ITIOIMOD 21A11111
}

ITIOIMOD 21A11111


13iblioter« populm^.


TI"11. 39G




7 'O


REVOLUC1011


POR


NUEVA EDICION.


.1 y


T0110 ¡a.


G2ADR O C) q
'W5111.1.> ---


ESTAZILlb:CINIIENhT0 1111POGIa Iarie,eiLV
DE D. F. DE P. mELLADo.—Echtor.-zY' 'sc


I...


ç) 4




AID111111 91A11211


CAPITULO I.


Llegada de los marselleses á Paris; convite y sangrientos sucesos
en los Campos Eliseos.-Manifiesto del duque de 13runswiek.__.
Las secciones de 1?aris piden la destitucion del rey.— El rey se
resiste á huir.—La Asamblea desecha la proposicion de acusar It
Lalayette.—Preparativos de la sublevacion; medios de defensa
en palacio.—Sublevacion del 10 de agosto; los barrios se apo-
deran de las Tulicrias despees de un sangriento combate.—
Retirase el rey á la Asamblea; suspension del poder real; con-
vocacion de una Convencion nacional.


De resultas de una funcion que se dió á los
confederados, resolvió la junta revolucionaria que
en la mariana del 26 de julio se saldria en tres co-
lumnas para dirigirse á palacio, marchando con
bandera encarnada que llevarla la siguiente ins-
cripcion: Los que hagan fuego á las columnas del
pueblo, serán muertos inmediatamente. El resultado
dehia ser, hacer prisionero al rey y encerrarle en
Yincennes, y al efecto se habia comprometido á la
guardia nacional de Versalles para que auxiliase
este movimiento; solo que se la habia avisado tan




6 REVOLUCION
tarde y se contaba tan poco con ella, que sus ofi-
ciales fueron aquella misma mañana al corregi-
miento de Paris para saber lo que debian hacer.
Por otra parte, el secreto estuvo tan poco reserva-
do, que la córte lo sabia, toda la familia real esta..
ha de pie y el palacio lleno de gente. Viendo Pe-
tion que no se habian tomado bien las precaucio-
nes, temeroso de alguna traicioa , y considerando
principalmente que no hablan llegado todavía los
marselleses, se trasladó aceleradamente á los ar-
rabales, para impedir un movimiento que acaba-
ría con el partido popular, si se malograba.


Era espantoso el motin (le los arrabales; toda la
noche habian estado tocando á rebato en ellos; y
para estimular al pueblo se habia esparcido la no-
ticia de que en el palacio existian una porcion de
armas , que era preciso ir á buscar. No sin gran
trabajo logró Petion restablecer el Orden ; el guar-
da-sellos Champion de Cice que habia acudido
por su parte recibió algunos sablazos ; pero por
Ultimo consintió el pueblo en retirarse , dejando
para otro dia la sublevacion.


Las disputas y las minuciosas contestaciones
que preceden siempre á un rompimiento definitivo
continuaron sin intermision. El rey habia hecho
cerrar el jardin de las 'fullerías desde el 20 de ju-
nio; solo estaba abierto el terrado de los fulden-
ses que se comunicaba con la Asamblea , y los
centinelas tenian órden de no dejar pasar á nadie
desde el terrado al jardin. D'Espremenil , á quien
encontraron en acalorada conversacion con un di-
putado , fué insultado , perseguido por el jardín
-v llevado hasta el palacio real donde le hicieron
«i'arias heridas. Habiéndose atropellado á los cen-


FRANCESA. 7
tinelas que probibian la entrada en el jardin , se
trató de reemplazar esta falta con un decreto, el
cual no llegó á darse y en su lugar se propuso po-
ner un cartel con estas palabras: se prohibe pasar
á territorio estrangero. Colocóse en efecto el cartel
y bastó para que el pueblo no pusiese allí los pies
á pesar de que el rey habia variado las órdenes;
y de este modo le habia ya perdido todo miramien-
to. Una carta de Nancy, por ejemplo, referia varios
rasgos cívicos que habian acecido en aquella ciu-
dad, y la Asamblea envió al rey una copia inme-
ditamente.


Por fin llegaron los marselleses el dia 30. Sn
número ascendia á quinientos, y contaban en sus
filas con los hombres mas exaltados de todo el
Mediodia, y con los genios mas díscolos que man-
tenia el comercio en el puerto de Marsella. Bar-
baroux les salió al encuentro en Charenton, y se
concertó un pian nuevo con Santerre. Con el pre-
testo de ir á cumplimentar á los marselleses, que-
rian reunir los arrabales , trasladarse en seguida
ordenadamente al Carrousel , y acampar allí sin
estrépito hasta que la Asamblea hubiera suspen-
dido al rey, ó abdicado este espontáneamente. Es-
te proyecto agradaba á los filántropos del partido,
que hubieran deseado terminar la revolucion sita
efusion de sangre; pero no llegó á sazon , porque•.
Santerre no logró el reunir el arrabal, ni pudo lle-
var consigo mas que unos cuantos hombres para
recibir á los marselleses. Ofrecióles en seguida el.
mismo Sant:erre una comida que se dió en los Cam-
pos Eliseos; y en el mismo dia v á la misma borla
una reunion de guardias nacionales del hatallon
de las Monjas-de-santo-Tomás y otros individuos,




8 REVOLUCION


escritores ó militares , amigos todos de la córte,
estaban comiendo cerca del sitio donde celebra-
ban su funcion los marselleses. Esta comida no
pudo prepararse, en verdad, con el objeto de in-
quietar á los marselles , porque la oferta que á
estos últimos se hizo fué inesperada, y porque en
vez de un festin se hala ideado una sublevacion.
Lo cierto es que no era posible acabasen tranqui-
lamente su comida , vecinos de opiniones tan con-
trarias. El populacho insultó á los realistas que
intentaron defenderse ; los patriotas llamados por
el populacho, acudieron furiosos y se trabó un
combate, el cual duró mu y poco; pues los marse-
lleses cayeron sobre sus contrarios v les hicieron
huir, matando á, uno de ellos é hiriendo á otros
muchos. El motin cundió al momento por todo Pa-
ris. Los confederados cordan por las calles arran-
cando las escarapelas de cinta, eon la aprension de
que habían de ser de lana.


Varios de los fugitivos llegaron desangrándo-
se á las Tullerías, donde fueron recibidos con el
interés que dehian inspirar unos amigos, que eran
víctimas de su celo. Los guardias nacionales que
estaban de servicio en palacio, contaron estas
.circunstancias, y añadieron tal vez alguna cosa,
.que fué ocasion de nuevos alborotos, nuevos ren-
cores contra la familia real y las damas de la córte;
guienes segun se decia habían empapado sus pa-
fiuelos en el sudor y la sangre de los heridos. De
aqui se dedujo, que aquella escena habia sido pre-
parada, lo cual produjo una nueva acusacion con-
tra las Tullerías.


La guardia nacional de Paris exigió inmedia-
tamente que se alejasen los marselleses ; pero su


FRANCESA. 9
peticion fué silbada por las tribunas, y no obtuvo
resultado alguno.


En medio de estas circunstancias, se circuló
un escrito atribuído al príncipe de Brunswick,
que poco despues se reconoció como auténtico. Ya
hemos hablado de la coinision de Mallet -du-Pan;
este habia dado en nombre del rey el plan y mo-
delo de un manifiesto, pero no se hizo caso de se-
mejante plan, y se publicó ante el ejército pru-
siano otro manifiesto, redactado segun las pasiones
de Coblenza, y autorizado con el nombre de Bruns-
wick : este documento estaba concebido en los tér-
minos siguientes :


«habiéndome confiado SS. MM. el emperador
«y el rey de Prusia el mando de los ejércitos reu-
nidos que han dispuesto formar en las fronteras


«de Francia , he querido participar á los habitan-
«tes de este reino, los motivos que han tenido am-
bos soberanos para adoptar sus resoluciones , y


«las intenciones que les guian.
«Despees de haber suprimido arbitrariamente


«los derechos y propiedades de los príncipes ale-
«manes en Alsacia y en Lorena, y trastornado en
«el interior el buen Orden y el legítimo gobierno;
«despues de haber cometido contra ]apersona sa-
«grada del rey y su augusta familia, atentados y
«violencias que se perpetúan y reproducen de dia,
«en dia, los que se han apoderado de las riendas
«de la administracion , han apurado por fin todo
«sufrimiento haciendo declarar una guerra injusta
«á S. M. el emperador, y ocupando sus provincias
«situadas en los Paises-Bajos ; de modo que alga-
«nas de las posesiones del imperio germánico flan
«quedado confundidas en esta opinion, y otras mu-




í 0 REVOLITION


«chas han podido salvarse de este peligro, cedien-
do solo á las amenazas atrevidas del partido do-
minante y de sus emisarios.


«S. M. el rey de Prusia unido con S. M. I. por
«los vínculos de una estrecha alianza defensiva , y
«ademas, miembro preponderante del cuerpo ger-
mánico, no ha podido menos de marchar en auxilio
«de su aliado y de sus estados adherentes, bajo
«cuyo doble carácter toma á su cargo la , defensa
«de este monarca y de la Alemania,


»Ademas de estos grandes intereses, existe tam-
«bien un objeto no menos importante que llama
«mucho la atencion de ambos soberanos , cual es
«el desterrar la anarquía del interior de la Francia,
«contener los escesos con que se ha ultrajado al
«trono y al altar, restablecer el poder legal, vol-
«ver al rey la seguridad y libertad de que carece,
«y ponerle en estado de ejercer la legitima auto-


ridad que le compete. Convencidos de que la par-
«te sana de la nacion francesa, detesta los m'Une-
«nes de una faccion que la domina, y de que la
«mayor parte de los habitantes aguardan impac len-
«tes el momento de auxilio para declararse abier-
«tamente contra los odiosos intentos de sus opre-
sores ; S. AL el ei»peradcr, y S. M. el rey de Pru-


«sia, les invitan y llaman ligue sin demora seenca-
«minen por la senda de la razon Y la justicia, del
«Orden y de la paz. Bajo este concepto vo el infras-
crito general en gefede los dos ejércitos, declaro:


1.0 «Que obligados en la presente guerra por
«circunstancias irresistibles ambas córtes aliadas,
«no se .proponen mas objeto que la felicidad de la
«Francia, sin pretender enriquecerse con con-
quistas.


FRANCESA.


<2. 0 «Que de ningun modo intentan mezclarse
«en el gobierno interior de la Francia , sino que
«quieren únicamente libertar al rey, á su esposa y
«a la familia real de su cautiverio , y proporcionar
«A S. M. cristianísima la seguridad necesaria para
«que sin riesgo ni obstáculos pueda hacer las con-
«vocaciones que juzgue convenientes, y dedicarse
«á labrar la dicha de sus vasallos, segun sus pro-
«mesasen cuanto de ella dependa.


3.0 «. Que los ejércitos combinados protejerán
«las ciudades , pueblos y villas, y las personas y
«bienes de todos los que se sometan al rey, y con-
«currirán al pronto restablecimiento del órden y
«polizia en toda la Francia.


4.0 «Que los guardias nacionales quedan en-
«cargados de atender interinamente á la tranquili-•
«dad de los pueblos y de los campos, á la seguri-
dad de laspersonas y bienes de todos los franee-


ases, hasta la llegada de las tropas de SS. MM.
»imperial y real, ó hasta que se determine otra co-
sa, sopena de ser personalmente responsables; asi


«como por el contrario, los guardias nacionales que
«hagan resistencia á las tropas de ambas córtes
«aliadas, y sean cogidos con las armas en la ma-
ne, serán considerados como enemigos v castiga-


«dos como rebeldes á su rey y perturbadores del
«reposo público.


5.° «Que los generales , oficiales, sargentos y
«soldados de las tropas de linea francesas, están
«asimismo obligados á volver su antigua fidelidad,
«sometiéndose inmediatamente al rey su legítimo
«soberano.


6 ° «Que los miembros de los departamentos,
«distritos y Ayuntamientos serán igualmente res-




4 2 REVOLCCION
«ponsables con sus vidas v bienes de los crímenes,
«incendios, asesinatos, robos y tropelías que dejen
«cometer ó que notoriamente no traten de impedir
«en su territorio ; que continuarán del mismo mo-
do en sus empleos interinamente hasta que S. M.


«cristianísima, puesto en plena libertad , provea
«despues, ó se ordene entre tanto otra cosa a nom-
«bre suyo.


7.0 «Que los habitantes de los pueblos, villas
«y aldeas que se atreviesen á hacer resistencia á
«las tropas de SS. MM. imperial y real , usando
«contra ellas de armas, sea en campo raso ó des-
«de las ventanas, puertas ú otra parte de sus ca-
sas , serán inmediatamente castigados segun el


«rigor de las leyes de guerra, y sus casas domo-
«lidas ó quemadas. Pero por el contrario , todos
«los habitantes de dichas ciudades, villas v aldeas
«que se apresuren á someterse á su rey , abriendo
«sus puertas á las tropas de SS. MM. , quedarán
«desde luego bajo su inmediata defensa , sus per-
sonas, bienes y efectos, bajo la proteccion de las


«leves, procurandose por la general seguridad de
«todos y cada uno de ellos.


8.0 «La ciudad de Paris y todos sus habitan-
«tes sin distincion alguna están obligados á so-
«meterse pronta é inmediatamente al rey, ponién-
dole en plena y absoluta libertad, y asegurando-


«le, del mismo modo que á las denlas personas rea-
«les, la inviolabilidad y respeto que por derecho
«natural y de gentes deben guardar los vasallos á
«sus sobei'anos; haciendo SS. MM. imperial y real,
«personalmente responsables con su vida, juz-
gándoles militarmente y sin remision ninguna de


«cuantos acontecimientos ocurran, á todos los in-


FRAKCESA.
13


«dividuos de la Asainblea nacional, del departa-
mento del distrito , del Ayuntamiento y de la


«guardia nacional de Paris, á los jueces de paz y
«á todos los que se hallen en este caso; declaran-
«do ademas SS. MM. bajo su fé y palabra de em-
perador rey, que si se invade ó acomete el pa-


«lacio de las Tullerías, ó se hace la menor violen-
cia ó ultraje á SS. MM. el rey y la reina, ó la


«familia real , si desde luego no se provee á su
«seguridad, á su conservacion y á su libertad, to-
maran un castigo ejemplar, cuya memoria durará


«eternamente, entregando la ciudad de Paris á una
«ejecucion militar y á una total destruccion , y á
«los revoltosos culpables de los atentados á los su-
plicios que mereciesen. SS. MM. imperial y real


«prometen por el contrario á los habitantes de la
«ciudad de Paris, que interpondrán sus buenos,
«oficios con S. M. cristianísinia para conseguir el
«perdon de sus faltas y estravíos , y tomarán las
«medidas mas enérgicas que puedan asegurar sus
«personas y bienes, si obedecen pronto y exacta-
«mente la anterior disposicion.


«Illtimaniente, no pudiendo SS. MM. reconocer
«en Francia otras leyes, que las dictadas por el
«rey en el goce de una libertad perfecta, protes-
tan de antemano contra la autenticidad de todas


«las declaraciones que puedan hacerse en nombre
«de S. M. cristianísima; mientras no se hallen se--
«puras su persona sagrada, la de la reina v la de
«toda la familia real, á tuvo efecto SS. MM. im-
perial y real invitan v piden á S. M. cristianisi-


«ma que designe la ciudad de su reino mas pró-
«xima á sus fronteras, y que mas á propósito juz-
que para retirarse á ella con la reina y su l'ami-




4 4. REVOLUCION
«lía, bajo una escolta de satisfaccion y seguridad
«que se le enviará al intento ; con lo cual pueda
«convocar con toda seguridad á los ministros y
«consejeros que tenga á bien designar, y á todas
«las denlas personas que creyere convenientes,
«proveer al restablecimiento del órden y arreglar
«la administracion de su reino.


«Declaro en fin, y me obligo en mi propio nom-
«bre y en mi calidad susodicha, á hacer que las
«tropas confiadas á mi mando observen en todas
«partes una severa y exacta disciplina , prome-
«tiendo ademas tratar con dulzura y moderacion á
«los buenos vasallos, que se mostrasen pacíficos y
«sumisos, no empleando la fuerza sino contra
«aquellos que se hiciesen culpables por resisten-
cia ó mala voluntad.


«Por tanto, requiero y exhorto á todos los habi-
tantes del reino de la manera mas perentoria y


«terminante, que no se opongan á la marcha y
«operaciones de las tropas de mi mando, sino que
«por el contrario las faciliten paso franco, asis-


tiéndolas con la buena voluntad , socorros y au-
«xilios que exijan las circunstancias.


«Dado en el cuartel general de Coblenza á 25
«de julio de 1792.—Firmado.—C.:(nos GUILLER-
«MO-FERNANDO, duque de Brunswiek—Luneburgo.»


Lo que pareció mas admirable en aquella de-
claracion iué que teniendo la fecha del 25 en Co-
blenza, corriese ya por Paris el dia 28 y estuviese
impresa ea todos los periódicos realistas. El efec-
to que produjo fue estraordivario, como el que
producen pasiones sobre pasiones. En todas partes
se resolvió hacer frente á un enemigo que usaba
de tan despótico lenguaje y de amenazas tan ter-


FRANCESA.


ribles; y en la situacion en que los ánimos se ha-
Ilaban;era muy natural que se i.nputase esta nue-
va falta al rev' y á la córte. Apresuróse Luis XVI
á desaprobar el manifiesto, por medio de un men-
san y á la verdad que podia hacerlo con la mayor
sinceridad, porque este documento era enteramen-
te distinto del modelo que habla remitido; en lo
cual podía conocer, cuan atrás quedada su volun-
tad si llegaba á vencer su partido. Pero ni su des-
aprobacion, ni las palabras con que la manifesta-
ba pudieron tranquilizar á la Asamblea. Hablando
de aquel pueblo cuya felicidad le 'labia sido tan
grata, añadió: «¡cuántos males pudieran remediar•.
«se con el mas leve indicio de su recouoci-
«miento!»


Estas cariñosas palabras no oscilaron ya el en-
tusiasmo que otras veces producían ; solo se ad-
virtió en ellas un pérfido lenguaje y muchos di-
putados opinaron que se imprimiesen para hacer
pública, segun deciau, la contradicion que había en-
tre las palabras y la conducta del rev. Desde este
momento la agitacion fué creciendo mas y mas, y
las circunstancias agravándose. Se supo que el
departamento de las Bocas del 'ládano retenia en
un acuerdo los impuestos establecidos para pa-
gar á las tropas que había enviado contra los sa-
hoyardos , acusando á la Asamblea de no haber
tomado providencias suficientes. Esta acta era
debida al influjo de Barbaroux; y ya que no podia
impedirse su ejecucion , anuló la Asamblea el
acuerdo; corrió la voz al mismo tiempo, de que los
sardos que se adelantaban eran cincuenta mil , y
fue preciso que el ministro de negocios estrauge-
ros acudiese á asegurar á la Asamblea, que este




IIEVOLUC(ON


cuerpo constaba á lo mas de once á doce mil hom-
bres; mas á este rumor se añadió en seguida otro
diciendo que los pocos confederados que existian
á la sazon en Soissons , habian sido envenenados
con vidrio , que se habia mezclado en su pan, y
se aseguraba que á consecuencia de esto hahian
muerto ya ciento sesenta hombres, y que queda-
ban ochocientos enfermos. Pidiéronse informes, y
se supo que la harina se hallaba en una iglesia
donde habia al gunos vidrios rotos ; que se habian
introducido en e7 pan algunos pedazos de estos, pero
que no habia ocurrido muerte ni envenenamiento.


Se habla espedido un decreto el 25 de julio, pa-
ra que quedasen permanentes todas las secciones
de Paris , las cuales se habian reunido y comisio-
nado á Petion, para que propusiese en su nombre
la destitucion de Luis XVI. El corregidor de Paris
estimulado con este encargo, se presentó en la Asam-
bleaen la mañana del 3 de agosto para hacer una
peticion á nombre de las .5.8secciones de la ciudad.
Manifestó la conducta de Luis XVI desde el prin-
cipio de la revolucion; amplificó, segun el lengua-
ge de la época, los obsequios que la nacion habia
hecho al rey, y la ingratitud del monarca, ofre-
ciendo á la vida los riesgos de que todos se creian
amenazados, la llegada delos estrangeros, la inutili-
dad de los medios de defensa, la rebelion de un
general contra la Asamblea, la oposicion que ha-
hian hecho muchos directorios de departamento, y
las terribles , aunque ridículas amenazas, inter-
puestas á nombre de Brunswid; y acabó en conse-
cuencia de todo por la destitucion del rey, pidien-
do á la Asamblea que fijase tan importante cuestion
en la órden del dia.


FRANCESA. .17
Esta proposiciou que hasta entonces solo hahian


hecho los clubs los confede rad os y I osayuntamientos
tomaba distinto carácter desde que Paris la presen-
taba por medio de su corregidor. Oyóse mas con
asombro que con aceptacion en la sesion de la ma-
ñana, mas en la de la tarde se abrió la discusion,
mezclándose en ella con indecible calor varios in-
dividuos de la Asamblea. Querian unos que se
discutiese el punto inmediatamente, los otros que
se trasladase á otro dia; al fin se dejó para el jue-
ves 9 de agosto, y siguieron ocupándose en recibir


leer peticiones, en que con mas energía aun que
la del corregidor, se manifestaban los mismos de-
seos y las propias opiniones.


La seccion de Mauconseil, mas atrevida que
las restantes, no se contentó con pedir la des tau-
cion, sino que la pronunció en uso de su autoridad.
Manifestó que no conocia ya á Luis XVI por rev
de los franceses, y que iria'al momento á saber del
cuerpo legislativo si trataba por fin de salvar la
Francia , invitando ademas á todas las secciones
del imperio (que va no quería emplear la palabra
remo) á seguir su ejemplo.


Ya tiernos visto que la asamblea no marchaba
hacia la revolucion con tanta rapidez como las au-
toridades inferiores, porque encargada de conser-
var las leves, era obligacion suya respetarlas mas;
asi es que se veia mur amentilo adelantada por
los cuerpos populares, sintiendo que la arrancaban
el poder de sus manos. Anuló pues, el acuerdo de
la seccion de Mauconseil , al que se opusieron en
el tono mas severo calificándole de usurpacion á la
soberanía del pueblo, VergniaudCambon; pero
no parcela que condenaban tanto 'en el acta la in-


Biblioteca Popular. T. 397




18 REvOLUCION
fraccion de los principios , como la precipitacion
de los peticionarios, y principalmente la impiedad
de su lenguage, con respecto á la Asamblea na-
cional.


Acercábase el término de tantasincertidumbres,
pues aquel mismo día se reo nian á la vez los con-
lederados en la junta revolucionaria , y en palacio
los que preparaban la fuga del rey. 'La comision
fijó el levantamiento para el dia en que se discu-
tiese la destitucion, es decir, desde el O de agosto
por la tarde á la mañana del dia 10. Los amigos
del rey trataban por su parte de la fuga en el jar-
din de 11. de. Montmorin, renovando tambien sus
p romesas MM. de Liancour y de Lafavet te. Todo se
hallaba dispuesto para la marcha; pero faltaba di-
nero, porque Bertrand de Molleville habia agotado
inútilmente la lista civil para pagar clubs realistas,
oradores de tribunas y de corrillos, todos seducto-
res falsos, que no ganaban á nadie, aunque sí para
su bolsillo los tesoro' s de la cOrte. A falta de dinero,
se aceptaron algunos préstamos, que ofrecieron ge-
nerosamente al re y algunos de sus apasionados, y
M. de Liancourt, de cuyas ofertas hemos va habla-.
do, dió cuanto dinero pudo haber á las manos;
proporcionando otros muchos lo que cada uno te-
nia. Dispusiéronse varios amigos fieles á. seguir el
coche en que debía ir la familia real, y en caso ne-
cesario á morir á su lado; y estando ya todo prepa.
rado, los consejeros reunidos en casa de Montmo-
rin, resolvieron la marcha despues de una junta
que se prolongó hasta mu y


entrada la noche. El
rey que los vió cerca de su persona , consintió en
esta resolucion. mandando que se entendiesen con
MM. de Montciel y de Sainte-Croix, ycualesquie-


FRANCESA. 49


ra que fuesen las opiniones de los que se habían
unido para esta empresa, debian esperimentaruna
alegría estraordinaria al creer tan próxima la li-
bertad del monarca (4.6).


Pero al día si guiente cambióse toda la escena,
respondiendo el rey que no quería partir por no
ser el primero que introdujese la guerra civil.
Contristáronse sobremanera todos los que con sen-
timientos muy diversos se interesaban por él , sa-
biendo que la verdadera causa no era la alegada
por el re y , sino el haber anunciado como muy cer-
cana la llegada de Brunswick, y ademas el empla-
zamiento de la suble yacion y principalmente el em-
peño de la reina en no liarse á los constitucionales;
pues !labia manifestado decididamente su repug-
nancia, diciendo que mas quería perecer , que po-
nerse en manos de unos hombres que tanto daño
les baldan hecho. *


Así se malograron todos los esfuerzos y riesgos
lelos constitucionales. Lafayette se hallaba gra-
vemente comprometido, pues se sabia que habia
decidido á Luckner para que marchase haciala ea-
pital, y que este, llamado por la Asamblea, lo ha-
bia declarado todo á la comision estraordinaria de
los doce. No es esto de estrañar siendo el anciano
Luckner débil Y voluble, pues cuando un partido le
arrancaba de las manos de otro, se dejaba sonsa-
car cuanto había oido ó dicho el dia antes, discul-
pándose luego de sus revelaciones, con decir, que
no sabia la lengua francesa, llorando quejándose
porque solo se veia rodeado de facciosos. Gua.det
tuvo la astucia de hacerle confesar las proposicio-


%use las memorias do Madama Campan tomo II, p.113,




20 REVOLECION
nes de Lafayette; de cuyas resultas Bureau de Pu-z y , acusado de haber sido el tercero en ellas, fué
llamado á la barra. Era amigo y oficial de Lafa ye-
tte; lo negó todo con entereza con un tono, que
hizo creer ignoraba los tratados de su general.
Trasladóse t'aminen á otro dia la cuestion de si se
formaria ó no causa á Lafayette. Se acercaba el
dia señalado para discutir la destitucion. Estaba
acordado y sabido el proyecto de sublevacion , y
los marselleses dejando su cuartel bastante distan-
te, hablan pasado á la seccion de los franciscanos
donde existia el club de este nombre; de modo que
se hallaban en el centro de Paris y cercanos al lu-
gar de la escena. D,os empleados del Ayuntamien-
to habian tenido el atrevimiento de repartir cartu-
chos á los conjurados y todo estaba dispuesto para
el dia 40.


El 8 se deliberó sobre la suerte de Lafayette, á
quien una inmensa mayoría dejó libre de todo car-
go. Irritados algunos diputados por semejante re-
solucion, piden la votacion nominal, y en esta se-
gunda tentativa, se atreven á pronunciarse en fa-
vor del general cuatrocientos sesenta v seis votos
contra doscientos veinticuatro ; á cuya noticia,
alarmado el pueblo, se reune i. la puerta del salon,
insulta á los diputados á medida que van saliendo,
y especialmente á los mas conocidos, por pertene-
cer al lado derecho de la Asamblea, como Yaublanc,
Girardiu, Dumas, etc. La indignacion contra la re.
presentacion nacional es general , repitiéndose á
voces que no hay que esperar remedio de una
Asamblea, que acaba de absolver al traidor Lafa-
yette.


Al dia siguiente 9 de agosto , reinaba notable


FRANCESA. 21
efervescencia entre los diputados, y los que ha-
bian sido la víspera insultados, se quejan en per-
sona 6 por escrito. Cuando se dá cuenta de que
M. Beaucaron iba á ser ahorcado , estalla en las
tribunas una risa bárbara ; y al añadir que se ha
herido á M. de Girardin , los mismos que estaban
muy enterados del lance le preguntan irónicamen-
te cómo y dónde. Cómo? responde con nobleza M.
de Girardin, ¿pues no es sabido que los cobardes
solo hieren por detras ? Un individuo reclama por
lin el árdea del dia , y sin embargo la Asamblea
decide queel fiscal general de la corona, Ilmderer,
sea llamado á la barra para encargarle bajo su res-
ponsabilidad personal, que mantenga la seguridad
é inviolabilidad de los individuos de la Asamblea.


Se propone interpelar al corregidor de Paris,
y obligarle á que diga terminantemente, si respon-
de ó no. de la tranquilidad pública ; y Guadet replica
á esta proposicion que se interpele tambien al rey,
y se le obligue á que diga terminantemente si pue-
de ó no responder de la seguridad é inviolabilidad
del territorio. Sin embargo, en medio de tan opues-
tas proposiciones , era fácil conocer que la Asam-
blea temia el momento decisivo, V que los mismos
girondiuos hubieran querido mejor obtener la des-
titucion en una deliberacion, que apelar á un com-
bate incierto y sanguinario. Ituderer, que llega en-
tretanto, anuncia que una seccion ha resuelto to-
car á rebato y Jirijirse hacia la Asamblea y las Tu-
Ilerías , sino se pronunciaba la destitucion. En se-
guida entra Petion, y aunque no se explica de un
modo positivo, insinua planes siniestros, enumera
las precauciones que se han tomado para atajar los
movimientos que se preparan , y promete conve-




22 REVOLUCION
nirse con el departamento, para adoptar sus provi-
dencias si las halla preferibles á las del Ayunta-
miento.


Petion, como los'girondinos sus amigos, estaba
mas por la destitucion pronunciada en la Asamblea,
que por una lucha dudosa contra palacio ; y estan-
do casi decidida la mayoría por la destitucion, hu-
biera querido desbaratar los planes de la junta re-
volucionaria. Se presentó pues á la junta de vigi-
lancia de los jacobinos, y obligó á Chabot á que re-
tardase la subleyacion, diciéndole que los girondi-
nos hahian acordado la destitucion y la próxima
convocacion de una Convencion nacional ; que es-
taban seguros de la mayoria , y que no convenía
esponerse á un ataque cuyo resultado era incierto.
Respondióle Chabot, que nada podia esperarse de
una Asamblea que habia absuelto al maleado La-
faycile: que se dejaba engañar de sus amigos, que
el pueblo estaba resuelto á salvarse, y que aquella
misma tarde se tocada á rebato en los arrabales.


«Siempre izabais de tener mala cabeza, respon-
dió Petion. iAy de vos, si se alborotan! Conczco


«vuestro influjo , pero yo tambien tengo el mio y
«lo emplearé contra vosotros. Pues bien , replicó
«Chabot , se os prenderá y á ver qué haceis en-
«tonces.»


En efecto los ánimos estaban demasiado alte-
rados para que cupiesen en ellos, ni los temores ni
el influjo de Petion. En todo Paris reinaba la
mayor agitacion ; los tambores tocaban llama-
da en todos los barrios, y los batallones de la
guardia nacional se juntaban y ocupaban sus pues-
tos con disposiciones muy distintas. Las secciones
se iban llenando, no con el mayor número de cha-


FRANCESA. 23
dadanos, sino con los mas acalorados ; la junta re-
volucionaria se habla colocado en tres puntos;
&t'aliar y algunos otros en el arrabal ele San
Marcelo ; Santerre v Westermanu ocupaban el de
San Antonio ; finalmente Danton, Camilo Desmou
bus y Carca, con el batallon de Marsella, se halla-
ban en los franciscanos. Barbaroux, despues de ha-
ber colocado algunos batallones en la Asamblea ver
el palacio, tenia correos preparados, prontos átomar
la direccion del Mediodía; y tan incierto estaba
del éxito de la sublevacion , que se habia provisto
ademas de una dósis de veneno , esperando en los
franciscanos el resultado de la asonada. Igno-
ráhase dónde se hallaba llobespierre ; Danton
habia escondido á Marat en una cueva de la sec-
cion .y apoderóse en seguida de la tribuna de los
franciscanos. Todos andaban azorados , como su-
cede en general cuando se prepara un grande su-
ceso pero Danton, con una firmeza igual á la gra-
vedad de las circunstancias, hacia resonar su voz
de trueno, recordaba los que él decía crímenes de
la córte, el ódio de ésta á la constitucion, sus fa-
laces palabras, sus hipócritas promesas , desmen-
tidas siempre por su conducta ,en fin sus evi-
dentes tramas para introducirá


- los estrangeros.
«Siendo inútil la constitucion, añadía, es preciso
que el pueblo recurra b. su propia fuerza, ya que
tambieu la Asamblea ha absuelto á Lafayetie ; so-
lo vosotros podeis salvaros. Apresuraos, pues, por-
que en esta misma noche deben salir los satélites
escondidos en palacio contra el pueblo


'


pasarles
á degüello antes de salir de Paris en direccion á
Coblenza. Salvaos pues : á las armas! a. las armas!»


En el mismo instante se dispara un tiro en el




2• RENTOLECION
patio del Comercio: se hace universal el grito á las
armas, y se proclama la sublevacion. Eran las once
v media, y los marselleses que se estaban forman-
do á la puerta de los franciscanos, se apoderan de
la artillería, v reciben el considerable refuerzo de
una multitud .que se agregó á sus filas. Camilo Des-
moulins y otros varios echan á correr para hacer
que toquen á rebato, pero no encuentran el mismo
entusiasmo en todas las secciones; se esfuerzan en
reanimar su fuego, y estas se reunen al momento,
y nombran comisionados para que vayan al Ayun-
tamiento á reemplazar á sus antiguos individuos y
á apoderarse de todas sus facultades. Finalmente su-
ben á las campanas, se agarran de ellas á viva fuer-
za, y empiezan átocar á rebato. Este fúnebre ruido
se esparce por los inmensos ámbitos de la capital,
y propagándose de calle en calle, y d, e casa en casa,


allama para que ocupen sus puestos los magistra-
dos y á los ciudadanos; llega por fin á palacio, y
anuncia en él que está ya encima la noche fatal:
noche terrible, noche de tumulto y de sangre que
debia ser para el monarca la última que pasase en
el palacio de sus padres.


Acababan de participarle los emisarios de la
córte que estaba próximo el momento de la catás-
trofe, refiriéndole las palabras del presidente de
los franciscanos, que habia dicho á sus secuaces,
que ahora no había de ser como e120 de junio, un
mero paseo cívico, es decir, que si aquel día habia
sido el amago, el •10 de agosto debia ser el golpe
decisivo. Nadie lo dudaba en efecto, pues el rey,
su esposa, sus dos hijos y su hermana madama
Isabel, no se baldan acostado, y despues de cenar
habian pasado al salon del consejo , donde se ha-


FRANCESA. 25
liaban todos los ministros, y una multitud de ofi-
ciales superiores: tratábase al li, en medio de aque-
lla turbacion, de los medios de salvar á la familia
real, pues resistencia podia hacerse muy poca, ya
por los decretos de la Asamblea, ya por las desa-
certadas providencias de la córte misma.


El rey no habia reemplazado la guardia consti-
tueionardisuelta por un decreto de la Asamblea,
sino que halda querido mejor seguir pagándola sus
asignados que formar otra nueva, y al cabo eran
mil ochocientos hombres menos en palacio.


Los regimientos que habian parecido mas dis-
puestos en favor del rey, se hallaban lejos de Pa-
ris por el acostumbrado medio de los decretos,
desde la última confederacion.


Los suizos, gracias á sus capitulaciones , con-
tinuaban todavía, pero se les había quitado la al',
tilleria, y la córte en un momento que estuvo deci-
dida a. huir á Normandía, envió allá uno de estos
fieles batallones, con el pretesto de proteger la lle-
gada de los grandes , cuyo balaba no habia sido
llamado aun; de modo que solo habian entrado con
autorizacion de Petion, algunos suizos acuartelados
en Courbevoie, que en su total serian unos ocho-
cientos ó novecientos hombres.


La gendarmería acababa de reformarse , ha-
llándose compuesta de veteranos de los


- a-
• "uat cdas


franceses, autores del 1 á de julio.
Finahneate, la guardia nacional no tenia ni los


gafes, ni la organizacion. ni aun el espíritu que en
6 de octubre de 1789. El estado ma yor se habla re-
formado como hemos visto,muchosciudadanos
se habían disgustado del se


.rvicio, hallándose los
que no lo habian dejado amedrantados con el fu-




26 REvOLUCION
roe del populacho. Asi es, que la guardia nacional
se componía, como todos los cuerpos del Estado,
de una nueva generacion revolucionaria ; y como
toda la Francia, estaba dividida en constitucionales
y republicanos. Todo el batallan del barrio de las
Monjas de Santo-Tomas, y parte del de los Pe-
tits-Peresestaban por el rey, pero los damas eran
ó neutrales ó enemigos.


Los artilleros que principalmente constituiaa
la principal fuerza, crac republicanos decididos,
porque !as fatigas de esta arma hablan ocasionado
la seoaracion de los ciudadanos ricos, de modoque
solo eran dueños de los cañones los cerrageros y
herreros, gente toda que , como el pueblo , tenia
sus mismas ideas.


Así, que el re y soldpodia contar con ochocien-
tos ó novecientos suizos y poco mas de un batallon
de la guardia nacional.


Ya recordará el lector, que desde la retirada de
Lafayette, pasaba el mando de la guardia nacional
alternativamente á seis gafes de legion , y aquel
dia le tocaba al comandante Mandat, antiguo mili-
tar, con quien la córte no estaba muy bien porsus
ideas constitucionales, pero que tenia, no obstante,
entera confianza en su firmeza, talentos v amor á
sus deberes. Mandat, general en gafe en aquella
noche funesta, 'labia tomado aceleradamente las
disposiciones que le fueron posibles.


De la techumbre de la gran galería que comu-
nica el Louvre con las Tullerías, se 'labia cortado
un gran trozo para quitar el paso á los invasores;
y Mandat no se descuidó en proteger este ángulo
del palacio, fijando toda su atencion por la parte
de los patios y del jardin. A pesar del llamainien-


PRANCESA. 27
to, no se hablan reunido muchos guardias nacio-
nales , ni se completaron los batallones : los mas
afectos se dirigían uno á uno á palacio, donde los
había formado y distribuido Mandat entre los sui-
zos por los patios, el jardiny las habitaciones; co-
locando un canon en el palio de los suizos, y tres


en el
de


desgracia se
los príncipes


Por habi n confiado estas piezas
á los artilleros de la guardia nacional , de modo
que estaba el enemigo dentro; pero los suizos lle-
nos de valor y lealtad les observaban cuidadosa-
mente, con ánimo al menor movimiento de apode-
rarse de los cañones y arrojar alas artilleros fuera
del recinto de palacio.


Mandat 'labia colocado ademas algunas centi-
nelas avanzadas de gendarmes, en la Columnata
del Louvre y en el A y untamiento; pero estos, co-
mo acabamos de decir , eran antiguos guardias
franceses.


X estos defensores de palacio se añadia una
multitud de antiguos sirvientes, á quienes su edad
ó sus juiciosas opiniones no les habian permitido
emigrar; pero que sin embargo habian acudido en
el momento del peligro, unos para disculparse de
no haber ido á Coblenza, y otros para morir genero-
samente al lado de su príncipe. Se habian armado
de prisa con cuanto hablan hallado en palacio,
con sables viejos, con pistolas suspendidas en la
cintura por medio de pañuelos, y algunos habían
cogido hasta las palas y las tenazas de las chime-
neas; por lo que en aquellos tristes momentos en
que la córte debia á lo menos mantenerse sériaal-
guna vez, nose olvidaron las bufonadas. Esta mul-
titud de personas inútiles , lejos de poder servir,




28 REVOLUCION
ofuscaban á la guardia nacional, que las miraban
con desconfianza, y solo eran á propósito para au-
mentar nueva confosion á la mucha que va habia.


Todos los miembros del directorio de departa-
mento habian acudido á palacio. Ilallábase tam-
bien el virtuoso duque de Larochefoucault, el sin•
dico Rcederer, y Petion que llegó con dos oficia-
les municipales;Ohligóse á este á firmar la órden
de rechazar la fuerza con la fuerza, v asi lo hizo
por no parecer cómplice de los conjurados. Se ale-
graban en palacio de tenerle alli y de guardar en
rehenes á una persona tan querida del pueblo; pe-
ro la Asamblea noticiosa de este designio , le lla-
mó á la barra por medio de un decreto, y aunque
aconsejaban al rey que le retuviese no quiso ha-
cerlo v le dejó salir de las 'fullerías sin ningun
obstáculo.


Conseguida la órden de rechazar la fuerza con
la fuerza, se suscitaron diversas opiniones sobre
el modo de ponerla en ejecucion., y Forzosamente
habia de concebirse algun proyecto descabellado,
en la acalorada situacion en que los ánimos se ha-
llaban. Dióse. uno muy atrevido, que tal vez hu-
biera tenido buen éxito , el cual era evitar el ata-
que diseminando á los conjurados , que no eran
muchos todavía, yque formaban con los marselle-
ses un total de algunos miles de hombres; porque
efectivamente el arrabal de San Marcelo, aun no
se habla reunido, Santerre estaba indeciso en el de
San Antonio, y solamente Pauten y los marselleses
se habian atrevido á congregarse en los francisca-
nos, y esperaban con impaciencia en el puente de
San Miguel la llegada de los otros acometedores.


Una salida denodada hubiera podido desvane-


FRANCESA. :29


cerlosv en aquel instante de incertidumbre, un mo-
vimiento de terror, infaliblemente hubiera contenido
á la sublevacion. Mandat dió otro plan mas


legal, y era esperarla
seguro


y perarla marcha de los arrabales, y
atacarlos en dos puntos decisivos, en el momento
en que se pusieran en camino. Quería desde luego
que al desembocar los unos sobre la plaza del
Ayuntamiento, por el arco de San Juan, se les ear-
gliSe de improviso, haciendo otro tanto en el Lou-
vre contra los que vinieran por e! puente Nuevo,
y á lo largo del pretil de las 'Fullerías. Para esto
habia mandado á la gendarmería, colocada en la
Columnata, dejase desfilar á los sublevados , y los
cargase luego por la espalda, cuando otro trozo de
gendarmería, colocado en el Carrousel, se arroja-
se sobre ellos por los postigos del Louvre, y él los
atacaria de frente. El suceso de semejantes me-
dios




era casi cierto; y loscomandantes de losdiver-
sos puntos y particularmente el delAyuntamiento,
habian recibido de Mandat las órdenes necesarias.


Ya se ha visto que acababa de formarse un
nuevo Ayuntamiento, v Danton Manuel habian
sido los únicos miembros conservados. Muestran
la órden de Mandat á este sedicioso A y unt ien-
t o , y de repente intima al comandante que compa-
rezca en la casa de la Ciudad; llevase la in timacion
á palacio, donde se ignoraba la coruposicion de los
nuevos concejales. Mandat titubea, pero los que
le acompañan y aun los mismos miembros del de-
partamento, no sabiendo lo sucedido , y jumando
que no convenía quebrantar la lev con una -deso-
bediencia abierta, lo reducen á obedecer . Mandat
se decide; entrega á su hijo que estaba con el en
palacio, la órden de rechazar la fuerzacon la fuer-




30 REVOLECION


za, firmada por Petion; -acude á la intimacion del
A y untamiento. Eran cerca de las cuatro de la ma-
ñana, apenas llega a la casa de la Ciudad, cuan-
do se queda sorprendido hallando una nueva auto-
ridad. Rodea-de al punto, y le preguntan acerca
de la órden que habia dado; lo despiden luego, y
en el momento hace el presidente una seña funes-
ta que es la sentencia de muerte. Con efecto, el
desventurado comandante apenas sale, cuando se
apoderan de él, y lo vuelcan de un pistoletazo. Lo
desnudan, sin hallar la órden entregada á su hijo,
y arrojan su cuerpo al rio, donde otros muchos ca-
dáveres iban a seguirle pronto.


Este acto sangreato paralizó todos los me-
dios de defensa del palacio , destruyó toda unidad
é impidió la ejecucion del plan. Sin embargo, aun
rio se habla perdido todo, y la insurreccion no es-
taba enteramente formada. Los marselleses, des-
pues de haber esperado con impaciencia al arra-
bal de Sao kntonio, que no acababa de llegar,
creyeron por un instante malogrado el lance; pero
Westermaun, dirigiendo la espada al pecho de
Santerre le !labia obligado á marchar. Entonces los
arrabales habian ido sucesivamente llegando, unos
por la calle de San lionorato, otros por el puente
nuevo, el puente real V los postigos del Louvre.
Los marselleses marchaban á la cabeza de las co-
lumnas con los confederados bretones, y dirigian
la puntería de sus piezas á palacio. AA gran 1u:tale-
ro de los sublevados, que á cada instante engro-
saba, se juntó una muchedumbre de curiosos, v el
enemigo, de este modo, parcela mas considerable
de lo que era en realidad. Mientras se dirigian al
palacio, Santerre habia ido al Ayuntamiento para


FRANCESA. 31


que se le nombrase comandante en . gefe de la
guardia nacional ; y Westermann habla quedado
en el campo de batalla para dirigir a los sitiadores.
Asi es, que por todas partes habla una confusion
estraordinaria, en términos que Petion, que segun
el plan acordado debía estar guardado en su casa
por una fuerza insurreccionada, esperaba todavia
la guardia que debla poner á cubierto su responsa-
bilidad por medio de una aparente violacion. En-
vió él mismo á pedirla al Ayuntamiento, y coloca-
ron al fin algunos centenares de hombres á su
puerta, para que apareciese en estado de preso.


El palacio en este momento estaba completa-
mente cercado. Los sitiadores estaban en la plaza,
y á favor del alba, se les veia al través de las anti-
guas puertas de los atrios, se les divisaba desde las
ventanas, se descubrian sus piezas, apuntando con-
tra el palacio, y se oian sus confusos gritos, y sus
cantos amenazadores. Halan querido volver al
proyecto de anticiparse á ellos, pero noticiosos de
la muerte de blanda, los ministros y el departa-
mento opinaron que se esperase el ataque para de-
jarse violentar en los limites de la ley.


Raylerer acababa de recorrer las filas de la
guarnicion , y de hacer á los suizos v á los guar-
las nacionales la proclama legal qué les pretil bia
atacar, pero que les imponía el cargo de recha-
zar la fuerza con la fuerza. Obligaron al rey á que
hiciese él mismo la revista de los servidores


-
que sepreparaban á defenderle. Este des g raciado prínci-


pe habia pasado la noche escuchando los diversos
pareceres que se cruzaban á su alrededor ; v en
los escasos momentos de reposo , habia rogado al
cielo por su esposa, por sus hijos y por su herma-




32 REVOLITC1ON
na. objetos de todos sus temores. Señor, le dijo la
reina con energía, este es el momento de presea-
taros. Tambien aseguran que arrebatando una pis-
tola de la cintura del anciano D Affry , se la pre-
sentó al rey con viveza. Los ojos de la princesa
estaban encendidos con las lágrimas, pero su fren-
te parcela mas levantada, y su nariz hinchada de
cólera y orgullo. Ea cuanto al rey, nada temia por
sí y aun manifestaba mucha serenidad en tan es-
tremo peligro ; pero estaba alarmado por su fami-
lia, y el dolor de verla tan espuerta, habia altera-
do sus facciones. Presentóse á pesar de esto con
firmeza ; llevaba un vestido morado, y la espada;
y su peinado que no se 'labia compuesto desde la
víspera, estaba medio desecho. Asomado al balcon,
descubrió sin inmutarse una formidable artillería
que apuntaba al palacio ; y su presencia encendió
algunas chispas de entusiasmo; las gorras de los
granaderos se levantaron de repente en las puntas
de los sables y de las bayonetas, y el grito an-
tiguo de 'viva el rey, resonó por la última. vez bajo
las bóvedas del palacio paterno. Reanimóse un res-
to postrero de valor; los corazones abatidos se aca
'oraron y aun hubo un momento de espirita y de
esperanza. En este instante llegaron algunos n' ue-
vos batallones de la guardia nacional formados
mas tarde que los otros, y que acudian á la Orden
dada anteriormente por Mandat. Entraron en el
momento en que las voces de viva el rey, resona-
ban en el patio. Unos se juntaron á los que asi sa-
ludaban la presencia del Monarca, y los otros, que
no eran del mismo parecer. se creyeron en peligro;
y recordando todas las hablillas populares que ba-
bian corrido, se figuraron que los iban á entregar á


FRANCESA. 33
los caballeros del puñal. Al punto esclamaron que el
malvado Mandat los habia vendido, y escitarou una
especie de alboroto. Los artilleros imitando este
ejemplo volvieron las piezas contra la fachada de
palacio. Trabóse al punto una contienda C011 los
batallones afectos; los artilleros quedaron desar-
mados y ea manos de un destacamento; y diri-
gieron hacia los jardines á. los rocien llegados.
- El rey en este instante, despues de haberse aso-
mado al balean, bajaba la escalera para hacer la re-
vista en los patios. Se anuncia su llegada: todos
acuden á sus lilas; atraviésalas con sosegado con-
tinente, y dirigiendo á todos miradas espresivas que
penetraban los corazones. Encarándose con los sol-
dados, les dijo con voz firme, que estaba muy agra-
decido á su afecto, que permaneceria á su lado , y
que defendiéndole, defendían á sus mugeres y á sus
hijos. Pasa luego bajo el vestíbulo para dirigirse al
jardín; pero al mismo tiempo oye el grito de abajo
el velo, dado por uno de los batallones que acababan
de entrar. Dos oficiales, que estaban á su lado, in-
tentan disuadirle de que haga la revista en el jar-
din ; y otros le instan á que vaya á visitar el puesto
del Puente .Tirante, y en ello consiente con valor.
Pero tiene que pasar la tirada del terrado de los
faldeases, obstruido con un inmenso gentío, y en
este trayecto, n.


o está separado del tropel furibundo
sino por una cinta tricolor ; adelántase sin embar-
go, recibe una lluvia de insultos y de ultrages, y
aun está viendo los batallones que desfilan delante
de el, y atraviesan el jardin para ir en presencia su-
ya á reunirse á los asaltadores en la plaza delCarrousel.


Esta desercion ,
la de los artilleros y los gritosBiblioteca Popular.
T. 11. 398




34 REVOLUCION


de fuera el veto , habian quitado al rey toda espe-
ranza. En este punto los gendarmes reunidos en la
columnata de Louvre y otras partes , ó se habian
<dispersado ó incorporado con el pueblo. Por su
parte, la guardia nacional que ocupaba las habita-
ciones, y con la cual se creía poder contar, estaba
disgustada de hallarse entre los noblesy manifes-
taba desconfianza de ellos. La reina' la sosegó:
«Granaderos, esclamó, mostrando á los nobles; son
«vuestros compañeros, y vienen á morir á vuestro
«lado.». Sin embargo, á pesar de este v:lor apa-
rente, estaba en su alma la desesperacion. Aquella
revista lo habia perdido todo, y ella se lamentaba
de que el rey no hubiese demostrado alguna ener-
.-ía Es menester repetirlo , este desdichado prín-b,
cipe, nada temia por sí , y se habla negado á po-
nerse un peto interior, como el 11 de julio, dicien-
do que en dia de refriega, debla estar descubier-
to corno el último de sus sirvientes. No le faltaba
el valor, y lo manifestó despues harto noble y ele-
vado; pero carecia del arrojo de la ofensiva, falta-
bale ser mas consecuente , v por ejemplo , no te-
mer la efusion de sangre, cuando consentia en la
llegada de los estrangeros á Francia. Es cierto, co-
mo varias veces se ha dicho, que si hubiera mon-
tado á caballo, y cargado á. la cabeza de !os suyos,
se hubiera disipado la insurrecccion.


En este momento, los miembros del departa-
mento viendo el desórden general del palacio, y
desesperando del éxito de la resistencia. se presen-
taron al rey y le aconsejaron que se retirase al re-
cinto de la Asamblea. Este consejo, tantas veces
calumniado, como todos los que se dan á los reyes,
si salen mal, era el -único que convenia en aquel


FRANCESA. 35
momento. Con esta retirada,Lse evitaba toda efu-
sion de sangre, y la familia real se libertaba de
una muerte casi positiva, si el palacio se tomaba
por asalto. En el estado en que se hallaban las co-
sas, el éxito del asalto era indudable, y aun en ca-
so de duda, había motivo suficiente para evitar el
acontecimiento.


La reina se opuso vivamente á este proyecto.
Señora, le dijo Rmderer, Y. III. espolie la vida de
su esposo y la de sus hijos; meditad en la respon-
sabilidad con que os cargais. El altercado fuá de-
masiado vivo, hasta que el rey se decidió á retirar-
se á la Asamblea, y en ademan resignado, dijo á
su familia y cuantos le rodeaban: Marchemos.
Caballero, dijo la reina á Ilmderer, usted respon-
de de la vida del rey y de mis hijos. Señora, repli-
có el fiscal general, respondo de morir al lado de
ellos, y no prometo mas.


Pdsiéronse en marcha para ir á la Asamblea,
por el jardín, el terrado de los fuldenses, y el patio
del picadero. Todos los gentiles-hombres y sir-
vientes de palacio se precipitaban para seguir al
rey, á quien podían comprometer irritando al pue-
blo é indisponiendo á la Asamblea con su presen-
cia. Rzederer se esforzaba en vano para detenerlos,
y les repetia con todo ahinco-que iban á hacer de-
gollar á la familia real. Por último consiguió des-
viar un gran número, y fueron marchando, acom-
pañados por un destacamento de suizos y de guar-
dias nacionales. Una diputacion de la Asamblea sa-
lió á recibirlos para custodiarlos en su seno; y fue
tan grande la afluencia en aquel momento, que la
muchedumbre era impenetrable. Un granadero de
una talla elevada, agarra al delfín, lo


-levanta con




36 REVOLUCION


sus brazos, se lo coloca en la cabeza y atraviesa
el gentío. A. vista de esto cree la reina que le arre-
batan á su hijo, y da un fuerte grito; pero la tran-
quilizan; entra el granadero, y va á colocar al real
infante sobre la mesa de la Asamblea.


El rey . y. su familia penetran entonces seguidos
de dos ministros. Vengo, dice Luis XVI, por evi-
tar un enorme crimen, y creo, señores, que no
puedo estar mas seguro que en medio de vosotros..


Presidia Vergniaud, el cual responde al mo-
narca, que puede contar con la firmeza de la Asam-
blea nacional, y que sus miembros han jurado mo-
rir defendiendo' las autoridades constituidas.


Siéntase el rey al lado del presidente, pero
con la observacion de Chabot, de que su presencia
puede dañar á la libertad de las deliberaciones, le
colocan en la tribuna del periodista encargado de
estender las sesiones. Arrancan la reja de hierro,
para que si invadian el aposento, pudiese sin obs-
táculo arrojarse con su familia a la Asamblea ; el
príncipe a y uda con sus manos á esta operacion, y
quedando la reja arrancada, los ultrajes y las ame-
nazas pueden llegar mas libremente hasta el pos-
trer asilo del monarca destronado. .


Refirió entonces Illederer cuanto habia suce-
dido, pintando el furor de la muchedumbre y los
peligros á que estaba espuesto el palacio, cuyos
patios 'labial' ya invadido. Ordena la Asamblea
que salgan veinte comisionados su yos para sose-
gar al pueblo. Salen estos, y se oye de repente una
descarga de artillería. Consternase el salon. Os ad-
vierto, dijo el rey, que acabo de prohibir a los
suizos que hagan fuego. Pero vuelven á oirse
nuevos cañonazos; júntase áellos el ruido de mos-


FRANCESA. 37
queterfa v la turbulencia llega á su colmo. Anún-
ciase al punto que los sugetos diputados por la
Asamblea han sido dispersados; y en el mismo ins-
tante atacan la puerta del salon que retumba con
golpes espantosos, presentándose en una de las en-
tradas ciudadanos armados. Nos arrollan, esclama
un empleado municipal ; cúbrese el presidente y
los diputados se arrojan de tropel desde sus asien-
tos para alejar á los asaltadores. Aplácase el tu-
multo ; y al eco incesante de la mosquetería y del
cañon esclamau los diputados. Viva la nacion, la
libertad y la igualdad!


Hablase trabado una sangrienta refriega en el
palacio. Al dejarlo el rey, se creyó naturalmente
que el pueblo no se encarnizaría va contra una
habítacion abandonada; por otra parle la turbulen-
cia impedia acudir á él, y no se habla dado Orden
alguna para hacerlo evacuar. Unicamente se hi-
cieron entrar en el interior todas las tropas que
ocupaban los patios y se hallaron confusamente
derramadas por las habitaciones, con los criados,
los gentiles-hombres y los oficiales. Grande era
la multitud en él, y apenas podian moverse á pe-
sar de su mucha estension.


El pueblo, que tal vez ignoraba la partida del
rey, despues de haber esperado largo rato delante
del postigo principal, ataca por último á la puerta,
la rompen á hachazos, y se precipita en el patio
real. Fórmase entonces en columna y apunta con-
tra el palacio las piezas imprudentemente dejadas
en el patio despues de la retirada de la tropa. Pe-
ro los sitiadores no embisten todavía, sino que ha-
cen demostraciones amistosas á los soldados que
estaban enlas ventanas : diciéndoles: Entregadnos




38 REVOLIJCION
el palacio y somos amigos. Los suizos manifiestan
pacíficas intenciones y arrojan cartuchos por las
ventanas. Algunos sitiadores mas atrevidos se se-
paran de las columnas y se adelantan hasta debajo
del vestíbulo del palacio. Al pié de la escalera prin-
cipal habian colocado un trozo de madera en for-
ma de barricada, tras de la cual se habian atrin-
cherado suizos y guardias nacionales revueltos.
Los que de afuera habían llegado hasta allí, que-
rian penetrar mas á dentro y allanar la barrera; y
despues de una contestacion bastante larga, v que
sin embargo no termina en refriega, arrebatan la
barrera. Entonces trepan por la escalera los asal-
tadores, repitiendo que se les ha de entregar el pa-
lacio. Asegúrase que en aquel momento hombres
armados de picas, que se habían quedado en el pa-
tio, se apoderan con ganchos de los centinelas
suizos que estaban colocados por fuera, y los de-
s-llenan ; añádese que se disparó un tiro contra las
ventanas , y que indignados los suizos correspon-
dieron haciendo fuego. Con efecto, retumba en se-
guida por el palacio una descarga horrorosa, y los
que se habían internado en él hu y en gritando que
están vendidos. Muy difícil es saber, en medio de
tanta confusion, de qué parte salieron los primeros
tiros. Los asaltadores han asegurado, que se ade-
lantaban amistosamente, y que una vez metidos
en el palacio, habían sido sorprendidos y fusilados
por traicion ; lo cual es inverosímil porque los
suizos no estaban en situacion de provocar un com-
bate. No teniendo va ningun deber debatirse, des-
pues de la partida del rey, solo debían tratar de
salvarse, y una traicion no les facilitaba el medio;
por otra parte, aun cuando la agresion pudiera al-


FRANCESA. 39


terar alguna sosa al carácter moral de estos acon-ytecimientos es evidente que la agresion primera
positiva, esto es, el ataque del palacio, salió de
los sublevados; y lodernas no era sino un acciden-
te inevitable, que únicamente debla imputarse aliacaso. Como quiera que sea, los que se hablan n-
ternado en el vestíbulo y en la escalera principal,
oven de repente la descarga, y mientras que huyen
reciben en la misma escalera una lluvia de balazos.
Bajan entonces los suizos en buen órden, y llega-
dos á los últimos escalones, desembocan por el
vestíbulo al patio real. Alti se apoderan de una de
las piezas de artillería, y á pesar de un fuego ter-
rible, la vuelven y la descargan sobre los marselleses
derribando á un gran número; repléganse estos, y
continuando el fuego, abandonan el patio. Espár-
cese al momento dl terror por el pueblo, que huye
por todas partes, y se va á los arrabales. Si enton-
ces prosiguen lossuizos sus ventajas, y los gendar-
mes situados en el Louvre, en vez de abandonar su
puesto, caen sobre los sitiadores rechazados, todo
estaba concluido, y la victoria quedaba por parte
del palacio.


Pero precisamente en aquel momento llega la.
órden del voy , comunicada por M. d` Hervillv en,
que prohibia se hiciese fuego, y este oficial llega,
al vestíbulo en el instante en que los suizos acaba-
ban de rechazar á los sitiadores: los detiene , v les
notifica de parte del rey que le sigan á la Asam-
blea. Entonces los suizos en crecido número si-
guen á Al. d' llervilly , hasta los fuldenses en me-
dio de mortales descargas. Asi se encontró el
lacio privado de la mayor
defensores;r parte de sus defensoi.es-


pero quedaban por las habitaciones otros muchos.




4.0 REVOLUCTON
suizos, á quienes no habia llegado la órden, y que
muy luego se vieron espuestos sin medios de re-
sistencia á los mas terribles peligros.


En este tiempo se habian rehecho los sitiado-
res. Los marselleses unidos á los bretones, se in-
dignan por haber cedido con tanta facilidad ; rea-
nímanse y vuelven á la carga llenos de furor. M'es-
termann , que mostró luego verdaderos talentos,
dirije sus esfuerzos con inteligencia; arrójanse con
ardor , caen en bastante número, llegan por fin al
vestibulo, trepan por la escalera y se hacen dueños
del palacio. El populacho armado de picas se pre-
cipita tras ellos , y lo restante de la escena ya no
es mas que una verdadera matanza. En vano im-
ploran el perdon los desventurados suizos , arro-
jando sus armas ; todos quedan implacablemente
degollados. Ponen fuego al palacio; los criados que
restaban en él son perseguidos; unos hu


y en y otroscaen inmolados. En la muchedumbre hay vencedo-
res generosos :—« ¡ Perdon á las mugeres! esclamó
uno de ellos; ¡ ro hay


que deshonrar a la nacion!»
y protege y salva á las damas de la reina , que es-
taban de rodillas , y los sables levantados sobre
sus cabezas. llubo víctimas valientes; las hubo in.
geniosas para salvarse, cuando no habla valor para
defenderse; hubo Cambien entre estos furiosos ven-
cedores, movimientos de probidad; y el oro halla-
do en el palacio, ya por vanidad popular, va por el
desinterés que nace de la exallaciou, fué llevado á
la Asamblea.


Esta permanecía en la mayor ansiedad esperan-
do el resultado del combate : y en fin, á las once
suenan repetidos gritos de victoria. Abrense las
puertas al esfuerzo de una multitud embriagada de


FRANCESA.


alegria y de furor. Llénase el salen de los destrozos
que traen , de los suizos que han hec prisioe-


, y á los cuales se concede la vida ,ho para hacerr shomenage á la Asamblea de esta clemencia popu-
lar. Mientras tanto , el rey Y su familia, retirados
en la estrecha tribuna de un periodista., asistian
la ruina de su trono, y al regocijo de sus vencedo-
res. Vergniaud había dejado un momento la pre-
sidencia para estender el decreto de la cesacion;
vuelve, y la Asamblea espide aquel célebre decre-
creto en virtud del cual,


Luis XVI queda provisionalmente suspendido
de la corona ;


Se decreta un plan de educacion para el prínci-
pe real ;


Convócase una Convencion nacional.
¿Podrá decirse que fuese un proyecto acordado


muy de antemano el de arruinar la monarquía,
puesto que no habian mas que suspender al rey, y
disponer la educacion del príncipe? ¡ Con qué te-
mor al contrario ponian las manos en aquel anti-
guo poder 1 ¡ Cuánto no titubeaban al acercarse á
aquel viejo tronco , bajo el cual las generaciones
francesas hablan side alternativamente dichosas ó
desventuradas, pero bajo el cual al fin hablan vi-
vido !


Sin embargo , la imaginacion pública es dema-
siado pronta ; poco tiempo necesitaba para despo-
jar el resto (le un respeto antiguo ; y la monarquía
suspendida iba á. ser destruida mu y luego. No iba
á fenecer en la persona de un Luis XI , de un Car-
los IX , v de un Luis XIV, sino en la de Luis XVI,
uno de los re yes mas honrados que se han sentado
en el trono.




CAPITULO 11.


Continuacion y fin de la jornada del 10 de agosto.—Llamamien-
to del ministerio girondino ; Danton es nombrado ministro de
la Justicia.—Estado de la familia real.—Situacion de los parti-
dos en la Asamblea y fuera de ella, despues del 10 de agosto.—
Organizacion é influjo del Ayuntamiento ; facultades inmensas
que él se abroga ; su oposicion con la Asamblea.—Estableci-
miento de un tribunal criminal estraordinario.—Estado de los
ejércitos despues del 10 de agosto.—Resistencia de Lafayette
al nuevo gobierno. Acusado, abandona su ejército y la Francia
y lo ponen preso los austriacos.—Sitinicion de Dumouriez.—
Disposiciones de las potencias, y situacion reciproca de los
ejércitos coligados, y de los ejércitos franceses.—Toma de
Longwy por los prusianos; agitaciones de París con esta noti-
cia.—Disposiciones revolucionarias tomadas por el Ayunta-
miento ; arresto de los sospechosos.—Asesinatos en las prisiones
los dial 2, 3, 1 , 5 y G de setiembre.—Escenas principales y cir-
cunstancias de estas sangrientas jornadas.


Con estraordinario valor llallian defendido los
Suizos las Tullerias , mas toda su resistencia fué
vana, porque la escalera principal fué invadida y
ocupado el palacio. El pueblo ya vencedor penetra-
ba por todas partes en aquella mansion de la so-
beranía, donde 'labia creido siempre que existirian
inmensos tesoros , considerándolo ademas como
morada de una felicidad sin limites , de un poder
formidable y como foco de siniestras tramas. ¡Cuán-
tas venganzas tenia que tomar á un mismo tiempo
contra la riqueza, la magestad y el despotismo!


FRANCESA. 43
Ochenta granaderos suizos, que no han tenido


tiempo de retirarse defienden denodadamente su
vida, y quedan degollados sin compasion. Preci-
pitase la multitud en las habitaciones , y se encar-
niza contra aquellos inútiles amigos, que acudieron
para defender al rey , y son perseguidos bajo el
nombre de caballeros del puñal, con todo el ódio del
pueblo. Sus impotentes armas no sirven mas que
para irritar á los vencedores


'


y hacer mas verosí-
miles los proyectos achacados á. la córte. Toda
puerta cerrada cae al suelo ; y dos ujieres que in-
tentaban prohibir la entrada del gran consejo , é
inmolarse al ceremonial de la etiqueta, son en el
instante asesinados. Los numerosos criados de la
familia real huyen atropelladamente por las dilata-
das galerías ; se arrojan por las ventanas, ó buscan
en la inmensidad de palacio, un asilo oscuro que les
conserve la vida. Las damas de la reina se refugian •
en uno de sus aposentos, y á cada instante esperan
verse asaltadas. La princesa de Tarento manda
abrir las puertas para no aumentar la irritacion
con la resistencia. Preséntause los asaltadores v se
apoderan de una de ellas, y cuando ya el acero es




taba levantado sobre su cabeza, esélama una voz;
—¡Perdonad á. las mugeres ¡ No deshonreis á la
nacion !—A esta palabra sus péndese el acero; que-
dan las damas resguardadas, protegidas y condu-
cidas fuera de palacio por aquellos mismos que las
iban á inmolar, y que con toda la volubilidad po-
pular , las escoltan ahora y emplean para salvar-
las el afecto mas ingenioso. Despues de haber ase-
sinado, van asolando ; destrozan aquellos muebles
magníficos , y arrojan á. lo lejos los pedazos El
pueblo se interna en los secretos gabinetes de la




navoucioN
reina, y se entrega al mas obsceno regocijo; pene-
tra en los lugares mas apartados , escildrina todos
los depósitos de papeles , rompe todas las cerra-
duras, y satisface el doble placer de la curiosidad y
de la destruccion. Al horror de la matanza y del
saqueo suceden los del incendio. Habiendo las lla-
mas abrasado ya los cobertizos de los patios este-
riores , principian á estenderse por el edificio, y
amenazan con una completa ruina á aquella impo-
nente morada de los soberanos. La desolacion no
se limitaba á este triste recinto , sino que va es-
tendiéndose mas lejos. Las calles quedan cubiertas.
de destrozos v de cadáveres; el que hu y e ó lo apa-
renta, es tratado como enemigo y perseguido á ti-
ros ; un ruido continuo de mosqueteria sucede al
del canon, y demuestra por instantes nuevos ase-.
sinatos. i Qué de horrores van en pos de una vic-
toria, cualesquiera que sean los vencidos, los ven-
cedores y la causa por que se pelea!...


Con motivo de la stispension de Luis XVI estaba
disuelto el poder ejecutivo , y no quedaban en Pa-
ris mas que dos autoridades; el A y untamiento v la
Asamblea. Ya se ha visto en la relacion del mes de
agosto, varios diputados de las secciones, reunidos
en el Ayuntamiento


'


apoderarse de la potestad.
municipal , espulsando á los antiguos magistrados,
y que habian dirijido la insurreccion durante toda
la noche y la jornada del 1 o. De hecho poseian la
verdadera fuerza ; tenian toda la cólera de la vic-
toria, y representaban á aquella clase revolucio-
naria , nueva y fogosa, que acababa de luchar du-
rante toda la legislatura, contra la inercia de aque-
lla otra clase de hombres mas ilustrados, pero me-
nos activos de que se componia la legislativa


FRANCESA.


ASalllblCa . El primer cuidado de los diputados delas secciones , fué destituir todas las autoridades
principales, que como mas cercanas al poder su-
premo, le eran mas adictas. Hablan suspendido el
estado mayor de la guardia nacional, y desorgani-
zado la defensa de'las Tullerías, aebatando á
Mandar del palacio , y dando á Santer


rr
re el mando


de la guardia nacional. No habian empleado menos
conato en suspender la adininistracion del depar •
lamento , que desde. la alta regien en que se halla-
ba colocada, contrarió siempre la3 pasiones popu-
lares de que carecia. cuanto al Ayuntamiento,
hablan suprimido el consejo general , sustituyén-
dose ellos mismos á. su autoridad, y no conservan-
do mas que al corregidor Petion , al procurador
sindico Manuel, y á los diez y seis administradores
municipales. Todo esto se hizo durante el ataque
del palacio. Danton habia dirijido con audacia esta
sesion borrascosa; y cuando la metralla de los sui-
zos hizo retroceder á la muchedumbre por lo largo
de los pretiles, y hasta la casa de Ayuntamiento,
habia salido diciendo : Nuestros hermanos piden so-
corro,vamos á lárselo. Su presencia 'labia con-
tribuido á que volviese nuevamente el pueblo hacia
el campo de batalladecidiese la victoria. Termi-
nado el combate se 'trató de libertar á Petion de su
guardia y de reponerle en sus funciones de corre-
gidor. Sin embargo, sea por verdadero interés ha-
cia su persona , sea por temor de nombrar un
caudillo mas escrupuloso para los primeros mo-
mentos de la insurreccion, hablan acordado que se
le guardarla un dia ó dos bajo pretesto de poner á
cubierto su vida. Al mismo tiempo habian arreba-
tado del salen del consejo general los bustos de




i6 RE VOLUC ION
Luis XVI, Baillv y Lafayette. La nueva clase que
se iba levantando , alejaba de este modo á los es-
clarecidos revolucionarios para sustituir los suyos.


Los sublevados del A yuntamiento quedan en-
tablar relaciones con la Asamblea, pues aunque no
dejaban de vituperar sus incertidumbres y aun su
realismo,' con todo, siempre veian en ella la única
autoridad soberana, existente en la actualidad , y
no estaban dispuestos á desconocerla. En la misma
mañana del 10 /legó á la barra una diputacion para,
anunciarle la formacion del A y un tarniento sedicioso,
v esponerla cuanto se habia. hecho. Danton era de
los diputados. «El pueblo que á vosotros nos envía,
«dijo, nos ha encargado declararos que os creia
siempre dignos de su confianza , pero que no re-


«conocia otro juez para las disposiciones estraordi-
«liarlas , á las cuales le ha precisado á recurrir la
«necesidad, que el pueblo francés , nuestro sobe-
«rano y el vuestro , reunido en las Asambleas pri-
«marias.»


La Asamblea respondió á estos diputados por
medio de su presidente, que aprobaba cuanto se.
habla hecho ,les recomendaba el órden y la paz.
Hizo que se les comunicasen los decretos espedidos:
en el dia con la in y itacion de estenderlos; y des—
pues de esto , redactó una proclama para recordar '
el debido respeto á las personas y á las propieda-
des , y comisionó á algunos de sus individuos para
que la llevasen al pueblo.


Su primer cuidado en este momento dehia ser
el reemplazo del trono destruido. Reunidos los mi-
nistros bajo el nombre de consejo ejecutivo, queda-
ron provisionalmente encargados del despacho y de
la ejecucion de las leves. El ministro de la Justicia,


FRANCESA. 47


depositario del sello del Estado , dehia estamparlo
en los decretos y promulgarlos en nombre de la
potestad legislativa. Luego se necesitaba nombrar
las personas que compusieran el ministerio ; y se
trató de restablecer á Roland , Claviere y Servan,
destituidos por su adhesion á la causa popular,
porque la nueva revolucion debla querer todo lo
que no habla querido el trono. Estos tres ministros
fueron únanimente repuestos ; Roland para el in-
terior, Servan para la guerra v Claviere en ha-
cienda. Rabia que nombrar todá y ia ministro de la
Justicia, de negocios estrangeros y de marina. Pa
ra esto era libre la eleccion, y los votos formados
otras veces por el mérito oscuro, y por el ardiente
patriotismo, tan desagradable á la cene, podian
realizarse sin obstáculo. Se creyó necesario recur-
rir á Danton, que tanto influjo tenia con la multi-
tud y tanto lo !labia ejercido durante las últimas
cuarenta y ocho horas, y aunque disgustaba á los
girondinos por ser hechura del populacho, quedó
nombrado ministro de la justicia, por la mayoría
de doscientos veinte y dos votos entre doscientos
ochenta y cuatro. Despues de haber dado esta sa-
tisfaccion al pueblo, y concedido este destino á la
energía, se trató de poner un sabio para la marina,
y este fué el inatematico Monge, conocido y apre-
ciado por Condorcet , a cuya propuesta fué nom-
brado. Lebrun , en fin, fué el encargado de los ne-
gocios estrangeros, y se recompensó en su persona
á uno de aquellos hombres laboriosos que antes
hacian todo el trabajo con que se honraban los mi-
nistros.


Despees de haber organizado el poder ejecuti-
vo, declaró la Asamblea que todos los decretos,




48 REVOLUC1ON
sobre los cuales 'labia (Imanó su veto Luis XVli,
recihirian fuerza de ley. La formacion de un cam-
pameito cerca de Paris, objeto de uno de aquellos.-
decretos, y causa de tan vivas disensiones, quedó,
decidido al momento , y los artilleros aquel mismo
dia quedaron autorizados para empezar las expla-
nadas en las alturas de Montmartre. Despues de
haber hecho la revolucion de Paris, era necesario
asegurar su triunfo en los departamentos, v espe-
cialmente en los ejércitos, en donde mandaban
generales sospechosos. Los comisionados elegidos
de la misma Asamblea, tuvieron Orden de marchar
á los ejércitos y á las provincias, para ilustrarlas
sobre los acontecimientos del 40 de agosto , facul-
tándoles para renovar en caso necesario todos los
gefes civiles y militares.


Todos estos decretos quedaron despachados en
pocas horas, y mientras la Asamblea estaba ocu-
pada en expedirlos, se agolpan otros cuidados in-
cesantes para irlos interrumpiendo. Las alhajas es-
traidas de las Tallarías, se iban colocando en su
recinto ; los suizos, los sirvientes de palacio, y to-
das las personas detenidas ea su fuga, ó arrebata-
das al furor del pueblo , se llevaban á la barra
como á un lugar de asilo. Una multitud de peticio-
narios venían de tropel á, informar de lo que habian
hecho , ó visto , y á referir sus descubrimientos
sobre las tramas supuestas de la córte. Proferíanse
acusaciones é invectivas de toda especie contra la
familia real, que lo estaba oyendo todo desde el
lugar estrecho donde la habian confinado, cual era
la tribuna del taquígrafo. Luis XVI escuchaba con
calma todos los discursos, y á ratos se entretenia
con %r crgniaud y otros diputados que tenia cerca


FRANCESA.


de sí. Encerrado allí, hacia quince horas, había
pedido alg un alimento, que repartia ho ras , u esposa é
hijos, v que escitaba innobles observaciones sobre
el afan' que le suponian por los buenos manjares.
¡Sabido es cuán poco respetuoso es el partido victo-
r ioso con la desgracia! El niño delfín, acostado en
el regazo de su madre, dormia profundamente,
rendido por un calor sofocante. La jóven princesa,
v Madama Isabel, con los ojos encendidos de llo-
rar, estaban junto á la reina. Al estremo de la tri-
buna se hallaban algunos señores muy afectos, y
que no habian querido abandonar á los desgracia-
dos. Cincuenta hombres sacados de la...escolta de la
familia real , desde el palacio á. la Asamblea, guar-
daban aquel recinto. Desde allí contemplaba el mo-
narca decaido los despojos de su palacio, asistía al
desmembramiento de su antiguo poder, y veía ir
repartiendo sus restos á las diversas autoridades
populares.


Continuabael alboroto con estraordinaria violen-
cia y segun la voluntad del pueblo, no bastaba ha-
ber suspendido el trono, sino que era necesario des-
truirlo. Repetíanse las peticiones sobre este punto
y esperando contestacion se agitaba fuera del
salon la muchedumbre, inundaba-


las inmediacio-
nes, sitiaba las puertas, y por dos veces las atacó
tan violentamente , que se las cre yó derribadas,
temiéndose por la familia que estala depositada
ene! interior de la Asamblea. Enrique Lariviere,
enviado con otros para sosegar al pueblo
en aquel momento y esclamó con fuerza : «


,




Slc•
«ñores , lo sé , lo lié visto , lo aseguro ePpu'eblo
«estero esta decidido á perecer mil veces antes
«que deshonrar la libertad con ningun acto inhu--


-


Eiblio(ccapopular.
w. H. 399




1J-


REVOLCCION


«mano ; v positivamente no hay aqui nadie (y ya
«deben entenderme , añadió) que no pueda contar
«con la lealtad de los franceses.» Estas espresio-
nes animosas v consoladoras fueron aplaudidas.
Tomó la palabra Vergniaud, y respondió á los de-
niandantes que pedian se cambiase la suspension
en destronamiento. «Mucho celebro , dice, que se
«me dé margen para esplicar la intencion de la
«Asamblea en presencia de los ciudadanos. lla
«decretado la suspension del poder ejecutivo y ha
«nombrado una Convencion que decidirá irrevo-
«cablemente la gran cuestion del destronamiento.
«En esto se ciñe á sus poderes, que no le perini-
«ten el constituirse juez á sí mismo sobre el sólio,
«v ha acudido á la salvacion del Estado, poniendo
«al poder ejecutivo enla imposibilidad de dañar; y -41
«de este modo ha satisfecho á todas las necesida- -
«des permaneciendo en los limites de sus atribu-
«ciones.» Estas palabras produjeron una impresion
favorable ; y los mismos demandantes , ya tran-
quilizados, se encargaron de ilustrar y de aplazar
al pueblo.


Necesario era terminar tan larga sesion, y por
lo tanto se dispuso que las alhajas estraidas de pa-
lacio se depositasen en el A y untamiento ; que los
suizos y todas las personas arrestadas, quedasen
detenidas en los fuldenses, ó fuesen trasladadas á


Ala real estuviese custodiada en el Luxemburgo,
diferentes casas de arresto; y en fin, que la fami-


hasta la reunían de la Convencion nacional ; pere
que entretanto se inician los necesarios prepara-
tivos para recibirla habitase en el mismo local
de la Asamblea. A la una de la madrugada del
.sábado t i , la real fue trasladada á la ha-


FRANCESA. 51
Stacion que le destinaban y que se reducia á cua-
tro celdas de los antiguos fuldenses. Los señores
que no habían abandonado al rey, se colocaron en
la primera, el rey en la segunda , y la reina, su
hermana sus hijos en las otras dos. La muger
del conserje sirvió á las princesas y reemplazó a la
numerosa comitiva de damas, que todavia la vís-
pera se disputaban el cuidado de su servicio.


Suspendióse la sesion á las tres de la mañana.
Aun sonaba el ruido por Paris , y para evitar los
desórdenes se hablan iluminado les alrededores
del palacio, y la mayor parte de los ciudadanos es-
taban sobre las armas.


A esto se redujo aquella célebre jornada, y sus
resultados inmediatos. El rey y su familia estaban
presos en los fuldenses, y los tres ministros de-
puestos habían vuelto á ejercer sus funciones;
Danton, oculto la víspera en un obscuro conciliá-
bulo, se hallaba ministro de la justicia; Petion es-
taba confinado en su casa, pero á su nombre, pro-
clamado con entusiasmo, se añadía el de padre del
pueblo. Marat, salido de la guarida obscura en que
durante el ataque le /labia ocultado Danton, y aho-
ra armado de un sable, se paseaba por Paris á la
cabeza del batallon marsellés. Robespierre, á quien
no se ha visto figurar durante estas escenas terri-
bles, arengaba á los jacobinos y conversaba con
algunos miembros , arriconados como él, sobre el
uso que debía hacerse de la victoria , de la nece-
sidad de reemplazar la actual Asamblea y de pro-
cesar á Lalavette.


Al día siguiente fue necesario pensar en sose-
gar al pueblo sublevado, que no dejaba de perse-guir á cuantos tomaba por aristócratas fugitivos.




1


52 REVOLUCION
Volvió la Asamblea á su sesion el I 1 á las siete
de la mañana, y la familia real volvió á colocarse
en la tribuna del taquígrafo, para asistir á las de-
cisiones que se iban á acordar y á las escenas que
iban á. ocurrir en el cuerpo legislativo. Petion,
libre ya Y escoltado por un pueblo numeroso, vi-
no á dar'cuenta del estado de Paris, que habla re-
corrido, v en donde habia procurado restablecer la
calma y la paz. -Varios ciudadanos se hablan cons-tituido sus guardias para escudarlo ; fue perfecta-
mente acogido por la Asamblea , y salió al punto
para continuar sus exhortaciones pacíficas. Los
suizos, depositados la víspera en los fuldeuses, es-
ban amenazados, porque la muchedumbre pedia
voces su muerte, llamándolos cómplices del pala-
cio y asesinos del pueblo. Consiguióse aplacarlo
publicando que los suizos serian juzgados y que
iba á formarse un consejo de guerra, para castigar
á los que se llamaron despues los conspiradores
del 10 de agosto. «Pido , esclamó el violento Cha-
«bot , que sean conducidos á la Abadía para ser
«juzgados... En la tierra de la igualdad, la ley debe
«igualar todas las cabezas, aun las que están sen-
tadas en el trono.» Ilabíanse trasladado los ofi-


ciales de la Abadía y fueron luego los suizos ; lo
cual costó penas infinitas y hubo que prometer al
pueblo que se les juzgarla prontamente.


Fácilmente se deja ver, como la idea de ven-
garse de todos los defensores del trono, y de cas-
tigar en ellos los peligros padecidos, se apoderaba
ya de todos los , y muy luego iba á pro-
ducir crueles divisiones. Siguiendo los progresos
de la insurreccion, sellan podido ya notar los gér-
menes de las desavenencias, que principiaban


FRANCESA. 53
levantarse en el partido popular. Ya se ha visto
que la Asamblea formada de hombres lojsu,sItyous.ny.
tranquilos, se contraponía á los clubs y
tamientos, en donde se reunian hombres inferio-
res en educacion y en talento, pero que por su
misma posicion, sus costumbres menos cultas y
su ambiciou creciente, estaban prontos á obrar y
á precipitar los acontecimientos ; ya se ha visto
que la víspera del 10 de agosto , Chabot discordó
con Petion, el cual, unánime con la ma yoría de la
Asamblea, queda que se prefiriese un 'decreto de
de destitucion á un ataque á. viva fuerza. Estos
hombres, que hablan aconsejado la mayor energía
posible, se hallaban al día siguiente en presencia
de la Asamblea , orgullosos con una victoria al-
canzada á pesar de ella, y recordándola con espre-
siones de equívoco respeto, que habla absuelto á
Lafavette y que no debía comprometer por su de-
bilidad la salvacion del pueblo. Ocupaban el Ayun-
tamiento, revueltos con ambiciosos plebeyos , con
alborotadores sulbalternos y con los bullangueros
de los clubs; dominaban edlos jacobinos y en los
franciscanos, y aun algunos residían en los últimos
bancos del cuerpo legislativo. El capuchino Cha-
.bot , el mas violento de todos , alternaba con la
tribuna de la Asamblea y de los jacobinos, y con-
tinuamente amenazaba con picasy toques á rebato.


La Asamblea !labia pronunciado la suspension,
y estos hombres todavia mas exigentes pedían
que se depusiese al rey , nombrando un a yo para
el delfin: suponía de este modo la duracion del
trono, cuando aquellos quedan la república; su
mayoría conceptuaba que debian defenderse efi-
cazmente contra el estrangero, pero perdonar á,




REVOLUCION


los vencidos: y ellos al contrario, sostenian que se
debla no solamente resistiral estrangero, sino en-
carnizarse con cuantos, atrincherados en el pala-
cio, habian querido asesinar al pueblo y condu-
cir los prusianos á Paris. Llevándose ea su arre-
bato á las ideas mas exageradas, sostenian que los
cuerpos electorales no eran necesarios para for-
mar la nueva Asamblea, sino que todos los ciuda-
danos debian juzgarse aptos para votar. Un jaco-
bino había propuesto tainbien, que se concediesen
derechos políticos á. las mugeres , al mismo tiem-
po que otros proclamaban en alta voz, que era ne-
cesario que el pueblo se presentase armado para
manifestar su voluntad al cuerpo legislativo.


Marat estilaba este desenfreno de los espíri-
tus , y provocaba á la venganza, creyendo en su
horroroso sistema, que convenía purgará la Fran-
cia. Robespierre, no tanto por sistema de epu-
racion , ni por disposicion sanguinaria , como
por envidia contra la Asamblea, lanzaba sobre ella
reconvenciones de debilidad y de realismo. Ensal-
zado por los jacobinos , propuesto antes del 10 de
agosto como dictador necesario , se veia ya pro-
clamado como el defensor mas elocuente y mas
incorruptible de los derechos del pueblo; Danton,
no pensando ni en alabanzas ni en elocuencia , y
no habiendo aspirado jamás á la dictadura, !la-
bia sin embargo provocado el 10 de agosto con
su audacia. Despreciando ahora la gala del decir,
no pensaba mas que en apoderarse del consejo eje-
cutivo, de que era miembro, dominando ó arro-
llando á sus cóleras. Incapaz de ódio ó de envi-
dia, no abrigaba ningun dañado sentimiento con-
tra aquellos , cuyo brillo tanto ofusca-


FRANCESA. 55
ha á Robespierre , sino que los atacaba como flo-
jos, prefería á ellos los hombres enérgicos de las
clases inferiores, con los cuales contaba mas para
mantener v acabar la revolucion.


Estas divisiones no se sospechaban fuera de
Paris ; todo lo que el público de la Francia habla
podido ver, era la resistencia de la Asamblea á
unos deseos sobrado ardientes, y la absolucion de
Lafayette pronunciada á pesar del Ayuntamiento y
de los jacobinos. Pero se imputaba todo á la mayo-
ría realista y fuldense; se celebraba siempre á los
girondinos, 'estimándose igualmente á Brissot y á
Robespierre; se adoraba sobre todo á Petion co-
mo el corregidor tan maltratado por la córte; y no
se informaban si Petion parecía muy moderado á
Chabot , si hería el orgullo de Robespierre , y si
era tratado como un hombre honrado, inútil para
Danton, y como un conspirador sujeto á la purifi-
cacion de.


Alarat. Petion era pues el ídolo de la
muchedumbre; pero lo mismo que Bailly despues
del 14 de julio , iba luego á hacerse importuno y
odioso, desaprobando los desórdenes que no podio
impedir.


La principal coalicion de los nuevos revolucio-
narios se habla formado en los jacobinos y en el
Ayuntamiento. Todos los proyectos se pró-poniany se discutían en los jacobinos ; y los mismos su--
retos venían luego al A y untamiento por medio
de sus facultades municipales á ejecutar lo que
habian proyectado en su club. El consejo general
del Ayuntamiento formaba de por si una es-pecie de. Asamblea, tan numerosa como el cuerpo
legislativo con sus tribunas, su mesa, sus aplau-
sos mucho mas ruidosos, y con una fuerza de he-




56 REVOLUCION
cho mas considerable. El corregidor era su presi=
dente, v el procurador síndico el orador de tabla
encargado de hacer todos los requerimientos nece-
sarios. No se presentaba ya Petion y se limitaba
al cuidado de los abastos. El procurador Manuel,
dejándose llevar mas lejos por la oleada revolu-
cionaria, hacia en ella continuamente resonar su
voz; pero el dominador de esta Asamblea era Ro-
bespierre , que oculto los tres primeros dias que
siguieron al .10 de agosto , acudió consumada ya
la sublevacion, de suerte que en vez de acudir pa-
ra que reconociesen sus poderes, parece que to
mixt posesion de su asiento. Su orgullo, lejos de
desagradar , !labia aumentado el acatamiento de
los circunstantes. Su nombradía de talento, de in-
corruptibilidad y de constancia, le hacia un perso-
nage grave y respetable, que aquellos plebeyos
reunidos , se u. fanaban de poseer en su seno. Entre
tanto que se reunia la Convencion , de la cual no
dudaba formarla parte, acudia allí para ejercer un
poder mas efectivo que el de la opinion con que
le honraban los jacobinos.


El primer cuidado del Ayuntamiento fué apode-
rarse de la policia, porque en tiempo de guerra civil
la potestad de prender y perseguir á sus enemi-
gos; es' la mas importante y envidiada. Los jueces
de paz, encargados en parte de ejerces la, habian
indispuesto la opinion por sus pesquisas contra los
alborotadores populares ; encontrándose de este
modo de buen ó mal grado en hostilidad con los
patriotas. Recordábase sobre todo aquel que en el
negocio de Bertrand de Molleville y del periodista
Carra habla osado citar á dos diputados. Los jue-
ces de paz fueron depuestos, trasladando á las au-


FRANCESA. 57
toridades municipales todas sus atribuciones re-
lativas á la policía. Acorde en esto con el Ayunta-
miento de Paris, decretó la Asamblea que la policía.
llamada de seguridad general correspondería á los
departamentos, distritos y Ayuntamientos. Con-
sistia en indagar todos los delitos que amenaza-
ban á la seguridad interior y esterior del Estado, en
formar el censo de los ciudadanos sospechosos
por su opinion ó su conducta , en arrestarlos pro-
visionalmente y aun en dispersarlos y desarmar-
los, si era necesario Los mismos consejos de los
A y untamientos eran los que desempeñaban este
ministerio, y la totalidad de los ciudadanos venia
á estar eu observacion para denunciar y perseguir
al partido enemigo. Fácil es conocer cuan activa,
riñorosav arbitrariahabiadeser esta policía ejercida
democráticamente. El Ayuntamiento entero recibia
la delacion y una comision de vigilancia la exami--.
naba v hacia ejecutar el arresto. Los guardias na-
cionales estaban en requerimiento permanente, y
los Ayuntamientos de todas las ciudades de mas
de veinte mil almas, podian añadir reglamentos
particulares á esta ley de seguridad general. La
Asamblea legislativa no creta ciertamente prepa-
rar de este modo las sangrientas ejecuciones que
luego se verificaron ; pero cercada de enemigos
dentro y fuera, acudia á todos los ciudadanos
para celarlos, corno los !labia llamado á todos pa-
ra gobernar y combatir.


El Ayuntamiento de Paris se dió prisa á usar
de estas nuevas facultades, é hizo numerosas pri-
siones. Los vencedores, todavía irritados con los
peligros de la víspera, y los ma yores del siguiente


.dia, se apoderaron de sus enemigos abatidos ya,




1SS nEvOLCCION
pero que podian luego rehacerse con el ausilio de
los estrangeros. La comision de vigilancia delAvun-
tamiento de Paris, se componía de los hombres mas
violentos; y Marat, que en la revolucion atacaba á
las personas con tanta audacia , fue el caudillo de
esta junta,entre todos los hombres , era el mas
terrible, ege'rciendo tales funciones.


Ademas de esta comision principal, el Ayunta-
miento de Paris instituyó otra particular ea cada
seccion; acordó que no se darían pasaportes, sino
despees de la deliberacion de las juntas de sec-
ciones; que los viageros serian acompañados , ya
al Ayuntamiento, ya á las puertas de Paris, por
dos testigos que afirmasen la identidad de la per-
sona que harta pedido el pasaporte con la de aque-
lla que lo empleaba para su viage. Procuraba de
esta y de otras maneras, impedir la huida de los
sospechosos bajo nombres supuestos; y mandó lue-
go que se hiciese un padron de los enemigos de la
revolucion, é invitó á los ciudadanos en una pro-
clama á delatar a los culpables del .10 de agosto.
Prendió á los escritores que habian sostenido la
causa realista, y dió sus imprentas á los escrito-
res patriotas. Marat se hizo restituir triunfalmen-
te cuatro imprentas que decia le hablan arrebata-
do por órden del traidor La/at/ette. Varios comisio-
nados fueron por las cárceles para librar á los
presos por dichos y gritos contra la córte. En fin,
siempre pronto para entrometerse por todas par-
tes, el A y untamiento, á ejemplo de la Asamblea,
envió diputados para ilustrar y atraer el ejército de
Lafayette, que causaba inquietudes.


Ademas de lo dicho se encargó al Ayuntamien-
to otra comision no menos importante, cual fué


FILO-CESA. 59


de custodiar á la familia real. La Asamblea al
pronto halda dispuesto su traslacion á Luxernbur—
go, mas conociendo que aquel palacio era dificil
de guardar, se decidió por la casa del ministerio
de la justicia. Pero el Ayuntamiento que tenia ya la
policía de la capital, y que se creia particularmente
encargado de la guardia del rey, propuso el


particularmente


ple, y declaró que no podia responder de aquel de-
pósito sino en la torre de aquella antigua abadía.
Consintió en ello la Asamblea, y entregó los augus-
tos presos al corregidor v al comandante general
Santerre bajo su responsabilidad personal. Doce
comisionados del consejo general debian velar in-
cesantemente en el Temple, y de los trabajos es-
tertores hablan hecho una especie de plaza de ar-
mas. Numerosos destacamentos de la guardia na-
cional lo custodiaban alternativamente, y no se po-
día entrar sin permiso del Ayuntamiento. Decretó
Cambien la Asamblea que se sacasen del erario
quinientos mil francos para subvenir al manteni-
miento de la familia real hasta la reunion próxima
de la Convencion.


Las funciones del Ayuntamiento eran como se
ve muy estensas. Colocado en el centro del Esta-
do, en donde se egercen los grandes poderes ,
propenso por su energía á ejecutar por si cuanto le.
parecia hecho con blandura por las otras autori-
dades, se propasaba incesantemente. Conociendo
la Asamblea la necesidad de contenerle en ciertos
limites, decretó la reeleccion de un nuevo consejo.
de departamento, para reemplazar al disuelto en


El rey y su familia fueron conducidos al Temple en la tardedel 43 de agosto.




GO REVOLUCION
el día de la insurreccion. Viéndose amagado el
Ayuntamiento con el yugo de una autoridad supe,
rior, que probablemente atajarla su vuelo, como'
lo !labia hecho el anterior Parlamento , se irritó.'
con este decreto y mandó á las secciones que so--,•
bresevesen en la eleccion va empezada. El síndico


:i
fué enviado al punto á los fuldenses para..


presentar las reclamaciones de la municipalidad.
«Los delegados de los ciudadanos de Paris, dijo,
«necesitan poderes ilimitados; y una autoridad co,
«locada entre ellos y vosotros, no hará mas que.
«abortar gérmenes de divisiones. Para libertarse
«el pueblo de esta potestad destructiva de su so
«beranía, tendria que armarse una vez todavia con
«su venganza.»


Tal era el lenguage amenazador que osaban
va dirigir á la Asamblea. Esta concedió culo° pe
iban; v sea que creyese imposible ó imprudent
resistir, sea que mirase como peigroso enfrenar
en el momento la energia de la municipalidad,
decidió que el nuevo consejo no egerceria autori-
dad alguna sobre el Ayuntamiento; y no seria mas
que una simple comision de hacienda encargada
de la recaudacion de los impuestos públicos en el
departamento del sena.


Otra cuest ion mas grave embargaba los ánimos
y debia patentizar mas


rave
la diferencia de


sentimientos que existia entre el A y untamiento y•
laAsamblea. Reclamaban con alaridos el castigo de
los que habian tirado contra el pueblo , y que es-•
taban prontos á manifestarse luego que se acercara
el enemigo. Llarnábanlos alternativamente los cons-
piradores del l O de agosto ó los traidores. El con- .
sejo de guerra, instituido desde el 11 para senten-


FRANCESA. 61


ciar á los suizos no parecia suficiente, porque suspoderes estaban limitados á la pesquisa de aque-
llos militares. El tribunal criminal del Sena, apa -
recia sujeto á formalidades demasiado lentas, y por
otra parte sospechaban de todas las autoridades
anteriores á la jornada del 10. El A untamiento pidió
pues el 45 la creacion de un tribunal especial pa-
ra sentenciar los crímenes del 10 de agosto, y al cual
dieron toda la latitud suficiente para abarcar á los
que llamaban traidores. La Asamblea remitió la de-
manda á su comision estraordinaria , encargada
desde el mes de julio de proponer medios de sal-
vacion.


El 1 4 Ilegaunanueva di putacion del Ayuntamien-
to al cuerpo legislativo para pedir el decreto relativo
al tribunal estraordinario, declarando que si no
está- espedido, está encargada de esperarlo. El di-
putado Gaston , dirige á esta diputacion algunas
observaciones severas, y ella se retira. La Asam-
blea insiste en rehusar la creacion de un tribunal
estraordinario, y se limita á concretar á los tribu-
nales ya establecidos al conocimiento.de los erina-
nes del 40 de agosto.


A esta noticia se esparce un rumor violento por
Paris; la seccion de los trescientos se presenta al
consejo general del Ayuntamiento, y anuncia que
van á tocar á rebato en el. arrabal de San Antonio,
si el decreto deseado no se espide al momento. El
consejo general envia entonces una nueva diputa-
cion , presidida por Robespierre , quien toma la


..voz en nombre del Ayuntamiento, y hace á los di-
putados las mas insolentes reconvenciones. «La
«tranquilidad del pueblo, diceles, estriba en el cas-
tigo de los culpables y sin embargo nada liabeil




REVOLUCION


«hecho para poder cogerlos. Vuestro decreto es
«insuficiente; no esplica la naturaleza y estension
«de los crímenes que se han de castigar; porque
«no habla sino de los crímenes del 40 de agosto,
«los de los enemigos de la revolucion se estiende
«mas allá de esta fecha y de Paris. Con una es-
«presion semejante, el traidor Lafavette escaparla
«de los golpes de la le y ! En cuanto á la fórmula
«del tribunal , el pueblo no puede tolerar mas
«que la que le habeis conservado. El doble gra-
«do de jurisdicion causa demoras intermina-
«Hes, y por otra parte todas las autoridades anti-
guas son sospechosas, se requieren otras nuevas;


«y es preciso que el tribunal ped do, conste de di-
«patados que se saquen de las secciones , y que►°"
«tengan la facultad de sentenciar á los culpables,
«soberana y definitivamente »


Esta peticion imperiosa apareció todavía mas
dura por el tono de Itobespierre. La Asamblea res.
pondió al pueblo de Paris con una proclama, en la
cual rechazaba todo provecto de comision estraor
dinaria y de Cámara ardiente, como indigna de I
libertad -y única propiamente del despotismo.


Estas razonables observaciones no produgerort
efecto alguno, y la irritacion fue en aumento. N
ze hablaba en todo Paris mas que de una asonada,
al din siguiente un representante del consejo se
llegó á la barra y dijo á la Asamblea. «Como
«ciudadano y como magistrado del pueblo vengo á
«participaron que hoy á media noche sonará al" ta-
«que de rebato y se tocará la generala. El pueblo
«se cansa de que su venganza tarde; temed que no
«se tome la justicia por sí mismo. Pido, añadió el
((audaz demandante, que sin levantar mano se de-,


FRANCESA. 63


«crece el nombramiento de un ciudadano por sec-
«clon para componer un tribunal del crimen.


Esta intimacion amenazadora hirió en lo mas
vivo á la Asamblea y particularme nte á los dipu-
tados Choudieu y Thuriot, que reconvinieron aira-
damente al enviado del consejo. Empeflóse
embargo, la discusion y la propuesta del consejo,
apoyada fuertemente por los individuos fogosos de
la Asamblea, quedó convertida en decreto. Debia
reunirse un cuerpo electoral para nombrar los in-
dividuos de un tribunal estraordinario, destinado
á juzgar los delitos cometidos en la jornada del
mes de agosto , y otros es ínzenes relativos á ella,
con circunstancias y dependencias. Este tribunal di-
vido en dos secciones, debia sentenciar definitiva-
mente y sin apelacion. Tal fié el primer ensayo
del tribunal revolucionario , el primer impulso
dado por la venganza á las fórmulas judiciales.
Llamóse tribunal del 17 de agosto.


Ignorábase todavía el efecto obrado en los
ejércitos por la última revolucion, y el modo con
que hablan sido recibidos los decretos del 40. Es-
te era el punto mas importante, y del cual depen-
dia la suerte de la nueva revolucion. La frontera
seguia dividida en tres cuerpos del ejército el del
Norte mandado por Luckner, el del centro por
Lafavette y el del Mediodía por Montesquieu. Des-
de los encuentros desgraciados de Mons v de Tur-
nay, Luckner, á instancias de Dumouriez, habia
ensavado la ofensiva sobre los Paises-Bajos, pero
se halla retirado , al evacuar á Courtrav había
quemado los arrabales; lo cual llegó á ser un mo-
tivo grave de acusacion contra el ministerio en
vísperas de la caida. Desde entonces los ejércitos




64 REVOLUCION
hablan permanecido en la mas completa inaccion
viviendo en campamentos atrincherados, y limi
tándose á pequeñas escaramuzas. Dumouriez ,
dejar el ministerio habla acudido, como teniente
general, junto á Luckner; v había sido mal recibi
do en el ejército, en donde dominaba el espíritu
del partido Lafay ette. Luckner, á la sazon com-
pletamente, avasallado por aquel influjo, confinó á
Dumouriez en Maude , uno de sus campamentos;
y lo dejó con un corto número de tropas, para que
se ocupara en atrincheramientos y escaramuzas.


Queriendo Lafa y ette acercarse á Paris con mo-tivo de los peligros del rey, deseaba tornar el man-
do del Norte, poro no separarse de su tropa de la
que era muy querido, y acordó con Luckner, mudar
entrambos de posicion para dirigirse, uno al nor-
te y otro al centro. Este cambio de ejércitos en
presencia del enemigo pudo ser arriesgado, si por
fortuna la guerra no hubiese estado completamen-
te sin actividad. Luckner se marchó pues á Nietz,
y Lafayette á Sedan. Durante este encontrado
movimiento Dumouriez, encargado de seguir con
un pequeño cuerpo el ejército de Luckner, al cual
correspondía, se detuvo de repente en presencia
del enemigo que amenazaba atacarle, y se vió
precisado á permanecer en su campamento, sope-
na de franquear la entrada de Flandes al duque de
Sajonia-Teschen. Reunió á los denlas generales
que ocupaban en las cercanías campamentos se-
parados ; se entendió con Dillon, que llegaba con
una parte del ejército de Lafa yette; y para justifi-
car con la necesidad su desobediencia á Luckner,
provocó un consejo de guerra en Valenciennes.
Este entretanto labia llegado á Metz y Lafayette


FRAMESA.


á Sedan ; y á, no ser por los acontecimientos del
10 de agosto, quizá i Dumouriez iba á sufrir á


ar-


resto y °un consejo de guerra, por negarse a mar-
char adelante.


Tal era la situacion de los ejércitos , cuando
llegó á ellos la noticia del derrocamiento del tro-
no°E1 primer cuidado dela Asanablealegislativa fue,
corno se ha visto, enviar tres comisionados para lle-
var sus decretos, y hacer que prestasen el nuevo
juramento las tropas. Llegados los tres comisio-
nados á Sedan , fueron recibidos por el Ayunta-
miento, que tenia órden de Lafayette para pren-
derlos. El corregidor les interrogó sobre los suce-
sos del 10 de agosto , exigió la relacion de todos
los acontecimientos, y declaró, segun las secretas
instrucciones de Lafayette , que la Asamblea le-
gislativa evidentemente va no era libre , cuando
pronunció la suspension del rey; que sus comisio-
nados no eran .mas que mensageros de un tropel
faccioso, y que Por lo tanto iban á ser encarcela-
dos en nombre de la constitucion. Efectuóse la
prision y Lafayette , para poner á cubierto á los
ejecutores de la órden, la tomó bajo su propia res-
ponsabilidad. En seguida hizo renovar en su ejér-
d
cito el juramento de fidelidad á la le y


y al rey, y
ispuso que se repitiera en todos los cuerpos su-jetos á su mando. Contaba con setenta y cinco de-


partamentos que se habian adherido á su carta
del 16 de junio, y se proponía tantear un movi-
miento contrario al de 10 de agosto. Dillon, que
se hallaba en Valenciennes á las órdenes de La-
fayette, y que tenia un mando superior á Dumou-
riez, obedeció á su general en gefe, é hizo res-
tar el juramento de fidelidad á la


-leyy al rey,prnan-
Biblioteca popular.
Toy. 400




(66 REVOLUCION
dando á Dumouriez que hiciese lo mismo en su
campamento de Mande. Juzgando Dumouriez me_
jor el porvenir, é irritado por otra parte contra
los fuldenses, bajo cuyo dominio se hallaba, apro-
vechó la ocasion de resistirles , y ganarse el favor
del nuevo gobierno, rehusando el juramento pot
él y per su tropa.


El 17, dia mismo en que el nuevo tribunal del
crimen fue planteado tan tumultuosamente, se su-
po por una carta que los comisionados enviados
al ejército de Lafavette, baldan sido. encarcelados
por su Orden , quedando desconocida la autoridad
legislativa. Esta noticia causó mas irritacion que
sobresalto , y los gritos contra _Lafayette resona-
ron con mas vehemencia que nunca; •pidieron que
se le procesase, y se reconvino á la Asamblea por
no haberlo providenciado mas pronto. M momen-
to se espidió undecreto contra el departamento de
las Ardenas, y se despacharon nuevos comisiona-
dos con los mismos poderes (pelos anteriores, y
con el encargo dt hacerlos poner•en libertad. En-
vtaronse tambien otros comisionados al ejército de
Dillou, y el 19 por la_mañana declaró la Asamblea
que .,,afityette era traidor á -la patria, y fulminó
contra él un decreto de acusarlo°.


Grave era la circunstancia, v si no se vencía
esta resistencia, se abortaba la nueva revolucion.
La -Francia , dividida entre los republicanos del
interior y los constitucionales del .ejéreito, queda-
ba desunida á la vista del enemigo é igualmente
-espuerta á sulinvasion, ó á una reaccion terrible.
En esta revolucion del 10 de agosto, :debia detes-
tar Lafavette la abolicion de la.: _constitucion de 91,
el cumplimiento de todas las prófecías aristocrá-


,FRANCESA. 67
ticas, y la justificacion de todos los cargos que
estaba haciendo la córte á la libertad. En esta vic-
toria de la democracia , no debla haber sino una
anarquía sangrienta y una confusion interminable.
Para nosotros, esta confusion tuvo ya un término,
y el suelo k lo menos no fué hollado por los estran
ros; para Lafavette, el porvenir era medroso y des-
conocido, pues la defensa del territorio no era muy
practicable, enmedio de las convulsiones políticas;
y por tanto debia abrigar el deseo de resistir á
este caos, armándose contra ambos enemigos este-
rior é interior. Pero su situacion era tan dificil, que
no era dado á ningun hombre el superarla. Su
ejército le era .muv afecto , pero las tropasno tienen
voluntad personal, ni pueden tener mas que la que
se les comunica por la autoridad superior. Cuando
estalla una revolucion tan violenta como la de 89,
entonces, arrastradas ciegamente, desobede-
cen á la antigua autoridad, porque es mas fuerte
el impulso nuevo; pero aqui no se daba este caso.
Proscrito, anatematizado con un decreto, no podia
Lafayette -con su sola popularidad militar, suble-
var sus tropas contra la autoridad del interior, y
combatir el impulso-revolucionario de Paris con
el suyo personal. Colocado entre dos enemigos" é
incierto de sus deberes, no podía menos de titu-
bear. La Asamblea, al contrario, envió decretos
sobre decretos y apoyando los enérgicos comi-
sionados, debia trastornar las incertidumbres del
general, yAecidir 'al ejército. Con efecto, las tro-
pas de Lafavette se -fueron conmoviendo v mani-
festaron -abandonarle. Intimidadas las autorida-
des civiles ,


cedieron á los nuevos comisionados;
y el ejemplo de Dumouriez que se declaró por la




GS REVOLUCION
revolucion del 10 de agosto, acabó de arrastrarlo
todo, y el opuesto general quedó aislado con su
estado mayor, compuesto de oficiales fuldenses 6
constitucionales.


Tampoco pudieron obrar de otra manera en sus
respectivas épocas, y ambos, Bouillé, cuya energía
era innegable, y Dumouriez, cuyos grandes talen-
tos se conocían demasiado , se vieron obligados á
tomar la fuga. Lafayette no debia ser mas afortu-
nado; y escribiendo á las diversas autoridades ci-
viles que le habian secundado en su resistencia,
cargó con la responsabilidad de las órdenes dadas
contra los comisionados de la Asamblea, y dejó su
campamento el 2t-i de agosto con algunos oficiales,
y . con sus amigos y compañeros de arinasy de opi-
nion, Bureau de Puzy, Latour-Maubourg y Lameth
le acompañaban. Abandonó el campamento sin
llevarse mas de una mesada , y seguido de algu-
nos criados, dejóen su ejército todo en árdea , y
tuvo cuidado de dar lasdisposiciones necesarias pa-
ra resistir al enemigo en caso de ataque. Despidió
á algunos soldados que los escoltaban, para no qui-
tar a Francia ni siquiera un defensor, y el 21 to-
mó con sus amigos el camino de los Paises Bajos.
Habiendo llegado á las avanzadas austriacas, des-
pues de una marcha que habia fatigado mucho á
sus caballos, quedaron presos contra el derecho de
gentes, y tratados como prisioneros de guerra es-
tos primeros emigrados de la libertad. Sumo fué
el regocijo apenas resonó el nombre de Lafayette
en el campamento de los coligados , y se le supo
cautivo de la liga aristocrática. Martirizar á uno
de los primeros amigos de la revolucion , y poder
achacar á esta misma la persecucion de sus cori-


FRANCESA. 69
feos, ver irse verificando todos los escesos que ha-
bian pronosticado, superaba á la satisfaccion uni-
versal que en ello tenia la aristocracia europea.


Lafayette reclamó para sí y para sus amigos la
debida libertad, pero todo fué en vano. Ofrecieron-
sela sin embargo á costa de una retractación, no
de todas sus opiniones, sino la que era relativa á
la abolicion de la nobleza. Rehusólo amenazando,
que si falsamente se interpretaban sus palabras,
darla un mentís ante una autoridad pública. Acep-
tó la prision en premio de su constancia, y cuando
cre y ó perdida la libertad en Francia y en Europa,
no padeció su espíritu, ni dejó de mirarla como el
mas precioso de los tesoros. Siguió profesándola
delante de los opresores que le encarcelaban , y
ante los amigos antiguos que en Francia perma-
necían. «Amad , estribia á estos últimos , amad
«siempre la libertad, á pesar de sus borrascas, y
«servid á vuestra patria. » Compárese esta con-
duela con la de Bouilló , marchando de su pais para
volver con los soberanos enemigos; con la de Du-
mouriez, malquistandose , no por conviccion sino
por enfado, con la Convencion á quien había ser-
vido, y se hará justicia al hombre que no desam-
para la Francia, sino cuando cree que está proscri-
ta la verdad que profesa, y que no va á maldecirla ,
ni á renegarla en los ejércitos enemigos, sino quela venera y acata aun dentro de los calabozos.


Sin embargo no culpemos demasiado á Dumou-
riez, cuyos servicios memorables se van á apreciar
muy pronto. Este hombre hábil y flexible habia
adivinado perfectamente á la naciente. otest d.Despues de haberse hecho casi independienptepo r sudesobediencia á Luckner, y por haberse negado á




70. REVOLUCION
abandonar el campamento de Maude; despues dcha.
ber rehusado el juramento mandado por Dillon, fué
luego recompensado tieso afecto con el mando en gefe:
de los ejércitos del Norte y del centro. Dillon, va-
liente, impetuoso, pero ciego, fué por el pronto de-
puesto, por haber obedecido á Lafayette; pero fué
reintegrado en el mando á influjo de Dumouriez,
el cual, deseoso de lograr su intento, y procurando
en su carrera ofender á los menos individuos po-
sibles, se apresuró á sostenerlo con los comisiona-
dos de la Asamblea. Quedó pues Dumouriez de
general en gefe de toda la frontera desde Metz
hasta Dunkerque. Luckner estaba en Metz, con
su ejército que fué del norte ; influido al pronto
por Lafayette, aparentó resistir al 10 de agosto,
pero cediendo luego á su ejército y á los comi-
sionados de la Asamblea, se prestó á los decre-
tos , v despues de haber deplorado todavia lo 'que
pasaba, obedeció al nuevo impulso que le com-u-
hicaban.


