ANALHS DEL REINADO DE DOÑi ISABEL 11. Esta obra es propiedad de los herederos det...
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ANALHS
DEL REINADO DE DOÑi ISABEL 11.




Esta obra es propiedad de los herederos det autor,
los que perseguirán ante la ley al que la reimprima; á
cuyo fm llecaráti fodos los ejemplares la siguiente rú-
brica


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ANALES DEL RmlNADt
DB


D.A ISABEL 11.
OBRA POSTUMA


DE DON" JAVIER DE BURGO'


TOMO 1.
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MADRID.
ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE MELLADO,


ulle de Sanla Terna núm. 8.
IlDCCCL.




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DON JAVIER DE BURGOS·


!'Iaciú en la ciudad de Motril, provincia de Granada, el 22 de octubre
de 1778, de.familia noble aUlHlUC escasa de bienes, Al principio de su carrera
sf dedicú á las riencias er..lr,~iá5ticas; pero mostrando siempre mas aficion al
"studio de la elocuencia y la poesia, se trasladó á tUadrid en 1793, rJonde solo
permaneció dos años, al cabo de los cuales volvió á su pais.-Durante la in-
vasion francesa desempeñó cargos honoríficos, de cuyas resultas tuvo que emi-
grar en 1812, y permanecíó en el cstraugero hasta 1817 que fijó su residencia
eu 1 .. corte. En 1824 fué á París de órden del gobierno á desempeñar una comi-
;ion de hacienda, y en 1827 p'gresó á España. llesde entonces ocupó siempre
un puesto distinguido en la administracion, hasta que en 1833 rué nombrado
1I1luistro de Fomento, y mas adelante senador del reino, consejero real, y por
último ministro de la Gobernaeion en i84G. l'aHeció en Madrid el 22 de enero
de 1848, á los 69 años 3 meses de edad.-Los escritos mas notables de Burgos
,on: la famosa esposicion que ele.ó al rey desde P"rís; la Inslruccion á los sub-
delegados de Fomento; la traduecion de lIoracio; sus Lecciones de adminis-
tr"cion, y la historia ó Anales del reinado de doña Isabel Il. Al principio de
,'sla oh[a va una estensa lJiografia , en la que se hallan muchos de los docu-
mentos ql!r arahamos dI' cilar,






: ,¡ f i " . ~I






NOTICIA BIOGRAFICA
DEI,


N\CIÓ don Javier de Burgos en la ciudad de Motril, el22 de oc-
tubre de 1778. Sus padres, nobles r aeomodados, le destinaron á
la iglesia, y le hicieron entrar, á la edad de 11 años, en el co-
legio, célehre entonces, de San Cecilia de Granada, donde eursó,
con notaLle aprovechamiento las ciencias eclesiásticas, y comen-
zó a distinguirse por los conocimientos en que tanto sobresalió
despues, mostrando desde luego una decidida aficion por la elo-
cuencia y la poesía. Concluidos sus estudios, sus padres le en-
yiaron á que los completase con el conocimiento del mundo y el
trato de los hombres de letras; y, eontando solo 19 años de edad,
pasó á la corte en 1798.


Era á la sazon el esclarecido poeta don Juan Melendez Val-
(1;, ~Iuchas de las noticias que aqui damos, están sa('ada .... de la rs('plPlltt'


hiografia publicarla por rl Sr. H. N. P. maz .~n 1842.
TOMO 1. 1




moen \1'1.\


tlés, liscal tle ia "ala tlt, alcaldes tic casa y t'lírtc, y tlc8eanllo
Burgos ronocerle, y no permitiéndole su impaciencia huscar
quien le acompañase, se prrsentó en casa del ilustre magistrado.
I¡ue se hallaba ~\ la mesa. l\fanifest:íronlo asi los críado~ al jóven
tlue se obstinaha en entrar, y oyendo "Melendez el ruido, y pre-
guntando ((¿Qué es eso?-Nada ya, le contestó Burgos adelantán-
dose. Por ahora he conseguido el objeto que me había propuesto,
que era el de conocer á vd.-¿Vd. es poeta?-Quiero serlo.-En-
tonces siéntese vd.» De este modo empezaron relaeiones que tan
Íntimas se hicieron despues, y que duraron hasta la muerte del
magistrado poeta. Este, interesado en dar carrera á Burgos, ha-
bló de él á su amigo Jovellanos, y le hizo al mismo tiempo estudiar
la jurisprudencia con un célebre abogado. Cayó á poco el ilustre
ministro asturiano, Melendez fué envuelto en su caida, Burgos
no pensó mas en cambiar sus matrículas, y escitado por su padr!'
á volverse á su pais para disfrutar de su patrimonio, lo verificó
asi dos' años despues. Alli ejerció su cargo de regidor perpétuo,
y fué nombrado á '21 años secretario de la sociedad económirn.
Estos destinos no le distrajeron del cultivo de las letras, é ins-
pirado por un hombre ilustre, se dedicó ¡ulemas al estudio de
las ciencias, nuevas entonces, de la economía política y de la
administracion. Los resultados fine hemos visto despues, acredi-
tan el ardor y el aprovechamiento con que emprendió esta nueva
y gloriosa carrera.


En ella comenzaba á distinguirse cuando sobrevino la inva-
sion francesa. Ocupadas las AndaluCÍas, creyó Burgos que todos
los hombres (le raler á quienes no cra dado abandonar con su do-
micilio el manejo de sus bienes, podian aceptar sin mengua, y
aun con gloria, la patriótica mision de mediadores entre los in-
vasores y los invadidos; yen consecueneia admitió el encargo, eon
que se le brindó, de subprefecto de Almería, y sucesi\amcnte log
(le presidente de la junta general de subsistencias de la provincia ¡h'
Granada y corregillor (le su capital. Hizo en el desempeiío de estos




DE 1J1J'i JAVIEr. DE lJUncos.


destinos hienes inmensos, que resultaron completamente justifi-
Lados dCS!HlCS, en su rspedientc de purilicacion.


En i8a, hubo de (l(~jar Sil pais, á pesar de las seguridades
é instancias de cuantos habían esperimentado los beneficios de
su admínistracion. Marchando, dejá depositado su tesoro de ma-
nuserítos y su biblioteca, y un ex-fraile, a quien habia colma-
do '(le beneficios, denunció villanamente la existencia del depó-
sito, qne fué invadido, sirviendo los papeles y demas efectos
de botin á empleados infieles. Alli perdieron las letras, entre
multitud de composiciones dramáticas, líricas y diMteticas, un
poema ('pico de la conquista de Granada, y las traducciones del
poema de tucrecio de llenan ?wtum, y de las Geórgicas de
Virgilio.


Compensada fué en parte tan sensible pérdida, gracias á la
infatigable laboriosidad de Burgos; pues a su emigracion dehe-
mos el comienzo y conclusion (le la ardua empresa de tradn!:il'
en versos castellanos todas las o}lras de IIoracio; elllpre~a ([lit'
(,oll~!itl1yc clmas helio floron de Sil corona literaria.


En 18t7, lijó Tlurgos su resi(lellcia en l\Iadritl; y, desl'oso lk
dar á luz este importante trabajo, dedicóselo por consejo 11(' al-
gunos amigos suyos, al rey, qne aceptó gustoso, no sin que el
ministro don Juan Lozano de Torres, cuya administracion ha ealili-
ca(lo muy hien IIn contemporáneo escritor, hoy diputado, de ca-o
¡¡ricllosa é irl'lCci()na{, delu\'iera la obra en su gabinete cerca
de dos años.


Mientras !~st() sucedia, entretcníase Burgos Cll IlUblicar la
Continuacion del Al11lacen de (rutos literarios, donde (lió ú luz,
entre buen número de apreciables obras inéditas, los Aforis-
mos del secretario de Felipe n, Antonio Pen'z; puhlicacion
r¡ue le acarreó un principio de perRecucioll por parte (lel Santo
Oficio.


En 1819, empw¡ Burgos á pllhlicar COII ('1 tílulo tle ;lliscelá-
!lca de comercio, artes y literatura, \1n periódico dr (flH' (,1




BIOGRAI'IA


era lIJUCO redactor, acreditando en ladas CS!¡b materias, sus
profundo; conocimientos y su incansahle lal)oriosidat!. Sorprell-
diMe en tales trabajos el reconocimiento dl~ la COllslilucioll por
Fernando YIl en la llodw <le! "] de marzo de 1820; Y esta noti-
cia, anunciada al punto en ~u periódico con muy liberales co-
mentarios, <lió ú la Jliscelúnea tal nomlJratlía, que muy fre-
cuentemente se despachalJan, I.~osa ha6ta entonces ~;in ejemplo ('11
Espafla) tie 811 10,001) ejemplares.


CQll\ocadas las Córlc" i ntlictÍ y sostmo Jlur~o~ la idea dI'
<Iue fuesen l~onstillly(;IlI(',;. t!(',;ealldo <Itle S(~ acomodase pI có¡Jif!;o
gatlitullo al l'~píJ'itll de la l1loll;m¡uia, y SP lHl,;iera mas CII COll-
sonancia con las costumhres y los ¡¡¿¡Jit03 tIc la nacioll. Suscitól!'
e,;ta idea c¡)ntralli(~ci()ne; violenta" que se aumentaron en seguida
por la constancia con que defendia contra todos las opiniol1P";
moderadas; y esto, unillo ;Í la Ímproh(l tarea de redactar solo 1111
periódico diario, le ocasionó una gravíslma enfermeda(l, que le
obligú ;Í suspender ~Il pnhli(:aeion. Uestahlecido á poco, se hizo
eargo de la direccion del Imparcial, <le f¡nien eran afalllado~
redactores Li:;ta, ~IiiJano, Hermosi!la y el IW!I"(lul'S de Almena-
ra. A con,ecllcncia de los sucesos llel 7 de julio, eeslÍ el/mpar-
cial, y con dIos lrabajos periodisticos de Burgos.


Ya en 1 S;!O, habia puhlicado, con estraonlinario ¡"xito, los
dos primeros tomos de su traduecion de Horaeio ,y cn 182.2 pro-
cedió ú la impresion <lel 3.° y i.o .. \ la aparicion ¡Je tnn incsti-
mahle joya liberaria, hasta sus mas implacable,; <llher5arioo po-
líticos dieron treguas ú su lucha para entonar cúntiros de ala-
banza al yate que tanto hOllor y lustre dalJa ú Espaiía.


Terminada la ill1[lresion de Horacio, empezó á dar á luz ulla
Bio,r¡rafirt universal, de que puhliclÍ en pocos meses cuatro to-
1ll0~, La guerra civil entorpeció esta publicacion, <¡Ile no pudo
continuar pOi' los de~astrosos acontecimientos sohre,enidos
despues.


Alejado Burgos (le la política, hall<ilHlse tranlluilo en su




DE DO' JAVIEI\ DE BCllCOS.


retiro, entregnuo ú su,; estuuios, cuando, el :22 de marzo de 182 Í,
se presentó en Sil casa el direclor de la caja de Amortizacion,
proponiénrlolc pasar ~'t París á removcr los ohstáculos (Ine im-
pedian la I'calizacion del empréstito que, en el mc~ de Sel!rm-
l)['e anterior, habia contratauo con el hanquero (,ucbhar la re-
gcncia presidida por el duque del Infantado, y que lllas tarde re-
conoeili y ratillcó el rey. DC:i[lUCS de algunas esplic[1cione~, a('('p~
tú Rurgos; y I'ecihiuos su nombramiento é instrucciones, marchó
á París, donde desplegando en su calidad de comisionado rí\gio,
un celo sin igual, allanó mu¡;]¡as y hasta pntonces insuperables
dificultades. El resultado de ello fu{~ que, en el siguiente
mes de lloyiemhre, ya hahian entrado en las arcas del tesoro e~­
pailOl 170 millones, de un empréstito que se suponía irrealizable.
Este cuantioso socorro puso en note el tesoro exhausto, 8in que
por eso dejase su obtencion de provocar contra el habil y activo
intermediario, las mas terribles é inmerecidas hostilidades de
que á su tiempo daremos cuentn.


Evacllarla por Jlllr[!'os hreve y snlisfactoriamrllle esta difícil
comision, cO!¡[iúle el gobierno sueesinll11Cntc otras de no menos
trascendencia. En el desempeiío de ellas, tropezó el activo comi-
sionado con la !llultilllll de ohstáculos que el estarlo interior de
España, en aquella j~poca, no podia menos de oponer á los es-
fuerzos de sus agentes en los paises estrangeros. Cada vez que se
presentaha una de aquellas dificultades, hacia Burgos, sobre el
modo de superarla, indicaciones en(~rgieas que, contrarias a ve-
ces á la marcha política adoptada por el ¡:;ohicrno, no sicmpe
permitian a ('ste tomarlas en consideracíon. El perseverante agen-
le insistia, y, en una ocasion, no t('mió decir que cada dia serian
mayores los embarazos que tan frecuentemente se denunciaban ti
no eran al fin acogidas sus anteriores indicac.iones. Con ~te 1110-
¡iyo se le previno de real urden formular esplieitamente aquellas
ú que aludia; y, en couleslacion al oficio en que se le trasmitia
la pspresion dll aquella soherana voluntad, dirigió Burgos, desde




1; llIOGR'\[<'1.\
París, en H de enero ucl82li, ULla esposicion á Fel'llanuo Vil, (1)
¡Ienunciando los males que aquejahan á España en aquella época,
y proponiendo las medidas que, rara remediarlos, pudia adoptar
el gobierno.


Entre ellas, se atrevió el autor á proponer una amnistía tan
ilimitada, como no se ha concedido hasta 1817 ; poner en venta,
con arreglo á una autorizacion otorgada antes por el sumo pontí-
fice, trescientos millones de bienes del clero; separar ue las atri-
buciones del consejo de Castilla la administracion superior del Es-
tado, y con fiársela á un ministerio especial, denominado de lo
Interior. Y esto lo hacia un empIcado en enero de 1826, clIando
estaba en su apogeo la reaccion mas espantosa que jamás pesára
sobre ningun pais; y esto halló en el rey mismo una especie de
acogida, que neutralizó ~l furor que la memoria habia escitado en
los reaccionarios. Circulando de ella un prodigioso número de co-
pias manuscritas, un desconocido la imprimió en Cadiz en julio
de 1834, poniéndole la siguiente advertencia.


«La memoria que ofrecemos al público, dice el autor gadita-
»no, es uno de los documentos mas importantes del periodo de
~Ios diez años últimos. Ni de las personas que gozaban la gracia
"del gohierno, ni de las que él miraba con desconfianza ó aver-
»sion, hubo una que, en touo aquel periodo, y mucho menos en
"enero de 1826, en que la intolerancia estaha en su mayor fuerza
»osase llamar la atencion del rey difunto sobre la urgencia de
»hacer reformai capitales en el sistema de la administracion , y
»en los principios del gahinete.


«El riesgo que en aquella época se debia correr con tan 50r-
»prendente manifestacion; la calidad de'empleado que tenia su au-
»tor; la patriótica confianza con que proclamó ideas de justicia y
"de órden, que estaban en oposicion directa con las qlle entonces
"prevalecian; el conocimiento profunuo que manifestó lener de
"las necesidades del país; torlo contribuyó á dar á su papel muy


(t) Apéndice número t.




DE DPN J.\VIEI\ DE 1ll;1\(;OS. i
))gramle eelchrühul, y á promover el entusiasmo con que rué pl'O-
»curado, buscado, leido y saneiollado por el voto unánime de los
¡)amantes de la patria. Sin diligencias, yaun sin noticia, segun se
"dijo entonces, del autor, que se hallaba fuera del reino, las copias
))circularon dentro deél hasta el número de cinco mil, y muchos pe-
nriódicos estrangeros insertaron casi entera su tratluccioll literal."


Como quiera que sea, tan notabl() esposicioll cst:ll('jos de ser
conocida como merece serlo por la elevacion de sus máximas po~·
líticas, la exactitud de sus principios administmtivos, la patrióti-
ca franqueza de su lenguaje, la lúgica vigorosa de sus raciori·-
nios, la correccion y la elegancia de su fácil al par que enérgico
estilo, por cuantas dotcs, en fin, pueden realzar \In cserito dl' Sil
género. l)or las matcrias que abraza; por el órden con que b;
trata; pOI' la soltura con (Iue las desell\'uelve, puede considerar~e
como un magnífico programa de gobierno que, poco tiempo des-
pues planteó en efecto el autor. El rey mismo lo oyú sin disguo-
lo, y aun con benevolencia, pues dió en seguida al autor la cruz
supernumeraria de la órden tic Carlos IH. La opinion liberal h-
rindió un CIlItO solemne, lllultiplieando las copias manuscritas y
(lcl'orándolas con entusiasmo.


Aceptada en 1821 la dimisioll (Iue Burgos habia hecho repe-
tidas veces de sus funciones en París, regresó ú Espafia don<l('
rué nombrado vocal de las juntas de Fomento y de haneeles, in-
tendente de primera ciase, y en seguida consejero honorario del
~upremo de Hacienda, y caballero pensionado de Carlos III. A
virtud de los esfuerzos hechos en la junta de I<'omenlo, por BlIrgo~
y por dos ó tres ¡JI.' sus colegas lllas distinguidos, empezó ú intro-
dueir el gobierno de aquella época importantes mejoras CIlla admi·
nislracioll.


I<:n el mi~lllo afio, la acadell!ia cspafiola ahrió sus puertas a
Hurgo~, (Iue inaugurlÍ su ('ntrada en aquel templo de las Musas,
con un discurso cn que estableció y sostUYO el atrevitlo teo-
rema filológico 111', (( que apenas h~y voz tan haja. frase tan hu-




lllOGRAFIA


lllilde que la pocsía uo pueda ennol)lecer; y que el tino para amal-
gamarlas, que es lo que el poeta de Venuso llamaba callida junc-
tura, es, generalmente hablando, la única condicioIl que se ne-
cesita para ennoblecer locuciones en que no se haya reconocido
antes esta cualidad.)) Burgos probó de una mancra victoriosa la
verdad de este aserto, que hasla entonces se hahia calificado
de paradoja.


Poco despues, hizo representar é imprimir una comedia
intitulada Los tres iguales, que habia compuesto muchos aflos
antes, para probar la posibilidad de multiplicar y variar las pe
ripecias dramáticas, sin faltar al respeto supersticioso que enton-
ces se tributaba :i las famosas unidades del teatro llamado clási-
co. En la combinacion inventada por el autor, pareció en efecto
demostrada la posibilidad que en la lucha literaria que dió már-
gen á la composicion, se disputaba, pues los camhios de situacion
del protagonista eran mas frecuentes y rápidos que los que habia
introducido en sus sencilllsimas fábulas el clásico Moralin. Pero,
por una parte, raya en lo imposible multiplicar y complicar lan-
ces en una accion que se supone durar dos horas, y (Iue se cir-
cunscribe al estrecho recinto de una sala, y por otra parte llurgos
creia, como lo habia creido siempre l\Ioratin, y como lo creian
entonces los Gorostizas, los Tapias, los Moras, y cuantos trabajaban
para el teatro, que el diálogo cómico debía ser tan fácil, suelto y
poco elevado, como el tono de la conversacion familiar. Por efec-
to sin duda de esta creencia, unánime en el arro de 16 ó17, en
que la pieza se compuso, Burgos, á pesar de que ningun trabajo
le costaban las mas complicadas combinaciones métricas, no em-
pleó otra que el romance de ocho sílabas; y todavía, como si re-
celase que pudiese este saltar la valla del lenguaje ordinario, no
ustÍ en su ohm toda mas que de los asonantes en eo y ca , (lile
por su facilidad hubieron de parecerle mas propios para imitar ú
remedar la llaneza del estilo comull. A favor de esta precaucion
pudo aventurar una escena en lléLimas, y otra en verso~ de seis




DE DO:" J.\\"IE1\ lJE B¡jI\GOS. !)


silabas; y todavía fue censurada esta innmacion por los clasi-
quistas, (Iue no reconocian escepeion á la regla que habian e,la-
blecido de emplear solo el romauce octosílalJO.


En ])reve, no obstante, cambiaron los usos, y ya en lSn se
ralificaba de pusilánime lo que ulla docena de aiios antes se ha-
bia mirado como atrevido y aun temerario. Burgos mismo fuó uno
de los primeros en reconocer que era posible emplear en el diálo-
go cómico toda clase de me'tros, sin perj udicar á la soltura y á la
sencillez, que dehian en cualquier caso formar su carácter espe-
cial. Para proLarlo hizo su comedia de El baile de má~caras,
en la eual mostró ser compatibles las galas tle la vel'silica-
eion COIl la soltura del lenguaje, los primores de la elocu-
eion COIl la sencillez del estilo de las eomersaciones familiares,
la complicacion de las peripecias con la nrosimilitud de las si-
tuaciones, y aun, á favor de combinaciones particulares, el tlis-
ere tea de la comedia antigua con los habitas de la sociedad mo-
derna. Burgos, á quienes graves oeupaciones públicas impe-
dian dar importancia á estas agradahles distraeciones privadas,
llevó la modestia hasta rehusar al ayuntamiento de Madrid, que
en 1833 habia dispuesto representar eOIl pompa, y ensayar con
esmero aquella eomedia , el permiso que para ello solic.itó del
autor, ya elevado al ministerio de "Fomento. El motivo que
para negarse á ello tuvo, ó á lo menos la eausa que para hacerlo
alegó, fuó únicamente el temor de (Iue se atribuyese á inllueneia
ministeriul el paso oficiosu de aquella illLstre corpora<.:ion; y este
esceso de delicadeza pri,ó al público de un espectáculo, dispues-
to ú preparado en términos de realzar el mórito de la cOlllposicioll.


Poco antes de este suceso, Burgos, á (lllien su af¡cion ú las
empresas agrícolas y fabriles disgustaba de trabajos administra-
tivos, que las cireunstancias de la época HO permitian siempre
utilizar, resolvió trasladarse á Granada, para cuidar de SlLS vas-
t05 intcrcses, y promover la prosperidad de su pais natal. Ocu-
llál)ase despues de afio y medio de estas para él agralJahlc, ta-




10 RIOGltAFlA


reas, cuando, algunos tlias antes del fallecimiento del rey, ~e J,'
llamó de su órden á "ladrid. Acudió Burgos al llamamiento, ~
cuando, tres semanas despnes, exhaló l<arnando VII el último sus-
piro, quiso aquel regresar {¡ su casa, (lunde espera ha poder aea·-
har en paz sus dias. Impidiósc10 el ministro don Francisco dI'
Zea llermudl'z, anunciándole que la intencion del rey morilJllndo
era elevarle al ministerio de Fomento, y que tal era asimismo el
propósito de su augusta viuda. Aquel ministerio dehia en efecto
t¡uedar vacante de un momento á otro, puesto qut', el conde de
Ofalia, que le ocupaba, estaha nombrado secretario del consejo
de gohierno, erigirlo por el testamento del rey. Dudóse, tle,de
que fué conocido este designio, que Burgos aceptase un encargo,
en cuyo desempeiio tenia que trocar las dulzuras de su situacion
por las incomodidades y compromisos que no podria menos (le
causar á todo ministro el estado en que por entonces se hallaha
el pais.


Acahaban, en efecto, ue pronunciarse Bilbao 'Y Viloria en ravor
ue uon eádos, y Vizcaya y Alava ohedecian ya al impulso (Iue
les llicran sus capitales respectivas. Notábansc en Castilla la Vi(~
ja indicios de una próxima y general conflagracion; oíanse ala-
ri(los ue guerra en las breñas del Maestrazgo, y saltahan ú las
montaiias de Santander y á las vegas de Talavera chispas (le un
incendio que amenazaha estenderse á touos los puntos delreillo,
Habíase pensado contenerlo ó apagarlo por el anuncio que, á lo,;
seis dias del fallecimiento de Fernando VII, hizo la reina goher-
nadora, de que, durante la menor edad (le la reina su hija, no ,('
haria la menor innovacion en las illstitu.::iones. Pero estas segu-
ridades, eontenidas en el manifiesto de 1 de octubre, sin al¡"il'-
tal' ,i los carli,tas, habian indispuesto á los liberales, rellniuo~ el!
.\Iadrid á consecuencia de la reciente anlllistía, y refurzado" lu('-
go por la agregacion sl\l:esi\'a de muchos que cad" dia Ilngahan
(le las provincias. lIabríanse por de pronto ('ontcnla(!o unos y
otros, ya ron una promesa vaga !Í alHhi~lta de variar larde l') lem-




DE DON JAVIEI\ DE VUlGOS. 11


prano lo que, en la marcha política, pareciese tic mas urgellte rr·
forma, ya acaso con el silencio sobre cuestiones (Iue los mas creiall
prematuras ó estcmporáneas. Pero cuando vieron desyaneeida,;
por el manifiesto las esperanzas que abrigáran, de t¡ne se restahle-
ciese un dia el régimen político abolido en 18'23 , empezaron a
manifestar disposiciones hostiles, que embarazahan la accion del
gobierno, y le impedian emplear todos sus medios para sofocar
el incoado movimiento carlista. Estos medios, por otra parte, eran
escesivamente limitados, pues el tesoro carecia de recursos, y el
ejército, notablemente disminuiuo Jlor los licenciamientos del
verano anterior, se hallaba reducido á i1o,000 hombres, de los
cuales solo se habian podiuo destinar ti ó 6,000 á coml)atir la in··
surreccion de las provincias del Norte.


No hubo sin embargo de arredrar á Burgos tan complicalla
situacion, que sin uuda creia él poder simplificar con los bene-
ficios que meditaDa proporcionar al pais.


Profundo conocedor de la ciencia administrativa, á que desde
sus juveniles años se habia dedicado con fruto, juzgósele COII so-
brada razon el hombre mas apto para ponerse al frente de las rc-
formas que ya sc iban haciendo entre nosotros una imperiosa ne-
cesidad. Queríalas el poder lentas, y tal era tambien la voluntall
de Burgos; pero, traspasaudo su imaginacion la valla de sus de-
seos, hubo dia en que, con asombrosa actividad, se le vió uespa-
char y escribir de su puño ciento sesenta rcsoluciones, acertauas
todas ellas, y capaces cada una ue por sí de demostrar la esten-
sion de los conocimientos administrativos de aquel infatigable y
celoso consejero de la Corona.


En el mismo Jia 21, en que tomó pose~ion, presentó en efccto
á la firma dc la reina 'gobernauora un decreto, anulando ellllOIlO-
polio de la fábrica de San Ildefonso, propia del patrimonio real, y
autorizando la lihre fabricacioll é illtrulluccioll de crislales, l/llC,
por favorecer al/ue! estahlecimiento (que á pesar de lotlono prospe
raba), estaban prohibidos en )lauriu y en Illuchas leguabell contorno.




BIOGnAFIA.


'lo {unIó el lluevo ministro de Fomento en convencerse de la
insuficiencia de sus colosales esfuerzos para dar cima á la 01)\'<1
euya realizacion se proponia, á no tener en las proyillcia~ de Es-
paiia agentes suyos encargados de ejecutar sus órdenes, y cnpa-
ces de coadyuvar al logro de sus patrióticos proyectos. Cun este
fin, uespues de hecha la oportuna division territorial, puso al
frente de las 19 proyincias que de ella resultaban, á los hom-
bres mas aptos que, sin uistincioll de color político, encontró para
desempeflar tan importante encargo, y, deseoso de completar su
obra de regeneracion, publicó su célebre lns{ruccúm llam los
wbdelcuados de (omento, (1) glorioso monumento de lIu(~stra
historia administrativa. Bellísimamentc está escrita aquella eirc\l-
lar, á que algunos han dauo el nombre de poema. Todo lo abra-
za en ella la poética imaginaeion de Burgos. La industria,
el comercio, la agricultura, los ayuntamientos, las minas, la
lJOlicílL, la instntccion pública, las sociedades económicas,
los e8tablecimientos de beneficencia y de cOl'reccion, las her-
mand,ldcs !I ca/radias, los caminos, puertos !I crl11ale,s, los
teatros y espectáculos, las calamidades lJlíblicas, la ca:.a, la
pesca, la divisio¡¿ turritorial, la estadistÍ<:a y hasta los despo-
blados, reeibian del ministro de Fomento el impulso que necesi-
taban unos, la proteccion de que carecian otros, sin descuillar
su penetracion los abusos y defectos que merecian corregirse.
¡Graude hombre de revolucion era Ilurgos! Lleno de celo, dotado
tic una inteligencia superior, y de una energía sin límites, todo
trataba de reformarlo, IÍ por mejor decir, todo queria hacerlo
IlUC\O. Encontró un suelo estéril, lo fecundizó y Jo sembró; y IIU
fué ciertamente culpa suya si no recogió de Sll~ esfuerzos lo~
opimos frutos que de ellos era dado esperar.


El '13 se espidieron, pues, por su ministerio seis decretos para
la creacion de gohiernos ci\'iles, que en seguida se plantearon
hajo la dCllominaciulI de subdelegaciones de Fomento, para la




DE DON JArIElI DE BURGOS. 13


publieacion de un (liario (le administracion, mejora de la planta
de la dircccion de eorreos, redaccion de una ley de libre co-
mercio de granos, otra de acotamientos de heredades, y otra de
refundicion de los vejatorios reglamentos de policía. Dos dias
despucs (el '25), se suprimieron los onerosos repartimientos, /1up,
para devolyer á los pósitos los grandes caudales aplicados du-
rante la guerra de la ilHlependencia al socorro de premiosas ne-
cesidades, se repetian periódicamente despues de muchos afios,
y eran un manantial perenne de estafas, y el abismo en que se
il)a hun(liendo la fortuna de muchos pueblos. Dispúsose al mismo
tiempo reformar los reglamentos incoherentes y contradictorios
del ramo de pósitos, y formar, sobre abastos y policía de los
mercados, una ley, (Iue hacian urgentísima los gravámenes que
las reeopiladas imponian á la prodllceion, y los estimulos que
daban al monopolio, mientras que parecian dirigidas á impedirlo
ó á eoartarlo. Al dia siguiente (el '26) tres eomisiones fucron en-
cargadas <le refundir en un sentido ycrdaderamentc liberal los
rcglmllenlos rigentes de imprenta, de destruir las rc"triceiones
que illlponian las leyes antigllns al ejcrcieio de la libertad indi-
vidual, de la fürma('ion tle un sistema de igualacion de pesos y
medidas, y de la Sllslitncion de las monedas efectiyas á las ima-
ginarias en las o[wraeiones de eambios. Para el desempeüo de
estos encargos, no solo se nombraron las personas que mas repu-
tacion gozaban de entender estas diferentes materias, sino qne,
en los deeretos mismos !le creaeion de las eomisiones, se fijaron
los principios que debian guiarlas en la redaceion de [as leyes
(Illél se les eneomendahan.


En pI mismo dia '21, en que llurgos fué nombrado ministro
de Fomento, representó alguno de sus colegas la neeesidad de
(lile en to\10s los ministerios se hieiese lo mismo que él se pro-
ponia hacer en el suyo, de modo que resultasen simultáneamen-
te socorridas todas las neeesidades del seryicio públieo .. \cogidn
a unanimidad esta indicaeion, se acordó soltmlllizar la jura de la




BIOGRHLI.


rpina, seiwlada para el H , espidil\ndose á la vez por tOllos lo~
ministerios, decretos benéficos; y, discutidos el 2.2 , salieron reu-
nidos en la Gaceta de! i2~. Entre ellos figuraba 01 espedido por
el ministerio de Estado, ampliando la amnistía anterior, y este n-
dióndola á los ArgüeJIes, nausá, Lagasca, Valdós y otros dipu-
tados de las antiguas Córtes, con reslitucion de sus bienes, de-
rechos y honores. En los mismos dias, se decidió el desarme de
todos los voluntarios realistas del reino, y en el '!7 quedaron,
despues de vencida una vigorosa resistencia, desarmados los de
Madrid, y en seguida los de las provincias. En los mismos días,
en Hn, se decretó una quinta de '23,000 hombres para cubrir la~
bajas del ejército, y quedó en el pleno ejercicio de sus atribu-
ciones el consejo de gobierno, no sin que, para facilitar su accion,
hubiese sido necesario superar obstticulos gravísimos.


Asi, ademas de la parle que tomó el nuevo ministro en la
discusion y ejecucion de todas estas importantes medidas, puhli-
có ól en los primeros seis di as de su allministracion doce decre--
tos, tres de los cuales proporcionaron desde luego grandes bene--
ticios á los pueblos, y los otros nueve prepararon y llevaron ;i
efecto la reforma de leyes perjudiciales, mostrando por las sa-
nas doctrinas proclamadas en ellos, y de que los puchlos
se apresuraron desde luego á hacer la aplicacion, rIue era llega--
do el momento de cstirpar los abusos que impi(lieran hasta en-
tonces el desarrollo de la prosperidad general. En los mismos
llias y en los siguientes, se distribuyeron cuantiosos socorros pc-
nmiarios á los puehlos de varias provincias, (lile sufrian e! trr-
rillle azote Ilel cólera, se enyiaron médicos háhiles á ar¡uclla~
en que el mal hacia temer mayores estragos, se disminuyó el
exorhitante rigor de viejas y empíricas precaucioncs sanitaria~,
se atenuaron en cuanto era permitirlo los efertos de aquella pla-
ga, y nada I!UCrlÚ por hacer para dar ú la lllú1luina administmt i-
va todo el impulso que cahia en los estrechos límites de t.an corto
periollo. Pora~ leccS sr hahian yj~to en parte al~llna l·,.iclllplo~




DE ])0:>; JAVIER DE mIRGOS.


de semejante actividad. tas Córtes misma~ de f:átliz que, aisla-
tlas en un recinto estrecho, y revestidas de todos los poderes, ja-.
mús hallaron obstáculos para nada de lo fIne estimaban conv('-
nienlo, no habian en sus mejores tiempos camin:Hlo tan aprisa.


Asi lo reconocieron desde luego los pueblos; y, á los pocos
dias, la Gaceta del gobierno, llena siempre de disposiciones be-
néficas, era por donde quiera esperada con impaciencia y leida
con entusiasmo. A centenares llegaron á poco esposiciones d('
todos los puntos de la monarquía, dando gracias á la reina go-
hernadora por los bienes, que ó derramaban desde entonces, tí
dejaban columbrar como inmediatos, las medidas de su gohier-
no. Solo dejaron ellas de entusiasmar á los que, en el manifiesto del
dia 1 , habian creido Ver una amenaza irremisible de despotismo
perpétuo, y que, en su alucinacion, desconocian que las medidas
que diariamente se iban dictando, echaban sin estrépito ni per-
turhacion los cimientos de un nuevo régimen. En opinion de este
partido, á quien no permitia su impaciencia esperar del tiempo
este beneficio, debia dispensarse desde lucgo y sin preparacion,
como si se pudiesen cambiar, de otro modo flue por trámites pau-
sados ó lentos, los hábitos antiguos, ó como si á los suyos renun-
ciasen mas fácilmente las nacioncs que los individuos. Apoyán-
dose en ejemplos, que creian de facil imitacion, citaban algunos
la Francia y la Inglaterra, donde el régimen constitucional habia
promovido una prosperidad inmensa; corno si esta fuese efecto
tan solo de la influencia de aquel régimen; como si á él se hu-
biese llegado en ninguna de las dos naciones, pronta é inmedia-
tamente, ni de otro modo que caminando por entre rios de san-
gre y sobre montones de cadáveres; como si la forma de gobier-
no fuese un fin, y no un medio; como si, entre lorlas las formas
de gobierno que se conocen, 110 fuese por de pronto la mejor
para un pais empobrecido y atrasado, la que desfle luego produ-
jese mas hienes, y promoviesll mas rapidamente las mejoras y
los progresos sociales; y como si el respetar durante algun tiem-




BIOGIlAFL\.


po los usos antiguos, y (lucrer caminar por grados a la reforma
,le UII sistema político fuese UII indicio de apego á las viejas ruti-
iJas, y no una precaucion indisponsable para desarraigadas, y
asegurar asi la duracion de un sistema nuevo.


A /in de dar unidacl y convergencia á los esfuerzos que, para
la realizacion de sus intenciones, se proponia hacer el partido
que se llamaba liberal, se afilió en reuniones que, poco nume-
rosas al principio, se recataban circunspectas, pero que, robuste-
cidas en breve por agregaciones diarias, y creyéndose por ello
hastante prderosas para no necesitar el disimulo ú la conniven-
cia de la policía, trataron de infundir miedo por el alarde de
sus medios. Asi la oposicion salió de las casas á las calles, y, en
la de la ~Iontera y en la Puerta del Sol, se habló del gohierno
con mas libertad que en Londres ó en París. Ufanos de sus pro-
gresos, los afiliados mostraron un desden constante por las me-
didas benéficas que se dictaban, como si hubiesen de ser de otra
especie las que pudiese adoptar el gobierno mejor constituido; ó
como si todo el bien que se hiciese entonces, no fuese otro tanto
camino andado para cuando llegase la ÚP0(;i! de la regeneracion
política. En fin, creyendo que el desden que afectahan no basta-
ria á desacreditar disposiciones que los puehlos recibian con en-
tusiasmo, inventaron para calificar la índole del gobierno, la de-
nominacion de despotismo ilustrado, sin notar que estas dos
palabras espresaban ideas contradictorias.


Contra Burgos era por entonces menos violenta la oposicion,
ya porque sobre él no pesaba la responsabilidad del manifiesto
de í de octubre, origen de tantos enconos, ya porque algunos de
sus enemigos recordaban la energía COIl que, en su célebre espo-
sicion de t:!í de enero de 1826, habia defendido los intereses tic
los proscriptos tic los dos años anteriores, y combatido la reaccion
durante ellos verificada, ya en fin porque los actos de su admi-
nistracion favorecian de tal manera los intereses tle las masas
populares, que hahria sillo tan injusto como impolítico rechazar-




)}]o: 1.U.'í L\ riER DE BI;R(iIl~.


11)5 Ú zaherirlos. Parecia en efecto liberal su tendencia aun ú lu:;
liberales mismos, y momentos hubo en que pensaron ellos apo-
yarle eficazmente, con la cOfHlicion de [{tle él los apoyase á su
vez. Cónstanos que sobre esto mediaron, si no negociaciones di-
rectas, indicaciones oficiosas que, por demasiada fé en sus prin-
cipios, ó por escesiva confianza en sus medios, desatend ió el
minietro, no sin hacerse por ello blanco de una auimadversion,
limitada hasta entonces á los principales de sus cólegas. Con al-
go mas de deferencia y de conocimiento de la situacion y de la
fuerza de los partidos, Burgos habria sido el ídolo de los libera-
les, como lo rué en breve de cuantos, sin miras privadas, se inte-
resaban en la realizacion de mijora~ de que á louos tocaba una
parte.


Por sn ministerio 5(1 adoptaron t:mtas en brere, que su agIo··
meracion daba apenas lugar para exanunarlas. Al régimen veja-
torio que, sancionado por las ordenanzas, habia contribuido á la
degeneracion y amenguamienlo de nuestras antiguas razas ue ca-
hallos, se sustituyó un sistema de libertad mas conforme eOIl los
buenos principios, y mas favorahle á la proteccioll ele aquella
preciosa grangería; se anularon empíricas disposiciones, relati-
vas á los tanteos de lanas, y los privilegios que, en perjuicio de
la produccion, habianconcedido á los compradores diferentes leyes
recopiladas. Se anuló asimismo la incalificable disposicion que,
con el fin de impedir la esportacion del ganado merino, obliga-
ba á los dueños á la castracion de sus moruecos; se decretó y lle\'ó
:í efecto la instalacion y apertura de muchas c.átedras de aritmé-
tica, geometría, mecánica, física, química y delincacil'l!l; se
erigieron en Madrid dos escuelas primarias gratuitas de adultos
de ambos sexos, por el m{~todo de Vallejo, y se mandó genera-
lizar el mismo método en las proyincias; se fijaron reglas para
las elecciones de ayuntamientos, encar¡;ando á los gofes de la
administracion la direccioll de este ramo, sujeto antes, Lajo la
inspeccion de los acuerdos de los trihunales sUIleriorfs, ú ll;nfos,


TOMO I. 2




lb moeR AFIA
complicados y tlispenJ.iosos tramites; se dispuso redactar una,
ley que evitase los perjuicios de los montes píos y hermandades
ue viiíeros, que se habían abrogallo un ruinoso monopolio; se
suprimieron las exorhitantes precauciones sanitarias, á que esta-
ban snjet3s las procedencias de la isla de Cuba, y las de 108
lmertos franceses dell\1editerráneo; se derogaron los reglamentos
municipales que imponian á los labradores restricciones absur-
das para la rccolccciou de sus cosechas y la [introJ.uccion de sus
ganados en sus propias heredades; :se sometieron á un nuevo
examen las rutinarias leyes de caza y pesca; se ordenó arreglar
la policía de los espeetáeulos, revocar las leyes que infamaban la
profesion de actor, determinar los derechos de los eseritores dra-
máticos, establecer eseuelas de declamacion, socorrer á los acto-
res, perjudicados por haberse eerrado los teatros de resultas de
la muerte del rey, y abrirlos de nuevo á los dos meses de aquel
suceso, aunque, en ocasiones semejantes, estuvieron siempre cer-
rados durante un largo periodo; se dispuso la libre venta de la
seda, sosa, barrilla, trapo, lino y cáñamo, á la cual leyes reco-
piladas imponian tralJas insoportables en fayor de Jos falJl'ic3ntes
de seda, papel, jaLon y tegidos de lienzos; nuevas y completas
ordenanzas de montes, tan benéficas y protectoras como permitia
la situacion, reemplazaron á las viejas que, hasta entonces, ha-
bian contrilmido eficazmente á destruirlos; se lIjó la dase y ea-
tegoría de los subdelegados de 'Fomento; se suprimió para todas
las obras literarias y científicas la censura prévia; y, por primera
vez bajo el régimen absoluto, se dieron a la prensa ensan-
ches, que nadie se habria atrevido á sospechar en aquella época,
y que, solo despues de muchos años de gobierno representativo, se
traló mas tarde de ampliar,


Pero, ni esta,; disposieiones altamente liherales, ni muchas
otras, de mas ó menos importancia, que se dictaron al mismo
tiempo ú en seguida, eontentaban completamente á su autor, que
no ereia delinitivamente asegurallos los beneficios que de ellas




111: no'> HYI"U DE ¡¡[HijOS. 13
esperaba, mientras no hiciese eficaz, rápida y segura. la accion
de la administraclon, estendiéndola á los mas ocultos, á los mas
ignorados rinconcs del reino. Para esto, era necesario establecer
una nueva division tcrritorial y confiar á autoridades especiales
la prolcccion de todos los inlereses que se tratalla de promover.
Oesde 1810, se habia reconocido esta necesidad, y el gobierno
usurpador, que estendia entonces su poder á la mayor parte del
territorio peninsular de la monarquía; habia sido el primero á
dar el ejemplo. Imitóle luego el gobierno de Cádiz, y, sin la
guerra civil que alligió á la sazon á casi todas las provincias, se
hahrian desde el momento cogido los frutos de tan importante in-
novacion. Restablecido en 18'20 el gobierno constitucional, se
procedió á poco tiempo á una demarcacion nueva, que en ·1823
fué anulada, como todas las disposiciones que se clictaron bajo
aquel régimen. Vióse, sin embargo, luego que era necesario po-
ner en contacto los intereses con las autoridades encargadas de
protegerlos, y se traló de una division nueva, bien que limitan-
do sus beneficios al órden judicial. Burgos no titubeó en este n-
derlos al administrativo, y la division nueva fué publicada, y
con ella la célebre instruccion de 30 de noviembre que, mirada,
desde que salió ú luz, como un testimonio de la ilustracion y
del patriotismo de su autor, mereció á poco ser estereotipada, ho-
nor que no sallemos se haya dispensado á ninguna otra produccioll
I'spailOla (1). No se ,ió sin sorpresa que el consejo de gobierno
,'e opusiese á la plantiflCacion (le! nuevo sistema de administracion;
pero, con visla del dictámen unánime del consejo de ministros, le
aaopló la reina gohernadora, y fué proclamado á los cuarenta
tiias de la entrada de su autor en el ministerio, mcreciendo altos
testimonios de gratitud, cuya espontánea espresion llenó durante
:Ilgunas semanas las páginas de la Gaceta de ~Iadrid.


No fué solo e.l consejo de gohierno el f(uc, por miras de eco-
nomía, ó por temor (lc colisiones y conflictos, OPu~() oh5Iú(,1IIo~ á




'lO I!!OGIIAt'U


al~unag tIc aquellas metliJas. ComlJatiéronlas asimismo varios e~­
c:/'itores, á título ú bajo pretesto de ser demasiado estrecha la es-
fera que se señalaba á la accion administrativa, y escesivamcnte
circunscrita la accion de las nuevas autoridalles. ~osotros mismo!>
fuimos durante mucho tiempo de esta opinion, que no mouiJlca-
1l10S sino despucs de haber leido lo que, reJlriendo la historia ¡)G
aquel pt'riodo, manifestó el autor en una de las lecciones de ad-
ministracion que, en 18~O y U, dió con tanta aceptacion en el
Liceo de Granada. (,Por de pronto, decia entonces el profesor ex-
))ministro, por de pronto no se señalaron á Jos subdelegados de fo-
"mento otras atribuciones que las que convenian para ~l desempe-
))fio de su especial y esclusiva mision de [omento; pues la consef-
))vacion de la paz, la seguridad de:las personas y las propiedades,
})y todo lo relativo á la ejecucion delas leyes estaba confiado á la
))autoridad judicial, ó mas bien á los individuosó cuerpos que la
))ejercian. El acto, y aun la tentativa de arrancar á estos, de repen-
))Ie y sin transicion, todas aquellas atribuciones de gobierno, ha-
"bria por de pronto multiplicado los conflictos, que ya desde lue-
))go provocaron algunos capitanes generales, rehusando despren-
"rler8e de la direcclon de la policía. tasimultaneidad de las exi-
llgencias habria. ocasionado confusion, si no trastornos; é impruden-
licia, si no traicion, habria sido provocarlos al empezar un reina-
)ldo, cuya aurora anunció desue luego borrascas.. . . . . Así,
))ni se pudo, ni se debió organizar completamente la administra-
nciOJ}·provincial. ..... se empl1zó por sustraer á la jurisdic-
»)cion de los corregidores y aloaldes mayores, á la inspeccion 8U-
,'perior de los acuerdos de las chancillerías yaudiencias, y á la
"inspeccion suprema del Consejo de Castilla, touas las atribucio-
"Iles de romento .... y en seguida, ó al mismo tiempo, fueron
"puestos los ayuntamientos bajo la dependencia de las nuevas au-
"toridades gubernativas .... tas importantes y trascendenta-
»)Ies innovaciones, introducirlas en la administracion en los seis
¡)meses (Iu(' siguieron á la muerte del rey, se limitaron pues ...




HE DOX JHUII DE IlU¡¡;uS. ':.!l


})3. introducir úl'llen y regularidad en las dependencias que lila:;
"urgente reforma reclamaban, como presidios, montes, gremios, '!
»otras, para las cuales se hicieron Ilucva;; ordenanzas; á derogar
"multitud de prácticas abusivas, sancionadas por leyes desacerla-
»damente combinadas; á romper con su derogacionlas trahas que
"impedian el desarrollo de la prosp('ridad, etc., etc.))


De creer hubo Burgos, al considerar el júbilo y el agradeci-
miento que por donde quiera escitaban sus disposiciones, que
debia aprovechar aquellos momentos para estirpar el cáncer de
la divisioll de los partidos, que contaba 2:J años de duraeion.
En 1808, la necesidad de dar eonvergencia al alzamienl.o nacio-
nal, privando á los franceses de todo apoyo ú cooperacion de
parte de los hahitantes del pais, hizo que las juntas provinciales
primero, la central des pues, y eu seguida los diferentes gobiernos
(Iue se sucedieron en Cadiz, designasen :í. todos los que se hahian
sometido á la dominacion francesa como cómplices, hasta cierto
punto, de una invasion que ninguno de ellos pudo sin embargo
desear ni tenia medios de favorecer. Mas tarde, apoderados los
franceses de casi todo el reino, ohligado el gohierno espaiíol (1
guarecerse detras de las murallas de Cádiz , muchos de los hom-
bres importantes de los territorios ihvadidos creyeron deber con-
jurar, ó atenuar á lo menos, los rigores de la situacion y, hacien-
do lo que, en circunstancias análogas, se hizo siempre en todos los
paises conquistados, interponer para este patriótico objeto la in-
fluencia que les dahan su posicion y su conocimiento de las loca-
lidades. No de otra manera, podian regularizarse servicios que la
ocupacion militar hacia necesarios, y que, abandonados al instin-
lo salvage de u~a soldadesca brutal, no podian menos de oca-
sionar insoportahlQs vejaciones pur de pronto, y á la postre la
mina total de los hahitantes. Contrihuir dehian, con lilas Ó menos
exito, á salvarlos de ella cuantos aceptasen encargos administra-
tivos; á mantener el imperio de las leyes y de la, costumbres
cuanlos los aceptasen judiciales; á impedir alteraciones CIl la llis-




n1O(;U,\[<1.I


clplina lle la iglesia cuantos los aceptasen eclesiásticos; y grati-
tud 3e debia, en vez de odio ú animadversion, á los qne desem-
peñasen en beneucio «el pais sus funciones respectivas , como se
debia censura y castigo a los que se cOllclujesen mal enslIdesem-
pefio.


Mientras que, designándolos por el apodo de afrancesados, se
}lroscribia en Cá(liz á los empleados de casi toda la península,
ocupada por las huestes enemigas, el partiuo proscriptor se di-
viuia alli mismo en serviles y liberales. Estos últimos se subdi-
vidieron mas [¡¡rde en liberales de 1'2 y libernles de 20, en exal-
tados y mouerados, y en otras categorías, designadas sucesiva-
mente con unos ú otros nombres. Vinieron desplles los negros y
los blancos; y, á la muerte del rey, se renovaron denominaciones
tIue el inleres del pais, y aun el de los partidos mismos, aconse-
jaba dejar en el olvido, en que despnes de algun tiempo yacie-
ran. En sus leales, aunque exageradas ilusiones, hubo de creer
Burgos que á él estaba reservada la gloria de fundirlos, y ser lle-
gada la hora de verificarlo, cuando la nueva division territorial
obligaba á poner á la cabeza de !Í!) provincias 49 gefes, á nom-
hrar otros tantos secretarios y huen número de dependientes.
Para el nomhramiento de estas últimas clases, no exigió el nuevo
ministro mas que honradez y capacitlad; pero, ollranuo al parecer
con arreglo á un sistema formado de antemano, buscó para los
destinos de gefes á homhres de todas las opiniones y que, á las
(los circunstancias qne exigia de los suhalternos, ailadiesen la
de haber figurado en uno ú otro de los anteriores partidos. Asi,
los Giraldos, Tarrius y Ochoas se vieron alIado de los Galdea-
uos, Almagros y Cabarrús, de los Ilequenas y :\Iussos, y de otros
conocidos por los servicios que prestoran al pais en periodos de
diferente, y aUIl opuesto régimen político. A ilustraciones de esta
especie, asoció Burgos antiguos ministro~, COUIO llúrala y !\Ioscoso
(le _\llaLllira, l10lahililladcs aristocrálieas, como rI (hHIllC de (iur
y el ~cüor dI: Huhianl'o, homlm's en lin qUl', pUl' llUU Ú otra e~pc--




cíe de mérito, habian alcanzado la:e~·tilllacion del pai,;, y recomell-
dudose por ello á la benevolencia del gobierno; siendo de notar
(¡ne casi todos los nombrados se vieron sorprendidos por lo,; de-
cretos que les concemian, de cuya espedicioll mas de cuarenta
no habían tenido el1l1DnOr aviso, anteeedente, Ili noticia. A esta
llrevision para la eleccion de los gobernadores civiles de las }lro-
"ineías, á esta aclivi(lad para dispensar ú todas las del reino
cuantos bienes permitia la situacion, afíadia el ministro ,isitas ú
los hospitales, hospicios y establecimientos de educacion, en los
cuales se presentó muchas veces acompañando ti la reina gober-
nadora, á quien habia persuadido de la }lopularidad (¡lle le val-
drian estos paseos filantrópicos.


Aumentaban la satisfaccioll que callsaha por donde quiera la
marcha de la administracion, sucesos de otra clase, propios para
desvanecer las inquietudes que habian cundido en los últimos
tiempos. En Castilla, Aguilar y el canónigo EchevarrÍa; en Ara-
gon y Valencia el banm de Hervés, Tena, Magraner y otros pre-
sentahan, en su ruinainme~iata, un terrible escarmiento á los que
tIe lluevo sc lanzasen en las vías de la rcDelion. Lorenzo recobra-
JJa á Logroño , ry pacificaba la Rioja toda. Albuin limpiaha de
facciosos buena parte de las provincias de Valladolid y Palencia;
Sierra triunfaha en Vargas, Armildez de Tolello en Cervera, y
Aznar, Redoya é Iriarte en la provincia de Santander. Sarsfiel, en
tanto, partiendo de Rribiesca con un pufíado de valientes, y ar-
rollanclo y dispersando, á su paso por Pancorvo y Logroño, gruesas
masasde facciosos, ocupaba á Vitoria y á Bilbao, hiriendo en el co-
razon las facciones !le Vizcaya y Aluva , mientras que Castañon
deshacia la !le Guipúzcoa en Hemani y Tolosa , y Quesada las de
Castilla, apoyadas hasta entonces en las fuerzas miguelistas situa-
das en las provincias septentrionales de Portugal; Rodil , en fin.
observaba cuidadosamen~e la línea toda !le las fronteras de aquel
reino, al cual tenia que refugiarse Merino con la~ escasas gav i-,
Has, a (lue (1 uedaron fcuucidos sus antes 11l1l11CrOSOS batallones.




IlllJCllAFH


En Ca\aluiia y otros puntos, se organizahall atlernas fuerzas <luc,
desde entonces, aterraban á los enemigos, y que lIlas tarde debian
escarmentarlos. A las medidas que para conseguir tales ventajas
!\e dictaban, concurrian los ministros con una asiduidad y una per-.
severancia qne á todos, sin escepcion, los honraba sobremanera,
y que ponia prueba especialmente el celo y la inteligencia de al-
gunos de ellos.


El general Zarco del Valle habia entretanto reemplazado al
general Cruz en el ministerio de la Guerra, y Burgos interina-
mente en el de Hacienda á don Antonio l\Iartinez. Echando sobre
sus hombros esta nueva carga, Burgos, como si quisiese mmitrar
<¡ue ninguna haslaba á agoviarle, elIlple<Í, para el desempeño de
sus funciones interinas, la misma actividad que, despues de do~
meses, estaba empleando en las que ejercia como propietario. A
los dos dias de habérsele encomendado la Hacienda, convocó una
escogi<la reunion., compuesta de los directores de rentas, y de lo~
tlel Tesofl!), la caja de Amortizacion y el Banco, y en ella presen-
tó la situacion económica del pais, é insistiú en la necesidad de
restablecer, entre los gastos y los ingresos del erario, el equili-
brio que habian alterado los gastos enormes, á que obligaha y de-
bia obligar la guerra civil. Indicó en: seguida varios de los me-
dios que para esto podian elllplearse, y nombró en el acto una co-
Illision para discutirlos. En los dias siguientes, nomhró asimismo
otras para el arreglo de las rentas provinciales y equivalentes, y
(le la del tabaco y del suhsidio de comercio, y resolvió poner en
armonía las atribut:iones de los gefes de rentas con los de la ad-
ministracion civil.


La entereza con que Burgos traló (le llevar á efecto las nH'jo-
ras que de dia en dia se manifestaban lIlas necesarias, hicieroll
pslendcr á él los ataques que, hasta entonces, se hahían dirigido
solo contra uno IÍ otro de sus colegas. Entre estos era don Jlrall-
risco de Zca llcl'lllUc1ez el blanco especial dr la saila, no solo del
rarlirlo (Iue no 1" pprrlonalJ¡t .ll manilirsto del í df~ ol'luhrc , ~in()




!JI: DO.'i JAYIEl( DE IJr~GOs.


tic personas de alta clase, movidas unas por intereses ó (luisqui-
Jlas de amor propio, y persuadidas otras de que la inllexibilidad
tiel gefe del gahinete era poco acomodada a las ¡;ircunstancias en
(IlIC se hallaba el pais, r nada propia para satisfacer el deseo que
iba cundiendo rápidamente de que se hi¡;iese alguna variacion en
el régimen político. Muchas de las personas á quienes animaba
tal persuasion, insta]Jan sin descanso á Burgos para que se asocia-
se á la combinacion formada ¡;ontra Zea; pero, tan inflexible aquel
en sus principios de conducla privada como este en los suyos de
conducta púhlica, rehusó constantemente cooperar á un propósito,
con respecto al eual no á todos animaban motivos igualmente le-
gítimos. Ai aun para el bien conspiré nunca, dijo en una oca-
sioll á mas de una persona que le instaba; y esta respuesta, de
que sus amigos ensalzaron entonces la moralidad, y que en un
particular seria en efecto digna de elogio, no nos lo parece tanto
eu un hombre político, que acaso hubiera debido tomar en cuenta
lo inevitable que era la separacion de Zea, puesto (!ue contra él
se pronunciaban no solo españoles de alta inJluencia, sí no hasta
los estrangeros que mayor la ejercian ú la sazono Como quiera,
Burgos, negándose á contrihuir al éxito del plan formado para
lanzar {¡ Zea, participó por ello de la animadversion que contra
este se difuIHlia, y, encomendándosele en tal situacion elminÍste-
rio de Hacienda, sirvió de pretesto este encargo para qne se re-
dohlasen ataques, dirigidos entonces á envoher al colega leal en
la caida del presidente del ministerio.


Vanos fueron, sin embargo, los esfuerzos que para ello se hi-
cieron; pues la reina gobernadora rehusó remover á Hurgos, cuan-
do, despues de haher resistido mucho tiempo á vivas y frecuentes
instigaciones, consintió al fin en la separarion de Zea. Indicárala
como conveniente elm3rqués tie MOlleayo en UIla representarían,
en que solicitaba que se reunieran las c{írtes, con arreglo á lo
prcycnido cn antiguas leyes para el caso de recaer la corona en
IIn n'y nilío. Prc, íno~r al consE'jo de gobierno informar ~obrc e~la




esposicioll, y en su cOll:;ulta oeclaró aquel cucrpo fundada la re-
clamacian de Quesada, y propuso en consccHencia rcunir las cúr-
tes, indicando quc á las flue nucvamente se convocasen se les
diese, para ocurrir á las necesidades de la época, ulIa furma dife-
rente de la que tenian en el tiempo en que se redactó la ley dl~
partida, cuya obser\'Ullcia se reclamaba. Claro era que no paoia
encargarse ue esta mision el ministro que, en su reciente mani-
fiesto, habia proc!amallo la invariabilidad del antiguo régimen, y
Zea hubo por tanto de presentar su dimision flue, juntamente con
la del ministro de Gracia y Justicia, fué aceptada.


A consecuencia de esta dohle dimision quedó reducido el mi_
nisterio a Burgos y á Zarco, con los cnales consultó la reina el
modo de completarlo; y se completó en efedo, reemplazando á don
Jirancisco de Zea, don Francisco Martinez de la Rosa, y á don
Juan Gualberto Gonzalez, don Nicolas lIlaría Garelly; confiimdu-
se la Marina á don José Vazquez Figueroa, tÍ interinamente la
Hacienoa a don José Aranalde.


El ministerio asi compuesto se ocupó desde luego en la forma
y atribuciones que convendria dar á las córles, cuya convocacioll
parecia cosa resuelta. Entabláronse, con este motivo, en el seno
del gabinete, las discusiones mas graves y profundas sobre el
modo de constituir nuevamente un Estado en que, desde mucho
tiempo antes, habia desaparecido la mas importante garantía del
buen órden de la administracion. Clínstanos que, en aquella3 dis-
cusiones, sostuvo Burgos los principios liberales, que, con tanta glo-
ria suya, desenvolvia diariamente en las tlisposiciones que se dic-
tahan por su ministerio; y, sin embargo, el partido á quien pesa-
ba que hubiese sobrevivido al gabinete disuelto, le supuso un
pensamiento de resistencia, y aun le atribuyó las dilaciones que
esperimentó la promulgacion del nuevo sistema político, y que
solo dimanaban del carácter de las deliberaciones y de la trascen-
dencia tIe los acuerdos.


Tomando siempre cn dlo~ una parle acli,"a, no desat.endía




DE DOS JA I'IEI\ DE m;ncos. 2i
el infatigaLle ministro la~ ocupaciones esen~iales tle su ministerio.
por el cual se decretó, en los miS\1HIS dias de la l'cnovacion del
gabinete, suprimir en la direccion general de propios una rueda
inútil de la máquina administrativa; pasar al ministerio de Ha-
cienda el ncgoeiatlo dc las casas de moneda, comprendido sinl'a-
Zon en las atriLuciones del de Fomento; y permitir las represen-
laciones teatrales en torlos los pueblos del reino, contra lo que,
fundado en puco atendibles motivos, solicitaLa el cardenal arzobispo
de Sevilla. l)ocos dias despues vió la luz pública el célebre decreto
en que se declaró lillre la venIa y eDmpra , negociaciones y trá-
fico de todos los granos y semillas del reino. En los diez y seis años
(Iue lleva de regir aquella ley, ni por un solo dia ofreció incon-
venientes, produjo daños, ni amagó peligros ninguna de sus dis-
posiciones, dictadas todas ellas en el espíritu mas liberal, mas con-
forme a los buenos principios, y mas favorable a los intereses de los
pueblos. En el mismo espíritu fueron conceLidas todas las demas
que se sucedieron sin interrupcion, y que seria prolijo enumerar
una; bastando recordar la que reglamentó y uniformó la direc-
cion y gobierno de los baños yaguas minerales del reino; la
que libertó a los criadores de caballos de las traLas que hasta en-
tonces los abrumaron, y concedió á esta industria cuantas franqui-
cias y exenciones podian contribuir á su desarrollo; la que estin-
guió las hermandades y gremios de viñeros, y dejó en libertad
la circulacion, compra y venta de los vinos, y la qne legitiman-
110 las enagenaciones de fincas de propios, comisas y baldíos,
hechas desde 1808 hasta 18H, restableció á los adquirentes en
derechos de que habian sido desposeidos; la que, reduciendo á
justos límites los privilegios concedidos al establecimiento litogr¡i-
!ico de Madrid, dió a esta industria toda la libertad de que goza-
han las demas; la que, suprimiendo la escu~la de tauromaquia de
Sevilla, destinó los fondos con que estaLa dotada á la en~eñallza
primaria y á lus estahlecimientos de bellelicencia; la que estable-
,'iti re.glas inalterables sohre el uso y aprovechamiento de las aguas




2S BloenA!'IA
de.l'ioll y manantiales; la ordenanza general de presidios, especie
tic código compuesto de cerca de cuatrocientos artículos, y otras
muchas medidas, en fin , destinadas á socorrer las necesidades
que al ministro revelaba su ,-ieja esperiencia y su estudio cons-
lante de los males públicos y de sus remedios.


Cortos ócios dehian dejarle tantas y tan variadas ocupaciones;
J sin embargo ¡mho de tener los que le hastaban para discutir
,arios actos importantes de gobierno acordados á la sazon en el
consejo de ministros. De estos, los que merecian mencion espe-
cial fueron la sllpresilln del consejo de Estado, sustituido de he-
eho, despues de la muerte del rey, por el de gobierno; y la de
los consejos de Castilla, Indias, Guerra y Hacienda, reempla-
zados, en parte por otros cuerpos mejor constituidos, y en parle
por un comejo Real, que se creó. Sobre todas estas reformas,
dirigidas á hacer mas completa y menos costosa la organizacion
de varios ramos del servicio púlllico, descolló por su importancia
el famoso Estatuto real, por el cual, segun el sistema adoptado
desde Cádiz de suponer fundadas las mas trascendentales inno-
vaciones políticas en las que se lIamahan nuestras leyes funda-
mentales, se inroearon para convocar las córtes las disposiciones
de los partidos. El júbilo y la gratitud conque, á su aparicion, fué
acogido el Estatuto, debieron satisfacer completamente á ~us au-
tores que, unidos en adelante por el lazo de los principios esta-
blecidos y adoptados unánimemente en solemnes y prolongadas
discusiones, parecian deber seguir juntos el camino que una vez
emprendieron. Pero, á pesar de la armonía que reinaba entre
todos los ministros, y de lo lisonjeado que se hallaba el de Fo-
Illento con el favor de la reina y con el apoyo de la opinion , re-
nunció él, á pretesto (le un ligero ataque de gota, su importante
encargo, apenas hubo puesto su firma en el Estatuto. Díjose en-
tonces que, indignado de intri~as urdidas por algunos amhiciosos
ó descontentos y fayorecidos por algun diplomático estrangero,
creyó delle)' dejar un puesto en que ni aun la gloria podia in-




DE DON JHIEU DE Bt'llGM.


denmizarle completamente de sus fatigas. Si este no ClIt' el moti-
vo, nadie adivinó el de aquella dimision imprevista, que ni las
instancias de sus compañeros, ni las benévolas insinuaciones (le
la gobernadora le decidieron á retirar. Aceptada al fin, no sin rs-
fuerzos, Burgos se retiró condecorado con la Landa de Cárlos nr,
afiad ida á la de Isal)el que obtuviera antes.


Del hogar doméstico en que, por virtud de sus inclinaciones
y de sus hábitos, voló á esconderse, le sacó en breve su nombra-
miento de prócer del reino. Creer pudo él que, desarmados por
los recientes beneficios de su administracion y por su coopera-
cion al establecimiento de un nuevo régimen político, le respe-
tarian en aquel asilo los partidos mas encarnizados; y asi habria
sucedido si, suscitada en el estamento de procuradores la cueslion
del elllpréstito Guehhard, y resuelta su anulacion por un partido,
no se hubiese determinado la indecisa ó vacilante opinion de la
mayoria, despertando y aun envenenando el odio con que los pros-
criptos de 18'2.3 miraron desde luego aquella operacion. lIahia
ella en efecto proporcionado al afio siguiente grandes recursos al
goJJierno, y Iléchole tomar um actitud propia para desvanecer
lodo recelo de trastornos y alejar la necesidad de variar un siste-
ma político, continuando el cual creian los proscriptos indefinida-
mente aplazado el regreso á su patria. ~alural y legítimo era que
ellos maldijesen una combinacion económica á que creian deher
la prolongacion de su ostracismo, pero no era justo ni generoso
envol\'er en su saña contra aquella medida á un agente enérgioo
y leal que, removiendo los obstáculos que, durante mudlO tiempo,
impidieran llevarla á eaho , habia impedido conmociones de con-
secuencias incalculahles. 1\"0 temió, sin embargo, declamando con-
tra ella en el estamento un procurador mezclar, entre los argu-
mentos empleados para combatirla, imputaciones ofensivas á Bur-
gos, y este, no pudiendo atarar al diputado que se escudaba ron su
inviolabilidad, se dirigió á la reina solicitando el exámen oficial
de los bechos por ('\ artien\ados. Por consecuencia de tan nohle




30 B\UGIUFiA
solicitud, nombró el gobierno una alta comlSlOn compuesta de
próceres y procuradores, que á unanimidad reconoció falsas las
imputaciones; pero esplota(las estas por los órganos del partido
de llonde salian, mientras la comision se ocupaba en examinar la
multitud de documentos en que dehia fundar su dictámen, pro-
dugeron la formacion de una cábala, que si mas tarde propor-
cionó una brillante satisfaccion al calumniado, oca~ionó por de
pronto un escándalo lamentable. Para neutralizar la conjura se
apresuró no obstante Burgos á publicar sus Observaciones sobre el
empréstito Guebhard (1), breve, pero luminoso escrito, en que se
pusieron en claro el origen, trúmites y resultados de aquella ope-
raciono Empezó el antor agrupando por órden numérico todos los
argumentos que se hahian hecho contra ella y contra los que en
ella intervinieron, los analizó en seguida y los pulverizó por úl-
mo; y esto, con tal vigor de dialéctica, con tal copia de datos, con
tal perspicuidad de lenguage, con tan perentorias demostracio-
nes de la conveniencia del acto y de la gloria de haberlo llevado
á cabo, que ninguno de sus enemigos se atrevió. á aventurar la
mas ligera réplica, ni á aceptar el reto que, al terminar su mE'-
morable discurso, les dirigió.


Contra las someras imputaciones, incidental y transitoriamente
lanzadas por un procurador aislado, no solo noapoyatlas por ninguno
otro, sino oidas por todos con sorpresa y con <10101', la manifcstacioll
del prócer atacado era victoriosa y completa, y tal hahria pare-
cido igualmente en un trihunal, si intentada ante él la acusacion
huhiera debido entablarse ante él la defensa. Pero contra las ma-
quinaciones de los partidos son armas muy endehles las mas ele-
vadas consideraciones de justicia. La cáhala, temiendo que, al
tratarse en el estamento de próceres de la suerte del empréstit()
Guebhard, condenado en el de procuradores pOI' virtud de solí-
citas ó interesadas alegaciones, completase Bur;,os las revelacio-
nes que en su reciente escrito hahia anunciado resenar 11ura


Itl Yéasc el aprnoirr núm. 3.




IlE DOS .T.\ nEll DE /lURGOS. 31
aquella ocasioll, resolvió sofocarlas de cualquier modo. Trat¡',se
primero ue persuadide que no concurriese á la sesíon; y, manifes-
tando ól haber contraído el compromiso solemne de hablar en
ella, se resolvi6 no permitírselo y, por una especie de asonada
parlamentaria, en que los enemigos gritaron, y callaron sorprendi-
(los los indiferentes y los amigos; se decidi6 que Burgos dejase
(IC) asistir al :estamento hasta que justificase su conducta, como si
Ilecesitase justificarse el que no era acusado; como si contra IIna
calumnia no fuese )Jastante y aun sollfada justificacion la conte-
nida en las Observaciones, ó como si necesitase estímulo ó agui-
jon para esclarecer su conduela el que ya de antemano tenia
ofieiosamente solicitallo el exámen oficial. No hubieron de aperci-
birse los próceres de quc, por su apasionada deci~ion, 6 mas bien
por el acuerdo quc tumultuariamente se les arrancó, apareció esta-
bleciJo el principio ~e que el simple voto inverosímil y absurdo
de un inJividuo cualquiera, obligaba á todos ellos á una justifica-
cion , con lo cual podria en breve no quedar un prócer en sus es-
caños; pues, ¿contra cuál de ellos no podrían asestar sus tiros la
envidia IÍ la malignida? No pasó á la verdad mucho tiempo sin (Iue
se diese á Burgos satisfaccion cumplida, llamándole reiteradamen-
te al estamento; pero, exasperado sin duda por la declaracion tu-
multuaria é ilegal, contra la cual protestó en seguida gran núme-
ro de próceres, presentandose en casa del ofendido á manifestar-
le la sorpresa y la indignacion que les causara el proceder contra
él usado, tomó una resolucion, fIlie combatieron sus amigos, por-
que. llevada á efecto, debía dejar á sus adversarios libre el cam-
po de la in:rig:l, y espeditos los medios de seguir conspirando con-
tra (\), No hubo de retraerle de su propósito esta consideracion;
pues, pidiendo luego licencia y pasaporte, se marchó sin dilacion á
París.


Todos los biógrafos del ilustre prócer, hablando de este suceso,
han reprobado unánimemente la conducta del estamento, Don Eu-
genio (le Ochoa, el primero que enuna noticia hiográfica, coJoca-




32 1lI0GRAF1A
tia al frente de ,arias obras ue Burgos, i nscl'las en la "Colecc.ion tle
escritores españoles contemporáneos» que publicó en París en 18iO
se espresó asi: «uedicados esclusivamente a trabajos literarios, y es~
))trangeros por tanto á las maniobras (le la intriga y á las cábalas
),de las facciones, no presumimos nosotros determinar los motivos
))que presidieron á una resolucion del estamento de pníceres, por
)lla cual se privó á uno de sus mas respetables individuos de asis-
»)tir temporalmente á sus sesiones. El pretesto en que se fun(ló esta
»)decisioIl, c.aliíicada ya severamente por los contemporáneos, y rp-
llvocada y retractada por el estamento mismo, despues de un exú-
limen minucioso, fué la intcn"encion que se supuso á Burgos en
))Ias operaciones de un empréstito contratado por la regencia de
))18'23 con el hanquero de París, Gnchhard. m acusado rehatió la
))impostura con la relacion de los hechos ignorados, con la certifi-
j)cacion de los conocidos, con la argumentacion vigorosa, que es
»)el carácter distintivo de sus producciones, y en fin, con la espre-
))sion enérgica, que tan necesaria es para completar el efecto (le
))aquella especie de argumentacion. ~osolros no -podemos resistir
))á la inspiracioll de insertar aqui aquel escrito qlle merece ser 1OP-
llneralmenle conocido, porque ademas de su gran importancia his-
"tórica y administrativa, sus cortas páginas presentan á un tiem-
)PO á su autor eomo economista, como funcionario púhlico, como
)Iiterato, y sohre todo, como homhre. No se puecle menos de apre-
))ciar hajo todos estos coneeptos, al que cllando mas enconadas se
»mostraban contra él las pasiones, se esplicaha como el autor de
))este precioso opúsculo, que ni uno solo de sus enemigos se atre-
»)vió á desmentir ni refutar. ~Ias que con reducirlos al silencio los
))confundió aun con la indiferencia que mostró al recihir la noticia
))de su desagravio.))


Con mas vehemencia de lenguage y mas fuerza de conriecion,
decia dos años despues en su célebre hiografía , don Nicomedes
Pastor Diaz; «E118 de oetubre debia el alto estamento tomar en
)Iconsideracion la SlIcrte del empréstito Guehh;ml, desechado ú no




HE DPN HVIEII Or. n[RGOS.


"reeonocido en el tle procuradores. Burgos debia hablar, no solo
»para ver de impedir la consumacion de tan inicua y anli]lolítiea
»medida, sino rara cumplír la promesa que habia hecho de COIll-
"pletar verbalmente las aclaraciones contenidas en sus Observa-
,)dones, cuanto era preciso para la cabal dilncidacion del nego-
»cio. Su voz fné ahogada. Un corto número de próceres, alguno
),de los cuales debiera tener presente, cuando menos, que su pro-
»pia conducta no estaba exenta de acusaciones, quizá igualmente
»absurdas, pero no menos vulgarizadas, habia formado tan injus-
»tificable proyecto. El general don Miguel Ricardo de Alava pre-
llsentó una proposicion, pidiendo que Burgos no asistiese el las se-
"siones, ínterin no se justificase de las acusaciones fulminadas con-
»!ra él por el conde de las Navas en el mes anterior y en el otro
))estamento. Pidió el acnsado la palabra para defenderse; el presi-
))dente 83 la negó; y, retirándose Burgos del salon, de donde. á
~nuestro entender, debió esperar que la fuerza material lo arran-
»cara, arrebalóse de oculto una votacion equívoca en la forma,
¡)inícua en el fondo, injustificada cn sus motiyos y de peligrosísi-
»mas y trasccndentalcs consecuencias, bajo el aspecto político, al


») frente de una revolucion que empezaba, y en la cual se senta-
)lha el primer precedente de violencia revolucionaria en el seno del
)'primer cuerpo moderador del Estado ...... ))


Burgos marchó á París, y no podemos calificar mejor esta de-
terminacion que trascribiendo las enérgicas palabras de Pastor
Diaz. «Se habia ido al estrangero, dice, no porque le humillase
»)Ia declaracion de sus colegas. Harto habia mostrado la fiera alti-
,)vez de su carácter, cuando en la tarde misma de aquel dia, y po-
»)cas horas despues de la votacion famosa, se presentó paseando en
)'el Prado. Tengo necesidad, dijo á sus amigos, de ostentar esta
~tarde entre los desapasionados concurrentes al paseo, la aureola
)Jque ruines pasiones me !tan ceñido t!sta mañ,tna en el estamen-
))to. Por otra parte, varios de los mismos próceres se habían agol-
"pado á la casa de Burgos á darle satisfaccion del injusto acuerdo.


TOMO 1. :5




'(i\1t'júh~n,l~ lodos de la sorprcsa, y aun se uicc que en una SCSiOll
,~;errcta quc celehró al dia siguiente el estamento trataron algunos
),tle exigir la responsabilidad al presidente ..... Burgos sintió la nc-
"ccsillad de ir á esperar hajo mns despejada atmósfera la hora de
1>SU dcsagrnvio .»


?!Iuy poco debia tardar este, puesto que, en dos semanas, los
archiveros de todas las secretnrÍas del Despacho certificaron que
no existian ni habian existido los espedientes y procesos á que se
hahia altlllido en el estamento de procnradGres, y que la comi-
,ion mixta de próceres y diputatlos declaró en los primeros dias
¡le diciembre, que nada que pudiese' perjudicar á la opinion de
llurgos existia entre los voluminosos legajos del empréstito de
liuehhard. Pero estos informes se retuvieron cinco meses en la se-
eretaría de Estado, y no fueron pasados al estamento sino cuando
se le iba á cerrar; y abierto de nuevo difirieron manos intermedias
el desagravio hasta noviembre de 35. ((No satisfizo, añade Pastor
»Diaz, ('sta tardía reparacion al orgullo de Burgos, ni recató en !lU
»respuesta el desden que le inspiraha una corporacion que dehia
»aparecer á sus ojos bajo un aspecto poco ventajoso. Sin emhargo,
)'quería ocupar un solo dia la trihuna y desahogar en ella la amar-
»gnra de sucorazon ulcerado.))


Con este ohjeto vol vi a á l\1adrill en el verano de 36, cuando en
el camino supo el alzamiento de la Granja y la aholicion del proce-
rato. El sargento GarGÍa me ha vengado, dijo al saberlo; palabra
temble, cruel sarcasmo que revela cuanto envenena á los corazo-
nes mas generosos y {das clases mas elevadas el sentimiento de la
injusticia, "Burgos yohió sin detencion á l)arís. La vida política
habia acabado para él; pero, en aquella populosa capital, no renun-
ció á los hábitos laboriosos de una existencia tan ocupada. Alli se
dedicó á escribir la IlistorÍlI del reinado de doña Isabel lI, de
la cual puhlicó don Eugenio de Ochoa un corto fragmento en su ya
citada coleccion de Apuntes para una biblioteca de españoles cé-
lebres conlemporáneos, obra impresa en París por aquellos tiempos.




!jE DON lA ,lEn DI> nenGOs.


Regresado ú Parí", yolüá Hurgos á sus ocupaciones Jiternrias
Je las cuales vimos luego muestrns preciosas que ostentaban reu-
nidas en sus sienes coronas que rnra vez brillaron juntas sobre la
frente de un solo individuo. Alli , en efecto, al lado de eseritOll
que revelan profundos conocimientos económicos y administrativos,
vemos composiciones poéticas de ladas clases, desde la ingenio-
sa comedia y la sátira festiva, hasta la sentida elegía, desde
la oda anacreóntica hasta la pindaricn. Educado el autor en la
escuela de lloracio , recorrc con igual facilidad y maestría todas
las cuerdas (le la lira, y ora desarrollando el inmenso porvenir
flue columbra para la especie humana, da á su lenguage la pompa
correspondiente á los altos destinos que anuncia; ora ensalzando
en uno de sus amigos, cuyo cumpleaíios coincidia con el principio
de la primavera. su propension á hacer bien, describe con erótica
galanura los síntomas de amor que se descubren en la naturaleza
lada, al comenzar aquella estaciono


V éase en qué términos describe la marcha triunfal de la pri-
maycra.


Del suvo marcha al lado
El carro ¡le oro de la cipria Diosa
Oe eisnes arrastrado.
El niño Amor en su regazo posa
\" üe la mano asidas .
],e acompañmllas Gracias desceñidas.


Cl-/iros voladores
Abren la marcha, el aire SUD.viz<lll;
Del almendro las fiol'cS
De pétalos los campos entapizan;
En su obsequio la vega
Las hojas de sus árboles despliega.


Sobre el cogollo, ergnido
El ruiseñor por verlos se encarama,
y de amor poseido
Ufano salta de una en otra rama,
y de requiebros finos
Hinche la esfera en regalados trinos.


En el yerboso prado,
Del fresco arroyo á la frondosa orilla,
Agitase inflamado
Eftoro en el amor de su novilla,
y los peñascos huecos
Lejos repiten de su amQr los ecos o




llWGRA FU


Sobre todos los seres
La dulce primavera derramandu
Va de amor los placeres;
y á las caricias, al halago blando
Del céfiro, amorosa
Su cáliz virginal abre la rosa.


y en seguida, elevándose por una transicion sencilla y natu-
ral al objeto filosófico que siempre se proponia aun en la mas li-
grra de sus composiciones, prosigue:


¿Qué es el amor, empero,
Del ave, del cuadrúpedo ó la planta"
Un instinto grosero
Que nunca de la tierra se levanta;
Mientra á la empírea cima
A tí amor de otra especie te sublima.


Este amor es la fuente
De inefable placer, de eterna fama,
Fecundo, útil, potente,
BáJsamo sobre el mísero derrama,
A quien la vida aqueja;
Es el amor que á Dios nos asemeja


Compárese este lenguage tierno y sencillo eon el que emplea
en su oda Al porvenir. Despues de lamentarse de que el género
humano haya de continuar sufriendo desgracias mientras los pro-
gresos de la razon no opongan un dique á los escesos de las pa-
sionps, anuncia que esto sucederá, y que entonces, la historia


Dirá como restaura
El esplendor del suelo
El sabio alzado á la regio n del aura.
De alli al orbe lunar despues volando,
De alli al de Venus, y de allí al de Apolo.
De alli al helado polo;
y como entonces, el tupido velo
A la infinita creacion alzando,
Anuncia, absorto en éxtasis profundo,
Los milagros que encierra tanto mundo


De sus cimas eternas,
Pasará denodado
De la tierra á las lóbregas cavernas;
Su mole alli sobre ejes de diamante
Girár verá en el círculo de un dia.
Yera la mano pia
(Jlle dl' rolores engalana el prado,
y !Ir nro \ rTlrro 1101' frn!ól:ante;




DE DO!'." JA VIEII DE BURGUS.


Que el fugaz tiempo pOI' i¡;ual divide.
Su CuriO arregla y sus penodos mide.


7,7


Parécennos suficientes estas muestras para que nuestros ledo-
res formen una idea del carácter de la oda tlescriptiva y tlc la
oda filosófica del ilustre poeta. Distínguese la una por la gracia
del colorido; reálzase la otra por la fJompa de las imágenes; bri-
llan ambas por la eorreccion del estilo y las galas de la diccion.
Estilo, diccion, imágenes, colorido, brillan asimismo en una ele-
gante elegía que escribió en 180i, cuando la fiebre amarilla, des~
pues de convertir á Málaga en un cementerio, estendió sus es-
tragos á Cádiz y á Cartagena. Elevándose á la altura de la oda,
dice hablando de la fosa donde se hacinaban los cadáveres.


No del pobre el contacto en ella evita
Ell'ico, n¡ el del sábio el ignorante;
Ni envuelve al adormido sibarita,


En perfume oloroso, la humeante
Goma que á Cádiz el Arabia envía;
Ni el fifósofo á cálculo arrogante


Sujeta al sacro luminar del día,
Ni á ese millon de soles que la esfera
De luz recorren en la noc1!C umbria.


Sobre el mismo tono hace despues una bellísima reseña de la
multitud de objetos que alimentaban el comercio de Málaga y,
pasando por una hábil transicion del tono lírico al didáctico, COIl-
cluye asi su delicioso posma:


En la alta Cádiz la rabiosa salia
Tambien se ceba de la fiebre impía
Que su paz turba y su esplendor empaña.


En hora triste de menguado dia
Del opuesto hemisferio, playa enferma
Abortó tan cruel y hedionda arpía.


Tus esperanzas y tus hijos merma
Ella tamblcn, Cartago desdichada,
y tus campiñas y tus playas yerma.


y huye tus playas la potente armada
De tu riqueza manantiaf fecundo,
y tu ¡¡oder se torna en sombra, en nada.


De la nada en el piélago profundo.
ASI se ~umen de hora en hora, Amlm,
El anhelar y el presumir del mundo.




38 BIOGR_IF1A.
Cual la ambician apágase la ira,


y lo mismo el amor que la esperanza
Entre congojas y dolor espira.


¿Por qué , pues, el mortal ciego se lanza
Tras mentida ilusion que poco dura?
Solo asegurarán su bienandanza
La paz del alma, b conciencia pura.


Desde que, en 1839, puso el convenio de VCl'gara fin á la guer-
ra civil, habia pensado Burgos restituirse á su casa de Gmnada.
de donde le sacara en 1833 la benevolencia del rey y le alejaran
en los años siguientes las pasiones de los partidos. No pudo sin
embargo realizar este propósito hasta 18iO, y por una coinciden-
cia singular rué testigo, á su paso por Barcelona, de los sucesos
de julio, á que dió márgen la oposicion que desde mucho antes se
estaba haciendo á la recien votada ley de ayuntamientos. Sin
asombrarse de aquella peripecia, prosiguió Burgos su camino á
Granada y alli le hallaron las ocurrencias de setiembre, verifica-
das pocos dias despues. No parecian en verdad propicios aquellos
momentos para que él pudiese gozar del reposo á que aspiraba;
pero, por una de las anomalías frecuentes en periodos de revo-
lucion, no solo encontró favor y simpatias, sino qlle mereció Ull
testimonio singular de consideraeion y de confianza. Cuando la
reaeeion estaba en su apogeo, se presentó á Burgos una diputa-
cion del liceo de Granada, rogándole dar en aquel estableci-
miento lecciones de economía y de literatura, y sobre tadode ad-
ministracion. Aceptó él sin titubear, y, presentándose en seguida
en el liceo , reunió en derredor suyo un considerable número de
oyentes, entre los cuales figuraban los progresistas en gran mayo-
ría, como era preciso en aquella época. ¿Se creerá que ellos escu-
chaban en silencio y aun aplaudian con calor los principios de
órden público que, en sus brillantes y profundas improvisaciones,
proclamaba el nuevo profesor, y en odio de los cuales se habian
verificado las innovaciones bajo cuyo l'ógimen se vivia á la sazon?
A~i sucedió sin embargo: la ayersion que se habia manifestado
contra la última ]r) ¡le ayuntamientos, se fumIaba particular--




DE U()Cí J.\\"1Im 01; ¡¡Vl\¡;U:i.


lllente en la dísposicion que sujetaba el nomhramicnlo de los al--
caldes. á la. dceisioll de los agentes del poder; y Durgos, desptlc~
de consideraciones generales desenvueltas con una lucidez que
no permitían el disentimiento, presentó los principios aplicables
al nombramiento de los alcaldes en forma de cánones ó axiomas'
uno de los cuales eslaba concebido asi: « La eleccion de los llUc-
ubios puede sin embargo recaer en todos tiempos, y especialmente
))en los de disensiones civiles, en personas á quienes no sea posi-.
)ble encomendar sin peligro las importantes y cumplidas atribu-
))ciones de la justicia y de la administracion, y de ahi la necesi-
»Llad de reservar al depositario supremo de estos poderes, es decir,
)81 gefe del Estado, la facultad de revestir de ellas, al que entre
)Ios elegidos del pueblo parezcan mas á propósito para desempe-
)ñarlas, ó loque es lo mismo, la facultad de nombrar alalcalde.))


No se contentó el impávido profesor con enunciar tan esplí-
citamente una doctrina que quitaba á la revolucion última uno oe
sus mas populares apoyos, sino que se atrevió á añadir .en segui-
da: « No temo que uno siquiera de mis oyentes rehuse su asenti-
)¡miento á csta consecuencia forzosa de premisas que, en su cnu-
»meracion misma, llevan todos los elementos de conviccion. Tam-
"POCO teínoque se repute aventurado ú indiscreto proclamar una
»doctrina que, combatida recientomente con empeño, ha marcado
»la línea de separacion de nuestros partidos politicos. No es de
»política ni de partidos de lo que yo me ocupo, todos los que hO!J
»n08 dividen, como todos los que en adelante se formen, estan
llcondenados á perecer mientras á sus teorías impotentes y estériles
»no sustituyan otras de protQccion y conveniencia gcneral, y á mi
»me toca hoy reunir las mas importantes, y presentar en su con-
..,junto el santo símbolo de la ortodoxia administrat'Íva. No he
))sido yo quien he elegido esta ocupacion, aceptéla solo porque
.)á ello me escitó el liceo: aceptada, debo desempeñada, y, deseIll-
llpcliándola, deho proclamar los principios que aseguran hoy la
»paz 'l la {lrospcridad de las naciones que 105 adoptaron, y á IOb




BIOGIIAFIA


»cuales, los partidos mismos, si á su gloria y á nuestro bien aspi-
))ran, acabaron por rendir un solemne homenage. No sucederá esto
»á la verdad mientras entre ellos dure la lucha, pero ahora ó des-
»pues cesará esta ciertamente. Para entonces conviene que estell
»lIjados los dogmas de la unidad y de la gerarcluía administrativa,
))y desde ahora importa que se sepa que en conformidad de ellos.
»todo el que ejerce autoridad de esta clase depende necesaria-
¡)mente del que la ejerce superior.»


Tratando de los ayuntamientos, fijó asimismo el hábil profe-
~or veinte cánones, con arreglo á los cuales debian en suilustraua
opinion constituirse estas corporaciones, y añadió: « De ell08 se
JJpuededecir que, escepto el de la eleccion popular, ni uno siquiera
\lha sido conocido, puesto que ni uno siquiera ha sido respetado.
» y es menester, sin embargo, conocerlos ,respetarlos y aplicarlos
!ltodos si han de atenuar algun dia esperanzas de reparacion la
¡)mengua de que hoy nos cubre el desconcierto que corroe
)JIluestra sociedad. Los pueblos podrian en rigor vivir sin ayunta-
))mientos; pero no pueden vivir con ayuntamientos á qlt'ienes su
»viciosa organizácion impide hacer bien, conduce á hacer;mal, y
»convierte tal vez en instrum!mtos de anarquía ú en agentes de
»opresion.» El hombre que así se esplicaba era con frecuencia in-
terrumpido por rumores de aprobacion y á veces por estrepitosos
aplausos, y jamás un auditorio, que en su mayor parte creia bue-
no el sistema que se seguia, oyó con mas benevolencia á quien
demostraba y combatia los errores en que este se fundaba. De
aquellas luminosas improviiaeioncs, asi como de otras relativas
á cuestiones literarias y económicas, fueron pocas las que se re-
cogieron, porque alli no habia taquígrafos y el autor no las es-
cribía. Las pocas que se rcunieron se imprimieron primcro en La
Alhambra, y despues en casi todos los periódicos del reí no , de
los cuales hemos tomado las citas que dejamos hechas.


Por el mismo tiempo en I}uc se ocupaba de tan útiles trabajos
concchia Burgos y ejecutaba otro proyecto que, por su novedad y




!lE DO, JAVlER HE BCRCiOS. 41


~u auuacia, habria aterrado á los mas asiduos y laborio,os litera-
t05. Habia concluido él y publicauo 23 años antes su traduccioll
en versos castellanos de todas las obras de Horacio, y si alguno!>
creyeron en la posibilidad de mejorarla mas larde, niunosolopu-
do sospechar que fuese su autor mismo quien, si.n desanimarse por
el reauerdo de las largas vigilias que le costara su primera euicion,
emprendiese esta penosísima tarea. Con sorpresa se le vió, pues,
acometer viejo lo que habria debiuo retraerle jóven, y no acome-
terlo como quiera, sino con arreglo á un plan vasto y completo.
La traduccion fué refunuida y mejorada en términos que eclipsó
la primera que, inserta ya en la euicion políglota del célebre líri-
co, era conocida de toda la Europa. Mas de treinta piezas fueron
hechas ue lluevo; otras tantas sufrieron IlIas Ó menos importantes
correcciones, y la obra en fin llegó á una casi perfeccion que solo
podia ueber á los esfuerzos lllas perseverantes, á la instruccioll
mas vasta y á la aplicacion mas sostenida. Ni se eontentó Burgos
con dar á sus versos, segun la índole (le los ohjetos, ya mas sol-
tura y facilitlau, ya mas pompa y lozanía, ya mas claridad y COI'-
reeeion, sino que, haciendo de sus comentarios una 01ra original
y derramando en ella tesoros de ciencia y de erudicion, hizo su
lectura sabrosa á par que instructiva, llena de deleite á par que
de enseñanza.


Llamó sobre todo la atellcion en los Iluevos comentarios el
atn~vido propósito ue rectificar la opinion que se formó hace si-
glos de la inmortalidad de las creencias gentílicas, opinioll de
que revelóllurgos el orígen diciendo: "Sahiuo es que al tratar lus
))primeros apologistas uel cristianismo, de estellder la religioll que
))acababade revelar al mundo el hijo de Dios, fué su primer cuidado
llcombatir las creencias gentílicas difuudidas entonces por toda la
))haz de la tierra. Parecian santificados por ellas tan los vicios y
)consagrados tantos errores, que fué fáeil desacreditarlas, y lo fue
)ltanto mas, cuanto qnc, entre los que la profesaban, apcnas hullO
»fluien pensase defenderla~ de otro modo tIUC por la fuerza de la




BIOGIIA¡:¡.\


»)autoridad Ó por el rigor (le los suplicios. Asi los Orígenes, Tcrlu
»)lianos, Ateneos, Eusebios y otros ilustrados y enérgicos defenso-
l·res de la religion de .JeslIs, retorciendo victoriosamente contra los
»sectari{)s del paganismo los argumentos con que el epicúreo
»Celso al principio, y mas ümle otros sofistas. habian procurado
))combatir Ó escarnecer los dogmas cristianos, presentaron re ves-
))tidas y aun exageradas todas las ridiculeces que parecian
»resaltar en los hechos y en las doctrinas del gentilismo. llundié-
)) rODseal fin estas, y estendiéndose rápidamente las que sobre sus rui_
))nas se levantaron, nadie trató de volver por el honor de las des-
»truidas, y quedó asentado sin réplica que la religion pagana vi-
»)ciaba el corazon santificando malos ejemplos, humillaba el espí-
llritu consagrando tradiciones absurdas·, y cOlTompia la sociedad
))por la licencia que autorizaba en las costumbres. Una larga série
)Hle siglos ratificó- esta decision, que entró como un axioma en los
)) principios ó reglas de la educaci:on li!.eraria de todas las naciones
))del mundo civilizado; bien que. por una estraña contradiccion,
)formase parte de esta educacion misma el estudi() de las fábulas
))que tan unánimemente se babia convenido en desacreditar.)) El
que de esta manera desentrañaba el ol'ígen de la mala opinion de
que gozaban aquellas creencias, podia descubrir igualmente el de
cada una de las aventuras de las divinidades mitológicas, y
luego se vió en efecto que habia logrado dar, sobre las mas oscu-
ras, bien satisfactorias esplicaciones. Esta ohm importante se pu-
blicó en Madrid en 1SU.


Honrado Burgos por resultas de la estimacion (Iue merecian
estos y los demas trabajos útiles, á que á la vez se dedicaba, ha-
bia tenido en las elecciones que siguieron á su regreso á Granada
mucbos votos para diputado, yen las de 18~3 mereció allln que
se le confiase este honroso cargo. Con tal motivo volvió á Madrid
despues de nueve años de ausencia, y, á los dos meses, rué nom-
hrado presillente de una comision que se creó para el arreglo del
sistema trihutario, y de la cual eran vocales, entre muchos gcfc~




DE nON JAHElI DE meRGOS.


ilustres de la hueíclllb, los eX-lllinistros don Alejandro l\IOII, don
Ramon SantilJan y don Pio Pita Pizarro. Aquel árduo trabajo ruó
concluido en ocho meses.


Entretanto, disolviéronse las córtes de 18~3 , Y para las de
H, fué Burgos nuevamente elegido diputado. En ellas, como en
as anteriores, anunció que se abstendria de tomar parte en discu-
siones políticas por creer que, con las pasiones y enconos que
ellas promovian ó alimentaban, eran poco compatibles la armonía
y la concordia que debian presidir al examen de las diferentes
cuestiones económicas y administrativas, cuya pronta y atinada
resolucion se rec.Iamaba en vano despues de muchos años. Fiel á
su propósito, solo en cuestiones de esta clase hizo oir su elocuente
voz, pero en ellas lo hizo de una manera digna de &tI reputacion,
de saber y de patriotismo. En aquellas mismas córtes, rué nom-
brado presidente de la comision de presupuestos, y todos saben la
habilidad y el celo con que desempeñó aquel importantísimo en-
cargo. Cerrada á poco la legislatura, Burgos rué á fines del verano
de ~5, nomhrado senador vitalicio, y en seguida, ó al mismotiem-
po, miembro del nuevo consejo !teal ypresidente de su seccion de
llacienda.


Cuando se creia que estos cargos serian el término de su ilus-
tre carrera, se le vió salj¡· de nuevo á la escena, y aceptar en una
combinacion ministerial, formada á mecliados de mayo de 18~6,
el ministerio de la Gobefllacion. A éllle~ó el ilustre viejo toda la
inteligencia y actividacl que mostrara doce años antes en el desem-
peño del mismo destino, y antes y despues en el de todos los
cIue se le confiaron. Perocntonces, como babia sucedido aules, eran
poco ensalzados los beneficios, cuando los que los hacían no tri-
butaban á ciertos principios políticos un homenage absoluto, y al
nuevo ministerio se le reconvino desde luego de esta falta. A las
veinte y cuatro horas de su instalacion, habia él publicado un ma-
nuscrito que, coincidiendo con un decreto, por el cual sc SlISpCII-
(liun las córtes, y con otro' que imponia á algunos delitos de im-




BIOGEUF/A


prenta penas antes desconocidas, pareció legitimar el temor que
algunos procuraban difundir de que no serian suficientemente res-
petadas en aquel periodo todas las garantías constitucionales. Nu
nos incumbe á nosotros, biógrafos de un ministro, calificar los ac-
tos colectivos de un gabinete de que este ministro hizo parle. Solo
diremos que, si en el manifiesto anunciaban los ministros la inten-
cion de hacer por decretos cuanto creyesen útil para mejorar la si-
tuacíon del país, los recelos que podía inspirar esta resolucion, re-
sultaron considerablemente atenuados por las palabras siguientes;
«En corto plazo dará el nuevo gabinete rápido impulso, bolo su res-
»ponsabilidad, á lo que el curso vario y tempestuoso de las irritan-
)ltes discusiones políticas ha imposibilitado por espacio de tantos
))años, y de cualquiera disposicion que traspase el límite de sus
>¡facuItades constitucionales, dará cuenta á las c6rtes, sometién-
)ldose oportunamente á su fallo, defendido por la necesidad y es-
»cudado con el éxito.»


Para cumplir por su parte esta promesa colectiva, y desvane-
cer el cargo, ó mas bien, la hipótesis de absolutismo que se supo-
nia ser la tendencia del nuevo ministerio, .Burgos se apresuró ¡Í
presentar á la sancion de la reina la ley electoral (IlIe reciente-
mente habian aprobado los dos cuerpos colegisladores, y al circu-
larla la acompafíó con las instrucciones oportunas, no solo para su
mas pronta y completa ejecucioll, sino para evitar desde entonces
los abusos que en ella podian introducirse. Al mismo tiempo trató
de la adjudicacion, por mucbos meses diferida, del empréstito de
doscientos millones, destinados desde el año anterior á la con s-
Iruccioll y reparacion de caminos, y, no estimando aceptables las
proposiciones de varios capitalistas, anunció la subasta que tan
magníficos efectos produjo á poco. Objeto de su solicitud [neron en
é'ieguida 105 montes, y dió una especic de código, ratificando y me-
jorando varias de las disposiciones del que publiclí en 1833; fijó
lucgo las atribuciones de los empleados que se rrearOIl, y organi-
zando alinadamcnle la forma de su inlencn<:ion, hizo po~ibl(' el




DE DON JAVIER DI! BCRGOS. 45
restablecimiento ulterior de los montes destruidos, y segura la cc-
sacion inmediata tle los abusos que á su aniquilamiento contri-
buyeran. Con cl fin de asegurar estos beneficios, publicó el mi-
nistro una escelente instruccion para proceder al deslinde y amo-
jonamiento de los montes del Estado, de propios y comunes de los
pueblos y de los establecimientos públicos. Tan solícito como del
mejor régimen de los montes, del arreglo de Jos pesos y medidas,
de que tambien se ocupara en su primera administracion, enco-
mendó Burgos á una comision, compuesta de muy entendidas per-
sonas, estendcr un proyecto de ley para uniformar en todo el
reino aquel ramo del servicio público. Aclaraciones fundadas en
!menos principios fijaron el sentido de varias disposiciones de la'
ley de ayuntamientos de 45 , Y evitaron la multitud de consulta"
que su tenor ambiguo provocaba. Para completar el pensamiento
que habia presidido á la reforma, hecha poco antes en la enseñan-
za de las nobles artes, se dió una nueva y acertada organizacion á la
real Academia de San Fernando. Instruccion, beneficencia, car-
reteras, aguas de Madrid, fueron objeto asimismo de su atencion
rspecial, no distraida por eso dcl despacho diario, que se aseguró
haber pasado de dos mil espedientes, en el corto tiempo de la du-
racion de su poder, limitado á diez y nueve dias , al cabo de 105
cuales presentó su dimision. No nos toca á nosotros investigar los
motivos de aquel paso ([ue, dado al mismo tiempo por el minis-
tro (le Hacienda y por -el presidente del Consejo, se reputó bien
honroso para los que á él se decidieron. Por resultas de él, volvió
Burgos á la paz de su hogar, y en seguida á la presidencia de Ha-
cienda del consejo Real, en que á poco rué reinstalado.


Por rara escepcion, vimos reunidas en el personage cuya
Jliografía dejamos bosquejada, las cualidades eomunmente in-
compatibles de las profesiones de literato y de administrador,
imaginacion y juicio, ligereza y calma, franqueza y cautela, aban-
llono y aplicacion. Distínguíase sobre todo Burgos por la seguridad
fon (lue resolvia, por la celeridad con que ejecutaba las cosas ar-




m¡jGnHIA
rollando los obstáculos, por la prudencia con que aplazaba peligros,
por su tolerancia en lo <{ue era indiferente, por su inflexibilidad
(:n lo que él creia indispensable. El poeta, el crítico. el erudito,
el filósofo • desaparecen en él ante el administrador y el econo-
mista, el hombre de mundo ante el hombre de gobierno. Obsequio·
so, con apariencias de desabrido, benévolo con aire de severo, fué
á un tiempo el encanto de sus amigos y la providencia de los des-
graciados. Nosotros que, por nuestra edad y las tendencias de
la educacion de la época, no participamos de algunas de sus
creencias en política ni en literatura, no podenlOs menos de con-
cluir sn biografía, acatando la ostension y variedad de sus cono-
cimientos, como sábio, su inagotable filantropía, como ministro,
y la pureza y la igualdad de sus costumbres, c{Jmo homhre-


En la mañana del 2.3 de enero de 18i8, veíase una orla de
luto en varios periódicos de la capital, yen todos ó casi todos ellos
se leian, en biografías mas ó menos estensas, los títulos de gloria
del hombre eminente que acababa de perder España. j Ha muerto
Burgos, se decian consternados sus amigos; ha muerto, sÍ, víctima
de su amor al trahajo, de su incansable laboriosidad, de su pa-
sion por el bien público. Poco antes de fallecer, herido ya de
muerte, fianclo demasiado en su constitucion de hierro, se levantó
á las siete de la mañana á corregir pruebas. Era cercano su fin,
y todavía se deleitaba en conversar de literatura y de administra-
cion. Las últimas palabras fueron consagradas á la escelencia del
idioma del Lacio. Leyéndole el sacerdote algunas oraciones en
castellano, los evangelios le dijo el moribundo, los evangelios,
y en latín, (jne me gustan mas. Pocos minutos deslmes dió el alma
á Dios, ti las dos en punto de la mañana del dia 2.2 de enero, á
los 69 años de edad. A su entierro y á sus exequias asistió nu-
merosa concurrencia. Sus restos mortales yacen en el cementerio
situado estramuros de la puerla de Bilbao.


A. P.




I1SPOSICION
DIRIGID,'


DESDE PARlS EN 2> DE E/iEUO DE 1826,


.. ohrt' 1011 nude", 'lile aqueJahan entonele!l .. E"paña, y lo ..
medio .. de remt"dlarloll.


APENDICE A LA BIOGRAFIA.
i\"UMERO t.."


SEÑOR:


LUCIl'\~no cerca de dos años con la opinion conjurada contra eí
crédito de Espalia, he debido estudiar y cono¡;er los fundamentos
de esta opinion, calcular su influencia, y señalar los medios de
sofocarla ó de estinguirla. Esta obligacion la be de>lempeñado con
exactitud y perseverancia, y algunas medidas útiles, adoptadas
en consecuencia, me hacian esperar que fuésemos conllevando
Iluestra situacion, hasta que los beneficios que V. }l. dispensase
á sus pueblos nos permitiesen oponer datos irrecusables á las de-
eIamaciones interesadas de nuestros enemigos. Pero, señor, el
mal se agrava de dia en dia ; la opinion se ha contagiado; gentes
de principios diversos y opuestos se unen para presentar la Espa-
ña como un pais agobiado de calamidades; y hasta los hombres
mas imparciales, no pudiendo resistir á la evidencia de ciertos
hechos, se rinden tal vez á las cOllsecuencias exageradas que
saca de ellas el espíritu de partido, y que 86 fortifican y se difun-
den asi por una especie de asentimiento comun,




BIOGIUFIA.


Señor, V. M. se ha dignado autorizarme ;\ que esponga á lo~
pies de su trono los medios de conjurar el daiio (fue denuncio, y
yo voy á hacerlo con la franqueza leal que debe presidir á la dis-
cusion de intereses tan elevados. Enemigo constante de toda exa-
geracion; apóstol infatigable del órden y de la justicia; aplicado
siempre, por eleccion y por una coincidencia rara de casualida-
des felices, al estudio de la administracion y de la economía; no
perteneciendo á ninguna opinion , secta, cuerpo ú partido, cuyos
intereses suelen estar e8 contradiccion con el int.eres público; in-
dependiente en rigor de los favores del poder y de los caprichos
de la fortuna, mas por mis hábitos de moderacion, de trabajo y
de frugalidad, que por la estension de mis medios pecunia-
rios, con los cuales, no obstante, he vivido siempre, sin necesidad
de empleo ni de otro beneficio alguno del gobierno; realista por
patriotismo, vehemente por temperamento; yo "ay sin duda uno de
los pocos hombres á quienes, en nuestras críticas c.ircunstancias.
pone el c.ielo en disposlCion de decir la verdad. Empleando su aus-
tero lenguage, estoy lejos de c.reer que corro el menor riesgo cerca
de un rey justo, y de uu gobierno equitativo; pero si, contra mi
esperanza, pretendiese la calumnia desacreditar mis intenciones
purísimas, y fuesen oidas sus gestiones, yo, resignado desde ahora
:i todas las consecuencias de mi leal iniciativa, me dispongo á
acabar mis dias en mi provincia, adonde llevaré el consuelo dr,
haber hecho cuanto dependia de un simple particular para mejo-
rar la suerte de mi patria.


Hay, señor, vasallos fieles de V. M., que, no acostumbrados á
meditar sobre estos negocios, no conocen la estension de los ma-
les, ni >:1ospechan por consiguiente la necesidad del remedio. Hay
otros qlle, arrastrados por el torrente de los hábitos, y reputalJdo
como teorías de gobierno las tradiciones de la rutina, creen que
con providencias de esta clase se restablecerá el esplendor de una
nacion, símbolo un dia de la grandeza y de la gloria. Estos y otros
errores funestos resultarán refutados en el exámen que voy á ha-
eer de las cuestiones siguientes:


La ¿Aquejan á España males gravisimos?
'2. a ¿Bastan á conjurarlos los medios empleados hasta ahora?
:1.3 Si para lograrlo conviene emplear fJtros, ¿cuáles son estos?
Señor, escúseme V. M. si le pido que aplique á este exámen too


da su atencion soberana, pues se trata nada menos que de la suer-
te de la monarquía. Errores administrativos la hablan reducido á
una nulidad oprobiosa, al espirar el último príncipe de la dinastía
austriaca. El primero de la dinastía borbóniea restableció su dig-
llidad; el tercero de sus hijos, vuestro ilustre abuelo, Cárlos IlI,
la elevó á una inmensa altura, de donde descendió rápidamente
en los diez y nueve años del reinado de vuestro augusto p.adre.
~En los diez y ocho del reinado de V. 1\1. ha descendido, señor,
mucho mas; y los amantes de vuestra gloria, los admiradores de
vuestras YÍrludGS, nos estremecemos al pensar en el juicio t.erri-
Lle que la po,lr~ridnd porlrá formar de este periodo, en que Ja~




dr,sgracias públil'a,; han acibarado tan frecuenlemente nwstra real
existencia.


De vuestra corona, sefior, se hall arrancado los tlos florones
magníficos con que Córtés y Pizarro adornaron la tic Carlos 1.
Quince millones de sllbditos cuenta hoy menos la monarquía cspa-
üola, que contaba en 18U8. El pabelloll de los insurgentes de Mé-
jico tremola ell fin sobre las almenas de San J llilll de Ulua, y es
de temer (lue el de los insurgentes del Perú ondeé en brcyc ~obr()
las del Cal ao. Al tráfico inmenso que alimentaban con la metró-
poli tan vast.as posesiones, ha sucedido un cabotage mezquino.
turbado todos los di as por los piratas de aquellos mismo:; paises,
(¡ue deben a l~spafia las artes de la paz, y los beneficios d(¡ la so-
vilizacion. La Illultitud de objetos preciosos y esclusivos de cami-
hio , que reuniamos en territorios de una estension de sesenta
grados al Norte y al Sur de la línea, cs reümplazada COll \lila corta


!'Orcion de sacas de lana, ú de pipas de \ino ú de aceite, que SOll lOy lluestros únicos artículos de esportacion. Cádiz, ese eLllporiu
del comercio del mundo, cuyas aduanas solas, al subir al trono
vuestro augusto padre, daban al tesoro real de 120 á 140 milloll
nes por año, y el tercio á lo menos de la misma suma cuando
reducida á sí misma, desaliaba desde sus invencibles murallas el
mayor poder de los tiempos modernos; Cádiz, señor, es hoy en
presidio de donde se apresuran á emigrar todos los que pueden
realizar sus capitales, paralizados por la ocupacion estrangera, y
llor la emaneipacion de nuestras colonias. Barcelona, esa segunda
ciudad del comercio qUtl, multiplicando los prodllctos de su in-
dustria fabril, y apro"echando los de su industria aiOricola, equi--
libraba las ventajas qun debia C¡idiz á su posicion, esta en Ulla si-
tuacion casi semejanle. El comercio de los demas puertos del reino
yace en una estancacion completa, de que nadie prevee el térmi-
no, mientras una voluntad elicaz é ilustrada no remueva los olJs-
taculos que los en'ores y las pasiones oponen a su prosperidad.


La situ3cion de la indnstria no es mejor que la del comercio,
La guerra de la independencia le atajó los yuelos; la guerra civil
le cortó Je nuevo las alas; la emancipacion de la América, cerran-
do la úniea puerta por donde podian salir sus producciones, nI
condena á ulla languidez abyecta, que acarrearú en !in la consun-
cion y la muerte, si medidas sabias de parte del gobierno y esfuer-
zos patrióticos de parte de 105 capitalistas no la salvhll. Asombra
ver hasta qué ¡Junto depende nuestra nacion de las producciones
mas fúl1les de la industria esterior, y cuantos eslrangeros eslall
e~cargados de proyeer á las exigencias de su lujo y de su como-
<lldad,


Pero ¡qué mucho, si necesita tambien para subsistir de las
producciones de suelos eslrafios! No hace largo tiempo que hemos
visto, y no sé si aun dura hoy, la importacion de trigos estrange-
ros, autorizada sin duda porque lo~ del t.erritorio espaiíol !1O bas-
taban á sus necesidade;;, Ó porque los gastos de conduccion de la~
provincias inlemas a las marítimas recirg:1han de tal manera su
TO~lO 1. i




uo
precio, que era menesler que los habit:lllle~ de e~tas consumiesen
1 rigo dl~ Odesa ó de Tangarog, mientras los de las internas Jlere-
cian de miseria entre sus llenas troges y silos. La ralta de caminos,
la de canales, la de riego~, la de capitales, la ignorancia general
de las útiles teorías agríeolas, torio contrihuye a que la agricultu-
ra del pais mejor situado de Europa sea la mas atrasada y mi-
serable de esta parte del mundo. Esas 150 leguas de costa, que
(lesde el pie de la sierra de Ronda se es tiende hasta las playas
de los Alfaques, forma una zona magnífica, en donde sin grandcs
esfuerzos se aclimatarian en pocos años todos los frutos de los tní-
Vicos. Hoy se cogen en aquella costa abandonada a sí misma,
de 25 a 30,000 quintales de algodon, el primero del mundo des-
pues del de Femambuco; igual ó mayor cantidad de azúcal', ron,
plátanos, chirimoyas, y en breve se cogeran algunos quintales de
café. Estas exóticas y privilegiadas producciones están, sin embar-
go, limitadas á un corto territorio, cuando la costa entera debia
estar cubierta de ellas, y del añil, y del cacao, y de ese insecto
precioso que reemplaza con ventaja el múrice de los antiguos, y
que se mantiene de la sustancia de los nopales, que la naturaleza
ha sembrado con una profllsion fatigante en los cerros de donde
se descubre la costa septentrional de Afríca.


Señalando de paso estas mejoras, que trasformarian en un ver-
gel deliciQso los valles hordados por el Mediterráneo, desde Gi-
braltar a las bocas del Ebro, no invierto, señor, el órden de las
cuestiones que arriba he establecido, ni anticipo los remedios
f¡UC, con arreglo á la division que he adoptado, reservo para la
ultima parte de mi trabajo. Indicado lo que se podria hacer en
aquella rica y abandonada costa, !lO nw he propuesto tanto pre-
sentar un remedio como señalar un mal, pues Jo es gravísimo que
un territorio dilatado, donde se cultivan hoy Illuchos de los fl utos
preciosos que crecen en los campos alul1Ibriulos por los fuegos del
Ecuador, no esté cubierto de todas las producciones de aguello,.
climas, presentando asi al comercio estrangero el mismo ahciente
que le \leva á la:; playas insalubres de la Habana ó de Vera-Cruz.


Estos males son sin duda graves; pero, sellol', hav otro que es
tanto mayor, cuanto no lodos le reputan mal. Este es el cancel' que
devora la monarquía, v sin cuyaestirpacion nillglln poder humano
hasta, no digo a restablecer su esplendor, pero ni a prolongar su
existencia. V. M. adivina sin esfuerzo que hablo ¡Je la discordia.
A mí, (lue miro como la primera necesidad el sofocarla, no me to-
ca decir ¡Je qué manera empezó á agitar sus leas entre nosotros,
ni cómo los erro~es ó las pasiones han alimentado el incendio vio-
lento que ellas ocasionaron. Misionero de paz, sin la cllal no hay
prosperidad ní ventura, yo disculpo á los autores rle las proscrip-
ciones sucesivas que en nuestros dias han afligido y desolado á
España; pero, como son la calamidad peculiar de esta época, no es
posible, al enumerar nuestros males, dejar de insistir sohre ella.
En 1808 era el pueblo quien proscribia, y no siempre podia la au-
toridad oponerse á sus deciSIOnes tUll1ulluosas. Mas larde el go-




hierno central pro",crilJia il los que ohedecian al lioni!)!"C tIlle la
fuerza de las armas hahia sentado sohre ,-ncsll'O trono. Mas tardl~
el llue disponia de la fuerza de ar¡ uellas armas proscribia á loda
la Espaiia adicta á vlIestro goblerno, en las personas de los diez
mas ricos y mas ilustres españoles que habian emigrado á Cádíz.
1'01' elmislllO tiempo se proscribia en Cádiz á todos los qne ejer-
cían emplcos en las cinco sestas partes de la l'enínsula, ocupadas
por los franceses. En 18U, en la época de la reeonciliacion uni-
versal, cuando lodos los soberanos de Europa pactaban en París,
por lIn tratado solemne, el olvido de lo pasmlo , España no dis-
frutó de este benelicio que, obtenido, habria evitado quizá la fatal
reaccion de 1820. V. 1\1. sabe que en las lucllas políticas no hay
lilas que un paso de la proscipcion á la apoteosis, ó lo que es lo
mismo, (le In cárcel al poder. Espcrimentando en sí mismos la
Yerdad de üsta maxima, los hombres de 1820, llevados eu triunfo
desde sus destierros hasta la capital del reillo, la olvidaron sill
embargo, y empezaron su nueya carrera proscribiendo primero
Ú sesenta y nueye de sus colegas antiguos, y r1esplles á muchos
(Iue en otros tiempos se distinguieron ]lor una lealtad señalada a
su monarca. La reaecion, que siguü slempre á las proscripciones,
sobrevino, y la restauracioll prometió dias mas serenos á la fati-
gada España.


Pero, señor, proscripciones nuevas vinieron á turbar este gozo
y tí. defraudar esta esperanza. Simples bandos de policía prival'On
(le las venlajas comunes tí. todos Hlestros vasallos, á muchos indi-
vitluos y aun á clases enteras, que por aquellas medidas fueron
designadas á la animadversion pública, y sujetas á penas que solo
los trihunales pucden imponer Cl! los paises bien gobernados. (na
especie de entredicho fue fulminarlo contra milieianos, empleados,
militares, frailes secularizados, y contra los que siguieron á los
revolucionarios á Sevilla v Cádiz, y mas tarde contra los com-
pradores de bienes nacionales, los miembros de diputaciones pro-
Yineiales, etc. tas disposiciones rigurosas de que fueron objeto
los indiYiduos comprendidos en todas estas clases, forman una
verdadera proscripeion, no á la verdad del género de las rle Sila,
que hacia ti.iar en las esquinas las listas de los que su furor COll-
úenaba á muerte, y las recolHpcn;;as que prometía :i sus verdl1go~;
110 del género de las d(\ Mario, que a ulla mirarla hncia derribar
pJr sus satélites las cahezas que le desagradaban; pero, aunque
mas suave sin lIuda, la Il1ellida administrativa que impuso á mi-
liares de personas la pena de destierro forzado, fué ulla proscl'ip-
cion verdadera, que se ha agravado despues por la inhabilitacioll
de hecho para servir empleos del Estado, y aun para desempeñar
cargos de república; de que ha resultado á los escluidos menosca-
bo de derechos, mengua de reputacion y perjuicio de intereses.
Estas medidas, señor, han enconado los ánimos de los espaiiolps,
exacerbado los resentimientos, y generalizado una llesconfianza
recíproca, <¡Ile, orígen esclusivo de la miseria que nos ahruma. es
al mismo tiempo el ob,t;i(~\llo mas insuperable Iwra torla mejora




llIOGRAFIA.


posible. Ellas han empnjado á paises eslrangeros y aun enemigo~.
muchos capitales, muchos brazos, muchas cabezas, que hahrian
sido y pueden aun ser útiles á su patria; ellas han indispuesto
eontra nosotl'OS á los hombres ricos de todas las naciones, que,
amigos necesarios de la paz, son enemigos ardientes de las medi-
da:; que la turban; ellas nos han condenado á la nnimadversion
de las gentes juiciosas é instruidas, que han visto con dolor per-
rlidas para noseMos las lecciones de la bistoria, y sofocados por el
grito de las pasiones los documentos de la esperiencia de todos los
siglos.


