiere reinar ni volver' á
España, en tal caso yo gobernaré en su real nom-




348
bre como lugar teniente suyo. Ningun otro.pue-
de ser preferido á mi: tengo el llamamiento de las
leyes, el voto de los pueblos, el amor de mis
vasallos, y nadie puede interesarse en su prospe-
ridad con tanto zelo ni con tanta obligacion como
yo. Contraida mi renuncia á estas limitaciones,
comparecerá. á los ojos de los españoles como una
prueba de que prefiero el interés de su conserva-
c\.ou i la g\Qria de manuar\os, y \3 Europa me
juzgará digno de mandar á unos pueblos, á cuya
tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de
mas lisonjero J' seductor entre los hombres. Dios
guarde la importante vida de V. M. muchos y
felices años que le pide postrado á L. R. P. de
V. M. su mas amante y rendido hijo. = :Flrnan-
do. = Pedro Cevallos. = Bayona J.o de mayo de
13(1.8." =( Véase la esposicion Ó manifiesto de
D. Pedro Cevallos , núm. 7).




Cel'allos ha publicado en elapéndice de sus Me.
morias , la copia de una carta que asegura ha-
ber escrito Fernando con este motivo. Napo-
leon .Y Cárlos no la aprobaron; y sustituJoó.
se aquella de que hemos hablado en el testo:
copiaremos á la letra la mencionada por Ce-
vallas.


Carta de Fernando PiI á su padre Cárlos 1l/.


»Venerado padre y señor: el 1.0 del corriente
puse en las reales manos de V. M. la renuncia de
mi corona en su favor. He creido de mi obliga-
cion modificarla con las limitaciones convenientes
al decoro de V. M., á la tranquilidad de mis rei-




350
nos, y á la conservacion de mi honor y reputa-
cion. No sin grande sorpresa he visto la indigna-
cion que han producido en el real ánimo Je V.M.
unas modificaciones dictadas por la prudencia J y
reclamadas por el amor de que soy deudor á mis
vasallos.


Sin Olas motivo que este ha creido V. M. que
podria ultrajarme á la presencia de mi venerada
madre y del emperador con los tirulos mas humi-
llantes; y no contento con esto J ecsije de mi que
formalice la renuncia sin limites ni condiciones,
so pena de que yo y cuantos componen rr:i comi-
tiva seremos tratados como reos de conspiración,
En tal estado de cosas hago la renuncia que V M.
me ordena 1 para que vuelva el gobierno de la Es-
paña al estado en que se hallaba en 19 de mar-
zo, en que V. l\i. hizo la abdicacion espontánea de
su corona en mi favor.


Dios guarde la importante vida de V. M. los
muchos años que le desea J postrado á L. R. P.
de V. M., su mas amante y rendido bijo.=Fer-
nando. = Pedro CevaUos. = Bayona ti de mayo
de 1808.




He recibido con sumo gusto la carta de V. M. l.
Y R. del J5 del corriente, y le doy gracias por
las esprcsiones afectuosas con que .me honra, y
con las cuales yo he contado siempre. Las repito
á V. M. 1. por su bondad en favor de la solicitud
del duque de San Carlos y de D. Pedro Macanaz,
que tuve el honor de recomendar. Doy muy sínce-
ramente en mi nombre y de mi hermano y tio á
V. M. l. la enhorabuena de la satisfaccion de ver
instalado á su querido bermano en el trono de
España. Habiendo sido objeto de todos nuestros
deseos la felicidad de la [enerosa nacion que habita
su vasto territorio, no podemos ver á la cabeza de
ella un monarca mas digno, ni mas propio por




352
sus virtudes para asegurársela J ni dejar de parti-
cipar al mismo tiempo del grande consuelo que nos
dá esta circunstancia. Desearnos pi honor de profe-
sar amistad con S. M. J J este afrclo nos ha 'dicta-
do la carta adjunta que me atrevo á inclurr , ro-
gando á V. M. 1. que después de leida se c.ligne pre-
sentarla á S. M. e. Una mediación tao respetable
nos 'asegura que será recibida con la cordialidad
que deseamos. Señor : perdonad una libertad que
nos tornanos , por la confianza sin límites que
V. M. 1 nos ha inspirado. Y con la seguridad de
todo nuestro afecto y respeto, permitid que yo
le renueve los mas sinceros é invariables senti-
mientos, con los cuales tengo el honor de ser,
Seüor , de V. M 1. Y R. su muy humilde y muy
obediente servidor. = Fernando. = Valencey 22
de junio de 1808.


)SEÑOR.


El placer que he tenido viendo en los papeles
públicos las victorias con que la Providencia coro-
na de nuevo la augusta frente de V. M. 1. YR.,
nos estimulan áfelicitarle con el respeto, el amor,
la sinceridad y el reconocimiento en que vivimos
hajo la proteccion de V. M. I. Y R."


»Mi hermano y mi tia me encargan que ofres..
ca á V. M. su respetuoso homenaje, y se unen al
que tiene el honor de ser con la mas alta y respe-
tuosa coneideracion , señor, de V. M. 1. Y R. el




353
mas humil de y mas shediente servidor. = Fernan..
do. = Val'llc~ 6 de ngosto da 1809."


Mi respetuoso reconocimiento á las bondades
de V. M. I. )' R. es bien sincero para que pueda
yo diferir un solo momento la respuesta á lá carta
de 16 de este mes con que me honra."


»Doy gracias á V. M. I. Y R. por el interes y
amor paternal que su augusta persona toma en mi
favor, y COn el cual cuento siempre."


llMi afecto á V. M. 1. Y R., Y mi conducta
no desmentirán jamás los sentimientos y la cie-
ga obediencia á las órdenes y á los deseos de
V. M. 1. Y R."


»Señor, yo deposito en el seno de V. M. 1. Y R.
los votos ardientes por la prosperidad de su reina.
do y los sentimientos de mi adhesion mas respe-
tuosa y mas absoluta á su augusta persona. Señor,
(le V. M. I. Y R. el mas humilde y obediente ser-
vidor. == Fernando. == Valcncey 21 da diciembre
de 1809."


TOM. l. 23




Cartq (le Fernando á Napoleon,


Con la mas viva alegría, he sabido la importante
noticia del matrimonio de V. M. I. Y R. con la
archiduquesa María Luisa. Mi profundo y sincero
afecto a vuestra persoDa, me hace celebrar COD
mas fuerza que puedo espresarlo , UD aconteci-
miento tan feliz que asegura á la vez la ventura de
V. M. I. Y R. Y la de sus pueblos, y que prepara
en fia la prosperidad de la Europa entera,




351
Permitid pues, señor, que una mi voz á las


aclamaciones de amor y de [úbilo que resuenan en
vuestro trono, y que. os manifieste en nombre de
mi hermano .y de mi tio , como igualmente en el
mio, los sentimientos de que nos hallamos since..
ramente penetrados, y los ardientes votos que
formamos por vuestra conservación y la de vues-
tra augusta esposa.


¿Me atreveré á recordar á V. M. 1. Y R., en OCa-
sion tan solemne, que mi deseo mas ardiente, el
que me ocupa sin cesar, es el permiso de pasar á Pa-
rís pal'a ser testigo del matrimonio de V.M.I.y R ?
Tanta bondad escita ría mi eterno reconocimiento,
y serviría para probar á toda Europa el amor sin-
Cero que profeso á vuestra augusta persona, Y. que
permanezco y permaneceré siempre fielmente
adicto á V. 1\1. 1. Y R.


Os dirijo, señor, esta súplica, con la mas
perfecta confianza, y espero conseguir como una
prueba especial de bondad el permiso de trasladar-
me á Paris pal'a asistir á la augusta ceremonia del
matrimonio de mi padre, mi protector y mi sobe-
rano.


Si logro este permiso tan vivamente deseado,
podré llevar á mi retiro el recuerdo venturoso y
consolador para mi alma, de haber en ocasion
tan próspera y tan importante, gozado de las pre-
rogativas de príncipe francés; y este favor dobla-
rá el precio que doy á tan glOl'io8o título.


Estad persuadido I señor , que durante mi vida




3)'0
entera apreciaré esta gracia como una pruf\ha evi-
dente de vuestra ternura y de vuestra solicitud
paternal por mi persona. Aprovechará tarn bien
pal'a dar á conocer la franqueza y la sinceridad
de mi conducta, para conf rrna r la buena opinion
de que deseo gozar con V. M. 1. Y R. Y para con-
fundir á sus enemigos.


He encargado .a] conde de Alberg', poner en
vuestras manos esta carta, y renovar de viva voz
los sentimientos qué espresa , aprobando de ante-
mano cuanto tenga la dicha de deciros sobre este
punto. Creo de mi deber aprovechar esta ocasión
para asegurar .í. V. 1\1. 1. Y R. que sentimos viva-
mente la ausencia del conde de Alberg, porque su
conducta para con nosotros nos ha inspirado un
afecto J' una estimacion al conde justamente me-
recidos.


Señor, deposito en el seno de V. M. 1. Y R.
los votos mas ardientes por la prosperidad de su
reino y los sentimientos de la adhesion mas respe-
tuosa y absoluta á vuestra persona. Soy etc. = fir-
mado: Fernando. = Valencey 21 marzo de 18to.


Carta de Fernando 1711 á Napoleon,


SEÑOR:


Las cartas publicadas últimamente en el Moni-
tor, hall dado á conocer al mundo entero los
sentimientos de perfecto amor) de que estoy pe-




357
netrado en favor de V. M. l. Y R.: y al propio
tiempo mi vivo deseo de ser vuestro hijo adoptivo.
La publicidad que V. M, 1. YR. se ha dignado dar
á mi carta, me hace confiar que no desaprueba
mis sentimientos ni el deseo que be formado, y
esta esperanza me colma de gozo.


Peernitid pues, señor , que deposite en vuestro
seno los pensamientos de un corazon que, no va-
cilo en decirlo, es digno de perteneceros por los
lazos de la adopción. Que V. M. I. Y R. se digne
unir mi destino al de una princesa francesa de su
eleccion , y cumplirá el mas ardiente de mis votos.
Con esta union, arnés de mi ventura personal, gran-
jearé la dulce certidumbre de que toda la Europa
se convencerá de mi inalterable respeto á la vo ..
luntad de V. M. I. Y H. Y de que V. l\1. se dig-
na pagar con algun retorno tan sinceros senti-
mientos ,


Me atreveré á añadir que esta union y la publi-
cidad de mi dicha, que daré á conocer á la Europa,
si V. M. lo permite, podrá ejercer una influencia
saludable sobre el destino de las Espaüas , y quita.
rá á un pueblo ciego y furioso el pretesto para
continuar cubriendo de sangre su pat ria en nom-
hre de un príncipe, el primojénito de su antigua
dinastía, que se ha convertido, por un tratado so-
lemne, pOl' su propia eleccion y por la mas glo-
riosa de todas las adopciones, en principe francés
é hijo de V. M. 1. Y R.


Me atrevo á esperar ~ señor , que tan ardientes




35B
votos, y un afecto tan absoluto, tocarán el corazón
magnánimo de V. M. 1. Y que se dignará hacerme
partícipe de la suerte de cuantos V. 1\1. ha hecho
felices.


Señor, deposito etc.;=;: Firmado. ==- Fernando.
~Valeucey 3 de mayo de J810.




Carta de Fernando d. Napoleon,


SEÑOll :


~1 cande de Laforest me ha entregado la carta
que V. M. I. me ha hecho la honra de escribirme
fecha 12 del corriente; é igualmente estoy muy.
reconocido á la honra que V. M. I. me hace de
querer tratar conmigo para obtener el 6n que de.
sea de poner un término á los negocios de España."


V. M. I. dice en su carta que la Inglaterra
fomenta en ellala anarqula J el jacobinismo,.r pra·




360
cura aniquilar la monarquía española. No puedo
menos de sentir en sumo grado la destruecioiiile
una nacion tan vecina á mis estados), con la que
tengo tantos intereses marítimos comunes. Deseo
pues quitar (prosigue V. 1.\'1.) á la influencia in.
glesa cualquiera pretesto , y restablecer los
oinculos de amistady de buenos vecinos que tan-
to tiempo han ecsistido entre las dos naciones. A
estas proposiciones, seüor , respondo lo mismo
que á las que me ha hecho de palabra de parte de
V. M. 1. Y H. el señor conde de Laforest , que JO
estoy siempre bajo la proteccion de V. M. 1., Y
que siempre le profeso el mismo amor, y respeto
de lo que tiene tantas pruebas V. M. 1.; pero no
puedo hacer ni tratar nada sin el consentimiento
de la nacion española, y por consiguiente de la
juntlJ. V. M. I. me ha traído á Valcncey , .v si
quiere colocarme de nuevo en el trono de España,
puede V. M. hacerlo, pues tiene medios pflra tra-
tal' con la junta, que yo no tengo;. Qsi V. M. I.
quiere absolutamente tratar conmigo, no tenien-
do yo aquí en Francia ninguno de mi confianza,
necesito que vengan aquí con anuencia de V. M.,
para ver los medios de hacerla verdaderamente fe-
liz, y para que sea válido en España todo lo que
yo trate con V. M. 1. Y H."


»Si la política de V. M. y lag circunstancias
actuales de su imperio no le permiten conformersa
Con estas condicioncs , entonces quedaré quieto y
muy gustoso en Valeucey, donde he pasado ya




. .


361
cinco años y medio, y donde permaneceré toda
mi vida si Dios Jo dispone así."


»Siento mucho, señor, hablar de este modo á
V. M. pero mi conciencia me obliga á ello. Tanto
interés tengo por los ingleses como por los france-
ses; pero sin embargo debo preferir á todo los in-
tereses y felicidad de mi nacion , Espero que
V. M. I. Y R. no verá en esto mismo, mas que
una nueva prueba de mi injénua sinceridad y del
amor y Ca riño que tengo á V. M. Si prometiese yo
algo á V. M. y que después estuviese obligado á
hacer todo lo contrario, ¿que pensaría V. M. de
mi? Diría qne era un inconstante, y se burlarla de
mi, y adernas me deshonraria para con toda la
Europa .',


»Estoy muy satisfecho , señor, del conde de
Laforest , que ha manifestado mucho celo y ahinco
por los intereses de V. M., Y que ha tenido mu-
chas consideraciones para conmigo."


)1Mi hermano y mi tia me encargan los ponga
á la disposición de V. M. I. YR."


»Pido .. señor, á Dios conserve á V. M.mu-
chos años. = Valencey 2J de noviembre de J813.
= Fernando. j"''''''_
,~~.i,-;::,4'~,


'/ ','~-\'"l'
-} "
, ! i'




APmlT:CIC~ :tT'Ol"~PwO 13. Par, 153.


Circular de 30 demaJ'ó de 1814.
, .


Enterado el rey d~ 'que muchos de l'osque,abier-
lamente se declararon parciales y fautores del go.
hiernointruso, tratan de volver á España i que al-
gunos de ellos-están. en Madrid iY, que de estos hay
quien usa en público de aquellos distintivos, que
únicamente es dado usar á personas leales y de mé-
rito; se ha servido resol ver, para evitar la justa
pesadumbre que en esto reciben los buenos, y las
funestas consecuencias que se podrían seguir, de
permitir que indistintamente regresen á sus domi-
nios los que se hallan en Francia ,y salieron en pos




363
de las banderas del intruso, que se titulaba rey,
los artículos siguientes:


I. QUi los capitanes [enerales , comandantes,
gobernadores y justicias de los pueblos de la fron-
tera, no permitan entren en España con ningun
pretesto: 1.0 El liue haya servido al gobierno in-
truso de consejero Ó ministro. 2. 0 El que estando
antes em pleado por S. M. de cmba [ador ó minis-
tro, de secretario de embajada ó ministerio, ó
de cónsul , haya ad mitido después poder, norn-
brarniento ó confirmacion de aquel gobierno, ó
continuado en cualquiera de estos encargos en su
nombre. 3. 0 El jeneral y oficial desde espitan in-
clusive arriba, que se haya incorporado en las
banderas del espresado-gobierno , ó en alguno de
los cuerpos de tropas destinadas á obrar contra la
nscion , óseguido aquel partido. 4. 0 El que haya
estado empleado por el intruso en alguno de los
ramos de policía, en prefectura, subprefectura o
junta criminal. 5. 0 Las personas de título, y cual-
quier prelado ó persona condecorada con alguna
dignidad eclesiástica, que le haya conferido el
espresado gobierno; ó estándolo ya por ellejítimo,
haya seguido el partido del intruso , y espatriédose
en seguimiento de él. Y si alguna Ó algunas de
tales personas hubieren entrado ya en el remo, las
h<lgan salir de él; pero sin causarles otravejacion
que la necesaria para que esta providencia quede
ejecutada.


Il. Que á los dernas que no fueren de estas 'clases




364
se les permita entrar en el reino; pero no el venir
á la córte , ni establecerse en pueblo que estuviere
á menos de veinte leguas de distancia de ella. Y
allí, y en cualquier pueblo á donde mudaren su
residencia, se presentarán al comandante, gober-
nador, alcalde ó justicia, quien dará aviso al go-
bernador político de la provincia, y este al minis-
terio de Gracia y Justicia , porque haya noticia
de su persona: quedando tales sujetos bajo de la
inspección de los espresados jefes, Ó en su defecto
de la justicia del pueblo, que celarán su conducta
política, y serán de ello responsables.


IlI. A ninguno de estos se les propondrá para
empleos ni comision de gobierno de pública ad-
ministracion ni de [usticia ; ni los oficiales de in-
feriar grado al de capitan , ni los cadetes continua-
rán en sus empleos y uso de uniforme, ni de otro
modo en la milicia. Pero no dando estos y los
demas, á quienes se permite entrar en el reino
con las condiciones dichas, lugar con su conducta á
que contra ellos se proceda, no se les molestará en
el uso de su libertad, y gozarán de seguridad per·
sonal y real como los demás,


VI. A los de las espresadas clases que se bailen
en la córte , y no se hubieren espatriado , se les
hará entender por los alcaldes de casa y córte y
demás jueces de ella) que inmediatamente salgan
de Madrid á residir en pueblo 'que esté á la espre-
sada distancia; á saber , constando que están com-
prendidos en dichas clases,




365
V. Los que antes hubieran obtenido del re;


cruz ú otro distintivo político, no podrán usarle,
y mucho menos se permitirá que le usen los que
hayan recibido del gobierno intruso semejante dis-
tincion , y traten de volver á usar del que les Con- .
decoraba antes. Son estos distintivos premies de
lealtad y patriotismo, y los tales no correspondie-
ron á sus obligaciones.


VI. Las mujeres casadas que se espatriaron con
sus maridos seguirán la suerte de estos: á las de-
mas y á las personas menores de veinte años j que
siguiendo al espresado gobierno se hubieren espa-
triado, usando el rey de benignidad, les permite
que vuelvan á sus casas y al seno de sus familias;
pero sujetas á la inspeccion del gobierno político
del pueblo donde se establezcan.


VII. A los sarjentos , cabos y soldados y jente
de mar que se hayan alistado en las banderas del
intruso, ó tomado partido en alguno de los cuer-
pos destinados á hacer la guerra contra la nación,
considerando S. M. que tales personas mas por
seduccion que por perversidad de ánimo, y acaso
algunos por la fuerza incurrieron en aquel delito:
usando hoy en su glorioso dia, y en memoria de su
feliz restitución al trono de sus mayores, de su na-
turalpiedad, ha venido en hacerles gracia de la
pena que merecieron por él, Y en concedérles su
ind.ulto : si dentro <le un mes los que estuvieren en
España, y de cuatro los que se hallen fuera, y no
siendo reos de otro delito de los esceptuados en




366
indultos [enerales , se presentaren para gozar de
esta gracia á su real persona ,. /) ante algun.capi-
tan [eneral ó comandante de provincia, goherna-
dor ó justicia del reino. Para lo cual se les dará el
conveniente documento, que acredite su presen-
tacion en aquel término; pasado el cual se proce-
derá contra los tales con arreglo á ordenanza, s~
fueren aprendidos en territorio español.


Lo comunico á V. de real órden para su inteli-
[encía y cumplimiento. Dios guarde á V. muchos
años. Madrid 30 de mayo de 1814.


, _•••-~t -, ~ ."


.-'i' .






---.- _ _--


Agradecido el editor á la aceptaoion que han
tenido las primeras entregas, aunque no ° 10 ofre-
ció en el prospecto, acompaña á este cuaderno
un retrato de Fernando VII, que podrá colocarse
al frente de este tomo. .




MEMORIAS IIISTORICAS


FERNANDO VII,


))0]1 iUJCnAI~L .J. QL"IN:
Sigucnse el


Ecsúmcncriticode la rf'l'07I1CirH/ dI' Españ« de 1R20 á 1823.
YEspaiia en et siy7u die~ y nueve>


TRADUCIDOS AL CASTEfLABO




ES/II 011f1l I'S !JI'()!n'l'd(/(l del Editor , quien dem(/11(la¡,tÍ an-
ti' ltl lry /os (jl'm/l/u),(,S I{III' '110 lloren l« cantraecña que
tÍ ,~II / i,'IIiJI1l1ll(IJIII'slofÚ .


.~~~._~,-~-----~----


---.,---------------


lALI:SCIA: IlIPRI~¡\TA UE GBlENO. 1840.




ECS1lIEN CRITICO
DE LA


de


1320 á 1323.






Entre las historias de la revolucion de Es-
palia de 1820 á 1823 que se han dado d luz
en las naciones estranjeras , me ha parecido
la presente preferible por muchas razones, La
publicada por el vizconde de Martignac hubie-
ra tenido la preferencia , á no dominarla el es.
píritu de partido hasta el punto de afear indis-
tiutamente todos los actos de los liberales y C01¡
justicia ó sin ella J y de pasar en silencio los
escesos de sus contrarios , algo mas vitupera-
bles, Quizás si la muerte no hubiera arrebatado
á Martignac ,y prioádonos de los tomos suce-
sivos de su esct itay hubiese aquel inculpado á la
reaccion sanguinaria .. qu.e si¡;uió á la caida de




vr


la Constaucion (le 1812, como l@ haceel autor
de la obra que 'publico,


Pero aun asl debo repetir lo que dije en una
nota del tomo primero de estas Memorias ~ á
saber , que no estoj: conforme en todas las
opiniones que aquí manifiesta el escritor, por
acertadas que sean, Jr equivocadas las mias: y
que tiuicamente para no hacer alteraciones im-
portantes en el testo, no he nuulado la narra-
cioti en alganos casos. Traducir no es com-
poner. Aunque parezca inútil esta advertencia,
no lo es en mi concepto en tiempos tle ajitacio-
ne s , de partir/os, en tiempos en que con tanta
facilidad se califican las ideas de Los hombres,
J" en que adoptada una nomenclatura, se bau-
tiza con ella acertada ó desacertadamente á 10$
que se quiere abatir ú encumbrar.




INTRODUCCION.


Los anales del mundo colocarán la re-
volucion española de 1820 en el ran-
go de uno de los sucesos mas notables
de aquella época. TIna nación reputa-
da jeneralmente por apática, y que víc-
tima del despotismo sufría los sarcasmos
de los dernas paises, toma súhito el as-
pecto mas imponente y cambía la for-
ma de su gobierno, sin que semejante




VU1


revolución le cueste apenas una gota de
sangre. Mas no tarda en eclipsarse la
libertad, apareciendo en su lugar la li-
cencia, y sucediendo á esta inmediata.
mente la anarquía, cuyo resultado ine-
vitable es la guerra civil; cuatro años
de convulsiones crean nuevos intereses,
y demueleu pieza por pieza el edificio
de la antigua mouarquía. Sin embargo
un ejército estranjero poco numeroso
paré!. tan vasta empresa, invadió el reino
entero casi sin combatir, y seis meses has..
taran para terminar la contrarevolu-
cíon ; mas el órdeu no se restableció,
y la efervecencia y la ajitacion conser-
varon todo su ardimiento.


El ecsámen de las causas que pro..
dujeron tan estraorclinarios efectos des.
pierta la curiosidad, y es muy impar.
tanto profundizarlas para formar un [ui-
do completo de la sltuacion de España,


Esto y convencido da que hasta el




IX


presente la Europa carece de noticias
ecsactas , y no conoce el verdadero
rumbo que siguió la revolucion desfi-
gurada por el espiritu de partido" que
ha llenado los periódicos de relaciones
contradictorias y ecsajeradas. Tales son
los documentos únicos que tienen los
pueblos para juzgarla; y si es permití-
do deducir consecuencias de los hechos,
no están mejor instruidos los gobier..
nos. En la Península la situación parti-
cular de cada individuo y el amor pro-
pio, inspiran ideas falsas, ocasionando
el que en el mismo suelo que le sirvió
de teatro permanezcan oscuras las cau-
sas de esta revuelta, su marcha y el
espantoso caos que siguió á su venci-
miento.


Seguro de que aqueUa situacíon es
el principal motivo de los males que
aflijená mi patria, me he decidido á
tomar la pluma para procurar ilustrar




x


y fijar las ideas de los que ejercen al ..
guna influencia en los negocios y en la
opinión púhlica , para presentarles en
su verdadero punto de vista la revolu-
cion española, y contribuir en cuanto
pueda al restablecimiento del órden en
tan delicioso pais, Como la urjencia de
remediar tamaños males crece de dia
en dia, me someto á la ley de las cir..
cunstancias, q1le no me dejan el tiempo
necesario para pulir y perfeccionar mi
obra. Los hechos son constantes, y no
temo que me desmientan; y como por
otra parte no busco los aplausos, me
importa poco la censura de mi estilo ó
que digan que no corresponde á la
elevacion del asunto, porque la verdad
no necesita de ornamentos.


Testigo de la mayor parte de los
hechos que refiero, sin haber tomado en
ellos una parte activa; libre del es-
píritu de partido, del que siempre he




XI


procurado defenderme; sin mas objeto
que la prosperidad de mi patria, en la
que estriba la mia, he logrado sin vio-
lencia contenerme en los límites de la
mas severa imparcialidad. No tengo tan


. . .poca espenenCla que no prevea que rm
trabajo me producirá enemigos, por-
que no paso en silencio las faItas ni los
delitos, y porque presento al lector las
acciones y las cosas tales como son,
buenas ó malas pOL' su naturaleza.


N o se me oculta tampoco el poder de
los partidos y el encarnizamiento conque
persiguen á los que osan atacarles frente
á frente: mas no me falta valor para ar-
rostral' el peligro, y con el convenci-
miento de que mi trabajo puede ser útil;
no vacilo en darlo á la luz pública,
porque mi corazon palpita de esperanza
al pensar que puedo fijar la atencion en
España y contribuir así á la dicha de mi
cara patria! pro gua qnis bonus dubitet
mortem appetere , si ei sit profuturus?






MEMORIAS HISTORICAS
~OBRE


.•.-


ECSAJI.CEN
DE LA BEVOLUCION DE ESPAÑA~


DESDB 1820 A 1823.


Para que sea destruido el sistema de gobierno
que ha rejido en una nacion durante un largo
espacio de tiempo, es necesario que muchas
.causas remotas concurran á este resultado, y
que el gobierno mismo haya cometido errores
muy graves. El ecsámen de las causas que .ori-
jinaron la revolucion española e~ 1829) puede




2
ser útil á todos tos gabinetes, y principalmen-
te al de Madrid, porque es mas fácil evitar los
tropiezos, cuyo orijen conocemos.


La falta de reflecsion es causa de que mu..
ehos solo oonsideren aquella revuelta como una
conspiracion militar ,afirmando que el pueble
vivia contento con el gobierno que ecsistia. Mas
los hechos no pueden desmentirse: ¿y como
era posible que algunos miles de conspiradores,
diseminados por la Península, hubiesen obliga-
do á adoptar sin resistencia alguna la Constitu-
cion de t812, si la masa d el pueblo no hubiese
aprobado ó tolerado su tentativa? Hahria in-
consecuencia en contestar que el espíritu públi-
co se vió arrastrado en 1820 á Ja mudanza de
las leyes. No diré que la nacion anhelase aquel có-
digQ; pero se puede negar que el descontento
causado por la marcha tortuosa de los negocios,
y por la debilidad de los gobernantes, inspiró
deseos de un nuevo órden de cosas, y que
la opinion pública habia llegado en 1820 á-tel
'ilunto de madurez , 'que' un puñado de ajitado-
'respodia impunemente derrocar el estado•


. '¿Mas como nació-el aborrecimiento del pue-
blo al gobierno, y por qué las semillas derebe-
Iion fermentaron tanto en las filas del ejército? .


La España de 1814 recibió con entusiasmo
'á SQ rey ,que· volvia' del cautiverio l -la derrota




3
de los franceses obligados ~ abandonar la Pe-
nínsula, aumentaba el prestijio de felicidad que
se presentaba delante de todos los ojos. Al pro..
pio tiempo que cousintieron en los mayores sa-
crificios para conservar la independencia nacio-
nal, al propio tiempo que derramaron su san.
gre en defensa del monarca, creyeron muchos
ciudadanos ilustrados que habia llegado el mo-
mento de introducir algunas mejoras en el sis-
tema gubernativo ~ y que era la época de hacer
cesar el enjambre de males conque el favorito (1)
babia abrumado la patria en el reinado anterior.
En vez de reparar el antiguo edificio de la monar-
quía lo destruyeron para levantar sobre sus rui-
nas otro enteramente nuevo, la Constitucion
de j 8/2. Desgraciadamente este código tenia


(1) El favorito no rué la causa ünica de los males
de Españ a ; debe atribuirse tambien á la carencia
absoluta de instituciones y de g:Hantias que comen-
zaron á perderse en la reunion de las-dos coronal
de Castilla y Aragon l y desaparecieron enteramen-
te en el reinado de Felipe V y de sus sucesores.


En este punto el privado Godoy ~ lo encontró to-
do hecho por otros hombres que sin esta!' deaigna-
'dos en la historia con el dictado de favoritos', admi..
nistraron el reino con la misma arbitrariedad. He;.
mes citado á Godoy, porque ha gozado de mayor
celebridad en los tiempos modernos, porque es el




4
defectos (1) Y 'no daba al poder realla fuerza
necesaria para reprimir la anarquía, ni estable.
cia la representacion nacional de manera que
mantuviese el equilibrio entre los brazos del
estado.


El rey no quiso reconocer \a Constit.ucion,
y declaró nulo cuanto habian resuelto y acor,


mas inmediato á nuestra época, y porque disfrutó
mas largo tiempo del favor esclusivo de los reyes.
Sabido es el estrerno á que le ha conducido la foi"_
tuná: el que gobernó por espacio de veinte años
una nación poderosa, se vé reducido después de
treinta y dos de destierro á especular sobre sus es-
critos.


(1) Los defectos y los aciertos de la Constitocion
de Cádiz son tan importantes, que se necesitaba escri-
bir un tomoá propósito; mas no tenemos intencion de
detenernos en Sil ecsámen y mucho menos de hacer la
crítica de esta obra de la necesidad. Baste decir que
aunque fuese perfecta, en el mero hecho de haber
imitado y copiado artículos de otras constituciones,
no obstante lo que se dice en el artículo preliminar,
carecía del carácter, del tipo nacional que pensaron
darle sus autores. - No: el código de Cádiz no es
el renacimiento de las antiguas libertades de la mo-
narquía castellana ó aragonesa, sino un ensayo
nuevo y peligroso de la mejor de las repúblicas , se-
gun el sentido verdadero de la espresion de La-
fayatte.




5
dado las córtes. El pueblo aplaudió la resol u-
cion del rey que se babia convertido en ído!o de
los españoles, no solamente á causa de Ja perse-
cucion que habia sufrido, de sus.padecimientos
y de su cautiverio, sino porque su infortunio
tenia el mismo oríjen que los males que habían
asolado la nación. No obstante vióse con hor-
ror el encarcelamiento de los diputados que
mas se habian distinguido en la discusion del
código del año doce, y que habian desarrolla-
do en el congreso sus talentosy su elocuencia.Es
verdad que habian manifestado principios poco
acomodados á la Índole de la monarquía, y
que quizás se habian estraviado en algunas ma-
terias ; pero estos lunares ni eran grandes ni sal-
taban á los ojos de todos, mientras que ningu-
no ignoraba que habian sido los mas firmes de-
fensores de la independencia, las columnas de
la libertad, y que la base de su política, de sus
operaciones y de sus miras habia sido coo~tan­
teniente el principio de que Fernando VII era
rey de España. Por otra parte habiéndose hallado
la nacion abandonada á sí misma, entregada á
su heroismo, sin guia, sin piloto que la dirijiese
por el proceloso mar de la sangrienta guerra , y no
pudiendo resistir á la opresiou sino con esfuerzos
y medidas estraordinarias , estaban justificadas


TOMO n, 2




6
hasta cierto punto todas las OpinIOneS, porque
aun las mas ecsajeradas, conmoviendo los espíri-
tus hahian contribuido á que se desplegase ma-
yor enerjía contra los franceses. Los que acon-
sejaron al rey que encarcelase á tantos diputa-
dos á córtes y á otras personas, hubieran debi-
do por el contrario manifestarle el verdadero
estado de las cosas, y cuan útil era probar pú-
blicumente que Fernando no veía en los espa-
ñoles sino súbditos fieles, cuyo amor no ha-
hian debilitado los mas increibles sacrificios
para restituirle al trono. Obrando así el prínci-
pe pagaba su deuda á los constitucionales, por
la parte que hsbinn tomado en la derrota de los
franceses y en su rescate, y no se manchaba con
el dictado de ingrato, ni aparecia colocado á la
cabeza de un partido, que se babia formado en
las mismas córtes y que supo aprovecharse
de su vuelta para atacar con encarnizamiento al
lado opuesto.


El pueblo para resistir á los franceses habia
creado por sÍ mismo autoridades que se encon-
traron muchas veces en oposicion las unas de
las otras, y que en medio de la confusión y del
desórden que reinaban en la Península, se acos-
turn braron á obedecer úuicarnente al mas fuer-
te, resultando de aquí una especie de anarquía.




7
(1) Los partidos que dividían las córtes sosteni-
dos y propagados por los periódicos, y las doc-
trinas sembradas por los invasores estranjeros
en todos los puntos á que se estenrlia su domina-
cion , habian producido la discordia en los espí-
ritus. La España de J8{4 no era la El'paiia de
j 808 como dieron á entender al monarca, y el
gobierno necesitaba suma enerjía y una marcha
firme y constante para reunir elementos tan en-
contrados y restablecer el órden. Empero las
riendas del estado pasaron por tantas manos, que
aun cuando hubiesen sido mas diestras, toda-
vía se habrían resentido los negocios de tan


tI) Cada provincia nombró una junta compuesta
de indiv iduos elejidos por las diferentes clases de la
sociedad; la nohleza, el clero secu lar y regular, el
comercio, los prcpietarios : de suerte qUI! CJd:) i'lIl-
ta presentaba una imáj en en miniatura de las aJlti_
gnas córtes por estamentos. i Tan cierto es que la
tradicion no conservaba sino esta idea de la rellre·
seutaeion nacional! ¡Cuántos males se hubieran evi-
tado en la Península si en vez de adoptar las h.1ses
de constituciones estranjcras, los diputados de C;;cliz;
hubieran tenido la felicísima idea ele form ar las cór.
tes siguiendo aquel método conocido, ceclamado
por tantos varones ilustrarlos" y principalmente por
el inmortal D. Gaspar Melohor de J avellanos! Inde
mali tabes,




8
continuas mudanzas; y mucho mas debian ha...
cerlo cuando los que fueron llamados al minis-
terio sucesivamente carecian de la dote de
hombres de estado. Si fijamos los ojos en la lar-
ga lista de los gobernantes españoles desde el
mes de mayo de 1814 hasta el mes de marzo de
1820, apenas hallaremos tres ó cuatro nombres
dignos de tan difícil puesto. El secretario mis-
mo que firmó el decreto de 4 de mayo de '8' 4
que destruía la obra del congreso nacional,
D. Pedro Macanaz , no tardó en salir de la se-
cretaría con ignominia, y no se desdeñó el rey
de cerciorarse por sí propio de las pruebas que
descubrian el modo con que abusaba de su real
confianza (2).


(2) D. Pedro Macanaz , primer ministro de Gra.
cia .,.Justicia del rey Fernando después de su regreso
de Francia> tenia en su compañía una especie de
ama de gobierno, en la que habia depositado su ellte_
ra fé. El rey recibia cootíuuas quejas de la corrnp_
cion que reinaba en la distribucion de varios em-
pleos, con los que traficaba aquella mujer; el minis-
tro no lo ignoraba todo. Los cortesanos dieron un
dia noticias tan ecsactas ~ indicaron con tales se ñ ales
el punto donde se habia depositado la suma recibida
en recompellsa de un favor vendido, qne el prínci-
pe q.~iso convencerse con sus ojos: seguido de un




9
Aun cuando el cambio de ministros no hu-


biera sido tan rápido y hubiesen sido capaces
de dar al gobierno la fuerza de que tanta nece-
sidad tenia, no por eso hubieran resultado gran-
des ventajas, porque los secretarios del despa-
cho tenian las manos atadas. Nadie ignora por
desgracia que ecsistia en la córte una reunion
de hombres que goz.aban por varias razones la
intimidad del rey, reunion que era conocida
con el nombre de camarilla. Nombraba casi
todos los destinos; su ambicion no se estendia
á dictar decretos, reglamentos ó planes de ad-
ministracion; contentábase con esplotar la mina
de los empleos públicos, con conservar en ellos
á sus hechuras, á sus amigos yen despojar de los
mismos á los funcionarios de mérito. Los minis-
tros no podían por lo comun encargar la eje-
eucion de las medidas adoptadas á las personas
que les merecían confianza, porque recibian la
órden de emplear á los individuos designados
por la camarilla. Así desaparecía hasta la res-


escribano llamado NegreUe trasfadóse en persona á
la casa de Macan3z, y se apodero del oro y de los pa-
peles del ministro. El castigo sin embargo no corres--
pondió á la enormidad de la falta, y perdióse el fr u;
to de la lección COI) gral1 detrimento de la maiestad.




20
ponsabilidad moral á que viven sometidoslos
secretarios del despacho en los gobiernos mas
arbitrarios.


En efecto, cualquiera que sea el sistema
político de un pueblo" basta que este pueblo
conserve su razon natural, para que un minis-
tro se avergüence de haber confiado los em-
pleos de hacienda á dilapidadores conocidos;
el mando de una provincia ó de una plaza á un
militar sin talento , avariento y cobarde; el
haston de un ejército, á un leneral ambicioso,
poco delicado en los medios de llevar á cima
el objeto que se le propone y déspota por ca-
rácter; la udrninistracion de justicia, á un abo-
gado venal, tachado de ignorante y lleno de vi-
cios públicos. Pues en España habíase perdido
hasta la sombra de la responsabilidad, porque
realmente el autor de tan malas elecciones era
un hombre oscuro, á quien nadie conocia , que
no tenia motivos para obrar de otro modo; y
el complaciente ministro únicamente prestaba
su firma para autorizar el nombramiento.


y cuantas rellecsiones no despierta el ecsá-
rnen de los numerosos decretos que vieron la
luz del dia desde 1814 hasta 1810! En vano
proclamaron los absolutistas que todas las Cosas
dehian volver al estado que tenian en 1808,
puesto que el Sf)})ierno no lardó en hacer inno-




". u
vaciones en casi lodos los ramos de la adrninis-
tracion. Anuló el decreto de las córtes sobre
los derechos señoriales, incorporando al propio
tiempo á la corona los derechos de los señores
privativos ; estableció una contribución directa,
á la que quedaron sujetos los bienes de la noble.
za y del clero. Abolióse en otro decreto el pri-
vilejio que gozaba la nobleza de no contribuir
al reemplazo del ejército. Tales medidas pro-
dujeron el desafecto de las clases privilejiaJas
sin contentar al pueblo, porque los jueces norn-
brados por la autoridad real no se condujeron
con mas comedimiento é imparcialidad, que los
que ántes colocaban los señores; porque la con-
tribucion directa se distribuyó con una mens-
truosa desigualdad, y careciendo de datos esta-
dísticos para adquirirlos, llenaron los pueblos de
comisionados que hacian pagar á los vecinos
muy caros sus lentos y casi siempre inútiles
trabajos: en fin -' porque el sometimiento de los
nobles al sorteo de la quinta, se publicó al mis-
mo tiempo que la ohligacion de aprontar un
eontinjente anual de reemplazo, siendo asi que
antes de 1808 se verificaba con largos interva- .
los de tiempo.


y la enfermedad mortal del gobierno era
la apatía, la falta de carácter, la carencia de
Un sistema. Las contribuciones no se ecsi [ian




12
con puntualidad, y por el contrario se acumu-
laban atrasos considerables: los servicios se
pagaban mal y resaltaba la enorme diferencia
Con que se verificaba. Los empleados de hacien-
da nadaban en la abundancia, mientras se de-
hian muchos meses á los demás ramos de la
administracion , J' mientras las viudas y los re-
tirados perecian de hambre. El ejército esperi,
mentaba igualmente un atraso considerable en
las pagas" y la distribucion ofrecia anomalías
difíciles de justificar: ecsistian cuerpos bien pa-
gados, vestidos con lujo; y otros cuyos solda-
dos no tenia n conque cubrir sus carnes, que
no podian salir del cuartel, porque hasta la ca-
misa les faltaba, y que tomaban fiados los co-
mestibles para el dia, En un mismo cuerpo
unos recibían mas de lo que se les debía, en-
tretanto que otros alcanzaban fuertes sumas al
erario: en fin, todo 'era desorden, y el gobier-
no no daba paso alguno para remediar tan per-
niciosos abusos. Fácil es adivinar el desconten-
to que escitarian , y los desórdenes que debian
producir la f-llta de medios, y sobre todo la
estremada injusticia en la distribución de los
pocos recursos que se recojian, En algunas pro-
vincias los particulares y los cuerpos de la mili-
cia hacian públicamente el tráfico de los crédi-
tos contra el gobierno, cedidos muchas veces




13
con rebaja á 105 mismos que debían verificar
integrarnente su pago. Durante algun tiempo
los empleados contaban con la seguridad de
cobrar los sueldos, haciendo el sacrificio del
8 por 100 á favor de ciertos jefes usureros de
la tesorería.


Parece casi imposible que el gobierno que
es capáz de tanta desidia en el repartimiento
del tesoro del estado, y que crea un número tan
asombroso de descontentos con su conducta,
esté dotado de prevision Ó de enerjía en los de-
mas ramos de la administracion. Creeráse que
~ al menos el ministerio español se ocuparía en


conservar la tranquilidad interior, y no era así.
Las conspiraciones se sucedian unas á otras ori-
jinadas del deseo que proclamaban los jefes de
ellas de restablecer la Constitucion de 1812; y los
ajentes del gobierno no tenia n conocimiento
alguno de la mayor parte de tales maquinacio-
nes, y como no se tomaban medidas prevensi-
vas antes que se verificase la esplosiou , multi-
plicábanse el mal y el escándalo. Y cuando se
descubria una conspiracion , y los conspiradores
eran cojidos con las armas en la mano, hubo
ocasion en que los gobernantes crueles y tími-
dos al propio tiempo, aparecieron sin el vigor
necesario para el castigo y para la amnistía. Por-
lier y Lacy subieron al cadalso, pero el proceso




14
de los que les habian acompañado en la revuelta
se hizo eterno: la conspiracion de Porlier se ve-
rifico á fines de 1815, publicanJo en laCoruiia
la Constitucion de J812 Y procediendo al ar-
resto de las' principales autoridades. Preso el
desgraciado jefe de los sublevados con muchos
oficiales en el camino de Santiago, pereció en
el patíbulo pocos dias despues , y á fines de 1819
duraba todavía la causa de sus compañeros Con-
sumirlos J' trabajados en los calabozos.


Los que se hallaban encausados escitaban la
compasión [eneral , porque todo el mundo co-
nocia la debilidad de los gobernantes y no juz-
gaba criminal el deseo de un nuevo órden de
cosas. La influencia de la opinión pública sobre


'"este punto era tan poderosa , que algunos oficia-
les complicados en las tramas que se hablan ur-
dido gozaban de libertad, no obstante que en
la causa constaba su presencia en la cárcel ó en
Jos castillos: mas los militares encargados de
su custodia les permitian la libre salida, y el
que se negaba á concederles esta gracia era mal
mirado por sus compañeros. Los jefes del cuer-
po, los gobernadores de las plazas, las autorida-
des superiores de las provincias aprobaban se-
mejante modo de obrar ~ por consiguiente el
ministerio no debia ignorarlo, y sin embargo
duró años euteros. ¿Quién no conoce que tan




15
estraña conducta en unos gobErnantes que con-
denaban al suplicio á jenerales beneméritos sin
jenerosidad para perdonar su patriotismo , fo-
mentaba las tentativas de los liberales 7 ¿Como
los oficiales jóvenes ni los soldados habian de
mirar con horror el intento de proclamar la li-
hertad, cuando veian á los tenidos por culpables.
gozando en la opinión pública de tantas consi-
deraciones, y observando que su iufortuuio se
convertia en un título de gloria yen un manan-
tial de proteccion por parte de los ajentes mis-
mos de los que empuñaban las riendas del es-
tado?


No se procedió con mas detenimiento ni
prudencia en la organizacion del ejército, y en
los preparativos de las espediciones qne se dirj-
[ieron ó que debían dirijirse á América. El ejér-
cito español era muy numeroso al fin de la
guerra; con venia reducirle, mas no á cero (t):
al esceso de oficiales de los cuerpos unióse la
multitud de prisioneros que regresaban de Fran..


(1) El ejército español, comprendid as las tropas
ele la grande espedicion destinada á Buenos Ayres,
se componia á principios de 1820, de 39652 hombres
(le infantería, 2859 de caballería, 5459 art i.ler os y
736 zapadores. La guardia real ascendia á 5472 in-
dividuos.




16
cia á la tierra natal con motivo de la paz esta-
blecida, No era posible colocar á todos en los
rejimientos, y aunque se permitió á los que lo
solicitaban pasar á la milicia con medio sueldo,
esta medida no produjo de mucho la reduccion
necesaria. Sin embargo las reformas se suce-
dian : suprimíanse los rejimientos; los de infan-
tería conservaban únicamente dos batallones,
y los cinco oficiales de cada compañía se re-
hajar:'l á tres. De aquí se orijinó que las tres
,cuartas partes de l~s oficiales resultaron sobran-
tes, y en vez de despedirlos para que se reti-
rasen á sus casas Con medio sueldo basta tan-
to que se pudiese emplearlos, se les obligó á
permanecer en los cuerpos con los nombres de
agregados y supernumerarios, sin mas obli-
gacion que dar la guardia, servicio muy leve
repartido entre tantos. Contáronse entonces en
los rejirnientos casi tantos oficiales como solda-
dos, y la reunion de numerosos jóvenes ociosos
siempre, sin estímulo, porque la muchedum-
bre de supernumerarios de todas clases hacia
imposibles los ascensos, sin medios de subsis-
tencia, porque no les pagaban, debia tarde ó
temprano producir las mas fatales consecuen-
cias. Necesario era que el ministerio y las auto-
ridades subalternas. cerrasen los ojos entera-
mente para no ver que los vicios) la crítica de




,


17
sus actos y el libertinaje eran los frutos natura-
les de su continuo ocio, para no adivinar qU,e
mantenia en cada cuerpo, un enjambre de
hombres prontos á arrojarse en los brazos del
primer partido que les ofreciese ventajas, La
lealtad, el arrojo, la resignacion en las priva-
ciones , en las fatigas, virtudes son que adornan
á muchos guerreros; mas á una masa de mili-
tares, á un ejército, solamente se le contiene
en los límites del deber por medio de la disci-
plina.