Tanto las ocurrencias del .10 del agosto, como
lo avanzado de la estacion, eran motivos para de-
cidir á los coligados á llevar la guerra con mas ac-
tividad. Los ánimos de las potencias no habian
cambiado respecto á la Francia. La Inglaterra , la
holanda , Dinamarca y Suiza , prometian siempre
una neutralidad exagerada. La Suecia , desde la
muerte de Gustavo, la anhelaba sinceramente : los,
principados italianos nos eran muy desafectos, pe-
ro felizmente estaban reducidos á la impotencia.
La España no se pronunciaba todavia , y perma-
necia entregada á tramas contrarias. Quedaban
por enemigos declarados, la Rusia y las dos córtes
principales de Alemania ; pero la 'Rusia no habia


FRANCESA. 71


hecho todavia mas que mostrar su descontento, li-
mitándose a•despedir á nuestro embajador. La Pro-
sia, y. el . Austria, llevaban solamente sus armas so-
bre nuestra frontera ; y entre los-estados alema-
nes, no habiamas-quelos tres electores eclesiásti-
cos, y los- landgraves de las dos llesses, que toma-
ran una parte activa en , la coligacion, en tanto que
los otros esperaban á que les obligasen. En este es-
tado de cosas-, ciento treinta y ocho mil hombres
perfectamente-organizados y disciplinados, amena-
zaban á la Francia, que cuanto mas, les podia pre-
sentar. ciento veinte mil diseminados por una fron-
tera inmensa, sin formar en, ningun punto una ma-
sa suficiente,. fallos,de oficiales, sin confianza al-
pila . en , si mismos, ni en sus caudillos, v hasta en-
toncesssiempre batidos en guerrillas. Él proyecto
de lacoligacion era invadir resueltamente la Fran-
cia atravesando las Árdenas , y marchando por
Chalons- sobre Paris. Los dos soberanos do Prusia
y Austria: estaban en persona. en Maguncia , y se-
senta mil prusianos; herederos de las tradiciones y
de la gloria, de Federico , se adelantaban en una
sola columna sobre nuestro centro, v marchaban
por Luxemburgo sobre Lonolv.v. Veinte mil


utriacos:mandados por el general Clerfavt, losasoss---
tenian . .nor .


liuderecha, ocupando á Stenay. Diez y
seis mil austriacos, á las órdenes del príncipe llo-
henlehe-Kirehherg,prusianos.N,(1i z ) i
la izquierda, dejosEl duque flanctueabanduque de Sajonia-
Teschen, ocupaba los Paises lájos y samenazaba lasplazas fuertes. El príncipeb.de Conde,
emigrados franceses, se




con seis mil
m la dirigido hacia Filips-burgo,pyarottroos


varios cuerpos de emigrados esta-
aa repartidos


id por los ejércitos austriascos y pro-




1


REVOLECION


sianos. Las córtes estrangeras , que reuniendo á,
los emigrados no querían dejarles adquirir dema-
siada influencia, habian intentado al pronto amalga-
marlos en los regimientos alemanes, y consintieron
despues en dejarles formar cuernos distintos, pero
repartidos entre los ejércitos coligados. Estos cuer-
pos constaban de oficiales que se habían resigna-
do á ser soldados rasos ; formaban una caballería
brillante, pero mas á propósito para desplegar un
gran valor en un dia peligroso que para aguantar
una campaña dilatada.


Los ejércitos franceses estaban repartidos de
muy mala manera para contrarrestrar á tamaña
fuerza. Tres generales, Beuraouville , Moreton y
Duyal , reunían.


treinta mil hombres en tres cam-
pamentos separados, Matilde, Maubeuge y Lila. A
estos se reducian los recursos franceses sobre la
frontera del Norte y de los Paises Bajos. El ejérci-
to de Lafavette , desorganizado con la partida de
su general, y entregado á la mayor incertidumbre
de pareceres acampaba en Sedan , compuesto de
veinte y tres mil hombres. Dumouriez iba á tomar
su mando. El ejército de Luckner, compuesto de
veinte mil soldados, ocupaba á Metz, y acababa co-
mo todos los domas, de recibir al nuevo general
Kellermann. La Asamblea descontenta de Luckner,
no habia querido , sin embargo destituirle ; y en-
tregando su mando á Kellermann le habia conser-
vado bajo el titulo de generalísimo, con el encargo de
organizar el nuevo ejército de reserva, y la misioa
puramente honorífica, de aconsejarálos generales.
Quedaba Custine, que con quince mil hombres ocu-
paba á Landora y en lin. Biron, que colocado en la
Alsacia con treinta mil, se hallaba muy distante del


FRANCESA. 73


principal teatro de la guerra para influir en la suer-
te de la campaña.


Las dos únicas fuerzas que podían hacer frente
al grande ejército de los aliados, eran una de v,eitn-
te y tres mil hombres abandonados por Lafase e,y otra de veinte mil de Kellermann atrincherados
en los al redor


e


s de Metz. Si el grande ejército de
invasion, midiendo sus movimientos por su objeto,
hubiera marchado rápidamente sobre Sedan, mien-
tras que las tropas de Lafayette , privadas de su
general, entregadas al desconcierto , y no estando
todavia en manos de Dumouriez, carecian de sis-
tema y de direccion, el principal cuerpo de defensa
quedara arrollado, abiertas las Ardenas, los de-
mas generales se hubieran visto obligadas á reti-
rarse para reunirse detras del Mame. Quizá. no
hubieran tenido lugar para venir de Lila y de Metz
á Chalons, y á Reims; v entonces hallándose des--
cubica.) Paris, no quedaba al nuevo gobierno, mas
qne el absurdo provecto de un campamento sobre
dicha capital, ó la fuga mas allá del Loira.


Pero mientras que la Francia se defendía con
todo el desórden de una revolucion, las potencias
estrangeras la atacaban con toda la incertidumbre
y divergencia de pareceres inherentes á toda coa-
licion. El rey de Prusia , engreido con la idea de
una conquista fácil, lisongeado y engañado por los
emigrados, que le presentaban la invasion como un
mero paseo militar, deseaba la espedicion mas atre-
vida. Pero hala á su lado demasiado miramiento
y prudencia en el duque de Brunswik, para que su
presuncion surtiese a lo menos el efecto feliz de la
audacia, y de la brevedad. El duque de Brunswick,
que veia la estacion muy avanzada , el pais con




71 REVOLUCION'
muy diversos ánimos de lo que decian los emigra...,
dos, y que por otra parle juzgaba de la energíare-.
volucionaria por la insurreccion del 40 de agosto,
pensó que era mas conveniente el afianzar una ba-,,
se sólida de operaciones sobre el Mosela, formando;
los sitios de Metz y de Thiouville, y dejar para la
próxima estacion la renovacion de las hostilidades
con la ventaja de las conquistas anteriores. Esta lu-.
cha entre la precipitacion del soberano y la pru--.
deuda del general , la lentitud de los austriacos,
que no enviaban á las órdenes del príncipe de Illo-
henlohe, mas que diez y ocho mil hombres en vez de
cincuenta, impidieron todo movimiento decisivo. Sin
embargo, el ejército prusiano continuó marchando
hacia el centro, v se halló el 90 delante de Long-
w. una de las plazas fuertes mas avanzadas de la‘,'
frontera.


Dumouriez., que siempre habia creido que una
invasion en los Paises Bajos, baria estallar allí unae
revolucion, y que esta incursion salvarla á la Fran-
cia de los ataques de la Alemania, estaba prepara--
do para llevarlo todo adelante el mismo dia en que
recibiese su comision de general en gefe de los dos*
ejércitos. Ya iba á tomar la ofensiva contra el nrin-,,
cape de Sajonia-Teschen , cuando Westerman tan
activo el 40 de agosto, y enviado por la Asambleas
al ejército de Lafayette, vino á informarle de cuan•'
to pasaba en el teatro de la grande invasion. El 22, •
Longwy habla abierto sus puertas á los prusianos,:
despues de un bombardeo de algunas horas, ha-'
hiendo sido la causa de ello el.


desórden de la:
guarnicion y la debilidad del comandante. Ufanos.
con esta conquista, y con la presa de Lafayette, lose
prusianos se inclinaban mas que nunca por el pro-,




FRANCESA- 75
recto de una pronta ofensiva; y el ejército de :La-
jayette estaba perdido si el nuevo general no acu-
cha á tranquilizarlo con su presencia , y á dirigir
sus


con utilidad




que -' abandonar su pro
Ttnio:fioivue'ol')Iruite:s vs.


Dumourie
ó 26 se dirigió á Sedan, en


al pronta supresencia no causó en las tropas,
sadionnoreencor y reconvenciones. Ademas de ser ene-migo de Latayette, á quien siempre amaban, se le
atribula por otra parte aquella desventurada guer-
ra,


puesto que se habla declarado bajo su ministe-
rio, y en fin se le consideraba corno á un hombre


y no corno un guerrero. Estas murinu-
rdaem


pluma
oiie scirculaban por todo el campamento ,llegaban frecuentemente hasta los oidos del gene-


ral; pero Dumouriez no se desconcertó; comenzópor alentar á la tropa, afectando un continente fir-
me y tranquilo , v mu y luego les hizo sentirel in-
flujo de un mando mas rigoroso. Sin embargo , la
situacion de veinte y tres mil hombres desorgani-
zados eu presencia de ochenta mil , disciplinados
perfectamente, era demasiado comprometida. Los
prusianos, despues de haber tomado á Longwy ha-
blan bloqueado á Thionville, v se adelantaban h:t
cia Verdun, que era mucho menos capaz de'resis:
tencia que la plaza de Longwy.


Los generales reunidos por Dumouriez, opina-
ban todos que no se debla.


esperar á losrusiap nos
en Sedan, sino retirarse prontamente tras del Mar-
ne, atrincherarse allí lo mejor posible para esperar
la iucorporacion de los denilas ejércitos, y resguar-
dar de estemeninodo lacapital que


eran
estaba á cuarenta


leguas del en
se esponian á quedar derrotados


parecer,
era creyendo sresistir ísr




7G REVOLUCION
á la invasion, el desconcierto seria completo, pues
que el ejército desmoralizado ya no se detendría
desde Sedan hasta Paris, y que los prusianos o
agolparian alli á manera de vencedores. Tal era
nuestra situacion militar y la opinion que de ella
tenian los generales.


La que reinaba en Paris no era mucho mas
songera y irrita^ion crecía con el peligro. Síac




• -


embargo, esta inmensa capital que jamás habia
visto al enemigo en su recinto, y que formaba de
su propio poder una idea proporcionada á su ámbi-
to y á su pohlacion, se figuraba que dilicilmente
p udieran internarse en sus Muros ; temiendo mucho
menos el peligro militar que no echaba de ver, y
que aun estaba lejos de ella, que el de una reae:
don de parte de los realistas momentáneamente
abatidos. Mientras en la frontera no veian los ge-
nerales mas que á los prusianos, en el interior no
se veia mas que á los aristócratas conspirando
sordamente para destruir la libei tad.


Decíase que el rey estaba preso, pero que su
partido continuaba conspirando como antes del 10
de agosto, para abrir á los estrangeros las puertas
de Paris. Figurábanse todas las casas grandes de
la capital llenas de reuniones de gente armada,
dispuestas á salir á la primera sedal á libertar á
Luis X VI, á apoderarse de la autoridad, á en-
tregar á la Francia indefensa á los filos de los emi-
ngrados y de los coligados. Esta correspondencia•


- •


entre el enemigo interior y el esterior, ocupaba á
todos los ánimos. Es necesario, decian, libertarse
de los traidores, y ya formaban la espantosa idea
de inmolar á los vencidos ; idea que en la mayor
parte no era mas que un movimiento vago, y que


77FRANCESA.
entre algunos hombres mas sanguinarios, mas fo-
gosos ó mas ea disposicion drneedo ibtra¿diro. podria tro-


carsyeaelsieultiiha visto e
proyecto




°ll eo
rea
idnea dy ea n(gi,ealr 1%1 , p yu e(1 )11loe


de Illeasbdiaarsieusscrielboideüastreeala
llÁsainblea y el Ayunta-


miento una violenta disputa, con mo tivb del tribunal
estraordinario; este tribunal, que habia ya cortado
la cabeza de Dangremont y dio


Lapor-
te,


mayordomo de palacio, no obraba tan pronto
como


deseaba el pueblo furioso y exaltado, que por
todas partes iba viendo enemigos. Necesitaba es-
pedientes masprontos para castigar á los traidores,
y pedía principalmente la sentencia de los acusa-dos ante la alta sala de Orleans. La may or parte de
estos eran ministros y encumbrados funcionarios,
acusados, como ya dijimos, de prevaricacion. De-
lessart ministro de negocios estrangeros, era del
nómero, y se clamaba por todas partes contra la
lentitud de los procedimientos, queriendo trasla-
dar los presos á Paris para que los juzgase pronta-
mente el tribunal del 17 de agosto. Consultada la
Asamblea sobre este punto, ó intimada mas bien á,
ceder al deseo general y á espedir un decreto de
traslacion, hizo una resistencia valerosa. La alta
sala nacional, decia, era un iestablecimente


qtenia facultades para variar, porque suspoudeernees
no eran constituyentes, v porque el derecho de todo
acusado esnoser sentenciado sino por leyes anterio-
res. Este asunto habia levantado die nuevo una multi-
tud de peticionarios, y


la Asam]
i


-} ea tuvo que resistir
á un mismo tiempo á 'la menoría acalorada, al Ayun-
tamiento y á las secciones desencadenadas.Conten-
tóse con abreviar algunas formas del proceso, pero




78 REVOLUTION


decretó que los acusados en la alta sala, permanece,.
rian en Orleans, sin eximirlos de la jurisdicion
que les habla sometido la consiitucion.


Rabia pues dos opiniones diferentes; la una
quería que se respetase á los vencidos sin que por
eso se mostrase menos energia contra los estraugeros,
y la otra que se inmolase desde luego á los enerni,
gos encubiertos, antes de atender á los armados
que se dirijian á Paris; pero este último pensa-
miento no era tanto una opinion, como un senti-
miento ciego v feroz, mezclado de miedo y rabia,
que.debia aumentarse en proporcion del peligro.


Los parisienses se hallaban exasperados a me_
dida que se aumentaban los riesgos de su capital,
foco de todas las sublevaciones, yptinto principal,
á donde se dirijian los enemigos. Acusaban á la
Asamblea, compuesta de los diputados de los de-
partamentos, de que querian retirarse á las provin-
cias, y á los giroadinos, que pertenecian princi-
palmente á las provincias del Mediodia, y que eran
los que formaban la ma y oría moderada, aborrecida
del Ayuntamiento, se les culpaba de que quedan
sacrificará Paris porque odiaban la capital. De modo
que les achacaban sentimientos mu y


naturales, que
los mismos parisienses podian juzgar que habian
escitado; pero estos diputados amaban con mucha
fidelidad á su patria y á su causa para pensar en
salirse de Paris. Es cierto que hablan sido siem-
pre de opinion, que una vez perdido el .norte, po-
drian replegarse hacia el mediodia; v tambien lo
es, que alprolno .tiempo opinaban algunos de ellos,
seria muy.prudente trasladar la residencia del go-
bierno mas allá del Loira, pero el deseo de sacrifi-
car á una ciudad odiosa trasladando el gobierno


FRANCESA. 79


á
lugares donde mandará an ellos, nunca se abrigó


en sus corazones. Tenian sobrada elevacion de al-
ma, eran bastante poderosos, y se sentian ademas
con suficiente fuerza en la próxima reumon de la
Convencion, para querer desentenderse de Paris.c pábanle,s á la vez de indulgencia con los
traidores, y de indiferencia hacia el bien de la ca-
pi tal,"tal y obligados á lidiar contra los genios mas
violentos, necesariamente hablan de ceder á la acti-
vidad y energia de sus adversarios, no obstante te-
ner en su favor el mayor número y la razon. En
el consejo ejecutivo eran cinco contra uno, porque
ademas de los tres ministros Servan, Claviere y
Roland, individuos de su seno, los otros dos Mon-
ge y Lebrun eran tambien eleccion suya ; pero
lanton solo, que sin ser su enemigo personal, ca-
recia de su juicio y opiniones, dominaba en el con-
sejo y les arrebataba todo el influjo. Mientras Cla-
viere procuraba reunir algunos arbitrios, Servan
se apresuraba á proporcionar refuerzos á los ge-
nerales, y Holand publicaba las circulares mas
cuerdas para ilustrar á las provincias, dirigir las
autoridades locales, impedir las usurpaciones de
poder y atajar los males de todo género, Danton
colocaba en la administracion á todas sus hechuras..
Por todas .


partes enViabaa sus fieles franciscanos,
haciéndose asi un robusto:partido,dando parte á
sus amigos en las ventaj,sile la re'volucion. Ava-
sallando 6 intimidando asus colegas, solo hallaba
obstáculo en:la inflexible rigidez de Roland, que
daba entierra muy 'a [Denudó:con las resoluciones


con los asuntos.que proponia. No obstante esta
contradicion,.conservaba sus relaciones con él pro-
curando nuicaniente adquirir cuantos nombrannien-




SO REVOLUCION
tos ó decisiones podía. Danton, cuyo verdadero.
imperio se cehia a Paris, quería conservarlo, y es-
taba resuelto á impedir toda traslacion mas allá;
del Loira; porque un hombre de su audacia que ha-
bla proclamado la sublevacion la víspera del lo
de agosto, cuando todo el mundo se hallaba aun
indeciso, no era capaz de retroceder, sino que pen-
saba que era preciso sepultarse ea la capital.
Dueño del consejo, amigo de Alarat y de la junta
de vigilancia, aplaudido en todos los clubs, v ali-
mentándose en fin, en medio de la muchedumbre
como en un elemento que manejaba z). su placer, era
Danton el hombre mas poderoso de Paris ; poder
nacido de un genio violento que le ponia en rela-
cion con las pasiones del pueblo y que debia ser
muy temible á los vencidos. En su furor revolu-
cionario, Danton abrigaba todas las ideas de ven-
ganza que detestaban los bciroadinos, y era el co-
rifeo del partido parisiense, que decia: «Nosotros
«no retrocederemos, pereceremos en la capital y
«bajo sus ruinas, pero antes que nosotros, perece-
rán nuestros enemigos.» De este modo se infun-


dia en los ánimos, el germen de las mas atroces
pasiones , cu yas terribles consecuencias debían
producir las idas espantosas escenas.


La noticia de la torna de Longwv se esparcid •
el 26 con estrenada rapidez por Paris, producien-
do una coumocion universal. Todo el dia se estuvo
poniendo en duda su verosimilitud, pero al fin no
pudo desmentirse, y se supo que la plaza habia
abierto sus puertas despues, de un bombardeo de
algunas horas. Fue tan grande la irritacion, que la
Asamblea decretó pena de muerte á todo el que
propusiera rendirse en una plaza sitiada ;.y á peti-.


FRANCESA 81


cion del Ayuntamiento se mandó que Paris y los deparil
tamentos vecinos, presentasen en el término de al-
gunos dias treinta mil hombres armados y equipa-
dos. El entusiasmo que reinaba, hacia posible este
alistamiento, y su número desvanecia todo peligro,
porque no se figuraban que cien mil prusianos lob
grasen vencer á. millones de hombres, dispuestos
á defenderse. Trabajóse con nueva actividad en el
campamento de Paris, y todas las mugeres se reu-
nieron en las iglesias para contribuir á preparar lo
necesario.


Presentóse Danton enel Ayuntamiento y á insi-
nuacion suya se echó mano de los recursos mases-
traordinarios, pues se acordó empadronar en to-
das las secciones á los mendigos, y darles pagas y
armas, mandándose ademas que se procediese al
desarme y prision de los sospechosos, en los que
se comprendian todos los que habian formado la pe-
ticion contra el 20 de junio y contra el campamen-
to de Paris. Para efectuar este desarme v prision,
se ideaban las visitas domiciliarias, llevadas á efec-
to delmodo mas espantoso. Durante cuarenta y ocho
horas, contando desde el 29 de agosto por la tarde, de-
hian cerrarse todas las barreras, y no podria darse per-
miso á nadie para que saliese bajo ningun pretesto.
Sobre el rio se habían puesto barcazas para impe-
dir que se escapase nadie por aquella parte; y se
encargó á losAyuntamien tos vecinos que detuviesen
á todos los que sorprendieran en el campo ó en los
caminos. Las visitas debían anunciarse con tambor,
á cuya señal cada ciudadano debia ir á su casa, so-
pena de ser tratado como sospechoso de reunion si
le encontraban en casa agena, y por esta razon to-
das las juntas de seccien y el mismo gran tribunal


Biblioteca Fcpttlar.
n. 401




82 REVOLUCION
debian quedar vacantes estos dos Bias. El encargo
de estas visitas debian desempeñarlo varios comí_
sionados del Ayuntamiento, ausiliados de fuerza
armada, apoderándose de las armas, y Prendiendo
á. los sospechosos, es decir, á los que habían firma-
do las referidas peticiones, á los eclesiásticos no ju-
ramentados, á los ciudadanos que mintiesen en sus
declaraciones, y á aquellos contra quienes exis-
tiesen acusaciones, etc, etc—. A. las diez de la no-
che no debian andar carruages, y la ciudad Babia
de estar toda iluminada.


Tales fueron las providencias que se tomaron
para prender, segun decian, á los .malos ciudada-
nos que estaban ocultos desde el 40 de agosto. Co-
menzáronse estas visitas el 27 por la tarde, viéndo-
se espuesto un partido por acusacion de otro á. ser
encerrado todo él entre prisiones. En ellas pasaron
de doce á quince mil personas, unos por haber
pertenecido á !a antigua córte por sus empleos,
clase, ó relaciones eu palacio, otros por haberse
pronunciado en su favor en los varios movimientos
realistas, y otros finalmente porque tenian enemi-
gos viles que se vengaban de ellos delatas dolos. A
todas estas prisiones presidia la junta de vigilancia
haciéndolas ejecutar á su vista. Los presos eran
conducidos desde su casa á la junta de su seccion,


de esta, ála del A y untamiento. A lli eran interroga-
¿tos brevemente sobre sus opiniones y sobre los actos
que probaban su mayor 6 menor energía, haciéndo-
lo á veces un solo individuo de la junta, mientras
los denlas rendidos de su sueño, estaban durmiendo
sobre las sillas y sobre las mesas. Los presos que-
dahanal principio en la casa de la ciudad, v despues
se los repartia por las cárceles, donde Había a


FRANCESA. 83
algo desocupado, y estas comprendian cuantas opi-
niones se habían ido sucediendo desde el 40 de
agosto, y cuantas clases habian sido derrocadas;
considerándose á los simples ciudadanos tan aristó-
cratas como si fuesen duques ó príncipes.


Reinaba en Paris la consternacion , tanto en
los republicanos amenazados por los ejércitos pru-
sianos, como en los realistas amenazados por los
republicanos. La junta de defensa general , esta-
blecida en la Asamblea, para acordar los medios
de resistir al enemigo, se reunió el 30 , llamando
al consejo ejecutivo para tratar de la salvacion
pública. La reunion era muy numerosa, porque
muchos diputados que querian asistir á estasesion
se unieron con aquellos individuos. Espusiéronse
varios dictámenes: el ministro Servan no tenia
confianza alguna en el ejército, y juzgaba que Du-
mouriez no podria contener á los prusianos con los
veinte y tres mil hombres que le había dejado La-
favette , viendo que entre Paris y los enemigos no
mediaba ningun punto bastante fuerte, para con-
trarrestarlos y suspender su marcha. Todos erak
en este asunto de la misma opinion que él, y des-
pues de haber propuesto que todo el pueblo ar-
mado se colocase en los muros de Paris para com-
batir en ellos hasta el último estremo, se trató de
retirarse en caso necesario á Saumur, poniendo de
este modo entre los enemigos v las autoridades á
quienes estaba confiada la soberanía nacional.,
nuevas distancias . y nuevos obstáculos. Yergniaud
y Guadet se opusieron al proyecto de salir de Pa-
ris y Danton tomó despues de ellos la palabra.1Se os propone, dice , que dejeis á Paris, y noq ignorais que para los enemigos, Paris representa




REVOLUCION


«la Francia, y que cederles este punto, es como-
«abandonar la revolucion. Nuestra ruina es segu-
ra si nos retiramos; de modo que es forzoso sos-
tenernos aquí, por cuantos medios sean dables, y


«recurrir á la audacia para salvarnos.
«Ninguno entre los medios propuestos me pa-


«rece decisivo. No debemos desconocer la situa-
«cion á que el 1 O de agosto nos ha traido , divi-
«diéndonos en republicanos y realistas; en corto
«número los primeros, y en mucho mas los segun-
idos, en cuyo triste estado, nosotros los republi-
«canos estamos catre (los fuegos, el del enemigo
«que nos le hace desde fuera, y el de los realistas
«que están en nuestra casa. Estos tienen un direc-
torio real, que reside ocultamente en Paris, y es-
tá en correspondencia con el ejército prusiano.


«Deciros dónde se reune, ó quién le compone , es
«imposible á los ministros; pero para desvanecerlo
«y cortar su fatal correspondencia con el estrange-
«ro, es preciso es preciso intimidar á los rea-
Alistas »


A. estas palabras pronunciadas con un gesto es-
terminador, se ve pintado el espanto en el sem-
blante de todos. «Es preciso, repito continúa
«Danton, intimidar á los realistas.— EnParis prin-
«cipalmente, es donde os importa sosteneros, y no
«lo lograreis apurando vuestras fuerzas en comba-
«tes inciertos....» El consejo entero quedó sobre-
cogido al oir estas palabras que ninguna réplica
tuvieron, retirándose todos sin poder adivinar á
punto lijo ,aun. sin atreverse á examinar lo que
intentaba el. ministro. Dirigióse este inmediata-
mente, á lajunta de vigilancia que disponia á su
antojo de las personas de todos los ciudadanos, en


FRANCESA. 85


la cual mandaba darat, cuyos estúpido
J


slayciegos
compañeros eran Panis y


c


e


Sergent, conocidos va en
el 20 de junio y 10 de agosto, y los l
urdeuil, Duplain, Leforty Lenfant. Ili se medita-
ron en la noche del jueves 30 de agosto y en el
viernes 31 los pro yectos mas horribles contra los
desdichadosque estaban encerrados en las cárceles
de Paris: ¡terrible y lastimoso ejemplo de los fu-
rores políticos! Danton que nunca odió á sus ene-
migos personales, que abrigaba frecuentemente en
su corazon afectos de compasion, unió su audacia
á los horrendos delirios de Alarat, y formaron en-
tre ambos un complot de que varios siglos nos han
dado ejemplo, pero que no puede esplicarse á últi-
mos del XVIII por la ignorancia de los tiempos ni
la ferocidad de las costumbres. Tres añosantes he-
mos visto figurar al llamado Illaillard al frente de
las mugeres sublevadas , en las célebres jornadas
del 5 y 6 de octubre , el cual, alguacil en otro
tiempo y hombre perspicaz y sanguinario , habia
reunido una pandilla de hombres rústicos v capa-
ces de atreverse á todo, como suelen existir en
aquellas clases , cu yas inclinaciones no hamodili-
cado la educacion, ilustrando la inteli gencia. Cono-
ciósele como gefe de esta pandilla , y si hemos de
creer en una revelacion reciente, se le avisó á fin
de que estuviera dispuesto á la primera señal para
que se colocase de un modo ventajoso v seguro,
preparase asechanzas , tomando las precauciones
con el fin de queno se o yesen los gritos de las vícti-
mas, é hiciese provisión de vinagre, escobas de
acebo, cal viva, carruages cubiertos etc.


Esparcióse al mismo tiempo el confuso rumor
de una ejecucion terrible. Los parientes de los que




86 REVOLIJCION
estaban presos se hallaban en la mayor angustia,
y el complot, lo mismo que el del 10 de agosto, el
del 20 de junio, y todos los denlas , se anunciaba
anticipadamente con señales siniestras, corriendo
la voz por todas partes que se necesitaba un casti-
go terrible para intimidar á los conspiradores, que
se entendian con los entran ;oros desde sus calabo-
zos. Quejábanse de la poca actividad del tribunal
encargado de castigar á los reos del 10 de agosto,
exigiendo á gritos una justicia pronta, y el dia 31
queda absuelto el ex-ministro Montrnorin por el
tribunal del 16 de agosto, bastando esto para que
se dijese que la traicion habia penetrado por todas
partes y que estaba asegurada la impunidad de los
culpables Afirmase el mismo dia que uno que es-
taba sentenciado , ha revelado algunas cosas, di-
ciendo que por la noche debian escaparse los pre-
sos de los calabozos, armarse, correr por la ciudad,
cometer en ella horribles venganzas , apoderarse
luego del rey


y abrir las puertas de Paris á los
prusianos; y entretanto los presos áquienes acusa-
ban, temblaban por su vida, sus parientes se ha-
llaban consternados, y la familia real solo aguar-
daba la muerte en lo mas profundo de la torre del
Temple. Existían muchos hombres en los jacobi-
nos de las secciones, en el consejo del A y unta-
miento, y en la mayoría de la Asamblea qujcrein
en esos falsos planes , atreviéndose á declarar le-
gítima la muerte de los encarcelados. Ala verdad,
la naturaleza no aborta nunca tantos mónstruos
para un solo dia, y únicamente elespíritu de parti-
do puede cegar á la vez á tantos hombres. ¡Triste
leccion para los pueblos! Se cree en los peligros, se
cree que es preciso evitarlos, se repite, se delira, y


FRANCESA• b7 t


que
sacrificar, otros están sacrificando


mientras algunos hombres defienden con ligereza


es iraban las cua-
e es preciso sac


con inhumano atrevimiento!!
alian para


pir


cer-El sábado 1 . 01 de eq
setiem bre,ue se


ejecucion de las visitasrenta y ocho horasrar las barreras y para jdomiciliarias, por lo que quedaron restablecidas
las comunicaciones; pero de repente se esparce la
voz de la toma de Verdun, plaza que estando sola-
mente sitiada, creyeron que se habia entregado en
manos de los enemigos por una nueva traicion co-
mo la de Longwy. Inmediatamente Danton hace
que el Ayuntamiento decrete que al dia siguiente2 de setiembre se toque generala, suene la campa-
na de rebato, se disparen loscañonazos de alarma,
todos los ciudadanos disponibles acudan armados
al Campo de Marte, acampando alli durante aquel
dia y partiendo al siguiente á la defensa de Ver-
don. Estos terribles preparativos indican que se
trata de otra cosa mas que de un alistamiento ge-
neral; los parientes de los presos se presentan y se
esfuerzan en cuseguirles la libertad ; el síndico
Manuel, instado, segun sedice, por una muger ge-
nerosa libra á dos individuos de la familia Latre-
mouille; y otra muger, Madama Fausse-Lendrv,
se empeña en querer acompañar ensu prision á su
tio el abate de Rastignac v Sergen la dice : será
una imprudencia porque las cárceles no están se-
guras. Era




b
dominfto el siguiente dia 2 de setiem-


bre, y por lo tanto la ociosidad aumentaba la
b


arrita-
cion del pueblo. Por todas partes se veían nume-
rosos corrillos , asegurándose que el nenemi es-
taria en Paris dentro de tres dias; el Avuntabmien-
to da cuenta á la Asamblea de las re 1' •SO ulones que




88 BEVOLUCION
ha tomado para el alistamiento general de 105 C111_
dadanos, y Vergniaud lleno de entusiasmo patrió-
tico, toma la palabra, felicita á los parisienses por
su denuedo, y elogiándoles por haber convertido
el afan de las propuestas en otro mejor y ,


mas ac-
tivo, cual es el de los combates. «Parece, añade
«que elplan del enemigo es venir derecho á la ea:
«pital dejando á la espalda las plazas fuertes. Pues
«bien: ea ese proyecto estriva nuestra salvacion
«y su ruina. Nuestros ejércitos demasiado débiles
«para contrarrestarle, tendrán sobrada fuerza pa_
era picarle la retaguardia, y mien tras llega aqui per-
«seguido por nuestros batallones, se hallará frente á
«frente con el ejércitoparisiense formado en bata-


lla bajo los muros de la capital , y envuelto por
«todas partes, quedará abismado en este suelo que
«intentaba profanar. Pero en medio de tan lison-
«geras esperanzas existe un peligro, á que debe-
mos atender, que es el del terror pánico. Nues-
tros enemigos especulan con él , derramando oro


«para producirlo; bien sabeis que hay hombres
«formados de un barro tan cenagoso , que se di-
suelven al menor asomo de peligro. Yo quisiera


«poder marcar esta especie de seres sin alma, pero
«con figura humana, reunir todos sus individuos
«en un mismo punto, en Long'syy por ejemplo, que
«se llamaria la ciudad de los cobardes , donde
«sirviendo de irrisíon á todos, no impondrían es-
«pauto á sus conciudadanos, no les harian pintar á
«los pigmeos como gigantes, ni al polvo que levan-
«ta una compañia de lanceros como batallones ar-
«mados.


«Parisienses, ahora es cuando debernos desple-
nar toda nuestra fuerza. ¿Por qué no están mas


FRANCESA. 89


«adelantadas las trincheras del campamento?
«¿Dónde están los azadones y las picas que eleva-
«ron el altar de la confederacio n y nivelaron el
«Campo de Marte? Vosotros que tan dispuestos os
«habeis mostrado á las funciones, no os mostrareis
«menos para los combates: haheis cantado v aplau-
«dido la libertad, pues defendedla: no tenemos que
«derribar va re yes de bronce, sino reyes vivos y
«armados de todo su poderío.Wido, pues, que la
«Asamblea nacional dé el primer ejemplo, envian-
do doce comisionados , no para dirigir arengas,


«sino para trabajar por sí mismos y ca par con sus
«propias manos á vista de todos los ciudadanos.»


Esta proposicion queda adoptada con el mayor
entusiasmo. A Vergniaud sucede Danton , dando
cuenta de las providencias que se han tomado, y
proponiendo otras nuevas. «Parte del pueblo, dice,
«va a dirigirse á la frontera; otros van á abrir las
«trincheras, y los restantes defenderán con picas
«el interior de nuestras ciudades. Pero no basta
«esto; es preciso enviar por todas partes emisarios
«y correos, para que toda la Francia imite el ejem-
plo de Paris; es preciso dar un decreto que obli-
gue á todo ciudadano, so pena de muerte, á ser-
vir con su persona ó entregar sus armas. Danton


«añade: El cañon que vais á oir no es el cañon de
«alarma, sino el paso de ataque contra el enemi-
go de la patria. ¿Qué se necesita para aterrados?


«AUDACIA, AUDACIA, Y SIEMPRE AUDACIA.»
Las palabras y la accion del ministro conmue-


ven profundamente á los oyentes. Queda admitida
su propuesta: sale de allí y se dirige á la junta de
vigilancia. Todas las autoridades v


-
corporaciones,


la Asamblea, el Ayuntamiento, las secciones y los




90 RE VOLT:e ION
jacobinos se hallaban en sesion; los ministros rail.
nidos en el ministerio de marina, esperaban á Daa,
ton para celebrarconsejo; toda la ciudad estaba
pie , v un profundo terrorreinaba en los calabozos
La familia real, á quien amenazaba mas que á los
otros presos cualquier movimiento, se hallaba en
el Temple, procurando indagaren medio de su an-
siedad la causa que producia aquel desasosiego.
Todos los carceleros parecia que estaban amedren.
Lados, y el de la Abadía habia obligado á su roa.,
ger Y á sus hijos á que se marchasen desde la ma-
drugada. Sirvióse a los presos la convidados horas
antes de lo acostumbrado, y á ninguno habian da-
do aquel día cuchillo, circunstancias queles sobre-
saltaron, y aunque preguntaban con inquietud la
causa, no obtenian respuesta alguna. Por fin se
empieza á tocar generala á las dos, oyéndose las
campanasá rebato y resonando el cañonazo de alar-
ma por los ámbitos de la capital. Multitud de ciu-
dadanos se dirigen al campo de Marte; y otros ro-1
dean el Ay untamiento y la Asamblea y llenan 1
plazas públicas.


Babia en la casa de la ciudad veinticuatro chi
rigos, los cuales presos por haberse negado á pres
tar juramento, de bian ser trasladados desde el sa
Ion del depósito á las prisiones de la Abadía ;
fuese de intento ó por casualidad, se eligió esté
momento para trasladarlos. Metidos en seis liacrel
v escoltados por confederados bretones y marse-1
ileses , los conducen poco á poco hacia el arrabal
de San German , siguiendo los pretiles, el puente--;
nuevo y la calle Dellina. Los rodean y los llenan
de ultrajes, diciendo los confederados, ahí van
los conjurados que querian degollar á nuestras


FR.kNCESA. 94


mugeres y á. nuestros hijos mientras estuviésemos
en la frontera. Estas palabras aumentan la efenes-
cencia. Iban abiertas las ventanillas de los coch es,


«


y
queriendo cerrarlas los curas para librarse de


se lo impiden y se ven obliga-aquellos insultos ,dos á sufrir con paciencia los golpes los denues-
tos. Llegan por fin al patio de la Abadía donde se
habia va reunido un inmenso gentío: este patio
comunicaba con las prisiones y con el salon donde
celebraba sus sesiones la junta de la seccion de las
Cuatro Naciones; y apenas habia llegado el primer
'lacre delante de la puerta de la junta; cuando se
encuentra cercado de una multitud de hombres
furiosos. Hallábase presente Maillard, y al abrirse
la portezuela é ir á bajar el primer preso para en-
trar en la junta, cae al impulso de millares de
golpes. El segundo se retira dentro del coche, pe-
ro le sacan á viva fuerza y le asesinan como al an-
terior. Lo mismo hacen en seguida con los otros
dos, y dejan al primer coche para dirigirse á los
que venian detrás. Llegan estos uno tras otro al
patio fatal y degüellan al último de los veinticua-
tro sacerdotes, en medio de los alaridos de un fu-
rioso populacho.


Llegó al mismo tiempo Billaud-Varennes, indi-
viduo de Ayuntamiento y el único entre los pro-
movedores de estos asesinatos que los aprobaba
siempre, y que tenia alma para presenciarlos con
una cruel serenidad. Se presentó con su banda ce-
ñida, andando sobre la sangre y los cadáveres


' ydirijió la palabra á. aquella multitud de asesinos,diciéndoles: Pueblo, al sacrificar 4ltes cnemigosnoha.
* Solo uno, el abate Sicard se salvé por milagro,




92 REVOLUCION
ves masque tu deber. En seguida dice Maillard: Aqut
no tenemos ya que hacer nada; vamos al Carmen. La
turba se lanza tras él y se dirijen todos juntos ha-
cia la iglesia del Carmen donde estaban encerra-
dos doscientos sacerdotes. Entran en la iglesia,
dec, uellan á los clérigos que estaban en oracion
abrazándose unos á otros al ver cercana la muer
te. Preguntan á gritos que quién es el arzobispo
de Arles; le buscan, dan con él y le dividen el crá-
neo de un sablazo; y despues de haberse servido
de los sables preparan las armas de fuego. y em-
piezan á tirar descargas por las salas del jardín y
á las paredes y árboles , donde buscaban su sal-
vacion algunas vic timas.


Mientras se consuman estoshorrores en el Cár-
Hien, vuelveMaillard á la Abadía con algunos de los
suyos. Iba cubierto de sangre y de sudor, y en-
tra en la junta de la seccion de las Cuatro-Na.cio-
nes, pidiendo vino para los valientes operarios que
libran á la nacion de sus enemigos; y la junta azo-
rada les da veinticuatro azumbres.


Beben el vino en el patio, en mesas, á cuyo
alrededor estaban los cadáveres degollados aque-
Da tarde, v apenas habian acabado , cuando Mai-
Ilard señalando á la prision , grita de repente: A
la Abadía! Síguente todos y fuerzan las puertas:
los presos oven espantados los gritos, presagio de
su muerte , y caen desvanecidos el carcelero v su
muger. Abrense las puertas, se apoderan de' los
presos que estaban mas á mano, los arrastran por
los pies, y los arrojan enteramente ensangrenta-
dos al patio; y mientras sacrifican asi sin conside-
racion á los que primero cogiau, Maillard y sus se-
cuaces piden las listas y las llaves de todos los


FRANCESA. 93
encierros. Uno de ellos, adelantándose hacia la
ventana del postigo, se sube sobre un taburete, y
tomando la palabra dice : «Amigos, quereis des-
truir á los aristócratas que son los enemigos del


«pueblo. y que iban á degollar á vuestras
r)


mu-
«acres é hijos, mientras estuvieseis en la fronte-
«ra, en verdad que teneis razon ; pero sois buenos
«ciudadanos, amais la justicia, y os desesperaríais
«de empapar vuestras manos en sangre inocente.»
—Sí, si, esclaman los asesinos.—«Pues bien, yo
«os pregunto, cuando sin atender á nada preten-
«deis arrojaros como tigres furiosos sobre unos
«hombres a quienes no conoceis , ¿no os esponeis
«a confundir los inocentes con los culpables?» Uno
de los que estaban allí, armado de un sable, le in-
terrumpe diciendo: «Quereis tambien vos hacer-
«nos tontos ? si los prusianos y los austriacos estu- •
«viesen en Paris, andarían averiguando quiénes
«eran los culpables ? Yo tengo muger é hijos á
«quienes no quiero dejar en riesgo. Si quereis,
«dad armas á todos esos tunos, combatiremos con
«ellos uno á uno, y antes de partir, Paris se verá
«libre de esa canalla.» Tienes razon, debemos en-
trar, dicen los denlas, y a tuerza de empellones se
hacen paso. Sin embargo, se logra contenerlos,
obligándoles á que consientan en una especie de
juicio ; y á consecuencia de esto se acuerda que
se vea la lista, que haga uno de ellos las veces de
presidente, que lea los nombres y motivo del ar-
resto, y se decida al momento la suerte del preso.
—Maillard, Maillard sea el presidente, esclaman.
una porcion de voces, y al momento empieza á des-
empeñar su cargo. Siéntase el terrible presidente
delante de una mesa r


pone delante de sus ojos la




94 REVOLUCION
lista, hace que le acompañen algunos elegidos á la
buena ventura para dar su parecer , comisiona á
algunos para que le traigan los presos de los en-
cierros , y deja á los demas á la puerta para que
hagan de verdugos ; y para ahorrarse de escenas
desesperadas, convienen en que cuando pronun-
cie estas palabras: El señor álaForce, se sacará al
reo fuera del postigo donde caerá sin remedio ba-
jo los sables que le esperan.


Traen primero á los suizos encerrados en la
Abadía, cuyos oficiales estaban en la cárcel real.—
Vosotros sois , les dice Maillard ; los que habeis
asesinado al pueblo el 10 de agosto.—Nos vimos
atacados , responden estos infelices , y obedecía-
mos á nuestros gefes.—Ademas, replica muv tran-
quilo "alaillard , aquí no se trata mas que de lleva-
ros á la Force.—Pero los desdichados que hiñan
columbrado los sables amenazadores al otro lado
del postigo, no se dejan engañar , y al ir á salir
retroceden, y no quieren pasar adelante. Uno de
ellos con ánimo mas entero , preguntó que á dónde
tenia que ir, le abren la puerta y se arroja con la
cabeza inclinada entre los sables y las picas. Los
otros le siguen, y sufren la misma suerte. Vuelven
los asesinos á. los encierros , amontonan las mu-
geres en un mismo salon, y traen nuevos presos.
Algunos acusados de falsificadores de asignados,
quedan muertos los primeros ; y despees de ellos
entra el célebre Montmorin , cuya defensa labia
ocasionado tanto ruido, sin haberle proporcionado
la libertad. Puesto ante el sangriento presidente,
declara que sometido á un tribunal competente, no
reconoce otro.—Bien, responde Maillard, ireis á la
Force para esperar nueva sentencia.—Engañado el


FRANCIXA. 95


ex-ministro pide un coche, le dicen que le hallará
á * la. puerta. Pide algunos electos , y al salir por lapuerta recibe la muerte. En seguida traen á Tier-
ry , ayuda de cámara del rey. Dime con quien an-
das y le diré quien eres, esclama Maillard, y queda
el infeliz asesinado. Luego entran los jueces de paz
Buob y Bosquillon , acusados de haber sido indivi-
duos de la comision secreta de las Tullecías , y
quedan degollados por esta causa. Así va pasán-
dose la noche , y cada preso al oir los gritos de los
asesinos , cree que está próxima su hora postrera.


Y qué hacian entretanto las autoridades cons-
tituidas, las corporaciones en junta , y todos los
ciudadanos en Paris ? En tan estensa capital el so-
siego el tumulto, la seguridad y el terror pueden
existirá un mismo tiempo , segun distan en ella
unos puntos de otros. La Asamblea no 'labia sabi-
do hasta muy tarde las desgracias de las prisiones,.
y llena de terror, envió á algunos diputados para
aquietar al pueblo, y salvar las víctimas. El Ayun-
tamiento había enviado comisionados para libertar
á los presos por deudas , y separar los que ella lla-
maba inocentes y culpables. En fin , los jacobinos,
aunque estaban en junta y sabían lo que pasaba,
parecía que guardaban un silencio convenido, y los
ministros reunidos en el palacio de Marina para
celebrar conseio , carecian aun de noticias , y es-
peraban á Danton que se hallaba en la junta de vi-
gilancia. El comandante general Santerre, decia al
Ayuntamiento que !labia dado órdenes, pero que
no le obedecian , y que casi toda su gente estaba
empleada en guardar las barreras. Es cierto que
'labia mandos desconocidos y opuestos, y que se
habían manifestado todos los indicios de una auto-




96 REVOLUC ION
ridad oculta y contraria á la pública. En el patio-
de la Abadía:habla un centinela de guardia nacio-
nal que tenia la consigna de dejar entrar y no salir;
y en otras partes aguardaban órdenes, y no las re-
cibian. b Babia perdido Sauterre el juicio como el
10 de agosto, ó entraba en el plan ? Mientras los
comisionados enviados púbticamente por el coima
llegaban para aconsejar la quietud y contener al
pueblo , otros individuos del mismo consejo , se
presentaban en la junta de las Cuatro-Naciones que
celebraba su sesion próxima á los asesinatos, y
decian: Va todo aquí tan bien corno en el Cármen?
El Ayuntamiento nos manda para que os ofrezca-
mos auxilio en caso que lo necesiteis.


Nada pudieron hacer los comisionados que en-
viaron la Asamblea y el concejo para contener los
asesinatos ; pues se hallaron con un inmenso gen-
tío que ocupaba los alrededores de la cárcel y pre-
senciaba el horrendo espectáculo gritando: Viva la
nacion! El anciano Dusaulx subido sobre una silla
pronuncio algunas palabras de clemencia , pero RO
pudo hacerse oír ; y Bazire , mas sagaz, fingió to-
mar parte en el furor de la multitud, pero se nega-
ron á escucharle asi que quiso hablar de miseri-
cordia. Manuel el procurador del concejo, compa-
decido , se [labia espuesto á los mayores peligros
sin poder salvar ni siquiera una víctima; con cuyas
noticias el Ayuntamiento algo mas conmovido en-
vió otra diputacion , para aquietar los ánimos é ins-
truir al ;p ueblo en sus verdaderos intereses; pero esta
diputacion , tan inútil como la primera , solo pudo
conseguir libertar algunas mugeres y deudores.


La matanza continuó en aquella horrenda noche,.
los asesinos pasan del tribunal á los postigos, sien-


RANCESA.
97


do alternativamente jueces y verdugos. Al mismo
tiempo beben y dejan sobre una mesa sus vasos
manchados de sangre ; y en medio de semejante
carniceria perdonan alguna que otra víctima espe-
rimentando al devolverles la vida un placer ines-
plicable. Un jóven , reclamado por una seccion,
queda declarado libre de aristocracia , absuelto á
los gritos de viva la nacion, y alzado en triunfo so-
bre los sangrientos brazos de los asesinos. El vene-
rable Sombreuil , gobernador de los Inválidos , es
conducido á su vez y condenado á la Force , y su
hija que le vé desde la prisiou se arroja por entre
picas y sables, estrecha en sus brazos á su padre,
le oprime con tanta fuerza y dirije á los asesinos
súplicas con tantas lágrimas y con una voz tan las-
timosa que contiene su furor. Entonces para poner
á nueva prueba la sensibilidad que admiran en
aquella jóven generosa: Bebe, la dicen, bebe sangre
de aristócratas presentándola un vaso lleno de san-
gre : ella lo apura, y queda salvo su padre. La hija
de Cazotte logra Cambien estrechar á su padre en-
tre sus brazos, demanda piedad, como la generosa
Sombreuil , se muestra irresistible como ella, y
mas dichosa obtiene la vida de su padre sin que se
imponga á su amor una prueba tan horrible. Lá-
grimas derramaban los ojos de aquellos hombres
atroces, y sin embargo aun pedían víctimas! Uno
de ellos vuelve á los encierros para llevar presos á
la muerte; sabe que los desdichados que iba á de-
gollar no han tenido agua en veinte y dos horas , y
quiere matar al carcelero. Otro toma interés por un
preso que se presenta en el postigo porque le ha
oído hablar su lengua nativa.--¿Por qué estás tú
aquí? dice á M. Journiac de Saint-Meard ; si no


Biblioteca Popular.
T. H. 102




98 REVOLCCION
eres traidor, el presidente, que 710 es tonto, te harájusticia. No tengas cuidado y contesta bien. Mon-
sieur Journiac se presenta ante Maillard que mira
la lista.—¡Ah ! dice Maillard, vos sois M. Journiac
que escribíais en el diario de la córte y de la ciu-
dad?—No, responde el preso, eso es uva calumnia;
no he escrito jamás en tal papel.—Cuidado con que
nos engafieis , responde Maillard , porque aquí se
castiga con la muerte toda mentira. ¿No os habeis
ausentado hace poco para ir al ejército de los emi-
grados?—Esa es otra calumnia ; ten go una certifi-
cacion que atestigua que hace veinte y tres meses
no he salido de Paris.-61)e quién es la certifica-
cion? ¿Es auténtica la firma ? Felizmente habla en-
tre aquel sanguinario auditorio un hombre que co-
nocia personalmente al que firmaba la certiticacion,
por lo cual, examinada que fue la firma , se declaró
verdadera.—Ya veis , replica N. de Journiac, que
se me ha calumniado.—Pues si estuviera aquí el
calumniador , añade Maillard , su friria una justicia
terrible. Mas decid ¿no ha habido ningun motivo
para prenderos?—Si, responde M. de Journiac, yo
era conocido por aristócrata.—¡ Aristócrata'.—Sí,
aristócrata, pero vosotros no estais aquí para juz-
gar de las opiniones ; vosotros no debéis juzgar
mas que la conducta. La in ia no tiene tacha; yo no
he conspirado nunca, y mis soldados, en el regi-
miento que yo mandaba , me adoraban y me en-
cargaron en Nancy que fuese á apoderarme de
Malseigne.--Admirados de semejante serenidad,
le miran los jueces, y Maillard hace la señal de
perdon. Al momento resuenan por todos los ángu-
los gritos de viva la nociva !Abrazan al prisionero,
y cogiéndole dos de ellos, le protegen con sus abra-


FRANCESA. 99
zos , y le hacen pasar sano v salvo por entre las
terribles filas de picas y de M. Journiac , va
á darles dinero , pero ellos no lo admiten y solo
quieren abrazarle. Lo mismo se salvó otro preso á
quien se acompañé á su casa con 1r misma algaza-
ra , y los verdugos , llenos de sangre, piden que se
les deje presenciar la alegria de su familia volvien-
do inmediatamente á la matanza. El corazon del
hombre cuando se encuentra en este estado con-
vulsivo • abriga fácilmente todos los afectos. Ani-
mal sensible y feroz, sucesivamente llora ó destro-
za empapado en sangre, se conmueve á la vista de
un acto heróico ó de una noble firmeza, y es sen-
sible al honor de aparecer justo y á la vanidad de
mostrarse probo ó desinteresado. Si en las deplo-
rables jornadas de setiembre se vió á algunos sal-
vages emplearse á la vez en el homicidio y en la
rapiña, tambien hubo algunos que fueron á dejar
sobre la mesa de la junta de la Abadía las san-
:.-,-.„rientas joyas que encontraban en los presos.


HahíanSe dividido las pandillas en aquella hor-
renda noche y hecho sentir sus furores en las de-
nlas cárceles de Paris. Los mismos asesinatos y la
misma sangre que en la Abadía hubo en el Chale-
let , en la Force , en la cárcel real, en los Bernar-
dinos, en San Fermin, en la Salitrería y en Bicetre.
Al dia siguiente, lunes 3 de setiembre , la luz del
sol alumbró la horrorosa matanza de la noche, y se
esparció el terror por todo Paris. Billaud-Varennes
volvió á presentarse en la Abadía , donde alentó la
víspera á los que él llamaba los operarios. Dirijió-
les de nuevo la palabra diciéndoles: «Amigos mies,
«degollando á estos malvados habeis salvado la pa-
tria. La Francia os es deudora de eterno agrade-


.




4 00 REVOLVCION


«cimiento y el Ayuntamiento no sabe cómo pre-
«miaros : os ofrece veinte y cuatro francos á cada.
«uno, que vais á percibir inmediatamente.» Coro-
naron con numerosos aplausos estas palabras y
aquellos á. quienes iban dirijidas siguieron á Bi-
llaud-Varennes á la cornision para que les pagasen.
lo que se les Babia prometido.—¿Y de dónde que-
réis, dijo el presidente á Billaud, que saquemos fon-
dos para pagar ?—Billaud entonces haciendo un:
nuevo encomio de los asesinatos, respondió al pre--
sidente que el ministro de lo Interior deberia te-
nerlos al efecto. Acudióse á casa de Roland , que
acababa de saber los crímenes cometidos, y recha-
zó el pedido con indignacion; por lo cual vueltos á
la junta, exigieron bajo pena de muerte el salario
de su horrible trabajo; viéndose cada individuo
obligado á escotar de su bolsillo para pagarles. Fi-
nalmente el Ayuntamiento acabó de pagar la deuda,
y en las listas de sus gastos pueden verse algunas
sumas para los asesinos de setiembre; y con fecha
del 4 de este mismo mes se hallará ademas la suma
de mil cuatrocientas sesenta y tres libras aplicadas
á este objeto.


Cuando se esparció por Paris la noticia de tan-
tos horrores, causó en todos los ánimos un terror
inesplicable. Los jacobinos callaban todavia , y en
el concejo comenzaban á compadecerse ; pero aun
se aseguraba que el pueblo había sido justo, que
solo habia matado á los criminales, v que no hiña
mas yerro en su venganza que el haberse anticipado
á la cuchilla de la ley. El consejo general envió nue-
vos comisionados para calmar la efervescencia y re-
ducir á •azon á cuantos se habian extraviado. Tales
eran las espresiones de las autoridades públicas.


FRANCESA. 1 01
Por todas partes se encontraban personas que com-
padeciéndose de la suerte de las desdichadas victi-
mas añadian : «Si se les hubiera dejado vivos , nos
hubieran degollado dentro de pocos dias.» Otros
decian : «Si quedamos vencidos v pasados á cuchi-
llo por los prusianos, al menos habrán sucumbido
ellos antes que nosotros.» Tales son las espantosas
consecuencias del temor que los partidos se infun-
den, v el ódio que este temor produce.


En' medio de tan horrorosos desórdenes, la Asam-
blea estaba profundamente afectada. Daba reite-
rados decretos para que le informase el Ayunta-
miento del estado de Paris , v el Ayuntamiento
respondía que hacia cuanto estaba en su mano para
restablecer el órden y el imperio de las leyes ; sin
embargo, la Asamblea compuesta de aquellos gi-
rondinos que con tanto ardor persiguieron á los
asesinos de setiembre, y recibieron una muerte
noble al atacarlos, ni aun siquiera tuvo intencion
de trasladarse en cuerpo á las cárceles, é interpo-
nerse entre los asesinos y las víctimas. Tan gene-
rosa pensamiento no llegó á arrancarla de sus ban-
cos, llevándola á la escena de la desolacion ; pero
tal vez seria por sorpresa, porque se creyese im-
potente, ó por el poco interés que inspira el peli-
gro de un enemigo ; acaso finalmente por la desas-
trosa, opinion en que estaban tarnbien algunos
diputados de que las víctimas eran otros tantos
conjurados , de quienes se hubiera recibido la
muerte si antes no se les hubiese (lado.


Un hombre solo desplegó aquel dia un genero-
so carácter pronunciándose con noble firmeza con-
tra los asesinos. Desde el segundo dia de los tres
que duró el reinado de los verdugos, esto es, des-




402 REVOLUCION
de el lunes por la mañana, en el instante en que
terminaban los horrores de la noche, escribió al
corregidor Petion que no estaba aun enterado de
ellos, y tambien á Santerre que no se movía para
nada, haciendo á ambos las mas terribles recon-
venciones. Dirigió al propio tiempo á la Asamblea
una carta que mereció muchos aplausos. Este hom.-
bre honrado, tan injustamente calumniado por los
partidos, era Roland, que en su carta clamaba con-
tra toda clase de desórdenes, contra la usurpacion
del concejo, contra el furor del populacho, y dije.
noblemente que sabria morir en el sitio en que le
hablan puesto las leyes. Sin embargo, si se quiere
tener una idea de la disposicion de los ánimos, del
furor que reinaba contra los llamados traidores, ylt
de los miramientos que debían tenerse al hablar




con pasiones tan frenéticas, podrá adquirirse en el
siguiente estracto. No puede ciertamente dudarse
del valor de un hombre que solo v á la faz de todo
el mundo, hacia responsables de.


los asesinatos á
las autoridades todas, y no obstante veamos el mo-
do con que se vé forzado a, hablar sobre el asunto.


«Ayer fue un día sobre cuyos acaecimientos se-
rá mejor echar un velo. Sé que el pueblo en su


«venganza obra en ella con una especie de justicia
«que no considera como victimas á todos los que
«se ofrecen á su furor, sino que le dirige contra los
«que cree haber sido mucho tiempo perdonados
«por la cuchilla de la ley, y á quienes cree que de-
«be sacrificar sin tardanza, porque urgen las cir-
cunstancias. Pero sé tambien cuán fácil es que


«los malvados y traidores abusen de esta eferves-
cencia que es preciso mitigar; sé que somos deu-


adores á toda la Francia de una declaracion


FRANCESA. 403


«que manifestemos que el poder ejecutivo no ha
«podido ni preveer ni remediar estos males; sé del
«mismo modo que es obligacion de las autoridades
«constituidas poner término á. ellos ó considerarse
«como nulas; y sé finalmente que esta declaracion
«me espone al furor •de algunos revoltosos. En-
horabuena, aqui tienen mi vida, que yo no la con,-


«ser yo sino para la libertad y para la igualdad. Si
«estas se infringen n,y destruye sea por la domi-
«nacion de los déspotas estrangeros, ó por el de-
«lirio de ua pueblo alucinado, no quiero vivir mas;
«pero al menos cumpliré con mi deber hasta el (fi-
«timo suspiro, porque es el nnico bien que codicio
«y que no podrá arrebatarme ningun poder de la
«tierra.»


La Asamblea aplaudió repetidas veces esta car-
ta, y ordenó á propuesta de Lamourette que el
Ayuntamiento diese cuenta del estado de Paris.
Este respondió que se hacia restablecido el sosie-
go; y viendo el denuedo del ministro del Interior se
irritaron Marat y su junta, atreviéndose á lanzar
contra él una órden de prision. Era tal la ceguedad
de su furor, que no repararon en chocar con un
ministro y con un hombre que gozaba en aquel mo-
mento de toda su popularidad. Danton se pronun-
ció acaloradamente al saberlo contra los individuos
de la junta á quienes llamó rabiosos; porque aun-
que contrariado diariamente por la obstinacion de
Roland, estaba muy distante de aborrecerle;por
otra parte temia en su terrible política todo cuan-
to juzgaba inútil, y miraba como una
m


estravagan-
c el apoderarse cuando estaba desempeñando sus
funciones de primer ministro del Estado. Se diri-
ge al corregimiento, de aquí á. la junta y llena de




1
1 04 REVOLUCION


improperios á Marat; logran sin embargo apaciguar.
le, reconciliándole con este, y le entregan la (Sr-
den de prision, que en seguida va á enseñar á Pe-
tion, contándole lo que Babia hecho. En esto se ve,
le dijo al corregidor, lo que son capaces de hacer
estos rabiosos, pero yo sabré reducirlos á la razon.
Mal hecho le contestó, con frialdad Petion, esa ór-
den á nadie hubiera hecho daño mas que á sus au-
tores.


Petion por su parte, aunque mas frio que Ro-
land, no había mostrado menos aliento. Babia es-
crito á Santerre, el cual por impotencia ó por com-
plicidad, respondió que tenia partido el corazon,
pero que no podia dar cumplimiento á sus órdenes.
Despues se había personado en los diversos puntos
de la tragedia, y en la Force ¡labia arrancado de
de su asiento ensangrentado á dos empleados del
Ayuntamiento que desempeñaban con las bandas
puestas el mismo cargo que Maiilard en la Abadía,
pero no bien Babia salido para acudir á los denlas
puntos, cuando volvieron á entrar los dos em-
pleados v prosiguieron sus ejecuciones. Petion sin
adelantar nada en ninguna parte, se volvió á ver
á Roland, á quien el sentimiento 'labia puesto ma-
lo, y solo pudo asegurarse el Temple, cuyo depó-
sito escitaba la rabia del pueblo. Sin embargo la
fuerza armada habla podido triunfar aqui, y una
cinta tricolor que se puso entre la pared y el popu-
lacho bastó para alejara este y salvar á la familia
real.


Los mónstruos que estaban derramando sangre
desde el domingo, se habian encarnizado en este
horroroso ejercicio contra yendo un habito que no
podian olvidar. Rabian establecido ya una especie


FRANCESA. 405
de regularidad en sus ejecuciones, suspendiéndo-
las para transportar los cadáveres, y hacer sus co-
midas y hasta 'labia algunas mugeres que llevaban
el alimento á las cárceles para sus maridos, que
segun decían ellas, estaban ocupados en la Abadía.
segun la Force, en Bicetre y en la Abadia duraron
mas que en ninguna otra parte los asesinatos. En
la Force se hallaba la desdichada princesa de Lam-
halle, célebre en la córie por su hermosura y por
sus relaciones con la reina. Condujéronla mori-
bunda al terrible postigo.--¿Quien sois? le pregun-
tan los verdugos de la pandilla.—Luisa de Saboya,
princesa de Lamballe.—Y qué, papel haciais vos en
la córte?, teneis noticia dalas tramas de palacio?—
Yo no he sabido ninguna.—Jurad que amais la
libertad ; jurad que ahorreceis al rey, á. la reina y
á la soberanía.—Yo juraré lo primero, pero lo se-
gundo no lo siente mi corazon.


—Jurad pues, le dijo uno de los que estaban alli
que intentaba salvarla. Pero la infeliz va no vela
ni oia nada.—Suéltese á madama, dijo e,í que man-
daba en el postigo.—Aqui se había inventado co-
mo en la Abadía una palabra que indicase la muerte.
Se llevan con efecto á esta desdichada señora, que
segun algunos, no tenían intencion de matarla, V la
reciben en la puerta los verdugos sedientos de san-
gre. Al primer sablazo que la dieron en la parte
posterior de la cabeza, hacen saltar la sangre, y
sostenida todavía por dos hombres, que acaso que-
lin salvarla, sigue andando, pero cae á pocos pa-
sos á impulsos de otro golpe. Hacen pedazos su
hermoso cuerpo, que ultrajan, desgarran, y se re-
parten los asesinos. Su cabeza, su corazon y otras
partes del cuerpo llevadas en el estremo de una pi-




406 REVOLUCION
ca, pasean por las calles de Paris aquellos hombres,
diciendo en su atroz idioma que era preciso agro,
jarlos al pie del trono. Corren al Temple, despiertan
con sus borrosos gritos á los infelices prisioneros
que preguntan espantados qué es aquello, y les
empleados del Ayuntamiento se oponen á que vean
pasar á la tremenda chusma por bajo de su venta-
na, y la cabeza sangrienta que llevaban en la pun-
ta de una pica. Finalmente un guardia nacional
dice á la reina: «Es la cabeza de Laniballe, la que
«no quieren que ..veais,» á cuyas palabras pierde la
reina el sentido, madama lsa.bel, el rey y el ayu.
da de cámara Clery , se llevan á la
princesa, resonando aun por largo tiempo los
tos del feroz populacho al rededor del Temple.


El dia del 3 y la noche del 3 al 1, continuaron
manchándose con estos asesinatos. En Bicetre fue
mayor y mas terrible que en ninguna otra parte
la carnicería. Existian alli como es sabido, algunos
miles de presos por toda especie de delitos, y ha-
biendo sido atacados, intentaron defenderse, y se
empleó la artillería para rendirlos. La individuo
del consejo general del Ayuntamiento, tuvo la osa-
día de ir á pedir fuerza para rendir á los presos
que hacían resistencia. Pero no se le dió nidos, y
Petion que Cambien fue á Bicetre, no pudo lograr
cosa alguna. Se abrasaba en sed de sangre aque-
lla turba, y el furor de combatir y de degollar ha-
bia sucedido al fanatismo político, matando única-
mente por el placer de matar. Los atentados duraroas
allí hasta el miércoles 5 de setiembre.


En fin, casi todas las víctimas señaladas habíaa
perecido; las prisiones estaban desocupadas, los
niónstruos pedían aun mas sangre, pero los adustos


FRANCESA. 407
motores de tantos homicidios, parecia que empe-
zaban á sentir algo de compasion. Las espresionesdel Ayuntamiento principiaban á suavizarse, pues
deci-1 que profundamente conmovido, por las cruel-dades cometidas contra los presos, daba nuevas
órdenes para contenerlas, y esta vez fue mejor obe-
decido. Pocos eran, sin embargo, los infelices que
quedaban para gozar de aquella compasion. El
cálculo del número de víctimas varia mucho en to-
das las narraciones del aquel tiempp, pero de ellas
resulta que murieron de seis á doce mil en las cár-
celes de Paris (4.7).


Si espanto causaron estas crueldades, la osadía
con que se confesaban recomendando su imita-
cion , no sorprendió menos que las ejecuciones
mismas. La juutade vigilancia se atrevió á dirigir á
todas las municipalidades deFrancia una circular que
debe conservar la historia con las siete firmas que
en ella constan. Este documento monumental es el
siguiente:


Paris 2 de setiembre de 4792.
«hermanos y amigos: un horroroso complot,


«tramado por la córte para degollar á todos los pa-
triotas del imperio francés, complot en que esta-


«ban comprometidos una multitud de individuos de
«la Asamblea nacional, obligó en 9 del mes último
«al Ayuntamiento de Paris, á la cruelísima necesi-
«dad de usar del poder del pueblo á fin de salvar á
«la nacion, no habiendo omitido nada para hacerse
«benemérito de la patria. Despucs de las pruebas
«que acaba de darle la misma AsaMblea nacional
«¿quién hubiera sospechado que entonces se maqui-
naban en secreto nuevas tramas, que dehian con-


«sumarse en el momento mismo en que la Asamblea




408 REVOLUCION
«nacional, olvidando que acababa de declarar que
«el Ayuntamiento de Paris !labia salvado la patria
«se apresuraba á deponerlo en premio de su civis,.
«mo ardiente? A semejante noticia, las quejas .pít...
«blicamente manifestadas por todas partes han da-
«do á conocer á la Asamblea la urgente nece-
«sidad de unirse al pueblo y de devolver al Avua.
«tamiento, anulando el decreto de destitucio'n, el
«poder de que le habia investido.


«Ufano en poseer la plenitud de la confianza
«nacional, que procurará merecer mas cada dia,
«colocado en el foco de todas las conspiraciones, y
«resuelto á perecer por la salvacion pública, no se
«gloriará de haber hecho su deber hasta que haya
«obtenido vuestra aprobacion, objeto de todos sus
«anhelos; y no se disipará su incertidumbre hasta
«que todos losdepartamentos hayan sancionado sus
«providencias para la salvacion pública. Profesan-
«do los principios de la mas perfecta igualdad, y no
«codiciando mas privilegio que el de presentarse
«en la brecha el primero, no titubeará en ponerse
«á nivel del Ayuntamiento mas reducido del bu-
«pedo, cuando va no ha ya riesgo que temer.


«Noticioso de que 'algunas hordas bárbaras
«avanzan contra él, se apresura el Ayun tatniento de
«Paris á informar á sus hermanos en todos los de-
partamentos, que una gran parte de los atroces


«conjurados, encerrados en las cárceles, han sido
«pasados á degüello por el pueblo, acto de justicia
«que le ha parecido indispensable para enfrenar
«con el terror las legiones de los traidores encer-


rados en sus muros, en el instante de dirij irse con-
«tra el enemigo, y la nacion, despues de la larga
«serie de traiciones que la han puesto á la orilla


FRANCESA. 409


«del abismo, se apresurará sin duda á adoptar este
«medio tau útil y necesario, diciendo todos los
«franceses como los parisienses: Marchamos con-
tra el enemigo, y no dejamos á nuestra espalda


«foragidos que degüellen á nuestras mugeres y á
«nuestros hijos.


«Firmado: Duplain, Panis, Sergent, Lenfant,
«Marat, Lefort, Jourdeuil, administradores de la
«juntase vigilancia constituida en el Ayuntamiento »


La lectura de este documento puede dar una
idea del grado de fanatismo que produjo culos áni-
mos la proximidad del peligro. Pero tiempo es va
de volver nuestros ojos al teatro de la guerra,
donde hallaremos solo gloriosos recuerdos.'




CA.PiTULO III.


Campana de la Argona.—Planes militares de Dumouriez.—Toma
del camparne nto de Grand—Pré por los prusianos.—Victoria de ,
Valtny.—Retirada do los coligados; rumores acerca de las can..
sas de esta retirada.


Ya hemos visto como Dumouriez habia cele-
brado un consejo de guerra en Sedan , y como Di-
llon habia manifestado en él su parecer de retirarse
á Chalons para poner á nuestro frente el Mame y
defender su paso. La desorganizacion de los veinte
y tres mil hombres , que se hablan dejado á Du-
mouriez , la imposibilidad en que se hallaban estos
de resistir á ochenta mil prusianos perfectamente
aguerridos y organizados, el proyecto atribuido al
enemigo de hacer una rápida invasion sin detener-
se en las plazas fuertes , eran motivos bastante
poderosos para hacer creer á Dillon cuán imposible
seria detener á los prusianos; urgiendo por tanto
el retirarse delante de ellos , para tomar posicio-
nes fuertes, supliendo asi la debilidad v el mal es-
tado de nuestro ejército. Hicieron tanta fuerza en
el consejo estas razones que unánimemente con-
vinieron con el dictamen de Dillon; y Dumouriez,
á quien como general en gefe correspondia la de-
cision , contestó que lo rellexionaria.


FRANCESA. 111


El 28 de agosto por la tarde se tomó una reso-
lacion que salvó á la Francia. Muchos quieren
apropiársela , pero todo prueba que el honor de ha-
berla concebido pertenece á Dumouriez; por lo de,-
mas, la ejecucion es esclusivamente suya , y en el
debe redundar toda la gloria. La Francia, corno es
sabido, tiene al Este por defensa el Rhin y los Vos-


al Norte una linea de plazas fuertes , debidas
al genio de Vauban, el Mosa, el Mosela y otros ríos
que, combinados con las plazas fuertes forman una
reunion de obstáculos , suficientes á proteger esta
frontera. Babia penetrado en Francia el enemigo
por la parte del norte, y dirijido su marcha por
entre Sedán y Metz, dejando al duque de Sajonia-
Teschen el ataque de las plazas fuertes de los Pai-
ses-Bajos , y cubriendo con un cuerpo de tropas á
Metz y la Lorena. Segun este provecto debia mar-
chará velozmente , aprovecharse de la desorgani-
zacion de los franceses, llenarlos de terror con
golpes decisivos , y aun apoderarse de los veinte
tres mil hombres de Lafavette, antes que un nuevo
general los hubiese ordenado é infundido confianza.
Pero la lucha entre la presuncion del re y de Pru-
sia y la prudencia de Brunswick, estorbaba todas
las resoluciones é impedia á los coligados decidir-
se seriamente por la astucia ó la prudencia. La to-
ma de Verdun, dió pábulo al orgullo de Federico-
Guillermo y al calor de los emigrados, pero no
presté masactividad á Brunswick, que desaprobaba
enteramente la invasion, segun los medios que te-
nia v las disposiciones del pais invadido. Despues
de la toma de Verdun, el dia 2 de setiembre, el
ejército coligado se estendió por muchos dial en
las llanuras que rodean el Mosa, limitándose á ocu-




112 REVOLUCIÓN
par á, Stenay y no avanzando absolutamente nada
Dumouriez se hallaba en Sedán , y su ejército.
acampaba en los alrededores.


Desde Sedán á Passavant se estiende una selva
cuyo nombre debe ser eterno en nuestros anales,
tal es la selva de la Argona , que ocupa un espacio
de trece á quince leguas, y es inaccesible por la
desigualdad de su terreno , y por la alternativa de
bosques y torrentes, á cualquiera ejército, escepto
en algunos pasos principales. Por esta selva debia
penetrar el enemigo para dirigirse á Chalons, y to-
mar en seguida el camino de Paris; con cu


y
o pro-


yecto no puede concebirse como dejó de ocupar los
principales pasos , ganando la delantera á Dumou-
riez, que por su posicion en Sedán , distaba de él
toda la anchura de la selva. El general frances exa-
minaba por la tarde, despues de la sesion del conse.
jo deguerra, el mapa con un oficial en cuyoconoci-
miento tenia puesta su mayor confianza, que era
Thouvenot; y mostrándole con el dedo la A rgona y
las esplanadas que le atraviesan le dijo: «Ahí están,
«las Termópilas de la Francia ; si gano este punto
(antes que los prusianos, todo está va salvado.»


Inflamóse el espíritu de Thouvenot al oir estas
palabras ; se pusieron ambos á, bosquejar el gran-
dioso plan cuyas ventajas eran inmensas, porque
ademas de que no se retrocedía ni se fijaba el Mar-
ne por última línea de defensa, se hacia que per-
diese el enemigo un tiempo precioso, obligándole á
permanecer en la Champaña, que estaba arruinada,




y cuyo suelo árido, cenagoso y estéril no podia
bastar al mantenimiento de un ejército; y no de-
jándole , como hubiera sucedido en la retirada á
Chalons, los tres obispados, pais fértil y rico, don-


FRANCESA. 113


de hubiera podido invernar cómodamente, aun dado
caso de que no hubiese forzado el Mame. Si el ene-
11110 ,


despues de haber invertido algun tiempo pa-
ra pasar la selva, queda rodeada dirijiéndose ha-
cia Sedan, se hallaba al frente con las plazas
fuertes de los Paises-Bajos, que no era de suponer
cayesen en su poder. Si se encaminaba al otro es
Cremo de la selva, se encontraba con Metz v el
ejército del centro ; y entonces emprendiendo su
persecucion, v reuniéndose al ejército de Keller-
man, podia fo'rmarse una masa de cincuenta mil
hombres , apoyada en Metz y otras varias plazas
fuertes. En todo caso, perdia su marcha y su cam-
paña, porque se estaba ya en setiembre, y en esta
época invernaban los ejércitos todavia. Dl ` plan era
escelente, pero convenia llevarlo á cabo, y los pru-
sianos colocados á lo largo de la Argona , mientras
Dumouriez se hallaba en uno de sus estremos,
dian haber ocupado los desfiladeros. Así , pues, el
éxito de tan gran proyecto y la suerte de la Fran-
cia, dependia de una casualidad, ó de una falta del
enemigo.


La Argolla, se hallaba atravesada por cinco
desfiladeros llamados del Chéne-Populeux , de la
Croix-aux-Bois , de Grand-Pré , de la Chalade y
de las Islettes. Los mas importantes eran los
de Grand-Pré y los de las Islettes, v por des-
gracia estaban mas distantes de Sellan y mas
próximos al enemigo. Dumouriez resolvió ocu-
parlos con todo su ejército , y mandó al propio
tiempo al general Dubouquet que abandonase el --
departamento del Norte para ir á ocupar el paso de
Chene-Populeux que era mu y


importante, pero
muy cercano á Sedan, y cuya ocupacion no era


Biblioteca popular.
T. 403




41• REVOLUCION
por lo mismo tan urgente. Dos caminos tenia Du„
mouriez para dirijirse a Grand-Pré y á las Islettes
el uno por detrás de la selva, y el otro por delante
y á vista del enemigo ; pero el primero, aunque
mas seguro , era mas largo y tenia el inconveniente
de descubrir al enemigo nuestros planes, dándole
tiempo para precaverse. El segundo era mas bre..
ve , pero tambien manifestaba nuestro objeto y nos
esponja, en la marcha, á los tiros de un ejército for-
midable. Era , pues, preciso adelantar en la longi-
tud de los bosques, y pasar por delante de Stenay,
donde se hallaba Clerfayt con sus austriacos. Sui
embargo , Dumouriez prefirió este Ultimo y conci.
bió el plan mas atrevido , porque calculó que con la
prudencia propia de los austriacos , el general dell
estos, al ver á los franceses, ro dejarla de
cherarse en el hermoso campo de l3rouenne ,
rante cuyo tiempo él podria deslizarse hacia Grano.
Pré v las Islettes.


go efecto, Dillon se pone el dia 30 en marcha.
dirijiendose con ocho mil hombres háciwStenay por
entre el Mosa v la Argona, hallándose con Clerfayt,
que ocupaba ambas márgenes del rio con veinti-
cinco mil austriacos El general Miac.zinsla ataca
con mil quinientos hombres los puestos avanzados
de Clerfa y t, mientras Dillon, colocado detrás, mar-
cha á apoyarle con toda su division. Emprendióse
un fuego vivo , y Clerfayt volviendo á pasar al ins-
tante el liosa, vá á situarse en Brouenne , como le
habia felizmente previsto Dumouriez. Al mismo
tiempo Dillon prosigue atrevidamente su camino
entre el Mosa v la Argona , siguiéndole inmedia-
tamente Dumouriez con los quince mil hombres
que componian su cuerpo de batalla, adelantándose


FRANCESA. 415
ambos hácia los puntos que les estaban marcados.
El 2 de setiembre estaba Dumouriez en Beffu , y le
quedaba solo una jornada para llegar á Grand-Pré.qt1En aquel mismo dia estaba Dillon en Pierremont,
aproximándose siempre á las Islettes con suma
audacia. Tuvo este la fortuna de que el general
Galbaud , enviado de refuerzo á la guarnicion de
Verdura , habla llegado demasiado tarde , reple-
gándose á las Islettes, que ocupaba de antema-
no. Llega el dia Dillon con sus ocho. mil hombres,
se establece en aquel punto, y custodia ademas la
Chalade que era otro paso menos importante que
se le habla encargado. Al propio tiempo llega Du-
mouriez á Graud-Pré, halla el sitio desocupado y
el dia 3 se apodera de él. De modo que el 3 y el
4. nuestros soldados ocupan los pasos , adelantán-
dose considerablemente la salvacion de la Francia.


Por esta atrevida marcha; tan honorífica al me-
nos como la idea de ocupar la Argona, se puso Du-
mouriez en estado de contrarrestar la invasion.
Pero faltaba. todavia hacer inespugnables estos
pasos, y para conseguirlo se necesitaba disponer mil
cosas aun, cuyo éxito dependia de muchas ca-
sualidades.


Atrincheróse Dilleu en lasislettes ; hizo des-
montes; levantó esceleutes parapetos, y colocando
hábilmente la artillería francesa, que era mucha y
muy buena., estableció baterías que hiciesen mas
inasequible el paso. Ocupó al mismo tiempo la Cha-
lade, haciéndose, asi dueño de los dos caminos
que condueen . a.Sainte-Nlaneliould, v de este pun-
to á Chalons. Dumouriez se lijó ea- Grand-Pré en
un campamento que la naturaleza y el arte habian
hecho formidable. El terreno en. que se hallaba el




4 1 6 REVOLUC1ON


ejército se componía de alturas dispuestas en for-
ma de anfiteatro, y á la falda de ellas se estendian
dilatadas praderas, terminadas por el rio Aire, que
formaba la cabeza del campamento. Sobre el Aire
se habian echado dos puentes custodiados por dos
fuertes vanguardias, que ea caso de ataque debian
retirarse y quemarlos. El enemigo despues de
desalojar estas tropas avanzadas tenia que pasar
el Aire, sin el ausilio de los puentes y sufriendo el
fuego de toda nuestra artillería; y pasado que hu-
biese el rio , tenia que atravesar tambien una es-
planada de praderas, donde se cruzarian mil fue-
gos; viéndose por fin obligado á asa l.tar trinche-
ras escarpadas y casi inaccesibles. Aun en el ca-
so de que se hubiesen vencido tantos obstáculos,
Dumouriez , retirándose por las alturas que ocu-
paba, descendia á sus faldas, encontrándoseá sus
pies con el Aisne , otro rio que los defendia por
la espalda, pasaba otros dos puentes que destruia
y aun podia poner otro rio entre él y los prusia-
nos. Este campamento podia considerarse ines-
pugnable, y el general francés estaba bastante se-
guro para poder ocuparse tranquilamente de todo
el teatro de la guerra.


El dia 7precisamenteocupóel general Dubourquet
con seis mil hombres el paso de Cbéne-Populeux,
y ya no quedaba libre mas que el casi insignifican-
te de la Croix-aux- Bois, situado entre el Chéne-
Populeux y el Grand-Pré. Dumouriez despues de
haber cortado el camino y los árboles, puso en él
á un coronel con dos batallones y dos escuadrones.
Colocado asi en el centro de la selva y en un cam-
pamento inespugnable, obstruia su paso principal
con quince mil hombres; tenia á su derecha, y á


FRANCESA. 1 17


cuatro leguas de distancia á Dillon que con ocho
mil guardaba las lslettes y Chalade; á su iz-
quie7da á Dubourquet, que defendía el Chéne-


Po-puleux con seis mil, y en el intervalo del Chéne-
Populeu x á Grand-Pre, á un coronel que con al-
gunas compañías, observabael camino de la Croix-
aux-sois, que se habia considerado de mucha me-


eia'asi su defensa, tenia tiempo paranos Establecida
orimp tancia


espera r los refuerzos, que envió á buscar en se-
guida. Ordenó á Beurnonville que dejase la fronte-
ra


de los Paises-Bajos , donde el duque de Sajo-
nia-Teschen no intentaba ninguna accion impor-


que estuviese en Rethel el 43 de setiem-
btarnetceo; ny diez mil hombres. Señaló á Chalons paradepósito de víveres y municiones, y para la reo.-
nion de los refuerzos y reclutas que se le enviasen;
agolpando de este modo tras de sí, todos los me-
dios suficientes para hacer una debida resisten-
cia. Al mismo tiempo envió á decir al poder ele-
cutivo que habia ocupado la Argona. «Grand-Pré
« y las lslettes, escribia , son nuestras T erinópi-
¿as; pero seguramente seré yo mas feliz que Leoni-
das. Pedia que le mandasen algunos regimientos del
ejército del Rliin; el cual no estaba amenazado, y
que les uniesen al del centro confiado posterior-
mente á Kellermann. El plan de los prusianos era
indudablemente marchar contra Paris , pues en
brian á Motmedy y Thionville sin detenerse en
ellos; y por lo tanto quería Dumouriez que se man-
dase á Kellermann ocupar su izquierda por Ligny
y Bar-le-Due ; tomándoles asi el flanco y reta-
guardia en su marcha ofensiva. Despues de todos
estos preparativos, si los prusianos no queriendo




o


448 REVOLUC/ON


forzar la Argona., iban mas arriba, Dumouriez los
precedia en Revignv, uníendose allí con Keller_
mann que había llegado de Mezt con el ejército del
centro. Si bajaban hacia Sedán , tambien los se-
guía hallándose allí á los diez mil
hombres de Bournonville, y aguardando á Keller-
mann en las riberas del Aisne; y en ambos casos
la reunion producia un total de sesenta mil hom-
bres, capaces de salir á campo raso.


Nada omitió el poder ejecutivo para secundar
á Dumouriez en sus escelentes planes. El minis-
tro de la Guerra, Servan, aunque enfermo, vigi-
laba sin descanso en abastecer á los ejércitos, en
el transporte de municiones y efectos, y en la reu-
nion de nuevos quintos, saliendo diariamente de
Paris de mil quinientos á dos mil voluntarios. La
aficion al ejército era general, y todo el mundo se
alistaba en él. Las sociedades patrióticas, los prin-
cipales de los ayun tam ien tos y la Asam blea, se vejan
continuamente rodeados de .


compaiiias espontá-
neamente levantadas, que se dirijian á. Chalons,
punto de reunion de todos los voluntarios. Solo
carecian estos jóvenes soldados de la disciplina y
costumbre de los campos de batalla, que podian
adquirir bien pronto bajo un diestro general.


Los girondinos , enemigos personales de Du-
mouriez, le miraban con poca confianza, desde
que les habia lanzado del ministerio, y aun hahian
intentado que le sustituyese en el mando en gefe,
un oficial llamado rimoard ; pero se reconcilia-
ron con él luego que vieron en su mano los desti-
nos de la patria. Roland , el mejormas genero-
so de todos ellos, le escribió una a'fectuosa carta
asegurándole, que todo lo hablan dado al olvido, y


FRANCESA. '119


que sus amigos solo deseaban llegase el momento


iez apoderado activamen ,de celebrare sus victorias.


te de aquella


p


f


e


rontera, y constituídose como cen-


tro de
g randes movimientos lentos y aislados has-


ta enton
l'ces. Babia felizmente ocupado Los desfila-


deros de la Argona y tomado una posicion que pro-
porcionab a á los ejércitos tiempo para reunirse y


e'


oroanizarse á sus espaldas; hacía que llegasen su-
cesivamente todos los cuerpos para componer un


mostr


ejérc
ito imponente; ponía a Kellermann en preci-


se:in de ir á recibir sus órdenes; mandaba con ener-


ándose


obrahacon actividad, y alentaba á sus soldados
mo'strándose en medio de ellos, manifestándoles
mucha conlianza'y procurando hacerles desear un
próximo encuentro con el enemigo.


Llegóse así al 40 de setiembre. Los prusianos
recorrieron todos nuestros puntos, hicieron algunas
escaramuzas al frente de todos nuestros atrinchera-
mientos, ven todos fueron rechazados. Dumouriez
habia entablado comunicaciones por lo interior de
la selva, enviando inesperadas fuerzas á los puntos
amenazados, que segun opinion del enemigo, du-
plicaban nuestro ejército. lleho el 11 una tentati-
va general contra Grand Pré, pero el general Mi-
randa, situado en Mourtaume, v el general Stengel
en Saint-Jouvin, rechazaron todos los ataques con
el mejor-éxito. Los soldados animados por su posi-
cion y por la actitud de sus geles, saltaron en
muchos puntos encima de las trincheras r antici-
paron con sus bayonetas el encuentro de los ene-
migos. En estos combates se ocupaba el ejército,.
desprovisto algunas veces de víveres, por el desorden.
inevitable de un servicio repentino; pero el rego-




4=0 REVOLUCION
cijo del general, que se trataba como un soldado
obligaba á todos á resignarse, hallándose muy hiel
en el campamento de Grand-Pré, á pesar de un
principio de disenteria que se manifestó en él. s0.
lo los oficiales superiores, que dudaban de la posi-
bilidad de una larga resistencia , y el ministerio
que opinaba lo mismo, hablaban de retirada de-
trás del Mame , y acosaban á Dumouriez con sus
consejos, mientras él escribia enérgicas cartas álos
ministros , imponiendo silencio a sus oficiales, y
diciéndoles que cuando necesitase consejos con-
vocada uno de Guerra.


No puede menos un hombre de sufrir los incon-
venientes de sus cualidades. La estrenada viveza
del genio de Dumouriez debia precipitarle á ve-
ces hasta en la irrellexion ; porque en el calor de
su concepciou, le habia sucedido ya no calcular
bien los obstáculos materiales de sus planes, es-
pecialmente cuando mandó á Lafayette que pasa-
se de Metz á Gibet. Xun aqui incurrió en una fal-
ta capital, que á haber contado con una alma mas
tímida y con menos sangre fria , hubiera ocasio-
nado la: pérdida de la campaña. Entre el Chéne-
Populeux y Grand-Pré, habia como hemos dicho
un paso secundario, cuya importancia no se habia
ercido muy grande, que se hallaba defendido por
dos batallones y dos escuadrones. Rodeado de in-
finitas atenciones, Dumouriez no se habia acerca-
do á examinar por sus propios ojos este paso, y
teniendo por otra parte muy poca gente para es-
te punto, creyó facilmente que con unos cuantos
centenares de hombres, tendría bastante para su
.defensa. Para colmo de infortunio, el coronel que
mandaba en aquella parte, le persuadió que podia


FRANCESA. 421


retirar algunas de las tropas que tenia, porque cor-
Undo los caminos podrian sostener la defensiva unos
cuantos voluntarios. Dumouriez se dejó engañar
de este coronel , antiguo militar, y que parecia
digno dei3n ek


habia hecho examinar entretanto
nuestros diversos puntos , habiendo por un mo-
mento proyectado bajar la selva hasta Sedán, pa-
ra dar la vuelta por este punto; y en este movi-
miento parece que los espías descubrieron el des-
cuido del general francés. La Croix-aux-Boix
fue atacado por austriacos y emigrados al mando
del príncipe de Ligne, cuando no se hablan corta-
do aun los árboles ni los caminos; y el paso que-
dó ocupado sin resistencia alguna el 13 por la ma-
ñana. No bien supo Dumouriez tan funesta noticia
cuando envió al general Chasot, hombre de extraor-
dinario valor, con dos brigadas , seis escuadrones
y cuatro piezas de á ocho , para ocupar de nuevo
el paso y arrojar de él á los austriacos. Mandó que
cargaran sobre ellos á la ba yoneta con !a mayor
celeridad y antes que hubiesen tenido tiempo' de
atrincherarse. Pasó el dia .13aun el 1 sin que
el general Chasot pudiese Ileva'r á efecto está ór-
den; mas al lin el 15 atacó denodadamente , re-
chazó al enemigo , y le hizo perder su posicion y
su tefe, el príncipe de Ligne. Pero acometido él
tambien dos horas despues por fuerzas muy su-
periores , y antes de haber podido atrincherarse,
fue rechazado de nuevo, y desalojado enteramen-
te de la Croix- aux- Boix. Chasot estaba ademas in-
comunicado con Grand-Pré


'


de modo que no
dia incorporarse con el ejército




i
ito principal )(1' I "-


hallaba por tanto sin aquel auxilio. Rleapleggóusee se




421 REVOLUCIÓN


punto sobre Youziers. El general D ubouquet, ce,
mandante en el Chéne-Populeux , que se bahía
sostenido hasta entonces , viéndose separado de
Grand-Pré, pensó que no dehia exponerse á que,
dar envuelto por el enemigo, el cual }labia roto la
línea en la Croix-aux-Bois, é iba á agolpar toda su
masa. Resolvió, pues , retirarse hácia Attigny y
Somme- Puis sobre Chalons; perdiéndose así et
fruto de tan atrevidas combinaciones v de tan fe-
lices casualidades, porque el único obstáculo qua.
podia oponerse á la invasion, que era la Argona,
!labia desaparecido, v quedado por consiguiente.:
franco el camino de Paris.


Du mouriez, separado de Chasot y de Dubouquet.'
no tenía mas que quince mil hombres; si el ene--
migo arrojándose velozmente por la Úroix-aux
Boix, envolvía la posicion de Grand Pré, y pa-
saba á ocupa:




el tránsito del Aisne , que era, se-.
nin hemos dicho, la salida por la espalda del carn-e,
pamento, el general francés quedaba perdido. Con
cuarenta mil prusianos al frente, v veinte y cinco
mil austriacos á la espalda, cercado así con quid':
ce mil hombres por sesenta y cinco mil, y ademas
por dos ríos y la selva, no tenia mas que deponer
las armas ó hacer que muriesen inútilmente hasta
el último de sus soldados. El único ejército con
que contaba la Francia, estaba entonces deshecho
y los coligados podían emprender su direccion á
la capital.


En tan desesperada situacion, no perdió el ge-
neral su denuedo, v conservó una serenidad admi-
rable. Pensó antes de todo , en emprender aquel
mismo dia la retirada, porque lo mas urgente
era librarse de las horcas Caudinas. Reflexionó que


FRANCESA. 2'3


supor
derecha alcanzaba á Dillon, ducho todavía


de las Islettes y del camino de Sainte-Menehoo
uld;


ayado en.
y que replegándose


á sus espaldas, y p
El podrían entrambos hace fente al enemigo, el
uno en las lslett es, y el olie


r
en Sainte-Menehold,


presentando asi doble frente atrincherado.


neral
odian esperar á que se les reuniesen los dos ge-


es, Chasot v Dubouquet, separados del cuer-
po de batalla, ifeurnonville , llamado de Flandes
para hallarse el 13 en Rethel, y finalmente Re-
llermann , que hallándose en marcha hacía ya dos
dias , no podia tardar mucho en llegar. Este plan
era el mejor, y mas acomodado al sistema de Du-


- mouriez, que 'consistia en no retirarse al interior
hácia un pais abierto , sino permanecer en aque-
llas escabrosidades, contemporizar en ellas, y po-
nerse en estado de poder unirse con el ejército
del centro. Si por el contrario se replegaba sobre
Chalons , era perseguido como fugitivo ; empren-
dia una desventajosa retirada que hubiera podido
efectuar mas útilmente al principio, y sobre todo
se imposibilitaba para reunirse á Kellermann. Era
mucho atrevimiento, despues de un lance como el
de la Croix-aax-Bois, aferrarse en su sistema ; y
se necesitaba en aquel apuro, tanto genio como
vigor para no adoptar el consejo tan repetido, de
retirarse á espaldas del Marne. Pero ¡cuántas di-
chosas casualidades no eran menester todavía pa-
ra salir airoso en una retirada tan dificil, tan ob-
servada , emprendida con tan poca gente , y á la
-vista de tan poderoso enemigol


Mandó, pues, inmediatamente á Beurnonville,
que ya se habla dirigido sobre Rethel, á Chasot


'


de
quien acababa de recibir satisfactorias noticias, y





21- RE s-nucioN
á Dubouquet que se habia retirado á Attigny,


se
reuniesen todos en Sainte•Menehould. Al mismo
tiempo encargó de nuevo á Kellermann que conti-
nuase su marcha, porque recelaba que este, al sa-
ber la pérdida de los desfiladeros, no quema vol-.




verá Despues de haberlo dispuesto todo así
y de recibir á un oficial prusiano que pedia parla-
mento, mostrándole el campo en el mayor Orden,
hizo levantar tiendas á media noche y marchar
con silencio hácia los dos puentes que servian de
salida al campamento de Grand-Pré. Por fortuna
el enemigo no se !labia cuidado aun de penetrar
por la Croix au n


-Bois, ocupando las posiciones
francesas. El cielo estaba tempestuoso y ocultaba
con sus tinieblas la retirada de los franceses. Mar-
chóse toda la noche por los caminos mas ásperos,
y el ejército que afortunadamente no habla tenido
tiempo para alarmarse aun, se retiró sin comprender
el motivo de este cambio de posicion. Al siguiente
dia 16 todas las tropas habian pasado el Aisne á
las ocho de la mañana; Dumouricz se !labia liber-
tado, y presentaba la batalla en las alturas de Au-
try, á cuatro leguas de Grand-Pré. No era perse-
guido; se creia salvo y se adelantaba á Dammar-
tia-sur-]fans, con el objeto de elegir campamen-
to para la jornada, cuando de repente ove a los fu-
gitivos que venian corriendo y gritando que todo
estaba perdido, y que el enemigo arrojándose so-
bre nuestra retaguardia , habia puesto el ejército
en derrota; va allá Dumouriez, llega á su reta-
guardia, y encuentra al peruano Miranda y al an-
ciano general Duval que contenia á los fugitivos,
ordenando con mucho valor las columnas del ejér-
cito, que habian sorprendido y confundido algun


FRANCESA 425
tanto varios húsares prusianos. La inesperiencia
de aquellos soldados bisoños, y el temor de la traí-
cion que reinaba entonces ea todos los ánimos,
Inician muy fáciles y frecuentes estos terrores pá-
nicos. Todo se remedió, sin embargo , gracias á
los tres generales Miranda, Duval y Stengel, colo-
cados en la retaguardia. Se vivaqueó en Dammar-
lin, con la esperanza de resguardarse muv pronto
en las Islettes y terminar felizmente tan peligrosa


reti lladla veinte y cuatro horas que estaba Du-
inouriez á caballo. A las seis de la tarde echabapie á tierra, cuando de repente se oyen las voces
de sálvese el que pueda ; imprecaciones contra los


- traidores generales, y especialmente contra el ge-
neral en gefe, que acababa, decian, de pasarse al
enemigo. La artillería había enganchado, quería
subirse á una colina, y reinaba la ma yor confusion
entre las tropas. Hizo encender hogueras, y man-
dó permanecer en aquel sitio toda la noche, pa-
sándose así diez horas entre pantanos y tinieblas.
Idas de mil v quinientos fugitivos , huyendo por
los campos , 'fueron á circular por Paris y por to-
da la Francia la noticia de que el ejército del Nor-
te, última esperanza de la patria, se habia perdi-
do y entregado al enemigo. Al dia siguiente se ha-
bia reparado todo, escribiendo Duinouriez á la
Asamblea con su acostumbrada seguridad lo si-
guiente: «Me he visto obligado á abandonar el
«campamento de Grand-Pré. 'labia hecho la re-
«tirada , cuando se esparció un terror pánico por
«el ejército, huyendo diez mil hombres de mil y
«quinientos húsares prusianos. La pérdida no pa-
«sa de cincuenta hombres y algun bagaje. Tono




426 REVOLUCION
«SE ILA REPARADO, Y YO RESPONDO DE TODO.» Nece-
sarias eran todas estas seguridades para calmar
los temores de Paris y del consejo ejecutivo , que
iba á estrechar de nuevo al general para que pa-
sase el Marne.


Sainte-Menehould, adonde Dumouriez se diri-
gia, está situado sobre el Aisne, uno de los dos ríos
que cercaban el campamento de Grand-Pré. De-
bia el general ir contra la corriente , y antes de
llegar, tenia que atravesar el 'Turbe, el Bionne y
y el Auve , tres arroyos bastante hondos, que van
á desembocar en aquel punto. Al otro lado de es-
tos tres arroyos se hallaba el terreno que queda
ocupar. Hay delante de Sainte-Menehould una al-
tura en semicírculo que ocupa como tres cuartos
de legua, v á su pié se estiende una llanura en que
el Auve forma muchos pantanos antes de desem-
bocar ea el Aisne. Citen esta superficie á la dere-
cha las colinas del llvron, al frente las de la Luna,
y á, la izquierda las de Gisaucourt. En el centro de
la hondonada se ven algunas alturas inferiores á
las de Sainte-Menehou.id, siendo una de ellas el
molino de Valrnv, que hace frente á las colinas de
la Luna. La carretera de Chalons á Sainte-Mene-
hould pasa por esta hondonada, paralela casi á la
corriente del Auve. Dumouriez, se colocó en Sala--
te-Menehoald y sobre dicha hondonada, hacien-
do ocupar á. su alrededor las posiciones mas im-
portantes, apoyando la espalda de Dillon, y encar-
gándole que se mantuviese firme contra el enemi-
go. Así. ocupaba el camino real de Paris en tres
puntos: las lslettes, Sainte Meaehould y Chalons.


A pesar de esto los prusianos podían, inter-
nándose por Gra,ad-Pre dejarle eu Sainte-Mene-


P RANC ESA.


laould , y correrse hacia Chalons ; por lo cual Du-
mouriez mandó á Dubouquet, cuya feliz llegada á
Chalons habia sabido, que se colocase con su di-


en el campo de l' Epine, y reuniese en él á
todos los voluntarios recien llegados , para res-
guardar á Chalons de un golpe de mano. En se-
guida se incorporó con Chasot , y finalmente con
Beurnonale, , que !rabia llegado el cija 15 é la vis-
ta de Sainte-Menehould, pero que viendo un ejér-
cito tan bien ordenado , habia creido que era el
enemigo , porque no podía figurarse que Dumou-
riez , á quien creía batido , se hubiese librado tan
bien v tan pronto del apuro. Por tanto se habla
retirado á Chalons , hasta que informado allí de la
verdad, volvió y tomó posicion en Maffrecourt el
día 19 á la derecha del campamento. Traía los diez
mil valientes que Dumouriez habla ejercitado du-
rante un mes en el campamento de Maulde, en
una continua guerra de puestos. Reforzado por
Beurnonville y Chasot, pocha Dumouriez contar
con treinta y cinco mil hombres, hallándose, gra-
cias á su denuedo y á su presencia de ánimo , co-
locado en una posicion muy fuerte, y en estado de
pasar todavía algun tiempo; pero ¿en qué vendria á,
parar su campamento de Sainte-Menehould , si el
enemigo , mas veloz, le dejaba á la espalda , v se
le adelantaba sobre Chalons? Siempre los mismos
temores ; y sus precauciones en el campamento
de l' Epine estaban lejos de poder prevenir un pe-
ligro semejante.


Dos movimientos muy lentos se operaban á su
alrededor: el de. Brunswick, que titubeaba en su mar-
cha, y el de Kellermann, que habiendo salido el 4.
de Melz, no 'labia llegado todavía al punto señalado




428 REVOLUCION
despues de quince dios de camino. Pero si la len-
titud de Brunswick convenia á Dumouriez, le com-
prometia singularmente la de Kellermann; el cual,
prudente é indeciso, aunque muy valiente, habia
avanzado ó retrocedido alternativamente, segun
las marchas del ejército prusiano ; y todavía el 17
al saber la pérdida de los desfiladeros, /labia he-
cho una contramarcha. Sin embargo, el 19 por la
noche , avisó á Dumouriez que se hallaba ya á
dos leguas de Sainte-Menehould. Dumouriez le
había reservado las alturas de Gisaucourt , situa-
das á su izquierda, y dominando la carretera de
Chalons y el arro yo del Auve. Ilabíale prevenido
que en el caso de ` una batalla podia tenderse sobre
los collados inmediatos y dirigirse hacia Valmy,
mas allá del Aove. No tuvo tiempo Dumouriez
para ir á colocar á su compañero; pues Keller-
mann , pasando el Auve el 49 por la noche , se
adelantó á Valmy en el centro de la hondonada, y
abandonando las alturas de Gisaucourt, que for-
maban la izquierda del campamento de Sainte-
Menehould, y dominaban las de la Luna, sobre las
cuales llegaban los prusianos.


Desembocando estos efectivamente por Grand-
Pré , en aquel momento se avistaron con el ejér-
cito francés, y trepando las alturas de la Luna
descubrían ya el terreno cu ya eminencia ocupaba
Dumouriez. Renunciando á una marcha rápida so-
bre Chalons , se dice que estaban muy contentos
por hallar juntos á los dos generales franceses, á
fin de poderlos rematar de un solo golpe. Su obje-
to era posesionarse de la carretera de Chalons,
llegar hasta Vitry, empujar á Dillon á. las Islettes,
circunvalar asi á Sainte-Menehould por todas


FRANCESA. 429
partes , y obligar á ambos ejércitos á rendir las
armas.


20 por la mañana, Kellermann , que en vez
de ocupar las alturas de Gisaucourt , se habia di-
rigido al centro de la hondonada sobre el molino
de Valm y , se vió dominado de frente por los cer-
ros de la Luna, ocupados por el enemigo. Por una
parte tenia el Hyron que los franceses poseian,
pero que podían perder, y por otra Gisaucourt,
que no habla ocupado_, y á donde los prusianos
iban á establecerse. En el caso de una derrota,
era arrollado en los pantanos del Auve, situados
detrás del molino de Valmy, y podian destrozarle
antes de incorporarse con Dumouriez , en el fon-
do de este anfiteatro. Llamó á sí al momento á su
compañero , pero viendo el rey de Prusia un gran
movimiento en el ejército francés, y creyendo que
el proyecto de los generales era dirigirse hacia
Chalons, quiso al momento atajarles el camino y
dispuso el ataque. La vanguardia prusiana encon-
tró en la carretera de Chalons á la de Kellermann,
que se hallaba con su cuerpo de batalla sobre la
altura de Valinv. Chocaron réciamente, y los fran-
ceses rechazados al pronto se rehicieron despues
sostenidos por los carabineros del general Valence.
Desde los cerros de la Luna, se aumentó el ca-
ñoneo contra el molino de Valmy , y nuestra arti-
llería contestó fuertemente A la de los prusianos.


Entretanto la posicion de Kellermann, era muy
arriesgada ; sus tropas estaban todas hacinadas
confusamente sobre el cerro de Valmv , y muy
mal colocadas para pelear; cañoneábanla desde los
cerros de la Luna , y desde los de Gisaucourt : el
fuego dirigido de los prusianos maltrataba su iz-


Biblioteco popular« T, 4.0k




130 REVOLUCION


quierda ; el Hyron , que flanqueaba su derecha,
estaba á la verdad ocupado por los franceses; pero
Clerlayt, atacando este punto con veinte y cinco
mil austriacos , podía apoderarse de él: ac'ribilla
do entonces 'por todas partes, podia Kellermann
ser arrojado de Valmy en el A.uve , sin que Dit_
mouriez acertase á socorrerle. Envió este acelera-
damente al general Stengel con una gruesa divi_
sion para mantener á los franceses sobre el Hvron
protegiendo la derecha de Valmy ; mandóá latir,
nonville que contuviese á Stengel con diez y seis
batallones , destacó á Chasot con otros nueve ba-
tallones y ocho escuadrones sobre la carretera de
Chalons , para ocupar á Gisaucourt y flanquear la
izquierda de Kellermann. Pero Chasot, llegando
cerca de Valmy , pidió órdenes á Kellermann ea
vez de acudir sobre Gisaucourt, y dejó tiempo a
los prusianos para posesionarse de él y dirigirnos
un fuego mortífero. Sin embargo , apoyado de de-
recha e izquierda , podía Kellermann sostenerse
en el molino , mas desgraciadamente cayendo una
bomba sobre un cajon , lo voló , y desbarató en
parte la infantería ; aumentó el desorden el caño-
neo de la Luna , y ya la primera línea principiaba
á cejar, cuando notándolo Kellermann corrió á las
filas , las rehizo v restableció el Orden. En aquel
punto , pensó Bru- nswick que con genia trepar a la
altura y arrollar á la bayoneta las tropas fran-
cesas.


Era medio dia, y la espesa nube que hasta en-
tonces habla envuelto á ambos ejércitos, desapa-
reció; veianse distintamente, y nuestros jóvenes
soldados contemplaban á los prusianos que se ade-
lantaban en tres] columnas, con la seguridad de


FRANCESA. •34


tropas
aguerridasrridas y veteranas. Esta era la prime-


„ -v que se hallaba en .número de cien mil hom-
b..r- es sobre el campo de batalla, y que iban á cru-
zar las bayonetas. Ni se conocian á sí mismos ni
al enemigo, y se miraban con inquietud. Entra
Kellermann en los atrincheramientos, dispone sus
tropas ea columnas de un batallon de frente, y les
manda que, cuando estén los prusianos á cierta dis-
tancia no los esperen, sino que se arrojen sobre
ellos á la bayoneta. Levanta despues la voz y grita:
frica la. nacionl—En aquel momento halia que
mostrarse ó valiente ó cobarde ; pero el grito de
Viva la nacion no engendra sino valientes, y nues-
tros bisoños soldados marchan entusiasmados re-
itiendo el grito de Viva la nacionl A. vista de esto,


-Brunswick, que tanteaba el ataque con repugnan-
cia v con gran temor del resultado, titubea, de-
tiene sus columnas y acaba por mandar vuelvan al
campamento


prueba fue decisiva. Ya en aquel momea-
tc alio c ri everon en el valor de aquellos sastres y zapa-
teros 'que, segun espresion escarnecedora de los
emigrados, componian el ejército francés. Habián-
se visto ya hombres pertrechados, arrojados, y va-
lientes; babiánse visto oficiales condecorados y
llenos de esperiencia; un general, Duval, cuya
gallarda estatura y blancos cabellos infundian res-
peto; Kellermann, y en lin Dumouriez, oponiendo
tanta constancia y destreza en presencia de un
enemigo tan superior. En este momento quedó bien
concertuada la revolucion francesa ; • y aquel caos,hasta allí ridículo, va no sees nt"pr e o sino como un
terrible esfuerzo de-energía.


A las cuatro intentóBrunswick un nuevo ataque;


1




1132 REVOLEEION


pero la tranquilidad de nuestras tropas lo des
Tentó y segunda vez hizo replegar sus columnas
Caminando de sorpresa, -hallando falso todo 1.
que se le habla anunciado, el general prusiano
avanzaba con mucha precaucion, y aunque des,
pues algunos le ha yan vituperado el no haber mine.
fiado vivamente d'ataque y arrollado á Kellermaue
otros mas entendidos en el arte de laguerra
que tuvo razon. Sostenido Kellermann de derecha
á izquierda por todo el ejército francés, podia!resis-
tir; y si Brunswick sumergido en un desfiladero y
un pais detestable sufria alguna derrota se esponja
á perder todo su ejército. Por otra parte el resul-
tado de la jornada le proporcionó ocupar la carrete.
ra de Chalons ; los franceses se hallaban separados
de sus depósitos, y esperaba obligarlos á que aban-
donasen su posicion en pocos dias; pero no consi-
deraba de que dueños de Vitry, conseguian su in-
tento con un rodeo mas largo, aunque padeciese al-
guna demora la llegada de sus convoyes.


Tal fué la célebre jornada del 20 de setiembre
de 1792, en donde se dispararon mas de veinte
mil cañonazos, llamándose despues por esto, el
CAIONE0 DE vAi.my. La pérdida fué igual por am-
bas partes, y ascendió para cada ejército de ocho-
cientos á novecientos hombres. Pero el regocijo y la
serenidad reinaban en el campo francés, y los cargos
y el despecho en el de los prusianos. Asegúrase
que aquella misma noche los emigrados recibieron
Vivas reconvenciones, del rey de Prusia, y aun se
añade que el ex-ministro Calonne empezó á per-
der el influjo, que debia á sus exageradas prome-
sas y á los datos que !labia dado y acababa dc.des-
menlir la esperiencia.


FRANCESA. 133


En la misma noche Kellermann volvió á pasar el
Auve silenciosamente, y fué á acampar sobre los
eerrosde Gisaucourt, que hubiera debido ocuparlos
desde el principio, y de los cuales se habian aprove-
chado en la jornada los prusianos. Estos permane-
cieron en las alturas de la Luna; en la hondonada
opuesta se hallaba Dumouriez, y á su izquierda
lellermann sobre las alturas que acababa de reco-
brar. En posicion tan singular los franceses, dando
rostro hiera la Francia, parecian invadirla ; y los
prusianos, que estaban apoyados contra ella la de-
tendian al parecer. Aquí es donde comenzó, por
parte de Dumouriez, una nueva serie de actos lle-
nos de energía y de firmeza, ya contra el enemigo,
ya contra sus propios oficiales y contra la autori-
dad francesa. Con cerca de sesenta mil hombres
de tropa, en un buen campamento, y bien abaste-
cido de víveres, podia permanecer en la expectati-
va cuanto quisiese, en tanto que careciendo de to-
do los prusianos, las enfermedades principiaban á
asolar su ejército, y en esta situacion perdían mu-
cho con contemporizar. Una estacion horrorosa en
medio de un terrenoarcilloso y húmedo, no les per-
mitia detenerse largo tiempo. Si volviendo ya de-
masiado tarde á la energía y á la velocidad de la
invasion, quedan marchar sobre Paris, Dumou-
riez estaba en posicion de perseguirlos, y envolver-
los luego que se hubiesen adelantado.


Estas miras eran justas y prudentes, pero en
el campamento donde los oficiales se aburrian con
sus privaciones, y en donde Kellermann estaba
poco satisfecho con sufrir una autoridad superior;
en Paris, en donde se dolian de la separacion del
ejercito principal, donde nada se notaba entre el




43,i REVOLITION
pueblo y los prusianos, y en donde se vejan lo
lanceros llegar á quince leguas despues de cortadns
el bosque de la Argolla no se podía aprobar el plan
de Dumouriez. La Asamblea y el consejo se queja-
ban de su tenacidad, y le escribían las cartas mas
imperantes para hacerle abandonar su posicion,
que volviese á pasar el Mame. El c ampamento de
Montmartre y un ejército entre Chalous y Paris
eran la doble muralla que convenia á las im agina-
ciones asustadas. Si los lanceros os cercan, escribia
Dumouriez, enhorabuena, matadlos, esto no me c6 m.
pele. Yo no he de variar mi plan por unos cuantos
húsares. Sin embargo no cesaban las órdenes v las
instancias, y en el campamento no dejaban los ofi-
ciales de hacer entre sí observaciones. Solamente
los soldados, sostenidos por la jovialidad del gene_
ral, que !labia tenido cuidado de recorrer sus filas,
de animarlos y de esplicarles la posicion crítica de
los prusianos, sobrellevaban con paciencia las llu-
vias y las privaciones. Una vez quiso marchar Ke-
1101. 11'1am r fué necesario que Dumouriez, á egem-
plo de Colón, pidiendo algunos dias mas á su tripu-
lacion, prometiese levantar el campo si en cierto
número de días no tocaban retirada los prusianos.