Ni son solos estos daños interiores los que tenemos que llorar.
Esos seis ú ocho mil proscriptos, refugiados en Inglaterra, Francia
y Bélgica, propagan necesariamente en aquellos paises un odio
t\ncarnizado contra el gobierno que les cierra las puertas de su
patria. El instinto natural de la equidad obliga á ingleses, france-
ses y belgas á prodigar la compaslOn y aun la henevolencia á in-
(Iividuos que no han .sido juzgados, y que, por esta sola circuns-
tancia, aparecen como inocentes. De estus prófugos hay hastantes
que, en la indigencia con que luchan, exhiben un nuevo título á
la compasion de las almas generosas; hay otros que, precedidos de
una reputacion justa ó injusla, van por donde quiera escilando ya
la curiosidad ó la sorpresa, y ya la admiracion ó el entusiasmo.
Todos ellos, ahrigados en paises constitucionales, se muestran co-
mo las víctimas de una tiranía, á la cnal atribuyen el descrédito
y las inquietude~ del gohierno de España, y la miseria y las con-
vulsiones de sus pueblos. Ciertos de que aparecerán tanto mas
estimahles, cuanto mayor sea el desconeepto del gobierno que los
proscrihe. trahajan dial'Íamente la opinion, comentan los actos de
vuestra autoridad, glosan esa constante penuria de Vuestro teso-
ro, se felicitan de ver en poder de los rebeldes de Méjico esa úl-
tima fortaleza que poseíamos en su territorio, anuncian la eman-
eipacion próxima de Cuha y de Puerto-ltico, y predicen los triun-
fos que los armamentos acordados en Panamá ohtendrán mas tarde
on las aguas que bañan nuestras cosLas. Refiriendo, exa-
p;erando ú inventando errores ó desgracias, se adulan con la
deplorahle esperanza de que ellas colmarán la medida de la
exasperacion pública, y ocasionarán una reaccion, á la cual sola-
mente esperan deher la vuelta á sus hogares. La política puede
condenar, pero la naturaleza no condena estos sentimientos. No
de todos se puede exigir aquella generosa abnegacion de sí mismo
de que tan noble ejemplo dió al mundo el vencedor de Salamina,
rehusando pelear en las filas de los persas contra sn ingrata pa-
tria. I1av, y debe haber siempre, mas Coriolanos que Temístocles.


Se ha hablado mucho de la liga ¡jr, los banqueros europeos
contm nuestro crédito; pero en España no se conoce, ó no se cree,
el principal medio de resistencia COIl que ha contado esa liga,
cuyo triunfo es hoy completo. Jamás muchos de los principales
banqueros de París, Lúndres (¡ I"rallcrort, poseyeron una sola
.obligacion de los emprtíslitos tle las Cúrlp.~. No es, pues, el despecho




APE:'íDIC~; NC~IEIlO 1.0 53
ot.;asiollado por el uo reconocimiento de aq ucllu~ obligat.;iones, lo
que ha formado esa coalicion contra nosotros, que, compuesta en
su origen de un número respet.;tivamente pequeiio de personas
ofendidas en sus intereses, no se ha hecho invencible sino por los
auxilios que le ha prestado el resentimiento de los proscriptOf'.
Ellos han compulsado los antecedentes de la hacienda espaiiola (1),
revelado la estensioll inmensa de su deuda, y ponderado la fre-
cuencia de sus Lancarrotas y la desJlroJlorcion de sus recursos
habitualcs con las necesidades del servicio corriente. mIos han
sellalado 'los vicios y las anomalías de la Iegislacion de su patria,
que, por eJemplo, por la introduccion de un libro de devocior:
impreso en España, en Bayona y aun en Roma, cQndena á un sa-
bio piadoso, pacítico, y benemérito ala pena de muerte y de COIl-
fiseacion, conmutable en verdad en la de presidio (2), que es
el destino del facineroso, cuyo braz~ amarra tal ~ez la ley al del
rapazuelo decidor, que se desmando acaso en la noche de wrbe-
na (3). Ellos han ponderado los vicios de muchas de nuestras ins~
tituclOnes, la aeulIlulacioll de atribuciones incompatiLles, los obs-
táculos, que la marcha lenta y complicada de las oficinas opone á
las decisiones sabias, y sobre todo prontas, que exiITen con mucha
frecuencia las necesidades de la administracion. Eftos por último
han familiarizado á Europa y al mundo COIl conocimientos, que
antes poseían pocos individuos, y estos conocimientos han gene-
ralizado la desconfianza v la aversion contra nosotros, en términos
que los banqueros comprometidos por el no reconocimicnto de los
bonos de las Córtes, han hecho entrar fácilmente en su coalicion il
todos los demas con solo mostrarles el estado del pais contra quien
se coaligaban. Con a(juel tono decisivo, llne muchas veces parece
al de la conviccion, y que por tanlo arranca la aquiesceneia ó el
asentimientu de los lectorrs, decia unos dias ha el diario, que re-
presenta los intereses del comercio y de la industria (~): "En cuan-
litO á la España, ha continuado retrocediendo rápidamente luicia la
»barbarie. Es una segunda Turquía, mas miserable y peor gober-
»nada que la primera.» Cundiendo y gencralizandose esta injusta
opinion, no ha sido posible, a pesar de esfucrzos , qne no es ahora
del caso ponderar, arreglar eondiciones para un empréstito espa-
ñol, parecidas ó semejantes a las que, aun antes de reconocida su
independencia, ohtuvieron Méjico, Colombia, Chile y el Perú. La
Grecia misma, sin otra garantía que la espada de Colocotrone, Ó
los brulotes de Canaris, ha levantado empréstitos, de que con mu-
cha facilidad pueden desaparecer las frúgiles hipotecas, y que no
obstante ticnen cur~o, y quizá se renovarian á ser necesario. En-
tretanto F~spaña no encuentra un maravedí, y gime lJajo un des-


(1) Ocios de los espaiLoles rerugiados en Lóndres (Periódico que alguno de
dichos refugiados puiJ!iraiJan á la sazoll en a([lIella rallÍlal).
,(2) Artículo 13 de la lry del señor uon l'ernando VII, que es la 22, tilulo 16,


libro 8. o de la Nov)sima Recopilarion.
l3) Ley 9, titulo 25, libro 12 (le la No,'isima Recopilarion.
(t) Diario del Comere,io del 7 de enero (\c 1826, remili,lo al dia ,i~lIi"',,le al


gobierno ~or el autor de esta memolÍa.




lllOGltAFU.
,~ré.dito, l¡Ue es un síntoma irrecusable, no solo de la magnitud lft<
~us males, sino del con,lCimiento general que se tiene de estos ma-·
les mismos; circunstancia que los agrava notaulemeute.


En el pais que en pocos alios ha visto seper:usc de su depen-
dencia las mas ricas colonias que jamás poseyó monarca alguno~
en el pais donde esta desmembracion ha aniquilado el comercio, ya
antes limitado y mezquino; donde la industria, maltratada primero
por la guerra estrangera, destruida despucs por la guerra civil, no
posee máquinas, métodos, capitales que la permitan al meuos se-
guir las huellas de la industria del ¡'esto de Europa, ni cuenta si-
(Iuiera con consumos que la estimulen; donde la agricultura pro-
Vbe apenas la;; primeras necesidades de los hauitalltes, reducidos
frecuentemente á alimentarse del trigo de Polonia, que les envian
los mercaderes del mar Negro; donde proscripciones eslendidas á
masas ó categorías han hecho huir los capitales, é infundido la in-
(jllietlld y la desconflanza, es necesario, sefíor, que la miseria gane
el terreno r¡ ue ha perdido la prosperidad. Por esü las arcas del te-
suro están vadas ú pesar de los esfuerzos de vuestro secretario del
dc,pacho de Hacienda. Por eso, á pesar de los de vuestro secrela-
rio del despacho de :\larina, un puliado de piratas bajo pabellones
de Colombia ó de Méjico, infestan nuestras costas, é impiden el trá-
lico del carbon y rle las vitnallas. Por eso la Inglaterra ha recono-
cido, '1 la Francia va á reconocer, la independencia de nuestras po-
sesiones en América, SilllJUe vuestro prime\' sec.retario de Estado
pueda hacer oir sus reclallJaciones. 1'01' eso las tropas españolas no
IJaslall á guarnecer las plazas riel reino, y vivimos bajo la tutela de
:HJ,OIlO estrangcI'os, cuyo aumento de paga garantido por tratados,
absorve una quinta ó sesta parte de Iluestras rentas. ¿Son estos,
~ellor, males efectivos? ¿Son ¡nales graves? Yo no creo que habI'á
'luicI! se atreva á negarlo.


y ¿uasta/! á conjumrlos (esta es la segunda cuestion) los mc-
dios empleados hasta ({hom? Yo )lodria, respondiendo á esta cues-
tion, emplear para endulzar la amargura de la respuesta, térmi-
nos lisongeros y fórmulas dulces y seductoras; pero estas {Iebi-
litarian quizá la impresioll, que ha producido sin duda en vuestro
real ánimo la cllumeracioll dolorosa que acabo de hacer, y ale-jariall tal vez la ópoca del remedio de tantos males. l'or otra parte,
vo no c\'eo, sefíor, COtllO creen algunos, que hay cosas que no sc
lleuen decir á los reyes; ,11 contrario, pienso que á un rey que de-
~e:l el bien, como no pueden menos de desearlo todos, es menes-
le\' decir siempre la verdad cntera. « Tan gran delito es, decia al
"rey don Felipe II su tesorero Luis de la Cerda, llenar (le amar-
"gura el alma del príncipe cuando el mal no tiene remedio, como
"quererle paliar cuando es illminellte el peligro, llamando grandn
"'1 firme lo que por todas partes está cercado de tempestades y de
,»j'iesgos.» Yo no cometeré, sefíor, este delito; '1, respondiendo
Gntegóricamente Ú la cuestion que examino, diré: "Qlle los~mcdio~
,¡empleados hasta ahora no bastan á conjnrnr 105 males que alll-
i'l!'('n á llu('~tra ratria, '.'




V. ~l. salle, "eílur, tille estos males fechan d\~ muy alltigllo.
\)¿ Qué e,; (decia:l1O años ha el citado la Cerda al IJO(lero,;o hijo
",.le Cárlos 1), flué ~s del ¡;;ran patrimonio del [Joder dc Castilla y
"de todos SIIS relllos I i.~o le vemos hUIHhdu'! ¿:'lo vemos Sil po-
))ucro:io mOHarra sujeto á las mayores tribulaciones, y agolJiado
)¡con el poso de gravámenes de sus atrasos'! .... :-ii preguntamos al
"pueblo cllel es Sil fuerza y Sil riqueza, le hallamos exhausto, SlI-
))friendo desgracias y trabajos grandísimos, y pidiendo Cllll YOL;
"débil el rellledio de tantas faligas.» i QUé cuadro tan terrible,
señor! Sin embargo, un ministro hábil y leal se 10 presentaba al
monarca mas poderoso de la li~rnl; al que mandaba en Europa
desue las playas cubiertas de la lava del Etna, hasta las bocas del
llhin y las del Tajo; al que mandaba la AlIlcrica toda (lesde las AII-
lillas hasta el paio de los Patagones, y desde el Brasil hasta Pana-
má; al que dava ou nomhre en Asia al rico <Irchipiélago, drstina-
(lo ú servir de escala al comercio dellllar del Sur, COil las oplllrJl).
tas factorías que po~eia en las costas de Malabar la monarquía de
Alfonso Enri([uez, reunida entonces á la de Pelayo. Un príncipe,
que tanto llabia esler](lido el poder y la influenci<l de su Twcion,
un príncipe personalmente instruido y sa~az, tanto como el ma:;
hábil de sus ministros, halló justas la" observaciones de su te-
sorero, y una consulta estendida en consecuencia reputó tan gra-
ves los Tll ales, que propuso los remeflios mas estraonlinarirs pa ra
su curaóon. Pero i tlué remedios, señor! Los que debian esperar-
se de la iguoraneia, general entonces, de la CIencia del gobierno;
enagenar tercios, alcabalas, yasallos, hacer leyes suntuarias,
y otras medidas de esta especie, de que nuestra historia admin:s-
trativa presenta á cada página la vergonzosa renovaciilll. Sin los
errorc~ y la~ ]l~sioJles, el rcmetlio era f:ieil; renunciando ú la,;
costosas atrocidades que se cometian sobre los llamencos, y á 10:3
no !llenos costOS<lS intrigas que se empleaban contra el mejor
rey de Francia, las fuentes de la prosperidad habrian corrido has-
ta inundamos.


Si los medios indicados en la consulta de 1595 podian paliar
el mal que algunos años antes habia denunciado la Cerda, el fu-
nesto error de 1609 debia ocasionar nuevos y mas grandes emba-
razos. Diez años dl~Sp\leS de haber espulsado (lel reino 900,00U fa-
milias, se acudió al Consejo, solicitando ei remedio de este dalio.
Aquel tribunal estclldió una consulta, que es bien conocida, y
sobre ella un canónigo consultor del santo oticio hizo un impor·-
tante y juicioso comentario. Aunque incurriendo á veces en crro-
res económicos y administrativos, el Consejo y Nayarrete pusíe-
ron tal vez el dedo cn la llaga; pero los medios propuestos para
curarla, sobre ser insuficienies, no se llevaron á ejecncion, como
habia sucedido siempre anles, y volvió á sucedcr siempre des-
plles. Y no por que de tiempo ell tiempo no hayan lmant<ldo la
voz hombres vigorosos é instruidos, y señalado el j)l'edpicio
adonde corríamos á hundirnos, é indicado el camino que condllcía
á la prosperidad; sino porrlue intcrcsrs, pa::iones tÍ ('ne.lr,,", han




UIOGRAFU.


impeditlo constanlemcnte oir los consejos L1esintercsatlos de la e~­
periencia y de la razono Treinta años hacc que, en nombre de
una eorporacion madrileiía, se dirigió al consejo un código precio-
sisimo de reglas económicas y administrativas, en que, por una
singularidad de la época, y para honor eterno del redactor, no se
advierte un solo error de hechos ni de principios, una sola exa-
geracion, una simple inexactitud. Pero ¿ de qué sirviú que el ilus-
tre Jovellanos levantase un monumento á la gloria de su Jlais en
su inmortal In{urme de la sociedad econ6mica de 1'rladrid en el espe-
diente sobre ley agraria? Ningun uso, señor, se ha hecho de las
utilísimas advertencias contenidas en aquel libro de oro, ni de las
uo lllenos útiles consignadas en los apreciables escritos de los
condes de Campomanes y de Cabarrús, que apenas son conocidos
de nuestros literatos. Los errores han continuado creciendo á la
sombra de las disensiones civiles y de la ignorancia que ellos han
ocasionado, y nosotros cogemos por desgracia los frutos amar-
guísimos.


Que los medios empleados hasta hoy no basl,m á mejorar nues-
tl'a situacion, se infiere ele que en efecto no se mejora, antes bien
se ha empeorado de algun tiempo á esta parle. Cuando la provi-
dencia restableció á V. JI. en la plellitud de sus derechos, aun
voseíamos vastos territorios en América, y esperanzas fllndadas
de recuperar algunos ele los que se habian sustraido á nuestra do-
minacion. Era posible, y quizá facil, reponer bajo la dependencia
de la metrópoli la Nueva España, donde rebeldes sin gefes, sin
ulliou, sin dinero y sin alianzas, no contaban con grandes proba-
bilidades de resistencia ni de agresion. Era posible, quizá fácil,
obtener triunfos flecisiyos en el Perú, donde un ej(~reitu realista
l:ontinuaba sosteniendo el honor y la supremacía del nombre es-
parioL Mas tarde este ejl\rcito ha capitulado: Méjico, Goatemala,
Colombia, !)erú, Chile y Buenos Aires han hecho empréstitos con
que hall pro\'iSlo las necesidades dI'. su emancipacion, y calmado
el desconlento interior, que era nuestro mas poueroso medio de
reconquista. La metrópoli, entretauto, mas apurada de ¡lia en día,
cuenta entre sus enemigos hasta lu, huracanes, que, dispersando
la escuadra destinada á reforzar la guarnicion del castillo de Vera-
Cru;~, 1I0S ha arrebatado la posesion de aqur¡ punto impor-
tantísimo.


Sellar, cImal eshl heeho ; algunas de sus cOllsecuencias son
il'reparables; pero aun es tiempo de evitar otras, y vuestros pue-
blos eSJleran de vuestra mano este insigne benelicio. ltesolviendo
la tercera cuestion que me he propuesto, yo voy á indicar los me-
dius de mejorar nuestra situacion. Estos 110 serán, seiíor, espe-
ciUcos de t:harlatanes ó recetas de empíricos, sillo medios senci-
lIus, ob,ios, fúeiles, sacados de la naturaleza de las cosas, con-
fornlC3 á los principios de la ciencia de la arlminislracion, casi
dCSCOlloc.ida enlre nosotros, yen armonía en íin con los usos con-
sagrarlo,; por la espericncia de las nacione~, que hacen hoy tan
colo:;ale,; pro;::r('~(¡" ~n la carrera de la ci"ihzarion. Por ahora, me




APLii01CE ,DIEltO 1."


contentaré con sellalar los de mas imporlancia y urgencia, y ¡¡
medida que los saludables efectos producidos por su adopcion me
hagan acreedor ú elevar otra yez mis votos reverentes hasta las
gradas de yueslro solio, yo iré desenvolviendo en memorias su-
cesivas la necesidad y la conveniencia de otr:lS medidas, capaces
de cambiar en pocos Míos el aspeeto de ese pais, y de restablecer
completamente su decoro y su prosperidad. Los medios que hoy
debo indicar son los ,iguielltes:


1.0 « Amnistía plena y entera, sin escepcion alguna, ó con
"pocas escerciones, y esas personales ó nominativas, por todos los
'actos conSiguientes á la profesion (le las diferentes opiniones po-
"líticas seguidas en Espafla desde 1808, con fenecimiento de todo
"proceso pendiente por esta causa, y remision de toda pena im-
»pnesta por los fenecidos.))


ESla medida, señor, encontrará impugnadores entre los pusi-
lánimes, que, por la impunidad de algunos alborotadores, cree-
rán comprometida la seguridad de vuestro trono, y entre los hom-
bres severos y rigurosos, que juzgarán menoscabados por la im-
punidad de algunos delincuentes los derechos de la justicia. Pero
la lealtad de los pusilánimes, y el celo de los rigurosos, se tranqui-
lizarán con consideraciones que son demasiado obvias para ser
recusadas. No fueron los 100,000 franceses mandados por el duque
de Angulema los que en 1823 acabarol\ con la Constitucion de
Cádiz; fué solo la lealtad del pueblo español, y su aversion
á instituciones que, en vez de ventajas, le acarrearon gravámenes,
é inquietudes en vez de reposo. Estos sentimientos se manifesta-
ron tan simultánea y unánimemente, que 110 hubo liberal que no
reconociese desde entonces lo nllo de sus ilusiones patrióticas,
Jo impracticable de sus teorías democráLIcas, lo infructuoso, en
fin, ·de toda tentativa dirigirla al restablecimiento de un régimen
marcado con el sello de la r1esaprobaeion general. Si, á pesar de
este convencimiento, hostilizan abiertamente los proscnlltos de
afuera, y los de adentro oponen á la marcha del gobierno la resis-
tencia oculla que pueden, es porque el instinlo de conservacion
pone ú unos y á otros en estado de agresion contra el gobierno,
que cierra á los primeros las puertas de su patria, y que, llfi-
vando a los otros de derechos comunes á todos los súbditos de
un Estado, los condena por ello á lIna humiJIacion permanente.
Esta disposicion es natllfal y por Jo mismo necesaria, y Y. :M. co-
noce bastante á los hombres, para saber que nadie vuelye amor y
respeto en cambio de rigores y daños. Por este mismo principio,
se deben esperar oficios de gratitud de aquellos hombres á quie-
Des se dispensen bienes, y mucho lIHlS si en los ánimos de los
agraciados se refnerza el reconocimiento con la esperanza de me-
jorar de suerte, y de reconquistar el aprecio de sns conciudada-
nos. Nadie se obstina en el mal, cuando ,'e abiertos los caminos
del bien; cesando la proscripcion, los proscriptos de todas las
opiniones sentirán brotar en su pecho el deseo de cooperar á la
!lloria de Sil patria, y cooperarán sin duda, si no los desanimall,




b8 IlIOGIIAFIA
e,c1usiones humillantes. Mas aun suponiendo que asi no fuese, y
que. por nna escepcion que estaria en contradiccion manifiesta
eon los sentimientos habituales del COfazon humano, los beneti-
cios solo hiciesen ingratos en vez de agradecidos. ¿ qué habria
que temer de los amIl1sliados, cuando, diseminados en )a Penínsu-
la, observados por la autoridad, y )0 que es mas por la opinion.
no tuviesen ni punto de contacto. ni merlios de resistencia, ni
pretestos siquiera para legitimarla? ¿No serán mas temibles cuando,
en los paises estrangeros, se venguen por acusaciones, muchas ve-
ces exageradas y calutlluiosas, de la proscripcion ha'l'o que gimen?
Señor, temer peligros de la amnistia es temblar de ante de fan-
tasmas.


Los homhres, cuya severidad se ofende de que se snstraigan los
delincuente., á la mano de la justicia, replicarilll ([uizá que la im-
punidad de tales y tales revolucionarios podria alentar los escesos
y dar ocasioll mas tarde a nuevos trastornos. Sel1or, no ce(la V. M.
ú este triste escrúpulo. En primer lugar, la justicia ha quedado mas
lfue satisfecha con el suplicio del gefe de la rebelion. En segun-
do lugar. tresal10s de proscripcion y de desastres han castigado bien
á los que participaron de los errores IÍ de los estravíos de los tres
años anteriores, y aun podria en último estremo prolongarse la pe-
na á dos IÍ tres de los mas culpables. La política. en fin,autoriza y aun
prescribe escepciones á las reglas comunes de la justicia. cuando
es muy considerable el númel'O de los que han cometido una falta
ú nn crimen. Cuando el castigo es imposible, el perdon ó el olvido
es necesario.


Asi, la historia presenta el perdon IÍ el olvido como el hálsamo
mas eficaz para cnrar las llagas de las guerras civiles; y aun, cn-
tre las doclas alegorías de la fábnla, las sublimes ficciones riel ma·
yor ingenio de la antigüedad representan á Júpiter indicando á Mi-
nerva el olvido, como el remedio único de las disensiones que la
vuelta de Ulises habia ocasionado en Haca. i.Y qnién no recuerda,
señor, el famoso ejemplo de Pisistrato? Su morleracion despues del
triunfo desarmó hasta la resistencia de Solon, de aquel hombre cé-
lebre que, seguro del ascendiente que le daban sobre sus compatrio-
tas sus virtudes y sus benelieios, hahia eseilado poco antes al pue-
blo á armarse contrae1 usurpador. Pero elejemplo mas memorable,
el que forma autoridall en esta materia, es el qllediúTrasíbulo triun-
fanllo de los treinta tiranos, que, sostenidos por estrangeros, habian
agitado sobre Sll patria el hacha de la proscripcioIl. Trasibl1l0, ven-
cedor, inventó, para proclamar el olvido de lo pasado, la palabra am-
1tislía, qne mas tarde adoptó CiceroIl cuando, despuesde la muer-
te de César. propuso adoptar la política y JJlantrópica idea espre-
suda por ella. ({ Segun se hizo entonces en Atenas, dice el ora-
»dor romano, omnern mcmoriam discordiarum oblivione sempiterna
"delenda censui. ,¡ ¡Qué nombres, sel1or, los de Trasíhulo y de Cice-
ron! Yo no neQesito reforzar estas autoridades: la h\'rmosa ley de
olvido de Aureliano ; la intervencion general de Cárlos V en favor
de los desterrados y emigrados de Florencia, despues del restable-




.\l'E:I lJlel: SUIEllO ,1." lí9
CiLlllento de lu~ i\lódiei,; el cspcct;'lculo dado por el mislllo em[lcra-
dor des[lucs del triunfo de sus armas en Villalar, ninguno de estos
hechos probaria lanto como los anteriores. Pero hay otro que es
decisivo, y que por lanto merece citarse. V. M. mismo, Hiendo prín-
cipe de Asturias, aplaudiú 5ill duda como el mundo entern, uno de
los primeros y Illas célebres decretos del régimen consular de ¡"ran-
cia, que permitió el libre regreso de cuantos voluntariamente hu-
biesen huido (le la revoluciol\ ú siuo por ella lanzados del suelo
francés, con devolucion de sus bienes no vendidos, y habilitacioll
para ohtencr toda clase de deslinos, que muy luego obtuvieron has-
ta en el [lalncio imperial. i. Y quiénes eran aquellos rehabilitados'!
Antiguos Hohles que, espatriarlos los mas por amor y lealtad á los
Borbones, sirvieron por reconocimiento en las antecámaras de Ro-
naparte; antiguos eclesi:ísticos t¡ue, habiendo preferido la emigra-
t:ion á la prestacion de un juramento, que su conciencia repugna-
ba, enseiíaron despues el catecismo que proclama la legitimidad
del ungido del Papa; tan cierto es qlle los beneficios acaban por le-
gitimar la usurpacion. Aquellos hombres, designados antes como
objeto de la execracion popular, como agohiados bajo el [leso de
Hna opinion que los condenaha, volvieron á sus hogares sin el me-
uor obstáculo; tan cierto es que el poder basta á rectificar y aun á
contrariar abiertamente la oJlinion, cuando esta no es conforme á
los principios inalterables de la justicia.


Puede alegarse, en atenuacion de nuestro error, que el número
de proscriptos es corto entre nosotros, pues de los seis ú ocho mil
que están fuera (Iel reino, muchos pueden volver sin obstáculo á
~us hogares. "Si no lo hacen, podrá añadirse, es porque ó temen la
»opiniun que los reprueba, Ó Jlorque se han obstinado en sus erro-
"res :lTJtiguos. ¿ Y no es de creer que los que salieron del reino
"por esta causa, 110 vuelvan á él, aun cuando los escude una am-
ldlistia?" Sciíor, el (jlle hiciera este argumento mostraria ignorar
(llIe la palabra proscripcion, allIlllue limitada en Sll origen á espre-
~ar ideas !lO conformes á nuestros usos actuales, envuelve hoy la
idea de destierro forzado, ora sea impuesto por la autoridad, ora
determinado por la necesidad de sustraerse á un odio justo ú injus-
to , á un castigo merecido ú no merecido. Libre cada cual de
cste temor por una amnistía completa. no habria quien voluntaria-
mente prefirieseeontinuaren un destierro. Canon, Cabrins, lficatres,
Timoteo, sesometian en Atenas á un ostracismo voluntario; pero ¡,se
habrian iLlo á vivir en Lesbos, en Tracia ú en Chipre, a no haber te-
mido los efectos de la desconfianza turbulenta de sus concilldada-
1I0S, que ya desterraban á Arístides, y ya hacian beber la cicuta á
Sócrates y á Focion? .


No acabaré, señor, el capítulo de la amnistía, sin observar que
he elllpleado de intento esta palabra, porque es la consagrada en es-
tos C,lS08, y la única que envuelve la idea del olvido sempiterno,
eun el cual proponia Ciceron borrar la memoria de las disensiones
civiles. Indulto 110 espresaria la misma idea. La totalidad de la na-
('ion reconociú ell'égimeIl constitucional, hoy destruido; la tasi 10-




60 BIO~ILU'IA •
talidad de los habitantes le prestó serviciot'; si muchos de estos ser-
vicios !re cubren COIl el velo del indulto, se califican de criminales
por el mismo hecho, y no es político notar de delincuente á ulla
gran parte de la nacíoll. Cuando se trata de fundar el reposo del
reino sobre la reconciliacion completa de sus habitan les, seria im-
prudente ofender a muchos de ellos por el uso de una palabra, apli-
cada habitualmente para espresar el pertion de otra especie de de-
litos.


2.° Abrir un empréstito de 300 millones de reales para ocurrir
sin embarazo á las exigencias diarias del scrvicio del Estado, ínte-
terin, descnvolviéndose, por medidas que indicaré. los gérmenes
inmensos de prosperidad que aun pOí'eemos, se establece un siste-
ma detlnilivo de hacienda, que baste á nuestras necesidades y res-
tablezca el nivel entre los gastos y los recursos.


Señor, esta medida parece im pliear una contradiccion manifies-
ta con la demostracion que he hccho arriba de las causas y la es-
tension de nuestro descrédito, y con la seguridad que he dado de
que no hay en toda Europa quien haga un empréstito para España.
Contradiccion habria en efecto si, hablando de empréstito. enten-
diese yo que este se contratase en las bolsas de tundrcs, Amster-
dam ó París; pero no es esto lo que propongo: dos años de esfuer-
zos infructuosos y de desengaños amargos han debido familiarizar
á todos con la idea de que nuevas tentativas no prouucirian mas
que nuevos motivos de descrédito. Yo pienso que es en España
donde se debe bacer la operacion, y creo qne esto e~ posible. facil,
seguro, sin que haya una sola razon verdadera. un solo pretesto
plausible en que fundar la resistencia. Indicando la justicia y la
conveniencia de la operacion, responderé ú las objeciones ljue con-
tra ella pudieran hacerse.


V. 1\1. sabe que el sumo pontífice Pio VII concedió á vuestro au-
gusto padre, con destino á las necesidades del Estado, el producto de
las ventas de bienes de obras pías, y sétimas partes de los bienes
eclesiasticos, con la condicion de pagar á los poseedores los réditos
de su importe, á razon de tres por ciento al año. La estrechez con
que hace siglos lucha en vano el erario español hizo que los fon-
dos procedentes de aquellas ventas recibiesen nna inversion estra'-
ña, y que desde muy luego esperimentasen los propietarios de las
fincas enagenadas atrasos considerables en el pago Je sus réditos,
de que acabó de privarlos el alzamiento de 1808. La junta cen-
tral, compuesta de personas timoratas, viendo sucederse dia-
riamp.nte ventas de que no se satisfacia el precio, ú de cuyo
precio no se púgaban los intereses, las mandó cesar; pero nada im-
!)ide que continúen desde el momento en que los rédItos esten tan
exactamente asegurados, que ningun acontecimiento pueda privar
á sus propietarios; y hoy nos hallamos en este caso. Erigiendo la
caja de amorlizacion, y prescribiendo la formacion del gran libro
de la deuda pública, dió Y. 1\L á la parte de dicha deuda inscrita en
él todas las garantías que hastan a desvanecer la desconfianza mas
t~xagerada, Mandando ;i vuestro secretario del despacho de Hacien-




AI'EXDICE ",mIERO 1. u 6\
da hacer inscribir 4.8 millones en el gran libro para pap;o de inte-
reses yamorlizacion sucesiva de un empréstito de 80U millones,
que V. M. le autorizó á contratar, seualó la mas:sólida é indestruc-
tible hipoteca de aquel capital. Asi, pues, si, por las causas que he
enumerado antes, no han inspirado confianza á los capitalistas es-
trangeros recursos tan pingües y tan saneados, nada impide que,
usando de la facultad concedida por el sumo pontífice á vuestro
augusto padre, se vendan bienes pertenecientes á patronatos,
obras pías, y sétimas partes de cuerpos eclesiásticos, hasta la con-
currencia de aoo millones, siempre que esta suma se inscriba des-
de luego en el gran libro, como sucederia con los 800 millones que
vuestro secretario del ¡Iespacho de Hacienda estaba autorizado á
hacer inscribir, si se hulJiesen encontrado contratistas por aquella
cantidad. La inscripcion asegura sus réditos á los propietarios de
las fincas que se enagenan, réditos que no pueden perecer mientras
el Estado subsista, y las vent.as aseguren al Estado recursos diarios
obtenidos á un interes mucho menor que el que habria logrado en
ningulI contrato de empréstito.


Seuor, el clero ha dado siempre, y el cler() renovará hoy sin
duda el ejemplo de confianza que le inspiran los esfuerzos que ha-
ce V. !'!l. para mejorar la suerte de sus pueblos. Las ventas auto-
rizadas por la bula pontificia de que dejo hecha mencion, no solo
no le irrogan el menor perjuicio, pues los intereses resultan afian-
zados del modo mas firme y vale(lero que reconocen nuestras leyes
y nuestros usos, sino que, al contrario, puede proporcionarle venta-jas, pues no es presumible que la masa de los bienes eclesiásticos
prodnzca tres por ciento limpios, que, sin ninguna deduccion ni des-
cuento, cobrarán Jos propietarios por semestres ó por tercios en la
Caja. No es, pues, de temer que el clero oponga la menor resis-
tencia á esle medio de salvacion nacional, que facilitará al erario
una anticipacion cuantiosa á tres por ciento, y al precio mínimo
de 66 2/3 ,con aumento notable á veces, pues las adjudicaciones,
que no podnin hac~rse en menos de los dos tercios de la tasa, pa-
sarán muy frecuentemente este límite, y acaso el de la tasa mis-
ma. ¡Qué perspectiva de prosperidad y de ventura1 Yo no temo
afirmar, seuor, que aun cuando vuestro tesoro no se hallase im-
posibilitado de satisfacer sus obligaciones. aun cuando estas pu-
diesen cubrirse con los medios ordinarios, la medida que indico se-
ria utilísima, )lues con los productos de las yentas podrian promo-
verse bienes de gran monla, que darian con muchas creces el té-
nue interes que devengasen los capitales procedentes de la enage-
nacion de aquellas fincas.


Quiza habrá quien tema que, en la estrechez general á que las
desgracias últimas han condenado á los españoles, no habrá una
masa de compradores tal como se necesita para que sean conside-
rables los recursos que produzca la enagenacion. Pero este recelo
uo retraerá ciertamente de la operacion que indico, áncora precio-
sa en la tormenta que vamos corriendo. El olvido de las pasadas
divergenciaR políticas y la rnsion de totlos los intereses restablec.e-




!)IOGn,IFIA


rán la confianza, la cual ya desentierra los capitales filie el miedo
ha escondido, ya los crea nuevos por medio del impulso que da al
trabajo. No hay quien no haya notado el desaseo. 1,1 triste~a, la
incomunicacion que reina en los pueblos trabajad(ls por los parti-
dos, ó divididos entre los intereses de los magnates que quieren
mandarlos. Al contrario, en los pueblos en dOllde no hay estog
bandos, se hacen paseos y fuentes, se limpian las calles, se reu-
Jlen las familias, y la abundancia renace en el seno del placer v
de la amistad. llar auemas multitud de personas que nunca dedi:
can sus capitales mas que á aumentar sus haciendas, y que solo se
esfuerzan, y aun se empeñan, cuando 8e trata de adquirir lin-
caso En fin, hay un aliciente poderoso para estas adquisiciones en
la rebaja del tercio que puede obtenerse, cuando no lo impida la
concurrencia de licitadores. Todo persuade, pues. de que estas
venta~ producirán lo que todas las que se han hecho de su espe-
cie en diferentes tiempos.


Tal vez se me replique que la anulacion de las que se hicieron
bajo la usurpacion francesa desde 1808 á 1813, Y bajo el régi-
men constitucional desde 1820 á 1823, debe ser un obstáculo para
las nuevas enagenaciones, pues es aterrador el espectáculo de
ciento treinta mil familias arruinadas de resultas de haber comprado
bienes nacionales en una ú otra de aquellas épocas. Este temor
aparecerá tambien exagerado, cuando se recapacite que, ellla pri-
mera de estas, los compradores, no solo fueron privados de los bienes
que adquirieron, sino que fueron condenados á multas que con-
sumaron la ruina de casi todos ellos; sin embargo, á nadie aterró
despues aquel ejemplo, y en los tres años de la revolucion última
se enagcnaroll fincas por valor de 1,200 millunes. Parece que
los hombres están sentenciados á no escarmentar en cabeza agena;
pues frecuentemente los particulares. tanto como los cuerpos y
aun las naciones, adoptan una conducta que muchas esperiencias
han manifestado ser funesta, y condenan principios que otras tan-
tas esperiencias presentan como conduciendo infaliblemente al
honor y á la prosperidad. Si cien veces se vendieran lineas con
alguna ventaja, cien veces se presentarian compradores; y esto
sucederá tanto mas seguramente en el caso sohre que discurro,
cuanto ninguno de los qne, durante diez afios, compraron bie-
nes de patronatos, capellanías y sétimas partes. ha SIdo turbado
un solo instante en su disfrute, oi ha concebido sobre él la menor
inquietud .. Esta ventaja proviene de la legitimidad del poder tem-
poral que solicitó la medida, y de la del poder espiritual que la
a ntorizó, como li.til á los interesl?s del gobierno y no perj urlicial á
los del clero.


3." Organizacion de la administracion civil.
Señor, en vano se fundirian los intereses, y ventas de bie-


nes considerables proporcionarian (;uantiosos ingresos temporales
al erario, si desde luego no se dictasen disposiciones qlle le ase-
gurasen para lo sucesivo ingresos constantes, proporcionados á
las necesidades del serricio, Hubo un tiempo en que nuestra 1Ia-




AI'E:'\DIGr NV:\lEfiO 1.0, 63
cienda pudo \Ívir atenida:i las eventualidades de eontrilJUciollcs
viciosas en su orígen, vejatorias por su forma, é insulicientes por
sus productos; pues, dueiia Espaiia de "Vastas posesiones ell
América y Asia, y alimentando un vasto comercio con las pro-
ducciones privilegiadas de aquellos climas, contaba siempre con
recursos que llenasen el déficit de las rentas de la Península. En
tal situaciun, le era permitido ser mas pródiga y tener menos ór-
den que cuando, privada de aquellas ,.en tajas ,8010 cuenta
eOIl los tributos de su territorio europeo, empubrecido por las
causas (Iue en esta esposicion he enumerado. Asi, hoy necesita
ahsolutamente fundar un sistema definitivo de hacienda, en que
se contrahalancecn á lo menos las rcntas y los gastos, y cn que
poco á poco se vayan obtcniendo sobran tes destinados á limpiar
los canales de la prosperidad. Para formar este sistema, es nece-
sario empezar por cOllocer la poblacion del reino, la estcnsion dc
su riqueza territorial, ya urbana, ya rústica, y la de su ril{ueza
movible, ya fabril, ya comercial, pues sin el conucimiento dc esto
lfUe, elllcnguage de administracion, se llama materia imponible,
no se puede calcular de qué modo las contribuciones afectarán
csta materia, y hasta quó punto paralizarán los esfuerzos del in-
teres individual, que solo se afana en cuanto la mano del fisco
no le arrebata lo nccesario.


Por falta de estos conocimientos pereció bajo el peso de la ex e-
cracion pública el sistema dc contribuciones directas improvisado
en Cádiz, y establecido sobre bases arbitrarias, y por lo tanto
injustas y odiosas. En 1817, cediendo al grito de los pueblos, y
forzado por la enormidad del déficit, qne de dia en dia se iba au-
menlando, vuestro secretario del despacho de llacienda propuso á
V. ~f. el restablecimiento del sistema dircclo, que cn breve volvió á
escitar justísimos clamores por la odiosa desigualdad de la re-
particíon, dimanada de la falta de conocimiento dc la base. Para
el gohiel'llo fundado por la revolucion de 1820 fueron 'perdidos
ae¡ Llellos terribles y decisivos ejemplares; y, sin atender a las oh-
servacioncs irresistibles quc hombres amantes dc su patria no
cesan de publicar, sc obstinó en el error, é hizo subir en muchas
partes á 30 Y 4c0 por ciento la contribucion sobre la propiedad ter-
ritorial rústica, ya gravada con prcstaciones de jlJ'ual eslension.
El descontento que estas vejaciones ocasionaban habria acabado
mas tarde ó mas temprano con el régimen constitucional, aun
eu ando no hubiese sido encargada su destruccion á un ejército es-
trangcro. Para imponer á un pueiJlo, por ejemplo, una eontribucion
estraordinaria de guerra, exigible de los diez ó doce vecinos mas
pudientes, se reune ulla jUllta de naturales que, con arreglo al
conocimicnto que ticnen del caudal de cada uno de sus compa-
triotas, fijan la proporcion en que la exaccion debe hacerse. Esta
conducla es un homenage al principio de {fue ((no se pueden res-
»lablecer contribuciones sin un conocimiento tan completo como
»sea dable de la consistencia y de la estcnsion de la materia impo-
»nible.» Este conocimiento no puede adquirirsc sino por medio de




IlIOGIL\F1.\ .


una organizacion civil; y esta debe ser proporcionada enlr!) nos()~'
tros á la inmensidad de recursos que aun se pueden desenvolver
en nuestro suelo y conforme á los principios de la administracioIl,
que se podria definir la « ciencia de lo útil y de lo dníioso » , ('.omo
el derecho se ha definido la « ciencia de lo justo y de lo in-
«justo.»


V. 1\1. sabe, señor, que las leyes llenen por objeto todas la~
relaciones "l.ue exislen entre los individuos que componen un Es-
tado, y entre este y los que le forman. E,tas relaciones se modi-
fican segull las diferentes necesidades de la sociedad, de que re-
sullan tantas especies de leyes como cosas hay sobre las cuales
importe dictarlas. El hombre en sociedad tiene relaciones necesa-
rias con el Estado, y estas se fijan por medio de leyes, que se
llaman adminislrativ(ls, las cuales no considerau en los súbditos
sino sn5 relaciones COIl la sociedad, prescindiendo de las perso-
nas, a diferencia dc las (IUO generalmente se llaman leyes, que
eonsideran á los hombres individualmente y en sus relaciones ¡¡ri-
adas. La ley judicial no mira, por ejemplo, la propiedad sino coh
respecto al individuo que la posee 6 la reelama; la ley adminis-
trativa. sin pensar en este individuo, no la considera sino como
el embrion de las mejoras sociales. De la difet'Cncia que existe ell-
tre el modo con que la justicia y la administracion velan sobro
los intereses públicos, resulta la que se nota en el carácter de las
leyes judiciales y administrativas; aquellas son ó deben ser ter-
minantes y absolul<Js; estas pueflen ser hipotéticas ú condiciona-
les; aquellas son aplicables en todas las situaciones, en todas las
localidades; estas sufrell y ann exigen modificaciones en ciertos
lugares ó circullstancias. En fin, las de la justicia son inalterables
iÍ permanentes, mientras que las de la adrninistracion varían cada
yez que se combinan de diferenLe manera los intereses en cuyo
favor se dictaron. Estas diferencias notables marcan de un modo
seguro los límites de la administracion y de la justicia, yesta-
hlecen entre los estudios que exigen las profesiones de juriscon-
sulto v de administrador tanta diferencia como existe entre los
que exigen las de diplomático y de comerciantc.


Ni es este el único obstaculo que opone entre nosotros á las
mejoras que hace tiempo reclama nuestra situacion. La ventaja
principal de una buena organizacion ciYiI consiste en lo que ya
designé yo en otra parte COll el nombre de omnipresencia de la ad-
ministracion, es decir, la accion protectora del gobierno, estendida
á un mismo tiempo al ténue manantial que humedece el musgo
que cubre las rocas peladas; al arroyo copioso, á cnyas márgen!:1s
perecen de sed las mieses; al caudaloso rio, cuyas orillas atravie-
san lentamente asnos abrumados bajo el peso de seis arroba~.
mientras podrian surcar rápidamente sus agn3s barcos cargados
con muchas toneladas; al taller donde se inventa UIl medio lluevo
de combinarfuerzas de manera que se duplique la produccion
con la misma cantidad de trabajo; a la choza del pobre, que se hun-
de porque reglall1(>nlos inesplicables impiden cortar, Ipara reedi-




Ilcarla, el árbol (¡Uú J¿¡ sOlllbrea; a las entrañas de la tierra, dOIl-
tic las teorías metalúrgicas pueden descubrir cada dia lluevas
riquezas, ya en las vetas abundantes de varios metales, ya en
los medios mas fáciles y económicos de elaborarlos; al seno de los
mares, en fin, donde no seria imposible hallar en alguna de las es-
pecies de calamares que alimentan nuestras aguas, aquella sus-
tancia que daba su costoso color á los mantos de Tiro. La omni-
presencia, ó sea la inmensidad de la administracion, no puede
debersc sino la multiplicidad de sus agentes y a la simultancidad
y la cstension de sus ocupaciones. Cada uno de ellos debe ver,
en el bien que promueva, un título de gloria y de recompensa,
y, en el bien que deje de hacer, un título de oprobio y de ani-
lll11dversion. Los encargados de este servicio deben formar entre
si una cadena, que, acabando en el último agente de policía mu-
nicipal, empiece en el gefe de la administracion, el cual, respon-
sable de sus errores ó de sus descuidos propios, y hasta cierto
punto de los ermres y descuidos de sus subalternos, no crea des-
empeñar sus importantes atribuciones despachando los negocios
de que se le dé cuenta, si !lO velando en que se remuevan á un
tiempo millares de obstáculos, y se promueva, con un solo im-
pulso uniforme é ilustrado, una masa inmensa de prosperidad.


Los que no conocen los prodigiosos recursos que, para la rea-
Iizacion de estos bienes ofrece la atinada aplicacion de los princi-
pios administrativos á las necesidades de los pueblos, y la facili-
dad que, para promover el bien, da á los administradores la co-
operacion necesaria de los administrados, creerán quizá exagera-
Ilas las esperanzas que yo hago formar; pero se engañan, señor;
bienes de la magnitud de los que indico se han promovido en po-
cos años en Francia, en los Paises bajos, y particularmente en
Inglaterra, donde, en un periodo de menos de medio siglo, ha re-
cibido la poblacion un aumento de setenta por ciento, y han cre-
cido en proporcion todos los recursos del pais. Recapacitando
sobre la sencillez de los principios administrativos, se reconoce
sin sorpresa que es tan fácil realizar mejoras y dis)?ensar benefi-
cios por los medios naturale5 y sencillos que indIca la ciencia,
como imposible por los medios complicados 'j lentos que autoriza
una ciega rutina. La ciencia invoca las luces de la esperiencia y
de la razon, pesa las ventajas que proporciona una medida, ensa-
ya luego otras análogas, y, de mejora en mejora, lanza á los pue-
blos en la carrera de la prosperidad. La rutina, al contrario, se-
mejante á las arpías de la fábula, seca cuanto toca; y, atenida á
Jos antecedentes, casi siempre erróneos, del empirismo antiguo,
se ve obligada á preferirlo á los principios luminosos de la ciencia
(Iue ignora, y á vincular la miseria pública en la renovacion
de Jos errores administrativos que la fundaron.


Sellor; estas verdades son obvias, y cuantos deseen franca-
mente el bien reconocerilll su exactitud. V. M. , mas animado
que nadie de este noble deseo, verá que es imposible realizarlo,
cuando los intert'ses preciosos y complicados dr la prosperidad


l'o!.lo L 5




ti6 BIOGn,IFI\ •


geueral no se eonfiell á personas qne lus euticndun, que ,!\Irn
individnalmente sobre ellos, y que incurran, por 110 protegerlos.
en una responsabilidad tremenda, de la cual parti(:ipe cl gefe de
la administracion. Este debe conocer y (lifundir lllego I~n su pais
f~sas máquinas con que cada dia multiplica la industria SlIS ar-
tefactos, y con que, aumentando la produccion, crea sin cesar re-
trusos Iluevos, destinados á reproducir otros y otros en ulla pro-
gresioll infinita; él debe estudiar por qué medios la Gran Hreta-
11a, por ejemplo, que '20 años ha introducia en sus puerto!'
;'9.000,000 de libras de algodon, importa hoy 1M; calcular de
qué manera las esportaciones.totales Ile ese mismo pais, que hace
:lO años ascendian solo á 11.0UO,000 de esterlinas, suben hoy á
mas de 45; esplicar hasta qué punto sencillas combinaciones me-
cánicas SimjlliJican el trabajo; pucs que algodones en rama com-
prados en Bcngala, donde el precio del jomal ('s de un real dia-
rio, se vuelven á vender alli con ventaja, despues de manufac-
turados en Inglaterra, donde el jornal cuesta doce reales; revc-
lar cómo sencillas combinaciones matematicas ele,an los mástiles
de. los navíos que cruzan el canal caledonio. sobre .las cUllIbrps
Jl~i~ma~ que l'~d.ean el valle .pO!· donde (~orre; determlIlar 105_ pro-
flIgIOS del espll'ltu de aSOClaClOn, que hace a una compama dr
particulares franceses pensar en la empresa gigantesca (le con-
vertir á París en puerto de mar, por medio oe UIl canal Yalllado
en 500.000,000. Pero i. ú qué cito la Inglaterra ni la Francia? El
cjempl() de esas naciones, que marchan á la ca\)eza de la civili-
zacion alerrara quizá:i Jos hombres tímidos, que siempre des-
c·onfian tle alcanzar al q llC les lleva gran del<mlera. I'ara estos
serán autoridad Illas poderosa Jos progresos que hacell Husia,
la Baviera y aun NáJloles, y autoridad todaría lilas irresistible
los progresos hechos en menos dc 20 años en una parte pequeña
de un imperio que de dia en dia se dcsmorona. Un turco, meno¡;
feroz y Illas instruido que los demas, ha hecho al Egipto cami-
llar rápidamente en las vias de la prosperidad, y resucitado la
memoria ilustre de los Meris v de los Plolomeos. (.Quién no eo-
noce ese algodon Jumel, que, 'plantado por primera vez en 1822,
produjo 25,000 sacas el primer año, 100,000 el segundo, mas de
200,000 el tercero, y hoy llena todtls los mercados del Mediter-
ráneo y suministra un considerable sobrante á la Inglaterra?
¿Quién no sabe que, á la voz de un solo hombre, 250,000 lra-
hajadores abrieron en la primavera de 1818 el magnífico canal
de 16 leguas (lile une hoy el Nilo con el puerto de Alejandría, y
erita los peligros de la acumulacion de las arenas moyedizas de
Roseta? ¿ Quién no ha oido hablar de ese proyecto colosal que ha-
ria creibles las maravillas de los reinados en que se construyeron
hs pir.imides? Realizado este proyecto se uniria por medio de un
canal el mar nojo con el Meditemineo; y el restablecimiento del co-
mercio (le Oriente por una via mas corta baria quizá una nueva
revolucion mercantil, en sentido contrario de la que produjo el cé·
lebre descubrimiento de Vasco de Gama. El turco que reali7.a




Ai'E:fOICR :'lV,IIERO 1.· 6i
~)~tas mejora,; increibles mantiene al mismo tiempo un ejército Oll
Arabia contra los vechavitas, y envia diariamente refuerzos de
hombres y de naves á su hijo Ibrahin, que planta hoy el pendo u
de la media luna, donde pocos meses ha tremolaba el de la cruz.


Cuerpos encargados de velar sobre otros intereses, y someti-
dos necesariamente á otros hábitos, no pueden, señor, observar
este movimiento couLÍnuo, esta tendencia de la generacion pre-
sente hácia los bienes resultantes de la inteligencia y de la acti-
vidan. Los progresos estraordinarios que hace la especie humana
en la carrera del bien no pueden conocerse ni aprovecharse sino
á favor de una administracion vigorosa en las naciones civilizadas
yen las no civilizadas por la voluntad eficaz é ilustrada de un solo
hombre. España, perteneciendo á la categoría de los paises
bultos, organizará sin duda su administracíori para elevarse suce-
civamente á la altura que prometen su posicion y la indole de sus
~abitantes. La unánime espontaneidad, con que la península en-
hcra ha proclamado á V. M .. su lcgítimo soberano, no permite te-
tmer que ninguna clase de resistencia contrarie su voluntad au-
gusta, dirigida solo á reemplazar la apatía que nos aletarga con
un movimiento que lo anime todo y lo vivifique; la miscna que
1105 abruma, con la abundancia que restituya al trono su (loder, y
á los pueblos su bienestar. Pero, aun cuando las pasiones o los in-
tereses opusiesen obstáculos al bien, todos serian arrastrados como
por un torrente, por laaccion irresistible de la administracion, con-
liada a manos hábiles y activas, y vigorizada por la certeza de una
responsabilidad ineludible, ó de una gloria sin mancha.


Tal fué la intencion que se supuso:i la regencia de 18:23, cuan-
do se la vió crear un ministerio de lo Interior; pero esta institu-
cion se concibió tan imperfectamente, y se redujo á proporciones
tan exiguas, que su supreslOn fué un beneficio público, pues que
quitó á la máquina del ~obierno una rueda inútil, y á la tesore-
ría un no pequefio gravamen. Pero, si es cierto que un ministerio
de lo Intcl'ior, sin atribuciones, sin poder y sin consideracion •
era una calamidad en vez de una ventaJa, no es menos cierta la
imposibilidad de sacar á la nacion del fango de la miseria en que
yace, sin establecer en este ministcrio el centro de la accion ad-
ministrativa, ó lo que es lo mismo, el taller de la prosperidad
nacional. V. 1\1. conoce el célebre axioma de que los pueblos se
gobiernan, ó por las leyes, ó por la violencia, ó por el artificio.
Las leyes, no pueden dictarlas sino los que han estudiado la mate-
ria sobre que se versan, ó las necesidades que las reclaman; ni
pueden hacerlas ejecutar, sino los que, por el conocimiento de los
principios que las dictaron, conozcan el modo de conciliarles el
favor de la opinion, del cual depende en definitiva el asentimien-
to unánime y la obediencia completa. A veces, sin embargo, la opi-
Ilion aparece dividida é incierta; á veces la de una provincia cano-
niza lo quc condena la de la provincia limítrofe; á veces tambiell
esta divergencia se nota en la opinion de dos distritos de una pro-
vincia misma. ¿Quién escudriñaria las causas de esta contradiccíon!




G8 mOIHl.\FLI.
¿Quit'~n indicada los medios de poner de acuerdo intereses, euyo
rocc, imperceptible all1finCipio, puedc acabar en un choque mani-
tic,;to? Los agentes de a administracion que, enc.lrgados esclusi-
vamcnte de esta honorifica vigilancia, no tienen que dividir su
atencion en objetos incompatibles entre sí; que, instrumentos cons-
tantes de beneficios, deben promoverlos por hábito; que, hábiles pOI'
la naturaleza de SIIS estudios, desinteresados por las leyes de Sil pro-
fesion, descubran á primera vista los efectos de una combinadon
actual de intereses, y. adivinen los resultados probables de toda
otra combinacion pOSible. Pero ¿de qué serviria la masa inmensa
dtl datos suministrados por los agentcs de la administracion, si no
se reuniesen en un punto, si no se clasificasen y discutiesen hábil
v prontamente, y si no se dictasen en su vista las medidas propias
¡Jara gcneralizar el bien y disminuir el mal? Y ¿qué otro que el mi-
nisterio de lo Interior podria ser el centro dc esta clase de opera-
ciones?


Sé que se harán contra esta indicacion objeciones de mas de
una especie; pero, señor, guiado pnr mi deseo ardiente del bien,
no lemo presentar anticipadamente á V. M. las principales, que
pueden reducirse á las Siguientes:


La El establecimiento de un ministerio de lo Interior coarta 6
destruye las facultades que dan nuestras leyes al consejo Real en
1l1,1!eria de gobierno ó de administracion.


2.' Grava al Erario con un aumento de gastos.
!l.a Es imitaeion de una institucion del gobierno intruso, y re-


cuerdo de otra del gobierno constitucional.
Voy á examinar sucesivamente estas objeciones.
En cuanto á la primera, dejo dicho lo suficiente para probar


que un cuerpo que se reune solo á ciertas horas y en ciertos dias,
y á quien hábitos respetables han sometido al imperio de fórmulas
lentas, bien que útiles, para los negocios judiciales, no puede velar
sobre necesidad'ls que con mucba frecuencia exigen urgente re-
medio. Añadiré ~ue un cuerpo como el Consejo, está limitado por
Sil constitueion a decidir los negocios de gobierno, de que, por su
complicacion ó su importancia, deba dársele cuenta, y que, siendo
e:ltos respectivamente poquísimos, la generalidad de los intereses
públicos queda abandonada á sí misma, sin que haya quien los pro-
mueva ó proteja: que, para el despacho de los negocios administra-
tivos,que ocupan en todos los paises de Europa á centenares de in-
dividuos llenos de instruccion, no tiene el Consejo mas que un es-
cribano de gobierno, que no conoce por lo comun otro mundo admi-
nistrativo que la sala del tribunal, 111 otros libros que los legajos de
~ll escrihanía: que, por su calidad de cuerpo colegiado, y por falta
de un códign administrativo, no tiene el Consejo la menor responsa-
IJilidad por el daño que hace con una providencia poco acertada, ni
por el blOl1 que, en razon de su eonstitucion, Ó por cualquiera otro
motivo, deja ¡lc hacer: daños que deben esperimentarse á menu-
do, pues IIn cuerpo de letrados no puede discutir siempre con
acierto intrrf'sf',; ruyn exámen necesita conocimientos que no su-




AP¡';~IHCE "UIEIIO t." ti!)
ministra la jnrisprudencia: que, no existiendo entre nosotros sillo
poquísimas leyes administratins, y contándose entre ellas algunas
que seria mejor que no existiesen, las decisiones deben fundarse, ó
en el buen sentido, que no siempre inspira lo mejor, ó en antece-
dentes, que suelen estraviar en vez de conducir. Señor, yo no creo
que ninguno de los dignos jurisconsultos que pronuncian en vues-
tro consejo Real los oráculos soberanos de laj usticia, niegue la exac-
titud de estas observaciones. Ellos lloran, sin duda, la necesidad en
que se les pone frecuentemente de pronunciar sobre cosas de que
no Irala el derecho, y en las cuales, para descargo de su concien-
cia, tienen que conformarse á veces con el diclámen de los su-
balternos, á los cuales puede haber engañado á su vez la enun-
ciacion fraudulenta de un hecho, la ocultacion casual de alguna
de sus circunstancias, ó las erróneas tradiciones de la escri-
banía.


El Consejo no reclamará ciertamente la prerogativa de conti-
nuar encargado de intereses sobre que no pUCl.e vclar, y cUy!J
constante abandono justifica la necesidad de encomendarlml a
(¡uien pueda promoverlos. Si tal sitllacion se prolongase, los gér~
menes de prosperidad que ann 1I0S quedan, se irian secando sucesi-
Yamente, y España, reducida á la miseria, haria recordar COII dolor
sus antiguas épocas de abundancia, como el triste imperi!J de ~rar­
ruecos hace recordar la fertilidad de la antigua l\Iauritania; como
la debilidad tripolina trae á la memoria el poder de Cartago, y
como esa Cerdeña, pobre é inculta, desmiente la antigua espre-
sion proverbial de Sardinire segetes feracis. Se necesitan vastos
conocimientos, actividad infatigable, y competente número de
auxiliares para cuidar de los propios, arhitrios '! pó"ilo" de los
pueblos; de las elecciones municipales y todo lo relativo al desem-
peño de estos oficios; de los hOSpICios, hospitales, cárceles, es-
tablecimIentos de Sordo-mudos, casas de misericordia y de reclu-
sion, lazaretos, y todo lo perteneciente al servicio de sanidad,
caminos, canales, puentes, puertos, faros, minas, canteras, bal-
díos, realengos, mostrencos, rompimientos de terrenos incultos,
desagües de lagunas, navegacion lIlterior, agricultura en todas
sus ramificaciones, ganadería estante y trashumante, indnstria
en todo lo relativo á la mejora de los métodos fabriles y ordenan-
zas de gremios, nniversidades y dem"as establecimient!Js de edu-
cacion, cuerpos sábios y literarios, teatros y demas fiestas y di-
versiones públ.icas; y en tin, la de formacion de tablas estadís-
ticas que cOllt'flllgan todos los elementos de los cálculos económi-
cos, militares y políticos. Tales son los encargos del ministerio de
lo Inlerior en los primeros paises de Europa. ¿ Basta á desempe-
ñarlo nillgull cuerpo colegiatlo, cualquiera que sea su composi-
cion? La respuesta no es dudosa.


Separando, pues, de las atribuciones del consejo Real las que
él no puede desempeñar, dispensa V. 1\1. un beneficio insigne a
la naCÍon que rige, removiendo el principal obstúculo de las me-
joras {lue reclama, y hace al mismo tiempo mas fúc.il ú sus COllse~




iO IIIC6ILtt'1A •
jeros el desempeño de sus funciones judiciales, y lilas e8pedita la
marcha de la justicia. Siempre que lo creyeron conveniente al
bienestar de sus pueblos, lllcieron otro tanto Jos augustos pre-
decesores de V. 1\1. , ora creando, ora suprimiendo consejos, Jlln-
las ú oficinas, ora ampliando ú restringiendo sus atribuciones.
Los bcneficios que deben resultar de la ereccion de un ministerio
de lo Interior, no podrian, pues, ser retardados por el temor de
quitar al consejo Real facultades que no le es posible desempeñar,
y á que aquel cuerpo renunciará espontáneamcnte, cuando co-
nozca las intenciones de V. M. dirigidas á promover la prosperi-
dad y la ventura de sus vasallos.


La ~egunda objecion no tiene mas fuerza que la primera. Sin
duda la organizacion de la administracion, tal como la entienden
los hombres versados en la materia, costará mas de un millon al
año; pero si fuera posihle calcular los beneficios que una sola dis-
posicion administrativa puede producir, se hallaria que su precio
~olo resarciria con ventajas lo, gastos generales del estahlecimien-
to encargado de difundir por úonde quiera iguales beneficios. Un flat de administracion, ó cuando mas un ligero estímulo, bastaría,
Jlor ejemplo, para convertir en prados pingüísimos los campos
que, á derecha é izquierda del rio, se estienden desde Tortosa has-
ta el mar. Cuando se piensa solo en lo que, en Valencia, abarataria
los alimentos la cria de gauados y la siembra de granos á que se
está brindando la parte oriental de aquel reino, '! con qué poco
trabajo se podrían llevar á cabo en San Cárlos los proyeclos utilísi-
mos que se hahian formado al erigir aquella ciudad, se ve que so-
lo los bienes, que la accion de una adrninislracion bien constituida
puede promover en un pequeño rillcon de la península, retribu\'cn
con creces los gastos de toda la administracion. Y i, qué seria si se
calculasen los que se pueden promover al mismo tiempo en todos
los puntos del reino? Una administracion activa, informada de que
hay en Europa muchos capitales destinados á empresas poco pro-
ductivas, los atraeria á España por el aliciente de un inleres mayor,
y acometeria simultánea ó sucesivamente todas las grandes y pe-
queiias mejoras, que de tiempo inmemorial se proyectan, y que
realizadas convertirian esa p'enínsula en un paraiso. Esto, que
seria imposible hoy, será faCIlísimo cuando V. 1\1. haya asegurado
a sus puehlos el heneficio dé un reposo definitivo.


Hay personas que, aunque convencidas de la evidencia de los
hechos y de los principios que dejo sen lados , resistirian, sin em-
bargo, la ereccion de un ministerio de lo Interior, porque esta ins-
titucion existió con este nomhre durante el gobierno intruso, y
con otra deuominacion bajo el régimen constitucional. Los (lue
asi pensasen depondrian luego tan pueril preocuyacion, recapaci-
tando que hay una multitud de instituciones, aplicahles, tanto á lo~
gohiernos absolutos, como á los represcnlaliyos, tanto á los legíti-
mos, como á los usurpadores. ¡,No son las mismas en todos los Jlue-
blos las ideas elementales de justicia? ;,:'lo las profesa n todas las na-
'~IOIH>S , rualquiera que ~ea la forma de su 'gobierno '? ¿ Por flué,




71
pues, l:uundu ~abius laboriosos han fundado en la espeneIlt:ia y lo~
progresos de la civilizacion los axiomas de la ciencia del goIJierno,
serian estos menos re,petados, Ó se generalizarian menos que lo,;
de la ciencia del derecho? Señor, las leyes son ((hábitos, euya COIl-
,formidad con la razon ha reyelado la esperiencia, y que ha hecho
))obligatorios una forma legaL» Lo <[ue la esperiencia ha revelarlo
(;01110 conforme a la razo!l es patrimonio dt\ to(lo gobierno, y tanlu
vale resistir la ereccion del ministerio de lo Inlerior, porque exis-
tió bajo el gobierno intruso y bajo el constitucional, como conde-
narla refundicion dr nuestros códigos, y la formacion de otros mas
apropiados á las costumbres y á las necesidades de la época presen-
te, porque bajo los dos citado;; !,obiernos se procedió á este Il\'-
gente é importante trabajo. La legitimidad se realza, adoptando las
ideas útiles y benéficas que habia conccbido la usurpacioIl.


Señor, he indicado :i V. M. tres grandes medios de salvacioIl,
el )Jrimero reconciliará lo~ ánimos, fllndirá los intereses, restable·-
cera la confianza, v a:;entará sobre esta base el reposo de vuestro~
pueblos. El segundo proycerá anellamente durante algun tiempo
á las necesidades ele vuestro tesoro, sin gravámen de nadie, y fa-o
cilitando al contrario la circulacion y la subdivision de las propie-
dades. El tercero, difumliendo y generalizando la accion protectora
(le una administracion ilustrada, promoverá sin esfuerzos una masa
de beneficios. que en poco tiempo camhiarán el aspecto de ese
1l3ís, condenado {lor la prolongacion de los enconos, á todos los
honores de la miseria. Señor. la adopcion de eslos medios senci-
llos, honrosos, cristianos, restituirú il vuestro trono el esplendor, ir
vuestros plleblo~ la abundancia, al nOl1lhre eSflañol Sil dignidad, y
~IIS derechos :í la humanidad y á la justicia. Nada de cuanto pro-
pongo es capaz de ofender illa piedad mas escrupulosa, ni de in-
fluietar al rcalismo mas acendrado.


Tal vez vasallos Icales de Y. M. piensen poder con olros mc-
dil)s salvar la IIlonanluia : yo por mí parte no lo (;["('0; y no cum-
pliría con mi lealtad, si no rogasc humildemente á V. M. que des-
conlie de los paliativos. Sin duda serán útiles las reformas de
eiertos empleos, la simplificacion de la cuenta y razon de cierta,;
oficinas, '! otras medidas de esta especie; pero todas ellas no pro-
ducirán verosímilmente el ahorro de un millon, v no es eso lo
que necesitamos, cuando las obligacione3 fijas del Erario esceden
en mas de cien millones <Í sus ingresos existimativos. Es menes-
ter, señor, que estos igualen por de pronto, y escedan en brev('
á los gastos; y esto no podrá suceder sino cuando se creen, en los
grandes beneficios que se promuevan, medios inmensos de pros-
peridad, que aumenten los consumos, que mullipliqllen las trall-
sacciones, y que hagan crecer asi los recursos públicos, cuya hábil
(listribucion refluirá á su vez en IJeneficio de otros intereses. Se-
nor, no hay salud fuera de esle sistema.


Presentandolo al pie dB vuestro trollO con la noble frallc¡ueza.
hija de mi lealtad,! de mi conviccion • )'0 estoy lejos, senor, de
rahajar en favor de mis intereses indiyidllules , y al contrariu




BIOGR.I.FIA.


puedo comprometerlos gravemente. Disfrutando en París de un
sueldo de que la ley del máximum no permite gozar en España;
lisongeado por la facilidad que á veces me da mi empleo, de ser-
vir útilmente a V. M.; rodeadQ de consideracion ; velanuo de cer-
ca á la educacion de mis hiJos, yo nada puedo ganar como em-
pleado. en caso de que V. M. se digne tornar en consideracim
mis indicaciones desinteresadas; mientras que, si la calumnia ó la
envidia llegasen á envenenarlas, podria verme privado de las
ventajas que enumero, y de que habria continuado gozando, si
recatase los generosos sentimientos que han dictado esta esposi-
cion. Pero, adorador aruienle de esa patria, por cuya ventura no
temeria derramar la última gota de mi sangre; agradecido á las
honras que V. M. me ha dis{>ensado , y que solo puedo reconocer
cooperando, en cuanw esté a mi alcance, á afirmar sobre los be-
neficios dispensados á vuestros pueblos el honor de vuestro nom-
bre ; entusiasta, en finTde la gloria, á la cnal he consagrado las
largas vigilias de una vida siempre lah()riosa y los esfuerzos de un
celo incansable, me he creido capaz de llevar sobre mis hombros
el peso de una iniciativa gloriosa; y, conociendo por esperiencias
repetidas hasta qué punto multiplica el patriotismo las fuerzas
de un individuo, ofrezco, señor, á vuestros pies completar mi
obra, obligándome, primero, á responder de palabra ó por escri-
to á todas las objeciones que se hagan contra los medios de salva-
cion contenidos en esta esposicion reverente; segundo, á demos.-
trar del mismo modo, que todo otro plan que se forme para me-
jorar la ¡ suerte de España, no ocurrirá á la necesidad, sino en
cuanto en él se comprendan los medios que dej-o espuestos; ter-
cero á desenvolver en memorias sucesivas la manera de genera-
¡¡zar los beneficios que de la adopcion de dichos medios deben
resultar. .


Señor; el modo de conocer si estos son oportunos y suficientes
es someterlos á un~ discusion solemne, en la cual los esfuerzos-
unidos del patriotismo, de la sabiduría y de la buena fé , conduci-
rian á la acertaua resolucion de tan importante problema. Recla-
mando este exámen solemne, creo mostrar la cOllfianza ilimitada
que tengo en el triunfo de los principios de jU&licia, de política
y de administracion • que dejo proclamados. Es ulla prcrogativa
augusta de la verdad la de ser acatada desde el punto en que es
conocida. París '2i de enero de 18'26.


SEÑOR.-A. L. R. P. I,E V. lit,
.Javle .. de U .... "Oll.




REAL DECRETO
PAItA El ESTABLECIMIENTO


EN LAS PROVINCL\S,


¡,; I~STRUCClOi'I pARA GOBIERNO DE LOS SUBDELEGADOS, APROBADA


POR S. M.


A.PE~BI()E NlIMEBO 11.'


~lJNISTERIO DEL FOMESTO GENER.1L DEL REINO.


Su Magestad la reina regenta Gobernadora de estos reinos, dUl'atl~
te la menor edad de la reina nuestra señora Doña Isabel Il, se
ha servido dirigirme con esta feclta el siguiente


REAL DECRETO.


La nueva division territorial que, con el objeto de facilitar la ac-
cio.n de la administracion, he tenido á bien sancionar por mi decre-
to de este dia, no seria un beneficio para los pueblos si á la cabeza
de cada una de las provincias, y aun á la de algunos partidos, no
hubiese un gefe encargado de estudiar las necesidades locales, y de
socorrerlas él mismo, ó de proponer al gobierno los medios de ve-
rificarlo. Con este objeto, mandé por mi real decreto de 23 de octu-
bre que se estableciesen dichos gefes con el título de subdelegados
de Fomento, y no conviniendo diferir ya la ejecucion de esta me-
dida, ni pudiendo llevarse á cabo sin otras que la regularicen y
completen; oido el consejo de Gobierno yel de Ministros, he veni-
do en mandar en nombre de la reina doña Isabel II lo que sigue:


ARTICULO I'IIIMERO. Para el establecimiento de los subdelegados




74 BIOGILlFlA.
(le }<'omellto, se div idirán las provincia~ dcll'eillo cn trcs dase~.
La primera comprenderá las de Barcelona, Cádiz, Coruña, Gra-
nada, Madrid. Málaga. Sevilla y Valencia. La scQunda las de Ali-
cante, Córdoba, l\lurcia, Oviedo, Toledo, Valladolid y Zaragoza. Y
la tercera todas las demas del reino. .


ART. 2.° En cada capital de provincia habrá un subdelegado
principal de Fomento, con un secretario, cinco oficiales y un por-
tero en las de segunda y tercera dase, y un oficial llIas en las de
primera. Este número se alImentará solo cuando los bienes que
!Jromuevan los sulJdelegados justiliquen el aumento de brazos
auxiliares, ó cuando la esperiencia demuestre no ser suficientes
los que aqui se señalan.


ART. 3.0 Habiéndose reducido notablemente la estension de
las provincias de resultas de la nueva division , se modilicara con
arreglo á esta circunstancia la disposicion del mencionado decreto
tle '.23 de octubre, qU<l previene haya dos ó tres subdelegados de
partido cn cada una, y solo se establecerán uno ú dos en las de
mayor estension é importancia, pudiendo no establecerse ninguno
en las de corta poblacion, que no lo necesiten absolutamente. ó
en que no haya pueblo de bastante consideracion para que le sir-
va de capital. Conforme á estos principios, los subdelegados prin-
cipales, inmediatamente despues de instalados, me propondrán por
vuestro conducto los pueblos mas importantes de sus respectivas
provincias, en que d¡:herán establecerse los subdelegados de par-
tido para conocer mas de cerea sus necesidades y proveer mas
fácilmente á su remedio, ó espondrán las razones por las cuales
no contemplen necesario sn establecimiento. Estas subdelegacio-
nes de partido tendrán tres oficiales, de Jos cuales el primero hará
de secretario.


ART. ~." La obligacion de indicar ó proponer las capitales de
subdelegaciones subalternas, que el artículo anterior impone á los
subdelegados principales, se entiende sin jlerjuicio de que desde
lnego me propongais el establecimiento de as de partido, que por
la importancia conocida de los pueblos donde deben residir, y de
los intereses que hava que promover en ellos, puedan &eñalarse des-
de ahora sin riesgo "de error, ni necesidad de rectificacion ulterior.


ART. ¡¡." A los subdelegados principales y subalternos toca
esclusivamente conocer, en sus provinCias y partidos respectivos,
de todos los negocios que el real decreto de 9 de noviembre de
1832 señaló como de la incumbencia y atribucion primitiva del mi-
nisterio de Fomento.


ART. 6.0 Para desempeñar en el sentido de mis intenciones y
tle la conveniencia pública su importante encargo. los subdelega-
dos de Fomento se conformaran á la letra y al espíritu de la i/ls-
truccion que de mi órden habeis estendido para su gobierno, y
((ue. aprobada por mí, va á conlinuacion de este mi n~al decreto.


ART. 7.° Todos los empleados de las subdelegaciones de Fo-"
mento son de nombramiento real, v de escala las plazas de sus ~e-
netarias. .




AI'END1CE NUME1W '2."
ART. 8.° Las dotaciones de estos empleados y de sus secreta-


rias son las siguientes: En las provincias de primera clase un suh-
delegado con treinta y seis mil reales: un secretario con veinte r
cuatro mil: un oficial primero de la secretaría con once mil: otro
segundo con diez mil: dos terceros con nueve mil cada uno: do~
cuartos con ocho mil; y un portero con tres mil seiscientos. En
las de segunda clase un subdelegado con treinta y dos mil reales:
un secretario con veinte mil: un oficial primero de la secretaria
con diez mil: dos segundos con nueve mil cada uno: dos terceros
con ocho mil; y un porlero con tres mil trescientos. En las de
tercera clase un subdelegado con veinte y ocho mil reales: un se-
cretario con diez y seis mil: un oficial primero de la secretaria COIl
nueve mil: dos segundos con ocho mil cada uno: dos terceros con
siete mil; y un portero con tres mil trescientos. En las subdelega-
ciones de partido establecidas en los pueblos de mas de doce mil
almas un subdelegado eDIl quinee mil reales: un olicial primero
con siete mil; y dos segundos con seis mil cada uno. En las que se
sitúen en pueblos de menos de doce mil almas, un subdelegado
con doce mil reales: un oficial primero con seis mil; y dos segun-
dos con cinco mil cada uno.


ART. 9.° Los fondos de policía, que deben costear estas dota-
ciones, pagarán ademas: En las provincias de primera clase, para
alquiler del edificio en que se sitúen las oficinas, seis mil reales:
para gastos de las mismas, inclusos los de impresion y escribien-
tes temporales, cuando sea necesario, veinte mil reales. En las de
~egunda clase: para edificio, cinco mil reales: para gastos de ofici-
na, diez y ocho mil. En las de teJ"C(~ra clase: para edificio, cuatro
mil: para gastos de oficina, diez y seis mil. En las subdelegacione~
de. par~ido: para edificio, tres mil reales: para gastos de oficina,
seis mil.


AnT. 10. Los subdelegados principales harán cada año la visita
df} alguna parte del territorio de su mando, de manera que en dos
ó tres años le hayan recorrido todo. Cuando hagan estas salidas
tendran derecho á una indemnizacion de gastos de viage, si de él
resultan bienes materiales á su provincia, y no en otro caso .
. ART. 11. Siendo la proteccion de los intereses generales el ob-
Jelo esencial de la administracion. los subdelegados Que no los
favorezcan sin descanso, los que no promuevan bienes efectivos,
serán separados de sus destinos. cualquiera que sea la causa que
les haya impedido hacer el bien. Esta disposicion será aplicable á
las. oficinas de las subdelegaciones. si los empleados en ellas des-
CUIdasen la parte de cooperacion correspondiente á sus funciones
respectivas.


ART. 1'2. Para que no se corra el riesgo de haber de llevar
frecuentemente a efecto la conminacion contenida en el artículo
anterior, cuidareis de no proJloner para los destinos creados por
este mi decreto sino sugetos versados en los conocimientos adminis-
lrativo~, y dotados de la actividad, la capacidad y rl patriotism/l
'1l1c exige su cabal desclll\wño.




76 IIIOGRAF!A •
.\11'1". 13. Los subdelegados principales de Fomento prestarán


antes de entrar en ejercicio un juramento, ~uya fórmula será du-
rante la menor edad de mi augusta hija la siguiente: « Juro ser
fiel á la reina nuestra señora doña IsabellI, y durante su menor
edad á S. M. la reina Gobernadora, y emplear todos mis esfuerzos
en hacer la prosperidad de la provincia cuya administracion me
ha confiado S. M.)) Este juramento será prestado, por ahora y has-
ta ulterior determinacion, en vues-tras manos ó en las del que os
suceda, si el nombrado se halla en Madrid, y si no, en las del ca-
pitan general, á cuyo mando pertenezca su provincia.


AUT. U. Los subdelegados subalternos prestarán en manos de
los principales de sus provincias el mismo juramento, sin otra di-
ferencia que sustituir en la fórmula la palabra partido á la de
provincia. Tendreislo entendido y dispolldreis lo necesario para su
puntual cumplimiento.-Está rubricado de la real mano de S. 1\L
La inslruccion que espresa el artículo 6.0 del antecedente l'cal de-


creto, y que S. JI. la reina Gobernadora se ha servido aprobar COIl
esta misma {echa, es del tenor siguiente:


INSTRUCCION.


Por el real decreto que precede se ha servido S. M. la reina
Gobernadora fijar la planta de las subdelegaciones de Fomento y
las atribuciones de los subdelegados, que serán los encargados es-
peciales de la proteccion de todos los intereses legítimos, y lus
agentes inmediatos de la prosperiuad del reino. La simple Iis~a de
la!! atribuciones del ministerio indica bastante á los sugetos Ilus-
trados que la reina Gobernadora ha honrado, ó se propone honral
con una alta magistralura de beneficencia, los abusos (lue ~ay
que destruir, r los bienes que hay que promover. Pero, en su 111-
fatigable soliCitud por el bien de los pueblos con liados al cetro
de su augusta hija doña Isabel n, ha querido S. M. se señalen eu
esta instruccion algunos de los medios propios para llevar á cabo
sus intenciones generosas, y con este fin se han clasificado el! ~lla
los varios intereses de que deben cuidar los agentes de la aunllIlls-
tracion, en términos de alejar el riesgo de complicarlos ó de confun-
dirlos, reservando ampliar las indicaciones contenidas ell estos
capítulos, á medida que dichos agentes vayan dando cuenta de Sil
instalacion, y de los obstáculos que para hacer el bien tengan que
superar.


CAPITULO PRnIERO.


Agricultura y sus agregados.


1.1) Este arte utilísimo. orígen y principio de tollas, ~e en-
eucntra hoy entre nosotr05 en una situaeioll deplorable, por efectg




AI'El'iIlICE WMEllO '2. o 77
cle la enorme y siempre creciente baratura de los productos del
suelo. En esta, ademas de las causas generales, que van luego á
ser tomadas en consideracion, influyen en cada provincia una ti
muchas causas locales. A los subdelegados de Fomento toca seña-
larlas, fijar el grado de influencia de cada una, indicar los medios
de neutralizarlas ó destruirlas, y hacer por último que á este es-
tado violento, y por lo mismo transitorio, suceda otro natural, y por
consiguiente estable, en que el propietario cuente con la renta de
su heredad, y el colono con la recompensa de sus sudores.


2. 0 Entre las causas locales que contribuyen mas ó menos efi-
cazmente al abatimiento actual de la agricultura, deben contarse
algunos usos de cuyo influjo funesto casi nadie se apercibe, por-
que su antigüedad les dió una especie de sancion, y el hábito los
rodeó de cierto prestigio. A esta clase pertenecen la intervencion
tle la autoridad municipal en señalar la época de las vendimias, rí
(le la recolec0ion de otros frutos ó esquilmos; la libertad de que en
los rastrojos de uno pazcan los ganados de todos; los privilegios
que no admiten al consumo de una ciudad Illas que los vinos
que produce su término; los que no permiten entrar una carga de
comestibles en un pueblo, sin que se estraiga otra de los J.>roduc-
tos de su agricultura ó de su industria, y otras mil anomahas, que
embarazan la marcha de la administracion ; pues, por la multipli-
cidad de las escepciones, destruyen la confianza que debe inspi-
rar la regla, y dificultan la aplicacion uniforme de los principios
administrativos á ~as necesidades del órden social.


3. 0 La policía de los granos, que debe considerarse como la
primera y fa mas importante agregacion de la agricultura, está
mas enlazada con su prosperidad de lo que generalmente se cree.
Mientras se siguirí el funesto sistema de la tasa, casi nunca basta-
ron las cosechas á las necesidades del pais, y casi siempre se ven-
dieron los granos á un precio muy superior al que habrian tenido
abandonados á si mismos. Aunque abolida por una pragmática
aquella deplorable rutina, el error no se ha dado por vencido aun,
y todavía, en algunos casos, muchos ayuntamientos prohiben la
saca, y fijan el precio del trigo y del maiz, con infraccion de la
ley, y per.inicio evidente, no solo de los tenedores de los granos
sujetos á la veda, sino de los consumidol'es, sobre quienes pesan
en definitiva las vejaciones que se cometen con 105 productores. La
autoridad admini"trativa debe hacer cesar tales escándalos, é ins-
truir á los habitantes de que la libertad del comercio de granos
(~S el primer elemento de la abundancia, y el estímulo mas eficaz
que puelle darse á su 6ultivo.


i.n Para favorecer la libertad de este comercio, S. M. la reina
Gobernadora ha creado una comisiol1 que examine las leyes. que
hasta ahora le infamaron, tachando de logreros, usureros y mo-
nopolistas á los que á él se dedicaban. Con la cesacion de estas
odIosas calificaciones, y con las seguridades que se dispensarán á
Ull tráfico hasta ahora proscrito, se establecerá la concurrencia de
tOll1pradores de granos, y con ella tomarnn valor, y saldrán del




78 BIOGILIFI.I.
envilecimiento á que estuvieron condenados, mielltra, hubieron
de proveer solo a limitados consumos locales.


5.° Los pósitos deben llamar la atencion particular dc los sub-
delegados de Fomento. Establecidos en el tiempo en que los erro-
res de la administracion condenaban frecuentemente á los pueblo"
á las agonías de la escasez, fueron algunas veces un recurso, y
atenuaron las calamidades que una Viciosa policía de granos no
podia menos de acarrear. Hoy, que nuestras cosechas esceden en
mucho á nuestros consumos, y que, estendiéndolas, va la libertad
del comercio de cereales á dar un nuevo estímulo a la produc-
cion, importa examinar cual es la utilidad de esos graneros de
reserva, y compararla con los inconvenicntes que producen. S. ~1.
la reina Gobcrnadora ha creado una comision que se ocupa de
este importante trabajo. Cualquiera que sea el resultado de su
exámen , y por corto que sea el tiempo que en él invierta la eo-
mision, los subdelegados de Fomento podrán contribuir al acierto
de la providencia definitiva que sobre esto deba dictarse, averi-
guando: 1.0 si grava ó favorece á los labradores atrasados la an-
ticipacion de una ó dos fanegas de trigo, para cuya obtencion es-
tan obligados a hacer gastos desproporcionados á la importancia
del beneficio que reciben: '2.0 si en efecto socorren los granos de
los pósitos á los colonos pobres, ó sirven para aumentar las espe-
culaciones de los ricos: 3.° si la acumulacion indefinida de las
creces, ó cualquiera otro uso que de ellas se haga, es ventajoso
ú nocivo a la a1?ricllltura : i. o SI una distribucioll de aquellos fon-
dos, diferente <le la aetual , ocurriria mejor que los préstamos de
granos, ú alguna de las necesidades mas urgentes de la agricul-
tura. Estas investigaciones no inlluirún á la verdad en las medi-
das que va ahora á proponer la comision para remediar daños ur-
gentes y notorios; pero fijarán las ideas del gobierno para ratifi-
car Ó mejorar mas tarde la medida que ahora se adopte.


6.° La ganadería fué algun tiempo un gran ramo de riqueza en
nuestro pais. Pero en otros se ha adelantado notablemente esta
industria que, como todas, necesita ser sostenida por mejoras
progresivas. Hoy nuestras mejores lanas, producto de cabañas
trashumantes, valen considerablemente menos que las sajonas, y
que muchas de las de Inglaterra, Francia y otros paises, obteni-
das de ganados estantes. El alimento de los rebaños, Sil abrigo,
la eleccion de los padres, el esmero en cruzar las razas, la per-
feccion de los métodos de lavado y otras mil causas, influyen en
la mejora de varias especies de lanas estrangeras , mientras que
los ganaderos españoles han visto por mucho tiempo disminuirse
el precio y el consumo de las suyas. Urge instruirlos de la nece-
sidad de moditlcar ó variar sus métodos, a cuyo fin conviene ha-
cerles conocer los llue con tan buen éxito se emplean en alguno~
estados de Alemania, y en algunos puntos de Francia y de Ingla-
terra. La ganadería debe formar una sola profesion con la labran-
za, pues que esta es la que puede asegurar a los galla10s yer-
bas frescas en Yerano, y forrages sanos en imiemo. Las o\'e-




Ar¡.;~OICE ~U~IEIIO ~." i9
jas , asi' mantenidas, producen copiosos y suaves veJlones; la~
vacas, gozando de los mismos pastos, proveen ahundantemente
los mercados de manteca y de queso que, con mengua de nues-
tra agricultura, tenemos que traer de los estrangeros; las yeguas,
en fin, procrean cahallos lozanos, que cuando se aumenten en
proporcion de las necesidades, nos lihertarán del trihulo que pa-
gamos á los industriosos criadores de mulas, estahlecidos del otro
Jado del Pirineo, y proporcionarán á nuestra caballería huenas
remontas. Sobre estos puntos, como sobre todos los de su incum-
bencia, deben los suhdelegados de Fomento desvanecer los errores
que la rutina ha consagrado; y ya empeñar á los lahradores aco-
modados y lahoriosos á ensayar ó es tender el cultivo de prados
artificiales; ya influir en la aclimatacion de huenas razas de ani-
males estrangeros ; ya reunir medios para establecer enseñanzas
de estas artes de prosperidad; ya fundar premios para las mejo-
ras que en ellas se hagan; ya, en fin, invocar la autoridad tutelar
del gobierno para destruir ordenanzas, que coartan, en vez de
favorecer, el vuelo de muchas de estas industrias. Una adminis-
tracion inteligente v acliva debe emplear alternativamente el rue-
go, la exhortacion", el ejemplo, la autoridad, las recompensas,
todos los medios legítimos de que puede dispfmer, para ohtener
en esta parte mejoras decisivas; y sus esfuerzos dehen ser tanto
mas constantes, cuantas mas seguridades tiene de verlos coro-
nados de un éxito completo; pues si l~ .clase de labradores es
por lo comun la mas apegada a las trádu:lOnes del suelo que he-
redó, ninguna abandona con menos repugnancia sus l¡ábitos,
cuando la e5periencia le revela que se prospera mas, sustituyén-
doles otros.


7.° El agua es la sangre de la tierra, y los canales de riego
son la vida Je los campos, sobre todo en un pais escaso como el
lluestro de lluvias. Sin riegos no puede haber prados artificiales
en las mas de nuestras provincias, ni sin ellos ganados en la can-
tidad y de las calidades que hemos menester. Sin riego, la labran-
za se limita casi al cultivo de cereales, no susceptibles de elahora-
cion , éjincapaces, por tanto, de promover industrias, sin las cua-
les no hay prosperidad. El riego diversifica ó varía las produccio-
nes del sUl'lo , impide con esla variedad la escesiva abundancia y
la baratura consiguiente de muchos frutos, y, multiplicando los
objetos de consumo, estimula al labrador á dar á la produccioll
nuevos ensanche,;. Este beneficio, que es ordinariamente el que
menos cuesta á la autoridad, es tamblen el que por de pronto pro-
mueve mas abundancia, el que desde luego mejora mas la eondi-
cion del pueblo, el que halaga al pobre con la esperanza de tra-
hal'o mas seguro, el que permite al rico disfrutar de los placere5
de campo, y el que, manteniendo en él una actividad constante,
le puebla de honrados labradores y de animales útiles, y le pre-
serva de handidos y de alimañas. tos suhdelegados de Fomento
deben, pues, dedicarse a proporcionar el beneficio de los riegos á
todos los territorios á que puedan estenderse, y particularmente




IJluGIIAFL\.


en las provincias mel'idionale,; , donde la sequedau habitual ticne
al cultivador de granos en una agonía permanente. Derivaciones
tic rios. que hoy llevan enteros al mar sus desperdiciados raudales;
estanques para recoger ténues liltraciones, que arguyen siempre
la existencia de manantiales mas ó menos copiosos; hidrópotas de
varias especies movidas por agentes diversos; cien medios, en fin,
se presentan de convertir en vergeles sombríos los valles abrasa-
dos por los rayos de un sol ardiente. Para justificarse de no em-
plear aquellos medios, suele alegar la pereza la (alta de recursos
con que ocurrir á lo~ gastos; suele la rutina consumir míos en
combinar arbitrios ruinosos, de difícil exaccion y casi siempre in-
suficient~s ; suele, en fin, la bajeza aplicar al provecho de uno ú
I)OCo~ individuos los fondos destinados al beneticio comun. Pero os subdelegados de Fomento saben sin duda qlle, donde una ad-
ministracion vigorosa vela sobre la prosperidad de los pueblos, ja-
más faltan para estas empresas capitalistas que, por espíritu tle
especulacion, las acometan por su cuenta; ó labradores que, ame-
drentados siempre por la eventualidad é incertidumbre de las llu-
vias , se asocien para lograr el aumento de productos que los rie-
gos proporcionan; ó propietarios que, deseando dar mas valor á
sus fincas, se sometan para conseguirlo a un sacrificio del mo-
mento, ú se resignen á una retribucion periódica; ú hombres aco-
modados que, por patriotismo, anticipen sus fondos. Ademas de
estos medios obvios y triviales, habrá casos en que el gobierno
pueda auxiliar una de estas empresas; otros en que deban hacer-
lo los ayuntamientos; aqui podrá facilitarlas una suscripcion lo-
cal, alla una general; en todas partes, en fin, la inteligencia halla-
rá recursos, la actividad sabrá emplearlos, y el interes particular
preservarlos de dilapidaciones. No vencer estos obstáculos arguirá,
pues, casi siempre falta de inteligencia ó de actividad.


8.° Estas indicaciones son igualmente aplicables á la dese-
cacion de lagunas y pantanos, siempre que estas operaciones pro-
metan ventaja:; positivas. Si las tierras desecables pueden des-
aguarse de modo que conserven lóls ventajas del riego, ó una hu-
medad que sea favorable á su cultivo; SI este en consecuencia
presenta una perspectiva segura de beneficios, no hay duda de
que la obra se hará, por poco que la autoridad administrativa la
estimule ó la proteja. Si en la provincia no hay capitalistas que la
acometan, iran de las vecinas ó de las lejanas. Si no los hay en el
reino, irán de fuera, pues el dinero corre donde quiera que su
empleo promete utilidades. Si se combinan empresas que las pro-
duzcan ; si se les da la publicidad necesaria, y se demuestran
completamente las ventajas; si los capitalistas cuentan con pro-
tecclOll para sus intereses y con seguridad para sus personas, la
accion de los capitales estrangeros será reforzada luego con la de
los nacionales, que hasta ahora tuvo paralizado~ la descontianza.
Si los subdelegados de Fomento estimulan con miramientos la
cooperacion tle los ricos; si escitan, proporcionándoles trabajo
eonstanle, el reconocimiento de los pobres; sí despiertan con el




APE:'iTJlCE :'imlEI\O '~." ?:I
aliciente de la gloria y de las recompensas el celo en [ayor de los
intereses púLlicos; si, por una benevolencia ohsequiosa, asrguran
las deferencias á sus exhortaciones, é inspiran confianza por Sil
respeto á la justicia, no habrá bien en el reino que el interes par-
ticular no solicite promover á sus espensas. lluera de este siste-
ma, lIO hallarúnlos gefes de la administracion mas que obstáculos
con que luchar, sinsabores que sufrir, y á la postre ignominia
que devorar.


9.° Hace mucho tiempo que se habla de la necesidad de apro-
vechar los terrenos incultos ó baldíos; pero hábitos dilatorios opu-
~ieron siempre trabas al logro de aquel útil propósito. Rcalii:ólc'cn
parle el instinto del bien, que donde quiera que se desellYuc!\'c
disminuye los males que producen los errores de la administra-
cion. Pero el instinto del llienJlrivado suele no respetar los dere-
chos de los demas, y la ley ebe intervenir para conciliar eon
ellos las ventajas de los particulares. rila disposicion soberana,
espedida por el ministerio de Hacienda, cuando corria á SlI car-
go este negocio, determinó tiempo ha la enagenacion de aquella~
prooiedades públicas. Entrelanto que se acuerdan los medios de
!ley'arla á cabo, los subdelegados de Fomento contribuiráll á faci-
litarla, reuniendo datos sobre la estension é importancia de aque-
llos terrenos, removiendo trabas locales, y haciendo al gobierno
indicaciones precisas, fundadas en el conocimiento exacto de las
localidatles.


10.0 Los acotamientos ó cerramientos de heredades perlenc-
('en :í la clase de las mas importantes mejoras de la propiedad ru-
ral. Mientras las lanas alimentaban un "asto tráfico eSlerior, se
('reyó deber sacrilicar la industria agrícola á la pecuaria; y pre-
cauciones desmedidas, formalidades dilatorias, presidieron tal vez
ú los acotamientos y cerramientos de las I)(\Sesiones. Están snje-
tas á uu cxámen detenido las disposiciones que regían en esta
materia; y una ley sencilla, clara, conforme á los principios de
la justicia universal, proclamará en llreye derechos que IlO pue-
den continuar desconocidos y hollados sin grave daño de la agri-
cultura. Los subdelegados de :Fomento conoeerán, sin duda, la im-
portancia de esta indicacion, y obrarán, en conformidad de ella,
hasta la publicacion <le la nueva ley, que se verificará lo mas
pronto posible.


11.° Lo mi,.;mo:sucedcrá con la que fije los principios sobre co-
Illunidad de pastos. En los paises donde hay muchos terrenos in-
cultos, ningun prado artifici~l, y poquísimos natu~ales , las reglas
:"obre los pa:ilos deben ser diferentes de las que ngen en ternto-
rios donde cada labrador alimenta sus ganados dentw de su here-
dad y COIl los productos de ella. A.si, pues, el órden establecido en
esta parte debe respetarse; basta que con presencia de todas las
circunstancias se reforme la legislacion que la gobierna.


12" La sociedad entera está interesada en la replantacion pro-
gresiva y en el entretenimiento de los arbolados; que proporcio-
nan las maderas necesarias para la constrllccion y rrparo de 108


TOMO lo G




BIOGIUflA.


"dificio,; ; que suministran las lefias y carbonrs indispensables p:1-
1':\ todos los usos de la vida; que SOl! los conductores naturales de
las lluvias; que alimentan la vegetacioll y aseguran las cosechas;
qne ofreecn somura y frescura á los viageros fatigados, y que, en
¡in, llacen habitables los campos, desiertos cuando no gozan de es-
t.e lwneficio. Gozarúle mas inmediatamente el labrador, tIue de tiem-
po en tiempo hallará en la:; maderas y leñas que, enda, un auxilio
('straonlinario con que acudir al remedio de necesidades de igual
dase , construir abrigos á sus ganados, ó dar mas estellsion a Sil
culti,'o. Hasta ahora, ordenanzas incalificables no le permitian cor-
tar, para reparar su cabaña, los 'll'boles que la sombreaban, y la
intervencion (le la autoridad en el uso de los plantíos que él rc-
g:\ra con su sudor, le hacia mirar con u"sden una especie de
propiedad de que otro se ahrogaha el d,~recho dll disponer. Es-
tá c:l!leluida , y Ihl tardarú ell puhlic:lI'se, ulla nueva ordenanza
'[Ile consagra dllrcchos largo tiempo desconocidos A los subde-
legatlos de Fomcnto incumbe, no solo velar sobre su completa eje-
cuciofi, sino instruir al gobierno del estado á que redujeron ú (':;-
tas propiedades las trahas de que se la~ cargó. A este fin, hani"
formar estados de los monte,; de sus provincias respectivas, con
espresion de sus dueiíos, v de si estos son particulares ú cuer-
pos, poseedores libres, Ó :lInayorazgados, sin olvidar la proporcioll
que los productos de dichos montes en leñas y maderas guar-
dcn c.ün las lH~cesidades de la poblaeion. Este conocimiento podrll
,;crúr de elemento para combinar, en caso necesario, nuevas me-
didas de protcccion en favor de la propiedad, cuyos derechos no
~e pueden Yiolal' ni aun parcialmente, sin alterar mas ó mcnos
la armonía del órden social.


13,0 El cultivo de la seda es un ramo de riqueza agrícola, tan-
to mas importante, cuanto que esta preciosa prodUCClOll es capaz
dc alimentar dentro del reino muchas industrias. y saldar sola
enormes importaciones del estrangero. Bien que aparezcan exa-
gerados los cómputos de algunos de nuestros antiguos economi~­
tas, que hablan de millone5 ele libras de seda que producian
nuestras provincia~ meridionales, y que se manufacturaban en
Granada, Sevilla y otros pueblos de las mismas, no admite duda
([Ile un rlia fué mlly considerable la cosecha de seda del reino, y
(~uallli05isimos 103 benelicios de su elaboracion. Cuando, en el rei-
nado del sefior don Cárlos IV, se pensJ en haeC!' revivir esta in-
dustria moribunda, se formaron reglamentos minuciosos que pro-
tlujeron un efecto contrario á la intencion, porque una llIultitud
de precauciones vejatorias ahogú los pequeños medios de protec-
clon que se di"pensaron. Importa dar á este cultivo la libertad,
que es el primer elemento, la condicion esencial de la vida lje la
industria. Importa que los subdelegados de ¡,'omento indaguen el
estado de la cria de la seda, y que promuevan, por todos Jos me-
dios que les dicte Sil celo, el plantío de las moreras ({Ile. crián-
dose en poro tiempo, y pudiendo servir de setos á as hereda-
des, ,in p?rjlli('io tlp la eosrrhrr principal <Ir olros frulos ó rsr¡uil-




APENDICF. :'iUjIEfW 1."


!nOS, no presentan el inconveniente de la tardía pl'ouuccioll de
los mOlales y de su arraigo profundo. Cuanto,; menios de pro-
teecion sean compatibles con la libertad inde11nida de la propie-
dad, otros tantos deben ser propuestos por los encargados de la
prosperidad del pais, seguros de que serón aprobados inmedia-
tamente, en cuanto no perjudiquen Ú otros intereses.


14." l.a cosecha de liuos y cáñamos. menos rica por el valor
de la materia que la de la seda, es por ahora igualmente impor-
tante, por cuanto es mas general el consumo de los lienzos, y
mayor el tributo que por su introduecion pagamos 2. la industria
eslrangera. Contribuyen á la decadeneia del culliyo de las hilazas
la falta de lluvias y de riego en unas proyineias ; la imposibilidad
en otras de empozarlas ú enriarlas en aguas corr;~Jü(,s; los in-
convenientes que resultan de empozadas en balsas estancadas du-
rante los calores del verano ; el corto número de fúbricas de estos
artículos, y la ditieultad de establecerlas, cuando las eslrangeras
Jos producen con una baratura que parece imposibilitar toda con-
currencia. Por graves que aparezcan estas dilicultades ,el celo y
la illteligencia pueden y deben vencerlas. Maquinas diferentes
cuecen ya hoy y suavizan el lino y el cáñamo, mejor que las
aguas corrientes y estancadas. Otras maquinas, de mecanismo muy
sencillo y poco costosas, hacen con facilidad y economía opera:
ciones que hasta ahora se hicieron á fuerza de tirmpo, brazos v
dinero. A los subdelegados de Fomento toca hacllI' conocer esta~~
máquinas, generalizar entre los labradores el manejo de las unas,
famIliarizar a los fabricantes aplicados con el uso de las otras,
promover la produccion estimul~ndo. los consumos, y a,rgurar
estos por la haratura de la ll1atena;pnmera , y la propagacion de
los mas sencillos métodos fabriles.


Hi.° Tratándose de agricultura, no es posible dejar de r('co-
mendar el cultivo de muchas plantas exóticas, que ya se hieic-
ron indígenas, y la aclimataclOn de otras que pueden hacerse ta-
les tambien con un poco de perseverancia. Veinte y cinco años
hace que solo un estrecho valle de la provincia de Granada pro-
ducia diez ó doce millones por el valor del algodon que en él sr.
criaba, y algunos años antes habia producido una suma easi igual
por el valor de sus azúcares. Uno y otro cultivo, difundidos como se
hallan en una estellsioll de cerca de cuarenta leguas de costa,
habrian bastado quizá á nuestros consumos, si no hubiese eonstan-
temente pesado sobre uno de ellos la mano del 118co , y no se hu-
hiese condenado al olro á una illcertidumbre perpetua sobre la
proteccion que anteriormente reclamara. S. M. la reina Goberna-
dora quiere que se 11je de11nitivamenle la suerte de estos cultivos
preciosos; que se aumenten y se estiendall cuanto lo permita la
naturaleza del terreno. hasta proveer, si es posible, a la totali-
dad de los consumos peninsulares; que el del café, ensayado ya
con éxito, se establezca en grande; que se ensaye el del añ'iI;
que se propaguen esos arbustos de cuya sustancia se alimenta la
cochinilla, y se asegure una larga cosecha de este insecto; que el




Sí IlIOGRAFIA.


lJeneficio de la aclimalacion no se limite a los frutos exótico:.;, sino
f[Ue se estientla al cultivo de las plantas y árboles illtligenas que
erecen en latitudes y zonas diferentes, es decir, que se aclima-
ten, en las provincias del centro y dell\1ediodía,los árboles y plan.
tas que hasta ahora produjeron solo las del Norte, ya que sea im-
posible la aclimatacion en sentido inverso, y que, en /in , los sub-
(lelegados de Fomento den á este ramo importante de prosperidad
la atencion sostenida que ha menester, le dispensen, dentro del
circulo de sus atribuciones, toda la proleccion que ellas pcrmitan,
é imploren del gobierno de S. 1\1. la que ellos no alcancen á
dispensar.


CAPITULO lI.


Industria y sus agregados.


16.0 Si la agricultura cria ó produce las primeras malerias, la
industria las proporciona á las necesidades de la vida, y les da la
forma, sin la cual no servirian para satisfacerlas. Pero los beneficios
de las operaciones agrícolas solo proveen por lo COlllun al sustento
mas ó menos limitado de los que se dedican á ellas, y sus hábito~
~b prestan mal al desarrollo completo de la razon; mientras que
con la industria solo puede haber enormes riquezas, y es compati-
ble un alto grado de civilization. Sin citar los ejemplos vivos de la
Ro landa y de la Inglaterra, que sin suelo la una, y con mal suelo y
clima la otra, prosperan prodigiosamcute á favor del incremento
que tomó su industria, bastará recordar que esta centuplica á ve-
ces el valor de las materias primeras, y que, empleando y ocupan-
do al mismo tiempo la infancia tierna, el sexo débil, la vejez can-
sada, difnnde y generaliza la abundancia, fuente de todos los bie-
nes sociales. Considerada ba.io este punto de vista, la indnstria re-
clama una proteccion mas eficaz todavía que la agricultura; puesto
que es mucho mas útil que se compre cáñamo en rama en los mer-
cados del Báltico ú en los del Adriático, que despnes, eonvertido en
lonas, se venda en las costas de Berbería ó en las escalas de Levan-
te, que no coger el lino en nuestro suelo, y tener que ir en busca
de lienzos á las bocas del Escalda ó del Elba. Las medidas genera-
les de proteccion de la industria pertenecen al gobierno superior;
pero al de las provineias toca averiguar qué géuero de fabricacion
posee cada \lna, de qué especie ó calidad son sus productos, de
qué naturaleza sus metodos. de qué estension sus consumos) en
qué términos y hasta qué cantidad nece~ita de los productos de las
provincias vecinas ó lejanas, nacionales ó estrangeras; qué obstá-
culos se oponeu á la perfeccion de las industrias establecidas, ó á
la introduccion de otras nuevas; qué capitales alimentan las \lnas,
(Iué anticipaciones exigirian las otras. y todo lo demas que con-
cierna á la adopcion de las providencias propias para el fomento de
estos intereses. Entretanto, que con presencia de a~uellos datos se
dictan, deben los subdelegados de Fomento generalIzar el conoci-
miento d~ las máquinas y métodos que se hayan inyenlado é in-




\I'El'ir)]C~ .\UrEIW ~." Ki
\'enten en toda Europa, y de que el Diario de lit udmúw;/rllClVlt jo,;
instruirá oportunamente; deben promover la enseñanza de la geo--
lUetría y el dibujo con aplicacion á las artes; deben visitar las ma-
nufacturas, y sembrar en una esperanzas, derramar en otra con-
suelos, alentar aqui con el elogio, estimular alli con la censura, ha-
lagar mas allá con la remocion de todas las trabas; deben, en fin"
popularizar la industria, como el medio lilas espedito y seguro de
generalizar sus IJeneficios. Un torno, una carda, un telar, la ma-
dre que haga andar el uno, el niño que maneje la otra, el padre
(IUC mueva la lanzadera, una anza de oro para comprar un
pal' dc quintales de lino; he aqui lo que se necesita para hacer la
fortuna de una familia, y lo que, hecho con algunas familias, pro-
moverá en cortísimo tiempo una inmensa prosperidad. Cien arbi-
trios se encuentran todos los dias para costear una fiesta, para cu-
brir uu gasto con qne no se con taba, para satisfacer á veces un ca-
lnicho de la adminislracion. Encontraránse mejor para auxiliar ú
un hombre laborioso con un préstamo, si no es posible hacerlo COIl
un don; encontrarán se para dar á una muger honrada el premio de
un torno, y sustituir en breve su uso al de la estéril rueca. Suscri-
eiones, anticipos, socorros de los diocesanos, auxilios del go-
IJierno, lodo debe facilitar la ejecuclOn de estas disposiciones, que,
proporcionando trabajo á muchos, aumentarán la comodidad de to-
dos, y distribuirán en los talleres esas bandas de pordioseros, cuya
pereza acusan sus andraios, y que hacen en la mendiguez el apren-
dizage del crimen.


17. o En la infancia de las artes, se creyó deber sujetarlas Ú UIJ
régimen uniforme, á una disciplina facultativa, y fijar la suerte de
cada industria sobre bases inalterables. Parecia entonces natural
suponer que si una fábrica prosperaba por la buena calidad de sus
productos, todas las de su especie prosperarian fabricándolos igua-
Ies. De aqui las ordenanzas que fijaban el número de hilos que de-
bia tener una tela, las precauciones con que se debian acopiar las
materias primeras, la intervcncion asidua de los yeedores ó pro-
hombres de cada gremio en las operaciones de su faIJricacioll res-
pectiva, y otras mil formalidades (Ille se creían conducentes á sus
progresos La espericncia ha revelado lo erróneo de esta teoria que
cortando los vuelos a\ ingenio, y sometiéndolo á mil trabas. lla aca·
bado al mislIlo tiemJlo con todas las industrias sujetas iI ellas. en
tanto que la de fabricarian de algodones, y otras varias que al na-
cer se elevaron sobre las preocupaciones dc la rutina, han prospe-
rado mas ó menos. Lna ley dictada con conocimiento completo de
causa ya á rrOclamar inmediatamente los principios protectore:;
de la libertac fabriL Entretanto los subdelegados de Fomento dis-
pondrán que no se formen nuevos gremios, ni se remadwll, con ia
aprobacion de nuevas ordenanzas, cadenas que los conocimieu to~
económicos (Iuebraron ya para siempre.


18.0 lIay, en muchos <le nuestros rios. caidas de agua propias
para ~nover m~qllinas tic nria, especie,;, y dcscnYoln'r COII la in-
dustna (¡tiC alunenlen. Hna gran prosperidad. A lo~ gpf(,s de k




HIOGRAI- lA.


ihlmiuislra¡;ion corresponde estimular á que ~e saque partido de
"sla,; fuerzas motrices, apliándolas ú los usos mas allillogos á los
hitbiLos del pais que gobIernen. A este fin harán examinar todas
¡as que existém en sus pl'Ovincias, revelarán el uso tIlle de ellas
puede hacerse, empefhtl'an á 103 capitalistas á su aprovechamiento,
y les cOllcederán para ello cuantas facilidades dependan de la arl-
ministracioll,


CAPITULO IlI. '


Comercio y sus ag/'egados.


19;0 En vano la agricultura pruduciria en abundancia malerias
primeras; en vano la industria, elaborándolas, las proporcionaria á
las necesidades sociales, si los consumos no alimentasen su repro-
dnccioll periódica. El comercio encargado de facilitarlos, traspor-
tando á los mercados donde eseasean, los frutos y esquilmos de In
tierra, en bruto tÍ. manufacturaúos, es bajo este concepto un auxi-
liar necesario de la agricultura y de la indnstria, digno por lo mis--
lOO de una proteccion tanto mas eficaz, cnanto que sin ella seria
mútilla que á las otras dos profesiones se dispensase. En materia
de comercio, corresponden á la autoridad soberana las mas de las
medidas de proteccion relativas á las cosas. A las autoridades en-
cargadas del gobierno civil de la provincia tocan mas particular-
mente las relativas á la,; personas, á saber: favor y amparo á la:;
que f~1 comercio obliga á trasladarse frecuentemente de Ulla parte a
olra, comodidad y baratura cnlas posarlas, seguridad en los cami-
llOS, faCilitad de llevar armas elljue crea necesitarlas, y la supre-
SiOll, en fin, de todas esas Yejaciones odiosas, que se han inventado
a protesto de la refrenda de los pasaportes, y de que se hablará en
el capítulo de la policía. Entre las medidas de proleccion que cor-
responden al gobierno superior. la mas importante, que es abril' y
mantener al comercio comunicaciones fáciles y poco dispendiosas,
sea por tierra ó por agua, exige asimismo la cooperacion franca y
asidua de los subdelegados de Fomento, en los términos que se es-
presarán en el capitulo de caminos y canales,


20;0 De la misma se necesita para'acelerar el beneficio de la uni-
forml(lad de pesos, medidas y monedas. Los gefes locales deben in-
formal' á la comision nombralla con este objeto. no solo de las ,a-
riaciones Ó diferencia~ generales que se notan en esta parte en sus
provincias respectivas, sino de otras Ilue forman una l1lultitud de
anomalías cspeciales en medio úe las anomalías COlllIlIlCS, y que
presentan por donde quiera el doloroso espcclúcu]o del desúrden y
de la confu~iol1. No- bastó, ea efecto, que hniJiese libras de doce 011-
zas en uIIa pl'Ovincia, mientras ¡¡ne ell la \'c~jBa eran de diez y
set,,: f!l.é menester para (¡Ile la complic3cjo!t fueoc mayol', y que !IO
se pudlcse salir dellaberin to (Iue ella formaba, Ifue dc al[uella ml,;-
ma libra cscepcional de lioce onzas se compusiese para la elHllpr¡\
y "pnta d() c!f'rtn~ artículos una libra doble ó triple, dC' que I\',ul-




APE.\ OlCt: N¡HIE¡lO 2. ,) 87
la halJerlas de do('e, veínle y cuatro y treinla y ::óeis ouzas Gada
una. Aun en Castilla, donde es de diez y seis, hay pueLlos en (lue la
llamada carnicera (porque es la que se emplea para pesar carue;,
es doble, y tiene lreinla y dos onzas, si se trata de \aGa, carnero u
macho, y sesenta v cuatro sí de cerdo. Y como sí es las diferencias
no embrollasen ya lJastante la malería, en un mismo lugar, sin sa-
lir del pescado, se venden ciertas clases de él por libras de diez y
,;eis onzas, y otras por libras de treinla v dos. En una parte se ven--
de el aceite y el vino por peso, y en otra por medida, siendo de
!lotar que la diferencia entre el peso y la medida es á veces mayor
que la quc existe en los áridos entre la medida colmada y la raida,
y en los líquidos entre la medida sisada y la que no lo es; y no ohs-
tante hay pueblos en que los líquidos particularmente se vendell
al mismo ttempo por peso y por medida,' á pesar de la enormidad
de esta diferencia. Pero ¿qué mucho quc, apoyada en los habitos
antiguos, se sostcnga entrc las clases poco ilustradas esta variedad
iradieional, cuyos inconvenientes nu perciben los cspíritus vulga-
rcs, cuando, entre banqueros, los cambios con París, por ejem--
plo, se aj ustan en doblones de plata vieja y en libras tornesas, mo-
nedas que no existen en España ni en Francia, y quc por sus frac-
dones complican las cuentas, y ohligan á una multitud de reduc-
Gioncs? Este sistema absurdo, que solo puedc sostenerse mientras
los errorcs sancionados por la rutina eran respetados como los
principios consagrados por la espcriencia, va á dcsaparecer inme-
diatamcnte. Los sub1elegados de l'omcnto, no solo suministraráll
los datos necesarios para formar la historia de estas anomalías, ori-
gen de confusion y causa, por tanto, de ruina, sino que desde luego
empezarán á prc\'enir lo conducente para quc las disposiciones que
.an á dictarse, protectoras dc la convcniencia comun, y conforllle~
ú la ruzon universal, no esperimenten la resistcncia que cncontra-
!'on a menudo todas las que se dirigieron á estirpar crrores C!l\e-jccidos. Cua~l(lo una YCZ llega á desquiciarlos la fue~7,a de la razoll
y de la autondad, cl mundo, avergonzado de halJer Sido subyug:,do
]lor ellos, contribuye á acabar de derrocarlos.


'21.0 Las ferins y mercados debcn fijar particularmente la atell-
cion de los subdelegados de Fomento. En cstas reuniones, cl co-
mercio especula, los consumidores se proveen dc objetos que la
concurrencia suele nbaratar ; yel impulso que esta circunstancia
da á los consullIOS cs UI! estímulo para la produceion y un gran ele-
mento dc vida industrial. Las reuniones frecuentes de compratlo--"
res y vendedores multiplican tambien las relaciones de pueblo ;i
Jlucblo, y aun de provincia á provincia, y mantienen un movi--
miento generalmente útil. Importa, ¡JUeo, favorecerlas, conceder-
les todas las facilidades posibles, y mirarlas corno un medio dc
prosperidad.
~!2.o Con el mismo fin es cseneial favorecer y anilllar á los COII-
s~lados y juntas d.e comercio, de cuya mejora ya a ocuparse jnm~­
,]¡atamcntc cl gobleruo. Los consulados proporcionan a las tran--
~acciones mercantile5 las ycntajas especiales dc una pronla justi .




88 llIOGHAFIA.
e!a, administrada por jueces de la profesion. Las juntas de comer~
CIO pueden favorecer el desarrollo de la misma, removiendo obsta-
cul~s que hasta ahora limitaron su ejercicio. y rodeando estas ocu-
pacIOnes de cierto favor. sea por la idea de los beneficios que ellas
producen, :;ea por la consideracion qe que por lo comUI~ gozan los
qu~ las obtienen, sea por las garanhas que pueden dar a los eapi-
ta)¡~tas que se asocien á empresas industriales, sea, en fin, por la
eqUidad protectora que la intervencion de dichas juntas puede ase-
gurar en el repartimiento del subsidio mercantil. Los subrlelegados
de Fomento contribuirilll. pues, á la prosperidad del comercio. cui-
dando de dotar sus provincias de estos establecimientos que deben
a~elerarla, y de dirigir al gobierno sus observaciones sobre el mo-
do de mejorar los que existen.


CAPITULO IV .


. t1inaías y sus agregados.


'.23. o La direccion general de ~linas se ocupa de rectifIcar algu-
nas de las disposiciones dictadas ya para la mejora de este ramo,
que los subdelegados de Fomento de algunas provincias meridiona-
les deben particularmente promover. Pero e mayor bicn que tie-
nen que hacer en esta parte es favorecer la investigacion y es-
plotacion de los carbones minerales. de que la industria saca hoy
tanto partido, y que no hay medios de reemplazar con otra espe-
cie de combustible. No hay quien ignore los prodigios del vapor,
IIue aun á despecho de lo~ vientos empuja los buques de una es-
tremidad á otra del globo. Sin esta sustancia, mas preciosa aun por
la importancia y la estension de sus usos, que muchos de los me-
tales que se buscan con tanto aran, no podrían carros cargados cor-
rer largas distancias á razon de un cuarto de hora por legua, ni
moyerse multitud de máquinas, cuya accion económica y rapida
)Jone hoy casi todos los productos elaborables al alcance de las mas
limitadas fortunas. Esta prodigiosa fuerza motriz, multiplicable á
lo infinito, alza de los rios copiosos raudales, capaces de fecundi-
zar vegas muy elevadas sobre el curso de las aguas, y basta para
obrar trasformaciones que, sin ella, se reputarian imposibles. Es-
plote en buen hora el lIlteres individual. aguijado por la perspec-
tiva de utilidades inmediatas, las minas de plomo, de c~br9. de hier-
ro, y las demas que tanto bien promneven en las provlllclas en que
abundan; pero la accion de la arlministracion diríjase especialmen-
te a buscar ese fósil inapreciable, agente poderosísimo tle riqueza,
v sin el cual apenas puede desenvolverse en grande ninguna in-
dustria. Ensayos. premios, construccion de ramales para conducir
los carbones desde los montes que los crian. á las fábricas que han
de consumirlos, Ó á los puertos por donde pueden esportarse; nada
se perdone. nada se economice para asegurar los inmensos benefi-
cios de la aplicaciol1 de aquel combustible á las necesidades de la
(ahricacion. Los sllhdelegad05 de Fomento tienen en este ramo nm-




APEND1CE :'iUMERO "l.o 89
eha gloria que ganar, y muchos medios de merecer la helleYolell~
cia del gobierno.


