Y111111211,
}

Y111111211,


Biblioteca popular. T. IV, 470




ti (4')„ t-11¡


REVOLUCION FRANC ISA,
1>eN


POR


la>


NUEVA EDICION


TONO 117.


1-32ADMD 9-11:D:


EITABLEcini rE vi. o TE vocaltírwco,
DE D. F. DE P. 51ELLADO~Edit&r.




CAPITULO I.


Situacion interior á principios del año 1794.-1 arcas administrati-
vas de la junta.—Leyes de hacienda. Capitalizacion de rentas
vitalicias.—Estado de lascárceles. Persecuciones políticas.—Su-
plicios numerosos.—Tentativa de asesinato contra Hobespierre


Collot-dlterbois.—Dominaeion de Robespierre.—Secta de la
Madre de Dios.—Suseitanse desavenencias entre las juntas.—
Festividad al Ser Supremo.—Ley del 21 de pradiz I en que reor-
ganiza el tribunal revolucionario.—Terror estremo.—Freeuen-
ies supliciosen Paris. Comisiones de Le.bon. Cerner y Maignet.
Crueldades atroces que cometen.—Sumersiones en el Loira.—
liotupiiniento entre los geles de la junta de salvador/ pública:,
retirada de Robespierre.


Mientras que la repdblica era victoriosa por
fuera se aumentaba diariamente la violencia de su
estado interior, y sus principales males eran siem-
pre los mismos, originándose de los asignados, del
máximum., de la escasez de abastos, de la ley con-
tra los sospechosos, y de los tribunales revolucio-
narios.


Se habian agravado naturalmente los apuros
que resultaban de la necesidad de ir arreglando to-
dos los movimientos del comercio, y había preci-
sion á cada instante de modificar la ley del máxi-
mum., unas veces esceptuando los hilos torzales
concediendoles.el diez por ciento sobre el arancel,
y otras los alfileres, las batistas, linones , museli-
nas, gasas, encages de hilo y de seda, y las sede-




6 REVOLUCION
1


rías. Pero mientras habia que esceptuar del Vid-,
•Villl1b772. un sin número de objetos, sobrevenian otros
que era urgente someterlos á él. Asi es que el pre-
cio de los caballos era, ya.


escesivo, y se habla he-
cho forzoso el determinar su valor segun la alzada
y la calidad. De estos medios resultaba siempre el
mismo inconveniente, pues el comercio se estan-
caba y cerraba sus mercados , ó bien los abría
clandestinos donde quedaba burlada la autoridad.
Si por medio de los asignados había podido reali-
zar el valor de los bienes nacionales,. y si con el
máximum pudo poner los asignados en relaciou
con las mercancías, no habia arbitrio para estor-
bar que estas se ocultasen á los compradores ,
por lo tanto no cesaban de levantarse quejas con:•
tra los mercaderes que se retiraban, ó que cerra-
ban sus almacenes. Sin embargo este año causaba
menos inquietud el estado de los abastos. Los con-
voyes llegados del Norte de América, v una cose-
cha abundante, hahian suministrado suficiente
cantidad de granos para el consumo de la Francia.
La junta, que todo lo administraba con igual vi-
gor, habia dispuesto que el empadronamiento de
la cosecha, se hiciese por la comision de abastos,


que parte de los granos se trillasen al momento
para acudir al surtido de los mercados. Hubo al-
gun temor de que los segadores ambulantes (Hese
dirigen á las provincias mas abundantes en granos,
pidiesen jornales estraordinarios; pero la junta de-
claró que todos los ciudadanos y ciudadanas cono-
cidos por trabajadores en las cosechas se hallaban
en requisicion forzada, y que sus jornales se deter-
minarían por las autoridades locales. Mas habién-
dose luegQalborotado los sirvientes en las carnice-


FRANCESA.


rías v panaderias; la junta tomó una medida más(
general, y puso en requisicion a toda clase de ope-
rarios, que se empleaban en el manejo, transpor-
te v venta de los renglones de primera necesidad.


Mucho mas difíciles y embarazosos eran los sur.
tidos de carnes, de que se escaseaba principalmen-
te en Paris, habiéndose aumentado mucho el mal
desde el momento en que los hebertistas hablan)
querido valerse de aquel pretesto, para.excitar un
movimiento insurreccional. Ilubo que ponerla ciu-
dad de Paris á racion de carne, y la junta deabas-
tos fijó el consumo diario en sesenta y cinco vacas,„
ciento cincuenta quintales de ternera y de carne-
ro, y doscientos cerdos. Procurábase Íos ganados
necesarios, los enviaba al hospicio de la llumani-
dad, que estaba señalado como matadero coman,
v autorizado únicamente para ello. Los carniceros
nombrados por cada seccion, acudian en, busca de
su carne señalada y proporcionada al vecindario
que tenian que surtir:. De cinco en cinco dias de-
bian repartir á cada familia media libra. de carne
por cabeza. Empleábase también aquí el recurso
de las targetas distribuidas por las juntas revolu-
cionarias para el reparto del pan , espresando el
número de individuos que componian cada familia.
Para evitar los alborotos y largas trasnochadas, se
prohibia el acudir antes de las seis de la mañana á
las puertas de-las carnicerías.


La insuficiencia de estos reglamentos se echó
bien pronto de ver, pues se hahian establecido, co-•
mo lo hemos dicho en otra parte, carnicerías clan-
destinas, cuyo número iba creciendo diariamente.
Los ganados no teniau lugar para ir llegando á los
mercados de Neubourg, Poissy y Sceaux; los.can-




8 REVOLCCION


niceros del campo se anticipaban y acudian á com-
prarlos á los mismos prados. Aprovechándose de
la negligencia de los Ayuntamientos rurales en la
ejecucion de la ley, estos carniceros vendian á mas
del máximum, y surtian á todos los habitantes de
las ciudades, y particularmente á los de Paris, que
no se contentaban con la media libra distribuida
cada cinco dias. De esta manera, los carniceros
campesinos absorvian el comercio de los de la ciu-
dad, que estaban casi ociosos desde que los habian
reducido al reparto de las raciones; y aun muchos
de ellos pidieron una ley que les autorizase á res-
cindir los arriendos por sus tiendas. Entonces fué
necesario formar nueves reglamentos para impe-
dir que los ganados se desviasen de sus mercados
correspondientes , obligando á los propietarios de
los prados á declaraciones y: formalidades en es-
tremo incómodas. Fue forzoso descender á detalles
mas minuciosos todavia; pues escaseando la leña
y.
el carbon por causa del máximum, lo cual oca-,


sionaba sospechas de estancamiento , se prohibió
tener en las casas mas de cuatro carretadas de le-
ña ni mas de dos de carbon.


. El nuevo gobierno no se arredraba en presen-
cia de tantas dificultades como se ofrecian en su
penosa carrera, porque mientras estendia estos re-
glamentos tan multiplicados, se dedicaba á refor-
mar la agricultura, á variar la legislacion de los
arriendos para dividir la esplotacion de las tierras,
á introducir nuevos abonos , prados artificiales v
cría de ganados; decretaba el establecimiento dé
jardines botánicos en todas las cabezas de depar-
tamento, para connaturalizar las plantas exóticas,
formar planteles de árboles de toda especie, y abrir


FRANCESA. 9


cursos de agricultura para el uso y al alcance de
los labradores; disponia el desagüe general de los
pantanos bajo un plan vasto y bien concebido;
acordaba que el Estado aprontase el caudal para
esta grande empresa, y que los hacendados cuyas
tierras se desa guasen v saneasen, pagasen un de-
recho ó cediesen sus tierras á un precio determi-
nado; en fin empeñaba á todos los arquitectos para
que presentasen planes de reedificar aldeas , de-
moliendo quintas; disponia, adornos para hacer el
jarcha de las T ullerí as mas cómodo al publico, y
pedía i. todos los artistas un proyecto para cambiar
el teatro de la ópera en un espacio cubierto, don-
de el pueblo se reuniese en el invierno.


Por manera, que abrazaba ó al menos ensaya-
ha casi todos los ramos á un tiempo ; ¡tan cierto
es que por mucho que se tenga que hacer se halla
el hombre en estado de desempeñar mucho mas!
El cuidado de la hacienda no era el menos dificil é
incómodo. Ya se ha visto qué recursos se fueron
ideando en el mes de agosto de 1793, para devol-
ver su valor á los asignados retirándolos en parte
del giro. El hiemal) retirado por el empréstito
forzoso, y las victorias que terminaron la campa-
ña de 1793, lo realizaron; y como y a hemos dicho,
se pusieron é la par; gracias á las terribles leves
que tan peligrosa hacian la posesion del metálico.
Con todo, poco duró esta aparente prosperidad,
pues los asignados volvieron á caer pronto , y la
cantidad (le emisiones los vilipendió rápidamente.
Entraba una parte con las ventas de los bienes na-
cionales, pero esta era insuficiente. Vendíanse los
bienes á mayor precio de lo estimado, v no era de
estrañar, porque la tasacion se había hacho al di-




4 0 REVOLLICION


nero yse pagaba en asignados. De esta manera el
precio era realmente muy inferior á la tasa, aun-
que aparentaba ser superior. Por otra parte , este
consumo de asignados no podia menos de ser len-
to, siendo la emision necesariamente rápida é in-
mensa. Un millon y doscientos mil hombres que
hablan de pagarse y armarse, un material que fa-
bricar, v una marina que construir con un papel
despreciado, exigían cantidades enormes de este
mismo papel. Siendo único este recurso, y por otra
parte aumentándose diariamente el capital dp los
asignados con las confiscaciones , fue necesario
echar mano de él mientras lo requería la necesi-
dad. Abolióse la distincion entre la caja del ordi-
nario y del estraordinario, reservada la una al pro-
ducto de los impuestos, v la otra á la creacion de
los asignados. Confundieronse los dos géneros de
recursos, y siempre que la urgencia lo exigia, su-
plian á la renta con emisiones nuevas. Al principio
de 179.• (año II), la suma total de las emisiones se
habla duplicado; pues se hahian añadido á la suma
que anteriormente habia cuatro bicuentos, ascen•
diendo asi á ocho la totalidad. Rebajando las su-
mas, recobradas v quemadas, y las que no se hahian
gastado, quedaban en circulacion verdadera cinco
bicuentos y quinientos treinta y seis millones. De-
cretóse en inesidor, año Il Junio de 1794), la crea-
don de un nuevo hicuento de asignados de todo
valor, desde mil francos basta quince sueldos (tres
reales). La comision de hacienda volvió á recurrir
al empréstito forzado sobre los ricos. Sirvinse de
los padrones del año anterior y se cargó a los con-
tenidos en ellos una contribucion extraordinaria de
guerra, de la décima parte del empréstito forzoso,


FRANCESA-,


esto es; de cien millones. Esta suma no era con ca-
lidad de. reintegro, sino á título de impuesto que
debian pagar sin recobro.


Para completar el establecimiento del Gran li-
bro , y el proyecto de uniformar la deuda pública,
restaba capildlizar las rentas vitalicias y conver-
tirlas en una intwripcion. Estas rentas de toda es-
pecie y forma eran él objeto de un agiotage muy
complicado, pues como los contratos antiguos del.
Estado, tenían el inconveniente de descansar so-
bre un real titulo, v merecer una preferencia mar-
cada sobre los valores republicanos, por cuanto se
decía siempre que si la república se avenia á rein-
tegrar las deudas de la monarquía, jamas esta con-
senttria en pagar las de la república. Cambon
acabó, pues, su grande obra de la regeneracion de
la deuda : proponiendo y haciendo espedir la ley
que capitalizaba las rentas vitalicias, cuyos títulos.
debian entregarse por los notarios, para quemarlos
luego como se habia hecho con los contratos. El
capital suministrado antes por el rentista, quedaba
convertido en una inscripcion con el interes perpe-
tuo del cinco por cielito, en vez de la renta vitali-
cia. Sin embargo, por respeto á los ancianos v á
los rentistas de escasos medios, quienes trataron
de duplicar sus recursos haciéndolos vitalicios , se
conservaron las rentas moderadas, proporcionán-
dolas á la edad de los individuos. De cuarenta á
cincuenta años, se dejó intacta toda renta de mil
quinientos a dos mil francos; de cincuenta á sesen-
ta toda renta de tres mil á cuatro mil, y así de las.
demás hasta la edad de cien años, y la suma de
diez mil quinientos francos. Si el rentista com-
prendido en los casos anteriores, gozaba una renta




12 REVOLUCION


superior á la cuota señalada, se capitalizaba el es-
cedente. Seguramente no cabia mas miramientos
con los escasos de medios y los ancianos : sin em-.
bargo ninguna ley ocasionó tantas quejas y recla-
maciones; y la Convencion, por una medida cuer-
da y humana sufrió mas vituperio que por las terri-
bles disposiciones que cada dia señalaban su dicta-
dura. Los agiotistas quedaban mu y mal, por cuanto
requería la ley para reconocimiento de los réditos,
las certificaciones de vida. Los portadores de títu-
los de emigrados no podian facilitarse dichas cer-
tificaciones, y por tanto los agiotistas, que estaban
mas agraviados por esta condicion, clamaron des-
aforadamente en nombre de los ancianos y de losenfermos , diciendo que se atropellaba la edad y
la indigencia; persuadiendo á los rentistas que no
se les pagarla, porque la operacion y las formali-
dades que requería hablan de ocasionar demoras
interminables; nada de esto sin embargo aconteció.
Hizo Cambon modificar algunas cláusulas del de-
creto, y vigilando sin cesar á. la tesorería, hizo
ejecutar el trabajo con la mayor prontitud. Los
rentistas que no traficaban con títulos agenos , y
que vivian de sus propias rentas, fueron pagados
prontamente, y como dijo Barrere, en vez de espe-
rar su vez en patios descubiertos y expuestos á la
intemperie de las estaciones, esperaban en las sa-
las abrigadas y cubiertas de la tesorería.


Al lado de estas útiles reformas, seguían su
curso las crueldades. La ley que arrojaba á los ex-
nobles de Paris, y de las plazas fuertes y maríti-
mas, daba lugar á un sin número de vejaciones.
Distinguir é. los verdaderos nobles cuando la no-
bleza era ya una calamidad, no era mas fácil que


FRANCESA. 13
cuando fui un objeto de pretensión.' Las plebeyas
casadas con nobles ó viudas de estos, y los com-
ppradoresde cargos que hablan tomado el titulo decaballeros, reclamaban para que se les eximiese
de aquella distincion que buscaban antes con tan-
to deseo, y esto bastaba para que se diese lugar á
mil arbitrariedades y a las mas tiránicas violen-
cias.


No eran menores las que causaban los repre-
sentantes que estaban comisionados en los depar-
tamentos, porque ejercian su autoridad con estre-
niado rigor, y algunos se entregaban á crueldades
estravagantes y monstruosas. Cada dia se iban lle-
nando mas las cárceles de Paris, y la junta de se-
guridad general había establecido una policía que
todo lo llenaba de terror. El gafe era un tal Ileron,
que tenia á sus órdenes un diluvio de agentes, dig-
nos todos de él. Eran los que llamaban portadores
de órdenes de las juntas; los unos se empleaban ea
el espionage; los otros, provistos de órdenes reser-
vadas, y aun á veces en blanco, andaban hacien-
do prisiones por Paris v por las provincias. Fran-
queábanseles las sumas 'necesarias para sus espedi-
ciones, y las exigian ademas de los presos, aña-
diendo de este modo el robo a la crueldad. Todos
los aventureros licenciados con el ejército revolu-
cionario, ó despedidos de las oficinas de Rouchot-
te, habian pasado á estos nuevos empleos, hacién-
dose mucho mas terribles. lntroducíanse por to-
das partes; en paseos, cafés y teatros, y a cada
instante se creían todos perseguidos ó escuchados
por algunos de estas inquisidores. Por sus cuida-
dos, el número de los sospechosos Babia ascendi-
do á siete ú ocho mil en Paris solamente. Las cár-




44 RZVOLUCION


celes no ofreCian :Ya el espectáculo que otras ve-
ces, pues no'se velan ricos contribuyendo para los
pobres, ni hombres de toda opinion y rango lle-
vando á gastos comunes una vida apacible, y con-
solandose con los placeres de las artes, de los ri-
gores del cautiverio. Este método pareció denia-
siado llevadero para los llamados aristócratas; afir-
mando que el lu j o y la abundancia reinaban entre
los sospechosos, mientras el pueblo por afuera es-
taba reducido á la raciona que los ricos arrestados
se complacían en desperdiciar víveres, que hubie-
ran podido alimentar á ciudadanos indigentes; .y
.decidióse que se variada el régimen de las cárce-
les. En consecuencia de esto, habianse establecido
refectorios v..mesas- com u nes ; dábase á los presos,
á horas señaladas v en grandes salones, un ali-
mento detestable v dañoso, que les haciau pagar
sumamente caro; no les era permitido comprar ali-
mento para suplir a los que no se podian comer;
se hacian requisas, se les quitaban los asignados,


de este modo se les privaba de todo arbitrio para
proporcionarse alivios. No se les concedia. va la
misma libertad de verse v de vivir juntos; y á los
tormentos de la soledad, - se añadia el temor de la
muerte, que de continuo era mas pronta y activa.
El tribunal revolucionario, empezaba desde la cau-
sa de los hebertistas v dantonistas, á sacrificar víc-
timas por tandas de a veinte. Italia condenado á la
familia de Nlalesherbes y á su parentela, en núme-
ro de quince k veinte personas, y la respetable ca-
beza de aquella casa habia ido a la muerte con la
serenidad y la alegria de un sabio. Al dar un tro-
pezon en el camino del cadalso dijo: "Este trope-
.zon es de mal agüero; un romano se volverla á su


;FRANCESA. 4J
casa." A los Malesherbes se juntaron veinte y dos
miembros del parlamento, y el de Tolosa pereció
casi enteramente. En fin, los asentistas generales
estaban encausados por sus antiguas contratas con
el gobierno. probándoles que dichas contratas en-
cerraban condiciones onerosas al Estado, y el tri-
bunal revolucionario los-envió al cadalso, por esac-
ciones sobre el tabaco, la sal, etc. En este núme-
ro se hallaba un sabio esclarecido,: el químico La-
voisier, que pidió en vano algunos dias de. demora,
para estender el pormenor de un descubrimiento.


Ya estaba dado el impulso, administrando,
combatiendo y degollando con una uniformidad
espantosa. Las juntas, colocadas en el centro, go-
bernaban .con la misma rigidez. La Convencían
siempre silenciosa, señalaba pensiones a las viu-
das é hijos de los soldados muertos por la patria,
reformaba sentencias de los tribunales. interpretaba
decretos, arreglaba el cambio de ciertas propie-
dades dei patrimonio real, se dedicaba, en una pa-
labra, á cuidados los mas insignificantes y acce-
sorios. %n'ere iba todos los dias á leerles relacio-
nes de victorias, y llamaba a estos informes Car-
maiwlas. Al fin de.


cada mes anunciaba por via de
fórmula, que los poderes de las juntas habían es-
pirado,y.era necesario renovarlos; entonces se le
contestaba con aplausos que las juntas debian se-
guir en sus tareas; y aun á veces llegaba á olvidar
esta formalidad, y las juntas continuaban igual-
mente en. sus funciones.


En :estos momentos de sumision absoluta es
cuando suelen estallar algunas almas exasperadas,
y cuando son temibles las puñaladas para las au tori-
dades.despóticas. Hallábase.entonces en Paris un




n


p


l6 BEVOLUCION


hombre empleado de escribiente en la loteria nacio-
nal. que en otro tiempo 'labia servido á familias
principales, y que profesaba un Odio violento al ré-
gimen de aquella fecha. Era de cincuenta años, se
llamaba Ladmiral, y habla proyectado asesinar á
alguno de los indi v iduos mas influyentes de la
junta de salvacion pública, como Robespierre ó
Collot-d' ilerbois. Hacia algun tiempo que . se ha-
bla avecindado en la misma casa que Collot-d'
Herhois, calle de Favart, y titubeaba entre Collot
y Robespierre. El 3 de pradial (22 de mayo) re-
suelto á descargar sobre Robespierre. acudió á la
junta de salvacion pública, y todo el dia lo estuvo
esperando en la galeria que iba á parar al salon de
la, plata. No habiendo podido encontrarle, se vol-
vió á su casa, y se colocó en la escalera para aco-
meter á Collot-d' Ilerbois. En efecto, entró Collot
á eso de inedia noche, y al subir la escalera, Lad-
miral le disparó un pistoletazo á quemaropa; la
pistola no dió fogonazo; tira segunda vez, y el ar-
ma no se presta á su designio, dispara tercera
vez y sale el tiro, pero dá en la pared. Empéñase
entonces una lucha, y clama Collot que lo asesinan:
por fortuna su ya pasa una patrulla por la calle,
acude al estruendo, huye Ladmiral entonces, y
sube y se encierra en su cuarto. Siguenle y tratan
de echar abajo la puerta, pero grita que está ar-
mado, y que va á disparar contra los que se presen-
ten á prenderle. La patrulla no se intimida a esta
amenaza; fuerzan la puerta, y un cerragero llamado
Geffrov, se adelanta el primero y recibe un tiro de
fusil que le hiere casi mortalmente. Preso Ladmiral,
conducido á la cartel y preguntado por Fouquier-
Tinville, refiere su vida, sus proyectos, y las ten-


FÉANCESA. 47


tativas que ha hecho para dar á Robespierre antes
de pensar en Collot-d' llerbois: pregúntanle quién
le ha inducido á cometer aquel crimen, y responde
con entereza, que no es tal crimen sino un servicio
que ha querido hacer á su pais; que él solo lo ha
pro y ectado sin sujestion de nadie, y que su Unida
pesar es no haberlo conseguido.


Esparcióse con suma rapidez el rumor de aque-
lla tentativa, y segun costumbre aumenta el pode-
río de los mismos á quienes se dirigia. Barrere acu-
de con diligencia al otro dia, • de pradial, á hacer
en la Convencion la historia de aquella nueva ma-
quinacion de Pitt. «Las facciones interiores, dice,
«no cesan de corresponderse con aquel gobierno
«traficante en coaliciones, asesinates, que persigue
«la libertad como á su ma yor enemiga. Mientras
«aqui ponemos al orden del día la justicia y la vir-
«tu los tiranos coligados ponen á su órden del
«dia el crMyea y el asesinato. Por todas partes ha-
«liareis el genio infernal de los ingleses; en mies-
«trns mercados, en nuestras contratas, por mar
«p. r tierra. entre los reyezuelos de Europa, como
«en nuestras ciudades. La misma cabeza es la que
«dirige las nimios que asesinan á Basseville en Ro-
«ma, á marinos franceses en el puerto de Génova,
«y a los franceses leales en Córcega; la misma ca--:
«beza es la que encamina el aceró contra Lepelle-
«tier y Marat, la guillotina á Chalier,


, v las armas.
«de fuego contra Collot-d' fierbois » Saca Barrere.
en seguida cartas de Lóndres y de Holanda que se-..
han interceptado, y anuncia que las maquinacio-
nes de Pitt, se dirigen contra las juntas, y particu-
larmente, contra Rohespierre; pues una de ellas
decia en sustancia: «Tememos mucho el influjo de


Biolioleca popular.
T. 471




4 8 REVOLUCIOt'i
«Robespierre, y cuanto mas se concentre el gobier-
«no francés republicano, tendrá mas fuerza, y se-


rá mas dificil volcarlo.»
Semejante modo de presentar los hechos era


muy propio para escitar el interés mas vivo en fa-
vorde las juntas, y especialmente de Robespierre,


para identificar su existencia con la de la repú.-.
olica. Ya luego refiriendo Barrere el hecho con
todas sus circunstancias; habla del afan afectuoso
cine las autoridades constituidas han manifestado
para resguardar á la representacion nacional, y
cuenta en. termines pomposos la conducta del ciul
dadano Geff oy, que ha recibido una herida grave
al apoderarse del asesino. La convencion aplaude
sobre manera el informe de Barrere; dispone pes-
quisas para cerciorarse de si Ladmiral tiene ó no
cómplices; decreta una accion de gracias al ciu-
dadano Geffroy, y acuerda para recompensarle, que
el parte de sus heridas se leerá todos los dial en
la tribuna. Gouthon entonces prorumpe en un dis-
curso fulminante para pedir que el informe de Bar-
rere se traduzca en todas las lenguas se derra-




r., i


me por lodos los paises. « vtt, LoDuro, escla-
«n'a, y vosotros todos, COBARDES TIRANCELOS, QUE
«mIRAIS EL MUNDO COMO VUESTRA HERENCIA, y que
«en los últimos instantes de vuestra agonia osagi-
«tais con tanto furor, aguzad, aguzad vuestros pu-
«ñales; os despreciamos demasiado para teme ros;
«y hien sabeis que somos demasiado grandes para
«incurrir en la torpeza de imitaros!» Resuenan los
aplausos en el salon, y Couthon añade . «Pero la
«le y , cuy o reinado os espanta, tiene levantada su
«cuchilla sobre vuestras cabezas, y todas las echa-
«rá abajo! ¡El género humano necesita este ejem-


FRANCESA. 49


«plo, y el cielo, á quien ultrajais, lo ha dispuesto
«así !


Llega entonces Collot-d' ITerbois como para
recibir las demostraciones de interés de la asam-
blea; acójesele con repetidas aclamaciones, y ape-
nas puede hacerse oir. Robespierre mucho mas
taimado, no se presenta, y parece que se sustrae á
los homenages que le esperan.


En este mismo dia 4 , una muchacha, llamada
Cecilia Renault, se presenta á la puerta de Robes-
pierre con un lío debajo del brazo; pide verle, y
se obstina en que la introduzcan á su presencia.
Dice que un empleado público debe estar siempre
dispuesto para recibir a toda hora á cuantos le ne-
cesiten ; v concluye llenando de injurias á los
Duplaix, huéspedes de Robespierre, que no que-
man recibirla. Al ver las instancias de la muchacha
y su aire estraño , entraron eu sospecha; Ken-
denla y la llevan á la policía. Desatan el lío, y en-
tre la ropa aparecen dos cuchillos; afirman en se-
guida que ha intentado asesinar á Robespierre; le
preguntan, y se esplica con tanto desembarazo co-
mo Ladmiral. Dícenle para qué podia querer á Ro-
bespierre, y responde que para ver qué trazas te-
nia un tirano. La estrechan, se empeñan eu saber
el empleo de aquel lio de ropa y los cuchillos, y
responde que no era su ánimo hacer uso de los cul
chillos, y que en cuanto á la ropa, la habla traido
porque esperaba que la habian de llevar á la cár-
cel y de allí á la guillotina. Añade que es realista,
y que gusta mas de un rey que de cincuenta mil.
Insisten todavía con nuevas preguntas, pero rehu-
sa responder y pide que la lleven al cadalso.


Bastaban estos indicios para inferir que la jó-
:




1


20' nevoLueION
Yen Renault era uno de los asesinos armados con-
tra Robespierre.—Añadióse otro hecho al presente.
El dia siguiente, en Choisv- sur-Seine , un ciuda-
dano contaba en un café fa tentativa de asesinato
cometida contra Collot-d'Ilerbois, y se complacia
de su malogro. Un tal Saintanax, fraile, que estaba
oyendo esta relacion, contesta que es lastimoso cl
que estos malvados de la junta se hayan salvado,
pero que espera que tarde ó temprano cacran to-
dos. Apodéranse en el momento de aquel des-
graciado , y lo conducen aquella misma noche á
Paris. Esto era bastante y aun sobraba para supo-
ner vastas ramificaciones' se afirmó que habla
preparada una pandilla de asesinos ; acudieron in-
mediatamente a los individuos de la junta , amo-
nestándoles que se guardasen y velar:in por una vi•
da tan preciosa á la patria Reunieronse las sucio -
nes y enviaronse nuevos diputadosmensages
la Convencion. Decian que entre los' milagros que
la Providencia labia hecho á favor de la república,
no era menor el modo con que Robespierre y Co-
llot-d'Ilerbois acababan de salvarse de nimios de
las asesinos. Una de ellas propuso aprontar una
guardia de ;Mute y cinco hombres. para velar pol-
la vida de los individuos de la junta


A los do; dial hule) junta de jacobinos, v acu-
diendo Robespierre y Collot-d'Ilerbois • fueron re-
cibidos con el ma y or entusias,no. Cuando el poder
ha sabido afianzarse una sumision general, no tie-
ne que hacer mas que soltar las riendas á las almas
bajas y rastreras, para que acudan a concluir ellas
mismas !a obra de su dominacion, añadiéndole un
culto y honores divinos. Todos miraban a Bobas-
pierre y Collot- d'Herbois coa una curiosidad au--


FRANCESA. 21


siosa.—«Mirad , se decian , esos varones eminen-
tes; el dios de los hombres libres los ha salvado,
los ha cubierto con su escudo, y los ha conservado
para la república. Necesario es tributarles los ho-
nores que ha decretado la Francia á los mártires
de la libertad, de este modo tendria la satisfaccion
de h;• :nrarlos , sin tener que llorar sobre su tumba
fúnebre. *Toma primero la palabra Collot con su
vehemencia acostumbrada, y dice que la conmo-
cion que estabaesperimentanelo en aquel momento,
le probaba cuán alhagüeño es el servir á la patria
aun á costa de los ma yores peligros. «El que en-
«unce, dice , esta verdad, es aquel que ha corrida
«nigua peligro por su país, y recibe nuevas fuer-
«zas del fraternal interés que inspira. Esos aplau-
«sos benévolos son un nuevo pacto de mima entre
«todas las almas esforzadas. Reducidos los tiranos
«á los últimos apuros, y conociendo que se acerca
«su fin , en vano se valen de puñales , veneno
«asechanzas, pues los republicanos no se han de
« intimidar. ¿No saben por ventura esos tiranos, que
«al espirar bajo sus golpes un patriota , acuden
«los demas que le sobreviven en torno de su se-
«pulcro para jurar implacable venganza del crimen,
«y eternidad de indepeudencia?»


Acaba Collot en medio de infinitos aplausos ,
pide Bcutabolle que el presidente dé á Collot y á
Robespierre el abrazo fraternal en nombre de toda
la sociedad. Legendre, con el afan de un hombre
que labia sido íntimo amigo de Danton, v que es-
taba obligado á postrarse con ma yor bajeza para
alejar recuerdos de aquella amistad , dice que la


* Véase la sesion de los jacobinos del 6 de pradial.




22 a-EvoLucroN


mano del crimen se ha levantado para herir á la
virtud, pero que el Dios de la naturaleza impidió
la consumacion del atentado. Amonesta á todos los
ciudadanos para que formen una guardia al rede-
dor de los miembros de la junta, y se ofrece á ce-
lar él primero que nadie su preciosa vida. En este
momento piden algunas secciones que se las intro-
duzca en el salon; pero es tal la prisa y la multitud
tan crecida , que tienen que dejarlas d la puerta.


(Precian á la junta las insignias del poder so-
berano, y entonces era el momento de rechazarlas.
Los caudillos solapados deben satisfacerse con que
se las ofrezcan , logrando de este modo el mérito
de la denegaeion. Los individuos presentes de la
junta, impugnan con una indiguaion afectada la
proposicion de ponerles guardias. Couthon tema
al momento la palabra. «Se admira, dice, de la pro-
«posicion que se acaba de hacer en los jacobinos
«y que ya lo ha sido en la Convencion. Quiere atri-
« buida a puras intenciones, pero solo los déspotas
«son los que se rodean de guardias , y los indivi-
duos de la junta no quieren compararse con ellos.


«No necesitan guardias para defenderlos , pues la
«virtud, la confianza del pueblo v la Providencia
«velan por sus dias, sin necesidad de otras garan-
«tías para su seguridad, fuera de que sabrán morir
«en su puesto en defensa de la libertad.»


Legendre se apresura á sincerar su proposicion,
diciendo que no ha querido precisamente dar una
ouardia organizada á los individuos de la junta,
sino inducir a los buenos ciudadanos á que celen
sus vidas; y- que por lo ciernas, si se equivocó , se
desdice ; pues su intencion ha sido irreprensible.
Sucédele Robespierre en la tribuna , y toma la pa-


FRANCESA.
/3


labra por la vez primera. Resuenan prolongados
aplausos, y apenas hubo silencio, dice : «Soy uno
«de aquellos a quienes deben menos interesar los,
«acontecimientos recién ocurridos ; sin embargo,
«no puedo abstenerme de hacer algunas rellexio-
«nes. Que los defensores de la liberta d sean el
«blanco de los puñales de la tiranía, es consiguiera.
«te, y ya lo habla dicho yo: si batirnos á los ene-
«mitz'os- y destrozamos


las facciones, seremos
soldados de


«los tiranos y acen por el polvo, los traidores hán
«perecido eü el cadalso, los puñales se han ali-
«lado contra nosotros. N 'o .se que impresio


n os ha-
«bran hecho estos acontecimientos. pero voy a de-
«ciros la une ha causado en mi. He conocido que
«era mas fácil asesinarnos que destruir nuestros
«pri ncipios y dominar á nuestros ejércitos, y he
«dicho para mi, que cuanto mas precaria é incier-
«ta es la vida de los defensores del pueblo , tanto
«mas deben apresurarse a llenar sus últimos dias
«de acciones útiles á la libertad. Yo . que no creo
«en la necesidad de vivir; sino solamente en la vir-


tud tud y en la Providencia , me hallo en un estado en
«que por cierto no han tratado de colocarme los
«asesinos ; mas que nunca me conceptúo ahora
«independiente de la iniquidad de les hombres. Los
«crímenes de los tiranos y el acero de los asesinos,
«me hanhecho mas libre `V tremendo para todos los
«enemigos del pueblo , mi alma está mas dispuesta
«que nunca para descubrir á los traidores , arran-
«caudoles la máscara con que se atreven á cubrir-
«se. Franceses, amigos de la igualdad, descansad
«en nosotros en cuanto al cuidado de emplear la


- «corta vida que la Providencia nos concede, á, com-




9, 4 REVOLUCION
«batir los enemigos que nos rodean!» Renováronse
las mismas aclamaciones despues de este discurso,
por todo el ámbito del salan. Despues de haber
gozado Robespierre algunos instantes de este en-
tusiasmo, toma otra vez la palabra contra un indi-
viduo de la sociedad, que había pedido se tributa-
sen honores cívicos á Geffrov; une esta propuesta
con la de poner guardia a los individuos de las
juntas , y sostiene que estas proposiciones tienen
por objeto escitar la envidia y la calumnia contra
el gobierno , llenándolo de honores superfluos ;-
por consiguiente, propone v hace acordar la esclu-
sion contra el que había pedido para Geffrov los
civieos honores.


En el grado de poderío á que la junta habia
llegado, dehia alejar las apariencias de soberanía.
Existía una dictadura absoluta , mas no convenia
que se notase demasiado, y toda la exterioridad y •¡
la pompa del poder, no podían menos de compro-
•eterla inútilmente. Un soldado ambicioso que es
señor por su espada y que quiere uu trono, carac-
teriza desde luego su autoridad lo mas pronto posi-
ble, y añade las insignias del poder al poder mis-
mo ; pero las caudillos de uu partido que no lo
ananejan sino con su influjo, y que quieren apode-
rarse de él, deben adularle siempre, atribuirle de
continuo el poder que gozan , y mandando , apa-
rentar que obedecen.


Los individuos de la junta de salvacion pública
que eran los gefes de la ,Montaña , no debian des-
entenderse de ella y de la Convencion, sino al con-
trario rechazar todo lo que les pareciese llevar
asomos de sobreponerlos a sus cólegas. Ya estaban
hechos cargo de que la estension de su poder cm-


25FRANCESA.


bar ,raha los ánimos , aun los de su propio partido.velan en ellos dictadores , y en Robespjerre
principalmente, cuyo supremo i nflujo principiaba
á ofuscar la vista. Todos se iban habituando a de-
cir no va la junta lo quiere , sino lo quiere Robes-
pierre.fouquier -Tin y ille decía a un sugeio ame-
nazandole con el tribunal revolucionario : 8 Itobe.v-
pierre lo quiere, á él irás á parar. Los agentes del
gobierno nombraban sin cesar a Robespierre en
sus operacioues , y parecia que todo lo ieferian a
él como a la causa de donde todo emanaba. Las
vil:timas no dejaban de achacarle todos sus males,
y en las cárceles no se veia mas que un opresor:
)?obespierre. Los mismos estraugeros en sus pro-
clamas llamaban á los soldados franceses, soldados
de Itobespierre ; espresion que se hallaba en una
proclama del duque de York. Conociendo cuan pe-
ligroso le era el empleo que de su nombre se hacia,
apresuróse Robespierre a pronunciar un discurso
en la Couveueion, para rechazar lo que él llamaba
insinuaciones pérfidas , cu y o objeto era perderle:
repitiólo en los jacobinosmereció los aplausos
que acompañaban á todas sus palabras. El Diario
de la Montaña y el Monitor , habiendo repetido al
din siguiente este discurso, V dicho que era una
obra inaeslza de imposible análisis porque cada
palabra equivalia á una frase. y cada frase á una.
página, se irrito vivamente, y fué al otro día a que-
j arse én los jacobinos de los periódicos que adula-
Dan con afectacion á los individuos de la junta, con
el liude perderlos, dándoles todas las apariencias de
la omnipotencia. Los periodistas tuvieron que re-
tractarse y disculparse de haber elogiado


eran
Robes-


pierre, asegurando que sus intenciones er puras.




96 REVOLUCION


Robespierre tenia vanidad, pero no era bastan-
te grande para ser ambicioso. Sediento de lisonjas
y acatamientos, alimentabase de ellos, y se since-
raba de recibirlos , asegurando que no apetecia
el ser todo poderoso. Tema alrededor de si una
especie de córte, compuesta de algunos hombres y
soere todo de muchas mugeres que le prodigaban
las mas delicadas finezas. Sienre solicitas á su
puerta , manifestaba por su per,ona el desvelo
mas constante, no dejando de celebrar su virtud,
su elocuencia y su genio, y llamandole un hombre
divino, superior á la humanidad. Una antigua mar-
quesa era la principal de estas mugeres, que á ma-
nera de verdaderas devotas cuidaban al pontífice
sangriento v orgulloso. El afan de las mugeres es
siempre el síntoma mas terminante del embeleso
público ; pues ellas son las que con sus desvelos
ejecutivos. sus discursos y sus cuidados, se encar-
gan de ridiculizarlo.


A.gregábase Cambien á aquellas mugeres que
adoraban á Rohespierre, , una secta ridícula , es-
trambótica v recien formada. En el momento de
la abolicion de los cultos, las sectas abundan, por-
que la necesidad imperiosa de creer se arana por
henchirse de ilusiones, en defecto de las destruidas.
Una anciana, cavo cerebro se habla inflamado en
las cárceles de la Bastilla, y que se llamaba Cata-
lina Theot, se intitulaba la madre de Dios, y anun-
ciaba la próxima venida de un nuevo Mesías Se-
gun ella , dehia aparecerse en medio de trastor-
nos, y en el momento en que se presentase , prin-
cipiaria una vida eterna para los escogidos, quienes.
dehian propagar su creencia con todo género de
arbitrios y esterminar á los enemigos del Dios


927FRANCESA.


verdadero . El cartujo Doro Gerle, que figuró en la
constituyente, y cuya débil imagivacion se había
estraviado con místicos sueños, era uno de los dos
profetas, y el otro Robespierre. Sin duda el deis-
mo le haliia merecido este honor. Liamahale Cata-
lina Theot su hijo querido, y los iniciados le con-
templaban con respeto, vendo en él un ser sobre-
natural, llamado para destinos misteriosos y subli-
mes. Probablemente estaba instruido de sus loca-.
ras, v sin ser cómplice , gozaba de su error. Es
cierto' que habia protegido . á Dom Gente, quien
frecuentaba su casa, habiéndole dado una certili-
cacion de civismo firmada por su mano , para es-
cudarle contra las persecuciones de una junta re-
volucionaria. Hablan entendido ea g ran manera la
secta con su culto y sus practicas, lo que no dejaba
de contribuir á su propagacion; y se juntaba en
caga de Catalina Theot en un barrio apartado de
Paris , y cerca del Panteon. Allí era donde se ha-
cian las iniciaciones, en presencia de la madre de
Dios, de Dom Gerle y tic los escogidos principales.
Empezaba esta secta á darse á conocer, y vaga-
mente se sabia que Robespierre era su profeta, con-
tribuyendo esto para engrandecerle y comprome-
terle.


Entre sus compañeros era donde principalmen-
te principiaba a levantarse la tormenta. Presenta-
banse ya desavenencias , y era mu y natural , por
cuanto hallándose ya establecido erpoderío de la
junta, !labia llegado el tiempo de las rivalidades.
La junta estaba dividida en pandillas, pues la muer-
te de ilerault-Sechelles habla reducido á once los
doce miem bros que la componían. Juan- Bon-Saint-
André y Prieur del Mame andaban siempre en co-




28 REVOLUCION
MiSi09; Carnot estaba enteramente ocupado de la
guerra : Prieur de la Cótc-d' Or con las p•ovisio-
nes, y Roberto Lindet con los abastos. A todos es-
tos les llamaban gentes de oficina y no
parte alguna en la.


política ui en las competencias.
Robespierre, Saint-hist v Couthon , se hablo
hermanad ), porque una especie de superioridad
de entendimiento y de maneras, el grande aprecio
que al parecer hacían de si mismos, y el menos-
precio que manifestaban para con sus compañeros,
los hablan inclinado á colocarse á parte, á apandi-
llarse, y se les llamaba la yente de mano orinada.
Barrero para ellos no era mas que un ente débil y
pusilanimo, brindando con su desempeño á todo el
mundo; Collot-d'Herbo i s su declamador,


-
llaud-Varcnnes un entendimiento mediano, som-
brío y envidioso. Estos tres IlifialOS no les perdo-
naban sus secretos desdenes. Barrere no se atrevía
á pronunciarse, pero Collot y especialmente Vi-
Batid, cuyo carácter era indomable, no padian en-
cubrir el Odio con que se iban inflamando. Busca-
ban el apoyo de sus colegas, los de oficina, para
ponerlos de sn parte. Podían esperar un apoyo de
la junta de seguridad general, que empezaba a in-
comodarse con la supremacia de la junta de sal
vacion pública. Limitada especialmente á la poli-
cia, y á veces celada v contrarest.ada en sus ope-
raciones por la otra, la


.
junta de seguridad general,


sobrellevaba impacientemente esta dependencia.
Amar, Vadier, Vouland„lagot y Luis del Bajo-
Rin, sus miembros mas crueles , eran al mismo
tiempo los mas dispuestos para sacudir el yugo.
Dos de sus compañeros á quienes se llamaba los
soplones, los acechaban por cuenta de Robespierre,


FRANCESA. 29


y este espionage se les hacia insoportable ;—así
es que los descontentos de entrambas juntas, po-
dían apandillarse v hacerse peligrosos para Ro-
bespierre, Coulhon v Saint-Just. Necesario es no-
tarlo bien: las rivalidades de orgullo y de poder,
eran las que principiaban las desavenencias, y no
tina diversidad de opinion politica, porque Villaud-
Varennes, Collot-d' Herbois , Vadier , Vouland,
Amar, Jagot, v Luis, eran revolucionarios no Me-
nos temibles que los tres adversarios que querian
derribar.


lIubu una circunstancia que indispuso todavía
mas a la junta de seguridad general contra los do-
minadores de la otra. Quejabanse mucho de las
prisiones, que cada dia eran mas numerosas, y que
frecuentemente soban ser injustas, porque recalan
contra una porcion de individuos señalados por.
escelentes patriotas, é igualmente se quejaban de
las rapiñas y vejaciones de los innumerables agen-
tes, encargados de las pesquisas inquisitoriales
por la junta de seguridad general. No atreviéndo-
se Robespierre. Saint-Just y Couthon á hacer abo-
lir ni renovar la junta. idearon el establecimiento
de una oficina (lo policía en el recinto de la junta
de salvacion pública:lo cual, sin destruirá la dese-
guridad general, era una invasion.en sus fuacio-
'ICS, y el despojo de ellas. Saini-Jut debla tener
ladireceion de esta oficina; pero llamado al ejérci -
lo, no !labia podido desempeñar el negociado, y lo
tomó a su cargo Robespierre La mesa de pobeie
soltaba á los presos por la junta de seguridad ge-
neral, y esta hacia otro tanto con la otra. Esta sin-
yasion de funciones produjo un rompimiento pa-
tente; y habiéndose hecho público, á pesar del si-




30 REVOLUCION


silo con que se cubria el gobierno, se supo bien
pronto que sus individuos no estaban acordes.


Otros descontentos no menos graves estallaban
en la Convencion. Mostrabase siempre muyu sumi-
sa, pero algunos de sus individuos que" hablan
concebido temores por sí, recibian del peligro un
poco mas de atrevimiento. Eran estos los antiguos
amigos de Danton. comprometidos con él por sus
enlaces. y á veces amagados como restos del par-
tido de los estragados y de lo.s indulgentes. Los unos
hablan prevaricado en sus funciones , y temian la
aplicacion del sistema de la virtud; y los otros se
habían mostrado opuestos á los arranques de rigor,
que todos los dias iban en aumento. El mas com-
prometido de todos era Tallien, pues se decia que
habla malversado los foados del Ayuntamiento,
cuando fue su individuo, y en Burdeos, cuando
estaba en comision. A ñadiase que en este pueblo
se habla dejado ablandar y seducir por una her-
mosa joven que le acompañó á Paris , y que aca-
baba de ser encarcelada. Despues de Tallien cita-
ban á Bourdon del Oise, comprometido por su lu-
cha con el partido de Saumur, y arrojado de los
jacobinos en union de Fabre, Camilo y Philipeaux.
Citaban á rauda, escluido Cambien d'e los jacobi-
nos: á Legendre, quien á pesar de sus diarias su-
misiones, no paja hacer que le perdonasen sus




andanas relaciones con Danton;
en lin, á Fre--


ron, Barras, Lecointre, Ro yere, "Monestier, Pa-
nis, etc., todos ó amigos de Winton, ó desaproba-
dores del sistema seguido por el gobierno. Pro-
pagábanse estas inquietudes personales; el núme-
ro de los descontentos se aumentaba cada dia, y
estaban dispuestos á unirse á los individuos de


FRANCESA.. 31


una ú otra junta que quisieran darles la mano.
Acercábase va el 20 de vaina' 18 de junio),


que era el dia señalado para la festividad del Ser
Supremo . El 16 habla que nombrar un presidente,
y la Convencion eligió por unanimidad á Robes-
Perre


para ocupar el asiento ; lo cual era afianzarle
el papel principal en la funcion del . 20. Sus com-
pañeros, como se está viendo, procuraban todavía
lisongearle y aplacarle á fuerza de honores. Gran-
des preparativos se hablan hecho arreglados al
plan concebido por David, y la fiesta debla ser
magnifica. El 20 por la mañana brillaba el sol con
toda la magnificencia de su esplendor, y la muche-
dumbre, siempre dispuesta para asistir á las re-
presentaciones que le da el poder, se hrbia ido
reuniendo. Largo tiempo se hizo esperar Robes-
pierre, y por último se presentó en medio de la
Convencion. Estaba cuidadosamente engalanado,
con la cabeza cubierta de plumas, y teniendo en la
mano como todos los representantes un ramillete
de llores, frutos y espigas de trigo. Sobre su ros-
tro, ordinariamente tan sombrío, brillaba una ale-
gría que no le era comía Hablase colocado un
anfiteatro en medio del jardin de las Tullerias;
ocupábalo la Convencion, y á su derecha é izquier-
da se hallaban grupos de niños, hombres, ancianos
y mugeres. Los niños estaban coronados de viole-
tas, los adolescentes de mirto, los adultos de enci-
na y los ancianos de pámpanos y oliva. Las tnu-
geres tenian O. sus niñas de la mano v llevaban ca-
nastillos de llores. Al frente del anfiteatro se ha-
llaban las figuras que representaban el ateismo, el
egoismo V la discordia; y estaban destinadas á ir á
las llamas. Apenas tomó asiento la Convencion,




32 itsynuctori


cuando comenzó la ceremonia tocando la orquesta
una gran pieza de música, é inmediatamente des-
pues pronunció el presidente su primer discurso
sobre el objeto de la festividad, diciendo: «Trance -
«ses republicanos, llegó por fin el dia para siem-
«pro dichoso en que el pueblo francés celebra al
«Ser Supremo! Jamás el inundo que ha creado, le
«ofreció un e9ectaculotan digno á sus ojos. ila
«


vis-
to reinar sobre la tierra la tiranía, el crimen y la


«impostura; y vé en este momento á una nacion
«entera peleando con todos los opresores del gene-
«ro humano y suspendiendo el curso de sus heroicos
«trabajos, para elevar su pensamiento y sus votos
«hacia el Ser grandioso que le dió el encargo de
«emprenderlos, y el valor para ejecutarlos!»


Despues de haber hablado algunos minutos,
haia el presidente del anfiteatro, y tornando una
antorcha, pega fuego á los mónstruos del ateismo,
el egoísmo y la discordia. Sobre el centro de sus
cenizas aparece la estatua de la sabiduría; pero se
advierte que está ahumada por las llamas que la
rodean. Vuelve á su asiento Rohespierre v pronun-
cia otro discurso sobre la esti rpacion de los vicios
ligados contra la república. Despues de esta pri-
mer ceremonia, se ponen en marcha para dirigirse
al Campo de Marte, el orgullo de Robespierre va
tomando nuevo incremento, y aparenta andar muy
adelante de sus cóleras; pero indignados algunos,
se le acercan y le prodigan los sarnas nos mas
amargos. Mófanse unos del nuevo pontífice y le di-
cen, aludiendo á la estatuade lasabiduria, que ha-
bia aparecido toda ahumada, que su ciencia esta -
ha oscurecida. Otros pronunciaban la palabra ti-
rano, y esclaman que todavía hay Brutos. Bourdoa


FRAISCESA 33


del Oise le dice estas palabras : la roca Tarpeya
estdjunto al Capitolio.


Llega al fin la comitiva al Campo de Marte, en
donde en vez del antiguo altar de la patria, se ha-
llaba una gran montaña, en cuya cumbre habia
unárhol, y la Convencion se sienta bajo sus ramas.
Por las faldas de la montaña se van colocando los
diversos grupos de niños, ancianos y mugeres.
Principia una gran sinfonía, cantan en seguida los
grupos varias estrofas, respondiéndose alternati-
vamente ;y en fin, dada una señal los jóvenes des-
envainan sus espadas, y en mano de los ancianos
juran defender la patria; las madres alzan ensus bra-
zosá los pequeñuelos, y todos los asistentes elevan sus
manos hacia el cielo, y los juramentos de vencer
se mezclan á los homenages tributados al Ser Su-
premo. Vuélvense luego al jardin de las 'fullerías,
y terminase la funeion con juegos públicos.


Tal fue la famosa festividad celebrada en honor
del Ser Supremo. En este dia habia llegado Ro-
bespierre al apogeo de los honores, pero fue, para
derrumbarse precipitadamente. Su orgullo !labia
lastimado á todo el mundo. Los escarnios habian
llegado á sus oidos, y habla visto en algunos de
sus compañeros, una osadía desusada. Al dia si-
guiente, en la junta de salvacion pública, derrama
su cólera contra los diputados que le habian ultra-
jado la víspera; quéjase de aquellos íntimos ami-
gos de Danton, de aquellas reliquias del partido
indulgente y corrompido, y pide su sacrificio. Vi-
llaud-Varennes y Collot-d' Ile,rbois, que no esta-
ban menos agraviados que sus compañeros por el
papel que Robespierre habia representado la vís-
pera, se muestran muy frios, y poco solícitos en


Biblioteca popular,
T. IV. 472




,r
REVOLECION


vengarle. No defienden á los diputados de quie-
nes se queja Robespierre, pero cargan la mano so-
bre la última festividad, y manifiestau sus temores
acerca de sus resultados. Ila indispuesto, dicen, á,
muchos ánimos,por otra parte aquellas ideas
de Ser Supremo y. de inmortalidad del alma, aque-
lla pompa y boato, les parecen un retroceso á las
antiguas supersticiones, y puede hacer cejar á la
revolucion. Irritase entonces Robespierre coa es-
tos reparos; sostiene que jamás quiso el retroceso.
de la revolucion,. y que al contrario ha hecho todo
lo posible para acelerar su marcha, y ea prueba de
ello, cita un proyecto de lev que acaba de redactar
con Couthon, y que tiende á hacer todavía mas
severo el tribunal revolucionario. Veamos cuál
era este proyecto.


Dos meses hacia que se trataba de algunas
modificaciones eu la organizacion del tribunal re-
volucionario. La defensa de Danion, Camilo, Fa-
-bre v Lacroix, Libia hecho palpable el inconve-
niente que resultaba de haber conservado algunos
restos de formas judiciales, y apenas se pasaba dia,
en que no fuese indispensable oir testigos y abo-
gados, y por breve que fuese la audiencia y ceñi-
da á la defensa de los ahogados, siempre resulta-
ba cierta perdida de tiempo y daba motivo á.11atnar
la atencion. Los ;efes de este gobierno, deseosos:
de que todo se ejecutase pronta y calladamente,
anhelaban la supresion de estas formalidades Metí-
modas. Acostumbrados á pensar que la revolucion
tenia derecho para destruir á todos sus enemigos,
y que á la simple inspeccioa se los debía


creian, que los procedimientos revoluciona-
dos no se podían hacer mas espeditos; y Robes-


FRANCESA. 35


pierre, encargado particularmente del tribunal,
habla dispuesto la ley con Couthon solo, porque
Saint-Just estaba ausente. No se habla dignado
consultar á sus demas compañeros de la junta de
salvacion pública, y acedia únicamente a leerles
el provecto antes de presentarlo. Aunque Barrere
y Collot-d' Herbois estuviesen tan dispuestos como
él á admitir disposiciones sanguinarias, debian
acogerlo con frialdad, puesto que 'labia sido con-
cebi.lo y dispuesto sin su intervencion. Acordóse
sin embargo que se propondria al dia siguiente, y
que Couthon seria el informante: pero ninguna sa-
tisfaccion se concedió á Robespierre por los ultra-
bes de la víspera.


Tampoco se consultó á la junta de seguridad
general sobre dicha ley. Supo, si, que se disponia
una , pero no se llamó- ,para que tomase parte en
ella. Quiso á lo menos , que sobre los cincuenta
jurados que se debia señalar, se nombrasen veinte;-
pero Robespierre los desechó todos y eligió única-
mente á sus hechuras. IIizose la proposicion el 22
de predial , informando Couthon. Despees de las
declamaciones de costumbre sobre la inflexibili-
dad y prontitud que debían ser siempre los atri-
butos de la justicia revolucionaria, levó el provec-
to redactado en un estilo horroroso: El tribunal
debía dividirse en cuatro secciones, compuestas de
un presidente, tres jueces y nueve jurados. Nom-
brábanse doce jueces , y cincuenta jurados , que
debian irse sucediendo en el ejercicio de sus fun-
ciones: de manera que el tribunal pudiera residir
todos losdias. No habla mas pena que la de muerte.
El tribunal, decia la lev , se (labia instituido para
castigar á los enemigos del pueblo segun la defi-


.




36 P.F.VOLUCtoN
nicion mas lata y variable de esta palabra. Com-
prendianse en este número los proveedores infie-
les , y los que alarmaban con malas noticias. La
facultad de citar á los ciudadanos al tribunal re-
volucionario, tocaba á entrambas juntas, á la Con-
vencion , á los representantes en comision y al
fiscal Fouquier-Tin y ille. Si existian pruebas, ya
materiales , ya morales, no debla escucharse á los
testigos. En un, un artículo contenía estas pala-
bras: La ley concede por defensores á los patriotas
calumniados, jurados patriotas; pero no los concede
á los conspiradores.


Una ley que suprimia todas las garantías , que
limitaba la sumaria a un mero liamain .rento nomi-
nal, y que, atribuyendo á las dos juntas la facul-
tad de citar á los ciudadanos al tribunal revolu-
cionario , les concedia de este modo derecho de
vida y de muerte, les debió causar un verdadero
horror, especialmente á los individuos de la Con-
vencion, ya bastante inquietos por sí mismos. No
se espresaba en el proyecto, si la juntas tendrian O
no la facultal de citar á los representantes al tri-
bunal sin pedir antes un decreto de formacion de
causa; y por lo tanto las juntas podían enviar á sus
compañeros al cadalso, sin mas formalidad de jui-
cio que señalárselos á Fouquier-Tinville. Asi es
que los restos de la supuesta faecion de los indul-
gentes se alborotaron, y por primera vez , despues
de mucho tiempo, se vió presentarse una oposi-
cion en el seno de la asamblea. Ruamps pidió la
inapresion y el emplazamiento del proyecto dicien-
do: que si la ley se adoptaba sin emplazarla, no
quedaba mas arbitrio que levantarse la tapa de los
sesos. Lecointre de Versalles apoyó el emplaza-


FRANCESA. 37


miento, v Robespierre se presentó inmediatamen-
te para arrollar esta resistencia inesperada. «Hay,
«dijo , dos opiniones tan antiguas temo nuestra
«revolucion; una que tiende á castigar de una Iva-
(mera pronta é inevitable a los conspiradores; otra
«que se dirige á absolver á los culpables , y esta
«Ultima no ha dejado de reproducirse en todas
«ocasiones. Hoy se presenta de nuevo, y aqui es-
«tos' yo oara combatirla. Dos meses hace, que el
«tribunal se queja de las trabas que entorpecen su
«marcha; se queja de la escasez de jurados, luego
«es necesario hacer uaa ley. En medio de las vic-
«torias de la república, los conspiradores andan
«mas dili gentes y solicitos que nunca, y es forzo-


so hundirlos. Ésta oposicion inesperada que se
«manifiesta no es natural, é intenta dividir la Con-
«vencion y asustarla.—No , no , esclaman muchas
«voces , no nos dividirán.—Nosotros , añade Ro-
«bespierre , hemos defendido siempre la Conven-
«cion, y no tiene que temernos. Por lo (lemas, he-
mos llegado al punto en que se podrá matarnos,


«pero en que nadie nos impedirá que salvemos la
«patria.»


Robespierre no dejaba una sola vez de hablar
de puñales y asesinos, como si siempre le amaga-
ran. Bourdon del Oise le responde que si el tri-
bunal necesita jurados no hay mas que adoptar
al momento la lista propuesta , porque nadie in-
tenta detener la marcha de la justicia; pero que se
debe emplazar lo demas del provecto. Vuelve Ro-
bespierre á la tribuna, y responde que la ley no es
ni mas complicada ni mas oscura que otras muchas
que se hahian adoptado sin .discusion ; v que en
el momento en que los defensores de la libertad




38 REVOLUCION


están amenazados con el puñal, no se debia entor-
pecer el castigo de los conspiradores. Propone en
fin que se discuta la ley artículo por articulo, y se
permanezca hasta media noche para decretarla en
el mismo dia. Prevalece todavía el imperio de Ra-
bespierre, v la ley se lee y se adopta al punto.


Sin embargo,' Bourdon, Tallien y cuantos in-
dividuos tenían temores personales , estaban azo-
rados con semejante ley. Las juntas , arbitras ea
citar a todos los ciudadanos ante el tribunal revo-
lucionario sin esceptuar á los miembros de la repre-
sentacion nacional, les hacian temblar de espanto,
al verse espuestos á que los arrebatasen á todos.
en una noche, y los entregasen á Fouquier sin co -
nacimiento de la misma Convencion. El dia si-
guiente 23 de pradial, pide Bourdon palabra y
dice: «Concediendo á las juntas de salvacion pú-
blica, y de seguridad gene.


ral, el derecho de citar
«á los ciudadanos ante el tribunal revolucionario,
«sin duda la Convencion no ha sobreentendido que
«el poder de las juntas se estendiese á todos sus
«individuos, sin un decreto anterior.—No, no, es-
«claman por todas partes.—Estos murmullos los
«esperaba yo, continúa Bourdon ; ellos me prue-
«ban que la libertad es imperecedera.»—Esta re-
flexion causó una sensacion profunda , y Bourdon
propuso se declarase que los miembros de la Con-
vencion no se podrían entregar al' tribunal revolu-
cionario sin un decreto de formacion de causa. Ha-
Ilábanse ausentes las juntas , y la proposicion de
Bourdon fue acogida. Alerlin pidió la cuestion an-
tecedente; se suscitaron murmullos contra él, pero
se esplicó y pidió la cuestion antecedente con una
observacion, á saber: que la Convencían no habla


FRANCESA. 39


podido desprenderse del derecho de decretar sola
sobre sus propios individuos, y la observacion se
adoptó con satisfaccion general.


Uua escena de aquella noche hizo mas estrepi-
tosa todavía esta oposicion tan nueva. Estabanse
paseando Tallien y Bourdon por las '1 ullerias ,
muy de cerca les iban siguiendo algunos espías
la junta de salvacion pública. Cansado Tallien, se
vuelve , les provoca , los llama espías viles de la
junta, y les encarga que vayan á referir á sus se-
fiares cuanto han visto y oido. Causó grande sen-
sacion este lance, y se irritaron Couthon y Robes-
pierre. Preséntanse al otro dia á la Convencion, re-
sueltos á quejarse altamente de la resistencia que
están esperimentando, y Delacroix y Ala-llamé les
suministran la ocasion. Pide Lacroix que se carac-
terice de una manera mas terminante, quiénes son
á los que la ley calilica de depravadores de las cos •
lumbres; y N'afirme pregunta lo que han queri-
do decir por estas palabras: la ley no concede
mas defensores á los patriotas calumniados que la
conciencia de los jurados patriotas. Sube entonces
Couthon á la tribuna v se queja de las nuevas en-
miendas propuestas. '«Se ha calumniado , dice, á
«la junta de salvacion pública, aparentando supo-
ner que deseaba tener la facultad de enviar al


«cadalso a los miembros de la Convenciou. Que
«los tiranos calumnien a la junta, es natural; pero
«que la misma Convencion dé al parecer nidos á la
«calumnia, es una injusticia intolerable, v no puedo
«menos de quojarme de ella. A y er se ha'aplaudido
«mucho á cierto feliz clamor al probar que la liber-
«tad era imperecedera, como si esta libertad estii-
«viese amenazada. Para dar este ataque, se aprG-•




1




40 REVOLUCION


«vechó el momento en que los individuos de la
«junta estaban ausentes. Semejante conducta es
«desleal, y propongo que se suspendan las en-
« miendas adoptadas a yer, y las que acaban hoy
«de proponer.»----Contesta Bourdon, que el pedir
esplicaciones sobre una le y


no es un crimen; que
si se habla aplaudido aquel clamor era porque es-
taban satisfechos de hallarse acordescon la.Con y en-
cion; y que si por unapor otra parte se manifes-
tase la misma aspereza', seria imposible discutir.
«Acúsanme, dice, de hablar como Pitt v Coburgo;
«si yo respondiese del mismo modo, ¿,dónde esta-
«ria‘Mos? Aprecio á Couthon, á las juntas, y á la
«Montaña que ha salvado la libertad.—Aplaudense
estas esplicaciones de Bourdon que no eran otra
cosa que disculpas; pues la autoridad del os dictado-
res era todavía demasiado fuerte para ser arrostra-
da sin miramientos. Toma Robespierre la palabra, y
hace un discurso difuso , lleno de orgullo y amar-
gura. «Montañeses, dice, siempre sereis el baluar-
«te dela libertad pública, pues nada teneis de coman
«con los intrigantes y los perversos, cuales-
«quiera que sean. Si se empeñan en colocarse en-
tre vosotros, no por eso dejan de ser muy estra-


«ños á vuestros principios. No tolereis que algunos
«maquinadores , mas despreciables que los otros,
«por cuanto son mas hipócritas, se empeñen en
«arrebatar parte (le vosotros, ven hacerse caudillos
«de un partido....»—Bourdon del Oise interrum-
pe á Robespierre, diciéndole que nunca ha queri.
do acaudillar á un partido.—Sigue Robespierre sin
contestarle: «Seria, dice, el colmo del oprobio, si
«calumniadores que estravian á nuestros compa-




ñeros »— Bourdon le interrumpe de nuevo.


FRANCESA. 4 4


iyPido esclama, que se pruebe todo lo que se vá
«sentando, pues acaba de decirse claramente que
«soy un malvado.—No he nombrado á Bourdon,
«contesta Robespierre. ¡Ay de aquel que se nom-
«bre á si mismo! Sí, la Montaña es pura, es subli-
«me, v los intrigantes no son de, la Montaña.» En
seguida se estiende Robespierre largamente sobre
los esfuerzos hechos para atemorizar a los indivi-
duos de la Convencion • para persuadirles que es-
tán en peligro, y dice que solo los culpables están
asustados y quieren asustar á los denlas. Entonces
refiere la ocurrencia de la víspera entre Tallien y
los espías, que llama correos de la junta. Esta re-
lacion produce esplicaciones muy vivas de parte
de l'afilen, y le resulta una lluvia de injurias. En
Bu, termínanse todas estas discusiones con la adop-
cion de las demandas hechas por Couthon y Ro-
bespierre. Las enmiendas de la víspera se suspen-
den, las del dia se rechazan, y la horrorosa lev del
22 queda cual la hablan propuesto.


Segnian, pues, triunfando otra vez los goberna-
dores de la junta, y temblaban sus contrarios. Ta-
Hien Bourdon , luamps, Delacroix. , :ganarme y
cuantos habian puesto reparos á la se con:-
ceptuaban perdidos , y tercian á cada instante
verse presos. Aunque el decreto anterior de la
Convencion fuese necesario para la formacion de
causa, estaba toda tan intimidada, que podia con-
ceder cuanto le pidiesen. Había espedido el decre-
to contra Danton, y era fácil que lo repitiese con-
tra los amigos que le sobrevivían. Corrió la voz
de que estaba hecha la lista , y el número de las
víctimas asceudia á doce, v luego á diez v ocho.
Nombrábanse, y al momento quedaren tan'despa-




42 REVOLUCION
yoridos, que mas de sesenta individuos de la Con-
vención no dormian ya en sus casas.


Sin embargo, un obstáculo se oponia para que
se dispusiese de sus vidas tan facilmente como
lo tunal). Estaban desavenidos los miembros del
0-obierno, v ya se ha N¿ isto que Villaud•Varennes,
Collot y Barrere habían contestado friamente a las
primeras quejas de Rohespierre contra sus compa-
ñeros. Los individuos de la junta de seguridad ge-
neral le estaban mas opuestos que nunca , por
cuanto acababan de quedar separados de tedia coo-
peracion á la ley del 92,, y aun parece que algunos
estaban amenazados. Robespierre y Couthon lie-
-vaban mas lejos la exigencia hubieran querido
sacrificar un crecido número de diputados , pues
hablaban de Tallien, Bourdon del Oise, Thuriot,
Royere, Lecointre, Pa p is, Zmestier Legendre,
Freron y Barras, pidiendo tambien á Cambon; cu-
ya nombradía de hacendista les molestaba, y que
al parecer estaba opuesto a SUS crueldades.— En
lin; hubieran querido que sus tiros alcanzaran á
los individuos mas pronunciados de la Montaña,
como Do val, A udouin v Leonardo /Jourdan. * Los
vocales de la junta ele -salvacion pública , Viflaud,
Collot, Barrere y todos los de la junta de seguri-
dad general rehusaban su consentimiento; pues es-
teudiendose el peligro á tan crecido número de ca-
bezas, podio concluir bien pronto por amenazar á
las suyas.


En estas hostiles disposiciones se hallaban , v
poco dispuestos acerca del nuevo sacrificio, cuan-
do una circunstancia postrera acarreó un rompi-


* Véase la lista presentada por Yillate en sus memorias.


FBANCESA.
4 3


miento definitivo. La junta de seguridad general
[labia descubierto las reuniones que se celebraban
en casa de Catalina Theot. Supo que aquella sec-
ta estravagante encumbraba á Robespierre á laca-
te profeta , y que este habla dado unacroria de un
certilicacion de civismo á Dom Gerle. Inmediata-
mente Vadier, Vouland, Jagot y Amar resolvieron
vengarse presentando á esta secta como á una reu-
nion de conspiradores peligrosos, denunciándola á
la Convencion, v haciendo que recayese de esta,
manera sobre Rohespierre parte de la odiosidad y
ridiculez que llevaba consigo. Enviaron á un agente,.
Senart, quien, bajo pretesto de quererse iniciar,
se introdujo en una de sus reuniones. En medio de
la ceremonia, se asoma á una ventana, hace señas-
á la tropa, y prenden á casi toda la secta , inclusos-
Dom Gerle y Catalina Theot. Encontróse la certifi -
cacion de civismo dada por Rohespierre á Dom
Gerle, y se halló tarnbien en la cama de la madre
de Dios una carta que escrihia á su querido hijo,
al primer profeta , en lin , á Rohes pierre. Cuando
este supo que iban A. perseguir á la secta, quiso
oponerse y provocó una discusion sobre este pun-
to en la junta de salvacion pública. Ya se ha visto
que Villatid y Collot no estaban inclinados al deis--
mo, y que velan con ceno el uso político que inten-
taba hacer Rohespierre de aquella creencia. Insis-
tiendo Robespierre en atajarla , se empeñó viva-
mente la discusion; sufrió expresiones sumamen-
te injuriosas, quedó desairado; y se retiró llorando
de rabia. La disputa !labia sido tan fuerte , que
para evitar que se oyese al atravesar las (rale-
rías, resolvieron los vocales trasladar el sitio de
sus sesiones al piso superior. Dióse el informe á la




44 REVOLUCION


Convencion contra la secta de Catalina Theot, y
Barrere para vengarse a su modo de Rohespierre,
habla redactado secretamente el informe que de-
bia pronunciar Vouland. Representabase en él á.
la secta tan ridicula como atroz; y la Convencion,
ya escandalizada, ya divertida con el cuadro tra-
zado por Barrere, decretó la formacion de causa
contra los principales de la secta , y los envió al
tribunal revolucionario.


Indignado Robespierre de la resistencia que
encontraba, y de las injurias que habia recibido,
renunció á presentarse en la junta, y resolvió no
tomar va parte en sus deliberaciones. Retiróse en
los últimos di gas (le m'alai lrnediados de junio),
y este retiro prueba la naturaleza de su ambicion.
Un ambicioso jamás se enoja, irritase, contra los
obstáculos, pero se apodera del poder, y estrella
á los que le han ultrajado. Un desafiador ende-
ble y vanidoso se encoleriza , y cede cuando no
encuentra va ni adulaciones , ni acatamientos.
Danton se Babia retirado por pereza y fastidio;
Robespierre lo hizo por su lastimada vanidad. Que-
daba solo Couthon contraYillaud -N'arenes, Collot
d' Herbois y Barrere, y estos últimos iban á apo-
derarse de Iodos los negocios.


Todavía no eran conocidas estas desavenencias,
sabíase tan solo que las dos juntas no estaban
acordes, y todos estaban mos' gozosos con esta
iudisposicion esperando que detendria las pros-
cripciones. Los que se hallaban amenazados se
acercaban á la junta de seguridad general, la li-
songeaban, la imploraban y aun habian recibido
de algunos individuos tranquilizadoras promesas.
Ellas Lacoste, Moises Bavle , Lavícomterie y Du-


FRANCESA. 45


barran,


los mejores individuos de la junta de se-
gauirTi adzild, general, habian prometido rehusar su lir-
ma á toda nueva lista de proscripcion.


Alas en medio de estas contiendas; los jacobi-
nos seguian siempre afectos á Robespierre, sin es-
tablece r todavía distincion alguna entre los dis-
tintos miembros de la junta, entre Couthon , Ro-
bespierre y Saiut-Just por una parte , y Villaud
Varennes, Collot y Barrere por otra. No veian mas
que el gobierno revolucionario de un lado, y del
otro ayunos restos de la faccion de los indulgen-
tes; algunos amigos de Danton , quienes con mo-
tivo de la ley del 22 de pradial, acababan de le-
vantarse contra el gobierno benéfico. Robespierre,
que lo habla defendido al defender la ley , era
siempre para ellos el primero y mas grande ciu-
dadano de la república; todos los domas eran in-
trigantes que convenia destruir. Por tanto esclu-
yero(' del todo á Tallien de su junta de correspon-
iiencia, no habiendo contestado á las acusaciones
dirigidas contra él en la sesion del 21. Desde aquel
dia, Collot y Villaud-Varennes, conociendo la in-
fluencia de Robespierre dejaron de presentarse en
los jacobinos. ¿Qué hubieran podido decir? no les
era dado esponer sus agravios absolutameate per-
sonales hacer al público juez entre su orgullo y
el de Robespierre. No les quedaba mas queespe-
rar y callarse, dejando el campo libre á Robes-
pierre y á Couthon. El rumor de una proscripcion
nueva Babia producido un efecto peligroso, v Cou-
thon se apresuró á desmentir ante la sociedad los
proyectos que se atribuian contra veinte v cuatro


aun contra sesenta miembros de la Coa'-encion.y
«Todavía vagan en torno nuestro, dice, las soin-




1


•6 REVOLUCION
«bras de Danton, de liebert y Chaumette, aun in-


tentan perpetuar el desconcierto y la discordia.
«Ejemplo patente es lo que ha pasado en la sesion
«del 24: tratase de desavenir al gobierno y descon-
ceptuar á sus individuos, pintándolos como los


«Sylas y los Nerones; delibérase en secreto, reú-
«nense, (brin:alise listas supuestas de proscripcion,
«y asústase á los ciudadanos para convertirlos en
«enemigos de la pública autoridad. No ha muchos
«dias corria la noticia de que las juntas iban á
«hacer prender á diez y ocho diputados de la
«Convencion, y aun se les llegó á nombrar. Rece-
«lad de estas insinuaciones alevosas; los que tales
«rumores esparcen son cómplices de Hebert y de
«Danton , temen el castigo de su conducta crimi-
nal, procuran unirse con las gentes honradas,


«con la esperanza de que á su sombra podrán fa-
«vilmente libertarse del ojo de la justicia ; pero
«tranquilizaos; el número los culpables es muy
«corto; Teduciéndose, quizá á cuatro 6 seis, y se:
«rán castigados , porque ha llegado el tiempo de
«libertar á la república de los últimos enemigos
«que conspiran contra ella. Descansad en cuanto
«á su salvacion sobre la energía y la justicia de las
«juntas.»


Diestro y artero era el reducir á un corto nú-
mero los proscriptos que quería castigar Robes-'
pierre. Los jacobinos, seguncosturnbre, aplaudie-
ron el discurso de Coutbon , pero dicho discurso
no tranquilizó á ninguna de las víctimas amenaza-
das; v cuantos se creían en peligro continuaron
durmiendo fuera de sus casas..latnás el terror ha-
bía sido tan grande, no solamente en la Conven-
cion, sino ea las cárceles y en toda la Francia.


FRANCESA. 47


Los crueles agentes de Robespierre, el fiscal
Fouquier-Tinville y el presidente Domas, se ha-
bían apoderado de la ley del 22 de pradial , é iban
a asolar las prisiones. Bien pronto, debia Fouquier,
p ronto se pondrá en las puertas este anuncio:
Ésta casa se alquila. El proyecto era librarse de la
mayor parte de los sospechosos, acostumbrándose
á considerarlos como enemigos irreconciliables,
con quienes se debla acabar para la salvacion de
la república. Sacrificar á millares de individuos sin
otra culpa que pensar á su modo, y aun como pen-
sa.han sus perseguidores, parecía una cosa natural
por la costumbre de estarse destru yendo unos á
otros. La facilidad ea matar y en morir era ya es-
traordinaria. En los campos de batalla y en el ca-
dalso perecían diariamente los hombres á millares
sin.causar la menor estralleza. Los primeros ase-
sinatos cometidos en 93 provenían de una irrita-
clon verdadera y motivada por el peligro.; pero<
ahora había cesado este, y estaba la república vic-
toriosa; ya no se degollaba por indignacion; sino
por la costnin'Ire funesta que de ello se había con-
unido. Aquella máquina formi.lable que fue nece-
sario inventar para resistir á enemigos de toda es-
pecie, iha ya siendo innecesaria : pero una yaz
puesta en accion , no sabias detenerla : todo r'


.7o-
bierno comete escesos y solo perece cuando llega
al colmo de ellos. El gobierno revolucionario no
debia concluir 01 mismo día en que los enemigos
dela república fuesen harto formidables , sino que
debia ir adelante, y cebarse hasta que horrorizase á
todos los corazones con su misma atrocidad. Las
cosas humanas no marchan de otro modo. ¿Porqué
unas circunstancias pavorosas habian obligado á




48 REVOLUCION
crear un gobierno de muerte, que no podia reinar
ni vencer sino con ella?


Lo peor de todo es que una vez dada la señal,
y cuando se ha sentado la base de que es necesa-
rio sacrificar vidas, y que sacrificándolas se sal-
vará el Estado , todo se dispone para este objeto
espantoso con una singular facilidad. Todos obran
sin remordimientos ui repugnancia ; cada cual se
acostumbra á este ejercicio como .el juez á enviar
los reos al cadalso, el médico á ver pacientes bajo
su instrumeato, y el general á mandar el sacrifi-
cio de veinte mil soldados. ildóptase un lenguaje
horroroso al par de las nuevas operaciones; trué-
casele aun en festivo, y se encuentran expresiones
picantes para espresar ideas sanguinarias. Todos
andan arrollados v aturdidos en el torrente , vién-
dose hombres que' lavíspera se dedicaban apacible-
mente á las artes y al comercio, ocuparse con la
misma facilidad de muerte v destruccioa.


La junta había dado la señal con la ley del 22, y
Domas y Fouquier la hablan comprendido dema-
siado. Sin embargo, se necesitaban pretestos para
s:;orificar á tantos desgraciados. ¿Qué delito se les
podia suponer, cuando los mas eran ciudadanos
pacíficos, desconocidos, y que jamás habian dado
al gobierno señal alguna de vida ? Ideóse que su-
mergidos en las cárceles, debian tratar de huirse,
y que su número debia darles idea de sus fuer-
zas. La conspiracion supuesta de Dillon , fué el
germen de esta especie, que se desarrolló de una
manera atroz. Sirviéronse de algunos miserables
que estaban presos, y se avinieron a hacer el pa-
pel infame de delatores. Designaron en el Luxem-
burgo ciento sesenta presos, que decian haber si-


FRANCESA. 49


do cómplices de Dillon , y lo mismo se procuró
hacer en las denlas cárceles , formando listas en
que se denunciaban )7a ciento, va doscientos in-
dividuos como cómplices en la conspiracion de los
presos. Una tentativa de evasion hecha en la Fuer-
za, les vino bien para autorizar esta infame pa-
traña, y al momento principiaron á enviar cente-
nares de desgraciados al tribunal revolucionario.
Encaminábanlos de las varias cárceles á la Con-
sergería, para ir de allí al tribunal y al cadalso. En
la noche del 18 al 19 de mesidor (6 de junio) , se
citaron á los ciento sesenta señalados en el Lu-
xemburgo; temblaron al oir el llamamiento, y sin
saber lo 'que se les imputaba, estaban viendo que
lo mas probable era la muerte que les tenian pre-
venida. Luego que el atroz Fouquier tuvo en sus
manos la ley del 22, mandó hacer notables va-
riaciones en el salon del tribunal. En vez de los
asientos de los abogados y del banco de los reos,
capaces únicamente de diez y ocho á veinte, habia
hecho construir un anfiteatro donde cabian ciento
cincuenta juntos. Llainábalo sus gradillas , y lle-
vando su ímpetu hasta una especie de estravagan-
cia, habia hecho levantar un cadalso en el propio
salon del tribunal, proponiéndose sentenciar en
la misma sesion á los ciento sesenta acusados del.
Luxemburgo.


Sabedora la junta de salvacion pública del deli-
rio de su fiscal, lo llamó, y le mandó que hiciese
quitar al instante el cadalso del salon, prohibién-
dole citaramasde sesenta reosde una vez. ¿Preten-
des, le dijo Collot-d' Herbois en un rapto de cóle-.
ra, desmoralizar hasta el suplicio? Sin embargo, hay
que advertir que Fouquier ha afirmado lo contra


Biblioteca popular.
T . pi. 473




50 REVOLtiCION


rio, y sostenido que él era quien habia pedido la
sentencia de los ciento sesenta en tres veces. A pe-
sar de esto, todo manifiesta que la junta fué menos
estravagante que su ministro , y que reprimió
su desvarío , pues hubo que secundar la Orden á
Fouquier-Tiaville para que quitase la guillotina
del salon del tribunal.


Repartiéronse pues, los ciento sesenta en tres
grupos, los cuales fueron juzgados y ejecutados en
tres dias. El espediente se había hecho tan preci-
pitado y tau horroroso , como el que se empleaba
en el postigo de la Abadia eu las noches del 2 y 3
de setiembre. Las carretas dispuestas para todos
los dias , estaban esperando desde por la mañana
en el patio del palacio de la justicia, y los reos po-
dian verlas al subir al tribunal. El presidente Do-
mas, sentado como un frenético, tenia dos pistolas
sobre la mesa, preguntaba á los reos solamente su
nombre, y apenas alguna otra especie general. En
el interrogatorio de los ciento sesenta, dijo el pre-


•sidente á uno de ellos llamado Doriva!: ¿Tereis
noticia de la conspiracion?—No.—Va esperaba yo
esa contestacion , pero no os valdrá. A otro.—Di-
rigióse á un tal Champigny y le preguntó, ¿eras no-
ble?—Si.—A otro. A Guedreville, ¿Sois sacerdo-
te?—Si,pero he jurado.—Basta, ya. no teneis la
palabra.—:1 otro, llamado henil : ¿No érais criado
del ex-constituyente Menou?—Si —Venga otro;
preséntase el llamado Vely , y le dice: ¿No érais
arquitecto de la princesa?—Si, pero me despidie-
ron en 1788.—Venga otro ; á Gondrecourt dice:
¿No teneis á vuestro suegro en el Luxemburgo?—
Si.—Otro; á Durfort: ¿No erais guardia de corps?


Si, pero me licenciaron en1789.—Otrol Otro!..


FRANCESA. 51


De esta manera se instruía el proceso de estos
desgraciados . Como la lev espresaba que no nece-
sitaban testigos cuando hubiese pruebas materia-
les ó morales, tuvieron cuidado de no convocarlos,
afirmando que siempre las pruebas eran de aquella
especie . y ni siquiera los jurados se tomaban el
trabajo de pasar ala sala del consejo, pues opinaban
en la misma audiencia y sentenciaban en seguida,
teniendo los reos apenas tiempo para levantarse y
decir sus nombres. Presentóse una vez uno de es-
tos desgraciados, cu yo nombre no estaba en la lis-
ta v le dijo al tribunal: yo no soy acusado , su-
puesto que mi nombre no consta en esa papeleta.
Y ¿que importa? dijo Fouquier, decidlo al punto.—
Lo dijo


'


y fue, enviado al cadalso como todos los
demas. En esta especie de bárbara administracion
todo era negligencia y abandono: soltase omitir,.
por efecto de precipitacion , el notificar los cargos
que daban á los reos en la misma audiencia , in-
curriéndose en yerros desatinados. fn digno an-
ciano, llamado Loizerolles , oye pronunciar con su
apellido los nombres de su hijo, y no queriendo de-
cir una palabra le enviaron at cadalso. A poco
tiempo sentenciaron tambien al hijo v se echó de
ver que debla haber perecido muchos dias antes
porque ya se habla guillotinado á un individuo con
todos aquellos nombres, y en efecto era su padre;
sin embargo, pereció tambien. Muchas veces su-
cedia el llamar á presos que hacia tiempo estaban
ejecutados. Tenian sumarias dispuestas de ante-
mano á centenares , y no se hacia mas que inser-
tar los nombres de los individuos , y otro tanto se
practicaba con las sentencias. La imprenta estaba
junto al mismo salon del tribunal; las forinasoyi


ffi`.




52 REVOLUCION
corrientes , los títulos v los motivos compuestos,
para añadir luego los nombres comunicándolos por
una ventanilla al regente. Tirábanse al momento
miles de ejemplares, é iban derramando el dolor en
las familias, y el espanto en las prisiones. Los que
vendian el Boletin del tribunal debajo de las ventanas
de los presos, gritaban: ¡ Hé aqui los que han ganado
en laloterta de la. santa guillotina! Los reos queda-
han ejecutados al salir de la audiencia, ó cuando
mas al dia siguiente, si era va muy tarde.


Desde que se publicó la ley de 22 de pradial
caían diariamente de cincuenta á sesenta cabezas,
y decía Fouquier: esto cd muy bien, porque las cabe-
zas caen lo mismo que tejas, pero en. la. semana pró-
xima irá todavia mejor porque necesito hasta cuatro-
cientas cincuenta á lo menos ' Para esto hacian lo
que llamaban pedidos á los carneros, nombre dado
á los espías que tenian el encargo de acechar á los
sospechosos , y que eran el pavor de las cárceles.
Encerrados como sospechosos. no se sabia á pun-
to fijo cuales eran los que se encargaban de seña-
lar las víctimas: pero se echaba de ver en su inso-
lencia, en las preferencias que merecían á los car-
celeros, y en las orgías que celebraban en los ras-.
trillos con los agentes de policía. A menudo daban
á conocer su importancia para traficar con ella. Se
veian alhagados y aun implorados por los trémulos
presos, recibiendo grandes sumas para que no pu-
siesen su nombre en las listas. Hacían suselecciones
á bulto , diciendo de este que habia hablado como
aristócrata , y de aquel que habia bebido un dia.


* 'Véase sobre todos estos detalles la larga causa de Fouquier •
Tinville.


FRANCESA 53


en que se anunciaba una derrota de los ejércitos, y
su apunte era sentencia de muerte. Llenábanse, los
nombres dados por ellos en otras tantas sumarias, y
por la noche iban á notificarlas a los presos y a
trasladarlos á la Consergería, lo cual se llamaba en
el idioma de los carceleros el periódico de la noche.
Al oir estos desgraciados el ruido de los canelones
que venian en su busca , padecían una ansiedad
tan cruel como la muerte ; corrían y se pegaban a
los rastrillos para oir la lista, temblando de que su
nombre sonase en boca de los porteros. Despues de
nombrados abrazaban a sus compañeros de des-
ventura, v se daban la despedida de la muerte.
Frecuentemente se veían las separaciones mas do-
lorosas, como la de un padre que se desliada de los .
brazos de sus hijos; y un esposo de los de su espo-
sa. Los que sobrevivían eran tan desgraciados co-
mo los conducidos á la caverna de Fouquier-Tinvi-
lle, y se retiraban esperando juntarse luego con sus
parientes. Acabada esta funesta operacion, respira-
ban las cárceles, pero solo hasta el dia siguiente,
en que se renovaban otra vez las angustias , es-
tremeciendo á todos el fúnebre estruendo de los
carretones.


Sin embargo, la compasion publica principiaba
á presentarse de tal modo que llegaba á inquietar
á los esterminadores. Los mercaderes de la callede
San lionorato, por donde pasaban todos los días las
carretas, cerrabais sus tiendas; y para privar á las
víctimas de estas demostraciones de dolor, se tras-
ladó el cadalso á la barrera del Trono, en donde no
se halló menos compasion de parte de los operarios,
que en las calles mejores de Paris. El pueblo en
un momento de embriaguez, puede ser implacable




REVOLUCION


con las victimas que él mismo esta degollando; pe-
ra el ver espirar diariamente cincuenta y sesenta
desventurados contra los cuales no se ha enfureci-
do, es un espectáculo que no puede menos de en-
ternecerle. Esta compasion sin embargo era todavía
callada y silenciosa. Todo lo que las cárceles en-
cerraban de mas distinguido hacia ido pereciendo;
la desdichada hermana de Luis XVI, fue tambien
inmolada ; y de la mas encumbrada gerarquia , se
descendia á la ínfima. plebe. Hallamos en las listas
del tribunal revolucionario de aquella época , sas-
tres, zapateros, peluqueros , carniceros, labrado-
res botilleros y aun jornaleros , condenados por
pareceres, y espresiones reputadas contrarevolu-
cionarias. Para dar en fin una idea del »Cunero de
las ejecuciones de esta época , bastará decir que
desde el mes de marzo de 1793, en que el tribunal
entró en ejercicio, hasta junio de 179.1 (22 de pra-
dial, año II), habla condenado á quinientas setenta
y siete personas; y desde el 10 dejunio (22 de pra-
dial) al 9 de termidor (27 de julio) , condenó á mil
doscientas ochenta y cinco ; y asi asciende el nú-
mero de víctimas hasta el 9 de termidor a mil ocho-
cientos sesenta y dos.


Sin embargo, no vivian tranquilos los ejecuto-
res. Dunas estaba azorado, y Fouquier no se atre-
via á salir por la noche, temiendo que le asesina-
sen los parientes de sus víctimas. Atravesando un
dia los postigos del Louvre con Scnart se asustó
con un ligero ruido , y era el de un individuo que.
pasaba cerca de él.--r<Si hubiese ido solo , escla-
mó, me hubiera sucedido alguna cosa.»


No era menor que el de Paris el espanto que.
reinaba en las principales ciudades de Francia..


FBANCESA,


Habían enviado por ejemplo, á yutes, para casli-
r,
...ar á la Vendée al general Carrier, quien jóvel to-
davía, era uno de aquellos entes medianos y vio-
lentos, que en el torrente de las guerras civiles se
convierten en mónstruos de crueldad y
(r


estrava-
ucia Al llegar á Nantes principió diciendo que


era necesario degollar á todo el mundo , y que á
pesar de la promesa de indulto hecha á los ven-
deanos que depusieron las armas, no se debla dar
cuartel á ninguno de ellos. Habiéndole hablado las
autoridades constituidas de que era menester cum-
plir la palabra dada á los rebeldes, les dijo : «sois
unos miserables , no sabeis otro oficio , y os haré
guillotinar á todos,» y principió á fusilar y metra-
llar por cuadrillas de ciento y de doscientos á los
desventurados que se rendian. Presentábase en la
sociedad popular con el sable en la mano y la inju-
ria en los labios, amenazando siempre con la gui-
llotina; y no conviniéndole luego esta sociedad,
la disolvió. Intimido de tal manera á las auto-
ridades que ya no se atrevian á presentarse á él.
Un dia en que quisieron hablarle de abastos, res-
pondió á los empleados municipales, que aquel ne-
gocio no era suyo, que al primer canalla que le ha-
blase de abastos le echaria la cabeza abajo , pues
que no tenia su tiempo para ocuparse de sandeces.
—Este insensato no creía tener otra comision que
la de degollar.


Quena castigar á 'un tiempo á los vendeanos
rebeldes y á los cantases federalistas, que hablan
intentado un movimiento en favor de los r.‹,irondi-
nos, despues del sitio de la ciudad. Los desgra-
ciados que diariamente lograban escaparse de la
matanza del Manos y


. de Savenay iban llegando en




56 BEYOLUCION
tropel , arrojados por los ejércitos que por todas
partes los estrechaban. Racíalos Carrier meter en
las cárceles de Nantes , y llegaron hasta cerca de
diez mil. Ea seguida mandó formar una compañía
de asesinos que recorrian los campos inmediatos, y
prendían á las familias nantesas, juntando sus ro:-
bos á su crueldad. Por lo pronto habla instituido
Carrier una comision revolucionaria, ante la cual
enviaba vendeanos y nanteses haciendo fusilar á
los primeros y guillotinar a los segundos, iniciados
de federalismo ó realismo. Parecióle despues muy
pausada aquella formalidad, y el suplicio del fusi-
lamiento, sujeto ó. muchos inconvenientes por su
lentitud y por la dificultad de enterrar tantos ca-
dáveres que soban quedar en el campo de la ma-
tanza, é infestaban el aíre en términos que conta-
giaron la ciudad. El Loira que atraviesa á Nantes
suministró á Carrier una idea horrorosa, y fue des-
cargarse de presos sumergiéndolos en el rio. Hizo
un primer ensa y o, cargó una gabarra con noventa
clérigos,


so color de es' irañamiento, y la hizo bar-
renar á cierta distancia de la ciudad. Descubierto
este medio, determinó emplearlo mas esteusamen-
te. No se valió ya de la formalidad irrisoria de de-
clararlos reos ante una comision; hac,ialos coger de
noche en las cárceles por tandas de a ciento ó dos-
cientos para conducirlos á los barcos, y de estos se
trasbordaban á otros barquichuelos preparados pa-
ra este fin. Arrojaban á los desgraciados á la bo-
dega; se clavaban las escotillas y la entrada de los
entrepuentes con tablas; retirábánse luego los eje-
cutores en lanchas , y los calarnos colocados en
botecillos abrian los costados de los barcos con las
hachas y los echaban á pique. De cuatro á cinco mil


FRANCESA. 57


individuos perecieron por este método infernal Re-
gocijábase Carrier por haber encontrado el medio
mas espedito y sano de libertar á la república de
sus enemigos. No solamente ahogo hombres ,sino
tambien un número grande de mnugeres y niños.
Cuando las familias vendeanas se dispersaron con
la derrota de Savenay , una multitud de nanteses
habian recogido niños para criarlos, los cuales de-.
cia Carrier que eran lobeznos, y mandó que se resti-
tuyesen á la república.—Estos niños infelices fue-
ron ahogados la mayor parte.


Iba el Loira cargado de cadáveres, y los na-
víos que anclaban en él levantaban algunas veces
al retirar las anclas, barcos cargados do ahogados.
Las aves de rapiña poblaban las orillas del rio,
alimentándose de restos humanos. Los peces esta-
ban hinchados de un alimento que los hacia noci-
vos y el Ayuntamiento vedo su pesca. A estas
atrocidades se juntaba una enfermedad contagiosa
y la carestía. En medio de estos desastres , Car-
rier, siempre hirviendo de cólera, prohibía el me-
nor asomo de compasion, agarraba del pescuezo y
amagaba con su sable á cuantos venian a hablarle,
y habia hecho fijar en carteles, que quien acudiese
á interceder por algun preso irla á la cárcel. Fe-
lizmente, la junta de salvacion pública le acababa
de relevar, pues apetecia el esterminio y no la es-
travagancia. Se computan en cuatro ó cinco mil
las víctimas de Carrier, la mayor parte vendeanos.


Tainbien Burdeos, Marsella v colon espiaban
su federalismo; y en este último pueblo los repre-
sentantes Freron y Barras habían hecho disparar
la metralla contra doscientos vecinos , castigando
en ellos un cielito, cuyos autores verdaderos l 'e ha-




158 RE VOLUC ION


pian salvado en las escuadras estrangeras.
net ejercía en el departamento de \ raid use una dic.
tadura tan temible como los (lemas enviados de la
Convencion. Babia hecho incendiar la villa de Be-
douin por causa de la rebelion; y á instancia suya,
la junta de salvacion pública instituyó en Orange•
un tribunal revolucionario, cu ya jur.isdicion abra-
zaba todo el Mediodía. Este tribunal estaba orga-
nizado segun el modelo del de Paris, con la dife-
rencia de no tenerjurados, y que cinco jueces sen-
tenciaban por lo que llamaban ellos pruebas mora-
les, á los desgraciados que Maignet iba recogien-
do en sus correrías. Flabian cesado en Lyon las
sangrientas ejecuciones dispuestas por Collot-d'
Herbois, y la comision revolucionaria acababa de
dar cuenta de sus tareas suministrando el numeró
de los absueltos v de los reos.tlilseiscientosceben
ta v cuatro individuos habian perecido con la


, el fusil r la metralla ; y mil seiscientos
ochenta y dos habian sido absueltos por la ,justicia
de la comision.


El Norte tenia Cambien su procónsul, que era
José Lebon. había sido clérigo , y confesaba él
mismo que en su juventud hubiera llevado el fa-
natismo religioso hasta el punto de matar á. sus
padres, si se lo hubiesen mandado. Era un verda-
dero frenético, menos feroz acaso que Carrier pe-
ro todavía mas disparatado en su locura; pues en
sus palabras y en su conducta se estaba viendo
que te; la la cabeza trastornada. t:on antorizacion
de la junta de salvacion pública estableció su tri-
bunal, y acompanado de sus jueces, y de una gui-
llotina, recorria los departamentos del Norte. Ba-
bia visitado é. Saint-Paul, Saint-Oiner, Bethune,


FRANCESA. 59


Bapaume, Aise etc. , dejando por todas partes
rastros sangrientos. Habiéndose acercado los aus-
triacos á Cambray , y queriendo Saint-Just des-
cubrir que los aristócratas de aquel pueblo soste-
man relaciones ocultas con el enemi go, llamó á
Lebon, quien en pocos dias envió al cadalso á un
sin número de infelices, y afirmó que habia salva-
do á Cambra y con su firmeza. Terminados sus pa-
seos, se volvia á Arras, y allí se entregaba á los
mas asquerosos bacanales con sus jueces y varios
miembros de los clubs. El verdugo estaba admiti-
do á su mesa, y era tratado con la mayor conside-
racion. Lebon asistia á las ejecuciones , colocado
en un balcon. y desde allí hablaba al pueblo , y
hacia tocar el za irá mientras que corria la sangre.
Acababa un dia de recibir la noticia de una victo-
ria, é hizo suspender la ejecucion, para que los
desventurados que iban á perecer tuviesen noti-
cia de los triunfos de la república.


Llegó á tal grado de locura la conducta de Le-
Un, que se hizo reo aun ante la iunta de salvacion
pública. Habíanse refugiado en Paris varios habi-
tantes de Arras, y empleaban toda clase de es-
fuerzos para conseguir les diese una audiencia su
conciudadano Robespierre, y manifestarle sus q ue•
brantos. Algunos le habian conocido, y aun favo-
recido en su juventud; mas no era posible verle.
El diputado Guffroy, que era de Arras y mu y


es-
forzado, practicó vivas diligencias con las juntas,
para llamar su atencion sobre la conducta del co-
misionado; y aun tuvo la noble audacia de hacer
en la Couvencion una delacion espresa contra. él.
La junta de salvacion pública la tomó en conside-
racion, y no pudo menos de llamar á Lebon ; sin




60 REVOLUCION


embargo, como la junta no queda desairar á sus
agentes ni manifestar que la severidad fuese nun-
ca escesiva con los aristócratas, volvió á enviar á
Lebon á Arras, y al escribirle empleó las espresio-
nes siguienHs: «Continúa haciendo bien, y hazlo
«con la cordura y el decoro que no dejen cabida á
«las calumnias de la aristocracia.» Las reclama-
ciones suscitadas contra Lebon por Guffroy en la
Asamblea exigian un informe de la junta, y Bar-
rere fue el encargado. «Todas las reclamaciones
«contra los representantes, dice, deben juzgarse
«por la junta, para evitar los debates que trastor-
«narian al gobierno y á la Convencion. E to es lo
«que hemos practicado con Lebon , indagando los
«motivos de su conducta. ¿Son puros estos moti-
« vos? ¿Es útil su resultado á la revolucion? ¿Apro-
«vechan á la libertad? Estas quejas ¿son recrimi-
«nativas, ó gritos vengativos de la aristocracia?
«Esto es lo que la junta ha visto en el negocio. Se
«han empleado fórmulas un poco rigorosas , pero
«este método ha destruido los lazos de la avisto-
«Gracia. La junta sin duda ha podido desaprobar-
«los, pero Lebon ha derrotado completamente a los
«aristócratas y salvado á Cambray ; por otra parte
«¡qué no es permitido al Odio de un republicano
«contra la aristocracia! ¡Con cuantos sentimientos
«generosos no puede dorar un patriota lo que
«puede haber de duro en la persecucion de los
«enemigos del pueblo! No hay que hablar de la re-
«vo!ucion sin acatamiento, ni de las medidas rero-
«lucionarias, sin grande circunspeccion. La liber-


tad es una virgen, á la cual es un crimen levan-
tar el velo.»


Resultó de todo esto que Lebon quedó autori-


FRANCESA. 61
zado para continuar, y Guffroy colocado entre los
censores importunos del gobierno revolucionario
y opuesto á peligrar con ellos; por donde se véq ue toda la junta queda el régimen del terror.
Robespierre, Coutbon, Villaud , Collot-d'Ilerbois,
Vadier, Vouland y Amand podian estar desaveni-
dos respecto á sus prerogativas y sobre el número
y la eleccion de los compañeros que se debian sa-
crificar; pero estaban acordes en el sistema de es-
terminar á cuantos oponian algun obstáculo á la
revolucion. No quedan que se aplicase con estra-
vagancia el sistema por los Lebones y los Carde-
res; pero deseaban que á ejemplo de lo que se es-
taba practicando en Paris , se libertasen pronta y
seguramente•y con el menor estruendo posible de
los enemigos que creian conjurados contra la re-
pública. Vituperando al mismo tiempo ciertas
crueldades, tenian el amor propio del que no quie-
re nunca desairar á sus agentes. Condenaban
cuanto se estaba haciendo en Arras y en Nantes;
pero aparentaban aprobarlo por no reconocer tor-
peza en su gobierno. Arrastrados en estaafrentosa
carrera, se adelantaban á ciegas sin saber á donde
iban á parar! Tal es la triste condicion del hombre
que se deja conducir al mal y no le es posible de-
tenerse. Luego que principia á concebir alguna du-
da sobre la naturaleza de sus acciones, y ve que se
estravia, en vez de retroceder, se lanza mas ade-
lante á fin de aturdirse y alejar los resplandores que
le cercan. Para hacer alto convendría que se sose-
gase, que entrase en cuentas consigo, dando sobre
sí mismo una sentencia espantosa , lo que nadie
tiene el valor de ejecutar.


Solo un trastorno general podia detener á los




62 REVOLUCION
autores de tan horrendo sistema. En esta subleva-
cion debian entrar los vocales de las juntas, celo-
sos por su poder supremo, los montañeses amena-
zados, la Convencion airada, y todos los corazo-
nes escandalizados con aquella horrible efusion de
sangre humana. Pero para llegar á este enlace de
celos. de temor y de indignacion, se reqneria que
los celos hiciesen progreso en las juntas, que el te-
mor llegase a ser estremado en la Montaña, y que
la indignacion prestase valor á la Convencion y al
público. Era necesario que una ocasion hiciese e. s-
tallar todos estas sentimientos é un tiempo , y que
los opresores descargasen los primeros golpes, pa-
ra atreverse á desquitarse con ellos.


Ya estaba dispuesta la opinion y /labia llegado
el momento ea que era factible una asonada en
nombre de la humanidad contra la violencia revo-
lucionaria. Siendo la república victoriosa, y y acien-
do aterrados sus enemigos, se iba á pasar del te-
mor y del enfurecimiento á la confianza y á la
compasion; y era la primera vez desde que princi-
pié la revolucion en que fuese posible uu aconteci-
miento semejante. Al perecer los girondinos y los
dantonistas, no era tiempo todavia de invocará la
humanidad: entonces no hahia perdido el gobierno
revolucionario ni su utilidad ni su crédito.


interin legaba este momento, se observaban
mútuamente y los resentimientos se agolpaban en
los corazones. Robespierre habia dejado entera-
mente de presentarse en la junta de salvacion pú-
blica , esperando desacreditar el gobierno de sus
compañeros, no tomando en él parte al g una ; solo
se presentaba ea los jacobinos , en donde no se
atrevian á hacerlo Villaud y Collot, y en donde ca-


FRANCESA. 63
tia dia era mas adorado. Ya principiaba él mismo
á hacer insinuaciones sobre estas divisiones intes-
tinas de las juntas y decia: «Ea otro tiempo, la
«faccion solapada que se ha ido formando con los
«restos de Danton, de Camilo Desmoulins, ataca-
ba á las juntas en masa, hoy quiere mejor em-
bestir á algunos individuos en particular , para


«conseguir la des truccion del conjunto. En otro
«tiempo no se atrevía á atacar á la justicia nado-
«nal; ho y se cree demasiado fuerte para calumniar
«al tribunal revolucionario, y al decreto relativo á.
«su organizacion; atribuye á un solo individuo lo
«que corresponde á todo el gobierno, y se atreve
«á decir que el tribunal revolucionario se ha ins-
tituido para el degiiello de la Convencion nacio-


«nal, y desgraciadamente ha merecido bastante
«crédito. Hanse creido mil calumnias y se han di-
«vulgado con afectacion, base hablado de dictador,
«le han nombrado, y señaláronme a mí, y os es-
tremeceríais si os dijese donde. La verdad es mi


«único asilo contra el crimen. No me desalentarán
«por cierto estas calumnias, pero me dejan indec.i-
«so sobre la conducta que be de seguir. Ilasta que
«pueda decir mas, invoco para la salvacion de la
«república, las virtudes de la Convencion, las do
«las juntas, las de los buenos ciudadanos, v en fin
«las vuestras, que tantas veces han sido útiles á la
«patria.»


Ya se deja ver las pérfidas insinuaciones con
que Robespierre principiaba á denunciar á las jun-
tas y á ligarse esclusivamente con los jacobinos.
Pagabanle estas señales de confianza con una adu-
lacion sin limites. Atribulase a él soló el sistema
revolucionario, y era muy natural que todas las




6t REVOLUCION


autoridades revolucionarias le fuesen adictas y
abrazasen su causa con calor. A. los jacobinos debió
juntarse el Ay untamiento, siempre hermanado en
principios v conducta con ellos, y todos los jueces
y jurados del tribunal revolucionario. Esta reu-
nion constituía una fuerza considerable, y con mas
resolucion y energía, hubiera podido Robespierre
todavia hacerse muy temible. Con los jacobinos
disponia de una masa turbulenta que hasta enton-
ces habia representado y dominado la opinion: con
el Ayuntamiento poseia la autoridad local, que ha-
bia tomado la iniciativa en todas las asonadas ,
especialmente la milicia de Paris. El corregidor
Pache, v el comandante Henriot, salvados por él,
cuando los juntaban con Chaumette, le estaban en-
teramente rendidos. Villaud y Collot se habían vali-
do a la verdad de su ausencia en la junta para
encerrar á Pache, pero el nuevo corregidor, Hen-
riot y el agente nacional Pa y an, le eran igualmen-
te adictos; y ademas no se atrevieron á desposeer-
le de Ilenriot. Añádase á estos individuos el presi-
dente del tribunal , Dumas; el vice-presidente
Coffinhal, y todos los domas jueces y jurados, y se
tendrá una idea de los recursos que tenia Robes-
pierre en Paris. Si las juntas y la Convencion le
desobedeciau, no tenia mas que quejarse en los
jacobinos, y escitar un movimiento, comunicar es-
te al consejo, hacer declarar por la autoridad mu-
nicipal que el pueblo entraba en el ejercicio de
sus poderes soberanos, levantar á las secciones,
enviar á Henriot á la Convencion en demanda de
cincuenta á sesenta diputados. Dumas y Coffinhal
y el tribunal entero, estaban luego á sus órdenes
para degollará los diputados que afianzase Henriot


FRANCESA. 65


á mano armada. Todos los medios en fin de un 31
de mayo, mas pronto y seguro que el primero, es-
taban 'e' n sus manos. Asi es que sus parciales y
sus sicarios le rodeaban y estrechaban para que
diese la señal, ofreciéndole ademas Henriot la os-
tentacion de sus columnas , y prometiéndole ser
mas activo que en el 2 de junio. Robespierre, que
gustaba mas ejecutarlo todo con la palabra, y que
se conceptuaba todavia muy poderoso con ella,
quería esperar. Contaba con privar á las juntas de
su popularidad, por medio de su retraimiento y
sus discursos en los jacobinos , y en seguida se
proponia aprovecharse de un movimiento favora-
ble para atacarlos abiertamente en la Convencion..
Apesar de aquella especie de renuncia, continua-
ba manejando el tribunal, y ejerciendo una policía
activa por medio de las oficinas quehabia institui-
do, vigilando de este modo á sus contrarios, y en-
terándose de todos sus pasos. Gozaba ahora de al-
gunas mas distracciones que antes, pues se le vela
ir á una hermosa casa de campo de una familia
que le era muy afecta, en Maisons-Alfort , á tres
leguas de París. Allí le acompañaban todos sus par-
tidarios igualmente que Dumas, Cofliahal , Payan
y Henriot. Solia ir Ilenriot con todos sus edecanes
atravesando las carreteras á cinco de frente y á es-
cape, atropellando cuanto encontraba al paso y
derramando con su presencia el terror en el pais
Los huéspedes y amigos de Robespierre hacian
sospechar con sus indicaciones muchos mas pro-
yectos de los que él meditaba, y que no tenia
aliento para preparar. Siempre estaba en Paris
rodeado de los mismos individuos ;


• seguianl e delejos algunos jacobinos ó jurados deltribuna
-1, par


Biblioteca popular.
T. IV. 474




n
66 nEYOLuctori


tidarios suyos que llevaban palos y armas secretas,
y estaban dispuestos á socorrerle al primer asomo
de peligro; Ilamábanlos sus guardias de corps.


Por otra parte, Villaud-Varennes,Coliot d'ller-
bois y Barrere, se iban apoderando del manejo de
todos los negocios, y eu ausencia de su competidor
se atraian ánegocios, Roberto Lindet, y Prieur de
la Cote-d' Or. Un interés coman los hermanaba
con la junta de seguridad general, guardando siem-
pre profundo silencio. Procuraban ir poco á poco
disminuyendo el poderío de sus adversarios. redu-
ciendo la fuerza armada de Paris. Había cuarenta y
ocho compañías de artilleros, correspondientes á
las cuarenta y ocho secciones, perfectamente or-
ganizadas, y que en todas circunstancias hahian
dado pruebas verdaderas del espíritu mas revolu-
cionario, pues siempre estuvieron por el partido de
la insurreccion desde el 10 de. agosto hasta el :31 de
mayo. Se espidió un decreto por el cual se manda-
ba dejar la mitad á lo menos en Paris, permitien-
do mover los restantes. Villaud y Collot mandaron
al ;efe de la comision del movimiento de los ejér-
citos que fuesen caminando sucesivamente hacia la
frontera. En todas sus operaciones se ocultaban
mucho de Couthon, que no habiéndose retirado con
B.obespierre, los observaba cuidadosamente - y les
era ya muy incómodo. Entretanto Villaud, sombrío
y atraviliario, salia pocas veces de Paris; pero el
agudo voluptuoso Barrere iba á Passy con los
principales individuos de la junta de seguridad ge-
neral, el viejo Vadier, Vouland y Amar. Reunían-
se en casa de Dapin, antigno asentista general,
famoso en el antiguo régimen por sa espléndida
mesa, v en la revolucion por el informe que envió-


FRANCESA. 67


los asentistas generales al cadalso. Alli se entrega-
ban á todos los deleites con bellas mancebas, y Bar-
rere ejercitaba su causticidad contra el pontífice
del Ser Supremo, el primer profeta, y el hijo que-
rido de la madre de Dios. Despues de haberse re-
focilado en los brazos de sus beldades, volvían pla-
centeros á Paris en medio de sangre y de rivali-
dades.


Por su parte, los antiguos individuos de la
Montaña que se conceptuaban amenazados, se visi-
taban secretamente, y procuraban entenderse. La
muger generosa que en Burdeos se había unido á
Tallien, con el fin de salvar un sinnúmero de víc-
timas, le incitaba desde el fondo de su prision a que
concluyese con el tirano. A Tallien, Lecointre,
Bourdoa del Oise, Thuriot, Panis, Barras, Freron,


Monestier, se habian unido Golfroy, el antago-
nista de Lebon, Duhois-Crancé comprometido en el
sitio de Lyon, y detestado por Couthon, Fouchét•
de Nantes, que se habla indispuesto con Robes-
pierre, y á quien tildaban de no haberse manejado


Lyon patrióticamente.Tallien Lecointre eran
los mas arrojados é impacientes; '.Fouchet, princi-
palmente, se hacia temible por su destreza en en-
redar y manejar la intriga,contra él se desenca-
denaron mas violentainente .los triunviros.


Con motivo de una represen tacion de los jaco-
binos de Lyon, en la que se lamentaban de su si-
tnacion con los jacobinos de Paris, se recorrió toda
la historia de aquella ciudad desventurada. Couthon
delató á Dul:ois-Crance, como va lo habla hecho
algunos meses antes; le acusó de haber dejado es-
capar á Perev, y lo hizo borrar de la lista de los ja-
cobinos. Robespierre acusó á Fouchét, imputándole.




6S REVOLUCION
las tramas que habian inducido al patriota Gaillard
á darse la muerte, é hizo acordar que se le llama-
se á sincerar su conducta ante la sociedad. No eran
tanto los manejos de Fouchét en Lyon, como sus
amaños en Paris, lo que el temeroso Robespierre.
guaja castigar. Conociendo el peligro Fouchet es-
cribió una carta evasiva á los jacobinos, y les su-
plicó quesuspendieseneljuicio hasta que la junta, á
la cual acababa de sujetar su conducta, y de sumi-
nistrar todos los documentos necesarios, pronun-
ciase sentencia. «Es mu y estraño, dijo Robespierre
«que Fouchét implore hoy el auxilio de la Con-
«vencion contra los jacobinos. ¿Temerá quizá la
«vista y los oidos del pueblo? ¿Teme que su triste
«figura descubra el delito? ¿O recela tal vez que
cuando se fijen sobre él seis mil miradas descubran
«su alma en sus ojos, V que se lean sus pensamien-
tos á pesar de cuanto' ha hecho la naturaleza por


«ocultarlos? La conducta de Fonda es la de un
«criminal; no podeis conservarlo mas tiempo en
«nuestro seno; se le debe escluir.» Quedó en efec-
to esc,luido Fouchét como Dubois-C,rancé acababa
de serlo; y asi todos los dial tronaba la tormenta
mas reciamente contra los montañeses amagados,
y por todas partes iba cargbdose de nubes el ho-
rizonte.