El magnifico ejército de los coligados se ha-
llaba efectivamente en un estado lastimoso ; pues
perecía de hambre y sobre todo con el cruel es-
trago de la disentería. Las disposiciones de Du-
mouriez habían contribuido á ello poderosamente,
pues conceptuando inútil el tiroteo por frente del
campamento, por la inutilidad de su resultado, se
convino entre ambos ejércitos el suspenderlo; pe-
ro estipuló Dumouriez que solo se entenderla
en la inmediacion. En seguida destacó toda su ca-


:5


FRANCESA. 3


bállería , especialmente la bisoiía , á las tierras
circunvecinas á lin de interceptar los convoyes




del enemigo, el cual babiendo. en
llegado p


el
or la


Aisne
gar-


ganta de 'Grand-Pré , y subido por
-alcance de nuestra retirada , se veia obli gado á
hacer que siguiesen los mismos rodeos todos sus
abastecimientos. Nuestros ginetes se fueron afi-
cionando á esta guerra lucrativa y la seguian
con gran éxito. Eran ya los últimos días de
setiemb re ; el mal cada vez se hacia ms ito-lerable en el ejército prusiano, y varios de


a
sus


n
ofi-


ciales !rabian ido al campamento francés para par-
lamentar . No se trató al pronto sino del cange de
prisioneros, y los prusianos pidieron que desechóe el con—


trato alcanzase á los emigrados , pero s la pretension. Reinó suma política por una y otra
parte; del cange se fue rodeando la couversacion so-
bre los motivos de la guerra, y llegaron casi á con-
fesar los prusianos que era impolítica. El carácter de
Dumouriez se mostró aqui completamente, pues no
teniendo que pelear, componía memorias para el
rey de Prusia, demostrándole, no serle ventajoso
el unirse á la casa de Austria contra la Francia.
Al mismo tiempo le enviaba doce libras de café,
las únicas existentes en ambos campamentos: Sus
memorias, que no podian menos de ser aprecia-
bles, fueron sin embargo, mal acogidas,asi de-
bían ser, Brunswick respondió en nombre del rey
de Prusia con una declaracion tan arrogante co-
mo el primer manifiesto, y se rompió toda nego-
ciacion. La Asamblea, consultada por Dumouriez,
respondió como el senado romano , que no se en-
traria en tratos con el enemigo, sino cuando hu-
biese salido de Francia.




4 36 CEVOLUCION
Estas negociaciones no tuvieron otro resultado


que calumniar al general de quien desde entonces
se sospechó tenia relaciones secretas con el es,
trangero, atrayéndole algunos desaires afectados
por parte de un monarca orgulloso y humillado
con el éxito de la guerra Pero tal era Dumouriez.
con todo género de valor, y despejado sobre ina,
nora, carecía de aquella reserva y dignidad que
impone á los hombres, en tanto que el genio no.
hace mas que sub y ugarlos. Sin embargo, segun lo
'labia previsto el general francos , el 1. 0


de octu-
bre, no pudiendo va los prusianos resistir á la es-
casez y á las enfermedades, principiaron á evaa..
tar el campo. Fue en Europa un objeto de admi
racion, de conjeturas y de fábulas, el ver un ejér-
cito tan poderoso y decantado retirarse h umilde-
mente á la vista de aquellos artesanas plebeyos
sublevados, que debian ser repelidos' hacia


plebeyos


hogares, tambor batiente, y castigándolos por ba-
herlos dejado. La debilidad con que fueron perse-
guidos los prusianos, y la especie de impunidad con
que volvieron á pasar los desfiladeros de la Árga-
na, hicieron suponer secretas estipulaciones, y aun
un cohecho por el res,


de Prusia; pero los hechos
militares van á esplicar, mejor que todas estas
suposiciones, la retirada de loszcoligados.


Permanecer en una posieion tan desventajosa
N'a no era posible, v el invadir era intempestivo en
jipa estacion tan adelantada v cruda. El único re-
curso, pues, era retirarse hacia Luxemburgo y la
Lorena , y formarse alli una gran base de opera-
ciones para comenzar la campaña al año siguiente.
Por otra parte, hay motivos para creer que en
aquel momento Federico Guillermo codiciaba su


FRANCESA. 4 37


porcion de Polonia, porque entonces mismo habia
á los polacos contra la Rusia y el Aus-


y se prestaba á participar de sus despojos.
porlo cual, el estado de la estacion y de los para-
geg el aburrimiento de una empresa malograda, el
pesar de haberse aliado á la casa de Austria con-
tra la Francia, y en lin , nuevos intereses en el
Norte, eran para el re y de Prusia suficientes mo-
tivos que determinaban su retirada. Verificóse
esta con sumo Orden, porque aquel enemigo que
consentia en partir , no dejaba de ser muy pode-
roso. Quererle cortar del todo la retirada, y obli-
garle a abrirse paso por medio de una victoria,
era un desacierto que Dumouriez no podia come-
ter; por tanto , era forzoso contentarse con osti-
garle, y esto es lo que se hizo con poca actividad
por culpa suya y de Kellermann.


Pasado el peligro, concluyó la campaña, y ca-
da cual volvió á si y á sus proyectos. Dumouriez
pensaba en su empresa de los Paises Bajos, y
Kellermann en su mando de Metz; y no merecien-
do la atencion debida á entrambos generales el
alcance de los prusianos, Dumouriez envió al ge-
neral d'Ilarville al Chéne-Populeux para castigar
á los emigrados, mandó al general Miaczinskv que
los esperase en Stenay á la salidadel transito pa-
ra acabar de destruirlos; destacó á Chasot por el
mismo lado para ocupar la carretera de Longwy,
colocó á los. generales Beurnonville, Steogcl y Ya-
lenco con mas de veinte y cinco mil hombres para
perseguir con vigor la retaguardia del grande
ejército , y al mismo tiempo mandó á Dillon , que
se 'labia mantenido siempre en las lslettes con
gran felicidad , que avanzase sobre Clermont y




438 REVOLUCION
VareiarleS , á fin de cortar la carretera de Verdín/.
Estas disposiciones eran acertadas seguramente,
pero hubieran debido ejecutarse por el mismo ge_
peral, y segun el concepto justisimo y atinado de
111r. Jornini hubiera debido caer directamente ha-
cia el Rhin, bajándole en seguida con todo su
ejército. Con esta ventaja, arrollando cuanto se le
ponia delante, hubiera conquistado la Bélgica en
una marcha; pero pensaba venir á Paris para dis-
poner una invasion por Lila. Los tres generales
Stengel, Beurnonville y Valence no estuvieron por
su parte mu y


acordes y persiguieron débilmente
á los prusianos. Valence, que dependía de Keller-
mann, recibió de repente Orden para volver á in-
corporarse con su general en Chalons , á fin de
volver á tomar el camino de Metz. Es necesario
convenir en que el movimiento estaba hábilmente
ideado , puesto que traia á Kellermann hacia el
interior para luego recaer en el camino de la
frontera de la Lorena. El rumbo natural era ade-
lantarse por Vitry ó Clermont, y se conciliaba con
el alcance de los prusianos segun y como lo ha-
bía dispuesto Dumouriez. Apenas sabe este la Or-
den dada a Valence , le mandó que continuase la
marcha , diciendo que mientras durase la incor-
poracion de los ejércitos del norte y del centro, á
él solo pertenecía el mando superior. Manifestólo
así severamente á Kellermann, quien volvió á su
primera determinacion , y consintió en tomar su
camino por Saintte-Menchoul y Clermont. Sin em-
bargo , el alcance se hizo siempre con blandura;
solo Dillon ostigó á los prusianos con un ardor bu-
llicioso, y poco faltó para tenerse que batir, arro-
jándose precipitadamente tras ellos.


FRANCESA. •39


La desaveniencia de los generales, y sus dis-
tracciones personales despues del peligro, fueron
evidentemente la única causa que presentó una
retirada tan fácil á. los prusianos. Se ha dicho que
su marcha habla sido comprada , pagándola con el
product o de un gran robo de que vamos á hablar;que se habla convenido con Dumouriez , siendo
uno de L,s pactos la libre salida de los prusianos;
v en lin , que Luis XVI , lo habla pedido desde el
rondo de su prision. Hemos acabado de ver que
esta retirada puede esplicarse suficientemente por
motivos naturales ; pero otras muchas razones de-
muestran igualmente lo absurdo de suposiciones
semejantes. No es creible , pues, que un monarca,
tuvo vicio no era la codicia vil, se hubiese dejado
comprar; ni puede presumirse que en el caso de
un convenio , no se hubiera sincerado Dumouriez
con los militares de no seguir al alcance del ene-
migo, confesando un tratado que nada de vergon-
zoso tenia para él. En lin Clery, ayuda de cámara
del rey , asegura que nada de cuanto se parezca á
la supuesta carta chrijida por Luis XVI á Federico-
Guillermo , y entregada por el sindico Manuel , se
ha escrito ni puesto en manos de este Ultimo. Todo
esto es nna mentira , y la retirada de los coligados
se redujo á un efecto natural de la guerra. Dumou-
riez, á pesar de sus yerros, de sus distracciones
en Graud-Pré v. de su negligencia en el momento
de la retirada, no dejó de ser el salvador de la
Francia y de una revolucion que ha hecho avanzar
á la Europa en muchos siglos. El fué quien, apo-
derándose de un ejército desorganizado , irritado y
receloso , lo coordinó y le dió confianza, , estable-
ciendo sobre toda aquella frontera la unidad y el




4 40 BEVOLUCION
vigor , sin desesperar jamás enmedio de


ci rcuns.tancias desastrosas, dando despues de la
pé rdidade los desfiladeros , un ejemplo inaudito de
sereni-dad y de admirable constancia, á pesar de su ejér-


cito y del mismo gobierno; él fué, repetimos, quieri
salvó á nuestra patria del estrangero y de la ira
contra-revolucionaria, y dió el ejemplo tan impo-
nente de un hombre, salvando á sus conciudadanos
á pesar de ellos mismos. Una conquista , por


vastaque sea , no será nunca ni mas bella , ni mas
ejemplar.


CAPITULO IV.


Nuevos asesinatos de presos en Yersalles.—Abusos del poda y
dilapidaciones del Ayuntamiento.—Elecciones de los elíputade4
para la Convencion.—Composicio n de la diputacion de Paris.—
Situacion y proyectos de los girondinos ; carácter de los candi-,
llos de este partido ; del federalismo.—Estado del partido pa-
risiense y del Ayuntamiento.— Apertura de la Convcncion na-
cional el 20 de setiembre de 1792; abolicion de la monarquía
establecimiento de la república.—Primera lucha de los giron-;
dinos y de los montañeses ; delacion de Robespierre y de illa-
rat.—Declaracion de la unidad y de la indivisibilidad de la
república.—Distribucion y fuerzas de los partidos en la Con-
veneion.—Cambios en el poder ejecutivo.—Deja Danton su
ministerio.—Creacion de varias comisiones administrativas y
de la de Constituclon.


Mientras que los ejércitos franceses detenian la
marcha de los coligados, continuaban en Paris en la
mayor confusion v turbulencia. Ya se han visto los
desenfrenos del Ayuntamiento, los furores tan pro-
longados de setiembre, la impotencia de lasautori-
dades, y la inaccion de lafuerza pública durante es-
tas jornadas desastrosas; y liase visto la avilantez
con que la junta de vigilancia había confesado los
asesinatos, y recomendado su ejemplo á los denlas
Ayuntamientos de Francia. Sin embargo , los co-
misionados enviados por la municipalidad
sido rechazados por todas partes , por cuanto la
Francia no participaba de los furores que había (hl-




442
BEVOLUCION


citado el peligro en la capital. Pero en sus cerca_
nías todos los asesinatos no se habian limitado á los
que va quedan referidos. Rabiase formado en Paris
una pandilla de asesinos familiarizados con las ma-
tanzas y la sangre de setiembre , y que todavia
deseaban derramarla. Ya se habian destacado al-
gunos centenares de lumbres para estraer de lasb
cárceles de Orleans á los acusados de alta traicion.
Estos desventurados, por un decreto postrero, de-
bien ser conducidos á Saumur ; pero estando en
camino se les varió de direccion y fueron conduci-
dos á Paris. El 9 de setiembre se supo que el 10
dehian llegar á Versalles; y al momento , fuese
porque se hubiesen pasado nuevas órdenes á la pan-
¿filia de los degolladores, ó ya porque la noticia de
esta llegada bastase para despertar su ardor san-guinario-


, invadieren á Versalles del 9 al 10. Cor-
rió al punto la voz de que iban á cometerse nuevos
asesinatos. El cm regidor de Versalles tomó todas
las precauciones para impedir nuevas desdichas; y
el presidente del tribunal criminal corrió á Paris
para notificar al ministro Danton el peligro que
amenazaba á los presos ; pero no mereció á todas
sus instancias otra contestacion que .¡ Esos hombres
son demasiado culpables ! Séanlo , añadió el presi-
dente Alquier, pero la ley sola debe administrar
justicia.—¡Bah I ¿no estais viendo , replicó Dantcn
con voz terrible , que ya os hubiera respondido
de otro modo si pudiese ? ¿ qué Os importan esos
presos ? Volved á vuestras funciones y no os ocu-
peis mas de ellos...


Al dia si guiente llegaron los presos á Versalles,
y multitud -de hombres desconocidos se arroja-
ron á los carruages, consiguieron rodearlos y se-


143FRAMESA.


pararlos
de la escolta ; derribaron del caballo al


comandante andan te Founier, arrebataron al corregidor,


que
quería generosamente morir en su puesto, y


Cincu


• sesinaron a. los desdichados presos en numero de
enta y dos. Allí perecieron Delessart v d'A ban-


cour, acusados como ministros, v Brissac, como
gefc de la guardia constitucional, licenciada en
tiempo de la legislativa. Acabada la ejecucion cor-
rieron los asesinos á las cárceles de la ciudad , y
renovaron las escenas de los primeros dias de se -
tiembre, empleando los mismos medios, y reme-
dando como en Paris las formas judiciales. Este
último acontecimiento, sobrevenido con cinco dias
de intervalo del primero, acabó de producir un ter-
ror universal. No era menor la actividad de la jun-
ta de vigilancia de Paris , puesto que las prisiones
que acababan de quedar vacías con la matanza,
volvieron á llenarse con nuevos decretos de pri-
sion. Eran tan numerosos estos nuevos actos arbi-
trarios , que 11.oland, ministro del interior , los de-
nunció á la Asamblea y llegó á presentar de qui-
nientos á. seiscientos sobre la mesa , firmados los
unos por una sola persona, otros por dosó á lo mas
tres, la mayor parte sin estar motivados, y muchos
fundados en una mera sospecha de ineitismo


Mientras que el Ayuntamiento ejercia su poder
en Paris, enviaba comisionados á los departamen-
tos para justificar su conducta , aconsejar su ejem-
plo, recomendar á los electores diputados de su
confianza, v desacreditar á los que se la oponian
en la Asamblea Procurábase al mismo
tiempo cantidades inmensas, apoderándose de to-
das las sumas halladas ea poder deSeptenil , teso-
rero de la lista civil, echando mano de la plata de




4 44 RRVOLUCION


las iglesias y de los ricos muebles de los emigrados
'


v tomando, en fin , del erario público cantida
Cíes considerables, bajo pretesto de sostener i;
caja de ausilios, y para acabar las obras del cam-
pamento. Todos los efectos de los infelices asesina--
dos en las prisiones de Paris y en el camino de
Versalles, se habian secuestrado, y quedaron de-
positados en los salones de la junta de vigilancia
Jamás quiso el A y untamiento manifestar ni los oh.jetos, ni su valor, y aun rehusó toda respuesta so-bre este punto , va al ministro del interior, ya al
directorio del departamento, el cual, como se sabe,
quedó reducido á una mera comision de contribu--
clones. Aun hizo mas ; se puso á vender por su
propia autoridad el mueblage de los grandes pa-
lacios, sobre los cuales se Rabian puesto los se-
llos desde la partida de los propietarios. Vana-
mente le hacia cargos y prohibiciones la admi-
nistracion superior : toda la clase de los subal-
ternos, encargados de la ejecucion de las órdenes,


pertenecia al Ayuntamiento, ó era demasiado
débil para obrar; y asi las órdenes quedaban sin
cumplimiento.


La guardia nacional, reorganizada bajo la de-
nominacien de secciones armadas , y compuesta
de hombres de toda especie, estaba en el desarreglo
mas completo, pues unas veces se prestaba á. ha-
cer daño v otras le dejaba cometer por negligencia.
Rabia puestos completamente abandonados, por-
que las guardias, sin relevar aun despues de cua-
renta y ocho horas , se retiraban abrumadas de
disgusto y de fatiga. Todos los ciudadanos pacífi-
cos se habian salido de este cuerpo , poco antes
tan regular y conveniente; y Santerre que le


FRANCESA. 143


daba, era demasiado débil y poco inteligente para
recomponerle.La seguridad de Paris estaba, pues, entregada
al acaso, y el Ayuntamiento por una parte, y por
'otra el populacho, podían emprender cuanto qui-
siesen. Entre los despojos del trono, los mas pre-


, por consiguiente los mas codiciados, eran
cl soslos qué contenía. el Guarda-mueble, rico depósito
de todos los efectos que en otro tiempo servian pa-
ra el esplendor de la corona. Desde el 10 de agos-
to !labia despertado este depósito la codicia de la
multitud, y mas de una circunstancia escitó el desve-
lo del inspector del establecimiento. Este habia hecho
muchos requerimientos para conseguir una guar-
dia suficiente ; mas fuese por desórden , por din -
cultad de acudir á todos los puestos , ó ya en fin,
por negligencia voluntaria, no se le daban las fuer-
zas que pedia. Durante la noche del 16 de setiem-
bre fue robado el Guarda-mueble, y la mayor par-
te de lo que contenia pasó á manos desconocidas,
que la autoridad con todo su poder no pudo des-
cubrir. Este nuevo acontecimiento se atribuyó a
los sugetos que secretamente hablan ordenado los
asesinatos: y sin embargo ya no estaban aquí in-
citados ni por el fanatismo ni por una política san-
guinaria, y aunsuponiendo el motivo del robo, te-
nian en los depósitos del Ayuntamiento con que
satisfacer la mayor ambicion: Se ha dicho en ver-
dad, que este robo se hizo para pagar la retirada
del rey de Prusia, lo cual es un absurdo, v para
proveer á los gastos del partido, lo que es Mas ve-


, pero quede ningun modo esta probado. Por
lo demas el robo del Guarda-mueble debe influir
muy poco sobre el juicio que haya de formarse del


Bib:ioteca T. 4405




•G REVOLUCION
Ayuntamiento y de sus gefes. No es menos cierto,''que, depositario de valores inmensos' , jamás
el Ayuntamiento cuenta alguna que los senos
aplica. dos á los armarios, fueron rotos sin que se


iolentasen las cerraduras , lo cual indica unasus_
traccion y no un robo popular ; y que tantos ohj.
tos preciosos desaparecieron para siempre, tij'
parte fue imprudeateinente robada por su balter-
nos, tales como Sergeut, apellidado Agata, á can-
sa de una preciosa joya conque se habla adornado.
y otra porcion sirvió para los gastos del gobierno
extraordinario que 'labia instituido el Ayunta-
miento. Era una guerra hecha á la antigua socie,.
dad, y toda guerra queda manchada con asesina-
tos y saqueos.


l'al era la siluacion de Paris mientras que se
hacian las elecciones para la.Convencion nacional,
de cuya nueva Asamblea esperaban los ciudadanos
honrados fuerza V energía necesarias para resta-
blecer el Orden : e'speraban que los cuarenta Bias
de confusion y de crímenes transcurridos desdeel
40 de agosto; no serian mas que un accidente. de
insurreccion, deplorable pero pasagero. Los-mis-
mos diputados residiendo con tanta debilidad ea
la Asamblea legislativa, prestaban la energía á la
reunion de aquella Convencion; esperanza coma
de todos los partidos.


La Francia entera se hallaba en la: mayor agi-
briol) con las elecciones, v los clubs ejercian so-
bre este punto un grande influjo. Los jacobinos de
Paris habían hecho imprimir y estender la lista
de todos los votos emitidos durante ' la sesion le-
gislativa, á fin de que sirviese de:documentos á
los electores. Los diputados que hablan votado


FRANCESA. 1 47'


c
ontra las leves designadas por el partido popular
-sobre todo-, los que hablan absuelto á Lafayette,Ion señalados muy particularmente. Sin en-


burgo, en las provincias donde no hablan penetra-
do las discordias de la capital, los girondinos, aun
los mas odiosos á los agitadores - de Paris, eran
nombrados á causa de sus reconocidos talentos.
Casi todos los individuos de la actual Asamblea,
quedaba n reelegidos; y muchos constitu yentes es-
Mides por el decreto de no reeleccion ele la pri-
mera legislatura , fueron llamados para formar
parte de esta Convencion; en cu yo número se dis-
tinguiaa Buzot. y Petion. Entre los nuevos miem-
bros figuraban naturalmente los sugetos que , en
sus departamentos, se habian hecho notables por
su energía v exaltacion, ó los escritores que, como
Louvet, habian sobresalido por sus talentos en la
capital y en las provincias.


La faccion violenta que desde el 40 de agosto
Babia dominado en Paris se hizo dueña de las elec-
ciones, y puso ante todo á los hombres que par-
ticipaban de sus mismos sentimientos , siendo los
primeros nombrados Danton y Robespierre, cuya
noticia fue acogida con aplausos por los jacobinos
y los magnates del Ayuntamiento Despues de
ellos salieron Camilo Desmoulins, famoso por sus
escritos; David, por sus cuadros; Fabre d' Églan-
tine, por sus obras dramaticas, y por su partici-
pacion-en las turbulencias revolucionarias; Legen-
dre, Panis, Sergent v Billaud-Varennes , por su
conducta enel Ayuntamiento A estos se añadie-
ron el sindico.


Manuel, Robespierre menor, her-
mano del célebre- Maxiiniliano ; Collot-d'Herbois,
antiguo cómico, y el duque de Orleans que habla




1


448 REVOLUCION
abdicado sus títulos y se llamaba Fel i pe-Igual-
dad En fin despues de todos estos nombres, se vió
aparecer con admiracion al anciano Dusaulx, uno
de los electores de 1789 , que tanto se habia
opuesto á los furores de la muchedumbre que ha-
bía derramado tantas lágrimas por sus escesos, y
que fue reeligido por un último recuerdo de 89,
y como un sugeto bondadoso y conveniente para.
todos los partidos. Faltaba á esta estraña
nion el inmundo v sanguinario Marat; ente estra-
ño, que por la audacia de sus escritos tenia algo
na cosa sorprendente, aun para aquellos que
baban de ser testigos de las jornadas de setiembre.
El capuchino Chabot, que dominaba á los jacobi-
nos con su elocuencia y que mendigaba los triun-
fas que le rehusaban en la Asamblea legislativa,
tuvo que hacer la apologia de Marat ; y como todo
asunto se deliberaba de antemano en los jacobi-
nos, propuesta su eleccion, fue al momento acogi-
do en la Asamblea electoral. Marat, otro periodis-
ta, Frerón , v algunos individuos desconocidos,
completaron 'esta famosa di putacion , compuesta
de comerciantes, un carnicero un cómico , un
grabador, un pintor, un abogado, tres ó cuatro
escritores, y un príncipe cesante, formando entre
todos ellos la misma confusion y variedad de exis-
tencias que se agitaban en la inmensa capital de la
Francia.


Iban llegando los diputados á Paris , y al paso
que aumentaba su número, y que se alejaban las
jornadas que habían producido un terror tan pro-
fundo, empezaban á tranquilizarse á pronunciar-
se contra los desórdenes de la capital. Ilabíase dis-
minuido el temor del enemigo por la presencia de


FRANCESA. 419
Dumouriez en la Argona: el odio contra los aristócra-
tas se trocaba en compasion, desde su horrible sa-
crificio , ejecutado en Paris y en Versalles. Estos
atentad os que hahian hallado tantos ilusos que los
aprobasen ó tantos censores tímidos , estos aten-
tados, vueltos ya mas horrendos por el robo que
acababa de acompañar al asesinato , escitahan la
reprobacio n general. Los girondinos indignados con
tantos crímenes, é irritados con la opresion persa-
cal que /abian sufrido por espacio de un mes en-
tero, se presentaban mas firmes y mas enérgicos.
Brillantes por su talento y valor á los ojos de la
Francia, é invocando la justicia y la humanidad,
debían tener en su favor la opinion pública, y va
con ella altamente amenazaban á sus adversarios.


Sin embargo , si los girondinos se hablan pro-
nunciado contra los escesos de Paris , no aproba-
ban ni escitahan todos aquellos resentimientos per-
sonales que envenenan los ódios de partido. Bris-
sot, por ejemplo, no cesando en los jacobinos de
luchar elocuentemente con Robespierre, le había
inspirado un ódio implacable. Con luces y con gran-
des talentos , producía. Brissot muchísimo efecto;
pero no tenia bastante consideracion personal , ni
maña suficiente para ser el caudillo del partido; de
modo que su principal importancia nacia del ódio
de Robespierre. Cuando en la víspera de la insur-
reccion escribieron los girondinos una carta á Bo-
za , pintor de cámara , corrió la voz de un tratado,
y se afirmó que Brissot, cargado de oro, iba á
marchar para Lóndres. Nada de esto }labia ; pero
Marat, á quien los rumores mas insignificantes, y
aun los mas desmentidos , bastaban para fundar
sus acusaciones , habia fulminado un auto de pri-


í




450
REVOLUC1ON


sion contra Brissot, durante el encarcelamiento
general de los supuestos conspiradores del lo do"
agosto. Siguióse un gran rumor , y el mandato u(.,tuvo ejecucion ; mas no por esto dejaban de afir-
mar los jacobinos que Brissot estaba vendido á
Brunswick: Robespierre lo repetía y lo creía, pues
su falsa inteligencia era propensa á conceptuar
culpables á cuantos aborrecía. Louvet le habla
pirado otro tanto ódio, constituyéndose el segundo
de Brissot en los jacobinos y en el periodico el Gen..
tinela. Louvet, lleno de talento y de osadía, ataca-
ba directamente a los individuos ; y sus virulentas
personalidades , reproducidas diariamente por la
via de un periódico, lo hablan convertido en el ene:
migo mas peligroso y mas detestado del partido
de Robespierre.


El ministro ,Roland había desagradado á todo
el partido jacobino y municipal por su valerosa
carta del 3 de setiembre, y por su resistencia a las
usurpaciones del Ayuntamiento; pero no habiendo
rivalizado con ningun individuo , no inspiraba mas
que una cólera de opiuion. Solo habla ofendido
personalmente á Danton, oponiéudosele en el A y un-
tamiento, lo que era poco peligroso, pues no 'ha-
bia hombre tuvo resentimiento fuese menos tem',
ble que el de banton. Pero en la persona de Ro-
land, era principalmente a su esposa a quien abor-
recian, pues muger arrogante , severa , valiente,
aguda , y reuniendo á su alrededor aquellos giron-
dinos tan cultos , tan brillantes , animandolos con
sus miradas, recompensándolos con su estimacion,
y, conservando en su círculo una sencillez republi-
cana; su esmerada finura era odiosa para hombres
oscuros y groseros. Empefiábanse en ridiculizar


FRANCESA. 4 51


bajamente Roland, diciendo que su muger go-
bernaba por él , dirijia.á sus amigos,


y aun los re-


compensaba con sus favores. En su
innoble lengua-


ge , Ilamabala Marat , la Circe del partido.Goadet , Vergniatul y Geusonné , aunque ha-
blan brillado sobre manera en la legislativa , N se
hablan opuesto al partido jacobino, no despertaban
sin embarg,o, todavia, el ódio que escitaron


des-
pues; y aolvel mismo Guadet habla llegado á agra-
dar á los republicanos enérgicos por sus ataques
contra.Lafayette y la córte. Guadet, dotado de una
imaginacion viva y exaltada, pasaba del mayor
arrebato á la mayor s-renidad , y dueño de sí en la
tribuna,- brillaba en ella por la oportunidad de sus
movimientos; debiendo asi como todos los hombres
amar un ejercicio , en el. cual sobresalia, abusar
tambien de él, y complacerse sobremanera en ata-
car con •apalábra á un partido que muy luego
le contestairiacon la muerte.


Vergniaud , no habla agradado tanto á tos es-
píritus violentos, porque jamás mostró contra la
córte tanta:iracundia ; pero hahia estado tambien
menos espuesto á ofenderlos , porque en su negli-
gencia y abandono se estrellaba menos con los in-
dividuos que su amigo Guadet. Las pasiones agita-
ban pocoa. este tribuno , y no le quitaban el sueño
las convulsiones de los partidos, por lo cual estaba
menos espuesto a su ódio. Sin embargo, no era in-
diferente ; ,dotado de un noble corazon , de una
despejada y brillante inteligencia, el fuego tran-
quilo de su ser lo inflamaba por momentos , lo
enardecía y lo elevaba á la energía mas sublime.
No tenia la prontitud de las réplicas de Guadet,
pero se animaba en la tribuna, y con la gracia de




452 REVOLUCION
una apacible voz , espresaba sus pensamientos con
soltura y una fecundidad de espresion que no le
igualó hombre alguno. La locucion de Alirabeau
era como su carácter, fuerte v desigual; la de `erg.
niaud siempre elegante y noble , se convertía se-
gun las circunstancias, ea grande y enérgica. To-
das las exhortaciones de la esposa de Roland no
conseguian siempre despertar á este atleta, fre-
cuentemente disgustado de los hambres , opuesto
muchas veces á las indiscreciones de sus amigos,
y poco convencido en particular de la utilidad de
las palabras contra la fuerza.


Gensonné , lleno de sentimientos y probidad,
pero dotado de una facilidad me.liana en la espre-
sion , y únicamente capaz de desempeñar bien los
informes, habia figurado poco aun en la tribuna.
Sin embargo, pasiones fuertes, y un carácter obs-
tinado debian proporcionarle grande influjo entre
sus amigos, y entre sus enemigos el ódio que á
menudo ataca mas bien al carácter que al talento. .1


Condorcet , marqués en o f
.ro tiempo V siempre


filósofo , entendimiento elevado , imparcial y juz-
gando mu y


bien las faltas de su partido , poco á
propósito para las terribles agitaciones de la de-
mocracia, rara vez se presentaba en primer tér-
mino, por lo cual no tenia ningun enemigo directo,
reservándose para todos los trabajos que exigían
meditaciones profundas. Buzot , sensato, de alma
elevada, de valor, y acompañando á una bella fi-
gura, una locucion firme y sencilla, imponia á
las pasiones con la nobleza de su persona , y ejer-
eia en torno suyo el mayor ascendiente moral.


Barbaroux , elegido por sus conciudadanos, aca-
aaba de llegar del Mediodia con uno de sus ami-


FRANCESA. 153


goS , diputado corno él en la Convencion nacional.
Este amigo se llamaba Rebeequi , hombre poco
culto


á B
pero atrevido , emprendedor y todo entre-


gado arbaroux. Ya se tendrá presente, que este
último idolatraba á Roland y á Petion, que miraba
á 11Iarat como un loco atroz' y á Robespierre como
un ambicioso, particularmente desde que Pan se
lo habia propuesto corno un dictador indispensable.
Horrorizado de los crímenes cometidos en su au-
sencia, los imputaba voluntariamente á hombres
que estaba ya detestando , y se pronunció á su lle-
gada con una energía, que imposibilitó toda re-
concillac. oion. Inferior á sus amigos en cuanto al in-
genio, pero de alcances y de facilidad, bello y
heróico , esparcia amenazas, y en pocos dias, se
acarreó tanto ódio como los que durante toda la
legislativa, no habían cesado de herir á las opinio-
nes ni á los hombres.


El personage, á cuyo alrededor se col )cana to-
do el partido, y que gozaba de una consideracion
universal era Petion. Corregidor durante la
tiva, habia adquirido una gran popularidad por su
lucha con la corte. El 9 de agosto habla preferido
ciertamente una deliberacion á un combate; des-
pues se habla pronunciado contra setiembre y sepa-
rádose del Áyuntamiento , como Bailly en 1790;
pero esta oposicion tranquila y silenciosa sin in-
disponerlo todavia con la faccion , se lo habla he-
cho temible. Ilus:rado y apacible, poco hablador,
y sin querer competir en talento con nadie , ejer-
cia sobre todos , y sobre el mismo Robespierre el
ascendiente de una razon serena, equitativa y uni-
versalmente respetada. Xunque conceptuado giron-
dmo, todos los partidos querían su voto , todos le




1


154 REVOLUCION
tercian, y en la nueva Asamblea tenia á su favor
no solo el lado derecho, sino toda la porcion
dia , y aun muchos del lado izquierdo.


Tal era , pues, situacion de los girondinos
en presencia de a faccion parisiense ; llevaba la
opiuion general consigo, que desaprobaba los es-
cesos; se habian apoderado de una gran parte de
los diputados que diariamente llegaban a Paris;
tenían a todos los ministros, escepto a Danton, que
á menudo dominaba en el consejo ; pero que no se
servia de su poderío contra ellos, y en fin, presen-
taban á su cabeza al corregidor de Paris , el suge.
to mas respetado del momento. Pero en Paris no
estaban en sus casas, hallabanse en medio de sus
enemigos, y debian temer la violencia de las clases
bajas que por debajo de ellos se agitaban , y sobre
todo la violencia del porvenir, que iba á crecer con
las pasiones revolucionarias.


El primer cargo que se les hizo fue el de que-
rer sacrificar á Paris, habiéndoles imputado ya el
querer refugiarse á los departamentos y mas allá
del Loira. F,11 su concepto las demasias de Paris
eran mucho mayores desde el 2 y el . 3 de setiem-
bre; pues se les puso el ánimo de abandonarlo, y se
afirmó quebAbian querido reunir la Convencion en
otra parte. Poco á poco las sospechas iban tomando
cuerpo y una forma mas regular. Tildabaseles de
que querian romper la unidad nacional , y compo-
ner de los ochenta y tres departamentos otros tan-
tos estados , iguales entre si, y unidos por Un sim-
ple lazo federativo. Añadíase que querian de este
modo destruir la supremacía de Paris, y asegurar-
se una dominacion personal en sus respectivos de-
parta::


y entonces fué cuando apareció la


FRANCESA. 155




in winada calumnia del federalismo. Verdad es,
que cuando la Francia estaba amenazada por lainvasion de los prusianos, habian pensado, en un
caso estremo , atrincherarse en los departamentos
meridiona les : cierto es tambien que al presenciar
los escesos y la tiranía de Paris, habian dirijido
alguna vez sus pensamientos por los (lemas puntos
de la Francia ; pero de esto a un proyecto de ré-
gimen federativo habla una gran distancia. Y ade-
mas entre un gobierno federativo y otro único y
central , consistiendo toda la diferencia en la ma
o r ó menor energía de las instituciones locales,
delito de una idea semejante, si existía era muy


vago. Los girondinos, ademas, no viendo en esto
nada de culpable, no se sinceraban ; y muchos de
ellos, indignados de la necedad con que se perse-
guia este sistema , preguntaban , si en último re-
sultado, la Nueva América, la Holanda y la Suiza,
no eran felices é independientes bajo un régimen
federativo, y si habria un gran yerro, ó un gran
crimen en preparar á la 'Francia una suerte igual.
lluzot, particularmente , solia sostener esta doc-
trina ; y Brissot, grandefiadmirador de los ameri-
canos , la defendia igualmente, mas bien como
aohnon filosófica, que como provecto aplicable á la
Francia. Divulgadas estas conve rsaciones, dieron
mas peso á la calumnia del federalismo ,en los
jacobinos se agitó gravemente la materia, 'y se en-
furecieron contra los girondinos. Pretendióse que
quedan destruir la uniou de la potestad revolucio-
naria , y arrebatarle aquella unidad que componía
su fuerza, con el objeto de constituirse re yes en
sus provincias.


Los girondinos contestaron por su parte con




456 RE VOLUC ION
cargos mas verdaderos, pero que desgraciadamen
te eran tambien exagerados, y perdian de su fuer
za perdiendo en su verdad. Vituperaban al Asun."--.
tamiento de haberse constituido soberano, ahrogl.
do con sus usurpaciones la soberanía nacional-'
apropiádose una potestad, que solo correspondía áa la Francia entera. Vituperábaule el querer domi-
nar á la Convencion, como habia oprimido á la
Asamblea legislativa , decían que al residir cerca
de ella los delegados nacionales no estaban en se-
guridad , pues era residir enrnedio de los asesinos
de setiembre. Acusábanle de haber deshonrado la
revolucion en los cuarenta días que siguieron al 10
de agosto, y de haber llenado la diputacion de Pa-
ris de hombres señalados en aquellas horribles sa•
turnales. Hasta aquí todo era cierto; pero anadian
otros cargos, tan vagos como los del federalismo,
que á ellos le imputaban. Claramente acusaban á


Danton y Robespierre de aspirar á la potes-
tad suprema ; Marat, porque escribía diariamen-
te, que era necesario un dictador para purgar á la
sociedad de los miembros impuros que la corrom-
pían ; á Robespierre, porque (labia dogmatizado
en el A yuntamiento, v hablado con insolencia á la
Asamblea , y porque la víspera del 10 de agosto,
Panis lo habia propuesto á Barbaroux como dicta-
dor ; v á Danton, en fin , porque ejercia sobre el
ministerio, sobre el pueblo, y en donde quiera que
se mostraba, un influjo poderoso. Llainábanles los
triunviros, y sin embargo, no !labia mucha union
entre ellos. Marat no era otra cosa que un siste-
mático insensato; Robespierre hasta entonces, na-
da mas que un envidioso, careciendo de la grande-
za que un ambicioso necesita ; Danton, en lin, era


FRANCESA. 1 37


u hombre activo, apasionado por el objeto de la
revolucion


y que dirijia su mano sobre todas las
c- osas , mas bien por fuego que por ambicion per-
sonal. Pero entre estos - hombres no había aun ni
un usurpador, ni conjurados, acordes entre sí, y
era imprudente presentar á enemigos mas fuertes
la ventaja de ser acusados injustamente. Sin em-
bargo , los girondinos acariciaban mas á Danton,


personalidades entre ellos , des-
delasiado á Matan, para atacarle airee-preciaban


porque


n o (labi
tamente; pero se desencadenaban implacablemen-
te contra Robespierre, porque el triunfo de lo que
se llamaba su virtud , y su elocuencia los irritaba
mas; teniendo con él el resentimiento que abriga
la verdadera superioridad contra la medianía or-
gullosa y decantada en demasía.


Trataron, sin embargo, de entenderse antes de
la apertura de la Convencion nacional , y hubo di-
versas reuniones en las cuales se propuso hablar
francamente, y terminar disputas funestas. Dan-
ton se prestaba á ello de muy buena fé , porque
no tenia ningun orgullo, v deseaba ante todo el
triunfo de la revolucion. Petion manifestó mucha
frialdad y tino; pero Rohespicrre estuvo destem-
plado como un hombre ofendido ; los girondinos se
presentaron altivos y severos como hombres ino-
centes, indignados, y que creían tener en la mano
asegurada su venganza. Barbaroux dijo que no ha-


• bia alianza posible entre el crimen y la virtud •, y
por una y otra parte se retiraron mas distantes de
una reconciliacion que antes de haberse visto. To-


Véase á Durand-Maillanne , Dumouricz, Neilban y á todos
los contemporáneos.




158
REVOLUCION


dos los jacobinos se estrecharon alrededor de Ro_
bespierre , y los girondinos y la porcion sabia v
moderada, alrededor de Petion. El dictamen de
este y de los. hombres sensatos era el alejar toda
acusacion , siendo ya imposible el apoderarse delos autores de los asesinatos de setiembre y del
robo del Guarda-mueble ; no hablar mas de Criun_
virus, porque su amhicion no estaba bastante pro-
bada, ni demasiado manifiesta para 'castigarse.
despreciar como á unos veinte individuos perver-
sos , introducidos en la Asamblea por las e leccio-
nes de Paris, y apresurarse, en fin , á llenar el ob_
jeto de la Convencion, formando una constitucion
y decidiendo la suerte de Luis XVI. Tal era el pa-
recer de los hombres templados ; pero otros menos
pacíficos idearon, segun costumbre, proyectosque
no pudiendo ejecutarse todavía, llevaban Consigo
el peligro de poner en guardia , y de irritar á sus
contrarios. Propusieron anular 'el Ayuntamiento,
variar el lugar de la Convencion en caso necesario,
trasladar su residencia fuera de Paris, constituirla
en sala de justicia, para sentenciar sin apelacion a
los conspiradores , y darla en fin , una guardia
elegida de entre los ochenta y tres departamentos;
proyectos todos que. no tuvieron consecuencia al-
guna y que solo sirvieron para exarcerbar las
pasiones.. Los- girondinos descansaron en la con=
ciencia pública, que segun ellos , iba á alterarse á
los acentos de su elocuencia., y a la relacion de los
crímenes que dehian delatar Se emplazaron para
la tribuna de la Convencion, en donde abrumarían
á sus adversarios.


En fin., el 20 de setiembre, los diputados de la
Con vencion se reunieron en las 'Fullerías, para coas-


FRANCESA. 1 59


titui r
la nueva Asamblea. Siendo suficiente el nú-


er se constituyeron provisionalmente , revisa-


ron1-1-osuis poderes y pasaron en seguida al nombra-de la mesa. Peden' fué proclamado presi-
álente casi por unanimidad. Brissot , Condorcet,Rabaud Saiut-Etienne , Lasource Verr,e liaud y
Camus fueron electos secretarios. Estas elecciones
prueban cuál era entonces en la Asamblea el influjo
del
pri


laart.ikdsoaignibTdienalleugLislativa que, desde el 10 de
agosto Babia sido permanente, quedó informada el
/1 por una dipmacion , de haberse formado ya la
Convencion nacional, y que estaba terminada la
legislatura . Las dos Asambleas no hicieron mas
que confundirse una en otra, y la Convencion fue,
a ocupar el salon de la legislativa.


El Manuel, sindico del comun, suspendido
desde el 20 de junio con Petion, y va muy popular
á causa de esta suspension , afiliado desde en-
tonces con los furibundos, y luego separado de
ellos, como reunido con los girondinos, en vista
de las matanzas de la Abadía, presenta una prono-
sicion que subleva á los enemigos de la Sironda:
«Ciudadanos representantes, dijo, necesario es que
«todo respire aqui un carácter de dignidad v de
«grandeza que asombre al universo. Pido que el
«presidente (le la Francia, se hospede en el palacio.
«nacional de las Tullerias , que le precedan la
¿fuerza pública y los símbolos de la ley, y que á su
«presencia se levanten los ciudadanos.» A estas
palabras el jacobino Chabot , y el secretario del
Ayuntamiento Tallien , se levantan con vehemen-
cia , y dicen que aquel ceremonial , era una imita-
clon de la dignidad real , anadiendo Chabot , que




160 REVOLUCION
los representantes del pueblo debían asemejarse á
los ciudadanos de las clases de donde salian, á los
descamisados (sans-culottes) que forman la mayoría
de la nacion. Tallien dijo que podría encontrarse
el presidente de la Convencion en algun quinto pi-
so , porque allí moran el genio v la virtud. La
proposicion de Manuel queda desechada, y los
enemigos de la Gironda , afirman que ha querido
tributar á su gefe. Petion , los honores soberanos.


Despues de esta proposicion preséntense otras
innumerables : por todas partes quieren afirmar
con declaraciones auténticas, los sentiinientosque
animan á la Asamblea y á la Francia. Se pide que
la nueva constitucion tenga por base la igualdad
absoluta, que se decrete la soberanía del pueblo,
que se jure un Odio eterno al trono , á la dictadu-
ra, al triunvirato y á toda autoridad individual ; y
que se decrete la pena del último suplicio, al que•
se atreva á presentar una proposicion semejante.
Danton pone fin á todas las propuestas, haciendo
decretar, que la nueva constitucion no será vale-
dera, sino despues de haber sido sancionada por el
pueblo. Añádese que las leyes existentes continua-
rán provisionalmente rigiendo , que las autorida-
des no reemplazadas seguirán interinamente, y que
los impuestos se recaudarán como antes, hasta que
se establezca el nuevo sistema de contribuciones.
Despues de estas proposiciones y decretos , Ma-
nuel , Collot-d'Herbois y Gregoire entablan la
cuestion del trono, y piden que su abolicion se
pronuncie al momento. El pueblo, dicen, acaba de
declararse soberano, pero no lo será realmente si-
no cuando le hayais libertado de una autoridad ri-
val de la autoridad de los reyes. La Asamblea y


FRANCESA. 461
las tribunas se levantan para espresar una repro-
hacion simultánea contra el sólio. Sin embargo,
nazi re quería una discusion solemne sobre tan im-
portante cuestion. «¿Qué necesidad hay de discu-
"atir le contesta Gregoire cuando todos estamos
«conformes? Las Córtes son los talleres del crí-
«men v el foco de la corrupcion : LA. HISTORIA.
«DE LOS REYES, ES EL MARTIROLOGIO DE
«LAS NACIONES; y puesto que todos estamos pe-
netrados de estas verdades , ¿que necesidad hay


«de vanos argumentos?»
Ciérrase en efecto la discusion; síguese un si-


lencio profundo , y por declaracion unánime de la
Asamblea, anuncia el presidente que queda en
Francia abolida la magestad del trono. Acógese
este decreto con delirantes aclamaciones; ordena-
se al momento su publicaci<•a , y que se remita á
los ejércitos y á todos los Ayuntamientos.


Al proclamarse esta institucion de la repúhli -
ca, todavía amenazaban los prusianos el territorio.
Dumouriez , como se ha visto, se habia dirigido á
Sainte-Menehould y el cañoneo del 21, tan ventu-
roso para nuestros ejércitos no era conocido toda-
vía en Paris. Al siguiente dia 22, Billaud -Varen-
nes propuso establecer las fechas, no ya desde el
año cuarto de la libertad, sino desde el primero
de la república. Adóptase la proposicion ,el
año 4789 dejó de considerarse como empezada.' en
él. la libertad, entablandose la nueva era republica-
na en el mismo dia 22 de setiembre de 4792.


Por la noche se supo el cañoneo de Valmv , y
la alegría principió á esparcirse. A peticion de los
ciudadanos de Orleans, que se quejaban de sus
magistrados , se decretó que todos los miembros


TBibiioleca popzilar• . II. 406




462 nEvoLuctoN


(le los cuerpos administrativos, y de los tribunales
serian reelegidos; y que las condiciones de apC
tud, fijadas por la constitucion de 9l, se, consid;
rarian corno nulas. Ya no era necesario




b
eleo-ir


ijueces entre los legistas, ni losladministradoresl
cierta clase de propietarios. Ya la Asamblea
lativa habia abolido el marco de plata, y atribuido
á todos los ciudadanos de mayor ,:dad, la capacidad
para ser elector. La Conveucion acabó de quitar
las últimas demarcaciones, habilitando á los ciuda_
danos sin distincion para todos los


b
diversoscar.os.


a si se prii • ipió el sistema de igualdad absoluta.
Ovéronse á todos los ministros el 23 , y el di-


putado Cambon leyó un informe sobre el estado
de la hacienda, segun el cual las Asambleas ante-
riores, habían mandado crear dos mil setecientos
millones de asignados; se hablan consumido ya dos
mil y quinientos millones; quedaban doscientos mi-
llones, de los cuales ciento setenta y seis estaban




todavía por estampar, y veinte y cuatro se halla-
ban en caja. Los departamentos retenian los irn-
puestos para, las compras de granos , ordenadas
p‘ or la última Asamblea , y se requerian nuevos
,recursos estraordinarios. Aumentándose diaria-
mente con la emigracion la masa de bienes na-
cionales, no habia temor en derramar papel que
la representase, y no se titubeó en hacerlo, de-
cretándose una nieva creacion de asi gnados.


Ovóse á Roland sobre el estado de la Francia
de la capital. Tan severo y mas atrevido toda-


k'ia que en el 3 de setiembre , espuso con energía
los desórdenes de Paris-, las causas y los medios
de atajarlos. Recomendó la institucion pronta de
un gobierno esforzado y vigoroso, como la !laica


FRANCESA. 4 63


sse


jors
ga


rantía de buen órden en los estados libres. Oí-
u informe con agrado, fue cubierto de aplau-


Ç y no suscitó esplosion alguna entre los que
' miraban como acusados, al tratar de las turbu-


lenePiaesrodeapie)anls.se dirigió una mirada sobre la si-
tuacion de Francia, se supo la noticia de que
acontecian desórdenes en ciertos departamentos.
Escribe Roland una carta á la Convencion, dándola
parte de estos sucesos y pidiéndola que procure
contener sus resultados. Acabada esta lectura, los
diputados Kersaint y Buzot se arrojan á la tribuna
para manifestar los desórdenes de toda especie,
que por todas partes principian á. cometerse.—
«Los asesinatos, dicen, se imitan por todos los
departamentos, y no hay que culpar por ello á la
anarquía, sino á'cierta especie de nuevos tiranos
que se levantan por la Francia recien libertada.
De Paris es de donde salen todos los Bias estas fu-
nestas inspiraciones del crimen. Por todas las pa-
redes de la capital se están leyendo pasquines que
incitan al asesinato, al incendio V al saqueo; y hay
listas de proscripcion: donde diariamente se de-
signan nuevas víctimas. ¿,Cómo preservar al pue-
blo de una espantosa miseria, si están condenados
tantos ciudadanos á ocultar su existencia? ¿Cómo
hacer esperar á la Francia una constitucion, si la
Convencion que debe decretarla está deliberando
bajo los puñales? Por el honor de la revolucion
hay que poner coto á todo desafuero, y distinguir
entre la valentía cívica que ha arrostrado el des-
potismo el 10 de agosto, y la crueldad avasallado-
ra, que solo servia el 2 y 3 de setiembre, á muda
y oculta tiranía.»




4 (54 REVOLUCIUN


Por tanto los oradores piden el estableci •mien,to de una comision encargada,
1.° De dar cuenta del estado de la república


y de Paris en particular.
2.° De presentar un provecto de ley contra losprovocadores al crimen y al asesinato.
3.° De proponer los medios para propor-


cionar á la Convencion nacional una fuerza públi-
ca á su disposicion , sacada de los ochenta y tres
departamentos.


A. esta proposicion , todos los individuos del
lado izquierdo , en donde se hablan colocado los
ánimos mas fogosos de la nueva Asamblea, lan-
zan gritos tumultuosos. Segun ellos se exageran
Ios males de la Francia


'


y las hipócritas quejas
que se acaban de oh-, salen desde el fondo de los
calabozos, en donde justamente yacen los sospe-
chosos, que tres años hace, estaban llamando á su
patria la guerra civil. Los males mencionados eran
inevitables, pues estando el pueblo en revolucion
debla tomar enérgicas medidas para mantenerse
en salvo. Pasados ya los críticos momentos, bas-
tarán para calmar las turbulencias, las declaracio-
nes que acaba de hacer la Convencion. Ademas,
¿qué necesidad hay de una jurisdiccion estraordi-
naria? Leves hay vigentes y bastan para los inci-
tadores al crimen. ¿Seria una nueva ley marcial
la que quisieran establecer?


Por una contradicion mu y
frecuente entre los


partidos, los que habian peda() la jurisdiccion es-
traordinaria del 47 de agosto, é iban á pedir el
tribunal revolucionario, se alzaron contra una ley
que decían era de sangre.—iUna ley de sangre,
responde Kersaint , cuando quiero al contrario


FRANCESA. 465
precave: su derramamiento!—Sin embargo el em-
plazamiento se pide vivamente.—Empla zar la re-
resion de los crimenes , esclama Vergniaud, es
andados ! Los enemigos de la Francia huellan


aleinirietliin
entre


si c.uaed(notsnsuefsi tro territorio, v se pretende que los
ano francesas en vez depelear, se desgüe-


aomo los soldados de Cadmol
Adóptase en fin la proposicion de Kersaint y


Buzot , y se decreta que se dispondrán leyes para
el castigo de los provocadores al crimen , y para
la organizacion de una guardia departamental.


Esta sesion del 21 de setiembre habia causa-
do gran coninocion en los ánimos, pero no se ha-
bla pronunciado nombre alguno y las acusaciones
eran generales. lteúnense al dia siguiente con los
resentimientos de la víspera , y por una parte se
murmura contra los decretos espedidos, y por otra
se quejan de no haber dicho bastante contra la
faccion llamada deso •ganizadora, En tanto que
atacan y defienden los decretos, Medio, antes
ugier y empleado municipal en Thionville, des-
pues diputado en la legislativa, en donde sobre-
salió entre los patriotas mas pronunciados, céle-
bre por su audacia y v-a.lentia., pide la ptlalra y
dice:—«El órden del dia es manifestar si, como
ayer me lo ha asegurado Lasource , existe en el
recinto de la Convencion nacional , una pandilla
empeñada en establecer un triunvirato ó dictadu-
ra: necesario es, ó que cesen tales desconfianzas,
Oque Lasource señale alos culpables, y juro ase-
sinarlos en presencia de la Asamblea.» Intimado
Lasource á una esplicacion tau repentina , re-
fiere su conversacion con Alerlin, y nuevamente
denota sin nombrarlos, los ambiciosos que quieren


4




466 REVOLCCION
alzarse sobre las ruinas del trono derribado...
«Esos son los que han provocado el asesinato y elpillage; esos, los que han espedido autos de pri-
sion contra los miembros dela legislativa; esos, los
que entregan á los individuos valerosos de la Con-
vencion al puñal de los asesinos; esos, los que im-
putan al pueblo los desórdenes que ellos mismos
meditan. Luego que sea tiempo, yo les arrancaré
la máscara, aunque á sus golpes deba perecer.


Sin embargo, los triunviros no se nombraban.
Sube Osselin á la tribuna, señala á la diputacion
de Paris, de que es individuo, y dice, que el em-
peño está en escitar contra ella desconfianzas; que-
no es ni tan demasiado ignorante ni tan profun-
damente malvada, para haber concebido proyec-
tos de triunvirato v dictadura; que él jura lo con-
trario y pide el anatema y la muerte contra el
primero que se sorprendiese meditando proyectos
semejantes.—Que cada cual, añade, me siga á la
tribuna v haga en ella igual declaracion.—Sí, es-
clama Rebecqui, el valiente amigo de Barbaroux,
si, ese partido acusado de proyectos tiránicos exis-
te, y voy á nombrarlo: ese partido es el de Robes-
pierre: Marsella lo conoce , y nos envia aqui para
destrozarle.


Este atrevido apóstrofe levanta un gran rumor
en la Asamblea. Clávanse los ojos en Robespierre,
y Danton se apresura á tomar la palabra para cal -
mar estas divisiones, y alejar acusaciones, que sa-
bia se dirigían en parte contra él mismo.--Dia be-
llo sera .para la república, dice, aquel en que una


mesplicaon ingenua y fraternal calme todas estas
zozobras. Se habla de dictadores y de triunviros,
pero esta es una acusacion vaga, y debe firmarse..


FRANCESA. 167


yo la firmaré, esclarna de nuevo Rebecquí.,
arrojándo se a la mesa.—Pues bien, responde Dan-
ton; si ha y culpables que perezcan, aunque sean
mis jmeore- o amigos. Respecto á mí, todos cono-
cen mi vida en las sociedades patrioticas, en ella,
de agosto, en el consejo ejecutivo, be.servido á la
causa de la libertad, sin mira personal alguna,
y con la energía de mi temperamento. En cuanto á
mi, no temo esas acusaciones, pero quiero ahorrar
las para todos. Confieso que ha y en la diputacion
de Paris , un hombre á quien pudiera llamarse el
Boyou de los republicanos, v ese es Marr.t. Repeti-
das veces me han acusado de ser el incitador de-
sus pasquines y libelos; pero invoco el testimo-
nio del presidente, y le pido que declare, si en el
Ayuntamiento y en las juntas no me ha visto á
menudo venir á las manos con Marat. Por lo do-
mas, este escritor tan acusado, ha pasado una par,
te de su vida en los subterráneos v en los cala-
bozos. Los sufrimientos han alterado su genio, y
es necesario disculpar sus arrebatos; pero dejémo-
nos de discusiones puramente individuales, y pro-
curemos emplearnos en servir á la causa pública.
Caiga la pena de muerte contra el que osare pro-
poner el triunvirato ó la dictadura.--Esta pro-
puesta fue acogida con los ma yores aplausos.
-n está aquí todo , continúa - Danton , corre
otro temor por el público y hay que desvanecerle;
se dice que varios diputados idean el régimen fe-
derativo , y la division de la Francia en una mul-
titud de secciones. Lo que nos importa es formar
un todo , y por lo tanto, declárese en otro de-
creto la unidad de la Francia v de su gobierno.
Sentadas estas bases, alejemos 'nuestras deseen-




168 REVOLUCION
fianzas, unámonos y vamos á nuestro intento,


Buzot responde á Danton que la dictadura se
usurpa, y nunca se pide , y que fijar leyes contra
esta peticion es ilusorio; que en cuanto al sistem
federativo, nadie ha pensado en él ; que la propo.:
sicion de una guardia departamental es un medio
de unidad , puesto que todos los departamentos
serán llamados á guardar en comuu la representa-
cien nacional ; que por lo demas, puede convenir
el dar una ley sobre este asunto ; pero que debe
reflexionarse con madurez, y que por consiguiente
hay que pasar las proposiciones de Danton á la
coMision de los seis, decretada en la víspera.


Acusado Rohespierre personalmente, pide á su
vez la palabra. Anuncia desde luego que no va á
defenderse, sino á la causa pública, atacada en su
persona ; y encarándose con Rebecqui , le dice:
«Ciudadano , que no haheis temido el acusarme,
os doy las gracias; reconozco en vuestro valor á
la célebre ciudad que os ha delegado. La patria,
vos y yo ganaremos en esta acusacion.


«Se indica, continúa , un partido que medita
una nueva Urania, v señálenme á mí por su cau-
dillo. Vaga es la acusacion ; pero merced a todo
lo que he hecho por la libertad, facil me será res-
ponder a ella. Yo soy quien en la constituyente he
combatido, por espacio de tres años, á todas las fac-
ciones , cualesquiera que fuesen sus nombres; yo,
quien he peleado contra la córte , despreciado sus
presentes ; yo...—Esa no es la cuestiou , esclamaa
una porcion de diputados.—Es necesario que se
justifique, responde Tallien.—Puesto que se me
acusa , continúa Rohespierre, de vender á la pa-
tria, ¿no tengo derecho de oponer mi vida entera?»


FRANCESA. 169


Entonces principia la enumeracion de sus duplica-
dos servicios contra la aristocracia y contra los fal-
sos patriotas que tomaban la mascara de la liber-
t' ad. Al decir estas palabras señalaba al lado dere-
cho de la Convencion. El mismo Osselin , cansado
de aquella enumeracion, interrumpe á Robespier-
re y le pide que haga una esplicacioa ingenua.—
No se trata aquí de lo que has hecho, dice Lecom-
te-Puyra vaux , sino de lo que te acusan que estás
haciendo ho y


.—Entonces. se escuda Robespierre
con la fibertad de las opiniones, con el derecho
sagrado de la defensa y con la causa pública, tan
comprometida como él en esta acusacion. Invitan-
le de nuevo á que sea mas breve , pero continúa
con la misma difusion. Recordando los famosos
decretos que hizo espedir contra la reeleccion de
los constituyentes, y contra el nombramiento de los
diputados para destinos del gobierno , pregunta,
si son aquellas pruebas de ambicion. Recriminan-
do en seguida a sus adversarios, renueva la acu-
sacion de federalismo , y acaba pidiendo la adop-
cion de los decretos propuestos por Danton , y un
examen severo de la acusacion intentada contra él.
Impaciente Barbaroux se arroja á la barra v escla-
ma : «Barbaroux de Marsella se presenta para afir-
mar la acusacion hecha por Rebecqui contra Ro-


«bespierre.» Cuenta entonces uua historia bastante
insignificante y demasiado repetida ; cual es que
antes del '10 de agosto, le condujo Panis en casa de
Robespierre, y que al salir de aquella visita le pre-
sentó Panis á Robespierre como el único hombre
el solo dictador capaz de salvar á la causa públil
ca, y que a esto, contestó él, que los marselleses
jamas doblarian la cerviz ante un rey ó un dictador.




11170


Ya hemos referido estos hechos y
REVOLUCION


se ha podidojuzgar, si tan vagas é insignificantes habladurías
de los amigos de Robespierre, podian servir de
base a una acusaciou. Barbaroux, va denominando
uno á uno los cargos dirijidos á los girondinos-
de que se proscriba el federalismo por un decreto;
que todos los miembros de la Convencion nacional
juren dejarse bloquear en Paris y de Morir en é}'
antes que abandonarle. Despues de muchos aplan
sos, continúa diciendo, que los proyectos de dic-
tadura son verdaderos; que las usurpaciones del
Ayuntamiento , los mandatos espedidos contra
miembros de la Representacion nacional , y los
comisionados enviados á los departamentos, prue-
ba todo un proyecto de dominacion; pero que
la ciudad de Marsella vigila por la seguridad
de sus diputados ; que siempre pronta á anti-
ciparse á los buenos decretos, envió el balallon
de los confederados a pesar del veto real , y que
aun en aquel momento cavia ochocientos ciuda-
danos , á los cuales han dado sus padres un par
de pistolas , un sable, un fusil, y un asignado
de quinientas libras ; que los acompañan doscien-
tos hombres de cahalleria bien equipados ; y que
esta fuerza servirá para principiar la guardia de-
partamental propuesta para la seguridad de la Con-
veucion. «En cuanto á Robespierre , añade Barba-
«roux, siento haberlo acusado, porque yo le quería
«y apreciaba en otro tiempo; si, todos le amábamos
«y estimábamos ; sin embargo, le hemos acusado!
«Pero que reconozca sus yerros y desistimos. Deje
«de lamentarse, porque si ha salvado á la libertad
«con sus escritos, nosotros la hemos defendido con
«nuestras personas. Ciudadanos : cuando llegue el


FRANCESA. 474


«
dia del peligro, entonces se nos juzgará; enton-


«ces veremos si los lorjadores de pasquines saben
«morir con nosotros.» Repetid os aplausos acompa-
-ian Barbaroux hasta su asiento. A la espresion
tile pasquines reclamaba la palabra Marat ; pídelaGamboa despues de él , y la obtiene con preferen-
cia. Delata entonces los pasquines en que se pro-
pone la dictadura como indispensable, y que van
firmados con el nombre de Maiat. A. estas palabras
todos se desvían de él, y este responde con una
sonrisa á los desprecios que le hacen. Despues de
Cambon Y e presentaron otros acusadores de.Marat
y del Ayuntamiento. Mai at se esfuerza en obtener
la palabra, pero Panis la alcanza tambien antes
que él para responder á los alegatos de Barharoux.
Niega Panis torpemente hechos positivos que nada
probaban, y que valía mas confesar, manifestando
su poco valor. Interrúmpele entonces Brissot, que
le pide esplicacion del auto de encarcelamiento
espedido contra su persona. Panis se acoge á lag
circunstancias, que dice se han olvidado muy fá-
cilmente, al terror , y al desórden que entonces
reinaban en los ánimos , á la multitud de delacio-
nes contra los conspiradores del 10 de agosto, á la
fuerza de los rumores esparcidos contra Brissot, y




á la necesidad de esclarecerlos.
Despues de estas largas esplicaciones inter-


rumpidas y continuadas por momentos, insistiendo
siempre Slarat por la palabra , la obtiene al lin
cuando ya es imposible rehusársela. Era la prime-
ra vez que se presentaba en la tribuna y su presen-
cia produjo un movimiento de indignacion , y un
rumor general y estruendoso se levanta contra él.
(Fuera! juera 1 es el grito universal. Vestido su-




472
REVOLUCION


ciamente con una gorra que luego pone
sobrela tribuna, y recorriendo á su auditorio con o:


sonrisa convulsiva y despreciadora , dice: «Sobil-
«do número de enemigos personales tengo en esta
«Asamblea...—; Todos, todos! esclaman la


mayor
«parte de los diputados.—Sobrado número , repite
«ilarat con la misma desfachatez , de enemigos
«personales tengo en esta Asamblea, á quienes


no«puedo menos de recordar el pudor. A horren esos
«clamores furibundos contra un hombre que ha
«servido á la libertad , y a ellos mismos mas de lo
«que se figuran.


«Hablan de triunvirato y de dictadura, atribu-
«vendo el proyecto á la diputacion de Paris ; pues
«bien, debo declarar en justicia, que mis compa-
«Fieros , especialmente Robespierre y Danton , se
«han opuesto siempre , y que he tenido que cm-
«batirlos sobre este punto. Yo, el primero, y el
«único en Francia entre todos los escritores polí-
ticos, he tenido este pensamiento , como el solo


«medio de anonadar á los traidores y á los conspi-
radores. A mí solamente es á quien se debe cas-


«Ligar; pero antes es menester oirme.» Suenan aquí
algunos aplausos, aunque en corto número. Con-
tinúa Marat ; «Enmedio de las maquinaciones por-
«fiadas de un rev pérfido, de una córte abominable,,
«v de falsos patriotas , que en ambas Asambleas
«i,endian la libertad pública, me culpais de haber,
«ideado el único medio de salvacion, y de haber
«traido la venganza sobre las cabezas criminales?
«¡No!... porque el pueblo os desengañaria Ha co-
nocido que no le quedaba otro medio , y constita-


« yéndose él mismo dictador, se ha libertado de los
«traidores 1...


FRANCESA. lía
«Me he estremecido mas que otro alguno á la


«idea de esos terribles movimientos; y á fin de que
;no quedasen continuamente infructuosos, deseaba


e fuesen dirijidos por una mano recta y firme!«qi
ou indo al tomar la Bastilla se hubiera sentido


«la necesidad de esta medida , quinientas cabezas
«malvadas hubieran caido á mi voz, y desde ati ne-
«Ila época quedara la paz asegurada!!. Pero por no
«haber desplegado esta energía, tan sabia COMO
«necesaria , han sido degollados cien mil patriotas,
«y otros cien mil están amenaiados de serlo. Ade-
mas, la prueba de que yo no quisiera hacer de


«esta especie de dictador. , de tribuno ó de triun-
viro (el nombre importa poco) un tirano, tal cual


«la necedad pudiera imaginarlo, sino una víctima
«consagrada á la patria, y cuya suerte no envidia-
«ria ningun ambicioso, es que yo quería al mismo
«tiempo que su autoridad no durase sino pocos
«días, y que se limitase á la potestad de condenar
«á los traidores; y que aun durante este tiempo se
«le atase una bala al pie, para que estuviese siem-
pre bajo la mano del pueblo. Mis ideas, por mas


«escandalosas que os pareciesen , no se dirijian
«sino á la pública necesidad. Sino estais en el caso
«de entenderme, tanto peor para vosotros,»


El profundo silencio que habia reinado hasta
entonces se interrumpe por varias carcajadas, que
no cortan al orador , mas espantoso que risible.
Continúa : «Tal era mi opinion , escrita , firmada,
« y . públicamente sostenida. Si era equivocada ha-
eibla que combatirla , ilustrarme, y no denunciar-
me al despotismo.


«Me han acusado de amhicion , pero va veis;
«juzgadme. Si únicamente hubiese querido poner




pr REVOL1JCION


«á precio mi silencio, nadaria en oro, y soy „
«pobre! Perseguido sin cesar, he vagado de 1


r


e`11
«terráneo en subterráneo , y he predicado la v,


g«dad con el cuello debajo de la cuchilla !..
«En cuanto á vosotros , abrid los ojos lejos d,,


«.-Pe
«instar el tiempo en discusiones escandalosa


rfeccionar la declaracion de los derechos, esta
«bleced la constitucion , y sentad las bases del
«gobierno justo y libre, que es el verdadero ob-jeto de vuestros afanes.»


Una atencion general se habia concedidó á tan
estraño hombre, y atónita la Asamblea con un sis.
tema tan pavoroso y tan calculado habia guardado
silencio. Alentados con él , algunos partidarios


deArarat habian aplaudido, pero no encontraron eco,
y Ararat se 'labia vuelto á su asiento, sin recibir
aplausos ni señales de enojo.


Vergniaud , el mas puro y entendido de los gi-
rondinos , cree deber tomar la palabra para des-
pertar la indignacion de la Asamblea. Deplora la
desgracia de tener que contestar á un hombre en-
cargado de decretos 1'' Chabót y Tallien, escla-
man.


á estas palabras y preguntan , si son los de-
cretos fulminados por el Chatelet , por haber des.
cubierto las miras de La t'avene . Insiste Vergniaud y
deplora el tener que responder á un hombre que
no ha purgado todavia los decretos que pesan sobre
él ; á un hombre destilando todo calumnias, hiel y
sangre 1—Se renuevan los murmullos, pero conti-
núa con firmeza ; y despues de haber distinguido
en la dipntacion dé Paris , á David , á Dusaulx y á
algunos -Otros individuos , torna á su cargo la fa-,
mosa circular del Ayuntamiento que ya hemos ci-
tado, y la lee toda entera Sin embargo , como ya


FRANCESA.


era
conocida , no produjo tanto efecto como otro


documento , que luego lee el diputado Boileau. Es
un papel impreso por Ararat , aquel mismo dia , y
enel cual dice: «Una sola rellexion me agovia, y es
«que todos mis esfuerzos por salvar al pueblo no
«con ducirán á nada sin una nueva insu . A.


«la vista del temple de la mayor parte de los
rreccion


dipu-
«Lados que hay en la Convencion nacional , des-
«espero de la salvacion pública. Si en las ocho pri-
«meras sesiones no se establecen las bases de la
«constitucio n , nada espereis ya de esta Asamblea.
«Cincuenta años de anarquía os esperan , y no sal-
«dreis de ella, sino mediante un dictador , verda-
dero patriota y hombre de estado l oh pueblo


chardatan 1 Si supieras obrar!.. »
La lectura de este documento se interrumpe


con gritos de indignacion, v apenas acabada, una
multitud de individuos se' desencadenan contra
Ararat Los unos le amenazan, y gritan ¡á la Aba-
día! pi la guillotina!, y otros le abruman con pa-
labras de desprecio; pero él no contesta sino con
una nueva sonrisa á todos estos ataques. Boileau
pide un decreto de acusacion, y la ma y or parte de
la Asamblea quiere que se pase á votar. Insiste
Ararat con bastante sangre fria para que se le oiga,
y no se le quiere oir sino en la barra. Consigue en
fin hacerlo en la tribuna, y segun su espresion
acostumbrada, recomienda á sus enemigos el pudor.
En cuanto á los decretos que no se han avergon
zado de oponerle, se gloria en ellos porque son el
premio del valor. Ademas, enviándole el pueblo á
la Asamblea nacional, le ha purgado de los decre-
tos y decidido entre él v los acusadores. En cuanto
al escrito que se acaba" de leer, no lo niega, por-




476 REVOLUCION
que la mentira, dice, jamás se asomé á sus labio-
y el temor es estrado á su corazon. « Pedirme u:A'
«retractacion, añade, es exijir que no vea lo 00-
«estoy viendo, que no sienta lo que siento; v'en'
«hay poder alguno en la tierra que alcance á sepa,
«rarme de estas ideas: puedo responder de la pu
«reza de mi corazon, pero no variar mis pena
«¡Mentos, porque es lo que me sujiere el resultado
«natural de las cosas.»


Marat participa en seguida á la Asamblea que
aquel escrito impreso en carteles hace diez dias, se
ha reimpreso contra su voluntad por su librero
pero que acaba de dar en el primer número del
Diario de la república, una nueva esposicion de
sus principios, de los cuales ciertamente quedará
satisfecha la Asamblea, si quiere escucharlo


Consiéntese en efecto en la lectura del artículo
y la Asamblea aplacada con las espresiones mode.:
y de Marat en su artículo, intitulado Su nueva
marcha, lo trata con menos rigor y aun obtiene al-
gunas muestras de satisfaccion. Pero vuelve de
nuevo á la tribuna con su acostumbrada osadía, é
intenta dar una leccion á sus compañeros sobre el
peligro de la ira y del arrebato.—Si su diario no
hubiera salido el mismo dia para disculparle, le
hubieran enviado, seguramente, á la cárcel. «Pe-
ro, dice, enseñando una pistola que llevaba siempre
en el bolsillo, y con la cual se apunta á la sien,
yo tenia con que quedar libre; v si hubieseis de-
cretado mi acusacion, en esta misma tribuna me
hubiera abrasado los sesos. Este es el fruto demis
afanes. de mis peligros y de mis sufrimientos.
Pues bien, permaneceré entre vosotros para arros-
trar vuestros furores!» A esta última espresion de


FRANCESA 477


Ararat, recobrando los diputados su indignacion,
que es u


un loco, un frenético y un malvado,gritan
y se entregan a un est repitoso alboroto.


La discusion había durado muchas horas, y
sin embargo, ¿que se habla adelantado?... nada
sobre el pretendido proyecto de una dictadura en
provecho de un triunvirato, pero mucho sobre el
carácter de los partidos, y sobre su respectiva
fuerza . Se habia visto á Danton dócil y benévolo
para sus compañeros, con tal que no le inquieta-
sen por su conducta; á Robespierre, lleno de hiel
y orgulloso: á Marat, escandaloso de cinismo y de
audacia, rechazado aun por su partido, pero em-
peñado en ir acostumbrando los ánimos á sus atro-
ces sistemas; y á todos tres, en fin, triunfando en
la revolucion por facultades y vicios diferentes, de-
savenidos unos con otros, desechándose recíproca-
mente, y no teniendo mas que aquella aficion al
influjo natural en todos los hombres, y que aun no
es un provecto de tiranía. Se convinieron con los
girondinol para proscribir á setiembre y á sus
atrocidades ; se les tributé la debida estimacion á
sus talentos y á su probidad; pero se conceptuaron
sus acusaciones exajeradas é imprudentes, y no se
pudo menos de hechar de ver en sus iras algunos
sentimientos personales. Desde este momento que •
dé dividida la Asamblea en lado izquierdo y dere-
cho como en los dias primeros de la constan vente.
Colocaronsc en el lado derecho todos los girkmdi-
nos, y aquellos que sin estar tan personalmento li-
gados á su suerte, participaban no obstante de su
generosa indignacion. En el centro se agolparon
en número considerable todos los diputad


-os hon-
rados y pacíficos, que no inclinándose ni por ca-


Biblioteca popular.
T. II. 407




478
n E VOLUCION


rácter ni por talento á tomar parte en la luchad
otro modo que con su voto, buscaban, cernuildién-e
dose en la multitud el retiro y la seguridad ,


su
crecido número en la Asamblea, el gran resgAi-
que se les tributaba, y la solicitud con que el paro
tido jacobino y municipal procuraba sincerarse á
sus ojos, todo le tranquilizaba. Se complacian
creer que la autoridad de la Convenci)odn bastarl


acon el tiempo, para enfrenar á los alborotadores
gustaban emplazar su energía, y de poder


decir


los girondinoa que sus acusaciones eran arriesga-
das. Manifestáronse entonces razonables é impar_
ciales, celosos un poco á veces, de la elocuencia
frecuente y brillante del lado derecho ; pero luego,
en presencia de la tiranía se iban á convertir
débiles y cobardes. Se les llamó la Llanura, y por
oposicion se apellidó Montaha el lado izquierdo'
donde todos los jacobinos se habían agolpado unos
sobre otros. En las gradas de esta Montaña,
se velan los diputados de Paris y los de los de-
partamentos, que dehian su nombramiento á la
correspondencia de los clubs, ó que habían sido
gana rlos desde su llegada, por la idea de que cose
debia dar cuartel á los enemigos de la revolucion.
Contábanse Cambien varios entendimientos distin-
guidos, exactos, rigurosos y positivos ; á los cuales
la teórica y la filantropía de los girondinos desa-
gradaban con vanas abstracciones. Entretanto los
montañeses eran todavía poco numerosos, y la lla-
nura, unida al lado derecho, componía una mayo-
ría inmensa que habla dado la presidencia á Petion,
y que aprobaba los ataques de los girondinos contra
setiembre, menos las personalidades que parecula
muy anticipadas y con poco fundamento (08).


79FRANCESA. 1


Se habla pasado al Orden del dia sobre las acu-
saciones recíprocas de entrambos partidos; pero
se había sostenido el decreto de la vispera, y tres
objetos quedaban acordados: 4.° Pedir al ministe-
riodel interior una razon fiel y exacta del estado de
Paris; 2 ° Redactar un proyecto de ley contra los
provocadores al asesinato y al saqueo . 3.° Idear un
medio de reunir alrededor de la Convencion una
guardia departamental. En cuanto al informe so-
bre el estado de Paris era conocido con qué ener-
gía y bajo qué concepto se baria, correspondiendo
a Roland : la comision encargada de los dos proyec-
tos contra los incitadores porescrito, y para la com-
posicion de una guardia, no daba menos esperan-
za, puesto que toda estaba compuesta de girondi-
nos, haciendo parte de ella Buzot , Lasource v
Kersaint.


Los mas sublevados contra estos dos últimos
proyectos, eran principalmente los montañeses,
preguntando si se quería renovar la ley marcial y
los asesinatos del Campo de Marte; y si la Conven-
cion quería formarse satélites y guardias de Corps
á semejanza del último rey. A.si renovaban, como
decian los girondinos, todas las razones dadas por
la córte contra el campamento de Paris.


Muchos de los individuos del lado izquierdo y
aun los mas acalorados, estaban por su cualidad de
miembros de la Convencion, muy pronunciados
contra las usurpaciones del Ayuntamiento, y fuera
de los diputados de Paris, ninguno le defendia,
aunque se estaba ofreciendo todos los dias ; y de
este modo los decretos se sucedían con rapidez.
Como tardaba el Ayuntamiento en renovarse, con
arreglo al decreto que prescribia la reeleccion de




180 REVOLUCION


todos los cuerpos administrativos, se ma ndó al
consejo ejecutivo velase en su renovacion, dandc,
cuenta a la Asamblea á los tres días. Nombros:
una comision de seis miembros, para recibir la de-1
claracion firmada de todos los que habian depeC
lado efectos en la casa del Ayuntamiento, y á lin de
investigar la existencia de estos efectos, ó Verifi-
car el empleo que de ellos 'labia hecho la
palidad. El directorio del departamento, reducido
por el Ayuntamiento sublevado al tituloá las
funciones de mera comision administrativa,' quedó
reintegrado en todas sus atribuciones y recobró
el dictado de directorio. Las elecciones concejiles
para el nombramiento del corregidor, del Ayunta-
miento y del consejo general que los jacobinos ba-
tan nu. evamente ideado hacer en alta voz, para
intimidar á los débiles, se declararon otra vez se-
cretas por una confirmacion de la ley existente.
Las eleciones va verificadas, segun este método
ilegal, quedaron anuladas, y las secciones se suje-
taron á entablarlas en la forma prescrita. Decretó.:
se en fin, que todos los encarcelados sin auto de
prisiou, quedarían libres al momento; y este era
un gran golpe dado á la junta de vigilancia, en-
carnizada particularmente contra las personas.


Todos estos decretos fueron espedidos desde
1.° de octubre, y el Ayuntamiento vivamente es-
trechado, tenia que plegarse al ascendiente de la
Convencion. Sin embargo la junta de vigilancia no
había querido dejarse batir sin resistencia. Sus in-
diyiduos se habian presentado á la Asamblea, di-
ciendo que venían á confundir á sus enemigos. Co-
mo depositarios de les papeles encontrados en ca-
la de Laporte, intendente de la lista civil, y con-


FRANCESA. 4 8I


como va sabemos, por el tribunal -del 17


dedneenaafIdon'
agosto, se hablaba de lo que habian costado


hablan descubierto, decian, una carta


ciertos decretos espedidos en las anteriores Asam-
bleas, v venian á descubrir á los diputados vendi-
dos á la córte, y á demostrar la falsedad de su
patriotismo.—Nombradlos, 'labia gritado la Asam-
blea con indignacion.—No podemos todavía seña-
larlos, habian respondido los individuos de la jun-
ta. Enseguida, para rechazar la calumnia, formó-
se una comision de veinte 'y cuatro diputados, que
no habian hecho parte de la constituyente ni de la
legislativa, encargados de revisar estos papeles, y
déhacer su informe. Marat, inventor de ene re-
curso, publicó en su periódico que Babia devuelto
á los rolandistas, acusadores del Ayuntamiento, el
dinero de su trabajo, y anunció el pretendido des-
cubrimiento de una traicion de los girondinos.
Examinados los papeles, ninguno de los actuales
diputados se halló comprometido, y la junta de vi-
gilancia quedó declarada calumniadora. Siendo
los papeles demasiado voluminosos para que los
veinte cuatro diputados prosiguiesen su examen en
la casa. de Ayuntamiento, se trasladaron á una de
las comisiones de la Asamblea. Viéndose Marat
privado de tan ricos materiales para sus diarias
acusaciones, se irritó en estremo, y afirmó en su
periódico, que se había querido destruir la prueba
de todas las traiciones.


Despues de haber refrenado asi les desafueros
del A yuntamiento, ocupóse la Asamblea del poder
ejecutivo, y decidió que los ministros va no podrían
ser tomados de su seno. Obligado Danton á optar
entre las funciones de ministro de la justicia v de




4 d2 REVOLTICION


miembro de la Convencion, prefirió como Miraheattlas que le aseguraban la tribuna, y abandono i
ministerio, sin dar cuenta de los gastos secreto:
diciendo que ya cons taban en el Ayuntamiento)Este hecho no era muy exacto; no se hizo mucho
caso de él, y se pasó adelante. Por la renuncia deFrancisco de Neufchateau, Garat, escritor distin


rBuido, ideólogo agudo, y luego famoso por la es-
celente redaccion del Diario de Paris, ocupó el
destino de ministrode la justicia. Servant fatigado
de una administracion trabajosa y superior, no á
sus facultades, sino á sus fuerzas, prefirió el man-
do del ejército de observacion que se formaba a lo
largo de los Pirineos. El ministro Lebrun, quedó
provisionalmente encargado de unir el despacho
de la guerra al de negocios estrangeros. Rolaud
en fin ofreció tambien su dimision, cansado como
estaba de una anarquía tan contraria á su probi-
dad, y á su inflexible amor del buen órden. Los
girondinos propusieron á la Asamblea que se le
instase á seguir con su despacho; pero los monta-
ñeses, y en particular Danton, á quien sabia con-
trarrestado mucho, se opusieron á este paso, co-
mo poco digno de la Asamblea. Quejóse Danton de
que era débil y estaba gobernado por su muger;
contestóse á este cargo de debilidad con la carta
del 3 de setiembre, v se hubiera tamhien podido
responder, citando li oposicion que el mismo Dan-
ton 'labia esperimentado en el Ayuntamiento. Pa-
sóse sin embargo al órden del dia, y estrechado
por los girondinos y por todos los hombres debien,
continuó Rolaud en el ministerio «Permanezco,
«escribió noblemente á la Asamblea, puesto que
«la calumnia me acomete, puesto que me esperan


FRANCESA. 183


dns peligros, y puesto que la Convencion ha de-íeado, al parecer, .que continúe. Es demasiado
:lisonjero, añadió concluyendo su carta, que no ha-
«ya otra cosa de que acusarme sino demi union con


hieD i vidí se ro Asamblea en vanas comisio-
nes, creó una de vigilancia compuesta de treinta
individunos;.otra de guerra de veinte y cuatro,
una tercera de cuenta y razon de quince; una cuar-
ta de legiskteion criminal y civil de cuarenta


y
ocho; y una quinta de los asignados, monedas y
hacienda de cuarenta y dos. Una sesta comision,
mas


importante que todas las otras, quedó encar-
gada del principal objeto para que se habia reuni-
do la Couvencion, esto es, para preparar un pro-
yecto de Constitucion Compusieronla de nueve
individuos célebres por varios títulos y casi todos
elegidos segun los intereses del lado derecho, La
filosofía tuvo sus representantes en las personas de
Sieyes, de .Condoreet y del americano Tomás Pai-
ne, recién elegido ciudadano francés y miembro de
la Conveneion nacional, la Gironda estuvo repre-
sentada particularmente por Gensonné, Vergniaud
Petion y Brissot; el centro por Barrero, y la mon-
taña pos Danton. Se .estrañará sin (luda ver á este
tribuno tau bullicioso, pero tan peco especulativo,
colocado en esta•co-mirsion tan filosófica; y parece
que el carácter de Rohespierre, sino sus talentos,
le hacia acreedor á este papel. Es cierto que Ro-
bespierre ambicionaba mu y esta.particularmente
distincion y se ofendió profundamente
berla obtenido. Concediéronle lapreft,i.endceialia9Dhaa;
ton, á quien su genio natural habilitaba para todo,
y á quien ningun resentimiento profundo separaba




4 84 REVOLUCION


todavia de sus compañeros. Esta composicion
reglo de la comision, retardó por largo tiempo las
tareas de la constítucion.


Despues de haber acudido de este modo al res
tablecimiento del Orden en la capital, á la organr
zacion del poder ejecutivo, á la distribucion de lis
comisiones, y á los preparativos de la cons titucion -quedaba un objeto último que arre glar, objeto de'los mas graves de que tenia que ocuparse laAsam
Idea, cual era la suerte de Luis XVI y de su fami:
tia. El mas profundo silencio se había guardado
sobre este punto en la Asamblea; por todas partes
se ventilaba, asi en los jacobinos como en el Ayuo_
tamiento, así en sitios particulares como públicos)


escepto únicamente en la Convencion. Babíanse
Sor p rendido algunos emigrados con las armas en la
mano, se les conducía á París para aplicarles las
leyes criminales. Con este motivo se levantó una
voz ( y era la primera) y preguntó, si en vez de ocu-
parse de estos reos subalternos, no seria mejor
pensar en otros mas encumbrados, y presos en el
Temple. A esto se siguió un profundo silencio en
la Asamblea, y Barbaroux fue el primero que tomó
la palabra, y pidió que antes de saber si la Con-
vencion sentenciada á Luis XVI, se decidiese si la
misma seria cuerpo judicial, por cuanto tenia otros
culpables que sentenciar ademas de los del Tem-
ple. Al suscitar esta cuestion, aludía Barbarouxal
proyecto de instituir la Convencion en sala es-
traordinaria para juzgar por sí misma á los alboro-
tadores, á los triunviros etc. Despees de algunos
debates se envió la proposicion á la comision legis-
lativa, para examinar las cuestiones á que daba
.origen.


CAPÍTULO Y.


Situacion militar á fines de octubre de 1792.—Bombardeo de Lila
loslo austriacos; toma de Worms y de Maguncia, por Custí—por •


ne.—Yerro de nuestros generales.—Equivocadas operaciones de
Custine.—Ejército de los Alpes.—Conquista de Savoya y do
Niza.—Viene Dumouricz á Paris; su posicion respecto de los
partidos.—Influjo y organizacion del club de los jacobinos.—
Estado de la sociedad francesa.—Tertulias de Paris.—Entrevis-
ta de alarat y de Dumouriez; anécdota.—Segunda lucha de los
girondinos con los montañeses; Louvet denuncia á Robespierre;
contestacion de éste; la Asamblea no dá curso á su acusacion.—
Primeras proposiciones sobre la causa de Luis XVI.


Cambiada estaba sobremanera en este momen-
to la situacion militar de la Francia. A mediados
de octubre estaba va rechazado el enemigo de
Champaña y de Flandes, y el territorio estrangero
invadido por tres puntos, el Palatinado, la Savoya
y el condado de Niza.


Ya hemos visto á los prusianos retirarse del
campamento de la Luna, volviéndose por la car-
retera de la Argona, sembrando los desfiladeros
de muertos y enfermos, y escapándose de un es-
terminio completo por la negligencia de nuestros
generales, que cada uno seguia un objeto diferente.
El duque de Sajonia-Teschen no habia salido me-
jor en su ataque á los Paises-Bajos. En tanto que
los prusianos marchaban sobre la Argona, no que-




486 REVOLUCION
riendo aquel príncipe quedarse atrás, 'labia creido
deber ensay ar alguna empresa brillante. No obs-
tante, aunque nuestras fronteras del Norte estuvie-
sen desprovistas, sus medios no eran mucho mayo-
res que los nuestros, y apenas pudo reunir quince
mil hombres, con escasos materiales. Aparentando
entonces falsas embestidas sobre toda la linea de
las plazas fuertes, provocó la derrota de uno de
nuestros pequeños campamentos, y se lanzó de re-
pente sobre Lila, para intentar un sitio, que los
mas grandes generales no hablan podido ejecutar
con ejércitos poderosos, y un considerable tren.
Solo la posibilidad del triunfo, justifica en la guer-
ra las empresas arrojadas. No pudo el duque mas
que acercarse á un punto de la plaza, y plantó
morteros que la bombardearon por el espacio de
seis Bias consecutivos, é incendiaron mas de dos-
cientas casas. Dicese que la archiduquesa Cristina
quiso asistir en persona a este horroroso espectá-
culo. Si esto es cierto, no pudo mas que ser testi-
go del heroismo de los sitiados y de la inutilidad de
la barbarie austriaca. Los vecinos de Lila, resis-
tiendo con una noble ohstinaeion, jamás consintie-
ron en rendirse, y el 8 de octubre, mientras los
prusianos abandonaban la Argona, el duque Alber
tose vela obligado á dejar á Lila; por cuanto el ge-
neral Lahourdonnaie, llegado de Soisson, y Beur-
nonville vuelto de la Champaña, le precisaron á
desviarse con prontitud de nuestras fronteras: y la
resistencia de Lila, publicada por toda la Francia,
aumentó el entusiasmo general.


Casi en la misma época, intentaba Custine en
e Palatinado empresas atrevidas, pero de un re-
sultado mas brillante que sólido. Dependiente del


FRANCESA. 9 87


i
e'ército de Biron que acampaba á lo largo del Rin,
estaba colocado con diez y siete mil hombres á
cierta distancia de Spira. Él grande ejército de in-
vasion 'labia protegido débilmente sus retaguar-
dias, avanzando en el interior de la Francia. Débi-
les destacamentos protegian á Spira, Worms y á
Maguncia Notólo Custine, marchó sobre Spira y
entró en él sin resistencia el 30 de setiembre. Ufa-
no con el triunfo, penetró en Worms el 5 de octu-
bre sin encontrar dificultades, y obligó á rendir
las armas á una guarnicion de dos mil setecientos
hombres. Tomó en seguida á Frauckenthal, y pen-
só luego en la plaza imponente de Maguncia, que
era el punto de retiradamas in teresante para los pru-
sianos, y en el cual hablan tenido la imprudencia de
no dejar masque una corta guarnicion. Custine con
diez y siete mil hombres y mitren, no pocha tantear
un sitio, pero ensayó un golpe de mano. Las ideas
que hablan sublevado a la Francia, agitaban á to-
da la Alemania, y particularmente á las ciudades
en que habla universidad como en Maguncia, don-
de Custine entabló algunas relaciones. Acercóse
las murallas, y se retiró inmediatamente con lano-
ticia falsa de la llegada de un ejército austriaco,
aludió de nuevo, y por medio de grandes movi-
mientos, engañó al enemigo en cuanto á la fuerza
de su ejército. Deliberóse en la plaza el proyecto
de capitulacion; se apoyó eficazmente por los par-
tidarios de los franceses, y el 21 de octubre se
abrieron las puertas á Custine. Rindió las armas
la guarnicion, escepto ochocientos austriacos que
fueron á incorporarse con el grande ejército. La no-
ticia de este triunfo se esparció con rapidez y cau-
só una sensacion estraordinaria. Babia sin duda




1


488 REVOLCCION


costado bien poco, era de, escaso mérito compara,
rado con la constancia de Lila V con la serenidad np


nánima desplegada en Sainé-Menehould , pe ro "-
ra
g


un placer pasar de la simple resistencia á la e
quista. Hasta alli iba todo bien por parte de Culis:
Cine. si conociendo su posicion, hubiera sabido
terminar la campaña por un movimiento que era
posible y decisivo.


En aquel instante los tres ejércitos de Duran.
estaban por unariez, de Kellermann y de Custine, 1


feliz casualidad, colocados de tal manera, quepo_
dian destruir á los prusianos v conquistar con una
sola marcha toda la línea del Rin hasta la mar . si
Durnouriez, menos preocupado de otro pensamien-
to, hubiera conservado á Eellermann bajo sus el._
denes, v perseguido á los prusianos con sus ochen-
ta mil Hombres; si al mismo tiempo Custine ba-
jando por el Rin desde Maguncia á Coblenza, les
hubiera atacado por la espalda, indudablemente
los hubiera esterminado. Siguiendo despues la
corriente del Rin hasta Rolan-da se sorprendia al
duque Alberto, se le precisaba á rendir las armas,
ó á hacerse paso, y quedaban sujetos todos los
Paises-Bajos. Tréveris y Luxemburgo, compren-
didosen la linea ya descrita, caian necesariamente,todo era Francia hasta el Rin, y la campaña se ha-
llaba terminada en un mes. Grande era el genio de
Dumouriez, pero babian tomado otro rumbo sus
ideas. Enardecido con volver á Bélgica, solo pen-
saba en marchar allá directamente para socorrer a
Lila, y atacar de frente al duque Alberto. Dejó
pues á Kellermann que marchase solo al alcance
de los prusianos, y aun éste podía dirigirse á Co-
blenza, pasando entre Luxemburgo y Tróveris,


FRANCESA. 189


mientras Custine bajase , n
dedorde Moagcontempló


uncia. Pero
bastanteen


er-


p
í sus tropas, que parecian cansadas, y se acantonó
al


mann, poco em re n ,


rededor de Metz. Custine por su parte, querien-
do hacerse independiente, y emplearse en brillan-
tes incursiones, no deseaba incorporarse con Ke-
llerman n , y encerrarse en los limites del Rin,
por lo mismo jamás trató de ir á Coblenza. De este
modo se descuidó un plan tan bello, tan bien con-
ceptuado y descrito por el mejor de nuestros histo-
riadores militares.


Custme , aunque de ingenio, era altanero, ar-
rebatado é inconsecuente, y ante todo propendia
á hacerse independiente de 'Dm y de otro cual-
quier general , concibiendo la idea de conquistar
cuanto le rodeaba. Tomar á Manhein le esponja
á quebrantar la neutralidad del elector palatino,
lo cual le estaba prohibido por el consejo ejecuti-
vo; y asi intentó desamparar el Rhin para avan-
zar á Alemania. Francfort, colocado sobre el Mein,
le pareció una presa envidiable y resolvió diri-
jirse á ella. Esta ciudad libre v comerciante, siem-
pre neutral en las diversas guerras , y bien incli-
nada para los franceses, no merecia sin embargo
tan sensible preferencia. Estando indefensa, era
fácil la entrada; pero difícil el mantenerse en ella,
y por consiguiente inútil su ocupacion. Esta es-
cursion no podía tener mis que un objeto, que era
el de ir arrancando contribuciones, y no era justo
imponerlas á un pueblo habitualmente neutral,
contando cuando mas con sus deseos, v merecien-
do por estos mismos la benevolencia ele la Fran-


domini.




490 REVOLUCION
cia , cuyos principios aprobaba, celebrando sus
triunfos. Custine cometió el yerro de entrar en ella
el 27 de octubre; exigió contribuciones, indispuso
á los habitantes enemistandolos con los franceses
esponiéndose ademas con haberse adelantado há.:
cia el Mein á que los prusianos le cortasen la
retirada del tibia por poco que hubiesen subido
hasta Bingen. ó el mismo elector palatino, si,.
rompiendo la neutralidad, hubiera salido de Man-
heim.


Las noticias de estas correrías sohre.el terri-
torio enemigo, siguió causando grande alegría en
Francia, que se admiraba de conquistar , pocos
dias despues de haber temido tanto el ser ella
misma conquistada. Los prusianos, alarmados ceba-
ron un puente volante sobre el libia, para subir
por lo largo de la orilla derecha, y arrojar á los
franceses. Felizmente para Custine, emplearon do-
ce dias en pasar el rio ; y el desaliento , las en-
fermedades y la separacion de los austriacos , ha-
bían reducido este ejército á cincuenta mil hom-
bres. Clerlavt con sus diez y ocho mil austriacos
habia seguido el movimiento general de nuestras
trepas hacia Flandes, y acudir,al socorro del du–
que Alberto. El cuerpo de los emigrados habla
sido licenciado, c esta brillante milicia se habla
reunido con la division de Conde, ó Babia pasado
asueldo estrangero.


Mientras sucedian estos acontecimientos en la
frontera del Norte y del Rhin, alcanzábamos otras
ventajas en la fronteras de los Alpes. Montesquieu
colocado en el ejército del Mediodia , invadió la
Savoya , y hacia ocupar el condado de Niza por
uno de sus subalternos. Este general, que habla


FRANCESA. 1 9 1
manifestado en la constituyente todas las luces de
un hombre de estado, y que no tuvo tiempo para
patentizar las cualidades de un militar, de quelaseguran estaba dotado , habla sido enviado a laarsra de la legislativa para dar cuenta de su con-
ducta, acusado de lentitud. Llegó á convencer á
sus acusadores de que sus demoras procedian de es-
casez de medios y no de falta de celo , y /labia
vuelto á los Alpes. Era , sin embargo, la primera
generacion revolucionaria, y de este modo se ha–
Baba incompatible con la nueva. Llamado segun-
da vez, iba á ser depuesto cuando se supo en fin
su entrada en Savoya suspendióse entonces la
destitucion, y le dejaron continuar su conquista.


Segun el plan concebido por Dumouriez, cuan-
do en calidad de ministro de negocios estrangeros
manejaba á un tiempo la diplomacia y la guerra,
la Francia debia estender sus ejércitos hasta sus
fronteras naturales , el Rhin y la cadena alta de
los Alpes , para lo cual Babia que conquistar la
Bélgica , la Savoya y la Niza. De este modo la
Francia tenia la ventaja, volviendo á los principios
naturales de su politica, de no despojar sino á sus
dos enemigos que le hacian la guerra , la casa de
Austria y la córte de Turin; y de este plan frustrado
por abril en la Bélgica, y diferido hasta aquí en la
Savoya, iba Montesquieu á ejecutar la parte que le
tocaba. Dió una division al general Anselme pa-
ra pasar el Ver, y dirigirse sobre Niza, á una se-
rial convenida ; marchó él mismo con la mayor
parte de su ejército de Grenoble sobre Chambe'•v;
amenazó á las tropas sardas, por Saint- Geniés ,
adelantándose en persona desde el fuerte de Bar:
raux, sobre Moatmelian, consiguió dividirlos v ar-




492 REVOLUCION
rojarlos á los valles. Mientras sus subalternos i'iban persiguiendo, marchó sobre C hambery el 2"ade setiembre, é hizo en él su entrada triunfaran-
con gran satisfaccion de los moradores que ama-,
han la libertad , como verdaderos hijos de las
montañas v á la Francia como quien habla el mis-
mo idioma, tiene las mismas costumbres y pene_
nece á un mismo suelo. Formó luego una Asare_
blea de savoyanos, para que deliberasen sobre una
cuestion que no podia ser dudosa; la de su reu-
nion con la Francia.


En el mismo punto, Anselme , reforzado con
seis mil marselleses, que habia pedido como ausi-
liares , acercóse al Var,


, torrente desigual como
todos los que descienden de las altas montañas,
alternativamente caudaloso ó en seco, y sin poder
recibir un frente fijo. Anselme pasó atrevidamen-
te el Yar, y ocupó á Niza, remen abandonada por
el conde de Saint-André, y cuyos magistrados le
hablan instado para que entrase á enfrenar los
desórdenes del populacho , que se entregaba á
pillages horrorosos. Las tropas sardas se refugia-
ron en los valles altos; persiguiólas Anselme, pe-
ro se detuvo delante de un punto temible, cual
era el Saorgio, de donde jamás pudo arrojar á los
piamonteses. Entretanto la escuadra del almirante
Truguet, combinando sus movimientos con los del
general Anselme , habia conseguido la rendicion
de Villefranche avanzando hasta el pequeño prin-
cipado de Oneille. Muchos corsarios hallaban fre-
cuentemente asilo en este puerto, y por esta ra-
zon no estaba dernas apoderarse de él. Pero mien-
tras una cañonera francesa se adelantaba á parla-
mentar, fueron muertos varios individuos por una


FRANCESA. 493


descarga general, violando el derecho de gentes.Entonces el almirante anclando sus buques delan-
te


del puerto, lo acribilló con sus fuegos, desem-
barcó luego algunas tropas que saquearon la ciu-
dad,é hicieran. una horrorosa matanza de frailes,
q ue se hallaban en gran número , y que eran los
incitadores de aquella mala fé. Tal es el rigor delas leves militares ; y la desgraciada ciudad de
Guille. le sufrió sin misericordia. Despues de esta
espedicion , viró la. escuadra francesa hacia Niza,.
en donde Anselme, separado por las crecientes del.
Yar, del resto de su ejército, se hallaba peligrosa,
mente comprometido. Na obstante, resguardándo-
se bien contra el punto de Saorgio, y contempori-
zando con los habitantes mas de lo acostumbrado,
su posieion era defendible y podia conservar su
conquista.


Entretanto, Montesquieu se adelantaba de
Chambero sobra.Ginebra , é iba á encontrarse de-
lante de Suiza, que se hallaba animada de muy
distinto modo respecto de los franceses, y que
pretendia ver en la invasion de la Savoya, un pe-
ligro para su neutralidad.


El parecer de los cantones estaba muy dividi-
do sobre este punto, pues las repúblicas aristocrá-
ticas condenaban nuestra.revolucion. Berna parti-
eularm.ente, y su avoyer Stinger la detestaban pro-
fundamente, al paso, que el pais de Yaud , tan
oprimido , la deseaba con ansia. La aristocracia
helvética, incitada por el avoyer Stinger y el em-
bajador inglés, pedia la.guerra contra nosotros,
hacia valer la matanza de los guardias suizos en eI
4 .0..deagosto, el desarme de un regimiento en Aix
y en fin la ocupacion de las gargantas de Poren-


liblioteta popular.


To II. 4.08




491 REVOLJJCION


truv , que dependian del obispado de Basilea,
'qué Biron habla hecho tomar para cerrar el Jura.


Prevaleció, sin embargo, el partido moderado, y
se resolvió una neutralidad armada. El canton dé
Berna mas irritado y receloso , dirijió un cuerpo
de ejército á. Nyon, so pretesto de una peticioa
de los magistrados de Ginebra, puso guarnicion en
esta ciudad. Segun los antiguos convenios, Gine-
bra en caso de guerra entre la Francia y la Sa-
vova, no debla admitir guarnicion de ninguna de
ambas potencias. Salió en seguida nuestro enviado,
-v el consejo ejecutivo estrechado por Claviere, an-
tiguamente desterrado de Ginebra y deseoso de
introducir alli la revolucion, mandó á Montesquieu
hiciese ejecutar los tratados. Ordenósele igualmen-
te que dejase guarnicion en la plaza, esto es, que
imitase la falta censurada á los de Berna. Mon-
tesquieu conocia desde luego que le faltaban me-
dios para tomar á Ginebra, y que rompiendo en
seguida la neutralidad poniéndose en guerra con
la Suiza, se ahria el Este de la Francia v quedaba
descubierto el flanco derecho de nuestra linea de-
fensiva. Resolvió por una parte intimidar á Gine-
bra, en tanto que por otra procuraria hacer en-
trar en razon al consejo ejecutivo. Pidió , pues,
resueltamente la salida de las tropas de Berna y
procuró persuadir al ministerio francés que no se
podia exigir otra cosa. En un caso estremo su.
ánimo era bombardear á Ginebra , y por medio de
una marcha atrevida dirijirse al canton de Vaud,
para ponerlo en revolucion. Ginebra consintió CR
la salida de las tropas, bajo la condicion de que
Montesquieu se retirarla á diez leguas , lo cual
ejecutó sobre la marcha. Esta concesion fue no


FRANCESA. 4 95
obstante muy censurada en Paris, y Montesquieu,
colocado en Carouge , en donde le rodeaban los
desterrados ginebrinos, que deseaban volver á su
patria, se hallaba alli entre el temor de indispo-
ner la Francia con la Suiza, y el de desobedecer
al consejo ejecutivo, que desconocia las miras mi-
litares y políticas mas sabias. Esta negociacion,
dilatada por la distancia de los lugares, aun no es-
taba próxima á terminarse, á pesar de ser el fin
de olc,attliberre.


era, pues , el estado de nuestros ejércitos
en octubre de 1 792 , desde Dunkerque hasta Ba-
silea y desde allí á Niza. La frontera de Champaña
estaba á salvo de la grande invasion; las tropas se
dirigían de esta provincia hacia Flandes para au-
siliar á Ljla, é invadir la Bélgica. Kellermann to-
maba sus cuarteles en Lorena ; v Custine , eman-
cipado de Biron, dueño de Maguncia, y corriendo
imprudentemente por el Palatinado y hasta el Mein,
regocijaba á. la Francia con sus conquistas, asus-
taba á la Alemania, y neciamente se esponja á ser
cortado por los prusianos, los cuales subian por la
ribera derecha del Rhin, como tropas enfermas y
derrotadas , pero numerosas y capaces todavia de
envolver al pequeño ejército francés. Biron acampa-
ba siempre á lo largo del Rhin. Montesquieu, due-
ño de la Savoya por la retirada de los plamonteses
al otro lado de los Alpes, y preservado de nuevos
ataques por las nieves, tenia que decidir la cues-
tion de la neutralidad suiza con armas ó negocia-
ciones. Dueñode Niza, en fin, Anselme, y soste-
nido por una escuadra, podia resistir en su posicion
á pesar de las avenidas del Var , y de los piamon-
teses reunidos sobre él en el puesto de Saorgio.




496 REVOLUCION
Mientras que la guerra iba á trasladarse de la.


Champaña á la Bélgica , habia pedido Dumouriez
permiso para ir á Paris por dos ó tres dias sola-
mente, á fin de concertar con los ministros la in-
vasion de los Paises Bajos, y el plan general de
todas las operaciones militares. Sus enemigos di-
vulgaron que venia á hacerse aplaudir , y que
abandonaba el cuidado de su mando, por una frí-
vola satisfaccion de vanidad. Estos cargos eran
exagerados , porque el mando de Dumouriez
padcecia á causa de su ausencia, y sin él , se po-
dian hacer pequeños movimientos de tropas. Al
contrario , su presencia debia ser muy útil en el
consejo para el arreglo de un plan general, y por
otra parte era perdonable una impaciencia de glo-
ria tan coman en los hombres , y tan escusa.ble
cuando no ofende á sus deberes.


Llegó el 11 de octubre á Paris , v su posicion
era embarazosa, porque no podia hallarse bien-
con ninguno (le ambos partidos. Repugnábale la
violencia de los jacobinos, y 'labia roto con losgi-
rondinos, espulsándolos algunos meses antes del
ministerio. tué bien acogido sin embargo, en toda
la Champaña y mas todávia en Paris, especial-
mente por los ministros y por el mismo Roland,
que ponla a un lado sus resentimientos personales,
cuando se trataba de la causa pública. Preseutóse
e142 en la Convencion ; y apenas le anunciaron,
cuando se levantaron por , todas partes aplausos y
aclamaciones. Pronunció un discurso sencillo y
enérgico , en donde trazó con brevedad toda la
campaña de la Argona, tratando á sus tropas y al
aliso» Kellermann con los mayores elogios. Su


II. presentó luego una bandera , cogida á los


FRANCESA. 497
enemigos, v la ofreció á la Asamblea como un mo-
numento de' la vanidad de los proyectos de aque-
llos. Despues le rodearon los diputados y se le-
vantó la sesion, para dar libre curso á las felicita-
ciones. En particular los numerosos diputados de
la llanura, los imparciales, como se les llamaba,
los cuales no tenían que reconvenirle ni por rom-
pimiento, ni por tibieza revolucionaria, le manifes-
taron el interés mas vivo y el mas sincero afecto.
No se quedaron auras los girondinos; sin embargo,
va por culpa de Dumouriez ó por la de ellos, la re-
conciliacion no fuó completa, y se notó facilmen-
te entre ellos un tanto de frialdad. Los montañe-
ses que le habian censurado un momento de ape-
go á Luis XVI, y que lo encontraban por sus mo-
dales, su mérito y su elevacion bastante parecido
ya á los girondinos, no le agradecieron las demos-
traciones que les habla mt:recido , y supusieron
esta demostracion mas significativa de lo que era
en realidad. Despues de la Convencion restaba vi-
sitar á los jacobinos, porque esta potestad había
llegado á ser entonces tan imponente, que el vic-
torioso general no podia desentenderse de pres-
tarle homenage. Alli era donde fermentaba la opi-
nion para formar todos sus pro yectos, y espedir sus
acuerdos. Tratabase de una le‘',


importante, de una
elevada cuestion politica, de una gran medida re-
volucionaria, los jacobinos, siem pre los primeros, se
apresuraban a, abrir la discusion y ádar su parecer.
En seguida se esparcian por el Ayuntamiento, por


- las secciones y escribían á todos los clubs afiliados;
y la opinion que habían emitido, el deseo que for-
maban, volvia en forma deesposicion, de todos
puntos de la Francia y con la apariencia de peti-




1 98 REVOLUC1ON
cion armada de todos los barrios de Paris. Coand°
en los Ay untamientos municipales, en las secein"-
nes y en todas las juntas , revestidas de una au
toridad cualquiera, se titubeaba todavia sobre olí;
cuestion, por un resto de respeto á la l egalidad 1 0


s
-jacobinos que se conceptuaban tan libres como el


pensamiento, la zanjaban atrevidamente , y inda
insurrecciou estaba propuesta entre ellos largo-
tiempo antes. Durante todo un mes habían delib-e-
rado sobre la del 10 de agosto, y ademas de esta
Iniciativa en toda cuestion, abrogábanse tal-ubica
en todos los pormenores del gobierno, una inquisi-Gin inexorable. Acusado un ministro, un gel de
oficina ó un proveedor, partian comisionados de
los jacobinos, se hacian abrir las oficinas, y pediaa
estrechas cuentas, rindiéndolas sin altivez , sin
desdén y sin impaciencia. Todo ciudadano que se
creia con derecha quejarse de un acto cualquiera,
no tenia mas que presentarse en la sociedad , y
alli encontraba defensores oficiosos para hacerle
justicia. Un día eran soldados quejosos de sus ofi-
ciales, ó aprendices de susmaestros; otro, se pre-
sentaba una cómica, reclamando contra su empre-
sario; v aun una vez sucedió, que un jacobino fue


pedir satisfaccion del adulterio cometido por su
muger con uno de sus comparieros.


Cada uno se apresuraba á inscribirse en los re-
gistros de la sociedad, para dar una pruebadel ce-
lo patriótico. Casi todos los diputados recien en-
trados en Paris, fueron presurosos á presentarse;
llegaron á contarse ciento trece en una semana; y
aunaquellos que no estaban en ánimo de continuar
las sesiones, acudían á pedir su admision. Las so-
ciedades atiliadas escribían desde el interior de


FRANCESA. 499


las provincias, para informarse de si los diputados
de sus departamentos se habian hecho inscribir, y
si eran puntuales. Los ricos de la capital procura-
han hacerse perdonar su opulencia , yendo á los
jacobinos á calarse el gorro encarnado, y sus
carruagesobstruian la puerta de aquella mora-
da de la igualdad; mientras llenaban el salon gran
número desus miembros, y las tribunas rebosaban
de gentio, una multitud inmensa, revuelta con los
carruages, esperaba á la puerta, y pedía á grandes
gritos quese la dejase entrar A veces esta muche-
dumbre se enfadaba cuando la lluvia, tan frecuen-
te en Paris, se unia al aburrimiento de esperar, y
entonces algun miembro pedia la admision del po-
bre pueblo que sufria á las puertas del salon.
rat era el que con mas frecuencia solicitaba esta
clase de admision, y cuando llegaba á concederse
y algunas veces antes, uoa multitud inmensa de
hombres y mugeres se arrojaban á inundar la so-
ciedad, y á mezclarse con sus miembros. Era la
reunion al anochecer, y la cólera escitada v repri-
mida en la Convencion iba á estallar alli. " La no-
che y la multitud de asistentes, todo contribuia á
encender las cabezas; y á veces la sesion, prolon-
gándose, degeneraba en un motín espantoso, v los
incitadores se robustecian para el dia siguiente,
cobrando valor para las mas audaces tentativas.
Sin embargo, esta sociedad tan avanzada en de-
magogia, aun no era lo que fue despues. Todavía
se toleraban á la puerta los carruages de los que
llegaban á abjurar de la desigualdad de condicio-
nes. Algunos individuos habían hecho algunos es-
fuerzos para hablar con el sombrero puesto,
les habian obligado á quitársele. Brissot, á l ver-


1




200 REVOLCCION
dad, acababa de ser escluido por una decision so-
lemne; pero Mielo seguia presidiendo en medio
de aplausos. Chabot , Collot-d' Herbois y Fabre
d'Eglantine eran los oradores favorecidos. Toda-
vía 'no se presentaba mucho Marat, v Chabot decía,
en el lenguage propio de aquel sitio, que Marat era
un puerco espín, que no se dejaba agarra por nin-
gun lado.


Dumouriez- fué recibido por Danton, .que pre-
sidia la sesion entonces ; acogiéronle con nuine-
rosos aplausos, y al verle, se le perdonó lasupues-
ta amistad con los girondinos. 'Pronunció algunas
palabras análogas a laSituacion, y prometió mar-
char antesdel me,á la cabeza de-sesenta mil hom-
bres, para atacar a los reyes,. ysalvar a los pue-
blos de la tiranía.


Respondiendo Danton en estilo -adecuado , le
dijo que reaciendo los franceses en .el campamento
de Samte•Menehould, {labia merecido bien de la
patria, pero que se le abría nueva .earrera;,que de-
bia postrar á todas las coronas ante el gorro en-
carnado con que le honraba la sociedad, .y fine en-
tonces su nombre sobresaldria entre los mas escla-
recidos de la Francia. Arengóle despues
ilerbois con un discursO•que manifiesta el lengua-
ge de la época, y las disposiciones del momento
respecto del general.