U.o Las canteras pueden contribuir á alimentar en ciertas pro-
vincias una industria mas ó menos útil. Hay algunas en que abun-
dan rruírmoles y jaspes esquisitos, que realzarian el brillo de los
templos, adornarian las casas y los jardines, y hermosearian las
plazas de las grandes ciudades, en las cuales ya eternizaria el
mármol á los hombres célebres de que se honra nuestra patria, si
no hubiésemos de traerlo de fuera con grandes dispendios. Ade-
mas de alimentar una gran fabricacion nacional, pueden esas pie-
dras y otras muchas que la naturaleza sembró con profusion en
nuestras montañas, concurrir "entajosamente con las de otros
paises en los mercados estrangeros; y aun las piedras de cons-
truccion seran una riqueza, cuando buenos métodos de esplotacion
y huenos caminos para su acarreo, permitan emplearlas en lugar
de otros materiales menos sólidos y mas costosos. Es esencial que
los subdelegados de Fomento indaguen las riquezas de esta clase
que produzca el territorio que gobiernen, y empleen todos los me-
dios posibles para utilizarlas. Ningun obstáculo resiste á la lar-
ga a la accion constante él ilustrada de la administracion.


CAPITULO V.
Ayuntamientos.


25.0 Los ayuntamientos son el conduelo por donde la accion
protectora deI gobierno se estiende desde el palacio del grande á
la choza del labrador. Por el hecho de ver en pequeño todas las
necesidades, pueden ellos estudiarlas mejor, desentrañar sus cau-
sas y remedios, y calcular exactamente de qué modo y hasta qué
punto influye una medida administrativa en el hien ó en el mal
de los puehlos. Deben, por tanto, ser constantes y frecuentes sus
relaciones con los subdelegados de Fomento, sus gefes inmedia-
tos, los cuales, por su parte, deben ver en los ayuntamientos los
cooperadores natos del bien que esta n encargados de promover.
Facilitará notablemente los beneficios de la cooperacion el cuida-
do que los subdelegados pondrán en averiguar desde luego 108
recursos públicos destinados a las necesidades de cada localidad.
Ademas de los pósitos, sohre los cuales quedan hechas adverten-
cias particulares en el articulo 5.° de esta instruccion, cuidarán
especialmente de averiguar cuáles son las rentas de los prorios de
cada pueblo, en qué consisten, cómo se recaudan. cómo se lIIvier-
ten; SI se hallan completamente cubiertas las obligaciones á que
se debe ocurrir con sus productos; si hay algunas postergadas ó
desatendidas, ó que puedan ser socorridas de diferente manera, y
no pesar sohre aquellos caudales. Al mismo examen someterán
los arbitrios municip<1Ies, averiguanín en qué época se estable-
cieron, con qué Objeto, por qué tiempo, con qU(~ condiciones; si
(·.ollviene suprimirlos ó continuarlos, y todo lo demas quC' conduz-




¡¡¡OGRAFIA.


I.:a ,1 que el gobierno forme un juicio complelo sobre esta impor-
tantísillla parte del servicio público, de cuyo arreglo dependen
mejoras consíderables en la suerte de los pueblos.


'26. o Una ley, que actualmente se elabora, dispondni. lo conve-
!liente para refundir en una la multitud de categoría~ de que se
componen los ayuntamientos actuales, donde, ocasionando una
I.:onfusion la8timosa, y acusando de desórden á la administracion,
se ren regidores perpetuos, vitalicios, bienales, añales; nobles por
cOllstitucioll unas veces, plebeyos por cOllstitucion otras; síndi¡;os
de yarias denominaciones, diputados, etc., presididos ora por le-
trados de fuera que no conocen las necesidades ni los usos locales.
ora por alcaldes ordinarios ó pedáneos que, aunque sacados por
lo comun de las clases laboriosas, no sabiendo leer las mas ve-
ces, administran la justicia, no sin gravc detrimcnto dlOl fispelo
que le es deuido. Mientras cesan estas deplorables y ruinosas ano-
malías, los subdclegados de l"omento se aplicarán á atenuar su~
tristes efectos, y desde luego formarán estados de la composiciun
de cada ayuntamiento, en que se espresará el numero de regido-
res, síndicos, diputados y demas que le compongan; si los oHcios
SOil perpetuos, y en este caso, cuál es el precio á que se venden,
v qué proporcion guarda este con el de su egresion; si son aña-
ies. bienales, ó servideros por un periodo mas largo ú mas corto,
r en este caso, si turnan entre todos los vecinos, Ó se reparten por
¡nitad, ó de cualquiera otro modo, entre el estado noble y el llano;
espresando si esto se verifica con igualdad entre los individuos de
ambos estados, ó hay en favor de unos ó de otros alguna dístin-
cian ó [lrerogatira. Servirán de apéndice á estas relaciones las
noticias concernientes á otros oficios, anejos unas veces á las re-
I)idurías, y otras separados, como alguacilcs mayores de la ciudad
o del campo, alcaldes de la hermandad, corredores de varias cla-
ses. escribanos de cabildo, etc.
~j. o A \os ayuntamientos corresponde la policía municipal, en


la cual esta comprendido el ramo de abastos. en que hay abll~os
envejecidos quc es urgente desarraigar. Todavía gimen muchos
pueblos bajo el peso de la ta~a de los come,stibles de toda especie,
traba absurda que es un manantial inagotable de vejaciones, y un
pretesto permanente de estafas. Los subdelegados de Fomento no
creerán, pues, que han intervenido complctamente en la Jlolicía
municipal,con solo haber estimulado á los cuerpos encargados de
ella á que proporcionen á los pucblos fuentes saludables, empe-
drados cómodos, alumbrado en las calles, solidez en las construc-
eion('s, ni ocupádosc ellos mismos de otros mil oujetos de scguri-
dad, aseo ti comodidad; sino que dirigirán muy particularmente
su ateneion á hacer cesar el de,ónlen de posturas arbitrarias lh\
comestibles, y removerán sin descanso cuantos obstáwlos se opon-
gan á qnc los [Juehlos,lo¡;ren este irnportantl: ])(:I,ICficio, entretan~o
que la ley que se, ya a (hetar sobre la matena lIja las reglas llIl!-
formes que deheran obscn'arse sobre ella.


'!S," Enil'n(\er y decidir en las dificultall\':;, [lHjuieio> ti rCc!il-




91
lIlaCiOlles relali\as ti las elecciones de avuntamiento,; y sus itlci-
ciencias, toca csclusivamenle á los subdelegados de l/omento, que
en su caso instruirán los oportunos espedientes gubernati\ os, y
los determinarán con arreglo á las leyes de la maleria, ínterin se
simplifican estas, y se demuestra, por el simple tenor de su redac-
cion, que ninguna relacion tiene este ramo con las atribuciones de
la jnsticia.
~9." La sanidad escitará la solicitud paternal de la administra-


cion, que desde luego trabajará en reunir los datos propios para
que las precauciones destinadas á impedir la propagacion de las
enfermedades contagiosas surtan su efecto, sin perjuicio de otros
intereses. Hasta ahora se limitó comunmente la inspeccion sanita-
ria á los contagios importados por la vía de mar. Pero las atribu-
ciones de este ramo no deben quedar circunscritas á tan estrecha
esfera; y proponiendo al gobierno lo conveniente para que se
mejoren y uniformen las medidas para evitar la lIltroduccion
'! üirculacioll de los contagios {míticus, deben los subdelega-
dos de Fomento estender su Yigilancia á las demas enferme-
dades epidémicas, que hacen estragos, á nces iguales á los
de la peste por su intensidad, y á veces superiores por Sil fre-
cuente rcproduceion. Las viruelas son la primera y la mas de-
soladora de estas plagas. La inoculacion de las naturales pudo eOIl
avariencia de razon ser resistida, puesto que muchos niños eran
vletimas de ella; pero la de la vacuna no hace temer tal incon-
veniente, y conviene por tanto generalizar sus beneficios. Para ello,
adoptarán los subdelegados de fomento las !lwlidas mas eficaces,
y entm otras la de no permitir que concurran á las escuelas gra-
luitas de primeras letras los niños que no presenten certiílcacio-
J]CS de estar vacunados. Las tercianas, endémicas en ciertos pai--
ses y estaciones, son otra de las calamidades de este género que
una administracion vigilante debe apresurarse á estirpar. Con dar
salida á las agllas estancGdas , y proporcionar al pueblo en un tra-
bajo constante los modios do alimentarse bien, se habra en gene-
ral hecho mucho para impedir estas epidemias, que ordinaria-
mente no se esticnden ni malignan sino en los territorios donde
soles ardientes yaguas estancadas vician la atmósfcra, y donde
los malos alimentos contribuycn á hacer mas mortífera la aspira-
cion de uu aire me(jtizado. La accion de cualquiera otra causa lo-
cal puede ser igualmente combatida por medios análogos, y fre-
cuentemente con solo emplear los higiénicos que sean mas apro-
piados á la situacion del pais y ú las influencias de la estaciono


30. 0 Entre las providencias de salubridad, complemento esen-
cial de las medidas sanitarias, hay una importantísima, que es
la de constl'llir cementerios donde aun no existan, para que las
eshala0iones de los muertos no infesten el aire que han de respi-
rar los vhos, y no aumenten asi las epidellliai, que ú veres ad-
quieren por esta sola causa una asoladora intensidad. La adlllinis-
lracion celará particularmente para que, donde aun !lO los haya,
se levanten al punto estos asilo,; de la muel'le ; ~ohre ¡¡He "ean 50-




92 IlIOGllAFIA,
metidos á una policia severa, y sobre que, en lo~ depósito~ de
los cadaveres • en los entierros yen las exhumaciones, se observen
las reglas que la esperiencia ha revelado ser necesarias, entre
tanto que estas se fijan en una ley particular.


:n,o La inspeccion administrativa en todo lo relativo á sanidad
y salubridad no se limita solo a mirar por los hombres, sino que
se estiende al cnidado de los animales de toda especie, Con pre-
sencia de las circunstancias locales que se suponga haber influido
en el desarrollo de una epizootia , y oyendo el dictámen de médi-
cos hábiles, y aun de veterinarios inteligentes, se podrán en cada
caso dictar las medidas convenientes para atajar la ¡wopagaciolJ
del contagio, cuya destruccion es un medio de prosperidad, y un
estímulo particular para la agricultura, que sin ganados decaeria
muy rápidamente,


CAPITULO YI.


Policía general.


3'~," Un error deI,llorable hizo que se desconociesen en muchas
partes del reino las III te!lciones generosas que \lresidíeron al esta-
blecimiento de la policía, organizada al prinCipio lmra enfrenar
el crimen, y que la inocencia viviese tranquila, En algunas pro-
vincias, mientras malhechores conocidos salian á los caminos con
pasaportes en regla, se exigian formalidades odiosas para darlos
a vecinos honrados que exhibian sus carlas de seguridad, A(IUi UIl
gefe de policía obligaba á los viager?s a comparecer en persona
en su oÍlclIla ante un oscuro dependiente, Illolestamlo aSl a los
fatigados, y humillando á los distinguidos, Allí se multaba á un
desventurado arriero porque, habiendo llegado á deshora á una
posada, no cuidó de hacer refrendar un pasaporte que ¡no habia
quien refrendase, l'ara darlo á un titulo de Castilla, se le pedia en
algunas parles una fianza, que podia ser, '! era á veces, la de
su tabernero ó su sastre; en otra se exigia la superflua ó coslo-
sa intervencion de un agente de policía, (¡ la presentacion per-
sonal , ú otra multitud de requisitos inútiles cuando mcnos , y ca-
~i siempre literal y esplkílamente contrarios á los reglamentos.
Ya S, 1\1. la reina Cobernadora ha mandado su refundicion, (¡U('
se hará en términos ¡Je que no se reproduzcan mas tan funeslos alm-
sos; pero entretanto importa que los subdelegados de l'omento
se penetren de la idea de que sus atribuciolH\S , como gefes de la
polieía, SOIl las de una magistratura de helle/iceneia y proteccion,
tlue Illas que ninguna otra exige deferencias, ateneiones y obse-
(luios háeia las personas con quienes tenga que tratar. Severidad
elln el crimen, indulgcn('ia eon el l!eseuido ó la llaqlwza, rC8pe-
10 ú la inocellcia, miramirnlo ('OH e\lanlo~ llCglll'1l á invoear ~If
jll~tida <Í ~Il liml!· ; tal l1('h(' ~(,I' la di\'i~¡í (1(' la po\icía que, n¡.




!J3
por a~ciuenle •. deb.c dt'sholl.ran;,~ con acciones q~e presenten apa-
rIenCia tic arlJltranedad . 1Il mucho menos de VejaClUll. Los regla-
mentos (¡ue van ú refundirse pronunciarán la pena de tlestitucion
inmediata, y la illcapacidad absoluta de volver a senil' ningun otro
destino, contra el empleado de polida que someta á cualquiera
individuo á otra obligacion ó formaliditd que aquellas que, en el
interes del órden y (lel reposo público, se autoricen ó prescriban
rsplícitamcnte en la legislacion del ramo.


33." lino de los beneficios mas importantes qne han de deber los
pueblos á la vigilancia de la admillistracion , es la estirpacion de
los ladrones que infestan los caminos, y que hacen mirar como
una dt~,;graeia la necesidad de emprender un viage. A la policía
toca curar esta llaga vergonzosa y funesta, y lo logrará en breve,
sin duda, con el empleo simultáneo de todos los medios que á ello
conducen. Estos medios son preventivos y represiyos. Los prime-
ros consi6ten en conocer completamente la situacion de cada pue-
hlo. y el modo de yiyir y los hábitos de sus moradores; observar
á los que, sin motivos conocidos, hacen freeuentes salidas de su,;
domicilio" , Ú no dejan adivinar á sus compatriotas los recursos
con que pro\e.en á su subsistencia; recomendar estrechísirnamen-
te á los encargados de la administracion municipal que sigan los
pasos de los sugetos que se hallen en uno ú otro de aquello, casos,
y que informen sobre ellos semanalmente al gefe de la admlIlistra-
don provincial; cuidar de que no falte habitualmente trabajo á los
jornaleros, ni socorros cuando el rigor de la estacion no les per-
mita trabajar; disponer que con la frecuencia necesaria haga la
autoridad lIlunicipal de cada pueblo recorrer su término, infor-
marse de las gentes sospechosas que lo atraviesen, seguir sus
huellas, reconocer sus pasaportes, y asegurarse, en fin, de que
nada hay que deba turbar el sueño de sus gobernados. Los me-
dios represivos se reducen á poner en lIlovimiento, apenas se
anuncie un robo, la fuerza necesaria, sea de tropas de línea, ó
de paisanos armados. que reconozca los sitios en que se cometió
el crimen, registre los escondrijos contiguos, y siga el rastro del
malhechor ó malhechores hasta entregarlos en manos de la justi-
cia. Esta obligacion no será peculiar del pueblo en cuya jurisdic-
cion se consumó el atenta(lo ; será comun á todos los situados en
un radio de cuatro leguas, de donde se h~rán ojeos combinados,
de que no pueda escapar el facineroso. El sacrificio á que, por este
movimiento, se sometan los pueblos será superabundantemente
comIJen'lado con la seguridad de sus personas y propiedades;
con as ventajas de que puedan concurrir á ellos los viageros que
quieran hacerlo por necesidad ó por placer, y con el honor del
territorio, que se compromete y mancilla cuando en él se atenta
impnnemente á la paz de los viageros y de los habitantes. La prOB-
ta destitucion de la autoridad municipal que no cuide de este inte-
res precioso, ó que, cometido el delito, flO dé al público y á la au-
toridad superior la satisfaccion conveniente en la aprehension de
~us autores, será una garantia de que en lo sucesivo se emplea-




9i BIOGRA FIA.
ritn todas con mas celo que hasta aquí en destruir el salteamien-
to. terror de los pueblos, que aisla, y de los transeuntes, que des-
poja, y oprobio de la administracion que lo tolera.


34. o S. 1\1. la reina Gobernadora quiere que nino'una preven-
cíon especial se haga en esta instruccion relativa á la alta policía.
S. M. se lisonjea de que, generalizados los beneficios que una ad-
ministracion paternal debe producir, no habrá maquinaciones con-
tra el reposo de los pueblos, ní por consiguiente necesidad de otras
medidas de policía que las puramente administrativas, dulces y
protectoras, como deben ser siempre todas las que emanan de ulIa
huena administracion.


CAPITULO VII.


lnstruccion pública.


35.0 Los agentes superiores de la adminislracillIl provincial
tropezarian sin fin con los obstáculos que por donde quiera les
suscitaria la ignorancia, si desde luego no aplicasen todos sus es-
fuerzos á combatirla y desterrarla. Con este objeto, dispensarán
!Ina pll.0teccion especial á la instruccion primaria; y, partiendo del
principio de que ninguna medida puede á la larga influir mas en
la suerte de la sociedad, harán destinar á la dotacion de estas es-
cuelas los fondos públicos de que puedan disponer. Si con ello" se
atiende á otras necesidades, cuyo remedio no contribuya tanto al
bien comun , los subdelegados de Fomento las postergarán sin ti-
tubear, en el caso de q tiC su celo no encuentre en otra parte me-
dios para cumplir con todas. De cualquier modo, cada pueblo de
cien vecinos debe tener una escuela de primeras letras, en la
cual, como en todas, se establecerá tan pronto como sea posible el
método de Vallejo, que tan visibles progresos permite hacer en la
enseñanza. A los gefes de la administracion toca proporcionar los
cortos medios que exija su plantilicacion, sea de las localidades
lIlismas , ó de fondos generales de la provincia, de limosnas, de
dones, de préstamos, tle arhitrios especiales, de cualquiera par-
te, on fin, de donde, sin perjuiciode tercero, se pueda sacar. No bas-
ta' para dejar de cumplir esta obligacion, decir que no existen re-
cursos, ni formar un espediente de que resulte que se han prac-
ticado Sill fruto diligencias para encontrarlos. La autoridad tiene
siempre mil á su disposicion. y la habilidad descubre una mina
inagotable de ellos donde ninguno sospechaba la ignorancia. Con
los productos de una diversion pública de algunos dias allanó el
conde de Aranda los barrancos que separaban á Madrid del sitio
del Buen-l\etiro , y los convirtió en un paseo magníJico. Con re-
cursos que en otras partes se desperdician, han construido fuen-
tes algunos corregidores celosos, han empedrado las calles, y han
realizado otros benelicios , (¡ue la pereza apoyada en la rutina ha-
hia de tiempo inmemorial calificado de imposibles. Coa medios




.l.PE~DICE N[J~(EI\O 2. () n" u;)
idénticos ó análogos, se pueden establecer escuelas de dibujo y de
geometría, y sin mas que dar á la compasion una temlencia útil;
con solo reunir en un fondo comun los dones con que una cari-
dad poco ilustrada alimenta, en enjambres de mendigos, planteles
de facinerosos, se pueden hacer en una provincia bienes qne le
allanen en pocos meses los caminos de la prosperidad, y aun in-
mortalicen cl nombre de su autor. No hacerlos sera una falta, cuan-
do no nn dt'lito.


36. o Entn~ los me/lios de difundir la instruccion, hay uno muy
sencillo, y que, liS aria con intcligencia, noocasionaritrle,;embolsos.
Tal es el de establecer en las capitales de las provincias peri<Ídieo~
que traten tIc sus intereses, que discutan el modo de utilizar los
recursos locales, que revclen it la administracion los medios de
propagar las industrias á que convide la situacion dt'1 pais, ó la na-
turaleza de los productos de su suelo, qne desenvuelvan la conye-
nieneia rle las medidas que para lograr este ohjeto emplee el go-
hierno, que familiaricen, en fin, á todos los habitantes COIl los COIIO-
eimientos que conducen á la prosperidad. Entonces se cOllcurrini.
con ansia á ulla escuela en que se enseñe el arte fácil de medir las
tierras, de aforar los líquidos, de combinar la elegancia con la so-
lidez en las obras de carpintería; entonces pedirán todos qne se
destinen á la enseñanza fie estas artes, ú otras aplicables a las pri-
meras nece8idildes de la vida, los arbitrios que hasta ahora dolaron
las escuelas de latinidad, cuyo estudio, aunque abra la puerta it
profesiones máS elevadas, es menos urgente favorecer. Los medios
de costear un periódico los hallará sin grande esfuerzo el intercs in-
dividual, por poco que la administraciollle auxilíe ó le recomiende,
y con tal de que en él se cuide deglliar y desen\'oher el espíritu de
mejora, qne cs la tendencia particular de la época presente. Cen-
~orcs j nieiosos desterrarán de un papel destinado a rectificar las
irleas y á promover todo lo que sea bueno y útil, los chismes odio-
sos, las alusiones malignas, torlo aquello, en fin, que no conduzca it
su útil propósito, ó no se concilíe con el honroso encargo dedifundir
las I'lces y de promover la prosperidad. El periódico que, con el tí-
lulo de Diario de la Administraciotl, va á establecerse en Madrid,
dara ancho campo á las observaciones de los escritores de las pro-
vincias, y tí las aplicaciones locales de los principios que en él se
proclamen.


37." Al mismo tiempo que la publicacion de periódicos, conven-
drá fomentar la prensa provincial, facilitando por todos los medios
posibles la [lublicacion de huenos libros nuevos, ó la reimpre~ion
de los antiguos. Censores ele conocida inslruccion, de realismo es-
perimcntado se ocuparan en examinar, con la celeridad que sea
compatible con el buen desempeño, todos los escritos cuya impre-
sion se solicite. Permitirán presentar en ellos planes de mejora,
discutir ó impugnar lo;; que otros formen, y estender todos los co-
nocimientos útiles, que tanto deben contrihuir it la illIstraeion y á
I~ ventura general. Una ley especial, que se esta esll'ndienrlo, fija-
ra las reglas que fiehen gobernar este ramo, para que se disfrute




!Hi BlOGRAFlA
la libertad racional, que es un elemento de ci, ilizacion, sin riesgo,
ni aun remoto, de que degenere en licencia.


38. o Las academias y asociaciones cientificas y literarias de toda
especie pueden contribuir poderosamente á difundir la instruccion.
Los subdelegados de Fomento las promoverán por cuantos medios
estén á su alcance, é intervendrán en la formacioIl de sus regla-
mentos , que con su informe motivado remitirán á la aprobacioll
del gobierno, sin cuya sancion esplícita no podrán llevar:;e á efecto.


CAPITrLO VIII.


Sociedades económicas.


39.0 La creacion de sociedades económicas fué un es celen te
llensamiento, de que por efecto de muchas circunstancias particu-
lares no se ha sacado el partido con que se contó á la ereccion. Es
necesario que todos los ohstáculos que hasta ahora lo impidieron,
desaparezcan á la YOZ de una soberana decidida á proteger todo lo
que es útil, Para ello los subdelcgados de.Fomento anunciarán, por
una circular á las sociedades económicas que existan en sus pro-
vincias respectivas, que la intencion de la reina Gobernadora es que
se ocupen regular y periódicamente de los objetos de sn instituto.
En el mismo papel las exortarán á hacerles conocer sus recursos,
la proporcion en que se hallan estos cou los bienes que se han pro·
puesto promover, 10s que han dejado de hacer por falta de medios,
los planes de mejora que tengan pendientes de la decision sohera-
na, y todo lo demas que conduzca á que la resurreccion de estos
cuerpos contrihuya á las miras benéficas del gobierno, enunciadas
en esta instruccion. Al mismo tiempo, averiguaran qué sociedades
económicas ~xistieron antes en sus provincias; por qué dejaron de
existir, y los términos en que convendria proceder á su reorgani-
zacíon. Los subdelegados remitirán inmediatamente al ministerio
de mi cargo relaciones bien circunstanciadas de lo que de estos in-
formes resulte, para proponer á S. ~1. la reina Gobernadora las me-
didas que en su vista convenga adoptar.


-iO.o Entretanto, dichos subdelegados entablarán con las socie-
dades que existan relaciones francas y frecuentes, á las cnales de-
berán sin duda muchos de los conocimientos que en esta instruc-
cionse les previene adquirir. Con ellos podrún desde luego dedi-
carse á promover algnnos de los bienes que por la misma se les re-
comiendan, puesto que apenas hay una mejora que hacer en las
provincias, de que no existan uno ó mas proyeGtos en los archiros
tle dichos cuerpos. Desenterrándolos, encontrarán datos importan-
tes, combinaciones útiles que, prévia la conveniente rectificacioll,
les servirán para presentar al gobiClno trabajos completos sobre el
mérito de los proyectos formados. Los encargados de la adminis-
tracion local no se desdeñarán de alistarse en las sociedades, don-
tic conferencias yerbales los pondrán mas pronto en estado de for-
mar juicios definitivos, que largos y complicados espellicnles. En




APE:'iUIr:r. :X¡;)IEIIU ~."
estos cuerpos, suelen reunirse todos los hombres benéficos de calla
ciudad, que si tal vez se desalentaron porque hubieron de luchar
constantemente con obstáculos insuperables, sentirán renacer su
celo al yer que la administracion los protege, se asocia ti sus ta-
reas, y muestra asi interesarse en que las corone un éxito feli·z.
Esta sola cOllsideracioll hará sin duda que, á los indiyiduos que hoy
pertenecen á estas asociaciones, se agreguen todos los hombrú
capaces de contribuir al mismo propósito, y este refuerzo 'de SUf!:('-
tos idóneos, animados por un patriotismo puro, facilitará la subrli-
YÍsion de los encargos, y esto contribuirá á dar ti los negocios toda
la instrnccion clue necesiten, y á que la autoridad superior pueda
decidir sobre e los con conocimiento completo de causa.


41. o Ademas de las sociedades económicas, eu y a ocu pacion ba-
hitual es ó debe ser promover mejoras generales, cxisten cn mu-
chas partes otras juntas encargadas de objetos de comcniencia lo-
cal, como del cuidado de una escuela de primeras letras ó de dibu-jo, de un cauce para el riego de algunas tierras, u otros sempjan-
(es ú atúllogos. Lo:;subtlelegados de }'omento se pondnin inmediata-
mente en relacion con estas juntas; se enter~rán de su composicion
y de los recursos con que cuentan; reformarán sus ahusos, cuida-
rán de facilitarles tallos los medios que esten á su alcance), y se
asociarán á sus operaciones para hacer que el bien de que estall
encargadas se aumente), "e acelere ó se complete, por la coopera-
eion franca y cordial de la administrarioll.


CAPITl'LO IX.


Ifospirios, f¡o"pil((ll's 1/ rstrl/Jlrrilllicnfos di' bCil('ficl'llcia.


1.2. 0 En el exámen detenido y pronto arreglo de estos estableci-
mientos pueden los subdelegados de Fomento justificar desde lue-
go ia cleccion que de ellos ha hecho S. M. para cuidar de los inte-
reses de sns pueblos. Evidente es que si el labrador rohusto, el
capitalista opulento, y el espl'culador activo necesitan del favor y
de la proteccion conslante tlel gobierno para adelantar sus intere-
se:; y mejorar su condicion, mucho mas lo necesitan el pobre jorna-
lero, it quien la enfermedad postra en cllecho del dolor; el anciano
indigente, ri quien la etIad niega el consuelo y los auxilios del tra-
bajo; el niiio recien naeido, á quicn las preocupaciones ó la cruel-
(];¡d de sus padres condenan á chupar los secos pechos de una no-
driza mcrcenaria; el desventurado, en fin , it quien la ley cantina
cn un encierro, mientras se conlinnall ó se desvanecen los indicios
([ue le acusan de haberla infringido. La privacion de la libertad en
Citos, la enfcrmedad en aquellos, la impotencia senil en unos, la
clehilidad infantil en otros, son necesidades que reclaman cada dia
y it cada paso la mano benéfica de la administracion. Sin embargo,
los socorros que por donde quicra dispensa ella á esla y otras cla-
~es que lo necesilan igualmente, se vuelven alguna HZ en c.Iaiiu
To~o 1. j




:18 IlIOCRAI'l.\.
tle los ~oeor\'i¡jo~ , y la eama del h05pital , y la cuna de In (;a~a ti"
espúsitos, suelen ser eSl~al()nes para la tumba. Importa altamente
qlle los enormes gastos que ocasionan estos establecimientos. sr.
ordenen y dirijan en beneficio de la humanidad; qne el espiriln
de caridad reemplace al de especulacion • y á los desdenes de la
indiferencia fria el esmero de la compasion fogosa. Imporla, sobre
Lodo, que en "ez de hacinar enfermos en vastos edifieios, donde
es casi imposible socorrerlos convenientemente, se les asista en
~us casas, donde el esmero conyugal y las atenciones filiales con-
tribuyan á la euraeion. Con presencia de los datos qne sobre la si-
tuacion de esta clase de establecimientos en cada provincia reu-
Ball y ~resenten sus snbdelegados de Fomento, con consideracioll
;i lus habitos de cada una, á sus recursos, alllúmero de indiri-
duos que con ellos se socorran, á la clase de auxilio que se le!'
prestc. á las mejoras que por un lado puedan hacerse en la admi-
nistracion, á la estension que por otro pueda darse al socorro com-
pleto de las necesidades, se fijará un plan general, (lue sera, sill
embargo, susceptible de modificaciones locales, porque en esta
materia apenas hay otras reglas aplicables á todas las situaciones,
que las de «feunir en un fondo comun todos los arbitrios destina-
"dos al mismo objeto, y hacerlos administrar del modo mas senci-
))110 y menos CGstoso, bajo la inspeccion inmediata y directa de los
»a"entes superiores de la administracion.}) ¡3. o La organizacion de los hospicios no es solo importante por
los auxilios, que puede hallar en ellos la vejez desvalida. E510
aun mas porque en ellos deben recogerse y ocuparse los mendi-
gos y vagabundos que, fatigando la compasion á fuerza de esci-
larla , roban á la actividad menestero~a socorros f¡Ue , sin esa con-
eurrencia, jamas reclamaria en vano. Guiando á la caridad pública,
se puedc estirpar en breve esa plaga de la mendicidad, que inu-
tiliza y corrompe una clase numerosa, Que el habito del trahajo
haria en poco tiempo útil y apreciada. 'En algullos hospicios !Ir
han establecido ya talleres, en que se ocupan brazos, que antes
1\010 ~alargaban para recibir los dones que alimentaban su pere-
z:r~-Pero en pocas partes se ha completado el beneficio; tanto por
la penuria constante de fondos con que de muy antiguo luchan to-
t,los nuestros establecimientos, cuanto por los vieios de su admi-
nistracion interior, y sobre todo por el erróneo sistema, que no
hizo de las casas de beneficencia una atencion privilegiada de la
administracion general. Los talleres establecidos en algunas de
~lIas dcben desde hoy mejorarse y estenderse cuanto lo pcrmita la
situacion, para lo cual quedan indicados arriba muchos de los me-
dios que pueden emplear los snbdclegadosde Fomento, sin perjnicin
de otros que en cada caso les sugIera su inteligente patriotis-
mo. Todo depende del que muestren los hombres acomodados y
respetables, á quienes se coloque á la cabeza de los estableci-
mientos, cn los cuales, solo los subalternos que no tengan otro mp-
lIio de vivir, deben ser retribuidos. La dircccion de un hosricio,
euando se dl'~emp~fic gratuitamrnte, y de \lna manera útil a ali-




AI'E:'>/llCE :,>('MEIIO 2."
vio lle los pobres y Ú lo~ progresos tIe la industria. debe ser ro-
deada tIe una eminente consítleracion, y ser mirado el que la sir-
ve con el respeto tlebido á un magistrado. con el amol' debido ú
un padre. No es de esperar, en verdad, que todos los sugetos inde-
pentlientes por su caudal, y respetados por cl noble uso que dc él
hagan, se carguen gratuitamente con el peso tIc una administra-
don prolija; pero el patriotismo, cuando se sabe estimularlo, ha-
ce protliglOs, y entre hombres que nada necesitan y que á nada
aspiran, se hallarim bastaHtes sin duda que ambicionen el reco-
nocimiento de sus conciudadanos. A una administracion benéf1ca
é ilustrada, jamás faltarán muchos y muy útiles cooperadores.


U.o Hay en varios pueblos fondos que, destinados á objetos un
dia muy útiles, no podrian aplicarse hoy á los de su instituto, que
ya no existe. Hoy, en efeclo, no hay cautivos que redimir, leprosos
que curar, ni otros males morales y físicos, a cuyo remedio pro-
veyeron en otro tiempo diversas fundaciones piadosas. Es esen-
cial averiguar cuantas hay de esta especie en cada prorinci.l, có-
mo se administran, y en qué se invierten sus rentas; y ,'er si po-
drian servir para' el socorro de necesidades del dia , en las cuales
habrian tal vez fijado su atencion los hombres benélicos , que do-
laron los establecimientos de entonces. Con estos recursos podria
mejorarse la condicion de las inocentes víctimas de la debilttlad ó
del crimen, que por cuanto, sin culpa de ellas, las abandonaron
sus padres, tienen derecho á la tutela de la socie.dad. El abando-
no en que generalmente gimen, debe ser un e~tímul0 poderoso
para los magistrados, á quienes una reina aniniadade los mas
tlIantró~icos deseos, delega el honroso encargo de velar sobre to-
dos los mtereses sociales. '


45." Con los mismos medios, ú otros analogos, se podrian esta-
blecer asilos para )05 dementes, sobre cuyo destino se ve con
frecuencia embarazada la autoridad judicial. Contados son los hos-
pitales en que se les abriga; y la humanidad se estremece al
considerar el modo con que por lo general se desempeña esta alta
obligacion. Jaulas inmundas y tratamientos crueles aumentan (ler
lo comun la l)erturbacion mental de hombres que, con un poco
de esmero, podrian ser vueltos al goce de su razon y al seno de
sus familias. La administracion debe empeñar á médicos hábiles á
que planteen por su cuenta, como se hace en otros paises, esta-
blecimientos espaciosos, donde un régimen conveniente alenúe
cuando menos los rigores tIe aquella deplorable enfermedad. Su
curacion, mas ómenos completa, daria a los médicos que la intenta-
sen utilidad y reputacion, y multiplicándose, por la esperiencia que
ellos ad~uiriesen, los conocimientos sobre este ramo, podrian des-
pues aphcarse á los hospitales, y mejorarse asi progresivamente la
condiclOn de los enfermos de esta clase que en ellos se albergan,
y que no van alli sino á terminar mas pronto su desventurada
existencia. En esto, como en todo, hay mucho bien que hacer. Ha-
bilidad y perseverancia vencerán todos los obstilculos qUH á él se
opongan.




CAPITUL{) :(,
ClÍr('el~s y i'slablecillliclitos tle COI'l'<,uí/J11.


tili.° La policía de las prisiones debe escitar la saliGitud [lnkl'
nal do la atlministracion, Hay pueblos en que los presos no Yi-
Icn sino do 103 dones eventuales ó inciertos de la eompasioll:
!ltros en que 110 pueden sostenerse sin gra\'ar al vecindario con UII
suplemento de impuesto; otros en cuvas cárceles no hay separa-
ciones para el delincuente á quien agu'arcla el suplicio, yel atl1r-
dido que espía por uno;:; pocos dias de encierro una falta ligerísi-
ma ; hay prisionc~, en fin, donde viven'mczelatlas las personas dc
sexo:; dif~rcnte,; , con daüo delas costumhres y mengua de la ci-
yiliza¡;ioll. ToLlos estos inconvcnientes pueden remediarse con pe·
,¡ueños esfuerzos. i los subdelegados de Fomento incumbe hac{'r
los que sean necesarios, y proporcional' recursos para cubrir l()~
gastos á que antes no se haya provisto, ya \)01' medio de suscri-
ciones voluntarias de los pudientes, ya por a aplicaeion de arbi-
trios hoy malversados, ya estableeiendo industrias en la parte de
lo~ edificios destinada á los presos por delitos leves, ya encomell-
dando á ¡'uutas compue5tas de personas benéficas la administra-
",ioa de as prisiones, ó por otros medios, en fin, que por dondf'
quiera nacen á la voz de una autoridad proteetora, y que á su
\ ez pr .. duccn otros y otros, que reemplazarán sin fin a los quro
~ucesivamentc vayan desapareciendo,


17. o Ilajo el nOlllbre de policía in terior de las cúrcelcs, se com--
prende la distribucion de los edificios, el modo de alojar Jos prc-
~os ,el arreglo de sus ocupaciones, las preeauciones neeesaria:,;
para su custodia, las medidas para su manutencion ,y euanto no
diga relacion al motivo del encarcelllmiento , y a los trámites de
la causa que á cada preso se siga, atribuciones que son privati-
vas de la autoridad judicial, como las antes enumerada~ lo son
de la administracion.


1.8.' Esta distincion ó separacion de atribuciones se limita á 135
cárceles, y no es por cOll~igl1iente aplicahle á los c:;tablecimicn-
tos de correccion. La autoridad judicial cesa desde el punto en
que el reo es, en virtud de su condena, trasladado á uno de di-
chos establecimientos, cuyo régimen es esclusivamente de h cOnJ--
peteneia de la administracion. A ella Loca organizarlos de maner;)
que, se cnmplan las intenciones de la ley y la sentencia deljllf'z.
corrigiendo y mejorando á los condcnados, en lugar de endurecer-
los y de pervertirlos. Para ello los gefcs de la admilli,traeion em-
pezarán por examinar detenidamente cada una dt~ las casas desti-
nadas á este objeto, y cuidarán de introducir en Sil gobierno to-
das las mejoras de qne sean susceptibles, tanto en el arreglo dt'
los talleres ya establecidos, como en la plantifieacion de otros 1111('-
VdS. sra de la llli,ma rsp{'('ie, ó tll' otra~ ma~ apropiatla, á I()s 11:1-




AI'L\lJ!L~ ;\L)!UlV ::.!." 101
lJ1l0S tic lrs presos u ú la,; ne¡;esidades de cada 10l:aliLlad. l.as ro-
¡;Ias que deben re¡.(ir en esta lIlateria , y qne be sacarán rúcil meIl-
le de la denOflllllJCIOn mIsma ctl~ la cosa, ¡¡on: J.' hacer t¡'¡¡baJar
a los reclusos por senlencia judicial: '2 a adjudicarles la ma"or
parte posible ele los productos de su ocuparioll : 3.' inspirarles ¡)(Jr
('sta cesio n de los benefieios el afllor al lrab¡;jo , al cual puede"
deber algull dia su rehal.Jilitacioll social y la ~elltura del res lo de
,¡u vida: La tratarlus con benignidad y dulzura, BO solo pur d
11erccho qlle á ello tiene el que .espía rcsiglladulIlcnte la falta que
cumetió , sino porque la bOlldad con que se le~ mire, modiliGar:1
¡i cambiará sus hábitos; Jlues el e~pectút:lllo cOllslantc de la indul-
gellcia no puede menos de hacer indulgeutes ú los que lo \11'0-
:;encien.


i9. Ú Estas regla,; son aplicables en propoJ'cion Ú lus Jepúsitos dc
condenados á ohras públicas y iI 105 presidios correccionales. Ri:'-
glamentos nuevos van al punto á fijar el modo de aprovechar rOH
bien del país y de los condenarlos misOlo~, los trabajos, á Yecc~
inútiles, ú que hoy se les ,omete; el de asegurarle:; alimentu abUII-
duute, vestido lim[lio, alojamienlo reSpecli\ amcnle cúmotlo , el (It'
desterrar de su,; almas Jlor estos y otros medios ü1lúlogos los ha-
!Jitos funestos, que no pueden menos de contraer hombres alor-
mentados siempre del halllbre, aYergonzlidos de su desnudez, ~
acosados de rigores y males de toda especie. Dedicados á empresas
de prosperidad, los presidiarios no saldrán de su cOllfinaeioll lilas
perversos que se mostrarán al dar los primeros pasos en la C:JITP-
fa del crímen; y volviendo á la sociedad, no podnin me¡¡us ti!'
bendecir I~ adlllinislracion protectora, h¡ljo cu~·a direccion refor-
maron sus costumbres, y se proJlor('io¡¡¡~ron ahorro,; que lll(~jora­
:·Úll su eundicioll.
I~A¡>lTl1LO XI.


110 Iii(//¡(ludes y corra ·Ías.


:)0.0 Si, considerarlas con respeclo á las gracias e~pirituah's que
dispensaron it estas asociaciones los sumos Jlontífices y los dio('!'-
sanos n~~pecti\'os, p!\rlencce especialmente su régimen y din'{'-
eion á la autúridad eclcsi;¡~lica; mimdas como reullÍ,mes pübli-
C<1,; , depcllden esdllsinrnl'nle de la autoridad administrali,:1. A
ella toca, en efecto, impedir (Ille se nHlIIan para otros oh.i!'lo~ que
los de su piado:;() illsliluto , y hacer que aun eslo no ~e Yrriliqlle
,ino conForme ú lo prcycnído en los reglamentos, eJl cuya forma-
cion debe intervenir la misma autoridad. A veces hay entre 1(1"
individllos que pertenecen á diferentes cofradías, rivaliiladt's v ;I~.­
terrados, que rompromet~n la paz pública, y cuya repi'c;;i(ill (',
\In deher de la admllliE'tracioIl Estas rivalidades suelen ('~tpllrler­
S(~ á <:ompelir en profusiones ruinosas, que aniquilaIl Ú lIlI plle--
JI/o ]l01" c.llucimiento de una l'ofradía, Lns leyes hall pre,"i~l(l y"




102 llIC(iRAHA.
C~lll~ casos. La administracion debe velar bobre que ~ean respe-
ladas, é intenenir en esta materia, como en todas las de su in-
cumbencia , en los actos que puedan turbar el órden cuya eon-
~er\'acion le está encomendada.


CAPITULO XII.


Caminos, canalc$, etc.
:il." Los caminos y canales son los grandes, los im~orlantcs


medios de fomenlo de la produccion en todos los ramos. Sin las fa-
tilidades que ofrecieron en los años últimos los trozos que hay
construidos del canal de Castilla, no se habrian estraido algunos
centenares de miles de fanegas de trigo y de barriles de harina,
(lue alentaron un poco la agricultura abatida de aquel granero de
la monarquía. Si el canal corriera hasta los puntos estremos don-
de debe llegar, Castilla sola habria abastecido de trigo todos los
mercados de Europa, y aun algunos de América¡ y la salida de
sus considerables existencias habria dado fuerte Impulso á la pro-
duccion. ocupacion á sus jornaleros, y beneficios á sus labrado-
res. Una comlsion facultativa va á trazar inmediatamente el plan
tle los caminos y canale~ que deben emprenderse en seguida, pa-
ra lo cual S. M. ,que sabe que sobran siempre capitales donde
hav grande~ utilidades que ofrecer á los que los anticipen, quie-
re "que no sc pertlone diligencia ni esfuerzo. Entretanto, y sin per-
juicio de lo que para la plantificacion del sistema general de este
ramo debe hacer cada gefe de atlministracion en su provincia,
aplicarán totlos desde luego su esmero y vigilancia á conocer el
estado de los caminos interiores de cada una de ellas; los recursos
destinados á su apertura y entretenimiento, la forma de su admi-
nistracion, y cuanto concierna á que se forme una idea cabal de
su estado. Cuando se haya adquirido, se verá si los arbitrios es-
¡leeiales que se han impuesto, ó á que se han sometitlo los pue-llos para gozar del beneficio de las comunicaciones fáciles, se
han invertido ó se invierten en el socorro de esta neccsitlad, ú
cuanto falta ó sobra para ello; y con presencia de los metlios que
de este examen aparezcan, se podrá enlazar el sistema dc comu-
llicaciones provinciales con el general del reino, y crear asi en
hreve uno de los mas poderosos medios de prosperitlad.


;;2. o Contribuirá grandemente á su desarrollo la aúopcion si-
lIlullánea de diferentes medidas proporcionadas á la situaríon
particular de cada provincia. En unas, hay especuladores que,
mediante tal ó cual retribucion, solicitaron cn vano encargarse de
\lU ramal, que condujese de una capital cOllsideralJle á \lna car-
retera importante. En otras, existen sin empleo, en las depositarias
de rentas ó en las de correos. cantidades grandes ó pequeiias. que
se destinaron á construir ó reparar un camino desde la capital á
tlllil cill'lall rka , (le la cual la separan precipicios. En ()tra~, para




lu3
¡~ull~lruir un pucnle, utilísimo a las comuuü~aciullc~ de la provill-
da entera, reuniria el interes de ciertas industrias privadas á lus
que en ellas se ejercitan. si la rivalidad de otras profesiones , lu~
llIanejos de la cnvidia, ú los falsos cálculos de la ignorancia lIO líe
uniesen pum impedirlo. En todas, en Hn, existe¡.¡ mas ó menos ele-
mcntos para hacel' el bien en esta parte. La mano de la adminis-
lracion, sacándolos del caos, podra tanto mas fitcilmente darle,,;
la forma apropiada al remedio de esta especie de necesidades,
cuanto que, anhelando todos por el beneficio de las comunicacio-
Hes cspeditas, apenas habria quien se negase á contribuir a él.


53." La facilidad será mayor aun eH las provincias donde exb-
ten depósitos de condenados á trabajos públicos, que la adminis-
tracion debe utilizar. Hasta estos últimos tiempos poco ó ningulI
fruto se cogió de los afanes de tantos millares de hombres. Pero
debe cogerse copioso el dia en que, como se hace de alguIl tiem-
po acá, se empleen estos en ooras útiles, cn que se les asegun~
un pequeño salario y se les presf'nte una perspecli,"a consolado-
ra. La cooperacion retribuida de estos desventurados está tan esell--
cialmente enlazada por ahora con el sistema de caminos, que lo~
gefes de la administracion no deben separar estas dos ideas, sino
contar para sus proyectos de comunicacion general ó provincial
con aquellos brazos, en tanto que los haya Sin empl eo.


¡ji.o De la navegacion de los rios se sacó en algunas parles mu-
cho partido en otro tiempo' pero, esceplo en los muy caudalosos,
la esperiencia ha revelado los inconvenientes de esta navegacion_
En 1815 aun se pensaba entre nosotros cn hacer navegable el
Guadalquivir desde Sevilla a Córdoba. Sabios reconocimiento~
probaron luego lo vano de este proyecto y la necesidad dc cons-
truir U/~ canal lateral, que aseg~ras~ los benellcios que no pod.ia
proporcIOnar la navegaclOn del no mIsmo. La de algunos e~, 8tH
embargo, fácil y, en calidad de poco costosa, puede preferirse tal
vez, á lo menos como ventaja p'rovisional. Importa contentarse
con lo bueno, cuando 110 es pOSIble aspirar a lo mejor.


55.0 La derivacion de lasaguas delosrios navegablesó no naYe-
~ables para cualesquiera necesidades de la industria agrícola ú fa-
\)ril, la construccion de baños, molinos, batanes ti otros arte-
factos, ora sc establezcan en sus margenes, ó en medio de lo,;
cauces mismos, yen general lodos los usus que particulares !Juie--
ran bacer de sus aguas, pertenecen esclusivamelltc á las alrihu-
eiones de la autoridad administralin.


r.UITULO XIII.


¡¡ibliotecas públicas, Museos, ele.


li6.n Mientras no hubo un ministerio encargado delcollj ll11to lIr
la administraciOl1 interior, pareció natural, y era com"cnicnle. 11tH>
1\15 establecimientos destinados a los progresos de las ciendas y de




1fH BIOGItAF1A.


b~ al·te~. dependiesen de aquel ministeriu <~ue habia concebido la
idea de su ereccion, Ó por cuya mano se halHa obtenido la aproba-
dan del monarca; pues se suponia eon razon que otro gefe, no pe-
netrado de las ventajas del nuevo establecimiento, no le daria qui-
zá toda la proteccion que en su infancia reclamaba. lloy, que una
soberana benéfica ha determinado darla completa y uniforme á to-
tlos aquellos en cuyo fomento está interesada la prosperidaJ de sus
vasallos, las bibliotecas. m useos, etc., corren á cargo dc la adm i-
nistracion. Su intervcncion en estos negociados no se limitar!l, sin
cn~bargo, á que se man~eng.an Ó ~onservenlos establecimien tos que
eXIstan de esta clase, SIllO a mejorarlos y darles toda la eslensiOIl
de que sean susceptibles, en el ¡nteres de las ciencias y de las artes,
ú cuyos progresos deben contribuir. Facilitaránlos por su parte los
gefes delas provincias, cuidando de plantear en ellas estableeimien-
tos análogos á los que de la misma especie existen en la capital del
reino, prefiriendo por de pronto aquellos que sean mas conformes
a las costumbres é inclinacion de las habitantes, y á las proporcio-
!les de cada territorio. Asi, por ejemplo. el subdelegado de Fomen-
ta de Cataluña se aplicará con preferencia á establecer en Barce-
lona un gabinete de máquinas; el de Granada otro en que se re u-
lIall muestras Yariadas de los cobres, hierros, plomos, mármoles, y
otros minerales v fósiles preciosos de que abunda su territorio; los
que manden en las templadas costas de AndaluCÍa, Murcia y Va-
lencia, ensayarán jardines de aelimatacion, y los demas gefes res-
!,ectivamente. No es menester, para dispensar estos bienes, que se eyanten edificios suntuosos, ni que se conciban los proyectos en
tina escala desproporcionada ,í los rceursos 'de c~da 10ealidad. La
biblioteea que, por falleeimiento de \lU abogado célebre, de un ecle-
siástico sábio, de un médico laborioso, se malvende y se destruye,
puede, adquirida á poca costa por la administrarÍon , suministrar
los primeros libros á una biblioteca públiea que, con legados de
hombres benéficos, con dones de los autores provinciales, y por
otros medios igualmente fáciles, se haga en poco tiempo numerosa
y escogida, y que desde luego proporcione á los particulares apli-
cados elementos de instruecion. Por el mismo estilo puede gene-
ralizar otros beneficios una autoridad encargada especialmente de
velar sohre estos intereses.


CAPITULO XI\".


Teatros y espectáculos.


:n.o Los teatros exi~en con urgencia un arreglo que los saq uc
de la situacioIl deplorable en que se encuentran. l'na comision es-
pecial ha sido encargada de este trabajo. Mien tras estiende su in-
forme, y S. M. dicta en su vista providencias rapaces de regene-
rar el teatro destruido, los subdelegados de Fomento harán lo que
puedan para mejorar el de sus provincias re~pc('\iy¡\S, it lo menos




AI'L~llICE XUllEllO 2. u to.';
1:1l lo relativo á las pieza, que se representen, ya que sea imposi-
hle hacerlo en cuanto ú la ejecucion, puesto que apenas hay entre
sus actores uno ú otro que posca los elementos primeros de su ar-
te. Tratar a estos con la consideracion que merezcan por su talen-
to y su conducta; animal' ú los literatos de su territorio á enrique-
cer la escena provincial con composiciones que la varien yameni-
cen, que estimulen la aplicacion y favorezcan la concurrencia;
proscribir severamente esas farsas inmorales y absurdas que, 1'0-
(Ieadas á veces del prestigio de un nombre cPlebre, estravianla
opinion literaria, al paso que ofenden el pudor y corrompen lai<
cost-lllllbres ; permitir con las cOllYellientes precauciones acade-
mias provinciales de declamacion, de música ó baile; estas y otras
medidas de la misma especie pueden emplear para el fomento
parcial de este ramo los gefes de la administracion local, ínterin
que la general las adopta mas ellcaces y decisivas.


5S.0 Las corridas ele toros, los ejercicios de equitacion, los
de volatinería, y deIllas comprendidos en la categoría general de
espectáculos y diversiones publicas, deben escitar hajo varios as-
pectos la solicitud especial de la autoridad administrativa. Siendo
el trabajo el caudal del pueblo, cflnspira contra este caudal el que
disminuye el trabajo, y hace por tanto un daño público-, á veces
irreparable. Las diversiones de que va hecha mencion no deben,
}lUeS, permitirse mas que en las ciudades considerables, ó en los
días festivos, donde es justo que halle descanso y placer una vez
por semana el que trabajó durante ella. De los espectáculos men-
cionados .hay uno en que se arriesgan hombres, se destruyen ani-
males útIles, se endurecen los corazones, y que los progresos de
la f;JZOn pública destcJ'J'arán mas tarde ó mas temprano. La auto-
ridad administrativa debe indirectamente acelerar este benell-
cio , rehusando á esta clase de espectáculos otra protecGion que
lllla simple tolerancia, y aplicándola entera á aquellos en tuya
mejora se interese mas Ó menos la civilizarion y la prosperidar!.
En los volatineros y titiriteros de varias especies que andan cor-
riendo los pueblos, conviene no ver sino infelices que mendigan
su pan haciendo habilidades, y la autoridad debe obrar con ello,;
en consecuencia de esta calificacion. Socorrerlos ulla yez es un
deber de humanidad; alejarlos en seguida es una lev de admi-
nistracíon. .


CAPITUO XV.


SOCO/TUS CIl casos de desgracias públicas.


59." Los incendios y las inundaciones son por dicha menos frc-
cuentes en nuestro pais, que en otros muchos dc Europa; pero cn
cambio la lango,ta devoro alguna vez en ricas cosechas la espe-
ranza de una provincia, y al temblar de la tierra se hundieron eH
otras los edilicios de puehlos entero~. Casi siempre la compasion
púhlica acudió al punto al remedio del mal, y apena, quedó Ulla




106
I<igrima que ella no enjugase; pero el socorro de la" calamidade~
úe esta especie no debe abandonarse á la evenluaJidad de las ins-
piraciones generosas, sino someterse á la accion constante, regu-
lar y uniforme de la administracion. Para ello importa reunir los
elementos dtl calculo que deben ilustrarla y dirigIrla; determinar
de qué plaga es mas frecuentemente atormentada cada provincia;
qué especie de producciones ataca; hasta qué punto se estienden
comunmente sus daños; si existe algnn medio de prevenirlos; cuá-
les se emplearon hasta ahora para conjurarlos, y todo lo de mas que
pueda servir para que aun estas necesidades variables é inciertas
se evalúen en cuanto que~a. y se destinen á ellas con anlieipaciulI
recursos proporcionados, o se adopten medidas que tlximan de la
precision de emplearlos.


60.0 Entre estas medidas hay algunas que los subdelegados de
Fomento pueden indicar ó sugerir a la administracion superior,
con arreglo a lo que resulte de observaciones hechas con ~smero y
con inteligencia. l'rovincia hay en el reino que maltrataron en
lIuestros dias fuertes terremotos, y que ningun sacudimiento ha
esperimentado, cuando últimamente los habitantes de muchos pue-
blos de otra provincia vecina quedaron sepultados bajo sus escom-
bros. A la administracion toca investigar si la apertura de pozos
profundos, á que obligó la esplotacion de minas, pudo preservar la
primera de dichas provincias L1e los estragos que antes esperimen-
tara; y, comparando los hechos que ~obre esto feuna, con otros
analogos, hacer qne se fijen las ideas sobre este punto, y acaso
(Iue se alejen esos accesos de convulsion que esperimenta la tier-
ra en algunas provincias, y de que a veces son víctimas los que
ocupan su superlicie. Observaciones sobre los acciLlenles atmosfé-
ricos que desenvuelven los huevos de la langosta; sobre Jos vien-
tos que favorecen ó dañan a cierta clase de cosechas; wbre 108
grados de temperatura necesarios a la germinacion y f{uclificacicn
de las 9ue aqui ó alli constituyen un ramo de riqueza especial, y
cuya perdida seria una calamidad verdadera; hé aqui investigacio-
Iles que muchas veces precaven desgracias públicas, que las ate-
núan cuando sobrevienen, y que. iuspirando a todos uua confianza
sin límites en la prevision paternal de la administracioll, facilitan
a esta los medios de curar los males que le fue imposible prevenir


CAPITULO XVI.


Ca~a y pesca !le ríos y lagos.


61." Las leves sobre esta materia van ;í ser revisadas. ,\ MI
1l.llcva redaccioil presidirán principi?s unifor!n~s y ~enciJJos , suu--;
ClOnados va en todos los buenos eU(hgos adUulIlstratlvos, y lilas o
menos s,icriticados hasta ahora cntre nosotros a opiniones errú-
neas. Entretanto. los subLlelegados procuraran, sin perjuieio de las
leyes flue hoy rigen sobre la maleria, atenuar el rigol' de alguna dt~




107
sus di~po:;ici(Jnes, y hacerlas lo menos incómodas que 5ca posiblü,


CAPITULO XVII.


Division territorial'!J estadística.


62. o A pesar del esmero, de la atencion y del tiempo que se ha
empleado en la nueva division territorial, S. ~I. ha reconocido la
posibilidad de sucesivas rectificaciones, para las cuales habrá de
necesitarse la cooperacion de 10i subdelegados de Fomento. Eslos
se apresurarán á prestarla tanto mas eficazmente, cuanto que vi-
cios en el sistema de division del territorio circunscriben cuando
menos, paralizan á menudo, y á veces imposibilitan la accion tle
la administracion.


63. o El mas grande de todos los beneficios quc esta division debe
proporcionar, es la formacion del censo general, cuya inmensa im-
portancia no e~ tan generalmente conocida como seria menester.
El censo, descubriendo lo que existe, revela lo que falta, é indica
por tanto lo que se debe promover. El censo, presentando á la vis-
ta la totalidad de la riqueza nacional, ó lo que es lo mismo, la ma-
sa de la materia imponible. permite á todos ver la proporcion que
guardan con ella las contribuciones, y calcular hasta qué punto
afectan estas la fortuna pública. El censo. haciendo que se cuente
con lo que se tiene, obliga tal vez á la autoridad á miramientos, y
tal vez preserva al pueblo de sacrificios. Importa, pues, que 105
subdelegados hagan conocer á todos el doble carácter de este pri-
mer elemento de la administracion, y los persuadan de que, sin él,
110 puede organizarse un plan completo de Fomento, ni un sistema
razonable de Hacienda; de que resulta la doble necesidad de que
gobernantes y gobernados cooperen por esfuerzos simultáneos á
\¡lIe sea lo mas completo posible este gran padron de la fortuna pú-
blica, que métodos viciosos 110 permitieron formar hasta ahora. Una
instruccion especial sustituirá luego á las fórmulas complicadas. y
sin embargo, insulicientes, que hasta hoy se emplearon, las regla~
sencillas con que se deben hacer pronta y fácilmente todos los tra-
bajos estadísticos.


CAPITULO XVIII.


Despoblados.


tií.O LU5 sociedades et:onómicas propondrán premios para los
que discutan y señalen las causas de la despoblacion de mucho~
lugares y territorios, que un dia alimentaron una poblacion nu-
merosa. De este exál11en resultará el conocimiento de los Illale~
antiguos ó modernos que afligieron ó afligen un pais, y la eUlIllcia-
eion del origen del mal guiará. á la administracion en la aplira-




108


(,ltI!l del remedio. Entretanto los gefes adnlillislraln o:; ¡Jc]¡ell fat:tll-
tal' la repoiJl~cio!l por lo~ mc(Jios directus ó inúirü('.(o:; in¡Jicaúo,;¡'1l
(',;la instruccion, á saber: la reunion de datos para que se cstiCll-
da la ley ¡Je enagenacion de baldíos y realengos; el fumento úe to-
das las industrias; la aboliciull de todos los allUsus locales, funda-
dos en hHliciones erróneas ó en leyes no aplicables á la situa¡;iOll
adual; la propagacion de la enseñanza; la atencion eIl CllaIlto COII-
l~ierne á la sanidad y salubridad, y la proleecion sostenida de lodos
los intereses que se agitan dentro de la esfera de la adlllinistra-
cion. El bien inmenso llue debe resullar del empleo simultúlleo 11
sucesivo de todos estos medios eonstantes (le prosperidad, puede ~er
acelerado por el de olros medios transitorios, entre los cuales será el
mas ellcaz y menos eosloso el de concesioncs, ya lucrativas, ya ho-
Ilorílicas, en favor de las empresas tic descuaje de terrenos, y otras
lllle necesiten muchos Imuos, y que clIvuelvan'J)or tanto, la obli-
garion ó la llecesidml de poblar. m gobierllo pro igará estas COll-
ccsionp,;, sielllpre que por l'lla,; 110 re:;ulten perjudieados lo inte-
reses del .E~taelo ni lo:; deredlOs de los particu:arb.


CAPITULO XIX.


Prevenciones generales


65. 0 Los subdelegados ele Fomento son empleados de ejeeucion,
v como lales, no puedJn mandar ni prohibir sino lo que manden ó
[)J'ohiban las leyes, las reales órdenes y las instrllcciones ilelramo.
Pero para la ejeeucioll de lodas eslas disposiciones, Jlll('d/~n didil/'
las reglas que estimen convenientes, y todos los empleados adtlJÍ-
nislrativos deben conformarse á ellas.


66. o En las visitas que deben hacer eada afío los suhllelegados
Ile Fomento de una parte de su prorineia, con arreglo a lo !lisplle;;-
lo en el artículo 10 del real decreto precedente, se enlerarúlI del
estallo de la admiuislracion en calla pueblo, oirán todas lns que-
jas, remediarán todos los abusos, examinaran todos los \ll'oyeetos
de mejoras locales, y se proporcionarán. por último, cn e c()no(~¡­
miento inmediato de las cosas y de las personas, un elemenlo Sl'gll-
1'0 ¡Iel aeierto de sn adlllini,traeion.


61.0 Los secrctariosde la" subdelegaciolH'S !lrovin('i:lk, Ile Fo-
mento despacharún tod()~ los lIegocios dural1tl~ las ellrel'llH~dades dI'
los subdelegados; y en las anscllcÍ<b, tle <[\le habla el arli('¡:]o an-
terior, los urgontes, pucslos que 110 lo seunlos dc,pal'har<lll Jo, 1'1'--
fes mismos desde los pueblos donde se hallen. Cuando la,; all~I'Il­
('ias sean fuera de la provincia, S. M. designara la persona IPIl)
¡Iumnte ellas haya de suplir al propietario.


68.0 Hacer bien es la incumhencia ('seneial , la sllma de loda~
las atribuciones de la administracion. Esta obligarion es aeli\'i, y
110 debe replllar,;e dcselllpeiiada COII ¡¡rnar f()rma1idade~ lllas ú
menos imporlantes. mas tÍ menoo prf)lijas. alas cuales no se !lar,1




109


valo\' en ellllinistcrio de mi cargo, sino cn cuanto, en conformidad
de lo dispuesto cn el arliculo 11 del citado real decreto, aparezca
vi.;iblc el bien que hayan proporcionado. l~l subdelegadu que, por
ualquiera cau,a que sea, 110 pueda realizarlo, debe hacer su dillli-


sion, puc,; de olro modo el gllbierno, con <1rreglo á 10 dispuesto eH
el eitado articulo, se nrá en la [}("ecisioll de retirarle una conlian-
za que no justifica.


69." En el bien, C0l110 en todo, hay grados, y la atllllinistracioll
(Iebe siclnprc llegar al último, en cuanto este sea cUlll[latible con
~IH medio,;. Para saber hasta llllé punto emplean los subdelegados
de FOl!lento todos aquello,; {Ic que en virtud de su dclegaeion pue-
den di,;poner, rlarán parte cada. correo al ministerio de mi C8XgO Ú
á las direcciones de los vario~ ramos dependientes (lc d, de todo lo
que en cada 1I110 de pilos hagall Ú mediten en el tjp~empeiio de
su ohligaeioll, y ni lin d() r:ada mes rlirigiriÍn un parte lllen~ual. d i-
yidido elllos IlIisIl105 capit.ulo:; en qlle loe"lú r"la instrncl'ion, y en
el ellal rrslIlllirún todas las mejoras que Inyan hecho dnrante pi
me" y el estadlJ en que se hallcnlas dcmas, ,le ("uya realizacioll se
oCl1pen.


70." ~lirarú COIllO el mas agraflahlr de mis deheres, solicitar las
hondades de S. ~L en favor de aquellos suhdelegado,; que, mos-
trándose pen('trados del principio de que (1 en :lIlmini,;lracion !lO
hay imposibles,» allanen ó rel\1uc\'an todos los obstileulos que se
opongan al logro rle las benéficas intenciones de S. M" dirigidas á
hacer gozar Ú SIIS pueblos de la prosperidad mayor, Ú que pueda!l
aspirar respectivamente. '


7ln, Para que partieipen de ella los gcfes de la administracíon,
(¡ue tengan medio3 prnpios para iniercsar:,í' rll las empresas lid
utilirIad general que prolllllelan, S. M. les concederá fa~nltafl rle
asociarse ú ellas en calidad de nccioni:itas, siempre que rliehas em-
presas esten sujeta:; á un reglamento aprobado, y que tengan lo~
acaerdos de sus juntas la puhlicidiul capaz de alejar toda ~ospeclj¡)
de conniVencia, rle monopolio, ó rle beneficios privados perjudícia-
les al inleres públieo.


1'2." Para que Espaiía y Europa puedan calificar los pro-
gresos de nuestra regeneracion allministraliva, y que cada unlJ de
los que á ella eontribuyan, halle en la reputacion que adquiera la
primera recompensa fie sus esfllerZDs, se insertarán desde enero
próximo en el flial'in de La AdminislNwion los resúmenes periódi-
cos de los bienes hechos en cada mes por los subdelegados de Fo
mento, con e;;lll"esion de los que lnynn dejado de dcsempCliar l'sla
ohligacion.


n." Para llenarla completamente indicará carla cua!, luego qlH~
haya tomado conocimiento de las necesid:Hles de su pfoYÍncra, el
~lIplp:mento de ~l()tacjon, (lue haynn menest~l: sus "l'crl\l.~rías ; y.
lJr(~no el cnnvellll'lllc ('xamcn, JllP aprcsuraré a someterlo a la ~an­
rillll de S. M.


74.0 Simplirkado el n\gimen de polieia, sobrará COIl dos oneia ~
11''; 111' la ~rrr~tar¡a p~ra d('''p;1("har (,sIc nl'gol'ind", il:IJi,::ln:!o;:e IIJ~




110


demas á 105 diferentes ramos de Fomento. En materia de policía,
los subdelegados reconocerán por geCe inmediato al superintenden-
te general. asi como a las direcciones de propios, pósitos, camino~,
correos, minas é inspeccion de inslruccion pública, en los asullto~
que son de la competencia de estas corporaciones.


75.° Los subdelegados de Fomento no perderán dia en reco"er
de los capitanes generales. intendentes, regentes de los tribunal!':;
superiores y denJas autoridades, todos los papeles que en poder tle
ellos existan relativos á los diferentes negociados atribuidos al mi-
nisterio dell<'omento.


76:0 ta buena arm?nía entre to~os los en~ar~ados del poder es
el pflmer elemento de orden, y sera por consIgUIente uno de lo!'o
primeros cuidados de la administracion. Los agentes de esta deben
ser siempre los primeros en evitar competencias) en desterrar ri-
"alidades, y en prevenir, por esplicaciones francas y por espedien-
tes de conciliacion, la menor desavenencia entre las autoridades,
que, cuando no se muestran de acuerdo, debilitan el prestigio que
debe rodearlas, y aflojan por ello el lazo saludable de la obediencia.


77.° Una ley especial lijará las penas que han de imponerse á
Jos contraventores de las dIsposiciones administrativas, y el modo
con que las autoridades del ramo deben solicitar de los jueces res-
pectivos la aplicacion de ellas. Entretanto servirá de regla que los
agentes de la administracion no puedan por sí aplicar otras que
las multas determinadas en los reglamentos, en los casos y por las
cantidades que ellos señalan.


Lo comunico todo á V. de real (\rden para su inteligencia y
erectos correspondientes á su cumplimiento. Dios guarde á V. mu-
chos años. Madrid 30 de noviemhre dr, 183:l.-Javier de Burgos.




OBSERVACIONES


Los empréstitos de los últimos diez años han sido objato de obser-
vaciones amarguísimas, que acaso contribuyó á exacerbar la
inexacta enuIlciacion de su cuota que, por comprender en una su-
ma muchas operaciones de diferente índole, se fijó equivocada-
mente en '2,:JUO millones, no siendo en realidad sino de 1,600. Es-
tos empréstitos, atrozmente calumniados por unos, débilmente de-
fendidos por olros, é imperfectamente conocidos por casi todos, h~1l
estauo á pique de hundirse en un naufra"io comUIl, de que no St'
han libertado sino por el sacrificio del de Guebhard. Víctima del
propiciatorio, le llamó ingeniosamente un ministro; pero si holocaus-
tos de propiciacioIl eran necesarios, ¿ por qué descargar la segur
sobre Id víctima mas inocente '1


A mí especialmente incumbe la obligacioll de defenderle con-
tra la proscripcion que le amenaza; á mí, que intervine en alguna
de sus operaciones; á mí, á quien por esta razon se ha pretendido
envolver en la apasionada y violenta animadversioIl que se ha esci-
lado contra él; :i. mí, que nunca dejé de prestar mi débil apoyo á
la causa de la razon, y que puedo hacerlo hoy tanto mas útilmente,
cuanto hay pocos que, como yo, puedan dar sobre aquella opera-
don noticIas exaclas, completas, propias para rectificar la opinion
lastimosamente estraviada, é impedir la consumacion de una gran
injusticia.


Se han hecho al empréstito Gllebhard una porcion (le cargos con




BIOGIUFLI.


Ilue se ha prelcaJido ju;tificar su cO:1dcnacion. E.,t03 cargos Jluc--
den I'ellncirse á los siguientes:


l." El dicho empréstito flléol'iginariamente nulo, como contrata-
do por unJ junta facciosa (la regencia de Urgel, segun unos, la de
!\ladrid, segun otrosl, al mismo tiempo que las Córtes hacian otro
en Cádiz. '


2:' El rey no pudo ratificarlo, porque lo que en sí es nulo, 110
se corrohora por una ratificacion que es nula tambiell.


3." Las Cortes de Cádiz habian declarado que no se reconoce-
rían mas empréstitos que les hechos por ellas.


4. ¡) El importe dd de Gllebhard, Ó una parte de él, sirvió para
destruir el gobierno establecido.


5." El resto sirvió para remachat' nuestras cadenas.
6.° Hubo en el precio leslOn enorme y enormísima.
7.° Ya ha reembolsado la nacion dos ó tres veces la suma que


recibió el gobierno.
8. u Hubo dilapida"iones y estafas ell el manejo de los prolluctos.


No pienso que habrá quien me acuse de que disimulo ó atenúo
los cargo~. Voy á examinarlos sucesi\'amellle.


1." "El empréstitoGllebhardfué originariamente nulo, como con-
tratado por una junta facciosa (la regencia de Urgel, segun unos,
la de Madrid, segun otros), al mismo tiempo que las Córtes hacia n
otro en Cádiz.» ,


Asombro causa que entre los que atacan el empréstito Guebharr(
haya muchos que no sepan siquiera por quién, ni cuándo fué con-
tratado; y ya se ve la fuerza que dehen hacer los argumentos de
los que tan bien informados se muestran del origen y de los trámi-
tes de la opera(:iotl sobre que discurren. :'lo faltarán persllnas que,
rectificando este error demasiado reparable, y tIIos[ralHlo ser obra
de la regencia de Madrid lo que sugetos menos instruidos atribnian
á la de Urgel, pretendieron ver la prueha de la nulidad del contra-
to Guehhard en la coincidencia de su fecha con la de otro emprés-
tito hecho en Cádiz por las Córtes. Este sistema estriba en otro
etTOr, y no es por tanto mas defendible que el primero ..


El error consiste en suponer que el préstamo Guehhal'd es de 18
(je julio, como el contrato de CárJiz c(m Campbell y Lubock. Lo quC',
en '16 de julio (no en lB), hizo la regencia, fué aprobar ulla especie
de programa que le presentó un marqués de Croy , en nombre de
los seíiores Gue\)hard y Piclet, banqueros de Paris. Este programa
Il? .contenia mas que una série de obligaciolles eventuales ó l,lipr-
tetlcas, una promesa de trallll' sobre ciertas ha3es, unos prcnnll-
nares de que era necesario esperar una ratilicacion, obtenida la
cual, dehinn reducirse ú tratado dellnitivo, pUes no tenian 111 su ea-
l'úeter ni su forrn[t las proposiciones del lIIarqués, en las cuales ni
se Iljaha siquiera el tanto por ciento de la cumisinn. Gllr.bharcl vinu
Ú ~Iadrid para la ['alinearíon eslipulad:l; pero vinie,] '.1, (],)claríÍ que
~n presunto socio Pietpt ~e rcliaia de la operacion. El mismo (iuch-
hanl era t1upilo de hacer otro tanto ya en \ ista (le lJ separacioll
de su asnriad:l. ya por haher cam hb"d<l de prop<Ísito, ya por ~l1DI-




APE.'WICE :'\cm:uo :l.u
l¡uiera oh") motivo. El gobierno podia igualluellle I'vlllper tuda phi-
lica sobre el particular, y no contentarse con solo la responsabili-·
dad de Guebhard para una operacion, cuya magnitud era muy su-
perior á sus medios. No habia, pues, en julio, ni hubo en agosto
obligacion de nadie, ni por consiguiente contrato. En setiembre fué
solo cuando, des pues de mil idas y venidas, se decidi!í á hacerlo Ja
regencia, cuyo ministrode Hacienda, don Juan Bautista Erro, lu
firmó, en fin, en 20 de setiembre: y esta es la fecha efectiva del em-
préstito Guebhard, fecha que por sí sola refuta el argumento sa-
cado de la coincidencia del tratado eOIl Campbell y Lubock , hecllo
en Cádiz el UI de julio.


Si se replicase que el tratado concluido por la regencia en 20 de
setiembre no es mas válido ni legítimo que el que se hubiese he-
cho dos meses antes, podria responderse que, en 20 de setiembre,
la nacion entera, salva una ú aIra plaza ocupada por tropas, ha-
bia reconocido unánimemente á la regencia; y que, cnando siete clias
despues las Córtes misma3 de Cádiz se disolvieron, y dejaron al
rey en la plenitud de su soberanía, no hicieron sino reconocer el
poder irresistible de un hecho consumado, el del pronunciamiento
nacional en favor del rey y del gobierno que mandaba en su au-
sencia. Lo que hizo este gobierno, obedecido por la naeion, y pro-
tegido y reconocido por las principales potencias de Europa, pudo
ser bueno ú malo, útil ó dañoso; pero todos ó los mas debieron ó pu-
dieron creer que era legal y legítimo.


No insistamos, sin embargo, sobre esta clasificacion , que con
abstracciones y argucias podria controyertirsc: tijémoncs en Jos
hechos, que son la piedra de toque de las doctrinas. ¿Recollució el
rey el tratado de Guebhard? "SÍ, se dice, pero su reconocimientu
(y este cs el segundo argulIlcnto) fué tan lIulo como el tratado mis:
mo.» ¿Cómo? Vn rey establecido en la plenitud de su soberanía por
el unánime prollunciamiento nacional, y si esto no parece bastante
por una resoJucion esplícita de las Córtes de Cádiz, ¿no teadria pu-
der para ratificar lo heeho durante su ausencia, cuando le tenia
para hacerlo de nuevo? ¡,Se rehusaria al soberano, para solo el re-
conocimiento del empréstito Guebhard, la potestad que se le ha
reconocido para la ratificacion de todos los actos de la regencia?
Sí uno de ellos era nulo vor falta de autoridad legítima, tod()~ de-
hian serlo igualmente. SI, por esta nulidad, originaria del acto, era
nula la ratiticaeion , nula debia serlo asimismo la de todos los de-
mas. y ¡.adónde se iria á parar admitiendo esta funesta doctrina'!
De consecuencia en consecuencia, iriamos á una reaccion absoluta,
á una subversion tolal.


"Pero las Córtes de Cádiz (este el tercer argumento) habian
declarado que no reconocerian otros empréstitos que lus hechos
pur ellas.}) En primer lugar. esta declaraeion no se publicó, ni
consta á nadie de un modo auténtico. En segundo lugar, aun cuan-
do se hubiese publicado, el monarca á quien se habia deyueltola
plenitud de su soberanía, revocó, porel hecho de aprobar ó contra-
tar otros empréstitos, aquella disposicion, en "irlll(\ <le la misma po~


TOMO l. n




114
\eslad que legitimó todos 103 actos de su gobierno duranle Ull pe-
riodo de diez años, actos que nadie ba pensado en desconocer. Eu
tercer lugar, ¿cómo se pretenderian hacer obligatorias para la na-
cion las disposiciones de un gobierno, encerrado en un rincon de la
peninsula, que de nadie era obedecido, y que tuvo que capitular
pocos dias despues? Yo recuerdo con reconocimiento muchos de su:>
actos; pero ú los escesos de algunos que se prelendian identifica-
dos con él, ó la mala disposicion de los espíritus en lo interior, Ó
la aversion con que la Europa miraba doctrinas que habian tur-
bado la paz de nuestro suelo, y que amenazaban turbar la de los
vecinos, ú otras causas que, misionero de olvido y de concordia,
yo no debo ni quiero recordar, hicieron hundirse sin culpa nues-
tra aquel gobierno, y desde entonces nada imponia la obligacioll
de respetar su última voluntad.


Se ha dicho (y este es el cuarto argumento) que «el empréstito
~Guebhard. ó una parle de él, sirvió para destrUIr el gobierno esta-
Ilblecido.» Esta es una falsedad insigne. El tal empréstito se con-
traló, como dije antes, el 20 de setiembre, y el 30 salió el rey de
Cádiz. Aunque en el artículo 2.° del convenio se estipuló que des-
de el mismo mes pagaria el contratista 918,000 duros mensuales
por espacio de diez meses consecutivos, fácil fué conocer des-
de luego que en diez dias no podria verificarlo, como no lo verificó
en efecto. Por esta falta de cumplimiento pudo el rey, saliendo
de Cádiz, anular el contrato. ¿Lo hizo? No: al contrario, !lU mi-
nistro estrechó siu descanso a su pago, é hizo asi suya la ope-
raciono


¿Se aceleró siquiera el pago por eso? No, ciertamente; Guebhard
no aprontó ni la mesada de octubre ni la de noviembre, ni en di-
ciembre mas que una tenuísima suma de cuatro millones y pico, ni
en los meses sucesivos mas que pequeñas partidas que, en 1) de
abril de 1821, ascendian solo a 13.839,648 rs. 12 maravedises, en
lugar de UO millones que estaban vencidos en aquella fecha. La
regencia no recibió, pues, un maravedí de la operacion , y es, por
consiguiente, falsisimo que ella invirtiese, en destruir el régimen es-
tablecido, productos que no se recaudaron hasta muchos meses des-
pues de la supresion de aquel cuerpo. Las causas de la destruccion
del gobierno constitucional ya se han indicado.


Es igualmente falso que «el dinero que del dicho elI1préstito (es-
te es el quinto argumento) recibió el gobierno del rey, sirviese solo
para remachar nuestras cadenas.» Aquel dinero sirvió para orga-
nizar, vestir y armar el ejército, para proveer los almacenes del
Estado, para hacer frente á todas las necesidades del servicio, para
impedir, en fin, que se desplomase la monarquia. A esto5 intere-
ses preciosos se atendió COIl aquellas sumas; y si esto fué un mal
para algunos que gemían injustamente en la emigracion, y que no
esperaban deber la vuelta á sus bogares sino á un trastorno en su
patria, esta no pudo menos de agradecer los esfuerzos que se hi-
cieron para preservarla del tal trastorno, para disminuir los males
de su situacion, y cunservarla, en fin, lo menos mal parada que 5e




AI'I!N/lIC& i\'OM&JW 3." Ha
pudiese, par:\ la época do la regeneracioD, qua debia lIega.r ma~
tarde ó mas temprano.


El sesto argumento es 'que hubo en el precio lesion enorme y
cnormí~ima.» Este hecho es tan falso como los dos an teriores, y para
probarlo no será menester mas que comparar el precio del em-
préstito Guebhard con el de los que en el espacio de 33 meses hi-
cieron las Cortes por el valor de '2,091 millones. Al presentar este
paralelo, declaro del modo ma,. solemne que no intento acusar la
memoria ni los empréstitos de las Córtes, sino establecer que, en
todos ellos, sin escepcion, se sacó mucho peor partido que el gobier-
no absoluto sacó del de Guebhard, y que este no puede por consi-
guiente ser arguido de lesion, cuando se reconoce que en los d8
las Córtes no la hubo.


El primer empréstito constitucional se hizo en 6 de noviembm
de 1820, por la suma de 300 millones á 70 por ciento. El de Gueb-
hard se hizo en '20 de setiembre de 182:1, á 60. Pero ¿ fué aquel
mas ventajoso que este por haherse contratado á 10 por ciento
mas? No por cierto; aquel se ajustó á 5 por ciento de interes, y '2
por ciento de premio, ú, lo que es lo mismo, á 7 por ciento, y el
del gobierno absoluto se hizo á 5. Las demas condiciones fueron
iguales ,es decir, lacomision á 5 por ciento, y la totalidad reembol-
sable íntegramente por séries. Así, llues, en el empréstito consti-
tucional, el gobierno recibió (ú debío recibir, pues de que los reci-
bió yo no respondo) 65, por los cuales debia pagar 7 de interes y
de premio, ú, lo que es lo mismo. 10 1/4 por mento. En el emprés-
tito Guehhard recibió el tesoro (ú debió recibir, pues la restriccion
es la misma) 55, y pagar por ellos 1) de réditos, o, lo que equivale
oí esotro, 9 por ciento. He aqui una revelacion que asombrará un
poco á todos los charlatanes, y mas aun á los que no lo sean. El
empré.stito Guebhard, esa operacion tan indignamente calificada,
tan atrozmente juzgada, se hizo á un interes de 1 y 1/4 por ciento
menos que el primero, y uno de los mas ventajosos que celebraron
las Córtes; yeso, cuando estas se hallaban!!n el apogeo de su pres-
tigio v de su gloria; cuando Lisboa, Turin y Nápoles habian adop-
tado la Conskucion española; cuando la península itálica estaba
asomada á una situacion igual á la de la península ibérica; cuan-
do, en fin, la simpatía universal estaba escilada en favor de nues-
tra nacion, llamada entonces, al parecer, á los mas altos destinos.
Pues bien, en aquella situacion. las Córtes contrataban un présta-
mo á 10 1/4 por ciento de intereso Por el contrario en 1823; la na-
cion estaba entregada á una sangrienta reacciono Un gobierno en
Madrid, en nombre del rey, y otro en Cádiz, con el rey á la cabeza,
se disputaban un mando que solo el pronunciamiento nacional po-
dia adjudicar definilivamente al rey de Cádiz ó al de Madrid. Por
colmo de complicaciones, el gobierno de Madrid proclamaba la ban-
carrota de los empréstitos de las Córtes, y se indisponia asi con to-
dos los capitalistas de Europa. y se cerraba todos los mercados. Pues
bien: en esta situacion. el gobierno absoluto contrataba un empré:;-
tito á \} por ciento de interes, á 1 Y 1/. menos qne la~ C6rteslo ha-




IItj
biall hccho cn el Illas brillante periodo de su existencia. ¿No hahria
tic esta comparacion grandes documentos que sacar?


Nueve meses no habian pasado aun desde la fecha del primer
empréstito de las Córtes, y ya en ~ de agosto de 19B hubo que
negociar el segundo, conocido con el nombre de nacionaL Este
nombre anunció desde luego que no se completaría, y, á pesar de
los esfuerzos del patriotismo, y de las ventajas que ofrecia á los
prestamistas la operacion, esta no llegó á realizarse siquiera por
\In tercio. Pero la pequeña parte que se tomó produjo el mejor de
lodos los resultados que ofreció ninguna otra operacion de su es-
pecie durante el régimen constitucional, y no obstante vino á cos-
I.ar 10 por ciento de interes, pues rebajando ~ por ciento de comi-
sion , y reduciendo á dinero al curso corriente los créditos que se
entregaron en pago, el gobierno recibió 60 1/4 por ciento, por los
cuales estipuló pagar 6 de intereso Asi , el mas favorable de todos
los empréstitos constituc.ionales cosIó 1 por ciento mas caro que
ese vilipendiado y semiproscripto empréstito Guebhard. Y ¿todavía
hay quien ose hablar de lesion?


y aun hay quien ose, en presencia de la famosa operacion
de 22 de noviembre del mismo año de 21 , cOllocida con el nom-
bre de empréstito de conversion, y que con sus accesorios ascendi6
á la aterradora suma de 1,67~.196,000 rs. Conlratóse aquel em-
préstito a 50 , con 4 de comision y ;S de interes, es decir, á 11 por
ciento de réditos, que no seria estraño ascendiesen á 20 , visto que
~e recibieron en pago, á 70, crétlitos que valian un tercio menos
PIl los mercados; que el cambio de los florines se hizo á 4 Y me-
dio reales; y que se eS/lerimentaron otros quehrantos, que la
'~omision nombratla por as Córtes para examinar la operac.JOtl no
tuvo repat'o de manifestar, y aun de exagerar en su seno, á pe-
sar de lo cual se llevó arlelante. .


¿Hablaré de las operaciones que hizo casi necesarin~ el apuro
á que redujo al gobierno la falta del cumplimiento del tralado con
Bernales? ¿ Recordarr e'l precio á que se negociaron desde enton-
ees Iluestras rentas? No; repito que no me he propuesto desacre-
(litar las operaciones de las Córtes, ni recriminar ~obre hechos
pasados. Pero cuando se proscribe el empréstito de setiembre de 2:i,
á pretesto de que hubo les ion ; cuando al mismo tiempo se enco-
mian y se canonizan los doblemente costosos de Jas Córtes, es me-
nester mostrar que solo la ignorancia de los hechos ó la influen-
cia de las pasiones pueden producir resoluciones tan contradie-
tllrias.


y no se pretenda "acar, de la diferencia de las formas entre p[
gobierno constitucional y el absoluto, la razon de la predileccion
que se ostenta por alguna de estas operaciones, y del odio que
"e manifiesta contra otras. La forma de gobierno es indifcrentt'
para la cuestioll que se agita. Lo que es mas útil para el pais no
deja rle ser mejor porque sea obra del gobierno absoluto. Lo que
t'5 mas perjudicial no mejora de carácter porque sea obra dI' la,
Córtes. Con Córtes y sin ella~, las (Icll(\a~ (\PI gobierno {jut' ha rjcr-




Al E:\1l1CE J'iLlIEl;O 3 n 117
rído sin oposidolJ el poder , ~on igualmente legiLma~ ; pero si ]¡u-
bie~e tal vez un prctesto , <i favor dcl cual se IlUdlt'l'a dejar Je re-
conocer algunas, ciertamente la bancarrota no delJería compren-o
Jer sino <i las mas onerosas, y en· tal caso las de las Cúrtes serian
las primeras á figurar en esta categoría. Las Jel gobierno absolu-
to, solJre mellO, dura" gozan ademas la ventaja de resultar y pro-
barse por cuentas en regla, ventaja de que nunca participo la
deuda de las Cortes.


Se ha pretendido (y este es el sétimo argulllento) que « no hay
pOI' qué reembolsar el resto de esta deuda, pues que con los pagos
va hechos se ha reintegrado dos ó tres ,'eces.)) Hablando de este
¡nodo, no se ha reflexionado 9,ue esta es la suerte inevitable da
todos los préstamos á intereso cualcluiera que toma dinero al10 por
ciento reintegra dos veces el capita al cabo de ':10 años; y sin em-
bargo, la !leuda primitiva subsiste en pico En pie subsiste toda la
de los 33 meses de las Córles, sin embargo de que se pagaron sus
intereses mientras duró aquel régimen, y de (IUC solo se recibieroll
pur los capitales sumas respectivamente tcnuísimas. En el em-
préstito de noviembre de 1821, hubo una suma negociada de Uu
millones, por los cuales se percibieron solo ~!l ,78!l,2!)1 rs., y por
dios se sometió el gobierno á reembolsar una suma inmensa. Es,
Jlues, este un mallllherente á la naturaleza de eslas operaciones,
y no un achaque particular del empréstito Guebhard , ni de otro
cualquiera, conlraldo ba,jo este ó aquel régimen. El daño principal
e~tá en la necesidad de tomar prestado; los demas son consecuen-
t:ia forzosa de aquella necesidad misma.


En fin (y este es el uClal"0J' último cargo), se pretende justi-
ficar la bancarrota de Guebhar con las dilapidaciones que se su-
pone haber existido en el manejo de los productos. Para apurar es-
lo, como para averiguar si fue la regencia de Urgel ú la de Ma--
drid la que contrató aquel empréstito, parecia natural empezar por
tomar nllticias; y en este caso, por prf:'gllntar al tesoro si habia
recibido Ú 110 los productos que debian resultar de la operacioll,
<:on lo cual la cuestion habria quedado resuelta desde el princi--
pio , y confundidas \lara siempre las habladurías de los desocu-
pados r de los envidIOSOS. Pero, pues no se ha seguido este sis-·
tema, unico racional, y propio para asegurarse de la verdad; pues
que, <i pesar de estar la acusacion desmentida por hechos noto-
rios, y al alcance del ultimo oficinista, se insiste sobre ella, y la ca-
'/amnla asocia mi nombre á aquellos pretendidos abusos: yo '"OY,
para hacer callar de Ulla "ez sus monolOBOS almllidos, á relatar JilS
trámites de aquel negocio, á dar de él á todos una idea cabal, )
a manifestar la insignificancia de la intervencion que en él tuye.


Once dias anles de haber yerificado Guebhard su primer pa-
go de poco mas de cuatro millones, es decir, el '2 de diciembre
de 23, reemplazó á don Juan Bautista Erro en el ministerio de
lIacienda don Luis Lopez "Ballesteros, en la época del mayor des-
ónllln, de la mayor penuria en que se halló ,iawá5 nacion algu-
na. Ni fondo" en el tesoro, ni surtidos en los alInan'IH's, ni iiis-




118 BIOGIIU'JA.
tema de rentas, ni manos auxiliares capaces de llevar adelante
ninguno que se adoptase (la revolucion las habia aniquilado ó ahu-
yentado casi todas), ni ejército, ni órden en ninguna dependencia
del servicio, desorganizados de resultas de la variacion hecha en
pocos meses en la forma del gobierno; tal era la situacion del rei-
no, cuando Ballesteros entró a servir su ministerio. Bien luego hu-
bo de conocer la necesidad de acelerar el cobro de las sumas que
Guebhard se obligara á pagar, y con este objeto eSJlidió órden so-
bre órden a don Joaquin Carrese , comisionado por la regencia pa-
ra entender en este negocio en París, encargandole estrechar al
prestamista. Pero como este no cumpliese, corno no cumple ningu-
no cuando no puede vender inscripciones (razon por la cual pocos
meses antes de aquella época habia sido forzoso, bajo el régimen
constitucional, anular el empréstito contratado con Bernales, de
Lóndres), el ministerio previno á Carrese que adjudicase el em-
préstito á otro banquero, corno en la circunstancia espresada lo
habia hecho el gobierno constitucional con Campbell v Lubock. Hi-
zo Carrese las mas esguisitas diligencias para cumplir sus órde-
nes: solicitó á un Lafflte , á un Rotschild, y no sé a cuantos mas,
sin dejar absolutamente piedra por mover; pp.ro en vano: todos
los banqueros declararon que no se interesarian en operacion al-
guna con 'España, mientras esta no empezase por reconocer
los empréstitos de las Córtes. Asi lo exigiera desde luego la justi-
cia y el decoro del gobierno; pero el rey habia prevenido á todos
sus ministros no hablarle de tal reconocimiento, y no existia enton-
ces en el reino un solo hombre capaz de contrarestar aquella de-
terminacion.


En este estado, y mas apremiado cada dia Carrese por las ins-
tancias del gobierno, tropezó, en fin, con don Alejandro Aguado,
:i. qnien, en uso de sus facultades, adjudicó en 25 de marzo
de 182i algo mas de la mitad de los 33í millones contratados en
setiembre anterior por Guebhard, que se quedó con el resto.
Aguado interesó en su operacion á una casa que, notablemente
perjudicada por la bancarrota de los bonos de Córtes, y escitan-
do fuertemente por esta causa el interes general, disminuyó con
su intervencion en este negocio la efervescencia promovida por
la aparicion del empréstito Guebhard, y facilitó así su pronta y
ventajosa circulacion.


Aun no sabia esta novedad el gobierno, ni yo tenia del ne-
gocio toda la mas ligera noticia, ni aun la de si el rey habia
hecho ú no suyo el empréstito de la regencia, cuando el 23 de
marzo se presentó en mi casa don Juan Pedro Vicer.ti, director
de la caja de Amortizacion, y me propuso ir á París á remover los
obstáculos que entorpecian la realizacion del empréstito Gueb-
hard. Acepté despues de varias esplicaciones , recibí mi nombra-
miento elLO de abril y el 9 mis instrucciones, y el3 de mayo me
dí á conocer en mi nueva calidad en Paris.


Al llegar yo alli, Aguado v Guebhard negociaban muchas
obligaciones, á virtud de la circilllstancia de que arriba clrjo he-




APLi\¡JlCE NI/MEnO 3.°
eha llIellelOn, es tJ\!cir, ¡Je la a50ciacion del primero con ulla ca~a
interl'sada en los bonos de las Córtes. El desempeño de mi comi-
~ion fué, pues, fácil y sencillo, y desde luego pude hacer grue-
sas remesas al tesoro, pero sin otra intervencion en el neo-ocio
que la de solicitar las de los contratistas v dirigirlas á Madrid. De
ellos recibia yo cada correo gruesos paquetes de letras de cam-
bio que enviaba al tesoro, de donde se les espendian en dere-
chura las cartas de pago, y se les abonaba su importe en cuenta,
pues ellos y no yo eran los que la tenian abierta en aquella ofici-
na. El empréstito estaba contratado mas de siete meses antes con
un banquero, repartido seis meses despues entre dos, determinado
IHI precio, arregladas sus condiciones. ¿ Qué era lo que á mí m 1\
quedaba que hacer? Cobrarlo. ¿ Lo cobré? Si. ¿Envié á Madrid, ó
hice entregar en París sus productos, con arreglo á las órdenes quo
se me comunicaron? Sí. ¡. Entró jamáS en mi poder un solo mal'a-
yedí de él? No. La certeza completa de estos hechos resulta de los
asientos de la tesorería, de que conservo toda la correspondencia.
;.De qué manera podrian, pues, criticarse aquellas operaciones? ¿De
qué manera podria tomarse en boca mi nombre, suponiendo que
existiese algun motivo de criticarlas?


Cuando ya se habian hecho por mi mano gruesas remesas, so
suscitaron algunas dilicultades , ya sobre su cambio, ya sobre lo;;
derechos que á él alegaban respectivamente los contratistas. Lus
primera" se allanaron, adoptando el sistema seguido durante el
régimen constitucional, y fijando en consecuencia el cambio del pe-
so duro {¡ 5 fr. &00 céntimos. Las relativas á los derechos parciales
tle los contratistas se terminaron en una junta de árbitros, escogi-
dos entre ilustres abogados y banqueros de París. Ni en uno ni en
otro caso, ni en ninguno, se concluyó nada sino en virtud de ór-
denes esplícitas del gobierno, confirmadas por aprobaciones succ-
~iYas , ,concebidas ale-unas en término~ que, muy lisongeros para
cualqUIera, lo eran llOblemente para mi , porque estaba seguro de
haber merecido los testimonios de benevolencia con que se me
honraba.


/\. estas dificultades pasa¡(eras se añadieron otras permanentes
ti perpétuas, consecuencia forzosa de la mala posicion en que se
habia colocado el gobierno español. Los tenedores del papel de las
Córtes, capitales, y si se quiere, legítimos enemigos de nuestro
{'rédito, combinaban frecuentemente grandes operaciollesá la baja.
'lile tal "cz la produjeron espantosa. En alguna ocasion, Ulla pe-
queJia suma aphcada oportunamente por cuenta de la caja óü
Amortizacion de España, y por mano de su banquero, al rescal(!
tle unas cuantas obligaciones, restableció en breve el ni"el de los
precios y le proporcionó decentes beneficios. Pero la caja no po-
dia hacer otro tanto cada vez que las operaciones á la baja se re-
novaban, pues para esto se necesitaban medios de que ella carc-
t'ia; as; rué una fortuna que hubiese purEculares que hiciesen
f¡'cnte a las tales combinacIOnes, que promoYiesell poI' otras, há-
hile~ y patrióticas, la subida de nuestros valores, tí impidiesllll a~i




JiO 1ll0(;n.HLI.
~1I dcpreciaciulI progresiva, que habria sido el resultado necesa-
rio de la falta de un fondo permanente de amortizacion. Aqllello~
particulares prestaron en estas operaciones un servicio inmenso al
crédito de España y á los tenedores de su papel, esponiéndose
ú hacer por su cuenta lo que el gobierno mismo habia debido hacer
por la suya si poseyese recursos que destinar á aquel objelo. Si
asi obtuviesen beneficios, honrosa y legítima recompensa fueron
de esfuerzos generosos hechos en favor del cn~dito español.


Ni obraron jamás de otro modo los gohiernos ni sus banqucros:
:lLluc!los, destinando un fondo de amortizacion al rescate periódico
de sus obligacioncs <:Írculantes: estos auxiliando en su caso eOIl
gruesas compras, descucntos y otros medios análogos, la accion per-
manente de la amortizacion, y manteniendo asi el alto precio de
los \'alores de que (;uidaIJan. Por estos lIledios nobles y (]f,corosos,
principió y cOllsolidó el célebre Uotschild una fortuna inmensa,
de cllr;). rápida y honrosa adc¡uisicion no hay quien le aeuse. Por
1<)5 mIsmos la hacen diariamente en Lóndres y París los banqueros
qne, ide.nliticándose con los inLereses de los gohiernos á quienes
,ünen, no temen correr riesgos ell las operaciunes (Iue lal vez
exige la necesidad de que no se atenúe ó disminuya su crlldito.
Este sistema de operaciones es tan obvio, tan general, tan ll!~ce­
,;ario, que es mengua haber de descender á su esplil'.acion. Pero
¿ cómo evitarlo, cuando estos detalles trivialísimos parecen ignora-
dos de aquellos mismos que se abrogan un derecho casi escluEi\'o
de fallar sobre estas cuestiones? Fuera del inleres de que se sos-
tuviese su crédito, como se hizo en cuanto cupo, no hubo ni de-
hiú haber para el gobierno espauol otra cuestion en el negocio
üuebhard que la de hacer pagar :í los contrati,tns las sumas ¿Í (lile
:,c obligaron. ¿ Cumplieron Aguado y Gucbhard con esta obliga-
cio})? SI no lo hicieron, reclámeseles lo que deban. Si pagaron, pun-
ID cOllclllido. Tal es la marcha uniforme y general de esta clase de
operacioncs. .


Pero no acostumbran seguir la misma los partidos. En las re-
vueltas civiles, si un necio concibe una sospecha injusta; si un
envidioso la propaga; si un hablaLior la generaliza; si, corriendo de
boca en boca, crece y se engruesa como las bolas de nie,e (¡ue
hacinan los muchachos, esta es una fortuna para el espíl'itu de
faccion< De la sospecha á la in.iuria la di;;lancia es muy corta; de
la injuria á la calumnia el tránsito muy fácil: se da vuelo á la ma-
lignidad; se da cuerpo al fantasma; se inventan circunstancias an-
fibológicas para no verse en la necesidad de únlrar ren pormenores
que descubririan completamente la iniquidad de la maniobra; y
cuando el hambre benemérito contra qUIen esta se dirige ~[mes las
facciones no asestan jamás sus tiros á otra clase de personas) fia-
(lo en la absurdidad evidente de la acusacian . desdeña combatir-
la, nota con sorpresa que incautos ó pérfidos discurren sobre ella
como sobre un hecho de qne por de contado no se curan de exa-
¡ninar el origen, ni la posibilidad, ni las consecuencias.


Por motivo, de índole diferente, pero por trámites analogo~.




A P;"DI CE "ti)IE HO 3,"


ba sucedido e6to llliSlllO eon las ridículas y e~travagantes acnsa-
dones sobre los empréstitos de los últimos diez años. Como era na-
tural, empezaron á desacreditarlos los perjudicados por la bancar-
rota de los bOllOS de las Córles, creyendo, tal vez con razon, que
á no haber quien proporcionase dinero al gobierno, tendria este
que reparar aquella injusticia para procurárselo. A los interesados
en las operaciones de Ha(~ienda de las Córtes, que eran muchos
y estaban protegidos por la justicia de sus quejas, y por la simpa-
tía de la opinion ,se agregaron millares de individuos, lanzados
por una reaccion ominosa del suelo de la patria, y que por donde
quiera difundian la irritarion que les inspiraba su proscripcion no
merecida. Albergados en paises libres, tuvieron á su disposicion,
para propagar sus resentimientos, todos los periódicos que profe-
saban doctrinas generosas; y estos, repitiendo sin descanso las
imputaciones violentas qUl~ el interes y el despecho abultaban dia-
riamente, llegaron á hacer casi general el clamor contra España
y su gobierno, y de rechazo contra sus banqueros y sns agentes.
Seguros estos de sí mismos, dejaron sin rebatir errores ó calum-
rúas, de que todos sus actos ofrecianla mas completa refutacion,
y he aqui engruesada la bola de nieve.


Nada tendria de singular que, lie! á las tradiciones y & los
hábitos tle todos los partidos, aprovecllase aquella coyuntura una
faccion fanática, capitaneada eu los años anteriores por dos mi-
nistros que estaban en lucha perpélua con los otros tres, cuyos
sentimientos eran moderados y justos, y particularmente con el
ministro de Hacienda. El conde de la Alcudia, gefe de aquella
faccíon , pudo, pues, en su deseo de vengarse de la enér<Yica y li-
J)eral oposicion de don tuis topez llallesteros, recoger algunas de
las imputaciones que, por los motivos que acallo de espresar, cir-
culaban sin duda contra-él, y que ni su posicion, ni el convenci-
miento de la justicia de sus actos le habian permitido desvanecer.


Pero suponiendo cierto (lo que yo he ignorado hasta hoy) que
Alcudia reuniera algunos de aquellos chismes y formase con ellos
un legajo, ó sea un proyecto de proceso (nunca un espediente,
pues espediente es otra cosa), es evidentemente calumnioso ql,le
el rey mandase formar causa á Ballesteros y á mi, puesto que
aquel continnó de ministro mientras lo fué Alcudia, y ambos cesa-
ron de serlo juntos. ¿Quién habria impedido el cumplimiento de la
rcsolucion soberana, si hubiese sido cierta? ¿ Cómo Alcudia, cu-
yo poder igualaba á su audacia y á su odio, habria dejado de
cumplir una órden que él provocara, ya por satisfacer sus resen-
timientos particulares, ya si se quiere:por otro motivo mas eleva-
do? Cómo, aun sUJloniendo que se hubiese revocado la pretendida
órden habria continuarlo Ballesteros de ministro v se habría Alcu-
dia mantenido á su lado, ¿la tal formacion de c"ausa por las su-
puestas iniquidades del empréstito GlIebhard , es pues, una indig-
na, una abominable impostura, capaz solo de ofender al que tuvo
la desgracia de articularla?


Igual earácter tuvo la alusion que hizo el mi,l11o sobre la des-




1lIOI,;IUHA.


aparicion del pretendido espediente, q~le, cierto, uo puuo don
I,ui" Ballesteros bacer perdidizo, puesto que cesó de ser minisLro
al miimo tiempo que el que la formó. ¿ Quién, pues, pudo ocultarlo?
, Yo por ventura? Pero ¿ cómo estaba tan á la mano que pudies6
yo apoderarme de él ? Y luego ¿ con qué objeto le habria yo inuti-
lizado ó destruido? O los hecbos contenidos en él son falsos, ú eu
ese caso e¡¡ mejor que se conserven mamotretos de tal especie pa-
ra confusion de los que los inventaron; ó son verdaderos, y en
tal caso de nada sirve la destruccion de un espedienle parcial,
pues en las oficinas existirán siempre los documentos que prueban
la alef?ada criminalidad de los actos. Asi yo, que en mi vida hice
ton tenas á sabiendas, habria estado tan lejos de hacer ningun da-
lla al supuesto espediente , como lo estuve de impedir el recono-
cimiento de los papeles sobre empréstitos, que existen en las di-
ferentes oficinas del reino. Yo era ministro cuando don Jo~é Ara-
nalde dió una órden para ponerlos todos á disposicion de ciertos
individuos, que entonces no tenian ningun carácter público, y
que, sin conocerlo~ yo ni de vista, eran, nu ubstante. ó se mostra-
ban mis enemigos. Esta medida (Jodia ser de trascendencia bájo
mil conceptos, y señaladamente por el destino que podia darse á
copias particulares que se sacasen de documento3, de que no se
debia haber sino un I1S0 público. Como ministro habria yo podido 'f
debido quizá reclamar contra la tal disposicion, tanto por esta
causa, como por el vicio de su clandestinidad, puesto que no ha-
hia sido acordada, ni aun propu~sta en consejo de ministros. Ni
entonces ni despues hice, sin embargo, la mas lígeraobservacion, y
dejé que se consumase el reconocimiento de originales y la estrac-
don de copias, para que no se atrihu yesen mis indicaciones sobru
la suspension de la medida á miras de ¡nteres privado.


¿ y cuáles podrían ser estas miras? i. De qué se habria podido
reconvenirme á mí, dado que, en las operaciones que, por los
motivos espresados, ocasionaron tan indignas alharacas, hubiese
ilegalidades ó cnalquiera otra cosa que reprender? EN NINGUNO
DE TODOS LOS El\IPRESTITOS HECHOS ANTES NI DES-
PUES DE 1823 HE TENIDO GHANDE NI PEQUENA INTElt-
VENCION. La que tuve en el de Guebhard se limitó á acelerar su
eobranza, sin haber entrado jamás en mi poder un solo maravedí,
ni del importe de aquella operacion ,ni de las remesas que des-
pues hubo de hacer la caja para pagar sus intereses. En el primer
easo, las de los prestamistas se dirigian por mi mano al tesoro,
(Ine les acusaba el recibo en derechura. En el segundo, las rcmesa~
I e la caja se entregaban por mí á los banqueros de París que (sea
dicho de paso) eran diferentes de los contratistas del empréstito
Guebhard, sin que no solo hubiese jamás en mi poder fondos dI)
ninguno de dichos establecimientos, sino que al conlrario, tU\"C yo
([\le empeñar mas de una vez mi garantía personal para responder
de las obligaciones de la caja, que en varias ocasiones dejó de com-
~!etar sus envíos, no sin riesgo de ver comprometido el ~eryicio
de Jos intereses. El propósito, f{\le ell llin¡:;\ltl I'aso lllodilil¡IH" ¡le n<l




.\l>EXDIC~ XU.\II;óIlO 3."
tener en mi !;loder un real del gobierno, para confundir de ante-
IDano toda Imputacion malévola, y quitar asi su alimento ordi-
nario á la envidia, me hizo desechar siempre la {lroposicion, y aun
desobedecer la 6rden para pagar en mi casa los llItereses y las sé-
ries del empréstito Guebhard, mediante una comision que no bajaba
de 200,000 rs. al año; órden que la direccion de la caja me dió en
vano varias veces, y algunas con dureza, y á que me negue con
una constancia digna de mi desinteres y de mis deseos de quitar
pretestos á la calumnia. En la caja de Amortizacion existe la cor-
respondencia que prueba estos hechos y otros muchos mas honorí-
ficos todavía. Si alguno de aquellos mis títulos de engreimiento le-
gítimo hubiese desaparecido, yo los conservo y los mostraré á quien
quiera verlos. .


Corno en esta época de pasiones se envenena todo, se ha pre-
tendido envenenar tambien la conversion del empréstito Guebhard
en renta perpétua. Esta era una medida inmensamente útil, y por
la cual, cuando el restablecimiento definitivo del órden general
permita hacer justicia, se tributará al que la ordenó el debido bo-
menage de gratitud. Con arreglo al contrato, el empréstito Gueb-
hard era reembolsable íntegramente por series; condicion onero-
sísima, á la que el ministro de la regencia hubo de resignarse, sin
duda, porque asi lo habian hecho los del régimen constitucional en
los empréstitos de 6 de noviembre de 1820, y 4 de agosto de 1821.
El gobierno del rey pensó en evitar los inconvenientes de este rein-
tegro periódico, convirtiendo en renta perpé\,ua las obligaciones
reembolsables, mediante una remuneraClOn de 5 por ciento de au-
mento sobre el capital. Que esta operacion era favorable á Espa-
fía, se prueba sin réplica, por el corto número de los que convir-
tieron, siendo claro que lo habrian hecho todos los poseedores de
inscripciones, si hubiesen visto que les tenia cuenta el cambio. Si
no les tuvo, y no se verificó por ello, es evidente que la operacion
estaba concebida en el interes de la nacion.


y no lo estaba solo en cuanto la eximia de un insoportable reem-
bolso anual. Estábalo igualmente, en cuanto podia proporcioRar al
gobierno recursos, de que tenia una urgente necesidad. Se ha pre-
tendido desacreditar la negociacion de obligaciones que se hizo en
aquella ocasion, calificándola de superchería, y no sé de cuantas
cosas mas. Pero ¿qué fué en definitiva aquella operacion sino la
repeticion delo que el gobierno de Cádiz hizo en 18 de julio de 1823
con Campbell y Lubock? Aquel encargó á estos negociar obligacio-
nes pur su cuenta; el gobierno del rey dió á Aguado un encargo
igual; pero hay, en favor de esta última disposicion, circunstancias
llútables que la hacen mas legal, mas moral, mas lícita que la del
citado 18 de julio. En aquella época el gobierno de Cádiz estaba casi
reducido á la última estremidad. No habia un solo individuo en Espa-
ña que ignorase la suerte que leaguardaba, y no se puedesospechar
que él pensase en cumplir obligaCIOnes que se contraian bajo tale~
auspicIOS, como muy luego lo mostró el precio á rJue se negociaron.
No sucedió lo mismo al gobierno del rey en el ca~(l de rJuc se trata.




BWG IU FI A .


Contrayendo cmpeño:i, tenia los meúios de cumplirlos; negociand
obligaciones. sabia que su precio seria proporcionado á la situacion
de los mercados. ¿Variaba, por "entura, la esencia de laoperacion.
porque el empréstito S(~ hiciese por comision <Í por cuenla (lirect~
del banquero? En casos de estrechez, es lo mismo lo HilO qu(~
lo otro; pues si las obligaciones no se negociau. el precio esti-
pulado 110 se paga; y esto 110 sucede solo con respecto :l Espafia,
sino con respecto á todos los gobiernos del mundo.


Concluyendo estas observaciones, no debo- omitir que, en ('1
tiempo que fuÍ comisionado de la caja en París, no dejé ue insisti l'
un solo dia sobre la necesidad de adoptar principios de justiei¡¡ vde
órden, base única del crédito, al cual era inútil aspirar por orros
(~aminos. Desde los primeros momentos tle mi llegada á aquella ca-
pital, anuncié la imposibilidad de hacer ningulla operacíon impor-
tanle de Hacienda, sin ell'ccollocimicnto prévio de las obligacione~
contraidas desde 18:20 á 23. En cien oc¡¡siones manifesté que el
goLierno no inspiraria conlianza mientras, por medio de una am-
nistía ilimilada, no reuniese alrededor del trono español lodos lus
hijtJs de esta patria, que la reacdon de 182:1 haLia diseminado en
diferentes runlos del glolJo. En ninguna ocasion , en fin, dejé de
exhortar a gobierno á cntrar en las vías de equidad, sin lo cual
no podia llenar su augusta misioIl de proteger todos los intereses.
No permitiendo la influencia funesta de un partido que fuesen
oidas mis patrióticas indicaciones, y no siendo posible que, sin ac-
ceder á ellas, se hiciese en París nada que pudiese mejorar notable-
mente la condicion del crédito, solicité con repclicion , con porfía,
por veinte veces lo menos, que se me dejase volver á mi casa, co-
mo lo verifiqué en febrero de 1827. Mas tarde cambiaron las cir-
cunstancias, y encontró el gobierno quien le facilitase dinero, y 110
á la verdad con sacrificios tan costosos como los que se hicieron en
los mas de los empréstitos de las Córtes, y particularmente en el
de conversion y posteriores. Feliciléme, porque mi deseo fué siem-
pre que mi patria fuese dichosa, y no podia serlo mientras el go-
hieru(du viese apuros; pero mi posicion habia mudado, y ninguna
intervencion luve en las operaciones que desde entolJces se lucie-
ron. asi como ninguna responsabilidad en las anteriores.


y no se piense, porque me es plica asi , que, ti ser necesario.
me llcgaria yo á responder de la conveniencia, de la utilidad, yauu
de la necesidad de alguna de las pocas y limitadas operaciones el!
que intervine. Articule, formalice todo el que quiera cargos de
cualquiera especie, por las que se hicieron desde mayo de 182-1.
hasta enero dc 1827 (y obsérvese bien la fecha, pues ella sola con-
funde 999 milésimos 'de todas las imposturas); y aqui, á la faz úe
Espaiía y del mundo, me hallará dispuesto á dar sobre ellas espli-
(~aciones que convenzan al mas obstinado, que hagan enmudecer
nI mas procaz de mis calumniadores. Para poder darlas, para des-
,¡mecer errores, para confundir imposturas, permanecí aqui al
dejar el ministerio en ,ez de haher marchado á UIlOS baiíos dislan-
¡,os, flue ya en UO" oca,iones me fUi'l'oll utili&:11I0~, y por cuya f;J!I~




A[>E~D¡CE .\TlIl:nO :1." 121)
l'.;;loy ~menazatlo de pasar el invierno en la cama. Pero 110 imjlorta:
desde ella responderé á cuantos me pregunten; desde ella rectifi-
caré ideas que la igllorancia Ó la malicia ~e han empeñado en em-
brollar. Y SI sucumbo á padeccres, que un remedio aplicado opor-
tunamente hahria podido destruir ó atenuar, diré espirando: « Des-
nvanecÍ el error, confundí la impostura; muero desempeñando el
¡,escabroso apostolado de mi "ida entera, el apostolado de la razon,
"de fa verdad y de fa justicia.»


Pero como á veces no se acusa para obtener csplicacioncs, sino
por promover escándalo, yo, que quiero acabar eon las ocasiones
de que se renueve, he acudido al gobierno solicitando el empleo de
los medios de reparacion que he indicado; reparacion a que todo
individuo tiene un derecho indisputable, y señaladamente cuando
servicios prestados á su patria le han hecho acreedor á altas dis-
tinciones. Yo no tengo necesidad de enumerar eslos servicios: los
pueblos ensalzaron seis meses de una administracion de que la ca-
lumnia no podrá jamás borrar las huellas: mi nambre, asociado al
inmenso beneficio de la regeneracion española, no ha de ser me-
noscabado, porque algunos de mis senicios hayan sirIo hechos en los
diez años' últimos del reinado del monarca difunto. En aquel mo-
narca, y en cualquiera que ocupe su lugar por los derechos de su
nacimiento, sancionados por fa voluntad nacional, yo no he visto jamás sino la viva, la permanente representacion de la patria.


He respondido á todos los are;umentos que se han hecho contra
el empréstito Guebhanl, reservandome presentar en lugar oportu-
no otras consideraciones importantes para impedir, si es posible,
que se consume su sacrificio. lIe satisfecho al mismo tiempo á las
interesadas imputaciones oficiosas dirigidas contra mi persona. t3S
diligencias qne, á peticion mia, ha mandado practicar el gobierno
de S. M. " acabaran de confundirlas de una manera oficial.-Ma-
drid 6 de oetubre de 183~.






lNTRODUCCION.


T lEMPO tuvo Fernando VII en Valencai para meditar so-
bre los acontecimientos que en 1808 le elevaron prematura-
mente al trono: tiempo tuvo para fijar sus ideas sobre los
motivos del alzamiento nacional en favor de su causa; so-
bl'e la Índole de la lucha de gigantes que sostuvieron los es-
pañoles, y sobre el espü'itu de reforma desarrollado en Cá-
diz bajo el fuego de las bombas enemigas. Nada le era mas
fácil que seguir el camino de la gloria á la vuelta de su cau-
tiverio. Como soberano, tenia obligacion de hacer á sus
súbditos felices: como caballero, debia someterse al blando
yugo del agradecimiento que, en vez de vilipendiar, subli-
ma: como deseado por todos, le correspondia ser emblema
de union entre hijos de una misma patria, traerles despues
de la agitacion el ,'eposo, el premio tras el sacrificio, y en-
treteger al lauro que orlaba sus sienes la verde oliva. Po-
der le asistia para hacer lo que fuere de su agrado. Si las




FERNANDO VII.


:\lació este príncipe el6 de octubre de 1184, en el real sitio de San Ilde[onso,
del matrimonio de Cárlos IV eon Maria Luisa'de Parma, y fué proclamado prin-
cipe de Asturias el23 de setiembre de 1189, cuando apenas habia cumplido cinco
arIOS. Su educacion estuvo confiada á don Juan Bscoiquiz y al duque de San Cár-
Jos, quienes suponen que le inspiraron desde niño una natural aversion bácia
el favorito don Manuel Godoy. Casó Fernando con una princesa de Nápoles,
que murió al poco tiempo abrumada de disgustos, y habiendo entablado nego-
daciones secretas para contraer nuevomalrimonio con una princesa de la fami-
lia de Napoleon, emperador de los franceses, cayó en la desgracia de su padre,
que lo mandó encerrar en el monasterio de San Lorenzo. El motin de Aranjuez
en 1808, produ,jo la caída de Gedoy, la abdicacion de Cárlos IV y el adveni-
miento de Fernando, que fue proclamado rey el S4 de marzo de dicho año; pero
habiéndose puesto imprudentemeute en manos de Napoleon, permaneció prisio-
nero en Francia todo el tiempo que duró la guerra de la Independencia. A 511
vuelta en f8n, anuló cuanto en su nombre habian hecho ~us mas celosos de-
fensores, y reinó como monarca ahsoluto hasta .820, que se vió forzado á admi-
tir la forma.de gobierno constitucional; pero en 1823 se restableció el antiguo
órden.de cosas, gracias á la intervencion de las potencias eslrangeras, y Fer-
nando gozó de la plenitud de su poder, no sin contraricdRdes y dis~ustos, hasta
el Z9 de setIembre de 1833 en que fd\leci~




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1)


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¡:'iTlWDl'eCION.


Uauiz y Velal'lle. Tanto los diputados antiguos, como los
l'eeÍen ele¡.(idos, fucron colmados de bendiciones y llevados
casi en homb:'oií rllll'anlt· afluel acto solt'mne, al par que ticI'-
110. Ocho dias ¡[e~pl1es y á úrsh(wa tit' la noche el'an en-
carcelados afl'entosamenle los }wincipales de ellos. Asi des-
lustraha PI rey :,;u COI'Olla, celebrando con la imposicion de
rastigos injustos, su entmela el! la [Job/acial! dOllde habia so-
nado el pl'imel' ~riLo de indepenuencia; asi, en lugar dc in-
flui!' pUl'a que fraternizaran las voluntades, plugole derra-
mar cnlj'(~ los españoles la simiente de la discordia, descen-
dienuo de la altUl'a tic sohcl'allo y ullI!n('iúndose como (lefe
de partido.