En medio de aquella tempestad, los individuos
de las juntas que temian á Robespierre, hubieran
querido mejor esplicarse y conciliar su ambicion,
que entregarse á un combate peligroso. Robespier-
re habia llamado á su jóven compañero Saint-Just
y este había vuelto inmediatamente del ejército>
Propusieron una reunion para tratar de entenderse-
Hízose Robespierre instar demasiado antes de con-


FRANCESA. 69


sentir en una entrevista. Accedió por fin, y ambas
juntas se reunieron. Mediaron quejas recíprocas v
amargas, pues Robespierre esplicando.se acerca de
si mismo con su acostumbrado orgullo, denunció
secretos conciliábulos, habló de diputados conspira-
dores sin castigo, vituperó todos los actos del go-
bierno, v todo le pareció mal en administracion,
guerra v'hacienda. Saint-Just apoyó á Robespier-
re, lo elogió en gran manera, y añadió luego, que
la última esperanza de las potencias estrangeras se
cifraba en desavenir al gobierno. Refirió cuanto
había dicho un oficial hecho prisionero delante de
Maubeuge Esperabase, segun aquel oficial, que un
partido mas moderado abatiese al gobierno revolu-
cionario é hiciese prevalecer otros principios.
Saint-Just, apoyado en este hecho, hizo conocer
la necesidad de hermanarse y (le marchar acordes.
Los antagonistas de Robespierre eran de este mis-
mo parecer, y se avenían á entenderse para que-
dar dueños del Estado; pero para ello se requería
-el consentimiento á cuanto deseaba Robespierre y
tales condiciones no podian convenirles. Los vocal
les de la junta de seguridad general, se quejaron
mucho de que se les hubiese menoscabado sus
funciones; y llegó á tanto el arrojo de Elías Lacos-
te, que (lijo que Couthon, Saint-Just y Robespierre
-formaban una junta en las juntas, y aun se atrevió
a pronunciar la voz de triunvirato. Conviniéronse
sin embargo en ciertas concesiones reciprocas. Ro-
bespierre se avino á limitar su oficina de policía ge-
neral á la vigilancia de los agentes de la junta de
salvacion pública, y sus contrarios en cambio con-
sintieron en encargar á Saint-Just hiciese un infor-
me á la t


'onvencion sobre la entrevista recien te-




'70 REVOLUCION


nida. En este informe, como puede verse bien, no
se debían manifestar las desavenencias que reina-
ban entre las juntas, sino hablar de las conmocio-
nes que acababa de padecer la opinion pública, y
fijar la marcha que se proponia seguir el gobierno.
Villaud v Collot insinuaron que no convenza hablar
demasiado del Ser Supremo, por cuanto siempre
les estaba haciendo sombra el pontificado de Ro-
bespierre. No obstante, Villaud, con un aire som-
brío v poco insinuante, dijo á Robespierre que ja-
más habla sido su enemigo, y se segaron sin ver-
dadera reconciliacion; pero aparentando algunas
mem.s desavenencias que antes. Nada de realidad
sabia en semejante reconciliacion; porque las am-
biciones quedaban las mismas; parecíase á aque-


llos ensayos de transacciones que suelen hacer los
partidos antes de llegar á las manos; era un verda-
dero beso Lamourette, y se asemejaba á todas las
reconciliaciones propuestas entre los constituyen-
tes y los girondinos, entre estos y los jacobinos, y
entre Danton v Robespierre Sin embargo, si no
puso acordes á los varios miembros de las juntas,
asustó mucho á los montañeses .


creyendo que su
pérdida seria el tributo de la paz, y se esforzaron
en averiguar las condiciones del tratado. Los in-
dividuos de la junta de seguridad general se apre-
suraron a disipar sus temores, tranquilizándoles
Elias Lacoste, Dubarran y Moisés Baile, los voca-
les mas apreciables de la junta, diciéndoles que
n ugun sacrificio se habia resuelto. El hecho era
cierto, y en él estribaba la imposibilidad de que
pudiera ser completa la reconciliacion. Sin ernbar-
go, que daba mucha importancia á que se
realizase la concordia, andubo muy solícito repi-


FR ANCESA. 74


tiendo en sus diarias conversaciones, que los miem-
bros del gobierno estaban perfectamente unidos,
que era una injusticia decir lo contrario, y que
propendian en comunes esfuerzos á que por todas
partes quedase victoriosa la república. Aparentó
allanarse á cuantos cargos se hablan suscitado con-
tra los triun' iras, y los rechazó corno calumnias
criminales dirigidas igualmente contra las dos jun-
tas. «En medio de los gritos de la victoria, añadió,
«se oyen rumores confusos, circulan oscuras ca-
«lumnias, sutil veneno se vierte en los periódicos,
«úrdense tramas funestas, dispónense descontentos
«estudiados, y el gobierno se halla sin cesar entor-
pecido, atormentado en sus operaciones, calum-


«niado en sus miras, y amenazado en sns indivi-
duos. Sin embargo, ¿qué es lo que ha hecho?»


Aqui Barrere enumeraba segun costumbre las tareas.
y servicios del gobierno.




CXPITULO II.


Operaciones del ejército del norte á mediados de 4791. Toma de
fpres.--Formacion del ejército del Sombre y Masa. Batalla de
Fleurus. Ocupacion de Bruselas.—Ultimas dios de terror ; lucha
de Robespierre y de los triunviros contra los demos individuos


de las j untas. Jornadas del 8 y o de termidor ; arresto y suplicio
de Robespierre y Saint-Just. Marcha de la revolucion desde 1786
hasta e19 de termidor.


Mientras que Barrere hacia todas sus esfuerzos
para ocultar las discordias de las juntas, Saint-
Just. á pesar del informe que debla hacer, hacia
veelto al ejército donde ocurrian grandes sucesos
y continuaban los movimientos que se hablan prin-
cipiado en las dos alas. Pichegrn habla prosegui-
do sus operaciones sobre el Lvs y el Escalda, y
comenzado Jourdan las suyas sobre el Sambre.
.Aprovechándose de la actitud defensiva que ha-
bla tomado Coburgo en Tournav despues de las
batallas de Turcoing y de Pont-a-Chin, intenta-
ba Pichegrn batirá Clerfavt aisladamente. No
se atrevia-


sin embargo á llegar á Thie/t, y se
resolvió á entablar el sitio de.


Epres con el doble
objeto de atraerse á Clerfavt, y de tomar aquella
plaza que consolidarla el establecimiento de los
franceses en la Flandes occidental. Clerfavt, espe-
rando refuerzos, no hizo movimiento alguno y Pi-


FRANCESA. 73


chegrú entonces estrechó tan vivamente el sitiode pres, que Coburgo y Clerfayt conceptuaron de-
bían dejar sus posiciones respectivas para acudir
al socorro de la plaza amenazada. Para impedir
Pichegrn que Coburgo continuase este movimien-
to, hizo salir tropas de Lila y aparentar un avance
tan ejecutivo sobre Orchies, que se detuvo Cobur-
go en Tournay; y al mismo tiemposeadelantó pre-
cipitadamente sobre Clerfavt, quien marchaba ha-
cia Rousselaer y Hooglede. Sus movimientos ve-
loces v bien concebidos le proporcionaban la oca-
sion de batir á Clerfavt aisladamente. Por desgra-
cia equivocó una divisiou el camino, y Clerfavt tu-
vo tiempo para volverse á su campamento de '1' hiel t,
despues de una ligera pérdida; pero á los tres dias,
el 25 de pradial (13 de junio) reforzado con el des-
tacamento que estaba esperando, se presentó de
improviso á nuestras columnas con treinta mil.
hombres. Nuestros soldados corrieron precipita-
damente á las armas, pero la division de la dere-
cha, atacada coa grande impetuosidad, se desba-
rató, y dejó la division de la izquierda descubierta
sobre la llanura de Hooglede. Macdonald mandaba
aquella division, y supo sostenerla contra los ata-
ques reiterados de frente y flanco, á que por 111l1 —
cho tiempo estuvo espuesta; v con esta resistencia
esforzada, dió tregua á la brigada de Devinthier
para que se le incorporase, y obligó entonces


átonce
Clerfavt á retirarse con una pérdida considerable.


- •


Esta era la quinta vez que Clerfavt, mal sosteni-
do, quedaba derrotado por nuestro ejército del
Norte. Esta acciou, tan honorífica para la division
de Macdonald, decidió la rendicion de la plaza si-
tiada. Cuatro dias despues, el 29 de pradial (17 de




REVOLUCION


junio ), abr ió Ipres sus puertas, y una guarnicion
de siete mil hombses rindió las armas. Iba Cobur-


.go á acudir al socorro de Ipres y de Clerfayt, cuan-
do supo que no era va tiempo. Los acontecimientos
del Salubre le precisaron entonces á dirigirse ha-
cia la parte opuesta del teatro de la guerra; dejó
pues al duque de York sobre el Escalda, á Clerfayt
en Thielt, y marchó con todas las tropas austria-
cas hacia Charleroy. Esto era una separacion ver-
dadera entre las potencias principales, que n,a no
estaban acordes, y cu y os intereses muy diversos
Se manifestaban aqui muy claramente. Los ingleses
permanecian en Flandes hacia las provincias marí-
timas, v los austriacos corrian hacia sus comunica-
ciones 'amenazadas, v esta separacion fueaumen tan-
do su desavenencia. El emperador de Austria se ha-
bla retirado á Viena, disgustado con el éxito de la
guerra; y Mack viendo derribados sus planes, hacia
abandonado nuevamente el estado mayor austriaco.


Ya hemos visto que Jourdan llegó del :Nlosela á
Charleroy, en el momento en que les franceses
rechazados por tercera vez repasaban desordena-
damente el Sambre. Despues de haber dado algo •
nos dias de descanso a las tropas, que en parte va-
cían abatidas por sus derrotas, y en parte asola-
das por su marcha ejecutiva, se varió alguu tanto
su orzanizacion. Compúsose de las divisiones de
DesjardinsCharbonnier, y de las llegadas del
Mosela, un'solo ejército que se llamó de Sambre
y Alosa; ascendia á unos sesenta y seis mil hom-
bres, y se puso a las órdenes de Jourdan.—Una
division de quince mil hombres mandada por
Scherer, se dejó para guardar el Sambre desde
Thuin á Maubeuge.


FRANCESA. 75


.


Inmediatamente resolvió Jourdan repasar el Sam-
bre y acometer á Charleroy. La division de Ilatry
fué la encargada de atacar a la plaza, y el gruesodel ejército se colocó á los alrededores para pro-
tejer el sitio. Charleroy estaba sobre el Sambre, y
mas allá de su recinto se halla una serie de posi-
ciones en semicírculo, cuyos estremos terminan
en el Sambre. Estas posicionesson poco ventajosas,por cuanto el semicirculo que describen tiene diez
leguas de estension, y porque están mu y inconec-
sas, teniendo ademas un rio á la espalda. Kleber
con la izquierda se estendia desde el Sombre has-
ta HorchiesTrasegníes , y hacia guardar el
riachuelo del •Pietón, que atravesaba el campo de
batalla, y desaguaba en el Sambre Por el centro,
guardaba Morlót á Gosselies; Charnpionnet, se
adelantaba entre Ilepignies y Wagnó; Lefebre ocu-
paba á Wagné, Fleurus y 1Camausart. A la dere-
cha, en lin, se estendia Marceau por delante del
bosque de Catnpinaire, y enlazaba nuestra linea
con el Sambre. Conociendo Jourdan las desventa-
jas de estas posiciones, no quería permanecer en
ellas, y para salir se proporna tomar la iniciativa
del ataque el 28 de pradial (16 de junio) por la
mañana. En aquel momento, Coburgo no se hacia
movido hacia este punto, pues se hallaba en Tour--
nay asistiendo á la derrota de Clerfa y t y á la to-
ma•de [pres. El príncipe de Orange énviado hacia
Charleroy, y que mandaba el ejército coligado,
resolvió por su parte anticiparse al ataque que le
amenazaba, y desde el 28 por la mañana, sus tro-
pas desplegadas obligaron á los franceses á admi-
tir el combate en el terreno que estaban ocupando.
Cuatro columnas, dispuestas contra nuestra dere-




76 REVOLUCION


cha y centro, se hablan va internado en el bosque
de Campinaire, en donde se hallaba Marceau; ha-
blan arrojado á Lefebre de Fleurus, y á Cham-
pionnet de Hepignies, é iban á arrollar á Moriot
de Pont-á-Migneloup sobre Grosselies , cuando
Jourdan, acudiendo á propósito con una reserva de
caballería, atajó á la cuarta columna con una carga
bien ordenada, condujo á las tropas de Morlot á
sus posiciones, y restableció el confialte en el cen-
tro. En la izquierda, habia logrado Wartensleben
iguales progresos hacia Trasegnies , pero deber
con disposiciones prontas y acertadas recobró á
Trasegnies. y despues aprovechándose del momen-
to favorable, hizo tomar la espalda de. Wartensle-
ben, !e arrojó mas andel Pietón v fué persiguien-
do sus dos columnas. Hasta allí se habla sostenido
el combate con ventaja y aun iba á declararse la
victoria por los franceses, cuandojuntando el prín-
cipe de Orante sus dos primeras columnas hacia.
Lambusart, sobre el punto que enlazaba el estro-
mo de la derecha francesa con el Sambre, amena-
zó sus comunicaciones. Entonces la derecha v el
centro tuvieron que retirarse, y renunciando lie-
ber a su marcha victoriosa, protegió la retirada con
sus tropas en el mejor Orden. Esta fué la primera
refriega del 28 (I ti de junio). Era la cuarta vez que
los franceses tenían que repasar el Sambre, solo
que ahora era de un modo mas honorífico para sus
armas ; pero no se desalentó Jourdan, antes bien
atravesó de nuevo el Sambre algunos dias despues,
recobró sus posiciones del 16, acometió de nuevo
á Charleroy, é hizo redoblar su bombardeo con di-
ligente esfuerzo.


Advertido Coburgo de las nuevas operaciones


raAyeEsA. 77


de Jourdan, iba por fin acercándose al Sambre y
era muy importante para los franceses tomar á
Charleroy antes de la llegada de los refuerzos es-
perados por el ejército austriaco. El ingeniero Ma-
rescot adelantó tan eficazmente los trabajos, que
en ocho dias acallé los fuegos de la plaza, y quedó
todo preparado para el asalto. El 7 de mesidor (26
de junio) envió el comandante á un oficial con un
pliego para parlamentar y Saint-Just, que domina-
ba entonces en nuestro campamento, rehusó abrir
la carta, y despidió al oficial diciendole: «No es ese
«papel lo que aquí necesitamos, sino la plaza.» Salió
la guarnicion la misma tarde, en el momento en
que se avistaba á Coburgo desde las líneas fran-
cesas. La rendícion de Charleroy quedó ignorada
de los enemigos; posesion de la plaza afianzaba
sobre manera nuestra posicion, é hizo menos pe-
ligrosa la batalla que iba á trabarse con un rio
la espalda. La division de Ilatrv, va libre, se tras-
ladó á Ransart para reforzar el centro, v todo se
fué preparando para una accion decisiva et siguien-
te dia 8 de mesidor (26 de junio).


Nuestras posiciones eran exactamente las mis-
mas que el 28 de pradial (16 de junio), pues Kle-
ber mandaba la izquierda desde el Sambre hasta
Trasegnies. Morlot, Championnet, Lefebre y Mar-
ceau formaban el centro y la derecha, que esten-
dian desde Gosselies hasta el Sambre, habiéndose
abierto atrincheramientos en Ilepignies para ase-
gurar nuestro centro. Mandó Coburgo atacarnos
en todo este semicírculo, en vez de dirigir un es-
fuerzo concéntrico sobre una de nuestras estremi-
dades, la derecha. por ejemplo, quitándonos todos
los tránsitos del Sambre.




78 liEVOLUCION:
Empezó el ataque el 8 de mesidor por la ma-


ñana. El príncipe de Orange v el general Latour,
que estaban á la presencia de Kleber, y por la iz-
quierda, arrollaron nuestras columnas, y las estre-
charon por el bosque de Monceaux hasta las ori-
llas del Salubre, en Marchienne . au-Pont. Kleber,
que felizmente se habla colocado á la izquierda I
para dirigir á ella todas las .


divisiones, corrió al
punto amenazado, colocó baterías en las alturas,
envolvió á los austriacos enel bosque de Monceaux
y los hizo atacar en todos sentidos. Reconociendo
estos al acercarse al Sambre que Charlerov era de
los franceses, empezaron á titubear y apro'vechán-
dose Kleber los cargó con osadía y los preciso á
desviarse de 51archienne-au-Pont: 'Mientras Kle-
ber pouia en salvo uno de los entremos, no hacia
menos Jourdan por la salvacion del centro y de la
derecha. Morlat que se hallaba delante de Grosse-
lies, habla peleado largo rato con el general K \vas-
danowieh , y ensayando varias evoluciones para
cortarlo, concluyó por serlo él mismo. Replegóse
sobre Grosselies, despues de los mas honoríficos:
esfuerzos, y Championnet, resistia con el mismo
teson, y apoyado sobre el reducto de llepignies;
pero el cuerpo de Kaunitz se Babia adelantado pa-
ra cercar el reducto, eu elimínenlo en que un avi-
so equivocado anunciaba la retirada de Lefebre en •
la derecha. Engañado Chato pionnet por esta noti-
cia, se retiraba y ya había abandonado el reducto,




cuando .lourdan, hecho cargo del peligro, dirige a
este punto parte de la division de ilatry, colocada
de reserva., hace recobrar á llepignies, y lanza su
caballería á la llanura contra la tropa de Kaunitz.
Mientras que por ambas partes se acometen con


FRANCESA. 79
encarnizamiento, se traba una refriega mas reñida
todavía cerca del Sambre, en Wagné y Lambusart.
Beaulieu subiendo á un tiempo por las dos orillas
del Sambre para hacer un esfuerzo al estremo de
nuestra derecha, rechaza á la division de Marceau,
que huye á escape por los-sotos del Sambre, y aun
pasa el rio desordenadamente. Entonces Marceau
reune consigo algunos batallones, y no pensando
ya en el resto de su división fugitiva, se arroja á
Lambusart para morir antes que desamparar este
imito inmediato al Sambre, y apo yo indispensable
üel estremo de nuestra derecha. Lefebre, colocado
en Wagné, Ilepignies y Lambusart, repliega sus
avanzadas de Fleurus á Wagné, y destaca tropa á
Lambusart para sostener el-esfuerzo de Marceau,
negando entonces á ser este el punto decisivo de
la batalla. Nótalo Beaulieu, y dirige una tercera
columna; pero atento Jourdan al peligro, •envia el
resto de su reserva. Verificase el choque al rede-
dor de la aldea de Lambusart con particular en-
carnizamiento, siendo los fuegos tan rápidos, que
ya no se distinguen los tiros. Préndense las mieses


las tiendas de campaña, v luego se pelea en me-
dio de un incendio. quedando por último los repu-
blicanos dueños de Lambusart.


En aquel momento , los franceses , rechazados
al pronto, hablan conseguido restablecer la batalla
nor todas partes. Kleber habla resguardado al Sam-
ize en la izquierda; Moría, replegándose á Gorse-
lies. se mantenia en él; Championnet, habla reco-
brado . a. llepign:es, asegurándonos aquella posicion
un combate desesperado en Lambusart. El dia ter-.
minaba ya, y Beaulieu acababa de saber en el Sam-
bre lo que Ya constaba al principe de °ruge: esto




80 RE VOLCCION
es, que Charleroy estaba en manos de los france-
ses. Entonces Coburgo no atreviéudose á insistir
mas, dispuso la retirada general.


Tal fue aquella batalla decisiva, una de las mas.
encarnizadas de la campana, y que se empeñó en
un semicireulo de diez leguas, entre dos ejércitos
de cerca de ochenta mil hombres cada uno. Lla-
múse de Fleuras , aunque esta aldea tuvo en ella
un papel secundario , porque el duque de Luxern-
burg„o labia ya ilustrado este nombre en tiempo
de Luis XIV. Aunque los resultados en el terreno
fuesen poco considerables, reduciéndose á. un ata-
que rechazado ; decidia la retirada de los austria-
cos , v por lo tanto producia inmensos resulta-
dos. Los austriacos no podian dar una segunda
batalla , pues necesitaban incorporarse ó con el
duque de York. ó con Clerfayt, N .. ambos generales
estaban en . el Norte ocupados por Pichegría Por
otra parte, amenazados sobre el liosa, les era muy
importante retroceder para no aventurar sus comu-
nicaciones, y desde aquel momento se generalizó
la retirada de los coligados, resolviendo concen-
trarse hácia Bruselas para resguardarla.


Estaba va evidentemente decidida la campana,
pero una falta de la junta de salvacion pública de-
tuvo los resultados prontos y decisivos que debian
esperarse. Pichegrú labia formado un plan, quizá
el mejor de todos sus pensamientos militares. Ha-


No es muy acertada la opinion de atribuir al interés de una
faceion el grande efecto que la batalla de Fleurus surtió en la opi-
nion publica. La Caccion de Robespierre al contrario, tenia el ma-
yor interés en disminuir entonces el resultado de las victorias
como luego se verá. La batalla de Fleurus nos franqueó á Bruselas
y á la Bélgica, y esto fue lo que desde luego le dio tanta repu-
tacion.


FRANCESA.


Ilábase el duque de York sobre el Escalda, á la al-
tura de Tournav , y Clerfayt estaba muy retirado,
en Thielt de Flandes. Insistiendo Pichegrú eu su
provecto de destruir á Clerfayt aisladamente, que-
ria Pasarel Escalda por Oudedarde y separar á Cler-
favt del duque de York para derrotarlo separada-
mente. Queria ademas , cuando el duque de York
tratase va solo de incorporarse con Coburgo , ba-
tirlo tanibien, y despues acudir á coger á Coburgo
por la espalda ú á .reunirse con Jourdan. Este plan,
que sobre la ventaja de embestir aisladamente á
Clerfay t y al duque de York, tenia la de acercartodas nuestras fuerzas al Mosa , fué contrariado
por una idea bastante necia de la junta de salvacion
pública. 'Rabian persuadido á Carnót que dirigiese
al almirante Venstabel con tropas de desembarco
a la isla de Walcheren, rara sublevar la Holanda..
A_ fin de favorecer este proyecto, prescribió Carnót
al ejército de Pichegrú que siguiese las costas del
()océano y se apoderase de todos los puertos de la
Flandes occidental ; mandó ademas á Jourdan que
destacase diez y seis mil hombres de su ejército
para encaminarlos hacia el mar. Esta última Orden
sobre todo estaba mu y


mal concebida, y era sobra-
do peligrosa. Los generales demostraron á Saint-
Just cuán desacertada era , y no se ejecutó ; pero
Pichegró se -vió siempre obligado á acudir hacia el
mar, para apoderarse de Brujas y de Ostende,
tras Moreau ocupaba á Nieuport.


Continuaronse los movimientos en las dos alas,
Pichegrú dejó á Aloreau con parte del ejército si-


tiar á Nieuport v la Esclusa , apoderándose con la
otra de -Brujas, 'Gante y Ostende. Adelantóse luego
hacia Bruselas, mientras Jourdan acucha alli por su.


Biblioteca popular. T. IV. 475




82 REVOLUCION


parte. Ya no tuvimos que trabar sino encuentros
de retaguardia ; y en fin, el 22 de mesidor (10 de
julio) entraron nuestras vanguardias en la capital
de los Paises-Bajos. Pocos días despues se verificó
la incorporacion de los (los ejércitos del Norte y del
Sambre y Alosa. Muy importante era este aconte-
cimiento; pues que ciento cincuenta mil franceses
reunidos en Bruselas , podian arrojarse desde allí
sobre todos los ejércitos de Europa; los cuales der-
rotados por todas partes, procuraban unos guare-
cerse en la mar y otros en el Rin. Acometieronse
inmediatamente las plazas de Conde , Landrecies,
Yalenciennes v el Qiiesnoy, , tomadas por los alia-
dos; y suponie-ndo la Convencion que el rescate del
territorio daba derecho para todo , decretó que si
las guarniciones no se rendian inmediatamente, se-
rian pasadas á cuchillo. Rabia tamhicn espedido
otro decreto, espresando que no se hiciesen ya pri-
sioneros ingleses, para castigar todos los atentados
de Pitt contra la Francia. Nuestros soldados no
ejecutaron este decreto , y habiendo un sargento
cogido algunos ingleses, los presentó á un oficial.
—«¿Por qué los has cogido ? le dijo este.—Porque
esos tiros menos hay que recibir , contestó el sar-
gento.—Si , replicó el oficial , pero los represen-
tantes van á prensarnos á acabar con ellos.—No
seremos nosotros, añadió el sargento, los que les
fusilemos, enviadlos á los representantes; y des-
pues, si son tan bárbaros , que los maten y se los
coman, si quieren.»


De esta manera nuestros ejércitos, operando al
pronto contra el centro enemigo, y hallándole de-
masiado fuerte , se habla dividido en dos alas , y
marchado, la una sobre el Lis, y la otra sobre el


FRANCESA. 83
Sambre. Pichegrú habia derrotado desde luego á
Clerfayt en Moucroeu y en Coudray' ; despues á
Cobur:go y al duque de York en Turcoing, y en fin,
al mismo Clerfavt en ilooglede. Despues de varios
tránsitos del Sambre, siempre infructuosos, Jour-
dan, conducido por una idea feliz de Carnót hacia
el Sambre , habia decidido el éxito de nuestra ala
derecha en bleu rus, desde cuyo punto , preparados
en ambas alas, los coligados nos hablan abandona-
do los Paises-Bajos. Este era el resultado de la
campaña, y por todas partes se celebraban nues-
tros admirables triunfos. La victoria de Fleurus, la
ocupacion de Charlerov, lpres , Tournay , Oude-
nardo , Ostende , Brujas , Gante y Bruselas , y la
reunion, en fin, de nuestros ejércitos en esta capi-
tal, se ensalzaban como prodigios. Estos triunfos
no regocijaban á Robespierre , que estaba viendo
aumentarse la reputacion de la junta, y especial-
mente de Carnót, á quien, es justo decirlo, se atri-
bulan sobradamente las ventajas de la campaña.
Todo lo que las juntas Inician de bueno, y cuanta
gloria se granjeaban en ausencia de Robespierre,
debia levantarse contra él y causar su propia con-
denVcion. Al contrario , una derrota hubiera esci-
tado ea su provecho los furores revolucionarios , le
hubiera permitido acusar á las juntas de inercia ó
de traicion, hubiera justificado el retiro en que es-
taba hacia cuatro décadas, dado una alta idea de su
prevision, y encumbrando su poder Ilsta lo sumo.
hablase, pues, colocado en la mas triste posicion,
cual era la de desear derrotas, y estaba demostran-
do en todo que las deseaba. No le convenia ni el
decirlo ni el dejarlo notar , pero se estaba traslu-
ciendo á pesar suyo en sus conversaciones , pues




84 REVOLUCION


se empeñaba perorando en los jacobinos , en que
dismin u yesen el entusiasmo que infundian los triun-
fos de la, república; insinuando que los coligados se
retiraban delante de nosotros como lo hicieron con
Dumouriez para volver muy pronto; v que aleján-
dose momentáneamente de nuestras fr"onteras, que-
rian entregarnos á las pasiones que desarrolla la
prosperidad


.
Aliadla ademas «que la victoria sobre


«los ejércitos enemigos no era la que se debia prirt-
«cipalmenteapetecer. La verdaderavictoria, decia,
«es la que los amigos de la libertad alcanzan sobre
«las facciones; porque esta victoria es la que acar-
rea á los pueblos la paz, la justicia . y la felicidad.


«Una nacion no es esclarecida por haber derribado
«tiranos ó encadenado pueblos. Esta fue la suerte
«de los romanos v de algunas otras naciones; mies-
«tro destino, mucho mas sublime , es fundar sobre
«la tierra el imperio de la sabiduría, de la justicia
«y de la virtud.» (sesion de los jacobinos del 21 de
mesidor.-9 de julio.)


Ausentóse Rohespierre de la junta á fines de
pradial, y se estaba en los principios de termidor.
Hacia cerca de cuarenta diasque se habla desviado
de sus compañeros, y era va hora de tomar una re-
solucion. Sus camaradas decian sin rebozo que se
necesitaba un 31 de mayo; y Dumas, Henriot, Pa-
yan y otros le estrechaban para que diese la señal.
No gustaba como ellos de medios violentos, ni de-
bia participar de su brutal impaciencia. Acostum-
brado á ejecutarlo todo con la palabra y acatando
las leyes , quería masbien ensayar un discurso en
que denunciaria á las juntas y pedirla su renova-
mon. Si por esta via de dulzura acertaban triunfar,
quedaba dueño absoluto sin • peligro ni trastorno.


FRANCESA. 85


Si no triunfaba, este medio pacifico no escluia otros
violentos, y debia por el contrario encabezarlos.
Al 31 de mayo hablan precedido repetidos discur-
sos é intimaciones respetuosas despues de haber
pedido un resultado, lo que por fin habia venido á
exigir. Resolvió, pues, emplear loa mismos medios
que en el 31 de mayo, haciendo al pronto presen-
tar una peticion por los jacobinos, pronunciando
luego un discurso grandioso, y poniendo en fin por
delante á Saint-Just con su informe. Si no basta-
ban todos estos medios, tenia á los jacobinos ; al
consejo y á la fuerza armada de Paris. Esperaba sin
embargo no tener que renovar la escena del 2 de
junio; pues no tenia bastante audacia, y profesaba
mucho respeto todavía á la Convencion para de-
searlo.


Estaba hacia algun tiempo trabajando un dis-
curso voluminoso, én .donde se empeñaba en descu-
brir los abusos delgohierno, y en refutar todos los
males que se le tildaban sobre sus compañeros. Es-
cribió a Saint-Just que volviese del ejército, retu-
vo á su hermano que debia salir para la frontera
de Italia, y se presentó diariamente en los jacobi-
nos, preparándolo todo para el ataque. Como acon-
tece siempre en las situaciones estrenadas diver-
sos incidentes v inierou á aumentar la agitacion ge-
neral. Un tal Magenthies hizo una demanda ridícula,
pidiendo la pena de muerte para todo el que pro-
rumpiese en juramentos, en los cuales se pronun-
ciase el nombre de Dios, y en lin, una junta revo-
lucionaria hizo encerrarcomo sospechosos á algunos
trabajadores que se habian emborrachado. Estos
dos hechos dieron lugar á muchas hablillas • contra
Robespierre ; decian que su Ser Supremo iba á ser




86 IIEVOLUCION


mas opresor que Cristo, y que se verla luego la In-
quisicion restablecida por el deismo. (lecho cargo
del peligro de tales acusaciones, acudió luego a
delatar á Magenthies en los jacobinos como un aris-
tócrata pagado por los estrangeros para descon-
ceptuar las creencias adoptadas por la Convencion,
y aun lo hizo entregar al tribunal revolucionario.
Valiéndose, en lin , de su oficina de , hizo
prender á todos los vocales de la junta revolucio-,
nada de Indivisibilidad.


Acercándose iba el acontecimiento, v parece
que los individuos de la junta de salvacion pública,
especialmente Barrere, hubieran querido hacer la
paz con su temible cólega; pero se habia hecho tan
exigente, que era imposible entenderse con él. Bar-
rere , al retirarse una tarde con uno de sus confi-
dentes, le dijo arrojándose sobre un asiento,—«Es-
te Robespierre es insaciable! Pida enhorabuena á
Tallien, á Bourdon del Oise, á Thuriot, á Guffrov,
á Ro yere. Lecointre, Pa p is , Barras , Freron ,
gendre, Nonestier, Dubois-Crancé, Fouchét, Cam-
bou, y á toda la escuela danlonisla; pero pedir tam-
bien a Duval, Andouin, Leonardo Bourdon, Vadier
v Vouland , es imposible!»—Por lo dicho se vé que
Robespierre exigía tambien el sacrificio de algunos
vocales de la junta de seguridad general , y desde
entonces va no era posible la paz; habla que rom-
per y correr los riesgos de la lucha. Sin embargo,
ninguno de los contrarios de Robespierre se hubie-,.
ra atrevido á tomar la iniciativa; los individuos de
las juntas esperaban que los delatasen; los monta-
ñeses proscriptos aguardaban que les pidiesen sus
cabezas ; todos querian dejarse atacar antes de
defenderse , y tenían razon. Mejor era dejar que


kb;.
FRANCESA. 87


Robespierre trabase la contienda y se comprome-
tiese ante la Convencion con la demanda de nue-
vas proscripciones. Entonces lograban la ventaja de
gente que resguardaba su. vida y la agena; porque
ya no se podia preveer el término de los sacrificios,.
si todavía se toleraba uno solo.


Todo estaba preparado, y los primeros movi-
mientos principiaron e! 3 de termidor en los ja-
cobinos. Entre los amigos de Robespierre se ha-
llaba un tal Sijas, agregado á la comision del mo-
vimiento de los ejércitos. Teníase ojeriza á esta
comision, por haber dispuesto la salida sucesiva de
un gran número de compañías de artilleros, dis-
minuvendo de este modo las fuerzas de Paris. No
se airevian sin embargo á echárselo en cara di-
rectamente, y Sijas comenzó á quejarse del sigilo
con que se cubria el gefe de la comision, Pyle, so-
bre el que descargaron todas las reconvenciones
que no se airevian á. dirigir á Carnót ni á la junta
de salvacion pública. Afirmaba Sijas que no que-
daba otro arbitrio sino acudir á la Convencion, y
delatar á Pyle. Otro jacobino delató á uno de los
agentes de la junta de seguridad general, y enton-
ces tomando Couthon la palabra, dijo que era ne-
cesario remontar mas alto, v hacer á ha Conven-
cion nacional una esposicion sobre las tramas que


namaban de nuevo á la libertad. «Os invito, di-gaba
á que le presentéis vuestras reflexiones: es


«pura, y no se dejará avasallar por cuatro ó cinco
«malvados. En cuanto á mí, declaro que no me de-
jaré subyugar." Adoptóse en seguida la pro-


puesta de Couthon, redactóse la demanda, aprobó-
se el 5 de termidor, y el 7 se presentó á la
Asamblea.




88 REVOLUCION
El estilo de aquella represe.ntacion era como


siempre, respetuosoen la apariencia.pero despótico
en el fondo. Dacia que . los jacobinos iban á deposi-
tw' en el seno de la Coneeneiort las zozobras. delpue-
blo; repetia las declamaciones.acostumbradas con-
tra el estrangero y sus cómplices, contra el siste-
ma de indulgencia, contra,los temores esparcidos de
intento para desavenir á la representacion nacio-
nal, contra los esfilerzos que 3e hacian.paiat ridicu-
lizar el culto de Dios etc. No contenia conclusio-
nes terminantes, pero necia de una manera gene-
ral: «Haced temblar á, loa traidores, á los bribones
y á los intrigantes; tranquilizad al hombre de bien,
mantened la union que constitu y e nuestra fuerza;
conservad en toda su pureza, ese sublime culto, del
cual todo ciudadano es: un ministro, y cuya única
práctica es la virtud, y el pucblo.que conlia en vos-
otros, cifrará su deber y su gloria en respetar y
defender á sus representantes hasta la muerte.»
Esto era decir claramente: haced cuanto os mande
linbespierre. pues de.otro.modo no sereis ni res-
petados ni defendidos. La, lectura de esta peticion
se oyó con un silencio sombrio, y no mereció res-
puesta allina. Ápenasse habia'acabado, cuando
sube á la tribuna Dubois-Cranc.é, y sin hablar de
la peticion ni de los jacobinos, se lamenta de las
amarguras en que le surnergianlacia seis meses,
de la, injusticia coa que se• pagaban sus: servicios,
y pide que á la junta de salvacion pública, se le
encargase un latirme relativo á él; á pesar, aña-
dió, de que en ella se hallaban dos, de sus fiscales
y concluyó pidiendo el informe al tercer dia. Otor-
gósele la demanda. sin añadir una sola rellexion, y
siempre con el mismo silencio Siguióle Barrere


FRANCESA.


en la tribuna, y estuvo haciendo un dilatado in-
forme sobre el estado comparativo de la Francia en
julio de 03 y en el mismo mes. de 94. Es positivo
eme era grande la diferencia; y que si se compara-
laia la Francia despedazada á un tiempo por el rea-
lismo, el federalismo y los estrangeros, con la
;rancia victoriosa en todas las fronteras, y dueña
da, los Paises-Bajos, no se podia menos de tribu-
tar acolan de gracias al gobierno que en un año
babia operado tanta mudanza. Estos elogios dados
á la junta era el único medio con que Barrere se
atrevía indirectamente á atacar á Rohespierre,
pues aun le celebraba espresamente en el informe.
Con respecto de las agitaciones encubiertas que
iban reinando, y de los gritos imprudentes de al-
gunos alborotadores que pedian un 31 de mayo,
recia: «que un representante que gozaba de una
reputacion patriótica bien merecida por cinco ai:os
de trabajos, por sus principios invariables de in-
•dependencia y de libertad, hala refutado con ca-
lo:• aquellas proposiciones contrarevolucionarias."
Escuchó la Convenion este informe, y cada cual
se separó luego esperando al, un grande aconteci-
miento,mirándose todos en s'ilencio, sin atreverse
á preguntarse nada ni á explicarse.


El din siguiente 8 de termidor, se decidió por
fin Robespierre á pronunciar su famoso discurso.
.klerta. estaban todos sus a gentes,Saint-just lle-
gó el mismo dia. M verle la Couv"encion presen-
tarse en aquella tribuna donde se mostraba rara
vez, estaba esperando una escena decisiva. Escu-
cbáronle todos con profundo « Ciudada-
«nos, dijo: mientras otros os presentan cuadros li-
«sonjeros, yo solo vengo á deciros verdades útiles,




90 REVOLUCION
«no á realizar temores ridículos, esparcidos por la
«perfidia, sino á apagar, si es posible, las teas de
«la discordia con la fuerza sola de la verdad. Ven-
«go á defender en vuestra presencia esa autori-
dad ultrajada, y la libertad violada, en lo cual


«me defenderé á mí mismo, sin que esto deba sor-
«prenderos, puesto que no os asemejais á los tira-
«nos que estais combatiendo. Los aves de la ultra-
«jada inocencia no penetran vuestros oidos, ni tam-
poco ignorais que esta causa es propia vuestra.»


Trazó luego Robespierre el cuadro de las agitacio-
nes que reinaban desde algun tiempo, los temo-
res que se hablan esparcido, y los proyectos que
se atribuian á él y á la junta contra la Convencion.
«Nosotros, dijo, asaltar á la Convencion! ;y qué
«somos sin ella! ¡quién la ha defendido con peli-
«gro de su vida! ;quién se ha sacrificado para ar-
«rancarla de las manos de los facciosos!» Robes-
pierre respondió que él habla sido , llamando de-
fensa de la Convencion contra las facciones haber
arrancado de su seno á Brissot, á Vergniaud, Gen-
sonne, Petion, Barbaroux, llantos, Camilo-Des-
meulins, etc. Admiróse mucho de que se estuvie-
sen esparciendo tales rumores , despues de las
pruebas de celo que tenia dadas, v continuó: «.Es
«cierto, que se han pregonado listas odiosas don-
«de se apuntaban por victimas cierto número de
«individuos de la Convencion. v se afirmaba que
«eran obra de la junta de sálvacion pública, y
«despues mia? ¿Es cierto que se ha atrevido á su-
«poner sesiones de la junta, acuerdos rigurosos
«que no han existido y arrestos no menos quimé-
ricos? ¿Es cierto que se ha procurado persua-


dir á cierto número de representantes irreprensi-




FRANCESA.
91


«blesdeque estaba acordado su esterminio? ¿A todos
«los que, por algun miedo, habian pagado un tri-
(chuto inevitable a la debilidad humana, que les
«amagaba la suerte de los conjurados? ¿Es cierto
«que ha cundido con tal audaciaartería la im-
«postura de que una porcion in'dividuos trasno-
chaban fuera de sus casas? Si; los hechos son


«positivos, v las pruebas están en la junta de sal-
«vacion publica,»


Luego se quejó de que la acusador' dirigida en
globo contra las juntas habia concluido por dirigir-
se solo contra él, añadiendo que siempre se unja
su nombre a todo el mal que hacia el gobierno; y
que si se encarcelaban patriotas en vez de aristó-
cratas se decia: Así lo quiere Robespierre; que si al •
gunos patriotas habian sucumbido, se decia: Ro-
bespierre es quien lo ha dispuesto; que si agentes nu-
merosos de la junta de seguridad general estendian
por todas partes sus vejaciones v sus rapiñas, se
decia: Robespierre es quien los e-nvia; que si una
nueva ley hostigaba á los rentistas, se decia:
bespierre es quien los arruina. Ultimamente dijo, que
á él le hacian autor de todos los males para per-
derle; que le llamaban tirano , y que el dia de la
festividad del Ser Supremo, aquel dia en que la
Convencion hundió con un mismo golpe, al ateismo
y al despotismo sacerdotal, reconciliando con la re-
voluciou todos los corazones generosos, aquel dia,
en fin, de felicidad y de una pura embriaguez, el
presidente de la Couvencion nacional, hablando al
pueblo reunido, habla sido insultado por hombres
criminales, que eran representantes. Se le ha lla-
mado tirano! ¿y por qué? porque se ha granjeado
algun influjo empleando el lenguaje de la verdad




92 EnVOLUCION
« ¿y qué, pretendeis vosotros que la verdad no
«tenga fuerza eu boca de los representantes del
«pueblo francés! La verdad sin duda tiene su po-
der, su cólera y su despotismo: tiene sus acentos


«patéticos y terribles, que resuenan con fuerza,
«así en los corazones puros como en les concien-


cias culpables; acentos que no puede remedar la
«mentirá, como Sal moneo no podia imitar los ra-
«yos del cielo. Acusad, pues, á la nacion, acusad al
«pueblo que la conoce y que la ama.—¿Quien sov
«yo para que me acusen? Un esclavo de, la libertad,
«im mártir viviente de la república, la víctima á
«la par que el enemigo del delito-Ultrajarla-le te-
«dos los perversos; las acciones mas indiferentes
«y legítimas en otros son delitos .para mi. Luego
«que na hombre me conoce, queda calumniad
«perdónause á otros sus crímenes; pero en mí se tie•
«ne mi celo por delito. Quítenme la conciencia, .)r:
«soy el mas desdichado de los hombres; ni aun go,
«zo de los derechos de cindadado: ¡qué di lo! ni st-:
«quiera me es licito el llenar los deberes de un
«representante del pueblo!»


De esta manera siguió defendiéndose Robes-
pierre con fútiles y difusas declamaciones, y por
la vez primera se encontró á la Convencion cavia-
baja, silenciosa, v como fastidiada de la estension
de su discurso. Llega por fin al punto mas vivo de
la cuestion, que era el de acusar. Recorriendo to-
das las partes del gobierno, criticó al pronto con
inicua villanía el ,iste,ina de hacienda. Como autor
de la ley del 22 de pradial, se entendió con profun-
da compasion sobre la ley de los vitalicios y aun
llegó á hablar mal del naximun, diciendo que los
intrigantes habían precipitado á la Convencion á


FRANCESA. 93


que tomase violentas medidas. « ¿En qué manos
«está vuestra hacienda? En manos de fuldenses, de'
«bribones conocidos, como Cambon, il
«Ramel." Pasó 'negó á la guerra, y habló tam-
bien con desden de aquellas victorias , «que se
«descrihian con una ligereza académica, como si no
«hubiesen costado sangre ni trabajos. Vigilad, gri-
tó, vigilad á la misma victoria, vigilad a la Bél-


«gica. Retíranse vuestros enemigos, y os dejan en
«vuestras divisiones intestinas; meditad en el fin
«de la campaña. Se ha sembrado la division entre
«los generales; protéjese la aristocracia militar;
«los generales fieles están perseguidos, y la ad-
«ministracion militar se encubre con una autori-
«dad sospechosa. Estas verdades valen algo mas
«que los epigramas.» No decía mas acerca de Car-
nót y de Barrera, dejando á Saint-Just el cargo
de tildar los planes de Carnót. Ya se echaba de ver
que este miserable derramaba sobre todas las co-
sas el veneno que le consumía. Habló en seguida
largamente sobre la junta de seguridad general,
sobre la multitud de sus agentes, sobre sus cruel-
dades y sus robos, y delató á Amar y á .Tagot, co-
mo usurpadores de la policía, que echaban el res-
to para desacreditar al gobierno revolucionario.
Quejóse de las burlas que se habian vertido en la
tribuna con motivo de Catalina Theot, afirmó que
se hablan querido suponer conjuraciones para en-
cubrir las efectivas v presentó á entrambas juntas
como entregadas á las intrigas y empeñadas hasta
cierto punto en los proyectos de la faccion anti-na-
cioaal. De todo lo que èxistía no hallaba nada bue-
110 sino el gobierno revolucionario, pero solamente
el principio y no la ejecucion. El principio era su-




REVOLUCION


yo; él era su fundador, y sus contrarios los que le
depravaban.


A. esto se redujo el sentido de las abultadas de-
clamaciones de Robespieree ; y al lin terminó con
este resúmen : «Digamos que existe una conspira-
«cion contra la libertad pública , la cual debe su
«fuerza á una pandilla criminal que maquina en el
«recinto mismo de la Couvencion; que esta pandilla
«tiene cómplices en el seno de la junta de seguri-
«dad general v en su secretaría , donde la misma
«domina ; que los enemigos de la república han
«contrapuesto esta junta á la de salvacion pública,
«constituyendo de esta manera dos gobiernos; que
«algunos individuos de esta junta de salvacion pu-
blica entran en el complot, y que la coalicion fra-


«guada de este modo, desea perder á los patriotas
«v á la patria. ¿Qué remedio hay para este mal?
«Castigar á los traidores, renovar las oficinas de la
«junta de seguridad general , purificar á esta mis-
« ma junta, y subordinarla á la de salvacion públi-


ca, acrisolar tambien á esta última , constituir el
«gobierno bajo la autoridad suprema 510 la Con-
«vencion nacional, que es el centro y el juez, y ano-
«nadar de este modo las facciones con el peso de
«la autoridad nacional , para levantar sobre sus
«ruinas el poder de la justicia y de la libertad. Es-
«tos son los principios. Si es imposible invocarlos
«sin incurrir en la nota de ambicioso, concluiré di-
«ciendo que los principios estar proscriptos, y que
«la tiranía reina entre nosotros, pero no que yo de-
ba enmudecer, porque ¿qué se puede contraponer


«á quien tiene razon, v sabe morir por su pais? \a-
«cl para combatir al crimen y no para gobernarlo.
«Todavía no ha llegado el tiempo ea que los hom-


FRANCESA.
95


«tires de bien puedan servir impúnemente á la pa-


llo! espierre habia principiado su discurso con
Isitlerillic. i»o y del mismo modo lo acababa, quedándo-
se todos mudos en la Asamblea y mirándole de hito
en hito. Aquellos diputados antes tan oficiosos , se
convirtieron en hielo; nada espresan, y parece que
tienen el valor de mantenerse yertos desde que los
tiranos desavenidos entre sí, los toman por jueces,
Todos los semblantes son ya impenetrables, y una
especie de vago y hondo susurro se va levantando
poco á poco ea la Asamblea, pero ninguno se atre-
ve todavia á tomar la palabra. Lecointre de Versa-
lles, uno de los enemigos mas pujantes de Robes-
pierre , se presenta el primero, pero es para pedir
!a impresion del discurso.—En tanto grado titubean
aun los mas valientes para trabar la contienda.
Bourdon del Oise se atreve á oponerse á la impre-
sion , diciendo que el discurso contiene cuestiones
harto trascendentales y bastante graves , y pide
que se remita á entrambas juntas. l3arrere, pruden-
te siempre, apoya la demanda de la impresion, di-
ciendo que en un pais libre se debe imprimir todo.
Arrójase Couthon á la tribuna, indignado de ver
una disputa en vez de un rapto de entusiasmo , é
insta no solo por la impresion, sino por la remision
á todos los A y untamientos, y á todos los ejércitos.
Tiene necesidad, dice , de desahogar su ulcerado
corazoa , pues hace tiempo que están abrumando
con disgustos á los diputados mas leales de la causa
del pueblo, tíldaseles de derramar sangre , y de
quererla derramar todavía; y sin embargo, si cre-
yese haber contribuido al esterminio de un solo
inocente, se sacrificaría de dolor. Las palabras de




96 REVOLUCION


Couthon reprodujeron toda la sumision que aun
quedaba en la Asamblea ; y esta votó la impresion
y la remision del discurso á todos los Ayunta- -
mientos.


Perdian terreno los adversarios de Rohespierre,
pero Vadier, Cambon, Villaud-Varenne , Panis y
Amar, pidieron la palabra para contestar á las acu-
saciones de Robespierre. El valor se enciende con
el peligro, y trávase la lid. Todos quieren hablar á
un tiempo, pero se les fija la vez, Vadier es el
primero en esplicarse. Justifica á la junta de segu-
ridad general, y sostiene que el informe de Catalina
TheoCtenia por objeto el descubrir una conspira-
cion verdadera y trascendental , añadiendo con un
tollo algo significativo, que tiene documentos fea-
cientes para probar su importancia -y su peligro.
Cambon justihca sus leyes de hacienda y su probi-
dad, que era notoria y celebrada en un destino en
que las tentaciones eran tan grandes v vehe-
mentes. Habla con su arranque acostumbrado, v de-
muestra que únicamente los agiotistas han podido
lastimarse con sus leves de hacienda; y rompiendo
en fin la mesura hasta allí observada, esclamó: «Ya
«es tiempo de decir la verdad entera. ¿Pueden
«acusarme de que me he hecho dueño de alguna
«cosa? El que se ha hecho dueño de todo, y el que
«ha paralizado vuestra voluntad. es ese hombre que
«acaba de hablar , ese Robespierre.» Esta vehe-
mencia desconcierta á Rohespierre. Como si le'
acusaran de haber tiranizado la hacienda, dice que
jamás se ha entrometido en este ramo; y que por
consiguiente no sabe haber entorpecido en él á la
Convencion; y que por lo lemas, atacando los pla-
nes de Cambon no ha querido atacar sus inten-


FRANCESA. 97
ciones. Sin embargo le había apellidado bribon.
Villaud-Varennes, no menos arrojado, dice que es
tiempo de poner patentes todas las verdades; ha-
bla de la retirada de Robespierre de las juntas, v de
la traslacion de las compañías de artilleria, de' las
que solohan salido quince, aunque la ley concediese
hasta veinte y cuatro; añade que vááarrancar todas
las máscaras infames, y que quiere mejor que su ca-
dáver sirva de escabel á los pies de un ambicioso, que
autorizar sus atentados con su silencio. Pide que
se suspenda el decreto que dispone la impresion.
Panis se queja de las continuas calumnias de Ro -
bespierre, que ha intentado achacarle las jornadas
de setiembre; y quiere que lo mismo Robespierre
que Couthon marquen los cinco ó seis diputados cu-
yo sacrificio están pidiendo hace un mes en los ja-
cobinos. Al punto reclaman por todas partes la mis-
ma cosa, v Robespierre contesta titubeando que ha
venido á descubrir abusos, y no se ha encargado de
sincerar ni de mancillar á nadie.—Nombrad, nom-
brad á los individuos, esclaman.—Robespierre di-
vaga mas mas, y dice que habiendo tenido el va-
lor-de depositar en el seno de la Convencion dic-
támenes que creía provechosos , no presumia....—
interrúmpenle de nuevo , y Charlier le grita : «Ya
«que pretendeis tener el valor de la virtud, tened
«tam bien el de la verdad. Nombrad, nombrad á los
((individuos' » La confusion se aumenta y se
vuelve al punto de la impresion. Amar insiste y la
remision del discurso á las juntas .; y al ver Barrera
que va prevaleciendo este partido, trata de discul-
parse en cierto modo de haber pedido lo contra-
rio. En lin revoca su acuerdo la Convencion, y sen-
tencia que el discurso de Robespierre , en vez de


Biblioteca popular.
T. 476




98 REVOLUC[ON
imprimirse se remita al examen de entrambas
juntas.


Aquella sesion era un acontecimiento verdade-
ramente estraordinario , pues todos los diputados,
tan sumisos por costumbre, habian tomado alien-
to. Robespierre, que nunca tuvo mas que ceño, pe-
ro sin valentía., estaba atónito, despechado y aba-
tido. Tenia necesidad de tomar aliento, v corrió á
sus fieles jacobinos para buscar á. sus amigos y vol-
ver en si..Estos ya sabían el acontecimiento, y de-
seaban su venida con impaciencia. Apenas se pre-
senta, lo cubren de aplausos; entra tras él Coutlion,
y participa de las mismas aclamaciones. Pidese la
lectura del discurso, y emplea Robespierre dos ho-
ras muy largas ea repetirlo. Interrumpenle á ca-
da paso con alaridos y aplausos frenéticos , y ape-
-nas acaba, añade algunas palabras de desahogo v
de dolor. «El discurso que atabais de oir, les dice,
«es mi testamento. Hoy lo he visto; la liga de los
-«malvados es tan fuerte, que me es imposible evi-


tar sus golpes. Sucumbo sin pesadumbre; os dejo
«mi memoria, que Os será apreciable y la defende-


• «reis.» A estas palabras , gritan que no. es tiempo
de temer ni de desesperar; y que. al contrario, ven-
garán al padre de la patria de todos los parva' sos
reunidos. nenriot Dumas Coffinhal y Pa yan le
cercan, y se declaran prontos a obrar. biceleSen-
riot que tiene bien sabido el camino.de la Conven-
eion. «Separad, les dice Robespierre, los perversos
«de los débiles ; libertad á la Conve.ncion de los
«malvados que la oprimen ; tributadle el servicio
«que espera de vosotros, corno en el 31 de mayo
«9 de junio. Marchad y salvad de nuevo la
«tad! Si a pesar de todos estos esfuerzos hay que


ÉRÁNCÉSA. 99
«Sucumbir, enhorabuena, amigos mies , me vereis
«beber la cicuta con sosiego.—Robespierre, escla-
«ma un diputado, yo la beberé contigo!»—Couthon
propone á, la sociedad un nuevo escrutinio depura-
torio, y quiere que se espulse al instante a cuan-
tos diputados hayan votado contra Robespierre.—
Traia consigo la lista y la presenta inmediatamen-
te. Adóptase su proposicion en medio de un es-
truendo espantoso. Collot-d' Herbois intenta hacer
algunas reflexiones, pero le aturden á silbidos; ha-
bla de sus servicios , de sus peligros y de los dos
tiros de [Admira' ; le escarnecen , le injurian y le
arrojan de la tribuna. Todos los diputados presen-
tes y señalados por Combo!' quedan excluidos:
aun algunos apaleados. Salvase Collot en inedia de
las puñales levantados contra él. Hallábase aquel
dia reforzada la sociedad con todos los hombres de
accion que en los momentos de turbulencia entra-
ban sin targeta ó con alguna falsa. El agente na-
cional Payan, que era en estrenuo ejecutivo , pro-
puso una tentativa arrojada. Quería que se fuese
inmediatamente á, afianzar i todos los conspirado-
res , cosa muy factible , porque en aquel punto se
hallaban reunidos en las juntas á que pertenecian.
Asi se hubiera terminado la lucha sin combate y
por un golpe de ruano. °Mose á ello Robespierre
pues no gustaba de acciones tan prontas , y 0011—
ceptUaba que dehian seguirse los mismos procedí:-
mientos del 31 de mayo. Rabiase estendido va una
peticion solemne, y értenia compuesto un discur-
so. Saint-Just, que acababa de llegar del ejército,
daria su informe el dia siguiente; Robespier-
re mismo hablaria de nuevo, y si no se conse-
guía el intento, los magistrados del pueblo reuni-


:




4 00 REVOLUCION


(105 entretanto en el Ayuntamiento, y apoyados por
la fuerza armada de las secciones, declararian que
el pueblo habla entrado en su soberanía, y acudi-
rían á libertar á la Convencion de los perversos que
la extraviaban. De este modo estaba ya el plan de-
lineado por los anteriores. Se separaron citándose
para el otro dia, Robespierre en la Convencion, en
su saJon los jacobinos , los magistrados municipa-
les en el Ayuntamiento y Henriot á la cabeza de
las secciones. Contabase ademas con los jóvenes
de la escuela de Marte, cu y o comandante Labrete-
che estaba absolutamente 'adherido á la causa del
Ayuntamiento.


Tal fue la jornada del 8 de termidor, la última
de la sangrienta tiranía que estaba pesando sobre
la Francia. Sin embargo, aquel mismo dia no cesó
de trabajar la horrible máquina revolucionaria. Ac-
tuó el tribunal, y las víctimas fueron conducidas al
cadalso. De este número eran dos célebres poetas,.
Roucher, autor de los Meses, y el jóven Andrés Cha-
nier, que dejó bosquejos admirables, y de quien se
condolerá la Francia cuino de todos aquellos jóve-
nes de númen, oradores, escritores y generales de-
vorados por la guerra y el cadalso. Estos dos hi-
jos de las musas se iban consolando en el fatal car-
reton, repitiendo versos de Racine. El jóven An-
drés , al subir al cadalso lanzó el grito del genio
atajado en su carrera : Morir tan ideen! esclamó
golpeándose la frente ; agcci habla alguna cosa.


Durante la noche de aquel dia habia gran mo-
vimiento por todas partes, y cada cual procuró
concentrar sus fuerzas. Habianse reunido las dos
juntas y deliberaban sobre los grandes aconteci-
mientos de aquel din, y el siguiente. Lo que aca-


FRANCESA. 401
haba de suceder en los jacobinos demostraba que
el corregidor y Henriot sostendrían á los triunvi-
ros,que al dia siguiente tendrian que pelear con-
tra to'das las fuerzas del A y untamiento. Arrestar á
estos dos principales caudillos hubiera sido lo mas
acertado, pero las juntas titubeaban todavia y esta-
ban como arrepentidas de haber empeñado la con-
tienda. Velan que si la Convencion era demasiado
poderosa para. vencer á Robespierre iba á reco-
brar su poderio, y que ellos, aunque libertados de
los golpes de su rival , quedaban depuestos de la
dictadura. Entenderse con él hubiera sido induda-
blemente mas acertado , pero ya no habla tiempo.
No trató Robespierre de acudir á ellos despues de
la sesion de los jacobinos; y Saint-Just, llegado del
ejército , hacia algunas horas , los estaban obser-
vando. Manteniase silencioso; y habiéndole pedido
el informe que le encargaron en la última entre-
vista, y queriendo oir su lectura, respondió que no
podía comunicarlo, pues lo halda dado á leer á uno
de sus compañeros. Pidieronle que á lo menos les
dijese su conclusion, y tam bien se negó á esta de-
manda. En aquel punto entra Colla muy airado
con la ocurrencia que le acababa de suceder en los
jacobinos.—«¿Qué sucede en los jacobinos? le di-
«ce Saint-Just.--¿Tú me lo preguntas? replica en-
furecido Collot ¿no eres acaso cómplice de Ro-


«hespierre? ¿no habeis fraguado juntos todos vues-
otros intentos? va lo veo , habeis formado un infa-
«me triunvirato; nos quereis asesinar , pero si su-
«cumhimos no gozareis largo tiempo del fruto de
«vuestros crímenes!» Entonces acercándose á Saint-
Jun con vehemencia, le añadió: «Tú quieres de-


latarnos mañana y tienes la faltriquera llena de




402 REVOLUCION
«apuntes contra nosotros ; enséñalos... »—Enseña
Saintalust sus bolsillos y asegura que no tiene
apunte alguno. Aplacan á Col lot, y exigen de Saint-
ust que acuda á las once de la mañana para comu-


nicar su informe antes de leerlo en la Asamblea.
Las juntas, al separarse, acuerdan pedir á la Con-
vencion la destitucion de Denriot, y que se llame á
la barra al corregidor y al agente nacional.


Fuese corriendo Saint-Just á escribir el infor-
me que no estaba todavía redactado, y delató con
mas gravedad y energía que lo había hecho Ro-
bespierre, la conducta de las juntas para con sus
cólegas, la usurpacion de todos los negocios ; el
orgullo de Villaud-Varennes , y los falsos mane-.
jos de Carnót que habian trasladado el ejército de
Pichegrú a las costas de Flandes, y privado á Jour-
dan de diez y seis mil hombres. Este informe era
tan pedido, pero infinitamente mas artero que el
de Robespierre, y resolvió su autor leerlo en la
Convencion sin manifestarlo á las juntas.


Mientras que los conjurados se concertaban en-
tre sí, los montañeses, que hasta allí se habian li-
mitado á comunicarse sus temores , pero que no
habian formado complot alguno, corrian unos tras
otros, v prometían para el dia siguiente acome-
ter á Robespierre de una manera mas formal, y
hacer, si era dable que se espidiese un decretocon-
tra l'ara esto necesitaban el apoyo de lbs dipu-
tados dela Llanura, á quienes tan frecuentemen-
te hablan amenazado, y á quienes Robespierre,
aparentando el papel de moderador , había daten-
dido en otro tiempo,. por lo tanto tenian Doce (pie
alegar en su favor. Fueron sin embargo en busca
de Boissy-d' Anglas, Durand-MaillanePalas«-


.


FRANCESA. 103


Champeaux, los tres constitu y entes, cuyo egem-
plo debla decidir a los demas. Dijéronles que se-
rian responsables de cuanta sangre vertiese toda-
vía Robespierre, si no consentían en votar contra
él. Rechazados al pronto, reinsistieron hasta ter-
cera vez y obtuvieron por fin la promesa deseada.
Corrieron. todavía la mañana entera del 9, y Ta-
llien prometió dar el primer ataque , pidiendo so-
lamente que se lanzasen tras él.


Cada cual acudió á su puesto; el corregidor,
Ilenriot y al agente nacional Payan estaban en el
A y untamiento; Ilenriot a caballo'con sus ayudan-
tes de campo, y recorriendo las calles de Paris.
Los jacobinos habian entablado una sesion per-
manente, y los diputados, en pié desde la madru-
gada, habían acudido á la Convencion antes de la
hora acostumbrada. Andaban por los corredores
en pelotones, y los montañeses les hablaban con
eficacia y ahinco para decidirlos á su favor. Eran
las once v media, y T allien, en una de las puertas
del salon, hablaba á algunos de sus compañeros,
cuando ye entrar á Saint-Just que sube a la tri-
buna; «;Ea! ya llegó el caso, esclama, entremos.»


pueblanse los bancos,se espera con
silencio la apertura de aquella es'eena, una de las
mas interesantes de nuestra tormentosa república.


Estaba en la tribuna Saint-Just , faltando á la
palabra dada á sus compañeros de leerlos antes
su informe, y los dos Robespierres, Lelas y Cou-
thon sentados unos al lado de otros. Presidia la
sesion Collot-d' lierbois, y Saint-Just dijo que es-
taba encargado por las juntas de leer un informe,
para lo cual se le concedió la palabra. Principió
diciendo que él no pertenecía a ninguna facción,


rf




104 REVOLIJOION


sino solo á la verdad, y aunque la tribuna podia
ser para él como para otros muchos la roca Tar-
peya, no por eso dejada de manifestar su opinion
sobre las desavenencias que habian estallado. Ape-
nas le dejó Ta p ien acabar estas primeras frases,
cuando pidió la palabra para una cuestion de Or-
den , y la obtuvo. «La república, dice, se encuen-
«tra en el estado mas lastimoso , y ningun buen
«ciudadano puede dejar de derramar lagrimas por
«ella. Un individuo del gobierno se aisló ayer de-
«talando á sus compañeros.—Iloy viene otro á
«hacer lo propio. Esto es agravar demasiado nues-
tros males , y pido que al fin se rasgue el velo


«enteramente.» Apenas se pronuncian estas pala-
bras, estallan los aplausos, se dilatan, se renuevan
resonando hasta tercera vez. Esta era la señal
precursora de la calda de los triunviros. "S'alud-
Varennes , que se habia apoderado de la tribuna
despues de Tallien, dijo que los jacobinos hablan
tenido la víspera una sesion sediciosa , donde se
hallaban asesinos apostados que lidian manifes-
tado el intento de degollar é la Convencion. Mani-
fiestan entonces una indignaciongeneral. « Estoy
«viendo, añade Villaud-Yerennes, estoy viendo eit
«las tribunas á uno de los hombres que amenaza-
ban ayer á los diputados leales. ¡Que le prendan!


Cógenle inmediatam áente N' le entregan los gen-
darmes. Sostiene Villaud en seguida que Saiut-
Just no tiene derecho para hablar en nombre de las
juntas, porque no les ha comunicado su informe;
que aquel es el momento en que no debe flaquear
la Asamblea , pues está espuesta á perecer.—No,
no, esclaman los diputados agitando sus sombre-
ros, no será débil, ni fenecerá.—Pide Lebas la pa.


FRANCESA.
905


labra que no ha cedido todavía Villaud , y se in-
quieta y alborota para obtenerla. A petición de to-
dos los diputados se Ilamaal órden, pero insiste de
nuevo.-1A, la Abadía con el sedicioso! esclaman
varias voces de la -Montaña.—Villaud continúa, v
no guardando ya miramiento alguno, dice que Ro-
bes'pierre ha tratado siempre de tiran i zará las jun-
tas: que se habia retirado cuando se ha resistirlo a
su ley' del 22 de pradial, v al uso que intentaba ha-
cer de ella; que ha querido conservar al noble La-
valette, conspiradores Lila, en la guardianacional;
que ha impedido el arresto de llenriot cómplice de
llebed , para que fuese su hechura, que se ha
opuesto ademas al arresto de un secretario de la
junta que había robado ciento catorce mil francos;
que ha encarcelado por el conducto de su oficina
de policía á la mejor junta revolucionaria de Pa-
ris; que en todo ha hecho siempre su voluntad,
queriéndose convertir en dueño absoluto. Villaud
añade que podría citar otros muchos hechos , pe-
ro bastará decir que ayer los agentes de Robes-
pierre en los jacobinos, los Dumas v los Coffinhal
estaban en diezmar la Convencion iiacional. Mien-
tras Villaud iba refiriendo estos cargos , dispara-
base la Asamblea por intervalos en movimientos
de indignacion. Robespierre lívido de cólera, ha-
bia dejado su asiento v subido por la escalerilla de
la tribuna. Colocado (letras de Villaud, estaba pi-
diendo la palabra al presidente con un acento fre-
nético. Aprovecha el momento en que Villaud aca-
ba de hablar para reclamarla todavía con mas vio-
lencia.—;Fuera el tirano' fuera el tirano' —
esclaman por todos los ámbitos del salon. Dos ve-
ces se levanta estealarido acusador y anuncia que


1




4 •06 REVOLLICION


la Asamblea se atreve á darle por fin el nombre
que merece. Mientras él se aferra, Tallien , que
habla subido de nuevo á la tribuna, solicita !a pa-
labra, y la alcanza antes que él. «Ahora mismo,
«dice, estaba pidiendo que se rasgase el velo en-
teramente; veo que va se ha rasgado, y que están


«desembozados los conspiradores. Sabia que es-
daba amenazarla mi cabeza , v hasta aqui 'labia
«guardado silencio; pero a yer «he asistido á la se-
«,ion de los jacobinos, he «estado viendo formarse
«el ejército del nuevo Cromwell; me he estreine-
«cido por la patria, y he quer i do armarme de un
«puñal para desgarrarle las entrañas, si la Con-
«vencion no tuviese aliento para decretar su acu-
«sacion.» Al acabar estas palabras enseña l'alijen
el puñal, y la Asamblea le llena de aplausos. En-
tonces propone el arresto de llenriot , como cau-
dillo de los conspiradores. Villaud indica que se
añada el del presidente Dumas, y el del llamado
Boulanger, que habla sido el dia ntes uno de los
alborotadores mas acalorados en los jacobinos.—
Decrétase al momento la prision de los tres reos.


Entra en aquel momento Barrere, para hacer á
la Asamblea las proposiciones que la junta ha de-
liberado por la noche antes de separarse. Robes-
pierre, que no habla dejado la tribuna , se apro-
vecha de este intervalo para reclamar todavia la
palabra. Sus contrarios estaban decididos á ¡regár-
sela, recelosos de que se renovase á su voz cierto
temor y servilismo. Colocados todos en la cumbre
de la Montaña, lanzan nuevos gritos ; y mientras
Robespierre se vuelve ya hacia el presidente ,
hacia la Asamblea , pro. rumpen con voz atronado-
ra:---¡Fuera, fuera el tirano ! Consi gue tarnhien


FRANCESA. 4 07


Barrcre la palabra antes que Robespierre. Afirma-
se que aquel hombre , que por vanidad habla
querido hacer papel, y que por debilidad temblaba
ahora de habérselo proporcionado, tenia en la fal-
tri g uera dos discursos, el uno a favor de Robes-
pierre y el otro a favor de las juntas;. y viendo que
aquel había perdido su prestigio y su influjo en la
Convencion, hace uso del segundo. Detalla la pro-
posicion decretada por la no`


•'die , la de abolir el
grado de comandante general, restablecer la anti-
gua ley de la legislativa, por la cual todo gefe de
legion mandaba alternativamente la fuerza dePa-
ris, y en fin , llamar á la barra al corregidor y al
agente .


nacional , para que respondan del sosiego
de la capita!. A dOptase este decreto inmediatamen-
te, y va un portero á comunicarlo al Ayuntamien-
to en medio de los mayores peligros.


Luego-que se adoptó el decreto propuesto por
:Barrero, se van refiriendo los perjuicios é injusti-
cias de Robespierre; y cada cual acude á su turno
para hacerle una reconvencion. Badier que apa-
rentaba haber descubierto una conspiracion im-
portante al prenderá Catalina Theot , refiere lo
que !rabia dicho la víspera, que Dom Gerleposeia
una certificacion de civismo, firmada por Robes-
pierre, y que en un colchon de Catalina se hallaba
una carta en que llamaba a Robespierre su queri-
do hijo. Estiéndese luego sobre el espionage que
rodeaba a las juntas, con la ditusion de un anciano


con una lentitud que no convenía á la agitacion
del momento. Impaciente Tallien vuelve de nuevo
á !a tribuna e toma la palabra diciendo que debe
ceñirse la cuestiona su verdadero punto. Con efec-,
tu, habían decretado contra Henriot, Damas y Bou-




408 REVOLUCION
langer, y habían llamado á. Rohespierre tirano, pe-
ro sin tomar resolucion decisiva. Tallien objeta
que no se debe lijar la atenelon en algunos deta-
lles de la vida de aquel hombre, llamado un tira-
no, sino que se debe manifestar el todo. Entonces
empieza un cuadro enérgico dela conducta de aquel
cobarde palabrero, orgulloso y sanguinario. Ro-
hespierre ahogado de cólera le interrumpe con ala-
ridos de furor.—Louchet dice entonces: Acabemos
de una vez , arréstese a Robespierre. —Loseau
añade: La acusacion contra ese delator!—i Acusa-
cion! acusacion! claman un sin número de diputa-
tos. Levántase Louchet, y mirando en su alrede-
dor, pregunta si le sostienen.—Si, si , contestan
cien voces.—Robespierre menor dice desde su
asiento: «Entro á la parte de los crímenes de mi
«hermano; juntadme con él.» Apenas prestan aten-
clon á este sacrilicio.—El arresto ! el arresto! con-
tinúan gritando.—En este punto , Robespierre,
que no habia cesado de ir y venir desde su
asiento á la mesa, se acerca de nuevo al presiden-
te y le pide la palabra; pero Thuriet que reem-
plazaba á Collot-d' llerbois en el sillar', no le con-
testa sino redoblando la campanilla. Entonces Ro-
bespierre se vuelve hacia la Montaña , y solo en-
cuentra en ella y ertos amigos ó enemigos enfure-
cidos; dirígese entonces ala Llanura.—«A vosotros
«dice, hombres puros y virtuosos, á vosotros me
«dirijo y no á los infantes.» Vuelvenle la cabeza,
amenazándole, y entonces acude otra vez al pre-
sidente y esclama: «Por la última vez , presidente
«de asesinos, te pido la palabra ll » Esto último
lo pronuncio con voz ahogada y casi exánime.—
«La sangre de Danton te ahoga!...» le dice Car-


FRANCESA. 409
nier del Aube. Impaciente en aquella lucha, le-
vantase Duval y dice: «Presidente, será ese hom-
«bre por mas tiempo dueño de la Convencionl-
;Ah! cuánto cuesta derribar á un tirano! » añade
Freron.— « ¡A la votacion! á la votacion!» esclama
Loseau. Por fin se pone á votacion el arresto tan-
tas veces propuesto, y se decreta en medio de una
voceria y de un espantoso alboroto. Dado el de-
creto, le.vautanse en todo el salon, gritando: Viva
la libertad! viva la república ! ya no hay tiranos!


Variosde los diputados se levantan, y dicen que
su ánimo ha sido votar el arresto de los cómplices
de Robespierre, Saint-Just y Couthon. Añádese-
les al punta, al decreto. Lebos pide que lo agre-
guen y se le concede, corno igualmente á Robes-
pierre menor. Tanta zozobra infundian aquellos
hombres todavía, que los porteros del salon ne se
Rabian atrevido á presentarse para conducirlos a
la barra. Al ver que permanecian en sus asientos,
preguntan por que no bajan al sitio de los reos, y
responde el presidente , que los porteros no han
podido ejecutar la órden.—Entonces se levanta
un grito general a la barra! á la barra! v bajan los
cinco reos. Robespierre furioso, Saint-Just sose-
gado y desdeñoso , y los otros consternados con
aquel abatimiento tan nuevo para ellos. Por fin se
vejan en aquel sitio donde !rabian enviado a Verg-
niaud , á Brissot , á Petion , Camilo Desmoulins,
Danton y á tantos otros compañeros suyos, llenos
de virtud, ó de genio, ó de valor.


Eran las cinco de la tarde y la Asamblea se de-
claró en sesion permanente ; pero en aquel punto
agoviada del cansancio, toma la peligrosa reso/u-
mon de suspender la sesion hasta las siete , para




440 REVOLUCION
entoncs


tomar un poco de reposo. Sepára se e los
diputados, dejando de este modo al Ayuntamiento,
-si• hubiese tenido alguna audacia, la facultad de
cerrar el lugar de sus sesiones , y de apoderarse
de Paris. Condúcese á los cinco reos a la junta de
seguridad general, y les hacen sus compañeros el
interro gatorio antes de pasarlos á, la cárcel.


Mientras que ocurrián tan importantes aconte-
cimientos en la '1_:onvencion , el portero Courvol
habia ido á comunicar el arresto contra llenriot
1.7 el de presentacion del corregidor y del agente
nacional en la barra. Le recibieron muy mal y ha-
biendo pedido un recibo, le contestó el corregidor:
En dios corito este no se dan recibos. V é 4. decir á la
Convencion, que nosotros sabremos mantenerla . , y dí
á Robespierre que no lema, que aqui estamos noso-


7tros. Luego se esplicó el corregidor de un modo
muy misterioso en el consejo general sobre el mo-
tivo' de la reunion, sin hablar mas que del derecho
que mandaba al A y untamiento celase la tranquili-
dad de' Paris, y recordó las épocas en que aquella
corporacion halla acreditado su valor, indicando
claramente el 31 de mayo. El agente nacional Pa-
yan habló despues del corregidor , y propuso en-
viar dos individuos del consejo á la plaza del Ayun-
tamiento, donde se hallaba un inmenso gentío,
para arengarle é invitarle á que se reuniese á sus
.magistrados para salvar la patria. En seguida se
redactó una esrosicion espresando que habia opre-
sores perversos de Robespierre, de aquel ciudadano
virtuoso que habia decretado el dogma consolador del
Ser Supremo y de la inmortalidad del alma; de
Saint-Just , el apóstol de la, virtud , que detuvo la
z`raicion en el Rin y en el Norte; y de 'Couthon,


FRANCESA.
414


aquel virtuoso ciudadano que no tenia mas que el
cuerpo y la cabeza vivos , pero ardientes ambos de
miro patriotismo. Inmediatamente despues?guro


convocar á la secciones y que los presiden-
tes v comandantes de la fuerza armada se llama-
sen .al consejo para recibir sus órdenes. Rabiase
enviado una dinutacion á los jacobinos para que
acudiesen á hermanarse con el Ayuntamiento y
enviasen al consejo general a los individuos más
eeérgicos, y á un buen número de ciudadanos y
ciudadanas de las tribunas. Sin anunciar todavía la
insurreccion , el Ayuntamiento tomaba todas sus
disposiciones v marchaba abiertamente á este ob-


'


jeto, guardando todavía algun miramiento porque
ignoraba el arresto (le los cinco diputados.


En este tiempo , habla llenriot montado á ca-
ballo y recorria las calles de Paris, cuando supo
une habian preso á los diputados. y entonces se
ruso á alborotar al pueblo, gritando 'que los fora-
giclos estaban oprimiendo á los diputados leales,
y (lúe hablan arrestado á Couthon , Saint-Just


'spierre. Este miserable estaba medio bor:-
, y se bamboleaba. en el caballo blandiendo


el ab-le como un frenético. Se dirigió por de pron-
to al arrabal de San Antonio para alborotar á los
obreros, que apenas camuflan lo que les hablaba,
y que por otra parte se iban condoliendo al ver
pasar todos los días nuevas víctimas. Por un aca-
so falta encuentra llenriot las carretas. Ilabíanias
cercado al saber el arresto de Robespierre , á
quien se suponia autor de todas las ejecuciones,
infiriendo de aquí que preso ya, debian cesar los
homicidios. En consecuencia quisieron hacerlas
retroceder, pero llegando Henriot en aquel punto,




1 ,t2 REVOLUCION


se opuso á ello y obligó á que se consumase aun
el idtimo . sacrilicio. Marchó luego á escape hasta
el Luxemburgo, y mandó á la gendarmeria que se
reuniese en la plaza del Ayuntamiento. Tomó con-
sigo un destacamento y bajó por lo largo de los
pretiles para ir á la plaza del Carrousel a libertar
á los presos que se hallaban en la junta de segu-
ridad general. Corriendo con sus ayudantes de
campo por aquellos sitios, atropelló á una multi-
tud de personas, y un hombre que llevaba á su es-
posa del brazo, se volvió hacia los gendarmes , y
les (lijo: «Gendarmes, detened á ese foragido, que
ya no es vuestro general.» Un edecan le contestó
con un sablazo. Siguió Henriot su camino, y en-
tró por la calle de San Honorato y al llegar á la
plaza del Palacio-Real, diviso á Merlin dellion-
ville, y arrojándose sobre él gritó: «Prended á ese
pícaro , que es uno de los perseguidores de los
fieles representantes.» Apoderándose en efecto de
Mediu, le maltratan y le conducen al primer cuer-
po de guardia. En los patios del Palacio Nacional
hace Henriot que echen pié a tierra cuantos le
acompañan, y quiere entrar en el palacio. Los gra-
naderos lo impiden cruzando las ba yonetas ; ade-
lantase en aquel momento un portero, y dice:—
«Gendarmes, prended á ese rebelde; un decreto
«de la junta os lo-manda!»—Rodean luego á Hen-
riot, le desarman y tambien á muchos de sus ede-
canes; y atados los conducen al salon de la junta
de seguridad general con los dos Robespierres.
Couthon, Saint :J(1st y Lebas.


Hasta aqui todo iba muy bien para la Con-
vencion, pues se ejecutaban felizmente los decre-
cretos que bina espedido con tanta osadía ; pero


FRANCESA. 113


el Ayuntamiento y los jacobinos , que todavia no
proclamaban abiertamente la insurreccion, iban á
estallar ahora, y á efectuar su intento de otro 2 de
junio. Por fortuna, mientras la Convencion sus-
pendia la sesion imprudentemente, hacia lo mismo
el A y untamiento, v todos desperdiciaban el tiempo.


No se reunió de nuevo el consejo hasta las seis
de la tarde, hora en que ya se ¡sabia el arresto de
los cinco diputados y de Henriot. Al oir esta noti-
cia no se detuvo ya el consejo y declaró quese suble-
vaba contra los opresores del pueblo que querían ha-
cer perecer á sus defensores. Mandó tocar á rebato
en las casas consistoriales y en todas las seccio-
nes, enviando uno de sus individuos á cada una de
estas estrechándolas á la insurrm5ion y á acudir con
sus batallones al Ayuntamiento. Envió gendarmes
á cerrar las barreras, y ordenó á todos los alcaides
de las cárceles que no admitiesen á ninguno de
cuantos presos les presentasen , y últimamente
nombró una comision ejecutiva de doce indivi-
duos en la cual se hallaban Payan v
para dirigir la insurreccion , y usar 'de toda la
potestad soberana del pueblo. Había en aquel mo-
mento reunidas ya en la plaza algunas tropas de
las secciones , varias compañías de artilleros ,
gran parte de la gendarmería. Principiose por hace''r
prestar juramento á los comandantes de los bata-
llones ya reunidos, y despues se dió órden á Cof-
finhal para que fuese con algunos centenares de
hombres á la Convencion para libertar á los
presos.


Robespierre mayor habia sido ya conducido á Lu-
xemburgo, el menor á la casado San Lázaro, Cout-
bou á Puerto-Libre, Saint-just á los Escoceses,


Eiblioleta popular.


T. 477


1




1
11!


REVOLUCION


y Lehas á la casa de justicia del departamento;
pero se habla ejecutado la órden del Ayuntamie n


-to y los alcaides no quisieron admitir á los pre-
sos, por lo cual se apoderaron de ellos los depen-
dientes de policía. , y los llevaron en carruage al
Ayuntamiento. Al presentarse Robespierre , lo
abrazaro n


, le colmaron de manifestaciones de ca-
riño jurando morir en su defensa y en la de todos
los diputadosdeales. En este tiempo Babia queda-
do solo Renriot en la junta de seguridad general.
Coflinhal, rice-presidente de los jacobinos, llega
con sable en mano y algunas compañias


de las
secciones, invade las salas de la junta , arroja á
sus individuos , y liberta á Henriot y á sus ayu-
dantes. Libres ya estos, corren a la nt


plaza del
Car-


rousel, hallan todavía sus caballos , del
ellos, y con bastante serenidad dice Henriot á las
compañías de las secciAes y á los artilleros que
tntabati al rededor , que la junta acababa de decla-
rarle inocente devolviéndole el mando. Cércanle
entonces, se hace seguir por crecida muchedum-
bre , y se pone á dar órdenes contra la Conven-
cion y á preparar el sitio del edifvio.


Eran las siete de la tarde. La Convencion vol-
via á juntarse y en el intermedio el Ayuntamiento
se había grangeado notables ventajas. Como se
acaba de ver , había proclamado la insurreccion,
enviado comisionados a las secciones, reunido asi
varias compañías de artilleros y de gendarmes,


y


dado libertad á los presos. Con mas arrojo podía
marchar ejecutivamente sobre la Cnvencion y ha-
cerle revocar sus decretos; y contaba ademas
la escuela militar, cuyo comandante Labreteche le
era enteramente apasionado.


FRANCESA. 4 15


Júntanse tumultuosamente los diputados, y co-
inunicanse con espanto las novedades de la tarde.
Los vocales de las juntas, asustados é indecisos,
se reunen en un aposento junto á la mesa del pre-
sidente , y deliberan allí sin saber á qué partido
atenerse. Preséntanse sucesivamente varios dipu-
tados en la tribuna,refieren lo que esta pasan-
do en Paris. Cuentan'que están libres los presos,
que se ha unido el A yuntamiento á los jacobinos,
(me dispone ya de fuerzas considerables , y que la
¿onvencion va pronto á quedar sitiada. Bourdon
propone salir en cuerpo y mostrarse al pueblo para
atraerlo. Legendre se empeña en tranquilizar á, la
Asamblea, diciéndole que por todas partes hallará
montañeses puros y leales, prontos á defenderla,


en aquel momento de peligro manifiesta un va-
lor que no tuvo contra Robespierre. Sube Villaud
á la tribuna , y participa que Ilenriot se halla en
la plaza del Carrousel, que hadispersado á los arti-
lleros, y hecho apuntar los cañones contra el salan
de la Asamblea, y que va á comenzar el asalto.
d:ellot d' Herbois se coloca entonces en el sitial,
que segun la forma del salon , debla recibir los
primeros balazos, y dice al sentarse: «Representan-
«tes, este es el ` momento de morir en nuestro
«puesto. Los perversos han invadido el Palacio
«Nacional.»—A. estas palabras todos los diputados
que estaban ya en pié, ya andando por el salan,
vuelven á sus lugares y permanecen sentados con
magestuoso silencio. Todos los ciudadanos de las
galerías y de las tribunas huyen con horroroso es-
truendo , dejando tras de si una nube de polvo.
Queda la Convencion desamparada y convencida
de que van á degollarla, pero resuelta á perecer




4 16 REVOLUC1ON
antes que tolerar á un Cromwell. Admiremos aqui
el imperio de la ocasion sobre los amnios. Estos
mismos hombres, tanto tiempo rendidos al palabris-
ta que les arengaba, arrostran ahora la artillería
que se está asestando contra ellos , con sublime
resignacion. Individuos de la Asamblea entran y
salen , v traen noticias de lo que está pasando ea
el Carrousel. Ilenriot sigue dando órdenes.--iFue-
ra de la ley! ¡fuera de la ley el foragido! esclaman
en el salon.—Espídese luego el decreto de que
queda fuera de la ley, y van los diputados á publi-
carlo delante del Palacio Nacional.


Enaquelpunto, llenriot que habla distribuido á
los artilleros; y hecho asestar los cañones contra el
salon, queda estrecharlos á disparar. Manda el
fuego, pero estos titubean. Los diputados esclaman
«artilleros os deshonrareis? Ese infame está fuera
«de la ley.»—Entonces los artilleros se niegan ter-
minantemente á obedecer á Henriot. Desamparado
este por los suyos, no le queda I ugarsino para vol-
ver grupa y huir al Ayuntamiento. Pasado este
primer peligro, va poniendo la Convencion fuera
de la ley á los diputados que se han desentendido
de sus decretos, y á todos los individuos del Ayun-
tamiento que se hallan en rehelion. Sin embargo,
no era esto todo, pues si Henriot no mandaba va en
la plaza del Carrousel, los rebeldes se hallaban to-
davía en el Ayuntamiento con todas sus fuerzas, y
aun les quedaba el recurso de un golpe de mano.
Habia que zanjar este peligro, y estaban deliberan-
do sin obrar. En la estancia inmediata á la mesa,
donde se hallaban las juntas y varios representan-
tes, se propuso nombrar un comandante de la
fuerza armada, sacado de la misma Asamblea.—Y


FRANCESA.
447


¿quién será? preguntan —Barras, responde una
voz, que tendrá valor para aceptar.—En seguida
Vouland corre á la tribuna, y propone que se nom-
bre al representante Barras para dirigir la fuerza
armada. Acepta la Convencion la propuesta, nom-
bra á Barras, y le agrega otros siete diputados pa-
ra mandar á sus órdenes: Freron, Ferrand, Royere,
Debas, Bollad, Leonardo Bourdon y Bourdon del
Oise. A csia proposicion, un vocal añade otra no
menos esencial, y es nombrar representantes para
instruir á las secciones y pedirles el ausilio de sus
batallones. Esta última providencia era la mas ne-
cesaria, porque urgía el ganarse á las secciones
indecisas o engañadas.


Va corriendo Barras á los batallones ya reuni-
dos, para noticiarles sus facultades, y distribuirlos
al rededor de la Conveucion. Acuden á las secciones
los diputados que van con este encargo, para aren-
garles, y en aquel punto estaban dudosas la mayor
parte, ateniéndose muy pocas al Ayuntamiento y á
Robespierre. Todas se horrorizaban del atroz sis-
tema que achacaban á


•Robespierre, y solo deseaban
un feliz suceso que libertase a la Francia de seme-
jante dominio. El temor sin embargo entorpecia
aun los ánimos, sin atreverse á romper. El Ayun-
tamiento, á quien las secciones solian obedecer, las
Babia mandado á llamar; y no atreviéndose algunas
á resistir, hablan enviado'com IFionados, no para ad-
herirse al proyecto de la asonada, sino para ente-
rarse de los acontecimientos; v así todo Paris va-
cía anhelante é indeciso. Los parientes de los pre-
sos, sus amigos, y cuantos estaban padeciendo por
aquel régimen cruel, salian de sus casas, se acer-
caban de calle en calle á los puntos alborotados, y




4 48 REVOUCCION


se afanaban por recoger noticias. Los desventurados
presos, advirtiendo elesde las rejas mucha con fu sion
y oyendo grandísimo estruendo, presumían alguna
novedad; pero se estremecían de que viniese á
agravar sus quebrantos. Sin embargo, la tristeza
de los carceleros, algunas palabras dichas al oido
de los factores de listas, y la consternacion que se
les advertia, iban disipando las dudas. Por espre-
siones sueltas supieron luego que peligraba Robes-
pierre; los parientes acudian á ponerse del)* de
ias ventanas de las cárceles, y á dar noticias por
serias de lo que estaba pasando, y agolpándose en-
tonces los presos, manifestaron sumo alborozo.
Trémulos ya los infames delatores, iban llamando
á parte á. algunos de, lossospechosos, afanándose por
sincerarse, persuadiéndoles de que no eran autores
de las listas de proscripcion. Algunos, confe-
sándose culpables, decían sin embargo que hahian
cercenado nombres; uno que no habla puesto mas
que cuarenta de doscientos que le pedían, y otro
que (labia rasgado listas enteras. Estos miserables,
llenos de espanto, se acusaban mútuamente, y se
echaban en cara unos á otros su ignominia.


Los diputados distribuidos por las secciones, no
hablan tenido trabajo en prevalecer sobre los en-
viados desconocidos del Ayuntamiento. Las seccio-
nes que hablan encaminado sus batallones á la casa
de la ciudad, les daban Orden para volver, v las
otras enviaban los su y os hacia el Palacio Nacional,
que ya se hallaba suficientemente protegido. Vino
Barras á anunciarlo á la Asamblea, y corrió luego
á la esplanada de Sahlons para reemplazar á Labre-
teche, que estaba destituido, y traer la Escuela de
Marte en auxilio de la Convencion.


FRANCESA, 44 9


Con esto la Representacion Nacional estaba ya
libre de un golpe de mano, y era va con efecto ho-
ra de marchar contra el Ayuntamiento, y tomar la
iniciativa á que él no se arrojaba. Disponen dirigir-
se sobre las casas consistoriales, y LeonarJoBour-
don, que-estaba á la cabeza de un crecido número
de batallones, se pone en marcha. En el momento
en que anuncia que va á dirigirse contra los rebel-
des, le dice Tallien que ocupaba la presidencia:
«Anda, y que al salir el sol, no encuentre va vivos
«á los conspiradores.» Desemboca Leonardo Bour-
don por los pretiles, y llega á la plaza de las casas
consistoriales , en donde se hallaba todavía un
gran número de gendarmes, artilleros y ciudada-
nos armados de las secciones. Un agente de la junta
de salvacion pública, llamado Dulac, tiene el arrojo
de entremeterse por las filas v leerles el decreto de
la Convencion que ponia al Ayuntamiento fuera
de la ley. El respeto contraido para con la Asam-
blea, en cu yo nombre se ejecutaba todo hacia dos
anos, y el que se merecian las voces de ley y de
república, triunfan de todo. Sepáranse los batallo-
nes; unos se retiran á sus casas, otros se incorpo-
ran con Leonardo Bourdon, y queda desierta la
plaza. Los que la guardaban y los que acababan
de llegar para atacarla, se colocan por las calles
inmediatas para tomar todas las avenidas.


Era tal la idea que se tenia del denuedo de los
conspiradores, y tal el asombro al verlos casi
inmóviles en las casas consistoriales, que titubea-
ban al acercarse. Leonardo Bourdon temía que hu-
biesen minado el edilicio; pero carecia de funda-
nrnto el temor, pues estaban deliberando tumul-
tuosamente, proponiendo escribir á los ejércitos y á




120 REVOLUCION


las provincias y no sabiendo en nombre de quien
hablan de escribir, no se atrevian á tomar un par-
tido decisivo. Si Robespierre que no era hombre de
accion se hubiera atrevido á presentarse y á mar-
charcontra la Convencion, esta peligraba; pero no
era mas que un palabrero, un lengnaraz,•y además
se estaba haciendo cargo, asi como todos sus parti-
darios, de que la opinion los abandonaba. Llegado
habla el término de régimen tan espantoso, y por
medio de la Convenciou ya obedecida, las declara-
ciones fuera de la ley pi'oducian un efecto mágico;
empero por dotado que estuviese de energía, le ha-
brin desanimado aquellas circunstancias superio-
res a toda fuerza iudividual, y el decreto que los
ponía fuera de la ley los llenó á todos de estupor
cuando de la plaza del Concejo subió la noticia alas
casas consistoriales. Recibióle Payan, leyólo en al-
ta voz, y con gran presencia de espíritu añadió á la
lista de las personas que quedaban fuera de la ley
el pueblo de las fribunas, lo cual no estaba en el de-
creto. Inesperadamente para él, la gente de las tri-
bunas y galerías huye atemorizada, no queriendo
participar del anatema fulminado por la Conven-
cion. Entonces el desaliento se apoderó de los con-
jurados, y cuando Ilenriot bajó á.la plaza para aren-
gar á los artilleros, no encontró un hombre, por lo
que esclamó renegando; «¡Cómo! Esos malvados
«de artilleros que me han salvado hace algunas ho-


. «ras, en esta me abandonan!» Sube nuevamente
enfurecido, y participa esta noticia al Ayuntamien-
to. Los conspiradores yacen desesperados, míranse
abandonados por su tropa, y sitiados por la de la
Convencion, v se acusan y reconvienen por su des-
ventura. Collnhal, hombre enérgico, pero mal sos-


FRANCESA. 421


tenido, se irrita contra Henriot y le dice: «Malvado
tu cobardia es la que nos ha perdido.» Se arroja so-
bre él, y cogiéndole por la mitad del cuerpo, le ar-
roja por una ventana. El miserable nudo', cae sobre
un monton &inmundicias, quedebilitan la caida im-
pidiendo que sea mortal. Lehas se dispara un pis-
toletazo, Robespierre menor se arroja por una
ventana, Saint-Just permanece sosegado é imnoble
con un arma en la mano, y sin querer herirse,
Robespierre se decide por fin á terminar su carrera


encuentra en aquel extremo el vaor de darse la
Muerte. Disparase un pistoletazo, y dándole el tiro
debajo de los labios, le traspasa solo la megilla, y
le hace una herida poco peligrosa.


En aquel momento, algunos mas atrevidos, el
llamado Dulac, el gendarme Meda, v otros muchos
dejando á Bourdon con sus batallones en la plaza
del Ávantamiento, suben al salon armados de sa-
bles v de pistolas y entran en el mismo instantede
oirse los dos tiros. Los concejales iban á quitarse
sus bandas, pero Dulac amenaza con el sable al
primero que !o inte,rite. Todos quedan inmóviles,
prenden á los concejales, á Payan, á Renriot, Da-
mas, Coftinhal, etc.; llevándose los heridos en pa-
rihuelas y acuden triunfalmente á la Convencion...
Eran las tres de la madrugada, v los gritos de vic-
toria resuenan en derredor del salon, v penetran
por sus bóvedas. Entonces se alzan' por todas
partes las voces de ¡viva la libertad! ¡viva la Con-
vencion! ¡fuera tiranos! El presidente dice estas pa-
labras: «Representantes, Robespierre v sus cóm-


plices están á la puerta del salon, ¿quereis que se
«traigan á vuestra presencia?—¡No, no! esclaman
«por todas partes! al cadalso con los conspiradores!»




122 REVOLUCION


Trasportan á Robespierre con los su yos al salo
de la junta de salvacion pública. Tiendenle sobre
una mesa y le ponen algunos cartones por cabece-
ra. Conservaba su presencia de ánimo, y se mos-
traba impasible; llevaba el mismo vestido azul que
en la festividad del Ser Supremo , calzones de
mahon y medias blancas, que con el trastorno se le
hablan 'bajado á los tobillos. La sangre le brotaba
de su herida, y se la enjugaba con una funda de
pistola. Presentábanle de cuando en cuando peda-
zos de papel que tomaba para limpiarse el rostro, y
de este modo permaneció varias horas espuesto
la curiosidad y á !os ul tragos de un inmenso gentío.
Cuando se presentó el cirujano para curarle, se le-
vantó por si mismo, bajó de la mesa y fue á sentar-
se ea un sillon. Sufrió una cura dolorosa, sin exha-
lar un ay , mies tenia la insensibilidad y la cegue-
dad del orgullo humillado. A. nada respondia, v lo
trasladaron luego con Saint-Just, Couthon y los de-
mas á la Consérgería. Su hermano y Henriot fue-
ron recogidos medio muertos en las calles inme-
diatas á las casas consistoriales.


Cuando se declaraba á un individuo fuera de la
ley, no habla necesidad de un nuevo juicio, bastan-
do la identidad de la persona, y así al entrar el dia
10 de termidor (28 de julio), comparecieron los reos
en número de veinte y uno ante el tribunal, á don-
de hablan enviado tantas victimas. Fouquier-T in-
rifle hizo probar la identidad de las personas, y á
las cuatro de la tarde los condujeron al suplicio.
El tropel que hacia tiempo ha.bia desertado del es-
pectáculo de las ejecuciones, acudió aquel dia con
presuroso afan. Paliase levantado el cadalso en la
plaza de la Revolucion, y un gentío inmenso ocu-


PRANCESA.
423


paba la calle de San llonorato, las Tullerias y la
plaza. Numerosos parientes de las víctimas iban
siguiendo las carretas vomitándoles imprecaciones;
muchos se acercaban por ver á Robespierre, Y los
gendarmes se lo indicaban con la punta de los sa-
bles. Llegados los reos al cadalso, los verdugos
fueron enseñando á Robespierre á todo el pueblo;
desatáronle la venda que le ceñía la megilla, v le
arrancaron el primer grito que exhalara hasta en-
tonces; Couthon yacía abatido; Henriot y Robes-
pierre menor estaban ya casi muertos de sus heri-
das. A. cada golpe de la fatal cuchilla sonaban repe-
tidos aplausos , y el gentío prorumpia en un gozo
estraordinario. La alegría era general en Paris, en
las cárceles resonaban cánticos de júbilo. A brazában-
se con una especie de embriaguez , y se pagaban
hasta treinta francos los papeles que referían los úl-
timos acontecimientos. Aunque no habla declarado
la Convencion que abolla el sistema del terror, y
aunque los mismos vencedores fuesen ó autores ó
apóstoles de este sistema, se !e creia concluido con
Robespierre, por haber recaido en él todo el horror,


Tal fué aquella terrible catástrofe que termi-
nó la marcha ascendente de la revolucion para
principiar su descenso. La revolucion en 11 de ju-
lio de 1780, había derribado la antigua constan-
cien feudal, arrebatado al rey de su córte el 5 v el
6 de octubre para afianzarlo; luego se !labia for-
mado una constitucion, confiándola al monarca en
1791 , como por via de ensayo. Pesaroso de haber
hecho esta funesta tentativa y deshauciada de con-
ciliar la córte con la libertad , habla allanado las
fullerías el 10 de agosto y aprisionado á Luis XVI.
Adelantándose el Austria y la Prusia para destruir-




424 REVOLUCION
la, echó, valiéndose de su terrible lenguaje, como
guante del combate, la cabeza de un rey y de seis
mil presos; comprometióse irrevocablemente en el
empero; y rechazó á. los coligados en su primer
esfuerzo. Su cólera duplicó el número de sus ene-
migos, y este aumento de contrarios y de peligros
la enfureció. Arrancó violentamente del templo de
las leyes á sinceros republicanos, queuo compren-
diendo sus apuros , querian moderarla. Entonces
tuvo que lidiar con lamitad de la Francia, la Ven-
dde y la Europa. Por efecto de esta accion y reac-
c,ion continua de obstáculos contra su voluntad,
de esta contra los obstáculos, se encumbró al úl-
timo grado de peligro y de enfurecimiento; levan-
tó cada:sos, y envió un milloo de hombres á las
fronteras. Sublime entonces , y atroz al mismo
tiempo, se la vió destruir con furor ciego, y ad-
ministrar con una prontitud sorprendente, y con
recóndita prudencia. Trocada por la necesidad (le
una accion vehemente, de turbulenta democracia,
en dictadura absoluta, se hizo arreglada, silencio-
sa y formidable. Durante todo el fin de 93, hasta
principios de 94-, marchó unida por la inminencia
del peligro; pero cuando la victoria hubo corona-
do sus esfuerzos á fines de 93, pudo sobrevenir la
discordia; por cuanto algunos corazones genero-
sos y valientes , tranquilizados por el triunfo, gri-
taban : «compasion con los vencido:sil pero no to-
dos los corazones estaban aplacados; el triunfo
de la revolucion no estaba patente á todos los áni-
mos; la compasion de los unos enfureció á los otros
y hubo mentecatos que por todo gobierno qui-
sieron un tribunal de muerte. La dictadura atacó
á los dos partidos nuevos que embarazaban su


FRANCESA.
125


marcha. tienen, mustia y vinceut perecieron coi
Danton v Camilo Desmoulins. Asi continuó la re-
voluciou su carrera; se cubrió de gloria desde el
principio de 1794-; venció á la Europa entera , y la
dejó avergonzada. Este era el momento en que la
compasion se sobrepusiese á la ira; pero aconteció
lo que siempre; del incidente de un dia se quiso
hacer un sistema , y los geles del gobierno, sis-
tematizando la violencia y la crueldad, cuando los
peli gros y los furores hablan pasado, querian con-
tinuar degollando; pero el horror público se levan-
taba por todas partes. A toda oposicion , el modo
de responder acostumbrado era: la muerte! En-
tonces se lanzó un mismo grito á la vez por sus
competidores en poderío, por sus cólegas ame-
nazados, y este grito fuá la serial de la sunlevacion
general Se necesitaron algunos momentos para
sacudir el entorpecimiento del temor ; pero triun-
faron luego , y el sistema del terror vino á tierra.


Pregúntase qué hubiera acontecido habiendo
quedado triunfante Robespierre, y aun cuando es-
to era casi imposible, pues va vemos cual era su
opinion, se hubiera visto precisado á ceder al
sentimiento general, ó habria perecido mas tarde.
Como todos los usurpadores, se hubiera visto for-
udo á entablar despues del horror de las faccio-
nes, un régimen dulce y tranquilo. Pero por otra
parte no pertenecia á él ser aquel usurpador, por
manto nuestra revolucion era demasiado grande
Rara que el mismo hombre, diputado de la coas-
:ituvente en 1789, fuese proclamado emperador
nsdector en 4801 en la iglesia de Nuestra Seño-
•a. En un pais menos adelantado y estenso, como
ira la Inglaterra, donde un mismo sugeto podia ser




4 26 REVOLUCION
tribuno v general , reuniendo ambas funciones, un
Croinwel pudo ser á un tiempo banderizo al prin---
ci P io , y al lin soldado usurpador. Pero en una re-
y oluciol tan dilatada como la nuestra , donde la
guerra ha sido tan terrible y dominante, y en don-
de un mismo individuo no podía ocupar al mismo
tiempo la tribuna y los campamentos, los hombres
de partido se devoraron entre si, y en pos de ellos
han venido los hombres de guerra, y un soldado
quedó á lo último por señor.


Por consiguiente no tocaba á Ilobespierre el
desempeñar entre nosotros el papel de usurpador.
¿Por qué G como pudo sobrevivir á todos aque-
llos ruinosos revolucionarios, que le eran tan su-
periores en geni y en poder, como por ejemplo á
un Danton9 Porque Robespierre era íntegro, v
se requiere una buena reputacion para cautivar
la muchedumbre. Porque era incapaz de compa-
sion, y esta pierde á los que la tienen en las revo-
luciones. Porque tenia un orgullo tenaz y perse-
verante, y este es el único medio de estar siem-
pre presente en los ánimos. Estas fueron las razo-
nes porque debió sobrevivirá todos sus rivales.—
Pero al mismo tiempo era de la peor especie de
hombres; porque un devoto sin pasiones, y sin los
vicios que estas originan, pero sin el valor, sin la
grandeza y sin los afectos que suelen acompañar-
las; un devoto encerrado en su orgullo y su creen-
cia, ocultándose en el dia del peligro v 'aparecien-
do despues de la victoria para hacerse'adorar de los
que la ganaron, es uno de los seres mas odiosos
que hayan dominado á los hombres, y podria aña-
dirse, de los mas viles, si no hubiese tenido una
conviccion fuerte y una integridad notoria.


CAPITULO III.


Consecuencias del9 de termidor.—Modificaciones que se hicieron
en el gobierno revolucionario.


— Reorganizacion del personal
de las juntas.—Revocacion de la ley del 22 de pradial ; decretos
de arresto contra Fouquier-Tinville, Lebon, Rossignol, y otros
agentes de la dictadura; suspension del tribunal revoluciona-
rio; desencarcelzuniento de los sospechosos.—Fórmanse dos par-
tidos, los Illontaiíeses y los Termidonarios.—Estado de la ha-
cienda, del comercio y de la agricultura despues del terror.—
Acusacion contra los miembros de las antiguas juntas, declara-
da calumniosa por la Convencion.—Esplosion del almacen de
pólvora de Grenelle ; desesperaeion de los partidos.—Informe
presentado á la Convencion sobre el estado de la Francia. Nu-
merosos é importantes decretos sobre los ramos de administra-
eion.—Trasládanse los restos de Marat al pantcon y se colocan
en lugar de los de Illirabeau.


Largo tiempo tardó en debilitarse la alegría que
produjeron los acontecimientos de los días 9 y 40
de termidor. El regocijo era general: multitud de
gentes que habian abandonado sus provincias pa-
ra ocultarse en Paris, se mellan en los carruages
públicos para irá participar á sus familias la noti-
cia de la comen libertad. Deteníanlos á cada paso
por los caminos, y les hacina repetir mil veces los
detalles de suceso tan importante. Al oírlos res-
tituíanse á sus hogares los que hacia mucho tiem-
po los habian abandonado , ó se presentaban los




:


428 REVOLUCION
que hablan estado sepultados en cuevas subterrá-
neas. Los muchísimos arrestados que á la sazon
llenaban las cárceles dela Francia comenzaron en-
tonces á esperar la libertad, ó por lo menos no te-
miau ya el cadalso.Aun no se esplicaba bien la naturaleza dela re-
volucion que acababa de realizarse y nadie se in-
formaba del termino á donde se dirigian en sus
sistemas revolucionarios los individuos de la junta
de salvacion pública, ni pretendía saber basta qué
punto entrarla en sus planes la Convencion. Solo
se vela y comprendia una sola cosa que era la
muerte de Robespierre, caudillo del gobierno, y á
quien se achacaban los encarcelamiento s , las eje-
cuciones y los actos todos de la última tiranía.
Muerto Robespierre, parecia que todo debia variar
y tomar un nuevo rumbo,


Despees de tan gran suceso, no era posible
contener la ansiedad pública , v antes bien era in-
dispensable satisfacerla. Al cabo de dos días con-
sagrados á recibir felicitaciones, á oir esposiciones
en que cada cual repetia: Catilina no existe, la re-
pública se ha salvado; á recompensar á. los valien-
tes, á levantar monumentos para inmortalizar el
glorioso dia 9, la Convcncion se ocupó en fin de las
medidas que reclamaba su situacion.


Todavía estaban en ejercicio aquellas comisio-
nes populares, formadas para entresacar los pre-
sos; el tribunal revolucionario compuesto por Ro-
bespierre, y el estrado de Fouquier-Tinville, aguar-
dando únicamente que alguien los animase para
continuar sus actos atroces y terribles. En la se-
sion del I I de termidor (29 de julio), se pidió y
fué decretada la purilicacion de las comisiones pe-


FltANCESA
429


polares. Ellas Lacoste llamó la atención sobre el
tribunal , revolucionario , proponiendo 40e- se les
suspendiese interin se organizaba'bájd:eStrIplin-
cipioS, y Sé separaban todos los individuos que por
entonces lo componían: Adóptóse


. .lapt'ÓPrilleion de
Lacoste, y para no retardar el :jadió de los cóm-
plices de Robespierre, se convino" en rjue se nom-
braria en sesion permanente . :üiia'Comision iptoYi-
sional paró reemplazar al tribunal revoluciónário.
En la sesion de la tarde, anunció Barrere (cne .se,
guia aun en su papel de iiiifórniaitte) una "victoria
que era la entrada de los franceses en Lieja, y di6
en seguida cuenta á la Asamblea delestado de los
comisionados, muertosla mayoiharte por el furor
de la muchedumbre 6:en el cadalso. Robespierre,
SaintHiTust y Couthon habián espiradólaVfpera;---.
Heranit:Sechelles y Dantán.no
Saint :-.


-André , y Prieur del Marne se hallaban en
comisión. Soló : quedaban .


.;arria,'-'que se ocupaba
esclusivamente de la guerra;Trieur de la Cotte d'
Or, encargado de los pertretlióS de la guerra; Ro-
berto Lindet, de los abastos y del comercio;
Varerines y Herbois , deAk'Correspon-
dencia con los .


cuerpOl'administratividS; y Barrere
en. lin de los informes. Quedabaill'Olies, solo seis
miembros de_ los doce que eran foyntriiiero. La jun-
ta deisegOridad general'
completa,


y bástabl
• para el complimient&de


Barrero proponia el reemplazo de lollrhI'vocales
qiiej4nutáéron la víspera en el cadalso;


.iiembran-
&Par:OS


tantos nuÜollinterin se rehoyaban:todos,
'e:Mb:O : estaba pre yenidó,'Pará,!el 29 de cada ales,
practica '..ábandMiadaMadegéper 9 ..tatitti con-
sentimientó dado 'á Wdiétadtda':'Istó e0..abrít


Bibdioteeapopular.
T. Iv. 478




REvol,uq1Q11


campo á cuestiones muy importantes;;¿dellialkSe T
-pararse todos los que formaban.. pArte-;101:.41110


gobierno? ¿Debian mudarse,no,solo los.ffiogibres,
sino tambien las cosas, modificar•ádefn.as
de las juntas, tomar precauciones. contra
rosa influjo , limitar .susAtrillue.~3 ohly,e(gla
administracionunarevoluoion~0~4.1.
las cuestiones suscitadaspollalkopo~ar.-
rete. Rechazóse alprincipion40,-wenli po 0;1111,
perioso modo de proceder, ppoyonileAdo, yawnbrans
do en una inísina..-sesionlós,Milwinli.s*»_11-W-
tas. Se pidió lalinpresion ;de las - listas ;y .4nelse
señalase dia para la el ección,de indimiduns•iblueLio
mas se adelanto O uhois-Cral..0 ., flie(i1141111- de , la
ausencia prolongada de los,indivÁlqrs,d,eziascoglif-
siones, diciendo: que sise laubill.1:0014107-01.104


-


Berault-Sechelle s , y no ..se
Prieur del Mame y á Juart-N“Saint.,-Ándré3pep


-manecer tanto tiempo ausentes,--se-Mlipiatmegora
do una mayoría, y evitadoelptardartantAtifflwen
acometer á los triunviros. SosMivoleo.slguida, que
los hombres se maleahan.enM poder,Auntinen.,-
do inclinaciones peligrosas, nli-0,41leekielnilfflffir
puso decretar para en adelNntewime.Aiimun..;imkir
viduo de:las-juntas pudiese; ir.oniisionado,,, y li.kke
cada comision seria reempluall404.0.191meseso.
su cuarta parte. Cambon IleyórniasAdolftrxtehillio-
cusion , diciendo que era fuerza reonallix4rJesi(g0-
bienio entero. Segun él, lajnota,deAalvaci91110+.
blica se habla apoderado sie.t440; Y!alialtiu_l j'esa-
taba que sus individuos, Aun trabajapd© goohe y
dia, no podian bastar á ,todo..,
comisiones de hacienda, de legislacion:y ,311jntá
e seguridad general se yeian reducidas 1.-.up.a;w


FRANCESA.
131


lidad completa. líacíase indispensable, pues , una
nueva distribuciou de poderes, de tal manera que
no se viese abrumada aquella, ni reducidas estas
á la nulidad. Entablada de este modo la discusion,
debía precisamente tocarse á todas partes del go-
bierno revolucionario. Bourdon del Oise , cuya
oposicion al sistema de Robespierre era bien cono-
cida , por cuanto debla ser una de sus primeras
víctimas, detuvo aquel inconsiderado movimiento.
Dijo que hasta entonces babilla poseido un gobier-
no habil y pujante , á quien debía la Francia su
poder y sus inmortales victorias; añadió cuán te-
mible era que se hollase aquella organizacion, que
se aumentasen las esperanzas de los aristócratas,
que va principiaban á revivir, y concluyó acon-
sejandoque, preservándose de toda nueva tiranía,
debia sin embargo modificarse con sobrado tino
una institucion a la que debian tan grandes resubt
lados. A pesar de esto Tallíen, el héroe del 9, que-
ria que al menos se apuntasen ciertas cuestiones,
y ningun peligro veía en que se decidiesen al mo-
mento. ¿Por qué no se decretaba , por ejemplo,
que se renovarían las juntas todos los meses en sa
cuarta parte? .