En Cuanto á las espediciones de América,
el ministerio suministró á las tropas que debían
componerlas el primer motivo de descontento,
ofreciendo un grado mas á los oficiales envía-
dos á ultramar. El ejército vió en este favor,
aunque lo autorizase la costumbre, una recom-
pensa anticipada de las fatigas, de los peligros
estraordinarios que habia de correr. Nada pa-
recia mas justo que galardonar á los guerreros
valientes en los sitios mismos donde lo mere-
ciesen; pero conceder el premio antes del mere-
cimiento era disgustar á los jefes de la espedi-
cion , y sobre lodo desalentar á los soldados á
quienes no se otorgaba cosa alguna: asi es que
no obstante la miseria que reinaba en el ejérci-
to" y no obstante la ninguna esperanza de as.
cender , pocos oficiales abrazaron voluntaria-




'18
mente el partido de embarcarse para las colo-
nias americanas.


Asi corria la cosa pública, cuando elgo-
hierno preparó una espediciou considerable,
dando principio por reunir las tropas en Cádiz
y sus contornos, antes de que estuviesen dis-
puestos los barcos de trasport.e, antes de equi-


.par los cuerpos y organizarlos, de modo que
algunos permanecieron años enteros en la cos-
ta. l Tan difícil era preparar la espedicion en
"arios puertos, evitando de esta suerte la reu-
nion de tantos descontentos? Aun cuando las


.causas políticas no hubieran aconsejado el últi-
mo partido, ecsijíalo imperiosamente el cuida-
do de la salud de los soldados y de los habitan-
tes, porque era de presumir, que si la fiebre
amarilla se encendía de nuevo en Cádiz , como
era prohable, contajiaria al ejército y destruí-
ria la espedicion.


Los primeros síntomas aparentes' de rebe·
lion se manifestaron en los cuerpos espedicio-
narios á mediados de J819 , Y poco faltó para
que tuviesen el resultado que mas tarde produ-
jeron. Fueron arrestados algunos jefes, y se
despojó del mando al [eneral conde del Abísbal,
concretándose el gobierno á adoptar estas me-
didas. No se necesitaba sin embargo mucha
previsión para augurar que las semillas de la




19
revuelta habían fermentado en las tropas, y que
el único medio de arrancar las raices de la ma-
la yerba se reducía á diseminar los batallones Ó
á dar á su actividad un nuevo impulso. Desde-
üáronse de encargar al infante don Cárlos , je-
ueralísimo entonces de la milicia y pretendien-
te abara de la corona, el ecsámen del espíritu
de un cuerpo tan numeroso, y que de las ma-
nos de un jeneral intrépido y emprendedor pa-
saba á las de un hombre nulo y sin talento:
aunque en aquel estado poco hubiera consegui-
do Con su revista la impericia de don Cárlos.


Declaróse la fiebre amarilla en Cádiz en el
otoño de 1819, Y acantonáronse las tropas á
algunas leguas de la plaza, con lo que feliz-
mente se preservaron del contajio , porque hu-
biera sido difícil, ó materialmente imposible,
formar un cardan, y hubiérase propagado la
epidemia probablemente por una gran parte de
la Península, En estos acantonamientos se pro-
clamó la Constitucion de 1812, el 1.0 de ene.
ro de 1820.


Aunque se habia trabajado largamente para
que todas las tropas espcdicionarias siguiesen


. el impulso dado por algunos batallones, no pu-
do conseguirse ';)1 el mayor número permane-
ció fiel al monarca y al sistema establecido. Ha-
hiendo rehusado encargarse del mundo varios




20
fenerales, los conjurados se vieron en la nece-
sidad de elejir para [efe un oficial de un grado
poco elevado, y que no gozaba en el ejército una
r-eputacion estraortiinurja ,él coronel Qu~roga.
Su primer acuerdo fue trasladarse á la isla de
Lean, con el intento de apoderarse igualmen-
te de Cádiz, donde creia que serian bastante
fuertes sus partidarios para abrirle las puertas,
aun cuando las autoridades quisiesen presentar
resistencia. Mas aguóse el proyecto, porque la
guarniciol1 de CPidiz y la armada tornaron una
actitud imponente contra los levantados, que
se vieron obligados á encerrarse en la isla, Su
número apenas llegaba á cinco mil hombres,
entre los cuales se contaban muchos reclutas y
aun mas descontentos. Crecía de dia en día el
disgusto de verse mezclados en tamaña empre·
sa , al ver que espiraba el mes de enero sin re-
cibir socorros, y al ver que la tentativa para
apoderarse el 24 de las puertas de Cádiz, habia
sido inmediatamente reprimida por la guarni.
cion que se mostraba mas y mas inaccesible á
las promesas de los liberales, particularmente
los rejirnieatos de Guias y de la Lealtad.


Con el objeto de reconocer el estado verda-
dero de la pública opinion; de reunir víveres
y dinero; y de alentar y entusiasmar á los hom-
bres de espíritu débil ¡ salió Hiego el t5 de ene-




21
ro de la isla de Leon con mil y quinientos horn-
hres de las mejores tropas, y se dirijió á Alje-
ciras , poniéndose en cornunicacion Con J'ibral-
tal', de donde sacó algunos socorros. Habia
trascurrido pues cerca de un mes , desde que
los liberales se habían señoreado de la isla de
Lcon , y todavía no la habian bloqueado los
soldados del rey, apesar de que sin contar el
número considerable de tropas de la espedicion
que no habian tomado parte en la revuelta...
ecsistian algunos rejimientos de linea y de mi-
licias provinciales en Andalucia, y venían tro-
pas de refresco de otras provincias. Riego se de-
tuvo en AI.jeciras hasta el 7 de febrero, y á su
regreso supo el 8 en Bejar que se habia comen-
zado el bloqueo de la isla, y despues de una
indecision de algunos días se determinó á di-
rijirse ~ Málaga, donde esperaba ser bien reci-
hido, Es digno de colarse, que la columna
mandada por don José G'Donell , hermano del
conde del Abisbal , que perseguia á Riego, aun-
que muy superior en fuerzas no ]0 atacó hasta
el t 7 de febrero, sin que tal encuentro le es-
torbase continuar su marcha á l\HJaga. Ni se
presenta menos singular que Riego,. salido de
la isla de Leon no aprovechase los primeros
instantes de aturdimiento para caer sobre algun
cuerpo de tropas, puesto que únicamente un


TOM. rr, 3




22
golpe de audacia podia sostener su partido, y
que sin duda no ofrecia grandes dificultades el
atacar un destacamento aislado. Contentóse por
el cont.raeio con evitar los encuent ros, al propio
tiempo que sus Enemigos maniobraban también
Con tibieza; y semejante conducta por parte de
ambos bandos , duró hasta que habiendo la fa-
tiga y la deserción reducido el número de Jos
constitucionales, ofrecian estos un triunfo' fá-
cil al primero que corriese á hatirlos,


A últimos de febrero , Riego huia sin plan,
sin proyecto y sin que la poblacion tomase las
armas para reunirse á su escasa tropa; conten-
táhase con no hostilizarla: y el 7 de marzo, re-
ducida su fuerza á trescientos hombres, des-
contentos y desalentados, entró en Córdoba
atravesando el puente del Guadalquivir, y per·
maneció en aquella ciudad hasta el dia siguien-
te. Debemos observar que habia entonces en Cór-
doba un escuadron de caballería .J varios destaca..
mentes de infanteria , y que su poblaciou ascien-
de á mas de treinta mil almas. Sin embargo, na-
die inquietó áJos constitucionales que pasaron la
noche en el convento de san Pablo, recibieron
los socorros que pidieron , y;Í la siguiente ma-
ñana continuaron tranquilos su marcha, no
obstante la'> tropas realistas que habitaban los
contornos. Este hecho solo manifiesta el estado




23
del espíritu público en España en la época de
que hablamos. l Se dirá todavía que los espsño-
les aborrecian la libertad tanto cerno suponen
algunos histcriadores ? Del mismo modo, el tea
mor y el desaliento se habian apoderado de los
constitucionales que segulan en la isla ele Leou,
porque velan desbaratados todos los planes y
dudaban enteramente de que triunfase el parti-
do, cuyo estandarte habian enarbolado. El mie-
do de ser sacrificados sostenía los aun, y los je-
fes y los oficiales tenian que permanecer de con-
tÍnuo en las filas para impedir la desea'cion de
los soldados. No es dificil calcular cual hubiera
sido en aquellas circunstancias el resultado de
un ataque, por mar y por tierra, contra la isla
de Lean: los antecedentes que acabamos de re-
ferir, nos inducen á creer que no hubiera en-
contrado suma resistencia. El jcneral que man-
daba el ejército real .. creyó sin duda que era
preferible someter el pronunciamiento sin der-
ramar u~a gota de sangre;" y lo hubiera cense-
guido, á no sobrevenir otros acontecimientos
que cambiaron enteramente el aspecto de Ios
negocios,


Trascurrieron el mes de enero y dos ter-
ceras partes de febrero, sin que estallasen cons-
piraciones en punto alguno de la mouarquía.
El gohierne tenia úJJ~camente tijos los ojoseolos




24
confines de Andalucia : y acumulaba en aquella
dirección todas las tropas disponibles, dejando
de todo punto desguarnecidas las dernasprovin-
cias. Todo se hacia en silencio, no en el silencio
que llena de terror á los conspiradores, sino
como al descuido, y en el silencio del miedo
que alienta hasta el último estremoá los que
han levantado el estandarte. Ni el público, ni
los observadores mas atentos de los sucesos que
corrian, tuvieron conocimiento de una sola
medida vigorosa, ó tan solo prudente tomada
por el gohierno : sin emhargo , parecía natural
que en tan críticas circunstancias no se pusiese
en olvido medio alguno de asegurar la fidelidad
del ejército, dirijiéndose á los capitanes jene-
rales , á los inspectores, á los jefes de los Cuer-
pos J dando un vigoroso impulso á todos los ra-
mos del servicio militar; separando á los je-
fes y oficiales que mereciesen desconfianza J é
inspirando al soldado los sentimientos de dis-
ciplina y de amor al monarca. Lejos 'de em-
prender este rumbo J insistieron en la marcha
apática que siemprehabian seguido.


Propalábase que el infante jeneralísimo,
correría á ponerse á la cabeza del ejército de
Andalucía para que su presencia, escitando el
entusiasmo en las filas de los realistas, contu-
viese á I,Os .que intentasen pasarse á la bandera




25
de la libertad. Jeneralmente se creia que si el
príncipe hablaba á les sitiados ,si dejaba esca-
par del reino á las cabezas principales del le-
vantamiento, los demás entregarian las armas
antes de espirar el mes de enero, quedando
de este modo apagada la tea, de la discordia sin
disparar un tiro de fusil.


Mas los pueblos y las tropas se familiariza-
ron con los liberales de la isla de Leon: el es..
piritu de partido, el deseo de un cambio poli-
tico , engrandecian á los jefes que los dirijian,
y hacia n admirar sus proyectos: la revolución,
pal'a decirlo de una vez, se alimentaba con la
falta de enerjía y las oscilaciones del ministe-
rio , cuya silla de estado y presidencia ocupaba
entonces el duque de san Fernando. Los libera-
les encargados de levantar las provincias traba-
jaban casi abiertamente, á la luz del dia, y su
actividad se redoblaba á proporcion que crecia
la penuria de sus compañeros de la isla, por-
que vivian convencidos de que abandonados és-
tos á sus propios recursos, no tardarian en su-
cumbir. Las autoridades perrnanecian ciegas y
sordas, cual si contribuyesen con todas sus fuer-
zas á aplicar la palanca que iba á derrocar el
órden del gobierno establecido, participando
asi de la especie de letargo en que habian ya-
cido , en que yacian aun los ministros. La única




26
señal de vida qne habian dado, consistía en el
desordenado é impolítico envio de tropas á las
orillas del Betis, despreciando en su irnprevi-
sien las medidas tan imperiosamente reclama-
das por las circunstancias. Así brilló el 21 de
febrero, en cuyo dia resonó el grito de Cons-
titucion en la Coruña. Si los esfuerzos del ban-
do liberal para divertir la atención fija en los
sitiados de la isla, eran públicos y conocidos
en todas partes, rayaban en evidencia en la ca-
pital de Galicia, donde ninguno, por decirlo
asi , ignoraba de antemano lo que iba á .suce-
der. Allí habia estallado el movimiento de 1815,
á cuya frente Se colocó el mariscal de campo
don Juan Diuz Porlier, que logró apoderarse de
las personas del capitán [eneral y del goberna-
dor. Parecía qua esta sorpresa debia ser una
mancha para las autoridades, culpables al me-
1l0S de falta de vijilancia , culpables de ignorar
lo que pasaha á su lado: no obstante el gobier-
no no les hizo cargo alguno, y frustrados Jos
proyectos de Porlier , el capitán [eneral y el
gobernador salieron de la cárcel para recobrar
su destino. La esperieucia ha les dió tampoco
mas previsión , y el hilo de la trama se ató otra
vez á sus propios ojos con indicios que clara-
mente descubrian que iba á verificarse de nue-
vo el movimiento, y las señales se repitieron




27
en distintas ocasiones antes de 1820. Y era tal
Ia modorra" de los secretarios del despacho, que
conservaban en empleos de tanta importancia
á hombres que acababan de dar tan pal pables
pruebas de su incapacidad para desempeñarlos,


Apesar de los preparativos de los liberales,
únicamente algunos oficiales y soldados toma-
ron parle en la revuelta de la Coruña ,procla-
mando el código político de 1812. Encarcela-
ron al capitán jeneral ,al gobernador y á otros
muchos jefes, y la fortuna salvó al segundo
caho, que tantas veces hahia desempeñado el
mando superior en ausencia del capitan [ene-
ral. Debia, pues, haber tomado un acuerdo
vigoroso, haberse presentado en los cuarteles
para estorbar que la fuerza armada olvidase sus
deberes, ó al meDOS retirarse á un punto don-
de pudiesen reunirse los cuerpos diseminados
por la provmcia , como igualmente los .reji-
mientes de milicias provinciales, Y en vez de
llenar su obligacion, de resistir al movimien-
to por uno de estos medios, cometió el jene-
ral la increíble imprudencia de presentarse á
los pronunciados para que le arrestasen, cual
si en los casos espinosos bastase á un oficial [e-
neral , á una autoridad de su esfera, no tomar
parle enla revolucion!


La noticia de haberse proclamado el eé-




Z8
digo político de J812 en la Coruña, llegó vo-
landa al Ferrol J y fue hl señal para' los amigos
de la libertad que siguieron el ejemplo de la
capital de la provincia, in cuanto á las auto·
ridades no adoptaron precauciones fuertes, ni
reunieron las tropas, ni hablaron á los sol-
dados, ni el gobernador se' sintió con fuerzas,
hasta e\ 23 de febrero en que se publicó la
COllstitucioll J para mas que para dejarse pren-
der en su casa, sucediendo otro tanto en Vigo.
El comandante jencral_de Santiago, conde de
San Roman , se declaró á favor del gobierno, y
reasumió el mando de Galicia , poniendo sobre
las armas los rejimientos de milicias provincia.
les y reuniendo algunos soldados viejos. No obs-
tante la imposibilidad en que se hallaban los
liberales de enviar quinientos hombres contra
Santiago, aun cuando hiciesen Jos mayores es-
fuerzas, el nuevo jeneral acordó en los prime-
ros momentos de turbación retirarse á Orense,
que dista veinte y cinco leguas de la Coru[]a.
Los habitantes y los soldados que habian per-
manecido fieles al rey, debieron formarse una
idea ecsojerada de los recursos y de las fuerzas
de la iusurreccion , al ver que el jeneral aban-
donaba la ciudad mas rica y Ola'! populosa de
Galicia , al mismo tiempo que los' levanta-
dos, de cuyas banderas hubierandesertado DU·




29
merosos individuos si les hubiesen opuesto re-
sistencia, lograron persuadirles con la fuga
del conde que no debian temer cosa alguna de
sus contrarios.


Entraron los liberales en Santiago, y la de-
bilidad de sus fuer~as les obliaó á permanecer
algunos dias en aquella ciudad donde apenas se
creian seguros. En el entretanto, el nuevo ca-
pitan jeueral reuuia en Orense diversos desta-
camentos de tropas de Iinea , y cinco batallo-
nes de milicias provinciales: hallábanse igual.
mente dispuestos á secundar sus deseos otros
des rejimientos, un batallon de infanteria y
distintos escuadrones. Verdad es que muchos
individuos de las milicias provinciales enrecian
de armas ,y que no tan fácilmente puede es-
cusarse la neglijeneia del gobierno y de las au-
torirlarles superiores, en no facilitar el arma-
mento á un 'cuerpo con cuya fidelidad contaba.
Sirva semejante descuido de prueba del desór-
den que reinaba en todos los ramos de 19 pú..
hlica adrninistracion, Sin embargo, no cabe
duda en que las fuerzas del capitan jeneral eran
imponentes, y aunque formadas en mucha
parte de las milicias provinciales, todos los ofi-
ciales, esceptuando algunos subtenientes, y ca-
si todos los soldados, habian peleado denoda-
damente en la gloriosa guerra de la indepen-




30
dencia. Contábanse ya sobre las armas diez be-
llas cornpeñias de granaderos,- y de un mo-
mento á otro iba' á verificarse la reunion de
otras nuevas: ¿y que podian oponer á ellas
los que habían dado el grito de Constitución?
Ochocientos hombres escasos, la mayor parte
reclutas, que no inspiraban confianza bajo nin-
gun concepto. Mas los liberales alentados con
su primer triunfo" tomaron el partido de mar-
char sobre Orense , porque conocían que úni-
camenteá fuerza de actividad y de movimien-
to podian esperar un écsito dichoso, y conser-
var en las filas á los soldados. El conde de San
Roman no solo contaba Con una grande supe-
rioridad de hombres, sino que ocupaba al pro-
pio tiempo una situación muy ventajosa ~ te-
niendo sus contrarios para atacarle que pasar el
Miño, que corre al pie de las murallas de Oren-
se, y que viniendo entonces muy hinchado no
ofreciavado alguno, distando de allí el puente
mas inmediato diez leguas.


Todas estas consideraciones no bastaron
para que el capitán jeneral conservase su pues-
to ; y Se retiró por el contrario á Castilla, sen-
tando los reales en Benavente , situado á la dis-
tancia de cuarenta leguas de Orense. Asi un pu-
ñado de hombres que habían levantado el es-
tandarte de la libertad de la patria, sin disparar,




31
por decirlo asi , un solo tiro de fusil, empujó
delante tropas cinco veces masnumerosas , y
todo el reino de Galicia ,que equivale por su
estension á la séptima parte de España, se so-
metió á sus banderas, permaneciendo entera-
mente pasiva la población y sin tomar parte al-
guna en la querella. Me he detenido de propó-
sito en analizar los principios de la revolucion
de Galicia , para dar una idea ecsacta de la nin-
guna resistencia opuesta por las autoridades, y
del estado en que se hallaba la nacion , Imposible
es que semejante escándalo se hubiese verifica-
do, sino hubiera sido jeneral en todas las cla-
ses, el deseo de un cambio político. Los scorr-
tecimientos sobrevenidos en Galicia produjeron
sumo efecto en la capital de la monarquía, y
el gobierno, aturdido con la sorpresa, comen-
zó á transijir con la revuelta ofreciendo reunir
córtes por estamentos, que eran la representa-
cion nacional de la antigua España, Componían-
se de diputados de la nobleza , del clero Y. de
las ciudades, y formaban Una especie de esta-
dos jenerales en una sola cámara. No hubo des-
'de este momento español ilustrado á quien acorn-
pañase la prudencia, que 110 viese llegado el
término del órden de cosas ecsistente , por-
que un gobierno que comienza por ceder el
terreno á la vista de las conspiraciones, piérde-




32
se sin recurso. El decreto que prometia con-
vocal' córtes por estamentos á nadie satisfizo,
porque los revolucionarios se habían fijado en
la Constilucion de 1812 , Y los defensores del
viejo despotismo creían importuno y aun in-
significante la promesa de la asamblea nacio-
nal , puesto que en el decreto de 4 de mayo de
1814 , en que se anuló la Constitucion gadita-
na, Se consignaba igual oferta de convocar cór-
tes, la cual se habia despreciado y no cum-
plido. '


Los liberales de la capital, estimulados por
la debilidad é impericia de los gobernantes,
trabajaron abiertamente en la mudanza del sis-
tema político, y el 7 de marzo prometió el
rey que juraria el código de Cádiz. Por un con-
CUrSO de circunstancias digno de estudiarse, el
mismo [eneral , llamado á Madrid por el rey
para salvar la monarquía absoluta, don Fran-
cisco Ballesteros, llegó en el momento críti-
co., sin mas tiempo que para decir al monarca
que era preciso prestar el juramento á la Cons-
titucion , y por una circunstancia no menos es-
traña, Fernando juró la Constitución el 9 de
.marzo cuando los sitiados de la isla de Leon
habian llegado al último apuro; cuando la co-
Iurnna de Riego, reducida apenas á doscientos
hombres, se veia en la necesidad de disolverse




33
el l' de marzo, y cuando la guarnicion de Cá..
diz pronunciándose abiertamente á favor de la
tiranía, se oponía de un modo sangriento á que
se proclamase en el puerto la Constitución de
'812.


El gobierno y las autoridades de la capital
no desplegaron en' los lances apurados, mas
enerjia , mas decision que la que mostraron sus
subalternos en las provincias. Parece verdade-
ramente increible que llegasen á tan alto punto
la inacción y la ineptitud: la guarnicion de Ma-
drid se componia de dos rejimieutos de infan-
tería de la guardia real, de los que era coronel
el famoso duque del Infantado, del numeroso
cuerpo de caballería de los guardias de corps,
de dos rejimientos de infantería y otros tantos
de caballería, y de un escuadrón de artillería
volante. La infanteria de la guardia real aseen-
dia á cuatro mil hombres de hermosas y aguer-
ridas tropas; y posteriores acontecimientos de-
mostraron con el tiempo el espíritu que anima..
ha á los soldados .. á los guardias de corps , y en
[eneral á todos los individuos de la guarniciono
¿Que hizo, pues, el ministerio, no digo yo pa-
ra empeñar las tropas en que se .mantuviesen
firmes en su deber, sino únicamente para inda-
gar los sentimientos , las ideas que dominaban
los cuerpos? ... A~solutamente nada. En vez




34
de aconsejar al monarca que hablaseásu guar-.
dia, que testificase á los soldados de un modo
significativo que no queria oir hablar sin con-
diciones de la mudanza que se preparaba por.
medios revolucionarios; en vez de encargar á
personas de confianza que visitasen los cuarte-
les, que velasen sobre la conducta de los [ene-
rales, de los [efes de los cuerpos, de los ofi-
ciales; en vez de disipar con la fuerza, sino ce-
dian al convencimiento los grupos que se pre-
sentaban cnla plazuela de palacio, coutentóse
el minister-io con reunir en medio de la crisis
que habia comenzado, á los jefes de la fuerza
armada, que jeneralmente le dieron matas res-
puestas, y desde entonces por un aturdimien-
to indefinible reinaron la inaccion y la negli-
[encía. Siempre son medios poco agradables
para los motines un rey que debia haber toma-
do por sí el acuerdo de conceder la libertad
alpueblo, y no ceder á los gritos y á las ame-
nazas, Díjose entonces, que el medio mas po-
deroso empleado para determinarle á abrazar
este partido, fue presentar á S. M. una lista de
los, oficiales de la guardia que eotraban en la
conspiracionc La lista distaba mucho de la au-
teuticidad; masaun cuando hubierasiclo verda-
dera "no era imposible arrestará algunos de los
jefes en elladesiguados , alejar á-otros yallllis-




• 35
mo tiempo proclamar la libertad para demos-
trar que el gobierno no cedia á las amenazas,
sino que ele su propio grado entraba en el ca-
mino de las reformas justas. LY como los coro-
neles y comandantes de batallon , de cuya clase
apenas contenía un solo nombre la lista , po-
dian ignorar la trama urdida por sus subalter-
nos y por la tropa, si lIeuaban la mas mínima
parte de sus deberes? El hecho es que los sol-
dados de la guardia y los demas de la guarni-
cion se sorprendieron con la noticia de que el
rey habia jurado la Constitucion , como igual-
mente los criados y empleados de palacio. No
cave duda en que la menor demostracion de
firmeza por parte de las autoridades hubiera
desconcertado á corto número de turbulentos
que habia en Madrid, y que no se contentaban·
con el cambio de sistema sino lo conseguian
por la via de la revoluciono Pero tengamos pl'e-
sente , y no olvidemos en los sucesos posterio...,
res, que mas culpa tuvieron en el juramento
del rey á la Constitucion el gobierno y las au-
toridades, que por desidia no contuvieron el
ímpetu popular, que no los mismos jefes y ca-
hezas de motin. Ni la tranquilidad pública se
hubiera alterado en Madrid, ni hubieran puesLo
en manos del monarca peticiones de esta clase
sino hubieran contado Iosprcmesedores con la




36 •
lijereza, la nulidad de los que gobernaban el ti.
mon del estado, y un solo batallon de guardias
hubiera bastado para que todo volviese á entrar
en el carril del órden , aun el mismo dia 7 de
marzo, y huhiérase seguido la sumisión de la is-
la de Lean. Disolvióse, como .llevamos dicho,
la columna de Riego el 1J de marzo, y las tro-
pas realistas que se hallaban en Benavente po-
dian marchar al instante sobre la Coruña, segu.
ras de no tropezar con graves obstáculos en el
camino: luego las insurrecciones militares, co-
mo dicen los estranjeros , no obligaron á Fer-
nando á someterse al juramento que se le ecsi-
jia. Una vez disipada la terrible tormenta sus-
citada por la inercia, por la incapacidad de los
gobernantes, el trono podia ocuparse seriamen-
te en conciliar los espíritus J ahogar los partidos
y establecer un sistema de gobierno mas análo-
go á las necesidades de los pueblos. LA quien
debe acusar la historia de que no aconteciese
asi , de que no se evitasen y precaviesen los nu-
merosos males que abrumaron, y que todavia
abruman á la desventurada España 1


No trato de discul par á los autores de la re-
vuelta: el que destruye un gobierno, sea el que
fuere, con las armas en la mano, aunque estin-
ga la .tirania y siembre la libertad para los siglos
futuros, prepara males sin término á .la [enera-




31
cion presente: pero los hechos acusan tambien
de la manera mas grave al gobierno que come-
te tan enormes faltas, que se conduce con tan
poco criterio y que manifiesta no tener enerjía,
Ecsisten sin duda hijos ingratos, que la educa-
cion y el buen ejemplo de los padres no alean-
zan á guiar á la virtud; sobre ellos solos debe
caer el odio á las malas acciones; mas si única-
mente se ven en la casa paterna la indolencia,
la impericia, 108 'malos ejemplos; si' falta á los
hijos lo necesario, sino se pone freno alguno á
sus caprichos y á sus pasiones; los vicios que
Jos deshonran, los crímenes de que se cubren
caen también con todo su peso sobre la cabeza
de los padres imprudentes, considerados como
los autores principales de su mala conducta. Si
Ja comparación de un monarca con un padre
es ecsacta , jamás se aplica con mas verdad que
cuando se trata del ejército, compuesto casi
todo de [óvenes que solo se someten á la disci-
plina. Cuando el gobierno y las autoridades Con-
sienten que aquella se relaje, cuando se abre la
puert.a al ocio J cuando Se dan justos motivos de
descontento, cuando la debilidad y la apatía
son las cualidades distintivas de los ministros,
l que estraño es que la juventud se estravie y
que naciones enteras sean víctimas de su fre-
nesí?


1'OMO U. 4




PRIMER MINISTERIO
C01TSTIT't10IOllAL.


Cuando el rey hubo prestado juramento á
la Constitución de JS12 , los pueblos y las tro-
pas que hahian permanecido fieles al gobier-
no absoluto siguieron su ejemplo. Por amargos
que hayan sido los frutos de aquel juramento, y
por mas esfuerzos que Se hayan intentado para
hacer creer que la violencia lo arrancó á todos
los españoles , no debe pasarse en silencio la ale--
gria universal esparcida con la nueva del parti-:




39
dotomado por el monarca, porque muy pocas
personas conocían que la Constitucion adolecía
de defectos esenciales, capaces de alterar el
principio monárquico del gobierno. El pueblo
y el ejército rejidos por la Constitución duran-
te los diez y ocho meses que precedieron á la
vuelta de Francia de Fernando VII, se ocupa-
han entonces de la guerra mas que de materias
políticas, y no habian tenido tiempo para ecsa-
minar sus lunares. Amás faltaba ensayar la par..
le mas importante r.le la Constitucion, porque
el rey encontrábase ausente y solo ecsistia un
consejo de rejencia al que las córtes habían Con.
cedido una débil ráfaga de la autoridad atribui-
da porla ley al monarca. La cuestion no versa.
ha de modo alguno sobre las doctrinas buenas ó
malas de la Constitucion , ni se trataba tampoco
de su análisis, porque la mayor parte de los que
trabajaron en su restablecimiento no la habian
leido, ni mucho menos la inmensa mayoría de
la nación. Deseábase sobre todo la destrúccion
de un gobierno débil, impotente, para lJbrir la
carrera al espíritu de reforma que a jitaba á las
masas.


Por otra parte desde )08 primeros diss de
enero de 1820 hasta que el rey juró el código
gaditano, y particularmente en los últimos dias
de febrero yen el principio de marzo en qqe se




40
multiplicaron las conspiraciones contra la odio-
sa tirania , la-nacion entera vivía en una alarma
continua, y el mal habia llegado á tal punto
que parecía difícil salir del abismo sin remedios
sangrientos, y la guerra civil con todos sus hor-
rores presentáhase entonces sin cesar á los ojos
de los españoles. La condescendencia del rey
desvaneció la borrasca, y la muchedumbre poco
previsora, y que apeDas se inquieta por los in-
fortunios remotos, gozóse al verse libre de los
peligros que juzgaba tan cercanos.


Podemos reducir á tres clases los desconten-
tos de aquella época: los hombres mas ilustra-
dos y mas prudentes que conocian no solamen-
te los defectos de la Constitución jurada sino
que adivinaban tambien que no se observaria,
porque faltaban al gobierno la prevision y la
enerjía necesarias para someter al nuevo órden
de cosas que se babia proclamado el espíritu de
bulliciosa sedición que acababa de destruir el
gobier'no anterior: en segundo lugar entraban
los enemigos de toda mudanza, porque temían
los riesgos que corrían sus intereses privados:
y finalmente algunos revolucionarios que al ver
destruido el despotismo sin haber conseguido
los restos de sus despojos, consideraban las ven-
tajas que les hubiera proporcionado la guerra
civilescitada por la negativa del monarca á




41
prestar el juramento ecsijido. El primer cuida.
do de los gobernantes debia ser atraer á sí á las
dos primeras clases de descontentos, dando á
la una la esperanza de modificar la Constitu-
cion y á la otra la seguridad de que se respeta-
rian las propiedades de todo jénero : debian al
propio tiempo no perder nunca de vista á los
anarquistas ,que formaban la tercera clase, para
reprimir sus proyectos.


Derrocada la tirania y jurada por S. M. la
Constitucion promulgada en 1812, los secreta-
riosdel despacho que hablan servido al absolutis-
mo.. desocuparon sus sillas y sentáronse enellas
los hombres que Olas perseguidos habian sidoen
1814 por sus opiniones. Eran estos D. Evaristo
Perez de Castro que entró en la secretaría de
Estado, D. Manuel García Herreros.en la de
Gracia y Justicia, D. José Canga Argüelles en
la de Haciencia , D. Agustin Argüelles en, .la.de
la Gobernacion, el marqués de las Amarill<,ls en,
la de Guerra, D. Juan Jabat en la de Marina .1
D. Antonio Porcel en la de Ultrarnar-, Algunos
salieron de . los presidios para encargarse del
ministerio , 1 como llevaban escritos en el co-
rason sus agravios, pareció que se arrancaban
las riendas del gobierno de las manos de un
partido para entregarlas á otro, como habia
acontecido .tiempo atrás, y. como en efecto se




42
verificó ahora. Los nuevos ministros no se Ola;'
nifestaron perseguidores , pero hicieron alarde
de una obscinacion de principios que produjo
las mas funestas consecuencias. Por otro lado
era imposible (lue Fernando tuviese confianza
en unos sugetos á quienes solamente conocía
por QI retrato desventajoso que de ellos le ha-
hian hecho sus enemigos en 1814; Y era igual.
mente imposible que los ministros recien nom-
brados sintiesen el respeto y el afecto necesario
á un monarca, pr"lr cuyas arbitrarias órdenes
acababan de sufrir tantas y tan recientes desgra-
cias: porque tampoco podrian tener gr3tlluJal
rey por Su nueva elevación debida á las circuns-
tancias yde ningún modo á su libre alhedrio,
Así eltimon-de la deshecha y combatidanave del
estado, pasó á la diestra de unos secretarios de
opiniones enteramente populares, cuando se ne-
cesitaba que velasen por el sostenimiento de la
autoridad real y que 'la conservasen con enerjía.
Cuatro meses trascurrieron desde el iuramentó
del príncipe hasta la instalacion de las córtes,
y en este espacio de tiempo goberuáronse algu.
nas provincias por juntas que se nombraron"
habiéndose establecido en la capital de la 010"
narquia la titulada junta provisional, á la qú~
consultaba el ministerio sobre' too05 '105 asuntos
importantes. Hallóse la autcridadcómn suspen-




43
dida de hecho, reinó la confusion en algunos
puntos, yen aquella especie de interregno rnul-
tiplicáronse los anarquistas, que á la sombra de
5US nuevas doctrinas llevaban el objeto de apode-
rarse de los empleos. En esta época aparecieron
las sociedades patrióticas, de las que algunas
se establecieron con el noble objeto de dirijir
el espíritu público; pero que atrajeron á 8U seno
á los ociosos de todos los pueblos: el deseo de
distinguirse, de discutir las cuestiones mas im-
portantes, se convirtió algunas veces en una
especie de furor, y la moderacion , la pruden-
cia y el saber cedieron el terreno en estas socie-
dades á la ambicion y á la violencia. De la dis-
cusion de los objetos de interés [eueral pasóse á
tratar en la sociedad patriótica de la córte, del
gobierno, de las pelson3S que lo componían,
y luego de los empleados subalternos, en los
que se buscaban motivos de reprobacion, por-
que se queria destituirlos para conceder su
puesto á los declamadores ó á sus amigos. Vió-
se entonces con escándalo á una diputacion del
seno de aquella presentarse en el real palacio
pidiendo la destitucion del ministro de la Guer-
ra, marqués de las Amarillas; viéronse moti-
nes promovidos en la misma , y vióse el en-
sayo de todo Jo que ha sufrido en los años pos-
teriores por consecuencia del desórden , la des-




44
venturada España. Así se debilitaba poco ~ po.
co el nuevo gobierno precisamente en los mo-
mentos en que debia desplegar Ia mayor fir-
meza para someter y contener los elementos de
anarquía, que acababan de destruir al viejo des-
potismo y á los amigos que lo habían defen-
dido, para cimentar sobre su triunfo la hermo-
sa libertad de la patria.


Instaláronse las córtes por fin, compuestas
en mucha parte de los individuos de la asamblea
estraordinaria de Cádiz y de otros miembros
moderados. He dicho que por la obstinacion
de sus principios el ministerio parecia pertene-
cer en [eneral á un partido , y la misma obser-
vacion puede aplicarse hasta cierto punto á al-
gunos diputados: satisfechos estos de la Cons-
titucion porque era obra sUJa, creidos otros de
que carecia de defectos, ó pensando que no habia
llegado todavía el momento de revisar sus ar-
tículos, defendiéronla todos con entusiasmo y
declararon intempestivo, impolítico, criminal
el proponer en ella la menor reforma por útil
que fuese, El congreso dió principio á sus tra-
bajos con [a firme resolución de mantener el
código de Cádiz , en la forma misma que babia
salido de las manos de las córtes estraordina-
rías , y en este acuerdo unióse el ministerio á la
asamblea.




45
Pronto decayeron las córtesen la opinión


de los partidos que handerizaban la España,
Los ecsaltados que se habian imajinado que el
congreso ordenaría en el momento todos los
ramos de la adrninistracion , y que vieron tras-
currido el primer mes de sus sesiones sin haber
determinado algun asunto de importancia , CO~
menzaron á quejarse de que los decretos no 110-
vian á docenas, si me es permitido esplicarrne
así, y de que no hacia n desa parecer has!a los
vesnjios del réjirnen abolido. El partido juicioso,
por el contrario, que solo veía en la revolución
peligros y desastres, escuchó con horror algu-
nas proposiciones hechas en las córtes; y sus
jefes Se imajinaron que se trataba de precipitar
las reformas, y por consiguiente de desconten-
tar una gran parte de la nacion , al propio tiem-
po que se inflamaría la amhicion y la avaricia
de otra parte no menos numerosa. Entonces
tuvooríjen la malhadada division entre los lihe-
rales de 1812 y los liberales de 1820: á los pri-
meros pertenecian los· autores de la Constitu-
cion perseguidos á la vuelta de Fernando; y á
los segundos cuantos habian conspirado en el
trascurso. de los seis años para restablecerla.
Pregonaban estas que eran ellos los únicos libe-
rales, y que los hombres de 1812 eran [entes
sin prevision ni enerjía , que se dejaron encar-




46
celar y destruir el código político de Cádiz, sin
oponer resistencia á sus enemigos, y que hil-
hiendo satisfecho su ambicion con la entrada
en el ministerio y en la diputacion de las CÓ1'-
tee , habianse hecho moderados y paralizaban
las ruedas de la revoluciono Los liberales de
1812 echaban en cara á sus antagonistas, que
todas sus demostraciones tendian á la anarquía,
y que atentaban contra la misma Constitucion
que se alababan de haber restablecido. Mas el
gobierno y las córtes temian una reaccion del
partido absolutista, y creían político y necesa-
rio usar de tolerancia con los que habían der-
rocado la tiranía, y que manifestaban la reso-
lucion de defender el nuevo sistema por ecsa-
[eradas que fueran la"! consecuencias á que con-
dujesen los principios sancionados. Ellbando
ecsaltado se engrosó de un modo estraordinario
con los pretendientes desatendidos, con todos
los hombres turbulentos que contaba España,
y pronto rompió los diques que le contenian;
sus periódicos mas furibundos, sus tribunos de
las sociedades atacaron, insultaron á los minis-'
tras, hablaron mal de la asamblea lejislativa y
del mismo monarca el). Los jefes del levan-


- (1) Uno de los prjuc]palés motivos-yeiuo es el




41
tamiento de la isla de Leon ascendidos ~ [enera-
les, habian formado, jurada la Cc~.stitucioll por
el I"f"Y, un cuerpo de ejército compuesto de Jos
individuos que los habiau seguido, y de otros
batallones que no habian tomado parte en los
sucesos políticos, queriendo más hien aumentar
sus fuerzas que ponerse al frente de las únicas
tropas que les habian sido fieles. Elite cuerpo,
al que prodigó el ministerio los grados J las
gratificaciones, se convirtió después en foco de
ecsijencias al gobierno, y en punto de apoyo


único que nos ha obligado á publicar esta obra, es
la rapidez con que la ecsajeracion de lr.s principios'
ha su scitado de lluevo en España la· antigua y fu-
nesta lucha de los liberales los unos:contra los ntros,
si todos mereceu el nombre de libe ra les, 01vida dos
de los tristes resultados de tan <lciaga lucha, atácause
con encarnizamiento y por [todos los meclios nobles
ó ilJllohles, y aun qlliz~li con mas furor que en la
época de los tres años. Las consecuencias podrán ser
setnej antes y quizás peores, á ca nsa de q!le la reac ..
cion seria mucho mas violenta y qne la libertad se
perderia paramucho tiempo: siempre trabajaré por
e,vitar tan amarguísimos dias, y, sostener el gobie ..-
I~,~ representativo, del que dependen la dicha y la
prosperidad {lela patria. Los lectores imparciales
JlO necesitan que dé mayor eslension á estas" r'etle'c;..
sienes.




48
del partido.estremo , con lo que puso á los se-
cretariosdel ..lespaeho en la necesidad de disol-
verlo como inútil, procurando diseminar en
las guarniciones las fuerzas de que se com-
ponia; En vano representaron cuando recibie-
ron las primeras órdenes, en vano opusieron
dificultades é inventaron pretestos; porque el
ministerio, firme en su acuerdo, lo coucedia
todo aun á costa de los mayores sacrificios, in-
sistiendo siempre en la órden de disolver aquel
ejército.


Los jefes de la isla de Leon, forzados á so-
meterse al decreto del gobierno ó á declararse
contra los ministros y contra el congreso que
los sostenia , tomaron el partido de enviar á
Madrid á don Rafael del Riego, que habia em-
puñado el mando supremo en ausencia de Qui-
roga, nombrado diputado de la asamblea Da-
cional. Difícil es formarse una idea ecsacta de
la arrogancia y envanecimiento conque el ines-
perto jóven se presentó en la capital de la roo-
narquia al rey y á los ministros; porque para
cabeza de una revolucion faltábaule la doblez,
la astucia, la sangre fria y la incansable previ..
sionconque se domina á los hombres y á los
acontecimientos. Con un corazon jeneroso y la
mente ecsaltada con el incienso que no cesaban
de quemar á sus pies los que se llamaban sus




49
partidarios, y entre quienes habia algunos ven-
didos á la corte, y ensobervecido con la espe-
cie de ovacionque aquellos habían preparado
para que recorriese las calles de Madrid en
triunfo, atrevióse á todo ': y si el buen senti-
do de la guarnicion y de la milicia nacional
compuesta entonces dé propietarios amigos del
órden, no hubiera sido un obstáculo invenci-
ble, el nombre de Riego hubiera servido de
pretesto á los jenios inquietos para herir de
muerte la misma Constitucion, que con tanto sr-
dor habían proclamado algunos meses antes (1).


(1) Apesar de los lunar~s que encontramos en la
conducta y en el carácter del jeneral Riego, el his-
toriador imparcial no debe pasar en silencio 8U~ hoe.
nas cualidades. No se crea que este testimonio es
un puro tributo de compasion á '0 trájico fiu: siem e
pre estuve convencido de que el desgraciado jóven
foé víctima de los consejos de los que siniestramente
se llamaban amigos BOYaS, y no de su propenaion na-
natural,


Nacido en Oviedo de una familia noble, aunque
poco halagada por la fortuna ,entró en el servicio
de las armas en el cuerpo de guardias de Corps , don.
de permaneció hasta fines de 1808, época en que se
destruyó aquel cuerpo á consecuencia de la invasion
francesa y de la dispersion y destronamiento de la
fa.w.ilia real. l\ieso sisuió el ejemplo de todos sus




SO
Triunfó sin embargo el gobierno, aunque no


sin haber dado pruebas evidentes del temor que
le inspiraban sus enemigos. Disolvióse el ejérci-
to de la Isla y fijóse la residencia de Riego en las
Asturias; mas no alcanzaron los ministros á des-
truir el impulso que 'habia dadoal partido ee",:
saltado , ni ~el descontento de Jos hombres jui-
ciosos de la capital que se alarmaron al obser-
var que el héroe principal 'de la revolucion,
como le. llamaban sus apasionados ,era un lÓ.
ven sin esperiencia á quien querian desacreditar
Jos adletas ocultos. de la tiranía, sin ideas fijas


eompañeros 6 de la ma }'or parte , esto es, se presen-
tó á la junta provincial mas inmediata y pidió que
le colocasen en el ejército para defender la bandera
de la iudependenci s de la patria. Nombrárónle te-
nienteen un rejimiento de infantería, en el que sirvió
con zelo y arrojo hasta que le hicieron prisionero y
le cornlujer-on á Francia, en cuyo suelo permane-
ció hasta la paz jeneral de Europa. Allí leyó varios
libros y adquirió el barniz de la instruccion ~ que le
hubiese sido mas ventajosa si hubiera recaído sobre
ú'na primera educacion mas esmerada. Cuando re.
gres6 á España, iucorporaronle en el rejimiento de
Asturias, donde con el tiempo ascendió á capjtan¡
y componiendo después su rejimiento parte de la es-
pedicion de América, obtuvo segun la costumbre
establecida en Espa,ña , el grado superior de coman-




51
Y juguete de algunos intrigantes que abusa~an
de su imprudencia y del amor propio lisonjea-
do. Los malos resultados que produjo la aparj-
cion de Riego en la córte, fueron quizás supe·
riores á los que pudiera haber causado mandan.
do el e\ército disuelto. Mientras que caminaba á
su destierro de Asturias, las sociedades patrió-
ticas resonaban con sus elojios y con las decla-
maciones mas violentas contra el ministerio y
contra la asamblea nacional ,prestando de este
modo armas á los serviles para desacreditar las
formas representativas, con solo reproducir las


dantecomotodos los oficiales que se embarcaban COIl
rumbo á las colonias.