Entre el triunfo de los diputados y su encarcelamiento,
habia mediado el famoso decreto dd ti de mayo en Valen-
cia, pOI' el cual declal'aba Fernanuo Vil que entt'aba en to-
do el lleno de su poder absoluto, si Lien abol'l'ecia el des-
pOlismo, :tmaha la I'('forllla, y prometia reuuir Cortes. Con
la~ jJlisllla~ (¡lIe cstaban congregadas hubiel'U logl'udo illtl'O-
¡{\lcÍ!' en el código de Cúdiz las modi1icaeiones cOllYenicll-
tes: solo con PI'occ(lcr el monarca de ¡mcna fé, se hubicl'all
evitauo rencores y vicisitudes. Pero la hora de la rcaccioll
hahia llegado, y la l'eaecion vino cse!usiyamenle ud trono ..
Atónilo y solH'esaltaÜo ,ió el pueblo desellcauenarse como
una asoladora plaga el sistema de las persecuciones contra
¡¡el'SOllaS eminentes, que ¡[mallle la hel'óica lucha de seis
aüos habian consagrado sus vidas, sus hacienuas y sus lu-
ces al sostenimienlo de la illllependcllcia del pais y á la I'es-
tauracion de su rey amado. Este obl'ó Ú modo de un hom-
bre que se esmerara en demostl'ar que liO merecían fé nin-
;';Ilna sus promcsas: en vez de impulsar suave y cuer'damen-


TOI\IO 1. 9




130 A"AU;S DE ¡SABEL 1\.
te las reformas, deshizo con estúpida pertinacia la~ plautea-
das de muy antiguo: no solo restableció el odioso t¡'ihunal del
Santo Oficio, sino la compañia de JeslIs rstrañada (le c¡.;los
¡'einos hacia muy cerca de medio siglo, prelrstando torpe
y engañosamente que Carlos III habia sido víctima de una
sOI'presa al dicta\' aquel sahio decreto. Pasado era PI tiem-
po de tales instituciones: con todo, si no echaron nuevas rai-
ces en Espaüa, no estuvo la culpa en el rey ni en sus con-
sejeros , que deuicaron grandes esfuerzos á la p\'opagacion
de sus mal intenciollauas doctrinas.


A la tiranía de los op\'esOI'es, eO¡'I'espondiel'on natural-
mente las maquinaciones de los oprimidos: ú las pesquisas
inquisitoriales de un gobierno despótico é infamado, el tCllC-
bl'OSO conspirar <le las sociedades secretas , ~\\'ietc destruc-
tor de instituciones y fecundo semillero de venganza", Nue-
vas simpatías tI'ajo á la causa de los presos, de los confi-
nados y de los per~eguidos la sangl'e de múrtil'es ilu~tres.
Porlier en Galieia, Laey en MallOl'r<l, Bellf'an ele Li~ ~. Vi-
llal en Valencia, pnrgaban en el ca(lalso la mala fortulla tle
sus tentativas por restablecer el sistema (l(,[,l'ocado en 1814.
Algo mas que esfuerzos aislados se necesitaban para (les-


. truir un gobierno establecido, aunque genen\bncnte odiado
y nada robusto. Industria tuviel'on las sociedades secretas
para es tender sus ocultas redes en el seno del ejército reu-
nido, para trasladm'se á I1llestrns posesiones amel'icanas,
cerca de las playas andaluzas. Alli sonó el gl'ito ele libertad
el dia 1.0 del año de 1820: tuvo ceo en toda Espafm;
y el 7 de mano juraba Fernando VII, lila] su gnHlo, ulla
Constitucion que seis allos antes pudo modilieal' libre-
roentr.




INTHOIIUCGIUN. 131
lleslah\eeida esta pOI' IIlIa setlicion militar, el vicio de


su OI'jgcn daúáltaJa snln'emanCl'a. No illspil'ando el vencido
conliallza ú los Yl'nce,IOl'('s, tomm'on estos medidas de pre-
callcion, y cllllwzaron pOI' rodca!'lc de los p¡'oscriptos del
alltcriOl' pc¡'it)(lo, ([1w llesplH's de penler la pureza p¡'imiti-
va en sus m::H["inneionl~s secl'elas, traian ulcerarIos los co-
('azones pOI' SllS agnwios, y ademas se lwesentalJan divini-
zados con la eOl'{)\l(l del martirio. Ol'ganos de la voluntad
sobe¡'ana, impusicl'oll la snya al monarca ya resentido, y
l'xu('el'hal'on asi su rescntimiento. Exacerbál'onlo aun los
I'II1'OI'('S tle muellOs, (file, maltratados durante el mismo pe-
('iodo, pensaron hacel' imposible la vuelta del régimellab-
solulo, conmoviendo los elementos de la sociedad antigua.
Desqlliciada esta, urgía cchar los cimientos de otra nucva,
), á falla de operarios inteligentes y subordinados, los dis-
tolos y los empir'icos pusieron mano á la obra. Ufanas las
lógias masÍJnicas \Ie qne sus ~ecretas, pel'o uniformes y con-
v('('genl('~ e~eiraeioll(,s, habiall proporcionado el tI'iunfo ob-
[('Ilido sobre el d(~bil B1OIHU'Ca, se lisongearon de dil'igil' de~­
de sus 1e1l1'l)rosos asilos la mal'eha del gobicl'llo , y exigle-
,'011 (le los agentes de este una sumision absoluta. Negaron-
se muchos de ellos, y se OI'ganizaron de I'esultas nuevas
asociaciones destinadas á oponel' al régimen recien plantea-
do los mismos embarazos eH que se habia estrellado el an-
I ¡gu lt • De~de entollces las venlas, las torres y las ch.ozas,
hiciel'on gnel'l'a á las lógias, y sobre todo los comuneros
l~lI1peÜal'oH eOll los !nasones una lucha que debia devorar á
IIlIOS y ú otros. :\hOl'3 los antiguos desterrados eran los
opresorps, y el mOHarea d 0pl'iInido: aquellos disponían del
mando: este se acogia II las conspiraeiones: se hahian tro-




AXALES DE ISABEL JI.


cado del todo los papeles. En los conciliábulos del palaciu
se urdió la famosa jornada del 7 de julio, en la que la guar-
dia real quedó vencida por los milicianos nacionales: muy
de mañana, al saber el rey la entrada en Madrid dc los ba-
tallones de guardias que, por un acto de insubordinacion,
se habían trasladado días antes al Pardo,decia lleno de al-
borozo: Ya soy rey absoluto. Por la tarde, viéndolos huir
hácia las ventas de Alcorcon en derrota , clamaba con eno-
jo : Cast(qad á esos bribones: rasgo que dehe conservar
la historia, porque determina perff'ctamente una de las fa-
ses del carácter del último Fernando. De resultas del 7 de
julio, subieron al poder los hombres mas f'xaltados entre los
liberales. A la sazon desolaba la guerra civil al reino; mul-
tiplicábanse las sociedades patrióticas f'n todas partes, y su"
despropósitos eran continuamente ocasion de motines. Esta
situacion anómala ocupaba entretanto á la santa alianza en
el congreso de Verona. Para invalidar sus delibel'aciones,
hubiera convenido que los diputados españoles de todos los
matices se concertaran é introdujeran de propia voluntad
modificaciones oportunas en el código de 1812. Obstinad n-
mente lo mantuvieron, y al venir la nota del mencionado
congreso se tuvo á mengua acceder á intimaciones de es-
tran~eros. El vizconde de Chateaubriand, acérrimo partida-
rio de la restauracion francesa, al ver que esta ihn murién-
dose por falta de glorín, díspm:o unn espedirion de cíell
mil hombres, al mando del duque de Angulema, para pro-
teger la restauracion española. Sorpresn causó en toda Eu-
ropa la noticia de haberse trasladado aquel ejército en un
paseo militar, y por sus jornadas nntulares desde el Bidasoa
hasta el mar' de Alcides, pasando por Vitoria y por Bailen,




I;'iTllOUIA.:t:lON.


y derramándose pOI' los Arapiles y aposentándose en Zal'a-
goza. POI' hauel'se llevado las Cortes al re)' á Cádiz, retal'-
dal'on la caida del sistema constitucional algunos meses.
Derogólo de \lna plumada Fel'Ilando VII el 1." de octubre
de 1823 en el Puerto de Santa ~laría. Un dia autes habia
1irmado un manifiesto dando segm'idades de no reincidir en
el despotismo; pel'O habia ya larga espeI'Íencia de que el
¡'ey no daba á sus palabras valor ninguno.


Tampoco hacia gl'aIl caso de las amonestaciones de los
llne le prestal'On mas eficaz ayuda. Asi como el general 'We-
Ilington, al despedi¡'se del rey en 1814, puso en sus ma-
nos, por conducto del duque de San Cal'ios , una esposicion
llena de prudentes consejos de buena gobernacion y de to-
lerancia; Luis XVIII, des pues del h'iunfo del duque de An-
gulema, como gefe de la dinastía de los Borbones, señalaba
al monal'ca español el derrotero que le convenia segui!' en
adelante, Su ancialliJad, su espe¡'iencia y sus largos infO/'-
tunios, invocaba Luis XVlll para dal' autoridad a sus pala-
bras: «Ohligacion lcneis de Ill'oporcionar á vuestros súbdi-
)¡{os el reposo y la ventura ... Los príncipes cl'islianos 110
» pueden reinar por medio de las proscripciones .. , Entiendo
» que un decreto de amnistía seria tan úlil á los intereses
» de V. M. como á los de su reino ... Lejos de aumental' ulla
») arbilmriedad ciega el porler de los reyes, lo debilita. Si
)1 este podel' no cstá sujeto á l'cglas, si no reconoce ley nin-
») gUIla, sucumbe muy pronto bajo sus p¡'opios capl'ichos,
» se destl'llye la administmcion, se retira la coufianza, se
») pierde el c\'édito, y los pueblos inquietos y atormentados
») se precipitan en las revoluciones.» Tan digna y ellérgica-
'mente hablaba el soberano francés al rey tic Espaiia, Toria,




134 A,,,\LES ])E ISAIlEI~ II.
en vano. He instalado en la plenitud de sus atl'ibuciones, re-
pitió en el otoño de 1823 los desaciertos y las cl'Ueltlades á
que se habia abandonado en la primavera de 1RH,


Ciertamente aquel rigol' insano pudo eohonestarlo, al
modo de ver de algunos, la desesperada empresa df\ UIlOS
pocps refllgiados que zarparon de Gibrallar con rUllIho il
las costas españolas, y se posesional'OH de Tal'ifa. Pel'O la
pel'dieron muy en breve, yel gobierno, seguro de sus fuer-
zas despues de tan fácil victoria, habl'ia dehido hacer, en
fin, lo que mez(/uiuas pasiones le impidicran hacel' anles·
Mohinos se desengañaron los que seneillamente nnl¡'iall el!
sus corazones tan halagüeña esperanza. Fcmando VII no es-
taba cortado para merecer las bendiciones de los hijos de
España, dejc'mdoles feliz memoria de clemente. En vez de
cobijar los estl'avÍos pasados con el manto dd olvido, y de
ser desde luego generoso pm'a ostentarse despues justo, se
ohstinó en preferir el odioso sistema inaugurado meses
atras por las interesadas sugestioncs de \lU \Hu'litlo fanú[ico
é idiota: en vez lle llesarmar con henefieios íl los (Iue le hos-
tilizaban desde fuera, cseitó COII nuevos rigOl'es á los mu-
chos moderados que conservaban en lo interior una actitud
neutral y aun sumisa. Con estos se empezaron ú pohlar la:;
carceles y los presidios; y fue grande el número de los que
se viel'Oll obligados á huscar eJl paises estt'unp;cI'os lu segu-
ridad que no encontrauan en el suyo propio. tllla policía sus-
picaz é implacahle; la tcrrihle instiLucion de los yohlll[arios
realistas, simbolo de la rcarcion anllada', ('11 la (lit(' ya el
11'0110 habia in[('\'~'sado al pueblo; ~ I'll'xiguo illdul!o }luhli-
('ado al fin pOI' (,1 monarca, ~ que, ú juzgar pOl'sn [(':\10, pro-
pemlia IIW:' hien Ú P~(,H\'lH'('\'r tI"e Ú ('oll~obr ú los venei-




I:"iTlIODU«J():"i • 135
do:,;, ueslilldal'on pcl'fectamenlc el di:,;guslo de la:,; pcrsonas
de huena voluntad y de intencion sana, el contentamiento de
los espíritus lllezquillos y supersticiosos, y la propension
natural del I'CY Fcmando á la timnÍa. En fin , la persecu-
cion se hizo mctódica y unifol'lllC, general el recelo, la paz
imposible.


En las esfcl'(\s del gobierno pl'evaleeia la opillion 1II0ue-
mda: anles de mueho quedó totalmente fuera de juego. El
conde de Ofalia y (Ion Francisco Zea Bermudez ocuparon y
penlicl'oll sueesiY¡llllentc el lIlando pOI' tachiu'seles de henig-
nos: el gClIeral Cl'UZ rU(~ ¡H'oce:-!atlo pOI' igual eausa; que;í
la sazoli era HU Cl'ÍllIen y una desholll'a atenual' en la ejecu-
eion la atrocidad de las medirlas (Iue se les dictaban pOI' nor-
ma de su conduela .lmponiasela elrey pOI' sentimicnto pI'opio,
y no movido (le agcllas instigaciones. Un tal Ugarte pl'ivaba
á su lado como gefe de la camarilla. Hombre limitado, {¡ue
~Ie page de UlI conscjcl'o hahia ascendido á agcnte de nego-
CIOS, cl'cyú de hucna fé podcl' gohel'llar abandon3ndose á las
mspiraciones cscentl'icas de un nacionalismo rutinero. Falto
de luces, dc instl'uccion y aun de trato de mundo, no cono-
eia la iniluencia de las doctl'inas proclamadas, ni de las lle-
eesidades m'cadas pOI' una revelucioll de diez y seis ailOs, ni
sospechaha las tendencias de la generacion que iha levauláu-
Jose sohre la suya. V 311amellte le revelahan la enfermedad
que tnll¡aj<lba al cuel'po social los fl'ecueutes conatos de lI'as-
t.orno. En lugal' de combatida, protcgiendo los inlel'eses \c-
gitimo~, y l'estahlecielldo los flle¡'os violados (le la justicia y
el desalTollo de \lila libel'tad I'azonahlc, ~e aplieó ú sofocar 1<1
filie aUlI ('Illos pCI'imlos (le ma:'i opl'esioll :-;e hahia di~fl'Ula­
(\0. Con el re) apoyaha ('~\(' sistellla dI' illlnlel':I11eia ell hl




136 A:'í'\U:S DE ISABEL 11.
Ilecesidad de cstit'par el gél'men l'evo[ucionario: con [os mi-
nistros en la voluntad del monarca: con los estr::ll1geros en
los hábitos naciollale~: COH lodo~, en fin, eula sencillez de su
porte, y eliJa opinion que d~ su deseo del hien se hmia. A
favor del que pOI' [o comun le animaha, impidiel'Oll tal vez los
ministros Illoderado~ alguno de los males de aquellu ,'eaccioJl
tI'emebulIlla, apo~ada hasta en los púlpitos yencl'lldeleeitlu
por la parte mas ahyecta del clero; y d hien (Iue se lltlCia
en estas ocasiolles arrancaba profullllas quejas al partido ra-
mitico, empeüado en dat, ocupacion á los carceleros. ya que
no podia darla á los verdugos.


Personifieacion oficial de aquella sitnacion lastimosa era
el ministro de Gracia y Justicia don Francisco Tadeo Calo-
marde. Este propendia á Ja severidad y á la intolerancia, no
porque estrihara en ellas el deseIIYolvimiento de Hn órden
de cosaR que hnhiertl concebido en su mente y tratara de in-
gerÍ!' cn el Estado, sino á imJlulsos de su senil defe¡'CllCia ú
la voluntad soberana. A trueque de cO\lscn:lr Sil valimiento,
se avino á representar el papel de edilol' rcsponsah[e de
aquellos fUl'Ol'es, que no necesitaha escitar COIl estímulos de
su saila, y á los cuales tampoco era dueílo de poner dique.
Espaüa le hizo manantial de todas sus desventuras, hlauco
de todas sus (¡uejas y pararayos de todas sus j¡'as; y sin em-
bargo liada quitó ni pliSO á favol' de su aparente predomi-
nio. Adular al soberano, y no desI!lerecer de !'1lf.!J'aria, tllvo
pOI' único norte: dejar correr la tlrhitral'iedad 1'11 l'cgll[nt!o
curso y no oponel'la el llH'nOr obstilrlllo fllé Sil cHIpa. Ca)o-
mal'de figmaha, en fin, como inslt'mllento dc los tlesi¡.mios
nada levantados de Sil allgusto mno: romo una de las prl'-
1'OlHlS qlH' !'Uf'nan mucho en los anales (\(' los pud,los y 110




INTRODUCClO:\ •


lienen sigÍlificacio/l propia. Ministro de un rey bondadoso,
hubiera tenido semejanza Calomarde con un planeta natural-
mente opaco, tl'asmitiendo la luz que recibe de un astro
resplandeciente: lIlinistro de un monarca vengalivo, era el
brazo que heria, y no la cabeza ¡¡ue pensaha. Su memoria
solo puede inspirar al historiadol' lástima de menosprecio.


"\1 flartido realista sucedió lo que á todos los que pugnan
y batallan por ejercitar una dominacion absolula; sc f¡'ac-
ciouó muy luego, y el f\'accionamiento eslendi6 susraices has-
ta en el palacio. Increihle parece que hubiel'a hombres eapa-
ees de tachar la marcha, que dejamos descrita en bosquejo, de
poco ellél'giea ódc·sohradamentc eontemporizadora. Todos los
(IHe }1,'ofesaban esta opinion nefanda, y para colmo de escán-
Ilalo eran muchos, se agruparon en torno del infante don
Cúrlos y constituyeron la sociedad denominada del ltngel
l~slel'1ninadol', quc tambien el absolutismo tuvo sus clubs
en Espaüa. Miemhros de ella los mas ignorantes de las órde-
f/('S religiosas p/'olilllahan los templos predicando el ester-
minio de los liberales. Adictos suyos los voluutarios realis-
tas se hacían terriblrs t'jceutores de las venganzas; por el
¡'establecimiento de la illq\lisieion chunaban acordes como
principio de \lna I'ciHJeioll toda,·ia mas espantosa que la que
atenaha á los espailoles hien intencionados de todos los co-
lores. 1\0 pasó Bllleho tirmpo sin que sonara en campaña el
grito de este hando. Diólo rI f"Hncés Bessicl'es, que, arra n-
tado dos años antes de las waflas del suplicio por la in-
Iluencia del elllh l'epl1hlicano de Barcelona, de que era en-
tonces indiyiduo, se alistó posteriormente en las bandera"
dd mas depur¡l(lo ah:<olutismo. Su rebelion le costb la yjda;
prl'o l<l ~ol'it'datl del .\ngef ('stl'/'1IIinadol' no df':"nH1~ó por




138 Al'iALES UE JSAllJir. \J.
estc descalabro. Eco dc su voz rué el lenllllamieulo de
Cataluña en 1827 pOI' dcmas alarmaule, ) ú cuyo aeaba-
micnto tuvo que acudir FCl'llando VII cu pCI'soua. A Sll
vuelta á la corte, la tOl'pe adulaeion le levanto urcos triunfa-
les; y sobl'e alguno de cllos sc reprcscntó al monarca ho-
llando á los catalanes con los pies de su calJallo. Sus par-
ciales no encontl'aron mejor manel'a de gl'angearse su vo-
luntad que haciénuole símbolo de los odios hasta en estatua.


Tras esta sacudida hubo cn el podcr algo menos de du-
rcza contra los libcralcs, Al pl'Opio tiempo, y á fuerza de
perseverancia, introducia don Luis Lopcz Ballesteros en la
hacienda saludables reformas, y ya que en la rcgioll dc las
ideas no podia hacer que prevaleciera el I'ilCiOllal cnsanche
á que le inclinaba su tolerancia, bajo su administraeioll supo
comunicar grande impulso á los intcl'cses matm'ialcs, Tanto
iuflujo han teuiuo los fccundos esfucrzos ue cste minis-LI'O,
IllcreecdOl' de no escasas alabanzas, ([ue cn tiempos poste-
l'iOl'CS sc ha l'ecol'dado la l'egulal'idad con que eH su Ijl~llIjl()
se cubrian las atcnciones uel Estado como la melllOl'ia de l/U
bien pel'dido : y, confumliélluose clmérito de uu illllivi-
duo con la ínuolc del sistcma cn quc Ic locó hacer ti¡,;ul'a, se
ha querido legitimar la identificacion del uno y del Otl'O, y SI'
ha deseado por algunos espÍl'itus irreflexivos la vuclta de
ambos. Abominacíon uel sallo juicio es pellSal' de esla SUCI'-
te: lo que la ruzon aconseja cs vencrar al hombrc que lan-
to bien hizo, y aborl'cccr el sistema que ú tal vilipcll(lio nos
trajo.


Con celeridad pl'otligiosa se UlIlOl¡[OIl,\J'OIl ~lH'CSOS ('01)--
Il'<ll'ios al dCspoli~m(). Elmatl'illlOllio del I'l'y con lloüa ~la­
l'ia Cristina 11(' HOl'holl indlljo ú lof' lihcl'"k:;; ;\ eifl'al' ~us




¡NTlWDUCClO:'I' . U9
espel'anzas en el II'0llO. La rcvolucion dc FI'lHlcia de 18:30
estublccib afeeluosa cOJ'l'cspondeneia entre los emig¡'udos es-
pailOlcs y la genel'acion que en su suelo natal habia crecido
odiulldo las p<'I'secllciones y compadeciendo ti los sacriflca-
dos pOI' ellas. El tálamo ¡'cal dejó de sel' estéril, y se I'esta-
bleció la ley nacional (Iue llama á las hemhras ti la sllcesion
de la cOI'ona. La cnfcJ'Jlledad , que puso al rey ú las PUPI'-
tas de la muerte, y el timon de la nave del estado en manos
de la reina Cristina, ahriú ti los destel'J'ados las fl'onteras
españolas .


. [n año mas de vitla permitió la Pl'ovirlencia á Fernan-
do VIl, despues de haber estado ú pique de pel'derla en la
GI'anja. Allí fueron desenmascarados los traidores. Con los
hombres del Ml,gel eslerminador acababa de hacer alianza
Calomanle y tuvo que huscar su salvacíon en la fuga.' Al
rcy qucdahan muy pocos de sus antiguos scrvidores. No
fueron ellos los (lIle, cU:lIHlo vino ú Madrid convaleciente,
dcscuganchm'oll los lil'os de su carmage, y al son de acla-
maciones le llevaron desde la puerta de San Vicente hasta
palacio. Liherales eran de la nueva ¡¡;encl'acioll en su ma-
yor parte, déhiles todavía para auxiliar á los veteranos de
la lihertad y obtener el triunfo. Nadie 11a pintado mejor la
situacion del pais en u(luel tiempo que el mismo soherano
que habia adoptado el aforismo maquiavélico de dividir pa-
ra 'reilta)', pOI' divisa de sugohierno, euanclo compaI'aba Es-
paüa á una hotella de cerveza, cuyo tapon saltaria á Sil
muerte. :\lItes saltal'a á no medial' la escrupulosidad de su
hermano el infaute don Cál'lol'l, que se pil'aha de ser su mas
leal vasallo micnll'as le dUl'ase la vidn, y tan pt'l'tinllZJIlente,
que mas de uua vez desbarató las HllHluilwrio]H's de sus par-




14.0 ANALES lJE ISABEL n.
ciales. Asi pudo decil' uno de ellos en tiempos posteriores,
que, teniendo don CáI'los la corona de España sobl'e la me-
sa de su gabinete, no se encontró á sus anchas hasta dar
con ella en la calle.


Nuevamente, pudo empuñar fernando VlI las riendas
del gobierno; pel'o la reina Cristina le daba el tono: su as-
cendiente em el iman de las esperanzas de la refol'ma, la
pesadilla del carlismo: se puso cn moda y aun tomó su no m-
bl'e el colol' dcl trage que vcstia cuando el 9 dc diciembre
dc 1829 hizo su entrada en la capital de España: cristi-
nos se llamaron los que se armal'on voluntat'iamente en la
primavera de 1833 con mengua de los realistas, que amla-
ban á la sazon mustios y cabizbajos. Sábiamente enél'gico,
el ministerio Zea Bermudez obtuvo la espatriaciou del infau-
te y la convocatoria de las Córtes, que el 20 de junio re-
conocicl'on á la primogénita de Fcrnando pOI' sucesora del
tl'ono. A la verdad mucho mas numerOso que el bando
libel'al era entonces el carlista, con la difcl'cncia de que flo-
recia atlUe! y caducaba este. Quedándose don Cádos en
Espaiia cabia cn lo posible que hubiel'a clIlpuiiado su cetro,
pasageramente sin duda. Representante del fanatismo é im-
pugnador de la inocencia, por la rígida pertinacia de la vc-
jez sostenido, y por la gallarda osadía de la juventud con-
tl'aria<lo, tardará poco cn aumentar el número de los re-
yes destl'onados errantes por EUI'opa. Con su dcstiel'l'ó
lIntieipado se descentralizaron las maquinaciones de sus pal'-
dales y se \es ohligo á retroceder mucho camino.


Sin que ojos le llol'al'an, porque rll'cino solmnenle vici-
situdes le debia, bajó Fernamlo VII al scpulcro el 2n de
setiembl'(,, ~. PIl Illuy ticl'l1(l cdarl oCllpA el tr'OHn ~II lc¡zíli\llll




INTRODCCCIO~ • U1
sucesora doña Isabel n. Desde luego lo rel'caron hombres
moderados, adictos al antiguo sistema, los perseguidos
en 1814, los emi¡!rados de 1823 , Y la generarion nueva,
trayendo al pais por consecuencia de sus diversos origenes
las complicaciones que maestramente seüala, deslinda y juzga
don Javier de Burgos en su historia. Por desgracia ha deja-
do sin eoncluil' el fondo de su magnifico cuadro, y lo su-
plo con el rápido hosrluejo que traza mi pluma: faltandome
la habilidad del artista, vanamente empleo los colores de
su paleta. A unn amistad inlima con el memorable minis-
tro de Fomento, inlrresnrln por mi parte, pues en ella tenia
fccllndísima enseiwnza, debo In que se encierra en este tra-
bajo. Su espíritu hubiera sido el propio dehabel'lo ejecutado
el señor Bmgos, ya que no se divulgan aqui otras ideas que
las que emitia su voz elocuente hasta en las convel'sacionl's
familiares; y las tuve largas y frecuentes sobre los sucesos
de este siglo con aquel varon docto, hallamlome muy ageno
de (Iue hahia de caberme el triste honor dc hacer la introduc-
cion de su obra despues de escribir el epitafio de su lumba.


Madricl2i de marzo de 18,50.


&ntonlo Ff'rrf'r df'l Rlo.






ANALES
DEL HEINADO DE DOÑA ISABEL 11.


LIBRO POlItERO.


biluarion del pais á la muerte de l'ernando "H.-Testamento de este monar-
ea.-Consejo de Regcneia.-Manificsto de 4 de oclubre.-Alzamiento de las
provincias rIel Norte.-1I1ovimientos parciales en otros puntos.-Retrato de
don l/ranciseo tle Zea IlermudeL-Don Javier de Burgo. rremplaza al rontl"
tIc Oralia en el ministerio de l'omento.-Aclos d~ su adminislracion.-Espo-
si<"ion del general Ql,,·;;a.la.-Dcsavcnencia r'ntre el consejo de Gohierno )'
el milljSf('rjo.-I)J'o~·rdos de transaríon abol'tados.-Aparirion de nueyas par-
tidas tic [a['['i0505.- Zarco <lel Yallp ministro tic la Glwrra.-Opcracioncs mili-
larcs.-Oposicion contra Zca.-Reprcsentadon de L1auder.-Proyectos de reu-
nion tIP rórlcs._Modificacion parcial del ministerio Zea.-Don Francisro Mar-
tinez de la Rosa, ministro tle E,tado y presidente Ilrl Consejo de ministros.


Propúngome consignar en estas páginas los sucesos ocur-
ridos en Espaila, despues de la muerte de Fernando VII;
desenvolver Sil origen; fijar su Índole; señalar su enlacc;
1ll0Stl'a¡' de (Iué modo algunos, en que nadie reparó, inflnyc-
,'OH en otros gr:n-Ísimos, y Ilaccr ver por qué tl'{¡miles hall
lIep;ado la causa de Isabel JI, Y la suerte de la nacion espa-
üola al pstado 1'11 filie hoy seencucnlrau. No las han tr'Hielo
:\ é\ ni grílllllcs híltaHas, ni complicadas ne¡!;OciacioHcs, lli




144 A~ALES VE ¡SAllEL 11.


ocurrencias ue yue, por su Jlublicidad, puedan lodos ('al~­
cular el alcance ó determinar' el ¡n/lujo, siuo hechos que
muchos ignoran en todo ú en parte, Íl (¡UC hall sido pOI' lo
comun mal comprendidos y peO!' calificados. Si, al deselltra-
ilar estas causas, tengo tal vez que ueteuel'l1le sohi'e las per-
sonas que, deun modo ti otro, han contrihuirlo Ú Sil desal'l'o-
110, Y descendel' Ú pormenores quc, en cierta manera, ¡HIe-
den llama¡'se domésticos, no temo que }1al'eZCan estos poco
dignos dc la rnageslad dc la historia, ('Han do se piense que
ellos solos pueden esplicar muchos hechos púhlicos que, por
falta del conocimiento de sus anlecedelltes ocnltos, se haJljuz~
gado generalmente de uu modo errón('o. Ih~,dúndolos, la
exactitud mas escrupulosa, la imparcialidad mas severa guia-
rán mi pluma, y, señalando errores funestos, y, de ellos tal
vez sacando las consecuencias deplorahles, procurar.é que no
se resienta mi lenguage de la vehemencia de mi patrioti:-mo,


Singular, complicada, inconcehihle, rra la situaeioll de
España al espiral' Fel'llando YJI. En Santal'('Ill, casi sohre
nuestl'as fl'onteras, se hallaba el infante don Cúl'los fllle, en
junio de 1833, al .iurarse á su solJl'ina doña Isabel porprin-
cesa de Asturias, habia prolesl<Hlo contra la l'e\oeacioll dI'
la ley de Felipe V , sol)!'e la ;.;ucesion l\ la eOl'OlUl. La tena-
cidad y la destl'eza con que hahia l'e~istido Ú eludido el cum-
plimiento de las l'ep('ti(ln~ ordenes del rry su hermano pa-
ra traslaclarse ú Homa, las relacione:.; (I'w se sahia manll'-
ner en España, la lwotcecion (Iue podía dnde su euiiado don
Miguel, poderoso ú la sazon aun, todo hacia temer que al
fallecimiento de Fernando asomasen por aquel lado grandes
peligros. Licenciada una ¡¡ran pa['le del ejército despues tlr
la jUl'a de In p['ineesa, y difrrido su reemplazo, y'a por eOll-




DOÑA liARíA CRISTINA DE BORBON.


Nació en Palermo el 27 de abril dc 1807, sitmdo sus padres l'l'anciseo I,l'e)'
de las dos Sicilias, y doña Maria Isabel, hija de Cárlos IV, rey de España, Desde
luego manifestó un entendimiento claro y una alicion sin limites al estudio, de
ruyas cualidades procuraron sacar partido sus macstros, haciendo de la augusta
princesa, segun la espresion de uu biógrafo, no lo que se llama Ulla muger sahia,
pero siuna mugcr illstruida,-lIabiendo muerto en 1829 la tercera esposa de
Fernando VII, doña María Amalia de Saj()nia, determinó este contraer cuartas
nupcias, y recayó la eleccion en la princesa d~ Nápoles que nos ocupa, quien
,ino á España acompañada de sns padres, verificándose los desposorios en
Aranjuez el dia 9 de diciembre, y el H hizo su entrada pública en Madrid, Desde
entonces doña María Cristina ha ejereido siempre una gran influencia en todos
los sucesos políticos de nuestro pais; madre de Isabel 11, gobernó el reino du-
rantda minoria de su hija, y apoyada en el partido liberal, hizo frente á las di-
liclIltades de la guerra civil suscitada por el inrante don CárlOi, que disputaha
el trono á la reina Isabel.








I
I


, I




tilma PRIUEHO.


sideraciones de economía, ya por respeto á la opillion equí-
voca del pais, no existianen él mas tropas disponibles que
un corto cuerpo que, al mando del gcneral don Pedro Sars-
field , guarnecia las fronteras de Portugal y que, destinado
á sostcner ó apoyar en caso ncecsario las reclamaciones di-
rigidas á don Miguel por el gobierno de Madrid, estaba
imbuido dc ideas con arreglo á las cuales podia, sin in-
currir en contradiccion , favorecer algun dia las pretensio-
nes de don Cárlos. Numerosos batallones realistas, dise-
minados en toda la estension del territorio, bien vestidos,
bien armados, y animados sobre todo de un espíritu unifor-
me dc realismo puro, mgstraban en general mas simpatía
por el infante que por la princesa niña. Una multitud de
constitucionales de 1823 que, amnistiados por la reina en
octubre de 1832, se iban reuniendo en Madrid y alistando,
hajo la proteccion ostensible ó la connivencia secreta del
superintendente de policía San Martin, en compañías de
('rislinos, continuaban, despues de disueltas estas por la
remocion de aquel gefc, juntándose clandestinamente, sem-
brando desconfianzas contra el gobierno, y suscitándole obs-
táculos para obligarle á completar el beneficio de la amnistía,
remediando las necesidades de diez años de proscripcion. Ex-
hausto como siempre el tesoro; dividida como siempre la opi-
nion; desconfiada como siempre la generalidad de los habi-
tantes; hostigado como siempre el gobierno por las contra-
dictorias exigcncias de un régimen vacilante y anómalo; tal
era el cstado del pais cuando de repente murió Fernando VII,
á las t,'cs dc la tarde del domingo 29 de setiembre de 1833.


Atendida la direecion liberal que la reina habia dado á
su gobierno cuando, despucs de los sucesos de la Granja,


TO)IO 1. 10




146 ANALES DE ISAIlEI." n.
en el año anterior, ejerciera durante un corto periodo el po-
del' supl'cmo; atendido el disgusto eOIl que aquella princesa
hahia visto la direccion contraria que dió Fernando VII á la
política de su gabinete, cuando, mal restahlecido de Sil 1:\1'-
ga enfermedad, volvió á tomar las l'Íendas del gohiel'llo:
constando á todos que, de resultas de aquella variaeion dr
sistema, se habia removido de la superintendencia genel'al
tle policía al brigadier don José San Martín y alejado de la
capital á otros personages que mostraron adhesion al parti-
do de la reina; sabiéndose ó suponiéndose que la severidad
con que se habia tratado á aquellos sus amigos era olll'a del
ministerio, y particularmente de su gefe don FI'ancisco dI'
Zea Bermudez ; creyéndose por tanto qne la reina abrigaba
disposiciones poco favorables á él; siendo conocido, en fin,
(lile su llermana doña Luisa Carlota, esposa del infante 11011
Francisco de Paula, no recataba el odio que pl'Ofcsaba á Zea
y ú los mas de sus colegas, no hubo quien no pensase filie el
pl'imer acto de autoridad de la nueva soberana seriala remo-
rion ó la modifieacion del ministerio; pero, con asombl'o de'
lollos, apenas habia el rey exhalado el último suspiro. eOI1-
vocó su viuda á los (¡ue lo componi:m, les manifestó que
contaba con ellos como habia contado su difunto esposo, )
les encargó ocuparse de las medidas que exigia la sitmlf'ioll,


EI'an ellas t.an urgentes, tan delicadas, tan difíciles, co-
mo estrecha y apurada esta. Empezúse por reiterar al in-
fante don Cádos la órllen de salir inmediatamente de la Pe-
nínsula, y al ('fecto SI' comunicaron sin perdida de momento
instrucciones precisas al ministro español cerca de don Mi-
¡mel; hiciérollse al mismo tiempo las prevenciones oportu-
WIS al p:I'fll'ral Sal'sfleld y se dil'i¡.d('rOlI Ú los capitanes gc-




UIlIlO PRnlEllO. Hi
l\el'ales de las provincias ordenes que, comunicadas con
celcridad y ejecutadas con celo, contribuyeron u que no apa-
,'eciesen por de pronto otros síntomas graves de escision que
los que, por la indole de la oligarquia vascongada, se ma-
nifestaron desde luego en Vizcaya y, con pocos dias de in-
tervalo, en Alava y GuipÚzcoa.


Dictando estas disposiciones, no se pcrdia de vista otro
illtel'és cuya importancia preocupaba todos los unimos des-
de la tarde del 29 de setiembre. Ya desde ellO, habia lla-
mado el ministro de la Guerra don José de la Cruz la aten-
eion de sus colegas sobre la necesidad de que el rey hicienl
testamento ú de que se les comunicase el que se suponia ha-
he!' otol'gado anteriormente. Los miramientos que el estado
de la salud del monarca obligaba á tener con él y las espe-
ranzas que se alimentaban de que aquel estado no fuese tan
peligroso como lo sospechaba Cruz, hicieron dar largas á
este negocio; pero habiendo insistido aquel ministro sc oh-
luvo del enfermo en 28 del mismo mes la autorizacion para
hacer un nuevo testamento, el que, en su calidad de minis-
tro de Gracia y Justicia, empezó a estender, en clmismo di¡¡
don Juan Gualberto Gonzalez. Pero, no habiendo permitido
concluido la muel'tc del rey, verificada al siguiente, se empe-
zó por buscar el testamento antiguo , nosin que inspirase inquie-
tudes á los ministros la inutilidad de las primeras diligencias
que al efecto se practiearon yel temol' de que las disposiciones
tle aquel testamento, estcndido en una época tranquila no COI'-
respondiesen á las necesidades de otra época de embarazos
y complicaciones.


Encontróse por fin, en una gaveta resel'vada de la pa-
pele¡'u del I'CY difunto, un testamento otorgado en 10 de ju-




148 AXALES DE iSABEf. n.


tliode 1830 que, entre otras tiisposicíones, que ahora no nH"-
I'ecen llamar la atencion, contenia el nombramiento de la rei-
na viuda como tutol'a de su hija, y gobernadora tielreino
durante su menor edad, y la creacion de un consejo de go-
bierno que, por muerte ó enfermedad de la gobernadora, de-
bia serlo de regencia, compuesto de las personas siguiente~:
El cardenal don Francisco Marcó y Catalan.
El marqués tie Santa Cruz. t G -
I{l d d 1\,r d' l' ) randes de Espanl\, ~ uque e le mace 1 .... .
Don Javier Castaños ........ 1 G l
El ' d 1 A '11 enera es , marques e as mar¡ as.
Don José María Puig··· .... ·l M . t d ))on Francisco Javier' Caro .. , agls 1'3 os.
El conde de Ofalia......... Sccretario.


La prevision del testador se habia estendido á uomhrar
lIuplentes, que lo fueron, '
Don Tomás Arias ............ Del Cartiellal.
El duque del Infantado ....... } D I d G d VI d d E - e os os ran es. r. con e e spana.......... .
Don José de la Cruz .......... De los dos generales,
Don José de Hevia Noriega'l ' 1
1) N' l' G 11 De los dos magistral os on _ 'ICO as are y .........
Do~~~~~.~i~.~~ .. ~.~. ~.~~. ~~.r.~ } Del secretario


Las personas que conocian la corte vieron, en las de-
signaciones que preceden, anomalías que habl'ian pUl'ecido
inesplicables á no saberse que la desconfianza hacia la ba-
se del carácter del rey, el cual creia hallar garantías de
duracion en la heterogeneidad de los elementos de sus com-
binaciones. Pero no se pudo menos de observar:


1.0 Que el cUl'denal Marcó, domiciliado muchos años
antes en Roma, llonde le habian naturalizado los altos em-
Jlleo~ 'Iue sueesivamcutc descmpcilara, no era I'ollocillo 1'11




HBHO PRUlERO.


Espaüa, donde lIingun arraigo tenia, y donde solo habia
servido, al principio de su carrera, una ténue prebenda;
razon pOI' la cual no parecia político ponerle á la cabeza de
un cuel'po quc , cn una evcntualidad, acaso próxima, podia
tencr quc cjcI'ccr el poder soberano,


2. o Que parecia menos político aun el nombramiento
del conde de España; pues aunque clevado a los primeros
grados de la milicia y á la elase de grande del reino, era
un estrangero sin bienes ni consistencia alguna en cl pais, y
cuya gI'andeza reciente era estraño ver preferida á las anti-
guas ilustmciones nacionales.


3.° Que, despues dc la cesacion del¡'égimen constitu-
cional, 1mbia estado constantemente el marqués de las Ama-
rillas en desgracia del rey. tanto que, tres meses antes de
iU muerte. se habia éste negado con repeticion a darle la
gran cruz de Cárlos IlI, que solo le obtuvieron las repeti-
das instancias del ministro Cruz.


4. 0 Que en el mismo caso estaba don Nicolás Garelly,
para el cual no habian podido sus amigos recabar del rey
la corta jubilacion que reclamaba de una cátedra que habia
rtervido en Valencia, y sobre cuya coucesion le obligaba á
insistir la escasez de sus recursos.


5.° Que tambien se habia negado el rey á pl'esentar :.í
don Tomás Arias para una mitra para que habia sido re-
cientemente propuesto.


6. ° En fin. que, al otorgarse el testamento, se hallaban
Cruz, Ofalia y Zea en comisiones fuera del reino que, aun-
quc mas o menos importantes , eran mimdas en la corte co-
mo un destierro honroso.


y sin cmbal'go, en 10 de junio de 1830, \tahia e111l0-




150 ASALES lJE ISABEL 11.


Harca designado á estos mismos sugetos , contI'a los cuale~
pm'eció conservar, hasta su última hOI'a, prevenciones per-
sonales, para que, despues de su fallecimiento, ocupasen los
mas altos puestos del Estado.


De los ocho individuos que, incluso el secretario, de-
hian componer el nuevo consejo en calidad de propietarios,
seis estaban en Madrid y solo se hallaban ausentes el mar-
qués de las Amarillas, á la sazon capitan general de Anda-
lucía, y el cardenal Marcó, (Iue vivia en Roma. Avisosc
inmediatamente á ambos; y, suponiéndose que el canlenal
podria no aceptar su nuevo destino, ó que á lo menos no se
presentaria inmediatamente á desempeñarlo, se tl'ató de
darle un suplente, pues Arias, nombrado como tal por el
testamento, había fallecido poco antes. La eleccion de la
¡.::;obel'lladora recayó en don Pedro Font, antiguo at'zobispo
de Méjico, que vivia retirado en Valencia. En la misma ciu-
dad vivia tambien don Nicolás Gal'elIy ,á flllÍell se previno
que se presentase á suplir á don Fr'aneiseo Javier Caro, fjlW
~e hallaha gl'avemente enfermo.


La amnistía concedida por la reina ell octubre de 18:32
en favor de los liberales perseguidos ó espatriados desde
el mismo mes de 1823, habia hecho pensar á muchos que
la inlencion de los hombres que entonces la aconsejaban.
cm restablecer la eonstilucion de Cádiz, ó entemmenle, ó
con algunas modificaciones. Cuando Fernando volvió á 1'11-
eUI'garse del despacho de los negocios, se apresuró su mi-
nist.ro Zea á desvanecer aquella creencia, moLivo de 1ell10l'
rara unos y de espel'anzas para otl'OS ; y ron este fin, hizo
ilbl'i'li\l' ('11 la Gaceta I1n manilieslo fIne, en form[l (k cir('u-
lar, hahia dil'igido con el mismo ohjdo al eUl!l'po diplt))IlÚli ..




LlHRO PRIMERO. 1;) 1
to. Muel'lo ell'ey, lJ<weciall revivil' los I'ecelos y las esperan-
zas antiguas, y estas últimas se demost¡'aball con tanta
mas fuel'za cuanto que las apoyaban hastacicrlo punto, ú
con ciel'tas restricciones, pel'sonages de nombre y de influ-
jo. El principal de estos era el marques dc Miratlores,
gralldc de España rico y popular, que l'ecientemente ha-
bia llamado la alencion pública con una memoria en favor
de los derechos de la reina niña. No habia pasado UIla
hora despues de la muerte de su padre, cuando Miraflores
se presentó en palacio á indicar á la reina viuda la mal'clla
que, en su opinion, debia adoptal'. No siimdole posible ver-
la, habló con la infanta dona Luisa que, con gran pesar, le
anunció que su hermana, consternada por tan repentina ca-
tástrofe, se habia confiado á la direccion de Zea, despues
de haberle este asegurado que nada dejarian por hacer
él y sus colegas para afirmar á Isabel en el trono. No se
desanimó Miratlores; y, pasando por encima dc toda COIl-
sideracioll, se presentó en la matiana del· siguiente dia en
el cuarlo de la reina, sangrada y enferma á la sazon, y logl'ó
hablarla largo rato sobre la necesidad de variar el sistema
político que se habia seguido durante los últimos meses del
reinado de Fernando y de remover á los autores ó instru-
mentos de aquel sistema, poniendo en su lugar personas
que profesasen principios opuestos.


Dos dias despues (el 2 de octulJl'e) don Vicente Genaro
de Quesada, que, en su calidad de comandante general de
la illfanlcl'Ía de la guardia real, tenia entl'ada franca en el
aposento de la reina, le manifestó los mismos sentimientos
qne Miratlores, pero con aquella franqueza militar que
suele confundirse con la dureza y que, por lo común. deja




152 _"-NALES DE ISABEL U.
una huella mas profunda que las observaciones moderadas


• y comedidas. Estas gestiones de dos hombres tan impor-
tantes no produjeron, sin embargo, otros efcctos por de
pronto que el de condenar á un dcstierro honroso al gene-
ral, nombrándole capitan general dc Andalucía; el de em-
peñar entre éste y el ministerio una lucha 'poco decorosa,
que se terminó con una transaccion mcnos decorosa aun, en
virtud de la cual fué trasladado Quesada á la capitanía ge-
neral de Castilla la Vieja, y el de comenzarse contra )1i-
raflores un procedimiento que él conjuró por una csplica-
cíon enérgica con el prcsidente del consejo, el cual tuvo el
buen sentido de no mostrarsc irritado de ella.


Pero las manifestaciones decididas y enérgicas dc Mi-
l'aflores y de Quesadahacian ver claramente quc se abrigaban
deseos y aun se eoncebian esperanzas de una variacion de
régimen. Contribuian poderosamente á mantenerlas y au-
mentarlas los amnistiados del aÍlo antm'ior, que ya, á
pesar de los esfuerzos de la policía, se habian reu-
nido en Maddd y en Barcelona, y que, conceptuando
que la amnistía les seria inútil si no se les l'einstalaba en
sus antiguos empleos, 'Y no esperando esta ventaja sino
del restablecimiento del régimen bajo el euallos obtuvieron,
se lisonjeaban de forzal' á ello al gobierno por el aire de
legalidad que afectaban dar á sus pretensioncs, por la se-
guridad con que las presentaban como la csprcsion de una
necesidad legítima y aun urgente, y por la constancia, en
fin, con que pretendian interesar en su logro la opinion pú-
blica, que para ello trabajaban en todos sentidos y por
toda especie de medios. El ministerio creyó, pues, deber
fijar las ideas de todos por medio de una nueva y mas de-




LIBRO Pru~IEB.O. 153
cisiva manifestacíon que la que habia hecho en el ailO an-·
terior, y en consecuencia estelldió é hizo publicar el célebre
manifiesto de 4 de octubre (apéndice núm. o 1.0) en que la
reina gobcrnadora anunció esplícitamente su propósito «de
»conservar intacto el dcpósito de la autoridad real, de man-
),tener religiosamente la forma y las leyes fundamentales
»de la monarquía, sin admitir innovaciones peligrosas, y de
»trasladar a la reina el cetro de las Espaüas íntegro y sin
»menoscabo ni detrimento» lo que equivalia a decir que
procedería como tutora de una reina absoluta. Estas ideas
de gobierno formaban la base dc las convicciones y del sis-
tema político del gefe del ministerio don francisco de Zea
Bermudez, segun el cual ni el testamento que revestia á la
reina viuda del caracter de gobernadora, ni el derecho co-
mun de las naciones, ni el particular de España, permitian
modificaciones de ningun género en cuanto al modo de ejet'-
cer la sobel'anÍa.


Estas consideracioncs tcóricas sobre la fOl'ma de go-
bierno, que el ministerio juzgaba convenir, ó que no se
creia autorizado á alterar, eran reforzadas en su seno por
consideraciones de otra especie que se suponian decisivas
y que, mas quizá que el deseo de sostener la pureza de las
doctrinas monárquicas, ó de mantenerse en los límites que
el testamento le señalaba, influyeron en la redaccion del
documento del 4 y en la celeridad de su publicacion.


Conocidos eran los principios políticos de todos los ga-
binetes de Europa y su deseo de reprimir el espíritu revo-
lucionario que parecia arrepentido de haber levantado en
F,'ancia un trollo nucvo sob,'c las ruinas dc otro que aca--
haba de destruir, y que á aquel y á todos amenazaba á UIl




t 54 A:>.ALES DE ISABEL U.
mismo tiempo con la estension que iba diariamente dando
ú sus doctrinas. El monar'ca mismo que habia debido á ellas
la corona de san Luis, temia que la latitud indefinida que se
les diese podda arrancarle el cetro de las manos, y, para
impedirlo, hacia causa comun con los reyes antiguos, que
por su parte se felicitaban de la coopcracion del rey nl:levo.
Supúsose, pues, que este no veria sin inquietud que eu Es-
paña se restableciese una forma de gobierno que, por la vi-
ciosa combinacion de sus elementos, por la falta de equili-
brio entre sus poderes, por la elasticidad de sus dogmas
poHticos y pOI' la funesta facilidad con que se habia abusa-
do de ellos en ulla época ¡'eCienLe, hacia, no solo posible,
sino p¡'obable, y aun inminente, la anarquía de que, bajo
aquel régimen, habia dado España al mundo pocos años
antes el triste y doloroso espectáculo. Supúsose asimismo
tlue la Inglaterra, trabajada constantemente por el furor
de las alteraciones indefinidas en la constitucion dcl pais,
(¡ue el radicalismo presentaba como consecuencia inevita-
ble de la ¡'e forma parlamentaria, embarazada adema s COII
la situacion singularmente complicada de Portugal, y,
no olvidada sin duda de la inutilidad de los esfuerzos que,
en 1822 y 23, hiciera para desviar a España del borde del
abismo. en que al fin se precipitó. no desearia (Iue volvic-
sc á cnsayarse el régimen á que se debiéroll aquellas des-
g¡'aeias.


A todas cstas indicaciones sc habia cl'ciclo oCUl'l'i., con
el manifiesto del 4" cuya publicacion sc estimó tanto mas
U1'gcnte, e.nanto se temia quc los gabinetcs dc las Tullel'Ías
y de San Jamcs concibiesen recelos SOhl'C el uso que .le sn
Iluc,a e ilimitada auto,l'idad haria la reina gobcl'lladol'tl, ...




LlBRO PlUMERO. 155
quien antes se habian supuesto veleidades constitucionales,
o disposieion a lo menos para concesiones de cste género.
El gobierno de MadI'id tuvo derecho de pensar que su ma-
nifiesto habia sido un grande acto de política cuando vió
que ambos gabinetes se apresuraron á manifestarse satis-
fechos de su nuevo programa, y que, ademas de la apro-
bacion categórica del embajador francés, conde de Rayne-
val, y del asentimiento algo menos esplicito del ministro
inglés, MI'. Villiers, el Globo y el Times, en Lóndres, y
el Diario de los Debates, en Parls. órganos de las opi-
Iliones ministeriales, no titubearon en declarar oportuna y
conveniente la marcha que por él se anunciaba. Natural
era que, al ver que la juzgaban tal un ministerio wigh en
Inglaterra, .otro de la revvlucion de julio en Francia, y los
diarios semi-oficiales de ambos paises, se pensase que los ga-
binetes absolutistas de Petersburgo, Berlin y Viena de-
bian mostrarse muy satisfechos aun; y asi, señaladamen-
le el de Austria, se mostraron, en efecto, todos ellos, los
cuales, á no sobrevenir á poco ocurrencias graves que cam-
biUl'on sus disposiciones, no habl'ian verosimilmente tanla-
do en reconocer á la reina, evitando asi al gobierno espa-
iíol algunas gl'aves complicaciones. Iguales disposiciones
fué permitido ver en el gabinete pontificio, cuando á
poco se recibió del cardenal Marco una carta llena de es-
Ill'esiones de gmtitud, y conteniendo la declaraeion for-
Illal de (llIe iria á tomUl" poses ion de su plaza en el consejo
,le gohic1'llo, apenas U1Tcglase algunos negocios pell-
dicntes.


TnllltlUilo ti gabinete espaiíol COIl el ¡'econocimicnto cs-
"licilo y aun amistoso y cordial ele lo~ dl' Fl'lIllcia y de




156 .\~ALES DE ISABEL 11,
lnglaterJ'a y COIl las disposiciones benévolas de los tl'el'
gl'andes soberanos del Norte de Europa, se lisonjeaba adc-
mas con la creencia de que la franca manifcstacÍon de sus
principios de gobierno calmaría, por una parte, las inquie-
tudes que á la mayoría de los españoles inspiraba el recelo
de ver renovados los desastres del último periodo constitu-
cional, y satisfaria, al mismo tiempo, al partido libcl'aJ,
por la seguridad dc las mejoras progresivas que se UllUll-
ciaban y que se tenia la intencion dc realizar en breve. No
sucedió asi, sin embm'go ; y el manifiesto descontentó igual-
mente á los absolutistas y á los constitucionales. Los pl'i-
meros decian que no era necesario esplicarse sobl'c la mul'-
cha . del gobierno de la reina, que suponian trazada en el
tcstamento, del cual, en opinion de ellos, no podia sepa-
rarse la gobernadora. Los constitucionales, al contral'io,
pensaban que, con arreglo á las antiguas leyes, cra indis-
pensable convocar las Córtes, esperando de su reunion al-
teraciones en la forma de gobierno, de las cuales aun 110
se determinaba la Índole, pero de quc ya sc preconizaban
las ventajas. Los absolutistas creían que la gobernadora se
{)bligaba á mucho prometiendo mcjol'as, de quc sospecha-
ban que harian parte concesiones contrarias á las preroga-
tivas del trono. A los constitucionales no satisfacian pl'O-
mesas, que graduaban de insuficientes é incompletas, cuyo
~umplimiento temian adcmas que se eludicsc sin termino,
y dc que, en su dictamen, ofrecia pocas garantías la COIll-
posicion del ministcI'io del rey difunto.


Ya, desdc el año antel'ior, se habia l)l'cvisto eH algu-
nas provincias que, á la muerte (lel rey, no dejaría este úl-
timo Plwtido de haecr ('~fttel'zo~ para asegUl'ar el lriunfo ti"




lIBRO PRIMERO. 157
~IIS uoetríllas y restaLlecrl' de ulla manera Ú otl'a el r(\¡!i-
mm constitueional.


Hombres que temian ver comprometiuos sus interese~
en el cambio de sistema político se aprovecharon del temor
llue mostraban los pueblos ue ver renovauas las calamida-
des que coincidieran últimamente con la existencia de aquel
régimen, e indicaron la elevacion ue don Cárlos al trono co-
mo el único meuio de conjurar aquel peligro. Esta idea, ro-
bustecida por los sentimientos religiosos, los principios ab-
solutistas y la caballerosa honradez que se atribuia á aquel
príncipe, ellndió y se fortificó de manera que las fiestas ue
la jura de UOñ,l Isahel como pl'incesn de Asturias se mira-
ron en todas partes con desden y cn algunas con señalcs de
enojo y aun de desprecio. Sin embargo, fuese por la con-
fianza que se tenia en la unanimidad de las simpatías en fa-
vor del Pretendiente, ó por que no se creyese tan inmediata
la muerte del rey, ó por que se temiese correr los peligros de
una conjUl'a, ó por apatía, ó por cualquiera olra razon, en
pocas provincias se hahian tomado precauciones especiale!i
ni roncel'tádose medidas previas para asegurar el triunfo
de don Cárlos. En las vascongadas, algunos hombres in-
fluyentes se habian puesto desde enero de 1833 en comu-
nicacion con los absolutistas de Madrid y de Castilla, y en-
tendidose para pronunciarse simultáneamente al punto que
(~onstase el fallecimiento de Fernando. Llegada el 1.0 de oc-
tubre ú Vitoria la noticia de este suceso con la de que en
-Madrid no se habia altemdo la tranquilidad, temió el coman-
dante de los realistas dc aquella ciudad don Valentin Ve-
rastegui, y se mantuvo en observacion. El marques de Val-
dcspina, y don VI'ancisco Javier Batiz, no fueron tan cil'-




158 ANALES !JE IBIlEI, n.
fllIlspeelos en Bilbao, y el 3, eH auscncia uel scgundo Ji-
¡Hllauo don Fernando Zabala, que dcbia ponerse a la cabcza
ti el alzamicnto, lo verificaron, prendiendo al primer diputa-
tlo Uhagon y al corregidor Mota, y proclamando a Carlos V.
lnstl'uiuo ue estos sucesos Verástegui, dió las órucnes para
vel'ificar su movimiento cl 7, dejando salir dc la ciudad, por
una cspecie de capitulacion , al coronel Villas ana , que no
üreyo poder oponerse á él con los trescientos ó cuatroeien-
los hombres que mandaba y con los carabineros del res-
guardo. Proclamóse cn el mismo dia á don Cárlos, creóse
al siguiente UIla junta pal'll atender a la subsistencia de los
tres batallones de naturalcs armados que por de pronto S(~
¡,cuniel'on, y se dió el mando de esta y de las de mas fuel'-
zas de Álava, que debían incorporfU'sele eIl seguida, al mis~
1110 Vel'ástegui y al brigadier Uranga. Estos dos gefes con-
vocal'OIl al punto á los naturales armados, quc se llamaban
realistas de Alava, yen dos dias reunieron diez batallones
con una fuerza de seis mil hombrcs. Enll'elanto, el general
don Santos Laul'on , escapauo de Valladolid, donde se ha-
llaba de cuarlel, se presentó en Logl'oño, sublevó la Rioja,
y se preparó pal'a hacer oh'o tanto en Naval'l'a, contando
con la populal'ida{l que le diel'an antes en aquel pais sus
campañas realistas y un mando importante que hahia teni-
do en Pamplona,


Cuando llegó á Madl'id la pl'imel'a noticia de estos suce-
sos, que coincidió con la de oll'a lenlali\:l de inslII'l'('ccion,
hecha en Talavcl'u de la Reina pOI' don Antonio GOllzalez,
muchos sugetos adietos al sistcma I'ccientemellle 11I'0clamil-
do pOI' el minislrl'io pI'etendiel'oll que, si CH Bilbao y Vi-
¡oria, sc hubiese conocido á tiempo el manifiesto t1eI4, no




LIlIRO PRIMERu, 1;',9


se halwia verificado el levantamiento de aflucllas pt'ovincias,
f(lIe los mismos slIgetos alrilmian solo al temor de 4ue el go-
hicI'II0 constitucional, quc cllos cl'ciuu dehcr suceder al MI
I'ey, dcrogase sus antiguos fueros.


Nada era mas fácil que refutar cstas presunciones va-
gas, fundadas sohre indicios tan equÍvocos por sí mismos,
.Y desvanecidos ademas por hechos notorios. En efecto, d
aprgo á los fueros no era tan general en las provincias pI'i-
vilegiadas que las empeñara á armarse en masa para de-
frntlerlos.


San Sehastian, por ejemplo, considet'ada, cn razon tlr
Sil situaeion topográfica y de su importancia mercantil, co-
mo la verdadcra capital de Guipúzcoa, se habia en mas de
una oeasion manifestado pI'onta á renunciar á las ventajas
dcl l'égimen rOl'al , 4uC solo se lograban á costa de grandes
sacrificios. En Navarra los hombres despreocupados hahian
ya visto los mismos inconvcnientes, que estahan lejos dr
compensarse pOI' la cslél'il iutervellcion de sus magnates en
un simulacro dc c()\'lcs provincialcs. Era elaro adema s que,
alln siendo IInúnimc el des('o de consel'var los pretendidos
privilegios, no hahia por qué hacer para ello esfuel'zos al'-
,'iesgados y dispendiosos, cllando ninguna tentativa habia
hecho nadie pal'a qUittll'sclos, ni dado el menor indicio de
tal inl.encion. 1;:I'alo asimismo qne, cualesquiel'a que fuesen
las qlle supusiesen al gobiel'l1o, la pl'Udencia dictaba que se
'Igltal'dase á Yl'J' de dios algllna señal, antes de at'I'ojal'sl'
pOI' lIIl n'celo f(uimél'ico á lIlIa lucha, desigual destle luego.
y dc hito mas que dudoso á la postre. Añadíase á estas
eonsidel'aciolles ohvias (¡ue, ni aun en su orígen, se limita-
ba la inslll'reccion á las provincias pI'ivilegiadas, puesto que,




160 ANALES DE ISABEl. n.
ademas de la tentati,a hecha en Talavera tres dias des pues
de la muerte del rey, un dia antes que lanzase Bilbao el
grito de insurreccion, coincidia un movimiento igual verifi-
cado en un valle de la pl'Ovincia de Santander con el 31z3-
miento de Alava, sin que en tilla ni en otra provincia hu-
biese fueros que defender. La resistencia que, pocos dias
despucs, hicieron á su desarme los realistas de Madrid, el
levantamiento de la parte oriental del reino de Valencia y
otras insurrecciones parciales, que se sucedieron, des pues
de publicado el manifiesto, en provincias sujet3s á las le-
yes comunes del reino, acab3ron de fij3r las ideas é hicieron
"cr á todos que los diferentes movimientos insmrecciona-
rios teftian un origen y un objeto comun, que procedian
de una combinacion mas ó menos esplicita, cimentada sobre
In identidad de los deseos de ciertos hombres, sobre la anal
logía de los intereses de ciertas clases, y encaminadas á
sentar sobre el trono de Fernando VII á su hermano don
Cárlos, de euyo gobierno esperaban cllogro de aquellos de-
seos, y la conservacion de aquellos intereses. Vióse gene-
ralmente entonces lo que, desde mucho antes, tenian visto
y anunciado los hombres que habian estudiado su pais; á
saber: que los enemigo!; del régimen representativo no se
contentaban con las seguridades de un absolutismo como
quiera, ni menos con la de un absolutismo progresivo, sino
que necesitaban ó cxigian uno estacionario, y aun, si era
posible, retrógrado, para cuyo cntronizamicnto contaban con
la cooperacion mas ó menos eficaz de las masas ignol'antes
y con la inercia de las clases ilustrad3s , cans3das ya de
reacciones funestas, y amedrentadas por la pl'ogt'esion de
los males r¡ur acarrearon las que, en ellrascUl'so de vein-




LIBRO PRIMERO. 161
te y cinco años, se habian sucedido en nuestro suelo. Vió-
se, en fin, que el manifiesto del 4, de octubre no habia lle-
nado su objeto COII respecto a los absolutistas.


:EI gobiemo el'a el unico quc no veía esto, y casi no po-
dia verlo, compuesto como estaba de personas que, ó ha-
bían vivido mucho tiempo fuera del reino, ó no habian sali-
tlo de Madrid en muchos años, y a quienes por tanto eran
desconocidas las necesidades del pais, y los habitos y los
sentimientos de sus moradores. Estos ministros, de cuyo
caractel' y circunstancias no sera ciertamente inoportuno ha-
cer una breve reseña, eran:


Don Francisco de Zea Bermudez, ministro de Estado,
presidente del. Consejo.


Don José de la Cruz, ministro de la Guerra yencarga-
do del despacho de Marina.


Don Juan Gualberto Gonzalez, de Gracia y Justicia.
Don Antonio Martinez, de Hacienda.
El contle de Ofalia, de Fomento.
Don Fl'aneisco de Zea Bermudez, había comenzado á


servil' en Uusia durante la guerra de la Independencia, y
Mchose conocer por su actividad y su destreza, que desde
luego revelaron en él un habil diplomático. Ministro pleni-
potenciario de España en Petersburgo al proclamarse en
Matlrid en 1820 la Constitucion de 1812, sirvió con celo la
causa constitucional, y vió disminui,'se por cllo la conside-
racion con que le tl'ataba el emperador Alejandro. Restable-
cido el rey en 1823 en la plenitud de sus derechos, Zea,
que, durante el régimen anterior, habia sido nombrado mi-
nistro en Constantinopla, volvió á serlo en la corte del Czar,
y como éste mostrase escrúpulos para su admision, fué


TOMO 1. 11




162 ANALES DE ISABEL 11.
Zea, en 1824, trasladado á Lóndres, de donde, á los
pocos dias, se le llamó para servir el ministel'io de Estado.
Llegado á Madrid, se indispuso con el favorito don Antonio
Ugarte, de quien se deshizo envitmdole de millistro á Tu-
rin. A su vez fué él denocado por Calomarde y lanzado á
Dresde, desde donde mas tarde volvió con su antiguo carác-
ter á Lóndres, y de alli, por segunda vez, pasó á ocupal' el
ministerio de Estado á fines de 1832. Condújose esta se-
gunda vez en su desempeño como lo habia hecho la primera,
y como lo volvel'ia á hacel' si, por tercera vez, fuese elevado
al mismo puesto; pues Zea es de los hombres destinados á
haeer siempre lo mismo que hicieron una vez. Los que le hall
conocido no pueden csplicar la especie de apego que mos-
traba al mando, siendo asi que jamás ministro alguno disfl'u-
tú menos de sus velltajas. Lahorioso hasta pasar en su des-
pacho catorce ó quince horas cada dia; desinteresado hasta
habel' salido de sus dos ministerios sin una banda siquiel'a,
(pues las que tiene se le dieron en el intel'Valo del primr-
ro al segundo, cuando en una especie de destierro desempe-
ñaba su segunda mision en Lóndres); separado del comer-
cio del mundo, hasta no vérsele jamás en paseo, teatro ni
concurrencia alguna, ni recibir en su casa mas que á sus in-
mediatos parientes; contraído á las ocupaciones de su desti-
no, hasta no pensar jamás en su existencia actual, cuanto
menos en su existencia ulterior; frugal en su mesa, descui-
dado casi en su vestido, Zea no tiene ninguno de los estí-
mulos que hacen á losdemas hombres ambicionar el poder.
Y, sin embargo, se habriapensado que gustaba de él al
ver la frecuencia de sus visitas al rey y á la gobernadora,
visitas que, no siendo motivadas por las necesidades del ser-




LIBRO l'RlMERO. 163
vicio, pues ningunas habia que exigiesen largos y repetidos
despachos diarios, pareeian mas bien dil'igidas á ohsenal'
al soberano, y á impedir que ningun otro lo rodease. Por
lo demas, lea, dotado de sagacidad, procediendo siempre
de huena fé, deseando el bien con ardor, tenia cualida-
des que haeian á muchos de los que no le trataban de cerca,
juzgar' mal de la estension de sus luces y aun de la rectitud
de sus miras. En efecto, lea era á veces abstracto, y aun
quimérico en sus concepciones; incoherente y prolijo en sus
discursos; alternativamente, y segun las inspiraciones de
momento, ó las necesidades que creia tener, y que no eran
sieml)J'!~ las que tenia en l'ealidad, franco y reservado, con-
liado y suspicaz, acalorado y frio, ohstinado y dócil, incier-
to en sus aficiones, dulce con apariencias de áspero; desi-
gual, en fin, como todos los homhres apegados á sus pro-
yectos, y á quienes este apego mismo impide ver y calcular
con antieipacion las circunstancias que obligan tal vez á mo-
dificarlos. Sobl'e todo, lea, habiendo vivido desde su pri-
mel'a juventud en los paises estrangeros, nada conocía ab-
solutamente del estado interior del suyo.


Don Joséde la Cruz empezó á servir de simplesoldado, y
su inteligencia y su aplicaeion le hicieron muy luego aseen"'""
del' á o11cial. De grado en grado, se elevó al de mariscal
de campo, y I'egresado de América, donde mandó con di s-
tiucion muchos años, fué ministro de la Guerra en 1823.
Al año siguiente intentó quitar á la institucion de la mili-
cia voluntal'ia realista lo que tenia de exagerado y de in-
compatible con el reposo público. Sucumbió á las asechan-
zas de los intel'esaflos en el rlesórden, y habria espiado en
un cadalso sus intenciones generosas, si circunstancias fe-




164 ANALES DE ISABEL II.
lices no hubiesen salvado su inocencia y permitido confun-
dir á los que intentaron mancillarla. Aunque elevado á te-
niente general por indemnizacion de sus injustos padeci-
mientos , tUYO que ausentarse del reino con una comision
honrosa, peI'O insignificante, y se fijó en Burdeos, donde
permaneció hasta que, des pues de los sucesos de la Granja,
fué en 1832 llamado de nuevo al ministerio de la Guerra.
El escarmiento anterior debia hacerle cauto y cil'cunspec-
to; y de un hombl'e á quien sus principios de órden y de
justicia habian espuesto poco alltes á tan gl'andes riesgos,
no se podia exigir que ostentase en su segunda admillistl'a-
cion una energía que pocos hahian sabido apl'eCiUl' en la
primera.


Don Juan Gualbel'to Gonzalez, ministro de Gracia y
Justicia, habia subido á este puesto pocos meses alltes de la
muerte del rey, dejando el de fiscal del Consejo de Indias,
que con buen concepto habia desempeñado muchos años.
Humanista distinguido, jUl'isconsulto habíl, magistrado ir-
reprensible, Gonzalez amaba demasiado el reposo para <fue
no apUl'eciesen apáticos sus hábitos tranquilos y teuia un
carácter demasiado dulce para poder luchar con las dificul-
tades de la situacion.


Don Antonio Martinez, ministro de Hacienda, habia
servido sucesivamente varios empleos importantes de este
ramo de la administracion , en cuyo desempeño habia lla-
mado la atencion por ciertos aires de deferencia que suelen
equivocarse con los del obsequio, y cierta pUlltualidad de
asistencia á las oficinas, que frecuentemellte se confunde
con el celo. Como ministro, no tuvo mas sistema que el que
en toda su carrera habia tenido siempre corno empleado,




LIBRO PRnIERO. 165
á saber: el de evital'se compromisos, no promover compli-
caeiones, y no tomar parte en ellas cuando, contra su vo-
luntad, se habian promovido.


El conde de Oralia servia el ministerio de Fomento,
creado en 1832 dUl'ante la intel'illidad del gobiel'llo de la
reina. Empezó sus servicios en la cal'l'CI'a diplomática, sa-
lió de ella para entrar en la de la Justicia, fué ministro de
este ramo en 1823, Y pasó en 1824 á serlo de Estado. A
pesar de sus hábitos de obsequio y de contemporizacion,
chocó con el favorito Ugarte y fné lanzado (le su puesto á
los pocos meses, no sin humillaciones y sin peligl'Os. Dió-
sele mas tarde una comision diplomático-económica en Lón-
dres, de donde pasó á París en calidad de embajador. De
este destino fué trasladado en fin de 1832 al ministerio de
Fomento con grave perjuicio suyo, y aun con daño de la
causa pública; pues Ofalia, diestro y flexible diplomático.
servia bien á su patl'ia en la emhajada de Pal'Ís, y no pudo
servirla cn un ministerio nuero, para cuyo desempeño se
necesitaban conocimientos administrativos que, dedicado él
á otros estudios ,'no hahia tenido tiempo de adquirir. Asi,
su administracionhabl'ia disminuido el justo concepto de ca-
pacidad que él se habia gl'angeado en su larga carrera, si
no se supiese que no hay hombl'e alguno que desempeñe
con igual brillo cargos heterogéneos, y que la culpa de un
mal desempeño no es en tales casos imputable á los sugetos
de mérito á quienes se obliga á aceptar destinos para los
cuales no se sienten con disposiciones.


Ya, en vida del rey, se habia reconocido la necesidad
de l'epal'ar el error qne se cometió en sacUl' á Ofalia de una
de las carreras en que se habia ilustmdo • para lanzarlo en




166 ANALES DE IS.\BEL n,
otra llueva, y colocarlo en una situacioll de la que él mismo
se lamentaba con frecuencia. Fácil habria sido enviade de
nuevo á la embajada de Pal'ís; pero, en la vacante, desem-
peñaba las funciones de encargado de negocios en ar¡uella
corte don Salvador de Zea , conde de Colombi, y hel'mano
del presidente del Consejo. Fuese, pues, por consirlenwioná
este parentesco, ó pOI'r¡ue, cumpliendo Colombi distillguida-
mente con su encargo, era menester proporcionar una oca-
sion de rccompensarle al ti('mpo de removerle, ú por los
rodeos que, para combinaciones de esta ciase,· era menes-
ter' emplear con el rey, ó por el estado precario de su salud,
que rara vez pel'lllitia hacerle tomar, aun sohre las cosas
de menos monta, un partido definitivo ; el hecho es que
Ofalia continuaba en el ministerio á su pesar, y con escasa
opinion aun entre sus amigos mismos. El nombramiento de
secretario del Conseja de Gobierno, que. á su favor se ha-
cia en el testamento dell'ey, pal'eeió un medio de salvar la
dificultatl;·pero si se salvó, en efecto, des pues de habel'se dis-
putado muchos dias sobre si era ó no compatible este nuevo
destino con el de secretario del Despacho, no se hizo á sa-
tisfaccion de todos; pues cuanclo sedeclaró, en fin, la incom-
patibilidad, se vió á Oralia mostrarse resentido de una re-
mocion que hasta entonces habia manifestado desear.


Resuelta esta el 9 de octubl'e, quiso la reina flue sus
minisll'os le pl'Opllsiesen la pel'sóna qne (lehia S llceúerle , y
habiendo recaido en mí la propuesta del Consejo y la elec-
cion de la gobel'lladora, fui nombrado el 21 ministro de
Fomento. Yo reconocí dehel' esta distincion á la memoria
que sin dlH1a se consenaba de los esfuerzos hechos pOI'
mí en otro tiempo para que se fundase el repo!'o de los




LIBRO PRIMERO. 167
pueblos sobre los beneficios de la administracion, empe-
zándose por establecer el tal ministerio, que consideré siem-
pre como el gran tallel' en que debian elaborarse los ma-
tel'iales de la prosperidad mwional. Al mismo recuerdo
debí probablemente, un mes antes de la muerte del rey,
que de su órden me hiciese Zea ir á Madl'id desde GI'a-
nada, donde vivia retir'ado de los negocios, y adonde, fa-
Ilccillo el monarca, me disponia á regresar, ignorando las
disposiciones de la gobernadora, á quien no habia yo habla-
do jamás y que apenas conocia de vista.


¿Debí yo, admitiendo este encargo; aSQciarme por Sil ad-
mision, al sist~ma ·político proclamado por el manifiesto
del ti? ¿Envolvia la aceptacion del ministerio mi adhesion
á aquel sistema, ó mi reconocimiento de su conveniencia'?
No se crea que estas cuestiones son personales, ni que las
promuevo con otro interes que el de que se me juzgue á
mi, como á los demas actores del gran (h'ama del reinado
de Isabel.


Habiendo desempeñado un papel importante en sus pri-
meras escenas, debo á mis coetáneos y á la posteridad la
verdad sobre mis intenciones, y la puedo decir tanto mas
libremente, cuanto menos temo que ellas sean desmentidas
por los actos de mi administracion.


No eran ciertamente ventajas individuales las que po-
dian decidirme á aceptar el ministerio en los momentos en
que se me confió, ni este alto cargo las proporcionaba en
España á los hombres acomodados; pues, eseeptuando el
ministerio de Hacienda, al cual eran anejos todavía emo-
lumentos de consideracion, y el de Estado, que contaba
con algunos gages eventuales, todos los demas se hallaban




168 ANALES DE ISABEL n.
reducidos, por la calamidad de los tiempos, á la dotacion
de 6,000 duros anuales. Esta dotacion, mezquina aun pam
las personas establecidas en Madrid, lo enl mucho mas
para el que, como yo, se hallaba avecindado en UIla ciudad
de provincia, en la cual dirigia un vasto establecimiento
agrícola é industrial, que debia, como sucedió en efecto,
deteriorarse notablemente, si no perecer del todo, por el
hecho de abandonarlo. Las vicisitudes y trastornos que no
era dificil presagiar al empezal' un reinado de minoría en
un pais sin instituciones, sin códigos, sin administracion,
devOl'ado por la lepra de abusos envejecidos, y tmbajado
por pasiones encontradas, no permitia, por otl'a pal'te, creer
que ningun ministerio se conservase largo tiempo en su
puesto, ni que pudiese gozar de sus ventajas, dado que este
tuviese algunas. El trabajo insoportable que en España
luvieron siempre los ministros se habia aumentado, y aun
debia aumentarse prodigiosamente por las dificultades y la
complicacion de las circunstancias, El del ministerio del Fo-
mento debia ser tanto mayor cuanto, despues de un año de
instalado, solo habia anunciado su existencia pOI' alguna
que otl'3 medida insignificante, mas propia para hacerlo
considerar como una superfetacion, que como una institu-
cion útil. Los ministros, blanco hasta entonces de intrigas
palaciegas, debian sedo en lo sucesivo del desenfl'eno
de los corrillos popnlares y de las maniobras de las soéie-
dades clandestinas. No podia tentar la ambicion un podel'
necesariamente efímero; no podia tentar la codicia una re-
tribucion suficiente apenas para vivir. Solo el deseo del
bien podia, pues, hacerme aceptar funciones que me conde-
naban á tareas, compromis.os y menoscabo de intereses,




LIBRO PRIMERO. 169
únicamente inuemnizables por la gloria de haber servido
útilmente á mi patria.


No era, sin embargo, el modo de servirla lanzarla de
repente en la al'cna de las pasioncs políticas. Estaba (iema-
siado fresca la mcmoria ue los ucsastres que llabia ocasio-
nado el ellOf!Ue de aquellas pasiones en el último periodo
de la existencia del rcgimcn constitucional para que yo Cl'e-
ycse útil promover choques nuevos, doblemente peligrosos
cuando estaba dividida é incierta la opinion de los adictos
tí la I'cilla niüa, y armados los amigos del principe que le
disputaba el trono.
~o cra de Hna tabla dc dCl'cchos, sobre cuya estcllsion,


conveniencia ú oportunidad, no podia estarse de acuel'do,
de lo que debia tratarse en tal ocasion, no porque yo ig-
norase ó desconociese las ventajas del régimen representa-
tivo sobre el absoluto, ni porque no condenase la estempo-
ránea mallifestacion de la preferencia que, en el documento
del 4, se daba á esta última forma de gobierno, sino por-
que creia entonces, como creo ahora, que los pueblos que,
durante siglos, han vivido en las fangosas regiones del des-
potismo, no pueden sin ricsgo respirar de repente el aura
pura de la libertad. De este principio, estampado con san-
gl'e en la historia de todos los siglos, veia yo la ratifica-
cion coetánea, no solo en la disolucion de nuestras antiguas
posesiones de América, elevadas de repente, de colonias
de una monarquía absoluta, a estados democráticos, sino
en nuestra patria misma, donde la libertad, degenerando
en licencia, provocó las funestas reacciones que lloran toda-
vía tantos millones de víctimas. Asi, aunque no creyendo
que debiera sostenel'se mucho tiempo el sistema politico pro-




170 .4.NALES DE ISABEL 11.
clamado por el manifiesto del4, pensé que, solo bajo la in-
fluencia de un régimen absoluto, ilustrado y paternal,
podián, por entonces, desarrollarse los elementos para me-
jorarlo y cambiado progresivamente sin convulsiones ni
trastornos.


Mi primera atencion , entrando en el ministerio, debia
ser interesar las masas, escital> su reconocimiento COIl be-
neficios materiales é inmediatos, é identificarlas con el go-
bierno , pues solo asi podia vencerse ó destruil>se la oposi-
cion que empezaba á hacer un partido, y establecerse,
en fin el órden, que nunca habia existido entre nosotros.
Hasta entonces, habia estado encargado de la adminisll'a-
cion un cuerpo compuesto de magistrados, de los cuales se
exigia solo que hubiesen estudiado las leyes romanas, co-
mentadas por Arnoldo Vinio, y las españolas, hacinadas,
mas bien que recopiladas, á principios del siglo, por las
manos infieles é inhábiles de Requena. En este monstruoso
cuerpo de derecho se hallaban confundidas las leyes per-
manentes de la justicia con las reglas Yariables de la admi-
nistraeion que, dictadas bajo la influencia de errores habi-
tuales, ó de preocupaciones del momento, contrariaban lo
mas del tiempo los intereses que estaban destinadas á pro-
teger. Formalidades lentas, complicadas, dispendiosas,
aumentaban, sin medida y sin utilidad, las trabas con que
las disposiciones administrativas ligaban todas las indus-
trias, impedian su desarrollo, y las tenian en una infancia
perpetua. Era menester sustituir á las aberraciones del
empirismo, apoyadas, cuando mas, en ciegas y erróneas
tradiciones, las reglas de que el estudio de las necesidades
públicas y el examen y la comparacion de los hechos pal>-




LIBRO PRHIERO. 171
tieulares, habian revelado la conveniencia y la utilidad, y
que, erigidas, pOI' tanto, en prmcipios generales, hahian ele-
vado á ciencia el :wtr, antes equivoco é ineiel'to, del go-
bierno. No baslaha , empero, conocer estos principios; ne-
cesitábase haccr de ellos una aplieaeion atinada y juiciosa,
modificados tal vez segun las cxigencias de la opinion, y tal
vez doblegarlos á hábitos antiguos, con que no se podia cho-
car (le f,'ente sin comprometer el logro de los bienes mis-
mos á que se aspiraba; haciase, por último, preciso seguit·,
eJl lo posible, en esta marcha de regenel'acion saludahle y
necesaria, el órden gl'adual con que el Hacedor del univer-
so filé sacando del caos los elemcntos de la creacion.


Hahia, sin emhargo, muchos bienes que desde luego
era posible dispensar, porque se sabia que serian recibidos
como tales, Asi, en el dia mismo en que se me confió el
ministerio, y en los tres ó cuatro que siguieron á la pres-
lacion de mi juramento, presenté á la firma de la reina go-
bel'lladora un gran número de decretos dando nueva forma
á la administracion del pais, corrigiendo abusos, echando
abajo odiosos p,'ivilegios y monopolios inicuos, tomando,
en fin, las medidas eonduecntcs para hacer cesar, en cuan-
to posible fuese, todos los males del pais, incluso el cólera
morbo, que estaba á la sazon haciendo estragos en varias
provincias de Espaiía.


CuaLI'o horas despues de nombrado ministro de Fo-
mento, asistí al conse.io que se ce!elll'ó en aquella noche, y
en el espusl' la necesidad de que por todos los ministerios
se hiciese lo mismo que yo me proponia hacer, y se acudie-
se simultúneamente al remedio de todas las necesi0ades.
No hubo uno de mis nuevos colegas que no se manifestase




..


172 ANALES DE ISABEL JI,
animado de estos sentimientos, y entre todos se concibió
el proyecto de solemnizar la jura de la reina niña, señala-
da para el 24 , con la publicacion de muchos decl'elos be-
néficos, POl' el ministel'io de Estado se espidió, con fecha
del 23, una amnistía amplísima, con ['estitucion de sus
bienes, derechos y honores, en favor de gl'an número de
diputados de las antiguas Có¡'tes, entre los cuales figuraban
Argüelles, Bausa, Lagasca, Valdés ~(lon Cayelano) y otros
de menos nombl'e. POI' el de Gl'acia y Justicia otro dero-
gando la cédula de 11 de marzo de 1824, que habia anula-
do los cOllt¡'atos hechos, durante el periodo constitucional
de 1820 a 23, y en conformidad de las leyes de la época,
entre los poseedores de mayorazgos y los comp¡'adores de
sus fincas. Por el ministerio de la Guel'l'a otro suprimien-
do los onerosísimos al'bitrios de l'ealistas. Otro por el
ministeriO' de Hacienda para socorrer á los pobres de Ma-
dl'id con una cuantiosa suma tomada sobre la consigna-
cion de la Casa real. Todos estos dccretos, igualmente
que los seis cspedidos por mi ministerio el 23, pal'ccie-
ron juntos cn la Gaceta del 2i, Y contribuycron á au-
mentar el entusiasmo que inspiraba la ceremonia de la
proclamacion,


Ni se descuidaban, al adoptarse estas medidas de repal'a-
cíon, de justicia ó de fomento, las !nilitarcs que eran nece-
sarias para prevenir ó fl'Ustrar los proyectos dc insurreccion,
ó para sofocar en su orígen los pronunciamientos de este gé-
nero. Don Antonio Gonzalez, que habia intcntado procla-
mar á don Carlos en Talavera, fué aprchcndido y entregado
con sus cómplices a la severidad de la ley. Los csfucrzos
de Barcenas en las montañas de Santander se cstrellaron en




LIBRO PltlMERO. 173
la bizal'ria de los carabineros. El genel'al don Federico Cas-
lañon, que mandaba en San Sebastian, habia salido para
Bilbao á la primera .uoticia del alzamiento dc aquella villa;
pero, informado del de Vitoria, se trasladó á Azpeitia y Az_
coitia, é hizo recoger y conducir á San Sebastian todas las
armas y efectos de la fábrica de Plasencia, reuniendo á su
columna la guarnieion y los carabineros salidos de la capital
de Alava; mas, como, á pesar de Sil vigilancia y sus esfuer-
zos, los coroneles carlistas Lardizahal y Alzá reclutasen en
Azpeitia y Oñate dos batallones, se amnistió á don Gaspar
Jáuregui, conocido COll el sobrcnombre de el Pastor, yes-
le, desde Bayona, doude se haílaba emigrado, acudió con
doscientos cincuenta franceses y españoles que alli engan-
chó. Con estos hombres, que luego reforzó con voluntarios
guipuzcoanos, y á quienes por el gorro colorado que los dis-
tinguia se dió el nombre de Chapelgo'rris, se situó en To-
losa, desde donde combatió desde luego con ventaja la faccion
guipuzcoana, y auxilió y facilitó los moyimientos de Casta-
ñOll. El brigadier don Manuel Lorenzo se trasladó al mismo
tiempo de ~aval'l'a á Rioja, se apodel'ó del genel'aldon Santo1
Ladl'on, que habia suhlevado á Logroüo, y le envió á Pam-
plona, donde fué fusilado. Otra columna, enviada pOI' el
virey de Navarra, ohligó al cOI'onel don Francisco Eraso,
que levantaba en el Baslan tropas por don Cárlos, á aban-
donal' su empresa y refugiarse á Francia. El general don
Fel'llando Butl'on, recieu amnistiado, como láuregui, reunió
en Miranda de Ebro los carabineros de aquel resguardo, al-
gunos fugitivos de Ol'duña, y unos pocos soldados, y obsCI'-
vó á los coroneles carlistas Breña y Veamurguia , que, con
tropas de todas armas, se adelantaron a Brihiesca, mientras




174 ANALES DE ISABEL n.
que las de SantandeI' y Santoüa , con los carabineros de
aquella costa, impedian los prog¡'esos de la raccion vizcai-
na. Entrctanto, el teniente general don Pedl'o Sarsfield, nom-
brado comandante en gefe del ejército del Nortc, llegaba,
desde las orillas del Due¡'o, donde habia mandado el de Por-
tugal, á Burgos, y se preparaba á la brillante campaüa que
hizo en seguida, y que, sin las ocurrencias que le obligaron
á dejar inmediatamente el mando, habria acabado antes de
espirar el aüo con la insUl'l'eccion de las provincias. En los
mismos dias, conociéndose el peligro de que continuasen
armados los voluntal'ios realistas, se ordenó el desarme de
los de Madl'id, que se llevó á efecto el 27, venciendo en po-
cas horas, y con muy poca efusion de sangl'e, una resisten-
cia que tenia visos de obstinada y terrible; los que la inten-
taron tuvieron que ceder al valor de don Ped¡'o Nolasco 13as-
sa, que se apoderó en breve del cuartel, y desarmó y pren-
dió á sus autores, los cuales fueron al punto entregados á
una comision militar. El desarme de los demas rcalistas del
reino se empezó en seguida con actividad, y en breve se
completó sin oposicion.


Al mismo tiempo el gobierno fmncés, tranquilo sobre
las intenciones del español, le hacia ofel'tas, sinceras enton-
ces, de toda especie de auxilios; y, para poderlos prestar
eficaces en la ocasion, organizaba dos ejél'citos de observa-
cion en los Pirineos Orientales y Occidentales, al mando de
los generales Castellane y Hal'ispe. En fin, en los mismos
dias, se completaba el ya instalado Consejo de Gobierno, en
cuyos individuos creía el ministel'io hallar cooperadores ar-
dientes de los bienes que p¡'omovia y que medil.aba. Todas
estas medidas de seguridad, de represion, de pl'Oleccion, de




LIBRO PRIMERO. 175
órden y de justicia, se adoptaron y ejecutaron en menos de
un mes. Los anales de la monarquía no presentan un solo
ejemplo de semejante actividad. Las Cortes mismas de Cádiz,
que, aisladas en un recinto estI'echo, 110 tenian miramientos
que ~uardar, y que, siguiendo las huellas de la famosa Asam-
blea constituyente de Francia, nada reputaban superio¡' á
su olllnipotencia, no caminaron mas aprisa.


Los pueblos veian esta marcha del gobierno con un en-
tusiasmo unánime. La Gaceta de Madrid, llena todos los
dias de disposiciones benéficas, era, por donde quiera, es-
pel'ada COII impaciencia y devol'ada con ansia. Solo el pat'-
tido llamado liberal afectaba mirarlas con indiferencia, ora
porque sus hábitos antiguos le vedasen ensalzar lo que no era
obra suya, ora porque el despecho que á muchos de sus indi-
viduos habia causado el manifiesto del 4, no les dejase ni aun
apreciar los beneficios, ora, cn fin, porque estos interesasen
poco en general, á aquellos hombres que, no poseyendo bie-
ucs ui ejerciendo indllsll'ia los mas, poca ó ninguna partici-
}ladon tcnian cn las vcntajas que á esta y á aquellos se
dispensaban. Habia, á la ve¡'dad, entre los liberales, mu-
chos que se habrian contentado con una pl'omesa vaga de
Constitucion, y aun algunos á quienes habria bastado que se
dejase al tiempo la decision dc esta cuestion difícil, que en
suopinion habia el ministe¡'io suscitado indiscretamente. Pe-
ro la inmensa mayoría del partido, reforzada diariamente
con los emigrados y con muchos que, sin serlo, no habian
sufrido la miseria de diez años sino con la esperanza de me-
jorar algun dia de condicion, quería Constitucion inmediata-
mente y á todo trance. Habiendo los unos vivido muchos
años en el destierro, y los otros en una especie de aislamien-




176 ANALES DE ISABEL n.
to, ignoraban todos cuales eranrcal y vcruaderamente los de-
seos y los sentimientos de los habitantes de su pais. Ignora-
ban, por consiguiente las pocas disposiciones que, pal'areci-
bi\' el beneficio de las instituciones liberales, tenian las ma-
sas est\'aviadas, ya por instigaciones interesadas, ya por preo-
cupaciones envejecidas, ya por ell'ecuerdo reciente de lasca-
lamidades de la ultima époea constitucional, ya, en fin, pOI'
sus simpatías en favOl' de don Cárlos, las cuales no dejaban
de ser profundas, por mas que fuesen deplorables, y que las
medidas acertadas y benéficas del lluevo gobiel'llo podian so-
lo neutralizar ó destruir. La falta de cstos conocimientos,
la fé ardiente que, seducidos pOI' estudiantcs incspcl'tos, ó
por sofistas obstinados, tuvieron desde su juventud en la es-
celencia del código de Cadiz, y mas que todo, la urgencia de
sus propias necesidades, les hacian ver en el manifiesto una
amenaza irremisible dc absolutismo pCl'pétuo ; y, estravia-
dos por este temol' , desconocian ó fingian desconocer que
muchas de las disposiciones que rliariamente se iban dictan-
do, habian de servir mas tarde de cimiento á la obra de re-
generacion que con tanto ardor se estaba preparando.


A este partido, llamado sin duda liberal, porque aspira-
ba ostensiblemente al establecimiento de la forma de gobier-
no, que suele calificarse con este epiteto, se agregaron des-
de luego jóvenes, en cuyos fogosos cerebros bullian ideas de
libertad, y, sucesivamente, discolos , que no podian vivil'
mas que en el seno de las turbulencias; perdidos, que se pl'O-
metian hallar elementos de fOI'luna en el caos de un tmstor_
no cualquiera; ociosos, que necesitaban una ocupacion; em-
pleados del régimen absoluto, que deseaban bOlTar la hue-
lla de los servicios que Pl'cstal'on á. aquella causa; hombres




I.IBl\o I'Bi.\lEiW. lT7
de nlllllllo, (IUf' ct'ei,lII segui¡' la moda ostentando apego ú
do/'.lrínas de (lite 110 conocian ni d fundamento ni las conse-
{~lIencias; amhiciosos, tmlmjados por el anhelo de adquÍl'i!'
lIomht,c y popularidall, y aUII lIluehas pe¡'sonas de probidad
~' huenas intenciones tjue, creyellllo, eon I'azon, justos y es-
I'elenlt's los principios W'l\cl'ales (Iue se proclamaban, no te-
ni,lIl hastante csperieneia para saher f[ue estos no podian SCI'
útiles al país, sino en euanlo se aplicasen con tino y discre-
rion. Todas es las gcntes, dÍl'igidas por sentimientos diversos
y aun pOI' intereses opuestos, tenian necesidad dc un lazo
('Ollllln qUf' los ulliese, y le hallaron afiliúndose á las socie-
dadr:,; secretas (Iue ya en otro tiempo habian visto en su se-
llO a la casi totalidad de los que en España se llamaban li-
herales, y ([ne , aunque rigurosamente perseguidas, no ha-
lIian cesado de existir. Los amnistiados vucltos de los pai-
ses estrangel'os hahian asistido en ellos á reuniones de esta
especie, ~' eH particular á al¡nlllas fjlH', ir título de defender
la 1ilwl'lad, lelljan pOI' olJjelo tl'a:;;IOl'Ill\l' el ¡'mlcn. Las rela-
riones (IIIC alli dejat'on rstableeidas les pel'mitian contar
('011 el apoyo de a(IUellas asociaciones y COII el dc al~llllo"
dial'io~ que propagaban sus doctrinas y les hacian espel'ar
de este apoyo rl t1'iUllfo de las que ellos se habian encarga-
do de proclamar en Espaüa. lleinstaladas alli, lmes, las 10-
gifls sr o{'uparon dc pl'omovel' por todos medios el ,'estahle-
l'imiellto del régimell por (Iue suspiraban, y empezaron pOI'
desacreditar con abs\l\'(las imposturas al ministerio, en que
!'¡'cian H't' IIn ohstúcnlo á SIIS designios. Favol'ecióles pro-
digiosamente la rcmoeion del superintendente general de
polieia don Josú ~IalHwl de Arjona, y su rc('mplazo pOI' dOll
'fanllel Latrc, pI cllal Ú po]'rflH', se¡nlll Sr' di.io, hubiese hprho


TmlO l. 12




17~ A~M,ES 1IE If'ABEL 11.
pal'le en otro tiempo de la sociedau masónica, ú pOI' su ('(\-
l'áctel' contemporizador, Ó pOI' sugestiones de algunos f[lIe
le rodeaban, miraba con cierta imlifel'ellcia maniobras de qUt~
acaso no penell'aba ni el fin ni la tnlscenueneia. Fuertes, si
no con el apoyo, con la tolerancia de aquel gefe, y au-
mentados diariamente por agregaciones sucesivas, empeza-
ron los clubs Ú tl'aba,iar {\ sus anchas, llieron Ól'delleS para
fOI'mal' oh'os en difel'cntes puntos del reino, y establecieroll
con ellos una correspondencia que, sin disfraz ni }wecaucioll
de ninglln génel'o, dirigian por el conco, como si se trata-
se de una correspondencia ol'dinaria.


Los ministros Zea y CI'UZ eran enlonces los ohjelos PI't'-
ferentes y aun esclusivos de los odios del partido liberal;
pues, á pesar del disgusto con que mirú este partido mi
nombl'amiento , no estendió á mi por de lH'onlo las hostili-
dades que hacia á mis dos colegas, )ti por el temol' de mos-
trarse apasionado, y aun de pal'eCCl' iU,iusto; ya pon[ue pen-
sase poder transigil' conmigo, como mas lal'({c me lo pl'O-
puso; ya, en fin, por creer que se dcshm'ian mas fúcilmenlt'
de Zea y de Cruz atacándolos solos qne combatihHlolos ;',
ellos y á mi al mismo tiempo.


Dos ocurl'encias hieieron aun quc el encarnizamiento se
dirigiesc principalmente contra Cruz. Sarsfield, llegado ú
Burgos á fin de octllbl'e, habia heeho luego un movimiento
sobre Bribiesca , desde donde hahia rdrocedido, pOI' crec'!'
poco proporcionadas á la magnilud de su empl'C;¡;a ¡as fllt'I'-
zas con que se le mandaba acometerla, y que el l'e(~ií'lIte li-
cenciamiento del ejército no permitia aumentar pOI' de pron-
to. Don Viceute Quesada, comandante general de la infan-
lería de la guardia real, (I'U', ('(li(lo pocos dias antt's cn dc~--




L1Hlto PltB¡EIW, l'm
¡.(I'aria , habia sido lIomlll'ar!o eapilan gt'lll'l'nl dI' AlHlalucia,
y que, en yista de su resistencia Ú 111al'chal' Ú Seyilla, habia
:-;ido, por una e~pccie (le h'ansaccion, nombrado capitan ge-
lIeral de Castilla la Vieja, exhalaba al mismo tiempo que-
jas acel'has (~olltl'a el millistl'O Cruz en una esposicion poco
comedida, de que habia enviauo desde Valladolid copias qne
cil'culaban en Madl'id COII pl"ofnsion. Estas quejas de un hOIll-
IlI'e (Iue , habiendo sido en 1823 general de los ejércitos de
la fó, se hallaha afiliado enlonces al pal,tido liberal, jun-
tas con rI movimiento retl'ogl'ado de Sal'stleld, de qne no se
~ospcchaha d motivo, plle" 1'1 gohicl'I1o no debia revelal' la
rscascz accidental (le sus mcuios militares, e:.\.acerbUl'on la~
malas disposiciones (Ine se abl'igaban con I'especto a Cruz,
y amcnaZal'on una violenta esplosion contra él.


Tratose de impedida por medio de una combinacion,
(Iue, sobre calmar los resentimientos de Quesada y acallal' á
Sil nuevo pa¡'lido, que manifestaba illtel'esm'se en ellos, po-
(Iia I'econeilial'los consejo.; de Gobierno y d(~ Ministl'os eutre
los cuales se notaban ya algunos silltomas de divergencia.
Desde el pl'incipio, Ca~taños y Puig hahian llevado tI mal
filie el manifiesto del IJ se hulJiese publicado sin yel' el clie-
lámen del Consejo de Gohierno, y se ({uejalmn sin rebozo de
([He los minisll'os ({uerian an~tlal' la intervencion que daba
;'¡ afluel cuerpo en los nef(ocios el testamento del rey. En
ya no alc~aha el minislm'io que el manifiesto tenia la fecha
drl 4, y (Iue el Consejo no se habia instalado hasta el 5. Puig
y CastalIOS conlestahan que ninguna prisa habia para la pu-
hlicacion de aquel documenLo que halwia dehido sometel'se
al cxámen previo, obligatol'io paI'a tOllos los de su clase. El
minislel'io, por' S\1 pHl'te, habia cl'eido ro(lel' dispensal'sc de




ISO .\:\.\LES IlE ISABEL 11.
la fOl'malitlau de oido , 110 solo pm'que el Consejo 110 se ha-
llaba instalado á la snOIl, sino POI'(IlIe el testamento (Iue
lo habia instituido dejaha ú la reina en lillPelad de s('guil'
Ó no su dictámen , lo cnal argllia que 110 em rigUl'osamente
preciso el )wovocarlo. A este motivo de desavenencia se
agregal'on 01l'os, d(~spues de la llegada de los vocales au-
sentes, y amenazaban un 1'o\l1pimienlo entre ambos conse-
jos. Pellsóse , pues, en evitado, haciendo ministl'o de la
GuelTa al ma\'([ués de las Amarillas, (JIte em el alma del
Consejo de GobierJlo, y que ocupase en él su lugar el gene-
ral CI'UZ, suplente de los generales que en él hahia. Creyó-
se ([ue por este medio se convenceria Amarillas de la pUI'e-
za dc las intenciones del ministerio, de cuyas deliheraciones
se le Ilamaha ú participar, y que el Consejo de Gohierno,
recibiendo en su sello á CI'UZ, se cOllvencel'ia al mismo tiem-
po de la I'eetitud de los pl'incipios y pl'ocederes de este S1l
lluevo vocal, y por consiguiente de los del Consejo de Mi-
nistros, de que hasta entonces hahia hecho pal'le.


Yo fuí encargado de esta negoeiaeion en razon (le ha-
her sirio el primel' móvil de la combinacion, y á causa tam-
hien del aprecio y la amistad que profesé siempre á Amari-
llas, y que creia merecerle asimismo á él. Hice\e la propues-
ta y la admitió sin titubear,. declarando solo que no en-
tendia por eso renunciar á su plaza del Consejo de Gohierno.
Aseguréle que, siendo en ella inamovible, volveria á ejel'-
cerla en el momento que dejase el ministel'io, no pudielldo
desempeüarse simultáneamente ambos destinos, ya por Sil
incompatibilidad efectiva, ya por hallarse esta procl3mada
recientemente en el negocio del eonde de Oralia. Conveni-
dos asi, tranquilizado pOI' mí Amarillas sohre los recelos




L1/l1l0 I'HDIEHO. 1Rl
que espl'esó inspirarle el CaI'~lctel' de Zea, y aJv('[·tido Jc (IUt'
Ú naJie revelara las pláticas pellllientes, hasta que se C\l-
terase de Sil estado ú la reina gobcl'l1adol'a, marchó al Con-
sejo de Gobiemo, donde, violando su I'ecicnte pl'omesa, ente-
I'Ó Ú :;lIS colegas de la proposicion que yo le habia hecho, y
donde hubo de recibir inspil'aciones dÍl'igidas ú modificar su
/lI'opósito. Inlil'ióse esto cuando se vió quc, al salj¡' del Con-
sejo, subió ú besal' la mano ti la gobel'l1adora pOI' aquella
merced, filie ella no sabia aun haber dispensado, y que, al
salir de palacio, volvió, á pl'elesto de illllicanne cn que tér-
minos deseaha ([lIe se estendiese el decreto, ú decirme que
no entendia ([ue CI'UZ ocupase su lugal'. Adiviné sin esfuer-
zo que esta indicacion le habia sido sugerida por sus cole-
gas del Consejo de Gohierno, obsel'véle que con ella no el a
posible que se llevase á cabo un negocio empezado con 10-
tlas las apariencias de acuerdo, y hubo de desistü', pOI' tanlo,
de Sll convenida aceplacioll.


Pel'o ya él la habia fluhlie:ulo , y la llueva habia llegado
á Cruz. Este aClHlió ti pedi\' esplicaciones, pucs todose ha-
bia tratado sin su noticia, aunque con la cel'leza de que le
seria muy agn\dable el tl'lle(llIe. Cl'IlZ Cl'CyÓ de su decoro ha-
cel' entonces dimision, lIue le rué admitida, y que el pm'ti-
do liberal sc apresUl'ó á pl'esental' como llll triunfo de lo que
d Ilamaha opinioll púhlica, y no el'a en realidad otra cosa
filie la espresioll interesada lle sus propias pasiones . .\ Ü'uz
sucedió, en calidad tle inkrino, el mariscal de campo don
Antonio Remon Zal'co del Valle, ú quien, al lIlomento de
partir para Cal'lagena, cuyo gobiemo se le habia conferido
pOl'O antcs , hice yo ddellcl' en Madrid, pensando S<leal' d(~
(;1 el partid!) flllt' SIIS l'OIlOeillliclllos militares y Slt poplllal'i-




{Si .. :\ALllS DE ISAllEL l!.
liad hlll'illu eSpel'aI', y que se frustró en pal'te por las eUIl-
temporizaciones ú que mas tardc le arrastl'aron su earúctel'
y su posiciono


Amarillas necesitaha justifica/'se de la ligereza con que
habia procedido pllblicando pláticas qnc se le habj¡m encar-
gado tenel' secretas dUI"ante algunos dias, y no encontró, sill
duda, mejor medio de haccdo cIue el de ostentar, contra el
ministerio cn general, y particularmente contra mí, un grau
resentimiento. Este, no solo se exhalaba pl'ivauamcntc en
violcntas mm'IllUl'tlCioncs, sillo que aumentaba, en el scno
del Consejo dc Gohiel'llo, la irl'Ítacion que cn él ¡,cillalla de
resultas de haberse desestimado por la gobernadora algunas
de sus consultas. Amarillas era el homhre enérgico dcl Con-
sejo, y le era facil, por tanto, hacerle acloptm' sus odios,
corno sus aficiones, las inspiraciones de su patriolismo, co-
mo las aberraciones de su amhicion. Cuatro palabms so-
bre el ca¡'úcte¡' y cil'cunstallcias de los sugctos (lue compo-
nian aquel cuerpo esplicarán como Jlurlo ser manejado del
modo de que lo fué.


Amarillas se habia distinguido en la guerra de la In-
dependencia; y, por ello, y por el favor de su tio don Ja-
vier Castaños, llegado muy jóven a sel' teniente general,
ministl'ü de la GuelTa en 1820, hahia demostmdo cner'~
gía en la disolucion del ejército de la Isla (Ine, al prin-
cipial' ~H¡uel año, alzara el Wito de insuneecioll en las
Cahezas, Separado á los pocos meses del mini:-;lcJ'io, no
drsmintió su Cal'áetel' en el destino de direclO!' de inge-
nicl'os flue ohtuvo en segnida, y qlle r!esempeüó hasla (Ille,
pOI' Sil conducla en las oCIll'/'encias de julio d('18:!:!, S(~
hizo so~pel'h()~() illo!' lilwrall'~, ;\1111 (IUI' I\ohiell ([\listo, pOi




L1BIlO PRBlERO.


esta mZon eulrc ellos, fué envuelto en la persecucioll que S\I-
f1'ió este partido Cll 1823; y, solo al cabo de mucho tiem-
po, pudo establecel'se pacílica, aunquc oscuramente en Se-
villa. FlexilJle y obsequioso en su mala fortuna, acarició,
mientras viv ió en ella, á los que, erguido y presuntuoso
1'11 la buena, rehusó despues proteger y aun trabajó en des-
acreditar. H.ehabilitado tI fines de 1833 despues de los sucesos
tle la Granja, fué succsivamente capilan general de Granada
y de Sevilla, y, uespues del fallecimiento del rey, pasó á Ma-
(l!'id á sCl'vil' su plaza del Consejo de Gobierno. Activo, sa-
gaz, conociendo bien á los hombres, habituado á estimados
en menos de lo que valen, por poco que valgan, vió luego
que su nuevo puesto debia ofl'ecerle ocasiones y facilitarle
medios de satisfacel' su ambicion, y en breve conoció bas-
tante á sus nuevos colegas lJara persuadirse de que estos se
dejarian llevar adonde él quisiera conducirlos.


Don Pedro Font hahia llegado á ser arzobispo de Mé-
jieo pOI' Ulla dc aquellas combinacioues estrañas de que ape-
nas se ven ejemplos mas fIlIe en las guerras civiles. Lanza-
do dc aquel tel'l'itol'io por otra combinacion igual, volvió á
Espaüa, y vivia tranquilo y estimado en un convento de Va-
lencia, cuando la amistad de Cruz y la buena fé de Zea lo de-
signHl'on á la gohernadOl'a por suplente del cardenal ~lH1'Có.
Eclesiústieo desinteres:ulo y piadoso, de carácter dulce, de
Itúhilos propios dc su estado, de una instmccion menos que
mediana, entendiendo poco de negocios públicos, y nana
ahsolutamcute de los de su pais, vió que Amarillas habla-
ba sobre cualqniel' materia con la resolueion propia del
homb]'(~ filie las entiende todas; y, creyendo sin duda que
las entendia ell efedo , se unió cstl'echamcntr COII él.




.\:üLES DE 1S.\IlEL 11.


El mL\\'(lués de Santa c.'uz hahia sidu en la última epo·
ta constitucional alcalde de Maul'id, y sufl'ido JlOI' ello ulla
pe\'secncion en 18:n. \las tarde volvió ú la gracia del \'ey.
~ill que éste se atreviese, no obslante, ú desagl'aviadl'
completamentc. Esta última cirCllnslancia le hahia consel'-
vado el raVOl' del paI'lido liberal, qne vio con gu~t() su 110111-
!wamienlo. COl'tés , comedido, tlulce en su tralo, cal'cci".
sin embargo, de los conocimientos (ll'opios paI'a el descmpe-
llO de sus altas funciones.


Lo mismo sucedia al duque de Medinaceli. De Ulltr} dl'
utl'O debia apoderarse sin dificullad el homhre 11He lo intellla:-;e,


Don Javier Castaüos, tio y paucgil'isla constante dp
Amarillas, es uno de los personages mas singulares de
nuestra hisloria model'l1a. Con limitados alcances, y con es·
casa instruccion, ha figurado en Es})aña en }wimcra línea
dmantc mas dc un cuarto de siglo. Encontrándose en 1808
de comandante general del campo de San Hoque, tuvo cn pi
alzamiento de Andalucía el maudo del rjél'cito l/"e se cmi()
contra Dupont, y la homa de cstendcr, (lesplws de ycnei-
do este general, la eapitulacion de BaileH. Hecho por a((ue-
Ua accion capitan gencl'al, se puso al fecnte de un ejército,
quc fué derrotado en Tudcla y obligado á hui\' en desórden.
Cayó enton.ces en desgracia, pero notardó en volverse á lc-
vantUl'; fué regente en Cádiz, y tuvo des pues !lajo \\rellin¡:;-
ton un importan le malicia militar. En el pCl'iodo eonstitll-
cional dc 1820, fue consejero de Estado, y lo fué de nllev()
hajo el gobiel'Ilo absoluto, quc mas tarde lo rl<~\ó ú presi-
dente del Conse,lo tic Castilla, y en seguida ú dlll[ue tle Bai-
len, y mucl'\o el rey fué consejero de Gobierno y presiden-
te del Consrjo SIl\lI'emo de España élnclias. Hespucs dd




L1I1I\O 1'l\L\IEI\O. 185
IIl'üwipe de la Paz, 110 hubo hOIllIJl'e cn bpulla l¡lIe lila:;
(lignidade:; l'euniese, SiCllUO de notar que en Castaiios se
aCllIllulal'on, sin (IUC nauie purceiese estl'aiiarlo, las de
lodos los gobiel'llos que se habian sucedido en époea de
lantos trastOl'nos.


Don José Maria Puig habia enh'ado desde su juventud
1'11 la carl'el'a de la magistratUl'a, y llegauo tI sel' goberna-
(101' del Consejo de Castilla. Separado por Zea, llevó al
Consejo de Gobierno el resentimiento de su remoeion, que
habia pm'eeido tanto JIlenos oportuna y comenicllte, cuanto
!fue su sueesor Castaüos era peregl'ino en las regiones de
la adlllinistraeion y de la justicia, encomendada entonces á
aquel cuerpo. Pero Puig tenia ochenta años; su fibra, en
otro tiempo enérgica, se llabia atlojado. Las vicisitudes que
esperimentara en el último periodo de su vida habian con-
tribuido tanto como la edad á destruir el vigor que debió
UB dia á su temperamento .Y á sus largos hábitos de mando.


Don J\ieolús Maria Gal'elly servia ulIa cátellra de jUl'is-
prudencia en Valencia cuando fué nombrado diputado:í las
Cortes ue 18:W. A poco de concluida su legislatUl'a, fué
elevado al ministerio de Gracia y Justicia, de cuyo puesto
le lH'eeipitaro~ los sucesos de julio dc 1822. Perseguido y
amenazado entonces, pudo salvarse de graves riesgos, mer-
ced ú los embarazos del ministcl'io que sucedió al de Mal'-
tiuez de la Rosa, y al U110 siguicnte pat'licipó, sin merecel'-
lo, de la pCI'seeueioll qne snfriú Sil pm-tido. Desde Valencia,
dondc viyia OSCUI'O, y aun pobl'e, si pobre puede ser IIn
homhrc tan fl'llgal COIl\O él, fué ú Madl'id en 1823 Ú ocu-
pa¡' la plaza que dejaba 1Il0lllcntancamcnle vaeantc la en-
fel'll1c(lad de Cal'o, ) se halló cle\tHlo ú la dc ('()n~('jel'o de




lR(i ,\:'í.'I.LES HE lS.\BEL 11.
Castilla, con 110 menOl' sOl'{)l'esa de la flllC le habia causa-
do su nombnnnienlo de suplente del COllsejo tic GohieJ'llo, Ha-
bit en su profesion, vCl'sado cn negoeios, desintel'esad o, reli-
gioso, sevcro en sus eostumbrcs, Garelly hahria sido ulla
adquisieion para el cuerpo de que antm'iorlllenl.e hacia parte,
si, contemporizador por temperamento, deferente por há--
bilO, circunspccto pOI' el rccuerdo de las persecuciones pa--
sadas, retenido quizá por la idea de que en hreve tenia
t[ue dejar su pueslo en el Con:,;ejo tle Gobicl'no al vocal pro-
pictario, no hubiesc cl'cido delwl' anularsc cn dClta manera
y seguir el impulso que daba al cucrpo todo su dccidido (~
impetuoso cole¡ja Amarillas.


Sobre el conde de Ofalia, nuevo secrelario de este mis-
mo cuerpo, no añadiré sino que los altos destinos que ha-
bia desempeñado pUl'ccian dcbcr darlc voto, y aun un
yoto dc mucho peso en los negocios quc en él sc trata-
sen; pero el testamento del rcy nada dccia sobl'c cste
puilto, y Ofalia tuvo el bucn sentido de no suscitar una cues-
lion que parecia decidida, no solo por el silencio del tes-
tamento, sino por .Ia cil'clUlstancia de sel' impar el núme-
1'0 de los vocales del cuerpo, lo cual dejaba traslucir la
inleneion de que no cupiese empate en las decisiones. A pe-
sar de eso, Ofalia ejercia sobre el Consejo la inlluencia del
talento y de los anlececlentes, bien que no usaba de elb
sino cuando el marqués de bs Amarillas 110 Illostralm illle-
I'és POI'{!11e prevaleciese la suya,


El marqués habia desde el ]H'incipio unido por un fuel'-
1e lazo á todos sus colegas, suscitando cuestiones, cuya fa-
YOi'uble resolucion interesaba igualmente ú todos ellos, ya
sobre la prilllac ía y 011'<1:- prcl'ognti'lIl' drl (,UC1'\HI, ya :-;n.-




LIllRO I'HL\1EIW. lH7


hl'e la iniciativa CH ciertos negocios, p sohre los slleldo~
de que debian gozar SlIS indi,iduos. La aeogida fria que
por de 1)1"0/1(0 hizo el ministerio á estas representaciones,
sugil'ió al Consejo (le Gohiel'no la idea de m'l'eglar estos
puntos en lIlla confel'eneia de una diputacion suya con el
presidellte delConsejo de ~linistl·os, y la diputacion se com-
puso de Amm'illas y de su ardiente admirador el arzobis-
po. Este habia ya enunciado los deseos lie su eorpol'acion
con tal dulzura, y les habia dado de tal manera la aparien-
cia del mego, que Zea llegó á tomar la pluma para escri-
hiI' las disposiciones ({1I(, el pl'elado le dietase, resuello á
acceder (le todo punto á sus indicaciones; pero el marqués,
ora porque sus hábitos militUl'es no se aviniesen con las
fÓl'lnulas obsequiosas de que depende á veces el éxito de
la mas difícil negociacion, ora porque no le pesase ver de-
darada abiertamente la escision que sus sugestiones ante-
riores habían empezado á promoyer, aiiadió algunas espl'e-
~iones dcsa))J'idas á las blandas insinuaciones de su colega.
Provocaron aquellas una rcspuesta de Zea, y, tle replica
cn réplica, llegó la confel'cncia á pcnlet: el carúctel' pací-
fico con que se presentó al pl'incipio, resultando separarse
los consejeros descontentos del ministro, y este desconten-
to de ellos.


Ni el carácter ni la posicioll de Amarillas le permitiall
!Iejal' de tlm' ú esta especie de rehuso la apm'iencia de UIl
drsail'e hecho .\ su I corporacion, el cual, junto al mal su-
{'eso de la ncgociaeioll dil'igítla á hacerle entl'm' cn el minis-
terio, IIcnú la medida de su l'csentimieuto. Pcnsó, Ime~,
que l'lIl11plil'ia ('OU (;1, f{Ue pl'opOl'cional'Íll una satisfael'ioll
nI Con~rjo tle r;(\hicl'llO, ~ aun que daría ú (;st(' .' ;'1 sí llIi~-




188


1110 cierto aire de popularidad, asociúndole : asociúllLlosc al
clIcamizamiento que el partido libenll, lihre ya de C!'lIZ,
mostraba contra Zea, y negando su apoyo ú algunas medi-
das lll'opuestas por el ministerio, y eutl'e otras al estahle-
cimiento de los gobiernos civiles, sin cuya el'cceion la nuc-
va division territorial no podia producir ninguna u'ntaja
positivu. En Yano, tOcl1ndose ya los inconvenientes y pl'C-
sintiéndose las consecuencias funestas dc esta lucha, SI'
hicieron al Consejo dc Gobierno concesiones sucesivas; ell
yano se declal'o el primcr cuerpo del Estado, se ascguró ú
sus individuos el mismo sueldo quc ú los ministl'os, Sl~ se-
ñalaron á sus suplentes los Illas altos sueldos y honores, y
se dió á su secretaría una categOl'ia que mas tarde se hizo
igual á la del Despacho. En vallo se estipuló que, en lo su-
cesivo, se ventilasen por comisiones de ambos cuel'pos las
cuestiones sobl'e que huhiese divel'gencia eH ellos, en vano
una de estas comisiones, compuesta de Zea y yo, pOI' \lB
lado, y de Puig y Garelly, por 011'0, mostl'{¡ las veutajas de
este paclo de avenencia, allanando en una ocasion difieul-
lades graves; todas estas concesiones no eran miradas 'por
el Consejo de Gobiel'llo sino como el reconocimiento tardío
dc sus dercchos indisputables, como la confesion ncce~a­
ria de susupremacia legal, como indicios de la Ilehilidad del
ministerio. Asi, tl pesa¡' dc ellas, y il pCSat' de que el COII-
sejo dc Gobicl'Ilo, dirigiendo gracias ú la gobel'llaclora por la
bencvolencia con que le trat:Jha, ofrecia «cooperal' rOIl I'!
ministerio á la 11l'ospcridulI de España;» la disillrllcia
continuaba entre los individuos, aUIH[lle no apareciese os-
tensihle enlre los cucrpos. Así, por una eoincidencia anó-
mala, como la mayor parle dc lo~ sucesos dI' af¡Ilella (~PO-




L1ll1to I'HnIEIW. 189
ca, IHll('hos miemlj['os del COJlsejo de Golm'I'Ho, f¡tH' soll)
pOllian (~OHSel'\ al' su IH'('stigio Ú fu\ol' del de lu sobcl'anía,
disminuian ('s[e, illclinúl\(lose al haudo lihel'al, cuyas opi-
niOlH's estahan eH conlnuliccion notoria con sus pI'opios
';l'Htimielltos ; 110 hahiendo quien ignorase las tendencias
aristocráticas de Amarillas, la sumision del al'zohispo a las
opiniones de ósle, las inclinaciones absolutistas de Pllig, ~
la indiferencia de Castaños por todas las doctrinas politicas.