Esta proposicion de Dubois Crancá.,
reproducida por Tallien , fué recibida con entu-
siasmo, y adoptada á los gritos de viva la-repúbli4.
ea. A. esta medida quiso el diputado Delmas que so
añadiese otra: «Atabais, dijo á la Asamblea , de
agotar la fuente de la ambicion ; para completar
otro decreto, pido quono se permita á ningun vo-
cal de la juntas; el-reingreso en las mismas, hasta
pasado un mes de su salida.» Acogida , como la
-anterior, fué desde luego adoptada la proposicion
.de Pelmas. Admitidos tales- principios, se


.
decidió




439 REVOLUCION
que presentase una comision un nuevo plan para
la organizacion de las juntas de gobierno.


Al dia siguiente quedaron elegidos seis miem-
bros para reemplazar en la junta de salvacion pú-
blica a los individuos muertos ó ausentes. Esta Vez
sin embargo , no fueron confirmados los que pre-
sentó Ba.rrere. Nombrese ú Tallien para recompen-
sarle su valor • eligióse, en seguida á Bread, Tu-
riot y Treilbar'd vocales de la primitiva junta de
salvacion pública , y últimamente á los diputados
Laloi , y Eschasseriau x el mayor, muy versado en
materia:de hacienda V economía pública. La junta
de seguridad general 'Sufrió tambien algunas varia-
ciones. Levantabanse por todas partes contra Da-
vid, á quien suponian instrumento de Rohespierre,
como tambien contra Jagot y La Vicomterie, acu-
sados de haber sido atroces inquisidores.—La voz
general pedia su reemplazo, y se decretó. Para su-
cederles, y completar de esta suerte la junta de
seguridad general, nombraron á algunos de los
atletas que se serialaron en el glorioso dia 9; Le-
o-endre, Merlin de Thionville, Goupilleau de Fon-
tenay , Andres Dumout, Juan Debry y Bernardo deSaidtes. Revocóse en seguida únanimemente la ley
de 22 de pradial. Se reclamó con indignacion con-
tra el decreto que permitia prender á los diputados
sin que les hubiese oido de antemano la Couven-
cion, decreto funesto que habia conducido al ca-
dalso á tantas victimas esclarecidas de dolorosos
recuerdos, como Danton, Camilo Desmoulins,
rault-Sechelles &e.; reprobOse el decreto; em-
pero todo no se cifraba en cambiar las cosas, puesto
que habia ciertos hombres á quienes el resenti-
niento 'público lo podia perdonar.—«Todo


FRANGtsig-.3"
433


esclanió Legendre, os pide el suplicio justamente
merecido de Fouqumr-Tinville. » Acogióse esta
demanda, v de consiguiente la acusacion de Fon-
quier.-1.1na mengua seria sentarse al lado de Le-
bon,» dijo otra voz; v todos clavaron la vista en el
procónsul que habia'ensangrentado la ciudad de
Arras, y cuyos escesos habian provocado reclama-
•ones vehementes aun bajo el poder de Robes-


pierre. Decretóse al instante el arresto de Lebon,
diri g iéndose en seguida á David , á quien antes


escluyeron solo de la° junta de seguridad general,
decretóse así mismo el arresto contra él. Tomóse
la misma medida contra lleron, gefe de los agen-
tes de la policía instituida por Robe,spierre; contra
el general Rossignol, va bien conocido; contra Her-
mano, presidente.


del tribunal revolucionario an-
tes de Dumas, y qm.; debia á B.obespierre la gefa-
tura de la junta de los tribunales.


De este modo quedó suspendido el tribunal re-
volucionario , revocada la ley de 22 de pradial,
reorganizadas en parte las juntas de salvacion pú=-
blica y de seguridad general , y arrestados y per-
seguidos losseguridad agentes de la última dic-
tadura. Pronunciábase el carácter de la última re-
volucion, y hablase dado vuelo á las esperanzas y
á todo género de reclamaciones. Los presos que
llenaban las cárceles, y todas sus familias repetían
con placer que verían por último los resultados del
memorable dia 9. Antes de este momento dichoso:
no se atrevían á abrir los labios para reclamar, ni
aun para hacer valer las razones mas legitimas,.
por temor de despertar la atencion de Fouquier-
Tinville, y amanecer al siguiente dia encarcelados
por haberse interesado en favor de los aristócra-




131 upyouci.el
tan: psado habla va el tiempo del terror., y vié-
ronse


a
concurridas las secciones, abandonadas poco


antes por los descamisados, pagados á razon de
ocho reales por día, y llenas ahora de los infelices
que acababan de recobrar su libertad, de los deu-
dos de los encarcelados, y de los padres, hermanos,
6 hijos de las víctimas inmoladas por el tribunal
revolucionario. :1 unos animaba el deseo de pro-
porcion ar


la libertad á sus parientes , y á otros la
venganza. Pechase sin cesar en todas las secciones
que se abriesen las. cárceles á los presos , y para
alcanzarlo, se dirigieron por último á la ConYen-
cion. Estas peticiones se remitieron á la junta de
seguridad general, encargada de la ejecucion e la
ley respecto á los sospechoso s


, la cual , aunque


con
staba aun en parte de- individuos que habían


firmado las órdenes de arresto, la fuerza de las cir-
cunstancias y el poder moral de los nuevos vocalesinclinaban los ánimos á la clemencia. Empezóse,
en efecto, á soltar un sinnúmero de encarcelados.
Algunos de los individuos, como Legendre, Merlín ,
y otros recorriero n las cárceles para oir las recla-
maciones , inspirando con su presencia y sus pro-
mesas un estrenra.do gozo ; los otros permanecian
en sesion noche dia , recibiendo las solicitudes de
los parientes que se afanaban pidiendo la libertad
de los suyos. Corría á cargo de.la junta examinar
si los pretendidos sospechoses hablan sido presos
á, consecuencia de lo dispuesto por la ley del 17 de
setiembre, y si así lorases resalían las 'órdenes de
arresto. Verdaderamente con esto no se hacia mas
que dar mejor cumplimiento á dicha ley del 1'.7;
pero con solo practicarlo, se liba. libertád á milla-


:de presos, dejando las cárceles casi vacías.
La


ÉnkisIbÉIÁ:
pYe/ipitaCitfár.


de IOS'ágentes revolucionarios Babia
sido Calilgraude , que frecuentemente ar•
restahanSin)ehttleiar los- motivos, ni notificarlos á'
10prtsósi .Diéroriles, pues; libertad en pelotones,
lo`nrisáEta gire balinád"sidoéticerrados. Menos rui-
citigo-ettüttlel erjüriiid fne sin embargo mas ver-
(ladero ; pinetbá lén de las familias que re-
cbbrabawIlth-padre, un hermano ó is•hijo, que ha
era- In-ucliOition4po z nó :Vett, y a.. quienes creían'
desti ad al eakiáNo. • Vié?onSe- salir á hombres
que porSlisurelallitines ó tibieza política se habían
bech4 sospcoliosog:á los, ojos'ttelna autoridad som-
bríal. CÓffiti


-tatilliídh)á 'para, qu ie nes el mas
de,CididO pwialsmoI ► iláblas pOdidó hacer perdo-
narSulsistemá 1


d ópdtilion. Bode entre ellos,
aquel jóven general que , reuniendo sobre una sola
vertiontédeilosTosgosiós dos ejércitos del Mosela
y dehRitil; bahiállvatlado el ,


blóqueo de Laudan
plfunroláVintioutti'digno- de los mayores capita-
Lie-S ,- ellear.aiko por su resistencia á la junta de
salvwcitin pfiblica4 fué también puesto en libertad
y restallido lustilatilia; y á los ejércitos que aun'
hal) :andildir á la victoria. Kilmaine , que
yacía, en-, uucalábbla,


por haber salvado al ejército
del , Ñottel:con, stv Mb,


retirada, abandonando el
eampumentó de César en agosto de 1793 , fue
iguakrnette- declarado' libre. Aquella jóven y her-
ruosa4tiuger„ que tanto imperio ejerciwsóbi-e Ta-
ltiel,.-zquef.rfoitogál.4 de estimular su valor desde
ellOndo ,,citl-calabow; le'. debió á él su libertad , v


eist oklibillektOstu mano. Continuamente se
estábawdesonnpárldo las prisiones , sin que por
esho, dejasolatjultra de verse abrumada con peti-
ciones nuevas. «La victoria, dijo- Ea-Itere, acaba




131 nsv.oplptot
«cle.señalarnos .,,unl época en que la patria puede
«ser indulgente sin peligro y mirar las faltas de.;
«ineivismo; pomo purgadas pdralgtin tiempo de ar-.,
«resto. Las ¡untas,n1 cesan .dedietar autos de
«bailad ,.no dejando : 4,.reparar los, errores ó las
«injusticias particulares:; , pronto la huella
«venganzas parciales desaparecerá del suelo)de.,11:
«república ; pero la afluencia de personas de' todo
«sexo á las puertas de la junta de seguridad gene-
ral, no hace mas que entorpecer los negocios tan


«útiles para los ciudadanos. Hacemos justicia á los
«movimientos naturales de impaciencia. en las fátni,
«lías; pero ¿, por qué retardar con solicitudes inju-:
«riosas á los legisladores,con agolparse el gen-
«tío, la marcha rápida que 'la justicia nacional debe
«tomar ahora ?»


Era en efecto tal el cúmulo de solicitudes de,
toda especie que asaltaba á la referida junta!, que.
las mugeres sobre todo empleaban su influjo para
conseguir actos de demencia, aun en favor de los
conocidos por enemigos de la revólucion. Sbrpren-
dióse mas de una Vez la buena fé , de la junta;: bajo
nombres supuestos se dió libertad á los cloques de
rlumont y de Valentinois, logrando así mismo otros
su libertad por medio de los mismos ardides. Poco
mal hubo en esto; porque , como dijo Barrera , la
victoria !labia dado principio á una epoca en que la
república,,p.odia ser clemente sin riesgo . alguno.
Pero los rumores que empezaron á COITO: de que
se iba dando libertad á los aristócratas,'pódra dis-
pertar de nuevo las desconfianzas revolucionarias,
destruyendo de esta suerte la especie de unanimi-
dad con que eran generalmente recibidas las pro-
videncias suaves y pacíficas.


FRANCESA. 437
Comenzaron ,4 conmoverse y á amotinarse las:


secciones, á tal punto que no era posible ciertamen-
te que los deudos de los presos ó de las Victimas,)
que los sospechosos• á quienes se dabalibertad,..
que todos aquellos, en,fin, á quienes se Ooncedia la
palabra, se limitasená pedir reparacion de los
tiguos rigores sin pedir-venganza. Casi todos es.1
taban enfurecidos contra las juntas revoluciona
rias, y altamente manifestaban sus opiniones. Que-.
rian reorganizarlas, abolirlas si posible fuese ,
esto dió unmargen en Paris á 'varias rbulencias.,
La seccion de" Moutreuil delató los actos arbitra
rios de su junta revolucionaria ; la del Panteort,
francés, .declardlue.' su junta habla perdido su.:
confianza.; la del.Contrato:social tomó asi mismT
severas medidas•eontra la suya , y nombró á una.
comision para que interviniese en sus asuntos.


Era muy natural esta reaccion de la clase mo-1
derada, largo tiempo reducida al silencio y al ter--
ror por los inquisidores de las juntas revoluciona-
rias ; pero tales movimientos no podian menos de
llamar la atencion de la terrible Montaña.


Aquella Montaña terrible no habla perecido to-
da entera con ftobespierre, antes le sobrevivió y al--
gimas de sus individuos estaban todavia preocupa-
dos con la idea de mucha honradez y lealtad en el.
tirano ; no creyéndole capaz de una usurpacion:
mirábanle como victima de los amigos de Danton'
y del partido impuro , á quien no habian podido
aniquilar enteramente. Muy pocos eran sin em-
bargo los que tal creian, puesto que la mayor par-
te de los montañeses


. , republicanos sinceros y
exaltados, viendo conihorror todo provecto de so-
beranía y usurpacion ; tomaron parte 'en los suce-




138 REVOLUCION


sos del 9 de termidor, no tanto para derrocar un
régimen sanguinario, como para atacar al naciente
Cromwell. Creian sin duda que era inicua la justi-
cia revolucionaria conforme la plantearon Robes-
pierre , Saint-Just , Couthon, Damas y Fouquier:'
mas no por esto querian que disminuyese en nada
la energía del gobierno ,, ni:pensaban en que pu-
diese darse cuartel á los llamados aristócratas. Eran
la mayor parte hombres purosseveros, que no
aspiraban a la dictadura , ni deseaban sostenerla;
pero eran al propio tiempo recelosos revoluciona-
rios, que de ningun modo consentian en que el 9
de termidor se cambiase en una reaccion, y se tor-
nase en provecho de un partido. Entre algunos de
sus compañeros que se habian coligado para der-
ribar la dictadura, miraban con desconfianza á va-
rios que tenían mala nota, y


.que pasaban por bri-
bones , por dilapidadores , amigos de Chabot , de
Fabre-d' Eglantine , y en fin, por individuos del
partido concusionario , agiotista y. corrompido.
Prestaron su auxilio contra Robespierre ; pero es-
taban dispuestos á declararles guerra abierta si los
vejan inclinados á entibiar la energía revoluciona-
ria, ó á ladear los últimos, acontecimientos en pro-
vecho de una faccion cualquiera. Ilabian acusado
á Danton de cohecho, de federalista, de orleanista
y de realista, y no era de estrañar por lo fliismo
que se ideasen contra sus amigos victoriosos igua-
les asechanzas. Por lo denlas, ningún ataque se ha-
bla dado todavia; pero iban tomando cuerpo los
recelos á vista de las libertades concedidas, y del
clamor general contra el sistema reVelucionario.


Los verdaderos:"autores del 9 de termidor, en
número de quince ó veinte, y entre quienes se


FRANCESA. 4 39.


contaban como principales Legendre, Freron, Ta-
llien, Merlin de Thionville, Barras, Thuriot,.Bour-
don del Oise, Dubois-Crancé y Lecointre de Yer-
sanes , opinaban como sus compañeros contra los
realistas los contra-revolucionar ios; pero eseita-
dos por el peligro v el ardor de la contienda , es-
taban mas pronunciados contra las leyes revolucio-
narias. Tenían por otra parte en alto grado aquella
propension á la dulzura que habia perdido á sus
amigos Danton v Desmoulins. Rodeados por todas
partes, aplaudidos incesantemente, podia decirse
que la fuerza misma de las circunstancias los con-
ducía al sistema de clemencia mucho mas que á
sus compañeros de la Montaña. Aun era posible que
muchos de ellos hiciesen algunos, sacrificios á su
nueva situacion. Tributar servicios, á las familias
desconsoladas, recibir muestras de gratitud, y ten-
der un velo sobre los pasados padecimientos, era
un papel que-debian ejecutar. Los que recelaban
de su complacencia, asi como los que todo lo es-
peraban de ella, les distinguian con el nombre de
termidorianos.


Frecuentemente se suscitaban las mas vivas con-
testaciones por causa de las libertades concedidas..
En vista , por ejemplo, de lo que esponia un dipu-
tado que decía conocer á un individuo de su depar-
tamento, decretaba la junta que,se,lepusiese en li-
bertad, y á poco .atro diputado del mismo depar-
tamento se, quejaba de la providencia, afirmando
ser un aristócrata agraciado. Estás contestaciones
y..el presentarse además en estremo gozosos varios
individuos conceptuados de enemigos de la revolu-
cion, provocaron una medida á la que por de pron-
to sndió gran importancia. Decidióse que se impri-




1 40 . REVOLUCION
miese una lista de todos los individuos declarados
libres por órden de la junta de seguridad general!if
apuntando al margen de cada nombre , los de le.1)
sugetos:que hubiesen reclamado por él, respondietv'
do de sus principios.


Esta providencia produjo bastante descontento,
puesto que teniendo todavia é la vista muchos ciu-
dadanos el horroroso cuadro de la opresion pasada,
se aterraban al ver estampados sus nombres donde
en lo sucesivo pudiesen servir para ensa yar nuevas
persecuciones, si el régimen del terror llegaba al-
guna vez á establecerse.. muchos que reclama-
ron y obtuvieron libertad, les pesó demasiado, y
otros se contuvieron cuando iban á practicarlo.
Quejaronse vivamente las secciones de semejantes
providencias que turbaban la confianza v la alegria
pública, y pidióse en consecuencia su revocacion.


El dia 26 de termidor se trató en la Asamblea
sobre la agitacion que reinaba en las secciones de
Paris. La de Montreuil acababa de delatar á su jun-
ta revolucionaria, v se le contestó que debla acu-
dir á la junta de seguridad general. Duhem
potado por Lela , es' traño á los actos de la última
dictadura, pero amigo de Villaud, participe de sus
opiniones é intimamente convencido de que de nin-
gun modo convenia que se debilitase el rigor revo-
lucionario, declamó altamente contra la aristocra-
cia y el moderantismo, que ea su concepto levan-
taban va sus audaces cabezas , cre y endo que el 9
de termidor se 'labia hecho para su - triunfo. Bau-
dot y Taillefer que habla hecho una valerosa opo-
sicion al régimen de Robespierre , pero que eran
montañeses tan pronunciados como Duhem v como'
Valer , famoso individuo de la antigua junta de


FRANCESA.


seguridad general, sostuvieron tarnbien que la aris-
tocracia, se ponla en movimiento , y que convenia
que el gobierno fuese justo , peiro.q0e permane-
ciese inflexible. Granet , diputado por Marsella é
individuo de la Montaña, hizo una proposicion que
aumentó la, agitacion,de la Asamblea. Pidió que los
sueltos sin confianza , fuesen de nuevo encarcela-
dos ; proposicion que estiló un grande alboroto.
Combatiéronle Bourdon , Lecointre y Merlin de
Thionville. Escediéronse , como sucede en tales
discusiones , y las listas se pasó á Jalsituacion
política, atacandose vivamente por las intenciones
que unos á otros se suponian. «Ya es tiempo, es-
«clamó Merlin de Thionville, de,que todaslaslac-
«ciones renuncien á seguir las huellas de Robes-
«pierre. Nada debernos hacer á medias; es menes-
«ter confesarlo; la Convencion no ha tenido un ar-
«ranque decidido desde el memorable dia 9 de ter-
gmidor.. Ya que;na permitido .que se sienten entre
«nósotros algunos tiranos , impóngaseles silencio
«por lo menos.» Numerosos aplausos dieron á las
palabras de Media,, dirigidas particularmente á
Vadier, uno de los que habian hablado contra los
movimientos de las secciones. Tomó la palabra
Legendre despues de Merlin ., y dijo: La junta no
«ignorarme ha sido sorprendida dando libertad á
«algunos.aristóeratas , pero estos no,son-rnuzhos, y
«bien pronto quedarán encarcelados:de nuevo, ¿Por
«qué hemos de acusarnos unos á ot. ro:: •. ¿Por qué
«mirarnos como enemigos, cuando tenemos las
«mismas opiniones? Detengamos nuestras pasio-
tales , si queremos afianzar y aun acelerar la
«gran marcha de la. .revolucion. Ciudadanos: pido
«que se anule la ley3-del 2.3:iíque manda la impre-




4 4:2 aEvoLuciON


«sion de las listas de los recien puestos en liber-
«tad. Esta ley ha acibarado el regocijo pUblico ,y
«helado los corazones.» Habla en seguida Tallien,
y se le escucha con la mayor atencion , como al
principal de los termidorianos. «De algunos Bias á
«esta parte , dice, ven con dolor todos los buenos
«ciudadanos que alguien trata de dividirnos, y de
«atizar el fuego de las venganzas que debían se-


pultarse en la tumba de liobespierre. Al entrar
«aqui se me ha entregado un billete en que me
«anuncian que varios individuos iban á ser ataca-
«dos en esta sesión. Indudablemente son enemigos
«de la república los que tales rumores esparcen;
«guardémonos de apo yarlos con nuestra divisiones.»
In terrilm penle los' aplausos: «Secuaces de Robes -
«pierre , continúa , no espereis triunfo alguno ; la
«Convencion ha resuelto perecer antes que sufrir
«otra nueva tiranía. La Convencion quiere un go-


bierno inflexible, pero justo. Posible es quealgu-
«nos patriotas se ha y an engañado respecto á al-
«gunos individuos presos; todos sabemos que no
«hay infalibilidad humana. Nómbrense sin embar-


go los individuos á quienes se ha dado libertad
«injustamente y pronto se les vera de -nuevo cocar-
«celados. En cuanto á mí, voy á hacer una emite-
«sion sincera: prefiero ver hoy dia en libertad -á
«veinte aristócratas, á que gima un solo patriota
«entre cadenas, porque aquellos es muv fácil vol-
«verlos á encerrar mañana. ¡Y qué! Con' un milicia
«y doscientos mil ciudadanos armados, temerá la
-«república á algunos cuantos aristócratas! No por
«cierto; es demasiado grande, y descubrirá sin du-


da y herirá de muerte á sus enemigos.»
interrumpido el orador frecuentemente por .los


¡Pune E sA. 4 43
mas estrepitosos:aplausos, recíbelos aun mas fuer-
tes al concluir su discurso. Despues de aquellas es-
plicaciones generales, vuelven a la. ley del 23 , y á
la nueva disposicion que propuso :-añadirle Granet.
Sostienen los partidarios de la ley que de ningun
modo deben temerse las consecuencias de un acto
patriótico, tal como la reclamacion de un ciudadano
injustamente arrestado. Los de opuesta opinion,
sostienen-por ei,contranio que nada puede haber
mas peligroso que las listas; que las de los veinte
mil y,las de los ocho mil han dacio margen á conti-
nuas Intbulencias; que: .cuan tos en ellas se miraban
comprendidos, vivian aterrados ; y que si bien no
amenazaba ninguna nueva tiranía , eran las nue-
vas listas bastante para alterar el sosiego de los in-
dividuos :en :ellas. inscritos. Transígese por último.
Boutklow'prupone imprimir los nombres de los re-
cien libertados, sin añadir el de los que solicitaron
su libertad, ó respondieron desus doctrinas. Aprué-
base esta. proposicion, pero Tallien, no satisfecho
todavial:,diceipresentá.ndose en-la. tribuna : «Ya que
«habeis.decretado quise impriman las listas de to-
dos aquellos aLquienes se ha dado:libertad, no po-


«deis negaros publicar la de los ciudadanos que
ufos hicieron encarcelar. ES mu y


justo tambien que
«sean conocidos los que delataban á los patriotas:»
Sorprendida de improviso la Asamblea, encuentra
Enumusta la proposicioadelallien, yga .decreta al
punto. Apenas_seiha_hecho, cuando muchos miem-
bros de la Asamblea reflexionan sobre ella. lié ahí,
C:sclaman U.aaAiSt:aflopuesta á la anterior; ¡Es la
guerra .eivül Esila/ guerra . Si, esclama Ta-
.«Ilien stibie»..do-deunevo á- la tribuna: si , es la
«guerra civil: como vosotros opino: Vuestros dos


1




4;4.1 REVOLCCION


«decretos presentarán dos especies de hombres que
«no podrán perdonarse nunca. Al proponeros el
«último, quis&únicamente hueros conocer los in-
«convenientes del primero; y en este momento os
«propongo la anulacion . de entrámbos.»«Si, si,
«quese anulen, » es el grito queseoye portbdas pananular-tes; solicítalo hasta el mismo Amar; queda-
dos lossdetretos, y de consiguiente va no hay lis-
tas , merced á la y y atrevida sorpresa que
acaba de causar Tallien en la Asamblea.


Esta sesion restituyó la tranquilidad á una por-
cion de individuos que principiaban á perderla; p.c..-
ro


al :Mismo tiempo probó que aun, ,nO se baldan
apagado todas las pasiones, terminado todas las
contiendas. Los partidos todos habían padecido su-
cesivamente, y perdido.sus caudillos mas esclare-
cidos. Los realistas en diversas épocas: los giren-
dinos en 31 de mayo; los dantonistas en germinal;
y los Montañeses exaltados .en:9. de termidor. Em-
pero si habían fenecido los hombres mas ilustres,
subsistían todavía los partidos, en razon de que
perecen estos ás impulso de un solo golpe,. y sus
restos se agitan largo tiempo despues de la muerte
de sus corifeós. Todavia• iban á disputarse estos
partidos el manejo. de Wrevolucion, principiando
de nuevo una carrera trabajosa yensangrentada.
Era ciertamente indispensable que los ánimos, lle-
vados por la escitaCión del peligrosa" último grado
del acaloramiento ,,volviesensprogresivamente al


<punto de quehabian-partidbsperO mientras se efec-luaba estoTetroceso, debiada potestad ir pasando
de mancken Mano, y se iban i ver las contiendas,
:abortos delasqiasiones de la autoridad.) de los di-
¿versos sisteinassiqo


FRANCESA.


P
Despues de aquellas primeras atenciones iudi


ennbles para la reparacion de muchos agravios,
emprendió la Asamblea la organizacion de las jun-
tas y del gobierno provisional, que como nadie ig—
nora, debía regir á la Francia hasta la paz gene-
ral. Se ha visto ya que al entablarse la primera
discusion sobre la junta de salvacion pública, se
eligieron varios individuos encargados de presen-
tar un nuevo plan. Urgente era el ocuparse de él,
y practicóse así en la Convencion desde los prime-
ros días de fructidor (agosto). Estaba colocada en-
tre dos sistemas y dos escollos opuestos : el temor
de debilitar la autoridad encargada de la marcha
de la revolucion, y el de continuar la tiranía. Pro-
piedad es de los hombres temer los peligros cuan-
do ya pasaron, y tomar precauciones contra lo que
no puede va sobrevenir. La tiranía de la última
junta de salvacion pública, procedía de las necesi-
dades de una situacion estraordinaria, en medio de
obstáculos de todas clases. Algunos hombres se ba-
ldan presentado para hacer lo que no pudo, ni su-
po, ni osó principiar toda una Asamblea; y en me=
dio de tan inauditos afanes durante quince meses,
no les quedó tiempo para motivar, ni dar conoci-
miento de sus operaciones á. la Asamblea, sino de
una manera muy general y escasa ; pudiendo de-
cirse que ni para deliberar en consejo les sobraba
una hora, de modo que cada cual era árbitro en lo
que tenia á su cargo. Como las circunstancias, aun
mas que la ambicion, los había hecho omnipo-
tentes, casi por necesidad habían sido dictadores;
Luego que la tarea estaba casi acabada y habían
pasado los grandes peligros, no podian constituir-
se tamaña potestad, en razon de las circunstancias;


Biblioteca popular.
T . rv . 479




liG ItEYOLECTON


eraridículo por; o mismo
priv armarse contra tan qui-


mérico enemigo; y si se hacia por providencia, me-


aban glaravísimos inconvedi
nientes, tales como el de


enervar autoridad, ándola de su energia. Un
millon y


doscientos mil hombres se habían arma-
do, alimentado, equipad o y conducid


o á laste front
n


ue-


ras; doblan conservarse y dirigirse , y e


era


cuidado que aun esigía una grande aplicacion, ra-


ra
capacidad y muy estensas facultades.
Ya


estaba 'decretado el principio de la renova-
don de la cuarta parte de los comisionados cada
mes, decidiéndose ademas que los s de


a
mes


lientes no po-
dian entrar de nuevo hasta pasado un su
reemplazo; y estas dos condiciones, impidiendo to-
da nueva dictadura, impedian tambien toda buena
.adinistraion • Imposible era toda aplicacion cons-
tant


m
e, todo


c
objeto determinado, toda reserva en un


ministerio renovado tan frecuentemeenconntraba
te. Con


-un sein-
mejante organizacion, apenas se
dividuo al corriente de los asuntos, cuando algya deun


-


bía abandonar su puesto ; y si se presba
talento como el deCarnót para la.guerra, el de Prieur ,
-.dela


-d' Or Y de lobato Lindet para la ad-
mini


Cotestracion, y el'rle Camba para la hacienda, pri-
vágase de el al Estado cuando llegaba el plazsoló


v


asi debia ser , puesto que la ausencia de un
mes, como lo exigía la ley, hacia casi nulas las ven-
tajas de una reeleccion posterior.


Pero era necesario sufrir aquella reaecion; por-
que á una concentracion estreinada de poder, de-
bia suceder una dislaceracion tambien estremada,
y no menos peligrosa. La antilua junta de salva-
cion pública, encargada soberanamente de cuanto
interesaba al Estado, tenia. derecho de llamar á si


FRANCESA.
4 47


á las otras juntas, y de pedirles cuenta de sus ope-
raciones, apoderándose de este modo de todo lo
que pudiese llamarse esencial entre las facultades
de las denlas. Para impedir en adelante tales in-
tromisiones, la nueva organizacion deslindó las atri-
buciones de las juntas constituyéndolas indepena
dientes unas de otras. Creáronse diez seis.


.a Junta de Salvacion pública.
2.a De Seguridad general.
3.a De Hacienda.
4.a. De Legislacion.
5. 1 De Instruccion pública.
6.3 De A g ricultura y Artes.
/ De Comercio á Abastos.,.a
8. a De Trabajos públicos.
9.a De Trasportes y correos.
10. Junta Militar.
11. De Marina v Colonias.
2. De Socorros públicos.


43. De Division.
14. De redaccion de actas y de los archivos.
45. De Peticiones, Correspondencias y Des-


pachos.
4 6. De Inspectores del Palacio Nacional.
La de salvacioa pública se componia de doce


individuos, conservaba la direccion de las opera-
ciones militares y diplomáticas; corrian tambien á
su cargo la quinta y el armamento del ejército, la
eleccion de generales, los planes de'campaña, etc.;
pero no se estendian á mas sus atribuciones. La
de seguridad general , compuesta de diez y seis
miembros, reunía la policía; la de hacienda, com-
puesta de cuarenta y ocho, tenia á su cargo la ins-
peccion de los ingresos del erario, casas de mone-


-142~.c.t LeataLa




148 REVOLUCION
da, asignados, etc. Las juntas podian reunirse pa-
ra los objetos que les perteneciesen en comun: y
por tanto, la absoluta autoridad de la antigua jun-
ta de salvaciou pública estaba reemplazada por un
tropel de autoridades rivales, espuestas á cada pa-
so á embarazarse é impedirse mútuamente su mar-
cha. Tal fue la nueva organizacion del golierno.


Al mismo tiempo se hacian otras reformas no
menos urgentes. Las juntas revolucionarias esta-
blecidas en las aldeas con el encargo de plantear
y ejercer la inquisicion mas vejatoria, eran las mas
odiosas entre las instituciones atribuidas á. Robes-
pierre y á sus secuaces.—Con el objeto de hacer
su. accion menos estensa y embrollada, se reduje-
ron á una por distrito, con la sola escepcion de
que debian establecerse tambien en todo pueblo
de ocho mil almas, aunque no fuese cabeza de dis-
trito. Las cuarenta y ocho que habla en Paris que •
daron reducidas á doce. Estas juntas debian com-
ponerse de doce individuos; y para tener efecto
cualquier providencia suya, debian firmarla tres
de ellos, y siete si era órden de arresto. A la ma-
nera de las juntas de gobierno, estaban tambien
sujetas á la renovacion de su cuarta parte cada
mes. A. todas estas disposiciones añadió la Con-
vencion otras no menos importantes, decidiendo
que solo de diez en diez días podrían celebrar las
secciones sus asambleas, cesando la costumbre de
recibir los ciudadanos que á ellas asistiesen cua-
renta sueldos por sesion. Esto era ciertamente es-
trechar á. la demagojia á límites menos estensos,
haciendo que fuesen mas raras las reuniones po-
pulares, y no dando sobre todo retribucion alguna
por la asistencia á las clases ínfimas: era asimismo


FRANCESA.
449


cercenar de un golpe un abuso demasiado intro-
ducido en Paris, puesto que se pagaba á razon de
mil doscientos individuos presentes , siendo asi
que en realidad solo se hubieran contado trescien-
tos. Respondían los presentes por los ausentes, y
alternativamente se hacia este servicio. Asi fué
como aquella milicia jornalera, tan aficionada á
Robespierre, volvió á sus talleres, quedándose sin
sueldo.


La determinacion mas importante que tomó la
Convencion, fué seguramente la purificacion de
los individuos que componían todas las autorida-
des locales, juntas revolucionarias, Ayuntamien-
tos, etc. Allí, como hemos dicho, se encontraban
los revolucionarios mas ardientos, haciendo lo que
Rohespierre, Saint-Just y Couthon en Paris, y
ahusando de sus facultades con toda la brutalidad
de las autoridades inferiores. El decreto del go-
bierno revolucionario, que suspendia la constitu-
cion hasta la paz, prohibía asimismo toda especie
de elecciones, á fin de evitar turbulencias y de
concentrar el poder en las mismas manos. Por ra-
zones absolutamente semejantes, esto es, para evi-
tar las contiendas entre jacobinos y aristócratas,
sostuvo la Convencion las disposiciones del decre-
to, y confió á. los representantes en cornision el
cuidado de purificar las administraciones en toda
la Francia. Este era sin duda el medio mas condu-
cente para asegurarse la eleccion y direccion de
las autoridades locales y evitar el choque de las
dos facciones. El tribunal revolucionario, suspen-
so poco há, volvió por fin al ejercicio de sus fun-
ciones; y no habiendo nombrado aun todos los
jueces y jurados, los que se habían ya reunido de-




450 REVOLUCION


bieron inmediatamente ocupar sus puestos , y
juzgar por las leves existentes, anteriores á la
del 22 de pradial. 'Estas leyes eran aun muy temi-
bles; pero los hombres que se hablan elegido para
aplicarlas, y la docilidad con que siguen las jus-
ticias estraordinarias la direccion del gobierno
que las establece, quitaban el recelo de nuevas
crueldades.


Todas estas reformas quedaron ejecutadas
desde ell al 15 de fructidor (lin de agosto), mas
quedaba una institucion importante por restable-
cer, la libertad de la imprenta. Ninguna lev le
ponla limites; estaba consagrada mas bien de un
modo absoluto en la declaracion de los derechos;
sin embargo bajo el régimen del terror se proscri-
bió de hecho. ¿Cómo se habian de atrever á escri-
bir los ciudadanos cuando una sola palabra im-
prudente podia comprometer su existencia? La
suerte del desgraciado Camilo Desmoulins Babia
sobradamente manifestado el estado de la impren-
ta en aquella época. Durand-Maillane , ex-consti


y uno de aquellos ánimos tímidos que se
hahian anonadado completamente durante las tor-
mentas de la Convencion, pidió que se garantizase
otra vez formalmente la libertad de la imprenta.
«Nosotros no hemos podido jamás, dijo este esce-
«lente hombre á sus compañeros, hacernos oir en
«este recinto, sin vernos espuestos á insultos y
«amenazas. Si quereis que demos nuestra opinion
«en las discusiones que se susciten en adelante, si
«quereis que podamos contribuir con nuestras lu-
ces á la obra comun, es preciso dar otras sega-


«ridades á los que quieran hablar ó escribir.»
Algunos días despues, Freron, el amigo y com-


FRANCESA. 151


pañero de Barras en su mision á Tolon, el amigo
Intimo de Danton y Camilo Desmoulins, y despues
de su muerte el mas encarnizado enemigo de la
junta de salvacion pública , Freron , unió su
voz á la de Durand-Maillane, y pidió la libertad
absoluta de la imprenta. Dividiéronse las opiniones.
Los que hablan vivido en opresion durante la últi-
ma dictadura, y quedan por fin dar impunemente
su opinion en todas materias, y los que se hallaban
dispuestos á pronunciarse enérgicamente contra
la revolucion, pedian una declaracion formal que
asegurase la libertad de hablar y de escribir. Los
montañeses, que presentian el uso que iban á ha-
cer de esta libertad, y que veian prepararse un di-
luvio de acusaciones contra los hombres que ha-
bian desempeñado signa cargo en la época del
terror; y otros muchos que esentos de temores
personales, conocian el peligroso recurso que iba
á concederse á los contra-revolucionarios, los cua-
les andaban ya inquietos por todas partes, se opo-
nian á una declaracion espresa. ?legaban por ra-
zon que la declaracion de los derechos sanciona-
ba la libertad de la imprenta; que era inútil ha-
cerlo de nuevo, porque equivaldria á proclamar un
derecho ya reconocido; y que si el objeto era qui -
tarla todas las trabas se incurria en una impru-
dencia. «¿Vais, pues, dijeron Bourdon del Oise y
«Cambon, á permitir que el realismo se levante
«imprima cuanto le venga bien contra la institu-
«cion de la república?» Todas estas proposiciones
se enviaron á las competentes comisiones para exa-
minar si !rabia lugar á una declaracion nueva.


De esta manera quedó enteramente modifica-
do el gobierno provisional, destinado á conducir la




452
REVOLCCION


revolucion hasta la paz, conforme á las nuevas dis-
posiciones de clemencia y generosidad que se ma-
nifestaban desde el 9 de termidor. Se habian reor-
ganizado y expurgado las comisiones de . gobierno,
el tribunal revolucionario v las administraciones
.ocales; se habia declarado la libertad de la im-
prenta, y todo anunciaba otra marcha distinta.


No tardó en conocerse el efecto que debian pro-
ducir estas reformas; pues hasta entones el parti-
do de los revolucionarios acalorados habia halla-
do cabida en el gobierno mismo, formaba las co-
misiones, mandaba á la Convenciou, dominaba en
los jacobinos, y ocupaba las administraciones mu-
nicipales y las juntas revolucionarias de que esta-
ba la Francia llena: á la sazon se hallaba caido, y
debia, hallándose fuera del gobierno, formar con-
tra él uu partido enemigo.


La sociedad de los jacobinos habia quedado
suspendida en la noche del 9 al 10 de termidor, y
Legendre que !labia hecho cerrar su salon, depo-
sitó las llaves en la secretaría de la Convencion,
hasta que se devolviesen estas, permitiendo que
se reconstituyese la sociedad, con tal de purificar-
la. Eligiéronse quince individuos de los mas anti-
guos para examinar la conducta de todos los aso-
ciados en la noche del 9 al 10. Debia admitirse
únicamente á aquellos que en esta famosa noche
habian conservado sus puestos de ciudadanos, en
vez de trasladarse al Ayuntamiento para conspirar
contra la Convencion; 'y mientras se verificaba la
purificacion, quedaron admitidos en el salen los
antiguos individuos en clase de interinos; mas co-
mo al verificar la purificacion hubiera sido dificil
una informacion respecto á cada persona, se con-


FRANCESA. 4 53
tentaron con un interrogatorio, juzgando segun sus
respuestas. Se deja ver con cuanta indulgencia
debia hacerse este examen, porque los jueces eran
los mismos jacobinos; y asi repusieron en algunos
dias á mas de seiscientos por la mera declaracion
que hicieron de que en la famosa noche habian
permanecido en el puesto que sus deberes les mar-
caban. La sociedad, pues, quedó formada en breve
como lo habia sido antes, admitiendo en su seno á
todos los secuaces de Robespierre, Saint-Just
Cotillea que les miraban como mártires de la
bertad y víctimas de la contrarevolucion. Inme-
diato á la sociedad-madre existía aun aquel famo-
so club electoral, adonde se retiraban los que te-
nian que hacer proposiciones inadmisibles en los
jacobinos, v donde se hahian urdido los principa-
les acontecimientos de la revolucion Residía con-
tinuamente en el Palacio Episcopal, y se componia
de los antiguos fraciscanos, do los jacobinos mas
resueltos, y de los hombres que mas se hahian
comprometido en la época del terror. Los jacobi-
nos y este club doblan naturalmente ser el asilo
de todos los empleados que iban á quedar sin des-
tino en la nueva purificacion, lo cual sucedió asi.
Los jurados y jueces del tribunal revolucionario,
los individuos de las cuarenta y ocho comisiones,
que eran cerca de cuatrocientos, los agentes de la
policía secreta de Saint-Just y Robespierre, los
que llevaban las órdenes de las comisiones que
formaban la cuadrilla del famoso Deron, los comi-
sionados de varias administraciones, y en una pa-
labra, los empleados de todas clases, escluidos de
sus destinos, se reunieron en los jacobinos y en el
club electoral; unos por ser ya individuos de él, y




134 REVOLUCION
otros que entraban por la vez primera. Allí iban á.
desahogar sus quejas y resentimientos, y se halla-
ban inquietos por su seguridad, temiendo la ven-
ganza de aquellos á quienes habian perseguido, y
echando ademas de menos sus lucrativos destinos,
en especial aquellos que, como individuos de lasjuntas revolucionarias, hablan podido añadir á sus
asignaciones estafas de todo género. La reunion.
de estos hombres formaba un partido violento y
tenaz, que al furor natural de sus opiniones agre-
gaba á la sama el encono del interés ofendido. Lo
mismo que pasaba en Paris sucedia en toda la
Francia; pues los individuos de los Ayuntamientos,
de las juntas revolucionarias y directorios de dis-
tritos, se reunían en las sociedades agregadas á la
archisociedad, y alli esponiaa juntamente sus te-
mores y sus Odios, teniendo en su favor al pueblo
bajo, depuesto Cambien de su destino desde que no
recibía cuarenta sueldos diarios por asistir á las
Asambleas de seccion.


Por Odio á este partido, y con objeto de comba-
tirle, se formaba otro, que en verdad no hacia mas
que revivir, y que comprendia á todos los que ha-
bian sufrido ó callado en la época del terror, los cua-
les juzgaban haber llegado el momento de desper-
tar v dirigir á su vez la marcha de la revolucion.
Acabamos de ver con motivo de haberlos puesto en
libertad, aparecer en las secciones a los parientes
de los presos ó de las víctimas, y agitarse en ellas,
bien para hacer que se abriesen las prisiones, bien
para delatar y perseguir á las juntas revoluciona-
rias. La nueva marcha de la Convencion y las en-
tabladas reformas aumentaron la esperanza y ani-
mo de estos primeros opositores, que pertenecían


FRANCESA.
455


á todas las clases oprimidas, cualquiera que fuese
su categoría, pero especialmenteal comercio, á los
hacendados y á aquel tercer estado laborioso, opu-
lento y moderado, que, monárquico y constitucio-
nal con los constitu yentes, y republicano con los
girondinos, hacia desaparecido desde el ;30 de ma-
y o y quedado espuesto á persecuciones de toda es-
pecie. Ocultábanse tambien entre ellos los raros
restos de una nobleza que no se atrevia á quejarse
de su humillacion, pero si de la violador' de los
derechos de la humanidad respecto á ellos; y algu-
nos realistas hechuras ó agentes de la antigua córte
que no habian dejado de oponer obstáculos á larevo-
luan, introduciéndose en todas las nacientes ceo-
siciones, cualquiera que fuese su sistema y su ca-
rácter. Los que con mas ímpetu y energía se pro-
nunciaban eran, como sucede siempre, los jóvenes,
porque la juventud es la primera que se declara
siempre contra un régimen tiránico. Llenaban las
secciones, el Palacio Real y los lugares públicos,
manifestando su opiuion contra los llamados ter-
roristas con la mayor energía, y alegando razones
poderosas, piles los unos habian visto á sus fami-
lias perseguidas; los otros ternilla que llegarian á
serlo un día las suyas si se renovaba el sistema del
terror, y juraban oponerse á él con todas sus fuer-
zas. Pero la principal causa de oposicion en mu-
chos de ellos eran las quintas, de las que unos se
habian librado ocultándose, y otros desertaron de
los ejércitos al llegar á su noticia el 9 de termi-
dor. Agregábanse á estos los escritores persegui-
dos en la última época, dispuestos siempre, co-
mo los jóvenes á tomar parte en todas las opo-
siciones , y llenaban los periódicos y folletos de




156 REVOLIIC.ION
enconadas diatribas contra el régimen del terror.


Ambos partidos se declararon del modo mas aca-
lorado y opuesto, respecto alas modificaciones in-
troducidas por la Convencion en el régimen revolu-
cionario. Los jacobinos y los de los clubs, clamaron
contra la aristocracia, quejándose de la comision
de seguridad general, que ponia en libertad á los
contra-revolucionarios, y de la imprenta, que Fase
empleaba cruelmente contra los que habían salva-
do la Francia; pero la resolucion que mas les ofen-
día era la de purilicacion general de todas las au-
toridades. No se atrevian precisamente á pronun-
ciarse contra la destitucion de los sugetos, porque
esto hubiera sido alegar motivos demasiado perso-
nales, pero se pronunciaban contra el modo (le ha-
cer la reeleecion, y sosteniaa que era necesario dar
al pueblo el derecho de elegir sus magistrados; que
era una usurpacion el hacer nombrar por los dipu-
tados en comision á los individuos de los Ay unta-
mientos, distritos y juntas revolucionarias, y que
el reducir las secciones á una sesion por década,
era violar el derecho que tenían los ciudadanos de
reunirse para tratar de los negocios públicos. Es-
tas quejas se hallaban en oposicion con el principio
del gobierno revolucionario, que prohibia toda elec-
cien hasta que se hiciese la paz; pero los partidos
no temen contradecirse cuando sus intereses están
comprometidos, y los revolucionarios sabian que
una eleccion popular les hubiera vuelto a sus des-
tinos.


Asi los vecinos honrados en las secciones como
los jóvenes en el Palacio Real y en lo's sitios pú-
blicos, y los escritores en los periódicos, pedian
con alineo la libertad ilimitada de imprenta, y se


FRANCESA. 457


quejaban de ver aun en las actuales juntas y ad-
ministraciones á muchos agentes de la anterior dic-
tadura; se atrevian á presentar peticiones contra
los representantes que habian desempeñado ciertas
comisiones; desconocian los servicios prestados, y
empezaban á desacreditar á la Convencion misma.
Tallien, que en el concepto de primer termidoriano
se contemplaba particularmente responsable de la
nueva marcha de los sucesós, hubiera querido que
se siguiese vigorosamente, sin ceder en tiro ni otro
sentido. En un discurso lleno de sutiles distincio-
nes entre el terror y el gobierno revolucionario,
cuyo sentido general era que sin emplear una obs-
tinada crueldad, debia no obstante conservarse su-
ficiente energía, propuso declarar que permanecia
el gobierno revolucionario, y que por consiguiente
no dehian convocarse las Asambleas primarias para
proceder á elecciones; pero al mismo tiempo pro-
puso se declarase quedar abolidos todos los medios
de terror, y que se considerasen como tales las
persecuciones contra los escritores que hubiesen
manifestado libremente sus opiniones.


Estas proposiciones, que ninguna resolucion
terminante ofrecían, y que eran únicamente una
profesion de fe de los termidorianos, deseosos de
colocarlos entre los dos partidos sin a y udar á nin-
guno, se remitieron á las tres comisiones de salva-
cion pública, seguridad general y legislacion, que
entendían en todo lo que tenia relacion con seme-
jantes cuestiones.


No obstante, estas disposiciones no eran á pro-
pósito para aplacar el furor de los partidos, que
continuaban zahiriéndose con el mismo empeño; y
lo que mas contribuia á aumentar el general desaso-




158 ttEVOLUCION


siego, y á multiplicar los motivos de quejas y acu-
saciones, era el estado económico de la Francia,
mas lastimoso tal vez en este momento que nunca,
aun en las épocas mas calamitosas de la revolu-
cion.


A. pesar de las victorias de la república, habian
sufrido los asignados una baja muy rápida, y no
pasaban va en el comercio siuo por la sesta ú octa-
va parte 'de su valor; lo cual producia una terrible
incertidumbre en los cambios, y hacia el máximum
mas imposible y perjudicial que nunca. A la ver-
dad que lo que desacreditaba los asignados no era
la falta de confianza, porque no estaba ya en duda
la existencia de la república, sino su escesiva emi-
sion, que iba creciendo á proporcion que su valor
disminuía. Los impuestos difícilmente recaudados,
y pagados en papel, suministraban apenas la cuar-
ta ó quinta parte de lo que gastaba mensualmente la
república en las atenciones estraordinarias de la
guerra; por lo cual era preciso suplidos con nue-
vas emisiones. Asi fué que desde el último año, la
cantidad de asignados en circulacion, que se !labia
esperado reducir á menos de dos mil millones por
medio de diferentes combinaciones, habia por el
contrario ascendido á cuatro mil y seiscientos mi-
llones.


A esta acumulacion escesiva del papel moneda
y al desprecio con que se miraba, se agregaban
todas las calamidades que resultaban de la guerra,
ó de las inauditas resoluciones que habia dictado
esta. Se recordará que para establecer una rala-
eion forzosa entre el valor nominal de los asignados
y las mercancías, se habia ideado la lev del máxi-
anun, la cual fijaba el precio de todas las cosas, no


FRANCESA. 459
permitiendo á los comerciantes aumentarlo en pro-
porcino á la baja del papel;.y se recordará tambien
que á estas providencias se habian añadido las re-
quisiciones, por cu y o medio quedaban los represen-
tantes ó agentes de administracion autorizados
para requisar todo lo que necesitase el ejército ó
los Ayuntamientos, pagándolo en asignados y al
precio' del máximun; medidas que habian salvado á
la Francia, pero produciendo en los cambios y cir-
culacion estraordinarias alteraciones.


Ya hemos visto cuáles fueron los principales
inconvenientes del máxima;?, esto es; el estable-
cerse dos mercados, uno público en que los vende-
dores esponian lo peor que tenian, y en la menor
cantidad posible, y el otro secreto, en que vendian
lo mejor á dinero y á precio libre; el ocultar co-
munmente los géneros, que los vendedores logra-
ban sustraer á la vigilancia (le los encargados de
las requisas, y finalmente el trastorno y paraliza-
eion en la industria, porque los fabricantes no saca-
ban en el precio que se fijaba á sus producciones
los gastos que les costaban. Todos estos inconve-
nientes de doble comercio, de ocultacion de géne-
ros, y de para!izacion de industria, se habian ido
aumentando, pues en todas partes existian des co-
mercios, uno público é insuficiente, otro clandesti-
no y usurero. Había dos calidades de pan, dos de
carne, v dos de todo lo damas, una para los ricos
que podan pagar en dinero, 6 dar mas de lo que
fijaba el .111(a'ilnUM, y otra para el pobre artesano,
y jornalero que no podia dar mas que el valor no-
minal del asignado. Los vendedores habian, ido ad-
quiriendo cada dia mas sagacidad para ocultar los
géneros, pues daban declaraciones falsas: no tri-


4




460 REVOLECION


Baban el trigo, pretestando la falta de brazos, que
por otra parte era muy cierta, porque la guerra
habla absorvido mas de un millon y quinientos mil
hombres, y se quejaban de la mala cosecha, que
ciertamente no fue tan favorable como se habia
creido al principio del año, cuando en la festividad
del Ser Supremo, se daban gracias al cielo por las
victorias y por la abundancia de las mieses. En
cuanto á los fabricantes habian abandonado ente-
ramente sus trabajos. liemos visto que en el año
anterior por no ser injusta la ley con los mercade-
res, debió tambien dirigirse á los fabricantes, fijan-
do el precio de las mercancías en las mismas fabri-
cas, v añadiéndole el de conduccion; mas esta ley
perjudicaba del mismo modo, porque sufriendo la
primitiva materia, y las hechuras el aumento ge-
nera!, los fabricantes no habian podido hallar me-
dio de sacar ganancia y se retiraron de sus traba-
jos. Lo mismo sucedia á los comerciantes. El flete
de los géneros de la India se habia aumentado, por
ejemplo, de ciento cincuenta francos la tonelada á
cuatrocientos, y los seguros de cinco y seis por
ciento á cincuenta y sesenta; de modo que los co-
merciantes no podian vender los productos impor-
tados al precio que el n'U inzurt fijaba, é interrum-
pian por lo tanto sus espediciones. Ya en otra par-
te observamos que fijando un precio hubieran de-
bido fijarse todos, pero esto era imposible.


El tiempo fué descubriendo otros inconvenien-
tes particulares del máximum. En toda la Francia
se habia establecido uniformemente el precio de
los granos; pero no siendo igualmente costosa y
abundante en las diferentes provincias la produc-
cion del trigo, la tarifa legal se hallaba en enorme


FRANCESA.
464


desproporcion segun los distintos puntos. La fa-
cultad que se daba á. los A


y untamientos de fijar losprecios de todos los géneros, producia otra clase
de desórden; pues cuando faltaban aquellos en un
pueblo , subian el precio las autoridades, y enton-
ces se presentaban géneros con perjuicio de los
pueblos vecinos, y á veces habla abundancia en un
punto y escasez en otro, segun los que ponian la
tarifa; y los movimientos del comercio en lugar de
ser naturales y regulares eran caprichosos, desi–
guales é inciertos.


Todavía eran mas perjudiciales las resultas de
las requisiciones, de las cuales se servian para
proveer á los ejércitos, para surtir á los almacenes
v arsenales de cuanto necesitasen , para abastecer
a las grandes poblaciones, y algunas veces para
procurar á los fabricantes y manufactureros las
materias de que habian menester. Los represen-
tantes, los comisionados de los:ejércitos y los agen-
tes de la comision del comercio y provisiones, te-
nian facultad de requisar. Cuando el riesgo era in-
minente, las requisas se hacian con precipitacion y
desórden, criszándose á veces mas de una sobre un
mismo objeto, de manera que el requisado no sa-
bia á quien atender. Ademas, casi siempre eran las
facultades ilimitadas, porque á veces se requisaba
todo un género en un pueblo ó departamento , y
entonces los arrendadores ó mercaderes solo po-
dian vender á los agentes de la república; de mo-
do que quedando interrumpido el comercio, el ob-
jeto requisado permanecia largo tiempo sin llevar-
se ni ser pagado, y la circulacion por lo mismo se
hallaba paralizada. En la confusion que de la prie-
sa resultaba, no se calculaban las distancias , y se


Biblioteca popula r.


T. IV, 480




462 REVOLUCIOX
dirigia la requisa al departamento mas distante del
pueblo ú ejercito que trataban de abastecer , lo
cual multiplicaba los trasportes; y hallándestraor


osediago
-


-


tados muchos rías y canales por una
na


ria se,quta, no hablan quedado mas que los cami-
nos, quitándose á la agriceultura sus caballerías pa-
ra los acarreos. Unido este servicio estraordinario
á una exaccion de cuarenta y cuatro mil caballos
para el ejército, se hablan estos hecho muy raros,
'si


asi no existian ya medios de trasporte .
Por una


C c
onsecuencia de este mal calculado y con frecuen-


ctil movimiento, se hallaban en ls almae-
nia


es p
inúúblicos amontonados sin cuidado


o
alguno


c
, y


espuestos por lo comun á toda especie de averías,
multitud de géneros y proisiones. Los ganados
adquiridos para la república estaban mal nutridos;
y así llegaban muy flacos a los mataderos, y esca-
seaban la carne gorda, el sebo, la grasa, etc. A los
trasportes inútiles, se agregaban los excesivo con-
sumos, y frecuentemente los mas culpables abusos.


Algunos
agentes infieles volvian á vender de ocul-


to al precio mas alto los géneros que habian saca-
do segun el ntáximum,


por medio de las requisas;
y este fraude tambien l hacian los mercaderes y
fabricantes, que propor ocionandose una Orden de
requisa para conseguir provisiones, vendían des-
pues por bajo de mano y al contado lo que compra-
ban segun el máximum.Unidas todas estas diferentes causas á los efec-
tos de la guerra continental y marítima, hablan re-
ducido el comercio al mas deplorable estado. No


abia ya eomunicacion con las colonias , que los
hcruceros ingleses habian hecho casi inaccesibles,


y,
que babian asolado ademas los furoresde laguer-


FRANCESA, 463
ra. La principal, Santo Domingo, habia sido entre
gadaá fuego y sangre por los varios partidos que la
disputaban; circunstancias todas que hacian casi
imposible la comunicaeion esterior, contribuyendo
Cambien á este estado de aislamiento otra medida
revolucionaria ; el secuestro dictado contra los
bienes de los estrangeros, á quienes la Francia ha-
cia la guerra. Se recordará que la Conveucion , al
ordenar este secuestro, tuvo por objeto contener el
agiotage de papel estrangero, é impedir que los
capitales dejasen los asignados para convertirse en
letras de cambio sobre Francfort, Amsterdan, Lón-
dres, etc. Se apoderaron de los bienes que tenían
en Francia los españoles, alemanes, holandeses é
ingleses, con lo cual se provocó la misma resolu-
cion por parte de los estrangeros , y cesó entre
Francia y Europa la circulacion de efectos de cré-
dito. Solo conservaba relaciones con los paises
neutrales, el Levante, la Suiza, la Dinamarca , la
Suecia y los Estados-Unidos; pero la comision del
comercio y abastos usó de ellas únicamente para pro-
curarse granos, hierro v otros artículos necesarios


,


a la marina. Al efecto, requiso todo el papel; daba
á los banqueros franceses el valor en asignados, y
se valia de ellos en Suiza, Suecia, Dinamarca y
América para pagar los granos y los diversos pro-
ductos que compraba.


Quedaba pues reducido todo el comercio de
Francia á las provisiones que el gobierno hacia en
los paises estrangeros, por medio del valor sacado
por la fuerza é los banqueros franceses. No bien
llegaban á los puertos géneros de libre comercio,
cuando quedaban requisados ; y esto desalentaba
completamente, como acabamos de demostrarlo, á,




161 REVOLDCION
los comerciantes que habian dado grandes sumas
por el flete y los seguros , y se veían obligados á
vender segun el máximum. Las únicas mercancías
que abundaban algo en los puertos, eran las que
proveniau de presas hechas al enemigo; pero unas
quedaban paralizadas por las requisas, y otras por
las prohibiciones declaradas contra todo producto
de las naciones enemigas. untes y Burdeos, aso-
lados ya por la guerra civil, se vejan reducidas por
semejante estado del comercio á una suspension
total y á una carestía estraordinaria. Marsella, que
Vivía antiguamente de sus relaciones con Levante,
veia bloqueados sus puertos por los ingleses , dis-
persos por temor sus principales comerciantes,
destruidas ó trasladadas á Italia sus jabonerias ,
teniendo solo algunos cambios desfavorables coa
los genoveses. No era menos triste la situacion de
las ciudades del interior. Nimes ya no producía se-
das, cuya esportacion le valla en otro tiempo
veinte millones. La opulenta ciudad de Lnalla


,


ába
ar-


ruinada por las bombas y las minas , se h
yo


la sazon demolida, y no fabricaba. ya los ricos te-
gidos que daban al comercio antiguamen te mas de
sesenta millones. Un decreto que delenia los géne


es
-


ros destinados á los concejos rebeldes, habia -
tancado al rededor de Lyon multitud de ellos, de.
los cuales parte debian a¿iuedar en esta ciudad, y
otros pasar únicamente por ella , par dirigirse
desde allí á los innumerables puertos del Mednce


io-


dia. Las ciudades de Chalons, Macon y Yale
se habian aprovechado de este decreto para dete-
ner los géneros que pasaban por este camino tan
trillado. Sedan se vió obligado á interrump ir la fa-
bricacion de sus paños finos para ocuparse en la


flIMICESA.
465


del paño de las tropas; y sus principales fabricantes
vivian ademas perseguidos como cómplices del mo-
vimiento proyectado por Lafayette despues del 10
de agosto. Los departamentos del Norte, del paso
de Calais, del Somme v del Aisne, tan ricos con el
cultivo del lino y cáñamo, se habian arruinado en-
teramente con la guerra. En la parte occidental,
en la desgraciada Vendée, mas de cien leguas cua-
dradas quedaron enteramente destruidas por el fue-
go y por las armas. Los campos se hallaban en
parte desiertos, vagando sueltos sin pastos ní
establos infinidad de ganados; y finalmente en to-
dos aquellos puntos donde algun desastre particu-
lar no habia acrecentado los generales infortunios,
la guerra había disminuido considerablmente elnú-
mero de brazos , mientras el terror en unos , y en
otros la preocupacion politica, tenian desterrados ó
fastidiados del trabajo á muchos ciudadanos labo-
riosos. ¡Cuántos preferian á sus talleres y campos
los clubs, los consejos municipales y lassecciones,
donde recibian cuarenta sueldos para ir á alboro-
tar y desasosegarse!


Asi, el cuadro que presentaba la Francia, sal-
vada del hierro estrangero, pero exhausta momen-
táneamente por los esfuerzos que se habian exigi-
do de ella, se componía de desórden en todos los
mercados, falta de subsistencias, suspension en las
manufacturas por efecto del máximum., mudanzas
sin tino, acopios inútiles , escesivo consumo de
mercancías, falta de medios de trasporte á conse-
cuencia de las requisas, paralizacion de comuni-
caciones con todas las naciones vecinas por efec-
to de la guerra, bloqueos marítimos , secuestros,
asolacion de las ciudades industriosas y de muchos




466 RE VOLUC/ON


paises agrícolas por la guerra civil, disminucion de
brazos por las quintas v ociosidad engendrada por
la aticion á la vida política.


Figúrese, pues, ahora el lector, despues del 9
de termidor, dos partidos encontrados ; uno que
creia indispensables los medios revolucionarios, é
ideaba prolongar indefinidamente un estado natu-
ralmente transitorio , y otro exasperado por. los
inevitables males de una organizacion estraordi-
naria, que olvidaba los bienes que ella había pro-
ducido y quería desterrarla por sanguinaria; figú-
rese dos partidos de semejante naturaleza en con-
tínua lucha y concebiremos como hallaban en la
situacion de la Francia motivos para acusarse mú-
tuamente. Los jacobinos se quejaban de la rela-
jacion de todas las leves; de que los arrendado-
res, mercaderes y ricos comerciantes violaban el
máximum, de la ineficacia de las leyes contra el
agiotage y descrédito de los asignados , reprodu-
ciendo asi los clamores de los hehertistas contra
los ricos logreros y agiotistas. Por el contrario sus
adversarios, que por primera vez se atrevian á
combatir las providencias revolucionarias, se de-
claraban contra la escesiva emision de los asigna-
dos, las injusticias del máximum, la tirania de las
requisas, los desastres de Lyon, Sedan, Nantes y
Burdeos, y finalmente contra las prohibiciones y
trabas de todo género, que paralizaban y arruinaban


9 el comercio. Estos eran los objetos frecuentes de laspeticiones, ademas de las de lá, libertad de imprenta
y el modo de nombrarlos funcionarios públicos. To-
das estas reclamaciones se remitian á las comisio-
nes de salvacion pública, hacienda y comercio, pa-
ra que informasen acerca de ellas y las ilustrasen.


FRANCESA.
'67


Asi se hallaban en pugna dos partidos , inves-
tigando y hallando en todo lo que se habia hecho,
y en lo que aun se hacia, continuos motivos de
choques y reconvenciones. Todo lo que se habia
efectuado, bueno ó malo, se atribuia á los indivi-
duos de las antiguas juntas , que eran á la sa-
zon el blanco de los autores de la reaccion. Aun-
que habian contribuido á derribar á Robespierre,
se decia que su enemistad con él era por ambicion
y por dividirse la tiranía, pero que en el fondo eran
de sus mismas ideas y principios, queriendo con-
tinuar en provecho suyo, bajo el mismo sistema.
Hallábase entre los lermidorianos Lecointre de
Versalles, hombre furioso é inconsiderado, que se
declaraba con una imprudencia chocante á sus
compañeros. Habiaimaginado denunciar á Villaud-
Varennes, Barrere, de la anti-
gua junta de salvacion pública, y á David, Va-
dier, Amar y Vouland de la de seguridad gene-
ral, como cómplices y continuadores de Robespier-
re; pero no podia ni se atrevia á dirigir la misma
acusacion contra Carnet, Prieur de la'Cóte- d'Or y
Roberto Lindet, á quienes la opinion separaba to-
talmente de sus cólegas v que pasaban únicamente
por empleados en los trabajos á que debía su sal-
vacion la Francia. Tampoco se atrevia á impugnar
á todos los individuos de la comision de seguridad
general, porque no todos se hallaban igualmente
tildados por la opinion pública. Comunicó su pro-
yecto á Tallien v Legendre, los cuales procuraron
disuadirle de él, pero obstinóse en llevarlo á cabo,
y en la sesion del 12 de fructidor (29 de agosto),
presentó veinte V seis capítulos de acusacion con-
tra los individuos de las antiguas comisiones. Re-




168 IIEVOLUCION
ducíanse estos capítulos á las vagas imputaciones
de haber sido cómplices del terrible sistema que
Robespierre empleó contra la Convencion y la
Francia; de haber tomado parte en los actos arbi-
trarios de ambas comisiones; firmado las órdenes
de proscripcion, y recibido con indiferencia y des-
precio todas las reclamaciones de los ciudadanos
injustamente perseguidos ; de haber contribuido
mucho á la muerte de Danton; de haber defendido
la ley de 22 de pradial, ocultado á la Convencion
que esta ley no era obra de la comision; de no ha-
ber denunciado á Robespierre cuando abandonó
la junta de salvacion pública , v finalmente de
no haber hecho nada los dias 8, 9, y 10 de termi-
dor, para poner á la Convencion á cubierto de los
planes de los conspiradores.


Luego que conclu yó Lecointre la lectura de es-
tos veinte v seis capítulos , Goujon , diputado del
Ain , republicano jóven , sincero , ardiente y des-
interesado montañés, porque no hacia tomado parte
alguna en los actos que se imputaban al último
gobierno, Goujon, pues, se levantó v tomó la pa-
labra con todas las apariencias de'un pesar pro-
fundo. «Me hallo, dijo, dolorosamente afligido, al
«ver con cuán fria serenidad se vienen á esparcir
«aquí nuevas semillas de discordia, y proponer la
«pérdida de la patria. Unas veces os proponen ajar,
«bajo el nombre de sistema de terror, todo lo que
«se ha hecho durante un año , otras os aconsejan
«acuseis á unos hombres que han hecho grandes
«servicios á la revolucion. Ignoro si serán culpa-
bles, porque estaba en el ejército y no he podido


«juzgar de nada; pero si hubiera tenido documen-
tos que sirviesen de cargo contra algun individuo


FRANCESA. 469
«de la Convencion , no los hubiera presentado 6
«traido aquí sino con el mayor sentimiento. Pero
«;con qué sangre fria se viene por el contrario á
«clavar el puñal en el pecho de hombres recomen-
«dables á la patria por sus importantes servicios!
«Notad que los cargos que se les hacen recaen en
ola Convencion misma. Si: á la Convencion es á
«quien se acusa , y al pueblo francés á quien se
«procesa, porque ambos han sufrido la tiranía del
«infame Robespierre. J


Debry os lo decía poco há;
«solo los aristócratas son los que hacen ó dirigen
«estas proposiciones




—Y los ladrones , añaden
algunas voces.—«Pido, continúa Goujon, que cese
«la discusion inmediatamente.» Opónense muchos
diputados, y Yillaud-Varennes sube á la tribuna y
pide con ahinco se continúe la discusion. «No hay
«duda, dice, en que si los hechos alegados son
«verdaderos , somos grandes criminales y deben
«caer nuestras cabezas; pero desafiamos á':Lecoin-
«tre á que los pruebe. Desde que cayó el tirano,
«somos el blanco de las embestidas de todos los
«intrigantes, y declaramos que la vida ningun va-


lor tiene para nosotros, si ellos han de quitárnos•
«la.» Continúa Villaud y refiere que hacia mucho
tiempo que sus cólegas y él pensaban en el 9 de
termidor ; que si ellos lo dilataron fué porque las
circunstancias asi lo exigian; que han sido los pri-
meros en denunciar á Robespierre, y arrancarle la
máscara con que se cubria; que si se les acrimina
la muerte de Danton, él se acusará el primero; que
Danton era cómplice de Robespierre y el refugio
de todos loscontra-revolucionarws, y que si huble-
ra vivido, se hubiera acabado la 'libertad. Daca
mucho tiempo , dice Villaud, que vemos agitarse á.


»L




470 REVOLUCION


los intrigantes, á los ladrones...—Al oir esta es-
presion, le interrumpe Bourdon diciendo : puesto
que se ha pronunciado esa palabra, debe probar-
se.—Yo me encargo, esclama Duhem, de probarlo
con respecto á uno.—Nosotros lo probaremos de
otros, añaden varias voces de la Montaña.—Este era
el cargo que los Montañeses se hallaban dispuestos
á hacer siempre á los amigos de Danton, casi todos
convertidos en termidorianos. Villaud, que á pesar
de aquel desórden é interrupciones no !labia de-
jado la tribuna , insiste y pide instruccion para
descubrir á los culpables. Sucédele Cambon, y dice
que debe evitarse el lazo tendido á la Convencion;
que los aristócratas quieren obligarla á. deshonrar-
se , deshonrando á algunos individuos suyos , y
que si las juntas son culpables , tarnbien lo será
ella.—Y toda la nacion, añade Bourdon del Oise.
En medio de esta confusion, se presenta Vadier en
la tribuna con una pistola en la mano , y dice que
no sobrevivirá á la calumnia si no le dejan justifi-
carse. Acuden á él varios , y le obligan á descen-
der. El presidente Thuriot declara que levantará
la sesion si el tumulto no se apacigua. Duhem y
Amar quieren que se continúe la discusion, por-
que es un deber de la Asamblea respecto á los in-
dividuos culpados. Thuriot , termidoriano acérri-
mo, pero sin embargo celoso montañés, vela con
sentimiento agitarse cuestiones semejantes ; y asi
tomando la palabra desde el sillon, dice á la Asam-
blea : «Por una parte exige el interés público que
«cese al punto semejante discusion; por otra quie-


re que continúe el interés de los acusados; conci-
liemos ambos estremos pasando al Orden del cija


«sobre la proposicion de Lecointre, declarando que


FRANCESA. 474
«la Asamblea ha recibido esta proposicion con la
«indignacion mas grande.» La Asamblea adopta
desde luego la opinion de Thuriot y procede al
Orden del dia , despreciando la proposicion de Le-
cointre.


Todos los que amaban sinceramente á su pais
hablan visto esta discusion con el mayor sen-
timiento. En efecto , ¿ cómo podia volverse á lo
pasado , distinguir el mal del bien , y averiguar
quién era el autor de la tiranía que acababa de
sufrirse? ¿Cómo distinguir la parte que habia tenido
Robespierre y las comisiones, la de la Convencion
que lo habia tolerado, y la de la nacion, finalmen-
te, que habla sufrido la Convencion y las juntas
de Robespierre? ¿Y cómo juzgar tampoco de esta
tiranía? ¿era un crimen de ambicion , ó mas bien
la accion enérgica é inconsiderada de unos hom-
bres que querian salvar su causa á toda costa,
equivocándose en los medios de que se vallan?
¿cómo distinguir en esta confusa accion la cruel-
dad, la ambicion, el equivocado ce/o, ó el sincero
y enérgico patriotismo ? Desentrañar tan intrinca-
das cuestiones, y juzgar tantos corazones era im-
posible; debia olvidarse lo pasado, recibir la Fran-
cia salvada de manos de aquellos á quienes acababa
de escluirse del poder, tranquilizar los movimien-
tos desordenados, suavizar las leves demasiado
crueles , y pensar que en política deben repararse
los males, pero vengarlos, nunca.


Este era el dictamen de los hombres pruden-
tes, por mas que los enemigos de la revolucion
aplaudiesen el paso de Lecointre, y al ver termi-
nada la discusion, corriesen la voz de que la Con-
vencion habia tenido miedo, y no se habia atrevido




172 IIEVOLUCION


á tocar cuestiones demasiado peligrosas para ella.
Los jacobinos por el contrario , y los montañeses,
llenos aun de fanatismo y sin querer desaprobar el
sistema del terror, no temían la discusion, y esta-
ban furiosos porque se hubiese desechado. Efecti-
vamente al siguiente dia , 43 de fructidor, , se le-
vantaron una porcion de montañeses, diciendo que
el presidente habia sorprendido el dia antes á la
Asamblea. decidiendo la terminacion ; que habia
manifestado su opinion sin dejar el sillon ; que co-
mo presidente no podía emitir opinion alguna; que
la terminacion era una injusticia ; que á los indi-
viduos acusados, á la Convencion misma y á la re-
yolucion interesaba que se abriese francamente
una discusion que no tenian por qué temer los pa-
triotas. Ea vano Legendre, Tallien y otros termi-
dorianos, á quienes acusaban de haber incitado á
Lecointre , cuando por el contrario hablan procu-
rado disuadirle de su proyecto , pidieron que se
dejase la discusion, pues la Asamblea que no ha-
ba perdido aun la costumbre de temer a la Mon-
taña y ceder á ella, consintió en revocar la deci-
sien d̀e la víspera, y volvió á la discusion. Llamóse
á la tribuna á Lecointre para leer sus veinte y seis
capítulos y para apoyarlos con documentos justifi-
cativos.


habia podido este reunir los documentos de
aquel singular proceso, porque era necesario tener
la prueba de lo que habla sucedido en el interior
de las comisiones , para calcular basta qué punto
hablan participado los individuos acusados de lo
que se llamaba tiranía de Robespierre. Lecointre
no podia añadir á cada capítulo mas que la fama
pública , los discursos pronunciados en los jaco-


FRANCESA.
473


bines ó en la Asamblea , y la órden original de al-
«un arresto, los cuales nada probaban por sí mis-
mos. A. cada nuevo cargo gritaban furiosos los
montañeses : ¡Los comprobantes! ¡los comprobantes!
y no querian que hablase sin producir las pruebas
por escrito. Lecointre reducido a cada momento á
no poder presentarlas, invocaba la memoria de la
Asamblea preguntándola , si no habia considerado
siempre á Villaud, Collot-d'Ilerbois y Barrera co-
mo cómplices de Robespierre ; pero esta prueba,
que era por otra parte la única posible, demostra-
ba lo absurdo de semejante proceso; con otras co-
mo esta se hubiera demostrado que la Convencion
era cómplice de la comision, y la Francia de la
Convencion. Los montañeses no- dejaban acabar á
Lecointre, y le decian: ¡Eres un calumniador!
obligándole á pasar á otro cargo. Apenas había
leido el siguiente, cuando gritaban de nuevo: ¡Los
comprobantes 1 1 los comprobantes! y no presentán-
dolos Lecointre, añadían: ¡á otro! Asi llegó Lecoin-
tre al capítulo veinte y seis, sin haber podido pro-
bar nada de lo que afirmaba, esponiendo por toda
razon, que como el proceso era político, no admi-
tía la forma ordinaria de discusion, á lo cual podía
respondérsela, que por lo mismo era muy impolí-
tico intentarle. Despues de una sesion larga y aca-
lorada, declaró la Convencion falsa y calumniosa
la acusacion de Lecointre , rehabilitando asi las
antiguas juntas.


El efecto que produjo aquella escena fué volver
toda su energía á la Montaña , y á la Convencion
un tanto de su antigua deferencia á este partido.
Sin embargo, Villaud-Varennes y Collot-d'Ilerbois
presentaron su dimision de individuos de la junta




171 REVOLUCION


de salvacion pública ; Barrero fié reemplazado por
sorteo; Tallien se retiró voluntariamente; y suce-
dieron á los cuatro, Delmas, Merlín de Douay, Co-
chon y Fourcrov. De modo , que de los antiguos
individuos de la junta no quedaban mas que Car-
nót, Prieur de la Cóte d'Or y Roberto Lindet. Tom-
bien se procedió en la comision de seguridad ge-
neral á la renovacion de una cuarta parte, saliendo
Elias Lacoste , Bouland , Vadier y Moises Bayle,
faltando anteriormente David , Jagot y Lavicomte-
rie, excluidos por una resolucion de la Ásainblea,
cuyos siete individuos fueron reemplazados por
Bourdon del Oise , Colombelle, Meaulle , Clauzel,
Nathicu, Mon-Mayau y Lesage-Senault.


Otro suceso imprevisto y enteramente casual
aumentó la agitacion que va reinaba. Prendióse
fuego saltó el polvorin de Grenelle , cu y a esplo-
sion súbita y horrorosa atemorizó á Paris, creyen-
do que fuese efecto de nueva conspiracion. Inme-
diatamente acusaron á los aristócratas, los aristó-
cratas á los jacobinos, y ambos partidos se empe-
fiaron en nueva lid en la tribuna, sin producir co-
nocimiento alguno. A.iulióse otro suceso á este;
pues el 23 de fructidor (9 de setiembre) se retira-
ba Tallien á su casa, cuando un hombre envuelto
en un leviton le acometió diciéndole : «Aqui te
esperaba yo... y no te has de escapar !» y en se-
guida le tiró un pistoletazo á quemaropa y le hirió
en el hombro. Esto ocasionó al dia siguiente nuevo
rumor en Paris: se decia que no habia que esperar
tranquilidad, porque dos partidos encarnizados uno
contra otro , habian jurado perturbar enteramente
la república. Los unos atribulan á los jacobinos el
asesinato de Tallien; los otros á los aristócratas, y


FRANCESA.
475


otros llegaban á decir que Tallien , imitando el
ejemplo de Grangeneuve, antes del 10 de agosto,
habia hecho que le hiriesen en un hombro para
acusar á los jacobinos y poder pedir su disolucion.
Legendre, Merlin de Thionville v otros amigos de
Tallien, se presentaron acalorados en la tribuna ,


y
sostuvieron que el crimen del dia anterior era obra
de los jacobinos. Tallien , dijeron , no ha abando-
nado la causa de la resolucion, pero algunos exal-
tados pretenden: que se ha pasado á los moderados
y aristócratas. No son, pues, estos los que pueden
haber concebido la idea de asesinarle, sino los fu-
ribundos que le acusan , es decir: los jacobinos.
Merlin denunció su última sesion y citó la siguien-
te frase de Duhem: Los sapos de &laguna levantan
la cabeza : tanto mejor, pues será mas facil cortárse-
la. Medio pidió con su acostumbrado atrevimiento
la disolucion ue aquella célebre sociedad, que ha-
bia hecho, dijo , los ma yores servicios , y contri-
buido poderosamente á derribar el trono, pero que
no habiendo ya trono alguno que derribar, quería
dar despues al traste con la Convencion misma.
No se admitieron las conclusiones de Merlin, pero
se enviaron, como era de costumbre, los hechos á
las competentes comisiones para que informasen,
como se habla hecho con todas las demas cuestio-
nes que dividiau á entrambos partidos. Se hablan
pedido informes sobre la cuestion de la imprenta,
sobre los asignados , sobre el máximun, las requi-
sas, las trabas del comercio, v finalmente sobre
todo lo que se habla hecho objeto de disputas y
divisiones. Intentaron entonces que fuesen con-
fundidos en uno todos estos informes, y se encargó
á la junta de salvacion pública que presentase uno




1
476 REYOLUCION


general sobre el actual estado de la república,
confiándose su redaccion á Roberto Lindet, que
era el mas instruido en el estado de las cosas, por-
que se habil), dedicado esclusivameute á servir á su
pais , encargándose, del inmenso trabajo de provi-
siones y trasportes. Señalóse para oírle la cuarta
descamisada de! año ll (20 de setiembre de1704).


Esperaban todos con impaciencia su informe y
los decretos á que Baria ocasion , pero entretanto
continuaba el desasosiego. Los jóvenes coligados
contra los jacobinos se reunian en el jardín del
Palacio Real , donde tejan los innumerables perió-
dicos y folletos que aparecian contra el último sis-
tema revolucionario , y que se vendian en las li-
brerías de las galerías. Muchas veces formaban
grupos, y se dirigian á turbar las sesiones de los
jacobinos, formándose uno de estos el dia de la se-
gunda descamisada. Le coniponian los jóvenes que
para diferenciarse de los jacobinos, vestian esme-
radamente, llevando corbatines altos , y asi se les
llamaba currutacos. lino de los que iban en aquella
pandilla decia; que si sucedia alguna cosa, debían
reunirse en la Convencion , porque los jacobinos
eran unos pícaros intrigantes. Quiso responderle
un jacobino y se empeñó una contienda gritando:
¡ Viva la Convencion. Fuera los jacobinos. Abajo el
rabo de Robespierre! y por otra parte: mueran los
aristócratas y currutacos. Vivan la Convencion y los
jacobinost El tumulto se aumentó en breve, y eljacobino que habia tomado la palabra con todos los
que quisieron sostenerle fueron maltratados. Acu-
dió la guardia y dispersó la reunion que se habia
hecho considerable, impidiendo asi un choque
general.


FRANCESA.
177


Al otro dia, que era el tiempo fijado para el
informe de las tres comisiones , la de salvacion
pública, de la legislacion v de seguridad general,
se ovó por fin á, Roberto Lindet. Triste era el cua-
dro d̀e la Francia que debía presentar • y despues
de haber espuesto la marcha sucesiva de las fac-
ciones, y los progresos del poder de Robespierre
hasta su caida, habló de dos partidos , uno com-
puesto de patriotas entusiastas , que temían por
la revolucion y por sí mismos,el otro de familias
desgraciadas, cuyos parientes habían sido sacri-
ficados ó gemian aun en las prisiones. «Algunos
«ánimos inquietos, decía Lindet, imaginan que el
«gobierno no tendrá energía, y emplean todos los
«medíos para propagar su opinion y sus temores.
«Envian diputaciones y cartas á la Convencion, pe-
«ro sus temores son quiméricos , pues el gobierno
«conservará toda su fuerza en vuestras manos.
«¿Temen los patriotas y los empleados que se dén
«al olvido sus servicios? ¿Qué valor no han debi-
do tener para aceptar y desempeñar peligrosos


«cargos? Pero hoy les vuelve á llamar la Francia á
«sus trabajos y egercicios, que han abandonado
«ha tanto tiempo. Saben que sus funciones eran
«temporales, y que el poder mucho tiempo exisa
«tenle en las mismas manos , se hace un objeto
«de inquietud, y asi no deben temer les abandone
«la Francia á resentimientos ni venganzas.


Pasando luego Lindet á lo que tenia relacion
con el partido de los que habían sufrido, continué
diciendo: «Volved la libertad á los que por ódios,
«por pasiones, por yerro de los funcionarios pú-
blicos, ó por furor de los últimos conspiradores,


«llenan las cárceles públicas; volvédsela á los la-
Illbtioteca Popular.


T. 481




478 REVOLUCION
obradores ó comerciantes , á los parientes de la
«herOiea juventud que defiende la patria. Las ar-


tes han sido perseguidas, cuando por ellas habeis
«aprendido á forjar el rayo , cuando por ellas ha
«servido el arte de los Mongolfier para guiar la
«marcha de los ejércitos, cuando por ellas se pre-
miaran y purifican los metales , y los cueros se
«curten, adoban y hacen servibles en ocho días.
«Protegedlas, socorredlas, que todavía hay muchos
«hombres útiles eu los calabozos.»


Despues trazó Roberto Lindet el cuadro del
estado agrícola y comercial de la Francia, demos-
trando las calamidades que resultaban de los asig-
nados, del li¿ét:ri111.20i, de las requisas y de la inter-
rupcion de comunicaciones con el estrangero. «El
«trabajo, decia, ha perdido mucho; lo uno porque
«se han trasladado á las fronteras millon y medio
«de hombres, despues de haberse sacrificado otros
«á la guerra civil, y últimamente porque los ani-
«mos distraidos con las pasiones políticas han des-
«atendido susacostumbradas ocupaciones. Muchas


«tierras hay descuajadas, pero otras muchas olvi-
«dadas. No se trilla el trigo , ni se hila la lana, y


•«los cultivadores no han curado el lino ni agra-


«mado el cáñamo. Procuremos disipar tantos y tan
«diversos males, y demos la paz alas grandesciu-
«dades marítimas é industriosas. Déjese de denlo-
«ler á. Lyon los habitantes de Nantes , Burdeos,




«Marsella y Lyon volverán á emprender sus traba-
«jos si hay paz, prudencia y olvido. Revoquemos
«las leyes destructoras del comercio , dando cir-
«culacion á los géneros, y permitamos esportar
e para que nos traigan de fuera lo quenecesitamos.
«Que las ciudades y departamentos dejen de que-


FRANCESA.
479


«jarse del gobierno, el cual , segun su sentir , ha
«agotado sus recursos en materia de subsisten-




«cías, no ha observado proporciones bastante exac-
atas y ha cargado con desigualdad el gravamen
«de las requisas. Que no puedan los quejosos vol-
«ver la vista á la situacion, declaraciones v soli-
citudes de sus conciudadanos de otros distritos!


«Oirian entonces las mismas quejas , las mismas
«reclamaciones yla misma energía, inspiradas por
«el sentimiento de unas necesidades mismas. Re-
«cobremos la tranquilidad de ánimo, y volvamos
«al trabajo de los campos , restituyendo á los ar-
tesanos sus talleres v sus tierras á los labradores,


«y esforcémonos principal mente en restablecer entre
«nosotros la uniony la confianza, dejando de echar-
«nos en cara nuestras desgracias y desaciertos.¿ He-
«mos sido mas ni podido ser lo que hubiéramos queri-
«do? Todos nos hemos arrojado á la misma senda;
«los unos han peleado cuerda y denodadamente, los
«otros se han precipitado en su tempestuoso en-
tusiasmo contra todos los obstáculos que que-


«rian desvanecer y destruir. ¿Quién podrá pregun-
tarnos ni pedirnos cuenta de movimientos que


«es imposible preveer ni dirigir? La revolucion es-
«t> hecha, y es obra de todos. ¿Qué generales ó
«soldados han practicado nunca en la guerra lo que
«debian, ó sabido detenerse en el punto donde hu-
«hiera querido verlos Suspensos el frio y tranquilo
«raciocinio ? ¿No nos hallábamos en guerra contra
«los mas innumerables y temibles enemigos?¿No ir-


ritaron algunos reveses nuestro denuedo, é infla-
«maron nuestra cólera? ¿Qué nos ha sucedido que
«no suceda á todos los hombres que se hallan á muy
«larga distancia del ordinario rumbo de la vida?»




180 anvoLucioN


Con innumerables aplausos fué recibido este
snforme tan sabio é imparcial sin que nadie dejase
aprobar los sentimientos que encerraba, y hubie-
ra sido de desear que todo el mundo hubiese par-
ticipado de ellos. Lindet propuso luego una serie
de decretos que se aceptaron como su informe, y
aprobaron inmediatamente.


Por el primero quedaba encargada la comi-
sion de seguridad general y los representantes en
comisiones, de examinar las reclamaciones de los
labradores, comerciantes, artistas, padres y ma -
dres de los ciudadanos residentes en el ejército, y
de los que estaban ó tenian parientes en las pri-
siones. Por el segundo, los A y untamientos y ¡un-
tas de las secciones , dehian motivar su negativa
cuando no concedian certificados de civismo ; sa-
tisfacciones que se daban á los que se dolían ince-
santemente del terror, creyendo verle renacer. El
tercer decreto mandaba que se redactase una íos-
truccion moral, con objeto de recomendar el amor
al trabajo y las le yes, de ilustrar á los ciudadanos
en los principales acontecimientos de la revolu-
cion, y destinada á leerse al pueblo en las fiestas
de la década. Finalmente el cuarto decreto , ores-
cribia un proyecto de escuela normal para formar
profesores jóvenes, y diseminar asi la instruccien
y las luces por la Francia toda.


A estos decretos acompañaban otros muchos,
ordenando á las comisiones de Hacienda y Co-
mercio, que examinasen á la mayor brevedad:


1. 0 Las ventajas de la libia esportacion de los
objetos de lujo; con condicion de hacer entrar su
valor en Francia , en mercancías de toda es-
pecie:


FRANCESA.
484


2.° Las ventajas ó desventajas de la libre es-
traccion del sobrante de géneros de primera nece-
sidad, bajo la condicion de devolucion y otras
formalidades:


3.° Los medios mas favorables para poner en
circulacion las mercancías destinadas á los pue-
blos rebeldes, y embargadas:


4.° Ultimar:lente, las reclamaciones de los co-
merciantes que en virtud de la ley del secuestro,
estabanubligados á depositar en las cajas del dis-
trito las sumas que debían á los estrangeros , con
quienes se hallaba en guerra la Francia.


Ya se echa de ver que estos decretos satis-
facian á los que se quejaban de haber estado per-
seguidos, y comprendian algunas providencias
capaces de mejorar el estado del comercio. Uni-
Lamente el partido jacobino no tenia decreto al-
guno respecto á sí , mas tampoco lo necesitaba,
porque ni había sido perseguido ni encarcelado,
solo se le habia privado del poder , y por lo
tanto ninguna indemnizacion había que darle. Lo
que podía hacerse era tranquilizarle por la mar-
cha del gobierno, y con este objeto estaba hecho
y escrito el informe de Lindet, de modo que el efec-
to de éste y de los decretos adjuntos fué de los
mas favorables para todos los partidos.


Restituyóse al parecer la calma, y al dia si-
guiente, último dia del año, y quinta descamisada
del Il (21 del -7M) se celebró la fiesta mandada,
tanto tiempo hacia, para colocar á Marat en el
Panteon , y sacar de él á Mirabeau ; pero ya no
estaba conforme con el estado de las opiniones ni
de los ánimos. Marat no era ya tan santo, ni Mira -
bea.0 tan culpable , para que se tributasen tan




182 REVOLUCION


grandes honores al sangriento apóstol del terror
y se tratase con tanta ignominia al orador mas
grande de la revolucion. Pero para no alarmar á
la Montaña y evitar las aparienoias de una reac-
cion demasiado repentina, no se suprimió la tiesta.
En el dia señalado se trasladaron con gran pompa
al Panteon los restos de Marat, y fueron ignominio-
samente sacados por una puerta lateral los de Mi-
rabean.


Asi aquella autoridad que en otro tiempo go-
zaron los jacobinos y montañeses, se hallaba á la
sazon en manos de los partidarios de Danton y Ca-
milo Desmoulins , y en las de los indulgentes,
que eran los termidorianos; pero sin embargo, es-
tos, aunque procuraban reparar los males causa-
dos por la revolucion, aunque ponian en libertad
á los sospechosos, v se esforzaban en dar cierta
libertad y seguridades al comercio, miraban aun
con deferencia á la Montaña, á quien habian des-
poseib ,y colocaban á Marat en el sitio de que
privaban á Mirabeau.


CAPiTULO


Vuelven á principiarse las operaciones militares. Rendicion de
Condé. Valenciennes, Landrecics y el Quesnoy. Desaliento de
los aliados.—Batallas del Ourthe y del Roer.—Paso del Mesa.—
Ocupacion de toda la linea del Rin.—Situacion de los ejércitos
en los Alpes y en los Pirineos. Victorias de los franceses en todos
los puntos.—'Estado de la Vendée y de la Bretaña ; guerra de los
t.:imanes. Puisave, principal agente de los realistas en Bretaña...._
Relaciones del partido realista con los principes franceses y es-
trangeros.Intrigas en el interior ; papel de los principales emi-
grados.


Sehabian suspendido á mediados de la estacion
las operaciones militares, permaneciendo en reposo
nuestros dos grandes ejércitos del Norte y del
Sarnbre y Alosa que entraron en Bruselas en ter-
midor (julio), dirigiéndose despues el uno á Ambe-
res y el otro al Alosa, esperando que se recobrasen
las plazas de Landrecies, Ouesnov, Valenciennes y
Conde, perdidas en la anterior campaña. El gene-
ral Michaud se hallaba ocupado en el Rin en reor-
ganizar su ejército, para reparar el descalabro de
Kayserlautern, y aguardaba un refuerzo de quince
mil hombres, sacados de la Vendée. Los ejércitos
de los Alpes y de Italia, que se hablan hecho due-
ños de la gran cordillera, acampaban eu las altu-
ras de los Alpes, aguardando la aprobacion de une




481 RFSOLUCION *. n
plan de invasion, propuesto, sep,ruu se decia, por
el O yen oficial que habrá decidido la toma de 'ro-
len y las líneas de Saorgio. Dugornmier, despees
de sus últimos triunfos en Bulá, en los Pirineos
orientales, se había detenido largo tiempo para
tomar á Colibre, y sitiaba á la sazon á Bella-Guar-
dia. El ejército de los Pirineos occidentales se
estaba organizando todavia y esta larga inaccion
que reinó en medio de la campaña, y que debe
imputarse á los sucesos del interior y á malas
combinaciones, hubieran podido perjudicarnos, si
el enemigo hubiese sabido aprovecharse de ella;
pero reinaba tal desavenencia entre los coliga-
dos, que no sacaron partido de nuestro error,
el cual solo produjo un poco detardanza en la mar-
cha estraordinaria de nuestras victorias.


Era en efecto un error notabiesemejante inac-
cion en Bélgica, en los alrededores de Amberes, y
en las orillas del 'Alosa, porque el mejor medio de
acelerar la toma de las cuatro plazas perdidas, hu-
biera sido alejar siempre mas á los grandes ejérci-
tos que podian darles socorro, v aprovechándose
del desórden en que. había puesto á los coligados la
victoria de Fleurus y la retira la que se siguió, lle-
gar con mas facilidaa'y en menos tiempo á, las ori-
llas del Rin. Por desgracia se ignoraba aun el
gran arte de aprovecharse de la victoria, arte el
mas raro de todos, porque supone no ser única-
mente el fruto de un ataque feliz, sino el resulta-
do de vastas combinaciones. Para abreviar la ren-
dicion de las cuatro plazas die la Convencion
un formidable decreto, a la manera de todos
los que se publicaron desde el pradial hasta
el termidor. Fundándose en la razon de que los


FRANCESA.
485


aliados ocupaban cuatro plazas francesas, y de
que todo es permitido para alejar de su casa á un
enemigo, decretó que si veinte y cuatro horas des-
pues de la intimacion, no se rendian las guarni-
ciones enemigas, serian pasadas á cuchillo. Uní-
c,ainente se rindió la guarnicion de Landrecies, y
el comandante de Conde. dió esta hermosa res-
puesta: que ninguna nacion tenia derecho para de-
cretar la deshonra do otra. El Quesnoy y Valencien-
ues continuaban defendiéndose; v notando la co-
mision la injusticia de semejante decreto, usó de
un ardid para impedir su ejecucion, y al mismo
tiempo para evitar á la Convencion el trabajo de
anularlo. Supuso que no habiéndose notificado el
decreto á los comandantes de las tres plazas, es-
tos le ignoraban, y antes de advertírselo, mandó
al general Scherer que activase los trabajos para
hacer imponente la intimacion, y legitimar asi la
capitulacion por parte de las guarniciones enemi-
gas. Ea efecto Valenciennes se rindió el 12 de
fructidor (29 de agosto) y Conde y el Quesnov en
los días siguientes. Recobramos, liues, estas razas
que tanto habian costado á los aliados durante, la
anterior campaña, y el enemigo no conservó punto
alguno de nuestro territorio en los Paises Bajos,
quedando dueños por el contrario nosotros de to-
da la Bélgica hasta el Alosa y Amberes.


AcababaMoreau de conquistar las Esclusas, in-
corporándose en la linea, y Scherer habia enviado
la brigada Osten á Pichegrú, uniéndose á Jourdan
con su division. Gracias á esta reunion, el ejérci-
to del Norte al mando de Pichegrú, ascendía á mas
de sesenta mil hombres sobre las armas, y el del
Alosa al deJourdan, á ciento diez y seis mil. Agota-




186 REVOLUCION
da la hacienda por los esfuerzos que hacia hecho
para equipar estos ejércitos, apenas podia sumi-
nistrarles lo que necesitaban, y al efecto se hacían
requisas cuerdamente y con las mas honrosas vir-
tudes militares. Los soldados solian pasarse hasta
sin lo necesario, no acampando ya en tiendas, si-
no bajo las ramas de los árboles. Los oficiales sin
sueldo, ó pagados con asignados, vician como el
soldado, comían el mismo pan, y marchaban á pié
como él con la mochila á la espalda. El entusiasmo
republicano y la victoria sostenian estos ejércitos
los mas juiciosos y valientes que ha habido jamás
en Francia.


Los aliados se hallaban en el mayor desórden.
Los holandeses, mal sostenidos por sus aliados los
ingleses, y dudando de su buena fé, se hallaban
consternados, formando un cordon delante de sus
plazas fuertes para tener tiempo de ponerlas en es •
talo de defensa, lo cual hubiera debido efectuarse
mucho tiempo hacia. El duque de York, tan igno-
rante como orgulloso, no sabia el medio de ser-
virse de sus ingleses, ni se decidia á cosa alguna
retirándose hacia el bajo Mosa V. el Rin, y estendien-
do sus alas ya hacia los holandeses, ya hacia los
imperiales. Sin embargo, reunido con los holande-
ses, hubiera podido disponer aun de cincuenta
mil hombres, é intentar contra los flancos de uno
de los dos ejércitos, el del Norte óel del Mosa, uno
de aquellos audaces movimientos que el general
Clerfayt en el siguiente año, y el archiduque Car-
los en 1796, supieron ejecutar con oportunidad y
oloriade que mas adelante dió un ()Tan capitan


.


•c


memorable ejemplo. Atrirrlerados los austriacos
á lo largo del Mosa desde la embocadura del Roer


PRANCESA.
187


hasta la del Ourthe, se hallaban desalentados por
sus pérdidas, y faltos de las precisas provisicnes.
El principe de Coburgo, totalmente desacreditado
por su última campaña, cedió el mando á Clerfayt,
el mas digno de ocuparlo entre todos los genera-
les austriacos. No era tarde aun para acercarse el
duque de York, y obrar en masa contra uno de
los dos ejércitos franceses, pero solo se pensaba ea
guardar el Mosa. El gabinete de Lóndres, alarma-
do por la marcha de los sucesos, envió muchos co-
misionados para escitar el celo de la Prusia, para
reclamar por su parte la ejecución del tratado de
la Raya, y para obligar al Austria con promesas de
auxilio a defender vigorosamente la línea que ocu-
paban aun sus tropas. En Maestricht se verificó una
reunion de ministros y generales ingleses, holan-
deses y austriacos, y se acordó defender las ori-
llas clelMosa.


Par fin se babian vuelto a poner en movimien-
to los ejércitos franceses en los primeros días de
setiembre, adelantándose Pichegrñ desde Ambe-
res á la embocadura de los ríos, y fue precisamen-
te cuando los holandeses cometieron el error de
separarse de los ingleses. Colocáronse en número
de veinte mil hombres entre Berg- op-Zoom, Bre-
da y Gentruydemberg, dando la espalda al mar, en
una posicion que no les permitía cubrir las plazas
que intentaban. El duque de York se retiró con
sus ingleses y hannoverianos hasta Bois-le-Duc,
uniéndose con los holandeses por medio de una ca-
dena de puntos que el ejército francés podía to-
mar en cuanto se presentara. Pichegrú picó la re-
taguardia del duque de York en Boxtel á orillas
del Domine], envolvió á dos batallones y les hizo


47




188 REVOLUCION
prisioneros. lsiguientedia encontró en las orillas
del Aa al general Abercrombie; le hizo tambien
prisioneros, continuó rechazando al duque de
York, que se apresuró á pasar el Mosa por Grave,
á favor da la artillería de la plaza. Piche,grú hizo
en esta marcha mil y quinientos prisioneros, lle-
gando á orillas del Mesa el din de la segunda des-
camisada (18 de setiembre).


Entretanto se adelantaba Tourdan por su lado
preparándose á pasar el Mesa, rio que tiene dos
confluencias principales, el °utile, que desagua ea
él cercade Lieja, y el aner hacia Ruremonde. Es-
tas dos confluencias forman dos líneas que sepa-
ran el pais entre el Mesa y el Rin, y que deben su-
cesivamente ganarse para llegar á este último rio.
Dueños los franceses de Deja habian pasado el
Mesa, y venido á colocarse va enfrente del Ourthe
costeando el primero desde Lieja a Maestricht, y
el Ourthe desde Lieja á Comblaine-au-Post, y
formando un ángulo cuyo vértice era Lieja: Cler-
fayt habia colocado su izquierda detrás del Ourthe
en las alturas de Sprimont, que están á un lado 4,
,z,uarnecidaspor el ()tulle, y por otro del Avvaille,
penetrando este en el Ourthe. El general Latour
mandaba en este punto á los austriacos. Jourdan.
ordenó á Seherer que atacase la posicion de Spri-
mont por la parte del A.yvaille, mientras el gene-
ral Bonnet debia dirigirse alli atravesando el
Ourthe. El dia de la segunda descamisada (18 de
setiembre), Scherer dividió su gente en tres co-
lumnas, mandadas por el general Marc.eau, Mayer
y limita, y se dirigióhácia la orilla del A.yraille,
que corre por una profunda cañada entre dos es-
carpadas orillas. Dieron ejemplo los mismos gene-


FRANCESA.
489


rales entrando en el agua, y llevaron en pos á los
soldados á la orilla opuesta, á pesar del fuego de
una formidable artillería. Latour había permane-
cido inmóvil en las alturas de Sprimont, preparán-
dose á dar contra las columnas francesas asi que
hubiesen pasado el rio. Pero apenas salvaron es-
tas la escarpada orilla, cuando se precipitaron so-
bre la posicion sin dar tiempo á Latour para pre-
venirse. Le atacaron fuertemente,


mientras el ge-
neral Moquita le flanqueaba la izquierda, y el ge-
neral Ilonnet, pasando el Ourthe, seguía su reta-
guardia. Latour se vió entonces obligado á aban-
donar su posicion, y retirarse al ejército imperial.


Este combate tan bien concebido como perfec-
tamente ejecutado, era a un tiempo honroso para
el general en Trefe y para el ejército. Nos die
treinta y seis piezas de artillería, cien arcones, y
causó al enemigo mil quinientos hombres de pér-
dida entre muertos y heridos, obligando á Clerfavt
á dejar la línea del y Temia efectivamente
este general, viendo batida su izquierda, que le
cortasen la retirada á Colonia, y por lo tanto aban-
donó las orillas del Mosa y del Ourthe replegán-
dose á Aquisgran.


No quedaba á. los austriacos mas que la línea
del llocr, v ocuparon este rio desde Dueren y Ju-
liers basta'su embocadura en el Mosa, es decir has-
ta Ruremonde. Habian cedido de este último río
todo lo que se halla desde el Ourthe al Roer entre
Lieja y Ruremonde, y no les quedaba mas que el
espacio de Ruremonde á Grave, por cuyo punto se
unían con el duque de York.


Era el Roer la línea que necesitaba defenderse
bien gara no perder la orilla izquierda del Rin.




490 REVOLUCION


Clerfavt concentró todas sus fuerzas en las már-
genes 'del Roer entre Dueren, Juliers y Linnich.
hacia mucho tiempo que 'labia mandado practi-
car considerables -obras para asegurar su linea, y
colocado cuerpos avanzados mas allá del Roer en
la llanura de Aldenhoven, guarnecida de atrinche-
ramientos ; en seguida ocupaba la línea del Roer y
sus escarpadas orillas, y se hallaba acampado de-
trás de esta línea con su ejército y numerosa ar-
tillería.


El dia,10 de vindemario, año III .° de octu-
bre de 4791), se halló Jourdan á la vista del ene-
migo con todas sus fuerzas. Mandó al general Sc-
rer, comandante del ala derecha, que se dirigiese
á Puerco, pasando el Roer por todos los puntos va-
deables: al general Ilatrv que atravesase por M-
trop hacia el centro de la posicion: á las divisiones
Championnet y Morlot, apoyadas por la caballería,
que se apoderasen de la llanura de Mdenhoven, co•
locada delante del Roer, despejarla, atravesar el
rio y cubrir á Juliers para impedir que los flanquea-
sen los austriacos ; al general Lefebre apoderarse
de Linnich , v atravesar todos los vados que hu-
biese en los alrededores. Finalmente á Kleber que
se hallaba por la embocadura misma del rio , su-
birle hasta Ratero , y pasarle por este punto mal
defendido, para cubrir las operaciones por la par-
te de Ruremonde.


Al dia siguiente, 44 de vendimiario , se pusie-
ron los franceses en movimiento en toda la línea; y
empezaron á marchar á un mismo tiempo con un
Orden y regularidad dignos de tropas veteranas,
cien mil jóvenes republicanos , no habiéndoseles
visto jamás en tanto número en un mismo campo de


FRANCESA.
494


batalla. Se adelantaban hacia el Roer, blanco de sus
esfuerzos, mas por desgracia distaban aun mucho
de este punto y no lle n aron á él hasta el medio
dia. Segun la opinion de los enemigos, el general
no habla cometido mas que una falta; la de tomar
por punto de partida uno muy distante del de ata-
que, y no emplear un dia en acercarse á la línea
enemiga. El general Schercr encargado de la de-
recha, dirigió sus brigadas por los diferentes pun-
tos del Roer , y mandó al general Hacquin que le
pasase por muy arriba, y por el vado de Winden,
con el objeto de envolver por el flanco izquierdo al
enemigo. Eran las once cuando tomó estas provi-
dencias, y Hacquin empleó mucho tiempo en dar la
vuelta que se le 'labia indicado. Scherer esperaba
que hubiese llegado al punto señalado para meter
sus divisiones en el Roer, y asi (lió tiempo á Cler-
favt para disponer todos sus medios á lo largo de
las alturas de la orilla opuesta. Eran las tres , y
Scherer no queriendo a guardar mas, puso en mo-
vimiento sus divisiones. Marceau se arroja al agua
con su tropa, y pasa por el vado de Mirveiller; lo
mismo hace Lorges, dirigiéndose á Dueren, de cu-
yo punto desaloja al enemigo despues de un san-
griento combate. Los austriacos abandonan por un
instante á Dueren, pero retirándose atrás, vuelven
inmediatamente con considerables fuerzas , y en-
tonces se precipita Marceau sobre Dueren , para
sostener la brigada de Lorges. Mayer que 'labia
pasado el Roer un poco mas arriba, por iedereau,
y que acaba de ser recibido por una artillería mor-
tífera, retrocede tambien hacia Dueren , donde se
concentran entonces todos los esfuerzos. El enemi-
go, que no 'labia empleado aun mas que su van-




492 REVOLUCION
guardia, se habia colocado detrás de las alturas con
sesenta piezas, y empleándolas al momento , en-
vuelve á los franceses en un diluvio de metralla y
balas. Resisten nuestros jóvenes soldados a poya-
dos por sus generales; mas por desgracia no se pre-
senta aun Ilacquin al flanco izquierdo del enemi-
go, maniobra con que se esperaba ganar la ba-
talla.Al mismo tiempo se estaban batiendo en el cen-
tro sobre la llanura avanzada de Aldenhoven , en
cuyo punto habian penetrado los franceses á la ba-
yoneta; y su caballería desplegada allí , recibió y
dio repetidas cargas. 'Viendo los austriacos forza-
do el Roer por la parte inferior y superior de Al-
denhoven, habian abandonado esta llanura y reti-
J'adose á Juliers, al otro lado del rio. Championnet
que los habla seguido hasta la orilla del foso , ha-
cia luego , v era contestado por la artillería de la
plaza. En Linnich habia Lefebre rechazado á los
austriacos y llegado al Roer; pero habiendo halla-
do quemado el puente , se ocupaba en reponerlo.
En Ratero encontró Kleber algunas baterías rusas,
y les contestó con un terrible fuego de artillería.


Consistia , pues , la accion decisiva en el lado
derecho hacia Dueren, donde se hallaban reunidos
Marceau, Lorg es y Mayer, que esperaban todos el
movimiento ee lIacquin: Jourdan habla ordenado a
[kan, retroceder á Dueren en vez de pasar el rio
por iltorp; pero era muy largo aquel espacio pa-
ra que esta columna pudiese llegar á tiempo al
punto decisivo. Por fin se presenta llacquin a las
cinco de la tarde por el lado izquierdo de Latour, y
los austriacos entonces , viéndose amenazados en
su izquierda por Ilacquiá y por Lorges , Marceau


FRANCESA. 493
y Maver á su frente, resuelven retirarse y replegar
Su ala' izquierda, que era la misma que había peleado
en Spriniont. Kleber les amenaza con un movi-
miento osado Por su estremidad derecha, y siendo
muy pequeño el puente que habia querido reponer,
piden los soldados los deje arrojarse al rio. Para
sostener su entusiasmo, reune Kleber toda la arti-
llería y la asesta contra el enemigo que se hallaba
en la orilla opuesta ; viéndose entonces precisados
los imperiales a retirarse hacía este punto , aban-
donando todos los restantes, y ademas el Roer, con
pérdida de ochocientos prisioneros, y tres mil hom-
bres fuera de combate.


Al dia siguiente por la mañana se hallaron los-
franceses con Juliers evacuado , y pudieron pasar
el Roer por todos los puntos. Tal fué la importan-
te batalla á que debimos la definitiva posesion de.
la orilla izquierda del Rin, siendo una de las que
mas digno hicieron al general Jourdan , el recono-
miento de su patria y aprecio de los militares. Sin
embargo, los críticos le han tildado de que no to-
mase un punto de partida mas próximo al de ata-
que, y de no haber dirigido el grueso de sus fuer-
zas á Mipveiller y Dueren.


Clerfav t tomó el camino real de Colonia , y si-
guiéndole'Jourdan, ocupó esta ciudad el 43 de vin-
(temario (6 de octubre): el 20 del mismo se apode-
ré de Bonn. Kleber pasó con Marescot á poner sitio
á Maestrich.


Mientras que Jourdan cumplia tan denodada-
mente con su cargo y tomaba posesion de la im-
portante línea del Rin , Pichegró por su parte se
disponía a atravesar el liosa para aproximarse en
seguida á Wahal, brazo principal del Rin hacia su


Biblioteca popular.
T. IV. 482




191 REVOLUCION


embocadura. El duque de York , como ya hemos
referido, 'labia pasado el Mosa por Grave, abando-
n.ando á Bois le Dile á sus propias fuerzas, y,de es-
te punto debla apoderarse Pichegrú antes 'de in-
tentar el paso del Mosa, lo cual no era muy . fácil en
aquella estacion , y careciendo de suficientes ma-
teriales para el sitio; no obstante todo lo hacia po-
sible la audacia de los franceses el desaliento de
los enemigos. Rindióse el fuerte de .Crevecceur cer-
ca del Mosa , amenazado por una batería puesta
oportunamente en un punto donde el enemigo no
m'ola que puliese establecerse. Los materiales que
se encontraron en él sirvieron para ,estrechar el si-
tio de Bois leDuc, hasta que intimidado el 'gober-
nador por cinco asaltos consecutivos, rindió la pla-
za el 19 de vendimario (10 de octubre), !triunfo
inesperado que proporcionó á los franceses un só-
lido apoyo y considerables municiones para pro-
seguir sus operaciones al otro lado del Alosa y has-
ta las orillas del M'ald.


Moreau, que formaba la derecha, se había ade-
lantado hasta Venloo despees de las victorias del
Ourthe y del Roer; y temiendo el duque de York
este movimiento, retiró todas sus tropas al otro la-
do del Wahal, abandonando todo el . espacio com-
prendido entre el Mosael \Valla' (5 . ell Rin; pero
viendo que el Grave (en' el Mosa) iba á quedar sin
comunicacion ni apoyo, volvió á pasar el Wahal y
trató de defender el espacio comprendido entre
ambas corrientes. El terreno , como sucede siem-
pre en la embocadura de los grandes ríos, •era mas
bajo que el cauce de las aguas, y mfrecia estensas
praderas , atravesadas por canales y calzadas, ó
:inundadas por algunas partes. El general liam-


FRANCESA.
495


merstein, colocado entre el Alosa y el Wahal , ha-
bía aumentado la dificultad del paso cortando los
caminos, cubriendo de artillería los diques , y po-
niendo en los canales puentes que debia destruir
su ejército al retirarse. El duque de York á cuya
vanguardia iba, estaba situado detras en la orilla
del Wahal y campo de Nimega.


En los dias 18 y 19 de octubre mandó Piche-
grá que dos de sus divisiones atravesasen el
Alosa por un puente de barcas. Los ingleses, pro-
tegidos por la artillería de Nimega, y la vanguar-
dia de Ilammerstein, colocada á lo largo de los ca-
nales y diques, se hallaban mu y


distantes para
impedir este paso • y el resto del ejército desem-
barcó en la otra orilla protejido por estas dos di-
visiones. El día 28 decidió Pichegró atacar todas
las fortificaciones que cubrian el espacio compren-
dido entre el liosa el Wahal, y al efecto envió
cuatro columnas , formando un cuerpo superior al
del enemigo, á aquellas praderas inundadas y cor-
tadas por canales. Los franceses despreciaron el
fuego de artilleria con un valor estraordinario; des-
pues se arrojaron á los fosos con el agua hasta los
hombros , mientras los tiradores sostenian desde
las orillas el fuego por encima de sus cabezas. Hu-
yó amedrentado el enemigo tratando solo de sal-
var su artilleria, y fué á refugiarse al calmo de Ni-
mega, en las orillas del Wahal, donde los france-
ses iban á provocarle todos los dias.


Asi habian llegado por fin los franceses en 'lo-
landa y el Luxemburgo á aquella formidable línea
del Rin que la naturaleza parece haber puesto por
límite á su hermosa patria, y que han anhelado
tenerla siempre por frontera. Es verdad que Pi-


.




196 AEVOLUCION
chegrd detenido por Nimega, no era dueño aun de
la corriente del Wahal, y si pensaba en conquistar
la Holanda, se hallaba 'en frente con multitud de
corrientes, plazas fuertes, inundaciones y con una
estacion muy cruda; pero se acercaba al límite de-
seado, y con alguna audacia, podia entrar en Ni-
mega, ó en la isla del Bommel, y establecerse sóli-
damente sobre el Wahal. Moreau , llamado el ge-
neral de los sitios , acababa de entrar en Venia°,
por un movimiento atrevido, v Jourdan se hallaba
ventajosamente situado sobre 'el Rin. A lo largo del
Mosela y de la Alsacia los ejércitos acababan tam-
hien de llegar hasta aquel gran rio.
- Desde que sufrieron el revés de Kayserlautern,
los ejércitos del Mosela y alto Rin, mandados por
Michaud , habian pasado el tiempo en reforzarse
con destacaineutos sacados de los Alpes y la Yendée.
El 14 de mesidor (2 de julio), se intentó un ataque
en toda la línea desde el Rin hasta el Mosela, en las
dos vertientes de los Voseos, cuyo ataque por de-
masiado dividido, no produjo niogun efecto. El 25
de mesidor (13 de julio) se hizo otra tentativa con
mejores principios. Se !labia hecho el principal es-
fuerzo contra el centro de los Vosgos con el objeto
de apoderarse de los pasos, y el resultado habla
sido, como siempre, la retirada general de los ejér-
citos aliados al otro lado de Franckenthal. La co-
mision ordenó entonces se hiciese una llamada por
Tréveris, de cu y o punto se habían apoderado para
castigar al elector, y por 'este movimiento se halló
un cuerpo principal encerrado cutre los ejércitos
imperiales del bajo Rin , y el prusiano de los Vos-
gos, sin que pensasen estos en aprovecharse de es-
ta ocasion; mas los prusianos valiéndose por fin de


FRANCESA.
497


la disminucion de, nuestras fuerzas hacia Kayser-
lautern , nos habian atacado otra vez de repente v
llevádonos detras de este punto. Por fortuna aca-
baba Jourdan de triunfar en el Roer, y Clerfayt de
repasar el Rin por Colonia. Entonces va no tuvie-
ron valor los coligados para permanecer en los
Yosgos, y se retiraron abandonándonos todo el Pa-
latinado. c dejando una fuerte guarnicion en Ma-
guncia. Qiiedabales, pues, únicamenteLuxemburgo
y Maguncia en la orilla izquierda, y la comision or-
denó se bloqueasen inmediatamente. Llamóse á
Eicher desde la Bélgica á Maguncia, para mandar
el sitio de esta plaza , que ayudó á defender en
4793, y donde comenzó su celebridad. Por manera
que nuestras conquistas se estendian á todos los
puntos, y todas tocaban al Rin.