Riego era pues comandante del segundo batalíon
de Asturias, cuando estalló el lev nnt arnieuto llama ..
do de la Isla de Leon ó de las Cabezas, Claro está
que Riego no habia concertado ni formado el pro-
yecto, sino otros individuos que apartados Jel peli-
gro y de la responsabilidad de las resultas, ponian
en juego dóciles instrumentos. No obstante los pro-
movedores elijieroll á Riego para la parte mas dificil
y peligrosa de fa empresa, tille era marchar con su.
hatallon y el de Sevilla á Arcos de la frontera, para,
sorprender el cuartel jeneral y arrestar al jeneral en
jefe y á todo el Estado mayor. Tan delicada eomisiou
J mas aun el écsito que la coronó, prueban y corro-,
boran la justa opicion que sus compañeros hahian




52
s&tiras y los argumentos de losmismosliberes
les, Numerosos g'rupos recorrían las calles, pa-
rábanse en los sitios mas públicos y ecsaltában
á Riego quejándose de las injusticias cometidas
en su persona. Los secretarios del despacho
conteut.ironse cou suefimero triunfo, y deja-
ron gt'ilat' y arengar contra sus providencias sin
mas precauciones que poner á cada instante la
guarniciou sobre las armas, pero sin mandar
despejar [as calles, ni dispersar los grupos, y
únicamente con el oLjeto de impedir una suble-
vacion [eneral, Los vociferadores se familiari-


formado de su valor , y la confianza qtle les había
inspirado. No coutento con llenar el objeto pr inei «
pal de que se habia encargado, suplió con su arrojo
y con sus buenas combinaciones la tardanza del ba-
tallon de Sevilla, causada por el mal tiempo, y se
atrajo el batallen de gnias del jeneral y marchando
á su cabeza sorprendió en Bornos el batallon de
Aragon qne se hallaba allí acantonado. Riegopasé
de Bornos á Jerez de la Frontera, al puerto de San-
ta María y en fin á la Isla de Leon , conduciendo
siem¡lre los. prisioneros en su compañía, los que de-
positó eu un castillo, sin haberles hecho esperí-,
mentar, y menos á persona alguna , insultos ni ma-
los tr-atos.


Es cierto que solo Riego habia dado un aspecto
imponente al Ievantamiento , mientras que Quiroga




53
zaron con la tropa, los soldados seacostumbra-
ron á los grites sediciosos sin tener órden de
arrestar á los que los proferian; de suerte que
los motines no temían á la fuerza armada, y la
fuerza armada no miraba ya como criminales
los desórdenes tantas veces y Con tanta impuni-
dad repetidos.


Después de la llegada de Biego á Madrid, ere-
ció la ajitacion, y hasta en el seno mismo de la
asamblea nacional notóse una turbulencia des-
conocida hasta entonces: hiciéronse proposicio-
nes alarmantes que algunos diputados sostuvie-
ron: hubiérase dicho que estos representantes
del pueblo, ansiosos de precipitar la revolucion ,
habían arrojado la máscara. La conducta del


á quien ha bian nombrado jenera I porque era coro-
nel, no hizo otra cosa que desgraciar la tplltatil'a
sobre Cádiz como hemos visto. Debrése tambien á
Eiego la desercio n del rejimiento de Canarias y la
de uua brigada de artillería que venian de Osuna, y
a (as que dió á entender que la nacion entera S8
habia declarado á favor de la revoluciono


Riego dueíio de estas fuerzas osó arriesgar el
ataque de la célebre cortadura de Cádiz , de que no
pullo apederarse y donde recibió una fuerte contu.,
sien cayendo de la muralla. Apenas restablecido en_
carg6se de otra comisiou muchc mas difícil y arries;


TOM. II. 5




54
ministerio probaba hasta la evidencia que no
reunia la prudencia y el vigor , necesarios para
cimentar el órden público, porque si habia
dictado las medidas relativas á Riego y al ejér-
cito de la isla de Leon , tambien satisfacía las
ecsijencias de los descontentos separando al mi.
nistro de la guerra marqués de las Amarillas,
el único [eneral quizás que era capaz en aquella
época de organizar el ejército y restablecer la
disciplina. Los secretarios del despacho inrno-
laban así el interés público y su propia conve-
niencia al deseo de conservar la popularidad, y
contentábanse con paliativos cuando las cir-
cunstancias ecsijian medidas fuertes, vigorosas
y enérjicas. El gobierno nunca se esplicó con


gada que la primera: tratábase de ponerse á la fren-
te de una columna móvil para procurarse víveres y
sublevar las prov incias vecinas. Indiqué ya el oin.
gun resultado de este paseo militar á causa de la
aversion que tenia el pueblo á tomar parte en favor
ó en contra de los partidos pronunciados; mas siem-
pre sirvió para manifestar en niego grandeza de
alma y valor á toda prueb a , como demostró en el
gobierno la falta de enerjía yen las tropas el ninguu
eutusi asrno que las poseía.


No 0('5 proponemos referir la historia de los mo-
vimientos y de la disperaion total de esta columna,




55
franqueza en las importantes sesiones de Jos
primeros dias de setiembre, en que los rninis-


"tros fueron llamados repetidas veces para inter-
pelarles sobre el estado de la tranquilidad pú-
blica : siempre respondieron que no había fun-
damento para inquietarse, y que se habian to-
mado todas las medidas pal'a impedir que se
perturbase el órden. Reducíanse las precaucio-
nes indicadas á fatigar inútilmente á la tropa,
obligándola la mayor parte de .las noches á per-


"manecer sobre las armas: á permitir que en las
sociedades patrióticas se predicase abiertamen-
te la insurreccion : á tolerar los motines, á su-
frir finalmente que se ultrajase al jefe político de


sino líni~amente dar á conocer las cualidades del
qne se poso á su cabeza, y se colocó por este solo
hecho en la primera [da de los revolucionarios. Así
es que ti! nombre de P.iego oscureció al instante los
de Qui roga, Lopez Eaños, Arco.Agüero etc, y de
todos sus iguales ó su peeiores en la jerarquía mi_
litar.


Cuantos conocieron á Riego y le trataron en los
primeros meses de su elevacion al favor popular,
ántes de su entrada en Madrid, elojiaron su senci.
llez , su buen natural y su modestia, sin que sus mis-
mos enemigos hayan podido se ü alar PO," su parte el
menor rasgo de ambicion y 1l1enOS aUIJ de venganza.




56
Madrid, que se le persiguiese, y que se asaltase
su casa probablemente con el 6n de asesinarlo
si lo hubiesen encontrado sus enemigos. l Por
qué el ministerio no pintaba estos desórdenes á
la asamblea Iejislativa que le preguntaba si ec-
sistian ; por qué cuando veía desarrollarse con
tanta violencia los elementos destructores del
órden social, y que amenazaban la ecsistencia
misma de las primeras autoridades, no mani-
festó mas decision contra los perturbadores?
La causa principal de la debilidad de los mi-
nistros, provenía de su temor escesivo á una
contrarevolucion realista. El recuerdo de lo
que habia pasado en t814, de los infortunios


El veneno de la adulacion mas activo en las carita-
les que en las provincias, fue la causa premeditada
quizás, mas indudablemente positiva que estravió
las escelentes disposiciones del jóvcn militar, hasta
precipi tarle en el lodazal de la auarquía para que
sus contrarios inicuos le sacrificasen en el cadalso.
Si el rey Fernando hubiese conocido mejor sus in-
tereses y los de su reino, en vez de hacerle pel'ecer
en el último suplicio, debi a haberle atra ido á su ser-
vicio dándole un empleo proporcionado á su rango
en los principios de la revoluciono ¡ Cuantos desas-
tres hubieran evitado este ejemplo de gt'andeza de
alma y esta conducta' política!




57
que habian eaido sobre ellos á consecuencia de
aquellos acontecimientos, hallábase tan presen-
te á sus ojos que les impedia hasta cierto punto
ver en otra parte peligros. Conocian los esce-
sos, el delirio de les que invocaban la Constitu-
cion violándola á las claras: no podia oculté r-
seles la tendencia demagójica de los que dirijian
las sociedades J los tumultos; roas no los temían
tanto como á los realistas, juzgando no sin ra-
zon que los últimos debían ser siempre abatidos
y contenidos, y que la eferveceucia encendida
sin cesar en la capital y en las provincias por los
ecsaltados producía semejante resultado. Tal er-
ror fue sin duda la causa de la conducta incierta
y apática del primer ministerio constitucional.
Era no obstante muy fácil preveer que el parti-
do llamado servil ganaria terreno y aurnentaria
8US fuerzas á proporcion de los desórdenes co-
metidos por los que se apellidaban liberales. Por
Un efecto natural los hombres de buena fe que
habian deseado el restablecimiento de la Cons-
titucion de Cádiz para remediar los abusos del
gobierno anterior, se separaron de los partida-
rios ecsajerados de este código tan mal observa-
do; y adenias se declararon enemigos del nue-
vo sistema los que juzgaban que el rey habia
adquirido títulos al reconocimiento del pueblo,
jurando el nuevo pacto por evitar la guerra ci-




:)'8
vil , y que ahora le correspondían insultándole
en [as sociedades públicas yen las plazus, Natu-
ral era del mismo modo el descontento de los
propietarios de la capital y de las ciudades po-
pulosas que vivían en una continua ajitacion... con
el temor de los tumultos, del pillaje y de toda
clase de horrores.


No tardaron en esperimentarse las fatales
consecuencias del error del ministerio, y los
funestos sucesos de diciembre serán una acusa-
cion eterna contra los hombres que lo campo-
nian, Gobernaban la nacion en nombre del
monarca sin haber ganado su confianza, sin ha-
ber procurado obtenerla Con sus obras; y en
una época en que la autoridad real debía con-
servarse á cualquier precio, porque ante todo
era necesario reprimir la anarquía y restablecer
la calma tantas veces alterada aun en el tiempo
que transcurrió hasta la instalación de las cór-
tes; en semejante época los ministros se aban-
donaron :\ los vientos populares en vez de afer-
rarse en el gubernalle y echando el áncora unir-
se enteramente al trono.


Ocupábause las cortes en la estincion de Jos
monacales y en la reforma de las dernas órde-
nes relijiosas; el decreto en aquellos tiempos
de fanatismo, y en los términos en que se pro-
ponía era precipitado y de ningun modo con-




59
forme con las reglas de la política y de la eco-
nomia , como demostró despues la esperiencia,
Los ministros ejercían sobre el congreso sumá
inlluencia , sea por los lazos de amistad que los
unían con muchos diputados, por su reruLa~
cion de saber, por las persecuciones, por 105
padecimientos que habian esperirnentado , ó
hien sea por las virtudes que distinguian á al-
gunos de ellos, Si hubiesen querido diferir ó
estorbar la discusiou sobre la abolicion de los
monacales , es muy probable que el triunfo hu-
biera sido suyo, y aun cuando se hubiese dis-
cutido la propuesta habrianse adoptado modifi-
caciones esenciales: así debian obrar los minis-
tros mirando por el interés público, mucho
mas cuando les hubiera apoyado la volunta"d
real completamente conforme en este punto,
l y por qué no consultar al monarca siendo así
que no podían ignorar que la estincion de los
monacales repugnaba por el contrario á sus sen-
timientos y á las ideas que habia recibido? Pcr
qué no calcularon los tristes resultados de su
repugnancia manifiesta á sancionar el decreto?
Si Fernando rehusaba la sancion aparecía opues-
to al congreso nacional} lo que debia princi-
palmente evitarse en tan críticas circunstancias,
no afianzadas todavía las formas representativas;
y si la otorgaba dehia hacerlo con despecho y mi-




60
raudo como ilusorias las prerogativas que le
concedía la Consutucion.


Mas los secretarios del despacho ansiosos
de que no se prolongase el negocio, apoyaronle
por sí mismos, y discutióse la reforma de las
órdenes relijiosas. Los sOl'C10s murmullos que
se levantaron desde entonces en todas partes in-
dica han la procsi midad de la tormenta: cono-
cieron que no era tan Gcil como habian creí-
do Jos ministros y el congreso desarraigar las
antiguas preocupaciones, combatir los intereses
de tan gran número de individuos, principal,
mente cuan lo el gobierno distaba mucho de
tener la estabilidad necesaria para tan delicado
arreglo. Gerráronse las sesiones de las córtes
en los principios de noviembre, y los enerni-
gas' de las reformas publicaron escritos , insi-
nuáronse en el ánimo del rey que residia enton-
ces en el Escorial, de tal suerte, que se decidió á
negar la sancion á la ley sobre disminucion de
las órdenes relijiosas y solamente pudo arran-
cársela la violencia.


El nombramiento de Carvajal para capitán
jelleral de Castilla la Nneva, sin la firma del
ministro de la Guerra, alborotó fundadamcn-
te á los amigos de la libertad j mas ecsajeraron
los peligros' y prCJnraron sucesos escandalosos,
cuyos resultados fueron tan funestos á la causa




61
misma que decían defender. Es muy cierto que
faltaba al nombramiento del [eneral Carvajal un
requisito constitucional: l mas con qué objeto
se dió á conocer al público y se empeñó una lu-
cha abierta contra Fernando, que con la publici-
dad quedaba en descubierto? Si Carvajal apa-
recia sospechoso hasta tal punto que el minis-
tro de la Guerra creyese deber suyo el DO auto-
rizar el nombramiento, érale fácil el presantar-
se en tres ó cuatro horas en el Escorial, yespo..
ner al rey los motivos que se oponian á su
eleccion, Si S. M. no los estimaba en su justo
valor, é insistía el mi uistro en desaprobar el
nombramiento del capitán [eneral , en su ma-
no estaba entregar su dirnision, que era el último
medio que restaba por la via constitucional. Fatal
fue la pretensión de este secretario del despacho
de ejercer la autoridad real contra la espresa vo-
luntad del monarca, é impolítica la lucha que
abrió cuando no era posible blandir las armas.


Los miuistros viendo nombrado capitan je-
neral de Madrid á un horn bre que no merecía
su confianza, juzgáronse perdidosj y convencidos
de que con ellos perecia la C onstitucion, unié-
reuse Con los directores de asonadas; las cua-
les se repitieron sin que la guarnicion las con-
tuviese porque las veía sostenidas por la autori-
dad. Entonces fue cuando con menosprecio de




62
las atribuciones señaladas en el código políri-
ca, el ayuntamiento de Madrid usurpó facul-
tades que no tenia, queriendo imitar quizás al
de París en los dolorosos dias de la revolución
francesa. El ayuntamiento firmó representacio-
nes osadas pidiendo que el rey regresase á la capi-
tal, y el ministerio las acojió con entusiasmo.
Las tribunas de las sociedades, las calles y las
plazas estallaron en amenazas al trono: for-
m ibanse numerosas reuniones compuestas de
verdaderos anarquistas, de curiosos y de hom-
hres de buena fé que pensaban que Con estos
movimientos populares se estorbaban los peli-
gros que amenazaban el nuevo sistema. l Y que
estraño era que se repitiesen semejantes ejemplos
de delirio cuando las autoridades toleraban y es-
citaban la llama de los motines? La diputación
permanente de las córtes asediada por el tumulto
se dirijió igualmente á Fernando ecsijiendo su
vuelta á la capital j los amotinados gritaban que
irian á buscarle al Escorial; la guarnicion perma-
necía tranquila espectadora de aquellas escandalo-
sas escenas, y el rey revocando el nombramien-
to del capitan jeneral Carvajal regresó á Madrid.


Los anarquistas de los dias anteriores le
aguardaban en las puertas tic la capital, OI'gu-
llosos con su triunfo, y deseosos de ver como se
ejecutaban sus órdenes. La muchedumbre de-




63
senfrenada que habia rolo los diques de los mi.
ramientos, del respeto y de la obediencia, y
acalorada con el mal concepto que del príncipe
habia formado por el paso falso que habia dado,
insultó al rey, á la reina y á 103 infantes. Desde
aquel momento el palacio pareció á Fernando
una cárcel y la Oonstitucion un espantajo, á
cuyo abrigo los secretarios del despacho gober-
naban en su nombre sin que su voluntad torna-
Se parte en los acuerdos; y desde entonces de-
seando destruir el nuevo órden de cosas que le
precipitaba del trono, que le esponia á los in-
sultos, á las amenazas, á los ultrajes, no Cesó
de conspirar en el secreto de su alcazar, y por
roed io deocultos ajentes para llegar á Jos amar-
gos dias de la reaccion que tan sangrientas pá ji-
nas presentan. Al ver á los vociferadores co-
piando algunas escenas de la revolucion france-
sa para imitar únicamente sus errores, Fernan-
do recordó la suerte de Luis X VI, Y comparó
su regreso del Escorial con el viaje del monar-
ca frances de Versalles á París escoltado por el
vulgo. Las afrentas hechas al rey y Jos escan-
dalosos movimientos de la capital de la monar-
quía produjeron un. número muy considera-
He de descontentos, y el sistema representativo
corrió rápidamente á su ruina. En muchos ciu-
dadanos honrados y de buena fe comenzaba áen-




64
friarseel ardor conque le habían [urado, porque
le arrihuian tanto desórden ; y los corifeos de
las sociedades secretas le detestaban, porque po-
nia trabas á sus proyectos desorganizadores.


Para completar el cuadro de los escesos del
mes de noviembre de t820, conviene citar
aquí lo que los mismos ajitadores que no ha-
bian sido recompensados por sus esfuerzos, de-
cian al monarca en la representacion que le di-
rijieron, pasado un mes, solicitando la mudanza
del ministerio. Redactóse el escrito en la socie-
dad que se reunia en el café de la Cruz de Mal·
ta , y lo firmó Una multitud de miembros de la
misma sociedad patriótica.


)) Hemos contribuido inocentemente, decia
la representación , á la última farsa del mes de
noviembre en la que se ha comprometido el
crédito de la nación , como lo prueban las cir-
cunstancias del empréstito y otras muchas;
farsa en la qne el gran número de resórtes es~
traordinarios nos hizo creer en V. M. un cam-
bio importante capáz de destruir el sistema
consti tucional ,"


»Hemos visto á V. M. forzado á vo:ver á la
capital por la influencia de los ministros, y á
despedir á su confesor porque le creian poco
favorable á la conservación de sus empleos.
Todo se ha hecho de suerte que nadie lo igno-




65
re en la Península J enviando el ministro de la
Gobernacion continuos correos á las provincias.
¡Acontecimiento memorable en que se ha abu-
sado con tanta audacia del grito sagrado de:
"La patria está en peligro! y en el que se
sorprendió nuestra credulidad y nuestro patrio-
tismo, con grave riesgo de la tranquilidad pú-
blica ,'


Digno es de notarse que mientras que la so-
ciedad de la Cruz de Malta declamó contra el
rey y predicó la insurreccion, las autoridades
no 6jaron los ojos en semejantes escándalos, ni
procuraron reprimirlos: mas desde que las de-
clamaciones se estendieron á los ministros en
la esposicion citada, tomarón se medidas para di-
solver la reunion, desplegóse el aparato de la
fuerza armada, y cerróse el café de la Cruz de
Malta en el momento en que se reunia la so-
ciedad.


Mientras que la consternacion reinaba en pa.
lacio.. y que los hombres de bien deploraban los
infortunios de España, ocupábanse los minis-
tros en cumplir sus empeños de partido. Cuan-
do buscaron el apoyo de los anarquistas, pre-
sentaron estos Sus quejas y pidieron reparación,
'que no vacilaron los secretarios del despacho
en conceder en el momento. Riego, que dos
meses antes habia cometido tantas impruden-·




66
cías en la córte , que se habia presentado con
las amenazas en los labios al gobierno, que ha.
hia inflamado las pasiones y reunido en torno, ~
suyo á los hombres mas turbulentos, mas peli-:
grosos, Riego confinado por el ministerio á As.
turias (1), fue nombrado por el mismo gobier-
no capitán [enera] de Aragon. Los principales
atizadores de las sociedades secretas viéronse
elevados á altos empleos; y la emulacion dada
á los fraguadores de asonadas, produjo el efee.


(1) El destierro de Riego á Asturias, lo ocasionó
su compatriota D. Agustín Argüelles entonces mi-
nistro de la Gohernacion, quien no vaciló en decil"
en las cortes que si abeia las p~iinas (las famosas
pájinas) de la policía, apareceria mucho mas culpa-
hle de lo que imajinaban algunas personas. Mas lo
cierto es que no las abrió, que 110 entreg6 á Riego
á los tribunales para descuhrir su culpa, y que no
hiz o absolutamente otra cosa que dar un nuevo pre-
testo á los amigos apasionados de aquel jefe, para
que le juzgasen víctima de los zelos y de la rivali_
dad de 1 ministerio contra los jenerales de la isla de
Leon. ¡Cuantos males causó á la libertad esta lucha
ent re los. liberales de 1812 y los de 1820 ! Quiera el
cielo que sirva de leccion al presente á Jos que esci-
tan y enconan las pasiones entre los llamados mode-
rados y p.·ogresistas, que al presente se disputan el
poder con tanto encarnizamiento!




67
lo que era de esperar; los desórdenes crecieron
á proporción que los que los escitaban tenian
la esperanza de subir á los mejores destinos por
este camino. Encumbrados al poder, cesaban
de Ser vociferadores y se daban á sí mismos el
nombre de moderados.


Continuaban los insultos á Fernando, <Jue
con ellos se aferraba aun mas en las tramas ur-
didas para destruir el código vijente: y una tar-
de que habia salido á paseo, divulgóse la voz
de que habian detenido el coche y que atenta-
han á su persona. Con esta noticia, el jefe que
se hallaba en el cuartel de guardias de corps,
mandó montar al escuadron para correr en la
direccion que habia seguido la familia real que
habia vuelto á palacio por distinto camino: los
guardias no lo supieron hasta que entraron en
su cuartel. Debemos añadir, que los acusa-
dores mas ardientes de los guardias, nun-
ca les han dado en rostro con haber insultado
á persona alguna en esta salida, ni con haber
mostrado el menor viso de sedicion. El único
pretesto de las escenas tumultuosas que se si-
guieron fue el que algunos guardias que no es-
taban de servicio, maltrataron á un nacional
en los contornos de palacio, y dieron algu-
nos gritos sediciosos, pero ni aun estos estre-
1110S se probaron en el largo trascurso de la




68
causa. i Quien creerá que tan leves indicios
bastaron para ocasionar un motin , poner la
guarnicion sobre las armas, cercar el cuartel y
disolver el cuerpo'! Si algunos guardias habian
faltado á sus deberes, debia castigarse en inso-
lencia, mas la conducta del cuerpo entero en es-
te dia merecia los elojios de todos los que no es-
taban dominados por una injusta y fatal preven-
cion. Habíase instituido laguardia para custodiar
la persona del monarca; debia sacrificarse á su
conservacion; habíase dicho á sus individuos que


_ corría peligro; y volaron en su defensa. Verdad
es que semejante proceder era la sátira de la
conducta de las autoridades , que no tomaban
medida alguna para poner al rey á cubierto de
las injurias y de las amenazas; y únicamente
ha]o este aspecto eran reprensibles los guardias.


La efervecencia duró por espacio de tres
dias, y puede decirse que en todo este tiempo
permaneció asediado el cuartel de guardias de
corps, teniendo consternados á los honrados ha- .
hitantes de Madrid que temian un desborda-
miento [eneral. Sino sucedió asi , si los guardias
no salieron del edificio á caballo y con sable en
mano, si la infantería de la guardia real no vi-
no en su ausilio, si se resignaron á sufrir toda
clase de humillaciones, es porque no ecsistian
planes de conspiracíon , ni deseos de conspirar:




69
de aquí dimanó que la moderación no tuvo
ejemplo y que escedió los límites de la pruden-
cia. Sin ernbargo , el gobierno indiscreto, fal..
to de prevision y de enerjía..apenas dictaba una
órden cuando en el momento la revocaba: dis-
puso que los guardias se trasladasen á Alcalá,
mas no habiéndose conformado ni la guarni-
cion ni el avuntamienta , .acordó licenciar el
cuerpo y mandó que dejando los guardias en el
cuartel los caballos y las armas, pasasen arres-
tados á otros edificios hasta el fallo de la causa
formada. A!;i privaron al ecsasperado príncipe
de una guardia que amaba y cuyo coronel se
habia nombrado: y asi los ministros .y las auto-
ridades destruían pá¡ina á pájina la Constitucion,
dando libre rienda al furor demagójico.


No cabe duda en que era conveniente hacer
algunas reformas en la organizacion de aquel
cuerpo; mas debia ser el resultado de la rnedi-
tacion y de la prudencia, y no de las sediciones
y de los tumultos. En este escandaloso movi-
miento, el ayuntamiento de Madrid y los per-
turbadores, impusieron la ley al gobierno, que
debió conocer desde aquel punto la fuerza tIue
habian adquirido los anarquistas , gracias á su
tolerancia y á sus transacciones.


Las córtes abrieron la segunda lejislatura el
1.o de marzo de 1821 , y el rey fue á depositar


TOMO u. Q




70
en el seno de la asamblea, las penas, los pesa..
res que hahia esperirnentado en el mes de no-
viembre. El monarca mostró esta vez suma fran...
queza, y sus palabras merecen ser citadas: des-
pues de haber dado á conocer la situacion po-
lítica del reino y el estado de las naciones
estranjeras que comprendía el discurso redacta-
do por el ministerio, añadió S. M. de su pro-
pio caudal: »De intento he omitido hablar has-
ta 10 último de mi persona, porque no se crea
que la prefiero al bien estar y felicidad de los
pueblos, que la Providencia puso á mi cuida-
do.-Me es sin embargo preciso hacer presen-
te, aunque con dolor, á este sabio congreso,
que no se me ocultan las ideas de algunos mal
intencionados que procuran seducir á los incau-
tos, persuadiéndoles que mi corazon abriga
miras opuestas al sistema que nos rije, y su
fin no es otro que el inspirar una desconfianza
de mis puras intenciones y recto proceder. He
jurado la Constitucion y he procurado siempre
observarla en cuanto ha estado de mi parte:
j ojalá que todos hicieran lo mismo! Han sido
públicos los ultrajes y desacatos de todas cla-
ses cometidos á mi dignidad y decoro, contra
lo que ecsije el órden y el respeto que se me
dehe tener corno rey constitucional. No lema
por mi ecsistencia y seguridad : Dios que ve mi




71
corazon vela y cuidará de una y 01ra , y Jo
mismo la mayor y mas sana parte de la nacion:
pero no debo callar hoy 111 congreso corno prin-
cipal encargado por la misma de la conserva-
cion de la inviolabilidad (iue quiere se guatde
á su rey constitucional , que aquellos insultos no
se hubieran repetido segunda vez, si el poder
ejecutivo tuviese toda la ener'[ia y 'Vigor que la
Constitucion previene y las córtes desean: la
poca entereza y actividad de muchas de las au-
toridades ha dado lugar á que se renueven ta-


o. _ ,,;
maños ese esos : y 51 siguen no sera estraño que
la nacion española se vea en Un sin número de
males y desgracias. Conlio que no será asi , si
las córtes , como debo prornetérrnelo , unidas
Íntimamente á SU rey constitucional; se ocupan
incesantemente en remediar los abusos, reunir
la opinion y contener las maquinaciones de Jos
malévolos, que no pretenden bino la desunion
J' la anarquía. Cooperemos, pues , unidos el
poder lejislativo , y Yo, COInO á la faz de la
nacion Jo protesto, en consolidar el sistema que
se ha propuesto y adquirido para su bien y com-
pleta felicidad.e-Fernendo.'


Despues de esta declaración el rey ecsoneró
á los ministros en un decreto del día siguiente
2 de marzo, y pidió á las cortes que le indíc¡k
sen las personas que debian reemplazarlos coa




?2
el fin de Megurar el acuerdo que deseaba con-
servar con el congreso. Vióse entonces clara-
mente el poder del partido que teuian los mi-
nistros en la esamblea (1), la que en el ardor de
la discusión empeñada en defensa de los secre-
tarios ecsonerados , faltó poco para que tomase
alguna medida imprudente y no declarase in-
constitucional la parte del discurso de S. M.,
que he citado, bajo pretesto de que no estaba
comprendida en la minuta, firmada por todos los
secretarios del despacho que se presentaron al
congreso, como si el monarca por la Constitu.
cion de Cádiz estuviese obligado á concretarse-
esclusivamente al hablar á los diputados de la
nacion á lo que le aconsejasen sus ministros;
como si debiese consultarlos sobre este asun-
to, ó como bi un discurso fuese lo mismo que
un decreto. Solo el espíritu de partido podia ce-
gar á los representantes del pueblo hasta el es-
tremo de no reconocer que no habia en todo el
discurso del rey una parte mas fundada en la


(1) La asamblea nacional señaló.í los ex minis«
tros 6000 reales de sueldo; lo que equivalía en
aquellas circulI~tallcias á una decl aracion de que ha-
bian merecido bien de la patria que miraba su caída
con pesar.




73
rezon , mas positiva que la que caliticaban de in-
constitucional. No ecsistía un solo indiviJuo
que hubiese habitado la córte en los tres me-
ses anteriores que na estuviese convencido de
los insultos prodigados á S. M., en su autoridad,
en su persona, como igualmente de la apatía,
de la debilidad del gobierno que no habia adop-
tado medida alguna para castigar á los culpa.
hles, ni para precaver nuevos y mayores desór-
denes. ¿Cómo podia citarse la osada representa-
cion del ayuntamiento de Madrid sin acordar
las convenientes disposiciones contra el cuerpo
que había saltado por encima de sm atribucio-
nes constitucionales? El gobierno no se queja-
ha del gobierno mismo, como se di jo en el con-
greso; sino el monarca se quejaba del ministe-
rio que no habia llenado sus deberes echando
mano de los remedios conque le autorizaba la
Constitucion; porque el trono veía que este có-
digo político no se ejecutaba, y porque creía que
si hubiese despedido á los ministros antes de la
reunion de las córtes , hubiérase acrecentado el
desórden en la capital de la monarquía, huhié-
ranse multiplicado los insultos á su persona, y
hubiera llegado el caso de obligarle á que los.
nombrase segunda vez. Semejantes temores te-
nian sobrados fundamentos para no creer que
tal hubiera sido el curso de los sucesos, como




74
Jo fué al tratarse de otros ministros el 19 de fe-
prera de 182.1,


La asamblea nacional respondió por fin al
rey, que no creía conveniente designar Jos in.
dividuos que habian de ocupar las sillas del mi.
nisterio , y S. M. procedió III nombramiento el
4 de marzo con acuerdo del consejo de Estado,
Los primeros ministros fueron llamados al seno
del congreso para que diesen cuenta del estado
del pais y para responder á varias preguntas;
pero escusáronse alegando que solo eran sirn-
pies particulares y rehusaron tratar de los nego-


-cios, La prudencia , la moderación que mostra-
ron en este caso contribuyeron en estremo á
calmar la eferveceneia de los diputados.


Tal desenlace tuvieron aquellas desagrada..
hles circunstancias. El nuevo ministerio se ha-
lló muy embarazado al empuñarlas riendas del
gobierQo en los momentos en ql.le la córte y las
provincias vivían en una continua ajitacion , en
que las conspiraciones realistas asomaban la ca-
heza en todas partes, en que Jos alborotadores
predicaban públicamente sus doctrinas y desar-
rollaban SQS proyectos con estraordinaeio atre..
vimiento, La impunidad de los qqe hahian pro·
movido los primeros motines, y loqqe era peor,
los empleos dados en recompensade los aconte-
cimientos de noviembre á los (Iue habian maní-




75
festado las ideas mas ecsajeradas , dieron tal im-
pulso á la democracia, que era ya muy difícil
ponerle limites: por otra parte los ministros
nuevamente elejidos no gozilban influencia en
el congreso donde estuvieron muy mal vistos.
al principio, porque duraba todavía la especie
de idolatria que muchos de los principales di-
putados mostraban á sus predecesores. .




SEGUNno )JlNISTERIO


El segundo mininisterio se componia de don
Eusebio' Bardají , de estado, don Mateo Valde-
moro, de la gobernacion, don Ramon Feliu,
de ultramar , don Vicente Cano Manuel, de


. gracia y justicia, don Antonio Barata, de ha-
ci.e.rtd~" don Tomas Moreno, de guerra, y don
Frarroisco-de Paula Escudero ,de marina; cu-
yo ministerio no gozaba tanta popularidad co-


.' mo .el: anterior , aunque no pudiesen acusarle
.. ..." .'


. -




17
con justicia de desafecto á la Constitucion, por..
que la mayor parte de los individuos que lo
componían habian sufrido persecuciones y en~
earcelarnientos por sus ideas liberales. Por otra
parte, la marcha que siguió desde el principio,
manifestó que conocia el estado de los negocios
públicos y la necesidad de reprimir 1& anarquía.
Todos sus esfuerzos se dirijieron á este blanco,
y al propio tiempo á ahogar las conspiraciones
de los llamados realistas, que principiaban á
inundar el reino en pequeñas partidas. Lo que
mas dificultades presentaba era enfrenar el par~
tido ecsaltado que crecia y se desarrollaba, por·
que á pesar de la ley dada por las córtes para
anular, hasta cierto grado ... las sociedades pa-
trióticas, continuaban estas en sus tumultuosas
sesiones, amenazando á cada instante la tran-
quilidad de la capital de la monarquía. El mal
había llegado al estrerno de que muchos espa.
ñoles revestidos Con altos empleos y dignida-
des, unos por satisfacer su ambician y otros
por el secreto impulso que recibian en palacio,
se alistaron en las filas de los ajitadores huscan-
do su apoyo. Las ideas ecsajeradas tenian sus
partidarios y promovedores, aunque en corto
número en el congreso, y muchos en las otras
clases; y como.distintas autoridades encargadas
de velar sobre la tranquilidad pública las profe-




78
saban , Jos atizadores de la discordia podian eje-
cutar libremente sus planes, y turbar el reposo
de íos buenos ciudadanos.


Súpose por aquellos dias la entrada de los
austriacos en Nápoles; yen vez de contenerse
para no dar ocasion á que los reyes ejercitasen
su perfidia , redoblóse con este acontecimiento
la audacia por parte de Jos ecsaltados españoles,
que marcharon de frente ¡¡ la destruccion del
gobierno. Por medio de Jos motines obligaron
á las autoridades de Barcelona á desterrar de la
provincia á hombres distinguidos; en Galicia
el [efe político que alli mandada, consagrado
en un todo á aquel partido, prendió á mas de
cien personas conocidas, que condujo á la Co-
ruña donde escitaron a) vulgo á que las asesina-
se; pero por fin cuarenta fueron embarcadas y
trasladadas á Canarias. Forrnóse causa á Jos de-
portados corno igualmente á Jos que habian
quedado , mas todos fueron absueltos, porque
en el proceso no resultaba contra ellos un solo
cargo.


Al propio tiempo representábase en Madrid
una escena mucho mas trájica y sangrienta; un
capellan de honor del rey, llamado don Ma-
tias Vinuesa , fue preso y acusado de haber for-
mado un plan de conspiración .y de haber es-
parcido proclamas sediciosas. Abierte y seguida




'9
la causa, el [uez de primera instancia le condenó
á diez años de presidio, que era el mácsimum de
la pena que imponia la ley vijente al conato de
conjuracion. No quedaron satisfechos los ajita-
dores con esta sentencia, porque sin miramien-
to á las leyes y sin consultarlas creian á Yinue-
sa digno del último suplicio. Reuniéronse , pues,
en hastante número en la puerta del sol, y en
los sitios mas públicos JI frecuentados de la cór-
te, á las dos de la tarde del 4de mayo de 182',
y encaminándose á la cárcel forzaron las puer 4
tas que la guardia 00 pudo ó 00 quiso defender,
entraron en el calabozo del acusad o, le hirieron
hárbar¡¡mente COn un martillo y con puñales
hasta dejarle muerto, y recorrieron despues las
calles celebrando su triunfo, La vida del Juez
que había dado la sentencia corrió sumo peli-
gro, y solo pudo salvarse COn la fuga anticipa-
da, grllcias al aviso que recibió.


Los atentados de esta naturaleza dan á co-
nocer á que punto hahian llegado el desórden
y la anarquia: el gobierno carecia ya de los me-
dios necesarios para remediar enteramente el
mal, y reunia todos sus esfuerzos para restable-
cer la calma. No solo desaprobó altamente las
deportaciones y los encarcelamientos de Gali-
cia y de Cataluña .. sino que mandó restituir la
libertad á los presos: destituyó de su empleo al




80
[efe p'olítico de la Coruña, y lo reemplazó con
don lanuel Latre , hombre prudente y mode-
rada, que hizo frente á la anarquía con un écsi-
to feliz en tan vasta provincia. Persuadidos de
lo importante que era conservar la tranquilidad
pú blica en la córte, convencidos de que el ase-
sinato de D. Matias Vinuesa no se hubiera ve-
rificado si las autoridades hubiesen tenido bue-
nas intenciones, y manifestado la enerjía ne-
cesaria, los secretarios del despacho nombraron
capitán jeneral de Madrid á D. Pablo Morillo,
conde de Cartajena , y jefe político al briga-
dier D. José Martinez de San Martin, cuyos
principios de templanza y la firmeza de carác-
ter tantas veces demostrada, eran una garantía
contra los planes de los perturbadores.


Para concebir con ecsactitud los medios en
que se apoyaban las tramas urdidas y los emba-
razos del gobierno, debe tenerse presente no
solo la fuerza que les daba el abuso de una li-
hertad mal entendida -, sino tambien la poderosa
influencia que ejercian en Ladas partes con el
:vehiculo de las sociedades secretas. Por seme-
jante lazo se combinó la revolucion de 1820 y las
conspiraciones que la precedieron. Estas reunio-
nes pertenecian á la única sociedad secreta
que ecsistia entonces en España, cuyos indivi-
duos se llamaban masones, la que contaba entre




81
estos' muchos que habianentrado por euriosi..
dad ó por otro cualquier motivo, y aun entre
los que tornaron parte en el levantamiento de
1820 , un gran número profesaba las doctrinas
moderadas. Hallábanse abrumados con el des-
potismo que desolaba la Península española,
mas sus intenciones eran rectas y sus de-
seos quedaron satisfechos cuando se procla-
mó la Constitucion de Cádiz: creyeron desde
aquel instante que habia cesado la necesidad
de las sociedades secretas; vieron con disgusto
Ia continuacion de sus sesiones y no disimula-
ron sus pensamientos sobre este punto. ti: I gran
debate entre el ministerio y los jefes de la isla
de Leon, sobre disolver ó no el ejército, aca-
hó de sembrar la discordia en las lójias , porque
los miembros moderados votaron en el sentido
que quería el gobierno, mientras que los ecsal-
tados sostenian la permanencia de aquella fuer-
za armada. Los moderados tenian jeneralmente
la mayoría en las votaciones, y creyeron que
retirándose descargaban un golpe mortal ~bre
las reuniones y apagaban aquella hoguera de
insurrección. Ausentáronse en efecto de las ló.
lias, que no por eso permanecieron desiertas por-
que se apoderaron de ellas sus contrarios, y los
ambiciosos de lodos tiempos que siempre están
prontos á vestir la librea del color del dia. Has-




,


82
ta entonces habíase procedido Con cierto dete-.
nirniento en la admisión de los afiliados: mas
desde aquel momento solo pensaron en aumen-
tar el número de los individuos comprometi-
dos en sus miras y en estender la masonería en
todos los pueblos de alguna importancia. La
sociedad no se ocupó ya sino de los asuntos
políticos; púsose á la cabeza de los que profesa-.
han principios ecsajerados , y declaró la guerra
á los ministros hasta que se apoderó del timen:
de la nave y gobernó la nación.


Dejase entreveer facilmenle cuanto daño cau-
sarian las lójias sin número que cubrian la Pe-
ninsula , estraviando al pueblo, recibiendo un
impulso uniforme, acalorando ó atacando al
mismo tiempo las personas y las cosas que reci-
bian árdeo de alabar á de atacar. Si un emplea-
do de alto tango, si un funcionario hacia sorn-
hra á la sociedad, mil voces repetian en coro y
en distintos puntos las mismas calumnias: si
por el contrario, se queria sostener á otro y en-
cumbrarle á los destinos, repetíanse en todas
partes las alabanzas. Así se formaba Una falsa
opinion pública, y los directores conseguian
su objeto: la sociedad tenia diseminados en los
ministerios, en las admiaistraciones , en las ofi-
cinas de correos, do quiera en fin , ajentes que
la informaban de cuanto pasaba: Y. muchas ve.




83
ces las Jójias recibían órden de preparar á los
incautos contra un decreto ó contra una medida
que aun no se había publicado.


Algunos masones de los que querian que
la revolución se consumase, separáronse de la
sociedad en los principios de 1tl21 ,y crearon la
comuneria que parecía haberse propuesto des..
de SU aparición la guerra contra los masones,
Muchos hombres de buena fe se alistaron en
las banderas de los comuneros, causados de su..
{rir la preponderancia de los masones y rece-
losos de que destruyesen el estado; abrazaron
este partido juzgándole el mejor para afianzar
y sostener la Constitucion que habian jurado.
Mas la división entre las dos sociedades duró
poco, porque los masones, mas versados en la
intriga que los comuneros, mas espertos y co-
nociendo sus secertos, los atrajeron á sus inte-
reses; el odio al ministerio fue la hase de su
reunion. Las representaciones que se dirijian
contra los secretarios del despacho, las asona-
das, las insurrecciones eran todas el resultado
de las maniobras de las sociedades secretas que
cada día daban un paso mas en la carrera de
la desorganizacion social. Su fuerza era respe·
tahle : sostenían periódicos J que, animados de
su espíritu, hacian la apolojía de sus par-
tidarios y calumniaban á sus enemigos senl~




84
brando la discordia en todas las provincias,
Tambien infestaron el suelo español otras sec-
tas políticas, que no logrando progresar, viéron-
se ohligadas á reunirse á los masones ó comu-
neros: por fin despues de haber constante-
mente trabajado en estraviar la conciencia del
pueblo, despues de haber ensayado yeometi.
do un gran número de desacatos, los masones
consiguieron apoderarse de las riendas del go-
bierno á consecuencia de los sucesos del 7 de
julio de 1822. No tardaron entonces los comu-
neros en declararse enemigos suyos, y las dos
fracciones se combatieron mútuarnente hasta
los últimos momentos del sistema representati-
vo, cual sino ecsistiesen mas españoles, ó cual
si el derecho de mandar en España hubiese de
ser el patrimonio de una sociedad ó de una per-
sona.


Incalculables son los perjuicios ocasionados
á la libertad por las sociedades secretas. Han
sido siempre la fragua de las doctrinas anárqui-
cas , de los motines, de las sediciones, y nunca
cesaron de conspirar hasta que la una invadió
el poder y se sentó en las sillas de la secretaria
del despacho. La juventud ignorante y sin es-
periencia corria á alistarse en las reuniones clan-
destinas, y orgullosa con las relaciones que ad-
quiria por este camino, juzgaba que fuera de




85
las-Iójias ó de las torres no ecsistian saber, vir.
tud ó patriotismo, Así crecia á la sombra de
la licencia y de la anarquía una [eneracion in-
tolerante y fanática, que creia que con algunos
gestos y atavios ridículos trepaba al pináculo de
la ciencia, al arte dificihsimo de gobernar á los
hombres.


Los malévolos que tenian en sus manos el
hilo de tan inicuas tramas,y que no estaban
contrariados por los hombres de bien, que co-
mo queda dicho se retiraron de aquella socie-
dad desde 1810 , pudieron turbar á su grado la
tranquilidad y dulce paz de los pueblos, euand()
decian que la libertad peligraba, que los inte-
reses de la secta se hallaban comprometidos)
sus afiliados cor rian á declamar contra las au-
toridades, á formar un motin , á hacer encar-
celar ó deportar una multitud de personas, y
aun ansiaban ensangrentar el puñal conque el
mas estúpido fanatismo habia armado su brazo.
Fieros con los desórdenes, cuyos ajitadores
eran, gloriáhanse en las tenebrosas sesiones con
sus hazañas, y recihian la recompensa de los
servicios que habían prestado á la sociedad, esto
es, de los golpes que hahian descargado contra la
libertad, porque atacarla era el atacar el órden
de cosas que ecsistia, Debe Dotarse que la mayor
parte de los jóvenes entraban de huena fe en


TOM. 1I. 7




86
aquellas tortuosas y criminales asambleas, juz-
gando servir dignamente á la patria eon sualis-
tamiento,


No debo pasar en silencio otra prueba de la
situación crítica en que se hallaba el.gobierno,
'y de la osadía conque se atentaba contra la Cons-
titucion jurada y contra el órden social. Acercá-
hase la época del nombramiento de los dipu-
tados de las córtes para la lejislatura de '822 Y
1823) Y el ministro de la Gobernacion dirijió
una circular á los jefes políticos encargándoles
que visitasen sus provincias é inculcasen las
mácsimas y doctrinas juiciosas para que saliesen
bien las elecciones. Esta circular era reservada,
mas parece sin embargo que el predecesor del
jefe político Martinez de San Martin la leyó en
un café. Al instante los periódicos contrarios,
los oradores de las sociedades públicas y los in-
dividuos de las secretas levantaron la voz con-
tra el referido escrito, representaron el hecho
como Un abuso el mas deplorable de las autori-
dac1es,y pidieron que se ecsijiese la respousabili-
dad al ministro de la Gobernacion. Para que
nuestros lectores juzguen la inesperiencia que
tenían los españoles del gobierno representati-
vo, y el estravío de las opiniones de la muche-
dumbre, vamos á copiar la circular•


................'" »Acercándose el momento en que debe veriíl-




87
esrse laeleccion de los diputados á córtes para la
lejislatura de 1822 y 1823, el gobierno no puede
abstenerse ele llamar la atención de V. S. sobre
un negocio de tanta importancia, porque no ca-
be duda en que de su écsito depende la consoli-
dacion del sistema. El rey me ha mandado es-
citar, como lo hago, el zelo y patriotismo de
V. S. para que adopte con la prudencia qne
conviene las medidas mas propias para lograr
el objeto principal de que la elección para tan
delicado encargo recaiga en personas que reunan
las condiciones siguientes.


1. a Adhesion á la Conslitucion y al rey
constituciona1.


2. 8 Haber dado pruebas de amor á la inde-
pendencia de la patria en la última invasión de
Jos franceses, y no haber aceptado empleo del
gobierno intruso ni tenido relaciones que hagan
dudoso su patriotismo.


s.a No pertenecer al partido de los que la
opinión pública designa justamente por pl'omo~
tores de las doctrinas y de los principios ecsa-
[erados,


4. 8 Ser amigos de las nuevas instituciones
é interesados en la tranquilidad de la patria, y
para conseguir este objeto y segun el espíritu
del artículo 92 de la Constituciou deben los ele-
[idos, si es posible, ser propietarios Ó del nú..




88
mero de los que por su posición Y!lUS relacio-
nes sociales han de resistir á las innovaciones
peligrosas y contrarias á la misma Constit ucion,


5. a Como los eclesiásticos que merecen la
confianza pública para diputados á córtes , serán
mas útiles empleados en ilustrar al pueblo en
su diócesis, conviene que vengan al congreso
en corto número.


Tales son las instrucciones [enerales que
S. M. ha querido dar á los jefes políticos. V. S,
debe Convencer de su utilidad y ventajas á los
habitantes de la provincia, valiéndose para ello
de la prensa y de la influencia de las personas
ilustradas y de buena reputaeion, para formar
asi la verdadera opiniou pública, contrabalan-
cear y destruir las intrigas de los enemigos de la
Constitucion , sean cuales fueren.


Por esta causa J' por otras muchas convie-
ne que V. S. recorra á propósito los pueblos de
la provincia, y que forme relaciones para ase-
gurar el resultado de las prócsimas elecciones.'
Bajo el concepto que se abonarán á V. S. los
gastos ocasionados por el viaje, como hecho en
el servicio mas importante que puede prestarse
á la nacion, y en el que espera S. M. poder
confirmar la buena opinión que V. S. merece
por su patriotismo, celo por el bien público,
amor á su persona y á las instituciones que nos




89
rijen.-MadriJ 27 de julio de f82 t."