«No es un rev quien te ha nombrado, ¡oh! Pu-
«mudez: son 'tus conciudadanos. Acuérdate de
«que un•general de la república nunca debe ser-


vir mas que á ella sola. Ya has oído hablar de Te-
«místocles. Acababa de salvar á la Grecia en
«Salamina, pero calumniado por sus enemigos, se
vió obligado á buscar un asilo entre los tiranos.


FRANCESA. 204
«Ofreciéronle servir contra su patria, y por toda
«respuesta se clavó la espada en el corazon. Du-
-enouriez, tú tienes enemigos, tú serás calumniado,
«acuérdate pues de Temistoclesl


«Pueblos esclavos te esperan para que los
«salves. Bien pronto irás a libertarlos. ¡Que mi-
«sion tangloriosa!... es necesario que te mires en
«cuanto á los eseesos de generosidad que usas con
e tus enemigos. Tú te has portado con el rey de
«Prusia con mas caballerosidad de la que exi-
«ge la manera francesa, pero esperamos queelAus-
«tria pagará doble.




«Vas á Bruselas, Dumouriez.... nada tengo que
«decirte.... Sin embargo , si encontrares alli una
«mugen execrable , 'que bajo las murallas de Lila,
«ha ido á saciar su ferocidad con la vista de las
«balas rojas' Pero aquella mugen no te es-
«pera....


«En Bruselas va á renacer la libertad en pos
«de ti .. ciudadanos, doncellas, niños y mugeres
«se atropellarán en torno tuyo. ¡Qué felicidad vas
«a disfrutar , Dumouriezl. 2 Mi muger. .. es de
«Bruselas, Cambien te abrazará (49)1»


Salió luego Danton con Duinouriez, de quien se
habla apoderado, y á quien en cierto modo tribu-
taba los honores de la república. Habiendo demos-
trado Danton en Paris una entereza tan firme co-
mo Dumouriez en Sainter Menehould , mirábase á
entrambos como á los salvadores de la revolucion,
y juntos lo apiaudian en donde quiera que se deja-
ban ver. Parece que cierto instinto atraca a estos
dos hombres, á pesar de la diferencia de sus cos-
tumbres, siendo los dos los mas corrompidos así
del antiguo como del nuevo régimen, que se ase-





202 REVOLUCION
mojaban en gé,nio y aficion á los placeres, pero col
una corrupcion diversa. Danton tenia la del poe_
blo,Dumouriez,la de los palacios; pero mas di_
choso que su compañero, éste último no habla ser-
vido sino generosamente y con las armas en la ma_
no, y Dantou habla tenido la desgracia de mancillar
un gran carácter con las atrocidades de setiembre.


Aquellos salones tan brillantes, en donde los
hombres célebres gozaban antiguamente de la glo.
ria, en donde durante el último siglo , se habian
escuchado y aplaudido á Voltaire , Diderót , d>
Alembert y •Rousseau, no existían va; quedaba la
sociedad sencilla pero escogida de madama Ro-
land, en donde se juntaban todos los girondinos, el
hermoso Barbaroux, el agudo Louvet , el grave
Buzot, el brillante ti uadet, el elocuente Vergniaud;
y en donde reinaban todavía un idioma puro, con-
versaciones interesantes, y costumbres elegantes y
cultas. Juntábanse alli los ministros dos veces por
semanav tenian una COM ida donde se cubría la me-
sa una sola vez. Esta era la nueva sociedad repu-
blicana quejuntaba el gracejo de la antigua Fran-
cia con la seriedad de la nueva, y que bien pron-
to iba á desaparecer ante la rudeza demagógica.
Dumouriez asistió á uno de estos convites tan sen-
cillos; sintióse al pronto algo embarazado viendo
los antiguos amigos que habia arrojado del minis-
terio, y a aquella muger que le parecia demasiado
severa, y para la cual era él muy licencioso ; pero
sostuvo esta situacion con su acostumbrado des-
pejo. y se pagó especialmente de la sincera cor-
dialidad de Roland. Despues de la sociedad de los
girondinos, la de los artistas era la única que ha-
bia sobrevivido á la derrota de la antigua arista-


FRANCESA. 203
tracia. Casi todos los artistas, hablan abrazado
acaloradamente una revolucion que los vengaba de
los Desdenes nobiliarios, y que no prometia favor
mas que al genio. Agasajaron Cambien á Dumou-
riez, y le dieron una fiesta, en que estaban reuni-
dos todos los talentos de la capital. Pero en medio
de la misma festividad, vino á interrumpirla una
escena estravagante, y á causar tanto. asco como


sorpresa. siempre pronto para anticiparse á los
recelos revolucionarios, no estaba satisfecho del
general. Delator encarnizado de todos los hombres
que gozaban privanza , habia siempre provocado
con asquerosas invectivas los desaires padecidos
por los caudillos populares. Mirabeau, .Bailly, La-
favette, Petion y los girondinos habían sido remu-
nerados con sus ultragcs, cuando aun gozaban de.
toda popularidad. Desde el '10 de agosto, especial-
mente se habla entregado á todos los desórdenes
de su mente; y aunque demasiado repugnante pa-
ra los hombres honrados, y á lo menos estrambó-
tico para los revolucionarios exagerados, se habia
visto alentado por un principio de triunfo. Por lo
tanto no dejaba de mirarse en cierto modo como
un hombre público y esencial en el nuevo Orden de
cosas. Pasaba una parte de su vidaen hacer acopio
de habladurías, incluirlas en su periódico, y andar
por las oficinas para impedir las demasías de
los administradores con el pueblo. Presentando al
público las interioridades de su vida, decia un día
en uno de sus números * que sus ocupaciones eran


• Diario de la República Francesa , núm. 92, miércoles 9 do
muro de 1793.




201 BEVOLcCION


demasiado pesadas; que de las veinte y cuatro h
o-ras no empleaba mas que dos en dormir y una


la en la mesa y en los cuidados do mésticos ; q-uci;
ademas de las horas consagradas á . sus deberes
diputado, empleaba regularmente seis en recoger
y recomendar las quejas de un sin número de eje:
0.raciados y oprimidos; que consagraba las horas
restantes á leer una multitud de cartas y á comes
tarlas, á escribir sus observaciones sobre los aeoj,
technientos, á recibir delaciones , á asegurarse de
la veracidad de los delatores, y en fin a trabajar
su periódico y cuidar de la impresion de una gran-
de obra. Tres años hahia va, decía, que no disfru.
taba un cuarto de hora de recreo; y estremece o
figurarse lo que puede producir en una revolucion
una inteligencia tan desordenada con tan devoran,
te actividad.


Ma.rat afirmaba que no veia en Dumouriez,
no un aristócrata de malas costumbres, de quien
no habia mucho que fiar. Para aumento de car-
gos, supo que Dumouriez a cababa d e castigar
con el mayor rigor , dos batallones de voluntarios
que habial degollado á unos desertores emigra-
dos. Marcha al punto á los jacobinos, delata al ge-
neral en su tribuna, y pide dos comisionades para
ir á interrogarle sobre su conducta. Agréganle
momento los llamados Moutaut y Bentabolle, v en
seguida se pone en marcha con ellos. No estaba
en su casa Dumouriez; y Marat corre á diferentes
teatros, hasta que sabe que se halla en una fun-
cion que le daban los artistas en casa de Made-
moiselle Candeille , muger célebre por entonces.
Marat no titubea en introducirse a pesar de su Un-
ge asqueroso, y los carruages , los destacamentos


FRANCESA. 205


de, la guardia nacional , que encuentra á la puer-ta la presencia del comandante Santerre. ,. de un
sin número de diputados y los preparativos del
festin, irritan mas su carácter. Adelantase con
osadía, pregunta por Dumouriez , y un murmullo
estraordinario se oye a su llegada. El eco de su
nombre, hace desaparecer á una multitud de ca-
ras, que segun decía, iban huyendo de sus mira-
das acusadoras, y encarándose con Dumouriez, lo
interpela vivamente, y le pide cuenta del casti-
go que ha dado á los batallones. Mirale el general
y despues le dice con una curiosidad despreciado-


¡con que sois vos el que llaman Marat!--
Continúa mirándole despues de pies á cabeza, y le
vuelve la espalda sin dirigirle urna palabra. Sin
embargo, los jacobinos que acompañaban á Marat
pareciad mas suaves -y atentos , y Dumouriez les
dió algunas esplicaciones; y los despidió satisfechos.
Marat, que no lo estaba, arroja grandes gritos en
las antesalas, censura furiosamente á Santerre, que
segun él esta haciendo el oficio de lacayo del ge-
neral; declamó contra los guardias nacionales que
contribuian al esplendor de la l'iicien, se retiró
amenazando con su cólera a todos los aristócratas
que la componian. Corrió al momento á estampar
en su periódico aquella escena ridícula, que pinta
tan al vivo la situacion de Dumouriez, los furo-
res de Marat y• las. costumbres .de aquella épo-
ca. (50).


Durriouriez habla pasado cuatro días en Paris,
y durante este tiempo, no pudo avenirse con los
girondinos, aunque tenia un amigo íntimo entre
ellos, en la persona de Gensonne.


- Hablase limita-
do á aconsejar á este último, para que se recelad-




206 REVOLUCION
liase con Dantón, corno con el hombre mas pede,
roso, y el que á pesar de sus ,vicios, podría ser ,1mas útil á los buenos y pacíficos ciudadanos
se 'labia entendido mejor Dumouriez con los j No
binos, de quienes estaba disgustadois st , y á quienes
era sospechoso, por causa de su supuesta amistad
con los girondinos. Su permanencia en Paris lehabia servido poco, con entrambos partidos , pero-
le habla sido mas útil bajo el concepto militar. -


Segun su costumbre, !labia concebido un plan
general, adoptado por el consejo ejecutivo, en vir-
tud del cual, Montesquieu debía mantenerse á lo
largo de los :Upes, y asegurar la gran cadena por
límite, concluyendo la conquista de Niza, y es-
forzándose en conservar la neutralidad suiza: Bi-
ron debía ser reforzado, á fin de guardar el In
desde Basilea hasta Laudan. Un cuerpo de doce


.1
mil hombres á las órdenes del general Monsnier,
estaba destinado á marchar á la retaguardia de
Custine, á fin de cubrir sus comunicaciones. Ke-
liermann tenia Orden de abandonar sus cuarteles; y
pasar rápidamente entre Luxemburgo y Tréveris,
para correr á Cobleuza V ejecutar lo que se le
!abia aconsejado ya, y lo que él y Custine debie-
ren haber practicado largo tiempo hacia. Toman-
do en fin la ofensiva en persona con ochenta mil
hombres debia Dumouriez completar el territorio
francés por la adquisicion proyectada de la Bél-
gica. Manteniéndose así á la defensiva, en todas
fas fronteras protegidas por la naturaleza del sue-
lo , no se atacaba con ' osadía , sino la frontera
abierta, la de los Paises-Bajos , en donde, como
decia Dumouriez, NO ERA POSIBLE DEFENDERSE SINO
GANArIno BATALLAS.


FRANCESA. 207


Obtuvo por crédito de Santerre que se aban-
donase la absurda del campamento cerca de
Paris; que todos ls ena copios hechos de hombres,
artillería, municiones electos del campamento,
se devolverían á Flandes, para que sirviesen á su
ejército que carecia de todo; que se añadirian za-
patos, capotes y seis millones en metálico para
suministrar la paga á los soldados, se
ejecutaba la entrada en los Paises-Bajos , despues
de la cual esperaba poderse gobernar por sí. Par-
tió hacia el 16 de octubre, algo desengañado de lo
que se llama reconocimiento -público, menosacor-
de que antes con los partidos, y cuando mas, re-
compensado de su viage con algunos arreglos mi-
litares, hechos en el consejo ejecutivo.


En este intermedio, la Convencion habia con-
tinuado obrando contra el Ayuntamiento , estre-
chando su renovacion, y vigilando todos sus pa-
sos. Babia nombrado á Petion corregidor por una
mayoría de trece mil ochocientos noventa y nueve
votos, mientras que Robespierre no tuvo mas que
veinte y tres, Billaud-Verennes , catorce, Panis,
ochenta, y once Danton. A pesar de esto, no debe
graduarse la popularidad de Robespierre y de Pe-
tion por la diferencia en el número de votantes,
porque en el uno se tenia la costumbre de ver un
corregidor, y en el otro un diputado, y no se
pensaba en hacerlos mudar de papel ; pero esta
mayoría inmensa, prueba la popularidad de que


principal del partido oirondi-
nadr
recuerdo


c.nduEeeg sroldz7doa8ebsgaai.


Fatigado


tglriatgeri f e
ar eo cgchuooemáBo este si et va virtuoso


de
tut v




votos,
o


&iones del Ayuntamiento, y prefiriendo las funcio-




108 REVOLUCION


nes de diputado en la Convencion nacional, rehusó
Petion el corregimiento.


Las tres. medidas principales intentadas en al
sesion famosa del 2'a de setiembre, eran una lev.
contra las provocaciones al asesinato, un decreto
sobre la formacion de una guardia departamental'
y en fin, una cuenta exacta del estado de Paris.
Las dos primeras, confiadas á la comision de los
nueve, excitaban un grito perpetuo en los jacobi-
nos, en el Ayuntamiento y en las secciones. Con-
tinuaba., no obstante , la junta en sus tareas, at
mismo tiempo que de diversos departamentos,
entre otros. del de Marsella y del de Calvados,.
iban llegando voluntariamente algunos batallones,
anticipándose como antes del 10 de agosto, al de-
creto sobre la guardia departamental. Roland, en-
cargado de la medida tercera, esto es , del infor-
me sobre el estado de la capital , lo hizo sin debi-
lidad, y con una verdad rigorosa. Retrató y dis-
culpó.la confusion inevitable de la insurreccion
primera, pero trazó con energía, y descargó su re_
probaeion sobre los delitos añadidos por el 2 de
setiembre á..la revoluciou del 10 de agosto; pa-
tentizó los desafueros del ayuntamiento, sus abusos
de poder, sus encarcelamientos arbitrarios y sus
escandalosas dilapidaciones.—Acabó con estas
palabras:


«lin departamento sabio, pero poco poderoso;
«un Ayuntamiento activo y déspota; un pueblo es-
«celeute, pero cuya parte sana esta intimidada ó
«avasallada-mientras la otra.cede á sus adulado-
«res ó seiollaina.con la calumnia; confusion. de
«autoridades, abuso y menosprecio de las que es-
«tan constituidas; fuerza pública, débil ó nula por


FRANCESA. 2.09


«un mando ineficaz: he aqui el verdadero estado de'
«Paris! *


Su informe roe recibido con aplausos por la
mayoría ordinaria, aunque durante la lectura se
oyeron algunos murmullos hacia la montaña. En-
tretanto una carta escrita por un particular á un
magistrado, comunicada por este al consejo ejecu-
tivo , y que descubria el proyecto de un nuevo 2
de setiembre contra una parte de la Convencion,
promovió sumo alboroto. Una frase de esta carta
relativa á los conspiradores, deeia: No quieren oir
habla r mas que de Robespierre. A estas palabras,
todos se dirigieron á con é! ; unos le espre-
saban su indignacion y los otros le estimu-
laban á que tomase la palabra. Tomóla para opo-
nerse á la impresion del informe de Roland , que
calificó de novela infamatoria , y sostuvo que no
se debla dar publicidad á. aquel informe, antes de
oir á los comprendidos en él, y particularmente
á él mismo. Estendiéndose entonces sobre lo que.
le era personal; principió á justificarse, pero no
podia hacerse oir por el estruendo general del sa-
lon.—llabla, le decia Danton, habla, ahí están los
buenos ciudadanos que te oyen. Sobreponiéndose
Robespierre al ruido , vuelve á principiar la apo-
logía, y desidia á sus contrarios para que le acu-
sen cara á cara y manifiesten contra él una prue-
ba positiva. A este desafio se lanza Louvet.—Yo
soy, le dice, ya soy quien te acusa ; y al acabar
estas palabras sentaba va el pie sobre la grada de
la tribuna, y le seguianbarbaroux y Rebecqui pa-
ra sostener la acusacion. á su vista se conmueve


Sesion del 29 de octubre.
Biblioteca Popular:
T. 409




O REVOLUCION


y se altera Robespierre : pide que se oiga á
acusador, y luego á él. Dan ton sucediéndOle
tribuna se queja del sistema de calumnia organi"
vado contra el Ayuntamiento y la diputacion
Paris, y repite acerca de Marat, que era la cauxe
principal de todas las acusaciones, lo que ya ha


-


bia manifestado, esto es , que le era antipático'
porque tenia esperiencia de su temperamento vol
canteo é insociable, y que toda idea de una eoah_
cion triunviral era un desatino. Acabó Pidiendo
que se fijase un dia para discutir el provecto.—
La Asamblea decreta su impre,ion , pero dilata
el enviarlo á los departamentls hasta que se hayan
oído las razones de Louvet y Robespierre.


Louvet tenia sobrada arrogancia v valor, since.
ro era su patriotismo, pero en su ódio contra Ro.
bespierre entraba el resentimienlo de una lucha
personal principiada en los jacobinos, continuada
en El Centinela, renovada en la junta electoral, y
•convertida en mas violenta desde que se hallaba
zara á cara con su envidioso rival ea la C.onven-
den nacional. A una estrena vivacidad de carác-
ter, juntaba Louvet una imaginacion caballeresca
y crédula que solia extraviarle haciéndole supo-
ner combinaciones y complots, -donde no había
mas que el efecto espontáneo de las pasiones.
Creia en sus propios supuestos, y quena obligar
• sus amigos á que á ello prestasen la misma 1
Pero encontraba en la mesurada sensatez de Pe-
tion v de Roland, y en la indolente imparcialida4
de Vergniaud una oposicion que le desesperaba.
Buzot, iarbarous. y Guadet, sin ser tan crédulas,
sin suponer tramas tan complicadas. creían en la
maldad de sus contrarios, v secundaban los ata-


FRANCESA. 211


ques de Louvet por indignacion -y por valor. Sa
lles , diputado de la Meurthe , enemigo tenaz de
los anarquistas en la constituyente y en la Con-
yencion , dotado de una imaginacion sombría y
violenta, era el único accesible á todas las sujes-
tiones de Louvet, y creía como él en vastos com-
plots tramados en el Ayuntamiento v que llega-
ban basta el estrangero. Louvet y Sanes, amigos
ardientes de la libertad, no podian consentir en
que se les imputasen tantos males, y queriau creer
que los montañeses, especialmente Marat, estaban
asalariados por la emigracion y la Inglaterra, pa-
ra extraviar la revolucion hacia el crimen, hácia
la deshonra, y hasta el trastorno general. Mas in-
ciertos en cuanto á Robespierre, vejan á lo menos
en él un tirano devorado lie orgullo v de ambi-
clon, que se encaminaba por todos los medios al
supremo poder.


Louvet , resuelto á atacar bruscamente á Ro-
bespierre, y á no dejarle reposo alguno , tenia un
discurso preparado , con el cual se habia provisto
el dia en que Roland dehia presentar su informe;
y por lo tanto estaba va dispuesto para sostener la
acusacion cuando le concedieron la palabra. To-
móla al punto, y en seguida de Roland.


Los girondinos estaban ya demasiado propen-
sos á juzgar mal los acontecimientos , Y á suponer
proyectos criminales , en donde no habia mas que
pasiones exageradas; pero para el crédulo Louvet,
la conspiracion era mucho mas manifiesta y mas
fuertemente combinada. Ea la exageracion cre-
ciente de los jacobinos, v en el ascendiente que
entre ellos habia obtenido Robespierre duran-
te 1793, veia un complot tramado por el ambicioso




241 REVOLUCION.
tribuno. Lo presentó cercado de satélites':,. á-cuya
violencia entregaba todos sus opositores ; hacia_
dose él mismo objeto de un culto idólatra, di_
vulgando por donde quiera antes del 10 de agosto
que él solo podia salvar á la libertad y á la Fran.:
cia,. y que llegado el antedicho 10 de agosto hu-
yendo de la luz, se presentó dos (has despues del
peligro, marchando entonces en derechuraal Ayua.
tamiento, á pesar de la promesa de no aceptar ja_
más asiento, y ocupándolo de su plena autoridad
en la mesa del consejo general ; apoderándose allí
de un vecindario ciego, induciéndolo á su antojo
á todos los escasos , vaudo á insultar por él á la
Asamblea legislativa, requiriendo de ésta decre-
tos, sopena de tocar á rebato; mandando, sin pre-
sentarse jamás, los asesinatos y robos de setiem-
bre, para apoyar la autoridad municipal con el ter-
ror : y enviando luego por toda la Francia emisa-
rios . que fuesen á aconsejar los mismos cr ímenes,
y á empeñar á las provincias á que reconociesen
la superioridad y la autoridad de Paris. Robespier-
re, añade Louvet, quería destruir la representa-
cion nacional, para sustituirle el Ayuntamiento de
que disponia, y darnos el gobierno de Roma, don-
de, bajo el nombre de municipios , quedaban su-
jetas las provincias á la soberanía de la metrópoli.
Dueño asi de París, que lo hubiera sido de la Fran-
cia, se alzaba al trono derribado. Entretanto, vien-
do acercarse el momento de la reunion de una nue-
ra Asamblea, baria pasado del consejo general á
la junta electoral . y tiabia dirigido sus eleccíones,


•con el terror, á fin de hacerse dueño de la Con-
Yencion por medio de la dipulacion de Paris.


Robespierre es el que habia designado á los,


FRANCESA. 21a
electores aquel hombre goteando sangre , y cuyos
pasquines incendiarios llenaban la Francia de asom-
bro y espanto. Este libelista, con cuyo nombre
deciá Louvet , no quería manchar sus labios , no
era mas que el soldado del asesinato , dotado para
predicar los delitos y calumniar á los ciudadanos
mas puros, de un denuedo que faltaba al cauteloso
Robespierre. En cuanto á Danton , Louvet lo se-
paraba del cargo, y aun estrañaba que se hubiese
arrojado á la tribuna para rechazar un ataque que
no se dirigia contra él. Sin embargo no le eximia de
los crímenes desetiembre, porque en aquellos días
desdichados, cuando todaslas autoridades, la Asam-
blea, los ministros , el corregidor hablaban vana-
mente para atajar los asesinatos, el ministro de la
justicia únicamente no hablaba ; y porque en fin,
en los famosos pasquines estaba esceptuado solo de'
las calumnias esparcidas contra los mas purosjciu-
dadanos. « Si tú pudieras, esciainaba Louvet, si tu
«pudieras , ó Danton , sincerarte á los ojos de
«la posteridad de esta escepcion afrentosa.» Es-
tas palabras tan generosas como imprudentes
fueron acogidas con aplausos.


Semejante acusacion, constantemente aplaudi-
d , no se habla escuchado sin embargo sin bas-
tantes murmullos; pero una voz repetida frecuen-
temente durante la sesion los habla atajado. Ase-
guradme el silencio, !labia dicho Louvet al presi-
dente, porque voy á tocar en el mal, y gritarán.—
Insiste, dijo Danton, toca la llaga—y'cada vez que
se levantaban murmullos : Callen! gritaban, callen
los que se sientan heridos.


Louvet reasume en fin su acusacion. «Robes-
«pierre, esclama . : te acuso de haber calumniado á




24 4 REVOLUCION
«los ciudadanos mas puros, y de haberlo hecho el:
«día en que las calumnias eran proscricioues ; te
«acuso, de haberte presentado tú mismo como un
«objeto da idolatría , y de haber divulgado que tú.
«eras el único hombre capaz de salvar á la Fran-
cia; te acuso de haber envilecido, insultado y


«perseguido á la representacion nacional , de ha-
ber tiranizado á la junta electoral de Paris , y de


zhaber marchado al supremo poder por medio de
«la calumnia, la violencia y el terror ; y pido una
«comision para que examine tu conducta.» Pro-
pone Louvet una ley que condene al destierro á.
cualquiera que haya hecho de su nombre un ob-
jeto de division entre los ciudadanos. Quiere que
á las medidas, curo proyecto prepara la comision
de los nueve, se añada otra, que es poner la fuerza
armada á la disposicion del ministro de lo interior.
«En fin, dice, pido al momento un decreto de acu-
«sacion contra .Marat I— Dios mio , Dios mio ,
«le be nombrado !...


Aturdido Robespierre con los aplausos prodi-:
gados á su contrario, quiere tomar la palabra. En
medio de los murmullos v del estrépito que pro-
mueve su presencia , titubea, altéransele la voz y
las facciones ; sin embargo se deja oir y pide tiem-
po para preparar su defensa. Concédesele hasta el
5 de noviembre, cuyo emplazamiento era feliz para
el acusado , por cuanto la Asamblea, aguijada por
Louvet, se mostraba aquel dia con una viva indig-
nacion.


Por la noche hubo un grande alboroto en los
jacobinos , en donde se hacia el registro de todas
las sesiones de la Convencion. tina multitud de in-
dividuos corren asustados á referir la conducta hoy-


FRANCESA. 213


rible de Louvet, pidiendo que se le borre de la lis-
ta. Habla calumniado á la sociedad , culpado á
Danton, Santerre, Robespierre y Marat ; había pe-
dido una acusaciou contra los dos últimos , pro-
puesto leves sanguinarias , atentadoras á la liber-
tad de imprenta, é indicado en fin, el ostracismo der
Atenas. Legendre dice que era un golpe preparado,
puesto qué Louvet tenia su discurso dispuesto , y
que evidentemente el informe de Roland no habla
tímido otro objeto que proporcionar una OCUSin
para esta diatriva.


Fabre d' Eglantine se queja de que el escán-
dalo aumenta por Bias, y de que se desviven por
calumniar á Paris y á los patriotas :—«Enlázanse
dice, pequeñas congeturas con suposiciones mez-
quinas , y hacen abortar una vasta conspiracion,
sin querernos decir dónde esta , ni cuales son sus
medios. Si hubiese un hombre que todo lo hubiese.
visto y apreciado en ambos partidos, no cabria du-
da en que este amigo de la verdad , podria darlo á
conocer. Este hombre es Petion, precisad á su vir-
tud á que diga cuanto ha visto, V á fallar sobre los
crímenes imputados á. los patriotas. Por mas con-
descendiente que se muestre con sus amigos
me atrevo á decir que no le han corrompido las
intrigas. Petion es siempre purosincero ; hov
quena hablar, precisadle á que se'esplique (di).»


Media se opone á que se constitu ya á Petion
juez entre Robespierre y Louvet, porque es violar
la igualdad, el instituir asi á un ciudadano juez su-
perior á los otros. Ademas, Petion sin duda es res-
petable ; pero ¿qué sucederia si llegara á prevari-
car? ¿no es hombre? ¿no es amigo de Brissot v de
Roland ? ¿ no recibe en su casa á Lasource ,




216 REVOLCCION
Riad, Barbaroux, y á todos los intrigantesque com;
prometen la libertad ?


abandónase la propuesta de labre; v Robes_


h
Fierre menor, tomando un tono lamentable, como
acían en Roma los parientes de los acusados, es-


presa su dolor, y se queja de no haber sido calum-
niado como su hermano. «Este es el momento, dice,
«de los mayores peligros, y todo el pueblo no está
«por nosotros. No hay mas que los ciudadanos de
«Paris que sean sulidentemente ilustrados; los de-
« mas lo son muy escasamente... Seria, pues, posible
«que sucumbiese la inocencia el lunes! ,. porque la
«Convencion ha nido completamente la larga pa-
« traria de Louvet. Ciudadanos, esclama, he tenido
«un gran susto; me pai cela que algunos asesinos
«iban á acometer á mi hermano, He oído á varios
«hombres decir que habla de perecerá sus manos;
«y aun otro me ha dicho que quería ser su verdu-
-«go.» A estas palabras muchos diputados se levan-
tan, y declaran.que tem bien ellos se han visto ame-
nazados, habiéndolo sido por Barbaroux, por Re-
beequi y por varios ciudadanos de las tribunas;
que los que les amenazaban le decian, hay que des-
embarazarnos de Marat y de Robespierre. Rodean
entonces a Robespierre menor, le prometen custo-
diar a su hermano, y se decide que todos los que
tengan amigos ó parientes en los departamentos,
escriban para ilustrar la opinion. Rohespierre me-
nor, al dejar la tribuna, no dejó deañadir unacalinn-
nia diciendo que Anacarsis Clootz le habia asegura-
do que todos los dias tenia que romper lanzas en ca-
sa de Roland contra el federalismo.


Preséntase á su vez el impetuoso Chabot. Lo
que mas le ofende, dice, en el discurso de Louvet,


FRANCESA. 247


es que se atribu y a ello de agosto á él N' sus amigos,
y el 2 de setiembre á doscientos asesinos. «Yo me
«acuerdo, dice, de que me encaré en 9 de agosto
«por la noche con los señores del lado derecho, pa-
« ra proponerles la insurreccion, y que me respon-


dieron con cierta sonrisa ; v así no veo con qué de-
recho se atribuyan el I O de agosto. En cuanto al 2


«de setiembre. el autor es tambien aquel mismo pue-
«blo que habla hecho la revoluci',, n del l0 de agosto
«á pesar de ello?, y que hab:a querido vengarsédes-
«pues de la victoria. Dice Louvet que no habia dos-
«cientos asesinos; y yo aseguro que pasé con los co-
«misionados de la legislativa bajo una bóveda de
«diez mil sables, y reconocí amas delciento cincuenta
«confederados. No hay crímenes en revoluciones; y
«Marat , á quien tanto acusan no le persignen sino
«por hechos revolucionarios. Hoy acusan a Marat, á
«D.tnton y á Rohespierre; mañana será a Santerre, a
«Chahot, á Media, etc.»


Incitado por estas audaces palabras, un confe-
derado presente en la sesion, hace lo que ningun
hombre habla intentado todavía en público : decla-
ra que obraba con un crecido número de compañe-
ros en las prisiones, y que habla creído no deber de-
gollar sino á conspiradores, á fabricantes de asig-
nados falsos, v salvar á Paris del asesinato y del
incendio ; añade que agradece á la socie,..lad el cari-
ño que ha mostrado á todos; y que al partir al día
siguiente para el ejército, el único pesar que lleva,
es el dejar á los patriotas en tan grandes peligros.


Esta declaracion horrorosatermina la sesion. Ro-
bespierre no habla aparecido, ni lo hizo en toda
aquellasemana disponiendo su respuesta, y dejando á
sus partidarios disponer la opinion. Entretanto el




218 itEvoLucroN
Ayuntamiento de Paris, insistiaen su conducta y sis.
tema. Deciaseque habia sustraido basta diez millones
de la caja de Septenil, tesorero de la lista civil; y en
el momento mismo hacia circular una proclama por
todos los cuarenta y ocho Ayuntamientos, contrael
proyecto de señalar una guardia para la Conven-
cion. Barbaroux propuso inmediatamente despees,
cuatro decretos formidables y perfectamente con-
cebidos.


Por el l . a , la capital debía perder el derecho de
poseer la representacion nacional , cuando no hu-
biese sabido protegerla contra los insultos ó las vio-
lencias.


Por el 2.° , los confederados v los gendarmes
nacionales debían, en t'ilion de las secciones arma-
das de Paris, custodiar á la representacion nacional
y a. los establecimientos públicos.


Por el 3.° , debia constituirse la Convencion en
sala de justicia para sentenciar á los conspira-
dores.


Por el 4.", en fin , la Convencion anulaba el
Ayuntamiento de Paris.


Estos cuatro decretos eran perfectamente ade-
cuados a las circunstancias, y convenian á los ver-
daderos peligros del momea() ; mas para espedir-
los se necesitaba tener todo el poder que solo podia
resultar de los mismos decretos. Para proporcio-
narse medios de energía, se requiere esta misma;
y todo partido moderado que intenta detener 1
otro violento , está en un círculo vicioso , del cual
jamás puede salir. Es verdad que la mayoría, incli-
nada á los girondinos , hubiera podido espedir los
decretos ; pero su moderacion era la qu2 la inclinaba
hacia ellos, y esta misma le aconsejaba esperar,


1


FRANCESA. 219
contemporizar, fiarse en el porvenir, y huir de toda
medida demasiado severa. La Asamblea rechazó
un decreto mucho menos rigoroso; y era el pri-
mero cuya redaccion se había confiado á la comi-
sion de los nueve. Proponlalo Buzot, y era relativo
á los provocadores al asesinato y al incendio. To-
da provocacion directa era castigada de muerte, y
la indirecta con diez años de presidio. La Asamblea
halló que la provocacion directa estaba severamente
castigada, y la indirecta mu y


vagamente definida,
y demasiado dificil de ejecutar. En vano, dijo Bu-
zot, se necesitaban medidas revolucionarias, y por
consiguiente de alguna arbitrariedad contra los
enemigos á quienes se quería combatir ; no se le
escuchó , era tampoco posible , dirigiéndose á una
mayoría que condenaba en el partido violento las mis-
mas providencias revolucionarias, y que por con-
siguiente no era á propósito para emplearlas con-
tra él. Asi pues, la ley , quedó emplazada, y la
comision de los nueve, instituida para presentar
medios de mantener el buen Orden , casi llegó á
ser inútil.


Sin embargo, la Asamblea manifestaba un po-
co mas de energía , desde que se trataba de po-
ner coto á las demasías del Ayuntamiento. En-
tonces parecia defender su autoridad con algun
celo y fuerza. El consejo general del cormin2Ila-
mado á la barra , á causa de la peticion contra
el proyecto de. una guardia departamental, vino
á sincerarse. Ya no era, dijo, el del 10 de agosto.
Algunos prevaricadores se habían hallado entre
sus individuos ; razon había para delatarlos, pero
no estaban ya en su seno. No confundais, añadia,
les inocentes con los culpables ; devolvednos la




210 REVOLUCION
confianza que necesitamos. Queremos proporcin;
Liar la calma necesaria á la Convencion, para o
establecimiento de buenas leyes. En cuanto al en..
vio de esta peticion , las secciones lo han querido
nosotros no somos mas que sus encargados; pero
se les inclinará para que desistan. Esta sumision
desarmó á los mismos girondinos ; y á instancias
de Gensonné, se concedieron los honores de la
sesion al consejo general. Esta docilidad de los
administradores podía muy bien satisfacer el or-
gullo de la Asamblea; pero nada po lia en cuanto
;J. las verdaderas disposiciones de Paris. Iba au-
mentándose el alboroto , al paso que se acercaba
el 5 de noviembre , dia fijado para oir á Robes-
pierre; y hubo la vispera rumores en sentidos di-
versos. Varias pandillas recorrian á Paris, gritan-
do las unas: ¡á la guillotina con Robespierre, Dan-
ton y Marat! y las otras; ¡mueran Roland, Lasource
v Guadet! Quejáronse los jacobinos , donde solo
se habló de •loS gritos contra los tres primeros.
Culpaban por estos gritos a los dragones y á los
confederados, que entonces eran todavía afectos
á la Convencion. Robespierre menor se presentó
de nuevo en la tribuna, se lamentó de los peligros
que corria la inocencia, rechazó un proyecto de
conciliacion propuesto por un individuo de la so-
ciedad , diciendo que el partido opuesto era deci-
didamente contra-revolucionario , y que no se de-
bla guardar con él ni paz ni tregua ; que induda-
blemente la inocencia pereceria en la lucha, pero
que era necesario que se sacrificase y que se de-
jase perecer á Maximiliano Robespierre , porque
la pérdida de un solo hombre no arrastrase la de
la libertad. Todos los jacobinos aplaudieron-estos


FRANCESA.


bellos sentimientos , asegurando al joven Robes-
pierre , .re que tal no sucedes , ni pereceria su her-
mano. Quejas bastante diferentes se profirieron en
la Asamblea , y alli se denunciaron los gritos
lanzados contra Rolaud, Lasource, Guadet, &c.
Quejóse Rolaud de la inutilidad de sus requeri-
mientos al departamento y al Ayuntamiento para
obtener la fuerza armada. Se discutió mucho , se
trocaron alternativas reconvenciones , y el dia se
pasó sin tomar ninguna medida, Al siguiente 5 de
noviembre aparece en fin Robespierre en la tri-
buna.


Era grande la concurrencia, y con impacien-
cia se esperaba el resultado de aquella discusion
solemne. El discurso de Robespierre era valuad-
noso , y preparado con esmero. Sus descargos á.
las reconvenciones de Louvet fueron los acostum-
brados en tales casos : «Me acusais , dice, de as-
«pirar á la tiranía; pero para conseguirlo se re-
«quieren medios. ¿Y en dónde están mis tesoros y
«mis ejércitos? Sosteneis que he le\ notado en los
«jacobinos el edificio de mi poder. Pero ¿ qué
aprueba esto? Prueba que allí era vo mas escu-
chado; que tal vez me dirigia mejor que vos á la


«razon de aquella sociedad , y que aqui solo que-
«reis vengar los desaires de vuestro amor propio.
«Afirmais que ha degenerado aquella tan célebre
«sociedad ; y si es ase , pedid un decreto de acu-
«sacian contra ella, y entonces tomaré á mi cargo
«el cuidado de justificarla , y veremos si sois mas
«dichoso ó mas persuasivo que Leopoldo y Lafa-
«yette. Asegurais que uo me presenté en efAvun-
«tamiento hasta dos dias despues del .10 de agos-
to, y que entonces yo mismo me coloqué en la




9.2'2 REVOLUCION
«mesa. Pero desde luego digo que no me llamaron
«antes; v al presentarme en la mesa , no fue para
«instalarme yo mismo . sino para que se recono-
«cie sen mis poderes. Añadis que insulté á la Asam-
«blea legislativa, que la amenacé con el toque de re-
«hato, y el hecho es falso. No faltó junto á mí quien
«me acusase de que quería tocará rebato; y yo res.
«pondí al interlocutor , que los tocadores eran los
«que con injusticia agriaban los ánimos; v enton-
«ces uno de mis compañeros, menos reservado,
«añadióadió que se tocaria. Ved aquí el hecho único
«en que mi acusador ha fundado su fabula. En la
«junta electoral tomé !a palabra, v en esto estába-
mos convenidos; presente algunas observaciones,


«v varios se han valido del mismo derecho. A na-
«ale he acusado ni recomendado. Mitrar, ese !tom-
are que señalais como íntimo mio , ni fué mi
«amigo , ni nunca mi recomendado. Si lo bu-
«hiera de juzgar por los que le atacan , quedaría
«absuelto, pero yo no sentencio. Diré tan solo que
«siempre me fué estraño • que una sola VP7 vino á
«mi casa , que le dirigí algunas observaciones so-
«bre sus escritos , sobre su exageracion , y sobre
«el pesar que causaba a los patriotas, viéndole com
«prometer nuestra causa por la violencia de sus
«opiniones; pero me conceptuó ua político de cor-
«tos alcances, y lo publicó al siguiente dia. Es,
«pues , una calumnia el suponerme el incitactir v
«el aliado de este hombre.» Pasando de esta';
acusaciones personales , á las generales dirigidas
contra el Ayuntamiento , repite', Robe pierre con
todos sus defensores , que el 2 de setiembre ha
sido la consecuencia del 10 de agosto ; que des-
pues del golpe no se pudo señalar el punto preci-


FRANCESA. 223
so á donde debian estrellarse las oleadas de la in-
surreccion popular , que indudablemente las eje-
cuciones eran ilegales , pero que sin estas ilegali-
dades no se podría sacudir el despotismo ; que se-
mejante cargo dehia hacerse á toda la revolucion;
porque todo en ella era ilegal , como la caída del
trono v la toma de la Bastilla. Pinta en seguida
los peligros de Paris , la indignacion de sus ciu-
dadanos , la concurrencia al rededor de las prisio-
nes, su furor irresistible al pensar que dejaban
tras de sí á conspiradores que iban á degollar á
sus familias. «Se asegura que ha perecido un ino-


cente, uno solo ; esclama con énfasis el orador;
«demasiado es sin duda , ciudadanos , llorad esta
«cruel equivocacionl Nosotros la hemos llorado
«largo tiempo; ¡era un buen ciudadano! era uno
«de nuestros amigos! Llorad tambien las víctimas
«que debian reservarse á la venganza de las leves,
«y que han caido bajo el acero de la justicia po-
pular! Pero poned un termino á vuestro dolor


«como lo tienen todas las cosas humanas. finar-
«demos algunas lágrimas para calamidades mas
«sensibles: llorad cien mil patriotas inmolados por
da tiranía! Llorad á nuestros ciudadanos espiran-
«do bajo sus techos abrasados! Llorad á sus hijos
«degollados en la cuna ó en los brazos de sus ma-
dres! Llorad , pues , á la humanidad rendida bajo


«el yugo de los tiranos!... pero consolaos si impo-
niendo silencio á todas las viles pasiones , que-


« reis asegurar la dicha de vuestro pais , v prepa-
rar la del mundo todo!»


«La sensibilidad que gime casi esclusivamente
A por los enemigos de la libertad, me es sospecho-
sa. No se agite en mi presencia el ropage san-




224. RE1104UCION


«griento del tirano, porque creeré que nuevamen-
te quereis encadenar á Roma!»


. Con esta mezcla de lógica astuta y de decla-
macion revolucionaria consiguió Robespierre cau.„
tivar á su auditorio y obtener unánimes aplausos.
Todo lo que le era personal era verdadero , y se
cometia una imprudencia por parte de los girondi-
nos en señalar un proyecto de usurpacion en don-
de aun no habia sino ambicion de influjo, odiosa
por un carácter envidioso. Era imprudencia el que-
rer hallar en los actos del Ay untamiento la prue-
ba de una vasta conspiracion , cuando no existían
sino los efectos naturales del desenfreno de las pa-
siones ppulares; y de este modo los girondinos
suministraban á la Asamblea la ocasion de des-
airarlos DI frente de sus contrarios. Lisongeada,
por decirlo asi, de ver al caudillo supuesto de los
conspiradores reducido á justificarse, gozosa de
ver esplicados todos los crímenes por una irisar-
reccion , imposible en adelante , y de soñar un
porvenir mejor, creyó la Convencían mas decoro-
so y prudente dejar á un lado estas persona-
lidades; y asi se propuso pasar al arden del dia.
Al momento se arroja Lonvet para combatirle , y
pide la réplica. len sin número de oradores se pre-
sentan y quieren hablar en pró , sobre ó contra el
órden del dia. Desconfiando Barbarou‘ de que le
oigan , se arroja á la barra . para que le escuchen
á lo menos como demandante. Lanjuinais propone
que se entable la discusion sobre los puntos im-
portantes que encierra el informe de Roland. Con-
sigue por fin Barrere que le concedan la palabra:
«Ciudadanos , dijo, si existiese en la república un
«hombre nacido con el genio de César ó la anda-


FRANCESA. 225
«cia de Cromwell , un hombre que con el talento
«de Sila poseyese sus medios peligrosos ; si hu-
biese aquí algun legislador de genio esclarecido,


«de grande arnbicion y de carácter profundo , por
«ejemplo , un general con la frente ceñida de lau-
reles , y volviendo enmedio de vosotros para im-


«paneros leves é insultar á los derechos del pue-
blo, propondria contra él un decreto de acu-


«sacion. Pero que tributeis :este honor á hom-
bres del momento, á promovedores de asona-
das, á aquellos cuyas coronas cívicas están en-


«tregidas de ciprés, hé aquí lo que no puedo con-
«cebirl»


Este singular mediador propuso que se motiva-
se el árdea del dia de esta manera: Considerando,
que la Convencion nacional no debe ocuparse mas'que
(le los intereses de la república...—« Yo no quiero se-
« mejante órden del dia, grita Robespierre,.si contie-
ne un preámbulo que me sea injurioso.» La


Asamblea adopta pura y sencillamente el órden
del dia.


Corrieron á los jacobinos para celebrar esta -
victoria, y Robespierre fué recibido corno triunfa-
dor. Apenas se presentó, le llenaron de aplausos,
y un individuo pidió que se le dejase la palabra
para que hiciese relacion del asunto. Otro aseguró
que su modestia lo impediria, y que no querría
hablar. Robespierre , gozando en silencio de este
entusiasmo, dejó á otro el cuidado de una relacion
aduladora. Apellidáronle Aristides; su elocuencia
sencilla y varonil fué alabada con una aceptacion
que prueba hasta qué grado se conocia su aficion
á los elogios literarios. La Convencion fué reha-
bilitada, recobró el aprecio de la sociedad, se afir-


BiNioteca popular. T. II. 410




226 RFVOLUCION


11.1?) que principiaba el triunfo de la verdad, y ( -! 1no habla ya que desesperar de la salvaeien de la
república.


Interpelaron a. Barrero para que se esplicase
acerca de su espresion respecto á los promovedore


sde asonadas , y se retractó comp l etamente , decía_
randa que por estas palabras habia querido mani-festar, no a los patriotas entusiastas y acusados
con Rohespierre , Sino á sus contrarios.


Asi concluyó aquella célebre acusacion, que
se redujo á una verdadera imprudencia, lay toda
conducta de los girondinos se caracteriza.con este
paso. Abrigaban una generosa indignacion, la es,.
presaban con talento , pero se mezclaban en ella
demasiados resentimientos personales , falsas coa_
geturas y quiméricas suposiciones ; dando á los
que gustaban infatuarse, una razon para no creer-
los, a los que temian un acto denodado , motivo
para emplazarlo; y en lin , á los que afectaban
imparcialidad , un protesto para no adoptar so
conclusiones; y estas tres clases componian toda
la Llanura. Uno de estos individuos sin embargo,
el prudente Petion no entró a la parte en sus exa-
geraciones, pues hizo imprimir el discurso que te-
nia preparado y en donde todas las cosas estaban
apreciadas sabiamente. Vergniaud . cuya razon
indolencia desdeñosa le sob re pon ian á sus pasiones
estaba tambien esento de sus caprichos, y guardó
en este punto un profundo silencio. Por el pronto
la acusacion de los girondinos no tuvo otro resul-
tado sino imposibilitar definitivamente toda recon-
eiliacion , y el haber empleado en un combate in-
útil el mas poderoso y único de sus medios, la pa-
labra y la indignacion ; y dé haber aumentado el


FRANCESA. 227


<Sdio y el furor de sus enemigos, sin haber conse-
guido un recurso mas.


¡Desgraciados los vencidos , -cuando los vence
dores se dividen ! Estos se distraen de sus propias
querellas, y procuran sobrepujarse unos á otros en
celo, para 'hundir á sus abatidos adversarios. Exis-
tian en el Temple ciertos presos


'


sobre los cuales
iba á descargar toda la furia de las pasiones revo-
lucionarias. La monarquía , la aristocracia, en fin,
todo lo pasado, contra lo cual peleaba furiosamente
la revolucion , se hallaba como personificado en
Luis XVI; y el modo con que se debia tratar al
destronado príncipe, debia á todos probar cuan-
to se aborrecia la contrarevolucion. La legis-
lativa demasiado inmediata á la constituyente,
que declaraba inviolable al rey', se había atre-
vido á decidir de su suerte ; haíalo suspendido y
encerrado en el Temple ; aun no habia abolido él
trono, pero habla delegado á una Convencion el
cuidado de sentenciar lo material y personal de la
antigua monarquía. Abolida la magestad real, de-
cretada la república , y confiado el trabajo de la
constitucion á la ineditacion de los mas dis-
tinguidos de la Asamblea, quedaba solo el de-
dicarse á la suerte de Luis XVI. Mes y medio ha-
bia transcurrido, y los cuidados infinitos, la direc-
don de los abastos, la vigilancia de los ejércitos,
la atencion de los comestibles que escaseaban en-
tonces, coreo en todos los tiempos de turbulencias,
la policía y todos los detalles del gobierno que
c.lespues del hundimiento del trono se habla tras-
ladado con suma desconfianza á un consejo ejecu-


impidierontivo ; en fin, las disputas violentas,
desde luego el ocuparse de los presos del Temple.





228 REVOLUCION


Tratóse de ello una vez, y como hemos visto
remitió á la comision de legislacion. &treta' 7hablabase por todas partes , pedíase en los jaconb''
nos continuamente la sentencia de Luis XVI , y


"esaba á los girondinos el alejarla por medio
contiendas, en las cuales , sin embargo, cada Cual
tomaba tanta parte é interés como ellos inismj
El I .° de noviembre , en el intermedio de la ae-u-
sacioa de Robespierre y de su apología, habién_
lose quejado una seccion de nuevos pasquines,
provocando al asesinato y al motin , se reclamé,
como sucedia siempre, la sentencia de Marat.


Losgirondinos afirmaban que él y algunos de sus re-legas eran la causa de todo el desórden , y á cada
lance nuevo, proponían que se les persiguiese. Sus
enemigos al contrario , decian que la causa de las
turbulencias estaba en el Temple ; que la nueva
república no Ilegaria á fundarse, y que el bsosieao
y la seguridad no reinarían, sino cuando el que
fue rey, quedase sacrificado, y por este golpe ter-
rible se privase de esperanza á todos los conspira-
dores. Juan de Bry, aquel diputado que en la le-
gislativa habia querido que no se siguiese por
regla de conducta mas que la ley de la salvacion


,
míblica tomó la palabra sobre este asunto , y pro-/
puso que á un tiempo sentenciasen á Illarat y á
Luis XVI. Olarat, dijo , ha merecido el título de
«devorador de hombres ; y seria digno de hacerlo
«por esto rey . La causa y el pretesto de las turbu-
lencias es Luis XVI. Sentenciemos á entrambos, y


«aseguremos el reposo público con este doble es,-
«cariniento.» En consecuencia , la Convencion
mandó que el informe sobre las delaciones contra
Marat se hiciese en la misma sesion , y que dentro


FRANCESA. 929


de ocho dias, lo mas tarde, la comision de legis-
lacion daria su parecer sobre las formalidades que
habian de observarse en el juicio de Luis XVI.
despues de este tiempo no habia concluido la co-
mision su trabajo , todo individuo tendría derecho
de presentarse en la tribuna para tratar de tan gra
ve cuestion. Nuevas disputas y cuidados nuevos,
estorbaron el informe sobre illárat, que no se pre-
sentó siso mucho tiempo despues, y la comision de
legislacion preparó el suyo sobre la familia encer-
rada en el Temple,


La Europa por entonces dirijia sus ojos desenca-
jados sobre la Francia ; miraba con asombro a
aquellos individuos al pronto conceptuados tan en-
debles, pero trocados va en victoriosos y conquis-
tadores, y sobrado audaces para enviar su reto á
todas las cabezas coronadas. Observaban con in-
quietud cuanto iban á emprender, y aun espera-
ban que su denuedo tendria pronto término. Sin
embargo , acontecimientos militares se estaban
preparando, que iban á redoblar su -embria,,uez,
y á causar la sorpresa y el espanto del inundo.




Continuación de las operaciones militares de Dumouriez....m,di
ficaciones en el ministerio.—Pache ministro de la guerra -
Victoria de demmapes.—Situation moral y política de la
gira ; conducta politica de Dumouriez.--Toma de Gan te ,


mons
Bruselas, Namur y Amberes ; conquista de la Bélgica hasta e;
Mosa.—Variaciones en la administracian militar ; desaveneu-
•las entre Dumouriez, la Convención y los ministros.—Nuestra
posicion en los Alpes y en los Pirineos.


Babia salido Dumouriez para la Bélgica á fines
de octubre , y hallábase el en Vaiencienues. Su
plan general estaba fundado en la idea que le do-
minaba, y que consístia en arrollar de frente al
enemigo, aprovechandose de la gran superioridad
numérica que se tenia sobre él. Marchando sobre
el liosa con la mayor parte de sus fuerzas, hubiera
podido Dumouriez impedir la incorporacion de
Clerfayt, que llegaba de la Champaña, sorprender
al duque Alberto por retaguardia, y ejecutar asi
lo que no supo hacer al principio, desentendiéndo-
se del curso del Rin, y de seguir este rio hasta
Cleves; pero su plan era diverso, y prefería á una
marcha sabia , una accion brillante que redoblase
el valor de los soldados va mu y


ufanos por el ca-
ñoneo de Valmv, y que destruyese la opinion cor-
riente en Europa, cincuenta años habia, que los


FRANCESA. 231


franceses, escelentes para un golpe de mano, eran
incapaces de ganar una batalla campal. La,supseel-


rioridad del número le permitía una tentativa
mejante , y esta idea tenia su parte sublime , lo
mismo que las maniobras que le vituperan no ha-
ber empleado. Sin embargo , no omitió flanquear
al enemigo y separarle de Clerfayt. Valence , co-
locado al intento por lo largo del Alosa, debia mar-
char de Givét sobre Namur y Lieja, con el ejército
de las Ardenas, compuesto de diez y ocho mil hom-
bres ; d-Harville , con doce mil , tenia Orden
de hacer su movimiento entre el ejército grande y
Valence, para rodear mas de cerca al enemigo.
Tales eran las disposiciones de Dumouriez por su
derecha; y por su izquierda, debia Labourdonnaie,
saliendo de Lila recorrer la costa de Flandes, y
apoderarse de todas las plazas marítimas. Llegado
á Amberes , se le había prescrito costear la fron-
tera holandesa y tocar al Mosa en Ruremonde. En-
contrándose la Bélgica de este modo encerrada en
un circulo , cuyo centro ocupaba l)uinouriez con
una masa de cuarenta mil hombres , c porfia car-
gar á los enemigos en el primer pudo en que in-
tentasen hacer frente á los franceses.


Impaciente mor entrar en campaña v abrirse la,
vasta carrera en donde se lanzaba su ardiente irna-
ginacion, hacia Dumouriez las ma yores instancias
para que le llegasen las provisiones prometidas en
Paris , y que debieran haber llegado el 2:5 á Ya-
lenciennes. Servan habia abandonado el ministerio..
de
. la guerra, prefiriendo al caos de la administra-


clon, las funciones menos agitadas de un mando de-
ejército. Restablecia su cabeza y su salud en el
campamento de los Pirineos. Roland /labia pro-




232 REVOLUCION
puesto y hecho aceptar para sucesor de aquel


5Pache , sugeto sencillo, ilustrado y laborioso n'¿habiendo antes dejado la Francia para ir á Vivir
Suiza , habia vuelto en la época de la revoinejo:
y entregado la patente de una pension que reejb-


,¿lel mariscal de Castries, v se habla. distinguido n-las oficinas del interior po'r una rara aplicacionev-
un espíritu distinguido. Con un pedazo de pan ea
el bolsillo, y no dejando el ministerio ni aun para
comer, trabajaba durante días enteros , y había
encantado á Roland por sus costumbres y su cela.
Servan lo habia pedido para su dificil admi nistra-
cion de agosto y setiembre , y Roland se lo cedió
á su pesar, en consideracion a la i mportancia de
las tareas de la guerra. Peche, hizo en este nuevo
destino los mismos servicios que en el primero; y
cuando vacó el ministerio de la guerra fué in-
mediatamente propuesto para desempeñarlo, co-
mo uno de aquellos sugetos obscuros pero indispen-
sables, á los cuales la justicia y el interés público
debian asegurar un pronto favor. Peche, suave y
modesto , agradaba á todo el mundo no pódia
menos de ser bien acogido : los girondinos conta-
ban naturalmente con la moderacion politica de un
hombre tan apacible , tan sábio , y que por otra
parte les debla sus adelantos. Los jacobinos , que
le velan tan atento con ellos , ensalzaban su mo-
destia y la contra p onian á lo que estaban llaman-
do el orgullo y la dureza de Roland. Dumouriez
por su parte quedó prendado de un ministro, que
parecía mas manejable que los girondinos y mas
dispuesto á seguir sus miras. Habla , en efecto,
nuevas quejas contra Roland, por haberle este es-
•crito en nombre del consejo una carta, en la cual


FRANCESA. 233


le vituperaba el intento de poner sus planes al mi-
nister io , y le demostraba tanto mas recelo, cuan-to talento se le suponía. Roland era leal v lo que
decía en el secreto de la correspondencia, lo hu-
biera combatido en público. Dumouriez , descono-
ciendo la intencion honrada de Roland, habia dado
sus quejas á Peche, quien las recibió, ;y le consoló
con sus atenciones de las desconfianzas de sus com-
pañeros. Tal era el nuevo ministro de la guerra:
colocado entre los jacobinos , los giroudinos y Du-
mouriez , v escuchando las quejas de unos contra
otros, los -prendaba con sus palabras y su deferen-
cia, haciéndoles esperar á. todos un apoyo y un
amigo.


Dumouriez atribuyó á la renovacion de las ofi-
cinas, la tardanza que padecia el abastecimiento de
su ejército. No hablan llegado mas que la mitad de
las fornituras prometidas, y se puso en marcha sin
esperar el resto , escribiendo á Peche que necesi-
taba indispensablemente treinta mil pares de za-
patos , veinte y cinco mil mantas , efectos de cam-
pamento para cuarenta mil hombres , y sobre todo
dos millones en metálico para suministrar la paga
al soldado ; pues entrando en un pais donde no
tenian curso los asignados , debian pagar en dinero
todo lo que comprasen. Todo se le prometió,es-
timulando Dumouriez el ardor de sus tropas, -ani-
mándolas con la perspectiva de una conquista pró-
xima y segura, los llevó adelante, aunque faltos de
lo que era necesario para una campaña de invier-
no, y bajo un clima rigoroso.


La marcha de Yalence se habia retardado por
unaescaramuza en las inmediaciones de Longwv, v
por la falta de todos los efectos militares que-no





234
REVOLUOION


llegaron hasta noviembre, lo cual ocasionó que) --
diese Clerfayt pasar sin obstáculo de Luxernbir) r-go á la Bélgica , y que se incorporase con el dque Xlberto que llevaba doce mil hombres, bu-
mudez, renunciando por el pronto á se rvirse (1-,.Valence, atrajo á sí la division del general d' lla


r_ -vi fi e , y llevando sus tropas entre Quaroubee
Qaie y raint, acudió apresuradamenteá estrechar al
enemigo. El duque Alberto, fiel al sistema


austria.co, habla formado un cordon desde Tournav h asta
-Moras; aunque tenia treinta mil h ombres, ape.,
nas reunía veinte mil en este ultimo punto. Du-
mouriez estrechándole de cerca, llegó el 3 de no-
viembre delante del molino de Doussu, m andó a
su vanguardia. dirigida por el valiente Beu rnonvi-lle que desalojase al enemigo colocado sobre las
alturas. El ataque fué al pronto con ventaja, mas
rechazada luego, tuvo que replegarse nuestra van-
guardia. Conociendo Dumouriez cuanto i mporta-
ba no retroceder en aquellos momentos , mandó
avanzar á Beurnonville, hizole apoderarse de todos
los puntos enemigos, v el 3 por la tarde se halló
en presencia de Íos austriacos atrincherados en las
alturas que circunvalan á la ciudad de Mons.


Estas alturas, dispuestas circularmente en las
cercanías de la plaza, tienen tres puenlos,Jemina-
pes, Cuesines , y Berthaimont. Los austriacos
que contaban verse atacados en estos nimios, ha-
blan formado la resolucion imprudente de maute-
licué en ellos procurando desde mucho tiempo ha-
cerlos inespugnables. Clerfavt ocupaba á Jemma-
pes y á Cuesines v algo mas atrás acampaba Beau-
líen Porciina de Berthaimont. Ramblas empinadas,
empalizadas ,cortaduras de árboles, catorce reduc-


FRINCESA. 233


tos,
una artillería formidable colocada porescalones


y veinte mil hombres, resguardaban: .estas posicio-
nes, é imposibilitaban el acercarse á ellas. e
dores tiroleses poblaban los bosques que rodea-
ban las faldas de aquellas alturas. La caballería
colocada en el intervalo de las colinas, y particu-
larmente en la cariada que separaba á Jemmapes
de Cuesmes, estaba pronta á desembocar y á ar-
rojarse sobre nuestras columnas, luego que fuesen
desordenadas por el fuego de las baterías.


En presencia de este campamento tau fuerte-
mente atricherado acampó Dumouriez y formó su
ejercito en semicírculo, paralelo á las posiciones
del enemigo. El general d' llarville que acababa
de reunirse con el cuerpo de batalla en la tarde
del 5, fué destinado á maniobrar sobre el ala dere-
cha de nuestra linea, y desde el 6 por la mabana cos-
teando las posiciones deBeaulieu, debla procurarpo-
nerse á su retaguardia, y ocupar despues las altu-
ras detras de Mons, única retirada de les austria-
cos. Beurnonville, formando la misma derecha de
nuestro ataque tenia Orden de marchar sobre el pue-
blo Cuesines mientras queel duque de Chartres, que
servia en nuestro ejército con el grado de general,
yque mandaba aquel dia el centro, debla atacar de
*frente á Jennapes, v procurar al mismo tiempo
penetrar por la caí-111'h que separaba á este últi-
rno pueblo del inmediato Cuesmes. En fin el 'Ye-
neral Ferrand, revestido del mando de la izquier-
da, estaba encargado de atravesar un pueblecillo
llamado Quaregnon y acudir sobre el flanco de
Jemmapes. Todos estos, ataques debían ejecutar-
se en columnas por batallones, y la caballería es-
taba pronta á sostener sus flancos, y retaguardia.




236
REVOLtCION


Nuestra artillería se colocó de modo que atacase
B


ase sus fuegos. rna reserva de infantería ata-Y ca
arr


).fluía esperaba el éxito del suceso detrás del o_
yo de Wasme.


En la noche del 5 al 6, el general Beaulieu prpuso los demas generales salir de las trinc he- 1'a%y embestir repentinamente á los franceses , á fi -de desconcertarlos por medio de un ataque bruscoilnocturno. Este enérgico parecer no fué aproba
¿lo, y el 6 á las ocho de la mañana , los francesesestaban en batalla, llenos de valor y de esperanza
aunque bajo un fuego mortífero , y á la v ista de
atrincheramientos casi inaccesibles. Sesenta mil
hombres cubrian el campo de batalla, y cien bo-
cas de fuego retumbaban al frente de entrambos
ejércitos.


Empeñóse el cañoneo desde por la mañana;
mandó Durnouriez á los generales Ferrand y lleur-
nonville, principiasen el ataque, uno á la iz quier-da , y otro á la derecha; mientras él mismo espe-
rarla en el centro el momento de obrar, y que
dliarville ciñendo las posiciones:de Beaulieu, fue-
se á cortar la retirada. Ferrand atacó con debili-
dad, v Beurnonville no consiguió acallar el fue-
gode- los austriacos. Eran las once, y el enemigo
no estaba bastante conmovido por los costados pa-
ra que se le pudiese abordar de frente. Entonces
Dumouriez envió á su leal Thouvenot al ala iz-
quierda, para decidir el triunfo. Thouvenot ha-
ciendo cesar un inútil cañoneo :


atraviesa á Qua-
regnon , rodea á Jemmapes , y marchando con la
cabeza baja ,á ba yoneta calada , trepó el cerro
de costado, y


-llegó ar flanco de los austriacos. Sa-


FRANCESA. .237


hedor DtHE011rieZ
de este movimiento, se resuelve


á principiar el ataque de frente, y lleva el centro
directamente contra Jemmapes. luce avancen
columnas á su infantería , y


dispone de los húsa-


res y dragones arserannes para cubrir la-cañadarr o
a entre Je


la c
mm-aa-


pes Cuésrnes , por donde debla
j


ballería enemiga. Lanzase nuestra tropa, v atra-
viesa sin titubear el espacio intermedio. -Entre-
tanto', viendo una brigada desembocar por la ca-
ñada á la caballería austriaca, vacila, ceja y des-
cubre el flanco de nuestras columnas. En este ins-
tante el Oven Bautista Renard, simple criado de
Durnouriez, cediendo á una inspiracion de valor y
de inteligencia, corre al general de aquella briga-
da,le echa en cara su debilidad, le señala el


peli-
gro, y lo lanza hacia la cañada. Cierta conmocion
se habla manifestado en todo el centro, y nuestros
batallones empezaban á remolinarse bajo el fuego
de las baterías. Arrójase el duque de Chartres en
medio de las filas, las rehace t'orina en torno de si
un batallen que llama Balallon de .1 einmapes , y
lo encamina esforzadamente al enemi go. Res-
tablécese asi el combate, y Clerfayt, va flaquea-
do, y amenazado por el frente, resist e sin embar-
go con una heróica firmeza.


Presenciando Dumouriez todos estos movi-
mientos, pero incierto del triunfo, corre á la dere-
cha en donde la pelea no se decidia, á pesar de los
esfuerzos de Beurnonville. Su intencion era ter-
minar bruscamente el ataque, ó bien reple gar su.
ala derecha, y servirse de ella para protejer la re-
tirada del centro, si se hacia necesario un movi-
miento retrógrado.


Beurnonville habia hecho vanos esfuerzos con-




‘.:38 REVOLUCION
tra el pueblo de Cuesmes , é iba á


re ple..acuano Dampierre, que mandaba uno de iu
sb -


nu


rsl,tos de ataque, toma consigo algunas
compañíasse arroja osadamente


- al centro de un redu cto. Líe"
-


'ga Dumouriez en el instante mismo en que 1)
0 ,u-pierre ejecutaba tan valerosa tentativa ; halla


;efe á los demas batallones es puestos á un fuegoterrible , y titubeando en presencia de los húsaresimperia
les que se disponían para cargarlos. Estos-batallones eran los que en el ca mpamento de Maul.de se habian adherido tanto á Dum ouriez ; los


alienta, y los dispone para que llagan frente á la
caballería enemiga. Una descarga á quema repa
la detiene, y los húsares de Berchini


arrojadosoportunamente sobre ella acaban de ponerla en fu-
ga. Entonces Dumouriez poniéndose al frente de
SUS batallones y entonando con ellos el himno


dela marsellesa, los lleva tras sí á los atrin cheramien-tos , los arrolla á todos y se apodera denodada-mente del pueblo de Cuesmes.
Terminada apenas estas hazañas, Dumouriez,


siempre inquieto por el centro , escapa á galope
seguido de algunos escuadrones; pero en la carre-
ra le sale al encuentro el jóven duque de Montpen.
sier para anunciarle la victoria del centro. debida
princlpalinen te a su j, emano el duque de Chartres.
De este modo, embestido Jemmanes de costado y
por el frente, y Cuesmes ganado no podia va
Clerfavt hacer resistencia y debía retirarse. Cede
pues el terreno despees de una brillante defensa.


entrega á Dumouriez una victoria caramente
disputadla. Eran las dos; nul stras tropas, rendidas
del cansancio, pechan un instante de reposo. con-
cédeselo Dumouriez, v hace alto sobre las mismas




FRANCESA.
239


segcordillera enemigo , conta
mapes


a c onb
y de Cu


d
esmes .


'


Para per-
Harville que se


ir al _
habia encargado de cerca


r a 15erthaimont y cortar
la retirada á los austriacos. Pero bien fuese . _que.
la Urden no se hubiese dado con bastante claridad,
ó que no se hubiese comprendido bien , d'Ilar-
yille se habla mantenido en presencia de Be,rthai-mont, cañoneando infructuosamente sus alturas.
Clerfavt se retiró bajo la proteccion de Beau-
lieu, filie no [labia sufrido daño alguno y ambos
tomaron el camino de Bruselas que d'Ilarville no
les cerró.La batalla había costado á los austríacos cua-
tro mil y quinientos hombres entre muertos y
heridos, mi quinientos prisioneros y casi otro
tanto á los franceses. Dumouriez encubrió su pér-
dida, v no confesó sino algunos centenares. Se le
ha mo. tejado el no marchar desde luego sobre so
derecha y cercar al enemigo para cogerle asi por
la espalda, en vez de obstinarse en el ataque de la
izquierda y del centro. Tuvo esta idea al mandar
á d'Itarville costease á Berthaimont , pero no se
fijó bastante en ella. Sil vivacidad . que le impe-
dia reflexionar muchas veces, v el deseo de una
accion brillante , le hicieron preferir en Jamma--
pes, como en toda la campaña, un ataque de fren-
te. Por lo demas con sobrada presencia de espíri-
tu y arrojo en medio de la accion, habla entusias-
mado á nuestras tropas y comunicádoles un valor
heróico. El brillo de esta grande accion fue prodi-
gioso. La victoria de Jemmapes llenó en un ins-
tante á la Francia de alegría y á la Europa de una
nueva sorpresa. Por todas partes se hablaba de
aquella artillería acometida con tanta serenidad y




240 RE VOLUCION
de aquellos reductos escalados con tanta audacia;
exageróse tambien el peligro de la victoria , y la
facultad de ganar grandes batallas fué reconocida
de nuevo en los franceses por la Europa entera.


En Paris todos los republicanos de corazon re-
cibieron una grande alegría con esta noticia y pre-
pararon festejos. El jóven Bautista Renard, criado
de Dumouriez, fué presentado á la Convencion, y
agraciado por ella con una corona cívica, y una
charretera de oficial. Los girondinos por patrio-
tismo y por justicia celebraron los triunfos del ge-
neral. Los jacobinos, aunque le miraban como sos-
pechoso, le victorearon tambien por la necesidad
de celebrar los triunfos de la revolucion. El único
que se atrevió á desaprobar el entusiasmo de los
franceses fué ;Mara t, diciendo que D uniouriez había
debido mentir sobre el número de los muertos,
que no se atacaba una montaña á tan poca costa,
que no habia cogido ni bagajes, ni artillería, que
los austriacos se marchaban tranquilamente, que
era una retirada mas bien que una derrota, V que
Dumouriez hubiera podido coger al enemigo de
otro modo; y mezclando á esta sagacidad un flu-
jo feroz de calumniar, añadia que aquel ataque de
frente se habla hecho para sacrificar á los valien-
tes batallones de Paris; que sus compañeros en la
Convencion , en los jacobinos, y en fin todos los
franceses, tan propensos á admirar, eran unos ato-
londrados; y que en cuanto á él declararla á Du-
mouriez un buen general, cuando estuviese la Bél-
gica toda avasallada, sin que se escapase un aus-
triaco; y buen patriota cuando la Bélgica estuvie-
se completamente revolucionada y absolutamente
libre.—Vosotros los franceses, decia, con esa dis-


FRANCESA. 944
posicion á deslumbraros de todo al momento , es-
tais espuestos á desengañaros tambien muy pron-
to. Un día proscribis á Montesquieu ; os notician
que ha conquistado la Saboya, y lo victoreais : lo
proscribis de nuevo, y con estas idas y venidas os
baceis el escarnio general. «En cuanto á mi, des-
.«confío y acuso siempre; y respecto á los inconve-


nientes de esta propension , son incomparable-
«mente menores que los de la disposicion contra-
«ria, por cuanto jamás comprometen la salvacion
«pública. Pueden indudablemente esponerme á
«equivocaciones respecto á algunos individuos;
«pero vista la corrupcion del siglo, .y la multitud
«de enemigos por educacion, por principios y por
«intereses, de toda libertad, se puede apostar mil
«contra uno á que no me he de equivocar, conside-
rándolos á todos como intrigantes y bribones pú-
blicos , siempre prontos para maquinar. Estoy


é «mil veces menos espuesto a engañarme en cuan-
to á los empleados públicos; y mientras la l'unes-


«ta confianza que se tiene de ellos los pone en el
«caso de tramar contra la patria con tanta audacia
«como seguridad, la continua desconfianza con que
«el público les acusaria, segun mis principios, no
«les permitiría dar un paso sin temblar de ser
(desenmascarados ó castigados.»


Esta batalla acababa de abrir la Bélgica á los
franceses ; pero estrañas dificultades se presenta-
ban•alli á Dumouriez ; por una parte, en el territo-
rio conquistado, obraba la revolucion francesa so-
bre las revoluciones inmediatas, para apresurarlas


* Diario de la república Francesa, por Mara, el Amigo del
Pueblo, núm. 43, del lunes 12 de noviembre de 1792.


Biblioteca popular, T. II. 4H




242
REVOLUCION


ó asemejarlas; y por otra en nuestro ejército npnetraba la demagogia en las administraciones
las desorganizaba para. purificarlas.


Babia en Bélgica varios partidos: el primeroque era el de la dominacion austriaca, no se halla'ba mas que en los ejércitos imperiales,
arrojadospor Dumouriez : el segundo, compuesto de toda


lanacion, nobles, clérigos, magistrados
pueblorechazaba unánimemente el yugo estrange


-ro, y que'
ria la independencia de la nacion belga; pero este"


subdividia en otros dos : los clérigos y los pri-
vilegiadosquedan conservar los estados, las i nsti-tuciones antiguas, la demarcacion de clases y pro-vincias, y en lin, todo, escepto el dominio austria-co; teniendo á su favor parte de la po blacion, to..daVia mu y


supersticiosa y supeditada por el clero.
.ljitimamente, los demagogos ó jacobinos belgas
querian una revolucion completa, y la absoluta
:soberanía del pueblo. Estos pedian ponerse al ni-
vol de Francia, y la igualdad absoluta. De este
modo, cada cual adoptaba la revolucion que le
convenia;—los privilegiados iban en busca de su
estado antiguo ;—los plebeyos querian la demago-
gia y el reinado de la muchedumbre. Entre los di-
versos partidos, se concibe que Dumouriez por sus
inclinaciones, debía guardar un término medio.
Rechazando al Austria, á quien arrollaba con sus
soldados, y condenando las pretensiones exclusi-
vas de los privilegiados . no quería sin embargo,
trasladar á Bruselas los jacobinos de Paris, y ha-
cer abortar un Marat ó un Cliabót. Su objeto era
conservar la antigua orgauizacion del pais, refor-
mando únicamente en ella lo que tenia de dema-
siado feudal. La parte ilustrada de la poblacion se


FRANCESA. 243'


avenia bien á estas miras ; pero era muy difícil el
formar un todo, á causa de la poca union de las
ciudades y de las provincias ; y ademas formándo-
la en Asamblea, se la esponja á quedar vencida
por el partido violento. En el caso en que se logra-
se, pensaba Dumouriez, ya por una alianza, ya
por incorporacion, unir la Bélgica con el imperio
francés, completando de este modo nuestro terri-
torio. Hubiera deseado ante todo estorbar las dila-
pidaciones, asegurarse los inmensos recursos del
pais para la guerra, y no indisponer á ningnna cla-
se, para que no destruyesen su ejército con una in-
surreccion. Trataba principalmente de bienquis-
tarso con el clero, que aun tenia una grande in-
fluencia sobre el espíritu del pueblo; y quería en
fin cosas tales, que la esperiencia de' . las revolu-
ciones está desmostrando imposibles, y á las cua-
les todo talento administrativo y político debe re-
nunciar de antemano con una resignacion comple-
ta. Mas tarde veremos desarrollarse sus planes y
sus proyectos.


Al entrar en Bélgica prometió por una procla-
ma respetar las propiedades, las personas v la in-


pendencia nacional. Mandó que continuase todo,de
que las autoridades quedasen en sus funciones,
que se siguiera percibiendo los impuestos y que se
Juntasen al momento Asambleas primarias para
formar una Couvencion Nacional, que decidiese
de la suerte de la Bélgica.


Dificultades de distinta gravedad se le
y
re ara-


ban. Motivos de política, de bien público !) de
Phu-manidad podian hacerle desear en Bel o. ica. una re


-


volucion prudente y mesurada , pero tenia que
abastecer á su ejército y este era el negocio mas




244 RTIVOLUCION
importante para el. Era general, y ante todo esta-,
ba precisado á ser vencedor ; para lo cual necesi-
taba disciplina y recursos. Entrado en Mons el 7
de setiembre por la madrugada en medio de la
alegría de los Brabanzones, que le tributaron una
corona, como tambien al valiente Darnpierre, se
encontró en los mayores apuros. Sus comisiona-
dos de guerra estaban en Valenciennes, y nada
llegaba de cuanto le !rabian prometido. Necesita-
ba vestuarios para sus soldados medio desnudos,
víveres, caballos para su artillería, carruages muy
activos para secundar el movimiento de la inva-
sion, especialmente en un pais en que los trans-
portes son demasiado difíciles, y en fin dinero pa-.
ra pagar la tropa, por cuanto en Bélgica no se re-
cibían voluntariamente los asignados. Los emigra-
dos habian esparcido una gran porcion de ellos fal-.
sos, y así los habian desacreditado; v por otra.
parte ningun pueblo desea participar ae los apu-
ros de otro, aceptando el papel que representa sus
deudas.


El carácter impetuoso de Dumouriez, llevado
hasta la imprudencia, no permitia creer que per-
maneciese desde el 7 hasta el 4 ,1 en Mons, dejando
retirarse tranquilamente al duque de Sajonia-Tes,
chen, si los detalles administrativos no le hu-.
Mesen detenido á su pesar, absorviendo su aten-
cion, que hubiera debida emplear exclusivamente
en los asuntos militares. Formó un plan bastante
bien concebido, y era entablar personalmenten
relaciones comerciales con los belgas para los ví-
veres y todo género de abastos. /labia en esto una
multitud de ventajas ; pues los objetos de consumo
estaban en los mismos sitios, y no 'labia que te-


FRANCESA. 241
mer por sus demoras; interesando ademas, estas
contratas á muchas familias del pais en la pre-.
sencia de los ejércitos franceses. Pagando á los
vendedores en asignados, se velan obligados á fa-
vorecer su circulacion, en cuyo caso dejaba de ser
forzada; punto importante, pues quien se halla con
una moneda forzosa, se considera como robado por
la autoridad que la impone, y este ese' medio mas
general de lastimar á un pueblo. Dumouriez ha-
bia pensado ademas, hacer empréstitos al clero
bajo lagarantiade la Francia. Estos le proporciona-
rian fondos y métalico ; y el clero, aunque violen-
tado por el pronto, se encontraba asegurado en su
existencia y bienes, puesto que se negociaba con
él. En fin, teniendo la Francia que pedir á los bel-
gas indemnizaciones por los gastos de una guerra
libertadora, se hubiera aplicado este desembolso
al pago de los emprésti tos, y mediante un ligero apo-
yo se hubiera pagado toda laguerra; y Dumouriez,
cual lo habia anunciado, hubiera vivido á espen-
sas de la Bélgica, sin vejarla ni desorganizarla.
Pero estos eran planes de ingenio, y en tiempos de
revolucion, parece que el ingenio deberia tomar
un partido decidido, debia, ó preveer los desórde-
nes y violencias que iban á seguirse, y retirarse al
momento; O - previéndolos, resignarse á ellos, y
consentir en ser violento para continuar siendo util
al frente de los ejércitos ó del Estado. Ningun hom-
bre ha estado bastante desprendido de las cosas
de este mundo, para ensayar el primer partido;
pero hay uno que ha sido grande, y que ha sabido
mantenerse puro, siguiendo el segundo. Tal es
aquel que, colocado en la junta de salvacion
blica, sin intervenir en sus actos políticos, se coas,




246 REVOLECION


vic"'cretó á los cuidados dela guerra, organizó latorra;—intento lícito, permitido y siempre patrio
tico, bajo cualqnier rég imen.


Rabiase valido Durnouriez para sus contratas v
operaciones de hacienda de Malus, co misar i o deguerra, á quien apreciaba mucho, por conceptuar-lo inteligente y activo, sin cuidarse de si era é no
moderado en sus ganancias; habia t ambien e i-pleado á d' Espagnac, antiguo abate, libertino


,
y


uno de aquellos corrompidos y chistosos del anti-
guo régimen, que desempeñaban todos los oficios
con bastante gracia y destreza, y dejaban en con-
cepto de todos una reputacion equívoca. Dumou-
riez lo envió al ministerio para esplicar sus planes
y hacerle ratificar todos sus empeños contraidos.
Demasiado motivo presentaba ya para que le cen-
surasen con la especie de dictadura administrativa
que se abrogaba, y por la moderacion revolucio-
naria que manifestaba con los belgas, sin compro.
meterse tambien en asociaciones con hombres ya
sospechosos, y que aun cuando no lo fuesen iban
á serlo bien pronto. Efectivamente, entonces se le-
vantaba una censura general contra las adminis-
traciones antiguas, que decian, estaban llenas de
bribones y aristócratas.


Después de cuidar del mantenimiento de sus
soldados, se ocupó Dumouriez de acelerar la mar-
cha de Labourdonnaie. Este general, obstinado en
quedarse atrás, entró mu y


tarde en Tournay, y
allí promovió escenas dignas de los jacobinos, y
sacó fuertes contribuciones. :hable Dumouriez
marchar rápidamente sobre Gante y el Escalda,
para pasar á Amberes, v concluir enseguida el ro-
deo del pais hasta el Mosa. Valence, llegado por


FRANCESA. 247


fin á la línea, despues de involuntarias demoras,recibió órden de estar el 13 ó el 14 en Nivelles.
Creyendo Dumouriez que el duque de Sajonia-Tes-
chen se retiraría á espaldas del Vilvorde, quería
que Valence, dando la vuelta al bosque de Soignes
pasase el canal, y recibiese al duque en el tránsito
del Dyle.El I4 salió de Mons, y alcanzó aunque lenta-
mente al ejército enemigo, el cual se iba retirando
con órden, pero con suma lentitud. Mal servido
por sus transportes, no pudo llegar con bastante
prontitud para vengarse de la tardanza que habia
padecido. .EI 13, adelantándose en persona con una
simple vanguardia, cayó en medio de los enemigos
en Anderlecht; y ya iba á quedar cortado, pero
con su inteligencia y su firmeza ordinaria, desple-
gó su escasa tropa, se valió con mucho aparato de
algunas piezas de artillería, y persuadió á los aus-
triacos que estaba sobre el 'campo de batalla con
todo su ej ército. De este modo logró el contenerlos
y tuvo tiempo de ser socorrido por sus soldados,
que al saber su crítica posicion, corrieron á escape
para libertarle.


Entró el . 1 4 en Bruselas, y de nuevo se vió ata-
jado por estorbos administrativos, careciendo de
dinero, y de todo recurso para el mantenimiento de
su tropa. Alli supo que el ministerio no había con-
sentido en sus últimas contratas, escepto una, y
que todas las administraciones militares antiguas,
quedaban renovadas y reemplazadas por una comi-
sion llamada de contratas: la cual en adelante ten-
dria únicamente derecho de contratar para el man-
tenimiento de los ejércitos, sin que fuese permiti-
do á los generales mezclarse en ella de modo algo-




248 REVOLUCION
no. Este era el principio de una revolucion que slpreparaba en las administraciones, y que iba á en-
tregarlas por cierto tiempo a una absoluta des..
organizacion.


Las administraciones que exigen una largl
práctica, ó una aplicacion especial, son ordinariá
mente los puntos á donde una revolucion penetra
mas tarde, porque escitan menos ambicion, por'
otra parte la necesidad de conservar sugetos capa-
ces, las garantiza del furor de las renovaciones.
Asi es que apenas se había practicado mudanza al-
guna en los EE. MM., en los cuerpos sabios del
ejército, en las oficinas de los diversos ministerios,
en las antiguas administraciones de víveres, y es-
pecialmente en la marina, que es de todos los ra-
mos del arte militar el que requiere conocimientos.
mas especiales. Por lo mismo no cesaban de cla-
mar contra los aristócratas que poblaban estos
cuerpos, y se vituperaba al conseja ejecutivo por
no renovarlos. La administracion que manifestaba
mayor encono era la de víveres; pues se hacían
justas reconvenciones á los proveedores, que por
disposicion de Estado, y sobre todo, á favor de es-
ta-temporada de desórden, exigiendo en todas sus
compras precios exhorbitantes, daban los peores..
géneros á las tropas y robaban al Estado con la.
mayor impudencia. Por todas partes no se oía mas
que un grito contra sus exacciones, y tenían
cipalmente un enemigo inexorable en el diputado.
Cambon de Mompetier. Apasionado á los ramos de
hacienda y de economía pública, habia adquirido.
un gran ascendiente en las discusiones de este ge-
nero,'y gozaba de toda la confianza de la Asamblea.'
Aunque demócrata furibundo, no habia dejado de,


FRANCESA. 949


atacar las exacciones del kyuntamiento; . y soesrpren-
-día á los oyentes, porque como hacendista tre


chaba á los que tal vez disculparí a como jacobino.
Encarábase con mayor energía aun contra los pro-
veedores Diana ls perseguia con todo el ardor de su
carácter. mente denunciaba fraudes nuevos,
reclamaba su enmienda, y todos sobre este punt
estaban acordes con él; por cuanto los hombre


o
s


honrados querían castigar á los bribones, perse-
guir los jacobinos, álos aristócratas, y tenerlos in-
trigantes desocupados los empleos.


Ocurrióles, pues, la idea de formar una comi-
sion compuesta de varios individuos encargados
de hacer todas las compras por cuenta de la re-
pública. Se conceptuó que dicha comision , única
y responsable ahorrada al Estado los fraudes de
esa multitud de proveedores aislados, y que com-
prando solamente para todas las administraciones,
no baria subir los precios un la concurrencia, co-
mo acontecia cuando cada ministerio , cada ejér-
cito trataban individualmente para sus necesida-
des respectivas. Esta institucion se estableció por
dictamen de todos los ministros, y Cambon espe-
cialmente era su princial partidario , porque esta
forma nueva y sencilla convenia á su espíritu ab-
soluto. Notificóse, pues, á Dumouriez que no con-
tratase nada , mandándole anular cuanto había
firmado. Suprimiéronse al mismo tiempo las ca-
jas de los directores de hacienda, y se llevó el ri-
gor de la ejecucion hasta el punto de dificultar
el pago en la tesorería nacional , de un préstamo
que un negociante belga habia hecho al ejército




bajo un bono de Dumouriez.
Esta revolucion en la administracion de vive,.,




250 REVOLCCION
res, cuyo motivo era laudable , concurria desgra-
ciadam 'ente con circunstancias que iban á, hacer
mas desastrosos sus efectos. Servan durante su
ministerio habla creído acudir á las primeras ne-
cesidades de las tropas atropelladamente reunidas
en Champaña, y era bastante haber podido acudir
á los primeros estorbos del momento. Pero des-
pues de la campaña de la Argolla, los abastos he-
chos tan dificultosamente , se hallaban agotados.
los voluntarios que hablan salido de sus casas coi;
un solo vestido, estaban casi desnudos; de modo
que era forzoso suministrar un vestuario comple-
to á todos los ejércitos, y acudir á esta renovacion
de todos los enseres en el rigor del invierno y á
pesar de la rapidez de la invasion en la Bélgica.
Pache, sucesor de Servan , tenia sobre sí una in-
mensa carga, y por desgracia, con todo su genio


aplicacion, adolecía de un carácter débil y apo-
cado, que inclinándole á agradar á todos , y en
especial á los jacobinos, no le dejaba mandar á na-
die , ni comunicar á tan vasta administracion
la energía necesaria. Si se juntan á la urgencia, á
las dificultades de la estacion y á la necesidad de
una gran prontitud, la debilidad de un nuevo mi-
nisterio, el desórden general del Estado, y sobre
todo, una revolucion en el sistema administrativo,
podrá concebirse la confusion del primer momen-
to, el desamparo de los ejércitos, sus quejas amar-
gas, y la violencia de las reconvenciones entre los
generales y los ministros.


A la noticia de estos cambios administrativos
se irritó vivamente Dumouriez ; pues mientras se
organizaba el nuevo sistema, veía espuesto su
ejército á perecer de miseria , si sus contratas no


FRANCESA. 25R


se mantenian y ejecutaban. Tomó á su cargo el
sostener las , y mandó á sus agentes Malos, D'Es_
pagnac y á un tercero llamado Petit-Jean , que
continuasen sus operaciones bajo su propia res-
ponsabilidad. Escribió al mismo tiempo al minis-
tro con una arrogancia que lo había de hacer aun
mas sospechoso á demagogos desconfiados, som-
bríosdescontentos va de su tibieza revolucio-
naria 'y de su administrativa dictadura. Declaró
que para continuar sus servicios exigía le deja-
sen acudir él mismo á las urgencias de su ejército;
sostuvo que la comision de contratas era un desa-
tino, porque csportaria difícilmente y de lejos , lo
que se habla de hallar mas facilmente en el terre-
no; que los transportes espondrian á gastos enor-
mes y á tardanzas, durante las cuales los ejér-
citos perecerian de hambre , frio y miseria;
que los belgas perdonan todo interés en pre-
sencia (le los franceses , v no favorecerían va la
circulacion de los asignados ; que el robo de los
proveedores seguiria del mismo modo, porque la
facilidad de robar al Estado en las provisiones ha-
bla siempre hecho y continuarla haciendo ladro-
nes, y que nadie impediria á los miembros de la
comision de contratas el hacerse asentistas y com-
pradores aunque la ley lo prohibiese: y que así
todo aquello no era mas que un sueño 'vano de
economía , que aun cuando no fuese quimérico,
atraeria por lo pronto una interrupcion mortal en
el servicio. Lo que mas contribuía á irritar á Du-
mouriez contra la comision de contratas , es que
vela entre los individuos que la formaban varías
hechuras del ministro Claviere , v oreja notar en
esta innovacion un resultado de la desconfianza de




252 REVOLUCION
los girondinos contra él; pero aquella c reacion era
hecha de buena fé y aprobada generalmente sin
ninguna intencion de partido.


Pache, corno ministro patriota y firme, hubie.
ra debido buscar el medio de satisfacer al gene
ral para conservarlo á la república. Para esto hu.:
hiera convenido examinar sus pedidos, -Te r


lo que
tenian de justo, aprobarlos, desechar los domas, y
manejarlo todo con autoridad y vigor , de modo
que se evitasen las reconvenciones, las disputas,
y el trastorno. Lejos de esto, Pache, tildado ya de
debilidad por los girondinos é indispuesto con ellos,
dejó que se indispusiesen, el general, los girondinos
y la Convencion. Comunicaba con el Ayuntamien-
to las cartas inconsideradas, en que abiertamen-
te se quejaba Dumouriez de las desconfianzas de
los ministros girondinos para con él , y en la Con-
vencion daba -a. conocer las demandas imperiosas, ,
á cuya continuacion ofrecia su dimision Dumou-
riez, en caso de repulsa. Sin vituperar y sin es-
plicar nada, y afectando en sus informes una es-
crupulosa fidelidad, dejó que cada cosa surtiese
sus funestos efectos. Los girondinos, la Convencion,
los jacobinos y todos, se irritaron á su modo con
la altanería del general. Cambon acometió contra,
Malos, d'Espagaac y Petit-Jean; citó los precios de
sus contratas, que eran escesivos, manifestó el lujo
desordenado de d' Espagnac, las antiguas malver-
saciones de Petit-Jean, é hizo que decretase con-
tra los tres la Asamblea. Afirmó que Dumouriez es-
taba rodeado de intrigantes que convenia separar
de su lado; sostuvo que la comision de contratas
era institucion escelente; que tomar los objetos de
consumo en el teatro de la guerra era privar de


PRANCESII. 2113
trabajo á los obreros franceses, y esponerlos 'á los
motines de la sociedad; que en cuanto á los asig-
nados, no habla necesidad de valerse de artificio
alguno á fin de ponerlos en circulacion; que habia
hecho mal el general , en no hacerlos recibir
por fuerza v trasladar á la Bélgica la revolucion
entera con Su régimen , sus sistemas y sus mone-
das; y que los belgas, á quienes se daba la liber-
tad, debian aceptarla con sus ventajas é inconve-
nientes. En la tribuna de la Convencion llegó á
ser considerado Dumouriez como un juguete de
sus agentes, pero en los jacobinos y en el perió
dico de Marat se dijo terminantemente que esta-
ban acordes, y que él recibia una parte de sus pro-
ductos, aunque no mediaba otra prueba mas que
el ejemplo bastante frecuente de los generales.


Dumouriez se vió, pues, obligado á entregar á
sus tres .,> comisarios y aun le hicieren la afrenta de
mandarlos arrestar á pesar de la garantía que les
habia dado. Escribióle Pache con su acostumbra-
da dulzura, que se examinarian sus pedidos, se
acudiria á sus necesidades, y que la comision de
contratas baria para esto acopios considerables;
anunciando al mismo tiempo numerosas remesas
que no llegaban. Dumouriez, que no las recibia,
se quejaba continuamente; de modo, que leyendo
por una parte las cartas del ministro, se creeria
que todo abundaba, y al leer las del general , de-
bla creérsele en absoluto desamparo. Valióse Do-
mouriez de arbitrios y de empréstitos sobre los ca-
bildos de las iglesias; y su único recurso fue una
contrata que le concedia Malos en vista de la nr-
gencia,:y todavia se detuvo en Bruselas desde el 14
basta el I O.




254 DEvoncrox
En este intermedio, Stengel, des tacado


e.vanguardia, habia tomado á Malinas; la cual la
una conquista importante por los pertrecho' era
pólvora y armas (le todo género que aquella a-
za encerraba, y que le haciau el arsenal de la


''
Lahourdonnaie habia entrado el 18


en Arnsseres , organizaba los clubs, indisponía á los ber
gas fomentando á los alborotadores popula res


-- ;ademas de todo esto , estrechaba con poco rtt,
-'n,


el sitio del castillo. No pudiendo acomodarse
Dumouriez con un gefe tan dedicado á los clah


--i
tan poco á la guerra , lo reemplazó con


da , peruano valiente, que habia venido á Francia-
en tiempo de la revolucion , y obtenido un grada
superior por la amistad de Petion. Labourdonnaie
depuesto de su mando y trasladado al departamenl
to del Norte , inflamó el ardor de los jacobinos
contra César Daniouriez , nombre- que entonces
principiaban á dar al general.


Elenemigo trató al pronto de colocarse (letras
del canal de Vilvorde, manteniéndose en rela-
cion con Amberes, y cometiendo el mismo Yer-
ro que Dumouriez, procurando acercarse al leal-
da, en vez de marchar sobre el Alosa, como am-
bos debieran haberlo hecho , el uno para retirar-
se, v el otro para impedir la retirada. En fin Cler-
favi, que habia tomado el mando, se hizo cargo
dé la necesidad de volver á pasar prontamente el
Mosa, y abandonar á Amberes á su suerte. Enton-
ces Dunlouriez mandó venir á Valence desde Nive-
lles á Narnur para poner el sitio, é incurrió en la
grave falta de no enviarle al Alosa, para impedir
la retirada á los austriacos; pues la derrota del
ejército defensor hubiera producido naturalmente


FRANCESA. 255


la rendicion de la plaza. Pero el ejemplo de los
grandes movimientos estratégicos no se habla da-
do todavía, y ademas Dumouriez careció aqui co-
mo en otras muchas ocasiones de la rellexion ne-
cesaria. Salió el 19 de Bruselas , atravesó por Loa-
vain el 20, el 22 alcanzó al enemigo en Tirle-
mont, y le mató trescientos ó cuatrocientos hom-
bres; y alli, todavía detenido por su absoluta es-
casez, no salió hasta el 26. El 27, llegó sobre Lie-
ja, y tuvo que sostener un reñido encuentro en
Varoux , contra la retaguardia enemiga, pues el
general Starai que la mandaba, se defendió bri-
llantemente, y recibió una herida mortal. En fin,
el 28 por fa mañana entró en Lieja Dumouriez,
aclamado por el pueblo , que tenia disposicio-
nes muy revolucionarias. Miranda habla toma-
do la ciudadela de Amberes el 29 , y porfia aca-
bar el rodeo de la Bélgica marchando basta ore-
monde. Valence ocupó á Namur el 2 de diciembre;
Clerfavt se dirigió hacia el Roer y Beaulieu hacia
el Luxemburgo.


En este momento estaba toda la Bélgica ocu-
pada hasta el Alosa, pero quedaba por conquistar
el pais hasta el Rin, y todavia se presentaban á
Dumouriez grandes obstáculos. Ya fuese por la
dificultad de los trasportes, ó ya por negligenciade las oficinas , nada llegaba á `su ejército ; y aun-
que habla bastantes provisiones en Valenciennes,
todo faltaba sobre el Alosa. Pache, para complacer
a los jacobinos, les habia franqueado sus oficinas,
y en ellas reinaba el ma y or desconcierto. Seaban-
donaba el trabajo, se daban por descuido las órde-
nes mas contradictorias; con lo cual se imposibi-
litaba el servicio, y mientras que el ministro creía




456 nvoLuCION
verificados los transportes, no lo estaban. La ins-
titucion de la comision de contratas habia tarnbien
aumentado el desórden. El nuevo comisario llama-
do Ronsin, que /rabia reemplazado á 111alus y á
d'Espaguac delatándolos, estaba en el mayor apu.
ro. Mal recibido en el ejército, se atemorizó de su
encargo, y por órden de Dumouriez, continuó las
compras en el terreno, á pesar de las últimas deci-
siones. Con este arbitrio, habia tenido el ejército
pan v carne; pero en cuanto á vestuarios, los me..
dios 'de transporte, el dinero y los forrages falta-
ban absolutamente, v todos los caballos se morian
de hambre. Otra calamidad alligia á este ejército,
y era la desercion; pues los voluntarios que en el
primer entusiasmo Rabian acudido á Champaña,
se habían enfriado despues de pasado el momento
del peligro. Por otra parte estaban disgustados
con las privaciones que esperimentahan en todo,


desertaban en tropel. El cuerpo solo de Dumou-y
riez habia perdido lo menos diez mil , y cada dia
continuaba perdiendo. Los levantamientos belgas
no se verificaban, porque era casi imposible orga-
nizar un pais, donde las diferentes clases de la po-
blacion y las varias provincias del territorio esta-
ban muy lejos de hermanarse. Lieja abundaba en
el espíritu de la revolucion; pero el Brabante y
Flandes vejan con desconfianza reunirse jacobinos
en los clubs que se habia tratado de establecer ea
Gante, Amberes, Bruselas etc. El pueblo belga no
estaba muy conforme con nuestros soldados, que
querían pagar en asignados; en ninguna parte se
avenian á recibir nuestro papel moneda, y Durnou-
riez rehusaba darle una circulacion forzada. Asi es
que aunque victorioso, y dueño de la campaña, el


FRANCESA. 257
ejército se hallaba en una situacion penosa por la
carestía, por la desercion y por los animos indeci-
sos y poco afectos de los moradores. Sitiada la
Convencion por los informes contradictorios del
general que se quejaba con arrogancia, y del mi-
nistro que certificaba con modestia, pero con se-
guridad, que se /rabian hecho las remesas mas
abundantes, despachó á cuatro comisionados de su
seno para cerciorarse con sus ojos del estado ver-
dadero de las cosas; estos cuatro comisionados
eran Danton, Camus, Lacroix v Cossuin.


Mientras Dumouriez !labia` empleado el mes de
noviembre en ocupar la Bélgica basta el Alosa, Cus-
tine, corriendo siempre por los alrededores de
Francfort y del Mein , estaba amenazado por los
prusianos , que subian por el Lahn. Hubiera que-
rido que todo el peso de la guerra se hubiese con-
centrado hacia donde estaba, para resguardar su
espalda, y asegurar sus desatinadas correrías por
Alemania. Asi es une se estaba siempre quejando
contra Dumouriez 'de que no llegaba sobre Colonia,
y contra Keilermann porque no sedirijia á Coblen-
za. Ya se han visto las dificultades que tenia Du-
mouriez para avanzar mas pronto; y para hacer
posible el movimiento de Kellermann se requería
que Custine, renunciando á las incursiones, que
hacian resonar con aclamaciones la tribuna de los
jacobinos y los periódicos , se ciñese á los límites
del Rin, y que fortificando á Maguncia, descen-
diera él mismo á Coblenza. Pero &suba que todo
se operase por su espalda, para tener el honor de
tomar la ofensiva en Alemania. Estrechado por
sus instancias y sus quejas, el consejo ejecutivo
separó á Kellermann, lo reemplazó por Bournonvi-


Biblioleca popular.


T II. 412




25S


REVOLUCION


Ile;le dió el encargo tardío de tomar á
ris, -en una estacion muy avanzada, y en uu paíspobre y dificil de ocupar. lin solo camina hahiapara ejecutar esta empresa, y era, al principio
marchar entre Luxemburgo y Tréveris, ijeo
asi á Coblenza, mientras Custine acudiese purt'ej
Rin. Entonces hubieran quedado derrotados
prusianos, todavia abatidos por su descalabro en
Champaña, dando la mano á Dumouriez, que de-
bta estar . " Colon i a.


ó se hubiera ayudado á lo;
que fuesen, sino acedia él mismo. De este modo
Luxemburgo y Tréveris, que era imposible tornar
á viva fuerza, se rendian per hambre y por falta
de ausilios,: pero insistiendo Custine en sus cor-
rerías en Weteravia; y habiendo quedado el ejéi„
cito del Mosela en sus acantonamientos, Y a no era
tiempo de marchar sobre aquellas plazas al fin de
noviembre, para sostener a Custine contra los
prusianos reanimados y subiendo por el Rin . me_
gó Bournonville estas razones, pero se estaba ea
disposicion de conquistar, y se queda castigar al
elector de Tréveris porsu conducta contra la Flan-
cia,.. y Bournonville tuvo Orden de tantear un. ata-
que que emprendió con tanto ardor cual si lo lidie-
se, aprobado. Despues de algunos encuentros bri-
llantes y tenaces, tuvo que renunciar á é! y repte-
1.t.arse hacia Lorena. En esta situacion, se VIS CRS,
fine comprometido por las orillas del Mein; pero
al retirarse no quería confesar su temeridad y la
ninguna solidez de.so conquista, é insistía en man-
tenerse allí sin ningunalespera liza fundada detriun-
f/.11abia colocado el Francfort u naguarniciondedos
mil v cuatrocientos hombres, y aunque esta fuer-
za friese del todmiasurteiente en una plaza abierta


FRANCESA. 259
y en media de una poblacion indispuesta por con-
tribuciones injustas, mandaba al comandante que
permaneciese; v él, situado en Ober-Usel y Hom-
burgo, un poco mas abajo de Francfort, aparenta-
ba una constancia y un orgullo ridiculo.—Tal era
la situacion del ejército en aquel punto, á fines de
noviembre v principio de diciembre.


Nada pues, se !labia efectuado por las orillas del
Rin; y eu los Alpes, Montesquieu á quien se ha
visto con la Suiza, y procurando al
mismo tiempo convencer á. Ginebra y al ministe-
rio francés, había tenido que emigrar. Habíase di-
rigido contra él una acusaciou , por haber com-
prometido, decian, la dignidad de la Francia, de-
jando incluir en el proyecto del convenio un artí-
culo por el cual nuestras tropas debían alejarse; y
sobre todo por haberle dado cumplimiento. Espi-
dióse un decreto contra él y se refugió en Gine-
bra; pero su obra estaba garantida con su mode-
raciou , y mientras que le acusaban , se estaba
transijiendo con Ginebra segun las bases que él
habla fijado. Las tropas de Berna se retiraban ; las
francesas se acantonaban en los límites conveni-
dos; la preciosa neutralidad suiza estaba ase u-
rada á la Francia, y uno de sus flancos quedaba
resguardado para muchos años. Desconocióse es-
te servicio importante por culpa de las sujestiones
de Claviere; y nuestras victorias de la víspera se
atribuyeron tambien a una suma delicadeza de los
recien ascendidos.


En el condado de Niza se !labia reconquistado
victoriosamente el punto de Sospello, que los pia-
monteses nos hahian quitado por un momento, yque perdieron de nuevo despues de un choque




REVOLUCION


considerable. Este triunfo era debido á la habilidaa
del general Bruuét. Nuestras escuadras, que do


_




minaban en el Mediterráneo, iban á Génova
Nápoles, donde reinaban ramas de la casa de 14,7
boa; y en lin , en todos los estados de Italia hacia
reconocer la nueva república francesa. Despues dei
cañoneo delante de Nápoles se habia conseguido
el reconocimiento de la república, y nu estros' buques volviau ufanos con los votos tributados á ella
En los Pirineos 'labia una completa inmo vilidad


' ;Servan , falto de medios se veta muy apurado parahabilitar el ejército de observacion. Á Pesar de !Osgastos enormes de ciento ochenta, ó doscientos
millones mensuales , todos los ejércitos de los Piri_
neos, Alpes y Mosela, estaban en la mayor escasez
por la desorganizacion de las provisiones y por la
confusion que reinaba en el ministerio de la guer-
ra. En medio de esta miseria no dejábamos de te-
ner la ufania y el orgullo de la victoria. En este
momento, los ánimos exaltados con .lemmapes


,
la


torna de Francfort, la ocupacion de la Savoya v de
Niza, y por el repentino cambio de la opinion'en-
ropeae'n nuestro favor, creyeron oir el hundimien-
to de las monarquías; y se imaginaron por un ins-
tante que iban los pueblos á derribar á todos los
tronos , y á constituirse en repúblicas. «14h! si
«fuese cierto, esclamaba un individuo de los jaco-
«Inuos , con motivo de la reunion de la Saboya á
«la Francia, si fuese cierto que al hin despertasen
«los pueblos! si fuese cierto que la ruina de Lo-
«dos los tronos debiera ser la consecuencia inme-
diata del triunfo de nuestros ejércitos y del vol.


«can revolucionario! si fuese cierto que las vida -
«des republicanas DPSODAVASEN AL FIN EL liONDIN


FRANCESA. 261


«DE TODOS LOS DELITOS CORONADOS; que libre va ea-
gion, pudiese formar un gobierno conforme


:
stension ma y or ó menor que le fijó natura-


leza, que de todas estas Convenciones naciona-
«les r ee


le cierto numero dediputadosestraordinarios for-«,sac,


amasen en el centro del globo una CONVENCWN
„eNivEnsm„ siempre alerta para vigilar por los de-
»rechos del hombre, por la libertad del comercio,
«v por la paz del género humano !»


En este punto, enterada la Convencion de las
vejaciones cometidas por el duque de Deux-Ponts
contra algunos súbditos de su dependencia, expi-
dió en un momento de entusiasmo, el siguiente de-


«La Convencion nacional declara que prestará
cret<od,


«auxilios y fraternidad á todos los pueblos que
«quieran recobrar su libertad ; y encarga al poder
«ejecutivo espida las órdenes convenientes á los
«generales de los ejércitos franceses, para que so-
«corran á los ciudadanos que hayan sido . ó sean
«vejados por la causa de la libertad.


«La Convencion nacional manda á los genera-
les de los ejércitos franceses que bagan imprimir


«y fijar el presente decreto do quiera que se pre-
senten las armas de la república.


«Paris, 19 de noviembre de 4792.»
• Discurso de Milhaud , dirutado del Cantal; pronunciado entre


los jacobinos en noviembre de i795.




CAPITULO VII.


Estado de los partidos al principiar el proceso de Luis XVI.--ca
rácter y opiniones de los miembros del ministerio en aqueja
época, Roland, Pache, Lebrun, Garat, Monee y Clav iere,—D e -
talles sobre la vida interior de la familia real en la torre del
Temple.—Principio de la diseusion sobre el encau samiento de
Luis XVI ; resumen de los debates, opinion de Saint-Just.—mai
estado de los abastos; pormenores y cuestiones de economía po-
lítica.—Discurso de Robespierre sobre la sentencia del .rey._
Decreta la Convencion que el rey será sentenciado por
Papeles encontrados en el armario de hierro.—Primer inter-
rogatorio de Luis XVI en la Convencion.—Choque de las opi_
niones y de los intereses durante el proceso; inquietudes de los
jacobinos.—Posicion del duque de Orleans ; propúnese su 'des-
tierro.


Iba porfia á pri piarse el proceso de Luis XVI,
y los partidos deseaban que llegase este momento
para medir sus fuerzas, descubrir sus intenciones,
y sentenciarse definitivamente. Teníase particular.
mente la vista fija en los girondinos , .para sorpren-
der en ellos el menor asomo de compasion, y acu-
sarlos de realismo, si la grandeza .derrocada llega-
ba á. enternecerlos.


El partido de los jacobinos, que en la persona
de Luis XVI perseguía á la monarquía entera, ha-
bia hecho indudablemente progresos; pero hallaba
una oposicion bastante fuerte todavia en Paris, y
especialmente en el resto de la Francia. Dominaba


263PUNCESA.
en la capital por su club , por el Ayuntamiento y


por ,las secciones; pero la clase med


orm


nd io
a reco


una
bra


re
ab


fuerza , y le estaba siempre op


s


el
onie alg-


istencia. Habiendo Petion rehusado corregi-
miento, el médico Chambon obtuvo gran ayía
de votos, aceptó á su pesar, funciones que conve-
nian bien poco a su carácter moderado y nada-am-
bicioso. Este nombramiento acredita la fuerza que
aun tenia en su mano el vecindario de Paris; pero
era 'mucho mayor en lo restante de Francia. Los
propietarios, los comerciantes, y en 'fin, todas las
clases medias no hacian desertado de los concejos
municipales, de los de departamento, ni de las so-
ciedades populares, y enviaban esposiciones á la
mayoría de la Convencion, segun el tenor de las le-
yes , y siempre con moderaciOn. Muchas socieda-
des afiliadas en los jacobinos reprobaba n á la so-
ciedad madre, y le pedian con altivez la separacion
de Marat, y aun algunas la de Robespierre. En fin,.de las Boclis del Ródano, de Calvados, de Finister---
re y de la Crironda, partían nuevos contederados,.
que anticipándos e á los decretos , como en el 10 de
agosto, acudían á proteger la Convencion y asegu-
rar la independencia.


Los jacobinos no dominaban todavia en los
ejércitos ; antes bien los estados mayores y la or-
ganizacion militar seguian rechazándolos. Se ha-
blan, sin embargo , entrometido en un ministerio,
que era el de la guerra , pues Pache se lo había
franqueado por debilidad, reemplazando con indi-
viduos del club á, todos sus antiguos empleados.
Tuteábanse en sus oficinas, íbase á ellas hasta en
trago poco decente, se hacian propuestas, y habia
una porcion de clérigos casados , introducidos por





264 REVOLUCION
A udouin , clérigo tambien casado, y yerno de Pa-
che. Uno de los gefes de este minisierio era Has_


-


senfratz, vecino antes deMetz, expatriado por cau
sa de una bancarrota, y como otros muchos , ele-
vado á altas funciones, y desplegando mucho celo
demagógico. ,Así se iban renovando las administra?
ciones del ejército , y en cuanto era posible , s
llenaba de una nueva clase, v de opio ion nueva;
así tambien , al paso que Eoland era el blanco
ódio de los jacobinos, estos hicieron su í dolo dePadre Decantaban su dulzura su modestia v su
gran capacidad , contraponiéndolas con la severi-dad de Roland, que graduaban de orgullo. Roland,
con efecto, no Babia dado cabida alguna á los ja-
cobinos en su ministerio del interior. Observar las
relaciones de los cuerpos constituidos, contener en
sus límites á los que de ella se apartaban , conser-
var la tranquilidad pública , vigilar las sociedades
populares, acudir á los abastos, proteger el co-
mercio y las propiedades, es decir, velar por toda
la administracion interior del Estado , eran sus
grandes funciones, y las desempeñaba con una ra-
ra energía. Todos los días denunciaba al Ayunta-
miento , reclamaba contra sus excesos de poder,
sus dilapidaciones, y sus envíos de comisionados;
detenía sus correspondencias , como tambien la de
los jacobinos; y sustituia á sus escritos violentos,
otros llenos de moderacion, que producian por to-
das partes mejor efecto. Celaba todas las propieda-
des de emigrados pertenecientes al Estado, cuidaba
mucho de los abastos, reprimia los desórdenes á
que daban ocasion, y en cierto modo , se multi-


„plicaba para contraponer á las pasiones revolucio-
varias , la ley y la fuerza cuando podia. De esta


F RANC ESI.
265


manera puede verse la diferencia qu. e e1nacsofnatirnailirans
los jacobinos entre Pache y Roland ; y
de los dos ministros contribuían por su parte á ha-


.r mas sensible esta diferencia. La muger y las
rijas de Pache iban á los clubs y á las secciones;
se presentaban tambien en los cuarteles de los con-
federados, á quienes querian ganar para su causa,
y se diferenciaban por un jacobinismo baladí , de
aquella esposa de Roland , culta y arrogante, y
sobre todo, cercada siempre de tan brillantes y tan
odiados oradores.


Pache Roland , eran, pues , los dos hombres
que se distinguian en cl consejo. Claviere en ha-
cienda, aunque muchas veces se indispusiese con
sus compañeros por lo irascible de su carácter,
cuando estaba sosegado se dirijia siempre á Ro-
Ind. Lebrón , débil, pero adicto á los girondinos
por sus luces, trabajaba mucho con Brissot , y los
jacobinos llamando á este ultimo un intrigante, de-
cían que era dueño de todo el gobierno


'


porque
ayudaba á Lebrón en las tareas de la diplomacia.
Garát, observando á los partidos desde una altura
metafísica, se contentaba con juzgarlos, y no se
creía obligado á combatirlos. Conceptuábase al
parecer, dispensado de sostener á los girondinos,
porque les descubría sus faltas, y graduabasu:inér-
cm de suma sabiduría. Sin embargo, los jacobinos
aceptaban la neutralidad de un espíritu tan distin-
guido , como una ventaja preciosa, y le pagaban
con varios elogios. Monee, en fin, ingenio Mate-
mático, patriota pronunciado, poco dispuesto en
favor de las teorías un poco vagas de los girondi-
nos, seguia el ejemplo de Pache, dejaba invadir
su ministerio por los jacobinos, y sin descuidarse




266 REVOLUC1ON
de los girondinos , á quienes debía su elevacion,
recibia los elogios de sus contrarios, y participaba
de la popularidad del ministro de la guerra.