En los Alpes !labia continuado la inaccion, que-
dándonos la grande cordillera. Se adoptó el plan
de invasion, hábilmente concebido por el general
Bonaparte, y comunicado á la comision por general
pierre el ¡oven, que se hallaba comisionado en el
ejército de Italia. Consistía en reunir los dos ejér-
citos de los Alpes é Italia en el valle de Stnra, para
invadir el Piamonte; y . aunque se dieron las órde-
nes para marchar, luego que aconteció el 9 de ter-
midor se suspendió la ejecucion. Los comandantes
de las plazas que se habian visto obligados á ceder
parte de sus guarniciones, los representantes , los
ayuntamientos y todos los partidarios de la reac-
cion, pretendieron que este plan se encaminaba á
perder el ejército, arrojándole al Piamonte, á fran-
quear Tolon á. los ingleses, y á servir á los ocultos
designios de Robespierre..tuan-Bon-Saint-André,
especialmente, que !labia sido enviado á Tolon para


411




498 REVOLUCION
reparar su marina, y que tenia proyectos sobre el
Mediterráneo, se mostró uno de los mas tenaces
adversarios del plan. llast.a acusaron al jóven Bo-
naparte de que era cómplice de los Robespierres,
por la confianza que habian inspirado al mas joven
de los dos hermanos sus conocimientos y proyec-
tos. El ejército pasó desordenado á la gran cordi-
llera, donde volvió á tomar sus posiciones ; sin em-
bargo, la campaña terminó con una extraordinaria
ventaja. Acordes con los ingleses , los austriacos
quisieron hacer una tentativa sobre Savona, para
cortar la comunicacion con Génova, que por su
neutralidad hacia grandes servicios al comercio de
subsistencias. El general Colloredo se adelantó con
un cuerpo de ocho á diez mil hombres , y no acele-
rando lo bastante su marcha, dió tiempo á los fran-
ceses para prevenirse. Sorprendido en medio de las
montañas por los franceses , cuyos movimientos
mandaba el general Bonaparte, perdió ochocientos
hombres, y se retiró vergonzosamente acusando á
los ingleses, que tainbien por su parte le atribuían
el mal éxito de su tentativa. Restablecióse, pues, la
comunicacion con Génova, y el ejército quedó con-
solidado en todas sus posiciones.


En los Pirineos habla vuelto á principiar el
curso de nuestros triunfos y Dugommier seguía si-
tiando á Bella-Guardia, queriendo apoderarse de
esta plaza antes de bajar á Cataluña. El conde de
la Union intentó socorrer á los sitiados por medio
de un ataque general contra la línea francesa, tuvo
que alejarse; y mas animada que nunca la plaza con
la derrota del ejército español, se entregó el 6 de
vindemario (27 de setiembre). Dugommier, entera-
mente asegurado por su retaguardia, se disponía


PRINCESA. 191
penetrar en Cataluña, mientras en los Pirineos oc-
cidentales, saliendo por fin de la inaccion los fran-
ceses, acababan de invadir el valle del Bastan, to-
mar á Fuenterrabía v San Sebastian, y gracias al
clima de este pais, s'e preparaban, como en los Pi-
rineos orientales, á llevar adelante sus triunfos á
pesar de la proximidad del invierno.


Continuaba la guerra en la Vendée si no muy
viva ni peligrosa, por lo menos lenta y asoladora.
Stofflet, Sapinaud y Charette se habiari por lin re-
partido el mando, y desde la muerte de Larochejac-
quelein le sucedióStoffiet en el Anjou y Alto Poi-
tou. Sapinaud habla conservado siempre la peque-
ña division del centro, y Charette, célebre por la
campaña del último invierno, en que con fuerzas
casi aniquiladas habla logrado sustraerse . á la per-
secucion de los republicanos, mandaba en la Ven-
dée baja, pero ambicionaba el bastan de general
en gefe. Se habían reunido en Jallais, y convenido-
se á gusto de Bernier, cura de Saint-Laud, conse-
jero y amigo de. Stofflet, que gobernaba el pais en
su nombre. Era este cura tan ambicioso como Cha-
rette, y deseaba. una combinacion que le propor-
cionase el medio de tener sobre todos los gefes el
ascendiente que sobre Stofflet tenia. Conviniéronse
ea formar un consejo superior, por cuyas órdenes
se obraría en lo sucesivo y Stoflet, Sapinaud y Cha-
rette se confirmaron recíprocamente sus respectivos
mandos del Anjou, del centro y de la Vendée baja.
M. de Marigny, que hacia sobrevivido á la gran es-
pedicion vendeana sobre Granville, fué preso por
haber infringido una órden de este consejo, y Stof-
flet tuvo la crueldad de fusilarle por dictamen de
Charette, atribuyéndose á celos este acto de rigor,




200 REVOLUCION


que produjo una impresion funesta en todos los
realistas.


Como esta guerra no areola ningun resultado
posible, estaba reducida á una lucha devastadora,
en la cual habian establecido los republicanos cator-
ce campamentos atrincherados alrededor de todo
el pais rebelde, y desde estos campamentos salian
columnas incendiarias que al mando del general
Turreau, ejecutaban el formidable decreto de la
Convencion. Quemaban los bosques, los cercados,
los retamares y á veces los mismos pueblos; apo-
derándose de las mieses y ganados, y disculpándo-
se con el decreto que mandaba á todo habitante
entraño á la revolucion retirarseá veinte leguas del
pais rebelde, tratando como enemigos á todos los
que encontrasen. Los vendeanos que por la necesi-
dad de vivir no dejaban de cultivar sus campos en
medio de tan terribles escenas, resistian a esta
guerra, de modo que !a hacian eterna. Formaban
partidas de pronto á una señal de sus geles, se lan-
zaban á. las retaguardias de los campamentos y se
apoderaban de ellas; ó bien dejando penetrarlas co-
lumnas, las acometian cuando las veían internadas;
y si lograban desordenarlas, pasaban á cuchillo
hasta el último hombre. Despues se apoderaban de
las armas y municiones que ansiaban sobremanera,
y sin haber hecho nada para debilitar á un enemi-
go muy superior, empleaban únicamente los medios
de continuar esta guerra cruel.


Tal era el estado de los sucesos en la orilla iz-
quierda del Loira; mas en la derecha. esto es, por
aquella parte de la Bretaña comprendida entre el
Loira y el Vilaine, se 'labia formado nueva reunion
compuesta en gran parte de los restos de la co-


FRANCESA. 20t
lumna vendeana, destruida en Savenay, y de los
paisanos que habitaban en estas llanuras. Su trefe
era Al. de Scepeaux; y este cuerpo tenia poco mas
o menos la misma fuerza que el de M. de Sapinaud
uniendo la Vende con la Bretaña.


El teatro de guerra que ofrecia esta Ultima, era
muy distinto del que presentaba la Vendée, aun-
que no menos deplorable. Los atines, de que he-
mos hablado ya, eran contrabandistas á uuienes
babia dejado sin ocupacion la abolicion de los por-
tazgos; jóvenes que no habian querido entrar en
quintas, y algunos vendeanos escapados como los
de M. Scepeaux de la derrota de Savenav. Se en-
tregaban al robo entre las breñas y estensos bos-
ques de la Bretaña, particularmente en el monte de
Pertre, y no formaban como los vendeanos cuerpos
numerosos capaces de sostener la guerra, sino que
marchaban en partidas de treinta y cincuenta, de-
teniendo á los correos y diligencias, asesinando á
los jueces de paz, corregidores y empleados repu-
blicanos, y especialmente á los compradores de
bienes nacionales. Respectoá los queno eran com-
pradores sino arrendadores, iban á buscarlos y ha-
cian que les pagasen el tanto del arriendo Por lo
comun teniau cuidado de destruir los puentes, es-
tropear los caminos y romper el ene de los carros,
para impedir el trasporte de subsistencias á las
ciudades. Amenazaban terriblemente á los que lle-
vaban géneros é los mercados, y ejecutaban estas
amenazas saqueando é incendiando sus propieda-
des. No pudiendo ocupar el pais militarmente, que-
rian trastornarlo todo, impidiendo á los ciudadanos
que aceptasen ningun cargo de la república, casti-
gando la compra de bienes nacionales, y privando


e




202 REVOLUCION
de subsistencia á las ciudades. Reunidos en me-
nor número y sin tanta fuerza como los vendernos,
eran sin embargo mas temibles, y merecían indu-
dablemente el nombre de salteadores.


Tenian un gefe secreto á quien ya hemos nom-
brado, M. de Puisaye, individuo en otro tiempo de
la Asamblea constituyente. Se habla retirado á
Normandia despees del O de agosto, v megadose
como hemos visto, á la insurreccioli federalista;
hasta que despees de la derrota de Vernon, fué á
ocultarse á Bretaña, reuniendo en ella los restos de
la conspiracion de la Rouarie. A una suma inteli-
gencia y estraordinaria habilidad para congregar
los individuos de un partido, añadía mucha activi-
dad de cuerpo y ánimo, y una desmedida ambicion.
Puisaye considerando la posicion peninsular de la
Bretaña, la vasta estension de sus costas, la conli-
guracion particular de su terreno, cubierto de bos-
ques, montañas y guaridas impenetrables, conside-
rando especialmente la barbarie de sus habitantes
que hablaban una lengua estrangera v se hallaban
privados por lo tanto de toda comunicacion con los
demas habitantes de la Francia, sometidos total-
mente al inllujo de los clérigos, y tres ó cuatro ve-
ces mas numerosos que los vendeanos; Puisave,
decimos creia poder levantaren Bretaña una insUr-
recelen mucho mas formidable que /a que acaudi-
llaron los Cathelineau, los d' Elbée, los Boncharnp
y los Lescure. Ademas, la proximidad á. Inglaterra
y la casual mediacion de las islas de Jerse y y Guer-
nesey, le hablan inspirado el proyecto de hacer
concurrir á sus planes al gabinete de Lóndres, pues
no quería que el valor de los habitantes se consu-
miese en inútiles correrías, y trabajaba en organi-


FRANCESA.
203


zarlo de manera que pudiese tenerlo enteramente á
sus órdenes. Auxiliado por los clérigos, había he-
cho alistar á todos los que se hallaban en disposi-
cion de llevar las armas, en registros abiertos en
]as parroquias. Cada una de estas formaba una
compañía, cada cantan una division, y las divisio-
nes reunidas formaban cuatro principales , las
de Morviham, Finisterre, Costas del Norte, é
Ille-y-Vilaine, que dependian todas cuatro de una
junta central, representante de la suprema auto-
ridad del pais. Presidía Puisaye la cemision cen-
tral, como general en gefe, y por medio de aquellas
ramificaciones, hacia que llegasen sus órdenes á
todo el pais. Encargaba, mientras ponia en ejecu-
cion sus vastos planes, la menor hostilidad posible,
para no atraerse muchas tropas á Bretaña, y se
contentaba con reunir municiones, é impedir el
trasporte de comestibles á. las ciudades; pero los
chuanes, poco á propósito para el género de guer-
ra universal en que pensaba, se dedicaban parti-
cularmente á las correrías de que sacaban mas pro-
vecho, y se acomodaban mas á sus inclinaciones.
Puisaye se apresuraba en dar la última mano á su
obra, proponiéndose, acabado que hubiera de or-
ganizar su partido, pasar á Lóndres para entablar
negociaciones con el gabinete inglés y los prínci-
pes franceses.


Ya dijimos hablando de la precedente campa-
ña, que los vendeanos, no habian tenido trato aun
con los estrangeros, y que solo se !es !labia enviado
á M. de Tinteniac para saber quiénes y cuántos
eran, y las miras que tenian, ofreciéndoles armas y
auxilios si se apoderaban de algun puerto en la cos-
ta, lo cual les decidió á dirigirse á Granville, y ha-




904 REVOLUCION
cer la tentativa, cuyo desgraciado éxito hemos vis-
to. La escuadra del. lord Moira, despees de haber
cruzado en vano nuestras costas, !labia llevado á,
Holanda los auxilios destinados á la Vendée. Pui-
save esperaba provocar una espedicion semejante,


tratar con los príncipes que no habian manifesta-
ae aun reconocimiento alguno, ni dado esperanzas
á los realistas rebelados en lo interior


Los príncipes por su parte contiendo poco en el
apoyo de las' potencias, empezaban á volver los
ojos hacia sus partidarios en el interior dela Fran-
cia, sin que por otra parte hubiese nada dispuesto
en su favor para aprovecharse del sacrificio de los
valientes que querian abrazar su causa. Algunos
antiguos señores y amigos habian seguido á Mon-
sieur, que tomaba el nombre de regente y residia
en Verona, desde que el Rin era inhabitable para
quien no anduviese en la guerra. l príneipe de
Conde, valiente, pero de poca disposicion, conti-
nuaba en reunir en el alto Rin, á. todos los que
querian valerse de su espada. Una nobleza joven
seguía en sus viages al conde de Artois, habiéndo-
le acompañado hasta San Petersburgo. Catalina ha-
bia recibido al príncipe suntuosamente dándole una
fragata, un millon, una espada. y ofreciendo á su
servicio al valiente conde de Vauban para que se
valiese de él, prometiendo ademas grandes auxi-
lios luego que el príncipe se hallase en la liendée.
Esto, sin embargo, no llegó á verificarse, y el con-
de de Artois se volvió á Holanda al cuartel general
del duque de York.


No era, pues, brillante ni feliz la sit
uacion,los tres príncipes franceses, pues que el Austria, la


Prusia y la Inglaterra se hanian negado á recono-


FRANCESA.
205


ser al regente, por no mezclarse en sus negocios
interiores como hubiera sucedido reconociendo otro
soberano de Francia que no fuese el que lo era do
hecho, cosa en que ninguna potencia parecía con-
venir. Sobre todo, entonces que se hallaban batidas
todas, decian que hablan tomado las armas por el
interés de su propia seguridad. Reconocer al regen-
te tenia sus inconvenientes tarnbien, pues era con-
denarse á no obtener la paz basta la destruccion de
la repUblica, lo cual empezaba ya á creerse muy
distante. Entretanto las potencias consentian á los
agentes de los príncipes, mas no reconocían cuellos
magua título. El duque de llarcourt en Lóndres,
el duque de Habre ea Madrid, y el de Polignac en
Viena. presentaban notas poco leidas y rara vez es-
cuchadas, reduciéndose a servir de conducto por
donde pasaban los cortos y raros socorros que se
dispensaban á los emigrados, mas bien que de ór-
gano de una potencia conocida. Asi es que en las
tres córtes de estos reinaba el mayor descontento
contra las potencias, empezando á conocer que el
celo de la liga por los realistas encubria el ódio mas
profundo contra la Francia. El Austria, colocando
su bandera en Valenciennes y Condée, había, se-
gun los emigrados, animado el entusiasmo del pa-
triotismo francés. La Prusia, cuyas pacíficas inten-
ciones, hablan ya visto, decían que faltaba á todos
sus compromisos. l'itt, que era entre todos los
aliados el mas positivo y el mas desdeñoso con res -
pecto á ellos, era tarn bien á quien mas odiaban,
llamándole el pérfido inglés, y diciendo que era ne-
cesario cobrarle el dinero, y engañarle en seguida,
luego que se pudiese. Suponian que solo se podía
contar con España, porque únicamente España era




206 REVOLUCtON
pariente fiel y sincera aliada, y solo en ella podian
-cifrarse todas las esperanzas.


Las tres córtes fugitivas, tan poco unidas con
las potencias , no tenian entre sí mayor armonía,
pues la de Verona, poco activa, mientras daba
á los emigrados órdenes que no eran obedecidas, y
dirigia á los gabinetes comunicaciones que no eran
escuchadas, por unos atentes á quienes no se re-
conocía, desconfiaba de las otras dos, miraba con
celos el activo papel del príncipe de Conde, en el
Rin, la especie de consideracio n que su valor, sino
sus talentos le merecian de los gabinetes, y envi-
diaba, hasta los viages del conde de Astois por Euro-
pa. El príncipe de Condepor su parte, tan falto de
genio como animoso, no quería entrar en ningun
plan ni mostraba mucha eficacia por las dos cor-
tes que no se batian. Finalmente la pequña córte
reunida en Árnheini, disgustada de la vida que se
pasaba en el Rin, de la autoridad superior
que era preciso sarir en Verona , pe,rmanecia en
el cuartel general inglés bajo protesto de varios
proyectos sobre las costas de Francia.


Convencidos, pues, por una cruel esperiencia los
príncipes franceses de que no debian contar coa
los enemi gos de su patria para restablecer su tro-
no , estendian la voz de que en adelante solo debia
contarse con los amigos del interior y . eon la Ven- •


dée. Ási
que cesó el terror en Francia empezaron


por desgracia á respirar los díscolos como los
hombres honrados, v se entablaron de nuevo las
correspondencias de ros emigrados con el interior.
La córte de Verona tenia por corresponsal, valién-
dose del conde de Entraigues , á un tal Lemaitre,
.intrigante que había sido sucesivamente abogado,


FRANCESA. 207
secretario del consejo, folletista, y preso en la Das,
tilla, acabando por ser agente de los príncipes. Se
le hablan agregado un tal Laville-ileurnois , anti-
guo relator del consejo del rey, á quien protegía
C.alonne, y un abate llamado Iírothier, .maestro de
los sobrinos del abate Maury. Pedían á estos in-
trigantes noticias sobre la situacion de la Francia,
el estado de los partidos , sus intenciones y los
planes de conspiracion; ellos daban respuestas las
mas veces falsas, blasonaban de pretendidas re-
laciones con los principales del gobierno, y em-
pleaban todo su esmero en persuadir á los prínci-
pes franceses que debia esperarse todo de un mo-
vimiento en el interior. Les encargaron que escri-
biesen á la Vendée v especialmente á Charette,
que por su tenaz resistencia era el héroe de los
realistas pero con quien no había podido entablarse
aun negociaciou alguna.


Tal era, pues, la situacion del partido realista
así dentro como fuera de Francia. En la Vendée
hacia una guerra poco temible por su poden, pero
lastimosa por sus destrozos; en Bretaña formaba
planes vastos, pero distantes todavía y que depen-
dían de una coadicion muy dificil, la union y ar-
monía de unamultitud de personas; fuera de Fran-
cia se hallaban divididos y sin consideraciones ni
apoyo; y desengañada de los ausilios estrangeros,
sostenía con los realistas de adentro pueriles cor-
respondencias.


Poco, pues, tenia que temer !a república de los
esfuerzos de Europa y de la monarquía , porque
prescindiendo del triste cuadro que los estragos de
la -Vadee le ofrecia, solo tenia motivo para aplau-
dirse de sus brillantes triunfos. Libre de la invasion




208 REVOLUCION
en el año último , se 'labia vengado en el actual
con conquistas, adquiriendo la Bélgica, el Bravante
holandés, el pais de Luxemburgo, de Lieja y Ju-
liers, el electorado de Tréveris; el Palatinado , la
Savova , Niza, una plaza en Cataluña, el valle del
Bastan, y amenazaba al propio tiempo á la blanda,
al Piamonte y á España. Tales eran los resultados
de los inmensos esfuerzos hechos por la célebre
junta de salvacion pública.


CAPITULO Y.


Invierno del alío Hl. Reformas administrativas en todas las provin-
cias.—Nuevas costumbres. Partido termidoriano; la juventud
dorada. Tertulias de Paris.—Luchas de ambos partidos en las
secciones. riñas y escenas acaloradas. —Violencias del partido
revolucionario en los jacobinos y en el club electoral.— Decre-
tos sobre las sociedades populares.—Otros relativos á hacienda.
Modificaciones en el 7n4xintuni y en las requisiciones.—Proce-
so de Carrier.—Agitaciones en Paris y exasperacion ascenden-
te de ambos partidos.—La juventud dorada acomete el salon
de los jacobinos.—Queda suprimido este club.—Reinstalacion
de los setenta y tres diputados presos el 31 de mayo.— Senten-
cia y suplicio de Carrier. Persecucion contra Villaud-Varen-
nes, Collot- d' líerbois y Barrero.


Mientras ocurrian en las fronteras los sucesos
que acabamos de referir, continuaba la Convencion
sus reformas, y recorrían la Francia, los represen-
tantes encargados de renovar las administraciones;
reduciendo en todas ellas el numero de juntas re-
volucionarías , sustituyendo otros individuos y
prendiendo como cómplices del sistema de Robes-
pierre á los que no podían quedar impunes , por
haberse propasado en sus escesos, cambiando los
empleados de los a y untamientos, reorganizando las
sociedades populares, y espulsando de ellas „ajos
hombres mas temibles. No siempre se ejecutaban


Biblioteca popular.


T . IV . 483




210 REVOLUCION


estas operaciones sin obstáculos, pues en Dijon por
ejemplo, donde la organizacion revolucionaria era
mas compacta que en ninguna otra parte, los indi-
viduos, que eran a un mismo tiempo de la junta
revolucionari a , del ayuntamien


to y de la sociedad
popular, hacian temblar á todo el mundo. Encerra-
ban arbitrariamente a los viageros y habitantes,
apuntaban


en la lista de los emigrados a todos los
que querian llevar alas prisiones, les impedían
que obtuviesen certificaciones de residencia, inti-
midando a las secciones. Se habia organizado con
el titulo de ejercito revolucionario, obligando al
Ayuntamiento á. que les pagase un tanto; no tenian
profesion ninguna, asistian a las sesiones del club,
ellos y sus mugeres, disipando en comilonas, donde
solo se permitia beber en cálices, asi el producto
de su salario como el de sus rapifias. Estaban en
correspondencia con los jacobinos de Lyon y Mar-
sella, sirviéndoles de conductos para comunicarse
con los de Paris. El representante Calés tuvo que
trabajar mucho para disolver esta asociacion , y
destituyendo á todas las auto; idades revoluciona-


1".rias, eligió de entre los mas moderados del club
li 'Veinte ó treinta individuos, y les encargó que lo
-1spurgasen.
; 2'eL Cuando eran expulsados de los ayuntamientos
-111 las provincias hacian los revolucionarios lo mis-


mo que en Paris, que era retirarse por lo coinun
- 1.14-l 'elub jacobino. Si el club se hallaba ya espur-
109adó entraban nuevamente en él asi que partian


g : lepresentantes , ó formaban otro, y entonces"? o
2 tlsOitinp i


an en discursos mas furiosos que antes.
.W-entre u.aban á todo el delirio de la ira


y del


tákiri' porque en todas partes se hallaban con la


FRANCESA. 24 4


venganza. Los jacobinos de Dijon dirigieron á los
de Paris una carta incendiaria. En Lyon ofrecian
aun un aspecto no menos temible, pues como la
ciudad se hallaba todavia oprimida por los terri-
bles decretos de la Convencion, los representantes
se veian apurados para reprimir su furia. En Mar-
sella fueron mas atrevidos, pues uniendo al furor
de su partido el del carácter natural, formaron una
cuadrilla numerosa, rodearon la sala donde estaban
comiendo los representantes Auguis y Serres, v les
enviaron comisionados que con sable y pistola en
mano entraron á pedirles la libertad de los patrio-
tas presos. Ambos representantes manifestaron la
mayor firmeza, pero mal defendidos por los gen-
darmes, que halan apoyado constantemente las
cualidades del último sistema, concluyendo por
creerse cómplices y respons144;stuvieron á pi--
de ser acometidos y asesinacfkobstante, algu-
nos batallones de Paris qué á la "¡use hallaban
en Marsella, fueron á protejer á los r-msentantes
disipando aquel motin. En Tolosa se a rotaron
tambien los jacobinos. 'labia cuatro individuos, un
director de correos, un secretario del distrito y dos
cómicos que se habian hecho corifeos del partido
revolucionario. Formaron una junta de vigilancia
para todo el Mediodia , y hacian sentir su tiranía
mucho mas allá. de Tolosa. Se opusieron á las re-
formas y prisiones que mandaron los representan-
tes d' Artingovte y Chaudron-Rousseau, conmo-
vieron la sociedad popular, y tuvieron atrevimien-
to para hacerla declarar que ambos representantes
habian perdido la confianza del pueblo; pero ven-
cidos al fin, fueron encarcelados con sus principa-
les cómplices.za




id REVOLIIC ION
En todas partes se reproducian estas escenas


con mas ó menos fuerza, segun el carácter de los
habitantes de las provincias, pero siempre queda-
han los . acobinos castigados. Los de Paris , cori-feos de la ligase hallaban en estremo alarmados,
pues vejan sul;levada la capital contra sus doctri-
nas, y sabían que en los departamentos mas tar-
díos que Paris para pronunciarse , la opinion se .
habia declarado contra ellos. Tampoco ignoraban
que en todas partes les llamaban caribes, secuaces,
cómplices é imitadores de Robespierre


: y si bien
se veían sostenidos por la multitudde empleados
depuestos por el club electoral , por una acalorada
y á veces victoriosa minoría en las secciones, y
por varios individuos de la misma Convencion, al-
gunos de los cuales asistían aun á su sociedad; no
por eso dejaba de alarmarles la agitacion. de los
ánimos; pretendian que habla un complot formado
para disolver las sociedades populares, y en segui-
da la república.Redactaron una circular á las sociedades ah-
liadas para responder a las acusaciones (le que „.
eran objeto, diciendo : «Se trata, de destruir nues-


tra union fraternal ; se trata de suprimir una
«hueste temible á los enemigos de la igualdad y
«libertad, y nos acusan y nos persiguen con las.
«mas negris calumnias. La aristocracia y modera-
«cion levantan con audacia su cabeza ; la funesta
«reaccion ocasionada por la caida de los triunviros
«se perpetúa, habiendo salido una faccion nueva,
«quetiende . a. disolver todas las sociedades popo.-
«lares, del seno de las tormentas formadas por los
«enemigos del pueblo. Ella acosa y quiere ganarse
«la opinion pública, llevando su atrevimiento hasta


FRANCESA. 213
«presentarnos como rivales de la representacion
«nacional, á nosotros que combatimos y nos uní-
«mos siempre con ella en todos los peligros de la
«patria. Nos acusa de ser continuadores de Ro-
«bespierre, y en nuestros registros solo tenemos
«los nombres de aquellos que en la noche del 9 al
«10 de termidor ocuparon el puesto en que les co«
«tocaba el peligro de la patria. Responderemos á
«tan viles calumnias combatiéndolas sin cesar; les
«responderemos con la pureza de nuestros princi-
pios y acciones, v con un sacrificio inevitable por


«la causa del pueblo contra quien son traidores,
«por la representacion nacional que intentan des-
«honrar, y por la igualdad que aborrecen.»


Fingían, como se ve, gran respeto á la repre-
sentacion nacional; y hasta en una de sus sesiones
haikai' entregado á uno de sus individuos á la co-
misiou de seguridad general por haber dicho que
los principales conspiradores contra la libertad se
abrigaban en el seno mismo de la Convencion. Ha-
cían circular sus cartas por todos los departamen-
tos y principalmente por las secciones de Paris.


El partido opuesto era cada dia mas atrevido.
Se habían dado ya colores, costumbres distintas,
sitios y voces de reunion, componiéndose especial-
mente al principio como hemos dicho, de jóvenes
pertenecientes á las familias perseguidas ó que se
hablan escapado de las quintas. Se habían unido á
ellos las mugeres que por haber pasado el Ultimo
invierno entre sustos, querian pasar el actual en
fiestas y diversiones. Se acercaba frimario (diciem-
bre) y se apresuraban á sustituir á las apariencias
de pobreza, sencillez y aun desaseo que durante el
terror se habia afectado mucho tiempo , bellos




214 REVOLUCION
adornos, elegantes maneras, y funciones. Se unían
en causa comun con aquellos 'jóvenes enemigos de
una feroz democracia, escitan. do su entusiasmo y
dictándoles por lev la finura y los esmerados un-
ges. Empezaba el 'imperio de la moda, pues los ca-
bellos debian llevarse trenzados y sujetos con un
peine detras de la cabeza, uso tomado de los mili-
tares que se peinaban asi para resguardarse de los
sablazos. En esto se probaba que quería tomarse
parte en el triunfo de nuestros ejércitos. Ademas
debian llevarse grandes corbatas y valonas negras
ó verdes, siguiendo el uso de los chuanes, y espe-
cialmente un crespon en el brazo, como parientes
de alguna victima del tribunal revolucionario. Se
vé la rara mezcla de ideas , recuerdos y opiniones
que presidian á estas modas de la juventud dorada,
nombre que hasta entonces tenian. Por las noches
se elogiaban en los salones, que empezaban a po-
nerse con lujo, á los jóvenes que habían manifes-
tado valor en las secciones, en el Palacio Real, ó
en el jardin de las Tullerías, y á los escritores que
llenaban de sarcasmos á la canalla revolucionaria
en los innumerables folletos y papeles que se pu- W
blicaban. Freron se (labia hecho caudillo de los
periodistas y redactaba el Orador del Pueblo que á
poco tiempo se hizo muy célebre, y que era el pe-
riódico que leía la juventud dorada, y en el que
iba á buscar las instrucciones para cada dia.


Todavía no se habian abierto los teatros, pues
los actores de la comedia francesa segnian presos;
pero á falta de este sitio de reunion, se presenta-
ban en los conciertos que se daban en el teatro de
Feydeau, donde empezaba á embelesar á los
parisienses la voz melodiosa de Garat. Reuníase


FRANCESA.
245


allí lo que podia llamarse la aristocracia de enton-
ces, es decir: algunos nobles que no habian salido
de Francia, varios ricos que se atrevian á presen-
tarse , v algunos proveedores que no temian ya la
terrible'severidad de la comision de salvacion pú-
blica. Las mugeres llevaban un trage que habian
querido hacer antiguo, segun el uso de la época, y
que se habla copiado de David. Mucho tiempo ha-
cia que habian abandonado los polvos y rodetes,
y llevaban cintas al rededor de los cabellos, apro-
imándose la hechura de Sus vestidos en cuanto


era posible á la sencilla túnica de las mugeres
griegas; y en vez de zapatos con tacones altos,
llevaban el calzado que advertimos en las antiguas
estatuas, de suela mu y


delgada y atados con cintas
á la pierna. Los jóvenes de cabellos rizados y va-
lona negra llenaban el patio de Fe ydeau, aplau-
diendo a veces á las mugeres elegantes y singu-
larmente adornadas que iban á embellecer estas
reuniones.


Madama Tallien, era la mas linda y admirada
de cuantas mugeres introducian el nuevo gusto, y
su tertulia la mas brillante y concurrida. Bija del
banquero español Cabarrús, y esposa de un presi-
dente de Burdeos, casada últimamente con Tallien,
pertenecia al mismo tiempo á los hombres del an-
tiguo y nuevo sistema. Se (labia declarado contra
el terror por resentimiento y al mismo tiempo por
bondad de carácter, é interesádose por todos los
desgraciados, bien en Burdeos, bien en Paris, don-
de no !labia cesado un momento de representar el
papel de mediadora, que segun se dice desempeña-
ba con un encanto irresistible. Ella fué la que su-
po templar la severidad proconsular que desple-




91 6 REVOLCCION


Baba su marido en la Gironda, é infundirle senti-
mientos mas humanos. Quena darle el carácter de
pacificador, v reparador de los males de la l'evo-
lucion, y atraía á su casa á cuantos habian contri-
buido con él al 9 de termidor, procurando cauti-
varles con lisonjas, y haciéndoles esperar el reco-
nocimiento público, el olvido de lo pasado que ne-
cesitaban muchos, y el peder que á la sazon se in-
clinaba mas á los amigos que á los partidarios del
terror. Asociahase con otras mugeres amables que
coadyuvaban á su plan con tan disculpable seduc-
cion, V entre ellas brillaba la viuda del desgraciado
general l Alejandro Beaubarnais, criolla encantado-
ra, no por su hermosura, sino por una estraordi-
naria gracia. A estas reuniones acudían aquellos
hombres sencillos y exaltados, que tan terrible y
agitada vida acababan de pasar, y les acariciaban,
burlándose á veces de ellos .por sus traces , cos-
tumbres y vigorosos principios. Les hacían sentar-
se á la mesa al lado de otros hombres á quienes
hubieran perseguido en otro tiempo como aristó-
cratas, ricos, especuladores ó usurpadores de la
fortuna pública, haciéndoles conocer asi su inferio-
ridad, jolito á los antiguos modelos de buen tono y
delicado ingenio. Muchos de ellos perdian su dig-
nidad por falta de recursos intelectuales, y no ra-
bian sostener la energia de su carácter; otros que
sahian conservar su puesto con su talento , y ad-
quirir en breve esas ventajas de tertulia, tan frívo-
las y que, tan pronto se aprenden, se veian sin em-
bargo espuestos tambien a una ingeniosa ad ulacion,
y asi no faltaban algunos miembros de comisiones,
que se dejaban arrancar durante una comida cier-
tos servicios y no poco influjo en sus votaciones.


FRANCESA.
21 7


De esta manera, una mugen nacida en la clase
del comercio, casada con un magistrado , v que
como un resto de la sociedad antigua habia llega-
do á ser la esposa de un acalorado revolucionario,
se encargaba de reconciliar á hombres sencillos, á
veces groseros v casi siempre fanáticos , con la
elegancia, el gus'to, las diversiones , la libertad de
costumbresla indiferencia de las opiniones. La
revo/ucion, saliendo por fortuna de su eAremo de
fanatismo v grosería, caminaba con rapidez al ol-
vido de las costumbres y principios,puede de-
cirse que al de los resentimientos republicanos.
Argtiiaurgtiiau con esta mudanza á los tcrinidorianos, les
acusaban de que propendían á ella, la producian y
aceleraban. y el cargo era muy justo.


Los revolucionarios no se presentaban
éesenta a en seme-


jantes tertulias ni conciertos, y si alguno io efec-
tuaba, salía para ir inmediatamente á sus tribunas
á declararse contra la Cabarrús, los aristócratas,
los intrigantes y los proveedores, que llevaba tras
sí aquella. Ellos no tenian mas reuniones que sus
clubs y juntas de secciones, donde no iban á bus-
car diversion, sino á desahogar sus pasiones, y sus
mugeres, á quienes llamaban las /lacias de la gui-
llotina , porque se habian colocado muchas veces
alrededor del cadalso, se presentaban en trage po-
pular en las tribunas de los clubs para aplaudir las
proposiciones mas violentas. Muchos individuos
de la Con vencion asistian todavía á las sesiones de
los jacobinos, y algunos célebres entre ellos se ha-
llaban á la sazon tristes y silenciosos , los cuales
eran Collot d' llerbois , ` Villaud Varennes y Car-
rier ; al paso que otros , como Duhem , Crassous,
Lanot, iban por mero amor á la causa, y sin mira


o




8 REVOLECION


particular de defender su conducta revolucionaria.
Ambos partidos soban encontrarse en el Pala-


cio Real, en la Convencion, en las tribunas y en las
secciones, principalmente en estas. donde al pro-
ceder á las discusiones se empeñaba la lucha con
suma violencia. Corria de unos en otros la carta
de los jacobinos á las sociedades afiliadas, y trata-
ban de leerla, debiendo leer también , segun de-
creto, el informe de Roberto Lindes sobre el esta-
do de la Francia; informe que hacia de ella una
pintura exacta, v que espresaba con tanto acierto
los sentimientos que á la Convencion y á todos los
hombres honrados animaban. Esta lectura iba sus-
citando cada década contestaciones mas acalora-
das, pues los revolucionarios pedian al gritos la
carta de los jacobinos, y sus contrarios el informe
de Lindes, resultando de esto desaforadas voces.
Los individuos de las antiguas juntas revoluciona-
rias apuntaban los nombres de los que subian a la
tribuna para combatirlos, y al escribirlos decian
los esterminaremos! La costumbre que hahian ad-
quirido durante el sistema del terror, les habla he-
cho familiares las palabras de matar y guillotinar,
que teniansiempre en boca dando asi margen á que
se dijese que hacian nuevas listas de destierros , y
que querian volver al sistema de Robespierre. Las
peleas de las secciones eran 1111IV frecuentes , y á
veces quedaba indecisa la victoria, llegando á las
diez sin haber podido leer nada. Entonces los revo-
lucionarios, que no tenian escrúpulo de pasar de
la hora leal, aguardaban á que sus contrarios, que
afectaban obedecer la ley se marchasen , leian lo
que les acomodaba, y tomaban las medidas que
creian oportunas.


FRANCESA.
2l9


Cada dia se daba cuenta á la Convencion de es-
cenas de esta clase, pronunciándose contra les an-
tiguos individuos de las juntas revolucionarias,
que decian eran los autores de estos disturbios. El
club electoral, mas alborotador por st solo que to-
das las secciones , apuró la paciencia de la junta
con una esposicion de las mas revoltosas. Allí se
reunian siempre, como hemos dicho, los hombres
mas comprometidos, y allí se proyectaban los mas
atrevidos planes. Se presentó una diputaciou de
este club a pedir que se concediese al pueblo la
eleccion de los magistrados municipales ; que se
constituyese de nuevo el Ayuntamiento de Paris,
suspenso desde el 9 de termidor, y finalmente que
en lugar de una sesion por década, se permitiese á
la seccion tener dos otra vez. Al oir esta última
peticion, se levantaron una porcion de diputados
prorumpiendo en vivas quejas, y pidiendo correc-
cion contra los individuos de las antiguas juntas
revolucionarias, á quienes se atribulan todos los
desórdenes. Legendre, aunque desaprobó la pri-
mera acusacion de Leeointre contra Villaud-Va-
reunes, Collot-d'Ilerbois y Barrere dijo , que era
preciso tornarlo de mas arriba: que el origen del
mal se hallaba en los individuos de las antiguas
comisiones de gobierno, que abusaban de la indul-
gencia de la Asamblea respecto á ellos, y que va
era tiempo de castigar su antigua tiranía para
pedir otra nueva. Esta discusion produjo otro al-
boroto mas grande que el primero , y despues de
pesadas y deplorables inculpaciones, la Asamblea,
que no vela aun mas que cuestiones insolubles ó
peligrosas, pronunció por segunda vez el Orden del
dia. Propusieronse unos tras otros varios medios




ta


ar


1


220 REVOLtCION


para enhenar los desvaríos de las sociedades po-
pulares v el abuso del derecho de peticion , y se
ideó añadir al dictamen de Lindet una esposicion
dirigida al pueblo francés que manifestase de un
modo mas claro y terminante todavía los sentimien-
tos de la Asamblea, y la nueva marcha que se pro-
ponía seguir. Adoptóse este pensamiento , mas el
diputado ['deban' que volvia del ejército sostuvo
que no era bastante , que era necesario gobernar
con energía, que las esposiciones nada significa-
ban, porque los que hacían las peticiones no de-
jarian de contestar á ellas, y que no debía sufrirse
que se pronunciasen en la barra espresiones que
si se oyesen en las calles, bastarian para prender
á los que las profiriesen. «Tiempo es va, añadió,
«Bourdon del Dise de dirigi ros útiles verdades. ¿Sa-
«beis por qué vencen constantementenuestrosejér-
«eitos? ¡meses porque observan unas evera discipli-
na. Estableced en el Estado una buena policía, y


«tendreis un buen gobierno. ¿Sabeis de dónde pro-
«vienen los eternos embates que esperiwentais?
«del abuso que hacen vuestros enemigos de lo
«democratico que tienen vuestras instituciones. Se
«complacen en esparcir la voz de que jamás tendreis
«un gobierno, de que eternamente o s viereis en-
tregados á la anarquía. ¡Es posible que no sepa


«gobernarse, una nacion constantemente vencedo-
«ra! Y no ha de remediar esto la Coavencion cuan-
«do sabe que es lo que únicamente impide que la
«revolucion se acabe! No, no, desengañemos á
«nuestros enemigos, que quieren destruirnos abu-
«sando de las sociedades populares y del derecho
4de peticion, abuso que es necesario corrijamos.»


Presentaron diferentes medios con objeto á re-


FRANCESA. 224


primir el abuso de las sociedades populares sin
destruirlas. Pelet , para quitar á los jacobinos el
apoyo de muchos diputados montañeses , que se
hallaban en la sociedad, y sobre todo para separar
á Villaud-Varennes, Collot-dllerbois y otros co-
rifeos temibles, propuso que se prohibiese á todos
los individuos de la Convencion, pertenecer á nin-
guna sociedad popular. Se adoptó esta proposicion,
pero suscitaron los de la Montaña varias reclama-
ciones, diciendo que el derecho de reunirse para
ilustrar los intereses públicos pertenecia á todos
los ciudadanos , no pudiendo despojar de él á nin-
gun diputado, puesto que tampoco podia despo-
jarse á ningun individuo ddl Estado , y que por
consiguiente el derecho adoptado era una violacion
del derecho absoluto , y que no podia atacarse.
Anulóse el decreto, y entonces hizo otra proposi-
cion Bubois-Crance. Refiriendo el modo con que
se hahian espurgado los jacobinos, probó que esta
sociedad mantenía aun en su seno á los mismos in-
dividuos que la hablan estraviado en vida de Ro--
bespierre ; sostuvo que la Convencion tenia dere-
cho para purificarla de nuevo , como lo hacia ella
por medio de sus comisionados respecto á las so-
ciedades de departamentos, y propuso se enviase la
cuestion á comisiones competentes, para que pro-
pusiesen el modo de purificarla, v los medios de
hacer útiles las sociedades populares; proposicion
que fué tambien aprobada.


No dejó de escitar aquel decreto gran rumor en
los jacobinos, gritando que Dubois- Graneé habia
engañado á la Convencion ; que la purificacion
mandada hacer despues del 9 de termidor se habia
verificado escrupulosamente, que no se tenia dere-




222 REVOLUCION


cho para em pezarla de nuevo , y que todos eran
igualmente dignos de pertenecer á aquella ilustre
sociedad , que tantosservicios hahia prestado á la
patria; que por lo domas no ternilla el mas severo
examen , y se hallaban dispuestos á someterse a
las investigaciones de la Convencion. Por consi-
guiente decidieron se imprimiese la lista de todos
los individuos, y se llevase por una diputaciou a la
barra. Al dia siguiente 43 de vendimario (I de oc-
tubre), se mostraron menos dóciles, y dijeron que
la decision que hablan acordado la víspera , no la
hahian meditado bastante ; que el entregar la lista
de los individuos de la sociedad a la Asamblea, era
reconocer en ella el derecho de purilicacion que a
nadie pertenecia; que teniendo facultad de reunirse
sin armas todos los ciudadanos para conferenciar
sobre las cuestiones de interés público, ningun in-
dividuo podia ser declarado como indigno de per-
tenecer zi una sociedad, y que por consiguiente la
purilicacion se oponia á todos los derechos, no de-
biendo por consiguiente presentar las listas. «Las
«sociedades populares , dijo un tal Giot , jacobino
«obstinado , que era uno de los empleados en el
«ejército , las sociedades populares no pertenecen
u mas que á sí mismas, pues si no fuese aso , la in-


fame córte hubiera expurgado á los jacobinos , y
«vosotros hubierais visto estos bancos dispuestos
«solo para la virtud , manchados con la presencia
«de los Jaucourt y de los fuldenses. ;Pues bien! la
«misma córte que nada respetaba, no se atrevió á
«atacaros ; v es muy estraim que no habiéndose
«atrevido á hacerlo la córte , se quiera emprender
«ahora , en el momento en que los jacobinos han
«jurado derrocar á todos los tiranos, sean quienes


FRANCESA.


«fueren, y estar sometidos siempre á la Conven-
«cion!... Llego de los departamentos y puedo ase-
«guraros que se halla muy comprometida la exis-
dencia de las sociedades populares , porque me
«han tratado de malvado al ver en mi comision el
«título de jacobino. Me han dicho que pertenecía
«á una sociedad compuesta solo de ladrones, y
«hay ocultas tramas para alejar de vosotros las
«tiernas sociedades de la república; por fortuna he
«podido contener la escision , y estrechar los lazos
«de hermandad entre vosotros y la sociedad de Ba-
«vona, que Robespierre habla calumniado en vues-
tro seno. Lo que acabo de deciros de un distrito


«debe entenderse de todos. Sed prudentes , amad
«siempre vuestros principios y á la Convencion, v
«sobre todo no reconozcais en ninguna autoridad
«el derecho de purilicaros.» Los jacobinos aplau-
dieron este discurso, y decidieron no presentar su
lista á la Convencion, aguardando sus decretos.


Mucho mas tumultuoso aun era el club elec-
toral, pues aunque de resultas de su última peti-
clon , le hahian espulsado del palacio episcopal, se
hallaba refugiado en un salon del Museo , muy in-
mediato á la Convencion. Allí en una sesion noc-
turna, y entre los furiosos gritos de los concurren-
tes y los chillidos de las mugeres que llenaban las
tribunas, declaró que la Convencion habla cumpli-
do va la duracioa de sus poderes, y que habiendo
sido enviada para sentenciar al último rey y hacer
una constitucion, cuyas dos cosas habla efectuado,
no tenia por consiguiente nada que esperar , y sus
poderes hahian caducado.


Inmediatamente se denunciaron á la Conven-
cion aquellas escenas de los jacobinos y del club


"'r"




224 REVOLUCION
electoral , y se pasaron á informe á las comisiones
encargadas de presentar el proyecto relativo al
abuso de las sociedades populares. Habla votado
una esposicion al pueblo francés , corno se habia
propuesto, y enviadola á, las secciones y á todos
los Ayuntamientos de la república ; esposicion es-
crita en un tono firme y juicioso , que expresaba
con mas energía y precision los sentimientos del
informe de Lindet, y que fue causa de nueva agi-
tacion en las secciones. Los revolucionarios no que
rian que se leyese, oponiéndose á que se contes-
tase , v proponian por el contrario esposiciones á
los jacobinos, para manifestarles el interés que por
su causa se tomaban. Sucedia, que despues de ha-
ber acordado un voto de esta manera , llegaba re-
fuerzo á sus adversarios , y les espu/saban; y la
seccion, renovada asi, decidia lo contrario; de mo-
do, que hubo algunas que hicieron dos esposiciones
contradictorias ; una á los jacobinos, y otra á la
Convencion. En la primera se celebraban los ser-
vicios de las sociedades populares , y se hacían
votos por su conservacion. En la otra' decian que
libre la seccion del yugo de los anarquistas y ter-
roristas, acababa de emitir su voto libre en . favor
de la Convencion, ofreciéndola su apoyo Y su exis-
tencia para combatir á un mismo tiempo contra los
imitadores de Robespierre y contra los agentes
realistas. La Convencion esperaba entretanto el
provecto acerca de las sociedades populares. Al fin
se presentó el 25 de vendimiarlo (16 de octubre) y
su principal objeto era romper la liga que forma-
ron en Francia todas las sociedades de los jacobi-
nos. Agregadas á la sociedad madre , guardando
correspondencia con ella, y dóciles a sus órdenes,


FRANCESA.
225


componían un inmenso partido sagazmente organi-
zado , que contaba con un punto céntrico y una
direccion, que era cabalmente lo que trataban dedestruir. El decreto prohibia toda afiliacion y con-federacion, asi como toda correspondencia en nombre
colectivo entre sociedades populares. Prevenía ade-
mas que no pudiese hacerse peticion ni esposicion
ninguna ea nombre colectivo, para evitar los impe-
riosos manifiestos que los enviados de los jacobinos
ó del club electoral se presentaban á leer en la
barra, y que muy frecuentemente eran órdenes pa-
ra la Asamblea. Toda esposicion ó peticion debía
firmarse individualmente, asegurándose por este
medio el de perseguir á los autores de las proposi-
siones perjudiciales , y esperando que se mirarian
en ello viéndose precisados á firmar. Las listas de
los individuos de cada sociedad debla formarse in-
mediatamente v fijarse en el sitio de las reuniones.
Apenas se levó'este decreto en la Asamblea, cuan-
do se alzaron multitud de voces para combatirle.—
«Se quiere, decian los montañeses , destruir las
sociedades populares, olvidándose de que han sal-
vado la revolucion y la libertad , y de que son el
mas poderoso medio de reunir á los ciudadanos y
conservar en ellos la energía y el patriotismo;
prohibiéndoles la correspondencia se atenta contra
el derecho esencial que pertenece á todos los ciu-
dadanos de comunicarse , derecho tan sagrado co-
mo el de reunirse pacíficamente para conferenciar
acerca de las cuestiones de interés público.» Los
diputados Legeune, Bullen) y Crassous , jacobinos
todos , y vivamente interesados en derribar este
decreto, no eran los únicos que se esplicaban asi,
pues el diputado Thibaudeau, republicano sincero,


Biblioteca popular.
T. IV 484




t26 REVOLUCION
estraño á los montañeses y á los termidorianos,
parecía que tambien se admiraba de las conse-
cuencias que teudria este decreto , pidiendo que se
retirase, porque sospechaba que dañaría á la exis-
tencia misma de las sociedades populares.—No se
quiere destruirlas , respondian los termidorianos
autores del decreto, sino someterlas á una policía
que es necesaria.—Ea medio de este conflicto es-
clama Alerlia de Tniony ille: «Presidente,


llamad al.
«Orden á los preopinantes, pues suponen que que-
«remos suprimir las sociedades populares cuando
«tratamos solo de arreglar sus actuales relaciones.»
Rewbel , Bentabolle y Thuriot demuestran que de
ningun modo se trata de suprimirlas —¿ge les
niega por ventura, dicen, que se reunan sosega-
damente y sin armas para conferenciar sobre los
intereses públicos? No, sin duda , pues este dere-
cho permanece intacto : lo que se les prohibe es
que se unan y ¡buen, haciéndose con respecto á
ellas lo que se ha hecho con las autoridades de-
partamentales. Estas , segun el decreto del de
frimario, que constituye el gobierno revoluciona-
rio, no pueden ni comunicarse ni convenirse. ¿,17"
es posible que se consienta á las sociedades popu-
lares lo que se ha negado á las autoridades depar-
tamentales? Se les prohibe que lleven correspon-
dencia en nombre colectivo, ea lo cual hingun de-
recho se infringe: todo ciudadano puede induda-
blemente tener correspondencia desde un estremo
á otro de la ¡'rancia; pero ¿pueden acaso hacerlopor medio de presidente y secretarios? Esta cor-
Tespondenciaolicial entre cuerpos poderosos y cons-
tituidos es lo que se quiere con razon impedir,
para destruir una confederacion mas monstruosa y


FRANCESA. 227 •
peligrosa que la de los departamentos. Con seme---
¡antes afiliaciones v correspondencias han llegado
'los jacobinos á ejercer un influjo verdadero sobre
el gobierno, y á tomar en la direccion de los ne-
gocios una parte que solo debia pertenecerá la
misma representacion nacional.—Bourdon del Oise,
uno de los principales individuos de la comision de
seguridad general , y como hemos visto , opuesto
con frecuencia á sus amigos , á pesar de que era
tertnidoriano , dijo : «Las sociedades populares no
«son el pueblo; 9 solo veo al pueblo en las juntas
«primarias : las sociedades populares son una co-
«leccion de hombres que se han elegido á sí mis-
«mos á manera de frailes , que han acabado por
«formar una aristocracia esclusiva y permanente,
«que se llama pueblo , y que se coloca junto á la
«representacion nacional para inspirar , modificar
«ó combatir sus resoluciones. Al lado de la Con-
«vencion veo que se levanta otra representacion,
« y esta representacion existe en los jacobinos.»
Numerosos aplausos interrumpen á Bourdon : él
continúa en estos términos : « Yo vengo aqui con
«tan poca pasion, que por conseguir la unidad y la
«paz, diria


• espontánca.mente al pueblo: elige entre
«los hombres que has nombrado para que te re-
«presenten, y los que se han alzado al rededor tu-
« y o ; poco importa esto con tal que tengas una
«representacion sola.» Aplauden á Bourdon de
nuevo , y él prosigue: «Si , elija el pueblo entre
«vosotros y los hombres que han querido proscri-
dir á. los representantes encargados de la con-
«fianza nacional; entre vosotros y los hombres que
«en union con la municipalidad de Paris querían
«pocos meses hace asesinar la libertad. Ciudada-


:




228 REVOLuCION


«nos , ¿quereis hacer una paz gloriosa ? ¿quereis
«recobrar los antiguos limites de los galos? pre-
sentad á los belgas y á los pueblos que guarnecen


«el Rin una revolucion pacifica, una república sin
«doble representacion , una república sin comisio-
nes revolucionarias , teñidas con la sangre de los


«ciudadanos. Decid a los belgas y á los pueblos del
«Rin : ¿queríais una libertad á Medias? pues nos-
«otros os la damos entera, aborrandoos las crueles
«vicisitudes que se sufren antes de cimentarse , y
aahorrandoos las sangrientas pruebas que liemos
«sufrido nosotros mismos. No olvideis, ciudadanos,
«que para disgustar á los pueblos vecinos que se
«unen a vosotros, les dicen que no teneis gobierno,.
«y que al tratar con vosotros, no se sabe si con-
«viene dirigirse á la Convencion ó á los jacobinos.
«Dad por el contrario unidad y fuerza á vuestro
«gobierno , y veréis que ningun pueblo os tiene
«aversion , ni a vosotros ni á vuestros principios,
«viereis que ningun pueblo aborrece la libertad.»


intentaron Duhem , Crassous y Clausel , que á
lo menos se suspendiese el decreto, diciendo que era
demasiado importante para que se espidiese., tan re-
pentinamente y pidiendo la palabra todos á un
tiempo. Merlin de Thionville la pidió contra ellos r
con aquel valor que sabia sostener en la tribuna
y en los campos de batalla, y el presidente se la
concedió sucesivamente. Hablaron laminen contra
el decreto Dubarran, Lerasseur y Ilumine, y en
pro Thuriot: llerlin se dirigió por Ultima vez á
la tribuna: «Ciudadanos, dijo, cuando se trató de
«establecer la república lodecretasteissin mas dila-
«ciones ni ceremonias; hoy se trata en cierto mo-
«do de establecerla otra vez, salvándola de las so-


FRANCESA.


229
«ciedades populares unidas contra ella. Ciudada-


nos, no temais penetrar en este abismo , á pesar
«de la sangre y los cadáveres que obstruyen el pa-
«so; entrad en el, atreveos á arrojar de su seno á
«los bribones y asesinos, dejando solo á los bue-
«nos ciudadanos, para que piensen tranquilamente
«culos grandes intereses de la patria. Os pido que
«deis este decreto que salva la república, como
«disteis el que la instituyó, es decir, sin remision
«ni informe.»


Fue muy aplaudido Mera, y se votó el decreto
por artículos. Este era el primer golpe que se da-
lla á aquella célebre sociedad que hasta aquel día
Babia aterrado á la Convencion, y servido para
marcarla el rumbo revolucionario. Lo que impor-
taba entonces no era las disposiciones del decreto,
por otra parte muy fáciles de eludir, sino el valor
que se necesitaba para espedirle, y que dehia dar
á conocer á los jacobinos su cercano fin. Reunidos
por la tarde en su saion, comentaron el decreto y
e' I modo con que se 'labia. publicado. El diputado
Lejeune, que por la mañana se había opuesto deci-
didamente á que se adoptase, se quejó de que no le
hubiesen ay udado, añadiendo que pocos indivi-
duos de la asamblea habiau tomado la palabra pa-
ra defender la sociedad á que pertenecian. «Dan
«dijo, individuos de la Convencion, celebres por su.
«energía revolucionaria y patriótica, que han guar-


dado hoy un silencio muy culpable, O son crimi-
nales de tiranía estos individuos como se les ha


«acusado, ó han procurado la felicidad pública.
«En el primer caso deben ser castigados, y en el
«segundo no han concluido aun su cargo , pues
«despues de haber preparado con sus desvelos los




230 REVOLUCION
«triunfos de los defensores de la patria, deben sos-
tener los principiosderechos del pueblo que se


«han refutado. Dos meses hace hablabais sin ce-
sar en esa tribuna de losderechos del pueblo, yo-


«sotros, Collot y Vi!laud; ¿por qué habeis dejado
«de defenderlos? ¿por que callais hoy, cuando una
«multitud de cosas exigen aun vuestro denuedo y
«vuestras luces?»


Villaud y Collot guardaban un profundo silencio
desde la acusacion que contra ellosse habia hecho,
y cuando su cólega Lejeune , les acusó de no ha-
ber defendido á la sociedad, tomaron la palabra y
declararon que si hablan guardado silencio habia
sido por prudencia y no por debilidad, temiendo
perjudicar á la opinion defendida por los patriotas
con solo apoyarla; que el temor de producir mal
efecto en las discusiones , era el motivo del silen-
cio que tiempo hacia se habían impuesto; que
acusados por otra parte de haber dominado la Con-
vencion, hablan querido responder á sus acusado-
res procurando anonadarse, y que se complacían
al verse escitados por sus cólegas á salir de aque-
lla nulidad voluntaria, autorizandoles en cierto
modo para sacrificarse aun por la causa de la li-
bertad y la república.


Satisfechos los jacobinos con esta esplicacion,
les aplaudieron y volvieron á tratar de la ley que
se /labia decretado por la mañana, consolándose
con decir que se comunicarian con toda la Francia
por medio de la tribuna. Canjea les inclinó á res-
petar el decreto, y ellos lo prometieron; pero un
tal Terrasson les propuso un medio de suplir á
la correspondencia, permaneciendo al mismo tiem-
po obedientes al decreto, y que se reducia á es-


FRANCESA.
23/


cribir una circular , no en nombre de los jacobi-
nos ni dirigida á otros jacobinos, sino firmadapor todos los hombres libres reunidos en el


•alon delos jacobinos, y dirigida á lodos los hombres libres
de Francia, reunidos en sociedades populares. Adop-
tóse este medio con grande algazara, y quedó re-
suelto el proyecto de la circular.


De aquí se deduce el caso que hacino los jacobinos
de las amenazas de la Conveucion, y cuan poco dis-
puestos se hallaban á aprovecharse do la leccion que
acababa de darseles. Mientras aguardaban á que
nuevos sucesos provocasen otras medidas respecto
á ellos, Convencion empezó á cumplir el cargo
que le labia impuesto en su informe Roberto Lin-
det, y á discutir las cuestiones que propuso él
mismo. Se trataba de reparar las consecuencias de
un sistema violento sobre la agricultura, el comer-
cio y la hacienda, proporcionando á todas lasclasel
la seguridad y el amor al Orden y al trabajo. Pero
tainIncri en este punto !labia distintas opiniones,
hallándose tan predispuestos á chocar como en to-
dos los denlas asuntos.


Las requisiciones, el máximum, los asignados
y el secuestro de los bienes de los estrangeros, es-
citaban contra el antiguo gobierno declaracio-
nes tan fuertes como las prisiones y asesinatos.
Los termidorianos, ignorantes en materia de eco-
nomía pública, se inclinaban por espíritu de reac-
cion á censurar amargamente y con insultos cuan-
to en el particular se hacia; no obstante, si alguna
cosa irreprensible y enteramente justificada por la
necesidad habia en la administracion general del
Estado en el año anterior, era la administracion
de rentas , subsistencias y provisiones. Cambon,




232 REVOLUCION


el individuo que mas influia en la comision de ha-
cienda, habia introducido el ma y or órdeu en el te-
soro, y si bien es cierto que hizo emitir muchos
asignados, tambien lo es que no habla otro recur-
so, y chocó con Robespierre, Saint-Just v Cae-
thon porque no se avenia a muchos gastos revolu •
cionarios. En cuanto á Lindet , encargado de los
trasportes y requisas, trabajó con admirable celo
en sacar víveres del estrangero, en requisarlos ca
Francia, y en remitir los necesarios , á los ejérci-
tos tanto como á las ciudades. El medio de las requi-
sas era violento, pero era el único posible que se
conocia, y Lindet se habia esmerado en emplearlo
con la mayor economía ; mas por otra parte,- no
podia responder de !a fidelidad de todos sus agen-
tes, ni de la conducta de los domas que tenian de-
recho para requisar, tales cama los empleados mu-
nicipales, las representantes y los comisarios de
los ejércitos.


Sin embargo, los termidorianos, v en especial
Tallien, dirigían las mas necias é injustas obje-
ciones contra el general sistema de los medios re-
volucionarios, y contra el modo de usarlos. La
causa principal de todos los males era segun ellos,
la escesiva emision de asignados, que los habla he-
cho despreciables, y puesto en inmensa despropor
cien con los géneros y mercancías. Por esto el
máximum se habla hecho tan tiránico y calamito-
so, obligando al vendedor ó acreedor á. recibir un
valor nominal, ilusorio siempre. En estas obje-
ciones , ni se hallaba nada bueno ni nada útil; no
se indicaba remedio alguno, y por consiguiente lo
ininio sabia todo el mundo ; pero Tallien y sus
amigos atribuian á Cambon la emision escesiva de


FRANCESA 233
asignados, y por lo tanto parecía que le hacían au-
tor de todos los males del Estado. Tambien le ha-
cian cargo del secuestro de los bienes estrangeros,
resolucion que ademas de provocar represalias
contra los franceses, habia interrumpido toda cir-
culacion de capitales, destruyendo el crédito y ar-
ruinando el comercio enteramente. Respecto á la
comision de provisiones, le acusaban tambien de
que habla atormentado á la Francia con la requisa
ogastando enormes sumas en el estrangero, para•
adquirir granos , y dejando á Paris en la mayor
escasez á la entrada de un rigores, invierno; por
lo tanto propusieron que diese cuentas severas.


Era tal la integridad de Gamban, que ningun
partido se atrevió á dudar de ella, y á su mucho
celo por la buena administracion de hacienda, ru-
p ia un carácter impetuoso que salia de sus límites
al hacerle un cargo injusto. Mandó á decir á T a-
lijen y sus amigos que no les atacaria si le dejaban
tranquilo, pero que apenas le calumniasen, les per•
seguida sin miramiento alguno. 'l'afilen tuvo la
imprudencia de añadir á su oposicion en la tribuna
artículos de periódico; y Cambon no pudiendo con-
tenerse, subió á la tribuna, en una de las mu-
chas sesiones consagradas á la discusion de estos
puntos, y dijo á Tallien: «Parece que tú te empe-
«ñas en desacreditarme v en suscitar dudas acerca
«de mi probidad! pues bien: voy á probarte que
«eres un ladren y un asesino. No has rendido
«cuentas como secretario del ayuntamiento, pues
«tengo la prueba en la comision de hacienda ; has
«mandado gastar millon y medio de francos en
«una cosa cine te cubrirá de vergüenza. No has da-
«do cuentas de tu comision en Burdeos, y tain-




101
234 RE VOLUCION


«bien tengo la prueba de esto en la comision. Tú
«serás siempre sospechoso de complicidad en los
«crímenes de setiembre, y voy á probarte con tus
((propias palabras esta complicidad que debiera
«condenarte á perpetuo silencio.» Interrumpie-
ron a Cambon, diciéndole que estas personalida-
des eran estradas á la discusion, puesto que nadie
acusaba su probidad, y que solo se trataba del
sistema de hacienda. Vallien pronunció algunas
palabras con voz balbuciente, y dijo que no res-
pondia á lo que le era personal, sino únicamente
á lo que tenia relacion con las cuestiones genera-
les. Probó Cambon en seguida que los asignados
habian sido el único recurso de la revolucion, y
que los gastos habian ascendido á trescientos mi-
llones mensuales; que los ingresos en tan gran des-
órden, apenas habian cubierto la cuarta parte de
esta suma, y que habla sido preciso suplirlos ca-
da mes con asignados; que la cantidad en circu-
lacion no era misterio ninguno, y subía á seis mil
y cuatrocientos millones; que por lo dernas los
bienes nacionales representaban doce millones,
valor suficiente para desempeñar la república; que
él, con peligro de su vida, Babia salvado quinien-
tos millones que Ilobespierre , Saint-Just y Con-
thon proponian destinar á ciertos gastos; que se
'labia opuesto largo tiempo al máximum y al se-
cuestro, y que respecto á la comision de comercio,
viéndose obligada á pagar en el estrangero los
trigos á veinte y un francos quintal, y á darlos en
Francia por catorce, nada de estra g o tenia que
hubiese espe•imentado enormes pérdidas.


Estas imprudentes contiendas de parte de los
termidorianos, que fundada ó infundadamente no


FRAIICESA. 235
tenían una reputacion muy pura, y acusaban á un
hombre íntegro, instruido y arrebatado, hicieron
perder mucho tiempo á la Asamblea. Aunque ce-
só la oposicion por parte de los termidor-lanas,
Gamboa no reposaba, y repetía diariamente: «Acu-
sarme á mí! vil canalla! venid á tomarme cuentas
y á juzgar mi conducta.»—«Tranquilizács, le de-
¿rata no se os acusa de falta de probidad!» Pero él
volvía á lo mismo diariamente, y en medio de es-
tos choques y personalidades, la Asamblea tomó
en lo que pudo las resoluciones capaces de reparar
ó calmar el daño.


Mandó se diese una cuenta general de hacienda,
presentando los ingresos y las salidas, y un trabajo
sobre el modo de amortizar parte de los asignados,
sin recurrir sin embargo á privarles del valor de
la moneda para que no cayesen en descrédito. A
propuesta de Cambon, renunció ft un miserable re-
curso de hacienda, que daba lugar á infinitas exac-
ciones, y se °ponla á la preocupacion de muchas
provincias, que era fundir la plata de las iglesias.
Al principio se valuó esta plata en mil millones,
aunque en realidad solo ascendia á treinta. Se de-
cidid que no se permitiese tocar á ella, y que que-
dase depositada en los Ayuntamientos. La Con-
vencion procuró despues corregir los mayores in-
convenientes del .MáXilnitn; y aunque se levanta-
han ya algunas voces en contra suya, el temor de
una subida desproporcionada en los precios im-
pidió ceder á este impulso de los reaccionarios. So-
lo se pensó en modificar la ley: pues el máx,imun
halda contribuido á arruinar el comercio , porque
los comerciantes, conformándose con la tarifa, no
sacaban ni el importe del flete, ni el de los segu-




236 11 EVOLUC ION
ros. Por consecuencia, todo género colonial , toda
mercancía de primera necesidad y toda materia
primitiva , conducida del estrangero á nuestros
puertos; quedó esenta del máxiaun y de las re-
quisas, pudiendo venderse á precio libre y á vo-
luntad. Se acordó tambien favorecer las mercan-
cías procedentes de presas, porque se hallaban en
los puertos sin salida. El máximun uniforme de
los granos tenia tambien mi gran inconveniente,
pues siendo mas costosa y rara la produccion riel
trigo en algunas provincias, el precio que recibían
en ellas los arrendadores, no cubria ni sus adelan-
tos. Se decidió que en cada departamento varia-
se el valor de los granos á proporcion de los de
4790 con dos terceras partes mas de aumento ; de
modo que subiendo asi el precio de las subsisten-
cias, se trató (le aumentar las pagas , los salarios,
y la renta de los que tenían pocas propiedades; pe.
ro esta idea , propuesta honradamente por Cam-
bon, fue rechazada como pérfida por Tallien y se
suspendió.


En seguida se trató de las requisas. Para que
no fuesen tan generales , ilimitadas y confusas en
lo sucesivo, ni conclu yeran con losmcdios de tras-
portes, se decidió que solo la comision de provi-
siones tendria el derecho de hacerlas; que no po-
dria ni requisar todo un género. ni todos los pro-
ductos de un departamento, sino que designaría el
objeto, su naturaleza, su cantidad; y la época de
la entrega y pago, exigiéndose solo á proporcion
de la necesidad , y en el distrito mas próximo al
punto que debiera abastecerse. Solo podian hacer
inmediatamente las requisas necesarias los repre-
sentantes, que se hallaban en los ejércitos , en el


RANCESA.
237


caso urgente de que faltasen víveres, ó de rápidos
movimientos.


Mucho se disputé la cuestion del secuestro de
valores estrangeros , porque unos decian que la
guerra no debía pasar de los gobiernos á los súb-
ditos ; que era necesario dejar á estos continuar
pacíficamente sus relaciones y cambios, oponién-
dose solo á los ejércitos; que los franceses no ha-
bian percibido mas que veinte y cuatro millones,
v les habian quitado ciento; que era preciso de-
yolveraquellos para recobrar estos; que el secues-
tro era ruinoso para nuestros banqueros , porque
se veían precisados á depositar en el tesoro lo
que decian al estrangero, al paso que no recibían
lo que los estrangeros les decian, porque los go-
biernos se apoderaban de todo por via de repre-
salias; que cuanto mas se dilatase esta providen-
cia, tanto mas sospechoso baria al comercio fran-
cés aun á los neutrales: y finalmente que habiendo
cesado la circulacion de los efectos, debla pagarse
en dinero parte de los géneros sacados de los


r


ses vecinos. A esto respondían otros, que pues se
quedan distinguir en la guerra los súbditos de los
gobiernos, convendria dirigir los tiros contra los
reyes y no contra los soldados; que era necesario
volver al comercio inglés los barcos apresados por
nuestros corsarios, no guardando mas que los na-
víos de guerra; que si se restituian los veinte y
cuatro millones secuestrados, ninguno de los go-
biernos enemigos seguiría el ejemplo , y que los
cien millones de los franceses quedarían siempre
en su poder; últimamente, que el establecer la cir-
culacion de los valores era lo mismo que propor-
cionar á los emigrados medios para recibir fondos.




238 REVOLUCTON
La Convencion no se atrevió á resolver la eues-


tina, y decidió solo que se levantase el secuestro
respecto tilos belgas, a quienes la conquista halda
puesto en cierto modo en paz con la Francia, y res-
pecto á los negociantes de II am bu rg°, que ninguna
culpa tenianen guerradeclarada por el imperio,
y cuyos valores representaban granos suministra-
dos a la Francia.


A. todas estas medidas reparadoras , adoptadas
para bien de la agricultura y del comercio , aña-
dió la Convencion las que podian ofrecer seguri-
dad, y llamar á los comerciantes. Un antiguo de-
creto esciuia de la le y á cuantos se hablan sustrai-
do de un juicio ó de la aplicacion de cualquiera
ley; lude abolido, y por consiguiente pudieron
volver á sus hogares los condenados por las co-
misiones revolucionarias y los sospechosos que
andaban ocultos , concediendo tambien á los que
estaban arrestados por este último concepto la ad-
ministracion de sus bienes. Se declaró que Lyon
no se hallaba va en estado de rebelion, se le -de-
volvió su nombre , cesaron las demoliciones y le
restituyeron las mercancías que le tenian secues-
tradas los pueblos limítrofes; sus comerciantes no
tuvieron necesidad de certilicacion de civismo pa-
ra recibir ó enviar, y empezó la circulacion por
esta ciudad desgraciada. Los individuos de la co-
mision popular de Burdeos y sus adherentes, es de-
cir, casi todos sus comerciantes, estaban fuera de
la ley, y se alzó tambien el decreto espedido con-
tra ellos. En memoria del federalismo debia ha-
berse colocado en Caen una columna infamante, y
se decidió que no se erigiese. Sedan quedó en. li-
bertad de fabricar toda especie de paños, y los de-


FRANCESA.
239


gartamentos del Norte, el paso de Caíais, el ..
.lis-t.


ne y el S'anime quedaron escritos del impuesto ter-
ritorial durante cuatro años, con condicion de res-
tablecer el cultivo del lino y cáñamo. Finalmente,
volvióse la vista á la desdichada Yendée, llamán-
dose á los representantes Bentz y trancaste! , al
general Turreau y á otros varios que habian sido
instrumentos de los formidables decretos del ter-
ror. Supúsose naturalmente que eran cómplices


Robespierre, y de la junta de salvacion pública,
y que habian querido eternizar la guerra de la
Vendée; valiéndose de la crueldad. Se ignora por
qué tuvo la junta semejante intento, pero los parti-
dos responden á un absurdo con otro que no es me-
nor. Dióse á Virneux el mando de la "l'ondee , y al
jóven Hoche el de la Bretaña, enviando nuevos re-
presentantes á estos paises, con la comision de exa-
minar si seria posible que a .optasen allí una amnis-
tía, logrando por este medio la pacilicacion general.


Ya se echa de ver cuán rápido y general era
cl retroceso á otras ideas. Era natural que al pro-
curar remediar todos los males v al pensar en to-
da clase de proscriptos, no descuidase la Asam


-blea sus propios individuos. Mas de un año hacia
que setenta y tres de ellos estaban arrestados ea
Puerto Libre por haber firmado una protesta con-
tra el 31 de ma yo, y habian escrito una carta pi-
diendo que se les juzgase. Todos los quequedaban
del lado derecho, y parte de los liamadospancivlas,
alzaron su voz en una cuestion en que. interesaba
la seguridad del voto, y pidieron se rehabilitase á
sus compañeros. Suscitóse. entonces una de aque-
llas discusiones acaloradas é interminables que
principiaban apenas se levantaba el velo de lo pa-




240 REVOLCCION
sado. «Parece que quereis condenar el 34 de ma-
«yo, decían los montañeses, ajar una jornada que
«haoeis proclamado hasta ahora gloriosa y salu-
dable, y restablecer una faccion que por su re-


«sistencia estuvo á punto de perderá la república
«con su oposicion; y en una palabra quereis que
«renazca el federalismo!» Los termidorianos , au-
tores ó favorecedores del :31 de mayo, se hallaban
confusos, y para suspender la decision acordó la
Convencion que se diese dictamen sobre los seten-
ta y tres.


Es muy natural en las reacciones no solo pro-
curar reparar el inal hecho , sirio querer vengan-
zas. Todos los dias se pedía la causa de Lehon y
Fouquier-TinviLe, y va se había solicitado la de
Villaud, Collot, Vadier, Amar, Vouland
y David, individuos de las antiguas comisiones. El
tiempo iba trayendo á cada momento proposicio-
nes del mismo género. Supiéronse al fin los hor-
rores de Nantes, que habían permanecido ocultos
largo tiempo, pues hasta despues del 9 de termi-
dor no llegaron los ciento treinta y tres nanteses
enviados á Paris para ser juzgados por el tribunal
revolucionario; pusiéronles en libertad, y les oye-
ron favorablemente en cuantas declaraciones die-
ron de las desgracias de su ciudad. fuá tal la in-
dignacion pública, que hubo necesidad de llamar
á Paris á los individuos de la junta revolucionaria
de Nantes, y su proceso acababa de manifestar to-
dos los horrores que acaecen en las guerras ci-
viles. En Paris v lejos del teatro de la guerra, no
se creia que el furor hubiera llegado á tal estremo.
Los acusados no tenian mas que una disculpa que
la oponian á todos los cargos: la Vendée á sus puer-


FRANCESA. 244
tas, y las órdenes del representante Carrier. Vien-
do acercarse el término de la sumaria , acusaban
cada día con mas ahinco al segundo, pidiendo que
sufriese su misma suerte y diese cuenta por si de
lo que había mandado. Todo el público pidió la
prision de Carrier , y que compareciese ante el
tribunal revolucionario. La Convencion, pues, de-
bia adoptar un partido. Preguntaban los monta-
ñeses si despues de haber puesto presos á Lebon
y David, y acusado repetidas veces á Villaud, Co-
Bot y Barrere se concluirla con perseguir á todos
los diputados que estaban en comision. Para disi-
par sus temores, pensaron dar un decreto sobre
las formalidades que deberían emplearse cuando
se persiguiera á un individuo de la Representacion
Nacional, decreto cuya discusiou duró largo tiem-
po, sostenida por ambos lados con obstinacion. Los
montañeses para evitar nuevos procedimientos
contra ellos, trataban de poner unas formalidades
largas v embarazosas, mientras los llamados reac-
cionarios querían por el contrario simplificarlas
para que fuese mas pronto y espedito el castigo de
varios diputados designados con el nombre de
proconsules. M fin se decretó que se remitiesen
todas las denuncias á las tres comisiones de sal -
vacion pública , seguridad general y legislacien,
las cuales decidirian si había lugar á tomarlas en
consideracion; que en el casode decisionafirmativa,
se nombraría por suerte una comision de veinte y
un individuos para que diese su dictamen, y que
con arreglo á este y segun la defensa contradic-
toria del diputado acusado , decidida la Conven-
cion si había lugar á la acusacion, enviando al di-
putado al tribunal competente.


Biblioteca popular.


T. IY. 485




/la
REVOLITC ION


Apenas se espidió el decreto, declararo n
las


tres comisiones que habla lugar al examen contra
Carrier: formóse una comision de veinte y un indi-
aiduos que reclamaron los pruebas del proceso;
hizo comparecer á Carrier, y


empezó el juicio. Se-
gun lo sucedido en el tribunal revolucionar


vio lo, .
que todo el mundo sabia de los hechos, no era
dudosa la suerte de Carrier.


LOSMOntafieses, au-


que condenaban sus crímenes
, aseguraban que


n
si


se le perseguia no era para castigarl , sino para
empezar una la


rgaserie de ve,nganzas contra los
hombres que haUian salvado a, la Francia con su
energía. Susadversarios por el coi o


, oyeno


diar i amente pedir á los individuosn de
trar la comisidon


revolucionaria que compareciese Carrier, y viendo
las dilacioqueman


a comision de los veinte y uno,


decían
que salvarle. La c,omision de segu-


ridad general, temiendo que se escapase, le ro-
deó de agentes depolicia que no le perdia.n de vis-


pero sin embargo , Carrier no pensaba en su
t ; fuga, pues aunque algunos revolucesca


ionarios le ha-


bían aconsejado de oculto que se p ..ise , él no
se atrevió á hacerlo, y parcela que estaba opri-
mido y paralizado por el horror público Un dia
,pió que le perseguian


, se paró delante de uno de
los agentes, le preguntó por qué lo cual


espiaba, e hi-
zo ademan de apuntarle con una pistola , lo
produjo una riña , acudió la fuerza armada , co-
gieron á Carrier , y le condujeron á su casa. Es-
ta escena fué causa de gran alboroto en la Asam-
blea, y de ruidosas reclamaciones en los jacobi-
nos. Se dijo que se 'labia violado la Represe,nta-
don Nacional en a persona de Carrier, v pidieron
esplicaciones a la


l
comision de seguridad general,


FRANCESA. 243
la cual refirió el suceso tal como habia pasado , y
aunque fuertemente censurada , tuvo al menos
ocasion de probar que no queda proteger la eva-
sion de Carrier. Por lin, dió su dictamen la comi-
sion de los veinte y uno, terminando con que pa-
sase la acusacion al tribunal revolucionario. Inten-
tó débilmente Carrier defenderse, é imputó todas
las crueldades á la desesperacion producida por la
guerra civil; á la necesidad de aterrar á la Vendée
siempre amenazadora, y por fin, al impulso de la
comision de salvacion pública, á quien nose atre-
vió a culpar de los atentados , pero la atribuyó
aquella inspiracion de feroz energía que había ar-
rastrado á muchos comisionados de la Convencion.
Renacian entonces peligrosas cuestiones , va va-
rias veces suscitadas pues estaban espuestos á
averiguar la parle que cada uno tenia en los atro-
pellos de la revolucion. Los representantes podan
disculparse con las comisiones .,_ estas con la Con-
yencion, Convencion con la F rancia y todos con
aquella inspiracion que tan horrorosas , pero tan
grandes cosas !labia producido, que era comun á
todo el mundo , y que dependía especialmente de
un caso sin ejemplo.—«'Podo el mundo, dijo Car-
rier en un momento de desesperacion , todo el
mundo es culpable aquí, hasta la campanilla del
presidente.»—Sin embargo , fué tal la indignacion
que causó la narracion de los horrores cometidos
en Nantes, que nadie se atrevió á defender á Car-
rier, ni se pensó justificarle con consideraciones
generales, Fue declarado criminal por unanimi-
dad, y enviado por consiguiente al tribunal revo-
lucimiario.


Hacia pues rápidos progresos la reaccion. Los




FRANCESA. 245
Convencion, sino á esos hombres coligados para
comprometerla y envilecerla á los ojos de la Fran-
cia. Guárdense pues todos los buenos patriotas,
pues ya ha empezado el ataque contra ellos; únan-
s e y estén dispuestos á defenderse con energía.»


Otros muchos jacobinos hablaron despues y
poco mas ó menos vinieron á decir lo mismo.—Se
habla, dijeron, de fusilamientos y horrores; pero
no se di c e que esas personas de quienes se com-
padecen, habian suministrado ausilios á los fora-
gidos; no se recuerdan las crueldades cometidas
coa nuestros voluntarios, cuando se les ahorcaba
de los árboles ó se les fusilaba en peloton. Si se
pide venganza por los foragidos, vengan Cambien
a pedirla las familias de doscientos mil republica-
nos, degollados sin piedad ninguna.—Los ánimos
se hallaban sumamente alterados; la sesion se con-
vertía en un verdadero motin, cuando Villaud-Va-
reunes, á quien los jacobinos echaban en cara su
silencio, tomó a su vez la palabra. «Es sobrada-
((mente conocida, dijo, la marcha de los contrare-
«vol ueionarios, pues cuando en la Asamblea cons-
« tituyente quisieron encausar á la revolucion, lla-
maron á los jacobinos alborotadores, v los fusi-
laron en el Campo de Marte. Cuando despues del


«2 de setiembre quisieron impedir que se estable-
ciese la república, les llamaron sanguinarios, y


«les levantaron atroces calumnias; hoy empiezan
«con las mismas tramas; pero no por eso piensen
«que han de triunfar, pues aunque los patriotas
«han guardado silencio algunos momentos, el leon
«no está muerto cuando duerme, y al despertarse
«estermina á todos sus enemigos. Abierta está la
«puerta; los patriotas se despertarán y recobrarán


214,
REVOLUCION


g
olpes que no se habian atrevido á descarga r


aun


Con


hombres


tra


s


los individuos de las antiguas los
comisiones


del gobierno. se dirigieron contra 'Carrier, y todos
s queh


los abian pertenecido á las juntas revolucio-
nada. Todos los diputados que habian desempe-
nañado comisiones, -y finalmente,
que habian tenido á su cargo destinos


de rigor,


empezaron á temblar por si mismos.
De mucha prudencia necesitaban usar los jaco-


binos, á quienes ya prohibia un decreto las afilia-
ciones y la correspondencia en nombre colectivo,
pero vistos los 1:iltimos sucesos, no era probable
que supiesen contenerse ni evitar un choque con la
Convencion y los termidorianos. Lo que pasó con
Carrier produjo efectivamente una sesion borras-
cosa en su club. Crassous, diputado y


jacobin a , re-
firió los medios empleados por la aristocracia para
destruir á los patriotas diciendo—«El proceso que
se instrnye ahora en el tribunalrevo


lucionario,
revol i es


su principal recurso y con el que mas cuenta; los
acusados apenas tienen facultad para ser oidos an-
te el tri


gentestodosbunal; los testigos casi son
interesadas en hacer mucho ruido en este asunto,
pues algunos traen pasaportes firmados por los
°brines ; los periodistas y folletistas se han uni-
do con ellos para exagerar los hechos maale


s insign
dei-ficantes, ganarse la opinion pública,alejar la


vista las crueles circunstancias que han prodcido
y espl icar los males acontecidos, no solo en Nant


u
es, si.


no en toda laYrancia.. Si la Convencion no tiene cui-
d se verá deshonrada or




istócratas


ponderan mucho este pro
p
ceso


esos
para


ar que
hacer que re-


caiga ea ella todo el odio. No es ya á los jacobinos
á quien debe acusarse de que quieren disolver la




246 REVOLUCION
«toda su energía : mil veces hemos ya espuesto
«nuestras vidas; si nos aguarda todavía el cadalso,
«acordémonos de que el cadalso ha cubierto de
«gloria al inmortal Sidney!»


Este discurso electrizó todos los ánimos;
aplaudiendo á Villaud-Varennes, se estrecharon
alrededor de él, y se prometieron formar causa co-
mun con todos los patriotas amenazados; defen-
diéndose hastala muerte.


Una sesion semejante en la situacion en que se
hallaban los partidos, no porfia menos de escitar
sumo interés. Aquellas palabras de Villaud-Va-
reunes, que hasta entonces se habia abstenido de
presentarse en ninguna de las dos tribunas, eran
una verdadera declaracion de guerra. Como tales
en efecto, las tomaron los temidorianos, y al din
siguiente, presentando Bentabolle el periódico de
la Montaña en que se daba cuenta de la sesion de
los jacobinos, denuncia estas espresiones de Vi-
Ilaud-Varennes: Gl leon no está muerto cuando,
duerme, y al despertarse estermina á todos sus ene-
migos. Apenas ha acabado Bentabolle de leer esta
frase, cuando levantándose los montañeses le lle-
nan de injurias, y le dicen que es uno de los que
proporcionaron la libertad á los aristócratas. Da-
bem le trata de pícaro; y Tallien pide con instan-
cia la palabra en favor de Bentabolle, que ame-
drentado del alboroto, va á bajarse de la tribuna..
Sin embargo, le obligan á permanecer quieto, y él
pide entonces que se obligue á Villaud-Varennes
á que diga lo que entiende por el sueño del leon.
Villaud pronuncia algunas palabras desde su asien-
to. A la tribuna! le gritan por todas partes; él se
resiste; pero al lin se ve precisado á subir á ella y


FRANCESA.
247


tomar la palabra. «No niego, dice, la opinion que
«he manifestado en:losjacohinos; mientras he crei-
«do que se trataba solo de quejas personales, he
«guardado silencio; pero no he podido contenerme
«cuando he visto levantarse á la aristocracia mas
«terrible que nunca.» Al decir esto, suena una car-
cajada en una tribuna y ruido en otra.—Fuera esos
chuanes! gritan desde la Montaña.—Villaud con-
tinua en medio de los aplausos de unos y de los
murmullos de otros. Añade con turbada voz que se
ha dado libertad á realistas conocidos, y encarcela-
do á los mas puros patriotas; cita á madama de
Tourzel, el aya de los infantes de Francia, á quien
se acaba de poner en libertad, siendo capaz de for-
mar por sí sola un núcleo de contra-revolucion. A
estas palabras vuelven las risotadas. Dice tarnbien
que la conducta secreta de las comisiones des-
miente el lenguaje público de los manifiestos de la
Convencion ; que en semejante estado de cosas se
ha fundado para hablar de la necesaria vigilancia
de los patriotas; porque el sueño de los hombres
en sus derechos es lo que les conduce á la escla-
vitud.


O yense algunos aplausos del lado de la monta-
ña en favor de Villaud; pero parte de las tribunas
y de la Asamblea prorumpe en risotadas con ma-
yor fuerza, pareciendo probar con ellas la insultan-
te piedad que inspira el poder derrocado, tarta-
mudeando vanas palabras para sincerarse. Tallien
se apresura en suceder á Villaud para rechazar sus
cargos. «Tiempo es va, dijo, de responder á esos
«hombres que quieren armar las manos del pueblo
«contra la Convencion.»—Nadie quiere tal cosa,
gritan algunos en el salon.—Si, si, responden otros,




2413 REVOLUCION
se quiere armar las manos del pueblo contra la
Couvencion!—« Esosson, continúa Tallien, los hom-
«bres que temen al ver suspenso el cuchillo sobre
«las cabezas de los criminales, al ver que se trata
«de aclarar todas las partes de la administracion, y
«que la veraenza de las leyes está preparada para
«descargarse contra los asesinos; esos son los
«hombres que están hoy inquietos, que pretenden
«despertar al pueblo, que quieren extraviar á los
«patriotas, persuadiéndoles de que todos están colo-
«prometidos, "Si de queá.favor de un movimiento • ge-
«neral esperan por fin impedir que se persiga á los
«defensores ó cómplices de Carrier.» Numerosos
aplausos interrumpen á 'l'alijen; y Villaud, que no
quiere le envuelvan en la complicidad con Carrier,
grita desde su puesto: «Declaro que no he apro-
«hado su conducta.» No hacen caso de las pala-
bras de Villaud. siguen aplaudiendo á Tallien,


'prosigue este: «No es posible que se sufra por mas
«tiempo dos autoridades rivales, ni se permita á
«individuas que guardan aqui silencio, ir á denun-


ciar despues lo que habeas hecha.—No, no, es-
«claman muchas voces; no queremos autoridades
«rivales de la Convencion!—No conviene, continúa
«Tallien, que se vaya aninguna parte á vilipendiar
«á la Convencion, y á aquellos individuas de ella
«en quien mas ha confiado el gobierno. En este
«momento no haré deduccion ninguna. Basta que
«esta tribuna ha ya respondido á lo dicho en otra,
«y hasta que la 'Convencion se pronuncie unáni-
memente contra los hombres sanguinarios.»


Nuevos aplausos prueban a Tallien que la
Asamblea esta decidida á hacer cuanto se quiera
contra los jacobinos. Bourdon. del Oise apoya al


FRANCESA. 249
preopinante, aunque en muchas cuestiones no es-
tuviese acorde con sus amigos los termidorianos.
Legendre hace tarnbien oir su voz robusta. «,Quie-
«nes son esos, dice, que vituperan nuestras opera-
«ciones? Un puñado de hombres feroces. Mirad-
«les cara á cara. y viereis en su rostro el barniz
«amasado con la hiel de los tiranos.» Estas espre-
Siones que iban dirigidas contra el semblante cala
dello y sombrío de Villaud-Yarennes, se aplauden
estrepitosamente. «¿De qué os quejais, continúa
«Legendre, vosotros que nos acusais continuamen-
te? ¿Es por que no se encarcela ya á los ciudada-
nos á centenares? ¿Por que no se llevan. á la gui-


«llutina cincuenta, sesenta y ochenta personas ca-
«da dia? ¡Ah! yo confieso que en esto tenemos
«distinto placer que vosotros, y que nuestro modo
«de desocupar las cárceles es muy distinto. Noso-
tros hemos ido á ellas; hemos hecho todo lo posi-


«b!e por distinguir á los aristócratas de los patrio-
«tas ; si nos hemos engañado, ahí estar nuestras
«cabezas que respondan. Pero mientras reparamos
«crímenes, y mientras procuramos haceros olvi-
dar que estos crímenes son vuestros, ¿por qué


«vais á denunciarnos á una sociedad famosa, y á
«estraviar al pueblo, poco numeroso por fortuna,
«que allí concurre? Pido, añade Legendre al con-
cluir, que la Convencion adopte las providencias


«necesarias para impedir que sus individuos vayan
«á predicar revolucion á los jacobinos.» La C.15n-
vencion se ad h ere á la proposicion de Legend re y en-
carga á las comisiones que presenten estos medios.


De esta suerte se hallaban en pugna la Con-
vencion y los jacobinos , y en aquella situacion en
que apurados todos los discursos , no queda mas




250 REVOLUCION
que venir á las manos. La intencion de destruir la
sociedad célebre empezaba á ser indudable, solo se
necesitaba valor en las comisiones para proponer-
lo. Conocíanlo tos jacobinos, y se quejaban en to-
das susss de qe querían disolverlos; com-
paraban se el gobierno establecido con Leopoldo,
Branswick y Coburgo , que hablan pedido lo mis-
mo. Una palabra que se pronunció en la tribuna,
les dió ancho campo para ue


suponerse calumni
artas


ados
coy


perseguidos . Se habia dicho q ea las c-gidas se hallaba la prueba de que la comisiou de
los emigrados en Suiza estaba acorde con los jaco-
binos de Paris. Si quería únicamente decirse con
esto que los emigrados deseaban trastornos que
turbasen la marcha del gobierno , sin duda teman


..,


razon, y en efecto una carta interceptada á un emi-
grado, decia que la esperanza de vencer á la revo-
lucion por las armas era una locura, pero qoe se
debia procurar destruirla con sus propios desórde-
nes; mas si por el contrario se daba á entender que
los jacobinos y empleados se comunicaban y con-
venían para lograr un mismo objeto , se decia el
absurdo mas ridiculo. Los jacobinos no querían mas
que verse acusados de esta manera y así no cesa-
ron en muchos (has de decir que se les calumnia-
ba , y Dallen' propuso varias veces que se leyesen
las supuestas cartas en la tribuna.


Era estraordinaria la agitacion que reinaba en
Paris, saliendo numerosos grupos; unos del Palacio
Real, compuestos de jóvenes con coletas y valonas
negras, y los otros del arrabal de San A.ntonio y
calles de San Dionisio y San Aladin , y de todos
los barrios dominados por los jacobinos, que se en-
contraban en el Carrousel , en el jardín de las Tu-


FRANCESA. 251
Herías y en la plaza de la Revolucion. Gritaban
unos , viva la Convencion! abajo los terroristas y los
secuaces de Robespierre! los otros respondian con
los gritos de viva la Convencion! vivan los jacobinos!
fuera los aristócratas ! Sus canciones eran tambien
diferentes, porque la juventud doraba habla adop-
tado una conocida con el titulo de le Reved du pea -
ple , mientras que los partidarios de los jacobinos
cantaban aquel antiguo himno de la revolucion in-
mortalizado con tantas victorias : Allons, enfans de
lra patrie.


Cuando se encontraban cara á cara, no soban
contentarse con prorumpir en las opuestas can-
ciones, sino que emprendian á, pedradas y palos:
corria la sangre y se hacían prisioneros , que una
y otra parte entregaban á la comision de seguridad
general. Los jacobinos decian que esta comision,
compuesta de termidorianos, soltaba á los jóvenes
que la entregaban, y solo detenia á los patriotas.


Duraron una porcion de dias estas escenas y al
cabo se hicieron tan alarmantes, que las comisiones
de gobierno tomaron medidas de seguridad y do-
blaron todas las guardias. El 19 de brumario (9 de
noviembre de 179.1), las reuniones fueron mas nu-
merosas y considerables que los dias anteriores. Un
grupo que salió del Palacio Real, siguiendo por la
calle de San Honorato , llegó al salou de los jaco-
binos y los cercó. La multitud se aumentaba cada
vez mas , y obstruía todas las avenidas , de modo
que los jacobinos que se hallaban reunidos á la sa-
zon, podían creerse sitiados. Algunos grupos que
estaban á su favor dieron los gritos de viva la Con-
venc[onl vivan los jacobinos! á los que contestaban
con los contrarios; se trabó una lucha, y como los




252 REVOLUC tor
jóvenes eran mas fuertes , lograron disipar muy
pronto todos los grupos enemigos. Hodearou enton-
ces et salon del club , y rompieron las vidrieras á
pedradas ,jacobinos algunas enormes peñas en me-
dio de los ' reunidos. Furiosos estos , gri-
taban que les degollaban , y prevaliéndose princi-
palmente de que entre ellos hacia algunos indivi-
duos de la GOEIVCÚ.Ci011, decian que asesinaban á la
Ilepresentacion Nacional. Las mugeres que llenaban
las tribunas, y era llamadas las furias de la guillo-
tina, quisieron salir para librarse del peligro; pero
los jóvenes que las aguardaban, cogiendo a las que
intentaban huir, las trataron del modo mas inde-
cente , llegando á castigar a algunas cruelmente.
Seguían lloviendo piedras en la Asamblea, y los ja-
cobinos resolvieron entonces salir y acometer á los
sitiadores. El ardiente Duhem armado de un palo,
se puso á capitanear una de estas salidas, y resul-
tó de esto un terrible choque en la calle de San !lo-
norato. Si hubieran sido mortales las armas de una
parte y otra , hubiera habido una carnicería. Los
jacobinos volvieron con algunos prisioneros , y los
jóvenes que estaban fuera les amenazaban, sino les
devolvían sus camaradas , con que entrarían en el
salon y tomarian de sus enemigos la mas severa
venganza. Muchas horas duró aquella escena antes
que las comisiones de gobierno pudieran reunirse
y dar órdenes; y algunos emisarios de los jacobinos
vinieron á dar cuenta á la comision de seguridad
general de que se trataba de asesinar á los diputa-
dos que existían en la sociedad. Las cuatro comi-
siones de salvacion pública, seguridad general, le-
gislacion guerra , se reunieron y acordaron en-
viar inmediatamente patrullas para libertar á sus


FRANCESA,


compañeros comprometidos en esta escena, mas
escandalosa que sangrienta.


Acudieron las patrullas con un individuo de ca-
da junta hacia el sitio del combate , y hora de las
ocho. Los individuos de las comisiones que iban al
frente de las patrullas


'


no cargaron contra los si-
tiadores como querian los jacobinos , ni quisieron
entrar en el salon como se lo pechan sus cólegas que
se hallaban alli : permanecieron fuera, aconsejan-
do á los jóvenes que se retirasen, y prometiéndo-
les poner en libertad á sus camaradas. Efectiva-
mente, disiparon poco á poco los grupos , hicieron
evacuar despues el salon de los jacobinos , y en-
viaron á su casa á todo el mundo.


Luego que se restableció la tranquilidad, vol-
vieron a unirse con sus compañeros , y las cuatro
comisiones pasaron la noche en discutir el partido
que deberia adoptarse. Unos eran de opinion de
suspender á los jacobinos; otros se oponian, espe-
cialmente Thuriot, que aunque fué uno de los ad-
versarios de Ilobespierre en el 9 de termidor , co-
menzaba á mirar con recelo la reaccion , y parecía
propender á favor de los jacobinos. Separáronse
sin haber decidido nada.


Al dia siguiente por la mañana, que era e120 de
brumario, hubo en la Asamblea una de las mas rui-
dosas escenas. Duhem fué el primero , segun se
cree fundadamente, en sostener que el dia antes se
había querido asesinar á los patriotas, no habiendo
hecho su deber la comision de seguridad general.
Las tribunas, tomando parte en la discusiou , mo-
vían un espantoso alboroto , pareciendo que por
una parte apoyaban y por otra negaban los hechos.
Hicieron salir á los alborotadores, y en seguida pi-




.9á REVOLUCION
dieron la palabra una multitud de individuos, Bour -
don del Oise Rewbel Clauzel en apoyo de la co-
mision , v Duhem , Duroy y Bentabolle en contra.
Hablaron sucesivamente, presentaron las cosas a su
modo , v los interrumpieron los mentís de los que
hablan presenciado hechos enteramente contrarios.
Los unos no habian visto mas que grupos en que
se maltrataba á los patriotas; los otros solo hablan
hallado cuadrillas en que se maltrataba á los jóve-
nes, atacando á la Convencion y á. las comisiones.
Duhem, que no podia contenerse en ninguna dis•
cusion de este género , añadió que el atentado se
habia dirigido por los aristócratas que comian en
casa de la Cabarrús, é iban á cazar á Raiucy. Man-
dáronle callar, y solo pudo averiguarse en medio


Irle tan contrarias aserciones, que las comisiones, á
pesar de su prontitud en reunirse y convocar la
fuerza armada , no habian podido enviarla hasta
muy tarde; que dirigidas las patrullas á la calle de
San llonorato, no hablan podido librar á los jaco-
binos por medio de la fuerza, y se contentaron con
disipar poco á poco el motin; últimamente , que
habian manifestado una indulgencia muy natural
en favor de los que gritaban ¡viva la Convencion1 y
que no decian estuviese el gobierno entregado á
contra-revolucionarios. No se podialen efecto pedir-
les mas. Su deber era impedir que se maltratase ít
sus enemigos: pero era mucho exigir que cargasen
á la bayoneta contra sus propios amigos, es decir,
contra los jóvenes que se agolpaban diariamente
para defenderlos de los revolu ionarios. Manifes-
taron á la Convencion que hablan pasado la noche
en discutir si convenia suspender ó no á los jaco-
binos, y preguntándoles si habian estendido alga'


FRANCESA.
255


proyecto, declararon que no se habian convenido
aun, y asi les mandaron retirarse al efecto, y que
volviesen luego á comunicar su resolucion á la
Asamblea.


Algo mas tranquila pasó aquella jornada del 20
porque no hubo reunion en los jacobinos ; pero al
siguiente dia 21, que lo era de sesion , se renova-
ron los grupos, y por ambos lados estaban va pre-
parados, siendo evidente que Ilegarian á las ma-
nos aquella tarde misma. lieuniéronse inmediata-
mente las cuatro comisiones , suspendieron con un
decreto las sesiones de los jacobinos , v mandaron
que se entregase inmediatamente en lá secretaría
de la comision de seguridad general la llave de su
salon.


Ejecutóse la Orden entregáronse las llaves en la
secretaría, y esta medida atajó el motin que se te-
mia, pues se disiparon las reuniones y se pasó la
noche tranquila. Al dia siguiente, Laiguelot se pre-
sentó en nombre de las cuatro comisiones á parti-
cipar á la Convencion la determinacion que habian
tomado. «Jamás hemos querido , dijo, atacar á las
sociedades populares , pero tenemos el derecho de
cerrar las puertas del sitio en que se forman facciones
y en que se predica la guerra civil.» La Conven-
cion le aplaudió con entusiasmo, se pidió la vota-
cion nominal y quedó sancionado el decreto casi por
unanimidad, en medio de las aclamaciones v gri-
tos de viva la república y viva la Convenciont'


Asi concluyó aquella sociedad, cuyo nombre ha
llegado á ser tan célebre y tan odioso , y que seme-
¡ante á todas las Asambleas, á todos los y que
figuran alternativamente en la escena, y á la ro yo-
lucion misma, tuvo el mérito y las faltas de la es-




256 REVOLUC,ION
tremada energía. Inferior á la Convencion, y abier-
ta á todos los recien venidos, era el palenque don-
de los jóvenes revolucionarios, que aun no habian
figurado, y anhelaban darse á conocer, se presen-
taban á medir sus fuerzas, y dar impulso á la mar -
cha naturalmente mas lenta de los revolucionarios
que habian conseguido ya el poder. Mientras hu-
bo necesidad de nuevas personas, talentos y vidas
prontas á sacrificarse, fue útil la sociedad de los ja-
cobinos, dando hombres que necesitaba la revolu-
cion en aquella sangrienta y horrenda lucha. Cuan-
do la revolucion, llegando al último estremo , em-
pezó á retrogradar , se acogieron á esta sociedad
los hombres acalorados que habian salido de su se-
no, y que sobrevivieron á conmocion tan violenta.
Pronto se hizo importuna por sus inquietudes , y
hasta peligrosa por sus recelos. Entonces la sacri-
ficaron los hombres que procuraban atraer la revo-
lucion desde el estremo á que habla llegado al jus-
to medio de la razon, de la equidad y de la libertad,
y que ciegos, como todos los hombres que obran
por esperanza , creian poder fijarla en el ansiado
medio. Sin duda hacian bien en querer volver á la
moderacion, y los jacobinos tenian razon para de-
cirles que caminaban á la contra-revolucion. Las re-
voluciones, semejantes á un péndulo impelido con
fuerza que corre de un estremo á otro , siempre
ofrecen fundamento para presagiar escesos ; pero
felizmente las sociedades políticas, despues de ha-
ber oscilado violentamente en sentido contrario,
acaban por contentarse con un movimiento igual y
acertadamente limitado. Pero cuánto tiempo, cuán-
tos males y cuánta sangre cuesta llegar á esta épo-
ca venturosa! Nuestros antecesores los ingleses tu-


FRANCESA. 257
vieron que pasar por Cromwell y por dos Es-
tuardos.


Los jacobinos dispersos no eran hombres que
se oscureciesen en la vida privada, renunciando á
las turbulencias políticas. Unos se refugiaron al
club electoral, que espulsado del palacio episco-
pal por las comisiones se habia reunido en uno de
los salones del museo; y otros se trasladaron al ar-
rabal de San Antonio, á la sociedad popular de la
seccion de los Trescientos. Allí era donde se reo -
nian los mas famosos y decididos del arrabal, y losjacobinos al presentarse á ellos de tropel , el 24
de brumario , les dijeron: «Valientes ciudadanos
«del arrabal de San Antonio: vosotros, únicos apo-
«yos del pueblo, vosotros veis perseguidos á los
«infelices jacobinos. Os pedimos que nos recibais
«en vuestra sociedad, pues hemos dicho : vamos al
«arrabal de San Antonio , donde no podremos ser
«atacados ; y reunidos allí, lograremos mejor ii-
«brar al pueblo y á la Convencion de la esclavi-
«tud!» Todos quedaron admitidos sin mas indaga-
ciones; pronunciaron las espresiones mas duras y
peligrosas, le y eren muchas veces este art;culo
de la declarácion de los derechos : Cuando el go-
bierno infringe los derechos del pueblo , lec insurrec-
cion es para este el derecho mas sagrado g el deber
nias indispensable.


Las comisiones que ya habian probado sus fuer-
zas, y se sentían robustas, no creyerondeher per-
seguir en su asilo á los jacobinos , permitiéndoles
sus.


inútiles amenazas , y preparándose á obrar á
la primera señal, si los hechos correspondian á
las palabras.


Con esto cobraron aliento la mayor parte de las
iblioleca popular.
T. IV. 486




£58 BEVOLUCIOX


seccione s de Paris, y espulsaron de su seno á losque se llamaban terroristas, que se retiraron ha-
cia el Temple y arrabales de San Antonio y San
Marcelo. Libres de sus adversarios, redactaron
muchas esposiciones para felicitar á. la Convencion
por la energía que acababa de desplegar contra los
cómplices de llobespierre. De casi todas las: ciudades
se remitieron esposiciones semejantes , y la Con-
vencion, apoyada asi en el rumbo que acababa de
tomar, prosiguió en el con el mayor ahjaco. Los
setenta y tres, en cuyo favor se habia reclamado,
eran pedidos todos los dial con muchas instancias
por los i ndividuos del centro y del lado derecho,
que qu‹,,rian reforzarse con setenta y tres votos,
sobre todo asegurar la libertad en las votaciones,
llamando á. sus cólegas. AA fin fueron dados por li


-


-


bres y repuestos, mientras la Convencion, sin ha
cer mérito del 31 de, mayo, declaró que hablan po-
dido pensar de aquellos sucesos de distinto modo
que la mayoría, sin ser por eso culpables. Entra-
ron todos juntos con el anciano Dusaulx a su cabe-
za, y tomando este la palabra por todos , aseguró
que al volver á sentarse junto á sus colegas, olvi-
daba todo resentimiento, no abrigando mas deseo
que el del bien público. Dado este paso, no era va
tiempo de retroceder. Louvet , Lanjuinais , Enri-
que Lariviere, Doulcet, Isnard, y todos los giron-
nulos que huyeron del destierro y andaban ocul-
tos por subterráneos, escribieron pidiendo su re-
posicion. Con este motivo se suscitó una ruidosa
escena. Los termidorianos espantados de la rapi-
dez con que marchaba la reaccion se detuvieron
imponiendo respeto al lado derecho , que como
creia haber menester de ellos , no se atrevió á. de-


FRANCESA
259


sairarlos, y dejó de insistir. Se decretó que los di-
putados declarados fuera de la ley no serian per-
seguidos, pero tampoco entrarían en el seno de la
Asamblea.


.1%
Ei mismo espíritu que conducia á absolv 159,5,


unos debía dictar la condenacion de otros. Un an- eckgil
ciano diputado llamado Raffron dijo que ya era
tiempo de perseguir á todos los culpables y probar
á la Francia que la Convencion no era cómplice de
los asesinos, pidiendo que inmediatamente se pro-
cediese al juicio de Lebon y David, arrestados mil-
hos. Sabidos los sucesos del Mediodia, y especial-
mente los de Bedouin (Valclusa) , se pidió un in-
forme y proceso contra Maignet. Pidieron algunos
el juicio de Fouquier-Tinville, y una sumaria con-
tra el antiguo ministro de la guerra Boucliotte , el
que !labia entregado á los jacobinos las mesas de
su secretaría. La misma proposicion se hizo contra
el corregidor Pacbe, cómplice, segun decian, de
os nebertistas, y libertado por Robespierre. En


medio de este diluvio de ataques contra los gefes
*evolucionados, debían sucumbir al fin los tresgefes principales por tanto tiempo defendidos. Vi-laud-Vareunes, Collot d' Ilerbois y Barrere, nue-
ra y formalmente acusados por Legendre , no pu-
dieron eximirse de la coman suerte, ni las comi-
siones negarse á oir la acusacion y emitir su dic-
tamen. Lecointre , declarado calumniador en su
primera acusacion, anunció que habia mandado
imprimir los documentos de que carecia entonces;
enviáronse estos á las comisiones, las mismas que
dejándose llevar de la opinion, no se atrevieron á
resistir, y declararon que /labia lugar á tomar en
consideracion la acusacion contra Villaud , Conot




260 REVOLUCION
y Barrero, pero no la de Vadier, Youland, Amar y
David.Por fin se terminó el proceso de Carrier el l6
de diciembre en presencia de un público que no
podia ocultar el espíritu de reaCei011 que le anima-ba; y fueron condenados á muerte él y dos indivi-
duos de la comision revolucionaria de Nantes , Pi–
nol y Grand-Maiso n , como 'agentes y cómplicesdel sistema del terror. Los domas fueron dados por
libres de la parte que habían t


enido. C
en los atenta




-


dos por obedecer
a sus supeioresarrier obs


tinándose en sostener que toda la revolucion ,y
todos los que la habian hecho. consentido ó dirigi-
do eran tan culpables como di , fue lleva om


do al ca-
dalso; pero resignándose en aquel fatal m ento ,
recibió la muerte con serenidad y valor. En prueba
del ciego delirio de las guerras civiles, se citaban
rasgos del carácter de Carrier antes de su mision á
Nante,s, que manifestaban no tener nadado sangui-
nario. Los revolucionarios al condenar su d i


co nduc
r


ta se aterraron. de su suerte, y no podian simula
que esta ejecucion era el principio de sangrientas
represalias que la contra-revolueion les preparaba;
pues ademas de la persecucion que sufrian los re-
presentantes individuos de las antiguas comisio–
ves, ó enviados con nigua cargo, otras leyes nue–


amente publicadas les convencian de que la ven–
vganza descenderia mas, sin que les pudiese salvar
el haber representado papeles inferiores. Un de-
creto obligó a todos los que habian desempeñado
algun cargo, y manejado caudales públicos, á dar


de su desempeño; y como todos los indivi–
cuenta
duos de las comisiones revolucionaria impuestos




ablan
formado cajas con el producto de los


FRANCESA. 264
con la plata de las iglesias, y con los subsidios re-
volucionarios para organizar los primeros batallo-
nes voluntarios, pagar los ejércitos revolucionarios
y los trasportes, sostener la policía y cubrir final-
Mente otros mil gastos de esta especie; era eviden-
te que todos los empleados de !a época del terror
iban á quedar espuestos á persecuciones.


Ademas de estos fundados temores se agrega-
ban noticias muy alarmantes, pues se hablaba de
paz con la holanda, la Prusia, el imperio, la Espa-
ña y la misma Vendée, y se pretendia que sus
condiciones serian funestas al partido revolucio-
nario.




CAPITULO YE.


Continnacion de la guerra en el Rin. Toma de Islimega por los
franceses.—Política esterior de la Francia. Solicitan conferen-
ciar varias potencias.—Decreto de amnistía en favor de la Ven-
dee.—Conquita de la [blanda por Piellegrú. Torna de Ctrecht,
Amsterdam y otras ciudades principales; ocupacion de las sie-
te provincias unidas. Nueva organizacion politica de la Holm.
da.—Yietorias en los Pirineos.—Fin de la campaila de.1794.—
Solicitan la par la Prusia y otras potencias coligadas. Prime-
ras negociaciones.—Estado de la I


tendée y la Tiretaha. Puisaye
en Inglaterra. Providencias de linche para la pacificacion de la
liendée. ^Negociaciones con los gefes vendeanos.


Dueños los ejércitos franceses de toda la d ori-
lla izquierda del Rin, v prontos á pasar á la ere-
cha, amenazaban á lalloland a


y Xlernania; pero al
mismo o ocurria la duda de si cnvendria
conducirlos adelante, ó hacerlos volver áosus acan-


tonainientos.Á pesar de todos sus triunfos y su permanencia
en la rica Bélgica, se hallaban e,n la ma y


or mise-
ria, y el pais que ocupaban, azotado durante tres
años por innumerables legiones , había quedado
enteramente exhausto, uniéndose á, los males de la
guerra los de la admin


ceistracion fransa, que in-
trodujo en pos de sí los asignados, el máximum y
las requisas. Gobernaba n


el pais mientras se fija-


FRANCESA. 963
ba definitivamente su suerte , Ayuntamientos in-
terinos, ocho- administraciones subalternas, y una
central establecida en Bruselas. Se habían impues-
to ochenta millones sobre el clero, las abadías, los
noble& y las corporaciones; pusiéronse los asigna-
dos en cireulacion forzosa, y los precios de Lila
sirvieron para fijar el máximum en toda la Bélgica.
Sujetáronse á requisas los gene.ros y mercancías
útiles á los. ejércitos; pero estos reglamentos no re-
mediaron la falta, pues los mercaderes y comer-
ciantes ocultaban cuanto tenia!) , careciendo asi de
todo, lo• mismo los oficiales que los soldados.


Cou la leva en masa ejecutada el año anterior,
equipada muy de prisa y llevada con precipitacion
á liondschoote, Watigntes y Landau , el ejército
entero no habla recibido de la administracion mas
que pólvora y pro y ectiles. Hacia mucho tiempo que
no acampaba en tiendas, sino bajo las ramas de los
árboles, á pesar de haber entrado en un invierno
rigoroso. Por no tener zapatos muchos soldados,
se cubrian los pies con trenzas de paja, ó se abri
gaban con esteras en vez de capotes. Los oficiales,
pagados en asignados, vejan reducirse sus habe-
res a ocho O• diez francos efectivos al mes , y los
que recibían algun socorro de sus familias, no po-
dian emplearlo, porque todo estaba requisado de
antemano por la administrador' francesa. Se velan
pues, reducidos á la vida del soldado, marchando á
pie, llevando la mochila á la espalda , comiendo
pan de municion y corriendo las aventuras de la
guerra.


La administracion parecia hallarse agotada por
el estraordinario esfuerzo que habla hecho en le-
vantar y armar un millon y doscientos mil duda-




261 REVOLUCION


danos. La nueva organizacion del poder , débil y
dividida, no podia darle la fuerza v actividad ne-
cesarias; de modo que todo aconsejaba que el
ejercito pasase á cuarteles de invierno, premián-
dole con el descanso y la abundancia sus victorias


virtudes militares.
Sin embargo, nos hallábamos delante de la pla-


za de Nime ga , que situada en el Wahal (nombre
que toma el Rin cerca de su embocadura), domi-
naba ambas orillas , y podia servir de entrada de
puente al enemigo, para pasar en la siguiente cam-
paña á la orilla izquierda. Importaba, pues , apo-
derarse de esta plaza antes de que entrase mas el
invierno; mas era muy dificil acometerla. El ejér-
cito inglés, colocado en la orilla derecha, formaba
un campamento de treinta y ocho mil hombres,
que por medio de un puente de barcas , podia co-
municar con la plaza y abastecerla. Ademas de sus
fortificaciones, tenia Nimega delante un campo
atrincherado, guarnecido de tropas, de modo que
para acometerla completamente , convenio colocar
en la orilla derecha un ejército que debla arries-
garse á los peligros del paso y de una batalla , sin
tener en caso de derrota, medio alguno de retirar-
se Asi, que solo podia maniobrar en la orilla iz-
quierda, debiendo reducirse á atacar el campo
atrincherado , sin gran esperanza de resultado fa-
vorable.