Contra semejante documento escribieron los
periódicos, vociferaron,y reclamaron la respon-
sabilidad con el mayor ardimiento, y tercié-
ronse las intenciones hasta el estremo de que el
jefe político de Astul'ias que publico una pro-
clama en el mismo sentido fuese denunciado an-
te el alcalde de Oviedo , y el jurado la declaró
sediciosa; tanto se habia jeneralizado el conta-
[io y con tanta intolerancia se miraban los par-
tidos en España , sin considerar que con sus
ataques minaban el edificio de la libertad, y
que desde palacio Fernando soplaba la tea de la
discordia, para que divididos los liberales pe-
reciesen, y para entronizar segunda vez el san-
griento reinado de la tirania,


No obstante los embates de sus enemigos
de uno y otro estremo , realistas y perturbado-
res de la paz que se tocaban en la prelension de
derrocar el gobierno, este no cedia y las auto-
ridades de Madrid reprimian los movimientos
de Jos sediciosos en su nacimiento y desenmas-
caraban sus proyectos. Como desde los sucesos
de la córte durante la permanencia de Riego, su
nombre servía á los unos de grito de alarma y
á los otros de causa de persecuciones, los ecsal-
lados para ganar terreno y quizas con el obje-
to de conseguir mas importantes resultados,




90
acordaron llevar en triunfo por las calles de
la capital el retrato de Hiego, y paseado por de-
lente-de palacio, organizando asi una asonada,
cuyas consecuencias podían ser muy graves.
Cuntaban para la ejecuciou de este proyecto
con alguncs cuerpos de la guarnici011, y co-
menzaron á ejecutar e\ plan, presentándose en
las puertas de varios cuarteles donde fraterni-
zaban con la tropa y con los oficiales. Alenta-
dos con sus primeros triunfos y con las aclama-
ciones del vulgo, redoblaron la audacia y diri..
[iéronse con suma alegria hácia lss casas con-
sistoriales y hacia el alcázar real, cuando el je-
fe político corrió á su encuentro y les intimó
que se retirasen. Lejos de obedecer respondie-
ron Con insultos y amenazas al majistrado , que
colocándose entonces á la cabeza de una corn-
pañia de granaderos de la milicia nacional mar-
chó contra los ajitadores y los dispersó obli-
gándoles á abandonar y tirar al suelo el retra-
to de Riego.


En los mismos dias representábanse en Za-
ragoza ,escenas aun mas desconsoladoras, y que
preparaban 103 años de luto y sangre que todos
hemos llorado. Dije en su lugar que á cense-
cuencia de la fatal trunsaccion hecha por el pri-
mer ministerio constitucional con los pt'omove-
dores de asonadas, habíase levantado á Riego




91
su destierro á Asturias y se le habia nomhrada
espitan [eneral de Aragon. Desde su llegada, á la
provincia habíase rodeado de los hombres de
ideas mas ecsajeradas .1 los cuales. abusaron vil y
escandalosamente de su poc~ esperiencia y del
ardor que inflamaba su patriotismo, Descollaba
entre ell~ un aventurero llamado Monladot,
que se daba á si mismo el titulo de presidente
del imperio fraucés , y [eneral en jefe de los
ejércitos republicanos, quien propuso á Riego
presentarse con una columna militar en la fron-
tera de Francia, y enarbolar en ella el estandarte
tricolor. El resultado no parecia dudoso á sus
ecsaltadas imajinaciones , que veían ya á todo
el antiguo ejército francés corriendo á sus filas,
y á las provincias llenas de entusiasmo ,. destru,
yendo las flores de lis y ondeando de nuevo
las águilas imperiales. Afortunadamente. el bri- .
gadier D. Francisco Moreda, jefe político de
Aragoll , se hallaba dotado de la prudencia y sa-
gacidad necesarias para contener el ardor de
Riego; y los verdaderos principios de templan-
za y de justicia que distinguian al Jefe político.
paralizaban hasta cierto punto el mal efecto"
que debia producir el ejemplo del capitán jene-
ral. Dirijióse este último á recorrer la provin-
cia con el fin de inflamar 4 sus partidarios, y'
de establecer en cada punto un COn ciiiábulo en-




92
cargado de esparcir 9US doct rinas. Entre tanto
hacíanse en Zaragoza preparativos pa¡'a llevar á
cabo los proyectQs del treusluga francés .. y el
jefe político Moreda, que seguia los pasos de los
conspiradores, dió cuenta de todo al ministerio
y tomó las precauciones convenientes para frus-
trar la tentativa. Alarmados [ustarnente losgo-
bernantes con las consecuencias que podia tener
el menor asomo dirijido á perturbar la tranqui-
lidad de la nación francesa , y sabiendo cuanto
iba á comprometer Ji España con los dérnas ga-
binetes de Europa, dieron inmediatamente ór·
den al brigadier Moreda para que reuniendo en
su persona el poder civil y militar prescribiese
¡Í Riego que fijase su residencia en Lérida. En-
carninábase entonces este [eneral á Zaragoza de
vuelta de la correria que queda referida, y dis-


, poniase á entrar en la ciudad no obstante el
mandato del ministro, cuando supo la eferves-
cencia que allí reinaba, y como no le era favo-
rable se sujetó á partir á Lérida.


El lector imajinará fácilmente hasta que es-
tremo ecsasperó á Jos ecsaltados la conducta ñr-
me de los secretarios del despacho, porque si
una circular como la que hemos copiado bastó
para alarmarlos, l cual debia ser su furor al ver
á Riego privado del mando y confinado á una
plaza fuerte? Los planes que tan sijilossmente




93
se hahian formado en Aragon no tuvieron resul-
tado alguno; mas en todos los estrernos del
reino resonaron injurias y amenazas contra los
que dirijian el gubernalle del estado; no era
posible acusarles ante el tribunal de las cortes
porque habian caminado siempre con la Consti-
lucion en la mano; adoptóse pues el partido de
escitar alborotos en las capitales de provincia
y obrar de concierto para que las autoridades
se reuniesen á ellos y dirijiesen esposiciones al
monarca contra-el ministerio, amenazándole
conque no serian obedecidas sus órdenes sino
accedía á la mudanza ecsi [ida. Séame permitido
insertar aqui parte de una carta publicada en
aquella época en varios periódicos de la corte,
porque contiene observaciones importantes que
manifiestan el estado de la opinicn pú blica e~
en el tiempo de que hablamos. Escribióse la
carta en la Coruña, y su autor se propuso dar
á conocer el modo como se hizo en aquella ciu-
dad la esposicion contra el ministerio. Despues
de haber referido los resortes que tocaron los
ajitadores para reunir las autoridades; la violen-
cia que emplearon en ello ; des pues de haber
dicho que esta r('presenlacion y las de Sevilla,
Cádiz, Badajoz y otras muchas eran el resulta-
do. de una misma intriga, continúa el escritor
de esta manera. »No hay duda en que!a nacion




94
le encuentra en una ajitacion estraordinaria
por consecuencia de las circunstancias: para
romper los débiles lazos que nos unian al go-
hiernoanterior, necesitóse dar á los espíritus
un impulso que los hiciese correr detrás de
una felicidad de que hasta entonces no había-
mus gozado, y el nuevo sistema se adoptó para
que mejorase la fortuna pública : no habian
calculado muchos que esta no depende de la
prosperidad de tal Ó tal individuo, sino de la
masa [eueral , y creyeron qq,e desde la procla-
macion del código gaditano iba á esperimentar
España los resultados de un buen gobierno. Los
que habían obtenido empleos en tiempo del
despotismo, reputábanse Con derecho á conser-
varios, porque habian, á decir de ellos, servido
á la nación : los que habian contribuido COn éc.
sito á la mudanza del jiro político, alegaban mas
numerosos motivos para ser colocados, y á me-
dida que nos alejamos de la época de la restan-
racion constitucional vemos aumentarse el nú-
mero de los que han tomado en ella una parte
activa. No es necesario reunir mas elementos
para que reine una efervescencia continua en
todas las ciudades donde habitan tantos emplea.
dos y aun mas pretendientes."


nPor lo que toca oÍ la masa de la nación que
no vive del tesoro, se le había persuadido que




95
Ias contribuciones se desminuirian, que cesarian
lBS injusticias ,que libre de trabas y de vejacio-
nes , cada uno podria ejercer su industria como
mas útil le pareciese. Hanse realizado algunas
de estas esperanz rs ; pero distamos todavía mu-
cho delcumpiimiento de nuestras promesas.
:Nueva~ contribuciones han reemplazado las an-
tiguas; los ayuntamientos compuestos de horn-
bres que viven de su propiedad ó de su trabajo,
se han visto abrumados por una multitud de
gastos que pesaban en otro tiempo sobre el ser-
vicio público , y. por consiguiente no han po-
dido ecsijir menos ni rebujar los impuestos; se
ha renovado el ejército, se han hecho grandes
reformas que comprenden clases numerosas é
influjentes , y la peste afli [e una parle de la Pe-
ninsu'a ; estos motivos deajitaciou , de descon-
tento no son muchos y muy graves?"


)) En semejante situacion las causas de
queja abundan , y la nave del estado corre su-
mo peligro de naufragar entre tantos escollos,
y ninguno que observe cuidadosamente la rnar-
cha del espíritu público dudará de esta verdad.
:Mas Jos lamentos son proporcionados lÍ la clase
de las personas que prorumpen en ellos. En las
ciudades don.le ecsisten hombres devorados por
Una ambicien sin límites, que especulan sobre
las desgracias de la patria despues de haber-




96
las causado y dirijido en provecho suyo ¡Se,
declara la guerra á los que ocupan los mas en-
cumbrados destinos para reemplazarlos, y se
ecsajera la mudanza de un empleado, óla colo-
cacion de otro, como si se tratase de una cala-
midad pública. Aunque he citado las ciudades
no comprendo en ellas á todos los habitantes ni
á su mayoría, sino tan solo á los ambiciosos
que arrastran tras si á los ociosos, á los per-
didos, á los amigos de cambios políticos... y á
las sociedades secretas que siguen maquinal-
mente el impulso de sus directores; pero la
parte sana de la nacion , los que tienen un ver-
dadero interes en que el gobierno sea justo y en
que las leyes proporcionen el mas alto grado
posible de prosperidad, no gritan contra deter-
minados individuos, ni creen que el poder
ejecutivo pueda por si solo remediar los males
que lloran y que sienten como el que mas:
piden que se reduzca el número de los emplea..
dos para que sea posible disminuir los impues-
tos; piden que las córtes y el gobierno trabajen
en todos los ramos que estan á su cargo para
detener y fijar la revolucion , estinguiendo el
furor de las pasiones, reconciliando los ánimos,
y no tolerando por mas tiempo que se propale
que la mayor parte de los españoles se opone á
la ventura de la nacion misma I y que un pu-




97
liado de individuos conocen solos sus verdade-
ros intereses, y son los únicos capaces de guiar
á todos los otros. La nacion española desea con
ardor que la confianza se restablezca, que la
administración del crédito público se mejore,
y que ningun pueblo, ni ninguna fraccion de
pueblo, se crea con derecho de impedir (lue las
autoridades constitucionales ejerzan los poderes
que les concede el pacto fundamental."


»Partiendo de estas bases, que Jos buenos
ciudadanos no desmintirán, es fácil reconocer
que las representaciones hechas en esta ciudad
y en otras muchas no son la espresion de la opi-
nion pública, sino el fruto de las pasiones y de
la imprudencia, y que los verdaderos males
que afli[en á la pátria están lejos de compren..
derse en las causas que en los referidos escritos
se señalan por mas importantes. Es igualmente
fácil de adivinar que lo que quiere la nación
es justo, justlsimo , y que sino se toman Juego
en cousideracion sus quejas, si las leyes y los
encargados de su custodia y ejecucion no adop-
tan rápidos medios de calmar la efervecencia...
y de obligar áque la justicia presida á todos los,
actos del gobierno, los infortunios que nos de-
voran tornarán Un horrible vuelo: y aprove.
chándose del error de los partidarios de la anar-
quia los ajentes del poder absoluto nos despeña-




98
rán hasta el borde del abismo, sin que sea posi-
ble preveer cual será el funesto desenlace de tan-
tos desórdenes,"


No llevará á mal el lector que baya cop'ado
[as anteriores observaciones, porque demues-
tran claramente las verdaderas calamidades que
aílijian á España é indican al propio tiempo
el conveniente remedio. Tal fue siempre el
lenguaje de los hombres previsores que jamás
se engaiJaron sobre los verdaderos intereses de
su pátria. Y no solamente los enemigos inte-
riores dehian obligar á caminar con templanza
y con tino, sino que en el esterior acumula-
hanse los elementos de odio y con ellos los pe-
ligros para la Península española. Roma era el
foco principal de los tiranos : alli estaba la fra.
gua donde se fabricaban los rayos que con el
tiempo habian de derrocar del solio de la pá-
tria la libertad, para sentar sobre sus despojos
segunda vez á la tiranía, Véanse las in tencio-
nes y las intrigas de la córte del sumo Pontí.
fice en esta carta reservada, que escribió el
Papa á Fernando en setiembre de 1820, con
motivo de la estincion de los jesuitas.




99
PIO PAPA VII (1).


CarÍsimo. No diferimos responder á la car-
ta pal'! icular de V. M. del 17 de agosto, en
que nos participa que las córtes han resuelto la
supresión de la compañia de Jesus en esos do-
mmios , tomando las medidas convenientes pa-
ra proveer al decente mantenimiento de sus in-
dividuos comprendidos en dicha resolución,
Nos, que aunque sin mérito nuestro hemos si-
do colocados por la divina misericordia sobre
la cátedra de la verdad, y hacemos en la tierra
las veces de aquel Dios, que es la verdad por
esencia, no podremos haLlar con nadie, espe-
cialmente con el rey católico , que siempre nas
ha sido muy caro, otro idioma que el de la
verdad. Hablándole pues en este lenguaje, le
diremos con libertad apostólica J que persuadí.
dos de las grandes ventajas que sacan la reli ..
jion y la sociedad de las obras de los jesuitas,
no hemos pedido oir sin un amargo disgusto el
anuncio que V. M.nos ha hecho de su estin-


(1) No teniendo á mano el orijinal de esta carta,
adoptamos la traducciou publicada eu la Gaceta en
1824, que es algo tloja y desaliñada, no obstante las
íufulas , báculo y mitra del traductor.




100
eion, El continuo ejercicio de las práctices re-
lijiosas que ellos promueven con celo infatigaw
hle, la eficacia de su buen ejemplo para andar
el camino de la virtud, su cuidado incansable
en la educacion moral y literaria de la [uven-
tud , á que no han podido dejar de tributar el
debido homenaje sus mismos enemigos, el es-
píritu de caridad estendido al socorro de toda
clase de personas que distingue particularmen-
te á la compañía de Jesus , sin ctros tantos mo-
tivos de nuestro justo dolor por 'Verla escluida
de los dominios del rey Católico. Demasiado
hemos pedirlo ver en este hecho, uno de aque-
llos golpes tan inesperados y tan vivamente do-
lorosos para nuestra alrna , que tanto se repi-
ten ahora en ese reino contra las cosas de la
iglesia.


Nuestro corazon no puede dejar de pror-
rumpir en profundos suspiros cuando conside-
ramos que aquella nacion gloriosa, la cual ha-
hia sido hasta ahora el objeto de nuestro con-
suelo, va á sernas un manantial de gravisimas
solicitudes.


Conocemos los relijiosos sentimientos de
V. M. y el filial sincerfsímo afecto que nos prn-
fesa ; y por lo mismo sentimos la mayor amar-
gura por la pena que esta nuestra carta produ-
cirá en su bellísimo corazon 1 pero prócsirnos á




101
dar estrechísima cuenta al Eterno Juez de to-
das nuestras obras, no queremos ser reconve-
nidos y castigados porbaber callado á V. M.
los peligros de que vernos amenazada esa íncli-
ta nacion en las cosas de la relijion y de le
iglesia.


Un torrente de libros pernieiosisimos inun..
da ya la España en daño de la relijion y de
las buenas costumbres: ya comienzan á buscar..
se pretestos para disminuir y envilecer al ele..
ro: los clérigos que forman la esperanza de la
iglesia, y los seculares consagrados á Dios en los
claustros Con votos solemnes, son obligados al
servicio militar: se viola la sagrada inmunidad
de las person:.ls eclesiásticas ; se atenta á la clau-
sura de las vírjenes sagradas: se trata de la abo..
licion total de los diezmos: se pretende sus..
traerse de la autoridad de la Santa Sede en ob-
jetos dependientes de ella; en una palabra, se
hacen continuas heridas á 'la disciplina eclesiás..
tica y á las rnácsimas conservadoras de la uni-
dad católica , profesadas hasta ahora y con tanta.
gloria practicadas en los dominios de V. l\!l.


Hemos dado órden á nuestro Nuncio cerca
de V. M., que hiciese respetuosamente, pero .
con libertad evanjélica, las reclamaciones de
que no podemos dispensarnos sin faltar á nues-
tras obligaciones ; pero hasta ahora tenemos.el..


TOMO H. 8




102
disgusto de no haber visto aquel écsito que de-
bíamos esperar de una nacion que reconoce y
profesa la relijioncatólica, apostólica, romana,
como la única verdadera y y que no admite en
su gremio el ejercicio de ningun falso culto.


Estamos bien distantes de querer atribuir á
las religiosisimas intenciones de V. M. los de-
sórdenes que le hemos indicado; y queremos
tambien persuadirnos de que todo lo hecho has-
ta ahora, Con sumo dolor nuestro, en daño de
la iglesia, ha sucedido contra las intenciones
de vuestro gobierno y de los representantes
mismos de la nacion , y por lo mismo rogamos
á V. M. procure valerse de todos los medios
que estan en su mano para aplicar un eficaz re-
medio; pero si apesar de nuestras reclarnacio-
nes y de nuestros ruegos tuviésemos la pena de
ver inovaciones peligrosas en las cosas eclesiás-
ticas , ó que se introducen falsas doctrinas cor-
ruptoras de la pureza de la fe y de la santidad
de las costumbres, y desorganizadoras de la
disciplina de la iglesia, entonces, debiendo cum-
plir con la mas sagrada de nuestras obligaciones
que nos incumbe como supremo maestro y pas·
tor de la iglesia de Jesucristo, no podremos de.
[ar de clamar á V. M. con celo apostólico é in-
vocar la relijion de vuestro gobierno y de una
nacion tan benemérita de la iglesia, á fin de




10J
remover los peligros á que los enemigos de Dios
y del órden quisieran esponer la salud espiri-
tual de esos pueblos. .


Confiados en el ausilio divino, en la piedad
de V. M. C. y en la sabiduría de vuestro go-
bierno, depositamos con paternal confianza
nuestras angustias en su corazon , y solo con
participarle nuestro dolor ya nos sentimos ali-
viadas, y nos confortamos con la esperanza Je
que á favor de Jos relijiosos cuidados de V. M.
y de la cooperación de su gobierno, los intere-
ses de la iglesia católica en España serán pre~
servados de IGS males que les amenazan. Con
esta confianza suplicamos al Dador de todo bien
que derrame sobre V. M. y sobre ese su reino
5US mas cumplidos favores, y con el mas tier-
no afecto da mas á V. M. Y á toda su real farni-
lia la bendicion apostólica.


Dada [t J5 de setiembre del año 1820 J el
21 de nuestro pontificado.


En vez de fijar los ojos en las horribles tra-
mas que se fabricaban fuera de Espaf¡a para
ahogar la libertad, enredáronse en sus hilos sin
saberlo los hombres turbulentos, y sus represen..>'
taciones fueron solamente los presajios de la
terrible tormenta prócsima á desencadenarse
contra el país: Sevilla y Cádiz se declararon en
insurreccion contra el gohierno.s. cerraron las l/'




104
puertas de la ciudad á los funcionarios públicos
enviados por el rey (l): los insurreccionados
nombraron á los q~e debian mandarles ó por
mejor decir á los que estaban encargados de
ejecutar sus mandatos, y manifestaron formal-
mente que persistirían en su intento hasta el
nombramiento de un nuevo ministerio. Envia-
ron al trono las representaciones mas furibun-
das y tambien al cOllgreso, las cuales circula.
ron por todos los estrernos del reino; é invoca.
ron la Constitución al propio tiempo que bolla-
han con sus pies las atribuciones que conceden


(1) El teniente jwneral Venegas . marqués de la
Beunion , á quien el minister io acababa de nombrar
comandante jcneral de Cádiz, renunció su destino
al ver la oposicion de los que se titulaban á si mis-
mos patriotas. Destinado á su reempl az o el baron de
Andilla tampoco fue admitido por los ajitadores que
proclamaron la resolucion que habian formado de
no recibir niogun comandante jeneral n omhr-ad o por
el monarca, hasta que huhiese camhiado de mínis»
tros con el objeto de que permaneciese el coman.
daute militar y político de Cádiz D. Manuel Fran.
cisco J auregui , jefe de aquella insnrreccion: este
acalorado militar se atrevió á escribir á Eerr.audo
una carta en la que confesando abiert ameute su
desohediencia J le acusaba de que era al autor de to ..




'105'
sus artículos al poder ejecutivo.


Otro tanto sucedía en la Coruña , porque el
gobierno firme en su resolución de no tolerar
que las primeras autoridades apoyasen ó pr-edi-
casen la anarquía; conociendo la fatal influen-
cia que ejercía el capitán jeneral de Galicia , y
hien convencido de que aquella superior auto-
ridad era el centro de la reunion de los ajitado-
res, le despojó de su empleo y lo confirió al
hrigadier D. Manuel Latre , que amás de des-
empeñar las funciones de [efe político de la p:-o-
vincia habíase distinguido siempre por su tem-


dos los infortunios que abrumaban al estado.
Para regulariear la resistencia en el caso en que


el gobierno intentase hacerse obedecer por medio de
la fuerza, confederárouse los gaditanos con los pa-
triotas de Sevilla, donde el jeneral Velasco era co-
m auda ute militar , y jefe político D. Ramon Luis
}':scobedo. Rehusaron estos dejar sus sillas á las nue-
'Vas autoridades nombradas por S. l\f. y que eran el
jeneral Moreno Daóiz, que hahia sido ministro de
la Guerra, y D. J oaquin Abistur, Se quiso comen-
zar á reparar la Iortificacion de Cádiz.l poner en
estado de maniobrar las tropas de ambas provincias,
J ~I diputado Moreno Guerra que se hallaba enton-
ces eu ar¡uella plaza, propuso cortar el pUlllllte
Zuaz:o.




106
plauza y su Iirmezs. La medida tomada por Jos
secretarios del despacho orijinó Una asonada
dirijida por el jeneral ecsonerado y por sus
amigos, en la que tomó parte la guarnicion y
la milicia nacional: porque es muy fácil sor.
prender los cuerpos militares cuando encierran
en sus filas á algunos ajitadores Ó cuando el que
los manda se coloca á la cabeza de los sedicio-
sos. Latre se vió insultado , maltratado , y el
jefe ecsonerado volvió á ocupar el cargo de ca-
}Jitan jeneral en medio de uua efervecencia que
hacia temer 105 mayores infortunios.


Parecj.a que nada se oponía ya ::í los planes
(le los ajitadores y qlle habiendo triunfado en Gs-
licia y en A ndal ucia y en otras provincias ,ib:m
á reunir sus fuerzas para marchar sobre Ma-
drid, destruir el gobierno y las córtes y preci-
pitar la revolucion, Desarrollaban ellos mismos
estos proyectos en la tribuna, en los periódi-
cos , en los corrillos , porque pareciéndoles in-
falible su triunfo juzgaban inútil la reserva,


Sin embargo, las ventajas obtenidas en esta
ocasiou no fueron decisivas; el brigadIer D. Ma-
nuel Latre conociendo las funestas consecuen-
cias de su permanencia en la Coruüa , Como
ajeute de Un gobiern() que era alli desconocido,
escapóse á pesar de la vijilancia de sus contra-
rios, y retirándose á Lugo ordenó á todas las




10'
autoridades de la provincia que le obedeciesen
como á jefe político y como á capitan [eneral in-
terina. El jefe de los ajitadores se halló solo en
la Coruña. Ya se hablan manifestado en, algunos
puntos de Galicia síntomas de coutrarevolucion ,
y la provincia iba á consumirse en disensiones
sin que nadie dudase del triunfo de los insuerec-
cionados que disponían de las trnpas y eran los
mas fuertes en las plazas y en las ciudades po-
pulosas; mus todos los temores se disiparon á
la voz del valeroso Latre que reunió los espí-
ritus y les comunicó COIl su entereza el arrojo
necesario paru imponer á sus enemigos. El je-
neral ecsonerado obedeciendo las órdenes del
ministerio tuvo que abandonar á Galicia, y los
sagrados principios en que estriba la sociedad
y las leyes triunfaron tambien esta vez.


Tan importante acontecimiento al propio
tiempo que desconcertó los planes formados en
Andalucía y en otras provincias, reanimó al
ministerio que abrumado de disgustos y de des-
gracius no sabia donde vol ver los ojos para en-
contrar un apoyo: afortunadamente no se veía
atacado de cerca, porque gracias á la constante
actividad y á la enerjia del conde de Cartaiena
y del jefe político D. José Mal'tinez de San Mar·
tin , losjenios turbulentos de la capital no osa-
han emprender COSi) alguna y permanecían sirn-




toe
pies espectadores del desórden de las prorin-
cias, La pren!la destilaba sin cesar el mas acti va
veneno, y el gobierno no podía aplicar el
oportuno remedio á un mal tan grave, porque
las córtes habian establecido el jurado para los
delitos de la imprenta, y los jueces de hecho ele-
[idos por los ayuntamientos perteuecian al par..
tido ajitador, ó no tenia n la suficiente fuerza para
condenar los malos principios. Hallábanse á la
saznn reunidas las cortes en sesión estraordina-
ria; y el ministerio cercado de obstáculos recur-
rió á la asamblea por medio de un mensaje del
monarca para que tomasen en consideracion los
trastornos que tan frecuentes eran en distintos
puntos, y apoyasen al poder ejecutivo adoptan-
do y discutiendo medidas represivas de la anar-
quía. El mensaje á la Jetradecia así.


»Con la mayor amargura de mi corazón he sao
bido las últimas ocurrencias de Cádiz, donde sO
pretesto de amor á la Constitucion se ha hollado
esta, desconociendo las facultades que la mis-
ma me concede. He mandado á mis secretarios
del despacho que presenten á las cortes la no-
licia de tan desagradable acontecimiento, en la
íntima confianza de que penetradas de él coope.
rarán euérjicarnente con mi gobierno á qUt:! se
Conserven ilesas, así como las libertades púhli-
cas , las prerogativas de la corona que son una




109
de susgaranfias. Mis deseos son los mismos que
los de las córtes , á saber , la observancia y con-
solidacion del sistema constitucional; pero las
córtes conocen que tan opuestas son á él las in-
fracciones que pudieran cometer los ministros
contra los derechos de la nación , como las de-
masías de los que atentan contra los que la Cons-
titucion asegura al trono. Yo espero que en esta
solemne ocasión las córtes darán á nuestra pa.
tria y á laEuropa un nuevo testimonio de la cor-
dura que constantemente las ha distinguido, y
que aprovecharán la oportunidad que se les pre-
senta para contribuir á consolidar del modo
mas estable la ConstiLucion de la monarquía,
cuyas ventajas no pueden esperirneutarse , yaun
estarian espuestas á perderse, sino se contienen
al nacer los males que empezamos á sentir.


San Lorenzo 25 de noviembre de 182L=-
Fernando. "


Las córtes dividieron en dos partes la res-
puesta á este mensaje. En la primera condenaren
altamente la conducta de los promovedores de
los disturbios de Cádiz y de Sevilla ,y pusie-
ronla en manos elel monarca antes de discutir la
segunda. Ya el partido eesa jerado tenia en
las córtes , sino una mayoría pronunciada , al
menos numerosos y ardientes partidarios, y las
revueltas de Andalucía contaron por consi-




110
guiente con apolojistas. Hiciéronse al ministe-
río Jos cargos menos fundados, procuróse en
todas las sesiones abatir á Jos individuos que lo
componían, y ya que no pudieron echar mano
de la responsabilidad porque se habian limitado
á la ecsacta observancia de la Constitucion , di-
jÓ3e en la segunda parte de la respuesta que con-
venia despojar de su empleo á Jos secretarios
del despacho , porque habian perdido lafuerza
moral ( 1). Nuevo [énero de acusación que podrá
servil' en lo futuro como sirvió en esta desgracia-
da época pat'a condenar la conducta mas legal:
no es fácil adivinar lo que querian manifestar
las cortes en esta espresion vaga, ni se concibe
como falta la fuerza moral á los gobernantes
que se atienen escrupulosamente al límite da
fUS atribuciones, esforzándose para que las
leyes se ejecuten y~el órden~rúblicose conser-
ve. Y aun cuando se tratase de la idea privada
(lue inspirasen los ministros á la opioion pú-
l,lica por lo que á ellos tocaba, l quien decia á
las cortes (lue Jos secretarios del despacho esta-
han mal vistos, sino un partido que no podia so-


(1) El redactor de la respuesta y el autor de in-
veucion tan ol'ijiual fue el diputado D, José María
Calatrava.




111
portar que se opusiesen Con tanto vigor, con
tanta firmeza á sus proyectos? Los amigos de la
monarquía y de la paz apreciaban un ministerio
que en medio de los mayores peligros hahia
combatido la democracia Con una constancia
heróica : mas algunos diputados de las cortes
querían sin duda que los gobernantes, siguicn,
do el falal ejem plo de sus predecesores, capi-
tulasen con las cabezas del motin y con ellos
mismos. Sin embargo, los hombres sensatos y
prudentes que cornponian parte de la asamblea
proclamaron solemnemente en esta o casion los
verdaderos principios del órden social. Apesar
de la primera respuesta al rey dada pOI' el con-
Sl'eso lejislativo , lo", insurreccionados persis-
tian en Andalucia en su desobediencia al gobier-
no, escu.lados con el apoyo que encontraban en
las cortes que ecsaminaron las nuevas rt:'presen.
taciones de Cádiz y de Sevilla, y decretaron
la forrnaciou de causa á las autoridades de aquel
pUlllO.


Las córtes estraordinarias ocup.ibanse en re-
formar el reglamento sobre libertad de impren-
ta, porque la esperiencia de algunos meses ha-
hia bastado para probar que era causa de que
se cometiesen impunemente los m;.¡yores abu-
sos. El ministerio propuso una ley represiva
qae corrijiese los defectos de mas bulto, pero




t12
que dejaba todavía tanta latitud, que aun des-
pues de su promulgacion los abusos rayaron en
licencia. Sea que no quisiesen las trabas mas in-
significantes, sea que aprovechasen la ocasión
para vengarse de los diputados que se habian
pronunciado con mas calor contra los escánda-
los de Andalucía, los ajitadores intentaron ase-
linar al Conde de Toreno y á Martiuez de la


, Rosa al salir del congreso, Y hubiéranlo cense-
guido si las autoridades hubiesen mostrado me-
nús vijilancia ómcnos zelo: asaltaron la casa
donde vivia Toreno, que con mucho trabajo
pudo librarse del furor de sus enemigos.


Mientras que el gobierno combatía con tan-
ta pena contra los promovedores de alborotos,
tenia también que adoptar enérjicas medidas
contra los llamados realistas que comenzaban á
formar partidas en distintos puntos. No parecia
á su cabeza ningun hombre conocido, ningun
militar de mérito; mandábanlas hombres oscu-
ros ó enteramente nuevos en este lénero de
guerra,. ó qtie habian hecho su aprendizaje en
la guerra de la independencia. Las tropas cons-
titucionales las derrotaban donde quiera que las
alcanzaban y reducíanlas á ir errantes por los
campos ó por los montes: los facciosos eran
Una verda dera calamidad para el pais que atra-
vesaban; porque no solo obligaban á los pue-




113
blos & ocurrir & todas sus necesidadel! , sino
que los talaban y saqueaban aquellas bandas in-
disciplinadas, y á veces tambien los soldados que
las perseguian, añadiéndose Confrecuencia las ee-
sacciones de los jefes de uno y otro partido. Por
otra parte causaban un grave perjuicio á la na-
cion en [eneral prestando un arma terrible á los
ajitadores que acusaban á la nobleza, al clero,
á los moderados, á la familia real y al monarca
mismo, de ser los autores ó los cómplices de
las conspiraciones. A fuerza de abultar los peli-
gros, de amenazar á las clases mas respetables
de la sociedad, los ajentea secretos de la tiranía
lograban estraviar la opinión pública y acelerar
la eje cucion de sus proyectos.


En medio de esta confusion, cuando solo se
veían amenazas por una parte y temores por
otra, cuando la mayor parte de los ciudadanos
honrados 00 osaban manifestar su opinión; cuan-
do todo anunciaba la disolucion del estado,
verificáronse las elecciones para la lejislatura de
1822 y 1823. Imposible parecia que los nombra-
mientos no se resistiesen del herbor de la época
y de la preponderancia de las doctrinas ecsaje-
radas. No queremos decir con esto que todos
los elejidos perteneciesen á un partido, porque
muchos de ellos abrigaban los mejores senti-
mientos en razon de que sus .contrarios, para.




114
conseguir el objeto que se proponían, tuvieron
que ceder algunas veces á los electores de buena
fe , y porque muchos que fueron nombrados en
el concepto de que profesaban opiniones esn e-
mas, se portaron con suma templanza. Viér cnse
sin embargo diputados elejidos por provincias
donde carecian de domicilio, de bienes, de
nombradía y aun de conocimientos: otros que
habian figurado siempre á la cabeza de las aso-
nadas: algunos que estaban procesados por las
eausas criminales formadas á consecuencia de
los sucesos de Andalucía, y muchos proletarios,
si puede darse este 110m bre á los que no poseían
propiedades de ninguna clase, ni tenian nada
que perder.


El año J821 hubiera sido el último del go-
hierno representativo en España, si el ministe-
rio no hubiera mostrado tanta firmeza; si las
autoridades de Madrid no hubiesen desplegado
tanta decisión y enerjia ; si Moreda en Aragon,
y Latre en Galicia, no hubiesen contrariado y
paralizado los desacertados planes de 105 opues-
tos partidos. El proyecto de los ocultos jefes
de la trama era destruir la monarquía ; y mien-
tras la talaban los realistas levantados en ban-
das, los jenios turbulentos descubrían iguales
deseos en sus escritos, manifestábanlos en la
tribuna de las sociedades patrióticas, donde se




115
pTonunciaba el elojio de la guerra civil (1); Y
declarábanlos finalmente en sus obras, pues
desobedeciendo al gobierno desgarraban la Con s-
titucion. La negativa del monarca á~sancionar
el decreto sobre señorios , contribuyó en ~ran
manera á contener el torrente de la revolución;
porque por mucha que fuese la justicia primiti-
va que habia inspirado esta ley á los diputados
del pueblo, en las circunstancias actuales equi..
'Valía á dar á los arrendatarios autorización para
no pagar renta alguna, y arnás avivaba la guer-
ra de esterrninio entre los propietarios y tos co-
lonos. Negando el príncipe la sanción á un de.
cretoque llevaba el sello de la imprevision, pues
era la piedra de escándalo para suscitar nuevos
enemigos en medio de tantos corno cornbatian la
libertad, privó á la anarquía de un impulso con-
siderable y de un pretesto á los que bajo mauo
trabajaban para derrocar el imperio deja Cous-
titucion.Quizás algunos diputados de los que
declararon é inventaron que los ministros ca ..


(1) El diputado Romero Alpoente, proclamó en
Ia sociedad de Lor-euz i ni , que la guerra civil era un
don del cielo. Si hubiera vivido algunos años mas y
presenciado el sangriento cuadro de sus atrocidades..
qu.izás-no hubiese pe-nsado_del _lUismo modo,




116
recian de la fuerza moral necesaria para gober-
nar, recordaron entonces que los secretarios
del despacho se habian opuesto á la sanción de
la ley sobre señoríos.


No obstante la famosa declaracion del con.
greso nacional sobre la fuerza moral que faltaba
á los ministros, conservóJos el rey en su puesto
hasta últimos del mes de febrero de 1821. EH.
[ió entonces otro ministerio compuesto en su
mayoría de los representantes de la nación en
la anterior lejislatura, pues de los siete minis-
tras cinco se habian sentado en los bancos de
las cortes : nombró á los que mas se hablan dis-
tinguillo por sus conocimientos y por el espíri-
tu de templanza; y sus contrarios que no habian
despreciado medio alguno de impedir el nom-
bramiento, hicieron grandes esfuerzos para que
se anulase después de firmado.


He dicho que el segundo ministerio se com-
ponia de hombres menos célebres que el pri-
mero, y antes de concluir este artículo debo
ad vertir que el alma de aquella ad ministracion
fue D. Raman Feliu , ministro de Ultramar al
principio y despues de la Gobernacion. Casi to-
das las otras secretarías fueron alternativamente
ocupadas por diversos ministros, de los que al-
gunos distaban mucho de reunir la sabiduría y
la práctica de los negocios necesarios para ad-




111
ministrar el estado en tan azarosa crisis. Brilló
este ministerio por su constancia en sostener la
tranquilidad pública contra los embates de los
ajitadores , pur sus principios monárquicos y
por la guerra que nunca cesó de hacer á la
anarquía, escudada bajo el nombre de bandos
opuestos , y siempre arrostrando inminentes
peligros..Bajoeste concepto merece elojios mul-
tiplicados, y los hombres de hien de todos los
paises le deben el reconocimiento de Jos esfuer-
zos superiores que empleó pata descubrir las
tramas de los [enios turbulentos, Si varones de
principios menos sólidos y de un carácter me-
nos decidido hubiesen ocupado las sillas minis-
teriales despues de los sucesos de Aragon , An-
dalucía y Galicia , la revolucion hubiera preci-
pitado su curso y paseádose en triunfo por enci-
ma de Jos despojos de la monarquía.


TOM.JJ. 9




TERCER MINISTERIO
00lTSTITi10IONAL.


Entraron en el nuevo ministerio don Fran-
cisco Martinez de la Rosa, secretario de estado;
don José María Moscoso , de la gobernacioo;
don Felipe Sierra y Pambley, de hacienda;
don Nicolas Garelli .. de gracia y justicia; don
Luis Balanzat, de guerra; don Francisco Remara-
te, de marina; y don Manuel de la Bodega, de ul-
tramar. Las circunstancias, en medio de las cua-
les los nuevamente nombrados asieron el ti·




119
mon de la nave púhlica , eran muy espinosas:
hallábase la nacion turbada hasta el último est re-
mo, y la confianza habia desaparecido entera-
mente. Los ajitadores apoderados de la tribuna
y de la prensa, adquirian cada dia nuevo arro-
jo y nuevos partidarios: y las bandas realistas
crecian en Cataluña y Navarra, saltando con';
tinuas chispas de insurreccion en las provincias
llragonesa y castellana, y en otras varias del rei-
no. Finalmente, las cortes iban á abril' las puer.
tas de sus sesiones y el ministerio no po.lia pro...
meterse influencia alguna en la asarnblea , que
anunciaba estar dominada por Ja3 ideas mas
ecsaliadas. Instalóse el congreso nacional el l."
de marzo: en la última junta preparatoria,
Riego habia sido nombrado presidente para os-
tentar Jos diputados los principios que profesa-
ban, y presentóse en actitud hostil contra el
trono. Alarmado este con la imprudencia de los
ajitadcres, no interrumpia el hilo de las conspi..
raciones, y los serviles para aumentar la alar-
ma, propalaban que una de las primeras propo-
siciones que debian hacerse era declarar la in-
capacidad del monarca: otros muchos rumores
de esta especie circulaban y nadie se atrevia á
desmentirlos, porque algunos diputados no go-
zaban de la mejor opinion , y los elojios que
les prodigaban los fraguadores de alborolosy




120
el contento que manifestaban, eran el mas se-
guro indicio de que la Constitucion y las leyes
corrian peligro.


Desde las primeras sesiones observóse en la
asamblea una tendencia decidida á las medidas
estremas : los representantes del pueblo de mas
subido temple se complacieron en hacer el elo-
[io de los desórdenes de Andalucía y de Gali-
cia: pintaban como las mas encarnizadas per-
secuciones Jos procesos formados por órden de
las córtes anteriores, contra las principales ca-
bezas de aquellos sucesos, y lamentábanse en
su nombre cual si en vez de castigo mereciesen
recompensa. l y como era posible que se con.
dujesen de otro modo habiendo tomado parte
algunos de ellos en los acontecimientos, y su-
bido al alto puesto que ocupaban por medio
del favor de los ajitadores? Uno de los minis-
tros quiso pintar los riesgos á que esponian á la
libertad las doctrinas ecsaltadas , y el presiden.
te de las córtes le interrumpió declarando que
él se hallaba al frente de los hombres á quienes
se daba el titulo de ecsaltados. El ministro ci-
tó otra vez las prerrogativas de la corona, y el
presidente le invitó á que se sirviera de otras
espresiones, porque el rey no tenia prerogativas
sino deberes. L3S observaciones del presidente
manifestaban el deseo de contrariar á los mi-




121
nietros y de rebajar la autoridad real, '1 eran
en estremo falsas, porque el artículo J71 de la
Conslitucion decia asi: l) Arnás de la preroga·
tloa que pertenece al rey de sancionar las le-
yes y de promulgarlas, goza principalmente
las que siguen, ccc."


Reinaba en íin la mayor ajitacion en el con'
greso, y diputados hahia que olvidando absolu-
tamente los negocios, se ocupaban en referir
las noticias que habian recibido, dando de este
modo una ridícula importancia á sucesos insig-
nificantes para deducir siempre consecuencias
que acriminasen al gobiemo. Mostraban un odio
sin límites al nuevo ministerio, en el que los
que creían cimentar la Constitucion con los
trastornos no podian menos de reconocer un
formidable adversario. Las declaraciones de los
representantes del pueblo contra los secretarios
del despacho, se succedian las unas á las otras
sin interrupción , y vinieron por último á em-
plazar al ministerio para la noche del 9 de mar-
zo con el 6n que diese cuenta del estado de la
nación,


Todo indicaba que la sesion debia ser bor-
rascosa y decisiva para el ministerio, y parecia
muy dificil que pudiese sostenerse atendidas
la prevencion y la animosidad que se manifes..
tahan contra sus individuos. Sin embargo, su




122
triunfo fue completo : el furor de los hombres
de opiniones estrernas , no les permitió ceder
la palabra á aquellos de sus amigos que se hu-
bieran producido con mas talento , porque IOIl
mas ignorantes quisieron lucir su bizarría lan-
zando acusaciones en las que ostentaron su ma-
la fe, sus escasos conocimientos y hasta su gro·
seria. Los secretario'! del despacho oponian la
razon , la cal ma, la prudencia al í l1l petu frené-
tICO de sus adversarios , que quedaron confun-
didos, obligando á sus jefes á poner (in á esta
memorable sesión en que tanta verdad, tanta
elocuencia y tanto convencimiento habia salido
de los labios de los ministros.


Desde aquel instante el ministerio tomó su-
mo ascendiente sobre las córtes ; su partido que
era el del órden y el de la monarquía, se au-
mentó de dia en dia entre los diputados; los ami.
gos de la democracia pllra se desacreditaron, y
el gobierno pudo hacer frente con buen écsito á
los ataques reiterados de que era blanco. Las
córtes ecsaruinaron de nuevo y aprobaron la ley
referida de señoríos , dec retada por las córtes
anteriores y no sancionuda por Fernando, que
segunda vez se negó á aprobarla (1). Ocupáron-


(1) La Coustitueiou daba al rey la facultad de




123
se tambien del reglamento para el gobierno de
las provincias, y en todos sus actos estudiaban
dmodo de disminuir la influencia del poder
ejecutivo , y por consiguiente de privar á sus
ajentes de los medios de sostener la tranquili-
dad pública y de hacer ejecutar las leyes..Asi es,
que como la Constitucion tenia ya una tendeu-
cía democrátiea , los decretos y los reglamentos
de las córtes procurahan nivelar aun mas el
edificio de la monarquía sin imajinar que así se
desplomarla mas pronto y nos sepultaria á to-
dos entre sus ruinas.


La asamblea, siempre recelosa de que triun-
fasen los enemigos del código de Cádiz , quería
entrometerse en todos los ramos de la pública
administracion , y aun se mezcló en asuntos
propios de la policía, nombrando una comisión
que eosarninase si se reunian en un punto de la
córte [entes sospechosas, y prestando una aten-
cion pueril á insignificantes querellas. Estos pa·


rehusar su sancion á la ley decretada porel congreso,
que no podia tratar de nuevo del asunto en la misma
lejislatura. Si en la lejlslatura siguiente las cortes
daban todavía su aprohaciou á Id ley no sancionada,
el rey podía rehusar segunda Vf'Z su sancion ¡ mas si
Ja asamblea aprobaba el decreto tercera vez en el si.
guieute año , el rey estaba obligado á sanciona rla,




lB
1011 imprudentes ~ mezclados de protestas de
firmeza y de arrojo hechos en dias en que era sa·
bido que no peligraba la ley fundamental, fueron
otros tantos pretestos de que se valieron los ser-
viles para ridiculizar hasta el último estremo á
la asamblea; y contr ibuyeron mucho á desacre-
ditar las doctrinas ardientes conque pretendian
sostener la libertad de la patria. Si los diputados
en [eneral , entusiasmados con el ardimiento de
la inesperiencia y defensores de los principios
eosajerados J que en vez de afianzar derrocan los
gobiernos representativos, hubiesen mostrada
mas talento y una conducta mas prudente, no
cave duda en que atendido el herbar de la na.
cion hubieran abatido á sus contrarios en el
'Primer mes de sus sesiones.


Una de las primeras disposiciones del minis-
terio fue llevar á efecto el decreto de las oórtes
anteriores J que dividía la España y las islas ad..
yacentes en cincuenta y dos provincias. Esta
operacion harto difícil se concluyó C011 un zelo,
con una constancia tanto mas dignas de elojio
cuanto el congreso se oponía á qQe se realizase:
colocó á la cabeza de cada provincia autorida..
des políticas y militares sacadas del partido mo-
derado , y desde entonces vióse un principio de
acuerdo entre todas las partes de 11;"1 administra,..
C¡Qn par~ fQrta\~cer ., cOlm~rVar la autoridad




125
real, para atacar las doctrinas de la anarquía y
restablecer el órden público en la sociedad. El
gobierno caminaba conforme á un plan, con
reílecsion ; estendia su actividad y su previsión
á todas partes, y combatiendo incesantemente
en las cértes á SU!! contrarios aumentaba todos
los dias su partido, y acreditábase con el cuerpo
diplomático con su conducta honrada y firme.