De esta manera, encontrando dos condescen-
dientes en Pache y Monge, un ideólogo indiferente
en Garát , pero un contrario inexorable en Roland
que arrastraba consigo á Lebrún y á Claviere,
muchas veces á los demas , el partido jacobi-
no aun no tenia el gobierno del estado , v por
do quiera, repetia , que solo habia un rev de me-
nos en el nuevo Orden de cosas , pero que fuera de
eso el despotismo era igual con las mismas intrigas
y traiciones. Decia que la revolucion no quedarla
completa y sin apelacion, sino cuando se hubiera
destruido al autor secreto de todas las maquina-
ciones y resistencias que estaba encerrado en el
Temple.


la deja verse cuides eran las fuerzas respecti-
vas de los partidos , y el estado de la revolucion
en el momento de pri n cipiar la causa de Luis X Vi.
Este príncipe con su familia habitaba la gran torre
del Temple ; y al mismo tiempo que el Ayunta-
miento tenia á su disposicion la fuerza armada y
el cuidado de la policía de la capital , tenia tam-
hien la guardia de la torre, y la familia real estaba
sujeta á su sombría v suspicaz autoridad. Custo-
diada por una clase de hombres , bien inferiores á
aquellos de que se componia la Convencion , no
debía la familia real esperar nada de su comedi-
miento, ni aquellas atenciones que la educacion de
las costumbres cultas inspiran siempre hácia la
desgracia Al principio la habian colocado en la
torre chica, pero despues la trasladaron á la gran-
de , por cuanto juzgaron que alli seria mas fácil y


FRANCESÁ • 267
segura la vigilancia. El rey ocupaba un piso y las
princesas con los niños, otro: reuníaselos durante
el dia v se les permitia pasar juntos los tristes ins-
tantes de su cautiverio. Ln solo criado obtuvo el
permiso de acompañarlos en su prision, este era el
tiel Clerv, que salvándose del degüello del 10 de
agosto , había entrado entuedio de Paris para ser-
vir en su infortunio á los que sirviera en otro
tiempo en el brillo de todo su poder. Levantábase
desde el amanecer, y se esforzaba por reemplazar
á los numerosos sirvientes que en otro tiempo ro-
deaban á sus augustos amos. Desavunábause á. las
nueve en el cuarto del rey, y á las' diez se juntaba
toda la familia en el de la reina. Luis XVI se ocu-
paba entonces en la educacion de su hijo, hacién-
dole aprender algunos versos de Racine y de C Or —
neille , y despues le daba las primeras nociones de
geografía, ciencia que él mismo 'habla cultivado
con bastante aran y acierto. La reina por su parte
trabajaba en la educacion de su hija, v despues se
ocupaba con su hermana en obras de 'tapicería. A
la una , si el tiempo estaba bueno, toda la familia
era conducida á los jardines para respirar el am-
biente y dar un corto paseo. Varios municipales y
oficiales de guardia la acompañaban, v segun las
ocasiones , veía muchas veces rostros 'humanos
enternecidos , v otras adustos N- despreciadores.
Los hombres poco cultos son Cambien poco gene-
rosos, y para ellos no hay perdon con la grandeza
luego que la encuentran abatida. Figurémonos á
unos rústicos artesanos, sin luces, dueños de aque-
lla familia , cuyo lujo y poderío se echaban en cara
de haber alimentado por tanto tiempo , y se con-
cebirá qué clase de venganzas debian á veces ejer-




2C8 nEVOLUCION


cer sobre ella ! El rey y la reina frecuentemente
escuchaban conversaciones crueles , y hallaban s e
bre las paredes de los patios y de los corredores
la espresion de un Odio que el gobierno antiguo
habia merecido frecuentemente, pero que Luis XVi
ni su esposa hablan dado motivo para infundir. N,
obstante , á veces lograban algun alivio en espre-
siones furtivas de interés, y continuaban estos pa
seos dolorosos por causa de sus hijos , los cuales.
tenian necesidad de ejercicio. Mientras recorrian
tristemente aquel patio del Temple , distinguian
en las ventanas de las casas vecinas un sin número
de súbditos antiguos todavia afectos á sus amos'


que iban á contemplar el espacio estrecho en quey
e'staba encerrado el destronado monarca. A las dos
concluia el paseo y se servia la comida. Por la
siesta tomaba el rey algun reposo , y durante su
sueño, su esposa, su hermana y su hija trabajaban
en silencio , y Clerv en otro aposento entretenía al
niño con juegos de su edad. I)espues habia una
lectura en comun , se cenaba y cada uno volvia á
su aposento despues de un adios amargo, porque
jamás se separaban sin dolor. El rey lela todavia
muchas horas, v Montesquieu, Buffou, el historia-
dor Hume, la Imitacion de Jesucristo, y algunos
clásicos latinos é italianos, formaban su lectura
habitual , de tal manera, que á su salida del Tem-
ple habia leido hasta doscientos cincuenta volú-
menes


Tal era la vida de este monarca durante su cau-
tiverio. Restituido á la vida privada, habia vuelto
á practicar todas sus virtudes, v se hacia acreedor
al aprecio de todos los honrados corazones. Sus
mismos enemigos, al verle tan sencillo, tan apacible


FRANCESA. 269


Ir tan puro, no hubieran podido librarse de unaImocion involuntaria, v en favor de las virtudes
del hombre, hubieran disimulado los yerros del
príncipe.


El A yuntamiento, en estremo receloso, emplea-
ba las precauciones mas incómodas. Varios oficia-
les munici pales no perdian jamás de vista á nin-
gun individuo de la familia real , y solo en el mo-
mento de acostarse , consentian en estar separa-
dos por una puerta cerrada. Entonces ponian una
cama á la entrada de cada habitacion , cerrando
asi la salida y pasaban alli la noche. Santerre con
su E. M. hacia diariamente una visita general por
toda la torre, y luego daba cuenta. Los oficiales
municipales de guerra, formaban una especie de
consejo permanente, el cual colocado en una habi-
tacion de la torre, estaba encargado de dar órde-
nes v de responder á todas las preguntas de los
presos. Al principio, hablan dejado en la prision
tinta, papel y plumas, pero luego quitaron ademas
de estos objetos todos los instrumentos cortantes,
como cuchillos, nabajas de afeitar, tijerascorta-
plumas, y se hicieron las mas minuciosas ‘V ofen-
sivas pesquisas para descubrir alguno de estos
instrumentos que pudieran haberse ocultado. Este
fué un gran sentimiento para las princesas que
desde entonces se vieron privadas de sus tareas
de costura, y no pudieron repasar su ropa , va ea
mal estado, no habiéndola renovado desde su 'tras-
lacion al Temple. En el saqueo del palacio , casi
todo lo que pertenecia al uso personal de la real
familia, quedó destruido; de manera que la esposa
del embajador de Inglaterra, envió ropa blanca pa-
ra la reina, y el Ayuntamiento, á peticion del rey,




7O REVOLUCION
la dispuso para toda la familia. En cua%oensaa


rhoisatrages Y vestidos, ni el rey
ni la reina ,


en pedirlos, aunque sin duda se los hubieran fa e;litado. En cuanto al dinero, les entregaron
setiembre una cantidad de dos mil francos
gastos menores, pero va no querian e nviarle -mal-por temor del uso que .de él pudieran hacer. tia:
bia una suma depositada en manos del adm inis-trador del Temple, y á peticion de los presos se
compraban los diversos objetos que hablan me-
nester.


No hay que exagerar las sinrazones de la na-
turaleza humana, ni suponer que juntando una
bajeza execrable con los furores del fanatismo


,
lesguardianes de la familia prisionera le impusiesen


á su antojo indignas privaciones , y quisiesen de
este modo hacerle mas doloroso el recuerdo de su
poder pasado. La desconfianza era la causa única
de ciertas repulsas: y asi, mientras que el temor
de las intrigas y de, las comunicaciones estor-
baba que se les concediese un sirviente mas en el
interior de la prision , multitud de criados se em-
pleaban en preparar sus manjares. Trece cocine-
ros desempenaban la cocina, colocada á cierta dis-
tancia de latorre. Segun los partes de la cuenta del
gasto del Temple, en los que se observa sumo de-
coro, á los presos calificados con miramiento, su so-
briedad manifestada, y Luis XVI sincerado del in-
digno vituperio de escesiva aficion al vino. re-
sulta que asciende el gasto de la mesa á veinte
v ocho mil setecientas cuarenta y cinco libras en
des meses. Mientras trece criados se ocupaban
en la cocina , uno solo podia entrar ea la cár-
cel,. y ay:u:daba á Clery para servir á los presos


9274
FRANCESA•


en la
mesa. Mas ¡ cuán ingenioso esli


el
dad cauh tabla


i-


v.
erio 1 Por este criado, cuya se


-


nsibi
en el Tem


sabido mover Clery , penetrabn
pie muchas veces las noticias exteriores. Siempre
se habían hecho ignorar á los desventurados pre-
sos los acontecimientos de afuera: y los represen-
tantes del Ayuntamiento se hablan contentado
únicamente con comunicarles los periódicos que
mencionaban las victorias de la república, y quesia


les quitaban toda esperanza.
Ilabia ideado Clery para tenerlos al corriente


un medio espedito, y que le salia muy bien. Por
medio de las comunicaciones que habia entablado
afuera, habia hecho elegir v pagar á una especie
de pregonero, ó gritador público, que viniendo á.
colocarse debajo de las ventanas del Temple, y so
protesto de vender periódicos, refiriese los detalles
principales con toda la fuerza de su voz. Clery,
que estaba va convenido en la hora, se colocaba
detras de la misma ventana, iba recogiendo lo que
oia, y por la noche, inclinándose á. la cama del rey
en el momento de cerrarle las cortinas, le referid
las noticias.—Tal era la situacion de la familia des-
dichada, lanzada desde el trono á las cadenas s el
modo con que el celo ingenioso de un criado 'lie:
luchaba con la desconfianza sombría de sus guar-
dianes.


Las comisiones hablan presentado sus trabajos
sobre el proceso de Luis XVI. Duiriche•Valaze !la-
bia dado el primer informe sobre los cargos contra
el monarca, y sobre 103 documentos fehacientes;
pero este informe, sobrado difuso para oírlo basta
el lin, se imprimi& por órden de la Gonveneion,
para distribuirlo entre sus indivi luos. El 7 ch , no-




272 It n'OUT ION
viembre el diputado Mane, hablando en non'
de la comision de legislacion, presentó el ktfo'r)re
sobre las grandes cuestiones á que daba ori,enaie
proceso:


¿Luis XVI puede ser sentenciado?
¿A. qué tribunal compete su sentencia?
Estas eran las dos cuestiones esenciales, jup


iban á ocupar los ánimos y que doblan agitarlos
profundamente. Decretóse al punto la impresion
del informe, y traducido en todos los idiomas


, y
repartido un número considerable de ejemplares,
se estendió muy luego por la Francia y la Europa,
Emplazóse la discusion para el 13, b. pesar de Bi_
llaud-Varennes, que quería que se decidiese por
aclamacion, el punto de entablar el juicio.


Aqui era donde iba a empeñarse la última lucha
entre las ideas de la Asamblea constituyente


, v
las de la Convencion: lucha que debia ser tanto
mas violenta, cuanto que su resultado iba á deci-
dir de la vida ó la muerte de un rey. La Asamblea
constitu y ente era democrática por sus ideas, y
monárquica por sus sentimientos; y así, mientras
que constituía el Estado entero en república, por
un resto de afecto y de miramiento hacia Luis XVI,
conservaba la monarquía con los atributos que le'
suelen acompañar, en el sistema de una monarquía
feudal regularizada. Herencia, poder ejecutivo,
participacion en el legislativo, y sobre todo invio-
labilidad, son las prerogativas que se reconocen
en el trono de las monarquías modernas, y que la
primera Asamblea había dejado á la casa reinante.
La participacion en la potestad legislativa, yen la
ejecutiva, soa funciones que pueden variar en su
estension, y que no constituyen tau esencialmente


Fll kNCESA. 273


el trono moderno como la herencia y la inviolabili-
dad. De estas dos últimas, la unaasegurala transmi-
sion perpetua y natural del sólio; la segunda lores-
guarda de todo ataque en la personade cada here-
dero; entrambas en lin, constituyen cierta perpetui-
dad y una situacion inaccesible á que ningun códi-go penal puede alcanzar. Condenada á no obrar sino
por medio de ministros que respondan de susaccio-
nes, la corona no es accesible sino en sus agentes,


hay asi un punto para atacarla sin conmoverla.
s---Tal es la monarquía feudal, modificada sucesiva-
mente por el tiempo, y conciliada con el grado de
libertad á que han llegado los pueblos modernos.


A pesar de esto, la Asamblea constituyente se
inclinó á poner alguna restriccion á esta inviolabi-
lidad real. La fuga á Varennes y las empresas de
los emigrados la condujeron en fin á pensar, que la.
responsabilidad ministerial no garantía á una na-
cion de tofos los desaciertos de la corona. 'Por
consiguiente había previsto el caso en que un mo-
narca se pusiese b. la cabeza de un ejército enemi-
go para atacar la cunstitucion del Estado, ó bien
no se opusiese por un acto formal, á empresas de
esta naturaleza, ejecutadas en su nombre. En este
caso habia declarado al monarca no sujeto á las
leyes ordinarias contra la felonía, sino cesante; y
asi se le conceptuaba haber abdicado la dignidad
real. Tal es el lenguaje testual de la ley que habia
espedido. La proposicion de aceptar la constitu-
cien hecha por ella al rey, y la aceptacion por
parte de este, habian constituido el contrato irre-
vocable, y la Asamblea se [labia empeñado solem-
nemente en mantener como sagrada la persona de
los monarcas.


Biblioteca popular.
T. II. 413




271 REVOLUCIO:N
En presencia de un empeño semejante se halla


pero los nuevos constituyentes,
bala Convencional decidirde la suerte rdeegLuis xv 1.
el nombre de convencionales, no se conceptuaban
más comprometidos con las instituciones de su s
antecesores, que estos se hahian considerado


elas antiguas instituciones del feudalismo. ,Los
1791leves


.--


1
mos hablan sufrido un empuje tan rápido, que
cióción de 1792, cual las del siglo XIII habían pare
cido á la de 1789. Los convencionales pues, no si
creian ligados por una ley que miraban eme
;absurda, y se declaraban en insurreccion contra
tila, corno los Estados generales contra la de los
.tres Estamentos.


El dia 13 de noviembre, á la apertura de la
'discusion, se vieron descollar dos sistemas opues-
tos: los unos sostenian la inviolabilidad, los otros
la desechaban completamente. De tal modo hahian
cambiado las ideas, que ningun miembro de la
Convencion se atrevia a defender la inviolabilidad
-como buena en sí ; y aun aquellos que estaban a su
'71avor, no la defendian sino como disposicion ante-
flor, cu y o beneficio era ya propiedad del monarca,
V . á quien no se le porfia disputar sin faltar a no
compromiso nacional. Aun bajo este concepto ha-
bia mu y pocos diputados que la defendiesen, y los
c,i-ondinos la condenaban dela misma manera. No
obstante, permanecieron fuera de la lucha, y obser-
vaban friamente la discusion, suscitada entre los
escasos partidarios de la inviolabilidad y sus con-
trarios numerosos.


--«Desde luego, decian estos, que para quesea
válido un compromiso, es necesario que el que se


FRANCESA. 275


comprometa tenga derecho para hacerlo;noluepguoedla
u dsoberanía nacional es inenagenable,


ligarse con el porvenir. La nacion, al estipular la
inviolabilidad, puede muy bien haber hecho al po-
der ejecutivo inaccesible á los golpes del legislati-
vo; es una precaucion politica cuyo motivo se con-
cibe en el sistema de la Asamblea constituyente;
pero si ella ha hecho inviolable al rey para todos
los cuerpos constituidos, no lo ha podido hacer
para si misma, por cuanto no puede desprenderse
de la facultad de hacerlo y quererlo todo a un mis-
mo tiempo; esta facultad constituye su omnipoten-
cia, que es inenagenable; la nacion no ha podido
comprometerse con Luis XVI, y no se le puede ar-
gtiir por un compromiso que no ha podido contraer.


«En segundo lugar, aun suponiendo el com-
promiso posible, se requería que fuese recíproco;
y eso nunca se ha verificado por parte de LuisXVI,
porque esta constitucion en la que ahora trata de
apoyarse, no ha sido nunca de su aprobacion, pro-
tescando siempre contra ella, y afanándose incesan-
temente por destruirla, no solo á fuerza de conspi-
raciones interiores, sino con el acero del enemigo
¿qué derecho tiene, pues, para escudarse con ella?


«Admitase tambien el compromiso como posi-
ble y recíproco, pero al mismo tiempo se necesita
que no sea absurdo pai a que tenga algun valor. Asi
Se concibe la inviolabilidad que se aplica á todos los
actos ostensibles, de que responde un ministro en
lugar del re y


. Para todos estos actos existe una
garantía en la responsabilidad ministerial, y la in-
violabilidad, no siendo impunidad, deja deser absur-
da. Mas para todos los actos secretos, como las tra-
mas ocultas, las inteligencias con el enemigo, y en




231- REVOLUCION
fin las traiciones, ¿hay algun ministro paraavisa
responder? Y estos últimos actos sin embar,ri
aunque los mas graves y culpables de todos, qu'e'
dallan impunes! Esto es lo que no se puede admi-tir, y hay que confesar que el re y , inv i olable pa
los actos de su administracion, ¿lela de serlo ara
los secretos y criminales que atacan á la seguridad
pública. Asi es que un diputado i nviolable por
sus funciones legislativas, y un embajador por sus
funciones diplomáticas, dejan de serlo para los he-
chos de su vida privada. La inviolabilidad tiene
sus límites, y hay puntos, stibre los cuales la per-
sona del rey deja de ser inatacable. ¿Se dirá que,
el destronamiento es la pena pronunciada contra
las alevosías de que no responde un ministro? Es-.
to es, ¿que la simple privacion del poder, seria la
única pena que se impusiese al monarca, por ha-
ber tan horriblemente abusado de él? El pueblo á
quien hubiera vendido, entregado á los filos del es.
trangero, y á todos los azotes juntos, ¿se reducirla
á, decirle: Retiraos? Justicia ilusoria seria esta; y
una nacion no puede delinquir contra sí misma,
dejando impune el delito cometido contra su exis-
tencia y libertad.


«Necesaria es, á la verdad, aiíadian los mismos
oradores, unapena conocida y comprendida en una.
ley anterior para poderla aplicar al delito. Pero
¿no hay penas ordinarias contra la traicion? estas
penas ¿no son iguales en todos los códigos? el mo-
narca ¿no estaba avisado por la moral de todos los
tiempos y lugares, de que la traicion es un delito,
y por la legislacion de todos los pueblos, que á
este crimen se le imponen los mas terribles cas-
tigos? Es necesario ademas una ley penal, un tú-


FRANtr".
bunal. Pero aqui está la nacion soberana que reu-
ne en si todos los poderes, asid de sentenciar co-
mo el formar le y


es, lo mismo el decretar la paz
que la guerra; aqui está con su omnipotencia, con
su universalidad, y no hay funcion alguna que no
sea capaz de llenar. Esta nacion la representa aho-
ra la C.onvencion con el encargo de hacer todo
cuanto sea necesario en su favor, vengarla, cons,
tituirla, y salvarla. La Conveucion es pues tribunal
competente para juzgar á Luis XVI; tiene poderes
suficientes, es el tribunal mas independiente y mas
encumbrado que un reo pueda elegir; y á menos que
no necesite partidarios b asalariados por el enemigo
paraobtener justicia, el monarca no puede desear
otros jueces. Verdaderamente han de ser tambien
los mismos sus acusadores y jueces; pero si en los
tribunales ordinarios, que por hallarse en una esfe-
ra inferior y con causas individuales y particulares
de desaciertos, se separan estas funciones, y se im-
pide que la acusacion tenga por árbitros á los que
la han sostenido, en el consejo general de la nacion,
que está colocado sobre todos los intereses, y todas
las rivalidades individuales, no son necesarias las
mismas precauciones. La nacion no puede errar; y
los diputados que la representan participan de su
infalibilidad y de sus poderes.


«Asi es, continúan los adversarios de la invio-
labilidad, que el compromiso contraido en


•791 no


absurda,
qusrecíproco, a • tes


-contenerm
además itirnaai coi luánu,ssuil_a


solo no podía ligar á la soberanía nacional, por no


todo nulo,
oenc ouad,


la
pyenpaueedseta ennucnaeuesiadrasedeá


¡o'
todos los tiempos y se halla en todas las leyes. En




REVOLUCION


cuanto al tribunal, existe en la Convencion reyes
tida de todos los poderes legislativos, ejecutivo-


-


judiciales. Estos oradores pedían, pues, con la e y
mision: que se sentenciase a Luis XV[; que lo e-
se por la Convencion nacional; que se fo rmase pe


e


"comisionados nombrados al efecto una acta espr °r
siva de los hechos que se le imputaban; que


com.:pareciese en persona para responder á ellos, o
se le concediesen abogados para su defensa, y 011inmediatamente despues de haberle oido, la`ce'o
vencion pronunciara su sentencia por votacion no-
minal.»


Los defensores de la inviolabilidad se opusie-
ron á todas estas razones, y refutaron todo el sis-
tema de sus contrarios.


«Se pretende, decian, que la nacion no ha po.
dido enagenar su soberanía, ni privarse del dere-
cho de castigar un atentado cometido contra ella
misma; que la inviolabilidad pronunciada en 1791,
no ligaba mas cine al cuerpo legislativo, y de nin-
gun modo á la nacion. Desde luego, si es cierto que
no puede enagenarselasoberanía nacional ni abste-
nerse de renovar sus leves, tambien lo es, que no
tiene poder con lo pasado; de modo que no podria
hacer que deje de verificarse lo que se ha verifica-
do; que no puede impedir que las leves dadas ten-
gan efecto; que sea absuelto aquel á quien estas
absuelvan; puede, si, declarar para lo venidero
que los monarcas no serán inviolables; pero en
cuanto á lo pasado no puede impedir que lo sean,
porque los ha declarado tales, y no puede especial-
mente evitar los compromisos con terceras perso-
nas, para quienes se convertia en mera })arte a/
tratar con ellos. Así pues, la soberanía nacional ha


2/V


podido


FRANCESA.


i li garse por algun tiempo, lo ha querido de
un modo absoluto, no solamente para el cuerpo le-
gislativo, á quien prohihia toda accion judicial,
contra el rey, sino para ella misma, porque faltaba
el objeto político de la inviolabilidad, si el trono no
estuviese fuera del alcance de todo golpe, así por
parte de las autoridades constituidas, como por la
de la misma nacion.


«En cuanto á la falta de reciprocidad en la (leen.
clon del compromiso, todo se ha previsto. Se ha
previsto la falta de fidelidad al compromiso por el
compromiso mismo. Todos los modos de faltara él
se hallan comprendidos en uno solo, el principal
de todos, cual es la guerra á la nacion, y quedan
castigados con el destronamiento, es decir, con la
disolucion del contrato existente entre la nacion y
el rey. El defecto de reciprocidad no es pues
una razon que pueda libertar a la nacion de la pro-
mesa de inviolabilidad.


«El compromiso era, pues, real y absoluto, co-
muna la nacion como al cuerpo legislativo; el de-
fecto de la reciprocidad estaba previsto y no pue-
de ser una causa de nulidad ; va á demostrarse en
fin, que en el sistema de la monarquía, este com-
promiso no era desacertado , y no puede perecer
por causa de ser un absurdo. En efecto , esta in-
violabilidad , por mas que se diga , no dejaba im-
pune ninzun crimen ; la responsabilidad ministerial
comprendía todos los actos; porque un rey no pue-
de gobernar ni conspirar sin agentes , y asi existía
siempre la justicia pública. Finalmente, estos crí-
menes secretos, distintos de los delitos patentes de
administracion, estaban previstos v castigados con
la destitueion ; porque en esta legislación , toda




ZOV REVOLCCION


falta de parte del rey, se reducia á que cesase r,sus funciones. A esto se ha replicado que la de
e
S
e-tucion no era una pena, porque no era mas


queprivacion del instrumento de que el monarca ha:bia abusado; pero en un sistema en que la persona
real debia ser inviolable, lo que mas importaba
era la severidad de la pena, sino su resultado DIlítico , el cual se lograba con la privacion del im."


• der. Ademas ¿no es una pena perder el primer tro:
no del mundo? ¿se pierde sin profundo dolor una
corona, que se halló uno al nacer en su cabeza, que
ha vivido con ella, y con ella ha sido adorado veinte
años? ¿no es igual este suplicio al de la muerte en
corazones que han latido en tan elevada gerar-
quia? Ademas de que por leve que el castigo fuese
es tal como se estipuló espresamente , y no puede
su insuficiencia ser causa legal de nulidad. Es sa-
bido en legislacion criminal, que todas las faltas de
la legislacion deben ser favorables al acusado, por-
que no se debe cargar al débil desarmado, el yerro
del poderoso. Así, pues, el compromiso demostrado
válido y absoluto, ni ngun absurdo contenia, ningu-
na impunidad quedaba en él estipulada, y la trai-
cion hallaba en él su castigo. No hay, pues, necesi-
dad de recurrir, ni al derecho natural, ni á la na-
cion, porque por una ley anterior está va la desti-
tucion pronunciada. El rey ha sufrido esta pena sin
que la pronunciase tribunal alguno, y en la única
forma posible, la de una sublevacion nacional. Des-
tronado en este momento, y fuera de toda posibili-
dad de obrar, la Francia salo puede tomar contra
él medidas de policía, medidas de seguridad. Des-


, tiérrele de su territorio para su propia seguridad,
reténgale, si se quiere hasta la paz, ó déjele que


FRANCESA• 281


en su seno vuelva á ser hombre por el ejercicio de
la vida privada , que es • todo lo que debe ha-
cer. No ea, pue ,-, necesario constituir un tribunal,
ni examinar la competencia de la Convencion . to-


do se concluyó para Luis XVI el cha 10 de agosto,porque en esta fecha dejó de ser rey, y porque en
esta lecha fué encausado, sentenciado y depuesto,
y todo se conclu y ó entre él y la nacion,»Tal era la respuesta que los partidarios de la
inviolabilidad oponían á sus contrarios. Entendien-
do como se entendía entonces á la soberanía na-
cional, sus respuestas eran victoriosas, y todas las
razones de la comision de legislacion , no eran mas
que esmerados sofismas, sin franquezay sin verdad.


Acabamos de ver lo que en la discusion regu-
lar se decia por una y otra parte ; pero aun resul-
taba otro sistema .y otra opinion de la exaltacion de
los ánimos y las pasiones. En los jacobinos, y en
los bancos de la Montaña se preguntaba si se nece-
sitaba de discusion, de sentencia, de formas en fin,
para libertarse de lo que se llamaba un tirano co-
gido con las armas en la mano , y derramando la
sangre de la nacion. Esta opinion tuvo un terrible
defensor en el O yen Saint-Just, fanático austero y
pausado, que á los veinte años pro y ectaba una so-
ciedad enteramente ideal, en donde reinase la igual-
dad absoluta, la sencillez, la austeridad y una fuer-
za ind estructible. Mucho antes del 10 'de agosto,
deliraba en lo interior de su imaginacion sombría
-por esta sociedad sobrenatural, y babia llegado en
su fanatismo, á aquel estremo de' las opiniones hu-
manas que habla adquirido Robespierre á fuerza de
odio. Inesperto en medio de la revolucion , en que
apenas se hallaba, estraño aun á todos los comba-




282 REVOLUCION
tes, á todos los errores , y á todos los crirne,
comprendido en el partido de los m ontañeses y"es,
sus violentas opiniones, encantando á los jae741.13nQr
con la audacia de su imaginacion, y cautivando
la Convencion con su talento, no habia adquir9d¿
todavía una nombradía popular. Sus ideas'


siempre; pero no siempre com prendí,das , surtian todo su efecto hasta que con lo
-Z.plagios de Robespierre se hacían mas comunes-,


mas claras y declamatorias.
Habló despues de Morisson, el mas acérrimo


defensor de la inviolabilidad, y sin emplear persa.
nalidades contra sus adversarios , porque aun no
habia tenido tiempo de contiaer enemistadesp


oerrla..
sonales, al pronto pareció que no se i ndignaba si_
no por las pequeñeces de la Asamblea,


y p


sofistería de la discusion.
«ieué, dice, vosotros, la comision y sus con-


«trarios, buscais formas para sentenciar al ex-revl
«Os esforzais en elevarle á la dignidad de ciudi-
«dallo , para encontrar leves que le sean aplica-
« bles! pues y o por el contrario digo, que el rey no
«es un ciudadano ; que debe ser juzgado como
«enemigo, que debemos combatirle en vez dejuz-
«garle: 'v que no sirviendo para nada en el con-
« trato


rl ;
une á los franceses , las formas de los


«procedimientos no existen en la ley civil, sino en
«la lev del derecho de gentes...»


Dé modo que Saint-Just no ve cuestionalgu-
na de justicia en el proceso , sino una cuestion de
guerra. «Sentenciar á un rey como á un ciudada-


no! esto, dice, asombrará á la posteridad. Sea-


Sesion del 15 de noviembre.


FRANCESA. 283


«tenciar es aplicar la ley; una ley es una relacion
«de justicia; ¿y qué relacion de justicia hay en-
tre la humanidad y los reyes?


«SoLo EL RECE° DE REINAR ES UN ATENTADO, UNA
«USURPACION QUE NADIE PUEDE ABSOLVER, QUE UN
«PUEBLO NO PUEDE SUFRIR SIN CULPA , Y CONTRA LA
«QUE TODOS LOS HOMBRES TIENEN UN DERECI1,0,1:11P—
asoNAL. NO SE PUEDE REINAR INOC EN T E-
«MENTE; es un desvarío , y debe mirarse esta
«usurpacion como miran los mismos reyes la de
«su pretendida autoridad. ¿No se procesó la me-
«moría de Cromwell por haber usurpado la auto-
ridad de Carlos 1? Pues en verdad que no era el


«uno mas usurpador que el otro; porque cuando
«un pueblo se deja dominar de tiranos , la domi-
«nacion es el derecho del primer advenedizo, y no
«es mas sagrada, ni mas legitima en la cabeza del
«uno que en la del otro.»


Pasando luego á la cuestion de las formas,
Saint-Just no ve en ella sitió nuevos é inconse-
cuentes errores. Las formas en el proceso no son
mas que hipocresía ; no es el modo de proceder
que ha justificado todas las venganzas conocidas
de los pueblos contra los reyes , sino el derecho
de la fuerza contra la fuerza...


«Se admirarán un dia, prosigue, que en el si-
glo XVIII se haya adelantado menos que en los


«tiempos de César: en aquellos , el tirano fue in-
«molado en senado pleno, sin mas formalidad que
«veinte y tres puñaladas, y sin mas lev que la liber-


tad de Roma, ¿Y hoy hemos de formar con mucha
«sumision el proceso del asesino de un pueblo,
«quien hemos cogido in fraganti...!»


Considerando la cuestion bajo otro aspecto, es-




284
REVOLUCION


traño enteramente á Luis XVI, declama Sain t ju
contra la sutileza y astucia de los entendimiento


sque dañ an, segun. 'dice á las cosas importante-:
vida de Luis XVI no es nada ; lo que le inqu ieta i-•


-


i


-•q uietaes la prueba que va á hacerse del án i mo sjueces, y la idea que van á dar de sí mismos «Los
«hombres que van á juzgar á Luis XVI tienen (Z
«fundar una república , y los que dan la menor
«importancia al justo castigo de un rey, jamássr
«pueden fundarla... Se ha manifestado Cierta in -
«certidumbre desde el informe: cada uno


acomoda
«el proceso del rey á sus miras 'particulares . los
«unos parece que temen sufrir mas tarde el casti-
«go de su denuedo; los otros no han renunciado á
«la monarquía; estos temen un ejemplo de virtud
«que llegaria á ser un vinculo de unidad...


«Todos nos juzgamos mútuamente con dema-
siado rigor , v hasta me atrevo á decir que con


«ira; no pensamos mas que en templar la energía
«del pueblo 3 de la libertad , mientras apenas
«se acusa al enemigo comun; y todo el mundo,
«bien sea por debilidad , bien por crimen, per-
«mueco indeciso antes de descargar el primer
«golpe!


«Ciudadanos, si el pueblo romano despues de
«seiscientos años de valor y ódio contra los reyes,
« y


si la gran Bretaña despues de la muerte de
«l:romwell , vieron á pesar de su energía renacer
«los reyes, ¿cuál no debe ser el temor de nuestros
«huecos ciudadanos, amigos de la libertad, viendo
«temblar el hacha en nuestras manos, y á un pue-
blo respetar, ea el primer dia de su libertad , la


«memoria de sus cadenas? ¿que república quereis
«establecer en medio de nuestras discusiones pn-


FRANCESA. 285


«vadas y de nuestras debilidades comunes?... Nun-
ca perderé de vista que la intencion con que se


«juzgue al rey, será la misma que la que se em-
«plee en establecer la república... El grado de
«vuestra filosofía en este juicio será tambien el
«vuestra libertad en la constitucion!»


Rabia, sin embargo , algunos, menos fanáticos
que Sain-Just , que se esforzaban en manifestar
relaciones mas exactas, procurando conducir á la
Asamblea á considerar las cosas bajo un punto de
vista mas propio, «Ved aqui, habia dicho Houzet
«(sesion del l 5 de noviembre) la verdadera situa-
«cion del rey en la constitucion de 1791. Estaba
«colocado en presencia de la representacion na-
«cioual para rivalizar con ella. ¿No era natural
«que quisiese recobrar lo mas que pudiera del po-
der que habla perdido? ¿no erais vosotros los


«que le habiais abierto esta lid llamándole á com-
batir en ella contra el poder legislativo? pues


«bien: en esta lid ha sido vencido, ahora se ve
«solo , desarmado, postrado á los pies de vein-
te y cinco millones de hombres : y estos vein-
te y cinco millones han de tener la inútil (laque-


«za ¿le inmolar al vencido! Por otra parte, añadia
«Rouzet, esta eterna tendencia á dominar, tenden-
cia que abriga el corazon del hombre , ¿no la


«habitt reprimido Luis XVI en el suvo, mas que
«ningun otro soberano del mundo? ¿no hizo en
«1789 un sacrificio voluntario de parte de su au-
toridad? ¿no renunció parte de los derechos que


«sus antecesores hablan ejercido? ¿no abolió la es-
clavitud en sus dominios? ¿no dió parte en sus
«consejos á ministros filósofos, y aun á los empi-
«ricos que la voz pública le señalaba?¿no convocó




9.86
REVOLUCION


«los Estados generales v dió al tercer Estamento
«parte de sus derechos?»


Faure, diputado del Sena-Inferior, Babia
-3°:-trado aun mas atrevimiento. Recordando la °:-ducta Luls XVI, se habla atrevido á renova"Zmemoria. «La voluntad del pueblo , dijo , hubre;


«podido eusañarse con T
i


to lo mismo que con Ne-
«ron ; y hubieran podido l'ana l


le crímenes,
«que no hubiesen sido mas que los co metidos d e_
«lante de Jerusalen. Pero , ¿cuáles son los que
« imputáis á Luis XVI? Yo he prestaduoetloaddaeluit.


i«atencion á los documentos que contra él se han
«leido, v no he h liado en todos mas g
«lidad de un hombre, que camina en pos de las
«esperanzas que le infunden de que recobrará so
«pasada autoridad; y sostengo que todos los mo-
«narcas muertos en su lecho , han sido mas md-
«pables que él. Aun el mismo buen Luis XII, al
«sacrificar en Italia por resentimiento particular
«cincuenta mil franceses , fue mil veces mas cri-
« minall Lista civil , veto , eleccion de sus minis-
«tros , mugeres , parientes , palaciegos, lié aqui
«los seductores de Capetol y qué seductores! Yo
«invoco á Aristides y á Epicteto , que me digan si
«sometieron su firmeza á tales pruebas. Yo fundo
«mis principios ó mis errores en el corazon de los
«débiles mortales. Elevaos, pues, vosotros á la
«grandeza de una soberanía nacional , y concebid
«todo lo magnánimo que puede comprender en sí
«un poder semejante. Llamad á Luis XVI, no eci.
amo a un culpable , sino como á un francés, y de-
«cidle los que en otro tiempo te levantaron sobre
«el pavés y te nombraron su rey, hov te deponen:
«prometiste ser su padre y no lo fuiste




pues


FRANCESA• 287


«repara
con tus virtudes como ciudadano la con-


"
bela que has tenido como rey.»


En la estraordinaria exaltacion de los ánimos,
cada uno veia la cuestion bajo diferente punto.
Fauche t , aquel sacerdote constitucional que sehizo célebre en 1789 por haber usado en el púlpi-
to del lenguage de la revolucion, habla pregunta-
do si la sociedad tenia derecho de pronunciar la
pena de muerte. «La sociedad, dijo , ¿tiene de-
«recho para arrancar á un hombre la vida que no
«le ha dado? Es verdad que aquella debe conser-
varse, ¿pero lo es asimismo que no puede lograr-


«lo sino con la muerte del culpable? y si puede
«conseguirlo por otros medios ¿no tiene derecho
«á emplearlos? Esta verdad es aplicable en esta
«causa mas que en otra alguna. Pues qué ¿vais á
«inmolar á Luis XVI por el interés público, y por-
que se consolide la república naciente? y su fa-
«milla toda , ¿ha de sucumbir al mismo golpe que
«contra él se aseste? segun el sistema de herencia,
«ano sucede un re y inmediatamente á otro? ¿po-
«deis extinguir con la muerte de Luis XVI los dere-
chos que toda una familia cree haber recibido


«por una posesion de muchos siglos? luego es in-
«util la destruccion de un solo individuo. Por el
«contrario, dejad que viva la cabeza actual que
«impide todo acceso á los dcmas : dejadle existir
«entre el Odio que inspira á todos los aristócratas
«por sus incertidumbres y concesiones , dejadle
«existir con su reputaciones


de debilidad , con el
«envilecimiento de su caida, v tendreis que te-


merle menos que á ningun otro. Dejad á este rey
• Sesion del 43 de noviembre.




11EVOLCCION


«destronado que recorra la vasta estension de ucv s
«Ira república sin aquella ostentosa comitiva que
«le rodeaba, probad cuán poco vale un rey re d'


us
--


«cido á sí mismo, manifestad un profundo'desp-e
«cio al recuerdo de lo que fué , y este recuerdo-«no será ya temible ; y habreis dado en ello un
«leccion sublime á los hombres, y hec ho ')or l a«república, su seguridad y su instruccion t


mas
«que si derramaseis la sangre que no os pehene
«ce. En cuanto al hijo de Luis XVI , añade Fall:
«chef , si llega á ser hombre, haremos de él un
«ciudadano como el jóven Igualdad. Co mbatirá por
«la república, y no podremos temer que ni siquie.
«ra un soldado de la libertad le ayude nunca , en
«el caso de que concibiese la locura de ser traidor
«á la patria. Probemos asi á los pueblos que no
«tememos nada; obliguémoslos á que nos imiten;
«que todos juntos formen un congreso europeo,
«depongan á sus soberanos , y manden á esos EÑ.
«TES RUINES á que arrastren su obscura vida
«por la estension de las repúblicas, dándoles es-
«casas pensiones , porque esos hombres están tan
«faltos de facultades , que la misma necesidad no
«les enseñaria á ganarse el pan. Dad este grande
«ejemplo de la abolicion de una pena bárbara. Su-
«primid este inicuo medio de la efusion de san-
«gre , y curad sobre todo al pueblo de esa sed de
«verterla que le consume. Procurad apagar en él
«ese fuego que encienden algunos hombres per-
«versos , para ocasionar con él la ruina de la re-
«pública. Pensad que hay fieras aun que os piden
«ciento cincuenta mil cabezas, y que despues de
«haberles concedido la del re y cesante, no les po-
«dreis ya negar ninguna, Evitad crímenes que


FItANCES1• 289


«conmoverian por algun tiempo los cimientos de
«la república , desacreditariaponn la libertad , entor-
«pecerian su marcha, y
«midad de la dicha del mundo!»


se odrian a la proxi-


Duró esta discusion desde el 13 al 30 de no-
viembre , escitando una agitacion general. Aque-
llos cuya imaginacion no estaba aun muy alterada
por el nuevo órden de cosas, que conservaban to-
davía recuerdos de 1789 , de la probidad del mo-
narca y del amor que le tenian, no podian figurar-
se que este rey , transformado de repente en tira-
no , fuese condenado al cadalso. Aun admitiendo
sus inteligencias con los estrangeros atribuian es-
te error á su debilidad , á sus consejeros , á la in-
vencible aficion con que se mira el poder heredi-
tario ; y ni podian sufrir la idea de un infame su-
plicio. No se atrevian, sin embargo, á tomar abier-
tamente la defensa de Luis XVI, porque el reciente
peligro á que nos había espuesto la invasion de
los prusianos, y la opinion generalmente esparci-
da de que la córte era la causa oculta de la inva-
sion por nuestras fronteras , habian despertado
una desesperacion de que era blanco el desdicha-
do monarca y contra la cual nadie osaba pronun-
ciarse. Contentábanse con oponerse en general á
los que pedian venganza; se les pintaba como pro-
movedores de los desórdenes , como setembristas
que querian sumergir á la Francia entre sangre y
ruinas v sin defender espresamente á Luis XVI
se imploraba moderacion con los enemigos venci-
dos. Se recomendaba la desconfianza contra una:
energía hipócrita, que fingiendo defender la repú-
blica con suplicios , solo intentaba tiranizarla con
el terror y comprometerla con la Europa. Los gi-


Biblioteca popular.
T. II. 414




i290
REVO.LUCION


rondinos no habian tomado aun la palabra, p retera,diendo adi vinarsus opiniones, puesto que nosecoa
-'


0'
"ocian, v la Montaña, para tener pretesto deacusarins


decia que quedan salvar á Luis XVI. Sin embarco,
se hallaban indecisos en esta causa, pues por
parte negaban la inviolabilidad y miraban á


LuisXVI corno eón) pliee de la invasionestrangera,
otra conmovidos á la vista de tan trágico infOrtu..


-nio, y dispuestos siempre á contrarestar el furor
sus adversarios, no sabían que partido tomar


guardando un silencio amenazador y equivoco.
, Otracuestion agitaba al mismo tiempo losaohnos


produciendo no menos.
inquietud que al precedente;


tal era la de Icis abastos, que habian sidomucha cau-
sa de discordia en todas las épocas dela revolucion.


Ya hemos visto cuantas penas é inquietudes
habian causado á Bailiy y - á


Necker al -principio
de 1789; mayores dificultades se presentaban to
dasia, acomp.añadas:de movimientos muy temibles
á.últimos de 1792. La suspension del comercio en
todos los objetos que no son de primera necesidad,
puede hacer algun perjuicio á la industria é influir
mas : 6 menos pronto en las clases menesterosas;
pero •cuando falta el trigo, que es el primer ali-
mento, se siguen inmediatamente los motines y eldesórden. Por esto la antigua policía habia com-
prendido en el número de sus atribuciones, elcui•
dado de los abastos como uno de los objetos que
mas interesan á la tranquilidad pública.


-No faltaban trigos en •792; pero se habia re-
tardado la cosecha por causa de la estacion, y ade-
mas la trillase hallaba tambien suspensa por falta
de -brazos. Otra era sin embargo la principal cau-
sa de la carestía. len 4712, lo mismo que en 4789,


FRANCESA. 991


la falta de seguridad, el temor á los robos en los
caminos,las tropelías en los mercados, retraianá los labra'dores de acudir con sus comestibles. Se
había clamado contra el monopolio , y principal-
mente contra -los labradores ricos que llamaban
aristócratas, y cuyas propiedades demasiado gran-
des , segun decian, debían dividirse. Cuanto mas
se irritaban contra ellos, menos dispuestos estaban
á presentarse en los mercados, v aumentaban mas
la carestía , á la que habian tambien contribuido
los asignados. Muchos labradores, que solo ven-
dian para atesorar, no querian llenarse de papel
variable, y preferian conservar sus granos; y co-
mo por otra parte, el trigo escaseaba cada dia , al
paso que abundaban mas los asignados, la despro-
norcion entre el signo y la especie se iba hacien-
do mas sensible , y la carestía se acrecentaba en
la misma proporcion. Por un accidente comun en
todas las carestías, el temor h .abia alarmado la
prevision , y todos querian hacer abastos, porque
las fainilias,•los Xyuntarnientos yel gobierno ha-
cían compras considerables, y así los géneros es-
caseaban mucho mas, y se habian mas caros. En
Paris,-especialmente el K ∎ untamiento, incurria en
,un error muy grave y mu y antiguo, que era el de
oomprar los trigos en los departamentos vecinos v
venderlos á menos precio con el doble objeto de
remediar al pueblo , v de ganarse su afecto. De
aqui resultaba que los tratantes, arruinados con
la competencia, se retiraban del mercado , y la
gente del campo, atraida por el poco precio, se lle-
vaba parte de los alimeu tos reunidos á fuerza de
gastos por la,policía; providencias mu y dañosas,
inspiradas por falsas ideas de economía




y por una




292 REVOLUCION
escesiva ambicion de popularidad, que arruinaban
el comercio necesario, sobre todo en Paris , dondeen un pequeño espacio deben acumularse


mas catidad de granos que en otra ninguna parte. Las.art causas de la carestía eran por lo tanto infinitas.
primero el terror de los labradores que se alejaban
de los mercados, despues la subida de precio njo_
tirada por los asignados, el empeño de hacer pro-
visiones, y finalmente la intervencion del Ay unta-miento de Paris que perjudicaba al c omercio con
su poderosa concurrencia.


En semejantes apuros , fácil es adivinar qué
partido tomariaa las dos clases de hombres que se
disputaban el mando de la Francia. Los ánimos
violentos que hasta entonces hablan querido su-
primir toda oposicion destruyendo á los oposito-
res;


los que para evitar las conspiraciones hablan
sacrificado á cuantos tenian por enemigos suyos,
semejantes hombres no hallaban para poner 'tér-
mino á la carestía sino el medio de s iempre, lafuerza. Querían que se sacase á los l abradores de
su inercia, que se les obligase á ir á los mercados;
que se les forzase en ellos á vender sus los al
precio que fijara el Ayuntamiento; que los granos
no se sacasen de sus sitios, ni se acopiasen en los
graneros de los que llamaban monopolistas, de mo-
do que exigian la presencia forzada de los tratan-
tes en los mercados, la tasa ó máximum de los pre-
cios, la prollibicion de toda circulacion , y en fin
la obediencia del comercio á sus deseos, no por el
comun atractivo de la ganancia, sino por el temor
de los castigos y de la muerte.


Los que eran moderados, deseaban por el con-
trarie que sc dejase al comercio recobrar su bu,


FRANCESA. 293


pulso,
disipando los temores de los labradores,


d ejándole s libres para que fijasen los precios,ofreciéndoles el atractivo de un cambio seguro y
ventajoso, y permitiendo la circulacion de un de-
partamen to á otro, para poder socorrer á los que
no producian trigo. Proscribian tambien la tasa,las prohibiciones de todo género, y reclamaban con
los economistas la libertad absoluta del comercio
de los granos por toda la Francia. Segun el dicta-
men de l3arharoux, bastante ilustrado en estas ma-
terias, pedian que la esportacion al estrangero se
sometiese á un derecho que se aumentaria cuan-
do se alzasen los precios, y que baria mas difícil la
salida, cuando fuese mas necesario el comestible.
No admitian intervencion administrativa sino para
el establecimiento de ciertos mercados, destinados
á casos estraordinarios, y no quedan se emplease
la severidad, sino contra los perturbadores que
violentasen los graneros en los caminos ó en íos
mercados, v se oponían al uso de los castigos con
respecto arcomercio, porque si el temor es un
medio de reprension, nunca lo es de accion, para-
lizando y no animando nunca á los hombres.


Cuando un partido se hace dueño de un estado,
se constituye gobierno y al punto concibe los de-
seos y cae en las preocupaciones comunes á todo
gobierno, queriendo llevar adelante su sistema á
todo trance y emplear la fuerza como remedio uni-
versal. Por ésto, los amigos ardientes de la liber-
tad, miraban con predileccion los sistemas prohi-
bitivos v tenían por enemigos su yos á todos aque-
llos qué mas moderados, no solo querian la libertad
én el objeto, sino tambien en los medios, y recla-
maban seguridad hasta para sus mismos enemigos,




294 REVOLUCIOY


lentitud en las formalidades de la justicia, p liber.,
tad absoluta de comercio.


Los girondinos ponderaban todos los sistemas
imaginados por los ánimos especulativos contra la
tiranía administrativa ; pero estos nuevos eeono
mistas, en vez de dar como en otro tiempo con un
gobierno avergonzado de si mismo y á quien
siempre condenaba la opinion, se hallaban con unoshombres preocupados con la idea de la salvación
pública , que creían que la fuerza empleada con
este objeto , era la energía del bien.


Esta discusion daba lugar á otro asunto de
b
.vra-


ves reconvenciones : Roland acusaba diariamente
al Ayuntamiento de que especulaba con los abas-
tos, Y de que los hacia encarecer en Paris, reba-
jando los precios por una vana ambicion de popu-
laridad; pero los montañeses contestaban á Roland,
acusándole de que él tambien negociaba con las.
grandes sumas afectas á su ministerio para la
compra de granos, de que era el primer monopo-
lista, c de que se constituia en verdadero dictador
de la hrancra , apoderándose de los abastos.


Mientras se discutia este asunto en la Asam-
blea , en ciertos departamentos se sublevaban los
ánimos, particularmente en el de Eure • et-Loir.
Los campesinos incitados por la falta de pan y por
las instigaciones de los curas, culpaban á la Con-
vencion de que era la causa de todos los males , y
mientras se quejaban de que esta no queda tasar
los granos, la acusaba al propio tiempo de que
queda destruir la religion. Cambón , fué el autor
de este último cargo. Afecto á las economías que .
no fuesen relativas á la guerra , Babia anunciado
que se suprimirian los gastos del culto , y que tos


FRANGESA•
9.95


sub le
qutsieran misa la pagasen. De.


modo , que los
vados no cesaban de decir que estaba perdida


la religió n
, y por una contradictor singular cul-


paban a la Convención, por una parte , de lo mo-
derada que andaba en materia de abastos,


y por
otra »le la violencia respecto al culto. Dos indivi-
duos enviados por la Asamblea , se hallaron en las
cercanías de' Courville con algunos millares de
paisanos armados de horquillas y escopetas, y se
vieron obligados , so pena de quedar asesinados, á'
firmar la tasa de los granos. Consintieron en ella,


la Convencion lo desaprobó, declarando que hu-
bieran debido morir , aboliendo la tasa que habian
firmado , y enviando fuerza armada para desvane-
cer esta reunion. Asi empezaron las turbulencias
del Oeste, por la miseria v por el amor al culto.


La Asamblea declaró, a propuesta de Danton,
para calmar al pueblo del Oeste , que no era SR
ánimo abolir la religion , pero insistió en rechazar
el Mar . Incontrastable


asi enmedio de la tor-
menta , y conservando la suficiente libertad de
ánimo , fa mayoría convenciona l se declaraba por
el libre comercio contra los sistemas prohibitivos;.
y si se vuelve la vista á lo que aeontecia en los
ejércitos,-en las administraciones, y en el proceso,
de Luis XVI , se vera un terrible y singular espec-
táculo. Los hombres ardientes se arrebatan y quie-
ren reorganizar enteramente los ejércitos v las ad-
ministraciones para separar á los pocos decididos ó,
sospechosos ; quieren desplegar la fuerza colar&
el comercio para que éste no se paralice , y tomar-
terribles venganzas para intimidar á los enemigos.
Por el contrario , los hombres templados temen
desorganizar los ejércitos renovándolos , aniquilar




296
ItEVOLUCION


el comercio , usando con él de f
uerza, y exasperar


arlo se obstiilr-
los ánimos valiéndose del terror ; pero sus ad,
sanos se irritan de sus temores ,
mucho mas en su proyecto de renov, fo rzaraI ny castigarlo todo. Tal era el espectáculo'


«-cia en este momento el lado izquierdo
derecho de la Convencion.


La sesion del 31(3 habia sido muy acalorada porlas quejas de Roland contra los errores del Aviin
t armenio en materia de abastos, v por el inrome
de los comisionados enviados al departamento deEure-et-Loir. Al empezar la narracion de sus ma-
les , todos los recuerdos se agolpan á la vez; por
una parte, se habian traido á la memoria los ase-
sinatos , los escritos incendiarios ; por otra las in-certidumbres , los restos de amor al trono , y los
entorpecimientos que se oponian á la venganza
nacional. Marat habia hablado y escitado un des-
Orden general; enmedio del murmullo toma la pa-
labra Robespierre, y propone un medio mas Pode-
roso que todos los domas para restablecer el sosiego
publico, medio que hará recobrar á la Asamblea la
imparcialidad V la union , y que confundirá á los
enemigos de lá'


Convencion nacional, imponiendo
silencio á todos los folletistas y á los autores de
pasquines, desacreditando sus calumnias.


—¿Y cuál
es, preguntan , cuál es ese medio 7--Ilobespierre
responde: «El condenar mañana al tirano de los
«franceses á la pena de sus crímenes, destruyendo
«con él el foco de todos los conspiradores. Pasado
.«mañana discutireis los abastos, y al dia siguiente
.«.fijareis las bases de una constitucion libre.»


Este modo enfático á la vez, y astuto de anun-
ciar los medios de salvacion , y de fijarlos en una


297
FRAIICESA.


medida cc mbatida por el lado derelicelal ros,e
esxoablrteó


la
los girondinos , obligándolos á esp


n cuestio n del proceso, «liablais del rey , dice


-;B
rauzot ; la causa de las turbulencias está en los


«que querrían reemplazarle. Cuando sea tiempo de
«esplicarse sobre su suerte , lo haré con la severi-
«dad que merece , pero ahora no se trata de esto,
«sino de las turbulencias originadas por la


ata
; y la anarquia viene de no ejecutar las le-


«yes. Esta falta durará mientras la Convencion no


«haga nada para restablecer el Orden.» Legendre
reemplaza luego á Buzot; amonesta r sus cólegas
que se dejen de personalidades, y no se ocupen
sino de la causa pública y de las sediciones , cuyo
único objeto es salvar al rey , las cuales cesaran
cuando deje de existir este. Propone, pues , á la
Asamblea , que mande dejar sobre la mesa las opi-
niones preparadas va sobre el proceso , que se
impriman y distribuyan entre todos sus individuos,
decidiéndose despues si Luis XVI debe ser senten-
ciado, sin perder el tiempo en oir largos discursos.
Juan-Bon-Saint-André añade, que no hay necesi-
dad de estas cuestiones preliminares , y que solo
se trata de pronunciar inmediatamente la senten-
cia y forma del suplicio. La Convencion decreta
por fin la proposicion de Le


b
.. yLegendre, la impresion


de todos los discursos , fijándose la discusion para
el dia 3 de diciembre.


Llegado este , reclaman todos la encausacion,
el pormenor del auto, y la determinacion de las
formalidades con que debe instruirse el proceso.
Pide la palabra Robespierre , y aunque se habla
decidido que se imprimirían, y no serian leidas to-
das las opiniones , logra que le escuchen porque




298 REVOLU01011-
iba á hablar no del proceso sino con tra el procesosnmismo, y á favor de una condenacion sin juicio.


Sostiene que instruir una causa es entablar u
nadiscusion ; y que consentir esta, es consentir


una duda y aun en una solucion favorable al acusea
sado. Poner en duda el crimen de Luis XVI ea
acusar á los parisienses, á los confederados fi


-


nalmente á todos los patriotas , que han hecho
revolucion del 10 de agosto , es absolver al rey á
los aristócratas, á las potencias estrangeras v á sus
manifiestos; es declarar en una palabra inocente altrono y culpable á la república.


«Véase siuo , continúa Robespierre , qué osa-
«día han adquirido los enemigos de la libertad,
«desde que haheis propuesto esta duda! Ea el
«mes de agosto último los partidarios de! rey an-
daban encubiertos, pues cualquiera que se hu-
biese atrevido á hacer la apología, hubiera sido


«castigado como un traidor. Itoy alzan ya descui-
«dados su insolente cabeza; hoy Paris y los de-
« parlamentos están plagados de desvergonzados es
«critos; y varios hombres armados y traídos aqui
«sin vuestro consentimientocontra las leves han
«aturdido la capital con gritos sediciosos, pidien-
do la impunidad de Luis. Solo os resta abrir


«este recinto á los que anhelan la dicha de defen-
derlo 1 qué digo ? ho y


, hoy mismo divide ese
«Borbon á los mandatarios del pueblo ! Se habla
«en favor v en contra su ya! Dos meses hace ¿quién
«hubiera Podido sospechar que se suscitase aqui la.
«cuestion de si es inviolable ? pero añade Robes-
«pierre, desde que el ciudadano Petion ha presea-
«lado como una cuestion grave y que debia tratar-
«se aparte, la de saber si podia el rey ser senten-


rrr FRANCESA: 299:
«ciado,an


han vuelto á germinar- aqui doctrinas de la
«Asamblea constituyente. Oh crimen! Oh oíd




( za l En la .
tribuna del pueblo francés se ha °ido el


«panegírico de Luis XVI!!! Y hemos escuchAo
«nosotros, ensalzar las virtudes v los beneficios del-.
«tirano 111 Mientras nos ha costado el mayor tra-
bajo libertar á los mejores ciudadanos ladeca


la injus
del


«licia de una precipitada decision, ¿solo usa
«.TIRANO es de tal manera sagrada que no puede
«ser suficiente ni librementediscutida? Si creemos á
«sus apologistas, el proceso durará muchos meses,
«y se prolongará hasta la próxima primavera enque
«deben darnos los déspotas un ataque general, Qué-


«carrera
abierta á los conspiradores ! ¡Qué estima-


«lo dado á la intriga y á la aristocracia!
«Justo cielo! las hordas feroces del despotismo


«sepreparan nuevamente á desgarra r el seno de
«nuestra patria en nombre de Luis XVII Todavía
«Luis combate contra nosotros desde su oscu-
ro calabozo, y se duda si es permitido tratarle co-
mo enemigol Preguntan cuáles son las leyes que


«le condenan, é invocan en favor su y o la constitu-
«cion 1... La constitucion os prohibía lo que haheis
«hecho ; si no debía tener mas castigo que la des-
«titucion , no podiais pronunciarlo sin haber ins-
,,,truido su proceso ; no teniais derecho para man-
«tenerle en prision : él tiene el de pedir daños y
«perjuicios y su libertad : la constitucion os con-
dena, id llos pies de Luis á invocar su ciernen-


ceialiEstass esclarnaciories llenas de hiel , que nada
añadían á lo que Saint-Just habia va dicho , pro-
dujeron no obstante una profunda sensacion en la
Asamblea, que trató de resolver sin levantar la se-




300 REVOLLCION
sion. Ilabia pedido Robespierre que se


sentencias„inmediatamente; pero á pesar de esto , petionu
otros varios individuos se obstinaron en su prop-s1


segun ellos ; un preliminar indispensable, por mur
'


se ordenase á lo menos la encausación, porque ela°'


dimiento. Robespierre quiere hablar aun,
cha rapidez con que se quisiera. llevar este proceu-


cion, de que antes de fijarlas formalidades deljuie'


v pareceque pide la palabra ; pero su insolencia 'Proclueee
únicamente irritacion, y se le niega la tribuna.


LaAsamblea da finalmente el siguiente d ecreto:
-


«La Convencion nacional declara que Luis XII
será sentenciado por ella.» (3 de diciembre.)


El 4 se ponen á. discusion las formalidades del
proceso. Buzot, que habia oido hablar mucho de
realismo , pide la palabra para una propuesta deOrden, y á lin de alejar, dice, toda sospecha, pide
la pena de muerte contra todo el que proponga en
Francia el restablecimiento del trono. Estos. sonlos medios que frecuentemente adoptan los parti-
dos para probar que no son capaces de lo que se
les acusa. La proposicion, aunque inútil , es reci-
bida con muchos aplausos : pero los montañeses,
que segun su sistema no hubieran debido impe-
dirla, se oponen á ella enojados, y Bazire pide im-
pugnarla. Gritan que se vote! que se vote! Philipeaux,
uniéndose á Bazire , propone no hablar sino de
Luis XVI, v estar en sesion permanente hasta que
se le haya sentenciado. Pregúntase entonces , qué
interés anima á los opositores para rechazar la
proposicion de Buzot , porque no hay nadie que
pueda temer el restablecimiento del trono, y Le-
gendre contesta que es volver á poner en cuestion
lo que ya se ha decidido, aboliendo la potestad


FRANCESA. 301


real. «Pero , dice Rew bel , se trata de añadir una
«disposicion penal al decreto de abolicion , y esto
„no es poner en cuestiou una cosa ya detretada.»
Media, menos diestro que sus predecesores, quiere
una enmienda, y propone una escepcion á la aph-
cacion de la pena de muerte , en el caso de que se
propusiera en las Asambleas primarias restablecer
el solio.—A estas palabras se alzan mii voces por
todas partes. Ya está, dicen, aclarado el misterio!
Se quiere un rey, pero salido de las Asambleas pri-
marias, de las Asambleas que dieron origen á Ma-
rat , á Robespierre y á Danton 1—Merlín intenta
justificarse, diciendo que ha querido honrar la so-
beranía del pueblo, pero le imponen silencio, tra-
tándole de realista , y proponiendo se le llame al
órden. Entonces Guadet, con la mala fé que á ve-
ces inspira á los hombres mas bien en una discu-
sion enconada , sostiene que es necesario respetar
la libertad de las opiniones , á la cual se debe el
descubrimiento de un secreto importante, que ma-
nifiesta el principio de una gran conjuracion.—
«La Asamblea, dice, no debe sentir haber oido
esta enmienda, revela que un nuevo despotismo
vá á suceder al despotismo destruido ; y se de-
ben dar gracias á Media , lejos de llamarle al
órden.» Una esplosion de murmullos no dejó oir la
voz de Guadet. Bazire, Merlin y Robespierre cla-
man contra la calumnia; es cierto que la recon-
vencion de querer sustituir un rey plebe yo al
destronado, era tan absurda como la del federalis-
mo, que se atribula á los girondinos. La Asamblea
decretó por fin la pena de muerte contra todo elque
quisiera restablecer el trono en Francia, cualquiera
que fuese su denominacion.




302 RE-VOLUCICiN
Llegan á las fórmulas del:proceso,




i
y á la posicion de una sesiou pe rmanente. rinbesnPO n


pide de nuevo que se pronuncie inmediata'
nr,I:nrr,ela sentencia, y Petion triunfante aun con el


de la mayoría hace se decida que la s esion n<0's72.permanente, ni instantánea la sentencia, si
" clue . 1Asamblea se ocupará diariamente de ella, susn,„a


diendo los domas asuntos, desde las


011oc, ter o sd re ;sla-


mañana hasta las seis de la tarde.
• * Los dias siguientes se emplearon en leer
papeles hallados en casa de Laporte, y


,contrados posteriormente en el palacio, en In ar,
mario secreto que el rey habla mandado h acer euel grueso desuna pared. La puerta era de hierro
Y por esto se conoció despees con el nombre de
rnwrio de hierro. El operario que le habla cons-


Unido lo dclató4 Roland, que deseoso de compro.
'bar el hecho, cometió la imprudencia de p
aquel lugar con la mayor precipitacion, sin llevar
á ningun testigo de la Asamblea; lo cual dió mar-
gen á que sus enemigos dijesen que habiau sus-
traido parte de los papeles. Roland halló todos los
documentos relativos á las comunicaciones de la
córte con los emigrados y con varios individuos de
las Asambleas. Quedaron entonces patentes las
transacciones de Mirabeau; v ya iba á proscribirse
ha memoriadel grande orado'r, :• uando á propuesta
de Manuel, su admirador apasionado, se encargó
á la comision de iustruccion pública , examinase
Mejor estos documentos.* Despees se nombró una


Esta .revelacion se hizo en la sesion del 5 de diciernbre.Quí-
cose hacer pedazos inmediatamente el btisto de Mirabean, loza'
dando que se sacasen sus cenizas del panteon: pero se contenta-
ron aquel dia con cubrir el busto con un .1relo.


TRANCESA • 103
segun estos documentos, una


comision para hacer, s e imputaban á
,úta espresiva de los hechos que s




d


Luis XVI , cu y a a
cta una vez redacta la , debla


quedar aproa-da
por la Asamblea. Luis XVI de-


bla compare
b
cer en la barra de la Convencion para


ser preguntado por el presidente en cada articulo
del acta; y despees de su comparecencia , se le
otorgaban dos días para defenderse, y al siguientede su defensa , debla pronunciarse por votacion
nominal la sentencia . El poder ejecutivo estaba
encargado de tomar todas las providencias necesa-
rias, á tin de asegurar la tranquilidad pública du–
rante la traslacion del rey á la Asamblea. Estas
disposiciones se decretaron el 9.


El 10 se presentó el acta á la Asamblea , y se
acordó para el siguiente 11 de diciembre, la com-


parecencia del rey cesanteIba pues estedesdichado:á presentarse ante la
Convencion nacional, y a sufrir.en ella un interro-
gatorio sobre todos los actos de su reinado. La no-
ticia del proceso y órden de comparecencia había
llegado hasta Clerv por los ocultos medios de cor-
respondencia , que se habla proporcionado á la
parte de afuera, y la trasmitió lleno de sentimien-
to á esta triste familia. No atreviéndose á darla al
rey mismo, la participó .á madama Isabel , comu-
nicándola ademas, de que durante el proceso , el
Ayuntamiento babia resuelto separar á L uis de su
familia. Convino con la princesa en un medio de
correspondencia durante esta separacion ; el cual
consistia en enviar un pañuelo, que Clerv encar,-


tgado de permanecer al lado del rey , deberla remi-ir á las princesas en caso de sentirse malo Luis XVI;
única cosa qne los desdichados prisioneros tenia




30.1 IIEVOLUCION
que comunicarse unos á otros. El rey supo


Porhermana su próxima comparecencia , y la
separacion que tema que sufrir mientras el proceso-


cibiendo esta noticia con perfecta resina
aciónre;preparándose á llevar con firmeza tan dolorosa es


cena.
Había mandado el Ayuntamiento el (ha


.11 Darla mañana, estuviesen en sesion todos los cuerpos
administrativos, que se armasen todas las secci


°


_nes, que se aumentase la guardia de todos los si_
tíos públicos, cajas, depósitos; etc. con doscientos
hombres cada uno; que se colocasen fuertes rete-
nes en diversos puntos con suficiente artil lería, yque acompañase al carruage una escogida
col ta


Desde el din 11 por la mañana anunció la ge_
nerala en Paris esta escena tan triste como nueva.
El Temple se hallaba rodeado de multitud de tro-
pas, y el estrépito de las armas y caballos llega-
ba hasta los prisioneros, que litigian ignorar la
causa de la agitacion. A las nueve de la mañana
acudió segun costumbre al cuarto del rey la fami-
lia para almorzar juntos , y los empleados del
Ayuntamiento, mas vigilantes que nunca, estor-
baban can su presencia el menor desahogo , hasta
que por fin, se les separó. Pidió el rey en vano que
se le dejase algunos momentos mas á su hijo; pero
á pesar de su súplica, se llevaron al niño, y
quedó solo cerca de dos horas. Entonces llegaron
el corregidor de Paris y el procurador del Avun-
tamiento, y le participaron la sentencia de la Con-
vencion, que le llamaba á su barra bajo el nombre
de Luis Capeto.—iCapeto, dijo el p r íncipe, el so-
brenombre de uno de mis antepasados, pero no el


FRANCESA. 305


m ío: se levantó en seguida y se dirigió al coiclinedel corregidor, que le esperaba, y que cerca
seiscientos hombres escogidos. El. carruage iba
precedido de tres piezas de artillería, y seguido de
otras tantas, formando su vanguardia y retaguar-
dia bastante caballería. Inmensa y silenciosa mut,
titud contemplaba aquel triste acompañamiento,y sufria aquella violencia, como }labia sufrido por
tanto tiempo las del antiguo gobierno. Gritaron
algunos pero fueron pocos; el príncipe no se alteró,.


se distrajo tranquilamente con los objetos que se
le °Recluía en el camino. Luego que llegaron. á losfuldenses, le dejaron en una sala esperando las ór-
denes de la Asamblea.


Diversas propuestas se hacian entretanto so-.
bre el modo de recibir á Luis XVI, y entre otras
que no se diese nidos á peticion alguna, que nin-
gen diputado pudiese tomar la palabra, y quenose
pudiera hacer al rey señal ninguna de aprobacion


desaprobacion. «Es preciso, dijo Legendre,.inti-
midarle con el silencio de los sepulcros.» Crueles
espresiones que se condenaron por un murmullo.
Defermont pidió se colocase una silla para el reo,
y la proposiciou se halló tan acertada, que no se
puso á votacion, y se colocó una silla en la barra.
Llevado de una ridícula vanidad, propuso Manuel
se discutiese la cuestion del Orden del dia , para
que no pareciese se trataba solo del re y , debiendo,
añadió , hacerle esperar á la puerta. Pusiéronse
pues á discutir una ley sobre los emigrados.


Anuncia Santerre én fin la llegada ele Luis ÑVI.
El presidente es Barrere, el cual dice: «Ciudada-
«nos , la Europa os contempla : la 'posteridad os
«juzgarácon severidad inflexible; conservad; pues,


Biblioleca popular. T. II. 411




306 REVOLUCION
«la dignidad y rectitud propias de los jueces „
«daos del terrible silencio que acom p añó • ,‘


a Luis
«cuando se le trajo de Varennes.»


A. las dos y media se preseatO Luis en la h1,,
fl su lado iban el corregidor v los generales


Santerre y Wittengoff. lin profundo s ilencio re¡_
naba en la Asamblea. La dignidad de Luis'y


sutranquila presencia en tamaño infortunio coninue.
en á todos , y especialmente á los diputados


delcentro. Los girondinos sienten un intimo cincr
necimiento, y Saint-Just, Robespierre y ?dant co:
nuen que se debilita su fanatismo, y se admiran
de hallar un hombre en el rey, cuyo suplicio piden


—Sentaos, dice Ilarrere á Luis, y responded
las preguntas que se os van á dirigir. Luis se sien
ta,


.
todas


v oye la lectura del acta, articulo por articulo
En 'ella se le recordaban y hacian personales


Rías faltas de la córte: se le reconvenía par la in-
-terrupcion de las sesiones en 20 de junio de 1789'
-por la residencia regia de 23 del mismo , por la
conspiracion aristocrática, quo desvaneció la in-
surreccion del 11 de julio, por la francachela de
los guardias de corps, por ios ultrages !lechosa la
escarapela nacional, ptar la negativa á sancionarla


,:doclaracion de los derechos, asi como los diversos
-artículos de la constitucion, v en lin por todos los
hechosque manifestaban ea octu;;re una nueva mías-
piracion á que se siguieron las escenas del y 6, los
discursos de reconciliaciun despues de todas estas
,ocenas que prometian un arre p entimiento que no
era sincero, el juramento falso, prestado á la con-
federacion del 1.1 de julio, las tramas urdidas por
Talon y »rabean para obrar una contrarerolu-
cion, el dinero que se había dado para corromper


FRANCESA 307


á una multitud de diputados, la reu n ion de los ca-
balleros del puñal del 98 de febrero de 1791 , la


rofuga á Varennes, el tir teo del Campo de Alarte, el
lindo guardado sobre el convenio de Pilnitz, el


retraso de la promulgacion del decreto que unía
Aviñon con la Francia , los sucesos de Mimes,
yonlanban , :'ende y hiles , la continuacion de
paga concedida á los guardias de Corps emigrados
y a la guardia constitucional retirada , la corres-
poudeneia secreta con los príncipes emigrados , la
insulicencia de los ejércitos reunidos en la fron-
tera, la sancion negada al decreto para el campa-
mento de veinte mil hombres, el desarme de to-
das las plazas- fuertes, el parte tardío de la mar-
cha de los prusianos , la organizacion de compa-
ñías secretas en lo interior de Paris, la revista de
los suizos y tropas que formaban la guarnicion de
palacio en la mañana del ,10 de agosto, el refuer-
zo de esta guardia, el llamamiento del corregidor
á las 'fullerías , y finalmente , la efusion de san-
gro que había provenido de estas disposiciones mi-
litares.


No admitiendo como natural el deseo de neo-.
brar el antiguo poderío, todo cuanto habla hecho e/
rey, odia juzgarse como crimen, porque su vida no
era mas que un pesar prolongado , que alternaba
con algunos tímidos esfuerzos para recobrar lo
que había perdido. En cada artículo se paraba el
presidente diciendo: ¿Qué teneis que responder?
Respondiendo el re y


siempre con entereza, /labia
negado parte de los hechos, atribuyendo otros á los
ministros, y apoyándose constantemente en la
constitucion, de laque aseguraba no se hahia se-
parado nunca. Sus respuestas habían sido comedi-




308
RE VOLUC ION


das; pero al llegar á esta interpelacion: pos hhecho correr la sangre del pueblo en ello de
ayosesclamó en alta voz: No señor, no, ¡no he sid


oDespues le enseñaron todos los document'Z'
y usando de un privilegio respetable „ se negó


b
ne,I


confesar algunos, y negó tan] bien la existencia del
armario de hierro. Esto produjo muy mal efecto,yl
era ademas impolítico, porque el hecho estaba de.
mostrado. Pidió despues el acta de acusacion,' eomo tambien los documentos letrados que je
ayudasen en su defensa.


Indicóle el presidente que podia retirarse. Sir.
viéronle algunos refrescos en la sala i nmediata ,
conduciéndole otra vez al coche , le volvieron álTemple. Llegó á él á las seis y inedia, y su pri-
mer cuidado fué que le dejasen ver á su familia,
pero se lo negaron diciéndole que el Avun tarnien-
to habia ordenado la separacion , mientras durase
la causa. A las ocho y. media , cuando le avisaron
para cenar, pidió de nuevo que le dejasen abra-
zar á sus hijos , mas los recelos del Avuntamiento
embrutecian á sus guardas , negándole hasta este
pequeño consuelo.


La Asamb!ea estaba entretanto alborotada á
consecuencia de la peticion de letrados que habla.
hecho Luis XVI. Treilhard y Petion insistían coi
ahinco en que se concediese la peticion , pera
Tallien , Brillaud-Varennes , Chabot v Merlin se,
oponian diciendo que se iba á diferir todavia mas
el juicio con subterfugios. Finalmente la Asam-
blea accedió á la peticion , y.se envió una diputa-
cion para participado á Luis XVI, y saber los su-
getos que elegia. Indicó el rey á Tar get y en su
defecto á Tronchet, y á ambos si fuese posible.


FRANCESA. 309
que se le suministrase tinta, papel


yppdlit,naitaisenaplarsa trabajar en su defensa, y que se le
permitiese ver á su familia. La Convencion resol-


' • inmediatamente que se le daria recado com-
de escribir , que se avisada á los dos defen-


lo e que habla elegido , con quienes se le dejari
vio s


comunicar libremente , y que podria ver á su fa
a
-


Target rehusó el cargo que le dió Luis XVI,
alegand o por razon que desde 1785 no ejercia; pe-
ro Tronchet escribió inmediatamente que estalla
pronto á aceptar la defensa ; y mientras indicaba
nuevo letrado, se recibió una carta escrita por un
ciudadano de setenta años, el venerable Malesher-
besamigo y compañero de Turgot , y el magis-
trado mas respetado en Francia. El noble anciano
escrinia al presidente: «Dos veces he sido llamado
«al consejo del que fué mi señor en el tiempo que
«todo el mundo ambicionaba este cargo : creo de-


berle el mismo servicio en una ocasion que otros
«tienen por peligrosa.»


Suplicaba al presidente que participase á
Luis XVI estar pronto á sacrificarse en su de-
fensa.


El mismo ofrecimiento hicieron otros muchos
ciudadanos , de lo que sabedor el rey , dió ara-
das á todos , y no aceptó mas que á Tronchet y
á Malesherbes. Decidió el A y untamiento que am-
bos defensores fuesen registrados de pies á cabeza
antes de entrar á ver á su cliente; y la Conven-
cion , que habia mandado la libre comunicacion,
renovó su órden y pudieron entrar libremente en
el Temple. Al ver á Malesherbes corrió el rey á
recibirle , y el venerable anciano cavó á sus pies •




340 REVOLUCION


anegado en lágrimas , y el rey le levantó rpe „„
neciendo largo tiempo abrazados. Empezaronü;7
de luego á ocuparse en la defensa : todos los


d íastraían al Temple comisionados de la Asamblea l
documentos, o y tenian órden de comu nicarlos SIjamás desprenderse de ellos. El rey los coinpr¿ii"
ha con mucha atencion y con una se renidad Qu;
admiraba cada vez masá los comisionados.


El único consuelo que hubiera recibido
era et ver á su familia , no se le habían coneedqid


ti:á pesar del decreto de la Convencion ; pues
elAyuntamiento entorpeciendo siempre este asunto


habla pedido la revocacion de este decreto.--p4
mas que lo maudeis , dijo Tallien en la Conven-
clon, si el Ayuntamiento no lo quiere no se hará.
palabras insolentes que excitaron grande agita_
don. Sin embargo , la Asamblea modilicautto su
decreto mando que pudiese el rey tener consigo á
sus dos niños ; pero con la condicion de que no
habían de volver con su madre mientras durase
la causa; y asi, conociendo el rey que eran mas
necesarios á su madre , no quiso privarla de ellos
y se sometió á este nuevo pesar con una resig-
nacion que no podía turbar ningun aconteci-
miento.


A medida que adelantaba la causa , se compela
mas la importancia de la cuestion. tinos opinaban
que empezar por el regicidio del antiguo trono,
era abismarse en un sistema inexorable de ven-
ganza y de crueldades, declarando guerra á muer-
te al antiguo Orden de cosas, porque si bien que-
rían abolir este Orden para siempre, no pretendían
verificarlo de un modo tan violento. Otros anhela-
ban por el contrario esta guerra á muerte que no


FRANCESA. 314


admitía flojedad ni arrepentimien to , y que abría
un abismo entre la monarquía y la revopletricsioonna. dEent
cuestion tan grande no se hallaba la
rev, , porque no se trataba masl b que de una cosa,de saber si convenia ó no chocar decididamente con
lo pasado , valiéndose de un hecho ruidoso y ter-
rible. Solo se veia el resultado , y se prescindía
de la víctima, sobre quien iba á caer el golpe.


Los girondinos, constantes en perseguir á los
jacobinos


'


les recordaban sin cesar los crímenes
de setiembre , presentándolos como anarquistas
que quedan mandar en la Convencion con el ter-
ror , y sacrificar al rey para poner en su lugar un
triunvirato. Guadet logró casi arrojarlos de la Con-
vencion, haciendo decretar que se convocarian las
juntas electorales de toda la Francia , para confir-
mar ó anular el nombramiento de sus diputados;
cuya proposicion decretada y publicada en muy
pocos minutos, aterró notablemente á los jacobi-
nos. Aun les inquietaban mas otras circunstan-
cias. Los confederados seguian llegando de todas
partes; los Ayuntamientos enviaban una multitud
de esposiciones, en que aprobando la república y
felicitando á la Asamblea por haberla establecido,
condenaban los crímenes y escesos de la anarquía,
y las sociedades afiliadas, reconvenian siempre a
la sociedad madre, por tener en su seno hombres
sangrientos que corrompían la pública moral , y
querian destruir la seguridad de la Convencion.
Algunos renegaban de su madre, declarando que
no querian semejante vínculo , y anunciaban que
á la primer señal volariau á Paris en auxilio de la
Asamblea. Todas pedian especialmente la espulsion
de Marat , y algunas la del mismo Robespierre.




orz ItEvOLUCION


Afligidos los jacobinas se quejaban de que se
habia corrompido la opinion en F rancia; se re
mendaban la union y no perdian tiempo en escribir


"


á las provincias é ilustrar á sus hermanos estr-
a
iviados, acusando al traidor Roland de que dele


nia su correspondencia y sustituia á ella
escrito-


s
hipócritas , que pervertian los ánimos. Proponían
un donativo voluntario para dar ci rculacion á losbuenos escritos y especialmente á los admirables
discursos de Robespierre , y: buscaban m edios dehacerlos llegar á pesar de Roland, que segun ellos
decian , violaba la libertad de los correos. Conve-
nian , sin embargo , en una cosa, en que Mara
les comprometia con sus violentos escritos, y por
lo tanto era preciso en su concepto, que la sede,
dad madre demostrase á. la Francia la diferencia
con que miraba á. Marat, á quien su bilioso tem-
peramento hacia salir de los regulares límites; y
al sabio , al virtuoso Rohespierre. , qué sin escel
derse nunca , quería sin mostrar debilidad, .aun-
que sin exageracion , lo que era asequible yjusto.


lIahíase empeñado una reñida contienda entre
estos dos hombres. Conociese que Marat tenia una
cabeza obstinada y atrevida, pero demasiado arre-
batada; que había sido útil, decian, á la causa
del pueblo, pero que no sabia refrenarse. Los par-
tidarios de Marat respondieron que este no creia
necesario ejecutar cuanto habla dicho, y que me-
jor que nadie conocia él el punto donde era preci-
so detenerse. Citaban algunas palabras suyas, to-
mo por egemplo: •« illarat es lo único que falta
«en la república.—Pido lo mas para lograr lo me-
«nos.—Ali mano se secaria antes que escribir, si yo


FRAYCES.A. 313


«oeyese que el pueblo ejecutaria á la letra cuanto le
«aconsejo.—Pido muy caro al pueblo porque sé que
«me ha de regatear.» Las tribunas hablan apoyado
con sus aplausos la justilicacion de Alarat, y por
eso resolvió la sociedad hacericion en
que


una espos
e probase la diferencia que hallaba entre la sa-


biduría del uno, y el carácter arrebatado (1,;l otro
(se): Despues de esta medida se propusieron otras
muchas, v en particular, se comprometieron a pedir
continuamente la partida de los confederados á la
frontera. Sabiéndose en efecto que el ejército de
Dombo riel. se debilitaba con las deserciones, los
jacobinos decian; que era indispensable reforzarlo
con los confederados. Marat escribia que hacia
mas de un año se retenian á los voluntarios que
habian marchado los primeros, y que era tiempo
ya de reemplazarlos coritos que perrnanecian en
Paris: y al saber que Custine se habla visto obli-
gado á abandonar á. Francfort, y que Beurnonvi-
Ile habla invadido inútilmente el electorado de
Tréveris, afirmaban los jacobinos que si hubiesen
tenido ambos generales los confederados que lle-
naban inútilmente la capital, no hubiesen sufrido
aquel descalabro.


Las noticias de la inútil tentativa de Beurnon-
y ille, y de la desgracia de Custine habían acalo-
rado notablemente la opinion. y ambas pérdidas
eran fáciles sin embargo de . prever, porque Beur-
nonville atacando en mala estacion, y sin suficien-
tes medios, no podia vencer posiciones inaccesi-
bles,Custine, empeñándose en no retroceder
espontáneamente


ente al Rin, por no confesar su teme-
r tenia necesariamente que emprender la re-
tirada á Maguncia. Las calamidades públicas dan




315 REVOLUCION
rnárgen á los partidos para reconvenciones, yjacobinos, que no eran afectos á los generales-so


S
°-pechosos de aristocracia, alzaron su voz


emir-
ellos, y les acusaron de ser fuldenses y girondinas
No dejó Marat de pronunciarse otra vez contra el
furor de las c onquistas, que siempre, decía ha-
bía censurado, y que era Únicamente una aMbi-
cion simulada de los genera les, para llegar á u
terrible grado de poder. Rohespierre, manejando
sus invectivas segun las inspiraciones de su odio
sostuvo que no se dehia acusar á los generales:
sino á la infame faccion que dominaba á la Asatn...
blea y al poder ejecutivo. Que el pedido Roland


'
el intrigante Brissot , y los malvados Louvet,
Guadet y Vergniaud, eran los autores de todos
los males de la Francia. Pedia ser el primero
á. quien ellos asesinasen ; pero queda antes
tener el placer de denunciarlos. Dumouriez y
Custine, ariadia, los conocían, y se guardaban muy
bien de mezclarse entre ellos, pero que todo a
muudo los temia, porque disponian del dinero, de
los destinos y de todos los arbitrios de la repúbli-
ca, á la que tenian intencion de avasallar, encade-
nando al efecto á todos los patriotas verdaderos,
cortando el vuelo de su energía, y esponiendo de
este modo ¿ la Francia á ser vencida por sus ene-
migos. Sus miras eran especialmente destruir la
sociedad de los jacobinos, y arrancar la vida á
cuantos tuviesen valor para resistir. «Y en cuanto
«á mí, esclamaba Rohespierre, quisiera que Ro-
aland me asesinase!» (Sesion de los jacobinos del 12
de diciembre).


Este inestinguible Odio se comunicaba á toda la
sociedad, y la alteraba como un mar tempestuoso.


FRANCESA. 315


Se pronosticaba un combate á, muerte contra la
faccion; se rechazaba de antemano toda idea de
reconciliador , y como se habla tratado deun nuevo
proyecto Teto para transigir, se comprometía n á negarse
para siempre al beso deLamourelle.


Idénticas escenas se reprod ucianen la Asamblea
durante la dilacion que se habla otorgado á Luis XVI
para preparar su defensa. No cesaban de repetir
que los realistas =enlazaban por todas partes á
los patriotas, y esparcian folletos en favor del rey.
Thuriot propuso un medio, que era el de castigar
con la muerte á todo el que intentase romper la
unidad de la república, ()separar una parte de ella.
Esto era un decreto contra la fábula del federalis-
mo, es decir contra los girondinos. Buzot se apre-
sura á responder con otro provecto de decreto, y
pide el destierro de la familia de Orleans, pues
los partidos se combaten con mentiras y se ven-
gan de la calumnia con otras calumnias. Mientras
los jacobinos acusaban de federalismo á los giron-
dinos, estos atribuían á los primeros, que querían
colocaren el trono al duque de Orleans, inmolan-
do á Luis XVI, solo porque quedase la plaza va-
cante.


Existia en Paris el duque de Osleans, procu-
rando inutilmente hacerse olvidar de la Conven-
cion, y esta posicion no le convenia ciertamente
en medio de furiosos demagogos; ¿pero á donde
bahía de ir? En toda Europa le esperaban los emi-
grados, amenazando con ultrages y tal vez con su-
plicios á un pariente de la corona, que había repu-
diado su nacimiento y clase. En Francia quería
ocultar su rango bajo los títulos mas modestos,
asi se llamaba


- . Igualdad; pero conservábase aun




316 REVOLUCION


fresca la memoria de su pasada vida,tY prueba
siempre presente de sus inmensas riquezas . A.
vestirse de andrajos, y hacerse despreciable


afuerza de cinismo, ¿cómo 'labia de li brarse de las
sospechas? Mezclado con los girondinos, se ht",
hiera visto apurado desde el p-


rimer dia, poreti,
hubiera justificado los cargos de afecto al trono
que se le hacían; y agregado á los jacobinos tenia
en su apoyo la violencia de Paris, pero no podia
eximirse de las acusaciones de los girondinos, co-
mo sucedió en efecto ; pues estos no perdonándole
la predileccion con que miraba á sus enemigos,
suponian que para hacerse menos odioso, prodi_


b
(raba sus riquezas á los anarquistas, proporcionan-
doles el arrimo de su colosal fortuna.


El suspicaz Louvet pensaba v creia sincera-
mente , que alimentaba siempre en su corazon la
esperanza de reinar. Sin participar de esta opinion
y únicamente para rechazar la salida de Thuriot,
sube Buzot á la tribuna. «Si el decreto que Thu-
«riot ha propuesto , debe producir confianza, vo
«vo y , dice , á proponeros otro , que no la merece-
«rá menos. La monarquía ha caldo , pero existe
«aun en las costumbres y recuerdos de sus anti-
«guos favorecidos. Imitemos á los romanos , que
«espulsaron á Tarquino y á su , y espulse-
«mos como ellos á la de ros Borbones. Parte de ella
«está aherrojada ; pero aun hay otra que es mas
«peligrosa , por ser mas popular ; y es la de Or-
«leans. El busto de su caudillo se ha paseado por
«Paris; sus hijos, llenos de valor, se distinguen en
«nuestros ejércitos, y los mismos méritos de esta
«familia , la hacen aun mas peligrosa para la HUI.-
«tad. llaga el último sacrificio á la patria, dester-


FRANCESA. 347


«rándose de ella , y llevando á otra parte la desdc
«cha de haberse acercado al trono , y infortunio nfortunio
«aun mayor, de llevar un nombre que nos es _odio-
«so, y que debe ofender los cidos de todos los
«hombres libres.» Louvet, reemplazado á Buzot,
se dirijo al mismo Orleans, y citándole el destierro
espontáneo de Colatino , le aconseja su imitacion.
Lanjuinais recuerda las elecciones de Paris, en que
tuvo parte Igualdad, y que se efectuaron bajo el
puñal de la faccion anarquista ; cita los esfuerzos
que se hicieron para nombrar ministro de la guer-
ra á un canciller de la casa de Orleans, y el iullojo
que los hijos de esta familia han adquirido en los
ejércitos; por cuyas razones pide el destierro de
los Borbones. Bazire , Saint-Just y Chabot, se
oponen á él, mas bien por llevar la contraria de los
girondinos, que por el interés que Orleans les ins-
pirase. Aseguran que no es el momento de chocar
contra el único Borbon que se ha portado fielmen-
te ; que lo primero es castigar al Borbon prisione-
ro , formar despues la constitucion , y finalmente,
tratar de los ciudadanos que se baldan hecho pe-
ligrosos ; pero que por lo denlas , desterrar á Or-
leans de Francia, era enviarle á morir, debiendo
dilatar al menos tan cruel medida. Sin embargo,
se decreta por aclarnacion el destierro, al redac-
tar la Orden, solo se trata de fijar la época.-
Pues-to que empleais el ostracismo contra Igualdad, di-
ce Merlin , empleadle contra todos les hombres
peligrosos, y por de pronto le pido contra e! poder
ejecutivo.-1 Contra Roland esclama
¡Contra Boland y Paehe ! añade Barrere , que son
causa de desunion entre nosotros. Sean desterra-
dos uno y otro del ministerio , para que recobre-




CAPITULO VIII.


318 nEvoLuctort


mos el sosiego y la union. No obstante,


int
Kers,


terne se aproveche la Inglaterra de la desorganiza_
clon del ministerio , para hacernos una desastrosa


a
guerra , como la hizo en I757 , cuando qued ronridepuestos d'Argenson y Machau.


Itewbel pregunta si puede desterrarse á un re
presentante del pueblo , y si Felipe Igualdad , no
pertenece bajo este concepto á la nacion que le ha
nombrado. Estas diversas observaciones calman


i


alteracion de los ánimos: interrúmpense; 1uélvtde.
á continuar, y sin revocar el decreto del destierro
contra los Bollones, se deja la discusion para


.


tso de tres dias, con el objeto de calmarse y refle-
xionar mas cuerdamente la cuestion, de si se podio
desterrar á Igualdad , y deponer sin riesgo a los
dos ministros , el del interior y el de la guerra.


Despues de esta discusion , es fácil conocer el
desárden que habria en las secciones , en los ja-
cobinos y en el Ayuntamiento. Por todas partes sr.,
pronunciaba ostracismo , y se preparaban peticio-
nes para cuando se volviese á la diseusion. Pro_
cedióse en efecto á ella despues de !os tres dias, y
cl corregidor fue á la cabeza de las secciones a
pedir que se anulase el decreto. La Asamblea wtsú
al árdea del dio despues de la lectura de la espo-
sicion ; pero viendo Petion el tumulto que esta
euestion ocasionaba, pidió se dejase hasta despues
de la sentencia de Luis XVI. AdoptOse esta especie
de transacion v se arrojaron de nuevo a la vietitna,
contra quien se encarnizaban todas las pasiones,
é inmediatamente se 'volvió de nuevo al célebre
proceso.


Continuaron del proceso de Luis XVI: su defensa.-Debates tumul-
tuosos en la Convencion.—Proponen los girondinos la apelacion
al pueblo; opinion del diputado Salles; discurso de Rohesnierre;
discurso de Vergniaud,—Estado de las cuestiones. Declarase reo
y se condena á muerte á Luis XVI , sin apelacion al pueblo y
sin sobreseimiento en la ejecticion Pormenores acerca de lo;
debates y la votacion.—Asesinato del diputado Lcpclletier. —
Salnte-Fargean. Agitacion en Paris.—Luis XVI se despide de su
familia; susúltimos momentos en la prision y en el cadalso.


El tiempo que se habla concedido á LuisXVI
para preparar su defensa, apenas era suficiente
para comprobar los numerosos documentos en
que debla apoyarse. Sus dos defensores pidieron
se les agregase otro mas jóven y activo, que re-
dactase y pronunciase la defensa mientras ellos
buscaban y preparaban los medios. Este jóven era
el abogado Deséze, que habla defendido á Besen-
val despues del 44 de julio. habiendo la Conven-
cion otorgado la defensa; no se negó á que hubie-
se otro abogado , y M. Deséze tuvo como Males-
Urbes y Tronchetla facultad de entrar en el Teni..
ple. Una comision llevaba á él diariamente los do-
cumentos, y los enseñaba á Luis XVI , que los
examinaba con serenidad , como si este proceso




320 REVOLCCION
hubiese sido de otro , segun decia un informe del
Ayuntamiento. Manifestaba á los comisionado s


l


mayor delicadeza, y les hacia que se quedasen
comer cuando las sesiones se habian prolon


'rcor es-


mucho Mientras se ocupaba de este modo


s


u"
causa, habla hallado un medio de tener


a dpondencia con su familia, escribiendo con el papel
y las plumas que le habían dado para jtrabaa


ren su defensa, y las princesas le c o ntes!aban es
cribiendo con un alfiler. A veces se metian la;
cartas cutre ovilles de hilo, que un mozo de coci-
na echaba debajo de la mesa al servir la comida;
y á veces las tiraban con un cordel desde un pisa
á otro. Los desdichados prisioneros se daban asi
noticia de su salud y esperimentaban un gran con.
suelo.


M. Deséze habla concluido por fin su defensa,
trabajando en ella dia y noche, y el rey le hizo su-
primir todo lo que era demasiado oratorio, que_
riendo ceñirse á la mera discusion de los medios
que tenia que presentar. El 26 á las nueve y me-
dia de la mañana estaba va ea movimiento toda
la fuerza armada para conducirle del Temple á los
fuldenses, con las mismas precauciones y Orden
que en su primera comparecencia. Entrado en el
coche del corregidor, fue hablando con él por el
camino, tan sereno como acostumbraba: hablaron
de Séneca, de Tito Li vio, de los hospitales, y aun
dirigió un chiste bastante agudo á. uno de los del
Ayuntamiento que iba en el coche con el sombre-


- repuesto. Al llegar á. los fuldenses manifestó mo-
cha inquietud por sus defensores, se sentó á su
lado en la. Asamblea, miró con la mayor naturali-
dad los bancos en que estaban sentados sus acu-


FRANCESA. 324


111 lo res y jueces, y parecia que queda adivinar
e--


il
( sil semblantes la impresion que producía la de-


f
e
osa de M. Deséze, hablando y sonriéndose mas


de una vez con Tronchet v Malesherbes. La Asatn-
ble ovó su defensa con tino profundo silencio , no
manifestando desaprobaciou alguna.


Empezó el defensor por los principios del de-
recho, y en seguida trató de los hechos que scim-
putaban á Luis XVI. Aunque la Asamblea al de-
cidir que el rey seria sentenciado por ella, decre-
tó implícitamente que no podia invocarse la invio-
labilidad, Deséze demostró acertadamente que
nada podia cohartar la defensa, la cual, aun despues
del decreto debia ser como antes; que por consi-
aguiente, si Luis XVI juzgaba razonable la invio-
labilidad, tenía derecho para alegarla. Se vió obli-
gado al principio á reconocer la soberanía del pue-
blo, y sostuvo con todos los defensores de la coas-
titucion de 4791 , que la soberanía, aunque seño-
ra absoluta, podia comprometerse ; que asi lo ha-
bla querido respecto de Luis XVI, pactando la in-
violabilidad, que no había pretendido ahogan ab-
surdo en el sistema de la monarquía ; que por
consiguiente debiallevarse á efecto el compromi-
so, y que por mas crímenes posibles que el rey
hubiese cometido, solo podia ser castigado con la
destitucion. De lo contrario , dijo , la consti -
tucion de 1791 sería un lazo bárbaro tendido áLuis
XVI, puesto que se le habría prometido con inten-
cion oculta de no cumplir; que si se negaba á Luis
XVI sus derechosde rey, era preciso al menosde-
jarle los de ciudadano , preguntando que donde
estaban las fórmulas conservadoras que tenia de-
recho á reclamar cualquier ciudadano, como la


Biblioteca popular.
T II. 446




on REYOLUCION
distincion entre el jurado fiscal 37:el jurado jee7
facultad de recusar la mayoría de las dos tercer


a;'npartes, la votacion secreta, y el sue n,i0 dee,
`('jueces mientras formaban su opinion. yañadi ó t,S


uua osadía que mereció laminen profundo siluner
que buscaba por todas partes jueces, v so:o


en',
contraba acusadores.


Pasó despues á la discusion de los hechos, de
que hizo dos divisiones. los que habian precedido
y los que habian seguido á la aceptacion del acta
constitucional. Los primeros estaban á cubierto
con la aceptacion de esta ; y los otros con la in-
violabilidad. Pero sin embargo, no se negaba á en.
trar en ellos, lo cual hizo :ventajosamente, porque
se habian aglomerado una multitud de hechos in.
significantes, para suplir la prueba precisa de ira.
tos con los estrangeros , crimen de que estaban
persuadidos, pero cuya.prueba terminante todavia
faltaba. Rechazó victoriosamente la acusacion de
haber derramado la sangre francesa.en el 90 de
agosto, en cuy


'


o dia no era. ciertamente agre-
sor Luis X.vr sino el pueblo. Era natural que.
Luis XVI, atacado, .procurase defenderse, tomando
al efecto las precauciones necesarias, pues que los
mismos magistrados lo habian aprobado, mandan.
do formalmente á la tropa rechazar la fuerza con
la fuerza. A pesar de todo, decia Deséze ; el
rey.no 13,4.thia :querido hacer uso de esta autoriza-
ción, que la naturaleza .v las leyes le daban, y se
Babia retirado al seno del cuerpo legislativo, pa-
ra evitar toda efusion de sangre El combate que
siguió despues, lejos de imputársele , y de des-
pertar la venganza, debla .valerle alguna accion
de gracias, porque por órdeu suya dejaron los sui-


FRANCESA. 323


"


s la defensa del castillo y de sus vidas. Rabia
pues, notoria injusticia en acusar á Luis XVI de
haber derramado la sangre francesa, en cuyo pun-
ta era irreprensible , habiéndose por el contrario
mostrado sumamente delicado y virtuoso.


Conclu yó el defensor con estas breves y exac-
tas palabras, únicas que se consagraron á las vir-
tudes de Luis XVI.


«Subió Luis al trono á la edad de veinte años,
«y en tan alta dignidad fue ya entonces un modelo
«de costumbres; no se notó en él ninguna fal-


ta culpable, ninguna pasion corruptora ; fue eco-
nómico, justo, íntegro y dió siempre muestras de


«ser constante nami eo del pueblo. Este pueblo de-
«seó que se anulase mi impuesto ruinoso quepesa-
«ba sobre él, y le anuló: este pueblo pidió que se
«aboliese la servidumbre, y principió á abolirla él
«mismo en sus dependencias: este pueblo solicitó
«reformas en la legislacion criminal para que sehi-
«ciese mas llevadera la suerte de los acusados, y
«procedió á las reformas: este pueblo quiso que
«adquiriesen ó recobrasen sus derechos , millares
«de franceses á quienes balda privado de los de
«ciudadano, el rigor de nuestros usos, y dictó le-
«yes para que los gozasen: este pueblo, en fin, qui-
so libertad, y se la dió! Aaticipóse a él en sacri-


«licios, y sin embargo , é nombre de este mismo
«pueblo se pide hoy


Ciudadanos , no con-
«cluyo ;le paro delante de la historia: pensad
«en que ella sentenciará vuestra sentencia, y la su-
«ya será la de los siglos!»
' Luis XVI, tomando la palabra inmediatamente
despues de su defensor, pronunció algunas espre-
siones que llevaba escritas. «Acaban, dice, de es-




324
REVOLUCION


«polleros mis medios de defensa: no los reper •
«pero ha blándoos acaso por última vez, os declaro,irlnada me arguye, y que«que mi conciencia de


c pzIo


«defensores os han dicho la verdad
«Nunca temí que se examinase públicamente


«mi conducta, pero me ha partido el
a


«llar en la acusa.cion liscal el cargo de haber que_«rido derramar la sangre del pueblo , ionrianá a
o


«me principalmente las desgracias del 40 di
«agosto!


«Confieso que las multiplicadas pruebasdeamor
«al pueblo que he dado en todo tiempo, y el modo
«con que me he conducido siempre, serán bastan-
«tes para demostrar que yo no temia esponerme
«por conservar su sangre, y para alejar siempre de
«mí semejante acusacion!»


El presidente pregunta en seguida á Luis XVI
si tiene algo mas que decir en su defensa, y res-
pondiendo este que todo lo ha manifestado, le in-
dica que puede retirarse. Llevado con sus defen-
sores a una sala inmediata, habla con inquietud del
jóven Deséze, que parecia hallarse cansado de su
larga defensa; y conducido despees al coche, ha-
bló con la misma tranquilidad á los que le escol-
taban, y llegó al Temple á lascinco.


A penas 'labia salido de la Convencion, cuando
estalló ea ella una conmocion violenta. Los unos
querían que se abriese la discusion, los otros se
quejaban de las eternas dilaciones con que se ea-
torpecia la decision de esta causa, y pedían sepro-
cediese inmediatamente á la votacion nominal,
alegando que en todo tribunal despues de haber
oido al acusado se pasaba á votacion. Lanjuinais
luchaba desde el principio de la causa con una in-


FRANCESA. 325


dignacion que en su impetuoso carácter, no era vadueño de contener. Se lanza a la tribuna, y enire
los gritos que su presencia arranca, pide, que no


dilate la discusion, sino que se anulen todos
se
cis procedimientos, esclamando que ya ha pasado


el tiempo de los hombres feroces, que no habla de
deshonrarse la Asamblea con la sentencia de
Luis XVI; que nadie tiene derecho en Francia, y
que la Asamblea particularmente, bajo ni ngu n res-
pecto puede hacer tal cosa ; que si quiere obrar
como cuerpo político, solo puede tomar medidas
de seguridad contra el ex-rev ; pero que si pro-
cede como tribunal, está exenta de todos los prin-
cipios , porque es hacer sentenciar al vencido por
el mismo vencedor; y porque la ma yor parte de
los individuos presentes, fueron los conspiradores
del 10 de agosto. Un tumulto espantoso se nota
en todas partes al oir conspiradores, y se grita, al
órden! á la Abadía! fuera. de la tribunal Lanjui-
nais quiere aunque inntilmemte justificar la pala-
bra conspiradores, diciendo que debe tomarse alli
en un sentido favorable, y que el 10 de agosto fué
una conspiracion gloriosa: prosigue en medio de
la confusion, v concluyó declarando, que preferi-
ria morir mil veces á condenar contra todas las le-
yes al tirano mas abominable!


Sucédenle una porcion de oradores y la con-
fusion va en aumento , porque no se oye nada;
todos dejan sus puestos, se mezclan, se agrupan,
se insultan, se amenazan , y el presidente se ve
obligado á cubrirse. Tras una hora de agitacion re-
tablécese al fin la calma, y la Asamblea adoptan-
do la opinion de los que querian se discutiese la
causa de Luis XVI, declara que se abre la discu-




326 REVOLUCION
sion, y que continuará, suspendiendo los denlas
asuntos hasta que se dé la sentencia.


Continúa el 27 la discusion, y vuelven á I
sentarse en la tribuna todos los oradores que
pian ya hablado. Saint-Just la ocupa de nuevo


_


La presencia de Luis XVI, humillado, vencido
sereno en medio de su infortunio había




c'


producid"
en él algunas objecciones; pero responde á ellas
llamando á Luis tirano modesto v artero, que ha
oprimido con modestia , que se de'


fiende tainbien
con modestia, y contra cuya capciosa amabilidad
era necesario defenderse con sumo cuidado : que
convocó los Estados generales, pero lo hizo sola
por humillar á la nobleza v reinar d i vidiendo; mas
cuando vió crecer tan rapielai telenteen el pi


loddeer
i olo;Esta d


os, quiso destruirlos: gn
en el 5 y 6 de octubre se vió preparar secretamen-
te medios para abrumar al pueblo; y luego cuando
vela burladas sus conspiraciones por la energía na-
cional, litigia volver en sí y aparentaba una alegría
hipócrita, y que no era natural por su derrota y
por la victoria del pueblo: que mas adelante no
pudiendo hacer uso de la fuerza, sobornaba á los
defensores de la libertad, conspiraba con los es-
trangeros, y desesperaba á los ministros , uno de
los cuales se veía forzado á escribir: Vuestras re-
laciones secretas no- me dejan ejecutar las leyes ,
vne retiro: en fin, que había empleado todos los
medios de la mas refinada perfidia hasta el 10 de
agosto, y ahora seguia afectando una fingida cal-
ma para conmover á. sus jueces y


• librarse de
ellos.


Así se pintaba en . una violenta imaginacion la
natural incertidumbre de Luis XVI, atribuyéndose •


VRANCESA.


á perfidia manifiesta y calculada , debilidad ysu
sus, deseos de volver á: lo pasado.


A Saint-Just remplazan otros oradores, aguar-
dando con impaciencia que los girondinos tomasen:
la palabra , pues no se habiau pronunciado aun,
siendo tiempo de que se esplicasen. Hemos visto ya
cuales eran sus incertidumbres, su predisposicion
á enternecerse , y lo inclinados que estaban á dis-
culpar en Luis XVI, una resistencia que ellos po-
dían comprender mejor que sus adversarios. 'l'erg-
niaud confesó delante de algunos amigos la pena
que sentia ; y sin esperimentar acaso tanto senti-
miento los lemas, estaban muy dispuestos á inte-
resarse por la víctima, en cuya situacion idearon
un medio que manifiesta su conmocion y la violen-
cia en que se hallaban : este medio era la apelacion
al pueblo. El objeto de los girondinos era librarse
de una responsabilidad peligrosa, echando á la na-
cion el cargo de barbarie si condenaban al rev ,
el de amor al trono, en caso de que saliese absuel-
to;—que al lin no dejaba de ser una prueba de de-
bilidad. Pues que tan sensibles se mostraban al as-
pecto del terrible infortunio de Luis XVI , debian
tener aliento para defenderle ellos mismos , y no
provocar la guerra civil , enviando á las cuarenta
y cuatro mil secciones en que se dividía la Fran-
cia, una cuestion que iba á trabar la lid entre to-
dos los partidos, y á despertar las mas




i
furiosas )a-


siones. Era preciso revestirse noblemente de auto-
ridad , y tener valor para usar de ella, sin




j
de1l


la multitud un cuidado de que era incapaz y
hubiera puesto á la nacion en un espantose ' d s°
den. Los girondinos dieron en esto á sus contra-
rios una ventaja inmensa, autorizándolos para que




329
328 REVOLCCION


esparciesen la voz de que ellos fomentaban la a
le


r
ra civil y haciendo sospechosos su valor su Tran-y
queza. De modo que por esto se dijo en los j aco-binos , que los que querían absolver á Luis
eran mas ingenuos y apreciables, que los que
tentaban la apelacion al pueblo. Pero tal es la mar-
cha ordinaria de los partidos moderados ; o brando-
entonces como en el 2 y 3 de setiembre, los giron
dinos no se atrevian á comprometerse en favor


rl
un rey á quien miraban como enemigo, y que ver-
daderamente habia querido esponerlos al


-s-u0.0
estrangero; pero sin embargo Conmovidos


la presencia de aquel enemigo vencido , intenta-
ban defenderle , se irritaban de que se le tratase


:) u dureza , y hacian lo bastante pata perderse á
sz mismos, y muy poco para salvarle.


Salles, el que mas se acomodaba á las ideas de
Louvet, aveutajándole aun en la suposicion de tra-
mas imaginarias, propuso y sostuvo el primero en
la sesion del 27 el sistema de apelacion al pueblo.
Entregando á todo el balden de los republicanos la
conducta de Luis XVI , y confesando que merecía
cuanta severidad se emplease contra ella, hizo ob-
servar no obstante, que lo que la Asamblea debía
consumar no era una venganza, sino un gran acto
de política; sosteniendo por consiguiente, que la
cuestion debia considerarse bajo el punto de vista
del inturés público. Ademas hallaba él muchísimos
inconvenientes en ambos casos, en la absolucion y
en la condena, porque la absolucion seria una
causa eterna de discordias, y el rey el punto de reu-
nion de todos los partidos. El recuerdo de sus atoo-
tadosse citaría continuamente en la Asamblea para
echarla en cara su indulgencia ; y esta impunidad


FRANCESA.


seria Público , y que sci viria de pretesto áúblico escándalo que
eri ne iitoar(ilae tagluevez loás


itnloilsles
los revoltosos ; prescin tent d d I


hombres crueles , cuyos crimeles hablan a o a
s con el Estado, no dejarian de escudarse con
tr s a( l acto de clemencia para cometer nuevos aten-
tado


ueaq l como si se hallasen autorizados por la lenti-
tud de los tribunales para reproducir los asesinatos
de setiembre. Por todos lados en lin , se acusaria á
la Convencion de no haber tenido ánimo para atajar
tantos males, fundando la república sobre un ter-
rible y enérgico escarmiento


Si se condenaba al rey heredaría su familia to-
das las pretensiones de su raza, le


la


ls heredarian
sus hermanos, mas temibles, porq no estaban tan
desconceptuados por su debilidad. El pueblo no
viendo va los crímenes sino el suplicio , pudiera
compadecerse de la suerte del rey , hallando los
facciosos en esta propension un medio de sublevar-
le contra la Convencion nacional. Los soberanosde Europa observaban profundo silencio , aguar-
dando un suceso que esperaban exaltaria la gene-
ral indignacion ; pero que asi que cayese !1:t cabe-
za del rey, aprovechándose todos de este protesto,
caerían á una sobre la Francia para devorarlos; y
la Francia , ciega tal vez entonces á fuerza de su-
frir tanto, culparla á la Convencion de un acto que
le acarrearla una guerra cruel v desastrosa.


Tal os, decía Salles, la funesta alternativa que
á la Convencion nacional se ofrece. En situacion
semejante, la nacion es quien debe decidirse, y li-
jar su suerte al tiempo de pronunciar la de Luis XVI.
El peligro de la guerra civil es quimérico , porque
este no ha estallado al convocar las Asambleas pri-





330 - REVOLVC101


la F


1-


rancia
mulas, depara


la
nombrar


de.
unw ,Convencion que d




decidir


,


, v
pareahaya de temerse mas , en una ocasion no be-n'A'!


apurada , puesto que se encarga á estas mismas
Asambleas primarias , la sancion de la Constit
don. Opónense en vanalas dilaciones y obstáculos
de una nueva deliberacion ea cuarenta y cuatro mil
Asambleas , porque no se trata de deliberar, siso
de elegir sin discusion una de las dos proposiciones
presentadas


así á las
por


Asambleas
la Convencion.


primarias:
La cuestion


¿Se impondrácer
la pena de muerte , a Luis XVI ó quedara preso
hasta que se haga la paz ? Y ellas responderán con
estas palabras: Preso o condenado á muerte. La res-
puesta la traerán correos extraordinarios, que pue-
den venir en quince dias desde los puntos mas dis-
tantes de Francia.


Esta opinion se oyó con muy distintos parece-
res. Serres, diputado de los Altos Alpes, se retrae-,
ta de su opinion primera , que había sido por la
sentencia, y pide la apelacion al pueblo. Barba-
roux se opone á la justificacion de Luis XVI, sin
sacar consecuencias, porque no se atrevia á absol-
ver contra el voto de sus comitentes, ni á conde-
nar contra el de sus amigos. Buzot se adhiere á la
apelacion al pueblo, y sin embargo , modifica la
opinion de Salles, pidiendo que la Convencion to-
me por sí misma la iniciativa votando por la muer-
te,no exigiendo á las Asambleas primarias mas
que la mera sancion de esta sentencia. Rabau
Saint-Etienue, aquel ministro protestante que se
distinguió par su talento en la constituyente , se
indigna por la multitud de poderes que la Conven-
cion egerce. «En cuanto á mí, dice, estoy harta


PRAYCESA, 334


«de mi parte de despotismo; esto
y rendido, aco-


„gado y atormentado por la urania en que me.,em-


« y
leo v anhelo el momento en que crems un


«trib


u


l que me haga perder el caracter y apa.-
«riencia de un tirano... Buscais razones de 'Jobb--
«ca; pues en la historia existen... El pueblo de
«Londres, que con tanto ahinco pidió el suplicio
«del rey, fué el primero que maldijo a sus jueces
«y se postró ante el sucesor.' Cuando Carlos II su-
bió al trono, la ciudad le dio un magnifico han-


«quete , el pueblo se entregó á la mas ridicula
«ale gría, y corrió á ver el suplicio de los mismos
«jueces que Carlos inmoló despues á. los manes de
«su padre. Pueblo de Paris, Parlamento de Fran-
cia, ¿me habeis comprendido?...»