Las exigencias del partido exaltado y sus furores con-
tra Zea, apoyarlos ya, hasta cierto punto, en las disposicio-
nes conocidas de algunos miemhl'Os del Consejo de Gobier-
no , se alimentahan y aun se exacerbaban todos los clias por
la aparieion de nuevas gavillas de facciosos que sucesiva-
mente se fllel'on levantando en varias provincias. Aguilar,
el canúnigo EchevaITia, elbl'igadie[' Tena, el fmllciscano
Roger , Mel'ino , Balmaseda, el liaron de Hel'ves , Carni-
CCI', FII~té, To['ú, Plan¡\olit, :Magt'anel', Gareía y otros aso-
maban en Castilla la Y¡pja, en Aragon, Cataluña, y aun en
Jos montes de Toledo; y esto sin conlar las facGiones del
l\"orle, capitaneadas pOI' ltmralde, Cuevillas , Basilio, Mi-
randa, Villalohos, Lal'llizalJal , El'cunla , Guihelalde, Alzá,
Zaha13, Samsa , Casto!" Tone, Sopclalla, Vivanco, Ihar-
rola y no se cuantos oh'os. Con un poco de equidad ó de
justicia, \10 se habl'ia pretendido hacc\' rcspon,;ahle de las
ill(IUicludes que inspirah(jll (j(I'wlim; handas, ni de los ma-
les (Iue ocasionaban, á 1111 milli"terio flue hacia (JI contral'io
los mayol'es esfuerzos para eSlermillarlas, y filie lo conseguia
con respecto {I muchas de ellas. Pe¡'o en vano Agllilar ~.
Eche\al'ría eran fusilados en Castilla, Tcna, el hal'Oll de
Herves, Vitoria , Gil, fusté y TOI'ú en AI'a¡WlI, } :\f:lgt'a-




I \lO \:"iALES HE ISABEL 11.


lWI' (~n \'alencia, La oposicion sistemútica é interesada ([tU'
se hacia al f;ohiemo se af;riaha á pesar (le la enel'gía qnl'
demostl'ahan aquellos ejemplares fl'eCUt'lItes y tle los triun·
fos brillantes tic las armas ele la reina, qne rntonces se COII-


laban pOI' Jias y aun pOI' horas.
En efeelo, Lorenzo reeobraha á Logt'ollo, y deshacia bs


bandas de Cuevillas y Basilio Gal'cía. Albuim lanzaba tilos fac-
ciosos ele las márgenes del canal de Castilla, y poco desplles
ul'l'ancaha á Balmasetla los ricos despojos (Ille le había valido
su il'l'upcion en Sigüenza. La faccion dd cUl'a de Bribiesea


era deshecha en Calatayud. Siena tri1lnfaba en Yargas, mien-


tras Armildez de Toledo triunfaha en Cenera .. \war impedia


flue la faccion vizcaina que, apoderada de Limpias, Ampne-


\'0 y oh'os puntos de la costa, meditaba apoderarse de Sau-


101la, llegase á mas de cuatro leguas de la plaza. Bedoya (;
lriarte limpiahan en seguida aqneltel'l'itorio de los restos de


las bandas dispersadas de Cue"ilJas y Villalohos , (Ille poco


antes amenazal'an Ú Santander. Sal'sJiclrl en tanlo, pOI' movi-
mientos hábiles, hechos con un puüado de valientes, llega


á Brihiesca , pasa á Prl\1col"bo y LOgl'OIlO, y ocupa ú Vi-
torÍa y á Bilbao en tanto que Castaüoll deshace la faccion d(~
Guipuzcoa en Tolosa yen Hernani, y Benedictino y PastOl's


maniohrall en términos de auxiliar alternativamente los mo-


vimientos de Snrsfield y de Quesada. E~le, con el apoyo de
:.tquellas maniohras, y mas aun con el tle su propia energía,
disipa numerosas reuniones en Pel'azancas, Villa franca de


Montes de Oca y Medina de Pomar, reuniones tanto mas


Icmihles cuanto que don Cárlos se hallaba sohre las hacas


del nuel'o al lado de (Ion Miguel, que ocupaba aun el Irono
tic Portugal ~' ronl~\ha con 1111 fOl'midahlc rjel'('il0 rn las lwn-




tumo PItl)IEI\(). I !lI
,¡neias s!'plentl'ionales til' aqlll'll'eiuo. :\ t',[ tenia qlw 1'1'['11--
giarse MI'l'iIlO {'OH UlIOS poeos cahallos, res los miserahle~
de cuerpos 1ll1ll1l'I'OSOS, y lo~ e'i.-yoluulal'ios realistas que St~
hahiall reunido bajo sus banderas y las dI' Villalobos y Cne-
villas yolvian arrepentidos y eseannenlados tl sus hogares.
Del mismo lelTitorio porlngucs, se Ul'l'3ncaba Ú conspira-
dores eslt'emellos que en el hahian buscado asilo; se ani-
maLa y se daba armas á pab'iotas portugueses, qne en nom-
orc de don Pedl'o, se apoderaban de una plaza del Alenle-
.io. El genCl'al Hodil , capitan gelleml de Estl'cmadma, l'1I-
IH'ia la inmensa linea que, dcsde las ft'OlItems lle Andalucía,
!'e estendia ú las de Ga\icia. El c::1pítan general de este I'ei-
no , conde de Carlagena, culwia la prolongacion de esta li-
nea h::1s1a las hocas del Miüo, y uno y otro inspimhan al
pretelluiellte vivas inquictudes. Compaflías de paisanos
se oq,aniZl\han en Andalueia, Cataluña y otras proyinciil~,
y ¡wcpul'ahan asi la ya decl'ctada formacion de la milicia l\I'-
kllla. ~jllg\lll inlcl'l's, t'I1 fin, cra d¡~satendido, ninguna me-
dida de sahacion dcscuid¡¡da.


Sal's¡¡eld, tlisgustatlo pOI' las maniobras (¡ne le consta-
ba sc haeian pUl'a intlisponel'le COII el ejército y pOI'Ia ingrati-
tud con que muchos illllividuos de la faccion pretendida li-
heral se esforzaban en marchitar los laureles que el hahia
cogido en una gloriosa cumpaila de pocos dias , hizo dimi-
SiOll <le su mando. Slwc(liólr, el gencral don Gerónimo \'::11-
d(~s f/IW , dcspues d(~ haber st'nido con disLÍllcion en Am{'-
I'ica, se hallaha de gohel'l1<1llol' en Cal'lagella. Empezó esh'
su campaüa ell las pl'ovincias suhlevadas em¡mjando ú ~a­
vana las faeciones qne las infe!'tahan, oellpillHlo Ú Yel'¡¡;iI-
I'a y I'estableciendo la comunieacion entre ViIOl'i¡¡! Siln Sp·-




A'óALES DE ISABEL 11.


has tia n , tIlle totlayía ,;(' hallaba illlt'l'cl'ptada. Zavala, 11111 ~
maltratado en GlIel'Biea, Simon TOl'I"e l'1I Dmuugo, Lal't1i-
zahal , El'eumu, Gnibelaltle y Alzit t'H Atanll y Amczque-
la, los carlistas de Navat'l'a en Nazar y Asarta, Sopelalla,
Yivaneo é Ibanola en el puel'to de Gorvca, Castol' en Bal-
maseda , tales fuel'on los I'csultallos de los primeros moyi-
mientos de Valdés , ayudado por sus activos tenientes Ca~­
tañon, Armilurz de Toledo, Lorenzo, Amor y el haron del
Solar de Espinosa; y csto, en tanto que sr l'erohl'aha Ú
MoreHa y se pacificaba el Maestrazgo, que se limpiaba de
facciosos lodo el territOl'io valenciano !lr'sl!c las OI'illas del
Ehro hasta rl pie de las Cahrillas, quc en Castilla la "Vieja
quedaba apenas una banda de las muchas que poco antes la
asolahan, que se esterminaba á Plandolit en Catalui1~\, ti Gar-
cía en los confines de Toledo y Ciudad Heal, y que, en nin-
guna parte, se dcjaba uu momento de dcseanso ú las faccio-
nes. Para esto no se I'cparaha en desguamcccr las plazns
de lo interior, con el fin de envii1l' contra los cllt'mi¡:ws el
mayol' número posible de tropas, íntel'in (IHe eslas Sr' au-
mentahan por una quinta de 25 mil homhres (Iue se habia
pedido y que, ell muy poras semanas, se sacó sin la menO)'
oposicion.


La guel'l'a tenia en aquellos momentos un carúcter atroz.
Considerada desdc el principio como una I'ehelion Ú 11l[1II0
armada eoutra el gobiel'l1o legítimo, habia ¡"sIc ('\'rido fll'-
her tratar á los sublevados como I'cbchlcs y l1al'I'I'!os pasal'
por las armas. Este rigor hahia provocado rep\'csalias ter-
ribles, y estas obligado al Gobie\'l1o á mitigal' Sil primitiva
severidad, ron re~pedo ú los qne scnian en clase de sim-
plr5 solcla(los, ~í f\llirlw<; hrindaha ron l'I'Pl'lidos inllllltos,




LIBRO PRnIERO. 19:1
Hahiase ahusado de ellos en términos de que, con frecuen-
cia, se volvian á las facciones, á medida que se engrosaban,
Jos que, deshecha alguna de ellas, habian poco antes recla-
mado el heneficio del perdono El ministro de la Guerra cre-
yó pues , no deber limitarse á dirigir las operaciones de la
guena activa, sino fijar la legislacion relativa á los delito~
llamados de infidencia , sus penas graduales y el modo de
tratar á los rebeldes y aplicarles los indultos; y lo hizo, or-
ganizando al mismo tiempo varias dependencias de la admi-
nistracion militar, dictando disposiciones enérgicas para
pi l'ecogimiento de las armas de los ex-voluntarios realistas,
entendiéndose con sus colegas para señalar en las carrm'a."
"iviles un buen númm'o de empleos para los militares esce-
rlent~s y retirados, solicitando y obteniendo tambien para
ellos plazas determinadas en algunas de las dependencias
del l'eal patrimonio, y, mejorando asi la condicion de los mi-
litares y estimulándolos, por la esperanza de recompensas
fijas, alivió al erario de la carga de pensiones que, sin
aquellas medidas, no habrian podido menos de abrumarlo.


Por el ministerio de Estado, se adjudicaban al tesoro al
mismo tiempo los hienes y rentas que poseia don Cárlos en
España, y con que él y sus adictos promovian la creacion y
organizacion de nuevas gavillas de facciosos; se hacian en
el sistema de política seguido hasta entonces con respecto al
Portugal las variaciones que la nueva situacion señalaba co-
mo necesarias, se retiraba al ministro español acreditado
cerca de don Miguel, bajo el plausible pretesto de haber es-
te cooperado á frustrar el embarque de don Cárlos para Ita-
lia, decretado por el rey difunto; se adoptaba, de acuerdo
con la Inglaterra, U1\ plan de mediacion en la cursI ion po\'-


TOMO 1. 1;¡




AX.\LES DE ISABEL l/.


lu~ursa , fundauo sobre el reconocimiento de doüa María;
Suiza, Dinamarca, Bélgica, rcconocian al gobierno de la
reina y se aceleraba el reconocimiento de los Estados Unidos.
pendiente de formalidades diferidas solo por la distancia:
se dahan pasos y se comunicaban instrucciones á los mi-
llislro~ espaüoles residentes en Roma y Viena para alla-
llar las dificultades que impedian ó retardaban el reconoci-
miento de aquellas cortes; se mantenian y aun se estrecha-
han las relaciones con Inglaterra y Francia y se obtenian de
esta última potencia frecuentes protestas de una coopem-
cion que, á haberse reclamado entonces, habria sin duda
sido tan eficaz como la necesidad lo hubiese exigido.


Hasta el ministro de Gracia y Justicia, aunque subyu-
gado por los hábitos lentos, por los trámites dilatorios dr
la magistl'atUl'a, se dejaba alTastrar del impulso genel'al:
f'stahlecia dos nuevos tribunales superiores en Burgos y AI-
hacete, erigia en audiencia tel'1'itorial de Madrid la sala de
\\k\.\ktes u.e <:''3.S'3. ~. corte ,~' eO\'lalJ3. de raíz, con estas im-
pOl·tantes disposiciones, los inconvenientes que resultaball
de la absurda y l'uinosa demal'cacion jurisdiccional de las
chancillerías de Valladolid y Granada. Por sus escitacio-
nes verbales ó escritas publicaban ademas muchas pastora-
les palrióticas , ya los prelados diocesanos, y ya los millis-
tros generales de las órdenes religiosa ....


Los beneficios fIlie por el ministerio de Fomento sr.
,lispensaban diariamenle á los pueblos, me valieron el cos-
loso honor que, á propuesta de mis colegas, me hizo la
~obernadora de encargarme interinamente el despacho dr\
mini!'lerio de Hacienda, vacante por la dimision que.
abl'Umado por la estension ~' la perentoriedad Ile las oblip:ll'




UBRO PRBIERO. 195
ciones del tesoro, hizo en fin de diciembre don Antonio Mar-
tinez. Consecuente en mi sistema de organizacion general,
traté de intt'oducil' en este ramo el órden que habia intro-
ducido en el de Fomento; y , en los quince dias que tuve el
intel'inato de la Hacienda, nombré comisiones para el exa-
men y an'eglo de las rentas provinciales y equivalentes,
que ejercian una influencia poco favorable al desarrollo de
la industria; para el arreglo del subsidio de comercio, que
pesaba muy desigualmente sobre las diferentes profesiones
sujetas a él; para poner en armonía las atribuciones del
gobierno civil con las de rentas, y para la mejora y arl'eglo
de la del tabaco. Al mismo tiempo reuní todos los elemen-
tos l1ara fijar definitivamente el déficit del tesoro y me ocu-
pé dc los medios de cubrirlo , no sin tener que luchar para
ello con toda especie de resistencias.


De estas provenian unas de prevenciones ó rcsentimien-
lOS pCl'sonales de algunos gefes de las dependencias supe-
riores; otras tenian su origen en la ignorancia de algunos
de estos mismos gefes; algunas en ese funesto espíritu de
partido, que ha impedido descollar un solo hombre en una
revolucion de cerca de 30 años; otras, en fin, y estas
eran los pt'incipales, dimanaban de que mi nombramiento
frustraba las combinaciones de algunos individuos que,
viendo la apurada situacion del tesoro, pensaban hacer,
para remediarla momentáneamente, operaciones de que se
promctian mas ó menos ventajas. Asi, apenas se publicó el
decreto que me encargaba aquel interinato, empecé á ser
blanco de ataques que nadie habia intentado mientras serví
tan solo el ministerio de Fomento. La violencia de estos se
aumentó al saberse la firmeza con que resistía yo constan-




196 A:'UI.ES DII: IS.Un:r. H.
lt'men\e á las sugestiones que se me hacian con fl'ecuencía
para que me asociase á la conspiracíon contra Zea, que
l'ontinuaba cada dia mas encarnizada y unánime,


A la cabeza de csta oposicion se hallaban los infante5
don Francisca de Paula y doña Luisa Carlota, que, cedien-
do á las instigaciones, ya patrióticas, ya interesadas, de
alguna de las personas con quienes estaban en relacion, no
habian temido mostrar por pasos indiscretos y aventurados
cuanto se interesaban en su triunfo.


Al principio, tentó muchas veces doña Luisa Carlota
reducir á su hermana á que se deshiciese de Zea; pero,
viendo la inutilidad de sus esfuerzos, y suponiendo que yo
tenia sobre la gobernadora un ascendiente que yo mismo
no sospechaba, me enviaron una persona para solicitar que
emplease, en favor dc su designio, el influjo que me su-
ponian. El diputado era un hombre de mala nota, botafuego
tle las sociedades secretas y de los cafés, y la poca con-
fianza que me inspiraba me impidió entrar con él en espli-
eaciones bastante ft'aneas. La infanta juzgó entonces debl'l'
hacerme directamente la proposicion, y me la hizo, en efec-
to, en una conferencia para que fuí citado, y á que asistió su
esposo. Mi respuesta fué: «No estoy convencido de que
»)sea un bien la sepal'acion de Zea. El sistema politico, pro-
))clamado por el manifiesto de ti de octubre, podrá no con-
»Venil' siempre, y fué sin duela un enor gnve el darse lan-
)ta prisa en proclamarlo. Pero cada dia se hacen val'iacio-
»nes en el régimen administrativo, que en breve exigirán
JJotras en el régimen político. Muchas de las disposicion~s
»dietauas dejan en el aire abusos que caerán por su pro--
»pio peso. y este desmOl'onamiento parcial del "iejo editi-




URRO PRmERO.


o)cio obligará á la ,'eparacion sucesiva de todas sus partes,
)¡la cual se haJ'á asi sin sacudimientos. Si se quiere ir algo
»mas de prisa enuncie la gobel'lladora esta intencion, y
»Zea no se negará probablemente á ocuparse del modo de
»llevarla á cabo. El entusiasmo con que ha aplaudido las
»disposiciones liberales dictadas por el ministerio de Fo-
)¡mento, y señaladamente las doctrinas proclamadas en la
lJinstruccion de los subdelegados del ramo, responde de que
»no se {)pondrá á nada que se le demuestre ser convenien-
»te. Si se opusiese á lo que generalmente se juzgase tal,
»entonces habria a lo menos un pretesto para su remo-
»cion, dado que, en tal circunstancia, no dejase él es-
)¡pontáneamente el puesto, cosa que deberia hacer y haria
)¡sin duda. Pero ni entonces ni ahora me toca á mi so-
»licitar que se separe, ni asociarme a una conspiracion. Mis
)·hábitos no me permiten conspirar ni aun para el bien.»
En couformidad de estos mismos principios, me espliqué
con el conde de Rayneval, cuando, sin rodeos ni sub-
tel-rugios diplomáticos, me habló de la necesidad de la se-
pamcion de aquel ministro, á quien hasta entonces ha-
bia manifestado prestar el apoyo de su gobierno. El mi-
nistro de Inglaterra Villiers mostraba adherir ti las indi-
caciones y deseos de su colega Rayneval.


El conde de Parcent, recien vuelto del viage que, con
apariencias de destierl'O se le habia mandado pocos me-
ses antes hacer á PaI'Ís, aprovechaba al mismo tiempo
las ocasiones que le daba su destino de gentil-hombre. para
instigar a la gobemadora á que diese, separando á Zea,
una satisfaccion á la opinion conjurada contra él. A lo mis-
mo la exhortaha á toda hora un comel'Ciante estrcIIll'ilo




198 ANALRS DE ISAHEL lJ.
llamado CarJ'asco, que, habiendo manifestado en los su-
cesos de la Granja mucho interés pOI' la reina niña, y
merecido por esto testimonios de la benevolencia de la go-
bernadora su madl'e, era admitido diariamente á su audien-
cia, donde, trabajando contra su primer ministro, traba-
jaba en favor de los intereses del partido liberal, á que
pertenecia. El general don Luis de Córdova, que, regresa-
do entonces de su mision cerca de don Miguel, no habia
sido recibido por Zea como él creia merecerlo, y á quien
unian relaciones mas ó menos estrechas con Rayneval,
Villiers, Carrasco y otros de los que trabajaban por la mu-
danza. iba de una parte á otra manteniendo y aun escitan-
do el mismo sentimiento general de animadversaeion. El
marqués de Mirailores, sobre todo, que hacia á aquel mi-
nistro una guerra mas leal, porque se la habia declarado
cara á cara, insistía sin descanso cerca de la goberna-
dora, ya de palabra, ya por escrito, y tal vez ponia á los
madrileños en el secreto de sus gestiones, permitiendo que
circulasen algunas de las representaciones enérgicas con
que cada dia le atacaba. Zarco mismo, que tenia por Ze3
las diferencias personales que merecia la dulzura de su
trato, y la pureza, si no la ilustraeion de sus intenciones,
tenia que abandonar la defensa de su colega. Este, en tan-
to, indulgente y sencillo, no sabia darse razon del encono
que contra él se mostraba, y, lleno de confianza cn la bondad
de su manifiesto, no concebia cómo nadie pudiese atacarlo;
pero mientras él descansaba en su rectitud, no encontraba
apoyo ni aun simpatia en ninguna opinion.


Todas se unian, en efecto, para desear ó para exigi"lIn
cierto g"ado de libertad, y la cOl'te y las provincias, y lo~




UllllO l'HnmnO. 199
lIacionales y los esll'ungeros, y desde los pcrsonages sen-
tados en las gradas del sólio hasta el mas oscuro folletista.
todos reclaman este bien con mas ó menos fervor. No ha-
bia medio humano de resistir á esta manifestacion simultá-
nea, sobre la cual se apoyaba la violencia de los ataques. El
deber del hombre contra quien se dirigian era dejar su
puesto, ya fuese que, intimidado con los inconvenientes
que debian resultar de la variacion del régimen politico, no
osase ponerse á la cabeza de un movimiento, que, siendo
imposible contrarestar, era necesario dirigir; ya que, aten-
dida la impopularidad, justa ó injusta, que sobre él pesa-
ba, viese que nada podia él mismo prometerse de su admi-
nistracion, pues que hasta el poder de hacer el bien le difi-
cultarian en definitiva las resistencias mas ó menos intere-
sadas con que luchaba. Dolíame, á la nrdad, que su confianza
ciega no dejase á Zea abrazar este partido por su propia
,oluntad, antes que esponerse á ser lanzado por la ageua.
Pero, aunque convencido yo de que este seria el resultado
infalible de su resistencia, mis principios me impedian a50-
(~ial'me al empuje que se hacia contra él; Y entonces par-
ticulal'mente cuando, entre los deseos que algunos ostenta~
taban de una libertad justa y nacional, se descubria en otros
el ansia de restablecer instituciones desacreditadas que,
lIna vez restablecidas, no podian menos de condenar á Es-
paña a todos los honores de la anal'quia. Asi lo declaré á
multitud de personas que, de buena fé, deseaban la variu-
eion del régimen; á cuyo objeto habria yo contribuido des-
de entonces, como lo hice des pues , si para lograrlo no hu-
hiese sido necesario tomar parte en ataques personales ¡\
([Ile no se prestaba mi cunlctcr, y filie me pUl'ceian impl'o-




:WO A~ALES DE lSABJ<:L H.
píos de mi situacioll. Casi todos los que pudiemll Oil' de mi
boca la espresion de mis sentimientos, los reconocieron 'J
apreciaron en su verdadero valor; pero otros muchos atri-
buyeron mi rehuso de tomar parte en sus demostraciones
hostiles á complicidad con Zea, mi neutralidad ú apego al
absolutismo, mi perseverancia á obstinacion, y la hicieron
servir de prctesto á los ataques que, movidos en realidad
por otros intereses, empezaron á dirigir contra mí al en-
cargarme interinamente del ministerio de Hacienda,


Los hechos que llevo referidos hacian ya por si bastan-
te critica la posicion de Zea; pero en breve sobrevinieron
otros que la complicaron mas gravemente. Don Manuel Llau-
del' mandaba en calidad de capitan general el principado
de Cataluña, donde gozaba de cierta popularidad, ya pOl'
ser natural del pais, ya porque sus principios eran menos
severos, y sus modales mas flexibles que los de su antece-
cesor, el conde de España, Uauder, naturalmente deseoso
de medrar, habia sel'vido con celo al rey difunto. Encarga-
do en 1817 de la prision de Lacy, lo habia entregado en
manos de la justicia; encargado en 1830 de la defensa de las
fronteras españolas del Norte, habia ahuyentado de ellas á
Mina, que las traspasaba con ánimo de hacer una revolucioll
en España; encargado de la inspeccion de infantería. se
habia mostrado poco favorable á las pretensiones de muchos
oficiales destituidos, por su adhesion á los principios de li-
bertad, durante el último periodo de la existencia del régi-
men constitucional. Amnistiados ellos en 1832 , Y reunién-
dose con frecuencia para obtener, de cualquier modo ú por
cualesquiera medios, la subsistencia de que se les privara,
era fácil de preveer que podrian algun dia pl'omovcl' tras-




L1lJHO J'l\DIEUO. :Wl


1.0I"JlOS, para los cuales tenian mas pI'oporciones o faciliua-
tles que tuvieron antes Lacy ó Mina. El odio que lograron
generalizar contra él, de resultas de su famosa p"oclama de
absolutismo, el apoyo que les prestaba la prensa periódica,
entregada toda ti. hombres de su color, las simpatías noto-
rias del hombrc mas influyente del Consejo de Gobierno, y
otr'as mil circunstancias, en fin, hacian creel' á Llaudcl', co-
mo lo hacian creer á otros , posible el restablecimiento dc
aquel régimen. En tal caso no podia él dudar de que se le
I'epresentaria como el verdugo de un mártir de la libertad;
como el enemigo de uno de los héroes de la misma , pues
tal era el coneepto en que los resentidos del gobierno de Fer-
nando tenian á Lacy y á Mina. Estos hombres naturalmente
animosos y justamente descontentos componian ya un par-
tido numeroso y audaz que ejercia su influencia sobre las
masas, por medio de los afiliados en las sociedades secre-
tas, cuyo número casi tan grande ya en la capital del Prin-
cipado como en la de la monarquía, iba creciendo de dia
en dia, merced, por una parte, al espíritu de proselitismo,
y por otl'3 á la consideracion de las ventajas que á sus miem-
bros podian proporcionar. Hahia, sin embargo, entre
ellos, disentimientos graves, tanto sobre las doctl'inas
políticas como sobre los medios y la opol'tunidad de su
aplicacion. Los restos del carbonarismo importado de Ná-
poles y del Piamonle en el último periodo constitucional,
aspiI'aban á un régimen democrático, ó por lo menos á la
eonstilucioll de Cádiz, que se creia un escalon para subil'
á él un poco mas larde. Una sociedad nucva llamada lsa-
belina, reunia en su seno los hombl'es turbulentos de todo~
los pal'tido~ y, bajo la handera de Isabel (porquc sc ncccsi-




. .\.'í.UES UE lSAB1,L 11.


laba una que oponer á la del Pretendiente), trabajaba en prl'r~
parar trastornos de que, una vez verificadt>s 1 pensaba'
aprovecharse cada uno de sus individuos. Los masones de
las diferentes sectas parecian reunirse en fayO!' de la mo-
narquía constitucional, cualquiera que fuese el modo con
que se combinasen sus elementos, Llauder, que Cl't,"Ía ne-
sitar el apoyo de alguno de estos partidos para CODsel'VUI'-
:.-;e en el mando, se decidió por este último; pero, para pres-
tar la cooperacion que de él se solicitaba, exigió este par-
tido que el general se pronunciase sin tardanza en favol'
del régimen político, cuya escelencia se pl'econizaba el'l sus
reuniones, y que lo hiciese de modo que inspirase confian-
za y diese garantías á los que debían apoyarle. En conse-
cuencia Llauder dirigió con fecha de 25 de diciembre una
I'epresentacion á la gobernadora, en que, (1) despues de
enumerar los males que afligian al reino, declaró tlue la im-
popularidad de Zea comprometía el trono de la reina Isabel;.
y, recordando las promesas del manifiesto de 4, de mayO'
de 1814, concluyó pidiendo la fonnacion de un ministel'io
({ue inspirase confianza, y la reunion de las Cortes con UI'-
,'eglo á las leyes y con la latitud que exigia el estado de las
poblaciones.


Era menester dar á aquella esposicion una dircccioll
segul'U y para ello se comisionó á un oficial dc confianza, á
quien se encargó entI'cgarla á la rcina en mano propia. Es-
te oficial, preguntado por el ministro de \a Gucl'l'a , <Í quicn
se p,'esentó, sobre el objeto de Sil viage ti ~ladJ'id. se lo
rcveló reseryadamente, y Zal'co, calculando sin tanlauza
la tmsccndcncia de aflllcl paso, pensó alaiul' 1'\ mal 1'11 :-n




J.IIlHO l'UnlEIW,


origen y exigió que el comisionado le entregase la esposi-
cion. Rehusólo éste, mientras el ministro no le asegUl'ó que
no haria de ella ningun uso contrario á las intenciones de
Llauder; y, solo con esta condicion , convino el oficial en
la entrega del pliego, Zarco, embarazado sobre el partido
que tomaría en tan grave circunstancia, se avistó con don
Gaspal' Remisa, amigo particular de Llauder, y se concel'-
tó entre ambos que aquel le escribiese para hacerle retirar
un papel que podia comprometerle; pues, bien que no fue-
se conocido su tenor literal, el encargado de entregarlo


, habia revelado su substancia. Disponiase Remisa á escri-
bir esta carta y aun á marchar á Barcelona para terminar,
en una conferencia verbal, el arreglo de tan importante
negocio, cuando se recibieron en Madrid copias de la mis-
teriosa esposicion, que, circulando ya en el público, ha-
cian inútil toda tentativa para que su autor la retirase, y
hubieron por lo tanto de limitarse las gestiones á deyolver
it Llander su pliego cerrado, á quitarle asi la publicidad
oficial y á impedir los efectos terribles que de esta se te-
mian.


Cl'eiase haber conjurado asi todos los peligros, porque
no se sabia ó se olvidaba que el paso atrevido de Llauder
tenia ramificaciones, cuyo centro estaba, si no en el Conse-
jo mismo de Gobierno, en alguno de sus individuos, que se
csplicaban contra el manifiesto de octubre de una manera
capaz de alentar á los que conspirahan contra su autor.
Pero, apenas evitada por aquella especie de transacion la
publicidad legal de los designios de lJaudcr, Quesada, á
quien habia enseñado á no respetar al gobierno la hlandu-
1'<1 flue este le habia mostrado en dos ocasiollcs rccicntes.




204 A~ALES DE ISABEL U.
salió á la palesll'a con otra esposicion (1) en que las ideas;
del capilan general de Cataluña eran espresadas ba-
jo otra forma. El 3 de enero, el gobiemo, creyendo debe¡'
mostrar á Quesada que estaba satisfecho de los esfuerzos
que acababa de hacer para pacificar á Castilla la Vieja, Ic
habia hecho merced de un título dc Castilla. Quesada, dan-
do gl'3cias á la reina el 8, fingia vcr en esta gracia las pér-
fidas artes de los que él llamaba sus encarnizados enemi-
gos, calificacion que hacia recaer principalmente sobl'e Zea,
suponiéndole autor de su separacion de Madrid, y sobre to-
tlo del mando de la infantería de la guanlia. Declarando
que no se daria por satisfecho mientras no se le volviese es-
te mando, tomó pretesto de cllo para recordar sus servi-
cios y sus opiniones, á la manifestacion de las cuales alI'j-
lmyó el pretendido encarnizamiento con que se le trataba
al conferirle un título, La suma dc estas opiniones la habia
fOl'mulado asi el mismo Quesada en su entrevista de 2 de
octubre con la gobernadora, « Es imposible afianzar el 11'0-
)lIlO de la reina sobre otras bases que las establecidas en
)¡las antiguas leyes de la mona¡'quía, mejoradas con arre-
llglo al pl'Og¡'eso de las luces y á las exigencias de los tiem-
»pos. Solo una verdadera representacion nacional podia
»consolida¡' derechos que iban á ser disputados, IntentaI' que
»los españoles continuasen sometidos á un poder arbitrario
l¡cra alJl'ir la sima cn quc acaso se hundi\'ia el trono, des-
»)pues de devasta\' el país con los horrores de [a guerra ci-
»vil. » Despues de una violenta diatriba contra Zca y Cruz,
concluia pidiendo « la fiel observancia de las antiguas lc-
l)yes , que, fijando los deberes y derechos ['ccíprocos de


i 1) Yéu"c el apendice número 3,




unRO PRnIERO. 205


»Io~ I'eyes y de los pueblos, evitaron los abusos del podel'.
»)afianzaron la paz y el reposo y condujeron la nacion al
)mas alto grado de esplendor.»


Por justos y patrióticos que fuesen los deseos de Que-
sada, era lan notoria su poca instl'Uccion en las materias le-
gales y políticas, tan estraño verle invocar leyes que no
conocia él y que no conocia nadie, pues, á escepcion de las
generalidades doctrinales de una ú otra ley de partida,
ningunas hay en todos los cuerpos del derecho español que
fijen los derechos y los deberes recíprocos de los reyes y
de los pueblos; habia él, en fin, desmentido tan pocas ve-
ces en su larga carrera su~ doctrinas absolutistas, que no
rué menester un grande esfuerzo para adivinar que aque-
lla esposicion habia sido dictada al general por gentes que
deseaban una variacion de que él no conocia el alcance ni
la trascendencia. Pero para hacer llegar á la gobernadora
la espresion de sentimientos ó de deseos que él daba como
suyos, no tomó Quesada pl'ecauciones como Llauder, sino
que la envió en derechm'a al ministro de la Guerra y le
dió asi desde luego un carácter oficial y solemne. Sorpren-
dido Zarco al leer la especie de manifiesto del capitan ge-
neral de Castilla la Vieja, y al verla coincidencia de sus es-
fuerzos y la identidad de sus miras con las miras y los es-
fucrzos del de Cataluña; pensando que esta coincidencia~­
esta identidad arguian un designio comun, y dejaban tras-
lucir un proyecto combinado, mal'chó á conferenciar conmi-
go antes de tomar sobre él una resolucion. Yo, condenan-
do la forma de la esposicion de Quesada, reprobando que
el gefe militar de una provincia se abrogase la iniciativa ell
las mas ~raves rllestione~ del Gobierno, derlaré que el mi-




206 AXAtES DE ISABEL 11.


nisterio no debia tomal' PQr sí solo una determinacion, y que.
en las circunstancias críticas en que iban poniéndole dia-
riamente las exigencias de una opinion, real ó facticia, pe-
ro apoyada, al parecer, sobre la de los hombres que te-
nian el mando de la fuerza militar, no habia otro recurso
que someter la representacion á un exámen legal y provocar
sobre ella el dictamen del Consejo de Gobierno; asesor dp.
la reina en todos los negocios arduos. Convino Zarco en
mis indicaciones, y juntos partimos á infOl'mar a Zea de
aquella novedad importante y a exigir de él que la partici-
pase en el acto a la reina gobernadora.


Eran mas de las diez de la noche. Zea, ora necesitasp.
tiempo para reflexionar, ora creyese , como nos lo asegu-
ró, que la gobernadora estaba ya acostada, pidió que se
difiriese la resolucion hasta el dia siguiente. Convocado al
efecto el Consejo de Ministros, Zea y Gonzalez querian que
sc empezase por remover á Quesada y que se mostrase asi
(Iue el ministerio no se dejaba dictar la ley. .Esta era sin
duda la medida que la dignidad del Gobierno habria exigi-
do en cil'cunstancias ordinarias; pCl'O yo alegué que, en el
estado en que sc hallaban las cosas, exacerbaria eUa la ani-
madversion que escitaban contra el ministerio, y en parti-
cular contra su presidente, las instigaciones acaloradas del
partido liberal, el cual habia admitido en su seno á Quesa-
da, y declamado con violencia contra su reciente separa-
cion del mando de la guardia; que Quesada, al arrojarse al
paso que acababa de dar, no podia menos de haberse pre-
parado á las rcsultas; que la violencia de su carácter per-
mitia temer que se pusiese en lucha con el Gobierno, como
)'a se habia puesto con alguno de sus individuos; que este




UDRO PlUlIERO.


'tpOlor parccia 'doblemente fundado, al ver que no solo po-
dia a contar con el apoyo de su nuevo partido, sino con
el del capitan general de Cataluña, de cuyos sentimientos
eonstitucionales estaban ya enteradas España y Europa lo-
da , pues un diario de Barcclona habia publicado, y muchos
diarios eslran~eros repetido, la esposicion , á que contcm-
porizaciones mas ó menos justas impidieran antes dar cur-
so. Añadí que el gobierno se hallaba sin medios de contenel'
\lna esplosion liheral, puesto que casi todas las tropas que no
estaban ocupadas en las provincias del Norte se hallaban
ú las órdenes y hajo el influjo inmediato de los mismos 1Iau-
del' y Quesada; que , á pretesto de imposibilitar ó castigar'
toda demostracion hostil de los partidarios dc don Cárlos,
habia cl primero de estos gefes armado de su propiaautori-
dad mas de 20 mil hombres que le eran personalmente adic-
tos, y que arrastrarían tras sí , en el caso de obligarlos á la
resistencia, á las guarnic iones de todas las plazas del Prin-
cipado, que L1audcl' habia puesto en sus intereses por toda
especie de atenciones y miramientos; que las sociedades
secretas tenian minado todo el territol'io español; que la
prensa pcriúdica no se comprimia sino á duras penas; y es-
lO en tanto que facciones carlistas levantaban simultánea-
mente la cabeza en varios puntos, y no permitian enviar á
otros las tropas encal'gadas de perseguirlas. Observé que,
no escitando el gohiel'no mas simpatías que las de las cia-
ses acomodadas, csencial y necesariamente pacíficas, na
podia dispensal'se de huscar un apoyo mas eficaz en la le-
¡;alidad, consultando al Consejo de Gobierno, y conformán-
dose con su dietámen . cualquiera que fuese. Concluí di-
eiendo que, ~i no hastaba este medio á conjurar la crisis




208 AXAI,ES DE ISABEL 11.
tlue amenazaba, podeia á lo menos evitae a los ministeos la
teemenda responsabilidad que sobre ellos pesaeia si, por una
disposicion suya, dictada sin consulta de nadie, llegase el
rompimiento de algunos capitanes geneeales a complicar
mas una situacion política, de suyo ya harto apueada y difI-
cil. El Consejo de Ministros, hallando justas estas observa-
ciones, acordó consultar al de Gobierno por mano del minis-
tro de la Guel'ra, y este, calificando severamente en su ofi-
cio la conducta de Quesada, insistió sobre el peligro á que
espondria al Estado el libl'e y no reprimido uso de la ini-
ciativa política de los gefes militares.


Yo tenia bastantes antecedentes pam pI'CVeCI', y bas-
tante franqueza para anunciar que el Consejo de Gobierno
no se ateeveeia a hablae contm la foema de la eepl'csenta-
cion de Quesada, y que declararia necesaria la reunion de
Cortes que este pedia. Yo sabia que Puig mismo, á quien
nadie podia con razon atribuir intenciones liberales, habia
eitado en una conferencia confidencial dc su Consejo, la
ley de partida que, en casos como el en que nos hallabamos,
exigia csta l'eunion, la eual cra doblemente necesaria cuan-
do algunas peovincias del reino peoc\amaban los derechos
de don Cárlos al trono de su hel'mano. Zarco, que pensaba
como yo sobre la legalidad de la medida, estaba como yo
dispuesto á pl'estal'ie su apoyo cel'ca de nuestros otros doi'
colegas, y no dudábamos que, con las convenientes restric-
ciones, accederian estos á la convocacion de las COI'tes. Re-
cientemente se les habia visto variar de política con respec-
to á Portugal y en seguida no solo apoyar con su voto las
disposiciones liberales dI:: que, en menos de tres meses ha-
bia yo obtrnido la !'uneion de la reina, sino colmar de 1'10-




LIBRO PRUlERO, 209
gios la nueva ley que daba a la imprenta ensanches que, tres
meses antes, nadie se habria atrevido á sospechar. Tran-
quilizados pOI' los buenos efectos que habian producido aque-
llas innovacioncs , no cl'a de temel' que se opusiesen á ver-
las ratificadas en ulla ¡'eunion de Cortes, que no solo pl'es-
cribian cn aquella situacion nuestl'aS leyes, sino que no-
sotros mismos lcníamos intel'es en convocal', Dado este paso
oportunamente, habl'ia el ministerio desmentido las acusa-
ciones de absolutismo que se le hacian, reconquistado la
confianza pública penlilla pOI' el manifiesto de octubre, lan-
zado al pa is en la \ in tIc las mejol'as legales y de las refor-
mas progl'esiras, t¡ue entónces se hubieran hecho sin sacu-
dimientos y sin la relajacion de la disciplina social.


Pcro cl Consejo de Gobicl'llo, evacuando su consulta y
limitándose en ella á proclamar la justicia fundamental de
las illllicaciones de Quesada, C1'eyó deber hacer algo mas
para asegUl'al' el ll,itlllfo de su opinion; y, suponiendo sin
duda que Zea se opondria a que la Gobel'lladora se confor-
mase á ellas, encal'gó al arzobispo de Méjico y al conde de
Ofalia , lIombl'ados para presentarle la consulta, que le in-
sinuasen verbalmente la necesidad de formar un nuevo mi-
nisterio, ó á lo menos rlr srparar de él á Zea y á mí, La
reina, que conocia mas. ó juzgaba mejor mis principios y
mis intcllciones que el Consejo de Gobierno ú, para ha-
Llal' con mas propiedad, (¡ne Sil dil'ector Amarillas, no ac-
cedió á mi separacion, pcro convino en la de su primel'
minisll'o, encaJ'gaJHlo desde luego á aquel cuerpo por me-
dio de sus dos di!mtallos, que le indicasen los sugetos ap-
tos para reemplazarlo, y pl'eviniéndole un poco des pues
estender aquella designacion á la de personas á propósito


TOMO l. 14.




210 ANALES DE ISABET, JI.
para servir los demas ministerios, cscepto los de Guer-
ra y FOn'lertto que desempeñábamos Zarco y yo.


La Gobernadora, confiando esta resolucion á Zarco, le
encomendó tambien proponerle persona (Iue sustituyese á
Zea, declarándole al mismo tiempo que tomaria otras noti-
cias por si misma, y provocaria otl'as indicaciones. Eseu-
l5óse él á hace.' pOI' si solo tan difícil designacion, y fué au-
torizado para conferenciar conmigo sobl'e ella. Y, como yo
me-escusase tambien, recibimos ambos la órden de reunir-
nos en el gabinete de la Gol)f~l'I1adora pam examinar la ap-
titud de los candidatos que se le habian ¡wopuesto por di-
ferentes conductos, y cuyos nomhres se hallalml1 en varias
listas que S. M. nos presentó. Yo recibí aelemas el encar-
go de notificar á Zea su separaeion, lo (lue vel'ifiqué felici-
tándole sobl'e las disposiciones hcnésolas que, al acordarla,
conservaba por él la reina, y sohre las ventajas del reposo
que debia propol'cionarle aquella determinacion. Con gran
sorpresa mia, Zea pareció constel'l1ado de parahienes que,
de mi parte, eran bien amistosos y sincel'Os, y mostró sen-
tir "la 'pérdida de ulla autoridad de <¡ue ninguna ventaja sa-
caba, y que, con mucho menos motivo, se habria cualquie-
ra anticipado á abdica\'.


tas listas sohre que la Gohel'lladol'a nos hizo á Zarco y
á mí, reunidos en su despacho, el honor de ronsultar-
nos, contenian los nombres siguientes:


Para el ministcl'io de Es'ado,
Don Francisco Mal'linez de la Rosa.
Don Eusebio Bardaji y Azara.
Don Evaristo Perez de Castro.
Don José de Heredia,




LIBRO PRUlERO.


El duque de GOl'.
Para el de Gracia y Justicia,


Don Fl'ancisco Mal,tinez de la Rosa.
Don Nicolás Gal'clly.
Don Ramon Lopez Pelegrill.
Don José de Heredia.
Don Fmncisco Redondo.
Don Mariano Milla.
Don Valentin Ortigosa.


Para el de Hacienda,
Don Justo BauljueJ'i.
Don Eusebio Dalp.
Don José de Imaz.
Don José Arallalde,


y otro ú. otros dos que he olvidado.
Para el de Marina,


Don José Vazquez Figuel'oa.


21-1


Al vel' estos nombl'es, se me oCUl'rieron simultánea-
mente una multitud de l'eílexiones, que debian influir, é
influyeron en efecto, én el parecer que se me llamaba á
dar, y que debo consignal' en éste escrito para que no se
califique solo por los I'esultados la eleccion de ministros
hecha en la memorable noche del 14 de enero, sino que se
la juzgue por los motivos que la dictaron. Hé aqui en re-
súmen las consideraciones que determinal'on mi asenti-
miento.


1. a En la lista de candidatos para el ministel'io de Es-
tado habia tres individuos (Martinez de la Rosa, Bardají y
Perez de Castro), que ya habian servido el mismo destiou
en periodos de régimen constitucional.




212 AXALES DE ISABEL 11.
2. a En la de candidatos pam el ministerio o.e Gracia y


Justicia habia otros tres (Martinez, Pelegrin y Gal'ellyl.
que habian servido el mismo Ú 011'0 mínislpl'io hajo el mis-
mo régimen.


3. a Para el ministel'io de Marina se proponía a un solo
individuo que, ya lo habia servido en Cadiz bajo el gobier-
no constitucional, y despues en Madrid bajo el absoluto,
y que, en el periodo de 1820 á 23, hahia sido consejero
de Estado.
4.~ ta designacíon ¡lc todos estos sugelos parecia he-


cha por el Consejo de GoLiel'llo en masa, a vírtud de la
indicacíon verhal de la rcína al arzohispo tic Méjico, y su-
ponia en este cuerpo intenciones constitucionales, esplíci-
tamente manifestadas pOI' escrito en Sil consulta so)))'c la
esposicion de Quesada.


5.a Ademas de la designacíon colectiva del Consejo de
Gobierno, ciertos nombres que se veian en las listas I'eve-
laban que, en su formacíon, no se habían desatendido las
indicaciones parciales de algunos de sus miemhros. Milla
era el protegido partículal' del ma;'ques de las Amarillas, y
don José de Heredia, hermano del conde de Ofalia.


6." Las esperanzas que en la elevacion de alguno de
sus amigos al ministerio fundaban dos ó tres sugetos de
conocida impol'tancia, ~ quienes pOI' entonces daha la
Reina Gobernadora testímouios de benevolencia, podían solo
eiplicar que se huhiese comprendido en las listas de ean-
didatos á don José lhanalde, empleado de poca categoría,
y á don Valentin Ol,tigosa, que no tenía en la gerarquía
eclesiástica mas grado que el de simple clérigo, y que, solo
por este carácter, figuraba en la gel'arq\lÍa civil.




LmRO PRIMERO. 213
7. a De los demas individuos c\Hnprendidos en las listas


habia algunos que parecian propuestos por personas que,
sin ningun intel'es particular, sin ninguna intencion política,
aspiraban solo 31 acierto de la eleccioll.


¿Qué J'egla debía seguil' el que conocia el ol'Ígen y la
tendencia de aquellas designaciones, y la necesidad en que
se estaba de dar consistencia á un nuevo ministerio que se
tl'at3ba de crear? ¿De qué clase de pel'sonas debia compo-
llw;e este, cuando el Consejo de Gobiel'llo, insistiendo sobre
la urgencia de reunÍ!' las Cortes, indicaba lo conveniente que
seria haccI' Yal'iaciones CH el modo y los objetos ele su ['eu-
nion, y pI'oclamaba asi la necesidad de dal' a Espafla un
nuevo régimen político? ¿Era posible oponerse á esta indi-
cacion, que, en lo pI'incipal, se apoyaba sobre el tenor es-
plícilO de leyes nunca derogadas, y, en lo accesorio, sobl'e
las exigencias de una opillion, que se presentaba con las
apal'íencias de unánime? Dado caso que csta no fuese tal,
¿habia algull medio natUl'al de reprimirla, ni otro medio le~
gal de conocerla y c1asificaI'la , que el de reunir la nacion
en Cortes? Habiéndose de hacer esto, ¿no era pI'eciso nom~
bral' para el nuevo ministerio hombl'es que fuesen bien vis-
tos de los que habian provocado esta variacion, y que, ins~
pinlndolc confianza por sus antecedentes, no se viesen
atajados en su nueva canera por una oposicion sistemática
y encarnizada? Enll'e estos hombres ¿no era político y pa-
triótico preferir á aquellos que, conocidamente capaces, ha-
bían completado su cducacion polHíca en la escuela del in-
fortunio, y á quienes por tanto se debia suponer curados
de las innovaciones violentas'? ¿A los que, por haber servido
antes los mismos destinos á que de nuevo se les elevaba, se




214 ANALES DE ISABEL n.


debia creer familiarizados con los negocios , y en situacion
de prevenil' Ó de conjural' las complicaciones que pudiesen
sobrevenir? ¿A los que por el hecho de ser presentados co-
mo candidatos del Consejo de Gobierno, se debia suponer
animados del deseo de mantene¡' enh'c este cuel'po y el mi~
nistel'io la armonía necesaria para ,la marcha cspedita de
los negocios? ¿Qué se habria hecho con hombres de otra cIa-
se? Aumentar la efervescencia c¡ue, promovida al principio
por instigaciones intel'esadas, sostenida despues por com-
binaciones astutas, aumentada mas tanie por el prestigio de
los gefes militares de las dos lllas impOl'tanles fl'acc:iones
del territorio peninsulal', acababa de ser santiiicarla pOI' el
hecho de declararse por el primer cuerpo del Estado justas
y legitimas las quejas que la motivaron, l\Jmidos pOI' estas
consideracioncs , Zarco y yo (pues supongo que :\ él se le
ocurrieron como á mí, visto que opinó conmigo en toda
aquella lal'ga sesion ) fijamos la eleccion de la rcina so!)\'e
Mal,tinez de la Rosa para Estado, y Ga¡'ell y pal'a GnlCia y
Justicia. Este ultimo nombramiento 110 se olJlllvo sin algun
esfuerzo, pues la GobernadOl'a mostraba UlIH pl'cdilcccion
decidida en favor de Ol,tigosa; pero cedió, en fin, á consi-
deraciones de posicion, que no haciall posible su nombra-
miento, cualquiera que fuese el concepto qlH?, pOI' oll'a pal'-
te, se tuviese de su capacidad.


No sucedió asi con la designadon de Aranalde p:W:l el
ministerio de Hacienda que, combatilla fucrtemcnte por mí,
fué con igual fuerza sostenida por la GobCi'mldora. En va-
no alegué que, en el COI'to tiempo que hahia yo desempeña-
do intcrinamente aquel ministerio, habia visto por mí la
profundidad de la llaga del deficit, que solo podia CCl'l'al'se




LIBRO PRIMERO. 215
por un homhre superior. vel'sado, no en triquiñuelas de
I'entistas, sino en los principios de la ciencia económica, en
las teorías del CI'Mito, y solll'e, todo, en la atinada aplica-
cion de estas y de aquellos u las necesidades del pais. En
vano añadí (Ille Arallulde no potlia tenel' estos conocimien"':
tos sin que en alguna ocas ion se hubiesen revelado de un
JIIodo U otl'O, Y hubiese llegado ú pocos ó á muchos la noti-
cia, cosa que ciertamente uo habia sucedido. La Goberna-
aora insistió decididamente, pel'o ni Zal'co ni yo dimos por
concluido este plinto, «ue (!uedó pelldiente. Pasóse al nom-
bramiento (le ministro d(~ ~IlH'ina, paea el cual solo habia
sido propuesto don .losé Vazquez Figuel'oa. Contm él no
habia mas objeciones que hacer que la mucha edad del can-
didato ,Y la inutilidad de un ministerio no pI'ovisto en mu-
chos años, pOI' no haber mal'ina de que cuidar; pero Fi-
gueroa tenia amigos, Y convenia proporcionar al ministerio
el apoyo de un arma en qlle hahia muchos hombl'es de ca-
paeidad, cuya intluencia local en sus depal'tamentos no era
de desapl'oveclHu' en tales circunstancias.


Acordados estos 1I0mlJl'amicntos, y autorizados Zarco y
yo para haccrlos eSlelldcl', quise quc la scsion no se con-
cluyese sin que se tomase en considel'acion una cuestion
impol'tantisima, que suscité, y qne fué deeidida en confor-
midad de mis intenciones. Creado el ministerio de Fomen-
to, se habian desmembrado del de Estado muchos ramos
del ser'vicio interiol', u sabel': los de COl'reos, caminos y ca-
nales, sociedades económieas , museos de ciencias natura-
les y otros de esta cl<lse. Redueido este ministerio á solo
las relaciones esteriores, (Ine entónees, por desgraeia, eran
limitadisimas, manifesté haber cesado los motivos que por




216 ANALES DE ISABEL 11.
mucho tiempo hicieron considerar aquella secretaria como
la primera del Despacho, y probé que por tanto no debia con-
tinuar aneja á ella la preside~cia del Consejo de Ministros.
Propuse en consecuencia que fuese esta segregada de aquel
ministerio, y que en lo sucesivo la confil'iese la reina á
aquel de sus ministros á quien juzgase mas á propósito pa-
ra desempeñarla. Indújome á hacer la proposicion, no solo
su justicia ordinaria y su conveniencia evidente, sino el te-
mor de que, recayendo la presidencia en Mal'tinez, se re-
sintiese en algun modo dc ello la marcha de la administra-
clOn.


Cuando Cádiz nombraba diputados a COl'tes entre los
españoles refugiados dentro de sus murallas, Martinez habia
sido designado para representar la provincia de Granada ocu-
pada enteramente por las tropas fmncesas. Su juventud, su
independencia, su ardientc liberalismo, y hasta su acento
andaluz, que entónces no habia cOl'l'egido todavía, le hicicron
desde luego muy bien quisto entre los refugiados. T1'aslada-
das las Cortes á Madrid de resultas de los triunfos decisivos de
las armas inglesas y españolas, manifestó alli gran celo pOI'
los principios de libertad proclamados en Cádiz, y se mos-
tró tribuno vehemente y apasionado. Vuelto el rey de su
cautiverio, le confinó á un presidio de Arrica, y este rigor
no merecido escitó en su favor simpatías hasta de los que no
eran amigos suyos, lo que le valió una liolll'osa popularidad.
Los sucesos de 1820 le arrancaron de su conl1naeion; fué
elegido diputado a las nuevas COI'tes, y, ú poco de concluida
la legislatura, hecho ministro de Estado, cuyo puesto le hi-
cieronabandonar los sucesos de julio de 1822. Al año si-
guiente, fue lanzado de Madrid por un corregidor fanático




LIBRO PRIMERO. 217
con tanta injusticia como lo habia sido en 1814 por un go-
bierno reaccionario, y esta persccucion nueva, que pareció
tanto mas ridícula, cuanto que él acababa de sufr'ir otra de
los mismos de su pat'lido, le rodeó de nuevo de la aureola
del marlirio político, y volvió á escilar en su favor el inte-
res que ¡'ecientcmente habian casi apagado los actos de su
administI'acion. Todavia estaba demasiado fresco el recuer-
do de esta para que yo, conviniendo en asociarle al minis-
te¡'io como hombre de luces, bien intencionado y popular,
no temiese las vacilaciones de su carácter y la debilidad de
f'U conducta como gobel'llantc, en mcdio de la vehemencia
de sus disClll'SOS como diputado. En Martinez, en fin,
buscaba yo el nomb¡'e, no el homb¡'e; el nombre para aca-
la!' las facciones interio\'cs y los clamores frenéticos de la
prensa estl'3 ngera, asociada al fanatismo liberal que iba
cundiendo en la Pcnínsula, y que exaltaban prodigiosamen-
te los sucesos coetáneos de las armas de don Pedro en
Portugal; no el homl)l'c quc, entregado esclusivamente á
teorias políticas y á d istI'acciones literarias, no conocía mas
que Zea el estado de la opinion general de su pais, con la
cual nunca habia estado en contacto, ni por consiguiente sus
necesidades ni menos aun los medios de socol'ferlas. Con-
tando, pues, con su disposicion para mantener nuestras re-
lacioncs diplomáticas, no lo creia á propósito para dar, en
calidad de presidente del Consejo, convcrgencia al poder,
y unidad y energía á la administracion. La reina accedió
sin titubcar á mis indicaciones, y dccidió que la prcsiden-
cia del Consejo no estaria en adelante aneja al ministerio de
Estado.


Martinez mismo, llamado á mi secretal'ía al "-'l'minal'se




218 ANALES DE ISABEL 11.
la sesion con la reina, convino en la justicia de la medida
que acababa de adoptarse, y manifestó á presencia de Zarco
y mia, que la presidencia debia recaer en el hombl'e que
mas capaz fuese de dar á la accion del gobiel'llo el impulso
que las necesidades ['eelamaball. Aceptó en seguida el mi-
nisterio, no solo simplemente y sin condiciones, sino decla-
rando que era inútil que especificásemos ningunas, pues
«con hombres como ustedes, dijo, 110 puedo yo dejar de
»estar siempre de acuerdo.)}


Con esto, y sin consultar con Garelly, hice yo estel\(lee
los deceetos, y que fuesen dil'igidos á Zar'co, 110 fIuerielldo
que lo fuesen ámí, á quien por antigüedad cOl'I'espondia, por
creer que mi oposicion al nombramiento ele Aranalcle no
me permitia autorizarlo con mi firma.


En esta oposicion continué hasta la mañana siguiente en
que la reina repitió en los términos mas formales querer á
Aranalde pOI' su ministro de Hacienda. Al ver que su pro-
pósito tenia todas las apariencias ele irrevocable, puesto
que pOI' llevarlo adelante se rehusaba á hombres como don
Gaspal' Remisa y don Justo José Banqucr'i, propucstos pOI'
mí, hube de resignar'me; pel'o obleniendo á lo menos que el
nombramiento de Aranalde fuese en calidad de interino, á
fin de no vemos en la necesidad de renoval', t. los ocho elias
de nombrado el ministel'io, á unode los que lohuhiesen com-
puesto elefinitivamente. La reina se confol'mó con esta indi-
cacion, cuya justicia fué la primera en reconocer pocos dias
despues.


Aunque descontento de la entl'ada de Aranalde en el
ministerio, lisongeáhame yo, sin embal'go, de que este mal'~
charia unido, por la direccion que me proponia dade; de-




LIBRO PRIMERO. 219
biendo recaer en mí, como mas antiguo, la presidencia de
él, ínterin la reina la daba en propiedad al que mas con-
fianza le inspirase. Pero frustraron este propósito debilidad
y temores por partc de Zarco, y por la mia unescesode de-
licadeza. Zarco temió que mi calidad de gefe del ministerio
provocase luchas y enconasc las pasiones que se habian des-
pertado al encal'gal'me interinamente del ministerio de Ha-
cienda. Yo recelé que se imputase á mil'as de ambicion
personal mi indicacion para que la presidencia se separase
del ministerio de Estado; y estas y acaso tambien otl'aS Con-
sideraciones impidicron que, por entonces, se tomase So-
hre el particular, ningun acuerdo definitivo.


El Conscjo, sin presidente y sin direccion, continuó,
pues, reuniéndose en la secretaría de Estado, con lo cual no
se creyó segregada de este ministerio la presidencia, que,
sin decreto de nombl'amiento, ejerció de hecho Martínez,
hasta que el ejel'cicio no disputado de sus funciones, le
constituyó una especie de derecho.


He dicho que Zea recibió con muestras de pesar el
anuncio que le hice de su separacion del ,ministerio. Quizá
aquel sentimiento em puro, y aun honroso; quizá ignoraba el
que algunos furiosos meditaban un atentado contra su per-
sona; quizá, sabiéndolo, no Cl'eia inminente este riesgo, ó
no le daba la impol'lancia que realmente tenia; quizá se li-
songeaba con la quimérica eSpel'allZa de mantenel' el órden
de cosas que él juzgaba útil; quizú, en fin, su sentimiento
provenia del recelo que le inspil'aban las innovaciones que
la composicion del ministerio le hacia preveer y de que, COIl
anticipacion, presagiaba las dolorosas consecuencias. Este,
á lo menos, fué el lenguage que tuvo al despedirse de la




220 ANALES HE ISAIlEL JI.
reina, á quien no temió anunciar las convulsiones á que
mas tal'de ó mas temprano espondria al pais la nueva di-
reccion que iba á darse á la marcha del gobierno. Pero ni
aun los acontecimientos. que por desgracia no tardal'on en
justificar sus tI'istes previsiones, probaron en rigor, que no
fuese necesario entonces mudar de sistema. La animad-
version general, sostenida pOI' una prensa que ni la censul'a
previa, ni el rigor contra los escritores turbulentos basta-
ban á contener; la falta de tropas para pl'ecaver Ó repri-
mir un movimiento insurreecional, y la poca confianza ,(ue
inspiraban aquellas de que hubiel'a podido rlisponerse cn la
ocasion; los sentimientos conocidos de los mas de los gefes
militares; la tendencia constante, en fin, del Consejo deGo-
bierno, todo impedia que se continuase marchando como
hasta entónces; todo indicaba la necesidad de suplir con
medios l).lol'ales la falta de los medios materiales, y de que
el gobierno dirigiese un movimiento que, contrariado por
mas tiempo, debia saltal' por encima de todos los obstáculos
y arrastral' en su marcha al gohierno mismo.


En eÍl'cllIlstancias tan difíciles, mi conducttl rué califi-
cada diversamente segun las pasiones, los intereses y la
posicion de los que la juzgaron. Zea creyó que yo hahia
contribuido á su separacion, y afectó conmigo una indiferen-
cia que dejaba tl'aslucir el resentimiento. Martinez creyó
que su elevacion se debia solo á S1\ mérito, y afectó dar á
la satisfaccion que le causó su nomlwamiento las apariencias
del desden ó de la resignacion. ~Iis enemigos suponian que
yo habia consentido en aquellas elecciones á mi pesar, y rin-
diendo un homenage fOl'zado á la necesidad de las cosas.
Mis amigos, que sabian que á mí, mas ó menos vivamente




LIBRO PRIMERO. 221
apoyado porZarco, se debia la recomposicion del ministerio,
me censumban de habe!' introducido en el gabinete liberales
de 1812 y 1820, quc, bicn que model'ados, no podian menos
de abriga!' simpatias por el rt\gimcll á que debieron su ce-
lebridad anterior. Unos y otros se engañaron, de buena ó de
mala fe: Zea, desconociendo que, por no asociarme á una
conspil'u!.'iongenel'alconlra él, habia yo comprometido la po~
pularidad que me daban los actos de mi adm inistracion. Mal'-
tinez, suponiendo que yo tenia de él una idea tan aventaja-
da como tenia él de sí mismo; mis enemigos, no advirtiendo
que, pOI' el hecho de asociarme yo á dos de los hombres. mus
distinguidos de su pm'tido, inostraha no temer su concur-
¡'eneia ni arrellranne la compal'acion que luego se haria de
los principios y de los scntimientos de cada uno: mis amigos,
en fin, creyendo fIue habia otro modo de conjurar la crisis,
que tI'atando de seüoreal' y dil'igit, un movimiento que po-
dria esLt'aviarse, si no sc dirigia con tino desdc el principio,
ó que habia otro modo de di¡'igil'io, que el de acudir al em-
pIco de medios legales y legítimos, asociándose por ello con
hombres bien vistos eult'c los que provocaron la variacion
del régimen político. Fácil, y ademas individualmente útil, me
habria sido haber hecho mi dimision, y retirádome de los
negocios, contento con la gloria (pIe me habia dado mi ad-
lIIinistt'ar,ion de tl'es meses; pero creí f¡He debia hacer
valel'la considcracion que mc daban estos servicios para
impedi¡' abcl'l'acioncs en la marcha del nuevo gobierno, pa-
ra contribuir á da!' al reino institucioncs exentas de las
exageraciones de épocas rccientcs, y lib¡'es del espíl'itu re-
volucionario en que entonces, como ahora, y como siemp¡'e,
vi el gérmen de muchas cal~midades. T.u abnegacion, que




ANALES DE ISABEL 11.


al consagrarme todo entero á la regeneracion de mi pais,
hacia de mis intereses individuales, desatendidos de resul-
tas de mis ocupaciones públicas, me parecia darme un de-
recho á que todos los españoles, ó mis amigos á lo menos,
juzgasen equitativamente de mis intenciones por mis sacri-
ficios, y de la índole de mis esfuerzos por las ventajas in-
mediatas que produjeron al pais.


fIN DEI. unno PRIMERO.




LIBRO 8EGIJ~DO.


Conferencia~ ministeriales para la rrdaccion del Estatuto Real.-lm3z sucetlQ
á Araualde en el ministerio dc Jlaeienda.-Dimision de don Javier de Jlnr.
~os del ministerio de Fom~nto.-Estado de las provincias.-Pormenores rel3-
til'os :í la presentadon de Zumalacárregui en el campo c3rlista.-Disper-
.iou de sus tropas en el combate de Nazar y Asarta.-Movimientos de Valdés.
-Deja este general el mando en gere ele las tropas de la reina.-Reemplázale
Quesada.-Entáblansc negociaciones con Zumalacárregui.-Frústranse es-
tas.-Son rechazados Zumalacárn'gui de Vitoria y Castor de Portugalete.-
Sale Quesada de Pamplona y empieza sus operaclOncs contra Zumalacánegui.
-Entra este gefe en Cataluña.-Carácter de la guerra en las provincias Vas.
fon~ad3s.-Siluacion de las bandas del cura ~Icrino, Cuevillas, Basilio Garcia,
Quilez, Carnicer, el Hos de Erole" Tristany, Llal'ch de Copons, el Locho,
Carrasco, tulJito ) Cursta.-Disposiciones del gobierno.-Combate de AIgasua.
-Situadon políllca dt~ Portu:;al.-Tratado de la cuádruplp alian1.a.-Toreno
ministro oc lIadenda en rCPlIlplazo, de Imaz.-Antiripo de -15 millones de fran_
cos.-Entra en Portugal un fjél'cito español mandado por llodil.-Retirada )
embarque de don Cárlos.-SIl llc~ada á Inglatrrra.-Su venida á España.~
euevillas ~ don Basilio, hatidos por Obregon y Cistué.-Accion de Mayans.-
Vuelta de Carnieer al ha.io Aragon -Rodil, general en gefe del ejército del
:'iorte en I'I'pD1jllazo de Quesada.-Ohsenaciones sobre el Estatuto Rea\.-
Horrihlcs c.,rcnas del 17 y del 18 de julio en lUadrid.-EI cólera morbo.-Ope_
raciones tic lIudil en pl'l'secucioll del Pl'etendiente.-Ataque infructuoso de los
carlistas contra Puenle la Rt'ina.-Sorprcsa de las Peñas de San Fausto,-
Muerle del conde de Yiamanuel.-Ataca Z umalacárregui el fuerte de Echarri.
Aranaz, l' esrechazado.-Yuehr don Cárlos á Eliz ondo.-Sale de nu~vo par:.
Yizcaya.-1Ioyimientos combinados de Espartero y Rodil.-Toman é incen-
dian los facciosos á Yillarcayo.-Amenazan á Bilbao y á Santander.-Destru_
yen á Ampuero.-Deja Rodil el mando de i'iavarra y se dirige á Vitoria.-Sor-
presa de un convoy de armas.-Combales de Fucnmayor y de Cenicero ,-
Batalla de .\legrla,-Derrota y muerte de O~Doyle.-El general Osma sef.ti~




224 ANALES DE ISABEL 11.
ra á Vitoria.-Abrense las Cortes.-Discurso riel trono.-Contestacion á el.
-Manifiesto de Martinez de la Rosa.-Di5cusiones en los Estamentos.-Pro-
yecto de ley de hacienda.-Otro relatilo it la cseJu,iol1 de don Cárloo y de su
familia á la eorona de F.spai>a.-Lle~ada de ~Iina :i P.,mplona.


GRANDE cra la cspcctacion publica al formarse el lluevo
ministerio, y grande el empeño que este contraía, obligán-
dose implícitamente a hacel' mas quc el que le habia pl'ece-
dido. Desde el momento de su instalacion, todas las trom-
petas de la fama pl'econizaban el triunfo de las doctrinas li-
berales, y anunciaban al pais la realizacíon de Jos benefi-
cios con que no se cesaba de halagarle para interesal'lo en
favor de estas doett'inas mismas. La prensa periOdica de
Madrid no tenia bastante incienso que quemar en honor de
Martinez de la Rosa y Garelly, sus ídolos entónces. La
prensa })eriOdica de las provincias, siempre eco de la de
Madrid, les prodigaba no menos estrepitosos testimonios
de un entusiasmo que rayaba en culto, y á este concierto
de elogios, que habria sido fácil justific31' llevando á efecto
las mcjol'as de que sin cesar se difundia la espemllza, se
asociaba sin reparos ni obseJ'vaciones la prensa periOdica
estrangera. Realizar las prometidas mejoras era, á no du-
darlo, el medio mas eficaz de mantener, y aun de utilizar,
aquella efervescencia, que tenia, á la verdad, Jos caractél'es
de apasionada; pero a que no era difícil dal' una direcciou
realmente patriótica, por poco que se la cneaminasebiell y
que á ello cooperasen leal y resueltamente los nuevos lla-
mados al ministel'io.


Pero estas esperanzas, al parecer legítimas, no tardaron
en ~t..~$vanecerse. ~iarti~ez, cl'eyendo sin duda) como todos




DOÑA ISABEL 11, REINA DE ESPAÑA.
~.:::---


Nació en Madrid ellO de octubre de 1830, siendo su padre el 'señor don Fer-
nando YII d" Borbon, l su madre doña Maria Cristina, princesa de Nó'poles.
El 20 de junio de 1833, fué jurada princesa de ASlUrias en el monasterio <le San
Gcrónimo, por los diputados de las provincias nomurados al efecto, y hauiendo
muet'lo su pa[tre, el rey Jiernando, el 29 de setiemhre del mismo año, la princesa
ha hel fué proclamada Reina con la mayor solemnidad en todas las ciudades y
villas ue España, el25 de octuhre siguiente. Durante la minoría, regentó el rei-
no su madre primcr{), y luego (efeclo de las vicisitudes polít.icas) el general
Espartero, hasta que en 26 de oclubre de 1843, fué declarada malor de euad
por las eórtos, y en 10 de no,iembre siguiente, juró la constit.ucion J' empuñó la.
riendas del gohierno, desde cuya época rige los destinos de la monarquia. EllO
de octubre de lSir" contrajo matrimonio COIl su augusto primo el seiior don
~'rattcisco de Asís, yel20 de diciembre de 1851, dió ¿ luz una niña 'lu~ ['S la ac-
tual princesa de As:urias,






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LIBRO SEGUNDO. 225
los de su antiguo partido, que la situacion no exigia mas
que la formacion de un nuevo pacto político, en el cual veia
él el remcdio de todos los males, á ninguna otra cosa daba
importancia, y ni aun el aquella atendia mas que de una
manera vaga, indccisa, vacilante, en fin. Tenaz en sus
aversiones, no solo rehusó á Zea, que nunca habia abriga-
do contra él pl'evencion alguna, las' muestras de benevolen-
cia que, al separado del ministerio, le habia prometido la
Gobernadora, sino que removió de París á su hermano ,el
conde de Colombi, quc, siendo secretario de aquella' emba-
jada, desempeñaba, en ausencia delgefe de ella, y con dis-
tinCÍon por cierto, las funciones de encargado de negocios-~
de España, cerca de Luis Felipe. Engreido con su nueva
dignidad, ofuscado con el humo de la lisonja, empezó Mar-
tinez el sacrifical', al pueril anhelo de una popularidad efí-
mera y facticia, el interes de la homogeneidad ministerial,
y, cediendo el apasionadas sugestiones, adulaba el espíritu
I'evolucionm'jo, COIl la esperanza de concesiones, de cuya
conveniencia dudaba desde entónces él.


Garclly, escelente como ministro de Gracia y Justicia,
mostraba, como miembl'o del Consejo, una deferencia á
Martinez, que desde luego hizo temer fuese un obstáculo
para que en las ocasiones críticas manifestase la energía
que ellas reclamaran. Aranalde se apresm'ó á pagar á la
faccion que habia influido en su nombl'amiento, el precio
({ue ella habia puesto á sus esfuerzos, é hizo ú consintió qu~
los archivos de la seCl'etaria de su cargo sirviesen al logró
de cálculos illtel'csados, ó á la satisfaeeion de pasiones in":'
dignas. Vazquez Figueroa, dchilitado por la edad, subyu-
gado por algunas mal ordenadas reminiscencias del antiguQ


TOMO 1. 15




226 AlIíALES DE ISABEL n.
régimen constitucional, y no hallando, en su escasa instl'Uc-
cion, Iléfe~~ contra eUas, se mostró, si no peligroso, inú-
til absotulárbente. Zarco del Valle, limitado ú su especiali-
dad, queriendo conjural' peligros propios, tmnsigia con los
de la situacion, y se l'esignaha al tlcsórclen Ú (¡lle la falta
de presidente del Consejo de Ministl'os y el dcscmpeiío in-
terino de sus funciones por ~[artinez de la Hosa condrua-
ban desde luego al gobiemo, y debían arrastrar lilas larde
á la n<acioIr.


La su'erte, empero, estaba echada, y era mcncster opo-
ner toda la resistencia posiblc á la imasion de lIlI mal, cu-
yos síntomas empezaban á causal' s(~l'ias il1f{llict\1dcs. Estas
pensé yo que podrian desvanecerse, si , en la especie de
Constitucion que parecía indispensahle formal' Ú ronseeuen~
cia de la consulta del Consejo de Gobiel'llo sobre la esposi-
ci()u de Quesada, se resh'ingia la intel'VellCion del elemento
popular, dando la mayor latitud posible á la prCl'ogativa real.
Penseyo que, pues el Consejo mismo ilwocalm nuestras an-
tiguas leyes fundamentales, y hahlaha con engl'eimiento de
nuestl'os fueros, cabia hacel' solmC) aquellas hases una Con s-
titucion monál'quica, aun sancionando csplícitamente lfls
mas amplias franquicias apoyadas en las tradiciones equi-
vocáS ó en los usos inciel'tos de la edall media. Pensó que
de 'este modo se podria, ya acallar los c1amol'es intel'csados
de una faccion, ya debilil:ll'la separando ti muchos que de
buena fé se habian unido á ella, ya neutralizar ó destruit' la
influencia de sus pretensiones exagel'adas, oponiendo ú ellas
los testimonios de satisfaccion con que esperaha que fuese
recibido por las masas un núevo régimen político que funda-
$e el reposo de las masas sobre las bases de una libertad




LIBRO SEGUNDO. 227
prudente. Pensé, en fin, que yo podría contribuir al logro
de este beneficio, no hallándome ligado por relaciones de
partido, ni pOI' antecedentes ele un fogoso é inexperto libe-
ralismo, á sostener teorías , para mí ele poco valer, pero que,
sin embargo, algunos ele mis nuevos colegas habian defen-
dido en otro tiempo como principios absolutos de gobierno.


Bajo la influencia de estas patrióticas esperanzas, entré'
en las conferencias que, precedieron á la discusion del nue-
YO código político. Desde las primems mostraron Vazquez
Figueroa y AJ'analdc que no podian tomal' parte en aquel
trabajo, de~conociendo, como absolutamente desconocian,
hasta los rudimentos de nuestra historia, y hasta la tecno"":
logía de la ciencia de la política. Esto mismo, con corta di-
fereucia, sucedió ~l Imaz, que á los pocos dias (7 de febre-
ro) reemplazó á Al'analde, por haberse este mostrado tali
incapaz para el manejo de la hacienda, como para sostener
las discusiones del Consejo dc Ministros. Para ellas quedó,
pues, de hecho reducido este á Martinez de la Rosa, Ga-
relly, Zal'CO y yo.
Sacó~e, sin embargo, tnu poco fruto de las primeras


confcrencias, que yo hube de tomar sobl'e mí el regulari-
zarlas, haciendo reducir á cuestiones categóricas las inter-
minables conversaciones en que se consumia un tiempo
que la importancia y la estension de las atribuciones de mi
ministel'io no me pel'mitia malgastar. Presentadas, pues,
estas cuestiones, atentamente examinadas, y largamente
discntidas, dicI'on pOI' resultado el código político que, san~
cionado pOI' la rcina el 10 de abril de 1834, se promulgó
solemnemente bajo la dcnominaeíon de Estatuto Real (1).


(1) Apéndice número 4.




228 ANALES DE ISABEL 11.
La lectura de este documento y la noticia de la convo-


eacion deJaS Cortes para el dia 24 de julio, llenaron la me-
dida del entusiasmo que, por donde quiera , escitaban las
benéficas y acertadas disposiciones , dadas en los últimos
meses pOl' el gobierno, del cual me obligó por aquel tiempo
liretirarme el mal estado de mi salud. Gravemente quebran-
tada esta a consecuencia de los cuidados sin número y del
trabajo incesante a que me condenaba el cúmulo de atencio-
nes que pesaban sobre mí, y de las cuales me habia yo pro-
puesto no postergar ninguna, tuve pOI' reiteradas veces que
b.acérselo asi presente a la Reina Gobernadora, la cual,
aceptando la dimision que con fecha de 17 de abril tuve la
honra de dirigirle, me permitió restituirme á \a vida priva-
.da, con el dulce consuelo oe hahel' promovido con celo y
actividad reformas útiles al Estado (1).


Ellas, sin duda, y la inteligente energía que en la par-
te relativa a los asuntos de la guer1'3 desplegaba por entón-
ces el ministro Zat'CO del Valle, impidieron que, á pesal' de


'la escasez de los recUl'SOS con que, en tlombres y di-
nero , se contaba á la saZOIl, tomase la insurreccion car-
lista" el carácter alarmante y las formidables proporcio-
nes que ir poco tiempo tomó. Todas las noticias que de la
marcha de esta insurreccion llegaban de las provincias, re-
velaban, en efecto, los esfuel'zos que, por parte de las auto-
ridades polítieas y militares, se haeian para conjlll'ur los pe-
ligros, que se consideraban como inminentes, de un incendio
que, estallado, se temia no tenel' medios de sofocar'. Sofo-
;carlo inmediatamente, ó á lo menos circunscl'ibirlo á los
puntos donde se declaraba, em el objeto de las insll'Uccio-
(~) Apéndice numero !:l.




LIBRO SEGUNDO. 229
nes del ministro, de la solicitud de los gefes de division y
de los movimientos dc las tropas.


Mientras que todas las ciudades de España· enviaban á
porfia á la Reina Gobernadora los mas esplícitos testimo-
nios tle adhesion á la causa de su hija, de satisfaccion por
la marcha de los negocios y de gratitud pOI' los beneficios
(Iue al pais se estaban dispensando, no faltaban hombres
que, ya por resentimientos pel'sonales, ya por empeños an-
teriormente contl'aidos, ya por una ilusa ó fanática buena
fe, ya por deseo de mednu', ya pOI' espíl'ilu de vandalis-
mo, ya, en fin, por causas divel'sas , cO~lspiraban secreta-
mente contm la l'eilla, Ó salian á la palestra tremolando la
bandera de Cá¡'los V. Un Felix García y un Ramirez, vigo-
rosamente perseguidos, y batidos á la postre en los montes
de Toledo, un Ramon Ñ[onferl'Cl', aprehendido y fusilado en
Alcora; las bandas de Carnicer y Montañés, batidas y dis-
persadas en el alto Áragon; el catalan Francisco Paré, co-
gido en Horta y fusilado con cinco de sus secuaces; las tro-
pelías de las bandas de Bl'onchú Vallés, Gregorio Mu-
ñoz y Otl'OS, vengadas con la muerte de muchos de sus in-
dividuos, y con el suplicio de sus cabecillas; una persecu-
cion constante de parte de las tropas; una actitud t.odo lo
hostil que podia serlo de parte de las clases acomodadas,
naturalmente pacíficas; una pl'Oteccion sin límites dada á los
intereses materiales del pais por celosas y entendidas auto-
ridades administrativas, todo debía contribuir á atajar el
mal cuyos progresos con harta razon se temian.


Desgraciadamente, y por motivos que no existían en
las demas pl'ovincias del reino, prolongábase en las Vas-
congadas la guerra civil sin que, á pesar de los encuentros




230 ANALES DE ISABEL n.
diarios, en que casi siempre queuahan victoriosas las tro-
pas de la reina, pudiesen estas limpiar completamente aquel
pais de las bandas que lo recorrian. Ya parecia , sin em-
bargo, aproximarse el momento de su total desaparicion,
cuando una circunstancia inesperada vino a reanimat' su
aliento y á dar unidad y convergencia á las dislocadas ope-
raciones de un sin fin de gavillas (Iue, disueltas y uispe¡'-
sadas se refugiaban en las asperezas ue los montes, ó, sal-
vando la frontera, penett'ahan en territorio estrangero para
no ooer en poder de las tropas de la reina. Esta circuns-
tancia fué la aparicion de dos ó tres batallones de nava nos
mandados por don Tomás Zumalaeál'l'egui, coronel de un
regimiento de línea en tiempos l\e Fernando VII, huen tác-
tico, escelente organizador, é intrépido solda(lo.


De Pamplona, donde vivia retirado, salió Zumalacal're-
gui á fines de octubre de 1833, pal'a incorporarse en Pie-
dramillera con la faccion , cuyo mando superiOl' le eont1l'ió
ella á los pocos dias, á pesar ele los esfuel'zos (Iue, pfll'it
conservarlo hizo su antiguo gefe don Fl'aneisco ILmraldt'.
A la noticia de este suceso, villo á alistarse hajo sus ban-
deras un gran número de mozos del pais, en el cual, por
ser hijo de él y por haber hecho en otl'OS tiempos la guer-
ra aliado de Quesada, y distinguídose cn mnchos encuen-
tros habidos en aquellas monlañas con los e.iércitos consti-
tucionales, disfrutaba Zumalacál't'egui :de mucho pl'esligio
é inspiraba gran confianza. No tardó, pues, este gefe eH
verse á la cabeza de algunos batallones que, protcgidos por
el pais al cual pertenecian casi todos sus individuos, recor~


"rian el montuoso territorio que, desde las orillas del Ebro, se
estiende por aquella parte á las crestas del Pirineo.




UDRO SEGUNDO. 231
Evitando combates, pel'o fatigando en l,llaf.phas y con-


tramarchas ú las tropas de la reina, hacia Zumalacárregui
inutiles los csfuel'zos llc los soldados y las combinacipIJ.es de
los mas entcndidos gcncrales, y rcducido por entonces á
una bien calculada defensiva, organizaba en batallones ~os
mozos que se le agt'cgahan. tos generales don Gel'óui\llo
Valdés, gencral cn gefc del ejército del Norte, el conde Ar-
mildez de Tolcdo, vircy dc Navana, y don Manuel Lor.\lP-
zo, gefe de la division de operaciones en la ribera del Ebro,
manioJwaban de concierto para limpiar de facciosos, ora
estc tCl'l'ilorio, ora aquel; pero cstaban ya lejos de tener en
las tropas de su mando ni ellwestigio que ejercían en aque-
llas comarcas los mediosmatel'iales ni morales suficientes·
para conseguir este objeto.


Asi, mientras que en Nav8.na (29 de diciembre) el co-
ronel Oraa a las ordenes del genel'al torenzo, desalojaba
de las formidables posiciones de Nazar y Asarta á tres ó
cuatro mil carlistas mandados por Zumalacárregui, en Viz-
caya y en Guipúzcoa, otros tantos mandados por Villareal,
Simon Ton'c, Zanla, Sopelana, Castor, y algun otro gefe
de prrstigio daban quc haccl' a Amol', a Iriarte, y al mismo
Quesa.l\a, capitan general de Castilla la .vieja, que des{leel
tt:l'ritol'io de su mando hacia una escursion en Maestu ; y
cuando Valdés, \'(~fOl'zado pOI' la columna del brigadier láu·
l'egni, quc acababa dc apoderarse de Vel'gara, se disponía
á atacal' al enemigo con fuerzas superiores; este, conocien·
do el peligro que Ic amcnazaba, dividia su gente, abando-
naba momentáneamente sus posiciones, y entretenia.al bri-
gadiel' Espartel'o durante algunos dias en las inmediaciones
de Oñate.


.,',Ti' ,




232 ANALES DE ISABEL n.
De las tropas desalojadas por Lorenzo y Oraa de las


posiciones de Nazar y Asarta, una parte, mandada por
Zumalacarregui, pasó el puente de Arguijas , y por Oteo se
dirigió al valle de Amezcoa, en cuyos quebrados senos pu-
do dejar con seguridad á sus enfermos y he6dos, al ampa-
ro y cuidado de gentes del mismo pais. Desde alli se mar-


o chó á los pocos dias con sus tres batallones navarros á acau-
tonarse en el valle de Guesalaz, al Norte de Estella, en
tanto que Lorenzo y Oráa, desde los Arcos, á donde se di-
rigieron des pues del combate de Asarta, salian para Puen-
te la Reina. Otra parte de las tropas cal'!istas que asistieron
á este combate, penetraba el 21 de enero en Sangüesa, lle-
vando por gefe á Guibelalde, y el 23 en Lumbier, no sin ha-
ber sufrido en su marcha una terrible persecucion y algunos


. ataques del conde Armildez de Toledo, del gobernador de
las Cinco Villas y del brigadier Linares. Otras bandas, en
fin, activa pero infructuosamente perseguidas poco des-


o pues por LorenzoyOráa, apm'ecian de repente en Elizondo,
o en EsteBa, en Puente la Reina, en las inmediaciones de
Salvatierra, y hasta en las puertas de Logroüo; ó bien, des~
de la Borunda, saltando á la sierra de Anuia, cOITian á re-
fugiarse al Bastan, llegaban hasta los Alduides, ó se iban á
descansar de sus fatigas á los valles de EITo, ue Salazar,
de Roncal, y de ambas Amezcoas. A este último pUl'age
marchó á los pocos días ZumalacárI'cgui á recoger, como
lo verificó SIn mucha resistencia, las armas que, en manos
de aquellos sencillos habitantes, pusieran para la defensa
de aquel territOl'io las mal inspiradas autoridades de Pam~
piona.


Con estas armas y con lUlOS trescientos ó cuatrocientos




LIBRO SEGUNDO. 233
fusiles de que, ademas de muchos miles de cartuchos y
proyectiles y de un cañon de á cuatro se apoderó en la fabri-
ca de Orbaceita, al'mó Zumalacarregui 01l'os tantos hombres;
y con ellos, y los que llevaba, se encaminó el 23 a Lumbier
donde al próximo dia se le incorporó Iturralde con el resto
de la faccion navarra.


Aturdido, desconcel'tado pOl' la rapidez y la simultanei-
dad de los movimientos de los carlistas, Valdés, que salido
de Vitoria el 15 de enero con una columna de 1,200 hom-
bres, se habia incorporado en Balmaseda con el tercer regi-
miento dc línea, mandado por el brigadiet' Benedicto, dió
las órdenes OpoI'tunas para la fortificacion de este punto, y
dejando ep. él una guarnicion de 200 hombres, marchó el 24
sobre Lumbiel' en busca de Zumalacárregui. Abandonó el ge-
fe carlista esta posicion al primer aviso que tuvo de la apari-
cion de las tropas de la reina; pero volvió á ocuparla al dia
siguiente, al saber que, rendidas y descalzas, tuvieron ellas
I¡ue regresar á Vitoria a proveerse de zapatos.


Dando un dia de descanso á las tropas que consigo lle-
vaba, y tomando algunas de refuerzo, salió de nuevo Val-
dés para Lumbiel', en donde se hallaban el 1. 0y el 2.0 de
los batallones de Zumalacál'l'egui con la junta de Navarra y
dos compañías de p,'eferencia. A la noticia del inesperado
I'egreso del general en gefe, pusiéronse de nuevo en movi-
miento estas fuel'zas; y, dit'igiéndose por Navascues al va-
lle de Salazar, llegaron el 2 á Huesa, de donde los desalo-
jó el genet'al Lorenzo, no sin tenel' para ello que empeñar
y sostenet' un vivo combate en que perdió alguna gente.
Desde alli, sabedor Valdes de que el gefe carlista Sagas ti-
belza, con 600 homb.res, tenia sitiado en la casa-fuerte de




234 ANALES DE ISABEL n.
Elizondo al teniente eOI'ouel Zugarramurdi, partió al soeor-
\'0 de este gefe con la brigada de Benedicto, y '0 pasando por
Zubil'i é Il'Urita, y forzando la mal'cha, pudo, á pesar del
mal tiempo, salvar á los sitiaLlos, ahuyentando á los sitiado-
res. Conseguido este objeto, dirigióse á Pamplona, de don-
de, el 11, dado flue hubo al conde Armilllez de Toledo las
órdenes oportunas, y dos clias ele descanso á sus sold:ulos,
salió con la brigada de Benedicto, alguna caballería de In
Guardia y artilleI'Ía, en direcciol\ á Viloria. Al llegar á ll'Ul'-
zun, tuvo noticia de t¡ue 500 guipuzcoanos, al mando de
Alzáa, habian penetrado en la BOl'llllua y se hallaban ell
Echarri-Aranaz. Atacados por la caballeda hubiel'oll ellos
de dispersarse, en tanto que Valdés , dejando SU columna,
en Salvatierra, se dirigió á Vitoria. Alli cansado, descora-
zonado al ver la ínutilidad de sus csfuel'zos por combatit' á
un enemigo que, por In celeridad de sus movimientos, frus-
traba todas sus combinaciones; ¡'cscntido auemas de la con-
ducta del general Quesada que, desde las l)\'ovineias de su
mando, pasándose till vez á las V ilscongadas, intental'a lle-
vilrse á Castilla algunas tropas, ó dirigir las 0pcl'aciotws de
otras; aburrido y enfel'mo, en fin, lomó el partido de dimitit,
un mando de (Iue ninguna gloria esperaba, y en ql!e, por
el contrario, veia desde luego una oCilsion de descrédito,
y mas ó menos tanle, la ruina completa de su rcputacion
militar.


Sucedióle en este mando el I1IWYO ltlilrr¡aes de Monea-
yo, don Vicente Genaro de Quesada, hombre de bastante
prestigio, de reconocido valor, y que acahaba de captarse la
opinion publica, destl'Uyendo y lanzando á POl'tugallas ban-
das del cura Merino y de Cuevillas que infestaban el vas-




UBRO SEGUNDO. 235
to territorio de la capitania general de Castilla la Vieja;
hombre, en fin, ú quien se suponia la fuerza de voluntad y
la inteligencia necesarias pfll'a acabar con las facciones del
Norte, 6 t'cprimit' á lo menos sus desmanes, castigando
su insolencia.


Engañábanse, ~rnpcro , los que tal creian. Contra las
tacciones vasco-navarras opCl'aban en aquellos momentos
con dcnucJo y actividad, pel'o sin resultado para su paci-
ficacioll, los generales Lorcnzo y Al'mildez de Toledo, los
br'igadifll'CS Espartero, JÚlm~glli, Bedoya, haron del Solal'
y Benedicto, los cOI'OIwks h'ü1rle, Amor, Tolrá, Carrillo y
otros gefcs (Iue, lo mismo l¡He Valdes, veian a todas honls
sus esfuerzos neutralizados por la actividad prodigiosa y
la táctica particular dc enemigos que por todas partes pu-
lulaban, y á quienes en ninguna era posible alcanzar. Dis·,
pCl'SOS todos los dias, reorganizados al instante, dueños
del pais pOI' las simpalías que en el tcnian , y seguros de
que la ocupacíon (le ~;u suelo pOI' ll'opas enemigas no po'lia
ser r-ino efimera y accidental, ningun empeño mostraban,
ningllll saci'¡licio se :3cnlinu (lispuestos á haccl' para man-
lenel'se CII posiciones ni para conSCI'var territorios de que
sabian ellos que, mas tarde 6 mas temprano, y por la fuer-
za misma de las cosa;;, hahia de echar á los defensol'es de
la reina la falta de recursos propios unida tI las dificultades
con que, pal'a jll'0POl'CiOllál'SelOS, era de suponer que tl'O-
pezarian en vista de la pasiva energía, y de la reconocida
mala voluntad de los habitantes del pais.


Tal el'a, Ú los pocos meses de la llegada de Zumalacárregui
al campamento carlista, el estado de las cosas y la situacioll
de ambos ejércitos en el vireinato de Navana. De k,udas des-




236 ANALES DE ISABEL n.
organizadas sin instruccion ni disciplina, sin equipo ni ar-
mamento, que, desalentadas por la persecucion que se
les hacia, y cercenadas pOI' sangrientos combates, que ni
podian evitar ni sostener, estaban ya á. punto de disol-
verse y deponer las armas, hizo Zumalacárregui en los
dos ó tres primeros meses del año de ·1834 un verdade-
ro cuerpo de ejercito que, por su buena organizacion, su
arrojo y su disciplina, pudo servÍ!' de modelo á todas las
facciones de las provincias del Norte. Las divisiones de
la reina, acostumbradas por el contrario á derrotar y á
envolvel' aquellos informes y desOl'denados gl'llpos pOI'
donde quiera que aparecian, se hallaban como asombra-
das de tan subita trasformacion; y, apagalla su confianza,
perdida la fuerza moral, veiaseles ceder en ardol', á pe-
sar de los esfuerzos de sus gefes, y hasta pasarse al ene-
migo, á despecho de las severísimas penas impuestas á la
desercion.


No tardó Quesada en comprender lo dificil y lo al'l'ies-
gado de la mision de que se acababa de encargar. A muy
poco de tomar el mando supcrior del ejército de la reina,
convencido sin duda de que ni el prestigio de su buen
nombre militar, ni algunos refuerzos de tropas que de Casti-
lla sele enviaron, ni la asistencia que pam el desempeño de
su mision le prestaron los mariscales de campo don Joaquin
de Osma, recientemente nombrado, bajo sus órdenes, co-
mandante general de las provincias Vascongadas, y don
Juan Moscoso, gefe de su estado mayor. ni todos sus es-
fuerzos bastarian á disminuir la intensidad de una guelTa,
que, segun ya se empezaba á columbrar, no debia te ¡'minar-
se por la fuerza de las armas, tomó desde luego otro parlido




LIBRO SEGUNDO. 237
cual fué el de escribir á Zumalacál'l'egui, á quien en otros
tiempos habia conocido, brindándole con la paz, con el olvido
de lo pasado, y ofreciéndole su amistad. A esta carta, á la
cual, con la evidente intencion de ganar tiempo, contestó
Zumalacál'l'egui en tél'minos evasivos, siguió otra de Que-
sada, y a esta oll'a de Zumalacárregui, cuyo· tono exacer-
bándose por grados hizo por cntonces imposible toda es
pel'anza de avenencia, no obstante, la mediacion que, para
conseguir este deseado objeto, interpuso don Miguel Anto~
nio Zumalacárregui, hermano del gefe carlista y reciente-
mente nombrado por el gobierno dc la reina regente de la
audiencia de Burgos.


Quesada que, en 25 de febrero, es decir, algunos dias
des pues de entablada esta correspondencia, habia salido de
Logroño, llevando consigo un batallon de granaderos pro-
vinciales de la guardia real, y un escuadron de cazadores
de la misma, se encontró en EsteBa con las fuerzas de Na-
var!':!, I'eunidas al mando dcl general Lorenzo. Aguardando
ell'esultado de la negociacion pendiente, hizo un movi-
miento sobre Puente la Reina y desde alli se dirigió á Pam-
plona, en tanto que Espal'tel'O, procedcntc de Bilbao, ata-
caba en Oñate con una fuerte columna á los facciosos de
Vizcaya capitaneados por Arana, Aguirrc y otros gefes de
menos monta, que Bedoya perseguia á Castor en la provin-
cia de Alava y en las Encal'taciones y que el brigadier ba-
ron del Solar de Espinosa, desalojaba de las alturas de Vi-
liara a las facciones l'ctmidas de Luqui, Tone y Sopalana.
Pero ni estos encuentros parciales y simultáneos, ni el ha-
bido en la Poblacion entre el coronel Toh'á y los facciosos
fllaveses, ni otros ciento f\worables casi todos á las aI'mas




238 ANALES DE ISABEL 11.
de la reina, fueron partc á impedit, que, apenas rotas las
comunicaciones con Quesada, y con una audacia S10 eiem-
plo, se presentase Zumalacál'regui en 16 de marzo á las
ocho de la mañana, cn compaflía de EI'aso y ue Villal'e'al á
las puertas de Vítoría y acometieran vigol'osamente la pla-
za, cuya guarnicion tuvo poco (¡ue hacer raea rechazarlos y
castigar su temeridad.


A juzgar por el número y la po sic ion respectiva de am-
bas partes beligerantes, este ataque, ora se considere bajo
el punto de vista político, ora se le de el caractel' de una
combinacíon estraLegica, et';t injuslilicable de paJ'te de los
que lo diel'on, pues nunca podia CH tale,; circunstancias es-
perarse otro resultado que el que tuvo su arriesgada lenta--:
tiva. Ademas, suponiendo que un golpe d e mallO los hubie-
ra hecho dueños de la ciudad, ¿qué pal'Lido esperaban aque-
llos gefes carlistas sacar de su posicion, siéndoles, como les
era, de todo punto imposihle conscrvarla'? Como quicra que
sea, las tropas alavcsas y navarras ([UC, reunidas al mando
de aquellos gcfes atacaron ú Viloria, sc separaron poco an-
tes de llegar á Salvaticl'l'a) dirigiénrlosc las primer'as á He-
redia, en cuyas cercanÍ3s sorprcndieron y aniquilaron un
destacamento cristino de ciento sesenla homhres, y las se-
gundas á la Borunda.


Con no mejor exito ({ue el fluC hahia tenido la intentona
de Vitoria, atacó Castol' por aquellos dias á Portugalete,
despues de haber, reunido con TOITe, amcnaZfldo' ú Bilbao,
en tanto que Sopelana, IlJal'I'ola y _\guit'l'C, embestiull á
Ol'duña.


Altamente ilTitado, por ulla parle, a la noticia de tanto
désman, é impaciente, por otra, de justificar, haciendo algo




LIBRO SEGUNDO. 239
mas que su predecesor, la confianza que cn el depositara el
gobierno, y las esperanzas que, en sus buenos antecedentes
militares, concihiel'on los partidal'ios de la causa de la reina,
sali6 Quesada (le Pamplona, y, reforzando la columna que
sac6 dc LogroflO, COII el 4." regimiento de la guardia real,
dos destacamentos de carabineros de costas y de tiradores
de Isabel, y cuatro piezas de montaña, tom6, el28 de marzo,
el camino de Lumbier, á cuyas inmediaciones, segun las
mejores noticias, se hallaba Zumalacárregui, de regreso de
su malograda espedicion á Vitoria.


En consecuencia, dividió Qucsada su fuerza en dos co-
lumnas, una de las cuales, á las 6rtlcnes del baron de
Meel', debi6 marchar por Domeño á Iso, siguiendo la ol'illa
izquiel'da del rio SalazUl', mientras, con la otra, tomaba él el
camino de Areta. Mas, sahedor, al emprender su marcha en
la madrugada del 25, ({lJC ZumaJacárregui, cambiando de
direccion, se encaminaba ú Jaurrieta al fl'ente ele sus batallo-
nes 1. o y :3. o navarros, da ól'den al bUl'on de ~Ieel' para que,
con su columna, veng3 á incorporarse CJn él, y, ejecut3da esta
inC01'pOracioll dispone dirigirse con toda la division 3\ puerto
de Al'cta. Al Ilegal' á JrlH'znn, noticioso dc que el enemigo
habia ya p3S3do este puerto y suponiendo en Zumalacarre-
gui la intencion de dirigil'se 11úcia la parte de Aoiz, resolvió
caer solll'c esta villa, en la cual supo que los facciosos ha-
Lian tomado la ruta (Iue él ealcul6; pcro quc, variándola en
el momento en que tuviCl'on conocimiento de la llegada de
las tropas de la reina, salvaron la áspera sierra que los se-
paraba delrio h'ate, el Cl131 vadearon pOI' Gorritz, tomando
en seguida la dil'eccion de Itoiri y Zulzarren.


A todo esto, el general Lorenzo que, situado en las in-'




240 ANALE!I DE I~ABEL n.
mediaciones de los Arcos, observaba los movimientos de
Eraso, á quien suponia la intencion de irse á reunir conZu-
malacát'regui, se dirigió á EsteBa para observar mas de
cerca los movimientos del primero, y oponerse á las corre-
rías del segundo en aquel territorio de su mando. No tarda-
ron, en efecto, en invadirlo los batallones navarros, manda_
dos por Zumalacál')'egui, el cual, bajando por TafalJa yacer-
cándose á Estella, se presentó el 29 en Muro y en las alturas
de Santa Bárbara, donde sostuvo un reñido combate con las
tropas de Lorenzo. En la tarde del mismo dia, regresó este
general á EstelJa, en tanto que Zumalacánegui, reforzado
con algunos alaveses, marchaba á ocupar su acantonamien-
tos de Azeona, Iriñuela y Arizala. Diez dias despues,
mientras Quesada maniobraba contra Eraso por la parte de
Lumbier, pasaba Zumalacárregui el Ebro y, á la cabeza de
dos mil ochocientos infantes y doscientos caballos, entraba
en Calahorra, que abandonaba ellO de marzo, volviendo
á pasar el rio y encaminándose á Lerin. Atónito de tanta au-
dacia, y ardiendo en deseo de castigada, el general Quesada
que, en combinacion con Linares, se dirigia de nuevo desde
Pamplona á Lumbier en seguimiento de Eraso y de Itunal-
de, cambia de determinacion y dispone que tome Linares
el camino de Tudela mientras el se dirige á Caparroso para
caer los dos á un tiempo sobre la faccion de Zumalacar-
regui.


Pero, en esta ocasion, lo mismo que en cien otras, frus-
tró la taetica del gefe carlista todas las combinaciones de
Quesada, de Lorenzo, de Linares y dc cuantos le perseguian;
y. sin siquiera tropezar con las columnas de estos gefes,
regresaban a los pocos dias los batallones navarros á sus




LIBRO SEGlrNDO.


acostumbradas guaridas de Aoiz. A la noticia de este nueVO:
movimiento de Zumalacárregui, suspendió Linares el que:
tenia proyectado sobre la línea del rio Aragon, y tuvo que
volverse á toda prisa á Lumbier, para desde alli marchar
al encuentro de los batallones navarros. Con este objeto, sa-
lió en efecto de Lumbier al dia siguiente de su llegada; pe-
ro, atacada en Ripodas su retaguardia por el enemigo;
que le mató algunos hombres y que sostuvo y sufrió du
rante muchas horas un vivísimo tiroteo, hubo de regresar
en el mismo dia al punto de su partida, sin obtener por lo
tanto otro resultado que el que comunmente se obtenia en
aquella guerra, es decir, avanzar, con mas ó menos pérdida
de gente, hacia un punto dado, tomar eon mas ó menos car-
nicería una posicion mas ó menos expugnable y mas ó me-
nos bien defendida, para abandonarla a las pocas horas, des-
pues de dar al gobierno de Madrid un parte mas ó menos
verídico, pero siempre pomposo, de la accion, recomen-
dando á cuantos en ella habian tomado parte y proponiendo
recompensas.


Yeso mismo, con muy corta diferencia, sucedía desde
los primeros meses de 1834 en todos los puntos de las pro-"
vindas vasco-navarras, y en alguno de las limítrofes, don~
de la guerra, que de dia en dia se iba haciendo mas en"':'
carnizada y sangrienta, ofrecia, a pesar de las relaciones
de los gefes cristinos, poquisimas probabilidades de éxito
definitivo para la causa de Isabel. Vanamente en Vizcaya
batia y dispersaba Espartero a las facciones mandadas por
Arana, Tone, Masarraza, Luqui, Aguirre y el cura dé
Tremis; vanamente, en las Encartaciones y en las fronteras
de la pl'ovincia de Santander, acosaba el brigadier Redoya


TOMO 1. 16




ANALES DE ISABEL 11,


111 cabeci~ CílSl.@f;. vallilmente Oráa, despues de perseguil'
cMu'ante ~s dias á ZUlpalacárregui, recuperaba la fabrica
4~ lf.rD).'!l~ ~ Orb;lceila y batia á los navarros en Begola y en
~a; CQ vano, por las fronteras del alto Aragon y las
~~ipDtes. de\ Pirineo, penetraban, para reforzará las divi-
siones de la reÍlla, tropas enviadas por el genel'al Ezpeleta,
capitan general de aquel distrito; en vano, en la Rioja der-
rotiWa fl coronel AmOI' al guerrillero Basilio Garda; vana-
men~e, en las Merindades, intentaba el bl'igadier lriarte ata-
jar los progresos de la faccion que, al mando de Sopelana, y
en combinaci.on con Castor y Arroyo, se dirigian á las inac_
~sibles guaridas de los moutes de Liebal1a; en vano deja-
~,Jjl\!reM l»en.pues\o el honor del pabellon de la reina
en el encuen,tr.o que, contra las fuerzas de Villareal, sostu-
vo en las inmediaciones de Oyarzun y Astigm'raga; en vano, .
pm.i. cast,igar.la desafeccion de los frailes, supl'imió el go-
hierM de Madrid ~l· convento de San Fl'ancisco, situado
eS,~rloourQs: de Or'duña, cuyos individuos, escepto tres,
ID abandonaron en la noche del 7 al 8 de abril, para irse
'Ion los, facciosos; en "ano, en fin, se hacia á estos por to-
~s partes la lIlas tel'l'ible persecucioll y se fusilaba á cuan-
t~ se. c~~l\, c~n las armas en la mano, ó se les pr~ba­
hlJ. su; CQlllplic~dad con ellos,;. l~, ciertQ es que no por eso
Sl;. v;eia disminuir el n~ero y la audacia de la~ faccio-
~$o;, y todo, lo q.ue" á favor de una actividad de todos
~.lijo¡nen~os" de una energía sin Iímiles, y de un rigOl'
~ rayabaen crueldad, podia obtenerse, era, en suma, im-
pedir, q~le se propasase con la misma intensidad á otras
pi;'o,vinci,s. de España el fuego que en las vascongadas se
~c.ia,ya imp,osible, sofocar con los. recursos, respectiva-




LIBRO SEGmmO. 243
mente limitados, de que disponia el general Quesada.


No era fácil, ernpel'O, impedir de una manera absoluta
que de aquel incendio dejasen de saltar algunas chispas,
no solo ti los paises limítl'ofcs, sino hasta á puntos asaz
distantes, donde poniendo en combustion elementos de suyo
muy inflamables, causasen por de pronto algun estrago,
inspirando muy serias y muy fundadas aprensiones para·
el porvenir. Bandas, mas ó menos numerosas y aguerridas,
pero llenas por lo comun de audacia y á veces tambien de
insolencia, burlaban la persecucion de las tropas de la rei-
na, y, alentando ó atrayendo á sí á todos los díscolos Y des-
contentos, blandiallla tca de las discordias civiles en dife-
rentes punlof\ de los antiguos reinos de Galicia, Asturias y
las dos Castillas, en muchos del tel'l'itorio continental de la
antigua COl'ona de Aragon y hasta en alguno de Estrema-
dura y Andalucla.


De estas bandas, que, á no existir en las provincias del
Norte aquel foco pe reune de conflagracion, habría sido fá-
cil reducir á la obedieneia, eran las mas numerosas, y tam-
bien las mas aguerridas, las que, vueltas de Portugal, ope·
raban en Castilla la Vieja tÍ. las órdenes del cura Merino y
Cuevillas, dándose la rmmo eon las de Asturias y Galicia,
y laf\ (le Quilez y Carnicer que, desde el bajo Aragon, don;'
de comunrnclIte tenian su cuartel general, estendian sus
escursiones á tolo el reino de Valencia y parte del Prin-
cipaelo de Cataluña. En este último país empezaban tam-
bien ú dar flltc pensar á Llauder.y que hácer al brigadier
Colahi y tÍ. otros gcfcs el'istillos, los carlistas Ros de Eroles,
Llarch de Copons y el canónigo Tristany, en tanto que, en
las provincias de Toledo, Ciudad-Real, Cáceres y Bada-




2U ANALlS DE ISABEL n.
joz, un Locho, un Carrasco, un Lobito, un Cuesta y con-
sortes, desooncertaban con sus rápidos é irregulares mo-
vimientos los planes combinados de los brigadieres Barru-
tel y Pacheco, comandantes generales de la Mancha y del
distrito militar de Badajoz, y del segundo cabo de la capi-
tania general de Estremadura, el mariscal de campo don
Juan Gonzalez Anleo.


Halagado por la esperanza, y animado del patriótico de-
seo de ponel' fin á esta aterradora situacion, adoptó el go-
bierno cuantas medidas ordinarias y estraordinarias creyó
conducentes para lograr tan importante objeto. Asi fué que,
con el nombramiento de Quesada para general en gefe del
ejército del Norte, hizo coincidir los reales decretos de 18
y 22 de febrero (1) , ordenando la formacion y alistamien-
to de la milicia urbana y el levantamiento de una quinta
de 25,000 hombres. POI' el mismo tiempo se enviaba a las
provincias del Norte comisionados régios, con encargo «de
»proponer los medios que estimasen oportunos para conse-
»guir el restablecimiento del ól'llen, la omnímoda sumision
ȇ las autoridades y la pacificacion de los pueblos suble-
vados,» en tanto que á los obispos de Calahorra y Pam-
plona se exhortaba á visitar :sus respectivas diócesis; que
de Madrid salian prelados influyentes de las órdenes reli-
giosas, encargados por el gobierno de recorrer las provin-
cias Vascongadas y Navarra y de exhortar á los frailes a
ceñirse a su instituto, sin entrometerse en asuRtos políti-
COS; que se indultaba de l? pena de muerte, impuesta por
la comision militar, á setenta y dos ex-realistas de los
que mas parte tomaron en la asonada de 27 de octubre;


(4) Apéndice númerQ 6.




LIBRO SEGUNDO. 245
que se adoptaba, en :fin, otra infinidad de disposiciones
marcadas con el sello del mas sincero deseo de dar á la
causa de la reina lodo el poder material y toda la fuerza
moral posibles, calmando la efervescencia de los ánimos,
hija de la divergencia de opiniones ó de la diversidad de
intereses de los 11abitan tes de la Península. Para dar, fue-
ra de ella, mayor prestigio todavía á la causa de 1sa-
bellI, estrecháLausc las relaciones del gobierno español
con los de Francia y de Inglaterra, y enviábase á estos pai-
ses, en calidad de representantes de la reina niña, á dos
gl'3ndes de España populal'es é ilustl'ados, con encargo de
entregar á los soberanos de aquellas dos poderosas nacio
nes las insignias del toison de oro : asimismo llevaban am-
bos diplomáticos mision espresa de entablar, con los go-
biernos de aquellas dos grandes potencias, pláticas y nego-
ciaciones, encaminadas principalmente á la pacificacion de
la Península ibérica, y al restablecimiento y consolidacion
en ella del régimen constitucional.


Complicaba gravemente la situacion política de España
el estado de los negocios del vecino reino donde, a pesar de
reiteradas órdenes del rey su hermano, primero, y de la
reina vinda, despues, permanecia el infante don Cárlos á la
sombra del ya casi derruido trono de don Miguel. Espul-
sar del territol'ioportugues al primero de estos dos príncipes,
ó mejor dicho á los dos, era, pues, una de las mas tl'3S-
cendentales cuestiones de alta política, que al gobierno de
Madrid urgia resolvCl'.


De la lucha que, mas ó menos directa y eficazmen-
te apoyada por la Francia y la Inglaterra, sostenian contra
el antipático don Miguel las tropas de su hermano mayor,




246 ANALES DE ISABEL II.
tenia el gobierno de Madrid fundados motivos para espe-
rar un resultado favorable á las mÜ'as de regeneracion po-
lítica, que con tanto al'dor trabajaba por llevar adelante; y
hasta para coadyuvar en caso necesario allogl'O de los de-
signios de don Pedro, habia formatloel ministl'o de la Guerra
un ejército de observacion al mando del teniente geneml don
José Ramon Rodil, cuyo cuartel general estaba en Ciudad-
Rodrigo. Confiando, pues, por una parte en la victoria definÍ-
tiva que á la causa de doña María de la Gloria presagiaban
los primeros triunfos obtenidos pOi' las armas de su padre, y
temeroso por otra de malc¡nislal'se con la Inglaterra, que
pal'ecia miral' de malojo la preponueraneia que, eH el veci-
no reino, podria dar á los españoles una intervencion ar-
mada, cualquiera que fuese el motivo que la provocase, ó
el objeto con que se llevase á cabo, limitabas e el gobiel'no
español á observar las operaciones de los dos ejcl'cilos he-
ligerantes, sin decidirse por enlónces á Lomar pal'le activa
en la contienda, ni á echar su espada en la balanza. Pero,
vivamente deseoso, al mismo tiempo, lle poner fin á la si-
tuacion angustiosa en que lo tenia la prolollgaeioH !le aquel
stat'u quo que, entre otros gmvisimos inconvenientes, pre-
sentaba el de la permanencia en Ciudad -Rodrigo de un nu-
meroso cuerpo de ejército que, enviado á las pi'o\ineias del
Norte, habl'ia podido conll'ibuír podel'osamenle á atajal' los
pl'ogresos que en ellas hacían de dia en dia los partidarios
de don Cárlos , dió al marques de Miraflol'cs la misioll es-
presa de sondear las disposiciones del gabinete tle San Ja-
mes, y de ponerse con él de acuerdo acerca de los medios
de hacer cesar, una situacion que, prolongándose, se agra-
vt\bt\.




LIBRO SEGUNDO. 247
Despues de haberse detenido en París, segun l:ts il'lS~


trucciones que llevaba, hasta la llegada del duque de Frias,
partió Miraflores á Lóndres, donde entró el dia 5 de abril.
Entregados el 9 los despachos que le acreditaban de minis-
tro plenipotenciario de España cel'ca de aquel soberano, tn,,!')
con lord Palmerston una entrevista, á consecuencia de la
cual le dirigió el mismo dia una nota que, segun lá.s mismas
palabras del ministro ingles «cambió instantáneamente la
»política de su gabinete.» «La palabra intervencion,~te
»dijo lord Palmerston,-va á sel' pronunciada. La idea dé
»)hacel' un tratado ha sido acogida.» Y al dia siguiente, en
efecto, se establecieron las bases de él. Para dar á este do-
cumento mas consistencia politica y robustecerlo enet sen,;,
tido de su efecto moral, comprendieron, asi el vizconde de
Palmerston como el marques de Miratlores , la convenien-
cia de dar al gobierno frances participacion en estc asunto;
y, á la insinuacion que, sobl'e el particular, hizo el vizconde
de Palmerston al embajador de Luis Felipe, principe de
Talleyrand, contestó este «que por su propio decoro desea-
)lba la Francia, no solo adherirse al tratado, sino for-
)lmar parte integrante de él.)) Ni fué menos esplicita la
respuesta que, á una insinuacion del mismo género, hizo
don Cristóbal Pedro de Moraes Sarmento, agente diplomá-
tico de don Ped,'o en Lóndres; y de acuerdo los cuatro
plenipotenciarios sobre las bases de la negociacion, que
lord Palmerston se encargó de redactar, la firmaron .cl
dia 22 de abril de 1834.


Grandes eran ó debian ser para España las consecuen-
cias del tratado de la cuádruple alianza. Bien que las po-
tencias que en el intervenian hubiesen ya, y desde un prin-




248 ANALES DE ISABEL 11.
cipió,. reconocido el gobierno de Isabel ll; el pacto firmado
ElnLóndres era, no solo una solemne y significativa ratifi-
caeíoo de aquel reconocimiento, sino tambien una especie
de :provocacion dirigida á las potencias del ~orte, que na-
tUl"1llmente mostraban mas simpatías por don Cárlos que
por su sobl'Ína; era, en fin, una liga de la Europa constitu-
cional contra la Europa absolutista. Considerado, sobre todo,
con aplicacion á la cuestion del momento, es decir, á la
pacificacion del vecino reino y á la espulsion de él de don
Cárlos y sus secuaces, el tratado de la cuádruple alianza
satisfacia de la manera mas completa las miras, las nece-
sidades y los intereses del gobierno español, y hasta venia
á legitimar el hecho, ya consumado, de la entrada en Por-
higal de las tropas españolas, que por sí y ante sí verificó
este gobierno algunos dias antes de fil'marse aquel docu-
mento.


Como quiera que sea, el efecto moral producido pOI' su
publicacion daba un carácter infinitamente mas serio, al pa-
so que un inconwastable poder, á las tropas españolas
que, al mando del general Rodil, penetraban en Portugal y
perseguian, sin oposicion de ningun género, al mal aconse-
jado príncipe que, desde Miranda y Braganza, pasando á
Villareal, tenia á poco que abandonar precipitadamente es-
te punto por no eaer él y sus gentes en manos de sus ene-
migos. Atl'avesando en seguida el Duero, tuvo un momento
la idea de penetrar en España; mas, en vista de los pe-
ligros sin cuento que en tales circunstancias presentaba
aquella desesperada tentativa, empl'endió su marcha con
los 500 ó 600 hombres que le acompañaban en direc-
~ion de Lamedo y, pasango por Viseo y Guat'da, fué á re~




LIBRO SEGUNDO. 249
fugiarse en Almeida. Acosado alli por el brigadier San-
juanena, en poder de quien cayeron varios carruáges, mu-
chos efectos, legajos de cOl'l'espondencia y hasta las ropas
de su uso y del de su familia, salió don Cál'ios de Al-
meida el13 de abril; y, por Lardosa, donde tuvieron sus
soldados un pequeflO encuentro con las tropas de la rei-
na, se encaminó, dejando á un lado el punto fortificado
de Castello-Branco á las inmediaciones de Santaren. Alli
incorporándose con don Miguel y, protegido por algunas
tropas que, al mando del general español Gonzalez Moreno,


maniobraban por aquel tel'l'itorio, pudo permanccCl' ccrca
de un mes, Íntel'Ín las divisiones del ejercito de Rodil, manw
dadas por Latre, Sanjuanel1a y Carondelet, sin dejar de
obsel'Var sus movimientos, se ocupaban, de acuerdo y en
combinacion con los gefes militares portugueses, en limpiar
todo aquel pais de las partidas migue listas que lo infesta-
ban, y tomaban las disposiciones conducentes á acabar
con los restos de un cjel'cito que, cn numero de 12 á 15,000
hombres, respetaba todavía las órdenes de don Miguel.


Las tl'Opas portuguesas que, bajo el nombre de ejército
libertador, combatían por don· Pedro, ascendian á mediados
de mayo á uu nUmero doble del de las enemigas, y claro es
~luc, auxiliadas alternas por el cucrpo de ejército de Rodil,
y pOI' la fucl'Za moral que á este apoyo efectivo agregaban
las estipulaciones del tratado de la cm\.druplc aliauza, ya
conocidas de todos, la guerra dc Portugal no podia ser de
lal'ga duracíon, ni debia tardar por consiguiente en verse
plenamente l'ealizado el objeto de la entrada de los espa-
ñoles en aquel reino.