Contrariaban sin embargo su marcha nu-
merosas dificultades: los ajitadores no se cansa-
han de oponer obstáculos y los realistas progre-
saban rápidamente en Cataluña, donde la guel....
ra se encendia con mayor encarnizamiento en-
tre Jos habitantes de la montaña y de las costas.
Reprcsentáronse por otra parte en 30 de maJo
escenas desag."adables en Aranjuez y en Valen..
cia : en el primer punto ocurrieron desórdenes
en el palacio, donde resonaron gritos sedicio-
50S, Y en Valencia algunos artilleros se apode..
raron de la ciudadela al grito de muera la Cons-
titucion. Apagáronse al instante uno y otro mo-
vimiento sedicioso: el ministerio no desespe-
raba todavía de sostener el órden y la tranquili-
dad pública, de la posibilidad de establecer la
autoridad real sobre bases mas sólidas , cuando
los acontecimientos de los primeros dias de ju-
lio desconcertaron enteramente sus proyectos y
entregaron el estado en manos de la anarquía.




126
Hacia mucho tiempo que la guardia real


era el ohjeto de las declamaciones de las socie-
dades patrióticas, que veían en ella un instru-
mento poderoso del órden social, y la conducta


. de las compañías de guardias que se hallaban
en el palacio de Aranjuez e130 de mayo, y que
no se habian opuesto al p~rec€r, con ener-
jía á las momentáneas turbulencias del dia de
San Fernando, prestó nuevas armas á sus con-
trarios. De aquí resultaron varias querellas par-
ciales entre los soldados de la guardia y los mi-
licianos nacionales de Madrid durante el mes
de [unio, y las córtes escojieron casualmente es-
tos dias pJra ocuparse de la reforma de la guar-
dia real. Su impolítica, unida al funesto efec-
to producido en los soldados por las continuas
declamaciones de que eran blanco, vino por
fin á ecsasperarlos y áobligarles á tornar un par-
tido que fue tan fatal á los guardias como á la na-
eion entera. Ya el 30 de junio al desfilar las
tropas después que el monarca se hubo retirado
del palacio del congreso, que terminó aquel
día la lejislatura ordinaria de t82'2, los tambo-
res de un batallan de guardias habian respondi-
do á golpes de sable á los insultos que segun se
dijo jeneralcnente les prodigaban algunos ajita-
dores, y varios soldados salieron de sus filas
para tomar parte en la reyerta. Mas ahogáronse




127
aquellas llamaradas sediciosas, y en todo el dia
sobrevino acontecimiento alguno que alterase la
tranquilidad pública de la capital de la monar-
quía: porque la muerte de un teniente de guar-
dias, llamado D. Mamerto Landaburu, asesi-
nado por sus propios soldados en el real palacio
aunque ajitó en estrcmo los espíritus y los aca-
loró , no turbó la paz en el interior de la córte,
Mas en el silencio de la noche cuatro batallo-
nes de guardias tomaron las armas y salieron de
Madrid: los dos restantes guarnecian el pala-
cio. Apenas el capitán [enera! tuvo conocimien-
to de su salida corrió tras los fujitivos y los en-
contró á corta distancia ordenados en batalla:
hablóles , aunque inútilmente, en nombre de la
disciplina, pintóles la imprudencia Jel paso que
habían dado, y les prometió tambien en vano
la satisfaocion de los ultrajes de que se queja-
han. Ohstináronse en no volver á sus cuarteles,
dieron voces contra la Constitucion , y propu-
sieron al conde de Carta [ena que se colocára á
su cabeza: dióles Morillo mas enérjicamente en
rostro con su indisciplina, mas los soldados
igual desprecio daban á sus promesas que á SU¡,l
amenazas, y vióse forzado á abandonarlos cuan-
do conoció que no habia medio de persuadirlos:
entonces los cuatro batallones siguieron el ca-
mino del Pardo que dista dos leguas de la córte.




128
En tales circunstancias la posicion del go-


bierno fue de las mas alarmantes: la confusión
y el terror reinaban en la villa de Madrid, don-
de ninguno preveía el desenlace que podrian te-
ner tan importantes acontecimientos, No pare-
cia posible reducir por fuerza á su deber á los
cuatro bata lIones del Pard o, pues la guarnicion
de la capital de la monarquía contaba tan solo
dos batallones de infantería y dos escuadrones
de caballería harto escasos. Y los guardias del
Pardo no eran los únicos que habian de comba-
tirse, sino tambien los dos batallones posesiona-
dos del palacio real que pensaban como sus com-
pañeros; y era muy probable que si se acome-
tía á los unos tomasen los otros abiertamente
partido. Habia tambien en palacio un escua-
dran de caballería de uno de los rejimientos de
Ia guarnicion, y se habia reunido á Jos guar-
dias. Las provincias vecinas de la capital esta-
hm casi del todo desprovistas de tropas, ha.
hiéndose encaminado la mayor parte. de las
fuerzas á Cataluña y á Navarra para apagar el
fuego de la sedicion realista que abrasaba aque-
llas provincias. Algunos dias antes los carabine-
ros reales y el batallen provincial de Córdoba
hahiun dado el grito de contrarevolucion en
Andalucía, y casi al propio tiempo el rejimien-
to provincial de Sigüenza se sublevaha junta-




129
mente con toda la provincia I que dista doce le-
guas de Madrid.


No ecsistia pues en razon de lo que llevamos
dicho probabilidad alguna de que los guardias
regresasen voluntariamente á la córte, y el mi.
nisterio que aun cuando hubiese podido dispo-
ner de ejércitos numerosos no hubiera recurri-
do á Jos medios violentos sino en el último es..
tremo, tomó el acuerdo de tratar con los revol-
tosos. Cada momento acrecia Jos peligros y se
presentaba casi imposible el impedir las catás-
trofes que amenazaban: los guardias no seguian
un plan determinado y en sus discusiones con
el gobierno se quejaban únicamente de los ul-
trajes que habian recibido y de la impunidad
de los que los habian insultado. No manifesta-
han deseo alguno de ver mudada la forma de
gobierno, y la lápida de la Constitucion perma-
necia colocada en la plaza del Pardo lo mismo
que en la de Madrid.


La posición de los guardias sublevados no
era tampoco tan ventajosa que no tuviesen nada
que temer, sino se portaban Con prudencia y
cedían poco á poco á las insinuaciones del mi-
nisterio. A su salida de la córte la mayor parte
de los oficiales los habia abandonado con algu-
nos sub-oficiales y soldados: la indisciplina to-
maha incremento á medida del riesgo y no oh..




130
servaban á su cabeza hombre alguno capáz de sa-
carlos del embarazo, y darles el impulso nece-
sario para no aventurar la empresa. Cierto es
que no habia á mano las fuerzas suficientes para
dictarles la ley; pero tampoco podian dudar
que llegarian prontamente de todas partes, so-
hre todo después de la derrota de los carabine,
ros y de sus partidarios en An.lalucía que se vie-
ron obligados á huir de la provincia para correr
á la Mancha á rendir las armas.


Mientras que se deliberaba en el real alcázar
sobre el partido que convenia tomar Con los
guardias; mientras que los cortesanos que ro-
deaban al rey .. aquellos de cuya fidelidad no le
era permitido dudar, no podian entenderse so-
hre la especie de gobierno que debía proclamar..
se, pues el monarca no se contentaba conque
se reformase la Constitucion y quería el poder
absoluto, los verdaderos liberales de la capital
vivian en una ansiedad continua, y el partido
ecsaltado que creía realizadas sus predicciones
clamaba justamente contra los facciosos, y apo-
yado por el ayuntamiento queria llevar las cosas
al estremo que apetecía. Desde los primeros
dias el ayuntamiento madrileño se pronunció
por la opinión de que era necesario atacar á los
guardias con las restantes tropas de la capital y
con los milicianos nacionales: insistió varias




131
veces en su parecer, no obstante, la resistencia
del gobierno que no solo conocía las escasas
fuerzas de que podia disponer para el ataque,
sino que también se habia persuadido quizás
sin fundamento que el plan de algunos [enios im-
prudentesy turbulentos era que saliese de Madrid
el capitán jeneral y las tropas para atacar de segui-
da el palacio, apoderarse si podian de la pfrsona
del monarca y dar á los asuntos el rumbo que
que les conviniese. El gobierno al decir de algu-
nos, recibia á cada instante nuevas pruebas de
que tales eran verdaderamente los deseos de las
personas que tanto trabajaban para que se comen-
zasen las hostilidades; y aun añaden, como po-
sitivo, que algunos dias anLes del sangriento
combate, uno de los individuos mas influyentes
de las sociedades y del ayuntamiento, comenzó
á dictar ordenes en el parque de artillería para
que los artilleros arrvjasen granadas al alcázar
donde se albergaba la real familia. Resistióse con
firmeza el jefe del parque y evitó de este modo
las funestas é incalculables consecuencias que
hubiera tenido la imprudencia de un solo
hombre.


Mas estas tentativas y otras muchas en di ..
ferente sentido, estrellábanse contra fa activi-
dad, la firmeza y la enerjía del capitán jeneral,
~' el jefe político que secundaban lasmiras del




132
ministerio con s~mo celo, y en esta circuns-
tancia como en todas las otras que la habían
precedido J preservaron de grandes infortuuios
á la persona del rey y al pueblo de Madrid.


Lució el 6 de julio; la indisciplina de los
soldados de los dos batallones de guardias que
guarnecian el palacio iba acrecentándose, á me-
dida que se acercaba el momento de declararse
abiertamente. Habíase derramado sin duda el
oro entre los soldados, y el vino aumentaba los
síntomas del desórden; todo anunciaba en el
interior del alcázar que el instante critico habia
llegado, y veíanse llegar personajes que necesa-
riamente debian participar de las resoluciones
adoptadas. Pintábase la satisfacion en el rostro
de unos, otros mostraban una alegria mezclada
de inquietud, y aquellos respiraban la vengan-
za y el esterminio. Impidieron los soldados el
que saliesen del real edificio los ministros, el
jefe político y otras personas de distinción,
á quienes forzaron á pasar alli la noche que pre-
cedió á tantas calamidades.


Mientras que asi corrian las cosas en la mo-
rada del monarca, los cuatro batallones de
guardias que se hallaban en el Pardo pusieron-
se en marcha para Madrid, donde llegaron an-
tes de que amaneciese el funesto dia 7 de julio;
lograron penetrar no solo sin resistencia sino




133
también sin ser sentidos, De este modo podían
convinar el ataoue como mas conviniese á sus



miras, Con tanta mas confianza de un feliz
resultado cuanto que sorprendían á sus enemi-
gos: mas el écsito estuvo lejos de corresponder
á tales y tan fundadas esperanzas, y mientras
que la columna principal era rechazada en la
pl"za mayor por un puñado de milicianos na-
cionales, los otros destacamentos que debían,
á 10 que parece, concurrir ..1 mismo punto,
fueron detenidos y dispersados por simples pa-
trullas. Los guardias fujitivos se reunieron á la
columna (lue estaba en la Puerta del Sol, no
con el fin de hacer un esfuerzo, sino para reti-
rarse todos juntos precipitadamente á palacio,
en el instante en que los acometiese alguna fuer-
za. Los primeros tiros de fusil revelaron á gran
parte de la guarnicion y á los habitantes de la
villa que los guardias habian eutrado hostilrnen-
te en la capital, y cada uno corrió á su puesto,
no para disputar la victoria, sino para enterar-
se de que los guardias habían huido hácia el ré·
[io alcázar en el mayor desórden : y en medio
del entusiasmo y del triunfo, pereibiéronse al.
gunas voces que pedian que se atacase á los
guardias y se asaltase el edilicio en que habían
encontrado un refujio. La facilidad de la victo.
ria ya conseguida daba arrojo á los menos bra-


TOMO JI. 10
-.;:>.


.... /-?'


e




134
vos: parecía inevitable que los vencedores, dis-
poniendo de toda la artillería, y no teniendo na-
da que temer de unos enemigos, cuya desmo-
ralizacion acababan de esperimentar , quisiesen
intentar el ataque de palacio, mas el capitan
jeneral, tomando el ascendiente qrle pertenece
siempre en iguales ocasiones al valor tranquilo
é inalterable, logró con los mayores esfuerzos
pacificar los ánimos. Los guardias no fueron
pues atacados. Bespetóse la morada del rey y
salvóse quizas su vida: en vez de embestir el
alcázar, el capitan jeneral envió oficiales que
conferenciasen con el rey, y resolvióse que Jos
cuatro batallones de guardias que habian veni-
do del Pardo, entregarian las armas y se retira..
rian á los cuarteles que les fuesen señalados.
Los dos batallones que habian permanecido en
palacio debían salir armados para situarse el uno
en Leganés y el otro en Vicálvaro, pueblecitos
situados en los contornos de la córte: mas los
guardias del Pardo, dudando quizas de la [ene-
rosidad de los vencedores, fugáronse del real
edificio y tomaron el camino de Estremadura:
destacamentos de infantería y de caballería los
persiguieron con algunas piezas de artilleria; in-
trodújose el desorden en sus filas, derramaron-
se por todas partes y ofrecieron un triunfo fá.
cil á los que marchaban en su seguimiento:




135
Unos perecieron, la mayor parte cayeron PrI-
sioneros y muy pocos se salvaron.


Tan desastroso íiu tuvieron los funestos pro'
yectos de los guardias. Y antes de ecsaminar la~
consecuencias de tan tristes acontecimientos,
no nos parece intempestivo presentar algunas
ob-ervaciones sobre la especie de plan que se
habian propuesto, y sobre la manera con que
lo pusieron por obra.


Los guardias no manifestaron abiertamente
el deseo de obrar un contra revolucion sino es
el 7 de julio: hasta aquel dia podrían algunos
soldados esplicarse con mas ó menos claridad;
mas los jefos ni en sus discusiones con el go-
bierno, ni en sus demostraciones públicas, da-
han á entender el blanco que se proponian. To-
do lo que sucedió hace pensar que se retiraron
al Pardo, con la intención de aguardar las ór-
denes del monarca para conformarse con ellas:
esto es tanto mas probable, ó por mejor decir
tanto mas eviilente, cuanto los dos oficiales de
guardias que fueron á Madrid á tratar Con Jos
secretarios del despacho tuvieron con S. M. una
conferencia secreta. Es digno de notarse que la
entrevista con los ministros no había sido sino
el pretesto del via je (J).


-
(1) Los oficiales que fueron del Pardo á esta con.




t35
L08 guardias esperaron por espacio de seis


dias la direccion que debia imprimirles, y el>
probable que durante este tiempo las conferen-
cios fueron continuas en palacio, para delibe-
rar sobre el partido que podia sacarse de la se..
dicion de las tropas del Pardo. Los confidentes
del príncipe no se hallaban acordes en sus de-
seos : los unos querian que el rey se declarase
absoluto, que anulase enteramente cuanto ha..
},ian resuelto las córtes: otros pretendian mo..
difícar la Constitucion, ó hablando con mas
ecsactitud establecer un gobierno representati-
vo , en el que la autoridad real tuviese todo el
poder, todo el esplendor que se necesita en las
monarquias. Una y otra opinion debieron con ..
tar con ardientes partidarios, puesto que transo
currió tan largo tiempo sin que apareciesen resul-
tados, dando de este modo ocasión á los liberales
deja córte para que saliesen del primer estupor
que causó el horrible levantamiento de los guar-
dias á favor de la tiranía, y para que preparasen
Jos medios de resistir áaquella soldadesca iusur-
reccionada, mientras se acercaban tropas á la ca-
pital de la monarquía. ¿Quien ignoraba que el ec-


farencia, llarnáhanse don Luis 1\1011 y don Fortu-
nato Flores.




131
sito feliz Ó desgraciado de la empresll dependía
de la pronta ejeeucion del plan? Cualquiera reso-
lueion que hubiesen adoptado los batallones su-
blevados en la noche del 30 de junio ó al día
siguiente , hubieran podido ejecutarla sin obs-
táculos , porque nadie pensaba en el ataque y la
resistencia no estaba preparada. Si en vez de sa-
lir de la corte donde eran los mas fuertes, se
hubiesen apoderado en la referida noche del
30 de juuio del parque de artillería, y del pa-
lacio de las córtes , si hubiesen sorprendido
d0S Ó tres cuarteles , y atraido á los. soldados
á que siguiesen su partido; si hubiesen tenido
arrestados á íos ministros, á los individuos del
ayuntamiento y á las primeras autoridades, y
posesionádose de los principales edificios, hu-
hieran quedado en la misma noche dueños de la
capital.y todo esto podia realizarse sin encontrar
la menor dificultad, porque guarnecian los pun-
tos de mas importancia, porque eran mucho
mas numerosos que (as demas tropas de la vi-
lla , porque reunían las ventajas de la sorpresa,
pues asi como nadie tuvo conocimiento de su
fuga al Pardo, de la misma manera se hubiera
ignorado su marcha á cualquier otro punto (1)_


(1) Muy Iacil era apoderarse del oapitan jeneral.




138
MlIs en vez de abrasar este partido elijieron el
errado camino de salir de Madrid, lo que prue-
ha que semejante determinacion era precipita-
da, sin plan y sin el acuerdo y convinacion con
los del palacio. No debemos pasar en silencio una
circunstancia que da algunos rayos de luz, á
saber, que cuando el capitán [eneral , conde de
Cartajena , arengó á los :;uardias en el camino,
al retirarse respondieron estos que iban á reu-
nirse con el rey que babia salido igualmente de
Madrid. ¿Habria pensado el monarca abando-
nar la réjia morada y entregarse en manos de
los guardias, ó se esparció solamente este ru..
mor ea Jos batallones para seducir á los solda.
dos?


del jefe político, de los jeres de los cuerpos, del
ayuntamiento ¡ de la diputacion permanente, de las
córtes y de los ministros, porque el re.f podia con-
vocar á la mayor parte de las autoridades sin des-
pertar sospechas, como tamhien al consejo de estado
que celebraba sus sesiones en palacio. El ayunta-
miento estaba casi siempre reuuido; en cuanto á la
diputaciou permanente, baste decir 'lile los guardias
dahau el servicio en el alcdz ar del congre~o para (Iue
se vea cuau \Iano era retener á los individuos que
la cornponian. Los ministros espedi an sus órdenes
en el palacio mismo donde habitaba-el monarca.




139
No es probable que S. M. abrigase la inten-


eion de abandonar en aquella noche la capital,
porque en ese caso debia estar instruido del
proyecto de los guardias., é indudablemente
hubiera sacado entonces de su movimiento un
partido mas pronto y mas seguro: y por otra
parte, si él hubiese querido. partir, ninguno po.
dia impedirle la salida, estando el alcázar guar-
necido por dos batallones. Parece pues natural
el pensar, mientras ignoramos los detalles en-
teros de la sedicion de los guardias, que salie ..
ron de Madrid por su propio movimiento, y
que únicamente cuando se hubieron trasladado
ya al Pardo fue cuando se principió á utilizar
EU insurreccion, para intentar la ruina corn-
pleta del gobierno representativo y el entroni-
zarniento del despotismo,


y aun cuando no se hubiese juzgado conve-
niente apoderarse en los primeros momentos.
de la capital de la monarquía, como pudieron
verificarlo sin resistencia y sin ohstáculos , no
por eso los autores de la sublevación debieron
dejar de tomar las medidas que podían contri-
huir al écsito de la empresa. Distante ocho ó
nueve leguas del Pardo, hállase la direccion
[eneral de artillería en Segovia , donde sin com-
batir podian apoderarse no solo de las municio-
nes y de los cañones que necesitasen, sino tam-




140
bien atraer á su bando con la mayor facilidad al
rejimiento provincial de la misma Segobia , y á
mucha parte de los artilleros que alli hahia, y 011'0
tanto podian haber hecho en Avila y en otros dis-
tintos puntos Con el mejor resultado. Interceptan.
do entonces los correos hubieran in troducido la
confusion en las provincias y esparcido las noti-
cias que utas conviniesen á sus intereses; mas los
gua! dias no detu vieron la correspondencia públi-
ca, ni dieron proclamas ni manifiestos para apoyar
Su acuerdo y para proporcionarse partidarios.
Semejante modo de proceder justifica lo que
hemos dicho de que no tenían proyecto alguno
determinado, y que en la incertidum bre de lo
que ordenaría el trono, no osaban ni empren-
der una operacion, ni determinarse á manifes-
tal' sus sentiruientos , que no esta han aun apro-
hados y sancionados por el monarca. Mas aun
cuando las oscilaciones del alcázar real hubie-
sen sido la causa de tan prolongada apatia ; aun
cuando los diferentes partidos que rodeaban á
S. M. hubiéranse servido mutuamente de estor-
ho y de embarazo , Lcabe escusa en una indeci-
sion tan larga?


Insistiendo en el plan inicuo de trastornar
la forma del gobierno ecsistente , y mientras
resolvian los cortesanos lo que debían hacer los
guardias, parecía natural darles un jefe que go-




141
zase suma influencia en la capital, en el ejér-
cito, en las provincias; un jefe que mantuvie-
se la disci plina y conservase el ánimo y el entu-
siasmo de los soldados dispuestos siempre á
obrar. No puede concebirse porque escaso de
abandono dejaron á la cabeza de los guardias
del Pardo el comandante de UI1 batallon de la
guardia, estranjero , cUJo nombre era deseo-
nocido , y que aun en su propio cuerpo no
tenia la influencia necesaria para hacerse
obedecer en tan críticas circunstancias. l No
tenia el rey á su lado [enerales conocidos en
toda la nacion ? ¿No podia escojer entre ellos
el que mas mereciese su confianza para que se
pusiese al frente de los batallones del Pardo?
l Faltaron acaso hombres que se ofreciesen al
monarca para que los emplease en su servicio?
No nos parece creible. No obstante que tena-
mas el ejemplo de los que en época mas recien-
te y menos peligrosa han hecho alarde de S11
celo realista, creyendo que este título les daba
el derecho de perseguir á sus mismos compa-
ñeros, mientras que en los primeros dias de
[ulio aparecieron indecisos ó enteramente nu-
los, ó pelearon en las filas de los liberales pa-
ra engañarlos mas completamente y venderlos.
Cualquiera que fuese la causa que se opusiese á
que un [eneral conocido tomase el mando de




142
la guardia real, no puede esplicarse semejante
falla sino por la confusion y el desórden que
reinaban al rededor del trono; ó quizas los que
gozaban de mayor ascendiente se gloriaban es-
túpidamente de su triunfo, pensando que la
realizacion de sus proyectos no hallaria ostácu-
los que vencer.


Llegamos al momento en que los guardias
se decidieron á entrar hóstilmente en Madrid,
ecsaminernos el modo de ejecutar su movirnien-
too Indudablemente 10 mas difícil era llegar á
la córte sin alarmar á la guarnicion ; Ó bien sea
por la neglijencia de los que vijilaban las ave-
nidas y custodiaban las puertas, ó bien sea, co-
mo es probable, que mediase intelijencia, los
guardias tuvieron tan buena estrella que pene.
traron en Madrid sin disparar un tiro de fusil
y sin que las autoridades estuviesen informa-
das. Reunian todas las ventajas: el número, la
calidad de la tropa, la sorpresa, sumidos sus
contrarios en Un profundo sueño, todo les ase-
guraba la victoria. El principal esfuerzo se di-
rijió á Jo que parece contra la plaza mayor, en
la que debian desembocar por diferentes calles:
no solo no se realizó esta combinacian , sino
que la columna que llegó cerca de la plaza
retrocedió al primer tiro de cañón sin probar
esfuerzo alguno. Imposible es describir las ope-




143
raciones de los guardias, porque desde los pri-
meros momentos manifestaron tanta indecision,
reinó tal desórden entre ellos, que propiamen-
te hablando debe decirse que no hubo ataque;
que no hicieron absolutamente otra cosa que
marchar hasta el primer punto donde tropeza-
ron Con la resistencia, retroceder en el acto y
ponerse en fuga para abrigarse en el real pala-
cío. LY porque los soldados de los dos bata-
llones que guarnecian el alcázar no verificaron
movimiento alguno para protejer la operación
de sus compañeros 1 Habia llegado el momen-
to en que para triunfar necesitábase que hicie-
seu todos juntos un esfuerzo, que se colocase
á la cabeza de cada columna un [eneral de co-
nocimientos , y que diri [iese los ataques un per-
sonaje de mucho prestijio, En este punto los
cortesanos no podian vacilar, porque sahian
que los guardias ca recia n de oficiales y que era
preciso no desperdiciar medio alguno de ase-
gurar la empresa. ¿Que misterios son estos,
pues? ¿Se quiso únicamente jugar con la vida
de los hombres y derramar sangre sin plan,
sin prevision , y solo por el placer de que cor-
riese aunque fuese la de los mismos defensores
del trono? ¡Que barbarie! ¡Que crueldadl


La esperiencia lo acreditó suficientemente:
los soldados de la guardia abandonados á sí mis-




144
mos , sin ver á su cabeza á los altos personales
que les habian quizás anunciado, perdieron el
arrojo, desmayaron, y aquellos bravos vetera-
nos, lo mas granado del ejército español que
tantas veces habian desafiado los mayores peli-
gros, huyeron delante de algunos paisanos que
apenas conocian el uso de las arrms. Aunque
los sacrificados fuesen enemigos de la libertad,
¿quien no se indignó al ver el engaño y la per·
fidia conque se les condujo á la muerte? Por-
que la bandera coronela del primer rejimiento
de guardias, aquella bandera que recordabatan-
tas batallas gloriosas, habia de ser abatida y
humillada aunque fuesen españoles tambien, y
españoles amantes de la Constitución los ven-
cedores? Quien no derramó lágrimas de piedad
y de cólera á un mismo tiempo, al fijar los ojos
en tantos cadáveres de guardias que se habían
dejado matar casi sin resistencia; al fijarlos en
tantos centenares de soldados pocos días antes
modelos de disciplina y de valor, y abora pri-
sioneros , gracias á una tentativa infame en que
solo habian brillado el capricho y la crueldad
de la tiranía, y cuyos resultados tan funestos
debían ser á sus autores y á sus enemigos, al
despotismo y á la libertad? Los buenos ciuda-
danos esperimentaban suma compasión por aque-
llos desgraciados, al mismo tiempo que se in-




145
dignaban contra los ¡OlCUOS cortesanos, que
despues de haberlos acalorado y encendido la
sedicion los habian abandonado, ¿Que podian
hacer efectivamente sin oíiciales , sin guias, sin
caudillo, desvanecidas como el humo las ne-
cias esperanzas que les habian hecho alimentar?
Mas que los milicianos nacionales y los solda-
dos de la guarnicion de Madrid derrotaron á
los guardias, el abandono de la córte y la falta
de acuerdo y de enerjía que ocasionó tantos
infortunios.


Hemos visto que la conducta militar y poli-
tica de los que dirijieron á los guardias, fue tal
que desconcertó enteramente sus proYl:'ctos, y
que aunque tuvieron todas las probabilidades
del triunfo en sus primeras operaciones , per..
dieron todas las ventajas de su posicion por la
apatia .Y la debilidad que manifestaron: y por-
que su arrojo fue muy intempestivo. Por poco
que hubiesen reflecsionado habrían conocido
que el ministerio tendía constantemente á
afirmar la autoridad real; que no desperdiciaba
medio alguno de llegar á su objeto; que hacia
mucho tiempo que los ajitadores no hahian in-
sultado al rey, y qu~ se acercaba el momento
en que la reunión del congreso de Verona iba
á dar nuevo jira á los negocios, pues ninguna
persona de relaciones y de previsión ignoraba




146
que alli se determinaria la reforma de la Cons:..
titucion de t812, Y que España ca recia de me-
dios para empeñarse en una lucha con la Euro-
pa entera,


Era pues muy probable y la marcha seguida
por el ministerio parecia ser su garantia , de que
lejos de oponerse los secretarios del despacho á
que se hiciesen en la Constitucion las modifica-
ciones necesarias para dar á la autoridad real la
fuerza que le faltaba, abrazaria con empeño es-
te partido. Por consiguiente importaba mucho
contar con un cuerpo militar que apoyase las
medidas del gobierno, y q:.te contuviese á los
alborotadores al mismo tiempo que el ejército
frances amenazaba la frontera, y este cuerpo
debia ser la guardia real. El écsito era entonces
infalible, mientras que en el 7de [ulio, aun dado
caso de que hubiesen vencido los guardias, so-
lo se encendía la guerra ci vil. Hubieran corri-
do sin du Ia rios de sangre; y como los defen-
sores de la Constitucion de 1812 tenia n [eneral-
mente el apoyo de las tropas, y estaban posesio-
nados de las plazas fuertes y de las principales
ciudades, podemos asegurar que el triunfo de
los guardias hubiera sido momentáneo. Mucha
distancia había de proponer modificaciones al go-
bierno no despojándole de las formas representa-
tivas) á restablecer el absolutismo. En el primer




147
caso se podía contar con numerosos partidarios
de los mismos liberales, sin que debiese presu-
mirse que el partido llamado servil rehusase
apoyar las modificaciones, porque entonces !lUS
intentos se limitaban en mucha parte á líber-
tarse de los males de la anarquía; pero procla-
mando el absolutismo ecsasperábase á cuantos
habían tomado parte en los negocios políticos,
porque no podian reputarse seguros. Desde en-
tonces los desórdenes se hubieran succedido en
la córte , y con la indisciplina de los guardias
y las amenazas del partido que dominaba en pa-
lacio, y que confundiendo á los moderados con'
los ecsaltados descubríales )0 que tenia n que te-
mer, huhiéralos forzado á hacer un esfuerzo y
á marchar contra la capital de la monarquia.


El monarca no obstante el respeto y los
miramientos conque le trataban los ministros;
no obstante su conocida aversión á la licencia,
sus esfuerzos y los peligros que corrian para es-
tablecer el trono sobre sólidos fundamentos,
tratóles durante los acontecimientos de julio con
la mayor reserva, y como dejo dicho, en la
noche del 6 al 7 viéronse retenidos en el réjio
alcázar.


No era posible que despues del desenlace
del 7 de [ulio el ministerio se sostuviese, y ne-
cesariamente debían pasar las riendas del go-




14B
bierno á las manos de hombres que profesaban
ideas ecsajeradas, Sin embargo, tardaron los
jefes en ponerse de acuerdo, y hasta principios
del mes de agosto no se organizó el nuevo mi-
nisterio. Las dificultades fueron grandes, por-
que los ecsaltados se hallaban divididos en dos
partidos que se apoyaban en las dos sociedades
secretas de masones y comuneros; y su mútua
desconfianza las hacia aparecer en una aparen-
te inaccion , esperando apoderarse cada una del
gubernalle del estado. Triunfaron por fin los
masones, y tuvieron bastante destreza para que
Jos comuneros prestasen su consentimiento , á
que el nuevo gabinete se compusiese entera-
mente de individuos de su sociedad.


El tercer ministerio, cai.Io ahora, llevaba
muchas ventajas á los que le habían precedido:
adornábanlo tantas luces como al primero;
;reunia el amor al órden del segundo, y cono-
cia perfectamente la marcha de la revolucion,
permanecieudo los ministros íntimamente uni-
dos entre sí y sin despreciar nunca medio al-
guno de adquirir la confianza del monarca. To-
dos los ramos de la administración recibieron
de este ministerio un impulso poderoso: su pru-
dencia y la firmeza de carácter diéronle un
ascendiente mucho mayor que el que podia es-
perarse en la época en que se encargó del maa-




149
do. Declaró ála anarquía una guerra constante
y metódica , proclamó las mácsimas mas mo-
nárquicas y trabajó incesantemente para que el
rey fuese respetado: finalmente, animaba á es-
tos secretarios del despacho el deseo mas pro.
nunciado de filar la revolucion. Para llegar á es-
te objeto tenia muchos mas medios que ningu-
no de los que le habian precedido, y quizas
tambien que ninguno de los hombres que se
sentaron en sus sil las por espacio de largos años,
Sino pudo conseguirlo; si durante el período
de su administración la autoridad real no reco-
hró el esplendor que de derecho le pertenecía,
debemos atribuirlo no al ministerio sino al ino-
portuno y funesto levantamiento de Jos guar-
dias, al ningun apoyo que 106 ministros encon-
traron en el palacio de Fernando y en los ga-
binetes estranjeroa.


TOM.I1.




CUARTO MINISTERIO
CO lTSTIT'tJ'OIO 11' AL.


Don Miguel Lopez Baños, uno de los jefes de
Ia isla de Leon, fue nombrado ministro de la
guerra; y encargado el despacho de marina á
don Dionisia Capaz; el de gracia y justicia á
don Felipe Benicio Navarro; el de ultramar á
don José Manuel Vadillo; el de la gobernacion
á don José Fernandez Gaseó; el de hacienda á
don 1.\1ariano Ejea , y el de estado á don Eva-




151
risto San Miguel, jefe dd estado mayor de Rie-
go y redactor del Espectador, periódico que
desde los primeros números 00 habia cesado de
combatir las doctrinas y los principios de la
moderación. Tres de los ministros habian sido
diputados de las cortes en la precedente lejisla-
tura, donde siempre habian sobresalido por sus
ideas ecsajeradas , sin fi [ar los ojos en el esta-
do de Europa , en cuya balanza tanto pesaba el
formidable coloso de la santa Alianza, ni en el
estado interior del pais donde la preponderan-
cia del clero, la miseria y atraso de la muche-
dumbre y el sinnúmero de descontentos incli-
nábanla también al lado de la tiranía. Perte-
necian estos ministros á la clase de los que Con
mas ardimiento babian sostenido y defendido
á fines de 1821 la rebelion de C~diz y de Sevi-
lIa, prodigando continuas alabanzas á la deso-
heilieucia y á la in surreccion. A tales manos se
confió el destino de la desventurada España en
unos momentos en qne se necesitaban tanta pru-
dencia ,tanta tolerancia y espíritu de concilia-
cion, para amalgamar encontrados intereses y
reunir los espíritus divididos J enemistados. El
primer cuidado de los nuevos gobem<1otes fue
despojar de los empleos á la mayor parte de los
individuos que los obtenian ,colocando en los
puestos importantes á los miembros de su secta




152
qu« mas habian combatido al órden y á loa
ministerios anteriores. No tardaron en esperi-
mentar por sí mismos, que una vez dado el
impulso hácia el desórden, no es fácil ~ á los
que Ilegaa á apoderarse de la direccion de los
negocios por estos medios el gozar tranquila-
mente de su triunfo. Viéronse abrumados muy
pronto con las invectivas de los comuneros,
que habiendo creido que el ministerio los con-
sultaria en todos los asuntos de importancia, y
que el carro de la revolucion correria por el
camino de sus deseos, conformes en un todo
con los que habian manifestado en sus escritos
los masones, y que se reducian á dominar por
el terror y á no dejar en España un solo perso-
naje elevado que no perteneciese á sus filas t que-
jábanse ahora de que no se realizaban sus espe-
ranzas. Prometíanse los comuneros con tanta
mas razón estos resultados, cuanto los diarios
de la secta entronizada, sus órdenes, sus de-
mostraciones no habian indicado otro obje-
to desde fines de f 810. Desde esta época vió-
se constantemente á los masones en la asamblea
lejislativa , en la tribuna de las sociedades poli-
ticas , en todas parles predicar contra la tem-
planza, y declamar furiosamente á favor de Ja
demooraeia, Mas los comuneros se desengaña-
ron al instante que vieron á los ministros úni-




153
ca mente ocupados en repartir 1"1 poder y la in-
fluencia entre los suyos .. y en gozar tranquila-
m~te del fruto de sus trabajos. La guerra se de-
claró, pues entre ambas sociedades secretas, y
aunque parecia que' todas las venta [as estaban
de parte de los ministros, sin embargo los co"
muneros que se hablan apoderado del proceso
que se seguia sobre los funestos acontecimien-
tos del 7 de jultO, utilizaron la ocasion para
perseguir á los moderados, y hablaron alta-
mente en sus periódicos de atacar al ministro
de estado, don Evaristo San Miguel, qua ha-
bia instruido el primero la causa, y al que
atribuian criminales omisiones. Por consecuen-
cia del referido proceso, ordenóse el arresto
de los ministros del 7 de julio: el conde de
Cartajena y el jefe político San l\1artin fue-
ron encarcelados, como igualmente el duque
del Infantado y otros; y muchas personas dis-
tinguidas se sal varan con la fuga. 'El proyec-
to era, una vez amontonadas las víctimas en las
cárceles, acabar con ellas, elijiendo el medio
que aconsejasen las circunstancias ; ó bien con-
denarlas al cadalso, ó Lien asesinarlas en un
tumulto suscitado con este objeto. La ecsistcncia
de pianes tan al roces queda bien demostrada,
no solo pOI' la tendencia de los ajitadores que
los hablan concebido, sino tambien porque los




151
descl1nr\an y esp\ic'-Ilnn sin vergüenza en la tri-
JllllHj y en sus escritos. El ministerio corneuzó
á mirar con senurniento el que sus adversa¡;ios
tuviesen en &U~ manos una palanca tan rodero.
sa , con la cual podian conmover hasta los ci-
mieutos de su poderío. Enemigos de los mode-
rados , como los mismos que seguian el proceso
del 7 de julio, los secretarios del despacho no
se hubieran opuesto á su pcrsecucion y hubie-
ran dado el ejemplo de encarnizamiento con
mas presteza que nadie; pero las circunstancias
habían carnbiado , y encumbrados al guberna.
11e del estado, deseaban dar á su gobierno cier-
to carácter de templanza. Hubieran no obstante
permitido que se continuase la causa como SI:
habia comenzado, sino se hubiese tratado de
envolver en su curso al ministro de estado, San
MIguel, y por consecuencia de hacer la guerra
al ministerio. Desde entonces no guardaron ya
mas miramientos, y arrancóse La causa de las
manos del juez de la manera mas ilegal y mas
despótica: pusiéronla al cargo de otro que man-
dó poner en libertad álos principales oficiales,
y que se limitó únicamente á proceder contra
Jos individuos de la guardia. Esta circunstau-
cia salvó la vida á un gran número de hombres
distinguidos que han prestado despues irnpor-
tallte~ servicios á su patria, y estorbó á la re-




:155
volucíon que precipitase su marcha hasta abis-
mar la monarquía.


Sinembargo , la guerr~ civil estendíase con
ardimiento por las provincias que confinan con
Francia, y no era ya permitido dudar que el
gabinete de las Tullerias protejia la insurrección
al ver á un [eneral de reputacion ,al bai on de
Erales, tomar el mando de los realistas y es-
tablecerse una rejencia en Urjel. Dirijiéronse
numerosas tropas á la frontera, y los ministros
elijieron para el mando de los ejércitos á los.
iefe~ que pertenecian á su sociedad, y que no
pOI' eso reunian las cualidades políticas y mili.
tares que se requieren para triunfar de los su-
hlevados , y atraer y conservar los pueblos en
la obediencia. Muchas operaciones. se couvina-
ron mal, ó se ejecutaron sin vigor y sin euer·
[ia : y tales faltas, dando venta las ·á los realis-
tas, alentábanlos para nuevas erupresas. La guer-
ra era de esterrninio , y los prisioneros veíanse
muchas veces asesinados, principalmente si go·
zaban de alguna distincion. Los pueblos esta-
ban espuestos á los insultos, y algunas veces,
á las ecsacciones de una soldadesca desenfrena-
da , pues el nuevo ministerio habia acabado de
relajar la disciplina, y creia no poder sacar
partido de los soldados sin tolerar la licencia.
y no solamente se engrosaban las. bandas rea-




BG
listas en la vertiente de los Pirineos, y Iiacian
frecuentes correrlas hasta las márjenes del Ebro,
sino que las provincias del interior se hallaban
tambien infestadas de partidas, mas ó menos
numerosas, que interceptaban los correos, ata-
caban los destacamentos cortos de soldados, y
robando en los pueblos lo que necesitaban ó
por mejor decir lo que querian, aumentaban
la confusion y dificultaban estraordinariarnente
las comunicaciones. Los robos y los asesinatos
se multiplicaban; el gobierno no era obedecido
á las puertas mismas de la capital, donde tam..
bien se formaban bandas de facciosos.


Cierto es que las tropas constitucionales
consiguieron en Cataluña señalados triunfos, y
que despues de la torna de Castelfoliit y de Ba-
laguer, se vió obligada á entrar en Francia,
arrojada por las bayonetas de la libertad, la
division realista, á cuya cabeza marchaba el je..
neral heron de Eroled. Pero la guerra continua-
ha con no menos constancia en la provincia de
Cataluña, y principalmente en la parte que con-
fina con el reino de Valencia. Los ánimos se ha-
llaban ecsasperados , y los desórdenes infinitos
que se cometian por uno y otro partido atiza-
han mas y mas la discordia y producían un fu-
ror difícil de calmar. El ministerio no mostró
nanea el menor deseo de pacificar el pais , atra-




15'
yendo á la conciliacion á sus habitantes: los
partes oficiales, las observaciones que se inser-
taban en los periódicos del Ministerio, todo
respiraba el esterminio , y hasta el nombra-
miento de algunos de los que dirijian las opera-
ciones militares, y que se distinguian por su
crueldad, manifestaban que únicamente se que-
ria emplear el hierro y la llama.


En una nacion dividida , en que tantos años
de despotismo habían creado costumbres é in-
tereses contrarios á la libertad, necesitábase ha-
cerla amable para que conociendo los pueblos
los bienes que producia , se cimentase su impe-
rio. Harto trabajaban el clero y sus amigos en
pintar sus escesos con horribles colores, y al
verlos confirmados en la práctica y en la de-
vastacion jeneral, los hombres ignorantes creian
de buena fe que la licencia era inseparable de
los gobiernos representativos, y aumentábase
el número de sus contrarios.


Las pasiones políticas han sido siempre los
principales ajentes de las proscripciones, sin
que los pueblos ni los gobernantes hayan queri-
do aprender que estas nunca producen el obje-
to que sus autores se proponen, y por consi-
guiente que su maquiavelismo es tan insensato
como inhumano, siguiendo la doctrina de M.
Bignou, COIDO entramos á hablar de la funesta




158
época en que comienzan las negras proscripeio-
nes del partido vencedor, que aunque repren-
sibles no por eso admiten cornparecion con el
horrible esterrninio decretado por el realismo,
desde que triunfó al abrigo de la mancillada
bandera de las lises , no me parece inoportuno
estractar una hermosa pájina de M. Bignon.
Sirva de prólogo á la lúgubre pintura que te-
nemos que· hacer, y. aprendan en él los hom-
bres la leccion que les da su sabio y nunca bien
alabada autor.


En aqu(;Ila época en que la Grecia se com-
pouia de gobiernos populares , el principio de
las proscripciones fue el amor de la igualdad ó
de la democracia. En Roma, Mario proscribió
por el deseo de la dorninacion , Sila por el de
la venganza, Octavio y los emperadores que
le siguieron por el amor del despotismo. Las
proscripciones permanentes de Venecia tenian
por oríjen el amor de la aristocracia: las pe-
riódicas de Florencia , ya el temor de perder
la libertad, ya el anhelo de la prepotencia. El
fanatismo relijioso , orijen fecundísimo de pros-
cripciones, inundó de sangre la Europa desde
los siglos de la barbarie. Este funesto principio
estaba en su .mayor vigor en el siglo décimo
sesto , precisamente cuando empezaban á espar-
cirse las luces que lo han destruido. En el dia




159
est.~ ya en decrepitud: pero ay del que pruebe
las garras del leo n moribundo! Del cuadro que
forma el auLor de las di versas épocas de pl'OS·
cripciones que se han fulminado en todos los
paises , y en todos los tiempos, resulta que si
el principio de las proscripciones 11,1 sido tan va·
riable como lo son las pasiones humanas, sus
efectos han sido siempre los mismos en ledas
partes. No hay proscripción en que no se hallen
crímen , peligro é inutilidad, Todas son suber-
sivas del órden social; todas llevan consigo el
riesgo inevitable de las represalias, todas son
impotentes ó supérfluas para el fin que se pro-
pusieron sus autores: porque en valde grita le
ambicioso maquiabelismo ; la razón y la es-
periencia le responden que la sangre del inocen-
te cae sobre el que la derrama, y que la iniqui-
dad se engaña á si misma. Esta consecuencia
deducida por MI'. Bignon, es el fruto de la his-
toria del mundo entero.


Cuando los tiranos condenan á los ciudada-
nos por hechos relativos á sus opiniones políti-
cas , lejos de afirmar el trono provocan la deses-
peracion y los levantamientos: las proscripcio-
nes, pues, 5011 tarde ó temprano funestas al
despousrno, Cuando la libertad proscribe á sus
enemigos, lejos de alumbrarlos con 5US luces,
los ci~ga : produce la gucfl'a civil, y del medio




160
de ella se ha levantado siempre triunfante el
poder absoluto de una persona, que reuniendo
las opiniones Con la clemencia y el injenio, las
ha forzado á admitir su yugo. La libertad adernas
es una planta tan delicada que solo el cilfiro be-
néfico de la ilustracion , la virtud y la toleran-
cia la reverdece y nutre: pero regada con san-
gre se marchita y muere. Las proscripciones,
pues, perjudican siempre á la libertad y la des-
truyen. Los acontecimientos qué vamos á refe-
rir corroboran esta verdad en España.


Otro tanto que en Cataluña sucedia en Na-
varra y en Aragon , y la sangre española cor-
ria á torrentes á impulso de los dos partidos que
querian, segun decían, rejenerar la nacion y
labrar su dicha. Los jenerales en jefe de los
ejércitos publicaron á porfia proclamas atroces,
imponiendo con la mayor lijereza la pena de
muerte, la coufiscacion de bienes y la deporta-
cion. Los pueblos en que se hiciese fuego á las
tropas constitucionales debian ser incendiados
y saqueados sin piedad, aunque los agresores
no perteneciesen al pueblo, si este no les entre-
gaba. A la misma suerte se condenaba á los lu-
gal'es en que fuese asesinado un patriota, y es-
tendíase la pena de muerte hasta aquellos que
propag.asen noticias favorables á los realistas.


y no solo se ejecutaban estos decretos de fa-




161
ror y de esterminio ) sino que sus autores se glo-
riaban de semejantes atrocidades , y el ministe-
rio lejos de impedirlas las promovia. Al dar
cuenta de la toma de Castelfollit, donde fueron
pasados á cuchillo los vecinos que no se salva-
ron huyendo, Mina se esplicaba asi: » La villa
enteramente desierta ha desaparecido con las
fortificaciones ~ y para recordar á todos el trá-
jico fin que deben esperar de sus empresas in-
sensatas, los que prestando oídos á las sujestio-
nes de los enemigos de nuestra felicidad, osen
tomar las armas para atacarla, he mandado co-
locar en el punto mas visible de un pedazo de
muralla que queda en pie, la inscripción si-
guiente: Aquí ecsistio Castelfollit: pueblos,
tomad ejemplo: 120 abrigueis á los enemigos de
la libertad.,.