Faure pide la anulacion de todos los decretos
sobre la formacion del proceso. El sombrío Ro-
bespierre se presenta por lin rebosando de cólera
y amargura. «El tambien, dice, se habia conmo-


vido , sintiendo vacilar en su corazon la virtud
«republicana al aspecto del reo, humillado ante el •
«poder soberano. Pero la Ultima prueba de sacri-
dieio que debia darse á la patria, era sofocar todo
«afecto de sensibilidad.» Repite en seguida toda
lo que se habia dicho de la competencia de la
Convencion, sobre las eternas demoras con que se
dilataba la venganza nacional , v sobre los mira-
mientos que con el tirano se tenían, mientras que
sin el menor reparo se combatia á les mas ardien-
tes






defensores de la libertad; pretende que la ape-
lacion al pueblo es un recurso parecido al que ha-
bia ideado Guadet, pidiendo el escrutinio de prue-
bas; y que este recurso pérfido tenia por objeto •
ponerlo todo en cuestion; la diputacion actual, e


km,




332 nEvoLucioN
10 de agosto y la república misma. Trayendo


si em-pre la cuestiOn á sí mismo y á sus contrarios,
para la situa.cion presente con la de julio de


-
479--


su fuga á Varenues, en cuyo suceso !labia Robe'
cuando se trataba de sentenciar á Luis :)X-


0:1;z1Zsne-"'ierre desempeñado un papel muy m
ecuerda sus peligros y los logrados esfu erzos de.


sus enemigos para volver á Luis XVI al trono: el
ltiroteo del Campo de Marte que sucedió despuesy los peligros que Luis XVI, colocado de nuevo


en el trono, había hecho correr á la causa pública
Indica pérfidamente á. sus contrarios dsehpoiyes


,et
eran los mismos que en otro tiempo; se
espuesto, y con el á la Francia, á correr el mismo
riesgo que entonces , siempre por las intrigas de
aquellos bribones , que se llaman esclusisimen-
te hombres honrados.—« Hoy, añade Robespierre'
«guardan silencio sobre los intereses mas grandes
«de la patria ; se abstienen de manifestar su opi-
«nion acerca del último rey, pero su sorda y per-
«DicioSa actividad produce cuantos trastornos con-
«mueven la patria ; y para estraviar la mayoría
«sana, pero frecuentemente en gañada, persiguen
«á los mas ardientes patriotas bajo el concepto de
«minoría facciosa. La minoría , esclama, se cam-
«bió muchas veces en mayoría, desengañando á
«las Asambleas ofuscadas. La virtud ha estado Sieni-
«pre en minoría sobre la tierra. Si no hubiese sido
«por esto ¿se hubiera visto plagada de tiranos y
«de esclavos? Hampden y Sidney eran de la mino-
«ría porque espiraron en un cadalso. Los Critias,
«los Anitos, los Cesares y los Clodios eran de la
«mayoría, pero Sócrates era de la minoría porque
«apuró la cicuta, y Caton era de la minoría por-


FRANCESA. 333


sus contrarios
todo pretesto , porque suelen pre-


seta despues al pueblo que se calme
«
que se desgarró las entrañas.» Robepsapriaer(iitieitaacron;


les
sentar como un motín los aplausos dados a u Te-


diputados «Pueblo, esclama, guarda tus
s
apslau-


«sos v huye de nuestros debates! Porque estemos
«separados de tu vista no hemos de dejar de com-
«batir.» Concluye en fin , pidiendo que Luis XVI
sea inmediatamente declarado reo y condenado á
muerte.


P ros i guen los oradores el 28 y 29, y hasta el 31.
Vergniaud toma en fin la palabra por primera


vez, escuchando todos con estraordinaria atencion
á los girondiuos, que hablaban por boca de su mas
célebre orador, que rompia un silencio que no era
solo Robespierre quien lo condenaba.


Vergniaud esplica en primer lugar el principio
de la soberanía del pueblo , y distingue los casos
en que deben dirijirse a ella los representantes.
Seria mu y largo y muy difícil recurrir á un gra.n
pueblo edtodos los actos legislativos, pero en al-
gunos de suma importancia, es todo lo contrario.
La constitucion ha sido, por ejemplo, destinada de
antemano á la sancion nacional ; mas este objeto
no es el único que merezca una sancion estraordi-
naria. La sentencia de Luis XVI, ora por la mul-
titud de poderes que la Asamblea ejerza, ora por
la inviolabilidad constitucionalmente otorgada al
monarca, ora finalmente por los efectos políticos
que deben resultar de una condena, cuya impor-
tancia y necesidad de someterla al pueblo mismo
no puede ponerse en duda, tiene un carácter muy
grave. Despues de haber desenvuelto este sistema,
Vergniaud, que refuta particularmente á Robes-




331 »E VOLUCION


p . erre, llega en fin á los inconvenientes peutien,
de la apelacion al pueblo, y ventila todas las r„1-
dosas cuestiones que dividen á ambos partidos.


Trata desde luego de las discordias que temen;
se manifestarán enviando al pueblo la sanekl


il
-ed.


la sentencia del rey. Renueva las razones dad:
por otros girondinos , y sostiene que si no s e ti'
ro la guerra civil reuniendo las Asambleas ur.:
nutrias para sancionar la constitucion, ue per
qué habia de temerse reuniéndolas para sancionar
la sentencia del rey Esta razon, tantas veces re
petida , era insignificante , porque la verdadera
cuestion de la revolucion no era la constitueion, nipodia ser mas que el reglamento circunstanciado
de una institucion ya decretada y consentida ;—la
república. Pero la muerte del rey era una cuestion
terrible, tratándose de saber si al principiar por la
muerte para estingnir el trono, la revolucion choca.
ria sin remedio con lo pasado, di rijiéndose por medio
de las venganzas v de una inexorable energía al
fin que se liabia propuesto. Ademas , si esta terri-
ble controversia. dividía tan fuertemente los ánimos
en la Convencion de Paris, mayor riesgo habia
en proponerla á las cuarenta y cuatro mil seccio-
nes del territorio francés, porque en todos los tea-
tros v en todas las sociedades populares se dispu-
taba




tumultuosamente , y era menester que la
Convencion se atreviese á decidir la cuestion por
si misma , no dejándola á la .Franeia , que tal vez
la resolveria con las armas.
• Adoptando Vergniand en este punto la °pinillo
de-sus amigos, sostiene que no debe temerse la
guerra civil. Dice que en los departamentos, los
agitadores no hao.adquirido la preponderancia que


PRáNCESA. 335
una cobarde debilidad les ha dejado usurpar en Pa-
ris; que por mas que han recorrido la superficie
de la república, solo han hallado desprecio , dán-
dose el ma yor ejemplo de obediencia a las leyes,
respetan do la impura sangre que por sus venas
corría. Refuta en seguida los temores que se han
manifestado sobre la verdadera mayoría, compues-
ta, segun se ha dicho, de intrigantes , realistas y
aristócratas, declarándose contra la orgullosa asen-
cion de que la virtud estaba en minoría sobre la
tierra. «Ciudadanos, esclama , Catilina estuvo en
«minoría en el senado romano y si esta minoría
«hubiese vencido , adios Roma, senado y libertad.
«En la Asamblea constituyente Maury y Cazales,
«pertenecieron á la minoría, y t ay de vosotros si
«hubiesen prevalecido ! Tainbien están los reyes
«sobre la tierra en minoría, y para encadenar á
«los pueblos leen igualmente que está la virtud
«en minoría, Tambien dicen que la mayoría de los
«pueblos la componen los intrigantes, á quienes
«es preciso imponer silencio por el terror , si se
«quiere preservar á los imperios de un trastorno
«general:»


Pregunta Veramiaud si para constituir una ma-
yoría, segun los deseos de ciertos timbres , debe
emplearse el destierro y la muerte , trocar á la.
Francia en un desierto , y fiarla de este modo á las
ideas de algunos malvados.


Despues de haber defendido á la mayoría de la
Francia, se defiende á sí v a sus amigos,


e q pul-
ta contrastando siempre, 'y con igual valor, i to-
dos los despotismos, el de da.eórte v el de los fo-
ragidos de setiembre. Los presenta durante la jor-
nada del lo de ag ,)sto , residiendo al estrépito del




336 REVOLUCION


canon del palacio , y pronunciando la "destit 'on
antes de la victoria del pueblo, m ientras estos 1110-
vos Brutos, tan solícitos hoy en degollar á tosti-js
nidos tiranos, escondian sus temores en las


entra_fías de la tierra , y aguardaban de esta manera
resultado del dudoso combate que la libertad aha_bis trabado con el despotismo.


Echa despues á sus adversarios el cargo de
provocar la guerra civil. «¡Sil dice, quieren la
«guerra civil , los que predicando muerte contra
«los seniaces de la tirania, atribuyen este nombr
«á cuantas víctimas desea sacrificar suódio;los


-


«que alzan sus puñales contra los re p resentantes
«del pueblo , y piden que queden disueltos el go_
«Herm)




v la Convencion ; los que quieren que la
«minoría se constituya en arbitra de la mayoría,
«que pueda legitimar sus opiniones con motines,
«que se elija á los Gallinas para dominar en el se-
«nado. Quieren la guerra civil, los que predican
«estas máximas en todos los sitios públicos, per-
virtiendo al pueblo , cuando acusan á la rama de


«fuldensismo , a la justicia de pusilanimidad y á la
«santa humanidad de conspiracion.


« ¡ La guerra civil , esclama el orador , por ha-
ber invocado la soberanía del pueblo l... En julio


«de 1791 , 61116' , sin embargo , mas modestos, y
«no queriais suspenderla para reinar en su lugar.
«¡Formabais una peticion para consultar al pueblo
«sobre la sentencia que habla de pronunciarse con-
tra Luis al volver de Varennes! ¿Queriais enton-
ces la soberanía del pueblo, y hoy no se os ocur-
re que el invocarla puede escitar la guerra civil?


«¿Será porque entonces convenia á vuestras ocul-
tas miras, y hoy se opone á ellas !»


FRANCESA. 337


Pasa despues el orador á otras consideraciones.
relativas á lo que se habla dicho de que la Asam-
blea debla mostrar grandeza y valor suficiente
para llevar por sí á electo la sentencia sin con-
tar con la opinion del pueblo « Valor se ne-
«cesitaba , dice, para atacar á Luis XVI cuan-
«do estaba en todo su poderío. ¿Se necesita tan-
to para enviar al suplicio á Luis vencido y des-


«armado ? Un soldado cimbrio entra en la pri-
«sion de Mario para degollarlo ; azorado ante la
«víctima huye sin atreverse á. herirle. Si aquel
«soldado hubiese sido individuo del seriado; ¿ du-
«dais que hubiera vacilado en votar la muerte del
«tirano ? ¿qué valor hallais vosotros en una accion
«de que seria capaz el hombre mas cobarde?»


habla luego de otro género de valor , del que
conviene desplegar contra las potencias estrann-
ras.—«Pues que continuamente se habla, dice, de
«un gran acto político, no estará (lemas examinar
«la ciiestion bajo este aspecto. Es indudable que
«las potencias esperan este último pretesto para
«caer todas juntas sobre la Asamblea y la Francia.
«Quedarán seguramente vencidas, porque asi lo
«hace esperar el heroismo de los soldados france-
ses; pero costará gastos inmensos y esfuerzos de


«todo género. Si la guerra obliga á nuevas emisio-
nes de asignados que aumentarán en espantosa


«proporcion el precio de los comestibles, si oca-
«siona nuevas y mortales quiebras al comercio; si
«hace derramar torrentes de sang re en el conti-
nente v en los mares, ¿qué servicios grandes ha-


«breis Hecho entonces á la humanidad? ¿qué re-
«conocimientos os deberá la patria por haber eje-
cutado á su nombre y despreciando su desconoci-


Biblioteca popular.
417




1


338 REVOLUCION
«da soberanía. , un acto de venganza que será
«causa ó al menos el pretesto de tan aciagos acoden.
«teciinientos? Prescindo , esclama el orador,


6.«.
«toda idea de contratiempos ¿pero os atrevereis


sola-«ponderarla vuestros servicios? No habrá una sol
«familia que no tenga que llorar la pérdida del
«padre ó la del hijo ; la agricultura sentirá la falta
«de brazos , los talleres quedarán desiertos ;


• les
«tesoros exhaustos reclamarán nuevos impuestos.
«el cuerpo social rendido de la lid que tendrá
«sostener fuera con los enemigos armados, y den_
«tro con las facciones amotinadas, caerá en 'mortal
«desfallecimiento . Temed que enmedio de tales
«triunfos se parezca la Francia á los famosos mo-
numentos de Egipto que han triunfado del tiem-


«po. El pasagero que los ve se admira de su gran-
«deza; pero si quiere entrar en ellos ¿qué encuen-
stra? yertas cenizas, y el silencio de los sepulcros!»


Ademas de estos temores se ofrecen todavia
otros á la imaginacion de Vergniaud, sugeridos
por la historia inglesa y por la conducta de Crom-
wel, autor principal, aunque oculto, de la muerte
de Carlos L Sublevando éste á los pueblos primero
contra el rey , y luego contra el Parlamento mismo,
rompió su (raga instrumento, y se sentó en el sé-
lio supremo. «¿No habeis, añade Vergniaud, no
«habeis oido en este recinto, y en otras partes gri-


tar a algunos hombres: si encarece el pan, la cau-
esa está


alguno
el Temple; si el dinero está escaso, y


«nuestros ejércitos mal abastecidos, la causaestá ea
«el Temple; si tenemos que sufrir diariamente el
«espectáculo de la indigencia, la causa está en el
.«Temple!


«Los que hablan asi no saben, sin embargo,


339


«que


FRANCESA.


ue la carestia del pan, la falta de circul:caionnde.e
«los géneros, la mala administracion de los ejerci-
«tos, la indigencia, cuyo espectáculo nos ,
«provienen de distintas causas que el Temple.<,


Cuáles son pues sus proyectos? ¿Quién me ase-
gurará que esos mismos hombres que se esfuer-
ze


ta l
auncontinuamenteen envilecer la Convencion, y


vez lo hubieran logrado, si la magestad
«del pueblo que reside en ella dependiera de sus
-(perfidias; que esos mismos hombres que procla-
man por todas partes ser necesaria una nueva re-


«volucion, que hacen declararse á tal ó cual sec-
«clon en estado de sublevacion permanente, que
«dicen al Ayuntamiento que cuando ha sucedido á
«Luis la Convencion, no se ha hecho mas que cam-
biar de tiranos, y que es preciso otra jornada del


«t0 de agosto; que esos mismos hombres
• que solo


«hablan de maquinaciones, de muerte, de traido-
res y de destierros, que publican en las juntas de


«seccion, y en sus escritos ser necesario nombrar
«un defensor para la república, y que solo un gefe
«puede salvarla; ¿quién me asegurará, digo, que
«estos mismos hombres no gritarán despues de la
«muerte de Luis con la mayor violencia: si el pan
«está caro, la Convencion tiene la culpa, si el nu-
merario escasea, y nuestros ejércitos están mal


«abastecidos, la Co' nvencion tiene la culpa; si la
«máquina del gobierno está entorpecida, la Con-
«vencion encargada de dirigirla tiene la culpa;


si
«se han aumentado las calamidades de la guerra
«con las declaraciones de Inglaterra y España, la« Convencion tiene la culpa, que ha provocado se-
mejantes declaraciones, condenando precipitada-«mente á Luis?




340 REVOLUCION
«¿Quien me asegurará que á estos gritos sedl


.


«ciosos de la turbulenta anarquía, no se unirande
«pues los de la aristocracia sedienta de sangre los
«de la aliseda sedienta de trastornos, y hasta lose


ricuy
d L1


«compasio
-


as arraigadas preocupaciones habrj
«despertado la muerte de Luis? ¿Quién asegura
«rá, que en esa terrible tempestad en que saldránde.
«sus madrigueras, los asesinos del 2 de setiembre,
«no se os presentará cubierto de sangre, yn
«libertador, ese defensor, ese gefe que se dice ser
«necesario? Un gefe! Ah! si tal fuese su audacia
«no se presentarla sino para caer en el momento a:
«impulso de repetidos golpes! pero qué de horrores
«pasarían en Paris! Paris, cuya posteridad admi-
«rara el lieróico valor contra los reyes, y no con-
«cebirá jamás la ignominiosa esclavitud á unos
«cuantos foraidos, escoria de la especie humana,
«que se agitan. en su seno, despedazándole en todos
«sentidos "con los movimientos convulsivos de su
«amhicion y su furor! ¡Quién podrá habitar una
«ciudad donde reinarán el terror y la muerte! Yvo-
«sotros, ciudadanos industriosos, cuyo trabajo for-
«ma todas vuestras riquezas, y á quienes se priva-
«ria de vuestros medios de trabajar; vosotros, que
«tan grandes sacrificios habeis hecho á la revolu-
«cion, v á quienes se privada hasta de los últimos
«medios de existencia; vosotros, cu y as virtudes,
«patriotismo ardiente y buena fe han hecho tan fá-


cil la seduccion, ¿en qué veoll dais á parar? ¿Cuá-
«les serian vuestros recursos? ¿Qué manos secada
«vuestras lágrimas, y suministrarían socorros á.
«vuestras desesperadas familias!


qtriais á buscar los falsos amigos, los pérfidos
«aduladores que os han lanzado al abismo? ahl


FRANCESA. 344


«huid de ellos! temed su respuesta! Yo os la voy á
«dar. Les pediríais pan y os duran. id ácantn-
ras á luchar con la tierra por algunos trozos san-
g entos de las víctimas que habeis .dego


i
.


«Oh! ¿qucreis sangre? Tomad, ved aquí sangre y
«cadáveres, pues no tenemos otro a imento que
aofreceros!... Os estremecers; ciudadanos! Oh pa-
«tría mía! yo tambien merezco á mi vez que se ten-
«gan en cuenta los esfuerzos que hago por salvar-
«te de esta crisis deplorable!»


La improvisacion de Vergniaud produjo en to-
dos los oyentes una impresion profunda , y una
general ídiniracion. Robespierre quedó aterradol


elocuencia franca é irresistible. Verg-
niaud, sin embargo, habla conmovido , pero no
convencido á la Asamblea que fluctuaba entre los
dos partidos. Tornaron sucesivamente la palabra
muchos oradores en pro y en contra de la apclacion
al pueblo, hablando en el primer caso Brissot, Gen-
sonné y Petion, hasta que al fin un orador adqui-
rió sobre la cuestion una influencia decisiva. Tal
fué Barrere, que á su flexibilidad reunía una elo-
cuencia evasiva y yerta, siendo el modelo y orá-
culo del centro. habló mucho del proceso, le con-
sideró bajo las relaciones de hechos, leves v po-
lítica, y suministró motivos de condena á todos losdébiles que querian razones especiosas para ceder.
Sus comunes argumentos servian de pretesto á to-
dos los que vacilaban , y desde aquel momento
quedó condenado Luis X


.V.E. Hablase prolongado la
discusion hasta el 7 de enero de 4793 y va nadiequer ía oiraquella repeticiorde unos mismos hechos
y raciocinios. Cerróse sin contrariedad la discusion;
pero la proposicion de nuevo emplazamiento, escitó




312 REVOLUCION


un tumulto de los mas violentos,. decidiéndose en -fin
en un decreto, que lijó la terminacion de las en"
tiones y la votacion nominal para el 15 de enero-


Llegado el dia fatal, cercaba la Asamblea:
llenaba las tribunas una concurrencia. estraordina


v
"


ria. Se apresuran muchos oradores a proponer d'r
ferentes modos de presentar las cuestiones, y p‘n.
fin despues de largos debates, la Convencion
sume todas las cuestiones en las tres siguientes:-


¿Luis Ca peto es reo de conspiracion contra la
bertad nacional, y de atentados contra la seguridad
general del Estado?


¿La sentencia, sea cual fuere, debe remitirse 4
la sancion del pueblo?


¿Qué pena debe imponérsele?
Todo el dia. I 4 se pasó en fijar las cuestiones


reservando el 15 para la votacion nominal. Decidill
la Asamblea desde luego que cada individuo pro-
nunciase su voto en la tribuna, que este voto po
dria motivarse y se Baria escrito y firmado ; que
serian censurados los ausentes sin causa; pero lo
que entrasen pcdrian emitir su voto aun despue
de la votacion nominal. Comenzó en fin esta fatal
votacion por la cuestion primera. Ochocientos in-
dividuos faltan, por motivo de enfermedad, y vein-
te por comision de la Asamblea. 1' relata y siete
motivando sus votos de distintos modos, reconocen
culpable á Luis XVI, pero se declaran incompeten-
tes para pronunciar sentencia, y solo piden contra
el medidas de seguridad general. Ultinnimente
seiscientos ochenta y tres individuos declaran sin
esplicacion, reo á Luis XVI. La Asamhleaconsta-
ba de setecientos cuarenta y nueve miembros.


V presidente declara en nombre de la Conven-


FRANCESA. 343


don nacional, reo á Luis Capelo, de conspiracion
contra la libertad nacional, y de atentados contra
la seguridad general del Estado.


Se pasa á la segunda cuestion, que es la de ape-
lacion al pueblo. Ilállanse ausentes veinte y nueve
individuos; cuatro, que son Lafon ,, Wa delain-
Cenit Morisson y Lacroix, se niegan á votar. Re-
cúsase al llamado Noel, y once dan su opinion con
distintas condiciones. Doscientos ochenta y uno
votan por la apelacion al pueblo ; cuatrocientos
veinte y tres la desechan; y el presidente declara
en nombre de la Convencion Nacional que la sen-
tencia de Luis Capelo no se remitirá á la sancion
del pueblo.


Habiéndose empleado todo el dia 15 en aque-
llas dos votaciones nominales, se difirió la tercera
para el siguiente.


Aumentaba la agitacion en Paris, conforme se
aproximaba el instante decisivo. En el teatro se
habian oido voces favorables á Luis XVI, con mo-
tivo de la representacion de El amigo de las leyes.
El Ay untamiento !labia mandado se suspendiesen
todoi los espectáculos, pero el consejo ejecutivo ha-
bia revocado esta providencia, como atentatoria
á la libertad de imprenta, en que se comprendia la
libertad del teatro. En las prisiones reinaba una
consternacion indecible, pues se !labia esparcido
el rumor de que se renovarían en ellas las horribles
escenas de setiembre, y los presos y sus parientes
acosaban con instancias á los diputados para que
les librasen de la muerte. Los jacobinos por su par-
te, decian que por donde quiera se conspiraba por
arrancar del suplicio á Luis XVI, y restablecer el
trono. Su furor, escitado con las dilaciones y obs-




34 REVOLUCION


táculos, se hacia mas amenazador, y amb os na
tdos se intimidaban de esta manera, atribuyérudrot


mútuamente siniestros proyectos. Lasesion del -1-1
babia llamado una' concurrencia mas numerosa
aun que las precedentes,. pues era la sesion dee


.


-lsiva, porque la declaracion de culpabilidad nadam
era, si Luis XVI saiia condenado á mero destierro'
lográndose el objeto de los que querian se salvase
supuesto que lo que podian desear por entonces era
arrancarle del cadalso Desde muy temprano se ha-
bian llenado las tribunas por losjacobinos, que te_
nian sus ojos fijos en la mesa en que iba á emitir
su voto cada individuo. Gran parte del dia se cm_
aleó en resoluciones de &den público, en llamar á


los ministros, en oirles, en pedir explicaciones al
corregidor, sobre la clausura de las barreras, que
se decía estaban cerrarlas durante el día. La Con-
vención decreta que queden abiertas , y que los
confederados que estén en Paris, dén con los pa-
risienses el servicio de la plaza, .y de todos los es-
tablecimientos públicos;como el dia estaba ya mur
entrado, se decidió que 'fuese permanente la sesioia
hasta el lin de la votacion nominal. En el momen-
to de ir á empezar esta, se pide, fijen el número
de votos que debe tener la sentencia. Lehardy pro-
pone las dos terceras partes de los votos, como en
las causas criminales; pero Danton que acababa
de llegar de Bélgica, se opone terriblemente ,
exige la simple mayoría, es decir, la .mitad de los
votos mas uno. Lanjuinais se opone a nuevos in-
sultos, pidiendo que entre tantas infracciones de
las fórmulas judiciales , se observe al menos laque
exige las dos terceras partes de votos. Aqui esta-
mos votando, dice, bajo el puñal y el caños de los


FRANCESA. 34.5


facciosos . A cuyas palabra s se opone innumera-
bles gritos, y la Convencion minas


n
edeesbiaintei ,


declarando que la fórmula de sus decretos
l ,


ea, y que segun esta fórmula, todos se espiden por
simple mayoría.


Eran las siete y media de la tarde cuando em-
pezó la votacion dominal que debia durar toda la
noche. Los unos pronunciaban simplemente la
muerte: los otros se decidian por la prision y el
destierro despues de la paz ; algunos votaban la
muerte con una restriccion , la de examinar si se-
ria convenieae sobreseer en la ejecucion. 141n i llre
era el autor de esta restriccion que podia salvar á.
Luis XVI, porque todo se cifraba en el tiempo, y
una demora equivalia á una absolucion. Una
multitud de diputados se pronuncian por esta opi-
nion, y prosigue la votacion en medio del estruen-
do. Al propio tiempo, llegando á lo sumo el inte-
rés que (labia inspirado Luis XVI , entran varios
individuos con el intento de votar en su favor; pe-
ro tambien por otra parte se habla aumentado el
encarnizamiento de sus enemigos; y el pueblo ha-
bia acabado por identificar la causa de la repúbli-
ca con la muerte del último rey : mirando á la
primera perdida, y restablecido el trono , si Luis
XVI quedaba salvo. Intimidados por el furor que
producid este convencimiento popular, muchos in-
dividuos creian que amenazaba la guerra civil : y
aunque compadecidos de lasuerte de Luis XVI re-
trocedian espantados al considerar las consecnen-
ems de una absolucion. llamase mucho ma yor es-
te recelo al presencial' la escena que pasaba en la
Asamblea, pues á medida que cada diputado iba
subiendo las gradas de la mesa, callaban todos




346 REVOLUCION


ra oírle, pero despues que daba su voto, se alza,han g inmediatamente y le acompañaban á su aii`
to los gritos de aprobacion ó desaprobacieu
tribunas recibian con murmullos todos los votos
que no pronunciaban la muerte, y á veces hasta
amenazaban á la Asamblea con sus ademanes odiputados respondian á ellos desde el salonly
aquí resultaba una tumultuosa corresponden'cía
amenazas y de injurias. Esta sombría y terrible
escena habla conmovido todos los ánimos y hecho
variar muchas resoluciones. Lecointre de. Versa
lles, de cuyo valor no se dudaba, que no habiade:


la
de hacer señas contra las tribunas, llega á


mesa, queda indeciso , y deja salir finalmente
de su boca la inesperada y terrible palabra de
muerte. Vergniaud que parecia profundamente sen-
sible á la desdicha de Luis XVI , y que habla de-
clarado á algunos amigos que nunca podria con-
denar á este desventurado príncipe, V ergniaud al
ver tan desordenada escena, cree que la guerra ci-
vil está va en Francia, y pronuncia sentencia de
muerte, añadiendo sin embargo la enmienda de


Preguntándole acerca de su mudanza de
opinion, responde que ha creído ver próxima á
estallar la guerra civil, y que no se ha atrevido á
aventurar por la vida de un individuo el sosiego
de la Francia.


Casi todos los girondinos adoptaron la enmien-
da de Mailhe ; pero el diputado cuyo voto causó
mas sensacion, fué el duque de Orleans, que obli-
gado á contemporizar con los jacobinos o á pere-
cer, pronuncia la muerte de su pariente, y vuelve
á su sitio en medio de la agitacion que su voto ha-
biaproducido. Esta triste sesion duró toda la noche


FRANCESA. 34.7


esperándose


4 6 y todo el dia 17 hasta las siete de la tarde,p
erándose el escrutinio de los votos con estraor-


dinaria impaciencia; las avenidas estaban plaga-
das degente que se pregu, ntg ban unos á otros el
resultado de la votacion. En la Asamblea nada de
cierto se sabia aun , porque se ereia haber oido
proferir las palabras reclusion ó destierro, con tanta
frecuencia como la. de muerte. Segun unos, faltaba
un voto para la condenacion, y segun otros ha-
bia mayoría, pero de un solo voto. Por todas par-
tes en lin, se decia que un solo parecer podia de-
cidir la cuestion; y se miraba con ansiedad si se
acercaba nigua nuevo votante , cuando se pre-
sentó en la tribuna un hombre que andaba con mu-
cho trabajo, y cuya cabeza entrapajada anunciaba
que estaba malo, era Duchaste', diputado de los
Dos-Sevres , que se había levantado de la cama
para ir á dar su voto. Al verle, prorumpen ea
gritos tumultuosos, y pretenden que los conspira-
dores han ido á busca rle para salvar a Luis XVI; quie-
ren preguntarle, pero la Asamblea lo rehusa y le da
facultad para que vote, en virtud de la decision
que admitía el sufragio despues de la votacionno-
minal. Duchastel sube con firmeza á la tribuna, y
en medio de la universal espectativa pronuncia el
destierro.


Siguense nuevos incidentes. El ministro de ne-
gocios estraugeros pide la palabra, para comuni-
car una nota del caballero Oscariz, embajador de
España, en que ofrecia la neutralidad de esta na-
cion y su mediaciou con las demas potencias, sise
concedía la vida á Luis XVI. Los montañeses im-
pacientes opinan que era una combinacion para
presentar nuevos obstáculos, y piden el órden




348 REVOLUCION
dia. Danton quiere que inmediatamente se declarP
la guerra


; los defensores


á España, y la Asamblea adopta la ere


clon
den del dia. Anúnciase despues una nueva pe


de Lti is XVI quieren presentí
se á la Asamblea. para hacerla una comunicacioar.


uLa Montaña prorurn pe en nuevos gritos, y b'
bespierre pretende que concluida ya toda defensa
los abogados nada tienen que comunicar á la Con'
vencion, que la sentencia esta dada , y que debe
pronunciarse; por lo cual se decide que los defen-
sores no serán admitidos hasta despues de haber-
se pronunciado la sentencia.


Era presidente Vergniaud. «Ciudadanos, dice,
«vo y


á publicar el resultado del escrutinio. Espelí
«roque guardareis un pr ifuado silencio , porque.
«cuando la justicia ha hablado , tiene su vez la!
«humildad.»


Constaba la Asamblea de setecientos cuarenta.
NT nueve individuos: quince faltaban por comision,
ocho por enfermedad ; cinco no hablan querido
votar; por lo cual quedaba reducido el número
de los diputados presentes, á setecientos veinte y
uno, y la mayoría absoluta á trescientos sesenta y
un votos. Doscientos ochenta y seis habian votado
por la detencion ó el destierro con varias condi-
ciones; dos por la prision, cuarenta y seis por la
muerte con sobreseimiento ya hasta la paz, ya
hasta que se ratificase la constaucion. Veinte y seis
se habian decidido por la muerte ; pero , como
Mailhe, habian solicitado que se examinase si se-
ria mas útil sobreseer en la ejecucion. Su voto era
sin embargo independiente de esta última cláusu-
la. Trescientos sesenta v uno habian votado por
la muerte sin condicion ninguna.


349FRANCESA.


El presidente declara con el acento . orautoderld lollord
nombre de la Convencion, que la j.)_


dada contra Luis Capelo es LA DE MU
Entran al mismo tiempo en la barra los defen-


sores de Luis. M. Deseze torna la palabra y dice,
que viene enviado por su cliente para pedir la cpe-
lacion al pueblo de la sentencia dada por la Con-
vencion. Se apo ya en el pequeño número que han
decidido la condena, y sostiene que, puesto que ha
habido tantas dudas en los ánimos, conviene con-
sultar á la uacion misma. Tronchet añade, que si
bien se ha seguido el código penal, en cuanto á, la
severidad de la pena , debiera haberse seguido
al menos en cuanto á la humanidad de las forma-
lidades; no habiendo debido desentenderse de la
que exijia las dos terceras partes de votos. Habla
a su vez el venerable Malesherbes, y con una
voz interrumpida por los suspiros, dice: «Ciudada-
«nos, no tengo costumbre de hablar en público....
«veo con sentimiento que no se me da tiempo
«para coordinar mis ideas sobre el modo de con-
dar los votos.... tengo que comunicaros algu-
«nas observaciones.... pero.... ciudadanos....
«perdonad mi turbacion.... cona ededme hasta ma-
«ñana para esponeros mis pensamientos. ..»


Counauevese la Asamblea al aspecto de las la-
grimas de las canas de este venerable anciano.
«Ciudadanos, dice Vergniaud á los tres defensa-
«res, la Convencion ha oido vuestras reclamacio-
nes, que eran para vosotros un deber sagrado. ¿Se


«quiere, añade, dirijiéndose á, la Asamblea, conce-
der los honores de la sesion á los defensores de


«Luis?»—Si, si, gritan unánimemente.
Robespierre toma en seguida la palabra, y re-




350 REVOLUCION


cordando el decreto dado contra la apeheio
npueblo , rechaza la peticion de los dele' ciso,es


Guadet quiere que sin admitir la apelacion'i


pueblo se concedan veinte y cuatro lloras á
Ma-


I'lesherbes. Mediu de Douay sostiene que nada h
que decir sobre el modo de contar los votos, noa;
que si el código penal que se invoca exiier
dos terceras partes de votos para la declaraciolas
del hecho, solo exije la simple mayoría paran
aplicar la pena. Y. que habiéndose en el caso-
actual declarad , la culpabilidad casi unanimemen.
te, importa poco no haber obtenido para la pena
mas que la simple mayoría,


Segun estas distintas observaciones, la Con-
vención- pasa al Orden del din sobre las reclama-
ciones de los defensores, declara nula la apelacioa
de Luis, deja para el dia siguiente la cuestion de
sobreseimiento. Al siguiente din 18, se pretende
que la cuenta de los votos no se ha hecho exacta-
mente, y piden que vuelva a efectuarse. Pasase to-
do el di à en contestaciones, el cálculo sale por fin
exacto, y tienen que dejar para el dia inmediato la
cuestion del sobreseimiento. El 19 se trata final-
mente de la Ultima cuestion, que era poner en Pro-
blema todo el proceso, pues la dilacion era la mis-
ma vida para Luis XVI. Así, despees de haber
apurado todas las razones discutiendo la pena y la
aPelacion, los girondinos y los que querian salvar
á Luis XVI no sabia!' ya de que medios valerse.
Alegaban todavia razones políticas ; pero se les
respondió, que si Luis XVI estuviese muerto,
se armarian para vengarle. Que si estuviese vivo
y preso se armarian tambien para libertarle,. y
que por consiguiente los resultados eran los mis-


FRANCESA.


mos. Barrere pretendió que era indigno andar pa-
seando asi tina cabeza por las córtes estrangeernalso,
y estipular la vida ó la muerte de un reo, o
ún articulo de un tratado. Añadió que seria una
crueldad para el mismo Luis XVI, que moriria
á cada movimiento de los ejércitos. La Asamblea,
cerrando luego la discusion, decidió que cada in-
dividuo votase sí ó no sin dejar la sesion.


El 90 de enero á las tres de la mañana se con-
cluyó la votacion nominal, declarando el presi-
dente por mayoría de trescientos ochenta votos
contra trescientos diez, que no se sobreseería en
la ejecucion de Luis Capeto.


Llega al mismo tiempo una carta de Kersaint,
diputado, que hace dimision. No puede ya, dice
á la Asamblea, sobrellevar la vergüenza de sentar-
se ensu recinto con hombres sanguinarios, mientras
precedidos del terror hacen triunfar su opinion de
la de los hombres de bien, y mientras Marat
triunfa de Petion. Esta carta produce un rumor
estraordinario, y Gensonné que toma la palabra,
elije esta ocasion para vengarse de los setembris-
tas por el decreto de muerte que acababa de dar-
se. «De nada servia, decia él, haber castigado los
«atentados de la tiranía, si no se castigaban otros
«mas temibles; que no se cumplia mas que con la
«mitad de los deberes, si no se castigaban las atro-
«cidades de setiembre, y si no se formaba suma-
ria contra sus autores.» A cuya proposicion se le-


vantó aplaudiendo la mayor parte de la Asamblea.
Marat y Tallien se oponen á este movimiento. «Si
kcastigais, dicen, á los autores de setiembre, cas-
tigad tambien á los conspiradores que estaban


« atrincherados en el palacio en la jornada del 10 de


354




352 REVOLUCION
«agosto.» Inmediatamente la Asamblea, acogiendo
todas estas peticiones, manda al ministro de la
justicia que se persiga á la vez á los autores de los
atropellos cometidos en los primeros dias de se-
tiembre, á los individuos que se hallaron en el pa.
lacio con las armas en la mano en la noche del 9
al 10, y á los empleados que dejaron sus destinos
para venir á Paris á conspirar con la córte.


Luis X.V.1 quedaba decididamente condenado;
ningun sobreseimiento podia retardar el momento
de la sentencia, y cuantos medios se habían ima-
ginado para prolongar el instante fatal, se habian
.
..‘7a agotado. Todos los individuos del lado derecho
'Y los realistas ocultos como los republicanos, se
hallaban igualmente consternados por la cruel sen-
tencia,y por el ascendiente que acababa de adqui-
rir la Montaña. Reinaba en todo Paris un estupor.
profundo : la audacia del nuevo gobierno habla
producido el efectoordinario de la fuerza sobre las
masas, acobardando é imponiendo silencio á la
mayor parte, y escitando solo algun destello de
indignacion en almas de temple superior. Existian
aun -algunos antiguos sirvientes de Luis XVI, al-
•unosSeñores jóvenes yatgunos guardias de Corps,


q ue, segun decían, se proponian correr á defenderal monarca, y arrancarle del suplicio. Pero el ver-
se, oirse y convenirse en medio del profundo
terror de unos, y de la activa dilijencia de otros,
era impracticable; y lo único que podia hacerse
era intentar alguna prueba aislada de desespera-
cien. Los jacobinos, envanecidos con su triunfo, se
admiraban de él. sin embargo, y se recomendaban
la union durante las últimas veinte v cuatro ho-
ras, y trataban de enviar comisionados á todas las


FRANCESA.
353


autoridades, al Ayuntamiento, al estado mayor deja G. N., al departamento y al consejo ejecutivo
para renovar su celo y asegurar la ejecucion de la
sentencia. Decian que esta sentenciase efectuaria,
que seria infalible, pero segun el cuidado que te-
nían de repetirlo se conocian que tenían algunas
dudas. El suplicio de un rey en medio de una
nacion, que tres años antes era, en sus costum-
bres, usos y leyes una monarquía absoluta, no pa-
recia posible, ni podía creerse hasta despues que
se verificarse.


La comision de ejecutar la sentencia, se dió al
consejo ejecutivo


.


Todos los ministros estaban reu-nidos y llenos de consternacion en la sala de sus
sesiones, y Garat como ministro de la justicia te-
nia á su cargo el papel mas penoso, el de notifi-
car á Luis X VI los decretos de la Convencion. Se
traslada al Temple acompañado de Santerre , de
una diputacion del Ayuntamiento y tribunal cri-
minal , y del secretario del consejo ejecutivo.
Luis XVI hacia cuatro dias que esperaba á sus
defensores, y en vano solicitaba verlos. El 20 de
enero á las dos de la tarde , estaba aguardándolos
aun, cuando de repente oye el ruido de un nume-
roso aco


mpañamiento: adelántase y distingue á los
enviados del consejo ejecutivo. Detíénese con no-
bleza en la puerta de su liabitacion


sin dar mues-tras de alteracion ninguna : Garat le participa en-
tonces con tristeza, que está encargado de notifi-
carle los decretos de la Convencion; Grouvelle, se-
cretario del consejo ejecutivo, principia su lectura:
el primero declara á Luis XVI reo de atentado con-
tra la seguridad general del Estado ; el segundo le
condena á muerte ; el tercero prohibe toda apela-


Bibtioteca.poputar.
T. ir. 418




REVOLUCION


don al pueblo , y el cuarto finalmente, manda la
ejecucion en el término de veinte y cuatro horas.
Luis examinando a todos los que le rodeaban con se-
renos ojos , toma la sentencia de manos de Grou-
valle , la guarda en el bolsillo, y lee á Garat una
carta eu quo pedia tres días para prepararse á mo-
rir, un confesor que le asistiese en sus últimos mo-
mentos, licencia para ver á. su familia , y permiso
para que esta saliese de Francia. Garat toma la car-
ta prometiéndole entregarla al punto á la Conven-
cien, y el rey le indica al propio tiempo el eclesiás-
tico de quien quería recibir el postrer auxilio.


Luis X VI se retiró muy tranquilo, pidió de co-
mer, y comió como acostumbraba. Le hablan qui-
tado los cuchillos, y no querian dárselos. «¿Me creen
«tan cobarde, dijo con dignidad, que atente con-


tra mi vida'? Estoy inocente y moriré sin temor.»
Se vió precisado á no tener cuchillo ; acabó su co-
mida, entró en su cuarto , y esperó con tranquili-
dad la respuesta á su carta.


La Convencion se negó al sobreseimiento, pero
otorgó todas las demas peticiones. Garat envió á
buscar á M. Edgeworth de Firmont, el eclesiástico
que habia elegido Luis V1, y haciéndole subir á
su coche, él mismo le condujo al Temple. Llegó á
las seis, y se presentó en la torre mayor, acoMpa-
iiado de Santerre, participando al rey que la Con-
vencían le permitia tener un ministro del culto, y
ver a su familia sin testigos ; pero que desechaba
la peticion de sobreseimiento.Garat añadió, que estaba en la sala del conse-
jo, y próximo á entrar M. Edgeworth , retirándose
cada vez mas afinirado y conmovido de la tranqui-
la magnanimidad del príncipe.


PRINCESA. 3¿.15


Apenas entró M. de Edgeworth quiso echarse
á los pies del rey , pero este le levantó inmediata-
mente vertiendo ambos lágrimas de ternura, le pi-dió •


en seguida con viva curiosidad , noticias del
clero de Francia, de varios obispos y especialmen-
te del arzobispo de Paris, rogándole asegurase á
este, que moría fiel á su comuuion. Al dar las ocho
se levantó, suplicó á 31. Edgeworth que esperase,
y salió enternecido , diciendo , que iba á ver á su
lamiba. Los del Ayuntamiento no queriendo per-
der de vista al re y


, aun cuando estuviese con su
, hablan resuelto que la viese en el come-


dor, cerrado con una puerta de cristales, por la
cual podian observar todos sus movimientos sin es-
cuchar lo que hablasen. Entró el rey é hizo que le
dejasen agua sobre una mesa para socorrer á las
princesas, en caso de necesidad. Paseábase con.
inquietud, aguardando el triste momento en que se
presentasen las personas á quienes quería tanto, y
á las ocho y media se abrió la puerta y entraron
la reina con el Dellin de la mano , 3ladama Isabel
y madama Real ; arrojáronse en los brazos de
Luis XVI, y prorumpicron en amargo llanto. Cer-
raron la puerta y los del A yuntamiento, Clery y
M. Edgeworth , se pusieron ^letras de la vidriera
para presenciar tan lastimosa entrevista. Al prin-
cipio fué una escena de desconcierto y desespera-
clon, no dejando percibir nada los gritos y los la-
mentos ; pero despues cesaron estos, se tranquili-
zó la conyersacion, y las princesas teniendo aun al
rey abrazado le hablaron algun tiempo en voz baja.
Despues de un coloquio bastante largo, triste y si-
lencioso á. veces, se levantó para librarse de aquella
despedazante situacion y prometió repetir la visita




336 REVOLUCION
el dia siguiente á las ocho de la mañana.—Nos lo
prometeis , pre guntaron con. inquietud las prince-
sas. Si, si respondió el rey traspasado de dolor.
Al mismo tiempn la reina le habia cogido de unbrazo, Madama Isabel de otro, su hija le tenia abra-
zado por la mitad del cuerpo, y el príncipe niño
puesto delante de él , daba las manos á su ma-
dre y á. su tia. La jóven princesa cayó desvanecida
cuando iba á. retirarse, pero al punto se la lle-
•aren, volviendo el re y


buscar á M. de Edgeworth
postrado de dolor por tan terrible escena. A poco
tiempo se sosegó y recobró su serenidad.


M. de Edgeworth le ofreció entonces decirle
misa que no habia oido hacia mucho tiempo , y
vencidas algunas dificultades accedió el Ayunta-
miento á esta ceremonia, enviando a pedir á la
pró:cima iglesia los ornamentos necesarios para el
dia siguiente por la mañana. Recogiese el rey á
media noche, encargando á Clery que le desper-
tase antes de las cinco. M. de Edgeworth se echó
en una cama, y Clery permaneció en pié junto á la
cabecera de su amo , contemplando el sosegado
sueño que disfrutaba en la víspera de ir al ca-
dalso.


Mientras pasaba esto en el Temple, ocurria en
Paris una espantosa escena. Algunos ánimos indig-
nados fermentaban por todas partes, mientras la
multitud ó indiferente ó aterrada permanecia


La guardia de corps llamado Paris habia
resuelto vengar la muerte de Luis XVI en uno de
sus jueces. Lepelletier-Saint-Fargeau, como otros
muchos de su clase , habia votado por la muerte
para hacer así olvidar su nacimiento y su fortuna,
escitando mucha indignacion entre los realistas


PRANCESA-
357


por la clase á que pertenecia. Hallándose en una
fonda del Palacio real el dia 20 por la tarde, se le
enseñaron al guardia de corps Paris cuando iba á,
sentarse á la mesa. El jóven se acerca á él cubier-
to con un gran ropa y le dice:---¿Eres tú, malva-
do Lepelletier , el que ha votado la muerte del
rey?—Si, responde este, pero soyyo no so malvado,
porque he votado segun mi conciencia.—Pues to-
ma, replica Paris, toma el premio y le traspasa el
costado con su sable. Cae Lepelletier y Paris desa-
parece sin dar tiempo á que se apoderen de él.


La noticia de este acontecimiento cunde al pun-
to por todas partes, denunciándola en la Conven-
cion, en losjacobinos y en el Ayuntamiento, y con
ella adquieren mayor crédito los rumores de una
conspiracion tramada por los realistas, con objeto
de degollar el lado izquierdo y libertar al rey al
pie del cadalso. Los jacobinos se declaran en se-
sion permanente , y envian nuevos comisionados
á todas las autoridades y secciones para activar la
vigilancia, y poner á todo el pueblo sobre las ar-
mas. Al dar el Temple las cinco de la mañana
el 21 de enero, se despierta el rey, llama á Cle-
ry, le pregunta qué hora es, y se viste con sosíe-
ío, celebrando haber recuperado sus fuerzas con
el sueño. Clerv enciende lumbre, y coloca una có-
moda para que sirva de altar, M. de Edgeworth
se reviste de los ornamentos y empieza á celebrar
la misa ayudándole Clery y oyéndola el re y


de ro-
dillas con sumo recogimiento. En seguida recibe
la comunion de manos de M. Edgeworth, y conclui-
da la misa se levanta lleno de valor o


espera tran-
quilo el momento de ir al cadalso. Pide unas tijeras
para cortarse él mismo los cabellos por no espo-




358 REVOLUCION
nerse á esta humillante operacion en manos del
Verdugo; pero el Ayuntamiento no quiere otorgár-
selas por desconfianza.


Sonaban los tambores por la capital, y todos
cuantos pertenecian á las secciones armadas se
incorporaban á sus compañías con toda sumision:
pero los que no teman obligacion ninguna de figu-
rar en tan terrible dia, permanecian en sus casas.
Todas las puertas y ventanas estaban cerradas, y
cada uno esperaba en su habitacion el término de
tan triste acontecimiento ; pues se decia que cua-
trocientos ó quinientos hombres apasionados del
rey debian a golparse sobre su coche. La Conven-
cion, el Ayuntamiento, el consejo ejecutivo y los
jacobinos estaban en sesion.


A las ocho de la mañana pasó Santerre al Tem-
ple con una diputacion del Ayuntamiento, del de-
partamento y del tribunal criminal. Luis XVI oyó
que se acercaban, se levantó y se dispuso á mar-
char, no habiendo querido volver á ver á su fami-
lia, por no renovar la triste escena del dia ante-
rior. Encarga á Clero que se despida por él de
su muger, de su hermana é hijos, y le da un sello,
un poco de pelo, y varias joyas para que todo lo
entregue, estrechándole despues la mano, y dán-
dole gracias por sus servicios. En seguida se diri-
ge á uno de los del Ayuntamiento, suplicándole
que transmitiese á dicha corporacionsutestamento,
pero este hombre, que era un antiguo eclesiástico,
llamado Santiago Roux , le responde soezmente,
que él está encargado de llevarle al suplicio, y no
de hacer sus recados. Otro se encarga de hacerlo
y Luis volviéndose al acompañamiento , hace se-
reno la señal de marchar.


FRANCESA. 359
Al vidrio del .coche iban sentados oficiales de


gendarmería ; y el rey y M. de Edgewort, en la
testera. Por el camino, que fue bastante largo, iba
el rey leyendo en el breviario de M. Edgeworth
las oraciones de los agonizantes, y los dos gen-
clarines estaban asombrados de su piedad y de su
tranquila resignacion. Llevaban Orden, segun se de-
cia, de matarle en caso de que fuese atacado el
coche, pero ninguna demostracion hostil se mostró
desde el Temple á la plaza de la Revolucion. La
carrera estaba llena de gente armada, y el coche
caminaba poco á poco en medio dei silencio uni-
versal. En la plaza de la Revolumon se habla de-
jado libre un gran espacio alrededor del cadalso,
defendido por cañones, v cerca del tablado se ha-
bian colocado los confederados mas furibundos; y
el populacho dispuesto siempre á ultrajar el genio,
á la virtud ó al infortunio, cuando le dan alas, se
agolpaba tras las filas de los confederados , y era
quien únicamente daba algunas muestras esterio-
res de satisfaccion , mientras todo el mundo aho-
gaba en el fondo del corazon los afectos que le po-
seian. A las diez y diez minutos se paré, el coche,
y Luis XVI, poniéndose en pié , con entereza baja
á la plaza. Se le presentan tres verdugos, pero no
consiente que le toquen, y se despoja él mismo de
su ropa; y al ver que querían atarle las manos,
hace un movimiento de indignacion, y parece dis-
puesto á defenderse. Entonces M. de Edgeworth,
cuyas palabras fueronála sazon sublimes, dirigién-
dole la última mirada, le dice, «Sufrid ese ultra-
«ge como la postrera semejanza que vais á tener
«con Jesucristo y como una recompensa» A. estas
palabras la víctima resignada y humilde se deja




360 IIEVOLUCION


atar y conducir al patíbulo. De repente dá Luis
un paso , se separa de los verdugos y se adelanta
para hablar al pueblo. «Franceses , dice con voz
«entonada, muero inocente de los crímenes que se
«me imputan; perdono á los autores de mi muer-
te y pido al cielo que no caiga mi sangre sobre la


«Francia.» Iba á continuar, pero al punto se ha-
ce seña á los tambores para que toquen; la voz del
príncipe se apaga entre los redobles; los verdugos
se apoderan de él y M. de Edgevorth le dice es-
tas palabras: alijo de san Luis, subid al cielo.—
Apenas corre su sangre, cuando una multitud de
furiosos acuden á mojar en ella sus picas, y á em-
papar sus pañuelos, esparciéndose por Paris á los
gritos de viva la república! viva la naylon! v vendo
hasta las puertas del Temple , á dar testimonio de
la brutal y falsa alegría, que la muchedumbre ma-
nifiesta al nacimiento, advenimiento y caída de to-
dos los príncipes.


CAPITULO IX.


situado') de los partidos despues de la muerte de Luis XVI.—
Mudanzas en el poder ejecutivo. Retirada de Roland; nómbrase
á Beurnonville ministro de la Guerra en reemplazo de Pache.—
Situacion de la Francia respecto á las potencias estrangeras;
papel que representa la Inglaterra; politica de Pit.—Es lado de
nuestros ejércitos en el Norte; anarquia en Bélgica á consecuen-
cia del gobierno revolucionario.—Dumouriez viene otra vez á
Paris; su oposicion á los jacobinos.—Segunda liga contra
la Francia; planes de defensa general propuestos por Dinou-
riez.—Quinta de trescientos mil hombres. Invasion dela Holanda
por Dumouriez; bosquejo de los planes y operaciones militares.
Nombramiento de Pule para corregidor de Paris.—Agitacion
de los partidos en la capital. Su fisonomía; lenguage é ideas en
el Ayuntamiento, en los jacobinos y en las secciones.—Turbu-
(rucias de Paris con motivo de los viveros; saqueo de las tiendas
de comestibles.—Continuacion de la lucha entre girondinos y
montañeses; sus fuerzas y medios.—Reveses de nuestros ejérci-
tos en el Norte. Decretos revolucionarios para la defensa del
pois.—Establecimiento del tribunal criminal estraordinario;
turbulentas discusiones en la Asamblea con este motivo; acon-
tecimientos en la tarde del 40 de marzo; proyecto frustrado de
embestida contra la Convencion.


Si profundo fué el terror que causó en Francia
la muerte de Luis XVI, no fué menor el asom-
bro y la indignacion que produjo en toda la Euro-
pa civilizada. Como lo habian previsto los revolu-
cionarios mas sagaces, se habia empeñado la lucha
y toda retirada era absolutamente imposible. Pre-


It




362 REvotaicioN
ciso era combatir la liga de los tronos y derrotar-
los, ó perecer a sus manos; de modo que en la
Asamblea, en los jacobinos, Y en todas partes era
opinion admitida que solo se (iebia tratar de la de-
fensa exterior; desde cuyo momento las cuestiones
de guerra y de hacienda, quedaron invariablemen-
te para el órden del dia.


liemos visto el temor que mútuamente se ins-
piraban los dos partidos interiores. Los jacobinos
creían ver un resto peligroso de realismo en aque-
lla resistencia contraria . á la condena de Luis XVI,
y en el horror con que miraban muchos departa-
mentos las atrocidades cometidas desde el 10 de
agosto. Por esto dudaron de su triunfo hasta el pos-
trer instante, pero quedaron tranquilos al presen-
ciar la facil ejecucion del 21 de enero. Desde en-
tonces empezaron á creer que podia salvarse la
causa de la revolucion, y prepararon alocuciones
para ilustrar á los departamentos y ganarlos del
todo. Los girondinos por el contrario, conmovidos
ya con la desgracia de la víctima, y alarmados ade-
más con la victoria de sus adversarios, comenzaban
á entrever en el suceso del 24 de enero, el presa-
gio de largos y sangrientos furores, y el primer
hecho del inexorable sistema que combatian. Es
verdad que se les habia concedido la persecucion
de los autores de setiembre, pero era una concetion
sin resultados. Abandonaron á Luis XVI, porque
quisieron probar que no eran realistas; y desenten-
diéndose sus contrarios de los setembristas, trata-
ron de probarles que no protegian el crimen; pero
ninguna de estas pruebas satisfizo ni tranquilizó á,
nadie. Velase siempre en ellos, débiles republica-
nos y casi realistas, del mismo modo que ellos ha-


FRANCESA. 363
liaban en sus contrarios unos enemigos sedientos
de sangre y de matanzas. Roland enteramente de-
salentado, no por el peligro sino porque vela clara-
mente que no podía ser útil, presentó su dimision
el 23 de enero. Celebráronlo los jacobinos, aunque
;;citaron que todavía se hallaban en el ministerio
les traidores Claviere y Lebrón, dominados por el
intrigante Brissot; que el mal no se habia atajado
aun; y que era preciso no ceder sino manifestar
por el contrario doble actividad, hasta que estu •
viesen separados del gobierno los intrigantes, los
girondinos, los rolandistas, los brissotistas, etc. In-
mediatamente pidieron los girondinos la reorgani-
zacion del ministerio de la guerra, que Pache por
su debilidad con los jacobinos, Babia dejado en el
estado mas lastimoso, y despees de reñidas dispu-
tas se le exoneró por incapaz; de modo que los dos
corifeos que tenían dividido el ministerio, y cuyos
nombres habian llegado á, ser los dos entremos
opuestos de union, quedaron escluidos del gobier-
no. Creía la mayoria de la Convencion haber hecho
con esto una gran cosa para el afianzamiento de la
paz, comalsi por suprimir las nombres de que se ser-
vian pasiones encontradas, no sobrevivieran estas
hallando siempre nombres nuevos para seguir sus
contiendas. Beurnonville, el amigo de Dumouriez
y apellidado el iblaf,c, Francés, fue elegido para el
ministerio de la Guerra. Los partidos no le cono-
cian sino por su valor; pero su amor á la disciplina
iba á ponerle muy pronto en pugna con el genio
violento de los jacobinos. Despues de estas provi-
dencias, se pusieron al órden del día las cuestiones
de hacienda, punto el mas interesante de todos,
teniendo la revolucion que luchar con toda la Eu-




361 REVOLITION
ropa. Decidióse al mismo tiempo, que en el térmi-
no de quince dias á lo mas, diese su informe la co-
mision de constitucion, y que eu seguida se trata-
ria de la enseñanza pública. Muchos que ignoraban
la causa de las turbulencias revolucionarias, se fi--
o-tiraban que todaslas desgracias del Estado estaban
en las leyes, y quela constitucion pondría remedio á
todos los desórdenes; por esto, una porcion de gi-
rondinos, y todos los individuos de la Llanura, no
dejaban de pedir la Constitucion, y de quejarse de
las demoras que este asunto sufria, diciendo que
su cargo era constituir. Todos creian que habian
sido llamados con este único objeto, y que podia
cumplirse con este deber en pocos m eses. Aun no
habian comprendido que no eran llamados á. cons-
tituir, sino á combatir; que su mision terrible era
defender la revolucion contra la Europa, y la Yen-
dée; que de cuerpo deliberante, iban á trocarse
pronto en una sangrienta dictadura, que proscribi-
ria á los enemigos interiores, batallaria á la vez
con la Europa y con las provincias sublevadas, y
se defenderia en todos sentidos con la violencia;
que sus leyes fugaces como una crisis, solo se mi-
Tañan como raptos de ira; y que lo único que de-
ba quedar de su obra, seria la gloria de la defen-
sa; única y terrible mision que hablan recibido del
destino, y que ellos mismos no creian era la única.


Sin embargo, bien fuese por el cansancio que
produce una porfiada lucha, bien por conformidad
de pareceres sobre las cuestiones de guerra, hallán-
dose todos conformes en defenderse, y aun en pro-
-vocar al enemigo, sucedió alguna calma, á los
horrendos vaivenes causados por el proceso de
Luis XVI, y aun aplaudieron á Brissot en sus in-


FRANCESA.
363


formes diplomáticos contra las potencias. Tal era
la situacion interior de la Francia, y el estado de
los partidos que la dividiau; mas su posicion con
respecto á la Europa era terrible, porque !labiaa
roto abiertamente con todas las potencias. La Fran-
cia no habia tenido hasta entonces mas que tres
enemigos declarados; el Piamonte, el Austria y la
Prusia. La revolucion, aprobada por todos los pue-
blos segun el grado de su instruccion, y odiosa á
todos los gobiernos, segun el grado de sts temores,
acababa de producir sin embargo electos muy nue-
vos en la opinion del mundo, por los terribleiacon-
te.chnientos del 10 de agosto, 2 y 3 de setiembre,
y 21 de enero. Menos despreciada desde que se de-
fendió tan valerosamente, pero tambien menos es-
timada, desde que manchó sus manos con crí-
menes, ya no interesaba tanto á los pueblos, ni se
veia tan abandonada por los gobiernos.


La guerra iba pues á. generalizarse. liemos vis-
to al Austria comprometerse por vínculos de fa-
milia en una guerra que prestaba muy poco á sus
intereses: hemos visto á la Prusia, cuya ventaja
natural era aliarse con Francia y contra el gefe del
imperio, lanzarse por las razones mas frívolas al
otro lado del Rin, comprometiendo á sus ejércitos
en la Argona; hemos visto á Catalina, filósofa en
otro tiempo, abandonar como todos los palaciegos
la causa que abrazó al principio por orgullo, per-
seguir á la revolucion por moda y por politica á un
tiempo, é incitar finalmente á Gustavo, al empera-
dor de Austria y al re y


de Prusia, para que, dis-
traidos de la Polonia, se volviesen contra el occi-
dente; hemos visto al Piamonte oponerse á la Fran-
cia contra sus intereses, aunque por razones de pa-




366 REVOLUCION


rentesco y ódio á la revolucion; á las pequeñas
cortes deltalia detestar nuestra república, pero no
atreverse á atacarla, y aun reconocerla en nuestro
pabellon; á la Suiza guardando entera neutralidad.
á la Bolanda v ala Dieta germánica, sin explicar-
se. pero dejando conocer una profunda malevolen-
cia, á la España, contenida en una neutralidad pru-
dente bajo el influjo del sabio conde de Aranda;
finalmente á la Inglaterra tolerando que sedesgar:
rase la Francia á si misma, se destruyese el con-
tinente, se asolasen sus colonias, y dejando de es-
te modo el cuidado de su venganza á los inevita-.
Mes trastornos de una revolucion.


El nuevo ímpetu revolucionario iba á deshacer
todas estas meditadas neutralidades. Mit se habla
manejado hasta entonces de un modo muy justo,
porque en su patria una semi-revolucion que solo
barra regenerado la mitad del estado social, dejó
una multitud de instituciones feudales , que debian
ser objeto de andan para la aristocracia y para
la córte, y blanco de reclamaciones para la oposi-
cion. Pitt.tema dos objetos : templar el ódio aris-
tocrático, contener el espíritu de reforma , y con-
servar así su ministerio, dominando á ambos parti-
dos; oprimir ademas á la Francia bajo el peso de
sus propios. desastres y con el ódio de todos los
gobiernos europeos ; quería en una palabra ha-
cer á su patria señora del mundo , y este era
el doble objeto que le guiaba, empleando todo el
egoísmo y fuerza de alma que distinguen á un gran
hombre de estado. La neutralidad cuadraba perfec-
tamente, á sus intentos ; porque estorbando la guer-
ra, reprimia el ódio ciego de su córte hacia la li-
bertad; y dejando desarrollarse sin obstáculo los


FRANCESA. 367
escesos de la revolucion francesa , daba todos los
días respuestas que nada probaban, pero que pro-
ducían un efecto Seguro. Citando los desaciertos y
crímenes de la Francia reformada, contestaba al
célebre Fox, el hombre mas elocuente de la oposi-
cion y de la Inglaterra. Burke, declamador vehe-
mente, estaba encargado de enumerar estos críme-
nes cumpliendo su comision con absurdo acalora-
miento, pues un dia llegó á arrojar desde la tribu-
na un puñal, que decía haber sido fabricado por
los propagandistas jacobinos. Mientras se acusaba
en Paris a Hist de que pagaba las turbulencias, en
Lóndres se acusaba á los revolucionarios franceses
de que daban oro para promover revoluciones , y
nuestros emigrados confirmaban estos rumores re-
pitiéndolos. Mientras que con esta lógica maquia-
vélica desencantaba á los ingleses de la libertad
francesa, sublevaba á la Zampa contra nosotros, y
sus enviados incitaban á. la guerra á todas las po-
tencias. Ea Suiza no habla conseguido nada, pero
en la Haya el dócil Stathouder , escarmentado por
la primera revolucion, desconfiando siempre de
su pueblo, y no teniendo mas apoyo que las escua-
dras inglesas, le halda dado todo género de satis-
facciones, y demostradole en una porcion de actos
hostiles su enemistad contra la Francia. Ea Espa-
ña fue donde Pitt empleó mayor esfuerzo para de-
cidir á esta potencia al error mas grave que pudo
cometer ,


jamas, uniéndose á Inglaterra contra Fran-
cia, su nica aliada marítima. Los españoles no ha-
bían hecho gran caso de nuestra revolucion, y el
gabinete de Madrid estaba indispuesto con la re-
pública francesa, no tanto por razones de seguri-
dad y de politica , cuanto por vínculos de parca-




3G8 REVOLOCION


gobiernos.tesco y rep ugnancia comun á todos los El sabio conde de Aranda, inflexible á las
gas de los emigrados, al orgullo de la aristocracia


y á las sugestiones de Pitt , Babia ten idocuidado de no irritará nuestro nuevo gobierno; pero0
derribado luego y sustituido por don Manuel "G
doy, despues príncipe dela Paz, dejó ásu desvenr
rada patria hecha juguete de los mas pérfidos couseu-
jeros. El gabinete de Madrid había rehusado hasta
entonces explicarse con respecto á Francia, v ea el
momento del juicio definitivo de Luis XVI, 'ofrecía
el reconocimiento político y su mediacion para coa
las denlas potencias si se dejaba con vida al destro-
nado monarca ; mereciendo por única respuesta la
proposicion de guerra de Danton , y el Orden del
dia qu e adop tó la Ásainblea. Desde entonces no
se dudó va de su decision por la guerra, pues ca_
taluña se. de tropas , en todos los puertos
se aprestaban armadas , amenazando todo un pró-
ximo ataque Yencia pues Pitt , y sin declararse
aun ni comprometerse tau pronto, se daba tiempo
para poner su marina en estado respetable, con-
tentaba con estos preparativos á su aristocracia,
desacreditaba nuestra revolucion con las declama-
ciones que pagaba, y mientras se reforzaba en si-
lencio, nos preparaba una opresora liga, que em-
pleando todas nuestras fuerzas no nos permitiria,
ni acudir á nuestras colonias, ni atajar los triunfos
de la Inglaterra en la India.


En ningun tiempo se vió á la Europa tan ciega,
ni cometer tantos desaciertos en contra suya. Ea
el Occidente , la España y la Holanda y todas las
potencias marítimas entregadas á las pasiones aris-
tocráticas , se armaban con su enemiga la ingla-


FRANCESA. 369


rr en contra de la Francia, que era su úni-
,tIaa'liada ; Y hasta la misma Prusia, dominada de


q i nconcebible orgullo , se unía al gefe del
',t'erío contra esta misma Francia . cu y a alianza
había recomendado siempre el grande Federico. El
reyezue l o de Cerdeña comedia tambien la misma
falta por causas, á la verdad mas naturales, por el
parentesco. En el Oriente y Norte se dejaba QUE
COMETIESCCATALINA UN CRIMEN CONTRA LA POLON/A,
un atentado contra la seguridad de la Alemania,
por la frívola utilidad de adquirir algunas provin-
cias , y por poder aun despedazar á su placer á la
Francia. Desconocíanse pues á un mismo tiempo
todas las antiguas y ventajosas amistades, cedien-
do á las pérfidas sugestiones de las dos domina-
ciones mas terribles , para armarse contra nuestra
desventurada patria, antigua protectora ó aliada de
los que á la sazon la combatian. Todo el mundo te-
nia en esto su parte, todo el mundo se acomodaba.
á las miras de Pitt y de Catalina, y algunos fran-
ceses imprudentes recorrian la Europa para acele-
rar esta funesta contradicion de la política y de la
prudencia, y para descargar sobre su patria la mas
horrible tormenta. ¿Y cuáles eran los motivos de
tan estraña conducta? Se entregaba la Polonia á
Catalina por querer regularizar su libertad anti-
gua. Se entregaba la Francia á Pitt, porque quería
proporcionarse una libertad de que ami no había
gozado! No hay duda en que la Francia habia co-
metido escesos; pero estos escesos debian acrecen-
tarse mas con el furor de la lucha, y sin lograr sa-
crificar esta odiada libertad , se iban á preparar
treinta años de guerra, la mas sangrienta, á


, pro-
vocar inmensas invasiones, á abortar un conquis-


Biblioteca popular.
T. 419




370 REVOLUCION


tador ,á producir infinitos desórdenes, conclu–
yendo P'or levantar los dos colosos que en ambos
elementos dominan hoy á Europa, la Inglaterra y
y la Rusia.


En medio de esta general conspiracion , solo
Dinamarca, conducida por un hábil ministro, y la
Suecia, libre de los orgullosos delirios de Gustavo,
guardaban una prudente reserva , que Holanda y
España hubieran debido imitar uniéndose al sis-
tema de la neutralidad armada. El gobierno fran-
cés habia conocido perfectamente estas intencio-
mes generales , pero la impaciencia en que se ha-


- 'Dabaentonces, no le dejaba esperará las declara–
---.ciones de guerra, sino que le incitaba, por el con-
trario, á provocarlas. Desde el 10 de agosto no
habia dejado de pedir que se le reconociese , pero
habia guardado cierto miramiento con respecto á
Inglaterra; cuya neutralidad valia mucho, a can–


_ .sa de los enemigos con que ya se contaba; sin em-
' largo, despues del 21 de enero, dejando á un la-
. do toda clase de consideraciones, se decidió á una


guerra universal; y viendo ya que las hostilidades
,encubiertas,no eran menos temibles que las claras,
se apresuró á hacer que se declarasen los que fue-
ran sus enemigos; -y, por esto desde el 22 de enero
empezó laConvencion nacional su revista á todos
los gabinetes, pidió informes sobre la conducta de
cada uno de ellos con respecto á la Francia, Y se
dispuso á declararles la guerra, si tardaban en 'dar
una respuesta categórica.


Desde el 10 de agosto }labia retirado la Ingla-
terra su embajador de Paris , no admitiendo al
embajador francés en Lóndres, M. de Chativelin,
sino como enviado de la monarquía derrocada; su.–


FRANCESA.
371


tilezas diplomáticas que no tenian mas objeto que
satisfacer los honores debidos al rey encerrado en
el Temple, y prolongar al mismo tiempo las hos-
tilidades que no convenia principiar aun. Pitt, sin
embargo, fingió pedir un enviado secreto para ma-
nifestar sus cargos contra el gobierno francés y
se le envió al ciudadano Marét, en el mes de di..
ciembre. La entrevista que tuvo con Pitt fué muy
singular, porque despuesde mútuas protestas para
declarar que aquella conversacion no tenia nada
de oficial , que era enteramente amistosa, y que
no reconocía mas causa que el benéfico deseo de
ilustrar á ambas naciones en sus recíprocos agra-
vios; se quejó Pitt de que la Francia amenazaba á
los aliados de Inglaterra, v aun combada sus inte-
reses, citando por prueba la Holanda. El cargo
principal era la apertura del Escalda , resolucion
imprudente tal vez, pero generosa, que hahian to-
mado los franceses al entrar en los Paises–Bajos,


á la verdad, era muy ridículo que para propor-
cionar á los holandeses el monopolio de la navega-
cion, los Paises-Bajos, atravesados por el Escalda,
no pudiesen hacer uso de este rio. El Austria no
se habia atrevido á abolir esta servidumbre, pero
Dumouriez lo hizo con órden de su gobierno, y los
habitantes de Amberes vieron con alegría los na-
víos que surcaban el Escalda hasta su ciudad. La
respuesta era mu y


sencilla, porque la Francia, al
respetar los derechos de los vecinos neutrales, no
Labia prometido autorizar iniquidades políticas,
porque los neutrales tuviesen interés en ellas;
ademas de que el gobierno holandes se habia mos-
trado bastante opuesto para que se guardasen con
él semejantes miramientos. El segundo cargo era




372 REVOLUCTON
el decreto del 15 de noviembre por el que la Con-
'encion nacional prometia ausilio á todos los pue-
blos que sacudiesen el yugo de la tiranía; lo cual
podía ser tambien un paso imprudente, dado en
un momento de entusiasmo, pero no quería decir
como Pitt lo aseguraba, que se invitaba á la re-
volucion á todos los pueblos; sino que e todos
aquellos que estuviesen en guerra con la


n
revolu-


clon, se prestarla a y uda á los pueblos contra sus
gobiernos. Pitt se quejó finalmente de las amena-
zas y continuas proclamas de lós jacobinos contra
todos los gobiernos: y bajo este concepto los go-
biernos no se hablan quenado atrás respecto á los
jacobinos, por lo que en punto á injurias, nada ab-
solutamente se deban.


Esta entrevista no produjo efecto alguno, sir-
viendo solo para manifestar que la Inglaterra pro-
curaba prolongar la guerra, pues aunque sin duda
la deseaba, no la convenia todavia declararla. Sin
embargo , la célebre causa del mes de enero pre-
cipitó los acontecimientos. El parlamento inglés,
se reunió repentinamente antes del tiempo prefi-jado, y se dió una ley inquisitorial contra los fran-
ceses que viajaban por Inglaterra; se armó la Tor-
re de Lóndres., se decretó el alistamiento de las
milicias y todos los preparativos y las proclamas
anunciaban una próxima guerra. Escitóse al po-
pulacho de Lóndres, y se dió pábulo á la ciega pa-
sion que hace mirar en Inglaterra como un gran
servicio nacional una guerra contra Francia ; se
detuvo á los barcos cargados de granos con direc-
clon á nuestros puertos, y al saber la ocurrencia
de 21 de enero, el embajador francés , que hasta
entonces no estaba de ningun modo reconocido,


FRANCESA.
373


recibió la órden de salir del reino en el término de
ocho dias. La Convencion nacional pidió inmedia-
tamente informe sobre la conducta del gobierno
inglés con respecto á la Francia, v sobre sus tratos
con el Stathouder de las provincias unidas; y en
1.° de febrero , despues de haber oido á Brissot,
que por algunes momentos se atrajo aplausos de
ambos partidos, declaró solemnemente la guerra
á la Holanda y á la Inglaterra. La guerra con el
gobierno español era inminente, v se miraba como
tal, aunque todavia no se hacia declarado; de mo-
do que la Francia tenia por enemiga á toda laEu-
ropa, siendo la condena del 21 de enero el acto que
sirvió de rompimiento con todos los tronos, v que
irrevocablemente la colocó en la senda de l'e re-
vol u cion .


Era menester hacer frente al terrible embate
de tantas potencias conjuradas, v era muy dificil
por rica que la Francia fuese en boblacion y en re-
cursos, resistir al empuje universal que contra ella
se hacia. Sin embargo, sus gefes no por eso te-
nian menos confianza y audacia, pues los inespe-
rados triunfos de la república en la Argona y en
Bélgica, les habian convencido de que todo hombre,
.y especialmente un francés, podia hacerse soldado
en seis meses; y la agitacion que reinaba enFran.
cia les hacia ademas creer que se podia tras-
ladar toda la poblacion á los campos de batalla,
logrando asi reunir tres ó cuatro millones de
hombres, que en breve llegarian á ser soldados,
y sobrepujando de esta manera á las fuerzas que
.pudieran presentar todos los soberanos de Euro-
pa juntos.—Mirad, decian, todos esos reinos, y la
corta cantidad de hombres que pueden reclutar á




374 REVOLUCION
duras penas para llenar los cuadros de sus ejérci-
tos; lo demas de la poblacion permanece indife-
rente, y asi se vé que un corto numero de hombres
regim entados, deciden de la suerte de los mas di-latados imperios. Suponed por el contrario, á to-
da una nacion fuera de su vida privada, y armán-
dose en defensa propia ¿no debe esceder á todos
los cálculos comunes? ¿qué hay de imposible para
veinte y cinco millones de hombres en accion? Ea
cuanto á gastos tampoco reparaban. El capital de
los bienes nacionales se aumentaba diariamente
con la emigracion sobrepujando con mucho á la
deuda ; y si bien por entonces no tenia valor este
capital por falta de compradores, lo reemplazaban
los asignados, y su supuesto valor suplia al valor
futuro de los bienes que representaba. En el giro
se reducian á una tercera parte de su valor nomi-
nal, pero esta no era mas que otra tercera parte
de aumento en la circulacion, cuyo capital era tan
enorme que escedia mucho á lo que podía gastarse.
Ademas, todos aquellos hombres á quienes se iba
á trasportar á los campos de batalla , vivian bien
en sus casas, y aun muchos con lujo: ¿pues,
por qué no habian de vivir en el campo? ¿pueden
faltar la tierra y el aire á los hombres, donde
quiera que se hallen? Por otra parte, el Orden so-
cial tal como existía, tenia abundantes riquezas
para proveer á las necesidades de todos; solo ha-
bla que hacer mejor distribucion, y por esto se
proponia cargar á los ricos y hacerlos que sopor-
tasen los gastos de la guerra. Finalmente, los es-
tados que iban á invadirse, tenian tambien un an-
tiguo Orden social que destruir, abusos que desar-
raigar, y podian sacar inmensos provechos del ele-


FRANCESA. 375
ro, de la nobleza y del trono, con lo cual debían
pagar á la Francia los ausilios queles suministrase.


Así discurria la ardiente imaginacion de Cam-
bon, cuyas ideas acogia gozosa la multitud. La
antigua politica de los gabinetes calculaba en otro
tiempo sobre ciento ó doscientos mil soldados,
pagados con algunos impuestos, ó con. algunas ren-
tas de la corona, pero ahora era una masa de hom-
bres que se levantaba por sí misma, y decía :
compondré los ejércitos: que contemplaba la suma
general de las riquezas, decia tambien : Estar,
suma es suficiente; repartida entre todos, cubrirá la
necesidad general. No era ciertamente toda la na-
cion la que hablaba asi, si no la parte mas exalta-
da, que al formar estas resoluciones se proponia
obligar á que se sometiese á ellas toda la masa na-
cional.


Antes de hacer mérito de la distribucion de los
recursos inventados por los revolucionarios fran-
ceses, convendrá trasladarnos á nuestras fronteras,
y ver como se [labia terminado la última campaña.
Su arranque habia sido brillante, pero el primer
triunfo mal sostenido , solo habia servido para
estender nuestra línea de operaciones, y estimular
al enemigo á. hacer otro esfuerzo mayor y mas de-
cisivo. Por esto, nuestra defensa era mas dificil,
teniendo que ser mas dilatada; el enemigo batido,
debia volver con energía, y su esfuerzo redoblado,
iba á producir una desorg anizacion casi general
en nuestros ejércitos. Agréguese á esto que el nu-
mero de los coligados era doble, porque los ingle-
ses por un lado, los españoles por los Pirineos y
los holandeses por el Norte de los Paises-Bajos,
nos amenazaban con nuevas embestidas.




376 REVOLCCION
Dumouriez se habla detenido en las orillas


del liosa, no habiendo podido llegar hasta el Rin
por razones que no ha sido posible descubrir, sin
que tampoco se haya podido esplicarla lentitud que
sucedió a la rapidez de sus primeras operaciones.
Cuando llegó á Deja, su ejército se hallaba en una
desorganizacion completa ; los soldados estaban
casi desnudos, y por no tener zapatos se envolvian
los pies entre heno, sin mas víveres que pan y car-
ne, gracias á la provision que Dumouriez habia sos-
tenido á la fuerza; pero carecia de dinero para pa-
garlos, y asi saqueaban á los paisanos, ó se hatean
con ellos para obligarlos á que se tomasen asigna-
dos. Los caballos, faltos de forra re, morían de
hambre, y los de la artillería casi todos habian pe-
recido. Las privaciones y la prolongacion de la
guerra habian disgustado á lo asoldados, y todos los
voluntarios se desertaban á bandadas, disculpán-
dose con un decreto que declaraba haber cesado
el peligro de la patria; de manera que se necesitó
otro decreto de la Convencion para atajar la deser-
cion, y por mas severo que este fuese, la gendar-
mería, puesta en los caminos, no bastaba á dete-
ner á los fugitivos. El ejército se habia reducido a
una tercera parte; cuyas causas reunidas, estor
baron la persecucion de los austriacos con la acti-
vidad necesaria. Clerfayt había tenido tiempo pa-
ra atrincherarse en las orillas del Erft, y Beaulieu
por la parte de Luxemburgo; de suerte que, Du-
mouriez con un ejército reducido á treinta ó cuaren-
ta mil hombres, no podia arrojar á un enemigo que
se hallaba atrincherado en montañas y bosques,
apoyado en Luxemburgo, una de las plazas mas
fuertes del inundo. Si, como se decía contínuatnen-


YRANCESA. 377
te, Custine, en vez de hacer correrías por Alema-
nia, se hubiese arrojado sobre Coblenza, y unido á
Beurnonville para tomar á Tréveris, y ambos hu-
biesen bajado por el 1.1.in, yendo á buscarles Du-
mouriez por Colonia, dándose asi la mano los tres,
Luxemburgo se hubiera hallado acometido y en-
tregado por falta de comunicaciones. Pero .


nada
de esto se habia hecho ; Custine queriendo llamar
la guerra hacia donde él se hallaba no hizo mas
que atraerse inutilmente una declaracion de la
dieta imperial, irritar el orgullo del rey de Prusia,
y comprometerle mas en la liga ; Beurnonville, re-
ducido á sus propias fuerzas, no !labia logrado to-
rnar á Tréveris, y el enemigo se habla sostenido á
la vez en el electorado de Tréveris, y en el duca-
do de Luxemburgo. En tal estado, adelantándose
Dumouriez hácia


.
Rin, hubiera dejado descubier-


to su flanco derecho y su retaguardia, y no hu-
biera podido tampoco, en la situacion eu que esta-
ba su ejército, invadir el dilatado pais que se es-
tiende desde el liosa hasta el Rin y las fronteras
de Holanda; pais escabroso, sin medios de trans-
porte, cortado á cada paso por selvas y montañas,
y ocupado por un enemigo respetable todavia. A
la verdad que si Dumouriez hubiese contado con
estos medios, hubiera preferido hacer conquistas
en el Rin á presentarse en ,Paris para pedir por
Luis XVI. El amor á . la monarquía que aparentó
en Lóndres para hacerse valer, y que los jacobinos
le criticaron en Paris para perderle, no era tan
grande que le obligase á renunciar victorias y á
comprometerse en medio de las facciones de la ca-
pital. Si dejó el campo de batalla fué porque no
podia adelantar nada, y porque anhelaba, hallan-




378 REVOLUCION
dose inmediato al gobierno, terminar los obstácu-
los que le habian entorpecido en Bélgica.


liemos visto en qué apuro iba á ponerle su
conquista. El suelo que estaba pisando deseaba
una revolucion, pero no tan grande ni radical co-
mo la de Francia. l)umourie.z por aficion, por po-
lítica y por prudencia militar, debia naturalmente
inclinarse á las moderadas ideas de los pueblos
que ocupaba. Ya le hemos visto luchar para librar
á los belgas de los inconvenientes de la guerra,
para darles parte en la utilidad de los abastos, y
en fin para introducirles mas bien que imponerles
los asignados, y sin embargo tantos cuidados no
merecían sino reconvenciones de los jacobinos.
Cambon le [labia preparado un nuevo obstáculo con
espedir el decreto el 15 de diciembre cuando dijo
en medio de los mayores aplausos: «Es preciso
«declararnos poder revolucionario en todos los
«paises donde entremos, porque es inútil disfrazar-
«nos; los déspotas saben lo quequeremos, -yyaque
«lo adivinan es preciso proclamarlo , cuan-
«do por otra parte podemos sostener su justi-
cia. Es necesario que en cuantas partes en-


«tren nuestros generales , proclamen la soberanía
«del pueblo, la abolicion del feudalismo, del diez-
mo, y de todos los abusos; que se disuelvan to-
das las autoridades antiguas, y que bajo la direc-


«cion de nuestros generales, se planteen interina-
«mente nuevas administraciones locales; que estas
«administraciones gobiernen el pais y comuniquen
«los medios de formar Convenciones nacionales
«que decidan de su suerte; que inmediatamente se
«secuestren los bienes de nuestros enemigos,
«es decir, de los nobles, de los eclesiásticos , de


FRANCESA. 379
«las comunidades legas ó religiosas, de las igle-
sias etc: y que estos bienes se pongan bajo la sal-
vaguardia de la nacion francesa, para que se dé


«cuenta á sus administraciones locales y sirvan de
«depósito á los gastos de la guerra, que deberán
«sostener en parte los paises libertados, puesto que
«esta guerra tiene por objeto este beneficio. Es
«preciso que despues de la campaña se ajusten
«cuentas, y si la república ha recibido en equipos
«mas de lo que se la deba para cubrir su alcance,
«pagará el esceso, y sino, se lo devolverán á ella.
«Es preciso que nuestros asignados , fundados en
«la nueva distribucion dela propiedad, sean recibi-
dos en los paises conquistados, y que su circula-


«cion se entienda igualmente que los principios
«que la han producido; últimamente, que el poder
«ejecutivo envie comisionados que se entiendan
«con estas administraciones interinas , se hernia-
«nen con ellas, lleven las cuentas de la republica,
«y verifiquen el secuestro decretado. Nada de re-
«volucion á, medias, añadia Cambon. Todo pueblo
«que no admita lo que nosotros proponemos , es
«nuestro enemigo , y merecerá ser tratado como
«tal. Paz y fraternidad á todos los amigos de la li-
«bertad11... guerra á los cobardes partidarios del
«despotismo!... Guerra á los palacios, paz á las
«cabañas!»


Inmediatamente fueron consignadas estas dis-
posiciones en un decreto, y se pusieron en ejecu-
cion en todas las provincias conquistadas, espar-
ciéndose por la Bélgica una nube de agentes elegi-
dos en los jacobinos por el poder ejecutivo. Bajo su
influencia se habian formado las administraciones
interinas, que ellos llevaban al estremo de la mas




40 REVOLUCION
furibunda




c
demago oia, y escitado el pueblo bajo


contra las clases medias comalia los ma yores de-
sórdenes. La anarquía de 93 era la que creada pro-
gresivamente en nuestra patria por cuatro años de
revueltas, se manifestaba allí de repente y sin
b


nin-
,,, una transicion del antiguo al nuevo órden de co-
sas. Estos procónsules revestidos de poderes casi
absolutos, hacian aprisionar y secuestrar asi los
bienes como las personas, y con arrebatar toda la
plata de las iglesias hablan disgustado mucho á
los infelices belgas, afectísimos a su culto , dando
especialmente lugar á multitud de malversaciones.
Empezaron por formar ciertos cuerpos á manera
de Convenciones para decidir de la suerte de cada
comarca , y bajo su despótica influencia se votó en
Lieja, en Bruselas, en Mons, etc. la reunion á la
Francia... Desgracias inevitables eran estas, y tan-
to mayores, cuanto que para causarlas se agrega-
ba la violencia revolucionaria á la brutalidad mi-
litar, estallando aun en esta desgraciada tierra di-
visione,s de otra especie. Los agentes del poder eje-
cutivo querian dar la ley á los generales que se ha-
llaban en la estension de su comisariato; y si, co-
mo muy frecuentemente sucedia, no eran jacobinos
estos generales, habla nueva ocasion de rencillas
y disputas, .que contribuian á aumentar el general
desorden. Dumouriez irritado de ver comprometi-
das sus conquistas por la desorganizacion de su
ejército, y por el Odio que se infundia á los belgas,
habia tratado ya con dureza á algunos de aquellos
procónsules, y venido á Paris á manifestar su in-
dignacion con la fuerza de su carácter, v la alti-
vez de un general victorioso que se creta necesario
á la república.


FRANCESA. 381
Tal era nuestra situacion en el principal teatro


de la guerra. Custine, rechazado á Maguncia, cla-
maba 'en ella contra el modo de haber ejecutado
BOUrnOrIVil l e su tentativa sobre Tréveris.
mann se mantenia en los Alpes, en Chambery y en
Niza. Servan luchaba en vano para formar un ejér-
cito en los Pirineos, y Honre, tan débil con los ja-
coninos como Pache, habia dejado que se intro-
dujese el desórden en la administracion de mari-
na. Era pues preciso llamar la ateucion pública á
la defensa (le las fronteras; para lo cual pasó bu -
mouriez los últimos dial de diciembre y el mes de
enero en Paris , donde se comprometio por algu-
nas espresiones vertidas en favor de Luis XVI, por
no querer asistir á los jacobinos, donde se le anun-
ciaba continuamente sin presentarse nunca, y en
fin por sus relaciones con su amigo Gensonne. ha-
bia redactado cuatro memorias, una sobre el de-
creto del 15 de diciembre, otra sobre la organiza-
cion del ejército , la tercera sobre provisiones , y
la última sobre el plan de campaña para el año en-
trante. y al pie de cada una de estas memorias iba
su dimision, si se negaban á admitir lo que pro-
ponla.


Ademas de sus comisiones diplomática v mili-
tar, habia establecido la Asamblea una tercera
comision estraordinaria, titulada de defensa gene-
ral y encargada universalmente de cuanto convi-
niese á la de Francia, la cual siendo muy nume-
rosa, podian todos los individuos de la Asamblea,
si querian, asistir á sus sesiones. El objeto pro-
puesto al formarla, era conciliar los individuos de
opiniones contrarias , y tranquilizarlos acerca de
sus intenciones, haciéndolos trabajar juntos en la




332 nEvoLue to N
salvacíon comun; pero, Robespierre, irritado de
hallarse alli con los girondinos , se presentaba ra-
ras veces, y estos por el contrario, asistian con
mucha frecuencia. Dumouriez que fué allá con sus
planes, no logró que le entendiesen siempre, des-
agradó muchas veces por su altivez , y abandonó
sus memorias á la suerte. Retiróse , pues, á cier-
ta distancia de Paris , poco inclinado á despren-
derse de su mando, á. pesar de haber amenazado
con ello á la Convencion , y aguardando el mo-
mento de abrir la campaña.


Estaba totalmente desconceptuado entre los
jacobinos y calumniado todos los dias en los fo-
lletos de Marat, por haber defendido la semi-revo-
lucion en Bélgica , usando de terrible severidad
contra los demagogos. Le acusaban de haber de-
jado escapar voluntariamente de Bélgica á los aus-
triacos y afirmaban públicamente que había abier-
to las puertas de la Argona á Federico


, cuando hubiera podido destruirle. Esto no
obstante, los individuos del consejo y de las co-
misiones, á quienes no cegaban tanto las pasiones
demagógicas, conocian su utilidad aun y le mira-
han con consideracion, tanto que el mismo Robes-
pierre le defendia, imputando todas estas faltas á
sus supuestos amigos , los girondinos. Pusié-
ronse , pues, de acuerdo para darle las posibles
satisfacciones , sin derogar por eso los decretos
dados y los severos principios de la revolucion.
Volviéronle sus dos comisarios ordenadores Malos
y Petit-Jean, otorgáronle, numerosos refuerzos, le
prometieron suficientes provisiones, y adoptaron
sus ideas para el plan general de campaña, pero
ninguna resolucion se dió en cuanto al decreto del


FRANCESA.


383
45 de diciembre y la nueva administracion del
ejército . El nombramiento de su amigo Beurnon-
ville para el ministerio de la Guerra fué una ven-
taja mas eu su favor, pudiendo esperar por parte
de la administracion , el mayor celo en proveerle
de todo cuanto necesitase.


Juzgó por algunos momentos que la Inglaterra
le tornada por mediador entre ella y la Francia, y
con tan lisonjera esperanza se dirigió hacia Ambe-
res; pero la Convencion, cansada de las perfidias
de Pitt , habla declarado la guerra, como hemos
visto, á Inglaterra y Holanda. Cogióle en Amberes
esta declaracion, y hé aqui lo que para defensa
del territorio se resolvió fundado en parte en sus
planes. Se convino en aumentar los ejércitos hasta
quinientos y dos mil hombres, y se verá que eran
pocos , si se considera que se labia formado del
poder de la Francia, y se compara á la fuerza á
que ascendieron mas tarde. Debia guardarse la
defensiva en el Este y en el Mediodia, permane-
cer en observacion en los Pirineos y las costas, y
desplegar todo el atrevimiento de la ofensiva en el
Norte, en donde , segun habia dicho Dumouriez,
«no era posible defenderse sino dando batallas.»
Para llevar á cabo este plan debian ocupar la Bél-
gica ciento cincuenta mil hombres y cubrir la fron-
tera de Dunkerque hasta el .?losa; cincuenta mil
debiau guardar el espacio comprendido entre el
Mosa y el Sarre, ciento cincuenta mil estenderse á
lo largo del Rin y de los Yosgos , de Maguncia á
Besanzon y á Gex; finalmente establecer


Magu


Cha-
lons una reserva con todo lo necesario para tras-.
lada.rse á donde la necesidad lo exigiera. Dos ejér-
citos de setenta mil hombres cada uno debian cus-




384. REVOLUCION


todiar la Savova y la ,Niza ; otro de cuarenta mil
los Pirineos, y cuarenta mil, de los cuales algunos
servirian para embarcarse, si era conveniente, se
colocarian en las costas del Océano y la Bretaña.
Ademas de estos quinientos v dos mil hombres,
habia cincuenta mil de cabalieria y veinte mil de
artillería. Tal era la fuerza pro y ectada, pero la
efectiva era mucho menor, pues se reducia á dos-
cientos setenta mil hombres ; cien mil en los dis-
tintos puntos de la Bélgica , veinte y cinco mil en
el Mosela, cuarenta y cinco mil en 'Maguncia á las
órdenes de Custine, treinta mil en el alto Rin,
cuarenta mil en Savoya y Niza, y treinta mil cuan-
do mas en el interim'. Pero para completarlo, la
Asamblea decretó que se hiciese la quinta en la
guardia nacional , y que todos los individuos de
esta, solteros, casados y viudos sin hijos quedasen
a las órdenes del poder ejecutivo desde la edad de
diez y ocho hasta la de cuarenta v cinco años.
Añadió que se necesitaban aun trescientos mil hom-
bres para hacer frente a la liga, y que no cesa-
rian los alistamientos hasta que se completase
este número- * Mandóse al mismo tiempo la emi-
sin de ochocientos millones de asi gnados , la
corta de madera en los bosques de 'Córcega Para
las construcciones marítimas.


En tanto que se realizaban estos proyectos se
entró en campaña con doscientos setenta mil hom-
bres, de los cuales tenia Dumouriez treinta mil so-
bre el Escalda y cerca de setenta mil sobre el
Alosa. La rápida invasion de la Holanda, era un
provecto atrevido que fermentaba en todas las


* Decreto del 24 de febrero.


FRANcEsA• 385
cabezas y al cual se veia arrastrado Dumouriez
por la opinion general. Propusiéronse muchos
planes. Una que Rabian ideado los bátavos espa-
triados despues de la revolucion de 1787 v era in-
vadir la Zelandia con algunos miles de hombres,
y apoderarse del gobierno que trataba de retirar-
se á ella. Fingió Dumouriez conformarse con este
plan, pero le parecía estéril, porque era reducirse á
ocupar una parte poco considerable, y ademas una
muy importante (le la Holanda; el suyo consistía
en bajar el Mosa por Venloó hasta Grave , pasar
de Grave á Nimega, y caer despues sobre Amos-
terdain; proyecto que hubiera sido el mas acerta-
do, á haberse podido prever el porvenir. Colocado
en Amberes, Dumouriez concibió otro mas audaz,
mas breve , mas propio de la imaginacion revolu-
cionaria, y mas fecundo en resultados decisivos,
si hubiera tenido efecto. Mientras sus tenientes Mi-
randa, Valence , Dato pierre y otros , bajaban por
el Mosa ocupando á Maestricht, de que no habían
querido apoderarse el aíio anterior, y á Venloó,
que no podía resistir mucho tiempo . Dumouriez
proyectaba ponerse al frente de veinte y cinco mil
hombres y trasladarse furtivamente entre Bergop-
Zoom y Breda , llegar asi á Moerdyk, atravesar el
pequeño mar de Biel hos, y correrse por las emboca-
duras de los ríos hasta Leiden y Amnsterdam. Es-
te atrevido plan no estaba peor' fundado que otros
muchos que han tenido buen éxito ; y si era es-
puesta su ejecucion tambien ofrecia mas ventajas
que el de atacar directamente por Venloó y Nime-
ga. Adoptando este último partido Dumouriez se
hallaba cara á cara con los holandeses que habían
hecho va todos sus preparativos entre Grave y


Biblioteca popular.


T. 4 o





116 REVOLUCION
Gockum, dándoles tambien tiempo para reforzarse
coa los vingleses los prusianos. Por el contrario,
pasando por embocadura de los ríos penetraba
por el interior de la Holanda, que no estaba defen-
dida, y si vencia el impedialento de las aguas la
Halada era suya. Volviendo de Amnsterdam to-
maba las defensas por la espalda, y hacia que to-
do cayese entre él y sus tenientes, que debian in-
coroerársele por Nimega y Utrech.


Era natural que él mismo tomase el mando del
ejército de operaciones, porque en este 'labia mas
necesidad de proatitud, audaciadestreza. Este
proyecto tenia las ventajas de todos los planes de
ofensiva, que es el de esponerse a la invasion
quedando en descubierto , puesto que se abria
el :`tosa á los austriacos ; pero en el caso de
recíproca ofensiva, la ventaja la lleva el que mas
resiste al peligro, y cede mas tarde al terror de la
írivasion.


Dumouriez envió al Alosa á Thouvenont: en
-quien tenia la mayor confianza ; comunicó á sus
tenientes Valence y Miranda , los proyectos que
hasta entonces les 'rabia, ocultado , v les obligó á
acelerar los sitios de Maestricht y de. Venloó; 'y en
caso de tardanza, á relevarse delante de e,tas Pla-
zas, de modo que fuesen progresando siempre ha-
cia Nimega. Tambien les encargó que fijasen pun-
tos de union entre Lieia y Aix-la-Chapel le para
1.-venir los cuarteles dispersos, y poder resistir al
eneiniazo si acudiese con fuerzas para interrumpir


sitios que debian efectuarse sobre el Mnsa.
Inmediatamente salió Dumouriez de Amberes


ema diez y ocho mil hombres, reunidos á toda pri-
sa, y dividió su pequeño ejército en muchos cuer-


FRANCESA. 387
os dándoles la Orden de intimar la rendicion áP .


varias plazas fuertes, sin detenerse en poner si-
tios. Su vanguardia tenia encargo de apoderarse
de los buques y medios de trasporte , mientras él
con un cuerpo de ejército, se mantendria a punto
de poder prestar ausilio á sus tenientes cuando lo
necesitasen. El 17 de febrero de 1793 entró en el
territorio holandés publicando una proclama en que
prometia amistad á los batavos , y únicamente
guerra al stathouder y á la influencia «inglesa. Ade-
lantóse dejando al general Leclerc delante de Berg-
op-Zoon , enviando al general Berneron sobre
Klundert y Willemstadt, y encargando al esce-
lente ingeniero d' Arzon que fingiese un ataque
contra la importante plaza de Breda. Dumouriez
estaba con la retaguardia en Sevenberghe, y el
25 el general Berneron se apoderé del fuerte de
Mundea y pasó á sitiar á Willemstadt. El gene-
ral d' Arzon arrojó algunas bombas sobre Breda,
plaza que se consideraba muy fuerte ; pero su
guarnicion, aunque suficiente, estaba mal dirigi-
da, y se entregó, despues de algunas horas , á un
ejército de sitiadores que no contaba mas gente
que ella. Los franceses entraron en Breda el 27,
y se apoderaron de muchos pertrechos, de doscien-
tos cincuenta cañones, trescientos mil quintales de
pólvora y cinco mil fusiles. Despues de haber de-
jado guarnicion ea Breda, pasó el general d' Ar-
zon el L o de marzo á sitiar á Gertruydenberg,
plaza ta.mbien mu y


fuerte; apoderándose el mismo
din de las obras exteriores. Entre tanto 'labia pa-
sado Dumouriez á Moerdyk, y reparó la tardanza
de su vanguardia, proporcionándole un brillo ex-
traordinario aquella serie de sorpresas tan feli-




388 REVOLUCION


ces en plazas capaces de mucha resistencia. Pero
imprevistas dilaciones dificultaban el paso del bra-
zo de mar , que era la operacion mas ardua del
provecto. Dumouriez habia confiado desde luego
en que su vanguardia, obrando con mas celeridad
se apoderarla de algunos barcos , atravesaria el
Bienios prontamente , ocuparia la isla de Dort,
guarnecida cuando mas por algunos centenares de


-


nombres, y haciéndose dueña de una flotilla , la
traerla a la otra ribera para trasportar el ejército;
pero demoras inevitables estorbaron la egecucion
de esta parte del plan. Dumouriez , por lo tanto,
trató de suplir á ella, apoderándose de todos los
barcos que pudo haber á, las manos y reuniendo
calafates para componer una escuadrilla. Sin em-
bargo, le era preciso apresurarse porque el ejér-
cito holandés se juntaba en Gorkum, en el Strv V
en la isla de Dort , y algunas lanchas enemigas 'y
una fragata inglesa, amenazaban su embarque , y
cá.floneaban su campamento , llamado por nuestras
tropas, el campamento de los castores: á causa
de la multitud de chozas de paja que hahian cons-
truido ea él , desde las cuales y animados por la
presencia de su general, arrostraban el frio , las
privaciones, los peligos, el porvenir de tan audaz
empresa, y esperaban impacientes el momento de
pasar á la opuesta orilla. El 3 de marzo llegó con
una nueva divisioa el general Deflers, el 4 abrió
sus puertas la plaza de Gertruvdenherg v se dis-
puso todo lo necesario para el paso del Ilielbos.


Al mismo tiempo continuaba la luchaentre los dos
partidos del interior, habiendo dado ocasion la muer-
tede Lepelletier á los montañeses para decir que es-
taban amenazadas sus personas; ponlo cual no se habia


FRANCESA-


389


podido menos de renovar en la Asamblea la junta de
CompUsose ésta de montañeses que em pe-


zaron por prender á Gorsas, diputado y periodista
afecto a los intereses de la Gironda. Los jacobinos
habian obtenido otra ventaja mas, que era la sus-
pension de las persecuciones decretadas en 20 de
enero contra los autores de setiembre; pues ape-
nas se hahian comenzado las diligencias , cuando
se hallaron pruebas convincentes contra los princi-
pales revolucionarios y contra Danton mismo. Al-
zaronse entonces los jacobinos ; sostuvieron que
todo el mundo tenia parte en esta culpa , porque
todos hablan creido necesarios los atentados ; y se
atrevieron á decir que el Indo mal de estas jor-
nadas , habia sido el no haberlas completado , pi-
diendo la suspensien de los procedimientos que se
empleaban para atacar á los mas puros revolucio-
narios. Suspendiérouse los procedimientos; es de-
cir, se abolieron segun deseaban, é inmediatamen-
te pasó una diputacion de jacobinos á ver al mi-
nistro de la justicia , para que despachase correos
estraordinarios con el fin de suspender los proce-
dimientos intentados ya contra los hermano de
Meaux.


Ya hemos visto que Pache tuvo precision de
dejar el ministerio, y que Roland 'labia presentado
voluntariamente su dimision ; pero esta concesion
recíproca no calmó los Odios. Los jacobinos, no con-
tentos aun, pedian que se encausase á Roland, por-
que decian que [labia usurpado al Estado inmen-
sas sumas , y puesto en Lóndres mas de doce mi-
llones ; que estas riquezas se habian invertido en
estraviar las opiniones con escritos, escitar sedi-
ciones , y acaparar los granos ; queriendo que se




390 REVOLUCION
procediera tambien contra Claviere , Lebrun
Beurnonville, todos traidores, segun ellos, y cóm-
plices en las intrigas de los girondinos. Al mismo
tiempo prepararon una indemnizacion mucho mas
preciosa á su destituido amigo. Chambon, sucesor
de Petion en el corregimiento de Paris, habia ab-
dicado sus funciones por ser muy superiores á su
debilidad , v los jacobinos pensaron en Pache, en
quien hallaban el carácter sabio é impasible de un
magistrado. Comunicaron esta idea, al Ayunta-
miento, á las secciones y á todos los clubs, y los
parisienses , vengaron á Pache de su desgracia,
nombrándole corregidor. Si Pache era tan dócil en
el corregimiento como en el ministerio de la Guer-
ra, seguro tenian los jacobinos su dominio en Pa-
ris , pues en esta eleccion hablan consultado sus
ventajas y sus pasiones.


Continuaban los apuros por falta de subsisten-
cias y la paralizacion del comercio, siendo ambos
un motivo continuo de desorden y quejas , que se
habían aumentado considerablemente desde di-
ciembre á febrero. El temor de asonadas y saqueos,
la repugnancia de los labradores á tomar papel, y
la subida de los precies, efecto todo del mucho
numerario aparente , eran como hemos dicho , las
causas que se opcnian al libre comercio de los
granos, y originaban la carestía. Sin embargo, los
esfuerzos administrativos de los Ayuntamientos
suplían en cierto modo á la actividad' del comer-
cio, y no faltaban géneros en los mercados, aunque
á un precio exhorbitante, pues como el valor dedos
asignados disminuía diariamente en proporcion á.
su número, se necesitaba cada dia mas cantidad
para adquirir la misma suma de objetos, y asi era


FRANCESA•


COMO soldan tanto los precios. Quien mas se re-
senda de ello era el pueblo , que recibia el :1-19mismo
valor nominal por su trabajo , o que no pudiendo
de este modo atender á sus necesidades se deses-
peraba entre quejasamenazas. Yo era el pan lo
único que habla subid"o de precio, porque el azitcnr,
el café, el jabonlas velas tambien habían adquirido
doble valor, y la's lavanderas hablan ido á quejarse.
á la Convencion de que pagaban treinta sueldos
por el jalaron (seis reales) , cuando antes solo satis-
faciau catorce. En vano se decía al pueblo que au-
mentase el precio de su trabajo , para establecer
una proporcion entre' l salario y el consumo, por-
que no podia lograrse que se conviniese en hacer-
lo, y clamaba contra los ricos, contra los monopo-
listas, y la aristocracia comerciante, y pedia en ;in
el medio mas simple, la tasa forzada y el MaX/7/12n1k.
Los jacobinos y los individuos del Ayuntamiento,
que eran pueblo, respecto de la Asamblea, pero que •
respecto al pueblo mismo eran Asambleas hasta
cierto punto ilustradas , sentían los inconvenientes
de la tasa; y aunque mas inclinados á admitirla que.
la Convencion; se oponían sin embargo, oyéndose
en los jacobinos a Dubois de Graneé, á ambos Ro-
bespierres, á Thuriot y á otros montañeses , pro-
nunciarse diariamente contra el proyecto del In&


Chaumette y Hebert inician otro tanta en
el A y untamiento ; pero las tribunas murmurabais
y á veces les respondían con silbidos; y frecuente-
mente las diputaciones de las secciones reconote-
nian á la Asamblea por su moderacion y sus rela-
ciones con los monopolistas. En estas 'Asambleas
de secciones era donde se reunian las últimas cla-
ses de los alborotadores, entre quienes reinaba un




.5:12 REVOLUCION


fanatismo revolucionario mas ignorante y violento
que ea el Ay untamiento y en los jacobinos. Coli-
gados con lo-s franciscanos , á donde asistian todos
los desalmados, las secciones eran la causa de to-
das las turbulencias de la capital. Su menor nú-
mero y su obscuridad , esponiéndoles á mas agita-
cine, les esponian tambien á tracias opuestas, y allí
eran donde mostraban mas esperanzas los restos de
la aristocracia, haciendo alguna que otra tentati-
va de resistencia. Los antiguos protegidos de la
nobleza , los criados de los emigrados , todos los
ociosos y turbulentos, que de ambas causas opues-
tas habian preferido la aristocracia, acudían á va-
rias secciones , donde el honrado vecindario per-
manecia en favor de los girondinos, ocultando á los
montañeses con esta razonable y cuerda oposicion,
su intento de trabajar en favor del estrangero y
del antiguo régimen. Los vecinos honrados se reti-
raban casi siempre de estas luchas; quedando úni-
camente las dos clases opuestas de agitadores, que
colocados frente á frente lidiaban con espantosa
violencia. Ocurrian diariamente horrorosas esce-
nas por peticiones que Babia que hacer al Ayunta-
miento, á los jacobinos y á la Asamblea; v segun el
resultado de la lucha, dimanaban de estás borras-
cas, esposiciones contra setiembre y el máximum,
ó contra los que las escribian llarnandolos aristó-
cratas y monopolistas.


El Ayuntamiento rechazaba las peticiones in-
cendiarias de las secciones, haciéndoles desconfiar
de los secretos perturbadores que querían intro-
ducir en ellas el desorden; haciendo respecto á las
secciones, el papel que respecto á él hacia la Con-
vencion. Los jacobinos que carecian de cargos de-


FRANCESA. 393


terminados que desempeñar como el Ayuntamien-
to, se ocupaban en desquite en tratar de todos los
asuntos, tenian grandes pretensiones filosóficas.
y aspiraban á entender mejor de economía social,
be las secciones y el club de los franciscanos.Por lo tanto en muchas cosas litigian no participar
de las pasiones vulgares de estas Asambleas su-
balternas, y condenaban la tasa, como dañosa á la
libertad de comercio; mas para sustituir otro me-
dio en vez del que desestimaban, proponian que
se obligase á tomar los asignados sin rebaja y cas-
tigar de muerte al que se negase á recibirlos segun
el valorque tenían, como si esto no hubiese sido
otro modo de atentar contra la libertad de comer-
cio. Quedan tambien que mútuamente se compro-
metiesen á no tomar azúcar ni café, para hacer
que forzosamente bajase su precio ; finalmente
habían ideado suspender la creacion de los asig-
nados, y suplir á ellos con empréstitos sobre los
ricos, empréstitos forzosos repartidos segun el nú-
mero de criados, caballos, etc. Todas estas propo-
siciones no cortaban el mal, y engendraban una
crisis inevitable, y mientras esta llegaba, se cul-
paban recíprocamente de las públicas desventuras.
Acusaban á los girondinos de estar en relacion
con los ricos y con los monopolistas ; de que te-
nian hambriento al pueblo para obligarle á que se
sublevase, y tener ocasion de publicar nuevas le-
ves marciales; y les imputaban tambien el querer
atraer á los estrangeros á fuerza de desórdenes;
cargo absurdo, pero que llegó á ser mortal. Con
las mismas acusaciones respondían los girondinos,
echando en cara á sus enemigos que causaban la
carestia y turbulencias, con el temor que infun-




391 REVOLUCION
dian al comercio, y que querian llegar con revuel-
tas á la anarquía, con la anarquía al poder, y aca-
so á la dominacion estrangera.


Aprosimabase ya el lin de febrero, habiendo
llegado al último estremo la irritacion del pueblo
con la dificultad de proveerse de abastos. Las mu-
geres, sobre quienes recaía mas particularmente
este genero de privaciones, estaban en grande agi-
tacion. Presentáronse el 22 á los jacobinos para
pedir que se les franquease el salon, donde pensa-
ban deliberar sobre la carestía de los géneros, y
preparar una peticion á la Convencion nacional.
Mas como se sabia que el objeto de esta peticion
era proponer el máximum, se les rehusó aquella
demanda, y las tribunas trataron entonces á los ja-
cobinos como trataban á veces á la Ásamblea, con
el grito general de mueran los 'monopolistas! 'mue-
ran los ricos! Viese obligado el presidente á cu-
brirse para apaciguar el alboroto, esplieándose es-
ta falta de respeto con decir que !labia aristócra-
tas disfrazados en lasala de las sesiones. Robes pierre
y Dubois de Crance se opusieron nuevamente al
proyecto de tasa, y rogaron al pueblo que perma-
neciese tranquilo, para no dar á sus contrarios
protesto de calumniarles, y quitarles la ocasion de
dictar otras leyes sanguinarias.


Marat que pretendia hallar siempre los medios
mas sencillos y breves, escribió en su periódico
el 25 por la mañana, que nunca cesarian los mono-
polios á no emplear medios mas seguros que los
propuestos basta entonces. Declamando contra los
monopolistas, los comerciantes de lujo, los abogados
de enredos, los procuradores y los ex-nobles, á quie-
nes dejaban impunes los infieles mandatarios del


FRANCESA. 395


pueblo, v antes bien les animaban á continuar en
el crimen, anadia: «En todo pais, en donde los de-
rechos del pueblo no fuesen vanos títulos, por


«mas que estuviesen consignados en una pomposa
«declaracion, el saqueo de algunos almacenes, a
«cuyas puertas se colgasen á unos cuantos mono-
polistas, terminara en breve estas malversacio-
nes, que reducen á la desesperacion á cinco mi-


«Ilones de hombres, haciendo que millares de ellos
«perezcan de miseria. ¿No han de saber los dipu-
«tados del pueblo sino vociferar acerca de estos
«males, sin proponer remedio?» '1


El 25 por la mañana era cuando este atrevido
loco escriba semejantes palabras; y sea porque
realmente afectasen al pueblo, ó porque la irrita-
cion llevada al estreno no pudiese ya refrenarse,
una multitud de mugeres se reunieron tumultuosa-
mente delante de las tiendas de comestibles que-
jándose del precio de los géneros, y pidiendo á
gritos que se bajase. No estaba avisado el Áyunta-
miento, y el comandante Santerre habla ido a -Ver-
salles para organizar un cuerpo de caballería, de
modo, que no se habia dado Orden alguna para po-
ner la fuerza pública en movimiento ; así fue que
los revoltosos no hallaron ningun obstáculo, y pu-
dieron pasar de las amenazas á la violencia y al pi-
llage. La reunion empezó en las calles de la antigua
casa de !a Tlioneda, de los Cinco Diamantes, y de
los Lombardos. v desde luego se exijió que se re-
dujesen todos los géneros á la mitad de precio ; el
jabon á diez v seis sueldos, la azúcar blanca á vein-
te y cinco, lit terciada á quince, y las belas á tre-


* Diario de la República, número del 27f de febrero de 4793




396 REVOLUCION


ce. Fueron apoderándose de una multi tud d e géneros
á este precio, pagando su importe á los dueños de
las tiendas; pero no tardaron en rehusar el pago
y arrebatar todas las mercancias sin dar absoluta-
mente nada. Acudió fuerza armada por un punto


fué rechazada gritand por todas partes fuera,
bayonetas! La Asamblea, el Ayuntamiento y los ja-
cobinos se hallaban en sesion, y la primera escu-
chaba un informe del ministró del interior sobre
el mismo asunto, en que demostraba que los géne-
ros abundaban en Paris. pero que el mal estaba en
ladesproporcion entre el valor delamoneda y el de
los mismos géneros. Queriendo pues la Asamblea
proveer a las dificultades del momento, concedió
mas fondos al Ayuntamiento para que se abarata-
sen los géneros, v en el instante mismo el Ayunta-
miento, participando de sus sentimientos de su
celo, tomaba informes de los sucesos, y 'dictaba
providencias de policía. A cada nuevo suceso que
se citaba, gritaban las tribunas, mejor! v á cada
medio que se proponía , fuera! Chaumettre y He-
berte fueron silbados por haber propuesto que se
tocase la generala y se emplease la fuerzada armada;
no obstante se resolvió que se en n-iasen dos fuer-
tes patrullas precedidas de dos empleados del
Ayuntamiento para restablecer el Orden, y que
otros veinte y siete municipales fuesen á arengar
á las secciones.