El 15 de mayo, en efecto, segun el plan de (;¡;t~l'acio-




250 ANALES DE ISABEL 1I.
nesconcertad<. entre tos generales duque de Terceira y Ro-
dil, ocupó el pl'i~l,() con sus portugueses á Thomar, mien-
tras que el segundo debia dirigirse á Castello-Branco, para,
desde alli, pasando por Carceda. donde llegó el 20, caer
S()bre S3ntaren. A la noticia de la llegada de Rodil, y de la
victoria obtenida el dia 16 en Seiseira y sus inmediaciones
por los pedristas mandados por el duque de Terceira, aban-
donaron á Santaren las tropas miguelistas que la defendian,
y el mismo dia pudo Rodil ocupar esta plaza sin encontl'ar
resistencia. Evacuada por don Miguel y don Cárlos, nin-
gun otro medio de salvacion quedaba á los fugitivos que
el de dirigirse, como lo hicieron, á Evora. En este punto
permanecieron al~nos dias, durante los cuales vió el pri-
mero de aquellos dos príncipes deponer sucesivamente las
al'mas á todas las guarniciones de las plazas que hasta en-
tónces se le habian mantenido fieles y hasta á casi todos
los soldados con que, para su defensa personal, conta-
ba. Hostigado por todas partes; afligido; sin recursos
ya; sin medio alguno humano de evitar la activa per
secncion de las tropas de Rodil, hallábase ya don Cál'-
los en la situacion mas desesperada, cuando. en la tar-
de del 27 de mayo, se le· presentó el secretario de la
embajada inglesa en Lisboa brindándole con los medios de
embarcarse para fuera de la Península. Aceptó. el príncipe
y convino con MI'. Grant en efectuar su embarque y el de
su familia en Aldea Gallega, no sin manifestar la pena que
sentia su bondadoso corazon al verse obligado á separarse
de sus fieles servidores, entre los cuales contaba cinco ge-
nerales y al obispo de Leon.


Altamente satisfactoria para los partidarios de la reina




LIBRO SEGt'NDO. 251
fue la noticia de este desenlace dado á la cuestion portu-
guesa por las al'mas espaüolas. El gobierno, sin embargo,
vuelto en si de su primera impresion de regocijo, empezó ,IÍ
comprender que, por grande que fuese el resultado real-
mellte obtenido con la espulsion del Pretendiente, estaba
este resultado muy lejos del que en rigor habria sido posi-
ble y hasta fúcíl obtener de una victoria que, no por haber
costado poca ó ninguna sangre espaflOla, habia dejado de
causar molestias al ejército y sacrificios á la nacíon. ¡CUan-
to mejor partido, en efecto, no se habria sacado de esta vic~
toria si, desoyendo sugestiones dit'igidas á amenguar su bri~
110, yreehazando la inte¡'esada mediaeion del agente británi-
co, hubiese proseguido el general Rodil su empresa hasta
apoderarse de la persona de don Carlos! ¿Por ventura, en
el estado á que habian llegado las cosas, era esto tan difí-
cil, ni largo de consegui¡''? Pero, lo mismo en esta que en
otras mil ocasiones, la astucia domeüó la fuerza y una nota
diplomútica escrita á tiempo burló tres meses de com-
binaciones eSh'atégieas, y de las puntas mismas de las
bayonetas arrebató la realidad del tl'iunfo á un ejército
de 15,000 homhres.


Alejado don Carlos del territo¡'io de la Península bajo
la custodia y, hasta e.erto punto, bajo la responsabilidad de
una naeion que, con el objeto de pacificar esta misma Pe-
nínsula, acababa de firmar un tratado de paz y de alianza
con el gobierno de Isabel, claro es, que se simplificaba nota-
blemente la cuestion de actualidad; pero, resuelta esta,
1mbie¡'on los ministros de la reina de empezar á ocuparse, y
aun á inqllietat'se, de la cuestion del pOl'venir, pensando
que ninguna condicion se habia impuesto á don Cilrlos, I\i




252 ANALES DE ISABEL 11.
ningun empeño habia contraído este príncipe, con respecto
ásu conducta futura, al embarcarse, bajo la salvaguardia de
representante ingles, á bOI'do del navio Donegal. De aqui
las reclamaciones que, motu propio al principio, ymastarde,
á virtud de instancias de su gobierno, dil'igió al de la Gran
Bretaña el marques de ~1iratlores.


Grandes fueron la sorpresa y el disgusto de este leal y
celoso funcionario cuando, des pues de aguardar inútilmente
durante dos dias una contestacion oficial á su enérgica nota de
9 de junio, y de saber el 12 la llegada del navio Donegal á las
costas de Inglaterra, oyó de boca de lord Palmer'slOll que
las leyes de su pais le impedian tomar, con respecto al in-
fante don Cárlos, determinacion alguna que restringiese en lo '
mas mínimo la libertad de que cn el suelo bl'Ítánico gozaban
todos los individuos que á él llegaban pidiendo hospitalidad,
ó que se acogian á su pabellon. En vista de semejante uecla-
racion, hecha por aquel ministro de Negocios estrangCl'os,
ningun impedimento se puso para el descmbal'co del prín-
cipe, el cual se vel'ificó en Porthsmouth en la mañana
del 18.


Ya, desde el 13, habia llegado á este puerto el ma¡'-
ques de Miratlores, en compañia de MI', Backhouse, sub-
secretario de Estado ingles, por conducto de quien solicitó
el primero la hOUl'a de tener una entrevista particular con el
príncipe, al efecto de someterle, como representante del go-
bierno español, y en nombre de este, un proyecto de conve-
nio que, de acuerdo con lord Palmel'ston habia redactado, y de
cuya aceptacion por parte del gobierno de Madrid salia él ga-
rante, En este papel se leia «que en cambio de su promesa
»bajo palabra de honor, de no volver á ningun punto Ú pa-




LIBRO SEGUNDO. 253
»rage de España y Portugal, ni a contribuir de ningun mo-
»do directo é indirecto a perturbar la tranquilidad de aque-
»1105 reinos, se aseguraba al infante sobre el tesoro público
»)la cantidad anual de tI'einta mil libras esterlinas.» A la in-
dicacion de ~Ir. Backhouse contestó el príncipe, '<que con
»mucho gusto recibiria a bordo del Donegal al marques de
«Miraflores como particular; pero en manera alguna como
»representante de la reina;» con lo cual quedó desvanecida
toda esperanza de negociacion, y frustrado por consiguien-
te todo~proyecto de tratado.


A pesal' de la importancia que en realidad tenian, ni n-
gun influjo ostensiblemente favorable a la causa de la reina
ejercieron los sucesos de Portugal en la solucion del liti-
gio que, con las armas en la mano, sostenian en las provin-
cias vasco-navarras los })artidarios de aquel príncipe. Su
llegada á Inglaterra á bordo de un navío ingles, y cobijado
por su pabelIon; la conducta con respecto á él observada
en aquellas decisivas circunstancias por el gobierno de esta
nacion que, poco menos que como á un prisionero de guer_
ra, y previa solemne declaracion de no inquietar de nuevo
al Portugal, habia conducido á don Miguel á las costas de
Italia; la pr0teccion, en fin, mas ó menos bien disfrazada
que, en presencia y con anuencia del representante britá-.
nico lord Howard de Walden, dió el coronel Wilde al em-
barque de doscientos sesenta carlistas, en un buque que,
con dinero procedente del empeño de las alhajas de la
pl'incesa de Bcira, fletó él mismo para Hamburgo, es decir,
para la dudad mas libre de Europa, hicieron dudar á algu..
nos de la importancia que generalmente se daba al recien
concluido tratado de la cuádruple alianza. Asi fu~ que,




25.\ ANALllS DE ISABEL n.
d6svanecida aquella ilusion de un momento, deshecho a po-
06 el encanto, se vió recobrar aliento á muchos que, temero-
sos del éxito, no osáran hasta entónces declararse abierta-
mente en favor de una causa, con la cual, sin embal'go,
simpatizaban en lo intimo de su corazon.


Aunque lejos seguramente los que en este caso se ha-
llaban de constiluir en ninguna parte de España una verda-
dera mayoria, ibase, sin embargo, y por distintas causas,
acrecentando su número. Temíalos el gobierno de Madrid,
y tcmíalos tanto mas cuanto menores eran los medios que,
para impedir las sublevaciones parciales, le dejaba la nece-
sidad de atender con todos sus recursos á sofocar la insur-
rece ion de las provincias del Norte, donJe en mas de un~
ocasion tomó Zumalacárregui la iniciativa del combate. Por
una coincidencia singular, el 22 de abril, dia en que se fit'-
mó en Lóndres el tratado de la cuádruple alianza, presentó
á Quesada el gefe carlista en los bosques de Alsasua una
batalla que, sangl'ienta pal'a ambas huestes, habria sido fatal
á la de la reina, á no acudir en el momento cl'Ítico el briga-
dier Jáuregui con una columna de mil hombl'es en auxilio de
su general en gefe. Esta ci,'cunslancia alTancó a los carlis-
tas una victoria con que ya contaban; pero no fué parte á
impedir que hiciesen y se llevasen un buen numero de pri-
sioneros , y entre ellos al bizarro capitan de la guardia
real, don Leopoldo O-Donell, los cuales, en represalias
de la conducta que con los suyos se observaba, man-
dó Zumalacarregui fusilar al dia siguiente. Los esfuerzos
del general en gefe y de los que, á sus órdenes, manda-
ban las diferentes columnas de operaciones en aquellas iu-
dómitas provincias continuaban, pues, estrellándose contra




LIBRO SEGUNDO.


las audaces y bien dirigidas maniobras de Zumalacárre-
gui, y la incansable actividad de sus tenientes que, á falta
de una inteligencia consumada en el arte de la guerra, go-
zaban de un gran prestigio y ejercian mucho ascendiente
súbre bandas, ya numerosas, compuestas de los mas duros
y mas intrépidos soldados del mundo.


Tampoco, á pesar de las noticias de la espedicion de
Rodil, de la celebraeion del tratado de la cuadruplealianza,
y de la espulsiúD del Pretendiente del vecino reiM de Por-
tugal, se habia despejado el horizonte, antes bien parecia
enmarañarse cada dia mas en el bajo Aragon y en la
alta Cataluña. No es esto decir, que en ninguno de estos
puntos hubiesen hasta entónces obtenido las bandas carlis-
tas otras ventajas sobre las divisiones de la reina, que las
inherentes a la facilidad que una organizacion partict\lar,
muy parecida a la falta absoluta de ella, les daba para
trasportarse rápidamente de un punto á otro, ora ame-
nazando este, ora cayendo sobre aquel, ora reuniéndo-
se para atacar, ora dispel'sandose para huir; pero, al ver el.
aumento que progresivamente tomaban, no obstante la pel'-
secucion y las continuas derrotas que sufrian, alarmában¡¡e
y con razon los hombres sensatos y pensadores ante el
cuadro sombl'Ío que para el porveni~ pr~sentaba la, ID;;u'cha
de los acontecimientos.


Dal'oca capitulando y abriendo sus puertas á los faecio ..
sos; Calatayud, abandonada por su guarnicion, que, ~ el
gohernador de la plaza al fl'ente, corrió á refugiarse de~tl'Q
de los muros de Zaragoza; Batea vigorosamente atacada, y
el comandante militar de Horta, que a\\udió a su socorro,
batido y obligado a: retroceder; la escplta del gobernador. de




256 ANALES DE ISABEL 11.
Morella que, desde Castellon rcgresaba á este punto, sor-
prendida y por dos veces deshecha y dispersada; Gandesa
en perpétua alarma; muchos destacamentos de urbanos y
de tropa cogidos y desarmados; las barcas dc Mora de
Ebro, destinadas al paso del rio, en poder de los
carlistas; una grave fermentacion en el Maestrazgo;
les correos detenidos, y los pliegos dirigidos á las autorida-
des interceptados y abiertos; todo atestiguaba la audacia de
Carnicer, y el incremento que iba tomando su faccion. No-
ticioso de estas ocurrencias, sale de Tolosa el brigadier Bre-
ton con toda la fuerza dc que podia disponcl', y se dirige á
MOl'a, en cuyas inmediaciones se hallaba todavía el gefe
carlista al frente de 1,500 infantes y 80 caballos. Puesto en
combinacion con el general Carratalá, que opel'aba en Ca-
taluña, emprende Breton de nuevo la persecucion de los de
Carnicer, los carga en Mayans con su caballería, los acuchi-
lla, y, en denota, los obliga á pasar el Ebl'O por las barcas
de Escarpe, que justamcnte acababa de abandonar el bri-
gadier Warleta, gobernador de la plaza de Lél'ida. Despues
de esta derrota, l'egresaba Carnicer al bajo Aragon, y á me-
diados de mayo amenazaba á Lucena, con cuyos urbanos se
batia,en tanto que otras bandas, capitaneadas por el Mon-
tañes, Conesa, Garcia y Roca, recorrian el país en todas
dit'eccionesi y, en Obon, Alcaire, Ginebrosa, Cerollera y
otros puntos de su tránsito, sacaban raciones de pan, vino
y carne, y hasta exigían y recaudaban contribuciones en
metálico á la vista del cOl'onel Nogueras, que en vano, á la
cabeza de una gruesa columna, se afanaba en perseguirlos.


El coronel don Manuel de Mazarredo quc, con su regi-
miento provincial de Cuenca, perséguia al cahecilla Bayod,




LmRO SEGUNDO. 257
logró alcanzarlo en las inmediaciones de Aguaviva, y, ma-
tándole cincuenta hombres, haciéndole algunos prisioneros
y apoderándose de sus bagages y de algunos fusiles, acabó
con una de las gavillas, cuyas correria~ asolaban por entón-
ces el partido de Alcañiz.


En Cataluña era tanto tambien el incremento que iban
tomando las bandas carlistas, y tanta la audacia que mos-
traban, que fué menester que el capitan general del Princi-
pado saliese en persona á dirigir su persecucion. Las fac-
ciones reunidas del Ros de Eroles, Tristany, Llarch de Co-
pons y el albeitar de Biosca, acosadas por Llauder y sus
tenientes los bl'igadieres Magrat y Colubi y el coronel Chur-
ruca, y detenidos en su marcha por el gobernador de Léri-
da, que, desde este punto, se habia adelantado muy opor-
tunamente por Balaguer hasta Comarasa y Val domar , tu-
vieron que pasar el Segre por los vados de Tiurana, y que
dirigirse en retil'ada a los pueblos de Mirabé y San Climent,
situados como á una legua de Solsona. Por la parte de Ber-
ga, al mismo tiempo, Boquica y los suyos fatigaban á las
tropas destinadas á su persecucion , y otras bandas menos
importantes entretenían y molestaban á los comandantes de
armas y urbanos de Eflpal'raguera, Igualada, Santa Colo-
ma de QueraIt, Barbará y Puente de Armentera. Por la par-
te de Tortosa, aparecian tambien algunas gavillas que, aun-
qu_e poco numerosas aun, empezaban ya á inspirar recelos,
en atencion sobl'e todo á lo desguarnecido de tropas que,
para emprender y continuar la persecucion de las bandas
de la alta Cataluña, dejó el general Llauder toda la parte
baja del Principado.


Un batallon faccioso que, de 6.° de Navarra 'que era
TOMO l. 17




258 ANAU;S HE ISAIIEL IJ.
al principio, se había trasformado cn 1.0 de AI'agoll, recor-
ria, al mando ¡le! cabecilla Saperez (Caragol), toda la parte
alta de este reino, }, dandose, pOI' el valle dc\lena, la mano
con los batallones naval'l'os de Eraso y Sagaslibelza, inspi-
raba pOl'un momento seI'ios lemOl'es al cOI'ollel Andriani, go-
bernadol' de Jaca, Perseguido, sin embargo, y alcanzado pOI'
el coronel del Real, y el teniente cOI'onel Zavala en las in-
mediaciones de Hecho y Jabierregay, hubo de dispersarse
aquella gente, pasando parle de ella á Navarra, parte refu-
giándose en Francia, y parlc, en fin, corriéndose á Catalu-
ña. De este númel'o fué C:uagol.


Por el mismo tiempo, el cma Merino, reclutando gen-
te, se corria por las provincias de Burgos y Palencia, don-
de provocaba ó favorecia el levantamiento de pequeñas ban-
das; Carrasco y Lobito continuaban vagando sin hacer pl'O-
gresos, pero burlando la persecucion de las t1'opas en los
montes de Toledo; Baeva y el Locho terriblemenle acosa-
dos en la ~Iancha, penetraban por el valle de la Alcudia
en término de Córdoba, desde donde, cogido y fusilado el
primel'o, se pasaha el segundo a la provincia de Badajoz,
infestada ya, lo mismo que la de Cáccres, por las bandas
de los Cuestas; y, en tanto que, en Galicia el cabecilla Lo-
pez, y en AstUl'ias Baiña y Sanchez, fatigaban á las tropas
leales encargadas de perseguirlos, en la provincia de San-
tander quedaban illlJlunes las cOl'l'erÍas de Villalobos, y fué


< menester que se rcunie;,;en á la tl'opa de línea un destaca-
, ¡nento de carabineros y la tl'ipulacion de llll ¡mque con su


artillel'Ía para ahuyental' á Castor que, hloqueallllo á Cas-
tro-Urdiales, le intimaba la rendicion.


A todo esto, en Madl'id, la espectacion pública, vivamen-




LffiRO SEGUNDO. 259
te escitada por las noticias contradictorias que á cada ins-
tante llegaban del estado de las provincias, se halagaba con
la perspectiva de la reunion de Cortes, convocadas, por de-
creto es pedido en Aranjuez el dia 20 de mayo, para el 24
de julio. Discutiendo y comentando á su manera las dispo-
siciones del Estatuto lleal, cada cual se creia con derecho
á intel'pretar, en el sentido de sus opiniones ó de sus deseos,
las cláusulas escritas, las tendencias apuntadas, y hasta el
profundo silencio, cuerda y cautelosamente guardado sobre
ciertos puntos en la redaccion de aquel documento. En el
juicio que de él se formó, hubo, como siempre sucede, mu-
chas y encontradas opiniones; pero la general le fué I'eco-
nocidamente favorable.


En su deseo de desacreditarlo, no faltó. sin embargo,
una faccion que, fiel á las tradiciones de un pasado que na-
da á la verdad tenia de deslumbrador, y soñando tiempo
hacia en el restablecimiento del código político de 1812, se
complacia en proclamar por todas partes la insignificancia
del que á los españoles se acababa de dar. Hablando así,
mostraban altamente aquellos hombres el poco conocimien-
to que tenian de la situacion de su pais, y el poco cargo
que se hacian de sus verdaderas necesidades, entre las cua-
les figuraba sin duda alguna, como harto mas apremiante,
la paz que deseaban darle los que á la sazon regian los des_
tinos de España, que la libertad que, en engañosa perspec-
tiva, le ofrecian los partidarios de un sistema con tan mal
éxito ensayado ya por dos veces en esta pobre nacíon.


Poco á la mayor parte de ellos importaban en definitiva
ni los adelantos administrativos, ni la proteccion de los in-
tereses materiales. Suspirando de día y de noche por el ré-




.~NALES DE ISABEL 11.


gimen político, que era el único que en realidad podia ase-
gurar algunas ventajas á hombres ligados por tan pocos la-
zos al pais que los vió nacer , insistian en la necesidad de
Un cambio político, á favor solo del cual esperaban llegar á
á los empleos, y nada les importaba la ruina del pais , COn
tal de poder ellos quedar de pie entre sus escombros. En
la perspectiva de una I'f'volucion social, quel'ian precipitar
al pais en una revolucion política, como si fuera posible la
primera sin la cooperacion de las masas: como si en Espa-
ña tuviese el pueblo, como en Francia á fines del siglo ante-
rior, que vengarse dc la aristocra.cia: como si, entre noso-
tros quedase ya esta, despues de habel' perdido en 1808
todas sus inmunidades y prerogativas. La l'evolucion fran-
cesa trastornó la propiedad, anuló el intlujo de las clases
privilegiadas y elevó la clase media sobre las ruinas de la
aristocracia antigua. Entre nosotros, despojado ya el clero
d~ sus riquezas, y la nobleza de sus privilegios; elevada
desde luego la clase media á la altura de las demas; acaba-
das las distinciones, ¿á qué se aspiraba? ¿á qué se podia as-
piral'? Un sistema político que, dando por de pronto aJas a
los vocingleros, comprometiese indefinidamente los intere-
ses existentes, era un mal de que por necesidad habian de
amentarse cuantos tuviesen algo que perder, es decir, la
parte de la nacion mas útil á todo gobierno de órden, como
que por interes propio se hallaba identificada con él. Los
que, so pretesto de que era menester satisfacer á las exigeu-
cias de la opinion , pedían para el pueblo mas de lo que el
Estatuto les concedia, pedian la realizacion, imposible en la
práctica, de un principio administrativamente absurdo; pues
¿cómo poner en planta en un día todas las mejol'as de que




LIBRO SEGUNDO. 261
durante siglos habian estado privados los pueblos? El Esta-
tuto Real, asi pOI' su espíritu como por su contesto, lo mis-
mo por lo que paladinamente decia que por lo que muy
oportunamente callaba, aparecia , en fin , á los ojos de la
mayol'ia de los españoles, como cl término medio mas pru-
dente f¡ue, en aquellas indecisas y azarosas circunstancias,
que, en aquella época de transicion y ansiedad, podia adop-
tarse para conciliar el disfrute de una libertad racional que.
con tanto empeño como derecho, pedia la nacion entera, con
las garantías de órden que, pum promover la pl'(JSp~ridad
general necesitaballlos encal'¡wdos deesta imporlante misiono
Conciliando, pues, los deseos y los intereses del pais con
los medios de satisfacer aquellos y de fomentar estos, el
nuevo código político daba al poder la mayor latitud posi-
ble para hacer el bien; al pueblo toda la necesaria para im-
pedir, ó a lo menos para denuncial' el mal, y á uno y á otro
todas las garantías que de desear eran para el afianzamien-
to del órden público, !)l'imer elemento de ventura y de
prosperidad. Fijando, en fin , los linderos de la libertad y
de la licencia, el Estatuto l1'azaba cIara y distintamente una
linea divisoria entre el uso legal del poder y el abuso de la
autoridad.


No era posible desconocer la lealtad de los deseos que,
aunque impotentes por lo visto para atajar desde luego
los progresos que en ciertas provincias iba haciendo el
cancel' de la guel'ra civil, mostraba, sin embargo, elgobier-
no por restablecer en toda la Península el imperio de las
leyes, esplotando en beneficio del órden el buen efecto ge-
neralmente producido por la publicacion del Estatuto. Real,
y empleando ademas alternativa, sucesiva ó simultanea-




262 AN ALES DE ISABEL n.
mente, segun las circunstancias, cuantos medios estaban á
su alcance para mejorar la situacion. Por conseguirlo, pro-
digaba recompensas á los que le servían, hacia concesio-
nes á los que le hostilizaban, predicaba la paz y la concor-
dia, fulminaba anatemas contra algunos, imponía á otros
sevel'Ísimos castigos y dejaba entrever á todos la esperanza
de que, en el ó¡'den legislativo, se hiciesen refol'mas de no
menor importancia que las que recientemente habian em-
pezado á introducirse en la administracion del Estado. Asi,
se vió en. las gacetas de aquel tiempo un decreto (de 21 de
abril) en que, dando gracias al ejercito por su comporta-
miento en la campaña que desgraciadamente seguia abierta
contra los partidarios del régimen absoluto y del resLable-,
cimiento de la Inquisicion, se rebajaba un aúo de :servicio
á todo", los individuos de tropa, estimulando por este me-
dio el celo flue á pOl'fill manifestaban gefes y soldados por
acabar COIl las facciones; otro (del 22 del mismo mes), en
que se encargaba á una junta nombl'ada ad ¡toe el arr'eglo
del clero; otro (dd 26), concediendo amnistia plena y com-
pleta ú todos los individuos que hubiesen formado parte de
sociedadcs secl'etas; otl'O (del 25 de mayo), disponiendo la
forma en que se habian de verificar las. elecciones de pro-
curado¡'es á Cortes; varias reales órdenes señalando pen-
siones á viudas y huel'fanos de defensores de la reina, so-
bee las tempol'alidades ocupadas á eclesiásticos inflden-
tes; tres decretos (de 31 dc mayo, 4 Y 16 de junio), nom-
J;¡rando comisiones eneal'gadas de l'evisal' el.código Civil,
de indicar las l'cformas que en el dc Comercio convenia
hace¡', de fOL'ma!' Ul)O de epjuiciamientos, y de establecer,
p~l' medio de un al'ance! general, los derechos debidos á 105 .




LIBRO SEGCXDO. 263
curiales; otros, confidenclo la dignidad de Prócer del' rei-
no á ochenta y siete arzobispos, ohispos, generales, ex-mi-
nistros, etc" etc., y dedal'arlllo inherente á esta dignidad el
tratamiento de escelencia; 011'0 ~de 21 del mismo mayo),
nombrando una comision para l'erlactar un proyecto de ley
sobI'e responsabilidad de los jueces; varios, en fin, eviden-
lemente dirigidos ú captarse, á favor de beneficios reales,
ó á tl'Ueque de promesas esplíeitas, la voluntad y el apoyo
de todas las clases de la sociedad,


Pero 110 bastaban para lleval' á cabo este propósito los
mas violclllos al'l'anque,; ¡JI' un patl'jóti/W deseo; necesi-
tábase ademas un conocimirnl0 pl'afundo de las verdadel'as
necesidades del pais, un [S1'an tacto en la aplicacion del
modo de remediarlas, y entre otras muchas cosas, en fin,
la mas enérgica constancia para hlchar cont1'3 los obstácu-
los sin cuento (Iue trámites ['utinarios, sancionados por una
larga é il'/'eflexiva eostumbrr, oponian á la realizacion de
las mejores y mas provechosas illnovaciones. En el ramo
de Hacienda, uno justamente de los que mas impulso ne-
cesilaban, es dOJl(le lila" fJue en ninguno otro se dejaba
sentir la falla de accion ncces;:llia pal'a contl'UI'eslal' á lo
menos, ya que no para conjunu' completamente cldgor de
la situaeion, Hombl'e de hien, entendido y laborioso, Imaz,
(Iueencil'cunstancias nOI'males habria sillo, á no dudarlo, un
escelente ministI'o de Hacienda, cai'ecia de la ener'gia de
eal'ácter y de los recursos dc imaginaeion que, en aquellos
momentos difíciles, era indispensable poseeI' para sobrellevar
una carga tan pesada,


A hacerla mas abrumadora vinieron todavía las declara-
CÍ4}nes de la junta designada por decreto de 3 de abril para




ANALES DE ISABEL n.


examinar las proposiciones presentadas por diferentes casas
de comercio nacionales y estrangel'as, al efecto de cubrir un
empl'éstito de 200 millones, sacado á licitacion por el go-
bierno. La junta evacuó su informe declarando que tales pro-
posicioncs , «si bien mas ventajosas que las admitidas
)'en los empréstito.l' !tecItos por el gobierno espaiíol de
»muc/¡os altOS á esta parte, no eran, sin embargo, corres-
»pondientes al estado act¿tal del C\'Mito, á la subida de los
»fondos públicos en el mercado nacional y en el estl'angero,
»y al aspecto que afortunadamente presentaba la situacion
»política de la monar'quía.» A esta opinion, cOlToborada por
la del Consejo de Gobierno que, consultado lambien sobre
este punto, opinó, no ser admisibles aquellas proposiciones
ya «por envolver algunas de ellas disposiciones y medidas
»Iegislativas, cuya l'esolu9ion no podia intental'se sin madu-
»I'o.detenimiento, y como por via de incidencia;» ya por
razones análogas ar1'Íba expuestas por la citada junta; tuvo
de bueno ú de mal grado que conformarse el Consejo. de
)1inistros, declarando l'elmsal' tuma/' sobre si la yrave
respoYlsabilidád, t¡ue delegó á las COI'les, de resolver la
cues{iolt del reconocimiento de los empréstitos de 1820,
21 Y 22: previo é indispensable requisito que, para la cele-
bracion de todo nuevo contrato de empréstito, imponian al
gobiel'llo español los autores de las proposiciones, y única
verdadera causa de la no aceptacion de estas.


Tal era, sin embargo, el apuro de la situacion que, tl'es
semanas despues de publicarse en la gaceta de 16 de mayo
esta solemne y motivada declaraeíon, se firmaba en Par'is (el
dia 7 de junio) por don Antonio Gonzalez Allende, comisio-
nado al efecto, en casa y presencia del embajador de Espa-




LIBRO SEGUNDO. 265
ña, un anticipo de quince millones de francos, destinados al
pago del semestre de intereses de la deuda pública, que ven·
cia el 1.0 de julio (1).


Como fluiera que sea, la posicion del ministro de Ha-
cienda era intolerable ya, y en vista de la imposibilidad de
hacer frente con solo los recursos ordinal'ios á las inmensas
atenciones que sobre él pesaban, hubo don José de Imaz de
renunciar al cargo que ejercia, y el cual, en el dia mismo
(18 de junio), fué llamado á desempeñar el conde de Toreno.


El alto y bien merecido concepto de hacendista que go-
zilba este personage, sus antccedcntes políticos, sus cone-
xiones con los hombres mas notables de todas las faccio-
nes del partido libel'al, y mas que todo la favorable opinion
que generalmente se tenia de su inteligente actividad, rea-
nimaron por de pI'onto muchas amortiguadas espel'anzas, y
convirtieron en partidarios del gobierno á buen número de
Ilusos y descontentos que, con mas Ó menos furor, le hacian
públicamente, por medio de la pl'ensa, hostilidade& concer-
tadas en el secreto de los clubs. La enh'ada de Toreno en
el Consejo de Ministros dió, desde luego, pues, mas unidad
á las deliberaciones y mas lH'estigio á los actos del gobierno.


Es tle advel,tir que en este ticmpo Cuevillas, Basilio Gar-
cia, Merino, Carranza v oh'os cabecillas de ménos monta,
lanzados pocos dias antes pOI' el gcneral CÓI'dova de los
pinares de las sierras de Burgos, eran objeto de la mas vi-
va persecucion que, desde su regl'eso de Portugal, habian
teniclo que sufril'. Estendiendo sus correrías por el terl'Íto-
río situado entre la orilla derecha del Ebro y la izquierda
del rio Jalon, y bastante fuertes para embestir y tomar


(1) Apéndice número 7.




266 ANALES DE ISADEL 11.
cualquiera poblacion subalterna de las comprendidas en los
limites de aquella demareacion, no se sentian, sin embargo,
con aliento para hacer fl'ente á las columnas de la reina.
Asi es quc, des pues de ocupar el 6 de julio con una fuerza
de cerca de 1,000 hombres el SueHas-Cabras, de llenar de
terror y obligar el ponel'se sobre las armas á los Ul'banos de
Agueda, Aguilar del Rio, .\lhama y Cervera, y de eutrar y
exigir víveres en varias de estas poblaciones, corrian aguijo-
ncados por las columnas de Albuin, Obregon y Cistué, y
sin tomar apenas el tiempo necesario para descansal' en
Trábago, continuaban su marcha por Barovia, Cil'ia, Torl'ela-
paja, Deza y BordaHa, desde donde se encaminaban á Mon-
teagudo, con la idea sin duda de ganar la vecina sierra.
Asi lo hicieí'on, en efecto, las bandas de Mel'ino y de Car-
ranza, en tanto que, con las de su mando, se dirigian Cue-
villas y don Basilio el Huel'ta, Aleouchcl y Judes, donde,
alcanzados y atacados por los cOl'oneles Ohrégon y Cistué,
hubiet'on de sostener COIl ellos una sangl'icnta rcfl'iega. Ra-
tidos, internell'OIlSe los dos gefes carlistas en la vccina sier-
ra, por cuyas asperezas se descolgal'on á Celina. Acto
continuo, I'cpasaron el l'io Jalon por las inmediaciones
de estc último punto, empl'cndieron su marcha por Villar-
luengo, Aranda y Calccna, y, no sin dejar muchos reza-
gados pOI' a(l"cllos. caminos, entraron en Tabuena, en la
mañana del 12. A pesa!' de los peligros á que la incesante
persecucion de las t\'Opas de la reina esponia á los carlis-
tas donde quiCl'a que se detenian, rendidos, hamJJl'ientos y
estenuados, hubieron estos de lomar en aquel punto algu-
nas horas de descanso. A las cinco de la tarde del mismo
dia estaban en Fuente-Jalon, y desde allí, despues de pa-




UBRO SEGlJNDO. 267
sal' el puente del canal no lejos del pueblo de Cortes, em-
prendieron su ruta con direccion al de Buñuel, por cuyas
inmediaciones vadearon el Ebro aquella misma noche.


Esto sucedia á los pocos di as del nombramiento del
conde de Toreno pal'a el ministerio de Hacienda, y del de
Rodil para virey de Navarra y genel'al en gefe del ejército
del Norte, á cuyas filas marchaban á incorporarse todas las
tropas re cien regresadas de la breve, pero gloriosa campaña
de Portugal. Con el objeto de estimular el ardor de estos
soldados, asistió la Reina Gobernadora á una revista que
con ATan aparato Ics pasó el ministro de la Gucl'l'a en los
campos de Alcorcon, desde donde salió poco menos que en
posta este cuerpo de ejército con dircccion á las provincias
del NOI,te, teatro futuro de süs operaciones ..


Estas. medidas del gobicrno reanimaron el espíritu pú-
blico é hicieroncl'eel' a muchos que estaba próximo el dia
de la pacificacion de la Península, y de In realizacion de los
patrióticos deseos de los que, en esta pacificacion, veian el
término de todos los males y el principio de una era de fe-
licidad garantida pOI' el Estatuto Real y la celebracion de
Cortes que, con al'reglo á lo dispuesto pOI' él, no debian
tardar en congregarse,


Pel'o en las paginas eternas del libro del desiino estaba
sin duda escrito que aun no había llegado para España
aquel venturoso instante, y que eran prematuras, cuando
no infundadas, las esperanzas y In alegría de todos los es-
pañoll's vel'datlcI'amente amantes dc su pais. En el momen-
to mismo en que, en el pueblo de Mendavia, recibia Rodil
de manos eJe Quesada el mando en gefe del ejército del Nor-
te, 'yen que,gracias al numeroso refuerzo de tropa~ fine




268 ANALES DE ISABEL 11.
con él acababa de llegar á las provincias vasco-navart'as,
empezaba, ó á lo ménos se disponia aquel general á dat'
mayor ensanche y mas vigoroso impulso á las operaciones
militares; en el momento en que el gobierno de Madrid,
merced á la confianza de que veia animada á la mayoría de
la nacion, y de que pal'ticipaba completamente él, se lison-
geaba con la idea de acabar con las facciones, y de conso-
lidar sobre robustos cimientos el órden y la paz pública,
ocurrieron simultáneamente en las provincias del Norte y en
Madl'id dos acontecimientos deplorables por el cúmulo de
desgracias que trajeron en pos. Estos dos acontecimien-
tos que, aunque de distinta índole, pI'odujet'on resultados
que no dejaban de tener entre si cierta fatal analogía, neu-
tralizaron por de pronto todos los esfuerzos de los hombres
del poder y desvanecieron como hUlllo de paja las esperan-
zas de la nacion.


El dia 11 de julio, es decir, dos dias antes de la entl'a-
da forzosa de Cuevi\las y Basilio en el territorio navarro,
y dos des pues de la toma de posesion de Rodil del mando
en gefe del ejército, se l}l'eSenló á Zumalacárl'egui en Eula-
te, don ~liguel Antonio Legarra, abad de Lecumbel'l'i, con
un billete firmado Cárlos. En este papel, despues de
recomendarle el mayor sigilo, se encargaba á Zumalacárre-
gui se hallase al dia siguiente en Urdax; y, al dia siguiente,
en efecto, bien que la fecha del billete fuese algo atrasada,
y larga la distancia qlle para encontrarse em menester re-
correr, hallábanse reunidos en Elizondo don Cárlos y Zu-
malacárregui, a quien en el acto de su presentacion, nombró
el primero teniente general, y gefe de su estado mayor.


Grande fué el gozo que, al recibir esta doble merced,




LIBRO SEGUNDO. 269
sintió el caudillo navarro, y grande la efusion con que, do
blando la rodilla, besó la mano del príncipe, á quien ya, en
las provincias del Norte, proclamaban rey de España mu···
chos miles de soldados.


Pero, no creyéndose en seguridad en Elizondo, punto
que su importancia misma hacia en estremo peligroso, tras-
ladáronse don Cárlos y su gefe de estado mayol' ti Irurita,
y, por el valle de Bastan, salvando el puerto de Belate y
cruzando el valle de Ulzama, llegaron a Beunza; desde don-
de, tomando inmediatamente el camino que conduce al va-
l/e de Araquil y á la Borunda, se dirigicron dcspues á las
Amezcoas. AIli, impaciente ZumalacaITegui de dar princi-
pio a las operaciones de la guerra, se despidió de don Cál'-
los, confiando su custodia á don Francisco Benito Eraso,
comandante en segundo lugar de la division carlista de Na-
varra.


. En efecto, con la llegada de Rodil á las provincias del
Norte; con la publicacion de su enérgica proclama á las tro-
pas carlistas, amenazando con todo el rigor de las leyes á
cuantos, acto contínuo, 110 depusiesen las al'mas, y de su ban-
do prohibiendo bajo penas severas la inll'oduccion y circu-
lacion de vino, aguardiente, aceile, granos, y toda clase de
líquidos, comestibles y dl'ogas en el territorio ocupado por
los rebeldes; con la adopcion, en fin, de aquellas medidas
que mas conducentes parecian para acabar con ellos, coin-
cidió la aparicion en Navarra del Pretendiente a la co-
rona de España, que, burlando la vigilancia de los agentes
del gobierno ingles y de la embajada de España en Lóndres,
de la policia francesa, y de las autoridades españolas de la
frontera, logró fugarse de su residencia de Kensington Gar-




27() ANALES DE ISABEL n.
deus y, atravesando de punta á punta el territorio frances,
salvar el Pirineo y encontrarse al frente de su ejél'cito, an-
tes de que ni en París, ni en Madrid, ni en Lóndres (como
no fuese en casa del marques de Miraflol'es, donde hacia
poco que se habia recibido) tuviese nadie la primera noticia,
ni aun la mas remota sospecha de su salida de Inglaterra.
Acompañóle en este viage un frances llamauo Auguet de
Saint Silvain, á quien, á su llegada á España, condecoró el
príncipé con el titulo de baron de los Valles y con el grado
de brigadiel'. Mucho tiempo estuvieron el .geneI'al Hodil, el
marqués de )1il'allores, y el gobierno de Madrid, sin volver
de la sorpresa que, al oirla por primera vez, les causara
la noticia de· un hecho que basta por inverosímil tenian.
Cedienuo, empero, por fin, a la evidencia, fuerza les fue,
ya que era tarde para conjurar el mal, combinal' á lo me-
nos todos sus esfuel'Zos para ver de remediarlo , Rodil
emprendiendo enérgica é inmediatamente la persecucion
de don Carlos; Miraflores solicitando de los gobiernos de
Francia é Inglaterl'a la ampliacion de las cláusulas ter-
cera y cuarta del tratado de 21 de nhril, consigna-
da en un proyecto de al'ticulos adicionales, que pl'esentó, y
logró hacer aceptar á las potencias fil'mantes de aquel tra-
tado; el gobierno de Madrid, en fin, adoptando cuantas me-
didas cI'eyó conducentes a neutralizar el mal efecto que en
el público no podia menos de producir la confirmacion de
aquel inesperado contratiempo.


Contratiempo sí, de mucha mas trascendencia que laque
en general se le supuso al principio, era, en efecto, la pl'e-
sencia de don Carlos en las pI'ovincias del Norte. Reani-
mando ella desde luego el valor de sus habitantes, di-




LIBRO SEGUNDO. 271
sipó en breve la vivísima inquietud en que, por un instante,
los tuvo la noticia elc la llegada de Rodil al [['ente dc un
nuevo ejercito, de que se complacía la voz pública en exa-
gerar hasta la estravagancia el número de soldados. Como
quiera que sea, la incorporacion de estas tropas al ejército
destinado á combatíl' conh'a los partidal'ios del príncipe á
quien acababan ellas de lanzar del reino vecino, huLiel'a po-
dido en otras circunstancias contribuir poderosamente á la
destruccion definitiva de las huestes vasco-navarras, cuya
audacia ~1abia castigado en aquellos últimos dias el genel'al
Espartero.


Destruidas estas, nada habria sido en seguida mas fácil
que aniquilar las casteHanas (le Merino, Cuevillas, Basilio
García cte. á quienes cl genel'al Córdova, reeien llegado de
la espedicion de Portugal, y los coroneles Albuin, Obregon
y Cistue obligaron pocos dias antes á guarecel'se en los pi-
nares de la siena de Soria y á I'epasar el Ebro, dejando
por consiguiente libre dc cnemigos la orilla derecha de
cslerio.


Del 15 al lG de julio, eJllp(~zó Ú cundir por Madl'id la
noticia de la enlmda de don Carlos en Espaiía y de la apa-
ricion al frente de su ejército en las pl'Ovincias del Norte;
hecho quc el gobierno, con mas ó menos buena fe, recataba
y hasta se esfol'zaba por desmentít,. Con la llegada á )ladI'id
de esta noticia, cuyo simple y primcr anuncio habia causa-
elo en los ánimos una impresion indecible de sorpresa y de
ansiedad, coincidió la divulgacion de otra calamidad, toda-
via mas grave, ocunida en el seno mismo de la capital, y
de cuya existencia, á pesar de las declaraciones y seguri-
dades del gobierno, daban tristisimo é irrecusable testimo




272 ANALES DE ISABEL 11.


nio los montones de cadáveres hacinados en los hospitales
y conducidos á granel en carros, por no se¡' posible otra
cosa, á su última morada.


El cólera morbo, ese terrible azote que, desde las pla-
yas indicas venia señalando su caprichoso rumbo con
largo rastro de luto y horfandad, desplegaba por aquellos
dias sus negras alas sobre la capital de la monarquía es-
pañola, y arrebataba víctimas sin cuento á todas las cla-
ses de su consternada poblacion. Obstinado en su pro-
pósito, que sería dificil dejar de calificar de absurdo y de
antipolítico, afanábasc el gobie¡'no por recata¡' lo que
todos desgraciadamente veian y lamentaban, y, oficial y ex-
tra-oficialmente, negaba imperturbable la horrorosa eviden-
cia de los hechos. ¿Cómo era posible que, en medio de
la indecision y el espanto, de la sorpresa y la congoja, del
disgusto y la agitacion que, por distintos conceptos ocasio-
naba en "Iadrid la importancia de los acontecimientos unida
á la injustificable conducta del gobierno, cómo era posible
digo, que en tales circunstancias no se echase á la calle en
busca de desórden y botin, esa hez del género humano que
en su seno encienan siempre las gl'audes poblacioües, esa
turba de perdidos que , no conociendo mas oficio ni ejer-
ciendo otra profesion que la de hacer la guerra á la socie-
dad, son enemigos natos del gobierno, encargado de vela¡'
sobre los intereses de todas aquellas clases, que tienen al-
guno que defender? El gobierno, publicando lo que, con res-
pecto á la intensidad y á los estragos del cólera, sabia él y no
ignoraba nadie, habria, en vez de alarmado la poblacion, co-
mo infundadamente lo temía, tranquilizado los ánimos, ital
vez, quitando á los díscolos el pretesto de que para turba¡' el




LIBRO SEGUXDO, 273
órden se valieron, evitado las horribles escenas de qne, en
los dias 17 y 18 de julio, fué testigo la capital.


Por avisos confidenciales, sahlase tiempo hacia ya en
las oficinas de la superintendencia gcnel'al de policía que
los enemigos del órden tI'ahajaban con empeño pOI' exaltar
lOS ánimos en coutra del gobie1'll0, ron la mira I lH'obable-
mente, de obligarle á eehar mano de medidas violentas
que, tachadas de al'!lit!'al'ias, amenguasen su prestigio y
comprometiesen su poder,


Esplotando tan hábil como despiadadamente la siluaeion
en que tenían ti Madrid los pl'Ogresos de un mal, cuya exis-
tencia, palpable pal'a todo el mundo, continuaba el gobier-
no negando obstinadamente, hicieron los enemigos del órden
cundir la voz de que, en las plazas y en'las fuentes públicas,
se habia visto á personas, á quienes se designaba, y algu-
nas de las cuales fueron víctimas de esta infundada imputa-
cion, envenenal' el agua y los alimentos, En su deseo de
dar á la cuestion un carácter todavía mas gl'ave , rienda
suelta á sus odios, y pI'etesto á sus venganzas, esparcieron
por Madrid algunos de los mas exaltados de aquellos hom-
bres la voz de que estos envenenamientos eran obra de los
carlistas, é instigacion de los frailes, á quienes se supo-
nia interesados en impedir, por cualquier medio que fuese,
la reunion de las Cortes, para cuya apertura estaba señala-
do el dia 24, A esta noticia, aunque á primera vista absur-
da, se conmovió la policía y se consternaron las clases aco-
modadas y naturalmente pacificas del vecindal'io de la ca-
pital, en tanto que, ti reforzar á los fautores del desórden,
acudian de los barrios bajos grupos de gentes, y entre ellos
muchos urbanos que, ora de buena fe diesen crédito á


TOMO 1. 18




274 A~ALES DE ISABEL 11.
rumoresmalicw...amente propalados, ora se sintiesen estimu-
lados por compl~misos anteriores ó por seCl>etas simpatías,
recorrian arma@s las calles exhalando gritos de alarma,
y tomaban una actitud que parecía amenazadora.


El general don José Marlinez de San Mal>lin que, al
cargo de supel'intendente de policía, reunia en aquellos mo,.
mentos el de capitan genel'al de Castilla la Nueva, delegó á
la autoridad administrativa el pl'imero de estos cargos, y,
echando mano del poder {lue le daba el segundo, adopto, en
la mañana del 17 , algunas disposiciones militares dirigidas
á establecel> el órden, cuya súbita altel'acioll no podia me-
nos de aumentar el espanto y el desconsuelo que reinaban
en la, capital. Encruelecióse, aquel dia y al dia siguiente, el
riguroso azote que la afligia, y por centenares se contaban
sus víctimas, sin que hubiese médicos ni clérigos que basta-
sen á dar los auxilios del arte y de la religion á los enfermos.
ni carros para conducir, ni sepultureros para entenar los
cadáv:eres, que en número considerable se veian depositados
en las puel'tas de las casas y aun en medio de las calles.


En el estado de exaltacion en que se hallaban los ánk
mos de los unos, en el.deahatimiento en que hahian caido los
de los otros, y en el de dislocacion á que, por una malcalcu'"
lada e: injpstificable lolemllcia, ó por una deplorahle apatía,
habian llegado 13s cosas, fueron impotentes todos los es-
fuerzos de las autol'idades, asi civiles como militares, á im-
pedir los desmanes de los revoltosos que se habian PI'O,..,
puesto esplotar aquella crítica situacion. ApI'ovcchando la
primera coyuntura que para,ello se les presentó, asociá-
r{)nse algunos de aquellos sublevados á los grupos de gente
que, acalorada ya con la idea de los envenenamientos de




uono SEGUNDO. 275
que se ha~laba, prorumpia en gritos. de espanto y de iIt'-
dignacio» al ver salir de la pal'l'oquia de San Millan un car-
ro cargado de cadáveres. Agrcgóse á esta circunstancia la
de hallarse en las inmediaciones de la iglesia, d6 San Isidro
un sargento de ex-voluntarios realistas que, entre oll'as co-
sas, decia en voz alta, que era menester matar y aL'abar con
los urbanos; lo cual, oido pOI' uno de estos, rué bastante
para que, reuniéndose val'ios, 10 acometies(;\l y obligasen: á,
huir. Perseguido por los urbanos refugióse el ex-realista en
la iglesia de San Isidro, cuya puerta se cenó tras él. Espál'-
cese, en csto, cntre la turba, cuyo furor CJ'eeia por mo--
mentos, la especie de flue aquel hombre era un emisario de'
los jesuitas, á quienes, lo mismo que a los demas religiosos,
se seguia imputando el envenenamiento de las fuentes; y,
tomando algunos urbanos la deplorable iniciativa de tan-
escandalosa agresion, se introducen en el edificio que ser-
via de colegio a los jesuitas, y degüellan sin piedad á cuan-
tos de estos religiosos pueden haber a las manos.


A la noticia de tales sucesos, acudieron al teatro dé
ellos el capitan general, el gefe civil y el corregidor de
Madrid, y á poco un escuadron de milicianos de caballería
mandado pOl' 6\ marques de Casa-Il'ujo. Desde la iglesia',
que es por donde entraron aquellas autoridades, penetró el
capitan general en el edificio invadido por los revoltosos, y
ahuyentándolos con su presencia, logró salvar la vida á
algunos religiosos que, sobl'ecogidos con la idea de la suerte
que habia cabido á sus infelices compañeros, y temblando
por la suya, se habian refugiado en una capilla que afortu-
nadamente no llegaron á descubrir los asesinos.


Calmado á duras penas aquel sangriento tumulto, S\l-




276 ANALES DE IS.\Bf:L n.
pose que estaban á punto de estallar otros del mismo gé-
nero en los conventos de Santo Tomas, San Francisco el
Grande y la Múced. Dirigióse el capitan gencl'al al prime-
ro de estos puntos; mas llegó lambien tarde para impedir la
sacrílega reproduccioll de la s escenas de que acababa el
colegio imperial de ser testigo. Los l;evoltosos, antes de
que se presentase alli la autoridad, habian tomado la fuga,
dejando como im~cusable te~limonio de su paso por aque-
llos sitios varios cadáveres ele frailes tendidos pOI' los
claustros, las celdas y hasta la igle~ia del cOllvento. Todo
esto se vel'ificó en poros instantes, ~in que fuese posible
prender á uno siquiera de los autol'es ú perpeh'adores del
crimen.


Dejando la guarda de este convento confiada al duque
de Abrantes, encaminóse inmediatamente San Martin al
ministerio de lo Intel'iOl' (hajo este nombre se designaba
desde mediados de mayo el :mles llamado de Fomento), con
el objeto de dar parte de lo ocurrido á las autoridades ci-
viles y municipales congL'egadas en aquel recinto. SabedOl',
al enh'al' en él, dc que csecnas ~ernejalltes á las antel'ior-
mentc rcfcridas cstaban tcniendo lugar en San Francisco y
la Merced, envió San Martin al primero de estos puntos
al tenientc de rcy con alguna fuerza que pudo reunir, y
órdcn de apoyal' con ella al batallo n de la Princesa que,
acuartelado en aquellas iumediaciones, estaba encargado de
la defensa del convento y tic la conservacion del órden en
todo el banio. A la Mel'ced, que se hallaba cn el mismo pe·
ligro, mandó al mariscal de campo don Vicente Minio con
el regimiento de coraceros de la guardia real, de que era
COronel, recomendándole tomase las medidas mas imél'gi-




LlDllO S.EliL'íJ)O, 277
cas pam impetlil' Ó atajar el desól'llen, y castigal' con todo
el rigol' de la ley tÍ los(!ue lo pl'omoviesen Ó fomentasen, Mas
como, á pesar de csto, no ce:-iUSC pOI' de IH'onlO la alarmante
agilaeion quc cn aquel punto I'cinaba, tl'asladóse á él San
Martín, el cual, viendo despr'eciadas sus exhortaciones y
desconocida su aulo\'idad, luvo (Iue envial' á bUSCa!' refuer-
zos de iufantel'ia ) hasta dc arlillel'Ía paI'a reducil' á la obe-
diencia á los l'cvOltosos, Pel'o, pOI' pI'onto que llegal'on aque-
llos, habianse puesto en salvo casi todos estos, y fuel'On por
tanto pocos los que cayeron cn manos de las tI'opas encar-
gadas de la defensa de las leyes y del mantcnimiento del
óI'den,


Restablecido este en la ~Iel'ced con la fuga ó la Iwision
dc los que lo turbaron, acudió San )1al'tin a los conventos
de San Gil, los Basilios y el Cál'men, donde con su pl'esen-
cia y sus gritos inspiraban los mas sel'ios temores los ban-
didos alentadoi con la impunidad de sus crímenes. En San
Cayetano, amenazado tambien, evitó que se pCl'petrasen
otl'05 nuevos la enél'gica actitud del b¡'igadiel' don Santiago
Mendez Yigo. A torio t'sto, ú pesaI' de lo laI'go que en
aquella cstacion son los lIias, em ya muy entrada la
noche.


Durantc ella, atacaJ'on los revoltosos el convento de
Atocha, al cual, pOI' mandato «el capitan gencl'al, se trasla-
daron desde el alba algunas fuerzas mandadas por su ayu-
dante don Aguslin Cano. Un poco mas tarde, llegaban al
mismo sitio dos compañías de provinciales de la guardia
real, una de zapadores y dos piczas de artillería, á la ca-
beza de las cuales marchaha el mismo San Martill. Con
estas tropas, cooperaron al I'establecimiento del órdell en




278 ANALES DE ISAbEL U.
aquel punto un batallon de la milicia urbana, de que era
comandante don Juan Muguiro, y la caballería de la misma
milicia, de que el'a coronel el marques de Espinal'do.


Mienh'as esto pasaba en Atocha, y con el objeto sin
duda de distraer hácia diferentes puntos la atencion de las
autoridades y diseminar la fuerza armada, continuaban los
revoltosos aterrando á los pacificos habitantes de la capital,
haciendo simultaneamente demostraciones hostiles contra
los conventos de Santa Bárbara, Rosario y Jesus, y contra
el Seminal'io de Nobles, escelente establecimiento de ense-
ñanza dirigido pOI' individuos de la comunidad tan bárba-
ramente diezmada en San Isidl'o.


En la, tarde del 18, quedó definitivamente restablecido
el órden en las calles de la capital; pero no por eso volvió la
tranquilidall al ¡'mimo de sus moradores. Aterrados, por el
contrario, estremecidos á la idea de los pelig¡'os á que vi-
vian espuestos en presencia del doble azote del cólera y de
las asonadas, ocupábase cada cual en buscar medjosde huir
á todo trance, y á punto llegaron en aquellas ei¡'eunstancias el
aturdimiento y la eonfusjon, que hubo persona, y familias
enteras, que fuera ya de las puertas de Madl'id ,sin saber
qué dh'eccion tomar, empezal'On, puestas en marcha, á
discürrir sobre el punto donde habian de ji' á fijar su resi-
dencia, Todos los asientos de las diligencias y de los coches
de camino, todos los cal'l'uages públicos y particulares sa-
lian de Madrid atestados de fugitivos quc, con lo precipi-
tado de su marcha y lo desencajado de sus semblantes,
iban difundiendo la alarma por los pueblos de su tránsito.
y i en cuantos, ah, tuvieron que detenerse aquellas vÍc-
tnnas impI'uJentes de un i¡'reflexivo temo)', por declararse




LIBRO SEG\J~DO. 279
en el seno mismo de 'su emigrante caravana la enfermedad de
que iban huyendo, y cuyos peligros redoblaba en aquellos
momentos la falla absoluta de mcdios dc atajar sus progre:.
sos 6 de atenuar su intensidad! Sin médico que los asistIe-
se, sin botica donde ir á proveerse de las cosas mas indis-
pensables, no siempre encontraban aquellos infelices Un
dérigo que los ayudase á bien morÍl' y un sacristan que les
diese sepultura. ¡ Cm'mtos, ah, que, en Madrid, habria
acaso respetado el cólera, perecieron por falta de recursos
en miserables lugarejos, en ventas desprovistas de tod(}, y
basta en medio de los caminos! ¡Tan ycrdad es, que el mie-
do es en los peligros el peor de los consejeros, y que á na-
da mas (lue á agravar el mal conducen en las circunstan-
cias estremas el aturdimiento y la il'l'eflexion!


Esta emigracioll, limitada unicamente por el numero de
carruages y medios de trasporte que habia en Madrid, re-
doblaba la congoja de los que, por falta de estos mismos me-
dios,'tenian, bien á pesar suyo, quepcrmancceren la capi-
tal. El cólera, entl'elanto, sin moderar su violencia, conti-
nuaba sus estragos; y todo, hasta el pernicioso influjo de una
temperatura sofocante, daba pabulo á los temores, I'edobla-
ba la consternacion y prolongaba el malestar de su nume-
roso vecindario. Horribles, los mas horribles acaso que vi6
ntlÍwa, fueron para Madl'id aquellos dias.


Grave, dm'ante ellos, debió ser la situacion del gobier-
no, obligado ti hacer frente á tantas y tan complicadas alen-
(lion~s, y privado acaso por la muerte del auxilio de los
hombres que mas necesitaba. Todo en tan anormales cir-
cunStancias debió ser, y todo fué, en efecto, desórden y con-
fusiono EnconlI'al" en tales momentos, una autoridad que




280 ANALES DE ISABEL 11.
conservase toda su seI'enidad de espÍl'itu y toda su ener-
gía de accion, e1'a dificil; encontrar val'ias, imposible; y va-
rias se necesitaban para atender al mismo tiempo á la l'e-
presion de toda nueva tentativa de tl'astorno, á la averigua-
cion de las causas que pl'ovocaron los ya l'cprimidos, á la
formacion de proceso contra los sugetos culpables ó incul-
pados de haber lomado pal'te en ellos, á la distribucion de
80C01'l'OS á las clases menesterosas, al establecimiento y fi-
jacion dc las reglas de órden, y ,hasta de decencia, que de-
bian obsel'\'arse en la conduccion de los enfermos á los hos-
pitales y de los mUeI'tos al campo santo, y todo esto, y
mucho mas, cuando los pl'eparativos para la sesion régia de
apertUl'a de las Cortes, que en aquellos dias iba á tener lu-
gar, pl'eocupaba singularmente los ánimos de los cOIlseje-
''os dc la Corona.


Y, como siempl'e, es mas fácil hacel' cal'gos des pues
de ocurrido el daño que prcveerlo, tI que tomar, cuando
no, las medidas mas conducentes á remediarlo, desenca-
denáronse los enemigos del gobierno en quejas acel'bas con-
tra la imp¡'evision de las autoridades adminisll'ativas, la
apatía y el desconciel'lo de las municipales, y la debilidad
de la superior militar. Contra esta rué principalmente con-
tra quien se encal'nizó por aque\los dias la opinion pública,
agriada por el rigol' de las ci¡'cunstancias, y no solo se ta-
chó genel'almente de débil y de vacilante la conducta de San
Martin, sino que hasta hubo quien le acusase de conniven-
cia con los l'ebeldes. Como quiera que sea, San Martin, en
Sil calidad de supel'Íntelldente general de policia, debia te-
nel', y tellia en efecto, noticias anticipadas del plan delos
revoltosos, y pudo, y debió tomar á tiempo medidas para




LIBRO SEGUNDO. 281


frustrado. Como capitan general debió impedil', ó cuando
menos reprimir inmediatamentc las deplorables escenas de
los conventos, adonde siempre acudió tardc y cuando ya
estaba constlluadQ el mal. La sangre de mas de ochenta
religiosos, inhumanamente degollados. echaba sobre el
gefe de la policía y de la fuel'za armada una tremenda res-
ponsabilidad, y justificaba, cn parte al menos, la esplosion
dc tantas, tan amargas y sentidas quejas.


En vano, para atenual' sus efeclos, se apresuró San
Martin á dirigir al Consejo de Ministros una esposicion di-
cieudo: «que, prévia unaindagacion clara y precisa de
)}los /techos, se declarase solemne y a/l téll ticamcnle que el
))capitan general de Madrid habia cumplido con su debel':»
en vano hizo, hasta la aclaracion de los hcchos, dimision
de su destino. El público no quedó ni s~tisfecho, ni desen-
gañado, y cl Consejo de Ministros, acogiendo desde luego
la idea de que se Ill'Ocediese á la indagacion que solicitaba
San Martin, y aceptando su dimision de la capitanía gene-
ral de Castilla la Nueva, nombró para sucedede en este
destino al teniente gcncl'al duqlle de Castl'o-Tel'l'eño. Con
esto, se sintió el gobiel'llo algun tanto aliviado del peso de
una terl'ible responsabilidad, y aguardando cl momento de
la apel'lura de las Cortes, volvió á lledicar su atencion á los
asuntos de la gucl'ra.


Entl'etanlo Rodil, al frente de un ejél'cito que 110 baja-
ba de .i5,OOO homhl'es, cmpezaba á comhinar sus planes
dc eampuüa, Ol'denando desde luego, y como base de sus
operaciones ulteriores, el establecimiento entre Pamplona y
Vitoria de una linea de fOl'tiHcaciones, semejante á la que,
:les(le la primera de estas dos ciudades hasla Lüt;r:.:!io,
>j.~2::.....~


/ a IiJ?'j'




282 ANAL'ESDE ISABEL 11.
existia ya. Dando, pues, sus disposiciones para poner en
estado de defensa á Il'urzun, Echarri-Aranaz)' Olozagoilia,
penetró en las Amescoas, no sin que, en los dias que alli
permaneció, dejaran de molestarlo tres ó cuatro batallones
carlistas que, mandados por Zumalacárregui, y colocados
en obsel'vacion en el fragoso puerto de Artaza, tuvieron pOI'
dos veces la osadía de bajar á la llanura que, con diez 6
doce mil hombres, ocupaban dicho general en gefe y Espar-
tero.


Mientras que de esta manera entretenia Zumalacárregui
á Rodil en las Ameseoas, don Cárlos que, salido de estos
valles á la noticia de la aproximacion del gefe cristino, aca-
baba de tomar el camino del Bastan,recorria este territorio
escitando con su presencia, en los pueblos de su tl'ánsito,
simpatías cuyas inequívocas muestras eran de malísimo
agüero para el triunfo de las armas de la reina y para el
logro de la tan deseada pacificacion de la Península.


Sabedor de la direccion que, acompañado tan solo de
una docena de personas, habia tomado don Cárlos, y co!'o-
prendiendo toda la importancia de una espedicion dirigida á
apoderarse de su persona, dejóRodil en las Amescoas, para
perseguir á Zumalacál'fegui, unos doce mil hombres, al
mando de los generales Espartero y Lorenzo, y de los bli-
gadieres Figueras y Ol'áa, y, -poniéndose al frente de una
division de igual fuerza, y desplegándola en columna sobre
un frente de muchas leguas, se dirigió al Bastan en la per-
suasion de que, marehando de esta manera, no podria me-
nos de envolver en esta red de bayonetas al principe y á
sus secuaces, y conseguir á la postre su captura. Pero, al
formar estos cálculos, no pensaba, sin duda, en las dificul-




LlSltO SEGUNDO.


tades que a la marcha regular y simétrica de sus tropas
opondrian las asperezas del terreno, que por fuerza habian
ellas de tenel' que atravesar, ni mucho menos en la facilidad
que, para sustraerse á la persecucion de sus columna5 t
cualquiera que fuese su número, ofrecia:á don Cárlos esta
misma escabrosidad delpais, unida al conocimiento que de
él tenian los que le acompañaban, y á las simpatías que e'n
sus moradores encontraba por do quiera el pl'inclPe fu-
gitivo.


Por su parte, Rodil, exaspcl'ado de la inutilidad de sliS
pl'imeros y cstraordinarios esfuerzos por alcanzar al Pre-
tendiente, mandó entl'egar á las llamas varios molinos hari~
Del'OS situados en los valles 'de Gerry y Guesalaz, 'Y adoptó
otras medida!! igualmente rigurosas, Su resultado,diame ....
lralmenle opuesto al que, dictándolas, se propuso él, fué,
como era natural, aumentar en una progresion espantosa el
número y el corage de las bandas de Zumalacárregui, las
cuales, tomando ya la ofensiva, atacaban frecuentemente
con fuerzas superiores y obligaban á retirarse á los generales
de la reina. Por sus confidentes (y es de advertíl' que á ser-
Io, se brindaban todos los habitantes del pais , no obstante
los peligros anejos al desempeño de esta mision) hallábase
el gefe carlista enterado hora 1)01' hora de los movimientos
de las divisiones crisLinas, y hasta de los designios de sus
gefes que, solo prodigando el oro ú á fuerza de amenazas y
violencias, lograban l)l'oporcionarsc algunas noticias, in-
exactas á menudo, é incompletas casi siempre.


La incalculable ventaja que daha esta 'cÍl'cunstancia á los
earlistas, esplica la resistencia que, en las provincms -del
Norte, hizo duratlte muchos rtl'eses un puñ!ldo 'de lJombrl!i




284 ANAI,ES ])E ISABEL 11.
á un ejel'cito tan superior al suyo en número y'. disciplina,
~Cómo concebir si no , que don Carlos, sin otra escolta á
veces que dos docenas de clerigos ó de empleados civiles,
reco¡'riese impunementc las cuatro provincias vasco-na-
,


varras, pasando con mucha fl'ecuencia por entre las colum-
pas mismas destinadas a su persecucion? Tan cierto es es-
to, que Rodil, al salir dc las Amezcoas, ignoró, hasta
l}egar á Pamplona, donde estaba el P¡'ctendielllc. Instruido
pOI' fin, de que este ha regresado al Bastan, refuerza aquel
la di vis ion de su inmediato mando, y, despues de dar al ge-
neral Oraa y al brigadicr Figueras uucvas y termiuantes
!nstrucciones, para que, con sus l'especlivas columnas, y cn
combinacion con el general Anleo, que se baUaba en los
Arcos, obsel'vascn y pel'siguiesen á Zumalacarregui por la
sierra de Andía, sale dc Pamplona y toma el camino de
Belate, con dh'eccion t\ Elizondo. Antes de llegar al prime-
ro de estos puntos, noticioso dc quc don Cál'los, bajando á
l~ecumberri, se encamina Mcia Vizcaya, hácelo el á Tolosa
enviando órdenes á Jáuregui, para ~l\lC se sitúe en Mon-
dragon. Cuando llegó Rodil á Lecumherri, to(lavÍa se ha-
llaba en las inmediaciones el infante don Cárlos, i\ quien de
pronto, por un rapido movimiento, viene á reuni\'~e Zuma-
laeárregui al frente de sus navanos. En seguimiento suyo
llegó poco despues Figuel'as á San Migucl de Excelsis, que
fué el sitio dc la reunion, mas llegó á ticmpo en que aeaba-
~an de abandonarlo el Pretendiente y Zumalacárregui, en
vista dc lo cual, detel'mino el bl'igadier cristino trasladarse
:i Irurzun. AlIi supo Rodil que don Cárlos habia dormido
la noche anteriol' en Lizáfl'aga. Sin pél'dit\a de tiempo,
pues la actividad era de todas las cualidades de un. buen




LIBRO SEGUNDO.


militar la que" en mas alto grado poseia Rodil, dirígese esté
general á Uzarraga en tanto, que observados de cerca pOI;
Figuel'as, lIegahan los fugitivos á Alsasúa, y se encamina""""
han tI Oñate. En este punto se reunen á don Cárlos cuatro
batallones guipuzcoanos y alaveses, á los cuales agrega Zu1
inalacárreglli dos de nava1'l'0s y dos compañías de guias
mandados por Sagastibclza, caudillo de su confianza,


Seguro por éste medio de la"suerte de don Cárlos, vuél-'
vese Zumalacárregui á Leeumberri, desde donde, el 11 de
agosto, cae sobre Puente la Reina, cuya guarnieion, man-
dada por el conde de Viamanuel, que accidentalmente se
hallaba alli, lo rcchaza dcfendiéndose heróicamenle. Los
generales Lorenzo y AnIeo, en combinacion con las briga-
das de Figueras yOráa, y con las divisiones de cabaUeI'Ía
mandadas por el mariscal de campo baron de Carondelet y
el coronel Amor, persiguen activamente por espacio de al-
gunos dias á Zumalacárregui y le obligan á refugiarse de
nuevo con sus navarros en los valles de las Amescoas.


El 15 de agosto, sin embargo, instruido por sus confi-
dentes de que el general Carondelrt, con una columnasali-
da aquel dia de Estella, se hallaba en el valle de Ellin, di-
vide su gente, y enviando una parte de ella á entretener á
Oráa que, por la parte opuesta, se adelantaba á su encuen-
tro, mal'cha con algnnas compañías á tomar posicion en
las alturas que dominan y circuyen el desfiladero llamado
de las Peñas de San Fausto, donde, emboscado, aguarda el
paso de la columna cristina. Desprevenida esta, como que
no creia tener pOI' 3<Jllella parte enemigos que combatír, ar-
rollada y envuelta por fuerzas cuya ventajosa situaeíon ha-
ce imposible la defensa, derrotada en fin, desbándase y se




286 ANALES DE ISABEL 11.
pone en. fuga, no sin dejar en poder de Zumalacárr.tg\li un
cuantioso botin y sufrir una horrible pérdida de genteen
muertos, heridos y prisioneros.


Entre estos últimos, que la ferocidad de los soldados
carlistas hizo que fuesen pocos, se hallaba el conde de Via-
manuel, el mismo que pocos di as antes, á su paso por
Puente la Reina para incorporarse al ejército, en cuyo es-
tado mayor venia voluntariamente á servir con el grado de
coronel, defendió aquel importante punto contra los ata-
ques de los carlistas. Pero ni sus honrosos antecedentes,
ni. su categoria de gt'ande de España de primera clase, fue-
ron parte á.1ibertarle del suplicio que, des pues de tratarle du-
rante muchos dias con el mayor agasajo, le impuso Zuma-
lacárregui. Engañóse, empero, el desalmado caudillo, si.
COn la ejecucion de esta sentencia, creyó condenar á su
ilustre prisionero al suplicio de los traidores. La muerte de
Viamanuel fué la de un héroe.


Terriblemente indignó á los partidal'ios de la reina la
noticia de este hecho atroz que, consumado en momentos
de estal' todavía pendientes negociaciones entabladas para
impedirlo, tenia ademas todas las apariencias de una alta-
nera provocacion. Ni fué este en aquel tiempo el único acto
en que manifestó Zumalacárregui hasta qué punto llegaban
la dureza de su corazon y el engreimiento de su poder.
Confiado en los cinco batallones navarros y en las dos com-
pjlúias de guias que formaban su columna, dirigióse, á los
pocos dias de la sorpresa de las Peñas de San Fausto, al
p.unto fortificado de Viana, cuyos muros embistió, obligan-
doá Carondolet á salir al llano con su cabaUeria, y ocu-
p¡tndo él ent,['etanto la plaza que, segun su acostumbrado




LIBRO SEGUNDO. 287
sistem~,.aP.andonó al dia siguie.n~. Desde Viana, se dirigió
á Echarr.i-Araoaz, cuyo fuerte atacó de noche con sus dos
compañías de guias; pero fué rechazado por las tropas de
la ,'cina; y, en su desp,echo, atr'ibuyendo á cobardía de al-
gunos de sus soldados el mal éxito de esta tentativa, man-
dó que se echasen suertes ent¡'e los que en el ataque for-
maban la cabeza de las dos citadas compañías, y sin pie-
dad ni aun justicia, hizo fusilar á algunos de sus intrépidos
volijntari{)s.


Voluntarios eran, en efecto. cuantos .. en aquella fecba
for,maban parte, no solo de estas dos compañías, sino de to-
das las fuerzas carlistas, cuyo número y organizacion irn-
portaCQllocer.. Cinco er<\\1, en la época de que se la ha-
blando, los batallones navarros mandados en persona pOI'
et~l'~v¡do ZUIJlalacárregui; pero, gracias áuoa.saca de mo-
zos que, de acuerdo con su rey, verificó por entonces en
varios pueblos da la Ribera y de la Baja Montaña., vió eLge_
fenQvarro U\lrnent;;¡rse hasta nueve elnúmero.de sus Qata
Ilones. A esta fuerza habia que agl'egar tres escuadf;ones
de caballcJ'ja que, aunque compuestos de buena gente, eran
poco de temer en ra~on al malísimo estado-,dc montlM'a, de
arm~me.nto y de instt'uccion en que se encontraban. A sus
ch~C()batallones agregó. desde luego Zumalae,áf;regui con el
nombre de 6.° el p"imero de los cuatro que acababa de for-
ma,r, y, al mando de gefes de prestigio, envió los otros tres
(7.", 8.° Y 9.°) á situarse en la parte de Bur.gu~te y de ROD:-
cesvalles, donde, ínterin habia armas que dar á todos, po-
d~, sill ser inquietados, illstruirs~ en. el manejo de ellas.
Losg~fesqu~, bajo las órdenes de Zuma,lacárreg!li"ope-


r,awm w>r a.quel tiempo en Nav3,rrn, erflU Iturr31de, á cuyo




288 ANALES DE ISABEL H.
mando iban, segun las circunstancias, dos ó tres batallones;
Sagastibelza quc, con el 5.0 batallon, recorria los valles si-
tuados entre Roncesvalles é l\'Un; Manchco quc, con el 9."
daba que haccr al general Linal'cs por las fl'ontcras del al-
to Aragon, y hasta en 13s cumbres del Pirineo. Los puntos
que en Navarra tcnian gU31'niciones crislin3S eI'an Pamplo-
na, Lerin, Los Arcos, Lodosa, Peralta, Tafalb, Capal'I'o-
sa, Puente la Reina, ll'Urzun , Echarri- Aranaz, Olazagoi-
tia, Vi3na, Este\l3, Lumbier, VCl'a y Elizondo. Las opera-
ciones de Zumalacál'l'egui se limit3ban por lo comun al tel'-
ritorio comprendido entre la orilla derecha dell'io Aragoll y
del Oria, y la izquierda del Ebl'o hasta la mya de Francia,
si bien tenia la merindad de Estella por centro habitual de
sus opcraciones,


En Guipúzcoa existian tI'es batallones á las órdenes
del titulado comandante genel'al de la provincia, don Barto-
lomé Guibelalde, Esta escasa fuerza, constantemente vigila-
da por las guarniciones cristinas que, en Vergara, VilIafran-
ca, Tolosa é Irun, defendían la canelera de Francia, y ade~
mas por las de Guetal'í3, S3]] Sebastian, Plcncia y Eyba¡',
maniobraban difícilmente, y , solo á favor de una activídad
sin ejemplo, y corriéndose, por el monte de San Adrian, á
la parte de Navarra, podían eludir la persecucion del briga-
dier Jáuregui, gran práctico en aquel pais, y de los pesete-
ros ó chapelgorris que, hijos de él, eran mucho m3S á pro-
pósito que las tropas de línea pal'a el servicio á que alli se
los destinaba.


En Vizcaya tenian los carlistas sietc batallones y un es-
cuadro n , formando dos divisiones: al frente de una iba el
llamado comandante general de la provincia (lon Fernando




LIBRO SEGUNDO. 289
Zavala; la otra estaba á las Ól'denes del brigadier don Si-
mon Torre. Pel'o la mala inteligencia que, desde el princi-
pio de la guerra, reinó entre estos dos gefes fué causa de
que ni uno ni otro hiciel'an separados lo que~ en beneficio
de su causa, hubieran podido hacer juntos, y de que, mas
de una vez, sufl'iesen reveses de consideracion. En las En-
cartaciones, es decir, en el tenitorio situado entre Bilbao
y Santander, se hallaban tambien al frente de bandas nu-
merosas, pero rebeldes a la disciplina, el infatigable guer-
rillero Andechaga, mas que por este apellido conocido por
su nombre de Castor; Luqui, Mazarraza, Arroyo, ViIla-
lobos y algunos otros gefes de menos importancia, si
bien audaces y activos. En Vizcaya mandaba las tropas de la
reina destinadas á la perseeueion de ]os facciosos, el bi-
zarro militar don Baldomero Espartero que, de coronel que
era al darse en aquella provincia el primer grito de rebe-
Iion, se hallaba ya justamente elevado al grado de maris-
ca] de campo. Apoyado en las guarniciones de Bilbao,
Durango, Ochandiano, Balmaseda y otros puntos del
distrito de su mando, persiguió sin descanso y batió en cien
encuentros á ZavaJa y á Tone, sin podel', á pesar de todo,
impedir el aumento que, por causas de otra naturaleza, to-
maban á su vista las facciones.


Las fuerzas carlistas de Alava consistian en cinco bata-
llones mandados, tres de ellos por don Bruno Villareal, y
los dos restantes pOI' don Prudencio Sopelana, gefes ambos
de prestigio y de valor. Despues de Zumalacárregui, Villa-
real era incolltestablemente el que de todos los gefes car-
listas mas y mejores cualidades reunia para mandar. Sa-
saz, activo y sereno, combinaba perfectamente planes cuya


TOMO l. 19




290 A:'\'ALES DE ISABEL n.
ejecucion solia confiar á su denuedo. Bien, desde e\ princi-
pio de la campaña, lo conoció Zmnalacárregui , y hé aqui la
razon por qué, en las ocasiones críticas ó en los momcnlos
de apuro, llamaba á sí casi siempre y con mm'cada preferen-
cia á los batallones mandados pOI' el caudillo alavés, cuyo
teatro de operaciones estaba principálmente en las· fronte-
ras de Guipúzcoa y ~avarra. Ademas de las tropas que,
á las órdenes del mariscal de campo don Joaquin de Osma,
comandante general de la pl'ovincia, operaban contra Villa-
real, recorria el pais, con una pal,tida de infantería y ca-
ballería, prestando por cntonccs grandcs scrvicios a la cau-
sa de la reina, .un clél'igo, quc lucgo la abandonó, llamado
don Eusebio de Eguilaz , mas conocido con el nombre de el
cura de AUo. Esta provincia eslaba ocupatla en gran parte
por guarniciones cristinas , de las cuales enm las mas nu-
merosas las ue Vitoria, Salvatierra, 'f¡ocviüo y la Gnal'dia.


En los confincs de las cuatro provincias vasco-naval'-
ras, y es tendiendo sus cOl'I'cl'ias por las dc Huesca, Z,wa
goza, SOl'ia, LOgl'OÜO, BUI'gos y Santander, operaban, ade-
IDas del ya citado Castor, los guetTiJlcl'os Basilio Gal'cía,
Cuevillas, Cal'!'anZa, el célebre cura Merino, y alguno
otro que, batidos, á la verdad, y dispersados donde quie-
ra que se les daba alcance, tenían al pais en pel'pelua alar-
ma, distraian la alencion de las tI'opas, y ocupaban en su
persecucion ·numerosos dcstacamentos. Semejantes á una
masa de mercurio que, puesta en contacto con areuas plo-
mizas, se acrece absol'viendo y apropiándose las partículas
metálicas que estas arenas contienen, aCl'ecÍanse aquellas
bundas; y, merced á la afini.dad que sus principios, ó me-
jor dicho, su falla de ellos, establecian entre los que .las




LmItO SEGUNDO. 291
componían y la escoria de las poblaciones por donde pasa-
ban, acrecíanse tunto mas cuanto mas facilitaba la amalga-


u


ma esa necesidad de movel'se y de diseminarse en que
contÍnuamente los tenia la pel'secucion de que eran objeto.
Lo mismo, si hien con hombres de otra especie y á impulso
de otras ideas, sucedia en las pl'Ovincías vasco-navanas.
Vencedoras ó vencidas, las tt'opas de don Cárlos, por don-
de quicl'a que 'pasaban, veían agregarse á sus filas un nú-
mero de hombres casi siempre mayor que el de las armas
de que para ellos se podía disponer.


Tales el'an las fuel'zas, tal la situacion de las huestes
que por don Cádos guelTeaban en el Norte de España, cuan-
do, de vuelta de su espedicion de Portugal, tomó Rodil el
mando del ejército {IUC en aquellas provincias sos tenia los
derechos de Isabel n. Afanado desde aquel dia en la per-
secucion del Pretendiente, y sin siquiera sospechal' que lle-
gasen la audacia y cl podel' de Zumalacárregui hasta el pun-
to de tomal' la ofensiva contl'a las tl'opas encargadas de es;..
terminarlo, dirigióse Rodil, el dia 11 de agosto, de Tolosa á
Villaff'al1ca, cuando, noticioso de que, a dos leguas del sitio
donde él se hallaLa , maniobraba. ZU,malacárregui, dividió
su gente en dos columnas. Confiando la direccion de una
de ellas al general Espartel'o, pónese al frente de la otra
y, en combinacion con este general, marcha a San Miguel
de Excelsis con la viva espeml1za y la resueIta intencion
de coger pOI' el flanco al enemigo. Despues de este movi-
miento, que ningun resultado útil produjo, mandó Rodil
á Espartero que con sus tropas marchase a pernoctar en
ViIlafranca, quedándose él, con parte de las de su inme-
diato mando, en el pueblo de Beasain, y disponiendo




292 ANALES DE ISABEL n.
que, fuesen las restantes á acantonarse en Lascaro.


Mientras que, por correr tras de Zumalacárregui, perdia
Rodil momentáneamente de vista el objeto principal de sus
combinaciones ymovimientos, tl'asládase don Cúrlos de Oña-
te á Elorrio, y de este punto á ~Ial'quina. SOI'Jll'Cndido de
estos nuevos movimientos del Pretendiente, y deseoso de
atajar su marcha, situase Rodil en Elgoibar y envia á
Espartero, qne estaba en Villafranca, á Jáuregui , que se
hallaba en Mondragon, y á Bedoya, cuyo paradero se ig-
noraba, órdenes terminantes é instrucciones detalladas pal'a
emprender ó activar la persecucion del enemigo. Pe 1'0 , en
tanto que Rodil se encaminaba á Mal'quina; en tanto
que, á virtud de las ordenes é instrucciones del gene'-
ral en gefe, marchaha .T~lnregni á ElolTio, interceptaban
los carlistas los partes dil'igidos ~\ Espal'tero, á Bedoya y
al comandante de al'mas de DlU'ango, y marchaba el Pre-
tendiente á Lequeitio, de donde, á las siete de la mañana
del dja siguiente, salia con dÍl'eccion á GUeI'nica. De vuelta
de esta correría, pasando á la vista de Bilbao, bajaba don
Cárlos hasta las frontel'as ele Alava, y, elUl'miendo el18 en
Villaro y el19 en Oñate, tomaba por Cegama y Segura el
camino de Lecumberri, para de nuevo penetrar en el Bas-
tan; sin que á todo esto, pudiese Rodil, segun cOllfesion del
mismo consignada en oficio dirigido al general Osma, «al-
«canzarlo una sola vez, 11 i aun á S1t r'etufJllurdia, pues hu-
«bo dias en que marehal'on mas ue ocho leguas.» Des-
de alli, segun cspresaba el mismo oficio, se dirigió don
Carlos a Alsasua el 18, para tom3l' el 19 el camino de
Francia; «mas no me dicen,-añadia el general en ge-
lIfe - si atravesando por la sierra de Aralar ó siguien ..




tWRO SEGUNDO. 293
»do por San Miguel dc Excelsis: debiendo por con-
»)siguiente mis opel'aciones, para no ser equivocas, tener-
))se que demorar mas de lo que yo quisiera;» de donde cla-
ramente se inferia que, en tanto que don Cárlos, ora con
mucha, ora con poca gente, burlaba los esfuerzos combina-
dos de las columnas de la l'eina, los gefes que las manda-
ban podian apenas proporcion3l'se los datos mas indis-
pensables para . conocer con alguna certeza la marcha
que seguía ó las posiciones que ocupaba el príncipe fu-
gitivo.


En su espedicion de quince dias, recorrió don ~Cárlos
dos de las tl'es lH'ovincias Vascongadas, y sin perder, pue-
de decirse, un solo hombre, tuvo en continuo y cansado
movimiento á quince ó diez ocho mil. Por la parte de
Lumbier, pel'seguian con nO mejor éxito los generales
Lorenzo y Anleo, el brigadier Figueras y el coronel Carrera,
destacado de la division de este último, al activo Zumala-
cárrcgui que, como si menospreciase la persecucion que se
le hacia, marchaba el 22 por la tarde, al frente de siete
batallones, á acalltonarsc en Domeño. Desde alli, tomando
á la mañana siguiente el camino de Elizondo, se fué á in-
corporar en este punto con don Cárlos y las juntas navarra
y guipuzcoana, que casi constantemente habían acompañado
al príncipe durante la espedicion. A la columna que en se-
guimiento de este llevaba el general Rodil, vinieron en
aquellos momentos á agregarse las de Jáureguí y Bedoya,
que penetraban por la parte de Guipúzcoa, la de Figueras,
que á toda prisa acudia desde la Borunda , las de Lorenzo
y Anleo que, en combinacion con la caballería de Amor y
varios destacamentos de este arma y de iufiUlteria, salidos




294 ANALES DE ISABJO:L n.
de Pamplona por órden del conde Armildez de Toledo, ope-
raban por la parLe de Lumbier, y en fin, la de Linal'es que,
internándose en Navana por el valle de Roncal, se situaba
en Ochagavia.


Estrechamente cercado por tantas fuel'zas en un reduci-
disimo territorio y teniendo á sus espaldas la fronLem fran-
cesa, donde, de acuerdo con los generales de la reina, es-
taban tomadas por el general Harispe las llisposieiones opor~
tunas para pl'ender y desUl'mar' á los que intentasen salvarla,
imposible pal'ecia que, amenos de adoptarcste último partido,
dejasc esta vez el P¡'etendicnte de cacl' en manos tle las tro~
pas de Rodil. ¡Cuál fué, empero, la sorpresa de estc gcne¡'al
en gefe,cuando, en marcha para Aranaz á virtud de demos-
tracion que de encaminarse á aquel punto hizo el Pretendien-
te, supo que este habia tomado una dil'eccion lliamctralmen-
te opuesta y, descolgándose por el puerto de Belate, llegado
en el mismo dia á Engui! En vano, por obligarle a refu-
giarse en el tel'ritorio frances, distante poco mas de una
legua de este pueblo é impedil'ie en todo caso COITerse á
los valles de EI'I'O y tle Roncesvalles, llonde le era mas fá-
cil sustraerse á la pel'secucion de que em objeto, mandó Ho~
dil al brigadier Jáuregui nuevas instl'UCclOneS; en vano
desde San Esteban, donde all'ecibirlas se hallaha este bri~
gadier en camino para Aranaz, rcll'occdió y voló ú Engui.
A su llegada, ya habia salvado don C~u'los con la junta de
Navarra y unos doscientos hombl'es el pUCI'lO de OUl,tiaga;
Zumalacál'l'egui estaba en la Borunda; las juntas de Vizca-
ya y de GuipUzcoa, con un batallan de navarros y algunos
a!aveses, se encaminaban ti Vera; dos batallones guipuz-
"éóanos, "qué se" h~llában en Yagui, . y cuya pl'esencia en




LIBRO SEGUNDO. 295
aquel sitio dió probablemente mál'gen á la equivocacion que
padeció Rodil, tomaban el camino de Saldias, y, por
San Esteban, la junla uc Alava el que conduce á Zubieta.


Frust¡'ó completamente los planes y las cspcl'anzas de
Rodil la inesperada diseminacion de las tropas y gentes
que en Elizondo acompañaban á don Cárlos; y no poco á
los que dcsconocian la índole p8:, :cular que á aquella guer-
ra daban las eil'cunstanci(1s del p(1is que le servia de teatro
sOl'prendió sabel' (Iue, de los nu'iJs grupos que de resultas
de aquclla diseminacion sc formaron, ni uno solo lograsen
alcanzar las difcl'cnlcs columnas de la reina que, por un
momento, tu vi e 1'0 fI acolTnbdo con( nI la fl'outel'a de Francia
el gl'Ueso de la facclon. Dividida esta, fuerza fué á Rodil
hacel' otro tanto con sus columnas; y, destacando de nuevo
las de LOI'enzo, Figuenls y "\nleo detrás de Zumalacárre-
gui que, con el reconocido ohjeto de lIamal' la atencion de
estos gefes, volvia á inlel'uUI'sc en las Amescoas , empren-
dió él la pe¡'secucioll del PI'ctendicnte, dirigiéndose á Ron-
ces valles y acantonando sus tl'opas en los pueblos de Bur-
guete y Espinal.


Pam impedil' que llegasen por mar socorros á los car-
listas, como en mas de una ocasion se habia verificado,
fortificábansc entretanto los puertos de Lequeitio y Ber-
meo, en los cuales, pOI' órden de Espartero, se reunian to-
dos los bat'cos de la costa de Vizcaya. Por ól'den del mis-
mo general, mal'chaba el 22 sobre EI'eilo la brigada delco-
I'Onel don Julian Olivares, con el doble objeto de destruir
una fábrica de pólvora recientemente construida allí por
los carlistas, y de apoderarse de los depósitos de armas y
municiórlCs escondidos en sus cercauiai'. El resultado ~.




296 ANALES DE ISABEL 11.
esta operacion y de la practicada al propio tiempo y con el
mismo fin por la columna del brigadier Benedicto en los
pueblos de Hipaten y Hea', fué recoger doscientas balas de
á veinte y cuatro, y varios cañones de diferentes calibres
que, dirigidos á Lequeitio, sirvieron para artillar luego las
ya adelantadas fortificaciones de aquel importante punto de
la costa.


Aun no se habia dado la última mano a estos trabajos,
cuando tuvo Espartero que salir á toda prisa en seguimien-
to de don Cárlos que, de nuevo y de improviso, acababa de
penetraren Vizcaya. Rodil que, creyen:Jo al Pretendieoteen-
cerrado y sujeto en Roncesvalles, se habia encaminado á Iruo
con el objeto de recoger fondos y de conferenciar con las au-
toridades de la raya, recibió en San Sebastian esta noticia que
no poco le sorprendió. A consecuencia deella, despuesde to-
mar varias medidas de seguridad con respecto a esta últi-
ma plaza, salió de sus muros, y,por Azpeitia y Elgoibar, se
uirigió á Ochandiano, en donde se avistó con Espartero el
dia 13 de setiembre. Por aquellos di as asaltaron á Vergara
las facciones de Guipúzcoa, á tiempo que las :vizcaioas, des-
pues de acompaIiar al Pretendiente hasta el valle de Arra-
tia, embestian con fuerza de cuatro batallones el punto ya
fortificado de Bermeo, y, al mando de Zavala y Valdes-
pina, ocupaban la villa de Guernica, en cuyas afueras sen-
taban sus reales por entonces. Pocos dias despues (el 19)
los batallones reunidos de Sopelana, Castor, Ibarrola y Ma-
zarrasa que, el 6, batieron á Carondelet en las cercanías de
LogroIio , entraban á viva fuerza en Vil/arcayo, de donde,


. no sin dejar en esta poblacion dolorosos recuerdos de su
"presenCia, "sé' retiraron á la llegada del brigadier IriartEl'que,




I.IllRO SEGUNDO. 297
alcanzándolos á corta distancia de alli en ellugarcito de Si-
güenza, los obligó tí. dispersarse.


No tardaron, empero, en rehacerse, y rehechos en nú-
mero de 3,000 hombres cayeron de improviso sobre una
columna cristina mandada por el coronel don Fermin Es-
calera. Vivamente perseguido por fuerzas muy superiores,
tuvo este gefe que refugiarse dentl'o de los muros de San-
tander, delante de los cuales permaneció Castor tres dias,
infundiendo tal terror á los sitiados que, despufis de mandar
á los urbanos que se pusiesen sobre las armas, y de hacer
saltar á tierra todas las tropas de mal'ina existentes en el
puerto, dispuso el comandante de armas de la ciudad trasla-
dar á bordo de la Perla 4,500 fusiles y una gran cantidad de
cartuchos y otras municiones que no consideraba seguras
dentro de la plaza, y embarcar en la fragata San Juan 250
facciosos que se hallaban en la cárcel. Al cabo de tres dias,
durante los cuales estuvo la ciudad en un estado indecible de
alarma y de confusion, levantó Castor el sitio y, dirigiéndo-
se á Ampuero, cuya mayor parte incendió, regresó cargado
de botin á las provincias Vascongadas. ¡ Asi , á pesar de
tantos esfuerzos como por circunscribirlo se hacia, iba en-
sanchándose por momentos el teatro de operaciones de los
enemigos de la paz! ¡Asi, en medio de una incesante perse-
cucion y de descalabros frecuentes, crecia la audacia de las
bandas! ¡Asi, a medida de las derrotas, recobraban nuevas
fLIeI'ZaS aquellos Anteos de la rehelion!


En medio de los hOl'l'ores consiguientes á la prolonga-
cion de la terrible enfermedad que diezmaba la poblacion
de Madrid, p~esentóse en esta capital la reina Gobernado-
ra y, el dia 24 de julio, abrió solemnemente las Curtes ge-




298 ANALES DE ISABEL 11"
nel'ales del reino, convocadas por el Estatuto Real. El dis-
CUl'SO (1) que en aquella ocas ion pronunció la augusta ma-
dre de Isabel enumeraba con cil'cunspecta Ibnqueza las
varias impol'tantes cuestiones sobre que eran llamados a
decidil' los Estamentos. Recordando, con tan lll'ofuntlo como
legitimo pesar, los desónlenes á que I'ecientemente sinió de
pretesto la aparieion del cólem en ~Iadrid, prometia la rei-
na Gohernadora, en su discul'so, dar castigo á los autores
de aquellos el:ecmbles atentados, y á la "indicta pública so-
lemne satisfaccion. Denunciando luego la conducta hostil y
las infundadas pretensiones del infante don Cúl'los, esponia
el estado de nuestras l'e1aciones diplomátieas, bosquejaba á
grandes tl'azos el cuadro, poco halagüeño por cierto, de.
nuestra situacion ¡ntel'ior, y reconocia la firlelidad, la cons-
tancia y el denuedo tic las tI'opas que, desgraciadamente
pal'a ellas y pal'a el pais, estallan lejos de ohtenel' en los
campos de batalla el premio de aquellas virludes. Enco-
miándolas , hablaba la reina Gobcl'lladol'a de los sacrificios
á que condenaba al gobierno la imprescindible necesidad de
aleudel' á tanlas ohligaeiolles romo sobre él pesaban, de las
cuales cm indudahlemcute la mas pCI'eutoria, y la mas gra-
ve tambien, la manutencion de un ejército que, compuesto
de 65,000 hombres en noviembre de 1833, contaba 120,000
en agosto de 34. Aunque en términos vagos, llab\¡'¡base en
seguida del modo con (lile se proponia el gobierno cubrir
aquellas ohligaeiones , ofreciendo, segun costumbre inme-
morial de esta ciase de discUl'sos, introducir órden y eco-
nomía en los gastos del Estado; dar conocimiento al públi-
co de las medidas á este doble efecto adoptadas, é inter-


\1) Apéndice nÍlmoro G.




LIBRO SEGUNDO. 299
vencion á las Cortes en la formacion de los presupuestos,
en la fijacion de cada una de sus partidas, y en la desig-
nacion del modo y forma con que hahian de l'ecaudarse las
contribuciones; pI'OCedCl', cn la deuda estl'angera, á un ar-
reglo compatible con el decoeo y el estado dcl pais, y em-
plear los medios conuuccntes á la cstillcion progresiva de
la interior. Pasando luego á enumerar algunas de las l'e-
[ol'mas planteadas y muchas de las que su gobiemo tenia
en las mientes hacer, manifestaba la reina Gobernadora la
imposibilidad de rcalizadas totlas de una vez, y añadia;-
(rEI Estnluto Re:ll ha cchado ya el cimiento: ú vosotros cor-
«responde contri hui!' á (IBe se levante la obm con aquella
«regularidad y concierto que son }wendas de estabilidad y
«(fi,'mez3.» Con esto y la manifestacion de sus deseos y pro-
pósito de consagral' sus desvelos á la felicidad y la gloria
del pais, terminaba su discurso la reina Gobernadora, re-
cordando á los españoles que Cl'a madre de Isabel II y nie-
ta de Cárlos 111.


Siguiendo la práctica generalmente observada en los
paises dotados de un régimen ¡'epi'esentativo, la contesta-
cion a este discl\I'so fué el p¡'imel' panto de que hubieron
de ocuparse amhos cuerpos colcljisladol'es. En el Estamen-
to de próceres, fuimos de la comisioll encargada de redac-
tal' un pl'Oyecto tic conleslacion el ,1l'zohispo de Méjico, el
duque ue Vei'agua, los marrplescs de Santa Cruz, de las
Am3rillas y de la Candt:i:1l'in, el conde de Montel'ron , don
Eusebio B:H'dají, don Jo;;é Manuel Quintana y yo. Presen-
tado á los pocos di3s nuestL'D dictamen, acerca de cuyas bases
hubo poca divergencia de opiniones en el seno de la comi-
sion, el primel'o de los ol'adores que, para impugm¡, id", to-




300 ANALES DE ISABEL 11.
mó la palabra en el Estamento fué el duque de Rivas que,
jóven aun, volviad espues de diez añosde inicua proscI'ipcion,
á su pais, que no conocia. Lleno de ardor y de talento, im-
buido de teorias deslumbradoras , pero completamente falto
de esperiencia, creía, con la mejOl' fé del mundo, en la posi-
bilidad de aplicar d.esde luego y sin inconvenientes á Espa-
ña lo que en otl'OS paises habia él visto Ú oido, y se esfor-
zaba en demostl'ar la urgente necesidad « de que se com-
»pletase en el nuestl'o el edificio del gobierno representati-
»vo, dando una aclaracion de derechos, no fantástica ó
»filosófica como las que entre los franceses habian existi-
»do, sino positiva y exacta;» pedia una ley terminante
de policía que pusiera á los espailoles fuera de los tiros y
maq'Minaciones de un esbirro; otra que fijara de una
manera formal la ol'!Janizacion dI! la milicia urbana;
otra de imprenta; otra que arreglase nuestras relaciones
con las colonia.~; quel'ia adema s que se fijase, por una de-
cision solemne, el medio de destruir 1'eal y positivamen-
te la ¡fivisiol! de los partidos; que el Estamento mani-
festase de antemano sus votos en f'l anclto campo de las
reformas; y, por último, que se añadiese al dictámen
de la comision estas y otras reflexiones que se conceptua-
se conducentes á garantir los derechos cuya aclaracion
reclamaba.


Contestando á estas observaciones, desvaneció Marti-
nez de la Rosa las escrupulosas preocupaciones y las vagas
inquietudes del fogoso orador y de los que como él pensa-
ban, manifestando en términos clal'os y precisos que «el ci-
»miento del edificio del gobierno representativo existia en
))el Estatuto Real, ley que aseguraba la SUCl'te de la na-




LIBRO SEGU:s'DO. 30t
»cion; ley que, acomodando las instituciones de nuestros
»mayores á las necesidades de la época, aspiraba á tener
»aquel carácter venerable que tan bien espresaban nuestros
»antepasados con el nombre de ley perpétua. En el Es-
)ltatuto Real,-dijo,-están consignadas de una mancra su~
»ficientemente clara, todas las reformas, ¿ y es tal, seño-
»fes,-añadia,-la prisa, talla urgencia de pI'oceder á es-
»tas reformas que ya, desde el primer dia , se quiere una
»enumeracion circunstanciada y prolija de todas las mejo-
»ras que deban pmcticarse'? Todo se hara, señores: todo se
»hat'ú poco ú poco.») Esta era la manifestacion de la verdad;
este el eco de la razon; este el lenguage de la conveniencia.
En politica, la senda del bien, aunque llana, es angosta y
está rodeada de pl'ecipicios, en los cuales, solo á fuerza de
práctica ó de cordura, se consigue no cfler. Yasi mostl'ó
comprenderlo en aquella ocasion el Estamento de próceres
que, dando el punto por suficientemente discutido, aprobó
en su totalidad el dictámen de la comisiono


En la discllsion pOI' parrafos, fueron impugnadosalgu-
nos de estos, con mas vislurnlH'cs dc pasion quc fuerza de
raciocinio, por Gil de la Cuadm, Gaecía Herréros y Alva-
rez Guerra. Esto, no ohstante, una sesion bastó para que,
sin mas que una palabra aüadida y la supresion de otra,
qucda;;e definitivamente aprobado por el Estamcnto de pró-
ceres el proyecto sometido á su apl'eciacion (1).


No, empero, sucedió así en el Estamento de procura-
dores. La comision pOI' el nombrada para contestar al dis-
curso del trono, y compuesta de Cano Manuel, Acevedo,
Diez Gonzalez, Lopez Laborda, Garda Carrasco, el mar-


(~) Apéudice número ~o.




802 ANALES DE ISABEL II.
ques de Someruelos, Abal'gues y Miguel, presentó un dic-
támen en que se consignaban, con muy cOI'ta difeeencia en
el fondo, peeo con mas rudeza en la ellullciacion, las ideas
emitidas pOI' el duque de Rivas en la tl'ÍbulIa de los Pl'óce-
res. Fuertemente combatido pOl' un gran númel'o de pl'ocura-
dores, y pOI' Marlincz de la Rosa y Toreno, únicos minisll'Os
que asistieeon á la discusion, en el tr3sClm;0 de III cual tu-
vieron que tomar la palabl'u paeu defendCl'se de cal'gos per-
sonales de inconsecuencia politica que mas de una vez
les fueron dit'igidos, cl dictúmcll de la comision, aun-
que aprobado en Sil totalidad, sufl'ió modiiicaciones de im-
portancia en casi lodos sus pÚlTafos, siendo ademas desa-
probados y suprimidos algunos de eUos. Ni ¿cómo era po~
sible quc otra cosa sucediese cuando. des pues de calificar
en los lel'minos mas absolutos de absurda toda nuestra le-
gislacion, y de anatematizar cn Homhre dc la lihertad hasta
el recuerdo de lo pasado, decian, dirigiendo se á la reina,
los autores del proyecto de contcstacion á su discurso; (onu-
»chos años de un sistema atrabiliario, de una legislacion
»errónea, de una adminislmc10n ciega, y de una reac-
»cion formidable contl'a los Jlrincipios reconocidos como
»axiomas en toda buena organizacion social, nos han trai-
)ldo por ~ma ]Jl'oyfesion descendente a un notable estado
»de depresion y de misuria?


«La libertad de iml)l'cnta-decia la comision en el al'-
»tículo 10 del mismo documento,-la libel'taJ de imprenta,
»ese centinela y puesto avan zado de las demas gm'antias,
»necesita entre nosotros verse exenta de las restricciones
»que hoy la reducen casi Ú la nulidad. Las buenas lcyes
»pueden preveer los abusos ó castigados, cuando tengan




LmRO SEGUNDO. 303
»efecto , de un modo que haga mas difícil su repeticion;
l¡mas nunca es justo ni pl'Udente sacrificar positivas L'enta-
lJfas a los temol'es de un l'iesgo acaso imaginario, ni la fa-
llcultad de propalar el pensamiento por este medio exis-
»te cuando la reprimen la cenSUl'a pl'evia ó la arbitrariedad. l)
Hombres que al conocimiento dcl COl'non humano reunie-
sen cierta despreocupacion política, hija de la esperiencia,
podian comprender (Iue, en atencion á lo desprovistos que
de esta última cualidad se hallahan los mas de los firman-
tes del proyecto de contestacion, y en vista, sobre todo, del
estado de alucinamiento en que por entonces tenia á los
ánimos el resplandor de la libel'tad, se incurriese en aque-
llas y otras aberraciones del mismo género; pero lo que
apenas se concibe es que una reunion de proeuradol'es,
entre los cuales habia muchos hombres de carrCl'a, y hasta
algun orador de nota, sallcionasen con su fil'ma, en docu-
mento de tamaña impol·tancia, una sél'ie de at'tículos tan
incorl'ectamente redactados.


Ni lo estabamejoeott'ode los que á aquel seguian, yen el
cual queria la comisioll quc, ú la independencia de los jue-
ces y á la responsabilidad de estos yde los ministros, consig-
nadas ya pOl' el Estamento como axiomas de buen gobierno
en el articulo 13 de su contestacion al discurso dc la Corona,
se añadiese «el oportuno e~tableci1il fenlo del jurado, esen-
»cial salvaguardia de la inocencia.)) Y, reducidas,-aña-
dia,-todas estas máximas á un cueepo elemental que for-
»me la tabla de los derechos y obligaciones políticas, y
llel nudo de Íntima union entre el trono y los súbditos, á
»cuyo sosten sean llamados en todos los ramos los hom-
»)bl'es mas idóneos y decididos, el Estamento se atreve á




304 ANALES DE ISADEL n.
»asegurar que el éstado de la nacion cambiará bien pron-
»to.») Harto mas sensato que la comision, lo que el Esta-
mento hizo fué echar abajo con su desullI'obacion este fár-
rago indigesto de inaplicables utopias , y, á favor de aque-
llas y otras supresione8, dar al dictiunen de la comision un
tono menos acerbo, un caráctcr menos hostil, una forma, en
fin, que permitiese á la augusta Señora, á quien iba diI'jgi-
do, leerlo sin rebajat'se. COllsidel'ado en su conjunto (1) este
documento, tal cual quedó definitivamente aprobado por el
Estamento de procuradores, tcnia todos los visos de una
transacion que, como tal, satisfizo á pocos. Mas lato en sus
principios; mas esplicito en sus cxigencias quc lo habrían
querido algunos de los que lo firmaban, quedábase, sin em.,.
bargo, muy at!'as de lo que, opinando como la comision,
mostraban otros apetecer. No quel'ielldo estos ultimas em-
peñar por entonces una lucha dc que no osaban todavía
conta!' con el buen éxito, cedieron, mas bien que á los ra-
ciocinios,al númcro de sus auve!'sarios; pero, sacrificando
de esta manera sus doctrinas y su amor propio, conserva-
ron la esperauza de que pronto les deparase la suerte nue-
va ocasion de salil' á la palestra.


Terminada aquella discusion , apresurase el gobierno á
dar cuenta á las Cortes del estado del pais, pOI' medio de las
esposicioncs de que habla el arto 36 del Estatuto Real; ver-
daderas paráfrasis de tal ó cual pCI'iodo del discurso de la
Corona. En la sesion del 7 dc agosto, despues de leida su
esposicion, entró Toreno en largas consideraciones sobre
el estado de nuestra hacienda, y, quericndo justificu\' la ur-
sente necesidad de realizar un empréstito de 400 millones,


(~) Apéndice número H .




J.mRo SEGUNDO. 305
para cuya contratacion se proponia recabar el beneplácito
de las Cortes, atceró al pais manifestando la exigüidad de
los recursos con que , para hacer frente á inmensas aten-
ciones, se contaba en aquel año de 1834. El deficit que, de
las cuentas hasta fines de mayo, resultaba ser de 325 mi-
llones, debia, segun Toreno, aumentarse todavía por la li-
quidacion de los meses siguientes, y sobre todo y conside-
rablemente, por el reconocimiento de la deuda estrangera
procedente de los empréstitos hechos por las Cortes de la
otra época constitucional.


«Necesario es, pues,-decia en su esposicion el conde
»de Toreno,-aumental' el' producto de las rentas ó dismi-·
>>Duir las atenciones públicas;» añadiendo, con impertur-
bable serenidad, que, si bien el estado presente del pais era
un obstáculo para obtener desde luego resultados favora-
bles de las medidas que se adoptasen para establecer el de-
bido equilibrio entre los gastos y los ingresos de aquel año,
se Iisongeaba de que, al siguiente, reconquistada la paz
pública y consolidado el sosiego interior, bastarian los
productos ordinarios de las rentas á hacer frente á las obli-
gaciones ',que, á vÍl,tud de reformas importantes que en el
conjunto de su sistema se proponia introducir, quedarian
circunscritas á lo preciso.


De sobra, y por mas que en disimularlo se esforzase, de-
jaba ver Toreno la poca fé que tenia en sus vaticinios; de
sobl'a sabia él que, ni al año siguiente (aun suponiendo con-
cluida la guerra), ni en muchos de paz, era posible crearse
dentro del pais recursos para atender á tantas obligacio-
nes; de sobra conocia él que á estas obligaciones, que era,
por una parte, dificil cil'mlDscribir, no podía menos de dar


TOHO l. 20




:too ANAUS; Jm, IS¡\IJ~J.:. n.
por ~~~a "c~id~~e iqp.remento la realizacioll; d6\ 61Jl-
prés.tito:~,4.00· mjllones que á las Cortes venia á propO;-
n~r, pu~~ J:4)tundamente (y esto estaba TOl'eno á cien leguas:
de il9:Wrad&}, se habian negado todos los capitalistas de Eu~
ropa, á facilitar dinero al gobierno español, Ínterin no fue:-
sen. reconocidos; por este los empréstitos de las Cortes
de 18~O á 23; de sobra, al reprobar por ruinoso el sistema
de empI'éstitos. seguido por sus predecesores, veia. él que
ni en aquel momento, ni pOI' muchos años, tendria en Es:-
paña ningun ministro de Hacienda otro medio de ir sa:"'""
lie!ldo de los apuros del dia; de sobra, en fin, sabia Tore-
no,qQ~ solo,á: oonllllVar la situacion, no á mejorada sensible-
mmt.le PRJ: el prol\.\U , y, si á: em}mol'arla para lo su~ea\ve.
podian contribuir las disposiciones contenidas en el pro-
yecto. de ley de hacienda (1) con que concluia su esposi-
ci911, y cuya.aprobacion porlas Cortes era, en aquellas crÍ-
ticas circunstancias, el su~ño dorado, el blanco de los de-
~s. la tabla. de salvaciol\.del apuradQ ministro. Lascomi,.
sÍQnes dI!, los Estamentos encargados de informal' sobre este
pi'oyeclo deley, se cOJnponian como sigue: la de Próceres
de dQn,Antol)i{). M~l:tinez, decano; don Antonio Posada, IC}S;
CQp~·.4~ S~A:J\3~ Ofa\\;\, etd~.MQntj}o, SásUlgQ,y.P¡m..,.,
sent, este último secretario; don. Tí>Jluis GOllzalez. C..al'VIlr.
jal y don Juan Alvar~ Gp~r,fa. En el Estamento de p¡'O-
cllradorll~ de dpJlAlyaro Florez Estrada, don José Alvarez
de Sotom~yor, losm,j\rquescs de Montevirgen y Someruelos,
d~tLPab,IQTorrens y Mil'alda, don José Ventura de Aguir-
re-Solarle, dpJl.Fl'aneis.cQ;Crespo de Tejada, donJoséf,o"~
~ud Gargolloy d()J1. R"gnp.Ga,f~í;t, (4\rr~l;(h secretario.


(f) "Fé{lWCO lI\ÍII¡~fO 1'.




LIBRO SEGUNDO. 307
En la sesion del 9, presentó el ministro de Estado su


esposicion á las CorLes. Hé aqui en qué tél'minos, despues
de hablar estensamente de la cuestion de Portugal, y del
estado de nuestras relaciones diplomáticas, tel'minaba el
documento en aquella ocasion)eido por Martinez de la Rosa:
¡¡Estrechar los vinculos de amistad con los gabinetes alia-
»dos; aceptar con gratitud las benévolas disposiciones de al-
¡¡gunos gobiernos; desear que se renutlven la~ antig\l8sr.e.-
»Iaciones con otros, pero, conciliando este deseo con,la
»propia dignidad, y decoro: tal es la linea política que ha
))proc,urado seguir el ministerio.»)


En la sesion del 12, por encargo y en ausencia de Ga~
relly, que sehaUaba en,Riofrio acompañandoála reina, pa.,..
so. el mismo Martinez de la Rosa, en conocimiento deJas
Cortes, una esposicion (1) en que, trayendo a la memoria
todos los hechos relativos á la conducta observada, por el
infante don Cárlos desde su salida de España, y tratando,
con notable erudicion y gran copia de antecedentes, la
cuestion de la sucesion á la Corona, considerada bajo el
doble punto de vista del derecho y de la convenienoia pú-
blica, concluia el ministl'o de Gracia y Justicia presentando
á la aprobacion de las Cortes un proyecto de ley, el cual,
en el mismo dia pasó para su exámen á las comisiones de
ambos cuerpos colegisladores nombradas con este fin.


Siguió á la esposicion del ministro de Gracia yJustieia
la del estado de los diferentes ramos del Fomento confia-
dos al minish'o de lo Interior. Enumerándolos todos, habla-
ba Moscoso de Altamira con,visible satisfaccion.de mejoras
introducidas en muchos de ellos, y complacías e sobre todo
(~) A.péuWcG U\ÍU4(jf(¡ ~ a.


i




308 A~ALES DE ISABRL 11.
en pasar revista yen hacer desfilat', ante los Estamentos reu-
nidos, sus ciento quince batallones COIl catorce escuadrones
de milicia urbana, cuyo total dehombres ascendía cn el papel
á 233,547, de ellos armados 96,988, y sin aemas 136,579.


Por aquellos dias , rccapitulaba tambien el ministro de
Marina en su esposicion á las COl'tcs , la fuerza naval con
que contábamos, consistentc en un navío (el Héroe) de
ochenta Gañones; dos (el Soberano y el Guerrero) de se-
tenta , los tres en muy mal estado, y en no mejor cuatro
fragatas, dos de cincuenta y dos de cuarenta cañones. Com-
ponian el resto de nuestl'as fuerzas de mal' tres corbetas,
dos de treinta y cuatro y una (le veinte y dos bocas de fue-
go; siete bergantines con ciento veinte y uno; un bergantin
goleta con cinco, y siete goletas, una de diez y las clemas
pequeñas. Los tI'es arsenales de la Pcnínsula presentaban
un aspecto desconsolador; los apostade¡'os de ultramar exi-
gian pal'a su sostenimiento, gastos á que, en aquellos mo-
mentos, era imposible atender. E, insistiendo, sin embar-
go, el mis~lo Vazquez Figuel'oa, sobre la nccesida(l de no
entregar á ulla destrllccioll completa los ya decrépitos restos
de nuestra, poco alltes , l1ol'eciente y formidable marina:
"':"«Vanos,-conelnia, en su larga y elegiaca esposicioll,-
»-serán cuantos esfuerzos se hagan para impedirlo, si
»las pl'ovidencias de l'eforma y restaUl'acion se limitan á la
»pal'te orgánica de la armada y "no son simultánea y eficaz·
»mente secundadas pOI' la anuencia de medios pecuniarios
»aplicados ála parle material, que no tiene ni puede tener
)lotro elemento de vida que ellos,»)


En casi los mismos, pero aun mas sentidos términos,
5C cspresaba en su esposidon el llunistro de la Gu~rra. El




LIBRO SEGUNDO. 309
forzoso y notable aumento que de dia en dia se iba dando
al ejército y el pie ele campaña en que era imprescindible
mantenerlo daban contlflUa ocas ion á gastos inmensamen-
te desproporcionados con los recursos de que para este ob-
jeto se podia disponer. Los apuros, en fin, eran enormes;
la urgencia de salil' !le ellos evidente; los medios de alcan-
zarlo nulos.


¿Qué estl'año es, pues, que con presencia de tan deplo-
rable situacion y del desconcierto fine de ella el'a conse-
cuencia inevitable, sc amol'tíguase en muchos ánimos el ar-
do!' con que poco antcs acogieran un sistema político que
consideraban ellos como la base de nuestra regenel'acion
socia\? ¿Qué estraño que, atendida la mal recatada tenden-
cia de alguno que otro p!'ócel' , y de muchos procuradores
hácia un órden de cosas poco confo!'me con las ideas de la
gran mayoría de la nacion, cundiese la inquietud y el des-
aliento entl'e los verdadel'os amigos del gobierno y de las
instituciones liherales, se engrosasen las bandas carlistas y
se hiciese cada día mas difícil su rep¡'esion? ¿ Qué estl'año
(fue, viendo á las Cortes, dcsde el mismo día de su insta-
lacian, dar al pais el escanualoso ejemplo de la usurpacíon
de atribuciones y el triste espectáculo de una reñida con-
tienda, se disipasen las ilusiones de cuantos, en la reunioo
de aquella asamblea, creyeron vel' UII elemento de órden
público y ulla garantía de estahilidad? ¿ Qué estraño que,
rrecienrlo eOIl esta escision los apuros y las desconfianzas
del gobiel'Ilo, tl'ajese éste de cuah{uiCl' parte, y á costa de
cualquier sacrificio, tropas en que apoyarse en caso de ne-
cesidad? ¿Que estraño, en fin, que, desguarnecidos por esta
medida algunos' puntos donde hacian falta aquellas tropas,




310 ANALES DE ISABEL n.
para poner á mya á los facciosos, saliesen estos de sus
acostumbrndas guaridas de los montes, se acercasen á To-
leoo, inquietasen á Guadalajara y, sembrando el terror por
donde quiera, atentasen audaz é impunemente contra la
propiedad, la segMridad individual y demas derecltos que
en Madrid se declamaba entt'etanto por poner al abrigo, no
de las tropelías de los malhechores, sino de los ataques de
las au toridade.s , funcionarios públicos y secretarios del
despacito?


El Estatuto Real, euyo artículo 31 decia:-((LasCor-
»tes no podrán deliberar sobre ningun asunto que no se ha-
»ya 'Sometido espresamente á su exámen, en virtud de de-
»creto real: »-añadia en el 32:-«queda sin embargo, es-
))pedito el derecho qne siempre han ejel'cido las Cortes, de
»)elevar peticiones all'ey:»-é, invocando hasta el abuso el
derecho que este articulo les conferia, se arrogaron muchos
procuradores la iniciativa del exámen de las mas delicadas
y mas trascendentales cuestiones de política y de gobierno.
Prejuzgándolas todas, no solo dejaban hasta cierto punto
sin efecto la disposicion que, en su artículo .31, contenia el
Estatuto Real, sino que, convirtiendo el santuario de las leyes
en un verdadero campo de Agramante, invertian en extempo-
ráneas controversias el tiempo que mas útilmente habrian
empleado en examinar y discutir los importantes proyectos
de ley sometidos por el gobierno á la aprobacion del uno y
otro Estamento.


Así fué que. habiéndose por aquellos días. presentado
por varios procuradores, y tomado en consideracion por la
mayoría de ellos, una peticion dirigida á que se aboliese


.. ,_ -'P. •


cierl.a prestacion poco equitativa, á la verdad, en su 'ferma y




f.lBRO SEGUNJiO. 31'1
poéO justificada por lo fabuloso de SU origen, conocida con
el nombre de Voto de Santiago, y'{l que se condonasen
los atrasos que por este concepto tuviesen los labradores,
sobre quienes esclusivamente recaia,manifestó Martin~z de
la Rosa que, en atencion á tener el ministerio formado ya So-
bre este mismo asunto un proyecto de'ley que habia eleva-
do á consulta del Consejo de Gobierno, ninguna urgenCia
habia en deliberar sobre una peticion reducida á provocar la
presentacion de dicho proyecto de ley. La manifestacion del
presidente del Consejo de J\'linistros quedó sin efecto, y la
peticion pasó á las tl'es comisiones del Estamento electivo,
encargadas por el mismo, á tenm' del art, 131 de su regl~­
mento, de inform\lr 'sobre el asunto. 'Es mas; el mismo dia
en que se presentó al Estamento el triple dictámen de estas
comisiones, pl'esentó el suyo, evacuado tambien, otra co-
mision encargada del relativo al mismo proyecto de ley, al
cual se adheria en todas sus partes. Este incidente ptodú-
jo un vivo debate sobre mal de los dos informes debia dis-
cutirse primero. Evidentemente, presentado por el gobier-
no el proyecto de ley, y satisfechos de esta manera los de-
seos de los autores de la peticion, ningun objeto tenia esta
y no habia por que discutirla. El Estamento, sin embargo,
cediendo á las sofisticas observaciones de varios de sus in-
dividuos ,acordó que, dejando para mas tarde el exúmen
del proyecto de ley, se procediese en el acto al de la
peticiono Uno de los argumentos que, para probar que asi
convenia hacerlo, produjo el procurador Lopez fué que, de
lo 'contrario, se haria ilusorio el 'derecho de peticioit, pues-
to que o el gobierno, cuando supiese que el Estamento pre-
-senwba una peticioll contraria íis~'3 in:~"eses, .p~en~




312 .~NALES DE ISABEL 11.
«taria un proyecto de ley análogo y evitaría la discusion,»
como si, retorciendo este pueril argumento, no fuese fácil
demostrarlos harto mayores inconvenientes que debian
resultar de que, anticipándose algunos procul'adores á pre-
sentar una peticion sohl'e cualquier proyecto de ley que
meditase el gobierno, se retardase su exámell, se prejuz-
gase la cuestion y se obl'ase las mas veces sin la copia de
datos necesaria para asegm'ar el acierto; como si la pre-
sentacion de un proyecto de ley por el gobierno quita-
se á los procuradores el dertcho de combatido ni al
Estamento el de desaprobarlo, si lo creia contrario á sus
ú~tereses; y por último, como si el art. 31 del Estatuto
Real no debiese ser considerado como la l'egla y el 32 co~
mo la escepcion.