No se contentó el jeneral Con hacer incen-
diar y arrasar la villa, sino que habiendo sabi-
do después de algun tiempo que construian al..
gunas casas en aquel sitio los habitantes de Cas-
telfollit , que se habían lihertado del hierro y
de las llamas, dió órden de demoler en el acto
las nuevas construcciones y de arrojar á los ve-
cinos.


Para dar una idea del sistema de terror que
plantificaren los ministros y sus a[entes , me




161
parece convenienteinsertar aqui los documen-
tos siguientes.


Orden jeueral. La cuarta div'síon del ejér-
cito de operaciones del séptimo distrito militar
(Cataluíla) borrará del mapa de EspafIa la
vílla esencialmente facciosa y rebelde, llama-
da San Llorens de Morunis (ó Piteus}, con cu-
yo fin será saqueada y entregada á las llamas.
Los cuerpos tendrán el derecho de saqueo en
las casas de las calles que se líos señalan , á sa-
ber: el batallon de Murcia, en las calles de Ara-
ñas y de B.llldeifred : Canarias, en las calles de
Segories y de Frecsures: Córdoba, en las calles
de Ferronised y Ascarvals, y el destacamento
de la Constitucion y la arti!lería en los arraba-


. les. (Esceptúanse de ser incendiadas, cuando se
de la órden , las casas de doce ó trece patrio-
tas).


Siguen los detalles para la ejecucion de esta
órden.


Bando. Don Antonio Rotten , caballero de
la órden nacional de San Fernando, briga-
dier écc. (1).


(1) En este y en todos los .1ocumentos que en.
eierran las presentes Memorias, se hall buscado los
orijinales y copiado fielme ute cuando ba sido posible




1:61
Ordeno y mando ]0 siguiente:
Artículo 1.0 La villa que se llamaba San


Llorens de Morunis ó Piteus , ha sido saqueada é
incendiada por mi orden, ácausa de la sedición
de sus habitantes contra la Constitucion de la
monarquia ,que nunca han querido jurar, corno
tambien por haber caido en las penas señaladas
en el bando de S. E. el [eneral en jefe de este
ejército ~ publicado en 24 de octubre último,
en el sitio donde ecsistió Castelfollit,


Artículo 2.° No podrá reconstruirse esta
villa sin la autcrizacion necesaria de las córtes,


Artículo 3.° Nmguno de los que la habita-
rou podrá fijar su domicilio en los distritos de
Solsona y de Berga, sin permiso del gobierno
Ó de S. E. el [eneral en [efe del ejército.


Artículo 4.° Esceptúanse las familias de los
patriotas y de los que piensan bien. (Siguen los
nombres de doce personas).


Articulo 5.° En virtud de la obligacion de
los vecinos é hijos de la villa que se llamó San


encontrados: mas en este yen a19un airo caso no
habiendo tenido igual fortuna, se han t raducido le.
tra por letra, de lo que resultará ~n el cotejo con los
los orijinales la diferencia de una palabra, pero nun-
ca de UDa idea. (N ata deltraduetcr.]




264
Llorens , de fijar su domicilio fuera de 10R dis-
tritos de Solsona y de Berga, los que allí se
encontrasen serán fusilados sino justifican que
salieron del lugar antes del 18 del corriente,
dia en que entraron las tropas nacionales, ó
que se hallan comprendidos en alguna de las
escepciones ó bandos que rijen sobre los fac-
ciosos.


Artículo 6.0 Los que hubiesen abandonado
la villa antes del 18 del corriente, los secsajena-
rios , las mujeres y los jóvenes menores de diez
y seis años, no podrán fijar su domicilio en
Jos dos distritos citados sin el permiso del go-
hierno ó del jeneral en jefe, bajo pena de ser
espulsados por la fuerza, y entendiéndose que
se les concede un mes, contado desde este dia,
para la evacuación.


Artículo 7.° Esta órden se comunicará para
su puntual cumplimiento, á Jos cuerpos y des-
tacamentos que pertenecen á la division , á las
comisiones de vijilancia y á los ayuntamientos
constitucionales de ios indicados distritos, pa-
ra que los comuniquen á sus respectivas po-
blaciones.


Dado en las ruinas de San Llorens de Mo-
runis á 20 de enero de 1823."


Tal era el espíritu que dominaba al minie-
terio y á los principales gobernantes que diri-




165'
[ian los negocios públicos ; tales eran Jos me-
dios empleados pllra conciliar los ánimos, para
atraer los pueblos al partido liberal, desenga-
ñarlos J' terminar la guerra civil. Rotten fue
nombrado mariscal de campo para estímulo de
los demas [efes : porque parecía que los que ma-
nejaban el timón de la destrozada nave del es-
tado, profesaban un odio implacable á la na-
cían que pretendían rejenerar, Y tal era la con-
ducta que se seguia en unas circunstancias en
que el número de los descontentos crecia to·
dos los dias , en que los recursos disminuían,
y en que la santa Alianza resolvía intervenir
en los negocios de EspafIa. ¿Y que admiracion
debe causarnos que las autoridades se conduje-
sen de una manera tan impolítica y tan atroz,
cuando las córtes daban el ejemplo, entregan-
do los pueblos á la arbitrariedad del ministe-
rio y de sus delegados?


El 7 de octubre de 1822 se habian reunido
Ias córtes estraordinarias convocadas por el go-
bierno J con el objeto de que tomasen en cansí.
deracion el lamentable estado de la monarquía.
En la sesión del t 2 de este mes J los secretarios
del despacho presentaron una esposicion de las
causas que habian influido en Jos males que
todos lamentaban ~ y de los remedios que
debían aplicarse. Las ajitaciones que acompa-


TOM. u. f 2




166
flan siempre á los cambios políticos, la igno-
rancia de los pueblos, la inflencia del clero ~ la
apatía de un gran número de majistrados y de
autoridades municipales que habian dejado que
se apagase el espíritu público, la conducta
de los jefes de la guardia real que habian falta-
do á sus mas sagrados deberes, las intrigas de
las potencias estranjeras y el ascendiente que
determinadas personas y corporaciones gozaban
con el pueblo, eran en concepto de los nuevos
ministros, las causas principales del mal as-
pecto que presentaban los negocios públicos.
Para ocurrir al remedio de tantos infortunios
el ministerio proponia las medidas siguientes:
1.a Que se fijase la suerte del clero. 2.11 Que
el gobierno determinase la suma que debia sa.
tisfacerse á los prelados estrañados del reino.
3.a Que se autorizase al gobierno para alejar de
sus diócesis á los prelados, curas ó eclasiásricos
que le inspirasen desconfianza. 4.a Que se die-
sen facultades al gobierno para mudar de una
á otra provincia á los empleados separados de su
destino. 5.a Que en el caso de ser atacado el
pueblo de su residencia, los empleados que no
se presentasen para resistir Con las armas en la
mano á los facciosos, perdiesen las dos terceras
partes de su sueldo. 6.a Que la ciudad ó pueblo
atacados por un número de facciosos igual ó m-




161
ferior á la tercera parte de sus habitantes J que
no se defendiese, quedase obligada á pagar la
fuerza militar que fuese destinada á ocuparla.
7. a Que las autoridades locales que no diesen
aviso á la autoridad superior de la presencia de
los facciosos en sus contornos, fuesen multadas
por Jos jefes militares segun lo creyesen mas
conveniente, 8. a Que el gobierno pudiese sus.
pender á los ayuntamientos á propuesta de los
jefes políticos. 9.- Que se declarase que relati-
vamente á los facciosos, hahia llegado el 010-
mento de suspender las formalidades prescritas
por la Constitucíon para el arresto de los acu-
sados. 10. Que en las causas de conspiracion ,
los culpables pagasen todas las pérdidas y pero
juicios irrogados á un tercero. l l , Que se auto-
rizase al ministerio para devol ver al consejo de
estado las presentaciones de 103 empleados que
no fuesen enteramente adictos á la COl1stitucion.
12. Que se autorizase al gobierno por un tiempo
determinado para separar y reemplazar á los jefes
militares. 13. Que igualmente se concediesen fa-
cultades al gobierno para despojar de sus destinos
á los majistrados que 110 llenasen sus deberes.
14. Que todo funcionario público, todo emplea-
do civil y militar que rehusase aceptar el desti-
no que Ie diese el gobierno, quedase privado
'de su empleo, declarado inhabil para obtener




168
otro alguno, y si fuese militar que se le reco-
jiesen los despachos. 1? Que se creasen socie-
dades patrióticas reglamentadas para fomentar
el espíritu público. 16. Que con el mismo ob-
jeto se representasen en los teatros piezas que
inspirasen el amor de la moral J y alentasen al
ejercicio de las virtudes cívicas. t 7. Que se die-
se un testimonio solemne de reconocimiento á
cuantos se presentaron á defender la libertad de
la patria el 7 de julio. '8. Que correspondiendo
á los deseos del gobierno, adoptasen las córtes
cuantas medidas les sujiriesen su celo y amor
al bien público.


He aquí el estracto de la esposicion hecha
por el ministerio ~ las cortes. En verdad que si
se ha de graduar la sabiduría y la prudencia de
Jos ministros por este documento, no podre-
mos formarnos una opinion muy favorable, al
ver la lijereza y la impericia conque trataban
un asunto de tanta importancia. La ecsajera..
cion de los principios , la ecsaltacion de las pa.
siones , las medidas violentas aprobadas por el
congresoalgun tiempo antes, la anarquia des-
bordando por todas partes impulsada por 108
que se llamaban liberales por escelencia , el de-
senfreno de la prensa, la ignorancia y la rapa.
cidad de muchos empleados, y en fin el des-
contento [eneral que reinaba en la nación desde




169
la cabaña hasta el palacio, nada de esto era im-
portante en la opinjon de los secretarios del
despacho, ni podia causar los males que abru-
mabsn el pais.


El mismo tacto manifestaban en la elec-
cion de los remedios propuestos. El ministerio
en vez de procurar conciliar los ánimos, ins-
pirar confianza al pueblo y detener el Curso de
la anarquía que devoraba á los ciudadanos,
creia salvar la Constitucion con medidas insig-
nificantes, absurdas las unas y ridículas las otras,
y que todas tenian por objeto reunir en sus ma-
nos un poder ilimitado. Algunas de estas medi-
das violaban la Constitucion ; en vez de la li-
bertad , de la justicia tantas veces proclamada,
los gobernantes querian revestirse legalmente
del despotismo mas vergonzoso. .


En los escritos de las autoridades, en los
papeles públicos, en las sesiones de las córtes,
decíase de continuo que el órden de cosas ecsis-
tente tenia enemigos sin cuento, y era natural
deducir de los documentos citados, que el nú-
mero de sus partidarios era muy inferior al
bando opuesto. Pongamos por un momento en
olvido la injusticia de las medidas propuestas
por el ministerio, y reflecsionemos si vale la
pena de hacer una revolucion el despojar al rey
de la autoridad que tenia antes del 7 de marzo




tiO
. de f820, para colocarla ahora en las manos
de siete individuos. ¿Cuales eran las pretensio-
nes de los secretarios del despacho'y de SUi
apasionados? ¿Querian esterrniuar la mayor par·
te de los españoles para gobernar· sin inquie-
tud, sin enemigos, Ó querianconverlir á sus
contrarios haciéndolos vícti mas de sus perse-
cuciones, entregándolos al arbitrio de Unas
autoridades despóticas y casi siempre injustas?
¡ Que propio era el furor que inspiraban los se-
cretarios del despacho y sus ajentes , pard con-
Ciliar los ánimos de los que mostraban aborre-
cimiento á las malas costumbres y á la demo-
cracia!


Las córtes tomaron en consideración las
proposiciones del gobierno, y no solo le con-
cedieron cuanto deseaba, sino que escediendo
8US deseos decretaron que nada se diese á los
prelados estrañados del reino. Antorizaron al
ministerio para mudar Jos empleados de Una
en otra provincia, aun cuando renunciasen el
sueldo y el empleo: suprimieron los conventos


.aislados en las fronteras y en los pueblos, ou-
yos vecinos no llegasen al número que se prefi-
jaba. Los ajeutes del gobierno quedaron final-
mente autorizados para arrestar sin forma de
proceso y por espacio de treinta dias , á cuan-
tos les mereciesen la sospecha de conspirado-




171
res (1): mas el ministerio que habia esperimen-
tado ya la docilidad de las córtes con las con-
cesiones, no quiso sancionar la última medida.
Dijo que encontraba en la Constitucion yen las
leyes medios suficientes para precaver las cons-
pi raciones y castigar á los conspiradores. » La
formalidad que parece mas indispensable, decia
el ministro á la asamblea lejislativa, devolvien..
do el decreto no sancionado, es una informa-
cien sumaria preparatoria. El proyecto de que


(1) La galería tomó parte en estas discnsieues
dando señales de desaprohacion á los diputados que
manifestaron aborrecer la arbitrariedad, y los ami-
gos de los ministros, los mismos que estaban íutim a ;
mente unidos COII ellos y defendian á todo trance las
medidas propuestas,...uo pudieron menos de-calificar-.
las de arbitrarias. "Las cértes y la nacion entera ...
decia un diputado, deben tener suma confianza en
el ministerio: debe concedérsele esta arbitrariedad,
esta especie de dictadura nacional, porque, prosigui6
diciendo, la soberania de la nacion puesta en su«
manos es indispensable para asegurar la tranquili-
dad de todos los pueblos de la monarqu ía , y la opi_
Ilion pública aprobará estas medidas." El mismo di.-
putado citó como un ejemplo digno de irnit acion las.
medidas tomadas en Francia en 1793 1 que inunda-
ron en sang¡'e el pais y tantas lágrimas costaron á
los fra nceses, ¿Y cuál fue su resultado? Que lo dilS~
Napoleon.




172
se trata debilita este muro de la seguridad indi-
vidual, y conmueve , por decirlo asi , el edifi ..
cio de la sociedad en su primitiva base: amas
confia á los jefes políticos, esto es, al poder
ejecutivo, el ejercicio de las funciones judicia-
les, porque no puede calificarse de otro modo
el poder de arrestar y de guardar en secreto á
Un hombre sospechoso de culpable, por espacio
de treinta dias, y de practicar pesquisas é inda..
gaciones, y reunir durante este tiempo las prue-
has del delito para ponerle en seguida en liber-
tad , ó bien entregarle en manos de la justicia
segun el resultado."


» Amas si Se sancionase este artículo, los
poderes de UQ ajente del gobierno serian mayo-
res que los del mismo monarca, porque no pue-
de sin violar el pacto fundamental ordenar la
detencion por mas de cuarenta" y ocho horas,
mientras que segun el proyecto, el jefe políti-
co Ó uno de sus delegados puede prolongar el
arresto hasta treinta dias sin responsabilidad al-
guna por semejante acuerdo."


Esta es la Jeccion que el gobierno de los
siete patriotas , el mismo qué había solicitado
que se le concediesen poderes ilimitados , se
vió obligado á dar al congreso nacional para
demostrar que tambíen profesaba principios de
moderacion. Otro motivo ecsistia ademas ; á




1'3
saber, que los poderes otorgados por la 3S3m·
hIea lejislativa recaian en algunas provincias
en jefes políticos, que pertenecían á lo sociedad
secreta contraria á la de los ministros, á quienes
estos no podian despojar todavia de sus destinos
sin un escándalo, y sin dar pie á grandes quere..
HasCon los comuneros. 1\1 as el ministerio se con-
tradecia á sí mismo, y daba á cada paso prue-
has de su impericia y de la lijereza conque
trataba los negocios mas importantes. » S. M.,
decia el ministro en la esposicion ya citada,
abunda en las mismas ideas (de confundir á los
facciosos y á los conspiradores), y por esto
su gobierno ha propuesto á las córtes el decla-
rar que el caso previsto por el artículo 308 de
la Constitucion ha llegado (1); pero sin embar-
go, juzga que el proyecto sometido á la san-
cion real no es necesario para conseguir el fin
que se desea J y que por otra parte contiene
disposiciones que encontrarian inconvenientes


~
\ !'I


'.,','


"e


(1) S i en circunstancias estraordinarias la segn-
ridad de la mon aeqnía Ó de una parte de la monar-
quía ecsijiese la suspension de las fc rma lidades pl'es~
er-itas en este capltulo , para el' arresto de los delin-
cuentes, las córtes podrá n decretarla por. un tiempo
determinado. Art. 308 de la Const.ituciou,




174
muy superiores' la8 ventajas que pudiesen pro-
ducir." .


)) Cuando decimos que esta ley no es nece-
saria , no por eso queremos dar á entender que
no haya llegado el caso previsto por el artículo
~08 de la Constitucion política de la manar-
quia ; el rey se halla por el contrario mas con..
vencido que nadie de la necesidad de recurrir
á medios estraordinarios para consolidar mas y
mas el imperio de la ley fundamental, arraiga-
da en el corazon de la mayoria del pueblo es..
pañol, pero combatida por algunos hombres
ciegos y obcecados por la ignorancia y la su-
perstieion , ó preocupados por sus intereses per-
sonales, y ávidos del oro conque se dejan cor-
romper. Mas el monarca se persuade al propio
tiempo que las disposiciones de la Constitucion
y las de las leyes posteriores dadas en su con..
secuencia, principalmente la de j J de octubre
de 1820, han provisto suficientemente á lo que
ecsije el bien del estado en cuanto tiene rela-
cion con el arresto de los conspiradores, y que
no hay motivo alguno de someterlos á leyes de
escepcion , que no sea comun á los demas cri..
minales."


Así se esplicó el gobierno con el congreso,
devolviendo el decreto que se negaba á sancio-
nar sobre la manera de proceder al arresto de




175
. Jos conspiradores: el ministerio creia por una


parte que habia llegado el caso previsto por el
artículo 308 de la Constitucion ; y no solamen-


. te lo creia , sino que 10 declaraba positivamen-
te en la misma proposición á la asamblea. Por
otra parte el mismo ministerio confesaba que
estaba enteramente convencido de que ninguna
necesidad había de recurrir á medidas estraor-
dinarias , y que se había provisto suficientemen-
te á lo que ecsijia el bien del estado por las dis-
posiciones de la Constitucion y de las leyes pos.
teriores; mas estas leyes no son sino comen-
tarios, y no se ocupan de las formalidades ecsi-
jidas por la Constitucion para el arresto de los
sospechosos: ecsistian ya cuando se hicieron
las proposiciones, de suerte que el gobierno no
solamente contradecia ~us asertos anteriores,
sino que tambien el contenido de un párrafo
estaba en contradicción manifiesta con el otro.
y sin embargo prorligábase á todas horas el
dictado de sabios y de patriotas á estos minis-
tros , en cuyas manos Be depositaba la Bobera-
nia de la nación.


Entretanto, los soberanos aliados ocupában-
se en Verona en oponer un dique al torrente
de la revolucion que amenazaba inundarlo to-
do: antes de emplear otros medios quisieron
manifestar su opinion sobre los asuntos de Es-




1'6
paña , y paliaron á sus ministros plenipotencia.
rios en Madrid diversas notas para que las co-
municasen al gobierno español.


La de Francia decia de este modo,
El presidente del consejo de ministros, en-


cargado interinamente del despacho de nego-
cios estranjeros , al señor conde de Lagarde,
ministro del rey en Madrid.


» Señor conde. Pudiendo variar vuestra si-
tuacion polí.íca á consecuencia de las resolucio-
nes tomadas en Verana , es propio de la leal-
tad francesa encargaros que hagais saber al go-
bierno de S. M. C. las disposiciones del gobier-
no (le S. 1\1. C.ma"


"Desde la revolucion acaecida en España en
el mes de marzo de I~20, la Francia apesar de
lo peligrosa que era para ella esta revolucion,
ha puesto el mayor esmero en estrechar los la-
zas que unen á los dos reyes, y en mentener
las relaciones que ecsisten entre los dos pue-
blos."


» Pero la influencia, bajo la cual se habian
efectuado las mudanzas acaecidas en la menar-
quia española , se ha hecho mas poderosa por
los mismos resultados de estas mudanzas, có-
mo hubiera sido fácil preveer."


»U na insurreccion militar sujetó al rey
Fernando á una Constilucion que no habia re-




177
conocido ni aceptado al volver á subir al tro-
no. La consecuencia natural de este hecho ha
sido, que cada español descontento se ha crei-
do autorizado para buscar por el mismo meo:
dio el establecimiento de un órden de cosas mas
análogas á sus opiniones y principios. El uso
de la fuerza ha creado el derecho de la fuerza."


»De aqui los movimientos de la guardia en
Madrid, y la aparicion de cuerpos armados en
diversas partes de España. Las provincias limí-
trofes de Francia han sido priucipalmente el
teatro de la guerra civil. A consecuencia de es-
te estado de turbacion en la Península, se ha
visto la Francia en la necesidad de adoptar las
precauciones convenientes, y Jos sucesos que
han ocurrido despues del establecimiento de un
ejército de observación en la falda de los Piri-
neos, han justificado la prevision del gobierno
de S. M."


»Entretanto , el congreso indicado ya desde
el año anterior para resolver lo conveniente so-
hre los negocios de Italia, se reunia en Ve-
rona.'


»La Francia, parte integrante de este con-
greso, ha debido esplicarse acerca de los ar-
mamentos á que se ha visto precisada á recur-
rir , y sobre el uso eventual que podia hacer
de ellos. Las precauciones de la Francia han




178
parecido justas á Jos aliados, y las potencias
continentales han tomado la resolución de unir-
se á ella para ayudarla, si alguna vez fuese ne-
cesario, á sostener su dignidad y su reposo."


»La Francia se hubiera contentado con una
resolución tan benévola y tan honrosa al mismo


.


tiempo para ella; pero el Austria, la Prusia y
la Rusia han juzgado necesario añadir á la acta
particular de la alianza, una manifestacion de
sus sentimientos. Estas tres potencias han diri-
jido al efecto notas diplomáticas á sus ministros
respectivos en Madrid: estos las comunicarán
al gobierno español y observarán en su conduc-
ta ulterior las órdenes que hayan recibido de
sus córtes.'


» En cuanto á vos, señor conde, al cornu-
nicar estas esplicaciones al gabinete de Madrid,
le direis que el gobierno del rey está intima-
mente unido Con sus aliados en la firme volun-
tad de rechazar por todos los medios los prin-
cipios y los movimientos revolucionarios: que
se Une igualmente á sus aliados en los votos
que estos forman para que la noble nación es-
pañola encuentre en sí misma Un remedio á sus
males; males que son de naturaleza propia pa-
ra inquietar á los gobiernos de Europa, y para
precisarles á tomar precauciones siempre re-
pugnantes."




t7'
»Tendreis, sobre todo, cuidado en manifes--


tar que los pueblos de la Península, restitui-
dos á la tranqnilidad , hallarán en sus vecinos
amigos leales y sinceros, En consecuencia, da-
reis al gobierno de Madrid la seguridad de que
se le ofrecerán siempre cuantos socorros de to-
das clases puede disponer la Francia en favor
de la España, para asegurar su felicidad y au-
mentar su prosperidad; pero le declarareis al
mismo tiempo que la Francia no suspenderá
ninguna de las medidas de precaucion que ha
adoptado, mientras que la España continúe
siendo destrozada por las facciones."


»El gobierno de S. M. no titubeará en man-
daros salir de Madrid y en buscar sus garan-
tias en disposiciones mas eficaces, si continúan
comprometidos sus intereses esenciales, y si
pierde la esperanza de una mejora que espera
con satisfaccion , de los sentimientos que por
tanto tiempo han unido á los españoles y fran-
ceses en el amor de sus reyes, y de uua li-
bertad juiciosa."


»Tales son, señor conde, las instrucciones
que el rey me ha mandado enviaros en el mo-
mento en qlle se van á entregar al gabinete de
Madrid las notas de los de Viena, Berlin y San
Petersburgo. Estas instrucciones os servirán
para dar á conocer las disposiciones y la de-




f80
terminacion del gobierno frauces en esta gra-
ve ocurrencia."


» Estais autorizado para comunicar este
despacho , y entregar una copia de él 51 se os
pidiese.


Paris 25 de diciembre de 1822."
He insertado la nota de la Francia como


Uno de los documentos mas interesantes en la
historia de España, y para dar á Conocer como
se esplicaba el gabinete de las Tullerias : las
restantes notas pasadas por las tres potencias
del norte parten de los mismos principios,
y son demasiado largas á mi parecer para in.
sertarlas tambien en esta obra. La nota de la
Francia basta para probar que la santa Alianza
no reconocia la Constitucion española, y que
á su modo de ver tenia un oríjen vicioso y cri-
minal; y que estas notas únicamente llevaban por
objeto abrir la puerta á las transacciones, pues-
to que no contenian alguu acuerdo fijo.


La lectura de estos documentos, en los que
las principales potencias de Europa proponian
reformas en el gobierno, y amenazaban en caso
de negativa con realizarlas á la fuerza, debía
producir las mas serias reflecsiones en los mi..
nistros. Era demasiado cierto, por desgracia,
que la guerra civil devoraba la Península; que
la anarquía habia hecho rápidos progresos) y




18t
que las cosas habian llegado á un punto que sin
modificar la Conslitucion no hobia medio de
conservar la monarquía. El gobierno apenas era
obedecido y faltaban la enerjia y la previsión,
Los amigos de los secretarios del despacho to-
do lo esperaban, todo lo prometían en las cór-
tes: el palacio lejislativo resonaba contínuamen-
te con el elojio 'de los ministros patriotas, y la
mayor parte de los periódicos, y principalmen-
te aquellos cuyos redactores pertenecian á la
sociedad de los gobernantes, les quemaban con..
tinuo incienso. No ha ecsistido sinembargo en
el mundo gob~erno alguno que menos haya be-
cho: á la mas Iijera insinuacion por parte suya,
la asamblea lejislativa desgarraba la Constitu-
cion proclamada con tanto eutusiasmo , y re-
vestia á los mandarines con un poder ornní-
modo casi igual al poder absoluto. Sin embar-
go, los españoles vieron que el gobierno apenas
hacia uso de los poderes que con tantas instan-
cias habia solicitado del congreso. Hasta en las
provincias que se rnantenian libres de facciosos,
las contribuciones se cobraban COA un atraso
considerable, restando siempre á deber al teso-
ro sumas inmensas, El continjente decretado
por las córtes para el reemplazo y aumento del
ejército ,se incorporaba en los depósitos con
muchísima lentitud, y los reclutas sin unifor..


TOMO 11. 13




182
me, muertos de hambre, en el mas deplorable
ocio, porql1e no se les daba la filas lijera ins-
truccion , demostraban toda Ja inaccion del go-
Lierno. Estendiase esta basta el estremo de de-
jarlos meses enteros en sus casas sin señalarles
cuerpos: la milicia activa que debia ascender á
cerea de ochenta mil soldados, segun el decreto
de las córtes del mes de enero de 1823 , no llega-
ba á veinte y cuatro mil, que era el número de
hombres que ecsistia en 1810. En fin, este go-
bierno inepto y débil, que no dalia señales de vi.
da, sino cuando se trataba de protejer á los
hombres de su devocion , no vaciló en respon-
der á las notas de la santa Alianza) desafiando
á la Europa entera.


Justo hubiera sido sin embargo ventilar antes
la cuestion , trayéndola á su verdadero terreno,
Porque na se trataba de decidir de parte de
quien estaban la razón y la justicia, sino la fuer-
za : y la política aconsejaba que ;\ las crueldades
de una reacción y al sangriento triunfo de los
que se apellidaban aliados santos, se. prefiriese
la reforma del código vijente , delito que no
era tan enorme, puesto que andando el tiempo
se ha reformado la Constitucion j pero cuando
ya con su caida desastrosa nos habia inundado
en sangre, producido las ominosas proscripcio-
nes de la lunta secreta de Estado;¡ de las comí-




183
sienes militares , y colmado en fin los sepulcros
de víctimas inocentes. Tal será el amnrgo fruto
que cojerán los siempre desventurados españo-
les de la siguiente respuesta del ministerio espa-
ñol, monumento de inesperiencis , de .im polí-
tica y de imprevision , que deben tener siempre
presentes los pueblos para no dejarse precipitar
en el ominoso abismo en que hundió á la Pe-
nínsula la jactancia, y en él quizás estarían aun
sumidos sin la ayuda de un áujel hcnelico que
les teudióla mano, para quesaliesen y trepasen
á la libertad y á la ventura.


nA.l ministro plenipotenciario de S. M. en
Paris digo con esta fecha lo que s;gue.


)lEI gobierno de S. M. Católica acaba de re-
cibir comunicacion de una nota pas" da por el
de S. M. Cristianísima á su ministro plenipo-
tenciario en esta córte , de cUJo documento se
diri]e á V. E. copia oficial p¡¡ra su debida inte-
}I[encia,'


»Pocas observaciones tendrá que hacer el
gobierno de S. M. Católica á dicha Ilota. Mas
para que V. E. no se vea tal Vf'Z ernbaraaado
acerca de la conducta que debe observar en' es-
tas cireuustancias , es de 5U deber nlani~'e8tarle
francamente SU¡i sentimientos y sus resolu-
cienes."


»No ignoró el gobierno nunca que institu-




184
cienes adoptadas libre y espontáneamente por
IlJ España causarian rczelos á muchos de los ga-
binetes de Europa, y serian objeto de las deli-
beraciones del congreso de Verona : mas seguro
de sus principios y apoyado en la resolucion de
defender. á toda costa su sistema político neu-
tral, y la independencia nacional, aguardó
tranquilo el resultado de aquellas conferen-
cias."


"La España está rejida por una Constitu-
cion promulgada, aceptada y [urada en el año
'812 , Y reconocida por las potencias que se re-
unieron en el congreso de Verona. Consejero!
pérfidos hicieron que S. M. Católica, el se-
ñor D. Fernando VII, no hubiese jurado á su
vuelta á España este código fundamental que
toda la nacion queria y que fue destruido por la
fuerza sin reclamacion alguna de las potencias
que le habian reconocido. Mas la esperiencia de
seis aüos y la voluntad ¡eueral le movieron á
identificarse en 1820con los deseos españoles."


llNo fue, no, una insurreccion militar laque
promovió este nuevo órden de cosas á princi-
pios de 1820. Los valientes que se pronuncia-
ron en la Isla de Leon y sucesivamente en las
dernas provincias no fueron mas qne el órgano
de la opinion de los votos jenerales."


»Era natural que este órden de c.osas produ-




185
[ese descontentos: es una consecuencia inevita-
ble de toda reforma que supoue correccion de
abusos. Hay siempre en toda nacion , en todo
estado, individuos que no pueden avenirse nun-
ca al imperio de la r azon y de la justicia."


nEI ejército de observacion que el gobierno
francés mantiene en el Pirineo, no puede calmar
los desórdenes que aflijen á la España. La espe-
riencia ha demostrado al contrario que con la
ecsistencia del llamado cardan sanitario, que
tomó despues el nombre de ejército de observa-
cion, se alimentaron las locas esperanzas de los
fanáticos ilusos que levantaron en varias pro-
vincias el grito de la rebelion , dando así ori [en
á que se lisonjeasen con la idea de una prócsima
illvasion en nuestro territorio."


nComo los principios, las miras ó temores.
que hayan influido en la conducta de los gabi-
netes que se reunieron en el congreso de Vero-
na no pueden servir de regla pal'a el español,
prescinde este por ahora de contestar á lo que
en las instrucciones del conde de Lagarde dice
relacion con aquellas conferencias."


»L08 dias de calma y tranquilidad que el
gobierno de S. l\i. Cristianísima desea para la
nacion, no son menos deseados, apetecidos y
suspirados por ella y su gobierno. Penetrados
ambos de que el remedio de sus males es obra




186
del tiempo y de la constancia, se esfuerzan
cuanto deben en acelerar sus efectos tan útiles
y saludables."


»1';1 gobierno español aprecia en lo justo las
ofertas que S. M. Cristianí8~ma le hace de cuan-
to pueda contribuir á su felicillad; mas está
persuadido que los medios}' precauciones que
pone en ejecucion no pueden producir sino
contrarios resultados."


l) Los socorros que por ahora debiera dar el
gobierno francés al español son puramente ne-
gativos. Disolucion de su ejércilO de los Piri-
neos, refrenamiento de los facciosos enemigos
de Espaüa y refujiados en Francia, anirnadver-
sion marcada y decidida contra los que se com-
placen en denigrar del modo mas atróz al go-
bierno de S. M. Católica, las instituciones y
córtes de España: he aquí lo que ecsije el dere-
cho de [entes respetado por las naciones cul-
las. "


»Decir la Francia que quiere el Líen estar,
el reposo de España, y tener siempre encendí-
dos los tizones de la discordia que alimentan
los principales males que la aílijen , es caer en
Un abismo de contradicciones."


»Por lo demas cualesquiera que sean las de.
terminaciones que el gobierno de S. M. Cristia-
nísima crea oportuno lomar en estas circuns-




187
tancias , el de S. M. Católica continuad tran-
quilo por la senda que le marcan el deber; la
justicia de su causa, el constante caeácter }' ad-
hesion firme á los principios constitucionales
que caracterizan á la nacion á cuya frente se
halla : y sin ent rar por ahora en el análisis de
las espresiones hipotéticas y amfibolójicas de las
instruccicnes pasadas al conde de Lagarde, con-
cluye diciendo que el I'eposo, la prosperidad y
cuanto aumente los elementos del bien estar de
la nacion á nadie interesan mas que á clla. ,>


»Adhesion constante á la Constitucion d~
181 '~ , paz con las naciones Y no reconocer de-
recho de intervencion por parte de llmguna:
hé aquí su divisa y la regla de su conducta tanto
presente como venidera."


lJEstá V. E. autorizado para leer esta nota
al ministerio de negocios estranjeros y pllra de-
[arte copia si la pide. La prudencia y tino de
V. E. le sujerirán la conducta firme y digna de
la España que deba observar en estas circuns-
tancias. "


»Lo que tengo la honra de comunicar á
V. S. de órden de S. M., y Con este motivo le
renuevo las seguridades de mi distinguida con-
sideracion rogando á Dios guarde su vida mu-
chos años. = Palacio 9 de enero de 18:¿3. =
B. L. M. de V. E. su atento y segu~o servidor.




188
_ Evaristo San Miguel. = Señor ministro de
Francia."


Cuando se publicó esta nota observaron las
personas instruidas que el termómetro de los ta-
lentos del ministro de Estado habia bajado mu-
chos grados, porque los artículos del Especta-
dor estaban mucho mejor escritos que e! docu-
mento anterior: mas dejando aparte las observa-
ciones de los literatos me limitaré á esponer que
el ministro mismo confiesa llque aunque no ig.
Doró el gobierno español nunca que instituciones
adoptadas libre y espontáneamente por la Espa-
ña causarian rezelos á muchos de los gabinetes
de Europa, y serian ohjeto de las deliberaciones
del congreso de Verona , seguro de sus princi-
píos y apoyado en la resolucion de defender á
toda costa su sistema político neutral y la inde-
pendencia nacional, aguardó tranquilo el re.
sultado de aquellas conferencias."


Este párrafo pone de manifiesto con estra-
ordinaria ecsaetitud la conducta de los minis-
tros llamados patriotas, quienes permanecieron
tranquilos cuando sabia n que una reunión de
prÍncipes coronados iba á decidir de la suerte
de su patria. Solo á ellos era dado gozar de la
tranquilidad cuando casi todos los españoles vi·
vian en la inquietud, unos coa la esperanza y
otros con el temor de Jos resultados que podía




189
tener el congreso de Varona. No es posible que"
gobierno alguno haya dado jamás pruebas de
tan grande apatia en iguales circunstancias; y
los hombres mas adictos á los ministros no po-
dian dejar de confesar que una conducta tan
estraüa procedía ó "de la mas estúpida igoOlan-
cia ó de las mas inconcebible indiferencia. En
el supuesto de que la intención de los ministros
fuese no alterar una coma de la Constitución
política de la monarquía; de no tolerar por
parte de los estranjercs la mas mínima inter-
vencion en los negocios de España ; ¿ton que se
oponía á su resolucion el envio á Verona de un
diplomático' hábil? Hubiera podido, apoyado
por la Gran Bretaña, im pedir ó al menos re-
tardar una declaracion de la Santa Alianza poco
favorable á su causa: ¿acaso este proceder no
hubiera influido estraordinariarnente en la pa-
cificacion de la Península disminuyendo las es-
peranzas de las bandas facciosas y de todos los
realistas que esperaban en acecho las órdenes de
Verona para lanzarse á la palestra? Desdeñaron-
se los ministros de dar un paso tan necesario,
cual si con él hubiesen de provocar la declara-
cion de las grandes potencias continentales.


La respuesta dada por el secretario de Es-
tado á las notas de los gabinetes de San Peters-
hurgo, de Viena y de Berlín fundábase en los




190
mismos principlos qlle la contestacion al go...
hierno francés, aunque concebida en términos
mas fuertes. Apenas recibieron la respuesta á
sus notas los encargados de negocios de las tres
córtespidieron sus respectivos pas¡·,portes y sa-
lieron de España: otro tanto hizo algunos dias
después el ministro plenipotenciario de Francia•.


El orgullo de los gobernantes llegó al estre-
mo de que el ministerio no diese conocimiento
á las córtes de las notas de las potencias aliadas
antes de responder, y de que no consultase al
consejo de Estado con menosprecio de la Cons-
titucion ~ pues el asunto era muy grave (1 ).


No aconsejaba ciertamente la política el
rumbo inconsiderado que 10i secretarios del
despacho imprimieron á los negocios. Cual si
les faltase tiempo para venir á un rompimiento
con la Europa entera , no querian partir con
otros la gloria que debia resultarles inundando
la España de un diluvio de males y de desgra-
cias que la asolarían por largos años,


Presentaron por fin al congreso nacional las


(1) El consejo de estado es el único consejo del
rey, al que consultará en los negocios graves riel
gobierno, J principalmente en las declaraciones de
guerra J en los tratados. (GolIslitucioll, art, 236).




291
notas de las potencias aliadas y la respuesta dada,
por el ministerio español ; y hasta las espresio-
nes de qlJe se valió el gabinete para dar cuenta
á la asamblea de los referidos documentos S011
dignas de Dotarse. »El gobierno, dijo el mirus-
tro de Estallo, sabe que no tiene necesidad de
someter este asunto á las córtes; mas creería
faltar R. los sentimientos de fraternidad que le
unen al congreso lejislativo , si no pusiese en su
conocimiento la esp resada riegociacion." ¡Nuevo
modo de esplicar las relaciones del poder eje.
cutivo y del poder lejislativa de una nación atri-
huyéndolas á los sentimientos de fraternidad!
Con tantos motivos como habia para cornuni-
cal' á las córtes sucesos tan importantes, recur-
rja á la fraternidad el secretario del despacho
p:ml hacer ostentacion de la inesperiencia y de
la lijereza conque se trataban la viday la muer-
le de la libertad. ¿Y quien no Creería que al
abrirse una cuestión como esta en la asamblea
nacional , ecsarninarian los diputados con la
calma mas perfecta el estado en que se eDCOD~
traba el espíritu público y los medios conque
contaba España pard sostener las respuestas del
gabinete de Madrid, y que esta era la ocasion de
investigar el orijen de la guerra civil que devo-
raba las provincias, de ecsarninar el número y
la clase de los descontentos, la opinión de la




:192
mayoría de los pueblos y de los que gozaban la .
principal influencia en ellos, y el estado del ejér-
cito, de las plazas fuertes y del tesoro? Final.
mente no parecía posible llegar á la sol ucion de
un problema de tanta magnitud sin el ecsámen
mas detenido y mas profundo del estado de la
nacion en todos sus ramos; pero desgraciada-
mente nada de esto aconteció. Las córtes ocu-
paron las sesiones de 9 y de 11 de enero de 1823
en declamar contra la injusticia de la Santa
Alianza, en ecsajerar el patriotismo de los espa.
ñoles recordando sus esfuerzos en la guerra lla-
mada de la indepencia ~ en prote.~tas de morir
libres etc. cual si los representantes de una na-
cion debiesen entregarse á transportes apenas es-
cusables en un oficial subalterno, cual si pere-
ciendo con la Constitucion de 1812 en la mano
dejasen por eso los diputados de ser respons-a·
bies de las consecuencias de una guerra teme..
raria. Si el respeto á la Constituciou tantas ve-
ces violada por la misma asamblea llegaba al
punto de que esta no se creyese autorizad} para
ocuparse de la reforma, ¿por que no pedia
nuevos poderes á la nacion? Aun cuando se hu-
hiese tomado el acuerdo de no transijir nunca
con la Santa Alianza, lo que mas urjia era ga.
nar tiempo para preparar los medios de resistir
á las potencias amenazadoras ; pero la razon y




193
la conveniencia pública no fueron oidas : dnmi-
nada la asamblea por un partido ciego y sin pre.
vision, y por hombres de sanos principios , pero
débiles ya en otras ocasiones, mendigó los
aplausos de las turbulentas galerías y .los dipu-
tados fueron llevados en triunfo colocados los
que se llamaban moderados al lado de los que
habian predicado las doctrinas opuestas (1).


La cuestion no versaba sobre si los estran-
[eros tenian ó no derecho de intervenir en 105
asuntos de España, puesto que se mostraban re-
sueltos á verificarlo: punto era este para haber-


(1) En esta sesion célebre por las !á'lrimas y la
sangre que ha acostado á España en diez años de
horrorosa tiranía seguida de la desastrosa guerra ci-
'Vil, se verificó la rcconciliaciolJ entre Argüellrs y
('..aliauo , que hasta e ntouces habian sido perpétuos
enemigos; sentándose el pri mero á la c:abeza del
partido de la moder-acion y el segundo al frellte de
Ios ecsaltados, Argüelles perdió desde aquel momen-
to fatal, no solo la infl uencia qlle habia adquir-ido á
costa de trabajos útiles, sino 10 que es peor la con «
fianza en la fijeza de sus principio; políticos. Quedó
solo el hombre de hien , J desapareció el horn hre de
estado: llill~Una combiu acion remediará el que Al·..
güelles sea líllicamente el ól'gano eloc uente de las
ideas y de los intereses que le son estrañ os, 'J




194
lo tratado en un caso en Verona. Lo que prin-
cipalmente interesaba á las córtes era saber,
si acordado por las grandes potencias continen-
tales el sistema de gobierno que debia rejir á
los españoles , habia medios de oponerse á su
acuerdo: este era el punto que debia discutir.
se. Todo lo damas estaba reducido á vanas de-
clamaciones que arrancaban los aplausos de las
galerías, pel'o que &010 servían para comprome.
ter á la nación y atraer sobre ella desgracias sin
fin, La lijereza y la imprevision conque se tra-
taban cuestiones de tan alto interes parecerán
increíbles á la posterida.l : ni una observacion se
hizo sobre el estado deplorable de todas las pro-
vincias, y sobre la evidencia del hecho de que la
masa de la nación que habia combatido á todo
trance á los est ran jeros en 1808 los recibiría con
los brazos abiertos en' 1823. Esto se llamaba
conservar el honor nacional, como si consistie-
Se en llamar las huestes enemigas para dejarse
atraillar por ellas, y fuese preferible á la refor-
ma de unos cuantos artículos de la Constitución
la muerte de la libertad y el entrenamiento de
un despotismo sanguirurio , atroz, que ori ¡ina-
ria la reacciou y con ella todos los infortunios
que la acompañan.


I..as córtes llenaron de elcjios , admiraron y
aprobaron la respuesta dada por el ministro de




:195'
Estado ~ las notas de los príncipes que forma-
han la Santa Alianza y en un mensaje al monar-
ca ofrecieron su concurso para que el gobierno
no careciese de medios de hacer frente á los
estranjeros.


No tardaron los acontecimientos en demos-
trar cuan inorportuua era la jactancia de los mi.
nistros y hasta que punto se estendia su error:
los que acababan de declarar que no temian á
las potencias continentales juntas y aliadas, se
creyeron amenazados pocos dias despues por
un puñado de facciosos en la capital misma de
la monarquía.


Habíase reunido una banda de realistas en
las orillas del Ebro, en el punto donde conflu-
yen los límites de Aragon, Cataluña y Valen-
cia, á las órdenes de un hombre turbulento;
llamado don Jorje Bessieres , que meses antes
habia sido condenado á muerte en Barcelona
por sus anárquicas maniobras, que tendian al
establecimiento de una república. Adelantóse
este cuerpo hácia Zaragoza , llegando casi al ar-
rabal de la ciudad y tomó en el acto el camino
de la córte: el comandante jeneral de Aragon ~
que era Unode los militares que merecia la con-
fianza del gabinete, contaba con fuerzas mas
que suficientes para destruir los tres ó cuatro
mil revoltosos que se apellidaban realistas , y




196
que se habían reunido en aquella provincia: y
no solo no les impidió que se acercasen á Zara.
goza, sino que no hizo esfuerzo alguno para al.
canzarlos cuando se dirijieron á Castilla la Nue-
va , dejando de perseguirlos en el momento en
que traslirnitaron del territorio de su mando.
Los realistas partieron á las cercanias de Gua·
dalajara , que solo dista ocho leguas de Madrid,
y aunque su movimiento fue muy lento, logra-
ron llegar á tan corta distancia de la villa y
córte donde residia el gobierno sin tropezar con
la menor resistencia. Las autoridades conocie-
ron por fin que era necesario contener su pro-
greso, y salió á su encuentro el comandante
[eneral de la provincia, Odali , uno de los cin..
ca jefes de la isla de Leon, Las tropas de que
podía disponer sobraban para derrotar á las hor~
das indisciplinadas de Bessieres , y todo se per-
dió por sus desacertadas disposiciones, cual si
la desgracia se empeñase en probar que los
principales ajentes y amigos del gabinete parti-
cipaban tambien de su ignorancia. Las tropas
marcharon precipitadamente contra el enemigo
que se habia replegado á Brihuega, y dividié..
ronse las fuerzas poniendo á las órdenes del Em-
pecinado una columna para que concurriese si-
multáneamente al ataque. El comandante- [ene-
ral Odali " siguió con el cuerpo principal el ca-




197
mino directo de Brihuegs , y baIló al enemigo
formado en las posiciones de los contornos del
pueblo" y sin aguard'!f á la columna del Empe-
cinado que Se hallaba aun á algunas leguas de dis-
tancia, dió la señal del combate. Vióse entonces
la diferencia que mediaba entre entonar cancio-
nes y vomitar injurias en las plazas públicas y
combatir: la distancia que habia entre la discipli-
Day la licencia, y la insuhordinacion que fueron
causa del descalabro. Los facciosos derrotaron
completamente la columna constitucional , que
perdió su artillería, un gran número de prisio-
neros y se dispersó enteramente: Un batallen
qu~ habla llegado á Madrid algunos dias antes
con las mayores demostraciones de ecsaltacion
entonando himnos á Id libertad, se puso igno~
rniniosamente en fuga desde los primeros ti.
ros (1). 'y con este efímero y evaporable entu-
siasmo contaban las cortes y el gabinete para


(1) Los liberales españoles no deben olvidar nun-
ca los infortunios que acarreó la indisciplina de al_
gunos cuerpos: en honor de la verdad debe decirse,
que la lección fue provechosa y que á la disciplina y
brillantes cualidades de nuestro ejército debemos
ahora los triunfos iuáuditos de las armas liberales
contra Jos inícuos defeusores de la inquisicien,


ToM.II. 14




198
triunfar del poder coligado de la infernal a1i~n.
za de los opresores de la humanidad.