Habla cundido el desórden, y los revoltosos sa-
queaban en diferentes calles, proponiendo pasar de
:'as tiendas de comestibles á las de los mercaderes,
mientras los diferentes partidos tomaban de aqui
ocasion para culparse de este motin, de los ma-
les que se originaban. Cuando teniais - un rey, de-


FRANCESA. 397


cian por las calles los partidarios del abolido siste-
m a, no os vciais obligados á pagar las cosas tan
caras, ni espuestos á estos saqueos. Ved ahí, de-
cían los partidarios de los girondinos, á lo que nos
llevará el sistema de la vio'


lencia, y la impunidad
de los escesos revolucionarios.


Sentíanlo en el alma los montañeses, y asegu-
raban que eran aristócratas disfrazados, fafayetis-
tas, rolandistas y brisottistas los que escitaban al
pueblo, á semejantes saqueos ; y afirmaban haber
hallado entre la multitud, algunas señoras caba-
lleros de distincion, con sus criados, que repartian
asignados para incitar al pueblo contra las tiendas.
finalmente , se reunió la fuerza armada des-
pues de muchas horas, volvió Santerre de Versa-
rles, dándose las órdenes necesarias para calmar
el tumulto y perseguir a los revoltosos. El ha-
tallon de Brest, residente en Paris, desplegó mu-
cho celo v denuedo.


Por la tarde hubo una acalorada discusion en
los jacobinos , en la cual se lamentaron de estos
desórdenes á pesar de los gritos de las tribunas
que les desmentian continuamente. Colla-0,11[er-
bois, Thuriot y Robespierre estuvieron unáni-
mes en aconsejar la tranquilidad, y atribuir los es-
cesos á los aristócratas y girondinos. Robespierre
pronunció sobre esto un largo discurso , en que
sostuvo que el pueblo era impecable, que no po-
cha tener culpa alguna, y que sino se le alucinase,
jamás cometerla la menor falta. Dijo que en los
grupos de los saqueadores se compadecian del rey
muerto , que se hablaba muy bien del lado de-
recho de la Asamblea, puesto que el mismo lo ha-
bia oído, y por consiguiente no podia dudarse de




398 REVOLUCION
quiénes eran los verdaderos incitadores que habian estraviado al pueblo. El mismo Marat aconse-
ó el órden, reprobó los saqueos que había predij


por la mañana ea su folleto , y los atribuyó
los girondinos y realistas.


-


Al dia siguiente resonaron en la Asamblea las
acostumbradas y siempre inútiles quejas (tecla
mando Barrere fuertemente contra los crímenes
del dia anterior, v haciendo observar la poca acti-
vidad de las autoridades para reprimir el desór-
den. En efecto, el saqueo babea comenzado á las
diez de la mañana, v la fuerza armada no se habla
reunido aun á las cinco de la tarde. Pidió en con-
secuencia Barrere que se llamase al corregidor y
al comandante general para que espusiesen los mo-
tivos de la tardanza; y esta misma peticion fue
apoyada por una di pulacion de la seccion del Buen-
Consejo. Entonces tomó Salles la palabra v pro-
puso un decreto de acusacion contra el incitador á
estos hechos , Marat, leyó el artículo inserto en
su periódico del dia anterior. Muchas veces se ha-
hia pedido lo mismo contra los que escitasen al
desórden, y particularmente contra Marat, y la
ocasion no porfia ser á la sazon mas á propósito
para perseguirles, porque nunca el desorden habia
seguido tan cerca á la instigacion. Marat sostuvo en
la tribuna sin turbarse que era muy natural que
el pueblo hiciese justicia á los monopolistas, ya
que las leves no eran suficientes; y que era pre-
ciso enviar á la casa de los locos á los que proponían
su amuelan. Buzot exigió el órden del dia sobre
la proposicion de acusar al seíior Marat. «La' ley
«está terminante, dijo, pero el señor Marat, comen-
«tara sus espresiones, el jurado se verá indeciso, y


FRANCESA. 399


«n o conviene preparar un triunfo al
seEor Marat,


«en presencia de la misma justicia.» Un individuo
pidió que la Convencion declarase á la república,
queeldia anterior por la mañana aconsejó Mara tque


robase. como en efecto se verificó. De la misma
manera anera fueron presentándose infinidad de propo-
siciones, v últimamente se aceptó la de remitir
sin distincion á todos los autores de los alborotos á
los tribunales ordinarios.—«Pues bien, dijo enton-
ces Marat, pronunciad una acusacion contra mí,


«para que la Convencion pruebe que ha perdido
«su pudor.»—Al oir esto se levantó un grito de in-
dignacion é inmediatamente envió la Con vencion
á los tribunales á Marat y a todos los autores de
los crímenes cometidos en la jornada del 25. Apro-
bóse la nroposicion de Barrere de citar á la barra
á Santerre y á Pache, y se adoptaron nuevas pro-
videncias contra los supuestos agentes de los es-
trangeros y de laemigracion En el momento mis-
ma se daba crédito por todas partes a la opinion
del influjo estrangero; el día antes se habian orde-
nado nuevas visitas domiciliarias en toda la Fran-
cia para detener á los emigrados y viageros sos-
pechosos; y en el mismo dia se renovó la obliga-
cion de los pasaportes, precisaron á todos los po-
saderos ó fondistas á declarar los estrangeros que
se hallasen en sus casas y mandaron hacer por fin,
un nuevo padron de todos los ciudadanos ea las
secciones.


Marat debia ser finalmente acusado , y al dia
siguiente escribió en su folleto las sizru ien tes líneas:


«Indignado de ver á los enemigas de la causa
«pública maquinar eternamente contra el pueblo;
«cansado de ver á los monopolistas de todo géne-




400 REVOLUCION
«ro coligarse para reducirle á desesperacion con la
«escasez y el hambre; afligido al considerar que -
«las medidas tomadas por la Convencion para evi-
dar aquellas conspiraciones no lograban su obje-
«lo; traspasado por el llanto de los infelices que to-
das las mañanas Vienen a pedirme pan, acusando


«á la Convencion de que los deja perecer de mise-
ria, tomo la pluma para presentar los mejores me-


«dios de poner lin á las conspiraciones de los ene-
migos públicos y de los sufrimientos del pueblo.


«Un hombre generoso, que solo anhela el bien ge-
neral, sin querer nada para si, concibe antes que


«ninguno las ideas mas sencillas, yo por lo tanto
«pregunto ¿por qué no hemos de volver contra los
«roragidos públicos los mismos medios que ellos
«emplean para arruinar al pueblo y destruir la li-
«bertad? Me parece por consiguiente que en todo
«pais, en donde los derechos del pueblo no fuesen
«vanos títulos, por mas que estuviesen consignados
«en una declaracion, el saqueo dealganos almace-
«nes á cu yas puertas se colgasen unos cuantos mo-
«nopolistas, termivaria en breve esta malversa-
«clon. ¿Qué hacen entonces los intrigantes de la
«faccion de los hombres de Estado? se apoderan
«ansiosos de aquella frase, despues se apresuran á
«enviar sus emisarios entre las mugeres reunidas
«delante de las tahonas, para incitarlas á que a sus
«correspondientes precios se lleven el jabon, las
«betas y el azúcar de las tiendas de géneros á la
«menuda , mientras estos mismos emisarios sa-


quean las de los pobres tenderos patriotas. Des-
«pues, estos malvados guardan silencio todo eldia,
«se convienen por la noche en un conciliábulo noc-
turno , efectuado en la calle de Rohan en casa de


mycEsA. 401
« la manceba del contrarevolucionario Valazé, y al
«dia siguiente vienen á declarararme á la tribuna,
«como instigador de los escesos que les reconocen
«á ellos como primeros autores!»


La cuestion se acaloraba mas v mas cada dia.
Las amenazas se hacian ya á las' claras, muchos
diputados iban con armas, y se empezaba á decir
va en los meses de julio y agosto del año 'anterior,
q


ue era preciso salvarse por la insurreccion , cor-
tando la parte gangrenada de la representacion
nacional. Los girondinos se reunian por la tarde en
mucho número en casa de uno de ellos, Valazé,
alli no sabian qué hacerse. Unos creian y otros no
en peligros inmediatos , y algunos como Sanes y
Louvet, suponian conspiraciones imaginarias, lla
mando la mellan sobre absurdos, y prescindien-
do del verdadero riesgo. Vagando de proyecto en
proyecto, colocados en medio de Paris, sin fuerza
ninguna á su disposicion, y no contando mas que
con la opinion de los departamentos, inmensa á la
verdad, pero inherte, podían sucumbir todos los
días al menor golpe. No habian podido formar una
fuerza en los departamentos; las tropas de los con-
federados que hablan llegado espontáneamente á
Paris desde la reunion de la Convencion, parte de
ellas seducidas, y parte enviadas á los ejércitos,
no podian contar ya sino con cuatrocientos de
Brest, cu yo indomable aspecto habia contenido los
saqueos. En vez de guardia departamental, habian
procurado en vano trasportar la direccion de la
fuerza pública desde el Ayuntamiento al ministe-
rio de lo interior, porque la Montaña enfurecida,
habia intimidado á la mayoría impidiéndola que
votase por semejante providencia. Ya solo se con-


Biblioteca popular. T. II. 421




402 REVOLUCION
taba con ochenta diputados inaccesibles al temor,
y firmes en las deliberaciones, en cuyo estado de
cosas solo quedaba un medio á. los girondinos, tan
impracticab l e como los denlas; el de disolver la
Convencion; pero en esto el furor de la Montaña
les hubiera impedido obtener una mayoría. En ta-
les indecisiones , que no provenian de debilidad,
sino de impotencia, se fiaban de la constitucion;
por la necesidad de esperar algo , se lisongeaban.
de que el yugo de las leyes domaria las pasiones
y pondria término á las borrascas. Las imaginacio-
nes especulativas se complacian sobre todo con
esta idea. Condorcet habia leido su informe en
nombre de la coro ision de constitucion, y esci-
tado un levantamiento general , y juntamente
que Petion y Sieyes fue cubierto de imprecacio-
nes en los jacobinos. En su república no se vió
mas que una aristocracia formada por algunos ta-
lentos déspotas y orgullosos , de modo que los
montañeses no querian que se tratase de esto , y
muchos individuos de la Convencion , conociendo
ya que su cargo no era el de constituir, sino el de
defender la. revolucion, decian audazmente que de-
bla dejarse la constitucion para el siguiente año, no
pensando por el momento mas que en gobernar
batirse. Asi principiaba á anunciarse el largo rei-
nado de aquella tempestuosa Asamblea, que va
no creia en la brevedad de su mision legislativa, y
los girondinos veian desvanecerse su última es-
peranza, que consistía en refrenar prontamente á
tas facciones con las leyes.


No estaban menos turbados sus contrarios. Te-
nian en favor su y o las pasiones violentas; talan a
los jacobinos, al ` Ayuntamiento y á la mayoría de


FRANCESA. 403
las secciones; pero no poseian los ministerios y te-
mian á los departamentos, donde chocaban con su-
mo furor ambas opiniones, y donde la su ya era in-
dudablemente muy inferior ; temian finalmente
los estrangeros, porque aunque las leyes comunes
de las revoluciones asegurasen la victoria á las
pasiones violentas, estas leves, desconocidas de
ellos, no podían tranquilizarles. Tan vagos eran sus
proyectos como los de sus contrarios. Atacar la
representacion nacional era muy arduo empeño, y
no se habian familiarizado todavia con esta idea.
Acaso habria solo treinta revoltosos que en las
secciones se atreviesen á todo y lo propusiesen,
pero semejantes proyectos no eran aprobados por
los jacobinos, ni por el Ayuntamiento, ni por los
montañeses, que diariamente acusados de conspi-
radores, y diariamente justificándose de este car-
go, conocian que proposiciones de esta especie, les
comprometian a los ojos de sus contrarios y de los
departamentos. Danton , que se habia mezclado
muy poco en las rencillas de los partidos , solo
pensaba en dos cosas: en librarse de toda perse-
cucion por sus actos revolucionarios, y en impedir
que la revolucion retrocediese y sucumbiese al
hierro del enemigo. Marat mismo, tan inconside-
rado y atroz cuando se trataba de medios , duda-.
ha; y'Robespierre á pesar de su Odio contra los
giroklinos, contra Brisot, Roland, Guadet y


Verg-
uiaud, no se atrevia á pensar en hacer la guerra á
la irepresentacon nacional; ignoraba el medio de
que valerse, estaba desalentado, dudaba de que la
revolucion se salvase, y decía á Garat que creia
se tramaba la pérdida de todos los defensores de la
república. (53).




401 REVOLUCION


Mientras luchaban yiolenta.mente ambos parti-
dos en ;;:arsella, en Lion y en Burdeos, salió de
los jacobinos de Marsella en pugna con los secua-
ces de la (:fronda, la proposicion de deshacerse de
los apelantes, (los que hablan votado por la apela-
clon del pueblos y excluirlos de la Convencion;
cuya proposicion remitida á los jacobinos de Pa-
ris se puso á discusion. Deslieux sostuvo que la
apo yaban bastantes sociedades afiliadas para con-
vertirla ca peticion y presentarla á la Convencion
nacional; y Robespierre que tercia produjese se-
mejante, demanda la renovacion de la Asamblea,
y quedase la Montaña vencida en la lucha de las
elecciones, se opuso á ella fuertemente , v logró
anularla por las razones comunmente dadas con-
tra todos los proy ectos de disolucion.


Vinieroná precipitar los acontecimientos nues-
tros reveses militares. Dejamos aDumouriez acam-
pado á las orillas de Bielbos; y preparando un de-
sembarco arriesgado, pero posible , en Holanda.
Mientras disponia su espedicion , marchaban desde
el alto Rin hasta Holanda, y contra la Francia dos-
cientos sesenta mil combatientes. Cincuenta v seis
mil prusianos,veinte y cuatro mil austriacos,vein-
te y cinco mil besases', sajones y bávaros, ame-
naz'aban el Rin desde Basilea hasta Maguncia y Co-
blenza. Desde aqui hasta el Alosa ocupaban el
Lexemburgo treinta mil hombres; y sesenta mil
austriacos marchaban con diez mil prusianos hacia
nuestros cuarteles del Alosa, para levantar los si-
tios de Maestricht v de Venloó. Finalmente, cua-
renta mil ingleses, hanoverianos y holandeses, que
quedaban todavia á retaguardia , salian del inte-
rior de la Holanda contra nuestra linea de opera-


FRANCESA.


,ciones. El proyecto del enemigo era llevarnos desde
Holanda hacia el Escalda, hacernos pasar otravez el
Alosa, y detenerse despues en este rio, esperando
volver á tomar la plaza de Maguncia. Su plan era
marchar asi pausadamente , dirigirse ia.ualmente
sobre todoslos puntos á la vez, y no entrar preci-
pitadamente en ninguno para no comprometer sus
flancos. Este plan tímido y metódico nos hubiera
dejado llevar muelle mas allá , y con mas activi-
dad, la empresa ofensiva de Rol :anda, si errores,
aciagos acontecimientos ó sobrada precipitacion
para alarmarse, no nos hubiesen forzado á renun-
ciar. El príncipe de Coburgo que se habla distin-
guido en la última campaña contra los turcos,
mandaba á los austriacos que se dirigian al Mosa.
Introdújose el desórden en nuestros cuarteles, dis-
persos entre Maestricht, Aquisgran, Lieja y Ton-
gres. En los primeros dias de marzo pasó el Roer
el príncipe de Coburgo, y se adelantó por Duren y
Aldenhoven hacia Aquisgran. Nuestras tropas re-
pentinamente acometidas, se retiraron desordena-
das á esta última plaza, abandonando al enemigo
hasta las mismas puertas. Miascsinsky se resistió
mor al ,,un tiempo , pero despues de un combate
i)astante sangriento en las calles dela ciudad, tu-
vo que ceder y retirarse hacia Lieja. Al mismo
tiempo Stengel y Neuilly: separados por este mo-
vimiento, habian sido arrojados al Limburgo , y
Miranda, que sitiaba á Maestricht , y que podia
quedar separado del grueso del ejército, se reti-
ró á Lieja, abandonó la orilla izquierda, y se re-
plegó hacia Tongres. Los imperiales entraron al
punto en Maestricht, y el archiduque Carlos, sos-
teniendo audazmente su marcha hasta mas allá del




406 REVOLUCION FRANCESA. 4.07
Mosa, llegó á Tongres, y obtuvo en este punto una
ventaja. Entonces Valence , Dampierre y Aliase-
sinskv, reunidos en Lieja, juzgaron que convenía
apre surar su reunion con Miranda, y marcharon
sobre Saiut-Trond, adonde Miranda se dirigía. La
retirada se hizo con tanta precipitaciou, que se
perdieron parte de los efectos ; sin embargo, des-
pues de grandes riesgos, lograron reunirse con
Saint-Trond. Lamarliere y Champmorin , coloca-
dos en Ruremonde, tuvieron tiempo para encami-
narse por Diest al mismo punto. Stengel v Neuillv
enteramente apartados del ejército , y rechazados
al Limburgo, fueron recibidos en Ñainur por la
division del general d' Harville. Finalmente, in-
corporadas nuestras tropas en Tirlemont, descan-
saron y alentaron, esperando la llegada de Du-
mouriez, que se deseaba con ansia.


Apenas supo este la primera derrota , cuando
ordenó á Miranda que condujese toda su tropa á
Illaestricht, y continuase tranquilamente el sitio
con setenta mil hombres. Estaba persuadido de
que los austriacos no se atreverían á arriesgar
una batalla, y que la invasion de la Holanda baria
bien pronto retrOceder á los coligados ; opinion
muy eacta, y fundada en la verdadera idea de que
en el caso de recíproca, la victoria es siempre del
que mas espera. Este modo de raciocinar quedaba
justificado con el plan tan tímido de los imperiales,
que no querian forzar ninguu punto; pero el des-
cuido de los generales, que no se hablan reunido
muy pronto, su aturdimiento despues del ataque;
la imposibilidad en que se veían de rehacerse á la
vista del enemigo, y mas que todo, la falta de un
hombre superior en autoridad é influencia , difi-


cultaban cumplir lo ordenado por Dumouriez. Es-
crihiéronle repetidas cartas para que volviese de
Holanda: el terror se había hecho general, pues-
mas de diez mil desertores habían abandonado el
ejército, esparciéndose por el interior. Los comi-
sionados de la Conveneion corrieron á Paris , é
hicieron se intimase á Dinnouriez la órden de
dejar á otro la espedicion intentada sobre Holanda
y de volver cuanto antes á ponerse al frente del
gran ejército del Alosa. Recibió esta órden el 8 de
marzo, y emprendió su marcha el 9, con el senti-
miento de ver malogrados todos sus proyectos,
volviendo mas empellado que nunca en criticarlo
todo en el sistema revolucionario introducido en
Bélgica, y en culpar á los jacobinos del mal éxito
de sus pianes. Halló en efecto asunto para Verifi-
carlo, pues los agentes del poder ejecutivo en Bél-
gica ostentaban una autoridad despótica é injusta,
habiendo sublevado al populacho en todas partes
y empleado especialmente la fuerza en las asam-
bleas donde se trataba de la reunion á la Francia.
Se hablan apoderado de la plata de las iglesias;
secuestrado las rentas del clero „confiscado los
bienes de los nobles,escitado lá mayor indigna-
cion en todas las clases de la nacion belga; tanto
que por la parte de Grammont iba ya manifestán-
dose la insurreccion contra los franceses.


No se necesitaban hechos tan notables para
inclinar á Dumouriez al severo castigo de los co-
misionados del gobierno. Empezó por apresar á
dos y enviarlos con una escolta á Paris ; habló á
los otros en los términos mas atrevidos, les hizo
entrar en sus deberes , les prohibió mezclarse en
las disposiciones militares de los generales, y dar




408 REVOLtCION
órdenes á las tropas que residian en el círculo de
su comisariato. Exhoneró al general Moreton que
se había unido con ellos, cerró los clubs, mandó
devolver é los belgas parte de la plata ralada en
las iglesias; y acompañó á estas medidas una pro-
clama para desaprobar en nombre de la Francia
las tropelías que acababan de cometerse. Calificó
con el nombre de foragidos á sus autores, y em-
pleó una dictadura, que al propio tiempo de ganar-
se la voluntad de los belgas, y de asegurar mas la
permanencia ea el pais al ejército francés , irritó
nasta el Ultimo punto el furor de los jacobinos.
Trabó en efecto con Camus una discusion acalora-
da, manifestando su menosprecio }laja el actual
gobierno; y olvidándose de la suerte de Lafavette,
y contando al mismo tiempo demasiado con è l po-
derío militar, obró corno general poderoso, v que
podia a su arbitrio hacer que retrocediese la re-
volucion, y muy inclinado á efectuarlo si le apu-
raban. Las mismas ideas dominaban en su estado
mayor, hablando con desprecio del populacho que
gobernaba á Paris, de los imbéciles convenciona-
les que se dejaban avasallar por él, maltratando y
separando á cuantos eran sospechosos de jacobi-
nismo; y los soldados por su. parte, contentos con
tener otra vez á suneral , afectaban delante de
los comisionados de la Convencion detener su ca-
ballo, besarle en las botas, y llamarle su padre.


Escitaron estas noticias en Paris el mayor des-
asosiego y produjeron nuevas quejas contra lostrai-
dores los contrarevolucionarios. Inmediatamente
se aprovechó de esto el diputado Choudieu para
pedi r,


comojotras veces se había va hecho, que sa-
liesen de Paris inmediatamente los confederados,


FRANCESA.
409


repitiendo la misma peticion en cuanto venia una
mala noticia del ejército. Barbaroux intentó to-
rnar la palabra en el asunto , pero su presen-
cia produjo una exasperacion de que hasta enton-
ces no había habido ejemplo ; y aunque Buzot in-
tentó elogiar el denuedo de los de Brest, durante
el saqueo, solo Bover-Fonfedre logró, por una es-
pecie de convenio, que los confederados de los de-
partamentos marítimos irian á completar el ejérci-
to de las costas del Océano , demasiado pequeño
todavía, y que los otros quedasen facultados para
permanecer en Paris.


Al siguiente dia 8 de marzo , mandó la Con-
vencion á todos los oficiales, que fuesen á :incor-
porarse inmediatamente con susbatallones. Dauton
propuso que se ofreciese á los parisienses la oca-
siou de salvar á la Francia. «Pedidles treinta mil
«hombres, dijo, enviadlosaDumouriez, y la Bélgi-
«ca quedará segura, y conquistada la llolanda.»
:No era seguramente difícil hallar en Paris treinta
mil hombres, que servirian de mucha utilidad al
ejército del Norte darían nueva importancia á.
la capital. Danton propuso, ademas, enviar comi-
sionados de la Convencion á los departamentos y
secciones, para activar el alistamiento por todos
los medios posibles: y quedaron aprobadas todas
estas proposiciones. Recibieron órden las seccio-
nes para juntarse por la noche, se nombraron co-
misionados para ir á ellas, se cerraron los teatros,
para evitar las distracciones , y enarbolóse en el
Ayuntamiento la bandera negra, en señal de con-
flicto.


Verificóse en efecto la reunion, y los comisio-
nados fueron, muy bien recibidos porlas secciones




410 nEvouctoN


los ánimos estaban alterados, y se oyó con agrado
la proposicion de trasladarse ininediatamentéá los
ejércitos, pero sucedió entonces lo que habia
acontecido en el 2 y 3 de setiembre, pedir antes
de la marcha que se castigasen los traidores. Des-
de aquella época se 'labia adoptado una frase ter-
minante. «No querian, esclamaban, dejar á sus espal-
«das conspiradores que estaban preparados á de-
gollar á las familias de los ausentes » Era pre-


ciso para evitar otras ejecuciones populares for-
mar milis legales y terribles, que persiguiesen
enérgicamente y sin apelacion á. los contrarevo-
lucionarios, y á . los maquinadores encubiertos que
amenazaban interiormente á la revolueion , va
amenazada por fuera. Era menester suspender la
cuchilla sobre las cabezas de los generales, minis-
tros y diputados desleales, que comprometian la
salvacion pública , y no era justo ademas que los
ricos egoistas y enemigos del sistema de la igual-
dad, á quienes daba lo mismo pertenecer á la Con-
yencion que á Brunswick, y que por consiguiente
no se presentaban á completar los cuadros del
ejército, permaneciesen estraños á la causa públi-
ca, sin hacer nada en obsequio suyo. Por consi-
guiente. todos cuantos contaban mas de quinien-
tos mil francos de renta, debian pagar un tanto
proporcionado á. sus recursos, y suficiente para
indemnizar, á los que se armasen , ea los gastos
de campaña. Este doble deseo , el de un tribunal
nombrado contra el partido contrario , y el de una
contribuciou de los ricos para los pobres que iban
á batirse, fueron casi generales en las secciones.
Muchos de ellos fueron á comunicarlos al Ayunta-
miento; los jacobinos los propusieron tambien, y.


FRANCESA. 4.11


al dia siguiente se halló la Convena. ion con una
epinion general é irresistible.


Efectivamente, en este dia (9 de marzo), con-
currieron á la sesíon todos los diputados montañe-
ses, y los jacobinos ocupaban las tribunas. Habían
echado de ellas á. todas las mugeres, porque de-
cían que habia que hacer una espedicion. Algunos
de ellos llevaban pistolas, y aunque el diputado
Gamon dió quejas aceréa de esto, no fué escucha-
do. La Montaña y las tribunas resueltamente de-
cididas, intimidaban á la ma yoría, pareciendo que
no estaban en ánimo de sufrir resistencia alguna.
Entra el corregidor con los principales del consejo
del coma, y confirma el informe de los comisio-
nados de la Convencion sobre el entusiasmo de las
secciones, pero repite el deseo que tienen de un
tribunal estraordinario y de un impuesto contra los
ricos; sucédense multitud de secciones al Ayun-
tamiento que piden tambien el tribunal y el im-
puesto. Algunos añaden la peticion de una ley
contra monopolistas, de un máximum. en el precio
de los géneros, y la abolicion del decreto, que de-
claraba mercancía la moneda metálica, permitien-
do que circulase á diferente precio que el papel.
Despues de todas estas peticiones , se insiste en
que se pongan á votacion las medidas propuestas,
y quieren que inmediatamente se vote el estable-
cimiento de un tribunal estraordinario. Algunos
diputados se oponen, y Lanjuinais que toma la
palabra, pide que va que se quiera absolutamente
consagrar !a iniquidad de un tribunal sin apelacion,
se reduzca al menos la calamidad á. solo el depar-
tamento de Paris. Guadet v Valazé se esfuerzan
en vano para apoyar á Lanjus inais, pues la Montaña




/112 RE VOLUCION


les interrumpe brutalmente. Varios diputados pi-
den que este tribunal se llame revolucionario; pero
la Convencion sin mas discusion, «decreta el esta-


blecimiento de un tribunal criminal estraordinario,
«para sentenciar sin apelacion y sin recurso al tri-
«bunal de apelacion, á los conspiradores y contra-
«revolucionarios, y encarga á la comision de legis-
«lacion que presente al siguiente dia un proyecto
«de organizacion.»


Inmediatamente despues de este decreto se dá
otro que impone á los ricos una contribucion es-
traordinaria de guerra, y otro para organizar
cuarenta y una comisiones de dos diputados cada
una. encargadas de ir é los departamentos á acti-
var el alistamiento por todos los medios posibles,
desarmar á los que no marchen, arrestar á los
sospechosos, apoderarse de los caballos de regalo,
y ejercer finalmente la mas absoluta dictadura.
Otras providencias se toman ademas de estas : que
la= plazas dotadas de los colegios pertenecerian en
adelante á los hijos de los que hubiesen partido
para el ejército ; que todos los solteros empleados
serian reemplazados por padres de familia; y en
lin que quedase abolido el apremio corporal, como
el derecho de testar lo habia sido pocos dias an-
tes ;—todas estas medidas fueron propuestas por
Danton que conocía perfectamente el arte de en-
lazar los intereses con la causa de la revolucion.


Satisfechos los jacobinos de este triunfo, cor-
Tieron á celebrar entre sí el celo que habian mani-
festado, el modo con que habian ocupado las tri-
bunas, y la imponente reunion que ofrecian las es-
trechadas filas de la Montaña. Recomendaronse
mátuamente seguir aquella conducta y reunirse to-


FRANCESA. 413
dos en la sesion del siguiente dia en que debla or-
ganizarse el tribunal estraordinario. Robespierre,
`deeian, nos lo ha encargado mucho; pero no esta-
ban satisfechos todavia de lo que habian logrado,
y uno de ellos propuso redactar una peticion para
la reno yacion de las comisiones y del ministerio, la
prision de todos los empleados en el momento de
ser destituidos y la de lodos los administradores
de correos , y periodistas contrarevolucionarios.
Inmediatamente quieren ir á hacer la peticion, mas
alegando el presidente, que la sociedad no puede
hacerlo colectivamente , convienen en ir a buscar
otro local para reunirse en él, en calidatUde meros
peticionarios. Estiéndese entonces la noticia por
Paris, alarmada va porque unos cien hombres, pro-
motores de todas las bullangas, conducidos por
Lasousky habian ido en casa del periodista Gorsas,
armados de pistolas y sables , y le habian roto las
prensas, Gorsas tuvo que huir logrando salvarse
por el valor y serenidad con que se defendió. Lo
mismo hicieron en casa del editor de la Crónica,
cuca imprenta tambieu habian destrozado.


'Mayores desastres amenazaban aun al siguien-
te dia 10 que era domingo. Se habia dispuesto una
comida en la seccion de la Alhóndiga para obsequiar
á los alistados que iban á dirigirse al ejército, y no
era estraño que la ociosidad del pueblo, unida al
tumulto del banquete, diese lugar a los mayores es-
cesos. El salon de la Convencion estuvo tan con-
currido como la víspera, y en las tribunas, y en la
Montaña había la misma gente con las mismas in-
tenciones. Abrese la discusion sobre asuntos de
poco interés, y se trata luego de una carta de Bu-
mouriez. Robespierre apoya las proposiciones del




4.11 REVOLUCION


general, v pide que se forme causa á Lanoue y Sten-
gel, ambos comandantes de la vanguardia en la úl-
tima derrota, y queda formada la acusacion. Se tra-
ta en seguida de hacer marchar á los diputados co-
misionados para el alistamiento ; pero siendo nece-
sarios sus votos para lograr el establecimiento del
tribunal estraordinario, se decide ejecutarlo aquel
mismo dia, y despachar al siguiente á los comisiona-
dos. Cambaceré.s pide en seguida la organizacion
del tribunal estraordinario , y del ministerio. Bu-
zot se arroja entonces á. la tribuna interrumpido
por ruidosos murmullos.—«Estos murmullos, dice,
«me confirman que hay valor para oponerse al des-
zpotismo que nos preparan.»—Nuevos rumores, y
continúa.—«Duero os hago de mi vida , pero sal-
«varé mi memoria de la deshonra, oponiéndome al
«despotismo de la Convencion nacional. Se quiere
«que confundais en vuestras manos todos los pode-
«res.»—Lo que conviene es obrar v no charlar,
grita una Yoz.—«Verdad es, dice Buz'ot ; los publi-
«cistas dela monarquía han dicho tambien que con-
«venia obrar, y que por consiguiente, el gobierno
«despótico de uno solo era el mejor...»—Levántase
nuevo alboroto y reina la mayor confusion en la
Asamblea , conviniéndose por fin en diferir la or-
ganizacion del ministerio, y no ocuparse á la sazon
mas que en el tribunal estraordinario. Se pide el
informe de la comision, pero no está hecho, y en su
defecto se exije el proyecto en que se haca convenido.
Roberto Lindet lo lee discul pando su severidad, y lié
aquí lo que propone con el acento del dolor mas
sentido : el tribunal se compondrá de nueve jueces
nombrados por la Convencion , independientes de
toda forma, adquiriendo el convencimiento . por . to-


FRANCE sA. 415
dos los medios, divididos en dos secciones siempre
permanentes, persiguiendo á instancias de la Con-
vencion, ó directamente, á los que por su conducta
ú opiniones hayan procurado estray iar al pueblo,
y á los que por los destinos que ocupaban en el
antiguo sistema, recuerden prerogativas usurpa-
das por los déspotas.


Concluido de leer este espantoso provecto, re-
suenan lo::aplausos en la izquierda, y semanifies-
ta en la derecha una violenta conmocion —Antes
morir, esclama Vergniaud, que consentir en el es-
tablecimiento de una inquisicion veneciana!—El
pueblo , responde Amar, necesita esta medida de
salvacion ó la insurreccion—«Conocida es mi pa-
«sion por el poder revolucionario, dice Cambon;
«pero si el pueblo se equivoca en las elecciones,
«nosotros podremos equivocarnos en la eleccion de
«los nueve jaeces, que serian entonces insoporta-
«bles tiranos que nosotros mismos nos hubiéramos
«puesto!»—Este tribunal, esclama Duhem, es sin
embargo muy bueno para malvados y revolucio-
narios!—Sigue el alboroto y se pasa el tiempo en
amenazas , injurias gritos de toda especie. Lo
queremos, dicen los unos , pues nosotros no , re-
plican los otros. Barrero pide jurados , y sostiene
enérgicamente su necesidad. Iurreau pide cine se
tomen de Paris; Bover-Fcnfrede de toda la repú-
blica, porque el nuevo tribunal tendrá que conocer
de los crimenes cometidos en los departamentos,
en los ejércitos y en todas partes. El dia se pasa y
se aproxima la noche. El presidente Gensonné, re-
capitula las varias proposiciones , v se prepara á
ponerlas á votacion. La Asamblea cansada de tanta
lucha, parece que se inclina á ceder á tamaña vio-




41 6 • REVOLUCION


lencia. Los individuos de la Llanura em piezan á reti-
rarse; pero la Montaña, para acabar de intimidar-
los, pide que se vote en alta Voz.—«Si, esclama
d'erutad irritado; si, votemos en alta voz para que
«sepa el mundo quiénes son los hombres que
«quieren asesinar á. la inocencia á la sombra de la
«ley!»—Este vehemente apóstrofe reanima al lado>
derecho, y al centro, y contra toda apariencia de-
clara la mayoría : .° que haya jurados: 92.° cine
estos jurados se elijan en número igual en los de-
partamentos: y 3.° que sean nombrados por la.
Convencion.


Admitidas estas tres proposiciones, Gensonné
cree deber conceder una hora de descanso á la
Asamblea fatigada en sumo grado. Los diputados
se levantan para retirarse, pero Danton esclama:-
Intimo á. los buenos ciudadanos que permanezcan
en sus puestos!--Vuelven todos á sentarse á, los
ecos de aquella voz terrible. «Qué! añade Danton,
«cuando Miranda acaso derrotado, y Dumouriez
«cogido por la espalda se ven obligados á deponer
«las armas , pensais vosotros en dejar vuestros
«asientos! ,w Es preciso acabar de establecer estas
«leyes estraordinarias , destinadas á intimidar á.
«vuestros enemigos domésticos; deben ser arbi-
trarias , porque es imposible que sean precisas;


«porque por mas terribles que sean, son mu y pre-
feribles, á las ejecuciones populares que 'serian


«hoy como en setiembre la consecuencia de la len-
titud de la justicia. Despues de este tribunal se


«debe organizar un poder ejecutivo, enérgico, que


* Entonces no «e sabia aun que Inmouriez babia dejado la
Holanda para regresar al Ilesa.


FRANCESA 41 7
«esté en relacion inmediata con vosotros , y pueda
«poner en movimiento todos vuestros recursos en
«hombres y dinero. Hoy el tribunal estraordinario,
«mañana el poder ejecutivo, y pasado mañana la
«marcha de vuestros comisionados á los departa-
«mentos. Calúmnieme el que quiera ; perezca mi
«memoria, pero sálvese la república!»


A pesar de estaexhortacion violenta, se conce
(lió la hora de descanso v los diputados salieron á
gozar del reposo indispensable, siendo va las siete
de la tarde. Con la ociosidad propia del domingo,
los ban q uetes tenidos durante el dia, y la impor-
tancia de las cuestiones que en la Asamblea se ha••
bian suscitado, aumentó considerablemente la agita-
cion popular y sin que hubiese un complot dis-
puesto de antemano , como cre y eron los girondi-
nos, el estado de los ánimos bastaba para dar lu-
gar á una ruidosa escena. Celebrábase junta ea
los jacobinos , á donde habia llegado Bentabole,
para dar cuenta de la sesion de la Convencion, y
quejarse de los patriotas que no hablan tenido
aquel dia tanta energía como la víspera. Residian
asimismo los principales del Ayuntamiento y las
secciones abandonadas por los ciudadanos pacíficos,
estaban ocupadas por varios furibundos que acor-
daban determinaciones incendiarias. En las de las
Cuatro Naciones resolvieron diez y ocho frenéticos,
que el departamento del Sena debia ejercer á la
sazon la soberanía, y el cuerpo electoral de Paris
reunirse inmediatamente, para separar de la Con-
vencion nacional á los diputados desleales qut
conspiraban con los enemigos de la revolucion; re-
solucion acordada tambien en el club de los fran-
ciscanos , vendo una diputacion suya y de la seo-


Biblioteca popular. T. II. 422




al 8 REVOLUCION
cion á participarlo al Ayuntamiento en el momento
mismo. Varios bullangueros, conforme á la comun
costumbre en todas las asonadas, corrían á hacer
que se cerrasen las barreras.


resonaron por las calles losAl mismo tiempo
gritos de un desenfrenado populacho ; y los alista-


os que habian comido en la Alhóndiga, llenos de
yabia y de vino,armados de pistolas y sables, se
dirijian hacia el s'alon de los jacobinos entonando
horrorosas canciones. Llegaron cuando Bentabole
terminaba su narracion sobre la sesion de aquel dia
-y estando delante de la puerta , piden se les deje
desfilar por el salon , que atraviesan en medio de
mil aplausos. Uno de ellos toma la palabra y dice:
«Ciudadanos, en el instante en que la patria peli-
«gra, los vencedores del 10 de agosto se levantan
«para esterminar á los enemigos domésticos y es-
«teriores.—Si , les contesta el presidente Collot-d'
lierbois , á despecho de los intrigantes salvare-
«mos con vosotros la libertad.» Desfreus toma en-
tonces la palabra : dice que Miranda es hechura de
Petion, y por lo tanto, traidor; que Brissot ha he-
cho declarar la guerra á Inglaterra para arruinar á
Ja Francia, y que solo hay un medio de salvarse, el
de:deshacerse de todos estos traidores, dejar á todos
los apelantes arrestados en sus casas , y nombrar
otros diputados por el pueblo. Un hombre con tra-
ga- militar sale de entre la multitud que acaba de
desfilar, y dice que no basta el arresto, sino que se
necesitan venganzas.--aQue es eso de inviolabili-
dad? añade. Yo la pongo bajo mis pies... y... á ts-
tas palabras llega Dubois de Crance y trata de opo-
nerse á semejantes proposiciones; nero su resisten-
cia ocasiona un terrible alboroto. Proponen dividir-


FRANCESA. 419
se en dos columnas; una que vaya á buscar á los
hermanos franciscanos, y otraá la Convencion para
desfilar en el salon, y decir todo lo que exigen de
ella. Vacilan en decidir la marcha, pero las tribu-
nas invaden el salon , y apagan las luces, triunfan
los alborotadores, y se y en dos cuerpos para
dirigirse á la Convencion v á los franciscanos.


Entretanto la esposa de Louvet que vivia con
él en la calle de San Honorato, junto a los jacobi-
nos, habia oido la gritería que resonaba en el salon
y [labia pasado á él para averiguar lo que ocurria.
Presencia la escena, y va corriendo á avisar á Lou-
vela


que con otros muchos individuos del lado de-
Techo había abandonado la sesion de la Conven-
don, donde se decía que iban á ser asesinados.
Louvet, armado, como comunmente solia irse, se
aprovechaba de la oscuridad de la noche, va de
casa en casa avisando a sus amigos, y les cita á un..
sitio retirado, donde podrán libertarse de los pu-
ñales de los asesinos. Los encuentra en casa de
Petion tratando sosegadamente de algunos decre-
tos que iban á publicarse, y se esfuerza en comu-
nicarles su sobresalto; pero no logra conmover al
:impasible Petion, que mirando al cielo, y viendo
como Ilovia, dice con frialdad: Por esta noche no
habrá nada.—Sin embargo, se citan, y uno de ellos
llamado Kervelegan, va corriendo al cuartel dei
batallon de Brest para que se pusiese sobre las ar-
mas; y al mismo tiempo, los ministros reunidos en
casa de Lebrun, no teniendo fuerza alguna á su dis-
poSicion, ignoraban de qué medio valerse para de-
fender a la Convencion y a sí mismos, que tambien
corrian peligro. La Asamblea, sumida en el mayor
espanto, aguardaba un terrible desenlace, y a ca-.




420 REVOLTJCION
da ruido, á cada grito, pensaba que tenia va enci-
ma á los asesinos. Solo cuarenta individuos hablan
quedado en el lado derecho que esperaban ver en
riesgo sus vidas, por lo que teman preparadas sus
armas para lanzarse, segun lo habian convenido,
sobre la Montaña al primer movimiento, y degollar
á todos cuantos pudiesen. Las tribunas y la 'aloa-
taña guardaban la misma actitud, y por ambos lados
se esperaba una sangrienta y terrible escena.


Pero aun no habla en el populacho suficiente
audacia para ejecutar contra la Convencion otro
40 de agosto; aquello no era mas que una escena
preliminar, un 20 de junio. El Ayuntamiento no se
atrevió á favorecer una insurreccion, á que no es-
taban los ánimos predispuestos, y aun se irritó por
ello formalmente. El corregidor, asi que se presen-
taron las dos diputaciones de los franciscanos v de
las Cuatro Naciones, los despidió sin quereroirlos,
porque aunque complaciente con los jacobinos, y
enemigo sin duda de los girondinos, cu y a ruina de:
seaba, debia temer un movimiento arriesgado, tan •
to mas, cuanto que se hallaba como Petion en el 20
de junio y 10 de agosto, acobardado por la ilegali-
dad, y deseando que se le violentase para ceder.
Despidió pues á ambas diputaciones: Ilebert


'Chamulle, procuradores del Ayuntamiento, le
apoyaron, y se espidieron órdenes para que se
abriesen las barreras, redactándose una proclama
para las secciones, y otra para los jacohiuos con el
lin de apaciguarlos. Santerre dirigió un discurso
muy enérgico al Ayuntamiento, y se pronunció Con-
tra los que pedian nueva sublevacion, diciendo
..que el tirano estaba derrocado , que esta se-
gunda sublevacion solo podia dirigirse contra


FRANCESA. á21


el pueblo , único que en la actualidad reinaba,
y que si habla malos diputados, era preciso
sufrirlos como se habia sufrido á Maury y á Ca-
zalés; que Paris no era toda la Francia, y debía
aceptar los diputados de los departamentos; que en.
cuanto al ministro de la Guerra, si habia destituido
a algunos, derecho tenia para hacerlo, porque era
el responsable de sus mentes... Que en Paris ha-
bia algunos hombres ciegos é ineptos, que creian
poder gobernar y lo desorganizaban todo; y que
finalmente, iba á disponer la fuerza, y á hacer que
entrasen en órden los revoltosos....


Beurnonville por su parte, que tenía cercada
la casa, saltó las tapias de su jardin, reunió toda la
gente que pudo, se puso á la cabeza del batallon de
Brest, y contuvo á los alborotadores. La seccion de
las Cuatro Naciones, los franciscanos y los jacobi-
nos se retiraron, y de este modo la oposicion del
A yuntamiento, la conducta de Santerre, el denuedo
de Beurnonville y del batallon de Brest, y acaso
tambien la lluvia que cala, atajaron los progresos
de la insurreccion. Además, no era muy grande
aun el Odio contra lo que !labia de mas noble v ge-
neroso en la república naciente, pues Petion, 'Con-
dorcet y Yergniaud tenian que manifestar por al-
gun tiempo todavia en la Convencion, su valor,
sus talentos y su elocuencia mágica. Sosegóse todo,
y el corregidor, llamado á la barra de la Conven-
c. ion la tranquilizó, y se acabó aquella misma no-
che con calma el decreto para organizar el tribunal
revolucionario. Este se componia de un jurado,
cinco jueces, un fiscal y dos agregados, nombrados
todos por la Convencion. Los jurados dehian ser
elegidos antes del mes de mayo, y podian sacarse




42,2 REVOLUCION'
provisionalmente del departamento de Paris v de
los cuatro inmediatos. Los jurados debian delibe-
rar en alta voz.


Las consecuencias del suceso del 10 de marzo
fueron á aumentar la indignacion de los individuos
del lado derecho, y á dejar indecisos á los del iz-
quierdo, comprometidos con estas demostraciones
anticipadas. En todas partes se desaprobaba esta
tentativa como ilegal, por atentadora contra la re-
presentacion nacional. Los mismos que no desa-
probaban la idea de una nueva sublevacion, conde-
naban esta como mal dirigida, y encargaban la
precaucion con los anarquistas, pagados por los
emigrados y la Inglaterra para producir desórde-
nes. Ambos lados de la Asamblea parean conspi-
rar para establecer esta opinion; ambos suponían
un influjo secreto y se acusaban recíprocamente de
ser sus cómplices. Aun confirmó mas esta opinion
una escena muy singular. La seccion Poissonniers,
al presentar sus voluntarios, pidió se formase cau-
sa A. Dumouriez, el general en quien se cifraban
por entonces las esperanzas del ejército francés.
Leida esta peticion por el presidente de la seccion,
prorumpen en gritos universales de furor.—Es un
aristócrata, dicen, pagado por los ingleses.—Al
mismo tiempo miran á la bandera que llevaba la
seccion, y notan asombrados que la corbata es
blanca, coronada de flores de lis. Inmediatamente
se oyen gritos furiosos, se rompen las flores de lis,
y la corbata, y ponen en su lugar una cinta trico-
lor que echa una muger desde las tribunas. Esnard
toma en seguida la palabra, para pedir que se for-
me causa al presidente de esta seccion, y mas de
cien voces apoyan esta peticion, entre las cuales,


FRANCESA. 423
la que mas llama la atencion es la de Mara: «esta
«peticion, dice, es un complot, y hay que leerla
«toda: se verá que en ella se piden las cabezas de
«Vergniand, Guadet, Gensonné... y otros; bien co-
«noceis qué triunfo no seria para n' uestros enemi-
«gos semejantes asesinatos! Sería el postrer dolor
«de la Convencion...» Al llegar aqui, interrumpen
universales aplausos á Alarat; vuelve á hablar, de-
nuncia él mismo á uno de los principales alborota-
dores llamado Fournier, y pide su prision. Orde-
nase inmediatamente y se envia el espediente á la
comision de seguridad general, mandando la Asam-
blea que se remita á Dumouriez copia del acta, pa-
ra demostrarle, que no participa, cuando se trata
de él, de los errores de los que le calumnian.


El jóven Varlet, amigo y compañero de Baur-
nier, va corriendo á los jacobinos para pedir jus-
ticia de su prision, y proponer que marchen á li-
bertarle. «Fournier, dice, no es el único que corre
peligro; Lasousky, Desfieux, y yo mismo, lo cor-
remos tambien. El tribunal revolucionario que
acaba de establecerse, va á perseguir á los patrio-
tas como el 40 de agosto, y los hermanos que me
escuchan no son ya jacobinos si no me siguen.»
Quiere en seguida acusar á Dumouriez , y estalla
entonces en la sociedad un tumulto estraordina-
rio, por lo cual el presidente se cubre y dice que
van á perder á los jacobinos. El mismo llillaud-Va-
rennes sube á la tribuna, se queja de estas propo-
siciones incendiarias, justifica á Dumouriez á quien
no quiere, dice, pero que cumple con su deber, y
que ha probado querer batirse denodadamente. Se
queja de un proyecto que tiende á desorganizar la
Convencion nacional con tales atentados ; declara




424 REVOLLICION


por sospechosos en alto grado á Varlet á Four-
nier y á Desfieux, y apoya el proyecto de mi es-
crutinio calificador, para librar á la sociedad de
cuantos enemigos secretos quieren comprometer-
la. O yese la voz de Billaud-Varennes; y las satis-
factor'ias noticias de haber Dumouriez rehecho el
ejército, y reconocido la Puerta la república, aca-
ban de tranquilizar los ánimos.


De este modo Marat, Billaud-Varennes y Ro-
bespierre, que Cambien habló en el mismo sentido,
se declaraban todos contra los revoltosos, y pare-
cian estar conformes en la creencia de que eran
pagados por el enemigo; lo cual es una prueba in-
negable de que no existía complot secreto como
se figuraban los girondinos. Si hubiese existido,
seguramente Billaut-Varennes, Marat y Robes-
pierre hubieran tenido en él toas ó menos parte; y
se hubieran visto obligados á callar , como el lado
izquierdo de la Asamblea legislativa despees del
20 de junio, no habiendo podido exigir la prision
de uno de sus cómplices. Pero entonces el moda
era efecto de un acaloramiento popular, que podía
desaprobarse , si era demasiado precipitado ó es-
taba mal combinado. Por otro lado, Marat, Robes-
pierre y Billaud-Varennes , aunque anhelaban la
ruina de los girondinos, temian sinceramente las
intrigas de los estrangeros, la desorganizacion á la
Vista del enemigo victorioso, la opinion de los de-
partamentos , y se veían comprometidos por las
acusaciones á que les esponjan estas turbulencias,
y probablemente solo pensaban en apoderarse de
todos los ministerios v comisiones, y en lanzar del
gobierno á los girondinos sin escluirlos con violen-
cia de la legislatura.


FRAN CESA. 425
Solo en un hombre, en Danton, hubiera podi-


do sospecharse, á pesar de que era el enemigo me-
nos encarnizado de los girondinos. Tenia el mayor
influjo sobre los franciscanos, autores del movi-
miento, y no miraba con prevencion á los indivi-
duos del lado derecho, sino á su sistema de mode-
racion, que, en su opinion, entorpecia la marcha
del gobierno: exigia a todo trance un tribunal es-
traordinario y una comision suprema con el carác-
ter de una irresistible dictadura , porque preferia
á todo, cl triunfo de la revolucion, v es creíble que
hubiese guiado secretamente á los alborotadores
del 10 de marzo , para intimidar á los girondinos
y vencer su resistencia. A. lo menos es cierto que
no procuró desmentir á (os autores de la asonada,
y que se le vió por el contrario , reproducir sus
instancias para que se organizase el gobierno de
un modo pronto y terrible.


Como quiera que sea, se convino en que los
aristócratas eran los ocultos incitadores de esas
asonadas, v asi lo creyó todo el inundo ó al menos
fingió creerlo. Vergniaud lo supuso del mismo
modo ea un discurso de admirable elocuencia, en
que declaró toda la conspiracion; y aunque fué vi-
tuperado por Louvet, que hubiera querido un ata-
que mas directo á los jacobinos, logró que el pri-
mer cuidado del tribunal estraordinario fuese el
perseguir á los autores del 10 de marzo. El minis-
tro de la justicia, encargado de presentar un infor-
me sobre los acontecimientos, declaró que en nin-
guna parte !labia hallado la comision revolucio-
naria, á quien se atribuia , que solo habla adver-
tido arrebatos de clubs, y proposiciones hechas en
un impulso de entusiasmo: que lo que habia. des-




426 RF.VOLUCION
cubierto con mas exactitud, era una reunion en el
café Corrazza de algunos individuos de los fran-
ciscanos, como Lasouski, Fournier , Guzman,
Desficuz y Varlet, continuos perturbadores de las
secciones, que se reunian despues de las juntas pa-
ra hablar de política. Nadie hizo caso de este des-
cubrimiento ; v como se suponian tramas mucho
mas secretas, l'a reunion de personas de tan poca
suposicion en el café de Corrazza, solo pareció ri-
dícula.


CÁPITULO X.


Contimfacion de nuestros reveses militares ; derrota do NeerWin-
den.-Primeras negociaciones de Dumouriez con los enemigos;
sus proyectos de contrarevolucion ; entra en relaciones con el
enemigo.-Evacuacion de la Bélgica.-Primeras turbulencias
del Oeste; movimientos insurreccionales en la Vendée. -Decre-
tos revolucionarios. Desarme de los sospechosos.-Conferencias
de Dumouriez con los emisariosde los jacobinos. Manda arres-
tar y entrega á los austriacos, á los comisionados de la Conven-
cion.-Decreto contra los Borbones. Prision del duque de Or-
leans y de su familia.-Dumouriez, abandona do de su ejército
despues de su traicion, se refugia en el campamento de los im-
periales. Opinion acerca de este general.-Mudanzas en el man-
do de los ejércitos del Norte y del Rin. NOmbrase a Bouchotte
ministro de la Guerra en lugar de Beurnonville que habla sido
depuesto.


4
Ya hemos visto en el capítulo precedente, ert


que situacion tan desesperada se hallaban los par-
tidos del interior, y las providencias estraordina-
rias que habla tomado el gobierno revolucionario,
para contrarestar la liga estrangera y las facciones
intestinas. En medio de estas circunstancias cada
vez mas inminentes, Dumouriez, volviendo de Ho-
landa se unió en Lovaina con su ejército. Le hemos
visto desplegar su autoridad contra los comisiona-
dos del poder ejecutivo, rechazar con todas sus
fuerzas el jacobinismo, que trataba de introducirse
en Bélgica, y añadir á. todos estos pasos otro mas




428 REVOLUGON
atrevido aun, que debia llevarle al mismo fin que
á Lafavette. Escribió con fecha 42 de marzo una
carta á'la Convencion, en que reproduciendo la
desorganizacion de los ejércitos, efectuada por Pa-
che y los jacobinos, el decreto del de diciembre
y los perjuicios causados á los belgas, atribuía to-
dos los presentes males al espíritu disolvente, que
se estendia desde Paris á toda la Francia, y desde
la Francia á los paises libertados por nuestros ejér-
citos. Esta carta llena de espresiones audaces, y
sobre todo de reconvenciones que no sentaban
bien en boca de un general, llegó á. la cornision de
seguridad general, en el mismo momento en que
se proferian multitud de acusaciones contra Du-
mouriez, y en que se hacian esfuerzos continuos
para conservarle el favor popular, y ganarle para
la república. Guardóse esta carta, enviándola en
seguida á Danton para obligarle á que se re-
tractase.


Dumouriez reorganizó su ejército delante de
Lovaina, reunió sus columnas dispersas, y colocó
un cuerpo á su derecha para guardar la Campine,
y unir sus operaciones con la retaguardia del ejér-
cito aventurado en Holanda T)ecidióse poco des
pues á tomar la ofensiva para volver la confianza á
sus soldados. El príncipe de Coburgo, despues de
haberse apoderado de la corriente del Alosa, desde
Lieja hasta Maestral, adelantándose mas allá has-
ta Saint-Trond, habia mandado á un cuerpo avan-
zado que ocupase a Tirlemont. Dumouriez mandó
recobrar esta ciudad, y viendo que el enemigo no
había pensado en guardar la importante posicion
de Goidsenhoven, que domina todo el terreno com-
prendido entre los dos Gettes, dirijió á aquel pun-


FRANCESA. 429


to al gunos batallones que se acomodaron sin difi-
culta-d. Al dia siguiente, 16 de marzo, quiso reco-
brar el enemigo la posicion perdida, y la forzó con
singular denuedo; pero Dumouriez, que se lo figu-
raba. mandó que se sostuvieran, y acudió á reani-
mar sus tropas en este combate: Rechazados los
imperiales despues de haber perdido setecientos ú
ochocientos hombres, volvieron á pasar el pequeña
Gett.e, yendo á colocarse entre los pueblos de Neer-
'anden, Linden, Neerwinden, Overwinden v Ra-
cour; y los franceses, alentados con esta venta-
ja, se colocaron á su costado delante de Tirlemont
v en varios pueblos situados á la izquierda del pe-
queño Geite, que era la Itaca divisoria de los dos
ejércitos.


Resolvió Dumouriez entonces dar una gran
accion, pensamiento tan bien meditado corno atre-
vido, porque no conveuia la guerra metódica á sus
tropas, poco disciplinadas todavía, y era preciso
volver por el honor de nuestras armas, tranquili-
zar á la Convencion, ganarse á los belgas, llevar
al enemigo al otro lado del Mesa, fijarle allí por al-
gar tiempo, volar de nuevo á holanda, y entrar
en una capital de la liga, llevando á ella la revo-
lucion.—No contento Dumouriez con estos proyec-
tos, quería tambien, segun eSpresaba, restablecer
la Constitucion de 1791, y destruir á los demagogos
con el ausilio de los holandeses y su ejército;
pero esto era entonces tanta loc'bra, como cuan-
do se hallaba en Moerdd ; lo que habia de sen-
sato, posible y verdadero en su plan, era recobrar
su influjo, restaurar nuestros ejércitos, y acreditar
sus planes militares, ganando una batalla, para cu-
yo buen éxito le daban fundadas esperanzas, el re-




430 REVOLUCION
naciente ardor de sus soldados y su posicion mi-
litar; ademas de que era menester aventurar mu-
cho en su situaciou, en lo que no debia andar ti-
tubeando.


Estendíase nuestro ejército en una línea de dos
leguas, guarneciendo el pequeño Gette desde Neer-
Jleylissem hasta Leaw, y Dumouriez decidió ha-
cer un movimiento de conversion que dejase al
enemigo entre Leaw y Saint- Trona. A povábase
su izquierda en Leaw, que era el eje, y su derecha
debiagirar por Neer-Ilevlisseni, .nacour y Lauden,
obligando á los austriacos á replegarse hasta
Saint-Trond. Para esto era preciso atravesar el pe-
queño Gette, vencer sus escarpadas riberas v to-
mar á Leaw, Orsmael, Neerwinden, Overwinden
Racour. Estos tres últimos pueblos, enfrente de
nuestra ala derecha, que debla recorrer en su mo-
vimiento de conversion , formaban el principal
punto de ataque. Dividió Dumouriez su derecha
en tres columnas á las órdenes de Valence, les
obli gó á pasar el Gette por el puente de Neer-
neassem : la una debia desalojar al enemigo, y
la otra tomar inmediatamente el elevado cerro de
Alicldelwinden, asestar desde allí sus fuegos contra
el pueblo de Overwinden, apoderándose de él, y la
tercera, debia atacar el pueblo de Nerwinden por
su derecha. El centro encargado al duque de Chan-
tres, y compuesto de dos columnas, tenia órdeu
de pasar por el puente de Esetnael, atravesar á
Laer y atacar de frente á Neerwinden, ya amena-
zado en su primer costado por la tercera columna.
Finalmente, la izquierdaá las órdenes de Miranda,
debia dividirse en dos ó tres columnas, ocupar á
Leaw y Orsmael y permanecer alli mientras el


FRAYCESA. 431
centro y la derecha arrollándolo todo en su victoria,
efectuarían el movimiento de conversion que era
el objeto de la batalla.


Concluyéronse estas prevenciones el 17 de
:marzo por la tarde y al siguiente dia 18 , todo el
ejército se puso en marcha á las nueve de la ma-
ñana ordenada y bizarramente. El Gette se atrave-
só en todos sus puntos; Miranda hizo que Champ-
morin ocupase á Leaw, apoderándose el mismo de
Orsmael y empeñando un cañoneo con el enemigo,
que se habla retirado y atrincherado fuertemente
á las alturas de Halle. Hablase pues conseguido el
objeto en este punto. El centro v la derecha efec-
tuaron el movimiento en las misivas horas, y las
dos partes del ejército atravesaron á. Elissem, Ese-
mael Neer-lleylissem; y despreciando un fuego
mortífero salvaron valerosamente las escarpadas
colinas que guarnecian el Gette. La columna del
estremo derecho atravesó á Racour , ocupó la lla-
nura, y en vez de estenderse per ella como se lo
tenia mandado, cometió el error de replegarse ha-


• ia Overwinden, en busca del enemigo. La segun-
da columna de la derecha, despues de haberse re-
zagado en su marcha, se arrojó con ímpetu herói-
co al elevado cerro de Middelwinden , lanzando de
él á los imperiales; pero en vez de establecerse allí
no hizo mas que atravesarle y apoderarse de Over-
winden. La tercera columna entró en Neerwinden,
é incurrió en otro desacierto por una mala inteli-
gencia, cual fue el estenderse con demasiada pre-
cipitacion por fuera del pueblo, y esponerse á que
la desalojaran si retrocedian los imperiales. El
ejército francés estaba sin embargo próximo á
triunfar, cuando el príncipe de Coburgo, que al




432 REVOLUCION


principio !labia cometido la faltade no atacar nues-
trastropas al atravesarel Gette, y trepaban á sus es-
carpadas colinas , procuró repararla dando Orden
general para recobrar las abandonadas posiciones
Dirigieronse, pues, fuerzas superiores hacia mies-.
tra izquierda y contra Miranda. Clerfayt aprove-
chando el poco teson que habia empleado en desa-
lojarle la primera columna, de que la segunda no
se 'labia colocado sobre el cerro de Middelwinden
y de la confusa aglomeracion en Neerwinden de la
tercera y de las dos que formaban el centro, atra-
vesaba la llanura de Landen, volvía á apoderarse
de Racour, del cerro de Middelwinden, Overwin-
den y Neerwinden. M mismo tiempo se hallaban
los franceses en una posicion desesperada, porque
desalojados de cuantos puntos hablan ocupado,
arrojados al pie de las alturas, cercados por su de-
recha, abrasada su frente por una artillería supe-
rior, amenazados por dos cuerpos de caballería, y
con un rio á la espalda, ()odian quedar destruidos;
y lo hubieran sido en efecto, si el enemigo en vez
de diri g ir lo grueso del ejército sobre su izquierda,
hubier .:!: avanzado mas contra el centro y la dere-
cha. Dumouriez entonces dirigiéndose al punto
amenazado, reunió sus columnas , logró recobrar
el cerro de Middelwindaa, marchó él mismo con-
tra Neerwinden, tomado va dos veces, por los fran-
ceses,otras dos recobrado por los imperiales, y
entró é'n él por la tercera vez , despues de una
horrenda carniceria. Este malhadado pueblo es-
taba cubierto de hombres v caballos y hallán-
dose en la confusion del ataque amontonadas
v dispersas por él nuestras tropas, conoció Du-
mouriez el riesgo, y abandonó este campo lleno


FRANCESA. 431


de restos humanos, para reorganizar sus columnas


l4 corta distancia del pueblo. Alli se rodea de arti-lería y se prepara á conservarse en esta campo de
batalla, en cu yo momento caen sobre él dos co-
lumnas de caballería, la una por la parte de Neer-
winden, y por la de Overwinden la segunda. Va-,.
lente se opone á la primera al frente de la caba-
llería francesa, la carga impetuosamente, la recha-
za, y cubierto de gloriosas heridas se ve precisado
á dejar el mando al duque de Chartres. El general
Thouvenot, recibe tranquilo la segunda, la deja
introducirse en nuestra infantería, cuyas filas man-
da abrir, ordena despues repentinamente una des-
cargade metralla y fusilería, que hechas a que-
ma-ropa confunden la caballería imperial y la des-
truyen casi del todo. Con esto queda Dumouriez
ducho del campo de batalla, y se conserva en él,
para concluir al dia siguiente su movimiento de
conversion.


La accion había sido sangrienta, pero parecía
haberse logrado lo mas dificil. La izquierda , fija
desde por la mañana en Leaw y Orsmael, debía es-
tar enteramente ociosa, habiendo cesado el fuego
á las dos de la tarde. Dumouriez creia que bahía
conservado su terreno , y se miraba vencedor,
puesto que ocupaba todo el campo de batalla. Sin
embargo, se iba acercando la noche, y la derecha
y el centro eneendian sus hogueras, 'sin que Din-
gun oficial llegase á participar á Dumouriez de
Orden de Miranda, lo que ocurría en su flanco iz-
quierdo. Primero empezó á dudar, i lleno de in-
quietudes en seguida marchó á caballo con dos
oficiales y dos criados, y encontró al pueblo de
Laer abandonado por Dampierre, que mandaba á


Biblioteca popular.
423




434 anvOLUCION
las órdenes del duque de Chartres, una de las dos
columnas del centro. Dumouriez supo allí que la
izquierda enteramente derrotada, había pasado el
Gette y huido hasta Tirlernont, y que Dampierre
viéndose entonces descubierto, habia retrocedido
al punto que ocupaba por la mañana. Diríjiose
pues, a Tirlemontá


''


°l'ande escape, acompañadode
sus dos criados y susdos oficialesy espuesto á caer en
manos de los hulanos austriacos, llega á media no-
che , y encuentra á Miranda que se había re-
plegado á dos leguas del campo de batalla ,
á quien Valence, llevado allí por causa de sus
heridas, animaba en vano para que avanzase. Mi-
randa que entró en Orsmael por la mañana, se vió
atacado cuando los imperiales recobraban todas
sus posiciones; y habiendo acudido el grueso de
las fuerzas enemigas sobre su ala, compuesta en
parte de los voluntarios nacionales , esta se habia
esparcido y escapado hasta Tirlemont. Miranda
arrollado, no habla tenido ocasion ni fuerza para
contener á sus soldados , á pesar de haber llegado
en su auxilio Al iascsinsky con un cuerpo de tropas
de refuerzo, y no se cuidó de dar parte al general
en gefe. En cuanto á Champmorin , situado en
Leaw con la última columna, se mantuvo allí hasta
la tarde, y no pensó en volver á Bringen, su punto
de partida, hasta el anochecer.


De este modo el ejército francés se hallaba se-
parado; parte detras del Gette, y parte delan-
te, y si el enemigo, menos acobardado por una ac-
cion tan obstinada , hubiera querido aprovechar
sus ventajas, podria haber cortado nuestra línea,
destruido nuestra derecha acampada en Neerwin-
den y poner en fuga á la izquierda que ya habia re-


PIIANCESA: 435
troc,edido. Dumouriez sin intimidarse, se decide


por la retirada, y se dispone á ei-
tararraq(Illei si°de el siguiente dia por la. mañana. Al efec-
to , se apodera del ala de Miranda , prollu-
sa infundida algun valor, quiere hacerla avan-
zar para contener al enemigo en la izquierda de la
línea, mientras que el centro y la derecha empren-
diendo su retirada, tratan de volver á pasar el
Gette; pero esta parte del ejército; acobardado por
la derrota de la víspera, marcha con mucho tra-
bajo. Afortunadamente, Dampierre, que habiaatra-
vesado otra vez el Gette aquel mismo dia con una
columna del centro , sostiene el movimiento de
Dumouriez, y se conduce con tantadestreza como


• denuedo, mientras el general en gefe , siempre en
el centro de sus batallones, los ayuda y trata de
conducirlos á la altura de Wommersem que habia
ocupado la víspera antes de empezarse la batalla.
Los austriacos hahian situado baterías en este pun-
to, haciendo desde él un fuego destructor. Pónese
Dumouriez á la cabeza de estos soldados acobar-
dados, los convence de que vale mas intentar un
ataque, que recibir un continuo fuego; del cual
podrían librarse dando una carga, menos fatal pa-
ra ellos que aquella inerte inmovilidad delante de
la artillería mortífera. Dos veces los decide, y dos
veces se detienen como aterrados por el recuerdo
de la víspera; soportando con una heróica cons-
tancia el fuego de las alturas de Wommersen, y no
teniendo el valor mucho mas fácil de acometer á
la bay oneta. Al mismo tiempo se lleva una bala el
caballo de Dumouriez y cae este enterrado en
polvo, á cuyo aspecto los soldados espantados se
preparan á huir , pero él se levanta con la mayor


1




436 REVOLUC1011


celeridad, vuelve á montar á caballo,siameses.
teniéndolos en el campo de batalla. "


Mientras tanto, efectuaba el duque deChartres
la retirada de la derecha y la mitad del centro.Conduciendo sus cuatro columnas con tanta intre-pidez como inteligencia, se retira tranquilamente
á la vista de un enemigo formidable, y atraviesa
los tres puentes de Gette sin ninguna 'pérdida; al
paso que Duinouriez plega su ala izquierda, y la
columna de Dampierre, ocupando las posiciones
de la víspera delante de un enemigo lleno de ad-
miracion porsu perfecta retirada. El 49 se hallaba
el ejército en la misma posicion que el 47 , entre
llackendoven y Goidsenhoven, pero con una pér-dida de cuatro mil muertos y mas de diez mil fu-gitivos, que se dirigían ya al interior, con el des-
aliento de una batalla perdida.


Dumouriez, devorado de pesar , y fluctuando
entre contrarios afectos , pensaba unas veces ba-
tirse desesperado con los austriacos, y otras ani-
quilar la faccion de los jacobinos, á quienes atri-
buia la desorganizacion y pérdidas de su ejército.
Arrebatado de su violento genio, clamaba altamen-
te contra la tiranía de Paris, y sus espresiones re-
petidas por su estado mayor, circulaban por todo
el ejército. Pero aunque sostenía en su ánimo tan
estraordinaria lucha, no percha la serenidad in-
dispensable en una retirada, v dió las providencias
mas oportuna, para ocupar largo tiempo la Bélgi-
ca por medio de las plazas fuertes, si se veia obli-
gado á evacuada con sus ejércitos. Por consi-
guiente, mandó al general d' HarviLe que dejase
una fuerte guarnicion en el castillo de Namur, y lo
custodiase con una division ; y envió al general


FRANCESA. 437


aeault á Amberes, para recoger los veinte mil
hombres de la espedicion de Holanda, y guardar el
Escalda mientras ocupasen á Breda y Gertruydem-
berg, fuertes guarniciones. Su objeto era trazar
así un semicírculo de plazas fuertes que pasase
por N-unur Mons, Tournay, Courtra y , Amberes,r 'Breda y Gcrtruydemberg; colocarse en el centro
de este semicírculo, y esperar los refuerzos nece-
sarios para obrar con mas energía. El 22 dió de-
lante de Lovaina un combate de posicion á los im-
periales, que fue tan reñido corno el de Goidsen-
ho yen, y les costó la misma pérdida. Por la tarde
tuvo una entrevista con el coronel Mack , oficial
enemigo que tenia grande influjo en las operacio-
nes de los coligados, por la nombradía de que go-
zaba en Alemania. Convinieron en no darse accio-
nes decisivas, y en perseguirse poco á poco para
economizar la sangre de los soldados, y mirar por
el pais que era teatro de la guerra. Este género de
armisticio tan favorable á los franceses, que se hu-
bieran dispersado , si hubieran sido atacados con
vigor, couvenia tambien al medroso sistema de la
liga, que despues de haber recobrado el Alosa, no
queda intentar nada decisivo antes de la toma de
Maguncia. Tal fué la primera negociacion de Du-
mouriez con el enemigo. La finura del coronel
Mack y la urbanidad de sus modales, pudieron in-
fluir en el ánimo agitado del general, para recur-
rir á estrangeros auxilios, pues empezaba á no co-
lumbrar porvenir ninguno en la carrera en que se
Babia comprometido. Si algunos meses antes se
prometio triunfos, gloria y poder , mandando los
ejércitos franceses, haciéndole mas indulgente es-
ta esperanza con las violencias de la revolucion,




438 nEvOLUCION


hoy, batido , desacreditado y atribuyendo la des-
organizacion de su ejército á esas mismas violen-cias, veia con horror unos desórdenes, que en


otro'tiempo considerarla con indiferencia. Educado ea
las córtes, viendo por sus propios ojos cuán fuer-
temente organizada debia estar la máquina que'
consolidase un estado, no podia persuadirse deque unos plebeyos amotinados, bastasen por sí á
operaciones tancomplicadas como las del gobier-
no En semejante situacion , un general político y
guerrero al mismo tiempo, que tiene la fuerza en
la mano, es mu y


difícil que no se le ocurra em-
plearla en terminar los desórdenes que alarman su
imaginacion y amenazan su persona. Dumouriez
era sobrado audaz para concebir semejante idea;
y no hallando porvenir alguno, mientras sirviese á
la revolucion con victorias, trató de formarse otro
haciendo retroceder esta revolucion á la constitu-
cion de 1791, reconciliándola asi con la Europa to-
da. Para este plan necesitaba un rey, y Dumouriez
hacia poca caso de los hombres para que le in-
quietase mucho su eleccion. Diéronle entonces ea
cara con que quería colocar en el troao á la casa
de Orleans, é indujo á. creer esto su afecto al du-
que de Chartres , á quien habia proporcionado en
el ejército el empleo mas brillante; pero esto nada
significaba, porque el jóven duque era merecedor
de cuanto tenia, ademas de que nada revelaba en
su conducta concierto alguno con Durnouriez. Otra
reflexion concibieron todos los ánimos, la de que
por entonces no habia otra eleccion posible, si se
quería crear una nueva dinastía. El hijo del difun-
to rev era muy jóven,por otra parte el regici-
dio no consentia recon


-ciliarse con la dinastía tan


FRENCESA• 439


pronto. Los tios estaban enemistados . y por lo
tanto solo quedaba la rama de Orleans, tan com-
prometida en la revolucion como los mismos jaco-
binos, y la única que fuese capaz de calmar los
temores de los revolucionarios. Si la acalorada
imaginacion de Dumouriez se fijó en alguna elec-
cion por entonces, no pudo ser otra, y esta ne-
cesidad fue la que produjo su acusacion de que
queda colocar á la familia de Orleans sobre el tro-
no. Nególo en la emigracion, pero nada prueba
esta negativa interesada, no debiendo creérsele
mas en este punto, que en la fecha anterior , que
ha querido dar á sus designios. Ha querido decir
en efecto, que su plan de oposicion á los jacobinos
era mas antiguo; pero eso es falso, pues hasta en-
tonces, es decir, hasta que le cerró sus puertas la
esperanza, no pensó abrirse otra. En este plan
habia resentimiento personal; melancolía por sus
reveses, y finalmente, sincera, aunque tardía in-
dignacion contra los irremediables desordenes que
sin ilusion ninguna preveía al presente.


El 22 halló én Lovaina á Danton y Lacroix, que
iban á pedirle cuenta de la carta escrita el 12 de
marzo á la Convencion, v que quedó reservada por
la comision de seguridad general. Danton, con
quien simpatizaba, esperaba infundirle sentimien-
tos mas pacíficos y ganarle para la causa cornun;
pero Dumouriez trató á ambos comisarios y al mis-
mo Danton con mucha severidad, dejándoles entre-
veer las predisposiciones mas siniestras. Prorum-
pió en nuevas quejas contra la Convencion v los ja-
cobinos, no queriendo contradecir su caria, sino
que se avino á escribir dos palabras para decir que
mas tarde daria esplicaciones. Danton y Lacroix.se




440 REVOLUCION


marcharon sin haber podido obtener cosa alguna,
dejándole en la mas violenta agitacion.


Despues de una resistencia bastante tenaz du-
rante todo el dia 23, abandonaron muchos cuerpos
sus puntos, y se vió precisado á marchar desorde:
nadamente de Lovaina. Por fortuna no notó nada
el enemigo, ni se aprovechó por consiguiente de
esto, para introducir la confusion en nuestro ejér-
cito, yendo ea persecucion suya. Dumouriez sepa-
ró entonces la tropa de linea de los voluntarios, los
reunió á la artillería y compuso un cuerpo de quin-
ce mil hombres elegidos, colocándose con ellos en
la retaguardia. En aquel punto, se mostraba en
medio de sus soldados ,


ocupado en varias escara-
muzas diarias, de modo que logró dar á su retira-
da apariencias de otra cosa. [lizo desocupar con
mucho árdea á Bruselas, pasó el 2h por esta ciudad
y el 27 fué á acampar á Ath. Allí tuvo nuevas con-
ferencias con el coronel Mack, que le miraba con
toda delicadeza y consideraciones; y esta entrevis-
ta, que solo tenia por objeto arreglar los artículos
del armisticio, se trocó luego en otros tratos de ma-
yor intersé. Dumouriez participó al coronel estran-
.gero todos sus resentimientos, y le reveló sus pla-
nes de dar en tierra con la Convencion nacional.
Engañado por su resentimiento, y exaltándose con
la idea de una desorganizacion general, el liberta-
dor de la Francia en la Argona, empañó su gloria,
tratando con un enemigo, cuya ambicion debia ha-
cersospechosas todas las intenciones, y cuyo po-
der era para nosotros el mas peligroso que á la sa-
zon !labia. En semejantes situaciones, ya hemos
dicho que el hombre de genio no tiene mas partido,
que ó retirarse y renunciar todo su influjo para no


FRANCESA. 44'l


hacerse cómplice en un sistema á que se opone, ó
librarse del mal que no puede impedir y hacer una
cosa, una sola cosa siempre honrosa y siempre in-
mortal, trabajar en defensa de su patria.


Convínose Dumouriez con el coronel Mack en
que ambos ejércitos tendrian una suspension de
armas; los imperiales no avanzarian hacia Paris,
mientras se dirigiera él mismo á este punto, y que
el premio de esta condescendencia seria la evacua-
cioa de la Bélgica; asimismo quedó estipulado que
se darian interinamente en garantía la plaza de
Conde, y que caso de necesitar Dumouriez á los
austriacos, los tendría á sus órdenes. Las plazas
fuertes debian recibir guarniciones compuestas de
imperiales y franceses, pero bajo el mando de ge-
fes franceses, debiendo devolverse todas, cuando
se hiciese la paz. Tales fueron los indebidos tratos
hechos por Dumouriez con el príncipe de Cohurgo,
por medio del coronel Mack.


Aun no habiaa llegado á Paris mas noticias que
la derrota de Neerwinden, y la evacuacion sucesi-
va de la Bélgica; produciendo la mayor agitacion
la pérdida de una gran batalla, y una precipitada
retirada, unidas á las noticias últimamente recibi-
das del Oeste. En Rennes se habla descubierto un
complot, que parecia urdido por los ingleses, los se-
ñores bretones y los sacerdotes no juramentados.
Se hablan va manifestado síntomas de alarma en
el Oeste á causa de la carestía de los comestibles,
y de la amenaza de que ya no se pagaría el culto;
pero todo esto era con el conocido objeto de defen-
der la causa de la monarquía absoluta. En los alre-
dedores de Reunes y de Nantes se habian mostra-
do algunas reuniones de paisanos que pedian el




442 BEVOLUCION
restablecimiento del clero y de los Bollones. Or-
leans estaba completamente sublevado, faltando
poco para que no asesinasen al representante Bour.
don; los amotinados ascendian ya á muchos miles
de hombres,. y para apaciguarlos se necesitaban
nada menos que ejércitos y generales. Los pueblos
grandes destacaban á sus guardias nacionales; el
general Labourdonnaie adelantaba su gente, y to-
do presagiaba una guerra civil de las mas sangrien-
tas. Todo esto, unido á la retirada de nuestros ejér-
citos en presencia de la coalicion y el levantamien-
to de la Vendée, hacía fomentar estraordinaria-
mente el terror del pueblo.


Por esta época, y á consecuencia del 10 de
marzo, se !labia ideado juntar en la comision de
seguridad general los corifeos de ambas opiniones,
para que pudiesen manifestar en ella los motivos
de sus desavenencias, y fué Danton quien propuse
la entrevista. Las cuestiones diarias no satisfacian
á ódios de que él no participaba; le esponian á un
examen de conducta que recelaba, y retardaban la
obra de la revolucion que le era tan querida.
Deseaba su término, y habia manifestado muy
buena fé en varias conversaciones: y si tomaba la
iniciativa, si acusaba á los girondinos, era para
alejar las reconvenciones que hubieran podido ha-
cer. Los girondinos, tales como Buzot, Guadet,
Vergniaud y Gensonné, con su acostumbrada de-
licadeza, se sinceraban como si hubiese sido grave
la acusacion, y argu yendo á Danton, predicaban á
un convertido. No sucedía así con Robespierre,
queriendo convencerle le irritaban, y procuraban
manifestarle sus errores, como si esta manifesta-
cion hubiera podido aquietarle; y en cuanto á Ala-


FRANCESA 443
rat, que hablan creido necesario en estas confe-
rencias, nadie se habia dignado darle una esplica-
clon, y sus mismos amibos jamás le dirijian la pa-
labra, por no tener que justilicarse luego de alian-
za semejante. Estas conferencias dehian mas bien
agriar que reconciliar á los contrarios corifeos,
pues aun cuando hubieran logrado probarse recí-
procamente sus errores, una demostracion seme-
jante no les hubiera reconciliado. En este punto se
hallaban las cosas cuando se supieron en Paris los
acontecimientos de la Bélgica.


Acusabanse por ambos lados, y se culpaban de
influir en las calamidades públicas, los unos desor-
ganizando el gobierno, y los otros queriendo en-
torpecer su accion. Pidiéronse esplicaciones sobre
la conducta de Dumouriez, y se levó la carta de/
12 de marzo que se habla guardado secreta; á cu-
ya lectura se dijo que Dumouriez era traidor, que
bien palpablemente se observaba en él la conducta
misma de Lafayette, y que siguiendo el ejemplo
de éste, empezaba su traicion con insolentes car-
tas á la Asamblea. Otra carta de fecha 17 de marzo
mas fuerte que la del 12, escitó mayores sospechas
y todos estrecharon á Danton para que dijese
cuanto supiese de Dumouriez. Nadie ignoraba que
estos dos hombres tenian analogía uno con otro, que
Danton se !labia empeñado en tener reservada la
carta del 12, que habia ido á obtener una retrae-
tacion, y aun se decia que hablan usurpado juntos
la rica Bélgica. Pidieron esplicaciones á Danton en
los jacobinos, en la comision de defensa general y
en la Asamblea; v acosado con las sospechas de los
girondinos y con las dudas de los mismos monta-
rieses, tuvo por primera vez alguna dificultad en




44 REVOLUCION
hallar respuesta, expresando que los grandes talen-
tos de Dumouriez le habian parecido merecer al-
gunas consideraciones, que se habia creído conve-
niente verle antes de delatarle, para manifestarle
sus errores, y reducirle si fuese posible á otros
sentimientos, que hasta entonces los comisionados
no habian notado en su conducta mas que el efecto
de contrarias sugestiones, y principalmente el pe-
sar de sus últimos reveses; pero que habian creído
y creian aun, poder conservar sus talentos en de-
fensa de la república.


Robespierre dijo que si era así, no habia para
qué andarse en contemplaciones, y que era inútil
guardar con él tantos miramientos. Ademas, reno-
vó la proposicion que habia hecho Louvet contra
los Borbones que habian quedado en Francia; es
decir, contra los individuos de la familia de Orleans,
pareciendo una cosa rara, que Robespierre que
les había defendido tan enérgicamente contra los
girondinos en enero, les tratase ahora tan irritado;
pero su alma sospechosa habla supuesto siniestras
maquinaciones, y dicho para sí: un antiguo prín-
cipe de la sangre no puede acomodarse á su nuevo
estado, v aunque se llame Igualdad, su sacrificio
no puede ser sincero; luego conspira y tiene gana-
das ea efecto á todos nuestros generales. Biron que
manda en los Alpes, es íntimo amigo su yo; Va-
lence, general del ejército de las Ardenas, es yer-
no de su confidente Sillero; sus dos hijos ocupan
los mas distinguidos puestos en el ejército de Bél-
gica v finalmente Durnouriez, es declarado amigo
suyo, y los mira con predileccion particular. Los
girondinos han combatido en enero á. la familia de
Orleans, pero es una ficcion de que se han valido


FRANCESA. 44á


para alejar toda sospecha de inteligencia: Brissot,
amigo de Sillery, es el tercero en la conspiracion:
aquí está descubierto el complot: el trono va á res-
taurarse y la Francia á perderse, si no se destier-
ran á. la mayor brevedad á los conjurados.—Tales
eran las conjeturas de Robespierre, y lo mas temi-
ble en este modo de raciocinar era que, inspirado
por su ódio, dabacrédito á sus calumnias. La Mon-
taña rechazó asombrada su proposicion.—Citad
pruebas, le decian los que estaban junto á él.—
¿Pruebas quereis? respondia, ¿pruebas? No poseo
ninguna, pero tengo el convencimiento moral.


Inmediatamente se pensó, como se hacia siem -
pre en los momentos de peligro, en acelerar la
accion del poder ejecutivo y de los tribunales, pa-
ra precaverse á la vez de los que llamaban enemi-
gos interiores y esteriores.


Mandóse, pues, que partiesen al momento los
comisionados nombrados para el alistamiento, y se
examinó la cuestion de si la Couvencion deberia
tener mas parte en la ejececion de las leyes. Pare-
cía insuficiente el modo con que estaba organiza-
do el poder ejecutivo, pues unos ministros estra-
hos á la Asamblea, obrando á su antojo, y sin que
esta los celase de cerca , una cotnision encargada
de informar de todas las precauciones de seguri-
dad general; todas estas autoridades en pugna unas
con otras , y en deliberaciones eternas sin obrar
nada, parecían muy inferiores al inmenso cargo de
sus debutes. Por otra parte, este ministerio v es-
tas comisiones estaban compuestas de hombres bres
sospechosos, porque eran moderados; v en aquel
tiempo, en que la prontitud v la fuerza' eran las
condiciones necesarias para el triunfo, toda lenti-




446
ntvoLI:CioN


tudy moderacion eran tenidas como criminales
Se ideó, pues , formar una comision que reuniese
á la vez los cargos de junta di plomática, militar yde seguridad general , y que en caso necesario
pudiese mandar y obrar á su alhedrio, y detuvie-
se ó supliese la accion ministerial ;y al efecto se
presentaron y confiaron á, una comision encarga-
da de examinar los proyectos de organizacion. En
seguida se trató de los medios para atacar al ene-
migo interior, es decir á los aristócratas y los trai-dores, de que decian hallarse rodeados.la Fran-
cia, decian está plagada de sacerdotes infames y
reaccionarios, de nobles , de antiguos favoritos
criados suyos, y esta clientela, muy numerosa todd-
via, nos rodea, nos vende y nos amenaza tan pe-
ligrosamente cuino las bayonetas enemigas. Es,
pues, preciso descubrirlos, marcarlos y ponerlos
de modo que no puedan conspirar. Ilabian pro-
puesto los jacobinos y decretado la Convencion,
que segun una costumbre tomada de la China , se
inscribiesen en las puertas los nombres de todas
las personas que habitasen en las casas *; y se
mandó en seguida desarmar á todos los ciudada-
nos sospechosos, teniendo por tales á los sacerdo-
tes no juramentados, á los nobles, á los pasados
señores, á los empleados depuestos, etc. El desar-
me debia hacerse por medio de las visitas domi-
ciliarias, y el único lenitivo que se aplicó á este
remedio, fue que las visitas no se hiciesen por la
noche. Despues de haber asegurado de este modo
el medio de perseguir v dar con los que inspira-
sen la menor desconfianza, se ideó el de castigar-


reacio del 29
de mareo.


HIANCESA. 1.17


los cuanto antes, instalando el tribunal revolucio-
nario , poniéndose en ejercicio , á propuesta de
panton, este terrible instrumento de la descon-
fianza demagógica. Danton habia conocido el abu-
so que llevaba consigo, pero todo lo sacrificó á sus
miras. Sabia que el proceder de ligero es exann-
Dar con poca atencion; que este examen era es-
ponerse al error , principalmente en tiempos de
partidos, y que engaitarse es cometer una atroz
injusticia. Pero á su modo de ver, la revolucion no
era otra cosa que la sociedad apresurando su ac-
cion en todas las cosas, en materia de justicia, de
administracion y de guerra. En tiempos bonan-
cibles, decia, la sociedad quiere mas bien que se
escape el culpable, que castigar al inocente, por-
que el culpable no es tan peligroso; pero á pro-
porcion que va siéndolo mas, aquella se inclina
cambien mas á apoderarse de él, y cuando es tan
peligroso que pudiera hacerla perecer, ó que á lo
menos ella lo cree asi, encadena todo cuanto esci-
ta sus sospechas, y prefiere entonces la persecu-
cion de un inocente á la libertad de un culpable.
Tal es la dictadura, es decir, la accion violenta en
las sociedades amenazadas ; es rápida , arbitraria,
desacertada, pero irresistible.


Asi pues, la concentracion de los poderes en
la Convencion, la instalacion del tribunal revolu-
cionario, las pesquisas inquisitoriales contra los
sospechosos, v un doble Odio contra los diputados
que se oponiarn á estos medios estraordinarios,
fueron el resultado de la batalla del Neerwinden,
de la retirada de Bélgica, de las amenazas de Du-
mouriez y de la sublevacion de la Vendée.


Los reveses que sufria Dumouriez acrecenta-




448 REVOLUCION


han su enojo. Acababa de saber que el ejército de
Holanda se retiraba desordenado , abandonando


a
'Amberes y el Escalda, y dejando en Breda y Ger


truvdenberg las dos guarniciones francesas"; que
d'Harville no habla podido guardar el castillo de
Namur , y se retiraba á Givet y Maubeuge; que
Neo illy, en lin, lejos de poder sostenerse en Mons,
se habla visto precisado á retirarse á Conde y á
Valenciennes, porque su division en vez de tomar
posicion en las alturas de Nimy, , habia saqueado
los almacenes y emprendido la fuga ; y de este
modo, consiguiente á los desórdenes de este ejér-
cito, veia desvanecerse el provecto de formar ea
Bélgica un semicírculo de plazas fuertes, que se
hubiera prolongado desde Namur hasta Flandes y
Holanda, y en cuyo centro se hubiera colocado 61
para obrar mas ventajosamente. Dentro de poco
no iba á quedarle nada que ofrecer en retribucion
á los imperiales, y se venia bajo su yugo si se de
bilitaba. Su désesperacion crecía al aproximarse á
Francia, tocando mas de cerca los desórdenes y
o yendo las voces que contra él se alzaban : y asi
era que va no se ocultaba, y que sus palabras pro-
feridas en presencia de su M. y repetidas en el
ejército, anunciaban los proyectos que herbian en
su imainacion. La hermana del duque de Orleans
y madama de Sirellv, hu y endo del destierro que
les amenazaba, 'labran plisado á Bélgica para bus-
car la proteccion de sus hermanos; residian en
Ath, v esto fue nuevo motivo para alimentar sos-
pechas.


Tres enviados , jacobinos, llamado uno Dubuis-
son, refugiado de Bruselas, otro Proly, hijo natu-
ral de Kaunitz , y Pereira, judío portugués , se


FRANCESA. 449


presentaron en Ath, con el pretexto verdadero 6
falso de una comision de Lebrun. Pasaron á ver
-


al general como espías del gobierno, y no les cos-
tó -trabajo averiguar los proyectos que Dumouria
publicaba. Halláronle con el general Valence y
con los hijos de Orleans, y fueron muy mal reci-
bidos, oyendo espresiones poco lisongeras para los
jacobino s y la Convencion, mas á pesar de eso vol-
vieron al 'dia siguiente y obtuvieron una audien-
cia secreta. Entonces se descubrió Dumouriez en-
teramente, empezó por decirles que era bastante
poderoso para batirse por delante y por detras;
que la Convencion estaba compuesta de doscientos
pícaros y de seiscientos tontos, y que él se reia de
sus decretos , porque dentro de poco tendrian
fuerza únicamente en el rastro de Paris.—«Ert
«cuanto al tribunal revolucionario, añadió con una
«indignacion cada vez mayor, yo le atajaré los pa-
sos, y mientras tenga tres pulgadas de acero en


«mi cintura no vivirá mucho semejante mónstruo.»
—En seguida se desató contra los voluntarios á
quien llamó cobardes , y dijo que no quería mas
que tropas de línea , y que con ellas acabaria él
todos los desórdenes de Paris. «Luego ¿no quercis
«constitucion? le nipre taron-los tres interlocuto-
«res.—La nueva constituc.ion inventada por Con-,
«dorcet es una necedad.—¿Y con cuál la sustituis?
«—Con la antigua de 9791 , aunque es muy mala.
«—Pero necesitareis un rey, y el nombre de Luís
«horroriza.—Que se llame Luis ó Jacobo á mi po-
co me importa.-0 Felipe dijo uno de los cavia-


«dos. Pero ¿como reemplazais la Asamblea ac-
t.tual?—Dumouriez se paró un momento y luego
«dijo: Hay administraciones locales elegidas por




Bibliotem popular. T. II. 424




450 REVOLUCION
«la cpnfianza de la nacion, y los quinientos presi-


dentes de distrito, serán los quinientos represen-
«tantes.—Pero ¿quién tomará la iniciativa de


reyolucion antes es-ta que se reunan?—Los mame-«
ducos ,


es decir, mi ejército que emitirá este vo-
to, los presidentes de distrito le confirmarán


«y yo haré paz con la liga, la cual si yo no
«me opusiera estaria en Paris 'dentro de quince
«dias.»


Los tres comisionados, sea como lo cre yó Du-
mouriez, porque viniesen á sondearle, enviados por
los jacobinos, sea porque quisiesen obligarle á des-
cubrirse mas, le sugirieron entonces una idea. ¿Por
qué, le dijeron, no !labia de ponerse á los jacobinos
que son un cuerpo deliberante ya dispuesto, en
lugar de la Convencion? Pero al ver que el ros-
tro del general dabamuestras de cierta indignacion
acompañada:de desprecio, retiraron su proposicion,
v le hablaron entonces del riesgo en que pondria
su proy


ecto á los Borbones detenidos en el Tem-
ple , por quienes parecia interesarse. Dumou-
riez contestó que aunque muriesen todos, has-
ta el último en Paris y en Coblenza , siempre ten-
dria la Francia un gefe que la salvase ; y que por
lo domas, si Paris cometía nuevas atrocidades con
los desdichados presos del Temple, él acudiria in-
mediatamente, y con doce mil hombres se apode-
raría de él ; 'que no limitaria al imbécil Broglie
que se habia 'dejado tomar la Bastilla con treinta
mil hombres, sino que. con dos cuerpos en Nogent
y en Pont-Saint-Matonee, baria morir de hambre
á los parisienses. «Finalmente, añadió, vuestros ja-
cobinos pueden espiar todos sus crímenes ; den li-
bertad á los desdichados presos , y arrojen de la


454FRANCES$.


Convencíon á los setecientos cincuenta y cinco ti-
ranos, y quedan perdonados.»


Los interlocutores le hablaron entonces de su ries-


g
«Siempre tendré, tiempo', dijo para echar un


alope hacia los austriacos.»—¿Con qué entonces
quereis sufrir la suerte de Lafayette?—Me pasaré
al enemigo de distinto modo, ademas de que las
potencias tienen en otra estima mis talentos , y no
me echan en cara el 5 ni el 6 de octubre.»


Dumouriez tenia razon para no temer la suerte
de Lafayette, pues se estimaban mucho sus talen-
tos, y no recelaban de la firmeza de sus principios
para encerrarle en Olmutz. Los tres enviados se se-
pararon de él , diciéndole que iban á tantear sobre
el asunto á Paris y á los jacobinos.


Aunque Dumouriez estaba persuadido de que
eran jacobinos sus tres interlocutores , no por eso
se esplicó con menos osadía. En aquel momento to-
dossus proyectos eran públicos; las tropas de linea y
los voluntarios se observaban con desconfianza, y
todo presagiaba que iba á levantarse el estandarte
de la rebelion.


El poder ejecutivo habia recibido noticias alar-
mantes, y la comision de seguridad general habla
propuesto y mandado espedir un decreto , por el
cual se llamaba á Dumouriez á la barra, encargan-
do á cuatro comisionados, acompañados del minis-
tro de la g uerra, para que pasasen al ejército, no-
tificasen el decreto, y trajesen al general.a Paris.
Los cuatro comisionados eran Bancal, Quinette,
Camus y Lamarque. Con ellos iba Beuruonville,
cuya comision era muy dificil , por la amistad que
con Dumouriez le unía.


Salió esta comision el 30 de marzo , en cuyo




1
45 REVOLUCION


mismo dia Dumouriez pasó al campamento de Brui-
lle , desde donde amenazaba á un mismo tietnRo álas tres importantes plazas de Lila, Condé v Va-
lenciennes , hallándose. indeciso en el partido que
deberia tomar, porque su ejército estaba dividido
La artillería , la tropa de línea , la caballería y to-:
dos los cuerpos organizados le pareciau estar muy
adictos ; pero los voluntarios nacionales, empeza-
ban á murmurar y á separarse de los domas.
solo recurso le quedaba en esta situacion , el de
desarmar á los voluntarios ; pero se esponia á UR
combate, que era muy arriesgado, porque las tro-
pas de linea podrian manifestar repugnancia en de-
gollar á sus compañeros de armas ; ademas de que
entre estos voluntarios habia algunos que sehabian
batido heróicamente, y que parecian serle bastan-
te afectos. Vacilante pues, en esta rigorosa provi-
dencia, pensó apoderarse de las tres,plazas, en cu-
yo centro se hallaba ; procurándose por este me-
aio víveres, y teniendo un punto de apoyo contra,
el enemigo , á quien miraba siempre con descon-
fianza. Perola opinion estaba dividida en estas tres
plazas, porque las sociedades populares, auxiliadas
por los voluntarios, se habian declarado contra él,,


amenazaban á la tropa de línea. En Valenciennes
v en Lila los comisionados de la Convencion esci-
taban el celo de los republicanos , y en . Condé la
influencia de la division Neully era la que única-
mente daba ventaja á sus amigos. Entre los gene-
rales de division , Dampierre se conducía con él,
como él mismo se 'labia, conducido con Lafayette
despues del 10 de agosto; y otros muchos no se ha-
bian declarado aun, pero estaban dispuestos á aban-
donarle.


fiRANCESA. 4d3
El dia. 31 se acercaron á él en su campamento,


é hicieron ademan de querer apoderarse de su per-
sona seis voluntarios que llevaban escritas con
greda estas palabras en los sombreros: República 6
muerte, pero auxiliado de su fiel Bautista les re-
chazó y entregó á sus húsares;—acontecimiento que
produjo gran rumor en el ejército,varios cuer-
pos le presentaron aquel mismo dia felicitaciones
que reanimaron su confianza. Alzó al momento el
estandarte, V destacó á Miacsinskv con algunos mi-
les de hombres en direccion á Lira. Miacsinsky se
adelantó hacia esta plaza, y descubrió al mulato
Saint - George , que mandaba un regimiento de la
guarnicion , el secreto de su empresa. Este obligó
a Miacsinsky á presentarse en la plaza con una pe-
queña escolia, y dejándose conducir el desgraciado
general, penetro en Lila, y fué entregado á las au-
toridades. Cerrárouse las puertas, y la division an-
duvo vagando sin píe por las esplanadas de Lila,
hasta que Dumouriez envió un edecan para reco-
gerla; pero cogieron á este tamhien, y la division,
dispersándose, quedó perdida para él. Despiles de
esta desgraciada tentativa, intentó otra contra Va-
lenciennes , donde mandaba el


r'
0. eq eral Ferrand , á


quien creia muy dispuesto en favor suyo; pero el
ofi2,ial encargado de sorprender la plaza descubrió
sus planes, se unió á Ferrand y á los comisionados
de la Convencion, v perdió tatubien á Valenciennes.
Solo le quedaba Condé, colocada entre la Francia
y el estrangero, por su último punto de apoyo. Si
la perdia, tenia que someterse á los imperiales, po-
niéndose enteramente en sus manos, y arriesgán-
dose á indignar á su ejército , haciéndole marchar
con ellos.




15• REvoLISCION
En 1.° de abril trasladó su cuartel general á los


pantanos de Saint-Amand , para estar






-
mas próxi


nio á Condé. Hizo prender al hijo de Lecointre, di-
putado dé Versalles, y le envió en prendas á Tour-
nay, suplicando al austriaco Clerfavt que le tuviese
custodiado en la ciudadela. El dia 2 por la tarde
llegaron adonde estaba Dumouriez los cuatro di-
putados de la Convencion, precedidos de Ileurnon-
ville. Los húsares de Berchinv estaban formados
en batalla delante de su puerta: y todo su E. M. co-
locado alrededor de él. Dumouriez, asi que vió á
su amigo Beurnonville, se abrazó con él, y pregun-
tó á los diputados el objeto de su venida ; pero ellos
se negaron á decirlo delante de aquella multitud de
oficiales, cuyas intenciones no les parecian satisfac-
torias, y pidieron pasar á una pieza inmediata. El
general consistió en ello ; mas los oficiales exigieron
que quedase la puerta abierta. Leyóle Camus en-
tonces el decreto , añadiéndole que se sometiese á
él: Dumouriez replicó que el estado de su ejército
exigia su presencia, y que asi que estuviese organi-
zado, pensaría en lo que habla de hacer; pero in-
sistiendo otra vez Camus , le contestó que no era
tan tonto que fuese á Paris á entregarse al tribu-
nal revolucionario; que pedian los tigres su cabe=
2a, v que él no quema dársela. En vano le afirma-
ron los cuatro comisionados que ningun atentado
harian contra su persona, que respondian de él, que
este paso satisfaria á la Convencion, y volverian á
iñandarle inmediatamente á su ejército. No quiso
oir nada, sino que les pidió que no le pusiesen en
Un precipicio , y les dijo que mejor seria tomasen
tina determinacion prudente, declarando que por
entonces les habia parecido muy necesario en su


55FRANCESA.
ejército para separarle de él. Salió en cuanto hubo
pronunciado estas palabras, y les intimó que se re-
solviesen , pasando con Beurnonville á la sala en que
estaba el estado mayor, para aguardar en medio de.
sus oficiales la resolucion de los comisionados. Es-
tos salieron poco despues, y con noble firmeza re-
pitieron su in timacion.—«¿Quereis obedecer á la
Convencion? le dijo Camus.—No, contestó el gene-
ral.—Pues bien, repuso Camus , quedais suspenso-
en vuestro cargo , entregaréis vuestros papeles , y
os dareis á prision.—Eso es demasiado , esclamó
Dumouriez ; ¡ola, húsares,l—Vienen los húsares y
les dice en aleman : prended á esos hombres , pero
cuidado con hacerles dañol—Beurnonville le supli-
có que le hiciese compañero de la suerte de los co-
misionados.—Si, le responde, y creo que os hago
un verdadero favor, porque os libro de las garras
del tribunal revolucionario.


Dumouriez les hizo dar de comer, enviándolos
despues á 'fournay , para que los austriacos los
guardasen en rehenes; y al dia siguiente por la
mañana montó á caballo , dirigió una proclama al
ejército y á la Francia, y halló en sus soldados, es-
pecialmente en los de linea, la disposicion al pare-
cer mas favorable.


Habían ido llegando una tras otras estas noti-
cias á Paris , sabiendose la entrevista 'del general
con Prolv Duhuisson y Pereira , sus tentativas
contra Lila y Valenciennes, y finalmente la prision
de los cuatro comisionados. Inmediatamente la
Convencion , las Asambleas municipales y las so--
ciedades populares se declararon permanentes, po-
niendo en venta la cabeza de Dumouriez, y apode-
rándose para que sirviesen de rehenes de lodos los




456
1111VOLUel0 i


parientes de los oficiales de su ejército. En Paris y
en las ciudades inmediatas se ordenó la quinta de
un cuerpo de cuarenta mil hombres que cubriese
la capital , y Dampierre recibió el mando general
del ejército de la Bélgica. Estas urgentes precau-
ciones iban, como siempre, acompañadas de calum-
nias, poniendo á un mismo lado á Dumouriez, á Or-
leans y los girondinos, y declarando cómplices á
todos. Dumouriez, decian que era uno de los aris-
tócratas militares, individuo de aquellos antiguos
estados ma y ores ; cu yos malos principios se mani-
festaban incesantemente. Orleans, el primer gran-
de de los que hablan fingido un falso amor á la li-
bertad, desembozándose despues de haberse man-
tenido con la hipócrita máscara algunos años; y fi-
nalmente los girondinos, diputados desleales como
todos los que hacian parte de los lados derechos,
que abusaban de sus cargos para arruinar la liber-
tad. Dumouriez hacia algo mas tarde lo mismo que
habian hecho antes Bouille y Lafavette ; Orleans
era de las mismas ideas que los otros individuos
de la familia de los Borbones, habiendo solo vi-
vido con la revolucion algun tiempo mas que el
conde de Provenza ; v los girondinos !metan lo
mismo que Maury y Cazalés en la constituyen-
te ; lo mismo que Vaublanc y Pastoret en la legis-
lativa; ser tan traidores á su patria como ellos,
pero en distintas épocas. De modo que los traido-
res de este año eran Dumouriez, Orleans, Brissot,
Vergniaud, Guadét, Gensonné y otros, todos cóm-
plices.


Los girondinos respondian que siempre habian
ido contra Orleans , y que quienes le habian de-
fendido eran los montañeses; que estaban enemis-


PRINGESA. 457


tados con Dumouriez, sin guardar con él relacion
alguna. ; que por el contrario , los que babian ido
coMisionado s á Bélgica , seguídole en sus espedi-
ciones , mostrádose siempre amigos suyos , y dis-
culpado siempre su conducta , eran los montañe-
ses. Lasource , llevando mas allá su atrevimiento,
tuvo la imprudencia de nombrar á Lacroix y á Dan-
ton , acusándoles de haberse opuesto al celo de la
Convencion , sincerando la conducta de Duinou-
xiez. Reconvencion que despertaba las sospechas
que se tenian de la conducta de Lacroix . y de Dan-
ton en Bélgica, pues en efecto se decia que habian
tenido muchas consideraciones con él , pasando
Dumouriez por sus usurpaciones, y ellos escusan-
do sus infidelidades. Danton que solo pedia á los
girondinos silencio , se encendió en ira, y arroján-
dose á la tribuna , les juró una guerra á muerte.—
«Ni paz ni tregua, esclamó, cabe va entre vosotros
«y nosotros!» Y agitando su terrible semblante,
con el puño tendido hácia el lado derecho de la
Asamblea. «Me he fortificado, dice, en la ciudade-


la de la razon; saldré de ella disparando el cañon
«de la verdad , y reducirá á polvo á los malvados
«que han intentado acusarme.»


El resultado de estas mútilas acusaciones fué:
4.0 el nombrailliento de una comision encargada
de examinar la conducta de los comisionados envia-
dos á Bélgica ; 2.° la adopcion de un decreto que
debia tener fatales consecuencias, prescribiendo,
que sin consideracion á la inviolabilidad de los re-
presentantes, fuesen encausados asi que tuviesen
contra sí indicios vehementes de complicidad con
los enemigos del Estado ; y 3.° la prision v trasla-
cion á las cárceles de Marsella de Felipe de Orleans




4ó8
REVOLUCION


y de toda su familia. * El destino de este príncipe
juguete de todos los partidos, sospechoso unas ve,


'ces á los jacobinos, y á los girondinos otras, y aen.
sado de conspirador con todo el mundo por no
conspirar con nadie , era la mejor prueba de que
ninguna distincion de las pasadas podia su bsistir
en medio de la revolucion actual , v que el mas
humilde y espontáneo abatimiento no podria ni cal-
mar la desconfianza, ni alejar el cadalso.


Creyó Dumouriez que no dehia perder momen-
to', y viendo que Dampierre y varios generales de
division le abandonaban, que otros solo esperaban
el momento favorable, y que una infinidad de emi-
sarios seducian a sus tropas, pensó ponerlas en mo-
vimiento para llevarse á sus oficiales y soldados,
sustrayéndoles á todo influjo que no fuese el suyo.
El tiempo ademas urgia y era menester obrar,
por consiguiente, citó al príncipe de Coburgo para
el 4. de abril por la mañana, con el fin de arreglar
definitivamente entre él y el coronel Mack las ope-
raciones que meditaba. La cita debia verificarsejunto á Conde, teniendo pro yectado entrar luego en
la plaza , espurgar la guarrlicion , y trasladándose
con todo su ejército hácia Orchies, amenazar á LP.
la, y procurar ganarla echando el resto de susfuerzas


El í por la mañana salió para ir al sitio de la
cita y de aqui á Conde. No habia preparado mas
que tina escolta de cincuenta caballos, y como esta
tardase, se puso en camino diciendo que se la en-
viasen luego, acompañándole Thouvenot, los hijos
de Orleans algunos oficiales y varios criados.


* Decreto de
. 6 de Abril


PRANCESA. 459


Apenas habia llegado al camino de Conde, cuando
encuentra dos batallones de voluntarios que le sor-
prenden, porque no les habia mandado aquella mar'
cha ; quiere echar pié á tierra junto á una casa
pa a •r escribir la órden de que se vuelvan, cuandoove Olerla y algunos tiros. Dividense, en efecto,
los batallones, los unos persiguiéndole y gritando,
alto 1 y los otros queriendo cortarle la fuga hácia
un foso. Entonces se adelantó él con los que le
acompañaban, á los voluntarios que corren en per-
secucion su y a, llega á la orilla del foso, y no que-
riendo saltarle su caballo, se arroja dentro , sale
á la otra orilla, en medio de una lluvia de halas, y
aceptando el caballo de un criado , huye á escape
hácia Bury. Despues de haber corrido todo el dia
llega allí por la tarde, y se le junta el coronel Mack
noticioso de lo que pasaba. Toda la noche estuvo
escribiendo v tratando con el dicho coronel y el
príncipe de Ceburgo, de las condiciones de su alian-
za, dejándoles asombrados con el provecto de vol-
ver otra vez á su ejército despues de 'lo que aca-
baba de sucederle.


En efecto • montó á. caballo por la mañana , y
acompañado de algunos imperiales se volvió por
Maulde á incorporarse con su ejército. .Rodeáronle
algunas tropas de línea, manifestándole afecto to-
davía, á pesar de que sus semblantes no parecian
estar muy animados. La noticia de su fuga á Bury
en medio de los ejércitos enemigos, y la vista de
los dragones imperiales, habian producido una im-
presion funesta para él, honrosa a nuestros solda-
dos, y feliz para la Francia. Participósele, en efec-
to, que la artillería al saber que se habia pasado á
los austriacos , acababa de abandonar el campa-




460
nEvoructox


Mento habiendo desanimado á los demas, la retirada
de esta parte tan influyente del ejército. D ivisionesenteras se iban á Valenciennes para incorporarse
con Dampierre, y entonces se vio obligado á dejar
definitivamente su ejército y pasarse á los impe-


, siguiéndole un numeroso E. M. en el cual
se hallaban Thouvcnot, los dos jóvenes O rleans, Vlos húsares de Berchiny , cuyo regimiento quiso
acompañarle entero,


El príncipe de Cohurgo y el coronel Mack, de
quien se había hecho amigo, le trataron con mucha
consideracion, y quisieron renovar los planes de la
víspera haciéndole gefe de una nueva emigracion
semejante á la de Coblenza; pero despues de dos
dias dijo al príncipe austriaco, que había pensado
efectuar sus planes contra Paris con los soldados
franceses, recibiendo solo como ausiliares á los
imperiales, y que su cualidad de francés, le impe-
dia ponerse al frente de los estraugeros. Pidió pa-
saporte para retirarse á Suiza y se lo despacharon
inmediatamente; pues la importancia que se daba
á sus talentos, y el poco caso que se hacia de sus
principios políticos, le merecieron consideraciones
que no obtuvo Lafa yette, el cual espiaba entonces
en los calabozos de Ohnutz su heróica constancia.
Asi terminó la carrera de este hombre superior,
que había mostrado todos los talentos de diplomá-
tico, de gobernador y de capitan ; todas las espe-
cies de valor, el de ciudadano que contrasta las
tormentas de la tribuna, el de soldado que despre-
cia las balas del enemigo, y el de general que ven-
ce los casos mas desesperados y los riesgos de las
mas aujaces empresas; pero que sin principios,
sin el ascendiente moral que estos granjean, y sin


FRANCF.S,1,


mas influjo que el del genio, gastado brevemente
con la rápida sucesion los acontecimientos y de
os hombres, rocuró obstinadamente luchar con la
revolucion , y demostró con un ruidoso ejemplo,que un hombre, solo se puede sobreponer á una
pasion nacional, cuando esta yace amortiguada.
Al pasarse al enemigo, Dumouriez, no pudo escu-
sarse. ni con la ob ,.tinacion aristócrata deBouillé, ni.
con la delicadeza de principios de Lafayette, por-
que habia tolerado todos los desórdenes hasta que
se opusieron á sus proyectos. Su desercion aceleró
sin duda la ruina de los girondinos y la gran crisis
revolucionaria; pero no obstante, debe tenerse pre-
sente, que este hombre sin alicion áninguna causa,
daba una preferencia de razon á la libertad, que
amaba la Francia, que cuando nadie creía fuese
posible oponerse á los estrangeros, él lo intentó,
y confió ea nosotros mas que nosotros mismos;
que en Sainte-Menehould nos enseñó á contemplar'
impávidos al 'enemigo; que nos entusiasmó en
Jemmapes, y nos granjeó el lauro de las primeras
potencias: no debemos olvidar, en fin, que si nos
abandonó, nos halda salvado. Por lo demas, ha en-
canecido tristemente lejos de su patria, y no puede
uno menos de tributar un compasivo recuerdo á
la memoria de un hombre, que pasó cincuenta
años en las intrigas de las córtes, treinta desterra-
do, y que solo brillé tres en un teatro digno de su
genio. Dampierre recibió el mando en gefe del
ejército del Norte, y atrincheró sus tropas en el
campamento de Famars, de modo que pudiesen
ausiliar á los de nuestras plazas cuando se viesen
amenazados. Estaposicion y el mismo plan de cam-
paña de los coligados, segun el cual no debian pa-




kti2
REVOLUCION


san adelante hasta que se recobrase á Maguncia,
retardaban necesariamente por esta parte los acon..
tecimientos de la guerra. Custine, quepara discul-
par sus faltas no !labia dejado de acusar á sus co-
legas v á. los ministros, fue oido con satisfaccion
al hablar contra Beurnonville, presente cómplice
de Dumouriez, aunque entregado por él á los aus-
triacos; y obtuvo el mando de todo el ejército del
Rin desde los Vogos y el Mosela basta Iluninga.Corno la desercion de Dumouriez !labia principia-
do con negociaciones, se impuso pena de muerte al
general que o yese proposiciones del enemigo, sin
haberse reconocido antes la soherania del pueblo
y la repóblica. En seguida se nombró á Bouchotte
Ministro de la Guerra, y se exoneró á Monge, aun-
que muy querido de los jacobinos, por su condes-
cendencia, y por no poder abarcar todos los asun-
tos de su inmenso ministerio. Se resolvió tambien
que hubiese continuamente en los ejércitos tres
comisionados de la Convencion, y que cada mes
se releYase uno.