Sea de esto lo que quiera, la conducta observada desde
el principío, y muy particularmente en aquella ocasion, porel
Estamento de Procuradores, revelaba de parte de muchos
de sus individuos vivas tendencias de oposicion, funestos
conatos de sustrael'se á la legitima iniciativa ,del gobiel'no;
un desmedido y hasta descomedido afan de hacer valer sus
fueros, proclamando, como en la sesion del 26 lo hacia
don Antonio Gonzalez, que el Congreso nacional, dejando
al gobierno la facultad de reglamentario, perderia su inde-
pendencia y no tendría otrocal'úcter que el de un auxiliar
del poder, en vez de sel' una parte integrante de él; re-
velaba ademas un empeño marcado de anteponer ú cues-
tiones de urgencia reconocida y de importancia vital otras
cuestiones de peligroso carácter y de p-I'oblemático interés;
dejaba, en fin, sospechar una especie de conjura formada
~on~l. ~oble objeto de entorpecer la diseusion de los pro:-


. . ... ~. .....•.




LIBRO SEGUNDO. 313
yertos de ley presentados por los consejeros de la Corona,
y de absorver por este medio el tiempo y la atencion del
Estamento en el exámen de las cuestiones que, con el nom-
brcy so pretesto de pl'oyectos dc peticion, les conviniese á
ellos presentar.


No tardó, sin embargo, la mayoría sensata de este
cuerpo en tocar, cn la discusion misma de la peticion ¡'el a-
tiva al Voto de Santia,r¡o, los inconvenientes que, para la
marcha regular y el acicrto dc sus deliberaciones ofrecia
este anómalo sistema. Asi fué ({UC, votada desde luego la
totalidad y en seguirla la pl'imel'a pal'te, Ó sea la que hacia
referencia á la abolicion del tl'ibuto, tuvo el Estamento, en
vista de las observaciones de Martinez de la Rosa, que pa-
sar á ocuparse del proyceto dc ley, sin votar la segunda
parte de la pcticion relativa á la condonacion dc atrasos
que, acordada, habda sido un prccedente fatal. El proyec-
to del gobierno (1), aprobado en su totalidad, sufrió recios
ataques en la discusion por articulos, sicndo el resultado
quedar aprobarlos ~in rlificultad los cuatro primeros;
aprobado asimismo el 5." en su p¡'illlel'a pal'te; desapro-
bado en su segunda, y accplados pOI' una gran mayoría los
articulos 6.", 7.", 8." Y 9."


En tal estado, pasó el asunto al Estamento de Próce-
res, el eual, ¡'cstableciendo cn vigol' la parte del arto 5.0
desaprobada pOI' los pl'oelll'adol'es, y desechando á su vez
el 7.0 sc puso en desacllel't!o con el Estamento electivo é
hizo necesario el nombramiento de una comision mixta.
Nombrada y reunida esta, examinada de nuevo la cuestion
y conciliados los parecel'es, vino á resultal' á la pqstrc una


(t) Apéndice número H.




814 ANALE!! 'DE ISABEL 11.
cosa muy pareeida en el 'fondo al proyecto de ley presen-
tado por el gobierno, si bien notablemente mejorada en la
redaccion.


Ya, antes de terminarse este asunto, habian llovido, en
el Estamento de Procuradores, peticiones dirigidas á mil
objetos distintos. De ellas una, por ejemplo, el'a l'elativo á
la ,supl'esion de otro tributo parecido al del Voto de San-
tiago y conocido con el nombre de :l/ereed de amigos,
que pagaban ciertos pueblos de las provincias de Murcia y
Ciudad-Real; otra revindicaba para el Estamento el dere-
cho que, segun varios procuradores que la firmaban, tenia
él para revisar y modificar sn reglamento interior; otra
proclamaba la conveniencia yla justicia llerevalidar 10s
empleos concedidos desde el año de 1820 al de 23; otra pro-
ponia que se colocase, en sitio designado por el gobierno,
una inscripcion conmemorativa del dia 2i de julio; otra ma-
nifestaba la necesidad de proceder al nombramiento de una
comisiou .científica qne con la mayor urgencia propusiése
medidas contra el cólera; otra reclamaba la estincionde las
hCl'mandades Santa, Real y Yieja de Ciudad-Real y las de
Talavera y Toledo; varias tenían por objeto escitaral gobierno
á que recompensase á los militares, y á que les diese acce-
'SO en otras carreras; algunas iban mal'cadas con el sello de
un intel'es respectivamente mezquino y á veces tambien
personal; muchas eran ambiguas bajo el punto de vista del
derecho ú controvertibles bajo el de la conveniencia; todas
insuficientes para mejorar la situacion del pais; ninguna
por fin urgente. Esas, 'Sin embargo, y cuantas plugo a pl"O~
curadores presentar al Estamento, otl'as tanta'S, tomadas Jen
collSideracion por él y apoyadas por las eomisiolles.. fueron




LIBRO ~EGUNDO.· 315
sucesivamente discutidas con mas ó menos calor y aproba-
das por mas ó menos número de votos.


Ninguna de las peticiones cuya discusion embargó por
aquel tiempo la atencion del Estamento popular, tenia, em-
pero, la importancia que desde luego, y con razon en vel'-
dad, se dió á la llamada de derechos fundamentales, espe-
cie de código en 12 articulos que, basado en priúcipios
teóricamente magníficos, pero inconciliables casi todos en la
práctica con el estado del pais, ofrecian, por lo tanto, á los
ojos de los hombres verdadel'amente amantes del progreso
y partidarios del órden. todos los inconvenientes de la ino-
portunidad. A nadie sorprendió, pues, la viva oposicion de
que, por parle de los ministros y de algunos procuradores
influyentes, fué objeto su adopcion, tanto en su totalidad
como por articulos, ni las modificaciones que en ]a discusion
hubieron de sufrir casi todos estos.


Sobre ]a totalidad habló largamente el procurador True·
ha, reproduciendo los argumentos de que, en el Estamento
de Próceres, echó mano el duque de Rivas en e] debate
suscitado con motivo de la conlestacion al discurso del Tro·
no. Sobre el mismo tema, tomó la palabra don Antonio
Gonzalez; y dando á la peticion mas importancia aun de ]a
que realmente tenia, dijo: «Se trata, señores, del decreto de
»vida ó muerte civil de los españoles, y esto depende de
»la aprobacion ó desaprobacion de cada uno de los articu-
»Ios que contiene la peticiono La libertad individual, la de
)imprenta, la seguridad personal, la inviolabilidad de la
)'Propiedad, la responsabilidad ministerial y "la. milicia Uf-
llbana forman la base de la suerte Mura de Jos espa-
".ñoles,1)




316 ANALES DE ISABEL II.
Para contesta!' a estos argumentos tomó Santa Fe la


palabra, y muy oportunamente hizo notar que, en los arti-
culos 32, 33, 34, 3ti Y 36 del Estatuto Real, estaban
consignados como leyes fundamentales los principios que
servian de base a la pelicion;-que, en virtud de dichos ar-
tículos estaba el pais en disposicion de proporcionarse, por
medio de leyes sucesivas, cuantas ventajas quisiera; que en
realidad disfrutábamos asi de libel'tad civil como de segu-
ridad individual;-que el derecho de propiedad, lejos de
sel' como se pl'etendia, una quimera, era una realidad,-
({ue asimismo existia en Espaüa la igualdad ante la ley del
modo que de ella es posible disfmta!' en una nacíon en que,
como en la nuestra, se encontmban varias gerarquias re-
conocidas por la misma ley, y que no habia posibilidad de
destruir por el pl'onto sin tocar á los cimientos de nuestro
edificio social;-qlle lo que unicamente, de todo lo espues-
lo en la peticion, fallaba en el Estatuto Real era lo relativo
á la responsabilidad de los funcionarios publicos; punto
acel'ca del cual habia ya presentado el gobierno un proyecto
(le ley de que estaba enc3I'ga(la de informal' ulla comision
del Estamento.-«Tambien tenell1os,-añadia Santa Fé,-
)}un código criminal, cuyo exámen ocupa á otra de nuestras
»)comisiones, y en él se hallan garantidos todos los del'echos
l>de los ciudadanos. No veo, pues, la necesidad de ingerir
)ltales articulos en la ley funuamental. Esta no puede con-
)ltener mas que aquello que es absolutamente preciso para
))Ia existencia de la nacion. Ahora bien. ¿No estú ya esta-
»blecido en nuestras leyes fundamentales lo que se necesi-
)ta para asegurar la inviolabilidad de la pl'Opiedad, la se-
»)gmidau pe¡'sonal y delllas derechos que en la peticion se-




LIBRO SEGUNDO. 317
»indican y que pueden concederse al hombl'e? ¿Tenemos
»por ventura atadas las manos para ejercer el derecho de
»)peticion, por medio de leyes sucesivas, sin necesidad de
»añadir al Estatuto esa uclunlCion particular? Yo creo que
»nó » - (( Es verdad, - contestaba á estas observacio-
nes el procurador por Almcría don Javier de Leon Ben-
dicho.-«Es verdad que las leyes citadas oportunamente
»en la peticion existen en nuestros códigos; pero entre
»otras muchas absurdas, perjudiciales, tiránicas é incon-
»gt't~entes, hijas sin duda del capricho de un valido ó de
)Hm ignorante,») como si la circunstancia de hallarse con-
fundidas con estas fuese bastante á invalidar aquellas. ¿No
era en todo caso mas lógico, mas sencillo, menos sujeto á
inconvenientes entresacar de nuestra legislarion, pucsto que
en ella existian, aquellas leyes, que lanzar un nuevo blan-
don de discordia en cl parlamento, apenas constituido aun,
y en el pais, sohradamentc agitado ya? Todavía, concedien-
do de una manel'u absoluta á los defensores de la proposicion
la cxactitud dc los principios en eIJa establecidos, entraba
el marqués de Falces en la curstion de oportunidad, y hacía
ver el Eslamento el chocante ('ontrasentido que formaban
los votos dc los peticionados con el estado del pais, en que
por todas partes pululaban los facciosos, en que tan dividi-
da estaba la opinion y tan inquietos los ánimos. Y, en se-
guida, trayendo á la memol'Ía la Constitucion de 1812, re-
cOl'daba como, á muy poco de establecida, se "ió la dificul-
tad, que para la conservacíon del órden público, ofl'ecia la
rigurosa observancia del articulo sobre seguridad indivi-
dual, la demasiada latitud que en él se daba á este derecho,
y la necesidad en que se vieron los gobernantes, por no vio ..




318 ÁNALES DB. ISUD. n.
lar"abiertamen~ la ley, de eludirla á favor de una sutileu.
En su rápida reseña de los diferentes artículos que com-
prendía la peticion, al llegar al relativo á la milicia Ul'bana,
se espresaba en estos términos:-{(Acaso vendrá dia en que
»la solidez de nuestras leyes, la exacta observancia de ellas
»y otras mil circunstancias podrán no llacer necesaria esta
»fuerza ni la del ejército .. Esto, las variaciones de su orga-
»nizacion y demas convenceran a cualquiera de que no pue-
»de comprenderse semejante institucion en la categoría. de
»las fundamentales ..... Consigamos la victoria y luego, á la
llsombra de sus lam'eles, reformaremos pacíficamente lo
»que en, nuestras instituciones haya de defectuoso y de in-
»cQmpleto. )}


Ni estas razones, ni las aducidas por Martinez de la Ro-
sa, TOl'eoo y Moscoso de Altamira en la acalorada discu-
sioo que, con, este. motivo. se vieron obligados á sostener,
fueron parte á impedir que el Estamento, votando desde
lueg¡> favorablemente la totalidad de la peticion, se ocupa-
se en seguida del examen de sus artículos.


En la volacion del pl'imero que decía así: «La libertad
)lindividual es protegida y garantida; por· consecuencia
»ningun español puede ser obligado á hacer lo que la ley
»no ordena;»-hubo empate; en vista de lo cual don An-
tonio Gonzalez, á nombre de los firmantes del documento,
cuyos artículos iban á discutirse, propuso para el primero
~e.ellos la nueva siguiente redaccion:-(<I.as leyes prote-
)~en y aseguran la libertad individual;» principio incues-
tionable que, formulado en estos términos, aprobaron no-
venta y cinco.de los ciento y un procuradores presentes á
la dis~usion.




LUPlO SEGUNDO. 3i9
El segundo artículo: «Todos los españoles pueden publi~


)l.CQf sus· pen8'lmientos por la imprenta, sin previa censura,
)lperO con sujecion á las leyes que reprimen los abusos,»
diómárgen, como era de suponer, á un reñi:lísimo de-
bate.que, á pesar de los peligros con que, en aquellas-cir-
cunstancias, amenazaba elórden publico la adopcion de
semejantes disposiciones, y de los esfuerzos que, por opo-
nerse á ella, hicieron T01'eno, Martinez de la Rosa y al-
gunos procuradores, decidió favorablemente el Estamento
pOl' una mayoría que en rigor no podia llamarse tal, pues-
to que, de Jos ciento doce presentes, cincuenta y cinco vo-
taron en contra y uno se abstuvo de votar. Aprobando. este
aJlliwlo, no notaban. siquiera los, que tal hacian la es~ie
de contradiooion que envolvia su voto, ni los peligros á que
esponia al país, ni los inoonvCllientes que, una vez consa,",
grado el,uso del derecho, podia acarrear el abuso de.su ejer-
cicio, Contr.adicciotl habia, en efecto, en abolir la pl'évia cen-
sura, con sujecion á.la.s leyes. que reprimen los abusos,
cuando tales. leyes ni existian .ni se pensaba, en hacerlas; á
peligros, y graves, exponiaaJ pais el súbito desencadenamien~
to, por medio de la prensa, de violentas paslones largo tiem-
p~,eomprimidas; inconvenieales, y muchos, ofl'eciaJaadop-
cion de aquella. medida en momentos cabalmente en que
tan indecisa estaba la opinio»: pUblica, en que tan general
seába haciendo el desconcie1'to, y en que, sobye todo, en-
greídos los carlistas con la llegada de su rey y.con algunos
triunfos obtenidos contra .las divisiones de la reina, iban
haciéndose prosélitos en todas las. provincias de Espaiia. y,
creciendo cada dia en audacia, p~dian lleiVarla hasta el
pun\o,de es\ablecer perwdWos que, mas ó,menQs emboza~




320 ANALES DE ISABEL 11.
damente, preconizasen sus doctrinas ó defendiesen su cau-
sa. No prevaleciel'on, ó mejor dicho, á nadie se le ocurrieron
estas observaciones y el artículo fué aprobado.


Fuélo asimismo, por cincuenta votos contra cuarenta
y ocho, habiéndose abstenido de votar cuatro procurado-
res, el artículo 3.° concebido así:-«Ningun español puede
»ser perseguido, preso ú arrestado ni separado de su do-
»micilio, sino en los casos previstos por la ley, y en la
»forma que ella prescribe.»


Adoptado este artículo, confusa y redundante amplifi-
cacion del 1.0, se abrió discusion sobre el 4.·, cuyo tenor
literal era:-«La ley no tiene efecto retroactivo, y ningun
»español será juzgado sino por los tribunales estableci-
«dos por ella, antes de la perpetracion del delito; »-prin-
cipio de eterna justicia, consignado en todos los códigos
del mundo; pero que, por la mala observancia de los nues-
tros, habia sido falseado muchas veces en España, como,
por razones idénticas, cOl'pia peligl'o de serlo, aun despues
de erigido en ley fundamental. Esto, no obstante, ningu-
na dificultad sufrió en el Estamento de procuradores la
aprobacion de este al'tículo, al cual, en el trascurso del
debate, propuso el marques de Falces se hiciese la siguien-
te adicion:-« 1.0 mismo se entenderá en los negocios· civi-
les, »-que el Estamento adoptó.


Antes de entrar este en la discusion del art. 5. 0 for-
mulado asi:-d.a casa de todos los españoles es un asilo
»que no puede ser allanado sino en los casos y forma que
»)ordena la ley.»-Presentó don Antonio Gonzalez, en nom-
bre de los fh'mantes de la peticion una variante redactada
como sigue:-«No puede ser allanad9, la casa de ningun




LIBRO SEGUNDO. 32Í
»español sino en los casos y forma que ordene la ley.»· Y
como esta ley no esta~ hecha, tal al menos cual convenia
para evitar abusos y perjuicios, tuvo la nueva redaecion
del artículo 5. o que sufrir todavía, á pl'opuesta del conde
de Toreno, una adiicion, que aceptó el Estamento, quedando
con ella definitivamente aprobado en estos tél'minos:-«No
»puede ser allanada la casa de ningun español sino en los
»casos y forma que ordena Ú o['denare la ley.)


El articulo 6. o dividido en dos partes, fué aprohado en lá
primera.-«Todos los españoles son iguales ante la ley,») y
desaprubado en la segunda;-( pOI' 10 mismo ella protege,
»premia y castiga igualmente.»


Lo ngo é incoherente de la primitiva redaccion del al'-
ticulo 7. o indujo á los autores (Iel proyecto de peticion á
manifestar al Estamento, como pOI' boca de don Antonio
Gonzalez se verificó, que, á fin de evitar intel'pI'etaciones, se
habia acordado poner dicho artículo á discusion, redactado
de nuevo en esta forma: -«Todos los españoles son igual-
»)mente admisibles á los empleos civiles y militares; por
»)tanto todos deben pI'estarse igualmente á las cargas del
»)servicio público,» forma todavía, si cabe, mas vaga y mas
incoherente que la primera que, reconociendo á todos los
españoles igual derecho á los em¡¡leos, añadia la frase si-
guiente:-osin mas distincion que la capacidad y al meri-
to;)) indeterminada espl'esion de un pensamiento confuso;
consagracion absoluta de un derecho que no era prudente
dejar existir sin resll'icciones. No lo comprendió, sin em~
bargo, asi el Estamento que, con solo algunas modificacio-
nes de poca importancia, dejó pasar el artículo, definitiva-
mente redactado en los umuiguos y mal espresados térmi....;,


TOMO 1. 2t";;:


. ,




322 AXALES DE ISABEL 11.
nos siguientes:-«Los espí\ooles son igualmente admisibles
ȇ todos los empleos del Estado y wdos deben prestarse
»con igualdad á las cargas del sel'vicio público. l'


El artículo 8.°, inútil por comprendido en la segunda
cláusula del anterior, pues¿qué otra cosa que una carga del
servicio público son las contribuciones?decia :-(todos
»los españoles tienen igual obligacion de pagar las cOlltri-
Ilbuciones libl'emente yotadas por las COI' tes , en pro-
»porcion de sus haberes.»-CombaLido por val'Íos orado-
res, y en pm'ticulal' pOI' el marques de Falces y Martinez
de la Rosa, no precisamente en el fondo dc la idea, sino en
los términos de la rcdaccion, quedó pOI' último aprobado
en los siguientes, propuestos, en nombre y con anuencia
de los peticiollal'ios, pOI' don Fermin Caballero.-(Todos
los españoles tienen la obligacion de pagar las contribucio-
)lneS votadas por las Córtes.»


-«La propiedad es inviolable y se prohibe la confisca-
)Jcion de bienes. Sin embargo, .Ia }wopiedad está sujeta. U
»A las penas lcgalmente impuestas por scntencia legílima-
llmente ejecutoriada: 2.° A la obligacign de set' cedida al &-
»lado, cuando lo exigiel~e algun objeto de utilidad .pública,
previa indemni.zacion.á juicio de hombresbuenos:n....,.,Tal
era, en su tenor .Iiteral, la Pl'ilnitiva.redaceion deLm't. 9.°, á
la cual manifcstó Caballel>o, en la sesiOll deltO de seliemme,
que habian acortlad!) lospelicional'ios sustituit'una nueva (iue
en nada, á la verdad, com') no sea en la coloeacion de las pa-
labl'as, se diferenciaua de la lH'imcnl. Hé aqui los térmwf)s
de la segunda. «La pl'opiedau es inviolable: sin embargo,
)lestásujeta.-.-1.· A la o\'¡\igal:.~~ .\le stre~dida al Estado
_Q\l\\{\dQ 1<) e~i~\ef~ u\~un \}\)l~\Q de \\ti\\da(\ piW\icn, Pl'Qvia




UBRO SECmI'iDO. 323
»siempre la indemnizacion á juicio de hombres buenos:
»2.0 A las penas Icgalmente impuestas y á las condena-
»cioncs hechas por sentencia legalmente ejecutoriada.-La
»confiscacion de bienes queda abolida.» Despues de algunas
obsel'vacioncs del procuradOl' Serrano (don Ginés), que que-
ria quc á la palabra propiedad, se sustituyese derecho
de jlropiedad, y á la espresion de sentencia legalmente,
ejecutoriada oll'a mas adecuada al caso, observaciones á
que contestó don Antonio Gonzalez en nombre de los auto-
res de la peticion, tomó la palabra el Pl'ocurador Santa Fe,
y, sculando por principio quc,-«dcbia suprimirse la pena
»dn confiscacioll de bienes como injusta é inmoral,)) incUl'-
rió á rcnglon seguido en la mas (leplorable contradiccion,
diciendo:-«Pel'o me pUl'ece que, atcndidas las circunstan-
lIcias actuales, debe solo sel' suprimida para los verdade-
»ros españoles; 110 }Jata los espurios que están peleando
»contra la madre patria.)) ¡Singular modo de hacer leyes!
iSingular modo dc inLel'prclul' el recien aprobado arto 6.'
de la pelicion que se eslaba discutiendo; isignificativa de-
mostl'aCiÚll dc la sinceridad con que en la tribuna soste-
nian algunos PI'ocUl'adorcs sus peligrosas doctrinas!


En el al't. 10.0, verdadero pleonasmo de la_mayor parte
de los discutidos ya, cuya pl'imiliyu redaccion era:-«La
»autol'Ídad Ó funcionario público que atacare la libertad
»individual, la segUl'idad personal ó la propiedad, comete
)Jun. cl'imen y es rcspollsable con a1'reglo á las leyes,» se
supl'imieron á propuesta de los mismos peticionarios las
palabras comete un crimen, y en esta forma se procedió á
su discusion. Como era natural, versó esta únicamente sobre
pnh\ll.ras, y. dos~ues de muchas cangcadas sin pl'ovecho a\~




32.1 }\~ALES DR ISABEL 11.
guno por varios oradores, quedú aprobado el artículo y
acordada la supresion.


Del cotejo de este art. 10.· con el 11.0 que deda: «Los
»secretarios del Despacho son I'esponsables por las infrac-
»ciones de las leyes fundamentales, por los delitos da trai-
»cion y concusion y por los alentados contra la libertad in-
»dividual, seguridad personal, y del'echo de propiedad, l) po-
dria sin gl'ande esfuerzo Jeducirse que un secretario de Es-
tado no es autoridad ni funcionario público, ó bien que las
autoridades ó funcionarios públicos no son responsables por
delitos de traicion y concusion. Como quiera que sea, los
articulo s 10.· y 11.0 podian sin inconveniente refundirse en
uno que, concretado á los dos citados casos de traicion y
concusion, pues los demas quedaban previstos en los ar-
ticulos anteriores, y redactado en debida forma, habria sido
la exacta espl'esion de un pl'incipio que era de alta justicia
y de reconocida importancia consignar de una manera es-
plicita y terminante en nuestra legislacion. Elevarlo á la
categoría dedel'ccho fundamental, pal'ecia escusadO cuan·
do dos lineas inlel'caladas. en caso necesario, en el código
criminal presentado un mes hacía al exámen y aprobacion
del Estamento bastaban l)ara conseguir el objeto que se de-
seaba. Verdad es quc csta misma objecion, fundada en mo-
tivos análogos, podia hacerse á todos ó casi todos los ar-
tículos de la peticiono


Aprobado, pues, el 11. • I'nll'óse ;" discutir el 12. 6 Y últ!-
mo; «La milicia lIl'bana sc OI'ganizará en toda la nacion, en
»conformidad de los I'cglamentos y ordenanzas que discutie-
)¡ren y aprobal'cn las Cortes, l) cuya vaga é incompleta
enUl1ciacion hllbicl'on lo;; peticionarios mismos de presentar




LIBRO SEGt:NDO. 325
modificada como sigue: «Habrá Ulla institucion de guardia
)nacional pam la cOllsel'vacioll del ól'den público y defen-
»sa de las leyes. Su organizacion será ohjeto de una ley.»
Aunque definitivamente apl'obado en estos tél'minos, el ar-
tículo 12.0 asi en su redaccioll comocll su fondo, en su for-
ma, lo mismo que en su esencia, fué objeto de muy vivos
y no infundados ataques.


El procuradol' Vega y Rio, {lue fué el pl'imero que en
contra de él tomó la palabra, se opuso al cambio de nombres
proyectado. Abargues se pl'onunció por la sllstitucion; y
él Y Ortiz de Velasco encarecic¡'on los sel'vieios prestados
en todas épocas pOI' la gmmlia nacional; como si ,mbanos,
milicianos, guardias nacionales ó voluntal'ios realistas, no
fuese todo uno en cuanto hace relacion á sus elementos
constituyentes; como si del nombre, y no de la organizaeion
que se les diese, hubiera ventajas que esperar, recelos que
concebir Ó inconvenientes {Iue deplorar. «El gobierno que,
»refiriéndose á la csposicion lcida en las CÓI'les por el mi-
),"istro de lo Intel'ior, asegura que existen en España mas
)lde cien mil urbanos ar'mados, y ciento veinte mil que es-
)tún aguardando armamento, y que para armarlos poco á
»POCO tiene pedidos á lnglatel'ra ;-lO,OOO fusiles mas, quiere
»confiar eslasarmas á los que le ofl'eeen gal'antias. La :milicia
»urbana-dijo, prosiguiendo su discUl'1'io, cl).lI'ocllradorOI'tiz
de Velasco,-((sufre desaÍl'es, ellcuentm r'esislencias, y ve
»ocupm' empleos importantes á pe¡'SOIlaS que han servido
»en la época del gobierno pasallo de delatores y aun de
'lverdugos, y que ahora visten el uniforme nacional. »-Lo
que, en términos algo mas claros, queria decir que no eran
de la milicia urpana todos los que vestían su ulliformc, sino




326 ANALES DE ISABEL 11.
que entre ellos habia delatores y verdugos á quienés era
menester echar de los destinos que ocupaban para dárselos
á sus víctimas. Esto es á lo menos lo que, lógicamente se
podia infel'ir de las palabras de Ol'tiz de Velasco y de otros
varios Pl'ocul'adol'es que cual él se espresaban. No hacia
muchos dias aun que, ¡ntel'pelando al ministro de lo Interior
acerca de las medidas que, paea asegurar la tranquilidad
pública se habian tomado, decia el pl'ocuradOl' Lopez.
«Desgraciadamente tenemos un partido enemigo que aspira
»al despotismo y á I~ teocracia ...... Las facciones pululan
»por todas partes. Y ¿quiénes son los que las componen?
»Empleados por el gobiemo los mas: empleados del antiguo
»sistema ... » Asi se iba ya formando el proceso de estos
empleados para derl'ibarlos á la primera ocasion y ocupar
su puesto. - «Que la ley sea inflexible - continuaba el
fogoso orador; -y que nunca nuevlIs leyes de esccpción
»y benignidad vengan á imponer silencio á IlIs que an-
»tes se dictaron, consultando los dos pr'imeros intcre-
)'ses de la nacion: la scgun'datl individual y la convc-
»m'encja pública.»)-«Eso,-volvia ú decit' Ortjz de Ve-
»Iasco,-eso es lo que no puede ver impasible la guar-
»dia nacional. »-« Y ¿qué quiel'e el preopinante, que se ha-
»ga?-preguntaba Martinez de la RoslI.-¿Son á['bit~'os
»\os individuos 'le la milicia urbana de decidir si los- em-
»pleados son buenos ó malos'? ¿Qué seria cntónccs de la so-
»cíedad? El deber de la milicia y su nohle instituto es
»servir de apoyo á las leyes dando el ejemplo de respetul'-
)Ias. No basta hablar de leyes, ni de del'cchos, ni de prin-
)'cipios fundamentales, cuando se enuncian esas máximas
llsubversivasen el santuario de las leyes. n Estas palabras




LIBlÍÓ SEGUNDO. 327
del presidente del Consejo de Ministrds produjeron en el
auditório cierta agitaeion, en J'nedió de la cual siguió su cur-
so el debate hasta degenera¡', como á la postre degeneró,
en una euestion de nombres.


Dióse, con esto, punto despues de muchos dias de aca-
loradas reye¡'tas, á la discusion del proyecto de peticion de
derechos fundamentales, el cual, definitivamente aprobado
pOI' el Estamento, propuso alguno de los individuos de esta
corporacion debia presentarse inmediatamente á la sancion
de la reina, 110 de oh'o modo flue, si se t!'atase de un pro-
yeclo de ley. A tl1n infundadl1 pretension opúsose Martinez
de la Rosa con !'azones de justicia, de deco¡'o y de conve-
niencia que no poco contribuyeron á hacer que la determi-
nacion que sobre este punto adoptó el Estamento, se for-
mulase como sigue:-(Los Procurado¡'cs del ¡'eino piden á
»S. M. tlne se ~igne tomUl' en coosideraeion, para que se
>Jdeclaren como de¡'echos fundamentales, los que contiene la
»peticion siguiente:)} Asi se adoptó.


Oeupábase entretanto y casi diariamente una parte de
las sesiones asi de los P¡'óccres como de los Procuradores
en el reconocimiento de pode¡'cs, cuyo cxámcn no dejaba,
sobretod.o en este ultimo Estamcnto, de dar alguna vez
márgen á apasionadas controve¡'sias. En el primero, la
ausencia de un gran núme¡'o de los individuos nombrados
por la reiná para o~upal' sus escaños PI'ovocaba, de parte
de algunos de los presentes, pi'oposiciones dirigidas nada
menos que á la eSGlusion definitiva de los que, en un tiempo
dado, no aoudiesen al lIamaniiento de la ilustt'e corpora-
clon. En la de Procuradores, el escrupuloso rigor con que
una&. veQeát y la iulbdsente fallilidad coIi que otras proee-




328 ANALES DE rSABEI. n •
. dian muchos de sus individuos á la reVISlOn de poderes
daba la medida exacta del grado de simpatía ó de descon-
fianza que á estos hombres inspiraban las ideas ó los ante-
cedentes de sus electos colegas, y eran il'recusable testimo··
Dio del empeño con que, desde luego y en la prevision de
la lucha se tI'ataba de I'educir en lo posible el número de los
contrarios. Verdad es que, en atencion al aspecto de ins-
tabilidad que presentaban las cosas; á la indecision que
reinaba en los ánimos; á lo arriesgado que hacia el cólera
la residencia de la capital; y, por último al estado de agita-
cíon y d~ iusegul'idad en que se hallaba el pais, el cargo de
procurador á Cortes, considerado por la mayor parte de los
hombres de sabet·, de prestigio y de fortuna, como una pe-
ligrosísima mision, era solo ambicionado por aquellos que
se llevaban la mira y conocian el modo de esplotarlo. Asi,
de los pl'imeros se vió á pocos acel'carse como candidatos á
las urnas electorales, á muchos eludir por todos los me-
dios posibles el compl'omiso de su nombramiento y á algu-
nos hacel' terminantemente renuncia de aquel cargo. Lo
mismo en HilO que en otl'O Estamento, llovían, pues, re-
presentaciones dirigidas todas ellas á eximirse por tiempo
mas ó menos indetel'minado de la asistencia á sus sesiones.
Desde Pamplona, oficiaba el conde ele Gucndulain al presi-
dente de los P¡'óceres que no le era posible ponerse en ca-
mino pam la cÓ\'le;-c(en razon á haberle manifestado el
»general Rodillas dificultades f{Ue, por causa de los faccio-
)1S0S, se presentaban para el paso del Ebro,» Razoncsaná-
logas, falta de salud, ó cscepciolles de distinta especie opo-
nian con el mismo objeto otros próceres y Pl'ocUl'adores, Al
'p~~~de~~e de ~st~.~ oficiaban de~d~ Martorell. algunos .de




LIBRO ~EGUNDO. 329
lOS nombrados por las provincias catalanas que, en camino
pal'a Madrid, habian tenido que suspender su viage por ha-
ber recibido (con notable atraso por cierto) la noticia de los
estragos que en la capital estaba haciendo el cólera. Otros
daban por escusa la necesidad de tomar baños; y estas y
otras mas ó menos reales ó fundadas alegaciones tenian de-
sierta en uno y o\ro Estamento, y en particular el de los
pl'óceres, la mayor pal'te de los escaños.


En ambos, sin embargo, llevaban adelante sus respecti-
vas tareas las comisiones nombradas pam infol'mar sobre
varios importantes proyectos de ley presentados a su
examen, desde los prime¡'os dias de su I'eunion, pOI' los
consejeros de la Corona. Ademas del relativo á la abolicioll
del1Joto de Santiago, discutido y aprobado ya, figuraban
entl'e estos pl'oyeclos de ley el arreglo de la Hacienda pú-
blica, la formacion de un nuevo código criminal, la escIu-
sion de don Carlos y de su familia a la corona de España,
la fijacion del valor de la moneda fraucesa circulante en el
reino, notables modificaciones en el sistema monetario, la
responsabilidad de los jueces y alguno otro.


En la sesioll del 3 de setiembre, se leyó el dictamen de
la comision de PI'óceres encargada de informar acerca de la
conducta del infante dou Cádos y de la que con respecto á él
debia observal'se. Este dictamen, lo mismo que el presen-
tado un mes mas tarde en el otl'o Estamento pOI' la comi-
sion de Procuradores, aparecia en un todo conforme con el
proyecto de ley. Asi (ué que, no obstante la gl'avedad del
asunto y la amplitud que se dió á la discusion, pues, con-
tra la regla generalmeute establecida, acordó el Estamento
de Próc~res que no se diese el punto por suficientellEllte dis·




330 ANALES DB ISA8EL n.
cutido ínterin hubiera un sola individuo que quisiese hacer
usode la palabra, una sesion bastó en dicho Estamento y
tres necesitó" e! de PI'ocmadores para diseuti¡' y aprobar el
doble dictamen de sus respectivas comisiones. En el
Estamento popular, la votacÍon fué unánimemente fa-
vMahl~ al pl'l)ye~to d~ ley y al di~tám3n de la eomi-
sion: de los Próceres ninguno hubo que votase en contl'3, y
solo el conde de Tahoada se abstuvo de consignar su opinion.
Resuelto lo principal, pl'csentáronsc, en uno y otl'O cuerpo
legislativo, adiciones de importancia. En el Estamento de
PI'ócel'es, al dictamen de la comision ("le declaraba es-
c\uidos de la sllcesion á la corona de Espmia a don Cár-
los y su descenden~ia, pidieron varios de los volantes
de este articulo único f{Ue, sc añadiese otro declarando
-«qucdar aquel pr'íncipo y sus descendientes privados de
«volver ú los dominios de Espaila.» Puesto ú votación, re-
sultó este segundo artículo aprobado pOI' todos los P"óceres
presentes, esceplo por el ya eitado conde de TabomJa, y el
marqmls de Santa Cruz de Hombl'oit,os, que se abstuvie-
ron de votlr. En los mismos términos rué presentada y
aprobada esta adicion cn el Estamento de PI'OCUradOl'es,
donde, menos feliz, ó mejor dicho, menos del momento,
hubo de ser retirada, antes ele discutida, una proposicion
presentada por val'ios de sus individuos como complemen-
to de! ya apt'obado dictamen dc su comisioll, y encaminada
á pedir al Estamento declarase que, cn caso dc fallecer sin
hijos la reina doila Isabel y su hermana la infanta doña Lui-
sa Fel'llanda, recaeria la COl'ona en el infante don Francisco
de Panla y su descendencia.


Con esto, y manifestar los firmantes de la proposi~ion




LmItO SEGUNDO. 331
(Butron, Ulloa y el conde de las Navas) que, aunque reti-'
rándola deseaban que constase en actas la mocion pOI' ellos
heeha solll'c cste p:ll'ticlllal', quedó terminada la cuest.ion en
ambos Estamentos y definitivamente resuelta de derecho
por la sancion de la reina, la esclusion á la corona de Es-
paña de la descendencia de don C:'Irlos de BOl'bon. Rey de
hecho, sin embargo, en las provincias vasco-navarras, veía
entre tanto este príncipe coronados de éxito feliz los colo-
sales esfuerzos que, por desgarrar Con sus bayonetas el re-
ciente decreto de esclusion, hacían sus intt'épidos soldados.


A talio csto, pel'segnido él tan activa como inutiJ-
mente por cl gcncl'al en gcfc de las tI'opas de la reina,
ha\lábase en Aoiz el dia 20 de setiembre y, el 21, reu~
nido con Zumalacárregui en el pueblo de Engui, há-
cia donrle se dirigia Córdova á la cabeza de una co-
lumna destacada de la division del general en gefe. Con
el reslo de ella, trasladó Rodil su cuartel general de Echar-
ren á Pamplona; dondc, sin hacer él ni recibir de sus te-
nientes aviso de habercllos verificadú cosa quede contar sea,
permancció hasta el dia 30 de setiembre. Con la misma fe-
cha, haciendo entrega del mando supel'ior de la provincia ydel
ejército a\ virey en cargos conde de Armildez de Toledo,
el cual, por causa ó á pl'eteslo de enfermedad, lo delegó
cn el general Lorenzo, íntcrin llegaba el general don Fran-
cisco Espoz y :Mina nombeado para encargat'sc de este do-
ble mando en reemplazo de Rodil, salió éste de Pamplona al
frentc de una columna destinada á operar por la parte de
Salvatierra, y, tomando el camino de la Borunda, llegó el
<Ua pl'imet'o á Echat'I'i-Áranaz, de cuyo fuerte intenlál'a
Zwnalacárregili apoderarse por sorpresa en la ID[\üanadel




332 ANALES )lE ISABEf. n,
día anterior, En este último punto, dejó Rodil algunas pie-
zas traidas de Pamplona con objeto de artillar los fuertes de
la Borunda, y se dirigió á Vitoria, donde se hallaba el dia 3.


AIli, no tomando ya parte activa en las operaciones de
la guerra, cuya direccion abandonó á don Joaquin de Os-
ma, comandante general de las provincias Vascongadas, tu-
vo tiempo Rodil para meditar mas despacio que hasta enton-
ces lo hiciera, sobre el carácter peculiar y los resultados mez-
quinos de aquella lucha bajo tan brillantes auspicios empren-
dida por él algunas semana~ antes; y estremecerse debia al
contemplar el incremento flue en poco mas de ochenta dias
tomal'on las (acciones, el ensanche dado á los límites del ter-
ritorio ocupado por ellas, yel tl'iste cuadro, pOl' fin, que á
principios de octubre presentaban las cuatro provincias Vas-
congadas.:A los 25,000 hombres que, despues de guarneci-
dos convenientemente los puntos fot·tificados, quedaban á los
generales de la reina encargados de las operaciones, oponía
don Cárlos un númcl'o no ya mucho menOl' de soldados que,
hijos del pais, dueños de él, llenos de a1'rojo y de decision,
mandado" pOI' Zumalacárregui, y fanatizado1l por la presen-
cia del que ya se habian acostumlH'ado á considet'a¡' como su
rey, lidiaban, no lanto por la consel'vacion en {lt'incipio de
unos fueros que la mayor parte de ellos ignoraba I~n qué con-
sistían, cuanto por defender, en los límites de lo posible. la
independencia ó la integt'idad de su tet't'itOl'io que 110 recono-
cian á las tropas de la t'eina el derecho de ocupar militarmente,


Fácil, á la verdad, habl'ia sido, en oh'as circunstancias,
hacer comprender a los honrados y labOl'josas habitantes
de aquellas naturalmente pacificas provincias, que el único
modo de evitar esta ocupacion y de coPjurar lós males con-
-- .




LIMlO ~EGmmO. 333
siguientes á ella, era deponer las armas. Pero, lanzados
ya á la palestra, indignados po!' ¡os vejámenes á que se los
condenaba, exasperados unas veces por la derrotct, engrei-
dos otras pOI' el triunfo, convirtieron aquella lucha en un
duelo de amor propio. Dirigianlos ademas, y hasta subyu-
gábanlos hombres que, ora por fanatismo polltico, ora por
despecho, ora por miras de interes personal, no podian con-
formarse con la idea de renunciar al fruto de los sacrificios
hechos , á la indemnizacion de los azares corridos y á la
perspectiva de las ventajas con que para lo futuro parecia
brindarles la suerte. Ningun efecto util para la causa de la
reina produje¡'on, pues, las vagas y tímidas insinuaciones
de los emisarios ocultos del gobierno, contra una resisten-
cia organizada en las cuatro provincias, y sostenida por las
enérgicas cxortaciones de Zumalacárregui; ninguno laS
proclamas en que se ofrecia la paz, en tanto que, destru-
yendo u incendiando los molinos harinel'os é impidiendo á.
los traginantes la circulacion por los caminos, se arruinaba.
por castigar ó contener á algunos hombres, á un sinnume-
1'0 de familias inocentes e ínofensiY3s; ninguno los bandos
en que se amenazaba con todo el rigol' de las leyes á los
carlistas cogidos con las armas en la mano, cuando por mi-,
Iflgro caia alguno (Iue 011'0 de ellos en poder de las tropas·
de la reina; ninguno, en fin, la rigmosa ejecucioll de estos
terl'ibles bandos, que solo sel'vian pal'a exaspe¡'ar á los na-
turales del país y provocal' sangrientas represalias.


Con tales elementos, en circunstancias tales, la lucha. •
en eslremo desigual, no podia menos de ser, como en efec-
to lo era, cada dia mas desaslt'osa para los defensores de
Isabel. Así lo atestiguaban por desgracia tántos soldados




ANAJ.ES DE ISABEl. n.


muertos, tantos esfuerzos perdidos, tantas reputaciones ar-
ruinadas. Los laureles, fl'eseos aun, que al Ilegal' á las lWo-
vincias del Norte orlaban las sienes de los quince mil ven-
cedores de Almeida y de Santm'cn, se mal'chitaron en Na-
varra al soplo de contrario viento que, cual humo, disipó en
breve las glol'ias militares del primer mar(lues de Bodil.
Retirado este general en Viloria, pOI' cuyas inmediaciones,
lleno de afan y de espel'anza, pasaI'a un mes antes persi-
guiendo al Pretendiente, pudo comprender entonces lo qui-
méricodesemejante espel'anza y presencial', pocos dias des-
pues, una larga série de catástrofes, y el1t¡'o ellas la mas
horrenda quizá de que hacen mcncion los fastos de aqueIJa
sangrienta lucha.


En tanto que las facciones de Guipuzcoa y Alaya, man-
dadas por Villareal, amenazab.an á BCl'meo y embestian sin
resultado alguno á Espartew, que se hallaba en P1.encia; en
tanto que la junta cal'lisla de Navarra, con cinco batallones,
bloqueaba durante doce dias el recien levantado fuel'te de
Elizondo; en tanto que, en compaüia de don Cádos y en
combinacíon con Castor, atacaba Simon Tone á Bilbao
por las alturas de Santo Domiugo, Zumalacá¡'¡'egui, que á
la sazon se ballaba en las inmediaciones de los AI'COS, hace
un movimiento en dil'eccion opuesta á la que Se proponia
tomar, y, conseguido su objeto de llamar hacia ott'O lado la
atencion de sus enemigos, pasa con su gente el Ebt'o por el.
vado de Tronco Negro, con la idea de manda!' desue a\li
unas cuantas compañías á sacar de las fábricas de palio de
Ezcaray vestuario pal'a sus Latallones. Pero, fmstrauo este
designio, merced á un movimiento que oportunamente hizo
~n su caballería el coronel Amor, tuvo Zumalacán'cgui que




LffiRO SEGUNDO.


replegarse sobre Briones y, ue ~,~:i, pasando de nuevo el río,.
que intel'llarse en la montaña.


El general CÓt'dova que, llegado el dia 12 á Logroño en
seguimiento del gefe carlista, observaha con la mayor aten-
cion todos sus movimientos, salió el 13 para Hal'o, en tanto
que de Vitoria salia el brigadier O-Doyle en direccion á
Miranda, que Oraa, .con su division, se corría por la mon-
taña háciala parte de Peñacerrada, y que las tropas del
gellcral Manso, capitan general de Castilla la Vicja, mar-
chaban á tomar posicion en Montes de Oca y Monasterio.


Lejos de al'redrarse en pl'esencia de tantas fuerzas co-
mo, en seguimiento suyo, acudian á reconcenh'arse 'en' la
ribera del Ebro, pásalo de nuevo Zumalacárregui, y, fija
siempre en su men:e la idea de atacar á Ezcat'ay, empren-
de el camino que á aquella villa conduce; cuando, por el
que va á Logroño, descub.'e un convoy que, escoltado por
varios escuadroDes 4e la reina, se dit'igc á .esta ciudad.


Adelántase al p\lnto Zumalae:árregui con su caballel'ia
que, arrollada en las alturas de Fuenmayor, tardó poco en
rehaccl·se. Con ella tornó á la cUI'ga el atrcvido caudillo, y
apoyado por la infantel'Ía, cnvolvió junto al pueblo de Ce-
nicero \a escolta del convoy, obligándole á rendir las al'.,..
mas. En este pueblo, convertido por órilen de Zumalacár-
l'eguien teatro de inauditas atl'ocidad.es, logl'ó el Piefe car-
lista hacerse dueño de las armas de algunos d.e sus ,ur-
banos, que se llevó pl'isionc¡'os. Los demas, subidos fn
la tOl'l'e de la iglesia, debieron á la heroicidad de su resis-
tencia el sustraerse á la misma suerte. Como' quiera que
sea, el resultado de la jornada de Cenicero fué apoderarse
Z",m~\ac~rfegui -de mas de 2,000 {",$iles, los cuales ~e a{lfe~





336 ANALES DE ISABEL 11.
suró á ponel' en salvo, atravesando aquella misma noche
el Ebro con direccion á Navarra.


Gracias á este importante y, en vcrdad sea dicho,
inesperado encuentro, pudo el gefe carlista, ya que ll{
"estil', como tenia pensado, armar (lo cual, en definitiva,
le era todavía mas util) un gran numero de mozos que,
aunque instruidos y dispuestos ya, no habian podido, por
falta de armamento, salil' hasta entonces á campaña. Con
estos mozos y aquellos fusiles formó inmediatamente tr~
batallones, cuyo mando confió á Eraso que, de vuelta d{
su espedicion con el Pretendiente, se hallaba en Vizcay~
dirigiendo muy en provecho de la causa carlista las opera-
ciones militares. No ocultimdosele á Zumalacárregui cuan-
to mas util que en Vizcaya podia serie en Navarra la pre-
sencia de Eraso, gefe querido y considel'ado en este pais,
le dió encargo de operar con su nueva columna en todo e'
valle de Ol'ba, estendiendo sus correrlas por Aoiz y Lum-
bier en combinacion con Sagastibelza, que al (¡'ente de los
batallones 5.° y 8.0 tenia entretenidos á los cristinos en el
Bastan, y con Mancho, gefe tambien de gran prestigio, que,
desde el valle de Roncal, amenazaba el de Salazar y todo
el alto Aragon.


Tomadas estas disposiciones y atento siempre á pene-
trar en Castilla, hace Zumalacárregui un rápido movimien-
to sobre las Amescoas, con ánimo de ponerse á la mil'a y
aprovechar la primera coyuntura favorable para pasar otra
vez el Ebro. Lorenzo y Oráa, que, á fuer de gefes anti-
guos y prácticos en aquella guerl'u, tenian á su cargo la


yel'secucion de Zumalacárreglli, la emprenden de nuevo al
saber que, desde las fronteras de Aragon, ,'egresa esCi!




LIBRO SEGUNDO. 337
caedilloá la Borunda y, con el objeto de observar, sin cor-
rer riesgo, sus movimientos y operaciones, van á situarse en
los Arcos, en tanto que la brigada de O-l>oyle, recien lle-
gada de las mál'genes del Ebro y salida aquel dia de Vito-
ria, -se acantona en Alegría. Sábelo Zumalacárregui. In-


mediatamente, tomando cuantas medidas y dando cuantas
órdenes requeria el caso, pasa, en la noche del 26, elrio
por el puente de Arguijas y, con seis batallones y cuatro es-
cuadrones, se aloja en Santa Cruz de Campezu.


A la mañana siguiente, despues de haberse cCl'ciorado
de que las divisiones de Lorenzo y O,'áa permanecian en
los Arcos, divide Zumalacárregui su gente en dos columnas
y, encaminándose con una de ellas al puerto de Echavarri,
envia con la otra á Iturralde al de Erenchun, desde cuyas
alturas, lo mismo que desde las de Echavarri, se domina
no solo el pueblo de Alegria, sino toda la llanada de Ala-
va; inclusa su capital.


En la madrugada del mismo dia 27, habia salido con
direccion á Vitoria el gobernador de Salvatierra, condu-


. cíendo algunos carlistas hechos prisioneros en aquellos úl-·
timos dias. Atacado en el camino por tropas de Zumalacár-
regui que bajaban al llano, se defendió aquel gefe durante
un momento, esperando sin duda ver venir en auxilio suyo
á la division de O-Doyle; pero como esto nose verificase tan
pronto como él deseaba y habia menester, fuel'za le fué muy
pronto ceder al número de sus contrarios y replegarse otra
vez sobre la plaza cuyo gobierno tenia á su cargo. Alarma-
do al ruido de la fusilería, 1'2unc en este tiempo el briga-
dier O-Doyle las tropas de su mando, y, saliendo del pue-
blo, se dirige al encuentro de Zumalacárrcgui. Aguardába:'"


TOMO l. 22




338 ANALES JI)!; I~AnJI:JJ 11.
le este en medio de la llanura, en tanto que, pOl' la purte
opuesta, descolgándose del puel'to de El'enchun, entraba
Iturralde en Alegria. Bien que, cogido entre dos fuegos, no
tardase O-Doyle en conocer que tenia perdida la batalla,
luchó enérgicamente durante alglm tiempo contra su des-
ventajosa posicion; mas, al vel' que sus tropas, flanquea-
das por todas partes, desmayaban y se rendian, compren-
dió que solo en la fuga le quedaba alguna, aunque remota,
esperanza de salvaeion. Desgraciadamente, ni aun este par-
tido le fué dado tomar; pues, desmontado á consecuencia de
una herida mortal que I'ecibió su caballo; cayó á poco pI'isio-
ro juntamente con un hermano suyo, que durante la ac-
cion no se habia apartado de su lado, eon su gefe de esta-
do mayor y varios oficiales.


La noche vióo, por último, á poner termino á la horri-
ble carnicel'Ía en que se convirtió la batalla, tan horrible
que se calcula en mas de mil el número de los muertos que
en el campo dejaron los eristinos, y en muy cerea de seis-
cientos hombres las pérdidas de los carlistas .. El resto de
la division cristina " cuyo total pasaba de tres mil hom-
bl'es, quedó en poder de Zumalacárregui, escepto unos
doscientos que, refugiándose en el vecino pueblo de Ar-
rieta, se hiciCl'on fuertes en iás éasas. El brigadier Varto
y el coronel Bausá que, desde Guevara el primero y desde
Durana el segundo, marchaban, al fl'ente cada uno de dos
batallones á ineOl'poral'se con O-Doyle en Alegria, hubie-
ron, al saber lo que pasaba, de replegarse á Vitoria.


A la noticia de aquella catástrofe, salió de esta plaza en
la madl'ugada del 28 el general Osma, á la cabeza de di-
chos cuatro batallones, á los cuales agregó toda la tropa




339
disponible que habia en la ciudad, muchos urbanos y cuatro
piezas de artillería, con intencion de castigar á los facciosos,
de revindicar la gloria perdida en la jornada anterior, de re':'
euperar la artillería y demas objetos que no fuese fácil á los
carlistas trasportar inmediatamente, y, en último recurso,
de salvar á los infelices encerrados en Arrieta, cuyo número
se suponia generalmente mucho mas considel'able del que
era en realidad. Ebrio todavía de sangre, pero no harto de
matanza, presentó Zumalacárregui á Osma la batalla en el
llano que, cubierto de cadáveres y despojos, atestiguaba la
derrota de O-Doyle y esplicaba el engl'eimiento de los
carlistas. Mas, aun no habia tenido el general Osma el tiem-
po necesario para tomar sus disposiciones, cuando vió sus
dos flancos brusca y simultáneamente acometidos por la ca-
ballería enemiga. Este ataque produjo en las filas de los ur-
banos cierto desórden que, comunicándose á las de la tropa,
proporcionó á Zumalacárregui una ocasion de deshacerlas
completamente á favor de otra carga que, al instante y en
vista de lo que pasaba, mandó dar. Desconcertado por la au-
dacia y la celeridad de aquellos movimientos que ni aun
tiempo le dejaban para poner en ejecucion medio ninguno
de neutralizar sus efectos, resolvióse Osma a emprender la
retirada que, protegida por las cargas de sus escuadrones
y los fuegos de su artillería, se verificó en buen órden. En
esta accion, que no dejó de costar mucha gente á los cal'lis-
tas, perdieron las tropas de la reina la poca fuerza moral
que aun les quedaba, y unos 500 hombres entre muertoi.
heridos y prisioneros.


A la mañana siguiente. fueron fusilados, en el campo
mh¡mo de batalla, el brigadier O-Doyle, su hermano y Uq




340 ANALES DlUS1\.BEL IJ.
gran número de oficiales, entre ellos ca&li todos los de Ár-
rieta: pues á escepcion de muy pocos que, con cincuenta
ó sesenta soldados logl'aron abrirse paso por medio de los
enemigos, y llegar con mil tl'abajos al punto fortificado de
Maestu, hubo el destacamento entero, agotados ya los ví-
veres y las municiones, y perdida la esperanza de que vi-
niesenadie á su socorro, de l'endirse á ,discrecion. Asi-
mismo, fueron fusilados dos clérigos que formaban parte
de .este destacamento. Fuéronlo á poco tambien, ó mejor di-
cho, fueron degollados ó muertos á bayonetazos un sinnú-
mero de infelices prisioneros, á quienes, despues de garan-
tirles la vida, se la hizo bárbaramente quitar Zumalacárre-
gui por ahorrarse, como él deda, el trabajo de guardarlos.


Temerosos, sin duda, de sufrir algun dia igual suerte,
ó indignados de la impericia de gefes que asi los sacrifica~
ban, los demas prisioneros de Alegría, cuyo número no ba~
jaba.de 2,000, pidieron á Zumalacárregui su incorporacion
en las filas carlistas, la cual se verificó inmediatamente .


. Mientras esto sucedia en Alava, las faccioues de Vizca-.
ya, perseguidas por el geueral Espartero, coutiuuaban.
amenazando á Bermeo ; las de Castor, Ibarrola, Arroyo,
Villalobosy otros guerrilleros de su especie recorrian las
Encartaciones ; la de Guipúzeoa con el Pretendiente se
situaba en Oñate; las de Navarra ameuazaban á la vez
á Tudela, Peralta, Sangüesa y Elizondo; las de Cas-
tilla la Vieja, capitaneadas por Merino, se reclutaban con
mozos que, de grado ú por fuerza, se llevaban de los pue-
blos; las del bajo Aragon , mandadas por Carnicer, Qui-
le~, el Serrador, Cabrera, Forcadell y otros gefes de me-
1l0S. importancia, se ibau haciendo dueños del Maestrazgo¡




LIBRO SEGUNDO. 34.1
Cara gol (Sapel'ez), Ros de Eroles, Tristany, Llauger y el
Muchacho (Sobrevies), al frente de las de Cataluña, ame-
nazaban á Mamesa y se apoderaban de Prats del Llusanés;
las de la Mancha burlaban á fuel'za de actividad las opera-
ciones de una multitud de columnas volantes de tropas de
linea y de mbanos, destacadas en su seguimiento; las de
Galicia y AstUl'ias, aunque insignificantes y siempre pues-
tas á raya por las tropas leales, á quienes favorecia el buen
sentido del pais , inquietaban á este y daban que hacee á
aquellas; todo, en fin, demostraba que la situacÍon no ha-
bia mejorado en las provincias del centro y del ~oroeste de
España, en tanto que en las del Norte y Noreste habia
empeorado en términos d{l hacer dificilísima la mision de
los generales encargados dcl mando militar de aquellos ter-
ritorios, y muy pal'ticul31'mente la del nuevo virey de Na-
varra, don Francisco Espoz y Mina que, llegado a Pam-
plona el último dia de octubre, debia en breve venir a las
manos con su paisano ZumalacálTcgui.


FIN DEL LIBRO SEGUNDO.






MANIFIESTO


DE S. M. LA REINA GOBERNADORA.


Palacio 4. de octubre de 1833.


Al.PENDIl:J!: NIlMEBO :1,'


Sumergida en el mas profundo dolor por la súbita pérdida de
mi augusto esposo y soberano, solo una obligacion sagrada, á que
deben ceder todos los sentimientos del eorazon, pudiera hacerme
interrumpir el silellcioque exigen la sorpresa cruel y la intensidad
de mi pesar, La cspectacion que cscita sicmpre un nuevo reinado,
crece mas con la incertidumbre sohre la administr:cion pública en
1:\ menor eflad del monarca: para disipar esa incertidumbre, y
y precaver la inquietud y estravío que produce en los ánimos, he
creillo ele mi deber ;mtidp:II' á conjeturas y adivinaciones infunda-
das la firme y franca manifestacion de 105 prineipioslJue he de se-
~uir cons'tantemente eil el gobierno, de que cstoy cncargada por la
ultima voluntad del rey, mi augusto esposo. dm'ante la menoría de
la reina mi muy cara y amada hija doña Isabel.


La religion y la monarquía, pl'imcros elementos de vida para la
España, serán respetadas, protegidas, mantenidas por mi en todo
su vif"OI' y pureza, El puelllo español tiene en su innato celo por la
féye cultocle sus padres lamas completa seguridad de que nadie
osará mandarle sin respetar los objetos S3crosantos de su creencia y arloracion: mi corazon se comlllaceen cooperar, en presidir a este
celo de una nacion emincntembllte católica, en asegurarla de que la
religion inmaculada que profesamos. su doctrina, sus templos y sus
milllstros serán el pnmero y mas gl'aIO cuidado de mi güllierno.


Tengo la mas intima satbfaccion de qne sca un deber para mi
conservar intacto el depósito de la autoridad real que se me ha
confiado. YQ mantendré relisiosamente la forma y las leyes funda·




344 ANALES DE ISABEL 11.
mentales de la monarquía sin admitir innovaciones peligrosas, aun·
que halagücñas en sus principios, probadas ya sobradamente por
nuestra desgracia. La mejor forma de goblCrno para un pais es
aquella á que está acostumbrado. Un poder estable y compacto,
fundado en leyes autiguas, respetado por la costumbre, consafO"rado
por los siglos, es el instrumento mas poderoso para obrar e bien
de los pueblos, qU'l no se consigue debilitando la autoridad, com-
batiendo las ideas, los hábitos y;la8 instituciones establecidas,
con trariando los intereses y las espl'ranzas ac~uales para crear
lluevas ambiciones y exigencias, concitando las pasioucs.del pue-
blo, poniendo en lucha ó cn sobresalto á los individuos; y la socie-
dad entera en eonvulsion. Yo trasladaré el cetro de las Españas á
manos de la reina, á quien le ha datlo la ley, integro, sin menos-
cabo ni tletrimento, como la ley misma se lo ha dado.
~las no por eso dejaré estadiza y sin cnltivo esta preciosa po-


ses ion que le espera. Conozco los males que ha traido al pueblo la
série de nuestra, calamidades, y me afanari\ por aliviarlos: no igno.
ro, y procuraré estudiar mejor, los vicio:; fJ ae el tiempo y -los hom-
bres han introducido en los varios ramos de la administracion pú-
blica, y me esforzaré por corregirlos. Las reformas administrati-
vas, únicas que prodllcen inmediatamente la prosperidad y la
dicha, que son el solo bien de un valor positivo para el pueblo,
serán la materia permanente de mis desvelos. Yo los dedicaré muy
especialmente il la tliminucion de las cargas, que sea compatible
con la seguridad del Estado y de las urgencias del servicio; á la
reeta y pronta administracion de justicia; :í la seguridad de his
personas y de los bienes; al fomento de todos los orígenes de la
riqueza.


Para esta grande empresa de hacer la ventura de E~paña ne-
cesito y espero la cooperacion unánime, la union de volnntad y
conatos de los españoles. Todos son hijos de la patria, interesados
ignalmente en su bien. No quiero saber opiniones pasadas, 110
quiero oir detracciones ni susurros presentes, no admito, como
servidos ni mereeimiento, influencias y manejos oscuros. ni alar-
des interesaúos rle lidelidad y adhesion Ni el nombre de la rei-
na, ni el mio, son la divisa de una parcialidad, sinola bandera tu-
telar de la nacían: mi amor, mi proteccion, lIlis cuidados son de to-
dos los españoles.


Guardaré inviolablemente los pactos contraitlos con olros Esta-
dos, y respetaré la independencia de todos; solo reclamaré de ellos
la recíproca fidelidad y respeto que se debe á España por justicia
y por correspolHlenoia.


Si los espaiioles unirlos concurren al logro de mis pror.ósitos,
y el cielo bendice nuestros esfuerzos, yo entregaré un dia esta gran
nacion recobra tia de sus dolencias a mi augusta hija para que
complele la obra de su felicidad, y estienda y perpetúe el aura de
gloria y de amOlO que circunda en los fastos de España el ilustre


.llombrt; de Isabel. En el palacio de "Madrid á ~ de octubre de 1833.
~FirUlado.~Yo Ja . .re.ina·GoM,rnatlora .. ·. ._f. _ __ .; ..•• ' .• :.:. ...




ESPOSICION


DEL GENERAL LLAUDER A LA REINA GOBERNADORA.


4PÉ~DICE lW~BEBO '.0


Señol'a:-La fideli'dad á mi soberano y el aPlor á mi patria,
han sido el móvil de todos mis servicios y acciones en todas las
vicisitudes y épocas de mi¡carrera: en los destinos subalternos que
he desempeñado, mi res~onsabilidad ha descansado siempre en la
de los gefes superiores a cuyas órdenes he servido, pero en los
destinos superiores, mi deber es de otra importancia, y bastarian
para convencerme de toda la estension de mi responsabilidad las
aprobaciones que-he recibido del mismo gobierno, reconociendo mi
p/'ovision y 1111 celo en haber tomado sobre mí varias medidas que
algunos meses antes se me prohibian, y por las que se me calum-
nia en el concepto del soberano, asi como espresarme el presiden-
te del Consejo R.eal, duque de Bailen, que mi prevision y resol u-
cion en no conformarme con las órdenes que se me comunicaban
por el minislro, habia salvado á esta provlDcia y servido de apoyo
a la causa de bahel II: asi que en la direccion y mando superior
del arma de infanteria he servido, durante las circunstancias mas
difíciles yen medio de notoria8 con tradiciones , con la!perseverancia
y prevision que despues ha acreditado en repetiaas y críticas
ocasiones la valiente y benemérita arma de infantería, que ahora
mismo está poniendo el sello á sus heróicas acciones, defendiendo
con una deClsion y disciplina Que admira y aprecia toda la na-
cion. el trono combatido de nuestra inocente reina doña Isabel 11.


En el destino de vitey de Navarra y capitan general de las pro-
vincias Vascongadas, que he ejercido largo tiempo, he esperimen-
tado la estabilidad y las ventajas que resultan á los pueblos y á
los que mandan, de una representadon legal eU la forma prescrita




346 ANALES DE ISABEL 11.
en nuestras antiguas leyes, y de que se respete, á la par con I~
derechos del trono, los que pertcnecen á los pueblos, cuya act\rta-
da combinacion es el único elelllento de la prosperidad y de las
monarquías en el estado actual de las luces y de la civilizacion,
Durante mi permanencia en el destino de capitan general de Ara-
gon y ahora de Cataluña, me he podido convencer lIe que la ~uer­
te de estas provincias y la seguridad en ellas dependen del acaso,
y C01l frecuencia se debe l;char mano de la fuerza para sostener el
trono, y esta ~e gasta con mucha rapidez. cuando no la sostiene la
opinion. Desde que al despedirme de V. 1\1. Y besar la mallo a su
augusta hija, se dignó V . .\1. prevcnirme, que la escribiera con
toda la libertad cuanto estimase conveniente, protestándome tan
espontanealllente repetidas veces que solo deseaba el bien de los
espafíoles, he cumplido puntualmenle en hacer presente á V. \\1.
todo lo que era mi obligacion, ofrecer á su consideracion en cum-
plimiento de aquel precepto; pero una cOLlstante y larga esperien-
cía me ha debido convencer de que aquellos candorosos y herúico.5
sentimientos de V. 31. se hallan eontrariados por consejos de hOlll-
bres, que habiendo debido ,~studiar abstraclaIlJente en paises lejanos,
han olvidado el suyo propio. sus necesidades, sus deseos, y cuanto
debiera formar los verdaderos elementos del acierto en el gobie~no
que V. 1\'1. se ha dignado confiarles, y it cuyos soheranus designios
dejan seguramente de correspondet' .. Esta es, seiíora. la opinion
acreditada de1lllíblico y yo no debo d~Jarlo igtlllrar á V. \\1.; mas
debo decir, para gobierno de V. M., y e~ que Zea y su ministerio se
ha hecho ya tan impopular, que compromete la tranquilidad y mina
el trono de Isabel JI en el mismo e,;tribo que le sostiene. Entre-
tanto la guerra ciril ha armado españoles contra e~pal1oles, y no
contentos con no haberlo evitado, como era su deber, parece que
se siente que esta calamidad 110 se haya estendido a esta provincia,
y cou las IJl'oviLitlnciil~ sobre la importante variacion de ayunta-
mientos, fllle ;¡:1Il no con taha ocho tí diez tne~es, y otras que se
anuncian por el ministerio de FomPllto, y 'IlIe recibo de o!ro~.' no
parece sino lIlIe e01l6[liraa :1 hacer dn';1parecer de este pUIS la
tranquilidad que disft'llta en medio (le tantas convulsiones, y vi-
gente esta lucha se prepara ya á V. 1\1. para empeiiarla en otra
contra la naci()n. quitando á los e~pañolr5 toda esperanza de me-
joras, y asegurar lllta suerte mas justa de la que ha tantos aiios es-
perimentan en medio de tan herúicos sacrificios como hizo esta
len! nadon, digna de mejor Sll,~rtf), por 5U rey cautivo. y abdica~o
de la corona, asi como para asegurar su illrh'pendencta; su relt-
gion, sus leyes, fueros, libertades y privilegio,;, y ellyos esfuerzos
están reproduciendo con igual heroistllo y genet'Osid:HI. cor¡j¡~da
en la hont'a que los primC't'Os actos del mando de". M. le ofreCie-
ran. La nacion no puede olvidar que el rey rlifuulo,yara anillar lo
hecho por la nacioll, y cons~guir que.es.ta se sometiese á su cetro
despues de haberse recnnc¡ui,;tado a:;lmlsmO:1 S\\ n~y .• ~le5pues de
entregada al estrangero por la sola voluntad de un mllllslro, pro-
metió solamente en su real uecl'eto de " de mayo de lSU quo 110




,lPENDICE NUMERO 2. ~
seríamos engañados en nuestras nobles eSp'eranzas y que aborrecia
el despotismo, que ni las luces ni la cinlizacion penilitian, que
para impedir volviese <Í suceder, que el capricho de los gobiernos
arruinase y. entregase ellrono y la nacion, conservando la digni-
dad y privIlegios de la corona, no menos que los derechos de los
pueblos, que dijo ser igualmente inviolables, trataria con los pro-
curadores de la España y Américas en Cortes convocadas legíti-
mamen te , conforme sus gloriosos abuelos lo habian hecho y la
nacion deseaba, que la inviolallilidad individual y real fuese firme-
mente asegurada por las leyes que al mismo tiempo consolidasen
la tranquilidad pública y el órden, y dejaran á todos una libertad
racional; que tuviesen garantías para hacer cesar toda sospecha
de que las contribuciones que los pueblos pagan con tantos traba-jos y sudores no fuesen disipadas; que aquellas serian impuestas
no arbitrariamente por un ministro sin concnrso del reino, y final-
mente que con él mismo serian hechas y a~onladas las leyes que
debian servir de base, de regla y de conducta á los españoles, lia-
ciendo observar que la espresiun Je estas reales intenciones en el
gobierno de que se iba á encargar harian.conocer:\ todos que no
queria ser un déspota ni un lirano, sino el rey y el padrede los es-
pañoles. Las promesas de los reyes son históricas, señora, y su
cumplimiento debe ser como las profecías dela divinidad: tanto yo
como la nacion, que nada nos arrojaríamos á pedir que no fuese
justo y prometido, recordamos con sombrío pesar el 110 '"Cf toda-
vía cumpliJas las solemnes declaraciones hechas por nuestro reyen
el célebre momento !le recibir Je manos uc esta nacion heróica la
coron3. que salvaron los españoles, sacrificando \ln millon de vícti-
mas en su defensa, guiados solamente por la lealtad, el patriotis-
mo y el deseo de nivelarse con las monarquías de Europa, que por
efecto de sus instituciones y sabiduría de sus leyes han llegado
al colmo de prosperidad. Acatada por la nacion la voluntad del
rey difunto y proclamada In reina doña Isabel, no puedo sin teme-
meridad aconsejar á V. M. que nada ma~ le II ueJa que hacer
sino seguir COIllO hil:ita al¡ui, ("l!i\¡¡do ni el rey padre ha anulado
aquel real decreto, ni la nacion ha renunciado i1sus derechos tan sa-
grados é íntimamente enlazado~ con lo~ del trono de la reina menor.
¡Qué responsabilidad no 1)('8a ~ohrc los mismos consejeros que han
dado lugar á que los célebres y rCi'petable5 sábios ue Europa, co-
mo Martiglla~, hayau llamado la ¡Il\'nciotl de la histuria sobre este
olvido de unaJlalabra con la 1110uc!"acion que acostumhran! En el
cumplimiento e taH :;agrad,¡:' promesas está interesada la segu-
ridad del trollO de la !J¡l"¡c:llle reina, que nadie puede creer de
b1lcna fe que pueda discunir el término de quince afios de infan-
cia con el déLil aJoyu de uu ministro sin responsabilidad, cuando
tenemos á la vista los vergonzosos tratados del afio de 1808 v la in-
fernal intriga de la Granja de 183'2, y lo que está sucedien(fo aho-
ra mismo y todo lo acaecido de veinte y cinco afios á esta parte, de-
be persuadir al corazoll magnánimo de V. 1\1. que si hay eH Espa·
ña hombres estremados en todo~ sentidos, ilusos ó mal wntelltO$,




ANALES DE ISABEL 11.


como sucede en tod"a!! clases y paises, la inmensa ma.yoría, amaes ..
trada por las lecciones "de la esperiencia, que no han sido per-
didas ni para los llamados liberales, ni para los realistas, es
decididamente el mas franco y seguro apoyo del trono de la hija
de V. M., asi como de las leyes justas, sábias1Y permanentes, que
deben librarlas de la usurpacion, cuando la falta de ellas y el
no haberse querido atemperar á las necesidades de los pue-
blos, son la unica causa tle los riesgos que ha corrido en tan lar-
go periodo de infortunios y calamidades. Se dirá á V. 1\1. que
no tiene facultades de hacer innovaciones como regente, y que
debe entregar el gobierno á su bija en el modo que lo ha reci-
bido, siendo asi que esto es solo un pretesto para conservar
un poder arbitrario y perpetuar los abusos los que tal suponen.
L~ convocacion de Cortes cuando la gravedad. urgencia y com-
phcaciones de los negocios delEstado la reclaman imperiosamente,
¿puede calificarse, por ventura, de innovacion sin olvidar las leyes
mas anti~uas de la monarquía, que la colocan en la categoría de
~n prinCIpio fundamental? Los que osaron dirigir :í V. :)1. tan men-
tida reconvencion, ¿pueden cerrar los oidos á la réplica que hacell
los pueblos, diciendo <J.ue cuando se ha tratado aisladamente del
interes de la augusta hIJa de V. M., de la convocacion de Cortes,
ya no ha sido una novedad, sino un acto enteramente conforme
con la predicha ley fundamental? ¿ Desconocen que á los pueblos
no se les oculta que la teoría de aquellos hombres se reduce á que
solo valga la ley para la defensa de los derechos del trollo, y que-
den sin proteccion alguna los de 10i> mismos pueblos? Es, por lin,
señora, una verdad innegable la de que la España carece de 10-
~~slacion_uniforme , y es al presente un cuerpo monstruoso por la
<lIsonanCla de las partes CJ.ue le componen; que todos los ramos de
administracion pública eXIgen arreglo y aquel desempeiio ilustra-
do, vigoroso é-impal'cial que solo pueden veriticar los hombres sá-
bios, pero actualmente desconocidos, porque ningun medio facilita
el desarrollo de los taleutos, ni se da it estos la importancia que ob-
tienen en otros 'p'aises.


El crédito publico debe consolidarse. lo que jamás se conse-
guirá si la ley promulgada hoy, puede ser mañana revocada sin
mas fo\"malidad que el manejo oscuro y amañado del agiolage mi-
nisterial. El actual ministro, deslumbrado por el terror pálllco del
demagogismo, que detesta la nacíon, nos acredita todos los dias
de haberse convencido de la necesidad de auxiiios de los hombres
sábios para el acierto de las leyes que se ha propuesto dictar sobre
varios ramos en mejora de ellos, y al intento ha nombrado distin-
tas c?misiones; y ¿dicho auxilio de los inteligentes no lo _ r~cl_ama
el aClCrto? ¿Para qué, pues, detenerse en dar estable la legltlnlldad
i110 que no se reconoce perennemente necesario? En Navarra, se-
ñora, están hoy mismo en posesion de estas leyes con sus Cortes y
diputacion provincial permanente, sin que aquellos naturales con-
sientan jamás la mas mínima infraccioll de estas leyes Iprotectoras
de la seguridad y de la prosperidad, ¿ y á la vista de e¡;\o -\)odrá




APENDICR NUMERO 2.0 349
subsistir un momento en ellbeneroso y perspicaz ánimo de V. M.
una impresion tan dolorosa como suponer á las demas provincias,
privadas de estos dcrechos, sin citar una ley posterior al citado
real decreto de i de mayo, que recuerda las que rigen, ó no , ca-
paces de usar con discernimiento y cordura de unos derechos tan
antiguos como imprescriptibles, y caros á todos los españoles que
no pretendemos Vivir de abusos? Ciertamente que no; no lo espe-
ra la nacion española, y mucho menos yo que conozco lo decidida
que estil V. M. por su bien, pues suenan aun en mis oídos esta!>
ultimas es presiones de V. M.


Las mismas esperanzas, señora, hicieron concebir los p'rimeros
decretos memorables de V. M., y que mas que todo contnbuyeron
á afianzar los derechos de su augusta hija, conquistándole repen-
tinamente todos los corazones que á su vista se arrebataron i' pero
aquellos se van entibiando aJ. ver que tampoco se cumplen, a mis-
mo tiempo que los pueblos sobrecargados de contribuciones de al-
gunos años a esta parte, empiezan á perder la esperanza de que se
examine su situacion, y se atienda á la nulidad y decadencia sor-
prendente de los frutos con que deben atenderá. su subsistencia y
al pago de los reales tribut(ls. Si esta situacion se prolonga algu-
nos meses mas, señora, crea V. M. valdrá mas á los enemigos de
Jos derechos de Isabel 11, que llldos los esfuerzos que ellos hagan,
y que no tienen mas valor ui importancia que la que se les da. Ade-
mas de esto, señora, no son pocos los que se retraen de abrazar
la causa de la reina, que el natural temor les infunde la posibilidad
de que el pretendiente legalmente pueda suceder á la corona; no
perdiendo de vista que la tierna edad de las hijas de V. M. las deja
espuestas por much~s años anles, que puedan tener sucesion, á pa-
gar el tributo que es tan comun en los años de debilidad que les
quedan. Dígnese V. M. persuadirse de la impresion que esta sola
idea causará en los que generosa y noblemente hemos abrazado,
defendido y salvarlo rnestra causa: ya el trono de V. M. no pnede
darnos la seguridad ni las garantías á que somos ac~eedores, y so-
lo la nacion, legítimamente reuuida en Corles, puede asegurarla.
El ministro Zea ha marchado hasta el estremo de ofrecer una com-
paracio~ odiosa y peligrosa entre lo que V. M. hace y promete el
PretendIente y los que obran en su nombre, que ofrecen dejar li-
bre deliberacion á las Cortes, y otros beneficios y garantias. Esta
provineia, señora, no aspira á privilegios particulares, siempre
odiows y contrarios al sistema de unidad que debe hacer la fuerza
de un Estado, como emidiosamente se ha querido persuadir. con
el fin de alucinar y continuar en el desórden que se ha provocadO'
pues su €onstan[e heroismo en los seis años de la sangnenta guer:
ra de 1808, y su fortaleza, decision. y ~ideli~ad en esta critica épo~a,
elevan al mas alto grado de patnohsmo a todo español. Las cIr-
cunstancias se han ido complicando de un modo, que si bien podia
preveerse en mucha parte, y por consiguiente evitarse, son, sin
embargo, tan críticas y de tanta trascendencia, que reclaman con
perentoriedad la partIcular atencion de V. ~l. Los conatos f mQ:-




3,1';0 ANALRS D! ISABEL 11.
vimientos que sUéeden en la capital, rr,;nenan de una manera dig-
na de atencion. y eomo los deseos producen las acciones de los
hombres, y la actiYidad y clicada de .estos crece en proporcion de
la oportunidad de las circunstancias, temo mucho, señora. (y este
temor no puedo ni deho ocultar a V. M) que la contrariedad y la
oposicion con flue se q\\iere cOlllprimir el anhelo lid hien prometi-
do produzca mayor vigor eulos espíritus, dando lugar á exagera-
ciones y demostraciones que comprometerian de un modo espan-
toso la tranquilidad y el ríl"flen púhlico, Al gllhit'l"Ilo de V, ¡\J, cons·
ta que estos pronósticos no ~on hijos de la ilusion , y que 80bmn
datos en que apoyar e,Los recelos. ann cuando 110 fuese cons:~cuen­
cia neeesaria tle la incompalihilid[ul forzada en que se ha querido
poue~ impo,rtunal:nente los interc~e5 d.el lI:ono y (I~ la patria. N.o es
fiellll leal a la rellla nupstra señora III a ,. l\1. qUIen encubre a su
real ánimo el abismo que se va abriendo, y 1l1lnqlH) sea á costa de
aventurarme á interpretaciones malignas, hijas del egoismo y de la
preocupacíon, no rJebo dejar de advertir á V. 1\1. tan gnlVe riesgo,
ni puedo sofocar con tan ju~to moti~o 103 sentimiento~ de adhesion
y fidelidall de que he tenido la dicha de dar á Y. M. recientes
pruebas. En tan criticas circunstancias, el trono sin la palria ame-
naza de3plomarse, y la patria sin el trollo se hunde en la anal':"
quía. La paz que durante tau lamentables circunstancias sigue in-
alterable en esta rHo\incia, es hoy combatida con un empeño que
no me daria mas lugar á retardar el desplegar los recursos que me
presta la heróica lealtad oe estos habitantes para defenderle de los
lIljustos males que les preparan los enemigos de V. M. y de la rei-
na, y apoyar al gobierno de Y. M. en esta importanle actitud para
que haga el bien que se espera y el corazou de V. M. desea. La de-
cision que domina en este Prin~ipado por el susten de la reina doña
Isabelll contra la usurpacion, sin que en mas de un año de una ad-
ministracion franca y protectora. segun los principios qne dejo
con~;igllad()s , se haya proferido ni ulla sola espresion que pneda
dar preteslo á 105 recelo~ y crt¡lImnia~ ton que ~c paraliza el bien,
son leslimonio3 irrevocable~ contra la loreida iulencion de los que
dejan crecel' y tomar fuerza y consistellcia al mal presente, y que
se dirigen á mano armada á denocar el trollo de Isabel, procuran-
do inspirar temores y Ilesconl1anzas de otro Ilue hoy solo existe en
su fantasía, llevando su temeridrtd hasta el estromo de interpretar
segun conviene a su propósito los heehos y actos de una llfcvision
cada dia mas acreditarla, de hombrc:; que se pronuncian franca-
mente en los momentos eriticos en que V. M. estaba en la con s-
ternaeion, y ellos vienrlo venir y tomillldose tiempo. Esta es el ar-
ma que manejan con mas destreza los agentes del usurpador, y á
la cual apelaron lue~~o que se comenciNon ~ue el honor de aque-
llos se mantendrá sienwre terso como I~I sol. I~s f;\eil conocer que la
coopcl'acion decidiliil y franca qnc he hallado en la masa principal de
estos habitanle:l llara conservar el (lI"llcn y la tr,lI14:ui\iuarl, procla-
manuo á la allóusta reina dOiia Isabel lI, en circullstancias tan di-
ficHes, 'i deSpl\CS de haber~e esU\uQ trabajando seis a~Qs !lin inter·




AI>ENDICE NUlIERO 2,' 351
rupcion con el único y esclusivo oh.ieto de Imll'parle sus impres-
criptibles derechos, se debe sin dllda il las esperanzas que V. 1\1.
hizo concebir tan justamente, (le q"" ,,1 !,pillado de las leyes y de la
proteccion reemplazarán al (\ue V. ili manifestó tan evidentemen-
te que repugnaha il Sil corazoll sensihle y magnánimo. Yo, seño-
ra, tengo contraida la obligacion sagrada de no dejar perecer estas
causas y tan nobles esperanzas, mayol'mente en una provineia en
que tengo cada dia á la vista el sin fin de Yictimas sacrificadas del
modo mas bárbaro y que no se puede creer sin verlo, porque se
resisle la pluma á nombrarlo. y sostenidas por un ministro sin res-
ponsabilidad, como cousta á V,.M. Y al justificado consejo ¡Je la
Gnerra que ha podido, aunque despues de consumado el mal, res-
tablecer el honor de algunas familias. pero no las vidas ni los per-
juicios causados hasta ahora, sin embargo de haberlo yo hecho
presente al ministerio con representacion desde que 1I1'~ué al Prin·
cipado , y debí pasar por el dolor (le oir las tristes relaciones de
tantos escesos, y úar curso :i las reclamaciones que aun están pen-
dientes.


Suplico, pues, señora, ¡Í Y. M. con el mas profundo respeto que
medite, sin intervencion del ministro, esta esposicion sincera, co-
mo dictada por el celo mas puro y desinteresado de un espaiiolleal,
identificado con los (leseos de Y. M. Y su augusta hija, y que no
aspira mas qne al reposo, dignándose persnadir que lo que dejo
indicado es la urgentísima necesidad para salvar y asegural' de un
modo indestructible y establecer el trono de su augusta hija; que
tenga á bien V, M. elep;ir un ministro que inspire notoriamente
confianza, y al mismo tiemJlo decretal' la mas pronta l'eunion de
Cortes. con arreglo á nue,lras leyes, y COIl la latitud que esta re-
presentacion de los tres estados exige, en consideracion al estado
actual de las poblaciones.


Dígnese V. ~l. , ~eji(]ra , ¡'lirar en esta verídica ('sposicion la
prueba mas el idente dí' mi illa!t('rahle decisioll por la <Ierensa del
trono de la augusta hija dé V. M., "ll ocasioll que la amaga mas
de un peli¡;ro, y en que Yen que 'JI ticm po que se pierde puede ser
irre?arable; y aseguro ú Y. M. que esla única consideracion, y la
de de,;vanecer cnalesc¡uiera otras malieiosas suposiciones, han po-
dido \'enc~r mi natural repugnancia á dar este paso, que de otra
parte. no siendo COI! el Icngnage austero de la verdad, y con la re-
SOlllCioll l'OIl'eniente, aeaso no seria atendido COIl la perentoriedad
que reclama el eslado l'-rílico. y carla dia mas complicado de las co-
sas, y sobre todo, cUlllplo leallllcnle con lo q\le V. ~I. me tiene es-
pre~al1lente prevenido, y con esta ocasion renuevo A. L. R. P. de
Y. III. las spgnridad('s mas sincerns de drfl'ndel' y conservar
esla 1)I'o"incLl que n1l1 está conliaila, fiel á V. M. Y á nuestra
inocenle soberana dOlia Isabel JI , cuyos derechos sostendrá con
su ,ida ~' hacienda segun lo tiene prometido este de Y. M .. etc.
-Barcelona :2í de dicimnhre de 183L-Señora.-A. L. R. P. de
V. ~1.-Manuel L1auder




ESPOSICION


DEL GENERAL QUESADA A LA REINA GOBERNADORA,


"PÉ~DICE N1JIIEBO •. 0


Señora: Por el ministerio de la Guerra se me ha comunicado
con fecha 3 del corriente la gracia con que V. M. acaba de honrar-
me concediéndome el título de Castilla en atencion á mis méritos
y servicios, yen particular á los contra idos últimamente en la pa-
cificacion de las vastas provincias de e~ta capitanía general.


Reconozco, señora, en este rasgo el corazon grande y benéfico
de V. M.; y faltan voces allenguage para espresar los sentimien-
tos de mi respetuosa grátitud. Nada puede ofrecer á V. M. de
nuevo: la lealtad mas decidida, el celo mas ardiente por su real
servicio y el gustoso sacrificio de mi existencia, lorlo esto he teriir
do la dicha de ponerlo mas de una vez A. L. R. P. de V. M., y po-
lo mismo no puedo hacer ahora mas que reproducir mas ofertas
que jamás serán desmentidas, sean cuales fueren los trances que'
la suerte me tenga destinados. Sin embargo, señora, esa misma
gratitud que ha escitado en mí la honra que V. M. se digna con-
cederme, es un estímulo irresistible que me obliga á hablar
á V. M. con la franqueza de mi carácter, y sin los temores de una
delicadeza intempestiva.


Al elevar á las augustas manos de V. M. con fecha;; del
corriente la renuncia de mi actual mando, inrliqué las razones
que hacian indispensable este paso dirigido principalmente :í
quitar á mis encarnizados enemigos torlo pretesto para una
persecucion, cuyas consecuencias pudieran llegar á ser de-
masiado fatales. Si ella amenazase tan solo mi r.ersona. la habria
despreciado, porque nunca fué el miedo el mÓVil de mis acciones.
Pero la mas ligera meditacioll basta para conocer que, en el esta-
do actual de España, la continuacion de las maniobras de mis ene-




APENDlCE XUMERO 3. ~ 353
migos pudiera llegar á ser nociva al servicio de V. 1\1. Por eso creí
que, fuera de todo mando, dejaria de ser objt:¡,) de ateneion para
ellos: con lo cual, V. M. se hall aria mejor sen ida, que es lo que
sobre lodo im porla.


La merced de título de Castilla, que ahora se me conce-
de, confirma el acierto de las previsiull(~s en que se fundó
aquella renullcia. Mis enemigos saben bien qne esa merced eleva-
da no es la que mi ambicion desea. Ellos no ignoran que todos
mis conalos, todas mis aspiraciones se cifran en la reparacion del
no merecido desaire que sufro en no verme restituido al mando de
la Guardia Real de infantería. E"ta y no otra es la gl'aeiü á que as-
piro, con tanto mas fundamento, cuanto que el no obtenerla puede
mirarse como un indicio sobrado evidente de que las ~cusacione!\
que contra mí se dirigen 110 han sido fulminadas en vano.-No
puedo ocultar á V. 1\1. el embarazo que me causa el tratar de este
punto, porque comprendo COIl cuauta facilidad puede confundirse
con miras illteresadaalo (j!le es solo objeto del celo Ulas puro. Pero
las cosas han llegado á tal situacion que, no dcho Yacilar en poner
de manifiesto los sentimientos que me animan aunque corra el
riesgo de someter mi verdad á interpretaciones siniestras.


Yo tuve, señora, la dicha de recibir de V. 1\1. misma la promesa
de que queria retuviese el mando de la Guardia Real con la Inspee-
cion de infantería, cuando se me destinó en comision á la pacífica
provincia de Andalucía. ~Ii renuncia de aquellos destinos consta á
V. 1\1. no tuvo mas origen que el conocer que solo ello podia satis-
facer á mis enemigos, que con tanto empeño querían ellYiarme á un
punto que en aquellas circunstancias debia considerarse como in-
significante. Pero lIombrado posteriormente para el difícil y peli-
groso mando de Castilla la Vieja, pareeia que era llegado el caso
de verme restituido al de la Guardia, conforme á la seguridad que
V.I\L se habia dignado darme, y que mi gratitud habia aceplado,
creyendo que eea tal vez lo lillico fIue se me podía conceder en
aquellas circunstancias.


Viendo frustradas mis fundadas esperanzas, aguardé á que'
nuevos servicios removiesen los obstaculos que J,ludieran pre-
sentarse para que se realizase la grada prometida. Gracia y
muy grande la consideraba entonces mi pundonor, y mayol'
la considero hoy que veo con cuan pérfidas artes se ban sa-
bido conciliar las generosas hondades con que Y. M. ha querido
recompensar mis recientes sen'icios, con el decidido empeño de no
destruir las sospechas que produjeron mi separacion de esa cúrte.


No puedo atribuil' ti otro principio el yerme condecorado con el
título de Castilla en vez de mi restitucion á la Guardia, pues de
ese modo aparezeo altamente recompensado, v se me deja al
mismo tiempo en una Ilspecie de interdiccion que mi honradez no
puede resistir de manera alguna.


Las causas de esta condllela de mis enf'llIigos no son ciertamen·
te, señora,la que ellos procuran aparentar. No nacen (le la decan-
tada violencia de mi carácter, ni menos de 1 a supuesta exageracioll


TOMO 1, 23




354 A:.\.\LES DE ISABEL n.
de mis ideas. Otros son los móviles de la implacable persecucion
que estoy sufriendo: y ellos interesan demasiado i\ la segu-
ridu<! del trono de mi soherana, y al bienestar de mi patria,
para que mi I(,:lltad pueda pasarlos en sikncio por mas tiempo.
Mis enemigos saben que, cuando acaecieron les sucesos de la
Granja, no Yacilé en manifestar á V. M., por medio de su
augusta hernuna mis deseos de que si Ilegaha ~ ycrific~rse el
funesto accidente que entonces amagaba, se retirase V. M.
con sus tiel'lJas hijas ú Andalucía, en donde mi <''''pada y mi deci-
sion les proporcionaria seguro asilo. Tampoco ignoran que en ~O
de marzo dije al augusto esposo (1e V. :\1.: "Que no se nece-
~sitaba de un genio profundo para cOllocer que el desal'me de las
"masas populares era una de las medidas que, en nuestra posi-
«CÍon, aconsejaban la razon y la política: que esta u¡·hia redUCIrse á
«destruir los partidos, amalgamar las opmiones, y restablecer la
"armonía entre las autoridades y los súbditos; lo cual seria ina-
»sequiblc micntl'as sllbsisties[~ una parte del pueblo armado mili-
"tarmente, y distinguida con priyilegios y distinciones que gravi-
« tan sobre la otra",


}'inalmente, mis enemigos no olvidarán jamás que en la¡ma-
ñana del ~ de octubre lnye la honra de manifestar verbal-
mente á V. M. que en el estado en que la nacion se en con-
tl'aba era imposible at1anzar el t!'OIlO de la reina sobre otras bases que
las establecidas en las antiguas leyes de la monarquía, mejoradas con
arreglo al p!'Ogreso de las luces y á las exigencias de los tiempos:
que solo una verdadera rrpresentaciún nacional era laque po(lia
consolidar derechos que iban á ser disputados, y por último, que
intentar que los españoles continuasen sometidos á un poder arbi-
trario era abrir la sima en que acaso se hundiria el trono, despiws
de devastar el pais con los horl'orcs de la guerra civil mas encarni-
zada.


Estos, ~ no otros, ~Oll mis verdaderos deJilos; esta, la vehemen::'
cia de mi carácter; y esla la cxaltacion de mis ideas. Los hombres
que no vieron, como torios veiamos, el inminente riesgo que habia
en dejar ¡llS armas on las manos que l3.~. tenian, ó qúe viéndolo, no'
c¡uisiel'oll quitárselas [)tI!' razonéfl qile Ilo'átlmiten mas que una fa-
tal intcrpretacioll, ,:ceíIllO pueden perdonarme un vaticinio que,la
t'g[lcrif'IlCia ,ino demasiado pronto á realizar con la sulllrva-
CiOll (]i\ treinla batallollp" verificada como por encallto en solas
las pro, ineias '" a;'congada, al momento de recibirse en ellas
la noticia (le la Illn~rte riel rey? Los hombres que con lal pre-
cipi lacion osaron a('oIlH'j;lI' a r. ::n. el manit1csto de i de octu-
hre SIIl consulta de llingull cOllsejo de los ya establecidos, y sin
aguardar iI oir el \utl) del que la previ:;ioll del difunto rey habia
I"garlo para ser consulta':o en Ilegocios graves, ¿ podian dejar
de mirar COlIJO cnc;nigo de sus planes al leal español que dos días
antes habia presentarlo á V. :~I. como necesarios, ó mas bien in-
dispensables, unos principios políticos tan opuestos a los qne pro-
clamaha el manifiesto? E~ imposihle, señora; y aun cuundo ri¡i se~




APENDlCE NmIERO 3. Q 355
paracion de Madrid, obtenida en la misma noche del dia en que
me fué permitido manifestar á V. M. aquellas i(leas, no probase
bien claramente que ellas solas son causa de la obstinacion con
que se me persigue, seria preciso desconocer el corazon humano
pal'a detenerse en buscar otro origen. En efecto, señora; si los
hombres que aconsejaron el sostenimiento de las armas en manos
de las masas que las tenian y la publicacion del manifiesto, proce·
dian de buena fé, es 11feciso convenir en flue acaso son los únicos
españoles que han visto las cosas de semejante modo. Pero en tal
caso, si eran leales, si fiele~ súhditos de Isabel JI debieron aban-
donar toda influencia en los negocios del Estado, desde el mo-
mento en que vieron los desastres, efecto de su imprevision funes-
la. Lejos de !Jacel'lo asi, los yernos obstinarse mas y mas cada dia:
ocupados en conservar sus destinos á toda costa, no les arredran
los males que han desplomado sobre la patria, sino antes bien pa-
rece que se complacen en prepararle otros nuen),. Sus proYiden-
das, rara vez conformes á las necesidades, son eludidas ó interpre-
tadas, y no pocas veces desobedecidas para evitar los inconvenien-
tes que resultarían si fuesen ejecutadas. En lucha abierta con Ya-
riO!! de los pricipales agentes del poder, y viendo peligros en su
franca destitucion, trabajan en minar su crédito, en desacreditar
su conducta llenándolos de amargura y de disgustos, y presentar
á los ojos de la Europa, que nos observa atenta, todos los carac-
téres de la verdadera anarquía. Aun cuando el talento que cono-
cemos en V. M. cuantos hemos tenido la dicha de tratarla no le
hiciese penetrar los inconvenientes de semejante situaciOll, las
inspiraciones .del amol' de madre baslarian para descubrírselos to-
dos al momento de indicados.


Siento, señora, que al cumplir con este triste deber rue-
da creerse que lile mueve á ello el desagravio de mis quere-
llas personales; pero el honor me manda no escuchar los es-
crúpulos de la delicadeza cuando veo que el trono y la patria
se bailan en el mayor peligro. Poco importa que mi nombre tenga
que mezclarse en la discusion de tan graves intereses: olvídelo
V, M. Y atienda solo a que nadie me escede en habel' dado pruebas
de amor á su real persona y á su augusta descendencia, ni en la fir-
me resolueion de defender sus derechos basta mi postrer suspiro.


Dígnese V. M. reflexionar que este mismo es el hombre que
se pretende hacer figurar corno gefe de una faccion que no existe
en España, y á la cual se ha dado existencia con el fin depravado
de apoderarse del ánimo de V. :\1. por medio del terror y de la
desconfianza. Recuerde V. ~1. quienes fueron sus allli~os; quienes
los que le dieron las muestras mas positivas de adhesIOn en mo-
mentos en que ella podria equivaler á una sentencia de muerte;
véalos ahora V, M. presentados si no como traidores, cuando
menos como hombres sin esperiencia á q Ilienes se ha logrado
alucinar y seducir. i.~ cu~lcs son esos seductores, !}ue nadie co-
noce sino los que tun torciuamenle aconsejaban á Y. ~I ? ~o so-
lo encuentro dos partidos en España: el uno e,tá compuesto d~




;3,')6 fiNALES DE ISABEL 11.
hombre, que se han armado porque se ha querido ~ue tengan
umas, á peí\ilr de los graves motivos que obligaban a quitarse-
las, y que están dirigidos y acaudillados por gefes cuyos prin-
ipios" destructores de la felicidad pública, están en pugna con la
suces10n directa, y que sin cmbargo eran protegidos, y consi-
derados, mientras q nc los defensores de V. M, de todas clases
y geran¡lIías, sin esceptuar las mas elevadas del Estado, se han
visto desterrados, perseguidos, y tratados como fautores de la
anarquía. Ese partido es el que, levantando el estandarte de
la rehelion para afianzar su dominio, está cubriendo de sangre,
de dcvastacion y luto el sucio de la desgraciada patria, y el que, á
pesar de su rebelion escandalosa, encuentra disculpa para sus ac-
tos, y no pocas veces proteccion para sus criminales caudillos.-
El otro partido, seílora, es de los leales súbditos de la reina, qua
lo son cuantos hombres habitan en nuestro suelo, sin estar estra-
viados por errores groseros ó por intereses mezquinos. Para glo-
ria de mi patria puedo decir que en este noble partido se halla to-
do el valiente ejército, el clla), á pesar de la indisculpable desor-
ganizacion en que estaba al llegar la terrible crisis, ha sostenido y
sostiene con sin igual bizarría los derechos de la legítima reina. En
medio de sus filas vemos por todas partes aquellos antiguos mili-
lares, á quiencs nuestras tlisensiones políticas habian alejado de
ellas, quc llenos de gratitud hacia V. 1\1. por un benéfico decreto,
e3pedido en la gloriosa época de su primer mando, corren presuro-
sos á defender Jos derechos ¡Je In nugusta hija de su excelsa bien-
hechora. Estos son los únicos partidos que vemos en Espaíla cuan-
tos tenemos un interes en ver ¡as cosas cuales son, v en decirlas
cual las vemos, En medio del choque de las armas' y de ¡as mas
violentas pasiones ,viva Isabel 11 y viva' Cárlos V. son las únicas
voces qne hasta ahora han resonado. ¿ Dónde, pues, se halla esa
faccion tan temiLle que arrastra con tal fuerza á hombres conoci-
dos has la ahora pOi' 'in odio {¡ toda exaltacion, y por la honradez
de su conducta, y que los arrastra no solo á la traicion, sino tam-
bien á la perlidia? ¿Cual es el prestigio con que se les hace supo-
nerse defensores del trono de Isabel, para destruirlo 'i fundar so-
bre SUS ruinas el úrden de cosas á que aspira su exaltada fantasía?
Semejante inmoralidad no cabe en pechos españoles, y acredita
~¡uc conoce poco á sus compatriotas el inventor de tan atroz calum·
nia, Hay en Espaiía, como en tIldas partes, hombres fanáticos en
polílica, como los hay P;ll I'eligion: se hallan hombres oscuros y sin
talento que desean desordene", porque sahen que solo pueden me-
dnu' con ellos; y se encuentran tambien otros descontentos. Pero
tollos ellos no pueden in(\uielar á ningllll gohierno ; jamás forma-
rán un partido, ni lIlucho menos lograrán atracr á hombres cuyos
principIOS han pasado por el crisol de pruebas las lilas dificiles. La
'verdad es, seílora, que todos lus leales desean ver consolidado el
trono de la reina, y que para ello no divisan otro camino que el de
a fiel observancia de nuestras antiguas leyes. No de unasleyes die~
a¡Jas por la arbitrarieditd ó el c,lpr;cho, sino de aquellas que, ll-




APENDlCE NU:\IERO 3.0 357
jando los recíprocos deberes y derechos de los reye~ y de los pue-
blos, evitaron los abusos del poder, afianz aron la paz y el reposo,
y condujeron la nucioll al mas nIto grndo de esplendor. Esas leyes,
mejoradas cual ya lo exige el inleres tle lodos, son las únicaS¡ que
pueden salvarnos de la tleshecha borrasca que estamos corriendo:
ellas arrancaran de manos de los ministros no responsables el po-
der funesto de oprimir al pueblo, de njarle y de consumar Sil rlli-
l!a; desaparecerán para siempre esas pasiones inju:,tas , esos des-
berros arhitrarios; y solo el crimen lell<lrú que temhlm' delante de
la autoridad. Srgnros entonces de que la propiedad esta garanti-
da y la segllrid:\(1 indiYidual afianzada, los espaiíoles todo~ rodea-
rán el trono de la tierna Isabel, y la gratitud mas viva y el amor
mas sincero recompelH'arúlI los beneficio, (Iue les habrá dispensa-
do su augusta madre.


Tales son, señora, los volos de la nacion eutera: ese úclH'los
V.M.y sálvese y sálvcnos, cuandallodavía es tiempo. Desoiga V. M.
otros consejos: pucs la c"pcriencia ha dl'lJido eOllycn<:erla de (Iue
no son acertados, y (lile eH poco tiCllIpO ban producido males ljuc
pasarán muchos años antes de que puedan ser remedia/los. J)c-
seche V. M. esos temores que la perfidia solo inspira, y arrójese
confiada en brazos de la lealtad española que nUllca se desmintió,
y que reconoce v admira las virtudes y los talentos que adornan.
á la ilustre GODernadora del reino.-Asi lo suplica encarecida-
mente á V. M., ete.-Valladolid 8 de enero de 183~.-Señora.­
A. L. R. P. de V.M. -Vicente de Quesada.


-------==~-c=c~------




ESPOSICION DEL CONSEJO DE ~IINISTROS


A S. M. LA REINA GOBERNADORA.


APE~DI()E lWlIMERO ,l."


SEÑORA:


Los infrascriptos secretarios de Estado y del Despacho tenemos
la honra de llamar en este dia la atencion de V. M. hácia el punto
mas imporlanl~ para la firmeza y esplendor del trono. y para la
suerte futura de la nacion. A. V. M. está reservada la gloria de res-
taurar nuestras antiguas leyes fundamentales, cuyo desuso ha
causado tantos males por espacio de tres siglos, y cuyo restable-
cimiento por la augusta mano de V. M. será el mas próspero pre.
sagio para el reinado de su excelsa hija.
~o sin raZOll establecieron nuestros mayores, CJO arreglo a Jos


códigos nJas antiguos. y siguiendo una coslullIhre inveterada oue
se pierde en la cUila ¡Je la monarquía, que al atlvellilllieulo al tro-
no de Ull lllonan~a, jnrnse este aute las Corles del reino las leves
fundamenlales del Eslado, al propio tiempo que recibia de sus
súbditos 01 debido homenage de fidelidad y obediencia: acto augus·
to, solemne, que sellaba, por decirlo asi, la alianza del trono Cllll
los puehlo~ , invocando como testigo y jUPl rengador al que tiene
ell su \llallO el destino de los reyes y de las naciones.


COlino menos pre, i~ion y sabiduría se lu vo como fuero y cos-
tumbre de España que, cuando el nuevo príncipe fuese menor, se
celebrase igualmente nqllcl solemne acto; llara que los guardadores
del rey niño jurasen, no solo velar con l('altad y celo en custodia
de tan sagrado depósito, sino observar fielmente las leyes, no ena-
genanrlo ni dBpartirnL!o el señorío, y untes bien, mirando en toflas
co~as por el procolllunal de los reinos.


Aun pre,;cinrliendo de la justicia y cOIl\"cniencia de cumplir al
principio tle un Ilue\'o reinado con obligadoll tan espresa, es una
maxima fundamental de la legislacioll española, sancionada por




APENDlCE NnlEl\O 4. ~ 359
una série de gloriosos prÍncipes, y atestiguada inviolablemente por
el trascurso de los siglos, que «sobre los tales fechos grandes y ár-
))duos se hayan de ayuntar Cortes; y se faga con consejo de los
lltres estados de nuestros reinos, segun que lo ficieron los reyes
))nuestros progenitores» como decia en una ,ley famosa el señor
don Juan JI: siendo cosa ascntada que se hallan en nuestras cró-
Ilicas y anales mllehos y muy señalados teslinlollios , de que este
concurso legal dc \ olulltadc5 J' de esfuerzos, Iejus de enllaquecer
á la potestad soheraua, tú sirneron de lirmisilllO apoyo cn circuns-
tancJas gra \ es,


Fué taJllbica prin¡;ipio inconcuso del derecho púlJlico de Espa-
ña que no pudiesen imponerse contribuciones, pechos ni tributos,
sin el prévlO consentimiento de las Cortes del reino: instiluclOIl
admirable que prescrva á los pueblos de abusos y demasias. al
paso que facilita á la corona mas recursos y medios para mnlllre~­
tar á fas demas naciones su fuerza y poderío, y para atender ~ill
estrechez ni angustia á las necesidades del Estado,


Verdad es que amhas leyes ~ cuya obscnuncia hubiera pres:\'·
vado al trono de azares que lIoramo:i, y a la na¡;ion de tantas per-
didas y desventuras) se vieron suprimidas subrepticiamente en la
última recopilacion de nuestras leyes; pero tan poderoso es el in-
flujo de la costumbre, y tan arraigada estaba en el animo de los
españoles la antigua creencia de que se rcqueria en \arios casos
el concurso de las CarIes del reino, que quedó eomo fórmula para
dar fuerza y vigor á las leyes, cuando se promulgaban sin aquel re-
quisito, el espresar que fuesen válidas, como si hubiescn sido pu-
blicadas en Cortes,


De cuyo origen procede igualmente el haberse conscnado, co-
mo un mero recuerdo de la institll¡;ioll abulida, la diputacion de los
reinos, compuesta de un corto nlÍmero de regidores cnviados por
las ciudades y villas de voto en Cortl's, para vigilar el cumplimien-
to de las condicione,; y pactos cstipulados con la Corona al ticmpo
de la concesion dc millolles,


Si en todas épocas y eireun~tanci;¡:; sü reputaron las Cortes del
reino como ulla illslitucion esencial para el buen régimen de la
monarquía, mas vivamente se echó de ycr la necesidad de convo"-
carlas duranle la minoría de 103 príncipes, cn que la potestad real,
aun cuando no se vea descollocida ni disJlutada, adqlliere mas ro-
bustez y fuerzas rodeándose de los procul'adore,; de la nacioll.


y si asi lo ha acreditado la esperiencia aun en a¡juellos tiempos
bonancibles en qlle 110 amagaba ui el mas leyc peligro al hajel del
Estado, ¿qué t1irenlO~, señora, en la ocasion !lreSl',lIlC, en que un
príncipe de la estirpc real (dolor causa el decir o) inlenta arrebatar
el cetro ú lit hija de S\I propio hermano, y promune la guerra ci-
vil, como preludio de la Ilsurpacion? Mas por lo mismo que las
Cortes del reino, cOllvocadas de intento por el augusto esposo de
V. 1\1., reconocieron y juraron como heredera de sn trono, á falta
de hijo nron, á su augusta primogénita; por lo mismo que, ape-
nas ocurrido el fallecimiento del señor don Fernando VII (Q. E. G. E.),




360 ANALES DE ISABEL 11,
aclamó la nacion como reina legitima de España á la que de-
riva su derecho de las antiguas leyes, de las costumbres patrias,
del prévio juramento de los pueblos, y de la csplícita voluntad del
monarca; por lo llli~mlO que, en medio de la aCIaga lucha que han
promovido la ingratitud y la perfidia, y que alimentan la miseriJ
y la ignorancia, se ostentan casi todas las provincias del reino cadl
día lllas fieles y sumisas al cetro suave de la reina nuestra señora;
es no menos justo que político y conveniente quitar hasta el último
asomo de esperanza á la faccioll aleve, que proclama la usurpacioll
para satisfacer sus siniestras pasiones.


Allte las Cortes generales del reino, con el libro de la ley en la
mano, de la manera Illas solemne de (¡ue se halle ejemplo en los
fastos de la monarquía, se espollllrá a la faz de la nacion y del
mundo la conducta del mal aconsejado prín:ipe que, promoviendo
la discordia civil y aspirando á usurpar el trono, provoca mas
y IlIas cada dia las medidas severas que puede emplear legíti-
mamente la nacion para su resguardo y defensa.


La reuniou de las Cortes del reino es el único medio legal, re-
conocido, sancionado por la eostumhre inllJ(~morjal en semejantes
casos, para acallar pretensiones injustas, quitar armas á los par-
tidos, y pronunciar 1111 fallo irrevocable que sirva de prenda y de
fianza ú la paz futura del Estado.


Tantas y tan poderosas razones, que fuera inútil desenvolver
ante la penetracion y sabiduría de V. M" han grabado en nuestro
ánimo el íntimo convencimiento de que el medio mas eficaz para
afirmar en cimientos indestructibles el trono de la reina nuestra
sefíora, á cuya sombra crecen tantas y tan halagüeñas esperanzas,
es que se digne V. )1. restituir su fuerza y vigor á las leyes fun-
damentales de la monarquía, empezando por convocar las Cortes
generales del reino.


,'\[as ¿de qué mancra deberán convocarse? Compuesto este Yas-
lo imperio de la agregacion sucesiva de tantos y tan distintos Es-
tados, ¿cuál es la forma (Iue habr;í de preferirse para que sirya de
modelo? ¡,Se convocarán as Cortes como en el antiguo reino de Ara-
gon, como en la [H'o\incia de Valencia, ú como en el Principado
de Cataluña? ¿Se elegirán por tipo las de Navarra, ó se antepon-
drán las de Castilla? Y aun circunscribiéndonos á este último rei-
no, ¡,qué modo de congregar las Cortes se ha de restablecer ahora,
en merlio de la indecible variedad que se echa (le ver en este pun-
to, segun los tiempos, la ocasioll y las circunstancias? Inútil em-
peño seria obstinarse en buscar una pauta COllstante y segura del
modo con que se reunian las Cortes en Castilla, cuando esta ma-
teria ha prestado yastísimo campo á las interminahles disputas de
sábios y eruditos. Ni produciria gran ventaja, aun cuando asequi-
ble fllera, el determinar á plinto fijo la manera y forma con que se
congregaban las antiguas Cortes; porque 110 debe ser el blanco
pI'incip~ll de un gobierno desenterrar las antiguas instituciones,
como pudieron eOll\ellir á nuestros mayores allá en siglos 'remotos
yeH circunstancias diferentes; sino aplicar con discernimiento y




APENDlCE NUMERO 4.0 361
cordura los frinCipios fundamentales de la antigua legislacion al
estado actua de la sociedad, cuyo bienestar es el fin y objeto de
todas las instituciones humanas.


Asi, pues, hemos estimado mas oportuno y conveniente, en
vez de perdernos sin fruto en un laberinto de conjeturas y proba-
bilidades, caminar en terreno tan espinoso por un\ senda llana y
segura.


Dos puntos capitales nos han sel'vido de guia para dirigir nues-
tros pasos: gue era menester buscar, por entre las varias formas
que han teIlldo nuestras antiguas Cortes, cual era, por decirlo
asi, el alma de aquella institucion, prescindiendo de accidentes y
circunstancias particulares; y de este examen dedugimos como
conseeucncia evidente: que el principio fundamental de nuestras
antiguas Cortes habia sido el dar influjo en los asuntos graves del
Estado á las clases y personas que tentan depositados grandes in-
tereses en el patrimonio comun de la sociedad.


PrlleLa de ello es que, durante los primeros siglos de la mo-
nal'quÍa, no .emos aSistir á las juntas generales del reino (cual-
uuiera que fuese su denolDinaeion y naturaleza), sino á los prelados
y á los nobles; porque en aquellos tiempos era tal la organizaeion
del Estado, que solo estas dos clases tenian grandes propiedades.
derechos, poderío, todo lo que da influjo y necesita proteccionj y
por motivos semejantes se oLservó lo mismo, con cortlsima dire-
rcncia, en los demas Estados de Europa.


Mas asi que, por UD concurso afortunado de diferentes causas,
empezó á desarrollarse la civiJizacion y cultura, mejorándose in-
sensiblemente la condicion del pueblo, fueron creciendo en impor-
tancia las clases medias de la sociedad, y despues de adquirir li-
bertades y franquicias municipales, aspiraron á su vez á tener
tambien volo en las asambleas generales de la nacion.


Lográronlo en efecto, y antes tal vez en España que en otras
monarquías de Europa; y favoreciendo la potestad real esta ten-
deuCÍa de los pueblos, que le facilitaba recursos y contrabalancea-
ha la prepotencia de las clases privilegiadas, se formó en el seno de
la nacion un nuevo elemento político, que tuvo, como era natu-
ral, ~us legítimos represent:1/ltes en las Cortes de la monarquía.


De esta manera, concurrit'ndo al fin comun todos los intereses
de la sociedad, reunidos bajo el escudo tutelar del trono, ostentó
su "igor y lustre aquella institucion saludable: institucion que dió
al Estado tantos dias de prosperidad y de gloria, mientras se man-
tuvo íntegra en su pleua fuerza y robustez; pero que. apenas:se vió
reducida y lIlutilada, no fué ya suficiente para prodUCir los anti-
gll()~ Lieues, ni para atajar la venida de mal~s.
E~ta gravísim<l consiJcracion nos ha encaminado naturalmen-


te á un punto de descanso; en la cllal nos ha parecido que debía-
mus !ljarnos, para pror:euer con acierto. En tiempo del señor rey
don Cárlos 1, se vieron escluidos de las Cortes dos brazos del Esta-
do, el C1Cl'0 y la nobleza; pero esta inllovacion peligrosa, que pare-
cia propia para acrecer el influjo del Estamento popular, liejándole




362 AN ALES DE ISABEL 11.
apoderado esclusivamente del derecho de votar en las Cortes, pro-
dujo un efecto contl'arill: y desde aquella época en que cesó el jus-
to equilibrio y nivel, necesarios para el buen régimen de la mo-
narquía, fué bastardeando hasta tal punto la antigua inslitucion de
las Cortes, que apenas eran ya en nuestros días una sombra de lo
que fueron.


l\las ni el e'!ltado progresi\o de la nacion, ni el espíritu del si-
glo en que vivimos, ni las circunstancias en que nos hallamos, con-
sienten que se fie la suerte del Estado á un mero simulacro de Cor-
tes, que nabiendo conservado el nombre primitivo, pero distantes
de representar los intereses actuales de la sociedad, ni Jludieran
ofrecer al trono eficaz cooperacion y recursos, ni satisfacer el an-
helo de los pueblos con beneficios ó esperanzas.


Privados de asistir á las Cortes, no menos que por espacio de
tres siglos, dos brazos principales del Estado; reducido el dereeho
de concurrir á ellas á un corto número de ciudades y villa:;; y vin-
culado esclusivamente en los cuerpos municipales, cuya índole y
naturaleza ha cambiado con el trascurso de los tiempos, no hay tie-
cion legal que sea suficiente á que se reputen unas Cortes tan di-
minutas y mezquinas como la reprcsentacion fiel y cumplida de
los grandes intereses de la sociedad. ,


A V. rtl. es á quien toca (¿ni qué emprcsa mas digna del :mimo
_generoso con que la dotó el cielo?) restablecer en Sil plenitud y
grandeza una institucion tan venerable, tomando en lo posiblc co-
mo basa y cimiento para levantar el nuevo edificio, las antiguas
Córtes de la monarquía,


Lejos de aventurar de esta suerte innovaciones arries~'adas, se
vuelve á entrar en el camino de la ley, de que nunca se deBió salir;
,se restituyen derechos que no pudieron abolirse, ni enagenarse,
ni perderse por la prescripcion ó el olvido; v, asegul'alldo un con-
ducto legítimo á todos los intereses sociales, se a~alla con la voz
de la nacion el murmuJ[o tle los partidos.


Divididas las córtes en dos Lrazos ó estamellto5 (sin faltar por
eso á su antigua índole, y antes bit'n amoldándolas á la forma que
la esperiencia ha recomendado como mas conveniente), puede lo-
grarse sin azares ni riesgos el fin importantísimo de aquella insti-
tucion admirable.


El Estamento de Próceres del reino (como guarda permanente
de las leyes fundamentales, interpuesto entre el trono y los pue-
blos) comprenderá en su seno á los que se aventajen y descuellen
por su elcvada dignidad ó por 5U iluslt'c cuna, por sus servicios y
merccimientos, por su saber ú sus virtudes: los venerables pasto-
res de la iglesia, los gt'alldes de Espaiía, cuyos nombrcs de,;piert31l
el recuerdo de las antiguas glorias de la nacioll, los caudillos que
en nuestros dias han acrecentado ellustl'e de las armas espaiíolas,
los que en el noble desempeiío de la magistratura, en la cnseiian-
za de las cicncias, ó en otras caneras no menos honrosas, hayan
prestado á su patria eminentes servicios, grangeando para sí me-
recida estima y renombre, hallarán abiertas ras puertas de este




.Al'ENDlCE Nl1!lERO 4.0 363
ilustre Estamento; el cual debe ser esencialmente conservador por
la naturaleza de los elementos que le constituyen.


A cuyo fin contribuirá tambien el que todos los grandes de
España, qne reunan las cualidades requeridas, sean (miembros na-
tos del Estamento de Próceres del reino: trasmitiéndose esta digni-
dad de una en otra generacion como un derecho hereditario. Esta
preeminencia, tan conforme al espíritu de la monarguía, tan tute-
lar y conservadora, es al mismo tiempo favorable a la verdadera
libertad; pues, asegurando á uná clase, no menos poderosa por sus
timbres que por su riqueza, la noble independencia que ha menes-
ter en el ejercicio de su elevado ministerio, la acostumbrará á mi-
rar el depósito de las leyes fundamentales como se mira un pa-
trimonio, vineulado en la propia familia.


Todos los Próceres del reino, escepto los grandes de España,
deberán ser, en nuestro dictámen, de nombramiento real; pero con
ciertos requisitos que afiancen en lo posible el acierto en lo~
nombramientos, para que uo se adultere una institucion tan im-
portante; y declarando, italicia aquella dignidad, á fin de ponerla
mas á cubierto del temor r de la esperanza.


El número tolal de Proceres debe quedar tambien al arbitrio
de la autoridad real; porque, no siendo amovibles, ni su mandato
revQcable, la salud del Estado reclama que la potestad régia, como
árbitra y moderadora, pueda por medio de nuevos nombramientos
ejercer un sal udable influjo rn una corporacion tan independiente
y poderosa, bien sea para prevenir ó~templar por aquel medio una
colision demasiado violen la, bien para restablecer el equilibrio en-
tre los varios poderes d el Estado.


El Estamento de Próceres es tan cOllyelliente y necesario, que
bajo una ú otra forma se balla establecida una inslitucion seme-jante en todos los }~stados representativos; y no solo en las monar-
quías templadas, sino en las repúblicas mas libres, asi antiguas
como moderna" Prueha irn'cusable, eyidente, de que es preciso
poner una barrera al empuje y violencia de los elementos popula-
res para guarecer:i la libertad contra el despotismo y la anarquía.