El comandante jenera] en su fuga no tuvo
la previsión de hacer saber al Empecinado la
desgracia que habia sobrevenido, ni de darle
la órden de retirarse á Guadalajara. Por otra
parte, y como si reinase la emulación para co-
meter desaciertos, presentóse el Em pecinado á
las nueve de la noche delante de Brihuega , sin
haber enviado antes esploradores que se ente-
rasen de lo que habia sucedido á la otra colurn-
na. Quiso penetrar en la poblacion ; mas ha.
biendo encontrado resistencia retiróse precipi-
tadamente abandonando las tropas empeñadas
en el combate, para que cada uno se sal vase
como pudiese. Los enemigos sea por temor de
una emboscada, sea porque estuviesen fatiga-
dos, no persiguieron á los desbandados: ocur-
rió esta desgracia el 24 de enero de 1823.


La derrota anterior produjo en Madrid su-
ma confusion: las autoridades pasmadas dieron
órden para levantar algunas fortificaciones,
confiando el mando de la capital de la rnonar-
quia al ¡eneral Ballesteros, y el de las tropas
al conde del Abisbal. El conde, desacreditado
en todos los partidos, y despreciado de los
mismos que le empleaban, reunía tales ante.
cedentes que no cabia en la imajinacion de nin-




19P
guna persona sensatA que se le pudiese COnfil!l1"
un mando de importancia. Mas parecf! que el
[eneral se habia reconciliado con la sociedad
á que pertenecían los minist ros , y decididos
estos á no emplear sino á sus partidarios, -ntre
los que rJO encoutrahan un [eneral de repula-


.cíon ; y acostumbrados a no proponerse 011'0
hlanco y á despreciar la opinicn pública, norn-
bráronle inspector jeneral de infantería: y aho-
ra le entregaban el basten de las tropas que
pudiesen reunirse.


Los realistas llegaron á Guadala jara, y sin
adelantarse mas hácia Madrid , pasaron el Ta-
jo casi á la vista del conde del Abishal, clue
desde el 27 de enero iba en su seguimiento el
30 entraron los facciosos en HUele, donde hi-
cieron demostraciones de querer fortificarse. Se-
gun los escritos del mismo conde del Abisbal,
las fuerzas de Bessieres se componían de tres
mil y quinientos hombres de infantería y de
doscientos caballos: en el parte oficial de 30 de
enero esplicábase de este modo. »No vacilo en
asegurar á V. E. que en cualquier punto donde
logre venir á las manos con la faccion , no sola-
mente caerá en mi poderla artillería, sino ~ue
será enteramente destruida esa horda de enemi-
gos de la libertad." Sinernbargo , el mismo je-
neral se presentó el 31 delante de Huete , y




200
aunque Jos facciosos perrnanecieron alli hasta
el JOde febrero, no se atrevió á emprenrler
cosa alguna contra ellos, bajo el pretesto de
que el mal tiempo y la escasa fuerza de que
disponía no le permitían obrar á medida de sus
deseos.


La derrota de Brihuega se verificó, como
llevo dicho , el 24 de enero, y el conde del
Abisbal tomó el mando en el acto: el gabinete
le concedió todos los medios de que podía dis-
poner, y el conde en su parte de 8 de febrero
dice que sus fuerzas se reducian á dos mil y
nuevecientos hombres de infantería y á tres-
cientos ochenta caballos, no comprendiendo al
reiirniento de C'llatrava qu~ hahia destacado á.
Cuenca y que se le reunió el 10. De aquí pode-
mos deducir cuales eran los poderosos medios
y la autoridad de un gabinete , que viendo ame-
nazada la capital donde residía y al enemigo
acampado casi á sus puertas, desde el 24 de
enero hasta el 8 de febrero, no pudo reunir si.
no tres mil y quinientos hombres para ahuyen-
tarlos. A pesar de todo , el gabinele era el ído-
lo de la asamblea lejislativa y de muchos perió ..
dices que llenaban sus pájinas de alabanzas á la
prevision , al saber, á la firmeza J' al carácter
de los ministros, y que no vacilaban en dar el
nombre de traidor al que se tornaba la libertad




201
de criticar las medidas y el ningun talento de
los siete varones, que tenian asido el timonde la
nave pública.


EllO de febrero, mientras que el conde
del Abisbal practicaba un movimiento en di-
receion de Cuenca pal'a protejer la JJegada de
la columna que esperaba de Valencia, 105 fac-
ciosos salieron tranquilamente de Huete. Corno
la marcha de! conde del Abishal le alejaba del
camino por donde se retiraban los contrarios,
y como la primera noticia que tuvo de su sall-
dafue el parte del alcalde de Huete , no se vie-
rou inquietados en su retirada. Caminaron á
marchas comunes, repasaron el Tajo sin obstá-
culo, yhabiéuJose dividido en dos trozos diri-
[iéronse los unos á Aragon , los otros á Valen-
cia , sin que las tropas constitucionales pudiesen
obtener mas que insignificantes ventajas. No
p'-'recla siuembargo difícil obligarlos á una ac-
CiOD [eneral , reuniendo ya el conde del Abis-
hal mas de setecientos caballos. Esta espedicion
que duró hasta principios de marzo no tuvo
resultados de importancia, y el jeneral de las
arruas constitucionales que la mandaba, des-
mintió en ella la opinión de actividad y de in-
telijencia que íustarnente se habia adquirido en
la guerra de la independencia. En esta época
los liberales prodigaban incesantes elojios al




202
jeneral Mina: lai córLes le tributaban scciones
de graciai" 1 ,(:1 gabinete le decoraba con la
gran cruz de san Fernando por la oeupacion
de los fuertes de la seo de- TIrjeL Los periodis-
tas que en todas las materias tomaban un to~
no decisivo, compararon la toma de aquella
fortaleza á las hazañas mas brillantes conocidas
hasta entonces, y encontráronla superior en
mérito á todas las otras. Y aunque el, bloqueo
de Urjel después de la retiradaxlel harón de
Eroles á Francia, y la evacuacion de los sitia.
dos cuando carecieron de víveres sin obligar-
Jos á ello los sitiadores , no. fuesen hechos es-
traordinarios ni asombrosos, despertaron sin-
embargo el entusiasmo porque eran como Una
ráfaga de esperanza que venia á alegrar los
ánimos en medio del jeneral desaliento. Una
gran parte de las fuerzas españolas habíase reu-
nido bajo las órdenes de Mioa, que no quiso
emprender operacion alguna hasta estar seguro
de que no se esponia á esperirnentar el menor
reves: para adquirir esta certidumbre perdió
un tiempo precioso, y lo que hizo en el cora-
zon del invierno pudiera haher]o llevado áca-
bo antes del otoüo , con una ventaja mucho
mas decisi va. Semejante pérdida de tiem po, eS
tanto mas sensible cuanto que si Mina hubiese
arrojado al baron de Eroles de Cataluña cuando




203
pudo haeerlo , el congr~so de VeroDa hubiera
quizás dado á su victoria suma importancia: y
hit vez no hubiera tomado el acuerdo que to-
mó ó lo hubiera retardado Porque no era lo
mismo el que las potencias aliadas contasen con
una rciencia establecida ya en U rjel , y con un
ejército realista mandado por un [eneral de
nombradia, haciendo la guerra y consiguiendo
'Ventajas, Ó el que viesen á la rejencia fujitiva
y fuera de Espaüa , á los realistas derrotados
y la cumbre de los Pirineos ocupada por la~
hayonetas de la libertad.


El rninisterio , recobrado apenas del pavor
que le habian causado la derrota de 24 de ene-
ro y la procsirnidad de los realistas á Madrid,
se presentó á la asamblea Iejislativa para pedir
Una quinta de treinta mil hornbres , destinados
á poner el ejército bajo el pie de guerra, y so-
licitando diferentes autorizaciones para sí , pa-
ra las diputaciones provinciales y para los ca-
mandantes que ernpuñahan el haston en los dis-
tritos militares. La comision encargada de eesa·
minar las propueslas de los secretarios del des:"
pacho , desocupó al día siguiente su cometido,
aprolrindolas y amplificando su contenido : en-
vano algunos diputados pidieron que el ministe-
rio diese. cuenta de los resultados producidos
por los reemplazos anteriormente decretados;




204
los ministres apenas se dignaron responder, y
seguros del écsito de la discusion contentáron-
se con decir que pedian lo que era necesario l'
todo se Qlll'obó COl\ \a m\Sl\~a \\)cl'c',l,a. .


En seguidll esplicó el ministerio los medíos
qUQ le parecían mas urjentes para cubrir los
nuevos gastos; y no íuZgaOloS posible qtlC des-
de qtle ecsisten gobiernos representativos Seha-
ya obrado nunca con menos gravedad y me..
IlOS tino. Los ministros na decían ni á cuanto
ascendian los gastos ni lo que sumaban los re"
cursos que ecsijian l ni si resultaba déficit en.
las contribuciones ya decretadas , (Iue eran los
datos que podían ilustrar la cuestiono No obs-
tante la condescendencia do las córtes, la co-
misión que informó sobre las proposiciones del
gabinete, no pudo menos de desaprobar tres de
los articulas propuestos, porque violaban ahier-
tamente la ConstitQcion. No faltaron represen-
tantes del pueblo que se opusieron á lo que so-
licitaban los secretarios del despacho, porque
viendo el atraso escandaloso de las contrihu-
cienes anteriormente votadas, la apatía y la
inacción de las autoridades y de sus ajcntes,
parecíales inútil el decretar otros impuestos.
Los gobernantes no supieron responder á las
pl'cguntas que les dirijieron acerca de las car..
gas públicas , de las provincias que mas debiaa




205
de las sumas necesarias, ni de los productos
que hablan de quedar líquidos á consecuencia.
de los medios aprobados. Y sin reparar en tan.
tas y tan escandalosas omisiones, el congreso
nacional otorgó á los hombres que merecían su .
confianza cuanto pedían casi sin discutirlo, es..
ceptuando solo tres artículos, á los que se babia
opuesto la comisiono .


El 12 de febrero el ministerio hizo á las
córtes una esposicion reducida, á que en vil'-
tu.l da. las notas de las grandes potencias con-
tinentales, y del discurso del rey de Francia
en la abertura de las cámaras, la asamblea le·
[islativa dehia tomar las medidas que [uzgase
convenientes. La comision encargada de ecsa-
minar el mensaje del ministerio propuso bs
pos resoluciones siguientes:


1/' Si desde que las córtes estraordinarias
cierran sus sesiones , las circunstancias' acsijie-
ran que el gobierno mudare su residencia, las
córtes decretan su traslación al punto que aquel
señale, de acuerdo con la diputación perma..
nente ; y si esta hubiese cesado en sus funcio-
nes ,'10 bará de acuerdo con el presidente y se-
cretarios nombrados por las. córtes ordinarias.


2.a En este caso el gobierno consultará
acerca del paraje á que crea conveniente la tras-
lacion á una junta de militares acreditados por




206
IU ciencia, conocimientos y adhesión al sistema.


Dificil es concebir como la comision encar-
g~ja de ecsaminar .el mensa je del ministerio en
el q!le , visto el estado de Jos negocios, in vita •


.~ al congreso lejislativo á adoptar las medidas
couvenientes , se contentó con el abandono de
la capital de la monarquía, y como al ocurrir-
le esta idea se limitó á ella sin añadir otras pre-
cauciones. Mas como el ascendiente de los go-
hernantes ó por mejor decir del partido á que
pertenecian era notorio, enlendiéronse con la
comisión sobre el sentido que dehian dar al
mensaje, pues no creian muy honorífico para
ellos pedir en aquellos momentos la evacuación
de Madrid.
'. Los límites de este escrito no me permiten
estender en los detalles de las sesiones de la
asamblea, al controvertirse las pro posiciones
de la comisiono Procedióse en ellas con suma
inconsecuencia, y Jos que en la respuesta á las
notas de las altas potencias habian retado á com-
bate jeneral á la Europa entera, vinieron ácon-
fesar ahora que no habia nada preparado, y
que no era posible resistir á la invasión. En es-
tas célebres sesiones se aseguró .que una sola
división de ocho ó diez mil franceses podía
llegar á la córte en breves jornadas; demostró-
se que no ecsistia ejército,y que las plazas care-




207
cian de provisiones: y finalmente se aflrrnóque
aun cuando hubiese cien mil hombres bien orga-
nizados, y entre el Bidasoa y Madrid estuviesen
fortitlcaJosBurgos y otros punlOs, treinta mil


. franceses podían lIf'gar á la capital en cinco ó
seis dias , sin que ninguno pudiese estorbarlo.
El terror se habla apoderado de la asamblea J
y si algUIl diputado hubiese propuesto abando-
nar la corte , aquella misma semana, hubiera..
lo aprobado como aprobó los dos artículos de
la comision-. Debemos notar que los ministros,
ó no asistieron á las sesiones ,ó lo que no ad-
mite duda , no abrieron los lahios y no se les
ecsijió como se debia haber verificado, el que
diesen estensa cuenta de los medios con que
contaban para resistir á la invasión , J que in-
dicasen el fundamento de los temores que ha-
hian concebido, de que el enemigo penetrase
hasta el corazón de la moaarcuia,


. .


Al ver la prisa con que el congreso antori-
zaba á los secretarios del despacho pat'a aban-
donar á Madrid, en los doce dias que media-
ban hasta la reunión de la lejislatura ordina-
ria, creerán algunos que la córte española se
halla á escasa distancia de la frontera france-
sa , y que los enemigos la habian ya pasado.
Sin embargo, los franceses tardaron todavía
cerca de dos meses á atravesar el Bidasoa , y




208
Madrid está situado á cien leguas de aquel río.
Ly era posible que el temor cegase á. los go-
hernantes y á los corifeos del partido que do-
minaba en las córtes , hasta el estremo de no
reconocer los .funestos resultados que producí-
rian sus poco reflecsionados decretos, y sus
imprudentes declamaciones? Los franceses no
habiau qUlzas resuelto definitivamente la época
de la entrada, y podian variar el plan de un
momento á otro. ¿Como no habian de alentar-
les la impericia, el pavor y la impotencia del
gabinete español? ¿Que opiuion habia de for-
mar el pueblo de sus representantes al ver que
al dia siguiente de declarar la guerra hacían púo
blica ostentacion de la falta de recursos, y habla-
ban de ponerse en seguridad sin que ecsistiesen
peligros ni aun en la apariencia? ¿Si creían que
la nacion resistiría á los franceses porque huian
del centro de ella? Y si juzgaban que el enemi-
go no enco.ntraria resistencia alguna, ¿para que
tomar una resolucion temeraria? Al menos los
franceses en su revolucion habian sido conse-
cuentes, y habian afrontado los peligros con
heróica firmeza: cuando los prusianos amena-
zaban á Paris no solo no abandonaron aquella
eiulad, sino que por el contrario declararon
traidor al que hiciese semejante proposicion,
Eu cuanto á los gob~rnallte8 españoles , y al




209
partido que dominaba en la asambl ea lejislati-
va , solo pensaron en procurarse con tiempo la
seguridad despues de haber comprometido á la
nacion.


El gobierno decretó 18 formacion de dos
ejércitos de operaciones y dos de reserva: el
primer ejército de operaciones, que estaba á
las órdenes del jeneral don Francisco Espoz y
Mina, componíase de las tropas que habia dis..
tribuidas en los distritos de Cataluña. For-
maban el segundo las tropas que residían en la
provincia de Santander, en una parle de Cas-
tilla la vieja, en las provincias vascongadas,
en Navarra, Aragon y Valencia, bajo el man-
do del jeneral don Francisco Ballesteros. El
primer ejército de reserva debía organizarse en
Madrid, mandado por el conde del Abisbal,
y el segundo confiado á la pericia y conocidos
talentos de don Pablo Morillo, conde de Car-
tajena ,' habia de formarse en Galicia, Fácil es
demostrar que esta distribucion de tropas era vi-
ciosa, y que hasta en un punto, tribial por decirlo
asi , no supo el ministerio tomar disposiciones
acertadas. Todos los que han escrito ó hablado
de las operaciones militares de que puede ser
teatro la Península española, están acordes en
que para cubrir los Pirineos se necesitan tres
cuerpos de ejército: el primero para cerrar la




710
. frontera de Cat.al11ñll, el segundo [a 'de .~r3gon;
y el tercero la de Navarra, Es imposible que
las tropas de Aragon operen con intelijencia,y
utilicen las ocasiones, si han de esperar lasórde-
nes de un [eneral que se encuentre en las rnér-
[enes del Bidasoa , parte la mas amenazada
de la raya. Bien conozco que los ministros no
contaban conque se disputase el paso á los fran·
ceses, porque faltaban absolutamente los me.
dios para defender los límites de ambas nacio-
nes; mas por esta razón dehian formar mejor
tres ejércitos en vez de dos, En~raba en sus
planes que el pueblo haria la guerra á los es-
trunjeros, y pOI' absurda que pareciese esta opio
Ilion, por contrario que fuese en esta parte el
convencimiento de las personas imparciales, co-
mo lo repetian con tanta frecuencia, era preci-
so tomar al menos algunas disposiciones pUl'a
facilitar el levantamiento del pueblo contra la ~
invasion , para prpstar apoyo á las guerrillas
sin número, que segun decian iban á formar.
se. El primer resultado de haber puesto bajo
el mando del mismo jeneral las tropas que re-
sidian en Santander, en una parte de Casio
tilla la Vieja, en Aragon, en el reino de
Valencia, ea Navarra y en las provincias vas-
congada5, fue q'le el jeneral Ballesteros no tuvo
el tiempo suficiente para reunir con oportuni-




211
dad sus fuerzas, que no pudo recorrer la fron-
tera ni aun acercarse á los puntos mas amena-
zados. Cuando este jeneral SUP() que los france-
ses habian entrado en España llamó á su ladoá
todas las tropas que ocupaban las provincias
fronterizas, á cuantas habia puesto el gobierno
bajo sus órdenes, y no pudiendo hacer frente
al enemigo se replegó sobre Valencia, dejando
todo el pais descubierto y sin un soldado, á
escepcion de las guarniciones de las.plazas fuer-
tes. Disminuyéronse en estremo sus fuerzas en
tan larga retirada, por la desercion y por otras
mil causas: lo cierto es que los invasores fran-
ceses no encontraron la menor resistencia ni en
el paso del Bidasoa , ni en los desíiladercs estre-
chos de los caminos que conducen á Yit oria , ni
al atravesar el Ebro. Y aun cuando el pue.hlo
hubiese abrigado los deseos de tomar parte en
la guerra, no hubiera podido sino permanecer
pasivo, visto el abandono absoluto en que le
dejaban las tropas á consecuencia de las disposi-
ciones del gobierno, y visto que por otra parte,
los franceses que nada tenian que temer en sus
flancos ó en su retaguardia, avanzaban en dere-
chura al centro de la Península española.


Cerráronse las córtes estraordinarias el f9
de febrero: no fue posible prolongarlas por mas
tiempo, debiendo abrirse en virtud de la Consti..




212
tucion las ordinarias el 1. 0 de marzo de 1823.
El mismo dia 19 de febrero ecsoneró S. lU. á
los secretarios del despacho confiando los car-
gO!! interinos á los primeros oficiales de las se..
cretarias hasta el nombramiento de nuevos mi-
nistros. La medida que habia tomado el monar-
ca no escedia los límites de sus atribuciones
constitucionales, y amas reclamábanla las cir-
cunstancias cualquiera que fuese el rumbo que
siguiesen los negocios. Si la razón recobraba
por fin su imperio, debia en el fleto tratarse con
las grandes potencias, y los ministros que ha-
bian contestado con tanta altanería á las notas
de las naciones del norte, que no daban garan-
tia ninguna de defender el órden público, y que
habían tomado parte en el alzamiento militar
desaprobado en el congreso de Verana , no eran
á propósito para entablar las negociaciones ape-
tecidas. Y aun cuando los -proyectos del rey
hubieran sido hacer la guerra á Jos franceses,
su primer afan debia consistir en reemplazar á
los actuales secretarios del despacho que tantas
pruebas habian dado de su escaso valer ., resal-
tando á los ojos de todo el mundo la confusion
y el abandono de los mas importantes nego-
cios. Finalmente era público, y un diputado
amigo íntimo de los ministros lo habia confesa-
do) y confirmado los. periódicos ministeriales}




213
que el gabinete pertenecia á Una sociedad se-
creta y que otro club tambien misterioso lo
hostilizaba abiertamente; yel bien [eneral ecsijia
que se le despojase del mando para conciliar los
Ánimos y establecer la concordia. ¿Y por que no
he de recordar aquí el modo poco decoroso
conque sus secretarios trataban al rey, agriando
aun mas su pecho henchido ya por sí de deseos
de venganza y de despotismo? Los que habían
bautizado con un apodo 8 cada Uno de los mi-
nisterios anteriores, daban á este el dictado de
ministerio de los siete puñales, aludiendo á las
opiniones y palabras escapadas de los labios de
alguno de sus individuos. Al menos Luis XVI
aun cuando se vió obligado á nombrar minis-
tros á personas que le eran contrarias, y
que le conduelan al precipicio, se vió tratado
siempre por ellos con el respeto debido á un
monarca, y así todos se interesaron por su suer-
te : mas Fernando VII á quien tantas conside-
raciones debian guardarse en el estado político
de la nacicn y de la Europa, {ernando que
naturalmente odiaba el gobierno representativo
y trabajaba secretamente para derribarlo, era
de continuo ajado á la menor oposición que
manifestaba á los deseos de los ministros. Así es
que dejando aparte las facultades que la Cons-
titucion le concedia de mudar á los secretarios


TOMO 11. 15




214
del despacho, aconsejábanle la necesidad del
enrubio un millon de poderosas razones.


Los gobernantes, sus amigos y compañeros
no rensaron de este modo; los unos deseosos de'
ccnservar el gubernalle de la nave del estado
para estrellarla contra los escollos; los otros
no pudiendo resolverse á una mudanza que
privaba :i su partido de la influencia que gozaba
y quizás á ellos mismos de sus destinos, resol.
vieron oponerse con todas sus fuerzas sin mi-
rarnieuto á los medios, y obligar al monarca á
confirmarlos en sus puestos. En la misma no»
che del t 9 de febrero como unos doscientos
conjurados marcharon á palacio haciendo reso-
nar los aires con los gritos mas furiosos y mas
atroces, amenazando al rey y penetrando has..
ta su habitacion donde le obligaron á admitir á
los secretarios ecsouerados. Esta es la única vez
que corrió peligro la vida de S. M. j Cuanta
falta hicieron entonces al rey los seis batallones
de sU guardia sacrificados bárbara, impolítica é
inútilmente el 7 de julio! Sin duda alguna que
no hubiera esperimentado en ese caso semejan-
tes ultrajes con los ministros de aquella época
apoyados en la fuerza respetable de la guardia
real y en las autoridades que mandaban en la
capital de la monarquía. Los ajitadores habian
suscitado en Madrid desde 1820 desórdenes,




215
ajit~, y turbulencias; mas ninguna asona-
da habia tenido el carácter atroz de la terrible
noche de 19 de febrero de 1823. Mientras que
los grupos de la plaza de palacio no desperdicra-
ban insultos ni amenazas para forzar al rey á
que volviese á nombrar á los caidos , otros se-
diciosos de la misma especie pedían á gritos á
la diputaciou permanente de las córtes qUd se
nombrase una rejencia. Las voces de rejencia y
muera el rey resonaban por todas partes; y en
los sitios mas públicos de la córte se colocaron
mesas para que en ellas firmasen los que pll!ia 4
han, una representacion solicitando el destrona-
miento de Fernando.


Los directores y los principales ajentes de la
asonada habian dado el impulso y una vez roto
el freno del caballo popular, ni ellos mismos
hubieran podido evitar que se cometiesen cri-
mines y atrocidades para llegar al objeto ql1e se
proponian ~ y ahora obtenida la rehabilitacion
de los secretarios hubieran querido apagar de
un soplo la llama de la aiitacion y borrar para
siempre la vergonzosa memoria de lo que habia
acontecido. Mas apesar de sus acti vas dilijen-
cias para enfrenar desde aquel instante al móns-
trua de la anarquía no pudieron estorbar que
los gritos de rejencia y de muerte continuasen
todavía por largo espacio; y los periódicos mis-




216
mos .. órganos de los ministros que alabaron el


. movimiento, tuvieron la desvergüenza de ase-
gurar que los que dirijian la sedicion no habían
dado semejantes gl·itos. Como sino fuese mayor
crimen invadir el recinto del palacio con el
puña] en la mano, que lanzar deprecaciones
de muerte y de rejencia , Ó como si los que se
arrojaban á cometer el primer delito no fuesen
capaces del segundo•


.Mas la rehabilitacion de los secretarios del
despacho no satisfizo del todo á los interesados
en ella, pOl'que Fernando en el decreto en que
los autorizaba para recobrar el mando, se sir-
vió de la espresion de por ahora, y los partí,
darías del gabinete lo deseaban perpetuo. La di-
putacion provincial de Madrid, la de Murcia y
otras corporaciones eshortahan al monarca en
sus osadas representaciones á que borrase la pa-
.labra por ahora y declarase á sus amigos ministros
en propiedad. Por todas parles el bando áque per·
tenecian heria los aires con las mismas vocifera-
ciones y hacia depender lo que ellos llamaban
la salud de la patria de sostenerlos en su puesto,
aunque no era posible que los acontecimientos
demostrasen de una manera mas evidente su ig-
norancia y su neglijcncie.


Las córtes abrieron sus sesiones ordinarias
el 1.0 de marzo de t823 : y al dia siguiente eL




217
monarca participó al congreso que hahia ere ido
eonveniente ecsonerar á los ministros, y designó
los que debian reemplazarlos, S. M. aüadia que
para remediar que los negocios públicos no su-
friesen retardo ,tos ministros ecsonerados dC 4
hian continuar llenando sus destinos hasta qU"6
hubiesen dado cuenta á las córtes del estado de
la nación.


Fernando al resolver que los secretarios del
despacho no abandonasen sus sillas hasta haber
enterado al congreso de la marcha de los nego-
ciospúblicos , recordó sin duda lo que le habia
sucedido dos años antes cuando reemplazó al
ministerio de t820. Entoncesmuchos represen·
tantes del pueblo se quejaron en las córtes de
que se hubiese despedido á los ministros en el
momento en que Conforme al artículo de la
Constituoion y al reglamento ihan á- enterar á la
asamblea del [iro que habia tomado la cosa pÚ 4
hlica : y opusieron muchas dificultades para ad ..
mitir en el congreeo á las personas encargadas
interinamente de las secretarías, las cuales se
disponían á leer las memorias preparadas por
los primitivos ministros. M-as las contradiccio-
nes se tocaban: las córtes de ~ 811 habian decla-
rado que las bases de sus trabajos eran las me-
morias leidas por el gohierno : las córtes de 18 ~3
anunciaban cIue aquel trabajo no era esencial, Y'




218
aun bubo un diputado que le dio el nombre de
insignificante. Sin embargo la situacion de la
Península española en el mes de marzo de 1821
no era de ningun modo comparable á la de
igual mes de 1823, Y las circunstancias críticas
de esta última época debian inspirar á las cór-
tes el deseo de que los secretarios del despacho
leyesen sin pérdida de tiempo 8US respectivos
escritos. Ysuponiendo que estuviesen mediana-
mente redactados, era inevitable q.ue espusiesen
los fundamentos de la especie de temor que les
inspiraba la invasion, de las esperanzas que se
habían concebido de una alianza con Inglaterra
y con Portugal; que espresasen los Pi'SOIS dados
para obtener Unay otra; que esplicasen el estado
de la opinion pública, el número de tropas, el
aumento que recibirian , los medios de pro-
veer á sus necesidades, si resultaba ó no défi-
cit en los recursos puestos á disposieion del
gobierno y otros muchos puntos del mas alto
interes para entrar de lleno en las grandes cues-
tiones que debian ajitarse. Cierto es que los di-
putados podian haber adquirido noticias y Jeta-
Hes, 'pero carecían de carácter oficial y eran
aisladas y no en bastante número ni con el gra-
do de certidumbre conque las posee el gobierno.


Tantas y tan graves consideraciones cedie-
ron al prurito de conservar en sus puestos á los




219
secretarios , segunda vez ccsonerados , y para
eludir la voluntad del rey, las cortes ordenaron
que los ministros suspendiesen la lectura.de sus
memorias hasta que otra cosa acordasen; lo
cual obligó á Fernando á retener á la fuerza á
unos hombres que por tantos títulos detestaba.
Las asonadas impelieron al rey en la noche del
'9 de febrero por medio de los insultos y las
amenazas á volver á las. secretarías á 10& minis-
tras, y el congreso donde tal vez se sentó al-
guno que hahia tomado parte activa en el
motin , y que cuando esto se escribe pertenece
al partido moderado , violentó al monarca
paTa que los retuviese mas largo tiempo en el
mando.


y la asamblea. al suspender la. lectura de.
Ias memorias ministeriales , no solo faltaba á la
conveniencia pública y se opcnia á la voluntad
manifiesta del rey que usaba de sus Iejitirnaa
atribuciones, sino que violaba igualmente su
mismo reglamento y la Constituciou (1).


(1) Artículo 81 del reglamento de las cdrtes,
"Al dia siguiente del en (lue se verifique la solemne
apertura de las C6rles (2 de marzo), se leerá el aeta
de la junta preparatoria de 25 de febrero y la I~sta
de las comisiones nouibradas. En seguida. se .lar.í




220
Debe advertirse, que los hombres nombra-


dos por el monarca para desempeñer el cargo
de ministros, no solamente eran tenidos por
constitucionales, sino que hablan dado también
repetidas pruebas de ecsaltacion , y pertenecían
á los partidos que estaban en voga. No podia dis..
putárseles el reunir al menos tanta práctica de
los negocios y tantos conocimientos como los
secretarios del despacho ecso nerados , y no ee..
sistia pretesto alguno decoroso, para que 108
que se hallaban en Madrid no se encargasen
al instante de las riendas del gobierno, 1


cuenta por estracto de los traba jos preparados por
la diputacion permanente para someterlos á las CQ ..
misi oues respectivas.


Art.82. Al dia siguiente se presentarán Jos minls-
tras} y cada lino en su ramo darán cuenta del estallo
en que 56 halla la uacion. Sus memorias, qU6 deben
imprimirse y publicarse, se conservarán en el con.
greso para que las noticias que conteugan puedan
servir á las comisiOlles.


Art. 127 de la Coustitucion. "En las discusiones
de las córtes y en todo lo cIlIe pertenezca á su órden,
á su di recciou iuter ior , se o bserv ar á el rrglilmelJto
que se estableced. pOI' las presentes córtes ¡ellerates
estr-aordinari as , sin perjuicio de las reformas que
las c6rtes sucesivas hagan en el mismo,




221
para que Jos otros no volasen á su puesto. Si
se hablaba de libertad ~ de la Constitución de
1812, los recien nombrados podían presentnr
mas títulos de adhesion que los antiguos, aun-
que hubiese entre los segundos un ,jefe del le-


• vantamiento de la isla de Leon, porque los
ahora encumbrados al gubernalle de la nacion,
se vieron obligados á emigrar por los aconteci-
mientos de 1814, cuando el rey destruyó la
Constitucion, ó se habían espatriado á conse-
cuencia de las tentativas que habian hecho los
años siguientes para restablecerla, ó habian si-
do perseguidos y encarcelados por esta Causa.
Algunos habian sido diputados de las córtes de
j 820 á '82' ,y habíanse distinguido en el par-
tido ecsaltado : otros habian descollado en las
tribunas de las sociedades patrióticas j el que
debia sentarse en la silla del ministerio de Ja
guerra mandaba el ejército de Navarra, y el de .
marina hallábase al frente de una provincia;
de suerte, que es preciso repetirlo, no ecsistia
ni una sombra de escusa para que la asamblea
se opusiese á BU nombramiento. Mas los nuevos
secretarios pertenecian á diferentes bandos, y
los miembros del club dominante, considera.
ban que el proyectado cambio les hacia perder
muchísimo terreno ~ despojándolos del manejo
esclusivo de los asuntos públicos; el viaje re-




222
suelto podia esperimentar gran retardo con la
mudanza del gabinete, y este era el verdadero
motivo de la asonada de 19 de febrero, y de la
injusta y arbitraria resolucion del congreso de
mandar que se suspendiese la lectura de las
memorias de los ministros.


E! 2 de marzo , día de la primera sesion de
las córtes ordiuarias (porque la de 1.° de mar-
zo se concretaba siempre á escuchar el discurso
del monarca, y á nombrar una comision en-
cargada de la respuesta) , un diputado propuso
declarar la incapacidad del rey, y las galerías
correspc ndieron á la \lfO\los\c\on con 3\1\\iU.,OS
estraordinarios. PoJia repetir aquí lo que !If'VO
dicho de los gritos de rejencia , que se habian
oido en la aciaga noche del9 de febrero. Y es
probable que si se hubiesen seguido las inspira •
.ciones de una sociedad que á todo trance ansia-
ba apoderarse de la rejencia para estrellar mas
pronto la nave del estado, se hubiera aproba-
do la propuesta; pel'O en la suspensiou de la lec-
tura de las memorias, habia un medio mas se-
guro y menos estrepitoso de conservar el poder
y mantener á sus amigos en el ministerio.


La situacion de la familia real pnesentaba
por otra parte un cuadro digno de ecsámen,
Fernando sufría un ataque de gota que se habia
agravado con el terror que se apoderó de su




223
ánimo la noche del 19 de febrero, y la reina,
horrorizada como es natural en su secso con los
recelos y sustos del referido moti n , esperirnen-
taba incesantes convulsiones de nervios que ins-
piraban cuidado por su débil salud. No obstan-
te, el congreso insistia en la idea del viaje, y
habíase resuelto que el gobierno y la asamblea
Se retirarian al instante á Sevilla. El rey envió
á las córtes los certificados de siete médicos
que declaraban el estado lastimoso de su enfer-
medad: cinco afirmaban que no podia ponerse
en camino sin graves peligros. Estos docurnen-
tos comunicados á las cortes el J2 de marzo,
pasaron á una comisíon que al dia siguiente pre-
sentó su dictamen, que terminaba con la pro.
posicion siguiente : »Envíese una diputacion á
S. M. para esponerleque las córtes esperan que.
el rey se servirá disponer su partida, de modo
que se verifique antes del '8 del mes corriente,
fijando S. M. dentro de este término el dia y la
hora que mas le acomoden ,y ea los que se ha
de verificar necesariamente la salida , partici-
pando su acuerdo á las córtes , que permenece-
rán en sesioa permanente hasta que reciban la
respuesta de S. ,M. para decidir en su vista lo
mas conveniente." Quedó aprobada esta propo· _
sicion. .


El monarca respondió á la diputacion que




224
le participó el acuerdo de lag córtes , que esta-
ha pronto á partir, no .obstante que se hallaba
en cama , p:3ro que deseaba que no se verifica.
se la partida hasta el dia 20. Las córtes , sute-
radas del deseo de Fernando, vinieron á bien
en ello, dando á este retardo de solos dos dias
tanta importancia, que algunos diputados pre-
tendieron hacer pasar la concesión por una
prueba singular de respeto y de [enerosidad,


Mas ¿en virtud de qué artículo de la Cons-
titucion violentaba la asamblea el ánimo del
Fey y le obligaba á salir de Madrid, enfermo ó
no? No ecsiste artículo ninguno en la Constitu-
cion de 1812 que autorice semejante conducta, y
si tenian las córtes un derecho para intervenir de
algun modo en la truslacicn del gobierno , de~
llia ser del mismo modo que en cualquiera otra
ley, siguiendo enteramente en la drscusion la
marcha prescrita por el reglamento y some-
tiéndola á la sancion del monarca. Alegarán
quizas algunos que el príncipe habia consentido
en hacer aquel viaje, y que habia hablado de
él en el discurso de apertura de las córtes : ¿mas
que duda cabe de que la aprobacion del rey y
el discurso de aperLura eran obra de los minis-
tros , que la asonada de f9 de febrero leohli-
gó á admitir otra vez, y que la asamblea le forzó
á conservar contra su espresa voluntad? Fer-




225
Dando habia conspirado por medio de sus ajen-
tes y provocado el rompimiento de las nacio-
nes estranjeras, escribiendo á los monarcas de
la santa Alianza; pero el punto de vista en que
nosotros nos colocamos para ver esta cuesuon
es muy distinto, Las córtes que debian saber
por la luz natural y por el conocimiento que
tenia n del estado del pais , que una nacion ban-
derizada por el príncipe mismo, y eshausta de
.recursos, no podia sostener una lucha contra la
Europa entera, hubieron de considerar que
habia de llegar el dia en que seria preciso ve-
nir á un acomodamiento: ¿y donde podría te-
ner mas feliz resultado, en Madrid, Ó cuando
apurados Sus escasos recursos todo estuviese á
disposicion de la 'espada del vencedor? El rey
no podia de medo alguno manifestar sus ver-
daderos sentimientos, porque el órgano por el
que debia esplicarse era un ministerio intole-
rante é irreflecsivo, que tomaba su nombre sin
consultarle muchas veces, y que no llevaba mas
objeto en su ciega obstinación que precipitar y
destruir el gobierno representativo, ¿Quería,
se una manifestacion mas clara de la voluntad
real ~ de sus deseos y de la repugnancia que
tenia de trasladarse á Sevilla, que el haher en-
viado :\ las córtes los certificados en que de-
claraban bUS médicos que tan largo viaje per-


"':'~'~;' 'i1 1tT
:o;.;,~......




226
judicaria á su salud? Y finalmente, aun cuan-
do S. M. hubiese determinado su salida de Ma-
drid , [bajo que pretesto se mezclaba la asarn-
hlea en fijar el término primero de cinco dias
y despues de siete, en cuyo espacio habia de
realizarse el viaje? Asise observaba una Cons-
titucion , que todos los dias proclamaban con
tanto énfasis ser el objeto de la veneración je..·
neral y el ídolo de los espaüoles ; una Consti-
tucion, que por no modificar ninguno de sus
artículos, costaba á los españoles una guerra


. contra el colosal poder de las potencias del
norte reunidas; y en el momento en que se
anunciaba al mundo que la muerte era prefe-
rible á tocar el libro venerando de [as leyes de
·1812, se desgarraban sus pájinas á cada ins-
tante baj!l el pretesto de que así convenía á la
felicidad de la nacion,


No bastaba sacar al rey de la capital de la mo-
narquía; necesario era que en cualquier punto
donde ecsistiese se viese rodeado de la misma ad..
mósfera, por decirlo así,y respirase el ambiente
mismo que respiraba, y que las córtes y el mi-
nisterio contasen con un firme apoyo de sus me-
didas impolíticas y destructivas de la libertad.
Con este objeto invitóse á los voluntarios nacio-
nales de la córte á seguir al gobierno ofrecién-
deles muchas ventajasjque nunca se cumplieron




227
Y que tan caras les costaron. Aquella milicia
compuesta alprincipio de la revolución de pro-
piet..rios y de pacíficos ciudadanos habia dado
repelidas pruebas de sus honrados sentimientos;
mas de una vez habia hecho frente á Jos ajitado-
res y desorganizado sus planes; mas desdeque
Jos empleados subalternos invadieron sus filas,
como son un elemento tan poderoso de desór-
den que siempre ansían subir y medrar á costa
de los demás, y asen de los cabellos todas las
ocasiones, perdióse mucha parte del brillo qne
antes la distinguia, Al Ilamarniento del congreso
apoyado por el gobierno respondieron en el
acto muchos que no poseían mas bienes que
la esperar¡za de un futuro destino y que en
los seis reales diarios que se les ofrecian halla-
han un recurso contra la miseria: estos eran los
menos; los mas pertenecian á clases acomoda-
das y eran por lo regular jóvenes fogosos que
comprometidos en los pasados disturbios yen-
tusiasrnados con el málicoaliciente de la liber-
tad corrian á defenderla Con las armas en la
mano; pero ardientes unos y otros no eran al
propósito para contener la revolucion y fijarla
el dia en que el gobierno tratase con los estran-
[eros. Formáronse dos batallones con estos vo-
luntarios, á quienes el ardor y la inesperiencia
hacían creer que iban á presenciar sucesos estra-




2Z8
ordinarios; qUf! Espaüa única siempre, y oriji-
nal en el desenlace de sus acontecimientos y
por su arrojo, eclipsaria las revoluciones de
Francia y de Inglaterra sentando mas aIt.a qu~
en nacion alguna á la libertad, y que se llena-
rian de gloria contribuyendo á tan próspero y
dichoso suceso.


El gobierno ordenó la creacion de un nuevo
ejército de reserva en Andalucía, confiando el
mando al jeneral Villacampa, y algun tiempo
despues decidió que los ejércitos primero y se-
gundo de reserva se denominasen tercero y
cuarto de operaciones: mas estos decretos no
acrecentaban ni las fuerzas ni los recursos que
eran indispensables para organizar los cuerpos.
El gabinete sobre este punto como sobre otros
muchos manifestaba la inaccion mas completa.
Ocupábase principalmente en los preparativos
del via je á Sevi lla', reuniendo para este fin el
escaso metálico de que podía disponer. La ma-
yor parte de las tropas de que se podia echar
mano se destinaron á acompañar al monarca y
al congreso lejislativo, dejando abandonados mu-
chos puntos en que eran necesarias en estrerno,
Nada importaba á los ministros la eonsideracion
de que en los veinte y tres dias indicados que
duraria el viaje no podrian aplicarse de un mo-
do .continuado á tomar las medidas ecsijidas




229
por el estado erítico de la nacion; bien que
estaban tan acostumbrados á no tornar provi-
dencias de interes, que no les ocurrió que su
inaccion durante la marcha dejase algun vacio
en los negocios. POI' otra parte segun los mas
fundados recelos, la invasion dehia verificarse
en los dias mismos del viaje, y el pais carece-
ria también del ausilio de la asamblea que el
23 de marzo suspendió sus sesiones por un
mes, Tales motivos eran muy suficientes para
impedir el viaje Ópara hacerlo precipitadameu-
te; mas lo que se queria era viajar cómoda-
mente .. con seguridad y ganar tiempo para
que tardasen en leerse á las córtes las memorias
de los ministros y conservasen sus sillas los siete
llamados patriotas.


El rey salió de la capital el 20 de marzo es-
coltado por los nuevos batallones de voluntarios
de que hemos hablado', y por muchos cuerpos
del ejército, hallándose otros colocados en dife-
rentes puntos para protejer la marcha. Habían-
se tocado todos los resortes del gobierno, de
sus ajentes y de las sociedades secretas para que
se hallasen tendidos al paso del rey y de su fa.
milia, no 2>010 Jos milicianos nacionales de las
ciudades Ó pueblos del tránsito, sino los de los
lugares mas remotos, para hacer ostentación de
un entusiasmo efímero, de que no participaba


')'üMü II. 16




230
como en otro tiempo la nación, y principal-
mente las provincias de Andalucía que tanto
sobresalieron despues en perseguir á los libera-
les. Cual si el carro de la revolucion hubiese
de marchar con e! soplo de los gritos, cornpla-
cieronse los que escoltaban al irritado y venga-
tivo príncipe en cantar en el camino y delante
del alojamiento donde descansaba canciones in-
sultantes ,y muchas veces los ajitadores de la
carrera que seguia la real comitiva uníanse á los
irrcflecsivos vociferadores para proporcionarse
tan indigno pasatiempo.


MIentras que los ministros reunian en torno
suyo cuantas tropas les era posible, las parti-
das realistas tomaban sumo incremento en el
reino de Valencia, y derrotaban una division
de t.ropas constitucionales que habian salido á
su encuentro. Siguieron obteniendo sucesivas
vent.ajas, y tomaron casisin resistencia el casti-
llo de Murviedro ~ la antigua Sagunto. Bloquea-
ron la Ciudad de Valencia, capital de aquel
reino, y aunque leva ntaron el sitio á conse-
cuencia de la procsimidad de una coluna cons-
tirucional, volvieron otra vez á estrecharlo, ba-
tida aquella: sin el heroico sufrimiento y ar-
rojó de su milicia hubiera caido en manos de
los facciosos, á quienes obligó á levantar el
campo la presencia del ejército de Ballesteros




231
que se retiraba de Aragon.


Entonces saltaron en Portugal las ptime.
ras chispas de insurreccion , no aconteciendo
como en España en la época en que comenzó
el levantamiento realista, dirijido por jefes
sin fama, y que jeneralmente pertenecían á las
últimas clases de la sociedad , sino que por el
contrario aparecieron á su cabeza las personas
de mas importancia. Silveyra, conde de Ama-
rantho , se alzó contra la Constitucion en la
provincia de Tras-os-Montes, y secundaron su
ejemplo las tropas de infanteria , de caballería
y de milicias que habia en los contornos. El
jeneral Luis de Rego, reunió Una división
Con laque entró en Tras-os-Montes, se apoderó
de Chaves, y Silveyra huyendo se retiró á Es-
paña y penetró en la provincia de Zamora con
cerca de Cuatro .mil hombres de 'infanteria ,
quinientos caballos, seis piezas de artilleria y
un gran convoy de comestibles. Esta circuns-
tancia aumentó el embarazo de los constitucio-
nales españoles que no tenian tropas en Castilla
la Vieja que se opusiesen al conde ele Amaran-
tho. Verdad es que el jeneral Rego le persiguió
mas allá de la frontera: pero la esperiencia de-
mostró muy pronto que únicamente tenia el
objeto de alejar á su contrario de las provin-
cias portuguesas, y aunque reunía fuerzas muy




/32
superiores á las del conde de Amarantho no
quiso llegar á las manos, cosa que le hubiera
sido muy fácil, porque aquel marchaba á cor-
tas jornadas con la artilleria arrastrada por
bueyes y mucho número de carruajes. Hecono-
cióse entonces de Un 010do evidente que el
ejército portugues distaba mucho de alimentar
el espíritu constitucional que habian querido
inspirarle, y desde aquel momento fue fácil
preveer los acontecimientos posteriores. Me
consta por documentos positivos que el encar-
gado de negocios de España en POI tugal , res-
pendió á Un [eneral español que se quejaba de
la conducta apática y dudosa de Rego en segui-
miento de Silveira; que no debia esperarse ca"
sa alguna de aquel gobierno. Lo mismo se sa-
hia en Madrid; yno obstante el gabinete y las
córtes persistían en sus quiméricos proyectos.