CAPITULO XI.


Establecimiento de la junta de salracion pública —Aumentase
en Paris el encono de los partidos. Reunion demagógica en el
palacio episcopal; proyectos depeticiones incendiar ias.—Renué-
vase.la lucha entre ambos lados de la Asamblea .—Discurso y
acusaeion de Robespierre contra los cómplices de Dumouriez y
los girondinos.—Respuesta deVergniaud.—Decreto de acusacion
contra Marat, y su entrega al tribunal revolucionario. — Yet i cien
de las secciones de Paris, exigiendo la espulsion de veinte y dos
individuos de la Convencion.—Resistenc ia del Ayuntamiento á
la autoridad de la Asamblea. —Aumen to de su poder.—Mara(
• queda libre y es llevado en triunfo. —Estado de las opiniones y
giro de la revolucion de las provincias. Disposiciones de las prin-
cipales ciudades; Lyon, Marsella, Burdeos y Ruan.—Sit naden
particular de la Bretaña y de la Vendee. Deseripcion de estos
paises y causas que produjeron y sostuvieron la guerra civil.
primeros trítinfosde los rendeanos; sus principales genes.


La desercion de Dumouriez, el triste estado de
nuestros ejércitos, y el inmenso riesgo á que lare-
volucion y los pueblos se vejan espuestos , hubie-
ron menester todas las violentas providencias de
que hemos hablado, obligando á la Con vencion
tratar por fin del proyecto tantas veces intentado,
de dar mas impulso á la accion del gobierno , con-
centrándola en la Asamblea. Despues de varios
planes, se convino en una junta llamada de salva-
clon pública, compuesta de nueve individuos, que
debia deliberar en secreto, v estaba encargara de




464. REVOLOCION


examinar y acelerar la accion del poder ejecutivo
pudiendo suspender sus acuerdos cuando los halla
se contrarios al interés general, pero debiendo
participarlo á la Convencion. Hallábase autoriza-
da para adoptar en circunstancias críticas, precau-
ciones de defensa interior y esterior , y el poder
ejecutivo debia obedecer inmediatamente los
acuerdos formados por la mayoria de sus indivi-
duos. Su institucion no debía durar mas de un mes
y no podia espedir autos de prision sino contra los
agentes ejecutores.


Designáronse para componerla á Barrere, Del-
mas, Breard, Carnbon, Juan Debrv, Danton , Gui-
thon-Norreaux, Treilhard, Lacroix y d'Eure-et-
Loir á los cuales se agregaron otros tres suplentes,
que fueron Roberto Lindest, Isnard y Cambacéres.
Esta junta, aunque no reunía todos los poderes,
tenia un influjo inmenso, y estaba en correspon-
dencia con los comisionados de la Convencion; les
daba sus instrucciones, y podia sustituir á las pro-
videncias de los ministros cuantas quisiese idear.
Tenia por Cambon la hacienda , y debía adquirir
con T)anton la audacia v el influjo de tan poderoso
corifeo de partido; de este modo, á medida que el
riesgo crecia , se caminaba mas hacia la dic-
tadura.


Volviendo en sí del terror que habia causado la
desercion de Dumouriez, los partidos se imputa-
ban entonces la complicidad, y el mas fuerte iba
necesariamente á triunfar del mas débil. Las sec-
ciones y las sociedades populares, donde todo em-


* La junta de salvacion pública se decretó en la sesion del 6 do
abril.


FRANCESA. 465


pezaba por lo comun, tomaban la iniciativa , de-
nunciand o á los girondinos por medio de peti-


Segun una doctrina de Marat, se habia forma-cionseesg
.


do una nueva reunion mas furibunda aun que to-
das las restantes. Marat tenia dicho que hasta en-
tonces no se habia hecho mas que charlar so-
be la soberanía del pueblo, y que segun esta
doctrina, bien entendida, cada seccion era sobera-
na en su circulo, pudiendo revocar á cada momen-
to los poderes que hubiese dado. Apoyándose en
esta máxima los mas furiosos agitadores,preten-
dian que ellos eran diputados de las secciones, pa-
ra vigilar sobre el uso que se hacia de sus poderes
y mirar por la salvacion de la causa pública. Se
habian reunido en el palacio episcopal , creyéndose
autorizados para seguir su correspondencia con
todos los Ayuntamientos de la república, y asi es
que se llamaba junta central de salvacion pública.
De ella salian las proposiciones mas incendiarias;
y en ella se habia resuelto ir en cuerpo á la Con-
vencion á preguntarla, si contaba con medios para
salvar la patria. Esta reunion habia llamado va la
atencion de la Asamblea; y se atrajo tambien la
del Ayuntamiento y de los jacobinos. Robespierre,
que indudablemente anhelaba el resultado de la
sublevacion, pero que temía el uso de este medio,
y que siempre habia temido en vísperas de cual-
quiera alboroto, se pronunció contra las resolu-
ciones violentas, discutidas en estas reuniones in-
feriores, é insistió en su política favorita de desa-
creditar á los diputados tenidos por desleales, y
arruinarlos en la opinion antes de adoptar contra
ellos resolucion alguna. Propenso á la acusacion,


Biblioteca popular. T. 425




466 REVOLUCION
tenia el uso de la fuerza, y preferia á los levanta-
mientos, las combates de las tribunas que no ofre-
cian riesgo , y que se convertian en honor suvo.
Marat, que á veces tenia vanidad en ser moderado
como en todo lo demas, denunció la reunion epis-
copal , no obstan te de ser el autor de los principios
que la hablan formado. Enviaron comisionados
que se aseguraran de si los individuos que la com-
poni" eran hombres de celoso entusiasmo, ó al,
borotadores pagados; y despues de haberse con-
vencido de que eran fogosos patriotas, la sociedad
de los jacobinos, no queriendo escluirlos de su se-
no, como se habia propuesto , formó lista de sus
nombres para observarlos, y propuso una desapro-
hacion pública de su conducta, porque segun ella
ro decia hahermas centro de salvacion pública que
ella misma. De la misma manera se !labia prepa-
rado v censurado anticipadamente el levantamien-
to del 10 de agosto, pues todos los que no tienen
la audacia necesaria para obrar , y sienten que
otros se les anticipen, desaprueban las primeras
tentativas aunque deseen sus resultados. Solo Dan-
ton guardaba enel asunto un profundo silencio; no
hablaba en pro ni en contra de los alborotadores
secundarios, porque era poco inclinado á. triunfar
en la tribuna con largas acusaciones , prefiriendo
mas bien los medios de accion, que eran inmensos
en sus manos, por tener á su disposicion la gente
mas inmoral y desasosegada que vivia en Paris.
Sin embargo, se ignora si'obraba ocultamente, pe-
ro guardaba un silencio amenazador.


'Varias secciones condenaron la reunion episco-
pal, v la del Mallo presentó al efecto á la Conven-
cion 'una peticion enérgica. La de Buenas-Noticias


FRANCESA.. 467
leyó por el contrario una esposicion , en que de-
nuuciaba corno amigos y cómplices de Dumouriez,
á Brissot, Vergniaad, Gliadet,,Gensonné, &c.,. pi_
diend o que cayese sobre ellos la cuchilla de la ley;despues de acaloradas discusiones en sentidos
contrarios, los peticionarios recibieron el honor de
la sesion, aunque declarándose que en lo sucesivo
no escucharia la Asamolca acusacion ninguna con-
tra sus individuos ,y' que toda delacion de esta
clase se pasada á. la junta de salvacion pública.


La.seccion de la Alhóndiga, una de las mas aca-
loradas, formó bajo la presidencia de Marat una
nueva peticion. que envió á los jacobinos , á las
secciones y al Ayuntamiento, para que recibiese su
aprobacion, y sancionada asi por todas las autori-
dades de la capital, se presentase solemnemente á
la Convencion por mano del corregidor Pache. En
esta. peticion , vociferada por todas partes , v de
todos- conocida„ se decia, que parte de la Conven-
cion estaba corrompida, conspirando con los mo-
nopolistas, y siendo cómplices de Dumouriez , por
lo que era precisa reemplazar la con iossuplentes.
El 10 de abril , mientras esta peticion circulaba
por todas las secciones , Petion , irritado , pidió la
palabra para una cuestion de Orden. Se levantó, y
con una vehemencia no muy comun en él, declamó
contra las calumnias de qué era blanco parte de la
Convencion, y pidió providencias represivas; pero
Danton exigió por el contrario mencion honorífica
de la peticion que se preparaba. Petion , irritado,
quiso que se enviase á sus autores al tribunal revo-
lucionario, y Danton respondió que unos represen-
tantes verdaderos y de conciencia pura no debian
temer la calumnia., inevitable en una república;




468 REVOLCCION


ademas de Que no habiendo aun rechazado á los
austriacos , ni formado la constitucion , era muy
dudoso que la Convencion hubiese merecido elogios
Insistió despues en que dejasen de ocuparse en es:
Las quejas particulares, debiendo acudir á los tri-
bunales los que se cre y esen calumniados. Abando-
nóse la cuestion ; y aunque Foufrede la renovó, se
volvió otra vez á desechar. Robespierre, muy incli-
nado á estas contiendas personales, volvió de nue-
vo á ella, y pidió que se descorriese el velo. Conce-
diéronle la palabra, y prorumpió en la mas amarga
é infame acusacion contra los girondinos, que nun-
ca haya podido hacerse. Nos detendremos en este
discurso, porque demuestra cómo consideraba él
en su sombría imaginacion la conducta de sus ene-
migos. *


Segun él , ademas de la alta aristocracia des-
poseida en 1789 , existia otra plebeya, tan orgullo-
sa y despótica, como la precedente, que habia
sucedido con sus traiciones á la de la nobleza. No
le convenia una revolucion franca para asegurar su
dominacion , v sí un rey con la constitucion de
4791. Sus corifeos eran los girondinos que en la
legislativa se habian apoderado de los ministerios
por medio de Roland , Claviere y Servant , que
despues de haberlos perdido , quisieron vengarse
con el 20 de junio, y que en la víspera del 10 de
agosto trataron con la córte, y ofrecieron paz si se
les devolvia el poder. En el mismo 40 de agosto
se contentaban con suspender al rey , no abolian
el trono, y nombraban un ayo al príncipe real. Des-


Veasa la nota 53 al fin del sesto tomo, que ya hemos citado
otra vez, y que pinta el carácter de Robespierre.


rRA:NCESA. 469


pues del . 40 de agosto, se habian apoderado del
ministerio, calumniando al Ayuntamiento para des-
vanecer su influjo y asegurarse el esclusivo impe-
rio. Formada la Convencion , se apoderaron de las
comisiones, siguieron calumniando á Paris , pin-
tando esta ciudad como el foco de todos los crime-
nes, y estraviahan la opinic,n pública por medio de
sus periódicos, y de las inmensas sumas que desti-
naba Roland á la propagacion de los mas pérfidos
escritos. Finalmente , en enero se opusieron á la
muerte del tirano, no porque amasen su persona,
sino por amor al trono.—«Esta faccion , afiadia
Robespierre , es la única causa de la desastrosa
guerra que nos consume ahora. La ha buscado pa-
ra esponernos á la invasion del Austria, que pro-
metia un congreso con la plebeya constitucion de
4'791. La ha conducido pérfidamente, y despues
de haberse valido del traidor Lafayette, ha echadomano del traidor Dumouriez para lograr el fin á
que hace tanto tiempo aspira. Al principio fingió
estar enemistada con Dumouriez, pero la enemis-
tad no era verdadera, porque en otro tiempo le
elevó al ministerio por medio de su amigo Genson-
né, concediéndole seis millones para gastos secre-
tos. Dumouriez, de acuerdo con la faccion, salvó á
los prusianos en la Argona, cuando pudo muy bien
haberlos aniquilado; y si en Bélgica logró en efecto
una gran victoria, fue porque necesitaba un triun-
fo para obtener la confianza pública; pero conse-
guida esta, abusó de ella estraordinariainente. No
invadió la holanda, que hubiera podido ocupar
desde la primera campaña, é impidió la reunion á
la Francia de los paises conquistados; no habiendo
perdonado nada el cuerpo diplomático, que estaba




470 REVOLUCION
«In él de acuerdo, para alejar á los diputados bel-gas que pedian la reunion. Los enviados del poder
ejecutivo , á quienes maltrató D umouriez porque
vejaban á los belgas , fueron eleccion todos de los
girondinos, que se convinieron en enviar trastor-
nadores, y castigarlos públicamente, para deshon.
rar la causa de la república. Dumouriez despues
de haber atacado, aunque tarde, á la Holanda, vol-
vió á Bélgica, y perdió la batalla de Neersvinden'
siendo Miranda el amigo y favorito de Petion, quien
decidió con su retirada la referida pérdida. Retro-
cede entonces Dumouriez , y alza el estandarte de
la rebelion, en el momento mismo en que la faccion
escitaba la sublevacion de los realistas en el Oeste.
Todo, pues , estaba preparado para este instante.
Hablase colocado á un ministro pérfido en el des-
pacho de la guerra para aquella circunstancia im-
portante ; la'comision de seguridad general , for-
mada toda de girondinos , menos siete ú ocho di-
putados fieles que no asistían , no hacia nada para
precaver los peligros públicos ; de modo, que nada
se hacia omitido para el triunfo de la conspiracion.
Faltaba un rev , y todos los generales pertenecian
á Igualdad. Dumouriez tenia á su lado á la familia
Igualdad, á sus hijos, á su hija y hasta la intrigan-
te Sillerv. Empieza Dumouriez con manifiestos, ¿y
qué dice? lo mismo que decian en la tribuna y -en
los periódicos los oradores y escritores de la fac-
cion : que la Convencion era una gavilla de malva-
dos , escepto unos cuatro hombres íntegros; que
Paris era el foco de todos los crímenes, y los ja-
cobinos , revolucionarios que sembraban los gér-
menes de discordia y de guerra civil &c.o


Tal es el modo con que esplica Robespierre la


FRANCESA. 471


desercion de Dumouriez, y la oposicion de los gi-
rondinos; y oespues de haber tegido detenidamen-
te tan artificiosatrama de calumnias, propone que
se envien al tribunal revolucionario á los cómpli-
ces de Dumouriez . que eran los Orleans ysus ami-
gos. «En cuanto á losdiputados Guadet, Genson-
né, Vergniaud, etc., seria, dice con una maliciosa
ironía, ira sacrilegio acusar á hombres tan cabales;
y asi, conociendo mi incapacidad, me atengo á la
prudencia de la Asamblea. »


Las tribunas y la Montaña aplaudieron á su
virtuoso orador. Los girondinos se indignaron por
tan infame sistema, en que se traslucia un pérfido
rencor y una desconfianza natural de carácter ;
observándose en este discurso ademas , un arte
singular en reunir los hechos y prevenir las obje-
ciones, y mostrando Robespierre en esta baja acu-
sacion, talento mas sólido que en todas sus otras
peroratas. Sube Vergniaud á la tribuna con el co-
razon oprimido, y pide la palabra con tanta efica-
cia, anhelo v resolucion, que se la coneeden, 1,3,' las
tribunas, y la Montaña le dejan hablar sin oposi-
cion impugna el discurso meditado de Robes-
pierre , ea uno improvisado con el calor del mas
elocuente y mas puro de los hombres.


«Me atreveré, dice, á responder al señor Bo-
«bespierre , prescindiendo de tiempo y de arte,
«porque me hasta con mi conciencia. No hablaré
«ciertamente por mi, sabiendo que en tiempos de
«revolucion la hez de las naciones se revuelve y
«domina por un instante á los hombres de bien,
«sino para desengañar á la Francia. Mi voz, que
«mas de una vez ha esparcido el terror por este pa-
«lacio, de donde ha contribuido á precipitar la ti-




472 RE I' OLUCION
«rania, la haré penetrar tambien en el corazon de
«los malvados, que quieran sustituir su propia ti-


ranía á la del trono. »
Entonces responde á cada uno de los cargos de


Robespierre, lo que se pudiera responder segun el
mero conocimiento de los hechos. El provocó el
destronamiento en su discurso de julio, y poco an-
tes del 10 de agosto, dudando del triunfo de la su-
bievacion, y no sabiendo si llegaria á verificarse,
indicó á un emisario de la córte lo que debia ha-
cer esta para reconciliarse con la nacion v salvar
la patria. Que el 10 de agosto no temió el 'estrépi-
to del cañon , mientras el señor Robespierre se
ocultaba en una cueva. Que no hizo pronunciar el
destronamiento, porque el combate era dudoso,
que propuso se nombrase un ayo al Delfin ,


per-
que en el caso de que se hubiese conservado el
trono, el jóven príncipe con una buena educacion
hubiera asegurado el porvenir de la Francia. Él
'y sus amigos hicieron declarar la guerra, porque
lo estaba ya de hecho, y porque valia mas decla-
rarla abiertamente y defenderse que sufrirla y no
hacerla. El y sus amigos entraron en el ministerio
v en las comisiones por el voto del público. En la
comision de los veinte y uno de la Asamblea legis-
lativa se opusieron á abandonará Paris y prepa-
raron los medios que desplegó la Francia en la
Argona; en la comision de seguridad general de la
Convencion , trabajaron constantemente , y en
presencia de sus cólegas que podian concurrir á
sus trabajos. Robespierre habia desertado de la
comision sin presentarse en ella. Que ellos no ha-
bían calumniado á Paris, sino combatido á los ase-
sinos que usurpando el nombre de Paris, deshon-


FRANCESA. 473


rabanla capital y la república, y que lejos d -e ha
ber seducido la opinion pública, él no habla escri-
to por su parte una sola carta, que lo que circuló
Roland lo habia visto todo el inundo. Que el y sus
amigos habían pedido en el proceso de Luis XVI
la apelacion al pueblo , porque no creian que en
cuestion tan im portante debiera prescindirse de la
aprobacion nacional ; que en cuanto á él, apenas
conocia personalmente á Duinouriez, no hablen-
dole visto mas que dos veces , una al volver de la
Argona, y otra cuando regresó de la Bélgica: pe-
ro que Danton y Santerre le veian, le felicitaban,
le mimaban y comian con él diariamente. Que
respecto á igualdad le conocia lo mismo; que so-
lo los montañeses le habian conocido y tratado,
y cuando los girondinos se le oponian, ellosle de-
fendian constantemente. ¿Qué había pues que echar
en cara á. él ni á. sus amigos?..., ¿ Ser cabecillas
ó intrigantes? Ellos no asisten á las secciones pa-
ra alborotarlas, no ocupan las tribunas para ar-
rancar decretos valiéndose del terror, ni han que-
rido jamás dejar que sacasen á los ministros de las
Asambleas de que eran individuos. ¿El ser mode-
rados? Mas ellos no lo eran el 10 de agosto
cuando Robespierre y Marát estaban ocultos, v sí
en setiembre cuando se asesinaban á los prisione-
ros y se saqueaba el Guarda-muebles.


«Bien sabeis, dijo Vergniaud al concluir, si he
«devorado en silencio los pesares que me afligen
«hace seis meses , y si he sabido sacrificar á mi
«patria los mas justos resentimientos; bien sabeis,
«si, sopena de cobardía, de confesarme reo , y de
«comprometer el poco bien que puedo aun hacer,
«he podido abstenerme de manifestar las impos-




474
kEVOLi7Cl0N


«turas y maldades de Robespierre. Ojalá sea este
«el último dia que perdamos en debates escanda-
clososl» Pide ea seguida que se llame á la seccion
de la Alhóndiga, y que se traigan sus registros.


El talento de Vergniaud habia cautivado aun á
sus enemigos. Su buena fé y patética elocuencia ha-
bían interesado á la mayoría de la Asamblea, pro-
digándole por todas partes el mas vivo afecto.
Guadet, pide la palabra, pero la Montaña silen-
ciosa, se alborota al oirle, y prorumpe en un tre-
mendo griterío. Suspendióse la sesion y hasta el
12 no pudo Guadet responder á Robespierre de un
modo que escitó las pasiones con mucha mas
intensidad que Vergniaud. Segun él nadie habla
conspirado; pero las apariencias, si algunas ha7.
bia , estaban mas contra los montañeses v jaco-
binos que habian estado en relacion con l)umou-
riez é igualdad , que contra los girondinos ene-
mistados con ambos. «¿ Quién estaba, esclama,
«quién estaba con Dumouriez en los jacobinos y
«en los teatros? Vuestro Daaton.a—«Cómo! ¿tu
«me acusas? dijo Danton, me vas á conocer!»


El fin del discurso de Guadet quedó para el
dia siguiente. Continúa achacando toda conspira-
cion, si habia habido alguna, á los montañeses, y
lee para acabar, una esposicion como la de la Al-
hóndiga , formada por los jacobinos y firmada por
Marat su presidente;—comprendia estas pala-
bras que levó Guadet á la Asamblea: Ciudadanos,
armémonos .! la contrarevolucion existe en el gobier-
no y en el seno de la Convencion. Ciudadanos, mar-
chemos contra ella, marchemos!


«Si, grita Marat desde su asiento, si, marche-
mos!» Al oir esto se levanta la Asamblea y pide


FRANCESA. 475
el decreto de acusacion contra Marat. IDanton se
opone diciendo, que ambos lados de la Asamblea
estaban acordes en la acusacion de la familia Or-
leans, que debia enviarse á los tribunales , pero
que no podía acusarse á Marat, por un grito dado
en una discusion tormentosa. Responden á Dan-
jon que los Orleans, no deben ser juzgados en Pa-
ris sino en Marsella. Quiere -hablar aun, pero sin
prestarle atencion se da el primer lugar al decreto
de acusacion contra Marat, y Lacroix. pide que in-
mediatamente sea puesto en prision. «Pues que
«mis enemigos han perdido absolutamente la ver-
«güenza, dice Marat, pido una cosa: el decreto
«tiene por objeto escitar un alboroto; dejad que
«me acompañen dos gendarmes á los jacobinos pa-
«la que vaya á encargarles la tranquilidad»—Y
sin escuchar esta ridícula salida, queda arresta-
do y se manda estender la acusacion para las do-
ce del siguiente dia.


Robespierre fue al punto á los jacobinos á ma-
nifestar su indignacion, á celebrar la energía de
Danton, la moderacion de Marat, vá pedirles que
se mantuviesen tranquilos, para que no se dijera
que Paris se habla amotinado por la libertad de un
jacobino.


Al dia Siguiente se leyó v aprobó por la Asam-
blea el acta de acusacion , tantas veces propues-
ta contra Marat , siguiéndose formalmente ante el
tribunal revolucionario.


El proyecto de una peticion contra los girondi-
nos era lo que !rabia producido esta reñida con-
tienda entre ambos lados de la Asamblea; pero na-
da se resolvió sobre esto, ni podía en efecto resol-
verse, porque la Asamblea no era dueña de refre-




476 REVOLECION
nar la agitacion qne produjesen las peticiones. Se
adelantó eficazmente el proyecto de una esposi-
cion general de todas las secciones, y se convino
en redactarlo uniformemente;—de cuarenta y tres
secciones se habian adherido treinta y cinco. Los
Principales del Ayuntamiento la aprobaron, y elp i ipale


43 de abril se presentaron en la barra los co-
misionados de las treinta y cinco secciones, lle-
vando al frente al corregidor Pache, lo cual era ea
cierto modo el manifiesto en que declaraba sus in-
tenciones el Ayuntamiento de Paris, y amenaza-
ba con una sublevacion en caso de negativa. Asi
lo hacia hecho antes del 10 de agosto, y asi lo ha-
cia en la víspera del 31 de mayo. Procedió á la
Jectura Rousselin, el orador dé la diputacion,
después de haber pintado la criminal conducta de
algunos diputados, exijia la peticion que se les
espulsase de la Convencion, enumerándolos en se-
guida. Eran veinte y dos: Brissot. Guadet, Verg-
niaud, Gensonné, Grangeneuve, Buzot, Babaroux,
Salles, Biroteau, Pontecoulant, Petion, Lanjui-
nais, Valazé, Hardy, Leuvét, Lehardv, Gorsas, Fati-
chet , Lanthenas , Lasource , Valad y


y Cham-bon.
Aplaudieron las tribunas la lectura de estos


nombres, y advirtiendo el presidente a los peti-
cionarios que la ley les obligaba á firmar su peti-
cion, se apresuraron á hacerlo. [laicamente Pache
deseando prolongar su neutralidad, permanecia
detras de todos, y al pedirle su firma , respondió
no era del número de los peticionarios , sino un
mero encargado del consejo general para que los
acompañase. Viendo que no podía pasar por otro
punto, se adelanta y firma la peticion, recompen-


FRANCESA. 477


sándole las tribunas de esta accion con aplausos


estiEenPistrjusida se presenta en la tribuna Boyer-
Fonfrede, y dice: que si la modestia no fuese urt
deber, pediera que le añadiesen en la gloriosa lis-
ta de los veinte y dos diputados; y entonces la ma-
yoría de la Asamblea con un entusiasmo generosc>
Isclama: « Que nos pongan á todos, á todos.» Al.
punto se acercan á los veinte y dos diputados, les
manifiestan el mas vivo interés, les abrazan, y la
discusion interrumpida con esta escena, se tra'sla-
da a los siguientes días.


Vuelve á entablarse á su tiempo ; y empiezan
las reconvenciones y disculpas entre ambos lados
de la Asamblea. Varios diputados del centro apro-
vechándose de algunas cartas, escritas sobre la si-
tuacion del ejército, proponen tratar de los intere-
ses generales de la república, y dejarse de con-
troversias particulares. Se accede á ello, pero el
48 se presenta nueva peticion contra el lado de-
recho, que renueva la de las treinta y cinco seccio-
nes. Al propio tiempo se denuncian varios actos
del Ayuntamiento: por uno de ellos, se declara en
estado de revolucion permanente; por otro, estable-
ce en su seno una junta de correspondencia con to-
dos los Ayuntamientos del reino, pues hacia mu-
cho tiempo que trataba efectivamente de dar á su
autoridad meramente local , un carácter de gene-
ralidad que le permitiese hablar en nombre de la
Francia, y rivalizar en autoridad con la Conven-
cion. La junta del palacio episcopal, disuelta por el
dictamen de los jacobinos, habla llevado lambiere
por objeto poner en comunicacion á Paris con las
demasciudades; y ahora el Ayuntamiento quería




REYOLIICrON


reemplazarla, organizando esta correspondencilen
su propio seno. Yergniauel toma la palabra,opo-
niéndose á la vez á. la peticion (lelas treinta 'y cin-
co secciones; á los actos que se imputan al Ay un-tamiento, y a los proyectos que su conducta reve-
la, pide que se declare calumniadora la peticion'
y se manden traer los registros del Ayuntamiento
á la Asamblea, para enterarse de los acuerdos que
ha formado. Admítenseestas proposiciones á pesar
de las tribunas y del lado izquierdo, pues en aquel:
momento sostenido, el derecho por la Llanura,.
principiaba á triunfar en todas las decisiones. Ba-
bia hecho que se nombrase presidente á Lasource,
uno de sus mas acérrimos individuos , con lo cual
conservaba aun la mayor;a, es decir , la legalidad,
débil recurso contra la fuerza y que sirve Mas bien
para irritarla.


Los empleados del A yuntamiento mandados á
la barra, se presentan descaradamente a manifes-
tar sus registros, pareciendo que esperan la apto-
bacion de 'ellos. Estos registros decian : primero:
que el consejo general se declaraba en estado de
revolucion, mientras no estuviesen seguros


.
los


abastos; segundo: que la junta de correspondencia
con los cuarenta y cuatro mil Ayuntamientos , se.
compondria de nueve individuos, que trabajasen
incesantemente; tercero : que se imprimiesen y.
distribu y esen por la junta de correspondencia doce
mil ejemplares de la peticion contra los veinte y
dos; y cuarto :. que el consejo general se mirase
como violado, desde el momento en que uno de sus


ó presidente ó secretario de seccion ó
de club, fuesen perseguidos por sus opiniones.
Este Ultimo acuerdo se dirigía a proteger á Marat,


FaANcEsÁ. !79
acusado por haber firmado como presidente de
seccion una esposicion sediciosa.


El Ayuntamiento , como se vé, resistia abier-
tamente á la Asamblea , y tomaba una deci-
sion contraria á la suya en cada punto controver-
tido. Si se trataba de los abastos, no otorgándose
recursos violentos, se constituia en revolucion. Si
se trataba de Marat, le cabria con su escudo; y si
de los veinte y dos, apelaba á los cuarenta y cua-
tro mil Ayuntamientos v se ponia en correspon-
dencia con ellos, para pedirles en cierto modo po-
deres generales contra la Conve,ncion. La oposicton
era por lo tanto completa en'todos puntos. v acom-
pañada ademas de preparativos de sublevacion.


No bien se hubo acabado la lectura de los re-
boistros cuando Robespierre, el jóven, pide los ho •
nores de la sesion para los empleados del- Ayun-
tamiento; y aun cuando se opone el lado derecho,
la Llanura titubea y dice, que acaso será arries-
..ado no guardar consideraciones con los ma,is-r,trados á la vistadel pueblo, negándoles un honor tan
insignificante que se concedia á un peticionario
cualquiera. En medio de tan reñidas cuestiones,
se prolonga la sesion hasta las once de la noche,
v solo quedan en. la Montaña, para dispensar los
honores de la sesión al Ayuntamiento de Paris,
cuarenta v tres individuos, retirándose el lado de-
recho v la Llanura. Ese A yuntamiento que en el
mismo dia era declarado calumniador , rechazado
por la mayoría y admitido solo al honor de la se-
sion por la Montaña y las tribunas, debla conce-
bir un profundo encono, y hacerse el punto de
reunion para todos los que quisiesen derrocar la
autoridad de la. Convencion.




480
REVOLUCION


Marat, por fin, !labia sido enviado al tribunal
revolucionario , decidiendo su acusacion la ener-gía del lado derecho, que arrastró en pos de sí á la
Llanura. Todo acto de energía honra á un parti-
do que lucha contra una fuerza superior, pero tam-
bien precipita su caida ; v los girondinos persi_
oTiendo denodadamente á «Marat, no habían hecho
mas que prepararle un triunfo. La acusacion se re-
ducia en sustancia á que Marat habiendo incitado
en sus folletos al asesinato, á la matanza, á la hu-
millacion y disolucion de la Convencion nacional,
y al establecimiento de un poder destructor de la
libertad, era acusado v mandado al tribunal revo-
lucionario. Los jacobinos, los franciscanos y todos
los alborotadores de Paris, se habían puesto en mo-
vimiento en favor de este austero filósofo, formada
segun ellos, por la desgracia y por la meditacion,
que unia á un alma de fuego suma perspicacia y un
profundo conocimiento del corazon /rumano, y que
sabia descubrir á los traidores en su carro de triun-
fo, cuando el vulgo estúpido todavia les incensaba!
Los traidores, añadis, los traidores pasarán, pero la
repulacion de Marat empieza ahora.


Aunque el tribunal revolucionario no consta-
ba todavía de los individuos que despues le com-
pusieron, Marat no podia sin embargo salir conde-
nado en él. Apenas duró la discusion algunas ho-
ras , cuando el reo fué absuelto unánimemente
entre los aplausos de un inmenso gentío, que había
acudido á oir su sentencia, la cual tuvo lugar en
21 de abril. Rodéanle inmediatamente una multi-
tud de mugeres, de gentualla con picas, y de des-
tacamentos de las secciones armadas. Le y
le llevan á la Convencion para sentarle en su silla


FItA?iCESA• 489
de diputado. Rompen la marcha dos empleados
del avuntamiento, v Marat alzado en hombros de
algunos zapadores, con la frente ceñida de una co-
rona de encina , es paseado en triunfo por medie
del salan. Un zapador sale de entre el grupo , se
presenta en la barra v dice : «Ciudadano presi-
«dente, aqui' traemos al valiente Illarat: Mural ha
«sido siempre el amigo del pueblo; y el pueblo se-
rá siempre amigo de Marat. Si es menester que


«caiga la cabeza de 3tarat , la cabeza del zapador
«caerá antes que la su y a.» Y al decir esto el hor.
rendo peticionario agitaba su hacha , y las tribu-
nas aplaudían con estrepitoso griterío. Pide á
nombre del acompañamiento el permiso para des-
filar por el salon.—« Voy a consultar á la Asamblea,
responde el presidente Lasource intimidado por
tan terrible escena; pero sin esperar á que lo ve-
rifique, se precipita la multitud por todas partes
en el salan llenándose su recinto de hombres
mugeres que ocupan los asientos vacantes por ha-
berse ido varios diputados incomodados con aquel
espectáculo. Llega por fin !Ilarat, pasando de ma-
no en mano acompañado de aplausos, y de los bra-
zos de los peticionarios pasa á los de sus colegas
de la Montaña, que • le abrazan con las mayores
muestras de alegría. Se separa por fin de ellos, cor-
re á la tribuna y declara á los legisladores que
viene á ofrecerles un corazon puro , un nombre
inocente, hallándose dispuesto á morir por defen-
der la libertad y los derechos del pueblo.


Nuevos honores le esperaban en los jacobinos,
donde las mugeres habían preparado muchas coi
nonas. El presidente le ofrece una. Suben á un niño
de cuatro años sobre la mesa, y le pone otra en k


Biblioteca ?untar. T. II. 426




4.32 REVOLUCION
cabeza; pero Marat arroja las coronas con insolen-
te desprecio, y dice: «Ciudadanos, irritado de ver
«á una faccion malvada hacer traicion á la repú-
«blica, he querido arrancarla la máscara, y echarle
«el dogal al cuello. Me ha combatido con un decre-
to de acusacion, pero ya he salido victorioso,


«la faccion queda humillada, aunque no deshecha.
«No penseis en triunfos ni en entusiasmo. Sobre
«esta mesa dejo las dos coronas que acaban de
«ofrecerme, y suplico á mis conciudadanos que es-
«paren para hacerlo la conclusion de mi carrera.»
Nuevos aplausos coronan su desvergonzada modes-
tia. Robespierre estaba presente á este triunfo, cu-
ya decorosa y baja popularidad sin duda desprecia-
Da; no obstante tenia que sufrir, como todos, el er-
gullo del triunfador. Acabadas las felicitaciones,
se apresuran á volver á la discusion ordinaria , es
decir, á los medios de espurgar el gobierno, y de
lanzar de el á los traidores, á los rolandistas, bri-
sotistas etc., para lo cual proponen formar una lis-
ta de los empleados en todas las oficinas, y anotar
á los que han merecido la destitucion. «Venga esa
«lista, dijo Marat, y yo elegiré á los que deben
«echarse ó conservarse, indicándoselo á los minis-
«tres.» Robespierre observa que los ministros son
casi todos cómplices de los criminales , que no
atenderán la sociedad, y que es mejor dirigirse á
la junta de salvacion pública, superior por sus
funciones al consejo ejecutivo, no pudiendo ademas
la sociedad entrar sin comprometerse, en relacio-
nes con ministros prevaricadores. «Esas razones
«no valen nada, replica Marat con desprecio; un
«patriota tan puro como yo, podría tener relaciones
' con ol diablo; yo me iré á los minístrosy les obli-


FRANCESA. 483


« fiaré á que nos satisfagan en nombre de la so-,
«ciedad.»


Una consideracion de respeto humillaba á to-
dos ante el virtuoso y elocuente Robespierre ; pero
el atrevimiento y el insolente cinismo de Marat ad-
miraban y embargaban todas las imaginaciones
acaloradas. Su asquerosa familiaridad, legrangea-
ba el afecto de los matones de la pescadería, pre-
ciados de su intimidad con el _tango del Pueblo, y
dispuestos siempre á prestar á su raquítica perso-
na el apo y


o de su brazo y de su influjo en las l -
zas públicas.


La rabia de la Montaña provenia de los obstá-
culos que hallaba; obstáculos, que eran aun mayo-
res en las provincias que en Paris , y por eso la
oposicion que iban á esperimentar en sus cargos
los comisionados enviados para activar el alista-
miento, iban en breve á llevar su desesperacion
hasta el último grado. Todas las provincias esta-
ban en buen sentido con respecto á la revolucion;
pero no todas la hablan abrazado con el mismo en-
tusiasmo, ni señaládose con tantos crímenes como
la ciudad de Paris; porque siendo las ambiciones
ociosas, los ánimos ardientes y los talentos distin-
guidos lo que siempre figura en primer termino en
cualquiera revolucion, abundan tanto mas en la
capital que en las provincias, cuanto que aquella
puede considerarse como el punto de reunion de
todos los hombres, que por independencia ó ambi-
cion abandonan la patria, profesion y tradiciones
de sus padres. Por esto dehia producir Paris los
mayores revolucionarios. Colocada ademas á poca
distancia de las fronteras, blanco de los tiros ene-
migos, esta ciudad habia corrido mas ries go que




484 REVOLUCION
ninguna otra de Francia; y como residencia de las
autoridades, halda vistoherhireo su seno todas las
-cuestiones importantes; de modo que los peligros
las disputas, todo se había aglomerado en ella para
producir crímenes y estravios. Las provincias, que
no contaban con las mismas causas, se hablan es-
pantado de estos crímenes, y convenían en senti-
mientos con el lado derecho y la Llanura. Ademas'
no estaban contentas con el modo de tratar á sus
diputados, y creian que la capital, unia al acalo-
ramiento revolucionario, la aro bicion de dominar
á Francia, como dominaba Roma á las provincias
conquistadas. Tales eran las ideas de la multitud
sosegada , moderada é industriosa, con respecto á
los revolucionarios de Paris; pero estas ideas es-
taban mas ó menos modificadas , segun las cir-
cunstancias locales, pues cada provincia y cada
pueblo tenia tambien sus revolucionarios furibun-
dos, como que en ninguna parte faltan hombres
aventureros, ni imaginaciones ardientes. La ma-
yor parte de los hombres de este temple, se habin
apoderado de los Ayuutainientos. aprovechándose
al efecto de la renovacion general de autoridades,
decretada por la legislativa despues dell O de avis-
to. La multitud perezosa y moderada queda siem-
pre detras de los que uminan con mas alai), y era
natural que los hombres mas osados se apoderasen
de los cargos concejiles, que eran los mas arduos
de todos, y los que mas calor y actividad reque-
rían. Los ciudadanospacíficos, que forman el ma-
lor número, se hablan retirado á las secciones,
dende iban á veces á emitir sus votos, y á ejercer
sus derechos cívicos. Las funciones de los depar-
tamentos, se habianconferido á las personas mas ri-


FRANCESA. 485


casdistinguidas, que son por lo mismo los hom-
bres'inenos activos y poderosos. Asi pues, todos
los revolucionarios de primer órden se ?labian
atrincherad o en los Ay untamientos, mientras la
clase media y rica ocupaba las secciones y los car-
gos departamentales


Conocido esto, el A y untamiento de Paris, qui-
so ponerse ea correspondencia con todos los Ayun-
tamientos; pero ya hemos visto que se lo estorbó
la Convencion. La sociedad-madre de los jacobinos,
suplió esta falta con su correspondencia propia,
existiendo de club á club la relacion que no 'labia
podido establecerse entre los Ayuntamientos; lo
cual venia á ser lo mismo, porque los mismos hom-
bres que deliberaban en los jacobinos, iban á obrar
despues en los tribunales de los comunes. De esta
manera, todo el partido jacobino de Francia congre-
gado en los Ayuntamientos y en los clubs, guar-
dando correspondencia desde un estremo al otro
del país, se oponía a la clase inedia; clase inmen-
sa, pero dividida en infinidad de secciones, sin
funciones activas, sin correspondencia de pueblo
á pueblo, formando en diversos puntos algunos
clubs moderados, y que se reunian tal cual vez en
las secciones ó en los departamentos, para emitir
un voto incierto y tímido.


Esta diferencia de situacion, era la que podía
infundir á los revolucionarios la esperanza de do-
minar á la generalidad que quería la república, pe-
ro sin manchas de crímenes, y por entonces tenia
aun el dominio en todas las provincias. Desde que
los Ayuntamientos, armados de una terrible poli-
cía y con facultades para visitas domiciliarias, pa-
ra pesquisas de estrangeros y para desarmar á los




486 BEVOLUCION
sospechosos, podían perjudicar impunemente á los
ciudadanos pacíficos, las secciones habian pensado.
en una reaccion y en unirse para imponer respeto
á los Ayuntamientos. En casi todas las ciudades
de Fradcia, halan recobrado un poco de ánimo, v
con las armas en la mano resistían á los A y unta-
mientos, se pronunciabancontra su policía
toríal, defendian al lado derecho y reclamaban
con él, el árdea, la paz v el respeto á las personas
y propiedades. Los A y untamientos y clubs jacobi-
nos, pedían por el contrario nuevas precauciones
de policía, y la institucion de los tribunales revo-
lucionarios en los departamentos; tanto, que en al-
ts




°amas ciudades habían estado para venir á las Ma-
nos por esta causa. Sin embargo, las secciones eran
tan numerosas, que superaban á la energía de los
Ay untamientos; y los diputados montañeses man-
dados con el fin de activar el alistamiento y esci-
tar el entusiasmo revolucionario, retrocédian á
vista de tamaña oposicion, y comunicaban á Paris
su desasosiego.


Esta era la situacion de casi toda la Francia, v.
el modo en que estaba dividida. La lid era mas O•
menos viva, y mas ó menos temibles los partidos
segun la posicion y riesgos de cada punto. Donde
los peligros de la revolucion parecian mayores, los.
jacobinos se esmeraban mas en interponer medios.
violentos, v por consiguiente el partido moderado
se empeñaba mas en resistir ; pero lo que mas
irritaba las pasiones revolucionarias, era el temor
de las traiciones interiores, mayor aun que el
de la guerra estrangera. Asi, en lá línea del Norte
amenazada por los ejércitos enemigos, y poco aco-
sada de intrigas, habia bastante simpatía, pues.


YEANCESA• 4.87


los ánimos se unían con el deseo de la comun
defensa , y los comisionados enviados desde Li-
la hasta Lyon, habian dado á la Convencion no-
ticias satisfactorias. Mas en Lyon, donde con la po-
sicion geográfica y militar de esta ciudad, para ha-
cer mas temible en ella cualquier peligro, con-
currian ocultas intrigas, se habian .visto estallar
tormentas tan horrorosas cuino las de Paris. Su
posicion al Este, y su inmediacion al Piamonte,
habían llamado toda la atencion de la contra-
revolucion. Los primeros emigrados de 'ruin,
quisieron hacer en ella un levantamiento en 1790,
y aun enviar un príncipe francés; Mirabeau tam-
hien concibió un proyecto á su modo acerca de
ella ; y desde que toda la emigracion pasó á Co-
blenza, se dejó un agente en Suiza que llevase cor-
respondencia con Lyon , y desde Lyon, con el
campamento de hiles, y los fanáticos del Me-
diodía. Estos planes escitaron una reaccion jaco-
bina, y los realistas hicieron nacer montañeses
en Lyon, que ocupaban un club llamado central,
compuesto de todos los enviados de todos los clubs
de los barrios. Al frente de ellos labia un piamon-
tés, á quien un desasosiego natural habla ido lle-
vando de pueblo en pueblo, y fijado por fin en
Lyon; debiendo á su entusiasmo revolucionario
los cargos sucesivos de concejal y de presidente
del tribunal civil. Llamábase Chalier, y usaban en
el club central de un lenguaje , que si le hubiera
nido Marat en los jacobinos de Paris, le hubiera
acusado de trastornador, y de estar pagado por
los estrangeros. Ademas de este club, tenian los
montañeses de Lyon todo el Ayuntamiento, escep-
to al corregidor discípulo y amigo de




488 REVOLUCION
Roland, y corifeo en esta ciudad del partido giron-
dino. Cansado de tantas borrascas, Niviere !labia
hecho dimision corno Petion, y a su vez fué tam-
bien reelegido por las secciones, mas poderosas


.y
activas allí que en. ningun otro punto de la Francia
De once mil votos, nueve mil obligaron á Niviere
a aceptar otra vez el corregimiento. Pero hizo de
nuevo dimision, y entonces el Ayuntamiento mon-
tañés logró completarse nombrando un corregidor
de los suyos. Esta ocurrencia produjo el que se
viniesen á !as manos, pues los jóvenes de las seccio-
nes hablan lanzado á Chalier del club central, y
desmantelado el salan donde ostentaba su fanatis-
mo. Intimidado el departamento, llamó comisiona-
dos de la Convencion, los cuales se pronunciaron
at principio contra las secciones, luego contra
los escesosdel A yuntamiento, y concluyeron con
desagradar á los partidos; de modo que se hicie-
ron 'denunciar por los jacobinos, y que la Con-
vencion les retirase á su seno. Sus oficios se re-
dujeron á componer el club central, á afiliarlo
en los jacobinos, y á librarle , conservando su
eneijía, de algunos individuos que le deshonra,
han. La conmocion llegó al último estremo en el
mes de mayo, pues por uu lado, el Ayuntamiento
compuesto todo de jacobinos, y el club central pre-
sidido por Chalier, pedian para Lyon un tribunal
revolucionario, y paseaban por las plazas públi-
cas una guillotina enviada de Paris, que.esponian
á !avista del público para intimidar á los tmidores,
aristócratas etc.; v por otra parte, las secciones
armadas, estaban 'dispuestas á reprimir el Ayunta-
miento, y á impedir que se estableciese el san-
griento tribunal, que no habian podido evitar en


FRANCESA• 489


la capital los girondinos. En tal estado de cosas
los agentes secretos de los realistas, residentes en
Lyon, aguardaban el momento favorable para con-
vertir en favor suyo la irritacion de los leoneses,
próxima a estallar.


En lo restante del Mediodia hasta Marsella,
reinaba con mas igualdad el espíritu republicano
moderado, poseyendo los girondinos el afecto de
los habitantes. -Marsella envidiosa de la suprema-
cía de Paris, estaba irritada por los ultrages he-
chos á su querido diputado Barbaroux, y dispuesta
á declararse contra la Convencion, si se atentaba
contra la representacion nacional. Era rica ; pero
no estaba en situacion favorable á los contrarevo-
lucionarios de fuera, pues solo confinaba con Ita-
lia, donde no se tramaba nada, y su puerto no era
tan útil a los ingleses como el de Tolon. Intrigas
ocultas no hablan enfurecido en ella los ánimos
como en Lyon y Paris. , y el Ayuntamiento dé-
bil y amenazado, se vela muy próximo á quedar
depuesto por las poderosas secciones. El diputado
Moises Bayle á quien recibieron muy mal, halló el
mayor entusiasmo por el alistamiento, aunque una
alicion estrenada á la Sironda.


Cincuenta v seis departamentos, desde el Ró-
dano y desde el Este al Oeste hasta las orillas del
Océano, manifestaban los mismos sentimientos.
Finalmente en Burdeos era completa la unanimi-
dad, pues las secciones , el A y untamiento v el
club principal , todos estaban conformes en hacer
frente a la violencia montañesa, y en Sostener la
gloriosa diputacion de la Gironda. de la que con
tanto orgullo se declaraban autores. El partido
opuesto, solo en una seccion habia hallado asilo,




490 REVOLUCION
y en todas las denlas ni gozaba de influjo, ni por_
día romper el silencio. Burdeos no ponía tasa, ni
impuestos, ni tribunal revolucionario, sino que
preparaba á un mismo tiempo peticiones contra el
Ay untamiento de Paris y batallones para el ser-
vicio de la república.


Pero siguiendo en su longitud las costas del'
Océano, desde la Gironda al Loira, y desde este
á las bocas del Sena, se ofrecian opiniones muy
distintas y mucho mayores riesgos. Alli la impla"..
cable Montaña no solo hallaba por obstáculo el
templado v generoso republicanismo de los giron-
dinos, sino' el realismo constitucional de 89, que
odiaba á la república corno injusta, y el fanatismo-
de los tiempos feudales, armado contra la revolu-
cion de 93, contra la de 80, y que solo conocia la
temporal autoridad de los señores, y la espiritual
de la iglesia.


En Normandía, y especialmente en Ruan , que
era su principal ciudad, se 'labia profesado un en-
trañable afecto á Luis XVI, y la constitucion de
1790 reunió todos los ánimos que anhelaban liber-
tad y trono. Desde la abolicion de este y de aque




lla constitucion, es decir, desde el .10 de agosto,
reinaba en Normandia un silencio siniestro y ame-
nazador. La Bretaña tenia aun intenciones mas
hostiles, porque su pueblo cedia al influjo de los
sacerdotes y tribunales. Acercándose mas á las ri-
beras del Lo' ira , este afecto rayaba en subleva-
cion, y finalmente en la orilla izquierda de este rio,
en el Bocage, en el Loroux y en la Vendée, era
completa la insurreccion, sosteniendo en campaña
grandes ejércitos de diez y de veinte mil hom-
bres.


FRANCF,SA. 491


Aqui juzgarnos oportuno dar á conocer este
"- singular, que alimentaba una poblacion tanpaís


obstinada, y tan heróica como desgraciada y fatal
á la Francia, que estuvo á pique de sucun'ibir á
un funesto ataque, agravando sus males por ha-
ber escitado con tanto afinco el furor de la die-


Este pueblo conservaba en ambas orillas del
tadura revolucionaria.


Loira, suma inclinacion ásu antiguo modo de exis-
t ir , y especialmente á sus sacerdotes y á su cul-


cuando por efecto de la .constitucion civil,to;
quedaron divididos los individuos del clero, se
manifestó un verdadero cisma. Los curas que no
querían someterse al nuevo arreglo de iglesias,
ni prestar juramento , fueron preferidos por el
pueblo; y al verse obligados á retirarse, por ha-
ber!es quitado sus curatos, les siguieron á los
bosques los paisanos, que contemplaron persegui-
das sus casas y su culto. Se reunieron en peque-
ñas partidas, y persiguiendo á los curas constitu-
cionales como intrusos ; los trataron del modo mas
injusto. Enla Bretañay cercanías de Reunes, hubo
sublevaciones mas generales é imponentes, origi-
nadas por la carestía de los alimentos, v se ame-
nazó destruir al culto segun estas palabras de
Chamhon: LOS que quieranmisa, que la paguen. Sin
embargo, el gobierno había logrado atajar estos
movimientos parciales de la orilla derecha del Loi-
ra; ofreciendo solo cuidado su comunicacion con
la izquierda, donde se halda formado el ruidoso le-
vantamiento.


En esta orilla izquierda ; en el Anjouen el
alto y bajo Poitou, era donde 'labia estallado con
mas violencia la célebre guerra de la Vendée; pues




492 REvOLECION
en esos puntos de la Francia, no habla hecho el
tiempo sentir todavía su indujo, ni variado las an-
tiguas costumbres. El sistema feudal reinaba alli
con patriarcal soherania; y la revolucion, lejos de
producir una reforma mil en este pais , habla
ofendido las costumbres mas pacilicas, que la re-
cibieron como una perseencion.. El Bocage
Marais forman un pais singular, que es preciso des-
cribir para que se conozcan sus costumbres , y la
especie de sociedad que alli existia. Al salir de
Nantesy Saumur, dirigiéndosedesde el Loira hasta
los sables de Olonne, Luzn, Fonteonay y Niort,
se halla un tcrrenodesigual, quebrado atravesa-
do por una multitud de sotos que sirven de barre-
ra á cada campo. y que han dado á este pais el
nombre de Bocage, Soto). Aproximándose al mar,
desciende el terreno hasta terminar en salobres
pantanos, cortados por una infinidad de cauces
cuyo acceso es casi imposible, por lo que se llama
liarais (Pantano).. Los únicos productos que en
este pais abundan, son los pastos r y por consiguien-
te los ganados; pues los habitantes cultivan única-
mente la cantidad de trigo necesario á su consu-
mo, sirviéndose de la utilidad de sus rebaños co-
mo medio de cambio. Sabido es que no hay gente
mas sencilla que la que vive de este género de.
industria. Pocas grandes ciudades se han formado
en estos paises; lo que en ellos hay, son pueblos
grandes de dos é tres mil almas. Entre las dos car-
reteras que conducen, la una de Tours a Poitiers,


la otra de Nantes á la Rochela, se estiende un
*espacio de treinta leguas de ancho, doude á la sa-
zon no habla mas. que sendas, que conduelan á los
distintos pueblos y aldeas. Las tierras estaban di-


FRANCESA. 493


vididas en multitud de caseríos de quinientos á
seiscientos' francos de renta, confiados cada uno á
una solafamilia, que dividia con el dueño del ter-
reno el producto de los ganados. Por este método
de arriendo, los señores tenian que tratar con to-
das las familias, estando con ellas en fáciles con-
tinuas relaciones, -y la vida que pasaban los pri-
meros en sus castillos era la mas sencilla , dedi-
cándose á la caza por la abundancia con que se
hallaba. y haciéndola en union con los campesinos,
celebrándose unos y otros su destreza y sn. valor.
Los sacerdotes, que observaban una entera pureza
(le costumbres, ejercian alli un ministerio pater-
nal, pues las riquezas no habian corrompido su ca-
rácter, ni provocado la crítica contra ellos. Se su-
fria la autoridad del señor, v se creía en las pala-
bras del cura, porque ni en los primeros habla
opresion, ni escándalo en los segundos. Antes 9ue
la buiwnidad se lance á la senda dela civilizacion,
hay para ella una época de sencillez, de ignoran-
cia v de virtud, en la cual se querria tenerla siem-
pre, si su suerte no fuese la de andar sobre los
abrojos del :mal, luego que camina a cualquiera gé-
nero de perfeccion.


Cuando la revolucion, tan benéfica en otras par-
tes, allanó este pais con su nivel de hierro , causó
una conmocion profunda. Hubiera convenido que se
hubiese modificado en él , pero esto no era posi-
ble, porque los que la han acusado de no acomo-
darse á los lugares, v de variar como ellos,
no han comprendido la imposibilidad de las es-
cepciones, ni la necesidad de una regla uniforme
y general en las grandes reformas sociales. En me-
die de estas campiñas, casi nada se sabia de la re-




494 REVOLUCION


volueion, sino lo que hablan enseñado al pueblo el
descontento de los señores y de los curas. Aunque
se abolieron los derechos feudales , no dejaron de
pagarlos; fue preciso reunirse y nombrar corregi-
dores, y se suplicó a los señores tomasen este car-
go, pero cuando la destituc ion de los sacerdotes no
juramentados privó á aquellos habitantes de los cu.
ras, en quienes tenían toda su confianza, se irrita-.
ron sobremanera, y como en la Bretaña, atravesa-
ban los bosques, yendo á grandes distancias para
asistir á las ceremonias del culto , que era á sus
ojos el único verdadero. Desde entonces se apoderó
de los ánimos un odio violento, y los sacerdotes no
omitieron nada para atizarle mas. La jornada del 10
de agosto, llevó á sus tierras algunos nobles del
Poitou; y la del 11 de enero, acabó de colmar su
indignacion que comunicaron á su vecinos. Sin em-
bargo, no conspiraron como se ha creido; pero las
intenciones conocidas del pais, infundieron á hom-
bres que eran en él estrangeros, planes de conspi-
racion. Una se tramó en Bretaña, ninguna en el
Bocage; y sin plan concertado, dejaban que les
atropellasen. Por fin, el alistamiento de trescientos
rail hombres. produjo en el mes de marzo la insur-
reccion general ; pues aunque á los habitantes del
Bajo-Poitou nada les importaba lo que se hacia en
Francia , la dispersion de su clero , y la precision
de ir al ejército , los exasperó sobremanera. En el
antiguo régimen, el contingente del pais se cubria
con aquellos á quienes su natural inquietud les
ebligaba á dejar el suelo nativo , pero hoy la ley
comprendia á todos , cualesquiera que fuesen sus
inclinaciones personales. Forzados á tomar las ar-
mas , quisieron mejor batirse contra la república,


FRANCESA. 493


que en favor suyo, y casi al mismo tiempo, es de-
•Zir , á principios de marzo, el sorteo fué lo que pro-
dujo una sublevacion en el Alto Bocage y en el
3Iarais. Debia verificarse este el 40 de marzo en
Saínt-Florent, cerca de Ancenis en Anjou , pero
los mozos se opusieron ; y queriendo la guardia


y,osl haciendo el comandante militar dis-obligarl
un cañonazo contra ellos , se arrojaron con


sus palos , se apoderaron del caños, desarmaron á
la guardia, y se admiraron sin embargo de su te-
hal idad. carruagero llamado Catheiineau, hom-


re rde suposicion en los campos, muy valiente, y
muy persuasivo , dejó su casa al oir esta noticia,
corrió á unirse á ellos, los organizó y animó dando
cierta consistencia á la sublevacion, y sabiendo s.is
tenerla. El mismo día quiso atacar una fuerza re-
publicana compuesta de ochenta hombres; los pai-
sanos le siguieron con sus palos y escopetas, y he-
cha la primera descarga, de la que no erraron un
tiro , porque eran buenos prácticos , se arrojaron
sobre ellos, los desarmaron , y se hicieron dueños
de la posicion. Al dia siguiente Cathelineau se di-
rigió a Chernille y tambien se apoderó de él, á pe-
sar de que hacia doscientos republicanos y tres
piezas de artillería. lin guarda-bosque de la casa
de Maulevrier, llamado Stoffict, y un mozo de la al-
dea de Chanzeau, hablan juntado tambien una tro-
pa de paisanos, y fueron á unirse á Catheliueau, que
se atrevió a concebir el provecto de atacar á Cho-
liet, pueblo el mas considerable del pais, cabeza de
distrito, guardado por quinientos republicanos. Su
modo de combatir fué el mismo : ocultándose de-
tras de los vallados y quebradas, cercaron al bata-
llón enemigo -y se pusieron á escopetear á su salvo,




496 BEWOLUCION
sin perder tiro ; y despues de haber desordenado á.los republicanos con su terrible fuego, se aprove-
charon del primer desorden que manifestaron es-
tos, se arrojaron a ellos dando desaforados gritos
deshicieron sus filas , los dispersaron, y acabaron
con ellos á fuerza de palos. Tal fue luego toda su
táctica, militar; la naturaleza se la habia indicado


q
y era la mas acomodada al pais, pues las tropa;


ue entraban en acojan con ellos, colocadas en li-
nea y descubiertas,recibian un fuego á que no po-
dian contestar, porque ni les era posible jugar la
artillería, ni acometer á la bayoneta á, unos enemi-
gos dispersos. En semejante situacion, sino estaban
diestras en la guerra, tenían que sucumbir á .un
fuego tan graneado y certero, que no admite compa-
racIn con el de las tropas de línea. Cuando veían
sobre sí á aquella furiosa nube que les espantaba
con sus truenos, no les era fácil dejar de intimi-
darse ni de desordenarse; y entonces estaban per-
didos, porque la fuga, tw,n fácil para aquellos natu-
rales, era imposible para la tropa de linea. nuble-
ran, pues, convenido, soldados muy intrépidos pa-
ra luchar contra tantas desventajas , y los que se
enviaron al principio contra los rebeldes, eran guar-
dias nacionales recaen alistados , sacados de los
pueblos , casi todos republicanos, y que iban por
primera vez á combatir, guiados tan solo de su
celo.


Entró pues, en Chollét la tropa victoriosa de
Cathelineau, se apoderó de todas las armas que ha-
bía, y de los cartuchos de cañon hicieron para fu-
siles: Xsi es corno los vendeanos se proporciona-
ban siempre municiones ; pero sus derrotas nada
producian al enemigo , porque no tenían mas que


B.ZCESÁ. 4.97
una escopeta ó un palo que llevaban á cualquiera


que ellos sacaban de cada victorparte; al Paso
materiales de guerra considerables. Los subleva-
dos victoriosos, celebraron sus triunfos con el di-


hallaron, y en seguida quemando todospero que
los papeles de las administraciones, viendo en ellos
un instrumento de tiranía, se volvian luego á sus
pueblos y alquerias, que no querian abandonar


s
°departamento de la Ven-


jamá por r
_liarais


nincho y tiempo.nn el pi


habia manifestado otra sublevacion masdée se
general. La quinta fue ocasion de un levanta-
miento entero en Machecoul V en Challans. Un tal
Gaston, que era peluquero , 'mató á un oficial , se
puso su uniforme, guiando á los descontentos,
se apoderó de Clallans y luego de Machecoul,
donde quemó su gente todos los papeles de !as
administraciones, y cometió asesinatos de que el
Bocage no habia dado ejemplo alguno. Trescientos
republicanos fueron pasados por las armas en tan-
das de veinte y treinta; los sublevados les bacian
confesar primero y luego los conducian á la ori-
lla de un barranco , donde los fusilaban para no
tomarse el trabajo de enterrarlos. Inmediatamente
se enviaron algunas tropas de Nantes á Saint-
Philibert; pero al saber los movimientos de Sa-
venay, se las mandó retirar, v los insurgentes
dtaedollfachecoul quedaron dueños'idel pais conquis-


En el departamento de la Vendóc, es decir, en
en el mediodia del teatro de esta guerra, la in-
surreccion cobró aun mayor impulso.


Los guardias nacionales de Fontenay, que sa-
lieron para dirigirse á Chantonnay, fueron recha-




Biblioteca. popular. T. II. 427




198 DEVOLUCION
zados y batidos, y Chantonnay saqueado. Enton-
nles el general Yerteuil, que mandaba la undécima
division militar, envió al general Mareé con mil
doscientos hombres, parte tropas de linea, y parte
guardias nacionales , y lograron rechazar á los
rebeldes, hallándolos en Saint-Yincent. Mareé tu-
wo tiempo para añadir á su pequeño ejército, otros
mil y doscientos hombres y nueve piezas de arti-
llería, y dirigiéndose á Saint-Fulgent , se halló de
nuevo en una cañada con los vendeanos, dete-
niéndose para reponer un puente que habian des-
Xruido. Á cosa de las cuatro de la tarde del 18 de
Inarzo tomando la iniciativa los vendeancs, le ata-
scaron, y validos de las ventajas del terreno, co-
menzaron el tiroteo con su ordinaria superioridad,
;fueron poco á poco cercenando al ejército repu-
blicano, espantado con tan mortífero fuego , y re-
ducido á la impotencia para resistir á un enemigo
oculto y dispersado por aquel tortuoso terreno. Los
acometieron finalmente , desordenaron sus filas y
se apoderaron de la artillería, municiones y armas,
que los soldados arrojaban en su retirada para huir
con mas ligereza. Éstos triunfos, mas señalados
en el departamento propiamente dicho de la Yen-
dée, dieron á los insurgentes el nombre de vea-
deanos, que conservaron despues, aunque la guer-
ra se hizo mas activa fuera de la Ycndée. Los
salteamientos cometidos en el 'Fiarais les dieron
•el nombre de salteadores , aunque la inaor parte
de ellos no merecian este título. La sublevacion se
prolongaba en el 'liarais desde las cercanías de Nan-
tes hasta los Sables , y en el Anjou y el Poitott
•basta los alrededores de Vihiers y de Parthenay.
La causa de los triunfos de los vendeanos estaba


FRANCESA. 499
ea el pais, en su contiguracion , en su destreza y
valor para aprovecharse de estas ventajas na-


, y por último, en la inesperiencia é im-




prudente de las tropas republicanas, que
a ás la ligera, iban á atacarlos precipita-


d.Irairntrir;(111leaeerdilsi te
te


, proporcionándoles asi victorias y lo
q ue es consiguiente, municiones, confianza y
denuedo,dojiLas fiestas de pascua hablan llamado á sus ca-
sas á todos los sublevados, de donde no querian
separarse por mucho tiempo; pues la guerra era
para ellos una especie de cacería, á la que llevaban
pan para el tiempo necesario, volviendo despues
entusiasmar á los vecinos con sus narraciones. Se
citaron para el 3 de abril, y entonces la insurrec-
cion fué general, y se entendió por toda la super-
ficie del pais. El teatro de la guerra podio redu-
cirse á una linea, que partiendo de Nantes, pasa-
se por Pornic, la isla de Noirmoutiers, los Sables
ó Arenales, Luzon, Fontenay, Niort, Parthenav, y
volveria por Airvault, Thoua cs, Doné, y Saint- .Flo-
rent hasta el Loira. La sublevacion, que al princi-
pio se empezó por hombres, superiores únicamen-
te á los campesinos que mandaban, por sus cuali-
dades naturales, se continuó luego por personages
de alta gerarquía. Los aldeanos y campesinos iban
á los castillos v obligaban á los nobles á que se pu-
siesen á su cabeza. Todo el Marais quiso ser man-
dado por Charette, que, era de una familia de ar-
madores de Nantes. Rabia servido en la marina,
llegando á teniente de navío ; y hecha la paz, se
habia retirado á una quinta de un tio suyo, donde
pasaba su vida en el ejercicio de la caza. Era de
una complexioa débil y delicada, por lo cual no


1




500 REVOLUCION
parecía muy apto para las fatigas de la guerra;
pero viviendo en los campos, donde pasaba meses
enteros, y durmiendo sobre la tierra con los caza-
dores, se habla robustecido y acostumbrado al pais,
dándose á conocer de todas aquellas gentes por su.
destreza y valor. Al principio dudó en si acepta--
ria el mando, manifestando á los sublevados los pe-
ligros de la empresa ; pero cedió despues á sus,
instancias, y dejándolos cometer toda clase de es-
cosos, les comprometió irrevocablemente en su ser-
vicio. Hábil


'


astuto , dotado de un carácter duro,
v de una obstinacion indomable, fue el mas ter-
rible de los gefes vendeanos. Obedecíale todo el
Marais, y á veces amenazaba á Nantes y á. los
Sables con quince ó veinte mil hombres. No bien
se reunió toda su gente, se apoderó de Noirmou-
tiers, isla importante, en que podia fijar su plaza
de guerra y su punto de comunicacion con los
ingleses.


En el Bocage se dirijieron los sublevados á los
señores Bonchamps, d'Elbée y Larochejacquelein,
y les sacaron de sus casas para ponerles á su cabe-
za. M. de Bonchamps habla servido en otro tiempo.
á las órdenes de M. de Suffren, v era un oficial há-
bil, que á una grande intrepidez reunia un carác-
ter noble y magnánimo. Mandaba á todos los su-
blevados del A.njou y de las orillas del Loira.
M. d'Elbée habia servido tambien, y juntaba á una
suma devocion, un carácter obstinado , y gran in-
teligencia en este género de guerra, de modo que
era en el momento el gefe mas acreditado de esta
parte del Bocage, y mandaba las parroquias inme-
diatas a Chouet y Beaupreau. Cathelineau v Stof-
Bel conservaron su mando, debido á la co'nfianza.


FRANCESA. 509


.que hablan inspirado , y se reunieron á M. Bon-
champs y á d'Elbée para dirijirse á Bressuire, don-
de el general Quetineau se hallaba. Este habia he-
cho sacar del castillo de Clisson a la familia de Les-
cure, á quien juzgaba conspiradora, v la tenia en
Bressuire. Enrique de Larochejacquelein, caballe-
ro jóven ,


en otro tiempo de la guardia del re y , re-
tirado a la sazon en el Bocage , y que se hallaba
en Clisson en casa de su primo de Lescure , huyó
como pudo, sublevó á los Aubiers su patria, 's,á
todas las parroquias de los alrededores de Chali-
llom uniéndose en seguida á los domas geles, y
obligando con ellos al general Quetineau á alejarse
del :Bressuire. Quedó entonces libre la familia de
\l. de Lescure, que era un jóven de la edad de EL-
rique de Larochejacquelein, sereno, cuerdo, de un
valor frio, pero invencible, y que á todas estas cua-
lidades unja un estraordinario amor á la justicia.
Sil primo Enrique contaba con un denuedo heróico,
V á veces arrebatado, porque era entusiasta y ge-
neroso. Lescure se puso entonces al frente de sus
paisanos que fueron á incorporársele, y todos jun-
tos se reunieron en Bressuire para diri j irse contraThouars. Las mugeres de los gofos rep-artian esca-
rapelas y banderas; se entusiasmaban cantando, y
marchaban como á una cruzada. El ejército no lle-
vaba bagajes, pues los sublevados que no querian
estar mucho tiempo ausentes, llevaban consigo pan
necesario para el tiempo que la espedicion dura-
se, y solo en los casos estraordinarios, las parro-
quias avisadas , preparaban víveres para los que
-carecian de ellos. Este ejército se componia de
cerca de treinta mil hombres , y se llamó grande
ejército real y católico: se hallaba al frente de 4n-




502 REVOLUCION
gers, Saumur, Doné, Thouars y Parthenay, y en_
tre este ejército y el del liarais, mandado por
Charette , existian varias reuniones, cuyo total á,
las órdenes de M. de lloyrand , seria de unos diez
á doce mil hombres.


La gran fuerza mandada por Bonchamps, d'El-
bée, Larochejaequelein, Cathelineau y Stahl llegó
el a de mayo delante de Thouars y se dispusoá
atacarle desde el 4. por la mañana. Era preciso
atravesar el Thoué que rodea casi toda la ciudad
de Thouars, y el general Quetineau hizo defender
los pasos , pero los vendeanos emplearon algun
tiempo la artillería que hablan cogido á los repu-
blicanos , v dirijieron sus tiros á la orilla con su
acostumbrado acierto. Queriendo Lescure t'orzar
entonces el paso, se adelanta por entre las balas,
acribillado de ellas todo su vestido, y no logra que
le siga mas que un hombre ; pero acudiendo Laro-
chejacquelem con su gente, pasan el puente, y los
republicanos son rechazados á la plaza. Era nece-
sario abrir brecha, pero se carecia de medios, por
lo cual Enrique de Larochejacquelein se hace le-
vantar en hombros de sus soldados, y empieza á
escalar el muro, atacando vigorosamente por su
parte d'Elbée, y consintiendo en rendirse Queti-
neau, que no podia resistir mas tiempo para evitar
males á la ciudad. Gracias á sus gefes , se condu-
jeron con moderacion los vendeanos, y no come-
tieron tropelía alguna con los habitantes, con-
tentándose con quemar el árbol de la libertad y los
papeles de las administraciones. El generoso Les-
cure devolvió a Quetineau las atenciones que este
le prodigó durante su arresto en .Rressuire , y aun
quiso comprometerle á que se quedase en el ejer-


FRAtiCESA. 5.03
cito vendeano, para libertarle del rigor de su 1:9)—
biterno , que no contando con la imposibilidad de
resistir , le castigaria tal vez por haberse rendido;;
pero Quetineau se negó noblemente y quiso volver
con los republicanos para pedir que le juzgasen,




CAPITULO XII.


Formacion de un ejército parisiense de doce mil hombres; em-
préstito forzoso ; nuevas precauciones revolucionarias contra
los sospechosos.—Inquietud cada vez mayor de los jacobinos
á consecuencia de las turbulencias de los departamentos.—
Nómbrase a Custine general en gefo del ejército del Norte.
—Acusaciones y amenazas de los jacobinos ; violenta lucha en-
tre ambos lados de la Convencion.—Créase una comision do
doce individuos para examinar las actas del Ayuntamiento.—
Asamblea revolucionaria en el corregitniento.—Proposiciones
y tramas contra la mayoria de la Convencion , y contra la vida
de los diputados girondinos; los mismos proyectos en el club de
los franciscanos.—La Convencion toma providencias para su
seguridad.—Prision de lichen, suplente del sindico del Ay ttn-
tamiento.—Imperiosas peticiones del Ayuntamiento.—Alboroto
y tumultuosas escenas en todas las secciones. — Principales
acontecimientos del 23, 29 y 39 de mayo de 1793. Ultima con-
tienda de los montañeses contra los girondinos.—Jornadas del
31 de mayo y 2 de junio. Pormenores y circunstancias de la aso-
nada del 31 de mayo.—Prision de veinte y nueve diputados gi-
rondinos.—Carácter y resultados politicos de esta jornada.
Ojeada sobre la marcha de la revolucion. Juicio sobre los gi-
rondinos.


Las noticias del Norte, que anunciaban las pér-
didas de Dampierre, concurrieron con los desas-
tres cíe la Yendée y con las del Alediodia. Los es-
pañoles se decia, amenazaban desde los Pirineos,
y todos los datos que llegaban de muchas provin-
cias, manifestando las disposiciones incoes fa.vora-


FRANCESA. 505
bles, infundieron suma agitacion. "Varios departa-
Dientos inmediatos á. la Yendée, al saber los triun-
fos (le los sublevados, sojuzgaron autorizados para
enviar tropas en contra suya, y el departamento
del Ileraall levantó seis millones, y seis mil hom-
bres, enviando una proclama al pueblo de Paris
para que hiciesen otro tanto. La Convencion, dan-
do pábulo á este entusiasmo, aprobó la conducta
del citado departamento, y autorizó á consecuen-
cia de ella á todos los Ayuntamientos de Francia
para ejercer actos de soberanía, disponiendo de
hombres y de dinero.


No se quedó atrás el Ayuntamiento de Paris,
pues pretendiendo que á la capital correspondia la
salvacion de la Francia, se apresuró á demostrar
su celo v á desplegar su autoridad, organizando un
ejército. Decretó pues, que segun la solemne apro-
bacion que la Convencion habla dado á la conducta
del departamento del 1Terault, se formase en el re-
cinto de Paris un ejército de doce mil hombres
contra la Yendée. Siguiendo el Ayuntamiento el
ejemplo de la Convencion, eligió entre sus indivi-
duos comisionados que acompañasen á este ejérci-
to. Los doce mil hombres debian sacarse de las
compañías de las secciones armadas, marchando
catorce hombres, de cada ciento veinte y seis de
que constaban. A la comision revolucionaria de
cada seccion se daba, segun costumbre de la revo-
lucion, una especie de poder dictatorial para indi-
car los hombres cuya partida ofrecia menos incoa-
venientes.—«Por consiguiente, decia el acuerdo
del A y untamiento, todos los empleados solteros de
todas las oficinas de Paris, escepto los geles v ofi-
ciales mayores, los pasantes de notarios y aboga-




4


506 REVOLUCION
dos, los dependientes de banqueros y del comercio
los mancebos de tiendas, los escribientes etc. po
drán ser requeridos segun esta proporcion:


etc., dos


uno; de tres dos; de cuatro dos; de cinco tres; de
seis tres, de siete cuatro; de ocho cuatro; v así su-
cesivamente. Los empleados de las oficinas que
sal iesen,:conservarian sus destinos y la tercera par-
te de su sueldo. Ninguno podria manifestar repug.
nancia; y los ciudadanos requeridos indicarian á la
comision de su seccion, lo que les faltase para
equiparse, y se les darla inmediatamente. Que se
reunirian al momento para nombrar sus oficiales, y
en seguida se pondrian á sus órdenes.»


Pero el caso no era levantar un ejército con
tanta precipitacion, sino sostener los gastos de su
manutencion, para lo cual se convino acudir á los
ricos. Los ricos, decian, no querian hacer nada en
defensa del pais y la revolucion, viviendo en una
dulce ociosidad, 'y dejando al pueblo el cuidado de
derramar su sangre por la patria, y asi era preciso
obligarles á que al menos contribuyesen á la sal-
vacion conum. Ideóse al efecto un empréstito for-
zoso entre todos los ciudadanos de Paris segun la
proporcion de sus haberes, debiendo dar una suma
proporcional, desde treinta francos basta veintemil,
segun la renta desde mil francos hasta cincuenta
mil. Todos los que tuviesen mas de los expresados
cincuenta mil francos, decian reservarse treinta mil


q
V ceder todo lo domas. Los muebles y bienes de los


ue no satisfaciesen á tan patriótica contribucion,
quedarian embargados y vendidos á requisicion de
las juntas revolucionarias, mirándose sus personas
como sospechosas.


Estas providencias que á todos llegaban, a unos


FRANCESA. 507


obligándoles á tomar las armas, v á otros disponien-
do de sus fortunas para que contribuyesen, doblan
hallar una tenaz resistencia en las secciones, pues
ya hemos visto que estas se encontraban divididas
y que eran mas ó menos tumultuosas, segun el
número de pueblo bajo que contenian. En algunas,
y esp2ciahnente en la de los Lrescientos, en la de
los Gravil iers yen la de la Alhóndiga, se declaró que
no se verilicaria la marcha mientras hubiese en Pa-
ris confederados y tropa asalariada, que, segun
decían, hacian el oficio de guardias de Corps de la
Convencion. Estas se oponian por espirite de jaco-
binismo, pero otras muchas lo hacían por una cau-
sa contraria. La multitud de los pasantes, emplea-
dos y mancebos, se presentó en las secciones y
mostró una fuerte oposicion á los dos decretos del
Ayuntamiento, y á ellos se unieron los antiguos
criados de la aristocracia emigrada, que contri-
buian mucho á los tumultos de Paris, y juntándose
en las calles y plazas públicas, gritaban Juera los
jacobinos! ¡fuera la Monlaiía!; de modo que por es-
ta vez se hallaron en Paris los mismos obstáculos
que encontraba en las provincias el sistema revo-
lucionario.


Levantóse entonces un grito general contra la
aristocracia de las secciones. Marat dijo que los
señores longistas, procuradores y empleados, cons-
piraban con los señores del lado derecho, y con
los señores ricos para oponerse á la revolucion;
que era preciso prenderlos á todos como sospecho-
sos, y reducirlos á la clase de los descamisados,
no dejándoles conque cubrirse las carnes.


Chaumette, sindico del Ayuntamiento pronun-
ció un largo discurso, en que lamentó las desdi-




508 REVOLUCION
chas de la patria, dimanadas segun él,




-
dela perlidia de los gobernantes, del egoismo de los ricos)


de la ignorancia del pueblo, y del cansancio (lis-
gusto de muchos ciudadanos por los intereses pú-
blicos. Propuso, pues, é hizo que se acordase, pe-
dir á la Convencion medios de iustruccion públi-
ca, medíos para vencer el egoismo de los ricos y
subvenir al socorro de los pobres ; que se formase
una Asamblea, compuesta de los presidentes de las
juntas revolucionarias de las secciones, y de los
diputados de todos los cuerpos administrativos;
que esta Asamblea se reuniese en consejo todos
los domin gos y jueves, para acudir á los riesgos
de la causa pública; v finalmente, que se invitase
á todos los buenos ciudadanos para formar parte
de las Asambleas de seccion, y hacer triunfar en
ellas el patriotismo.


Danton, dispuesto siempre á hallar recursos en
lascircunstanc;as mas arduas, ideó que se formasen
dos ejércitos de descamisados, uno para marchar
contra la Vendée, y otro que quedase en Paris pa-
ra contener á la aristocracia; que se pagase á am-
bos por cuenta de los ricos, proponiendo última-
mente para asegurarse la mayoría en las secciones,
gratificar á los ciudadanos á quienes se siguiese
perjuicio de asistir á sus sesiones. Robespierre,
aprovechándose de las ideas de Danton, las mani-
festó en los jacobinos, v propuso ademas la forma-
don de nuevas clases


-de sospechosos, no limitan-
dotas á los ex-nobles, clérigos y hacendados, sino
á todos los ciudadanos que' hubiesen dado alguna
prueba de incivismo; tenerlos encerrados hasta la
paz ; acelerar aun mas la accion del tribunal revo-
lucionario, y compensar con nuevos medios de co-


FRANCESA. á09
municacion el influjo de los malos periódicos. Con
estos recursos, decia, se puede sin ilegalidad y sin
infringir las leyes, resistir al lado derecho y á to-
das sus tramas.


Tendían pues, todas las ideas hacia un mismo
fi n, el de armar al pueblo, tener parte de él den-
tro, y parte fuera ; equiparle á costas de los ricos,
y aun hacer que á espensas de estos, asistiese
todas las juntas deliberantes , encarcelar á todos
los enemigos de la revolucion, bajo el nombre de
sospechosos, mucho mas generalizado que lo habla
sido hasta entonces; establecer entre el Ayunta-
miento y las secciones un medio de corresponden-
cia, y crear al efecto una nueva junta revoluciona-
ria que apelase á nuevos medios de salvacion, es
decir, á los motines. La junta del palacio episco-
pal, disuelta anteriormente y renovada á la sazon
a propuesta de Chatunette, v con un carácter mu-
cho mas imponente, tenia indudablemente el men-
cionado objeto.


Circularon noticias alarmantes desde el 8 has-
ta el 10 de mayo. Dampierre fue muerto en el
ejército del Norte, y las provincias continuaban
en sus domésticas sublevaciones. Toda la Norman-
día parecia inclinarse á la union con la Bretaña, y
los insurgentes de la Vendé° se habian adelantado
desde Thouars á Loudum y Montreuil, tomando
estos dos pueblos, y lle gando de este modo hasta
las orillas del Loira Los ingleses, decian, habian
desembarcado en las costas de la Bretaña, y so
les iban á incorporar para penetrar en el corazoa
de la república. Varios ciudadanos de Burdeos, in-
dignados de las acusaciones hechas á los diputa-
dos, y en la actitud mas amenazadora, habian de-




1
510 REVOLUCION


sarmado á una seccion donde los jacobin H
se retiraron. Las secciones de Marsella, estaban com--


pletamente amotinadas, por los excesos cometidos
bajo el pretexto de desarmar á los sos pechosos- se
reunieron y depusieron al Ayuntamiento trasmi-
tiendo sus poderes á una junta, nombrada Junta
Central de las secciones, y creando un tribunal
popular, para averiguar los autores de los asesina-
tos y saqueos. l)espues de haber hecho esto en su
demarcacion, hablan enviado diputados á las sec-
ciones de la ciudad de Aix, y procuraban que cun-
diese su ejemplo por todo el departamento. Sin
respetar á los mismos comisionados de la Conven-
clon, se habian apoderado de sus papeles, Ultimán-
doles que se retirasen. En Lyon no era menor el
desórden, pues habiendo mandado á invitacion de
Paris los cuerpos administrativos en union con los
jacobinos, un levantamiento de seis millones,
seis mil hombres, y querido ademas proceder
desarme de los sospechosos, creando un tribunal
revolucionario, las secciones se hablan alborotado,
y estaban próximas á venir á las manos con el
Ayuntamiento. Asi, mientras el enemigo progre-
saba hacia el Norte, la insurreccion naciendo de la
Bretaña y de la Vendée sostenida por los ingleses,
podia envolver á la Francia por Burdeos, Ruan,
Nantes, Marsella y Lyon. Llegaron unas tras otras
estas noticias, en' el espacio de dos ó tres dias, del
12 al 13 de mayo, é infundieron los mas tristes
presagios en los ánimos de montañeses y jacobi-
nos; no obstante resuenan con mas alible() las pro-
posiciones hechas ; quieren que todos los mozos
de café y de fonda y todos los criados marchen
inmediatamente; que hagan lo mismo las socieda-


FRANCESA. . 514


des populares en cuerpo; que los comisionados"de
la Asamblea pasen al punto á las secciones para
dec i dirlas á aprontar su contingente; que salgan
treinta mil hombres en posta en los carruages de
l ujo; que los ricos contribuyan sin demora con la
décima parte de su fortuna; que queden presos y
ea rehenes los sospechosos; que se examine la con-
ducta de los ministros; que se encargue la comi-
sion de salvacion pública de redactar una instruc-
cion para los ciudadanos de opiniones estraviadas;
que se suspendan todos los negocios civiles y la
actividad de sus tribunales; que se cierren los
teatros, y que tocando á rebato se dispare el canon
de


aDlaarnituoan para infundir alguna tranquilidad en
medio de tan general desasosiego, hace dos adver-
tencias: L a que el temor de sacar de Paris á los
buenos ciudadanos, necesarios para su seguridad,
no debe estorbare: alistamiento, porque siempre que-
ciaran en Paris ciento y cincuenta mil hombres, dis-
puestos á defenderse y á esterminar á los aristó-
cratas que se atreviesen á dar la cara; y 2. a que la
turbulencia de las guerras civiles , lejos de ser un
motivo de esperanza, debe serlo por el contrario
de terror para los enemigos esteriores ; «Montes-
«quien, dice, lo ha notado va, hablando de los ro-
«manos; un pueblo que, tiene todos sus brazos ar-
mados y en movimiento , aguerridas todas sus


«almas, exaltadas todas sus imaginacionesearn-
«biadas en furor por combatir todas sus pasiones,
«un pueblo semejante , nada tiene que temer del
«valor frio y mercenario de los soldados estrange-
«ros. El partido mas débil , de quien la guerra ci-
«vil se apoderase, seria siempre sobrado faerte




512
REVOLITION


«para destruir á unos autómatas, que no pueden
«suplir la vida ni el entusiasmo con la disciplina.»


Se manda inmediatamente que pasen á las sec-
ciones noventa y seis comisionados para obtener
su contingente, y que continúe por un mes mas
en su encargo la junta de salvacion pública. Nom_
brase á Custine general del ejército del Norte ,


ydel Rin á llouchard,se distribuyen los ejércitos
por las fronteras. Cli


-ambon presenta un proyecto
de empréstito forzoso de mil millones que pagarán
los ricos con hipoteca de los bienes de los emigra-
dos.--«Este es un medio, dice, de obligar á los ri-
cos á que tomen parte en la revolucion, reducién-doles á que adquieran una porcion de los bienes
nacionales, si quieren cobrar su crédito con la mis-
ma prenda.»


El Ayuntamiento resuelve por su parte, que se
forme en Paris otro ejército de descamisados para
contener á la aristocracia , mientras se dirijia el
primero contra los rebeldes; que se prendan á to-
dos los sospechosos, y que la junta central de las
secciones , compuesta de las autoridades adminis-
trativas, de los presidentes de las secciones y de
los individuos de las juntas revolucionarias, se
reuna cuanto antes para hacer la reparticion del
empréstito forzoso, y formar las listas de los sos-
pechosos, &c.


La agitacion llegó á su colmo. Por una parte,
decian que estaban avenidos los aristócratas de
fuera, y los de dentro; que los conjurados de Mar-
sella , de la Vendée y Normandia, tenian tambien
pacto entre sí; que los individuos del lado derecha
eran los que dirijian esta inmensa sublevacion,
siendo el tumulto de las secciones el resultado de


'FRANCESA. 513
sus intrigas en Paris; porotra se atribuian á la Mon-
taña todos los e.scesos cometidos en los denlas
puu


ntos atribuyéndoles el proyecto de sublevar á


5la Francia, y de asesinar á veinte y dos diputados..
por ambos lados se quena saber cómo salir del pe-


lo que débil). hacerse para salvar á la re-
derecho se alentaban mútua-


flinúgebnitlecaacijoonssdejeálnidal de algun acto de energía, y va-
rias secciones , como las del Mallo, la Buttc-des-
Moulins, y otras muchas les apoyaban fuertemente,
negáncloae a enviar comisionados á la Asamblea
central, formada en el corregimiento. Se negaban
tambien á suscribir al emprestito forzoso, dicien-
do que ellas sostendrian sus voluntarios, y opo-
niéndose á nuevas listas de sospechosos , porque>
decian , que su junta revolucionaria bastaba para
observar la policía en su jurisdiccion. Los monta
rieses, por el contrario ., gritaban tralcion, repitien-
do por todas partes, que era preciso acabar de una
vez , reuniese , entenderse y librar h la república
de las tramas de los veinte y dos. En los francis-
canos se decia sin rebozo, que debia cogérselos y
degollarlos ; en una junta en que se reunianumge-
res furiosas, se proponia aprovechar el primer al-
boroto que . hubiese eir la; Convencion y asesinar-
los; estas furibundas , llevaban puñales , hacian
diariamente mucho ruido, en las tribunas, y decian
que ellas mismas salarian á la república. Se ha-
blaba mucho de la mufti.tud de estos puñales, pues
un armero del arrabal de San Antonio habia él solo
fabricado muchos centenares. Por todas partes se
andaba con armas y•con todos los medios de ataque
y defensa; porque aunque no existia ningun plan
concertado, las pasiones hablan llegada á aquei


Biblioteca popular. 428.




5 f 4 REVOLUCION
punto de delirio, en que basta la menor cosa pa-
ra producir una esplosion. En los jacobinos se pro-
ponian toda clase de medios, expresando que ya
que la acusacion del Ayuntamiento contra los vein-
te y dos, no les habia hecho dejar de asistir á. la
Asamblea, era necesario que el pueblo usase de su
fuerza; que los ciudadanos , destinados á la Ven-
dée no debian salir, hasta que hubiesen salvado la
patria; que el pueblo podia salvarla , pero habla
que indicarle los medios, y para eso era indispen-
sable nombrar una junta de cinco individuos , á
quienes la sociedad permitiria no le manifestasen
sus decretos. Otros respondian, que todo podia de-
cirse en la sociedad , que era inútil ocultar nada,
v si tiempo de obrar á las claras. Robespierre,
que hallaba muy imprudentes estas declaraciones,
se oponía á estos medios ilegales, preguntando si
se habian apurado ya todos los que él habia pro-
puesto, que eran mas útiles y seguros. «¿, Habeis
«organizado ; les decia , vuestro ejército revolu-
«cionario? ¿Habeis hecho lo necesario para pagar
«á los descamisados, llamados al ejército ó que
«acuden á, las secciones? ¿habeis puesto en seguro
«á los sospechosos? ¿haheis cubierto vuestras pla-
zas públicas de fraguas y de talleres? Ninguna de


«estas medidas naturales y prudentes, que no com-
«prometen á los patriotas, habeis empleado, y su-
frís que unos hombres, que ignoran de todo punto


«los negocios públicos, os propongan recursos que
«son la causa de cuantas calumnias se propalan
«contra vosotros! Hasta haber apurado todos los
«medios legales, no debe recurrirse á los violentos,
«y aun entonces no deben proponerse en una so-
«ciedad que debe ser mas cuerda y mas politica.


FRANCESA. 515
«Sé, añadia Ttobespierre, que me van á acusar de
.«moderado, pero ya me conocen lo bastante para
«que yo pueda temer semejantes imputaciones.»


Entonces, como antes del 10 de agosto, se co-
nocia la necesidad de adoptar una resólucionpero
se vagaba de proyecto en proyecto, y se hallaba
de un sitio de reunion para lograr concertarse. Ha-
híale formado la junta del cerreg,imiento , mas en
ella no estaba presente el departamento, pues solo
habia asistido uno de sus individuos , el jacobino
Bufourny , faltando tambien muchas secciones , y
el corregidor, por lo cual se dejó el tratar del ob-
jeto de la reunion para el domingo 19 de mayo. A
pesar del objeto bastante circunscrito al parecer, á
que el acuerdo del Ayuntamiento destinaba esta
j unta, se habia dicho en ella lo que en todas par-
tes se decia, que era necesario otro 10 de agosto;
pero todo terminaba en exageraciones y en arreba-
tos de club ; !labia rnugeres entre los hombres , y
esta confusa reunion, presentaba el mismo desór-
den de ideas y lenguage, que ofrecian todos los si-
tios públicos.


El 15 , 16 y 17 de mayo se pasan entre inquie-
tud , buscando cualquiera protesto para quejarse
y alborotarse en la Asamblea. Los bordoleses
remiten una esposicion, en que :anuncian que van á
sublevarse en defensa de sus diputados; declaran-
do, que parte de ellos se dirigirán contra la Vendée
para esterminar á los rebeldes, mientras los res-
tantes se encaminarán á Paris, para hacer lo mismo
con los anarquistas, que pongan sus manos en los
representantes de la nacion. Una carta de Marsella,
dice, que las secciones de esta ciudad se obstinan
en su resistencia, y una peticion de Lyon




516 REVOLUCIEEN
auxilios para mantener á mil y quinientos presos,
encerrados por sospechosos y amenazados con el
tribunal revolucionario por Chalier y los jacobinos;
peticiones que producen un espantoso tumulto, pa-
reciendo que va á llegarse á las manos en la Asarrt..
Vea y en las tribunas. Sin embargo, el lado dere-
cho reanimado por el peligro , comunica .a la Lla-
nura su denuedo, y se decreta por una gran mayo-
ría, que la petición de los bordeleses es un modelo
de patriotismo; se suprime todo tribunal revolucio-
nario formado por autoridades locales, y re autori-
za á los ciudadanos, para que uchazen la fuerza
con la fuerza en caso de ser llevados á ellos; reso-
luciones que exaltan á un tiempo la indignacion de
la Montaña y el valor del lado derecho. El dia 18
era ya estrenado el furor, pues la Montaña priva-
da de una multitud de individuos suyos, enviados
por comisionados á los departamentos y ejércitos,
grita que le tiranizan. Guadét pide al punto !a pa-
1abra para un caso histórico, aplicaide a las actuales
circunstancias; y parece que profetiza de un modo
terrible el destino de los partidos. «Cuando:en In-
«glaterra , dice , quiso una mayoría generosa re-
sistir los embates de una facciosa minoría , esta


«gritó que la tiranizaban, y lOgió tiranizar con es-
«te grito á la misma mayoría. Llamó á sí á los pa-
triotas por escelencia, que de este modo se deno-,


«minaba una turba frenética á quien prometían sa-
«queos y reparticion de las tierras. Este


. continuo
«llamamiento de .patriotas por escelencia , contra la
«apresion de la mayoría, produjo el atentado co-
«nocido con el nombre de eyurgo del parlamento;
«atentado cu yo autor y director fue Pride , que de
«carnicero Italia ascendido á coronel. Echaron del


FRANCESA.- 517
«Parlamento á ciento cincuenta individuos, y la
«minoría compuesta de cincuenta á sesenta, quedó
.«señora absoluta del Estado.


«¿Qué sucedió entonces? que estos patriotas por
«escelencia. , instrumentos de Cromwell, á quienes
«este hizo cometer multitud de locuras, fueron tam-
«bien arrojados á su turno , sirviendo de pretesto
«al usurpador sus mismos crímenes.» Entonces
Guadét señalando al carnicero Legendre, á Danton,
a Lacroix y á todos los (lemas diputados acusados
de inmoralidad y dilapidaciones, añade; «Cromwell
«entró un dia en el parlamento , y dirigiéndose á
«aquellos individuos, que segun ellos eran los úni-
cos que podian salvar á la patria, les fué echando


«de alii diciendo al uno: Tú eres un ladron; al otro,
«tú un borracho; al inmediato, tú has llenado tu bol-
«sitio con los caudales públicos; al de mas allá, tú
«eres un libertino y un jugador. ¡ Fuera todos de
«aqui, y dejad vuestros puestos á los hombres de
«bien! Ellos los dejaron y los ocupó Cromwell.»


Esta alcen profunda:y terrible, afectó mucho á
la Asamblea que permaneció muda. Guadét prosi-
gue, y para evitar este espurgo pridia.iw, propone
'barias providencias de policía ,que adopta la Asam-
blea entre murmullos ; pero mientras vuelve á su
asiento, ocurre en las tribunas una escena escan-
dalosa. lina muger quiere coger á un hombre para
echarle fuera, y la ayudan por todas partes, de
modo que el desdichado, que se resiste, está pró-
ximo ásucumbir al gentío de las tribunas. La guar-
dia se esfuerza vanamente en restablecer la tran-
quilidad, y Marat esclama que aquel hombre es un
aristócrata... La Asamblea se enfurece contra Ma-
rat al ver que aumenta el riesgo de aquel infeliz




518 REVOLUCION
espuesto á ser asesinado ; pero él responde que no,
estará tranquilo hasta que se vea libre de los aris•
tócratas, de los cómplices de Dumouriez , y de los
hombres de estado


que asi se llamaba á los del
lado derecho por su alta reputacion de talento.


El presidente Isnard se descubre en seguida, y
pide se le permita hacer una declaracion importan-
te. Se le oye con el mayor silencio y con el acento
del mas profundo dolor esclama: «Me han descu-


bierto un plan de la Inglaterra que debo comunl-
«car. El objeto de Pitt es armar á una parte del
«pueblo contra otra , incitándola á la sublevacion.
«Esta sublevacion deben empezarla las mugeres
«dirigiéndose contra varios diputados á quienes s¿
«asesinará disolviendo la Convencion nacional , y
«aprovechando este momento para hacer un des:
«embarco en nuestras costas.»


«llé aquí, dice Esnard, la declaracion que debía
«hacer á mi patria.»


La mayoría aplaude al presidente, y se manda
que se imprima su declaracion, decretaliao, ademas,
que no se separen los diputados y que corran todos-juntos el peligro. En seguida se esplica el alboroto
de las tribunas, y se dice que las mugeres que las
perturban , pertenecen á una sociedad llamada de
la Fraternidad, que van á ocupar el salon, á echar
á los forasteros v á los confederados de los depar-
tamentos, entorpeciendo las deliberaciones con sus
silbidos. Se trata entonces de las sociedades po-
pulares, v al momento empiezan los murmullos.
Marat, que no ha cesado de andar por las galerías,
y de pasar de un banco del salon á otro hablando
siempre de los hombres de Estado, señala á uno de
los del lado derecho y le dice : tú, tú eres uno, pe-


FRANCESA. 519


r0 el pueblo hard justicia contigo y con los definas.Guadet entonces se dirige á la tribuna, paraarran-
cár en medio de este peligro una resolucion ani-
mosa ; recuerda las turbulencias de que es teatro
Paris, las espresiones vertidas en las juntas popu-
lares, los espantosos discursos pronunciados en los
jacobinos, y los planes manifestados en la Asam-
blea, unida al corregimiento ; añadiendo , que el
desórdeo que se vé, no tiene otro objeto que el de
provocar una escena de confusion, por cuyo medio
se efectuara los dispuestos asesinatos; v aunque in-
terrumpido á cada momento, logra no -obstante ha-
cerse oír hasta el fin, v propone dos resoluciones,
de heréica pero imposible energía.


«El mal, dice, estriba en las autoridades anár-
quicas de Paris; por consiguiente propongo, que


«se supriman, reemplazándolas con los presidentes
«de las secciones.


«No gozando ya de libertad la Conveucion, es
«preciso reunir otra Asamblea en otra parte, y de-
«cretar que se reunan en Bourges todos los su-,
«plentes, hallándose prontos para constituirse en
«Convencion á la primera insinuacion que se les
«haga , ó al primer aviso que reciban de la disolu-
«cion de la Convencion.»


Al oir estas dos proposiciones, se manifiesta
en la Asamblea un espantoso desórden, y todos los
individuos del lado derecho se levantan gritando
que este es el único medio de salvacion, dando
muestras de gracias al audaz genio de Guadét que
ha sabido descubrirlo. El lado izquierdo se levan-
ta tambien, y amenazando á sus contrarios, escla-
ma, que va se ha descubierto la conspiracion, que
los conjurados han rasgado el velo, y confesado




1520 REVOLUCION
VIS proyectos contra la unidad de la república.
Danton quiere lanzarse á la tribuna, pero le con-
tienen, y dejan que la ocupe Barrare en nombre
dela comision de saluden pública.


Barrere con su seductora astucia y su conci-
liador acento, dice: que si le hubieran dejado ha-.
blar, hacia ya muchos dios que hubiera desetibier-
to bastantes hechos sobre el estado de laFrancia.
Menciona entonces el proyecto que en todas partes
se oye de disolver la Convencion; que el :presi-
dente de su seccion ba oido de boca del síndico
Chaumette espresiones que anunciaban este intea-
to; que en el palacio episcopal, y en otra junta del
-corregimiento se ha tratado de lo mismo, y que
para lograr este objeto se ha intentado armar un
rnotin , valerse de MilgESTCS que lo comenzasen
y cortar veinte y dos cabezas á favor del tumulto.
Barrene añade, que los ministros de negocios es-
trangeros v del interior deben tener noticias so-
bre el particular , v que c,oavendria °irles.
Pasando enseguida á las resoluciones pro asestas,
añade que es de la misma opinion qua Guadét res-
pecto á las autoridades de Paris, porque vé en él
un departamento débil, unas secciones que obran
como déspotas, un Ayuntamiento inclinado á to-
dos los estravíos por su síndico Chournette, que
babia, sido fraile, y
comoque era sospechoso co to-


dos los ex-clérigos' y
nobles, pero juzga que el di-


solver estas autoridades, causaria una conmocion
anárquica. Que en cuanto á la reunion de los su-
plentes, no cree que con ella se salvase ni pudiese
reemplazarse la Convencion. Segun él, hay »me-
dio de atajar todos los males positivos que amena-
zan, sin dar con grandes inconvenientes, el de


FRANCESA. 524
nombrar una comision compuesta de doce indivi-
duos, que se encargase de comprobar las actas
del Áyumamiento ea el último mes; de averiguar
las tramas urdidas ea el interior de la república y
los proyectos contra la represeutacion nacional ;
deadquirir de telas las juntas, ministros v auto-
ridades las noticias que necesitare; quedando fi-
nalmente autrizada, para echar mauode todos los
medios indispensables á lío de asegurarse de las
personas de los conspiradores.


Pasado el primer impAu (le entusiasmo y de-
nuedo, la may oría se dá por dichisa en adoptar el
conciliador proyecto de Barrene. Nada era mas
conlun que el nombramiento de comisiones, pues
á cada paso, á cada peligro y necesidad, se crea-
ba una, encargada de remediarlo; y asi que se ha-
bian sugetos para efectuar una cosa,
crei g, la Asamblea que se llevaria á cabo ,
que los comisionados suplirian a su falta de va-
lor, ilustracion ó fuerza. La presente oo debia ca-
recer de energia, hallándose compuesta de dipu-
tados, que casi todos pertenecian al lado derecho:
Boyez-.Fonfrede, Kabaut, Saint-Etienne


'


Kerve-
leg Enrique Lariviere, girondinos todos. Pe-
ro la Misma energia de esta coinision iba á costar-
le caro , porque establecida para resguardar á la
Convenumon de los intentos jacobinos, iba á eseitar-
los mas, aumentando el peligro que estaba destina-
da á disipar. Los jacobinos hablan amenazado con
sus gritos á los girondinos; estos volviau la amena-
za, creando una comision, y á esta amenaza iban
finalmente á responder los jacobinos con un, golpe
fatal, dando lugar al 31 de mayo y al 2 de junio.


No bien se creó esta comision , cuando las so-




522 REVOLUCION
ciedades populares y secciones, p rorumpieron, co-
mo teniau de costumbre, contra la inquisicion vla
ley marcial. La junta del corregimiento señalada
para el domingo 19, se reunió en efecto, v fué mas
concurrida que ea las sesiones precedentes; sin
embargo, no asistió el corregidor, y p residió en
su lugar un administrador de policía. Faltabanal-
gunas secciones, y solo treinta y cinco !rabian en-
viado sus comisionados. La reuuion se llamaba
junta central revolucionaria. Desde luego se acor-
dó no escribir nada, no llevar ningun registro, y
no dejar anille marcharse hasta que se conclu y e-
se la sesion. En seguida trataron de lijar los pun-
tos que debian discutirse El objeto verdadero y
anunciado era el empréstito y la lista de los sospe-
chosos; pero á las primeras palabras empezaron á
decir que los patriotas de la Convencion eran in-
capaces de salvar la causa pública, que era forzo-
so suplir esta impotencia, y que para conseguirlo
se debia averiguar quiénes eran kis sospechosos
en las administraciones, en las secciones , y en la
Convencion misma, apoderándose de ellos para
que no pudiesen perjudicar. Uno que hablaba fria
y pausadamente, dijo que no conocia otros sospe-
chosos que la Convencion , y que alli era donde
debia castigárseles. Propuso pues, un medio sen-
cillo: coger á veinte y dos diputados, trasladarlos
á una casa de los arrabales, degollarlos , y
fingir cartas para hacer creer que hablan emi-
grado. «No digo yo que nosotros mismos va ya-


mos á hacer esto, añade el susodicho, pero en
«dando dinero, nos será fácil hallar quien lo ege-
«cute.» Otro dice, que este medio es imprac-
ticable, y que mas valdrá esperar á que 31a-


FRANCESA. 523.
v Robespierre hayan propuesto en los jacobi-


ijosel modo de hacer la asonada, que sin duda se-
rá mucho mejor.—Silencio! gritan una porciou de
voces, no debe nombrarse á nadie.—Un tercer in-
viduo, diputado de la seccion de 92, opina que no
es justo asesinar, que tribunales hay que juzguen
á los enemigos de la revolucion; pero al oir esta
observacio u , se levanta un terrible alborozo , se
pronuncia n contra las máximas del que acaba de
h ablar, y dicen que no hay que tolerar al que no es-
té á la altura de las circunstancias, debiendo cada
uno denunciar al que tenga al lado, si sospecha
que D o es hombre decidido. Inmediatamente echan
de la junta al que ha querido hablar de leves y
de tribunal, y lo mismo hacen con otro individuo
de la seccion de la Fraternidad , bastante enemis-
tada con los jacobinos, á quien vieron que estaba
al mismo tiempo haciendo apuntes. Con el mismo
tono se continúa tratando de la proscripcion de
los diputados, del sitio que se ha de elegir para
esta setienabrada, y para la prision de los dernas
sospechosos, bien friesen del Ayuntamiento , bien
de las secciones. tino quiere que se haga la egecu-
cion aquella misma noche, y respondiéndole que
no era posible: contesta que ha y gente preparada,
y que Coligny estaba á las doce de la noche en pa-
lacio, y á la una ya era difunto.


El tiempo, sin embargo, va pasando , y dejan
para el dia siguiente la discusion de todos estos
objetos, acordándose que se trataria de tres puntos:
primero, del rapto de los diputados ; segundo, de
la lista de los sospechosos; tercero, del expurgo de
todas las oficinas v juntas; y quedan citados para
el dia siguiente á las seis de la tarde.




59 1 REVOLUCION
Al dia. siguiente 20 , que era lunes, se reunió


de nuevo la junta. Hallábase presente Pache, y le
dieron listas ea que [labia muchos nombres de to-
das clases; pero él observa, que no se las debe dar
mas nombre que el de listas ce sospechosos, lo
cual era conforme á la ley, porque asi se habla
mandado. Algunos opinan, que no debiendo cono-
cerse la letra de niogun individuo, sei la mejor dar
á copiar las listas ; pero otros dicen que siendo
republicanas no tienen que temer nada. Pache di-
ce que se le dá muy poco de que sepan que posee
estas listas , porque tienen relacion con la Policia
de Paris que, está á su. árgo. El sagaz y reserva-
do carácter de Pache no se desmentia, queriendo
hacer entrar cuanto le exigiesen en los límites de
la ley v de sus funciones.


-


Ñolando uno estas precauciones, le dijo enton-
ces, que sin duda ignoraba lo que habla pasado ea
la sesion del día anterior, que no tenia noticia del
Orden de las cuestiones, y que era preciso instruir-
le., advirUéndole, que la primera tenia por objeto
el rapto de veinte y dos diputados. Pache hace ob-
servar entonces, que todas las personas de los di-
putados estaban confiadas á la ciudad de Paris, y
que atentar contra su seguridad, sería comprome-
ter á la capital con los departamentos y provocar
la guerra civil. Entonces le preguntan, que cómo
es que Babia él firmado la peticion presentada
el 13 de abril ;'t nombre de las cuarenta y ocho
secciones de Paris contra las veinte y dos; y Pa-
che contesta. que hizo su deber firmando una pe-
ticion que se le ;labia encargado presentase, pero
que la cuestan pro p uesta á la sazon, no está CI1 las
atribuciones de la junta reunida para tratar del


FRANCESA. 52 5


empréstito y de los sospechosos, y que si se con-
tinna asi en semejantes discusiones, se verá obli-
gado á levantar la sesion. Al oir esto empiezan
los rumores; pero como nada podían hacer en pre-
sencia de Pache. y como no les gustaba emplearse
únicamen te en listas de sospechosos, se separan
sin citarse


ps 21,aradsigOl fo asistieronE sistieron como doce indivi-
duos, pues los unos no querían volver á una reunion
tan alborotada y violenta, y los otros juzgaban círie
no podría deliberarse en ella con suficiente fir-


meza. los franciscanos fue donde al siguiente dia
22 descargó todo el furor de los conjurldos. Mez-
claban sus descompasados gritos hombres v mu-
geres, diciendo, que lo que convenia era una'pron-
ta sublevacion, no bastándoles va el sacrificio de
veinte y dos diputados , pues ahora pedian el de
trescientos. Una inuger hablando con el acalora-
miento de su sexo, propuso se imitasen todos los
ciudadanos en la plaza de la B.eunion, para ir en
cuerpo á presentar una peticion á la Convencion,
de la cual no saldrion hasta que no se hubiesen
logrado los decretos indispensables á la salvacion
pública. jóven Varlet, que hacia mucho tiempo
se hallaba en todas las asonadas, presentó un pro-
yecto de motin en varios artículos, en que propo-
nía ir á la Convencion, llevando tapados con un
crespon los derechos del hombre , apoderarse de
todos los diputados que hubiesen pertenecido a las
Asambleas legislativa y constituyente , quitar to-
dos los ministros, destruir los listos de la fami-
lia de los Borbones, etc. Legendre le sustituye
inmediatamente en la tribuna para oponerse á su' s




826 REVOLUCION
proposiciones; mas todo el torrente de su


VOZ110 hasta á hacerse oír entre aquella gritería ybidos que contra él se levantan ; logrando, nnogran trabajo, combatir las incendiarias peticiones
del ¡Oven Varia. No obstante, queda dar,e tenni,
no rijo para la sublevacion y señalarse cha para ir á
exigir a la Convencion lo que deseaban; pero ha-
llándose muy entrada la noche, cada uno acabó por
retirarse, sin haberse resuelto cosa alguna defini-
tiva.


Todo Paris sabia ya lo que se habia dicho,
tanto en las dos reuniones del corregimiento ea el
49 v 20, como en la sesion de los franciscanos el
22. -Una multitud de individuos de la Junta Gen.--
tral Revolucionaria !labia denunciado por sí mis-
mos las especies proferidas allí, las proposiciones
que se habian hecho, esparciéndose generalmen-
te el rumor de un complot, contra muchos ciudada•
3103 y diputados; y la comision de los doce que lo
sabía circunstanciadamente, se disponia á proce-
der contra los autores conocidos de las mas vio-
lentas proposiciones.


La seccion de la Fraternidal, los denunció for-
malmenteel 24 en una esposicion á la Convencion,
refiriendo cuanto se había dicho y hecho en la
Asamblea del corregimiento, y acusando fuerte-
mente al corregidor por haber asistido á ella. El
lado derecho aplaudió esta animosa delación, y pi-
dió que se presentase Pache en la barra. Pero
Mara respondió, que los verdaderos conspiradores
eran los del lado derecho, y que Valué, en cuya
Casa se reunian diariamente, les habia avisado que
se armasen y que llevasen pistolas á la Conven-
cion.—Sí, replica Valazé, he dadoeste aviso, por_


FRANCESA. 527
que era necesario defender nuestras vidas, y á la
verdad que las hubiéramos defendido.—Si! si!
gritan alentadamente todos los individuos del lado
dere cho.—Lasou re e añade un hecho de los mas
graves, es decir, que los conjurados creyendo apa-
rentemente que la ejecucion se 'labia lijado para
la última noche, habian ido á su casa para Ile-


vársen elE l mismo momento se sabe que la comision
de los doce tiene todos los datos necesarios para
descubrir el complot y perseguir á sus autores,
anunciando de su parte que al dia siguiente pre-
sentaría su informe. La Convencion declara entre-
tanto, que la seccion de la Fraternidad ha mere-
cido bien de la patria.


La tarde del mismo dia hay gran alboroto
en el Ayuntamiento contra la seccion de la Fra-
ternidad, que ha calumniado , segun se dice , al
corregidor y á los patriotas, suponiendo que quie-
ren degollar á la Representacion nacional ; que el
proyecto no habia sido mas que una proposicion
combatida por el corregidor; de lo que Chaumette
y el Ayuntamiento deducian, que era calumnioso
suponer una conspiracion efectiva. Sin duda no lo
era en el verdadero sentido de la palabra, porque
no era de aquellas, profunda y secretamente ur-
didas, como las tramadas en los palacios, pero sí
una de las conspiraciones que puede formar el
pueblo de una gran ciudad; el principio de aque-
llos motines populares tumultuosamente propues-
tos y tumultuosamente efectuados por la muche-
dumbre, ciega en 14 de julio y 10 de agosto. En
este sentido se trataba de una verdadera conspi-
racion; pero es inútil querer atajar las de este gé-




1
528 REVOLUCION


nero, pues no sorprenden á la autoridad ignorante
y adormecida, sino que la arrastran por mas pre_
venida y avisada que se halle.


M siguiente dia 21 se unieron otras dos see_
eines ,


la de las Tullerías , y la de Bu tte-des-
Moulins á la de la Fraternidad, para denunciarlos
mismos hechos. «Si no ha de triunfar la razoo


'


.


«decía la de Butte-des-Moulins, llamad á los bue
«nos ciudadanos de Paris, y desde luego os ase-
«guramos que nuestra seccion no será la que me-
nos contribuya á hollar en el polvo á los realistas


«disfrazados , que tomen con insolencia el titulo
«de descamisados.» El mismo dia escribió el cor-
regidor á la Asamblea, para participarla lo que
habla pasado en el corregimiento. «No era, decia
«un complot, sino unamera deliberacion de la forl
«macion de listas de los sospechosos. Algunas
matas cabezas habian interrumpido la discusion
«presentando proposiciones descabelladas, pero