No obstante, los generales franceses estaban
decididos á intentar uno de aquellos bruscos y atre-
vidos, ataques que acababan de abrirles en tan cor-
to tiempo las puertas de Maestricht y de Venleo.
Conociendo los aliados cuán importante era Nime-
ga, se habian reunido en Arnheitn para acordar los


FRANCESA. T.65
medios de defenderla, y convinieron en que pasa-
se un cuerpo austriaco al campo de los ingleses, á
las órdenes del general Wernek , y formase la iz-
quierda del duque de York , para la defensa de la
Holanda. Mientras este permanecia con sus ingle-
ses y hanno yerianos en la orilla derecha , delante
del puente de Nimega , y renovaba las fuerzas de
la plaza, el general Wernek dehia intentar por la
parte de Wesel, mucho mas arriba de Nimega, un
movimiento particular que los militares de espe-
riencia han tenido por el mas absurdo de los que
empleó la liga en el trascurso de todas estas cam-
pañas. Este cuerpo , aprovechándose de una isla
que forma el Rin hacia Buderich , debla pasar á
la orilla izquierda, y colocarse entre el ejército de
Sambre y Alosa y el del Norte. Veinte mil hom-
bres iban , pues , á situarse mas allá de un gran-
rio, entre dos ejércitos victoriosos de ochentaa cien
mil hombres cada uno, para ver el efecto que cau-
sarían en ellos , debiendo reforzarse segun fuera
necesario. No hav duda que este movimiento, eje-
cutado con todos los ejércitos coligados , hubiera
podido ser grande y decisivo ; pero con veinte mil
hombres era una tentativa pueril , y acaso fatal
para el cuerpo que debiera hacerla.


Con todo, cre y endo que salvarian por este me-
dio á Nimega, los aliados hicieron avanzar por una
parte el cuerpo de Wernek hacia Buderich , y por
otra ordenaron que la guarnicion de Nimega efec-
tuase alguna salida. Rechazaron los franceses cuan-
tas practicaron, y asi como en Maestrich t.


y Venloo
habian abierto la trinchera tan cerca de la plaza,
que aun no se habla visto cosa igual en la guerra,
asi también una feliz casualidad aceleró sus traba-




266 RF.VOLCCION
jos. Las dos estremidades del arco que descrihian
alrededor de Nimega, terminaban en el Wahal,
desde las cuales procuraban disparar sobre el puen-
te, v en efecto, algunos de sus proyectiles alean-
zar¿n á varios pontones y pusieron en mucho peli-
gro las comunicaciones de la guarnicion con los
ingleses. Estos , que se hallaban en la plaza , sor-
prendidos de tan estraño acontecimiento, repusie-
ron los pontones y se apresuraron á unirse con el
grueso de su ejército, que estaba en la orilla opues-
ta, abandonando a la guarnicion compuesta de tres
mil holandeses. No bien notaron los republicanos
esta determinacion, redoblaron el fuego v entonces
el gobernador, atemorizado , dió parte d'e su posi-
cion al príncipe de Orange, y obtuvo permiso para
retirarse luego que viese cercano el riesgo Apenas
recibió esta autorizacion, atravesó el Wahal , y
entonces se introdujo el desórden en la guarnicion,
deponiendo parte las armas, y parte que quiso sal-
varse por un puente volante, quedó detenida por
los franceses, que cortaron las maromas , yendo á
parar á una isla en que se entregó prisionera.


El dia 8 de noviembre entraron los franceses
en Nimega, y se hallaron dueños de aquella im-
portante plaza, gracias á su temeridad y al terror
que sus armas infundian. Entretanto, los austriacos
mandados por Wernek, binan intentado salir de
Wesel ; pero cayendo sobre ellos el impetuoso
Vamdammc, cuando iban á poner el pié en la otra
orilla (lel Rin, les hizo retroceder á la derecha, y
pudieron darse por contentos de no haber obtenido
mayor ventaja, porque si hubieran adelantado mas,
se habrian visto á pique de quedar deshechas.


Llegó por fin el momento de entrar en los acan-


FRANCESA. 267
tonamientos, porque se hallaban en posesion de to-
dos los puntos importantes del Rin. El conquistar
la llolanda , asegurarse asi la navegacion del Es-
calda, el liosa y el Rin , privar á la Inglaterra de
su mas poderosa aliada en los mares, amenazar por
sus costados á la Alemania, interrumpir las comu-
nicaciones de nuestros enemigos del continente
con los del Oceéano, ú obligarlos al menos á dar
el largo rodeo de Hamburgo, y finalmente fran-
quearnos el mas rico pais del mundo, y el mas
codiciado de nosotros en la situacion de nuestro
comercio , era indudablemente objeto digno de la
ambicion de nuestro gobierno y nuestro ejército;
pero ¿cómo atreverse á intentar la conquista de la
Holanda , imposible casi en todos tiempos, y mu-
cho toas en la estacion de las lluvias? Situada en
la embocadura de varios ríos, la Holanda no con-
siste sino en lenguas de tierra , puestas entre las
corrientes de esos ríos y las del ()océano. Su sue-
lo , mas bajo en todas partes que el cauce de las
aguas, se vé incesantemente amenazado por el
mar, el Rin, el Alosa y el Escalda, cortado ademas
por ramales de estos ríos, y por una multitud de
canales artificiales. Estos valles, espuestos á ser
inundados, se ven cubiertos de jardines, ciudades,
industriosas y arsenales. A cada paso que por
aquel pais quiere dar un ejército , se encuentra
con anchos ríos, cuyas márgenes son diques alza-
dos y coronados de cañones, ó corrientes de ríos
canales , defendidas por el arte de las f(frtificacid-
nes, ó plazas finalmente , que son las mas fuertes
de Europa. Las grandes maniobras que trastornan
muchas veces la defensa metódica, haciendo inú-
tiles los sitios, son imposibles en medio de un pais




268 REVOLUCLON


atajado y defendido por innumerables líneas. Si
pesar de todo logra un ejército superar tantos
obstáculos y adelantar algo en Holanda , sus habi-
tantes por un acto heróico de que dieron ejemplo
'va en el reinado de Luis XIV, no tienen mas que
horadar sus diques, y pueden inundar en su pais al
temerario ejército que penetrase en él. Les quedan
sus barcos, en que, como los atenienses, pueden
huir con sus tesoros, y esperar á mejores tiempos,
ó ir á las Indias á poblar el ancho imperio que les
pertenece. Todas estas dificultades son aun mayo-
res en la estacion de las inundaciones, haciéndolas
insuperables una alianza marítima como la de la
Inglaterra.


Verdad es que el espíritu de independencia que
á la sazon animaba á los holandeses, su ódio al
Statbouderato , su aborrecimiento á la Inglaterra
y la Prusia , la persuasion en que estaban de sus
verdaderos intereses, y el resentimiento que abri-
gaban aun por la revolucion, tan desgraciadamen-
te sofocada en 1787 , no podian dejar duda á los
ejércitos franceses de que eran vivamente desea-
dos. Debia creerse que los holandeses se opondrian
á que rompiesen sus diques y arruinasen su pais
por una causa que detestaban; pero aun les teman
oprimidos el ejército del príncipe de Orante v el
del duque de York , que reunidos , bastaban para
estorbar el paso de las muchas lineas, que era pre-
ciso tomar á su vista. De modo que si en tiempo
de Dumouriez era temeraria una sorpresa, en fines
de 1794 era casi un desatino.


La junta de salvaeion pública, escitada sin em-
bargo por los refugiados holandeses , pensaba se-
riamente en penetrar mas allá del Wahal. Piche-


FRANCESA. 269
°Tú tan plagado de sarna y de miseria como la
mayor parte de sus soldados, !labia ido á Bruselas
á curarse de una enfermedad cutánea, sustituyén-
dole I'doreau y Regnier que aconsejaban permane-
cer quietos é invernar. El general holandés Baca -
dels, refugiado de esta nacion y militar intrépido,
proponia incesantemente una tentativa contra la
isla de Bommel, pudiendo dejar de seguir adelante
si este ataque se malograba. El Alosa y el Wahal
que corren paralelos hacia el mar, se unen un cor-
to espacio mucho mas allá de Nimega, se separan.
de nuevo , y vuelven á reunirse en \Vondrichern,
algo mas arriba de Gorcum. El espacio compren-
dido entre sus dos brazos es lo que se llama la isla
de BOMMCI. A pesar del consejo de MoreauReg -
nier, se intento un ataque contra esta isla por tres
puntos diferentes , pero salió desgraciado , y se
abandonó inmediatamente con la mejor buena té,
especialmente por parte de Dacudels, que se apre-
suró á confesar cuán imposible era así que lo co-
noció.


Entonces , es decir , á mediados de frimario,
principios de diciembre, entró el ejercito en cuar-
teles de invierno, de que tenia tanta necesidad, y
estableció parte de los acantonamientos al rededor
de Breda para bloquearla. Esta plaza y la de Grave
no se habían rendido, pero la falta de comunica-
ciones durante el invierno , debia seguramente
obligarlas á efectuarlo.


En esta posicion creía el ejército que acabaría
la estacion , y ciertamente tenia motivos para en-
vanecerse de su gloria y sus servicios. Pero un
suceso casi milagroso le preparaba nuevos lauros;
pues el frio, ya bastante intenso, se aumentó ea




270 REVOLUCION
breve basta el punto de hacer esperar que tal vez
ilegarian á helarse los grandes ríos. Dejo Pichegrú
á Bruselas , y no acabo de restablecerse, para no
desperdiciar la ocasion de nuevas conquistas , sil t
estacionse las facilitaba. Efectivamente, el invierne
se encrudeció mas y mas , llegando á presentarse
como el roas rigoroso de todo el siglo. El Mosa y
el ',Araba' se iban helando, á tal punto que el 3
nivoso (23 de diciembre) se conjeló el primero en
disposicion de poder resistir el tránsito de la arti-
llería. El general Walmoden, á quien habia dejarlo
el duque de York el mando al salir para Inglaterra,
condenándole á. no sufrir mas que desastres, se
vió en la situacion mas apurada. Helado el Mosa,
se hallaba descubierto por el frente , y el Wahal,
saliendo de madre y amenazando llevarse todos los
puentes , comprometia su retirada. Muy pronto
supo que acababa de ser arrebatado el puente de
Arnheim, y se apresuró á hacer desfilar por la es-
palda sus bagages y caballería pesada , y él em-
prendió su retirada hacia Deventer, próximo á las
orillas del bel. Pichegrú , valiéndose de la ocasion
que le ofrecía la lortuna para superar obstáculos
comunmente invencibles, se dispuso á atravesar
el Mosa por encima del hielo , pasándolo por tres
puntos , y apoderándose de la isla de Bommel,
mientras la division que bloqueaba á, Breda atacaba
las lineas que rodeaban esta plaza. Estos animo-
sos franceses, casi desnudos, descalzos y , espues-
tos al mas riguroso invierno del siglo, salieron
de sus cuarteles , renunciando alegremente al re-
poso que apenas empezaban á disfrutar. El 8 de
nivoso (28 de diciembre) con un frío de 47 gra-
.:clos, se presentaron en tres puntos, en Crevecceur,


FRANCESA. 971


Empel y fuerte de San Andrés. Atravesaron el hie-
lo con su artillería, sorprendieron á los holande-
ses, ateridos casi de frio ,los derrotaron com-
letamente. Mientras se apoderaban de la isla de
ommel , la division que sitiaba á Breda , atacó


las líneas y se apoderé de ellas, de modo que los
holandeses acometidos por todas partes, se retira-
ron desordenados, unos hacia el cuartel general
del príncipe de Orange que continuaba en Gorcum,
y los otros á Thiel. Ea el desórden de su retirada
no se acordaron siquiera de defender los pasos del
Wahal, que no estaba bastante helado; y Pichegrú,
dueño de la isla de Bommel, donde había entrado
atravesando el Alosa , pasó el Wahal por distintos
plintos, pero no se atrevió á seguir adelante, no
teniendo el hielo suli ;lente consistencia para sopor-
tar la artilleria. En semejante situacion la suerte
de la Holanda era desesperada , si continuaba el
frio como parecía verosímil. El príncipe de Oran-
ge con sus holandeses desanimados en Gorcum ,
Walmoden en completa retirada hacia Deventer
con los ingleses, no podían hacer frente á un terri-
ble vencedor que era muy superior á ellos en fuer-
zas, y acababa de romper el centro de su línea. No
era menos alarmante la situacion política que la
militar- Los holandeses llenos de confianza y ale-
gría al ver á los franceses inmediatos, empezaban á
conmoverse. El partido orangista era mucho mas
debil que el republicano para oponerse á él, y los
enemigos del poder Stathouderato le culpaban por
haber abolido las libertades patrias , encerrado ó
proscrito á los mejores y mas generosos patriotas,
v sacrificado la Holanda á, la Inglaterra, arrast rán-
aula á una alianza opuesta á todos sus intereses




272 REVOLUCION


comerciales y marítimos. Se reunian secretamente
en juntas revolucionarias , dispuestas á sublevarse
á la menor señal , á destituir las autoridades, y
nombrar otras. La provincia de Frisia, cuyos esta-
dos se hallaban reunidos, se atrevió á declarar que
quería separarse del Stathouder, y los ciudadanos
de Amsterdam hicieron una esposicion a las au-
toridades de la provincia en que declaraban hallar-
se dispuestos á. resistir todo preparativo de defen-
sa , no sufriendo jamás que se rompiesen los di-
ques. En tan desesperada situacion, creyó el Sta-
thouder deber entablar negociaciones, enviando co-
misionados al cuartel general de Pichegrú para so-
licitar un armisticio, ofreciendo por condiciones de
paz la neutralidad é indemnizacion de los gastos
de la guerra. Negáronse á la tregua el general fran-
cés y los representantes, v en cuantj á las ofertás
de paz la remitieron inmediatamente á la comision
de salvacion pública. Ya la España , amenazada
por Dugommier, á quiendejamos bajando por los
Pirineos, y por Monce y , que dueño de Guipuzcoa,
marchaba hacia Pamplona, (labia hecho las propo-
siciones de paz. Los representantes enviados á la
Vendée para indagar si seria posible la pacifica-
don , respondieron afirmativamente, pidiendo un
decreto de amnistía. Por muy reservado que sea
un gobierno , siempre se traslucen las negociacio-
nes de este género, aunque sea con ministros ab-
solutos é inamovibles; ¿cómo habian de permane-
cer secretas con unas comisiones cuya cuarta par-
te se renovaba mensualmente? Se sabia pública-
mente que Holanda y España andaban en tratos;
se airadla que la Prusia reconociendo sus ilusiones
y el error en que habia incurrido de unirse con la


FRANCESA.
273




casa de Austria, solicitaba negociaciones, y se sa-bia en fin por todos los periódicos europeos, que
cansados de una guerra que les interesaba tan poco,
muchos estados del imperio habian pedido en la
dieta de Ratisbona pertura de l as mismas


ne-gociaciones: todo, pues, preparaba los ánimos á la
paz; y ási como se habian trocado las ideas de ter-
ror revolucionario en sentimientos de clemencia,
asi ahora las ideas de guerra se habian cambiado
en las de general reconciliacion con la Europa. For-
mábanse conjeturas sobre las menores circunstan-
cias. Los infelices hijos de Luis XVI, privados de
todos sus parientes y separados uno de otro en la
prision del Temple, hablan visto suavizarse un tan-
to su suerte desde el 9 de termidor. El zapatero
Simon, encargado del jóven principe, habia pere-
cido cuino cómplice de Robespierre , sustituyén-
dole otros tres , de los que solo uno se cambiaba
diariamente , los cuales eran mas humanos con
aquel. De estas mudanzas ocurridas en el Temple
se sacaban inmensas consecuencias, pues los rea-
listas que empezaban ya á asomar, y cuyo número
se aumentaba con los indecisos que abandonan
siempre un partido cuando empieza á decaer, de-
cian con malicia que iba á hacerse la paz. No pu-
diendo decir á los republicanos: vuestros ejércitos
quedarán batidos , lo cual era continuamente re-
petido , aunque sin lograr nada , y por otra par-
te muy sencillo , les decian : va á detenérselos
en sus victorias ; la paz está firmada; no se apo-
derarán del Rin; las condiciones de la paz serán el
restablecimiento de Luis XVII sobre el trono , la
vuelta de los emigrados, la abolicion de los asig-
nados y la restitucion de los bienes nacionales.


Biblinteca popular.
T. IV. 487




-W"‘"Z.771f_nte


FRANCESA. 275
ció mu y digno de la república, abatir el poder del
Stathoaer , y favorecer á, la república holandesa.
Esponjase, es verdad, á ver todas las colonias de
Holanda, y aun parte de su marina, en poder de
los ingleses á. nombre del Stathouder, pero eran
superiores las consideraciones políticas. La Fran-
cia no porfia menos de derribar el Stathouderato , y
esta conquista de Holanda , aumentando el pres-
tigio de sus victorias, intimidaba mas á la Europa,
comprometia especialmente á la Prusia por sus cos-
tados, obligaba á esta potencia á presentar propo-
siciones, y - tranquilizaba especialmente alos patrio-
tas franceses. Por consiguiente Pichegró recibió
órden para seguir adelante; y como la Prusia y el
imperio no habian abierto aun ningun trato , nada
tuvo que respondérseles. Respecto á España, que
prometía reconocer la república é imdemnizarla,
con tal que se destinase a Luis XVII algun peque-
ño estado hacia los Pirineos, fué escuchada con
indignacion y desprecio , mandando á los dos
generales franceses que avanzasen sin demora. En
cuanto á la Vendée se espidió un decreto de am-
nistía, en que se prometía que todos los rebeldes,
sin distincion de grados, que depusiesen las armas
en el término de un mes, quedarían libres de per-
secucion por el hecho de sublevarse.


El general Canclaux, que se hallaba destituido
sin mas causa que sus ideas moderadas, fué re-
puesto al frente del ejército llamado del Oeste que
comprendía la Vendée. El jóven fleche que manda-
ba el de las costas de Brest,recibió ademas el man-
do de las Cherburgo ; y ciertamente no podian es-
cogerse dos generales mas capaces para pacificar el
país, tanto por su cordura como por su energía.


9:9
REVOLUCION


Dejase conocer cuánto debería exasperar á los pa-
triotas rumores semejantes , pues amedrentados
por las persecuciones que suirian, vejan con deses-
peraeion comprometido por el gobierno el fin que
con tantos esfuerzos habian conseguido.—¿Qué
destino quereis dar al jóven Capeto? decian; ¿qué
vais á hacer de los asignados? ¿La sangre que han
vertido nuestros ejércitos, ha de servir para para-
lizarlos en medio de sus victorias? ¿3,


io endrán la
satisfacción de conquistar para su patria


t
la línea


del Rin y de los alpes? La Europa ha querid d
o edea


ls-
-


membrar la Francia , y la justa represa conser
e lia


Francia vencedora de la Europa , deb
quistar las provincias que completan su territorio.
¿Oue va a hacerse en favor de la Vadee? ¿Va


á


perdonarse á los rebeldes cuando se sacrifica a los
patriotas? Mas valdría, esclamó un individuo de la
Montaña en un arrebato de cólera, ser Citarette
que diputado en la Convencion.


Fácil
r.


(1s de comprender la turbacion que de-
bían infundir est interi oas olíticala p


divisione s , unidaViendosses á la quela
suministraba. yacomisión de salvada, pública estrechada entre
ambos partidos , se creyó obligada á dar esplica-
ciones , y declaró en dos distintas veces, la una
por medio de Carnót , y la otra por Merlin de
Douay,


, que los ejércitos babilla recibido órden
para continuar sus triunfos y no oir proposicio-
nes de paz, sino en medio de las capitales ene-
migas. para




.En efecto, le parecieron demasiado tardías


ylanda
poder aceptarse las proposiciones de la Ho,
no creyó deber consentir en negociaciones cuado
iba á


apoderarse de aquel pais, mas antes le panre-




276 REVOLUCION
Pichegrú, que habia recibido órdenes para pro-


seguir su victoriosa marcha, esperaba que se hela-
se enteramente la superficie del Wahal. Nuestro
ejército se hallaba á lo largo del rio, esparcido por
sus orillas hacia Millinguen, Nimega y la longitud
de la isla de Bommel, que era nuestra. Wahnoden,
viendo que] ichegrú no hiña dejado hacia esta isla
sino algunas avanzadas en la orilla derecha, las
hizo retroceder, y empezó un movimiento ofensi-
vo. Proponia al príncipe de Orange que se uniese
á él para formar con ambos ejércitos reunidos un
total imponente que pudiera contener en una bata-
lla al enemigo, irresistible por entonces en la línea
de los rios. El príncipe de Orange, empeñado en no
descubri r el camino de Amsterdam, no quiso dejar.á Gorcum. Walmoden trató de colocarse, en su línea
de retirada, que de antemano tenia trazada desde
el Wahal al Linge, desde el Linge al Leck, y desde
este al Isel por Thiel, Arnheim y Deventer.


Mientras los republicano s esperaban el hielo con
la mayor impaciencia, la plaza de Grave defendida
heróicamente por el comandante Debons, se entre-
gó reducida casi á cenizas. Era la principal que po-
sean los holandeses al otro lado del Mosa, y la única
que no habla cedido al ascendiente de nuestras ar-
mas. Entraron en ella los franceses el 9 de nivoso, y
el 19 del mismo (8 de enero de 1795) se hallé por fib.
el Wahal sólidamente helado. Atravesóle hacia Hom-
mel la division Souham , y la brigada l)ewinther,
destacada del cuerpo de Macdonald hacia Thiel. No
era tan fácil el paso por Nimega ni por mas arriba,
porque el Wahal no se hallaba congelado entera-
mente; sin embargo el 21 (10) lo efectuó por cim
de Nimega el ala derecha de los franceses, y Mal


a
-


FRANCESA.
277


donald, apoyado por ella, pasó sobre barcas al mis-
mo Nimega. Retiróse el ejército de Walmoden al
ver este movimiento general, pues aunque con una
sola batalla hubiera podido salvarse, en el estado de
division v desaliento en que se hallaban los alia-
dos, una .


batalla hubiera podido. producir un desas-
tre. Waluioclen hizo un cambio de frente á reta-
guardia, retrocediendo á la línea del bel para ga-
nar el Uannover por las provincias de tierra firme;
y segun el plan de retirada que se habia propuesto,
abandonó asi las provincias de Utrecht y la Guel-
dre á los franceses. El príncipe de Orante perma-
neció hacia el mar, es decir, en Gorcum ; y sin es-
perar va nada, abandonó su ejército, se presentó
en los Estados reunidos en la Haya, y les declaró
que habia hecho cuanto estaba en su mano para
defender el pais, y que nada le quedaba que eje-
cutar. Aconsejó á los representantes que no resis-
tiesen por mas tiempo al vencedor para evitar ma-
yores males, embarcándose poco despues para In-
glaterra.


Desde aquel instante no tenian ya los vencedo-
res en que detenerse para ocupar como un torren-
te toda la Holanda , y asi el 28 de nivoso (17 de
enero) entró en Utrecht la brigada Salm, y el ge-
neral .Vandamme en Árnheim. Los estados de Ho-
landa resolvieron no oponer mas resistencia á los
franceses, y que saliesen comisionados á abrirles
las plazas que creyesen necesitar para su seguri-
dad. En todas partes manifestaban su existencia
las comisiones secretas que se hablan formado, es-
pulsando á, las autoridades establecidas y nom-
brando espontáneamente otras nuevas. Los france-
ses eran recibidos con los brazos abiertos, como




278 REVOLUCION
libertadores, y les llevaban los víveres y vestidos
de que carecían. Reinaba la mayor fermentacion
en Amsterdam , donde aun no hablan entrado
donde les esperaban con impaciencia; pues el ve-
cindario, irritado contra los orangistas, quería que
saliese de la ciudad la guarnicion, y que despojan-
dose de su autoridad la regencia, les entregasen las
armas á los ciudadanos. Pichegrú que estaba cerca,
envió un edecan para que las autoridades munici-
pales mantuviesen la tranquilidad é impidiesen los
desórdenes. Por fin di . 0 de pluvioso (20 de ene-
ro) Piebeg,rú acompañado de los representantes
Luciste, Bellegarde y Joubert, hizo su entrada en
Amsterdam. Salieron á recibirle los habitantes
llevando en triunfo á los patriotas perseguidos y
gritando: Viva la república francesa! Viva Piche-
ó̀rá! Viva la libertad!!! Admiraban á aquellos va-
lientes que acababan de arrostrar medio desnudos
los fríos de semejante invierno y de conseguir tan-
tas victorias, dando los soldados franceses en esta
ocasion el mas admirable ejemplo de órden y dis-
ciplina. Sin víveres ni vestidos, espuestos al hielo
y á la nieve, en medio de una de las mas ricas capi-tales de Europa, esperaron muchas horas al rede-
dor de sus armas en pabellones , á que los magis-
trados les diesen comida y alojamientos. Mientras
los republicanos entraban por un lado, los orangis-
las y emigrados franceses !unan por otro, hallán-dose cubierto el mar de embarcaciones cargadas
de fugitivos y de despojos de toda especie.


El mismo dia 20, la division de Bonnaud que
el dia antes se hacia apoderado de Gertuydemberg,
atravesó el Bieibos helado y entró en la ciudad de
Dordrecht, donde halló seiscientas piezas de arti-


FRANCESA.
279


llería, diez mil fusiles, y almacenes de víveres y
municiones para un ejército de treinta mil hom-
bres. Esta division pasó despues por Rotterdam
para entrar en la Ilaya, donde se hallaban reuni-
dos los Estados ; de modo que la derecha hácia el
Isel, el centro hacia Amsterdam, y la izquierda ha-
cia la {faya se apoderaban sucesi vamente de todas
las provincias Un suceso maravilloso acompañó es-
ta operacion de guerra, de suyo tan estraordinaria.
Parte de la ilota de la escuadra holandesa fondea-
ba cerca del Texel. Pichegrú, que no quería que
el deshielo le diese tiempo de volver á Inglaterra,
envió hacia la nueva Holanda divisiones de caba-
llería y algunas baterías de artillería ligera. Estaba
helado el Zuvderzée , y nuestros escuadrones le
atravesaron 11 golpe, viéndose á los húsares y ar-
tilleros á caballo asaltar como una plaza fuerte
aquellos inmóbles navios, que se rindieron á los
sitiadores de un modo tan nuevo.


Por la izquierda solo faltaba apoderarse de la
provincia de Zelandia , que se compone de las is-
las colocadas en la confluencia del Escalda y del
Alosa, y á la derecha de las provincias del O'Ver-


Drenta, Fisia Groninga que unen la Ho-
landa con el Hannoer. La provincia de Zelandia,
fuerte por su inaccesible posicion, propuso una ca-
pitulacion un tanto orgullosa, pidiendo no recibir
guarnicion en sus principales plazas , no pagar
contribuciones ni recibir asignados, conservar sus
embarcaciones y propiedades públicas y privadas,
y en una palabra no sufrir ninguno de los perjui-
cios de la guerra. Pedia tambien que los emigra-
dos franceses pudiesen retirarse sanos y salvos.
Los representantes aceptaron algunos artículos de




280 RE VOLUCION


la CapiilllaCi011, y en cuanto á los restantes, dije-
ron que debian remitirlos a la comision de salva-
cion pública , y sin mas esplicaciones entraron ea
la provincia contentísimos con evitar una envestida
á viva fuerza , y conservar las escuadras que hu-
bieran podido entregarse á Inglaterra. Mientras
pasaba esto en la izquierda, la derecha atravesan-
do el lael, rechazaba á los ingleses , llevándolos
hasta mas allá del Ems. Las provincias da Frisia,
l)renta y Groninga, ca yeron tambica en poder de
las victoriosas armas d¿ la república, como tambien
las siete provincias Unidas,


Esta conquista debida á la estacion, á. la admi-
rable constancia de nuestros soldados, á. su robus-
tez para resistir los trabajos, mucho mas que á la
pericia de nuestros generales, escitó en Europa un
asombro mezclado de terror, y en Francia un en-
tusiasmo estraordinario. Carnet, que habla dirigido
las operaciones de los ejércitos durante la campa-
ba de los Paises Bajos, era el principal y verda-
dero autor de los triunfos. Pichegrú, y especial-
mente Jourdan le hablan secundado maravillosa-
mente en tan sangrienta serie de combates; pero
despues que se pasó de la Bélgica á Holanda, todo
se debla a los soldados y á la estaciou. Sin embar-
go, Pichegrú, general del ejército , se llevó toda la
gloria de tan maravillosas conquistas; y su nom-
bre llevado en alas de la fama, voló por toda Eu-
pa, como el del primer general francés.


No bastaba haber conquistado la Holanda, pues
ademas era preciso conducirse en ella con pruden-
cia y con politica. Por de pronto importaba no ava-
sallar el pais para no indisponer á los habitantes,
y despues de esto debia darse á la Holanda una di-


FRANCESA.
.1'81


rucion politica, y por lo tanto era forzoso hallarse
entre dos opiniones contrarias. Qaerian unos que
fuese útil la conquista á la libertad, encendiendo la
revolucion en Holanda; otros que no se hiciese
alarde del demasiado espíritu de proselitismo, para
no alarmar otra vez á la Europa , precisamente
cuando estaba para reconciliarse con la Francia.


La primera atencion de los representantes fue
publicar una proclama, declarando que respetarian
todas las propiedades particulares , con eseepcion
de las del Stathouder; pues siendo este el único
enemigo de la república francesa, aquellas perte-
neciau á los vencedores para indemnizacion de gas-
tos de guerra; que los franceses entraban como
amigos de los batavos , no para imponerles un
culto ni una forma de gobierno cualquiera, sino
para librarlos de sus opresores v suministrarles el
modo de emitir su voto. Esta proclama, que tuvo
un gran efecto, produjo la impresion mas favo-
rable. Las autoridades se renovaron bajo el in-
flujo francés, esclu y endo de los Estados á algunos
individuos que hablan introducido el Stathouder;
y eligieron P or presidente á Petter Paulus, minis-
tro de marina antes que ca y ese el partido repu-
blicano en 1787, hombre distinguido y muy aman-
te de su patria. ilbolió esta junta el Statimuderato
para siempre, proclamando la soberanía del pueblo
y dando parte á los representantes, parecía que
en cierto modo lo sometian á su resolucion. En se-
guida empezo á redactar una constitucien, con-
fiando á una administracion interina los asuntos de
la nacion. De los ochenta ó noventa navios que
componían la marina militar de Holanda , cincuen-
ta hablan quedado en los puertos y los conservó la




282 REVOLIJCION
república bátava; de los restantes se apoderaron
los ingleses. El ejército holandés, disuelto despues
de la marcha del príncipe Orange, debió organi-
zarse bajo otro pié á las órdenes del general Daen-
deis. En cuanto al famoso banco de A.msterdam, se
descubrió por fin el misterio de su caja. ¿Seguia
sirviendo de arca de depósito, ó e habla conver-
tido en banco de descuento, prestando á la compa-
ñía de las Indias, al gobierno ó á las provincias?
Tal era la cuestion que se agitaba hacia mucho
tiempo, y que rebajaba notablemente el crédito de
este banco famoSO. Se probó que habla prestado
de ocho á diez millones de florines próximamente
sobre las obligaciones de la compañía de las In-
dias, de la caMara de los empréstitos de la pro-
vincia de Frisia y de la ciudad de Amsterdam.
Esta era una infraccion de sus Estados, cuanto
aquellas obligaciones representaban valores elec-
tivos; mas era preciso que la compañia, la cámara
de los empréstitos y el gobierno pudiesen pagar,
para que las obligaciones aceptadas por el banco
no le dejasen en descubierto.


Entre tanto y mientras que los holandesesásia l -
baban de arreglar su pais, debia p d


roveerse


necesidades del ejército francés que carecía de to-
do. Los representantes hicieron una requisa de pa-
ños, zapatos, uniformes de toda especie, vivieres,
y municiones al gobierno interino que él se com-
prometió á satisfacer; y esta requisa, sin ser es-
cesiva, bastaba para equipar y mantener el ejér-
cito. El gobierno áobierno francés invitó á las ciudadesque aprontase cada una el cupo de la requisa., di-
ciéndoles con razon que era necesario apresurarse


PUANCESA. 283
á satisfacer á un vencedor generoso que pedía
no tomaba, y que únicamente exigía lo que le dic.-
taban sus necesidades. Manifestaronse las ciuda-
des activas en este asunto, aprontando con la ma-
yor exactitud los objetos requisados. Despues se
hizo un arreglo para la circulacion de los asigna-
dos, pues los soldados recibían su paga en papel,
y era preciso que este papel corriese como mone-
da, para que pudieran pagar lo que tomasen. El
gobierno holandés dió resolucion acerca de esto,
obligando á los tenderos y mercaderes á recibir
los asignados de los soldados franceses , á razon
de nueve sueldos por franco , no pudiendo vender
por mas de diez francos aun mismo soldado, y de-
biendo despues al fin de cada semana, presentarse
á los ayuntamientos, que recibirian los asignados,
por el precio en que se habían tomado; y gracias á
estos arreglos, el ejército que tanto había sufrido,
se halló por fin en la abundancia y empezó a co-
ger el fruto de sus victorias.


No menos sorprendentes que en Holanda eran
nuestras victorias en España , donde a favor del
clima, habian podido continuarse las operaciones.
Dugorninier, dejando los altos Pirineos, se presen-
tó a la vista de la línea enemiga, atacando por tres
puntos la larga cordillera de .posiciones tomadas
por el general. conde de la Union. El valiente Du-
gommier quedó muerto de un balazo *en el ataque
del centro ; la izquierda no fue muy feliz; pero la
derecha, gracias al valor y energía de Augereau,
obtuvo una completa victoria. Dióse el mando á
Perignon, que empezó el ataque el 30 de bramado
(20 de noviembre), logrando un triunfo decisivo.
El enemigo huyó desordenadamente, dejándonos el




981 REVOLUCION
campo atrincherado de Figueras. El terror que se
apoderó de los españoles hizo que el comandante
de esta plaza, nos la abriera el 9 de ¡rimado, y
asi entramos en una de las primeras fortalezas de
Europa. Tal era nuestra posiciou en Cataluña. Ea
los Pirineos occidentales, tomamos á Fuenterrabía,
San Sebastian y Tolosa, ocupando toda la provin-
cia de Guipuzoa. lloncey, que sustituyó al general
Muller, atravesó las montañas , y llegó hasta las
puertas de Pamplona; creyéndose sin embargo en
posicion mu y arriesgada, retrocedió , y defendidopor otras mas seguras, aguardaba que volviese la
primavera, para penetrar en las Castillos.


Isksi el invierno, no pudo contener el curso de
aquella inmortal campaña, que acababa de termi-
narse en la estacion de las nieves, es decir en ene-
ro


y febrero. Si la brillante campaña de 93 nos
salvó de la invasion con los levantamientos de los
sitios de Dunkerque, illaubeuge y Laudan, la de91 acababa de abrirnos el camino de las conquis-
tas, dándonos la Bélgica, la Holanda, el pais com-
prendido entre el Alosa y el Rin, el Palatinado,
la línea de los Upes mayores, la de los Pirineos, y
muchas plazas en Cataluña y en Vizcaya. Despues
veremos mayores prodigios; pero estas -dos campa-


ñas y ivirán en la historia como las mas nacionales,las mas legítimas y las mas honrosas para la
franela.No podía resistir la coalicion á tantos y tan vio-
lentos ataques. El gabinete inglés , que por los
desaciertos del duque de York solo había perdido
los estados de sus aliados, y que á pretesto de de-
volverlos al Stathouder, acababa de apoderarse de
cuarenta ó cincuenta embarcacione s y estaba dis-


DE PARIS. 985
puesto á hacerlo con el mismo pretesto de las colo-
nias holandesas, el gabinete inglés podia no tener
prisa para concluir la guerra, pues antes bien
temía verla concluida con la disolucion de la
liga ; pero la Prusia que veía á los franceses
en las orillas del Rin V EMS, Y prontos á lanzarse
sobre ella como un to .rrente, no vaciló un momen-
to, sino que inmediatamente envió al cuartel ge-
neral de Pichegrú un comisionado que estipulase
una tregua, y prometiese entablar en seguida ne-
gociaciones de paz. Escogióse para punto de las
negociaciones á Basilea, donde la república fran-
cesa tenia un agente que !labia merecido muchas
consideraciones de los suizos por su instruccion y
templanza. El pretesto que se dio para elegir este
sitio, fué que en él se podia tratar con mas secre-
to y tranquilidad que en París, donde aun hervían.
muchas pasiones, y donde se agitaban infinitas in-
trigas estrangeras ; pero el verdadero motivo era
otro. Proponiendo tratos de paz á aquella repúbli-
ca, que habían supuesto se disiparía con la sola
marcha de un ejército, quedan encubrir la confe-
siou de su derrota, prefiriendo buscar la paz en
pais neutral á lograrla en medio de París. La co-
mision de salvacion pública menos altiva que la
que Babia concluido, conociendo la necesidad de-
apartar á, la Prusia de la liga, consintió en dar á
su agente deBasilea poderes suficientes para nego-
ciar. La Prusia envió por sí al barata de Goltz, y
se trocaron los poderes en Basilea el 3 de pluvioso
año Ill (22 de enero de 1795.)


Iguales deseos que la Prusia tenia el imperio
de separarse de la Coalicion. La mayor parte de
sus individuos, no pudiendo aprontar el contingen-.




286 REVOLUCION


te
y los subsidios votados á impulsos del Austria,


se ilabian dejado apremiar i111.1111ínente duraesenteepto
to-


da la campaña á cumplir sus promesas,
los que tenian sus estados comprometidos al otro
lado del Rin y veian que la república no se los de-
volveria mientras no la precisasen á hacerlo, todos
deseaban la paz. La Baviera, la Suecia, por el du-
cado de liolsttein, el elector de Maguncia y otros
muchos estados babian dicho que era tiempo de
terminar una guerra ruidosa} por medio de una paz
favorable; que el imperio gerán ico TIO


llevaba mas
objeto que conservar los pactos de G!,.8 , no to-
mando interés sino por sus estados vecinos de la
Alsacia y de la Lorena; que pensaba en su conn-


-


servacio'n y no ea su engrandecimiento, que
nu


ca había sido ni podía ser su designiomezclarse en et
gobierno interior de la Francia; que debia hacerse
cuanto antes esta pacifica declaracion para poner
término á los males que afligian á la humanidad,
y que la Suecia, responsabl e de los pactos de 16./1.8,
y afortunadamente, neutral en medio de esta uni-
versal guerra, pocha encargarse de ser la mediado-
ra. kcogióse esta proposicion por mayoría de vo-
tos, pues solo el elector de Tréveris , privado de
sus estados, v el enviado imperial por Bohemia v
Austria, hablan declarado que debia procurarse la
paz indudablemen te , pero que no era posible en
un


pais sin gobierno. Finalmente, el 25 de diciem-
bre publicó interinamente la dieta una conclusion,
que se inclinaba á la paz, con la única escepcion
de decidir despues quién deberla hacer las propo-
siciones. La conclusion se reducia á que mientras
se hiciesen los preparativos de una nueva cam-
paña, podian tambien establecerse negociaciones


FRANCESA. 287
de paz, y que indudablemente la Francia, compa-
decida de las desgracias de la humanidad , y
convencida de que no trataban de mezclarse en
sus negocios interiores, otorgarla honrosas con-
diciones para ambos partidos.


De esta manera procuraban todos reparar á
tiempo su desacierto. El Austria, aunque estenua-
da por sus esfuerzos , habia perdido mucho con
los Paises-Bajos para pensar en deponer las ar-
mas, N' la España que hubiera querido retirarse,
como 'se hallaba enredada en las intrigas ingle-
sas, y se inclinaba por una falsa vergüenza á la
causa de la emigracion francesa , no se atrevia
aun á pedir la paz.


El desaliento que se apoderaba de los enemi-
gos exteriores de la república , se comunicaba
tambien á los domésticos. Los vendeanos, dividi-
dos y debilitados, no estaban muy lejos de la paz,
y para decidirlos no se necesitaba mas que pro-
ponérsela , con maña , y persuadirles de que era
sincera. Las fuerzas de Stofllet, Sapinaud y Char-
rette se habían reducido notablemente, y solo á la
fuerza podían hacer marchará sus paisanos. Estos
cansados de sangre , y especialmente arruinados
por la guerra, la hubieran abandonado de muy
buena gana; de modo que solo quedaban entera-
mente afectos á sus geles algunos hombres de ge-
nio militar, contrabandistas, desertores, cazadores
furtivos, para quienes se habian hecho necesarios
el combate y el robo, cansados ya de los trabajos
agrícolas, pero estos eran los menos, y componían
la tropa escogida, yendo siempre reunidos, aun-
que siu ser bastantes á contrarrestar los esfuerzos
republicanos. Solo con mucho trabajo se lograba




288 REVOLUCIOIN
en los dias de espedicion arrancar de sus campos á
les paisanos ; de manera que los tres gefes ven-
deanos tenían poquísimas fuerzas , y para colmo
de desgracia se hallaban desunidos . liemos visto


que
Sapinaud y Charette habian hecho en


Jalais convenio s que eran solo una prórroga á sus
rivalidades. Stofflet, incitado por el ambicioso Bar-
nier, trató de organizar su ejército aparte, crean-
do una hacienda, una administrac ion y too lo que


constituy e un poder regular, con cuyo objeto quisofabricar`papel moneda. Charette, celoso de Stofflet,
se opuso á sus designios, y ausiliado por Sapinaud
de quienclisponia, intimé á Stofilet que renuncia-
se á su proyecto , y compareciese ante el consejo
comen formado por el convenio de Jalais ; lo cual
era en cierto modo privarle del mando ; porque en
Jalais se habian reconocido mútuamente sus títu-
los. La desavenencia era pues completa , no per-
mitiéndoles remediar los males. pesar de que
los agentes realistas de Paris tenian comision pa


-ra enablar orrspondencia con Cha.rette, hacién-
dole llegarc elas cartas del regente, nada le hablan
remitido aun.Igual espectáculo ofrecia la division de Sce-
peaux entre el Loira y el Vilaine ; y aunque en
Bretaña estuviese algo mas viva la energía, solo
porfia atribuirse 4. que la guerra habil]. hecho alli
menos estragos. Los chuanes eran unos ladrones
que no se cansabais de serlo, y por otra parte te-
pian un gefe único y una constancia sin igual, quereanimaban su ardor próximo á esti nguirse ; pero
este gefe, que como hemos dicho, no aguardaba
para marcharse sino terminar la organizacion de
la Bretaña, acababa de pasar a Lóndres para en-


FRANCESA. 289
trar en comunicacion con el gabinete inglés y los
príncipes franceses. Puysave había dejado para
que le reemplazase en la cemision central en el
concepto de mayor general , á un tal Desettcux,
que se decia baron de Cormatin. Los emigrados,
que tanto abundaban en las córtes de Europa;
eran muy escasos en la Vendée, en Bretaña y en
cuantas partes se hacia la penosa guerra civil.
Afectaban gran desprecio á. esta clase de servi-
cio que llamaban chuanem , y que por esta razon
faltando personas, Puysaye había echado mano de
aquel aventurero que acababa de revestirse con el
título de baron de Cormatin, porque su muger
heredó en Borgoña una pequeña baronía asi lla-
mada. Había sido sucesivamente revolucionario
acalorado, oficial de Bouillé, despees caballero del
puñal, y últimamente emigrado por el afan de figu-
rar en todas partes. Era un energúmeno que habla-
ba y gesticulaba con la ma yor vivacidad, y apto pa-
ra representar cualquier papel. Este fué el hombre
que sin conocerle á. fondo dejó Puisaye en Bretaña.


(labia tenido gran cuidado Puisave de organi-
zar una correspondencia por las islas de Gersev,
pero prolongándose su ausencia , se estraviabán
muchas cartas. Comalia no era capaz de suplirle
y reanimar á la tropa; de modo que los gefes se ha-
llaban impacientes y desanimados, viendo que con
la clemencia de la Convencion se iban calmando
los Odios y disolviéndose los elementos de la guer-
ra civil. La presencia de un general- corno noche
no era muy á propósito para infundirles aliento, de
suerte (lucia Bretaña, aunque menos exausta que
la Vendée, se hallaba tambien dispuesta á recibir
una paz mañosamente propuesta.


Biblioteca popular.


T. IV: 488




PRANC ESA . 991
Desde el principio 'labia hecho dimision ; pero se
resignó a servirá su patria en un cargo desagra-
dable y,' demasiado oscuro para sus talentos. Por
recompensa de esta resignacion iba á hallar en
el teatro mismo de que pretendia separarse, la oca-
sien de manifestar el genio de un estadista unido
al de un general. Su ejército se hallaba comple-
tamente debilitado por los refuerzos enviados á
Cauclaux, pues apenas tenia cuarenta mil hom-
bres mal organizados para guardar -un pais 1pe-
ro, montuoso y selvático, con mas de trescientas
cincuenta leguas de costas desde Cherburgo á
Brest. Le prometieron doce mil hombres sacados
del Norte , y él queda principalmente soldados
habituados á la disciplina, dedicándose desde lue-
go á corregir á los su y os de los vicios contraidos
en la guerra civil. « Al frente de nuestras colum-
«nas, no deben ponerse mas que .hombres
«disciplinados que puedan mostrarse tan valientes
«como juiciosos, y ser tan conciliadores como sol-
«dados.» Cuidó de distribuirlos en muchos cam-
pamentos pequeños, encargándoles que recorrie-
sen el pais en partidas de cuarenta 'y cincuenta,
para tomar conocimiento de los lugares, acostum-
brarse á aquella guerra de sorpresas, disputar su
astucia á los chuanes, hablar á los paisanos, unir-
se con ellos, tranquilizarlos y atraerse su amistad
y hasta su apoyo. «Nunca perdamos de vista, es-
«cribia á sus oficiales, que la politica debe tener
«mucha parte en esta guerra. Empleemos sucesi-


vamente la humanidad , la virtud , la honradez,
«la fuerza, la astucia, siempre la dignidad que
«conviene á los repubicanos.» En poco tiempo dió
á este ejército otro aspecto y disposic.ion; pues rei.


990
REVOLUCION


Tanto Canclau nonio 1-bebe eran capaces de
verificarla, pues ya tenlos visto a Canclau


x en la


primera guerra ove la Ifendee , que .
dejó en el pais


una alta rentaron de juicio y .e pericia. El eer-
cito que le dieron á mandar se hallaba-sumamente
debilitado por


y los continuos.fuerzos enviados áre
los Pirineos al llia, y ademas totalmente desor-
ganizado por su larga permanencia en los .mismos
puntos Se hallaba indisciplinada como consecuen-
cia del desórden que suele haber en las guerras ci-


iles, y de a provenian eisaqueo, el .desenfre-
v
no, la embria


quijuez y las enfermedades. Esta era la
segunda caida de.aquel ejereitudesde que empezó
tan funesta guerra., pues .de.los.cuarenta y


seis
mil hombres que le formaban ,,se hallaban en los
hospitales quince ó diez y ocho-mil, y.de los trein-
ta mil restantes, malamente armados, la.mitade


s


-taban de guarnicion en las plazas ; de forma que
solo 'labia disponibles quince mil. Consiguió Can-
dans que le diesen veinte mil hombres., catorce
mil sacados del ejercito de Brest v seis mil del de
Che,rburgo, cuyo refuerzo doblo todos los plin-
tos, ganó de nuevo el campamento de Sorinieres,
cerca de Nantes, que poco antescayó.ou poder de
Charrete, y se encaminó á Lyon , que fdrinaba la
linea defensiva de Stofflet en el ¡Vio Xilou. Des-
pues de haber tomado esta actitudim ne


pont e, hi.
zo-arcular infinidad de decretos y proclamas de
la Convencion, y envió comisionados á .


todo .el


pais..lloche, acostumbrado:á la guerra en grande,
y dotado de superiores cualidades para-hacerla, se
veja condenado con desespera'cion á una gloria.
civil inhumana , sin combinaciones y sin g.




292 REVOLECION
Daba y a él el Orden indispensable á la pacifi-
cacion. Ven fué quien mirando á sus soldados con
indidad á un tiempo, escribia es-


ulgenciay severtas hermosas palabras á uno de sus subalternos
que se quejaba mucho de ya.rios escesos de em-


briaguez:
«¡Qué, hemos de hacer , amigo inio l si


«los soldados fuesen filósofos no pelearia.nt .... Sin
«embargo, debemos corregir la einbria''T cujez si es
«la causa de que falten a sil:3 deberes.»a las
ideas mas cartas del pais y del modo de pac.iti-


«Esta gente , eseribia , necesita sacerdotes,
c ri . «dejérnoselos ya que los quieren. Han sufrido mu -
«cho y anhelan volver á su vida as.ricola; dénseles
«ausitios para reparar sus propiea,des. 11n cuanto
«á los que se han habituado á la


eguerra, es 1011)0 -
«sitie que permanezcan en su pais, pues le turba-
«rian con su ociosidad y desasosiego ; deben for-
curarse legiones de ellos , é introducirlos en los
«ejércitos (le la república. liad


r
io
án


á mla 'uy liga
buenos sol-


«dados de vanguardia, y , su O
, que no


«los ha ausiliado, no nos deja uda de sn fidelidad.
«Menas de que ¿qué les importa


d la causa? lo
«que les hace falta es la guerra. Acordaos, afiadia,
«de las bandas (le DugueSclin que iban á leva


destro-
«liar á Pedro el Cruel, y del regimiento nta-
«do en los Cebonas por Villars.» Asi se esp


icaba
aquel jóven general destinado á pacificar tan des-
,,raciado pais.b Los decretos de la Convencion esparcidos con
profusion por la Vadee y la Bretaña , la libertad
de los sospechosos en Nantes Yen Reunes, el per- 'I
don concedid o


á madama de Bonchamp , que id
libertada por un decreto de la muerte á. que se ha-
llaba sentenciada; la prohibicion de todas las con-


FRANCESA.
293


denas no ejecutadas; la libertad del egercicio de
los cultos, la preseripcion de que no se asolasen
las iglesias, la libertad de los sacerdotes y el cas-
tigo de Carrier v sus cómplices, empezaron á pro-
ducir el efecto que se esperaba en ambos paises,
disponiendo los ánimos á aprovecharse de la co-
MIM amnistía prometida á los gefes y soldados.
Calmábanse los ánimos, y con ellos el 'furor. Los
representantes comisionados antes , tuvieron
entrevistas con la hermana de Charca°, y por su
conducto hicieron llegar é manos de aquel el de-
creto de la Convencion. Ilallabase á la sazon muy
apurado, y aunque tenaz en su carácter , no tenia
esperanza alguna por ninguna parte. La córte de
Verona, donde tanto se le admiraba, como ante-
riormente vimos , nada hacia sin embargo en ob-
sequio su y o. Acababa de escribirle el regente una
carta en que le nombraba teniente general , Ila-
mándoleel segundo fundador de la monarquía; pe-
ro esta carta


se había enviado á los agentes
de Paris, y que hubiera podido al menos lisonjear
su vanidad , no habla llegado aun á sus manos.
Babia por primera vez pedido ausilios á Ingla-
terra, y enviado á Lóndres á su jóven edecan La
Roberie, pero ninguna noticia tenia. De modo, que
ni una palabra de recompensa ó aliento merecía de
los príncipes por quienes se sacrificaba , ni de las
potencias cuya política defendia. Decidióse pues,
a una entrevista con Canclaux y los representan-
tes del pueblo.


La hermana de uno de los gefes rebeldes, pro-
porcionó en Rennes la conferencia anhelada. Un
tal Botidoux, que era de los principales chuanes del
Morbihan, supo que acababan de prender por él á




291 REVOLUCION
su hermana que se hallaba en Beatles ; Oigáronle
á pasar á aquel ponto para obtener su lib


bl
ertad, y


el representante, Boursault le volvió su hermana, le
obsequió infinito, y tranquilizándole, por las inten-
ciones del gobierno, logró convencerle de la since-
ridad del decreto de amnistía. Botidoux pro an


mei ti
n
ó es-


cribir al llamado Bois-Hardy , jóven chutré-
pido, que mandaba la division de las costas del.
Norte y pasaba por el rebelde mas temible.«¿Cuáles
«son vuestras, esperanzas? le escribía. Los ejérci-


tos republicanos son dueños del Bin. La Prusia pi-
«de paz. No podeis contar con la palabra de Ingla-
«terca , ní con los gefes que os escriben solo de Hl-
«tramar, O que os han abandonado con pretesto de
«ir á buscar auxilios ; no podeis hacer sino guerra
«de asesinatos.» Bois-Ilardy, sorprendido con es-
ta carta, y no pudiendo dejar las costas del Norte,
dode las hostilidades activas exigían su presen-
cia


n
, obligó á la junta central á reunirse á él para


responder á Botidoux. La junta á cuyo fderenPteui
se h,
saye


a-


llaba Cormatin , como mayor general
pasó á reunirse con Bois-Ilardy. Había en el ejér-
cito republicano un general jóven, atrevido, valien-
te, lleno de ingenio natural, y sobre todo de aque-
lla astucia que se dice ser particular á la profesion
que había ejercido en otro tiempo , la de chalan de
caballadas: este era el general Humbert. «Era, di-
«ce Puisave, del número de aquellos que han pro-
«hado cuanta ventaja lleva un año de práctica en la
«


-


guerra, á todas las apariencias de revi se
sta.


de
» un-


cribió una carta, cuyo titulo y ortografía
ciaron á la comision de salvacion publica, pero era
tal cual convenía para convence r á Bois-Hardv y
Cormatin. Hubo una entrevista. Bois--Hardy mOs-


FRANCESA. 295
tró la facilidad de un militar jóven y valiente, sin
ódio alguno , y que se batia por inclinacion mas
bien que por fanatismo; sin embargo, no se compro-
metiOanada, y dejó que Cormatiu lo hiciese. Es-
te, con: su acostumbrada veleidad, muy hueco por.
que iba á tratar con los generales de la poderosa
república francesa, admitió todas las insinuaciones
de Humbert, y pidió, que le pusieran en relacion
con lesseneralesiloche y Canciaux, y los repre-
sentantes, Fijaronse entrevistas , dia y sitio ; pero
la junta..central reconvino a Cormatin por haberse
adelantado-tanto. El, uniendo la doblez-á la incon-
secuencia, aseguró á la junta que no queda hacer
traicion á su causa, v que al aceptar una entrevis-
ta, queda observar de cerca'al enemigo coinun pa-
ra juzgar de sus fuerzas é intenciones. Habia , se-
na él, dos-razones importantes: en primer lugar,
no habiari viste jamás•á Charette, ni convenídose
con él , y-al solicitar verle con pretesto de hacer
comun la negociacion á la Vendée . y la Bretaña,
podía hablarle de los proyectos de Puisaye y obli-
garle á que concurriese á ellos. En segundo lugar,
Puisaye , compañero de infancia de Canclaux, le
habla escrito una ,


carta capaz de convencerle-, ha-
ciéndole las ofertas mas brillantes para ganarle a
la monarquía. So pretesto de una entrevista, Cor-
matin le entregarla la carta, y acabada la empresa
de Puisaye; Fingiendo de este modo el papel de
hábil diplomático con sus cólegas, obtuvo Corma-
tin la autorizacion para negociar ocultamente con
los republicanos, concertarse con Charette v se-
ducir á Canclaux. Escribió á Puysaye en el mismo
sentido,i , y se marchó con la cabeza llena de las mas
encontradas ideas; unas veces muy preciado de




296 REVOLUCION
que iba á engañar á los republicanos , conspirar á
su vista y arrebatarles un general ; otras orgulloso
porque iba á ser el mediador entre los rebeldes y
los representantes de la república , hallándose en
esta oposicion de ideas, dispuesto á ser engañado
cuando quería engañar. Vió á Boche, le pidió por de
pronto una tregua interina, y despues exigió la fa-
cultad de visitará todos los gefes chuanes, unos
despues de otros, inspirándoles miras pacificas, pa-
ra ver á Canclaux v especialmente á Charette, con
quien quería conyluirse , diciendo que no podian
los bretones , separarse de los vendeanos. Conce-
dieronle Boche y los representantes lo que solici-
taba, pero hicieron que le acompañase llumbert y
asistiese á todas las entrevistas. Cormatin escribia
á la junta central y á Puisave , que sus artificios
surtían el mejor efécto y (pelos republicanos iban á
ser engañados; que iba. á alentar á los chuaues y dar
el santo a Charette , obligándole solamente á con-
temporizar mientras llegaba la gran espedicion , y
últimamente á seducirá Canclaux. Empezó, pues,
á recorrer la Bretaña, viendo á todos los gefes , y
dejándoles admirados con sus palabras de paz y
con aquella singular tregua. No todos entendian su
astucia , y descansaban de sus fatigas. El términode las hostilidades hacia desear el sosiego y la paz,
y sin que lo conociese, adelantaba Corinatin la pa-
cificacion. El mismo empezaba á inclinarse á ella;
y mientras pretendia burlar a los republicanos, es-
tos , sin querer , le engañaban á él. Entretanto se
habla decidido con Charette el dia v sitio de la en-
trevista , que era cerca de Nantes', á donde debía
rasladarse Cormatin para empezar las negociaciones.


Cada dia mas apurado con los compromisos á que


FRANCESA.
297


se obligaba con los republicanos, empezó á escri-
bir mas de tarde en tarde á la junta central, y esta,
conociendo el giro que iban á tornar fas cosas, es-
cribia en nivoso á Puisaye: «Apresuraos á volver
«porque los ánimos están vacilantes , y los repu-
blicanos seducen á los gefes. Es preciso que ven-


«gais, aunque no sea mas que con doce mil hom-
bres, dinero, clérigos y emigrados , y que la lie-


«gada sea antes del fin de enero (pluvioso).» :psi,m-ientras que la emigracion y las potencias funda-
ban tantas esperanzas en Charette y en la Bretaña,
iba una negociacion á pacificar los dos paises ; de
suerte que la república estaba en los dos meses de
enero y febrero, negociando en Basilea con una de
las principales potencias, y en Nantes con los rea-
listas que hasta entonces la habían despreciado y
hecho la guerra.




CAPITULO V a,


Vuelven á abrirse las tertulias, los teatros y las reuniones litera—de—
rias; establecimiento de las escuelas primarias, normal , de
recto y medicina; decreto relativo al comercio, á la industria,
á la administracion de justicia y cultos.—Faltas de subsistencias
en el invierno del año 111.—Destruceion de los bustos de illa-
rat.—A.bolieion del ntaximun- y de las requisiciones.—Varios
sistemas acerca de los medios de cstinguir los asignados.—Se
aumenta la escasez en Paris.—Desagravio de los diputados gi-
rondinos.—Escenas tumultuosas con motive de la escasez; agi-
tadle de los revolneionarios; levantamiento del 42 de germinal;
pormenores de. aquella jornada—Deportacion de ilarrere , Vi-
llaud-Varennes y Collot-d' fIerbois.—Arresto de varios diputa-
dos montañeses.—Turbulcucias en las ciudades.—Desarme de


los patriotas.


Hallábanse dispersos los jacobinos, perseguidos
los principales agentes ó corifeos del gobierno re-
volucionario, llevado Carrier al cadalso, persegui-
dos otros diputados por sus comisiones, y finalmen-
te Villaud-Yarennes, Collot-d' Derbois , Barrere y
Vadier en estadio de acusacionpróximos á ser
juzgados por el tribunal de sus M'e:gas. Pero mien-
tras la Francia procuraba vengarse asi de los hom-
bres que Rabian exigido de ella dolorosos esfuerzos,
condenándola á un terrible sistema, volvia ella con
entusiasmo á los placeres y encantos de las artes y


FRANCESA. 209


civilizacion, de. que la privaron por un momento
aquellos hombres. Ya hemos visto con cuanta ati-
cion se preparaban á gozar de aquel invierno ; con
que singular y nuevo gusto hablan tratado de ador-
narse las mugeres, v con cuánta priesa asistian á
los conciertos de la -calle de Feydeau. Se hablan
abierto va todos los:teatros, y presentadose de nue-
vo en la escena los actores de la comedia francesa
que hablan salido de las prisiones , Larive , Saint -
Kix, Molé, Dazincourt, Saint Phal y las señoritas
ContatDevienne, á cuyas representaciones acu-
dia el público Con el ma yor entusiasmo, aplaudien-
do todo cuanto pudiera hacer alusion a! terror. Se
cantaba el himno del Reved da peuple v se proscrihia
la 3farsellesa. Lucian en los palcos hermosuras
de la época, las mugeres ó amigas de los tumido-
lianas, y en el patio, la juventud dorada de Freron.
parecía que se burlaba con su regocijo, su adorno
y su buen gusto de aquellos terroristas sangrientos
y rudos que segun se decia, habian querido desa-
pareciese toda civilizacion. Con igual aran se au-
mentaba la concurrencia á los bailes, y uno hubo á
que no acudió nadie que no hubiese perdido pa-
rientes en la revolucion , por lo que se le llamaba
el baile de las Víctimas Tambien se hahian abierto
los lugares públicos destinados á las artes: y la Con-
vención, que ademas de todas las pasiones, tenia
todas las ideas sublimes, ordenó se formase un mu
seo para agregar á los cuadros que poseía la Fran-
cia, los que adquiriésemos por las conquistas. Se
hablan va llevado los de la escuela flamenca, con-
quistad;is en Bélgica; y el Liceo, en que Laharpe
hacia,poco que habla ce. lebrado la filosofía y la li-
bertad con gorro encarnado , el Liceo , cerrado en




1


300 REVOLUCION
la época del terror , acababa de abrirse al público,
gracias á los beneficios de la Convencion , que ha.-
bia costeado parte de los gastos del establecimien-
to, y repartido algunos centenares de nombramien-
tos á los jóvenes de cada seccion. Oíase alli á La-
harpa declamar contra la anarquía, el terror, el en-
vilecimiento de la lengua , el filosofismo , y todo lo
que ensalzó en otro tiempo, antes que hubiese inti-
midado á su apocada alma aquella libertad que ce-
lebraba sin conocerla. La Convencion concedió pen•
siones á caai todos los jóvenes literatos y sabios, sin
distincion de opiniones, y acababa de 'decretar las
escuelas primarias en que el pueblo (labia apren-
der los elementos de la lengua hablada y escrita,
las reglas de aritmética, los principios de agrimen-
sura y algunas nociones practicas de los principa-
les fenómenos de la naturaleza; las escuelas cen-
trales, destinadas á las clases mas elevadas , donde
los jóvenes debian estudiar matemáticas, física, quí-
mica, historia natural, higiene, artes y oficios, di-
bujo, humanidades, lenguas antiguas, lenguas vi-
vas mas propias de cada lugar, gramática general,
lógica, y análisis, historia, economía política y ele-
mentos de legislacion, todo en el órden mas propio
para desarrollar el entendimiento; la escuela nor-
mal en que bajo la direccion de los sabios y lite-
ratos mas célebres, debian formarse profesores jó-
venes que fuesen despues á esparcir por toda la
Francia la instruccion recibida en el foco de las lu-
ces, y finalmente las escuelas particulares de me-
dicina, derecho y veterinaria. Ademas de este vas-
to sistema de educacion , destinado á estender y
propagar aquella civilizacion que tau injustamente
se acusaba á la revolucion de haber proscrito , la


VtrP.Ita,
FRANCESA. 301


Convencion acordó premios para todo género de
trabajos. Acababa de mandar la formaeion de un
establecimiento de varias manufacturas, concedién-
dose á los suizos espatriados por las turbulencias,
bienes nacionales en Besanzen, para que pusie-
ran una fábrica de relojes. La Convencion pidió
ademas á sus comisiones de proyectos de canales,
planes para bancos, v un sistema de adelantos ea
favor de ciertas provincias arruinadas por la guer-
ra, y suavizó algunas leyes que podian perjudicar
á la agricultura y al comercio. Una porcion de la-
bradores y artesanos hablan abandonado la Alsacia,
cuando la evacuó Wurinser, Lyon durante el sitio
y todo el Mediodia desde los rigores con que se tra-
tó al federalismo. Ella los distinguió de los emigra-
dos , y (lió una ley , por la cual á los labradores y
artesanos que hubieran salido de Francia despues
del 1." de mayo de 179.3, y quisiesen volver á ella
antes del 1. 0


de germinal , no se les consideraría
corno emigrados. Permaneció la ley de los sospe-
chosos cuya anulacion se peclia, pero no era temi-
ble va sino para los patriotas que se habian hecho
sospechosos á la sazon. El tribunal revolucionario
acababa de reorganizarse completamente y redu-
cirse á la forma


re r
los tribunales criminales ordi-


narios, con jueces, jurados y defensores. No se po-
rfia ya sentenciar por pruebas escritas, sin oir tes-
tigos. Se anuló la ley que permitia declarar fuera
de discusion á un reo y que se habla ciado contra
Danton. Las administraciones de los distritos de-
bían dejar de ser permanentes, escepto en las ciu-
dades que escediesen de cincuenta mil almas. Fi-
nalmente, una nueva ley arreglaba los grandes in-
tereses del culto , por la cual se declaraban libres




302 REVOLUCION
todos estos en virtud de la declaracion de los
derechos, aunque aaadia que el estado no pagaría
ninguno, ni permitiría se celebrasen públicamente.
Cada secta podía construir ó alquilar edilicios, ce-
lebrando en lo interior de ellos sus ceremonias re-
ligiosas; y por Ultimo para reemplazar á los auti-
ba. uos ritos de la religion católica y.á los de la lo-
zon , la Convencion acababa de formar un plan de
fiestas decadarias. Combinó los bailes, la música y
las pláticas morales , de modo que aprovechasen
al pueblo sus mismas diversiones -y produjesen en
su imaginacion impresiones útiles al mismo tiem-
po que agradables. Distra.ida asi del urgente cuida-
do de defenderse, la revolucion dejaba sus violen-
tas formas, y volvía á su verdadero destino de fa-
vorecer las artes, la industria, las luces y la civi-
lizacion.


Mas al paso que se velan desaparecer las leyes
crueles, y se iban restableciendo las clases eleva-
das v se entregaban á los placeres, la clase intima
sufría una carestia horrorosa, y un frio .desconoci-
do casi en nuestro clima. El invierno del aíro
que nos habla permitido pasar á pié enjuto los ríos
y corrientes de la Halanda, nos hacia pagar bien
cara esta conquista, condenando al pueblo de las
ciudades y de los campos á crudos padecimientos.
Era sin contradiecion el mas riguroso del siglo,
pues escedia al que precedió á la apertura de los
Estados generales en 1789. Por varias causas falta-
ban las subsistencias: la principal era la poca co-
secha, pues aunque al principio se presentó muy
buena, la requisa y despues las nieves disiparon
toda esperanza. La trilla se habia descuidado como
en los ahos anteriores, ó por falta de brazos ó por


FUNCESA. 303
mala fe de los arrendadores. Los asignados que
diariamente bajaban. binan últimamente llegado á
la décima parte de su valor; el máximun era mas
opresivo que nunca, y mayores la repugnancia á
sujetarse á él y los esfuerzos para libertarse. Los
arrendadores daban en todas partes declaraciones
falsas, ayudados en sus mentiras por los Ayunta-
mientos, que ya sabemos acababan de renovarse; y
como casi todos se componian de hombres mode-
rados, protegian con gusto A. la revolucion contra
las leves revolucionarias; finalmente como todos los
resortes de la autoridad estaban ga:lados, y el go-
bierno ya no intimidaba, se desobedecian las requi
sas para abastecer los ejércitos y las grandes po-
blaciones. De este modo el sistema estraordinario
de abastos encaminado á suplir al comercio, se.ha-
bia desorganizado mucho antes de que hubiese re-.
cobrado el comercio su natural empuje. La cares-
tía del) ia ser mucho mas terrible aun en las ciudades
principales, por ser mas difícil abastecerlas; y así
es que Paris se hallaba amenazado de un hambre
mas horrorosa que ninguna de cuantas se hablan
temido en el trascurso de la revolucion. A estas
causas generales se agregaban otras enteramente
particulares. El cuidado de abastecer á Paris, su-
primido el A yuntamiento conspirador del 9 de ter-
midor, pasó a la coinisiou de comercio y provisio-
nes. De este cambio había resultado una interrup-
cion en el servicio, dándose las órdenes demasiado
tarde y con una precipitacion estremada. Faltaban
los medios de trasporte, pues muertos como hemos
visto de fatiga los caballos, ademas de reunir sufi-
ciente cantidad de trigo, habla aun que trasportarla
á Paris. La tardanza, los robos en los caminos, y




301 REVOLUCION
todos los acontecimientos comunes en tiempo de
carestía, inutilizaban los esfuerzos de la comision.
A la falta de subsistencias se agregaba la de leña y
carbon. El canal de Bri are se habia secado durante
el estío; el carbon de tierra no habia llegado, y las
fábricas habian consumido todo el coman. Las cor-
tas de leria se mandaron hacer mas tarde, y los em-
presarios que cuidaban de su conduccion, perjudi-
cados por las autoridades locales, se hallaban com-
pletamente desanimados. Fallaban, pues, el carbon
y la leña, y esta falta en tan terrible invierno era
tan funesta como la de los granos.


Esto mismo hacia mayor el contraste entre los
sufrimientos del pueblo, y los nuevos placeres á
que se entregaban las clases elevadas. Los revolu-
cionarios, irritados contra el gobierno, seguian el
ejemplo de todos los partidos caidos, y se aprove-
chaban de las calamidades públicas, como de
otros tantos argumentos contra los actuales gober-
nantes. Contribuian tambien á aumentar estos ma-
les, oponiéndose á las órdenes de la administra-
cion, pues decian á los arrendadores: «el gobierno
«es contra-revolucionario, puesto que da permiso
«para volver á entrar á los emigrados, no quiere
«observar la Constitucion, deja que se pudran los
«granos en los depósitos de la comision de comer-
cio, y quiere tener hambriento al pueblo para


«obligarle á que acepte la monarquía.» A.si persua-
dían á los cosecheros á conservarsus granos, y des-
de allí se trasladaban á las grandes ciudades, don-
de no siendo conocidos, se hallaban fuera del al-
cance de aquellos á quienes habian perseguido,
y en ellas sembraban los gérmenes de discordia.
Ea Marsella acababan de cometer nuevas violencias


FRANCESA. 305
con los representantes, obligándoles á suspender
los procedimientos empezados contra los pretendi-
dos cómplices del terror, y fue preciso declarar á
la ciudad en estado de sitio. En Paris era donde
conspiraban en mayor número, y se mostraban mas
inquietos, porque diariamente reproducían el mis-
mo tema, comparando el sufrimiento del pueblo,
con el lujo de los nuevos actores de la Convencion.
Madama Tallien era la muger á quien por enton-
ces acusaban mas, porque en todas épocas habían
elegido á alguna mugen por blanco de sus tiros; ella
era la pérfida encantadora, á quien, como antigua-
mente a madama Roland, y antes aun á María An-
tonieta, habian culpable de las calamidades del
pueblo. Su nombre, muchas veces repetido en la
Convencion, parece que no chocaba á Tallien , has-
ta que al fin, tomando la palabra un día para ven-
garla de tantos ultrages, la presentó como un mo-
delo de decision y valor, como una de las víctimas
que Robespierre habia destinado al cadalso, y de-
claró que era su esposa. Uniéronse á él Barras, Le-
gendre y Freron, y dijeron que era por fin tiempo
de esplicarse; v trabándose en denuestos cm '


la
Montaña, se vio precisada la Convencion, como su-
cedia siempre, á terminar la discusion con el órden
del dia. Otro dia dijo Dubem al diputado Clausel,
individuo de la comision de seguridad general, que
iba á asesinarle; y suscitándose un espantoso mo-
tín, hubo tambien de terminarse esta escena con el
órden del dia.


Descubrió el infatigable Dubem un escrito-
titulado el Espectador de la revolucion, en el cual
habia un diálogo acerca de los dos gobiernos,
monárquico y republicano, diálogo que daba ma-


BibliQteca Pvputar.


T. 489




306 REVOLUCION
nihesta preferencia al gobierno monárquico, v
aun exhortaba de un modo bastante claro ái
pueblo francés á que volviese á abrazarle. Duhem
denunció indignado este papel corno uno de los
sintomas de la conspiracion realista, y la Con-
vencion, dando oidos á esta reclamacion, envió
al autor al tribunal revolucionario, pero llegando á
decir Duhem que triunfaba el partido realista y la
aristocracia, fue. tambien enviado por tres dias á la
Abadia, como que 'labia insultado á. la Asamblea.
Estas escenas conmovieron todo Paris. En las sec-
ciones querian representar sobre lo que acababa de
suceder, y disputaban por el modo con que debian
redactarse, pues cada uno queda que se hiciesen
las esposiciones segun sus ideas. Jamás habla pre-
sentado la revolacion espectáculo tan imponente,
porque los jacobinos, prepotentes en otro tiempo,
no habian h. aliado resistencia alguna, capaz de pro-
ducir una lucha verdadera. Todo lo habian arrollad
do, v héchose al fin vencedores; vencedores brus-
cos 'y furiosos, pero únicos. A la sazon acababa de
alzarse un partido poderoso que aunque fuese menos
violento, suplia por el número á la violencia, y po-
rfia combatir brazo á brazo. Se hicieron las esposi-
ciones en todos sentidos. Algunos jacobinos reuni-
dos en los cafés, hacia los poblados barrios de San
Dionisio, el Temple y San Antonio. hablaron como
de costumbre, y amenazaron ir á asaltar el Palacio
Real, los teatros y la Convencion. Los jóvenes por su
parte movian un terrible estruendo en el patio de
los teatros, amenazando hacer un ultrage sensible
á los jacobinos. llallábase el busto de Marat en to-
todos los sitios públicos, y especialmente en los
teatros. En el de Feydeau, se lanzaron al foro va-


FRANCESA.
307


ríos jóvenes, y subiéndose unos sobre otros, der-
ribaron el busto del santo, le hicieron pedazos y
colocaron al momento el de Rousseau. En vano pro-
curó la policía impedir esta escena, se celebró con
universales aplausos el hecho de estos jóvenes,
echaron coronas al teatro para adornar el busto de
Rousseau v esparcieron versos preparados al efec-
to, gritando: ¡Mueran los terroristas! fuera Marca:
fuera ese 9?1(5i1SÍTUO sanguinario que pedía trescientas
mil cabezas! viva el autor del Emilio, del Contrato
social y de la NuevdEloisal Repitióse esta escena al
siguiente dia en los dermis teatros y parages públi-
cos, v entrando en los mercados, llenaron de san-
gre el busto de Marat y lo arrojaron despues al lo-
do. En el barrio de. Moutmartre hicieron los mu-
chachos una procesion, y despues de haber llevado
el busto hasta la orilla de un albañal, le echaron en
él. La opinion se pronunció de un modo violento,
pues el ódio y disgusto contra Marat reinaba en
casi todos los corazones, aun en los de la mayor
parte de los montañeseS, porque ninguno de ellos
habla podido igualarse en sus delirios á la estrava-
gancia de aquel atrevido maniático; pero hallándo-
se consagrado el nombre de Marat, valiéndole una
especie de culto el puñal de Carlota Cordav, se te-
mia tocar á sus altares, como á los de la libertad
misma. liemos visto que durante las últimas des-
camisadas, es decir, cuatro meses antes, se Babia
colocado en el Panteon en vez de Mirabeau. Las co-
misiones se apresuraron á coad yuvar á este deseo,
y propusieron á la Convencion decretase, que no
pudiese llevarse al Panteon á ningun individuo,
mientras no pasasen veinte años, y que no podria
•esponerse en los lugares públicos ningun busto ni




308 REVOLTJCION
retrato de ciudadano. Se añadió que quedaba anu-
lado todo decreto en contrario, y por consecuencia
Marat colocado en el Panteon, fue arrojado de el
habiendo pasado cuatro meses solo. ¡Tal es la in-
constancia de las revoluciones] Se decreta, se
niega la inmortalidad, y hasta despues de la muer-
te amenaza el descrédito á. los corifeos de los parti-
dos. Desde entonces empezó el eterno baldon que
ha perseguido á Marat en unjan con Pobespierre,
pues ambos, divinizados en otro tiempo por el fa-
natismo, y juzgados al presente por el dolor, que-
daron condenados á execracion perpetua.


Irritados los jacobinos por el ultrage que se
hacia á uno de los mas famosos revolucionarios, se
reunieron en el arrabal de San Antonio , y juraron
vengar la memoria de Marat. Tomaron su busto, le
llevaron en triunfo por todos los barrios que domi-
naban, y armados de pies á cabeza, amenazaron de-
gollar a todo el que turbase aquella funcion sinies-
tra. Los jóvenes tenian gana de deshacer aquella
procesion; se animaban al efecto, é indudablemente
hubieran venido á las manos, si las comisiones no
hubiesen mandado cerrar el club de los Trescien-
tos, prohibido las procesiones de esta especie , y
dispersado las reuniones. En la sesion del '20 de ni-
voso (9 de enero) sacaron de la Convencion los
bustos de Marat y Lepelletier, como las dos her-
mosas pinturas en que David les representó mori-
bundos. Las tribunas que estaban divididas pro-
rumpieron en contrapuestos gritos: unas aplaudie-
ron, otras empezaron con terribles murmullos.En-
tre estos últimos se hallaban las mugeres llamadas
furias de la guillotina, y las hicieron salirse. Cele-
brólo la Asamblea, y la Montaña pensativa y silen-


FRANCESA,
309


ciosa, creyó, al ver llevarse los célebres cuadros,
que se disolvian la revolucion y la república.


Privó la Convencion con esto á los dos partidos
una ocasion de venir á las manos; pero no había de
hecho mas que retrasar la lucha algunos días.
Eran tan profundos los resentimientos , y los su-
frimientos tan grandes, que debia esperarse algu-
na de aquellas horribles escenas tan sangrientas
en la revolacion. En la incertidumbre de lo que
sucedería, se discutian todas las cuestiones que pro-
venian de la situacion del comercio y hacienda del
pais, cuestiones desgraciadas, que se suscitaban á
cada momento para tratarlas y resolverlas de dife-
rente modo, segun los cambios que habian experi-
mentado las ideas.


Dos meses antes se habla modificado el ,máxi-
mum, variando el precio de los granos , segun los
diversos ponlos, reformando las requisiciones con
hacerlas especiales, limitadas y regulares, y em-
pleando las cuestiones relativas al secuestro, mo-
neda y asignados. Había ya desaparecido toda
consideracion á los actos revolucionarios ; y no
era tanto una mera modificacion la que se pedía,
sino la del sistema de urgencia que se habia esta-
blecido durante el terror. Muy buenas razones da-
ban los enemigos de este sistema , pues decian
que no estando todo sujeto al MáiViTIZUM , éste era
absurdo é injusto. El arrendador que pagaba trein-
ta francos por una reja de arado, y antes cincuen-
ta sueldos; setecientos francos á un criado, á quien
antes daba ciento, y diez al jornalero, á quien an-
tes tenia por cincuenta sueldos , no podría nunca
dar sus géneros al mismo precio que antes. Libres
últimamente del máximum, para dar cierta activi-




84 O REVOLUCION
dad al comercio , las materias primitivas traidas
del estrangero , era absurdo someterlas á él ya
fabricadas, porque sacarian de valor ocho ó diez
veces menos que en bruto. No eran estos los
únicos ejemplos; pues podían citarse mil del mis-
mo género. El maximum, que esponja al comer-
ciante, al fabricante y arrendadora pérdidas ine-
vitables , era odiado 'de ellos , y los unos abando
narían las tiendas ó las fábricas , los otros oculta-
rían su trigo , ó lo darian á, sus animales domés-
ticos, porque mas ventajoso les seria vender aves
ó cerdos cebados. De un modo ó de otro era pre-
ciso , si se queda que se hallasen abastecidos los
mercados que fuesen los precios libres, porque nadie
quiere trabajar nunca para perder. Por lo demas,
añadian los enemigos del sistema revolucionario;
jamás se habia efectuado el máximum , pues los
que querian comprar cosa de su gusto se resig-
naban á pagar segun el precio positivo. Toda la
cuestion pues se reducía á esta frase : pagar caro
ó no tener nada. En vano se queda suplir á la es-
pontánea actividad de la industria y del comercio
con las requisas , es decir, con la accion del go-
bierno, pues un gobierno comerciante era una
monstruosidad ridícula. La comision de provisio-
nes, que tanto ponderaba sus operaciones , ¿qué
trigo estrangero habia introducido en Francia'? so-
lo introdujo lo suficiente para alimentarla cinco
dias. Debiase pues acudir á la actividad individual,
es decir, al comercio libre , y fiarse de él única-
mente. Cuando el máximum se hubiera suprimido
y el comerciante sacase el importe de sus fletes,
de sus seguros, del interés y capitales, y de su
justa ganancia , baria venir granos de todos


FRANCESA. 314
puntos del globo. Las grandes poblaciones sobre
todo que no estaban abastecidas como Paris por
cuenta del Estado, no podían recurrir sino al co-
mercio, pereciendo de hambre, sino se les devolvia
su libertad.


Estos raciocinios eran justos en teoría, y no era
menos cierto que la transicion del comercio forzo-
so al libre debia ser muy peligrosa en momentos
de tan grave crisis. Mientras la libertad de los
precios no reanimase la industria individual y
abasteciese los mercados , iba á ser estraordinaria
la carestía de todo; inconveniente leve para los gé-
neros que no eran de primera necesidad, pues so-
lo habia una interrupcion momentánea hasta la
época en que la concurrencia hiciese bajar los pre-
cios; ¿pero cómo habla de efectuarse esta transa-
cion en los comestibles que no admitían suspension
ninguna? Mientras la lacultad de vender los gra-
nos á precio libre proporcionaba barcos para Cri-
mea, Polonia, Africa y América , y obligaba con
la competencia á vender sus granos á los arrenda-
dores, ¿cómo viviria el pueblo de las ciudades sin
máximum ni requisas? Siempre era preferible te-
ner pan por malo que fuese, adquirido á esfuerzos
de la administracion por medios violentos, que ca-
recer de él absolutamente; y por mas indispensa-
ble que fuera salir cuanto antes de aquel sistema
forzado, siempre se necesitaba guardar algunas
consideraciones y no proceder atropelladamente.
En cuanto á los cargos que M. Boissy d'Anglas ha-
cia á la comision de abastos, eran tan injustos co-
mo ridiculos, porque aunque él aseguraba que to-
das las importaciones no habian podido alimentar
á la Francia mas que unos cinco dias , había otros




311), REVOLUC ION
que negaban aquel cálculo , y ademas poco im
portaba el •mas ó el menos, porque siendo siempre
grandes los apuros de un pais el salir del paso por
pocos dias era un inmenso servicio haber propor-
cionado aquello poco que faltaba. ¿Hay quién pue-
da calcular dónde llega la desesperacion de un
pais privado de pan durante cinco días? Si esta pri-
vackn se hubiese hallado igualmente estendida,
acaso no hubiera sido mortal ; pero mientras los
campos se hubiesen hallado llenos de trigo, se hu-
bieran visto á las grandes ciudades, y especial-
mente á la capital, carecer de él absolutamente,
no solo durante cinco dias, sino diez , veinte y
cincuenta, siguiéndose un general trastorno : por
lo lemas la comision de comercio y abastos dirigi-
da por Lindet, no se habia únicamente ente limitado á
traer géneros de fuera, sino que habla hecho tras-
portar los granos, el forrage y las mercancías que
habla en Francia desde los campos á las fronteras


á los pueblos grandes , y el comercio intimidado
por ia guerra, y Tos furores políticos, no hubiera
hecho esto nunca espontaneamente.Habia sido pre-
ciso suplir esta falta con la voluntad del gobierno,
y esta voluntad, enérgica y estraordinaria, mere-
cía el reconocimiento y la admiracion de la Fran-
cia, á pesar de los gritos de aquellos hombres apo-
cados que solo habían sabido estar escondidos mien-
tras la patria se hallaba en riesgo.


Resolvióse pues la cuestion en cierto modo por
asalto, aboliendo de una vez el máximum y las re-
quisiciones, como se halda llamado á los setenta y
tres, y acusado a Villaud, Collot y Barrere. Con
todo &jaron continuar algunos restos del sistema
de las requisas , mandando que aquellas que te-


rnaNcEsA.
313


nian por objeto abastecer á las grandes ciudades
continuasen todavía por un mes. El gobierno con-
servaba el derecho de preferencia, es decir, la fa-
cultad de tomar los géneros por su autoridad , pa-
gándolos al precio de los mercados. La famosa co-
mision perdió parte de su dictado, pues ya no se
llamó comision de comercio y abastos , sino úni-
camente de abastos, reduciéndose sus cinco direc-
tores á tres, y sus diez mil empleados á algunos
centenares. Sustituvóse con fundamento al sistema
de empresas el de administrador' , y de paso se
acusó á Tache, por haber creado la comision de
mercados. Dióse el acarreo á los empresarios, y
se cerró la fábrica de armas de Paris que (rabia he-
cho servicios muy costosos, pero muy grandes.
Todo esto podia hacerse sin inconveniente. La fa-
bricador' de armas se. cedió á una empresa, cosa
que no llevaron á bien los obreros, por que co-
nocian que en adelante no serian tan I) i ea pagados.
En consecuencia é incitados por losjacobinos, ame-
nazaron con que se . sublevarian, pero se les pudo
contener v se les despachó á sus pueblos.yVolv ieron á entablar de nuevo la cuestion del
secuestro, suspendida anteriormente porque se te –
mia al restablecer la circulacion de los valores,
suministrar recursos á la emigracion y hacer re-
nacer el agiotage del papel estrangero, y fue resuel-
ta por entonces con ventaja de la libertad del co-
mercio. Se alzó el secuestro, y se devolvió á los
comerciantes estrangeros los valores secuestrados,
con el riesgo de no obtener la misma devolucion
en favor de los franceses; finalmente, se restable-
ció, despues de una acalorada discusion, la libre cir-
culacion de la moneda, que se había suspendido




314 REVOLCCION
en otro tiempo para impedir que los emigrados se
llevasen el dinero de Francia , y se permitió de
nuevo por causa de que faltándonos recursos de
retorno, y no pudiendo Lyon aprontar sesenta mi-
llones elaborados, Nimes veinte y Sedan diez, se-
ria imposible el comercio sino se perrnitia pagar
en oro á plata las compras hechas en el estrange-
ro. Por otra parte se juzgó, que habiendo desapa-
recido por causa del papel moneda, la facultad de
pagar al estrangero los artículos de importacion,
obligaria á que saliese de nuevo, y kdaria su mo-
vimiento. Adoptáronse ademas precauciones bas-
tante pueriles para impedir que se fuera á alimen-
tar á los emigrados , pues todo el que estraia un
valor metálico, estaba obligado á hacer entrar otro
equivalente en mercancías.


Ultimainente se ocuparon de la difícil cuestion
de los asignados. Habla cerca de siete mil quinien-
tos ó siete mil seiscientos millones en circulacion
efectiva, quedando en caja quinientos ó seiscientos
millones; de modo que la suma fabricada , ascen-
día á ocho mil millones. La hipoteca que consistia
en toda clase de bienes de primera y segunda cla-
se, como árboles, tierras, granjas, palacios, casas
y muebles, ascendia á mas dequince mil millones,
segun el cómputo actual de asignados, de suerte
que la hipoteca era mas que suficiente; sin embar-
go, el asignado perdia las nueve décimas ú once
dozavas partes de su valor, segun la naturaleza de
los objetos porque se cambiaba; y asi el estado que
reata en asignados los impuestos, el arrendador,
el empleado, el propietario de casas ó tierras , el
acreedor de un capital, finalmente, todos los que
recibian asignaciones, rentas, salarios ó reintegros


FRANCESA.
315


en papel, sufrían pérdidas cada vez mas enormes,
pues el desórden que resultaba era mayor cada dia.
Cambon propuso aumentar las pagas de los em-
pleados y la renta de los propietarios , y despues
.de haber combatido su proposicion, se vieron obli-
gados á adoptarla para los empleados, que va no
podian vivir. Pequeño remedio era sin embargo
este para tan grave mal, porque solo se favorecia
á una clase entre mil otras. Para hacerlo con todas
debia restablecerse la relacion justa de los valores;
mas ¿cómo conseguirlo?


Todavia no acertaban á desengañarse de los sue-
ños del año anterior, procurando hallar la causa
del desprecio de los asignados, y los medios de
hacerlos subir. Por de pronto, aunque se confesaba
que su gran emision era una causa de su menos-
precio, tambien se intentaba probar, para discul-
parse de no ser escesiva aquella, que no era esta
la principal. Citábase como prueba, que cuando la
desercion de Dumouriez, el levantamiento de la
Vendée y la toma de Valenciennes, circulando los
asignados en mucha menos cantidad que despues
de levantarse el sitio de Dunkerque , Ataubeuge y
Landau , perdian mas sin embargo ; lo cual era
cierto, y probaba que las derrotas y triunfos in-
finjan en el papel moneda, verdad ciertamente in-
negable; pero á la sazon , en ventoso del año
(marzo de 1795) la victoria era completa en todos
los puntos; se había establecido la confianza en
las ventas; los bienes nacionales se habían hecho
objeto de, una especie de agiotaje, y una multitud
de especuladores compraban para aprovecharse de
la segunda venta ó de la division; y sin embargo,
el descrédito de los asignados era cuatro ó cinco


41




316 REVOLCCION


veces mayor que el ario precedente. La mucha
emision era, pues, la verdadera causa del menos-
precio del papel, y el recogerlo el único medio de
dar subida á su valor.


¿Podría conseguirse esto con solo vender los
bienes? ¿Y cúal seria el medio de verificar su ven-
ta? Tales eran las eternas cuestiones que anual-
mente se proponian. La causa que habia impedido
comprar los bienes en los años pasados habla sido
la repugnancia , la preocupacion, y mas que todo
la falta de confianza en la solidez de las adquisicio-
nes. Al presente era otra la causa. Figurémonos có-
mo se adquieren las fincas, segun el curso regular.
El comerciante, el fabricante, el labrador y el capi-
talista compran con productos ó rentas ahorradas la
tierra del individuo que ha venido á menos ó que
vende para cambiar su propiedad por otra. Una
tierra se cambia del mismo modo, ó por otra,
6 por capitales movibles , ganados por el tra-
bajo. El comprador de la tierra se afirma en
su posesion , r el vendedor va hacer uso de
los capitales que ha recibido en pago , suce-
diendo ea el trabajo del que antes los poseía. Tal
es el insensible giro dela propiedad en fincas: pero
figurémonos toda una tercera parte de territorio
compuesto de suntuosas y poco divididas propie-
dades, jardines, palacios y quintas puestos en ven-
ta de una vez en el momento en que los propieta-
rios, los comerciantes y los mas ricos capitalistas
se hallaban diseminados, y se conocerá si era po-
sible su pago. Esta adquisicion no podian hacerla
algunos hacendados ó arrendadores que hubiesen
escapado de la proscripcion, y mucho menos pagar-
la. Diráse sin duda que la porcion de asignados en


PRANCESA.
317


circulacion era suficiente para el pago de los bie-
nes; pero esa porcion era ilusoria, si cada posee-
dor de asignados tenia precision de emplear ocho


diez veces mas para lograr los mismos objetos
que en otro tiempo.


La dificultad pues consistia en proporcionar á
los compradores no la voluntad de comprar, sino
la facultad de pagar, y por lo tanto todos los me-
dios propuestos se apoyaban en una falsa base,
el suponer esta facultad. Estos medios eran ú obli-
gatorios ó voluntarios. Los primeros consistian en
privar al papel del valor de la moneda y en el em-
préstito forzoso ; el primer caso cambiaba el papel
moneda en una mera sustitucion de los bienes , y
era tiránico, porque cuando se hallaba el asigna-
do en manos del operario ó individuo que te-
nia escasamente para poder vivir, cambiaba el
pedazo de pan en tierra, y no daba que co-
mer al que lo poseia. El rumor solo de que iba á
quitarse el valor de moneda aparte del papel los ha-
bia hecho balar rápidamente, y hubo necesidad de
decretar que aquello no se verificada. No era me-
nos tiránico el empréstito forzoso , pues consistia
en cambiar por fuerza el


e
asi ,rnado de moneda en


valor sobre tierras: la única diferencia ferenci era que el
empréstito forzoso se dirigia contra las clases al-
tas y ricas , y solo hacia la conversion por ellas;
pero hablan sufrido tanto, que era dificil hacerlas
comprar bienes raices sin ponerlas en amargas
perplegidades. Por otra parte, despues de la reac-
cion, empezaban á declararse contra toda imitacion
de los medios revolucionarios.


De este modo únicamente quedaban los medios
voluntarios, y se propusieron una multitud. Cana-


1




34 S REYOLCCION
boa imaginó una lotería que debía componerse
de cuatro millones de suertes, de mil trancos ca-


arteda una , lo cual componía por p del público
una puesta de cuatro mil millones. El estado atiadia
trescientos noventa y uno que servían para los
premios grandes, de modo que habia cuatro suer-


tes de (11.1.inientos Mil
francos, trinta y SCLS de dos-


cientos cincuenta mil , y trescien tas
entas sesenta


cien mil. Los menos afortunados recobraban sus
primitivos mil francos; pero unos y otros en ver
de tener asignados , tenian solo un pagaré contra
los bienes nacionales que producia un tres por
ciento de interés .


iksi se suponia que el cebo de un
premio considerable baria preferir estos pagarés
sobre los bienes nacionales , y que cuatro mil
millones de asignados no tendrían va el caráctermtierras




de moneda, sino el de contratos sobre
, e-


diante una prima de trescientos
noventa y un mi-


llones. Esto era siempre en la suposicion de que
podría hacerse este arreglo. 'llirion aconsejó otro
medio, y era el de un fondo vitalicio ; pero esto,
muy bueno para poporcionar un capital econó-r
mico á los que sobreviviesen, era muy lento é in-
suficiente respecto á la enorme cantidad de asig-
nados. Jobannot propuso una especie de banco
territorial en que se depositasen los asignados
para tener pagarés que devengasen el tres por cien-
to de interés, pagarés que se trocariau voluntad
por asignados: lo cual eraaloreel mis dmotierras,


lan
como


de camla-


biar el papel odianmoneda en valones de


reco
única diferencia de que estos valores p-
brar la forma de moneda en cirulacion. s evi-
dente queno se habia vencido la vercdaderaE


dificul-
tad, pues todos los medios ideados para retirar el


FCÁNCESA. 319
papel moneda, y hacer subir eran ilusorios; era
preciso pasar aun mas tiempo emitiendo asignados
que doblan bajar mas y mas hasta que por Ulti-
mo se diese una solucion por fuerza. Por desgracia
jamás se saben preveer los sacrificios necesarios
y disminuir su entidad, haciéndolos de antemano;
prevision y resolucion que han faltado siempre á
las naciones en sus erísis de hacienda.


A estos medios imaginarios de recoger los asigna-
dos se agregaban otros felizmente mas positivos,
pero en estreno insuficientes. Los muebles de los
emigrados, que eran muy fáciles de vender, impor-
taban doscientos millones; las transacionesamisto-
sas por los intereses de los emigrados en las so-
ciedades de comercio, podian producir cien millo-
nes y quinientos la parte en sus herencias. Pero
en el primer caso se quitaban capitales al comer-
cio, y en el segundo se percihian parte de los va-
lores en tierras. Tratábase de ofrecer un premio
á los que acabasen de pagar los bienes ya adqui-
ridos,se esperaba adquirir así ochocientos millo-
nes. Fi-nalmente, iban á rifarse las grandes casas
secuestradas y sin alquilar en Paris, lo cual pro-
duciría otros y millones. En caso de que todo
hubiera salido bien, los recursos que acabamos de
enumerar hubieran podido componer dos mil y
seiscientos millones; sin embargo, por dichosos
podian haberse tenido sacando de todo mil qui-
nientos millones, ademas de que esta suma debia
salir para otros gastos. Acababa de decretarse una
medida muy cuerda y muy humana, la liquidacion
de los acreedores de los emigrados. Al principio
se resolvió hacer una liquidacion individual para
cada emigrado; mas como muchos de ellos eran




320 REVOLECION
insolventes, la república no hubiera pagado mas
deudas que las que cubrieran los créditos; pero es-
ta liidaci individual ofrecia dilaciones inter-
mina


qu
bles, unpues era preciso abrir una cuenta á cada


emigrado, apuntar en ella sus bienes raices y mue•
bles', deduciendo


las deudas; y sus infelices acree-
dores casi todos criados, artesanos y mercaderes,
hubieran tenido que esperar veinte ó treinta años
para el cobro. Cambon hizo resolver que los
acreedores de los emigrados se convirtiesen en
acreedores del Estado , siendo inmediatamente
pagados, escepto aquellos cuyos deudores eran
notoriamente insolventes. La república podia perles


-


der asi algunos millones, pero remediaba ma
muv gran-des, haciendo un bien inmenso.




au-


tor'de tan benéfica idea era el revolucionario Cam-
bon.Pero mientras se discutia n estas desgraciadas
cuestiones, habia que volver los ojos á cuidados
mas urgentes aun, la subsistencia de Paris que iba
hs faltar enteramente. Se estaba al fin de ventoso
(mitad de marzo). La abolicion del .2náximunz no
habia podido reanimar el comercio, ni los granos
llegaban. Una multitud de diputados hacian re-
quisas al rededor de Paris, mas no eran obede-
cidos; y si bien estaban autorizados estos para los
abastos de los grandes distritos, pagándolos al pre-
cio de los mercados, los arrendadores decian, que
estaban abolidas y no querían obedecer. Sin em-
bargo el principal obstáculo no era este. Los dos y
canales se hallaban tan helados, que no podía lle-
gar uingun barco; los caminos cubiertos de hielo
se hallaban intransitables; y para hacer posible
el tráfico habia que enarenados veinte leguas en


FRANCESA.
39.1


contorno. Durante el viage, el pueblo hambriento,
cuya ira escitaban los jacobinos , se apoderaban
de los carros diciendo que el gobierno era contra-
revolucionario, que dejaba se pudriesen los granos
en Paris y trataba de restablecer el trono. Al paso
que disminuian los ingresos, aumentaba el consu-
mo, como sucede siempre en semejantes casos,
pues el temor de que hiciesen falta, precisaba á
cada uno á tomar provisiones para muchos dias.
Entregábase el pan como en otro tiempo, presen-
tando billetes; pero todos ponderaban sus necesi-
dades. Los habitantes de París para favorecer á
sus lecheras, 'abanderas ó forasteros que les traían
legumbres y aves, les daban pan que se preferia
al dinero en fuerza del hambre que aquejaba á los
habitantes de los pueblos cercanos a Paris , tan
grande como la de esta capital. Los panaderos
revendian la masa á las gentes del campo, de suer
te que el consumo se había aumentado de mil
quinientos sacos , á mil novecientos. La abolicion
del Mbil1121111habia hecho subir el precio de todos
los comestibles á un grado exorbitante, y para dis-
minuirlos, el gobierno habia depositado en casa de
los tocineros, lonjistas y tenderos, víveres y pro-
visiones á precio ínfimo, restableciendo asi algun
tanto la baratura; mas los encargados abusaban
del depósito y vendían mas caro de lo que se ha-
bía tratado con ellos.


Cada día se veian mas apuradas las comisiones
y esperaban con impaciencia los mil novecientos
sacos de harina que eran indispensables. Boissy-d'
Anglas, encargado de las subsistencias, se presen-
taba incesantemente á dar nuevos informes para
tranquilizar al público y ofrecerle una seguridad


Biblioteca popular.
T. fv. 490




222
REVOLUCION


j
e ni el gobierno mismo tenia. En situacion se-
eante se prodigaban los acostumbrados denues-


tos. «Allí teneis, decia la Montaña, el erecto de ha-
ber abolido el máxiinum.—lie abí, respondia el


«lado derecho, el eteeto inevitable de vuestras en-onia
aidas revolucionarias.» Cada uno prop-tonces como remedio los deseos de su partido, y
evigia resoluciones a veces las mas asimilas al
penoso asunto de que se trataba. «Castigad á to-


dos los culpables, decia el lado derecho: reparad
«todas las injusticias, revisa.i todas las leyes tiráni-


cas, y
anulad la ley de los sospechosos.—No, res-


perseguir


«pordian los montafteses, renovad vuetras c.omi-
«sione,s de gobierno; dadles la energias revolucio-
«nana; dejad de á losmejores patriotas,
« y no


ensalceis la aristocracia.» Tales eran los me-
dios propuestos para aliviar la miseria pública.


En semejantes momentos suelen venir los par-
tidos á las manos para hacer triunfar sus deseos.


El iflf0FIDC
tan deseado acerca de Villaud-Yaren-


nes, Collot-d' llerbois, Barrera y Vadier se presen-
tó por tin á, laXsamblea. La comision de


opinó por for
causa, y


los veinte y
uno ó la o:majan de , pidió pro-
visiona lme,nte el arrest, el cual e, vott5 inmedia t a-
mente por una inmensao mayoría.


s
Se decrz.,tó que la


Asamblea oiría á los cuatro acusados, y que se abri-
ría una solemne discucion sobre l proposicion de
encausamiento. Xpenas se babia


a
decidido esto,


cuando se propuso que volviesen al seno de la
Asamblea los diputados proscripto s


, á quienes se
babia librado de toda persecucion dos meses antes,
aunque prohibiéndoles vlver á la Convencion. Sie-
ves, que habia guardadoo un silencio de cinco anos.,
que desde los primeros meses de la Xsamblea cons-


FRANCESA, 323
tauyente se habia ocultado en el centro para que
se olvidase su reputacion y genio, y á quien la dic-
tadura !labia perdonado como á un hombre insocial,
incapaz de conspirar, y dejando de ser peligroso
desde el IttOilleill0 en que habia cesado de escri-
bir, Sieyes, saliendo de su larga nulidad , dijo que
pues parcela brillar de nuevo el imperio de las le-
yes, iba otra vez á tomar la palabra. Mientras no
se reparase el ultrage hecho á la representacion
nacional, opinaba no hallarse restablecido el impe-
rio de las leyes. «Toda vuestra historia, dijo á la
«Convencion, se divide en dos épocas: desde el 21
«de setiembre, dia de vuestra reunion, hasta el 34
«de mayo , la Convencion estuvo oprimida por la
«ceguedad del pueblo; y desde el 31 de mayo has-
«ta hoy lo ha sido el pueblo por la Convencion ti-
ranizada. Hoy probareis ser libres si llamais á.


«vuestros cólegas sin que deba siquiera discutirse
«semejante determinacion, porque es de pleno de-
«recho.» Los • montañeses se alarmaron con este
modo de raciocinar. «Luego todo lo que habeis he-
«cho es nulo! esclamó Cambon. Esos inmensos tra-
bajos, esa multitud de leyes, y todos esos decre-
tos que componen el gobierno actual son por con-


«siguiente nulos! y nula es Cambien la salvacion de
«la Francia procurada con vuestro valor y esfuer-
«zos!» Sieyes replicó que no le habian entendido.
Decidióse inmediatamente la reposicion de los di-
putados que se hablan librado del cadalso. Volvie-
ron, pues, en medio de los mayores aplausos los la-
mosos proscriptos lsnard, Enrique Lariviere, Lou-
vet , Larevelliere-Lepaux y Doulcet de Pontecou-
lant. «Porque, dijo Chenier, ¿no se ha hallado gin-
«ta bastante profunda para libertar de los verdugos




324 REVOLUCION
«la elocuencia de Yergniaud y el genio de Con-
«dorcet?»ducho se indignaron los montañeses, y aun al-
gunos termidorianos se atemorizaron al ver regre-
sar á la Asamblea á los gefes de una faccion que


opuesto al sistema revolucionario tan peli-
nosa resistencia, y se volvieron hacia la Montaña.
Thuriot, aquel termidoriano tan enemigo de Ro-
bespierre que se habia librado por milagro de la
suerte de Philipeau-s; Lesage-Sena.ult, hombre sa-
bio, pero enemigo decidido detoda contra-revolu-
clon; finalmentéLecointre , tan obstinado enemigo
de 'V illaud, Collot y Barrere; Lecointre, que cinco
meses antes habia sido declarado calumniado r por
haber denunciado á los siete individuos restantesde las antiguas comisiones, volvieron á colocarse en
el lado izquierdo.—No sabeis lo que baceis , dijo
Thuriot á sus cólegas; esos hombres lamas podrán
perdonaron. Lecointre propuso una distincion.—
Llamad enhorabuen a , dijo , á los diputados pros-
eriptos; pero averiguad quiénes son los que han to-
mado las armas contra su patria, alzando á los de-
partamentos, y no los admitais entre vosotros.—En
efecto, todos habian tomado las armas. Louvetno
vaciló en confesarlo, y propuso se declarase que los
departamentos que se habian sublevado en junio.
de 93 , habian merecido bien de la patria. Al oi•
esto se levantó Tallien asombrado de la osadia de
los girondinos, y rechazó las dos proposiciones de
Lecointre y de Louvet. Ambas se desestimaro n , y
mientras acababa de reponerse á los girondinos
proscriptos , se remitió al examen de la comision
general á pache, Bouchotte y Garát.


Semejantes resoluciones no eran las mas pro-


FRANCESA. 325
pias para calmar los ánimos. La escasez que iba en
aumento , obligó por fin á adoptar una resolucion
que ;hacia mucho se estaba dilatando v que, debla
acabar de evasperar la paciencia, cual era la de po-
nerlá racion á los habitantes de Paris. Presentóse
en la Asamblea Boissy-d' Anglas el 25 de vento-
so (16 de marzo), y se propuso para evitar desper-
dicios y asegurar á cada uno suficiente porcion de
subsistencia, reducirá cada individuo á cierta can-
tidad de pan. Debla indicarse en el billete el nú-
mero de individuos de que constaba cada familia, y
no dehia darse en cada uno mas que una libra efe
pan por cabeza. Con esta condicion podia esperar-
se que la ciudad no careciera de alimentos. El mon.
tañes Romme propuso que la racion de los jorna-
leros fuese de libra y media , pues las altas clases
dijo tenian para procurarse carne, arroz y legum-
bres ; pero el pueblo bajo debia contar con mas,
puesto que solo tendria facultades para pan. Ad-
mitiese la proposicion de Rommé, sintiendo los ter-
midorianos no haberla hecho ellos para ganarse el
apo y o del pueblo y privar de él á la Montaña.


'Apenas se espichó este decreto, cuando se ma-
nifestó en los barrios mas poblados de Paris la ma-
yor fermentacion. Los revolucionarios procuraron
agravar su efecto , poniendo á Boissv-d' Anglas
el apodo de Boissy el del hambre. A los dos dias,
27 de ventoso (17 de marzo), dia en que por pri-
mera vez se puso el decreto en ejecucion, hubo un
gran motin en los arrabales de San Antonio y San
Marcelo. Se habian distribuido á los seiscientos
treinta y seis mil habitantes de la capital , mil
ochocientos noventa y siete sacos de harina. Tres-
cientos veinte y cuatro mil ciudadanos, recibieron




326 REVOLUCION


la media libra de esceso, destinada á los artesanos
que trabajaban por sí propios ; sin embargo, pare-
ció al pueblo una cosa tan rara verse reducido á racion,
que empezóá quejarse. Variasmugeres habituadas á
los clubs, siempre dispuestas á amotinarse, lo efec-
tuaron en la seccion del Observatorio, uniéndose á.
ellas los alborotadores que allí existian. Quedan
dirigir una peticion á la Convencion; mas para es-
to necesitaba reunirse toda la seccion, lo cual solo
se permitia el dia de década. Sin embargo, fueron
á la junta, pidieron con amenazas las llaves del salon
de las sesiones, y habiéndoselas negado, exigieron
que acompañase uno de sus individuos á la reunion
hasta la Convencion. Accedió la junta, y envió á
uno de sus individuos para regularizar el movi-
miento é impedir desórdenes. Lo mismo pasaba en
aquellos instantes en la seccion de Finisterre, don-
de se formó una reunion y se agregaron á la del
Observatorio, confundiéndose ambas y dirigiéndo-
se juntas á la Convencion. .U.no de los confeos se
encargó de tomar la palabra , y se introdujo en la
barra con algunos peticionarios , quedándose á. las
puertas toda la demas gente que prorumpia en
espantosos gritos.—«Nos gente el pan, dijo el ora-
dor de la diputacion; estamos dispuestos é renun-
,iar á cuantos sacrificios hemos hecho por la re-


yolucion. » Llena de indignacion la Asamblea al oir
estas palabras, le interrumpió bruscamente levan-
tándose muchos individuos para reprimir tan inso-
lente lenguage.—Pan! pan! gritaron los peticiona-
rios dando golpes en la barandilla. A tan atrevida
respuesta queda la Asamblea hacerlos salir del sa-
lon ; mas al 6n se restableció la calma; acabó el
orador su arenga, y dijo : que basta que se hubiesen


FRANCESA. 327
satisfecho las necesidades del pueblo, ellos solo gri-
tarían : Viva la república! El presidente Thibau-
(leau respondió con dignidad a este sedicioso dis-
curso, y sin invitar á los peticionarios con la sesion
les envió á sus trabajos. La comision de seguridad
general , que habla reunido ya algunos batallones
de las secciones, despejó las puertas de la Asam-
blea, y dispersó la reunion.


Esta escena produjo gran impresion en los ani-
mos. Las diarias amenazas de los jacobinos espar -
ciclos por las secciones de los arral)ales, sus incen-
diarios pasquines, en que anunciaban una insurrec-
cion para dentro de ocho dios , si los patriotas no
quedaban libres de toda persecucion, y sino se po-
nla en vigor la constitucion de 93 ; los conciliábu-
los casi públicos que tenían en los cafés de los ar-
rabales , y finalmente aquella Última tentativa de
un movimiento , descubrieron á la Convencion el
deseo de reproducir el 31 de mayo. El lacio dere-
cho, los girondinos que hablan vuelto y los tenni-
dorianos, todos igualmente amenazados, procura-
ron oponerse al nuevo ataque contra la represen-
tacion nacional. Sieves que acababa de volver á la
escena y entrar en la comision de salvacion públi-
ca, propuso á las comisiones reunidas una especie
de ley marcial, destinada á evitar nuevos atentados
contra la Convencion. Este proyecto de ley decla-
raba sediciosa toda reunion que tuviese por objeto
atacar las propiedades públicas ó privadas, resta-
blecer el trono , derribar la república y la consti-
tucion de 93, trasladarse al Temple ó á la Conven-
cion , etc. Los individuos que formasen parte de
estas reuniones quedaban sujetos á la deportacion,
y si despues de tres intimaciones de los magistra-




328 11EVOLtC10V FRANCESA. 329
dos, no se disipaba la reunion, se emplearia la fuer-
za. Todas las secciones inmediatas , mientras se
reuma la fuerza pública, debian enviar sus propios
batallones. El insulto á un representante del pueblo
se casligaria con la deportacion, y el ultrage acom-
pañado de violencia con la muerte. Solo debia que-
dar en Paris una campana que se colocaria sobre
la torre de la Unidad. Si marchaba hacia la Con-
vencían alguna reunion, esta campana debia tocar
inmediatamente á rebato; á cuya serial todas las
secciones estaban obligadas á juntarse y marchar
en auxilio de la representacion nacional. Si la
Convencion quedaba disuelta, y se le coartaba su
libertad, era deber de todos los individuos que pu-
diesen escaparse, salir inmediatamente de Paris y
dirigirse á Chalons-sur-`.carne , teniendo Orden de
reunirse á ella todos los suplentes y diputados que
se hallaban con licencia ó en comision. Al punto los
generales debian enviarles tropas de la frontera, y
la nueva Convencion, formada en Chalons , única
depositaria de la autoridad legítima, hacia de mar-
char contra Paris, libertar la parte oprimida de la
representacion nacional , y castigar á los autores
del atentado.


Acogieron las comisiones con entusiasmo aquel
proyecto , encargándose á Sieyes lo informase y
presentase cuanto antes en la Asamblea. Los re-
volucionarios por su parte, animados con el últi-
mo movimiento , hallando un pretesto de los mas
favorables en la carestía, y viendo crecer los ries-
gos de su partido v acercarse el fatal momento pa-
ra Villaud , Barrere y Vadier, se agitaron
con mas violencia y pensaron seriamente en com-
binar una sedicion. Hablase disuelto el club elec-


toral, y la sociedad popular de los Trescientos. Pri-
vados de este sitio de abrigo los revolucionarios, se
habían esparcido por las juntas de seccion que se
verificaban en todas las décadas, ocupando los ar-
rabales de San Antonio y San Marcelo, y los bar-
rios del Temple y de Id ciudad , hablaban en los
cafés situados (-n 'el centro de estos distintos bar-
rios y proyectaban un movimiento aunque sin plan
ni gefes declarados. Entre ellos se hallaban mu-
chos comprometidos ó en las comisiones revolu-
cionarias, ó en diversos cargos que tenían mucho
ascendiente sobre la multitud, mas ninguno tenia
una superioridad decidida. Abalanzábanse unos á
otros, no podian entenderse, y sobre todo no tenian
comunicacion alguna con los diputados de la Mon-
taña.