El conde del Abishal era en aquellos dias el
hombre de la confianza de los ministros y de
sus amigos: no se oian sino elojios del valor,
de la acti vidad , de la enerjia, de los conoci-
mientos del [eneral ; y para que ningun obstácu-
)0 encontrase en la ejecuciQn de sus planes dié-
ronle la autoridad política de Madrid.Aei elgo-
bierno que tantos perjuicios causaba á la capital
de la monarquía, privándola de sus principales
recursos I hacia ásus habitantes aun mas desven-




233
turados , poniendo á su cabeza con los poderes
de un dictador al conde del Abisbal , cuyo ca-
ráeter violento no se detenia delante de las di-
ficultades que encontraba para obrar conforme
á sus deseos.




ENTRAnA. DE LOS FRANCESES F.N ESPAÑA.-JUN-
TA PROVlSl"N AL, - OBSERVACIONES SOBRE L.o\.


üBEDlENCI,\ QUE J.OS ESPAÑOLES DEBIAN AL
GOlllEllNO REPRESENTA'!'l VD.


ltlientras que el gobierno español aceleraba
los preparativos de un viaje que á lo que pare-
cia solo habia tenido prisa de emprender por
que se verificó COIl la mayor lentitud, los fran-
ceses ponían un á los suyos, y el ejército que
hahia de penetrar en España hallábase dispues-
to á moverse á la primera señal. No se babia
preparado cosa alguna en la frontera para opo·




235
nerles resistencia , y el ministerio huía de Ma-
drid dejando lodos los ramos de la administra-
cion en el mayor desórden.


El ejército de Cataluña, órprimer ejérci-
to de operaciones, ascendia en esta época á
cerca de veinte y cuatro mil hombres, mas es-
taban diseminados, de suerte que los franceses
no encontraron cuatro mil soldados reunidos.
Sin embargo, en nuestro concepto no hubiera
sido difícil juntar catorce ó diez] y seis mil
infantes, quedando guarnecidas con tropas las
principales plazas, y confiando momentánea-
mente el país á la vijilancia y arrojo de la mili-
cia nacional.


El segundo ejército de operaciones, que se
componia del cuarto, quinto,~sexto y octavo
distritos militares, esto es, de los reinos de
Aragon, de Valencia, de Navarra, de una par·
te de Castilla la Vieja , de las'provincias vascon-
gada~ y de Santander ,~~debia cubrir la. línea
mas dditada de los Pirineos, y no obstante sus
fuerzas eran muy reducidas. Cuando el [eneral
Ballesteros se retiró á Valencia, después de ha-
ber recojido todos los cuerpos comprendidos en
las divisiones que militaban bajo sumando , lJO
pudo reunir mas de diez y seis mil hombres,
aunque no habia dejado en las provincias que
quedaban á su espalda mas que la guarnicion de




236
algunas plazas fuertes: y debemos observarque
este ejército esperirnentó numerosas pérdidas en
su larga retirada á Valencia.


El tercer ejército de operaciones, ~ las ór·
cenes del conde del Abishal , se organizaba en
Madrid y se componía en parte de cuerpoh nue-
vos. Amas del mando de Castilla la Nlleva, el
conde desempeñaba tambien el de Estrernadu-
ra , y apesar de todos sus esfuerzos, de su nin-
gun miramiento en la elección de los medios y
de los grandes poderes de que estaba revestido,
no pudo [untar mas de doce mil hombres.


Componían el cuarto ejército de operacio-
nes las tropas que guarnecian la Galicia , las As-
turias y una parte de Castilla la Vieía , y que se
reducian á dos batallones de infantería, tres
antiguos de milicias, seis ó siete de nueva crea-
cion , dos rejimientos de caballería y uno de
artillería. El conde de Gartajena, D. Pnblo Mo-
rillo, mandaba en jefe las referidas fuerzas.


El ejército de reserva que debia formarse
en Andalucia, compouíase de los cuerpos que
guarnecian esta provincia y de las tropas que es·
coltaban al monarca y á las cortes.


Las plazas en jeneral carecian de la guarni..
cien y de las provisiones de guerra que les eran
necesarias para la defensa: y hallábanse en peor
estado que el que tenian al concluirse la guerra




'lt3'
de la independencia, porque no se babia hechc
en ellas reparo alguno. Nunca el gobierno to-
maba en los labios la plaza de Santoüa sin darle
el dictado de importante, y sin embargo al ec-
saminarla veiasela falta de víveres , de artillería,
de municiones y aun de defensores. Si los fran-
ceses no la ücuparon desde el principio, debió-
se á que algunas tropas que se retirabande Vizca-
ya entraron en ella y se sostuvieron'con algunos
víveres recojidos en el acto y con los socorros
que recibieron por mar. No había en la plaza
ni gobernador, porque ocupado este en despe-
dirse de los habitantes y de los milicianos de la
córte, corrió demasiado tarde á su puesto y no
pudo entrar ni acercarse á algunas leguas de
distancia: parte de la artillería , de la pól-
vora , de las balas destinadas á las plazas de San
Sebastian y de Pamplona se encontraba en la
Coruña , sin que el gobierno hubiese adoptado
medidas para que llegasen coa tiempo á su des-
tino,


Tampoco se habían procurado aumentar los
medios de defensa, ni reunir los recursos in-
dispensables cuya estrema penuria resaltaba en
todas p~rtes. Las córtes habian revestido á las
diputaciones provinciales de facultades omni-
modas, y las habían autorizado con menoscabo




236
algunas plazas fuertes: y debemos observar que
este ejército esperimentó numerosas pérdidas en
su larga retirada á Valencia.


El tercer ejército de operaciones, ~ las ór-
llenes del conde del Abisbal , se organizaba en
Madrid y se componia en parte de cuerpo1> nue-
vos. Amas del mando de Castilla la Nueva, el
conde desempeñaba tambien el de Estrernadu-
ra , y apesar Je todos sus esfuerzos, de su nin-
gun miramiento en la eleccion de los medios y
de los grandes poderes de que estaba revestido,
no pudo Juntar mas de doce mil hombres.


Componían el cuarto ejército de operacio-
nes las tropas que guarnecian la Galicia , las As-
turias y una parte de Castilla la Vieja, y que se
reducían á dos batallones de infantería, tres
antiguos de milicias, seis ó siete de nueva crea.
cion , dos rejimientos de caballería y uno de
artillería. El conde de Cartajena, D. Pablo Mo·
rillo, mandaba en [efe las referidas fuerzas.


El ejército de reserva que debía formarse
en Andalucia, compouíase de los cuerpos que
guarnecian esta provincia y de las tropas que es-
coltaban al monarca y á las córtes.


Las plazas en [eneral carecían de la guarni-
cien y de las provisiones de gucl'ra que les eran
necesarias para la defensa: y hallábanse en peor
estado que el que tenían al concluirse la guerra




113'
de la independencia, porque no se habia hecho
en ellas reparo alguno, Nunca el gobierno to-
maba en los labios la plaza de Santoüa sin darle
el dictado de importante, y sin embargo al ec-
saminarla veíasela falta de víveres, de artillería,
de municiones y aun de defensores. Si los fran-
ceses no la ücuparon desde el principio, debió..
se á que algunas tropas que se retirabande Vizca-
ya entraron en ella y se sostuvierou'con algunos
víveres recojidos en el acto y con los socorros
que recibieron por mar. No habia en la plaza
ni gobernador, porque ocupado este en despe-
dirse de los habitantes y de los miliciano'! de la
córte , corrió demasiado tarde á su puesto y no
pudo entrar ni acercarse á algunas leguas de
distancia: parte de la artillería, de la pól-
vora, de las balas destinadas á las plazas de San
Sebastian y de Pamplona se encontraba en la
Coruña, sin que el gobierno hubiese adoptado
medidas para que llegasen COIl tiempo á su des-
tino.


Tampoco se habían procurado aumentar los
medios de defensa, ni reunir los recursos in-
dispensables cuya estrema penuria resaltaba en
todas partes. Las córtes habian revestido á las
diputaciones provinciales de facultades ornni-
modas, y las habiau autorizado con menoscabo




238
de la Constítucion para que pudiesen imponer
contribuciones: los ministros habían acrecenta-
do aun sus atributos con la única cortapisa de
que obrasen en todo de acuerdo con los [enera-
les en jefe de los ejércitos. No habian olvidado
sin duda los gobernantes los servicios prestados
desde 1808 á f 813 por las juntas de armamento
y de defensa, y se dió tambien este nombre á las
indicadas corporaciones. Mas cuanta distancia
separaba las unas de las otras! Las [untas de
1808 compuestas de hombres celosos de la in-
dependencia nacional mandaban á un pueblo
lleno de entusiasmo, pronto á toda clase de sa-
crificios para arrojar de la Península á los fran-
ceses, y dispuesto á calificar de traición el
menor obstáculo que Se opusiese á sus deseos.
Entonces no ecsistia mas que una sola opinión,
una voz única en las ciudades y en las provin-
cias : Lquien se hubiera atrevido á mostrarse
contrario? Pero las diputaciones provinciales
de 1823 se componian por lo comun de hom-
bres moderados y prudentes, porque no se ha-
hian renovado enteramente en J82' ,y porque
los ajitadores contentos con enviar á las córtes
á los hombres de su confianza, no habian tra-
bajado para influirlen las elecciones de las dipu-
taciones provinciales, porque como este desti-




:J39
no no tenia sueldo _señalado, mas les parecía
una carga que una ventaja (1). La mayoría de
los diputados provinciales se habia disgustado
de la marcha de los negocios, pues como se
cornpouia de hombres ricos detestaba á la anar..
quia y á los gobernantes que consu impruden..
cia comprometían la suerte de la desventurada
patria. Las diputaciones provinciales conocian á
fondo la opinión pública (2), no por las declama.
ciones de la tribuna ó de los. periódicos, sino
porque vivian en el pueblo y no podían hacerse
ilusion hasta el punto de creer que la nacion
desease la guerra. Sus individuos no dependían


(t) Las diputaciones provineiales se nombraban
al mismo tiempo, y por los mismoselectores que los
diputados á córtes, mas estos se renovaban en su to~
talidad cada dos aüos , mientras que el cargo de di ..
putado s provinciales duraba cuatro añosj- se reno-
vaban por mitad cada dos años. Las principales ilJ-
trigas se dirijian á obtener el honor de representar
al pueblo .. porqne era un honor lucrativo y una
fuente de destinos por la natural influencia que con
los ministros debian tener los diputados,


(2) Por trivial que parezca esta idea, no vemos
que los partidarios de ninguna época estén masde
acuerdo que los de 1823 sobre la opinion pública y
sobre el voto jeueral de la uaciou española, Cada




240
del gobierno; sin recompensa 1 casi todos sin
pretensiones de alguna especie era imposible
que no deseasen la paz, la consolidacion de la
autoridad real para que cesase lallicencia, para
que destruyese el dominio de las facciones que
amenazaban arruinar las propiedades de toda
clase. Por otra parte ¿cómo las diputaciones pro-
.inciales podian dejar de ver que las córtes y
el gobierno concediéndole~ las atribuciones que
violaban la Constitucion tenian por objeto des-
cargal' sobre ellas el peso de la guerra, el odio
que despiertan las violencias y los sacrificios á
que conducen?


partida la juzga inscrita en su bandera J toma su
nombre con ese grado de certidumbre (lIJe indica un
eouocimionto profulldo. Los ecsaltados hah lan s iem «
pre en nombre de la naciou , porque se il1l~jillall
que ninguno debe ver las cosas de otro modo que
ellos las ven: los anarquistas dicen y creen qne han
cometido los crfrniues de lllle los acusan pOI' el pue.
hlo de quien son órganos fieles . los carfistas que
pertenecen t amhien á las opiniones estrema s, piensan
qlle no solamente está la n aci on por ellos, sino que
le prestan un servicio eminente haciendo rostro á la
muerte y dándola flor defender sus sangrientas y el:-
sorables ideas. Los moderados lit! reputan loslúnicos
capaces de dirijir la m.íquiu a del estado gQberllán.




241
Entre las manos de tales corporaciones de-


positaban el congreso y el gabinete la direccion
de los negocios mas importantes, cegándose has..
ta el estremo de imajinar que corresponderían
á sus deseos y que ardería en sus pechos la Ha-
ma de lo que se llamaba patriotismo, renun-
ciando á sus opiniones y á sus intereses. La asam-
blca lejislativa y el ministerio resueltos á huir
el peligro procuraban igualmente saltar las di..
ficultades que ofrecía el estado en que habían
precipitado los asuntos públicos. Entregaban el
gubernalle al primero que les había ocurrido


dola con las leyes ordinarias, tanto en los tiempos de :
calma como en los de revueltas y mot iues . con..
téntanse con decir lo que debia hacerse, y nunca co-
mienzan á ejecutar lo que conviene. Su falta de
enerjía legal los condena por lo cornun al papel oe
víctimas de todos sus adversarios, unos después de
otros: y á fuerza de con fianza en las leyes las dej an
desgarrar hoja por hoja sin oponer un a justa resis ..
teucia. Los moderados son individualmente varones
estimahles y dignos del respeto público; mas cuando
constituyen lo qne se llama un partido pol ítico, no
solamente son inútiles sino que sirven por lo coman
para irritar á sos enemigos sin servir de apoJo á sus
amigos.


De ]0 dicho resulta 1 que la opiniolJ pública no




242
para no fatigarse en buscar los medios de salir
de la tormenta en que peligraba la nave, Ó por
mejor. decir, porque su vista poco perspicaz y
ciega ahora no encontraba el camino de s"¡}var-
la. Otro tanto podíamos decir de los poderes
concedidos á los [enerales en jefe, que de acuer-
do con las diputaciones eran omnipotentes. Y
que? ¿Como hablan de poder entenderse con
ocho, diez ó mayor número de diputados que
habia en cada distrito militar? l No era tácil
de calcular el embarazo que habia de resultar
de un decreto de esta naturaleza 1 Mas suponien-


está por los unos ni por los otros; sino por el repo-
so, la paz, la economía y principalmente por la jus.
ticia. Las elecciones Je 1823 no probaban que la na-
cion desease la guerra, ni la ajitacion, como se creyó:
ni las dernasías de los realistas en los diez años prue-
han quc amase el despotismo. La ünica consecuen-
cia que en un caso puede deducirse de estos hechos
encontrados , es que á trueque de que la dejen tran-
quila, es capáz de tolerar los sistemas políticos mas
iuseusatos. Sin embargo, al ver la alegria conque se
reciben las lluevas que tienden á afianzar Ja paz na-
ciente, la union de la familia española, puede ase.
lióurarse que si en algun punto se encuentran todas
las opiniones privadas es en este, porque de él de ..
pende la felicidad.




243
do que no ecsistiese ninguno y que las diputacio-
nes provinciales y los jenerales rivalizasen en
zelo para crear ejércitos y rechazar á los france-
ses , ¿que facultades se reservaban entonces las
córtes y el gobierno? ¿Cuales eran sus funcio-
nes? Mas hubiera valido decir que el congreso
nacional y el ministerio se habian disuelto; que
las provincias se gobernasen como mejor les
pareciese para vencer la invasion , y que obte-
nido el triunfo se reuniria de nuevo la asam-
blea y correrian á Madrid los siete secretarios
del despacho á recojer el fruto de la victoria.


Tales son las medidas que habian dictado
los poderes de la nacion para sostener la famo-
sa respuesta á las notas pasadas por los repre-
sentantes de las altas potencias del norte. Ni
consultaron á los jenerales que mandaban los
ejérc.itos, ni á las diputaciones provinciales pa-
ra precipitar la nacion en la guerra y para des.
vanecer todas las esperanzaR de acomodamien-
to. Mas cuando llegó el momento de obrar,
cuando las córtes y el gabinete hubieron pesa-
do bien los peliaros ; despues de haber publi-
cado en la tribuna nacional que no habia di-
ques que oponer á la invasion y que los france-
ses podian llegar á Madrid en pocos dias ; des-
pues de haber hollado con sus plantas todas las
consideraciones y la Consutucion misma que




244
invocaban sin cesar, obligando al rey á salir
de la capital Lde la Iberia: Nosotros huimos,
dijeron á los jenerales y á las diputaciones pro-
vinciales, huimos, y d vosotros fiamos el cuida-
do de defender nuestra causa.


La razón natural y la sana política aconseja-.
han lo contrario: cuando se trata del valor , el
ejemplo tiene indecible elecuencia. En el su.
puesto de que á los que dirijian los destinos de
la pobre España pareciese acertado emprender
Una guerra con la poderosa Europa sin la certi-
dumbre de la alianza con Portugal é Inglaterra,
debían haber procurado por todos los medios
posibles despertar el arrojo y el entusiasmo del
pais , si era posible conseguirlo. U no de los me-
díos mas poderosos consistía en mostrar con-
fianza en las armas nacionales y defender pal-
mo á palmo el terreno desde la cresta misma
del Pirineo hasta la córte. Quizás así de una
hazaña, de una ventaja que la fortuna regala á
veces al mas débil, hubiera resultado la emula-
cion ó el descontento de los franceses que coro.
hatian con disg U8tO la causa de la libertad, aun-
que la hubiesen manchado los desaciertos de los
que se apellidaban sus amigos. Lejos pues de
abandonar tan anticipadamente la villa y córte
de Madrid, debieron permanecer en ella para
patentizar á los ojos de todos los españoles que




245
confiaban en las armas empuñadas por tan no-
ble causa; que no temian al enemigo, y que se-
guros de la pericia y del denuedo de los ¡enera-
les á quienes se habia encomendado la suerte
de la monarquía, contaban conque se disputa-
ria á los invasores la entrada en el territorio
de la Península, las posiciones difíciles, los
caminos y los pueblos. El injenio multiplica los
medios de defensa: á su brillo los hombres des-
piertan, como al esplendor del dia , J' quizás
una chispa produce un incendio: pero la cohar-
dia y la inaccion, y sobre todo el funesto ejem-
plo de la fuga, no solo abulta los peligros, sino
que amilana Jos ánimos y debilita el ardimiento.


Los resultados debían precisamente corres-
ponder á tan funestos antecedentes, y los fran-
ceses entraron en España sin oposicion ningu-
na. El segundo ejército de operaciones se retiré
á Valencia casi sin disparar un tiro, y el prime-
ro se vió obligado á encerrarse en las plazas
fuertes después de algunos choques parciales, en
los flue Mina y los jenerales que militaban bajo
sus órdenes no Jlevaron lo mejor del combate.
De este modo los invasores se hicieron dueños
del curso del Ebro Con una facilidad superior á
sus mismos cálculos. Bloquearon los puntos for-
tificados que se hallaban detras de esta línea y
mientras que el segundo cuerpo hajo el mando


TOMO u. 17




246
del ieneta\ M~\itol" ocupaba \30 pl"o"lincia de
Aragon y se abria comunicaciones con el maris-
cal duque de Conegliano que dirijia las opera-
ciones en Cataluña , el primer cuerpo y ·Ia guar-
dia real se adelantaban hácia Madrid por los
caminos de Guadarrarna y de Sornosierrá,


Los secretarios del despacho y el congreso
estaban persuadidos de que el conde del Abisbal
disputarla el paso de las montañas y haria los
mayores esfuerzos para que los franceses nolo-
grasen entrar en Madrid sin esperirnentar fuer-
le resistencia. U na di visión española detuvo en
Sornosierra en 1808 al formidable ejército de
NlIpoleon, guiado por el mismo emperador en
persona; y la capital del reino hispano cerró
sus puertas al conquistador para no abrirlas
hasta después de haber recibido cuatro mil halas
de cañon disparadas por los franceses y hasta
clespues de que los habitantes y la maJor parte
de las tropas la abandonaron; y el ¡eneral que
mandaba entonces en Madrid no tenia tanta fa-
ma de activo como el conde del Abisbal. ¿Como
pues los que se complacian en confundir las dos
épocas de 1808 y de J823, no habian de espe-
rar que el Juque de Angulema tropezaria eón
obstáculos irresistibles antes de penetrar en Ma-
drid , siendo así que no contaba Con la mitad
de las fuerzas que seguían al inmortal Napo-




247
leon? Los gobernantes habian depositado acle.
mas una confianza absoluta en la decision del
conde del Abisbal, que hahia profesado públi-
camente y hecho alarde de sus principios y á
quien se hahian dado grandes poderes y col ma-
00 de elojios. La conducta misma del conde en
Madrid y en las provincias de su mando no des-
perdiciando ocasion alguna de aumentar el ejér-
cito y de reunir recursos indicaba su firme pro-
pósito de hacer la guerra, y no debian 01 vid»rse
igualmente el gran número de enemigos que
se habia atraido en la última época.


Sin embargo las cosas no sucedieron como
se esperaban: algunos dias antes de la llegada
de los franceses á Madrid, el [eneral publicó un'
escrito (1) en el que decia que era indispensa-


(1) Los franceses no solo empleaban las armas y
Ia discordia para triunfar de los españoles en la Pe.
nínsula , sino qne el ministro de negocios est ra r.je-.
ros, vizconde de Chateauhriand .. encaq,aLa desde
París á sus ajentes y comisionados que empleasen
las promesas y el oro para inutiliza!' I...s planes ele
los jenerales y el valor del soldado. Entre otras mu-,
chas intrigas fraguóse la traicion mas i n ícu a entre
el bullicioso conde del Montijo y el conde del Abis-
hal. Elevó el primero una esposicion al conde pin-
tándole el estado de la .nacion española, los males




24.8
Lle modificar el código político promulgado en
Cádíz en 1812. Así quedaron burlados todos los
cálculos formados en Sevilla sobre los compro-
misas, la intrepidez y las brillantes cualidades
ccn que los periodistas y el ministerio adorna-
han al conde del Abisbal, juzgando que iban
á brillar nuevamente en defensa de su causa.
No tuvo el conde bastante tacto para hacerse
un partido en el ejército ó quizás quiso que
cada cual siguiese libremente su opinión , y el
resultado fue que tuvo que ocultarse en la córte
hasta la entrada de los franceses. No por eso
produjo su conducta menores consecuencias,
porque muchos oficiales permanecieron en la
capital: la division y la discordia se introdujeron
en los cuerpos y los soldados desertaron en
gran número.


Los franceses entraron en Madrid el 24 de


que habia producido la licencia confundida con la
libertad, yeuan uecesario era ponel' uo remedio á
tautos infortunios, siuo se queria hacerlos incurables,
T ras esto el conde del Abishal en respuesta á Monti..
jo dió á la estampa on manifiesto en <Jue stlculldan-
do las mismas ideas opinaba por la reforma de la
Constitucion , y por dar á la autoridad re al la solí«
del. y latitud que necesitaba en una monarquía 1110..
de!'adJ.. Decia que el Llaneo principal de 51US deseos




249
mayo 'In medio de las aclamaciones del vulgo
y de muchos habitantes que solo deseaban con
ansia la llegada de los estranjeros , cansados de
tantas inquietudes como habían esperimentado
J escarmentados con los infortunios que lleva
tras sí la anarquía; además su interes se cifra-
ha en que la córte regresase á aquel punto. Aun.
que los franceses no encontraron resistencia
después de haber cruzado el Bidasoa, porque
una leve escaramuza que hubo en I ..ogroño, y
que al instante se decidió en favor suyo, no
merece este nombre, sin embargo emplearon
cuarenta y siete dias para llegar á Madrid des-
de aquel en que habían verificado su entrada en
España. Asi desmintieron de un modo estrepi-
toso á los diputados de las córtes, que para que
se adoptase la traslación á Sevilla habían dicho
que los enemigos podían llegar á la capital en


era el' itar 109 horrores de la gnerra en n na nación
dividida en partidos, yen la que tan precisos eran la
union y el concierto de las voluntades para Ilegal' á
un desenlace venturoso y convertir las lágrimas y el
duelo en risas y galas. Mas el ejér.::ito y principal.
mente los jefes con quienes no habia contado el con-
de imprudeutemeute , no participaron de sus opi oio-
JleS, y el conde del Abisbal tuvo que entregar Poi
mando,




250
pocos días; y uno de ellos, que era militar,
redujo á cinco el número de las jornadas nece-
sarias para correr las cien leguas españolas que
median desde las márjenes del Bídasoa hasta el
corazou de la monarquía, centro donde resi-
día el gobierno.


Tiempo es ya de hablar de la conducta po-
litica observada por los franceses en España;
cuyo ecsárnen es tanto mas importante cuanto
mayores y mas inmensos son los resultados.
Para dar á conocer que no se queria atentar en
lo mas mínimo á la independencia nacional, y
que el objeto de la invasion era únicamente
restablecer el órden público y conseguir lo
que se llamaba la libertad del rey, el duque de
Angulema creó á su entrada en la Península
española una junta provisional, que se puso á
la cabeza de los negocios y se instaló en Oyar-
zun el 9 de abril.


Paréceme un error vital el haber establecí-
do en aquella época un gobierno compuesto de
hombres furibundos, cuyo secretario era don
Francisco Tadeo Calomarde , y no haber pro-
clamado lugar teniente del reino al duque de
Angulema hasta que Fernando VI[ recobrase
{·IS riendas del estado, libre de la influencia del
lundo filIe dominaba. En los acontecimientos
que iu.Iispensablerueute debía u seguir á la ocu-




251
pacion de los pueblos, importaba en estrerno
que todas las órdenes partiesen de un mismo
centro y concurriesen por consiguiente al pro-
pio objeto; Fácil era adivinar que el duque
como [eneralísimo de los ejércitos franceses no
tardaria en recibir continuas quejas por el con-
flicto de la autoridad con el nuevo goLierno
provisional, y que este conflicto dehiluaria las
operaciones, dividiria los ánimos y podrra ori-
[iuar las mas tristes consecuencias. Por otra
parte hallábanse los españoles miserablemente
divididos, y era difícil elejir para miembros de
la junta provisional varones íntegros que goza-
sen crédito con todos los partidos, y lo que to-
davía importaba mas, que supiesen olvidar sus
resentimientos y sus pasiones para trabajar úui-
carnente en conciliar los ánimos en vez de ce-
sasperarlos. El único fundamento que podía ale-
garse contra la opinión de que el duque de An-
gulema mandase en nombre del reyes la que


.he indicado" esto es, hacer ver que de así
no se queria dar á I~ Francia una influen-
cia absoluta en la marcha de los negocios. Mas
semejante objecion era insignificante, porque los
pueblos miraban ;en el jefe del ejército fran·
ces un libertador y estaban lejos de temer la
autoridad del príncipe. Y ahora bien, si el go-
hicrnode Sevilla , sus ajentes y amigos hubiesen




252
querido sacar partido del nombramiento del
duque de Angulema para lugar teniente [eneral
del reino entre sus partidarios, l no podian ha-
cer lo mismo con una junta creada y nombra-
da por el mismo príncipe? Igual en un todo de-
hia parecer á los que quisieran escitar el selo
por la independencia nacional que el duque de
Angulema gobernase por sí mismo ó por medie
de hombres de su devocion y buscados por eldu-
que; y los franceses no debieron suponer que
aquellos conservarian siempre la docilidad ne-
cesaria para seguir en un todo las insinuaciones
y las miras del príncipe [eneralleirno.


Mas en el caso de que mediasen justos mo-
tivos para nombrar un gobierno provisional
compuesto de españoles, salta desde luego á los
ojos Ja urjente necesidad de poner el ma'yo l'
'cuidado en elejir unos individuos que tan grande
influencia habían de ejercer en el restableci-
miento del órden. Imposible era conseguir este
objeto principal, el primero que se hahian pro-
puesto los franceses al entrar en España, si
103 ciudadanos designados para colocarse á la
cabeza de los negocios públicos pertenecian á
un partido, y no abrigaban bastante patriotismo
pa('a velar con preferencia por el bien [eneral,
No obstante compúsose la junta de personas
adictas sin duda al monarca, pero enemigas




:¡53
irreconciliables de todo lo que llevaba el nom-
bre de constitucional, personas poco instruidas
en la marcha que habia seguido la revolucion
en su misma patria é incapaces de transijir en lo
mas mínimo con las circunstancias. Obligadas á
refugiarse á los paises est.ranjeros á consecuen-
cia de las t.ramas que habian urdido para derro-
car el gobierno representativo, ó para escapar
de las injustas persecuciones de los ajitadores,
8010 veían en Espaila demócratas y enemigos en
todos los hombres moderados de la nacion , y
no se fiaban sino de los que habían estado perseo
guidos y teuian injurias que vengar. Los miem-
bros de la junta provisional no se hallaban de
modo alguno ecsentos de estas pasiones, tan
funestas cuando los que gobiernan dan el
ejemplo.


¿Im"jinaron los franceses que para vencer
en la Península necesitaban el apoyo del parti-
do conocido con el nombre de servil? Si co-
metieron tal terror, deberÍase á que sus ajen-
tes en España los instruirian con mucha ine-
sactitud del estado de las cosas, ó que solo mi-
rarian los sucesos ocasionados por la revolu-
cion con los ojos de los refujiados en Francia.
Debieron sin embargo haber reconocido que
Jos que descollaban entre los serviles formaban




254
un partido tan ecsaltado corno el de 108 Fragua-
dores de motines, y que entre unos y otros se
hallaba la masa de la nacion , la parte mas ilus-
trada) y los que deseaban un ól'denlde cosas es-
table y sólido. No parece posible que ignora.
sen que la revolucion no habia llegado al des-
hordamiento y á los furores que en Francia, y
.que esto no se babia debido á los absolutistas,
sino á los moderados que habían luchado bra-
zo á brazo con el mónstruo y detenido su mar-
cha: recientes estaban los hechos, y no debian
tan pronto haberse borrado de la imajinacion
de los hombres. No hahia sido, por ejemplo, el
jeneral Eguia el que habia desernpeüado en
Madrid la autoridad militar y política, y pre.
sentado su pecho á los tiros de la anarquía,
salvando en cien ocasiones la monarquía y la
vida quizás de beneméritos españoles : ni Gri-
marest y Aymerich hahi:m en Gslicia y en
Aragon arrostrado los mayores sacriíicios , es-
poniendo evidentemente su ecsistencia para
desbaratar los planes de los enemigos del pú-
hlico reposo. Ciertamente que tampoco fueron
el marques de Mataflorida , ni el obispo de as-
ma, ni el consejero Calderon , individuos
ahora de la junta y unos y otros de la re-
jencia , los que impávidos le sentaron eu las




255
sillas del ministerio en el mes de marzo de
1821 , Y las ocuparon hasta el mes de julio de
1822; los que se opusieron á las oscilaciones de
la licencia; los que trabajaron sin cesar en con-
solidar la autoridad real y rehusaron sancionar-
el famoso decreto sobre señorios s que tendia
á sublevar los arrendatarios contra los dueños
de las propiedades, y á precipitar (le tal suerte
la revuelta que las clases inferiores tomasen
parte en ella. Ni menos hahian sido los refujia-
dos en Francia los que en la .tribuna nacional,
al frente de las provincias, ó por medio de la
prensa hahian combatido incesantemente los
principios de la democracia, reprimido los
trastornos ó sostenido Con sus manos el osci-
lante trono. Por el contrario, se debia á los
que habian observado distinta conducta el que
desde 1821 no se hubiese mudado la forma de
gobierno; por ellos perrnaneciun en pie la mo-
narquía y el monarca, que las conjuraciones
realistas habian puesto en peligro , acalorando
á los ajitadores : .Y UD COn tanta facilidad logra-
ron contener en algunas acasiones el carro de
la revoluciou , y reducir á la inutilidad las ten-
tativas de los anarquistas, pues sufrieron las
mayores persecuciones y hubieran sido vic-
timas de ~u odio á las asonadas y motines, si
circunstancias imprevistas no los hubieran li-




256
bertado de las manos de sus adverversarios po-
líticos ( 1).


Los esfuerzos de tales personas eran públi-
cos, uotorios , y ninguno dudaba que solo á
ellos se debla el qu~ el terror no hubiese dcrni-
nado en España desde los primeros dias de la
revolución , y el que esta no hubiera seguido el
rumbo de las sangrientas ajitaciones que asola-
ron la Francia. Es evidente que Jos que grita~
han viva el rey absoluto, y que querian soste-
ner su grito con las [ar-mas en la mano no con-
tribuían sino á aumentar la confusion , á agotar
Jos recursos, á hacer odiosa la causa que de-
fendían , á prestar armas á los ajitadores para
que ejercitasen su furor y á poner en peli-
gro la vida del propio príncipe cuyo nombre
invocaban. i Con cuantos ejemplos podia pro-
har lo qtle dejo referido, sino fuese tan noto-
rio , é inútil por lo mismo perder el tiempo
en acumular razones! Y no debo olvidar que
no escribo la historia de España, ni de sus


(1) Véase el proceso sobre los sucesos del 7 de
julio en que se mandó la prision del jenerul ,jefe po-
lítíco, de los ministros y de varios personajes de
aquella época.




257
revueltas, sino únicamente unas Memorias,
unas notas para esta misma historia.


No debia ~ pues, esperarse que los france-
ses contasen únicamente con el apoyo del par-
tido servil, sino se les hubiesen disfigurado los
hechos, y sino hubieran cerrado voluntaria-
mente los ojos sobre la marcha seguida por la
revoluciono El número de los españoles que no
estaban cansados del abandono en que yacían
los negocios, y de los peligros de la anarquía,
y que no ternian los horrores en que de un mo-
mento á otro podian verse envueltos, era muy
poco numeroso, y todos sabían que la inrer-
vencion estranjera no podia establecer un go-
bierno estable en la Península ibera sino al pre-
cio de infinitos sacrificios y de rios de sangre.
Asi los franceses no podían asegurarse mejor
del afecto de los españoles, y corresponder á
las esperanzas fundadas en su apoyo y en sus
promesas, sino siguiendo siempre los princi-
pios !le \8 sana po\itica y buyendo de entregar-
se en las manos de un partido.


Los votos de todos los españoles ilustrados
tendian al establecimiento de un gobierno mo-
derado , y á la proscripción de todos los estre-
mos, Por mas que los realistas apoyados por
los estranjeros hayan dado estrepitosos gntos
de furor y de intolerancia para impedir que se




258
escuchase el lenguaje de la razon yde la pú~
hlica conveniencia; por mucho que p"ogresa~
sen en su carrera de esterrninio , no por eso es
menos evidente que el olvido de lo pasado ~ la
modecacton y el gob\crno representativo Con-
taban en la Península un gran número de par.
tidar ios , y entre ellos los hombres mas distin-
guidos de la nación. Copiaré como una prueba
de esta verdad la esposicion que la grandeza de
España, representada por treinta y seis de sus
miembros, elevó al duque de Angulema: de-
era aSI.


»Príncipe : Los que abajo firman no se crea
erian dignos del nombre y de los títulos que
les han trasmitido sus ahuelos , si retardasen
un solo instante la respetuosa espresion de
su reconocimiento á V. A R, ,y la franca rna-
nifestacion de los puros é invariables senti-
mientos que les inspiran su rey y m pitria.


La grandeza de España se gloria prin-
cipalrneme de los sacrificios que siempre ha
prodigado cuando lo han ecsijido la salud y la
dignidad de sus Iejitimos soberanos, ó la pros·
peridad y la felicidad del pueblo fiel, al que
une justamente su suerte y sus intereses. Mas
por una singular combinacion de' las circuns-
tancias, despues de haber suministrado la gran-
deza los mienbros de su clase, nombrados para




259
el servicio de la familia real en su funesto viaje,
la presencia en Sevilla, ó en cualquier otro
punto del tránsito , de algun grande, debía no
Solamente parecer inútil para el servicio de
S. M. y del estado, sino prestar quizás armas
á los enemigos del bien público, ó debilitar las
que contra ellos se emplean.


»Aquí, ó príncipe, en la capital de la mo-
narquía española, como en su centro, ha brilla-
do en todos tiempos la fidelidad de los españo-
les á su monarca, el profundo respeto á las le-
yes y á las ant.iguas costumbres; aquí es donde
podemos ser útiles á objetos tan sagrados para
nosotros y para nuestra ventura.


»Ahora es cuando podemos abrir nuestros
corazones oprimidos, reunir nuestros deseos y
nuestros esfuerzos para obtener la restauraciou
tan deseada; en este dichoso dia , en que el hijo
adoptivo, el heredero del poderoso rey cristia-
nísimo de Francia se presenta en la capital ro-
deado de tantos miles de bravos anunciando el
gran proyecto de poner en libertad á nuestro
rey y de hacer reinar de nuevo entre nosotros
el órden , la paz y la justicia.


»Estas preciosas palabras son de V. A. R.:
la garantia de su cumplimiento es el augusto
nombre de Barban tan caro á los franceses y á
los españoles.




260
»En cuanto á nosotros, príncipe ilustrado,


omamos al cielo por testigo, é inovamos con
noble y firme confianza el recuerdo de la fideli-
dad y del patriotismo de nuestros antepasados y
nuestra propia conducta durante otra época de
servidumbre, como garantes de la uniformidad
y de la enerjía de nuestros votos, para que se
realicen tan preciosos bienes y se aseguren para
siempre á esta nacion grande, tan maltratada
en el último y funesto periodo, corno digna de
mejor suerte.


»Acabad , señor , pronta y felizmente el
desempeño de vuestro noble encargo: juntad
la libertad de un rey de vuestra sangre á las
justas esperanzas de una nacion amiga de la
Francia: que de tos esfuerzos reunidos dc estos
dos pueblos [enerosos resulte el bien comun y
un nuevo y duradero lazo de amistad y de alian-
za: que ahuyentadas las mezquinas y funestas
pasiones para hacer lugar á la benéfica concor..
dia , formada una sola familia con un solo espí-
ritu en derredor del rejio trono, pueslos en fin
los españoles en honrosa y sábia armonía con
las naciones cultas de Europa, tan lejos de las
intrigas de la arbitrariedad precursora siempre
de desastres, como de la inquieta y destructora
anarquía ,podamos un dia mas dichoso, y pue-.




261
dan nuestros hijos decir COD inefable y perma-
nente júbilo.


I>EI rey Fernando VII de Borbon , prisione-
ro en el palacio mismo de sus antepasados, y sus
fieles vasallos, la magnánima nación española
subyugada por la humillante faccion de Un cor-
to número, han recobrado Sil libertad y sus de-
rechos, y han visto restablecido el suavey pra.
vechoso yugo de una relijion santa, la moral
pública y el saludable imperio de las leyes Con
el Concurso de la Francia, y bajo la dirección
de su augusto príncipe el Duque de Angulema.


»Nosotros mismos y los que nos han dado el
ser, hemos apreciado J deseado ser los coopera-
dores de estagloriosa empresa, y hemos ofrecido
cordialmente nuestros bienes y nuestras vidas
para asegurar el écsito (1).


(1) Sncedi6 con esta esposicron de la grandeza
de España que con tantos actos, doctrinas y pro.
posiciones que se publican cuando diversos partidos
ajitan los estados, esto es, qne desagradan á todo
el mundo sin satisfacer á nadie: concibieron y re-
dactaron la representacion personas que no pertene-
cian á la grandeza, peró que creían útil poner en
jUtgo el principio aristocrativo tan aborrecido por
l~democracia anarquista como maltratado por les


TOMO 11. t8




262
Debemos observar que la grandeza de Espa-


Íla solicuaba »que se pusiese en fin á los espaüo-
les en honrosa y sabia armenia Con las naciones
cultas de EuroPa, tan lejos de las intrigas de l~
arbitrariedad precursora siempre de desastres,
como de la inquieta y destructora anarquia."
Ciertamente que sus deseos no eran que las
cosas volviesen al estado que tenian eu princi-
pios de 1820 ni de 1808. Este hecho manifiesta
claramente que despues de tantas vicisitudes y


absolutistas" Debia preceder ó segnir al referido es-
crito la oferta de un cUP'rpo de ocho mil honbres le.
vantado á espensas de la grandeza, mandado por
grandes y destinado á lomar parte en las fatigas, en
la gloria del ejército francés: lo qne daria ciertos vi.
ses de nacionalidad á la espedicion que marchaba á
comhatir á Cácliz. Mezquinas dificultades se opa-
cieron á que se realizase este projecto que quizás
hubiera mitigado, ya que no evitado 1.. reaocioo.Mas
en fin Jos grallde~ de Españ a no vacilaron en firmar
la m3uifestacion de sus sentimientos en los términos
que acabamos de esponer. Apenas llegó á Cádiz una
copia, au atemat izaronla los hombres estremados,
mientr-as que los realistas unánimemente la malde_
cian, y los consejeros secretos del rey la pintaban
como un ultraje hecho á, la autoridad soberana, y
pediau á sus autores esplicaciones terminantes sobre
su couteuido, ¡Que ceguedad!




263
oscilaciones políticas, tiempo era ya de fijarse
en un cierto órden de cosas; y para probar de
un modo irrecusable que el órden apetecido no
era ni el de la antigua monsrquia española, ni
el que rejia en tiempo de Cárlos IV ,ni en el
de Fernando VII, espresase que debe guardar
armenia con el de las naciones civilizadas de
Europa. ¿Que señal mas clara podian dar, de
que deseaban la carta francesa ó la Constituciou
inglesa?


., Juntad, decía la grandeza al duque de
Angulema, juntad la libertad de Un rey de
vuestra sangre á las justas esperanzas de una na-
cion amiga de la Francia. " Luego los españo-
les alimentaban otras esperanzas que las de la
libertad del monarca.l y cuales podian ser es-
tas sino la reforma del antiguo gobierno?


Digno es tambien de observarse que la
grandeza de España, para manisfestar sus sen-
timientos, se dirijió al duque de Angulema
como al único que podia realizar 'lUS votos,
porque le suponia autorizado para llevarlo todo
á cabo, y aquí encuentro corroborada la opi-
nion de que el príncipe debía haberse declara-
do lugar teniente [eneral del rey Fernando. No
merece notarse con menos cuidado el que la
esposicion lleva la fecha del 27 de mayo, y
la rejencia, que como veremos muy pronto




264
substituyó á la junta provisional, se habia ins-
talado el dia antes. Sin embargo , la grandeza
no se dirijió al gobierno establecido por el con..
sejero de estado, MI'. de Martignac, sino al
príncipe [eneralísimc en quien reconocia las fa-
cultades y la autoridad de dirijir los negocios.
l Porque fatalidad no se escucharon los votos
de la grandeza, á los. que iban unidos los de
la mas sana parte de la nacion?


El espíritu que dominaba en la junta pro-
visional y en algunos de los iénerales y em-
pleados que habian venido con los franceses,
propagóse rápidamente entre los que tenian in-
jurias que vengar, ó que deseaban adular al
nuevo gobierno para conseguir destinos. La
muchedumbre, á consecuencia de la guerra
de la independencia, de la apatia de los seis
años que se siguieron á la vuelta de Fernando,
y del súbito sacudimie~to de la revolución,
hallábase en un estado de insubordinación que
se asemejaba mucho á la anarquia: era necesa-
rio atraherla por grados al respeto de las leyes
y de las autoridades. Lejos de abrazar este par-
tido cerraron los ..0 jos á los desórdenes; y los
mismos, cuyo deber era reprimirlos, los apro-
haron J escitaron: á los nombres de liberales y
serviles Con que se habia distinguido á los
bandos opuestos, sucediéronse ahora los de




265
n'Elgros y blancos. Las cancionesde los an~r ..
quistes incluso el famoso Tragala (1), resona-
ron otra vez en todos los angulas del reino con
sola la mudanza de algunaspalabras , pero con-
servando su espíritu de insulto, de venganza,
de sangre, y Con el mismo tono y músi-
ca con que se acompañaban "los ajitadores:
al grito de mueran los serviles', se siguió el
de mueran los negros: 6nalménte la muche-
dumbre desenfrenada corría á imitar y á
aventajar los desórdenes, los escesos de que ha.
hia sido testigo en los tres últimos años. Vióse
mezclados y confundidos con los nuevos patrio-
las realistas, y pidiendo el supliciode los Cons-
titucionales , y entonando cánticos de muerte,
á los mismos individuos que 'poco tiempo antes
figuraban entre los anarquistas. .


Pasó plaza dedeliú> el haber dado la mas
lijera muestra de aprobacion á los actos del go-
hierno constitucional; y reputóse crimen el ha..
her desempeñado un empleo público, un cargo
municipal ó haber pertenecido á la milicia vo-
luntaria. Las cárceles se llenaron de presos á


(1) Canción insultante inventada en Cádir: é in~
troducida en Madritl por los ayudantesde Riego, y
que en todos los pueblos fue la señal de la discordia.




266
quienes no podla acusarse ni de haber toma-
do parte en la revolucion , ni cl..e haber cometi-
do el menor delito" ni de haber profesado opi-
niones acsajeradas; mas habian dado algunos
señales de ser partidarios del gobierno represen-
tativo, y este era un crimen imperdonable. La
junta provisional había ordenado á los volunta-
rios nacionales que habían abandonado su domi-
cilio que regresasen á los pueblos de su naturale-
za, dentro de quince días bajo las penas que se
imponían á los ql1e no obedeciesen al manda-
miento de la junta; y los que obedecieron fue.
ron maltratados y conducidos á la cárcel pública,
Ó cuando menos afrentados Con insultos junta-
mente con su familia. Los nuevos ajitadores no
solo cantaban los mismos himnos, en igual tono
). con idéntico estribillo que sus predecedores
Jos anarquistas de la revolucion, sino que insul-
taban )T perseguian á las mismas personas: los
moderados eran el objeto de la ecsecracion de
Jos unos y de los otros.


Tal era el cuadro que ofrecían las ciudades
que habían reconocido á la [unta provisional , y
t<1\ era el impulso seguido por el desórden bajo
SlI ecsecrable gobierno. No dió un solo paso para
remediar ta.n.iüoajnales ; para amortiguar las
petsiones )' hacer respetar las leyes: sus ajcntes
no solo toleraban jos motines sino que los diri-




2ft'
[ian puestos ~ su frente, y nadie podrádecil'
que durante el transcurso de dos meses sembra-
le la junta mas beneficios sobre el pueblo que
Jos ministros que mandaban en aquella aciaga
época en Sevilla. Unos y otros favorecian el
violento curso de la anarquía: unos y otros
darán á la historia cuenta severa de los infor-
tunios en que sumieron á la nacion precipitando
á la plebe en los escesos , porque el nombre de
realistas, de que se gloriaban los primeros , no
será mas respetado de la posteridad que el de
constitucionales conque se enmescaraban Toa
segundos


Al punto que los franceses entraron en Ma.
drid ocupárouse en despojar de sus funciones á
la junta provisional ,ó bien sea porque este tí-
tulo de interina no pareciese ya conveuiente, ó
hien porque les hubiese descontentado la sang ui-
naria