La mera indicacion de las bas"s para la formacion del Estamen-
to ,le los l'I'óeeres del Reino, manifiesta suficientemente asi el objeto
que 1I0S hemos propuesto como las razones en que nos hemos apo-
yado; sin que sea convenicnte ni oportllno fatigar la augusta aten-
cion de V, 1\1. con el prolijo esámcn de materias controvertibles,
que han embargado durante muchos dias la solícita atencion de
Yllestros secretarios del Des[lacho, Baste decir, señora, que tene-
mos el profundo cOllyencimiento de que si V, 1\1. se digna aprobar
la planta que le presentamos para el Estamcnto de Próceres delrei-
no, no solo hahril conseguido subsanar una especie de despojo con
ulla reparaciol1 solemne, sino que dará nuevo apoyo al trono de su
escelsa hija y á los leRítimos derechos de la nacion,


Diferente en su orígen y distinto en su organizacion y en su
objt~to,el Estamento. de Procuradores del Reino está destinnrlo pl'Ín-
cipalmente á representar los intereses materiales de la sllciedad y




364 ANALES DE ISABEL n.
á vigilar en su custodia; de donde se derivan, como de un princi~
pio fecundo, muchas consecuencias importantes.


Este Estamento es por su misma esencia colectivo.
Los individuos que le compongan dehen ser elegido:; por la


nacion; para que de esta suerte sean sus lel3ítimos Procuradores.
Su mandato debe durar el plazo que prefija la ley.
Este plazo no debe ser ni tan sumamente prolongado, que sea


fácil olvidar el origen de donde provino el mandato, ni tan breve,
que agite las pasiones políticas con muy frecuentes elecciones.


No se debe poner limitacion ni coto á la facuItad de reelegir á
los mismos Procuradores; ya porque no es justo restringir sin mo-
tivo la libre voluntad de los pueblos; ya porque la esperiencia ha
acreditado, en diversos tiempos y naciones, que es poco prudente
privarse de sugetos de acreditada suficiencia, esponir,ndo ademas
el Estado á una crisis grave y peligrosa, cada vez que se re llueve
el Estamento popular.


Mas ¡.cómo se veriticHrán las elecciolles'! ¿Quiénes deberún le-
n~r derecho de ser electores? ¿ Y quiéJles aptitud legalJJara ser ele-
gidos? Cuestiones soo estas, señora, de tanta graveda y trascen-
dencia, como que desu resolucion dependen los efectos provecho-
sos ó nocivos de esta institucion. Asi no es maravilla que vuestros
secretarios del Despacho hayan meditado la materia con mucho
pulso y detenimiento, para asentar con prohabilidad del acierto las
bases convenientes.


Acordaron antc lodas cosas proceder de un principio justo en
su origen, general en su aplicaclOn, conforme en su desarrollo con
la índole de la illstitucion misma; y no siendo compatible con las
máximas de la razon ni de la política limitar (como hasta ahora se
hizo) á un corto numero de pneblos el]nivilegio de enviar Procu-
radores a Corte~, estimaron que la base mas equitativa era dis-
tribuir el número total de Procuradores del lteino entre las varias
provineias, con arreglo ú su polllacioll.


Juzgaron tambiell que, siendo tau importante el encargo que se
va á fiar á los Procul'adores del Reino, sin estar atenidos á ninguna
responsabilidad legal. ni poder ser reconvenidos en ningun caso
por sus opiuiones y \'ot05, era conveniente, ó por mejor decir,
necesario, que la sociedad tomara de antemano cuantas precaucio-
lJes dictase la prudencia, á fin de 110 aventurar su propia suerte .


. :\Ias estas prendas y fianzas deben empezar á exigirse de los
mismos electores, porque de esta manera se da ya un paso muy
adelantado para poder confiar en las buenas calidades de los ele-
gido,s. 1 '11" 'h' ...


i .. un en as repu j Icas autlguas, cuyas sa laS llISltluCloncs 1105
ha trasmitido la historia, los que lJingunos bienes poseian no ejer-
cian derechos políticos; ni puede naClOn ninguna confiarlos, sope-
na de pagar tarde ó temprano su temeridad é imprudencia, á qui(',n
no tenga vínculos que le enlacen con la mi~ma nacion.


De ~hi es qu~ en todos los siglos y paises se ha .considerado á
la propiedad, baJO una u otra forma, como la mejor pI'enda de




ÁPENDlCE NUMERO 4. o 365
buen órden y de sosiego; asi como, por el estremo opuesto, cuan-
tos han intentado promover revueltas y partidos, soltando el freno
;, las pasiones populares, han empleado como instrumento á las
turbas de proletarios.


En conformidad con estos principios, bulliéramos deseado que
cuantos poseyesen la renta anual correspondiente, ejercieran el de-
recho de ser electores; pero, despues de largas controversias, y de
tantear en vano diferentes medios que se han practicado en varios
tiempos y naciones, nos convencimos plenamente de que rayaba
en lo imposible realizar lo que nos habíamos propuesto.


La falta de dalas estadísticos, yel sistema de contrilluciones
tan complicado, tan confuso, tan desigual en las diversas provincias,
han opuesto un obstáculo insuperable á nuestros deseos; y nos he-
mos visto precisados á renunCiar, á lo menos por esta vez, á la
aplicacion general y completa del principio que habíamos adoptado.


Por fortuna, el sistema de elecciones es de suyo variable y su-jeto á enmiendas y mejoras; yasí nos ha parecido preferible com-
prenderlo en una ley aparte: ya para no darle cierto carácter de
perpetuidad, entrelazándolo con disposiciones fundamentales, ya
pam anunciar desde luego que irá perfeccionándose insensible-
mente eon el arreglo de la administracion pública y con los conse-
jos de la esperiencia.


Lo que parecia necesario, urgente, pues que el bien del Estado
reclamaba la pronta reunion de las Cortes, era establecer un plan
de elecciones, igual, justo, sencillo, de fácil aplicacion, '/ que, ad-
mitiendo como hase el ofrecer á la sociedad las convelllentes $a-
rantías, dejase sancionado para siempre este importantísimo prm-
cipio.


Estas miras nos han guiado al determinar la ley de elecciones,
que someteremos en breve il la augusta aprobadon de V. 1\1. Por
ella se estahlece que en cada pueblo cabeza de partido >le forme
HIla junta electoral, Gompuesta de todos los individuos del ayunta-
miento, inclusos los sÍndieos y diplllados, y agregándoseles un nú-
mero igual de los mayores contribu~ elites: método que reciente-
mente se ha ensayado con buen éxito para la frnovacion de con-
cl\jales.


Cada una de estas juntas npmbrará dos electores para que con-
cunan á la capital de la respectiva provincia, pudiendo nombrar-
lo,;, no solo entre los mismos individuos del ayuntamiento, r entre
los mayores contribuyentes que hayan concurrido á la elecclOn, si-
no entre todos los que tengan las condiciones que requiera la ley.


Reunidos en la capital de provincia, los electores enviados por
los diferenles partidos, procederán tí nombrar los Procuradores á
Cortes, verificándolo por el método v forma que se prefije con el
fin de asegurar el huen órden y la líberlad de los sufragios.


Este plan de elecciones, si bien no tan perfecto como pudiera
desearse en teoría, tiene, a nuestro enlender, la inestimable ven-
taja de ser muy sencillo en la práctica: establece desde lnego dos
arados de elecoion, cuyo si~teDla uos ha parecido preferible á )~




366 ANALES DE ISABEL n.
eleccion directa, casi impracticable en España, Ó á multiplicar !has-
ta tal punto los grados de eleccion, que se desvirtuase la esencia
de la institucion misma. Se concilia, ademas, por el medio que be-
mos preferido, el dejar doble influjo á los ayuntamientos en la elec-
cion de Procuradores á Cortes; al paso que se extiende este dere-
cho á un gran número de ciudades y villas (como reclamaban á
la par la justicia y la conveniencia), hermanandolo naturallllcn te
con el elemento conservador de la propiedad.


Mas como no es posible que subsista ningun Estarlo, si se
saca de su propio lugar cada una de las ruedas que componen la
máquina política; de abi es que proponemos como base esencial
que las juntas electorales, ora sean de partido, ora de provincia,
se atengan meramente al objeto de su cOllvocacion; declarándose
nulo de derecho cuanto hicieren y determinaren fuera de su pro-
pio instituto.


Ejerzan libremente los pueblos el derecho importantísimo de
nombrar sus apoderados; pero en el momento que lo verifiquen,
no recuerden sino que son súbditos; sin 10 cual ni sus mismos Pro-
curadores pudieran desempeñar su mandato, ni ejercer su imperio
las leyes, ni subsistir ninguna forma de gobierno, euanlo menos
una monarquía. '


Si tanto en la calidad de los electores como en la forma de la
eleccion, se han tomado las oportunas precauciones, á fin de que
ofrezcan á-la sociedad fundada confianza, ya se deja entender que
se babrá procedido aun con mas detenimiento y mesura al fijar las
cualidades necesarias para ser Procurador del Reino. Que tal vez
de este punto, mas que de ningun otro, pende que vuelva á echar
raices en nuestro suelo la antigua institucion de las Cortes; ó que,
por el contrario, se marchite tan pronto, que ni aun sea menester
emplear la fuerza para arrancarla.


Las mismas condiciones que se han exigido para ser elcctor se
requieren para ser elegido; pero en una escala mas es/cnsa; como
que es tan diferente la importancia de uno y de otro encargo. Ha
debido no perderse de vista que la condicion y cualidades de los Pro-
cnradores del Reino, que concurrieren á las COI'les, reflejarán su
crédito sobre la misma institucion; yéndose formaÍldo de esta suer-
te las costumbres públicas, sin las cuales PI)CO Ó nada aprovechan
las leyes.


Con la misma intencion proponemos, como principio funda-
mental, que ninguno pueda ser Procurador :"1 Cortes sin justificar
que disfruta la renta prefijada: no estando tampoco en nuestro ar-
nitrio prescindir de que para desatender durante eierlo tiempo los
negocios domésticos, y ocuparse en los asnntos del Estado sin re-
cibir por ello ni sueldo ni retribucion, es requisito indispensable
poseer algunos bienes, y vivir cuando menos en una decente me-
dianía.


Constituido uno y otro Estamento, solo falta coordinarlos de tal
manera que concurran al mismo fin, bajo el amparo de la potestad
real¡ la cuul se IH'esenta como suprema. moderadora, para impedir




APENDlCE NUMERO 4.0 367
contrastes violentos entre los brazos del cuerpo legislador, y man-
tener en su fiel la balanza.


Al rey toca esclusivamente juzgar de la época en que hayan de
reunirse las Cortes. segun las circunstancias en que se encuentre
la nacion, sus legítimos deseos y necesidades.


Le corresponde igualmente suspender las Cortes, aplazando su
nueva reunion para euando lo estimare oportuno.


Podrá, por último, como remedio neeesario para impedir mayo-
res males, disolver las Cortes del reino; sin cuyo dereebo y prero-
gali I'a habria de acontecer, en un término Illas Ó menos lejano, ó
que la potestad real corriese gravisimo riesgo, por no ser parte á
contener el ímpetu del Estamento popular, ó que no teniendo en
su mano ningun medio legitimo de defensa, no se creyese segura
sino recurriendo á la fuerza, y quedando vencedora del campo.


La facultad de disolver el Estamento electivo ofrece el medio de
prevenir violentas erísis no menos noeivas al buen órden que á la
libertad públiea; con la notable cireunstancia de que, habIéndose
de verificar nuevas elecciones en el término que para tales casos
hayan prefijado lasleye;:, lejos de menoseabarse por aquel medio
los derechos de la nacion, no se hace en realidad sino apelar á
ella, encomendándole que (bien confirmando el mandato á los mis-
mos procuradores, bien nomllrando otros nuevos) manifieste por
medio de sus votos cual es su voluntad.


!\fas aun cuando la Corona no estime necesario hacer uso de
ta eseneial prerogativa, conviene que haya un plazo, eumplido el
cual, espiren por sí mismos los poderes de los mandatarios de la
lIaeion; 10grandose de esta suerte someter su conducta á la prueba
de I~s urnas electorales, y propor.cionar al g?bierno un ~edio es-
pedlt~ y legal para consultar oe tiempo en tiempo el barometro de
la Op11110n.


Eslando pre\enido por nuestras antiguas leyes que no se im-
pongan confribuciolles ni tributos sino eon acuerdo de las Córtes,
hastará que se establezca JlOI' base fundamental que no se puedan
imponer dichas cargas por mas tiempo que por espacio de dos
años, para alejar de e8ta· suerte el recelo de que vuelva á yacer
largo tiempo eu desuso una institucion tan salndable.


ta potestad real, como que conoce mas cumplidamente, por su
eleyada posieion, las necesidades generales del Estado v los me-
dios de satisfaeerlas, propondra las materias que hayañ de venti-
larse ('n las Cortes; pero estas reeobrarán ('! derecho, que por tan-
los siglos rjercieroll, dn ele\ar al trollO respetuosas petieiones,
encaminadas al bit'n de los pueblos.


P¡1rD pl"Ocedcr con órden y coneierto, sin lo eual se malogran
las reformas (Ille parecen mas útiles, los seeretarios del Despaeho
pondrán de manillesto á las Córtes, asi que se hallen estas eongre-
gadas, el estado en que se cneuentren los varios ramos de admi-
nistracion públiea; sometiendo á su exámen v aprobacion los pre-
supnestos de ~astos y de entradas, antes de' decretarse la imposi~
cíon de contriouciones.




368 ANALES DE ISABEL 11.
Esta medida asegurará á un tiempo el arreglo en la hacienda,


la confianza en el gobierno, la fuerza del Estado: ella 80la equivale
á un sinnúmero de reformas; porque encierra en su seno el gérmen
benéfico de todas.


La esencia misma del gobierno, aun prescindiendo de su dig-
ni(lad, exige que no se yea nllnca en el caso de ejecutar de mal
grado loque juzgue opuesto al bien público; {lor lo tanto ninguna
resolucion de las Córtes podrá tener efecto, SID que ademas de ha-
ber sido aprobada por ambos Estamentos, lleve despues por sello
la augusta sancion del monarca.


Este concierto de voluntades, tras un debate público y solem-
ne, es el que da á las leyes aquel carácter tle imparcialidad y de
justicia, que cautiva los ánimos y allana el camino de la obedien-
cia; sin que sea fácil conseguirlo, cuando aparecen hijas de la ins-
table voluntad de un bombre ó del impulso, muchas veces arreba-
tado, de una asamblea popular


Buscar prendas y garantía8 para afianzar juntamente las prero-
gativas del trono y los fueros de la nacion; contrapesar con acierto
los varios poderes del Estado, para mantener entre ellos el debido
equilibrio; noconsiderar,en fin,··los derechos políticos como deriva-
dos de principios abstractos y sujetos á vanas teorías, s1no como
medios práctICOS de asegurar la posesion tranquila de los derechos
civiles: tal es el grande objeto que nos hemos propuesto, al asentar
las bases que tenemos la honra de someter á la augusta aprohacion
deV. M.


Quiera el cielo, señora, que el éxito corresponda a nuestra in-
tencion y deseos: y que asi como un tiempo, cuando para dicha de
España ascendió al trono Isabel de Castilla, puso fin á parcialidades
r Dandos, planteando saludables reformas y restituyendo su vigor
a las leyes, asi deba la nacioll á V. M. iguales beneficios, que ha-
gan inmortal el reinado de vuestra escelsa bija.


Aranjuez ~ de abril de 1834.-Señora.-A. 1. R P. de V. M.
Francisco Marlinez de la Rosa.-Javier de BlÍl'gos.-Nicollis María
Garelly.-Antonio Remon Zarco del Valle.-JosÓ Vazquez Figue-
roa.-José de Imaz.


---O~'C-CD-<rl>-----


REAL DECRETO.


Deseando restablecer en su fuerza y Yigor Ja~ Jeyes fundamen-
tales de la monarqma, con el fin de que se lleve {¡ cumplido efecto
lo que sabiamente prcviencn para el caso en qur ascienda al tro-
no un monarca menor de edad; y ansiosa de labrar, sobre un
cimiento sólido r permanente, la prosperidad y gloria de esta na-




APENDICE NUMERO 4.° 369
clon magnánimll; he venido en mandar, en nombre de mi escelsa
hija doña Isabel n, y desplles de haber oido elllictámen del COIl-
sejo de Gobierno, y del de Ministros, que se g\larde, cumpla vob-
serve promulgimdosc con la s.olemnidall debida, el adjunto' E~­
TATI'TO REAL par,) la convocaClOll de las Cortes Generales del Rei-
no. Tendréislo entendido, y dispondreis lo necesario á su cumpli-
miento.-Está rubricado de la real mano.-En Aranjuez á 10 de
abril de 183i.-A don Francisco Martinez de la Rosa, presidente
rlel COIlsejo de Ministros.


TITULO I.


De la co/woc(lcio/¿ de l(IS Cortes Generales del Reino.
AUTlcu(.{) 1.0 Con arreglo áloquepre"iencn laley 5.a, título U'.u


partida ~.a, y las leyes La y 2.", titulo 7.°, libro 6.° de la Nuev~
Recopilacion, S. 1\1. la reina Gobernadora, en nombre de su escel-
sa hija doña Isabel 11, ha resuelto convocar las Corles Generales del
Reino.


Al\T. 2: Las Cortes generales se compondrán de dos estamen-
tos: el de Próceres del Reino, yel de Procuradores del Reino.


TITULO JI.


Del Estamento de Próceres del Reino.


AIIT. 3.° El Estamento de Próceres del Reino se compondrá:
1.° De muy reverendos arzobispos y reverendos obispos.
2. 0 De grandes de España.
3.° De títulos de Castilla.
,\.0 De un número indeterminado de españoles, elevados en
digni~ad é ilus!res por sus. servicios en las varias carreras, y que
sean o hayan Sido secretarIOs del Despacho, Procuradores del Rei-
no, consejeros de Estado, embajadores ú miuistros plellip'olenciarios~
generales de mar ó de tierra, ó ministros dc los l.nbunales su-
premos.


5." De los propietarios territoriales ó dueños de fábricas, manu-
facturas ó establecimientos mercantiles·, que reunau á su mérito
personal y á sus circul1Rtancias relevantes el poseer una renta
anual de sesenta mil reales, y el haher sido anteriormente Procu-
radores del Reino .
. '6.0 De los que en la enseí'íanza pública, ó cultivando las·cien-
cias ó las letras, hayan adquirido gran renombre y celebridad, con
tal que disfruten una renta auual de sesenta mil reales, va proveu-
ga de bieries propios, ya de sueldo cobrado del Erario ..


AIIT. i.o Rastará ser arzobispo ú obispo electo ú auxiliar para
poder ser elegido, en clas(' ¡le Inl, y tomar asiento en el Estamento
de Próceres del Reino.


ART. 5." Todos los grandes de España son miemhros natos del
lOMO l. 24




370
Estamento de Próceres del Reino; y lomaran asiento en él, con tal
q&e reunan hlS condiciones siguientes:


La Tener veinte y cinco años cumplidos.
'1.a Estar en posesion de la grandeza y lenerla por derecho


propio.
s.a AcreditaT que disfrutan una renta anual de doscientos mil


reales.
. 4. ~ No tener sujetos los bienes a ningun género de inter-


vencion.
5.a No hallarse procesados criminalmente.
6.3 No ser súbditos de otra potencia.
ART.6,o La dignidad de Prócer del Reino es hereditaria en lo~


grandes de España.
ART. 7." Ef rey eli~e y nombra los demas Próceres del Reino,


cuya dignidad es vitalicia.
AUT. 8.° Los títulos de Castilla que fueren nombrados Próceres


del Reino deberan justificar que reunen las condiciones siguientes:
1.. Ser mayores de veinte y cinco años.
!.3 Estar en posesion del título de Castilla, y tenerlo por dere-


(lho oropio.
S.4 Disfrutar una renta de 80,000 rs.
4.3 No tener sujetos los bienes a ningun género de inl6rven-


tion.
5.a No hallarse procesados criminalmente.
6.' No ser súbditos de otra potencia.
ART.9.0 El número de Próceres del Reino es ilimitado.
ART. 10. La dignidad de Prócer del Reino se pierde únicamen-


te por incapacidad legal, en virtud de sentencia por la que se naya
impuesto pena infamatoria.


ART 11. El reglamento determinara todo lo concerniente ~. ré-
gimen interior, y al modo de deliberar del Estamento de Próceres
del Reino.


ÁRT. 12. El rey elegirá de entre los Próceres del Reino, ea'da
vez que se congr~l5uen las Cortes, á los que hayan de ej~cér du-
rante aquella reumon los cargos depr-esIDente y vice·presioonte ilé
dicho Estamento.


TITULO III.
Del Estamento de Procuradores del Reino.


ART. lS. El Estamento de Procuradores del Reino se compon-
drá de las personas que se nombren con arreglo á la ley deelec-
~~. .


ART. U. Para ser Procurador del Reino se requiere:
1.° Ser natural de estos reinos ó hijo de padres espailoles.
2. o Tener treinta años cumplidos.
S.u Estar en posesion de una renta propia anual de 40ce Qlil
Na~ij.




APENDlCB NUMERO 4. u 3'11
i.u Haber nacido en la provincia que le nombre, ó haber resi-


dido en ella durante los dos últimos mlos, ó poseer en ella algun
prédio rústico ó urbano, ú capital de censo que reditú~n la mitad
de la renta necesaria para ser Procurador del Reino.


En el caso de que un mismo individuo haya sido elegido Pro-
curador á Cortes por mas de una provincia, tendrá el derecho de
optar entre las que le hubieren nombrado.


ART. 15. No podrán ser Procuradores del Reino:
1.0 Los que se hallen procesados criminalmente.


. '2: Los que hayan sido condenados por un tribunal á pll.Da in-
famatoria.


S.· Los que tengan alguna incapacidad física notoria yde natu-
raleza perpétua. . . .


4.° Los negociantes que esten declarados en qUiebra, ó qu~ há-
yan suspendido sus pagos.


5.° Los propietarios que tengan intervenidos sus bienes.
6.° Los oeudores á los fondos públicos, en calidad de segundos:


contribuyentes.
ART.16. Los Procuradores del Reino obrarán con sujecion á los;


poderes que se les hayan espedido al tiempo de su nombramient()l
ew los tét!minos que prefije la real convocatoria.


AUT.17. La iluracion de los poderes de los Procuradores efe,
Reino será de tres años, á menos que antes de este plazo haya el rey
dis~to las Cortes.


AllT. 18. Cuando se proceda a nuevas elecciones, bien sea por
haber caducado los poderes, bien porque el rey haya disuelto las
Cortes, los que hayan sido últimamente Procuradores del Reino po-
drán ser reelegidos , con tal que continúen teniendo las condicio-
nes que para ello requieran las leyes.


TITULO IV.
/Je la reunion del Estamento de Procuradores del Reino.


~nT. 19. Los Procuradores d.el Reino se reunirán en el puebIÚ'
deSignado por la real eonvocatonapara celebrarse las Cortes.


AnT. 20 El reglamento de las Cortes determinará la forma y re-
glas que hayan de observarse para la presentacion y exámen de
los poderes.


AUT.!21. Luego que estén aprobados los poderes de los Procu-
radores del Reino, procederán a elegir cinco, de entre ellos mis-
mos, para que el rey designe los dos que han de ejercer los cargos
de presidente y vice-presidente.


ART. 22. El presidente y vice-presidente del Estamento de pll).
curadores del Reino cesaran en sus funciones, cuando el rey 81'S-
penda ó disuelva las Cortes. .


AIIT '23. Elreglamento prefijará todolo concerniente al régimen:
interior y al modo de deliberar del Estamento de Proeurad6lres dCl¡
Reino, .




TITULO V.


DísposicÚJnes genera les.
Aa·r. 'M. Al REY toca esclusivamcllte co",'ocar, s1I8pender y di.


IOlver las Cortes.
ART. 25. Las Cortes se reunirán, en Yirtud de real convocato-


ria, en el pueblo y en el día que aquella señalare.
~RT. 26 .. El REY abrirá y yerrará las ~ortes, bien en persona,


ó bIeI). autonzando para ello a los secretanos del Despad\{), por un
decreto especial refrendado por el presidente del Consejo de Mi-
nistros.


ART.27. Con arreglo á la ley 5.3 , título US.·, partida2.a, se con-
vocarán Cortes Generales despues de la muerte del REY para que
jure su sucesor la observancia de las leyes, y reciba de las Cortes
el debido juramento de fidelidad y obedIencia.


ART.28. Igualmente se convocarán las Cortes Generales del
Reino, en virtud de la citada ley, cuando el príncipe ó princesa
que baya beredado la corona, sea menor de edad.


AIIT.29. En el caso espresado en el artícnlo preeedente, los
guardadores del rey niño juraran en las Cortes velar lealmente en
custodia del Príncipe, y no violar las leyes del Estado; recibiendo
de los Proceres y de los Procuradores del Reino el debido juramento
de fidelidad y obediencia.
, ART. 30. Con arreglo a la ley 2.3, titulo 7.·, libro 6.· de la Nue-
va Recopilacion, se convocarán las Cortes del Reino cuando ocu\'-
ra al~lln negocio árduo, cuya gravedad, á juicio del REY exija con-
sultarlas .


. hr. 31. Las Cortes no podrán delihera¡' sobre ningun asunto
que no se haya sometido espresámente á su exámen en virtud de
un decreto real.


AIIT. 32. Queda sin embargo cspedito el derecho que siempr6
han ejercido las Corte,; de ~Ieyar pcl.iciones al R"y, haciéndolo del
modo y forma que se prefijara en el reglamento.


ART. 33. Para la formacion de las leyes se requiere la aproba-
~~ioll de uno v otro Estamento y la sancíon del REY.


ART.3i. "con arreglo ú la ley 1. a, título 7.°, libro 6.° de la Nue-
'I'a Recopilacion! no se, exigirán trihutos ni contrihuciones, de
Jlinguna clase. SlIl que a propuesta del REY los hayan votado la~
Cortes.


Ala. 3;' Las l:ontrihuciolles 110 podrán imponerse, cuando mas,
sino por término de dos años; antes de cuyo pinzo deberán votarse
de nuevo por las Cortes,
AR~'. 36. Antes de votar las Cortes las contribuciones que ha-


van de imponerse, se les presentará por los respectivos secretarios
del Despacho una esposicion, en qne se manifieste el estado que
tellgan los varios ramos de la administracion pública; debiendo
desJlues el ministro de Haciellda presentar á las Cortes el preilu-
puesto de gastos y de los medios de satisfacerloij.




APENDICE NUMERO 4. o 373
ART. '5'1. El REY suspenderá las Cortes en virtud de un decreto


refrendado por el presidente del Consejo de ~Iillistros; y en cuanto
se lea aquel, se separarán uno y otro Estamento, sin poder YQlver á
reunirse ni tomar ninguna deliberarion ni acuerdo.


ART. 38. En el easo que el REY ,uspendiere las Cortes, no vol-
verilll estas á reullil',;c 5illO en I'irlud de una Ilucya convocatoria.


AIIT. 39. I~I di~ que este señalare para yolH'r á reunirse las
Cortes, conc.urriran ú ell,as los mismos {)rocuradorcs del Iteino; á
menos que ya R,' haya eumplido el término (le los tre,.; años, que
deben durar Sil:' !Joderl·s.


AUT. íO. Cuando el UEY disuelva las Cortes habrá de haeerlo en
persona ó por medio de un decreto refrendado por el presidente
del Consejo de Ministros.


AUT. i1. En uno y otro caso se separarán inmediatamentr am-
bos Estamentos.


AUT, 4'~. Anunciada de úrden del RE\" la disolucion de 1<15 Cor-
tes, el Estamento de Próceres del Reillo, !lO Jlodrá \olrer á reunirse
ni tomar resolucion ni acuerdo, hnsta (111e en ,¡rtud de Huela con-
vocatoria vuelvan a juntarse las Cortes.


AnT. i3. Cuando de órden del REY se disuelvan las Cortes, que-
dan anulados en el mismo aclo los podere;; de Procuradores del
Reino.


Todo lo que hicieren ú de!erminaren despues, es nulo de de-
Teeho. '


ART, U. Si hubiesen sido disueltas las Cortes, habrán de reu-
nirse otras antes del término de un año.


ART. 45. Siempre que se conYoquen Cortes, se cOJIVocara á un
mismo tiempo á uno v otro Estamento .
.\.IlT~ 46 No podra estar reunido un Estamento, sin que lo esté


igualmente el otro.
ART. i7. Cada Estamento celebrará sus sesiones en recinto se-


parado.
ART. 48. Las sesiones de uno y olro Eótamcnto ser;in públicas,


esceplo en los casos que seilulare el reglal1lento.
AIIT. i9. Asi los Próceres como los Proeuradores del Reino se-


Tán inviolables por las opiniones y votos que dieren en desempeño
de su encargo.


ART. 50. El reglamento de las Corles determinará las relacio-
nes de uno y otro Estamento, ya reciproca mente entre sí, ya res-
pecto del gobierno.


Francisco Martinez de la Rosa.-Javier de Burgos.-Nicolas
María GareJly.-Antonio Remon Zarco del Valle.-Joié Vazque~
Figueroa.--.Tosé de Imaz.




REAL DECRETO.


"'PIil~DI()E NIIMlilaO 5.·


Atendiendo las reiteradas súplicas que me ha hecho oon Javier
oe Burgos, mi secretario del Despacho del Fomento, manifestán-
dome que el estado cada dia mas quebrantado de su salud no te per.,.
mite proseguir en el desemJleño de un cargo que requiere tan
contínua asistencia y trabajo; he tenido á bien admitir la dimision
que me ha dirigido de la espresada secretaría del Despacho; Y- para
(jarle una muestra de lo satisfecha que estoy de la actividad y ce-
lo con que ha promovido reformas úLiles al Estado, he venido en
concederle la gran cruz de la real y distinguida órden de Cár-
los IU.-Tendreislo entendido y lo comunicareis á quien corres-
ponda.-Está rubricado de la real mano.-Aranjuez 17 de abril de
1834.-A don Francisco Martinez de la Rosa, presidente del Con-
sejo de Ministros.


~.¡e--




TEXTO ESPA~OL


DBt Ta.YADO DE CUADRUPLE ALIANZA, FECHO EN LONDRES


A 22 DE HE ABRIL VE 1834.


S. M. la reina GolJernadora y regenta de España, dUl'unte la me-
nor edad de su hija doña Isabel 11 reina de España, y S. ~1. J. el
duque de Braganza, regente del reino de Portugal y de los Algnl'-
bes á nombre de la reina doña María 11, íntimamellte convencidos
de que los intereses de ambas coronas. y la seguridad de sus domi-
nios respectivos exigen emplearinmediatamenle sus esfuerzos uni-
dos para poner térmmoá las bostilidades, quesi bien tuvieron por
objeto primero atacar el trono de S. ll. I., proporrionan hoy
amparo y apoyo á los súbditos desafectos y reIJeldes de la corona
de España, y deseosas SS. MM. al mismo tiempo de proveer los
medios necesarios para restituir á sus súbditos los benelicios de la
paz interior, y afirmar mediante los recíprocos buenos oficios 11).
amistad que desean establecer y cimentar entre ambos Estados,
ban determinado roonir sus fuerzas con el objeto de compeler al
inCa. don Cárk>s de España, y al iufante don Miguel á retirarso
de los dominios portugueses.


Bn ronsooucocia, pues, de estos CQnveniq¡;, SS. MM. re-
seates se Dan dirigido á S. M. el. rey del reiuo uni~o de la Gran
Bretaia é Irlanda yi á S. M. el r~y' ® los fr-anoof:\es; y SS. ~M"
considerando el int.&es g.U6 deben wm .. ar siempr.e. por la segundad
de la monarqu~ española, y hallándose adamas ariimados del IDIUi




l'


376 ANALES DE ISABEL n.
vehemente deseo de contribuir al restablecimiento de la paz en
la Península, COlliO en toclas las dem~s partes de Europa, y
S. l\I. B. considerando tambien [as obligaciones especiales deriva-
das de su antigua alianza con el Portugal, SS. ~BI. han consen-
tido en entrar como partes cn el propuesto convenio.


Al efecto SS. ~IM. han tenido á bien nombrar como plenipo-
tenciarios, á saber:


S. M. la reina regente (hJ Espatla duranle la menor eelad de su
bija doña Isabcl JI, reina de España, á don Manuel Panda Fern,m-
dez de Pinedo Alan y Dávila, marques de Miratlores, conde de
Floridablanca y de Villa paterna, selior de Yillagarcía, grande de
España, cabnllero gran cruz de la real y distinguida órden de
Cárlos IlI, y enviado estraordinario y lllinistro plenipotenciario
de S. 31. C. cerca de S. l\I. 11.


S. M. el rey de los franceses, á don Cárlos ;\Iauricio de Tallei-
rand Perigord, príncipe ele TalleirJlld, p~r de Francia, embajador
estraordinario y ministro plenipolcn"iario del rey de los franceses
eerca de S. ~I. n., gran cruz de 11 !egiOll de honor, cabal/ero de la
insigne órden del toison de oro, gran cruz de la órcleu de San Es-
teban de Hungría, de la de San Andres y de la del águila negra.
S~ 1\1. el revdel reino unido de la Gran 13retaiia é Irlanda al


muy honorahlC Enrique Juan, vizconde de Palmerslon, baroll
Temple, par de Irlanda, micmbro del muy honor~!Jle cousejo pri-
vado de S. 1\I n., cabnllero de la muy hOllorable orden del Bario,
miembro del parlmnenlo, y principal secretario de Estado cn el
departamento de Negocios estrallgeros.


S. M. I. el duque de Braganza, regente del reino de Portugal
y de los Algarbes, á nombre de la reina dolia María 11, á don Cris-
tóbal l'edro Moraes Sarmento, del consejo de S. ~I. l., hidalgo
caballero de la casa real, comendador de la órdon ele Cristo, y CIl-
viarlo estraordinario y millistro plenipotenciario de S. M. I. eer-
cade S. M. H.


Los c\1ale~ hall convenido en los artículos siguientes:
ART. 1.0 S. ~I. I. el el ulJue de llraganza, regente del reino tle


Portugal y de los Algarbes, á nombre de la reina doiia María ll,se
obliga á usar (le totlos los medios qne estime en su poder para
obligar al infante don Cárlos á retirarse ele los dominios portu~
gueses.


ART.2.0 S. ~I. la reina Gobernadora y regenta de España du-'-
ranle la menor edad de su hija doña 18abelll, reina de España,
rogada é invitada por el presente aeta por S.M. I. el duque de Bra-
ganza, regente en nombre de la reina doiia María Il, y teniendo
ademas motivos de justas y graves quejas contra el infante don
Miguel por el sosten y apoyo que ha prestado al preteudiente á la
corona de Espalia, se obliga á hacer entral' en el territorio portu-
gnés el nlllllel'O (le tropas españolas que acordarán despues ambas
partes cHlllmtantes, con el objeto de cooperar con las de S. }1. F. á
/in de hnrer retirar de los dominios portugueses á los infantes don
Cárlos de España y don Miguel de Portugal; Qbligáudose adernas




APENDICE NUMERO 6. o 377
S. M. la reina Gobernadora, regenta de España, á mantener por
cuenta de la España y sin gasto alguno del Portugal las tropas es-
pañolas, las cuales scr¡¡n recibidas y tratadas en todos conceptos
como sean recibida, y tratadas las tropas de S. M. I.; Y S. 1\1. la
reina regenta se obli,:a á hacer retirar sus tropas fuera 'del territo-
rio portugué, npCllJS el objeto melldonado de la espulsion de los
infantes se haya realizado, y cuando la presencia de aquellas tro-
pas en Portugal no sca ya re!jllcrida por S. M. I. el duque regente
en nomhrc dc la reina doña María H.


ABT.3." S.~:' el rey del reino lIuido fic la Gran Bretaña é Ir-
landa se obliga Ú coolwrar, cmplcalllliJ una fuerza naval en ayuda
de las operaciones quc han dé emprcnrJerse en conformidad de las
estipulaciones del presclIlc tratado pOI' las tropas de España y
Portugal.


AIIT. 4." En el caso que la cooperacion de la Francia se juzgue
necesaria ,)ol')as altas partcó contratantes )lara.con~eguir el Un de
esle tI'alar o, :S. M. el rey de los [nlnceses se obliga a hacer en este
particular todo aquello que él y sus ~ugusios aliados determinasen
de comuu acuerdo.


AnT.5." . L:IS altas parte., cuutratanlei\ han eonvcnido que a
consecucnCla de las estipulaciones contcnidas en los artículos pre-
cedentes, se huril inmediatamente una rleclaracion, anunciando á
la llaeiOIl portuguesa los principius y objelo de las estipulaciones
dc este tratado; y S. ~I. l. el dmIue de Rraganz<J, regente en nom-
bre de la reina doiía Maria II, anilllarlo del siucero deseo rJe borrar
torIo rCCU(,J'rJo de lo pasarlo, y de reunir en derredor del trono de
S. M. 1. la nacioll enlera. sobre la l¡Ue la divina Providencia la
ha llamado á reio.1/': decJ.1I',1 su intencjon de publicar al mismo
tiempo una amnistía anlplia y genf;ral. en rayar de t~rJos Jos Súbúi-
tos de S. M. I. que rlcutro de un !,Cl'mIllO qUE; se senalara, vuelv~n
á su obedier.cia. 'í S. !I!. 1. ",1 duque regento en nombre de su hiJa
la reina dOlla l\I:li'ía JI, tlce!ara tambien su inlencion de asegurar
;11 infante don Jliguel, lue;;o que salga do los. Estados portugu~­
ses y espaüoleó, uila renta eOl'reSplllll.l!ente a su rango y naCi-
miento.


AUT. 6." S. 11. larcina Gobel'l1allora, regenta de España du-
rante la ménor edad d~ su hija DoBa Is~bel 11 .. reina de España,.en
virtud rJ'el presente ar'Uculo, declara su IlIlenClOn de as~gurar al 111-
fante don Cárlos, Illego qlle salga üe los estados espaJ!ol~s y por-
tugueses una renta cOl'I'es(lo[Jdienle a su rango y naclOnento.


ART. ¡'." El presente tratado será ratif!cado, y las r~tificacio~
nes sc cangrarán en tóndl'cs en el ('spaClo de un mes, o antes SI
fuere posible. . ..


En fé tle lo cual 105 respectivos plelllpotenClanos lo firmaron y
sellaron con el sello de sus armas.


Dado en Lóndl'cs á 2'2 de abril del afio de Nuestro Señor 1834.
-Firmado.-El mal'qués de l\tiraflores.-Pl'íllcipe de Talleirand.
-Palmerston.-Cl'istóbal Pedro de l\loraes Sarmellto .
. .. Se I'~tificó en 31 de mayo de 183·1.




CONTRATO DE ANTICIPO


DE QUINCE MILLONES DE FRANCOS CELEBRADO ENTllE DON
MANUEL GONZALEZ ALLENDE, COMISARIO DE S. M. C., y


LOS SEÑORES BOTSCHILD HERMANOS.


Parls 7 de junio de ISJi.


&PEllinflE !WIlIIIERO •. '


Entre los infrascriptos don Manuel Gonzalez Allende de una
paI:te, comisario del gobierno de S. M. C., autorizado en toda for-
ma para es'.e efecto, y obrando á nombre de S, M, e" actualmen-
te en París, y viviendo en el hotel des Princes, y Messieurs de
Rotschild hermanos, de la otra, banqueros en París, y viviendo en
la rue Laffitte, núm. 15 se ha convenido en lo siguiente.


,\.RTICULO 1." Los señores de Rotschíld bermano~ se obligan á
¡mner en París á disposicion del gobierno e~pañol, de aquíal 30 de
este mes, para el pago de los intereses de los fondos públicos de
España, que vence en 1." de julio próximo, la suma de quiuce
millones de francos. '


Aar. 2.0 El gobierno español bonificará á los' señores de ltots-
child hermanos, sobre dicha suma adelantad:t, una comision dedos
por ciento y los intereses á razon de cinco por ciento al año.


AUT. 3"· Como garantía de díchoadelanto, el gobierno español
se obliga á entregar en París á los señores de Rotschild berma-
n(/s; en el m¡¡s cor.to plazo posible, un valor real, y efectivo de
ltÍ'einta millones. de frilqcos en fODd"l' pú~licos t1~1 tres por <lienlo
de España al pptladq~, p~roi ell P.aE~ ~Jtn4.res ~ Amslerdam
y Amberes, óá eleccion (fe')ó~ ~ijpres,d,e ~oL~ild li,et'll,Ia/los 1 e~
obligaciones del cinco por ciento de España, pagaderas en Pans Q




APENDJCE NUMERO 7.· 379
LóndrM. Los títulos de los valores en depósito seran, en confor-
midad de los deseos de los señores de Rotschild hermanos, exac-
tamente conformes á los de mas títulos en circuladoD, ó con arre-
glo al modelo que presentarán dichos señores. Eslos títulos goza-
rán de una amortizaeion de uno por ciento á interes compuesto.
El plazo arriba mencionado para la entrega de estos tilulos á los
señores de Rotsehild hermanos, no deberá eseeder en ningun caso
del '!4 de julio pró~imo para el valor efectivo de veinte millon8tl
de francos, y del 15 de agosto próximo para la cantidad restante.


ART. i.o El gobierno español se obliga á presentar- á la apro-
bacion de las Cortes, luego que se reunan, una ley que tenga por
objeto el reconocimiento de los empréstitos de los años 1820, 1821
Y 18'!'!, llamados empréstitos de Cortes, y que estipule las condi-
ciones con que las obligaciones de dichos empréstitos serán admi-
tidas, sea Jlor meros títulos, sea por otro modo mas conveniente; y
esto sobre las bases mas equitativas y mas favorables que sea po-
sible conceder, tanto con relacion al capital que se deba recono-
cer, como con relacion al interes de que deban gozar los nuevos
títulos reconocidos.


ART. 5.° El gobierno español se obliga á. reembolsar en París,
en ellérmino de tres meses lo mas tarde, contando desde la fecha
de hoy, á los señores de Ilotschild hermanos, las sumas adelanta-
aas segun el articulo 1.0, con mas los intereses y comision estipu~
lados en el artículo '2.°, sea por un reembolso real en moneda
francesa efectiva, sea cediéndoles, por un valor concertado de an-
temano con dichos señores, los efectos públicos depositados en su
mano como garantía. No efectuándose el reembolso efectivo en
metálico, ni pudiendo ponerse de acuerdo sobre el contrato de
venta mencionado, los señores de Rotschild hermanos quedan des-
de luego autorizados para vender y realizar en dicha época, ó mas
tarde, si les conviniese, por cuenta del gobierno español, los efec-
tos públicos depositados en su mano como garantía, basta la con-
eurrencia de la sUllla de las cantidades adelantadas, con mas los
intereses y comision, dando nota y aviso de todo al gobierno es-
pañol. Sobre es~a venta, si se verifica, el gobierno español boni-
liCará á los señores de Rolschild hermanos una comision de uno
Jlor ciento, con mas los gastos de corretaje y desembolsos necesa-
rios. En el caso en que los efectos públicos depositados en manos
de los señores de Rotschild hermanos, fuesen insuficientes para
reembolsarles de sus adelantos, como tambien en el caso en que
la venta 110 pudiera ser efectuada, el gobierno español quedará
siempre obligado para con los señores de Rotschild hermanos al
reembolso de sus adelantos por Iodos los medios y recursos de
que puede disroner.


ART. 6.° E gobierno español se obliga á dar la preferencia á
l~s señores de Ro!schild her~a.nos, en igualdad de precio y condi-
clO~es, para el pnmer empreshlo que se halle en el rcaso de ne-gO~lar, como ~ara tod~ negociacion de efectos público,:, ó cual-
qUiera otro prestamo u adelanto de fondos de que pueda ucccsitaf;




380 ANALES DE ISABEL 11.
no pudiendo tratar con nadie de dicho empréstito. ui de dichas
()peraciones sin conocimiento de los señores de Rotschild hermanos.
nz concluir ni aceptar definitivamente otras ofertas que las suyas. sin
haberles puesto en disposicion de encargarse ellos lIúsmos delnegoc~o
ti 'los mismos precios y condiciones. En su consecuencia el gobierno
españolno lJo([rá hacer este empréstito ni estas negociaciones de
:efectos públicos, ni pOI' 'VÍ(! de subasta ni lJOr proposiciones cerradas,
pues dicho empréstito y dichas negociaciones no pueden ser hechas
eon otras personas que con los señores de Rotschild hermanos, á me-
nos que estos últimos se nieguen cspresa y positivamente á verifi-
carlas.


ART. 7.' Como depósito provisional. v mientras se preparan los
títulos definitivos al portador que deben" ser dados cn garantía, el
caballero Allende ha depositado en manos de los señores de Rots-
child hermanos, ocho inscripciones ásu nombre, derenta al tres por
ciento sobre el gran libro de la deuda púhlica de España. cada una
de ellas de tiOOOO,OOO de rs. vn. de capllalllominal, formando un
conjunto de <iOO.IIOO,OOU tle rs. v 11., cuyas inscripciones seráu
cangeadas por los señores de Rotschild bermanos por los títnlos de-
finitivos que se les entreguen .


. AnT 8<' .El gobierno espa,ño! no podrá l~a~er ~mpl'éslito nin1511uo
DI negoclaclon de efectos pubhcos. ni recibir nlIlguna especie de
préstamo ni adelanto de fondos s(,bre depó~ito dc efedos públicos.
hasta que los señores de Roslchild hermanos hayal! sido enteramente
reembolsados del todo de sus sumas adelantadas.


Fecho y firmado en París por duplicado en 7 de junio de 183t
-Firmado-Malluel Gonzalez Allende. comisionado rcgio.-De
Rotschild hermanos.


En virtud de las facultades qne 5. M. la reina Gohernadora
me concede en el poder cl·t'{lencial espedido en Aranjuez en ¡ti de
~13yo de 18H á don l\lanuel GOllzalez Allende. á quien da comi-
slOn para contratar 15.000,000 de francos para el pago del semes-
tre de las rentas de EspnJia en París, apruebo y ratifico Cll su real
nombre el anterior conyenio. .


París 7 deJ'unio de 1834,. -El embajador de S. M. C. cerca de
S. 1\1. el rey e los franceses.-Firmado.-1\1. el duque de Frias y
de Uceda, marqués de Villena.- Es cnpia-l\1. el duque de. Frias.


,




'f. \


"


PROYECTO


DB ARTICULOS ADICIONALES AL TRATADO DE LA CUAIlBUPU: ALIANZA.


S. M. la reina Gobernadora, regenta de España durante la
menor edad de su hija doña Isabel 11, S. M. el rey de los france-
ses, S. M. el rey del reino unido de la Gran Bretaña é Irlanda, y
S. M. 1. el duque de Braganza, regente del reino de Portugal v de
los Algarbes en nombre de la reina doña María 11, altas pa-rtes
contratantes del tratado (le 22 de abril de 183i, habiendo lomado
en la ma, séria consiueracionlos recientes suce~os ocurridos en la
Península, é Íntimamente eonveneidos de que este nuevo estado de
cosas exige necesariamen te nuevas medidas para lograr completa-
mente los objeto~ del preeitado trntado.


Los infrascritos don Manuel Pnndo t'ernandez de Pinedo Ala-
va y Dávila, marque;; de Miratlol'es, enviado estraordinario y
rnimstro plenipotenciario de S. M. C. cerca de S. M. B., Cárlos
.\Jauricio de Talleirand Pel'igord, príncipe de Talleirand,embajadol'
cslraordinario v plenipotenciario de S. M. el rey de los franceses
cerca fle S. M ·B., Enrique Juan vizconde de Palmerston, baron
Temple, secretario de Estado de S. M. B. en el de¡)artamento de Ne-
gocios eslrangeros, y Cristóbal Pedro de Moraes Sarmento, en-
viado estraordinario y ministro plenipotenciario de S. M. 1. cerca
de S. M. B., competentemente autorizados por sus respectivos
gobiernos, han eOllvellido en los siguientes artículos adicionales
al tratado de 2~ de abril de 183i.


ART. 1." S. M. el rey de los franceses se obliga á tomar, en to-
dos los puntos tle sus dominios fronterizos á Espafia, las medidas
mas conducentes á impedir que se ellvie del territorio f"ance:l


..... \ '.




ANALES DE ISAnEJ. 11.


ninguna especie de socorros de gente, armas ni pertrechos mili-
tares á los msurgentes de España.


AUT.2.0 S. M. :el rey del reino unido de la Gran Bretaña é Ir-
landa se obliga á dará S. M. C.ilos auxilios de armas y municiones
de guerra que necesite, y ayudarla ademas si fuere necesario, con
una fuerza naval.


ART. 3.° S. M. I. el duque de Braganza, regente del reino de
Portu~al y de los Algarbes, en nombre de la reina doña María 11,
particIpando completamente de los sentimientos de sus augustos
aliados, y deseoso ademas de dar una justa retribucion á los em-
peñoscontraidos por S. M. la reina regenta de España en el artí-
culo 1.' del tratado de 22 de abril, se oblíga á cooperar en caso
necesario en ayuda de S. M. C. con todos los medios que estén á
su alcance, y en la forma y modo que se acuerde mas adelante
~tre las dichas mae;estades.


ART •. i.o Los artICulos anteriores tendrán la misma fuerza y
efecto que si estuvieran insertos literalmente en el tratado de ~2
oe abril de 183i, debiendo ser considerados como partes del mis-
mo, y serán ratificados, y sus ratificaciones cangeadas en Lún-
dres en el término de cuarentaIDa's, ó antes si fuese posible.


En fé de lo cual los respectivos plenipotenciarios 10 firmaron y
sellaron con el sello de sus armas. (1).


(t) Este proyecto fué elevado á tratado algun tiempo despues y formado el
18 de .gaSto por 1115 cuatro plenipotenciarios que firmaron el de ti de abril.


...




DISCURSO


PRONUNCIADO POR S. M. LA REINA GOBERNA1YORA EN


EL ACTO DE LA SOLEMNE APERTURA DE LAS COBTES


EL D1A ~ 4- DE JULIO DE 1 834..


Al verme en este diaen medio de vosotros, próxi·ma á prestar
el jUTamento prevenido por las leyes fundamentales de la mOllar-
quiaoomtl reina gobernadora, la primera necesidad de micorazon
K manifestáros lossentimienlos que le antlllan, 1 las gracias q\l6
doy á la Divina Providencia por Jiaber accedido mis votos.


U nir estrechamente el trono de mi cscelsa bija con los derechos
de kl nacion, dando á unos y otros por comnn cimiento las anti-
guas instituciones de estos reinos, que elevaron á tan a}\l) ponto
su prosperidad y su gloria, tal es ~l no~le obJeto, q~e me he pro-
puesto, y del que no cabe un testlmt?Dlo mas publlco y solemne,
que el veros congregados en este reCinto.


A pesar de la satlsfaccion que de ello me resulta, me es al mis-
mo tiempo doloroso que este acto augusto se verifique en medio de
la calamIdad que aflige á varias provinci~s de la monarquía, y gue
ha estendido sus estragos hasta esta capItal, y aun mas sensible
me es, si cabe, que, prevaliéndose del terror que infundió la apa-
ricion repentina (le esta plaga, que ha causado tambien en otros
paises lamentables desórdenes, se hayan cometido por hombres
malévolos delitos tan agenos del carácter noble y bizarro del pue-
blo español, que no pueden recordarse;sin una-indignacion profun-
da. Las leyes castigarán tamaños atentados; pero si oreyese que es
necesaria vuestra coolltlracion para impedir que te repitan. bajo
Jlingurl pretesto, la reelamaré confiadament&; como I{ue se traca \le




384. ANALIlS DE ISABEL n.
defender la base misma de la sociedad, el mantenimiento del árden
público y la proteccion de la vida y propicdad de los particulares.


Tambien me causa sentimiento que el primer asunto grave qUll
haya de presentarse á vuestra dcliberacion sea la conducta obser-
vada por un mal aconsejado príncipe, que, aun en vida de su rey,
de su hermano, empezó á dar muestras de sus alllbicioso~ desig-
nios, y que, despuesdela muerte dq miaugustoesposo (Q.E.E.G.),
ha intentado por medio de la guerra civil arrebatar el cetro á su le.
gítima heredera .


. La costumbre inmemorial v las antiguas leyes fundamentales
de la monarquía, la práctica' observada en casos sem~jantes, la
imparcialidad, la justicia, todo me imponia el deb2r de someter á
vuestra deliberacion un asunto de tanta trascendencia; mas aun
cuando hubiera podido prescindir de tan sagrada obligacion, co-
mo sagrada guardadora de los derechos de mi escelsa hija, ni podia
ni debia olvidar que la tranquilidad presente y la ~ucrte futura de
estos reinos penden quizá de vuestra tlccision; ella serú digna de
vosotro5, y la naeion la aguarda tranquila.


No contento aquel priudpe con promover la rebelioll dentro del
propio reino, atizaoa el fllego de la guerra rivil desde un Estado
vecino, yaun amagaba entrar á lllano armada por aquella fronte-
ra: en estas circunstancias, el deher Je la propIa defellsa dictó las
medidas enérgicas que reclamaban á la par la justicia, la política,
el decoro de la nacion: las tropas espaílolas penetraron en Portllgal.
no para vulnerar la independencia agena, sino para dd'ender de-
rechos propios; y en el término de bmvcs dias se puso fin á la
contienúa, y los príncipes que perturbaban con Sll presencia la
tranquilidad de la Península, se vieron arrojados de su territorio:
desllngaño ~. escarmiento reciente, qne anuncia el éxito que ten-
dria cualqUIera loca tentativa.


Al propio tiemllO que se terminaba la cuestioll de Portugal, se
ratificaba en Lóndres el tralado solemne qlle tenia llor olJjeto
un fin importantísimo, no solo para la tranquilidad de os reinos,
sino para la paz y sosiego de Europa; com¡)laciéndome en mani-
resta¡', con este motivo, las amistosa,; (Iisposiciones de qne me es-
tán liando repelidos testimonios mis augustos alimlos, el rey de los
franceses y el rey del reino unido de la Gran Brctalia é Irlanda,
asi como la buena armonía que felizmente existe entre el gobierno
de S. M. Fidelísima doña ¡Uaría II y el de mi cscelsa Hija; siendo
tantos y tan estrechos los Yinculo5 que unen la suerte de uno y
·otro re1l10, que bien puede decirse que se ahende á la causa pro-
pia acudiendo á la comun defensa. .


Otras varias potencias, mlemas de las mencionadas, han reno'"
vado esplicitamente sus relaciones polÍlicas con el gobierno espa-:-
ñol, despue;; del advenimiento al trono de mi augusta Hija; y por
mi parte he reconocido alguno6 nuevos estados, ya por creerlo
conforme il las reglas de salla política, y ya para no ocasionar en-
t~rpecimientos y perjuicios á la navegacion y comercio de lo~ na ...
\urales de estos reinos.




A PENDI CE NUMERO 9. b 385
Huhiera sido de desear que todos los gohiernos hubiesen cor-


respondido igualmente á las benévolas tlisposiciones del gabinete
esp'1I101; pero aunrrue ninguno de ellos haya mostrado intenciOIl ni
deseo (le eutrolll!'terse en nuestros asuntos domésticos, algunos
han suspendido hasta ahora reconocer á mi augu,;la hija como
reina de J~spaiia. Las leyes de la monarquía la Iwn elevado al
trollo; la voluntad manifiesta de la nacion la sostiene, la razon yel
tiempo h:min <lile se trihute el debido homenage al principio con-
sen OIdor de la Icgitimi(lad.


El cu~rtro que prcsenta la situacion interior del reino esl:1 lejos
de ser tan halagüclio como ynestl"() piltriotismo deseara; mas á pc-
sal' de los obstilculos quc ha opuesto el estado de sublevacion de
unas provincias, cl (Ic,;asosicgo de otras, la escasez del erario, la
plaga que cstá asolando ú gran parte del reino, se ha conseguido
minorar los males Í1remediables en siluacion tan crítica, plantear
al mismo tiempo saludables reformas, rcalizar en hre~c plazo la
reuuiou de las Cortt's, vcucer por loLlas partes á l;¡s bandas re-
beldes, aumentar la fuerza del ejército, acrecentar eu un reino
veciuo el crédito dc nue~lras armas; y para cubrir tantas atencio-
nes, á cual mas importante y IHgente, la decision y entusiasmo de.
la nacion han escusado tener que exigir a los pueblos graves sa-
crilicio~.


1,a fidelidad dcl ejército, Sil const,ancia y denucdo, que tan
acreedur le haeen á mí especial benevolencia. reclaman de voso-
tros que me auxilipis COII vucstras luces para perfeccionar este
ramo importanlc dcl Estado; conciliando el bicnestar de 1.)8 valien-
tes defensores (Iel trollo y de la patria con lo que exigen el estado
actual de la nacion y las Ilemas atencioues del erario.


A e8lc lin se os pondrán de manilieslo, asi las varias obligacio-
nes que tiene quc cubrir el gobicl"l1o, COlIJO los recursos con tlue
cuenla, y los medios ()straonlillarios (le crédito á quc habrá de
acudir por esla vez, ya en razun de pérdidas y desfalcos anteriorcs,
ya a causade las circlIllslaneias.del dia, y ya, cn lin, para no aumen~
tar el graYilmen 'le los !lueblos. l\Ias como de su yo es dañoso, v lIe-
garia hasta ser imposib e, cl n[lI'hl' ron frecuencia á recursos es-
traordill~rios, el me.ior órdcn de la admillistracion, una prudente
y sel'c¡·a economía, la )lublieid:HI, la intcnencion de las Lortes en
el presupuesto de gastos ~ eu la imJlosicion de contribuciones,
conducirún en hrcvc al término dcsea(lo de equilibrar los recursos
oruinario" de la nacion con sus necesidaues. Cuya espcranza es
tanto mas fundada, cuallto cstribará ademas en árreglo de toda la
dcuda estrangcra, compatiblc conUlIestros medios actuales, y apo-
yado en la franqueza y buella fé, qne es la norma de mi gobierno,
como asimismo Cll la llH'jora de nuestra dcuda interior y en su es-
tincion progresiva, facilitarla por lo, reeursos que se le podrán ir
aplicando, con prudente detenimiento y desJlues de profundo
exámen.


Mis secretarios del Despacho os daran tambien conocimicnto
de las refl)rmas practicadas el. viwios ramo~ de la admjni5tracion~


'l'o.UQ l. jo




ANAtU DE ISABEL U.
la division dellei-ritorio, la separacion y deslinde entre la parte
átlminisl,ra\1va y la judicial, la supresion de antiguos ConseJos, y
las nuevas ~diencia:; creadas en beneficio de algunas provincias,
las muehas trabas que se han quitado al desarrollo (le la riqueza
pública, el alhio concedido á los pucblos de vanas exacciones
onerosas, y otras mejoras que se estan preparando, os mostrarán
mi solícito anhelo, y ofrecen ya á la nacion las mas lisongeras es-
peranzas. No se ocultarán, sin embargo, a vuestra ilustraeion y
prudencia que no es cosa haccuera reme(liar en pocos meses loz
males amontonados por espacio de siglos; y que mas de una ves
el mismo afan de querer suplir el hombre lo tlue ha de sel' obra
del tiempo, ha solido maloórar el buen éxito y aventurar el desti-
no de las naciones.


'El Estatuto Real ha echa(lo ya el cimiento: á yosotros cor-
responde, ilustres Próceres y seiiores Procuradores del Reino, con-
currir á que se levante la ob!'a con aquella regularidad y concier-
to que son prcnuas de c"tauilidad y lJrllleza.


, Por lo que á mí loca, siempre lile hallareis dispuesla á cuanto
pueda redundar en bien y proveeho de ESllalia: aun en los pocos
aias que <ljercí interinamente la ¡)otestad suprema, por voluntad
de mi augusto esposo, lllanifesté cuales eran mi intencion y de-
seo~; borrar con el olvido los vestigios de males pasados, plantear
cula actualidad las reformas posibles, y prel,arar con la i1ustra-
cion-otras mejoras para el )lorvenil', Cuale:;l\uiera que sean los
obstáculos que encuentre en tan dificil senda, espero superarlos
con el favor del cielo, ayudada de vuestros esfuerzos, y contando
con el apoyo de la nacioll: para mirar eomo propias su felicidad y
$ll gloria, me basta recordar (¡ue soy madre de babel 11, y nieta de
Cárlos lll.




CONTESTACION


AL DISCURSO PRONUNCIADO POR S. M. LA REINA GOSR:J.-
NADOllA EN LA SESION DE 24 DE JULIO DE 183!-•


• Señora: Vuestros fieles súbditos, los Próceres del Reino, vie-
nen á los pies (\el trollo á !JI'esrntar á la reina su señora dona Isa-
bel 1I el hOlllenage de!\u ealtad y S\l obediencia, y :i r. M. tomo
Gobernadora durante la menOl' edad de su escelsa hija, el de su
reconocimiento profundo, por los sentimientos que, satisfacit'lHio
la primera Ill)cesidad (Ir, su corazon, se dignó manirestarnos en la
solemne sesion tic apertura (\e las Cortrs Gencra'c~ dellleiuo.


"En este mcmol'ahle aeaeeimiento los ¡'"óceres ven como V. M.
un ~enef¡eio de la divina Pro\"idenci.3, y. corno V. M se apresuran
á tributarle gracias por habel' a('('l:'dlrlo a \Ill'stros votos.


»V. 1\1 ha qllerhlo unir e~lrpchaml)nle ('1 trono con la nacion. v
y levantar {'sta unilJn soIJre el cimiento de las anligllus inslitlleio'-
nes. gl Est3mento de los rróct'res recolloce que, el! la ejeclleion de
este noble pl'Opósilo, la jll~tiri3 ilustrada de V. 111. nu se ha li-
mitado á restablecer dercchns antigllos, sino que, sujetando su
ejerricio á reglas uniformes en armonía COIl los progresos de la· ru·
zon y con los vcrdadel'os intereses del pais. ha dado á aquella~
institllcillnes mas coherencia y unidad, y á los derechos fundados
en ellas un apar~to de ~onveniencia y de justicia que no permiti-
rá que vuelvan .lamas a sp.r hollarlos.


»Los Próc.eres del !lei!)o se duelen con V. 1\1. de que el acto
angusto de la reunion de los Estamentos se haya vel'Ífieado cuan-
do la paga del ¡:ólera asiático que at1i~e á varias provincias de la
llloDllrquia, ha estelldido sus estragos nasta la capital. En tan lrill-




388 ANALES DE ISABEL 11.
te situacion, sin embargo. la compasion pública escilada pOI' la
augusta munificencia de y, M., Y por los socorros que ha derra-
mado largamente el gobierno de vuestra escoba hijil. ha atenuado
el rigor del azote y proporcionado á lo:; pll(~/¡Ios afligidos por él
todo el consuelo q\le cabe en una desgracía general é irreme-
diable,


»En lo que no cabe COllSUe!O, sCllora, es Gil (lile un tropel de
malvados se apodera,e del lenor qlle cscitaba CII los ánimos el
repentino desarrollo del cólera, para cstraviar la multitud con ab-
surdas y calumniosas imputaciollCs, y, :'1 favor dd frene!'i que COIl
ellas estilaron, ,ilropeilase varias casas religiosas, profanase sus
templos. y asesinase á sus desapercibidos é inocellll's ministro!l,
Estas atrocidades, no solo son agenas pOI' Sil alevosía del carácl('r
noble y bizarro delllueblo espal1ol, sillo tambien pOI' su execruble
impiedad de su carácter religioso, y ellas impOn!lrán una m~llcha
indeleble a nuestra l'egencl'acion política. que desacreditarían y
harían odiosa si nofu('rall sevcramente castigadas. y, }1. nos pro-
mete que lo serán, y vuestros fieles súbditos lus I'róepres elel !tei-
no descansan en esta augusla promesa. Sí Ilnra impedir la renova-
cion de las abominaciones que todos lloramos con V. )1. necesita-
se vuestro gobierno de la cooperarion del Estamento de los Próce-
res, V. M. tiene el derecho de contar en todo tiempo con ella.


DLos Próceres dellleino hallan jU8to y natural el sentillliento,
CIne causa á V. 1\1. la necesidad de presental' a la deliberacíon de
las Cortes la COllllueta desleal !le un príncipe de vuestra familia
que osó alimentar ambiciosos designios aun vivicllllo su hermano
y su rey, y que, mucrto ('stc, intrnta ]l01' mcdio de la gucrra civil
arrebatar el cetro a su heredera legítima. V. J',J. piensa con razon
qüela tranquilidad presente y la suerte futura de eslo~ reinos pen-


.. den quizá de ladecisitlll dl~ las Cortes y les hace justicia creyendo que
esta derisioll será digua de ellos. tos Próceres del lteillo corres-
ponderán por Sll parte. ,;clior,l, {¡ o,;t:1 alta y hOliolÍtle,,1 confianza.
Las leyes, las co~tulilhi'cs, el i'('collocimielilo nacional, y sobre to-
do la conveniencia pública, ticnen ya como anllcipado el fallo de
esta callsa.


»Debi(las son á V, l\I, rendidas acciones de gracias por haber he-
ellO penetrar las trop¡¡~ cspaliolas en Portugal, y pucsto en pocos
dias!in a una lnrga cOlliil'llda, eOlllnhuyendo oportuna YClicazmen·
te á arrojarde aqllel reillo á Ilb do!:' prillci pe,; (IHe perturbaban la lran-
quilidad de la Pcniw;lila, Lo,; Próceres del Reino t'elicit,llI n V. M.
por lan glorioso re,ulLado, qU!', pre,;a¡.;ia el desenlace que tendria
toda eomhill:lI'ioll illoeD:;;]!;I, tuda klllati\'a di' nueros tr<l810111O,.


»Felicítallla asimislIlo por la, amistosas (líop(Hit:iolles, de que
dan á V. 1\1. I'cpclido,; k"limonios SllS nugllslos aliados el rey de
Jos france~es y el dclrcÍno unido de la G rall Brrlaija é 1 rlanda, asi
como por la buena arlllollÍa, que fdizllIellle cxi,te l'ntrc 1:'1 gotlÍcl'-
no de \ urstra esceba hija y el de la reilla fidplbillla doiia María 11.
Los vÍncullls que Ullell a amuos gohilTIlUS y que V. 1\1 ha estrecha-
do en el ¡ulere:) de las dos Ulouun¡uías peninsulares, se eslrecha-




APENDICE NUMERO 10.
run mas sin duda cuando:i las disposiciones elel tralado que bizo
V.1\1. para asegurarla tranquilidad de una y otra. ~e les dé una
aplic'Ir:ioll c?llformo :1 su c:ipírilll, y que se esticllda a todas sus,_
consecuenCiaS, .


llEI E,tamento de los Pró~eres ha visto con patriótica snlis-
faccion que otras varia,; potencias hall renovado sus relaeiones con
,:ueslro gobil'rlllJ, y que V. ~I., guiada por principios de sana polí-
tica, y por un gelll'l'o,;o :ln}¡t,J¡J de JlI'Ol1)oyer la n:lvegacion yel
cOlllercio dp P,[iB l'l'illOS. haya reellnnddo algunos nuevos Eslados.
))~O ora natural ni po~ible qlle ninguno rle los gobiernos qllo


han SUSj'Cllllido ha,;l<1 ahora l)1 rpl'ol](ll~imknt() de vuestra e"celsa
hija mo,;tra~e la iil!CIlI'ioll <Í el de,el' ¡h~ ülltro1l1eterse en nuest1'05
a,;unto:; domé:i~ic",. Mas nrrll1ral es que la r<tzon y el tierilpo hagan
que se tribute allin el dehido llulllc!1age al principio conservador
dc la legilimi(\:¡d reeonlh'ión!lose por los gohiernos que hasla aho~
1'a no lo hicieron ~ la soberana rlcv;¡¡];¡ al trono español por las le-
yes~le la mOnal'l!UÜl y sostenida por la voluntad manifiesta de la
nac/OII.


"Natural estamhien y aun IlcceSarioqlle, dcspues de tantas des-
gracias como sucesivamente ha e3perimentado España en POCO!
años, no sea halagüeño el cuadro de su silllacioll interior,


"Los Prócere:i del Hcino ,e comp\a(:en. sin embargo, en saber
que el gobiern:) de V, 1\1, ha consrgllido minorar muchos males y
promover algllnos bienes; y que la (lecisiull y entusiasLllo de la na-
cion han permitido cubrir la,; inmellsas atenciones de una épocll
tan difiL:il, sin exigir [¡ los pueblos graves sacrificios.


)}Los ¡'rúeeres cooperarán con V. )1. á que sean cumplidas su~
intenLÍone, con respecto al eJército, cuya constante fidelidad, de-
nuedo y gloria, le hacen tan acn~ed¡)r ú vuestra especial benevo-
lencia y al reconocimiento de la patria,


»Tamhien la milicia urbana. que debe su existenci:l á la ilus-
trarla I)]'cvision !Ir) V, .\1., ha h~eho. aj1ena~ fnrmada, servicios
imporlanles ú la C:IU,:[ naeional, y est.l institucion,esencülmen-
te conserv¡1llora del órden I'úblieo, llevada á eomplemento y per-
feccion, será uno de los mas robustos apoyos tlellrollo y tle la li-
bertad.


,-1,05 Próceres examin,m\n i!.walmente con loda la atencion
propia tle Sil patriotismo '! lealtnrl:a~i las varia" obligaciones qUll
tiene que cuhrir el gohit>rno, comn los recursos con l[ue cuenta, y
los medios e,trallrdinario3 dü crl~liilo á qttr, habrá de acudir por
esla yez para no ~\llllenlar las e~rg:b lit) los pueblos. Los Próce-
res creen como V. M, (¡He las me¡\illas de economía y de órdcn y
la inten'cncioll de la~ Cortes, reslablecerán cl equilibrio entre lai
nece,;id~dp:i y los medios d0 cubrirlas. Venturoso ser'l que contri-
buya il este ;lc~ea!lo objeto un arreglo de tOlla la d~uda estran ...
gera y la mejora de la dellda interior, La bucna fé dü que V. M.
hace un alanl;) que honra it la nacion entera, exige que e5ta,ne-
cesiLlad se mire ellmo urgl)nt0, y que sea atendida en proporcion
de nueslro~ medios con la misma puntualidad que las demas ne-




ANALES DE ISABEL 11.


cr-sidarles de igual clase. En la suerte de touos los acreedoreil del
listado se hallan interesados la dignidad y la conveniencia na-
rjo1la\.


»)Con interes y satisfaccion tomarán conocimiento los Próceres
elel Feino de las mejoras practicadas y que se prcparan cn "arios
ramos de la administraciulI. V. M., señora, gobierna protegiendo.
ProteCTer es el medio sencillo, infaliblc. únicll, de reuuir los pue-bos ~redcdol' del trono de vueslra escclsa hija, y de preservarle
para sirmpre de v aivelles y de oscilaciones. Muchos benetlcios ha
dispensado ya V. M.; y á su solícito auhelo, auxiliado Jlor las
I;(lrtes, po le ser:l (liflcilmultiplicarlo5, pllC~ nunca lo es aJos reyes
h,lcer bien, aUlllJuc no sea po,ible remediar en pocos meses los
males amontonados por espacio df~ siglos.


))EI EST,\TUTO IIEAL que 11 nacion del)e a vuestra alta mumficen-
cia, y !jll!:' restablece y reglllariza derecho:, ejercidos cn los mejores
tiempos de unlllodo vario y llesigual, y redllel(los á un simulacro
pstéril durante los tres últimos siglos, permitirá que la regellera-
cion defilliliva de la E~paña selclilntc ycollsolide por nwdJOde la
reuuio!! periódica de las Carlp,;, y por Sil illtenencion uniforme en
la imposlcion de lasconlriLJuciones, yen la formacion de leyes que
han de mejorar la condicioll rle 103 pueblos en los tél'minos que el
mismo E:iTATUTO señala. Esta inlcrvcncion saludable es la salva-
guardia del ónlclI y de la prosperidad general.


))En cuanLo i¡ VOS, sellora, vuestros tillles súbditos, los Prócl'res
del Reino. han visto á V. )1 • nu solo dispuesta. sino infatigable,
para promover cuanto pueda redundar ell bien y provecho de la
España, asi en los pocos dias en que por voluntad de vuestro IlU-
gu~lo esposo (G. E. E. G.) ejerció Y. ~1. inferinamente Ii! pOlrstad
sup/'ema, como desde que, en calidad (le reina Gobernadora, pre-
side V. M. á los destinos de es le pais. V. M. le ha puesto en el ca-
millO de hlB reformas saludables y restitllídole Sil antigua Iihertad
p(lli!ic~; y mirando este sin duda C0ll10 el don lTIas precioso de su
augu~la mano. como el objeto m1S caro de su malcl'llal CiH'¡JZOIJ,
ha volado V. M. dC3de¡lando peligros á esta capital infestada, y
pl'Csent:\ndosc en una rcullioll solemne á presta¡' y recibir el sanlo juramento, fianza perpMua de órtlell, de reposo v de prosperidall.


))La ~ratitu:l hi,;puna reCOll()Ce enternecida el heroismo dc csta
acciono Vero~ílllilmcntc á las disposiLiones que V, ~1. mcdita ell su
sabidnría Pal'" ele\,;1I' la EspaLia al gl'ado de esplendol', á que la
lI~lIIa su posicioll y la Índole dc SlB hahilalltns, oJlondrúll todavía
fuertes obstáculos la,: pasiolles y los errores; pero cederán todas a
vuestra voluntad illlsll'arla y enérgica, ú la ellal jamás rehusó su
pl'Oteccion el ciclo, ni podrán rehusar su apoyo los pueblos (Ic Es-
pafia, que e-ptrun su ,entura lh~ ulla magnánima princesa por
orígf)n, por adQpcion, y por tantos ótros tílulo~ española. Madrid I q
de <lgosto dc 1I:1Jí.-Señora ,-A. L. R. 1). de V. M .-(Sigueu las
ñrm~~. .




CONTEST ACION


DEL ESTAMENTO DE SEÑORES PROCURADORES AL DISCUR-
SO PRONUNCIADO POR S. M. EN LA SOLEM:SE APERTU-
RA DE LAS CORTES VERIFICADA EL DIA 24. DE JULIO
DE 1834..


ArENDU'E NIJJtlERO :1:1.


1." SEÑORA: El Estamento ue Procuradores del Reino ha espe-
rimenlado el mayor placer al ver á V. M. en el seno de las Cortes
el dia de la apertura, y mas al oir d~ vuestra boca principios y
deseos, cuya eje¡;lIcion bastara á hacer la prosperidad de esta na-
cion heróica; prosperiJad á que es llamaJ;¡ por un concur~o de
circunstancias felices, pero de que constantemente la alejó por
mut.:ho tiempo el olvido ue sus anliguas instituciones Regl'uerar
esta patria desgraciada, pon\lr en accion todos los resol'tes de su
engranuecimienlo, y procural' se dé torla la lltitlld y garantías ne~
cesarias á los derechos s[)cial\ls, y levantar sobre estas bases el
augusto monumento Ile alianza y union entre /}I trono y el pueblo;
lales son lo:,; des[)o;d I Estamento, confofllH1; Ú los de V, ~I., Y tal
sera el noble objeto á qu<! consagrará sus afanes.


2,° Una pla~a aso!allora que aflige á gl'3l1 parte de la nacion y
á la capital ha uiflln<litlo en ellas las desgracia~ y la muerte, yen-
torpecido notablemente lo:la; las relaciones. Pero no ha sido bas-
tante potl\~rosa Ilar.1 imp:~dil' que V, ~1. s~ Ilre3~ntlse en metlio de
sus hijos, sacrificando el deseo de la pl'opia seguridad al de la feli-
cidad pública. Ra~go heróico y magnánimo de que la nadon con-
servará inuelBble la memoria y la gralituu.


:>. o Mas si cn el mismo riesgo pueden hallarse estas ideas con-
soladora,;, solo licnen cabida las de una justa indignacion al vol 4
ver la vista soure los escesos que han manchado el suelo de este
heróico pueblo en Jos dial' 17 y 18 del mes próximo pasado. El Es-
tamento tiene por norte la razon y la franqueza. y Jamás faltará ;i
la una ni á la otra. Sabe que la seguridad pet:~{)nal es el primer
intares y'el primer derecho del bombre en la eooiedad, y qoo IfJi




392 ANALES DE ISABEL n.
gobiernos 110 pueden dejar de. garantida sino cometiendo una vio-
lacio n monstruosa de los Ill'incipios fundamentales y conservado-
res de la misma societlarl. Los Estado,; solo m,lI'chan a su pCl'fec-
elon pOI' el camino de la justi('ia, y es le exige qne .e re8peten las
pers<;Inas de totlos los asociados. Donde hay leyes y millistros que
las ejecuten, al ciudadano le toca solamente el respetarlas y ohe-
decerlas. El Estamento desea que se adopten la8 disp08iéionps mas
/)nér~icas a fin de descubrir y castig~r los delincuentes, á qnipnes
quiza una lamentable impreYision pudo f¡¡,"oreccr. Es con,"eniente
bjar la opinion pública de un modo que haga pI honor debido al
gobierno y:i la nacion, con cuyos nobles sC;ltimicntos no dehen
confuntlirse nunca la:; siniestras idea3 de un puiiado de perturba-
dore~. V. M. hallará siempre la ma~ eficaz cooperacion de parte
del Estamento para impedil' que se repitan semrjantes esccsos.


,.o El Estamento, cuan(lo e1gohiernode V. ~l. someta á su de-
Iiheracion la conducta ob,ervada por el :nal aconsejado principe,
se ocupará de e~te negocio con el detenimiento y celo que recla-
ma el IIlteres de la reina nuestra s¡~iíora, y de 105 pueblo~ felizmen-
te sometiúos á su cetro. Se cl'c(']'ia culpalJlc, sin cllIlJargo, si
al contraerse :i un estremo úe tanta importancia renllllciara al
lenguage franco de la verdatl por ceder á consideraciones pusilá-
nime~ y peligrosas. Las leyc~ de la monarquia, la conveniencia
púhlica, la voluntad general. que es esencialmente el elemento
mas solemne y mas indestructible. lodo Sf~ ha pronunciado en fa-
vor de vl\eslra e,;celsa híju. y todo anuncia y cOl1sngr~ SIIS dere-
chos. Pero entretanto IIn partido rehelde alza el gl'llo de la se-
dicion, principalmente en un ángulo de la Penin5t1la, y solo la ma-
no fuerte de un gobierno enérgico puede reprimirlo. El tcmpera-
mento de la lenidad se ha cnsayado yn con un éxito bien triste,
para que deje de rcnunciaf5e á la engaiiosa !'speranza que Jludo
hacer concebil·. Los malvados se alientan con la i!llpanillad, y solo
el ~olJle de la lev inexorable los puclle redu¡;ir;t su dl~l!er.


1i.o El Est,lIiH'n!o ve con ct)mplaccncia el de,;c¡ll;¡r.e l/He hau
tenido los negocio,; de Portugal, lan gllll'ioso,; para 1;]3 arlli,l:i éspa-
liolas, asi como las relaciones ami:;tosas que existen con el gohier-
no de S. 1\1. el rey de los franee5es, ellle\ reino unillo de la Gran
Bretaiia é Irlanda. y el de S. i\l. lidelísima, relaciones que ascgu-
guran el triunfo del Irgílimo trollO y de la inllellcnrlcnl'ia en IlIlO
y aIro reino (le la Península. Talllbien ve el Estalllento (on s~lis­
[acelon que varias potencias han recoilocido II "ueslra nugnsla hi-ja, y 8i algullos p;obil'rnos lIan SlIspcl1(.lido h:¡"ta ahora el haeedo,
el EslulTlPulo descansa en la ase\'erawJI] de V. M. de que no han
manifestado intellcioll ni deseos de elllrOiilPler~e en nuc~lros asnn-
tos doméstico::;, y que nunca lo loleraria V. M. conl~llllo con el
apoyo de la nueion.


6.0 El cuadro que presenta la situacion inlerior del reino (nos ha
dicho V. M.), esta lejos de ser tan balagüeño como vuestro patl'io-
'¡¡mIO dei'eaJ'a. Es muy cierto, señora: este cuadro no es halagüe·
~. Q¡i hiM Irist~. Muchos años de 118 sist.ema desacert.ado, de una




APENDlCE NUlUERO 11. 393
administrncion arbilraria y de una reaecion obstinada contra los
principios rer:onotidos corilO axiomas en toda buena organizacioll
social, 1105 han traido por una prugresion descendente á un lIolalJle
estado de (Iepresio/l y de mIseria. V. ~1. está llanwda al grandioso
deslino ¡Je rcallimnr e~ta patria moribunda, y de asociar a su nomo
brc la alta gloria de haber llevado á calJU una empresa tan reco-
mendable romo difícil.


7.· La fidelidad acrisolada del ejército de tierra y de lllar llena
(le orgullo al Estmnento, y debe inspirar á V. M. la mayor con-
fianza. Los valientes que Juraron sostener el trono de Isabi~l, sa-
hnin cumplir fielmente su promesa, y aniquilar en breve los en-
carnizatlos enemigos del ¡,pposo público.


8." Hay 'lIlemas. sellor;l, otra fuerza n-:uyacreedora á toda
con~ideraeion y gratitlld. T:'.l es la l1Iilicia urbana, que lautos ser-
vicios ba prestauo hasta el tlia al trollO y Ú la causa de la libertad,
v que por su instituto es el antemllral de la quietud COlllun, de
fas iuslitllciolles ,íLlllales, y ele los goces pacificos del eiudadano.


9 o Llwgo que el Eslalllcnto lome conocimiento de las olJllga-
cioll€s del gobicrno, se oCllpara del modo de llenarlas. Entretanto
anticipará ulIa idea que potlrá servir de termómetro á su vcnla-
riera opinion. Procurar las mayores economías, y aliviar en lo po-
sible la suerte de lo~ pueblos oprimidos hasta hoy bajo el peso do
tributos insoportables, fOl'lllará el primer deber de su rrpresenta-
cion y el prímer II\'sro ¡Ic SIIS miras filantrúpicas. El Estamento
exallliuaní con cuidado todo lo (lile diga relacion con la deuda pú-
blica, y atender<Í las reclamaciones de los acreed!lres del Estado,
procurando concilial' lo qlle exige la buena fé COII lo (lile consien-
ten los recu rso,.; y el estado ael1l3 I (le la nacion.


10 El ESTHu''fll l{EAL (ha didlO Y. l\J. pura concluir su discur-
50) ha echado y,l el ci llIiento. A vosotro3 toca, ilustres Prócercs y
señores PJ'ocIHadore~ ¡lrl Ucino, conclII'l'il' á que se levante la obra
con aquella regularid:1I1 y concierto que son prendas de estabilidad
y firlllf'za. CiíJ'J'C~plJlldit:!ldo el Estamento á esta invitacion franca
de V. M. trazara de,;de lurgo la Jím'a de sus principios y de Sil
ronviccion. La 1ll!l(lllina pohtica es un agregado tle varias ruedas,
y se Ilrcesita qllo tlJdn., l:amillPIl con proporcionado movimiento
al illl pulso de 1I11 prilJll)l' <lf;ellLe. T()do~ lo,; derechos sociales deben
ser igualmcnte Jli·otc.~idl);, y ,;in l'slt; concul'"O exncto el objeto de
la a,.:oeiacioll (lurda defJ'llIdadll. La libertad de illlpl'cnta, esa ce n-
lilH:la y puesttJ 1n anzado de las tlrmas garalltías, es tic desear ob-
tengan cidro Ilo,oiros foda la amplitud que sea compatihle con la
moral y C01l Ilil ,istelll:\ de política bil'!! entendido: amplitud Jlor la
que, ,ill iucilrrir ('11 el ri¡'sgl) I.!I' que f'C minen 11 ofendan las cos-
lumbres. 111 las ha,H's y principios d~ la oocicdail , se logre la mas
fúcil estcnsiOll dc ¡"s ('olloéÍmicnto5 y de las verdades útiles al go-
Lkl'l1o v á la naciOll.


11. 'El fomento y mas ven[;¡jlJSl organizacion de la milicia urba-
na es otro (le 105 objetos de mimer ¡nleres. El caráctCl' ~ue reunen
"liS indiviflllos de militares ·cilldadanos. colol~ado? en ". rf'ntro de




391 ANALES DE ISABEL n.
Una familia. los multiplicados y dulces objetos qua los identifican
COtl la patria, y los lazos que los ligan a su suerte, responden so-
bradamente por ellos, y persuaden cuanto lie dehe esperar de su
civismo y disciplina.


12. Los Procuradores del Reino se lisongean de que en el glo-
rioso reinado de V. 1\1. la igualdad de derechos ante la ley, la li-
bertad civil, la seguridall per'sonal, y la irJviolabilidatl de la pro-
piedad, seran consagradas en toda su esten:;ion contra los ataques
del poder y de los abusos.


13. Añadiendo á e~tos principios la illllependencia del poder
judicial en todas sus e.lase~, y la re,;ponsabilidall por los actos que
desl'mpeñe, é igual responsabilidad en el poder ministerial. los
pueblo,;, henlllcielldo el lIombre de V. M., Cllllocerún la diferencia
entre un gobierno absoluto que tOllo lo atropella. y un sistema pa-
ternal (lUl! solo usa de la autoridad para promovllr la felicidad
comun.


14. La franqueza con que acaba de producirse el Eslamento
bastará :í dar la verdadera idea de sus Iwincipios, y á hacl'r ClI 10-
das las edades el elogio de V. 1\1. V, l\I. nos ha dicho que siempre
la encontraremos dispuesta a cuanto pueda rellundal' ell bien y
provecho dt~ España, y nosolros nos abandonamos, penetrarlos de
gozo y gratitud, á los mas dulces presentimientos, Nuestro deber
es indkar las nece,;irlades de la nadon, 11" cuya eonlianza y Ilere-
chos somos depositarios, y la feliz displJsicion IJe V. I\L:l oirlas y
remedial'las, es el mas lisongero presagio pUl'a el porvenir. Los
intel'e,;cs de los Estlllo,; puedeil lIluy hien sel' ClJllÍVOCOS, y bajo la
apariencia de una fUllesta gloria, sullle muchas veces encontrarse
su degradaciol] y su miseria. I)ero regell~rar un puehlo al influjo
de las leyes s:lbias, levantar el ma3uili~o trofeo de una libertad ra-
zonable sohre las ruinas del de;p,ltisillo devastallor, hacel'¡(e tOilos
los ciudadanos dc 1111 puí,; una sola familia, guareeida igllalmente
coutra lo,;eillbatesde la anarquía que coutra los tiros de Jaarbitria-
rieduI! \' anTlnciar alllIU;\(lu en un eidi;.:n ili<!nhcchol'l,ls m{p;illl;1S snn-
las de fa rnoralvdelarnlílil~a, d,~ üllva;)It,erl'anCicl brota la felicidad
pública y privada, es lil obra inmortal. reservada solo ú los genios
y á los cOl"azones privilegiados V. M, posee ambos dones, y la
nncino I que de tanto le es deudol':!, In e'pera lodo de su mano.
Concluya, pues, V. ~1. el augusto monumento de justieia y de
concorllia de que ha trazado las pl'iml~ras líneas, y complázcase
ya eo los dulce,; testimonios de aUHII' y de indeleble gratitud con
que la generacion presente y la posteriJad rouearán su ulJmbre y
S11 grata memoria,




PROYECTO DE LEY


SOBRE ARREGLO DE LA DEUDA ESTRANGERA y AUTORIZA~
CU)N PARA. REALIZAR UN EMPRESTlTO DE too MILLO-
NES DE REALES EFECTIVOS, PRESENTADO A LAS COR-
TES DEL REINO EN LA SESION DEL 8 DE AGOSTO COMO
ANEJO A LA ESPOSICION DEL lUINISTERIO DE BACIENDj,
DEL 6 DEL MISMO DIA.


4PENDIf)E ¡"JIIERO •••
. .


.\nTICULO 1.. Toda.;; las deudas contraidag por el gobierno en el
estrang01'u en diversas épocas. y se¡lalarJ:lInente los empréstitos.
'.auto anlerioreó comu posteriorcs al año de 1823, son deudas del
E5lado.


A.IIT. 2.· Se proceLl~rá inmediatamente á la liquidacion de toda
esta deuda, y, á medida que se vaya liquidando, se verificará el
pago de los intereses. .


AIIT.3.· ToLla esta deiJil:l estrangera se di,tinguirá en adelan-
le en tienda ar:tiv(t y deltr/'t p:lsivlt. Sll cowcrsion en deuda activa
y deuda pasivlt Sfl ejecutará en la prolJOI'ciOiJ de una mitad en deuda
activa y de otra mit;),l en tienda pilsiva. L03 intereses atrasados
dc los antiguos empréstitos senin reembulsados con valores de la
deuda pasiva.


Ala. 4.· Se creara un nuevo fJllflo al cinco p()r ciento que re-
presente la deuda activa, en el quese convertirá la parte de 103
autiguosempréstitos estrangeros, comprendid()s en la deuda activa.


ART.5.· La deud(! activa abrazará, en primer lu"ar, la d,.uoo
1M» ¡Meres que el gobierno pudiese crear en lo venid'ero; y en se-
~nndo, la (larte de deuda antigua mencionada en el art . a:ft qua




396 ANALES DE ISABEL 11.
entrase á participar del pago de intereses que deben aplicnrse á 1
deuda activa,


ART, 6· La deurla pasiva se compnne de las parles (le la r1eurla
menl:ionada en el art. 3 o t¡IlC no se huhiese convertido en deuda
activa. Las IIbliglciones de la delu/rl p:l.~iva no glilariÍn interes: se
proveerá ultel'i(lrInente :i su llaDrliza ~illll y r,'embolso,


ART,7,o TodJg las ohliglcioncs y tilub5 que reprl'sclItan aho-
ra la deuda estran.jera, se clmbi"ráll 1101' otro, nuevos en el lér':'
mino (le diez y Ol\I!¡ nH);~~ tl~,pJfl> ¡Lllel [ll"líl1ulg tcion dtl esla ley,
El secretario rle Estad:) f d01 Oc~pacl\] Universal de Ha::ienda 1,)-
mara las medidas cOI'!'e.,[lOntlienl·s para que se \'Critique dicha
conversion en las plazas de Lúndres, Paris y .\mslerdalll, Pasarlo
el término llrrihl lijado. torlas las anliglla~ obligaciones y líllllos
que no se huhiesen presentado, quedan por el mismo hecho dI!!
todo anularlas.


ART, 8,0 Provisionalmente se aplicará un fllllrlO de fllllortiza-
cion de metlio por ciento al a~10 so[¡rc f:¡ tJtalida:J '~el nuevo fondo
creado, que I'cditlJal'a el illtore;; de cinco p1r ciento,


ARTo 9.· El fundo de anlllrtiz:lCioll se aplicará esclusivfllIlente á
la deuda activa: poro lue30 que se haya compratlo una cierta suma,
cuya cuota se lijará mas adelante, se anu!;mi esta, y entrará por
suerte U!H suma equiralente de la deurla ¡I'/s;viten 1;1 deuda activn,
y participará por consiguiente del pU.jll de los interes~'~ y de la
amorhzacion,


AIIT, lO, No pallecerá alteracíon, ní se inclnyo en ninguna ,le
estas disposiflioncsla plrte de deuda eslrangeril crealla Jlul'a satis-
facer al tesoro de Francia y las reclam1cioncs ill!.(le;as , en virtud
de los trat··Hlos concluidos en 30 de diciembre de 1828, y 28 de oc-
tubre de 182(J,


AIIT. ll, Se autoriza al secrctari:¡ llr. Estado y del O~sl)acho de
R'lcicnrla:í contrae!' un cmpréslito tle ~OO millones de I'ea l~S efec-
livos, de,tillado ;i cuhrir el d~licit del tpSOl'O y ú hacer frente :i las
alllnDic)lle, e,traordi:nria,. Lé) C')IlIJ'a,~rá b.ljo h, mejores condicio-
nes que se le ofl'Czcan y que le. den mayor g'll'anlía,


I\.RT, n, QlIeJa autorizado Inr C'ita ley el secretario de Esta-
¡J,} y del UC5lnc!to de H1cicn!la parcl la cr31cioll de un fondo de
cinco p!)r ciento, e:)\'j',):,piHHliellle al valor dlJ este empréstito, como
tambien para 1:1 alllorliz:wion tlllJ se lijará confllrm~ á las bases
e~tabll'éidas por el arlíelllo 8. o


ART. n, QUf'Aa al car~o del sccrclal'io de E;;tallo y del Despa-
cho formar 103 re~la;nClllo,; que ()xip la ejecllei()1\ de esta ley; de-
biendo hJber ea todo la mayo(¡Juhlici,Jad, Mat[¡'itl 1) de octuhre
ti>} 18H..




ESPOSICION


PRESENTADA A S. M. LA REINA GOBERNADORA POR EL
SECRETARIO DEL DESPACHO DE GRACIA Y JUSTICIA, Y
MANDADA PASAR DE REAL ORDEN A LAS CORTES GE-
NERALES DEL REINO.


apÉNDI(JE N1JIIIEBO t. ••


Seiiora; En obedecimiento á las órdenes de V. M., Y a fin de.
que tenga cumplido efecto la augusta promesa que se dignó hacer
en la solemne apcltura de las Cortes Genel'ales tlel Heillo, celehl'a-
da el 'ti de junio próximo pasado. de someter á su delibcracion la
conducta del llIal acollsejallo príncipe don CirIos Maria Isidro de
Borbon, para q lIe recaiga la de~isioll mas justa y mas cOllveniente,
tengo el honor de preseutar it V. 1\1. el cnadro fiel de los hechos


. olit.:ialcs mas seiialados que (¡Lran Cll la secretaría del Despacho
de Estado y en la de mi cargo: Ull rcenrrdo de las leyes del reino
y de los principios. de la jUrisprudencia nu\:ion.al que pueden tener
lugar para el condIgno castigo de los actos posItIVOS de consumada
tralcion que a!Toja dicho cuadro, y la indi\:acion de las razones de
alta polítIca que reclaman la imparcial y pronta aplicacioll del re-
medio a los males de que se re aqul'jada;hoy dia la nacion, y de los
qne la podrian sohre\ ('nir en lo ~u('('sivo.


V. M., en su s{¡Lia preú:;ioll, se sirvió mandar por real decreto
de 4 de enero de e~te aJio que el 5ecH'tario {entonces) del Despa-:
cho de Estado, don Francis('() de Zea Bermudez, librase cerlifica-
eion auténtica, con rp]"erencia á los originales que obraban en la
secretaría de su \:argo, de toJas las \:onlestaciones <Iue habian
mediado entre vuestro augn:;lu e"pnso, el rey don Fernando VJI
(Q. E. E. G.l, Y V. 1\1., COIllO reina Gobernadora de una parte, y
de olra el referido SOlio)' infante don Cnrlos, relativamenle al cUOJ-
pliOliento de la obligacion ell que este se hallaba de reconocer y




398 ANALES DE ISABEL 11.
jurar il S. A. R. (ahora la reina mi señora doña Isabel 11) por prin-
cesa heredera del trono, segun las leves fundamentales de la mo-
narquía, como tambien en cnanto á las medidag de precallcioll que
se sirvió dictar el difunto soberano para evitar el funesto influjo
que pudiera tenel' en el so~iego de este reino la permanencia de
don Cárlos en el limítrofe de Portugal.


Librada dicha certificacion en 12 del citado mes de enero, cons-
ta de su tenor: Que S. M. en '21 de abril de 18:13 , pur medio de
su enviado estraordinario y ministro plenipotenciario en Portugal,
don Luis Fernandez de Cordova , eXigió de su hermano don Cár-
los ((manifestase esplícita y directamente su propósito de concurrir
»á la jura de la señora prmcesa (hoy la reina mi señora) segun de-
»bia, para ser el primero que prestase el juramento y pleilo-ho-
»menage, segun la inmemorial costumbre y lev fundamenlal de)
reino.» •


En carta autógrafa de '29 de los mismos, desde Ramallon, con-
testó S. A., entre otras cosas, lo siguiente: ()Ii conciencia y mi ha..,
»nor no me lo permiten. Tf~ngo unos derechos tall legítimos á la
»corona, siempre que le sobreviva y no dejes varun, que no pue-
»do prescindir de ellos: derechos que Dios me ha dado cuando fué
llSU voluntad que yo naciese, y que solo Dios me los puede quilar
»concediéndote un hijo varon ..... Ademas, en ello defiendo la jus-
»ticia del del"Cclw que lit'nen Jos llamados lIespues que yo; y asi
llme veo en la preclsion de enviarte la adjunta declaracion que ha-
llgO con toda formalidad a ti y á lo(los los soheranos, á quienes es-
llpero se la harás comunicar.»-Señor: « Yo Cill'los María Isidro
»de Borbon y Borbon, infante de España: Hallándome bien con-
»vencido de los legítimos derechos que me ;nisten á la corona de
»España, siempre que sobreviviendo a V. :\1. no deje un hijo va-
»ron, digo: Que ni mi conciencia ni mi honor me permiten jurar
»ni reconocer olros derechos.-PaJacio de Ralllallon '29 de abril de
ll1813.-Señor.-A. L. R. P. de V, M -Su mas amante hermano
lly fiel vasallo.-~. el infante don CirIo,".))


En 6 de enero se le concedió real licencia para trasladarse COIl
!lU familia á los Estados pontificios, dando aviso tlcl punto en que
fijara su residencia, y por real órden de 7 del mismo se puso ti dis-
posicioll suya la fragata de guerra Lealtad.
E~ta medida, que dictó al parecer UII esceso (le bondad y de


prudencia de parte del monarca, solo sirvió para eort'oborar el
concepto (lela ll>uac!daJ epn q!Ic ~llIlal aconsl'ja~lo príncipe pensaba
llevar iI cabo su re¿lSlenew. cnmlllal y sus ullerwres deslglllos.


En 1'2 de los I'spresarlos mes y al10 contesló ele Yiva voz al ple-
nipotenciario (que escribiria al rey, y que leui;! antes que meditar
un negocio de tal importancia.»


Al mismo tiempo, habiéndose sabido que se dispunia (¡ pasar á
Coimbra ó Braga, se le previno en real órden de 7 de mayo, que
»5. M. se oponia decididamente a cualquier viage al interior de
.Portugal. J)


t;n 13 del propio mes contestó «estar resuelto á hacer la voluQ~




APENDICE NUMERO 13. 399
.. tad de S. M., pero que anles tenia (lue arreglarlo lodo. y tDmar
»disllosiciones para sus particulares mtereses de Madrid, y que
uestando contagiado Lisboa seria una temeridad entrar alli para el
lIcmbarquc."


En 20 de dicho UJes se le dijo que podia embarcarse en cual-
quier punto de la b¡¡hía. ó elegir otro inmediato, para lo cual que-
daba todo preparado.


Su respue,ta á la intimaclOn del plenipotenüiario en 28 de los
mismos fué lo siguit'nte: "Está bien, veremos; quedo enterado.)) Y
en carta aUlógl'afa del dia anteríol', desde Hamallon, dijo tí S. M.:
.te daré gusto y te obedeceré en todo: partiré lo lilas pronto IlUt'
»me sea posible para los Estados pontificios porque tú lo quieres,
utú que eres mi rey y selior, á quien obedi'ceré en cuanto sea
»compatible con mi concicncia; pero ahora viene el Corpus y pien-
»so santificarlo lo mejor que puefla en ~Iafra.»


S. M. le autorizó para ello en 1.0 de Junio, añadiendo: "pero es
~meneslt'r que no dilates mas el viage: y yo quiero que lo realices
»para el lO ó el 12 del corriente.))


En carta de 28 de mayo dijo a S. M. que esperaba mereceria su
aVl'obacion haber pasado ~i Coimbra para despel1irse de su sobrino
el infante (\on Migupl. S. M. en rarla autógrafa de :2 de junio des-
aprohó positivamente etita re50lueion , pero en la au lógrara ¡h'l :~
partil'ipó don Carlos 3 S. M. su feliz arribo á Coimbra. En vista de
semejante conducla, por la autógrafa del 11 del iilllicado mes, le
mandó terminantemcnte S. 1\1. que se embarcase.


Sin emhargo, por la autógrafa tic 8 de junio, desfle Coimbra,
aparece que se escusú ue hacerlo á pretesto del cólera. Y á la in-
timacion verbal del plenipotenciario, de n'al órden. contestó en 11
de dicho mes: "veremos,~ aliadiendo «quc obedeceria al rey en lo
»qlle pudiese.»


Pero S. ;\1. en la autógrafa del 15, despues de dCflhacer las frí-
volas escusas que habia alcg:l(lo para dOl'ar Sil desobediencia, le
dijo: ,.quiero absolulamente qlle le ernlwrques sin UJas tardanza ...


No obstante. en las. autógrafas de 19 y22 de junio, uesde
Coimbra, volvió ti escusarse.


En lal estarlo S. 1\1. por la autógrafa de 30 ue aquel mes, le
dijo lo siguiente: «no puedo consentir ni consiento mas que resis-
»tas con ]lretcstos frivolos á mis órdenes. Esta será mi última car-
»la sino obedeces: y pues nada han valido mis persuasiones fra-
»ternales en casi dos meses de contestaciones procederé segun las
nIeves, si al punto no dispones tu embarque para los Esl.ados pon-
»lifÍcios; y obraré entonces como soberano, sin olra consideracion
»que la debida á mi corolla y á mis ]lueblo". ~


En IUl!;ar de obedeeer, insistió diseulpándosr, segun la llUló-
grara de 9 fle julio ¡lesue Coimbra, añadiendo: ,'si soy deS{)beclien-
te ... y merezco castigo. impon¡(aseme cnhorabuena. pero sino lo
merezco, exijo una satisfaccioll pública y notoria.» Y cn la auló-
grara de U de juliQ volvió á inculcar ~<¡ue se le easligase si era NO.-




400 ANALES DE ISABEL n.
El <i de agosto avisó el plenipotenciario, qne estrechado don


Cárlos á cumplir las reales ordenes habia respondido: «que no ha-
»biéndose tomado en consirleracion pOI' S, M. sus rl~preselltacio­
Dlles, se mantenia pn lo dicho,»


EI18 del mismo mes avisó dicho plenipotenciario que, apre-
miado don Carlos á yerificur su salida, habia dado por tuda res-
puesta que «estaba resucito a efectual' su embarqlle en Lisboa
.cuando aquella ciudad fuese restituida al poder legItimo drl reyll
yen contestacion (le igual fecha) a los esfllerZ05(lcl plenipotencia·
rio, espresó «fIlie cste ya no tenia que tratar del asunto con S, A,
sino con el sefior don ?lligucJ."


Con presencia de tantos y tales desacatos, se sirvió responder
S. M. la siJ!:uiente carla orden del rey al infante,-filadrid 30 de
agosto de 18,13,


«Infante don Cárlos; mi muy amado hermauo: En G de mayo,
1105 di licencia para que pasasei; ú 103 Estadus pontificio,: razones
»de muy alta política hacían necesario este lÍage. Entonces dijis-
Jlteis estar resuelto á cumplir mi volunlad, y lile lo haJ¡eis J'cpeti-
lIdo despues, mas á pesar de Hle,tra,; protestas de slItllision hHbei~
»puesto sucesivamente diticultades alegando siempl'c otras nue-
Has, al paso que yo daba lIIisór([rnes para superal'las, y evadiendo
lIt1e uno en otro pretesto el t;umplimiclIlo de lIlis mandatos .


• Dejé de escribiros, como os lu anuncié, para e\ilar (Iis(usio~
lInes no correspondientes á mi auloridad solJerana y prolongadas
Dcumo un medio para eludirla,


"Desde enlonces os hiee eiltcndcl' lllis n~solllciones sobre los
nnuevos olJst;lculos, por conduclo de mi enviarlo en Portugal. Mis
»reales órdenes repelidas, en especial las de 15 de julio'v 11 y 18
»del presente, allanaron todos los impedimelllos esplleslos'para em-
»barcaros. El buque de cualquiera bandel'H !jllü fuer,l; el puel'lo en
'pais libre Ú oCl/pado por las tropas del duque tle Hragallza, aun
»ellle Vigo en Espaiia, lodo se dejó:i \ ue"lra eleecioll: las diligcn-
»cias. los preparativos y los gaslos tlidos ljlledar'lII iI mi cargo.


))Tantas fraile¡ uidas y tall repetidas lllallift~;laL:ioll('S de mi \'0-
»lunlad solo han producido la re:-\pucsta d.e (Iue o;; embarcareis en
»Lisboa (donde porlois hacerlo desde el mOlllclllo) hH'go que haya
~sido reconquistada por las lroras del rey dOIl ~Iiguel.


"Yo no [luedo tolerar que el cumplilllicnlo de mi" mall(latos se
llhaga depender de sucesos futllro~, a¿;enos de 1):; causas que los
lldip,taron; q1le mis órdenes se s()metan iI COlldieiOllC'; arbitrarias
»1'01' quien está ohligado á olll'det;erlas,


"OS mando, pues, que elijais illlllDdia(¡lllH'iltc alguno de los
»medi03 de embarque que se os hall propne,lll de mi órt!('n , co-
llmullicando, para f\\ ilar nueras dil¡,,'iolle~, \"lw,lra r~,;()IIICiOI1 á
»mi enviado dOIl Luis Fel'llalldcz de Córdora, y ,'11 au:;cllcia suya )la don Antonio Caballero, que tielle las illslrucdoll{'s necesarias
»para llevarla á ejeclIcioll. Yo miraré cllalepicra escusa ó dilicul-
Diad CllI que demoreis yuestra elcceiotl o Vucstl'O viage como una
Ilperlinacia en resistir á tui voluntad, y mostraré COIIIO lo juzgue




APENDICE NUMERO 13. 40i
»conveniente que un infante de España no es libre para uesoLcde-
»cer á Sil rey. )'Rnego a Dios os conservc en su santa guarda.-Yo el rey.))


El '21 de setiembre dió aviso el plenipotenciario que don Cárlos
contestó no haher variado de resolucion; y, pues se habia conve-
nido en complacer al rey, despues que tomasen á Lisboa las tro-
pas del rey fidelisimo, e5peraria á que esto se verificase.


Habiendo ocurrido por aquellos dias el fallecimiento de vuestro
augusto (,";[loso (Q. E. E. G.l V. ~I. en 29 de setiembre y 3 de oc- .
tllbre reiteró el mandato COIl ]a competente energía, como reina
(roherna<lora.


En G y G de dieho mcs alisó ('1 pll'nipotenciario haberle res-
pondido don CM'lo~ lo si~uienlc:


«Las circun"laucia,; han variado complctamrnle: nadie tiene
"autoridad para mandarme, ni yo la menor nl'cesidad de obedecer
»ni de responder á nadie. Teugo derechos IIluy cYidentes y supe-
Hiorcs á todos los otros derechos sobre el trono de Espaild; y no re·
))conozco ya en tí la facultarl de noliflearme órden alguna.»)


A muyO!' abundamiento le llamó al siguiente clia y le dijo: «Ya
»todo ha variado y ahora soy )0 el legítimo rey de España. Como
»tal, tú ere~ mi ministro y reelamo tu obediencia, esperando que
llseas el primero que me reeonozcas.» Y habiéndose negado a ello
el don Luis Fernandez de Córd(lva, con la firmeza y valentía pro-
pia de un español leal, repuso el selior infante:-Haces bien, está
bien; vete;» y le entregó en el acto cinco cartas.


Primera cubierta.-«A la reina Yiuda, mi mas querida her-
mana.») .


Inleríor.-(rSantarcm 4 de octubre de 1833.»-En ella se da á
reconocer como rpy de España, sucesor legítirilO de su trono.-
M. Carlos.ll


Segunda cubierla.-«A S. JI. C. la reina viuda, mi muy que-
))rida y amada hermana. ¡)


Inlerior.-,(Sanl:1rem 4 de octubre de 1833.,'-1 se reduce á
darle el pésame.-C. M. }'rancisco.


Tercera cubierta.-«.\l infante rlon Francisco, mi Illuy querido
»hermano. ))


Interior.-« Santarem ,¡ de octuhre de 18:l3. ))-Le da el pésame
aiíadiendo:-«Llegú el caso ..... tle que cumpla la declaracion que
)\hice dl\ no reconocer otros derechos que los que legítimamente'
»tengo de heredar la corona en el caso presente, por no haber
»dejadó mi hermano hijo yaron ..... espero de tí ..... que I'econoz-
»cas tus propios derechos y los de tllS hijos en los mios.-~1. Cár-
))loi1. ))


Cuarta cubilirla.-c( Al infante don Sebastian, mi muy querido
»sobrino. "


Interior.-«Sanlarem 4 de oclubre de 1833.» En ella le dice
que es el legítimo sucesor d~ la corona. (Los derechos que en mi
))reconoces son los tuyos mIsmos: espero que no vacilarás ni un
llmomento en reconocerlos. t.i. Cárlos."


Touo l. 26




A.NALES bE ISABEL tl.


Quinta cubierta.-crA don Franci,l'O de Z('a Bermudez.»
Ioterior.-«llabiendo recibido aver la noticia oficial de la muer-


lite de mi muy amado hermano y rEiy, Y siendo yo Sil legítimo su-
»cesor, os mando pOllgais en ejecucion los tres aujulllos decrelos
"y les deis el destIno qUf' á cada UIlO !'ol'l'esponlla; y al lUismo
»tiempo puhlicareis la protesta ([ue, con fel'ha '29 ve abril, dirigí á
Dmi muy amado hermano, dilll¡]ome cuenta de que queda ejecuta-
"do.-Santarem í de octubre de 18:~:.I.-\o c-l rev.-A don Fran-
»cisco de Zea Bermudez., .


En la anterior carta, e~crita de olra mano, se incluían bajo íll
mismo pliego y solll"es partil'ularf'~, los I res si~ui{'nl(', c,;erilos de
letra de don Cárlos.


Primero (<> sea 6.") solm', --o.t.. riOll Fl'anci5co de Zea Bermu-
lldez, mi primer secretario ue Esta(lo y ti I Despacho.»


Interior.-«Confirmo a los secretarios del Despacho y á toda~
las autoridades del reino en d rjl'.rcirio tic sus respectivos cargos,
para que los nep;ocios !lO p:l,kzenn r 1 menor retraso. Santarem 6.
ue octubre de 1813.-Yo el f¡~V.-\ don Francisco de Zea Bermu-
dez.I> •


Segundo (ó sea 7.°) sobre.-dl ul\qne presidente de mi Conse-
.jo real.»


Interior.-·«lJeclaro que por falla (le hijo varon (de mi hOI'ma-
Ino) que le suceda en eltl'Ollo de las Españas, soy su legítimo he-
.redero y rey, consiguiente;1 lo que manifesté [lor pscrito á mi
JOtnuy caro hermano, ya difunto, en la formal protesta con fecha de
.29 de abril del presente año, igualmente que il los consejos, di-
Dputados del reino y (It~mas alltoridarles con la dc 12 de junio .


• Lo participo al Consejo para que inmcdiatamente proceda a mi
Heconocimiento y espida las órdenes convenientes para que asi se
»ejecute en todo mi reino, Santarem 4, ue octubre de 1833,-Yoel
»rey.-Al duque pre~idente riel consejo real."


Tercero (ó sea !l,o) ,;obre.-dJ rluque presidente de mi consejo
real. »


Interiol'.--«Contirma todas las autoridades y lo manda comuni-
car inmediatamente. Santarem 6. de octubre de 1833.-Yo el rey.»


En vista de (an criminal conducla V, 1\1., de acuerdo con el pa-
rtlcer d~1 Conse,jo de Gobierno y del de ministros, se sirvió espedir
la real órden de 16 de octubre de aquel año, en la que se previno
á dicho plenipotenciario hiriese saber á don Cárlos que, "por su
~con(lucta temeraria y contumaz, habia incurrido en el conc('pto
nlegal de conspirador contra Pi monarca pacíficamente reconocido,
»de concitador a la rebelion , de perturbador de la paz del reino,
»de promovedor de la guerra l'Ívil, y rllle serian aplicadus á su per-
»sona y bienes y á los de sus parcia es, todas las penas dictadas
»contra los sediciosos y perturbadores de la tranquilidad pública,
»~iendo tratado como rebelrle con torio el rigor de las leyes, si Ile-
»gaba á pisar el territorio de E~paña.»


El plenipotenciario, acompaíiado del baron de Ramefort puso en
tUI IIlanQS la citarla real órd(lQ en '23 gil di(;ho mes¡ y ~Q ;lVIIO 01\ ..




APENDICE NUl\IERO 13.
cial del 2' dic~ ~ue S, A, la leyó ú presencia de los mis~os 1 de
dos de su serviUumbl'e: y que nndllida sulectllra espreso: «que·
»do enlerado: vcremos quien Iklle mns derechos: yo tambien haré
)lUSO do lo.; mios.» Ld es el (',tracto de la mencionada certificacion
cuyos anlecedc!lles olmlll flri¡;inales en la secretaria del Despacho
de Estado,


I)nra la illlslraciuiI tí(~ V, \1. Y de las Cortes, cre() de mi neber
lIamill' yuestra alcneion sU!)¡'l'alll\ hácia otros hechos anteriores J
posteriores, (lue ~·()i1illlC('n a c:tli¡i,';ll' la cOlHlucta del mal aconseja-
do príncipe, y á deseubrir d pian de sus secuaces,


Parece que este llO era percC(mal, :;ino de partido, El escriloin-
eendiario titnlado E~I)(IÜole8, uníon y alerta, impreso fraudulen-
tamente, y difundido con ]lrofll:;ioll en 18~!1í. si Lien se cuidó de cor-
rel' un velo sobre sus autore:; y cÚllljllices; los resultados de sus
doctrinas sllbH'rsivas, que eSlallaron en 18~6 y '2.1 en las provin-
rias de Guadalajara y Cataluila. y (llW se comprimieron de una
manera paliati\ a; esto:; iudlldabl!', ~UC!'S05 ocurridos, cuando, se-
gUJl el eslnrlo de cosas, éBtaba Ilamautl don Carlos á la inmediata
succsion, })fueban hasta la eviúencia que el plan era apoderarse
desde luego del manilo para hacer triunfar ciertos principios;
apelando á la manifiesta rebclion. y si l1Iene"!,,r fuera, al abomina-
ble crimen del regicidio. C'):l~ta de público y notorio; y constaria
por documcntos auténticos, si no los hubiera sustraido criminal-
mentc de su depósito el que los tenia a su cargo, que por medio
de aquellas tentativas se uspiraba á sentar en el trono a don Car-
los, desposeyendo á su augusto hermano a viva fuerza, ó arran-
cándole una relluncia, Pero no consta un solo acto de palabra ó por
escrito, por el que dicho principe desaprobase tan horrendos crí-
menes intelltado5 :\ nombre suyo; ~in embargo de que ·farecian
redamar esta manifestncion su honor, la tranquilidad de reino y
la preservacion de las víctima;; inmoladas por ambas partes,


El desacordauo príncipe, de;;plles de haberlos patrocinado COIl
tan estraño silencio, lo rompió en !in con hechos de indudable trai-
cion; cuales son la protesta de 29 de abril y los decretos de ~ de
oct~~re tle 1831, pOl')OS que o~;ó desconocer y atacar I\e frente,las
declslOne,; mas solemnes de las Cortes con su rey sobre la suceSlOn
de la Corona,


Inllcxible en tan erillliual propósito, su concurrencia positiva á
la Ínsllrreccion ya la gU('l'ra civil, no solo consta de notoriedad!
sino de documentos auténticos que obran en la 8l\crelaría de mI
cargo,


Entre los efectos aprehendidos en la villa de Guarda en el mell
de abril dell'resente año, se encuentran varios papeles de las su-
puestas secretarías de Estado, Gr¡:¡cia y Justicia, Guerra y Ha-
cienda, á cargo de don Joaquin Aburca, 'obispo de Leon; unos de
letra. lil'ma y rúbrica de ¡JOII Cárlos, otros con iguales caractéres
del citado obispo, y otros con la sola rúbrica de este; decretos au-
tógrafos de nombramiento de secretarios del Despacho r de capi';'
tanes generales; copias y minutas de otros con instrucclOnae diri""




,ANALES DE ISABEL 1I.


*}idas á insurreccionar las provincias, a recaudar contribuciones y
a Pl'omover la desercion de las tropas; concesiones de grados en
el ejército, y de grandes cruces; anatemas de proscripciones y
muerte y confiscacion de bienes a todas las autoridades que per-
¡nanecieren fieles á la reina mI señora. Por lllallera que, reunida
bajo un punto de ,ista la cuestion del hecho, resulta, sin dar lu-
gar á deuda; 1.0 que don Carlos María bid ro de Rorbon diú pil-
bulo con su silencio á la rebclion illt!'lltada a su nombre, y (/ue es·
talló mas de una vez, cuando, no sobreviniendo novedad, e hu-
biera correspondido subir al trono por derecho propio; y 2,· que.
trasmitido este derecho á la hija primogénita que el cielo concedió
á V. 1\1., se llegó abiertamente aqucl príncipe a reconocerla por
.sucesora desobedeciendo á su rey y sefior, se¡¡;un resulta de su
protesta hecha en Ramallon á29 de abl'il de 1833; 3.° llue llevó
adelante esta conducta criminal por medio de las mas solemnes
declaraciones desde el instante en (lile tUIO noticia olicial del fa-
llecimiento de vuestro augusto esp()~u, COl1l0 lo acreditan las car-
\¡¡s órdenes espedida~ en Sautan'llJ Ú 1 de uctuhre de 18:13;
t.o que ha consumado su punible resolucion a¡¡;otando 105 reeursos
¡le la seduccion y t'lllplealJ(lo la fuerza por medio de 105 seducidos.
. El mal aconsejado I)ríncipe, en sus comunicaciones autógrafas
de ti y 21 dejulliu de 1833, pidió esplicitamcnte flue se le iUlpusie-
se, si era reo, el eastigo merecido. Y el Consejo de Gobierno, qllll
la sábia prcvisioll del soberano instituyó por su cspresa y última
volulltad para ilustrar a V. M. en los casos ál'duos y graves que
pudieran sobrevenil' durante la mcnor edad de vuestra escelsa
hija, fué t!e parecer, y lo acordó asi V. M. en 16 de octulJre, con-
forme con el dictamen de vuestro Consejo de Ministros, que, pues.
habia incurrido don Cárlos en los crímenes de conspirador, de
concilador á la rebeHon, de perturbador de la paz lid Reino y de
promovedor ele la guerra civil, debian aplicar,e Ú HU IH'r~"lla y
bienes y á las (le sus parciales todas las penas dil'lildilS ronlra los
sediciosos y perturhadores de la tranquilidad pública y lralál'\'e!e
como rebelde, con lodo el rigor ele las leyes, si llegaba á pisar el
territorio de Espafia.


Lanzarlo de sus fronteras y del vecino reino do Portugal por el
valor y leallad á toda prucha de vuestras armas; refugiado en UIl
reino amigo, todavía la generosidad de Y. :\1. le ofreció lIna lll'n-
sion decorosa, con arreglo á lo