Los antiguos alborotadores populares, aliados
siempre á Danton, á Robespierre ó á los principales
del gobierno, sirviéndoles de conducto para dar la
señal al populacho , todos habian perecido. Los
nuevos corifeos eran desconocidos á las actuales
notabilidades de la Montaña, y no tenian mas de
coma con ellos que su peligro y su amor á la mis-
ma causa. Por otra parte los diputados montañeses
que no formaban ya la mayoría en las juntas, acu-
sados continuamente de que conspiraban para re-
cobrar el poder , como sucede á todos los partidos
vencidos , se veian obligados á justificarse todos
los dias y á protestar de que no conspiraban. El
resultado que produce semejante posicion es ins-
pirar el deseo de ver conspirar á los demas , y la
repugnancma á hacerlo uno mismo. Por esto decían
todos los días los montañeses : el pueblo se subleva-
á ; es preciso que se subleve ; pero no se hubieran


Ir




330 REVOLUCION
atrevido á convenirse con él para acordar este le-
vantamiento. Referíanse algunas espresiones im-
prudentes de Duheni v Maribon-Montaud, proferi-
das en un café ; y ceno ambos tenias muy poca
reserva y miramiento, era creíble que las hubiesen
pronunciado. Se repetian alocuciones de Leonardo
llourdon á la sociedad de la seccion de la calle de
Vert-Bois, que si bien eran en él verosímiles, nin-
guno de ellos trataba con los patriotas. En cuanto
á Collot y Barrere , mas interesados que
nadie en un movimiento, temian, entrometiéndose
en él, agravar su situacion , ya sobradamente peli-
grosa.


Caminaban, pues, solos los patriotas sin mucha
conformidad, como sucede siempre que no hay
gefes señalados. Corrian unos á otros , se daban
citas de calle en calle y de barrio en barrio , y se
avisaban de que tal ó tal seccion iba a hacer una
peticion, ó intentar un movimiento. Al principio
de una revolucion , cuando un partido está en su
auge, con todos sus geles, cuando el triunfo y la
novedad arrastran á la multitud , desbaratando a
sus adversarios con el ímpetu de su embestida,
suple con su arrebato la falta de unidad y órden;
pero cuando los gefes influyentes han desapareci-
do, esa disciplina, que es casi siempre imposible,
llega á serlo completamente. Tal era la posicion
del partido patriota en ventoso, año III (fin de mar-
zo). No era ya el torrente del 14 de julio, 5 v 6 de
octubre, 10 de agosto y 31 de mayo, sino la' reu-
nion de algunos hombres aguerridos en antiguas
discordias , gravemente comprometidos, llenos de
energía y obstinacion , pero mas capaces de com-
batir con desesperacion que de vencer.


FRANCESA. 33f
Segun la antigua costumbre de hacer que pre-


cediese á cualquiera movimiento una representa-
cion imperiosa, aunque en términos mesurados,
redactaron una las secciones de Montreuil v de los
Trescientos que estaban comprendidas en 'el arra-
bal de San Antonio , muy semejante á las que se
habian hecho antes de los grandes levantamientos.
Se convino en que hacia de presentarse en I.' de
germinal (21 de marzo) dia en que las comisiones
habian resuelto proponer la le y de policía conce-
bida por Sietes. Ademas de la diputacion que de-
bia presentar la peticion , tuvo cuidado una reu-
nion ele patriotas de encaminarse á las Tullerías,
donde agolpándose en numerosos grupos, gritaban
como era de costumbre: ¡viva la Conveneion! ¡vivan
los jacobinos! ¡mueran los aristócratas! Los jóvenes
de pelo rizado y valona negra hablan salido tam-
bien del Palacio Real hacia las Tullerías, forman-
do grupos opuestos : ¡viva la Convencion! ¡mueran
los terroristas! lntrodujéronse en la barra los peti-
cionarios; siendo sumamente templado el lenguage
de su peticion. Recordaron los sufrimientos del
pueblo, sin agriar las circunstancias; refutaron las
acusaciones dirigidas contra los patriotas, sin acri-
minar á sus adversarios; hicieron notar solamente
que en estas acusaciones no se hacia caso de los
servicios pasados de los patriotas ni de la posicion
en que se habian hallado, confesando, sin embar-
go, que se hablan cometido escesos ; pero añadie-
ron que los partidos, cualesquiera que fuesen , se
componian de hombres y no de dioses. «Las sesio-
nes de los Trescientos y de Montreuil, dijeron, no


«vienen á pediros por medidas generales ni la de-
«portacion, ni la efusion de sangre contra tal ó tal




332 REVOLUCION
«partido, medios que confunden el error con el crí-
«men; no vea en los franceses mas que hermanos,
«organizados de distinto modo , es verdad, pero
«individuos todos de la misma familia. Vienen á
«pediros os valgais de un medio que está en vues-
tra mano, y es el único que puede terminar mues-
tras borrascas políticas: la constitucion de 93. Or-


«ganizad desde hoy esta constitucion popular que
«el pueblo aceptó y juró defender, pues ella conci-
«liará todos los intereses, calmará todos los ánimos
«y os conducirá al término de vuestros afanes.»


Esta insidiosa proposicion comprendia en sí
cuanto podían desear los revolucionarios en aquel
momento, pues en efecto, pensaban que la consti-
tucion , espulsando á la Convencion , daria la le-
gislatura, el poder ejecutivo y las administracio-
nes municipales á sus gefes y á ellos mismos. Muy
craso error era este; pero asi lo esperaban, y creian
que sin emitir deseos peligrosos , como la libertad
de los patriotas, la suspension de todos los proce-
dimientos y la formacion de un nuevo Ayuntamien-
to en Paris, lo vedan cumplido todo con sole po-
nerse en vigor la constitucion. Si la Convencion se
negaba a su exigencia 0 no se esplicaba terminan-
teniente , nl fijaba una época cercana declaraba
que no quería la constitucion de 93. El presidente
Thibaudeau les respondió con mucha energía, con-
cluyendo con estas palabras tan severas como poco
dulces : «La Convencion no ha atribuido jamás las
«peticiones insidiosas que se le han dirigido á los
«fuertes y sinceros defensores de la libertad que
«ha producido el arrabal de San Antonio.» Apenas
habla acabado el presidente, cuando sube el dipu-
tado Chales á la tribuna para pedir que se esponga


FRANCESA. 333
en el salan de la Convencion la declaracion de los
derechos como lo prescribe un articulo de la cons-
titucion. Tallien le reemplaza en la tribuna. «Yo
«pregunto, dice , á esos hombres que tan acalora-
«dos defensores se muestran hoy de la constan-
«cion, y que parecen haber adoptado aquella pa--
«labra d̀e reunion de cierta secta que se formó al
«fin de la constituyente, esto es, la conslitucion,
«solo la constitucion; yo les pregunto si no son ellos
«los que la han encerrado en una caja.» Interrum-
pen á Tallien aplausos por una parte y murmullos
y gritos por otra, mas él prosigue en medio del al-
boroto. «Nada me impedirá manifestar mi opinion,
«cuando estoy entre los representantes del pue-
blo. Todos queremos la constitucion con un go-
bierno firme, con el gobierno que ella prescribe,


«y no conviene que algunos individuos hagan creer
«al pueblo que hay en esta Asamblea quien no
«quiere la constitudíon. Es preciso tomar hoy pre-
cauciones para impedir que se calumnie á la res-


«petable y pura mayoría de la Convencion.—Si, si
«gritan por todas partes.—A esta constitucion,
«añadió Tallien, despues de la cual han planteado,
«no leyes que debian completarla y hacer posible
«su ejecucion, sino un gobierno revolucionario , á
«esta constitucion es preciso darla impulso y vida.
«Pero nosotros no tendremos la imprudencia de
«querer practicarlo sin leves orgánicas para entre-
«garla incompleta y sin defensa á los enemigos de
«la república. Por esto pido que inmediatamente
«se dé un informe sobre los medios de practicar la
«constitucion, y que desde ahora se decrete que
«no habrá poder alguno entre el actual gobierno y
«el que haya de quedar definitivamente.» Tallien




331 REVOLliCION FRANCESA. 335
baja de la tribuna en medio de las generales mues-
tras de satisfaccion de la Asamblea, a quien acaba-
ba de sacar del apuro su respuesta. La composicion
de leyes orgánicas era un protesto muy feliz para
prolongar la promulgacion de la constitucion y su-
ministrar un medio de modificarla. Esta era la oca-
sion de hacer nueva revision como la que se hizo
sufrir á la constitucion de 91 .—El diputado Miau-
lle, montañés muy moderado, aprueba la opinion
de Tallien, y admite como él que no debe precipi-
tarse la ejecucion de la constitucion; pero sostiene
que no hay inconveniente en darla publicidad, pi-
diendo que se grave en tablas de mármol y se lije
en los sitios públicos. Thibaudeau, alarmado con
esta publicidad dada á la constitucion, que se pro-
ponía en un momento de delirio demagógico, cede
el sillon á Clauzel y sube á la tribuna. «Legislado-
«res, esclama, nosotros no debemos parecernos á
«aquellos sacerdotes de la antiguedad, que tenian
«dos modos de esplicarse, el uno secretoel otro
«público, sino que debemos tener valor pa.ra decir
«lo que pensamos acerca de esta constitucion, y
«aunque me cueste la vida como costó el año pa-
sado á los que quisieron hacer observaciones con-
tra ella, he de hablar.» Despues de una larga in-


terrupcion de aplausos, añade Thibaudeau con
osadía que seria arriesgado publicar una consti-
tucion que ciertamente no conocen los que la en-
salzan tanto. «Una constitucion democrática, dice
«no es aquella en que el pueblo solo ejerce todos
«los poderes...» No, no, esclaman varias voces....
«Es, prosigue Thibaudeau, aquella en que por una
«prudente distribucion de todos los poderes, goza
«el pueblo de la libertad, de la igualdad y del so-


«siego. Pues Yo no veo esto en una constitucion
«que al lado de la representacion nacional coloca-
«se un Ayuntamiento usurpador ó unos jacobinos
«facciosos : que no concediese á la representacion
«nacional el mando de la fuerza armada en el sitio
«en que celebra sus sesiones, privándola asi del
«recurso de defenderse y mantener su dignidad;
«que otorgase á una fraccion del pueblo el derecho
«de levantamiento parcial y la facultad de trastor-
nar el Estado. En vano nos aseguran que una ley


«orgánica corregirá todos estos inconvenientes. La
«legislatura puede cambiar alguna ley sencilla; pe-
«ro disposiciones tan importantes como las que
«comprenden estas leyes orgánicas , deben ser in-
«mutables como la constitucion misma. Ademas,
«las leyes orgánicas no se hacen en quince Bias, ni
«en un mes: y entretanto pido que no se dé puli-
«cidad ninguna á la constitucion ; que se preste
«vigor al gobierno, y aun si es preciso , nuevas
«atribuciones á la comision de salvacion pública.»
Dieronse innumerables aplausos á esta atrevida
declaracion, y al instante se propuso cerrar la dis-
cusion, como se verificó en efecto casi por unani-
midad. Los montañeses irritados dijeron que no se
habian podido oir las palabras del presidente, ni
sabian lo que se habia propuesto , pero no se les
hizo caso y se pasó adelante. Entonces propuso Le-
gendre que se formase una comision de once in-
dividuos que se ocupara sin demora de las leves
orgánicas que dehian acompañar á la constitucion,
idea que se adoptó al punto. Las comisiones anun-
ciaron al mismo tiempo que tenían que hacer una
comunicaciou interesante , v Sirves subió á la tri-
buna para presentar su ley 'de policía.




336 REVOLUCION
Mientras esto acontecia en lo interior de la


Asamblea, reinaba por fuera el mayor desórden.
Los patriotas del arrabal , que no hablan podido
entrar en el salon, se habian es parcido por el pre-
til y el jardin de las Tullecías, esperando con im-
paciencia, y con su acostumbrada gritería el resul-
tado del paso dado con la Convencion. Algunos que
hahian bajado de las tribunas , fueron á contar á
los denlas lo que pasaba ; y mintiendo en su nar- 41'
racion, les dijeron que los peticionarios habiau si-
do maltratados. Aumentóse entonces . el alboroto;
los unos se dirigieron á los arrabales para anunciar
que se habia maltratado á sus enviados en la Con-
vencion ; los otros recorrian el jardin en busca
de los jóvenes, persiguiendo á los que encontra-
ban. Tres hablan cardo en sus manos y los echa-
ron en el estanque de las Tullerías. Viendo este
desorden la coinision de seguridad general, mandó
tocar llamada para reunir las secciones inmediatas,
pero el riesgo era urgente , y se necesitaba algun
tiempo para que se convocasen y reuniesen. La co-
misión se hallaba rodeada de una multitud de jóve-
nes que habian acudido en número de mil ó mil dos-
cientos, armados de bastones, y dispuestosáacome-
ter á los patriotas, los cuales no habian hallado aun
resistencia alguna. Aceptó la comision su ausilio,
y les autorizó para que mantuviesen el órdcn en el
jardín. Arrojáronse entonces alos grupos que grita-
ban, vivan los jacobinos! los dispersaron despues de
una refriega bastante larga, y obligaron á algunos
á refugiarse hacia el salon de la Convencion. Va-
rios patriotas que subían á las tribunas, infundie-
ron con la precipitacion de su entrada una especie
de turbacion. En aquel instante acababa Sieyes de


Wraliky ,
, FRANCESA.
337


leer su informe sobre la ley de policía y no cesaban
de gritar en la Montaña que se difiriese porque era
segun ella una ley de sangre, una ley marcial y
se intentaba que saliese la Convencion de Parisa--
Mezclóse á estos gritos el ruido de los que venias
huyendo del jardin v entonces subió de punto el al-
boroto, ovendose una voz muy fuerte que decia: «los
realistas asesinan á los patriotas!» Olase al mismo
tiempo tal nimia en las puertas, que el presidente
se vió obligado á cubrirse y la mayoría de la Asam-
blea decia que ya se estaba verificando el riesgo
previsto por la ley de Sieyes, y que era preciso
votarla inmediataiiiente.—Á. la votacionl á la vota-
cion! esclamaron; y en efecto se puso á votacion,
y quedó al punto adoptada por la inmensa mayoría
entre estrepitosos aplausos. Los individuos de. l la-
do izquierdo rehusaron tomar parte en la delibera.,
cion, hasta que por fin se restableció poco á poco
la calma, v lograron hacerse oir los oradores,
diciendo Duhem que se 'labia engañado á la Con-
vencion. Entonces entró Clauzel y dijo que ve-
nia á tranquilizar a la Asamblea.—No tenemos ne-
cesidad de que nos tranquilicen, contestaron mu-
chas voces.—Clauzel continuó diciendo que los
buenos ciudadanos habian hecho un antemural de
sus cuerpos en defensa de la Representacion na-
cional, pero le replicó Ruampós que él era quien
habia provocado aquellas reuniones para hacer pa-
sar una ley atroz. Quiso contestar Clauzel pero no
pudo conseguir que le o yeran y entonces se prina
cipió á combatir aquella ley votada con tanta pre-
cipitacion.—«La ley está ya dada, dijo el presi-
«dente, y no puede discutirse de nuevo.—No im-
«porta contestó Tallien, aqui se conspira con los


Biblioteca popular


T. 1v. 491




FRANCESA. 339
que andaban por las inmediaciones mantuvieron la
tranquilidad pública. Las tribunas se habian lle-
nado sin mucha alteracion, y desde las ocho de la
mañana hasta el mediodia se pasó el tiempo en
cantar canciones patrióticas; por una parte el
despertamiento del pueblo y por otra la marsellesa,
mientras se colocaban en sus asientos los diputa-
dos. Ocupó por lin el sillon el presidente entre los
gritos de viva la Convencion! viva la república! y los
acusados se sentaron junto á la barra, esperando la
discusion con el ma y or silencio.


Roberto Lindet , pidió la palabra para una
cuestion de órden. Se dudaba que este hombre
irreprensible, á quien nadie se habla atrevido á,
acusar con los nemas individuos de la comision
pública, fuese á defender á sus antiguos colegas.
El era sin embargo quien podia hacerlo, como mas.
estraño que Carnót v Pricur de la Cóte d' Or á las
medidas políticas de la antigua comision de salva-
cion pública. Rabia aceptado el cargo de provi-
siones trasportes con la condicion de desenten-
derse de todas las operaciones de sus cólegas, de
no deliberar nunca con ellos, y hasta de ocupar
otro local con su oficina. Rehusó la responsabili-
dad antes del peligro, pero llegado este, se presen-
taba á reclamarla generosamente. Se sospechaba
que Carnót y Prieur de la Cóte d'Or iban á se-
guir su ejemplo, y así se levantaron varias voces
en la derecha para oponerse á que hablase Rohei
Lindet.—Los acusados tienen la palabra, escla-
man ; deben usarla antes que sus acusadores y de-
fensores.—«A y er, dijo Bourdon del Oise, se tra-


mó una conspiracion para salvar á los acusados,
dos buenos ciudadanos la han frustrado. Hoy se


338
REVOLUCION


«de fuera, v conviene que vuelva á discutirse el
«proyecto, P'robando que la Convenci


on
sabe


ad
adeli tó-


«berar, aun en medio de los
sesin


rió de
lanuevo
e Se op


la proposicion de Tallie,n, y a e ab discusion sobre el proyectó de Sieyes con alguna
mas tranquilidad. lz,netanto se restablecia por
fuera el órden, v jó env


tr
enes vencedoresla de los ja-


cobinos, solicitaron
los
aron presentarse Asamblea


por medio de una diputacion, protestando de sus
intenciones patrióticas y de su. amor á l a Represen-
tacion nacional. Se retiraron despues de ser viva-
mente aplaudidos, la Convencion continuando la
discusion de lapor alearticulo,


y


olicía sin interrnpcion, la


yotó artí culo
y se separó finalmente


vá las diez de la noche.Estos sucesos convencieron á. los dos partidos
de que se hallaba próximo algun acontecimiento
estraordinrio. Los patriotas, rechazados con la
negativa en la Convencion, y apaleados en el jar-
din- de las Tutlerias, fueron


à, desahogar su cólera
á los arrabales, incitando al pueblo á un motín.
la


Asamblea comprendió que iba a ser atacada, y
pensó valerse de la ley tutelar que acababa de
promulgar.M (lía siguiente debia entablarse una discusiou
tan seria como anterior, presentándose por pri-
mera vez á hablar nte la Convencion Nr, (',o-
llot, Barrere y Vadier


a
, Desde muy temprano habla


acudido una multitud de patriotas y
muleres para


llenar las tribunas. Los jóvenes, como maS ágies,á
se les habian adelantado, y no dejaron entrar
las mugeres, despidiendolas con bastante dureza,
de lo que provinieron algunas riñas al rededor del
salon; mas sin embargo, las numerosas patrullas,




3!Q


REVOLUCION


«ha recurrido á otros medios, sobresaltandoloes
s es-


«crúpulos de los hombres de bien, á quienla
«ac,usacion ha separado de sus cólegas, y querien-


do obligarles ticia.á asociarse á los culpable
s para re-


««tardar con nuevos obstác,ulos la ju» Rober-
to Lindet respondió que, queriedo juzgare á todo
el go no


debí él, que habla sido
n
individuos del mis-


mo, no debia é consentir le separasen de sus colegas,
y asi pedia su parte de responsabilidad.


DificilC l
ne
tECII-


ro
te puede resistirse á un acto de firmeza y ge ameró
sidad. Roberto Lindet obtuvo la palab; en
detenidamente


los


s inme.nsos trabajos de la comision
de salvacion púca; probó su actividad, prevision
v eminentes servicios, y dió oducid


á entender que solo
un inconsiderado empeño pro por las opo-
siciones, habla causado los cargos hechos contra
ciertos individuos de aquel gobierno. Este discurso
de seis horas fue oido con muchas interrupciones.
Illgunos ingratos que se olvidaban ya de los ser-
vicios hechos por los hombres á. la salmu acusados,
tenian esta enumeracion por demasiado prolija, y
aun hubo quien tuvo la desfachate,z de pública.


clecir qu


d
ia imprimirse, este discurso por cuenta de Lin-


det, porque costaría demasiado á la re
Los girondinos se alarmaron ali


oir que se trataba de
la insurreccion federalista y de os males que habla
causado: cada partido encontró algo de qué que-
jarse, y al fin se señaló hora para el dia siguiente,
3.esolvfendo no sufrir mas tan largas declaraciones
en favor de los acusados; mas Carnót y Prieur de
de la Une d' Or querian hablar á. suve.z, y al pres-


un generoso apoyo á. sus compañeros, justifi-
tar
carsc al mismo tiempo C


de mil cargo
liarrere,s qsin


ue no
que p les


o-


dian hacerse a Yillaud, ollot y


FRANCESA. 341
tocase alguna parte. liallábanse en efecto las fir-
mas de Carné', y Prieur de la Cóte d' Or en las ór-
denes que formaban la principal acusacion contra
los que defendian estos. Carnót., cuya reputacion
era tan brillante, de quien se decia en Francia y
en toda Europa, que había organizado la victoria,
cuya valiente oposicion á Saint-Just y Robespierre
era muy conocida, Carnót no podia pronunciar una
palabra sin que se le oyese con miramiento, y aun
con una especie de respeto. Por consiguiente
obtuvo la palabra y dijo, que á él le tocaba justi-
ficar á la comision de salvacion pública por lo mis-
DIO que él habia sido el primero en combatir cara á
cara á Robespierre y Saint-Just, y aun hubiera
podido añadir, atacarles cuando vosotros respeta-
bais sus mal insignificantes órdenes, y consentíais,
segun lo deseaban ellos, en cuantos suplicios os
exijian. Esplicó entonces cómo era que se hallaban
al pié de las órdenes mas sangrientas su firma y
las de algunos de sus cólegas, que ninguna parte
tenian en sus actos políticos. «Abrumados, dijo,
«por inmensos cuidados, teniendo que despachar
«diariamente trescientos ó cuatrocientos asuntos,
«y muchas veces sin tiempo ni aun para ir á co-
«mei. , nos convinimos en prestarnos mútuamente
«las firmas. Mil cosas firmábamos sin leerlas; yo
«lo hacia con procedimientos criminales, y mis có-


' «legas con órdenes de traslaciones y planes de
«ataque, sin que ni unos ni otros tuviésemos tiem-
po para darnos cuenta. La necesidad de tan ím-


«probo trabajo habla exigido esta dictadura indi-
vidual que nos habiamos concedido unos á otros,


«sin lo cual jamás se hubiera podido cumplir con el
«trabajo. Yo firmé, sin saberlo, la Orden de pren-




342 REVOLUCION
«der á uno de mis mejores empleados en el ramo
«de la guerra, órden en que me oponia á Saint-
«Just y Robespierre, denunciándolos como usur-
«padores; de modo que nuestra firma nada prueba,.
«ni puede ser absolutamente confirmacion de nues-
tra complicidad en los actos de que se culpa al


«antiguo gobierno.» Canta empezó despues
justificas á sus cólegas acusados; y aunque convi-
no sin decirlo terminantemente, en que eran de
los hombres apasionados y violentos de la comision,
aseguró que se hablan declarado los primeros
contra el triunvirato, y que el indomable carácter
de Yillaud-Yarennes 'labia sido el may or obstácu-
lo que pudo hallar Robespierre. Prieur de la ele
d' Or, que en la fabricacion de armas y municio-
nes habia prestado tan distinguidos servicios co-
mo Carnót, y dado las mismas firmas y del mismo
modo, repitió la declaracion de Carnót, y pidi
como este y como Lindet, participar de la respon


ó
-


sabilidad que pesaba sobre los acusados.
Estos incidentes volvieron á sumir á laConven-


' cion en las mismas dudas y perplejidades anterio-
res, que solo hablan producido una terrible confu-
sien. lin ejemplo semejante, dado por tres hom-
bres que gozaban de una reputacion universal, y
se declaraban cómplices del antiguo gobierno ¿no.
era una advertencia que hacian á, aquella? ¿no
quedan decir que todo el mundo habia sido mas ó
menos cómplice de las antiguas comisiones, y que
toda la Convencion debia solicitar grillos como Lin-
dante, Carnót y Prieur? En efecto, ella no !la-
bia atacado la tiranía sino en los tres hombres
á quienes queriacastigarho v como sus cómplices; en
cuanto á sus pasiones, todos babian participado


FRANCESA.
343


de ellas y aun la Convencion era mas culpable que
ellos mismos si no las habla sentido, porque ha-
lda sancionado todos sus escesos.


Por tanto, la discusion vino á parar durante los
dias 1, 5 y 6 de germinal (24, .25 y 26 de marzo)
en una espantosa lucha. :\ cada momento se halla-
ba comprometido el nombre de un individuo; que-
riajustilicarse; hacia cargos á su vez, y por una y
otrk:parte se mezclaban en discusiones tau proli-
jas como peligrosas. Decretóse entonces que úni-
camente tuviesen la palabra para discutir los he-
chos artículo por artículo, los acusados y los indi-
viduos de la comision, prohibiéndose á todo dj-
put.ado que procurase justificarse aunque oyera
pronunciar su nombre. A pesar de este decreto,
la discusion se hacia general á cada momento, y no
hubo acto que no se echasen en cara unos á otros
con la mas terrible violencia. La conmocion que
existia desde los dias anteriores se fue aumentan-
do, y solo se oia un grito en los arrabales; es pre-
ciso ir á la Convencion á pedir pan, la constitucion
de 93 v la libertad de los patriotas. Desgraciada-
mente'nodlegó á Paris el dia 6 la cantidad de ha-
rina necesaria para suministrar los mil ochocien-
tos sacos, y no se distribuyó en la mañana del 7 sino
la mitad de la racion, prometiendo la otra mitad
para por la tarde. Las mugeres de la seccion de
Gravilliers, barrio del Temple, rehusaron la me-
dia racion que queda dárselas , y se reunieron
amotinadas en la calle de Yert-bois. Algunas que
las acaudillaban, procuraron formar una reunion,
llevando consigo á cuantas mugeres hallaban, y di-
rigiéndose á la Convencion ; mientras los alboro-
tadores se dirigieron á la casa del presidente de




344 nEVOLUCION
la seccion, y apoderándose violentamente de la
campanilla y las llaves del salon de las sesiones,
fueron á reunirse ilegalmente. Nombraron un pre-
sidente, arreglaron una mesa, y leyeran repetidas
veces el artículo de la declaracion de los derechos
que proclamaba la insurreccion como un deber.
Las murieres entretanto prosiguieron su camino
hacia la Couvencion, haciendo estrepitoso ruido á
sus puertas, pues querian entrar todas de tropel,
y solo se dió permiso á veintes Tomó una de ellas
descaradamente la palabra, y se quejó de que solo
hablan recibido media libra de pan. Quiso el pre-
sidente contestarla, pero ellas gritaron : pan! pan!
Con los mismos gritos interrumpieron las esplica-
ziones que queda dar Boiss y


-d' Anglas sobre la
distrihucion de por la mañana, hasta que al fin las
hicieron salir, y volvió á entablarse la discusion
sobre los acusados. La comision de seguridad ge-
neral hizo conducir á sus casas á las mugeres por
medio de patrullas, y envió á uno de sus indivi-
duos, para que disolviese la reunion ilegalmente
formada en la seccion de Gravilliers. Los que la
componian no quisieron por entonces acceder á
las invitaciones del representante que les enviaban,
pero al ver la fuerza se dispersaron. Por la noche
se prendió y llevó á la cárcel á los principales ins-
tigadores.


Era esta va la tercera tentativa de insurreccion:
el 27 de ventoso se hahian alborotado por la causa
de la racion, el 1.° de germinal por la peticion de
los trescientos y el 7 del mismo por el insuficiente
repartimiento del pan. Temíase un movimiento ge-
neral para la primera década, que era día de ócio
y de Asamblea en las secciones; y para prevenir el


FRANCESA. 3.5.5
peligro de una reuniou nocturna, se decidió que las
juntas de secciones se verificasen desde la una has-
ta las cuatro, preveucion mu y


insignificante, que
no podia evitar la asonada. Bien se sabia que la
causa principal de estos levantamientos era la acu-
sacion contra los antiguos individuos de la comi-
sion de salvacion pública y la prision de los patrio-
tas. Muchos diputados querian renunciar á unas
persecuciones que aunque fuesen justas, eran á la
verdad muy arriesgadas, y Rouzet ideó un medio
que dispensaba de sentenciará los acusados v sal-
vaba al mismo tiempo su vida: el ostracismo. Cuan-
do un ciudadano se hubiese hecho objeto de discor-
dia, proponia desterrarle por cierto tiempo; roas su
proposicion no fue escuchada. Merlin de Thionvi-
lle, terinidoriano ardiente, é intrépido ciudadano,
principió á reflexionar que acaso valdría mas evi-
tar la lucha, y por tanto propuso se convocasen lasjuntas primarias, se pusiese inmediatamente en vi-
gor la Constitucion, y se dejase la sentencia de los
acusados para la próxima legislatura. Merlin de
Donas apo y ó mucho esta opinion; y Guiton-Mor-
veau suscitó otra mas atrevida. «El procedimiento
«en que nos ocupamos es un escándalo: ¿dónde va-
«mos á parar si perseguimos á los que han dado
«órdenes mas sanguinarias que las que se imputan
«á los encausados? en verdad que no sabemos si
«acabamos ó empezamos la revolucion.» Sobresa-
lió en efecto la idea de abandonar en semejante oca-
sion la autoridad á una nueva Asamblea; tampoco
quería darse á la Francia una constitucion tan
absurda como la de 93, y al fin se declaró que no
habla lugar á deliberar sobre la proposicion de los
dos Merlines. En cuanto a los procedimientos co-




3.16 REVOLUCION
manados, hahia muchas venganzas que saciar y
que deseaban su prosecucion para quese renuncia-
se á ellos. Decidióse únicamente que la Asamblea,
á fin de poder verse libre de sus denlas cuidados,
oiria solo los días impares á los acusados.


Semejante decision estaba muy lejos de poder
calmar á los patr iotas. El dia de década (10 de ger-
minal), se empleó en incitarse mútuamente: Las
Asambleas de seccion estuvieron muy alborotadas;
sin embargo, el movimiento que se temía no se ve-
rificó. En la seccion de los trescientos se hizo otra
peticion mas atrevida que la primera para presen-
tarse al dia siguiente. Leyóse en efecto en la barra
de la Convención, y decia: ¿Por qué está Paris sin
«Ayuntamiento? ,por qué se han cerrado las socie-
dades populares? ¿qué se ha hecho de nuestras


«mieses? ¿por qué han ido bajando cada dia mas
«los asignados? ¿cuál es la causa de que solo pue-
dan reunirse ks jóvenes del Palacio Real? ¿y cuál


«la de que solo los patriotas se hallen encarcelados!
«El pueblo, en lin, quiere ser libre, y sabe que
«cuando está oprimido, la insurreccion es su deber
«primero.» Oyóse la peticion en medio de los ru-
mores de gran parte de la Asamblea y de los aplau-
sos de la Montaña. El presidente, Pelet de la Loze-
re, recibió con mucha aspereza á los peticionarios,
y los despidió. La única satisfaccion que les dieron
fue enviara las secciones la lista de los patriotas
presos, para que pudiesen decir ellas si habia al-
gunos que mereciesen ser reclamados.


Lo restante del dia 11 se pasó en alborotos en
los arrabales. Por todas partes se dijo que era pre-
ciso ir al dia siguiente á la Convencion, á pedirle
de nuevo todo lo que no habian podido lograr aun;


rRANCESA. 347
aviso que corrió de boca en boca por todos los bar-
rios que ocupaban los patriotas. Los motores sin te-
ner un objetó bien determinado, quedan incitar á
una reunion general, y lanzar contra la Convencion
toda la masa del pueblo. En efecto, al dia siguien-
te 12 de germinal (1 .° de abril), se sublevaron en la
seccion de la Ciudad muchas mugeres y niños;
reuniéndose en las puertas de los tahoneros, é im-
pidiendo á los que estaban dentro recibir la racion,
procuraban llevar á todo el mundo hacia las Tu-
llerias. Los alborotadores esparcian al mismo tiem-
po toda clase de voces ; dijeron que la Convencion
iba á salir para Chalons, y abandonar al pueblo de
Paris á su miseria; que habian desarmado aquella
noche á la seccion de Gravilliers; que se habian reu-
nido los jóvenes en el Campo de Marte en número
de treinta mil, y con su auxilio ilki á desarmarse á
las secciones patriotas. Obligaron á las autorida-
des de la seccion de la Ciudacra que les entregasen
sus tambores, apoderándose de ellos, se pusieron
á tocar generala por todas las calles. Comunicóse
rápidamente el incendio, y se sublevó la poblacion
del Temple y del arrabal de San Antonio, dirigién-
dose á las fullerías por el -pretil y el baluarte.-For-
maban esta reunion espantosa infinidad de muge-
res, muchachos y hombres beodos, estos armados
de bastones y con la siguiente inscripcion en los
sombreros: Pan y constitucion de 93.


Estaba en aquel momento la Convencion oyen-
do un informe de Boissy-d' Anglas sobre los varios
sistemas adoptados en punto a subsistencias. No
tenia mas defensa que la guardia diaria, y la reo-
nion estaba ya á sus puertas, inundando el pretil y
las Tullerias, y ostruyendo todas las avenidas, de




318 REVOLUCION
modo que las numerosas patrullas que circulaban
por Paris no podian acudir en auxilio de Represen-
tacion nacional. La multitud se introduce en el sa-
Ion de la libertad, que precedia al (le las sesiones,
y quiere penetrar en el seno m.ismo de la Xsamblea.
Los porteros y la guardia se esfuerzan en contener-
los; pero varios hombres con palos se precipitan,
derriban todo lo que opone resistencia, se agolpan
á las puertas, las destrozan, y al fin inundan como
un torrente el centro de la Asamblea, dando alari-
dos. agitando sus sombreros, y levantando una nu-
be de polvo. Pan! Pan! cons(itucion de 93! son los
gritos en que prorumpe aquella ciega multitud.
Los diputados no dejan sus asientos, y manifiestan
una serenidad imponente. De repente se levanta uno
de ellos y esclama; viva la república!, Todos le imi-
tan, y la multitud,dá el mismo grito: pan! pan! :y
cons(i(ucion de 93! Solo los individuos del lado iz-
quierdo dan algunos aplausos, y son los que pare-
cen no tener cuidado (le ver al populacho en medio
de ellos. Este, á quien ningun plan se habla fijado,
y cuyos cori feos lo llevaban solo para intimidar á la


onvencion, se mezcla entre los diputados, y se
sienta al lado de. ellos, sin atreverse á hacer nin-
guna demostraeion hostil. Legendre quiere tomar
la palabra.—Si alguna vez, dijo, la malevolencia...
No le dejan acabar.--Fueral fuera! grita la multi-
tud, no tenemos pan! Mafia de Thionville, siempre
tan animoso como en Maguncia v la Verdee, aban-
dona su puesto, baja en medio del populacho, ha-
bla a algunos de aquellos hombres, les abraza, ellos
hacen lo mismo, y les obliga á que respeten á la
Convencion...—A tu asiento! le dicen varios mon-
tañeses. «Mi asiento, responde Merlin, es en medio


FRANCESA. 349
«del pueblo. Esos hombres acaban (le asegurarme
«que no tienen ninguna mala intencion; que no
«quieren intimidar á la Convencion con su número;
«que lejos de esto la defenderán, pues solo vienen
aqui para demostrar lo urgente de sus necesida-
des.—Si, si, vuelve á gritar la multitud, queremos
pan!»


En aquel instante se oyen gritos en el salen de
la libertad; es otra oleada popular que sigue á la
primera; otra inundacion de hombres, mugeres y
muchachos que vienen gritando todos á un tiempo:
Pan! pan!... Legendre quiere volver á tomar la pa-
labra, mas le interrumpen gritando: Fuera!


Bien conocian los montañeses que en aquel es-
tado de opresion y envilecimiento no podía la Con-
vencion ni hablar ni deliberar, y que se inutilizaba
hasta el objeto mismo del levantamiento porque no
podían darse los decretos deseados. Gasten y Du-
rol, sentados ambos á la izquierda, se levantan y
se quejan del estado en que se ha reducido á la
Asamblea. Gaston se acerca al pueblo: «Amigos
«mios, dice, pedís pan, la libertad de los patriotas
«y la constitucion; para esto es preciso deliberar y
«no se puede hacer mientras permanezcais aqui.»
El ruido no deja oir á Gaston. Andrés Dumont, que
ha sustituido en el sillon al presidente, quiere en
vano dar las mismas razones á la multitud; no logra
ser escuchado. Solo el montañés Huguet consigue
que le oigan algunas palabras: «El pueblo que se
«halla aqui, dice, no está sublevado, viene á pedir
«alguna cosajusta: la libertad de los patriotas. Pue-
blo, no abandones tus derechos!» Al mismo tiem-


po sube un hombre á la barra, atravesando la mul-
titud que le abre paso; era el llamado Vanec, que




3h0 REVOLUCION
mandaba la seecion de la Ciudad en el 31 de mayo.
«Representantes, dice; teneis en vuestra presencia
«á los hombres del 11 de julio, 10 de agosto, y has-
«ta el 31 de mayo....» Las tribunas, el populacho
y la Montaña, aplauden entonces. furiosamente.
«Estos hombres, prosigue Vanec, han jurado vivir
«libres ó morir. Vuestras discusiones despedazan
«la patria, que no debe sufrir vuestros Odios. Dad
«libertad á los patriotas y pan al pueblo. Castigad
«al ejército de Freron y a esos señoritos de los Pa-
«los. Y tú, santa Montaña, añadió el orador vol-
«viéndose á los bancos dela izquierda, tú que tan-
to has combatido por la república, los hombres


«del 14, de julio, del 10 de agosto y del 31 de ma-
«yo te imploran en estos momentos de crisis; tú.
«les hallarás siempre dispuestos á sostenerte, siern-
«pre decididos á derramar su sangre por la patria!»
Estas últimas palabras de Vanee se celebran con
gritos y aplausos. Una voz de la Asamblea parece
que habla contra él; pero apenas se ove. Piden que
el que tenga algo que decir contra Vanee lo diga
de modo que se le oiga.—«Si, esclama Duhem, que
lo diga alto.»—Sucédenle en la barra los oradores
(le varias secciones, c en términos mas comedidos,
piden lo mismo que los de la Ciudad. El presidente
Dumont responde con entereza que la Convencion
tomará en consideracion los deseos y necesidades
del pueblo, luego que pueda volver á sus trabajos.
Que lo haga inmediatamente, responden muchas
voces; tenemos necesidad de pan.—E1 motin dura
de este modo bastantes horas, y el presidente se
ve hecho el blanco de interpelaciones de todo gene-
ro. El presidente es realista, le dice Choudieu.—
Nuestros enemigos enfurecen la tempestad, replica


FRANCESA. 351
Dumont: no saben que el rayo va á caer sobre sus
cabezas.—Si, replica Ruamps, el rayo es vuestrajuventud del Palacio Real.--Pan! panl repiten las
mugeres furiosas.


Entretanto se oye tocar á rebato en la torre de
la Unidad. En efecto, las comisiones, cumpliendo
con la ley de policía, hacian reunir las secciones, y
muchos que habian tomado las armas se dirigian á
la Convencion. Los montañeses conocian cuán pre-
ciso era apresurarse para convertir en decretos los
deseos de los patriotas; mas para esto era necesa-
rio desembarazar un poco á la Asamblea y dejarla
respirar.—Presidente, esclama Duhem , haz que
salgan esos buenos ciudadanos para que podamos
deliberar. Se dirigió tarnbien al pueblo.-1-Ian toca-
do á rebato, le dice, y se ha oido la generala en las
secciones; si no nos dejais deliberar, la patria está
perdida.—Choudieu quiere coger á una muger del
brazo para echarla afuera!—Estamos en nuestra
casa, le responde ella encolerizada.—Choudieu re-
conviene al presidente, y le dice que si no sabe
cumplir con su obligacion, y hacer evacuar el sa-
Ion, puede dejar el puesto á, otro. habla de nuevo á
la multitud: «Os estan engañando, le dice; retiraos
«para que podamos cumplir vuestros deseos.»
Viendo el pueblo la impaciencia que mostraba toda
la Montaña, empieza á retirarse. Van siguiendo po-
co á poco el ejemplo, y disminu yendo el gentío en
lo interior del salon, sucede lo' mismo por fuera.
Los grupos de los jóvenes nada hubieran podido
hacer entonces contra aquel inmenso pueblo; pero
por todas partes llegaban va los numerosos bata-
llones de las secciones, fieles á la Convencion, y
la multitud se retiraba al verlos. Por la tarde se




352 REVOLUCION
habia ya despejado el interior y estertor del salon,
y restablecídose la tranquilidad en la Convencion.


No bien se halló esta libre cuando pidió la con-
tinnacion del informe de Boissy-d' Anglas que se
había interrumpido por la irrupcion del populacho.
La Asamblea no estaba aun bastante asegurada , y
ya quería probar que su primer cuidado, apenas se
hallaba libre , era el tratar de la subsistencia del
pueblo. Concluido que hubo su informe, propuso
Boissy tomar de las secciones de Paris una fuerza
armada para proteger en los alrededores la llegada
de los granos. Dióse el decreto. Prieur del Mame
propuso se empezase el repartimiento del pan por
los jornaleros, proposicion que se aceptó asi mismo.
Iba va siendo muy de noche y se hallaba al rededor
de la Convencion una fuerza considerable. Algunos
facciosos que se resistian aun , se reunieron unos
en la seccion de los Trescientos y otros en la de la
Ciudad. Estos últimos se apoderaron de la iglesia
de Nuestra Señora, y alli se hallaban como atrin-
cherados; pero sin embargo nada se tema, y la
Asamblea podía castigar los atentados de aquel dia.


Se presenta Isabeau en nombre de las comisio-
nes; refiere los sucesos ocurridos, el modo con que
se habian formado las reuniones , la díreccion que
habian recibido y las precauciones que con arre-
glo á, la ley del 1.° de germinal habian tomado para
disiparlas las comisiones. Refiere que el diputado
Auguis, encargado de recorrer varios barrios de
Paris, ha sido preso y . herido por los facciosos , y
que Peniere que iba á libertarlo , ha recibido un
balazo. Al oir esto prorumpen en gritos de indig-
nacion y piden venganza. Isabeau propone, 4.°
declarar que la libertad de las sesiones de la Con-


FBANGESA.
253


vencion se habia violado aquel dia; 2.° encargar á,
las comisiones que procedan contra los autores de
este atentado. A. esta proposicion, viendo los mon-
tañeses la ventaja que va á sacarse contra ellos de
una tentativa frustrada, prorumpen en murmullos,
y las tres cuartas partes dela Convencion se levantan
pidiendo la votacion. Todos dicen que ha sido un
20 de junio contra la Representacion nacional ; que
se !labia invadido el salon de la Asamblea, como el
palacio del rey en el 20 de junio , y que si la Con-
vencion no usa de rigor , se dispondrá en segui-
da contra ella un 10 de agosto. Sergent , diputado
de la Montaña, quiere atribuir este movimiento á
los Fuldenses, á los Lameth, y á los Duport, que
procuran, dice, desde Lóndres incitar á los patrio-
tas á escesos imprudentes. Le responden que delira,
y Thibaudeau que se habia retirado de la Asam-
blea durante esta escena, indignado del atentado
cometido contra ella, sube á la tribuna. «Esa es,
«dice señalando al lado izquierdo, la minoría que
«conspira. Declaro que he estado ausente cuatro
«horas porque no vela aqui la Representacion na-
«cional. Vuelvo ahora y apoyo el provecto del
«decreto. Ha pasado ya el tiempo de la debilidad,
«que es la que ha comprometido siempre á la Re-
«presentacion nacional, dando alas á una faccion
«delincuente. En vuestras manos está hoy la sal-
«vacion de la patria: Si sois débiles, la perdeis!»
Adóptase el decreto en medio de aplausos, empe-
zando á, manifestarse por todas partes los accesos
de cólera y venganza, que se renuevan al recordar
el riesgo en que han estado. Andres Duniont, que
ocupó la presidencia en tan tormentosa escena, se
presenta en la tribuna , y se queja de las amenazas


.Biblioleca popular.
T. IV 492




354 REVOLUCION


é insultos que ha sufrido ; recuerda que Chales y
Choudieu, señalándole al pueblo, han dicho que el
presidente era realista , y que Foussedoire habla
propuesto en un grupo el dia antes desarmar a la
guardia nacional. Foussedoire le desmiente; pero
una porcion de diputados aseguran haberlo nido.
«Por lo (lemas, añade Dumont, yo desprecio á to-
dos esos enemigos que han querido dirigir los pu-


«fíales contra mi; esos son los corifeos que debemos
«perseguir. Han querido salvar hoy á los Villaut,
«los Collot y los Barrere; yo no os propongo que
«los Ileveis al cadalso, porque aun no estan senten-
«ciados, y ha pasado ya el tiempo de los asesina-
«tos, sino que se les destierre del territorio que in-


festan v revuelven con sus sediciones. Propongo
«que esti, misma noche se verifique la deportacion
«de los cuatro acusados , cuyo proceso examinais
«hace tantos días» La proposicion se adopta con
estrepitosos aplausos. Varios de la Montaña. piden
la votacion nominal , y algunos de ellos van á la
mesa á firmar la peticion. «Ese es , dice Bourdon,
«el último esfuerzo de una minoría , cuya traicion
«está ya descubierta. Propongo ademas que se
«prenda á Choudieu, Chales v Foussedoire.» De-
cretanse, ambas proposiciones, concluyéndose asi
con el destierro el largo proceso de Villaud, Collot,
Barrere v Vadier. Choudieu, Chales y Foussedoire
quedan 'arrestados; y pasando adelante, se recuer-
da que Huguet tomó la palabra en la ocnpacion del
-salón, y esclamó: Pueblo! no olvides tus derechos;
que Leonardo Bourdon presidia la sociedad popular
de la calle de Vert-Bois y pie ha escitado á insur-
reccion con sus continuas declamaciones ; que
Duhein ha animado á los revoltosos en la irrupcion


FRAYCESA.
335


del populacho ; que ea los últimos dias se le habia
visto en el café. Payen , y seccion de los inválidos,
bebiendo con los principales corifeos terroristas,
incitándoles al levantamiento; por lo tanto se orde-
na prender á Huguet, Leonardo Bourdon y Dllheru.
Delatan todavía á otros intiChOS, entre los cuales se
hallaba Amar, el individuo mas odiado de la anti-
gua comision de seguridad general, tenido por el
mas peligroso de todos los montañeses, y la Con-
vencion le manda prender. Para alejar de Paris á
estos pretendidos corifeos de la conspiracion , se
pide que los pongan arrestados en el castillo de
Ham, y decretada la proposicion, se decide ademas
que los conduzcan inmediatamente. En seguida se
propone declarar en estado de sitio la capital hasta
que cesase enteramente el peligro. El general Pi-
chegrú se hallaba á la sazon en Paris en todo el
brillo de su gloria , y se le nombra general de la
fuerza armada mientras durase el peligro, agregan•
dolo los diputados-Barras y Merlin de 'fhionville.
Eran las seis de la mañana 13 de germinal ( 2 de
abril), y se separa la Asamblea sumamente fatiga-
da, confiando en las providencias que acababa (le
tomar.


Las comisiones tomaron tales medidas para lle-
var á efecto sin demora los decretos que acababan
de darse. Aquella misma mañana colocaron en co-
ches á los cuatro desterrados, á pesar de que uno
de ellos, Barrere, se hallaba bastante enfermo , y
se les puso en el camino de Orlcaas en direccion á
Brest. Con la misma prontitud hicieron salir á los
siete diputados condenados á prision en el castillo
de Ham. Debían atravesar los coches los campos
Eliseos, y los patriotas que lo sabias, se dirigieron




356 BEVOLI:CION
en gran número al camino para detenerlos. Cuando
llegaron los coches precedidos de los`endarmes,
se hallaron con una porcion de gental rededor.
Unos decian que era la Convencion que se retiraba
á Chalons con los fondos d la tesorería; otros por
el contrario que eran algunos diputados patriotas . *,
injustamente arrebatados del seno de la Convela-
cion,.no habiendo derecho para privarlos de sus
funciones. Dispersaron á los gendarmes, y condu-
jeron los coches á la junta civil de la seccion de los
Campos Eliseos. Al mismo tiempo se dirigió ur.
grupo á la guardia que custodiaba la barrera de la
'Estrella, y apoderándose de los cañones, los dirigió
al camino. En vano quiso el gefe de los gendarmes
parlamentar con los sediciosos ; fue acometido y
obligado á huir. Acudió á (Aros- Caillou a pedir au-
sitio; pero los artilleros de la seccion, le amenaza-
ron hacerle fuego si no se retiraba. Al mismo tiem-
po llegaban varios batallones de las secciones,
algunos centenares de jóvenes mandados por Pi-
chegrú, orgullosos de ir á las órdenes de un gene-
ral tan famoso. Los insurgentes dispararon dos ca-
ñonazos é hicieron un vivo fuego de fusilería. Ra-
'Jet que mandaba aquel dia las secciones , recibió
un tiro á boca de jarro, y el mismo Pichegró. cor-
rió gran peligro, viéndose dos veces apuntado des-
de muy cerca; sin embargo, su presencia, y la fir-
meza que infundió en los que mandaba, y


decidieron
el triunfo. Los insurgentes quedaron derrotados,
los coches partieron sin obstáculo.


Faltaba disipar la reunion de la seccion de los-
Trescientos, á la cual se habia agregado la de la
iglesia de Nuestra Señora. Los facciosos se habian
declarado alli en junta permanente, proyectando


FRANCESA. 357
otro levantamiento. Pichegrú se dirigió á. aquel si-
tio, hizo evacuar el salon de la seccion, y acabó de
restablecer la tranquilidad pública.


Al dia siguiente se presentó en la Convencion,
declarando que los decretos estaban cumplidos.
Recibieron con unánimes aplausos al conquistador
de la Holanda que con su presencia en Paris aca-
baba de hacer otro servicio. «El vencedor de los
«tiranos, le respondió el presidente, no podía me-
«nos de triunfar de los facciosos.» Recibió el abra-
zo fraternal y los honores de la sesion, quedando
por muchas horas á la vista de la Asamblea y del
público, que le contemplaban á él solo desde todas
partes. No se examinaba la causa de sus conquis-
tas, ni se calculaba la parte que en sus hazañas
hubiera podido tener su dicha; se asombraban de
los resultados, y admiraban una carrera tan bri-
llante.


Esta osada tentativa de los jacobinos que podía
caracterizarse completamente llamándola un 20 de
junio, escitó contra ellos doble impulso de irrita-
cion, y nuevas precauciones represivas. Se ordenó
una severa indagacion para descubrir toda la tra-
ma de la conspiracion que se atribuia falsamente á
los individuos de la Montaña. Estos no estaban en
comunicacion con los alborotadores populares, pues
sus relaciones con ellos, se limitaban á ciertos en-
cuentros en el café, y á ciertas esperanzas de pa -
labra ; sin embargo, la comision de seguridad ge-
neral, tuvo encargo de presentar un informe.


Se suponia la conspiracion tanto mas estensa,
cuanto que se hablan manifestado tambien movi-
mientos en todos los paises bañados por el Ródano
y el Mediterráneo, y en Lyon, Aviñon, Marsella y




3b8 REVOLUCION
Tolon. Ya se habla denunciado á los epatriotas por
haber abandonado los distritos, en qu se di lasalen


ta s
por escesos, y reunidose armados


principales ciudades, bien ocuen fuese para ltarse en
ellas de la vista de sus conciudadanos , bien para
unirse con sus secuaces y formar cuerpo con ellos.
Se aseguraba que recorria n las orillas del Ródano,
vagando en numerosas partidas por los alrededores
de Avifion, Mimesa Arles, y las llanuras de eran, y
c


ao os


metiendo atrocidades contra los habitantes reptil
d por realistas. Acbacábaseles la muerte de un
t
-particular rico y magistrado de Avifion, á quien se
labia asesinado y robado. EnMarsella apenas Babia
podido contenerlos la presencia de los representan-
tes y las medidas que se tomaron al declarar la din-
dad'en estado de sitio. Se habian reunido en Tolon
en gran número, formando una reunion de muchos.
miles de individuo;, lo mismo casi que habian he-
cho los federalistas a la Pegada del general Car-
teaux. Dominaban la ciudad por su uniOn con losempleados de marina, que casi todos baldan sido
elegidos por Robespierre el jóven despues del re-
cobro de la plaza, y tenian muchos úsecuaces entrelos trabajadores del arsenal, cuyo número ascendia
á mas de doce mil hombres, que todos reunidos
eran capaces de los mayores escesos. Al mismo
tiempo reparada enteramente la escuadra , iba á.
darse á la vela; el representante Letourne ur se ha-
llaba á bordo del almirante , habiendo introducido
tropas de desembarco en los navios, y diciendo que
era la espedicion destinada á Córcega. Aprove-
chándose los revolucionarioss del momento en que
no quedaba en la plaza ma que una débil guar-
nicion que apenas ofrecia seguridad ue, y en q con-


FRANCESA. 3d9
taban con muchos partidarios, habian formado un
motín y degollado siete prusianos acusados de
emigraciou, en los mismos brazos de los tres repre-
sentantes Mariette, Ritl.er v Chambon. Renovaron
los mismos desórdenes en los últimos dias de ven-
toso (marzo). tiallábanse en two de los fuertes vein-
te prisioneros hechos en una fragata enemiga , y
ellos sostenían que eran emigrados á, quienes que-
rian perdonar. Sublevaron á los doce mil trabaja-
dores del arsenal; cercaron á los representantes, v
faltó peco para degollarlos, pero les contuvo feliz'-
mente un batallan que la escuadra envió á tierra.


Como todos estos bultos se coincidian con los
de Paris se aumentaron los temores del gobierno y
su severidad. Ya se había mandado á todos los in -
dividuos de las administraciones municipales, jun-
tas revolucionarias, y comisiones populares y mi-
litares, y finalmente á todos los empleados depues-
tos desde el 9 de termidor, que dejasen las ciuda-
des á donde habian ido, y se volviesen á sus res-
pectivos distritos. Otro decreto mas severo aun se
dio contra ellos. Se habian apoderado de las ar-
mas repartidas en los momentos de peligro, y se
mandó que quedasen desarmados todos aquellos
que eran conocidos en Francia por haber coadyu-
vado á la tirania abolida el 9 de termidor, debien-
do designarlos como cómplices de esa tiranía v
cuidar de desa.rmarbs cada Asamblea. municipal ó
cada junta de seccion. Se infiere de esto á. cuán
peligrosas persecuciones iba á esponerlos este de-
creto en unos momentos en que acababan de esci-
tar tan violentos medios. Mas no se contentaron.
con esto solo, pues quisieron arrebatarles los su-
puestos geles que tenian en los bancos de la Mea--




360 REVOLUCION


tafia. Aunque se cóndenaron á destierr, los tres
principales y se enviaron al castillo de Harn otros
siete, á saber: Choudieu, Chales, Foussedoire,
Leonardo-Bourdon, Huguet , Duhem y Amar , se
cre yó que aun quedaban otros no .menos temibles.
Caín.' bon, el dictador de hacienda é implacable ad-•
versario de los termidorianos, á quienes no perdo-
naba que hubiesen atacado su probidad, pareció al
menos molesto , y hasta se le supuso peligroso,
afirmando que en la mañana del 19. habla dicho á
los empleados de la tesorería : «Aquí sois trescien-
tos, y en caso de peligro podreis defenderos:» pa-
labras que era capaz de haber proferido , y que
probaban su conformidad de sentimientos, mas nó
su complicidad con los jacobinos. Thuriot , termi-
doriano en otro tiempo, montañés desde que vol-
vieron los setenta y tres y los veinte y dos, y dipu-
tado de mucho Mil*, fué considerado tambien
como corifeo de la faccion. En el mismo concepto
se tuvo á Crassous que habla sido uno de los mas
robustos apoyos de los jacobinos ; á Lesage-Se-
nault, que había contribuido á hacer cerrar su
club, pero que despues se !labia atemorizado de
la reaccion; á Lecointre de Versalles, enemigo de-
clarado de Vil laud, Collot y Barrere, y vuelto á la
Montaña desde la entrada de los girondinos ;
Maignet, el incendiario del Mediodia ; á llentz el
terrible procónsul de la Vendée; á Levasseur de la
Sarthc, uno de los que habian contribuido á la
muerte de Philippeaux; v finalmente i. Granel de
Marsella. acusado de incitador de los revoluciona-
rios del Mediodia. Tallien fué quien les señaló , y
quien despues de haberlos indicado en la tribuna
misma de la Asamblea, pidió fuesen arrestados co-


FRANCESA, 364
mo sus siete compañeros, y enviados á Ilam con
ellos. Satisfízose el deseo de Tallien , y quedaron
condenados á esta pena.


Asi no sacaron otro fruto los patriotas de su
movimiento que ser perseguidos, desarmados en
toda la Francia, desterrados á sus pueblos, y per-
der unos veinte montañeses, de los cuales unos
fueron deportados, y encerrados otros. Esto suce-
de á cada partido quese remueve sin tener las fuer-
zas necesarias, pues en caso de no vencer solo con-
sigue acelerar su pérdida.


Despues de haber castigado á los individuos,
chocaron los termidorianos con las cosas. La co-
mision de los siete encargada de informar sobre
las leyes orgánicas de la constitucion, declaró sin
rebozo que la constitucion era demasiado general,
y por lo tanto necesitaba rehacerse. Nombraron
entonces una comision de once individuos para
presentar un nuevo plan ; pero desgraciadamente
las victorias de sus contrarios, lejos de corregir á
los revolucionarios y hacerles entrar en el Orden,
iban á irritarlos mas, y provocar nuevos y peligro-
sos esfuerzos.




CA.PITULO


Continuacion de las negociaciones de Basilea.—Tratado de paz
con la Holanda. Condiciones de este tratado.—Otro tratado de
paz con la Prusia.—Política del Austria y otros estados del im-
perio.—Paz con la Toseana.—Negociaciones con la Ventlée
y la Bretatia. Sinuision de Ch arette y otros _efes. Stoitlet conti—
núla uerra.—Politica de lloche para la pacificaeio del Oes-


te.
a
Intrigas de los agentes realistas. Paz fingida de loo efes in-.


surgentes en la Bretana. Primera paciiicacion de la Vendée.—
Estado del Austria y de la Inglaterra; planes de


Bitio, dis,cusiones


en elparliunento ingl e
s.—PreParativos de la coolicion para una


nueva campana.


Durante aquellos tristes sucesos, se !rabian in-
terrumpido un momento las negociaconci-
piadas en Basilea por causa de la mueirte


nes
del


pri
baron


de &onz. Inmediatamente se esparcieron voces
muy alarmantes, pues unas veces decian que las
potencias no tratarían ya con una república ame-
zada sin cesar por las facciones, sino que la deja-
rian perecer en las


ni
convulsiones de latan aarquía sin


combatirla reconoa. Xl siguie ya asegu-
raban todo lo contrario,


cerl
diciendo que estaba hecha


la paz con Esparta y que los ejércitos franceses no
pasarían adelante; qul se estaba tratando con In-


-


glaterra y con la Rusia, pero eu perjuicio de Sue
cia y Dinamarca, que iban á quedar sacrificadas á


FRANCESA.


la ambicion de Pitt y de Catalina, siendo este el
premio de su amistad con Francia. Es claro que la
malevolencia, variable en sus rumores, discurria
siempre lo contrario á los intereses de la repúbli-
ca, suponiendo desavenencias donde se deseaba paz
y paz donde se anhelaban victorias. Otra vez pre-
tendió hacer creer que cualquiera paz era imposi-
ble para siempre, y que existia depositada en la.
comision de salvación pública una potestad sobre
este particular, por la mayoría de los individuos,
de la Conveneion, á lo cual habla dado margen una
ocurrencia de Duhem. Pretendía este que era una
necedad tratar con una sola potencia , y que 110,
debla otorgarse la paz á ninguna., mientras no acu-
diesen todas juntas á pedirla. Babia depositado
una nota sobre el particular en la comision de sal-
vacion pública, y lié aquí lo que hizo suponer la
pretendida protesta.


No menos tristes eran las voces que esparcían
los patriotas por su parte, diciendo que la Prusia
dilataba las negociaciones para comprender la Ho-
landa en un tratado comun con ella, y para conser-
varla así bajo su influjo, y salvar el Stathouderato.
Se quejaban de que permaneciese incierta por tan-
to tiempo la suerte de esta república , de que los
franceses no disfrutasen ninguno de los beneficios
de la conquista; de que los asignados solo se reci-
bian en ella por la mitad de su valor , y única-
mente por los soldados; de que los comerciantes ho-
landeses hablan escrito a los de Bélgica y Francia
que se hallaban dispuestos á entrar en relaciones
con ellos, bajo la condicion de que el pueblo pagase
adelantado v en moneda sonante, y de que los ho-
landeses l'afilan dejado marcharse al Stathouder con




361 BEVOLLICION
todo cuanto habia querido,enviado á Lóndres, 6
trasportado en los barcos de`lacompañía de Indias
parte de sus riquezas. En efecto, se baldan promo-
vido muchas dificultades en Holanda, bien fuese
por las condiciones de la paz , bien por la exalta-
cien del partido patriota. La comision i


de salvacon
pública envió á dos de sus individuos, que pude-
ran con su influjo terminar todas las diferencias, y
por interés de la negociacion pidió á la Convencion
la facultad de no designar ni su nombre ni el oh-
jeto de su comision. La Asamblea consintió en ello,
y partieron inmediatamente.Era muy natural que unos sucesos de tanta im-
portancia y unos intereses tan considerables exci-
tasen esperanzas, temores y nIticias contradicto-
rias; pero á pesar de todo continuaban las confe-
rencias en muy buen estado. El conde de Hardem-
berg habla reemplazado en liasilea arca de
Goltz, é iban á fijarse ya las condiciones


b
por una


y otra parte.Apenas se habian entablado aquellas negocia-
ciones, cuando la exigencia misma de las circuns-
tancias, obligó á que se hicieran ciertas modifica-
ciones en las facultades de la comision de salva-
cien pública. Un gobierno tan sin reserva, que na-
da podía ocultar , nada decir por sí mismo, ni ha-
cer nada sin una deliberacion pública , no podía
formar un tratado con ninguna potencia por franca
que fuese. Para semejantes convenios es preciso
firmar suspensiones de armas, neutralizar territo-
rios; es preciso sobre todo secreto, porque una po-
tencia negocia á veces mucho antes de que le con-
venga confesarlo. Xdernas hay frecuentemente ar-
tículos que deben ignorarse; pues si por ejemplo


FRANCESA. 365
pretende una potencia unir sus fuerzas á las de
otra, si estipula la union de un ejército ó de una
escuadra, ó bien otro cualquiera concurso de me-
dios, este secreto es de la mayor importancia. Y
¿cómo la comision de salvacion pública, que se re-
novaba por cuartas partes cada mes , que estaba
obligada á dar cuenta de todo, careciendo del vi-
gor y resolucion de la antigua junta que sabia to-
marlo todo á su cargo; cómo esta comision hubiera
podido negociar especialmente con potencias que
se avergonzaban de sus faltas, confesando con vio-
lencia su derrota, y viéndose precisada ó á dejar
condiciones ocultas, ó á no publicar su transacion
hasta que estuviese firmada? La precision de en-
viar dos de sus individuos á la Holanda sin que se
supiera ni su nombre id su comision, era la pri-
mera prueba de lo necesario que es el secreto en
operaciones diplomáticas. Presentó porconsiguien-
te un decreto que le concedia los poderes indis-
pensablemente necesarios para negociar , y que
fué la causa de nuevos rumores.


Es un espectáculo curioso para la teoría de los
gobiernos el de una democracia que sabe vencer
su indiscreta curiosidad y desconfianza respecto
al poder, y que vencida por la necesidad , concede
á algunos individuos la facultad de estipular has-
ta condiciones secretas. Esto hizo la Convencion
nacional. Confirió á la comision de salvacion
blica facultades para-arreglar armisticios, neutra-
lizar territorios, verificar tratados, suspender sus
condiciones, redactarlas y aun firmarlas, y no se
reservó mas que lo que verdaderamente le perte-
necia, es decir, la ratificacion. Hizo mas; autorizó
á la comision para que firmase artículos secretos,




366 REVOLUCION
con la condicion de que nada se incluyese en estos,
que derogase los públicos, y de que se diese á luz
asi que ya no existiese el interés de guardar secre-
to. Provista


de estos poderes, la comision prosi-
guió y llevó á cabo cuantas negociaciones empe-
zó con diferentes potencias.


Por Ultimó, se firmó la paz con Holanda bajo la mi,
influencia de Rewbell, y especialmente de Sieyes,
que eran los dos individuos de la comision , últi-
mamente enviados á Holanda. Los patriotas holan-
deses recibieron


con distincion al célebre autor de
la primera declaracion de los derechos, mirándo-
le con una deferencia que puso término á muchas
diticultades. Las condiciones de la paz firmada en
la Raya el de Boreal año In (16 de mayo), fue-
ren las siguientes : La república francesa recono-
cia á la de las Provincias unidas por libre é inda-
pendieate, y la aseguraba su independencia y la
aboliciondeiStathouderato. Oueentre ambas habla
alianza ofensiva y defensiva , mientras durase la
guerra actual; alianza que debla ser perpetua en-
tre ambas repúblicas en todoalos casos de guerra
contra Inglaterra. La de las Provincias


uni.las po-


nla actualmeu te á disposicion de la Francia doce
navios de linea, y diez v ocho fragatas que debían
surcar principalmente los mares de Ale.maaia, del
Norte y el Báltico. Ademas , daba como auxil


iar
de laFrancia la mitad de su ejercito de tierra, que
ciertamente se hallaba reducido casi á nada, y de-bia reorganizarse completamente. En cuanto á las
demarcaciones de territorio ; se lijaron asi :
Francia guardaba todo el Flandes holandés; drt


e mo
del


-


do que completase su territorio por la pae
mar , estendiéndole hast.i las embocaduras de los


FRANCESA. 367
ríos; por el lado del Mosa del Rin, tenia la posea
sion de Venlóo y Maestriát , y todos los paises
comprendidos al mediodia de Venlóo, por uno
otro lado del Mosa. La república renunciaba así en
este punto a prolongarse hasta el Rin, lo cual era
muy razonable. En efecto , el Rin, el Mosa y el
Escalda, se confunden por esta parte de modo que
no aparecen límites claros. ¿Cual de estos brazos
deben considerarse como el Rin? Se ignora, y to-
do es convencional respecto á esto. Ademas , por
este punto no amenaza mas hostilidad á la Fran-
cia que la de Holanda , hostilidad poco temible,
que no exige la proteccion de un fuerte límite.
Finalmente, el territorio indicado é la Holanda por
la naturaleza, como que consistía en terrenos de
aluviones llevados á la embocadura de les ríos,
hubiera sido preciso que la Francia, para estendera
se á una de las principales corrientes de agua , se
hubiese apoderado á lo menos de las tres cuartas
partes de aquellos terrenos, y reducido á casi na-
da la república que acababa de emancipar. Rin
no sirve de límite á la Fra.ucia por la parte a,:
Alemania hasta las cercanías de Wessel; y
sesion de las dos orillas del Mosa al sur de Venlóo
dejaba esta cuestion intacta. Ademas se reserva-
ba la república francesa la facultad , en caso de
guerra por la parte del Rin ó de la Zelandia , de
poner guarniciones en las plazas de Grave, Bois-
le-Duc y Beg-op-Zoom. El puerto de Flesinga
quedaba comun. De este modo se adoptaban todas
las precauciones. La navegacion del Rin, del Mo-
sa, del Escalda, del Elondt y de todos sus brazos
quedaba declarada libre para siempre. Ademas de
esas ventajas, pagaba la Holanda una ademo iza.>




368 DEVOLUCION
cion de cien millones de florines ; y para compen,
sar á esta sus sacrificios , le prometía la Francia,
cuando se hiciese la paciticacion general , indem-
nizaciones de territorio adquirido en los paises
conquistados, y en el sitio mas conveniente á la
buena demarcacion de los recíprocos límites.


Eran muy razonables las bases de este trata-
do y el vencedor se mostraba en ellas tan gene-
Toso como hábil. En vano se ha dicho que al in-
corporar los intereses de Holanda á los de la Fran-
cia, aquella se esponia á perder la mitad de su es-
cuadra detenida en los puertos de Ingl n


aterra; y es-
pecialmente sus colonias , entregada s si def
á la ambicion de Pitt. La Holanda, mantenié,ndo-
se neutral , ni hubiera recobrad o sus navios , ni
consei vado sus colonias, y Pitt hubiera hallado
aun pretesto para apoderarse de ellas por cuenta
del Stathouder . Solo la conservacion de este, sin
salvar de un modo cierto los navios ni las colonias
holandesas, hubiera quitado al menos todo pretes-
to á la ambicion inglesa, pero ¿era posible, ni aun
compatible con los principios políticos de la Fran-
cia; con las promesas hechas á, los patrio


-tas bá
tavos, con el espíritu que les animaban, y con las
esperanzas que 'labian concebido abriéndonos sus
puertas, conservar el Stathouderato?


lll ucfio mas fáciles de arreglar eran las condi-
ciones con la, Prusia; porque acababa de encer-eman -
rarse á Bischoffvender y el rey de Prusia,
cipado ya de los místicos , habia concebido una
ambicion enteramente nueva. Ya no hablaba de
salvar los principios del Orden general , sino que
anhelaba ser el mediador para la pacificacion uni-
versal. El tratado con el se firmó en Basilea el l 6


FRANCESA. 30
de germinal (5 de abril de 795). Por de pronto se
convino en que habria paz, amistad y buena inte-
ligencia entre S. M. el rey de Prusia y la repúbli-
ca francesa, que las tropas de esta última aban-
donaria la parte de los estados prusianos que ocu-
paba en la orilla derecha del Rin; que continua-
rían ocupando la provincias de Prusia situadas en
la orilla izquierda, cuya definitiva suerte no se fi-
jaria hasta la general pacificacion. Era evidente,
segun esta última condicion


'


que sin esplicarse
mas positivamente , la república quería darse por
límites el Rin; pero hasta nuevas victorias contra
los ejércitos del Imperio y contra el Austria no
convenía dar solucion a las dificultades que dehia
producir esta determinacion importante. Entonces
solo podria ó despojar á los unos, ó indemnizar á
los otros. La república franeesaseobligaba á acep- •
tar la mediacion del rey de Prusia para reconci-
liarse con los príncipes y estados del imperio ger-
mánico, y aun se comprometia por tres meses a no
tratar como enemigos á los príncipes de la orilla
derecha, en cuyo favor se interesase S. M. el rey
de Prusia ; lo cual era el único medio seguro de
que todo el imperio pidiesela paz por la mediacion
del rey.


Efectivamente no estuvo bien firmado aquel de-
creto cuando el gabinde de Berlín hizo anunciar,
solemnemente al Imperio su resolucion, v los mo-
tivos que la hablan producido. Declaró á' la dieta
que ofrecia sus buenos oficios al Imperio si este.
deseaba la paz, y si la mayoría de los estados la
rehusaba, á aquellos que se obligasen á tratar ais-
ladameate para su seguridad personal. El Austria
hizo por su parte reflexiones muy duras á la dieta


Biblioteca popular,


T. 493




314
DEVOLUCION


diciéndola que deseaba la paz tanto como nadie,
pero que la oreja imposible; que aprovecharla la
ocasion oportuna para tratar de ella: y que los es-
tados del Imperio hallarían mucho mas ventajoso
confiarse á la antigua fé prusiana, mas


po-
tencias que habian quebrantado todas sus pala -
bras. La dta, para manifestar que se preparaba
á la gueie


rra, aunque pedia la paz, decretó para la
próxima campaña el quíntuplo contingendar da-
dos, quedarían exentos de hacerlo , aprontando
doscientos cuarenta Borines por hombre. Decidió ,„
al mismo tiempo que el Xustria , que acababa de
unirse con la Inglaterra por la continuacion de la
guerra, no pocha mediar para la paz , y resolvió
confiar este oficio a. la Prusia.


Solo, pu-es, faltaba
determinar la forma y nombramiento de la dipa-
tacion.A pesar de tan vivo anhelo por negoziar la
paz, el Imperio no podiaueadelandebía


tar nadir a con ei-


gencias generales , porq
ped sus


individuos. privados de sus estados , restitucio-
ws que la Francia no hubiera podido hacer sin re-


n
unciar á la linea del Rin ; mas era evidente que


eu la imposibilidad de tratar reunidos, cada prín-
cipo se entres á la Prusia, y baria por su me-
dio su pacto particular.De esta manera principiaba la repúblicaá des:-
armar sus enemigos s? obligarlos a la paz. Re-á
sueltos á la guerra solo estaban los q


habian


sperimenta(lb grandes quebranto los, yque
noue


acababan
espera-


e}san recobrar•con negociaciones de perder por las armas. Tales debían ser los de-
signios de los príncipes de laorilla izquierda, des-


FRANCESA
3'71


pojados de sus estados ; del Austria , privada de
los Paises-Bajos, y del Piamonte , que se hallaba
sin la Savova y Niza. Los que por el contrario
habían tenido el acierto de guardar neutralidad.
celebraban cada día mas su prudencia y los bene-
ficios que les habia reportado. La Suiza y Dina-
mai ca iban á enviar embajadores á,l.a Convencion.
La Suiza, que era el emporio del comercio conti-
nental, persistía en sus cuerdas intenciones, y de-
cia por medio de 111. Ochs al enviado Barthelemy
estas hermosas- palabras : «La Francia necesita
«una Suiza, y la Suiza una Francia. Efectivamente
«casi no puede dudarse que sin la confederacion
«helvética, no se hubieran agregado á la domina-
«cien francesa los restos de los antiguos reinos de
«Lorena, Borgoña y Arles; y es dificil creer que
«sin la poderosa intervencion de la Francia, no se
«hubiera logrado sofocar en su cuna la libertad
«helvética. » En todo caso la neutralidad de la
Suiza acababa de hacer un inminente servicio á la
Francia, contribuyendo á salvarla. Otros pensa-
mientos no menos sublimes; añadía M. Ochs. Ya
«llegará tiempo, decia, en que se admiren estos
«sentimientos de justicia natural que haciéndonos
«aborrecer todo influjo estrangero en la eleccion
«de las formas de nuestro gobierno, nos prohibian
«por lo mismo erijirnos en jueces del régimen de
«administracion pública que nuestros vecinos ele-
«gian. Nuestrospadres no censuraron ni á los r'oTan•
«des feudatarios del imperio germánico por haber
«humillado el poder imperial, ni á la autoridad
«real de Francia por haber oprimido á los grandes
«feudatarios. Vieron sucesivamente representar
«los Estados generales la nacion francesa; apode-


.




37/ REVOLUCKYN


«rarse del gobierno absoluto Richclieu
y.',Nlazarin,


«ejercer por sí todo el poder de la nacion Luis
«XIV, y los parlamentos , en nombre del pueblo,
«desear tener parte en la autoridad pública; pero
«jamás se les oyó con una voz temeraria apropiar-


se el derecho 'de volver al gobierno francés a tal
«ó cual periodo de su historia. Su deseo fue la fe-
«licidad de la Francia, su esperanza la


, y


«la integridad de su territorio el apoyo
unidad


con que


«contaban.Estos principios tan elevados como exactos,
eran. la severa crítica de la política de Europ d-


a ; y
los resultados que obtenia la Suiza , eran una a
mirable demostracion de su perspicincom


acia.
conalodarEl Aus-


tria, celosa de su comercio, queria
un cordon ; pero la Suiza hizo reclamaciones á.
Wurtemberg y los estados vecinos, y obtuvo jus-
ticia.


Tambien
potencias italianas deseaban lala


paz, á lo menos aquellas cuyas imprudenc i as po-


día esponerlas un día á serios d
resultados. 131 Pia-


monte, aunque es.austo, habia perido mucho pa-
ra que quisiese recurrir de nuevo a las armas: pe-
ro la Toscana, obligaa


d á pesar suyo á salir de su
nutralidad, por el embajador inglés que amena-
neutralidad


con usa escuadra solo la habia dado doce
horas para decidirse , estaba impaciente por re-
cobrar su carácter , especialmente desde que los •
franceses estaban á las puertas de Génova. Por
consiguiente el gran duque habia entablado una
negociaeion que acababa de terminarse por un tra-
tado de muy fácil conclusion. Se habian restable-
cido entre ainbos estados la buena armonía v la
amistad , y el


gran duque restituia á la república


/FRANCESA.
373


los trigos que se hahian arrebatado en sus puertos
á los franceses en el momento de la declaracion
de la guerra. Aun antes de la negociacinn habia
hecho voluntariamente esta restitucion. El 21 de
pluvioso (9 de febrero) se concluyó el tratado ven-
tajoso á la Francia para el comercio del mediodia,
y especialmente para el de los granos.


Venecia que habia retirado á su,encargado en
Francia anunció que iba á nombrar otro , hacién-
dole salir para Paris, y por último hasta el papa
sentia por su parte los ultrages hechos á. los fran-
ceses.


córte de Nápoles, seducida por las pasiones
de una reina insensata y las intrigas de la Inglater-
ra, estaba muy distante de pensar en negociacio-
nes, y hacia.


ridículas promesas de ausilios á la liga.
La España tenia gran necesidad de paz, y pa-


recia que esperaba á que nuevas pérdidas la obli-
gasen a hacerla.


Otra negociacion , no menos interesante acaso
por el efecto moral que debia producir, era la que
se habia entablado en Nantes con las provincias
insurgentes. Ya hemos visto que los gafes de la
Vendée, divididos entre sí, abandonados casi de sus
paisanos , seguidos apenas de algunos guerrilleros
determinados,estrechados en todas partes por los
generales republicanos, y reducidos á elegir entre
una amnistía ó una destruccion completa , se ha-
bían inclinado á tratar de paz ; hemos visto que
Charette había aceptado una entrevista cerca de
Nantes; que el pretendido baron de Cormatin, ma-
yor general de Puisave, se habia presentado en
calidad de mediador de la Bretaña; que viajaba con
nimben, fluctuando entre el deseo de engañar á




374 REVOLIICION
los republicanos, convenirse con Charette y sedu--•
cir á Canclaux, y la ambicion de pacificar aquellos
célebres paises. La cita comun era en Nantes , y
las entrevistas debian empezar en el castillo de la
Jaunaye, a una legua de esta ciudad, el gap de plu-
vioso (12 de febrero.)


Apenas llegó Cormatin á Nantes, cuando quiso
poner en manos de Canclaux la carta de Puisaye;
pero este hombre que pretendia engañar á los re-
publicanos, no supo siquiera evitar que se traslu-
ciese tan peligroso documento. llizose pues públi-
co, y el se vió obligado á declarar que la carta era
supuesta, que no era él quien la llevaba, y que
acudia á tratar de la paz sinceramente. Con esto
se encontró mas comprometido que nunca y tuvo
que renunciar al papel de un hábil diplomático cu-
yo intento fuese engañar á los republicanos, dar el
Santo á Charette y seducir á Canclaux , quedando
reducido al simple personage de pacificador. Vió
Charette, y le halló inclinado por su posicion á tra-
tar momentáneamente con el enemigo, desde cuyo
momento no vaciló ya Cormatin en trabajar para la
paz. Convínose en que fuese esta, y que
mientras aguardaban la ejecucion de ras promesas
de la Inglaterra, afectarian someterse á la repúbli-
ca. Pensaron en obtener por entonces las mejores
condiciones posibles; y asi , apenas se abrieron las
conferencias , Cormatin y Charette remitieron una
nota en que pedian la libertad de los cultos, pen-
siones vitalicias para todos los eclesiásticos de la
Vendée, la esencion del servicio militar é impuestos
por diez años para reparar los males de la guerra,
indemnizaciones por todas las pérdidas, el pago de
las obligaciones contratadas por los gefes para el


FRANCESA.
375


socorro de sus ejércitos, el restablecimiento de las
antiguas divisiones territoriales del pais y de sus
administraciones, la formacion de guardias territo-
riales á las órdenes de los actuales generales, la se-
paracion de todos los ejércitos republicanos, la esclu-
sion de todos los habitantes de la Vendée que ha-
bian salido del pais en el concepto de patriotas, y
cuyos bienes hablan secuestrado los realistas, y.
finalmente, una amnistía coman á los emigrados y
vendeanos. Semejantes exigencias eran absurdas,
y no podían admitirse. Los representantes acce-
dieron á la libertadde cultos, á las indemnizaciones
en favor de aquellos cuyas casas habian quedado
asoladas, la esencion de servicio para los jóvenes
de la actual quinta, con el objeto de poblar el pais,
la formacion de guardias territoriales a las órdenes
de las administraciones , en número de solos dos
mil hombres , y el pago de los libramientos firma-
dos por los generales hasta la cantidad de dos mi-
llones; pero se negaron al restablecimiento de las
antiguas divisiones territoriales y administracio-
nes, á la esencion del impuesto por diez años, á la
separacion de los ejércitos republicanos, y á la am-
nistía en favor de los emigrados, exigiendo que vol-
viesen á la posesion de sus bienes los vendeanos
patriotas. Estipularon ademas que todas estas con-
cesiones se comprenderian no en un tratado, sino
en acuerdos dados por los representantes en comí-
sion, y que los generales vendeanos firmarian
por su parte una declaracion por la que reconoce-
rian á la república , prometiendo someterse á sus
leyes. Senalóse, pues, una conferencia terminante
para el 29 de pluvioso (17 de febrero), porque la
tregua espiraba el 30.




376 REVOLUCION
Antes de concluir la paz se pidió que asistiese


Stofflet á estas conferencias. Lo deseaban muchos
oficiales realistas , porque creian que no debia
tratarse sin él, y tanibien los representantes, por-
que hubieran querido comprender en una misma
transacion á toda la Vendée. Stofflet se hallaba di-
rigido á la sazen por el ambicioso abate Vernier,
que no estaba muy propenso á la paz, porque esta
le privaba de todo su influjo; por otra parte, Sto-
fflet no queda desempeñar un papel secundario, y
veia con enojo que esta negoeiacion se habla em-
pezado y proseguido sin contar con él ; accedió no
obstante á asistir á las conferencias, y se presentó
en la Ja imaye con una multitud de aciales.


El alboroto que se suscitó fue muy grande,
pues los secuaces de la paz y los afectos á la guer-
ra estaban en estremo irritados unos contra otros.
Los primeros asistian al lado de Charette, dicien-
do que los que quedan que siguiese la guerra eran
los mismos que no iban jamas á combatir ; que el
pais estaba asolado y reducido al mayor apuro; que
las potencias ni habian hecho ni probablemente
baria o nada en su favor, se decian en secreto que
por lo denlas debía espe'rarse ganar tiempo por
medio de una paz fingida , y que si la Inglaterra
cumplia sus promesas, estaban dispuestos á suble•
varse. Los partidarios de la guerra decian por el
contrario que les ofrecian las paz solo por desar-
marlos,quebrantar en seguida todas las promesas,


inmolarlos impunemente; que deponer las armas
por un instante era enervar los ánimos, é imposi-
bilitar toda insurreccion futura; que pues la repú-
blica negociaba , era prueba de que se veia en el
último apuro; que bastaba esperar y manifestar to-


FRANCESA.
127


davia un poco de constancia para llegar al día en
que se pudieran emprender grandes cosas con el
auxilio de las potencias; que era accion indigna de
caballeros franceses firmar un tratado con Unen-
clon secreta de no llevarlo á efecto ; y que por lo
denlas no habia derecho para reconocer la repú-
blica, porque era desentenderse de los derechos de
los priucipes en cuyo favor habian peleado por tan-
to tiempo. Hubo varias conferencias muy anima-
das , en que por una y otra parte se mostró bas-
tante irritacion , y aun hubo ocasiones en que los
partidarios de Charette amenazaron á los de Stofflet,
faltando poco para que viniesen á las manos. No
era Cormatin el menos entusiasta partidario de la
paz; su facundia, su inquietud de cuerpo é irnagi-
nacion, y su carácter de representante del ejército
de Bretaña, llamaban la atencion. Por desgracia le
acompañaba un tal Solilhac, comisionado al efecto
por la comision central de la Bretaña, el cual ad-
mirado de.ver á Cormatin representar un papel tan
distinto del que le habian encargado , le advirtió
que no cumplía sus instrucciones, ni se le habla
enviado para tratar de paz. Cormatin se vió muy
apurado; Stofflet y los partidarios de la guerra ce-
lebraron como un triunfo el saber que la Bretaña
procuraba mas bien prolongar la guerra y concer
tarse con la Veudée que someterse , y declararon
que pues la Bretaña estaba decidida a sostenerles,jamás depondrian las armas.


Ultimamente, el 17 de febrero por la mañana,
se reunió el consejo del ejército de Anjou en una
sala particular del castillo de Jaunaye, para tomar
una resolucion definitiva. Los gefes de division de
Stofflet tiraron de las espadas, juraron cortar la




378 REVOLUCION


cabeza al primero que hablase de paz, y decidieron
entre sí la guerra. Charette, Sapinaud y sus ofi-
ciales se decidieron por la paz en otra sala. A. me-
dio dia dehian reunirse bajo una tienda alzada en
la llanura, con los representantes del pueblo. Sta-
fiet , no atreviéndose á declararles cara á cara la
resolucion que habia adoptado , les envió á decir
que no aceptaba sus proposiciones. Los represen-
tantes dejaron á cierta distancia el destacamento
que les acompañaba y pasaron á !atienda; lo mis-
mo hizo Charette dejando á sus vendeanos á la mis-
ma distancia, y acudiendo á la cita con sus prin-
cipales oficiales. Al mismo tiempo se vió á Stofflet
montar á caballo con algunos obstinados, y salir á
galope alzando el sombrero y gritando viva el rey!
En la tienda en que conferenciaban con los repre-
sentantes Charette y Sapinaud nada habia que tra-
tar, pues de antemano se habla aceptado el .ititi-
mutuni de los representantes. Firmaron mútuamen-
te las declaraciones pactadas ; y Charette, Sapi-
naud, Cormatin v los otros oficiales, su sumision
las leves de la república ; los representantes die-
ron los acuerdos que comprendian las condiciones
otorgadas a los gefes vendeauos, y por ambas par-
tes se manifestó la ma y or finura, advirtiéndose en
todo presagios de una reconciliacion sincera.


Como los representantes querian dar mucha
importancia á la sumision de Charette , le prepa-
raron en `untes un suntuoso recibimiento. Reina-
ba la mayor alegria en esta ciudad tan patriota,
que se lisongeaba de ver por fin el término de aque-
lla horrorosa guerra civil, y celebraba que un hom-
bre tan distinguido como Charette volviese al seno
de la república , y acaso consagrase su espada á


FRANCESA. 379
su servicio. El dia designado para su entrada so-
lemne se pusieron sobre las armas la guardia na-
cional y el ejército del (este, acudiendo llenos de
regocijo y curiosidad todos los habitantes para ver
y aplaudir al célebre caudillo. Recihiéronle con los
gritos de viva la república! y viva Charelle! Llevaba
el trage de general vendeano y la escarapela tri-
color. Era desabrido, desconfiado, astuto é intrépi-
do , cualidades todas que se hallaban espresadas
en sus facciones y en su figura. Una estatura me-
diana, los ojos pequeños y vivos, la nariz levanta-
da 11 lo tártaro , y la boca larga , le daban un aire
muy estrado y conveniente á su carácter. Cada uno
al verle procuraba adivinar sus sentimientos. Los
realistas creian hallar retratada en su semblante la
turbacion v el remordimiento. Los republicanos le
encontraron alegre y enagenado casi con su triunfo.
Debia estarlo, á pesar de la incertidumbre de su
posicion , porque sus enemigos le ofrecian la pri-
mera y mas honrosa recompensa que habia recibi-
do aun por sus hazañas.


Apenas se firmó aquella paz, se trató de seducir
á Stoffiet, haciendo aceptar á los chuanes las con-
diciones otorgadas á Charette. Este se manifestó sin-
cero en sus intenciones, esparciendo proclamas por
el pais para que todo el inundo cumpliese con sus
deberes. Los habitantes recibieron con sumo gozo
la paz. Los hombres dedicados enteramente a la
guerra se convirtieron en guardias territoriales,
bajo las órdenes de Charette para que custodiasen
el pais. Esta era la idea de 'bebe la cual se des-
figuró para satisfacer á los gefes vendea.nos , que
abrigando á un mismo tiempo contrarios designios
y desconfianzas , querian retener á su lado á los




380 REVOLUCION
hombres aguerridos. Charette prometió su auxilio
-contra Stoffiet , si este, estrechado en la Yendée,
se replegaba hacia el Marais.


Inmediatamente salió Canclaux en persecucion
de Stoffiet, sin dejar mas que un cuerpo de obser-
vacion alrededor del pais donde 'labia estado man-
dando Charette y se dirigió á Lavon con la mayor
parte de sus tropas. Stofflet que quería atemori-
zar con un golpe ruidoso, hizo una tentativa con-
tra Chalonue, finas fuá vivamente rechazado, y re-
trocedió hacia San Florencio. Declaró á Charette
traidor á la causa realista, é hizo pronunciar con-
tra él sentencia de muerte. Los representantes que
sabias que semejante guerra debla concluirse , no
solo por medio de las armas, sino contentando á los
ambiciosos y socorriendo á los menesterosos, em-
pezaron a repartir dinero. La comision de salva-
cion pública les cedió un crédito sobre sus fondos
secretos, dando á varios oficiales de StoBlet sesen-
ta mil francos en efectivo y trescientos sesenta y
cinco mil en asignados. Su mayor general Tro-
touin recibió cien mil francos, la mitad en dinero y "'
la mitad en asignados, y se separo de él , escri-
biendo una carta a los oficiales del ejército de A.na
jou para inclinarlos á la paz , dándoles las razones
mas á propósito para convencerlos.


Mientras que se empleaban estos medios en el
ejército de Ánjou, pasaron á Bretaña los represen-
tantes pacificadores de la Vendée para atraer á los
chuanes á otra transacion semejante. Siguióles
Cormatin, que se hallaba enteramente comprometi-
doen elsistemade paz, y tenia presuncion de entrar
en Reunes con el aire de triunfo que Charette en
Nantes. Los chuanes, á pesar de la tregua, come-


FRANCESA.
389


tieron muchos desafueros, pues como eran la ma-
yor parte bandidos, sin amor á ninguna causa, y
cuidándose muy poco de las miras políticas que tel
nian sus gefes para firmar una luspension de ar-
mas, nada les importaba dejar de observarla, y so-
lo pensaban en sus raterías. Viendo algunos repre-
sentantes la conducta de los bretones, empezaban á
desconfiar de ellos, persuadidos de que debia renun-
ciarse á la paz. El mas decidido por esta opinion era
Boursaul, mas el representante Bollet, pacificador
celoso, creia por el contrario que ápcsar de aquellos
actos hostiles, era posible un acomodamiento, de-
biendo solo usarse de dulzura. lloche, pasando de
cantou en canten, á distancia de ochenta leguas,
sin reposar nunca un instante, colocado entre los
representantes que querían la guerra y los que
anhelaban la paz , entre los jacobinos de las
ciudades que le apellidaban débil y traidor,
los realistas que le acusaban de barbarie, Iloche
se hallaba lleno de disgustos, mas no por eso
se entibiaba su celo: (-31e deseais otra campa-
aria de los Vosgos, escribia á un amigo suyo, mas
(q,cómo quereis hacer semejante cosa contra los
«chuanes, y casi sin ejército?» Este jóven capitan
veia consumirse sus talentos en una guerra ingrata,
mientras otros generales, inferiores á él, se inmor-.
talizaban en Holanda y en el Hin, al frente de los
mejores ejércitos republicanos. Continuaba sin em-
bargo su empeño con ardor y con profundo cono-
cimiento de los hombres y de su situacion. Ya he-
mos visto que dió los mas prudentes consejos; por
ejemplo, el de indemnizar á los rebeldes que ha-
blan dejado las armas y alistar á los que eran sol-
dados por la costumbre de la guerra. Su couoci-




382 REVOLUCION


miento del pais le hizo dar con los verdaderos me-
dios de apaciguar á los habitantes y atraerlos á la
república. «Es preciso, decia, seguir tratando con
«los trefes chuanes; su buena fe es cosa dudosa; pe-
«ro debernos tenerla con ellos, pues asi inspirare-
«mos confianza álos que quieren verse seguros. De-
«hemos ganar con grados a los ambiciosos, y con
«dinero á los necesitados, porque así entrará la di-
«rision en ellos, y se podrá fiar la policía á los que
«inspiren confianza, dándoles las guardias territo-
«riales, en cura institucion se ha consentido. Por
«lo demás, deberán distribuirse veinte y cinco mil
«hombres que recorran el pais cavarlos campamen-
«tos; colocar al rededor de las costas algunas lan-
chas cañoneras, que estén en continuo MOV imien-


no, v trasportar los arsenales, armas y municiones
«de los puntos abiertos álos fuertes y plazas defen-
«didas. Respecto á los habitantes, deberemos servir-
«nos de los sacerdotes para ganarlos y suministrar á
«los indigentes algun socorro: pues si por medio de
«los eclesiásticos se logra inspirarles confianza, se
«acabarán al punto los chuanes.—Esparcid, escri-
«hia á sus oficiales generales en 27 de ventoso, es-
«parcid la saludable ley que acaba de dar la Con-
«vencion sobre la libertad de los cultos; predicad
«vosotros mismos la tolerancia religiosa.,Los sacer-
dotes, convencidos de que no se les impedirá mas


«el ejercicio de su ministerio, se harán amigos
«vuestros, aunque no sea sino por estar tranqui-
los. Su carácter les inclina á la paz; visitadles, de-


«Mies que la continuacion de la guerra les espon- •
«drá á ser perseguidos, no por los republicanos,
«que respetan las opiniones religiosas, sino por los
«chuanes, que no tienen ni Dios ni ley, y que


FRANCESA.
383


«quieren mandar y saquear incesantemente. Algu-
nos de ellos 111).y pobres, y en lo general son muy


«interesados; no dejeis de ofrecerles algun socorro
«pero sin ostentacion v con toda la delicadeza de
«que sois capaces. Sakeís por ellos todas las ma-
niobras de su partido, y conseguireis que reten-


«gan á sus paisanos en sus campos, no permitién-
«dotes que vayan á. batirse. Bien conoceis que pa-
ra lograr este fin hay que valerse de dulzura, de


«amabilidad y de franqueza. Haced que varios
«oficiales y soldados asistan respetuosamente á al-
«gunas de` sus ceremonias, teniendo cuidado de no
«turbarlas nunca. La patria espera de vosotros los
«mayores sacrificios, v todos los medios de servir-
«la son buenos si no se oponen á las leves, al ho-
nor ni á la dignidad republicana.» A estos conse-


jos, añadía Hache el de no tomar nada en el pais
para el sustento del ejército, á lo menos en algun
tiempo. En cuanto á los proyectos de los ingleses,


z
ueria, para evitarlos, apoderarse de Gersev y
uernesey, y establecer una chuaneria en Ingla-


terra para ocuparles en su misma casa. Tambien
pensaba en la Irlanda; pero escribia quese esplica-
ria verbalmente con la comision de salvacion pn-


blicNa.o tardaron en verse los buenos efectos de
aquellas disposiciones tan juiciosas, las cuales se
ejecutaron en muchas partes con bastante sagaci-
dad,así la Bretaña no tardó en hallarse dividida,
con solo haber sido bien recibidos, acariciados y
pagados todos los chuanes que se presentaron en
Ileones decididos á dejar las armas. Los otros, mas
tenaces, contando con Stofilet y Puisaye, querían
seguir haciendo la guerra. Cormatin continuaba




384 RRYOUCCION
corriendo de unos á otros para convencerlos é in-
clinarlos á que negociasen. A. pesar del celo que
este aventurero mostraba en pacificar el pais, Bo-
che, penetrando su carácter y vanidad, desconliaba
de él y dudaba de que no faltase á su palabra con
los republicano s como con los realistas, y le obser-
vaba atentamente para asegurarse de si trabajaba
con sinceridad y sin ulteriores miras en la inten-
tada reconciliacion.


Intrigas inesperadas se combinaron con todas
estas circunstancias para producir la pacificacion
que tanto anhelaban los republicanos. Demos visto
antes á Puisave en Lóndres, procurando que e! ga-
binete inglés secundase sus pro yectos ; y á los
tres príncipes franceses en el continente, uno aguar-
dando en Arnbein á desempeñar un papel , el otro
batiéndose en el hin, y el tercero, en concepto de
regente, comunicándose desde Verona con todos
los gabinetes, y sosteniendo en Paris una agencia
secreta. Puisaye manejó sus proyectos como hom-
bre activo y perspicaz; y sin valerse del conductodel anciano duque de liarcourt, inútil embajador
del regente en Lóndres,. se dirigió directamente á
los ministros ingleses. Pitt, que por lo con= no
dejaba verse de los emigrados que bullian por
las calles de Lóndres, acosándole con proyectos y.
peticiones de auxilio, recibió inmediatamente al.
organizador de la Bretatia, y le relacionó con el
ministro de la guerra Vindham, que era un deci-
dido amigo de la monarquía,queria sostenerla ó
restablecerla en todas partes. 'Examinados deteni-
damente los proyectos de Puisaye, merecieron en-
tera aprobac,ion, y la Inglaterra prometió un ejér-
te, una escuadra, dinero, armas é inmensas rnuni-


FRANCESA.
383


ciones para bajar á las costas de Francia; pero se
exigió de Puisaye secreto respecto á sus compatrio-
tas, y en especial al duque de Ilarcourt, enviado
del regente. Puisave quería tambien hacerlo todo
por sí solo, y nada pudieron averiguar de él el
duque de liarcourt ni los denlas agentes de los
príncipes en Lóndres, y mucho menos los de Paris
que estaban en relaciones con el mismo secretario
del duque de Harma. Lo que únicamente hizo
Puisaye, fue escribir al conde de Artois pidiéndo-
le poderes estraordinarios, é invitándole para que
fuese á ponerse al frente de la espedicion. El prín-
cipe remitió los poderes, y prometió ir á mandarla
en persona; pero en breve se sospechó de los in-
tentos de Puisaye á pesar de su cuidado en ocultar-
los. Todos los emigrados, desatendidos por Pitt
y Puisaye, dijeron á una que este era un in-
irigante .


vendido al pérfido Pitt , y me.litando
en proyectos sospechosos, cura opinion, emiti-
da primero en Lóndres , halló en breve cabida
en los consejeros del regente, residentes en Ve-
rona. Desde los acontecimientos de Tolon, des-
confiaban mucho de Inglaterra en esta pequeña cór-
te, alarmándose especialmente desde que aquella
quería servirse de uno de los príncipes, y no cesa-
ban de preguntar con una especie de ansiedad que
quería hacer del conde de Artois, por qué no figu-
raba en sus proyectos el nombre de Mousieur, :y si
creía que podria pasarse sin él etc. Los agentes de
Paris comisionados por el regente, v que partici-
paban de sus ideas respecto á Inglaterra, no ha-
biendo podido lograr comunicacion alguna de Pui-
save, repetían los mismos juicios acerca de la em-
presa que en Lóndres se preparaba. Otro motivo


Biblioteca popular. T. IV. 4,94




386 REVOLUCION
mas poderoso aun les obligaba á desaprobarla. El
regente pensaba recurrir España, queriendo pa-
sar á ella para hallarse mas próximo á la Vendée v
Charette, que era su héroe. Los agentes de París
hablan entrado por su parte en relaciones con un
emisario de España que les había obligado á ser-
virse de esta potencia, prometiéndoles que ella ba-
ria ea obsequio de Monsieur v de Charette lo que
la Inglaterra proyectaba en favor del conde de Ar-
tois y de Puisaye. Pero era preciso que pudiese
pasar Monsieur de los Alpes á los Pirineos, por el
Mediterráneo, y preparar una espedicion conside-
rable. Inclinabanse, pues, los intrigantes de Paris
!rucia Espafia, suponiendo que convenL mas á los
franceses que la Inglaterra, porque tenían intereses
menos opuestos; que por otra parte había ganado
ya a Tallien por medio de su inuger, bija del ban-
quero español Cabarrús, y aun se atrevían á decir
que estaban seguros de Boche: ¡tan poco les costa-
ba la impostura para dar importancia á sus proyec-
tos! Pero ni la España, ni sus navíos, ni sus tropas
vallan segun ellos nada en comparacion de los
grandes planes que pretendian formar en lo interior.
Hallándose en el centro de la capita!, presenciaban
la indignacion contra el sistema revolucionario, y
decian que debla incitarla y procurar convertirla
en provecho de los realistas; pero para esto los rea-
listas debian mostrarse lo menos temible.; que Pu-
dieran, porquela Montaña se fortificaba con los te-
mores que inspiraba la contra-revolucion. Que bas-
taría una victot ia. de Charette, ó lapiesencia de los
emigrados en Bretaña para dar al partido revolu-
cionario la perdida fuerza, y desacreditar á los
terinidorianos que les ludan falta; Que Charette


FRANCESA.
387


acababa de hacer la paz, pero que era preciso se
dispusiese á volverá tornar las armas; que conve-
nía se sometiesen también por algun tiempo en
Anjou y la Bretaña; que entretanto se redujese á
los principales del gobierno y á los generales, de-
jando que los ejércitos pasasen e! Rin y se empeña-
sen en Alemania; y que cayendo de repente sobre
la Convencion descuidada, se proclamaria el triun-
fo del trono en la Vendee, en la Bretaña y en el
mismo Paris; que concurriendo con estos movi-
mientos simultáneos una espedicion española que
condujera al regente, podría quedar decidida la
victoria de la causa realista; y finalmente, que en
cuanto á Inglaterra, solo debia pedírsela dinero,
porque sin él era imposible hacer nada y engañarla
en seguida. De este modo soñaban segun su ca-
pricho, cada uno de los mil agentes que la contra-
revolucion tenia, ideando medios segun su posicion


queriendoser el principal restaurador de la mo-
narquía. La mentira y la intriga eran los únicos re-
cursos de casi todos, y su principal ambicion el di-
nero.


Con semejantes ideas, la agencia de Paris, pa-
recida á la que preparaba Puisave en Inglaterra,
debia procurar ahogar por entonces cualquiera
empresa, pacificar las provincias rebeldes, y hacer
firmar una paz fingida. Lemaitre, Brothier y ',avi-
ne lleurnois, acababan de procurarse relaciones
con las provincias insurgentes á favor de la tregua
otorgada á los chuanes. 'labiales encargado el


-re-
gente que pusieran en manos de Charette algunas
cartas, y ellos se las entregaron á un antiguo ofi-
cial de marina, llamado Duverae de Presle, cesante.
que andaba buscando un empleo, dándole al mismo




388 REVOLUCION
tiempo la comision de que contribuyese á la paci-
ticacion, aconsejando á. los rebeldes que contem-
porizasen y esperasen socorros de España, y un
movimiento en el interior. Este comisionado pasó
Reunes, desde donde hizo llegar á manos de Cha-
rette las cartas del regente, y aconsejó luego á to-
do el mundo que sesometiese momentáneamente. El
mismo encargo llevaban tambien otros comisiona-
dos por los agentes de Paris, de modo que se pro-
pagaron mas y mas por Bretaña las ideas de paz
que se habían generalizado. Por todas partes se
decia que era preciso deponer las armas, que la
Inglaterra engañaba á los realistas, que debla es-
perarse todo de la Convencion; pues iba hasta á
restablecer el trono, y que en el tratado con Cha-
rette había artículos secretos con la condicion de
reconocer en breve por rey al jóven huérfano del
Temple, Luis XVII. Cormatin, cuya posicion era
ya muy crítica por haber faltado á las órdenes de
Puisaye y de la junta central, bailó en el sistema
de los agentes de Paris un pretesto para disculpar-
se. Parece que le prometieron el mando de la Bre-
taña en lugar de Puisave. Por fin logró reunir en
Prevalaye á fuerza de trabajo á los principales
chuanes, y empezaron las conferencias.


En el intervalo acababan de llegar de Lóndres,
enviados por Puisave, los señores Tinteniac y La
Boberie, el primero para llevar á los chuanes pól-
vora,dinero v lanoticia de una próxima espedicion,
y el segunddpara avisar á su tio Charette de que
estuviese pronto para protejer el desembarco en
Bretaña, y para que ambos rompiesen las nego-
ciaciones: Rabian procurado desembarcar los co-
misionados con algunos emigrados hacia las cos-


FRANCESA. 389
tas del Norte, y los chuanes avisados hablan acu-
dido á recibirlos, pero fueron derrotados en un en-
cuentro con los republicanos. MM. de Tinteniac y
de La Roberie se salvaron por milagro; mas iba
faltarse á la tregua, y Iloche,, que empezaba á des-
confiar de los chuanes, y sospechaba de la buena
fe de Cormatin, quiso ponerle arrestado, aunque
este espresó su buena fé a los representantes y lo-
gró que no se rompiese la tregua. Continuaron las
conferencias en la Prevalave, á las que asistió un
agente de Stofflet. Batido éste, perseguido y re-
d'ucido al Último apuro, privado de todos sus re-
cursos por haberse descubierto el pequeño arsenal
que tenia en un bosque, pedía se le admitiese á
tratar de la paz V acababa de enviar un represen-
tante á. la Prevalave, que era el general Beauvais.
Las conferencias fueron tan acaloradas como en
la Jaunaye, y el general Beauvais sostuvo el siste-
ma de guerra á pesar de la triste posicion del gefe
que le enviaba; y pretendió que pues Cormatin
habia firmado la paz de la Jaunave y reconocido
la república, habia perdido el mando que le diera
Puisaye, v no podía ya deliberar.M. de Tinteniac,
que á pesar de mil riesgos habla llegado al punto
de las conferencias, quiso romperlas en nombre de
Puisave y volverse inmediatamente á Lóndres, pe-
ro se lo estorbaron Cormatin y los partidarios de
la paz. Cormatin decidió por fin á la mayoría á una
transacion, alegando por causa que ganarian tiem-
po en una sumision aparente, y que burlarían la
vigilancia de los republicanos. Las condiciones
eran las mismas otorgadas a Charette: libertad de
cultos, indemnizacion á los que habian quedado
con sus propiedades arruinadas, esencion de quin




390 REVOLUCION


tas y creacion de guardias territoriales; pero ha-
bia una condicion mas en el actual tratado; el
abono de millon y medio para los principales ge-
fes, en cuya suma debía tener su parte Cormatin.
Para no dejar pasar un momento, dijo el general:
Beauvais, que se obrase de mala fe, y Cormatia,
al ir afirmar, desenvainó el sable yjuró volver alas
armas á la primera ocasion, aconsejando á cada
uno que conservase hasta nueva órden la organi-
zacion establecida y el respeto debido á sus gefes.


En seguida se trasladaron los gefes realistas á
la Mabila y


e, á una legua de Rennes, para firmar
el tratado en solemne reunion con los represen-
tantes. No querian asistir algunos de aquellos;
pero Comalia les obligó á verificarlo, y se efec-
tuó la reunion con las mismas formalidades que en
la Jaunaye. Mallan pedido los chuanes que no
concurriera noche á causa de su desconfianza su-
ma, y se accedió á ello. El primero de Iloreal (2G
de abril), publicaron los representantes los mis-
mos decretos que en la Jaunave, v los chuanes
firmaron una declaracion en que' reconocian la re-
pública y se sometian á sus leyes.


A.1 dia siguiente hizo Comalia su entrada en
Rennes , como Charette en Nantes. La actividad é
importancia que habla ostentado, hacian conside-
rarle como el caudillo de los realislas bretones. Se
le contemplaba como causa de todo, de las haza-
ñas de aquella multitud de chuanes desconocidos
que habían recorrido misteriosamente la Bretaña,
y de la paz por tanto tiempo deseada. Aplaudido
por los habitantes, lisonjeado por las mugeres, y
provisto de una buena suma de asignados, perci--
hia todas las ganancias y honoras de la guerra,


FRANCESA. 394
como si hiciese mucho que la estaba sosteniendo.
labia desembarcado en Bretaña solo para repre-
sentar este singular papel; pero ni se atrevía á
escribir á Puisaye, ni se arriesgaba a salir de Ren-
nes, ni á internarse en el pais, receloso de que los
descontentos le fusilasen. Los principales gefes se
volvieron á sus divisiones, y escribieron á Pulsa-
ye que les Rabian engañado, que viniese inmedia-
tamente, y que á la menor señal se sublevarían
para salir a recibirle. Pocos días despues, vién-
dose abandonado Stofflet, firmó la paz en Saint-
Floreta, bajo las mismas condiciones.


Mientras las ch.,s Vcndées y la Bretaña hacian
su sumision, Charette recibió por primera vez una
carta del regente con fecha de I.° de febrero. Lla-
mabale este príncipe segundo fundador de la mo-
narquía; le hablaba de su reconocimiento, de su
admiracion de su deseo de unirse á él, nombrán-
dole teniente general; pero estas lisonjas llega-
ron un poco tarde. Charette, conmovido, respon-
dió inmediatamente al regente, que la carta con
que le favorecía le llenaba de regocijo; que su
amor y fidelidad serian inalterables siempre; que
solo la necesidad le había obligado á ceder, pero
que su sumision era aparente pues asi que tos par-
tidos estuviesen mas unidos, volverla á tomar las ar-
mas, y se decidiría á morir en la presencia de su
príncipe y por la mas honrosa causa.


A esto se redujo la primera pacificar ion de las
provincias rebeldes, la cual como lo Rabia previs-
to fleche no era mas que aparente ; pero como lam-
inen lo Rabia él conocido, podria ser funesta á los
gefes vendeanos, habituando el pais á la paz, á
las leyes de la república, y calmando 6 inutilizan -


e




392 REVOLUCION


do de cualquiera otro modo el furor de combatir
que algunos hombres sentian, pues á pesar de las
promesas (le Charette al regente, y de los elimi-
nes á Puisave, dehia resfriarse el entusiasmo ea
los ánimos,' pasados algunos meses de sosiego.
Esta conducta era hija de una mala fe, perdonable
sin duda en la ceguedad de las guerras civiles; pe-
ro que privan á los que usan de ella del derecho
de quejarse por la severidad de sus contrarios. Los
representantes v generales republicanos, se MOS -
trama sumamen'te escrupulosos en hacer cumplir
las acordadas condiciones. Inútil es á la verdad
demostrar cuán absurdo era el rumor que corria
entonces, y que aun despues se reprodujo, de que
los tratados firmados comprendian artículos secre-
tos, coa la promesa de colocará Luis XVII en el
trono. ¡Cómo hablan de ser tan insensatos los re-
presentantes que se obligasen á semejante cosa!
¿Era posible que se quisiese sacrificar á algunos
partidarios una república que se defendía obstina-
damente contra la Europa toda? Ademas. ninguno
de los geles, al escribir á los príncipes ó á los agen-
tes realistas, se atrevió á pronunciar semejante
absurdo. Charette fué encausado despues por ha-
ber faltado á las condiciones estipuladas, y no se
atrevió á alegar la poderosa defensa de que. no se
habla cumplido un articulo secreto. Kisaye en
sus memorias ha juzgado esta asercion por tan
frívola como falsa; y yo no la incluiria aqui si no
la hubiese visto estampada en multitud de me-
morias.


No solamente habia producido aquella paz el
desarme del pais, que coincidía con el (le la Pru-
sia, 'Manda y 'roscan, y con las intenciones que


FraNcEsA. 3 93
no disimulaban otros muchos estados de Europa,
sino que tuvo tambien la ventaja de producir un
efecto moral muy grande, pues la república quedó
reconocida á un mismo tiempo por sus enemigos do-
mésticos y exteriores, por la liga, y por el mismo
partido realista.


No quedaban ya entre los enemigos obstinados
de Francia mas que el Austria y la Inglaterra;
porque la Rusia distaba mucho para ofrecer cuida-
do ; el Imperio se hallaba próximo á desunirse y
no podia sostener la guerra; el Piamonte estaba
aniquilado; la España, que no hacia gran caso de
las quiméricas esperanzas de los intrigantes realis-
tas. suspiraba por la paz, y la cólera de la cérte
de Nápoles era tan imponente como ridícula, Pitt
fué el único que no cedió á pesar de los inauditos
triunfos de la república francesa, v de una campa-
ña que no tenia igual en los anales de la guerra; su
sublime talento conoció que todas estas victorias,
funestas al continente, ningun perjuicio lidian
ocasionar á Inglaterra. El Stathouder, los príncipes
alemanes, el Austria, el Piamonte y la España,
todos hablan perdido en esta guerra parte de sus 4
estados; pero Inglaterra habia adquirido en los ma-
res una superioridad innegable; era señora del
Mediterráneo y del Occéano, se habla apoderado
de la mitad de las escuadras holandesas, y obliga-
ba á la marina española á debilitarse Contra la
francesa; procuraba apoderarse de nuestras colo-
nias, iba á ocupar todas las de los holandeses, y
asegurarse para siempre su dominacion en la In-
dia. Necesitaba para esto algun tiempo mas de
guerra v de discordias políticas entre las poten-
cias del' continente. La interesaba, pues, atizar las




301
enemistades, suministrando ausilios al Austria,
despertan do el celo de España, y prepar ando nue-
vos desórdenes en las provincias meridionales de
Francia. Nadie perdia como


las potencias belige-
rantes en que quedasen batidas en otra campaña:
la Inglaterra nada tenia que temer,


y continuaba
adelantando en los mares, en la India y en A.méri-
ca; mas si por el contrario quedaban vencedoras
las potencias, tambien ganaba devolviendo al


Aus-
tria los Paises-Bajos, que Lamia verlos en manos
de la Francia. Tales eran los crueles, pero profun-
dos planes, del ministro inglés.A. pesar de las pérdidas que habla sufrido la
Inglaterra bien por las presas, bien por las derro-
tas del duque da York , bien finalmente por los
enormes gastos que habla hecho para suministrar
dinero á la Prusia y al Piamonte, poseía recursos
mayores de lo que creman los ingleses y el mismo
PULPUL. Es verdad que se quejaba amargamen


te de


los
innumerables apresamientos, de la penuria y


carestía de todos los artículos de su consumo. Los
navíos del comercio inglés, como eran los únicos
que proseguían cruzando los


mares, estaban na-
turalmente mas espuestos á caer en manos de
los corsarios, que los de las denlas naciones. Los
seguros, que eran un grande objeto de especula-
cion, les hacian temerarios, y á \TUS no aguar-
daban á los convoyes, lo cual 'daba tanta ganancia
á nuestros corsarios. En cuanto á h carestía, erageneral en toda Europa. En el Rin, al rededor de
Francfort, costaba la fanega de centeno quince flo-
rines: el gran consumo de los ejércitos, la infini-
dad de brazos robados á la agricultura, y los des-
órdenes de la desgraciada Polonia, que no había


FRANCESA.


producido granos en este año, eran la causa de
tan estraordinaria carestía. Por otra parte los
trasportes á Inglaterra por el Báltico eran imposi-
bles desde que los franceses se apoderaron de Ho-
landa. La Europa se vió obligada á tomar provisio-
nes del Nuevo Mundo, viviendo entonces de los
frutos sobrantes en aquellas tierras vírgenes que
los americanos del Norte acababan de destinar á
la agricultura; pero los trasportes costaban mucho,
y el precio del pan bahía subido en Inglaterra á un.
valor escesivo, no siendo menos el de la carne. No
recibian va lanas de España desde que los france-
ses ocupaban los puertos de Vizcaya, y asi iba á
quedar interrumpida. la fabricacion de paños. De
este modo, mientras trabajaba por su futura gran-
deza, sufria cruelmente la Inglaterra. Los artesa-
nos se sublevaban en todas las ciudades indus-
triosas, el pueblo pedía la paz á gritos, y llegaban
al parlamento peticiones cubiertas de millares de
firmas, implorando el fin da tan desastrosa guerra.
La Irlanda, inquieta por las concesiones de que
acababan de privarla, iba á añadir nuevos entor-
pecimientosa. los que ya embarazaban al gobierno.


Aun en medio de tan penosas circunstancias ha-
llaba Pitt motivos y medios de continuar la guerra.
Al principio la anhelaba tambien la córte, y hasta
el pueblo inglés, cuyo profundo ódio á la Francia
se podia encender siempre, á pesar de los mayores
padecimientos. Ademas, por grandes que fuesen las
pérdidas del comercio , perdidas que probaban ser
los ingleses los únicos que recorrian les mares, Pitt
veía que en los dos últimos años se había aumen-
tado el mismo comercio con el esclusivo goce de
todos los frutos de la India y de la América. Des-




396 REVOLUCION
cubrió que las esportaciones se hahian aumentado
sobremanera, desde el principio de la gue,rr p


,


podia va columbrar el porvenir de su nacion. Ha-
llaba en los empréstitos recursos, cuya fecundidad
le asombraba á él mismo. Los fondos no bajaban,
pues la pérdida de Holanda les Babia afectado poco,
porque como estaba previsto este suceso , babia
llevado una enorme cantidad (le capitales aunqued q


m-


terdam á Lóndres. comercio holandes ,patriota, desconfiaba sin embargo de los sucesos
y habla procurado poner en salvo sus riquezas lie,-
yándolas a Inglaterra. Pitt habla hablado de un
nuevo empréstito considerable , á pesar de la
.guerra habil visto multiplicar se fas ofertas. La es-.
periencia ha probado despues, que la guerra , al
suspender las especulaciones de comercio y dejar
solo las de fondos públicos, facilita los emprésti-
tos lejos de paralizarlos; lo cual es mucho mas
natural que suceda en un pais que careciendo de
fronteras, no ve nunca en la guerra una cuestion
de existencia, sino únicamePn d'e


te comercio y de
despacho Resolvió, pues,Pitt suministrar fondos
al Austria


con los ricos capitales de su nacion, au-
mentar su marina , reorganizar su ejército de tier-
ra para llevarle a la India ó á América , y propor-
cionar á los insurgentes franceses recursos consi-
derables. Conclu y ó con el Austria un tratado de
subsidios como el que en el año anterior habio he-
cho con la Prusia. Esta potencia tenia soldados, y
esperaba tener lo menos doscientos mil hombres
efectivos en pie de guerra; pero carecia dinero
y


no podia contratar empréstitos ni en Suiza,
ni en Francfort, ni en holanda. La Inglaterra se
obligó no á proporcionarle fondos', sino a afianzar


PRAYCESA.
397


el empréstito que iba á contratar en Lóndres. Ha-
cer esto con la deuda de una potencia como el
Austria, era comprometerse casi á pagarla; pero
bajo esta forma era mas fácil de justificar laope-
racion ante el Parlamento. El empréstito era de
cuatro millones seiscientas mil libras esterlinas
(cuatrocientos sesenta millones de reales) al inte-
rés de un cinco por ciento. Pitt abrió al mismo
tiempo otro empréstito de diez y ocho millones de
libras esterlinas por cuenta de Inglaterra , al cua-
tro por ciento. La priesa con que acudieron los
capitalistas fué estraordinaría; y como el gobierno
inglés salia responsable al empréstito austriaco , y
ademas se pagaba interés mayor, exigieron que
por cada dos terceras partes que pusiesen en el in-
glés, se les concediese una tercera en el austriaco.
Pitt, despues de haberse asegurado del Austria,
trató de despertar el entusiasmo de España, pero
le halló estinguido ; tomó por su cuenta los regi-
mientos emigrados de Conde, y dijo á Puisaye que
va que la pacificacion de la Vendée disminuia la
confianza que inspiraban las provincias insurgen-
tes , le daria una escuadra, los equipos de un ejér-
cito, y los emigrados organizados, pero no solda-
dos ingleses; y que si como le escribian de Breta-
ña, no hahian 'cambiado de resolucion los realistas,
y salia bien la espedicion, procurarla hacerla deci-
siva, enviando un ejército. Resolvió des¡Ales au-
mentar su marina de ochenta mil hombres á cien
mil, y al efecto ideó una especie de conscripcion.
Cada buque mercante tenia obligacion de aprontar
un marinero por cada siete hombres de tripulacion,
lo cual era una deuda que debia pagar el comer-
cio por la proteccion que recibia de la marina mi-




FRANCESA. 399
contra Inglaterra, la cual, sola va en aquella lucha
temida que. sostener un terrible choque. Que por
lo tanto debia aprovecharse el momento en que lu-
chaban aun varias potencias, para atacar unidas al
enemigo coman, estrechar a la Francia en sus lí-
mites, privarla de los Paises-Bajos y la Holanda,
y sumergir en su seno sus ejércitos, su comercio y
sus fatales principios. Que por lo denlas solo se
necesitaba un esfuerzo, un solo esfuerzo para des-
truirla. Que habia vencido sin duda, pero aniqui-
landose, y empleando medios bárbaros que se ha-
bian inutilizado coa su violencia misma , como se
habían inutilizado en manos de los gefes de la
Francia el máximum, las requisas y los asignados.
Que Lodos aquellos gefes se habian precipitado por,
haber querido vencer a tanta costa. De modo, ana-
dia, que con una campana mas, la Europa y la In-
glaterra quedarán vengadas y libres de una revo-


.


nicion sangrienta. Por otra parte, aun cuando no
se quisiese hacer caso de estas razones de honor,
de seguridad y de politica, y se intentara hacer la
paz, esta no seria posible , pues los demagogos
franceses la rechazarían con aquel feroz orgullo
que habían mostrado aun antes de ser vencedores.
A.demas, zdónde habla de hallárselos para tratar
con ellos? ¿Dónde buscar al gobierno en medio de
aquellas sangrientas facciones que se empujaban
unas á otras hacía el poder, y desaparecían apenas
le hablan alcanzado? ¿Cómo' esperar condiciones
sólidas, tratando con depositarios tan transitorios
de una autoridad incesantemente diTutada? Por
consiguiente, añadía, que no era honroso, sino im-
prudente é imposible el negociar. La Inglaterra
tenían aun inmensos recursos; sus esportacioncs


398 REVOLUCION
Jitar. La agricultura y la industria eran igualmen-
te deudoras de auxilios á la marina que asegura


-n-ba el despacho de sus productos> y por consiguie
te cada parroquia debía poner tambien un mari-
nexo. Pitt logró asi dar á la• marina inglesa un
desarrollo estraordinario. Los navíos ingleses eran


uy inferiores en construccio n á los franceses; pe-
ro la gran superioridad del número, sus escelentes
tripulaciones, y la pericia de los oficiales de la ar
alada, hacian imposible la competencia.


Reunidos ya todos estos medios se presentó
Pitt al Parlamento, cu y


o partido de oposicion se
había aumentado aquel Mío con unos veinte indivi-
duos poco mas ó menos. Los partidarios dela paz y
de la moladou francesa se hallaban mas alentados
que miura, y tenian poderosos argumento s que
oponer al ministro. El lenguage que atribuyó Pitt á
la corona, y el que usó él mismo en esta sesion,
una de las mas memorables del parlamento inglés,
por la importancia de las cuestiones y por la ele-
cueucia de Fox y de Sheridan, fue sumamen te há-


bil. Convino en que la Francia habla obtenido Maus
ditas triunfos; pero que lejos de desmayar estos a
sus enemigos, decía, debian por el contrario in-
fundirles mas tenacidad y constancia. Que l
Francia Babia odiado siempre á Inglaterra, y que
quería destruir su constitucio n y su prosperidad,
uo siendo ademas, ni prudente ni honroso ceder á
tan terrible Odio. Decia que especialmente enton-
ces, seria una debilidad funesta deponer las ar-
mas. Que la Francia, no teniendo mas enemigos
que el Xustria y el imperio, los desharia, y cons-
tante en su aborrecimiento, volvería desembara-
zada de sus enemigos del coatineate á arrojarse




4 0 0 REVOLLICION


babian aumentado notablemente ; su com acerci orlad,dad
su-


fria pérdidas que probaban su audacia y ti
su marina se habia hecho formidable, y sus ricos
capitales iban á ofrecerse abundantemente al


ricos


bierno para proseguir aquella guerra justa y nece-
saria• era el título que desde el principio di6EstPitt á aquella guerra , que afectaba seguir dán-
dole, echándose fácilmente de ver que en medio
de aquellas razones de tribuna, no podia dar las
verdaderas, ni decir por qué maquiavélicos medios
quería conducir la Inglaterra al mayor grado de
prosperidad. Una ambicion semejante no se pro-
clama á la faz del mundo.
, TambienlaopOsicionrespondia victoriosamen-
te. No nos,pedian, decian Fox y Sheridan, en la
sesion Ultima, mas que una campaña ; se poseian
ya muchas plazas fuertes, y se debía marchar áre


al
primavera para aniquilar la Francia. ;Ved qué -
sultados! los franceses han conquistado Flandes,
Holanda, toda la orilla izquierda del escepto
Maguncia, parte del Piamonte, la mayor parte de
Cataluña y toda la Navarra. ;Búsquense semejan-
tes triunfos en los anales de la Europa! Se convie-
ne


en que han tomado algunas plazas; ique nos di-
can en quó guerra se han tomado tantas en una
campaña ola! Si los Ira.nceses luchando contra to-
da
a la E opa, han obtenido estos triunfos ¿cuáles


no alcanzarán contra el Xustria y la Inglaterra,
casi aisladas? Las domas potencias 6 no pueden au-
SilarnOS acabanue de neg


Sociar. e dice que están
aniquilados, q los asignados, único recurso que
tienen, han perdido todo su valor, y que su go-
bierno carece hoy ya de su antigua energía. Pero.


FRANCESA. 404
los americanos vieron bajar su papel moneda á nn
nueve por ciento de pérdida, y sin embargo no han
sucumbido. Cuando el gobierno era enérgico , le
llamaban bárbaro; hoy que es mas humano y tem•
plado, le creen sin fuerza. Se nos habla de nues-
tros recursos, de nuestros ricos capitales; pero el
pueblo perece de ha abre, y no puede pagar la
carne ni el pan, pidiendo á gritos la paz. ¿Son ver
daderas esas admirables riquezas que parece se
crean por encanto? ¿se hacen tesoros con papel?
Todos esos sistemas de hacienda encubren algun
grave error, ó algun inmenso vacío que aparecerá
de repente. Vamos dando nuestras riquezas á. las
potencias europeas, pues ya hemos prodigado al
Piamonte y Prusia, y vamos á entregarlas de nue-
vo al Austria. ¿Quien nos responde de que esta po-
tencia será mas fiel á su palabra que la Prusia?
¿quién nos responde de que no será perjura á sus
promesas, v no tratará de paces despues de haber
recibida nuestro oro? Escitamos una infame guer-
ra civil; armamos á los franceses contra su patria;
v sin embargo, ellos mismos, paraignominia nues-
tra, reconociendo su error v la prudencia de su
nuevo gobierno, acaban de deponer las armas.
¿Hemos de ir á encender las apagadas cenizas de
la Vendée para renovar su horroroso fuego? Nos.
hablande los feroces principios de la Francia;
¿son acaso mas antisociales que nuestra conducta.
respecto á las provincias rebeldes? Todos los me-
dios de la guerra son, G inciertos ó culpables...
Se dice que la paz es imposible, y que la Francia
aborrece á la Inglaterra: pero ¿cuándo se ha mani-
festado ese furor de los franceses contra nosotros?
¿No ha sido despues de haberles demostrado la


Biblioteca popular T. IV. 495




1102
REVOLUC10N


culpable intencion de arrebatarles su libertad , de
intervenir en la eleccion de su gobierno, y desu-
nirles en la guerra civil? Se asegura que la paz
comunitaria el contagio de sus principios; pero la
Suiza, la Suecia, la Dinamarca y los Estados-
Unidos, que están en paz con ellos ¿han visto des-
truirla por eso su constitucion? Se añade que la
paz es ademas imposibl e


con un gobierno vac
Prusia


ilayn-


te y frecuentemente renovado;


Suecia,


pero l la


Tos
i


cana ha
lanDinlla


haado
n


con quien tratar ; la S uiza, la


,


maa y los Estados-Unidos sa-
en con quien han de entenderse en sus relacione
on Francia; iy no hemos de poder nosotros nego


s
-


ciar con ellas Debían habernos dicho al empezar
la guerra, que no haríamos la paz hasta que nues-
tros os


enemig estableciesen cierta forma de go-
bierno, has-


ta que quedase abolida entre ellos la
publica, hasta que tuviesen las instituciones que


nos agradase darles.A pesar de este choque de razones y de elo-
cuencia, continuaba. Vitt su marcha sin manifestar
jamas el verdadero objeto que s,t proponia y obtu-
vo cuanto quiso: empréstitos, conscripcion maríti-
ma y hasta suspension del habeas corpus.


Con sus
tesoros, su marina, los doscientos mil ausstriacoes,
-y el desesperado valor de los insur o;ente franc-
ses . resolvió emprender este arlo otra campaña,
seguro de dominar a lo menos los mares, si la en-
seguro nacion que combatía lograba vencer en el
continente.


ociaciTodas estas negones de opiniones en Eu-
ropa, y preparativos de guerra y


aquella misma
yariaeion, prueban la inmensa 'importancia que
nuestra nacion tenia entonces en el mundo. Vieron-


FRANCESA. 403
se llegar á un tiempo en aquella época embajado-
res de Snecia, Dinamarca, Holanda, Prusia, Tos-
cana, Venecia y América. Apenas llegaban á Pa-
ris iban á visitar al presidente de la Convencían
que vivia á veces en un piso tercero ó cuarto, y
cuyo recibimiento atento y sencillo había reempla-
za'do á las antiguas recepciones de la córte. Luego
les conducían á aquel famoso salon, donde se sen-
taba en unos modestos bancos y en tragos mu y


sen-
cillos aquella Asamblea que tanto por su poder co-
mo por la gran fuerza no parecia ya ridícula, sino
terrible. Se les ponia un asiento enfrente del que
ocupaba el presidente , v hablaban sentados, res-
pondiéndoles lo mismo el presidente v dándoles los
títulos que expresaban sus credenciales. En segui-
da les daba el abrazo fraternal, proclamándoles re-
presentantes de la potencia que les enviaba v po-
dían asistir en una tribuna reservada á aquellas
borrascosas discusiones que inspiraban tanta cu-
riosidad como temor á los estrangeros. Tal era el
ceremonial empleado con los embajadores de las
potencias, siendo muy digno de la república reci-
bir sin fausto, pero con decoro y consideraciones,
a los embajadores de los re yes vencidos por ella.
El nombre de francés eraghirioso entonces, porque
estaba ennoblecido con las mas honrosas victorias,
con las mas puras de todas, como son aquellas que.
consigue un pueblo al defender su existencia y li-
bertad. j




FRANCESA. 405


CAPITULO IX.


Redóblase el Odio y la violencia de los partidos despues del 12
de germinal. Nueva conspiración de los patriotas.—Asesinatos
en las cárceles de Lyon por los reaccionarios.•-"Nuevos decretos
contra los emigrados y sobre el egercicio del culto. Modifica-
ciones en las atribuciones de las juntas.—Cuestiones adminis-
trativas. Baja progresiva del papel moneda. Agiotage. Proyee-
tos y discusiones sobre la reduccion de los asignados. Provi-
dencia importante dirigida á facilitar la venta de los bienes
nacionales.—Sublevación de los revolucionarios el .° de pra-
dial , abo III. Invaden la Conveneion. Asesinato del represen-tante Emana. Principales sucesos de aquel dia y siguientes. —


Consecuencia de la jornada de pradial. Arresto de diferentes
miembros de las antiguas juntas. Sentencia y suplicio de los
representantes 'tócame , Goujon, Duquesnoy, , Duroy, Soubra-


Bourbotte y otros comprometidos en la insurrección. be-
sarme de los patriotas y destruccion de su partido.—Nuevas
discusiones sobre la venta de bienes nacionales. Escala de
reduccion que se adoptó para los asignados.


Los sucesos del mes de germinal no hablan pro-
ducido otro resultado para los dos partidos en que
estaba dividida la Francia, sino el que generalmen-
te se ve, cuando no hay uno que predomine, y es
que cada cual adquiere mayor violencia y se en-
carniza mas en perseguir al otro. Los revoluciona-
rios de todo el Mediodia, y especialmente de .kvi-
ñon , Marsella y Tolon , mas amenazadores y atre-


vidos que nunca, y librándose de todoslos esfuerzos
que se hacían para desarmarlos ó enviarlos á sus
distritos, seguían pidiendo la libertad de los pa-
triotas, la muerte de los emigrados que habian
vuelto , y la constitucion de 93. Seguían corres-
pondencia con los partidarios que en todas las pro-
vincias tenían , llamándolos á si y escitándolos á,
reunirse en dos puntos principales , Tolon para el
Mediodia' y Paris para el Norte. Decían que cuando
fuesen bastante fuertes en Tolon , sublevarian los
departamentos , y se dirigirian á unirse con sus
hermanos del Norte, que era el mismo proyecto de
los federalistas de 93.


Por otra parte , sus adversarios, ya realistas,
ya girondinos, habian cobrado tambien mas osadía
desde que el gobierno , acometido en germinal,
había empezado las persecuciones. Teniendo en
sus manos las administraciones, hacian un uso ter-
rible de los decretos espedidos contra los patriotas;
les encerraban como cómplices de Robespierre , ó
como depositarios de los caudales públicos , que
no habían dado cuenta de ellos ; les desarmaban
por haber coadyuvado á la tiranía abolida el 9 de
termidor, ó bien les llevaban de punto en punto,
por haber dejado sus distritos. En. el Mediodia,
especialmente , eran mas activas las hostilidades
con estos desgraciados patriotas, porque la violen-
cia incita siempre á otra violencia. En el departa-
mento del Ródano, se preparaba una reaccion ter-
rible. Regresaban los realistas obligados á huir de
la cruel severidad de 93, atravesando la Suiza;
pasaban la frontera, entraban en Lyon con pasa-
portes falsos , y hablando del rey , dula religion y
de la prosperidad pasada , se vallan del recuerdo




406 REVOLUCION


de las metralladas para inclinar á la monarquía
aquella ciudad enteramente republicana. Así se
apoyaban los realistas en Lyon, como en Tolon los
patriotas. Se decia estar oculto en la ciudad aquel
Precy que tantas desgracias produjo en ella con su
denuedo. En Basilea , en Berna y en Lausana, se
mostraban mas orgullosos que nunca una multi-
tud de emigrados, hablando de su próximo regre-
so, y diciendo que gobernaban sus amigos; que en
breve iba á restablecerse en el trono al hijo de
Luis XVI , el cual les llamaria y volveria sus bie-
nes ;que por lo denlas, escepto algunos gefes
militasres que deberian sufrir un castigo , todo el
Inundo contribuiría con vivos deseos á esta restan-
racion. En Lausana , donde toda la juventud era
entusiasta por la revolucion francesa , sufrian mil
incomodidades, y les obligaban á callar ; en otras
partes les dejaban hablar , despreciando sus fan-
farronadas , por la costumbre que tenian de oirías
hacia seis años ; pero desconfiaban de algunos de
ellos que estaban pagados por la policía austriaca,
para espiar en las posadas las conversaciones im-
prudentes de los viageros. Por esta parte, es de-
cir, hacia Lyon , se habian formado partidas que
con los nombres de compañías del Sol y de fesus,
debían recorrer los campos ó penetrar en las ciu-
dades , degollando á los patriotas que se habiart
retirado á sus haciendas , ó que estaban detenidos
en las prisiones. 'Cambien regresaban por esta
frontera, y se habían diseminado va por todas las
provincias del Este los clérigos deportados , los
cuales declaraban nulo cuanto habían hecho los ju-
ramentados. Volvian á, bautizar los niños y á des-
posar á los casados , inspirando al pueblo ódio y


FRANCESA.
407


desprecio hacia el gobierno; cuidaban sin embargo
de estar cerca de la frontera, para escapar por ella
á la primer señal. Los que no hablan sido dester-
rados, y gozaban en Francia de una pension


, y del permiso de ejercer su culto , no ahu-
saban menos que los deportados de la tolerancia
del gobierno. Disgustados con tener que decir mi-
sa en casas alquiladas ó prestadas , sublevaban al
pueblo, y le incitaban ít que se apoderase de las
iglesias , que se habían hecho propiedad de los
Ayuntamientos, lo cual habia producido ya algu-
nas escenas desagradables, teniendo que usar de
la fuerza para imponer respeto á los decretos. En
Paris los periodistas , vendidos á los realistas ,
incitados por Lemaitre, escribían con mas descaro
que nunca contra la revolucion , defendiendo casi
sin rebozo la monarquía. El autor del Espectador,
Lacroix, hahia sido declarado libre de las persecu-
ciones dirigidas contra él, y desde entonces no
temió ya al tribunal revolucionario la turba de
periodistas.


Se hallaban , pues , los dos partidos en presen-
cia uno de otro , dispuestos á un choque decisivo.
Los revolucionarios resueltos á consumar el hecho
de que hicieron solo un amago el 42 de germinal,


. conspiraban abiertamente, urdiendo planes en cada
barrio, desde que perdieron sus principales direc-
tores que meditaban por sí lo que habla de hacer
todo el partido. Formóse una reunion en casa de
un tal Lagrelet, calle de Bretaña, donde se trataba
de reunir varias juntas, á. cuya cabeza se pondrían
Cambon, Mirabon-Montaud y Thuriet, v de diri-
girse unos á las prisiones para libertar á los patrio-
tas , otros á las juntas para derribarlas , y otros




408 REVOLUCION


finalmente á la Convencion para arrancarla decre-
tos. Dueños una vez de la Convencion, qucrian los
conspiradores que se repusiese á los diputados ar-
restados, se anulase la sentencia dada contra Vi-
llaud-liarennes , Collot d'Ilerbois y Barrero , se
escluvese á los setenta y tres , y se proclamase
inmediatamente la constitucion de 93. Lo tenian
preparado ya todo , hasta las herramientas para
abrir las prisiones, las consignas para reconocerse
los conjurados , v una pieza de tela que colgarian
de la ventana dá. la casa de donde emanaran las
órdenes; pero se cogió una carta metida en un pan
y dirigida á un preso en que se le decia : «El dia
en que recihais huevos pintados la mitad de blan-
co y la mitad de encarnado , estareis dispuestos.»
Este dia era el I.° de brea'. lino de los conjura-
dos descubrió el secreto, y participó las circuns-
tancias del provecto á la comision de seguridad
general, la cual hizo prender en seguida a todos
los cabecillas nombrados ; mas esto por desgracia
no trastornaba los planes de los patriotas, porque
cada uno era á la sazon corifeo, y se conspiraba en
mil puntos á un mismo tiempo. Ro y ere, merecedor
un tiempo del nombre de terrorista bajo la antigua
junta de salvacion pública, v en la actualidad obs-
tinado reaccionario, se pre sentó en la Convencion
á leer un informe sobre esta conspiracion, pronun-
ciándose terriblemente contra los diputados que
dehian ponerse al frente de las reuniones. Estos
diputados ignoraban tal conspiracion, pues se ha-
bil& dispuesto de sus nombres sin cono , imiento de
ellos, porque los necesitaban, y porque se contaba
con sus ideas. Condenados de antemano á ser ar-
restados en flain , no hahian obedecido, y se ha-


FRANCESA.
409


p ian evadido de la prision. Ro yere hizo resolver
por la Asamblea que si inmediatamente no se da-
ban á prision, serian deportados por el hecho solo
de desobediencia. El aborto de tal proyecto indica.
ha demasiado que habria en breve algun aconte-
cimiento.


Luego que publicaron los periódicos aquella
nueva trama de los patriotas, se manifestó en Lyon
una inquietud estraordinaria, renovándose el furor
contra ellos. Se estaba viendo á la sazon la causa
de un famoso acusador terrorista , perseguido en
virtud del decreto contra los cómplices de Robes-
pierre. Acababan de llegar los periódicos con el
descubrimiento de Ro yere sobre la conspiracion
de 29 de germinal, y los lyoneses empezaron á al-
borotarse, pues la mayor parte tenian que llorar ó
la ruina de su fortuna, ó la muerte de sus parien-
tes. Rodearon amotinados la sala del tribunal. Mon-
tó á caballo el representante Boisset, y acudiendo
todos á él , se puso á referirle cada uno los cargos
que tenia que hacer al acusado. Los autores del
desórden y los individuos de las compañías del Sol
y de *Usos , se aprovecharon de esta comnocion,
atizaron el fuego, fueron á las prisiones, v entran-
do en ellas, degollaron á setenta ú ochenta presos
tenidos por terroristas, arrojando sus cadáveres al
Ródano. La guardia nacional hizo algunos esfuer-
zos para impedir estos atentados , pero acaso no
mostró el mismo celo que si se hubiera hallado
menos resentida de las víctimas de este dia.


Asi apenas se supo la conspiracion del 49 de
germinal, cuando se anticiparon los contra-revolu-
cionarios con los asesinatos del 5 de floreal (24
de abril) en Lyon. Los republicanos sinceros, aun




410 REVOLCCION


que vituperaban los planes de los terroristas, se
alarmaron no obstante por los de los contra-revolu-
cionarios. Hasta entonces se habian dedicado so-
lo a impedir un nuevo terror , sin intimidarse por
el absolutismo, pues este precia en efecto muy
distante despues de las ejecuciones del tribunal
revolucionario y las victorias de nuestros ejércitos;
pero cuando le vieron arrojado en cierto modo de •
la Vendée, entrar por Lyon, formar compañias de
asesinos, introducir á !os clérigos perturbadores
hasta el centro de la Franciadictar en el mismo
París escritos inspirados por 'la saña de la emigra-
cion, volvieron en sí, y creyeron que á las severas
medidas adoptadas contra los secuaces de los ter-
roristas, era necesario añadir otras contra los par-
tidarios de los realistas. Para quitar todo pretesto
á los que habian sufrido los pasados escesos y pe-
dian venganza, se ordenó á los tribunales que fue-
sen mas activos en la persecucion (le los indivi-
duos acusados de dilapidaciones, abusos de autori-
dad y actos opresivos. En seguida se pasó á adop-
tar las resoluciones capaces de reprimir á los rea-
listas. Chenier, conocido por sus talentos literarios
y sus opinoines francamente republicanas , quedó
encargado de presentar un informe sobre el par-
ticular, y en efecto trazó un cuadro enérgico de
la Francia, de los partidos que se disputaban el
mando, y especialmente de los planes urdidos. por
la emigracion y el clero, proponiendo en seguida
citar inmediatamente á todos los emigrados ante
los tribunales , para aplicarles la ley, considerar
como emigrado á todo deportado, que habiendo
regresado á Francia siguiese en ella un mes mas;
castigar con seis meses de prision á todo el que


FRANCESA.
411


infringiese la ley sobre cultos y quisiese apoderar-
se á la fuerza de las iglesias ; condenar á destierro
á los escritores que provocasen á despreciar la Re-
presentaciou nacional, ó que defendiesen el abso-
lutismo;finalmente á obligar á todas las autori-
dades encargadas del desarme de los terroristas a
que manifestasen los motivos con que lo habian
hecho. Adoptáronse todas estas precauciones,
cepto dos, que dieron margen á algunas observa-
ciones. Thibaudeau no halló prudente castigar
con seis meses de prision á los infractores dé la
ley sobre cultos ; dijo con mucha razon que las
iglesas solo eran buenas para una cosa , para las
ceremonias religiosas; que el pueblo, tan devoto
en asistir á la misa en reuniones particulares, se
venia privado con mucho sentimiento de los edifi-
cios de los templos en que antiguamente se cele-
braba, y que declarándose el gobierno estrado
para siempre á los gastos de cultos , se po-
drian devolver las iglesias á los católicos, para evi-
ta r quejas, conmociones, y acaso una Vendée ge-
neral; pero no se aprobaron las observaciones de
Thibaudeau, porque volviendo las iglesias álos ca-
tólicos, aunque fuese con la obligacion desostener-
las ellos , se esponian á volver al antiguo clero, la
ostentacion que formaba parte de su poder. Ta-
lijen, que se habla hecho periodista con Freron,
que, ó por esta razon, ó por afectacion de justicia
quería proteger la independencia de la imprenta, se
opuso al destierro de escritores. Sostuvo que la de-
terminacion era muy arbitraria , dejando ancho
campo al rigor contra la imprenta. Tenia ramo;
pero en aquella situacion de guerra abierta con-
tra el absolutismo, acaso era importante que la




•RÁNCESA. 413
que á la escesiva tension de todos los resortes, ha-
bia sucedido una flojedad estrema. Se habia res-
tituido á cada comision su particular influjo para
destruir el demasiado dominante de la comision
de salvacion pública, resultando de aquel estado
de cosas, incertidumbres, lentitudes y total pos-
tracion en el gobierno. En efecto, si sobreveuia al-
guna turbulencia en un departamento , el nuevo
órden quería que se escribiese á la comision de
seguridad general; esta consultaba é la de salva-
cion pública, y . en ciertos casos á la de legislacion,
y era necesario esperar á que estuviesen todos
los individuos para reunirse , y despues á que tu-
viesen tiempo de conferenciar. ; de modo que las
reuniones eran casi imposibles y muy numerosas
para poder obrar. Si bina que enviar solo veinte
hombres de guardia, la comision de seguridad ge-
neral encargada de la policía., estaba obligada á
dirigirse á la comision militar. Entonces se cono-
cia el error en que habian estado de temer tanto
la tiranía de la antigua junta de salvacion pública,
y de tomar precauciones contra un riesgo que
era quimérico.


Un gobierno organizado de este modo no podia
resistir sino muy débilmente á las facciones , opo-
niéndolas una autoridad impotente. Propuso, pues,
el diputado Thibaudeau, se simplificase el gobier-
no, pidió que se redujesen las atribuciones de
todas las comisiones á la proposicion de las leyes,
y que la comision de salvacion pública fuese la
única que tuviera á su cargo las facultades eje-
cutivas; que esta reuniese G. policía á sus demas
cargos , y que por consiguiente quedase abolida la
de seguridad general; finalmente, que la comision


412 FEVOLUCION


COnrenCiOn
se declarase enérgicamente contra


unos fonetistas, que tan pronto querian. volviese
laFrancia las ideas monárquicas. Louvet, aquel
ardiente


áirondino, cuya desconfianza habla per-
judicado gtanto á su partido, pero que era de loshombres mas sinceros de la Xsamblea, se apresuró
á


responder á Tallien, y amonestó á todos los ami-
Çfos de la república , CilIC olvidasen


SUS divergen-
o.mas recíprocos cargos, uniéndose contra el ene-ymigo mas antiguo, contra el único verdadero que
tenian, es decir el aisolutismo. El testimonio de
Louvet ea favor


,
de las medidas violentas era el


menos
m sospechoso de todos, porque 'labia arros-
trado la proscripcion mas cruel por combatir el sis-
tema de los medios revolucionarios. Toda la Asam-
blea aplaudió su noble v franca declaracion , votó
la impresion y reinisio'n de su discurso a toda la
'Fancia, y adoptó el artieulo con vergüenza de Ta-
Hiren, que no habia elegido ocasion á proposito pa-
ra defender una ina .s.inia justa y verdadera.Así, mientras que la Convencion 'labia orde-
nado la persecucion , desarme y vuelta á sus
distritos de los


triotas , acababa tambien depatrio as
renovar las leves contra los s yemigrado cléri-


gos deportados
, y de establecer penas contra la


apertura de las iglesias , y los folletines realistas;
pero las leyes penales son hábiles frenos para los
partidos, cuando están dispuesto s


á acometerse
unos á otros. Pensó el diputado Thibaudeau que
era muy débil y se 'labia relajado mucho desde
el 9 de termidor la organizaeion de las comisiones
de gobierno, organizacion, que establecida al tiem-
po de derribarse la dictadura, solo se habia ima-
ginado por temor á una nueva tiranía-, de manera




414 REVOLUCION
de salvacion pública , encargada así de todo el
gobierno, constase de veinte y cuatro individuos
que bastarian para desempeñar sus nuevos cargos.
Los cobardes de la Asamblea , dispuestos siempre
á alarmarse contra los riesgos imposibles, se de-
clararon contra el provecto, diciendo que renova-
ba la antigua dictadura. Abierto va el camino, cada
uno hizo su proposicion. Los que tenían la manía
de volver á. la senda constitucional y á la division
(le los poderes, propusieron crear una autoridad,
ejecutiva fuera de la Asamblea, para separar la
ejecucion de la ley de su voto ; otros idearon sa-
car los individuos de este poder de la Asamblea
misma, pero privándoles mientras durasen sus fun-
ciones del voto legislativo. Despees de largas di-
gresiones, conoció la Asamblea que no quedándo-
le mas que dos ó tres meses de existencia, es de-
cir apenas lo necesario para acabar la constitu-
cion, era ridículo perder el tiempo en hacer una
provisional y sobre todo renunciar á la dictadura
cuando se necesitaba mas fuerza que nunca. Por
consiguiente, se desestimaron todas las proposi-
ciones dirigidas á dividir los poderes, y como se
temia mucho el proyecto de Thibaudeau para
adoptarle, se contentaron con desembarazar un
poco la marcha de las comisiones. Decidióse que
se redujesen á la mera proposicion de las leyes;
que solo la comision de salvacion pública tuviera
las facultades ejecutivas, pero que perteneciese la
policía á la comision de seguridad general; que las
reuniones de las comisiones se verificarian solo por


• medio de comisionados ; y finalmente para tran-
quilizarse enteramente del medio que infundia la
terrible comision de salvacion pública, se resolvió


FRANCESA. 415
privarla de la iniciativa de las leyes, sin que pu-
diese presentar jamás proposiciones para proceder
contra ningun diputado.


Mientras que se tomaban aquellas resolucio-
nes para restituir un poco de energía al gobierno,
continuaban tratando de las cuestiones de hacien-
da, cuya discusion se había interrumpido por los
acontecimientos del mes de germinal. La abolicion
del máximum , requisas , secuestros y de todo el
aparato de los medios forzosos , dando su movi-
miento natural á todo, habia precipitado aun mas
la caida de los asignados. Ya no se hacian las ven.
tas á la fuerza; los precios eran libres; los géne-
ros hahian encarecido estraordinariamente, y por
lo tanto hahian bajado proporcionalmente los asig-
nados. Restablecidas las comunicaciones exterio-
res, estos hahian entrado de nuevo en compara-
cion con los valores estrangeros, manifestándose rá-
pidamente su inferioridad en la baja cada vez ma-
yor del cambio; de manera que bajo todos aspectos
era completo el descrédito del papel moneda, y se-
rr un sucede comunmente, se aumentaba la rapidez
del mismo descrédito con la de su baja. Toda varia-
cion demasiado acelerada en los valores , produ-
ce las especulaciones aventuradas, es decir, el
agiotaje; y como esa variacion no sucede jamás si •
no por efecto de un desórden en politíca ó en ha-
cienda, y por consiguiente sufren los productos, y
se entorpecen la industria v el comercio, no que-
da apenas otro género de especulacion; entonces
en vez (le fabricar ó traspostar nuevas mercancías,
se apresuran á especular con las alteraciones de
precio en las que existen , y en vez' de pro-
ducir , se apuesta sobre lo ya producido. El




416 REVOLUCION
a.giotage , que tan considerable se habia hecho en
los meses de abril, ma y o y junio de 1193, cuandola desercion de Duincinrie,z, el levantamiento de
la Vendee v la liga federalista dieron tan conside-
rable baja á los asignados, era mayor que nunca
en germinal, floreal y pradial del año (abril y
mayo de 95)• Xsi con los horrores de la carestía se
sufría el escándalo de un desenfrenado juego que
contribuia á aumentar lo caro de las mercancías y
el descrédito del papel. La práctica de los jugado-
res era la misma que en 93, lo mismo que siem-
pre. Compraban los géneros, que subiendo con
relacion á los asignados est•aordinariame nte , au-
mentaban de valor en sus manos y les proporcio-
naban en pocos instantes considerables ganancias.
Todos los deseos y esfuerzos se dirigían por tanto
al descrédito del papel. Rabia cosas que se ven-
dian y revendian cien veces sin salir de un punto;
se especulaba Cambien, segun costumbre, con lo
que no se tenia; se compraba un género á uno que
no lo poseía, pero que debía entregarlo en un ter-
mino dado, pasado el cual no lo entregaba el ven-
dedor, sino que pagaba la diferencia del precio del
dia, si el género había subido, ó la recibía, si ha-
lda. bajado. En el Palacio Real , tan odiado del
pueblo porque en él se hallaba la juventud dorada,
era donde se reunian los agiotistas. No se pocha
atravesar por él sin verse perseguido por prende-
ros que llevaban en la maao telas , cajitas de oro,
vasos de plata y rica quincalla. Los especuladores
en metálico se reunían en el café de Chartres, y
aunque el oro y la plata no se consideraban como
mercancías, y desde el año 93 estaba prohibido
bajo severas penas darlos por asignados, no por eso


FRANCESA.
417


se hacia su comercio mas ocultamente. El luir
se


vendía por ciento sesenta francos en papel , y en
el espacio de una hora se le hacia variar de ciento
sesenta á doscientos y alma doscientos diez francos.


Asi los cargos y reconvenciones con que los
patriotas procuraban sublevar al pueblo, consis-
tian en la suma escasez de pan, la falta absoluta de
medios de abrigo en un frio cuyo rigor duraba aun
en la primavera, la escesiva subida de precio de
todos los géneros , la imposibilidad de adquirirlos
con un papel que diariamente perdia , y en medio
de todas estas calamidades, el desenfrenado agio-
taje que precipitaba el descrédito de los asignados
por sus es peculaciones, ofreciendo el aspecto de un
juego escandaloso, y á veces de fortunas rápidas
al lado de la miseria general. Era, pues, importan-
tísimo , así para evitar las desgracias públicas, co-
mo para impedir un levantamiento, que desapare-
ciesen estos cargos ; mas en esto estribaba como
siempre la dificultad.


El medio que como hemos visto se creia indis-
pensable, era subir los asignados amortizándolos:
pero para esto habia que vender los bienes, y no se
acababa de comprender que el verdadero obstáculo
consistía en la dificultad de suministrar á los com-
pradores medios para pagar una tercera parte del
territorio. Se habían desechado los medios violen-
tos, es decir, el .


emprésito forzoso y la providencia
de quitarles la calidad de moneda, y se dudaba entre
los dos medios voluntarios, es decir, entre una lote-
ría y un banco. La proscripciou de Cambon decidió
la preferencia del proyecto de Johannot que habia
propuesto el segundo; pero mientras se aguardaba
á que surtiese efecto este medio quimérico, que aun


Biblioteca popular.
T. IV. 496




FRANCESA. 419
propiedad de los bienes nacionales se podian pagar
en dinero o en asignados, segun corrieran. Opusie-
ronse al medio de adoptar los metales por término
comun de todos los valores, al principio por el inve-
terado ódio que se tema á aquellas, cre yendo ser
los que hablan desacreditado el papel , 5V dcspues
porque los ingleses que tenian mucho, podrian,
segun opinaban, hacerlos variar como quisie-
ran, siendo asi los que mandaran en el valor de los
asignados. Esas razones vallan muy poco, pero
decidieron á la Convencion á no admitir los meta-
tes como medida de los valores, y entonces Juan-
Eon-Saint-André , propuso adoptar el trigo, que
era en todos los pueblos el valor esencial á que to-
dos los domas debian referirse. De este modo se
calcularla la cantidad de trigo que podía adquirirse
con la suma debida al tiempo de la trausaccion ,
se pagarla ea asignados el valor que bastase á ad:
quirir en la actualidad la misma porción de trigo.
^isi, el que debia una reata, un arriendo ó una
contribucdon de mil francos, en tiempo en que mil
de estos representaban cien quintales de trigo, da-
rla el valor actual de estos cíen quintales en asig-
nados; pero se hizo la objeccion; de que las calami-
dades de la guerra y las pérdidas de la agricultura,
hablan hecho subir considerablemente el trigo,
respecto á todos los denlas géneros ó mercancías,
valiendo cuatro veces mas , pues debiendo tener
segun el curso actual de los asignados diez veces
el premio de 1790, es decir, cien francos el quin-
tal, costaba, sin embargo, cuatrocientos. El que en
1790 debla mil francos, deberia entonces diez mil
de asignados , pgando segun el valor metálico, y
cuarenta mil segun el del trigo , de modo que


418 REVOLITCION
asi no podia nunca colocar los asignados al par del
metálico , existia siempre el mayor mal , que era
el de una diferencia entre el valor nominal, y


el


efectivo. hsi el acreedor al estado
ó los part


-


id
colo


res recibian el asignado al par, v no podian
carle sino por una décima parte á lo sumo; los pro-
pietarios que hablan arrendado sus tierras, lampo-


*.


co eciian mas que la décima parte del arriendo,


y ar
r
rendbadores hubo que pagaron su tanto con un


saco de trigo y un cerdo cebado ó un caballo. El
tesoro, especialmente, sufría pérdidas que contri-


-


buían á la ruina de la hacienda, y por eonsiguien
te á la del papel. Recihia del coniribuyente, el asig-
nado por su valor nominal , y cada mes los cin-
nado millones q plirue


su
co tocaban , quedaban reducidos


cuando mas ia cn. Para
este déficit y cu-


brir los gastos e.straordinarios de guerra, se vela
obligado á


d emitir hasta ochocientos millones de
asignaos al


e
mes, á causa del desprecio en que es-


taban. Lo primero que debia hacerse, mien tras se
veía el resultado de los pretendidos medios que
debian retirarlos y darlos subida, era restablecer la
rlacion entre su valor nominal y el


efectivo , de
modo que ni la repblica, ni el acreedor al estado,
n los propietarios de tierras, ni los capitalistas, ni
ninguno en fin de cuantos pagasentituir


en á p
metalesl


apel se ar-


ruinasen. Johannot propuso res
os


el carácter de medida de los valores. Debtase com-
parar diariamente el valor de los asignados con el
del oro O la plata, y no recibirlos á ningun otro pre-


o, recibiendo el que
tenia un crédito. de mil fran-


cicos, diez mil en asignados si los asignados ne va-
lí mas e la génerodécima partede


,
los metales Los im-


pan
puestas.


que
, los arriendos, todo


réditos y la




420 REVOLUC1ON


aprontaba una suma cuatro veces mayor que otra.
No se sabia, pues , qué. medio adoptar respecto á
los valores. El diputado Raffron, propuso que des-
de el 30 del mes se bajasen los asignados un uno
por ciento diario. Manifestaron al momento que es-
to era una bancarrota, como si no lo fuese lo mismo
reducir los asignados al precio metálico del trigo,
es decir, á hacerles perder de repente un noventa
por ciento. Bourdon , que hablaba continuamente
de hacienda, sin entenderlo, hizo decretar que no
se admitia ninguna proposicion que se dirigiese á
hacer quiebra.


Entretanto la reduccion del asignado al curso,
tenia uno de los mayores inconvenientes. Si en los
pagos ó del impuesto, ó de los bienes nacionales,
se recibía el asignado segun el precio á que bajaba
cada dia, la baja no tendria fin , porque nada la
impedirla. En efecto , en el estado actual el asig-
nado pudiendo servir aun por su valor nominal al
pago del impuesto, de los arriendos y de todas las
sumas vencidas, tenia un destino que todavia daba
cierta realidad á su valor, pero si en ninguna par-
te se recibía mas que al precio diario , debla bajar
indefinidamente. El asignado emitido hoy por mil
francos , podia no valer al siguiente dia mas que
ciento, un franco ó un céntimo; no arruinaria
nadie, es verdad , ni á los particulares, ni al esta-
do , porque ninguno lo tomada sino por lo que va-
liese ; pero como su valor no era forzoso en ningu-
na parte, iba á desaparecer al punto. Ni halda ra-
zon para que mil millones nominales no bajasen á
un franco efectivo , y entonces iba á faltar entera-
mente al gobierno el recurso del papel moneda que
todavia le era indispensable.


FRANCESA.
421


Viendo Dubois-Crancé , el inconveniente que
presentaban todos aquellos pro y ectos, se opuso á
la reduccion de los asignados al valor corriente, y
despreciando las quejas de cuantos se habían arrui-
nado por el pago en papel, propuso solo exigir los
impuestos sobre tierras segun su valor. Asi podia
el estado tener medio de alimentar los ejércitos y
tos grandes distritos , evitándose una emision de
tres á cuatro mil millones de papel que gastaban
para proporcionarse géneros ; pero este proyecto
que por entonces pareció muy bueno , se desechó
despues de un meditado examen y hubo de pasarse
á otro.


Pero entretanto se aumentaba el mal diaria-
mente; por todas partes estallaban alborotos pro-
ducidos por la falta de subsistencias y de leña para
calentarse ; co el Palacio Real se vendia pan á
veinte y dos francos la libra, y algunos marineros
en uno de los pasos del Sena pidieron hasta cua-
renta mil francos por su trabajo que antes costaba
ciento. Apoderóse de los ánimos una especie de
desesperacion , diciendo que era preciso salir de
este estado y hallar recursos á todo precio. En tan
cruel situacion , Bourdon del Oise que nada enten-
dia de hacienda y trataba como un energúmeno
todas estas cuestiones , halló por casualidad sin
duda , el único medio que convenia para librarse
del apuro. Reducir los asignados á su valor cor-
riente era como hemos visto muy dificil, porque no
se sabia si tomar por medida el metálico ó el trigo,
y por otra parte era privarles al punto de todo
.5,̀
'alor y esponerlos aun interminable descrédito. Su-


bir su valor al recogerlos era tambien difícil, por
ser preciso vender los bienes, y era casi imposible




422 REVOLUCION
colocar tau inmensa cantidad de propiedad in-
mueble.Sin embargo , habia un medio de vender los
bienes nacionales , que era ponerlos al alcance de
los compradores , exigiendo de ellos el valor que
pudiese darse ..segun - la situacion de la fortunapública. Los bienes se vendian á la sazon por su-
basta, resultando que ofrecian por ellos una canti-
dad proporciona l á !ab*.


del papel , siendo pre-
ciso dar en asi g nados cinco ó seis veces el preciode 1790. Es verdad que esto constituia aun en
aquella época la mitad del valor de las tierras; pela


-


ro todavia era mucho en la actualidad , porque
tierra realmente no valla la mitad ni la cuarta par-
te de lo que en 1790. Nada hav absoluto en el
valor. En Américay en los gra'udes continentes
valen poco las tierras , porque hay mas cantidad
de ellas que de capitales movibles, y lo mismo su-
tedia, por decirlo ase , en Francia en 4795. Era,
pues, preciso no atenerse al valor aparente de
4790 , sino al que podia lograrse en 1-;95 , porque
ninguna cosa vale en realidad mas de lo que pue-
de darse por ella. delEn consecuencia , Bourdon de Oise propuso
adjudicar los bienes sin subasta , y por mera pro-
puesta verbal, al que ofreciese tres veces en asig-
nados el valor de 1790. De dos licitadores , debia
darse la preferencia al que se hubiese presentado
primero. De modo que una hacienda valuada en cien
mil francos en 4790, debia valer trescientos mil en
asignados; y como estos hablan bajado á la décima
quinta parte de su valor , trescientos mil francos
representaban veinte mil efectivos ; de modo que
se pagaba con veinte mil de estos una hacienda que


FRANCESA. 123


valla cien mil en 4790. No era esto perder las cua-
tro quintas partes, porque verdaderamente no po-
dia obtenerse mas. Por otra parte aunque el sa-
crificio hubiese sido real , no debia dudarse el ad-
mitirlo, porque las ventajas eran muy grandes. Por
de pronto se evitaba el inconveniente dela reduc-
cion del papel al curso corriente , que lo destruia.
En efecto, hemos visto que el asignado , reducido
al curso en el pago de cualquiera cosa , aun de los
bienes nacionales , no tenia valor fijo en ninguna
parte , v se inutilizaba ; pero si se le conservaba
la facultad de pagarlos biene-i, tenia un valor fijo,
porque representaba cierta cantidad de tierra, que
pudiendo siempre adquirirla , se tendria siempre
el valor de aquel, y no ft,ltaria mientras no faltase
ella. Evitabase, pues, el total descrédito del papel.
Pero hay aun mas; es constante, y lo probó lo que
sucedió `¿los meses despues , que se hubieran po-
dido comprar inmediatamente todos los bienes na-
cionales, con condicion de pagar triplicado el va-
lor de 1790. Todos los asignados , ó casi todos,
podían recogerse; los que hubiesen quedado fuera
hahrian recobrado su valor, y el Estado hubiera
podido emitir otros ,y- valerse de este recurso. Es
verdad que no exigiendo mas que el triple del va-
lor de 1790, era forzoso dar mucha mas tierra para
retirar el papel circulante ; pero todavia quedaba
algo para atender á nuevas necesidades. Por otra
parte , el impuesto , reducido á., la sazon á nada,
porque se pagaba en asignados despreciados, re-
cobraba su valor si se retiraba ó reemplazaba el
asignado. Los bienes nacionales entrezados á la
industria individual iban á producir para los par-
ticulares y para el tesoro; finalmente, 'labia cesado




421 REVOLUCION


la espantosa catástrofe, porque se hallaba resta-
blecida la justa relacion de los valores.


Quedó aprobado el provecto de Bourdon del
Oise , y se dispuso ponerle inmediatamente en eje-
cucion; pero la tempestad conjurada largo tiempo
hacia , de que fué solo un precursor el '12 de ger-
minal, se habla hecho mas amenazadora que nunca
y estaba para descargar amagando desde el hori-
zonte. Los dos partidos contrarios obraban cada
uno á su manera. Los contra-revolucionario s , que
dominaban en ciertas secciones , hacian redactar
peticiones contra los medios que había referido
Chenier, y particularmente contra la providencia
de castigar con el destierro el abuso que hacían los
realistas de la imprenta; mientras los patriotas so-


- bremanera apurados , meditaban un desesperado
proyecto. El suplicio de Fouquier-Tinville, conde-
nado con varios jurados del tribunal revoluciona-
rio por el modo con que habla ejercido sus funcio-
nes, llevó á lo sumo su irritacion. Aunque se des-
cubrió su proyecto del 29 de germinal, y se malo-
gró recientemente otra tentativa que hicieron para
declarar permanentes todas las secciones so pretesto
de la carestía, no dejaban de conspirar en algunos
barrios muy poblados. Rabian acabado por formar
una junta central de insurreccion, que residia en la
calle de Mauconsiel, entre los barrios de San Dio-
nisio y Montmartre , y se hallaba compuesta de
antiguos miembros de las juntas revolucionarias,
y de algunos individuos que no eran conocidos
fuera de su barrio. El plan de sublevacion se ha-
llaba suficientemente indicado por los aconteci-
mientos del mismo género: enviar delante á las
mugeres , seguirlas una reuniou inmensa , rodear


FRANCESA.
425


la Convencion con tanta gente que no pudiese ser
ausiliada, obligarla á echar de su seno á los setenta
y tres, reponer á Villaud , Collot y Barrere, poner
en libertad á los diputados detenidos en Ilam, y á
todos los patriotas encerrados, restablecer la cons-
titucion de 93, dando nuevo a yuntamiento á Paris,
recurrir de nuevo á todos los medios revoluciona-
rios, al máximun , á las requisas , &c. : tal era el
plan de los patriotas. Lo redactaron en un mani-
fiesto que constaba de once artículos, publicado en
nombre del pueblo soberano, que Babia recobrado sus
derechos. Iliciéronle imprimir el floreal por
la tarde, (19 de mayo) y lo esparcieron por Paris.
Se mandaba á los habitantes de la capital acudir
en masa á la Convencion , llevando este letrero en
los sombreros : Pan y con.stilucion de 93. Toda la
noche del 30 de lloreal al 1.° de pradial (20 de ma-
yo), se pasó en alborotos, gritos v amenazas. Cor-
roan las mugeres por las calles diciendo que era
preciso ir al dia siguiente á la Convencion, la cual
/labia matado á Robespierre por ponerse en su lu-
gar , y tenia muerto de hambre al pueblo, prote-
giendn á los mercaderes que chupaban la sangre
del pobre, y enviando al cadalso á todos los patrio-
tos; se animaban á ir las primeras, porque decian
que la fuerza armada no se atreveria á hacer fuego
á unas mugeres.


Efectivamente al otro dia que era miércoles,
20 de may o; era ya general el alboroto en los ar-
rabales de San Antonio v San Marcelo , barrio del
Temple, calles de San Dionisio y San Martin , y
sobre todo en la ciudad. Los patriotas hacian reso-
nar cuantas campanas termino á su disposicion, to-
caban á generala y disparaban cañonazos. Al mis-




426 REVOLUCION


mo tiempo se oia el toque de rebato en la torre de
la Unidad, segun lo labia mandado la comision de
seguridad general, y se reunían las secciones; pe-
ro los que se hallaban en el complot, congregados
desde muy temprano , marchaban ya armados
mucho antes de que las otras hubieran podido sa-
berlo. La reunion se hacia cada vez mayor , y se
adelantaba poco á poco hacia las Tullerias , vién-
dose un sin número de mugeres mezcladas entre
los borrachos, gritando: ¡pan y constducion de 93!
á que se agregaban pelotones de bandidos arma-
dos de picas, sables y armas de toda especie, ro-
deados del mas bajo populacho, y finalmente algu-
nos batallones de las secciones regularmente ar-
mados, cu y o conjunto en masa caminaba sin Or-
den hacia el punto indicado para todos que era la
Convencion. A las diez llegaron á las 'fullerías,
rodeando el salon .de la Asamblea, y cerrando to-
das sus avenidas. Ilallábanse en sus puestos los
diputados que habian acudido apresuradamente.
Los individuos de la Montaña , que no estaban en
relaciones con la oscura canalla amotinada , nada
sabían, ni tenian, como sus cólegas, mas idea del
movimiento que los gritos del populacho y el to-
que á rebato- Hasta desconfiaban mucho temiendo
que fuera un lazo de la comision general á los pa-
triotas, amotinándolos para tener ocasion de des-
cargar su saña contra ellos. Apenas se reunió la
Asamblea leyó el diputado Isabeau el manifiesto
de la insurreccion , que recibieron con ruidosos
aplausos los patriotas que llenaban desde muy
temprano las tribunas. Viendo cercada asi la Con-
vencion, esclamó un individuo , que ella salvia
perecer en aque lugar, y en seguida se levanta-




RANCESA. 42T
ron todos los diputados, repitiendo: Si ,
tribuna, mejor ordenada que las domas , aplaudió
esta declaracion. Al mismo tiempo se oia mas y
mas el ruido, y el griterío del populacho ; los di-
putados se sucedían en la tribuna y hacían dife-
rentes observaciones. De repente inunda las tri-
bunas un enjambre de mugeres; que se precipita-
ban en ellas, atropellando á los que las ocupaban
y gritando pan! pan!; y aunque se cubre el presi-
dente Vernier, y les impone silencio , ellas conti-
nuan gritando pan! pan! Unas amenazan con el pu-
ño á la Asamblea, y otras se rica de ver lo apura-


. da que se halla esta. Levántanse una porcion de
individuos para tomar la palabra ; pero no pueden
hacerse oir, y piden que el presidente haga res-
petar la Convencion; mas no le es posible. Andrés
Dumont , que /labia presidido con firmeza el 12 de
germinal, sucede á Vernier, y ocupa el sillon. Con-
tinua el alboroto V los gritos de pan! pan! que re-
piten las mugeres agolpadas en las tribunas. An-
drés Dumont declara que vá á hacerlas salir, y le
silban por una parte, mientras por otra le aplal-
den. Estando en esto se oven fuertes golpes en la
puerta de la izquierda de la mesa, v el ruido de la
multitud que se esfuerza en derriba'rla. Crugen los
bgoznes y se desprende gran porcion de yeso. El•
presidente en tan apurada sitoacion se dirige á un
general que se habla presentado en la barra con
una porcion de jóvenes, para hacer una peticion
muy prudente en nombre de la seccion del Buen-
Consejo. «General, le dice, os mando que vigileis
«por la Representacion nacional , y os nombro al
«efecto comandante general interino.» La Asam-
blea confirma este nombramiento con sus aplau-




428 REVOLUCION


sos. El general declara que morirá en su puesto,
y sale para dirigirse al sitio del combate, á cuyo
tiempo cesa el ruido que se hacia en una de las
puertas, y se restablece un tanto la calma. Andrés
Dumont dirigiéndose á las tribunas manda salir
de ellas á todos los buenos ciudadanos que las ocu-
paban, declarando que va á usar de la fuerza pa-
ra desocuparlas, á cu ya intimacion salen Muchos,
pero se quedan las mugeres prorumpiendo en los
mismos gritos. Poco despues entra el general en-
cargado por el presidente de defender la Conven-
cion con algunos fusileros y varios jóvenes arma-
dos con látigos de posta, y asaltando las tribunas
echan á las mugeres á latigazos. Ellas se retiran
dando espantosos gritos , y entre los aplausos de
algunos de los concurrentes.


Apenas se desocuparon las tribunas, cuando
volvió el ruido á la puerta de la izquierda , y la
multitud á la carga, atacando de nuevo la puerta
que quedó hecha pedazos. Los individuos de la
Convencion se retiraron á los bancos superiores,
y los gendarmes formaren una línea al rededor de
ellos para protegerlos Al punto entraron en el sa-
lon por la puerta de la derecha, los ciudadanos ar-
mados de las secciones para echar al populacho, y
aunque al principio los repelieron cogiendo algu-
nas mugeres, fueron luego rechazados á su vez por
el victorioso populacho. Afortunadamente acudió
antes que nirvana otra en ausilio de la Convencion
la seccion de Grenelle que prestó un útil refuerzo.
A. su cabeza iba el diputado Anguis con el sable
desembainado, gritando: adelante! y en efecto se
estrecharon sus soldados y cruzando las bayonetas
consiguieron rechazar sin derramar sangre á la


FRANCESA.
429


multitud amotinada que se retiró en cuanto vió
las armas. Cogieron por el cuello á uno de los su-
blevados, le arrastraron hasta el pié de la mesa en
donde habiéndole registrado, le encontraron los
bolsillos llenos de pan. Eran las dos, y restable-
ciéndose la tranquilidad en la Asamblea, se decla-
ró que la seccion de Grenelle habia merecido bien
de la patria. Todos los embajadores de las poten-
cias habian acudido á su tribuna , asistiendo á
esta escena como para participar en cierto modo
de los peligros de la Convencion, y se decretó que
se baria mencion en el boletín de su heróica de-
cision.


Entretanto se iba aumentando el gentío al re-
dedor del salon. Apenas Rabian podido acudir dos
ó tres secciones, é introducirse en el Palacio na-
cional, pero no pedían sostener el ímpetu cada vez
mayor de los amotinados. Acababan de llegar
otras, mas no pudiendo penetrar en lo interior,
se hallaban incomunicadas con las comisiones, de
modo que no recibian órdenes ni sabian qué uso
hacer de sus armas. Al mismo tiempo hizo la mul-
titud otro esfuerzo en el salon de la Libertad, y en-
tró hasta la puerta forzada. Renováronse los gri-;
tos de á las armas! v la fuerza armada que se ha-
llaba dentro del salón, acudió hacia la puerta ame-
nazada. Cubrióse el presidente , y la Asamblea
permaneció tranquila. Entonces vinieron á las ma-
nos por ambas partes, se empeñó el combate de-
lante de la puerta misma, y los defensores de la
Convencion calaron ba yoneta; pero los amotina-
dos hicieron fuego, y fas halas dieron contra las
paredes del salou. Los diputados se levantaron
gritando: viva la república! Llegan nuevos dula-




430 REVOLUCION


Jamentos, atraviesan de derecha á izquierda , y
sostienen el ataque. Redobla el tiroteo, cargan, se
confunden, se acuchillan; pero al fin un inmenso
gentio que 'estaba detras de los sitiadores , los
empuja, los precipita á pesar suyo sobre las bayo-
netas, derriba cuantos obstáculos hay delante, é
invade la Asamblea. Un diputado jóven, lleno de
valor y . de entusiasmo, Fereaud, que labia llega-
do últimamente del ejército del Rin, y que recor-
ria hacia quince días la capital para acelerar la
llegada de las subsistencias , se presenta delante
de la multitud, y la dice que no pase. adelante:
«Matadme,esclania descubriendo su pecho, no en-


trareis aqui sino despues de haber pasado por en-
«cima de :ni cuerpo.» En efecto , se tira al suelo
para contenerlos; pero aquellos furiosos pasan por
encima de él sin escucharle, y se dirigen á la me-
sa. Eran las tres. El salon se llena de mugeres
borrachas, de hombres armados de sables, picas
y fusiles, y que llevaban en los sombreros los le-
treros de pan y constitucion de 93 ; unos se sientan
en los bancos inferiores abandonados por los di-
putados; otros llenan el tablado , otros se colocan
delante de la mesa, ó suben la pequeña escalera
que conduce al sillon del presidente. Un jóven
oficial de las secciones, llamado Willy, que se ha-
llaba en una grada de la mesa , arranca a uno de
aquellos hombres la inscripcion que llevaba en el
sombrero, y al momento disparan contra él , y
cae herido por una porcion de balazos. Al mismo
tiempo se dirigen todas las bayonetas y picas al
presidente, y cercan su cabeza con infinidad de ar-
mas. Era este Boissv d' Anglas , que halla reem-
plazado á Andrés ljumout; y permanece tranquilo


FRANCESA.
431


y sereno. Fereaud, que se }labia levantado v diri-
Mose al pie de la tribuna, se arranca los cabellos,
se golpea en el pecho, y viendo el peligro del pre-
sidente, se arroja hacia él para cubrirle con su
cuerpo. Un hombre que llevaba una pica quiere
cogerle por el vestido, pero para librar á Fereaud,
un oficial sacude un puñetazo al que le detenia , y
este le contesta con un pistoletazo que hiere á
Fereaud en el hombro. Cae el desdichado jóven,
le arrastran, le pisotean y se le llevan fuera del sa-
lon para entregar su cadáver al populacho.


Boissv-d' Anglas permanece sereno é impasi-
ble en medio de tan espantosa escena, y su cabe-
za se vé aun rodeada de picas y bayonetas. Co-
mienza entonces una escena de con fusion imposi-
ble de describirse. Todos quieren hablar, y gritan
en vano para que les oigan. Tocan los tambores
para que se guarde silencio; pero la multitud, re-
gocijada con aquel desorden , vocifera , patea y
brisa de contento, viendo el estado á que se ha-
llaba reducida aquella Asamblea soberana. No se
hizo asi el 31 . de mayo, cuando el partido revolu-
cionario, con el- Ayuntamiento á la cabeza, el es-
tado mayor de las secciones, y una multitud de di-
putados para dar y recibir el santo, rodeó la Con-
vencion con un gentío silencioso y armado, encer-
rándola sin invadirla, y haciéndola dar con apa-
rente dignidad los decretos que deseaba obtener.
En este din no habla medio de hacerse oír, ni de
arrancar al menos la aparente sancion de lo que
anhelaban los patriotas. Un artillero , rodeado de
soldados, sube á la tribuna para leer el plan de la
insurreccion, pero le interrumpen á cada instante
con gritos, injurias y redobles de tambor. Quiere


11,




432 REVOLUCION


tomar uno la palabra y dirigirse á la multitud:
«Amigos mios , dice , todos estamos aqui con el
«mismo objeto; el riesgo urge, y necesitamos de-
cretos, dejad á vuestros representantes que los


«sancionen.» Fuera! fuera! le gritan por .única
respuesta. El diputado Mol , anciano de venera-
ble aspecto, y celoso montañes, quiere pronunciar
desde su asiento algunas palabras para obtener si-
lencio, pero le interrumpen con nuevo griterío.
Romme, hombre severo, estraño al motin , como
toda la Montaña, pero deseoso de que se adopta-
sen las providencias pedidas por el pueblo, viendo
con sentimiento que no iba á obtenerse resultado
de tan espantosa confusion, semejante á la del 22
de germinal, pide la palabra. Duroi lapide tambien
con el mismo objeto; pero ni uno ni otro la consi-
guen. Vuelve á empezar el alboroto, y sigue por
mas de una hora , durante cuya escena traen una
cabeza en la punta de una bayoneta, y aunque la
contemplan horrorizados , no pueden reconocerla.
Unos dicen que es la de Freron , otros que la de
Feruud, y en efecto, era esta , que habiéndosela
cortado los asesinos, la habian puesto en la punta
de una bayoneta. La pasean por el salan en medio
de los alaridos de la multitud. Vuelve á reprodu-
cirse el furor contra el presidente Boissy-d' An-
glas, que se vé de nuevo en peligro, pues se halla
entre mil bayonetas, le apuntan por todas partes,
y se vé amenazado de mil muertes.


Eran ya las siete de la tarde, y temblaba la
Asamblea', de que aquella gente, entre quienes se
hallaban tantos malvados, cometiese el último es-
ceso, degollando á los representantes del pueblo
á favor de las tinieblas de la noche. Muchos indi-


FRANCESA. 433
videos del centro pedian á algunos montañeses
que hablasen aconsejando á la multitud que se re-
tirase. Vernier trata de decir á los amotinados que
ya es tarde y deben pensar en recogerse, pues van
á ser causa de que el pueblo carezca del pan, im-
pidiendo que I leguen los granos,— « Esa la es táctica
«de siempre, responde la multitud; tres meses ha-
«ce que nos estais diciendo lo mismo.» Entonces
salen mil voces de en medio de las turbas que pi-
den, unas la libertad de los patriotas y diputados
arrestados; otras la comtitucion de 93, un terce-
ro que se prenda á todos los emigrados, otra por-
cion de ellos la permanencia de las secciones, e!
restablecimiento del A y untamiento y un coman-
dante de la fuerza armada parisiense, visitas do-
miciliarias para buscar si ha y


subsistencias ocul-
tas, los asignados al par, etc. Uno de aquellos
hombres, que logra hacerse escuchar algunos mo-
mentos, quiere que se nombre inmediatamente
comandante de la fuerza armada de Paris, y que
se elija á Soubrany; finalmente, otro, no sabiendo
qué pedir, grita : que se prenda á lodos los pícaros
y cobardes!—v no cesan de repetir estas palabras,
por espacio de medía hora.


Conociendo en fin uno de los alborotadores,
cuán necesario era decidir alguna cosa , propone-
que hagan bajar á los diputados desde los bancos
en que se hallan, para reunirlos en medio del sa-
lan y hacerlos deliberar. Se adoptaal punto la pro.
posicion y echándolos fuera de su asiento. tes ha-
cen bajar, y les van reuniendo como un rebaño, en
el espacio que separa la tribuna de los bancos in-
feriores. Les rodean algunos hombres, haciendo
circulo con ,


sus picas. Vernier reemplaza en el si-
Biblioteca imputa
T.- 1Y 497




434 REVOLUCION


'Ion á Boissy-d' Ánglás sumamente fatigado des-
pues de seis horas de tan peligrosa presidencia. Se
organiza una especie de deliberacion, y se convie-
ne en que el pueblo permanecerá cubierto, qui-
tándose solo los diputados los sombreros en señal
de aprobacion ó negativa. Los montañeses empie-
zan á esperar que podrán darse los decretos, y se
preparan á tomar la palabra. Romme, que ya la
habla tomado una vez, pide se mande en un decre-
to poner en libertad á los patriotas. Duroi dijo que
desde el O de termidor halan ejercido los enemi-
gos de la patria una reaccion funesta ; que los di-
putados arrestados el 12 de germinal lo habian si-
do ilegalmente, y debia pronunciarse su reposi-
eion. Obligan al presidente áque ponga á votacion
estas proposiciones , y levantan los sombreros
gritando adoptado, adoptado, en medio de un es-e,pantoso ruido, sin que se pueda distinguir si real
mente han dado sus'votos los diputados. X Romme
y Duroi sucede Goujon, y dice que es preciso ase-


. gurar la ejecucion de los decretos, que las comi-
siones no parecen, que importa saber lo que hacen,
que es preciso llamarlas para pedirles cuenta de
sus operaciones y poner ea su lugar una comision
estraordinaria. Esto era en efecto el riesgo de
aquel dia; si quedaban libres para obrar, podian
venir aun á librar á la Convencion de sus opreso-
res Xlbitte el mayor, juzga que es preciso tener
mas órden en la deliberacion; que no hay mesa, y
que es preciso se forme una, lo cual se hace al mo-
mento. Bourgotte pide la prision de los periodis-
tas, y se levanta una voz desconocida, diciendo que
para probar que los patriotas no son caribes, debe
abolirse la pena de muerte.—«Si, si, esclatnain


FRANCESA.
435


«escepto para los emigrados y los que fabrican
«asignados falsos.» Se adopta esta proposicion lo
mismo que las anteriores. Duquesnoi vuelve á la
proposicion de Goujon, pidiendo la suspension de
las comisiones y el nombramiento de una estraor-
dinaria :de cuatro individuos, designando al efecto
inmediatamente á Bourgotte, Prieur del Mame,
Duroi y el mismo Duquesuoi, cuyos cuatro dipu-
tados aceptan el cargo que se les confía; pues
por peligroso que sea, dicen, sabrán cumplirlo y
morir desempeñándolo. Salen para ir á las comi-
siones, y apoderarse de todos los poderes. Lo


era esto, pues todo dependia del resultado de
esta operacion.


Eran las nueve de la noche y ni la comision
sublevada ni las del gobierno parean haber to-
mado providencia alguna durante tan continuados
y terribles acontecimientos. Lo único que;supo ha-
cer la comision sublevada fué lanzar a! pueblo
contra la Convencion; pero, segun va lo hemos
dicho, aquellos geles oscuros, como los que que-
dan siempre en los últimos las de un partido, sin
tener á su disposicion ni el consejo, ni el estado
mayor de las secciones, ni un comandante de la
fuerza armada, ni los diputados, no habian podido
dirigir la insurreecion con el tino v vigor que po-
•ían haberla hecho triunfar. Se habian valido de


:hombres frenéticos que cometiendo terribles es-
cesos, nada habian hecho de lo que les convenia
hacer. No se envió destacamento alguno que con-
tuviese y suspendiese las juntas, abriese las pri-
siOnes y librase de ellas á los hombres de carácter,
cuyo ausilio hubiera valido tanto; se contentaron
con apoderarse de la armería, que entregó á los




136 REYoucto14


primeros que llegaron la gendarmería de los tri-
bunales, compuesta toda de la milicia de Fouquier-
Tinville. Mas por el contrario, las comisiones del
gobierno, resguardadas v defendidas por la juven -
tud dorada, emplearon todos sus esfuerzos en reu-
nir las secciones, lo cual no era fácil, l&
confusion que reinaba, el temor que se labia apo-
derado de muchas de ellas, v la siniestra intenmon
que algunos. manifestaban . 'Al principio reunierondos ó tres, que ya hemos visto fueron rechazadas
por los amotina' dos; despues lograron con':ocar
muchas iras, gracias al celo de la seccion de Le-
telletier, en otro tiempo de las Monjas de Santo
Temas, las cuales se preparaban por la noche á.
aguardar la ocasion en que cansado el pueblo, em
rezase á ir disminuyendo, para acome.ter .á los al–


borotadores y librar del riesgo á la Convenciun ; y
conociendo que durante tan larga .opresion baldan
logrado los decretos que ella no quena dar, acor-
daron no reconocer por auténticos los espedidos ea
aquella jornada. Dadas estas providencias, Legen -
dre, Angnis, Chenier, Delecloi, Bergoeng y Kerve -
legan se dirigieron á la Convencion al frente de
fuertes destacamentos. Llegado que hubieron, re-
solvieron dejar las puertas abiertas, para que el
pueblo estrechado por una parte, pudiese marchar,.
Se


por la otra Legendre y Delecloi se encarga-
ron despues de penetrar en el salon, ompar la tri


Tuna á pesar de todos los peligros, y mandar a los
allwotadores que se retirasen. «Sino ceden, di-
«je,ron á sus cólegas. acometed. y nada temáis por
« liosa tras. Aunque perezcamos dentro seguid aval]
«mando siempre.» Penetraron en efecto Legendre


Dedecloi en el ,salon, cuando iban á salir los


- FRANCESA. 4&7


cuatro diputados nombrados para la comision es-
traordinaria. Legeudre sube á la tribuna, despre-
ciando los insultos y las amenazas, y toma la pala-
bra á pesar de los silbidos. «Invito á la Asamblea,
«dice, á que permanezca firme; y á los ciudada-
nos que están aqui, á que se salgan.— Fuera!


Fuera! empiezan á gritar, y Legendrey Delecloi se
ven forzados á retirarse. Duqucsnoi se dirige en-
tonces á sus cólegas de la comision estraordinaria,
y les dice que le sigan para suspender á las comi-
siones, que por lo que se ve, añade, se oponen á
las operaciones de la asamblea. Soubrany les pide
tambien que se apresuren , mas al salir los cuatro
se encuentran con el destacamento, á cuya cabeza
van los representantes Legendre, Kervelegan y
Anguis, y el comandante de la guardia nacional
Itaffet. Prieur del Mame pregunta á este si tienen
Orden del presidente para entrar. «Yo no tengo que
darte cuenta!» le responde Raffet; y sigue adelan-
te. Intiman entonces á la multitud que se retire, y
el presidente le invita á hacerlo en nombre de la
lev, pero la canalla contesta con silbidos. Calan
bayoneta y entran en el salon; la multitud desar-
mada cede, pero algunos que habla con armas en-
tre ellos, resisten un momento, son rechazados, y
huyen gritando:-1Favor, descamisados! A este
grito acuden parte de los patriotas, y acometen
con violencia al destacamento que !labia entrado.
Ihtienen ventaja por un momento; el diputado
Kervelegan queda herido en una mano, y los mon-
tañeses Bourgotte, Peyssard y Gaston claman vic-
toria, pero suena en el salon esterior el toque de
ataque, llega un considerable refuerzo, caen de
nuevo contra los amotinados, los rechazan, los acu-




43S REVOLUCION


chillan y los persiguen á bayonetazos; hu yen, se
agolpan á las puertas ó trepan por las tribunas y
se salvan por las ventanas, quedando al fin desocu-
pado el salon, á las doce de la noche.


Libre va la Convencion de los sitiadores que ha-
bian llevado á su seno la violencia y la muerte,
emplearon algunos momentos en restablecerse..
Asegurada por fin la tranquilidad esclamó un in-
dividuo «¡con que es cierto que esta Asamblea, m-
una de la repUblica, ha estado á pique de ser su
«sepulcro! pero felizmente se ha estrellado aqui
«otra vez la conspiracion con sus crímenes. Re-
«presentantes, no seriais dignos de la patria, si no.
«tomaseis venganza de un modo ruidoso.» Le aplau-
dieron por todas partes, y como en el 12 de ger-
minal, se empleó la noche en castigar los atenta-
dos del dia ; pero hechos de mayor gravedad, exi-
gian providencias tambien mas severas. Lo pri -
mero de que se trató fue. de anular los decretos
propuestos y dados por los revoltosos. «Nada de
«anular, dijeron á Legendre que 'labia hecho esta
«proposicion. La Convencion no ha votado ni podi-
«do hacerlo mientras degollaban á uno de sus in-
dividuos. Ella no ha hecho nada, sino los foragi-


«dos que la oprimian y algunos representantes
«culpables que se hablan hecho sus cómplices.»
En consecuencia se declaró que todo lo hecho, se
considerase nulo y los secretarios quemaron las
minutas de los decretos dados por los sediciosos.
Buscaron luego con la vista á los diputados que
habian tomado la palabra en aquella sesion terri-
ble, y señalándoles con el dedo, les interpelaron
con vehemencia. «No hay ya, esclamó Thibaudean,
«esperanza de conciliacion entre nosotros y esa,


FRANCESA. 439
«minoría facciosa. Puesto que se ha sacado la es-
«pada, es preciso emplearla, y aprovechar la oca-
«sion para afianzar eternamente la paz v la segu-
ridad en el seno de esta Asamblea. Pido que de-


«creteis inmediatamente la prision de esos dipu-
tados, que traidores á todos sus deberes, ,han


«querido realizar los deseos de los conspiradores y
«los han erigido en leves. Pido que las omisiones
«propongan inmediatamente las providencias mas
«severas contra estos representantes infieles á su
«patria y á sus juramentos.»Entoncesselesdesig-
nó uno por uno y fueron Ithul , Romme y Duroi,
que habian impuesto silencio para que se empeza-
se la deliheracion; á Albitte que había hecho nom-
brar la mesa; á Goujon y Duquesnoi, que habian pe-
dido la suspension de las comisiones y la forma-
cion de una estraordinaria de cuatro individuos;
á Bourgotte y Prieur del Marne, que habían acep-
tado con Duroi y Duquesnoi el cargo de indivi-
duos de esta comision: á Sonbrany, nombrado por
los rebeldes comandante del ejército parisiense, y
á Peyssard que habla clamado victoria durante la
accion. Duroi y Gonjon quisieron hablar, pero no
les dejaron, tratándoles de asesinos, y dictando al
momento los decretos, pidiendo ademas que se les
asegurase de modo que no pudiesen escapar-
se como la ma y or parte de los sentenciados el 12
de germinal. El presidente les colocó entre los gen-
darmes haciéndoles venir á la barra. Buscaron á
Romrne que tardaba en presentarse; Bourdon le
señaló con el dedo y le condujeron á la barra con
los demas cúlegas. Mas no se limitaron á esto las
venganzas, sino que quisieron entenderlas á todos
los montañeses que se habian distinguido en los de-




440 nEvOLtiCION FRANCESA. 4 PI


partamentos por sus comisiones estraordinarias.
Pido, gritó una voz, que se prenda á Lecarpen-
tier, verdugo de la Man ;ha... A Pinet mayor, es-


,ielanió otra, verdugo de los habitantes de'Vizca-
.<va... y a Borie , otro asolador del Mediodia; y á
«Vayan, uno de los esterminadores de la Vendée.»
Decretaroilse estas proposiciones con los gritos de
viva la Convencionl viva la república! «No nos an-
«demos en resoluciones á medias, dijo Talliea. El
«objeto del movimiento de hoy era restablecer los
«jacobinos, y especialmente el consejo; es preciso
«destruir lo que queda de esto; es preciso prender
«a Palle y a Bouchotte, y esto no es mas que un
«anuncio de las providencias que os propondrá
«la comision. Venganza , ciudadanos ; venganza
«contra los asesinos de sus compañeros y de la Re-
«presentacion nacional! Aprovechémonos de la
«torpeza de esos hombres que se creen iguales á
«los que derribaron el trono, y tratan de rivalizar
«con ellos; de esos hombres que querian hacer re-
«voluiones, y no saben hacer mas que motines.
«Aprovechémonos de su torpeza, y acometarnosles
«pronto para terminar asi la revolucion.» A plan-
dióse inuáo y quedó adoptada la proposicion de
Talhen, y en medio de aquel acaloramiento de ven-
ganza, oyéronse algunas voces que acusaban á
Roberto Lindet, a quien por sus virtudes y servi-
cios se había protegido hasta entonces contra los
fumes de la reaccion. Lehardi pidió el arresto de
aquel monstruo; pero se leYantaron tantas voces
contrarias para elogiar la moderacion de Lindet, y
recordar que habla salvado pueblos y provincias
enteras, que se pasó al Orden del dia. Despues de
esto se pidió nuevamente el desarme de los terro-


ristas; se decretó que el quintidi próximo (domin-
go 24 de mayo), se reuniesen las secciones, y pro-
cediesen inmediatamente á desarmar á los asesinos,
bebedores de sangre, ladrones y agentes de la tiranía
anterior al 9 de termidor , autorizándoles para
prender á todos los que cre yesen debían juzgar
los tribunales. Se decidió al propio tiempo que no
entrasen mugeres en la tribuna hasta nueva ór-
den. Eran las tres de la mañana, y anunciando las
comisiones que todo Paris se hallaba tranquilo, se
suspendió la sesion hasta las diez.


A. esto se redujo aquella asonada del 1.° de
pradial, la mas terrible de cuantas halda ofrecido
la revolucion, porque si en el 31 de mayo y 9 de
termidor se pusieron cañones contra la'Co'nven-
clon, el local de sus sesiones no fue sin embargo
invadido, ensangrentado por un combate , ni cru-
zaron por su recinto balas, ni se mancharon con
la sangre de un diputado del pueblo. Los revolu-
cionarios habian obrado esta vez con la torpeza y
furor de un partido balido tiempo hacia, sin cóm-
plices en el gobierno, del cual estaban escluidos,
privado de sus ;efes, y acaudillado por hombres
oscuros, comprometidos y desesperados. Sin sa-
ber valerse de la Montaña, ni aun darle parte del
movimiento, habian comprometido y espuesto á
perecer en un cadalso á unos diputados íntegros,
estraños á las demasías del terror , unidos a los
patriotas por temor á la reaccion, y que habian to-
mado la palabra para impedir ma y ores males,
acelerando el cumplimiento de algunos deseos
que tenían.


Entre tanto, viendo los revoltosos la suerte que
les esperaba á. todos, y acostumbrados por otra




442 nE VOLUCION
parte á las luchas revolucionarias , no eran hom-
bres que se dispersasen muy facilmente. Se reu-
nieron al dia siguiente en el Ayuntamiento, se de-
clararon en insurreccion permanente, y trataron de
que se reunieran á ellos las secciones que estaban
de su parte ; pero considerando que el Ayunta-
miento no era punto favorable, aunque se hallaba
colocado entre el barrio del Temple y la Ciudad,
prefirieron establecer el centro de la insurreccion
en el arrabal de San Antonio. Trasladáronse allí á
la mitad del dia, preparándose á renovar la ten-
tativa del dia anterior, y procurando obrar estavez,
con mas órden y acierto, hicieron salir tres bata-
llones perfectamente armados y organizados, que
eran los de las secciones de los Trescientos, Mon-
treuil y Popincourt, compuestos los tres de robus-
tos artesanos y dirigidos por gefes intrépidos. Es-
tos batallones se adelantaron solos sin el concur-
so del pueblo que les acompañaba el dia antes,
encontraron algunas secciones fieles á la Con-
vencion , pero que no se hallaban con fuerza para
contenerlos, y se colocaron por la tarde con sus
cartones delante del Palacio nacional. Al momento
se colocaron en frente para protegerá la Conven-
vencion las secciones Lepelletier, Butte-des-Mou-
lins, y otras; sin embargo, si se empezaba el com-
bate era dudoso, segun el estado de las cosas, que
saliesen vencedores los defensores de la Represen-
tacion nacional. Para colmo de desgracias, los ar-
tilleros, que eran en todas las secciones jornaleros
y revolucionariosalborotados, abandonaron las sec-
ciones colocadas delante del Palacio , y fueron
con sus piezas á unirse á los de Popincourt, Mon-
treuil y Trescientos. Dióse el grito de dios armas!,


FRANCESA.
443


y cargando por ambas partes los fusiles, todo pa-
recia que se preparaba para un combate sangrien-
to El sordo ruido de las cajas de artillería re-
sonó en la Asamblea donde se levantaron para ha-
blar muchos individuos. «Representantes, escla-
«mó Legendre, tranquilizaos y permaneced en
«vuestros puestos. La naturaleza nos ha condena-
«do á todos á muerte: poco importa que sea un po-
co antes ó un poco despues. Se hallan dispuestos


«á defenderos los buenos ciudadanos ; entre tanto
«la mejor proposicion es guardar silencio.» sentóse
otra vez toda la Asamblea, y mostró la imponente
serenidad del J de termidor y tantos otros Bias,
en el discurso de su acalorada' sesion. Ilallábanse
entretanto las tropas contrarias contemplándose ea
la actitud mas amenazadora ; pero antes de venir á
las manos, esciamaron algunos individuos que era
mu y triste que se degollasen unos á otros los bue-
nos ciudadanos , y que á lo menos se esplicasea
y procurasen avenirse. Salieron de las lilas, y se
espusieron sus quejas; é introduciéndose en los ba-
tallones de las secciones enemigas algunos indi-
viduos de las comisiones, que se hallaban presen-
tes, les dirigieron la palabra ; y viendo que podia
alcanzarse mucho por los medios conciliatorios,
enviaron á decir á la Asamblea que comisionase á
doce de sus individuos para este objeto. La Asam-
blea, que veia una especie de debilidad en este
paso, no quería acceder á darlo ; pero dijeron
que las comisiones lo creian ritil para evitar la
efusion de sangre. Salieron los doce individuos,
se presentaron á las tres secciones, y en breve se
deshicieron las filas por una y otra parte, y se
mezclaron. El hombre de poca cultura y de clase





441 REVOLUCION


inferior es sensible siempre á las amistosas de-
mostraciones del que es superior á él en trage,
produccion v maneras; asi fué que los soldados de
los tres batallones enemigos se calmaron, y decla-
raron que no querian derramar la sangre de sus
conciudadanos , ni faltar al respeto debido á la
Convencion nacional. Sin embargo, los alborotado-
res insistieron en que se oyese su peticion , y el
general Dul,ois, comandante de la caballería de
las secciones, y los doce representantes enviados
para apaciguar los ánimos, consintieron en introdu-
cir ea la barra una di putacioa de los tres batallones.


Presentóse esta. en efecto, y pidió la palabra
por los peticionarios. Quisieron negársela algunos
diputados, pero por fu se les concedió. «Estamos
«encargados de pediros, dijo el orador de la tropa,
«la constitucion de 93 y la libertad de los patrio-
tas.» Las tribunas al oír esto empezaron á silbar y
gritar: los jacobinos! El presidente impuso




- •


silencio á los alborotadores y continuó el orador
diciendo que los ciudadanos reunidos delante de la
Convencion se hallaban prontos á retirarse al se-
no de sus familias; pero que morirían antes que
.,abandonar su puesto si no se escuchaban las re-
clamaciones del pueblo. El presidente respondió
con firmeza á los peticionario<, que la Convencion
acababa de dar un decreto sobre la subsistencia é
iba á leerle, como así lo hizo, añadiendo que aque-
la examinarla sus proposiciones, y acordaria se-


gun su prudencia lo que debla resolver. Despues
les invitó con los honores de la sesion.


Durante aquel tiempo continuaban las tres sec-
ciones enemigas mezcladas con las otras. Les dije-
ron que habiaa recibido á sus peticionarios , que


FRANCESA.
445


se examinarian sus proposiciones, y que era pre-
ciso aguardar la decision de la Convencion. Eran
las once; los tres batallones se velan rodeados de
la inmensa ma yoría de los habitantes de la capital;
y como la llora era ya bastante adelantada, espe -
cialmente para los jornaleros, resolvieron retirarse
á sus arrabales.


No dió esta segunda tentativa mejor resultado
á los patriotas , que sin embargo siguieron reu-
nidos en los arrabales , conservando su actitud
hostil, y no desistiendo de la peticion que ha.
bian hecho. Desde el 3 por la mañana dió la Con-
vencion varios decretos que reclamaban las cir-
cunstancias , y para mas unidad y energía en el
uso de estos medios, confió la direccion de la fuer-
za armada á tres representantes, Gilet-, Aubry y
Delmm, autorizándoles para valerse de las armas.
con el fin de asegurar la tranquilidad pública, cas-
tigando con seis meses de prision á todo el que to T


-case el tambor sin órdea, y con la pena de muer-
te al que tocase generala sin estar autorizado al
efecto por los representantes del pueblo. Mandó
se formase una coinision militar que sentenciase y
aplicase el castigo inmediatamente á lodos los pri-
sioneros hechos á los rebeldes en la jornada de 1


.e
de pradial. Convirtió en decreto de acusacion el
de arresto espedido contra Duquesnoi , Duroi,
Bourgotte, Prieur del Marne , Roinme, Soubrany,
Goujon, Albitte mayor, Peissard, Lacarpentier,
de la Mancha, Pinet mayor, Borle y Fayau, resol-
viendo lo mismo respe..to á los diputados arresta-
dos el 12 y 46 de germinal, y mandando á sus co-
misiones presentar un iuforme respecto al tribunal
que debla juzgar á unos y otros.




446 IIEVOLUCION
Dieronse mucha prisa los tres representantes


para reunir en Paris las tropas que andaban por
los al rededores con el fin de proteger la llegada
de los granos; hicieron quedar sobre las armas á
las secciones que defendian á la Convencion, y se
valieron de multitud de jóvenes que no habian
abandonado las comisiones, mientras duró la in--
surreccion. La comision militar empezó á eger-
cer su cargo el mismo dia; y el primero á quien.
juzgó fue al asesino de Fe:eaud, preso el dia antes,
condenándole a. muerte , y disponiendo su ejecu-
cion para el mismo dia. 3 por la tarde. En efecto,


pse condujo al reo al cadalso; ero los patriotas lo
supieron, y algunos de los mas osados que se ha -
bian reunido al rededor del suplicio , asaltaron
aquel sitio, dispersaron los gendarmes , libraron
al


sentenciado y le condujeron al arrabal. En aque-
lla misma noche convocaron á todos los patriotas
residentes en Paris, y se prepararon á hacerse fuer-
tes en el arrabal de San Antonio. Pusieronse so-
bre las armas, asestaron sus cañones hacia la pla-
za


de la Bastilla, y esperaron asi las consecuencias Á,
de su atrevida empresa.


Apenas se supo en la Convencion aquel acon-
tecimiento, salió un decreto mandando que se in-
timase al arrabal de San Antonio la entrega del
reo, y la de sus armas y cañones; y que en Caso de
negativa, fuese bombardeado. En efecto la fuerza
que se hacia va reunido, perrnitia á la Convencion
el uso de Un lenguage mas imperioso. Los tres
representantes pudieron reunir tres ó cuatro mil
hombres de tropas de linea , tenian mas de vein-
te mil de las secciones armadas , á quienes da-
ba un impulso de valor el miedo de ver renacer


PRANCESA.
447


el terror, y finalmentela tropa adicta de los jóvenes.
Confiaron desde luego al general Menou el mando
de estas fuerzas reunidas , que se prepararon á
marchar contra el arrabal. El mismo dia , 4 de
radial (23 de mayo) , mientras se adelantaban los
representantes , quiso la juventud dorada hacer
una valentonada, y se dirigió la primera hacia el
arrabal de San Antonio. Componian esta tropa te-
meraria mil ó mil doscientos individuos , á quie-
nes dejaron penetrar los patriotas sin oponerles
resistencia , cercándoles luego por todas partes.
En breve divisaron á su espalda los temibles bata-
llones del arrabal, vieron en las ventanas infinidad
de mugeres furiosas, dispuestas á descargar sobre
ellos una nube de pedradas, y creyeron que iba á
costarles cara su imprudente confianza. felizmen-
te se acercaba la fuerza armada , y no queriendo
por otra parte los habitantes del arrabal que mu-
riesen, les dejaron salir de su barrio, despues de
haber castigado á algunos. Al mismo tiempo avan-
zaba el general Menou con veinte mil hombres , y
tomó todas las avenidas del arrabal , y especial-
mente las que comunicaban con las secciones pa-
triotas. Hizo disparar los cañones, é intimó la ren-
dicion. Se presentó una diputacion á recibir su.
ultimatum , que consistia en exigir la entrega de
las armas y del asesino de Fereaud. Los fabrican-
tes v .


vecinos pacíficos y ricos del arrabal temieron
un bombardeo, v se apresuraron á usar de su in-
fluencia con el pu*"


eblo, decidiendo al fin á las tres
secciones á entregar sus armas. En efecto las de
Popincourt, de los Trescientos y de Montreuil, pre-
sentaron sus cañones y prometieron buscar al reo
que !labia sido trasportado. El general Menou vol-




4-18 REVOLUCION


vió triunfante con los cañones del arrabal, desde
cuyo momento la Convencion nada tuvo que temer
al partido patriota. Humillado para siempre, solo
figura en adelante para sufrir venganzas.


Inmediatamente principió la comision militar
á juzgar á todos los prisioneros de que rabian podi-
do apoderarse, y condenó á muerte á los gendar-
mes que se hablan unido con los rebeldes , y á los
jornaleros, comerciantes, é individuos de las jun-
tas revolucionarias, cogidos en fragante el 1. de
germinal. En todas las secciones se dió principio
al desarme de los patriotas y á. la prision de los in-
dividuos mas marcados ; y como no bastaba un
dia para esta operacion, seacordó que fuesen per-
manentes las secciones, para que la continuasen.


Mas no era solo en Paris donde se ponia
prueba la desesperacion de los patriotas, sino
tambien en el Mediodía por acontecimientos no
menos tristes. Ya dijimos corno se hablan refu-
giado en Tolon en número destete á ocho mil hom-
bres, como cercaron varias veces á los represen-
tantes , les arrancaron los presos acusados como
emigrados, y procuraron seducir álos trabajadores
del arsenal, á la guaruicion y á la tripulacion de
los navics. La escuadra se preparaba para darse á
la vela, mas ellos querían estorbárselo ; las tripu-
laciones que hablan llegado de Brest, y reunido-
se á la division de Tolon para la espedicion que
se intentaba, les eran enteramente contrarias, pero
podian contar con la marina perteneciente al puer•
te de Tolon. Eligieron para sus movimientos las
mismas épocas que los patriotas de Paris con cor -
ta diferencia, y se acusaba de oculto director de
aquella gente al representante de Charbonnier,


priANcEsA.
449


que 'labia pedido licencia. Se amotinaron el 23 de
floreal (14 de mayo), se dirigieron al Ayuntamien-
to de Souliés, se apoderaron de quince emigrados
que estaban presos, y volvieron triunfantes á To-lon, consintiendo sin embargo en entregarlos á los
representantes. Pero al siguiente dia se subleva-
ron de nuevo, alborotaron á los trabajadores del
arsenal , se apoderaron de las armas que en él ha-
bia, y acudieron al representante 13runel para que
mandase poner en libertad á los patriotas. Llegó
el representante Nion que estaba en la escuadra:
pero la sedicion había triunfado. Viéronse ambos
representantes obligados á firmar la Orden de li-
bertad de los patriotas, por lo cual Brunei, deses-
perado de haber cedido, se suicidó de un pistole-
tazo, y Nion se refugió á la escuadra. Los alboro-
tadores pensaron entonces en dirigirse á Marsella,
para sublevar, segun decian, todo el Mediodía; pe-
ro los representantes comisionados en este punto,
colocaron una compañía de artillería en el camino
y tomaron las precauciones suficientes á impedirla
ejecucion de sus proyectos. El


.1. 0
de pradial se ha-


bían apoderado de Tolon, sin poder á la verdad es-
tenderse mas, yprocuraban ganarse á la marina de
la escuadra, parte de la cual resistía, mientras los
restantes, que eran marinos provenzales , estaban
al parecer resueltos á unirse con ellos.


Dióse cuenta de estos sucesos en la Conven-
cion el 8 de pradial, y no podian menos de escitar
nuevo furor contra los montañeses y patriotas. Se
dijo que los acontecimientos de Tolon y París se
daban la mano ; acusaron á los diputados monta-
ñeses de ser sus ocultos promovedores, y se irri-
taron nuevamente contra ellos. Ordenóse inmedia •


Biblioteca Popular.
T. IV. 498




450 REVOLUCION


Lamente prender á Charbonnier, Escudier, Ricord
Salieetki, acusados los cuatro de sublevadores


del Mediodia. Los diputados acusados el 1. 0 de
pradial, cu y os jueces no se }labial) aun elegido, se
vieron espuestos á mayor severidad. Sin puside-
nein alguna á su carácter de representantes del
pueblo , les entregaron á la comision militar en-
cargada de juzgara los autorescómplices de la
iusurreccion del 1.° pradial. 'Solo se esceptuó
al anciano Rhul, cuya cordura y virtudes atesti-
olnron mudIOS individuos; pero remitieron al tri-bunal de Eura-y-Luir al cs.-corregidor Pache,
su yerno Audouin, al antiguo ministro Bouchotte,á sus compañeros Daubigny y Ilassenfratz, v fi
nalmente a los tres agentes principales de la"poli-
cia de Rohespierre, Heron, Marchand y Clemeace.
Parecia que la deportacion pronunciada contra Vi,
Ilaud, Collot y Barrere, habia adluirido fuerza de
cosa ¡uzgab, pero no era asi. En aquellos terri-bles dia.s se halló demasiado suave su castigo y
se decidió. que era preciso juzgarlos de nuevo ed-
viandotes ante el tribunal del Charenta inferior pa-
ra hacerles sufrir la muerte preparada á todos los
corifeos revolucionarios . Hasta entonces parecia
haberse perdonado á los individuos que vedaban
de las antiguas secciones, pues los relevaltes ser,
vicies de Carnot, Roberto L i ndet y Prieur de la
Cóte d' Or, les habian defendido cdinra, sus ene-
migos. Los tres fueron acusados con frenético em-
peño por el girondino Enrique Lariviere. Roberto
.Lindet, aunque defendido por muchos individuos
que conejar' su mérito y susservicios, fue no obs-
tante sentenciado á prision. Cardot ha organizado
la victoria, esclwaron infinitas voces, y los furio-


FRANCESA.
451


sos reaccionarios no se atrevieron á sentenciar al
vencedor de la liga. De Prieur de la Cete d' Or
nada se dijo. Se arrestó á todos los individuos de
la antigua comision de seguridad general que no lo
estaban todavía, siéndolo tambien con Jagot, Elías
Lacoste, Lavicomterie , Dubarrau y Bernard deSaiutes, David á quien habian absuelto por adini-
racion de su genio. Solo se esceptuó á Louis del
bajo Rin, cuya humanidad era muy conocida ,
por último se pidió inmediatamente el informe
mandado presentar contra todos los que habian
desempeñado comisiones, y eran llamados los pro-
cónsules. Se empezó á proceder contra Artigoyte,
Mallarme, Javognes, Sergent, Monestier, Lejeuue,
Altar, Lacoste y Baudot , preparándose á pasar
revista succesivamente á todos aquellos á quienes
se (labia dado alguna comision. De modo que no
se perdonaba á ninguno de los gefes de aquel go-
bierno que habia salvado la Francia ; y sufrian laley COMUll, tanto los individuos de las comisiones,
COMO los diputados encargados. Solo se perdona-•
ba á Carnot, que por estimacion á, los ejércitos, se
guardaba con él esta consideracion , pero se en-
causaba á Lindet, ciudadano n.o menos útil y mas
generoso, á quien no defendian sus victorias de la
cobardía de los reaccionarios.


No habia por cierto necesidad de tantos sacri-
ficios para vengar los males del jóven Fereaud:
bastaban los sensibles honores hechos á su memo-
ria, pues la Conveucion decretó en obsequio suyo
una sesion fúnebre. Vistiese el salon de negro, y
asistieron todos los representantes en trabe de ce-
remonia, pero enlutados Abrió la sesion una mú-
sica melodiosa y lúgubre, y Louvet pronunció ea




452 REVOLUCIOY
seguida el elogio del jóven representante, tan fiel,
tan valiente, y arrebatado tan pronto á su patria.
Se votó erigir un monumento para inmortalizar su
beroismo, y se aprovechó esta ()casinu para orde-
nar se hiciese una tiesta en conmemo rado°. de los
girondinos. Nada era mas justo , pues unas vic.ti-
mas tan ilustres , aunque hubiesen comprometido
á su pais, merecían estos honores ; pero bastaba
esparcir flores sonresus tumbas, y no regarlas con
sangre. Sin embargo, corrió á torrentes; pe nin-
gun partido es prudente en su venganza , n


ro
i aun


el que lleva la humanidad por divisa. Parecia en
efecto que no contenta aun con sus pérdidas, que-
ria la misma Convencion esperimentar otras nue-
vas. Los diputados acusados, llevados al principio
al castillo de Tureau, para evitar cualquiera ten-
tativa en su favor, fueron luego trasladado s á Pa-
ris, instruyéndose su causa con la mayor activi-
dad. El anciano Rhul, á quien únicamente se ha-
bia esceptuado del decreto de acusacio n , rdnoida


que-
riendo semejante perdon , y juzgando pe la
libertad, se dió muerte de unapuñala


palda. Conmo y
odre -


-idos por tan tristes escenas,


Lege n
Treron pidieron que los diputados encausados an-
te la comision, fuesen remitidos á sus jueces natu-
rales; pero Ro 1) er e, antiguo terrorista, que se ha-
bia convertido en furibundo realista , y Bourdon
del Oise, implacable , como hombre que habia te-
nido miedo, insistieron en el decreto , é hicieron
que se sostuviese.


Efectivamente, fueron
conducidos ate la con-


sion militar el dia 17 de junio, los referidos dipu-
tados, y á pesar de las mas escrupulosas investi-
gaciones, no se descubrió hecho alguno que pro-


FRANCESA. 453
base su secreta complicidad con los revoltosos.
Dificil era que so descubriese , porque no tenian
noticia del movimiento , ni siquiera se conocian
unos á otros; solo Bourgotte conocia áGoujon, por
haberse hallado en una comisiun en el ejército, v
lo único que se pudo probar fué que verificada
la asonada , habian querido sancionar algunos de
los deseos del pueblo; sin embargo, se les conde-
nó, porque una comision militar, á quien envía un
gobierno acusados de importancia. jamas se los
devuelve absueltos. Solo quedó libre Forestier,
,quien habían agregado á los domas , aunque ni
ama sola palabra habló durante la famosa sesion.
Pevssard, que solo dió un grito durante el comba-
te, fué condenado á destierro: pero Romine, Gou-
jon, Duquesnoi ,


Duroi , Bourbotte y Souhrany lo
fueron a muerte: Romme era un hombre sencillo
y severo; Goujon, jóven, Balan y dotado de bellas
prendas; Bourbotte, tan jóven como Goujon, unía
á un valor cstraordinario la educacion mas esme-
rada; Soubranv era un antiguo noble , sincero,
adicto a la causa de la revolucion. En cuanto se les
pronunció la sentencia , entregaron al escribano
.de su causa cartas, pliegos y retratos para sus fa-
milias. Les hicieron retirar despues para tenerlos
en una sala particular antes de conducirles al ca-
dalso; pero ellos juraron secretamente de no lle-
gar a él. Les quedaba únicamente un cuchillo y
unas Ligeras que habian ocultado entre los plie-
Pues de sus vestidos. Al bajar la escalera, se hie-


-


re Romme el primero, y temeroso de no acertarse
se da muchas puñaladas en el corazon, en el cue-
llo -y en el rostro. Entrega el cuchillo á Goujon,
.que con firme mano se da una puñalada mortal y




454 REVOLUCION
cae sin vida. El arma suicida pasa de las manosde
Goujon á las de Duquesnoi , Duroi , Bourbotte y
Soubranv. Los tres últimos tienen la desgracia de
no herirse de muerte y son llevados al cadalso cu-
biertos de sangre; Soubrany ; aunque desangrado
y sufriendo crueles dolores, conservaba sin em-
bargo la serenidad y gallarda presencia que siem-
pre le hahian hecho notable. Duroi estaba desespe-
rado por no haberse muerto: «Gozad , decia , go-
«zad de vuestro triunfo, realistas!» Bourbotte ha-
bia conservado toda la serenidad de la juven-
tud , y hablaba con calma imperturbable al pue-
blo. Cuando iba á recibir el golpe fatal víó que
no !labia subido la cuchilla, y debiendo hacerlo,
empleó este tiempo en proferir algunas palabras
todavía. Aseguraba que nadie moría con mas amor
á su patria, ni con mas decision por su bien y la
libertad. Flabia pocos espectadores á esta ejecu-
clon, pues habla pasado la época del fanatismo
politico , y no mataban va con aquel furor que
hacia insensibles los ánimos. Todos se conmovie-
ron al saber las circunstancias de este suplicio , y
los termidorianos sufrieron una vergüenza bien
merecida. Asi en aquella larga sucesion de ideas
contrarias. todos tuvieron sus victimas ; hasta las
ideas de clemencia, humanidad y reconciliacion,
sufrieron sus sacrificios, porque en las revolucio-
nes ninguna se halla sin mancha desangre humana>


De esta suerte quedó destruido el partido mon-
tañés, pues acababan tarnbien de ser vencidos los
patriotas de Tolon, viéndose despues de un com-
bate bastante sangriento sostenido en el camino de
Marsella, obligados á rendir las armas, y entregar
la plaza en que juzgaban tener su apoyo para su-


PRANCESA.
455


Merar la Francia No servían va, pues, de obstá-
culo; y como es de costumbre, cayeron con ellos
algunas de las instituciones revolucionarias. Quedó
definitivamente abolido el célebre tribunal, redu-
cido casi despues de la ley de 8 de nivoso á un
tribunal ordinario. Todos los acusados pasaron a
los tribunales criminales que les juzgaban segun
el procedimiento de 1791 , siéndolo únicamente
por el del 8 de nivoso los conspiradores que no
teuian apelacion ninguna. Suprimióse la palabra
revolucionario , aplicada á las instituciones y es-
tablecimientos; reorganizóse bajo el antiguo pié
la guardia nacional , siendo escluidos de ella los
trabajadores, criados , ciudadanos poco acomoda-
dos , finalmente el pueblo , y confiándose asi el
cuidado de la tranquilidad pública á la clase que
mas interés tenia en conservarla. En Paris quedó
á las órdenes de la junta militar la guardia nacio-
nal, organizada por batallones v brigadas, y man-
dada alternativamente por cada uno de los gefes
de estas. En fin, se concedió á b:s católicos la gra-
cia que mas deseaban, la restitucion de las igle-
sias , y se les devolvió con la condicion de que las.
sostuvieran á costa suya ; siendo esta una provi-
dencia , que aunque fuese efecto de la reaccion,
la apoyaron los hombres mas ilustrados. Parecia
ser la mas á propósito para sosegar á los católicos
que no creerían haber recobrado la libertad de su
culto, mientras no hubieran tenido sus antiguos
templos para celebrar en ellos sus ceremonias.


Las cuestiones mas urgentes y penosas eran las
relativas á hacienda, interrumpidas por los sucesos


pradial ; mas la Asamblea volvió á ocuparse de.
ellas apenas se restableció la tranquilidad, deere-




456 REvoLuctorr
tando de nuevo que no habria mas que una clase
de pan, para quitar al pueblo la ocasion de censurar
el regalo de los ricos, mandando se hiciesen aco-
pios de granos para asegurar lo superfluo de cada
provincia en los abastos de los ejercitos y de los
grandes distritos , y discutiendo el decreto que
permitia el libre comercio del oro y de la plata.
Véase como la penuria de las circunstancias la
habla hecho adoptar algunas de las providencias
revolucionarias, en cuya oposicion se habla mos-
trado tan obstinada. El agiotage Babia llegado á
ser escandaloso , y ya no 'labia panaderos , tende-
ros, ni longistas con licencia: todo el inundo com-
praba y vendía pan, carne, comestibles y combus-
tibles. Los graneros y almacenes se hallaban llenos
de géneros en que especulaba todo el mundo. En
el Palacio Real se vendía pan blanco á veinte y
cinco ó treinta francos la libra. Los revendedores
se precipitaban en los mercados, y compraban las
frutas y legumbres que L'ahí!) los hortelanos, para
hacerlas subir de precio inmediatamente. Iban á
ajustar con anticipacion la cosecha aun sin granar,
ó los rebaños, para especular en seguida en el
aumento de los precios. La Convencion prohibió á
los revendedores que se presentasen en los merca-
dos hasta cierta hora , y se vió obligada á decretar
que solo pudiesen comprar ganados los carniceros
de gremio, y que no pudieran ajustarse los frutos
antes de la cosecha. Todo andaba de este modo
revuelto, y hasta los mas enemigos de especulacio-
nes de comercio estaban acechando la menor va-
riacion en los asignados para cargar á otro la pér-
dida y aprovecharse ellos de lo que mas valía en
mercancías ó en géneros.


FRANCESA. 457
Ya hemos visto que entre los dos proyectos , el


de,reducir el asignado al curso , ó el de cobrar en
efectivo los impuestos , habla preferido la Conven-
cion el que consistia en vender los bienes naciona-
les sin subasta , y triplicando el valor de 1790; lo
cual era, como hemos notado , el único medio de
venderlos , porque la subasta hacia subir siempre
los bienes á proporcion de la baja del asignado, es
decir, á un precio que no podia pagar el público,
Publicada la ley , fue estraordinaria la concurren-
cia luego que supieron que bastaba presentarse el
primero para no pagar los bienes mas que con el
valor triplicado de 1790 en asignados. Para algunas
fincas llegaron á muchos centenares los licitado-
res, pues en Charenton hubo trescientos sesenta
para una quinta perteneciente á los padres de la
Merced , y para otra hubo hasta quinientos. Esta-
ban llenas las posadas de los distritos, porque cual-
quiera que tenia poca fortuna, pero que poseia por
algun tiempo algunas sumas de asignados, se apre-
suraba á solicitar alguna tinca; v como no teniaa
que pagar al contado si no una s'esta parte , y lo
denlas al cabo de algunos meses , compraban con
ínfimas sumas considerables bienes , que se ven-
dian despues con beneficio á los que se hablan.
descuidado mas. Gracias á esta precipitacion, fue-
ron confundidos entre los bienes nacionales algu-
nos dominios de que no tenian noticia las adminis-
traciones. El plan de Bou rdon del Oise tenia, pues,
un completo éxito , pudiendo esperarse que en
breve se venderla gran parte de los bienes, y que
los asignados, ó se retirarian ó suhirian. Es verdad
que la república en estas ventas, á calcularlas nu-
méricamente , sufria considerables pérdidas. La




458 REVOLUCION


tasacion de 1790, fundada en los productos aparen-
tes, era por lo comun inexacta, porque los bienes
del clero y los de la órden de Malta estaban arren-
dados á intimo precio , pagando los arrendadores
en vino el esceso del tanto , que á veces era cuá-
druplo del del arriendo. Una tierra arrendada en
mil francos, daba en realidad cuatro mil : segun la
tasacion de 1790, esta tierra valia veinte y cinco
mil francos, y debia pagarse por ella setenta y cinco
mil en asignados, que en realidad solo valían siete
mil quinientos francos. En lionfleur iban á ven-
derse por veinte y dos mil quinientas libras los
almacenes de sal, cu ya construccion Babia costado
mas de cuatrocientas mil; de modo que segun este
cálculo , la pérdida era grande; mas habia que re-
signarse á ella, á no ser que se hiciese menos exi-
giendo el cuádruplo rí el quíntuplo del valor de
4790 , en vez de triplicarlo.


Rewbel y una porcion de diputados no com-
prendieron esto , y no vieron mas que la pérdida
aparente. Pretendieron que se desperdiciaban los
tesoros de la república, y se la privaba de sus re-
cursos. Alzaron el grito en todas partes, uniéndose
para hacer que se suspendiese el decreto los que
no entendian la cuestion, y los que veian con sen-
timiento Oesaparecer los bienes de los emigrados.
Defendieron con calor el proyecto Balland y Bour-
don del Oise , mas no supieron dar la razon esen-
cial de que no porfia pedirse por los bienes , sino
lo que podian pagar los compradores, y se conten-
taron con decir lo que era cierto, que la pérdida
numérica no era tan grande como parecia; que se-
tenta y cinco mil francos enasignados no valgan mas
que siete mil quinientos en efectivo, y que teniendo


FRANCESA. 459
el numerario doble valor que en otro tiempo , siete
mil 'quinientos francos eran lo mismo que quince
ó veinte mil en 4790. Dijeron que la pérdida actual
quedaba compensada con la ventaja que resultaba
de concluir cuanto antes aquella catástrofe de ha-
cienda, retirando ó haciendo subir los asignados,
concluyendo el agiotage en los géneros al atraer
el papel sobre las tierras, entregando desde luego
la multitud de bienes nacionales á la industria par-
ticular, y finalmente privando de toda esperanza á
los emigrados.


A pesar de esto se suspendió el decreto man-
dando á las administraciones que continuasen reci-
biendo las proposiciones, para que todos los bienes
nacionales fuesen declarados asi por el interés in-
dividual, y para formar de ellos un estado mas
exacto. Pocos dias despues se restableció de re-
pente el decreto , mandando que continuasen los
bienes, vendiéndose á subasta.


Asi, despues de haber acertado con el medio
de terminar la crisis, se abandonó y volvió á caer-
se en la espantosa penuria de que hubiera podido
salirse. Sin embargo , corno nada se hacia para
aumentar el valor de los asignados , no se pocha
permanecer en la cruel incertidumbre del valor
nominal que arruinaba á la república, y á los par-
ticulares que cobraban en papel. Era preciso vol-
ver á la proposicion hecha va de redu•r los asig-
nados: se haba desechado la de verificarlo al cur-
so del metálico, porque los ingleses, segun decían,
serian los que diesen leves al curso, puesto que
abundaban tanto de numerario ; no se hahia que-
rido reducirlos al del trigo, porque había aumen-
tado considerablemente el precio de los granos , y




460 REVOLUCION


se habia rehusado , tomando el tiempo por escala,
reducir cada mes el papel de cierto valor, porque
esto decian que era quitarle la calidad de moneda
y hacer bancarrota. Todas estas razones eran muy
frívolas, porque ya se tomase el metálico , ó el tri-
go, ó el tiempo como base para determinar la re-
duccion del papel, en todos los casos perdia la ca-
lidad de moneda; ni tampoco consistia la bancarro-
ta en reducir el valor del asignado entre particu-
lares, porque esta reduccion era ya un hecho, y el
reconocimiento equivalia á evitar los robos ; la
-verdadera bancarrota mas bien hubiera consistido
en el restablecimiento de la venta de los bienes
por subasta. En efecto, lo que la república !labia
prometido, no era que los asignados valiesen tal ó
tal suma entre particulares (que esto no dependia
de ella), sino que ellos proporcionasen una deter-
minada cantidad de bienes ; pues estableciendo la
subasta, el asignado no proporcionaba ya esa can-
tidad , era inútil respecto á los bienes como á los
géneros, y sufria la misma baja por efecto de la
concurrencia.


Estúvose discurriendo otra medida que reduje-
se el asignado mejor que la plata, el trigo ó el tiem-
po, y al lin se eligió la cantidad de las emisiones.
Es principio cierto que el aumento del metálico en
circulacion hace aumentar proporcionalmente el
precio de todos los objetos ; si uno habla valido
un franco cuando habia dos mil millones de metá-
lico en circulacion debla valer dos francos cuando
hubiese cuatro mil millones, tres cuando hubiese
seis mil, cuatro cuando ocho, y cinco cuando exis-
tiesen diez. Suponiendo que la circulacion actual
de los asignados ascendiese á diez mil millones,


FRANCESA.
461


era necesario pagar hoy cinco veces mas que
cuando solo !labia dos mil. Se estableció una es-
cala de proporcion desde la época en que solo 'la-
bia dos mil millones de asignados en circulacion,
y se decidió que en todo pago hecho en asignados,
se añadiese una cuarta parte en sueldos por cada
quinientos millones agregados á la circulacion. Asi
una suma de dos mil francos , estipulada cuando
habla dos mil millones en circulacion , se pagaría
existiendo dos milquinientos millones, en dos
mil quinientos franco's ; en tres mil , cuando hu-
biese tres mil millones; y finalmente á la sazon en
que habia diez mil millones, equivaldría á diez mil
francos.


Mas tampoco decian estar muy tranquilos con
esta medida los que miraban como una bancarrota
esta pérdida de la calidad de moneda, porque en
lugar de guardarse proporcion con la plata, el tri-
go ó el tiempo, se entorpecia enteramente su curso
en proporcion de las emisiones, la cual equivalía á
lo mismo y tenia un inconveniente mas. Gracias á.
la nueva escala , cada emision iba á disminuir en
una cantidad determinada y conocida el valor del
asignado. Emitiendo quinientos millones , el esta-
do iba á privar al poseedor del asignado de una
cuarta, quinta , sesta parte, &c. de lo que poseia.


Sin embargo, esta escala que tenia sus incon-
venientes como todas las demas reducciones al
curso del metálico ó el trigo, hubiera debido apli-
carse á lo menos á todos los tratos ; pero no se
atrevieron á hacerlo y se le aplicó desde luego á
los impuestos y sus atrasos. Se prometió aplicarla
á los funcionarios públicos cuando se hubiese redu-
cido su número, y á los rentistas del estado cuan-




462 REVOLUCION
do las primeras entradas de impuestos, segun la
nueva escala, permitiesen pagarlo del mismo mo-
do. No se atrevieron á hacer que se aprovechasen
de la escala los acreedores de toda especie , los
propietarios de edificios rústicos ó urbanos, los de
ingenios, &c.; pues solo hubiera favorecido á los
dueños de fincas territoriales. Ganando los arren-
dadores escesivamente sobre los géneros, y 40
pagando por medio de los asignados mas que la
décima ó dozava parte del precio de su arriendo,
se les obligó tambien á pagar su tanto segun la
nueva escala. Debian entregar una cantidad de
asignados proporcionada á la emitida , desde que
venció el plazo de su ajuste.


A esto quedaron reducidos los medios por los
cuales se trató de disminuir el agiotage, haciendo ce-
sar el dcsórden de los valores. Consistieron, como
se vé, en prohibir á los especuladores que se ade-
lantasea álos consumidores en la compra de comes-
tibles v géneros, y en proporcional' los pagos en
asignados á la cantidad de papel en circula.cion.


Habla principiado la ruina de los patriotas coa
la espulsion de los jacobinos en brumario, los acon-
tecimientos del 12 de germinal la aceleraron, y los
de pradial la concluyeron. Los ciudadanos contra-
rios suyos, no por ser realistas, sino por temor á
un nuevo terror, estaban mas furiosos que nunca,
y les perseguian con rigor estreno. Se encerraba
y desarmaba á cuantos hablan servido coa entusias-
mo á la revolucion, y se egercia respecto á ellos
actos tan arbitrarios como con los antiguos sospe-
chosos. Las prisiones estaban llenas, como antes
del 9 de termidor, pero llenas de revolucionarios;
y aunque su número no ascendia como entonces a


ReANCESA. 463
cerca de cien mil individuos, llegaba sin embargo
á veinte ó veinte y cinco mil; triunfaban, pues, los
realistas. El desarme ó prision de los patriotas, el
suplicio de los diputados montañeses, las sumarias
principiadas contra otros muchos, la supresiou del
tribunal revolucionario, la restitucion de las igle-
sias al culto católico, y la reforma de los guardias
nacionales, eran otras tantas medidas que les llena-
ban de regocijo y esperanza. Se lisongeaban de
que en breve obligarian á la revolucion á des-
truirse á sí misma, v que se verla cómo la repú-
blica encarcelaba ó llevaba al cadalso á todos sus
fundadores. Para acelerar este movimiento, intri-
gaban en las secciones, las escitaban contra los
revolucionarios y les sugerian los mayores atenta-
dos. Se internaban infinidad de emigrados, ó con
pasaportes falsos, ó con pretesto de pedir la canee-
lacion de sus causas. Las administraciones loca-
les, renovadas despues del 9 de termidor y ocupa-
das por hombres débiles ó enemigos de la repúbli-
ca, se prestaban á todas las falsedades que ei-
gian de ellos, pues les parecia ser permitido todo
cuanto se dirigia á suavizar la suerte de los que
llamaban víctimas del terror, proporcionando asi
á una multitud de enemigos de su patria el medio
de volver á ella para alterarla. Los agentes rea-
listaaiban apareciendo ea Lyon y en todo el Medio-
dia, cometiendo nuevas atrocidades las compañías
de Jesus y del Sol. En vano se habían repartido á
la guardia nacional de Lvon diez mil fusiles des-
tina.dos al ejército de los Mpes; no se sirvieron de
ellos, y dejaron acuchillar el 25 de pradial (13 de
junio) á una multitud de patriotas. El Saona y el
Ródano fueron nuevamente sepulcro de los cada-




e4.0 REVOLUCIONveres, y los mismos asesinatos se efectuaron en
Nimes, Aviñon y Marsella, en cuya última ciudad,
dirigiéndose al fuerte de San Juan, renovaron
contra los prisioneros los horrores de setiembre.


Al paso que el partido dominante de la Con-
vencion, compuesto de los termidorianos y giron-
dinos, se defendia contra los revolucionarios, no
perdia de vista á los realistas, y concia cuán ne-
cesario era refrenarlos. Decretó inmediatamente
que desarmase un destacamento del ejercito de
los Alpes á la ciudad de Lyon, y que quedasen de-
puestas las autoridades que habían permitido los
asesinatos de los patriotas. Se mandó tambien á
las juntas civiles de las secciones que examinasen
las listas de los presos, y diesen libertad á los que
lo estaban sin suficiente causa. Sublevaronse al
punto las secciones incitadas por los intrigantes
realistas, y dirigieron peticiones amenazadoras á
la Convencion, diciendo que la comision de segu-
ridad general daba libertad á los terroristas, y les
devolvía las armas. Las secciones de Lepelletier y
del Teatro francés (Odeon) siempre las mas furiosas
contra los revolucionarios, preguntaron si se que-
ria restablecer la faccion abatida, y si se hablaba
de monarquía en Francia para hacer olvidar el
terrorismo.


A estas representaciones, generalmente muy
poco respetuosas, añadian los interesados en el de-
sórden los rumores mas á próposito para alterar
los ánimos, diciendo unas veces que Tolon se ha-
bia vuelto á entregar á los ingleses, mientras el
príncipe de Conde y los austriacos iban á entrar
por el Franco Condado y los ingleses por el Oeste:
que habia muerto Pichegrú; que iban á faltar en-


FRANCESA.
465


teramente las subsistencias porque se trataba de
hacer el comercio libre, y finalmente, que una
junta de las comisiones intimidada por los peligros
públicos, había resuelto ya restablecer el sistema
del terror. Los periódicos afectos á los realistas
escitaban y fomentaban todos estos rumores, y en
medio de tan general agitacion se podía decir con
verdad que Babia llegado el tiempo de la anar-
quía. Pero se engañaban muchos los termidoria-
nos v contra-revolucionarios cuando daban el nom-
bre de anarquía al régimen precedente, pues no
fue sino una espantosa dictadura, y solo principió
la anarquía cuando luchaban dos facciones casi
iguales en 'berza, sin que el gobierno fuese bas-
tante poderoso para vencerlas.


Bibliotecapoputer
T . IV. 499




CXP1TIJLO X.


Situacion de los ejércitos en el "Norte, en el Rin, en los Alpes y en
los Pirineos á mediados del año D.J.—Primeros proveetos de la
traicion de Pichegrú. Estado de la Vendee y la Bretaña. Intrigas
v planes de los realistas.—Reno vac ion de las hostilidades en al-
gunos puntos de los paises ya pacificados.—Espedicion de Qui-
beron. Destruceion de el ejército realista por noche. Causas
del poco éxito que tuvo aquella tentativa.—Paz con España.—
Paso delRin por losejereitos franceses,


Muy poco habla variado la situacion de los ejér-
citos, y a pesar de haberse pasado va la mitad del
verano no 'labia ocurrido suceso alguno importan-
te. Atoreau recibió el mando del ejército del Norte
acampado en Holanda; Jourdan el del Sombre
Mosa, situado en elRin hacia Colonia, y Pichegril
el del Rin, acantonado desde Maguncia basta Stras-
burgo. llallabanse las tropas en una escasez que
se habia aumentado mas con la debilidad de los
resortes del gobierno y ruina del papel moneda.
Jourdan no tenia un ponton parapasar el Rin, ni un
caballo que llevase su artillería y bagajes. Kleber,
que sitiaba á Maguncia, no tenia la cuarta parte
de los materiales necesarios Los soldados se de-
sertaban todos al interior; pues la may or parte
creian haber hecho bastante por la república, lle-


FRANCESA. 467
vando sus victoriosas banderas hasta el Rin. El
gobierno no sabia proveerlos, ni emplear ó avivar
su ardor con grandes operaciones: tampoco se
atrevia á emplear la fuerza para que volviesen á
sus filas los desertores. Se sabia que á los jóvenes
de la primera quinta que habian penetrado en el
interior. ni se les buscaba ni se les castigaba; en
Paris mismo se hallaban favorecidos por las comi-
siones, cuya milicia voluntaria comunmente com-
punjan. Era, pues, considerable el número de de-
sertores; los ejércitos habian perdido la cuarta
parte de su fuerza, y donde quiera se notaba aquet
desaliento general que hace dejar al soldado el
servicio descontentando a los gefes, v poniendo en
riesgo su fidelidad. El diputado Auhry, encargado
en la comision de salvacion pública del personal
del ejército, habla hecho una verdadera reaccion
contra todos los oficiales patriotas, y en favor de
los que no habian servido en los dos grandes años
de 93 y 94.


Si los austriacos no hubieran estado entonces
tan desmoralizados, esta era la ocasion en que ha-
hrian podido vengarse de sus pérdidas ; pero se
rehacian muy lentamente al otro lado delRin, y no
se atrevian a impedir las dos únicas operaciones
intentadas por los ejércitos franceses, el sitio de
Luxemburgo y el de Maguncia. Eran estas dos
plazas los Únicos puntos que conservaba la lira en


n


la orilla izquierda del Rin : la toma de Luxemlur–
c,o concluia la conquista de los Paises-Bajos, ha–
ciéndola definitiva; y la de Maguncia privaba á
los imperiales de una cabeza de puente que les fa-
cilitaba hacer el paso del Rin con seguridad. Lu-
xemburgo, bloqueado durante todo el invierno y la




468 REVOLUCION FRANCESA. 469
primavera, se rindió por hambre el 6 de mesidor
(24 de junio). Maguncia no podia entregarse sino
por sitio, pero faltaban los materiales; era menes-
ter atacar la plaza por ambas orillas, y para esto
se necesitaba que atravesasen el Rin Jourdan ó
Pichegrú, operacion dificil á la vista de los aus-
triacos, é imposible sin pontones. De modo que
nuestros ejércitos, aunque vencedores, se hallaban
paralizados por el Rin que no podian atravesar,
faltándoles recursos y resintiéndose como todas las
partes del gobierno de la debilidad de la actual
administracion.


Todavía era menos satisfactoria nuestra situa-
cion en la frontera de los Alpes, porque á lo menos
en el Rin habíamos logrado la importante toma de
Luxemburgo, mientras perdimos terreno por la
frontera de Italia. Mandaba Kellerrnann los dos
ejércitos de los Alpes, que se hallaban en el mis-
mo estado que los demas, y reducidos ademas de
la desercion, por haberse sacado de ellos algunos
destacamentos. El gobierno ideó una ridícula in-
tentona contra Roma. Queriendo vengar el asesi-
nato de Basseville, envió diez mil hombres á la
escuadra de Tolon, repuesta enteramente por el
cuidado de la antigua junta de salvacion pública,
y trataba de enviarlos ala embocadura del Tiber
para imponer una contribucion á la ciudad ponti-
ficia, volviéndose luego inmediatamente á sus na-
víos. Por fortuna malogró este proyecto un com-
bate naval que se dió contra lord Ilotam, de cu-
yas resultas hubieron de retirarse ambas escua-
dras, igualmente maltratadas. Devolvióse al ejér-
cito de Italia !a division que se le habla quitada,
pero ué preciso al mismo tiempo enviar á Tolon


un cuerpo que combatiese á los terroristas, y otro
á Lyon para desarmar la guardia nacional que ha-
bia'cousentido los asesinatos de los patriotas. Asi
era que los dos ejércitos de los Alpes se hallaban
privados de parte de sus fuerzas á la vista de los
piamouteses v austriacos, reforzados con diez mil
hombres clue'llegaron del Tyrol. Aprovechando el
general Devfns la coyuntura de haber enviado
Kellermano una de sus divisiones á Tolon, atacó á
su ala derecha hacia Génova; mas no pudiendo
resistir á fuerzas superiores, se vió obligado á re-
plegarse. Siguiendo siempre con su centro en el
collado de Tenda sobre los Alpes, dejó de esten-
derse por la derecha basta Génova, y tomó posi-
cion detras de la línea de Borghetto. Era de temer
que en breve no hubiesecomunicacion con Génova,
cuyo comercio en granos iba á sufrir grandes difi-
cultades, asi que ocupase el enemigo la orilla de
poniente.


Tampoco se hala hecho nada decisivo en Es-
!hiña. Nuestro ejército de los Pirineos orientales
ocupaba constantemente la Cataluña hasta las ori-
llas del Fluvia, en las que se hahian sostenido inú-
tiles combates, sin poder adelantar un paso. En los
Pirineos occidentales organizaba Moncey su ejér-
cito, desmembrado por las enfermedades, para en-
trar en Guipúzcoa, y dirigirse hacia Navarra.


Aunque nada habiau perdido nuestros ejércitos
sino en la parte de Italia, y aunque hablan con-
quistado una de las primeras plazas de Europa, se
hallaban, como hemos visto, mal administrados,
conducidos débilmente, y resintiéndose de la ge-
neral anarquía que reinaba en todos los ramos de
.1a administracion.




470 REVOLOCION


Era, pues, aquel el momento favorable sino
para vencerlos, porque el peligro hubiera renova-
do en ellos su energía, á lo menos para poner á
prueba su lealtad é intentar proyectos de contra-re-
y olucion. Hemos visto á los realistas y gabinetes
estrangeros ti atar de varias empresas sobre las pro-
vincias rebeldes; á Puisaye y la Inglaterra medi-
tar un plan para bajar á Bretaña, y á la agencia de
Paris y España proyectar una espedicion á la Ven-
dée. mismo tiempo ideaba la emigracion pene-
trar en Francia por otro punto, intentando acome-
ternos por el Este, mientras se efectuaban por la
parte opuesta las espediciones de España é Ingla-
terra. El príncipe de Conde tenia su cuartel gene-
ral en el Rin, donde mandaba un cuerpo de dos
mil quinientos infantes y mil quinientos caballos.
Debia prescribirse á todos los emigrados que via-
jaban por el continente su reunion a él, so pena de
no consentirles las potencias en su territorio, y de
esta manera se reforzaba su cuerpo con los emi-
grados que eran ya inútiles, y dejando á los aus-
triacos, ocupados en contener á les ejércitos repu-
blicanos que estaban hacia el Rin, procuraria pe-
netrar por el Franco Condado y marchar contra Pa-
ris, mientras el conde de Artois le daba la mano
con los rebeldes del Oeste. Sí la empresa se malo
graba, se tenia esperanza de obtener á lo menos
una capitulacion como la de los vendeanos, pues
las mismas razones teniau para pedirla, «Nosotros
«somos, dirian los emigrados de esta espedicion,
«franceses que hemos recurrido á la guerra civil,
«pero en Francia, y sin mezclarnos con los estran-
«gcros.» Este era, decian los partidarios de tal pro-
yecto, el único medio de que entrasen en Francia


BANCESA. 471


los emigrados, bien por la contra-revolucion, bien
por una amnistía.


El gobierno inglés, que habla tomado á su
sueldo la division de Conde, y que deseaba mucho
una tentativa hacia el Este , mientras el obraba por
el Oeste, insistia en que aquel príncipe hiciese un
esfuerzo, cualquiera que fuese, y le prometía por
medio de su embajador en Suiza, Wickarn , ausi-
lios de dinero y los medios necesarios para formar
nuevos regimientos. El intrépido principesolo pedia
tener empresa que intentar; pues si bien era inca-
paz de dirigir un asunto ó una batalla, se hallaba
dispuesto a marchar con los ojos cerrados al peli-
gro apenas se le indicase.


Se le sugirió la idea de que intentase seducir
Picliegrii gefe del ejército del Rin. La terrible,


comision ele salvacion publica, no intimidaba ya
á los generales, ni les acechaba para descargar la•mano gener l


ellos. La república pagaba á sus oficia-
les en asignados, dándoles apenas con que cubrir
sus mas urgentes necesidades: los desórdenes que
en su seno ocurrian, hacian dudar de su existen-
cia, y alarmaban á los ambiciosos que temian per-
der en su ruina los puestos adquiridos. Era sabido
que Pichegrú amaba las mugeres y la disolucion;
que los cuatro mil francos que recibía mensual-
mente en asi g nados, apenas valían veinte en la
frontera, con lo que no tenia bastante, v se halla-
ba disgustado de servir á un gobierno 'vacilante.
Se tenia presente que en germinal había cargado de
firme contra los patriotas en los Campos Elíseos;
y todas estas circunstancias dieron motivo á pensar
que Pichegrn se dejaria seducir tal vez por brillan-
tes ofertas. Por consiguiente se dirigió el príncipe




172 REVOLUCION
para la ejecucion de este proyecto á M. de Mont-
Gaillard , y este á un librero de Neuchatel, M Fau-
che-Borel, que súbdito de una república cuerda y
dichosa, iba á convertirse en oscuro servidor de
una dinastía bajo la cual no había nacido. El mismo
Fauche-Borel, pasó á AltLirch, donde se hallaba
el cuartel general de Piehegrú. Despues de haberle
seguido en muchas revistas, conclu yó por llamar
su atencion á fuerza de andar siempre tras él, y al
lin se atrevió á hablarle en un corrector, diciéndole
que queda dedicarle un manuscrito; hasta que ha-
biendo Pichegrú escindo en cierto modo su con-
fianza, empezó á esplicarse. Pichegrú le pidió una
carta del mismo príncipe de Conde para saber con
quien trataba; y Fauche-Borel acudió á M. de
Mont -Gaillard, y este al príncipe. Hubo de pasar-
se una noche entera para hacerle escribir á. este
una carta de ocho líneas, pues unas veces no que-
ría calificar de general á Piehegrú, por no recono-
cer la república, y otras no queda poner su sello
en el sobre. Escrita por fin la carta, volvió Fauche-
Borel á, Pichegrú, que viendo la letra del príncipe,
empezó desde luego sus conferencias. Se le ofreció
el grado de mariscal de entupo, el gobierno de la
Alsacia, un millon en dinero, la quinta y parque de
Chambord en propiedad, con doce piezas de artille-
ría tomadas á los austriacos, y una pension de dos-
cientos mil francos de renta, que seria trasmisible
á su muger é hijos. Le ofrecian para su ejército con-
servar todos los grados, una pension para los co-
mandantes de plaza que se entregasen , y la esen-
cion del impuesto durante quince años á favor de
las ciudades que abriesen sus puertas; pero se so-
licitaba que Pichegrú enarbolase la bandera blan-


FRANCESA. 473


ca, entregando la plaza de Huninga al príncipe de
Conde y marchando con él hacia Paris. Pichegrú
era muy astuto para aceptar semejantes proposi-
ciones, pues era obligarse y comprometerse dema-
siado entregar á Huninga y enarbolar en su ejér-
cito la bandera blanca. Pidió que se le dejase pasar
al otro lado del Rin con un cuerpo selecto, donde
prometia hacer lo que se deseaba, incorporarse al
príncipe de Conde y dirigirse en seguida contra Pa-
rís. No se comprende lo que pocha ganar con esto
su proyecto, porque tan dificil era seducir al ejér-
cito en una orilla como en otra del Rin; pero no cor-
ria el peligro de entregar una plaza, hallarse sor-
prendido al entregarla, y no tener ninguna causa
que dar á su traicion, por el contrario trasladándo-
se al otro lado del Rin, era aun dueño de no con-
sunur la traicion, si no se entendía con el príncipe
y los austriacos; ó si se le descubria demasiado
pronto, podía aprovecharse del paso obtenido para
ejecutar las operaciones que le mandaba su gobier-
no, y decir en seguida que no hacia escuchado las
proposiciones del enemigo, sino para aprovecharse
de ellas contra él. En ambos casos se reservaba el
medio de hacer traicion á la república ó al príncipe
Con quien trataba. Fauche-Borel volvió á ver á los
que le enviaban, pero acudió de nuevo á insistir
en las mismas proposiciones. yendo y viniendo mu-
chas veces, sin poder terminar la diferencia, que
consistía siempre en que el príncipe quería conse-
guir á Huninga y Piehegrú el paso del Rin. Ni uno
ni otro tenian ánimo de anticiparse á dar tan gran
ventaja. El motivo principal que impedia al prín-
cipe consentir en lo que le pedian, era la necesi-
dad de acudir á los austriacos con el fin de obtener




47,1 REVOLUCION
la autorizacion para entregar el paso; pues desea-
ba obrar sin valerse de ellos, y llevarse él solo el
lauro de aquella empresa. Sin embargo, parece que
se vió obligado á dar cuenta al consejo áulico, en
cuyo intérnalo Pi cliegrú, vigilado por los represen-
tantes, se vió obligado á paralizar sus correspon-
dencias y su traicion.


Mientras que esto pasaba en el ejército, los agen-
tes cid interior, Lernaitre, Brottier, Despomelles,
Laville-lleurnois, Duverne de Presle y otros, con-.
tinuaban sus intrigas. El jóven príncipe, hijo de
Luis XVI, !labia muerto de un tumor en la rodilla,
efecto de un humor escrofuloso, y los agentes rea-
listas dijeron que había muerto envenenado, apre-
surandoSe á reunir las obras en que se trataba del
ceremonial de consagracion para remitirlas á Ve -
rona. El regente se habla convertido en rey para
ellos, y se llamaba Luis XVIII. El conde de Ar-
tois quedaba de, heredero de la corona.


No 'labia sido mas que aparente la pacilicacion
de los paises insurreccionados. Los habitantes que
empezaban á disfrutar de algun reposo y seguri-
dad se hallaban dispuestos á conservar la paz; pero
los geles y hombres de guerra que andaban a su
al rededor, esperaban ocasion para volver á las ar-
mas. Charette, que tema a su disposicion las
guardias territoriales, a las que se hablan agregado
cuantos te,nian verdadera inclinacion á la guerra,
solo pensaba en preparar un núcleo de ejército
para volver de nuevo á campaña so pretesto de ha-
cer la policía del pais. No dejaba su campamento
de Belleville, en el cual recibía continuamente á
los enviados realistas. La agencia de Paris 'rabia
hecho llegar á sus manos una carta de Verona en


FRANCESA. 4.75
respuesta á la suya en que procuraba disculpar la
pacilicacion. El pretendiente le escusaba, seguia
dispensándole su confianza y favor nombrándole te-
niente general y anunciándole el proximo ausilio
de España. Los agentes de París ponderando las es-
presiones del príncipe, lisonjeaban la ambicion de
Charette con la mas alhagtieña perspectiva, prome-
tiéndole el mando de todos los paises realistas, y
una espedicion considerable que debía salir de los
puertos de España conduciendo socorros á los prín-
cipes franceses. En cuanto á la que se preparaba
en Inglaterra, parece que no la daban crédito, pues
decían que los ingleses siempre han prometido y
siempre engañado ; pero que por lo demas, bueno
era servirse de ellos, si era posible, aunque con
diferente objeto del em se proponian ; que era pre-
ciso introducir en la Vendée los ausilios destinados
á la Bretaña, y someter este pais á Charette, que
era el único que tenia la confianza del rey actual.
Semejantes ideas debian lisonjear á la vez la am-
bicion de Charette y su Odio contra Stofflet, su en-
vidia contra la reciente importancia de Puisaye, y
su resentimiento contra la Inglaterra, á quien acu-
saba de que jamás habia hecho nada en su favor.


En cuanto á Stofflet, no se hallaba tan dispues-
to como Charette á tomar las armas, á pesar de
que !labia mostrado mas repugnancia en dejarlas.
Su pais era nias sensible que los (lemas á los bie-
nes de la paz, v demostraba mucha oposicion á la
guerra. Ademas, él sentia mucho la preferencia con
que se miraba á Charette, pues lo mismo era él
merecedor del grado de teniente general que se
daba á su rival, y estaba muy disgustado por la
injusticia de que se creia objeto.




n


476 REVOLUCION
La Bretaña, organizada corno antes, estaba en-


teramente dispuesta á una sublevacion, pues los
gefes de los chuanes habían obtenido como los ven-
deanos la organizacion de sus mejores soldados en
compañías regulares bajo el protesto de, conservar
la tranquilidad del pais. Cada gefe se habia forma-
do una compañía de cazadores que llevaban vesti-
do verde y plumero encarnado, y eran los chuanes
mas intrépidos. Cormatin, prosiguiendo su papel,
se daba una ridícula importancia. Había estable-
cido en la Prevalave lo que llamaba su cuartel ge-
neral; enviaba públicamente órdenes fechadas en
este cuartel á todos los gefes chuanes; andaba de
division en division organizando las compañías de
cazadores, afectaba corregir las infracciones de la
tregua cuando habia alguna; y parecia que era el
verdadero gobernador de la Bretaña. Pasaba con
frecuencia a Reunes en trage de chuan, que se ha-
bía hecho de moda, é iba recogiendo por los corri-
llos las demostraciones de consideracion de los ha-
bitantes y los alhagos de las mugercs que creían ver
en él un personase importante y el gefe del partido
realista.


Entretanto continuaba él preparando secreta-
mente a los chuanes á la-guerra, y siguiendo cor-
respondencia con los agentes realistas. Su papel
respecto á Puisaye era mur dificil; le habla deso-
bedecido y faltado á su confianza, y por lo tanto no
tenia mas recurso que entregarse a los agentes de
Paris, que le Inician esperar el mando de la Bre-
taña, v le hablan aunado a sus proyectos con Es-
paña. 'Esta potencia prometía un millon quinien-
tos mil francos mensuales, con tal que se obrase
sin Inglaterra, y nada mas conveniente á Cormatin


FRANCESA. 477


que un plan que le hiciese romper con esta nacion
y con Puisaye. Otros dos oficiales que habia envia-
do este desde Lóndres á Bretaña, AM. de la View-
ville y Dandigné, habian en tra.lo tambien en el sis-
tema de los agentes de Paris, persuadiéndose de
que la Inglaterra queda engañar como en 'Polon,
servirse dé los realistas para tener un puerto,
n


obli-
r á los franceses á batirse contra sus compatrio-D


tas, pero no suministrar ningun ausilio efectivo á
propósito para engrandecer el partido de sus prín-
cipes, y asegurar su triunfo. Mientras abundaban
en estas ideas parte de los gefes bretones, los del


Finisterre y costas del Norte, unidos
tiempo hacia á Puisaye, acostumbrados á servir a
sus órdenes, organizados por él, y estraños á las in-
trigas de Paris, seguian siéndole' fieles, y llaman-
do traidor á Cormatin, escribían á Londres que se
hallaban dispuestos a volver á tomar las armas.
Hacian preparativos, compraban municiones y lien-
zo para hacerse corbatines negros, embaucaban
á los soldados republicanos, y les incitaban á la
desercion. Lo lograban, porque dueños del pais, te-
nían víveres abundantes. mientras los soldados re-
publicanos, mal alimentados, y sin contar mas que
con asignados para suplir á la racion, se vejan obli-
gados, si quedan vivir á abandonar sus filas. Ade-
mas, se habia tenido la imprudencia de dejar mu-
chos bretones en los regimientos que servian con-
tra los realistas, y era muy natural que se pasasen
á sus compatriotas.


Moche, que siempre estaba vigilante, y obser-
vaba atentamente el estado del pais, vela persegui-
dos á los patriotas bajo protesto de la ley del desar-
me, llenos de arrogancia á los realistas, á los ar-




478 REVOLUCION


rendadores ocultando sus géneros, los caminos po-
co seguros, los carruages públicos obligados á mar-
char con convoyes para llevar escolta, y á los ehua-
nes formando ocultos conciliábulos, y reproduciendo
frecuentemente la correspondencia con las islas de
Jersey ; y todo esto le habia precisado á escribir á
la coinision y representantes que la pacificador' era
un solemne engallo, que se burlaban de la repúbli-
ca, y que todo anunciaba otra sublevacion muy
próxima. Se habla ocupado en formar columnas
geras, distribuyéndolas por todo el pais, para ase-
gurar su tranquilidad y deshacer la primera parti-
da que se formase; pero el número de sus tropas no
podia cubrir la superficie del territorio y la inmen-
sa estension de sus costas. El temor de algun alza-
miento en una parte del pais, ó la aparicion de bu-


. ques ingleses en las costas, exigia la presencia de
sus columnas, y las fatigaba en continuas correrías.
Para cumplir con todo esto se necesitaba en el ejér-
cito una resignacion, mas meritoria cien veces que
el valor para despreciar la muerte. Por desgracia
sus sol lados reparaban sus fatigas con mil escesos,


él lo seutia sobremanera, costándole tanto tra-
bajo reprimirlos, como vigilar al enemigo.


Muy pronto tuvo ocasion de coger a Cormatin
infraganti. Le interceptaron los pliegos que envia-
ba á varios geles y se adquirió la prueba
material de s- us ocultos manejos. Sabedor de que
debla hallarse un dia de feria en Rennes con algu-
nos elimines disfrazados, v temiendo que quisiese
hacer una tentativa contra.. el arsenal, le hizo pren-
der noche el 6 de pradial por la tarde, forzándole
á terminar de este modo su papel. Salieron al mo-
mento los demas gefes quejándose de que se violaba


• -VIr-r~
FRANCESA. 479


la tregua; pero Mochehizo imprimir en respuesta las
cartas-de Cormatin y le envió con sus cómplices á las
prisionesde Cherburgo, val mismo tiempo tuvo pre-
paradas sus columnas, para caer sobre los prime-
ros rebeldes que apareciesen. Habiéndose subleva-
do en el Morbihan el caballero Desliz, fué acome-
tido al punto por el general Josnet que le privó de
trescientos hombres, poniéndole en completa der-
rota, y pereciendo el mismo tefe en la accion.
También se sublevó Bois- Hardy en las costas del
Norte. pero fué dispersada su gente, y él cogido v
fusilado. Furiosos los soldados contra la mala le Ce
aquel jóven cabecilla, que era el mas temible del
pais, le cortaron la cabeza v la pusieron en la
punta de una bayoneta: pero Hache, indignado de
esta falta de generosidad, escribió la carta mas
pundonorosa á sus soldados, é hizo buscar á los
culpables para castigarlos. Esta destruccion tan
pronta de los dos geles que hablan querido suble-
varse. atemorizó á los demas, que permanecieron
quietos esperando con impaciencia la llegada de
la espedicion que hacia tanto tiempo se les anun-
ciaba. Su grito de guerra era: Viva el rey, la In-
ylaterra y Boncliamp!


Grandes preparativos se estaban haciendo al
mismo tiempo en Lóndres donde Puisaye era per-
fectamente recibido de los ministros, los cuales no
le concedian ya todo lo que al principio le prome-
tieron, porque la pacificacion habla disminuido la
confianza; pero le daban los regimientos emigrados
y considerables materiales para el desembarco,
prometiéndole ademas todos los recursos de la mo-
narquía si la espedicion se preparaba como debia.
Solo el interés de la Inglaterra debia hacer ereibles




480 RE VOLUCION


estas promesas, porque arrojada del continente
desde la conquista de Holanda, recobraba su cam-
po de batalla, le trasportaba al centro mismo de la
Francia, y componía su ejército de franceses. Ile
aqui los medios que se daban á Puisaye. Los regi-
mientos emigrados del continente habian pasado
desde la actual campaña al servicio de la Inglater-
ra; los que formaban el cuerpo de Conde, debian
como hemos visto , permanecer en el Rin; los
demás , que eran únicamente restos , embar-
carse en las embocaduras del Elba. y trasladar-
se á Bretaña. Ademas de estos antiguos regimien-
tos que llevaban escarapela negra, y estaban muy
disgustados del inútil y mortal servicio en que les
empleaban los potencias, la Inglaterra consintió en
formar nueve regimientos nuevos á su sueldo, con
escarapela blanca, para que su apariencia fuese
mas francesa. La dificultad estaba eu reclutarles,
porque si en el primer momento de entusiasmo ha-
bian consentido los emigrados en servir como sol-
dados, ya no se prestaban á ello en la actualidad: y
asi se procuró reunir en el continente desertores
prisioneros franceses. Desertores no se hallaban,
porque el vencedor no se pasa al vencido; quedaron
pues, los prisioneros franceses. El conde de Her-
villy había hallado en Lóndres refugiados tolone-
ses que formaban un regimiento; y agregándolos
al suyo, pudo hacerle ascender á rail ciento ó
doscientos hombres, es decir, á mas de las dos ter-
ceras partes del completo. El conde de flector com-
puso el suyo de marinos emigrados, y reunió seis-
cientos hombres. El de Dresnay encontró en la
cárcel algunos bretones alistados contra su volun-
tad cuando la primer requisa, y hechos prisioneros


FRANCESA.
481


durante la guerra, y reunió cuatrocientos ó qui-
nientos; pero estos fueron todos los franceses que
pudieron hallar, para servir en los regimientos de
escarapela blanca; de modo que de los nueve, solo
se juntaron tres, uno que solo tenia dos terceras
partes del completo. y dos una tercera. Se hallaba
todavía en Lóndres el teniente coronel Rothalier
que mandaba cuatrocientos artilleros toloneses, y
se formó con ellos un regimiento de artillería, y de
varios ingenieros franceses se, hizo un cuerpo de
zapadores. En cuanto á la multitud de emigrados,
que solo querian servir con sus antiguos grados, y
no hallaban soldados para regimientos suficientes,
se resolvió formar con ellos cuadros que se llena-
rian con los insurgentes de Bretaña, donde no fal-
taban hombres, pero sí oficiales instruidos, cuyo
empleo natural oeuparian ellos. Les enviaron á
Jerse y


con el fin de organizarlos y tenerlos dispues-
tos para el desembarco. Puisaye al mismo tiempo
que se procuraba tropas, buscaba dinero. La In-
glaterra le prometió desde luego suficiente cantidad,
pero él quiso asignados, y por consiguiente sacó
autorizacion de los príncipes para fabricar tres mi-
llones falsos, y empleó en esta ocupacion á. los clé-
rigos ociosos que no servias para tomar las armas.
El obispo dé Lyon, que no miraba esta resolucion
como Puisa ye y los príncipes, prohibieron á los
eclesiásticos-


tomar parte en ella, y Puisa
y e enton-ces tuvo que recurrir á otros empleados, y fabricó


la suma que intentaba. Necesitaba tambien un
obispo que desempeñase el papel de legado del pa-
pa en los paises católicos ; y recordando que un
intrigante, el supuesto obispo de Agra, abrogando-
se este titulo en la primera Vendée, había tenida


Biblioteca popular
T. b00




:482 REVOLUCION


estraordinario influjo sobre los paisanos, llamó á su
lado al obispo de bol, comisionado por Roma. En
seguida hizo que el conde de Artois le diese los
poderes necesarios para el mando de la espedicion,
y el nombramiento de todos los oficiales mientras
él llegaba. El ministerio inglés le confió por su par-
te la direccion de la espedicion, pero desconfiando
de su temeridad y de su anhelo por llegar á tierra,
encargó al conde de ilervilly que mandase los re-
gimientos emigrados hasta el momento del desem-
barco.


Apenas se concluyeron aquellas disposiciones,
se embarcó en una escuadra el regimiento de
villy, r los dos de flector y Dresnay, todos con es-
carapela blanca. Los cuatrocient‘ s artilleros tolo-
neses, mandados por Rothalier, y un regimiento
emigrado de antigua creacion, el de La Chatre,
conocido con el nombre de Leal emigrado, y redu-
cido en la guerra del continente á cuatrocientos
hombres, resto valiente que se reservaba para las
acciones decisivas. Proveyóse esta escuadra de ví-


.veres para un ejército de seis mil hombres duran-
te tres meses, cien caballos de silla y tiro, diez y
siete mil uniformes completos de infantería, cuatro
mil de caballería, veinte y siete mil fusiles, diez
piezas de campaña y seiscientos barriles de pólvo-
ra. Dieron á Puisaye diez mil luises en oro y libran-
zas contra Inglaterra para añadir á los falsos asig-
nados recursos de hacienda mas seguros. La escua-
dra en que iba esta espedicion se componia de tres
ircaloS de linea de setenta y cuatro cañones, dos
fragatas de cuarenta y cuatro, cuatro navíos de
treinta ó treinta y seis, y varias lanchas cañoneras
y barcos de trasporte. La mandaba el comodoro


PllikNCESA.
483


Waren, uno de los mas distinguidos y valientes
oficiales de la marina inglesa. La primera division
era esta. Convinieron en que luego que saliesen,
marcharia otra division naval á Minar los einigra-
dos organizados en cuadros en Jersey; que cruza-
ria algun tiempo delante de San Mztlo, donde Pui-
saye tenia relaciones con traidores que le habian
prometido entregarle este punto; y que despues de
esto, si no entregaban á San Malo, se unirían con
Pu isave conduciéndole los cuadros. A l mismo tiem-
po debían ir á la embocadura del El ha algunos bar-
cos de trasportes para recibir á los regimientos
emigrados de escarapela negra, y conducirlos á
Puisaye. Juzgaban que todas estas fuerzas llega-
rian casi al mismo tiempo que él. Si se realizaba
todo lo dicho, haciéndose sin dificultad el desem-
barco, acudiendo á recibir á Puisaye parte de la
Bretaña, y pudiendo tomar éste una posicion sólida
en las costas de Francia, entregándole San Malo,
Lorient, Puerto Luis, ú otro cualquiera, entonces
debia darse á la vela otra espedicion con un ejérci-
to inglés, .nuevos recursos materiales y el conde de
Artois. En efecto, Lord Moira había salido a buscar
á este príncipe en el continente, y solo podia hacer-
se una objec,ion á todas estas disposiciones que era
el dividir la espedicion en muchos destacamentos,
pero mas que todo el no ponerse al frente del pri-
mero el principe francés.


Dióse á la vela la espedicion á fines de pradial,
(mediados de junio) llevando Puisaye á su lado al
obispo de Do!, una porcion de clérigos y comenta
nobles, todos de apellidos ilustres que servian come
meros voluntarios. El punto de desembarco era un
misterio para todos, menos para Puisaye, el ppm-


.




484 REVOLUCION


doro Waren, 31M. de Tinteniac y de Allegre á
quienes (labia enviado Puisaye para anunciar su
llegada.


Despues de muchas juntas y deliberaciones se
/labia dado la preferencia al Sur de la Bretaña mas
bien que al Norte, decidiéndose por la bahía de
Quiberon, una de las mejores y mas seguras del
continente, que conocian perfectamente los ingle-
ses, porque habian anclado en ella mucho tiempo.
Mientras la espedicion se daba á la vela, Sidney
Smith v Lord Cornwalis amenazaban todas las cos-
tas para alucinar á los ejércitos republicanos sobre
el verdadero punto del desembarco; y Lord Bridport
protegía el convo y con la escuadra que se hallaba
fondeando en las islas de Ouessant. La marina fran-
cesa del Occéano era poco temible desde el crucero
del último invierno, en cuyo tiempo la escuadra de
Brest habla sufrido incesantemente malos tempo-
rales. Sin embargo, Villaret-Joyeuse, recibió Orden
de salir con los nueve navíos de linea anclados en
Brest para ir á unirse con una division bloqueada
en Bello lsle. Salió, y despues de haberse unido á
esta division, y dado cara á algunos navíos ingle-
ses, se volvía á Brest cuando una fuerte tempestad
dispersó su escuadra. Perdió algun tiempo en unir-
se de nuevo á ella, y entretanto halló la espedicion
destinada para las costas de Francia. Era superior
en número, y podia arrebatársela toda; pero el co-
modoro Waren, conociendo el peligro, se cubrió
con todas sus velas y puso el convoy lejos, de modo
que parecia una segunda línea, enviando al mismo
tiempo dos buques veleros en busca de la grande
escuadra de lord Bridpont. No creyendo Villare
Combatir con ventaja, siguió su rumbo hacia Brestt


FRANCESA.
48 5


segun las instrucciones que se le hahian dado; mas
en el mismo instante llegó lord Brid pont.atacó la
Ilota republicana. Era el 5 de mesidor (23'de junio)
y queriendo Villaret alinearse con el Alejandro, que
era muy pesado, perdió un tiempo irreparable en
maniobras. Entró la confusion en su línea, perdió
tres navíos, el Alejandro, el Formidable y el Tigre;
y sin poder aportar á Brest, se vi,") obligado á re-
fugiarse en Lorien t.


habiendo dado principio la espedicion con una
victoria naval, se dirigió á la bahía de Quiheron.
Una division de la escuadra fue á intimar la rendi-
clon á la guarnic ► on de Belle-Isle en nombre del
rey de Francia; pero solo recibió del general Bou-
cret una respuesta valiente y algunos cañonazos.
El convo y


ancló en el 7 de mesidor (15 de junio) en
la mismá había de Quiberon. Puisaye, segun las
noticias que había adquirido, sabia que en la cos-
ta había muy pocas tropas , y quería en fuerza de
su osadía, efectuar al momento el desembarco. El
conde de lier y illy, que era valiente v capaz de dis-
ciplinar bien un regimiento, aunque' no de dirigir
una operacion, quisquilloso, sobre todo cuando se
trataba de su autoridad y deberes, dijo que él man-
daba las tropas, que respondía de su conservación
al gobierno inglés, y que no las aventurada en una
costa enemiga y desconocida, hasta haber hecho un
reconocimiento. Perdió todo un día en recorrer la
costa con un anteojo, y aunque no descubrió un
soldado, se negó sin embargo a que las tropas des-
embarcasen. Pulsare y el comodoro Waren deci-
dieron que lo efectuaran, y d' Ilervilly consintió
por fin en ello , saltando en tierra el 9 de mesidor
(27 de junio) aquellos franceses imprudentes y




486 nEvoLuctorit
ciegos, llenos de alegría porque iban á encender la
guerra civil en un pais donde debian hallar tan
contraria suerte.


La !mina en que hahian anclado, la forma por
un lado la orilla (le la Bretaña, y por otro una pe-
nínsula de cerca de una legua de latitud y dos de
longitud, que es la famosa península de Quiberon.
Comunica con tierra par una estrecha lengua de
arena que se prolonga á. una legua , y se llama la
Falaise. El fuerte de Penthievre, colocado entre la
península y la Falaise, defiende la proximidad á la
costa de tierra, y en él habla setecientos hombres
de guarnícion. La bahía formada por esta penínsu-
la y la costa ofrece á las embarcaciones una rada
Muy segura, y los mejores fondeaderos del conti-
nente.


Habia desembarcado la espedicion en el fondo
de la bahía por la aldea de Carnac. Apenas llegó,
varios gefes como Dobois-Berthelot, d' Allegre,
Jorge Cadoual, y Mercier avisados por Tinteniac,
llegaron con sus tropas, dispersaron algunos desta-
camentos que guardaban la costa , les rechazaron
al interior y se dirigieron á la ribera. Llevaban
cuatro ó cinco mil hombres aguerridos , pero mal
armados y equipados, que no guardaban formacion
y que parecian mas bien salteadores que soldados.
Agregáronse á estos chuanes los paisanos de las
inmediaciones , gritando: Vira el rey ! llevando
huevos, aves v comestibles de toda clase á aquel
ejército libertador que les llevaba su príncipe y su
religion. Lleno de alegría Puisave al contemplar
esta escena , contaba ya con que'toda Bretaña iba.
á sublevarse , pero los emigracks que le acompa-
ñaban lo ocian de otro modo, porque habiendo re-


FRANCESA. 487


sidido en las costas, ó servido en los mejores ejér-
citos de Europa , veían disgustados y con poca
confianza á los soldados que iban á mandar, y em-
pezaban ya con quejas y rumores. Desembarcaron' •
cajones de fusiles y uniformes, á los cuales se ar-
roja!'on los chuanes; v queriendo algunos sargen-
tos del regimiento de'llervilly restablecer el Orden
se armo un alboroto, que á no haber sido por PM-
save, hubiera tenido consecuencias muy funestas.
Nd eran estas primeras circunstancias las mas á
propósito para establecer la confianza entre los in-
surgentes y las tropas regulares, que como iban de
Inglaterra. v eran de esta nacion , infundian bajo
este concepto algunas sospechas á los chuanes. Ar-
maron sin embargo la gente que llegaba, cuyo nú-
mero ubió á diez mil hombres en dos dias, y les
entregaron uniformes encarnados y fusiles , que-
riendo despues Puisaye organizarlos; mas coma no
tema oficiales , porque los cuarenta nobles volun-
tarios que le hablan seguido no eran suficientes,
ni tenia aun á su disposicion los cuadros , porque
segun lo convenido cruzaban aun por delante de
San Malo, quería tomar algunos oficiales de los re,
gimientos en que habla muchos, distribuirlos entre
los chuanes, marchar en seguida velozmente hacia
*`'armes y Reunes, no dar tiempo á los republica-
nos para formar cálculos, sublevar todo el pais, y
venir á tomar posicion detras de la importante li-
neo de Mavenne. Dueño alli de cuarenta leguas de
tierra y con la poblacion sublevada, creia Puisaye
que se podrían organizar las tropas irregulares.
D' Hervilly, valiente, pero quisquilloso, metódico, y
que no gustaba de aquellos chuanes tan desorgani-
zados, no quiso entregar á sus oficiales. En vez de




488 REVOLUCION


agregarlos á los chuanes, quería elegir entre estos
el número necesario para completar los regimien-
tos, y despues adelantarse por medio de un reco-
nocimiento y elegir posiciones. No era este el plan
de Puisa ye, que trató de emplear su autoridad;
pero d' llervilly la negó diciendo que las tropas re-
(=aliares estaban á su mando , pues respondía de




ellas al gobierno inglés y no debían comprometer-
las. llizole ver Puisaye que no tenia el mando mas
que durante la travesía, pero que al llegar á pisar
la Bretaña, el gefe único v árbitro de las operacio-
nes era él. Envió inmediatamente un espreso á
Lóndres para que diesen esplicacion á los poderes,
y mientras volvía, rogó á d' llervilly que no ma-
lograse la empresa con funestas divisiones. Era d'
llervilly valiente y de mu y


buena fé , pero poco á
propósito para guerras civiles , porque tenia una
repugnancia decidida á los rebeldes descamisados.
Todos los domas emigrados creian lo mismo que él,
que eran a propósito paraguerrillear, que Puisaye los
comprometia con haberlos metido en Bretaña, pues
hubieran debido ir á la Yendée, donde se hallaba
el ilustre Charette indudablemente con otros sol-
dados.


Muehos días se habían perdido en estas inútiles
disputas y por el pronto distribuyeron á los chua-
nes en tres cuerpos, haciéndoles tomar posiciones
avanzadas , de modo que ocupasen los caminos de
Lorien á Ilenuebon v Aurai. Tinteniac se colocó
Con un cuerpo de dos mil quinientos chuanes hácia
Landcvaot por la parte izquierda: Dubois-Berthe-
lot por la derecha hácia Aurai con una fuerza casi


. igual, y se encargó al conde Vauban , que era uno
de los cuarenta nobles voluntarios , y de los mas


FRANCESA. 489


distinguidos por su reputacion y merito , que con
cuatro mil chuanes ocupase una posicion central en
Mendon, de modo que pudiese auxiliar á Tinteniae
ó á Duhois -Berthelot. Tenia el mando de toda aque-
lla línea defendida por nueve ó diez mil hombres, é
internada cuatro ó cinco leguas; mas los chuanes
que se vieron alli, preguntaron al momento que por
qué no se ponian tambieu tropas de línea, pues
contaban mucho mas con ellas que consigo mis-
mos, y aunque habían venido á colocarse á su lado,
seguirlos y sostenerlos, creian que saldrían los pri-
meros á recibir el terrible choque de los republica-
nos. Vauban pidió solo cuatrocientos hombres, bien
fuese para resistir en caso necesario el primer ata-
que, bien para tranquilizar á sus chuanes, darles
ejemplo y manifestarles que no se trataba de expo-
nerlos á ellos solos. D' llervill y no accedió al prin-
cipio, despues hizo esperar, y al fin envió el desta-
camen to.


Cinco dias hacia que hahian desembarcado, y
solo se hallaban á tres ó cuatro leguas de la bahía.
Puisaye estaba muy disgustado, pero sin embargo
sufria las oposiciones esperando vencer los entor-
pecimientos y obstáculos que hallaba en sus com-
pañeros de armas. Juzgando que en todo caso con-
venia hacerse con un punto de apoyo , propuso á
d' Hervill y que se apoderase de la península, sor-
prendiendo el fuerte de Penthievre ; pues dueños
una vez de este fuerte , que cerraba la península
por la parte de tierra , y apo y ados en ambos lados
por las escuadras inglesas tenian una posicion
inexpugnable , siendo en este caso un punto mas
seguro y cómodo que el de San Malo, Brest, ó Lo-
rient, aquella península que tenia una legua de Ion-




1490 REVOLUCIONgitud y dos de latitud. Los ingleses podían depo-
sitar aqui la gente y municiones que habian pro-
metido; y corno esta medida de seguridad conve-
nía con las ideas de Hervilly, consintió en llevar-
la á efecto, pero quería dirigir un ataque regular
contra el fuerte de Peuthievre. Puisaye, sin darle
oidos proyecto un ataque á viva fuerza , que lleno
de celo ofreció sostener con el fuego de su escua-
dra el comodoro Waren. Empezó el bloqueo á 1.0
de julio (13 de mesidor) fijándose el ataque de-
cisivo para el 3 , (15). Al mismo tiempo mien-
tras se hacían los preparativos , envió Puisa-
ve emisarios por toda la Bretaña para reanimar á
Icepeaux Charette , Stofilet y todos los gefes de
las provincias rebeldes.


Habíase esparcido con estraordinaria rapidez la
noticia del desembarco ; pues en dos días corrió to-
da la Bretaña, y en algunos mas la Francia entera.
Los realistas llenos de regocijo v los revoluciona–
rios de furor, creían ver ya los emigrados á las
puertas de Paris. La Convencion envio inmediata-
mente dos comisionados extraordinarios á noche y
eligió al efecto á Blad y Tallien, bastando con es-
to Ultimo para probar que los termidorianos eran
tan enemigos de los realistas como del terror. }b-
ebe tranquilo y animoso escribió inmediatamente
á la comision de salvacion pública para aquietar-
la. «No hay cuidado , le decia : lo que se necesita
«es actividad , víveres que no tenemos, y los doce
«mil hombres que ha tanto tiempo me prometís-
«teis.» En seguida dió órdenes á su gefe de esta-
do mayor colocando al general Chabot entre Brest
y Lorient con un cuerpo de cuatro mil hombres pa-
ra acudir al socorro de uno de los dos puertos que


FRANCESA.


491


se viese amenazado: «Sobre todo , le decía , sobre
«todo tened cuidado con Brest, y en caso de nece-
sidad encerraos en la plaza y defendeos hasta la


«muerte.» Escribió á Áu bert–bubayet que manda-
ba las costas de Cherburgo, para que dirigiese tro-
pas hacia el Norte de la Bretaña con el fin de guar-
dar á San Malo y la costa. Para resguardo del Me-
diodía, rogó á Canclaux, que vigilaba á Charette y
Stofflet, le enviase por Nantes y Vannes al general
Lemoine con algun auxilio. En seguida hizo reunir
todas sus tropas en Rennes, Ploermel y Vannes es-
calonándolos en estos tres puntos para guardar su
espalda, y finalmente se dirigió él mismo hacia Au-
rai con toda la gente que pudo reunir. El 14 de me-
sidor (2 de julio), se hallaba ya personalmente ea
Aurai con tres ó cuatro mil hombres.


Quedaba de esta suerte cercada toda la Breta-
ña, en la que debían disiparse las ilusiones que hi-
zo nacer la primera insurreccion de la Vendée. Por
cuanto en 93 los paisanos de la Vendée no hallan-
do delante mas que guardias nacionales, compues-
tos de labradores que no sabian manejar un fusil,
se habían apoderado de todo el Poitou y el A njou,
y formar despues en sus asperezas y matorrales un
punto dificil de destruir, ya cre y eron que la Bre-
taña se sublevaría á la menor serial de la Inglaterra;
pero los bretones no tenían el aliento de los prime-
ros vendeanos; solo algunos bandidos se hablan re-
suelto á la guerra, ó por mejor decir al pillage, ba-
jo el nombre de chuanes; ademas había un caudillo
jóven, tan activo corno perspicaz, que teniendo á su
disposicion tropas aguerridas, contenia á toda una
provincia con mano firme y segura. ¿Podía pues,
sublevarse la Bretaña en semejantes circunstancias,.




492 REVOLUCION


COMO el ejército que acudia á sostenerla no se ade-
lantase rápidamente en vez de titubear en la orilla
del Occéano?
- Ademas de este obstáculo, una parte de los


chuanes quese hallaban bajo el influjo de los agen-
tes realistas de Paris , esperaba para reunirse á
Puisaye que se presentase con él algun príncipe.
El grito de estos agentes y de cuantos estaban en
sus intrigas era que la espedicion no bastaba y era
un engaño de la Inglaterra que iba á Bretaña á
reparar los sucesos de Tolon. No se decia quequi-
siese dar la corona al conde de Artois, porque no
estaba allí, sino al duque de York ; y escribieron
que no debia protegerse la espedicion, sino obli-
garla á que se embarcase de nuevo para ir á ren-t,
nirse con Charette. Esto era lo que él deseaba, y
asi respondió á los ruegos de los agentes de Pui-
saye que !labia enviado á M. de Scepeaur á Paris
para reclamar la ejecucion de uno de los articulos
de su tratado, que era preciso esperar á que vol-
viese para no exponerse á quedar preso tomando
de nuevo las armas. Ea cuanto á Stoftlet que se
inclinaba mas al temple de Puisaye , respondió
que si se le aseguraba el grado de teniente gene-
ral, marcharía inmediatamente á hostigar la reta-
guardia de los republicanos.


De esta manera todo se conjuraba contra Pui-
save, asi las miras de los realistas del interior con-
trarias á las suyas, corno las envidias entre los ge-
fes vendeanos, y lo que era aun peor tener por ad-
versario a un general habil, con fuerzas bien
organizadas á su disposicion , y suficientes pa-
ra reprimir el entusiasmo realista de los bre- 'Wm•
tones.


FRANCESA. 493


Puisaye tenia resuelto atacar el fuerte de Pen-
thievre el 15 de mesidor (3 de julio). Tres dias ha-
cia que no tenian pan los soldados que ea él se
hallaban, y por esto, y por hallarse amenazados
de un asalto á viva fuerza, abrasados por el fuego
de una escuadra, y mal dirigidos, se rindieron y
entregaron á Puisaye el fuerte ; pero al mismo
tiempo, noche , que se hallaba en Aurai, hacia
acometer todos los puntos avanzados de los chua-
nes, para restablecer la comunicacion de Aurai á
Ilennebon y Lorient. Rabia dispuesto un ataque
simultáneo contra Laudevant, hacia la avanzada
de Aurai, y los chuanes de Tiuteniae , vigorosa-
mente acometidos por los republicanos, no pudie-
ron hacer frente a las tropas de línea. Vauhan,
que se hallaba allí cerca, en Atenúa, acudió con
parte de su reserva en auxilio de Tinteniac ; pero
halló dispersa la gente de este, y la que él llevaba
se desordenó al ver la derrota, quedando preci-
sado á escapar y atravesar á nado dos estrechos
brazos de mar para reunirse con el resto de sus
chuanes en Meudon. Dubois-Berthelot habia sido
rechazado á su derecha , de modo que veia á los
republicanos adelantarse por derecha é izquierda,
y él colocado entre dos fuegos. Entonces hubieran
podido serle muy útiles para sostener á sus chua-
nes y alentarles al combate los cuatrocientos hom -
.bres de linea que habia pedido , pero d' Ilarvillv
acababa de reunirlos para el ataque del fuerte.
infundió un poco de aliento á sus soldados y les
decidió á aprovechar la ocasion para caer sobre
la retaguardia de los republicanos que iban ceba-
dos en perseguir á los dispersos; y dirigiéndose
hacia la izquierda, acometió una aldea en que aea-




494 REVOLUCION
baban de entrar aquellos detras de los chuanes. No
aguardaban los republicanos tan repentino ataque
y se vieron obligados á retirarse. Vauban retro-
cedió en seguida á su posicion de Meudon; pero se
halló solo, pues todos se hablan dispersado , y él
tambien se vió obligado á retirarse, aunque con
órden, y despues de un hecho de valor que con-
tuvo la velocidad del enemigo.


Indignados :estaban los "charles de haberse
visto espuestos ellos solos á los golpes de los re-
publicanos, y se quejaban amargamente porque
les hablan privado de los cuatrocientos hombres
de linea. Puisayc reconvino por esto á d' Harviliy,
mas este respondió que los habla recogido para
Atacar el fuerte, quejas que de nada sirvieron si-
no de irritar á unos contra otros. Sin embargo,
poseian el fuerte de Penthievre , y asi Puisave
mandó desembarcar en la península los materia-
les remitidos por los ingleses, poniendo en ella su
cuartel general y trasportando Lo as las tropas con
ánimo de fijarse allí sólidamente. Mandó á los in-
genieros que perfeccionasen la defensa del fuerte,
y añadiesen obras avanzadas, y enarboló la ban-
dera blanca al lado de la ing'esa como en señal de
alianza entre los re yes de Francia ó Inglaterra. Se
decidió que cada regimiento enviase á la guarni-
cion un destacamento proporcionado á su fuerza,
mas d' Harvill y que tenia mucho deseo de comple-
tar el suyo cal buenas tropas , propuso á los re-
publicanos hechos prisioneros que se pasasen
su servicio para formar otro hatallon en su regl,
miento. La falta de dinero y víveres, la repugnan-
cia á permanecer prisioneros y la esperanza de
poder en breve regresar é las filas de boche; les


FRANCESA. 495


decidieronáhacerlo y quedaron agregados al cuer-
po de Harvilly.


Puisave, que sien; e pensaba en continuar
avanzando, y se habia detenido á tornar la peina-
sula solo por tener un punto en las costas, habló
resueltamente á d' -Harvill y , procurando conven-
cerle á secundar sus miras Y, y amenazándole con
pedir su reemplazo si se obstinaba en sus proyectos,
por lo cual este fingió por un momento acomodar-
se á ellos. Los chuanes, segun Puisave, solo ne-
cesitaban verse apo y ados para manifestar su brin,
y asi era preciso distribuir las tropas de linea en-
tre su vanguardia y retaguardia, colocarlos en el
centro, y con doce ó trece mil hombres, entre los
que se contaban tres mil próximamente de línea,
atacar á linche que solo tenia entonces cinco ó
seis mil hombres. Consintió d' Harvilly en el plan.
Vauban que conocia cuán arriesgada era su po-
sicion. y que habia perdido la que al principio ocu-
paba; pidió al mismo tiempo órdenes y ausilios.
J)' Hery illv le envié) una Orden escrita del modo
mas pedantesco , mandándole que se retirase á
Carnac, y dictándole movimientos tales , que ni
las tropas mas disciplinadas de Europa hubieran
podido ejecutar.


El dia 5 de julio salió Puisave de la península
para pasar revista á los chuanes , y d' Haryillv
salió tambien con su regimiento para prepararse
á llevar á cabo su proyecto del dia antes, el de se-
guir avanzando. Puisayc halló tristes y desanima-
dos á los hombres que unos Bias antes esta-
ban entusiasmados. Decían que querian compro-
meterlos á ellos solos, sacrificándolos á las tropas
de línea; pero Puisayc los aplacó lo mejor que




496 REVOLUCION
pudo, y trató de reanimarlos. D' llervill y por su
parte al ver aquellos soldados vestidos de encar-
nado, y que tan mal llevaban el uniforme Y el fu-
sil con bayoneta, dijo que nada quería con-seme-
jante tropa, y mandó á su regimiento retirarse.
Puisave que le encontró al mismo tiempo, le pre-
guntó`si ejecutaba asi el plan convenido. O' Iler-
vitt,/ le respondió que jamás se arriesgaria á mar-
char con semejantes soldados ; que no tenia que
hacer mas que volver á embarcarse ó encerrarse
en la península para esperar nuevas órdenes de
Lóndres, en lo cual daba á entender la de bajar á
la Vendée.


M día siguiente O de julio (18 de mesidor), re-
cibió Vauban un aviso secreto de que los republi-
canos iban á atacarle en toda su línea. liallábase
en la situacion mas peligrosa: su izquierda seapo-
yaba en un punto llamado Santa Bárbara, que co-
municaba con la península ; mas su centro y de-
recha guarnecian la costa de Carnac , y no tenian
mas retirada que el mar. Asi, si se veia fuertemen-
te atacado, su derecha y su centro podian ser ar-
rojados al mar, y únicamente su izquierda se sal-
varia por Santa Bárbara en Quiberon. Sus chua-
nes desanimados no podian hacer resistencia, de
modo que no le quedaba mas recurso que reple-
gar su centro v derecha hacia la izquierda, y des-
tilar por la Falaise á la península ; pero entonces
se encerraba en aquella lengua de tierra sin po-
der salir, porque el punto de Santa Bárbara , que
se abandonaba y no podia defenderse por la parte
de tierra, era inespugnable por el lado de la Fa-
laise, y la dominaba toda. Este proyecto de reti-
rada era porlo tanto lo mismo que la resolucion de


PRANCESA.
497


encerrarse en la península de Quiberon. Vauban,
pidió ausilios para no verse reducido á retirarse;
pero d' llervilly le envió otra Orden redactada con
toda la altisonancia del estilo militar , obligándole
á mantenerse firme en Carnac hasta el último es-
tremo. Puisaye ordenó al punto á d' llervilly que
enviase tropas, y al lin lo prometió.


Al dia siguiente 7 de julio (19 de mesidor) , al
amanecer , se adelantan los republicanos en co-
lumnas cerradas para atacar á los diez mil chuanes
en toda la linea. Miran estos á la Falaise y no ven
llegar las tropas regulares, por lo cual se enfure-
cen contra los emigrados que no vienen á socorrer-
les. El jóven Jorge Cadoudal , cuyos soldados no
quieren batirse , les suplica que no se dispersen.
pero ellos no le hacen caso; furioso entonces Jor-
ge , esclama que los malvados de los ingleses y
emigrados han venido solo para perder la Bretaña,
y que hubiera debido tragárseles el mar antes de
arribar á la costa. Vauban ordena entonces á la
derecha y centro que se repleguen sobre la iz-
quierda para salvarlos por la Falaise en la penin-
sola. Los chuanes se precipitan ciegos , seguidos
la ma y or parte de sus familias que huyen de la
venganza de los republicanos. Las mugeres , los
niños y los ancianos cargados con los muebles , y
confundidos entre la multitud de chuanes con uni-
formes encarnados, cubren aquella lengua de are-
na estrechar larga , bañada en ambos lados por
las olas, y cruzada va de balas v de metralla. Van-
han llamando entonces á todos los gefes procura
reunir los hombres mas valientes, les aconseja que
no se pierdan en una fuga precipitada, y les rue-
ga por su vida y honor que se retiren ordenada--


Bitlioteca popular.


T. tv.




1


598 REVOLUCION
mente. Así, les dice , se avergonzará la tropa de
linea que les deja abandonados y espuestos á todo
el peligro. Les vá tranquilizando poco á poco, les
decide á que hagan cara al enemigo sufriendo su
fuego v respondiendo á él, y entonces, gracias al
denuedo de los gefes, empieza á efectuarse con cal-
ma la retirada, disputándose el terreno palmo á
palillo. Sin embargo no tienen seguridad de resis-
tir á una carga vigorosa , ui de ir á parar al mar;
pero por fortuna el valiente comodoro Waren sos-
teniéndose con sus buques y lanchas cañoneras,
empieza á hostilizar á los republicanos por ambos
lados de la Falaise , y les impide continuar aquel
dia su triunfo.


Apresúranse los fugitivos para entrar en el
fuerte, pero les disputan por un momento la en-
trada, y se precipitan entonces sobre la estacada,
la arrancan, y entran confundidos en la península.
Llegaba á la -sazon d' Ilervilly con su regimiento,
le encuentra Vauban, y en un arrebato de cólera
le dice que le pedirá cuenta de su conducta en el
consejo de guerra. Los chuanes se esparcen por
toda la península, donde habla algunas aldeas y
caseríos. Todos los alojamientos los habian ocu-
pado los regimientos , por lo que arman penden-
cias, mas al fin los chuanes duermen en campo ra-
so, les dan media raciou de arroz y se lo comen
crudo, por no tener medios de cocerlo.


Asi, aquella espedicion , que debla llevar la
bandera de los Borbones é ingleses hasta la orilla
del Alavena , se hallaba ahora estrechada en esta
península que tenia dos leguas de larga. Babia de
doce á quince mil bocas mas para comer, y no te-
nían alojamiento que darles, leña para hacer lum-


FRANCESA.
599


bre , ni utensilios para preparar sus alimentos,
Defendida la península por un fuerte á su estro-
rnidad , y guarnecida en ambos lados por las es-
cuadras inglesas , podian oponer una resistencia
invencible; pero se debilitaba por la falta de víve-
res. No hablan llevado en efecto mas que los ne-
cesarios para seis mil hombres en tres meses, y
tenian diez y ocho ó veinte mil que alimentar. Sa-
lir de esta posicion por un ataqne repentino con-
tra Santa Bárbara, no era y a posible, por que los
republicanos, llenos de valor, defendían este punto
de modo que era inexpugnable por la parte de la
península. Mientras en esta confusa mezcla de
chuanes y emigrados no había mas que desórden,
oídio v desaliento, en el campamento de Hache,
por dcontrario ,


soldados y oficiales trabajaban coa
el mayor celo en colocar trincheras. « Yo veia.
«cuenta Puisaye, á los mismos oficiales en man-
«gas de camisa , que únicamente se distinguian
«por la gola, manejar el azadon y activar los tra-
«bajos de sus soldados.»


Sin embargo, decidió Puisave hacer una salida
aquella misma noche para interrumpir los trabajos;
pero la oscuridad y el canon del enemigo introdu-
jeron el desórden en sus filas , y hubieron de re-
trocer. Quejábanse los chuanes desesperados de
que les hablan engañado , y echaban de menos su
antiguo sistema de guerra pidiendo volver á sus
bosques. Se morian de hambre, y' para
obligarles á alistarse en los regimientos, mandó
que solo se diera media racion á las tropas irre-
gulares; mas se sublevaron estas , y Puisave sin
saber quien hahia dado tal Orden, la revocó, y se
les (lió la racion entera.




500 REVOLUCION
Lo que mas distinguia á Puisaye ademas de su:


talento era una constancia sin limites, y así, lejos
de desanimarse pensó ea escoger los chuanes mas
valientes y desembarcarlos en dos cuerpos para
recorrer el pais por la espalda de noche, sublevar
los gefes de quienes no tenia, noticias, y dirigirlos
en masa al campamento de Santa Bárbara, acome-
tiéndole por retaguardia , mientras las tropas de
la península le atacasen de frente. Con esto se
veia libre de siete ú ocho mil hombres: los em-
pleaba útilmente , avivaba el celo notablemente
amortiguado de los gefes bretones, y preparaba un
ataque contra la retaguardia del campamento de
Santa Bárbara. Acordado el proyecto , eligió como
pudo á los mejores chuanes, y dió cuatro mil á Tia.
teniac, con tres intrépidos geles, Jorge, Mercier,
v Alliegre, y tres mil á MM. Jean-Jean y Lantivy.
Tinteniac debía desembarcar en Sarzeau. cerca ele
la embocadura del Vilaine; Jean-Jean y Lantivy
cerca de Quimpar. Ambos debian despues de un
rodeo bastante largo, reunirse en Baud el 15 de
julio (26 de mesidor), y marchar el 16 por la ma-
ñana contra la retaguardia del campamento de.
Santa Bárbara. Cuando iban á salir, los geles de
los chuanes se presentaron á Puisaye y suplica-
ron ás°. antiguo gefe que partiese con ellos, di-
ciéndole que los traidores de los ingleses iban á
perderlos; pero Puisaye no podia acceder á su pe-
ticion. Salieron y desembarcaron felizmente. Pui-
saye escribió inmediatamente á Londres para decir
que todo podia remediarse, pero que era preciso
viniesen víveres, municiones, tropas y el príncipe
francés inmediatamente.


Mientras ocurcian estos sucesos en la penínsu-


FRANCESA. 504
la, noche habia reunido ya de ocho á diez mil
hombres ea Santa Bárbara. :.kubert-Dubayete ha-
bia enviado de las costas de Cherburgo tropas pa-
ra guardar el Norte de la Bretaña, y Canclaux un
considerable refuerzo de Nantes al mando del ge-
neral Lemoine. Los representantes hablan frustra-
do todas lag tramas para entregar á Lorient y San
Malo, e la situacion de los republicanos mejoraba
por consiguiente de dia en dia. Entretanto Lemai-
trey Brothier intrigaban aun con el mayor empeño
para contrarrestar la espedicion, habiendo escrito
inmediatamente á la Bretaña para desaprobarla.
Segun ellos esta operacion tenia un objeto peligro-
so , porque ni el príncipe se hallaba en ella,
ni habia quien pudiese protegerla. Por consi-
guiente, salieron varios agentes para comunicar
en nombre del rey la Orden de no hacer nin-
gun movimiento, Y avisaron á Cbarette que per-
maneciese en inaccion. Segun su antiguo sistema
de aprovecharse de los auxilios de Inglaterra y en-
gañarla, improvisaron allí mismo un plan. Forman-
do parte de la intriga por la que debla caer San
Malo en manos de Puisave, querian llevar á esta
plaza los cuadros de los emigrados embarcados en
la escuadra inglesa, y apoderarse del puerto, en
nombre de Luis XVIII, mientras Puisave obraba
en Quiberou, tal vez, decían ellos, en favor del du-
que de York. La intriga de San Malo no se logró, y
retirándose á San Brieuc, detuvieron en esta costa
la escuadra que conducia los cuadros de los emi-
grados , enviando inmediatamente emisarios á
Tinteniac y Lantivy , que sabian hablan descm-
barcado, para obligarles á que pasasen á San
.Brieuc. Su objeto era formar asi en el Norte de




41


502 CEVOLUCION
la Bretaria una contraespedicion, mas segura en.
su opinion que la de Puisave en el Mediodia.


Tinieniae habia desembarcado felizmente,
despues de haberse apoderado de varios puntos
republicanos, llegó á Elven. Allí halló la órden en
nombre del rey para pasar á Coetlogon, donde re-
cibiria nuevas órdenes. En vano hizo presente la
comision que le habla dado Puisave, y la necesi-
dad de no desbaratar un plan, alejánd5se del pun-
to designado; cedió sin embargo, esperando ha-
llarse p(ir medio de una marcha forzadael dia 16
detrás de Santa Bárbara. Jean-Jean y Lantivy,
que tarabien desembarcaron felizmente, se prepa-
raban á marchar hacia Batid cuando se hallaron
con la órden de dirigirse á San Brieuc.


En aquel iuta-bs valo, hostigado Hoche por reta-
guardia, se vid obligado á enviar nuevos destaca-
mentospara contener la partida cuya marcha había
sabido; pero dejó en Santa Bárbara suficiente fuer-
za para resistir á un ataque obstinado. Le acosaban
sobremanera las lanchas cañoneras inglesas que
disparaban contra sus tropas, apenas se presenta.
han ea la Falaise , y no contaban ya sino con el
hambre para reducirá los emigrados.


Por su parte Puisave se preparaba á la accion
del 16 (28 de mesidor) Llegó el 15 á la bahía una
nueva division naval, que era la que habla ido á
buscar á la embocadura del Elva los regimientos
emigrados al sueldo de Inglaterra, y conocidos con
el nombre de regimientos de escarapela negra. Lle-
vaba las legiones de Salm, Damas, Beau y Peri-
gord, reducidas á mil cien hombres por las pérdidas
de la campaña, y mandadas por un distinguido ofi-
cial, M. de Somhreuil. Dala esta escuadra nuevos.


FRANCESA. 503
ausilios en víveres y municiones, anunciaba que
la seguirla!' tres mil ingleses conducidos por Milord
Graham, y el conde de Artois con fuerzas mas con-
siderables. Una carta del ministerio inglés decia á
Puisa ye que los cuadros estaban detenidos en la
costa del Norte por los agentes realistas del inte-
rior, que querían entregarle un puerto. Otra car-
ta que llegó al mismo tiempo .ponia fin á las dife-
rencias entre d'Hervilly Pulsare, dando á este
Ultimo el mando absoluto de la espedicion, y con-
firiéndole ademas el Ulule, de teniente general al
servicio (le Inglaterra.


Puisaye, libre para obrar, lo preparó todo pa-
ra la accion del siguiente dia; y aunque hubiera
preferido diferir el proyectado ataque para dar
tiempo de desembarcar á'la division de Sombreuil,
no pudo retardarle por haberse preparado todo para
el 16, que era el dia indicado á Linteniac. El 15
por la tarde mandó á Vauban que fuese á desem-
barcar á Carnac con mil doscientos chuanes para
llamar la atenciou por el estremo del campamento
de Santa Bárbara, y unirse á los lemas que de-
bien obrar por la espalda. Preparáronse muy tar-
de los barcos v Vauban no pudo embarcarse hasta
media noche. Tenia órden (le disparar un cohete si
lograba desembarcar , y dos sino conseguia ganar


- la ribera.
El 16 de julio (28 de mesidor), al amanecer sa-


lid Puisa ye de la península con cuantas tropas te-
nia, marchando en columnas. A. la cabeza iba el
valiente regimiento de Leal-emigrado con los ar-
tilleros de Rothalier ; á su derecha los regimien-
tos de Marina Real y de Drusenav con seiscientos
chuanes mandados por el duque de Levis, y el re-




504 REVOLUCION
gimiento de Hervillv, y mil chuanes mandados por
el caballero Saint--:Pierre ocupaban la izquierda,
formando cuatro mil hombres escasos todos es-
tos cuerpos reunidos. Mientras se adelantaban
hacia la Falaise, descubrieron el primer cohete
tirado por el conde de Vauban, y no viendo des-
pees otro, creyeron que este Italia desembarca-
do. Continuaron su marcha, y oyeron entonces á
lo lejos como ruido de descargas: «Ese es Tin-
teniac, dice Puisaye; ¡adelante!» Dan el paso de
carga, y se dirigen contra las trincheras de los re-
publicanos. liallábase colocada la vanguardia de
Hache mandada por Humbert delante de las altu-
ras de santa Bárbara, y al acercarse el enemigo se
retira, y se vuelve á la linea. Los sitiadores se
adelantan llenos de alegría; mas de repente hace
un movimiento un cuerpo de caballería que per-
manecia en batalla, y descubre formidables bate-
rías. Los emigrados se encuentran entre un fue-
go de fusilería y artillería, lloviendo sobre ellos
metralla, bombas y granadas. Los regimientos de
Marina Real y de.


Drusenay , pierden á la dere-
cha compañías enteras sin desordenarse; el duque
de Levis queda herido de gravedad al frente de
sus chuanes; el regimiento de Hervilly se adelan-
ta valerosamente hacia el fuego. Entre tanto ya
no se oía el tiroteo que parecia percibirse hacia la
retaguardia y los costados, de modo que ni Tinte-
niac ni Vauban habían atacado , ni había esperan-
za de ganar el campamento. Al mismo tiempo sa-
len de sus trincheras la infantería y caballería del
ejército republicano; y Puisaye, viendo que no
hay reas remedio que morir, manda á d'Hervilly
que dé á la derecha la órden de retirada, mien-


FRANCESA. 505
tras él mismo la efectúa por la izquierda. D'Her-
vill y que estaba puesto al fuego con el mayor de-
nuedo, recibe entonces un balazo en medio'del pe-
cho, y encarga á un edecan que lleve la órden de
retirarse; pero este desaparece arrebatado por una
bala de canon, de modo que no recibió órden nin-
guna el regimiento d'Hervilly, y los mil chuanes
del caballero de Saint-Pierre, continuan avanzan-
do Lacia el espantoso fuego. Mientras tocan reti-
rada en la izquierda, dan la señal de carga en la
derecha, La confusion y matanza son horrorosas,
La caballería republicana se precipita entonces so-
bre el ejército emigrado, Y le dispersa por la Fa-
laise, cayendo en su poder los cañones de Rotha-
lier, enterrados en la arena. Despues de haber
hecho prodigios de valor huye todo el ejército
hacia el frente de Penthievre; los republicanos le
persiguen á toda brida, y quieren entrar tras él en
el fuerte; pero se lo impide un socorro inespera-
do: Vauban que debia hallarse ea Carnac, se en-
cuentra en el estrerno de la Falaise, con sus chua-
nes v con el comodoro Waren. Ambos desde las
lanchas cañoneras hacen un fuego mortífero con-
tra la Falaise , contienen á los republicanos , y
salvan otra vez el desgraciado ejército de Qui-
beron.


Así, ni pareció Tinteniac, ni Vauban que, de-
sembarcó MUY tarde, pudo sorprender á los repu-
blicanos , viéndose ademas mal secundado por sus
atines, que mojaban sus fusiles para no batir-
se, de modo que tuvo que replegarse cerca del
fuerte, á todo lo cual se agregó no haberse oido el
segundo cohete que habia disparado siendo va de
dia. Todo esto fue necesario para que Puisaye,




506 REVOLUCION
frustrados todos sus planes sufriese tan desas-
trosa derrota. Todos los regimientos ha.bian te-
nido considerables pérdidas: el de marina real,
que constaba de setenta y dos oficiales, perdió
cincuenta y tres; los denlas padecieron á propor-
cien. No puede negarse que Puisave se precipitó
demasiado en atacar el campamento, pues cua-
tro mil hombres que van á acometer á diez mil,
fuertemente atrincherados , debian asegurarse
completamente de que los ataques dispuestos con-
tra la retaguardia y los flancos iban á efectuar-
se. No bastaba citar á unos cuerpos que tantos
obstáculos tenian que vencer , para creer que
hubiesen llegado al punto y tiempo designados.
Era. preciso convenir en una señal , en un medio
cualquiera para convencerse de la ejecucion del
plan. Puisave, aunque engañado por el ruido de
tiroteo lejano, no obró en esto con bastante pre-
caucion; por lo demas, bastante habla sufrido, y
dado suficiente prueba de valor á los que fingían
sospechar que carecía de él, porque no podían ne-
,aar su talento.it) •


No es difícil comprender por qué no habia pa,
resido Tinteniac. En Elven se halló con la órden
de pasar á Coetlogon, y cedió á esta resolucion tan
estriña con la esperanza de ganar el tiempo per-
dido en una marcha forzada. En Coetlogon le di-
jeron unas mugeres, que estaban encargadas de
trasmitirle la órden para pasar á San Brieuc. Los
agentes opuestos á Puisave eran los que toman-
do el nombre del rey, en que hablaban siempre,
querían que los cuerpos destacados por Puisaye
concurriesen á la contra-espedicion que meditaban
sobre San-Malo ó San-Brieuc. Mientras se confe-


FRANCESA. ó07
renciaba sobre esta órden atacaban el castillo de
Coetlogon los destacamentos que Boche envió en
persecucion de Tinteniac; y este, que había acudi-
do, cayó muerto de un balazo en la frente. Su su-
cesor en el mando consintió en marchar hacia San-
Brieuc. MM. de Lantivy y Jean-Jean desembara-
cando en las inmediaciones de Quimper, se halla-
ron con órdenes semejantes. Los gefes estaban di-
vididos, y viendo aquella baraunda de órdenes y
proyectos,sus soldados ya descontentos se disper-
sarOn. Por esto ninguno de los ejércitos que envió
Puisaye para llamar la atencion llegó al punto de-
signado. Asi la agencia de Paris con sus planes
habia privado á Puisave de los cuadros que tenia
en la costa del Norte, de los dos destacamentos que
no hahian dejado dirigirse á Baud el , y fina!-
mente del ausilio de todos los gefes á quienes ha-
bia dado órden para no hacer movimiento alguno.


Ya encerrado en Quiheron, no tenia Puisave
esperanza alguna de salir para seguir avanzando,
ni le quedaba mas recurso que volver á embarcar-
se, antes de que el hambre le obligase á hacerlo,
para intentar empresa mas feliz en otra parte de la
costa, es decir, en la Vadee. La mayor parte de
los emigrados no querian otra cosa: el nombre de
Charette les hacia esperar que hallarían eu la Ven-
dée un gran general á la cabeza de un hermoso
ejército; ademas de que les lisonjeaba mucho que
hiciese la contra-revolucion cualquiera otro que no
fuera Puisaye.


Entre tanto no cesaba lloche de observar
aquella península, y buscaba el medio de penetrar
en ella. Se hallaba defendida al frente por el fuer-
te de Penthievre, y en las orillas por las escua-




508 REVOLUCION
dras inglesas. No podia tratarse de desembarcar
en ella con lanchas ; tomar el fuerte por medio de
un sitio regular era tambien cosa imposible, por-
que no podia llegarse á él sino por la Falaise, azo-
tada de continuo por el fuego de las lanchas caño-
neras. En efecto, los republicanos no podían ha-
cer el menor reconocimiento sin verse entre me-
tralla; solo una sorpresa nocturna ó el hambre, po-
dia proporcionar á l'odie la península. Una cir-
cunstancia le resolvió á intentar una sorpresa, por
mas arriesgada que fuese. Los prisioneros alista-
dos casi á la fuerza en los regimientos emigrados
hubieran sido únicamente fieles á su nuevo empe-
ño ea caso de triunfo; pero su interés mas pode.
roso, aunque careciesen de patriotismo, les obli-
gaba á, regresar á sus filas victoriosas que les tra-
tarían colio desertores si les hallaban con las ar-
mas en la mano. Acudian en bastante número por
la noche al campamento de noche, diciéndole que
se habian alistado para librarse de las prisiones, ó
para que no les enviasen á ellas, v le indicaron un
medio de penetrar en la península. A. la izquierda
del fuerte de Penthievrc }labia una roca, al rededor
de la cual podia andarse, aunque con el agua hasta
la boca, v despues se hallaba una senda que con
(lucia á lo alto del fuerte. Los fugitivos habian ase-
gurado en nombre de sus camaradas que compo-
nían la guarnicion, que ayudarian á abrir sus
puertas


No vaciló Hoche en seguir este consejo á pesar
del peligro de semejante tentativa , y formó su
plan segun las indicaciones hechas , resolviendo
apoderarse de la península para coger á toda la
espedicion antes que tuviese tiempo de volver á


FRANCESA. 509
embarcarse. El 20 de julio por la tarde (2 de ter-
midor) , estaba oscuro el cielo; Puisaye y Vauban
habian colocado avanzadas para precaverse de un
ataque nocturno. «Con semejante tiempo , dijeron
«á los oficiales, que vayan los centinelas enemigos
«á hacernos fuego.» Pareciéndoles todo tranquilo
fueron a recogerse con la mayor seguridad.


Mas ya estaban hechos todos los preparativos
en el campamento republicano, v á cosa de media
noche se, movió Hoche con su ejército. El cielo es-
taba encapotado, y un furioso viento levantaba las
olas y encubria con su sordo rugido el ruido de
las armas y los soldados. Melle colocó su ejército
en columnas sobre la Falaise, y dió despues tres-
cientos granaderos al ayudante general Menage,
jóven republicano, dotado de heróico esfuerzo. Le
mandó desfilar por la derecha, entrar en el agua
con sus granaderos, rodear el peñasco en que se
apoyaban los muros, subir á la senda y procurar
introducirse así en el fuerte. Dadas estas disposi-
ciones, siguieron con el mayor silencio; y teniendo
el santo las patrullas, á quienes habían dado los
uniformes encarnados que quitaron á los muertos
en la accion (Jet 16 , engañaron á las avanzadas, y
se acercaron sin ser reconocidos. Menage entró
en el ruar con sus trescientos granaderos, y el rui-
do del viento no dejaba oir el que ellos hacían agi-
tando las aguas. Algunos cayeron y volvieron á
levantarse•; otros se hundieron en el y Sal-
tando de roca en roca, llegaron al fin (letras de su
animoso gefe á la senda que conduce al fuerte. Al
mismo tiempo llegó Hoche bajo los muros con sus
columnas; pero de repente conocieron los centine-
las una de las supuestas patrullas ; descubrieron




510 REVOLUCION


entre las tinieblas una sombra larga v movible; hi-
cieron fuego inmediatamente, y se d'ió la señal de
alarma. Los artilleros toloneses acudieron á, sus
piezas, é hicieron llover metralla sobre las tropas
de Melle, que se desordenaron, y confundidas se
prepararon á emprender la fuga. Menage llegó al
mismo tiempo á la cima del fuerte; los soldados
cómplices de los sitiadores acudieron á las alme-
nas, presentaron las culatas de sus fusiles á los
republicanos v les introdujeron en el fuerte. En-
tonces cay eron todos sobre el resto de la guarni-
cion v degollando á los que se resistian enarbo-
laron .al punto el pabellon tricolor. linche en me-
dio del desórden que habian esparcido en sus co-
lumnas las baterías enemigas, no titubeó un ins-
tante; se llegó á cada trefe, le colocó en su puesto,
puso á cada uno en su fila y arregló su ejército
bajo aquella espantosa lluvia de fuego. La oscuri-
dad empezaba á desvanecerse, y descubrió el pa-
hellon republicano en la cima del fuerte. «Pues
«qué! dijo á sus soldados, quereis retiraros, cuan
«do vuestros camaradas han clavado ya su ban-
dera en los muros enemigos!» Les condujo á las


otras avanzadas en (pie acampaban parte de los
chuanes, lo inundaron todo, y al fin se apoderan
del fuerte. Al mismo tiempo, despertados por el
fuego Vauban y Pulsare, acuchan al sitio del de-
sastre, pero va no era tiempo. Ven huir confundi-
dos á los chuanes, á los oficiales abandonados por
sus soldados y al resto de la guarnicion que ha-
blan permanecido fieles. Hocle, no se contenta
con la toma del fuerte ; reune parte de sus colum-
nas y se adelanta por la península antes que el
ejército espedicionario pueda desembarcarse. Pui-


FRANCESA. 511


sayo, liauban y todos los gefes se retiraron al in-
terior, donde quedaban aun el regimiento de


los restos de los regimientos de Drusenay,
Marina Real, Leal-Emigrado, y la legion de Som-
breuil que hacia dos dias había desembarcado y
constaba de mil y cien hombres. Tomando una
buena posicion, pues habla algunas en la penín-
sula, y ocupándola con los tres mil hombres de
tropas organizadas que aun tenian , podian dar
tiempo á la escuadra para recoger á los infelices
emigrados. El fuego de las lanchas cañoneras hu-
biera podido proteger la entrada en los barcos;
pero todos los ánimos estaban alterados. Los chua-
nes se precipitan al mar con sus familias para ga-
nar algunas barcas de pescadores que había en la
ribera, y llegar á la escuadra que el temporal Ra-
bia alejado. Las tropas esparcidas por la península
corrían desalentadas sin saber dónde reunirse;
d' llervilly , capaz de defender denodadamente
tina posicion y perfectamente reconocedor de los
lugares, estaba mortalmente herido. Sombreuil que
le habla reemplazado, ni conocía el terreno, ni sa-
bia dónde permanecer ó á dónde retirarse; y aun-
que era valiente, parcela haber perdido en esta
ocasion la necesaria presencia de ánimo. Puisave
llega donde estaba Sombreuil , y le indica una
posicion. Este le pregunta si ha mandado á la es-
cuadra que se acerque; Pulsare le responde que
ha enviado á un hábil y fiel piloto; pero el tempo-
ral es muy malo, y el piloto no llegó tan pronto
como quisieran los infelices queestaban para arro-
jarse al mar. Se aproximan las columnas republi-
canas, y Sombreuil pregunta de nuevo á Puisaye:
«.¿está avisada la escuadra?» Este último acepta




1
rj jQ IIEVOLUC ION


entonces la comision de volar en busca del como-
doro, comision que convenia mas á otro , porque
él debía ser el último que se librase del peligro;
mas le obligó á hacerlo la necesidad de salvar su
correspondenc i a, que hubiera comprometido á to-
da la Bretaña, á caer en manos de los republicanos.
Sin duda era tan urgente salvar esta como el ejér-
cito mismo, mas Puisaye podia haber hecho lle-
varla á bordo sin ir en persona. Sale, y llega á
bordo del comodoro al mismo tiempo que el piloto
que habla enviado. La distancia, la oscuridad y el
mal tiempo impidieron que desde la escuadra su-
pieran el desastre. El valiente almirante Waren,
que durante la espedicion habla auxiliad() á los
emigrados con todos sus recursos y fuerza de velas,
llega por fin con sus navíos á tiro de cañon en el
mismo instante en que Boche al frente de sete-
cientos granaderos, perseguia á la legion de Som-
breuil, y la tenia ya cerca del agua. ¡Qué espec-
tenlo presentaba entonces aquella desdichada cos-
ta! El mar alterado apenas permitía á las embar-
caciones acercarse á la ribera; multitud de cima.-
nes y soldados fugitivos se arrojaban al mar con el
agua" al cuello, para llegar á las embarcaciones , y
se sumergian por llegar mas pronto; mil infelices
emigrados, puestos entre el mar y las bayonetas
republicanas, se velan reducidos á arrojarse á las
olas, ó sobre la espada de sus enemigos, sufriendo
tanto fuego por parte de la escuadra, como de los
republicanas mismos. Llegaron algunas embarca-
ciones, pero por otro punto, pues en aquel no ha-
bla mas que una goleta que hacia un horroroso fue-
go, v que contuvo algunos instantes en su marcha
á los republicanos. Se dice que algunos granade-


,
FRANCESA. 513


ros gritaron á los emigrados; « Entregaos que no
se os hará nada;» palabras que corrieron de boca
en boca. Sombreuil quiso acercarse para parla-
mentar con el general Humbert ; pero el fuego no
le permitió dar un paso, y un oficial emigrado se
arrojó al agua para que cesase el fuego. noche no
quería capitulacion , pues conocia muy bien las
leyes contra los emigrados para que osára com-
prometerse, y era incapaz de prometer lo que no
podía cumplir. .En una carta publicada en toda
Europa, ha asegurado que no oyó ninguna de las
promesas atribuidas al general Humbert, que no
las hubiera autorizado. Pudieron gritar algunos de
sus soldados: Entregdos! mas él ni ofreció ni pro-
metió nada. Siguió adelante, y los emi grados sin
mas remedio que rendirse ó perecer, tu \''ieron es-
peranzas de que tal vez se les tratarla como á los
vendeanos y depusieron las armas. Ninguna capi-
tulacion, ni verbal siquiera, se hizo con noche.
Vauban, que se hallaba presente, confiesa que na-
da se trató, y él mismo aconsejó á Sombreuil que
no se entregase por la vaga esperanza que daban
los gritos de algunos soldados.


Muchos emigrados se atravesaron con sus es-
padas; otros se arrojaron al mar en busca de las
embarcaciones. El comodoro Waren, hizo cuantos
esfuerzos pudo para vencer los obstáculos que
presentaba el mar, y salvar el mayor número po-
sible de aquellos desventurados. Muchos hubo que
viendo acercarse las lanchas, se echaron al agua,


desde la orilla les apuntaban á las cabezas ; y a
aros que intentaban subir á las chalupas ya de-
masiado cargadas, los que estaban dentro, temien-
do sumergirse, les cortaban las manos á sablazos.


Eiblioleco popular
T. IV, 502




514 REVOLUCION FRANCESA.
515


Apresurémonos á, apartar la vista de tau hor-
ribles escenas en que con tan terribles desgracias
se espiaban los yerros cometidos. Muchas causas
hablan contribuido á que se malograse esta espe-
dicion. En primer lugar se habia esperado mucho
de la Bretaña. Un pueblo realmente dispuesto á
sublevarse, lo hace como los vendeanos en mayo
de 1793; busca geles, les suplica, les obliga á
nerse á su cabeza, pero no espera que le organi -
cen, ni sufre dos años de opresion para sublevar-
se cuando esta va no existe. Por muy buenas dis-
posiciones que tuviera, un hombre tan vigilante
como linche las frustrarla. Puisaye pues, tenia mu-
chas ilusiones; sin embargo, hubiera podido sacar-
se partido de aquel pueblo, y hallar en su seno
muchos hombres á propósito para combatir , si se
hubiera adelantado hasta Reunes una espedicion
considerable, arrollando al ejército que dominaba
el pais; mas para esto , hubiera sido preciso que
los gefes rebeldes hubiesen estado acordes con
Puisaye, y éste con la agencia de Paris; que no se
hubiese dado á los gefes atienes las instrucciones
mas opuestas; que ni unos hubieran recibido ár-
dea de permanecer quietos, ni dirigidose los otros
á los puntos opuestos á los que designaba Puisa-
ye, que los emigrados hubieran comprendi•lo mejor
la guerra que iban á hacer, no despreciando tanto
á aquellos paisanos que se sacrificaban por su cau•
sa: hubiera sido preciso no desconfiar los ingleses
tanto de Puisaye, no agregándole un segundo gefe,
dándole de una vez los recursos que le destinaban
‘1"• intentando esta espedicion con todas sus fuerzas
reunidas; era indispensable sobre todo, que se hu-
biera puesto al frente de la espedicion un gran


príncipe ó por lo menos ya que no fuese grande,
que hubiera sido el primero en pisar la orilla del
mar. Con su presencia se hubieran desvanecido
todos los obstáculos, y cesado al punto la division
de los gefes vendeanos entre sí, de estoscon el ge-
p eral hrelon, de este gefe con los agentes de Paris,
de los (Atienes con los emigrados , de la España
con la Inglaterra; finalmente, la division de todos
los elementos de la empresa. Al aspecto del prín-
cipe se hubiera exaltado el entusiasmo de todo el
pais, y sometiéndose cada cual á sus órdenes, to-
dos hubieran concurrido á la empresa. Boche hu-
biera podido quedar envuelto, y á pesar de su ta-
lento y energía, obligado á ceder al influjo omni-
potente de estos paises. Detras de él quedaban
indudablemente aquellos valientes ejércitos que
habían vencido á la Europa; pero el Austria podía
ocuparlos en el Rin. é impedirles que se despren-
diesen de muchas fuerzas; el gobierno no tema va
la energía de la antigua connsion, v la reyolucilin
se hubiera visto muy apurada. Desposeída con
veinte años de anticipacion, sus benéficas institu-
ciones no hubieran podido consolidarse, é inaudi-
tos esfuerzos, inmortales victorias y torrentes de
sangre , todo hubiera sido infructuoso para la
Francia; y si al menos no lograba un puñado de
fugitivos someter á su alvedrío á una naciou briosa
hubieran puesto en peligro su regeneracion , y
ellos no hubieran perdido su causa sin defenderla
honrando sus pretensiones con su energía.


Los díscolos que formaban el partido realista
lo atribu yeron todo á la Inglaterra y á Pitisaye.
Este, segun ellos, era un traidor vendido á Pitt pa-
ra renovar las escenas de Talan; sin embargo,




516 REVOLCCIUN


era evidente que Puisaye hizo cuanto pudo. Supo-
ner que la Inglaterra no hubiera apetecido triun-
far, era un absurdo, pues sus propias precauciones
respecto á Puisaye, la eleccion que hizo de d'ilervi-
lly para impedir que los cuerpos emigrados se vie-
sen demasiado comprometidos, y finalmente el ce-
lo que el comodoro Waren desplegó para salvar 'e
á los infelices que quedaban en la península, prue-
ban que á pesar de su genio político, aquella po-
tencia ni siquiera pensó en el feo y cobarde cri-
men que se le imputaba. Seamos justos con todos,,
aun con los implacables enemigos de nuestra revo-
lucion v nuestra patria.


El comodoro Waren desembarcó en la isla de-
Houat los desgraciados restos de la espedicion, y
allí esperó nuevas órdenes de LOndres y la llegada
del conde de Artois que se hallaba i bordo del
Lord Moira, para saber lo que (labia efectuarse.
Reinaba la desesperacion en aquella pequeña isla:
los emigrados y los chuanes, llenos de miseria y
acometidos por una enfermedad contagiosa, fulmi-
naban improperios y amargas acusaciones contra
Puisave. Mayor era aun esta desesperacion en
Aurai - y Vannes, á donde se trasportaron los mil
emigrados cogidos con las armasen la mano. Des-
pues de haberlos vencido Iloche, se apartó de tan
doloroso espectáculo para perseguir los restos de
Tinteniac, que llamaban el ejército encarnado. No
porfia decidir de la suerte de los prisioneros ; ¿qué
habla de hacer por ellos? EaLstian las leyes y no,
podía anularlas. Dió cuenta á la comision de salva-
eion pablica y á Tallien. Este salió inmediatamente
y llegó á Paris la víspera del 9 de termidor. Cele-
brabase en este dia ; segun las nuevas disposicio-


FRANCESA
517


nes, una fiesta dentro de la misma Asamblea en
conmcmoracion de la caída de Robespierre; todos
los representantes asistian en trage de etiqueta,
una numerosa orquesta tocaba piezas patrióticas,


cantaban varios coros los himnos de Chenier.t ourtois leyó un informe sobre los acontecimientos
del 1) de termidor. Tallien leyó en seguida otro so-
bre la accion de Quiberon. Se notó en él la inten-
don de atribuirse otro triunfo ; sin embargo, le
aplaudieron con entusiasmo sus servicios del


-
año


Ultimo y los que á la sazon acababa de prestar.
En efecto, su presencia no fué inútil al general Bo-
che. El mismo dia hubo un gran convite en casa
de Tailien, al que asistieron los principales giron-
dinos en union con los termidorianos. Cambien se
bailaron en él Louvet y Lanjuinais. Este brindé por
el 9 de termidor y


'


por los animosos diputados que
hacian derrocado la tiranía; Tallien por los seten-
ta y tres, los veinte y dos y los diputados sacrifi-
cados al terror; Louvet añadió estas palabras: y
por su union íntima con los héroes del 9 de termidor.


En efecto, tenían mucha necesidad de reunirse
para combatir unánimente contra todos los enemi-
gos que hacian guerra á la república. La alegría
era estremada, especialmente acordándose del pe-
ligro en que se hubieran hallado si la espedicion
del Oeste hubiera concurrido con las que hácia e!
Este habla preparado el príncipe de Conde.


Era necesario decidir de la suerte de los pri-
sioneros. Se dirigieron varias solicitudes á las co-
misiones, pero era imposible salvarlos en la situa-
cion presente. Los republicanos decían que el go-
bierno quería llamar á los emigrados, devolverles
sus bienes, y por consiguiente restablecer el tro-




518 RE VOLUCION


no ; los realistas, orgullosos siempre, sostenian lo
mismo, y decian que gobernaban sus amigos, ha-
ciéndose tanto mas atrevidos, cuanto mayor era
su esperanza. Manifestar á la sazon la mas pequeña
indulgencia, era justificar los temores de unos, las
locas esperanzas de otros; era desesperar á los re-
publicanos y alentar á los realistas para que inten-
tasen cualquiera cosa. La comision de salvacion
pública ordenó la aplicacion de las leyes, y en ver-
dad que no habia montañeses entre ellos; pero co-
nocía cuán imposible era obrar de otro modo. Una
comision reunida en Vannes, estaba encargada de
distinguir los prisioneros alistados á la fuerza
de los verdaderos emigrados. á estos les fusilaron
pero en cuanto á los soldados dejaron escapar
cuantos pudieron. Perecieron muchos valientes;
pero no debían estrañar su suerte despues de ha-
ber introducido la guerra en su pais, y hallándo-
los con las armas en la ruano. Si se hubiera visto
menos amenazada de enemigos de toda clase, y es-
pecialmente de sus propios cómplices, la república
hubiera podido perdonarles, pero en la actualidad
le era imposible. M. de Soinbreuil, que era un ofi-
cial valiente, cedió al morir á un acto indigno de
su valor. Escribió una carta al comodoro Waren,
en que acusaba á Puisaye con furiosa desespera-
cion, y encargó á [locho que se la dirigiese al co-
modoro. Aunque contenía una asercion falsa, ¡b-
ebe, respetando la voluntad ele un moribundo, la
dirigió al comodoro, pero respondió con otra carta
á la asercion de Sombreuil, desmintiéndole: «Me
«hallaba, dice, al frente de setecientos granaderos
«de Ilumbert, y aseguro que ninguna capitulacioa
.«se hizo.» Todos los contemporáneos que conocian


FRANCESA. 519


el carácter del jóven general, le han juzgado inca-
paz de mentir; ademas de que confi rman n sus pala-
bras varios testigos oculares. La carta de SOM-
breu I 1 perjudicó notablemente á la emigracion y á
Puisaye, y se la ha tenido por tan poco honrolia á
la memoria de su autor, que han pretendido ha-
berla supuesto los republicanos; imputacion muy
digna de las miserables hablillas que entre los emi-
grados circulaban.


Mientras que el partido realista acababa de
sufrir tan terrible golpe en Quiberon, se le prepa-
raba otro en España, porque Moncey [labia entra-
do de nuevo en Vizcaya, tomando á Bilbao v Vi-
toria, y estrechando de cerca á. Pamplona. El favo-
rito que gobernaba la córte, despues de no haber
querido al principio oir las proposiciones de paz
que al empezar la campaña hizo el gobierno, por-
que no se trataba con él, se decidió á negociir, y
envió á Basilea al caballero Iriarte. Firmóse la paz
en este punto con el enviado de la república,
Barthelemy, el 21 de mesidor (12 de julio) cuando
ocurrieron los desastres de Quiberon Las condi-
ciones_ eran restituir todas las conquistas que ha-
cia hecho la Francia en Esparta, y ceder como
equivalente en nuestro favor la parte española de
Santo Domingo. La Francia concedía en esto mu-
cho por una ventaja ilusoria porque Santo Do-
mingo ya no pertenecia á nadie: pero estas con-
diciones las dictaba la mas profunda política. La
Francia nada porfia desear al otro lado de los Piri-
neos, ni tenia el menor interés en debilitar á Espa-
ña; al contrario, á ser posible, hubiera debido dar
e esta potencia las fuerzas perdidas en- una lucha
empezada contra los intereses de las dos naciones.




520 RE VOLUC ION


Fue recibida la noticia de esta paz con el ma-
yor regocijo por cuantos amaban la Francia v la
república, porque no solo se apartaba á una 'po-
tencia de la coalicion, mas tambien se vcia un Bol.-
bon mas que reconocia la república, v quedaban
dos ejércitos en disposicion de pasar á los Alpes,
al Oeste ó al Rin. Los realistas llevaron al colmo
su desesperacion especialmente los agentes de Pa-
ris, que temian se divulgasen sus intrigas con la
comunicacion de sus cartas escritas á. España. La
•Englaterra hubiera visto cuanto se decia de ella;


-
aunque la desacreditaban altamente por los suce
sos de, Quiberon, era Sin embargo la única que po-
dia dar dinero en adelante; y asi era precisoguar-
darla consideraciones, aunque despues se la enga-
ñase si era posible. (')


Otra ventaja no menos im portante consiguie-
ron los ejércitos de Jourdan y Pichegrú, los cua-
les despues de muchas dilaciones decidieron pasar
al Rin. Los ejércitos francés v austriaco se halla-
ban uno en frente de otro en las dos orillas del rio
desde Basilea. á Dusseldorf, siendo escelente la po-
sicion defensiva de los austriacos en el Rin. Cu-
brian su derecha los fuertes de Dusseldorf v .Ehren-
breitstein; su centro é izquierda Maguncia, Man-
beim y Filishurgo; el Necker y el Mein, que toma-
ban su origen no lejos del Danubio, y corrian casi
paralelos al Rin, formaban dos importantes lineas
de comunicacion entre losestados hereditarios; su-
ministraban abundantes víveres v cubrian los dos
flancos de ejército que intentaban ` obrar concéntri-
camente hacia Maguncia. El plan que dehian se-


- La prueba de todo esto se encuentra en el tomo 3. do las
ltlemorias de Puisaye.


FRANCESA. 521


guir en un campo de batalla los austriacos y fran-
ceses, era enteramente el mismo, unos y otros (se-
gun la opinion de un gran capitan y un célebre
critico) debian dirigirse á obrar concéntricamente
entre el Mein y el Necker. Los ejércitos franceses
de Jourdan y Pichegré hubieran debido esforzar-
zarse en pasar el Rin por Maguncia, á poca distan-
cia uno de otro, reunirse despues en el valle del
Mein, separar á Clerfavt de Wurmser, y subir por
entre el Necker y el llfein, procurando batir alter-
nativamente á los dos generales austriacos. Estos
debían del mismo modo concentrarse para salir
por Maguncia á la orilla izquierda. En caso de ser
detenido por su adversario que hubiese pasado el
Iijn por algun punto, debian concentrarse entre el
Necher y el Mein, impedir la reunion de los dos
ejércitos franceses, y aprovecharse de un momen-
to para lanzarse el uno contra el otro. Los gene-
rales austricos tenian toda la ventaja para tomar
la iniciativa, porque ocupaban á Maguncia, y po-
dian desembocar en la orilla izquierda cuando les
agradase.


Pero se adelantaron los franceses en tomarla,
y habiendo llegado las embarcaciones holandesas,
despues de muchas lentitudes, á la altura de Dus-
seldorf, se preparó Jourdan para atravesar el Rin.
Le pasó en efecto el 20 de fructidor (6 de setiem-
bre) por Eichelcamp, Dusseldorf y Neuwied, á fa-
vor de una operacion mu y atrevida, y se adelantó
por el camino de Dusseldorf á Francfort, entre la
línea de la neutralidad prusiana y del Rin, y llegó
hacia Dila el cuarto dia complementario (20 de
setiembre). Pichegrú tenia al mismo tiempo órden
para intentar el paso por el alto Rin y amenazar á




J12 rt E VOLUCION


Illanhein, teniendo la fortuna de que se rindiese
aquella floreciente ciudad por temor de un bom-
bardeo, el mismo dia (20 de setiembre). Desde
aquel momento ya todas las ventajas estaban de
parte de los franceses, puesto que Pichegrú apo-
yado en esta ciudad, dehia llamar á ella todo su
'ejército, y unirse con Jourdan en el valle del Mein,
pudiendo entonces separar á ambos generales aus-
triacos, y obrar concéntricamente entre el Mein y
el Necker. 1:1 que mas importaba era sacar áJour-
dan de su posicion entre la línea de neutralidad y
el Rin, porque su ejército, careciendo de los nece-
sarios medios para trasportar sus víveres y no pu-
diendo tratar al pais como enemigo, iba á carecer
absolutamente de recursos como no siguiese avan-
zando.


Asi, todo en aquella época era favorable para la
república : la paz con España, la destruccion de la
espedicion inglesa en las costas de Bretaña, el pa-
so del Rin y la feliz ofensiva de Alemania, eran las
ventajas que habia consegnido á un mismo tiem-
po. Ahora ya solo dependia de sus generales y go-
bierno aprovecharse de tan felices sucesos.


CAPITULO XL


Intrigas del partido realista en las secciones.—Fuella de los emi-
grados.—Perseeucion de los patriotas.—Constitucion directoria],
llamada del ano III, y decretos del 5 y 13 de fructidor.—Acepta-
cion de la Constitucion y de los decretos por las Asambleas pri-
marias de la Francia.—Levantamiento de las secciones de Pa-
ris contra los decretos de fructidor y la Convencion.—Jornada
de113 de vendimiarlo ; derrota de las succiones sublevadas.—
Ciérrase la Conveneion nacional.


Batido en las fronteras el partido realista y
abandonado por la córte de España en quien fun-
daba sus mayores esperanzas, se ció reducido á in-
trigar en lo interior, y preciso es convenir en que
Paris ofrecia entonces ancho campo á sus intrigas.
Adelantahase la obra de la constitucion y parecía
el momento mas oportuno para dar principio á las
tramas contra-revolucionarias, aquel en que la Con-
venciou dejase sus poderes y en que la Francia se
reuniese para elegir nuevos representantes, 6 en
que una Asamblea enteramente nueva sucediese á
la que habia reinado por tanto tiempo.


Estaban fermentando en las secciones de Paris
las mas ardientes pasiones, y aunque su espíritu no
fuese ciertamente realista, servia al realismo sin
conocerlo. Empeñados en luchar con los terroris-
tas, y encendidos con el calor de la lucha, quedan.




524 REVOLUCION


perseguir también y se irritaban contra la Con-
vencion porque no permitia llevar la persecucion
á tanto estreno. A. cada momento recordaban que
habia salido el terror de su seno, y la pedían una
constitucion , unas leves y el término de su pro-
longada dictadura. La may


o
r parte de los hombres


que pedian todo esto , ni siquiera pensaban ea los
Borbones. El rico estado llano de 89, los comer-
ciantes, los mercaderes, los propietarios, los abo-
gados y escribanos eran los que querian que se es-
tableciesen leyes y se les dejara gozar de sus de-
rechos; los jóvenes republicanos sinceros, pero cuyo
ímpetu les cegaba contra el sistemarevolucionario,
y muchos ambiciosos, escritores de periódicos ú
tiradores de las secciones , eran los que para colo-
carse tambien , deseaban que la Convencion les
dejase el puesto. A !asombra de todosellos se ocul-
taban íos realistas , v entre estos algunos emigra-
dos, clérigos que habían regresado,


unos de la


antigua córte , cesantes en sus destinos , y otros
muchos indiferentes y cobardes que temian una
libertad revoltosa. Estos Últimos no iban á las sec-
ciones , pero los primeros no faltaban á ellas, y
se rallan de todos sus medios para amotinarlas. La
instruccion que los agentes realistas dieron á sus
comisionados , era que adoptasen el lenguage de
los de estas reuniones; que pidiesen lo mismo que
ellos, el castigo de los terroristas, la conclusion de
la constitucion y el proceso de los diputados mon-
tañeses; pero todo esto con violencia, de modo que
comprometiesen á las secciones con la Convencion,
y excitasen nuevas asonadas, porque toda asonada
era una tentativa, que al menos podía llegar á dis-
gustar á una república tan turbulenta.


FRANCESA. 525


Por fortuna semejantes manejos solo eran po-
sibles en Paris, que es siempre la ciudad mas al-
borotadora de Francia ; en ella es donde con mas
calor se discute sobre los intereses públicos , don-
de se tiene iuclivacion y pretensiones de influir en
el gobierno, y donde empieza siempre la oposicion.
Escepto Lyon , MarsellaTolon, donde se asesi-
naba, lo denlas de la Fra'ncia tomaba mucha me-
nos parte en los disturbios políticos que las sec-
ciones de Paris.


is_demas de lo que decian á hacian decir en las
secciones, los intrigantes al servicio realista, -aña-
dian folletos y articulas de periódicos. Luego men-
tían mucho, como lo tenian de costumbre, se da-
ban una importancia de que. carecian , y escribían
al estrangero que habían seducido á los principales
gefes del LYobierno. Con semejantes mentiras se
procuraban dinero , y acababan de lograr algunos
millones de libras esterlinas de la Inglaterra. Sin
embargo , es cierto que sino habían ganado á Ta-
llie,nni floche, como lo afirmaban, lo habían con-
seguido , no obstante , de algunos convencionales
que no pasaron de dos ó tres, y segun la voz pn-
bliea fueron Ro yere y Saladin, dos revolucionarios
furibundos, que se habían convertido á la sazon en
no menos terribles reaccionarios. Tambien se cree
que habían puesto de su parte con mas ingeniosos
medios á algunos de aquellos diputados de °pipiar!
moderada , que sentian cierta inclinacion á una
monarquía representativa, es decir , á un l3orbon,
ligado, como quien dice, por